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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Eugenia Zicavo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/eugenia-zicavo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Eugenia Zicavo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No me pagues que me gusta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-pagues-gusta_129_9759378.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/052c69bc-8b73-4d37-8318-6aa485ebbd2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No me pagues que me gusta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El nuevo paradigma laboral, mientras algunas tareas pierden su dimensión ética, es tener trabajos de apariencia cool aunque impliquen someterse a la cultura del multiempleo. Actividades que el imaginario general confunde con el ocio casi no ofrecen, como contrapartida, dinero a cambio.

</p><p class="subtitle">¿Te gustó esta nota? - Esta columna fue escrita para la revista que elDiarioAR envía a sus socias y socios como una manera de agradecer el apoyo a una manera de hacer periodismo sin condicionamientos. Si querés recibir la próxima revista, te podés asociar en este link. </p></div><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo fue que &ldquo;trabajo de lo que me gusta&rdquo; se convirti&oacute; en &ldquo;trabajo aunque no me paguen&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; tipo de trabajos gozan del prestigio suficiente como para que haya gente dispuesta a hacerlos aun sin cobrar un centavo? Ya a finales de los 80 el soci&oacute;logo <strong>Zygmunt Bauman</strong> planteaba que se hab&iacute;a dado un pasaje de la &eacute;tica del trabajo a la est&eacute;tica del consumo. Si antes cualquier trabajo ten&iacute;a un valor &eacute;tico en s&iacute; mismo, hoy prevalece su valor est&eacute;tico: se lo juzga por su capacidad o no de generar experiencias placenteras. Claro que siempre hubo tareas m&aacute;s gratificantes que otras pero, por aquello de que &ldquo;el trabajo dignifica&rdquo;, todas ten&iacute;an el mismo valor desde una perspectiva &eacute;tica. A eso se sumaba un aspecto de car&aacute;cter espiritual (Max Weber lo explic&oacute; bien en <em>La &eacute;tica protestante y el esp&iacute;ritu del capitalismo</em>) porque se cre&iacute;a que un trabajo bien hecho era tambi&eacute;n un modo de agradar a Dios. La palabra alemana profesi&oacute;n &ldquo;<em>beruf</em>&rdquo; y la inglesa &ldquo;<em>calling</em>&rdquo; incluyen la idea religiosa de &ldquo;misi&oacute;n&rdquo; que le da a cualquier trabajo honrado un sentido sagrado, donde el ser se reafirma en el hacer. Aunque en las sociedades modernas ese modelo se fue vaciando de espiritualidad, la vocaci&oacute;n sigue siendo especialmente premiada por la &eacute;tica capitalista y la brecha se ha ensanchado: algunos trabajos creativos son presentados como fascinantes, mientras que los dem&aacute;s parecen haber perdido hasta su valor &eacute;tico. El nuevo paradigma es tener trabajos &ldquo;instagrameables&rdquo;, que se vean cool, que en el imaginario general se confundan con el ocio. Ya no se trata de trabajar lo menos posible para tener tiempo libre sino todo lo contrario: el trabajo ideal se presenta como el s&uacute;mmum del entretenimiento y se desdibuja la l&iacute;nea que separa las tareas productivas de las recreativas. &ldquo;Nos divertimos trabajando&rdquo;, dice una minor&iacute;a supuestamente privilegiada que pudo convertir sus gustos personales en su medio de vida.&nbsp;
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        Sin embargo, este &eacute;xito que se mide en t&eacute;rminos est&eacute;ticos muchas veces es una trampa. Veamos. La mayor parte de quienes se dedican a trabajos creativos en Argentina est&aacute;n signados por la precariedad, la facturaci&oacute;n a destajo, los pagos demorados, la ausencia de convenios que garanticen vacaciones y aguinaldos y muchas veces (aunque luzcan bien en redes) no alcanzan para llegar a fin de mes. En t&eacute;rminos de Bourdieu, el capital simb&oacute;lico que revisten no se corresponde con el capital econ&oacute;mico que efectivamente otorgan. En la &uacute;ltima Feria del Libro de Buenos Aires, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/guillermo-saccomanno-incomodo-discurso-inaugural-no-les-gustar_1_8953307.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Guillermo Saccomanno</strong></a><strong> </strong>se refiri&oacute; a algunos de estos temas en su discurso inaugural. Dijo ser el primero en cobrar por dar dicha conferencia, ya que no sol&iacute;a ser una tarea paga por el reconocimiento que &eacute;sta significaba. &ldquo;Me imagin&eacute; en el supermercado tratando de convencer al chino de que iba a pagar la compra con prestigio&rdquo;, ironiz&oacute; el escritor.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La an&eacute;cdota ilustra una situaci&oacute;n que es bien conocida dentro del campo cultural: cada vez m&aacute;s, se ofrecen &ldquo;trabajitos&rdquo; sin dinero a cambio. La fecha de un recital, la columna en un programa de radio o tv, el dise&ntilde;o de un logo, la presentaci&oacute;n de un libro, la conferencia en un congreso, la participaci&oacute;n en un festival, son propuestos para que se hagan &ldquo;de onda&rdquo; o por muy poca plata, con el argumento de que dan &ldquo;visibilidad&rdquo;, lo cual permitir&iacute;a conseguir&hellip; s&iacute;, adivinaron: otros trabajos. Aquella f&oacute;rmula que populariz&oacute; Mirta Legrand de &ldquo;Como te ven te tratan; si te ven mal te maltratan y si te ven bien te contratan&rdquo; es el nuevo y t&aacute;cito mantra: si sal&iacute;s en los medios, ten&eacute;s presencia en redes y te dedic&aacute;s a lo que te gusta, el consuelo es que no hay sueldo pero hay aplauso (o <em>likes</em>, seg&uacute;n el caso).&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie se pregunta si un obrero obtiene placer por ocupar su puesto en una l&iacute;nea de montaje. Est&aacute; ah&iacute; porque le pagan: lo hace para vivir, no lo confunde con la vida. A nadie se le ocurrir&iacute;a pedirle que lo haga &ldquo;por los vi&aacute;ticos&rdquo;. En cambio en las actividades creativas hay una motivaci&oacute;n &iacute;ntima que excede la mera venta de fuerza de trabajo. All&iacute; se juega la firma, el nombre propio, la reputaci&oacute;n acumulada. La espa&ntilde;ola Remedios Zafra, autora del ensayo ganador del premio Ensayo Herralde 2017, &ldquo;<em>El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la digital&rdquo;</em>, vuelve sobre el tema en <em>Fr&aacute;giles</em>. Sobre lo que moviliza a estos trabajadores comenta: &ldquo;Entusiasmo del que se valen las l&oacute;gicas capitalistas, rentabilizando su pasi&oacute;n gratuita o vanidosa. Sus protagonistas tienen formaci&oacute;n, motivaci&oacute;n creativa, actividad en redes, trabajos habitualmente temporales, siempre andan activos y en muchos casos viven en la incertidumbre econ&oacute;mica o directamente siguen siendo pobres&rdquo;. Esto genera que, adem&aacute;s del tiempo dedicado al hacer creativo en s&iacute;, se invierta tiempo en la autopromoci&oacute;n de ese trabajo para as&iacute; generar mayor demanda e ingresos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Que se doble pero no se rompa</strong></h3><p class="article-text">
        &nbsp;Con la flexibilidad como lema, a partir del siglo XXI el trabajo en Occidente dej&oacute; de ser el modo de construir una trayectoria de vida previsible y duradera. Las identidades, como los bienes de consumo, deben recrearse constantemente. Si la sociedad disciplinaria moldeaba individuos para que actuaran de manera rutinaria, hoy el requisito es poder elegir todo el tiempo: tanto el trabajador como el consumidor ideales son los que se dejan tentar por nuevas ofertas, quienes pueden improvisar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si durante siglos estuvo instalada la figura del genio creador, actualmente a todos se nos exige que seamos &ldquo;creadores&rdquo;. Que nada te detenga. Es tu momento de expresarte. De mostr&aacute;rselo al mundo. De monetizarlo. De vivir de eso. Si no logr&aacute;s emprender, ser tu propio jefe, tener horarios flexibles y libertad de decisi&oacute;n, el yugo del trabajo ser&aacute; vivido s&oacute;lo como eso: un peso. No siempre fue as&iacute;. Hoy el trabajo creativo, el de la &ldquo;tormenta de ideas&rdquo;, el que requiere motivaci&oacute;n y entusiasmo, se inscribe en una cultura del multiempleo. El resultado suele ser la auto-explotaci&oacute;n, el trabajo a cualquier hora, la exigencia de convertirse en &ldquo;su propia marca&rdquo;, de &ldquo;tener un diferencial&rdquo;, de construir &ldquo;un sello propio&rdquo;.&nbsp; Y todo esto, con alegr&iacute;a. Que quien no sonr&iacute;e sale mal en las fotos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo argentino: en 2018 el legislador porte&ntilde;o Andy Freire, ex ministro de Modernizaci&oacute;n, Innovaci&oacute;n y Tecnolog&iacute;a de la Ciudad de Buenos Aires, public&oacute; un video con consejos para &ldquo;convertir en plata todos esos lugares de tu casa que durante las vacaciones te van a quedar sin usar&rdquo; en el que se despach&oacute; con lo siguiente: &ldquo;&iquest;Sab&eacute;s que se empiezan a alquilar los jardines para hacer camping?&nbsp;El quincho, la parrilla, el asado, el sill&oacute;n de tu casa, el cuarto que no us&aacute;s. La bicicleta, el auto, todo eso lo pod&eacute;s alquilar, usar, poner a disposici&oacute;n durante tus vacaciones y hacerlo plata.<strong> </strong>&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s esperando? Si no lo hac&eacute;s es porque no quer&eacute;s&rdquo;. Por supuesto el video se viraliz&oacute; (se encuentra f&aacute;cil en Youtube) y el funcionario del PRO tuvo sus 15 minutos de burla virtual, lo cual tampoco hizo que decayera su optimismo emprendedor.
    </p><p class="article-text">
        En su libro <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/byung-chul-han-politico_1_7923443.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La sociedad del cansancio el fil&oacute;sofo surcoreano Byung Chul Han </a>plantea que el trabajador actual es un &ldquo;sujeto de rendimiento&rdquo; que se caracteriza por un verbo positivo: poder. Como las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas o de zapatillas, la subjetividad contempor&aacute;nea vive al grito de &ldquo;<em>Yes, we can&rdquo;</em>, &ldquo;<em>Impossible is nothing&rdquo;, &ldquo;Just do it&rdquo;. </em>Con el fin de aumentar la productividad, el paradigma disciplinario se sustituy&oacute; por el esquema positivo de &ldquo;poder hacer&rdquo;, que es mucho m&aacute;s eficiente que la negatividad del deber. Ahora existe un nuevo tipo de trabajador: el que se explota a s&iacute; mismo, voluntariamente, sin coacci&oacute;n externa: &ldquo;El colapso llega cuando el sujeto del rendimiento <em>no puede poder m&aacute;s</em>. La depresi&oacute;n consiste en un cansancio de crear y de poder<em> </em>hacer. Su lamento es &rdquo;nada es posible&ldquo;, que s&oacute;lo se puede manifestar dentro de una sociedad que cree que todo es posible&rdquo;. Otro de los aspectos de este exceso de positividad (que muchas veces deviene en agotamiento, ataques de p&aacute;nico o enfermedades ps&iacute;quicas) tiene su correlato en una atenci&oacute;n <em>multitasking</em> que, lejos de ser un progreso, es un retroceso para la civilizaci&oacute;n en su conjunto. Dice Han: &ldquo;Los logros culturales de la humanidad se deben a una atenci&oacute;n profunda y contemplativa, que est&aacute; siendo reemplazada por una hiperatenci&oacute;n: una atenci&oacute;n dispersa que cambia de foco de modo acelerado entre diferentes tareas, fuentes de informaci&oacute;n y procesos. Dada su escasa tolerancia al hast&iacute;o, tampoco admite aquel aburrimiento profundo que ser&iacute;a de cierta importancia para un proceso creativo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Contra la cultura del trabajo</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El trabajo aparece en los discursos circulantes como la cura de todos los males. Pero, &iquest;y si la vida no se hubiera hecho para trabajar? La idea suena revolucionaria pero es antigua. Arist&oacute;teles dec&iacute;a que el trabajo no hace mejores a las personas sino que las envilece porque les resta tiempo a sus obligaciones sociales y pol&iacute;ticas. Ya en el siglo XIX, Paul Lafargue analiz&oacute; esto en detenimiento&nbsp;en su libro <em>El derecho a la pereza</em> de 1880. Despu&eacute;s de todo, hay una clase que vive sin otra vocaci&oacute;n que el ocio: son los herederos, los que no tienen que trabajar para vivir. A ellos no se les exige una &ldquo;cultura del trabajo&rdquo;: pueden ser hedonistas a tiempo completo. Ni siquiera tienen la presi&oacute;n de crear nada. Alcanza con que sean, por derecho propio. A fuerza de consumos vip y portaci&oacute;n de apellido, incluso puede que algunos se forjen una reputaci&oacute;n medi&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la tendencia actual es que cuanto mayor valor social produce un trabajo, menos se cobra por realizarlo. El antrop&oacute;logo norteamericano David Graeber dio con una categor&iacute;a anal&iacute;tica original para designar a ciertos trabajos que bien podr&iacute;an no existir y que sin embargo son premiados con altos salarios. Los llam&oacute; &ldquo;trabajos de mierda&rdquo; en su libro hom&oacute;nimo de 2018. All&iacute; plantea que estos trabajos in&uacute;tiles se diferencian de los que simplemente son malos o est&aacute;n mal pagos, pero que no son de mierda porque son necesarios, como los del rubro de limpieza. En cambio los trabajos de mierda suelen ser respetados y bien remunerados. &iquest;Por qu&eacute; existen? Seg&uacute;n Graeber porque nuestras sociedades prefieren m&aacute;s consumo a menos trabajo pero, sobre todo, porque una poblaci&oacute;n feliz, productiva y con tiempo libre es un peligro mortal: &ldquo;Resulta conveniente para los dominantes implantar la creencia de que el trabajo es un valor en s&iacute; mismo y que quien no trabaja no merece nada. Pero &iquest;qu&eacute; pasar&iacute;a si una clase de trabajadores desapareciera de repente? Si fueran enfermeros o mec&aacute;nicos, estar&iacute;amos en problemas. Pero no queda claro que pasar&iacute;a si no hubiera gestores financieros, lobistas o escribanos, incluso el mundo ser&iacute;a mejor&rdquo;. El ejercicio de pensarlo puede generar una sonrisa amarga; un peque&ntilde;o recreo, por lo menos, hasta que volvamos a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        Sugerente, &iquest;no?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>EZ</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eugenia Zicavo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-pagues-gusta_129_9759378.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2022 09:22:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No me pagues que me gusta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El profesor absoluto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/profesor-absoluto_129_8068007.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b1a2943-2fde-4f17-925a-cb2679ddc4b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El profesor absoluto"></p><p class="article-text">
        <strong>Clases dictadas en un tren, una marcha a la terraza, la &ldquo;universidad del cielo&rdquo;, ex&aacute;menes entregados a lo largo del recorrido de una l&iacute;nea de colectivo.</strong> Las an&eacute;cdotas se amontonan. Como profesor universitario, Horacio Gonz&aacute;lez fue una experiencia casi teatral, un mito que fue creciendo con cada nueva generaci&oacute;n de estudiantes. Tuve la suerte de cursar con &eacute;l en la Carrera de Sociolog&iacute;a de la UBA durante 2002, justo despu&eacute;s de la crisis que arras&oacute; con Argentina, en un clima de revuelta popular y estudiantil, con asambleas en los barrios y cantos de &ldquo;piquete y cacerola, la lucha es una sola&rdquo;. <strong>Sus clases no ordenaban el caos</strong>. <span class="highlight" style="--color:white;">De Maquiavelo a Shakespeare, de Lessing a Marx, de Plat&oacute;n a Adorno, </span>era capaz de hilar ideas y pensadores de lo m&aacute;s dis&iacute;miles, como un hiperv&iacute;nculo vivo dispuesto a seguir abriendo ventanas. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las an&eacute;cdotas que m&aacute;s se repite entre quienes lo conocieron en la facultad es lo que se podr&iacute;a haber llamado &ldquo;el cuatrimestre Riverito&rdquo;: la vez que calific&oacute; a toda una clase con diez, menos al alumno Ochoa (le puso un ocho, obvio). Un berret&iacute;n performativo que, adem&aacute;s de burlar la norma s&oacute;lo para jugar con las palabras (o viceversa), puso a todo su alumnado en calidad de &ldquo;excelencia&rdquo; (compa&ntilde;ero Ochoa: te bancamos, aunque de haberte llamado Sietecase seguro ligabas un siete). 
    </p><p class="article-text">
        Sus te&oacute;ricos de la materia <span class="highlight" style="--color:white;">Teor&iacute;a Est&eacute;tica y Teor&iacute;a Pol&iacute;tica</span> eran una fiesta. Al llegar al aula dejaba sobre el escritorio una pila de libros que jam&aacute;s abr&iacute;a, porque las dos horas de exposici&oacute;n sin pausa estaban en su cabeza, en su ret&oacute;rica deslumbrante, en su elocuencia in&eacute;dita. Al verlo con su malet&iacute;n siempre pensaba <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;para qu&eacute; carga ese peso si jam&aacute;s abre un ejemplar ni para buscar una cita? </span>Nunca conoc&iacute; a un orador como Horacio. <strong>Un intelectual enorme que, con humor y gesto campechano, </strong><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>hac&iacute;a de cualquier espacio un imperio de la palabra (la suya), con una potencia asociativa apabullante. </strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Creo que no exagero si digo que era nuestra versi&oacute;n vern&aacute;cula del profesor Keating de &ldquo;La sociedad de los poetas muertos&rdquo;. No daba arengas subido a los pupitres, pero recuerdo la identificaci&oacute;n que sent&iacute; cuando en las IV Jornadas de Sociolog&iacute;a de la UBA (ya vamos por las XIV, imag&iacute;nense) se despach&oacute; con una diatriba contra el academicismo y defendi&oacute; el lugar del ensayo como g&eacute;nero frente a un auditorio colmado. Yo todav&iacute;a no me hab&iacute;a recibido y sent&iacute; que me daba un gran permiso, aunque despu&eacute;s, con la avanzada de los <em>papers</em>, los referatos y la burocracia de LA ciencia con pretendidas may&uacute;sculas, el ensayismo de Horacio &ndash;con sus provocaciones, su libertad y su desparpajo- no haya ganado la batalla del sentido en la academia, ni tampoco su legado.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que muchos conocieron a Gonz&aacute;lez por haber sido el director de la Biblioteca Nacional durante el kirchnerismo, el impulsor de Carta Abierta, o incluso el marido pelilargo de Liliana Herrero (porque si algo nunca perdi&oacute; con los a&ntilde;os fue su pelo). Pero para m&iacute; siempre va a ser mi profe, el autor de decenas de libros, el polemista maestro de la improvisaci&oacute;n. El integrante del grupo editor de la revista &ldquo;El ojo mocho&rdquo; que en su primer n&uacute;mero de 1991 afirmaba que, aunque nadie pudiera se&ntilde;alar un &ldquo;ejercicio ilegal&rdquo; de la sociolog&iacute;a, &ldquo;solo al alto costo de ver su potencial innovador severamente erosionado es que ha llegado a ser hoy una profesi&oacute;n&rdquo;. Uno de los profesores que dict&oacute; las C&aacute;tedras Nacionales, que al lado de los fil&oacute;sofos alemanes citaba a autores como Arturo Jauretche o John William Cooke. El que defend&iacute;a en pie de igualdad al pensamiento cr&iacute;tico latinoamericano. El que con la dictadura se exili&oacute; en Brasil y volvi&oacute; con un doctorado que nunca mencionaba, como si haber logrado una credencial tradicional en la academia fuera algo para esconder. 
    </p><p class="article-text">
        Tengo en mi tel&eacute;fono una entrevista in&eacute;dita que le hice en 2020, ya en plena pandemia (est&aacute; desgrabada porque va a ser parte de un libro, as&iacute; que prefiero abrir el documento a poner play y volver a o&iacute;r su voz ahora). Releo una charla de casi 3 horas y algo queda en evidencia: &ldquo;conversar&rdquo; con Horacio era m&aacute;s bien tirar una idea, una pregunta o -mejor a&uacute;n- una duda, para que &eacute;l se lanzara a decir cosas interesantes durante 20 minutos sin freno. Era preguntarle &ldquo;&iquest;qu&eacute; hora es?&rdquo; y que respondiera &ldquo;es hora de que el pensamiento social latinoamericano recupere a Jos&eacute; Carlos Mari&aacute;tegui&hellip;&rdquo;. Todo as&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Encontr&eacute; el trabajo final que entregu&eacute; para su materia en 2002. Es sobre el sentido de la acci&oacute;n social en Hamlet. Leo algunos p&aacute;rrafos y me rio sola. S&oacute;lo &eacute;l pod&iacute;a alentarte a mezclar intereses literarios m&aacute;s propios de Pu&aacute;n con conceptos y autores sociol&oacute;gicos duros. 
    </p><p class="article-text">
        Ayer falleci&oacute; a sus 77 a&ntilde;os despu&eacute;s de dar varias peleas y me doy cuenta de otra cosa: hablar de Gonz&aacute;lez (y con Gonz&aacute;lez) siempre me hizo sonre&iacute;r. Contagiaba una alegr&iacute;a l&uacute;cida, la de quien sabe que vivir es jodido pero que vale la pena. En eso estamos. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eugenia Zicavo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/profesor-absoluto_129_8068007.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jun 2021 13:40:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El profesor absoluto]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Maternidad: la última resistencia del para siempre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/maternidad-ultima-resistencia_129_8006452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50efd781-6926-4622-aa9a-fb6d33d7a8ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maternidad: la última resistencia del para siempre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al mandato de la “buena madre” se sumó la puesta en escena virtual de lo privado. Si antes se limitaba la conexión de los chicos, ahora es un imperativo, los teléfonos ya no son nuestros, y el mundo íntimo es cada vez más chico.</p></div><p class="article-text">
        En tiempos en que se valora la autonom&iacute;a y la capacidad de ad&shy;aptaci&oacute;n, tener hijos es una decisi&oacute;n a largo plazo que no se corresponde mucho con los ideales flexibles de las sociedades contempor&aacute;neas. Incluso las instituciones que promet&iacute;an ser &ldquo;para siempre&rdquo; hoy tienen cl&aacute;usula de rescisi&oacute;n; los hijos no. <strong>&iquest;Qu&eacute; vino a cambiar para madres y padres la pandemia de Covid y su aislamiento obligatorio? </strong>Varios estudios mostraron algo en absoluto novedoso: que durante la cuarentena las mujeres dedicaron m&aacute;s tiempo que los varones al cuidado de los suyos (casi con independencia del modelo de familia). Una confirmaci&oacute;n de esa relaci&oacute;n &ldquo;privilegiada&rdquo; con la crianza que culturalmente se atribuye a las mujeres, que se ocupan de m&aacute;s cosas y tienen una mayor &ldquo;carga mental&rdquo; respecto a sus hijas e hijos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un estudio del INDEC sobre el impacto del Covid en Buenos Aires, de agosto a octubre de 2020, en los hogares de dos o m&aacute;s miembros las mujeres aumentaron un 64% el tiempo que le dedican a las tareas dom&eacute;sticas. Y en el 74,2% de los hogares con menores a cargo, la dedicaci&oacute;n principal al apoyo escolar tambi&eacute;n qued&oacute; a cargo de las mujeres. Sin otro mundo que el familiar y el virtual, sin posibilidad de ver a sus pares, los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes requieren de mucha m&aacute;s atenci&oacute;n. Y no importa si las parejas viven juntas, se divorciaron, trabajan fuera o dentro de sus casas, son las mujeres las que &ldquo;m&aacute;s se encargan del tema&rdquo;. La cultura del cuidado es cosa suya, &ldquo;les sale mejor&rdquo;: lo hacen desde hace siglos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el 74,2% de los hogares con menores a cargo de Buenos Aires, la dedicación principal al apoyo escolar quedó a cargo de las mujeres


</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De la mano del feminismo, el problema de la divisi&oacute;n sexual del trabajo se hab&iacute;a instalado en el &uacute;ltimo tiempo en m&aacute;s de una sobremesa familiar y la &ldquo;deconstrucci&oacute;n&rdquo; de muchos varones iba en ascenso (aunque con mayor convicci&oacute;n entre las nuevas generaciones). Pero lo que trajo el Covid es una tragedia a gran escala y el temor a la muerte -con raz&oacute;n- se instala. &iexcl;A coger que se acaba el mundo! (no, mentira: a pesar de los &ldquo;pandemic-boomers&rdquo;, los indicadores muestran que hasta el sexo se resinti&oacute; en la pandemia). Es que ante semejante incertidumbre, como se suman esfuerzos para cuidarse del virus, tambi&eacute;n se relajan otras voluntades&hellip; algo as&iacute; como: &ldquo;Amor, cuando termine la cuarentena me deconstruyo, pero mientras cuid&aacute; a los pibes y cocinate algo. Te juro que me vacunan y arranco, pero ahora no sigamos cambiando las cosas&rdquo;. Ante tama&ntilde;o quiebre de la vida tal como la conoc&iacute;amos, es tranquilizador volver al status quo. Y ac&aacute; la cosa se pone m&aacute;s complicada. Porque como consecuencia de la pandemia, las mujeres tambi&eacute;n fueron expulsadas en mayor medida del mercado de trabajo. <strong>Al comienzo, el aislamiento hizo que el conjunto de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa bajara; pero cuando el mercado laboral estuvo m&aacute;s abierto, los varones pudieron reinsertarse m&aacute;s que las mujeres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, no importa si cumplen actividades esenciales, trabajan online en piyama, est&aacute;n desempleadas o son amas de casa, algo es in&eacute;dito: nunca antes hab&iacute;an tenido que convertirse en &ldquo;maestras en domicilio&rdquo; de sus propias hijas e hijos. Claro que tambi&eacute;n hay padres que se encargan con exclusividad de esas tareas (son el 16% seg&uacute;n el estudio del INDEC), y su situaci&oacute;n es similar a la de la mayor&iacute;a de las madres: no dan m&aacute;s. Ense&ntilde;ar implica una suma de saberes pedag&oacute;gicos que madres y padres no pueden suplantar. No es su oficio; no estudiaron para eso. Al cumplir ese rol deben confrontar una faceta de sus hijos/as que muchas veces no soportan (ni tendr&iacute;an por qu&eacute; soportar) y tambi&eacute;n de s&iacute; mismos: su propia educaci&oacute;n, sus saberes, sus (in) capacidades: nadie tiene una buena experiencia al respecto. Al mandato de la &ldquo;buena madre&rdquo; se le sum&oacute; una exigencia m&aacute;s: la puesta en escena virtual del &aacute;mbito privado -y ahora educativo- real.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la escuela en casa trajo aparejado otro problema: el de la privacidad de los adultos y en especial de las madres. Mientras antes de la pandemia se esforzaban para que los m&aacute;s chicos no estuvieran demasiado &ldquo;conectados&rdquo;, hoy se enfrentan a que la conexi&oacute;n pas&oacute; a ser una obligaci&oacute;n y son pocas las familias donde todos sus integrantes tienen un dispositivo electr&oacute;nico propio. Si tomamos en cuenta que desde la cuarentena los problemas laborales alcanzaron al 48,3% en los hogares en los que viven menores (ya sea por despido, suspensi&oacute;n, no reincorporaci&oacute;n o disminuci&oacute;n de ingresos) las familias tienen poca capacidad para comprar nuevos aparatos. As&iacute;, tel&eacute;fonos y computadoras que hasta hace poco eran &ldquo;personales&rdquo; pasaron a circular entre chicas y chicos porque no hay clave, huella digital o bloqueo que valga cuando llega la clase por zoom o el mail con las tareas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> En EEUU ya se habla del problema de la salida masiva de las mujeres del mercado laboral y se lo compara a cuando los varones volvieron de la guerra y la figura del ama de casa fue exaltada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A esto se suma un aspecto actual poco explorado del que quiz&aacute;s no se habla por pacater&iacute;a, negaci&oacute;n o simple invisibilizaci&oacute;n: las parejas que viven &ldquo;en familia&rdquo; pero ya no comparten entre s&iacute; un v&iacute;nculo sexo-afectivo, aunque sigan conviviendo por imposibilidad para sostener dos hogares (son m&aacute;s de las que parecen). Esos acuerdos privados suelen implicar salidas t&aacute;citas o expl&iacute;citas con terceros/as, que la pandemia tambi&eacute;n vino a truncar. Y si bien c&oacute;mo ver a un/a amante no parece lo m&aacute;s acuciante para resolver, puede pasar que ese estilo de vida les permit&iacute;a sostener una convivencia armoniosa. Y la pandemia tambi&eacute;n barri&oacute; con esa posibilidad. Esto, a su vez, cambi&oacute; la vida de madres y padres que actualmente no est&aacute;n en pareja: los tel&eacute;fonos en un pasamanos de tareas, los mensajes imposibles, las salidas canceladas, adem&aacute;s de que cualquier encuentro cercano por fuera de la &ldquo;burbuja&rdquo; implica un riesgo para el resto de la familia.
    </p><p class="article-text">
        En suma: mujeres desbordadas, con riesgo de no retomar un trabajo asalariado por tener que ocuparse de tareas dom&eacute;sticas y de cuidado, puestas a educar sin las herramientas necesarias (con poca o nula colaboraci&oacute;n masculina) y a reproducir de manera forzada un modelo de &ldquo;madre y ama de casa full time&rdquo;. En EEUU <strong>ya se habla del problema de la salida masiva de las mujeres del mercado laboral</strong> y se lo compara a cuando los varones volvieron de la guerra y la figura del ama de casa fue exaltada para que las mujeres que hab&iacute;an salido a trabajar volvieran de buena gana con nuevos electrodom&eacute;sticos al hogar. S&oacute;lo que ahora no hay aspiradoras de premio, sino el apremio de tener que hacerse cargo de sus hijas e hijos con las escuelas cerradas, sin poder contar con trabajo dom&eacute;stico (que no obstante tambi&eacute;n siempre est&aacute; a cargo de otras mujeres) o de ayuda familiar (ya que abuelas y abuelos fueron asilados por su seguridad). Una vieja consigna feminista dec&iacute;a: &ldquo;No es amor, es trabajo no pago&rdquo;. &iquest;Les suena?
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>EZ</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eugenia Zicavo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/maternidad-ultima-resistencia_129_8006452.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jun 2021 03:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Maternidad: la última resistencia del para siempre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Feminismos,Organización social del cuidado]]></media:keywords>
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