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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Liliana Viola]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/liliana-viola/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El Colón irritable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/colon-irritable_129_8385290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ed785fc-6b2a-40fd-aea8-69e2c61f8f61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0." width="1200" height="675" alt="El Colón irritable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De qué se trató Theodora. - Con una santa rebelde y una teóloga feminista argentina olvidada, el Colón abrió su temporada lírica post pandemia</p><p class="subtitle">Marcella Althaus-Reid por Esther Díaz. - Religión indecente y postqueer</p></div><p class="article-text">
        Esta semana, el Teatro Col&oacute;n fue trending topic, as&iacute; de ins&oacute;lito. &ldquo;&iexcl;Abucheraron a Mercedes Mor&aacute;n en el Col&oacute;n!&rdquo; Pero, un momento. Antes de cumplir con esta agenda impuesta por la l&oacute;gica de redes que reduce a una cadena de tuits lo que viene siendo una cruzada cr&iacute;tica, medi&aacute;tica y santulona contra la presencia de intrusos e impuras en el sacrosanto centro de la pertinencia nacional, y antes de que en unas horas se haya dado por olvidado el asunto,<strong> aportemos a una lucha contra la posverdad, si es que existe, reconociendo que el esc&aacute;ndalo que estamos a punto de analizar, no fue tal.</strong> O, por lo pronto, que el abucheo, ese modo de balbucear a los pitidos o a los pitazos, no empez&oacute; con el cura irritado sino mucho antes. Que las rese&ntilde;as y las secuelas medi&aacute;ticas, que es lo &uacute;nico que puede consumir la gran mayor&iacute;a que no pisa el teatro Col&oacute;n, no guarda relaci&oacute;n con lo que sucedi&oacute; en el escenario, ni siquiera en la platea. Que el affaire &ldquo;Theodora, Marcella y Mercedes&rdquo;, forma parte de una disputa a muerte por los espacios y los sentidos, que se sigue dirimiendo en otra parte y en otra dimensi&oacute;n. All&aacute; vamos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Decentes&nbsp;</h3><p class="article-text">
        En <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/santa-rebelde-teologa-feminista-argentina-olvidada-colon-abre-temporada-lirica-post-pandemia_1_8333047.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta puesta de Theodora, su director, Alejandro Tantanian, entre otras intervenciones, decidi&oacute; incluir un personaje fuera de libreto, interpretado por Mercedes Mor&aacute;n.</a> Esta mujer que irrumpe en el oratorio de H&auml;ndel est&aacute; leyendo en voz alta fragmentos de los libros<em><strong> </strong></em><em>Teolog&iacute;a indecente </em>y <em>El dios queer, </em>publicados a comienzos de los dos mil por una reconocida, aunque no en su tierra, te&oacute;loga argentina que llega &ldquo;al Col&oacute;n, al Col&oacute;n&rdquo; por idea de <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/franco-torchia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Franco Torchia</a>, responsable de la selecci&oacute;n de las citas y de haber vislumbrado la inquietante conexi&oacute;n entre el pensamiento decolonial de la autora y el conflicto de conciencia que plantea la &oacute;pera en cuesti&oacute;n. Primera herej&iacute;a: una descolonizadora irrumpe en el Col&oacute;n. Y lo hace de la mano de un... &iquest;impuro?. Porque, &iquest;a qu&eacute; viene que las cr&iacute;ticas se&ntilde;alen con tanto empe&ntilde;o un curriculum de Torchia focalizado en sus comienzos como la voz del recordad&iacute;simo programa de citas <em>Cupido</em>? Primera estaci&oacute;n del calvario: antes del estreno, es decir, sin haber presenciado siquiera un ensayo, aparece en el diario <strong>Clar&iacute;n</strong> una cr&iacute;tica que acusa de &ldquo;debilidad ideol&oacute;gica&rdquo; al proyecto. Como m&iacute;nimo, un fallido, la aparici&oacute;n de la palabra &ldquo;debilidad&rdquo; adosado a &ldquo;ideolog&iacute;a&rdquo;. &iquest;Las ideolog&iacute;as fuertes llegan al Col&oacute;n? &iquest;O se trata de la molestia frente a una ideolog&iacute;a impertinente? &iquest;O es la impertinencia de los d&eacute;biles?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto, la actriz cruza m&aacute;s de una vez la escena donde la soprano coreana<em> </em>Yun Jung Choi se destaca en el papel de<em> </em>Theodora, la m&aacute;rtir cristiana condenada al castigo de violaci&oacute;n por no obedecer las &oacute;rdenes de sus superiores. El personaje de Mercedes Mor&aacute;n, claramente una intrusa, se incrusta como una aparici&oacute;n en la escenograf&iacute;a de Oria Puppo y se intercala en la m&uacute;sica encantadora que envuelve la vieja peripecia de la hero&iacute;na sacrificial.
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                    alt="La soprano coreana Yun Jung Choi interpretó a Theodora en el Colón"
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                La soprano coreana Yun Jung Choi interpretó a Theodora en el Colón                            </span>
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        El personaje que representa Mercedes Mor&aacute;n impone una pausa tan extra&ntilde;a como inc&oacute;moda. &iquest;Qui&eacute;n es? &iquest;Qu&eacute; hace aqu&iacute;? Podr&iacute;a ser una apostilla, un texto en los m&aacute;rgenes de una formaci&oacute;n cat&oacute;lica que se niega a hacerse preguntas inc&oacute;modas como por ejemplo, qu&eacute; significa la met&aacute;fora de la virginidad de Mar&iacute;a para las mujeres de clase media, para las ind&iacute;genas que recibieron esta religi&oacute;n en la conquista. Son las preguntas que plantea Althaus-Reid en su libro y que gracias a esta puesta, vamos a seguir indagando con ella en las met&aacute;foras religiosas. Ese personaje es en s&iacute; mismo un subrayado, como lo es &ldquo;el intruso&rdquo; que en el escenario filma en vivo a los cantantes; es tambi&eacute;n una voz porte&ntilde;a y contempor&aacute;nea que, desautorizada por donde se la mire, viene a interrumpir en una escena de martirio, que en <em>las Theodoras</em> acusadas de ideolog&iacute;a de g&eacute;nero cuando no de debilidad ideol&oacute;gica, lleva siglos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fueron cuatro funciones, en todas hubo aplausos cerrados al final. En la tercera, la del viernes 30 de septiembre, alguien peg&oacute; un silbido, parte de la sala se prendi&oacute; al juego que dur&oacute; un par de minutos mientras una apabullante mayor&iacute;a tap&oacute; la reacci&oacute;n con m&aacute;s aplausos.</strong> Y ah&iacute; se termin&oacute; la cosa en este peque&ntilde;o mundo del Col&oacute;n, m&aacute;s peque&ntilde;o ahora con un aforo que permite el 30 por ciento de butacas y el precio de las entradas promedian los 5.000 pesos. En un palco un grupo de monjas presenciaba la escena sin abuchear y sin aplaudir. Fin del primer acto.
    </p><h3 class="article-text">Dimensi&oacute;n tuiter</h3><p class="article-text">
        La noticia se construy&oacute; en otra dimensi&oacute;n, cuando por fin, un cura se hace cargo de la molestia general, y v&iacute;a Youtube, se atribuye la haza&ntilde;a:&nbsp; &ldquo;Yo soy el sacerdote que desde la cazuela del Teatro Col&oacute;n abuche&oacute;&rdquo; y recurriendo al remanido argumento de &ldquo;con mis impuestos no&rdquo; hace una sinopsis propia y libre de la puesta: &ldquo;el Teatro Col&oacute;n no puede permitir las repetidas intervenciones de la actriz Mercedes Mor&aacute;n leyendo textos de Marcella Althaus-Reid en los que se dice que la virgen es una esclava momia de los pobres, que Dios es el aliento espeso y dulz&oacute;n que produce el pan en los est&oacute;magos vac&iacute;os y que los sacerdotes hacemos arrodillarse a los penitentes delante de nuestros penes&rdquo;. <strong>Se abri&oacute; la tranquera de la posverdad. &iexcl;Porque el texto no dice eso! &iexcl;Y Mercedes Mor&aacute;n, que el mes pasado fue la esposa de un pastor ped&oacute;filo en una serie que enoj&oacute; a evangelistas, resulta que ahora es una feminista corta mambo y rompe &oacute;peras,&nbsp; y ni es pastora ni gasolera. </strong>Pero a esta altura, ya no importa nada de lo que pas&oacute; en el escenario, porque de pronto se suman abogados cat&oacute;licos y otros irritados dispuestos a demandar al gobierno que, aunque es de la oposici&oacute;n, es acusado de kirchnerista. Y esta vez s&iacute;, como una escena adosada a la &oacute;pera en cuesti&oacute;n donde el poder de los machos exige, piden la cabeza del ministro de cultura de la ciudad, Enrique Avogadro, del director y de la actriz. Mientras tanto, la gran mayor&iacute;a de las cr&iacute;ticas coinciden, con benevolencia mort&iacute;fera y salvando la conciencia de cometer censura, en que esta obra debi&oacute; ponerse, c&oacute;mo no, claro que s&iacute;, pero no en el escenario principal del Teatro Col&oacute;n sino en el del Centro de Experimentaci&oacute;n del mismo teatro, otra entrada, otra puerta. En el<strong> diario La Naci&oacute;n</strong>, la secci&oacute;n de cr&iacute;tica de m&uacute;sica cl&aacute;sica que parec&iacute;a estos &uacute;ltimos a&ntilde;os haberse quedado completamente dormida en medio de todas las funciones, despert&oacute; de pronto para hacer su aporte a la confusi&oacute;n general. Se acusa a la puesta de haber intervenido en el original. &iquest;Y no se trata de eso una puesta? Parece que Tantanian le hizo m&aacute;s caso a Borges cuando dec&iacute;a que la idea de un texto definitivo &ldquo;no pertenece sino a la religi&oacute;n o al cansancio&rdquo;, que a las instrucciones de las bolsas de naftalina. En fin, no hay un s&oacute;lo argumento cr&iacute;tico que justifique esa propuesta de reubicaci&oacute;n espacial. En cambio, la idea tiene m&aacute;s coincidencias con aquella de otro cura que hace unos a&ntilde;os propon&iacute;a la fundaci&oacute;n de un ghetto para putos, o con las refundaciones constantes de zonas rojas para ubicar en su lugar a la poblaci&oacute;n travesti. Dicho sea al pasar, el Centro de Experimentaci&oacute;n est&aacute; cerrado, no funcion&oacute; durante la pandemia y no hay noticias de que vaya a reabrise todav&iacute;a. Ya se sabe, nada es m&aacute;s peligroso que una idea cuando no se tiene m&aacute;s que una.
    </p><h3 class="article-text">Dimensi&oacute;n bullying</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Al Col&oacute;n al Col&oacute;n, a pasar un papel&oacute;n&rdquo;. Todav&iacute;a resuena familiar ese cantito de la infancia que se creaba en modo bullying contra cualquiera que osara sobresalir, hacer alguna gracia, venir con ideas raras. El templo de la pertenencia de clase, con su ac&uacute;stica perfecta, sus palcos, su tel&oacute;n y su cazuela, se nos presenta desde muy temprano como orgullo nacional y como escenario del oprobio donde - salvo el elenco estable y las glorias internacionales que nos visitan - lo &uacute;nico que le queda al resto es hacer un rid&iacute;culo espectacular. El Col&oacute;n es donde se espera que alguien falle. La mitolog&iacute;a colonesca &ndash; o colonizada- se completa con la figura fantasmal del<em> connoisseur,</em> o&iacute;do y saber absolutos, que agazapado en el gallinero, en cuanto detecta la nota desafinada silba o arroja tomates, conquistando as&iacute; sus pocos caracteres de fama, como quien lanza un tuit.
    </p><p class="article-text">
        <em>Theodora </em>las tiene todas: sobresale, tiene gracia y trae una idea rara, pero adem&aacute;s y luego de esc&aacute;ndalo, se puede subrayar como gran m&eacute;rito lateral de la puesta sacar del desconocimiento generalizado a Marccela Althaus-Reid, lectura imprescindible en un tiempo en el que se reconoce la necesidad de descolonizar cuerpos e imaginaciones, de buscar alternativas al camino del capitalismo y del colapso. Para el p&uacute;blico progresista, incluso se dir&iacute;a, no haber le&iacute;do a Althaus-Reid habiendo celebrado s&iacute; <em>Teor&iacute;a King Kong</em> de la francesa Virginie Despentes, o los trabajos de Judith Butler y&nbsp;Paul B. Preciado, entre otros textos, es un pecado. El cantito del papel&oacute;n y la amenaza de abucheo forman parte de un ejercicio de disciplinamiento por adelantado que, claro est&aacute;, excede los l&iacute;mites de este edificio al que muchos le cantamos pero pocos, muy pero muy pocos, acceden.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y por lo visto, lo que sigue en esta escena son las tensiones que existen en la sociedad argentina donde todav&iacute;a no se termina de absorber el llamado lenguaje inclusivo, el derecho al aborto ni los derechos de la mujer.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>LV</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Viola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/colon-irritable_129_8385290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Oct 2021 17:06:09 +0000]]></pubDate>
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