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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Miguel Wiñazki]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/miguel-winazki/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Miguel Wiñazki]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Angeles en el mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-mar_129_9127084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf66fba4-f29b-45cb-bc8c-a83b6f3f09a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Angeles en el mar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y filósofo Miguel Wiñazki despide a la escritora Ángeles Salvador, su pareja, quien murió a los 50 años.</p><p class="subtitle">Así escribía Angeles Salvador - El VIP de El Cielo</p><p class="subtitle">Angeles Salvador murió a los 50 años - Un repaso por su carrera y sus libros</p></div><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me divert&iacute;a de &Aacute;ngeles era su manifiesta ineptitud para todos los deportes. &ldquo;Odio el voley&rdquo;, me dec&iacute;a. &ldquo;Odio el hockey&rdquo;... y todo as&iacute;. Sin embargo, era una certera de Racing, y yo de Independiente, pero no hab&iacute;a querellas por eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y lo que m&aacute;s me gustaba, adem&aacute;s de su belleza irrefutable, era ese sarcasmo desfachatado para escribir como una posesa, piezas siempre, pero siempre, tan melanc&oacute;licas como alegres, tan oscuras como luminosas, tan dram&aacute;ticas como absurdas, tan luctuosas como vitales&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando la llev&eacute; por &uacute;ltima vez en auto a la Favaloro respiraba como amordazada. Pens&eacute; que se mor&iacute;a ahogada en el auto. &Iacute;bamos a una velocidad inconcebible, el ox&iacute;geno se le iba, justo a ella, la autora de <em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Uno nota el papel preponderante del ox&iacute;geno cuando nada o cuando se le est&aacute; por terminar el tanque, o cuando le tapan la cara con una almohada. O cuando hace una tintura de cabello&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En la novela hay buzos bajo el agua, tanques de ox&iacute;geno y una peluquera, un perro ag&oacute;nico que se llama &Uacute;ltimo y una tragedia rid&iacute;cula y no, pero eso, menos penosa.
    </p><p class="article-text">
        Y hay mucho amor y desamor tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y el ox&iacute;geno exhibe su papel preponderante, pero a ella se le fue el ox&iacute;geno del alma, y del cuerpo, al fin y al cabo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ella me le&iacute;a en voz alta a sus preferidos, Jonathan Lethem, John Cheever, Lorrie Moore, Philiph Roth tambi&eacute;n, Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara, Tamara Tenembaum y Agustina Bazterrica.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Era una ceremonia sacra. Enfocaba sus ojos sin anteojos y se tomaba en serio, muy en serio, el talento de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y yo la o&iacute;a, sintonizando, tratando de sintonizar con sus afinidades y su amor por las palabras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le hab&iacute;a pasado el manuscrito de un libro m&iacute;o para que lo editara. Su talento editorial era inversamente proporcional a sus refutaciones deportivas. Y all&iacute; entre sus cosas qued&oacute; el manuscrito. Un d&iacute;a, paso en auto por un bar, y desde mi auto, la veo a &Aacute;ngeles, sola en el bar, tarde, de noche, leyendo ese manuscrito con una atenci&oacute;n absoluta, con una entrega al texto, que, siento seguro, el texto no merec&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo le pasaba a ella cada columna que escrib&iacute;a y ella hac&iacute;a lo mismo con las suyas, las que escrib&iacute;a para elDiarioAr.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; s&iacute; discut&iacute;amos. En realidad, yo a ella casi no la correg&iacute;a, ella a m&iacute; s&iacute;. Y con raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n escuch&aacute;bamos m&uacute;sica en mi auto. Bueno, cuando logr&aacute;bamos conectar el Bluetooth, que era casi nunca&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica la hartaba: &ldquo;Le digo bueno, vamos a mi cuarto que me cambio el vestido, pero no digas nada de la mierda pol&iacute;tica&rdquo;, escribi&oacute; en La &uacute;ltima fiesta, en uno de los tantos di&aacute;logos de sus libros y relatos, en los que el vestuario cambia, pero la tensi&oacute;n, o la lujuria, o la muerte aguardando en cualquier parte, no cambian nunca. Todo est&aacute; siempre en cada p&aacute;gina,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La &uacute;ltima fiesta</em> es una fiesta frente al mar en Punta del Este. Todo termina mal, pero literariamente todo concluye con maestr&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente al mar, &Aacute;ngeles y yo hace poco. La &uacute;ltima vez, en La Caleta, vimos un partido de tres horas frente al mar. En un equipo jugaban Messi y Mbapp&eacute;. En realidad, jugaban un chico con la camiseta de Messi y otro con la de Mbapp&eacute;. Para nosotros eran ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, desde luego eran Messi y Mbapp&eacute;, sin dudas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero en el otro equipo jugaba Neymar y ganaron los otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s del partido ella compr&oacute; churros, y yo nad&eacute; mucho, y fuimos felices.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute;a un libro en una tarde, y hasta tres en un d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me empez&oacute; a hablar de <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pez Banana</a>, pero no era de <em>Un d&iacute;a perfecto para el pez banana</em>, de lo que tambi&eacute;n me hablaba, sino de un experimento de luz y de propagaci&oacute;n de libros. Y eso era esencial para ella. Recibir libros y leer y leer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quer&iacute;a escribir m&aacute;s, mucho m&aacute;s, siempre escribir.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y quer&iacute;a todo para sus hijos, y de verdad, no quer&iacute;a nada para ella, como si su misi&oacute;n fuera solamente la de dar, porque as&iacute; era Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Proven&iacute;a de una genealog&iacute;a entreverada en la que hubo un m&uacute;sico paraguayo entre los ancestros, que parti&oacute; raudo tras dejar a su abuela encinta de su madre.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a efectivamente algo guaran&iacute; en su esp&iacute;ritu, hispano, it&aacute;lico, argento y racinguista.
    </p><p class="article-text">
        Yo le dec&iacute;a Roa Bastos; Augusta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Prefer&iacute;a no aparecer en ning&uacute;n lado. Si le hac&iacute;an una nota no la le&iacute;a. Ni siquiera comentaba que hab&iacute;a salido un art&iacute;culo sobre su obra en tal o cual lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final estaba sin estar, en coma, d&iacute;as y eternidades. Pero estaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque &Aacute;ngeles no se va jam&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero igual nos quedamos solos.
    </p><p class="article-text">
        <em>MW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Wiñazki]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-mar_129_9127084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jun 2022 20:06:43 +0000]]></pubDate>
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