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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ariel Wilkis]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/ariel-wilkis-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ariel Wilkis]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Deudas, derechos y futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deudas-derechos-futuro_129_13423188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d41882df-da21-466a-86bf-deea2e24c574_16-9-discover-aspect-ratio_default_1100894.jpg" width="2423" height="1363" alt="Deudas, derechos y futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las deudas de los hogares dejaron de ser un asunto privado para convertirse en un problema político. La mora es apenas el síntoma visible. Detrás del crecimiento del endeudamiento se consolida un nuevo régimen de desigualdad que condiciona las expectativas, redefine el malestar social y desafía las respuestas de la política.</p></div><p class="article-text">
        El aumento de la mora ya instal&oacute; su propia agenda. Ocupa la atenci&oacute;n p&uacute;blica y asoma como preocupaci&oacute;n legislativa: proyectos de refinanciaci&oacute;n, l&iacute;mites a las tasas, alivios transitorios para deudores. La pregunta que me interesa hacer no es cu&aacute;nta mora hay hoy, sino c&oacute;mo mirar ese dato en el largo plazo: qu&eacute; categor&iacute;as movilizamos para leerlo, qu&eacute; transformaciones profundas viene a expresar, y qu&eacute; futuro &mdash;o qu&eacute; ausencia de futuro&mdash; nos est&aacute; planteando. Si se lo mira solo como un problema de coyuntura financiera, la respuesta se agota en tasas y en el estiramiento de calendarios de pago. Si se lo mira como lo que en realidad es &mdash;el punto visible de una transformaci&oacute;n social que lleva casi una d&eacute;cada gest&aacute;ndose y que compromete el v&iacute;nculo mismo entre los hogares y la democracia&mdash; la pregunta cambia de escala, y con ella las respuestas posibles. Las cinco tesis que siguen intentan ordenar esa mirada de largo plazo.
    </p><h2 class="article-text">1. Las deudas de los hogares, un eslab&oacute;n perdido de las promesas y los fracasos de la democracia</h2><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a escribir <a href="https://sigloxxieditores.com.ar/libro/una-historia-de-como-nos-endeudamos/?srsltid=AfmBOopoYBOwo-oQamUl_p9umiTJnFzLV3M9sY0GLSG-2H2Z7kfxUrtn" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una historia de c&oacute;mo nos endeudamos</em></a><a href="https://sigloxxieditores.com.ar/libro/una-historia-de-como-nos-endeudamos/?srsltid=AfmBOopoYBOwo-oQamUl_p9umiTJnFzLV3M9sY0GLSG-2H2Z7kfxUrtn" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a> (Siglo XXI Editores) part&iacute; de una convicci&oacute;n que no siempre resulta evidente:<a href="https://www.eldiarioar.com/trabajar/data/deuda-funciona-parte-salario-hogares-credito-stock-crecio-25-real_1_13292308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> las deudas de los hogares </a>&ndash;esas que no aparecen en los titulares sobre el FMI ni en las rondas de negociaci&oacute;n con acreedores externos&ndash; son un territorio donde se juega, silenciosamente, el v&iacute;nculo entre la sociedad y la pol&iacute;tica. El objetivo del libro fue leer, a trav&eacute;s del endeudamiento de los hogares, el encuentro y el desencuentro entre las expectativas que la democracia argentina gener&oacute; desde 1983 y los fracasos y desilusiones que esas mismas expectativas terminaron produciendo. La deuda no es, en este sentido, un dato residual de la econom&iacute;a dom&eacute;stica: es un eslab&oacute;n que conecta la vida cotidiana de las familias con el proyecto colectivo de la democracia. Por eso sostengo que no se puede escribir una historia de la democracia argentina sin escribir, en paralelo, una historia de sus deudas dom&eacute;sticas. Ambas historias corren juntas, se explican mutuamente, y all&iacute; donde la pol&iacute;tica falla en sostener sus promesas, la deuda aparece para llenar ese vac&iacute;o, aunque sea de manera precaria y a un costo alt&iacute;simo para quienes la cargan. Con esta lectura de largo plazo sobre el rol de las deudas como anudamiento entre la sociedad y la pol&iacute;tica &mdash;y no como un cap&iacute;tulo aislado de la coyuntura econ&oacute;mica&mdash; es que leo el presente: c&oacute;mo llegamos hasta ac&aacute; y por qu&eacute; caminos podr&iacute;amos salir.
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                 Los sectores populares llevan décadas gestionando su economía con una combinación de planes sociales, trabajo informal y deuda.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">2. Las deudas de los hogares son la fuente de una nueva cuesti&oacute;n social</h2><p class="article-text">
        El endeudamiento dom&eacute;stico se ha convertido en una nueva cuesti&oacute;n social, fuente de desigualdad, explotaci&oacute;n y, en ciertas configuraciones, de dominaci&oacute;n. La vieja cuesti&oacute;n social del siglo XX se organizaba en torno a la relaci&oacute;n salarial: el acceso a derechos b&aacute;sicos &mdash;vivienda, salud, educaci&oacute;n&mdash; depend&iacute;a del v&iacute;nculo con el trabajo formal y de la protecci&oacute;n que el Estado garantizaba sobre esa relaci&oacute;n. Hoy ese acceso est&aacute; cada vez m&aacute;s mediado por la capacidad de los hogares de obtener financiamiento en un mercado del cr&eacute;dito heterog&eacute;neo y desigual. El cr&eacute;dito y las deudas dejaron de ser una opci&oacute;n entre otras para convertirse en una necesidad estructural: los hogares las gestionan como una red de protecci&oacute;n frente a riesgos que ya no pueden atender ni con sus ingresos laborales ni con la protecci&oacute;n estatal. Esta transformaci&oacute;n no es exclusivamente argentina &mdash;los estudios regionales muestran una din&aacute;mica similar de financiarizaci&oacute;n de los hogares de menores ingresos en distintos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina&mdash;, pero adquiere en la Argentina una intensidad particular por la combinaci&oacute;n de inflaci&oacute;n cr&oacute;nica, informalidad estructural y un mercado de cr&eacute;dito formal m&aacute;s acotado que el de pa&iacute;ses vecinos. Esta nueva cuesti&oacute;n social condiciona, adem&aacute;s, todos los proyectos pol&iacute;ticos: alienta las versiones de extrema derecha que prometen romper con el orden existente, y exige a las versiones progresistas repensar sus estrategias de protecci&oacute;n social incorporando la centralidad de la deuda en la vida cotidiana de los hogares.
    </p><h2 class="article-text">3. Las deudas crecen donde fallan los derechos y la protecci&oacute;n social</h2><p class="article-text">
        La evidencia emp&iacute;rica permite identificar con precisi&oacute;n qui&eacute;nes cargan con el peso mayor de esta transformaci&oacute;n: los hogares inquilinos, los hogares con ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y jefatura femenina, y, como novedad del per&iacute;odo reciente, los trabajadores alcanzados por la precarizaci&oacute;n laboral. Estos tres perfiles no son aleatorios: remiten, cada uno, a un derecho que no termina de garantizarse &mdash;el acceso a una vivienda regulada, la protecci&oacute;n de la crianza, la estabilidad del empleo&mdash;. Donde ese derecho falla, no aparece simplemente una necesidad insatisfecha: aparece una deuda. Esta inversi&oacute;n de la relaci&oacute;n habitual entre necesidad y endeudamiento tiene consecuencias anal&iacute;ticas importantes. Significa que el problema no puede resolverse &uacute;nicamente en el terreno financiero, discutiendo tasas de inter&eacute;s o esquemas de refinanciaci&oacute;n, aunque esas discusiones sean necesarias en lo inmediato. El problema de fondo es que una porci&oacute;n creciente de los hogares solo logra reproducir su vida cotidiana sacrificando ahorros, vendiendo pertenencias y acumulando compromisos que no tienen horizonte de resoluci&oacute;n. Mientras el Estado no logre restituir de manera efectiva esos derechos -vivienda, cuidado, trabajo- la deuda seguir&aacute; ocupando ese lugar vacante, con un costo que no se mide solamente en pesos sino en las expectativas que los hogares depositan, o dejan de depositar, en la promesa democr&aacute;tica. Comprender esta relaci&oacute;n entre derechos y deudas no es un ejercicio anal&iacute;tico: es la condici&oacute;n para pensar cualquier pol&iacute;tica p&uacute;blica que aspire a reducir la desigualdad estructural que atraviesa hoy a la sociedad argentina.
    </p><h2 class="article-text">4.Las deudas &ldquo;amortiguan&rdquo; el malestar pero direccionan el descontento pol&iacute;tico</h2><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; el deterioro del bienestar sostenido de los hogares no produce, de manera autom&aacute;tica, un estallido social visible?. Parte de la respuesta est&aacute; en la propia naturaleza de la deuda como experiencia vivida. En la Argentina, buena parte del endeudamiento popular es informal &mdash;con familiares, vecinos, el comercio del barrio&mdash; y esa informalidad, aunque genera un enorme desgaste emocional, no coloca al deudor bajo la amenaza constante del sistema financiero-bancario que s&iacute; opera en otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n. Esa relativa amortiguaci&oacute;n permite que el malestar se administre puertas adentro durante un tiempo prolongado, antes de encontrar una salida pol&iacute;tica. Pero esa demora no equivale a resignaci&oacute;n: se acumula. Los sectores populares llevan d&eacute;cadas gestionando su econom&iacute;a con una combinaci&oacute;n de planes sociales, trabajo informal y deuda; los sectores medios, en cambio, comenzaron a usar la tarjeta de cr&eacute;dito para llegar a fin de mes de manera creciente desde 2018 y, sobre todo, durante la pandemia.
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                Los sectores medios, en cambio, comenzaron a usar la tarjeta de crédito para llegar a fin de mes de manera creciente desde 2018 y, sobre todo, durante la pandemia.                             </span>
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        Lo que define a este r&eacute;gimen de deuda no es solo su magnitud. Es su <em>sentido acumulado</em>. La deuda aspiracional &mdash;la que te permite comprarte una heladera, pagar la cuota del auto, planificar las vacaciones&mdash; crea un v&iacute;nculo entre el esfuerzo presente y una promesa de futuro. La deuda de sacrificio es exactamente lo contrario: no te lleva a ning&uacute;n lado. Es el precio de permanecer en el lugar. Y cuando esa experiencia se repite capa tras capa, gobierno tras gobierno, algo se rompe en la relaci&oacute;n entre los hogares y la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ese sacrificio cotidiano no encontr&oacute; ning&uacute;n reconocimiento por parte de la pol&iacute;tica, se convirti&oacute; en malestar hacia el Estado, y ese malestar qued&oacute; disponible para la interpelaci&oacute;n de un outsider que promete invertir los t&eacute;rminos del sacrificio. No es casual que buena parte de la sociedad que ve&iacute;a en su propio esfuerzo financiero la prueba de que &ldquo;se las arreglaba sola&rdquo; haya encontrado plausible la promesa de que fuera el Estado, y no los hogares, quien sacrificara. La deuda, en este sentido, no solo amortigua: tambi&eacute;n contribuye, tarde o temprano, hacia d&oacute;nde se canaliza el descontento.
    </p><h2 class="article-text">5. Las deudas de sacrificio son el desaf&iacute;o para una propuesta de futuro</h2><p class="article-text">
        El r&eacute;gimen de deuda sacrificial que describe la experiencia financiera de millones de hogares argentinos se construy&oacute; a lo largo de a&ntilde;os -la pandemia, la inflaci&oacute;n cr&oacute;nica, los salarios que no alcanzan, la informalidad estructural- y se profundiza con las pol&iacute;ticas de ajuste de Milei. 
    </p><p class="article-text">
        Si el problema es la mora, discutimos tasas y refinanciaciones; pero si el problema son las deudas de sacrificio, discutimos derechos. Donde falla un derecho &mdash;laboral, social&mdash; no nace una necesidad. Nace una deuda de sacrificio. 
    </p><p class="article-text">
        El cr&eacute;dito es dinero <em>a&uacute;n</em> no prestado; las deudas, dinero <em>ya</em> prestado. El primero es una relaci&oacute;n con el futuro, las segundas con el pasado.  La escasez del cr&eacute;dito y el desborde de las deudas no es solo un desequilibrio contable, un fallo de caja negativo, es el dominio del tiempo pasado sobre el futuro. Una sociedad con deudas carcome las expectativas sobre el porvenir que ofrecen las democracias, devora estas expectativas desde sus cimientos y atenta contra la ilusi&oacute;n de un ma&ntilde;ana mejor, su ficci&oacute;n m&aacute;s necesaria e irrenunciable.
    </p><p class="article-text">
        <em>AW/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deudas-derechos-futuro_129_13423188.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 13:46:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Deudas, derechos y futuro]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ni Bessent lo logró: los argentinos mantienen una confianza crítica en el peso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bessent-logro-argentinos-mantienen-confianza-critica-peso_129_12712769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73ea25cd-18ab-4ba5-8a34-a352045af9c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni Bessent lo logró: los argentinos mantienen una confianza crítica en el peso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La confianza social en el peso sigue en niveles críticos pese al apoyo financiero de EE.UU.: en octubre, el Índice de Confianza Social en la Moneda (ICSM) marcó 2,95 puntos sobre 5. El estudio de la UNSAM advierte que la desconfianza en la moneda se asocia también con una menor confianza entre las personas y una visión más pesimista sobre el futuro.</p></div><p class="article-text">
        Pese a extraordinaria ayuda norteamericana, no hubo cambios significativos en la cr&iacute;tica confianza de la sociedad argentina en su moneda: en octubre el &Iacute;ndice de Confianza Social en la Moneda registr&oacute; 2,95 puntos sobre 5, apenas por encima del nivel observado en agosto (2,90). El dato preocupante asociado al &iacute;ndice es que cuanto m&aacute;s desconf&iacute;an los argentinos de su moneda, m&aacute;s desconf&iacute;an de sus vecinos o compa&ntilde;eros de trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://unsam.edu.ar/institucional/Informe-Completo-ICSM-Unsam.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iquest;Qu&eacute; es el &Iacute;ndice de Confianza Social en la Moneda? </a>Desde hace unos meses, en la Universidad Nacional de San Mart&iacute;n (UNSAM) venimos trabajando un nuevo indicador llamado &Iacute;ndice de Confianza Social en la Moneda (ICSM), una herramienta para medir de manera sistem&aacute;tica c&oacute;mo los argentinos perciben el peso y c&oacute;mo esas percepciones inciden en sus expectativas econ&oacute;micas, en su confianza institucional y en sus v&iacute;nculos interpersonales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2025, el ICSM registr&oacute; 2,95 puntos sobre 5. El &iacute;ndice tiene tres niveles de interpretaci&oacute;n: de 1 a 3: niveles de confianza inexistente a cr&iacute;tica, de 3 a 4: niveles de confianza fr&aacute;gil a intermedia, de 4 a 5: niveles de confianza robusta a plena.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En octubre de 2025, el ICSM registro 2,95 puntos sobre 5, apenas por encima del nivel observado en agosto (2,90) y con valores de confianza críticos."
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            <span class="title">
                En octubre de 2025, el ICSM registro 2,95 puntos sobre 5, apenas por encima del nivel observado en agosto (2,90) y con valores de confianza críticos.                            </span>
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        El &iacute;ndice revela que a medida que la confianza social en la moneda disminuye, tambi&eacute;n lo hace la confianza interpersonal. Las personas con mayor confianza social en la moneda declaran confiar m&aacute;s tanto en sus vecinos como en personas desconocidas en la v&iacute;a p&uacute;blica, lo que refleja un nivel m&aacute;s alto de solidaridad interpersonal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Comparando agosto con octubre, el ICSM muestra una mejora, coyuntural, asociada a cierta calma cambiaria posterior a los anuncios de apoyo financiero internacional, m&aacute;s que a una recomposici&oacute;n profunda de expectativas. <a href="https://unsam.edu.ar/institucional/Informe-Completo-ICSM-Unsam.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El &iacute;ndice se elabor&oacute; a partir de una encuesta estratificada por regi&oacute;n, edad, sexo y nivel socioecon&oacute;mico.&nbsp;</a>
    </p><p class="article-text">
        Pero no es lo &uacute;nico que revela el estudio: un 41% de los encuestados no cree que el gobierno pueda estabilizar el valor del peso (nada de acuerdo o algo de acuerdo) y un 36% se muestra favorable a que el gobierno pueda alcanzar dicho objetivo (muy de acuerdo o totalmente de acuerdo). Mientras que un 49% considera que la inflaci&oacute;n en los pr&oacute;ximos 12 meses ser&aacute; entre alta o muy alta.
    </p><p class="article-text">
        El ICSM se descompone en cuatro dimensiones: expectativas sobre el valor futuro del peso, confianza en el peso para ahorrar (reserva de valor), confianza en el peso para calcular (unidad de cuenta) y confianza en el peso para pagar y comprar (medio de pago). El valor general del &iacute;ndice en octubre est&aacute; impulsado por las bajas expectativas de que la moneda nacional mantenga su valor en el tiempo (2,95). A&uacute;n menor resulta la confianza en el peso como reserva de valor (2,59). Un derrumbe mayor del ICSM se evita gracias a la confianza relativamente m&aacute;s elevada en el peso como unidad de cuenta (3,77) y, sobre todo, como medio de pago (3,98).
    </p><p class="article-text">
        El ICSM de octubre 2025 confirma un patr&oacute;n persistente: legitimidad cotidiana, fragilidad intertemporal, desigualdades estructurales en la confianza. El peso sigue siendo el v&iacute;nculo material de la vida social, pero no logra consolidarse como v&iacute;nculo de futuro. La confianza monetaria aparece as&iacute; como un indicador integrado de la confianza social en el Estado y entre los ciudadanos. Los valores de ICSM actuales alimentan la desconfianza no solo de la econom&iacute;a, sino tambi&eacute;n erosionan la cohesi&oacute;n social, institucional y las expectativas sobre el futuro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otras conclusiones del ICSM:</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Las mujeres presentan un menor nivel de confianza general en la moneda que los varones. Conf&iacute;an m&aacute;s en el peso como unidad de cuenta y medio de pago pero tienen mucho menor confianza sobre el valor futuro del peso y en su rol de reserva de valor.</li>
                                    <li>A mayor edad de la poblaci&oacute;n, menor es la confianza de la moneda en t&eacute;rminos generales.</li>
                                    <li>Nivel socioecon&oacute;mico: los sectores m&aacute;s favorecidos son quienes muestran menores niveles de confianza, mientras los de menores ingresos se destacan por su confianza m&aacute;s elevada.</li>
                                    <li>La confianza en la moneda tambi&eacute;n presenta marcadas diferencias medida seg&uacute;n la regi&oacute;n del pa&iacute;s. El AMBA presenta los guarismos m&aacute;s bajos, mientras en el resto del pa&iacute;s la confianza en la moneda es mucho m&aacute;s&nbsp;elevada.</li>
                                    <li>A medida que crece la confianza social en la moneda, crece la confianza en las diferentes instituciones.&nbsp;</li>
                                    <li>A medida que crece la confianza social en la moneda, crece el optimismo sobre el futuro del pa&iacute;s y sobre el bienestar personal.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bessent-logro-argentinos-mantienen-confianza-critica-peso_129_12712769.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Oct 2025 14:30:56 +0000]]></pubDate>
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