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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lecturas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Lecturas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La sombra de la CIA tras el asesinato del poeta Roque Dalton]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/sombra-cia-asesinato-poeta-roque-dalton_1_13161675.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce5fa29b-f46f-49e5-adc7-7a6c63e82b18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sombra de la CIA tras el asesinato del poeta Roque Dalton"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un adelanto de "La verdad en la garganta", libro de Pablo Solanas. Con el telón de fondo de la Guerra Fría, en esta investigación histórica se ven involucrados personajes misteriosos como el presunto magnicida del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy; un desertor de la Inteligencia cubana; un agente de la CIA que habla español con acento gringo; guerrilleros sospechados de trabajar para el enemigo; el líder revolucionario Fidel Castro y Roque Dalton, el poeta perseguido, en una trama que resultaría increíble si no fuera porque está rigurosamente documentada. </p></div><p class="article-text">
        El 10 de mayo de 1975, Roque Dalton, uno de los poetas m&aacute;s influyentes de El Salvador y de toda Centroam&eacute;rica, fue ejecutado en su pa&iacute;s por integrantes de la guerrilla a la que se hab&iacute;a sumado. Desde el primer momento, sobre el hecho tr&aacute;gico se difundieron versiones contradictorias. El crimen fue sometido a distintas interpretaciones. Medio siglo despu&eacute;s, a&uacute;n resta echar luz sobre los motivos reales que tuvieron quienes idearon y decidieron su ejecuci&oacute;n. La sombra de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en ingl&eacute;s) de Estados Unidos sobrevuela aquel infausto desenlace.
    </p><p class="article-text">
        En 1964, algo m&aacute;s de una d&eacute;cada antes de su asesinato, el poeta hab&iacute;a sido secuestrado por la Polic&iacute;a Nacional de su pa&iacute;s. Sus captores lo mantuvieron oculto durante m&aacute;s de cincuenta d&iacute;as. El objetivo de la maniobra hab&iacute;a sido ponerlo en manos de un directivo de la CIA que hab&iacute;a viajado especialmente a San Salvador con la misi&oacute;n de convertirlo en doble agente, hacerlo desertar o &laquo;anularlo&raquo; (<em>&laquo;Our object is to double, defect or nullify Dalton&raquo;</em>). Su caso fue parte de la estrategia m&aacute;s amplia tendiente a desbaratar a los movimientos de liberaci&oacute;n que surg&iacute;an en Centroam&eacute;rica. El poeta a&uacute;n no hab&iacute;a cumplido 30 a&ntilde;os, pero ya era una figura p&uacute;blica conocida por su poes&iacute;a, por su participaci&oacute;n en las luchas antidictatoriales de El Salvador y por su compromiso con la revoluci&oacute;n que hab&iacute;a triunfado en Cuba y se propagaba por toda la regi&oacute;n.&nbsp;
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                &quot;La verdad en la garganta&quot;, el libro de Pablo Solana                            </span>
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        Aquel secuestro a instancias de la CIA y su posterior crimen en la guerrilla est&aacute;n unidos por lazos difusos &mdash;como sucede en todo caso relacionado con operaciones de inteligencia&mdash; pero verificables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la captura del a&ntilde;o 1964, Dalton logr&oacute; fugarse de manera fortuita. Se exili&oacute; en Praga, en un intento por salir del radar de sus perseguidores. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s se instal&oacute; en La Habana. All&iacute; trabaj&oacute; en diversos proyectos culturales hasta que, finalmente, decidi&oacute; prepararse para ingresar a la guerrilla salvadore&ntilde;a. Aunque se cre&iacute;a a salvo mientras estuviera en los pa&iacute;ses socialistas o bajo el amparo de sus camaradas, la inteligencia norteamericana no le perdi&oacute; el rastro.
    </p><p class="article-text">
        El agente responsable de su seguimiento se instal&oacute; en la Base Frankfurt de la CIA, cerca de Praga, donde Dalton cumpl&iacute;a su exilio. La Agencia mantuvo registros de las actividades del poeta, incluso las clandestinas. Los ecos de las amenazas de muerte que le hab&iacute;a hecho el norteamericano durante aquel secuestro lo persiguieron hasta el momento mismo de su asesinato. Las coincidencias entre el plan que hab&iacute;a trazado la CIA para anularlo y el accionar de los guerrilleros responsables del crimen reclaman poner la lupa en esa trama. El rompecabezas se completa a partir de los rastros dejados por sus matadores con los a&ntilde;os: todo encaja.
    </p><p class="article-text">
        Para reconstruir los hechos, analizamos los cables secretos de la inteligencia norteamericana desclasificados a lo largo de los a&ntilde;os. La historia sobre c&oacute;mo se dio a conocer informaci&oacute;n secreta sobre este caso &mdash;aun cuando lo que all&iacute; se dice compromete al gobierno de Estados Unidos&mdash; es atrapante. Con el tel&oacute;n de fondo de la Guerra Fr&iacute;a, se ven involucrados personajes misteriosos y figuras de peso hist&oacute;rico, como el presunto magnicida del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy (JFK); un desertor de la inteligencia cubana que cambia de bando; un agente secreto que habla espa&ntilde;ol con acento gringo, da &oacute;rdenes a la polic&iacute;a salvadore&ntilde;a y se entrevista con presidentes centroamericanos; guerrilleros sospechados de trabajar para el enemigo; el l&iacute;der revolucionario Fidel Castro y el poeta perseguido, en una trama que resultar&iacute;a incre&iacute;ble si no fuera porque est&aacute; rigurosamente documentada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El c&uacute;mulo de evidencias que contienen esos reportes secretos es abundante. Entre los documentos que vieron la luz en distintas tandas de desclasificaci&oacute;n, los que mencionan al poeta o a personas relacionadas con su caso superan el centenar. Algunos de ellos, los m&aacute;s recientes, se dieron a conocer en 2025, mientras esta investigaci&oacute;n llegaba a su fin. All&iacute; hay nuevos datos que permiten reconstruir los hechos, despejar dudas y achicar el cerco sobre los responsables. Resulta revelador contrastar esa evidencia con los testimonios del poeta &mdash;en ocasiones injustamente cuestionados&mdash; y con las informaciones err&aacute;ticas que se difundieron durante los primeros a&ntilde;os, que de alg&uacute;n modo marcaron la versi&oacute;n m&aacute;s asumida sobre el asesinato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las p&aacute;ginas finales anexamos el listado de los principales archivos de la CIA analizados para este trabajo. Copias de todo el material fueron entregadas en El Salvador, en el marco de la conmemoraci&oacute;n de los cincuenta a&ntilde;os del asesinato del poeta, al Centro de Recursos para la Investigaci&oacute;n de la Universidad Centroamericana Sime&oacute;n Ca&ntilde;as, y a la Fundaci&oacute;n Roque Dalton que dirige su familia.
    </p><p class="article-text">
        Reconstruir esta historia result&oacute;, de por s&iacute;, un desaf&iacute;o apasionante. Sin embargo, trat&aacute;ndose de una figura como la del poeta, hubiera sido mezquino limitarse a narrar las meras circunstancias. Su producci&oacute;n literaria dio cuenta de su experiencia de vida con intensidad y originalidad. Apologistas y detractores coinciden en destacar la imbricaci&oacute;n fascinante de su arte y de sus vivencias, tanto &iacute;ntimas como revolucionarias. Las huellas que dej&oacute; en su obra sobre sus padecimientos en m&aacute;s de una c&aacute;rcel, sobre sus aventuras amorosas, sobre su militancia y sobre el seguimiento al que lo someti&oacute; la CIA, ofrecen un mapa inequ&iacute;voco que permite identificar cada uno de sus pasos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La expresi&oacute;n que da t&iacute;tulo a esta nota introductoria y la del ep&iacute;grafe que la acompa&ntilde;a fueron pronunciadas por Dalton en di&aacute;logo con el poeta cubano Fayad Jam&iacute;s. Resulta oportuno prestar atenci&oacute;n a la cita m&aacute;s amplia que la contiene:
    </p><p class="article-text">
        Creo que el gran material del poeta es la vida en todas sus manifestaciones. Todo lo que cabe en la vida cabe en la poes&iacute;a. Para escribir acerca de la revoluci&oacute;n debemos partir del hecho de que en el mundo actual existen cosas que no podemos ignorar. El poeta debe ser un testigo de su tiempo, pero un testigo especial, un testigo corro&iacute;do por la pasi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La integraci&oacute;n de literatura, historia, identidad y compromiso que en otras sociedades podr&iacute;a haber sido motivo de prestigio, en una Am&eacute;rica Central arrasada por dictaduras y vigilada de cerca por la CIA fue motivo del m&aacute;s severo hostigamiento. A poco andar, aquella pasi&oacute;n y aquellas persecuciones llevaron al poeta a dejar de ser un simple testigo: se convirti&oacute; en protagonista, junto a su pueblo, no solo de la historia viva de su pa&iacute;s sino tambi&eacute;n de los intentos por cimentar la tan ansiada revoluci&oacute;n continental.
    </p><p class="article-text">
        No hay forma de abordar la vida y la obra de Roque Dalton sin estar dispuestos a navegar en un mar brav&iacute;o que sacude y entremezcla poemas que a la vez son cr&oacute;nicas, con narraciones que parecen ficci&oacute;n pero reflejan sus vivencias. As&iacute; sucede con la novela que incluye, en medio de un registro presuntamente ficcional, su m&aacute;s seria denuncia, la que apunta a la CIA por la responsabilidad en su secuestro. Todo ello mixturado con cartas p&uacute;blicas, fuentes hist&oacute;ricas, intertextos y paratextos revueltos con fruici&oacute;n y audacia, y con una eficacia que vuelve ingenua la pretensi&oacute;n de clasificar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Influido por ese estilo, este trabajo fue adoptando un car&aacute;cter ecl&eacute;ctico. En abundantes pasajes consideramos apropiado nutrirnos de su poes&iacute;a, que integramos al relato. Hay cap&iacute;tulos donde prima el an&aacute;lisis de material de archivo &mdash;cartas personales, documentos de las organizaciones revolucionarias, los reportes de la CIA&mdash; bajo un m&eacute;todo que remite a la investigaci&oacute;n period&iacute;stica, cuando no detectivesca. La vocaci&oacute;n ensay&iacute;stica se vuelve expl&iacute;cita desde el momento mismo de la elecci&oacute;n del tema: de entre todas las <em>ventanas en el rostro</em> del poeta, nos motiva e identifica su voluntad por revolucionarlo todo: la literatura, el sentido del compromiso, el orden social.
    </p><p class="article-text">
        Los archivos de la CIA resultan una fuente privilegiada para contrastar la versi&oacute;n de Dalton con la de sus captores. La lectura combinada de los cables secretos que refieren a su captura, redactados con una prosa rudimentaria, torpe y telegr&aacute;fica, por un lado, y la expresi&oacute;n literaria del poeta, audaz, potente y transgresora, por el otro, provocan cortocircuitos de sentidos que reclaman aguzar la atenci&oacute;n para captar la particular manera en que el salvadore&ntilde;o honr&oacute;, por medio de su experiencia vital y su literatura, su compromiso con la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Si en toda producci&oacute;n cultural son determinantes los contextos hist&oacute;ricos y sociales, en el caso de Dalton esos factores son mucho m&aacute;s que mera condici&oacute;n de circunstancia. Por esa raz&oacute;n, en este trabajo los aspectos hist&oacute;ricos y pol&iacute;ticos dialogan y se funden de manera definitiva con su poes&iacute;a y con el relato de los hechos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya hab&iacute;a dicho el poeta que su poes&iacute;a nunca estuvo <em>hecha solo de palabras</em>. Confiamos en que algo de ese esp&iacute;ritu impregne este trabajo. De ser as&iacute;, ser&aacute; m&eacute;rito suyo. Al igual que sucede con el mar de fueguitos que describi&oacute; su amigo Eduardo Galeano en el <em>Libro de los abrazos</em>, sucede con la obra del salvadore&ntilde;o: quien se acerca, se enciende. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/sombra-cia-asesinato-poeta-roque-dalton_1_13161675.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2026 17:45:28 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El psicoanálisis (no) es imposible: cuando enfrentar duele, pero transforma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/psicoanalisis-no-imposible-enfrentar-duele-transforma_1_13152239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d91f09e8-5cbf-4f08-8bc1-ba101e15f710_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El psicoanálisis (no) es imposible: cuando enfrentar duele, pero transforma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Verónica Buchanan y Luciano Lutereau proponen una mirada práctica del oficio analítico, centrada en la experiencia cotidiana más que en la teoría. La formación del analista ocurre, sostienen, sobre todo en los tropiezos y en los casos que lo implican personalmente.</p></div><p class="article-text">
        En un momento en el que proliferan las soluciones r&aacute;pidas y las promesas de resultados inmediatos, aparece un libro que avanza en sentido contrario: <em>El psicoan&aacute;lisis (no) es imposible. Una introducci&oacute;n a su pr&aacute;ctica</em>, de <strong>Ver&oacute;nica Buchanan</strong> y <strong>Luciano Lutereau</strong>. Publicado por Paid&oacute;s, el texto no busca intervenir en la coyuntura del debate te&oacute;rico ni convertirse en un manual para especialistas. M&aacute;s bien, se presenta como una conversaci&oacute;n sostenida a lo largo de a&ntilde;os de pr&aacute;ctica compartida &mdash;literalmente, porque ambos autores comparten consultorio&mdash; con un objetivo concreto: transmitir c&oacute;mo se ejerce el psicoan&aacute;lisis en su dimensi&oacute;n m&aacute;s cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Desde esa perspectiva, el libro no intenta decir c&oacute;mo deber&iacute;an ser las cosas, sino c&oacute;mo se las arregla un analista frente a aquello que siempre desborda cualquier esquema previo: la singularidad de cada paciente. Esa l&oacute;gica tambi&eacute;n organiza la escritura. Cada cap&iacute;tulo fue construido en un ida y vuelta constante, pero el punto m&aacute;s f&eacute;rtil &mdash;seg&uacute;n relatan&mdash; aparec&iacute;a &ldquo;cuando uno intentaba pensar con la cabeza del otro&rdquo;. Algo de esa experiencia, cercana a lo que ocurre en un an&aacute;lisis, convierte al libro en m&aacute;s que una suma de voces. Es, en s&iacute; mismo, un ejercicio compartido de pensamiento con una idea central: los analistas no se forman &uacute;nicamente en la teor&iacute;a, sino en los tropiezos. Es en los casos dif&iacute;ciles &mdash;cuando algo de la propia persona queda implicado&mdash; donde se produce el verdadero aprendizaje. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es un libro para colegas, sino para cualquiera que quiera saber c&oacute;mo funciona el an&aacute;lisis. Creo que m&aacute;s que para analistas es un libro para pacientes y analizantes. Aunque tambi&eacute;n toca temas dif&iacute;ciles de la pr&aacute;ctica, como el tema del dinero, la agenda, la duraci&oacute;n de la sesi&oacute;n. La de psicoanalista hoy es una profesi&oacute;n precarizada y es preciso hablar de estos temas sin rodeos&rdquo;, explica Lutereau. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los ejes m&aacute;s contundentes del libro condensa su posici&oacute;n en una afirmaci&oacute;n tajante: en el an&aacute;lisis, el &uacute;nico sujeto es el paciente. El analista, en cambio, ocupa un lugar de objeto. La inversi&oacute;n no es menor. A diferencia de otras pr&aacute;cticas terap&eacute;uticas, el analista no se presenta como gu&iacute;a ni como modelo, ni dirige el tratamiento desde un ideal propio. &ldquo;Quiere decir que el tratamiento no se hace desde un punto de vista del analista. Como objeto no quiere decir que sea una cosa, pero s&iacute; que est&aacute; destituido de su subjetividad. Aunque la persona del analista se inmiscuye todo el tiempo, y no depende de la voluntad sino de su propio an&aacute;lisis&rdquo;, explica Buchanan. Esa tensi&oacute;n es central: el analista no desaparece, sino que &ldquo;presta&rdquo; su persona. Y ese pr&eacute;stamo abre una serie de problemas concretos que no pueden resolverse con recetas. &ldquo;Jacques Lacan dec&iacute;a que el analista presta su persona para la transferencia. Y esa persona se impone: cuando un paciente se interesa por su vida privada o le atribuye frases que nunca dijo. &iquest;Tiene sentido desmentir? &iquest;Hay que esconderse si uno se cruza a un paciente en la calle? Nada de esto se resuelve con consignas, sino revisando la pr&aacute;ctica concreta&rdquo;, indica Lutereau. Por su parte, Buchanan agrega que el conflicto no es un problema a evitar, sino una parte esencial del proceso: &ldquo;Solo hay un cambio real cuando se atraviesa el conflicto con el analista. Mil veces sal&iacute; de sesi&oacute;n odi&aacute;ndolo, pensando en dejar, pero despu&eacute;s aparece un sue&ntilde;o, el enojo se vuelve reflexivo y la tensi&oacute;n se revela como constructiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea, los autores retoman una intuici&oacute;n cl&aacute;sica de <strong>Sigmund Freud</strong>: el sufrimiento no es un error a eliminar r&aacute;pidamente, sino el motor mismo del an&aacute;lisis. &ldquo;Freud advert&iacute;a que no hay que erradicarlo demasiado r&aacute;pido, porque eso impedir&iacute;a el verdadero fin de un an&aacute;lisis, que no es dejar de sufrir &mdash;eso no lo puede asegurar nadie&mdash; sino que el sufrimiento modifique nuestro modo de vivir&rdquo;, se&ntilde;ala Buchanan y cita un poema de <strong>Silvina Ocampo</strong>: &ldquo;Por no querer sufrir sufr&iacute; much&iacute;simo. Por no buscar la dicha fui feliz&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Frente al auge de la autoayuda, las terapias breves y ciertos discursos de las neurociencias, los autores adoptan una posici&oacute;n deliberadamente a contramano. &ldquo;La vigencia del psicoan&aacute;lisis es su anacronicidad. No es para todos, y a veces ni siquiera es una soluci&oacute;n. Sirve para muy poco, pero para lo poco que sirve es lo mejor&rdquo;, retoma Buchanan y recuerda a Donald Winnicott para subrayar que el an&aacute;lisis aparece justamente donde otras pr&aacute;cticas no alcanzan. All&iacute; donde proliferan diagn&oacute;sticos, etiquetas y recomendaciones, el psicoan&aacute;lisis insiste en una pregunta m&aacute;s inc&oacute;moda: &iquest;qu&eacute; posici&oacute;n tiene cada sujeto frente a su propio sufrimiento? Ese desplazamiento rompe con la l&oacute;gica de la v&iacute;ctima pasiva y restituye al paciente a un lugar activo en su experiencia. El libro tambi&eacute;n insiste en que no hay recetas, pero s&iacute; hay m&eacute;todo. No se trata de improvisar. &ldquo;El m&eacute;todo es la asociaci&oacute;n libre y sus efectos. No es decir cualquier cosa, sino hablar para encontrarse con algo que sorprende, como si uno no lo hubiera dicho&rdquo;, explica Lutereau. La transmisi&oacute;n, entonces, no consiste en ense&ntilde;ar reglas, sino en mostrar c&oacute;mo cada analista construye un estilo propio. &ldquo;Se trata de vivir, y de que haber registrado algo produzca efectos. El psicoan&aacute;lisis es eso que ocurre mientras conversamos, sin demasiadas exigencias&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lejos de ofrecer un programa o una doctrina, <em>El psicoan&aacute;lisis (no) es imposible</em> propone, en &uacute;ltima instancia, una &eacute;tica: sostener lo singular, incluso cuando eso implica incomodidad, incertidumbre y falta de garant&iacute;as. En una &eacute;poca marcada por la urgencia, el libro apuesta por otra temporalidad. No elimina el sufrimiento, pero abre la posibilidad de transformarlo. No promete soluciones r&aacute;pidas, pero s&iacute; abre una posibilidad: entender mejor qu&eacute; nos pasa. Y esa propuesta &mdash;m&aacute;s lenta, m&aacute;s inc&oacute;moda&mdash; puede ser justamente la m&aacute;s valiosa.
    </p><p class="article-text">
        <em>MR/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Matías Repar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/psicoanalisis-no-imposible-enfrentar-duele-transforma_1_13152239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 03:02:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El psicoanálisis (no) es imposible: cuando enfrentar duele, pero transforma]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La neurosis del psicoanalista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/neurosis-psicoanalista_1_13152295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23e511b7-ba7b-4910-a635-dc053b842c5e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La neurosis del psicoanalista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fragmento del libro "El psicoanálisis (no) es imposible. Una introducción a su práctica" (Buenos Aires, Paidós, 2026). Autores: Verónica Buchanan y Luciano Lutereau.</p></div><p class="article-text">
        En cierta ocasi&oacute;n, una colega comentaba el malestar que le produc&iacute;a que un paciente no &ldquo;respetara&rdquo; el tiempo del an&aacute;lisis, ya sea porque faltaba sin avisarle de antemano, o bien porque renegaba de los honorarios. En este punto, antes que construir un tipo espec&iacute;fico de paciente, lo importante fue delimitar qu&eacute; le ocurr&iacute;a a ella con la situaci&oacute;n de quedar ubicada como un objeto &ldquo;desechable&rdquo; en el tratamiento. Sin ir m&aacute;s lejos, este es un aspecto propio de la cl&iacute;nica de la neurosis obsesiva.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Dicho de otra manera, no es que el diagn&oacute;stico en psicoan&aacute;lisis se haga por las propiedades de los s&iacute;ntomas que el paciente comenta. Esa orientaci&oacute;n es la v&iacute;a objetivista que se propone quiz&aacute; una disciplina como la psiquiatr&iacute;a, u otras opciones terap&eacute;uticas, en las que se atiende a las manifestaciones de un &ldquo;cuadro&rdquo;; mientras que en un psicoan&aacute;lisis tiene un primer plano la relaci&oacute;n con el analista, es decir, lo analizable siempre pasa por la puesta a prueba en la relaci&oacute;n del analista.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido es que Freud afirmaba que en un an&aacute;lisis &ldquo;convocamos a los demonios del Averno&rdquo;, y no cabe huir de manera vergonzosa. Por eso esta situaci&oacute;n no solo es dif&iacute;cil de sostener para el paciente, sino tambi&eacute;n para el analista que encuentra en el tratamiento la circunstancia de una destituci&oacute;n de su subjetividad. He aqu&iacute; una particularidad del dispositivo anal&iacute;tico: el &uacute;nico sujeto es el paciente, mientras que el analista toma ese ser de objeto que, muchas veces, puede resultar sintom&aacute;tico para el analista mismo.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la colega mencionada, algo de su propia neurosis hac&iacute;a que esa destituci&oacute;n le resultara especialmente sufriente. Ella hubiera esperado ser una analista querida y festejada por su paciente; afortunadamente eso no ocurri&oacute;, ya que hubiera sido la garant&iacute;a perfecta de un tratamiento sugestivo. Y el psicoan&aacute;lisis no tiene como meta la sugesti&oacute;n; por eso cierta queja respecto del analista es a veces un buen indicador de la direcci&oacute;n de la cura.
    </p><p class="article-text">
        En este punto podr&iacute;amos recordar tambi&eacute;n el caso de otro colega, esta vez, de un hombre que atend&iacute;a a una paciente cuyas &ldquo;escenas&rdquo; &eacute;l sent&iacute;a que deb&iacute;a &ldquo;acotar&rdquo;. Simuladora, histri&oacute;nica, irresponsable, hacerle sentir el rigor del compromiso con el dispositivo era algo importante para que rectificara su posici&oacute;n de &ldquo;alma bella&rdquo; y se hiciera cargo de su tratamiento. En resumidas cuentas, en esta coordenada se delimitaba (y esto es lo que supervisamos) el desprecio que este var&oacute;n sent&iacute;a por la posici&oacute;n hist&eacute;rica de esta mujer, en la medida en que lo implicaba en una actitud de severidad que pudo ser reconducida a la de un padre, de cuya indiferencia ella se burlaba. He aqu&iacute; una coordenada t&iacute;pica: el analista que de manera defensiva se vuelve un &ldquo;maltratador&rdquo; de la histeria, con la preocupaci&oacute;n de que esta no sea una invitaci&oacute;n a que la paciente deje el an&aacute;lisis, sino &iexcl;todo lo contrario! De este modo es que puede entenderse que Lacan sostuviera que &ldquo;la neurosis de transferencia [del paciente] es la neurosis del analista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La neurosis del analista es, a un tiempo, condici&oacute;n y obst&aacute;culo de un tratamiento. Si algo distingue un an&aacute;lisis de cualquier otra oferta terap&eacute;utica, es que en aquel se establece una relaci&oacute;n &iacute;ntima con el analista y, antes que un esclarecimiento de los s&iacute;ntomas del paciente como si fueran meros problemas (por resolver), se los trata a partir de su incidencia en una forma de vida para la cual el analista se propone no solo como int&eacute;rprete sino como parte implicada. El an&aacute;lisis de esa implicaci&oacute;n, a su vez, incumbe al an&aacute;lisis del analista y, en particular, a la supervisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un analista no es un experto en psicoan&aacute;lisis. Saber sobre psicoan&aacute;lisis no es garant&iacute;a de una posici&oacute;n anal&iacute;tica, mucho menos considerarse un especialista, porque no hay profesionales para casos espec&iacute;ficos, sino ese analista espec&iacute;fico que se dispone a sostener el sufrimiento a expensas de su propia persona. El tratamiento de ese sost&eacute;n singular es lo que hace que un an&aacute;lisis sea una experiencia &uacute;nica e irrepetible, para la cual no hay recetas ni prescripciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Verónica Buchanan - Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/neurosis-psicoanalista_1_13152295.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 19:02:26 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia de la Alameda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-alameda_129_13122745.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2921b5d0-38e4-4e9b-ac9c-550ef5192e1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia de la Alameda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Alameda nació en Buenos Aires en 2001, en plena crisis, y se expandió por todo el país como un movimiento de acción, memoria y dignidad, dice en la introducción del libro sobre la historia de esta fundación.</p></div><p class="article-text">
        Hace ya 23 a&ntilde;os estall&oacute; en la Argentina un caos social sin precedentes, provocado por la implosi&oacute;n del modelo econ&oacute;mico configurado por la convertibilidad. Con &eacute;l lleg&oacute; el tristemente c&eacute;lebre &ldquo;corralito&rdquo;, que confisc&oacute; los ahorros de las clases medias, paraliz&oacute; la econom&iacute;a y sumi&oacute; en la desesperaci&oacute;n a millones. La respuesta fue inmediata: cacerolazos, saqueos y una oleada de bronca popular que el gobierno intent&oacute; sofocar declarando el estado de sitio. La represi&oacute;n estatal solo agrav&oacute; la situaci&oacute;n, provocando enfrentamientos callejeros, asesinatos a plena luz del d&iacute;a y la s&uacute;bita renuncia &mdash;y huida en helic&oacute;ptero&mdash; del presidente Fernando De la R&uacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En apenas una semana, el pa&iacute;s vio pasar cinco presidentes, hasta que emergi&oacute; el gobierno transitorio de Eduardo Duhalde. Pero lo verdaderamente profundo se gestaba en las calles: una ciudadan&iacute;a movilizada, autoconvocada, que ya no esperaba salvadores. Al calor de esa crisis surgieron cientos de asambleas vecinales, movimientos piqueteros y f&aacute;bricas recuperadas. Eran formas nuevas &mdash;y a la vez muy antiguas&mdash; de la organizaci&oacute;n popular, que brotaban con fuerza en cada rinc&oacute;n del pa&iacute;s. El grito era uno solo: &ldquo;&iexcl;Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!&rdquo; y &ldquo;Piquete y cacerola, la lucha es una sola&rdquo;. Mientras en el norte de la ciudad de Buenos Aires las asambleas reclamaban por sus ahorros, en el sur el hambre y la desocupaci&oacute;n dictaban las prioridades. Pero todas compart&iacute;an una certeza: el enemigo era una clase pol&iacute;tica y judicial completamente desprestigiada, alejada del pueblo y de la realidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El libro sobre la historia de La Alameda.                            </span>
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        Durante meses, ese impulso se articul&oacute; en espacios de coordinaci&oacute;n como la Interbarrial de Parque Centenario, donde converg&iacute;an representantes de distintas asambleas de la Ciudad y del conurbano bonaerense. Fue en ese contexto que, en la intersecci&oacute;n de Lacarra y Directorio, en el sudoeste de la ciudad, bajo la sombra de un omb&uacute; centenario, un centenar de vecinos y vecinas conform&oacute; la Asamblea Popular &ldquo;20 de Diciembre&rdquo; de Parque Avellaneda, una m&aacute;s entre las m&aacute;s de cuatrocientas que florecieron en aquellos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Justo enfrente, un viejo bar abandonado llamado &ldquo;La Alameda&rdquo; &mdash;cerrado tras disputas entre socios y luego malvendido mediante una operaci&oacute;n fraudulenta&mdash; se convirti&oacute; en s&iacute;mbolo de lo que se pierde cuando el abandono y la corrupci&oacute;n se imponen. Medio a&ntilde;o despu&eacute;s del estallido, la asamblea decidi&oacute; conformar all&iacute; un centro comunitario. No como un gesto simb&oacute;lico, sino como una respuesta concreta a la crisis: lo transformaron en una comunidad solidaria, abierta al barrio, al trabajo digno y a la organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese espacio no fue f&aacute;cil de sostener: debi&oacute; ganarse el derecho a existir mediante dos expropiaciones votadas en la Legislatura porte&ntilde;a. En el segundo semestre de 2002 se gest&oacute; el primer comedor popular del barrio, que a&uacute;n hoy alimenta a m&aacute;s de doscientas personas, y all&iacute; mismo naci&oacute; la cooperativa de trabajo &ldquo;20 de Diciembre&rdquo;, integrada por costureros que escapaban de talleres clandestinos. Se cre&oacute; tambi&eacute;n la Fundaci&oacute;n Alameda, que desde entonces se volvi&oacute; referencia nacional e internacional en la lucha contra el trabajo esclavo y la trata de personas.
    </p><p class="article-text">
        En ese mismo lugar se documentaron m&aacute;s de 4.500 migrantes a trav&eacute;s del programa &ldquo;Patria Grande&rdquo;, en coordinaci&oacute;n con la Direcci&oacute;n Nacional de Migraciones, y se inici&oacute; una larga cadena de denuncias que alcanz&oacute; a m&aacute;s de 120 marcas de ropa, 4.000 talleres textiles clandestinos, 1.500 prost&iacute;bulos y decenas de fincas con trabajo infantil.
    </p><p class="article-text">
        Pero a la vez que se denunci&oacute;, tambi&eacute;n se propusieron proyectos de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para la reparaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y la reinserci&oacute;n social, hasta ser una de las organizaciones m&aacute;s reconocidas en defensa de las personas explotadas v&iacute;ctimas de trata y reducci&oacute;n a la servidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Fue una de las principales impulsoras del Polo Textil de Barracas, de la red internacional &ldquo;No Chains&rdquo;, de la Multisectorial 21F &mdash;una red de m&aacute;s de 2.000 organizaciones sindicales, sociales y pol&iacute;ticas&mdash; y semillero de quienes lideraron, entre 2020 y 2024, el Comit&eacute; Ejecutivo de Lucha contra la Trata, desde donde la Argentina obtuvo el m&aacute;s alto reconocimiento internacional en esa materia.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los gestos m&aacute;s profundamente humanos que marcaron la historia de este espacio fue el v&iacute;nculo estrecho que se construy&oacute; con el entonces arzobispo Jorge Bergoglio &mdash;quien luego ser&iacute;a el Papa Francisco&mdash;. En La Alameda, Bergoglio bautiz&oacute; hijos de costureros sobrevivientes de la esclavitud textil. No era una visita protocolar, sino el reconocimiento espiritual de que all&iacute;, sin templos, hab&iacute;a una iglesia viva, encarnada en el dolor y la esperanza de los &uacute;ltimos.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de los a&ntilde;os, La Alameda fue protagonista e impuls&oacute; leyes pioneras: la de Comunas en la Ciudad, la reforma de la Ley Nacional contra la Trata (Ley 26842), la clausura de whisker&iacute;as y cabarets en CABA donde funcionaban prost&iacute;bulos encubiertos, el D&iacute;a del Recolector de Residuos y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas como el programa Reparar, viviendas para v&iacute;ctimas, empleo digno y campa&ntilde;as de prevenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n llev&oacute; adelante denuncias que destaparon redes ocultas en las m&aacute;s altas esferas del poder: el taller clandestino que vest&iacute;a a la princesa M&aacute;xima Zorreguieta; los prost&iacute;bulos que funcionaban en propiedades del juez de la Corte Suprema Zaffaroni; la red internacional del ex-SIDE Ra&uacute;l Martins &mdash;con v&iacute;nculos con el jefe de Gobierno de CABA, Mauricio Macri&mdash;; los talleres de Juliana y Daniel Awada; los prost&iacute;bulos de &ldquo;Las Casitas&rdquo; en R&iacute;o Gallegos; narcoprost&iacute;bulos en Recoleta y Mar del Plata; fincas con trabajo infantil en Mendoza. La Alameda fue el ojo que no parpade&oacute; frente al crimen organizado y al poder pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Ese coraje tuvo un precio: decenas de atentados contra su sede, intentos de desalojo, amenazas, tentativas de linchamientos frustrados y campa&ntilde;as de difamaci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n gener&oacute; algo m&aacute;s poderoso: la confianza de un pueblo que se organiza. Porque la verdad, aunque demore, siempre termina por imponerse.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, La Alameda est&aacute; presente en m&aacute;s de veinte provincias. Es reconocida en el pa&iacute;s y en el exterior por su compromiso inclaudicable contra la esclavitud sexual y laboral, y por haber mantenido siempre un horizonte claro: una patria sin esclavos ni excluidos.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la historia de una humilde asamblea barrial, nacida al calor de la crisis, con una olla popular como bandera, bajo un omb&uacute; como testigo. Una historia de coraje, coherencia y militancia, que logr&oacute; transformar leyes, pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y conciencias. Una historia que sigue latiendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gustavo Vera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-alameda_129_13122745.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 09:19:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia de la Alameda]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Eric Sadin: "El desierto de nosotros mismos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/eric-sadin-desierto_1_13105153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ebbfcdc-f5e4-4d44-aef4-5d50a82fd3ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eric Sadin: &quot;El desierto de nosotros mismos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y filósofo presenta su último libro, editado por Caja Negra, sobre "El giro intelectual y creativo  de la inteligencia artificial". Aquí un adelanto del capítulo 2 "El poder total".</p></div><p class="article-text">
        Sin dudas, fue un fen&oacute;meno. Un joven fil&oacute;sofo de Hong&nbsp;Kong, de una agudeza sin parang&oacute;n, hab&iacute;a captado una&nbsp;tendencia decisiva de la &eacute;poca: en adelante, nuestra relaci&oacute;n con el mundo estar&iacute;a regida principalmente por la&nbsp;ilusi&oacute;n. Nos gustara o no, nuestras representaciones llegar&iacute;an a no tener ya correlaci&oacute;n con lo real. Dicho estado&nbsp;ps&iacute;quico ten&iacute;a causas m&uacute;ltiples y, para quienes supieran&nbsp;explotarlo, contar&iacute;a con todas las claves necesarias para&nbsp;poner a las multitudes bajo su control. Dos figuras surg&iacute;an&nbsp;como los principales titiriteros. Por un lado, Donald Trump,&nbsp;pronunciando discursos desprovistos de toda veracidad, que&nbsp;respond&iacute;an &uacute;nicamente a sus propios puntos de vista o a&nbsp;los de aquellas poblaciones que solo requieren confirmaci&oacute;n&nbsp;por parte de individuos dominantes. Por otro lado, Elon&nbsp;Musk, inundando su plataforma X &ndash;y, de forma m&aacute;s amplia,&nbsp;el paisaje medi&aacute;tico&ndash; con expeditivas argumentaciones que&nbsp;desde&ntilde;aban la herencia de las Luces y la democracia, que,&nbsp;seg&uacute;n &eacute;l, nos habr&iacute;a conducido al borde del abismo. Y esto&nbsp;lo hizo present&aacute;ndose como el nuevo elegido, alguien capaz de salvarnos de todos nuestros males, movido por una compulsi&oacute;n a la repetici&oacute;n que roza la demencia. Este es un ethos que va de abajo hacia arriba, por as&iacute; decirlo, y que en gran medida habr&iacute;a transformado la faz del planeta. Es la&nbsp;era de la hipnocracia. Sonaba bien, como un eslogan pegadizo que inmediatamente despert&oacute; el inter&eacute;s de periodistas&nbsp;de todo el planeta. As&iacute; que, evidentemente, el revuelo despert&oacute; las ganas de ir a conocer el asunto de primera mano.&nbsp;Algunos medios de comunicaci&oacute;n publicaron r&aacute;pidamente&nbsp;no pocas p&aacute;ginas del libro hom&oacute;nimo, y entonces &iquest;cu&aacute;l no&nbsp;fue la estupefacci&oacute;n &ndash;o la consternaci&oacute;n&ndash; que sintieron&nbsp;las personas incr&eacute;dulas o aquellas dotadas de un m&iacute;nimo&nbsp;de sentido com&uacute;n cuando leyeron las primeras l&iacute;neas? Era&nbsp;como hojear el diario &iacute;ntimo de un adolescente de los a&ntilde;os&nbsp;2020 bajo los efectos del LSD, repleto de f&oacute;rmulas dise&ntilde;adas &uacute;nicamente para impactar, de tono perentorio y con la&nbsp;pretensi&oacute;n de ser definitivas, como si quisieran ocultar un terrible vac&iacute;o. Aparec&iacute;an expresiones abstrusas, como &ldquo;no&nbsp;es un objeto que se explique, es una condici&oacute;n que se atraviesa&rdquo;, o bien &ldquo;realidad algor&iacute;tmica&rdquo;, que no quiere decir&nbsp;absolutamente nada, y otros sinsentidos llamativos de esa&nbsp;misma &iacute;ndole. Es como si una c&aacute;scara que parec&iacute;a brillante&nbsp;por fuera revelara una nada abisal si se la mirara desde&nbsp;dentro. La monta&ntilde;a que nos llegaba desde los confines de&nbsp;Oriente, vista de cerca, solo hab&iacute;a dado a luz a un triste y&nbsp;pat&eacute;tico rat&oacute;n.&nbsp;
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            <span class="title">
                Eric Sadin                            </span>
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        Pero prescindamos de las posiciones cr&iacute;ticas o suspicaces&nbsp;(para retomar los t&eacute;rminos de Nietzsche), hoy consideradas&nbsp;obsoletas. Hordas de periodistas &ndash;probablemente tambi&eacute;n&nbsp;bajo el influjo de esta jerga te&oacute;rico-publicitaria&ndash; buscaron&nbsp;de repente entrevistar al autor luego de la publicaci&oacute;n inicial de su obra en Italia, que al parecer tuvo un &eacute;xito inmediato. En la misma l&iacute;nea, hubo editores, igualmente&nbsp;hipnotizados, que adquirieron los derechos de la obra sin&nbsp;demora alguna. Y entonces, ante la avalancha de demandas de todas partes, y especialmente por las invitaciones&nbsp;a pronunciar conferencias que se le hac&iacute;an a este hombre,&nbsp;la situaci&oacute;n se volvi&oacute; insostenible y se tuvo que develar la verdad: este &ldquo;fil&oacute;sofo&rdquo;, llamado Jianwei Xun y considerado &ldquo;uno de los m&aacute;s brillantes de su generaci&oacute;n&rdquo;, como se&nbsp;afirmaba en la contraportada del libro, &iexcl;no exist&iacute;a ni hab&iacute;a&nbsp;existido jam&aacute;s! &iexcl;Era el producto de la idea de dos fil&oacute;sofos&nbsp;italianos que, en un principio, se hab&iacute;an dejado llevar por&nbsp;sus ganas &ndash;a decir verdad, sumamente c&iacute;nicas&ndash; de &ldquo;dialogar&rdquo; con ChatGPT para &ldquo;hacerle escupir conceptos&rdquo;! S&iacute;: una&nbsp;cierta esfera intelectual hab&iacute;a llegado a semejante nivel de&nbsp;credulidad y a pensar que era pertinente explorar los caminos del pensamiento apoy&aacute;ndose en tecnolog&iacute;as producidas por la vanguardia del tecnoliberalismo. Es decir, por empresarios e ingenieros, la mayor parte de ellos de alrededor de&nbsp;30 a&ntilde;os, en general incultos, llevados por una b&uacute;squeda&nbsp;incesante de la ganancia y dedicados a producir un pseudolenguaje que era resultado de an&aacute;lisis estad&iacute;sticos, de&nbsp;ecuaciones matem&aacute;ticas y de esquemas l&oacute;gicos basados &uacute;nicamente en el principio de la conformidad (y, por ende, del&nbsp;mayor conformismo). Acabamos de verificarlo, dado que esto&nbsp;responde con exactitud a la demanda de una &eacute;poca que&nbsp;ahora solo sabe jurar por la impostura y la insignificancia.&nbsp;Y he aqu&iacute; que una revista francesa, en este caso Philosophie&nbsp;Magazine, que inmediatamente public&oacute; el t&iacute;tulo con una&nbsp;contraportada que dec&iacute;a incluso que el libro &ldquo;nos invita a&nbsp;permanecer l&uacute;cidos en el n&uacute;cleo mismo de la simulaci&oacute;n&rdquo;,&nbsp;&ndash;&iexcl;algo formidable como puesta en abismo!&ndash;, formul&oacute; unas&nbsp;preguntas a Andrea Colamedici, uno de los dos protagonistas de esta supercher&iacute;a mundial. En la entrevista que se&nbsp;public&oacute; en la edici&oacute;n de mayo de 2025 (en cuyo &iacute;ndice este&nbsp;aparec&iacute;a como un &ldquo;libro-acontecimiento&rdquo;), este posmoderno tard&iacute;o afirmaba que &ldquo;la IA es una herramienta de un poder extraordinario para construir conceptos&rdquo; &ndash;no parec&iacute;a&nbsp;ni ver el tenor necrosado de sus producciones simb&oacute;licas, ni sus resortes econ&oacute;micos, como tampoco la visi&oacute;n de mundo que esta supone&ndash; e iba a permitirnos &ldquo;llegar m&aacute;s lejos con el pensamiento&rdquo;. El director de la publicaci&oacute;n cerraba la conversaci&oacute;n con esta pregunta: &ldquo;&iquest;Usted piensa que habr&aacute;&nbsp;un Plat&oacute;n o un Deleuze del futuro que vaya a trabajar&nbsp;con las IA para llevar m&aacute;s lejos sus conceptos o desarrollar sus hip&oacute;tesis y modelos te&oacute;ricos?&rdquo; &iquest;Estamos entonces&nbsp;en semejante nivel (menos que cero) de conciencia y de&nbsp;alerta cr&iacute;tica respecto de una parte del &ldquo;pensamiento&rdquo; contempor&aacute;neo, respecto del valor de las obras y respecto de&nbsp;ciertas palabras dichas? En verdad, todos estos episodios,&nbsp;que podr&iacute;an componer la trama de un sketch par&oacute;dico de la&nbsp;&eacute;poca, tienen que ser tomados en serio en la medida en que&nbsp;dan testimonio de un fen&oacute;meno decisivo al que nos enfrentamos desde hace unos quince a&ntilde;os y, m&aacute;s todav&iacute;a, desde&nbsp;que aparecieron las IA generativas: la concomitancia de la&nbsp;supremac&iacute;a cognitiva de la tecnolog&iacute;a &ndash;y del aura que se le&nbsp;atribuye&ndash; y de una sumisi&oacute;n, hasta de una subordinaci&oacute;n,&nbsp;m&aacute;s o menos visible, m&aacute;s o menos consciente, que millones&nbsp;y millones de individuos manifiestan respecto del aumento&nbsp;indefinido de sus producciones y capacidades.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XXI fueron las de la&nbsp;aparici&oacute;n de un poder gigantesco, uno que nos enfrenta y a su vez parece ponerse a nuestra entera disposici&oacute;n. Esta&nbsp;coyuntura tiene origen en un credo de 70 a&ntilde;os de antig&uuml;edad, que con el transcurso del tiempo y, aun m&aacute;s desde el&nbsp;inicio del nuevo milenio, no dej&oacute; de ganar consistencia:&nbsp;erigir artefactos que manifiestan una absoluta superioridad&nbsp;respecto de nosotros mismos. Este es un credo, para quien sepa verlo, que arrastra una cierta visi&oacute;n &ndash;lacunar y de&nbsp;escaso valor&ndash; de lo humano, as&iacute; como tambi&eacute;n cierto tipo&nbsp;de afecto: un odio hacia nosotros mismos. Conviene prestar la m&aacute;xima atenci&oacute;n a las palabras de Geoffrey Hinton,&nbsp;considerado uno de los &ldquo;padrinos&rdquo; de las &ldquo;redes neuronales&rdquo;. El hombre ofreci&oacute; sus talentos durante muchos a&ntilde;os&nbsp;a Google, empresa en la cual pudo beneficiarse de medios&nbsp;casi ilimitados para perfeccionar los procedimientos de&nbsp;machine learning que, en gran medida, contribuyeron al&nbsp;surgimiento de las IA generativas. En 2023, a los 75 a&ntilde;os&nbsp;&ndash;o en el crep&uacute;sculo de su vida&ndash;, de un d&iacute;a para el otro,&nbsp;Hinton parece haberse visto invadido por remordimientos,&nbsp;o haberse despertado bruscamente de su largo y profundo&nbsp;sue&ntilde;o dogm&aacute;tico: declar&oacute; al New York Times que, dadas las&nbsp;capacidades pasmosas de ChatGPT, todo ese movimiento&nbsp;&ldquo;iba demasiado r&aacute;pido, llegaba demasiado lejos y que era&nbsp;tiempo de preocuparse&rdquo;; lleg&oacute; al punto de confesar que &ldquo;una parte de &eacute;l mismo lamentaba la obra de su vida&rdquo;.&nbsp;As&iacute; &ndash;con gran valent&iacute;a, dado que estaba terminando su&nbsp;carrera, ya hab&iacute;a hecho fortuna y ten&iacute;a una gruesa jubilaci&oacute;n garantizada&ndash; anunci&oacute; que, a fin de &ldquo;hablar libremente&nbsp;de los peligros de la IA&rdquo;, iba a renunciar a Google. Parec&iacute;a&nbsp;una broma o un s&uacute;bito ataque de locura. Sin embargo, un&nbsp;poco m&aacute;s tarde, en una conferencia en la que participaba,&nbsp;qued&oacute; expuesto su doblez natural: se le pregunt&oacute; &ldquo;si era&nbsp;partidario de que una IA superinteligente destruyera la&nbsp;humanidad y la reemplazar&aacute; por algo objetivamente mejor&nbsp;en t&eacute;rminos de conciencia&rdquo;. &Eacute;l respondi&oacute; al instante: &ldquo;De&nbsp;hecho, estoy a favor, pero pienso que ser&iacute;a m&aacute;s sensato&nbsp;para m&iacute; decir que estoy en contra&rdquo;. Y termin&oacute; con una frase&nbsp;que, a fin de cuentas, solo traicion&oacute; el trasfondo de su pensamiento: &ldquo;No es seguro que seamos la mejor forma de&nbsp;inteligencia que pueda haber&rdquo;. He aqu&iacute; el esp&iacute;ritu que, desde los primeros pasos de la cibern&eacute;tica a mediados de&nbsp;la d&eacute;cada del cincuenta, anim&oacute; a estos ingenieros y los sigue animando hoy, con medios tecnol&oacute;gicos y financieros incomparablemente mayores. Ellos, por su cuenta, e impulsados por la industria a la que est&aacute;n sometidos, no est&aacute;n &ldquo;cambiando el mundo&rdquo; &ndash;seg&uacute;n la gastada frase&ndash;, sino que&nbsp;est&aacute;n reduciendo la humanidad humana &ndash;en este contexto&nbsp;es necesario ser redundante&ndash; a la nada. &iquest;Con qu&eacute; lidiamos desde la generalizaci&oacute;n de la inteligencia artificial y, m&aacute;s todav&iacute;a, desde las llamadas &ldquo;generativas&rdquo;? Con una suerte de trascendencia inmanente que est&aacute; destinada a acompa&ntilde;arnos constantemente y que&nbsp;parece superarnos en toda circunstancia. Es dif&iacute;cil encontrar las palabras, o m&aacute;s bien nos faltan, para describir esta&nbsp;entidad en permanente perfeccionamiento, sobre la que se&nbsp;da por sentado &ndash;y esto se profundizar&aacute;&ndash; que tiene raz&oacute;n&nbsp;en dejarnos al margen, hasta el punto de solo querer aferrarnos a ella para beneficiarnos con sus infinitos poderes&nbsp;(igual que esos dos fil&oacute;sofos italianos). Este es el becerro&nbsp;de oro del segundo cuarto del siglo XXI ante el cual nos&nbsp;arrodillamos menos (aunque quiz&aacute; no) y que ratifica el&nbsp;diferencial de saber para intentar sacar provecho de &eacute;l sin&nbsp;medida e instaurar as&iacute; &ndash;sin que lo parezca y muchas veces&nbsp;sin siquiera darnos cuenta&ndash; nuestro car&aacute;cter secundario&nbsp;y, pronto, la inanidad definitiva de nosotros mismos. Hoy&nbsp;en d&iacute;a, lo que est&aacute; en juego no es solo la &ldquo;obsolescencia&nbsp;del hombre&rdquo;, retomando las palabras de G&uuml;nther Anders,&nbsp;sino tambi&eacute;n, en el mismo movimiento, la subordinaci&oacute;n&nbsp;a un orden que &eacute;l mismo erigi&oacute; para que determinara, en&nbsp;&uacute;ltima instancia &ndash;y desde una posici&oacute;n de superioridad&ndash;, el&nbsp;curso de nuestras vidas individuales y colectivas. Se trata&nbsp;de una condici&oacute;n que no se corresponde en modo alguno&nbsp;con una &ldquo;toma del poder por parte de las m&aacute;quinas&rdquo; u otras&nbsp;&ldquo;sublevaciones&rdquo; que a veces se citan de manera bastante&nbsp;inapropiada &ndash;a decir verdad, de manera muy grotesca&ndash;&nbsp;y que dan testimonio de nuestra escandalosa falta de an&aacute;lisis. Estamos frente a algo muy distinto, de un alcance&nbsp;id&eacute;ntico a lo que suponen esos escenarios apocal&iacute;pticos: el&nbsp;franqueamiento del umbral hacia un mundo que pondr&aacute; la&nbsp;mayor parte de los &ldquo;flujos org&aacute;nicos y f&iacute;sicos en situaci&oacute;n de&nbsp;dependencia respecto de la omnisciencia de las entidades&nbsp;artificiales. En este aspecto, erigimos la mayor instancia&nbsp;cognitiva y ordenadora de la historia, y en consecuencia&nbsp;erigimos un poder pol&iacute;tico que, como ning&uacute;n otro en el&nbsp;pasado y ejerci&eacute;ndose casi todo el tiempo de modo imperceptible, est&aacute; destinado por eso mismo a ser interiorizado&nbsp;&ndash;a escala global&ndash; por nuestras mentes. Hace nada m&aacute;s que&nbsp;veinte a&ntilde;os esta mutaci&oacute;n era completamente inconcebible, nadie la vio venir y, pese a ello, constituye nuestra&nbsp;realidad presente y ser&aacute; cada vez m&aacute;s generalizada y m&aacute;s&nbsp;intensa en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n, como continuaci&oacute;n a la gubernamentalidad &ndash;es decir, la capacidad de torcer comportamientos&ndash; que&nbsp;se les atribuy&oacute; a las tecnolog&iacute;as digitales y, posteriormente,&nbsp;a la inteligencia artificial, estamos llegando ahora &ndash;debido&nbsp;a su creciente expansi&oacute;n y sofisticaci&oacute;n y a la introducci&oacute;n&nbsp;de m&aacute;quinas parlantes&ndash; a una etapa de imposici&oacute;n distinta&nbsp;y muy superior que conduce a una redefinici&oacute;n total de&nbsp;lo pol&iacute;tico. Es esto lo que nos corresponde pensar, de un&nbsp;modo igualmente nuevo, a mediados de la d&eacute;cada de 2020.&nbsp;La aparici&oacute;n de una fuerza omnisciente, que permitimos&nbsp;que se inmiscuyera en todo y que va a inspirar el tenor de&nbsp;nuestros actos, pensamientos, palabras, im&aacute;genes y relaciones, para adquirir as&iacute; un alcance pol&iacute;tico de tal magnitud&nbsp;que conviene denominarlo seg&uacute;n su envergadura:&nbsp;el PODER TOTAL. Es mejor poner en may&uacute;sculas esta noci&oacute;n, para resaltar tanto su dominio sin precedentes como su naturaleza&nbsp;absolutamente in&eacute;dita, que solo pueden superar nuestras&nbsp;categor&iacute;as y modos actuales de inteligibilidad, ya que no&nbsp;pertenecen a ning&uacute;n orden conocido hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        Michel Foucault hab&iacute;a identificado los mecanismos&nbsp;modernos de poder &ndash;aquellos que operan desde la era de la secularizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n&ndash; en sus caracter&iacute;sticas plurales, que no funcionan &uacute;nicamente de manera piramidal, sino en diferentes niveles de la sociedad: dentro de hospitales, prisiones y diversas instituciones, y tambi&eacute;n en&nbsp;un nivel individual bajo un n&uacute;mero infinito de formas. Hay&nbsp;an&aacute;lisis que dan testimonio de la obsolescencia de un orden&nbsp;&uacute;nico y omnisciente como el que sosten&iacute;a el emperador de&nbsp;China o, en otro g&eacute;nero de cosas, el que representaba el&nbsp;pan&oacute;ptico de Jeremy Bentham (cuyo principio arquitect&oacute;nico consist&iacute;a en permitir a los guardias tener desde su&nbsp;torre de control una visi&oacute;n de 360&ordm; sobre las celdas, sin&nbsp;que ellos mismos fueran vistos).4 Hoy estar&iacute;amos enfrent&aacute;ndonos menos con una forma de retorno a un estado de&nbsp;absolutismo que con un complejo que act&uacute;a y se impone&nbsp;como referencia en todo lugar, es decir, como el punto a&nbsp;partir del cual uno debe definirse y que, en consecuencia,&nbsp;orienta las trayectorias de miles de millones de individuos.&nbsp;Los ardientes defensores de las libertades individuales,&nbsp;que adoran presentarse como v&iacute;ctimas de una vigilancia&nbsp;generalizada, no encontrar&aacute;n en esta configuraci&oacute;n ning&uacute;n motivo de satisfacci&oacute;n que, pese a sus aparentes similitudes, tiene objetivos bien distintos y caracter&iacute;sticas sin&nbsp;equivalentes ni antecedentes hist&oacute;ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, tal como fue pensada y abordada desde la&nbsp;Grecia Antigua, as&iacute; como a lo largo de la modernidad, desde&nbsp;el inicio del siglo XIX hasta hoy, se ve, antes que redefinida, o incluso agonizante, inexorablemente condenada a&nbsp;la obsolescencia. Todas las prerrogativas que le correspon den caer&aacute;n una a una en jirones: la implementaci&oacute;n de programas (hasta ahora elaborados por humanos); la evaluaci&oacute;n; la deliberaci&oacute;n; la decisi&oacute;n; y, por supuesto, los&nbsp;principios de pluralidad y discrepancia constitutivos de la&nbsp;democracia. Pero tambi&eacute;n la incertidumbre y la temporalidad&nbsp;propias de la vida, que permiten experimentar sin descanso&nbsp;una infinidad de horizontes posibles, al punto de que&nbsp;ambas representan en su base la condici&oacute;n misma de posibilidad de lo pol&iacute;tico. Es como si el hecho de recurrir a&nbsp;empresas de consultor&iacute;a, de las cuales abusaron tantos&nbsp;gobiernos en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os, hubiera inaugurado&nbsp;el reino de una tecnocracia pronto llamada a asumir una&nbsp;envergadura total y automatizada. Solo se impondr&aacute; la ley&nbsp;de la conformidad, como ocurre con el tanat&oacute;logos y los&nbsp;reg&iacute;menes de la imagen y el sonido. Cada vez m&aacute;s, tendr&aacute;&nbsp;lugar &uacute;nicamente aquello que tiene que tener lugar. Estas&nbsp;operaciones son realizadas en funci&oacute;n de intereses m&aacute;s o&nbsp;menos visibles y estrictos imperativos utilitaristas, pero&nbsp;llevados al extremo, dado que ya no hay que rendir cuentas&nbsp;a nadie y que sus sistemas son concebidos por empresarios&nbsp;e ingenieros que, a su vez, solo juran por dichos imperativos. Es decir, son modos de organizaci&oacute;n fr&iacute;os del curso&nbsp;de las cosas, impersonales e infinitamente reactivos a los&nbsp;&ldquo;flujos de lo real, por lo tanto son din&aacute;micos pero r&iacute;gidos y&nbsp;repetitivos en los axiomas que los determinan. Se agota la&nbsp;asunci&oacute;n de la cosa p&uacute;blica por parte de los humanos &ndash;y de&nbsp;todas las imperfecciones, pero a veces tambi&eacute;n de los perfeccionamientos concertados que la cosa p&uacute;blica supone&ndash;,&nbsp;algo que Jacques Ellul hab&iacute;a presentido, de alg&uacute;n modo,&nbsp;aunque las realidades presentes est&aacute;n muy alejadas de las&nbsp;de ese entonces. Porque &eacute;l fue uno de los pocos que, a&nbsp;fines de la d&eacute;cada del setenta, tuvo la lucidez de observar la importancia en aumento de los sistemas t&eacute;cnicos,&nbsp;pero tambi&eacute;n de los &oacute;rganos de decisi&oacute;n, que eran cada&nbsp;vez m&aacute;s complejos y estaban encabalgados unos con otros&nbsp;inervando la sociedad con el doble efecto &ndash;eminentemente&nbsp;pol&iacute;tico&ndash; de convertir la acci&oacute;n humana en algo marginal y de impedir la comprensi&oacute;n de las motivaciones que inspiraban esos mecanismos implementados: &rdquo;Ya no hay ninguna organizaci&oacute;n social o pol&iacute;tica significativa posible para este&nbsp;conjunto dentro del cual cada parte est&aacute; sometida a t&eacute;cnicas y unas con otras est&aacute;n vinculadas por t&eacute;cnicas&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si el PODER TOTAL llega a dictar su &uacute;nica ley, una ley&nbsp;evolutiva y adaptable (en teor&iacute;a, para su propio bien) a&nbsp;las situaciones de los individuos y los colectivos, entonces la constituci&oacute;n del conocimiento &ndash;en lo que este&nbsp;reviste de utilidad p&uacute;blica, en cuanto herramienta de&nbsp;comprensi&oacute;n de los fen&oacute;menos naturales de la sociedad,&nbsp;pero tambi&eacute;n de reflexividad respecto de ellos&ndash; tambi&eacute;n&nbsp;se ver&aacute; impactada por la obsolescencia. Y, con ello, tambi&eacute;n se ver&aacute; afectado todo el conocimiento que emana de&nbsp;las instituciones, de los centros de investigaci&oacute;n, de las&nbsp;publicaciones, es decir, de los an&aacute;lisis documentados que se someten a la cr&iacute;tica de los pares y luego son puestos a&nbsp;disposici&oacute;n de todos. Esto representa otra dimensi&oacute;n de lo&nbsp;pol&iacute;tico, entendida como el derecho leg&iacute;timo &ndash;o el deber&nbsp;c&iacute;vico y moral&ndash; de trabajar en el desarrollo de contenidos&nbsp;capaces de exponer otros puntos de vista, pero tambi&eacute;n&nbsp;de abrir perspectivas distintas de las que presentan y&nbsp;ensalzan los &oacute;rganos de poder habituales. Dicho de otra&nbsp;manera, instancias &ndash;percibidas a medias como tales&ndash; de&nbsp;contrapoderes instituidos en Europa desde el siglo XVII&nbsp;en adelante, que, con el paso del tiempo, se multiplicaron&nbsp;a lo largo y ancho del mundo y mostraron una diversifica ci&oacute;n de sus &aacute;mbitos de estudio, est&aacute;n destinadas ahora a&nbsp;perder su pertinencia. Esto ocurre porque las manifestaciones de lo real &ndash;si es que todav&iacute;a sentimos la necesidad&nbsp;de comprender su esencia&ndash;, las condiciones de erupci&oacute;n&nbsp;de un volc&aacute;n, la aparici&oacute;n de patolog&iacute;as, los efectos de&nbsp;ciertas pr&aacute;cticas ser&aacute;n &ldquo;explicados&rdquo; por este poder.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, las ciencias sociales y, en&nbsp;menor medida, las llamadas ciencias &ldquo;duras&rdquo;, parecer&aacute;n&nbsp;pr&oacute;ximamente in&uacute;tiles y obsoletas, y nos mostrar&aacute;n la&nbsp;aparici&oacute;n de muchos Jianwei Xun para iluminarnos en&nbsp;cualquier circunstancia. Es el fin de las sociedades cient&iacute;ficas; adem&aacute;s, &iquest;para qu&eacute; financiar a investigadores en&nbsp;este contexto? As&iacute; ser&aacute; tanto mejor, dir&aacute;n algunos, ya que&nbsp;los fondos p&uacute;blicos solo sirven para alimentar especies&nbsp;de par&aacute;sitos sistem&aacute;ticamente quejosos y para establecer conclusiones que no importan a nadie, en una era&nbsp;en la que las masas no conf&iacute;an en nada y opinan sobre&nbsp;todo. Es mejor, entonces, dejar hablar al PODER TOTAL, que,&nbsp;por su parte, nunca se equivoca y no deja de avanzar&nbsp;para tender constantemente hacia una ciencia absoluta.&nbsp;&ldquo;Estamos trabajando en el desarrollo de la superinteligencia, definida como una IA que supera la inteligencia&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        humana en todos los sentidos y que creemos que ya est&aacute; a nuestro alcance&ldquo;, dijo con un entusiasmo desbordante&nbsp;Mark Zuckerberg en julio de 2025. Y esto significar&aacute;, en&nbsp;consecuencia, la probable desaparici&oacute;n de la cr&iacute;tica, condenada a volverse primero inaudible y finalmente casi&nbsp;in&uacute;til, en la medida en que, muy pronto, nadie tendr&aacute; los&nbsp;medios ni las herramientas adecuadas para siquiera poner&nbsp;en duda las ecuaciones de esta maquinaria destinada a ser&nbsp;cada vez m&aacute;s omnisciente y de una eficacia que se podr&aacute;&nbsp;verificar de forma indefinida.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La verdadera naturaleza del neoliberalismo no es un&nbsp;proyecto econ&oacute;mico, sino un proyecto pol&iacute;tico destinado&nbsp;a socavar la imaginaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; el antrop&oacute;logo David&nbsp;Graeber.7 En estas &eacute;pocas en v&iacute;as de una automatizaci&oacute;n&nbsp;total y la artefactualizaci&oacute;n del saber, nos vemos obligados a recuperar esta observaci&oacute;n, pero para radicalizarla y&nbsp;argumentar que el PODER TOTAL socavar&aacute; la curiosidad, el&nbsp;gusto por el descubrimiento y, en primer t&eacute;rmino, la lectura de libros (es decir, el aporte &uacute;nico de imaginaci&oacute;n y conocimiento que la lectura ofrece). Por lo tanto, podemos suponer que los adolescentes que alcancen la edad&nbsp;adulta en el comienzo de la pr&oacute;xima d&eacute;cada y tambi&eacute;n los&nbsp;adultos de hoy, absortos d&iacute;a y noche en TikTok &ndash;o engullendo sin parar videos, el nuevo r&eacute;gimen de percepci&oacute;n&nbsp;del mundo mediatizado y, por lo tanto, distorsionado&ndash;, no&nbsp;encontrar&aacute;n ning&uacute;n problema (o incluso todo lo contrario)&nbsp;en que las m&aacute;quinas nos digan el sentido de las cosas&nbsp;sin exigirnos el menor esfuerzo. En verdad, todos estos&nbsp;movimientos se ajustan entre s&iacute; perfectamente hasta lle gar, con el paso del tiempo, a reforzarse entre s&iacute;. Porque&nbsp;habr&iacute;a que ser ingenuo o ciego para no ver que el proceso&nbsp;de anhumanidad en curso, de vaciamiento de nosotros&nbsp;mismos y de realizaci&oacute;n, a largo plazo, de todas la tareas&nbsp;materiales, f&iacute;sicas, cognitivas, intelectuales, creativas por&nbsp;parte de tecnolog&iacute;as superiores a nosotros est&aacute; preparando&nbsp;el terreno para la estupidizaci&oacute;n creciente de la humanidad. Mientras conservemos alg&uacute;n rastro de inteligencia&nbsp;&ndash;y de dignidad&ndash; nos conviene considerar este proceso: su&nbsp;naturaleza, su alcance y, especialmente, la extrema gravedad de sus consecuencias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eric Sadin]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/eric-sadin-desierto_1_13105153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 03:02:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eric Sadin: "El desierto de nosotros mismos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eric Sadin]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Archivo para recuperarme]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/archivo-recuperarme_129_12941246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ddbdd2af-1c42-4671-9279-94764a940c4e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Archivo para recuperarme"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un fragmento de la novela de Roma Vaquero Diaz, publicado por La Balsa Editora.</p></div><p class="article-text">
        Desde que no est&aacute;s siento que perd&iacute; una parte de m&iacute;. Vuelo como un p&aacute;jaro en c&iacute;rculos bajo el techo de mi habitaci&oacute;n buscando algo que sea un contrapeso, un aliciente, una vuelta de rosca - dir&iacute;as vos- pero gravito en tu memoria y mi propio peso se escurre. No quiero irme. Necesito ser carne expandida en alg&uacute;n tipo de futuro. Se me ocurri&oacute; que podr&iacute;a escribirte, recuperar pedacitos de nuestra historia. Armar un gran montaje que nos devuelva el cuerpo y que nos permita seguir. Tal vez recordarnos para llevarlas conmigo y saber que no estoy sola, pero tambi&eacute;n saber lo que fuimos para entender qui&eacute;n soy ahora. A veces siento que en este mundo no existimos. Que s&oacute;lo hay espacio para cierto tipo de historias y que el resto queda bajo la tierra siendo gusanos y dientes de le&oacute;n. Pero yo sobreviv&iacute; Amalia, y tengo que decirlo. Aunque mi manera de decir sea escribirte, recordar nuestra vida en la intimidad, en el hospicio, en el llanto y en la ternura. En el tiempo que estuvimos viviendo todo esto, lo &uacute;nico que yo ten&iacute;a era mi cuaderno y un lapicito azul. Un cuaderno peque&ntilde;o y de tapas negras que pod&iacute;a esconder en mi bombacha cuando cambiaban las s&aacute;banas. Ah&iacute; guardaba nuestra memoria. Ahora intento juntar esos fragmentos y hablarte. Armar una especie de archivo para recuperarme.
    </p><p class="article-text">
        Busqu&eacute; la etimolog&iacute;a de recuperar, viene del lat&iacute;n <em>recuperare</em>. Contiene el prefijo re- (hacia atr&aacute;s, de nuevo) y capere (agarrar, tomar) Entonces pens&eacute; que para recuperarme, necesito del ir hacia atr&aacute;s para tomarme. Volver a m&iacute;. Rescatarme, recobrarme, renovarme, restituirme. &iquest;Podr&eacute; hacerlo, Amalia? &iquest;Puedo encaminar mi marcha hacia un atr&aacute;s que ya no existe? &iquest;Es posible volver y encontrarnos para luego regresar? Sospecho que moverme en esas espirales siempre me volver&aacute; otra. Una otra con algo de m&iacute;, pero con mucho de una distinta. Una otra creada. Una yo ficcional. Recuperarme ser&iacute;a casi como inventarme. Inventarme una vida donde est&aacute;n ustedes en ese existir pasado, pero movidas un grado, casi como si pudiera vernos detr&aacute;s de un cristal que nos deforma completamente, pero que al mismo tiempo, refleja el sistema que nos constituye. Recuperarnos es un salto hacia lo que podr&iacute;amos haber sido, pero con las cicatrices de lo que fue. Es lo que somos en el eco de mi memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (Todo lo que aqu&iacute; comparto es un ir hacia atr&aacute;s, un atajo creado,&nbsp;l&iacute;neas de fuga hacia el origen.)
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Archivo para recuperarme, de Roma Vaquero Diaz (La Balsa Editora, 2025).                            </span>
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        Vos y yo nos conocimos hace algunos a&ntilde;os. Nos entendimos r&aacute;pidamente, no tanto por lo que nos dijimos sino por lo que no. Una mirada y un apret&oacute;n llenaban todo nuestro diccionario. Nunca entend&iacute; la diferencia de edad que ten&iacute;amos. Aunque vos parec&iacute;as m&aacute;s grande, yo siempre terminaba cuid&aacute;ndote, Amalia. A veces nos qued&aacute;bamos mirando una pared, perdidas en ning&uacute;n lado, con los ojos como coquitos de agua; otras veces vos hablabas sin parar mientras yo callaba y me mov&iacute;a, podr&iacute;a decirse que bailaba. Vos nunca entendiste que ten&iacute;as un cuerpo, yo hice de mi cuerpo las palabras. Creo que las dos ten&iacute;amos miedo y enmudec&iacute;amos y grit&aacute;bamos de diversas maneras. Vos tuviste que adaptarte a las normas, yo me hice modosita por seguirte. A veces, despu&eacute;s de peinarte la espalda, me tiraba en la cama y te preguntaba qui&eacute;n era yo si hablaba de mi mano.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo mi mano?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Mi mano no soy yo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y entonces me hablabas de los p&aacute;jaros, de treparse a un &aacute;rbol para pasar ah&iacute; toda la noche y de cazarlos como un gato alucinado. Una tarde te encerraste en el cuarto de ba&ntilde;o de aquel lugar y no hab&iacute;a manera. Recuerdo estar sentada afuera, con la mejilla sobre la puerta susurrando palabras, aquietando tus manos para que no te arrancaras los cabellos. Muchas veces nos confund&iacute;an, aunque claramente yo ve&iacute;a que vos eras vos y que yo era yo. No era as&iacute; para los dem&aacute;s y los castigos nos ca&iacute;an a ambas.
    </p><p class="article-text">
        Te trasladaron del frenocomio de Venecia al pabell&oacute;n especial del Dr. Mart&iacute;n en Par&iacute;s, yo anduve entre Pergamino, Rosario y Buenos Aires. Sin embargo siempre descubrimos la manera de encontrarnos. La noche que te trasladaron despert&eacute; con una piedra en las costillas y sab&iacute;a que algo hab&iacute;a pasado. D&iacute;as despu&eacute;s, mientras me limaba las ancas, le&iacute;a tu carta escrita antes de que te ataran las enfermeras. En ocasiones sab&iacute;amos c&oacute;mo actuar. Si lo que hac&iacute;amos era m&aacute;s grande que lo que se ven&iacute;a, zaf&aacute;bamos. Era un nublarse la vista, los o&iacute;dos cerrados, las mu&ntilde;ecas titilando y empezar a balbucear. Casi un desaparecer dentro de nosotras mismas o gritar entre agua hasta que se rompieran el espacio y el tiempo. Si el otro pod&iacute;a, nosotras pod&iacute;amos un poco m&aacute;s. Podr&iacute;amos estar en ese sitio donde salir no era posible, pero no iban a entrar en nosotras, ni abrir las piernas de nuestra mente. De los ojos para atr&aacute;s, todo era infinito y azulado. Siempre nos gustaron los gatos, a m&iacute; el cabezazo, la lengua raposa, el masaje oportuno; a vos, que despu&eacute;s de la lengua ven&iacute;a la mordida, el ara&ntilde;azo al pasar, el alcohol luego de una noche de heridas. Creo que nos escuch&aacute;bamos como los gatos, con los ojos abiertos, curvando el lomo, derretidas en el hueco. Y claro, no hab&iacute;a hora. En nuestra temporalidad paralela s&oacute;lo los besos y los abrazos marcaban el ritmo del encierro. Yo soy vos o vos sos yo, y al duplicarnos alguna mor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si fue cuando llegu&eacute;. Pero en una &eacute;poca me llamaron <em>arrugadito</em> o <em>mantequita</em>, nunca supe si fue por la sonda que utilizaban para que ingresen o salieran cosas de m&iacute;, o porque me daba miedo absolutamente todo. S&oacute;lo quer&iacute;a meterme en un pliegue de piel que me protegiese. Luego con la aplicaci&oacute;n de los rayos fui cambiando. Dec&iacute;an que si se aplicaban en una zona del cuerpo, el resto no deb&iacute;a protegerse. Pero algo en m&iacute; fue mutando y cada d&iacute;a me parec&iacute; m&aacute;s a vos, Amalia. O tal vez fuimos mutando las dos y cuando llegamos a este lugar &eacute;ramos completamente diferentes. Aunque creo que algo nos un&iacute;a de antes: un rostro partido o compartido, perdido en la misi&oacute;n de encontrarse.
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                Archivo para recuperarme, Roma Vaquero Diaz (La Balsa Editora, 2025).                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Roma Vaquero Diaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/archivo-recuperarme_129_12941246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jan 2026 18:32:49 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[De matar a dejar morir: biopolíticas de selección de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/matar-morir-biopoliticas-seleccion-vida_129_12777657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf9d0c28-d712-49ba-b91d-256539858787_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De matar a dejar morir: biopolíticas de selección de la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pilar Calveiro describe un poder que no mata directamente, sino que elige qué vidas proteger y qué vidas desechar y dejar morir: el exterminio masivo dio paso a modalidades más difusas de desaparición de personas, como las redes de explotación laboral o sexual. Aquí, un extracto de la introducción del libro (Siglo XXI) que se presenta este miércoles 19 de noviembre en el CeDInCi</p></div><p class="article-text">
        Walter Benjamin llam&oacute; &ldquo;anunciadores del fuego&rdquo; a &ldquo;quienes avisan de cat&aacute;strofes inminentes para impedir que se cumplan&rdquo; (Mate y Mayorga, 2003: 13), aunque finalmente no lo logren. &Eacute;l mismo fue un anunciador de los grandes fuegos del nazismo que arrasaron el mundo de su tiempo. Hoy proliferan los anunciadores de otros fuegos, tan devastadores que ser&iacute;an capaces de acabar con la vida misma de la humanidad y del planeta. Estamos, como entonces, ante un desastre inminente que golpea nuestras puertas pidiendo auxilio desde lo ecol&oacute;gico, desde lo social, desde lo pol&iacute;tico. Nos enfrentamos a fuegos literales, como los que arrasan los bosques, provocados de manera intencional para convertir territorios de vida en espacios rentables. Nos enfrentamos al calentamiento global, producto de tantos fuegos y combustiones en pos de esa misma rentabilidad. Nos enfrentamos al fuego genocida que se sigue lanzando sobre la poblaci&oacute;n palestina con furia asesina desde hace m&aacute;s de un a&ntilde;o. Y no hay agua suficiente para apagar tantos fuegos y calmar la sed del territorio y de las personas, porque la megaminer&iacute;a, las grandes productoras de refrescos y gaseosas, las agroindustrias, todas tan rentables, la acaparan.
    </p><p class="article-text">
        La destrucci&oacute;n natural y la social son una misma cosa, dram&aacute;tica e inseparable; la miseria pol&iacute;tica las acompa&ntilde;a. No es casual entonces que un candidato presidencial esgrima como s&iacute;mbolo de campa&ntilde;a una motosierra que sirve precisamente para cortar, talar &aacute;rboles vivos y convertirlos en madera industrializable y lucrativa o, lo que es lo mismo, cercenar la estructura social, pol&iacute;tica, cultural, para aumentar la utilidad de los negocios. Son pr&aacute;cticas de muerte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="De matar y dejar morir: biopolíticas de selección de la vida, el nuevo libro de Pilar Calveiro."
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                De matar y dejar morir: biopolíticas de selección de la vida, el nuevo libro de Pilar Calveiro.                            </span>
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        Tampoco es casualidad que en el extremo opuesto del continente &ndash;y del poder colonial&ndash; otro presidente quiera hacer grande a su naci&oacute;n anexionando y comprando estados vecinos, como si un territorio y toda la vida que comprende fueran una simple mercanc&iacute;a, o que el mismo mandatario se proponga desplazar lo que queda de la poblaci&oacute;n palestina diezmada, para instalar en su tierra una urbanizaci&oacute;n de clase mundial.
    </p><p class="article-text">
        Las pr&aacute;cticas mort&iacute;feras de estos personajes y de los grupos a los que representan se superponen con el intento de apropiarse de la vida misma y la promesa de una gran existencia para algunos &ndash;sus pr&oacute;ximos&ndash; y solo para ellos. Estos se&ntilde;ores de motosierras, bombas y amenazas intentan, antes que nada, garantizar su propia supervivencia, apropi&aacute;ndose de cuanto pueda sostenerlos y tomando, para ello, cuantas vidas sean necesarias: biopol&iacute;tica pura y dura. No representan el mismo peligro del que nos advert&iacute;an los antiguos &ldquo;anunciadores del fuego&rdquo;; no son una r&eacute;plica del nazismo ni del fascismo, que matan de manera directa y en gran escala. Son algo nuevo que ha ido anidando en el neoliberalismo y que ha crecido con la pandemia. Matan cuando lo consideran necesario, como una forma de recordar que conservan esa &ldquo;atribuci&oacute;n&rdquo; y sus odios ancestrales pero, en realidad, prefieren orillar, aislar, abandonar a su suerte y dejar morir a enormes masas de poblaci&oacute;n antes que aniquilarlas de manera lisa y llana. Aplican una muerte diferida, m&aacute;s econ&oacute;mica, que permite mayor distancia y cierta indiferencia.
    </p><p class="article-text">
        Estas pr&aacute;cticas representan un giro abiertamente autoritario, colonial, patriarcal y racista que desnuda las aperturas hip&oacute;critas y muy relativas de la globalizaci&oacute;n neoliberal, sin buscar por ello Estados fuertes, interventores, presentes en la sociedad, ni movilizar masas afines, como lo hac&iacute;a el fascismo. En realidad, profundizan el &ldquo;recetario&rdquo; neoliberal: privatizaci&oacute;n generalizada, desregulaci&oacute;n, creciente concentraci&oacute;n de la riqueza, debilitamiento del Estado y del sistema pol&iacute;tico, diluci&oacute;n de las fronteras entre lo p&uacute;blico y lo privado, entre lo legal y lo ilegal, repliegue de lo social sobre lo individual. Todo ello se acelera, y &ndash;en t&eacute;rminos generales&ndash; el predominio de la econom&iacute;a sobre la pol&iacute;tica y la sociedad llega al punto de proponer la destrucci&oacute;n de todo rastro del Estado social y del Estado mismo en cuanto cierta representaci&oacute;n de lo com&uacute;n, as&iacute; como la aniquilaci&oacute;n de la sociedad, entendida como espacio de organizaci&oacute;n y acci&oacute;n colectiva. De lograrlo, estar&iacute;amos muy cerca de la desaparici&oacute;n de la humanidad tal como la conocemos, impensable por fuera de estas dimensiones. Por eso, las pr&aacute;cticas mort&iacute;feras amenazan todas las formas de la vida biol&oacute;gica, humana, social, cultural y pol&iacute;tica &ndash;que son inseparables&ndash;, por la depredaci&oacute;n a la que recurren en todos esos &aacute;mbitos.
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                La presentación del libro de Pilar Calveiro.                            </span>
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        Las luchas principales del momento actual se presentan cada vez m&aacute;s como luchas de sobrevivencia. Durante todo el siglo XX las potencias pelearon por tener el control del mundo, pero eso se ha orientado cada vez m&aacute;s espec&iacute;ficamente hacia el control de la vida en el planeta, el dise&ntilde;o de biopol&iacute;ticas en torno a la administraci&oacute;n y selecci&oacute;n de la vida misma. Se trata, entonces, de establecer qu&eacute; vidas &ndash;y qu&eacute; formas de vida&ndash; prevalecer&aacute;n y cu&aacute;les se considerar&aacute;n prescindibles y desaparecer&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La biopol&iacute;tica se orienta a la gesti&oacute;n y el control de los procesos de vida de una poblaci&oacute;n, entendida como conjunto. Seg&uacute;n Michel Foucault, junto a la vieja f&oacute;rmula de &ldquo;hacer morir y dejar vivir&rdquo;, caracter&iacute;stica de las soberan&iacute;as especialmente estatales &ndash;que matan de manera directa&ndash;, la biopol&iacute;tica consistir&iacute;a en lo que parece a primera vista su reverso, &ldquo;hacer vivir y dejar morir&rdquo;. Eso implica el cuidado y la &ldquo;defensa de la vida&rdquo; de ciertas poblaciones, al tiempo que &ldquo;abandona&rdquo; o &ldquo;deja morir&rdquo; a otras, es decir, protege a unos y simult&aacute;neamente empuja a otros hacia la muerte. Aunque no cancela el &ldquo;derecho&rdquo; de dar muerte de manera directa, propio de las soberan&iacute;as, lo caracter&iacute;stico de la biopol&iacute;tica es cierta &ldquo;promoci&oacute;n&rdquo; de la vida, como un bien apropiable, disputable y escaso, cuya defensa reclamar&iacute;a, en consecuencia, un proceso de selecci&oacute;n biol&oacute;gica y pol&iacute;tica de cu&aacute;les vidas vale la pena proteger y cu&aacute;les se opta por abandonar a su suerte.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como la vida constituye una trama de diversidades, que enlaza sus distintas manifestaciones en un delicado equilibrio de heteronom&iacute;as y autonom&iacute;as relativas, cualquier atentado contra esa diversidad y esos equilibrios representa una amenaza para el conjunto. En este sentido, hablar hoy de biopol&iacute;tica, antes que remitirnos a un debate te&oacute;rico ya bastante remanido, nos coloca en el centro del drama que se est&aacute; desplegando y de los &ldquo;fuegos&rdquo; que se anuncian, se denuncian y que es imprescindible apagar de alguna manera.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de lo alarmante de la situaci&oacute;n actual, no intento esbozar un escenario apocal&iacute;ptico; por un lado, porque la historia muestra que las salidas de los momentos m&aacute;s oscuros suelen abrirse desde lo inesperado e incluso lo marginal y, por otro, porque lo apocal&iacute;ptico es inmovilizante. Justamente para ahuyentarlo creo que es preciso mirar siempre desde la esperanza de las resistencias. All&iacute; donde se escapa a los biopoderes, donde se resiste la devastaci&oacute;n y se protege la diversidad de las vidas es donde ya se est&aacute;n construyendo los contrafuegos para detener el incendio. Estas experiencias ocurren hoy, sobre todo, en las resistencias locales, en especial las comunitarias e ind&iacute;genas de diversas regiones de nuestra Am&eacute;rica, que provienen de otra cosmovisi&oacute;n y, por lo tanto, configuran tambi&eacute;n otra cosmopol&iacute;tica. Junto con ellas se registran otras experiencias pol&iacute;ticas, sociales y productivas de autonom&iacute;a respecto del Estado y las corporaciones, proyectos de autogesti&oacute;n y autoorganizaci&oacute;n diversos y toda clase de iniciativas de recuperaci&oacute;n del v&iacute;nculo social, de respeto hacia todas las formas de vida y hacia la naturaleza en general.
    </p><p class="article-text">
        No son utop&iacute;as; son realidades actuantes cuya condici&oacute;n local no implica necesariamente una desventaja. En tiempos de globalizaci&oacute;n &ndash; en que la escala supranacional ha quedado en manos de los poderes m&aacute;s concentrados y el Estado se encuentra condicionado y presionado por los organismos internacionales, las grandes corporaciones y los grupos de poder real que erosionan las instituciones&ndash;, la multiplicaci&oacute;n de las resistencias locales permite escapar de esas grandes estructuras y crear alternativas propias desde los m&aacute;rgenes. Al hacerlo, esas resistencias eluden la gubernamentalidad vigente y la restringen abonando a su debilitamiento. Tal vez un poder tan gigante como el global, del que ya no hay un &ldquo;afuera&rdquo;, no se pueda derribar y solo sea posible minarlo por dentro hasta que se desplome sobre s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        La observaci&oacute;n y el acompa&ntilde;amiento de las resistencias siempre abre perspectivas de gran relevancia. Sin embargo, en este texto, aunque har&eacute; referencia a ellas, el foco de an&aacute;lisis se centra en la armadura biopol&iacute;tica de la gubernamentalidad actual, a partir de la pandemia, que trabajo en el cap&iacute;tulo 3, como punto de llegada de los cap&iacute;tulos precedentes. En los cap&iacute;tulos 1 y 2 intento rastrear algunas manifestaciones anteriores de las pr&aacute;cticas biopol&iacute;ticas, que &ndash;ya sea por semejanza o por distinci&oacute;n&ndash; echan luz sobre sus usos actuales. Sin pretender una reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica, trato de resaltar las resonancias entre las formas actuales de la biopol&iacute;tica y las practicadas en dos momentos previos y decisivos del siglo XX: 1) el terrorismo de Estado y las violencias de Estado de los a&ntilde;os setenta en Am&eacute;rica Latina, con la consiguiente derrota de los proyectos alternativos al capitalismo, 2) el nazismo y su pretensi&oacute;n de un control global mediante la selecci&oacute;n de la especie humana, analizado desde la brillante perspectiva de Hannah Arendt. Por ende, abordo tres momentos y modalidades de la biopol&iacute;tica, del intento de control de la vida y, para ello, de la pretensi&oacute;n de desaparici&oacute;n de lo &ldquo;peligroso&rdquo;, en sus distintas y sucesivas manifestaciones: la &ldquo;raza&rdquo;, la disidencia y la sociedad misma.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia como acontecimiento, seg&uacute;n el sentido propuesto por Maurizio Lazzarato, abri&oacute; un nuevo campo de lo posible que implic&oacute; un proceso de diferenciaci&oacute;n y, a la vez, de repetici&oacute;n de lo ya vivido, sobre el que estar&eacute; insistiendo. En cuanto a las transformaciones, tuvo un impacto tanto material como subjetivo, que trastoc&oacute; las formas de producci&oacute;n, de trabajo, de estudio, de comunicaci&oacute;n y, con ello, nuestra percepci&oacute;n del tiempo, del espacio y del cuerpo (para mencionar lo m&aacute;s obvio).
    </p><p class="article-text">
        La concentraci&oacute;n de la riqueza se profundiz&oacute;, dej&aacute;ndonos un mundo m&aacute;s polarizado e injusto que, una vez concluida la emergencia, no corrigi&oacute; el ritmo de acumulaci&oacute;n y concentraci&oacute;n, sino que lo aceler&oacute;. Se verific&oacute; desde entonces una degradaci&oacute;n general de las posibilidades y las condiciones de trabajo, que no ha cesado y que es parte de las disconformidades tanto de los j&oacute;venes como de amplios sectores &ldquo;abandonados&rdquo; por la sociedad. El trabajo a distancia liber&oacute; de los traslados infinitos en las grandes urbes, pero se convirti&oacute; poco a poco en m&aacute;s demandante, invadi&oacute; todos los espacios de la vida y convirti&oacute; la jornada laboral de ocho horas en una fantas&iacute;a. De manera que la precariedad laboral instalada por el neoliberalismo se agudiz&oacute; y arrastr&oacute; a amplios sectores al autoemprendimiento.
    </p><p class="article-text">
        Durante la vigencia del aislamiento preventivo, desapareci&oacute; la calle como espacio de protesta y de encuentro, con la consecuente desmovilizaci&oacute;n y despolitizaci&oacute;n, tan funcional para la instauraci&oacute;n de nuevas hegemon&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Frente a todos estos desaf&iacute;os, el Estado &ndash;y el sistema pol&iacute;tico en general&ndash; se mostr&oacute; d&eacute;bil e incluso impotente, condicionado por los organismos internacionales, por las grandes corporaciones de la salud y de las comunicaciones, y debilitado por d&eacute;cadas de neoliberalismo. Y precisamente el Estado neoliberal qued&oacute; rebasado, igual que el sistema de salud; anclado en democracias d&eacute;biles con escasa participaci&oacute;n y sociedades fragmentadas, solo pudo tratar de sobrevivir en el encierro, como la sociedad misma. No fue capaz de dar respuesta a las necesidades econ&oacute;micas y laborales de la poblaci&oacute;n, insisti&oacute; en las l&oacute;gicas inmunitarias que lo caracterizan, suponiendo &ldquo;proteger&rdquo; y protegerse de eventuales disturbios, sin lograr m&aacute;s que tensar y debilitar el v&iacute;nculo social y anidar violencia.
    </p><p class="article-text">
        Un caso aparte es el de M&eacute;xico, que logr&oacute; gestionar de manera bastante exitosa la pandemia gracias a un gobierno que proven&iacute;a de grupos pol&iacute;ticos ajenos a la gesti&oacute;n neoliberal del Estado y que hab&iacute;an accedido a &eacute;l a trav&eacute;s de un proyecto alternativo. Se encontr&oacute; tambi&eacute;n con un sistema de salud deficiente, con la precarizaci&oacute;n laboral y social caracter&iacute;sticas del neoliberalismo, pero las gestion&oacute; desde una l&oacute;gica alternativa, muy cercana a la gente y a las caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas del pa&iacute;s. Proporcionando mucha informaci&oacute;n, explicando las circunstancias y sin confinamientos obligatorios, logr&oacute; salir de la pandemia con un sistema de salud fortalecido pero, sobre todo, con una fort&iacute;sima comunicaci&oacute;n y respaldo social.
    </p><p class="article-text">
        En esta suerte de articulaci&oacute;n entre lo novedoso y lo ya experimentado que comprende el acontecimiento, la pandemia puso en entredicho las nociones de salud y enfermedad vigentes. Evidenci&oacute; la medicalizaci&oacute;n generalizada y creciente de nuestra sociedad, af&iacute;n a las grandes corporaciones de la salud, y se pudo ver en acci&oacute;n el mecanismo de apropiaci&oacute;n del dolor, la enfermedad, la vida y la muerte de toda la poblaci&oacute;n por parte del dispositivo de salud &ndash;p&uacute;blico o privado&ndash;, en una clara pr&aacute;ctica biopol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Para la atenci&oacute;n de la emergencia, los pa&iacute;ses recurrieron a sistemas digitales de control y vigilancia, por un lado, que redundaron en un incremento de los dispositivos de espionaje social (sobre todo en algunos pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, pero tambi&eacute;n en muchos de los occidentales). Junto a ello se despleg&oacute; una concepci&oacute;n inmunitarista, basada en el &ldquo;cuidado para prevenir el contagio&rdquo; por v&iacute;a del aislamiento, lo cual implic&oacute;, entre otras cosas, el debilitamiento o p&eacute;rdida del v&iacute;nculo social encarnado y su mediaci&oacute;n por las pantallas. Tanto el control digitalizado de la poblaci&oacute;n y de su estado de salud como el encierro y las cuarentenas se orientaron a la clasificaci&oacute;n y selecci&oacute;n de cu&aacute;les personas proteger de manera prioritaria y cu&aacute;les colocar en las posiciones de m&aacute;s riesgo, seg&uacute;n significativos componentes sociales y &eacute;tnicos. A su vez, las mismas pr&aacute;cticas de &ldquo;protecci&oacute;n&rdquo; por aislamiento tuvieron un costo muy diferente para los sectores privilegiados y los m&aacute;s vulnerables, cuyas condiciones de vida cotidiana se dificultaron a&uacute;n m&aacute;s en el encierro. Es decir que se pusieron en acci&oacute;n verdaderas tecnolog&iacute;as biopol&iacute;ticas de selecci&oacute;n, que tambi&eacute;n entraron en acci&oacute;n en el proceso posterior de distribuci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de las vacunas. Esta selecci&oacute;n margin&oacute; a amplios sectores sociales, incrementando la precariedad, el abandono expl&iacute;cito y el enojo subsecuente.
    </p><p class="article-text">
        La percepci&oacute;n de todo otro como posible agente infeccioso, peligro potencial ante el cual se deber&iacute;a optar &ndash;voluntariamente&ndash; por suspender el contacto y sustituirlo por un link virtual, fue parte de las campa&ntilde;as de prevenci&oacute;n, con probables efectos a m&aacute;s largo plazo. El encierro y el aislamiento pasaron de ser castigos a pensarse como una protecci&oacute;n y un privilegio. As&iacute; se lleg&oacute; a que sujetos recluidos en sus domicilios y detr&aacute;s de sus respectivas pantallas pudieran percibirse, sin embargo, como perfectamente comunicados y con cientos de amigos, todos virtuales. El distanciamiento social propiciado entonces como protecci&oacute;n resuena en la abolici&oacute;n de lo social y del pr&oacute;jimo que proclaman ahora las nuevas derechas.
    </p><p class="article-text">
        Si, como se propuso antes, la biopol&iacute;tica es un eje central de an&aacute;lisis del presente y si la pandemia se puede considerar un acontecimiento que abre un nuevo campo &ndash;lo que implica procesos de diferenciaci&oacute;n y de repetici&oacute;n&ndash;, cabe entonces que nos preguntemos qu&eacute; se repite y en qu&eacute; se diferencia lo vivido a partir de entonces de momentos previos de emergencia. Por otra parte, si hoy nos enfrentamos al intento de desaparici&oacute;n de la pol&iacute;tica y la sociedad, deber&iacute;amos preguntarnos sobre qu&eacute; otras formas de la biopol&iacute;tica y sobre qu&eacute; otras desapariciones se asientan las actuales. En este sentido, trato de hacer un rastreo hacia biopol&iacute;ticas desaparecedoras previas, partiendo de la pr&aacute;ctica espec&iacute;fica de la desaparici&oacute;n de personas que se ejerce en el presente y que coexisti&oacute; con la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        Las desapariciones actuales, a las que me refiero en el cap&iacute;tulo 2, ocurren en el contexto de la gubernamentalidad neoliberal, bajo la modalidad de un capitalismo criminal en el cual la asociaci&oacute;n entre redes criminales y pol&iacute;ticas funciona como un componente org&aacute;nico. El Estado ya ha perdido la centralidad que ten&iacute;a en el siglo XX y se ha convertido en un aparato fragmentado, penetrado y condicionado por las grandes corporaciones. Ocurre as&iacute; una superposici&oacute;n entre lo legal y lo ilegal, lo p&uacute;blico y lo privado, que opera en los &aacute;mbitos pol&iacute;tico, social, jur&iacute;dico y represivo, con sus respectivas violencias. De manera que las violencias que se presentan como privadas deben ser pensadas, en realidad, como violencias p&uacute;blico-privadas que pugnan por el control de territorios y de los &ldquo;recursos&rdquo; que abarcan. En ocasiones, ejercen sobre ellos verdaderas soberan&iacute;as, se&ntilde;or&iacute;os en los que explotan, controlan y seleccionan todas las formas de vida natural, humana y social, convertidos en territorios de excepci&oacute;n y muerte.
    </p><p class="article-text">
        En esos contextos se gestan verdaderos dispositivos de desaparici&oacute;n que incluyen elementos m&aacute;s o menos importantes de ese Estado fragmentado, articulados con redes legales e ilegales, muchas veces globales. Estos dispositivos, b&aacute;sicamente artesanales y muy crueles, tienen la capacidad de sustraer a grupos enteros de personas para proceder a su eliminaci&oacute;n directa. Sus pr&aacute;cticas tanatopol&iacute;ticas tienen como blanco principal a quienes consideran enemigos: adversarios de otras redes delictivas y todos aquellos que entorpecen su control territorial &ndash;es decir, sus negocios&ndash;, como los periodistas y los defensores del territorio o de los derechos humanos. Sin embargo, la mayor cantidad de v&iacute;ctimas de desaparici&oacute;n no son estos, sino hombres y mujeres muy j&oacute;venes, objeto del tr&aacute;fico de personas que realizan estas mismas redes con fines de extorsi&oacute;n (principalmente contra migrantes), reclutamiento forzado y explotaci&oacute;n laboral o sexual.
    </p><p class="article-text">
        Los m&oacute;viles de la desaparici&oacute;n son, desde luego, la venganza pero, sobre todo, la apropiaci&oacute;n por desposesi&oacute;n de bienes y territorios, as&iacute; como el usufructo de capacidades, aptitudes y conocimientos especializados que estas personas tienen y que resultan necesarios o &uacute;tiles para las redes criminales. Asimismo comprenden el despojo de las personas de sus cuerpos como bienes rentables para la explotaci&oacute;n laboral o sexual, reducidas a su m&aacute;s pura dimensi&oacute;n biol&oacute;gica de carne, m&uacute;sculos y nervios explotables y desechables. Decenas de miles de hombres y mujeres pobres caen en estas redes protegidas por los poderes pol&iacute;ticos generalmente locales, sin que nadie responda por ellos. M&aacute;s que asesinados de forma directa, son abandonados a su suerte y a la crueldad de las redes criminales protegidas, lo que nos aproxima a las pr&aacute;cticas propiamente biopol&iacute;ticas consistentes en hacer vivir y dejar morir, ahora como una de las modalidades de la desaparici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El antecedente directo de estas pr&aacute;cticas, aunque con diferencias muy marcadas, son las desapariciones forzadas de los a&ntilde;os sesenta y setenta, que abordo tambi&eacute;n en el cap&iacute;tulo 2. Ya sea en el contexto de gubernamentalidades burocr&aacute;tico-autoritarias &ndash; como en el Cono Sur&ndash;, ya sea bajo la modalidad de un populismo autoritario &ndash;como en el caso de M&eacute;xico&ndash;, la desaparici&oacute;n forzada ocurri&oacute; a trav&eacute;s de dispositivos estatales y centralizados. En cada caso adopt&oacute; modalidades distintas, seg&uacute;n la gubernamentalidad en que se sustent&oacute;: la exhibici&oacute;n de un escenario de &ldquo;guerra&rdquo; contra un enemigo interno de peligrosidad exagerada en el primer caso; el disimulo y ocultamiento del dispositivo represivo y el intento de invisibilizaci&oacute;n de la disidencia, en el segundo. En ambos, la desaparici&oacute;n de personas se orient&oacute; a la eliminaci&oacute;n f&iacute;sica de una disidencia pol&iacute;tica considerada &ldquo;amenazante&rdquo; y &ldquo;contaminante&rdquo; (como un virus) para la salud de la naci&oacute;n, que deb&iacute;a ser, por lo tanto, aislada y eliminada, en pr&aacute;cticas claramente inmunitarias. En esos dos casos, el Estado se encarg&oacute; directamente de seleccionar qui&eacute;nes deb&iacute;an morir y qui&eacute;nes pod&iacute;an seguir viviendo, en ejercicio de su &ldquo;derecho de muerte&rdquo;, propio de las soberan&iacute;as. El Estado como tal mont&oacute;, sostuvo y control&oacute; los dispositivos desaparecedores complejos, lo que incluy&oacute; la administraci&oacute;n de campos de concentraci&oacute;n, centros clandestinos de exterminio administrados por las agencias de seguridad del Estado y tecnolog&iacute;as especializadas en la desaparici&oacute;n de los cuerpos. Aunque el Estado, de manera central, fue la instancia que dise&ntilde;&oacute; y ejecut&oacute; el plan desaparecedor, lo neg&oacute;, intentando ocultarse, dar un paso hacia la sombra, tomar distancia y eludir su responsabilidad, ya que este procedimiento era incompatible con el discurso hegem&oacute;nico, en cualquiera de los casos. Lo cierto es que el Estado recurri&oacute; entonces a pr&aacute;cticas claramente tanatopol&iacute;ticas, muy diferentes de las actuales, pero estren&oacute; en nuestro continente un dispositivo desaparecedor de personas que persiste, aunque bajo otras modalidades y otra gubernamentalidad.
    </p><p class="article-text">
        Por fin, todas estas pr&aacute;cticas biopol&iacute;ticas de desaparici&oacute;n de lo social, de lo vital, de lo funcional para el mercado y lo disfuncional para la pol&iacute;tica, de lo disidente, remiten a la experiencia m&aacute;s radical de desaparici&oacute;n y biopol&iacute;tica &ndash;bajo su modalidad tanatopol&iacute;tica&ndash; del siglo XX: los campos de concentraci&oacute;n nazis, a los que me refiero en el cap&iacute;tulo 1. Al respecto, me centro en el minucioso an&aacute;lisis realizado por Hannah Arendt, quien, desde mi punto de vista, echa luz sobre coordenadas pol&iacute;ticas que, siendo muy diferentes a las actuales, sin embargo resuenan muy claramente con estas. Es significativa su insistencia en el hecho de que el advenimiento del nazismo ocurri&oacute; ante una crisis generalizada del sistema pol&iacute;tico, cultural y moral de la Europa de su tiempo, semejante al momento actual en que todo el orden vigente de Occidente &ndash; Estado, derecho, partidos, normas tradicionales, valores morales, cultura&ndash; est&aacute; en justo entredicho. Tambi&eacute;n son inquietantes ciertos rasgos que Arendt define como totalitarios y que se replican en las &ldquo;democracias&rdquo; actuales pero, sobre todo, su advertencia en el sentido de que el totalitarismo solo tendr&iacute;a una verdadera posibilidad de realizaci&oacute;n en un mundo global, como el que existe en la actualidad. Asimismo, sus observaciones sobre los campos de concentraci&oacute;n, al igual que las de algunos sobrevivientes &ndash; como Primo Levi o Bruno Bettelheim&ndash;, permiten que nos asomemos a pr&aacute;cticas brutales que, sin embargo, y aunque bajo otras modalidades, siguen vigentes y nos advierten sobre sus implicaciones &uacute;ltimas.
    </p><p class="article-text">
        El aislamiento comunicacional y social al que se someti&oacute; a los prisioneros de los campos de concentraci&oacute;n resuena en los intentos actuales de disoluci&oacute;n de lo social y de control radical y vigilancia de las comunicaciones. La clasificaci&oacute;n, jerarquizaci&oacute;n y selecci&oacute;n de las personas remite de manera casi directa a las pr&aacute;cticas de abandono ya mencionadas, que tambi&eacute;n operan por selecci&oacute;n, aunque bajo una modalidad m&aacute;s biopol&iacute;tica que tanatopol&iacute;tica, como ocurri&oacute; en el caso de los campos de concentraci&oacute;n nazis. La normalizaci&oacute;n de la crueldad y la violencia &ndash; en especial, sobre los &ldquo;desechables&rdquo; de nuestro tiempo&ndash; tambi&eacute;n es un rasgo com&uacute;n que se vincula con la deshumanizaci&oacute;n del otro, aunque cambie sobre aquellos a quienes se dirige, y pase de una identificaci&oacute;n racial del otro a la estigmatizaci&oacute;n social y &eacute;tnica. La reducci&oacute;n de lo humano a lo biol&oacute;gico presente entonces en el racismo se manifiesta ahora en las pr&aacute;cticas de explotaci&oacute;n sexual y laboral hasta la extenuaci&oacute;n y el desecho de la persona, como ocurre en las desapariciones actuales. Todas estas &ndash;y otras&ndash; son pr&aacute;cticas que han mutado, pero que de manera diferente se replican, sin embargo, en nuestras sociedades y vinculan las tanatopol&iacute;ticas de desaparici&oacute;n totalitarias del nazismo con algunas pr&aacute;cticas biopol&iacute;ticas de nuestro tiempo, siempre m&aacute;s disimuladas y elusivas pero no menos crueles ni efectivas. Por fin, las tres categor&iacute;as analizadas por Arendt &ndash;imperialismo, antisemitismo y totalitarismo&ndash;, a la luz de las coordenadas actuales nos remiten al colonialismo, el racismo y el autoritarismo, categor&iacute;as clave para comprender este primer cuarto del siglo XXI. Todo ello evidencia la actualidad de Arendt, quien, sin hablar expl&iacute;citamente de biopol&iacute;ticas, las describe y analiza con extraordinaria agudeza, recorriendo sus distintos niveles, de lo supranacional a lo nacional, lo pol&iacute;tico y lo social. Si bien Arendt limita la categor&iacute;a de totalitarismo a fen&oacute;menos muy espec&iacute;ficos, como el nazismo y el estalinismo, tambi&eacute;n es cierto que advierte sobre el peligro de sus eventuales replicaciones, en especial en un contexto de globalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El orden de exposici&oacute;n del libro es inverso al de esta presentaci&oacute;n. Inicia con la experiencia m&aacute;s antigua, de pr&aacute;cticas marcadamente tanatopol&iacute;ticas, para desplegar la transici&oacute;n paulatina hacia formas cada vez m&aacute;s claramente biopol&iacute;ticas de abandono de la vida, como las vigentes en la actualidad. Asimismo, me interesa mostrar c&oacute;mo ese proceso se acompa&ntilde;a de cierta retirada del protagonismo del Estado por un cambio de gubernamentalidad que transita de lo totalitario al autoritarismo neoliberal y del antisemitismo a un racismo colonial preexistente, persistente y mucho m&aacute;s abarcador. Por eso, inicio con el an&aacute;lisis de la experiencia desaparecedora nazi, centrada en la &ldquo;contaminaci&oacute;n racial&rdquo; para la supuesta protecci&oacute;n de las vidas arias. Contin&uacute;o con las pol&iacute;ticas desaparecedoras de la lucha &ldquo;antisubversiva&rdquo;, orientadas a eliminar la &ldquo;contaminaci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo; en &ldquo;defensa&rdquo; de la sociedad por parte de un Estado m&aacute;s elusivo, para arribar al inmunitarismo pospand&eacute;mico.  En este se extiende la categor&iacute;a de agente contaminante casi a cualquier &ldquo;otro&rdquo;, tratando de incrementar el aislamiento de los cuerpos y de propiciar la desaparici&oacute;n de la pol&iacute;tica y lo social, en aras del control y la selecci&oacute;n de todas las formas de vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Calveiro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/matar-morir-biopoliticas-seleccion-vida_129_12777657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2025 14:34:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De matar a dejar morir: biopolíticas de selección de la vida]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[“Think tanks”, dinero y batalla cultural: cómo es la estructura oculta del libertarismo en América Latina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/think-tanks-dinero-batalla-cultural-estructura-oculta-libertarismo-america-latina_1_12741950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/326bad5f-0082-423c-bf13-a496d3cb23d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x3255y1283.jpg" width="1200" height="675" alt="“Think tanks”, dinero y batalla cultural: cómo es la estructura oculta del libertarismo en América Latina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La periodista Soledad Vallejos acaba de publicar el libro “Los dueños de la libertad”, una exhaustiva investigación que reconstruye los últimos 70 años en la historia libertaria, desde los albores de la Guerra Fría hasta la presidencia de Javier Milei en Argentina. A continuación, un adelanto del primer capítulo que lleva como título “Un millón de amigos” y salió por la editorial Sudamericana.
</p></div><p class="article-text">
        Este presente comenz&oacute; a tejerse en los albores de la Guerra Fr&iacute;a. El ascenso global del liberalismo y el movimiento conservador no arranc&oacute; en 2020. <strong>No se debi&oacute; a la pandemia, aunque, por las condiciones in&eacute;ditas en las que transcurri&oacute; la vida cotidiana durante esos meses, la circunstancia pudo haber sido un acelerador</strong>.
    </p><p class="article-text">
        No pasa, ni pas&oacute;, solamente en la Argentina. <strong>Es una experiencia transnacional y configura redes.</strong> Mejor dicho, es posible gracias a esas redes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La periodista Soledad Vallejos acaba de publicar el libro &quot;Los dueños de la libertad&quot;.                            </span>
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        Hubo otras palabras, otros modos, nombres que no resonaban hasta entonces. Eso que durante la campa&ntilde;a presidencial de 2023 en la Argentina pod&iacute;a parecer ruido disperso, <strong>el d&iacute;a en que Javier Milei gan&oacute; el cargo tuvo una l&oacute;gica</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Lo que dec&iacute;a resultaba tan inusual que despertaba esc&aacute;ndalo, sorpresa, incluso indignaci&oacute;n y risas. Como diputado primero y como candidato a presidente despu&eacute;s, habl&oacute; de &ldquo;escuela austr&iacute;aca&rdquo;, de &ldquo;anarcocapitalismo&rdquo;. Una vez le preguntaron si estaba de acuerdo con la venta de &oacute;rganos humanos, y dijo que s&iacute;, porque era &ldquo;un mercado m&aacute;s&rdquo;. Otro d&iacute;a respondi&oacute; &ldquo;depende&rdquo; a la siguiente pregunta: &ldquo;&iquest;Est&aacute; a favor de la venta de ni&ntilde;os?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Result&oacute; que no era ruido, sino m&uacute;sica. Una m&uacute;sica que tiene sentido, que a alguien le habla, que dice, y mucho, a cierto n&uacute;mero de gente. Ah&iacute; hab&iacute;a una partitura.
    </p><p class="article-text">
        El comienzo de esa presidencia era solo la punta del ovillo, tirando del hilo ten&iacute;a que haber m&aacute;s. M&aacute;s para entender, para escuchar, para preguntar, para intentar dar sentido a un mundo que, repentinamente, parec&iacute;a funcionar seg&uacute;n otras reglas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el presente quema, a veces conviene buscar d&oacute;nde empez&oacute;. Rastrear esa construcci&oacute;n que comenz&oacute; en el pasado, pero no es pieza de museo ni est&aacute; muerta. A fin de cuentas, el pasado nunca se va, nunca termina del todo, siempre est&aacute; aqu&iacute; tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El artista polirrubro <strong>Federico Manuel Peralta Ramos</strong> dec&iacute;a: &ldquo;Pint&eacute; sin saber pintar, escrib&iacute; sin saber escribir, cant&eacute; sin saber cantar. La torpeza repetida se transforma en mi estilo&rdquo;. Es una idea que ilumina, advierte que siempre hay un patr&oacute;n. Hay que tomar nota de las repeticiones. Prestar atenci&oacute;n a los a&ntilde;os, los lugares, las relaciones que parecen &mdash;tambi&eacute;n&mdash; repetirse entre nombres de personas &mdash;al parecer&mdash; desconocidas. Y s&iacute;, ah&iacute; hay un patr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En &ldquo;Los intelectuales y el socialismo&rdquo;, un ensayito de 1949 que think tanks y fundaciones liberales de todo el mundo convirtieron en or&aacute;culo e inspiraci&oacute;n, F. A. Hayek, uno de los referentes de la escuela austr&iacute;aca, analiz&oacute; c&oacute;mo &ldquo;las opiniones de los intelectuales influyen en la pol&iacute;tica del ma&ntilde;ana&rdquo;. <strong>El futuro se cifraba en esa f&aacute;brica de modos de pensar, no en las nimiedades pol&iacute;ticas del d&iacute;a a d&iacute;a. </strong>Hab&iacute;a que lograr influencia desde el inicio: los intelectuales, &ldquo;int&eacute;rprete profesional de ideas&rdquo;, &ldquo;vendedores de segunda mano de ideas&rdquo;. Hab&iacute;a que construirlos desde cero, porque todos los intelectuales existentes ya estaban perdidos, hab&iacute;an sido ganados por el &ldquo;socialismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las ideas ante todo.
    </p><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os antes, Hayek se lo hab&iacute;a dicho tambi&eacute;n a un lector entusiasta, un joven que hab&iacute;a ido a golpearle la puerta para pedirle opini&oacute;n: &iquest;Ten&iacute;a sentido que se involucrara en pol&iacute;tica para combatir en la arena p&uacute;blica a favor de la raz&oacute;n liberal? El lector <strong>Antony Fisher</strong> sali&oacute; de esa charla decidido a cambiar el mundo a la manera austr&iacute;aca. Fue un empresario que amas&oacute; millones y los dedic&oacute; a la causa, creador del primer think tank ingl&eacute;s y tambi&eacute;n fundador, en los Estados Unidos, de lo que ser&iacute;a una gran red global para atar cabos de influencia.
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                    alt="Vallejos llevó adelante una exhaustiva investigación alrededor de fundaciones, think tanks y publicaciones libertarias de los últimos 70 años."
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            <span class="title">
                Vallejos llevó adelante una exhaustiva investigación alrededor de fundaciones, think tanks y publicaciones libertarias de los últimos 70 años.                            </span>
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        Los libertarios constitu&iacute;an un grupo marginal, que sosten&iacute;a una perspectiva radical de la econom&iacute;a con escaso arraigo en la academia y la pol&iacute;tica. Eran pocos pero persistentes. Y ten&iacute;an acceso a fondos, porque algunos de esos pocos eran magnates con alma de fil&aacute;ntropos. Especialmente cuando se trataba de sembrar viento a favor de la libertad de empresa y el individualismo.
    </p><p class="article-text">
        Las ideas de la escuela austr&iacute;aca nacieron en Europa en el siglo XIX, pero maduraron &mdash;exilios y Segunda Guerra Mundial mediante&mdash; en los Estados Unidos en el siglo XX. Se desparramaron en el continente americano, fueron y vinieron entre Am&eacute;rica y Europa. Hoy, en el siglo XXI, sus partidarios parecen estar distribuidos por todo el planeta y ser &mdash;por lo menos&mdash; miles.
    </p><p class="article-text">
        Entre un momento y otro, la gran manta del liberalismo englob&oacute; tribus: la austr&iacute;aca, la individualista, la que ve&iacute;a en el Estado de bienestar el germen del fascismo, la norteamericana que en la d&eacute;cada de 1970 encontr&oacute; en el Partido Libertario una bandera, pero hab&iacute;a comenzado mucho antes, tanto que los relatos de La peque&ntilde;a casa de la pradera, los de la familia Ingalls, son parte de la mitolog&iacute;a propia. (La periodista Rose Wilder Lane, hija de Laura Ingalls, reescribi&oacute; los manuscritos de su madre para fortalecer el perfil de &eacute;pica libertaria en la historia).
    </p><p class="article-text">
        El puente entre ese peque&ntilde;o universo e Iberoam&eacute;rica fue un pu&ntilde;ado de argentinos, guatemaltecos, mexicanos, espa&ntilde;oles. As&iacute; naci&oacute;, en parte, este presente.
    </p><p class="article-text">
        La etiqueta definitiva es dif&iacute;cil de decidir: &iquest;liberales?, &iquest;liberales cl&aacute;sicos?, &iquest;libertarios?, &iquest;anarcocapitalistas? Son identidades complejas. <strong>En la Argentina, en particular, la historia contempor&aacute;nea propicia asociaciones conflictivas</strong>. &ldquo;Liberalismo&rdquo; es un t&eacute;rmino que ha sonado en relaci&oacute;n con la d&eacute;cada de 1990 cuando el presidente constitucional lleg&oacute; al poder como peronista, pero aplic&oacute; medidas tradicionalmente propuestas por los liberales (desregulaciones, privatizaci&oacute;n de empresas estatales, entre otras). Por esa &eacute;poca, una compilaci&oacute;n publicada por una organizaci&oacute;n norteamericana que hoy ya no existe &mdash;Fighting the War of Ideas in Latin America, del National Center for Policy Analysis, que buscaba &ldquo;desarrollar y promover alternativas privadas a la regulaci&oacute;n y el control gubernamental&rdquo;&mdash; se esperanzaba: &ldquo;En la Argentina, ni siquiera los marxistas recomiendan ya la creaci&oacute;n de m&aacute;s corporaciones estatales&rdquo;. En el mismo volumen, un recuento serv&iacute;a como panorama hist&oacute;rico, a grandes rasgos: &ldquo;Con demasiada frecuencia, las actitudes de Estados Unidos hacia Latinoam&eacute;rica var&iacute;an desde la opini&oacute;n de que &lsquo;la situaci&oacute;n es desesperada&rsquo; hasta la de que podemos &lsquo;comprar la lealtad de los pa&iacute;ses latinoamericanos con d&oacute;lares de ayuda exterior&rsquo;. Cuando la ayuda exterior falla, invariablemente recurrimos al env&iacute;o de armas. En ning&uacute;n momento se ha considerado seriamente involucrarse en una guerra de ideas&rdquo;. Esa &ldquo;guerra&rdquo;, propuesta por entonces de manera sistem&aacute;tica, fue la que sembr&oacute; &ldquo;organizaciones de investigaci&oacute;n independientes&rdquo; con sus &ldquo;conferencias, sesiones informativas y seminarios para periodistas, profesores, empresarios y organizadores pol&iacute;ticos&rdquo;, adem&aacute;s de la formaci&oacute;n de &ldquo;nuevos partidos pol&iacute;ticos con el prop&oacute;sito expreso de promover pol&iacute;ticas liberales cl&aacute;sicas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Liberalismo&rdquo; ha sonado, tambi&eacute;n, con relaci&oacute;n a la &uacute;ltima dictadura, algo tradicionalmente silenciado &ldquo;porque es una herida muy profunda&rdquo;, me dijo un entrevistado. <strong>De eso no se habla porque toca a las familias de muchos activistas del presente</strong>: &ldquo;Pr&aacute;cticamente no hubo un liberal en la Argentina del 76 que no se metiera con el Proceso [de Reorganizaci&oacute;n Nacional, como fue autodenominado por los militares responsables del golpe de 1976]. Lo apoyaron y adem&aacute;s ocuparon puestos en el gobierno, menores pero ocuparon&rdquo;. Cuando empez&oacute; a ser innegable que operaba una represi&oacute;n clandestina y sangrienta, en el mundillo no vol&oacute; una mosca.&nbsp;&ldquo;&iquest;Y c&oacute;mo te posicion&aacute;s en una Argentina en la que la izquierda, por un lado, te acusa de ser un genocida y, por el otro lado, intent&aacute;s ser un liberal moderado que dice: &lsquo;S&iacute;, comprendo c&oacute;mo surgi&oacute; el Proceso, pero no soy peronista&rsquo;, y a la vez distanciarte? Es muy dif&iacute;cil&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es muy dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Algo m&aacute;s tambi&eacute;n escuch&eacute;. Fue en una reuni&oacute;n de liberales de toda la vida. Gente grande que se conoce desde la juventud. Gente que habla de &ldquo;las ideas&rdquo; y <strong>celebr&oacute; la llegada a la presidencia de Javier Milei</strong>. Hab&iacute;a transcurrido un a&ntilde;o del gobierno libertario en la Argentina y estaban preocupados por lo que entend&iacute;an como una deriva autoritaria. &ldquo;Es fascismo de mercado&rdquo;, dijo uno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        A cada protagonista de esta historia al que le ped&iacute; entrevista le dije &mdash;o escrib&iacute;&mdash; lo siguiente: &ldquo;La investigaci&oacute;n parte de la pregunta sobre c&oacute;mo fue posible este momento de fortalecimiento del liberalismo a nivel mundial. Quiero contar c&oacute;mo el trabajo de a&ntilde;os de distintos think tanks, intelectuales, non-profits y elaboraci&oacute;n acad&eacute;mica, entre otras cosas, ciment&oacute; el camino para ese crecimiento&rdquo;. A veces la respuesta fue un s&iacute;, con su horario, d&iacute;a, lugar. Otras veces, una o m&aacute;s citas &mdash;seg&uacute;n la desconfianza&mdash; para un caf&eacute;, una charla previa, casi un filtro; &iquest;val&iacute;a la pena arriesgarse a hablar con una periodista ajena al mundillo? Muchas veces sigui&oacute; otro encuentro, una, varias entrevistas.
    </p><p class="article-text">
        Hay un mundo que desde afuera parece monol&iacute;tico y es en realidad heterog&eacute;neo, plural, con distintos espacios y recorridos. <strong>Es un universo de fundaciones, grupos y trayectorias intelectuales y personales. </strong>Aqu&iacute; aparecen nombres poco conocidos, o jam&aacute;s nombrados en las noticias, pero son los aut&eacute;nticos predicadores de las ideas en la Argentina, desde mediados del siglo pasado, hace m&aacute;s de setenta a&ntilde;os, y siguen siendo protagonistas de esta historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>SV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Soledad Vallejos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/think-tanks-dinero-batalla-cultural-estructura-oculta-libertarismo-america-latina_1_12741950.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Nov 2025 03:02:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Think tanks”, dinero y batalla cultural: cómo es la estructura oculta del libertarismo en América Latina]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las cartas de mi amigo el Papa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/cartas-amigo-papa_129_12715088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fff58f87-1b71-401d-995c-1b376ea9918e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las cartas de mi amigo el Papa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La amistad no se negocia" es el libro que acaba de publicar el dirigente social y presidente de la Fundación Alameda, donde recopila las correspondencia que mantuvo con su amigo Jorge Bergoglio.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Predicar con el ejemplo, servir al pueblo y la &eacute;tica social en el ejercicio del poder</strong>
    </p><p class="article-text">
        El legado del <strong>Papa Francisco</strong> tiene varias dimensiones, entre las cuales hay una que se destaca y trasciende al mundo cat&oacute;lico, siendo reconocida incluso por sus adversarios: su concepci&oacute;n del poder como servicio al pr&oacute;jimo, su predicar con el ejemplo y la coherencia entre lo que se dice y lo que se vive, adem&aacute;s de la extraordinaria humildad con la que ejerci&oacute; su magisterio y su rol de jefe de Estado. En tiempos donde figuras como el Papa Francisco o, desde el mundo no creyente, el <strong>&ldquo;Pepe&rdquo; Mujica</strong> nos interpelan sobre la &eacute;tica social en el ejercicio del poder, quisiera compartir algunos consejos que me ense&ntilde;aron a ser mejor samaritano y servidor del pueblo. Hay varias reglas que siempre me recordaba y que tom&eacute; al pie de la letra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. &ldquo;Nunca ver&aacute;s un cami&oacute;n de mudanzas detr&aacute;s de un cortejo f&uacute;nebre&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa era una frase recurrente en Francisco aludiendo a que estamos de paso por la Tierra para dejar las cosas mejor de lo que las encontramos para las futuras generaciones. Cuando se tiene alguna responsabilidad pol&iacute;tica, sindical o social, no es para el provecho propio ni para acumular, sino para servir al pr&oacute;jimo. En una carta que me envi&oacute; el 30 de agosto de 2020, recordando al padre Bachi, Francisco me dec&iacute;a: &ldquo;Marc&oacute; un sendero, hizo un camino y dej&oacute; el pellejo. Me viene a la mente el verso de San Juan de la Cruz: &lsquo;en el final de tus d&iacute;as, te examinar&aacute;n sobre el amor&rsquo;. Y este hombre am&oacute; en serio y dio testimonio de amor&rdquo;. (30.08.20) Cuando tuve la responsabilidad de ser diputado de la Ciudad de Buenos Aires, me propuse dedicarme full time a servir a los vecinos y devolver, ante escribano p&uacute;blico, el 60 % de mi salario para quedarme con el salario equivalente al de un director de escuela u hospital. Me parec&iacute;a totalmente arbitrario que un legislador ganar&aacute; ocho o diez veces m&aacute;s que un trabajador promedio. Propuse que los legisladores ganaran lo mismo que un director de escuela o de hospital, que ten&iacute;an enormes responsabilidades y ganaban much&iacute;simo menos que los diputados. Lamentablemente, perd&iacute; 48 a 4. No obstante, segu&iacute; fiel a mis convicciones, devolviendo ese 60 % a organizaciones de la sociedad civil que lo necesitaban (orquestas infantiles, parroquias, clubes, escuelas, scouts, etc.), y nunca a La Alameda, porque no consideraba serio donar ese dinero a mi propia organizaci&oacute;n. Durante esos a&ntilde;os, fueron numerosas las cartas del Papa Francisco apoyando y empujando esa iniciativa: &ldquo;El gesto de donar gran parte de tu sueldo ayuda a todos&rdquo;. (11.02.14) Un mes despu&eacute;s, en otra carta, me dec&iacute;a: &ldquo;Gracias por tus correos&hellip; y gracias por el ejemplo. Donar el sueldo no es mera caridad, es tambi&eacute;n justicia. Gracias&rdquo;. (18.03.14) Cuando ya se debat&iacute;a p&uacute;blicamente el proyecto de equiparar los salarios, me escribi&oacute;: &ldquo;Cunde el ejemplo por las donaciones de los sueldos. Los bolsillos chillan. Est&aacute;n acostumbrados a recibir y guardar&hellip; no a dar&rdquo;. (18.05.14) Y luego de la votaci&oacute;n, cuando el proyecto fue rechazado: &ldquo;Bueno lo de avergonzar a los otros con la propia conducta. Jes&uacute;s dec&iacute;a que era como ponerles un brasero en la cabeza&rdquo;. (21.12.14)
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                    alt="&quot;La amistad no se negocia&quot;, el libro que Gustavo Vera con las cartas que mantuvo con el Papa Francisco."
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                &quot;La amistad no se negocia&quot;, el libro que Gustavo Vera con las cartas que mantuvo con el Papa Francisco.                            </span>
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        <strong>2. Cuanto m&aacute;s alto, m&aacute;s bajo</strong>
    </p><p class="article-text">
        El segundo consejo que qued&oacute; grabado en mi coraz&oacute;n es que cuanto m&aacute;s responsabilidad tenemos en lugares dirigenciales, m&aacute;s humildes debemos ser y m&aacute;s tenemos que esforzarnos por predicar con el ejemplo. En suma, en &ldquo;no cre&eacute;rsela&rdquo;. Jorge lo graficaba con un simple ejemplo: &ldquo;Cuando vas subiendo la escalera, saluda a todos los que encontraste en el camino. Son los mismos que vas a ver cuando bajes&rdquo;. En las v&iacute;speras de asumir como diputado, el padre Jorge me escribi&oacute;: &ldquo;El desaf&iacute;o ahora est&aacute; en no perder el &lsquo;estilo&rsquo;, en no dejarse &lsquo;almidonar&rsquo; por las nuevas formas que te propondr&aacute;n, en no perder el &lsquo;sexto sentido&rsquo;, en que no te dibujen otro rostro&rdquo;. (17.08.13) Recordando sus consejos en Buenos Aires el 29 de enero del 2015 le escrib&iacute;: &ldquo;Leyendo el cap&iacute;tulo de los Romanos, me detuve en la rama injertada que no tiene que cre&eacute;rsela; que no debe olvidarse nunca por qu&eacute; est&aacute; all&iacute;; que si las ramas naturales fueron barridas por alejarse del camino, con mucho m&aacute;s raz&oacute;n lo ser&aacute; la rama injertada sino permanece en el camino de la bondad. Es una gran verdad. Y si bien s&eacute; que soy apenas un pe&oacute;n en el tablero infinito de fichas cumpliendo la millon&eacute;sima parte de una misi&oacute;n, no tengo miedo de apartarme del camino, porque no me sale la maldad y porque mi madre siempre me ense&ntilde;&oacute; a buscar por sobre todas las cosas la verdad, por m&aacute;s dolorosa que sea&rdquo;. Francisco respondi&oacute;: &ldquo;Bueno lo del injerto. Si nos olvidamos de esto nos creemos el &aacute;rbol&hellip; y terminamos siendo maleza. Y de all&iacute; el &lsquo;cuanto m&aacute;s alto, m&aacute;s bajo&rsquo;. Para los jesuitas el camino de la vida nuestra puede definirse as&iacute;: progresar es abajarse&rdquo;. (02.02.15) En 2014, cuando denunciamos p&uacute;blicamente numerosos nichos de corrupci&oacute;n y negociados que descubrimos dentro del palacio legislativo y ten&iacute;amos ganas de mandar todo al demonio, el padre Jorge me escribi&oacute;: &ldquo;Alguna vez le&iacute; que el infierno era un gran pantano de mierda&hellip; y eso me hace pensar que, en nuestro camino, tenemos que atravesar esos pantanos&hellip; Nuestra gente sencilla lo dice cuando le toca vivirlo: esto es un infierno. Es verdad. Pero hay otra verdad tambi&eacute;n, la de la semilla chiquita que termina siendo &aacute;rbol grande que da cobijo a los p&aacute;jaros, o una espiga de trigo que alimenta. Tu testimonio es una semilla. No la pierdas y no la plantes en ese pantano. Plantala en el coraz&oacute;n de nuestro pueblo. &Eacute;l la cuidar&aacute; y la har&aacute; crecer. Tu testimonio es esperanzador. Acompa&ntilde;o tu semilla, tu mano dudosa de si vale la pena sembrar o mandar todo al pantano, y rezo&rdquo;. (01.06.14)
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Abrir procesos antes que ocupar espacios</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este consejo tan conocido del Papa Francisco y recordado en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica&nbsp;<em>Evangelii Gaudium</em>&nbsp;tambi&eacute;n estaba presente en su vida cotidiana. Frente a la corrupci&oacute;n, los c&oacute;digos de omert&agrave; y en algunos casos la mafiosidad, el padre Jorge dec&iacute;a: &ldquo;Es incre&iacute;ble la cultura de la omert&agrave; en la que hemos ca&iacute;do. La cosa duele. Rezo por vos para que tu testimonio d&eacute; fruto. Vos sos legislador no para ocupar un espacio sino para iniciar procesos, por eso hay que acompa&ntilde;arte&rdquo;. (23.04.14) Dejando en claro que no estaba all&iacute; para eternizarme en un sill&oacute;n, sino para dejar testimonio. En una oportunidad, despu&eacute;s de haber denunciado a un funcionario que habilitaba prost&iacute;bulos que hab&iacute;an sido clausurados, el Papa Francisco me recordaba: &ldquo;No me extra&ntilde;a lo del funcionario que patrocinaba jur&iacute;dicamente la explotaci&oacute;n sexual. Se instal&oacute;, con los a&ntilde;os y en todas partes, una suerte de doble pertenencia: el delito y a la ley&hellip; y conviven naturalmente en la misma persona. Es un signo de grave decadencia. Y tu lucha hace tomar conciencia de esta monstruosidad de dos cabezas. Tu segundo mail me trajo a la memoria un rengl&oacute;n de los &lsquo;Hechos de los Ap&oacute;stoles&rsquo;: &lsquo;en aquel tiempo se desat&oacute; una persecuci&oacute;n en toda Jerusal&eacute;n&rsquo;. La persecuci&oacute;n de los corruptos a los profetas es un cl&aacute;sico y, por otro lado, es la marca en el orillo de que la cosa anda bien. Mi palabra en este momento es que te acompa&ntilde;o y estoy cerca tuyo, y de coraz&oacute;n. Mi consejo es el mismo que el Profeta les da a los jud&iacute;os en una situaci&oacute;n parecida a la tuya: &lsquo;vigilancia y calma&rsquo;&rdquo;. (27.10.13)
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Construir puentes y derribar muros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, nuestras sistem&aacute;ticas denuncias no solo a la trata y el trabajo esclavo y sus complicidades pol&iacute;ticas y judiciales, sino tambi&eacute;n a los negociados inmobiliarios, los sobreprecios, los nichos de corrupci&oacute;n que descubr&iacute;amos desde la legislatura mientras segu&iacute;amos devolviendo el salario y dando testimonio, sumado a los coloquios que organizamos con jueces y fiscales, la construcci&oacute;n de la mesa &ldquo;Laudato si&rsquo; - Modelo Nacional&rdquo; o el trabajo con el &ldquo;Pacto de Padua&rdquo; con los intendentes, tuvieron su &ldquo;vuelto&rdquo;. Y comenzaron campa&ntilde;as feroces en varios medios de comunicaci&oacute;n masivos que dec&iacute;an que hab&iacute;a sido expulsado del Vaticano, que hab&iacute;a mucho malestar del Papa con mis actitudes, que me hab&iacute;an ordenado &ldquo;bajar mi perfil&rdquo; y desautorizaron mis denuncias. El 5 de julio del 2016, el Papa Francisco escribi&oacute; una extensa carta en la que puso en rid&iacute;culo todas esas calumnias: &ldquo;Querido hermano: Predicar con viento en contra es lo que, en definitiva, caracteriza al profeta. A veces pudieron hacerlo con viento a favor, pero Jes&uacute;s les recuerda a los doctores de su tiempo que sus antepasados persiguieron, calumniaron y mataron los profetas&hellip; y ellos ahora les hacen monumentos para blanquear la historia&hellip; Tu actitud y tu actividad constructiva aparecen por todas partes&hellip; pero sucede lo de siempre: cuando ven a alguien que construye puentes les da miedo. Siempre es m&aacute;s f&aacute;cil delimitar espacios haciendo muros; as&iacute; se evita el &lsquo;contagio&rsquo; y se instaura un procedimiento de &lsquo;desclase&rsquo; y selecci&oacute;n de personas. Tambi&eacute;n Jes&uacute;s denunci&oacute; esto: &rdquo;Te doy gracias Se&ntilde;or porque no soy como los dem&aacute;s pecadores, ni como ese publicano&ldquo;. Las elites selectivas le tienen terror al hecho concreto de que todos somos hijos de Dios, iguales ante la justicia y con los mismos derechos. Creo que la &rdquo;frase venenosa&ldquo; es un coqueteo literario (refiri&eacute;ndose a un art&iacute;culo de Joaqu&iacute;n Morales Sol&aacute; en La Naci&oacute;n). M&aacute;s a&uacute;n dudo que sea del autor, el cual sabe que sos mi amigo, y lo dije y lo digo y te hospedas aqu&iacute;. Eso s&iacute;: te tienen miedo porque no solo denuncias sino que constru&iacute;s. Me viene, al final, una frase muy argentina: &rdquo;prender el ventilador&ldquo;&hellip; Creo que al &rdquo;operativo de prensa&ldquo; organizado por algunos colaboradores del oficialismo le cabe perfectamente. Despu&eacute;s de todo, y lo digo con tristeza, desparraman lo que tienen en el coraz&oacute;n. Levantar muros y ensuciar a los otros, aqu&iacute; son sin&oacute;nimos. Gracias por tu trabajo&rdquo;. (05.07.16) En v&iacute;speras de la Pascua de 2017, le escrib&iacute; al padre Jorge lo importante que era para m&iacute; rezar para tener siempre presente lo que nos ped&iacute;a el ap&oacute;stol San Pedro: &ldquo;Pedro nos pide 1) Desprendimiento y servicio al otro; 2) Paciencia y pedagog&iacute;a para contener al pueblo y no tiran&iacute;a; 3) Humildad y ejemplaridad como pastores; 4) Sobriedad y alerta porque el Diablo siempre nos quiere desviar del camino; 5) Fe y firmeza para atravesar las dificultades y padecimientos porque el Se&ntilde;or nos restablecer&aacute; y fortalecer&aacute; cuando sea la hora&rdquo;. Al d&iacute;a siguiente, el Padre Jorge respond&iacute;a: &ldquo;Gracias por tus augurios pascuales y por el regalo de recordarnos las 10 actitudes que nos pide Pedro. Son actitudes para construir comunidad, actitudes que nacen del amor&rdquo;. (15.04.17)
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. De la periferia al centro y de abajo hacia arriba</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el 2018 ya nuevamente como militante raso, cuando recorr&iacute;a el pa&iacute;s de Ushuaia a la Quiaca ayudando a construir decenas de multisectoriales en la resistencia a los ajustes neoliberales y le contaba a Jorge todo lo que aprend&iacute;a de sus culturas y las diversas formas en que se ve&iacute;a la Patria desde cada rinc&oacute;n, &eacute;l me record&oacute; a Rodolfo Kush y al profeta Amos para subrayar c&oacute;mo deb&iacute;a ser el perfil de un dirigente: &ldquo;Y es verdad &rdquo;el ser nacional&ldquo; lo vamos a encontrar en la Argentina profunda, all&iacute; donde fuiste vos. Me ayud&oacute; mucho a comprender esto la lectura de la obra de Kush. Acompa&ntilde;ar al pueblo, interpretar su sabidur&iacute;a, corregir las cosas que lo apartan en su camino de poder desarrollar este ser interior y profundo, esa sabidur&iacute;a, es el papel de todo dirigente. Cuando al profeta Amos le dec&iacute;an que era un profeta, respond&iacute;a &rdquo;no soy profeta, ni hijo de profeta&ldquo;&hellip; &rdquo;a m&iacute; me sacaron de atr&aacute;s del reba&ntilde;o&ldquo;. Ese es el perfil de un dirigente que respeta, ama e interpreta a su pueblo&rdquo;. (15.10.18) Tres a&ntilde;os despu&eacute;s segu&iacute;a recorriendo la Argentina, ahora como Director del Comit&eacute; Ejecutivo de Lucha contra la Trata y Explotaci&oacute;n de Personas y segu&iacute;a cont&aacute;ndole a Jorge las experiencias por el interior de la Patria. En una oportunidad Francisco me escribi&oacute;: &ldquo;Me gusta eso de trabajar de costurero en la Patria Profunda&rdquo;. (20.06.21)
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Asumir los grandes desaf&iacute;os sin perder los peque&ntilde;os detalles</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como me lo expres&oacute; en reiteradas cartas, para Jorge lo esencial era el pensamiento estrat&eacute;gico, pero sin dejar de tener un cable a tierra con las ra&iacute;ces y los afectos. As&iacute; me lo expres&oacute; el 20 de diciembre de 2021: &ldquo;Muchas gracias por tu correo, me alegro. Cuando vi las fotos (vos con tu madre y la flor) me vino a la mente una expresi&oacute;n medieval que se us&oacute; para describir la grandeza de ciertas personas hist&oacute;ricas: &lsquo;Non coerceri a maximo, contener tamen a minimo divinamente est&rsquo; que traducido significa: no asustarse de las grandes empresas (desaf&iacute;os) y a la vez tener en cuenta lo m&iacute;nimo (el detalle), esto es divino&rdquo;. (20.12.21) Dos a&ntilde;os despu&eacute;s vuelve a recordar la necesaria conexi&oacute;n entre los grandes desaf&iacute;os sociales y conectado a su vez con los afectos cotidianos: &ldquo;Gracias por tu correo con tres pilares, tu madre, tus hijos, tu obra. Y lo que me llama la atenci&oacute;n es que sobre los tres habl&aacute;s con ternura. Y esto es grande porque evoca el modo de ser de Dios. &Eacute;l nos habla con proximidad, misericordia y ternura. Y en tu madurez veo que sos una persona pr&oacute;xima a los problemas, &lsquo;sos comprensivo&rsquo; (misericordioso) con las debilidades humanas y ten&eacute;s ternura. Gracias por el testimonio&rdquo;. (16.12.23) Jorge me ense&ntilde;&oacute; y subray&oacute; numerosas veces que la cercan&iacute;a, la misericordia y la ternura no pueden faltar nunca en quienes tienen responsabilidades comunitarias o sociales. Sus ense&ntilde;anzas trascienden la pol&iacute;tica y el liderazgo; son un abrazo c&aacute;lido y firme que toca el alma de quienes tuvimos la bendici&oacute;n de sentirlo como gu&iacute;a, padre y amigo. En su figura encontr&eacute; un modelo de vida que ense&ntilde;a que el poder solo tiene sentido si se pone al servicio del otro, que la humildad no es signo de debilidad sino de grandeza aut&eacute;ntica, y que predicar con el ejemplo es la forma m&aacute;s genuina de transformar el mundo. &Eacute;l fue ese padre espiritual que supo escucharme en la duda, sostenerme en la tentaci&oacute;n de abandonar y recordarme siempre que el amor al pr&oacute;jimo debe ser la br&uacute;jula que gu&iacute;e mis acciones. Pero tambi&eacute;n fue amigo: cercano, sincero y lleno de afecto, que celebraba cada peque&ntilde;o logro y acompa&ntilde;aba cada derrota con fe y esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gustavo Vera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/cartas-amigo-papa_129_12715088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Oct 2025 03:02:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las cartas de mi amigo el Papa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa Francisco,Gustavo Vera]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/le-habran-hecho-manos-le-habran-hecho_129_12611208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d57c71bf-462e-44f3-91bc-68ed9a4af1fb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una novela que incomoda a la corrección política y desafía el molde del género: “Soy como el rey de un país lluvioso” (Interzona), de Edgardo Scott, despliega una escritura que rehúye la pacificación y apuesta a la belleza inquietante de la literatura. Más que un relato de asesinos seriales, es un texto que indaga en la ambigüedad, la ironía y las tensiones de nuestra época.</p></div><p class="article-text">
        Dicen que una catedral g&oacute;tica es un lugar donde un ateo se sentir&iacute;a inc&oacute;modo. M&aacute;s all&aacute; del juego con lo g&oacute;tico como est&eacute;tica o estetizaci&oacute;n (la tradici&oacute;n literaria, los consumos culturales, el g&eacute;nero musical), m&aacute;s all&aacute; de la incomodidad de los personajes con la creencia (el creer y la incredulidad, la confesi&oacute;n de la imposibilidad de creer son fundamentales aqu&iacute;), <em>Yo soy como el rey de un pa&iacute;s lluvioso </em>de Edgardo Scott es, sin dudas, un lugar donde la correcci&oacute;n pol&iacute;tica se sentir&aacute; inc&oacute;moda. Porque la valiente cr&iacute;tica social del libro es el acto de decir literariamente &#8213;como se ha sabido hacer desde hace m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os, desde una peque&ntilde;a ciudad alemana, justamente, ah&iacute; nom&aacute;s de donde empieza la novela&#8213; que no hay explicaciones, hay condiciones de posibilidad; que hay iron&iacute;as que son verdades salvajes y hay verdades salvajes que pueden ser dichas y o&iacute;das po&eacute;ticamente, a trav&eacute;s de una experiencia de lectura que no ofrece pacificaci&oacute;n, sino inquietud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V&eacute;ase la entrada del 2/9 sino: &ldquo;Yo no s&eacute; cu&aacute;ndo fue el quiebre; cu&aacute;ndo y, mucho menos, c&oacute;mo se fue haciendo ese agujero profundo a mis pies&rdquo;. El texto contin&uacute;a: &ldquo;Sin embargo, presumo&rdquo;; reflexiona sobre la explicaci&oacute;n, la mentira y la decisi&oacute;n y recuerda e historiza (&ldquo;Entonces yo pod&iacute;a hablar con las mujeres [...] la inhibici&oacute;n y el silencio vinieron despu&eacute;s&rdquo;). La literatura aqu&iacute; muy especialmente habla y dice su verdad: &ldquo;Pero lo importante no es eso&rdquo; y, entonces, el personaje principal enuncia el saber, la experiencia y el espanto del sometimiento: &ldquo;Hab&iacute;a otra opci&oacute;n, otra posibilidad, aunque los dos fuimos d&oacute;ciles aquella vez. D&oacute;ciles y obedientes&rdquo;. Esa entrada, en la secci&oacute;n del libro que es un montaje perfecto entre anotaciones sobre la pulsi&oacute;n sexual, escenas pornogr&aacute;ficas y poemas de Baudelaire se llama &ldquo;Diario del ayer&rdquo;, pero deber&iacute;a llamarse &ldquo;con el diario del lunes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los distintos tipos textuales que traman la novela (la conferencia, la declaraci&oacute;n y los archivos escritos por una mujer; los retratos, los cuentos, los poemas escritos por un var&oacute;n) no se sueldan, se tocan, pero no encajan como piezas de un rompecabezas. Tal vez esa sea la verdadera clausura del g&eacute;nero <em>novela-de-asesino-serial </em>a la que alude la contratapa: su ambig&uuml;edad, su ambivalencia. Sino el absoluto, s&iacute; el pleno de la literatura: saber y no saber qui&eacute;n es el mal, qui&eacute;n es el bien, qui&eacute;n la moral, qui&eacute;n el humor (o el malhumor), qui&eacute;n el que sabe c&oacute;mo decir las verdades que casi nadie quiere escuchar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La literatura est&aacute; hecha de desplazamientos, de virtuosismos y chistes, de lo decible y, por supuesto, de lo no dicho. Esta es una novela que empieza con &ldquo;Yo soy&rdquo; pero no es una escritura del yo. Una novela cuya contratapa habla de t&oacute;picos de los estudios literarios -y de los consumos culturales en general- pero no dice lo que realmente vale la pena decir al respecto: que es un libro que cumple, sobradamente, las expectativas de la experiencia literaria. Un texto que se ha presentado como el primer (o casi) relato argentino sobre asesinos seriales, aunque haya uno cortazariano (&iexcl;en un cuento que va y viene de Buenos Aires a Par&iacute;s como el escritor!) y una casada perfecta (perfectamente asesina serial, angelical gorodischeana).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo soy como el rey de un pa&iacute;s lluvioso</em> primero cumple y, luego, evade y redobla, todo eso que se espera de una buena novela: una estructura compleja, aunque no confusa. Con regularidades, pero no simetr&iacute;as predecibles. Con juegos con la temporalidad, pero sin p&eacute;rdida del control. Con variaciones, pero sin repeticiones. Por esto &uacute;ltimo, justamente, la figura del asesino serial le queda chica a la novela: su personaje masculino principal es mucho m&aacute;s que un asesino serial, incluso, ni la serialidad, ni el asesinato son lo central en este relato. Y porque no lo son el peso textual (su volumen, su densidad, su belleza, su seducci&oacute;n) est&aacute; cuidadosamente puesto en otras notas de las correspondencias (pues no solo hay flores del mal baudelaireanas en esta novela, tambi&eacute;n hay <em>correspondances</em>): los colores, las sensaciones, los sonidos. El autor ha dicho, en m&aacute;s de una oportunidad, que el valor de la lengua literaria es su musicalidad -y, aunque sea una idea, al menos, pol&eacute;mica- este libro suena, moviliza, arrulla, como la m&uacute;sica a las fieras (&iexcl;la bestia que medita, tambi&eacute;n, escucha m&uacute;sica!).
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo libro de Edgardo Scott por su forma y su contenido &#8213;por su conjunci&oacute;n, claro&#8213; produce cierta perplejidad: no es solo una novela sobre un asesino serial, por distintos motivos que no vale la pena adelantar a quien lea, no es un cat&aacute;logo cerrado, ni una serie de casos explicados, no hay razones, justificaciones &iexcl;ni siquiera sangre! Incluso habiendo una escena que es casi, casi un origen, casi, casi una explicaci&oacute;n, la novela no concede el consuelo de comprender al culpable. Ni quisiera de saber, a ciencia cierta, la cantidad o el modus operandi de los cr&iacute;menes efectivamente ocurridos (o no). Y, sin embargo, o justamente por eso, es un texto perfecto para animarse a pensar el entramado de misoginia, modernidad y erotismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La atracci&oacute;n que produce el di&aacute;logo textual entre los dos personajes principales, entre esas dos voces tan precisas, una la de &eacute;l (el antiburgu&eacute;s, el hombre sin nombre, ni casa, ni barrio, ni profesi&oacute;n), otra la de ella (la mujer con t&iacute;tulo, nombre y apellido, que investiga, archiva, da conferencias&hellip; y hace chistes) es una de las cosas que sostiene irresistiblemente la lectura. La otra, como se dijo antes, es su deslumbrante belleza ret&oacute;rica. La intercambiabilidad de los roles sexogen&eacute;ricos (que puede verse en la inversi&oacute;n de la distribuci&oacute;n cl&aacute;sica de los g&eacute;neros discursivos que var&oacute;n y mujer producen, por ejemplo, o en las posiciones de saber y poder que detentan) es la apuesta m&aacute;s osada -l&uacute;cida, provocadora, escandalosa- para nuestra &eacute;poca sombr&iacute;a y luminosa a la vez: un momento en que la sociedad intenta repensarlo todo, encuentra f&eacute;rreas resistencias ideol&oacute;gicas y se sobreideologiza. La literatura, entonces, es ese espacio, ese reino o ese pa&iacute;s, en que podemos pensar en complejidad, sosteniendo las contradicciones con inteligencia y audacia, con la serenidad que permite la belleza, las acuciantes angustias de nuestro tiempo. Porque el mundo es horrible, pero est&aacute; lleno de cosas hermosas. Como esta novela.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carolina Ramallo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/le-habran-hecho-manos-le-habran-hecho_129_12611208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2025 16:59:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Edgardo Scott]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Franco Bifo Berardi: Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentación de una nueva fase de la extinción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/franco-bifo-berardi-ucrania-genocidio-gaza-son-teatro-experimentacion-nueva-fase-extincion_1_12547316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b9ac2a9-39a7-4345-971d-ad3a5bac78a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Franco Bifo Berardi: Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentación de una nueva fase de la extinción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, ensayista y activista italiano acaba de publicar "Pensar después de Gaza, Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano", de Ediciones Tinta Limón. Aquí uno de los capítulos que integran el libro.</p></div><h2 class="article-text">El exterminio inteligente</h2><p class="article-text">
        La sumisi&oacute;n del trabajo cognitivo ha sido incorporada al propio trabajo: para poder entrar en el ciclo laboral, para poder ser remunerada, la actividad cognitiva debe someterse previamente a modos homologados de funcionamiento y de estructura.
    </p><p class="article-text">
        Para poder convertirse en obrero, el proletario solo ten&iacute;a que entregar al capitalista su cuerpo y su tiempo a cambio de un salario miserable que le permit&iacute;a reproducirse a s&iacute; mismo y a sus hijos, destinados a reemplazarlo en la cadena de montaje. En ese punto el proletario se volv&iacute;a obrero, entraba a la f&aacute;brica donde encontraba cada d&iacute;a a sus compa&ntilde;eros, y con ellos pod&iacute;a crear formas de vida y cultura aut&oacute;noma, construir estructuras pol&iacute;ticas de sabotaje y de autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero el cognitario (proletario cognitivo) que quiera convertirse en precario (mal) pagado debe someter al dominio su actividad intelectual, imaginativa y relacional. Adem&aacute;s, cuando logra entrar al proceso laboral, cuando consigue someterse a la explotaci&oacute;n de su tiempo y su inteligencia, el cognitario no encuentra a sus colegas sino en forma de n&uacute;meros sobre una pantalla. La socialidad obrera se ha perdido cuando la f&aacute;brica es reemplazada por la red inform&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Y dado que el salario del trabajador cognitivo depende en su mayor&iacute;a de un contrato temporal y precario, la competencia con sus colegas se renueva cada d&iacute;a. En estas condiciones, la solidaridad es imposible.
    </p><p class="article-text">
        El proceso de subjetivaci&oacute;n del trabajo cognitivo fue el proyecto de los movimientos que se manifestaron en los 2000, particularmente en el movimiento antiglobalizaci&oacute;n que emergi&oacute; en Seattle y fue aplastado en G&eacute;nova.
    </p><p class="article-text">
        La horrenda masacre que un gobierno de fascistas y mafiosos desat&oacute; en G&eacute;nova en julio de 2001, con ocasi&oacute;n del G8 patronal, fue una advertencia para todos los trabajadores cognitivos del mundo: si intentan organizarse en las calles para crear formas de autonom&iacute;a frente a la explotaci&oacute;n de su cerebro, los mataremos.
    </p><p class="article-text">
        Aquella vez mataron a Carlo Giuliani y masacraron, encarcelaron, torturaron a cientos de otros manifestantes.
    </p><p class="article-text">
        Fue el inicio del siglo feroz que estamos viviendo. Poco despu&eacute;s, desde el cielo azul, llegaron esos aviones que destruyeron las dos torres de Manhattan, y la guerra civil global comenz&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Simult&aacute;neamente, comenz&oacute; la liquidaci&oacute;n y el sometimiento del trabajo intelectual y de las propias facultades cognitivas, sometidas a un bombardeo de infantilizaci&oacute;n publicitaria y terror militar.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces sabemos que el trabajo cognitivo &ndash;una actividad que podr&iacute;a estar orientada a la utilidad, a la alegr&iacute;a, al cuidado y a la belleza&ndash; est&aacute; destinado a acumular beneficios, destruir lo que queda del medioambiente y construir herramientas para la guerra.
    </p><p class="article-text">
        El genocidio israel&iacute; es el punto de llegada de treinta a&ntilde;os de sometimiento del intelecto general al exterminio.
    </p><p class="article-text">
        Desde el momento en que la tecnolog&iacute;a se pone al servicio de la guerra, la guerra se convierte en la funci&oacute;n principal de la tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de todas las charlas que hemos o&iacute;do y seguiremos oyendo al respecto, las investigaciones sobre inteligencia artificial est&aacute;n esencialmente orientadas a optimizar el exterminio.
    </p><p class="article-text">
        El principal cliente de los productos dotados de inteligencia artificial es el sistema militar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la funci&oacute;n y la estructura de la IA est&aacute;n determinadas por el uso que el cliente pretende darle: matar.
    </p><p class="article-text">
        Matar es la funci&oacute;n universal de la tecnolog&iacute;a inteligente.
    </p><h2 class="article-text">Automatizaci&oacute;n del genocidio: Lavender</h2><p class="article-text">
        Las guerras del siglo XXI las combaten cada vez menos los seres humanos. Los seres humanos son las v&iacute;ctimas de las mismas, pero las ejecutoras del exterminio son m&aacute;quinas. M&aacute;quinas manejadas a su vez cada vez menos por seres humanos, porque la tendencia impl&iacute;cita en los sistemas de inteligencia artificial, que se hallan dotados de capacidades de autoaprendizaje y de <em>deep learning</em>, es liberar a estos, que son organismos aleatorios a menudo dotados de conciencia y de sensibilidad, de la tarea de torturar, mutilar, matar y exterminar, y dejar esta tarea en manos de sistemas dotados de inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;inteligencia&rdquo; denota la capacidad de realizar una tarea, independientemente de su utilidad social, licitud &eacute;tica, etc&eacute;tera, y sobre todo independientemente de la emocionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        Inteligencia sin sensibilidad, inteligencia sin conciencia: la m&aacute;quina inteligente exterminadora es el producto general del sistema capitalista en la era de la automatizaci&oacute;n inteligente. 
    </p><p class="article-text">
        El nazismo del siglo XX tuvo que tener en cuenta los l&iacute;mites de la inteligencia emocional, como muestra Jonathan Littell en su terrible novela <em>Las ben&eacute;volas</em>, de 2006. El tecno-nazismo del siglo XXI, del que los sionistas son el s&iacute;mbolo y la vanguardia, se emancipa de estos l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de matar es agotador, como aprendimos leyendo esta novela sobre la fatiga ps&iacute;quica de un SS: el organismo humano tiene l&iacute;mites f&iacute;sicos y psicol&oacute;gicos de los que la m&aacute;quina inteligente se emancipa. 
    </p><p class="article-text">
        El dron es la figura dominante en esta nueva fase del nazismo: la guerra de Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentaci&oacute;n de esta nueva fase de la extinci&oacute;n, proceso que se desarrollar&aacute; plenamente en el siglo XXI. 
    </p><p class="article-text">
        El dron es una aeronave caracterizada por la ausencia de un piloto humano a bordo. Su vuelo est&aacute; controlado por ordenadores que pueden ver, o&iacute;r y ejecutar el exterminio. 
    </p><p class="article-text">
        De los primeros modelos de gran tama&ntilde;o, que tan solo pose&iacute;an unos pocos ej&eacute;rcitos, la tecnolog&iacute;a ha evolucionado hasta la construcci&oacute;n de modelos muy peque&ntilde;os, operados en grupo (drones enjambre), que dado su bajo precio se hallan al alcance de cualquiera.
    </p><p class="article-text">
        El genocidio israel&iacute; constituye la primera aplicaci&oacute;n a gran escala de esta automatizaci&oacute;n del exterminio. No debemos pensar que se trata de un episodio aislado, no debemos pensar que despu&eacute;s de este acontecimiento excepcional, la guerra volver&aacute; a sus antiguos rasgos deshumanamente humanos. 
    </p><p class="article-text">
        La deshumanidad por fin se ha emancipado de lo humano y puede por fin proceder autom&aacute;ticamente. 
    </p><p class="article-text">
        En la competici&oacute;n tecnomilitar, las m&aacute;quinas de exterminio est&aacute;n destinadas a generalizarse. A partir de ahora, todos los conflictos armados, ya sean guerras nacionales, religiosas o civiles, recurrir&aacute;n cada vez m&aacute;s a las t&eacute;cnicas del exterminio inteligente.
    </p><p class="article-text">
        La revista israel&iacute; 972 public&oacute; en abril de 2024 el informe m&aacute;s aterrador del que tengo memoria: describe la estructura epist&eacute;mica y pragm&aacute;tica de un sistema de inteligencia artificial dise&ntilde;ado para detectar y atacar objetivos hipot&eacute;ticamente hostiles. 
    </p><p class="article-text">
        Estos objetivos pueden ser transe&uacute;ntes inocentes, ni&ntilde;os que vuelven del colegio, mujeres que van a por agua a la fuente. No importa. El exterminio autom&aacute;tico funciona estoc&aacute;sticamente y la estocasticidad militar no puede ser demasiado sutil. 
    </p><p class="article-text">
        El sistema de exterminio israel&iacute;, que lleva el garboso nombre de Lavender, es &ldquo;una m&aacute;quina especial que puede procesar cantidades masivas de datos con el fin de generar objetivos potenciales para perpetrar ataques militares en el curso de una guerra. Esta tecnolog&iacute;a resuelve lo que puede describirse como el cuello de botella verificado tanto en la identificaci&oacute;n de nuevos objetivos como en la decisi&oacute;n de ejecutarlos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los seres humanos constituyen, por lo tanto, un cuello de botella, son un elemento de incertidumbre y de ralentizaci&oacute;n. Por muy despiadados y fan&aacute;ticos que sean, los seres humanos siguen siendo m&aacute;quinas indeterministas: la emocionalidad, la incertidumbre y la fatiga pueden limitar su competencia para matar. 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario que la m&aacute;quina inteligente subsuma progresivamente la totalidad de la secuencia de las acciones que hacen posible el exterminio: detecci&oacute;n visual y auditiva, catalogaci&oacute;n, selecci&oacute;n, eliminaci&oacute;n. Y, finalmente, autocorrecci&oacute;n y autoperfeccionamiento en pos del fin superior: instaurar el orden all&iacute; donde los seres humanos son el caos, eliminando en consecuencia todo elemento humano.
    </p><p class="article-text">
        Lavender ha desempe&ntilde;ado un papel esencial en el bombardeo de la poblaci&oacute;n palestina [...] su influencia en las operaciones del ej&eacute;rcito israel&iacute; ha sido tan enorme que los militares han tratado la informaci&oacute;n de la m&aacute;quina dirigida por inteligencia artificial como si fueran decisiones humanas [...]. El sistema identific&oacute; inicialmente a 37.000 palestinos como presuntos militantes y consider&oacute; sus hogares como objetivos de bombardeos a&eacute;reos [...]. El ej&eacute;rcito israel&iacute; atac&oacute; sistem&aacute;ticamente a los individuos seleccionados por Lavender en sus casas, sobre todo por la noche, cuando familias enteras estaban con ellos [...]. Seg&uacute;n dos fuentes a las que interrogamos, el ej&eacute;rcito decidi&oacute; que por cada operativo de Ham&aacute;s se&ntilde;alado por Lavender, se le permit&iacute;a matar hasta quince o veinte civiles [...] en caso de que el objetivo fuera un oficial de Ham&aacute;s, se le permit&iacute;a eliminar a cien civiles [...].
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n al problema, a&ntilde;ade el oficial, es la inteligencia artificial. Tenemos una gu&iacute;a para construir una m&aacute;quina de creaci&oacute;n de objetivos, basada en algoritmos de aprendizaje autom&aacute;tico. En esta gu&iacute;a, hay muchos ejemplos de caracter&iacute;sticas que permiten identificar a una persona como peligrosa, como estar en un determinado grupo de whatsapp, o cambiar a menudo de m&oacute;vil, o cambiar con frecuencia de direcci&oacute;n [...]. En la guerra no hay tiempo para incriminar a todos y cada uno de los objetivos, as&iacute; que tenemos que aceptar un cierto margen de error en el uso de la inteligencia artificial, debemos correr el riesgo de provocar da&ntilde;os civiles colaterales o de atacar a alguien por error y tenemos que aprender a vivir con ese conocimiento (<em>live with it</em>).
    </p><p class="article-text">
        Este oficial, cuyas declaraciones recoge 972, concluye diciendo que despu&eacute;s de matar a cientos, de hecho, a miles, de hecho, a decenas de miles de ni&ntilde;os, de mujeres, de inocentes, hay que aprender a &ldquo;live with it&rdquo;. Vivir con la conciencia de ser un exterminador. Una expresi&oacute;n abracadabrante que por s&iacute; sola nos dice hasta qu&eacute; punto ha llegado la degradaci&oacute;n &eacute;tica y cu&aacute;n profundo es el abismo de cinismo asesino en el que se ha hundido la totalidad de la poblaci&oacute;n de Israel.
    </p><p class="article-text">
        B (una fuente de 972) nos dijo que era normal que esta automatizaci&oacute;n generara un n&uacute;mero mayor de objetivos que alcanzar. Si un d&iacute;a no hab&iacute;a muchos objetivos, porque los criterios de definici&oacute;n eran insuficientes, ten&iacute;amos que reducir el umbral de definici&oacute;n. Una y otra vez los soldados nos presionaban dici&eacute;ndonos: &ldquo;Dadnos m&aacute;s objetivos&rdquo;. En realidad, nos lo dec&iacute;an gritando. &ldquo;Ya hemos acabado con todos los objetivos que nos disteis ayer [&hellip;]&rdquo;. Lavender y sistemas similares, como el llamado <em>Where&rsquo;s daddy</em>, se combinan para lograr el efecto de matar a familias enteras.
    </p><p class="article-text">
        Los &oacute;rganos oficiales del ej&eacute;rcito israel&iacute; comentan con satisfacci&oacute;n estos resultados de la m&aacute;quina de guerra inteligente:
    </p><p class="article-text">
        El Estado de Israel es un actor de altas competencias tecnol&oacute;gicas y utiliza estas como parte de su panoplia de herramientas diplom&aacute;ticas para convertirse en el l&iacute;der del dise&ntilde;o del sistema internacional de gobernanza tecnol&oacute;gica. La necesidad de supremac&iacute;a tecnol&oacute;gica se deriva para Israel de las amenazas a las que se enfrenta.
    </p><p class="article-text">
        La eliminaci&oacute;n selectiva y la multiplicaci&oacute;n de los asesinatos colaterales son el resultado de un perfeccionamiento t&eacute;cnico del que Israel es vanguardia, pero no debemos pensar que se trata de un fen&oacute;meno aislado y puntual. Todo Occidente debe dotarse de una gobernanza tecnol&oacute;gica guiada por la inteligencia artificial exterminadora.
    </p><h2 class="article-text">Inteligencia y conciencia</h2><p class="article-text">
        Gaza nos ha revelado la verdad &uacute;ltima de la historia humana: no hay salida a la repetici&oacute;n sin fin del ciclo violencia-venganza-violencia. Entonces, &iquest;por qu&eacute; dudar? 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario esterilizar la inteligencia, es necesario disociar la inteligencia de la naturaleza indeterminista del inconsciente, de la emocionalidad. &Uacute;nicamente as&iacute; podemos entender la inteligencia artificial en el contexto de una competencia econ&oacute;mica y militar generalizada. 
    </p><p class="article-text">
        La guerra es la continuaci&oacute;n l&oacute;gica de la econom&iacute;a liberal y la guerra requiere el uso ilimitado de la inteligencia. 
    </p><p class="article-text">
        Pero para poder eliminar los l&iacute;mites de la inteligencia, debemos saber lo que Yuval Harari se&ntilde;ala en su libro<em> Homo Deus</em>, de 2016: la disociaci&oacute;n de la inteligencia de la conciencia es la condici&oacute;n para proceder a un uso ilimitado de la primera. 
    </p><p class="article-text">
        La conciencia, si es que esta palabra significa algo, es una limitaci&oacute;n de la inteligencia. Me refiero a la conciencia &eacute;tica, que significa conciencia sensible, incorporada. El trabajo de matar, que es el trabajo m&aacute;s importante de la actualidad, la inversi&oacute;n m&aacute;s importante de la econom&iacute;a terminal, deviene tanto m&aacute;s productivo cuanto m&aacute;s la inteligencia (homicida) se emancipa de la conciencia (&eacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        Desde que el sionismo ha transformado a la poblaci&oacute;n israelita en el coraz&oacute;n de las tinieblas del supremacismo contempor&aacute;neo, Israel se ha convertido en la Endlosung-Machine [m&aacute;quina de la soluci&oacute;n final]. Por ello sabemos que nunca habr&aacute; una posguerra. 
    </p><p class="article-text">
        Ya nadie puede creer que habr&aacute; paz en momento alguno del futuro, porque el exterminio se ha incorporado a una m&aacute;quina que se autocorrige, se perfecciona, se conecta y se expande, una m&aacute;quina que nadie tiene la capacidad de desactivar. 
    </p><p class="article-text">
        La emergencia de la inteligencia artificial se revela como la consecuencia de la obsolescencia humana y simult&aacute;neamente como la condici&oacute;n para la subyugaci&oacute;n t&eacute;cnica definitiva de los seres humanos. 
    </p><p class="article-text">
        Esta es la verdad esencial que hay que saber sobre la inteligencia artificial en la era de la guerra total asint&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Aviv Kochavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, declar&oacute; que la metodolog&iacute;a b&eacute;lica israel&iacute; se inspira en la teor&iacute;a rizom&aacute;tica de Deleuze y Guattari. La proliferaci&oacute;n asim&eacute;trica de la guerra de microm&aacute;quinas es la mejor definici&oacute;n de la idea de convertir objetos cotidianos como <em>beepers </em>y walkie-talkies en armas de destrucci&oacute;n masiva. 
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo los lectores ingenuos pod&iacute;an creer que la metodolog&iacute;a rizom&aacute;tica de Deleuze y Guattari era una teor&iacute;a para la liberaci&oacute;n. En realidad, se trata de algo mucho m&aacute;s complicado y articulado: esa metodolog&iacute;a conceptualiza primero el modelo econ&oacute;mico basado en la distribuci&oacute;n molecular del control capitalista. Despu&eacute;s, la inscripci&oacute;n molecular de la guerra y el terror en cada fragmento de la vida cotidiana y de las cosas de uso com&uacute;n. La vida paranoica de Israel, un pa&iacute;s que est&aacute; permanentemente obsesionado por el odio de las poblaciones de su entorno y que siempre lo estar&aacute; (durante los pocos a&ntilde;os que le ser&aacute; concedido sobrevivir antes de que se suicide) est&aacute; marcada por esta molecularizaci&oacute;n del terror.
    </p><p class="article-text">
        La guerra de exterminio es, si me permiten el macabro juego de palabras, la <em>killer application</em> de la inteligencia artificial. 
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial puede haber nacido con intenciones puramente cient&iacute;ficas, o puramente econ&oacute;micas, o incluso con ingenuas intenciones humanitarias. 
    </p><p class="article-text">
        Pero su uso perfecto, espec&iacute;fico y &uacute;ltimo es el exterminio. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos o&iacute;do hablar de regulaci&oacute;n &eacute;tica de la inteligencia artificial, hemos o&iacute;do hablar de alinear la tecnolog&iacute;a con los &ldquo;valores&rdquo; humanos. Son insustancialidades privadas de todo sentido. En primer lugar, &iquest;qu&eacute; significan los valores humanos? &iquest;De qu&eacute; universalidad estamos hablando? &iquest;De la universalidad del beneficio, de la competencia econ&oacute;mica, del crecimiento ilimitado? &iquest;O de la universalidad de otra cosa? &iquest;Qui&eacute;n es el amo de la universalidad desde el momento en que toda la humanidad est&aacute; culturalmente en guerra?
    </p><p class="article-text">
        La idea del alineamiento de la inteligencia artificial con los valores humanos es exactamente lo opuesto de lo que ha ocurrido y est&aacute; ocurriendo realmente en el mundo de su investigaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n: nuestras facultades cognitivas se han alineado con el formateo digital del mundo, lo cual ha estado sucediendo durante los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, proceso que ha llegado ahora al paso final: alinear la inteligencia artificial con el imperativo del exterminio, que domina el inconsciente y la ferocidad de la selecci&oacute;n natural. La totalidad de los discursos acerca de la &eacute;tica de la inteligencia artificial son imbecilidades, porque se basan en la eliminaci&oacute;n y el olvido de su uso militar, que domina la investigaci&oacute;n, la financiaci&oacute;n y el uso de esta tecnolog&iacute;a: inteligencia impulsada por la demencia, la psicosis, el horror.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Bifo Berardi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/franco-bifo-berardi-ucrania-genocidio-gaza-son-teatro-experimentacion-nueva-fase-extincion_1_12547316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Aug 2025 10:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Franco Bifo Berardi: Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentación de una nueva fase de la extinción]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3b9ac2a9-39a7-4345-971d-ad3a5bac78a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Gaza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El criadero, de Gustavo Abrevaya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/criadero-gustavo-abrevaya_129_12526304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7127ecf1-0e3e-47dc-b468-5bf626640649_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El criadero, de Gustavo Abrevaya"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un adelanto del primer capítulo de El Criadero, obra ganadora del Premio Boris Spivacow en 2003, y seleccionda en 2023 por el diario The New York Times como uno de
los diez mejores libros de terror publicados en inglés. Este martes martes 12 de agosto a las 18 se presenta la novela en el Museo del Libro y de la Lengua (Av. Las Heras 2555).</p></div><p class="article-text">
        &mdash;C&aacute;mara panea lenta: va de derecha a izquierda y vuelve a derecha &mdash;explicaba &Aacute;lvaro con la c&aacute;mara calzada al hombro, de pie en el medio de la carretera, grabando bosquejos&mdash;. Se ve la ruta vac&iacute;a hasta el fondo, el desierto a los lados y un sol brutal que cae a plomo acompa&ntilde;ado por la iluminaci&oacute;n, di&aacute;fana y brillante para que los contrastes con interiores sean fuertes, en la l&iacute;nea de John Ford, digamos La diligencia, o en algunas producciones de Peckinpah, La pandilla salvaje, esencialmente, como vos te das cuenta. Desde el asfalto sube ese vapor que ya conoc&eacute;s, que desdibuja las im&aacute;genes y les da ese movimiento como si flamearan, es un efecto &oacute;ptico bastante cl&aacute;sico, y en el horizonte se dibuja una especie de charco: tan ilusorio como un espejismo. &iquest;Ves, Alicia? Un t&iacute;tulo podr&iacute;a ser Espejismo. O Vapor y arena. Es casi mediod&iacute;a y &Aacute;lvaro y Alicia, porque as&iacute; los vamos a llamar, mi amor, como nosotros, es nuestra aventura, recordalo, hasta podr&iacute;a ser que vos seas la actriz y hagas de Alicia y, claro, yo de &Aacute;lvaro, es mi modo de inmortalizarnos, est&aacute;n parados en medio de la nada, es un lugar algo menos &aacute;rido que el Sahara de Lawrence de Arabia, para darte una idea, esperando que pase alg&uacute;n auto a socorrerlos. Ah&iacute; juega la idea de vac&iacute;o: de gente, de vida, de socorro, de proyectos. Estamos hablando de la precariedad de la vida, eso tiene que quedar claro, pero impl&iacute;cito. El v&eacute;rtigo se juega cuando el vac&iacute;o es la &uacute;nica presencia, &iquest;te gusta eso?, &iquest;lo ves? &mdash;le pregunt&oacute; &Aacute;lvaro a Alicia, extasiado con el contraste de unas hierbas r&uacute;sticas que crec&iacute;an al borde de la ruta&mdash;. La presencia del vac&iacute;o. Es bien contradictorio y de una belleza en fuga, una apuesta fatal al ox&iacute;moron, los opuestos jugando con el destino de un hombre que no acepta las reglas, el t&iacute;tulo parece algo bergmaniano. Ahora, c&aacute;mara gira 180 grados y se ve el auto, que es una cup&eacute; Chevy roja, modelo 76, una belleza, recostada sobre la arena, dos ruedas sobre la ruta, la cup&eacute;, tr&aacute;gicamente inclinada hacia la derecha, est&aacute; con el cap&oacute; levantado y el motor humea. Esto deber&iacute;a dolerle bastante al espectador, es un dolor est&eacute;tico, m&aacute;s todav&iacute;a por la indiferencia del h&eacute;roe hacia su codiciada m&aacute;quina. No la ama, pero la necesita, ojo con eso, un pacto que se ve a diario. Ah, c&oacute;mo me gusta esto. Suena m&uacute;sica de Ry Cooder, s&iacute;, s&iacute;, como en Par&iacute;s Texas, me encanta. Aunque nosotros estamos m&aacute;s cerca de David Lynch, que tambi&eacute;n tiene sus carreteras vac&iacute;as, te lo recuerdo. &Aacute;lvaro est&aacute; ahora caminando, va y viene pesadamente, su andar indica la pesadez de su humor, el tipo est&aacute; fastidiado, pero entero, evaluando la situaci&oacute;n: cu&aacute;nto tiempo les queda, las variantes posibles, busca soluciones, sobre todo soluciones, y las precisa r&aacute;pido, porque sabe que es cuesti&oacute;n de velocidad mental. Esto es lo que hace &eacute;l mientras Alicia, &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a hacer esa rubia oxigenada a lo Jean Harlow? Si un d&iacute;a dejara de oxigenarse el pelo, quedar&iacute;a igual que vos, mi amor, morocha y con rulos, como a m&iacute; me gusta &mdash;apunt&oacute; &Aacute;lvaro relami&eacute;ndose, mir&aacute;ndola a los ojos, tan negros como sus rulos&mdash;. Pero, entre tanto, vamos, mostrame tu sagacidad y esp&iacute;ritu de autocr&iacute;tica, &iquest;qu&eacute; puede hacer mientras su pelo est&eacute; platinado? Por supuesto: toma sol. Est&aacute; apoyada en el auto, con sus obligados lentes oscuros modelo Marilyn, sab&eacute;s cu&aacute;les digo, esos como un antifaz negro con incrustaciones plateadas en las puntas, bastante cl&aacute;sicos. Un pa&ntilde;uelo cubre su cabeza, tiene ajustad&iacute;simos pantalones rojos modelo pescador, una blusa blanca anudada sobre la cadera, se le ve el ombligo, es muy importante ese dato, y en los pies, por supuesto, tiene puestas chatitas negras. Un &iacute;cono, la mina. &Aacute;lvaro es el perfecto complemento, el ying del yang, duro y distante, mal afeitado, perfil castigador, el pucho cuelga de su boca, los Ray-Ban espejados reflejan el horizonte mort&iacute;fero mientras se mantiene con una sonrisa suave, apenas insinuada. Por supuesto, est&aacute; con sus eternos, derruidos jeans azules, su campera de cuero negro y sus viejas botas de piel de v&iacute;bora. Otro &iacute;cono el pibe. Las botas podr&iacute;an tener chapas en las puntas y en los tacos, &iquest;no te parece? Eso es, plano de las botas de &Aacute;lvaro alej&aacute;ndose de Alicia, se escucha el ruido de las chapas cuando los tacos se apoyan sobre el asfalto..., &iquest;te va esa? Chapa y taco, chapa y taco, un efecto pesado, denso, con el horizonte vaporoso. Es una belleza esto, v&iacute;boras met&aacute;licas arrastr&aacute;ndose bajo el sol del desierto y de fondo la guitarra slide: suena un blues lento. Otro t&iacute;tulo interesante: V&iacute;boras de acero. En ingl&eacute;s mata: Iron snakes. Combina la idea del reptil con la velocidad y dureza de fin de siglo, alude a la sociedad industrial y cibern&eacute;tica, el acero metido en la naturaleza. Pero hablamos de la naturaleza del reptil, veloz, agresivo y rastrero. Una v&iacute;bora ya no sobrevive solo con su instinto, necesita una armadura. Me gusta. El &uacute;nico problema es que podr&iacute;a sonar a ciencia ficci&oacute;n o alguna huevada cyber punk, de esas tan modernas que se ven ahora. Bueno, lo dejamos stand by, despu&eacute;s veo. Alicia esp&iacute;a como al descuido qu&eacute; va a hacer su poderoso hombre ahora que est&aacute;n sin veh&iacute;culo. La yuta les viene pisando los talones y la cup&eacute; hab&iacute;a sido su libertad: motor de seis cilindros en V, potenciado, con un agregado estilo Mad Max, adoro eso, un efecto turbo que aumenta su rendimiento de golpe, un treinta o un cuarenta por ciento. Yendo a ciento cincuenta kil&oacute;metros por hora, cada vez que &Aacute;lvaro tira de esa palanqueta m&aacute;gica la cup&eacute; salta a doscientos o doscientos veinte en treinta metros. A esa velocidad la cana queda atr&aacute;s en un toque, parados como postes en medio de la ruta, un prodigio logrado por su amigo Firulo, un desaforado que vive para los fierros. Con esa bestia bramando por la carretera nunca los hubieran atrapado, pero ahora, aqu&iacute;, varados en este desierto y con este calor...
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                El criadero, de Gustavo Abrevaya.                            </span>
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        &mdash;Hubiera estado bien revisar el agua en la &uacute;ltima estaci&oacute;n de servicio &mdash;lo interrumpi&oacute; Alicia distra&iacute;da, mirando al horizonte. Encendi&oacute; un cigarrillo con un viejo Zippo gris que hab&iacute;a sacado de su cartera, apoyada en el auto, desde donde observaba a &Aacute;lvaro.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Hubiera. Ese Zippo no va a faltar en mi road movie, te aviso desde ya &mdash;le advirti&oacute; &Aacute;lvaro metiendo un &iacute;ndice en el campo de la lente. Estaba grabando la escena con su c&aacute;mara. Y con su c&aacute;mara miraba a Alicia, la mir&oacute; cuando sacaba el cigarrillo, cuando encend&iacute;a el Zippo, al tomar lumbre hizo un zoom y tom&oacute; ese primer plano de sus labios excesivos y rojos; cuando ella se dio vuelta fastidiada la sigui&oacute; grabando mientras dec&iacute;a con gesto implacable:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Alicia evita la c&aacute;mara subjetiva que es la feroz mirada de &Aacute;lvaro. Ella fuma temerosa y recuerda la navaja autom&aacute;tica en el jean del hombre pero, sobre todo, piensa en el 38 que anida en su campera, en las trece marcas grabadas en las cachas de n&aacute;car. Esa arma lo viene acompa&ntilde;ando desde que est&aacute;n juntos, puede que m&aacute;s a&uacute;n. Y tiene un gatillo dulce y complaciente. Por otra parte, el filo de la sevillana le produce n&aacute;useas, es capaz de cortar cables de alta tensi&oacute;n. S&iacute;, Alicia no jode con &Aacute;lvaro, que ahora se apoya sobre la trompa de la cup&eacute;. Est&aacute; pensativo, silencioso como una cobra, o bueno, como un alacr&aacute;n, un escorpi&oacute;n es mejor. Suena Ry Cooder cuando &Aacute;lvaro gira su mirada hacia el sur. Plano detalle de los intensos ojos negros acechando la ruta, en el reflejo de esos ojos est&aacute; lo que ven: nada. Vuelca suavemente su cabeza y parece reconcentrarse. Alicia sabe de la fineza de su o&iacute;do. S&iacute;, algo viene, percibe un zumbido en marcha, algo vago que a&uacute;n se confunde con los ruidos de los insectos, con la brisa deshidratada. Eso solo puede ser un motor de buen tama&ntilde;o que todav&iacute;a est&aacute; fuera de la vista. No es un auto, tampoco es un cami&oacute;n, porque ya habr&iacute;a aparecido la caja como una peque&ntilde;a mole cuadrada cortando el horizonte. En aquel desierto circulan camiones enormes, con acoplado, transportan... algo, no s&eacute; qu&eacute;, alfalfa o whisky de contrabando, no importa mucho por ahora. Y no es que &Aacute;lvaro conozca la zona &mdash;le explic&oacute; &Aacute;lvaro con un &iacute;ndice en alto que esgrim&iacute;a de lado y que de pronto apuntaba al pecho de la mujer&mdash;, es simple perspicacia. All&iacute; no hay campos como para que circulen camionetas con ovejas ni, tampoco, 4x4 familiares buscando lugar donde hacer camping y colgar los pa&ntilde;ales sucios de sus hijos moqueantes y cagalones. El viento sopla desde el sur y trae el ruido de esa m&aacute;quina que ya se perfila en el horizonte, se la ve, su silueta es una especie de f&oacute;sforo quemado, negro, humeante, que desciende por la carretera, desaparece de la vista al tomar una hondonada y al momento vuelve a mostrarse. Un f&oacute;sforo negro con destellos plateados que viene atronando el aire a dos kil&oacute;metros y se acerca a esa velocidad solo puede ser una cosa: una Harley. Ninguna otra m&aacute;quina es capaz de hacerse notar as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Vos est&aacute;s equivocado &mdash;inform&oacute; Alicia, que ya hab&iacute;a apagado el cigarrillo. Asomaba el filtro hundido a medias en la arena&mdash;. No necesitamos tu road movie. Apenas un tel&eacute;fono, o la decisi&oacute;n de caminar. Algo vamos a encontrar, no me voy a quedar a vivir ac&aacute; mientras vos present&aacute;s tu pel&iacute;cula en el Sundance Festival, mi amor. Baj&aacute; o vas a caer herido por las &aacute;guilas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No s&eacute; si tomar eso como un elogio, dulce m&iacute;a, es alto mi vuelo y este desierto exacerba mis musas. No jodas, ya va a aparecer un camioncito con un gaucho adentro y nos va a acercar; a vos, a m&iacute; y a la cup&eacute;. Parece el fin del mundo, pero no es m&aacute;s que un camino donde al veinte por ciento de los autos les ocurre alg&uacute;n desperfecto. Son estad&iacute;sticas, esas cosas que te aburren tanto. No hay estaciones de servicio, es verdad, no pas&oacute; nadie en los &uacute;ltimos quince minutos, eso tambi&eacute;n es cierto, pero ac&aacute; vive gente, aunque no la veas. Y tarde o temprano pasan en sus camioncitos para repartir sus estupideces del campo: frutas, chanchos y lupines. He dicho. Y ahora, mujer, vas a someterte al rigor masculino &mdash;anunci&oacute; &Aacute;lvaro mientras se desabrochaba el jean y se le acercaba poniendo su famosa cara del monstruo pervertidor de colegialas&mdash;. Elizabetha, I give you eternal life &mdash;recit&oacute; &Aacute;lvaro mostrando sus incisivos. Y era Gary Oldman, qu&eacute; duda pod&iacute;a caber.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Sal&iacute;, tarado &mdash;re&iacute;a Alicia&mdash;, ac&aacute; no, que nos van a ver &mdash;segu&iacute;a riendo con cara virginal. Y era, desde ya, Winona Ryder.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mejor, porque entonces van a venir y nos van a rescatar, hembra rebelde, tengo que darte tu lecci&oacute;n del d&iacute;a &mdash;&Aacute;lvaro anunciaba y babeaba, hac&iacute;a ruidos obscenos, se relam&iacute;a&mdash;. Y si alguien nos est&aacute; mirando, mi exquisita prometida de Transilvania, entonces que le aproveche, d&eacute;mosle un buen show. He recorrido oc&eacute;anos de tiempo para encontrarte, no lo olvides jam&aacute;s, Elizabetha, ah, amada m&iacute;a, me evocas gloriosas batallas contra el invasor turco, mi espada se yergue en tu honor. C&aacute;mara hace un picado y se detiene en el gesto felino de Alicia, detecta la puntita de su lengua asomando entre sus hipertrofiados labios color fuego, el gesto de sumisi&oacute;n y deseo ante la majestuosa irrupci&oacute;n de su hombre. Ella entrecierra los ojos y cae de espaldas sobre el asiento trasero de la cup&eacute;. &Eacute;l ingresa entre sus piernas. &Aacute;lvaro ha empujado a Alicia dentro del auto, la espalda de ella sobre el asiento, las piernas de los dos entrelazadas y ya desnudas, los pantalones ca&iacute;dos a medias. Sonaron las risitas en el aire transparente y seco. Quince minutos despu&eacute;s, un destemplado &ldquo;ejem&rdquo; interrump&iacute;a la demostraci&oacute;n de afecto. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ejem &mdash;se escuch&oacute; como una explosi&oacute;n seguida de una breve tosecita.
    </p><p class="article-text">
        Los amantes se sobresaltaron. &Aacute;lvaro se incorpor&oacute; de un salto; la erecci&oacute;n era, todav&iacute;a, eficaz, lo que no durar&iacute;a m&aacute;s de unos segundos; se acomod&oacute;, mal, el jean, mientras velaba a la mirada del intruso la desnudez de Alicia que se cubr&iacute;a las caderas como pod&iacute;a con la camisa de &eacute;l. Su pantal&oacute;n rojo como sus labios desbordantes descansaba en medio del asfalto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y usted de d&oacute;nde sali&oacute;? &mdash;pregunt&oacute; sofocado &Aacute;lvaro, notando la bicicleta del hombre debajo de su entrepierna.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Disculpe la interrupci&oacute;n, caballero. Es que me pareci&oacute; que necesitaba ayuda y..., perd&oacute;n, me refer&iacute;a al auto, no me malinterprete.
    </p><p class="article-text">
        En ese punto, y por maniobras de pudor excesivas, la camisa de &Aacute;lvaro produjo una extra&ntilde;a torsi&oacute;n en la cadera de Alicia y un fondo oscuro relumbr&oacute; entre sus piernas cuando le respond&iacute;a el se&ntilde;or que ahora estaba mirando hacia el cielo sin dejar de sostener el manubrio de su bicicleta y haciendo furtivos visajes al interior del auto.
    </p><p class="article-text">
        Como pudo, Alicia se acomod&oacute; la camisa y se incorpor&oacute; de rodillas sobre el asiento, las manos apoyadas en los hombros de &Aacute;lvaro, espiaba la conversaci&oacute;n poniendo su mejor aspecto de recompuesta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Hace mucho que est&aacute; ac&aacute;? &mdash;le pregunt&oacute;, tratando de evitar un nuevo desliz de su precaria vestimenta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Acabo de llegar, iba para mi casa, y vi el auto con el cap&oacute; levantado, entonces me pareci&oacute; que andaban en problemas, as&iacute; que me acerqu&eacute;. &iquest;Quieren que llame a alguien?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Conoce alg&uacute;n mec&aacute;nico?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mec&aacute;nico, mec&aacute;nico, no, pero el Tolo puede solucionar cualquier problema. Arregla motores de barcos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;De barcos &mdash;confirm&oacute; o pregunt&oacute; &Aacute;lvaro.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es mec&aacute;nico y marinero, mec&aacute;nico naval es el t&iacute;tulo, de eso vive el Tolo, si usted est&aacute; en medio del mar y se le rompe el c&aacute;rter no va a llamar al Autom&oacute;vil Club, no le parece &mdash;rio el hombre.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y vive lejos el Tolo?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Hay que ubicarlo, pero despreoc&uacute;pese, ahora mismo me voy a la casa del farmac&eacute;utico, que tiene tel&eacute;fono, y lo buscamos. &Eacute;l le deja un mensaje y si no le sali&oacute; algo a &uacute;ltimo momento seguro que para la ma&ntilde;ana lo recibe. &iquest;Cu&aacute;nto va a tardar en venir? Para esta hora, rato m&aacute;s, rato menos, ya lo tiene tirado abajo de su cup&eacute;. Lo que no arregla el Tolo no tiene arreglo, cr&eacute;ame, maestro. Lindo auto, ya no se ven m&aacute;quinas as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Para ma&ntilde;ana &mdash;dijo desolado &Aacute;lvaro&mdash;, &iquest;qu&eacute; hacemos?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y d&oacute;nde vamos a dormir? &mdash;pregunt&oacute; Alicia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En el hotel &mdash;contest&oacute; el hombre.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; hotel? &mdash;pregunt&oacute; &Aacute;lvaro, convencido de que el mundo estaba vac&iacute;o en miles de kil&oacute;metros a la redonda.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La Gaviota, estar&aacute; a unos tres kil&oacute;metros, sigan derechito nom&aacute;s, no hay modo de equivocarse. Cosa de ponerse a caminar &mdash;explic&oacute; alegremente.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La Gaviota, marineros... &iquest;Tres kil&oacute;metros?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Usted lo ha dicho.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Por la ruta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En el desierto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Estamos en el desierto, mi amigo. Pero no se vaya a confiar, marineros hay en todas partes. Igual, para que no se pierda, le cuento que el hotel est&aacute; a la salida del pueblo. Tiene luces rojas en la entrada, usted me entiende, es un mueble, disculpe, se&ntilde;ora, va toda la muchachada. No hay manera de perderse, lo conoce hasta el loco del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;El pueblo? No sab&iacute;a que hab&iacute;a un pueblo por ac&aacute;. &iquest;Y c&oacute;mo se llama el pueblo, don...?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tanco, es un gustazo. Se llama Los Huemules, &iquest;se imagina? El pueblo, digo, Los Huemules, vea qu&eacute; nombre. Dicen que hab&iacute;a muchos, una manada entera parece que hubo, y andaban todos por ac&aacute;. Pero yo nunca vi ninguno, ni siquiera los huesitos de un huemul muerto vi, as&iacute; que de eso no hablo. Habr&aacute;n ido al sur, vaya a saber, con esas historias de las migraciones. Las Casas, as&iacute; llamamos al pueblo, entiende, es m&aacute;s familiar, como era antes, cuando lo fundaron nuestros padres; y la verdad es que mucho no ha crecido, se&ntilde;or...
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&Aacute;lvaro es mi nombre y ella es...
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Alicia, seg&uacute;n veo &mdash;interrumpi&oacute; el hombre llamado Tanco.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo supo?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;No dice eso en su camiseta?
    </p><p class="article-text">
        Alicia no baj&oacute; los ojos, pero supo que el hombre hab&iacute;a avistado su remera sudada y escueta, los pechos se trasparentaban debajo de su nombre impreso. Y mientras el pudor le tomaba por asalto las mejillas, recordaba como de costado que no se hab&iacute;a movido en ning&uacute;n momento y que segu&iacute;a apretando los hombros de &Aacute;lvaro, quien no hab&iacute;a dejado de interponerse entre ella y el hombre de la bicicleta. Ojo veloz el viejo, le son&oacute; el pensamiento con tono de corneta. Tambi&eacute;n, tuvo show gratis vaya a saber cu&aacute;nto tiempo, viejo de mierda, termin&oacute; de pensar la corneta y cerr&oacute; el asunto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tanco, &Aacute;lvaro y Alicia, ya estamos presentados. Gracias por su ayuda, se&ntilde;or Tanco.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;As&iacute; somos en Las Casas, se&ntilde;ora.
    </p><p class="article-text">
        El hombre se toc&oacute; el borde de la boina y sali&oacute; pedaleando hacia la hondonada. &Aacute;lvaro se qued&oacute; observ&aacute;ndolo por un momento, oyendo a Alicia protestar y vestirse a un tiempo. Estaba pensando en su Harley viniendo del mismo lugar cuando Alicia resopl&oacute; y le habl&oacute; directo al o&iacute;do.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Me est&aacute;s escuchando? Alcanzame el pantal&oacute;n, por favor. &Aacute;lvaro mir&oacute; el pantal&oacute;n rojo de Alicia sole&aacute;ndose en la carretera. &mdash;&iquest;Qui&eacute;n te va a ver? &mdash;dijo.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DMydR-ePnmB/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gustavo Abrevaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/criadero-gustavo-abrevaya_129_12526304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Aug 2025 15:06:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El criadero, de Gustavo Abrevaya]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Hugo Alconada Mon presentó "La Generala", biografía no autorizada de Victoria Villarruel de Emilia Delfino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/hugo-alconada-mon-presenta-generala-biografia-no-autorizada-victoria-villarruel-emilia-delfino_1_12516142.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b397b1b8-45df-4566-b2ca-4da0a355d6a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hugo Alconada Mon presentó &quot;La Generala&quot;, biografía no autorizada de Victoria Villarruel de Emilia Delfino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La periodista y coordinadora de la Unidad de Investigación de elDiarioAR, presentó este jueves 7 de agosto su último libro sobre la Vicepresidenta. Será en la librería Yenny de Palermo Soho, a las 18.30, y contará con la participación del galardonado periodista de La Nación.</p></div><p class="article-text">
        La biograf&iacute;a no autorizada de la vicepresidenta Victoria Villarruel tuvo su presentaci&oacute;n oficial este jueves 7 de agosto, en la librer&iacute;a Yenny de Palermo Soho. <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/generala-biografia-no-autorizada-victoria-villarruel-vicepresidenta-desafia-milei_1_12426502.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;La Generala&rdquo;</a> (editorial Planeta) fue presentado por su autora, Emilia Delfino, y el galardonado periodista Hugo Alconada Mon, quienes dialogaron con el p&uacute;blico, junto a la editora del libro, Paula P&eacute;rez Alonso, sobre la cocina de la investigaci&oacute;n de Delfino.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La Generala&rdquo;, que sali&oacute; a la venta a principios de julio en todo el pa&iacute;s, es la historia de una mujer que lleg&oacute; a la pol&iacute;tica argentina para quedarse. Se convirti&oacute; en <strong>una de las mejores voceras de la derecha conservadora </strong>y vicepresidenta de la Naci&oacute;n. Sin embargo, poco se sabe de ella y de c&oacute;mo lleg&oacute; al poder. &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; dentro de la armadura que viste Villarruel?, es una de las preguntas que responde este libro.  
    </p><p class="article-text">
        A pesar del destierro al que la condenaron los Milei, la Vicepresidenta apuesta a sobrevivir al Presidente y a su hermana. Su historia es la de una estrategia, el plan de un sector de la derecha que la encumbr&oacute;, con una intenci&oacute;n oculta, como defensora de las v&iacute;ctimas de las organizaciones armadas de la d&eacute;cada de 1970. Su aparici&oacute;n en la escena p&uacute;blica, durante el kirchnerismo, es tambi&eacute;n la cronolog&iacute;a de una misi&oacute;n prof&eacute;tica, inculcada por su padre, <strong>el militar Eduardo Marcelo Villarruel, a quien es imprescindible entender para comprender qui&eacute;n es su hija</strong>. &iquest;Cu&aacute;l fue su rol en la dictadura y durante la guerra de Malvinas?
    </p><p class="article-text">
        Su vida tambi&eacute;n est&aacute; marcada por la impronta de su abuelo marino e historiador, su madre, su t&iacute;o buscado por presuntos delitos de lesa humanidad, su exesposo reivindicador de la tortura. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La Generala, de Emilia Delfino, salió por Planeta.                            </span>
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        Esta biograf&iacute;a responde qui&eacute;n es Victoria Villarruel en estado puro, cu&aacute;ndo hace esfuerzos por aparentar y cuando nada como pez en el agua, <strong>qu&eacute; tan alto est&aacute; dispuesta a llegar la mujer que compet&iacute;a en la disciplina de cama el&aacute;stica</strong>. Su v&iacute;nculo con el papa Francisco a pesar de su devoci&oacute;n por las misas lefebvristas. Sus aliados.
    </p><p class="article-text">
        La biograf&iacute;a no autorizada abarca con profundidad <strong>su relaci&oacute;n con los militares y acusados de delitos de lesa humanidad</strong>, qui&eacute;nes son los hombres detr&aacute;s de su batalla, qui&eacute;nes la financiaron y la intimidad de su pelea con los Milei. 
    </p><p class="article-text">
        Emilia Delfino realiza un retrato fascinante, agudo y riguroso de <strong>una de las figuras m&aacute;s interesantes y complejas de los &uacute;ltimos tiempos</strong>. Due&ntilde;a de una elocuencia argumental demoledora, en poco tiempo Villarruel logr&oacute; encumbrarse en la esfera m&aacute;s alta del poder. Hoy est&aacute; convencida de que puede gobernar la Argentina. 
    </p><p class="article-text">
        Delfino (provincia de Buenos Aires, 1983) es periodista de investigaci&oacute;n. Coautora (con Mariano Mart&iacute;n) de <em>El hombre del Cami&oacute;n</em> (2008), la biograf&iacute;a no autorizada de Hugo Moyano, y (junto a Rodrigo Alegre) de <em>La Ejecuci&oacute;n </em>(2011), la historia secreta del triple crimen que desnud&oacute; la conexi&oacute;n de la mafia de los medicamentos, la efedrina y la recaudaci&oacute;n de la campa&ntilde;a K. Trabaj&oacute; en la secci&oacute;n Pol&iacute;tica de <em>Diario Perfil</em> y en la redacci&oacute;n de <em>CNN en Espa&ntilde;ol</em> en Buenos Aires. Actualmente, es coordinadora de la Unidad de Investigaci&oacute;n de elDiarioAR y editora adjunta de Mongabay Latam. Es miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigaci&oacute;n (ICIJ) y ha sido reconocida con numerosos premios por su trabajo period&iacute;stico en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/hugo-alconada-mon-presenta-generala-biografia-no-autorizada-victoria-villarruel-emilia-delfino_1_12516142.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Aug 2025 19:03:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hugo Alconada Mon presentó "La Generala", biografía no autorizada de Victoria Villarruel de Emilia Delfino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Victoria Villarruel,Javier Milei,Emilia Delfino,Hugo Alconada Mon,Biografía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tentación neofascista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/tentacion-neofascista_129_12497435.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9abe3478-73d4-4ad4-884d-93c806ce1b5e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La tentación neofascista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un fragmento del libro "La tentación neofascista", de Enrique Carpintero. En este adelante, el capítulo "Un fin de época atravesado por claroscuros del que surgen monstruos".
</p></div><p class="article-text">
        	El problema en este fin de &eacute;poca, que est&aacute; a la sombra de las contrarrevoluciones del siglo XX, es que podemos ver lo que termina, pero no vislumbramos qu&eacute; sigue. Su resultado es una crisis social y econ&oacute;mica inusitadamente larga cuyos efectos dan cuenta de procesos de corposubjetivaci&oacute;n atravesados por la incertidumbre y la angustia que son aprovechados por partidos neofascistas para subir al poder.
    </p><p class="article-text">
        	(...)
    </p><p class="article-text">
        	Cuando hablamos de neofascismo nos referimos a grupos que no tienen una ideolog&iacute;a definida, aunque utilizan la democracia para imponer ideas totalitarias para defender a los sectores m&aacute;s ricos de la sociedad basadas en el neoliberalismo. Sus enemigos son los inmigrantes pobres, los desocupados que cortan las calles e interrumpen el tr&aacute;nsito, el feminismo, los grupos LGTBI, cualquier forma de socialismo. Es as&iacute; como encontramos grupos de la derecha neofascista muy diferentes adaptados a la caracter&iacute;stica de cada pa&iacute;s: Vox en Espa&ntilde;a, Le Pen en Francia, Bolsonaro en Brasil, Giorgia Meloni en Italia, Alternativa para Alemania (AFD), de Tino Chrupalla, Verdaderos Finlandeses, de Riikka Purra, los conservadores de Donald Trump en EE.UU., etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        	Y, de pronto, en nuestro pa&iacute;s, apareci&oacute; Milei.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;La tentación neofascista&quot;, sale a la venta en agosto                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>No es &ldquo;Loco&rdquo;, es neofascista</strong></h2><p class="article-text">
        	Mucho se ha escrito en estos &uacute;ltimos meses sobre Milei y los sectores de ultraderecha que lo rodean.
    </p><p class="article-text">
        	Las nuevas formas de la derecha neofascista han surgido en el mundo como reacci&oacute;n a la decadencia social del neoliberalismo. En nuestro pa&iacute;s, como sostienen algunos economistas, el problema de la crisis que padecemos no es fiscal ni financiero. Esta deviene desde los inicios de la actual democracia, donde ning&uacute;n sector del poder logr&oacute; desarrollar las fuerzas productivas (que hoy involucran no solo el desarrollo industrial, sino de tecnolog&iacute;a) para generar m&aacute;s empleo; todav&iacute;a dependemos de las cosechas como a principios del siglo XX (en este tiempo el producto bruto interno promedio en la Argentina fue del 2,5%; mientras que el promedio mundial llega al 5%). Si el macrismo hipotec&oacute; el futuro al contraer una importante deuda externa, los gobiernos &ldquo;nacionales y populares&rdquo; no pudieron empoderar a una supuesta &ldquo;burgues&iacute;a nacional&rdquo; para desarrollar el mercado interno. Su consecuencia fue tapar agujeros a trav&eacute;s de subsidios y planes sociales para los sectores carenciados; mientras se lleg&oacute;, gracias al esfuerzo de Milei en estos &uacute;ltimos meses, a que m&aacute;s del 50% de la poblaci&oacute;n viva en la pobreza, con trabajos no registrados y sueldos muy por debajo de la media.
    </p><p class="article-text">
        	Esta situaci&oacute;n condujo a una crisis social y econ&oacute;mica donde, en la &uacute;ltima elecci&oacute;n, las diferentes coaliciones pol&iacute;ticas ofrec&iacute;an m&aacute;s de lo mismo. En cambio, Milei bas&oacute; su campa&ntilde;a sobre un sentimiento que se da en procesos de desindustrializaci&oacute;n y de ca&iacute;da de las clases medias y de grandes sectores populares donde el sentimiento de frustraci&oacute;n est&aacute; centrado en un reproche a los pol&iacute;ticos: &ldquo;estoy pasando el peor momento de mi vida&rdquo;, &ldquo;esto no da para m&aacute;s&rdquo;, &ldquo;los culpables son todos los pol&iacute;ticos&rdquo;, es decir &ldquo;la casta&rdquo;. Milei, por fuera de la pol&iacute;tica tradicional, con una propuesta &ndash;mezcla de la derecha espa&ntilde;ola Vox<em> </em>y de Bolsonaro en Brasil&ndash; mesi&aacute;nica ofrece la ilusi&oacute;n, a trav&eacute;s de supuestas ideas salvadoras, como la dolarizaci&oacute;n, de fundar una nueva rep&uacute;blica; una rep&uacute;blica donde despu&eacute;s de 45 a&ntilde;os &ndash;que luego redujo a 15 a&ntilde;os&ndash; de grandes sacrificios podr&iacute;amos vivir con el desarrollo de un pa&iacute;s del primer mundo. Mientras tanto, todos debemos estar callados, quietos, sin protestar, aceptando plenamente sus propuestas; donde, como dej&oacute; en claro en la reuni&oacute;n de Davos, con el antisocialismo cuestiona cualquier proyecto medianamente reformista o distributivo. El antisocialismo implica atacar la educaci&oacute;n p&uacute;blica, la salud p&uacute;blica, el asistencialismo, el feminismo, la ecolog&iacute;a, los derechos humanos, laborales, sociales y sexuales, etc.
    </p><p class="article-text">
        	Es as&iacute; como encontramos una convergencia entre los sectores de poder en un programa de ajuste feroz para modular al pa&iacute;s en funci&oacute;n de sus intereses; pero simult&aacute;neamente aparece una contradicci&oacute;n entre los que defienden sus intereses a partir de las instituciones republicanas y el gobierno apoyado en grupos de derecha que sostiene propuestas autoritarias. Propuestas que se ofrecen como libertarias, pero que sirven para condicionar y limitar a los pobres, ya que su proyecto libertario es la libertad de mercado que solo beneficia a los ricos; los pobres solo pueden elegir en qu&eacute; condiciones sobreviven.
    </p><p class="article-text">
        	Vamos a desarrollar tres aspectos de su pol&iacute;tica: 
    </p><p class="article-text">
        	1&deg;) la pol&iacute;tica del <em>marketing</em>; 2&deg;) el darwinismo libertario y 3&deg;) el inter&eacute;s de generar miedo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La significaci&oacute;n del peinado en la derecha neofascista</strong></h2><p class="article-text">
        	Como sabemos, el <em>marketing</em> es importante para los pol&iacute;ticos, en especial para la ultraderecha que quiere imponer la figura de una persona con poderes que puede lograr grandes transformaciones.
    </p><p class="article-text">
        	El peinado &ndash;tanto en el hombre como en la mujer&ndash; pertenece al orden del fetiche. El fulgor de la cabellera es una atracci&oacute;n er&oacute;tica, ya que produce efectos de encantamiento. Se denomina &ldquo;faneros&rdquo; a las estructuras visibles de la piel: pelos, u&ntilde;as, plumas, etc&eacute;tera. Los &ldquo;faneros&rdquo; &ndash;palabra que proviene del griego y que se puede traducir como &ldquo;lo aparente&rdquo;&ndash; conforman lo m&aacute;s externo y distintivo del cuerpo. En el ser humano el &ldquo;fanero&rdquo; por excelencia es el pelo; el cabello protege del sol, pero forma parte de la autoestima del sujeto al querer agradar al otro. Por eso dedicamos tiempo para peinarlo, cortarlo, fijarlo con fijador o dejarlo suelto. En las ciudades de la Antig&uuml;edad se le asignaba una atenci&oacute;n desmesurada; en Atenas se cre&oacute; un tribunal que multaba a quienes lo llevaran descuidado. Las estatuas de esa &eacute;poca son una muestra de cabelleras onduladas que poseen un movimiento serpenteante y sensual.
    </p><p class="article-text">
        	El mito de Sans&oacute;n y Dalila reafirma su importancia.
    </p><p class="article-text">
        	Desde que naci&oacute;, Sans&oacute;n ten&iacute;a una misi&oacute;n encomendada por Dios: luchar contra los enemigos del pueblo de Israel, los filisteos. Triunf&oacute; en todas las luchas que emprendi&oacute;, pero su car&aacute;cter impulsivo lo llev&oacute; a que sus pasiones chocaran con el prop&oacute;sito que Dios le hab&iacute;a encomendado en su vida. Se dejaba llevar por la debilidad que sent&iacute;a por las mujeres, cometiendo numerosas imprudencias. Como l&iacute;der y juez del pueblo de Israel, necesitaba ser prudente y sabio; pero no era as&iacute;. Sin embargo, Dios le segu&iacute;a dando fuerzas. Los filisteos, que sab&iacute;an de su debilidad, le encomendaron a Dalila que enamorara a Sans&oacute;n y averiguara el secreto de su tremenda fuerza y c&oacute;mo vencerlo. Dalila consigui&oacute; su objetivo y comenz&oacute; a preguntarle sobre el origen de su fuerza; Sans&oacute;n le dio versiones distintas. Finalmente, ante la insistencia de Dalila, le revel&oacute; la verdad: nunca le hab&iacute;an cortado el pelo porque era un nazareno consagrado a Dios: si le afeitaban la cabeza perd&iacute;a su fuerza. Cuando Dalila le cort&oacute; el pelo, los filisteos capturaron a Sans&oacute;n, le sacaron los ojos y lo encerraron. Pero, luego de un tiempo, el cabello de Sans&oacute;n comenz&oacute; a crecer. Los pr&iacute;ncipes filisteos, para divertirse, lo ataron a dos columnas que sosten&iacute;an un edificio delante de miles de personas. En ese momento Sans&oacute;n le rez&oacute; a Dios para que le diera su fuerza. As&iacute; pudo derribar ambas columnas y cumplir con el prop&oacute;sito de vengarse, aunque perdiera su vida.
    </p><p class="article-text">
        	Este mito, que nos habla de la fuerza que emana del cabello, podemos observarlo en el atuendo que en otras &eacute;pocas usaban los jueces, donde el pelo, a trav&eacute;s de una peluca, ocupaba un lugar preferencial. En la Edad Media los magistrados se vest&iacute;an con pieles y trajes de seda; gracias a la teatralidad de la ceremonia del juicio los jueces aumentaban su credibilidad al transformar a los individuos en personajes. Aqu&iacute; la peluca se convierte en un emblema del poder.
    </p><p class="article-text">
        	Con su frondosa melena, el &ldquo;Le&oacute;n&rdquo; Milei hace de su pelo un distintivo de su fuerza para luchar, con su motosierra, contra lo que llama &ldquo;la casta&rdquo;; tambi&eacute;n de su campera, que la usa en d&iacute;as de 40 grados de calor. Esta es una caracter&iacute;stica de la derecha neofascista. En el mundo, Geert Wilders, el l&iacute;der del partido Por la Libertad, que gan&oacute; la mayor&iacute;a de los votos en las elecciones generales en los Pa&iacute;ses Bajos con una propuesta de la ultraderecha neoliberal y profundamente antinmigrante, se destaca por su abundante cabellera. Boris Johnson, un conservador de derecha que fue primer ministro de Gran Breta&ntilde;a y propuso el Brexit, hizo que su pelo, parecido a un techo de paja todo revuelto, se convirtiera en s&iacute;mbolo de una mentalidad independiente. Donald Trump convirti&oacute; su peinado en una marca; un peinado que siempre est&aacute; de la misma forma con un r&eacute;gimen de cepillado y sujeci&oacute;n con spray.
    </p><p class="article-text">
        	El cabello es un fetiche que en los hombres se transforma en un s&iacute;mbolo de virilidad. Por eso a los l&iacute;deres de la derecha neofascista les interesa fomentar la idea de que sus referentes son personas excepcionales, con un cabello excepcional, que pueden transformar con la fuerza de su personalidad una democracia manejada por una &ldquo;casta&rdquo; de corruptos. Hasta ahora no lo han conseguido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El darwinismo libertario</strong></h2><p class="article-text">
        	Milei es un reconocido partidario de la escuela austr&iacute;aca. Sus propuestas llamadas &ldquo;libertarias&rdquo; se apoyan en el economista Von Mises, que, a pesar de su condici&oacute;n de jud&iacute;o y habiendo reconocido en los a&ntilde;os &lsquo;30 del siglo pasado que los fascismos eran contrarios a sus ideas liberales, no dudaba en considerarlos necesarios y reivindicables para enfrentar el socialismo y el bolcheviquismo.
    </p><p class="article-text">
        	En 1933, Mises apoy&oacute; el r&eacute;gimen austro-fascista de Engelbert Dollfuss. Este gobierno basado en el fascismo italiano no impidi&oacute; a Mises ser economista de la C&aacute;mara de Comercio de Austria y consejero del gobierno de Dollfuss. Luego del fracaso del gobierno austro-fascista tuvo que escapar por su condici&oacute;n de jud&iacute;o, pero esta situaci&oacute;n no le llev&oacute; a evitar seguir revindicando su posici&oacute;n frente al fascismo.
    </p><p class="article-text">
        	En 1970, m&aacute;s cerca de nuestra &eacute;poca, Friedrich Hayek se convirti&oacute; en el representante m&aacute;s importante de la escuela austr&iacute;aca, por lo que recibi&oacute; el Premio Nobel. A partir de este reconocimiento internacional, Hayek se transform&oacute; en el principal defensor del gobierno de Pinochet en Chile, de la Sud&aacute;frica del <em>apartheid</em> y el racismo y de la dictadura de Salazar en Portugal. Las ideas conservadoras y reaccionarias de Hayek &ndash;de las cuales Milei es un gran admirador&ndash; sostienen que la democracia debe ser limitada y subordinada al buen funcionamiento del mercado y del sistema capitalista.
    </p><p class="article-text">
        	Pero el que encabeza el ranking de sus preferencias es Murray Newton Rothbard, ide&oacute;logo del anarcocapitalismo y fundador, en los a&ntilde;os &lsquo;70, del Partido Libertario en EE.UU. Su postulado b&aacute;sico sostiene que ning&uacute;n hombre ni grupo de hombres puede cometer una agresi&oacute;n contra la persona y la propiedad, afirmando que a lo largo de la historia el Estado fue el agresor y el violador principal de los derechos del hombre. Seg&uacute;n su perspectiva, en el mundo occidental el capitalismo estatal sufre una gran crisis, ya que los crecientes impuestos debilitan la industria, mientras la creaci&oacute;n de nuevo dinero genera inflaci&oacute;n. Cr&iacute;tico de las tesis monetaristas de Milton Friedman, de la Escuela de Chicago, en su libro <em>Hacia una nueva libertad. El manifiesto libertario, </em>Rothbard sostiene que &ldquo;para ocuparse del descontento que aflige a la gran mayor&iacute;a del pueblo de EE.UU. se debe terminar con el aumento de los impuestos, la inflaci&oacute;n, la congesti&oacute;n urbana, la delincuencia y los esc&aacute;ndalos del asistencialismo&rdquo;. Y contin&uacute;a: &ldquo;a los peque&ntilde;os propietarios podemos presentarles un mundo donde la empresa sea libre y despojada de los privilegios monop&oacute;licos de c&aacute;rteles y subsidios ideados por el Estado y el <em>establishment&rdquo;. </em>Como podemos leer, calcado en lo expresado por Milei.
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, estas propuestas no han funcionado en ning&uacute;n lugar del mundo. Las causas son obvias: sin una regulaci&oacute;n, los m&aacute;s fuertes triunfan sobre los m&aacute;s d&eacute;biles; este darwinismo social lleva al hambre y la miseria de grandes sectores de la poblaci&oacute;n. De all&iacute; que una corposubjetividad atravesada por el miedo constituye un factor importante para que estas ideas sean atractivas: el miedo al inmigrante pobre, al trabajador desocupado que corta la calle, a la inseguridad o simplemente a que si no se siguen sus propuestas se va a estar peor.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El miedo</strong></h2><p class="article-text">
        	El miedo es uno de los elementos m&aacute;s fuertes que constituyen las relaciones sociales y los procesos de producci&oacute;n de corposubjetivaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	La b&uacute;squeda de certidumbre como soluci&oacute;n a los miedos que padecen los sujetos no es ajena a los dispositivos de los poderes hegem&oacute;nicos. El miedo no es un fantasma que circula alrededor del sujeto y externo a las relaciones sociales; por el contrario, afecta el cuerpo y constituye su corposubjetividad, ya que se produce y atraviesa en el acontecimiento mismo del ejercicio del poder. La sensaci&oacute;n de que nada es seguro ha llevado a que dej&oacute; de funcionar fluidamente el pacto hobbesiano de obediencia al poder a cambio de protecci&oacute;n. Milei propone una esperanza mesi&aacute;nica, con el apoyo de las fuerzas del cielo y la mediaci&oacute;n de un esp&iacute;ritu canino, que ha transformado en la ilusi&oacute;n de que si se acepta su propuesta autoritaria de &ldquo;refundar el pa&iacute;s&rdquo; vamos a estar mejor.
    </p><p class="article-text">
        	De all&iacute; que todos los d&iacute;as no pierde la oportunidad de mencionar que si no se siguen sus ideas sobreviene la cat&aacute;strofe. Esto nos lleva a dar cuenta del grado de desesperaci&oacute;n de grandes sectores sociales que, ante la falta de propuestas alternativas, quieren seguir creyendo en el Mes&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        	Aclaremos: no todos, cada vez menos, y no por mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        	Si recordamos la filosof&iacute;a de Spinoza, el miedo y la esperanza son dos pasiones tristes: el miedo es enemigo de la raz&oacute;n; la esperanza participa de la espera (de la cual etimol&oacute;gicamente proviene la palabra &ldquo;esperanza&rdquo; de un salvador, y lleva a la resignaci&oacute;n y la obediencia). Se trata de dos polos pensantes que hacen que nuestros actos tomen posici&oacute;n por uno o por otro: la esperanza por un bien mayor y el miedo por un mal mayor.
    </p><p class="article-text">
        	En este sentido, cuando el miedo y la esperanza dominan la imaginaci&oacute;n, la incertidumbre transforma al sujeto en un ser pasivo al servicio del poder hegem&oacute;nico. Es as&iacute; como Spinoza cuestiona lo que denomin&oacute; la esperanza pasiva; aquella que hace de su salvador su raz&oacute;n de ser, es decir, esperar de un l&iacute;der mesi&aacute;nico que solucione sus problemas; es aqu&iacute; donde la ilusi&oacute;n juega un factor importante.
    </p><p class="article-text">
        	Por ello, oponerse al miedo en la pol&iacute;tica implica generar una esperanza activa que rechace el mesianismo, el absolutismo y la raz&oacute;n de Estado. La obediencia debe ser reemplazada por la importancia de la potencia de ser dentro del colectivo social donde pasamos de un yo a un nosotros. Por ello, las incertidumbres no se distribuyen por igual, ni en cuanto al tipo ni en cuanto a la intensidad entre los diferentes grupos y clases sociales que componen nuestra sociedad. De all&iacute; que enfrentar socialmente la incertidumbre de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n hace necesario modificar las bases pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas a partir de una esperanza activa que genere comunidad; una esperanza activa que genere un nosotros que permita organizar una democracia participativa sobre bases sociales y econ&oacute;micas igualitarias. Este es el desaf&iacute;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Carpintero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/tentacion-neofascista_129_12497435.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jul 2025 13:31:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tentación neofascista]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Generala, la biografía no autorizada de Victoria Villarruel, la vicepresidenta que desafía a los Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/generala-biografia-no-autorizada-victoria-villarruel-vicepresidenta-desafia-milei_1_12426502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6349742-dcb3-4b22-9b23-4738c0686767_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Generala, la biografía no autorizada de Victoria Villarruel, la vicepresidenta que desafía a los Milei"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Emilia Delfino realiza un retrato fascinante, agudo y riguroso de una de las figuras más interesantes y complejas de los últimos tiempos. Su pasado, su familia, quiénes la financiaron, cómo llegó al poder, su pelea con los Milei, su relación con los militares. Dueña de una elocuencia argumental demoledora, en poco tiempo Villarruel logró encumbrarse en la esfera más alta del poder. Está convencida de que puede gobernar la Argentina. ¿Quién es realmente?</p></div><h2 class="article-text">Prima donna</h2><p class="article-text">
        Victoria Eugenia Villarruel naci&oacute; el 13 de abril de 1975, unos veinte minutos antes de las 13, con el sol en Aries. Cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, festej&oacute; su medio siglo de vida cantando con su c&iacute;rculo &iacute;ntimo. Recibi&oacute; de regalo una m&aacute;quina de karaoke.
    </p><p class="article-text">
        Cant&oacute; canciones de Cristian Castro, Le&oacute;n Gieco y Silvio Rodr&iacute;guez. Su repertorio incluy&oacute; tambi&eacute;n temas de Almafuerte &mdash;la banda de heavy metal de su amigo fallecido, Ricardo Iorio&mdash;, Los Ratones Paranoicos y Andr&eacute;s Calamaro. No se priv&oacute; de entonar la marcha peronista y la canci&oacute;n del Mundial de 1990, &ldquo;Un&rsquo;estate italiana&rdquo;.
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        Del himno peronista pas&oacute; a &ldquo;Cara al Sol&rdquo;, la canci&oacute;n de la Falange espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Estaba encantada con la cantidad de correos electr&oacute;nicos y mensajes que recibi&oacute; por su cumplea&ntilde;os. Su equipo realiz&oacute; una campa&ntilde;a en las redes para incentivar los saludos. Victoria Villarruel es vicepresidenta pero a veces parece reducida a una funci&oacute;n meramente protocolar, como una princesa en un reino hostil. Sin embargo, detr&aacute;s de esa cara p&uacute;blica hay una historia mucho m&aacute;s profunda que cuenta c&oacute;mo la derecha construy&oacute; a su mejor vocera. Tambi&eacute;n, c&oacute;mo la resisti&oacute;.
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                    alt="Además de la consulta a documentos, libros, expedientes judiciales y la revisión de archivos, este libro implicó alrededor de 60 entrevistas."
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                Además de la consulta a documentos, libros, expedientes judiciales y la revisión de archivos, este libro implicó alrededor de 60 entrevistas.                            </span>
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        Es la historia de un plan, de una estrategia, de una mujer dispuesta a vencer a los enemigos de un pasado que, para ella, es el presente. Es un cap&iacute;tulo del negocio del odio, ese que atraviesa las d&eacute;cadas argentinas, sembrada de tormentas y traiciones, de revanchas y figuras ocultas, que giran en torno a la violencia. Villarruel no puede escapar de las guerras. Tampoco parece querer hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Su padre, militar, se neg&oacute; a ense&ntilde;arle a disparar un arma y a manejar un auto. Cuando viaja, Villarruel prefiere sentarse en el asiento del copiloto. Nunca aprendi&oacute; a conducir un veh&iacute;culo, pero s&iacute; aprendi&oacute; a tirar. Se considera una buena tiradora. Aunque no tan buena como cuando dispara con las palabras. Argumentar desde la oralidad es su estado puro: en soledad y con las municiones precisas. Como un francotirador. Adem&aacute;s de la consulta a documentos, libros, expedientes judiciales y la revisi&oacute;n de archivos, este libro implic&oacute; alrededor de 60 entrevistas. Muchos entrevistados, incluso abiertamente enemistados con ella, pidieron que no se los nombre. Villarruel despierta miedo en sus adversarios. Otros debieron pedir permiso. La necesidad de controlar.
    </p><p class="article-text">
        Villarruel tiene el don de la palabra. Mira a los ojos sin respiro, transmite seguridad y franqueza. Tambi&eacute;n que es capaz de todo con tal de lograr su objetivo. El gobierno de Javier Milei la dej&oacute; ciega, no puede ver hacia d&oacute;nde van, qu&eacute; planean. Ella se propuso sobrevivir al Presidente, su compa&ntilde;ero de f&oacute;rmula. &ldquo;Ya super&oacute; el divorcio&rdquo;, afirma Emilio Viramonte Olmos, su amigo cordob&eacute;s, quien asumi&oacute; como mano derecha y secretario Administrativo del Senado y continuaba en el cargo al menos hasta mayo de 2025.
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                    alt="Milei y Villarruel, montados en un tanque de guerra durante el desfile militar del 9 de Julio de 2024."
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            <span class="title">
                Milei y Villarruel, montados en un tanque de guerra durante el desfile militar del 9 de Julio de 2024.                            </span>
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        La vicepresidenta, quien no tiene un trabajo registrado hasta su ingreso en la c&aacute;mara de Diputados en diciembre de 2022, est&aacute; convencida de que puede gobernar la Argentina. &iquest;Qu&eacute; hizo antes de ser diputada nacional? Victoria Villarruel lleg&oacute; al poder luego de recorrer un camino consistente dentro de la derecha m&aacute;s conservadora, de ganar la confianza de los hombres que la financiaron y de relacionarse con militares acusados de delitos de lesa humanidad cometidos durante la &uacute;ltima dictadura. &iquest;Es un mascar&oacute;n de proa?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yo le pido a Victoria que todas las noches piense para qu&eacute; est&aacute; ac&aacute; y si quiere ser Presidente, para qu&eacute; quiere serlo. Si es una muestra de ego&iacute;smo y vanidad no tiene sentido. Que escuche su voz interior. El tiempo dir&aacute; si tiene o no futuro pol&iacute;tico&mdash;afirma Viramonte Olmos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hace veinte a&ntilde;os que me preparo para esto&rdquo;, suele decir Villarruel. A mediados de 2025, se propuso volver a rearmar su equipo, negocia traer de nuevo a Claudia Rucci, una de sus armadoras pol&iacute;ticas, reconstruir alianzas frustradas, superar la ruptura con Milei. &iquest;C&oacute;mo construye poder? &iquest;C&oacute;mo maneja la tensi&oacute;n permanente con el Presidente?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La vicepresidenta Victoria Villarruel aprendió a tirar de adulta. Su padre, militar, nunca quiso enseñarle."
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            <span class="title">
                La vicepresidenta Victoria Villarruel aprendió a tirar de adulta. Su padre, militar, nunca quiso enseñarle.                            </span>
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        Est&aacute; esperando que aparezca un espacio que la cobije. No se resigna al destierro libertario. Reci&eacute;n lleg&oacute; y est&aacute; dispuesta a quedarse. Su ambici&oacute;n es crecer pol&iacute;ticamente. Como dice Whitesnake, una de las bandas de rock que escucha, &ldquo;here I go again&rdquo;. Su peor pron&oacute;stico es que se cumpla la premisa del himno franquista, aquel que cant&oacute; en su cumplea&ntilde;os: &ldquo;Si te dicen que ca&iacute;, me fui al puesto que tengo all&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Virgen es la Generala del Ej&eacute;rcito Argentino. Manuel Belgrano declar&oacute; a la Virgen de la Merced como Generala y Patrona del Ej&eacute;rcito, luego de la batalla de Tucum&aacute;n, en 1812. Jos&eacute; de San Mart&iacute;n tambi&eacute;n proclam&oacute; a la Virgen del Carmen de Cuyo como Generala y Patrona de su Ej&eacute;rcito de los Andes. Eduardo Villarruel, padre de la Vicepresidenta, llev&oacute; a la Virgen del Valle a la guerra de Malvinas. Victoria Villarruel le reza. La difunde. Le es devota. Su padre le inculc&oacute; una visi&oacute;n &eacute;pica, el deseo de ser la protagonista de su propia vida. La generala de su propia batalla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emilia Delfino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/generala-biografia-no-autorizada-victoria-villarruel-vicepresidenta-desafia-milei_1_12426502.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Jul 2025 09:55:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Generala, la biografía no autorizada de Victoria Villarruel, la vicepresidenta que desafía a los Milei]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crac]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/crac_1_12384069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f308ea0-9c57-49da-b9b5-8cfc8bfebee5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119842.jpg" width="300" height="169" alt="Crac"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto de Crac (Seix Barral), el libro más personal y desgarrador de Josefina Licitra: recoge las fracturas de su historia familiar, que son también las de un país que en los años 70 cruzó todos los límites imaginables.</p></div><p class="article-text">
        <strong>48 horas antes</strong>
    </p><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo s&aacute;bado mi padre vendr&aacute; al pa&iacute;s. No nos vemos desde hace diez a&ntilde;os y dej&oacute; de hablarme hace ocho. Me enter&eacute; del viaje por su madre, mi abuela, quien hace unas horas me lo dijo por tel&eacute;fono. Su llamada entr&oacute; poco despu&eacute;s de que me rompiera el pie izquierdo en mi clase de danzas. La atend&iacute; en el auto, mientras intentaba conducir con el derecho.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Josita, &iexcl;viene tu padre! &iexcl;El s&aacute;bado!
    </p><p class="article-text">
        Su tono no era festivo. Hablaba como si viera un tornado en el horizonte. No supe qu&eacute; responder. Me dol&iacute;a demasiado el pie. Unos minutos atr&aacute;s bailaba con la cabeza vac&iacute;a y ahora ten&iacute;a dos problemas nuevos compitiendo por el primer puesto.
    </p><p class="article-text">
        No entiendo qu&eacute; hice para lastimarme. Fue algo tonto que termin&oacute; con un crac. Llegu&eacute; al auto con ayuda de mis compa&ntilde;eros y me fui escuchando &ldquo;Breathe&rdquo;, el tema de Pink Floyd que hab&iacute;a dejado puesto y que volvi&oacute; a activarse cuando encend&iacute; el motor.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vino la comunicaci&oacute;n. Desde temprano ten&iacute;a llamadas perdidas de mi abuela. En general me busca porque me extra&ntilde;a, pero su insistencia era se&ntilde;al de que quiz&aacute;s hab&iacute;a una urgencia. La atend&iacute;. Dijo lo de mi padre.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me enter&eacute; as&iacute;, de repente. Parece que sac&oacute; el pasaje hace unos d&iacute;as. Car&iacute;simo lo pag&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Se hizo un silencio. La clase de vac&iacute;os que no pueden ser tapados por nada que venga de otra parte. Igual hice mi intento:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Creo que me quebr&eacute; un pie.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuela se preocup&oacute;, hizo preguntas, le respond&iacute; lo que pude. Pero lentamente volvimos al tema original:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No s&eacute; qu&eacute; hacer con tu padre, Josita. Pero algo voy a hacer, te lo prometo.
    </p><p class="article-text">
        Como todas las familias, esta tambi&eacute;n tiene disgustos. Y parece que el mayor de todos lo provoqu&eacute; yo. En febrero de 2019 publiqu&eacute; un texto sobre la relaci&oacute;n con mi padre, quien vive en Europa desde que, en 1978, se fue de Argentina como exiliado pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a tres a&ntilde;os que &eacute;l no me hablaba sin que yo entendiera bien por qu&eacute;, y mi incapacidad para encararlo y preguntarle eso, por qu&eacute;, me hab&iacute;a llevado a pensar que el problema ten&iacute;a una profundidad tect&oacute;nica a la que no se pod&iacute;a llegar mediante una conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Urgida por comprender al menos algo, escrib&iacute; una cr&oacute;nica. Podr&iacute;a haberlo analizado con un terapeuta o haber hecho mis exploraciones en silencio, pero escrib&iacute; y publiqu&eacute; tomada por una l&oacute;gica sobre la que todav&iacute;a me hago preguntas y de la que solo s&eacute; una cosa: cuando me desoriento, escribo. No conozco otra manera de condensar el vapor en el que flotan, todav&iacute;a sin lenguaje, la vida y sus infinitos misterios.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s publico lo que escribo, eso s&iacute;. Nadie escribe para s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        El texto ahondaba en algo que todav&iacute;a me perturba. A lo largo del tiempo, la relaci&oacute;n con mi padre se hab&iacute;a ido extinguiendo como una estrella que se apaga y deja un agujero negro en el espacio. Yo le hablaba poco. Y &eacute;l apenas llamaba en los cumplea&ntilde;os para saludarnos a m&iacute; &mdash;su &uacute;nica hija&mdash; o a mi hijo &mdash;su &uacute;nico nieto&mdash; con una incomodidad notoria que anunciaba el fin inmediato de la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que conversamos duramos poco m&aacute;s de un minuto. Era el invierno de 2016 y yo estaba en la playa. Hac&iacute;a fr&iacute;o pero hab&iacute;a sol. Cuando son&oacute; el tel&eacute;fono, yo caminaba descalza y mi marido trotaba a lo lejos. Atend&iacute;. La presencia de mi padre se abri&oacute; paso entre el ruido del viento. Me dijo feliz cumplea&ntilde;os, le agradec&iacute;, le cont&eacute; d&oacute;nde estaba, respondi&oacute; algo breve, nos despedimos.
    </p><p class="article-text">
        Nunca m&aacute;s volv&iacute; a escuchar su voz.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en septiembre de 2018, lleg&oacute; un mail titulado &ldquo;Tu padre&rdquo;. El remitente era Juan Cruz Ruiz, uno de los fundadores del diario espa&ntilde;ol El Pa&iacute;s. Sol&iacute;amos escribirnos por temas de trabajo, pero esta vez el asunto era otro. &ldquo;Desayunando en Pozuelo me salud&oacute; una se&ntilde;ora. Y luego un se&ntilde;or &mdash;dec&iacute;a el mensaje&mdash;. &iexcl;El se&ntilde;or Licitra! Tu padre tiene una bella sonrisa. &iexcl;Besos!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pozuelo es un municipio de la Comunidad de Madrid, el lugar donde mi padre vive desde la d&eacute;cada del 70. La se&ntilde;ora de la que habla Juan Cruz es la mujer de mi padre. Ambos conocen a Juan Cruz porque lo leen en el diario; seguramente hayan sido ellos quienes se acercaron a saludarlo invocando el nombre de una persona &mdash;yo&mdash; a la que ya no le hablaban. Pero por fuera de eso, cuando recib&iacute; ese mail no pude deducir otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Querido Juan Cruz &mdash;respond&iacute;&mdash;, no tengo noticias de mi padre desde hace unos a&ntilde;os y por razones que son una inc&oacute;gnita. Simplemente un d&iacute;a dej&oacute; de llamar. Muchos destacan su semblante afable. Yo no s&eacute; qu&eacute; decir. Pienso en los &lsquo;desaparecidos que en realidad est&aacute;n en Europa&rsquo;, esa frase espantosa que se repiti&oacute; durante la dictadura y que en el caso de mi padre es terriblemente actual &mdash;y cierta&mdash;. Alg&uacute;n d&iacute;a escribir&eacute; algo de todo esto. Te mando un abrazo enorme&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A los cinco meses publiqu&eacute; el texto en <em>Piau&iacute;</em>, una revista brasile&ntilde;a a cuyo contenido, en portugu&eacute;s, solo se accede en papel y mediante suscripci&oacute;n. Eleg&iacute; ese medio por su calidad y porque no quer&iacute;a que la cr&oacute;nica estuviera disponible en la web y llegara a mi padre ni a nadie que pudiera conocerlo.
    </p><p class="article-text">
        Era un material delicado. Reconstru&iacute;a una parte de la historia familiar y hablaba de c&oacute;mo la distancia engendra un silencio abrasivo, capaz de erosionar lazos que, culturalmente, est&aacute;n pensados para resistir casi todo. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a irse mi padre? &mdash;escrib&iacute;&mdash; &iquest;En qu&eacute; casillero de la historia entran las familias como la m&iacute;a, que quedaron pervertidas por el terrorismo de Estado pero no tienen un muerto, una foto en blanco y negro que reciba los honores del h&eacute;roe? &iquest;En qu&eacute; cueva de significados est&aacute; nuestro pasado en com&uacute;n? &iquest;Cu&aacute;ndo y por qu&eacute; mi padre dej&oacute; de quererme?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre supo de esa nota al instante.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s ten&iacute;a un Google Alert con mi nombre &mdash;esa es, hasta el momento, la &uacute;nica explicaci&oacute;n que encuentro&mdash;, as&iacute; que accedi&oacute; al magro contenido disponible libremente: el t&iacute;tulo, &ldquo;Se&ntilde;or Licitra&rdquo;; los primeros dos p&aacute;rrafos del texto &mdash;que hablaban de Juan Cruz Ruiz&mdash; y la llamada en tapa: &ldquo;Historia de un abandono&rdquo;. Una l&iacute;nea que pens&oacute; alg&uacute;n editor &mdash;no la puse yo&mdash; y que abri&oacute; la caja de Pandora familiar.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tu padre no te abandon&oacute;. Adi&oacute;s &mdash;dijo mi abuela unas semanas m&aacute;s tarde, cuando la llam&eacute; por su cumplea&ntilde;os. Despu&eacute;s me cort&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi estrategia de publicaci&oacute;n furtiva hab&iacute;a sido, claramente, un fracaso. Tanto mi padre como la rama paterna de la familia me hab&iacute;an dejado de hablar. Con el paso de los a&ntilde;os retomar&iacute;a el trato con mi abuela, pero en t&eacute;rminos generales, sobre todo en el primer tiempo, lo &uacute;nico que me qued&oacute; de mi padre fueron &ldquo;cosas&rdquo;. Las cartas que me envi&oacute; en la infancia, las fotos que nos tomaron, objetos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras intentaba adaptarme a ese silencio, empez&oacute; la pandemia. A principios de 2020, el covid se expandi&oacute; por Europa y empezaron a llegar noticias e im&aacute;genes de un continente inmerso en un vac&iacute;o apocal&iacute;ptico. Las carreteras y calles estaban despobladas, los centros urbanos eran maquetas sin vida. Desde Am&eacute;rica Latina, donde el virus se expandi&oacute; despu&eacute;s que en Europa, mir&aacute;bamos la televisi&oacute;n como si ah&iacute; estuviera el tr&aacute;iler de la distop&iacute;a que nos esperaba.
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a pensar en mi padre de manera recurrente. A&uacute;n no hab&iacute;a vacunas y el terror a que uno de los dos muriera a 15 mil kil&oacute;metros de distancia me llev&oacute; a recalibrar mis mecanismos de duelo y buscar se&ntilde;ales de su existencia. Su empresa deb&iacute;a estar en crisis. Su cuerpo tambi&eacute;n. No tanto por la edad que tiene &mdash;me lleva veinti&uacute;n a&ntilde;os&mdash; como por la prohibici&oacute;n de salir a correr: esa quietud lo deb&iacute;a estar matando.
    </p><p class="article-text">
        Desde que soy chica mi padre corre a diario. En su mejor momento, cuando ten&iacute;a entrenador y compet&iacute;a &mdash;incluso sin ser un deportista profesional&mdash;, lo hac&iacute;a dos veces en una misma jornada, aun cuando eso supusiera volver de trabajar a las doce de la noche e ir a correr de madrugada. Eso ve&iacute;a yo en mi infancia, cuando lo visitaba en el verano argentino, que es el invierno de all&aacute;. Mi padre llegaba de la empresa tarde, se cambiaba y se iba en auto a la Casa de Campo: un parque descomunal al que yo no lo acompa&ntilde;aba porque no pod&iacute;a seguirle el ritmo y porque no me gustaba correr.
    </p><p class="article-text">
        Ahora me gusta. Los a&ntilde;os pasan y miro con sorpresa, como si fueran lunares que salen de un d&iacute;a para otro, las conductas y obsesiones que me unen a mi padre m&aacute;s all&aacute; de todo lo dem&aacute;s que nos separa.
    </p><p class="article-text">
        En nombre de eso que nos acerca, le escrib&iacute; un correo. &ldquo;Siento que fueron muy duros conmigo, pap&aacute;. Para m&iacute;, lo que escrib&iacute; es un texto muy triste sobre tu distancia. As&iacute; y todo, te pido disculpas. El mundo es un horror y no quisiera sumarle la incertidumbre de no saber c&oacute;mo est&aacute;s, el dolor de no poder acompa&ntilde;arnos de la forma que sea y la tristeza que me da, tambi&eacute;n, que no preguntes c&oacute;mo estamos nosotros. No es un reproche: es un estado de cosas. Ojal&aacute; podamos cambiarlo.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a est&aacute; en Facebook la foto tuya con Joaqu&iacute;n sobre tus hombros. Ahora Joaco es un muchacho, mide m&aacute;s que yo, es una buena persona. Y est&aacute; encerrado en casa, en plena adolescencia combativa, como todos sus amigos y compa&ntilde;eros. Y le digo siempre que la forma de atravesar esto es ser todo lo buenos que podamos ser. Acompa&ntilde;arnos, no pelear, querernos, ayudar a que las cosas sean menos dif&iacute;ciles. Y si se lo digo a Joa, &iquest;c&oacute;mo no me lo voy a decir a m&iacute;? Y c&oacute;mo no dec&iacute;rtelo a vos tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; quieras escribirme.
    </p><p class="article-text">
        Te mando un abrazo&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Apret&eacute; send y esper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        A los tres d&iacute;as lleg&oacute; su respuesta: la primera aparici&oacute;n de mi padre en a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El art&iacute;culo que escribiste es inaceptable &mdash;le&iacute;&mdash;. Mis intimidades, ciertas o falsas, no tienen por qu&eacute; ser objeto de tratamiento literario y aparecer en un medio de comunicaci&oacute;n, ya sea en Argentina o en la China. Se trat&oacute; de un misil bajo la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n en toda regla, que dinamit&oacute; lo que quedaba de nuestra relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, espero que vos y Joaqu&iacute;n sigan bien. Son j&oacute;venes y no forman parte de grupos de riesgo. Si se cuidan y no cometen ninguna imprudencia, superar&aacute;n este obst&aacute;culo&ldquo;. Fin.
    </p><p class="article-text">
        Como esos villanos que arrojan rayos de hielo y dejan a su v&iacute;ctima encerrada en un t&eacute;mpano, mi padre me tir&oacute; con algo que me paraliz&oacute;. No pude volver a escribir. Entre 2020 y 2022 me compromet&iacute; con textos que no entregu&eacute; &mdash;nunca me hab&iacute;a pasado algo as&iacute;&mdash; y me volqu&eacute; al desarrollo de pel&iacute;culas y series: una tarea fascinante que, si bien da cierto lugar a la mirada autoral, alimenta un engranaje infinitamente mayor en el que las ideas y la luz po&eacute;tica &mdash;si existen&mdash; son de todos y de nadie a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me dediqu&eacute; a hacer yoga, leer, cuidar mi jard&iacute;n, jugar con mi perro, estar con mi marido, acompa&ntilde;ar a mi hijo en su entrada escarpada en la adolescencia y tomar clases de danzas, urgida por dar con un lenguaje que pudiera prescindir de la palabra que yo ya no ten&iacute;a. &ldquo;Bailar &mdash;dijo una vez mi profesora, Margarita Molfino&mdash; es explorar el contacto entre el cuerpo y lo invisible. La danza puede ser una forma de poes&iacute;a. Una forma de ejercer la no-palabra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Volver&iacute;a a escribir? Tem&iacute;a convertirme en eso que Enrique Vila-Matas defini&oacute; como &ldquo;los escritores del no&rdquo;. Autores que, por cansancio precoz, por falta de ideas, por miedo al fracaso o porque ten&iacute;an demasiadas ganas de pasear, beber y contemplar &mdash;es el caso de Oscar Wilde&mdash; abandonaron la escritura como quien deja los l&aacute;cteos o se muda de barrio.
    </p><p class="article-text">
        Perturbada por esa posibilidad, dej&eacute; como dispositivo de rescate un acuerdo: firm&eacute; para publicar este libro. Puse un reloj en cuenta regresiva con la convicci&oacute;n de que, si hab&iacute;a una chance de que yo recuperara mi voz, estaba en el acto mismo de burlar la sanci&oacute;n que hab&iacute;a ca&iacute;do sobre ella.
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                Tapa de Crac, de Josefina Licitra.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/crac_1_12384069.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Jun 2025 03:01:53 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El planeta de los dueños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/planeta-duenos_129_12363686.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a6fe2de-9746-43f0-9f64-1b13f27e8710_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El planeta de los dueños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto de El país que quieren los dueños (Planeta), escrito por Alejandro Bercovich junto a periodistas e investigadores especializados en distintas áreas. En esta capítulo, Augusto Tartufoli indaga en la vida cotidiana y el tiempo libre de la élite empresaria argentina. </p></div><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; el problema de los narradores de la Argentina que se ven impedidos de contar el poder y la forma en la que viven? M&aacute;s all&aacute; de la falta de talento de los escribas y los notables esfuerzos que hacen actores y actrices del poder por moverse a la sombra de los flashes, para luego tal vez jactarse de su anonimato como lo hizo Alfredo Yabr&aacute;n hasta la foto que sac&oacute; Jorge Luis Cabezas, &iquest;por qu&eacute; el modus vivendi de los poderosos es visto desde la fascinaci&oacute;n, con cierta actitud de &ntilde;ata contra el vidrio, y sin ning&uacute;n &aacute;nimo de cr&iacute;tica o disputa (acaso en otra forma inconsciente de ese tilingaje tan argentino)?
    </p><p class="article-text">
        Pero a no confundir. Hablamos de poderosos que son ricos pero no de los meros &laquo;(wannabes) ricos y adem&aacute;s famosos&raquo; cuyos nombres conocemos m&aacute;s que sus trayectorias, que hacen de su visibilidad un espect&aacute;culo y de su vlogging, una fuente de canjes e ingresos. Galanes variopintos, traperos y esposas de futbolistas, todos devenidos influencers, llevan al paroxismo la reproducci&oacute;n de su imagen, con la finalidad de existir en las primeras planas, los z&oacute;calos del discurso p&uacute;blico y la inflatable interpretaci&oacute;n del periodismo del espect&aacute;culo. El &laquo;chimento&raquo; es quien se ocupa de relevar esas vidas y excentricidades, esos problemas de alcoba y sus subsecuentes dramas a la hora de dividir bienes y dise&ntilde;ar las custodias de la prole, ahora conocida como las bendiciones. Cabe la aclaraci&oacute;n porque quienes tienen dinero y poder &laquo;de verdad&raquo; huyen del esc&aacute;ndalo ora por instinto, ora porque la alcurnia les dicta que esos son asuntos de mal gusto, ora porque estar en boca de todos no es aconsejable a los prop&oacute;sitos de rosquear, cerrar deals y abrir nuevas unidades de negocios.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco hay que creerse la postal que devuelven las &aacute;reas pudientes del pa&iacute;s. De ensue&ntilde;o para los ojos cada vez m&aacute;s empobrecidos de la masa popular argentina, la zona norte de Buenos Aires, por ejemplo, dif&iacute;cilmente pueda entrar en el imaginario &laquo;conurbano&raquo; de las cabezas lectoras y dif&iacute;cilmente sea el escenario cotidiano del bonaerense promedio, del que da vuelta una elecci&oacute;n. Por caso, ZN se presenta sin dudas como una anomal&iacute;a, una rareza, tanto en su mapa como en su territorio y su padr&oacute;n: all&iacute; no hay peronistas. Puede haber, desde Puente Saavedra hasta Tigre, gente que crea ser peronista pero el ecosistema se impone en la jurisdicci&oacute;n. Prima una especie de equ&iacute;voco que nadie se atreve a contradecir demasiado, cuya expresi&oacute;n m&aacute;xima se concentra en El Bajo, tal como se denomina &mdash;entre nos y solo entre nos&mdash; a esa franja sexy que va de Avenida del Libertador hacia las curvas plateadas del r&iacute;o. All&iacute;, donde los GPS de los autos importados pronuncian indicaciones en ingl&eacute;s, donde no existe el &laquo;gire a la derecha&raquo; sino el &laquo;turn right&raquo;, hay un cl&uacute;ster de restaurantes con epicentro en Acasuso de nombre John Bull, The Embers, Kansas, Friday&rsquo;s. All&iacute;, donde la fauna local no almuerza sino que acude para su &laquo;lunch&raquo;, puede advertirse apenas la epidermis, la parte m&aacute;s superficial del complejo y singular tejido de ricos del que se compone nuestra Argentina querida. Entonces claro, los mediod&iacute;as en Avenida Libertador son unique. Lejos de los power lunch sitos en esa maqueta a escala humana de edificios semi vac&iacute;os que es Puerto Madero, donde las planillas de c&aacute;lculo se improvisan hasta en servilletas, lejos de los almuerzos diletantes de Palermo, de donde nadie nunca se lleva de la mesa un negocio o un amor, en El Bajo hay perfume a vacaciones permanentes. Sus habitantes caminan bajo tipas de veinte metros en busca del restaurante que les ofrezca la mejor veredita, ni muy al sol ni muy a la sombra, para sentir que hacen all&iacute; lo mismo que en Caril&oacute;, en La Angostura o en Gramado. Ellos pasean en sus V10 importados con los vidrios bajos, ellas pasean en bicicleta, frescas, con ropa deportiva siempre combinada y ese garbo de las que saben que el mundo es de las chicas lindas. Todos llevan, sobre la piel blanca, la marca cobriza e implacable del sol. Y ni siquiera es verano. Si es mayo, agosto o noviembre, da igual. Ya lo observ&oacute; mucho antes Ernest Hemingway: &laquo;Los ricos son los que est&aacute;n bronceados en invierno&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En cada mesa hay al menos un estereotipo de rico, de lo que pensamos que es un rico. Cincuentones con apodos juveniles, como Willy, Rober, Paul o Chris, pero cuyos apellidos coinciden con pueblos de la provincia de Buenos Aires, administran despreocupados la fortuna lograda por la buenaventura y esfuerzo de sus antepasados. Mientras cada uno acomoda el casco de su moto BMW y se pasa la mano por la cabeza para acomodar su cabellera brillosa, como en una coreograf&iacute;a de cine mudo, comienzan a hablar de inversiones. Uno le consulta al otro si se enter&oacute; de las &uacute;ltimas andanzas de Peter. El otro le pregunta de qu&eacute; Peter habla. De Peter Laprida, contesta el primero y suma que consigui&oacute; otras 10.000 hect&aacute;reas en zona n&uacute;cleo. &laquo;Se retir&oacute; un pool de siembra y como el gringo estaba ahoreado, compr&oacute; regalado, che&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los Tommy Azcu&eacute;naga, Charly Vedia o Richie Las Heras no hablan de acciones, de f&aacute;bricas y empleados, de subsidios o nuevas regulaciones de AFIP, mucho menos de startups o de timba financiera, que por supuesto consideran una pr&aacute;ctica ruin y vulgar. Estos ricos viven en el medioevo, en el reino de la renta mediocre: lo suyo son las tierras, lo suyo son las propiedades. Liquidado el ordinario asunto del cash, el esp&iacute;ritu bon vivant vuelve a hacer superficie al fin y, entre cocas light y ensaladas con frutos de mar, cambian figuritas. &laquo;Termin&eacute; de equipar el barco. 36 pies. Lo cruzo a Uruguay el jueves, &iquest;ven&iacute;s?&raquo;, invita el rico n&uacute;mero uno. &laquo;No puedo&raquo;, dice el rico n&uacute;mero dos y se excusa, &laquo;tengo que ir al haras, el veterinario necesita mostrarme algo de los caballos. Quiero anotar el tordillo en un Grupo Uno. Le ten&iacute;a ganas al 2000 metros de mayo en Palermo pero no s&eacute; si llega&raquo;. Ni uno ni otro sabe lo que es tarjetear en doce cuotas un viaje en crucero, para eso tienen sus propias embarcaciones que mantienen en excelente estado todo el a&ntilde;o desde que se acuerdan, ajenos a los problemas econ&oacute;micos argentinos y el mundo. Hablan de sus yates y veleros como sus boy&rsquo;s toys, les da m&aacute;s orgullo que pudor que sumados los valores de los propios y los de su c&iacute;rculo extendido de amigotes, alcance para cubrir la deuda externa de un pa&iacute;s. Un pa&iacute;s chico, eso s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        A unas mesas de distancia, una pareja de padres j&oacute;venes comparte lunch con su hijo, Crist&oacute;bal, Amancio o Felipe. El ni&ntilde;o viste impecable, lleva puesto el uniforme del colegio biling&uuml;e de 10.000 d&oacute;lares al que lo mandan desde el kinder. Prolijo, no se sac&oacute; el corbat&iacute;n y si bien pronuncia como un saj&oacute;n nato &laquo;seven plus four&raquo;, necesita la calculadora de su iPhone para saber que la cuenta da 11. El padre est&aacute; vestido como deber&iacute;a estar vestido Crist&oacute;bal, Amancio o Felipe, pero las crianzas de la &eacute;poca son as&iacute;, horizontales y decontract&eacute;. Usa una remera Volcom con una leyenda abortera en ingl&eacute;s que, si la ve el gerente del Opus de la multinacional en la que trabaja, lo despide &laquo;con justa causa&raquo;. La mam&aacute;, por otro lado, pertenece al clan de las mujeres con apellidos de estaciones del subte D, Ag&uuml;ero, Bulnes, Pueyrred&oacute;n, y con nombres propios de productoras de moda: Fini, Tini, Pipi, Rini. El costado anglo no lo lleva en los nombres sino en las unidades m&eacute;tricas, en su peque&ntilde;o pero viajado universo los talles 42 o 36 no existen. Mientras esquiva el plato de comida que pidi&oacute; pero en definitiva parece no interesarle, le comenta a su marido sobre las compras online que realiz&oacute; el d&iacute;a anterior en un rato de aburrimiento. Botitas seis y medio, Montgomery extra small y unos onestes para la beba, todo en GAP por apenas 600 d&oacute;lares, abonados con millas acumuladas en la tarjeta de cr&eacute;dito familiar. En su peque&ntilde;o pero universo tampoco existen los pesos. Ese es un problema de las mayor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Las mismas mayor&iacute;as est&aacute;n convencidas de que en los lunch del Bajo comen los ricos, la gente que tiene muchos recursos. Y es verdad, solo hasta que surge una pregunta: muchos recursos, s&iacute;, pero &iquest;de acuerdo a qui&eacute;n? &iquest;Cu&aacute;nto es mucho y cu&aacute;nto es poco? Mientras en la Avenida del Libertador se saludan con simpat&iacute;a y se sonr&iacute;en a pura dentadura de mesa a mesa, como una vecindad pudiente a lo Truman Show donde la ronda de visibilidad es sin&oacute;nimo de pertenencia y de salud, hay otra franja de la riqueza que se ahorra, que evita y le reh&uacute;ye, justamente, a esas escenas. No porque incurran en su repudio &mdash;eso demanda energ&iacute;a y los lunch en El Bajo son pura inocencia&mdash;, tampoco porque le resultan del todo ajenas como s&iacute; comer un s&aacute;nguche de vac&iacute;o en la costanera, sino porque ya no cuadran con el estilo de vida que tienen los verdaderos ricos de la Argentina. Contrario a lo que se cree, los due&ntilde;os de la fortuna del 1% del mundo no desespera por acopiar followers o likes en Instagram. Su caudal de dinero es tal que persiste y se engrosa gracias a la p&aacute;tina de anonimato que los reviste, los protege y, adem&aacute;s, los endiosa &mdash;porque para ellos, minimalistas de s&iacute; mismos, menos es m&aacute;s mientras no se trate de dinero. Podr&aacute;n salir una vez al a&ntilde;o sus retratos cuidados en el ranking de Forbes, la revista de los negocios y las finanzas, pero casi como una obligaci&oacute;n y no como la entrega honorable de una cucarda en La Rural. Sin fiscales o paparazzis a la vista, la forma de habitar el mundo de los tipos m&aacute;s poderosos puede transformarse en el secreto mejor guardado de una naci&oacute;n, por m&aacute;s fracturada o detonada se encuentre. Basta con o&iacute;r sus nombres salpicados en los noticieros o leerlos en alg&uacute;n art&iacute;culo period&iacute;stico para darse cuenta de que somos incapaces de conocer o recordar sus rostros. &iquest;C&oacute;mo es posible que no sepamos qui&eacute;nes son los cincuenta tipos que influencian, condicionan y determinan la manera en la que vivimos? &iquest;C&oacute;mo es que un racimo de ricos, que se mueve fuera del radar como un grup&uacute;sculo de testigos bajo protecci&oacute;n estatal, ordene a su necesidad la existencia de las mayor&iacute;as a las que desconoce y con las que ni siquiera tiene contacto? Volvamos a Forbes: en el ranking de 2024, los 50 integrantes de la lista de los m&aacute;s ricos de la Argentina suman 78.000 millones de d&oacute;lares, equivalente a 12,5% del PBI del a&ntilde;o electoral 2023. &iquest;Qu&eacute; tal?
    </p><p class="article-text">
        Aunque sea una tentaci&oacute;n considerar que, despu&eacute;s de cierto punto, la riqueza multiplicada es m&aacute;s de lo mismo, en la realidad se impone lo contrario. El lenguaje en el que se comunican estos sujetos tiene su argot y sus particularidades; particularidades de diferenciaci&oacute;n que conviven en tensi&oacute;n permanente entre s&iacute;. Podr&aacute;n serlo a los ojos de las mayor&iacute;as, pero los &laquo;millos&raquo; no son todos iguales ni tampoco se consideran iguales entre s&iacute;. No conforman una masa uniforme o una fraternidad con tendencia adictiva a los tejidos de fibras naturales color celeste y color beige. Disimulada y subrepticiamente, la elite est&aacute; dividida, incluso en anillos cual infierno de Dante, de acuerdo a c&oacute;mo forjaron o se hicieron de su fortuna. &iquest;Por sangre o por esfuerzo? &iquest;Por herencia o m&eacute;rito propio? &iquest;Por linaje o por talento? Aunque prime la camarader&iacute;a y no se discutan a viva voz &mdash;un gesto as&iacute; tambi&eacute;n es h&aacute;bito del vulgo&mdash;, y se comenten a media lengua o en ronda de gossip, el narcisismo de las peque&ntilde;as diferencias es un asunto que entre ricos no pasa desapercibido. Acaso medirse con el de al lado puede ser un &uacute;ltimo vestigio de normalidad, un vicio que les recuerda la profunda e inextirpable condici&oacute;n humana. Cuenta la leyenda, por caso, que ante la invitaci&oacute;n a compartir mesa y hacer migas con la se&ntilde;ora Gloria Garc&iacute;a de Coto, esposa de Alfredo Coto, la mujer del patricio Federico Braun, presidente y miembro de la extensa familia fundadora de los supermercados patag&oacute;nicos La An&oacute;nima, pronunci&oacute; solo dos palabras para negar el ofrecimiento. &laquo;Mejor no&raquo;, dijo con un moh&iacute;n en su rostro, agitando la mano como quien espanta suavemente una mariposa y dio por cerrada la posibilidad de tener que codearse con una cong&eacute;nere afin, s&iacute;, pero cuyo dinero tiene demasiado olor a nuevo. Que la mujer de un miembro de los Braun &mdash;una de las familias art&iacute;fices de la llamada &laquo;Conquista del Desierto&raquo;&mdash; se vea obligada a hacer small talk con la mujer de un matarife es un hecho inadmisible.
    </p><p class="article-text">
        Para muestra, un bot&oacute;n. Lo certifica el dicho popular y el desencuentro de las se&ntilde;oras. Resumida en una vi&ntilde;eta sin derramamiento de sangre, aunque tambi&eacute;n construida como un emblema de la tensi&oacute;n, deja que nos asomemos por el escote que se abre con timidez entre la poblaci&oacute;n old money y la poblaci&oacute;n new money de la elite vern&aacute;cula. No es una guerra, no es tampoco una batalla; despu&eacute;s de todo, el idioma que hablan los due&ntilde;os del dinero se funda en el respeto a los buenos modales &mdash;todo por la etiquette&mdash; y, si es para reproducir y acumular, la apertura a alianzas incluso con agentes inesperados. Para los herederos, los que ven sus propios apellidos fraguados en las p&aacute;ginas de los manuales y libros de historia, que adem&aacute;s de ser due&ntilde;os de la tierra son propietarios de la mejor balconada, los nuevos ricos son una clase alta contrafrente. En la torre de lujo en la que son consorcistas imaginarios, el dinero ancestral tiene un peso espec&iacute;fico diferente a la fortuna de estreno que a la alcurnia le merece las mejores vistas, porque estaban all&iacute; desde antes. La met&aacute;fora del edificio es &uacute;til para contar que los self made man del c&iacute;rculo rojo argentino se le animan tambi&eacute;n &mdash;todo lo que se le pueden animar&mdash; a dar revancha. Lo sabe Alfredo Rom&aacute;n que, casi sin educaci&oacute;n formal, adquiri&oacute; a los 18 a&ntilde;os su primer cami&oacute;n para transformarse en un empresario log&iacute;stico, no solo en rutas sino tambi&eacute;n en puertos. Don Rom&aacute;n ostenta la mansi&oacute;n &laquo;Villa Mart&iacute;nez&raquo; o tambi&eacute;n llamada Palacio Kavanagh donde otrora funcionara la residencia particular de los embajadores de Francia en la Argentina; queda en Mart&iacute;nez, claro, donde construy&oacute; una pileta lineal y donde cuenta con un stud y un haras. Aunque como si fuera poco tambi&eacute;n se arm&oacute; un ranchito, uno de los m&aacute;s grandes de la Ciudad de Buenos Aires, en Barrio Parque, con pileta climatizada, sal&oacute;n de baile, gimnasio, cava y m&aacute;s de una decena de empleados disponibles around the clock. Por si faltara algo, el &laquo;zar de las gr&uacute;as&raquo; compr&oacute; el terreno de al lado para que ning&uacute;n especulador inmobiliario le tape su porci&oacute;n de cielo. Es que en el corredor norte se ve bien el fen&oacute;meno celeste Las Tres Mar&iacute;as, una de las Tres Mar&iacute;as sigue brillando, se est&aacute; apagando pero sigue brillando.
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        Lo sabe tambi&eacute;n el cordob&eacute;s Marcelo Mindlin, due&ntilde;o y conductor de Pampa Holding, uno de los l&iacute;deres del sector energ&eacute;tico, que tuvo el capricho de adentrarse en el mundo inmobiliario por primera vez. Y por obra y gracia de Dios pudo hacerlo en los terrenos m&aacute;s caros de la Ciudad de Buenos Aires, en el paquet&iacute;simo Barrio Parque, cerca de la joyita de Eduardo Costantini, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires &mdash;fundado en septiembre de 2001, a nada del estallido social&mdash; que posiblemente los propietarios nunca visitar&aacute;n. Sin haber mostrado ni los planos del proyecto de edificio, el ambicioso ex-IRSA logr&oacute; colocar todas las unidades de su nuevo desarrollo, a m&aacute;s de 10.000 d&oacute;lares el metro cuadrado. Eso s&iacute;: con el visto bueno del propio Marcelo, que decidi&oacute; qui&eacute;n s&iacute; y qui&eacute;n no va a pertenecer. Bolilla negra recibi&oacute; Federico Pieruzzini, importador de veh&iacute;culos de alta gama y representante en la Argentina de marcas como Jaguar y Land Rover. Mindlin, rey de su propio castillo y padre del entrepreneur Nicol&aacute;s, uno de los tres socios fundadores de la financiera Cocos Capital, entendi&oacute; que Barrio Parque no es lugar para un vendedor de autos.
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        S&iacute; es un lugar para otra familia bon vivant con intereses en tecnolog&iacute;a, telecomunicaci&oacute;n, agricultura y un bien puesto etc&eacute;tera, que adem&aacute;s cuenta en su linaje a gente de la pol&iacute;tica a niveles de toma de decisiones. En la residencia de barrio Parque las mucamas adscriptas al bunker car&iacute;simo al que miembros de la familia solo van en forma random pero mantiene con personal de servicio 24/7, se sirven como snack post gym bananas cortadas en finas rodajas. Con un detalle de styling, las bananas cortadas en rodajas son servidas en bandejas de plata. Excelente fuente de potasio post sesi&oacute;n con el personal trainer, lo que no sabemos es en qu&eacute; refrigerador se conservan las frutas: si en la heladera destinada al agua mineral o en la correspondiente solo al salm&oacute;n rosado. A ver si nos queda claro: hay una heladera solo para el agua y otra solo para el salm&oacute;n, atendidas por personal dom&eacute;stico siempre listo. Todo muy fit en Barrio Parque.
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        De ninguna manera podr&iacute;amos afirmar que la construcci&oacute;n de los enclaves para ricos es un hecho novedoso. No ser&iacute;a justo con el economista y coleccionista de arte Eduardo Costantini, flamante padre de Kahlo Milagro a sus 78 a&ntilde;os, un pionero en la puesta a punto del vecindario donde duermen, aman y rosquean los poderosos. A mitad de los noventa fund&oacute; la empresa desde donde se proyectar&iacute;a el infame Nordelta, la urbe top encajada en una zona para nada top en el partido de Tigre y pensada para ese cuerpo social definido entonces con cincel: gente como uno. Pero estas 1.700 hect&aacute;reas, habitadas hoy por una poblaci&oacute;n adinerada pero en extremo variopinta &mdash;due&ntilde;os de pymes exitosas comparten cancha de tenis con jueces, se&ntilde;oras del Opus se cruzan en el ascensor con creadoras de contenido de OnlyFans, especuladores financieros que no saben lo que es tributar al fisco compran helado en el mismo paint que exfutbolistas con panza&mdash;, no fueron suficientes para el ambicioso Eduardo. Adem&aacute;s de haber so&ntilde;ado con ser intendente del enclave de su creaci&oacute;n y haber sido bajado de la palmera por las autoridades del municipio, desde la misma sociedad an&oacute;nima se dedic&oacute; a construir torres en la Ciudad de Buenos Aires y tambi&eacute;n afuera, en Miami y en Rocha, Uruguay. Y en el presente, Costantini, que aunque no sea eventero anda con dos o tres custodios alrededor, invierte en Punta del Este: asociado con Adolfo Cambiasso (padre), se hizo de un terreno de 7.500 hect&aacute;reas del otrora kirchnerista L&aacute;zaro B&aacute;ez, rematado por 11,2 millones de d&oacute;lares por el estado uruguayo. Lugar para barrio privado y cancha de polo, hay de sobra, y hay que maximizar el provecho que Eduardo pens&oacute; para &laquo;su&raquo; puente. Construido sobre la Laguna Garz&oacute;n, dise&ntilde;ado por el arquitecto Rafael Vi&ntilde;oly e inaugurado en 2015, le cost&oacute; apenas 10 millones de d&oacute;lares y une por tierra los departamentos de Maldonado y Rocha; es decir, Jos&eacute; Ignacio y Las Garzas.
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        Lo dicho: la fiebre del negocio inmobiliario es contagiosa. Alejandro Bulgheroni, de Pan American Energy Group, junto a su esposa Bettina Guardia sentaron su precedente en 2020 haciendo realidad un &laquo;sue&ntilde;o familiar&raquo;. En tiempo pand&eacute;micos, presentaron su barrio privado sustentable y de lujo en la playa de Jos&eacute; Ignacio. Costa Garz&oacute;n, emplazada sobre la costa atl&aacute;ntica uruguaya, los lotes ofrecidos a partir de 1,6 millones de d&oacute;lares incluyen servicio de sunset, adem&aacute;s de club de playa, un rest&oacute; a cargo de Francis Mallmann y un campo de golf de est&aacute;ndares estadounidenses. Ah, claro, y acceso a la bodega. Alejandro Bulgheroni, para quien no sepa, es el tercer hombre con m&aacute;s dinero de la Argentina y codirige su petrolera junto a Marcos, su sobrino. En 2024, la fortuna de este rico de origen genov&eacute;s alcanz&oacute; los 5.100 millones de d&oacute;lares, 300 millones por debajo respecto de 2020, como para que no creamos que solo reciben buenas noticias. Adem&aacute;s, su esposa Bettina Guardia &mdash;mendocina, abogada y exsecretaria nada menos que del non plus ultra menemista Carlos Corach&mdash; tiene en su control Marca Pa&iacute;s. &iquest;Por suerte? No, por capacidad y tambi&eacute;n voluntad de su querida amiga Karina Milei que anotici&oacute; a la Canciller&iacute;a de la ca&iacute;da en desgracia Diana Mondino quien deb&iacute;a quedarse con este presupuesto v&iacute;a DNU. Al final uno que nadie quiere nombrar ten&iacute;a raz&oacute;n: al amigo, todo.
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        Mucho Uruguay, mucho Uruguay, pero &iquest;qu&eacute; pasa en la Argentina? Vayamos a lo seguro, al primer country club de la Patagonia. Ideado por Exequiel Bustillo a comienzos de siglo XX, constituido como una sociedad an&oacute;nima para resistir presuntas expropiaciones en los cincuenta, Cumel&eacute;n S.A. es otro de los lugares donde la elite va a descansar fuera del ojo de las c&aacute;maras. El club tiene 1.400 miembros en total y solo se puede acceder a la membres&iacute;a solo cuando hay una baja y v&iacute;a invitaci&oacute;n de tres socios, un hecho que no sucede hace m&aacute;s de una d&eacute;cada. &laquo;Sin preocupaci&oacute;n&raquo; significa el nombre del country en araucano y es el spot elegido, por ejemplo, por el expresidente Mauricio Macri y su esposa Juliana Awada, que suelen ser los hu&eacute;spedes estrella de Nicky &laquo;hermano de la vida&raquo; Caputo, o tal vez de Luis &laquo;Toto&raquo;, del anticuario Eduardo Cohen &mdash;amigo de la ex primera dama y due&ntilde;o del Cerro Bayo Ski Boutique&mdash;, de alg&uacute;n Quintana, alg&uacute;n Blaquier, alg&uacute;n Santamarina, alg&uacute;n Dodero, o alg&uacute;n Roemmers &mdash;no son inventos, sino el repaso de la gu&iacute;a telef&oacute;nica interna de los habitantes del lugar, acaso una excusa tonta, una forma sutil, de name dropping. Con salida directa al Nahuel Huapi, los Macri Awada exprimen al m&aacute;ximo la privacidad y tienen por costumbre salir en una peque&ntilde;a y costosa lancha Riva, ep&iacute;tome del dise&ntilde;o italiano en embarcaciones, hacia Las Balsas, hotel y restaurante mega exclusivo de la familia Sielecki, sobre la bell&iacute;sima Bah&iacute;a de San Patricio, a minutos nom&aacute;s. Con la log&iacute;stica &iacute;ntima garantizada, los Macri se &laquo;mezclan&raquo; con otros ricos antiperonistas &mdash;&iquest;antiperonismo de amigos?&mdash; e incluso con la realeza. Es sabido que el rey Guillermo Alejandro y la reina M&aacute;xima Zorreguieta de los Pa&iacute;ses Bajos son adoradores de las tierras patag&oacute;nicas m&aacute;s codiciadas del mundo. Y Carlos &laquo;Calilo&raquo; Sielecki, que es un hombre generoso, suele cerrar Las Balsas a fin de a&ntilde;o para solo recibir colegas y allegados. Porque est&aacute; bien mezclarse, pero hay l&iacute;mites. Los ricos son tipazos cuando se mueven en ambientes controlados.
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        Los Sielecki son una familia amplia de procedencia polaca. Aunque el origen de su fortuna se ubica en la fundaci&oacute;n de los laboratorios Phoenix, que trajo penicilina al pa&iacute;s por primera vez y fue uno de los m&aacute;s favorecidos por el auge de la industrializaci&oacute;n nacional, su business se diversific&oacute;. No solo al negocio inmobiliario &mdash;adem&aacute;s de su cielo en la tierra de Villa La Angostura, por ejemplo, se hicieron con los terrenos del Tiro Federal, con alrededor de 150 millones de d&oacute;lares junto a los Werthein&mdash;, sino tambi&eacute;n al campo de la energ&iacute;a y la petroqu&iacute;mica. Calilo, el hermano m&aacute;s nombrado de los herederos del patrimonio de Manuel Sielecki, hoy forma parte del grupo Insud Pharma, junto a Hugo Sigman y Luis Gold, hermano de la esposa de Hugo, Silvia Gold, de un subterr&aacute;neo perfil bajo. Con trayectoria farmac&eacute;utica, desde 2017 el tr&iacute;o blande la espada del laboratorio ELEA. Desde all&iacute;, en 2024 adquirieron el negocio de salud femenina de la empresa norteamericana Viatris, para convertirse en el mayor fabricante de anticonceptivos del mundo. &iquest;Casualidad? No, todo lo que hace la power couple conformada entre Hugo Sigman y Silvia Gold est&aacute; signado por algo m&aacute;s que el mero dinero.
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        Ubicados en el segundo puesto del &uacute;ltimo ranking de ricos de la Argentina, el matrimonio es una nara avis dentro del ecosistema que habita, donde el grueso no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s en formarse m&aacute;s all&aacute; que en las lenguas ocultas del dinero. &iquest;Arte? &iquest;Cine? &iquest;Libros? &iquest;Mecenazgos? &iquest;Becas? &iquest;Qu&eacute; es eso?
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        Cine justamente es lo que hace Walter Salles, quien le dio la alegr&iacute;a y el orgullo a Brasil de su primer Oscar por Ainda estou aqui como pel&iacute;cula extranjera. Walter se hubo criado como un ni&ntilde;o rico en una familia propietaria de bancos multimillonarios como Unibanco y despu&eacute;s Ita&uacute;. Su fortuna personal asciende a los 5.000 millones de d&oacute;lares y junto a sus hermanos administran su patrimonio mediante un family office propio. Walter, director tambi&eacute;n de Diarios de motocicleta, aprendi&oacute; el craft en la USC, la universidad privada de elite de Los &Aacute;ngeles, California a instancias del &eacute;nfasis puesto en la familia por contar cosas v&iacute;a el arte. De hecho su hermano menor Jo&atilde;o Salles es un consagrado documentalista que alcanz&oacute; el cenit de reconocimiento con el documental Santiago, donde realiza un perfil cinematogr&aacute;fico de Santiago, el mayordomo de la familia, lo que ser&iacute;a en la Argentina el chofer polifuncional Guti&eacute;rrez de la familia Gold Silver, donde el delirantemente revoltoso Oaky jugaba con Hijitus. Los hermanos Salles exorcizan sus privilegios a trav&eacute;s de su storytelling, tanto que Jo&atilde;o pudo terminar su documental diecisiete a&ntilde;os despu&eacute;s de haberlo empezado, quiz&aacute; cuando entendi&oacute; que, mirada de cerca, ninguna vida es peque&ntilde;a.
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        Crucemos Uruguayana y volvamos a la Argentina donde Hugo y Silvia, Silvia y Hugo, aquella pareja de j&oacute;venes izquierdistas que padeci&oacute; el exilio pero volvi&oacute; de allende de los mares convertida en una sociedad millonaria, como para matar las penas, tiene un costado fil&aacute;ntropo inusual y forma parte de una minor&iacute;a intelectualizada, con preocupaciones genuinas sobre los saberes y los destinos del mundo. Mientras a Silvia es imposible ubicarla, a Hugo se lo ha visto tentado por la pol&iacute;tica y ese qu&eacute; s&eacute; yo que tiene el spotlight. Con un estilo de vida m&aacute;s asociado a la burgues&iacute;a europea que a la estridencia de la buena vida en la Florida de Trump, y la pretensi&oacute;n de Hugo de codearse en los brindis de fin de a&ntilde;o con &laquo;gente com&uacute;n&raquo; como &laquo;uno m&aacute;s&raquo; &mdash;si acaso son &laquo;gente com&uacute;n&raquo; los acad&eacute;micos, funcionarios y escritores que conforman el cat&aacute;logo de la &uacute;ltima editorial de su adquisici&oacute;n; si acaso una fortuna de 6.300 millones de d&oacute;lares no te saca del club Luna de Avellaneda de los &laquo;uno m&aacute;s&raquo;&mdash;, los Sigman tienen dos fuertes intereses, aunque no del todo compatibles: la sustentabilidad y el lujo. Financiaron pel&iacute;culas, revistas period&iacute;sticas, y son due&ntilde;os de Le Monde Diplomatique, Capital Intelectual, Siglo XXI. Compran arte, apoyan artistas para que puedan participar en bienales y prestan especial atenci&oacute;n a la educaci&oacute;n. Hugo, m&eacute;dico psiquiatra, y Silvia, bioqu&iacute;mica, tuvieron hijos que asistieron &laquo;al colegio&raquo;. Es decir, al Colegio Nacional de Buenos Aires, cuna de la dirigencia local donde ronda un capital social de grandes proporciones.
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        En el mismo andarivel que Gold y Sigman, adem&aacute;s de ubicar al cultivado Eduardo Costantini, podemos colocar tambi&eacute;n a Alec Oxenford, hoy embajador en Estados Unidos e integrante del Consejo de Asesores Econ&oacute;micos de Javier Milei. En rigor su nombre es bien patricio, algo as&iacute; como Alejandro Carlos Francisco Oxenford Lahusen. Adem&aacute;s de ser amante y coleccionista de arte, fue presidente de ArteBA y confiesa haber le&iacute;do la mayor&iacute;a de libros de su vida antes de los 15 a&ntilde;os. Tal vez para manejar la espuma del &eacute;xito, se acerc&oacute; al budismo. &iquest;&Eacute;xito por qu&eacute;? Porque despu&eacute;s de estudiar Administraci&oacute;n de Empresas en la Universidad Cat&oacute;lica e ir a Harvard a hacer un MBA, sobre el fin de siglo pasado y el crecimiento vertiginoso de las punto com, se transform&oacute; en cofundador de OLX, Letgo y DeRemate. Cuando nadie sab&iacute;a en la Argentina lo que era internet ni c&oacute;mo funcionaba, Oxenford se volvi&oacute;, primero, pionero en desarrollo de plataformas de comercio para despu&eacute;s, volcar su vocaci&oacute;n de innovaci&oacute;n a la pol&iacute;tica, aunque nunca en un lugar de primera plana como hasta el presente.
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        Hay un detalle muy pintoresco de este unicornio, y es que no solo es contempor&aacute;neo de Marcos Galper&iacute;n, no solo son especialistas en la misma materia, sino que asistieron a la misma escuela. S&iacute;, porque la educaci&oacute;n de los hijos sigue siendo la decisi&oacute;n m&aacute;s importante que toman mam&aacute; y pap&aacute; &mdash;y esta pareciera ser una verdad bastante transclasista, hasta donde se puede, sobre todo porque muchos de los ni&ntilde;os ricos no asisten a la universidad&mdash;, Don Oxenford y Don Galper&iacute;n, pudiendo haber elegido el Lincoln, el Newman, el Northlands, el Carlos Pellegrini, el Champagnat o la Escuela Argentina Modelo, enviaron a sus hijos al Saint Andrew&rsquo;s Scots School, en Olivos. Que Alex y Marcos hayan coincidido en la adolescencia y en el florecer de sus negocios tal vez haya sido demasiado. &iquest;Competidores o enemigos? Tal vez un poco de ambos pero lo que los protagonistas no dicen, y el lector quiere saber, lo muestran los charts.
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        Marcos Galper&iacute;n es el empresario m&aacute;s rico de la Argentina, con 8.500 millones de d&oacute;lares. &laquo;De la Argentina&raquo; es un decir, porque en 2002 se fue a instalar a Uruguay &mdash;ese anexo de la Argentina sin peronistas&mdash;, en un proceso que interrumpi&oacute; solo para volver a apoyar a su querido amigo Mauricio Macri durante su zozobra de gobierno. Marcos naci&oacute; millonario &mdash;la curtiembre siempre fue un negocio rentable gracias a los cotos de caza establecidos por el Estado bobo argentino&mdash;, no sabe lo que es un museo y no tiene el don de gentes. No lo demuestra solo en X, la red social de Elon Musk donde despliega su odio contra aquello que le permiti&oacute; crecer, sino tambi&eacute;n entre los suyos. En 2024, y con el objetivo de aggiornarse un poco e incorporar &laquo;j&oacute;venes talentos y mujeres&raquo;, los se&ntilde;ores de la Asociaci&oacute;n Empresaria Argentina sumaron al due&ntilde;o de Mercado Libre a su clan hist&oacute;ricamente machirulo de la tercera edad. Pero cuentan las malas lenguas que no es muy querido, que lo resienten por vivir en el pa&iacute;s vecino sin ponerle el cuerpo a los avatares argentos y le reprochan, siempre por detr&aacute;s, su &laquo;rusticidad&raquo;. Quiz&aacute; sea la misma de sus a&ntilde;os deportivos, cuando todav&iacute;a jugaba al rugby y era uno de los primeros en &laquo;encremar&raquo; con pasta de dientes o el ung&uuml;ento que tuviera a mano a otros de su equipo, en uno de esos rituales en los que, para alcanzar pertenencia, hay que soportar primero la humillaci&oacute;n.
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        Como pas&oacute; muchos de los a&ntilde;os en los que hay que estar de joda montando su imperio de subastas y ventas online, ese tiempo le lleg&oacute; ahora. Se junta con los jerarcas de firmas como Globant &mdash;como Mart&iacute;n Migoya y N&eacute;stor Nocetti&mdash; y arman fiestas priv&eacute;e, de las cuales por supuesto no se conocen detalles que se puedan contar pero s&iacute; sobre las que se sabe que no escatiman en gastos. Aunque se haya comprado la esquina m&aacute;s cara de Jos&eacute; Ignacio, tal vez Marcos s&iacute; se pone un poco amarrete cuando baja a la playa. Lo hace con una heladerita cargada de Coca Colas heladas y una sombrilla del color del sol con el logo de &laquo;MeLi&raquo; estampado en sus gajos. Si tiene la mala suerte de que lo enganche alg&uacute;n fot&oacute;grafo que cubre la temporada, intenta disuadirlo que no lo retraten de cara al sol ofreciendo como contraprestaci&oacute;n al transpirado paparazzi una coquita fr&iacute;a. Como estrategia, es mala e incluso irrespetuosa: las fotos aparecen igual.
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        De haberse cruzado en la orilla con el fallecido Enrique Eskenazi, fundador del Grupo Petersen, &iquest;le habr&aacute; convidado una coquita fr&iacute;a y una porci&oacute;n de sombra? &iquest;Lo har&aacute; con el heredero Sebasti&aacute;n Eskenazi, en alg&uacute;n momento en el que decide mojar los pies en aguas distintas a las del arroyo Maldonado, de la mano de la siempre esplendida Anal&iacute;a Franch&iacute;n? &iquest;O tal vez con Lucas Werthein, el gastron&oacute;mico y due&ntilde;o del top&iacute;simo restaurant Tres? &iquest;O habr&aacute; preferido guardar la muestra de generosidad para personas m&aacute;s fotog&eacute;nicas, y con llegada al pueblo, como los medi&aacute;ticos random que se perciben independientes y resulta que solo son antiperonistas silvestres? Porque en la costa atl&aacute;ntica uruguaya se materializa cierta paradoja: es la favorita del argentino que habla todo el tiempo mal de la Argentina.
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        La competencia intestina que se da a diario entre pobres, y es noticia en los canales de televisi&oacute;n z&oacute;calos rojos mediante, tiene su saga en las altas esferas. En la vida feliz que el dinero puede comprar, tambi&eacute;n hay tiempo para las marginaciones y los destratos. Pulidos, eso s&iacute;, nunca en la confrontaci&oacute;n innecesaria asociada a los comportamientos plebeyos de un pueblo que nadie quiere ni siquiera recordar. Sin embargo, noblesse oblige: a veces prima la buena voluntad y entre castas se hacen gui&ntilde;os o se cultivan entre s&iacute;, a la b&uacute;squeda de puntos de contacto, de estimular el m&uacute;sculo de la pertenencia o practicar el arduo ejercicio de la igualdad. Es h&aacute;bito y costumbre que al new rich lo conminen a adquirir algunas hect&aacute;reas &mdash;1.000, para empezar a hablar&mdash; de nuestra extensa y generosa pampa. No necesariamente para hacerlas rendir sino para tenerlas. Acaso un primer sacramento, un bautismo de clase. Puede que le haya pasado a un empresario de la salud que, obediente, todav&iacute;a no comprende por qu&eacute; gast&oacute; miles de d&oacute;lares en tierra que no sabe ni para qu&eacute; sirven ni d&oacute;nde quedan, muy distinto al caso de Julio Fraomeni, due&ntilde;o de Galeno, que explota cerca de 40.000 hect&aacute;reas. Abundan los casos en la provincia de Buenos Aires: en Azul, Baradero, Rauch, Balcarce, Guido, San Pedro o Pergamino, empresarios de diferente monta compraron con un pu&ntilde;ado de monedas tierra y medalla de aceptaci&oacute;n. Los importadores de alfombras Kalpakian tienen m&aacute;s de 6.800 hect&aacute;reas; el binguero Lacquanti, 3.300, y los due&ntilde;os de la financiera Posavina, 10.000. Marcelo Arg&uuml;elles, del laboratorio Sidus, tiene apenas 505, y los hilanderos Eksersiyan, 653. Ricardo y Silvia Carozzi, hermanos, socios y due&ntilde;os de la financiera Credil, se alzan con al menos 2.800 hect&aacute;reas.
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        Startups, agronegocios, farmac&eacute;uticos, inmobiliarios, energ&eacute;ticos, automovil&iacute;sticos o una combinaci&oacute;n de varios: entre los afortunados de las grandes fortunas, la &uacute;nica ideolog&iacute;a com&uacute;n es el dinero. Pueden tener un par de sujetos trajeados como custodia o pueden andar solos, cobijados por cierto anonimato, con sus camisas celestes y sus Uniqlo negras fingiendo una normalidad pedestre. Pueden ir a bordo de coches de lujo como Alejandro Roemmers, empresario farmac&eacute;utico y poeta, adem&aacute;s de coleccionista de autos &mdash;que compr&oacute; en 2019 una Ferrari Monza de edici&oacute;n limitada por valor de 2 millones de euros&mdash; o simplemente manejar veh&iacute;culos de alquiler. Algunos tienen helic&oacute;ptero propio, como Jorge &laquo;Corcho&raquo; Rodr&iacute;guez, famoso ex de Susana Gim&eacute;nez y actual de Ver&oacute;nica Lozano, empresario y reciente anfitri&oacute;n de Johnny Depp en su rancho &laquo;Yellow Rose Polo Ranch&raquo;, en la barra de Punta del Este, claro; otros tienen avi&oacute;n privado, como la familia P&eacute;rez Companc, de Molinos R&iacute;o de la Plata y Molinos Agro, que ostentan una aeronave Gulfstream Aerospace, humilde, chiquita: cuesta 5 millones de d&oacute;lares y solo la usan ellos. No se alquila, quiz&aacute; se presta a alg&uacute;n colega que ande tirado, pero se mantiene lista a toda hora, todos los d&iacute;as del a&ntilde;o, por si alguien de la tribu, que adem&aacute;s adue&ntilde;a el parque Temaik&eacute;n y una pista de autos dentro de su propiedad en Escobar para correr sin tener que ir a un aut&oacute;dromo, tiene ganas de ir a pasar la noche a otras latitudes.
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        Distinto es el caso de Enrique Pi&ntilde;eyro &mdash;de segundo apellido Rocca, vaya detalle&mdash;, que utiliza los aviones privados de su ONG Solidaire para misiones humanitarias mientras hace stand up, financia proyectos culturales y agota las reservas de todo el a&ntilde;o, en tiempo r&eacute;cord, para mangiare en su restaurant de Villa Crespo, Anchofta. Debe ser m&aacute;s f&aacute;cil conseguir una invitaci&oacute;n a cenar de su primo segundo, Paolo Rocca, con un pasado de izquierdista radical y un presente de CEO del Grupo Techint. El hombre cocina, recibe y sirve a sus invitados con delantal de cocina puesto y una enorme sonrisa. &iquest;Tendr&aacute; la misma buena y sana costumbre el otro &Iacute;talo argentino millonario Cristiano Rattazzi, parte del imperio automotriz Stellantis? &iquest;O usar&aacute; su encanto italiano, no para la cucina, sino para coquetear, en su momento, a se&ntilde;oritas con su acento romano? &laquo;&iquest;Me agregas al faisbu?&raquo;, preguntaba a las que le endulzaban el ojo en sus interregnos sin pareja estable. A este amante de la playa de Manantiales le gusta la cosa sana: andar descalzo por la calle y lavarse las patas en el balc&oacute;n, no sea cosa de llenar el departamento de arena. Le gusta tambi&eacute;n ir a todo evento posible, comer y pasarla bien. Il dolce far niente.
    </p><p class="article-text">
        Para esta altura del texto, el lector puede estar convencido de que est&aacute; leyendo la sinopsis de una novela que muestra una sociedad dist&oacute;pica. No solo por los altos est&aacute;ndares y niveles de vida, porque estas personas han hecho de la inaccesibilidad su d&iacute;a a d&iacute;a. Sino tambi&eacute;n porque falta algo, m&aacute;s que importante, fundamental: &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las mujeres en el &aacute;mbito del poder y la fortuna? &iquest;Acaso existen? Claro que s&iacute; y, a pesar de conformar una minor&iacute;a, se hacen presentes en un mundo que no fue pensado para ellas. Lo hacen no solo &laquo;por m&eacute;rito propio&raquo; sino gracias al principio de alineaci&oacute;n y balanceo que reciben las diversas clases sociales en lo que a igualdad de g&eacute;nero respecta. N&oacute;tese que son siempre los hijos varones, por ejemplo, los herederos de las haciendas, los negocios y los imperios, los encargados de seguir adelante con la conducci&oacute;n patrimonial. Las hijas mujeres podr&aacute;n heredar la fortuna, el apellido y el capital social pero no as&iacute; el poder de gerenciar. No es tan dif&iacute;cil advertirlo: basta observar la postal de los m&aacute;s ricos del primer cuarto de este siglo XXI. La riqueza pasa de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n &mdash;casi tanto como la pobreza en un pa&iacute;s con la movilidad social ascendente atrofiada y rota&mdash;, el machismo tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los hombres se encargan de cuidar el patrimonio, haciendo lo mismo que sus antecesores o innovando aunque sin asomar la nariz al precipicio de la radicalidad, las mujeres irrumpen en esta esfera de otro modo. Si bien son conocidos los casos de las hijas de y las esposas de &mdash;Herrera de Noble, Lacroze de Fortabat, Guardia de Bulgheroni&mdash; que se dedican m&aacute;s bien a aliviar los dolores de la humanidad, mediante la creaci&oacute;n y labor en fundaciones, organizaciones no gubernamentales, como una performance prolongada y atemporal de la beneficencia, de un tiempo a esta parte comienza a tomar fuerza el reverso de un estado atr&oacute;fico de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Poniendo los codos, la constelaci&oacute;n de mujeres brilla cada vez m&aacute;s en el cielo oscuro de los mocasines, trajes y corbatas, y es el caso de la catamarque&ntilde;a Florencia Sosa. Es la CEO m&aacute;s joven de la Argentina, apenas supera los 30 a&ntilde;os y se presenta a s&iacute; misma como una l&iacute;der con visi&oacute;n de g&eacute;nero, una emprendedora &laquo;m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites&raquo; que &laquo;desaf&iacute;a las reglas&raquo;. Con ribetes de influencer, y muy interesada en la moda &mdash;viaj&oacute; a las Fashion Weeks de Nueva York, Par&iacute;s y Mil&aacute;n&mdash; la muerte de su padre la encontr&oacute; recibiendo el negocio farmac&eacute;utico de su provincia. Con un m&aacute;ster en Liderazgo Femenino cursado en Yale, una de las universidades de la afamada IVY League, comanda el Grupo ECA de emergencias m&eacute;dicas y Minerva Farmacias, aunque no sabemos si por decisi&oacute;n de su progenitor o por defecto, como hija &uacute;nica que es. Trabaj&oacute; nada menos que con Hillary Clinton, otra mujer poderosa que soport&oacute; el affair p&uacute;blico de su marido y la derrota contra Donald Trump en 2016. Usa una app de citas exclusiva para millonarios llamada Raya y recomienda el &laquo;Uber de aviones privados&raquo; que tantos viajes alrededor del globo le facilit&oacute;. Sosa dice que &laquo;culpa&raquo; es una palabra habitu&eacute; en el &aacute;mbito del dinero y que la guita en alg&uacute;n momento te aburre, como si no le diera miedo encerrar entre signos de interrogaci&oacute;n el mito del rico. Es decir, ponerse en duda a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Otro caso emblema es el de Sof&iacute;a Vago, CEO de Accenture en la Argentina, la primera mujer en la direcci&oacute;n local. Desaf&iacute;a el predecible zapato de taco, y suele vestir traje con zapatillas. No quiere destinar un minuto de su tiempo a la incomodidad. Como el colega Galper&iacute;n, fue incorporada recientemente en el intento de refresh de AEA, quiz&aacute;s para evitar el todav&iacute;a masculinismo imperante en sus filas. La brecha de g&eacute;nero en su industria, la del conocimiento y la tecnolog&iacute;a, le preocupa tanto a Sof&iacute;a que se aboca a reducirla activa y personalmente, en alianza con otras lideresas. Podr&iacute;a haberlo hecho con Mar&iacute;a Elena Olaz&aacute;bal Estrada de Hirsch, &uacute;ltima esposa de Mario Hirsch, principal accionista de la renombrada Bunge&amp;Born, y due&ntilde;a de Bellamar Estancias, cuyo nieto Carlos Braun tom&oacute; la posta empresaria. &laquo;Charly&raquo; protege tanto el legado familiar como el juego de vajilla en su poder, perteneciente nada m&aacute;s y nada menos que al mism&iacute;simo Napole&oacute;n, que mandaba a fabricar platos y platitos a su gusto en porcelana de S&egrave;vres y que ordenaba trasladar al campo de batalla para hacer sus comidas. Pero no volquemos, justo ahora. Dec&iacute;amos que Sof&iacute;a Vago podr&iacute;a encontrar una aliada para su cruzada por la feminizaci&oacute;n del poder en la tucumana Catalina Lonac, vicepresidenta de la Compa&ntilde;&iacute;a Azucarera Los Balcanes y una de las &laquo;Mujeres Influyentes 2024&raquo; de acuerdo a la Red de Mujeres Croatas. Es parte de la mayor familia productora de bioetanol de ca&ntilde;a de la Argentina, cre&oacute; la Universidad San Pablo en Tucum&aacute;n y esgrime un t&iacute;tulo nobiliario: el Pr&iacute;ncipe Magno Joannes Aurelius de Zapolya le confiri&oacute; el t&iacute;tulo de Archiduquesa de Zapolya. As&iacute; como lo lee.
    </p><p class="article-text">
        En fin, hay millones de historias en la ciudad desnuda. Ac&aacute; solo describimos un pu&ntilde;ado a trav&eacute;s de un telescopio low cost de AliExpress. No porque los que cortan el bacalao se escondan sino porque directamente viven en otro planeta.
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                Tapa de El país que quieren los dueños (Planeta)                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Augusto Tartufoli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/planeta-duenos_129_12363686.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Jun 2025 03:07:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El planeta de los dueños]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Hasta que brille]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/brille_129_12365684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbbcb811-7d05-40dc-80af-f8fab780fa94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hasta que brille"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Primer capítulo de "Hasta que brille", novela de la dramaturga Laura Sbdar publicada por Editorial Edhasa.</p></div><p class="article-text">
        Todo parece feliz. Grit&aacute;s y te re&iacute;s borracha. Nunca te hab&iacute;a visto as&iacute;, con los ojos como rel&aacute;mpagos. Dec&iacute;s que es una apuestay que la vas a cumplir. Que sos una mujer de palabra. Ven&iacute; vos tambi&eacute;n, me grit&aacute;s con tus manos agarradas a los hierros que suben hasta la c&uacute;spidede la M inmensa y amarilla. Ven&iacute;, no seas cagona. Me gusta verte as&iacute;, fresca.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;nto te apuesto a que llego m&aacute;s r&aacute;pido que vos? Me empuj&aacute;s y choco contra la pila de contenedores de basura. Hagamos una carrera de trepar, dec&iacute;s con la mirada levantada hacia la letra giganteque brilla. Abr&iacute;s los ojos bobos. Trep&aacute;s hacia los arcos con un entusiasmo torpe. Tus piernascortas pero musculosas hacen fuerza, te levantan la cola en cada avance hacia la cima.Te acerc&aacute;s hacia la M y los colores de las luces amarillas se reflejan sobre tu rostro.
    </p><p class="article-text">
        Escal&aacute;s con el pelo negro suelto hasta la cintura. Nunca lo hab&iacute;a visto as&iacute;, siempre recogido en un rodete o cubierto con la red que tu se&ntilde;ora te hac&iacute;a poner para que no contagiaras los piojos. As&iacute; te hab&iacute;a dicho, a vos, que todas las noches le pasabas el peine fino al m&aacute;s chico porque,ante todo, dec&iacute;as, quiero que est&eacute; limpito.
    </p><p class="article-text">
        Te pido que bajes porque tengo miedo, pero me dec&iacute;s que no sea pesada. Quiero colgarme de tu pelo para llegar hasta vos. En cambio, te sostengo la mirada con el cuerpo anclado a la tierra. Mis talones fuertes sobre el pasto h&uacute;medo, los ojos fijos en tus movimientos buscando el control de la ca&iacute;da. Me dec&iacute;s que no sea as&iacute;. &iquest;As&iacute; c&oacute;mo? Aburrida. Te vas a morir de seriedad.
    </p><p class="article-text">
        Me arremango los pantalones y empiezo a subir. Trepo con el &aacute;nimo temblando. Si ese es el precio de tu alegr&iacute;a, &iquest;por qu&eacute; no voy a acompa&ntilde;arte? Tengo miedo, nada puede ser peor que imaginar tu ca&iacute;da. Lleg&aacute;sa la cima y grit&aacute;s,primero un aullido de felicidad, despu&eacute;s un aliento para mis brazos cansados: &iexcl;Dale, dale, falta poco! &iexcl;Est&aacute; re lindo ac&aacute;!
    </p><p class="article-text">
        Descorch&aacute;s el champagne, la espuma rebalsa sobre el cielo oscuro, el corcho cae y se pierde en el pasto. Te chorrean los dedos y chup&aacute;s el l&iacute;quido pegoteado. Est&aacute;s feliz, con la botella en la mano, dando tragos del pico. Aferrada a la bebida que te burbujea la boca. Hac&eacute;s buches largos. Escup&iacute;s. Trag&aacute;s. Hac&eacute;s g&aacute;rgaras y volv&eacute;s a escupir. Despu&eacute;s, imit&aacute;s los gestos de los se&ntilde;ores brindando y tomando sorbitos, con los labios apoyados en el cristal transparente que tantas veces fregaste porque no pod&eacute;s ser tan torpe de dejar la marca de tus dedos. As&iacute; te dice tu se&ntilde;ora despu&eacute;s de las cenas a las que asist&iacute;s con el uniforme especial para las fiestas, celeste con volados blancos y un cartel con tu nombre: Lili.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tanto vas a tardar?, dec&iacute;s mientras la aureola dorada te rodea el cuerpo y te transforma en la virgen de la comida r&aacute;pida. Quiero pegar la vuelta, volver al pasto, mirar la imagen desde abajo, ver c&oacute;mo tu pelo cae hasta la hierba verde y tus tetas brotan del corpi&ntilde;o. Pero llego hasta la cima, pesada, arrastrando mi &uacute;ltima exhalaci&oacute;n. Vos brill&aacute;s, irradi&aacute;s esa luz que siempre te acompa&ntilde;a y, por primera vez, vemos las cosas desde arriba.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te dije o no te dije? Yo siempre cumplo mis apuestas. Te re&iacute;s, no contesto, embobada por las luces de las camionetas que pasan por la autopista a toda velocidad mientras el amanecer asoma tironeado por las nubes. Estoy a punto de decirte: te quiero y te perdono. Pero hago silencio. Me siento en el centro de uno de los arcos amarillos. Imit&aacute;s mi movimiento y te sent&aacute;s en el otro. Balanceamos las piernas y nos encontramos en el silencio de la cima.
    </p><p class="article-text">
        Los autos con las luces altas prendidas zigzaguean las rayas pintadas en el piso. Mir&aacute;, juegan a no tocar las l&iacute;neas blancas, me dec&iacute;s con esa risa de &aacute;ngel tonto mientras me pas&aacute;s la botella pegajosa que entremis manos se ve tan rid&iacute;cula como entre las tuyas. Le doy un saque largo, trato de olvidar todo. &iexcl;Mir&aacute;, Elsa!, grit&aacute;s cuando los fuegos artificiales explotan al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Mir&aacute;! Se&ntilde;al&aacute;s cada destello con precisi&oacute;n como si de la direcci&oacute;n de tu dedo dependiera mi encuentro con el brillo. Desde ac&aacute; arriba los fuegos parecen manchas de vino sobre el cielo. De esas que necesitan d&iacute;as de remojo y fregadopara desaparecer. Buscamosidentificar de d&oacute;ndeviene cada uno. A qu&eacute; casa corresponde cada color. Ese es de mis se&ntilde;ores. Estoy segura. Ese dorado y rojo, &iquest;lo ves? Lo compramos hoy con el m&aacute;s chico. &iquest;Lo ves? S&iacute;, dec&iacute;s, c&oacute;mo no lo voy a ver si es igualitoa tu coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin despegar los labios de la botella lanz&aacute;s tu pregunta diaria:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hiciste hoy?
    </p><p class="article-text">
        Repaso el d&iacute;a desde el principio para olvidar el final. Fui a Saturno. Compr&eacute; los fuegos artificiales. La se&ntilde;ora dijo que no eran suficientes. Volv&iacute; a Saturno. El m&aacute;s chico vino conmigo. Se subi&oacute; al changuito. M&aacute;s r&aacute;pido, Elsa, m&aacute;s r&aacute;pido, grit&oacute;. Lo empuj&eacute; por las g&oacute;ndolas. En el local la m&uacute;sica sonaba a todo volumen. &iexcl;M&aacute;s r&aacute;pido, Elsa! &iexcl;M&aacute;s r&aacute;pido! Corr&iacute; por los pasillos. El m&aacute;s chico se par&oacute; dentro del changuito. Abri&oacute; los brazos a los costados. Grit&oacute;: &iexcl;Soy el rey, soy el rey de Saturno! Las alpargatas se me resbalaron en el piso de baldosas reci&eacute;n trapeadas. Me ca&iacute;. El m&aacute;s chico se rio. Me levant&eacute;del piso. Agarr&oacute; dos aerosoles de espuma, sostuvouno en cada mano. Los roci&oacute; por todo el local. No hagas eso.Vos callate. Nos van a echar. Vos callate. Una chica nos fren&oacute;. No se puede correr en el local. Vos callate. &iquest;A qui&eacute;n le habl&aacute;s as&iacute;?, dijo la chica. A vos. &iquest;Y este maleducado?, me dijo entre reto y complicidad. Basta. Basta vos. Cortala. Cortala vos. Le voy a decir a tu mam&aacute;, te vas a quedar sin regalos. La chica mir&oacute; la escena sin intervenir. Cuando terminamos se acerc&oacute; a El m&aacute;s chico y le sac&oacute; los aerosoles de las manos. D&aacute;melos, son m&iacute;os. La chica lo mir&oacute; a los ojos durante un rato largo y se fue. El m&aacute;s chico eligi&oacute; un fuego artificial que explota dentrode la pileta y otro enorme para el cielo. No me alcanz&oacute;la plata.Tuve que dejar las estrellitas que te quer&iacute;a regalar.
    </p><p class="article-text">
        Volvimos. Pel&eacute; papas. Cort&eacute; papas. Horne&eacute; papas. Tocaron el timbre. Recib&iacute; las flores. Rosas rojas. Rosas rosas. Rosas naranjas.
    </p><p class="article-text">
        Rosas azules. El m&aacute;s grande peg&oacute; un portazo. El se&ntilde;or grit&oacute;. El m&aacute;s chico se manch&oacute; la remera. Limpi&eacute; las copas con alcohol. Planch&eacute; la camisa del se&ntilde;or. Deshice los ramos. Puse las rosas en los floreros. Arm&eacute; la mesa de los hijos y primos. La se&ntilde;ora me dijo que la ponga en la cocina. Puse las flores en el living. Pel&eacute; los garbanzos uno por uno. Pas&eacute; la aspiradora. La se&ntilde;ora volvi&oacute; a reunir las flores por color. Pas&eacute; una gamuza por los estantes. Amas&eacute; el pan.
    </p><p class="article-text">
        La se&ntilde;ora me llam&oacute; a su habitaci&oacute;n. Me mostr&oacute; un vestido color piel. &iquest;Te gusta? S&iacute;, se&ntilde;ora. &iquest;No me hace muy gorda? No, se&ntilde;ora. Me mostr&oacute; un vestido azul con detalles blancos. &iquest;Y este? S&iacute;. &iquest;S&iacute; qu&eacute;? Es lindo. Esper&aacute; que me lo pongo. Se desnud&oacute;. Mir&eacute; el piso. Se puso el vestido y levant&oacute; su pelo con las dos manos. Esper&oacute; de espaldas a que le subiera el cierre. Frot&eacute; mis dedos en el delantal y volv&iacute; a rozar su espalda. Este va sin ropa interior porque se marca todo. &iquest;C&oacute;mo lo ves? Lindo. &iquest;Cu&aacute;l te gusta m&aacute;s? El azul.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; el se&ntilde;or con un cabrito entero. Lo sostuvo en la mano derecha como un trofeo. Llam&oacute; a los hijos. El m&aacute;s chico se puso a llorar. El se&ntilde;or le dijo que no sea maric&oacute;n. El m&aacute;s grande le sac&oacute; una foto. Lo agarr&oacute; y lo manipul&oacute; como a un t&iacute;tere. Hizo voces raras. Ensay&oacute; una conversaci&oacute;n entre el cabrito y su verdugo antes de morir. El se&ntilde;or rio a carcajadas. La se&ntilde;ora grit&oacute; desde arriba, &iquest;qu&eacute; pasa?, &iquest;qu&eacute; est&aacute; pasando? Ven&iacute;, mi amor, dijo el se&ntilde;or. La se&ntilde;ora baj&oacute; con el vestido color piel. Grit&oacute; espantada. El m&aacute;s grande se me acerc&oacute; con el cabrito entre las manos y dijo, dame un beso, Elsita, un besito nada m&aacute;s. La se&ntilde;ora dijo: Preparalo, y se encerr&oacute; en su escritorio. Lo apoy&eacute; sobre la mesada de la cocina. El m&aacute;s chico espi&oacute; detr&aacute;s de la puerta. Mir&eacute; al animal un rato largo. El m&aacute;s chico se acerc&oacute;.&iquest;Est&aacute;s bien? S&iacute;. &iquest;Te da l&aacute;stima?, dijo, y me acarici&oacute; la mano. And&aacute; a jugar a tu cuarto.
    </p><p class="article-text">
        No tengo ganas. And&aacute;, tu mam&aacute; se va a enojar. La se&ntilde;ora grit&oacute; minombre. Abr&iacute; el cuerpo del cabrito a la mitad. El m&aacute;s chico agarr&oacute; los &oacute;rganos descartados y se fue. Arm&eacute; el fuego. Met&iacute; el animal. Dejame, yo lo hago, dijo el se&ntilde;or cuando ya estaban listas las brasas.
    </p><p class="article-text">
        El m&aacute;s grande entr&oacute; a la cocina, reci&eacute;n ba&ntilde;ado, con el torso desnudo y una toalla en la cintura. Elsa, &iquest;viste mi camisa celeste? Est&aacute; en tu habitaci&oacute;n. No la encuentro. Colgada. No la vi. Me lav&eacute; las manos. Me sequ&eacute; con mi delantal. Sub&iacute;. El m&aacute;s grande subi&oacute; atr&aacute;s m&iacute;o. Su desodorante se mezcl&oacute; con el olor a animal de mis manos. Abr&iacute; el placard. Se tir&oacute; en la cama. Agarr&eacute; la camisa. Gracias, no s&eacute; qu&eacute; har&iacute;a sin vos.
    </p><p class="article-text">
        Hago un silencio, el tiempo de lo que no te cuento: el se&ntilde;or me llam&oacute; a su escritorio. Abri&oacute; la computadora. Me mostr&oacute; un video. Se ve&iacute;a mal, borroso, en blanco y negro. Puso pausa y me lo volvi&oacute; a mostrar desde el principio, estaba filmado por la c&aacute;mara de seguridad que est&aacute; en el jard&iacute;n.Acerc&oacute; la imagen, lo vi bien. Se me endureci&oacute; la panza. Me dijo: Te pod&eacute;s retirar, termin&aacute; la cena, despu&eacute;s hablamos. La se&ntilde;ora me llam&oacute;. Sal&iacute; del escritorio. El m&aacute;s chico estaba espiando por la cerradura.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y despu&eacute;s?, pregunt&aacute;s intrigada por mi silencio. La se&ntilde;ora me llam&oacute;, entr&eacute; a su escritorio. Se hab&iacute;a desprendido el vestido y estaba descalza. Tachaba una hoja escrita a mano. Me pidi&oacute; que la ayudara con el maquillaje. Est&aacute; en el ba&ntilde;o, traelo,por favor. Sal&iacute; del escritorio, entr&eacute; a la habitaci&oacute;n, la puerta del ba&ntilde;o estaba cerrada, la golpe&eacute; despacio, el se&ntilde;or dijo: &iexcl;Ocupado! Esper&eacute;. El se&ntilde;or dijo, tengo para rato Elsa,volv&eacute; en veinte minutos. Entr&eacute; al escritorio, la se&ntilde;ora dijo: Dame unos minutos, ya termino. Esper&eacute;. La se&ntilde;ora escrib&iacute;a r&aacute;pido en la computadora, miraba las hojas tachadas y volv&iacute;a a escribir. &iquest;Los encontraste?, pregunt&oacute; mientras anotaba algo tan grande en el borde de la hoja que termin&oacute; manchando el escritorio. Me acerqu&eacute; para limpiarlo. Despu&eacute;s, despu&eacute;s, dijo la se&ntilde;ora. &iquest;Y los maquillajes?, dijo baj&aacute;ndose los anteojos. El se&ntilde;or est&aacute; en el ba&ntilde;o. Decile que se apure. Sal&iacute;, volv&iacute; a tocar la puerta del ba&ntilde;o. El se&ntilde;or no respondi&oacute;. Esper&eacute; en la puerta. Se&ntilde;or, dije despacio, la se&ntilde;ora necesita los maquillajes. No respondi&oacute;. Esper&eacute;. El se&ntilde;or abri&oacute; apenas la puerta y estir&oacute; la mano con la caja de maquillaje. Volv&iacute; al escritorio. Alcanzame ese libro, por favor, dijo la se&ntilde;ora se&ntilde;alando una pila de la mesita baja al lado del sill&oacute;n. &iquest;Este? El de abajo. &iquest;Este? No, no. Pas&eacute; mi dedo se&ntilde;alando cada libro. Ese, ese, dijo la se&ntilde;ora y estir&oacute; la mano con los ojos en la computadora. Gracias. Dame unos minutos. S&iacute;, se&ntilde;ora. 
    </p><p class="article-text">
        Esper&eacute; parada al lado del escritorio, mir&eacute; la biblioteca porque a la se&ntilde;ora no le gusta que la mire cuando escribe. Me distraje intentando diferenciar los libros de una de las bibliotecas donde todos son casi iguales. Parecen el mismo libro, con la tapa color piel y las letras marrones, pero son diferentes. La se&ntilde;ora abri&oacute; tres sobrecitos de edulcorante, los tir&oacute; en la taza y revolvi&oacute;. Ven&iacute;, subime el cierre, dijo acercando los labios al t&eacute; con leche. Estos no los guardes, las hojas tampoco, dej&aacute; todo as&iacute; y que no entre nadie. Teneme, teneme, dijo la se&ntilde;ora y me dio la taza. A ver, ayudame con las sombras, dijo, y las apoy&oacute; en mi otra mano. Las sostuve mientras ella se pintaba mir&aacute;ndose en la c&aacute;mara de la computadora. Me distraje con los dibujos que formaban los movimientos de la leche en la taza. &iquest;Te gusta?, dijo la se&ntilde;ora y cerr&oacute; los ojos para que viera sus p&aacute;rpados rosas. S&iacute;. &iquest;No es mucho? No, es lindo.Tocaron el timbre. &iquest;A qui&eacute;n se le ocurre llegar tan temprano?, dijo la se&ntilde;ora. Haceme el favor, Elsa, serviles algo para tomar. Yo me voy a demorar un poco, and&aacute;,and&aacute; y cerrame la puerta por favor. Baj&eacute;. Abr&iacute;. Eran el padre del se&ntilde;or y su mujer. Serv&iacute; las copas de los invitados, volv&iacute; a la cocina, escuch&eacute; el brindis.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Par&aacute;! Me cort&aacute;s las palabras como si supieras lo que estoy a punto de decir. &iexcl;Par&aacute;! &iexcl;Dej&aacute; de hablar y mir&aacute;! &iexcl;Mir&aacute; el cielo!
    </p><p class="article-text">
        Repaso el final de la noche en mi cabeza. Agradezco que me hagas callar porque no estoy lista para contarte que recog&iacute; la mesa llena de platos, copas y servilletas sucias, puse el mantel en remojo, abr&iacute; la puerta para que se retiraran los invitados, los ayud&eacute; a subir borrachos a sus autos, acomod&eacute; el living, la se&ntilde;ora me dijo que le pusiera el pijama a El m&aacute;s chico y se encerr&oacute; en el escritorio, busqu&eacute; al nene en la habitaci&oacute;n, en el cuarto de juegos, en la cocina, no estaba, el se&ntilde;or me llam&oacute; a su escritorio, me dio un sobre y dijo: Por razones evidentes, est&aacute;s despedida, me acompa&ntilde;&oacute; a la puerta de la casa, un guardia de seguridad me acompa&ntilde;&oacute; a la puerta del country, me sequ&eacute; las l&aacute;grimas y te esper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Laura Sbdar es escritora, dramaturga, directora teatral, docente y Licenciada en Artes. Entre sus obras teatrales se encuentran &ldquo;La obra siamesa&rdquo;, &ldquo;Ametralladora&rdquo;, &ldquo;Vigilante&rdquo;, &ldquo;Un tiro cada uno&rdquo;, &ldquo;Turba&rdquo; y &ldquo;Las suicidas&rdquo;. Obtuvo el Primer Premio German Rozenmacher a la Dramaturgia, la Menci&oacute;n honor&iacute;fica en el Premio de Letras del Fondo Nacional de las Artes y el Premio S a la creaci&oacute;n esc&eacute;nica. Dicta clases en la Universidad Nacional de las Artes y coordina los talleres de escritura &ldquo;La ficci&oacute;n al poder&rdquo;. Es la creadora y directora del Festival de Teatro en la C&aacute;rcel. Public&oacute; &ldquo;Las criaturas&rdquo; (2020) y &ldquo;Estos son los huesos&rdquo; (2022).</em>
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            <span class="title">
                Hasta que brille, por Laura Sbdar                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Laura Sbdar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/brille_129_12365684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Jun 2025 21:20:09 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La memoria es un animal esquivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/memoria-animal-esquivo_129_12303354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1550a9c-8e3e-43a5-8f4e-e3de3d364b62_16-9-discover-aspect-ratio_default_1117884.jpg" width="1650" height="928" alt="La memoria es un animal esquivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto de la nueva novela de la escritora colombiana María del Mar Ramón, radicada en Buenos Aires. Cuenta la vida de Juan Francisco cuando este, un artista de 70 años, tiene que mirar atrás. </p></div><p class="article-text">
        La casa est&aacute; habitada por ra&iacute;ces y &aacute;rboles. Una maleza verde y vivaz ha crecido con determinaci&oacute;n entre las ranuras que dej&oacute; el concreto. En las baldosas del ba&ntilde;o se asentaron toda clase de musgos y dientes de le&oacute;n florecidos decoran el suelo, aliment&aacute;ndose de una tierra lejana que reposa debajo del cemento. Enredaderas se han colado por las ventanas y las ra&iacute;ces de la araucaria del jard&iacute;n fracturan el piso como si nunca hubiese existido all&iacute; una estructura de hormig&oacute;n capaz de sostener la genealog&iacute;a entera de una familia. Por eso ser&iacute;a una mentira, o al menos una expresi&oacute;n tramposa, asegurar que la casa est&aacute; vac&iacute;a. Mucho vive aqu&iacute;. Naturaleza rebelde y abnegada; esa es
    </p><p class="article-text">
        la forma que adopt&oacute; el paso de los a&ntilde;os. Por eso, supongo, todas las luchas contra el tiempo son luchas contra la naturaleza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Mis pies se anticipan a la nostalgia. Nunca cre&iacute; que fuera a estar en este lugar en soledad; en esta casa donde no exist&iacute;a el silencio. Cada instante de esta mudez me pasma, es testimonio de que he vuelto, de que mi hermano ha muerto, de que nunca me fui.
    </p><p class="article-text">
        	Me decido a recorrerla de nuevo. Me tomar&iacute;a m&aacute;s que la vida entera que me queda limpiarla, aniquilar todo lo que vive ahora y hacerla habitable. Incluso si lograra dejarla revestida de un impoluto cemento reluciente, remodelada a mi antojo, no estoy seguro de que alguien pudiera vivir aqu&iacute;. Esta casa est&aacute; llena de fantasmas y de muertos. Si cierro los ojos escucho los pasos de pap&aacute; y veo su figura larga, su perfil griego, su cintur&oacute;n apretado. Pap&aacute; que tambi&eacute;n muri&oacute; en este sitio y yo que tampoco pude verlo. Y esta casa, que es tumba, altar y ruina al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        	Paso por el que era mi cuarto. Lo que queda de la estructura de la habitaci&oacute;n est&aacute; llena de grafitis que seguramente pintaron los otros, de los que Pablo me escribi&oacute; tantas veces. Yo solo respond&iacute; a sus correos sobre este asunto en una oportunidad: &laquo;Por m&iacute; que la tumben, Pablo. Con lo que haya adentro&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	No recuerdo su respuesta. Aunque s&eacute; que es mi memoria orgullosa que ahora, justo en nuestro cuarto, decide omitir sus palabras. Porque soy yo quien recuerda. Recuerdo sus cartas mecanografiadas; recuerdo las m&iacute;as. Recuerdo sus llamadas por cobrar. Recuerdo cuando nuestras ep&iacute;stolas se convirtieron en correos electr&oacute;nicos, e incluso sus whatsapps espor&aacute;dicos. &Eacute;l y su obsesi&oacute;n por mantener esta casa como un museo de nuestra propia tragedia. &laquo;&iquest;Para qu&eacute;?&raquo;, le dec&iacute;a yo. &laquo;&iquest;Para que en muchos a&ntilde;os vengan arque&oacute;logos a investigar nuestra miseria?&raquo;. &laquo;Usted siempre va a ser un exagerado, Juan Francisco. Un doliente. Le encanta decir all&aacute; que usted es una v&iacute;ctima de todos nosotros. &iquest;Qu&eacute; le hicimos que es tan horrible, tan imperdonable?&raquo;, me respond&iacute;a &eacute;l, y ah&iacute; yo dejaba de hablarle. As&iacute; pasaban los meses, a veces los a&ntilde;os, hasta que una noticia de vida o muerte me obligaba a retomar el contacto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Despu&eacute;s de<em> los otros</em> vino el abandono. Una casa abandonada es una mezquindad. Si cierro los ojos en este cuarto, puedo recuperar el olor de los jazmines rosados en el verano. El aroma intoxicante de los d&iacute;as de todav&iacute;a m&aacute;s calor. Se me vienen a la memoria los a&ntilde;os de las fiebres alt&iacute;simas. Yo en cama, sin que nadie supiera qu&eacute; ten&iacute;a. Ardiendo de un fervor que me hac&iacute;a delirar. Deb&iacute;a ser verano porque todo ol&iacute;a a jazmines. Estaba postrado, con el cuerpo enjuagado en un sudor fr&iacute;o. Ven&iacute;a un m&eacute;dico que dec&iacute;a palabras que yo no entend&iacute;a, y pap&aacute; sal&iacute;a por la puerta de mi cuarto con su inmensidad. Vino hasta un cham&aacute;n que me hizo unos rezos. Lo trajo la t&iacute;a Chela a escondidas de pap&aacute;, que jam&aacute;s habr&iacute;a hecho nada que no autorizara la Iglesia. Pero no mejor&eacute;. Las fiebres siguieron, m&aacute;s intensas, amenazando con desintegrar mi cuerpo escu&aacute;lido y enfermizo.
    </p><p class="article-text">
        	Vino el cura a bendecirme. &laquo;Debe ser la voluntad de tu mam&aacute;&raquo;, me dijo, y lleg&oacute; a darme los santos &oacute;leos en la frente. &laquo;Si Dios as&iacute; lo quiere, hijo m&iacute;o, tendr&aacute;s que irte&raquo;. El t&iacute;o Pacho, a quien ten&iacute;amos que referirnos como Padre Francisco, me bendijo y yo cerr&eacute; los ojos con la ilusi&oacute;n de que al abrirlos estuviera mi madre esper&aacute;ndome, con su abrazo tibio. Los apret&eacute; tan fuerte que sent&iacute; que me desmayaba de una vez. Que esa era la muerte y que mam&aacute;, que me hab&iacute;a amado tanto m&aacute;s que a mis hermanos, que me hab&iacute;a deseado tanto, hab&iacute;a decidido que me fuera con ella. En el cielo que habit&eacute; por segundos ten&iacute;a un vestido que me pon&iacute;a cuando nac&iacute;. All&iacute; no era el ni&ntilde;o que result&eacute;, sino la ni&ntilde;a que ella hab&iacute;a so&ntilde;ado. Mam&aacute; me dec&iacute;a que este mundo no era para nosotros; nosotros, que ten&iacute;amos los mismos ojos tristes y el mismo pelo dorado, como de Ni&ntilde;o Dios. Pero no. Los abr&iacute; y ah&iacute; segu&iacute;a. Todos se hab&iacute;an ido, menos Pablo. El &uacute;nico que se qued&oacute; a mi lado, poni&eacute;ndome pa&ntilde;os de agua fr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        	Recuerdo escuchar su vocecita en mi o&iacute;do: &laquo;No se muera, por favor. No me deje solo en este cuarto, que a m&iacute; me da miedo la oscuridad y pap&aacute; me rega&ntilde;a. No se muera porque despu&eacute;s va a quedar su fantasma y va a venir a asustarme, como el de mi mam&aacute;. No se muera porque si se muere, pap&aacute; no lo va a soportar y se va a encerrar otra vez. Por favor, Dios m&iacute;o, no te lleves a mi hermano. Si est&aacute; ah&iacute;, mam&aacute;, no se lo lleve todav&iacute;a, d&eacute;jelo ac&aacute; con nosotros&raquo;. Luego lo escuch&eacute; susurrarme con m&aacute;s fuerza: &laquo;Si usted se va, &iquest;qui&eacute;n me va a cuidar de los indios?&raquo;. Quise responderle que los indios ya se hab&iacute;an ido, que el t&iacute;o Pacho los hab&iacute;a tra&iacute;do de la selva del Catatumbo durante unas semanas nom&aacute;s y que ya no iban a volver. Pero Pablo les ten&iacute;a p&aacute;nico. Les hab&iacute;a temido desde la primera vez que cruzaron la puerta con sus taparrabos y sus lanzas, rodeados de monjas benedictinas que les ense&ntilde;aban a rezar. Cuando Luciano y yo jug&aacute;bamos a ver qui&eacute;n aguantaba m&aacute;s tiempo debajo del agua, si los indios o nosotros, Pablo solo miraba aterrado desde la esquina de nuestro cuarto. Y esas noches no pudo dormir de saber que diez ind&iacute;genas motilones en proceso de evangelizaci&oacute;n acampaban en nuestro patio.
    </p><p class="article-text">
        	Habr&aacute; sido tan genuino su deseo y su amor que la muerte me dio mucho m&aacute;s tiempo y hasta se lo llev&oacute; a &eacute;l primero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dijeron que hab&iacute;a sido un milagro y que el milagro lo hab&iacute;a hecho yo. Yo les quise explicar a pap&aacute; y al t&iacute;o Pacho que el milagro lo hab&iacute;a hecho Pablo, que hab&iacute;a rezado todas esas horas
    </p><p class="article-text">
        a mi lado, pero no hubo caso. &laquo;Los ni&ntilde;os no hablan cuando hablamos los mayores&raquo;, me dijo pap&aacute;, sin mirarme siquiera. Elevando la mano en el aire form&oacute; un muro invisible entre su inmensidad y mi peque&ntilde;ez cuando trat&eacute; de explicarle que yo no hab&iacute;a rezado, que yo en realidad me quer&iacute;a ir de este mundo a cualquier otro. A cualquiera donde estuviera mam&aacute;. Entonces el t&iacute;o Pacho me abri&oacute; los ojos, me revis&oacute; la boca y despu&eacute;s me mir&oacute; los dientes, como si yo fuera un perro de la calle. Por esos d&iacute;as hab&iacute;a una epidemia de dengue en la ciudad y la teor&iacute;a m&aacute;s consistente era que yo hab&iacute;a tenido la enfermedad y que el Dios que viv&iacute;a en m&iacute; la hab&iacute;a expulsado. El t&iacute;o Pacho sali&oacute; del cuarto con pap&aacute; y despu&eacute;s pap&aacute; volvi&oacute; solo. Se agach&oacute; por primera vez en la vida para dirigirse a m&iacute;, y me dijo que el t&iacute;o Pacho hab&iacute;a exigido que me fuera al seminario, porque yo ten&iacute;a a Dios en mi interior y deb&iacute;a seguir su camino desde ahora. Vi en los ojos de mi padre una duda cruel, una especie de compasi&oacute;n que nunca le hab&iacute;a visto: una clase de pena. Empacamos la maleta mientras yo lloraba y me limpiaba las l&aacute;grimas con el dorso de la mano, tratando de que no se notaran. Pap&aacute; se dio cuenta, pero no me rega&ntilde;&oacute; por llorar. Pablo, que me ayud&oacute; a empacar, disimulaba su tristeza, y para que yo no me acongojara m&aacute;s, me dijo: &laquo;All&aacute; va a ver a Luciano. Al menos no va a estar solo&raquo;. Tom&eacute; su consuelo con un agradecimiento infantil y vi c&oacute;mo pap&aacute; cerraba la maleta de cuero empolvada.
    </p><p class="article-text">
        	Al otro d&iacute;a, apenas amaneciera, me iban a llevar a la terminal de buses para que me fuera a Bogot&aacute;. El viaje iba a durar dos d&iacute;as. Vino la t&iacute;a Chela a preparar comida para el camino. La escuch&eacute; hablando con pap&aacute; en la cocina. &laquo;Es apenas un ni&ntilde;o, Guillermo. Lo va a mandar al seminario con muchachos m&aacute;s grandes y apenas tiene nueve a&ntilde;os. Est&aacute; reci&eacute;n huerfanito de mam&aacute;. &iquest;A usted s&iacute; le parece?&raquo;. Recuerdo la resignaci&oacute;n de la voz de mi pap&aacute; al responder que eran los designios de Dios, que no pod&iacute;an contradecirse.
    </p><p class="article-text">
        	Cuando clare&oacute;, pap&aacute; vino a buscarme para que me ba&ntilde;ara. Pablo segu&iacute;a dormido y prefer&iacute; no despertarlo para que pudiera descansar m&aacute;s. Ya en la calle, al frente de la casa, me escap&eacute; del carro y me acost&eacute; en el pavimento. &laquo;Pap&aacute;, te pido por lo que m&aacute;s quieras que no me lleven al seminario. Te lo ruego. Voy a hacer lo que t&uacute; me digas por el resto de la vida, pero por favor d&eacute;jame quedarme ac&aacute; contigo y con Pablo&raquo;. Lo tute&eacute;, nunca lo hac&iacute;a. Nos trat&aacute;bamos de <em>usted</em> en esta casa. Luego me arrodill&eacute; en el pavimento caliente y las piedritas tibias se me clavaron en las rodillas. Cerr&eacute; los ojos esperando la cachetada de mi pap&aacute;, que me levantara del piso de un solo golpe y me dijera que no fuera tan rid&iacute;culo y tan maleducado, pero &eacute;l volvi&oacute; a agacharse y me pidi&oacute; que lo perdonara, antes de alzarme con ternura y devolverme a la parte de atr&aacute;s del carro. Esas fueron las &uacute;ltimas palabras que cruzamos antes de que volviera por primera vez a esta casa. A esta herida.
    </p><p class="article-text">
        	Nunca volvi&oacute; a pedirme perd&oacute;n y yo nunca volv&iacute; a tratarlo de <em>t&uacute;</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Tapa de La memoria es un animal esquivo (Concreto)                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[María del Mar Ramón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/memoria-animal-esquivo_129_12303354.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 May 2025 09:55:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La memoria es un animal esquivo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia Mínima del rock en América Latina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-minima-rock-america-latina_1_12272883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97faae55-6d11-4045-87ee-e45560ac403d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia Mínima del rock en América Latina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abel Gilbert y Pablo Alabarces presentan esta obra el 8 de mayo a las 16 en la Sala Alejandra Pizarnik de la Feria del Libro. En la charla, estarán los autores y Pablo Yankelevich. Presentan Valeria Manzano y Martín Rodríguez. Este es un adelanto.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Introducci&oacute;n: </strong><em><strong>romper mucho, poquito, nada</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Despu&eacute;s crecimos y nos fuimos del barrio</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pato trabaja en una carnicer&iacute;a&rdquo;, Moris (Mauricio Birabent), 1970
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una introducci&oacute;n a la introducci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Construir una historia del rock en Am&eacute;rica Latina implica un problema que se reitera en cada intento de <em>latinoamericanizar</em> la narrativa o el an&aacute;lisis de un fen&oacute;meno: la pregunta sobre su mera existencia. Sabemos que existi&oacute; algo a lo que podemos llamar <em>m&uacute;sica rock</em> en toda Am&eacute;rica Latina &ndash;con dificultades para definirla, como veremos; pero son dificultades mucho m&aacute;s ligadas a su amplitud y abundancia, a su extensi&oacute;n temporal y geogr&aacute;fica, que a su escasez&ndash;. Sabemos, tambi&eacute;n, que esa producci&oacute;n musical, y a la vez po&eacute;tica, est&aacute; asociada a movimientos ampliamente culturales y generacionales &ndash;que, tambi&eacute;n, se definieron como francamente contraculturales y se construyeron, simult&aacute;neamente, como contra-generacionales: movimientos juveniles, enfrentados al mundo adulto; el tenor de ese enfrentamiento es un punto clave para analizar&ndash;. Sin embargo, nunca ha sido estudiado el modo en que, si as&iacute; ocurri&oacute;, esos lenguajes se pusieron en movimiento a trav&eacute;s del continente: de qu&eacute; maneras, en qu&eacute; direcciones, con qu&eacute; acentos y con qu&eacute; lenguas. El brasile&ntilde;o Caetano Veloso cant&oacute; su &ldquo;Alegr&iacute;a, alegr&iacute;a&rdquo; en el Tercer Festival de la M&uacute;sica Popular Brasile&ntilde;a de 1967, lo que signific&oacute; una suerte de nacimiento del movimiento tropicalista: los m&uacute;sicos que lo acompa&ntilde;aban eran cinco argentinos, el grupo Beat Boys. Se trataba de un &ldquo;conjunto i&eacute;-i&eacute;-i&eacute;&rdquo;, como dice la prensa del momento, que un a&ntilde;o m&aacute;s tarde grababan su primer disco, inaugurado por una versi&oacute;n en portugu&eacute;s, &ldquo;A felicidade&rdquo;, del hit del tambi&eacute;n argentino Palito Ortega, &ldquo;La felicidad&rdquo;, cantado en un &ldquo;portu&ntilde;ol&rdquo; desopilante.
    </p><p class="article-text">
        Esa mescolanza parece contradecir la posibilidad de construir historias estrictamente locales: sin el di&aacute;logo que las m&uacute;sicas entablaron, una historia meramente local es fatalmente incompleta &ndash;incluso la argentina, que se autopercibe y se autopresenta como autosuficiente, como discutiremos&ndash;. Y ese recorrido ocurre casi desde el mismo momento en que se grab&oacute; &ldquo;Rock around the clock&rdquo; y se difundi&oacute; por todo el continente entre 1954 (la grabaci&oacute;n de Bill Haley), 1955 (la grabaci&oacute;n de Nora Ney en Brasil), 1957 (la grabaci&oacute;n del argentino Eddie Pequenino y sus Rockers) y 1958 (la grabaci&oacute;n de la mexicana Gloria R&iacute;os) &ndash;si aceptamos esa canci&oacute;n y su puesta en escena en los t&iacute;tulos del filme <em>Blackboard Jungle</em>,<em> </em>de 1955, como un punto de partida consensuado&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        (Ese consenso, sin embargo, no ha reparado en que dos de las tres primeras grabaciones de rock en Am&eacute;rica Latina fueron interpretadas por mujeres. Como veremos, la ignorancia frente al rol de las mujeres en el rock no es para nada distinta a la que impera en otras &aacute;reas de la vida latinoamericana).
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Complementando la hip&oacute;tesis de N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini de una hibridaci&oacute;n finisecular y posmoderna, las culturas &ndash;y las m&uacute;sicas&ndash; nacionales fueron muy tempranamente transnacionales, moldeadas por relaciones pan-latinoamericanas y por la industria cultural de Estados Unidos &ndash;lo que se advierte con claridad en el caso de<strong> </strong><em>nuestro</em> rock, pero tambi&eacute;n en la llamada &ldquo;canci&oacute;n de protesta&rdquo;, con la inestimable mediaci&oacute;n cubana&ndash;. El &ldquo;Rock de la c&aacute;rcel&rdquo; es grabado por el mexicano Enrique Guzm&aacute;n y sus Teen Tops en 1960. En el mismo a&ntilde;o, se edita en Madrid, M&eacute;xico y Buenos Aires. El twist &ldquo;Despeinada&rdquo;, del argentino Palito Ortega, se lanza casi simult&aacute;neamente en 1963 en el original porte&ntilde;o y en la versi&oacute;n mexicana de Los Hooligans. El &ldquo;descubrimiento&rdquo; de la cantante folcl&oacute;rica &ldquo;de protesta&rdquo; argentina Mercedes Sosa, en el Festival de la Canci&oacute;n de Cosqu&iacute;n en 1965, se produce cuando canta <em>a capella </em>la &ldquo;Canci&oacute;n del derrumbe indio&rdquo;, del ecuatoriano Fernando Figueredo Iramain &ndash;y luego la edita, para complicar un poco m&aacute;s las cosas, un sello discogr&aacute;fico subsidiario de la holandesa Phillips, que pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde grabar&aacute; su disco dedicado a la obra de la chilena Violeta Parra&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos llegar hasta Carlos Gardel, nacido en el sur franc&eacute;s, reclamado por Uruguay como hijo de su sangre y por Argentina como nacionalizado, un &ldquo;zorzal&rdquo; al menos rioplatense, de una u otra manera, muerto en Medell&iacute;n, Colombia, en medio de una gira latinoamericana por Puerto Rico, Venezuela, Aruba, Curazao, Colombia, Panam&aacute;, Cuba y M&eacute;xico, que hab&iacute;a comenzado en New York, luego de filmar nueve filmes para la compa&ntilde;&iacute;a estadounidense Paramount Pictures. Pero ya nos ir&iacute;amos del campo y estar&iacute;amos proponiendo otro libro. Ejemplos como estos, sobran.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una trama (pero no un cat&aacute;logo)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una historia del rock en Am&eacute;rica Latina, entonces, puede ser escrita, pero s&oacute;lo si se organiza en la explicaci&oacute;n de una trama, antes que en &ldquo;historizar&rdquo; una largu&iacute;sima lista de discos, autores, int&eacute;rpretes. Largu&iacute;sima y fatalmente incompleta: s&oacute;lo un mapa de China del tama&ntilde;o de China podr&iacute;a dar cuenta de todo lo que se present&oacute;, escuch&oacute;, escribi&oacute; o simplemente percibi&oacute; como &ldquo;rock&rdquo; en toda Am&eacute;rica Latina desde finales de los a&ntilde;os 50.
    </p><p class="article-text">
        Eso mismo constituye un problema que no puede ser resuelto: a qu&eacute; llamaremos rock y, en consecuencia, a qu&eacute; dedicaremos esta historia. No hay una definici&oacute;n de diccionario ni de enciclopedia; no hay una definici&oacute;n r&iacute;tmica ni t&iacute;mbrica, ni tampoco estil&iacute;stica. Las etiquetas de las bateas en las disquer&iacute;as &ndash;mientras fueron el punto de encuentro natural con esos objetos&ndash;<strong> </strong>han cambiado sucesivamente de denominaci&oacute;n, y no siempre han coincidido en distintas ciudades del continente: m&uacute;sica joven, beat, moderna, progresiva, rock, rock nacional. La &uacute;nica posibilidad de recortar el campo y proponer un objeto &ndash;inevitablemente sujeto a pol&eacute;mica, nacional o regionalmente&ndash; es sujetarse a su propia auto postulaci&oacute;n y a la percepci&oacute;n de sus consumidores. Por ejemplo: fue rock, sin dudas, toda la m&uacute;sica exhibida o <em>performada</em> entre 1970 y 1971 en los sucesivos festivales de Santiago de Chile, Buenos Aires, Bogot&aacute;, Medell&iacute;n y Av&aacute;ndaro. Ninguno de los asistentes a esos festivales dud&oacute;, en ning&uacute;n momento, de que estaban recreando Woodstock, y que eso significaba su inscripci&oacute;n personal y colectiva en una contracultura que era, adem&aacute;s, contra-generacional, como propusimos. Como dice el cr&iacute;tico literario uruguayo Gustavo Verdesio, el rock es hoy (y posiblemente siempre fue), tanto un tipo de m&uacute;sica como una actitud, y un concepto adem&aacute;s de una forma de recibirlo &ndash;lo que lo transforma en un fen&oacute;meno tan complejo de explicar como de interpretar&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los p&uacute;blicos de esos festivales pensaban (&iquest;sab&iacute;an?) que eso significaba ser <em>modernos</em>: incorporarse a una modernidad acelerada que en el mundo juvenil se defin&iacute;a centralmente por un consumo musical &ndash;que acarreaba otros consumos<strong> </strong>laterales, contestatarios, y por eso se pretend&iacute;a una contracultura&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        La hip&oacute;tesis que organiza esta historia, entonces, es que el rock latinoamericano se despliega en procesos de modernizaci&oacute;n truncos<strong> y</strong> en relaci&oacute;n con estados de excepci&oacute;n pol&iacute;ticos. En todos los casos <em>nacionales</em> &ndash;aunque lo m&aacute;s frecuente es que se propongan como <em>nacionales</em> lo que suelen ser escenas metropolitanas: en Buenos Aires, Santiago de Chile, Montevideo o Ciudad de M&eacute;xico&ndash; es notorio un momento epigonal inicial, una invenci&oacute;n ligada a la reproducci&oacute;n de la escena <em>rocker</em> iniciada en torno a Elvis Presley en los EE.UU.: lo que el historiador estadounidense Eric Zolov llam&oacute; el <em>Refried Elvis</em>, los refritos de Elvis. Pero, luego, el desarrollo de cada escena del rock est&aacute; en profunda conexi&oacute;n con los modos de modernizaci&oacute;n de esas sociedades a lo largo y ancho del desarrollismo de los a&ntilde;os sesenta, modernizaciones contradictorias, variadas, <em>electr&oacute;nicas </em>(seg&uacute;n afirmara Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Brunner) o h&iacute;bridas (siguiendo la categor&iacute;a popularizada por N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini). (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Los que los finales de los a&ntilde;os cincuenta y comienzos de los sesenta pusieron en juego a trav&eacute;s del rock &amp; roll fue, como es bien sabido, una serie de imaginarios y otra serie de datos econ&oacute;micos. Entre los primeros, la invenci&oacute;n de la juventud como actor social, pol&iacute;tico y cultural; entre los segundos, la invenci&oacute;n de la juventud como sujeto de consumo, al que se pod&iacute;a dedicar una parte, incluso importante, del mercado de bienes materiales y simb&oacute;licos. Autos, ropas, filmes o discos, todo formaba parte de los nuevos productos especialmente pensados para su consumo masivo por los y las j&oacute;venes, incluso cuando no estuvieran incorporados al mercado productivo &ndash;pero s&iacute; sus padres&ndash;. La veloc&iacute;sima adquisici&oacute;n e incorporaci&oacute;n de estas novedades en los pa&iacute;ses latinoamericanos se explica por varias razones: la primera es la difusi&oacute;n de la industria cultural a trav&eacute;s del cine y la radio &ndash;los discos extranjeros estar&iacute;an reservados, durante mucho tiempo, a los grupos de alto poder adquisitivo o con acceso a los viajes internacionales&ndash;, pero junto a ella es decisivo el impacto de la fantas&iacute;a modernizadora. Am&eacute;rica Latina se percib&iacute;a como un continente atrasado, rural, tradicional &ndash;una percepci&oacute;n compartida por sus elites y por sus clases populares&ndash;. Modernizarse, entonces, fue el imperativo del momento.
    </p><p class="article-text">
        Provisoriamente, modernizaci&oacute;n fue, a lo largo del siglo XX, la confluencia de procesos de urbanizaci&oacute;n, alfabetizaci&oacute;n, secularizaci&oacute;n y desarrollo de instituciones modernas, que en Am&eacute;rica Latina tuvo ritmos distintos. Incluso, puede hablarse de varias modernizaciones &ndash;la mayor&iacute;a, autoritarias, de arriba hacia abajo, vinculadas con la integraci&oacute;n en el mercado mundial capitalista&ndash;; pero, en particular, los a&ntilde;os 1960 describen esa modernizaci&oacute;n como <em>desarrollismo</em>, vinculado a procesos de urbanizaci&oacute;n acelerada e industrializaci&oacute;n dependiente de las inversiones estadounidenses. En ese paquete, estaba incluido la aparici&oacute;n de la televisi&oacute;n como el gran nuevo medio de comunicaci&oacute;n que ven&iacute;a a reemplazar a los grandes modernizadores de los a&ntilde;os 1930 y 1940 &ndash;la radiofon&iacute;a y el cinemat&oacute;grafo&ndash;. El reemplazo, como sabemos, jam&aacute;s se produjo, sino que deriv&oacute; en complementaci&oacute;n y sinergia, junto a la prensa popular y la industria discogr&aacute;fica: ese mecanismo explota desde comienzos de la d&eacute;cada de 1960, y est&aacute; presente en todas las historias locales de desarrollo del rock en las distintas ciudades latinoamericanas &ndash;aunque con un peso especial en M&eacute;xico, Argentina y Brasil, porque es all&iacute; donde se instalan las subsidiarias de las grandes discogr&aacute;ficas estadounidenses&ndash;. Un cantante graba discos que se reproducen por la radio, para que luego act&uacute;e en televisi&oacute;n, mientras le hacen entrevistas en la prensa del espect&aacute;culo antes de filmar su primera pel&iacute;cula. El proceso se repiti&oacute; hasta el aburrimiento y la saturaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero, dijimos, son modernizaciones <em>truncas</em>, fallidas: el proceso desarrollista culmina, a mediados de los a&ntilde;os 70, en dictaduras militares en buena parte del continente, que compiten entre s&iacute;, no por sus grados de modernidad, sino por su salvajismo represivo.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, la modernizaci&oacute;n se teje en relaci&oacute;n con historias pol&iacute;ticas <em>regularmente excepcionales</em>: que van desde el desarrollismo autoritario argentino hasta la crisis de la democracia uruguaya, desde la <em>dictadura blanda</em> brasile&ntilde;a hasta la violencia colombiana, para se&ntilde;alar s&oacute;lo algunos ejemplos. Si la aparici&oacute;n del rock en el continente est&aacute; ligada a la emergencia de nuevas culturas juveniles, la hip&oacute;tesis de la modernizaci&oacute;n trunca permite leer los pliegues particulares, as&iacute; como los puntos de contacto: se trata de una m&uacute;sica que, en varios pa&iacute;ses, se despliega en medio de fuertes tensiones pol&iacute;ticas que van desde el golpe militar (Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Per&uacute;) a la fuerte agitaci&oacute;n o el conflicto armado (Colombia), pasando por una situaci&oacute;n, nuevamente, excepcional: una democracia regulada y represiva que censura al rock como ninguna dictadura (M&eacute;xico).
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        <strong>La fricci&oacute;n rockera con la fracci&oacute;n de izquierda</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por eso, esta historia postula una<strong> </strong>suerte de segunda hip&oacute;tesis: la de una reiterada fricci&oacute;n del rock con las izquierdas continentales, tanto las educadas en los mandatos del realismo cultural sovi&eacute;tico como las seducidas por la experiencia de la Revoluci&oacute;n Cubana. El castrismo provoca ondas tect&oacute;nicas en la regi&oacute;n. Se pod&iacute;a llegar al socialismo saltando etapas. Esa hoja de ruta intent&oacute; ser ejemplar. No es este libro el lugar de revisarla. Digamos s&iacute; que, &ldquo;entre la pluma y el fusil&rdquo;, como se titula el libro de Claudia Gilman sobre los &ldquo;dilemas y debates&rdquo; del escritor que hab&iacute;a adoptado a La Habana como nuevo centro de gravedad, se col&oacute; tambi&eacute;n una guitarra. Es en la isla donde se configura un modo de recepci&oacute;n del rock que, con mayor o menor reconocimiento de sus argumentaciones condenatorias, se replic&oacute; hacia el sur. La Cordillera de los Andes no fue una Sierra Maestra, como anhelaba Fidel Castro, pero s&iacute; un conducto metaf&oacute;rico de esas aprensiones. Ese es el motivo por el cual este ensayo comienza en aquella isla deseada. El recelo de las izquierdas hacia el rock se extiende en Am&eacute;rica Latina hasta el final de las transiciones democr&aacute;ticas en los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado, donde pueden aparecer ciertas aproximaciones &ndash;o, incluso, el desplazamiento de esas izquierdas a manos de movimientos juveniles despolitizados&ndash;. Como veremos, el rock latinoamericano se cuida, en general, de ser capturado por los protocolos de la Guerra Fr&iacute;a: le concede ese privilegio a la canci&oacute;n de protesta, aunque a veces coquetee, ocasionalmente, con ella &ndash;con m&aacute;s franqueza, hacia el final de las dictaduras y el inicio de los procesos de transici&oacute;n, ya cuando ninguno de los dos (ni el rock ni la protesta) son los mismos&ndash;. Lo suyo es, fundamentalmente, una paradoja que no se organiza pol&iacute;ticamente: ser una cr&iacute;tica a la cultura de masas creada en el centro de la cultura de masas y sin tener otra aspiraci&oacute;n que ser cultura de masas. Este aparente galimat&iacute;as no es nuestro, sino del cr&iacute;tico estadounidense Greil Marcus, aunque podemos suscribirlo. En ese lugar y esa aspiraci&oacute;n, el rock afirma que &ldquo;rompe estructuras&rdquo;, pero no se asume como insurreccional, sino s&oacute;lo como contravencional: el corte de cabello y<strong> </strong>una noche o dos en una c&aacute;rcel es suficiente. El martirio en 1973 de V&iacute;ctor Jara, figura central de la Nueva Canci&oacute;n chilena, pero con sus simpat&iacute;as y entreveros con el rock de su pa&iacute;s, funciona como alerta, antes que como modelo; como l&iacute;mite, no como posibilidad. Lo mismo ocurre con el encarcelamiento, en 1967, de los brasile&ntilde;os Caetano Veloso y Gilberto Gil: se trata de situaciones excepcionales que definen una posibilidad que ser&aacute; minuciosamente evitada &ndash;y por eso mismo, no repetida&ndash;. Quince a&ntilde;os m&aacute;s tarde, los distintos rocks nacionales podr&aacute;n construir, sin ninguna verg&uuml;enza o pudor revisionista, hagiograf&iacute;as autobiogr&aacute;ficas y geogr&aacute;ficas que insistan sobre una resistencia que no se verifica en demas&iacute;a; cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, ese relato puede consagrarse como leyenda y como documental de Netflix. Pero los propios narradores, esas voces &ldquo;nativas&rdquo; de los rockeros &ndash;&iexcl;todos hombres, para colmo!&ndash;, ya se han transformado en <em>rockstars, </em>en estrellas del espect&aacute;culo; han sido actores de dramas pol&iacute;ticos que no reclamaron su martirio, o que supieron apartarse a tiempo de su posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los puntos en com&uacute;n, el rock y la pol&iacute;tica fueron &ndash;&iquest;son? &ndash; sensibilidades en colisi&oacute;n. Entendemos aqu&iacute; <em>sensibilidades </em>en un sentido que evoca el de <em>estructura de sentimiento </em>propuesto por Raymond Williams; porque trabaja con los mundos simb&oacute;licos y con los mundos afectivos, y porque habla de lo que est&aacute; emergiendo como nuevo, en respuesta a lo <em>arcaico </em>y a lo <em>residual</em>, pero con distinciones que las ponen en conflicto. Comparten, entre otros, el juvenilismo, pero difieren en el tratamiento de sus adultos correlativos &ndash;la guerrilla peronista argentina, por ejemplo, conf&iacute;a en los dictados de un militar setent&oacute;n&ndash;; comparten la rebeld&iacute;a, pero no la revuelta; comparten la confianza en la novedad, pero no en todas las novedades (la pol&iacute;tica duda de la guitarra el&eacute;ctrica y de las sustancias alteradoras de conciencia, lo que la acerca, parad&oacute;jicamente, al campo del conservadurismo art&iacute;stico m&aacute;s tradicionalista, confluencia que veremos en la &ldquo;Marcha contra la guitarra el&eacute;ctrica&rdquo; que encabeza la cantante Elis Regina en Rio de Janeiro, en 1967; el rock, por su parte, duda del socialismo hasta el punto de no nombrarlo). Comparten, parad&oacute;jicamente, una sensibilidad: la homofobia. Pero el mundo de las izquierdas continentales lo ejercita, como veremos, como advertencia anti-rockera: &ldquo;Los jipis son todos maricones y drogones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
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        <strong>Una contracultura</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que, como una frontera m&aacute;s que como una definici&oacute;n, el rock se propone, asume o nombra como una contracultura. Para ser m&aacute;s precisos: esa definici&oacute;n es tan potente que organiza nuestra periodizaci&oacute;n y, por ende, toda nuestra historia. Como dijimos, el consenso historiogr&aacute;fico afirma que hay un primer momento &ldquo;importador&rdquo;, al influjo de la invenci&oacute;n estadounidense de 1954, que produce una &ldquo;m&uacute;sica joven&rdquo;. A eso lo sigue un segundo momento en que el influjo de la &ldquo;ola Beatle&rdquo; &ndash;en todo el mundo occidental&ndash;, en confluencia con otros elementos que analizaremos, construye al rock como una contracultura y lo pone en relaci&oacute;n con otra contracultura juvenil que insiste en llamarse a s&iacute; misma &ldquo;revolucionaria&rdquo;. Nuestra historia est&aacute; centrada especialmente en ese segundo momento, especialmente cuando los Beatles <em>maduran</em>, a partir de 1966, y abandonan los conciertos para convertirse en m&uacute;sicos de estudio y, por ende, artistas cabales. El an&aacute;lisis de los modos de esa relaci&oacute;n (mucho m&aacute;s conflictiva que amistosa, mucho m&aacute;s mutuamente excluyente que colaborativa) incluye un tercer per&iacute;odo: aquel en que las dictaduras latinoamericanas se dedican a exterminar a los movimientos juveniles de la izquierda revolucionaria &ndash;donde &ldquo;exterminar&rdquo;, lo sabemos, no es una exageraci&oacute;n ni una met&aacute;fora&ndash; y el rock sufre censuras y persecuciones, aunque no exterminio. Un cuarto per&iacute;odo es aquel en que se producen las condiciones de internacionalizaci&oacute;n latinoamericana del rock que emerge de esa tercera etapa; el momento en que puede hablarse ampliamente de un rock latino o de un rock latinoamericano &ndash;no necesariamente denominan lo mismo&ndash;, la etapa en la que la banda argentina Soda St&eacute;reo convoca multitudes y vende millones de placas en Buenos Aires, Santiago de Chile o Ciudad de M&eacute;xico. Ese momento ser&aacute; narrado m&aacute;s sucintamente, aunque ocupar&aacute; nuestras conclusiones.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que, como dice el soci&oacute;logo jamaiquino Stuart Hall en 1969, una contracultura es una <em>weltanschauung</em>, una concepci&oacute;n del mundo, pero no una ideolog&iacute;a: se pronuncia &ldquo;en contra de&rdquo;, lo que la vuelve potencialmente revolucionaria, pero nunca define el sentido posible de esa posible revoluci&oacute;n. Puede llevar a sus sujetos hacia la protesta y la rebeli&oacute;n personal, pero no olvidemos que toda sociedad tiene &ldquo;sus &aacute;reas de disidencia tolerada&rdquo;: es decir, su locura permitida. La contracultura <em>hippie</em> &ndash;Hall habla de ella, y nosotros lo usamos por homolog&iacute;a&ndash; parece ser m&aacute;s esa disidencia tolerada que una contra-definici&oacute;n revolucionaria de una sociedad. Se trata de un &ldquo;momento expresivo&rdquo; m&aacute;s que &ldquo;activista&rdquo;, dice Hall; aunque, en el caso estadounidense, contamina a los grupos militantes en el estilo, la dramaturgia, la definici&oacute;n de contra-valores y en el establecimiento de una nueva subjetividad. Los hippies estadounidenses compart&iacute;an visiones del mundo con la militancia radical blanca y tambi&eacute;n, aunque con diferencias importantes, con la militancia negra. Hall no cree que el hipismo haya sido una mera reacci&oacute;n antipol&iacute;tica: hay retirada y disociaci&oacute;n, se&ntilde;ala, pero no una oposici&oacute;n abierta y absolutamente disonante (para usar un adjetivo musical).
    </p><p class="article-text">
        El rock latinoamericano tambi&eacute;n permite leer su construcci&oacute;n como contracultura de un modo enf&aacute;tico; pero su relaci&oacute;n con la militancia pol&iacute;tica revolucionaria parece perseverar m&aacute;s en la reacci&oacute;n y el rechazo que en el di&aacute;logo, salvo excepciones que deber&aacute;n ser objeto privilegiado de nuestro an&aacute;lisis y nuestro relato. Simult&aacute;neamente, implica ciertas definiciones de clase: el momento contracultural del rock latinoamericano es blanco y de clases medias &ndash;quiz&aacute;s, con las &uacute;nicas excepciones de los brasile&ntilde;os Gilberto Gil y Milton Nascimento, a quienes incluimos como parte de esta diversa familia por razones que ser&aacute;n debidamente explicadas&ndash;, porque esa misma construcci&oacute;n como tal exige determinados capitales culturales que no pueden adquirirse f&aacute;cilmente en sociedades tan estructuradas y estratificadas socialmente como las nuestras. (Por eso mismo, su relaci&oacute;n con las militancias, mayormente universitarias, se vuelve tan necesaria de ser repensada). No se trata de &ldquo;resistencias populares&rdquo;, como dir&iacute;a el soci&oacute;logo franc&eacute;s Pierre Bourdieu: &ldquo;La resistencia puede ser alienante y la sumisi&oacute;n puede ser liberadora. Tal es la paradoja de los dominados, y no se sale de ella&rdquo;. Pero, adem&aacute;s, la contracultura supone siempre &ldquo;un cierto capital cultural&rdquo;. Como veremos, ese capital abreva en formas a veces muy sofisticadas de las filosof&iacute;as orientales o en sabidur&iacute;as originarias ocultas por las concepciones burguesas tradicionales del mundo letrado; pero no necesariamente en el mundo de las clases populares &ndash;hasta, posiblemente, la aparici&oacute;n del <em>punk</em>&ndash;.
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        <strong>Una historia descentrada</strong>
    </p><p class="article-text">
        El orden de esta narraci&oacute;n no es completamente cronol&oacute;gico, como hemos dicho, ni reviste tampoco la condici&oacute;n de un cat&aacute;logo. Ni siquiera hay un orden geogr&aacute;fico: de sur a norte o viceversa. Cre&iacute;mos necesario mantener ciertas autonom&iacute;as &ndash;el rock mexicano, el rock brasile&ntilde;o, el chileno&ndash; porque constitu&iacute;an experiencias incomparables en torno de los problemas que estamos planteando y las preguntas que quer&iacute;amos hacer. En cambio, preferimos unir al rock argentino y al uruguayo, convencidos de que el primero se fund&oacute; en Montevideo. Por su parte, el mundo andino nos exig&iacute;a una entrada cruzada y combinada &ndash;a sabiendas minuciosas de que ni Colombia ni Per&uacute; son exclusivamente andinos&ndash;, que a su vez se intersectara con los devaneos incaicos de los argentinos de Arco Iris &ndash;como veremos, decisivos en una &uacute;ltima etapa de esta historia&ndash;. Pero, asimismo, postulamos que la relaci&oacute;n entre modernizaci&oacute;n y revoluci&oacute;n, definitiva para la invenci&oacute;n del rock latinoamericano, no comenzaba sino en Cuba, donde el debate adquiri&oacute; un peso decisivo para un c&uacute;mulo de prescripciones y prohibiciones, la mayor&iacute;a de ellas bastante parad&oacute;jicas, pero performativas. A los fines de nuestra interpretaci&oacute;n, la relaci&oacute;n entre rock y pol&iacute;tica es mucho m&aacute;s interesante en M&eacute;xico, Brasil y Chile que en el resto del continente; del mismo modo, los modos en que el mundo intelectual participa animadamente del debate sobre esa relaci&oacute;n, tomando partido con intervenciones period&iacute;sticas o incluso militantes, es desproporcionado en los dos primeros casos respecto de todo el resto: para decirlo con alguna simpleza, los significados del rock se debaten en 1968 en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico o en la Universidade de S&acirc;o Paulo, pero no en la de Buenos Aires. Por eso, podemos &ndash;propusimos&ndash; comenzar con el alzamiento zapatista de 1994, continuar con la <em>passeata </em>organizada por Elis Regina en Rio de Janeiro en 1967, saltar al triunfo de Allende en la Chile de 1970, acompa&ntilde;ar a una banda de montevideanos que va de Punta del Este a Buenos Aires en 1965 y culminar con la declaraci&oacute;n como Patrimonio Musical de la Naci&oacute;n peruana de &ldquo;El c&oacute;ndor pasa&rdquo; en 2004. Todos esos hilos van construyendo el tapiz que queremos describir e interpretar.
    </p><p class="article-text">
        Esta es, entonces, una historia descentrada, que no s&oacute;lo no comienza en Buenos Aires, y que ni siquiera comienza en el continente, sino en las islas. Despu&eacute;s de todo, hay cierto consenso en las historias pol&iacute;ticas latinoamericanas en que, para hablar de la cultura en la d&eacute;cada de 1960, hay que comenzar por La Habana en 1959. No tenemos por qu&eacute; transgredir ese acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Historia M&iacute;nima del rock en Am&eacute;rica Latina </strong></em>(Buenos Aires, El Colegio de M&eacute;xico/Prometeo Libros, 2025; M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2025)
    </p><p class="article-text">
        <em>Se presenta en la Feria del Libro el jueves 8 de mayo a las 16 en la Sala Alejandra Pizarnik</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert, Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-minima-rock-america-latina_1_12272883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 May 2025 17:52:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia Mínima del rock en América Latina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rock,América Latina,Música]]></media:keywords>
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