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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Santaolalla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/gustavo-santaolalla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Santaolalla]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gustavo Santaolalla: “Es increíble llegar con 'The last of us' a los confines del planeta”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/gustavo-santaolalla-increible-llegar-the-last-of-us-confines-planeta_128_10344611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f0a415d-5c44-47c7-bf6f-e141b79b015b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0." width="1200" height="675" alt="Gustavo Santaolalla: “Es increíble llegar con &#039;The last of us&#039; a los confines del planeta”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El compositor e intérprete argentino, ganador del Oscar por las bandas sonoras de 'Babel' o 'Brokeback Mountain', repasará su carrera en el Festival de la Guitarra de Córdoba, España.
</p></div><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo domingo de junio el compositor e int&eacute;rprete <strong>Gustavo Santaolalla</strong> ofreci&oacute; un concierto en Los &Aacute;ngeles junto a la Filarm&oacute;nica de esa ciudad. A los pocos d&iacute;as se embarc&oacute; en su gira europea. El autor de bandas sonoras como las de&nbsp;<em>Amores perros</em>,&nbsp;<em>21 gramos</em>,&nbsp;<em>Babel&nbsp;</em>&ndash;las tres de Alejandro Gonz&aacute;lez I&ntilde;&aacute;rritu&ndash; o&nbsp;<em>Brokeback Mountain&nbsp;</em>&ndash;de Ang Lee, que le vali&oacute; su primer Oscar a la &ldquo;Mejor M&uacute;sica Original&rdquo; y un Globo de Oro por &ldquo;Mejor Canci&oacute;n Original&rdquo;,&nbsp;<em>A Love That Will Never Grow Old&ndash;&nbsp;</em>se encontraba en aquel escenario californiano frente a una platea muy joven. El motivo: el concierto estuvo dedicado exclusivamente a&nbsp;<em>The last of us.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>El m&uacute;sico argentino es autor de la banda sonora de las dos partes del c&eacute;lebre videojuego y tambi&eacute;n de la m&uacute;sica de la serie de HBO basada en el mismo y protagonizada por Pedro Pascal, una de las sensaciones del a&ntilde;o</strong>. Con la m&uacute;sica de este videojuego en la valija, junto a la de sus famosos filmes y series, adem&aacute;s de los temas de las bandas de rock por las que pas&oacute; a lo largo de su vida, Santaolalla cruz&oacute; el charco y aterrizar&aacute; en el Festival de la Guitarra de C&oacute;rdoba, Espa&ntilde;a, el s&aacute;bado 8 de julio. Lo espera junto a su banda el escenario el Gran Teatro con la gira,&nbsp;<em>Desandando el camino.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Todo suena con orquesta en su cabeza?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -La m&uacute;sica no fue concebida de esa manera, con orquestas. En mi forma de trabajar no est&aacute; la orquesta, aunque tenga varias pel&iacute;culas hechas con gran orquesta tambi&eacute;n, como&nbsp;<em>The Book of Life</em>&nbsp;(El libro de la vida), con noventa  m&uacute;sicos, o&nbsp;<em>Brokeback Mountain</em>, con cuarenta de cuerdas. Pero, en general me gusta trabajar de forma minimalista, por mucho que tocar con una orquesta sea muy lindo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Está la intención y las ganas y lo vamos a hacer: una gira de The last of us Concert alrededor del mundo, que es como un sueño a estas alturas de mi vida poder hacer una cosa así</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>-Qui&eacute;n iba a decirle que compondr&iacute;a para videojuegos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Creo que el de los videojuegos es un universo maravilloso en el que que tuve la suerte de entrar. Yo no soy un buen jugador, soy terrible, pero tengo un hijo que cuando empec&eacute; a hacer&nbsp;<em>The last of us</em>&nbsp;ten&iacute;a quince a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, y era muy bueno jugando. Siempre me gustaba mucho mirarlo jugar. Y siempre pens&eacute;, si alg&uacute;n d&iacute;a alguien hace una conexi&oacute;n emocional con el jugador, algo que se vaya del combate y esto de matar y pelearse, en el momento en que alguien se conecte emocionalmente creo que va a ser un cambio muy fuerte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Cree que pas&oacute; de ser el Gustavo Santaolalla, autor de&nbsp;</strong><em><strong>Brokeback Mountain&nbsp;</strong></em><strong>o de las bandas sonoras de las pel&iacute;culas de I&ntilde;&aacute;rritu,</strong><em><strong>&nbsp;</strong></em><strong>al m&uacute;sico de&nbsp;</strong><em><strong>The last of us</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, s&iacute;, es incre&iacute;ble, incre&iacute;ble porque es llegar a los confines del planeta, &iquest;viste? O sea, que HBO est&aacute; dando unos n&uacute;meros que son incre&iacute;bles, de todo el planeta. Y de hecho, est&aacute; la intenci&oacute;n y las ganas y lo vamos a hacer: una gira de&nbsp;<em>The last of us Concert</em>&nbsp;alrededor del mundo, que es como un sue&ntilde;o a estas alturas de mi vida poder hacer una cosa as&iacute;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        <strong>-&iquest;C&oacute;mo entr&oacute; en el universo del videojuego?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Despu&eacute;s de los Oscars, de los dos Oscars estos que tuve la bendici&oacute;n de recibir [en 2005 y 2006 por&nbsp;<em>Brokeback Mountain y Babel, </em>respectivamente] se me acercaron varias compa&ntilde;&iacute;as, una de ellas muy grande, para ofrecerme trabajo en el cine y no era lo que yo estaba buscando. Yo sab&iacute;a que quer&iacute;a esperar a algo que fuera as&iacute; como esto, &iquest;no? Y cuando lo conoc&iacute; a Neil (Druckmann, el creador de&nbsp;<em>The last of us</em>) y me cont&oacute; la historia dije: esto es lo que tengo que hacer. Y bueno, viste, tenemos gente que llora jugando. O sea, que tienen momentos emotivos muy fuertes. Y, bueno, luego lo que ocurri&oacute; con la serie de HBO que tambi&eacute;n era un riesgo pasar a eso, como ocurre con quien le gusta m&aacute;s el libro o la obra de teatro que la pel&iacute;cula o la serie. Pero creo que lo que tiene de poderoso<em>&nbsp;The last of us</em>&nbsp;es que es una gran historia y no es una historia de zombies, es una historia que habla de una complejidad de relaciones entre las personas, sobre todo, en la relaci&oacute;n de padre e hija en una situaci&oacute;n extrema, apocal&iacute;ptica. Siempre dije que no siento que hice la m&uacute;sica para un videojuego, sino para una gran historia, por lo tanto la pod&eacute;s hacer como videojuego, como teatro de t&iacute;teres, animaci&oacute;n... siempre va a ser una gran historia. Como&nbsp;<em>Romeo y Julieta</em>,. A estas altura de mi carrera tener esta nueva plataforma de comunicaci&oacute;n y de expresi&oacute;n me alegra mucho, me sent&iacute; muy bien.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre dije que no siento que hice la música para un videojuego, sino para una gran historia, por lo tanto la podés hacer como videojuego, como teatro de títeres, como animación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>-C&oacute;rdoba no ser&aacute; su primer Festival de de la Guitarra. Eric Clapton lo invit&oacute; hace unos a&ntilde;os al Crossroad Guitar Festival.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Me invit&oacute; de nuevo este a&ntilde;o, en septiembre. Y pienso ir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Le hace especial ilusi&oacute;n tocar en un festival espec&iacute;ficamente dedicado a la guitarra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, por supuesto. Me hace much&iacute;sima ilusi&oacute;n y aparte tengo mucha admiraci&oacute;n por otros guitarristas. No me considero un virtuoso ni mucho menos y cuando me invitan siempre voy con la guitarra y tambi&eacute;n con mi otro compa&ntilde;ero que es el roncoco, un instrumento muy particular y que obviamente est&aacute; ligado con la guitarra. De hecho, proviene de pueblos originarios de Latinoam&eacute;rica, de las guitarras que ven&iacute;an con los espa&ntilde;oles. Y de pronto hac&iacute;an una jarana o hac&iacute;an un ronroco o hac&iacute;an un cuatro, pero est&aacute; totalmente ligado a la guitarra y a m&iacute; me fascina. Tengo una conexi&oacute;n muy fuerte con Espa&ntilde;a, mi abuelo era andaluz, aunque no lo conoc&iacute; nunca. Y mi abuela, vasca. Yo siempre estuve ocupado con el tema de la identidad, por eso cuando empezamos a hacer rock a mis trece a&ntilde;os, influenciado por los Beatles, yo escrib&iacute;a canciones en ingl&eacute;s. Pero me di cuenta que si viv&iacute;a en Argentina ten&iacute;a que decir las cosas de una manera que la gente las entendiera. Luego me di cuenta que no bastaba con cantar nada m&aacute;s, sino que hab&iacute;a que tocar en nuestro idioma tambi&eacute;n. Entonces ah&iacute; es donde empec&eacute; a incorporar ritmos folcl&oacute;ricos de Argentina, de Latinoam&eacute;rica, instrumentos muy criticados por la inteligencia del rock en el momento, pero despu&eacute;s, bueno, el tiempo de alguna manera nos dio la raz&oacute;n. Parte de mi identidad es obviamente ib&eacute;rica. Yo soy de la tierra y creo que es muy importante recordar de d&oacute;nde viene uno y hacer un poco ese viaje. Especialmente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os tuve una necesidad de estar m&aacute;s en contacto con Espa&ntilde;a, entonces estoy muy feliz de poder ir a C&oacute;rdoba.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Este espectáculo es una especie de viaje por mi vida a través de mi música</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em><strong>-Desandado el camino&nbsp;</strong></em><strong>se titula el show. &iquest;Qu&eacute; caminos encontrar&aacute; el p&uacute;blico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Por supuesto el rock. Yo en un periodo de treinta a&ntilde;os de toda mi larga carrera, que ya son m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, saqu&eacute; cuatro &aacute;lbumes solistas, dos instrumentales y dos de canciones y nunca toqu&eacute; en vivo por distintas circunstancias, sobre todo porque ya ten&iacute;a mi surco muy exitoso y no pod&iacute;a salir ni a promocionar ni a tocar el disco. Por distintas cosas nunca los toqu&eacute;, nunca me present&eacute; como solista. Y lleg&oacute; un momento personal, cosas tambi&eacute;n de la edad de la vida, que dije &iquest;cu&aacute;ndo lo voy a hacer? Yo tengo que hacer esto en alg&uacute;n momento. Y ah&iacute; es donde sale la idea de hacer este espect&aacute;culo, que es una especie de viaje por mi vida a trav&eacute;s de mi m&uacute;sica. Toco cosas en el show que compuse desde mi juventud hasta ahora, pasando por el primer &aacute;lbum de Arco Iris, que sali&oacute; en 1969, hasta lo &uacute;ltimo de Bajofondo. Tambi&eacute;n pasando por las pel&iacute;culas, por los videojuegos, pasando por todo. Es un espect&aacute;culo muy personal, muy ligado a mi persona, aunque es muy diverso porque es muy ecl&eacute;ctico y, por supuesto que hay m&uacute;sica cantada y m&uacute;sica instrumental tambi&eacute;n, hay una coherencia en todo, que eso tambi&eacute;n es muy interesante.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, podr&iacute;a desafiar a alguien a que me dijera qu&eacute; canci&oacute;n corresponde a qu&eacute; momento o per&iacute;odo, porque, de hecho, tengo una canci&oacute;n del primer &aacute;lbum de Arco Iris que se llama&nbsp;<em>Canci&oacute;n de Cuna para el ni&ntilde;o astronauta,&nbsp;</em>que es una de las canciones m&aacute;s modernas que he escrito en mi vida hasta el d&iacute;a de hoy. Entonces, es muy interesante tambi&eacute;n porque hay gente que me conoce por distintas cosas. Yo tengo fans de la &eacute;poca de Arco Iris, despu&eacute;s tengo fans de los ochenta, de Soluna,&nbsp;fans de mis producciones, desde Caf&eacute; Tacuba a Julieta Venegas, Juanes, Molotov o al cuarteto Cronos y, como no, fans de las m&uacute;sicas de las pel&iacute;culas y del videojuego. Y es muy interesante lo que pasa porque se produce una conexi&oacute;n muy fuerte con la gente, aunque conozca solo una etapa. Es esa coherencia, ese denominador com&uacute;n a todo.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El rock está presente en todo lo que hago</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Se siente un rockero cuando compone para un videojuego o para una pel&iacute;cula?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, porque es una actitud de vida la del rock, &iquest;viste? Es una una forma de plantarte, es una postura como si fuera una postura de Tai Chi o es una una postura frente a las cosas, que puede estar asignada a la fragilidad incluso. Yo vengo de una generaci&oacute;n donde el rock and roll era un ritmo de moda. Perdi&oacute; el roll y qued&oacute; solo el rock y en ese rock, bajo esa carpa entraba desde Jimmy Hendrix hasta Donovan con una guitarra ac&uacute;stica. El rock en esa generaci&oacute;n se convirti&oacute; en el folklore de los j&oacute;venes del mundo. Fue la m&uacute;sica que elegimos para manifestar nuestra insatisfacci&oacute;n con el sistema y nuestra cr&iacute;tica al poder. Ese lenguaje abarcaba much&iacute;simo, por eso digo que el rock no es solamente un acorde de guitarra distorsionada, el rock es una actitud que puedes tener tambi&eacute;n con una guitarra ac&uacute;stica y tocando algo que aparentemente es muy suave. El rock est&aacute; presente en todo lo que hago.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Explorando nuevos formatos audiovisuales &iquest;le gustar&iacute;a componer m&uacute;sica para un podcast?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Me encantar&iacute;a poner m&uacute;sica para cualquier cosa. Puede ser, de hecho, estoy trabajando en un musical tambi&eacute;n. O sea, me parece que el sonido, que todo es vibraci&oacute;n, todo vibra. Todo son frecuencias. Me parece que el mundo sonoro es algo maravilloso e infinito y me encanta explorarlo en todas sus dimensiones. Tengo una percepci&oacute;n de la realidad muy sonora. Todos lo experimentamos estando en un mercado, por ejemplo. Los sonidos ah&iacute; son como muy obvios y todo eso tiene una m&uacute;sica tambi&eacute;n. Me encanta poder explorar todo lo que tenga que ver con el sonido, la m&uacute;sica en todos sus formas. El ruido tambi&eacute;n es m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Produjo m&aacute;s de un centenar de discos de artistas muy diversos. Usted que sabe tanto de este arte &iquest;nos encontramos ante el gran momento de las artistas femeninas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Estamos en el mundo en un gran momento de la mujer, pienso. Es un momento que el paradigma ha cambiado y hay un replanteamiento de c&oacute;mo debemos entender a la mujer que estuvo de alguna manera sometida a una narrativa patriarcal. Entonces, es un momento muy importante en todos los sentidos para la mujer y, por supuesto, eso tambi&eacute;n se traduce en el arte. Hay una gran artista, voy a ser redundante igual, pero a m&iacute; me encanta Rosal&iacute;a. Me parece que ha tra&iacute;do a la m&uacute;sica del mundo, a la escena, al escenario mundial de la m&uacute;sica, algo realmente important&iacute;simo y viniendo de la mano de una mujer hispana. Bienvenido sea.
    </p><p class="article-text">
        <em>MJ</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Jiménez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/gustavo-santaolalla-increible-llegar-the-last-of-us-confines-planeta_128_10344611.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jul 2023 13:41:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Gustavo Santaolalla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién viene a ver a Cordera, hoy? ¿Qué tan otro, es este Cordera?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/viene-ver-cordera-hoy-cordera_129_9306449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b310e52-3a9d-445e-9740-52856d9ef680_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién viene a ver a Cordera, hoy? ¿Qué tan otro, es este Cordera?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres décadas después de haber presenciado con diecinueve años su primer show de Bersuit Vergarabat en Cemento, el autor vuelve a compartir concierto y público con Gustavo Cordera. "Acá estamos, con los puntos que sacamos y las cagadas que hemos hecho, nosotros y el tipo que está arriba del escenario".</p></div><p class="article-text">
        Haber tenido diecinueve a&ntilde;os en 1991 y una noche caer en Cemento porque uno de los estudiantes de periodismo que &eacute;ramos ten&iacute;a un amigo que ten&iacute;a un amigo que estaba haciendo una pasant&iacute;a en el S&iacute;! de Clar&iacute;n y hab&iacute;a conseguido entradas. Y escuchar de golpe una banda que ten&iacute;a un disco y nadie conoc&iacute;a a la banda y nadie le hab&iacute;a escuchado al disco. Haber tenido diecinueve a&ntilde;os en 1991 y al rato estar todos cantando de rabia: 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Hijos de puta, hijos de puta! Como nada puedo hacer, puteo: &iexcl;Hijos de puta, hijos de puta! Como nada puedo hacer&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        La asquerosa alegr&iacute;a de unos feos en pijamas con un guitarrista que te despeinaba y te invitaban a carajear fuerte a cualquiera que tuvieras ganas de carajear fuerte: pod&iacute;a ser Menem o tu pap&aacute;; Tinelli o la soreta de la nueva esposa de tu pap&aacute; que los fines de semana primereaba el est&eacute;reo del 505 que nos llevaba a todos a GEBA para poner <strong>Isabel Pantoja</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Era lo de menos a qui&eacute;n: o no, no era lo de menos, era lo de m&aacute;s, pero vos eleg&iacute;as a qui&eacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Porque puteabas para afuera, pero puteabas para adentro, pensando secretamente en los nudos de tu circunstancia. En qui&eacute;n lo pudiera merecer. Y esos tipos de ah&iacute; arriba te ayudaban a hacerlo. Gracias tipos de ah&iacute; arriba porque tengo diecinueve a&ntilde;os, es 1991, estoy en Cemento y puedo gritarle a los que yo quiera:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Hijos de puta, hijos de puta!</em>
    </p><p class="article-text">
        Haber tenido 19 a&ntilde;os, pesta&ntilde;ear, y tener ahora m&aacute;s de cincuenta, estar en la puerta de Vorterix en este viernes de septiembre del a&ntilde;o 2022 de Nuestro Se&ntilde;or y, tres d&eacute;cadas despu&eacute;s, haber venido a ver el show de <strong>Gustavo Cordera</strong> con una pregunta tirando de la noche: &iquest;qu&eacute; pas&oacute;?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gustavo Cordera, el sábado por la noche en Vorterix                            </span>
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        <strong>Un disparo en la frente</strong>
    </p><p class="article-text">
        La curva que va de Cemento al programa de <strong>Viviana Canosa </strong>es una se&ntilde;ora curva, no debe ser tan f&aacute;cil ni de completar ni de comprender. Pero si quisi&eacute;ramos trazarla en velocidad y anotarle las paradas importantes, habr&iacute;a que decir: que despu&eacute;s de aquella noche de Cemento, la banda que conocimos como Bersuit Vergarabat hizo un par de discos desencontrados que nos entibiaron la tirria y ya no volvimos a putear a nadie. Despu&eacute;s apareci&oacute; Santaolalla y los produjo. Supieron, los gustavos, hacernos volver a la efervescencia de la po&eacute;tica antisistema profetizando la venida del estallido. Cuando el estallido finalmente vino, en el 2001 aquel, todos miramos a la Bersuit como se mira al jugador que cant&oacute; el n&uacute;mero justo antes que el crupier. 
    </p><p class="article-text">
        Se hicieron grandes, los Bersuit, regionales, perforaron todos sus techos y se empezaron a perforar entre ellos tambi&eacute;n. En 2004 fue convocado un nuevo oleaje de seguidores. Haber tenido 35 a&ntilde;os e ir por las redacciones titulando &ldquo;La argentinidad al palo&rdquo; a cualquier nota que hablara de Maradona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En abril de 2007 me pas&eacute; dos d&iacute;as en Cabo Polonio con Cordera para una tapa de Rolling Stone. En Buenos Aires, entrevist&eacute; al resto de la banda. Ya se despreciaban lo suficiente como para no poder hacer la nota juntos. La primera l&iacute;nea de aquella nota es un textual de Cordera diciendo: <em>&ldquo;Yo le dije a Santaolalla, a Julieta Venegas le estaba faltando pija&rdquo;</em>. C&oacute;mo pudo decirme eso, c&oacute;mo pude escribirlo yo, c&oacute;mo pudo mi editor dejar que eso quedara y c&oacute;mo pudo la editorial permitir que eso saliera publicado son todas preguntas que son la misma pregunta: a&ntilde;o 2007, &iquest;diosm&iacute;o, en qu&eacute; est&aacute;bamos pensando?
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vino una separaci&oacute;n de esas donde todos se tiran con el destilado de sus miserias, y con reclamos de guita. Despu&eacute;s Cordera arranc&oacute; su carrera solista. Hizo algunos discos m&aacute;s, las radios pasaron algunas de sus nuevas canciones y un d&iacute;a de 2016 fue a TEA para ser entrevistado por estudiantes de periodismo. Entonces, socialmente, se suicid&oacute;. Dijo un poco las mismas brutas cosas que hab&iacute;a dicho siempre solo que las dijo en un mundo nuevo. Nadie le avis&oacute; que hab&iacute;a un mundo nuevo. Se enter&oacute; cuando sinti&oacute; el disparo de la cultura de la cancelaci&oacute;n en la frente. Reconvertido en un cad&aacute;ver p&uacute;blico, pidi&oacute; perd&oacute;n, hizo un video suplicante donde rog&oacute; que basta, que no daba m&aacute;s, que por favor basta. En 2018, cinco a&ntilde;os antes que <strong>Dillom</strong>, hizo un disco post mortem. Abri&oacute; <em>Entre las cuerdas</em> con la canci&oacute;n <em>Un abuso </em>y el track cuatro se llam&oacute; <em>Ya no quiero castigo</em>. Despu&eacute;s vino la pandemia. 
    </p><p class="article-text">
        En el tracto diario de los canales de noticias, en el tejido arterial de la comunicaci&oacute;n informativa, el de Canosa ha quedado instalado como un contraperiodismo del goce s&uacute;bito, el goce que produce la ira habilitada. Un enunciado rabiante que fuerza las cosas hasta que adoptan la apariencia de lo real sin que necesariamente tengan que serlo. Pura fuerza del encastre, pura fuerza de forzar, de hacer entrar los cubos en los c&iacute;rculos: Viviana es de las que te venden talento, pero abr&iacute;s el paquete y era voluntad. Ahora ha salido del aire, pero hasta hace poco era verla y saber que se sent&iacute;a su propia <em>barbie girl </em>en su propio <em>barbie world</em>, su propia <strong>Juana Viale</strong>, cada vez que se miraba ella misma a c&aacute;mara, es decir, cuando se miraba encima. Yo supongo que despu&eacute;s la c&aacute;mara se apagaba y alguien, alg&uacute;n productor, el mismo <strong>Andr&eacute;s Bombillar</strong>, piadosamente se le acercaba y, como despert&aacute;ndola, le dec&iacute;a: <em>&ldquo;Pst, ey, Vivi, que Juana Viale se nace&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Bien, en el programa de Viviana Canosa apareci&oacute; un d&iacute;a, con su guitarra, Gustavo Cordera. Para los que, a los 19 a&ntilde;os una noche en Cemento cant&aacute;bamos <em>fuera de ac&aacute;, los represores, los indultados, la yuta en la calle, fuera de ac&aacute;</em>, y le compramos a la Bersuit el stock ind&oacute;cil de la insurrecci&oacute;n temprana, verlo ah&iacute; agradeci&eacute;ndole a Vivi el coraje de haberlo invitado fue como poner la &uacute;ltima pieza en un largo puzzle de desencanto. As&iacute; son los rompecabezas: hasta que no pon&eacute;s la &uacute;ltima pieza no los ves del todo.
    </p><p class="article-text">
        Haber tenido 19, tener hoy 51. Y estar ahora ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El awante</strong>
    </p><p class="article-text">
        Libertarios, antivacunas, chiques militantes de la Julio Argentino, no ten&iacute;a idea con qu&eacute; me iba a encontrar en la puerta de Vorterix. <strong>Javier Milei </strong>usa &ldquo;Se viene el estallido&rdquo; para los unipersonales de su show politk, as&iacute; que por qu&eacute; no. 
    </p><p class="article-text">
        A <strong>Mart&iacute;n Souto</strong>, me encontr&eacute;. Fue un hallazgo a contrapierna. No asocio a Souto con ninguna, pero con absolutamente ninguna de las criaturas que preconceb&iacute;. Me explica que hizo a la Bersuit en una nota para El Aguante antes de que estallaran como banda de estadios y, desde entonces, sigue a Cordera. En las malas, tambi&eacute;n. Estamos conversando frente a la boleter&iacute;a, esperando nuestras acreditaciones, cuando alguien se abre paso y le dice a la chica de la ventanilla: <em>&ldquo;Va a venir Burlando&hellip; Burlando, el abogado, viene con veinte m&aacute;s, que pasen todos&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n viene a ver a Cordera, hoy?
    </p><p class="article-text">
        Una vez adentro, me encuentro con la respuesta de la que Souto fue un anticipo: principalmente, gente en sus cincuentas que no le solt&oacute; la mano a su artista. Tipos a los que se la han muerto los padres, o los tienen ya muy grandes, haciendo di&aacute;lisis tres veces por semana, en plan de irse, porque as&iacute; es la vida. Mujeres que han parido varias veces, y conocieron el reviente, alg&uacute;n reviente, y lo sobrevivieron. Gente que va por su segundo divorcio, atletas del homebanking con hijos que estudian, yo mismo estar&iacute;a por ah&iacute; siendo uno de ellos, si no fuera que estoy en la barra, con un gintonic en la mano, mir&aacute;ndolos a ver qu&eacute; ficha les saco.
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                ¿Quién viene a ver a Cordera, hoy?                            </span>
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        Ac&aacute; estamos, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, con los puntos que sacamos y las cagadas que hemos hecho, nosotros y el tipo que est&aacute; arriba del escenario, y que ahora canta: <em>Soy mi dolor, soy mi condena, soy el veneno de mis venas</em>.
    </p><p class="article-text">
        El show arranca con Cordera sentadito: banqueta y micr&oacute;fono, parece un standup. M&aacute;s quieto, como aplacado. Hay o parece haber algo de sujeto que se ha calmado en esa puesta inicial. La voz, intacta. No se la puso o no se la puso muy seguido porque si no, as&iacute;, no lleg&aacute;s. Y lo que antes era bramido de joven progre con ganas de romper algo, ahora es family cancionismo con shock de memorabilia nost&aacute;lgica. Cordera canta con su mujer y, para <em>La soledad</em>, hace subir al escenario a su hija. &iquest;Qu&eacute; tan otro, es este Cordera? &iquest;Qu&eacute; tan otros somos los que estamos ahora ac&aacute;?
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                    alt="Gente en sus cincuentas que no le soltó la mano a su artista."
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                Gente en sus cincuentas que no le soltó la mano a su artista.                            </span>
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        Hay una segunda capa de p&uacute;blico, un recorte, son lo que llegaron en sus veintis cuando <em>La Argentinidad al palo</em> llev&oacute; a la Bersuit a tocar el cielo de su primer River. Hoy est&aacute;n en sus 35, ara&ntilde;an los 40, y son los que, hacia la segunda mitad del show, piden pogo. Okay, entremos al pogo, entremos a la fiesta del reencuentro de los egresados de la pubertad pol&iacute;tica, busqu&eacute;monos entre esta gente que capaz somos uno de los que est&aacute; por ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hay unos cu&aacute;ntos nost&aacute;lgicos, ac&aacute;, parece&rdquo;</em>, dice Cordera desde el escenario, blanqueando.
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                Hoy están en sus 35, arañan los 40, y son los que, hacia la segunda mitad del show, piden pogo...                            </span>
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        Y entonces ac&aacute; estamos otra vez: gente celebrando canciones que hab&iacute;an quedado ah&iacute;, bajo los escombros de los a&ntilde;os, y que si le das mecha todav&iacute;a funcionan: tomo para no enamorarme, me enamoro para no tomar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntas veces se muri&oacute; este tipo? &iquest;Cu&aacute;ntas veces va a volver de haberse muerto? El show termina y <strong>Mart&iacute;n Paladino</strong>, prensa de Cordera, me dice que banque, que tal vez podamos pasar al camar&iacute;n. Vorterix se desagota velozmente porque despu&eacute;s hay una fiesta de esas que tiene nombre de golosina: hab&iacute;a una que se llamaba La plop, la de esta noche no s&eacute; c&oacute;mo se llama.
    </p><p class="article-text">
        Noelia Guevara guarda la c&aacute;mara y espera conmigo: ya nos dijeron que fotos, en el camar&iacute;n, no. Tiene 36, Noelia. Escuch&oacute; a la Bersuit a sus veinte como la escuch&eacute; yo a los m&iacute;os. Pero se atragant&oacute; con las declaraciones de Cordera cuando Cordera las hizo y ahora est&aacute; delante de la piba que fue, y le dieron ganas de cantar las canciones del final, y de la mujer feminista que es, y no le dieron ganas de cantar nada m&aacute;s. <strong>Tal vez hayamos venido a eso, a encontrarnos con la larga sucesi&oacute;n de sujetos que fuimos frente a un artista, su obra y su discurso p&uacute;blico. Y en eso estamos, siendo cada uno una multitud.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Abajo el pasillo es largo y angosto. El Zorrito Von Quintiero viene saliendo. Souto tambi&eacute;n. Hay gente saludando y todo se embuda. Esperamos. Unos minutos despu&eacute;s, nos abrimos paso. Cordera est&aacute; con equipo de gimnasia negro, sonriente, con una especie de felicidad del agotamiento encima.
    </p><p class="article-text">
        -Hola Gustavo. Cabo Polonio, a&ntilde;o 2007, no s&eacute; si te acord&aacute;s de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Cordera se espabila. Abre los ojos todo lo que le da el cansancio del show. Me mira. Fuerte, me mira. Algo nos saca de ac&aacute; y, entiendo, por un instante, nos lleva a los dos hasta aquellos tipos que fuimos. Yo escrib&iacute; las cosas que &eacute;l dijo aquella vez. Volvemos r&aacute;pido del match con el tiempo y nos saludos bien, ahora y ac&aacute;, porque, me parece, ninguno de los dos sigue siendo el que fue.
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Seselovsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/viene-ver-cordera-hoy-cordera_129_9306449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Sep 2022 14:51:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién viene a ver a Cordera, hoy? ¿Qué tan otro, es este Cordera?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gustavo Cordera,Gustavo Santaolalla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alberto Fernández y el extraño don de musicalizar su ocaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alberto-fernandez-extrano-don-musicalizar-ocaso_129_9228499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa9f3b20-9d9c-4429-a780-54d1e01c286e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alberto Fernández y el extraño don de musicalizar su ocaso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La portavoz presidencial desmintió esta semana la versión publicada por Horacio Verbitsky que señalaba que Gustavo Santaolalla, alojado en la quinta de Olivos, pasaba noches con el Presidente en los arreglos de nuevas canciones. En una recorrida por la relación entre Fernández y el rock, sus composiciones y el hippismo, el autor señala que la música aparece como consuelo para escabullirse de los rigores de la contingencia.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Si algo le faltaba a </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/temas/alberto-fernandez/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Alberto Fern&aacute;ndez</strong></a><strong>, es un </strong><em><strong>fake disc.</strong></em><em> </em>A estas alturas de la crisis, el presidente no aviva la imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica, aunque s&iacute; la musical. Al comp&aacute;s del canto de los mercados que difumina su figura no faltan los comentaristas o dirigentes que, <em>sotto voce</em>, le asignan un mero rol representacional en los meses que le quedan como gobernante. Si fuera as&iacute;, estim&oacute; entre los primeros, Horacio Verbitsky, &ldquo;tendr&aacute; m&aacute;s tiempo para dedicarle al arreglo de sus nuevas canciones que en largas madrugadas est&aacute; realizando con &eacute;l Gustavo Santaolalla, alojado en la quinta de los Olivos&rdquo;. Algunos medios digitales le subieron el precio a ese p&aacute;rrafo quiz&aacute; tan conjetural como zumb&oacute;n.&nbsp;Y razonaron lo siguiente: as&iacute; como en 1971 el guitarrista Keith Richards alquil&oacute; en el sur de Francia una casona donde los Rolling Stones le dieron forma a <em>Exile on Main St&nbsp; </em>(los integrantes de la banda hab&iacute;an abandonado Inglaterra para no saldar cuentas con el fisco), Fern&aacute;ndez ya no &ldquo;arregla&rdquo; sino que &ldquo;graba&rdquo; junto con el ex integrante de Arco Iris un LP de su infortunio, su <em>Exile in Olivos</em>. El supuesto <em>corpus</em> fernandiano tendr&iacute;a como trasfondo el torniquete fiscal que ejecuta su flamante ministro de Econom&iacute;a, Sergio Massa:&nbsp;fisco y fiasco para los &uacute;ltimos que nunca han sido en rigor los primeros. La portavoz del Gobierno, Gabriela Cerruti, se vio obligada a tomar cartas en el asunto. Santaolalla, dijo, &ldquo;nunca se aloj&oacute; en la residencia&rdquo;. El exitoso productor, a&ntilde;adi&oacute;, &ldquo;honra al presidente&rdquo; con su amistad. &ldquo;Pero hasta donde s&eacute;, est&aacute; realizando una gira en Europa y consecuentemente muy lejos de nuestro pa&iacute;s&rdquo;, remat&oacute; con una dosis de opacidad (&ldquo;hasta donde s&eacute;&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de los d&iacute;as cabe preguntarse cu&aacute;nta verdad encierra ese eventual bulo. Dicho de otra manera: la sola fantas&iacute;a de que pudiera haber sucedido el encuentro con Santaolalla en medio del despelote financiero hab&iacute;a sido en parte habilitada por el propio presidente en sucesivas intervenciones, entre ellas la foto de 2019 que los muestra despreocupados y con sus instrumentos.<strong> Si la lapicera es la metonimia de sus cavilaciones pol&iacute;ticas, la guitarra, que posee muchas, la de un &ldquo;otro yo&rdquo; diletante que parece solaparse con las funciones ejecutivas. El aficionado musical como lado &ldquo;B&rdquo; del t&iacute;mido ejecutor</strong>. Posiblemente sea falaz pero ya forma parte del repertorio de cr&iacute;ticas y descalificaciones que siempre tienen a algunas de sus palabras como paratexto del meme.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mis bigotes no son conservadores, sino rockeros: como los de Litto Nebbia&rdquo;, lleg&oacute; a decir para diferenciar su mostacho de los de Cristian Ritondo, Carlos Melconian, por no decir el que exhibi&oacute; por tanto tiempo Mauricio Macri. Una cuesti&oacute;n de estilo piloso relacionada con su &iacute;dolo ya se pone en juego entre el l&iacute;mite inferior de la nariz y el labio superior. Pero no s&oacute;lo la distinci&oacute;n es fison&oacute;mica sino conceptual. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo hablo como hablo soy el resultado de haber le&iacute;do <em>Las 20 verdades peronistas</em> y <em>La comunidad organizada</em>? La respuesta es no. Hablo como hablo porque en m&iacute; pesaron muchas cosas. Va a sonar raro, pero pes&oacute; mucho de la cultura hippie&rdquo;, le dijo a Jorge Fontevechia, apenas comenzado su mandato. &ldquo;La m&uacute;sica&rdquo;, acota el entrevistador. Y le responden. &ldquo;No por la m&uacute;sica solamente. Tambi&eacute;n la posici&oacute;n que ocup&oacute; el hippismo frente a la sociedad de consumo, frente a las reglas instituidas de una sociedad dominante sobre otra&rdquo;. Woodstock, a&ntilde;ade el director de <em>Perfil. </em>&ldquo;Un mundo cultural que tambi&eacute;n se ve con el Mayo Franc&eacute;s en mi caso. Entonces, &iquest;qu&eacute; pes&oacute; sobre m&iacute;? Pes&oacute; Juan Per&oacute;n, pes&oacute; el Mayo Franc&eacute;s, pes&oacute; Woodstock&hellip;&rdquo;. Dijo haber visto 200 veces la pel&iacute;cula. Ese festival nada tiene que ver con los hechos de Par&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fern&aacute;ndez, el hipot&eacute;tico <em>flower power</em> que sigui&oacute; finalmente la senda paterna y estudi&oacute; Derecho, ha hecho un permanente subrayado de esa educaci&oacute;n sentimental incluso para intervenir en situaciones pol&iacute;ticas. &ldquo;No soy de los que le gusta volver al pasado. Siempre repito esa frase de la <em>Cantata de los puentes amarillos </em>de Luis Alberto Spinetta&hellip; (&rdquo;ma&ntilde;ana es mejor&ldquo;) yo me r&iacute;o porque s&eacute; que esta vena hippie a Cristina no le gusta...&rdquo;, dijo durante la celebraci&oacute;n del centenario de YPF que volvi&oacute; a juntarlo con la vicepresidenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;cu&aacute;nto de esa graciosa <em>vena </em>circula en el cuerpo del Estado? &iquest;C&oacute;mo se materializa? Lo &ldquo;hippie&rdquo; aparece como exaltaci&oacute;n de una impureza virtuosa, nada menos en un movimiento que, de vez en cuando, invoca la ortodoxia como patente de legitimidad. Al aterrizar en el aeropuerto de Mor&oacute;n despu&eacute;s de la masacre de Ezeiza, perpetrada por el ala derecha del peronismo, el 20 de junio de 1973, Juan Domingo Per&oacute;n archiv&oacute; la &ldquo;actualizaci&oacute;n doctrinaria&rdquo; y el &ldquo;socialismo nacional&rdquo;. Sentenci&oacute; que su proyecto se ce&ntilde;&iacute;a estrictamente a sus veinte verdades.&nbsp;Si en la disputa de los setenta el otro devino marxista y pod&iacute;a ser blanco de la metralla o la cachiporra, la repetici&oacute;n de esa querella ideol&oacute;gica medio siglo m&aacute;s tarde, resuena con algo de bufonada: ya pasamos los d&iacute;as del rosa socialdem&oacute;crata a una degradaci&oacute;n mucho m&aacute;s ins&oacute;lita. &ldquo;Cristina eligi&oacute; a un hippie de presidente&rdquo;, dijo el ex ministro de Isabel Per&oacute;n y ex gobernador bonaerense, Carlos Ruckauff. &ldquo;Se siente m&aacute;s cerca de la cultura hippie que de la doctrina peronista&rdquo;, aleg&oacute; Sergio Berni, como si fuera un fiscal extra&iacute;do de un gag de <em>Peter Capusotto y sus videos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Da la sensaci&oacute;n, sin embargo, que ni Fern&aacute;ndez y, mucho menos sus detractores, saben demasiado acerca de lo que sucedi&oacute; en los sesenta en la costa oeste norteamericana. El problema es que su propia autopercepci&oacute;n (la vena hippie del estadista) puede lindar con la caricatura y llevarlo m&aacute;s cerca del Luis Sandrini <em>El profesor hippie</em>. Aquella pel&iacute;cula de Fernando Ayala y H&eacute;ctor Olivera se estren&oacute; en 1969, el a&ntilde;o del Cordobazo y &ldquo;The Hippies: an American Movement&rdquo;, texto seminal de uno los referentes de los estudios culturales anglosajones, Suart Hall. El jamaiquino advert&iacute;a que el estilo hippie evolucionaba &ldquo;sin mucha intenci&oacute;n consciente&rdquo; hacia un conjunto de valores opuestos a la sociedad convencional. Su sensibilidad se conformaba de un lado sobre la base de un inter&eacute;s en la pobreza voluntaria; una apropiaci&oacute;n del <em>exotizado</em> nativo norteamericano y, por el otro, una tensi&oacute;n entre la fraternidad y la obsesi&oacute;n de largo alcance de Am&eacute;rica con la libertad individual. Hall detectaba adem&aacute;s una b&uacute;squeda existencial que reivindicaba la m&iacute;stica y el retiro, as&iacute; como la necesidad de alcanzar una experiencia directa de apertura de las puertas de la percepci&oacute;n, <em>alla</em> Willian Blake o Aldous Huxley. Y todo eso en medio de&nbsp;un enfoque global sobre el amor y el <em>flower power</em>. Se trataba, en definitiva, de una manera significativa de estar y mirar el mundo que era el resultado de una coyuntura hist&oacute;rica de determinadas fuerzas espirituales, econ&oacute;micas, tecnol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas (por cierto, muy diferentes a las de Argentina de esos a&ntilde;os y, qu&eacute; decir, en el presente). Para Hall hab&iacute;a que aprender a &ldquo;leer&rdquo; esos &ldquo;signos&rdquo; <em>in situ </em>y as&iacute; comprender el proyecto que organizaba y hac&iacute;a coherentes sus muchas hebras dispares. Haight-Ashbury, la intersecci&oacute;n de dos calles de San Francisco cuyas se&ntilde;ales pronto se convertir&iacute;an en sin&oacute;nimo del &ldquo;movimiento&rdquo; (que no era Nacional ni Justicialista).&nbsp;Casi de repente, ese vecindario de casas victorianas destartaladas, devino en una suerte de centro del mundo. La pen&iacute;nsula de California mostraba otros hitos y protagonistas: <em>The San Francisco Oracle</em>, The Psychedelic Shop, Free Clinic, Timothy Leary y el LSD terap&eacute;utico, la colina hippie donde se naturalizaba la tolerancia al consumo de marihuana, el auditorio Fillmore y la compa&ntilde;&iacute;a de mimo de Ronald Davis, Allen Ginsberg y las profec&iacute;as de Marshall McLuhan, el San Francisco Tape Music Center, los Trips Festival, Budas, figuras indias,&nbsp; comunidades y celebraciones del fin del dinero; The Mothers of Invention y Lenny Bruce, Jefferson Airplane y Grateful Dead.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los seguidores argentinos no pudieron nunca pensar ni actuar en esos mismos t&eacute;rminos entre otras razones por haber surgido en medio de una dictadura hostil y preconciliar, la del general Juan Carlos Ongan&iacute;a (y esto en parte la definir&aacute; en sus aciertos y extrav&iacute;os). Las condiciones que propiciaron la radicalizaci&oacute;n juvenil en EE.UU. y, en menor medida Inglaterra, no cab&iacute;an amablemente en el pa&iacute;s de la Noche de los Bastones Largos, salvo que derivaran en la lucha armada. Nada de esa tradici&oacute;n puede encontrarse en Fern&aacute;ndez, salvo que las confundiera con sus preferencias discogr&aacute;ficas y las revistas que le&iacute;a de adolescente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes terminar volvamos a los Stones. En 1968, y en virtud de pergaminos evanescentes de izquierdismo (&ldquo;Street fighting man&rdquo;), Jean Luc Godard eligi&oacute; a &ldquo;Sympathy for the devil&rdquo; como una canci&oacute;n troncal de su pel&iacute;cula <em>One plus one, </em>de 1968. Godard registr&oacute; su proceso de grabaci&oacute;n. Las primeras tomas presentan el esqueleto de la canci&oacute;n. La pel&iacute;cula finaliza con la versi&oacute;n del disco <em>Beggars banquet</em>. El <em>work in progress</em> expuesto en la pantalla era, para el director, una met&aacute;fora del proceso revolucionario: ensayo, error, objetivaci&oacute;n. &ldquo;S&oacute;lo quer&iacute;a mostrar algo en la construcci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fern&aacute;ndez ha dicho que compone desde los 11 a&ntilde;os. No sabemos si lo hace en la actualidad y repite a su modo ese procedimiento de <em>ajuste permanente</em> (de una canci&oacute;n). Primero, el croquis, la melod&iacute;a, acaso tarareada para s&iacute; durante una reuni&oacute;n protocolar, escarceos de una letra que visita su mente o se dispara como consecuencia de un encuentro palaciego. La aproximaci&oacute;n al objeto podr&iacute;a ser trabajosa. Un ir y venir. Elegir la tem&aacute;tica (&iquest;despecho? &iquest;impotencia?&iquest;reconocimiento de un fracaso? ), progresi&oacute;n arm&oacute;nica, definir una r&iacute;tmica, la entonaci&oacute;n. &iquest;Estar&iacute;amos ante un trabajo artesanal solitario o que se confeccionar&iacute;a gracias al consejo presencial o a distancia de alguien avezado? <strong>M&uacute;sica como consuelo que le permitir&iacute;a escabullirse de los rigores de la contingencia. </strong>&iquest;La guitarra sonar&iacute;a ah&iacute; electrizante o con la fuerza menguante de su lapicera? &iquest;Se impondr&iacute;a el apocamiento o una descarga de vehemencia desconocida en la funci&oacute;n p&uacute;blica (un grito primal como el primer Lennon solista)? Existe una grabaci&oacute;n de los primeros a&ntilde;os de Kirchner. Y es a partir de ese antecedente que podemos retomar la idea de una m&uacute;sica imaginaria. De 2006 es &ldquo;El sue&ntilde;o del piano&rdquo;, una canci&oacute;n suya grabada por Daniel L&oacute;pez en un disco del mismo nombre que cuenta con la participaci&oacute;n de Roque Narvaja, Estela de Carlotto y Alejandro Dolina y fue declarado &ldquo;de Inter&eacute;s Cultural por la legislatura de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires&rdquo; mientras la administraba Jorge Telerman. El aporte de Fern&aacute;ndez se suma a un repertorio de consagrados que incluye a Joan Manuel Serrat y Silvio Rodr&iacute;guez. Aparece en el minuto 39, a modo de cierre. Despu&eacute;s de una breve introducci&oacute;n de piano, cello y guitarra, irrumpe la voz de L&oacute;pez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>No dejes que los duendes hoy se duerman/y que traigan sus canciones hasta aqu&iacute;/ y que salgan de sus sue&ntilde;os melodiosos/que me muestren otro modo de seguir</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Escucho y me pregunto si no estamos ante una <em>fake song </em>tambi&eacute;n atribuida al presidente y urdida en un gabinete de esp&iacute;as o burlones virtuales. Me convenzo finalmente sobre su autor&iacute;a cuando llega lo que sigue:
    </p><p class="article-text">
        <em>y cu&eacute;ntanos qu&eacute; dice el viento a esta hora/si la lluvia nos va a permitir volar/y cu&eacute;ntanos cu&aacute;ntas ganas te han quedado/de encontrar la balsa para ir a naufragar</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Inspiraci&oacute;n meteorol&oacute;gica? No, es un temprano homenaje a Litto desde el poder (pobre Nebbia, cu&aacute;nto le cuestan por esos halagos). El piano que sue&ntilde;a habla de &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        <em>Deja que la sangre te conmueva/que Rosario encienda tu alma una vez m&aacute;s&hellip;no dejes que tu piano se silencie/porque el sue&ntilde;o se nos puede lastimar</em>.
    </p><p class="article-text">
        No es, claro, el primer pol&iacute;tico que apela a la m&uacute;sica como singularidad y seducci&oacute;n. Las elecciones de 1960 pusieron en Estados Unidos a la m&uacute;sica misma como objeto de debate. <em>The Washington Post</em> le pregunt&oacute; a John F. Kennedy qu&eacute; le gustaba, y este cit&oacute; con marcado acento franc&eacute;s a Debussy, Ravel y Berlioz. Su rival, Richard Nixon le confes&oacute; a <em>Time</em> que su coraz&oacute;n escond&iacute;a momentos memorables antes del musical &iexcl;<em>Oklahoma!</em> Y no solo eso. Nixon se jactar&iacute;a tambi&eacute;n de su doble condici&oacute;n de pianista y autor de un <em>Concierto</em> que &ldquo;estren&oacute;&rdquo; durante otro programa de entrevistas. Nunca se juzgar&iacute;a esa &ldquo;obra&rdquo; por su valor sino por sus deseados efectos: darle el estatuto de la consagraci&oacute;n, la forma concierto, como contracara de los discursos m&aacute;s duros de la Guerra Fr&iacute;a. Claro que fue Kennedy el ganador de las elecciones, entre otras cosas, por la decidida intervenci&oacute;n a su favor de Frank Sinatra.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        En plena pandemia, Fern&aacute;ndez tambi&eacute;n cant&oacute; algo de su propia cosecha:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Si me pierdo, yo me encuentro</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si me caigo, me levanto</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El secreto en esta vida es ir cantando</em>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que rock, se entreveran el Palito que tanto repudi&oacute; en su juventud (&ldquo;caminando por las calles voy cantando&rdquo;) o la Mar&iacute;a Elena Walsh de la &ldquo;Canci&oacute;n de la cigarra&rdquo; (&ldquo;Gracias doy a la desgracia/ y a la mano con pu&ntilde;al/ porque me mat&oacute; tan mal, y segu&iacute; cantando&rdquo;). <strong>El tono confesional de una canci&oacute;n elaborada hace dos a&ntilde;os parece pintarlo de cuerpo entero en este presente de repliegue.</strong> Cuando llegue su <em>ma&ntilde;ana</em> <em>mejor </em>y,<em> </em>despojado de las obligaciones ejecutivas, pase el peine a contrapelo de su experiencia presidencial, en una de esas nos ofrecer&aacute; un libro de memorias (&ldquo;el secreto en esta vida&rdquo;) o un cancionero sin gesta.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alberto-fernandez-extrano-don-musicalizar-ocaso_129_9228499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Aug 2022 03:02:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alberto Fernández y el extraño don de musicalizar su ocaso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Alberto Fernández,Gustavo Santaolalla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santaolalla, última vuelta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/santaolalla-ultima-vuelta_129_7213499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f8c4a93b-1e8f-4f29-ab91-b52530460512_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santaolalla, última vuelta"></p><p class="article-text">
        Gustavo Santaolalla produjo un documental. Su tema es el rock latinoamericano de habla castellana. <strong>El producto tiene aciertos, en particular mostrar (aunque sea someramente) un mundo m&aacute;s ancho que el de las camarillas porte&ntilde;as. Y tiene algunos defectos insalvables.</strong> El principal de ellos es no acabar de ser el documento que la enunciaci&oacute;n del g&eacute;nero f&iacute;lmico en cuesti&oacute;n promete. Hubo innumerables cr&iacute;ticas, en particular en las redes sociales. Ninguna rozaba esta cuesti&oacute;n, salvo la que escribi&oacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/rompan-fondo-santaolalla_129_6623485.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Abel Gilbert</strong></a> en este mismo peri&oacute;dico. Y es que lo que faltaba en la serie de Netflix faltaba, tambi&eacute;n, en los reclamos populares. Ni m&aacute;s ni menos que una voz cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El principal error de <em>Rompan Todo</em> es que all&iacute; habla sobre eso llamado rock, s&oacute;lo el rock. Y quienes lo criticaron argumentaron, en gran medida, que sobre el rock s&oacute;lo puede hablar el rock y que &ndash;&uacute;nica diferencia en el planteo&ndash; Santaolalla no era suficientemente &ldquo;del rock&rdquo; como para poder hacerlo. La discusi&oacute;n pone en escena, por lo tanto, dos cuestiones. <strong>Una es qu&eacute; es, o qu&eacute; deber&iacute;a ser, un film documental. La otra es qui&eacute;n es Gustavo Santaolalla, cu&aacute;l es su </strong><em><strong>pedigree </strong></em><strong>en el rock y si es cierto que ese ser&iacute;a un argumento a tener en cuenta a la hora de evaluar la mirada de un productor/ ide&oacute;logo sobre un determinado objeto cultural</strong>. Salvando las distancias se supone que nadie reclamar&iacute;a fe p&uacute;blica de nazismo a quienes hicieran un documental sobre ese tema y que a nadie se le ocurrir&iacute;a que para hablar de los vikingos o de la poes&iacute;a surrealista deber&iacute;a haber sobradas pruebas de sangre vikinga o surrealista en quienes lo hicieran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante un universo de implicaciones est&eacute;ticas y sociales tan amplias y complejas como aquello que Netflix, al referirse a la serie dirigida por Picky Talarico, denomina &ldquo;la historia del rock en Am&eacute;rica Latina&rdquo;, hay una primera cuesti&oacute;n conceptual. Y una decisi&oacute;n que deber&iacute;a ser absolutamente clara: cu&aacute;les fueron los criterios para definir ese universo. En ese &ldquo;poner junto lo que va junto&rdquo; donde comienza cualquier trabajo de esa &iacute;ndole, por qu&eacute; se puso lo que se puso y por qu&eacute; se excluy&oacute; aquello que falta. Esa definici&oacute;n es, por supuesto, ideol&oacute;gica y,&nbsp;desde ya, no es necesario que est&eacute; expresada en palabras. Las im&aacute;genes, o mejor a&uacute;n la m&uacute;sica incluida, podr&iacute;an hablar por s&iacute; solas. Pero en este caso no lo hacen porque parecen obedecer m&aacute;s a una simple cuesti&oacute;n de disponibilidad &ndash;o al mero azar o a eventualidades afectivas&ndash; que a una necesidad de claridad ideol&oacute;gica.<strong> Lo primero que </strong><em><strong>Rompan todo</strong></em><strong> no dice &ndash;ni muestra&ndash; es a qu&eacute; llama rock. Y lo segundo &ndash;y esto s&iacute; ha sido suficientemente se&ntilde;alado en gran cantidad de comentarios&ndash; es a qu&eacute; llama &ldquo;Am&eacute;rica Latina&rdquo;, un universo en el que es claro que se decidi&oacute; incluir s&oacute;lo el habla castellana pero en que los fundamentos de tal decisi&oacute;n no son expuestos en ning&uacute;n momento.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El orden corporativo por el cual para hablar del rock hay que &ldquo;entenderlo&rdquo; y para hacerlo hay que ser del palo, obviamente acaba limitando en demas&iacute;a las posibilidades cr&iacute;ticas del an&aacute;lisis. Si la historia no son los hechos sino el discurso sobre esos hechos &ndash;lo que se incluye y lo que no, las contig&uuml;idades de los relatos, la confrontaci&oacute;n entre unos y otros documentos&ndash; algo que resultar&iacute;a imprescindible en una serie que se postula como &ldquo;la historia del rock en Am&eacute;rica Latina&rdquo; ser&iacute;a, precisamente, ese discurso. Sin &eacute;l no hay historia. El documentalista puede elegir las maneras de incluir su voz. Puede hacerla expresa, desde el cl&aacute;sico off, que indica a las claras la mirada de un narrador, o a trav&eacute;s del an&aacute;lisis u opini&oacute;n de alg&uacute;n entrevistado. O puede dejar que los documentos hablen por s&iacute; solos. Como ejemplo de lo no hecho bastar&iacute;a el momento en que Andr&eacute;s Calamaro dice de Tanguito que &ldquo;fue nuestro Syd Barrett&rdquo;. Primera cuesti&oacute;n que el documentalista deber&iacute;a dejar claro: &iquest;Calamaro es quien explica la realidad o es parte de la realidad estudiada? &iquest;Su testimonio se incluye como an&aacute;lisis v&aacute;lido de un hecho en tanto era necesario que alguien estableciera el parentesco entre Tanguito y Barrett y se busc&oacute; su voz para hacerlo? &iquest;O su extra&ntilde;a, digamos caprichosa analog&iacute;a entre ambos m&uacute;sicos es parte del objeto de estudio? Y, en ese caso, &iquest;qui&eacute;n lo estudia? Es decir, &iquest;qui&eacute;n hace el documental? Tanto en uno como en otro caso, la frase pasa sin comentario alguno. Hubiera bastado, eventualmente, que sonara, una junto a la otra, la m&uacute;sica de Tanguito y la de Barrett. Eso hubiera alcanzado tanto para justificar a Calamaro &ndash;poni&eacute;ndolo en el lugar del brillante analista capaz de descubrir similitudes que nadie hubiera imaginado&ndash; como para refutarlo, coloc&aacute;ndolo ya no en la situaci&oacute;n de quien mira por el microscopio, sino de quien forma parte del preparado que est&aacute; en el portaobjeto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Documento y documentalista son dos categor&iacute;as que en la serie producida por Santaolalla se confunden.</strong> Y tal vez no se trate de una confusi&oacute;n extra&ntilde;a para alguien cuya principal destreza como m&uacute;sico de cine &ndash;una destreza que en dos ocasiones le permiti&oacute; ganar el Oscar en esa categor&iacute;a&ndash; no fue la composici&oacute;n, a la manera de Erich Korngold por su banda para <em>Las aventuras de Robin Hood</em>, en 1938, o, m&aacute;s cerca, Burt Bacharach para <em>Butch Cassidy</em>, en 1969, o Nino Rota para la segunda parte de <em>El Padrino</em>, en 1974, o John Williams para <em>La lista de Schindler</em> en 1993. Tanto en <em>Secreto en la monta&ntilde;a</em> (Oscar 2005) como en <em>Babel</em> (el mismo premio en 2006), las partituras de Santaolalla son m&iacute;nimas. Apenas los hilos conductores entre otras m&uacute;sicas seleccionadas. <strong>Su arte, como musicalizador, es m&aacute;s el del disc jockey que el del compositor.</strong> Hasta podr&iacute;a pensarse que el mismo gesto estaba en sus or&iacute;genes con el grupo Arco Iris: un blues, una zamba, algo de jazz <em>&agrave; la</em> Coltrane en manos del valiente pero inexperto Ara Tokatlian, un poco de rock pesado y otro de m&uacute;sica de los Apalaches (eso que se denominaba gen&eacute;ricamente como &ldquo;folk americano&rdquo;), una pizca de grupos vocales a la manera de los Huanca Hua o el Grupo Vocal Argentino (o los conjuntos escolares de folklore) y un toque de Piazzolla en alg&uacute;n que otro momento. Algo que, adem&aacute;s, se pon&iacute;a en escena convirtiendo el supuesto enfrentamiento entre rock &ldquo;ac&uacute;stico&rdquo; y &ldquo;el&eacute;ctrico&rdquo; en tan solo un intervalo. <strong>El disc jockey Santaolalla no eleg&iacute;a entre ambos campos estil&iacute;sticos (irreconciliables para parte del p&uacute;blico) sino que los dispon&iacute;a en una primera y en una segunda parte de sus presentaciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Puede hablarse de falta de ideolog&iacute;a? Por cierto no. Es, como en el caso de la personalidad, algo que siempre est&aacute;. Aquellos &ldquo;faltos de personalidad&rdquo; tienen ese, precisamente, como rasgo saliente de su personalidad. Y la supuesta falta de ideolog&iacute;a no es otra cosa que una ideolog&iacute;a, desde ya. Pero se trata de una ideolog&iacute;a muy poco interesante. De la misma manera en que el reciclado de una tradici&oacute;n anquilosada redund&oacute; en <em>Caf&eacute; de los maestros</em> y el remix del Piazzolla menos prestigioso, el de discos como <em>Persecuta</em>, de 1977, dio lugar al Bajofondo Tango Club, a Santaolalla, como documentalista, le falta la voz del documentalista. Hay, s&iacute;, y se agradece, una mirada donde caben otras zonas de la Am&eacute;rica hispana. <strong>Pero falta &ndash;sigue faltando&ndash; la historia. El discurso que interprete. De la misma manera que la historia del f&uacute;tbol argentino no puede ser contada por un barra brava ni por los jugadores (ellos ser&aacute;n quienes provean los documentos), existir&aacute; una historia del rock (y elijo deliberadamente hablar de &ldquo;una&rdquo; historia y no de &ldquo;la&rdquo; historia) cuando el rock aporte los documentos pero el documentalista sea alguien capaz de leerlos, de interpretarlos, de ponerlos en contexto, de hacerlos contar su historia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/santaolalla-ultima-vuelta_129_7213499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2021 03:10:04 +0000]]></pubDate>
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