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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sigmund Freud]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sigmund-freud/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sigmund Freud]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Amor y dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad51203e-a6df-43fe-be39-dc84a148aa72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140485.jpg" width="523" height="294" alt="Amor y dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El amor puede ser una forma de interrogar al Otro y de cernir la posición que uno ocupa en el vínculo, poniendo en cuestión si la relación se reduce a un intercambio o si hay algo más, irreductible, en juego.</p></div><p class="article-text">
        Hay dos variables que, para <strong>Sigmund Freud</strong>, constituyen el n&uacute;cleo de la transferencia: tiempo y dinero.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, era inevitable que Freud se encontrase con el amor de transferencia en una &eacute;poca en que hab&iacute;a tiempo para el amor. En este punto, es importante tener en claro que el amor de transferencia no es enamorarse del analista.
    </p><p class="article-text">
        El amor de transferencia es algo mucho m&aacute;s complejo que una pasi&oacute;n. Es un tipo de formaci&oacute;n que, en el centro del an&aacute;lisis, viene a plantear una pregunta; mejor dicho, el amor de transferencia es usar el amor para hacerle una pregunta a la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Expliquemos mejor este aspecto. El amor de transferencia es solidario de la posici&oacute;n hist&eacute;rica y su modo de interrogar al Otro. Es una manera de cernir la posici&oacute;n (de objeto) que se tiene ante ese Otro: yo pago y pago, pero este v&iacute;nculo nuestro &iquest;es solo un servicio reducible a un contrato profesional?
    </p><p class="article-text">
        Sin histeria no hay amor de transferencia; es decir, el sujeto hist&eacute;rico recurre al amor como aquello que pone en jaque el intercambio y plantea que hay algo m&aacute;s, irreductible, en la relaci&oacute;n entre analista y paciente.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo de otro modo, con una reformulaci&oacute;n de la pregunta hist&eacute;rica: &iquest;c&oacute;mo que soy un paciente entre otros? Recordamos el caso de un amigo y colega que, en cierta ocasi&oacute;n, dec&iacute;a, &ldquo;Yo no podr&iacute;a analizarme si no sintiera que soy especial para mi analista, si no creyera que de alg&uacute;n modo me quiere; es m&aacute;s, &iexcl;tengo la certeza de que me quiere!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, lo propio de la histeria (como modelo de la neurosis y como requisito para el an&aacute;lisis) es llegar al Otro por la v&iacute;a del amor. De ah&iacute; que el hist&eacute;rico tienda a presentar su sufrimiento en t&eacute;rminos amorosos e incluso haga de su desdicha amorosa una manera de demandar amor al analista.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir que el sujeto hist&eacute;rico usa el idioma del amor para comunicarse con el analista y, en el v&iacute;nculo con el analista, espera que el amor sea la manera de realizar un m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta posici&oacute;n no es la m&aacute;s frecuente actualmente. Hay enamoramientos de analistas, pasiones salvajes, pero nada de eso es el amor de transferencia. Son m&aacute;s bien rupturas o enloquecimientos de la transferencia, erotoman&iacute;as que solo precisan tiempo antes de volverse delirios persecutorios.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es este el contrapunto que nos interesa. A partir de lo que venimos conversando en un grupo de supervisi&oacute;n, aislamos el siguiente hecho: cada vez son m&aacute;s colegas los que cuentan que deben reclamar el pago de las sesiones a los pacientes, ya que estos demoran mucho en hacerlo si no es que, directamente, lo &ldquo;olvidan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No tendr&iacute;a sentido hablar en este punto de una falta de respeto, de que no se cuida el espacio, del no registro del otro, etc. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero son sociol&oacute;gicos. A nosotros nos interesa pensar desde la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de dinero, hablamos de transferencia. Lo que pensamos, entonces, es que esa dificultad para el pago tiene dos caras: por un lado, puede significar un modo de quedar en deuda, aunque se trate de una deuda que no se reconozca. Hace poco una modelo famosa dec&iacute;a que le molestaba tener que pagarle a su analista, como si el pago invalidara lo profundo de lo hablado.
    </p><p class="article-text">
        Propongamos una hip&oacute;tesis: si tengo que pagarle, es porque no me quiere en serio. Ya no se trata del &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; del pago de la histeria, sino de un &ldquo;m&aacute;s ac&aacute;&rdquo;. Esta posici&oacute;n se parece m&aacute;s bien a la del sujeto melanc&oacute;lico que no se siente amado. En estos casos, el amor es una deuda impagable.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tenemos a quienes se hacen demandar el pago, o bien dan por sentado que el analista puede esperar, punto en el que este queda en un lugar de Otro primario, sin necesidades, de pura gratificaci&oacute;n. Ya no estamos en el nivel de la transferencia (paterna) de la histeria, sino en la transferencia (materna) del narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto hist&eacute;rico paga por su deuda, incluso paga de m&aacute;s, cuando &ndash;por ejemplo&ndash; es capaz de agregar un &ldquo;regalito&rdquo; para el analista, ese&nbsp;<em>plus</em>&nbsp;cuyo valor no se mide con el dinero. He aqu&iacute; el amor de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el sujeto actual, narcisista y melanc&oacute;lico, vive en funci&oacute;n de una deuda que le hace pagar a otro, equivalente a la falta de amor con se mira a s&iacute; mismo. De este modo, la transferencia pasa de la estructura amorosa tradicional a una nueva formaci&oacute;n que podr&iacute;amos llamar: la deuda de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una cuesti&oacute;n sobre la que seguiremos pensando; porque, como dijimos al comienzo, tiempo y dinero son variables de la transferencia y esto es lo fundamental que se piensa en un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 09:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amor y dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Dinero,Histeria,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016beb63-fde2-4214-b04f-501e7cd91fec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una idea básica del psicoanálisis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La transferencia es una actualización de un conflicto psíquico en un vínculo actual privilegiado, no una simple repetición del pasado.
Ni idealización ni dependencia, representa el modo dinámico en que la conflictividad neurótica se organiza en la relación analítica.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una de las nociones b&aacute;sicas del psicoan&aacute;lisis que a&uacute;n menos se comprende es la de transferencia. Ya sea porque se la vuelve equivalente a la noci&oacute;n de v&iacute;nculo, o bien porque se tiende a ver todo lo que ocurre en un tratamiento como parte de una re-vivencia infantil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En principio, es fundamental situar qu&eacute; no es la transferencia. No es una idealizaci&oacute;n, no es cualquier pasi&oacute;n que surja en el marco de un tratamiento, como tampoco es una actitud dependiente que anule la capacidad cr&iacute;tica. Estas versiones de la transferencia son vulgares y no ameritan discusi&oacute;n, aunque sean muy frecuentes incluso entre principiantes.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qu&eacute; es la transferencia? Es un desplazamiento. Esta es una idea freudiana (desde&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">), a la que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sigmund Freud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> nunca le corrigi&oacute; ni una coma. Ahora bien, es preciso pensar qu&eacute; se transfiere y c&oacute;mo. Pensemos un ejemplo, la situaci&oacute;n de alguien que tuvo un conflicto en el trabajo y, al llegar a su casa, discute con su pareja. Podr&iacute;a decirse que desplaz&oacute; el conflicto de una escena a otra.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Complejicemos el ejemplo y pensemos que alguien puede ser que pelee con su pareja para no asumir el conflicto que tuvo en el trabajo. En este punto, el desplazamiento ya no se piensa en t&eacute;rminos de causa y efecto, sino como una actualizaci&oacute;n. De la misma manera, la transferencia no es una repetici&oacute;n del pasado sino un modo din&aacute;mico de constituir un conflicto actual.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por otro lado, cabe destacar que el desplazamiento se realiza en un v&iacute;nculo que asume un car&aacute;cter privilegiado para recoger conflictos no resueltos. Esto es lo propio de la transferencia, ser un canal de recepci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la conflictividad neur&oacute;tica. Por eso el analista debe incidir en la transferencia de un modo en que la respuesta no reproduzca el problema de origen.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Volvamos al ejemplo y pensemos cu&aacute;n corriente es que una persona se la pase peleando con su pareja mientras en el trabajo tiene una actitud sumisa ante un jefe al que odia. A veces las parejas lo dicen abiertamente: &ldquo;Es que est&aacute; en uno de esos d&iacute;as&rdquo; y as&iacute; explican que tengan que tolerar el desplazamiento en cuesti&oacute;n, de la misma manera en que si se les ocurriera hacer una observaci&oacute;n sobre aquel no recibir&iacute;an ning&uacute;n eco &ndash;o quiz&aacute; se les hablar&iacute;a con rechazo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso en psicoan&aacute;lisis suele decirse que la transferencia no se interpreta, sino que se analiza. Esto es lo que hace un analista, que funciona como relevo de esa aptitud transferencial particular de la neurosis. Hagamos una aclaraci&oacute;n: algo semejante podr&iacute;a aplicarse para las psicosis, pero ser&iacute;a otro tema y requerir&iacute;a otras consideraciones. Lo dejamos para otro momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con lo que no podemos estar de acuerdo es con la idea imaginaria de la transferencia como una re-vivencia de lo que alguien vivi&oacute; con su pap&aacute;, o su mam&aacute;, como si fuera un ni&ntilde;o; b&aacute;sicamente porque esto infantiliza a los pacientes. Y sabemos que la idea que un analista se haga de la transferencia condiciona el modo en que concibe el tratamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La transferencia es algo m&aacute;s interesante y serio. Podr&iacute;amos agregar un aspecto m&aacute;s, para no extendernos demasiado. De acuerdo con el ejemplo que mencionamos, podr&iacute;amos pensar en la transferencia con un Otro materno. Cuando el Otro adquiere una condici&oacute;n paterna, no se trata tanto de la constituci&oacute;n de un conflicto sino de un s&iacute;ntoma concreto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pongamos un ejemplo de esto &uacute;ltimo, a partir del caso de alguien que comienza a tener diarreas durante el tratamiento; semejantes a aquellos que ten&iacute;a cada vez que le tocaba ir a rendir un final. La pregunta cl&iacute;nica, en este contexto, ser&iacute;a con qu&eacute; final lo confronta el an&aacute;lisis en ese momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Siempre es bueno que el an&aacute;lisis confronte con un final. Es bueno para llamar al s&iacute;ntoma. Es bueno para que el an&aacute;lisis no se vuelva un suced&aacute;neo del vientre materno, un espacio cerrado en el que se trata de estar seguro y a salvo de la realidad y sus exigencias.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 10:53:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Transferencia,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El goce y el llanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-llanto_129_12672448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/711356da-1f34-4328-a1b7-99eb3d46e035_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El goce y el llanto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la clínica aparece, en muchas mujeres, un dolor específico: admitir que ya no aman. En varones, en cambio, suele predominar alivio o culpa, más que dolor.</p></div><p class="article-text">
        Una idea freudiana es la del narcisismo femenino. Mientras que el hombre, seg&uacute;n Freud, pierde narcisismo cuando se enamora, por sobrestimaci&oacute;n del otro, la mujer no lo perder&iacute;a. Este es el modo en que Freud pareciera hacerse eco del sentido com&uacute;n que, popularmente, suele afirmar que las mujeres son m&aacute;s ego&iacute;stas que los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Lacan tiene una explicaci&oacute;n m&aacute;s clara y, quiz&aacute;, menos prejuiciosa de esta cuesti&oacute;n, cuando sostiene que la relaci&oacute;n de la mujer con la p&eacute;rdida es diferente a la que tiene el hombre. La explicaci&oacute;n lacaniana parte de una constataci&oacute;n cl&iacute;nica: el hombre no puede dejar de fantasear con un padre que estar&iacute;a exceptuado de la castraci&oacute;n y tendr&iacute;a un goce sin l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Es como si el hombre dijese: &ldquo;Por mi p&eacute;rdida de goce, hay alguien que goza&rdquo;. Ese alguien es el padre, cuyo relevo suele ocupar la mujer. No son pocos los hombres que se enojan con las mujeres cuando ellos hacen algo mal; as&iacute; las castigan, por el goce que les suponen.
    </p><p class="article-text">
        Ese goce supuesto tambi&eacute;n se refleja en los celos y otros s&iacute;ntomas t&iacute;picos. Esta es la ra&iacute;z inconsciente de lo que Freud llam&oacute; &ldquo;odio a lo femenino&rdquo;. Ese odio no es esencial, sino que est&aacute; derivado del conflicto masculino con el padre.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, la idea del ego&iacute;smo de las mujeres es una fantas&iacute;a masculina; expresa el odio a que la mujer no constituya su narcisismo a trav&eacute;s de la renuncia (&ldquo;Por el narcisismo del falo es que el ni&ntilde;o abandona la masturbaci&oacute;n&rdquo;, dec&iacute;a Freud). Ahora bien, que el narcisismo femenino no est&eacute; articulado a la renuncia no quiere decir que no tenga l&iacute;mite o sea excesivo. Ese narcicismo est&aacute; articulado a lo imposible. 
    </p><p class="article-text">
        En el an&aacute;lisis de mujeres es com&uacute;n encontrar el dolor que les produce reconocer que dejaron de amar a una persona. Los hombres no sufren de esto; al contrario, les produce alivio. O bien culpa. Pero no dolor.
    </p><p class="article-text">
        Ese dolor, a veces inadmisible y ante el que una mujer puede enga&ntilde;arse durante mucho tiempo, es una forma de plantear el problema de &ldquo;la castraci&oacute;n en la mujer&rdquo;. De alg&uacute;n modo, ya lo hab&iacute;a entrevisto Freud cuando dijo que el equivalente de la castraci&oacute;n en la mujer era la p&eacute;rdida de amor. Esto es cierto si no se lo piensa como dejar de ser amada, sino como el dolor de ya no amar. El sufrimiento por no ser amada, para el caso, puede ser una defensa ante el dolor de ya no amar.
    </p><p class="article-text">
        Pero sigamos con la cuesti&oacute;n del goce, que es el motivo de esta nota. Lacan dec&iacute;a que el goce es lo in&uacute;til, lo que no sirve para nada. Tambi&eacute;n habr&iacute;a que decir que el goce es lo que no tiene causa. Sin duda hay producci&oacute;n de goce &ndash;por ejemplo, a trav&eacute;s de un discurso (el de lo saludable produce el goce de la restricci&oacute;n alimenticia, la requiere)&ndash;, pero otra cosa es causar un goce.
    </p><p class="article-text">
        Nunca el goce es efecto de un objeto. Cualquier intento de atribuirle uno, en el lugar de causa, le da una medida f&aacute;lica. El falo puede ser el &oacute;rgano masculino, pero tambi&eacute;n el seno turgente, los labios rellenados. 
    </p><p class="article-text">
        El goce f&aacute;lico es una versi&oacute;n del goce, aquel con el que tropieza la neurosis. Para hablar de otro goce, Lacan us&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;femenino&rdquo;, pero quiz&aacute; no fue una buena elecci&oacute;n. Por dos motivos: porque el llamado &ldquo;goce femenino&rdquo; no es el goce de las mujeres y porque el uso de ese t&eacute;rmino plantea la relaci&oacute;n entre goces como una oposici&oacute;n &ndash;a partir de identificar f&aacute;lico con masculino&ndash; que es todo lo contrario de lo que Lacan quiso plantear.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es cierto es que hay un fen&oacute;meno m&aacute;s frecuente en las mujeres que es un indicador de este rasgo propio del goce. Me refiero al llanto, a esa forma de llorar que deja perplejos a muchos hombres.
    </p><p class="article-text">
        Primero, porque ellos est&aacute;n m&aacute;s acostumbrados a llorar cuando no queda otra, por dolor o tristeza, mientras que hay mujeres que, por ejemplo, lloran despu&eacute;s de hacer el amor. Hay algunas que lo hacen durante, seg&uacute;n me lo han relatado. Nunca un hombre me cont&oacute; que le pasara algo as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, porque ellos no entienden que ellas puedan llorar y no saber por qu&eacute;. Eso los desespera. Les piden una explicaci&oacute;n, necesita una respuesta. Por todos los medios precisan una raz&oacute;n f&aacute;lica para el goce. Y as&iacute; como existe el llanto, son muchos los otros fen&oacute;menos de ilustran la dimensi&oacute;n de ese otro goce que, por prisa, Lacan llam&oacute; femenino, pero que es el goce propiamente dicho.
    </p><p class="article-text">
        Entre el goce que se supone y el goce efectivo, suele haber un abismo. No por nada se habla del goce de las peque&ntilde;as cosas.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-llanto_129_12672448.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Oct 2025 02:27:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El goce y el llanto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El goce de pegar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-pegar_129_12563709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/639de898-79ef-4ad9-9c65-919f738e7277_16-9-discover-aspect-ratio_default_1124754.jpg" width="666" height="374" alt="El goce de pegar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de las personas rehúyen los actos agresivos, pero a través de las imágenes realizan lo que nunca harían en la realidad. Esta es la mediación de la fantasía. En el ser humano, el placer de ver es más potente que el de actuar.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No me peguen, soy Giordano&rdquo;, dijo una vez un c&eacute;lebre estilista y dicha frase pas&oacute; a la posteridad. Es dif&iacute;cil pensar que le hayan dejado de pegar por ese motivo. Al contrario, si la frase adquiri&oacute; popularidad es por la impotencia que denot&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco hubo un penoso episodio en una cancha de f&uacute;tbol &ndash;como tantos otros&ndash; y no falt&oacute; la multiplicaci&oacute;n de im&aacute;genes. De este desplazamiento (de los hechos a las im&aacute;genes) se desprende una conclusi&oacute;n freudiana: ver c&oacute;mo le pegan a otro puede ser m&aacute;s excitante que el mismo acto de pegar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explica esto? La mayor&iacute;a de las personas reh&uacute;yen los actos agresivos, pero a trav&eacute;s de las im&aacute;genes realizan &ndash;mediadamente&ndash; lo que nunca har&iacute;an en la realidad. Esta es la mediaci&oacute;n de la fantas&iacute;a. Entonces, no es tan claro que hacer algo a trav&eacute;s de la fantas&iacute;a sea en verdad un equivalente de la acci&oacute;n real. En el medio est&aacute; el placer de ver.
    </p><p class="article-text">
        En el ser humano, el placer de ver es m&aacute;s potente que el de actuar. Verse haciendo algo que nunca se har&iacute;a es m&aacute;s excitante que verse haciendo lo que se har&iacute;a. Esto sirve para ubicar el modo en que la fantas&iacute;a le agrega un <em>plus</em> a la realidad y permite entender un dato b&aacute;sico de la neurosis: los neur&oacute;ticos fantasean con actos que, si los hicieran, les causar&iacute;a horror.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo una amiga me cont&oacute; que, leyendo una escena de terror en una novela, sinti&oacute; placer sexual y tuvo que realizar un acto de descarga. Eso despu&eacute;s le produjo culpa; por suerte no dej&oacute; de hacerse la pregunta: &iquest;por qu&eacute; me excit&eacute; de ese modo? Una inquietud de este tenor es la que llev&oacute; a <strong>Sigmund Freud</strong> a escribir un art&iacute;culo que se titul&oacute; &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo maravilloso de este texto es que nace de la experiencia de an&aacute;lisis de algunos pocos casos, entre ellos, el de su hija Anna. Como analista de su hija, Freud descubri&oacute; una fantas&iacute;a de flagelaci&oacute;n como principal excitante de su erotismo. Incluso, la misma Anna escribi&oacute; una ponencia en la que detallo esta fantas&iacute;a &ndash;claro, como si fuera un caso bajo su tratamiento y no su propio caso.
    </p><p class="article-text">
        La idea central de Freud es que la excitaci&oacute;n de la fantas&iacute;a, en que se ve que se le pega a otro, proviene de la desfiguraci&oacute;n de una posici&oacute;n masoquista (ser pegado). Excita ver que se le pega a otro &ndash;algo que nunca har&iacute;amos&ndash; como un modo de velar el deseo inconsciente de ser pegados. No son pocos los neur&oacute;ticos que, por cierto, se alivian con la idea de que a otro le pase algo terrible, con la superstici&oacute;n de que as&iacute; zafaron ellos.
    </p><p class="article-text">
        Un derivado de esta actitud neur&oacute;tica la vemos en el morbo de quienes no pueden dejar de mirar un accidente que ocurre al costado de la ruta. En efecto, no son pocos los accidentes que se producen porque un neur&oacute;tico se puso a mirar el accidente de otro. Habr&iacute;a que llegar a otra conclusi&oacute;n freudiana: el goce del placer de ver se resuelve con el golpe masoquista.
    </p><p class="article-text">
        Si hubiera que ilustrar esto &uacute;ltimo con la informaci&oacute;n que proviene de otra experiencia, para darle una confirmaci&oacute;n ampliada, habr&iacute;a que decir que algo semejante ocurre con los porn&oacute;grafos, que se satisfacen mucho m&aacute;s en el placer pasivo que le suponen a la mujer que con la identificaci&oacute;n con el hombre que penetra. En la cl&iacute;nica con neur&oacute;ticos obsesivos, no es extra&ntilde;o escuchar que la masturbaci&oacute;n pornogr&aacute;fica muchas veces tiene como acto final ir al ba&ntilde;o a defecar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jacques Lacan</strong> dijo alguna vez que el masoquismo femenino es una fantas&iacute;a masculina. Esta frase se entiende de la misma manera que la afirmaci&oacute;n freudiana: el placer que se juega en la fantas&iacute;a es encubridor. Nadie goza de que aquello que le da placer. El placer justamente es un modo de reprimir el goce. Entonces, volvamos con esta idea a nuestro punto de partida, para entender mejor el sentido de esta reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces nos preguntamos por qu&eacute; alguien se dedica a ver aquello que, desde un punto de vista consciente, no le representa placer. Lo verificamos en la situaci&oacute;n de quienes ven videos de accidentes, de palizas, los medios los anticipan: &ldquo;A continuaci&oacute;n im&aacute;genes que son sensibles&rdquo;. Luego se transforman en contenidos virales.
    </p><p class="article-text">
        El placer de ver no se sostiene de lo placentero, sino todo lo contrario. Y esto se debe a que encubre un goce oscuro y masoquista, del que el neur&oacute;tico no quiere saber nada. Lacan ten&iacute;a un modo muy gracioso de avanzar en esta idea, cuando dec&iacute;a que Sade no era s&aacute;dico sino m&aacute;s bien masoquista &ndash;en la medida en que vivi&oacute; encarcelado buena parte de su vida por la voluntad de nada menos que su suegra.
    </p><p class="article-text">
        Mientras concluyo estas l&iacute;neas, pienso en la situaci&oacute;n cotidiana en que diferentes ni&ntilde;os en una plaza se excitan al ver c&oacute;mo retan a otro. Ni hablar de la demanda cotidiana en que un ni&ntilde;o, con cierto aire de justicia, pide que otro sea castigado. El placer de reclamar castigos es tambi&eacute;n una fuente de excitaci&oacute;n sexual. A veces no se sabe ni de qu&eacute; se habla, pero nunca faltan los que hacen de una gota de sangre el secreto de su poluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anna Freud</strong> vivi&oacute; toda su vida pregunt&aacute;ndose por aquello que la excitaba en su fantas&iacute;a. Eso la hizo una gran psicoanalista y una analizante consecuente. Vivi&oacute; una vida en la que no quiso enga&ntilde;arse con un placer sin conocer el goce que lo causaba.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-pegar_129_12563709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 09:45:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan,Anna Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juzgamos, no escuchamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/juzgamos-no-escuchamos_129_12400094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efad24e0-3487-43e8-9dd2-a0e776e4f7ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_1120188.jpg" width="1596" height="898" alt="Juzgamos, no escuchamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“La conversación en que consiste el tratamiento analítico no soporta terceros oyentes; no admite ser presentada en público”, escribió Freud. Esta afirmación, que podría parecer una obviedad, encierra sin embargo una serie de desafíos clínicos, éticos y conceptuales que aún hoy interpelan a quienes ejercen la práctica analítica.</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as vi un video en el que una mujer cuenta que llev&oacute; helado a la sesi&oacute;n con su psic&oacute;loga. Luego de comerlo, habr&iacute;an salido juntas a dar un paseo. O algo as&iacute;. La verdad es que no entend&iacute; muy bien, ni me pareci&oacute; relevante.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; me llam&oacute; la atenci&oacute;n que la consecuencia de este episodio fuera una catarata de los m&aacute;s diversos comentarios, que juzgaban la actitud de la profesional. Como m&iacute;nimo, se asist&iacute;a a un reclamo de que le quiten la matr&iacute;cula.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Como dije, a m&iacute; no me pareci&oacute; relevante la situaci&oacute;n. Mientras lo ve&iacute;a, record&eacute; los a&ntilde;os en que trabaj&eacute; en un hospital p&uacute;blico y, ante la falta de consultorio disponible, atend&iacute;amos en el estacionamiento. Una vez pas&oacute; la Jefa del Servicio y me llam&oacute; a su oficina. Yo pens&eacute; que me iba a reprender. Sin embargo, me dijo: &ldquo;Escrib&iacute; un texto sobre tu experiencia, que lo vamos a publicar en el pr&oacute;ximo libro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s me qued&eacute; pensando en lo que ocurri&oacute; en los a&ntilde;os de pandemia, sobre todo en el primero, cuando con algunos pacientes varios colegas tuvimos que improvisar consultorios ambulantes (sobre todo en plazas) para no interrumpir los tratamientos de aquellos que no se llevaban bien con la virtualidad.
    </p><p class="article-text">
        Con esto que escribo no justifico a la colega de la que se habla en ese video. En efecto, nadie conoce su palabra, salvo por el rodeo de lo que dice la paciente. Con esto digo que no s&eacute; c&oacute;mo pens&oacute; esa decisi&oacute;n y, adem&aacute;s, no soy nadie para juzgarla. Una noci&oacute;n m&aacute;s que importante en un tratamiento psicoterap&eacute;utico es la de encuadre, pero este no es la suma de variables r&iacute;gidas que establecen una situaci&oacute;n estandarizada.
    </p><p class="article-text">
        El encuadre es la condici&oacute;n m&iacute;nima con que un terapeuta tiene que tratar a un paciente, en funci&oacute;n de que su sufrimiento no se acreciente y no se proyecte de m&aacute;s en su persona. Por otro lado, recuerdo una idea que <strong>Sigmund Freud</strong> plantea en la primera de sus <em>Conferencias de introducci&oacute;n al psicoan&aacute;lisis</em>: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La conversaci&oacute;n en que consiste el tratamiento anal&iacute;tico no soporta terceros oyentes; no admite ser presentada en p&uacute;blico&rdquo;. Esta frase encierra muchos problemas, porque pone a los analistas a tener que pensar de muchos modos las v&iacute;as por las que se constituye un caso cl&iacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta especialmente que Freud diga que el tratamiento es una conversaci&oacute;n. Sobre todo, porque hoy no est&aacute; asegurada esa instancia. Toma mucho tiempo empezar a conversar con alguien; durante mucho tiempo se habla, se cuentan cosas, pero solo despu&eacute;s de un buen tiempo es que se empieza a conversar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se reconoce ese momento? Cuando el paciente dice algo que el analista estaba a punto de decir, o bien cuando este recuerda &ndash;sin saber por qu&eacute;&ndash; un sue&ntilde;o (u episodio) que el paciente tuvo quiz&aacute; hace meses y sobre el que nunca hablaron, entre otros indicadores de lo que se llama &ldquo;transferencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es muy dif&iacute;cil explicar la transferencia, si es que se puede. Esta es la que no admite &ldquo;terceros oyentes&rdquo;. Es tambi&eacute;n la que tiene que llevar a ser cautos a la hora de opinar sobre un video como el que comento. Puedo entender que quienes no son colegas se despachen con un moralismo insensato, pero si escribo estas l&iacute;neas es porque le&iacute; a colegas escandalizados.
    </p><p class="article-text">
        Un grave error cl&iacute;nico es creerse mejor que otro colega. Pienso en una situaci&oacute;n t&iacute;pica: la del paciente que viene y habla de que se trat&oacute; con alguien a quien tilda de un p&eacute;simo profesional, &iquest;en serio vamos a tomar literalmente esa acusaci&oacute;n? No pocas veces, si uno se cree que es el que va a hacer las cosas bien, esa es la antesala de que luego vayan a otro analista a decirle que el p&eacute;simo profesional somos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y a veces el reproche es un modo de la transferencia que muestra toda la eficacia de esta y lo mejor que podr&iacute;amos hacer es reenviar al paciente a continuar el tratamiento que interrumpi&oacute;. Por lo general, quienes juzgan a otros en nombre de la &eacute;tica nunca tienen en cuenta que una de las indicaciones m&aacute;s precisas del c&oacute;digo profesional es no intervenir ni realizar intrusiones en el tratamiento de un colega.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escribo este art&iacute;culo, mi reflexi&oacute;n se desv&iacute;a hacia el inter&eacute;s que despiertan en la opini&oacute;n p&uacute;blica los profesionales de la salud mental. Pienso, por ejemplo, en los debates que hubo acerca de la personificaci&oacute;n de la psic&oacute;loga en la serie <em>Envidiosa</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hay quienes dec&iacute;an que era demasiado estricta, otros que no era emp&aacute;tica y que culpaba a la paciente, etc. Yo no lo s&eacute;, porque directamente no podr&iacute;a decir nada interesante sobre el modo en que trabaja un colega sin antes escucharlo hablar de la metodolog&iacute;a del tratamiento que lleva adelante.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n en estos d&iacute;as se populariz&oacute; la frase &ldquo;Escuchamos, pero no juzgamos&rdquo; y, en esa v&iacute;a es que, en diferentes escenarios, se replic&oacute; la actitud como un modo de hacerle frente a la exigencia: en un trabajo, la jefa escucha a sus empleadas (&ldquo;Escucho, pero no despido&rdquo;) o bien un docente escucha a sus alumnos (&ldquo;Escucho, pero no repruebo&rdquo;). 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/juzgamos-no-escuchamos_129_12400094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Jun 2025 03:01:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Juzgamos, no escuchamos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Sigmund Freud,Envidiosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dinero es una mierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-mierda_129_12323114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d4f2214-c873-453c-a3f9-d2758598a9a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dinero es una mierda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lógica del deseo se expresa tanto en quienes se desentienden del dinero como en quienes lo veneran: “Si quien se desinteresa del dinero suele llamar la atención, ocurre lo mismo con quien se interesa demasiado”. Antes que un objeto, el dinero es una creencia.</p></div><p class="article-text">
        El dinero no vale nada. Por fuera del rol simb&oacute;lico que ocupa entre nosotros, <strong>un billete no es m&aacute;s que un pedazo de papel</strong>. Cada tanto ocurre que, en alguna casa, aparece una moneda fuera de circulaci&oacute;n y se la guarda in&uacute;tilmente, menos porque se la piense usar en una transacci&oacute;n que por un motivo meramente nost&aacute;lgico. 
    </p><p class="article-text">
        El dinero sin valor nos recuerda otros tiempos, a veces hasta tiene el olor a viejo de lo que proviene de la infancia, como las p&aacute;ginas amarillas de un libro. As&iacute; el objeto en que se encarna el dinero adquiere el estatus de la reliquia, pero ya no es dinero. Este no tiene carne, es flujo et&eacute;reo, equivalencias suprasensibles; <strong>la del dinero es una teolog&iacute;a</strong>. No por nada en el billete de un d&oacute;lar est&aacute; el ojo de Dios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En el dinero es preciso creer. Siempre es extra&ntilde;a la gente que logra desentenderse de esta creencia. <strong>Las religiones tienen muchos ateos, pero el dinero muy pocos</strong>. El &uacute;nico que yo conozco es <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>. Recuerdo una vez en que sali&oacute; de su casa en Coronel D&iacute;az, par&oacute; un taxi y dijo: &ldquo;<strong>Soy yo, &iquest;me llev&aacute;s?</strong>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de Charly, creo que las dem&aacute;s personas que conozco que no creen en el dinero tienen alg&uacute;n tipo de enfermedad mental severa. Es que <strong>el dinero es un recurso muy &uacute;til para el desplazamiento de conflictos internos</strong>. La capacidad de tener s&iacute;ntomas con el dinero, es una soluci&oacute;n para el &ldquo;dep&oacute;sito&rdquo; de la energ&iacute;a ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        Una distinci&oacute;n t&iacute;pica de la cl&iacute;nica de las neurosis lo ilustra: el obsesivo tiene la chance de desplazar al ahorro su goce retentivo (anal), as&iacute; como el hist&eacute;rico encuentra en el gasto sin prurito un s&iacute;mbolo de amor propio (&ldquo;lo valgo&rdquo;, &ldquo;me lo merezco&rdquo;). <strong>Las tarjetas de cr&eacute;dito son muy h&aacute;biles para explotar los s&iacute;ntomas de los neur&oacute;ticos</strong>: comprar algo en cuotas, como si en la prolongaci&oacute;n serial estas dejasen de existir es un buen equivalente del olvido que promete la represi&oacute;n ps&iacute;quica. 
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, al igual que con la represi&oacute;n, las tarjetas tambi&eacute;n tienen su retorno en res&uacute;menes que apuran pagos de intereses que, como los reto&ntilde;os de lo reprimido, empujan a <strong>una lucha secundaria que siempre se aplaza y genera deuda y m&aacute;s deuda</strong>. Si la del dinero es una teolog&iacute;a, la del s&iacute;ntoma es una verdadera econom&iacute;a (de goce). 
    </p><p class="article-text">
        El dinero es una mierda. El dinero est&aacute; hecho de un material desechable que bien puede adquirir las m&aacute;s variadas significaciones ps&iacute;quicas. Para <strong>Sigmund Freud</strong>, dinero = falo = heces = hijo = regalo. Si quien se desinteresa del dinero suele llamar la atenci&oacute;n, ocurre lo mismo con quien se interesa demasiado. Al igual que con la fe, cabe preguntarse: <strong>&iquest;en qu&eacute; cree quien tanto cree en el dinero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El dinero puede representar felicidad, seguridad, poder, etc. Decir que el dinero es m&aacute;s bien un medio es tan ingenuo como decir que la tecnolog&iacute;a no es buena ni mala y depende de c&oacute;mo se la use. <strong>El dinero es un fin, es el fin de los fines</strong>; es una parte exterior del psiquismo humano. Dime c&oacute;mo tratas al dinero y te dir&eacute; qui&eacute;n eres.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no quiero dedicar esta columna a hablar solamente del dinero en s&iacute;, sino de algo que mencion&eacute; antes cuando me refer&iacute; al neur&oacute;tico obsesivo. Este se caracteriza tanto por su goce ahorrativo, como por una generosidad impostada. En este caso, el obsesivo da, s&iacute;, pero no suelta.
    </p><p class="article-text">
        Si pudiera ilustrar con una imagen la oblatividad obsesiva, dir&iacute;a que es la de quien da un objeto, pero no puede dej&aacute;rselo del todo al otro: &ldquo;Viste qu&eacute; buen sweater que te regal&eacute;&rdquo;, &ldquo;&iquest;Le&iacute;ste el libro que te di? &iquest;Me lo prest&aacute;s?&rdquo; o, en casos m&aacute;s extremos, como el que ocurre en las separaciones, &ldquo;No te olvides que todo lo que ten&eacute;s lo ten&eacute;s porque te lo di yo&rdquo;. Seguro el lector puede pensar sus propios ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        En la psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana, a m&iacute; divierte el caso del var&oacute;n obsesivo que, si adem&aacute;s es marido, se convierte en un regulador del goce familiar. A todo responde que no y que es muy caro. <strong>Un marido, en su funci&oacute;n cl&aacute;sica, es quien responde con austeridad a la administraci&oacute;n que delega en la esposa</strong>. Un marido dispendioso &ndash;como el que llega a la casa con flores&ndash; suele ser sospechado de encubrir alguna culpa.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esto ya no sea as&iacute;, los roles sociales cambiaron mucho y ya no es frecuente que haya varones que creen que algo les corresponde porque pagan (&ldquo;&iquest;Acaso mi dinero no vale?&rdquo;). <strong>En esta &eacute;poca en que los maridos comienzan a pasar de moda, el retaceo obsesivo se disfraza de igualdad y pide el pago conjunto de una cuenta</strong>, con el argumento de que la invitaci&oacute;n es una estructura r&iacute;gida del amor rom&aacute;ntico que es preciso vencer.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a m&iacute; me interesa circunscribir una situaci&oacute;n menos divertida, aunque no ajena a la comedia de los sexos; una que no se refleja a trav&eacute;s de objetos materiales, sino a trav&eacute;s de ese otro objeto inmaterial que es la palabra. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las formas del goce retentivo del obsesivo es apropiarse de la palabra, de modo m&aacute;s o menos tir&aacute;nico. Pienso que de experiencias de este tenor es que <strong>Rebecca Solnit</strong> debe haber tomado la matriz para introducir el t&eacute;rmino &ldquo;<strong>mansplaining</strong>&rdquo; &ndash;en su libro <em>Los hombres me explican cosas</em>, en el que explica c&oacute;mo los hombres le explican.
    </p><p class="article-text">
        La ra&iacute;z de esta actitud seguramente sea la fuerza posesiva de lo viril. <strong>El var&oacute;n hace sentir su afirmaci&oacute;n a trav&eacute;s de posarse sobre su objeto y manipularlo</strong>. No por nada Freud se refiri&oacute; en este punto a un &ldquo;ejercicio de la musculaci&oacute;n&rdquo;. Los varones agarran y cuando resulta que son obsesivos, no sueltan.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en el caso de un conocido profesor que, en las reuniones, suele desarrollar lenta y parsimoniosamente sus ideas, sin importarle si otros lo escuchan; aunque s&iacute;, le importa que lo escuchen, porque lo que no le importa es aburrirlos. La contracara de la retenci&oacute;n neur&oacute;tica es el sadismo, que en la obsesi&oacute;n se expresa en la sentencia &ldquo;Vos me vas a escuchar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los obsesivos son personas que hablan todo el tiempo y, as&iacute; y todo, sufren de que no se los deje hablar</strong>. De regreso al comienzo, este es un tema econ&oacute;mico tambi&eacute;n, porque pone de manifiesto esa instancia en la que no pagan por sus palabras. <strong>El obsesivo habla como si fuera gratis</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito, para concluir, recuerdo la an&eacute;cdota de un colega que me cont&oacute; que hace unas d&eacute;cadas tuvo su primera sesi&oacute;n de an&aacute;lisis. Despu&eacute;s de hablar sin parar durante una hora y media, el analista le propuso concluir. Inquieto, dado que se trataba de un analista c&eacute;lebre, mi amigo le pregunt&oacute; cu&aacute;nto eran los honorarios. El analista le respondi&oacute;: &ldquo;Dos mangos&rdquo;. Sorprendido, mi amigo le pregunt&oacute; c&oacute;mo pod&iacute;a cobrarle tan poco. El analista respondi&oacute;: &ldquo;Es lo que hoy valen sus palabras; espero que con el tiempo tengan otro costo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-mierda_129_12323114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 May 2025 22:37:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Charly García,Sigmund Freud,Rebecca Solnit,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Para qué sirve un primer amor?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sirve-primer-amor_129_11566219.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8bb73417-dd4d-44d9-bcef-45bb90bea8ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Para qué sirve un primer amor?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Freud habló del "complejo de castración" para describir cómo los hombres lidiaban con el amor perdido. Antes, esto se manifestaba en neurosis obsesivas, con fantasías de revalorización heroica. Hoy, muchos hombres presentan rasgos narcisistas, como la incapacidad de sufrir con dignidad y la tendencia a reaccionar de forma posesiva.</p></div><p class="article-text">
        En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, a partir del tratamiento de varones de mediana edad, empec&eacute; a pensar en una coordenada recurrente: la dificultad de estos para atravesar un conflicto amoroso, como si hubiera una discordancia entre la edad alcanzada y las reacciones ante una crisis vincular.
    </p><p class="article-text">
        No me refiero a los casos de varones que no se quieren divorciar despu&eacute;s de varios a&ntilde;os de matrimonio, m&aacute;s por comodidad que por amor, porque no quieren nada que les cambie la vida; sino a los casos de quienes tuvieron diferentes parejas, de los que se puede decir que amaron en diferentes oportunidades, pero es como si el amor no hubiera producido efectos en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, se trata de varones con una forma infantil y dependiente de amar, de la que no pudieron curarse a pesar del paso del tiempo. Por ejemplo, tienen una fuerte inclinaci&oacute;n a hacerle sentir al otro su ausencia, como el ni&ntilde;o cuando act&uacute;a un despecho. Igualmente, tienden a poner la culpa en el otro y, en particular, nunca piden perd&oacute;n ni reconocen un error. Todo esto con el otro de espectador sufriente de la escena, porque alcanza con que este se mueva un poquito y se retire y, como el peque&ntilde;o que hac&iacute;a su berrinche en la calle, se levantan y corren para no ser olvidados.
    </p><p class="article-text">
        A muchos de estos varones, con este tipo de mecanismos, hoy se los llama &ldquo;psic&oacute;patas narcisistas&rdquo;. El problema es que esta es una designaci&oacute;n demasiado amplia, que contempla en su interior una gran variedad de casos. Un segundo problema de esta designaci&oacute;n es que suele ser hecha desde el punto de vista del otro, con la atribuci&oacute;n de intencionalidad, con un excedente de sentido que pasa de la descripci&oacute;n de los mecanismos a la construcci&oacute;n de un tipo de personalidad. En este punto, la generalizaci&oacute;n es por lo menos cuestionable.
    </p><p class="article-text">
        Entiendo mejor que esa coyuntura remite a una encrucijada propia de la experiencia viril y a una disoluci&oacute;n progresiva de las estructuras de la masculinidad. Este es un tema que investigu&eacute; en algunos libros (como <em>Ya no hay hombres</em> o <em>El fin de la masculinidad</em>); sobre todo me refiero a que la neurosis obsesiva ya no sea el tipo cl&iacute;nico m&aacute;s frecuente en los varones. La cuesti&oacute;n es que la salida no fue hacia adelante, sino que implic&oacute; un retroceso.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de las mujeres, que llevan d&eacute;cadas pensando su relaci&oacute;n con el amor y entre s&iacute;, los varones permanecen en un estado m&aacute;s precario, incluso para pensar sus modos de vincularse m&aacute;s all&aacute; de ellos. Es m&aacute;s frecuente leer textos que hablan de c&oacute;mo los varones no tienen que ser, de qu&eacute; modo tienen que reeducarse, que trabajos que desarrollen las variaciones de su educaci&oacute;n sentimental. Esto es curioso, porque buena parte de la literatura tiene en su n&uacute;cleo las vivencias amorosas masculinas.
    </p><p class="article-text">
        Pienso, por ejemplo, en la serie que se arma con <em>La educaci&oacute;n sentimental</em>, de <strong>Gustave Flaubert</strong>, y <em>Rojo y Negro</em>, de <strong>Stendhal</strong>. En Argentina, hay todo un movimiento que comienza con <em>Sobre h&eacute;ores y tumbas</em>, sigue con <em>Rayuela</em>, de <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> y llega a una bisagra con <em>El pasado</em> de <strong>Alan Pauls</strong>. Un &uacute;ltimo eslab&oacute;n en la cadena es <em>Un futuro anterior</em> de <strong>Mauro Libertella</strong> &ndash;que se lee muy bien con <em>Higiene sexual del soltero</em>, de <strong>Enzo Maqueira</strong>, como las dos mejores narrativas contempor&aacute;neas de la iniciaci&oacute;n en la masculinidad.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;an leerse estas novelas con una misma pregunta: &iquest;c&oacute;mo se las arregla un var&oacute;n para sufrir con dignidad? Para correrse de la escena y no fingir desapego; para encarnar con altura el deseo herido, sin posesividades reactivas y temor a la p&eacute;rdida, es decir, sin la nostalgia de amar lo que ya no es &ndash;solo porque ya no es. En fin, todo esto es lo que <strong>Sigmund Freud</strong> resumi&oacute; en la expresi&oacute;n &ldquo;complejo de castraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la &eacute;poca freudiana, la forma m&aacute;s habitual de respuesta era la neurosis obsesiva y sus fantas&iacute;as heroicas de revalorizaci&oacute;n: alg&uacute;n d&iacute;a la mujer perdida se arrepentir&aacute; y ver&aacute; que la que perdi&oacute; fue ella. En las novelas que mencion&eacute; esta fantas&iacute;a se constata con frecuencia. Sin embargo, tambi&eacute;n se traza la l&iacute;nea ascendente de otra arista, la que es correcto llamar &ldquo;narcisista&rdquo; &ndash;aunque con el reparo planteado&ndash; y que redunda en los rasgos que mencion&eacute; al principio.
    </p><p class="article-text">
        Entre las novelas cl&aacute;sicas, hay una que es m&aacute;s bien un relato extenso y se llama <em>El primer amor</em>, de <strong>Iv&aacute;n Turgueniev</strong>. En ella se narra una turbulenta historia de amor, que concluye con estas l&iacute;neas: &ldquo;Ser&iacute;a incapaz de expresar el sentimiento que experimentaba entonces. No quisiera volver a pasar por &eacute;l; pero me considerar&iacute;a infeliz si no lo hubiera experimentado nunca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Turgueniev narra un fracaso amoroso, pero uno que permite empezar a amar. El primer amor es la experiencia de un desacierto, que impacta como un desprendimiento de ciertas estructuras r&iacute;gidas, justamente esas que mencion&eacute; m&aacute;s arriba. Definitivamente es un tema pendiente en la bibliograf&iacute;a sobre masculinidades repensar el modo en que se enamoraban los varones y lo que ocurre hoy, cuando es cada vez menos frecuente y, para el caso, es m&aacute;s com&uacute;n hablar de la importancia de la experimentaci&oacute;n, el sensualismo y otras palabras que no se sabe bien qu&eacute; significan o no remiten a una forma de vida espec&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        El primer amor era una estructura muy potente de subjetivaci&oacute;n. De regreso al principio, si pienso en los casos que mencion&eacute;, dir&iacute;a que en muchos de ellos es como si este no hubiera ocurrido o no se lo hubiese duelado adecuadamente, o bien hubiera dejado la huella de un resentimiento o temor general a la experiencia amorosa.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a necesitamos reflexionar mucho m&aacute;s sobre las masculinidades, menos desde un punto de vista prescriptivo (o en relaci&oacute;n con una norma) que a partir de las vivencias tal como se dan para quienes las sufren.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sirve-primer-amor_129_11566219.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Aug 2024 09:47:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Para qué sirve un primer amor?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Sigmund Freud,Masculinidades]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jose-luis-juresa-psicoanalisis-no-consuelo-terapeutico-resistido_1_11450108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c542a2a-3146-4c8f-b617-f95d6c76b978_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reconocido psicoanalista argentino publicó el libro “La realidad por sorpresa”, donde se dedica a pensar la experiencia psicoanalítica desde sus fundamentos hasta la actualidad. Su mirada sobre los desafíos para el psicoanálisis en tiempos de búsqueda de respuestas rápidas y sobre los certificados de defunción que cada tanto se le quieren expedir.</p></div><p class="article-text">
        Lejos de las soluciones simplistas y cerca de las preguntas. <strong>M&aacute;s interesado en pensar en la escucha como una forma de lectura que en las respuestas apresuradas.</strong> Con citas a nociones de <strong>Sigmund Freud</strong> y de <strong>Jacques Lacan</strong> y tambi&eacute;n a canciones de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>, <strong>Gustavo Cerati</strong> y <strong>John Lennon</strong> en quien encuentra un sorprendente costado freudiano. En su reciente ensayo <em>La realidad por sorpresa</em> (Paid&oacute;s, 2024) el psicoanalista argentino <strong>Jos&eacute; Luis Juresa</strong> elige el camino de los cruces inesperados para leer &ndash;o releer&ndash; nociones de la experiencia psicoanal&iacute;tica que han sido muchas veces confundidas, mezcladas o materia de alg&uacute;n malentendido. Con ese material que pareciera a priori inoportuno, el psicoanalista, como se&ntilde;ala su colega <strong>Alexandra Kohan</strong> en el pr&oacute;logo de la publicaci&oacute;n, transita senderos para construir <strong>un libro &ldquo;escrito por alguien que est&aacute; pensando, mientras escribe, la pulsi&oacute;n, el amor, el cuerpo, el deseo, la er&oacute;tica de la vida&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A partir de un intercambio por escrito, Juresa habl&oacute; con <em>elDiarioAR</em> acerca de lo que se espera del psicoan&aacute;lisis y de los psicoanalistas en tiempos de v&eacute;rtigo, <strong>de qu&eacute; deber&iacute;a hacer esta pr&aacute;ctica para mantenerse al margen del mercado</strong> y tambi&eacute;n de las resistencias que en algunos casos sigue suscitando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;La realidad por sorpresa. Un ensayo sobre el sentido del psicoanálisis&quot;, de José Luis Juresa, salió por la editorial Paidós."
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                &quot;La realidad por sorpresa. Un ensayo sobre el sentido del psicoanálisis&quot;, de José Luis Juresa, salió por la editorial Paidós.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En el cap&iacute;tulo&nbsp;</strong><em><strong>Memoria</strong></em><strong>, podemos leer que el analista no se asume como &ldquo;el curador&rdquo;, sino como aquel que &ldquo;da paso&rdquo; y da tiempo al despliegue de las palabras del analizante. Al mismo tiempo, a lo largo de todo el libro podemos ver el rol central que la sorpresa tiene para el psicoan&aacute;lisis. &iquest;Es posible seguir dedic&aacute;ndose al psicoan&aacute;lisis y seguir reivindicando sus sorpresas en tiempos de b&uacute;squeda de soluciones r&aacute;pidas, de discursos cada vez m&aacute;s precocidos y anclados en supuestas certezas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Esa es precisamente, a mi entender, la potencia del psicoan&aacute;lisis: dar tiempo. No existe esa posibilidad en otros discursos. Quiero recordar que &ldquo;discurso&rdquo; en psicoan&aacute;lisis equivale a lazo social. El discurso anal&iacute;tico es un lazo social en el que el tiempo est&aacute; al margen de lo que el reloj y el mecanicismo capitalista reivindican como principios esenciales de su funcionamiento, que son la eficacia y la productividad. <strong>En esos t&eacute;rminos, perder tiempo es un &ldquo;pecado&rdquo;. Para el psicoan&aacute;lisis, en cambio, el tiempo del reloj literalmente no existe. </strong>Obviamente, nadie se queda en el consultorio un d&iacute;a entero hablando, pero podr&iacute;a pasar. As&iacute; como podr&iacute;a pasar quedarse unos segundos, y, de hecho, pasaba con Lacan, por ejemplo. El tiempo que nos interesa es el de la sorpresa de la aparici&oacute;n del sujeto del inconsciente, y all&iacute;, para Freud, no hay tiempo. Esto relaja la corrida y la permanente ansiedad en la que vivimos socialmente por no perder el tiempo, perseguidos por el reloj. Para el discurso anal&iacute;tico, perder el tiempo desde el punto de vista de la productividad capitalista redunda en una ganancia de saber acerca de algo que nunca se &ldquo;aprehende&rdquo; en por el apuro eficientista: saber vivir. Obviamente no es un saber de manual, es un saber singular que precisa tiempo para desplegarse y &ldquo;armarse&rdquo; como tal, tiempo que puede equivaler a una vida. Quiero decir que ese tiempo dedicado a esa exploraci&oacute;n equivale a la vida, en los t&eacute;rminos en los que la vida es &ldquo;vivida&rdquo; y no una mera expresi&oacute;n biol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Por qu&eacute; cree que popularmente se espera de alguna manera que el psicoan&aacute;lisis ofrezca una suerte de consuelo en lugar de sorpresas o preguntas nuevas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; El psicoan&aacute;lisis no es un consuelo terap&eacute;utico y por eso es resistido, entre otras causas. Eso significa que el deseo no se detiene en un objeto que alguna vez tuvimos y ya no tendremos m&aacute;s, y la consiguiente pregunta &ndash;de interminable respuesta&ndash; acerca de qui&eacute;n se lo rob&oacute;, qui&eacute;n me lo quit&oacute;, d&oacute;nde se perdi&oacute;, o c&oacute;mo podr&iacute;a sustituirlo. Armamos una m&iacute;tica en torno a un objeto que nunca estuvo, un destierro originario y una novela de nuestro andar por el desierto buscando el para&iacute;so del que nos perdimos, el que nos correspond&iacute;a, el que nos fue prometido y por alg&uacute;n tipo de problema personal no llegamos a reencontrar.<strong> Pero lo que hallamos en esos intentos es la falla de la identidad, nos reencontramos una y otra vez con la diferencia entre un supuesto &ldquo;original&rdquo; inhallable y aquello con lo que nos vamos topando en la vida y que descartamos en un permanente &ldquo;no es eso&rdquo;</strong>. &iquest;No ser&aacute; entonces que en lugar de consolarnos con que &ldquo;no es igual, pero es parecido&rdquo;, como si siempre tuvi&eacute;ramos que conformarnos con una vida falsa, deber&iacute;amos darnos cuenta de que en ese desencuentro con la identidad est&aacute; la clave? La clave es esa diferencia, y eso es lo que se repite una y otra vez. No se trata de una falla del individuo por la que creemos que somos un fracaso o unos perdedores, sino que esa es la estructura en la que el deseo se fundamenta. El deseo no busca consuelo, solo busca desplegarse abri&eacute;ndole los ojos al hecho de que no hay objeto que lo colme de manera definitiva y &uacute;nica. Esa ser&iacute;a la identidad, en el sentido de lo id&eacute;ntico: tal o cual objeto es id&eacute;ntico a mi deseo. No, lo que reencontramos una y otra vez es la diferencia por la cual la distancia entre lo buscado y lo hallado se mantiene. Hay que dejar de melancolizarnos en los consuelos con los que tendemos a pensar que podemos perfeccionarnos para dejar de tener esas fallas que nos impiden ser felices. La falla es el fundamento.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El discurso analítico es un lazo social en el que el tiempo está al margen de lo que el reloj y el mecanicismo capitalista reivindican como principios esenciales de su funcionamiento, que son la eficacia y la productividad. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Uno de los puntos de partida del libro tiene que ver con lo que usted describe como &ldquo;aparatos de memoria&rdquo; externos, artificiales, extrahumanos. &iquest;En qu&eacute; consisten? &iquest;Por qu&eacute; por un lado resultan necesarios para las personas y, al mismo tiempo, son muchas veces las fuentes que generan malestar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Es imposible pensar la existencia humana al margen de la memoria. Esta tiene distintos soportes. En el libro escribo sobre los soportes &ldquo;externos&rdquo; en donde la humanidad, con el aumento de la complejidad de la organizaci&oacute;n social-econ&oacute;mica, precis&oacute; poner la informaci&oacute;n en archivos como tablillas, papiros, papel, tinta, y ahora en el soporte digital. Tambi&eacute;n necesit&oacute; desarrollar tecnolog&iacute;as de recuperaci&oacute;n de la informaci&oacute;n, cada vez m&aacute;s veloces, como lo son ahora las computadoras, y pronto lo ser&aacute;n, a&uacute;n m&aacute;s, las computadoras cu&aacute;nticas. Esa es la memoria &ldquo;externa&rdquo;. Pero <strong>tambi&eacute;n habita en nosotros una memoria que tiene por soporte el cuerpo y que no se puede &ldquo;dominar&rdquo; y &ldquo;administrar&rdquo; tan f&aacute;cilmente como la de los archivos externos</strong>. Es una memoria que se enlaza a las generaciones y a las culturas precedentes a la vida del individuo poseedor del cuerpo, de la que no tenemos cabal idea, y que solo &ldquo;aparece&rdquo; por sorpresa, por fuera del individuo y su intento soberano de dominaci&oacute;n, e incluso aparece a su pesar. El cuerpo es un &ldquo;territorio&rdquo; paradojal habitado por una memoria indomable porque no est&aacute; &ldquo;organizada&rdquo; y disponible como la de los archivos externos de los que hablaba antes, sino que es una memoria que se reescribe en el acto de leerse, no es una memoria antecedente, legible como un texto escrito en el papel, sino que es una aparici&oacute;n de lectura, la aparici&oacute;n de un poema como decantado de lo indecible, tal como lo son los poemas y el arte en general. Ese arte y ese poema decantado del acto anal&iacute;tico de leer a nivel del inconsciente m&aacute;s estructural, se integra a la vida del sujeto como un saber acerca de su propio &ldquo;vivir&rdquo;. <strong>Hay una relaci&oacute;n &iacute;ntima entre esa memoria y el lector, que es el analista. Las condiciones de ese leer son muy particulares, y las desarroll&oacute; muy bien hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os el psicoanalista hispanoargentino Jos&eacute; Slimobich</strong>, de quien fui su analizante y alumno. En el libro trato de profundizar en esto. Lo que aqu&iacute; puedo decir, en el espacio de esta entrevista, es que hay una alienaci&oacute;n entre esa memoria &ldquo;externa&rdquo; que nos somete a la velocidad de la informaci&oacute;n en servicio de la productividad y el rendimiento, que es una memoria del sistema, y esa memoria del cuerpo, que tiene otra temporalidad, como lo dijimos al principio. El analista es un lector de esa memoria del cuerpo, y se atiene a la relaci&oacute;n entre la letra y el cuerpo.
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                    alt="Juresa también es co-autor de la novela &quot;Dakota&quot;."
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                Juresa también es co-autor de la novela &quot;Dakota&quot;.                            </span>
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        <strong>&ndash; En el libro se destaca a la noci&oacute;n de pulsi&oacute;n como uno de los conceptos centrales del aparato conceptual freudiano &iquest;Podr&iacute;a explicar por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La pulsi&oacute;n es una fuerza muy especial, ligada a la causalidad ps&iacute;quica, quiere decir que es una &ldquo;fuerza&rdquo; con la que se explica la existencia humana y sus motivaciones para perdurar y persistir e insistir como tal. No es poca cosa. Freud la coloca como una fuerza en la frontera entre lo ps&iacute;quico y lo corporal, o lo som&aacute;tico, para ser m&aacute;s precisos.<strong> La realidad humana &ndash;esto es una redundancia, la realidad es humana&ndash; se explica a trav&eacute;s de esta fuerza.</strong> Tenemos a la f&iacute;sica que a&iacute;sla y explica la existencia de otras fuerzas de la llamada &ldquo;naturaleza&rdquo;, fuerzas que explican el movimiento de los cuerpos a escala macroc&oacute;smica y tambi&eacute;n a nivel de las part&iacute;culas elementales del &aacute;tomo. &iquest;Qu&eacute; causa el movimiento de &ldquo;los cuerpos&rdquo; humanos y su realidad? Paradojalmente, la propia f&iacute;sica de part&iacute;culas encontr&oacute; que la idea de la objetividad o de la realidad objetiva no existe, como si se acercara al psicoan&aacute;lisis, a trav&eacute;s de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica, que es la teor&iacute;a con la que funcionan todos los aparatos electr&oacute;nicos que hoy dominan nuestra vida moderna. Por lo tanto, es interesante encontrar que de lo que hay que hablar, antes que de la &ldquo;naturaleza&rdquo;, es de &ldquo;la realidad&rdquo;, en la que la propia ciencia tiene su lugar, ya que tambi&eacute;n es un producto humano. Esto tiene consecuencias alucinantes que resuelven cuestiones absurdas, como la de aquellos analistas posteriores a Freud, que buscaban &ldquo;objetivar&rdquo; la realidad del ambiente del consultorio a trav&eacute;s de una asepsia tambi&eacute;n absurda mediante la inmovilidad de los objetos que decoraban el consultorio, siempre los mismos, o la vestimenta del analista, siempre la misma, y su semblante, impert&eacute;rrito y silencioso. Es un remedo un tanto absurdo de una &ldquo;objetividad&rdquo; imposible que el psicoan&aacute;lisis ni siquiera requiere. Lacan fue tan &ldquo;rebelde&rdquo; a este absurdo que hasta quiz&aacute;s incluso sobreactuaba esa &ldquo;rebeld&iacute;a&rdquo;, con los cortes de sesi&oacute;n breve, su gestualidad, tan distinta en cada caso que atend&iacute;a<strong>. La realidad del an&aacute;lisis es una realidad &ldquo;de a dos&rdquo; en la que tambi&eacute;n cabe la realidad contempor&aacute;nea. Nada que ver con la idea de una objetividad cl&aacute;sica</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Juresa, en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.                            </span>
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        <strong>&ndash; Otro malentendido que se desanda en el libro tiene que ver con el s&iacute;ntoma. All&iacute; subraya que el psicoan&aacute;lisis no se desespera por hacerlo desaparecer. &iquest;A qu&eacute; se debe este malentendido?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Al mismo problema mencionado antes, lo de la eficiencia y la productividad. Si somos &ldquo;profesionales de la salud&rdquo; entonces &iquest;qu&eacute; tenemos que &ldquo;producir&rdquo;? Salud. Por lo tanto, si los s&iacute;ntomas son la enfermedad, entonces lo que hay que hacer desaparecer de inmediato para producir salud son los s&iacute;ntomas. Ahora bien, si somos psicoanalistas, sabemos que la &ldquo;salud&rdquo; mental deviene de otra cosa que no es el inmediato y pragm&aacute;tico borrado de los s&iacute;ntomas, sino del despliegue de la verdad que el s&iacute;ntoma &ldquo;cifra&rdquo; como si se tratara de un jerogl&iacute;fico, de una lengua muerta-viva que busca un cuerpo que la devuelve a la existencia actual, a una traducci&oacute;n que le permita desplegarse en las condiciones de la vida contempor&aacute;nea. <strong>Los s&iacute;ntomas son como la expresi&oacute;n de una vida que no puede hacerse en el tiempo que nos toca vivir, una soluci&oacute;n de compromiso entre las exigencias de esa imposibilidad y la de mis deseos de estar en el mundo que me ha tocado.</strong> &iquest;C&oacute;mo voy a querer borrar semejante joya arqueol&oacute;gica y antropol&oacute;gica? Los analistas, antes que &ldquo;profesionales de la salud&rdquo; &ndash; que legalmente lo somos, porque tenemos t&iacute;tulos habilitantes para poder ejercerlo &ndash; somos lectores de jerogl&iacute;ficos, lectores de lenguas medio muertas y vivas, tal como la pulsi&oacute;n que Freud dividi&oacute; entre pulsiones de muerte y de vida. Y que nos habitan mezcladas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La realidad del análisis es una realidad “de a dos” en la que también cabe la realidad contemporánea. Nada que ver con la idea de una objetividad clásica.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &ldquo;Podemos ser nuestros propios devoradores, nuestros propios consumidores, organizar nuestra vida y nuestros movimientos en funci&oacute;n de un desgaste medido por el consumo (...)&rdquo;, seg&uacute;n se puede leer en la conclusi&oacute;n del libro, mientras que el psicoan&aacute;lisis se ocupa de &ldquo;lo inconsumible&rdquo;, &ldquo;del carozo de la aceituna&rdquo;, &ldquo;de lo Real que se resiste al consumo&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hace que el psicoan&aacute;lisis se mantenga al margen? &iquest;C&oacute;mo se sostiene sin convertirse en un producto m&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<strong> </strong>Gran tema. Es responsabilidad de los analistas no hacer que el psicoan&aacute;lisis sea otro consuelo, es decir, otro producto para el consumo y la satisfacci&oacute;n de corto alcance que luego busca la renovaci&oacute;n del producto, el cambio de envase, para repetir la acci&oacute;n de consumir. Para eso, los analistas se tienen que orientar por lo Real. Esto significa que el analista, por su deseo de analizar, pone lo simb&oacute;lico en una relaci&oacute;n de tensi&oacute;n con lo Real, es decir, con el l&iacute;mite por el que, afortunadamente, no se puede saber todo, ni prevenir todo, ni elaborar todo. El famoso concepto de &ldquo;trauma&rdquo; freudiano es estructural y tiene que ver con este l&iacute;mite. <strong>Fue por eso que Freud abandon&oacute; la teor&iacute;a originaria del trauma ligado a alg&uacute;n tipo de abuso de parte de los adultos a los ni&ntilde;os.</strong> El &ldquo;trauma&rdquo; est&aacute; en el origen de la estructura ps&iacute;quica, y es inanalizable en los t&eacute;rminos de la reducci&oacute;n a cero de ese imposible &ndash;lo Real&ndash; por obra de un trabajo simb&oacute;lico de elaboraci&oacute;n que finalmente haga que se &ldquo;sepa todo de uno mismo&rdquo;. Eso ser&iacute;a retornar al individuo, cuando el psicoan&aacute;lisis recupera al sujeto, es decir, a ese individuo dividido entre su conciencia y lo inabarcable de la historia que llega hasta la causa de su existencia. El individuo tiende, en cambio, a sentirse acabado y realizado cuando termina de construir una versi&oacute;n de su autonom&iacute;a, de su origen &ldquo;autosustentable&rdquo;, y as&iacute; no deberle nada a nadie, y considerarse a s&iacute; mismo art&iacute;fice de su ser de individuo. Es absurdo. <strong>El individuo construye un mundo sin otros, en cambio el psicoan&aacute;lisis se basa en la existencia previa de un Otro que es la lengua</strong>, y, como tal, el decantado de la historia y la evoluci&oacute;n de la existencia humana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;</strong> <strong>Cada tanto asistimos a una especie de despedida o de certificado de defunci&oacute;n otorgado al psicoan&aacute;lisis. &iquest;Por qu&eacute; cree que ocurre esto? &iquest;Por qu&eacute; considera que insisten esos discursos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Porque <strong>el psicoan&aacute;lisis no se adapta a los discursos pragm&aacute;ticos que hablan de resolver las cosas ya mismo</strong>, incluso antes de que los problemas existan. El ideal de ese pragmatismo, a ese nivel, es el de un mundo sin problemas, y lo que el psicoan&aacute;lisis dice es que, en primer lugar, el mundo no existe, en el sentido de una redondez, de un conjunto en el que todo est&aacute; adentro y nada afuera; al contrario, el psicoan&aacute;lisis disuelve la idea de un adentro y un afuera para inaugurar un circuito de pensamiento, al que podr&iacute;amos denominar &ldquo;circuito pulsional&rdquo; que recorre el adentro y el afuera como partes de una misma superficie. Parad&oacute;jicamente, en ese &ldquo;mundo&rdquo; que lo globaliza todo y en el que hay cada vez m&aacute;s &ldquo;mundo&rdquo;, tenemos cada vez m&aacute;s problemas, que no son tales sino m&aacute;s bien son calamidades. Los problemas son parte de la vida, pero se los asocia a la calamidad, y el sentido m&aacute;s pragm&aacute;tico de la vida que promueven recursos del sistema como la publicidad, por ejemplo, es que una vida sin problemas es posible, un mundo de puro confort y comodidad. <strong>El deseo incomoda, y el deseo es el principio de la lectura freudiana. Renunciar el deseo genera depresi&oacute;n, y esa es, tal vez, la calamidad m&aacute;s extendida del mundo contempor&aacute;neo. </strong>Recuperemos la capacidad de tener problemas sin desesperar por resolverlos ya mismo, porque el apuro, la precipitaci&oacute;n, la acci&oacute;n desmedida y autosuficiente, es decir, la acci&oacute;n por la acci&oacute;n en s&iacute; nos convierte en ratoncitos que no se enteran de que corren y corren solo para hacer girar la rueda, sin darse cuenta de que siempre est&aacute;n parados en el mismo punto, a pesar de toda la acci&oacute;n que despliegan. El psicoan&aacute;lisis apuesta por dar el salto y vernos en d&oacute;nde nos est&aacute;bamos cansando y desgastando, en d&oacute;nde mov&iacute;amos la rueda del &ldquo;mundo&rdquo; sin que nosotros nos movamos un mil&iacute;metro. Y eso es imperdonable para los que forman el &ldquo;mundo&rdquo;. Tal vez por eso, entre otras cosas, siempre est&aacute; firmado y extendido el certificado de defunci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis, a la espera de que alguien lo tome de forma definitiva.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jose-luis-juresa-psicoanalisis-no-consuelo-terapeutico-resistido_1_11450108.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Jun 2024 03:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Juresa,Psicoanálisis,Sigmund Freud,Jacques Lacan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eros virtual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/eros-virtual_129_10713490.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94296350-9508-4bc4-aef1-30df5857ac53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eros virtual"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En época de celulares y redes, la cama dejó de ser la hora de la verdad entre quienes dicen amarse.</p></div><p class="article-text">
        Uno de los problemas de la virtualidad est&aacute; en poder ver la fantas&iacute;a del otro. Esto genera much&iacute;simos malentendidos. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, una persona advierte que su pareja interact&uacute;a con otra en una red. Entonces, sospecha una infidelidad &ndash;si no es que considera este mismo hecho (la mera interacci&oacute;n) como tal. 
    </p><p class="article-text">
        En otro contexto, alguien pod&iacute;a ir a la panader&iacute;a o la carnicer&iacute;a y flirtear con la panadera y el carnicero, sin que la escenificaci&oacute;n de esta fantas&iacute;a representase una amenaza. 
    </p><p class="article-text">
        Con la virtualidad, hay dos cuestiones a tener en cuenta: por un lado, la escena pierde intimidad; por otro lado, se la puede amplificar y alguien puede profundizar la relaci&oacute;n con la persona de su fantas&iacute;a (tener una experiencia inmersiva). 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no deja de ser una fantas&iacute;a... El sost&eacute;n de la fantas&iacute;a en la virtualidad no precipita su realizaci&oacute;n. Esto se verifica en la queja de todos aquellos que dicen que estuvieron durante un tiempo chateando o mandando fotos con alguien, pero el encuentro siempre se aplaza. 
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; cabe hacer una distinci&oacute;n: la fantas&iacute;a podr&iacute;a pasar al acto, pero eso no realizar&iacute;a un deseo; es decir, ni siquiera actu&aacute;ndola una fantas&iacute;a deja de ser una fantas&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El problema, para decir todo de nuevo, entonces, &iquest;cu&aacute;l es? Que ver la fantas&iacute;a del otro obstaculiza un aspecto t&aacute;cito de todo v&iacute;nculo amoroso: que la fuente del erotismo es extra&ntilde;a la pareja. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pareja tradicional miraba más si el otro estaba, o no, con uno en el entredós de las sábanas, independientemente de qué pasara en la cabeza del otro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Dicho de otra manera, una pareja es la persona con quien alguien decide realizar sus fantas&iacute;as&hellip; pero no es necesariamente quien motiva la fantas&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s bien no lo es, como lo demuestran m&uacute;ltiples ejemplos cl&iacute;nicos: desde varones que fantasean con otras mujeres a mujeres fantasean ser otras mujeres en la cama. 
    </p><p class="article-text">
        El problema de la virtualidad, por lo tanto, en la medida en que es una ventana abierta a la fantas&iacute;a del otro, es doble: por un lado, precipit&oacute; el reproche de infidelidad a instancias inmateriales (un <em>like</em>, un mensaje) como verificaci&oacute;n de la fantas&iacute;a &ndash;es decir, fantasear se volvi&oacute; cosa de infieles. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la virtualidad reemplaz&oacute; a la realidad de la cama como variable de constataci&oacute;n: la pareja tradicional miraba m&aacute;s si el otro estaba, o no, con uno en el entred&oacute;s de las s&aacute;banas, independientemente de qu&eacute; pasara en la cabeza del otro &ndash;salvo que fuera evidente que estuviese ausente. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy la cama ya dej&oacute; de ser la hora de la verdad y el locus del que proven&iacute;an los &iacute;ndices del lazo entre quienes dicen amarse. Hoy se valora qu&eacute; hace el otro en las redes o se le esp&iacute;a el celular. 
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante de este desplazamiento es que, m&aacute;s all&aacute; de cualquier valoraci&oacute;n, permite entender por qu&eacute; estas &uacute;ltimas conductas (de espionaje) cobraron relevancia y ponen en jaque el erotismo de los s&iacute;ntomas: la impotencia y la insensibilidad ya no son defensas respecto de la presencia del deseo, sino indicadores de su ausencia. 
    </p><p class="article-text">
        Si Freud tuviese que escribir sobre la moral sexual contempor&aacute;nea, seguramente dir&iacute;a que bajo una aparente liberaci&oacute;n sexual hay un puritanismo y una desinvestidura libidinal del sexo mucho mayor que la que hab&iacute;a en su &eacute;poca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/eros-virtual_129_10713490.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Nov 2023 09:23:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eros virtual]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[sexo virtual,Redes sociales,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acto fallido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/acto-fallido_129_9929007.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b21896f9-8a19-41d0-8d6e-f40745a224e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Acto fallido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La alegría es también la alegría del despertar del adormecimiento, de la anestesia, del embotamiento, dice la autora partiendo de la conferencia pronunciada por Lacan sobre Freud en ocasión del centenario de su nacimiento.</p></div><p class="article-text">
        En ocasi&oacute;n del centenario del nacimiento de Freud, Lacan da una conferencia que se inicia as&iacute;: &ldquo;Quiero comenzar diciendo aquello que, por aparecer bajo el nombre de Freud, supera el tiempo de su aparici&oacute;n, y escamotea su verdad hasta en su revelaci&oacute;n misma: el nombre de Freud significa alegr&iacute;a&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Siempre me gust&oacute; ese comienzo. La alegr&iacute;a cifrada en el nombre es, tambi&eacute;n, la alegr&iacute;a que produce lo que ese nombre significa: el descubrimiento del inconsciente. Y es una alegr&iacute;a porque implica la posibilidad de un m&aacute;s all&aacute; del Yo, la posibilidad de un m&aacute;s all&aacute; de lo que creemos que somos. &ldquo;Si la experiencia freudiana nos aporta algo&rdquo;, dice Lacan, &ldquo;es que estamos determinados por esas leyes del inconsciente m&aacute;s all&aacute; de nosotros mismos, m&aacute;s all&aacute; de nuestros asideros auto conceptuales&rdquo;, o sea, m&aacute;s all&aacute; del Yo. Un m&aacute;s all&aacute; del espejo, un otro lado del espejo: como Alicia. <em>Desde </em>las coordenadas de siempre <em>hacia otra cosa</em>. Algo <em>por venir </em>con lo que el sujeto se hallar&aacute; del otro lado del espejo. Esa es, seg&uacute;n creo, la alegr&iacute;a cifrada en el nombre <em>Freud</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso los textos fundamentales de su autobiograf&iacute;a, y los can&oacute;nicos en materia de inconsciente, son los textos en los que Freud apela al recurso de la letra, los textos en los que se trata de leer eso que se dice m&aacute;s all&aacute; del Yo: <em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em>, <em>El chiste y su relaci&oacute;n con lo inconsciente </em>y <em>Psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana</em>. Lo que se lee ah&iacute; es c&oacute;mo se producen los hallazgos, las ocurrencias, el ingenio, la chispa a partir de las condensaciones y los desplazamientos, de las cifras y los deslices, de los olvidos y los lapsus, los desatinos y los tropiezos. En definitiva: un universo de lenguaje cuyas m&uacute;ltiples combinaciones nos arrojan una verdad que no quer&iacute;amos saber, una verdad nueva, una peque&ntilde;a iluminaci&oacute;n en medio de la opacidad de lo ya-sabido y repetido. 
    </p><p class="article-text">
        La alegr&iacute;a es tambi&eacute;n la alegr&iacute;a del despertar del adormecimiento, de la anestesia, del embotamiento en los que nos sumerge la cadencia m&aacute;ntrica del Yo. La alegr&iacute;a de ese instante en el que se nos abre un mundo, aunque se vuelva a fugar otra vez. La alegr&iacute;a de la ocurrencia y del ingenio, de la risa y del llanto involuntarios. La alegr&iacute;a de la irrupci&oacute;n, la alegr&iacute;a de la interrupci&oacute;n de ese continuo impasse de la inhibici&oacute;n. Cuando el inconsciente irrumpe, algo se corta, algo se discontin&uacute;a y nos alivia, incluso cuando lo que se revele ah&iacute; sea una verdad dolorosa. La verdad, entonces, no se revela por la observaci&oacute;n, emerge por la interpretaci&oacute;n. Tiene otros modos, otros medios que los del sentido com&uacute;n, y conviene entonces que lo que gu&iacute;e una interpretaci&oacute;n no sea, como lo se&ntilde;ala Lacan, la pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; quiere decir eso?&rdquo; sino &ldquo;&iquest;qu&eacute; es lo que, al decir, <em>eso </em>quiere? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la falla de lo que se dice?&rdquo;. <em>Eso </em>falla, <em>eso</em> dice. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">“Quiero comenzar diciendo aquello que, por aparecer bajo el nombre de Freud, supera el tiempo de su aparición, y escamotea su verdad hasta en su revelación misma: el nombre de Freud significa alegría”</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La&nbsp; originalidad de Freud, seg&uacute;n Lacan, es el &ldquo;recurso a la letra&rdquo;. Dice que es la sal de su descubrimiento y de la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica. Y si el psicoan&aacute;lisis sigue vivo es, justamente, porque la lengua est&aacute; viva. Todo el asunto es el siguiente: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es ese otro que habla en el sujeto y del cual el sujeto no es ni amo ni semejante, cu&aacute;l es ese&nbsp; otro que habla en &eacute;l?&rdquo;. Uno no sabe lo que dice: tal es el sujeto in&eacute;dito que funda Freud. No se trata de lo irracional, sino de una nueva raz&oacute;n: la raz&oacute;n inconsciente. Como dice Jorge Jinkis: el sujeto &ldquo;subsiste en la contingencia hist&oacute;rica de los fallidos, accidentes, tropiezos y fracasos que desgarran lo que se llama realidad&rdquo;. Nuestra vida cotidiana est&aacute; plagada de peque&ntilde;os tropiezos, olvidos, lapsus, actos fallidos. Porque el inconsciente, como dice Ritvo, &ldquo;es siempre el tropiezo, la falla, el tartamudeo, el murmullo del cuerpo interrumpido durante un instante en su habitualidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El tropiezo en la lengua puede hacer, muchas veces, tropezar un cuerpo. Y en ese tropiezo se encuentra algo nuevo, algo que no estaba. Por eso Freud escribi&oacute; la psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana y mostr&oacute; que nada de eso escapa al &ldquo;individuo normal&rdquo;. Olvidar unas llaves, tomar un subte para el otro lado, decir una palabra por otra, olvidar un nombre, los deslices en la escritura, en la lectura, etc., responden al gobierno del inconsciente, a que en eso no hacemos lo que queremos. Cuando se dedic&oacute; a divulgar el psicoan&aacute;lisis en sus conferencias, opt&oacute; por inaugurar la serie con los actos fallidos a los que les dio prioridad. Y es que le serv&iacute;an para mostrar, de manera sencilla, fen&oacute;menos que todos hemos vivenciado -&ldquo;No quise decir eso&rdquo;, &ldquo;no fue mi intenci&oacute;n&rdquo; son acaso los manotazos de ahogado del yo-.
    </p><p class="article-text">
        A esta altura del siglo XXI, a&uacute;n hay resistencia al descubrimiento freudiano. No digo ya a la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis, sino a la existencia misma del inconsciente. Los actos fallidos son vividos, por muchos, como un error fatal -hay personas que se llevan p&eacute;simamente con el error- y en lugar de leer algo ah&iacute;, tienden a su rechazo cabal. Que en esos peque&ntilde;os errores se aloja una verdad y que esa verdad podr&iacute;a conducirnos, muchas veces, a lugares un poco menos tortuosos, no es una idea a la que siempre se le presta atenci&oacute;n. Que los actos fallidos son por fin ese modo de horadar la maciza piedra que se llama Yo es una idea que no siempre gusta. A veces algunos encuentran m&aacute;s f&aacute;cil descartar esas irrupciones, desestimar esas interrupciones. Apartarlas como se aparta una mosca. Pero el inconsciente no traiciona y, en cambio, insiste como ese peque&ntilde;o insecto molesto. Lo que se aparta por ac&aacute;, aparece por all&aacute;: s&oacute;lo se trata de estar dispuestos a escuchar algo m&aacute;s que un zumbido. Es en ese sentido que Lacan dijo: &ldquo;Todo acto fallido es un discurso logrado, incluso bastante bellamente construido&rdquo;. Si hay algo bello es la ret&oacute;rica del inconsciente, que subvierte las buenas formas y funda su propio bien decir. No hay decir sin falla, no hay decir sino desde la falla. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Fallar otra vez </em>-editado por Gris tormenta-, Alan Pauls, hablando&nbsp; de la escritura y de la correcci&oacute;n, dice: &ldquo;hay que fallar una y otra vez, siempre, como si no hubiera otra manera de hacer las cosas. Porque la repetici&oacute;n es la evidencia de que la falla no depende de la voluntad; no se elige y por lo tanto es in&uacute;til aplacarla, encauzarla o detenerla. Pues bien, ese error en el que no dejamos de caer no es cualquier error. Es <em>nuestro</em> error, tiene la forma y la consistencia y el sabor y la temperatura y el ritmo de nuestro deseo, nuestra imaginaci&oacute;n, nuestras alucinaciones, nuestras ideas descabelladas sobre escribir y sobre el mundo acerca del cual escribimos&rdquo;- Virginia Cosin, a prop&oacute;sito de su lectura del libro de Alan Pauls, record&oacute; que alguna vez dio un curso llamado &ldquo;Escribir como acto fallido&rdquo;-. Pauls dice que &ldquo;la soluci&oacute;n, la &uacute;nica soluci&oacute;n es profundizar el problema, desplegarlo como un mapa. Porque un problema es eso: el mapa de una cierta manera de hacer algo con un lenguaje&rdquo;. Lo dice de la escritura y de la literatura, pero se escucha, tambi&eacute;n, el sonido de un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, pienso ahora, un an&aacute;lisis tampoco corrige, como dice Pauls, en el sentido de una moral del bien -&ldquo;la correcci&oacute;n culpabilizada supone siempre un Deber Ser contra cuya vara medimos nuestros logros y nuestras imposibilidades&rdquo;-, sino que despliega y recorre ese mapa para poblarlo, no de certezas, sino de balbuceos y tartamudeos, de vacilaciones y de tropiezos. Y es que no falla lo que decimos, sino que la falla es la que nos hace decir.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/acto-fallido_129_9929007.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Feb 2023 08:44:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Acto fallido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Freud, el novio gede]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/freud-novio-gede_129_9924772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Freud, el novio gede"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Charlatán vienés" en palabras de Vladimir Nabokov, Sigmund Freud se revela en sus cartas de amor a Martha Bernays tan denso y seguidor como "perro de sulky". </p></div><p class="article-text">
        Sigmund Freud fue un escritor compulsivo de cartas. De cartas rescatadas, como las que les correspondi&oacute; a sus hijos y a Carl Jung, y r&aacute;pidamente agregadas a su obra; y de cartas perdidas o apenas entrevistas. Por lo que desde cierta perspectiva libre de los hechos no habr&iacute;a que avergonzarse por considerarlo un hipergrafista especializado en eventos epistolares, incluso un despachador adicto de cartas.
    </p><p class="article-text">
        Las casi 9 mil p&aacute;ginas compactadas en los 25 tomos de Amorrortu (equivalentes a dos veces y media de <em>En busca del tiempo perdido</em>) no deber&iacute;an impresionar a los freud&oacute;logos. Seguramente han de ser m&aacute;s las consignadas al rubro cartas, si se deduce por su correspondencia marginal la compulsi&oacute;n a escribirlas y enviarlas del Padre del Psicoan&aacute;lisis, curioso nombre de fantas&iacute;a ed&iacute;pico con el que lo describen muchos de sus ac&oacute;litos, pero bastante m&aacute;s llevadero que el que le puso Nabokov, que lo llam&oacute; &ldquo;charlat&aacute;n vien&eacute;s&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cartas secundarias de Freud dan, como m&iacute;nimo, para darle la importancia de un caso. En <em>Viena y Manchester - Correspondencia entre Sigmund Freud y su sobrino Sam Freud </em>(1911- 1938), publicado en 2000 por Editorial S&iacute;ntesis de Madrid, el asunto es la pobreza, y la codicia al por menor. Freud, que ha clasificado a su familia entre miembros activos y pasivos, no deja de pedirle a su sobrino Sam, pr&oacute;spero empresario textil en Inglaterra, el env&iacute;o de alimentos y lujos que no se encuentran en Viena despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son peque&ntilde;os museos de la demanda, en los que Freud no para de pedir &ldquo;manteca, carne de vaca, coco, t&eacute;, pasteles ingleses&rdquo;. Casi nada lo aparta de sus solicitudes de t&iacute;o exp&oacute;sito, ni siquiera la carta que escribe <strong>el 26 de enero de 1920, en la que reci&eacute;n luego de una introducci&oacute;n formal, y de menciones precisas a asuntos de encomiendas, comidas y dinero, encuentra el momento de decir: &ldquo;Ahora debo darte una noticia amarga. Mi hija Sophia -&iquest;te acuerdas de ella?- muri&oacute; ayer de gripe&nbsp;y neumon&iacute;a&rdquo;</strong>. Primero lo primero.
    </p><p class="article-text">
        Algunas de las 1500 cartas a Martha Bernays antes de contraer matrimonio con ella en 1986 (<em>Cartas de amor,</em> de Sigmund Freud; Ediciones Bronte, 2016) y, por suerte para &eacute;l, mucho antes de desarrollar su concepto de neurosis, presentan la figura de un Freud denso, seguidor como perro de sulky, gede. No la deja desear a la do&ntilde;a. Se entiende que al libro lo hayan marcado con la palabra &ldquo;amor&rdquo;, pero debieron agregarle la palabra &ldquo;control&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando el vien&eacute;s merquero (as&iacute; podr&iacute;a haberlo llamado Nabokov) desliza sus sentimientos por esos p&aacute;rrafos inolvidables, sobre todo los que se desbordan, los intratables, los instantes monstruosos del enamorado que el propio enamorado espera sentir al costo de perderse, las cartas se inflaman de belleza y encuentran en la cursiler&iacute;a su v&iacute;a regia. Ah, las palabras de amor: aquello que <em>va a darnos</em> verg&uuml;enza en el fr&iacute;o del futuro, ese reflejo idiota que no sienten los locos, mucho menos los locos de amor, una vez que esas palabras se escapan del cuerpo como g&eacute;iseres de sangre. Es la &uacute;nica desgracia con toda la suerte del mundo, y vale para todos, incluso para los seres humanos &ldquo;analistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El 19 de junio de 1882, Freud arranca tranquilo la primera carta de la serie: &ldquo;Sab&iacute;a que hasta que no te hubieses ido no podr&iacute;a darme cuenta realmente de toda mi felicidad vivida y tambi&eacute;n, &iexcl;ay!, de todo lo perdido&rdquo;. Y luego le baja los cambios a la moto del afecto en ausencia con una extra&ntilde;a precisi&oacute;n, obtenida por medio de la ambig&uuml;edad: &ldquo;No consigo tener una idea clara de lo nuestro&rdquo;. Traducido al discurso enciclop&eacute;dico, podr&iacute;a decirse que Freud dijo del amor que &ldquo;no se consigue tener una idea clara de lo que es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El enamorado Freud anda dando vueltas por su casa con una fotito de Martha. &iquest;Qu&eacute; adulto no tiene, para calmar la sed de vivir, su objeto transicional? Desde una piedra cordobesa hasta una remera usada, cualquier ausencia se agiganta en los fetiches. &iquest;Qu&eacute; hace este exdivulgador de la hipnosis con su foto-peluche, deambulando como un yonqui? Le busca a la amada &ldquo;un sitio entre los dioses familiares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los encabezamientos son para una antolog&iacute;a del rococ&oacute;: &ldquo;Mi preciosa y amada ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Bella amada, dulce amor&rdquo;, &ldquo;Mi dulce y peque&ntilde;a ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mi dulce Marty&rdquo;, &ldquo;Mi querido tesoro&rdquo;, &ldquo;Mi adorada princesa&rdquo;, &ldquo;Mi amada novia&rdquo;, &ldquo;Mi ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mi dulce mujercita&rdquo;, Amada m&iacute;a&ldquo;, &rdquo;Altamente estimada princesa&ldquo;, &rdquo;Princesa, mi princesita&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El interior de las cartas es una galaxia en la que flotan planetas de distintas temperaturas. En una le dice que est&aacute; esperando que le traigan un caf&eacute; en un bar de Viena, en el que le dan poco az&uacute;car. Entonces, arremete: &ldquo;Mi Marty, me tendr&aacute;s que dar tu m&aacute;s az&uacute;car&rdquo;. O sea&hellip; Pero tampoco falta las amarguras, as&iacute; de agridulce es la vida humana. En otra carta le reprocha no haber roto relaciones con un tal Fritz Wahle, un amigo de Martha que Freud quiere bochar y, por lo tanto, obliga a Martha a mantener esa amistad en secreto. La irritaci&oacute;n de Freud es indisimulable y tienen el c&oacute;digo de advertencia de un oficial de la Gestapo: &ldquo;Espero que tales hechos no vuelvan a pasar jam&aacute;s entre nosotros&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es que el amor de Freud por Martha, adem&aacute;s de remoto, es &ldquo;profundo&rdquo; e &ldquo;inflexible&rdquo;, cartas de porte para seguir descargando su perfil policial: &ldquo;Cuando me molesto contigo, como me ocurri&oacute; cuando me comunicaste tus ideas de viaje&hellip;&rdquo;; &ldquo;&iquest;Qu&eacute; puede ser lo que deseas y no quieres dec&iacute;rmelo?&rdquo;; &ldquo;A la pregunta de si te dejo patinar, te contesto rotundamente que no. Soy demasiado celoso para permitir tal cosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Freud Jefe de Mantenimiento no es mejor: &ldquo;Te ruego me digas que tal est&aacute;s de aspecto. Si has engordado, si te sientes mejor y si tu piel est&aacute; m&aacute;s limpia de impurezas que cuando nos separamos&rdquo;. Solo le falt&oacute; preguntarle, como ese personaje que en una novela de Washington Cucurto le pregunta a la novia: &ldquo;&iquest;Cagaste lindo, amor?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las ri&ntilde;as de los corresponsales son al menos de una por mes. Mientras, Freud le describe su car&aacute;cter irritable, cuya causa al parecer es la neuralgia (&ldquo;dolor de cara&rdquo;), para que ella tenga paciencia en dejarlo bajar. Dif&iacute;cil, porque lo que &eacute;l quiere es subir. El 26 de junio de 1884 le escribe una carta redactada con la ansiedad de alguien que est&aacute; colocado. Van a verse pronto, pero &eacute;l se muestra reacio a que ella lo espere en la estaci&oacute;n: &ldquo;No quiero que la estaci&oacute;n y el equipaje se inmiscuyan en nuestros primeros besos&rdquo;. Pero si a Martha no la &ldquo;ruborizan&rdquo; los hamburgueses y es capaz de darle un beso en cuanto se vean, &ldquo;y otro mientras vamos a Wandsbek, y un tercero&hellip;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y para que todos nos quedemos tranquilos, especialmente ella, que es quien lo va a recibir, le dice: &ldquo;No llegar&eacute; cansado, pues pienso hacer el viaje bajo la influencia de la coca&iacute;na para dominar mi terrible impaciencia&rdquo;. Podemos imaginar, si no los detalles dram&aacute;ticos, la velocidad supers&oacute;nica de ese arribo.
    </p><p class="article-text">
        La modalidad gede del novio Freud para vincularse con Martha, en la que es evidente que interviene la presi&oacute;n masculinista de la &eacute;poca, se disuelve cuando entra un poco de ox&iacute;geno a su prosa y Martha ya no es ella, al menos no solo ella y, en cambio, es un ejemplar del g&eacute;nero amado: &ldquo;Eres tan buena y, entre nosotros, escribes con tan inteligencia y eficacia, que me das un poco de miedo. Todo esto contribuye a demostrar, una vez m&aacute;s, la superioridad de la mujer sobre el hombre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/freud-novio-gede_129_9924772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Feb 2023 03:05:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Freud, el novio gede]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Martha Bernays,Vladimir Nabokov,Cartas de amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sorpresa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sorpresa_129_9889372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5039af1-beef-4f75-8ed4-3445c5fc0b01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sorpresa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre la intención de decir y lo que se dice, propone la autora, se abre un mundo. Cuando la intención del individuo es rebasada por el hallazgo del sujeto aparece  la dimensión fundamental de la sorpresa.</p></div><p class="article-text">
        Desde que Freud descubri&oacute; el inconsciente, hablar implica un riesgo porque uno no sabe lo que dice hasta que lo escucha. Uno de los efectos de hablar es que algo puede convertirse en un decir. Hablar y decir no son lo mismo, en la medida en que se puede hablar y no decir nada y a la inversa: un silencio puede decir mucho. Cuando algo se convierte en un decir, se convierte en un hecho, en un hecho de lenguaje, en un decir que es un hacer. Y eso nunca puede saberse anticipadamente. No sabemos lo que decimos cuando hablamos, porque el decir s&oacute;lo puede ocurrir como efecto, nunca como una intenci&oacute;n. El psicoan&aacute;lisis se funda de ese modo, en ese peque&ntilde;o gesto: hablar porque no se sabe, hablar para decir, hablar para saber. 
    </p><p class="article-text">
        Me gusta c&oacute;mo lo dice Maurice Blanchot: &ldquo;Qu&eacute; confianza en el poder liberador del lenguaje. Qu&eacute; virtud otorgada a la relaci&oacute;n m&aacute;s simple: una persona que habla y otra que escucha. Sucede que no s&oacute;lo los esp&iacute;ritus se curan, sino tambi&eacute;n los cuerpos&rdquo;. Y es que el sentido, aquel que se produce en y por el filo de la palabra, desacomoda la incomodidad familiar de los cuerpos para acomodarlos a una satisfacci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de la inhibici&oacute;n. Tropiezo, corte, sorpresa, ca&iacute;da del sentido, novedad, son los nombres que testimonian por un hallazgo que no har&aacute; sino disolver el matrimonio entre el sentido y lo familiar. La sorpresa, dice Lacan, &ldquo;rebasa al sujeto, aquello por lo que encuentra, a la par, m&aacute;s y menos de lo que esperaba: en todo caso respecto a lo que esperaba, lo que encuentra es invalorable&rdquo;. Ah&iacute; donde se espera lo mismo, se encuentra lo nuevo. Ah&iacute; donde la intenci&oacute;n del individuo es rebasada por el hallazgo del sujeto se abre, en todo su arco, la dimensi&oacute;n fundamental de la sorpresa. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso siempre me llaman la atenci&oacute;n esas f&oacute;rmulas que son modos de pretender anticipar lo que se va a decir: &ldquo;voy a decir algo pol&eacute;mico&rdquo; o &ldquo;voy a decir algo gracioso&rdquo; o &ldquo;no quiero que te ofendas con lo que voy a decirte&rdquo; o &ldquo;no te va a caer bien lo que te voy a decir&rdquo; o &ldquo;voy a ser pol&iacute;ticamente incorrecto&rdquo; o &ldquo;lo digo en el buen sentido de la palabra&rdquo; o &ldquo;<em>unpopular opinion</em>&rdquo;. Esas frases son dichas a otro -y a s&iacute; mismo- al que no se quiere afectar. La anticipaci&oacute;n, el anuncio, constituye un Otro al que se encorseta en la fijeza de lo ya sabido. Pero, sobre todo, se encorseta lo que puede ocurrirnos a nosotros mismos ah&iacute; donde nos escuchamos. Pretender anticipar, creer que uno sabe lo que va a decir, y creer que uno puede saber, sobre todo, lo que le va a pasar al otro con lo que uno diga, resulta una manera de no querer saber. Es un modo del rechazo al inconsciente, es un modo de reforzamiento de la represi&oacute;n. Pretender anticipar o anunciar los efectos. Como dice una amiga, &ldquo;el fuego artificial del anuncio mata la chispa&rdquo;. Y la chispa es, sin dudas, la chispa creadora: la que enciende la posibilidad de que algo nuevo pase m&aacute;s all&aacute; de la repetici&oacute;n agobiante.
    </p><p class="article-text">
        Carina Gonz&aacute;lez Monier lo dice as&iacute;: <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Llegar antes de tiempo ser&iacute;a fatal para el psicoan&aacute;lisis. Si hay algo que es propio de su campo, es, justamente, la novedad m&aacute;s radical, lo completamente nuevo, lo nuevo a cada instante. La dimensi&oacute;n de la sorpresa es exactamente la dimensi&oacute;n del sujeto&rdquo;.</span> Poner la sorpresa al lado de la verdad es una de las ense&ntilde;anzas de Freud; es hablar del inconsciente en la l&oacute;gica del acontecimiento, de la experiencia, de lo no realizado, de lo que no est&aacute; dado y se produce; porque se trata del efecto que produce que la verdad hable. 
    </p><p class="article-text">
        El inconsciente es un hecho, un hecho nuevo en el filo de la ocurrencia y &ldquo;lo verdadero es siempre nuevo&rdquo;, dice Lacan citando al poeta surrealista Max Jacob. Lacan nos recuerda que si la experiencia freudiana nos aporta algo, es que estamos determinados por las leyes del inconsciente m&aacute;s all&aacute; de nosotros mismos, m&aacute;s all&aacute; de las ideas a las que nos aferramos, es decir, m&aacute;s all&aacute; del Yo. El inconsciente no es lo ya dado, no es lo ya sabido, el inconsciente es lo inesperado y lo sorpresivo. En un an&aacute;lisis no se trata de la verdad establecida, de la verdad que repite el sentido com&uacute;n; se trata de sentidos nuevos, de sentidos que no estaban, de sentidos que la verdad literalmente introduce, hace surgir en el mundo, en nuestro mundo. La sorpresa tambi&eacute;n es el nombre del lugar del analista. Porque no hay transferencia que no sea sorpresiva. Fue esa sorpresa la que espant&oacute; a Breuer, asustado por el amor de transferencia de Anna O., fue esa sorpresa la que dio lugar a que Freud inventara el psicoan&aacute;lisis. Lacan lo dice as&iacute;: <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;El peque&ntilde;o Eros, cuya malicia, en lo repentino de su sorpresa, oblig&oacute; a Breuer a huir, encuentra su amo en Freud&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        Lacan se pregunta: &ldquo;&iquest;qu&eacute; es lo que hace que un sujeto pueda perder la aptitud para el asombro, para ser sorprendido, y conocer el aburrimiento?&rdquo;. Un analista no est&aacute; exento de perder la posibilidad de sorprenderse. Y ah&iacute; donde ya no se sorprende, porque <em>ya sabe</em> lo que va a pasar, comienza a &ldquo;profesionalizar&rdquo; la pr&aacute;ctica con gestos impostados, revestidos de Saber, con certezas acerca de su SER analista.<span class="highlight" style="--color:white;"> &ldquo;El aburrimiento es lo que se produce cuando un sujeto ya no es apto para la sorpresa, para el anonadamiento&rdquo;, dice Lacan. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hoy en d&iacute;a muchos pretenden codificar, prescribir las pr&aacute;cticas del deseo y del amor, asediar las escenas de encuentro con protocolos, aplastar, como si se pudiera, lo m&aacute;s contingente y sorpresivo. Y tambi&eacute;n se nota, en estos tiempos, una merma en el sentido del humor, porque el humor tambi&eacute;n entr&oacute; en la m&aacute;quina de una &eacute;poca que pretende explicarlo todo, entenderlo todo, aclararlo todo, controlarlo todo, anticiparlo todo. Cabe preguntarse, entonces, si el tedio y el aburrimiento que padecen algunos, tan propio de estos tiempos, no tiene relaci&oacute;n con este signo de &eacute;poca: pretender que no irrumpa lo sorpresivo que implican el amor, el deseo, el humor, los encuentros.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Acaso se trate del </span>placer de la sorpresa y de la sorpresa del placer. En esas escenas pasan cosas, cosas que no sabemos; pasan cosas y producen efectos que, muchas veces, nos despiertan. Si cerramos las v&iacute;as para que esas cosas <em>pasen</em>, s&oacute;lo nos resta el eterno retorno de lo mismo -un poco lo que canta Radiohead en &ldquo;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=u5CVsCnxyXg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">No surprises</a>&rdquo;-. Sin sorpresas: &iquest;descansar en paz? Sin sorpresa no hay chiste, ni chispa creadora, ni encuentro de los cuerpos, ni amor ni deseo; pero tampoco hay juego, ni hay infancia. <span class="highlight" style="--color:white;">En esa misma l&iacute;nea es que Mart&iacute;n Kohan analiza c&oacute;mo hoy en d&iacute;a se percibe que llamar por tel&eacute;fono sin anunciarse antes es, no s&oacute;lo de mala educaci&oacute;n, sino invasivo y hasta agresivo y lo lee como una marca de estos tiempos: &ldquo;La tendencia tecnol&oacute;gica actual es a que nada nos ocurra de repente o sin riesgo&rdquo;; y dice tambi&eacute;n, en </span><a href="https://www.telam.com.ar/notas/202211/611178-martin-kohan-estamos-en-una-epoca-en-la-que-cada-uno-se-piensa-como-envasado-al-vacio.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">esta entrevista</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> que le hizo Dolores Pruneda Paz para T&eacute;lam: &ldquo;Estamos en una &eacute;poca en la que cada uno se piensa como envasado al vac&iacute;o (...) las distintas cosas de la vida se est&aacute;n empezando a encuadrar de manera tal que todo tenga previo aviso y que nada inesperado ocurra, lo cual implica a la mayor parte de las situaciones que uno vive. Hay una presi&oacute;n para que todo quede encuadrado en protocolos y acuerdos previos que reprimen toda aparici&oacute;n de lo inesperado, al tiempo que nos obligan a decidir qu&eacute; queremos y qu&eacute; no queremos antes de que lo sepamos&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        Entre la intenci&oacute;n de decir y lo que se dice, ah&iacute;, en ese peque&ntilde;o hiato, se abre un mundo. Y se abre en la medida en que estemos dispuestos a escucharlo, a leerlo; en la medida en que no rechacemos <em>esa</em> porci&oacute;n de verdad que irrumpe, siempre inesperada y sorpresivamente, y que se llama inconsciente.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Unos versos de Fernanda Mugica de su poema &ldquo;N&uacute;cleo duro&rdquo;, incluido en el libro <em>Un billete de mil australes encontrado en un libro de Carl Sagan</em> -editado por Liliputienses-:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        mu&eacute;vase
    </p><p class="article-text">
        cualquier cosa
    </p><p class="article-text">
        a cualquier parte
    </p><p class="article-text">
        pero no se olvide que la nuestra
    </p><p class="article-text">
        es una lengua
    </p><p class="article-text">
        de estados infinitos
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sorpresa_129_9889372.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Jan 2023 10:09:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sorpresa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan,Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio del malentendido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-malentendido_129_9772103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed39bed9-edd5-4ae2-8401-c6be37301494_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1303y633.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio del malentendido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Hablando se entiende la gente? La literatura y el psicoanálisis comparten una misma desconfianza en el diálogo, escribe Alexandra Kohan. </p></div><p class="article-text">
        Basta con ponerse a hablar con otro para advertir que la frase &ldquo;hablando la gente se entiende&rdquo; es una ilusi&oacute;n neur&oacute;tica. Si algo pasa en cuanto nos ponemos a hablar, es que nos desentendemos. No s&oacute;lo dejamos de entender al otro, sino que nos dejamos de entender a nosotros mismos. La literatura y el psicoan&aacute;lisis comparten una misma desconfianza en el di&aacute;logo (Ricardo Piglia lo se&ntilde;ala cuando dice: &ldquo;la literatura ayuda a desconfiar del di&aacute;logo, no es cierto que hablando se entiende la gente&rdquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que Freud vino a descubrir es que hay un hiato imposible de cerrar entre lo que queremos decir y lo que decimos. Y ese espacio no pasa s&oacute;lo por el hecho de que, por ejemplo, puede producirse alg&uacute;n lapsus, sino por el hecho de que lo que decimos s&oacute;lo puede saberse una vez que el otro nos escucha. No hay manera de que no haya malentendido en cuanto nos ponemos a hablar. Porque el lenguaje del que estamos hechos no es un c&oacute;digo fijo, estable, sino una zona de ambig&uuml;edades. Y por eso mismo es que el di&aacute;logo es imposible. Pero esa imposibilidad no es un impedimento, es lo contrario: es porque hay malentendido que nos echamos a hablar, y no a la inversa. El malentendido es lo que nos empuja a hablar, no a callar. En t&eacute;rminos de Jorge Jinkis: &ldquo;el malentendido no es detenci&oacute;n, es lo que nos permite proseguir&rdquo;. Detenci&oacute;n, impedimento, impotencia, en cambio, quiz&aacute;s est&eacute;n sostenidos, a veces, en la ilusi&oacute;n de que habr&iacute;a entendimiento pleno, de que habr&iacute;a transparencia, de que ser&iacute;a posible atravesar la opacidad del sujeto consigo mismo, la opacidad del lenguaje, la opacidad del sentido, la opacidad propia del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        La no correspondencia del sujeto consigo mismo, el desfasaje, la escisi&oacute;n entre lo que se quiere decir y lo que se dice, son acaso los fundamentos del descubrimiento freudiano. Sobre esos fundamentos recae la represi&oacute;n de los lenguajes instrumentales, burocr&aacute;ticos, profesionales y protocolares. Esos lenguajes pretenden que lo que dicen no admite interpretaciones, ni desencuentros, ni malentendidos. Son lenguajes que se pretenden claros, transparentes y directos. Son lenguajes objetivantes que repelen lo que del sujeto hay en el asunto. Son los lenguajes que alisan los pliegues de la lengua, que obturan los resquicios, que cierran los agujeros. Se trata de la instituci&oacute;n que no es sino la instituci&oacute;n del sentido, del imperio de la verdad, de la conquista de los saberes coagulados en una pol&iacute;tica que se pretende inocua e inocente. Es la instituci&oacute;n que sostiene, como dir&aacute; Judith Butler, una &ldquo;sem&aacute;ntica hegem&oacute;nica&rdquo;. Son los lenguajes institucionalizados que hacen de la sonoridad, la ambig&uuml;edad y la er&oacute;tica de la lengua un mero signo, una lengua muerta.
    </p><p class="article-text">
        No hay sentido pleno porque, como dice Lacan, las palabras son tenues para ser su sost&eacute;n. Creemos que sabemos lo que decimos, no queremos saber -en el sentido de la represi&oacute;n- que siempre decimos m&aacute;s y menos de lo que queremos decir. No queremos saber que nuestra palabra se funda en la interlocuci&oacute;n con otro. Pero cada tanto se producen los esc&aacute;ndalos de la enunciaci&oacute;n, las ocurrencias, la sorpresa y aparece un saber no sabido. Quedan conmovidas las identificaciones imaginarias, las relaciones que cada quien tiene con su cuerpo y con su imagen. Vacilan las significaciones establecidas y se abre un mundo: un mundo poco familiar, acaso un mundo de sensaciones in&eacute;ditas y extra&ntilde;as, descolocadas y desviadas de lo ya sabido. El inconsciente escribe una lengua extranjera, extra&ntilde;a -al Yo- alterando, subvirtiendo, interceptando la repetici&oacute;n de lo mismo. S&oacute;lo se trata de escuchar esa lengua, de soportar la extra&ntilde;eza, de no rechazar el equ&iacute;voco que insiste. Lo que se abre as&iacute; es el espacio de la equivocidad, de lo que se resiste a la s&iacute;ntesis del ser.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta cuando Lacan dice que el seminario que dicta, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, lo sostiene m&aacute;s a &eacute;l, que &eacute;l al seminario. Y dice que no lo sostiene por medio de la costumbre, sino mediante el malentendido. A casi treinta a&ntilde;os de dictar el seminario, no hay costumbre. No es la costumbre la que hace que siga, sino el hecho de no habituarse al malentendido: &ldquo;como no me habit&uacute;o a &eacute;l, me canso de disolverlo. Y en consecuencia lo alimento. Es lo que se llama el seminario perpetuo&rdquo;. Luego tambi&eacute;n dice que nacemos malentendidos, que no hay otro trauma que ese. Y que, por supuesto, es nuestro cuerpo el que aparece malentendido. Nos dice lo siguiente: &ldquo;su cuerpo es fruto de un linaje, y buena parte de las desgracias de ustedes se debe a que este linaje ya nadaba en el malentendido a m&aacute;s no poder (...). Esto es lo que se les transmiti&oacute; al &laquo;darles la vida&raquo;, como se dice. Es lo que ustedes heredan y lo que explica el malestar que sienten en la piel, cuando tal es el caso. El malentendido est&aacute; ya antes, en la medida en que, aun antes de este bonito legado, ustedes forman parte, o m&aacute;s bien son parte del parloteo de sus antepasados&rdquo;. Quiz&aacute;s se trate, en un an&aacute;lisis, de hacer con ese parloteo. Quiz&aacute;s se trate, como dir&iacute;a Deleuze, de atacar la lengua materna, de descomponerla, de hacer una nueva sintaxis.
    </p><p class="article-text">
        Sin malentendido no habr&iacute;a chiste, ni literatura, ni poes&iacute;a; tampoco habr&iacute;a psicoan&aacute;lisis. Nuestro mundo se cerrar&iacute;a sobre s&iacute; mismo en un circuito maquinal en el que el lenguaje ser&iacute;a puro instrumento.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sin malentendido no habría chiste, ni literatura, ni poesía; tampoco habría psicoanálisis. Nuestro mundo se cerraría sobre sí mismo en un circuito maquinal en el que el lenguaje sería puro instrumento.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Tel&eacute;fono descompuesto&rdquo; se dice cuando hay un mensaje que pasa de una persona a otra alterando, perdiendo su sentido inicial, original. Se alude as&iacute; a que hay algo roto, que hablar y desviar los sentidos implicar&iacute;a una falla. Una concepci&oacute;n del hombre como m&aacute;quina. En 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ho<em>la? </em><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/martin-kohan-adios-telefono-tendencia-tecnologica-actual-ocurra-repente-riesgo_1_9723829.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un r&eacute;quiem para el tel&eacute;fono -Ediciones Godot-, Mart&iacute;n Kohan </a>dice en la entrada llamada &ldquo;Tel&eacute;fono roto&rdquo;: &ldquo;Con cada nueva tecnolog&iacute;a que se inventa, se inventa tambi&eacute;n un nuevo tipo de error, un nuevo accidente, una nueva falla (...). Habr&iacute;a que decir entonces que, con la invenci&oacute;n del tel&eacute;fono, se invent&oacute; a su vez el llamado equivocado, la conversaci&oacute;n ligada y esa clase de malentendido que dio en llamarse tel&eacute;fono descompuesto&rdquo;. Y luego alude al juego infantil que se llama &ldquo;tel&eacute;fono roto&rdquo;, y dice: &ldquo;consiste en formar una ronda. alguien le dice al o&iacute;do una frase cualquiera a la persona que tiene a su derecha; y asi sucesivamente hasta comparar la frase con la que se empez&oacute; la rueda con la frase que lleg&oacute; al &uacute;ltimo participante&rdquo;. Y luego, en la entrada llamada &ldquo;Guerra Fr&iacute;a&rdquo; dice del tel&eacute;fono rojo: &ldquo;en verdad no era un tel&eacute;fono, sino un teletipo que mandaba mensajes de texto, menos permeables a confusiones y malentendidos que las transmisiones de la voz&rdquo;. El malentendido es lo que posibilita el juego; su evitaci&oacute;n, la guerra. Vivimos tiempos de lenguajes protocolares, pretensi&oacute;n de transparencia, etiquetados frontales y tel&eacute;fonos inteligentes que jam&aacute;s se equivocan. Cada vez hay menos juego y m&aacute;s guerra.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Roland Barthes viaj&oacute; a Jap&oacute;n dijo: &ldquo;la masa susurrante de una lengua desconocida constituye una protecci&oacute;n deliciosa, envuelve al extranjero (...) con una pel&iacute;cula sonora que detiene en sus o&iacute;dos todas las alienaciones de la lengua materna (...). Por esto, &iexcl;qu&eacute; descanso en el extranjero! All&iacute; estoy protegido contra la estupidez, la vulgaridad, la nacionalidad, la normalidad. La lengua desconocida, de la que no obstante aprendo la respiraci&oacute;n (...) me arrastra en su vac&iacute;o artificial, que s&oacute;lo se cumple para m&iacute;: me mantengo en el intersticio, desembarazado de todo sentido pleno&rdquo;. En <em>Animalia</em> -recientemente publicado por Eterna Cadencia- Sylvia Molloy recorre sus experiencias con los animales que la acompa&ntilde;aron. Dice: &ldquo;me llev&oacute; mucho tiempo, y el paso por dos pa&iacute;ses que no eran el m&iacute;o, darme cuenta que para ser uno mismo es siempre mejor estar con otro, sobre todo si el otro pertenece a una especie distinta, es decir, si es totalmente no uno&rdquo;. No hace falta viajar a Jap&oacute;n, ni radicarse en pa&iacute;ses ajenos para hacerle lugar al intersticio. Quiz&aacute;s s&oacute;lo se trate de estar dispuestos al malentendido, de estar dispuestos a vivir un poco fuera de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-malentendido_129_9772103.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Dec 2022 08:32:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elogio del malentendido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Jacques Lacan,Ricardo Piglia,Martín Kohan,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la impotencia masculina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/impotencia-masculina_129_9738876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8811cfc5-189f-4b54-a6d2-5c461c638993_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre la impotencia masculina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tiempo de reivindicación del goce solitario, el autor propone a la masturbación como una pasión filial. "No hay masturbación de hombre o mujer, solo existe la de hijo", sostiene. </p></div><p class="article-text">
        <strong>Es posible identificarse por amor, como tambi&eacute;n es posible identificarse para dejar de amar.</strong> En el segundo caso, alguien se convierte en una mera copia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay personas a las que se reconoce como malas copias de otras. No amaron lo suficiente.</strong> En el primer caso, por lo contrario, suele tratarse de quienes llegan a tener un estilo propio, que es lo m&aacute;s impropio que hay, pero conserva el amor como un m&oacute;vil. Un estilo no es personal, es la huella que deja el movimiento de nuestros amores.
    </p><p class="article-text">
        En el modo de re&iacute;rse de un ni&ntilde;o est&aacute; la alegr&iacute;a con que fue mirado y su elecci&oacute;n de no dejar de amar jam&aacute;s a quien lo mir&oacute; tan lindo. En otras ocasiones, la risa se pierde y queda el gesto, la mueca, el rictus, la contracci&oacute;n del cuerpo. En la risa, en cambio, todo es abierto. Por eso quiz&aacute; dicen que es contagiosa. En un estilo el cuerpo se abre y comunica.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, lo que me interesa plantear es que la identificaci&oacute;n no solo es de quien se identifica; si as&iacute; fuera ser&iacute;a un proceso lineal. La fuerza de la identificaci&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n en que el otro se provea como soporte. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como quien se identifica para dejar de amar termina en una pose de mala copia, la contracara est&aacute; en que quien puede funcionar como sost&eacute;n se niegue &ndash;si es demasiado hist&eacute;rico&ndash; o se sienta robado &ndash;si se inclina m&aacute;s hacia la paranoia&ndash;. Aqu&iacute; la orientaci&oacute;n de la identificaci&oacute;n se invierte y quien se identifica tiene que ser muy activo para que ese otro del que proviene la identificaci&oacute;n habilite el juego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dicho de otro modo, quien se identifica no es solo alguien que toma, sino que &ndash;a su vez&ndash; da mucho, sobre todo su capacidad de amar. Y quien desiste de la histeria y la paranoia, recibe m&aacute;s que un reconocimiento; consigue el milagro de la vida eterna: que es continuar con vida a trav&eacute;s de otro, vivir en otro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, luego de esta consideraci&oacute;n general sobre la condici&oacute;n amorosa de la identificaci&oacute;n, hablar&eacute; de los varones.
    </p><p class="article-text">
        En varones j&oacute;venes, es cada vez m&aacute;s com&uacute;n la consulta por impotencia. Varones que no son impotentes para masturbarse, por lo tanto que lo sean se relaciona con alg&uacute;n factor del encuentro sexual.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>El fin de la masculinidad</em> propuse tres hip&oacute;tesis para explicar la impotencia masculina: por efecto de deseo (en el caso de aquellos que no son impotentes salvo con quien les gusta); por fijaci&oacute;n autoer&oacute;tica (cuando lo que Freud llamaba &ldquo;narcisismo del falo&rdquo; resulta insuficiente); por dependencia materna (en el caso de los varones que no pueden simbolizar el acto sexual m&aacute;s que de modo agresivo o, a la inversa, con temor &ndash;por lo general con fantas&iacute;as orales&ndash;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero como lo escrito en los libros nunca es definitivo, hoy voy a agregar una cuarta hip&oacute;tesis &ndash;que no niega las anteriores, sino que la complementa&ndash;. Me explico: como ya desarroll&eacute; en otras ocasiones, la escena primaria es una de las fantas&iacute;as fundamentales de la constituci&oacute;n ps&iacute;quica; as&iacute; lo propuse en otro libro, que justamente se llama <em>Fantas&iacute;as fundamentales</em>.
    </p><p class="article-text">
        En la escena primaria, el ni&ntilde;o es espectador &ndash;en la fantas&iacute;a&ndash; del coito de sus padres; es decir, el ni&ntilde;o mira, pero no participa, como no sea a trav&eacute;s de una identificaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Con una identificaci&oacute;n es posible sostener el deseo en una fantas&iacute;a. Lo m&aacute;s com&uacute;n es que el var&oacute;n se identifique con la mujer y se excite con sus gemidos &ndash;este es el verdadero protagonista del goce porn&oacute;grafo&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; los varones miran m&aacute;s porno que las mujeres? Por esa necesidad de identificarse con el goce supuesto a la mujer y que, en su cuerpo, est&aacute; m&aacute;s cerca del ano que del falo. No pocos varones cuentan que despu&eacute;s de masturbarse (con porno directo o mental) lo primero que hacen es ir a cagar.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este rodeo preliminar es para llegar al punto que me importa &ndash;en relaci&oacute;n a lo que dije en un comienzo, sobre c&oacute;mo una identificaci&oacute;n puede ser para dejar de amar&ndash;. Me refiero a que en la escena primaria el lugar del ni&ntilde;o es como hijo y, por lo tanto, es una parodia viril, una mala copia de un hombre.
    </p><p class="article-text">
        Porque si el espectador es hijo, entonces, no puede pasar a la cama m&aacute;s que con una identificaci&oacute;n: agresiva (identificado con el padre) o feminizada (como le ocurre a aquellos varones h&iacute;per preocupados porque la mujer disfrute, pero que no pueden penetrar).
    </p><p class="article-text">
        Pasar a la cama implica que la identificaci&oacute;n tenga que caer. Un acto sexual, como encuentro con la castraci&oacute;n, implica una castraci&oacute;n previa a la detumescencia (en realidad, &eacute;sta no castra al var&oacute;n, porque cuando ocurre ya no necesita la erecci&oacute;n), que es la que se da respecto de la posici&oacute;n de hijo.
    </p><p class="article-text">
        Una cuarta hip&oacute;tesis para explicar la impotencia masculina es, entonces, la permanencia de esta posici&oacute;n de hijo, a partir de una identificaci&oacute;n que resigna el amor para confirmar una imagen viril o conformar una seducci&oacute;n femenina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una conclusi&oacute;n suplementaria, para este tiempo de reivindicaci&oacute;n del goce solitario, es recordar que la masturbaci&oacute;n es una pasi&oacute;n filial:&nbsp;no hay masturbaci&oacute;n de hombre o mujer, solo existe la de hijo.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que alguien puede ir a la cama para masturbarse, para que lo masturben o hacerlo con el cuerpo del otro. El goce f&aacute;lico, que no depende de la anatom&iacute;a, tiene diversas variantes.
    </p><p class="article-text">
        El punto es que, para hablar de var&oacute;n o mujer, es preciso ir a la cama con la castraci&oacute;n.&nbsp;As&iacute; es que alguien puede identificarse (con la castraci&oacute;n) por amor y pondr&aacute; en juego su vulnerabilidad y no buscar&aacute; una imagen en el otro. Si un var&oacute;n no resulta castrado de su posici&oacute;n de hijo, ser&aacute; impotente &ndash;masturbador o no&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/impotencia-masculina_129_9738876.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2022 09:06:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[impotencia,Masturbación,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alexandra Kohan: “Uno no podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces, recordarlo todo el tiempo podría ser agotador”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c03368b5-7b6c-41be-9449-72cf0e8de95a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1055910.jpg" width="6848" height="3852" alt="Alexandra Kohan: “Uno no podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces, recordarlo todo el tiempo podría ser agotador”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La psicoanalista acaba de lanzar su libro "Un cuerpo al fin" en el que reflexiona sobre los aportes freudianos para pensar discusiones actuales sobre la sexualidad, las publicidades, las redes sociales. Los riesgos que implica "un nuevo biologisismo", qué pasa cuando la conversación pública restringe las voces pensando únicamente en la genitalidad y los avances de los discursos que apelan a un disciplinamiento.</p><p class="subtitle">Lecturas - Adelanto de "Un cuerpo al fin"</p><p class="subtitle">Las columnas de Alexandra Kohan en elDiarioAR</p></div><p class="article-text">
        Un cat&aacute;logo de cuerpos: el que produce la histeria y descubre Freud, como lo llama la autora, &ldquo;esa piedra angular del psicoan&aacute;lisis&rdquo;; e<strong>se que no es pura anatom&iacute;a, ese que no se deja reducir a la mirada m&eacute;dica; ese que para algunos es una m&aacute;quina, ese que por simplificaciones se reduce a la mera genitalidad; ese que es silencioso hasta que grita</strong>, ese que se olvida hasta que se encuentra con otros; ese que atraviesa duelos y duele, ese que desea. Y muchos otros que se despliegan, como suele hacer Alexandra Kohan en sus textos, a partir de la lectura.
    </p><p class="article-text">
        En su nuevo libro,<em> Un cuerpo al fin</em> (Paid&oacute;s, 2022), la psicoanalista insiste en eso que insiste: las preguntas alrededor de una figura opaca y a la vez elocuente. E<strong>l texto est&aacute; repleto de citas de voces que abordaron la cuesti&oacute;n &ndash;desde la literatura, desde las canciones, desde las ciencias sociales, desde el psicoan&aacute;lisis, desde la poes&iacute;a&ndash; y tambi&eacute;n de los balanceos de su autora</strong>, sus propios vaivenes (&ldquo;fue un libro escrito con la muerte de mi mam&aacute; encima y no pude no pasar por ah&iacute;&rdquo;, apunta). 
    </p><p class="article-text">
        Tejido al calor de la pandemia, con una escritura por momentos po&eacute;tica y lejos de querer agotar el asunto, el ensayo se propone desmigajarlo sabiendo que es movedizo y tambi&eacute;n fascinante en sus distintas variaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La bajada de </strong><em><strong>Y sin embargo el amor</strong></em><strong>, tu libro anterior, era &ldquo;elogio de lo incierto&rdquo;. En este nuevo libro, para hablar del cuerpo, tambi&eacute;n vas por arenas movedizas, porque el cuerpo, como dec&iacute;s en el texto, es lo que incomoda. &iquest;Por qu&eacute; esta vez el cuerpo y por qu&eacute; volviste a los terrenos inestables?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no es que haya vuelto sino que en realidad nunca me fui. Al mismo tiempo, me parece que esta es una zona en la que estoy permanentemente. <strong>Y no s&oacute;lo cuando estoy pensando algunas cosas que pienso, se me van y las vuelvo a pensar, sino porque es justamente por esa dimensi&oacute;n precaria, fugaz que uno va pensando.</strong> Y tambi&eacute;n por la pr&aacute;ctica, porque con la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis estoy permanentemente en esta zona, nunca me puedo ir. Entonces creo que eso va a parar m&aacute;s que al tema, yo dir&iacute;a, a la enunciaci&oacute;n y por eso vuelve, con la  propia enunciaci&oacute;n. Me parece que el cuerpo, como el amor antes, es otra vez un asunto&hellip; (interrumpe). Me gusta la palabra &ldquo;asunto&rdquo;, porque &ldquo;tema&rdquo; va a parar al la zona del problema, decir &ldquo;tengo un tema&rdquo; es decir &ldquo;tengo un problema&rdquo;. <strong>Me parece que s&iacute;, que el cuerpo otra vez, como el amor antes, nos lleva para la inestabilidad en el sentido de lo promisorio tambi&eacute;n, hacia cierto movimiento.</strong> En ese sentido, no es para nada un problema que la cosa sea inestable, me parece, al rev&eacute;s, es lo que nos permite pensar o movernos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro, sobre todo en la primera parte, se ocupa de diferenciar, de aclarar confusiones o mezclas entre t&eacute;rminos, por ejemplo, el cuerpo en el sentido de la anatom&iacute;a no es el cuerpo para el psicoan&aacute;lisis. Algo parecido sucede con el s&iacute;ntoma, al que le dedic&aacute;s mucho espacio y lecturas: el s&iacute;ntoma que vos tom&aacute;s no es el s&iacute;ntoma m&eacute;dico. &iquest;Por qu&eacute; volver a &eacute;l? &iquest;Por qu&eacute; a veces pareciera que el s&iacute;ntoma tiene una especie de mala prensa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me parece que la noci&oacute;n de s&iacute;ntoma que inventa, porque es una invenci&oacute;n, el psicoan&aacute;lisis es absolutamente potente, in&eacute;dita y me parece que hay que seguir d&aacute;ndole vueltas. <strong>Si yo pudiera decir qu&eacute; es lo m&aacute;s subversivo del psicoan&aacute;lisis, dir&iacute;a que es eso. </strong>Subversivo porque justamente viene a agarrar la cosa de otra manera, por algo que tiene consecuencias mucho m&aacute;s radicales en una vida. <strong>A diferencia del s&iacute;ntoma m&eacute;dico, el s&iacute;ntoma para el psicoan&aacute;lisis no es un problema, sino que es la soluci&oacute;n a un problema, y esa torsi&oacute;n ya es muy potente.</strong> Despu&eacute;s hay s&iacute;ntomas y s&iacute;ntomas, hay modos y modos de la presentaci&oacute;n de esos s&iacute;ntomas, no es que el psicoan&aacute;lisis te va a decir este s&iacute;ntoma no importa porque viene a funcionar para algo que no deja de cifrar un sufrimiento. <strong>Pero lo cierto es que si uno eliminara el s&iacute;ntoma o todos los s&iacute;ntomas no habr&iacute;a m&aacute;s sujeto.</strong> Porque el s&iacute;ntoma primeramente es la respuesta al malestar en la cultura, no hay forma de que eso no est&eacute; ah&iacute;. Me parece que ah&iacute; tambi&eacute;n est&aacute; fundado el descubrimiento freudiano que justamente se encuentra con un modo nuevo del s&iacute;ntoma, nuevo respecto de la medicina, uno que no respond&iacute;a a la anatom&iacute;a estrictamente. Eso Freud lo descubre, es realmente de una genialidad, y &eacute;l sab&iacute;a mucho de anatom&iacute;a: se da cuenta de que esos s&iacute;ntomas no respond&iacute;an a la anatom&iacute;a habitual, a la anatom&iacute;a del cuerpo. Me gusta c&oacute;mo dice Le Breton: &eacute;l habla de una anatom&iacute;a <em>fant&aacute;stica</em> y yo podr&iacute;a agregar anatom&iacute;a ficcional. <strong>Porque no es que es mentira, sino que justamente porque es algo que est&aacute; tramado y armado de otra cosa que no son las terminaciones nerviosas. Eso me parece de una potencia enorme: aparece un cuerpo nuevo que no estaba en ese momento, un cuerpo nuevo que sigue adem&aacute;s teniendo hoy la vigencia nueva con s&iacute;ntomas nuevos que tampoco responden a la anatom&iacute;a. </strong>Vos vas al m&eacute;dico, te hacen una cantidad de ex&aacute;menes y te dicen &ldquo;No ten&eacute;s nada&rdquo;. Pero resulta que el sufrimiento lo ten&eacute;s, el padecimiento en el cuerpo lo ten&eacute;s. Entonces me parece que efectivamente se abre toda una dimensi&oacute;n m&aacute;s interesante que es la de hacer hablar al s&iacute;ntoma y no que ese saber sobre el s&iacute;ntoma lo tenga el m&eacute;dico. Ese s&iacute;ntoma que descubre Freud hace que transfiera la palabra al que lo padece, y no s&oacute;lo a la persona que lo padece sino al s&iacute;ntoma mismo. Como si uno le preguntara al s&iacute;ntoma y no a la persona.<strong> Y el s&iacute;ntoma tiene una voz efectivamente, eso me parece impresionante.</strong>
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                &quot;Un cuerpo al fin&quot; es el segundo libro de ensayos de la psicoanalista editado por Paidós.                            </span>
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        <strong>En el libro tra&eacute;s siempre la imagen de un cuerpo borrado, silenciado, hasta que algo nos lo recuerda o algo nos duele.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno no podr&iacute;a vivir si no silenciara el cuerpo a veces. Porque recordarlo todo el tiempo podr&iacute;a ser agotador. <strong>Cada vez que uno recuerda que tiene un cuerpo lo recuerda por el dolor o por el s&iacute;ntoma y no deja de ser angustioso tener un cuerpo o ser un cuerpo.</strong> Los protocolos de convivencia nos conducen justamente a moderarnos en las pasiones, adem&aacute;s: tenemos que estar silenciando el cuerpo permanentemente y cuando aparece el dolor o el amor, cuando aparecen esos acontecimientos en la vida que pueden ser traum&aacute;ticos, esos silencios se interrumpen. Estoy pensando en peque&ntilde;os episodios de la vida cotidiana que interrumpen la continuidad del silencio y el cuerpo, como el insomnio. <strong>Esos episodios interrumpen lo habitual que tambi&eacute;n es la habitualidad del cuerpo: uno cree que va con su cuerpo y hace lo que quiere, sube, baja, entra, sale, hasta que aparece algo que efectivamente nos recuerda que nuestro cuerpo no es nuestro.</strong> Ah&iacute; es donde yo hago el corte de este silenciamiento al que uno est&aacute; habituado, en el sentido de la moderaci&oacute;n de las pasiones para vivir con otros. Tambi&eacute;n est&aacute; el silenciamiento propio de cada uno respecto de los grados de la negaci&oacute;n a la que uno tiene que apelar para poder vivir y no estar todo el tiempo recordando que uno tiene un cuerpo, que ese cuerpo es finito, que ese cuerpo va hacia la decadencia. Hay una cantidad de modulaciones de lo que implica tener un cuerpo que a veces es mejor olvidarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otro de los cap&iacute;tulos ofrece una mirada que encontr&eacute; s&uacute;per interesante, a partir del cuerpo y las identidades. Se llama </strong><em><strong>El artificio de lo natural</strong></em><strong> y nos lleva un poco por eso que describ&iacute;s como una </strong><em><strong>genitalizaci&oacute;n</strong></em><strong> de algunos debates actuales. B&aacute;sicamente en algunos espacios de discusi&oacute;n se habilitan determinados espacios a quienes tienen determinados genitales y se dejan de lado otros. &iquest;Qu&eacute; pasa con esos discursos que resuenan tanto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me parece que lo que te contestar&iacute;an algunos defensores de este estado de cosas es que son momentos de extremos y que despu&eacute;s eso baja. Por un lado hubo todo un movimiento y existe desde hace a&ntilde;os, muchos a&ntilde;os, que est&aacute; pensando en relaci&oacute;n al g&eacute;nero y a c&oacute;mo se construye un g&eacute;nero. <strong>Justamente para distinguirse de ese paradigma tan reaccionario que es el paradigma de lo natural. Hay un retorno peligroso al </strong><em><strong>biologisismo</strong></em><strong> hasta el punto en el que se designa qui&eacute;n es mujer y qui&eacute;n es hombre desde afuera y por la apariencia de las personas</strong>, a veces no s&oacute;lo lo genital, sino la apariencia. Porque en estos discursos, adem&aacute;s, hay una constante atribuci&oacute;n de las posiciones por parte de otros: te dicen &ldquo;vos sos mujer&rdquo;, &ldquo;vos sos var&oacute;n&rdquo;, entonces te corresponde determinada posici&oacute;n<strong>. Y, no, lo que estamos intentando decir es: yo puedo tener un aspecto tal y autopercibirme de tal manera.</strong> Por eso hay un costado tan sutil y lleno de complejidades entre lo &iacute;ntimo, lo privado, lo personal y lo p&uacute;blico. A m&iacute; me interesa seguir pensando de qu&eacute; modo en lo p&uacute;blico se ponen a jugar estos nuevos modos de percibir el cuerpo. Lo tomo mucho de la idea de ver una foto en un medio y que enseguida se diga que hay m&aacute;s varones que mujeres, por ejemplo. Me pasa tambi&eacute;n muchas veces cuando leo textos: no le voy a ir a preguntar a cada autor c&oacute;mo se autopercibe. Porque a m&iacute; me interesan los textos, los discursos, y m&aacute;s en lo que me convoca en particular, que es la lectura y la escritura. Por supuesto que hay otros debates donde quiz&aacute; eso est&eacute; en el horizonte y eso importe, pero a m&iacute; me parece que hay cantidad de lugares donde eso no importa. <strong>Porque adem&aacute;s est&aacute; el riesgo de que todo esto conduzca a nuevos modos del deber ser, es decir, que una mujer tiene que estar vestida de esta manera o moverse de determinada forma.</strong> Por supuesto creo que hay un mont&oacute;n de fen&oacute;menos para seguir visibilizando y pensando, pero una cosa es eso y otra cosa es que, cuando alguien toma la palabra, ya se le atribuya un g&eacute;nero por los genitales y por la apariencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo cierto es que si uno eliminara el síntoma o todos los síntomas no habría más sujeto. Porque el síntoma primeramente es la respuesta al malestar en la cultura, no hay forma de que eso no esté ahí</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Desde esas posiciones se piensa en un cuerpo que se ve y no en el que puede leerse.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro. Por eso me llama la atenci&oacute;n que se determine qui&eacute;n puede hablar y qui&eacute;n no puede hablar. Ese tipo de cosas son las que discuto, porque me llama la atenci&oacute;n que en algunos &aacute;mbitos se determine qui&eacute;n puede hablar y qui&eacute;n no a partir de la portaci&oacute;n de determinados genitales, o de qu&eacute; modo est&aacute; autorizada esa palabra. <strong>As&iacute; la palabra pasa a tener valor seg&uacute;n qui&eacute;n la profiera, pero no desde la enunciaci&oacute;n. </strong>Y la enunciaci&oacute;n es otra cosa, &iexcl;como si una mujer no pudiera decir cualquier pavada o como si un var&oacute;n no pudiera pensar sobre determinados asuntos! <strong>A veces hay una distribuci&oacute;n de la palabra un poco tonta dir&iacute;a yo, un poco sosa. </strong>
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                &quot;¿Qué es un cuerpo? Familiar hasta que se vuelve extraño, conocido hasta que se desconoce, silencioso hasta que habla, cómodo hasta que incomoda&quot;, señala Alexandra Kohan en su nuevo trabajo.                            </span>
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        <strong>&iquest;Siempre se tiene que pensar en una cosa o en la otra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Claro! Cuando en realidad son cuestiones paralelas. <strong>No quiero que piensen con esto que estoy mandando a todo el mundo al analista y no al m&eacute;dico. No, el paradigma m&eacute;dico funciona muy bien, creo yo, y cuando me enfermo yo misma voy al m&eacute;dico y hago todo lo que me dice que tengo que hacer.</strong> Pero tratar la sexualidad &uacute;nicamente desde el paradigma m&eacute;dico me parece una cuesti&oacute;n que tenemos que ver. Porque adem&aacute;s esos discursos muchas veces est&aacute;n disfrazados de otra cosa. Muchas veces se presentan como algo salvador o novedoso, entonces todos tenemos que ir a gozar. Y algunas personas j&oacute;venes a partir de estos discursos la est&aacute;n pasando mal. La iniciaci&oacute;n sexual siempre es traum&aacute;tica. Traum&aacute;tica quiere decir que uno no sabe que eso tiene efectos y que habr&aacute; que atajarlos. Si encima acompa&ntilde;as esa incitaci&oacute;n desde estos discursos donde lo &uacute;nico es gozar, hay personas que la tienen dif&iacute;cil por momentos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro pens&aacute;s bastante alrededor de algunos discursos disciplinadores, sobre todo en las redes sociales y en la publicidad, que por un lado indican un mont&oacute;n de cosas por hacer para que el cuerpo no se detenga nunca y, por el otro, se postulan como emancipatorios. &iquest;Por qu&eacute; elegiste estas paradojas?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, porque estas posturas no son nuevas y a la vez van cobrando, seg&uacute;n la &eacute;poca, nuevas formas. Por ejemplo, de un tiempo a esta parte se puso de moda cierta fisiolog&iacute;a y el empuje a gozar, a partir de esa cosa que se repite de que las mujeres <em>tenemos derecho a gozar</em>. <strong>Entonces se pasa de eso a una cantidad de discursos que te llevan a la direcci&oacute;n de que si no goz&aacute;s sexualmente es porque no sab&eacute;s, o porque te pusiste en pareja con alguien que no sabe d&oacute;nde est&aacute; el cl&iacute;toris. De ah&iacute;, entonces, hay que ense&ntilde;arle al var&oacute;n a encontrar el cl&iacute;toris, todo con el tinte de las instrucciones de uso.</strong> Como si el goce sexual fuera una cosa efectivamente procurada de alguien hacia alguien y no algo absolutamente enigm&aacute;tico y opaco. A vos te pueden hacer todo lo que te gusta y no goz&aacute;s y, al rev&eacute;s, te pueden hacer algo que no te guste y gozar. Esa opacidad justamente es la que viene a mostrar <strong>el psicoan&aacute;lisis que es fundamentalmente la opacidad de la sexualidad. </strong>Uno no goza siempre de la misma manera y el encuentro con otro es totalmente nuevo cada vez, porque por m&aacute;s que uno conozca el cuerpo del otro y el otro conozca nuestro cuerpo, eso puede no funcionar porque depende de una cantidad de otras cosas. <strong>En esto aparecen discursos que son pedag&oacute;gicos que se&ntilde;alan que todo esto se resolver&iacute;a con educaci&oacute;n, que lo &uacute;nico que hace falta es que uno tenga informaci&oacute;n, un supuesto saber sobre el sexo. Estos discursos vienen desde lugares supuestamente legitimados como son las ciencias, porque estas personas se presentan como formadas cient&iacute;ficamente.</strong> Algunos no, pero otros son formados y nos dicen que saben y volvemos entonces al paradigma reaccionario m&eacute;dico, que es el paradigma que nos dice desde un saber exterior lo que hay que hacer con el cuerpo. Vos vas al nutricionista y te dice que ten&eacute;s que comer harina de almendras y no harina refinada o vas al sex&oacute;logo y te dice c&oacute;mo ten&eacute;s que hacer en la cama. Es el paradigma m&eacute;dico de nuevo, para m&iacute; no tiene nada de emancipador eso porque en ese paradigma todos los cuerpos son iguales, todos los problemas son iguales. En el psicoan&aacute;lisis no. Por m&aacute;s que la manifestaci&oacute;n sea la misma, para el psicoan&aacute;lisis no es el mismo problema. Si viene un paciente y me dice que tiene una disfunci&oacute;n sexual yo no le aplico una soluci&oacute;n del mismo modo que se la aplicar&iacute;a a otro paciente con el mismo planteo. Porque el s&iacute;ntoma no es el mismo para los dos pacientes por m&aacute;s que la manifestaci&oacute;n sea la misma, y eso a m&iacute; me parece fundamental del psicoan&aacute;lisis:<strong> aunque la manifestaci&oacute;n del s&iacute;ntoma sea la misma, la soluci&oacute;n no es la misma</strong>. En cambio para estos discursos todo es para todos igual. Y ojo, con esto no digo que cuando uno tiene una enfermedad org&aacute;nica no tiene que ir al m&eacute;dico ni que un c&aacute;ncer se cura con meditaci&oacute;n. Se trata con quimioterapia o lo que sea. Despu&eacute;s, si quer&eacute;s meditar, b&aacute;rbaro.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay un retorno peligroso al biologisismo hasta el punto en el que se designa quién es mujer y quién es hombre desde afuera y por la apariencia de las personas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En esa l&iacute;nea, vos cit&aacute;s en el libro la publicidad que ofrece alg&uacute;n tipo de analg&eacute;sico porque &ldquo;el dolor para, vos no&rdquo; y la asoci&aacute;s con el paradigma del capitalismo. &iquest;Qu&eacute; trampas ves en estos discursos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente estos discursos vienen a abonar a esa teor&iacute;a de que deber&iacute;amos ser como m&aacute;quinas y que adem&aacute;s somos m&aacute;quinas que no deber&iacute;amos parar ni fallar. Hay un momento en que uno est&aacute; entrampado en eso, yo tampoco estoy afuera de eso. Lo que me pasa a veces es que estoy un poco m&aacute;s atenta a pensar de qu&eacute; manera puedo relacionarme con el no trabajo, con la ociosidad. <strong>Porque incluso ahora los viajes, lo que vemos, lo que leemos, en todo hay una cantidad de cosas que se volvieron trabajo en el sentido de lo que hay que hacer.</strong> Pero es dif&iacute;cil que la gente no se sienta en falta en este sentido, porque incluso discursos que no son los de las publicidades funcionan como propagandas, en el sentido de la propagaci&oacute;n, de algo que est&aacute; por todos lados: c&oacute;mo hay que comer, c&oacute;mo moverse, qu&eacute; hacer. <strong>El imperativo me parece que es el problema, todo fue a parar al imperativo, todo fue a parar a lo que hay que hacer incluso en personas que creen que est&aacute;n afuera de eso.</strong> Me parece que la idea de la m&aacute;quina se refuerza en este momento con una m&aacute;quina imparable, por eso el rechazo del s&iacute;ntoma. Lo que siempre me llama la atenci&oacute;n es como eso desbord&oacute; hacia otros lados. Vos podes esperar que la propaganda est&eacute; aliada, por ejemplo, a las empresas, al discurso de la productividad para que la persona est&eacute; en su oficina trabajando siempre. Es esperable que un empresario quiera exprimirte, explotarte incluso y hacer que tu cuerpo funcione de cualquier manera comprando m&aacute;s analg&eacute;sicos y a su vez aumentando las ventas de los laboratorios. Eso es esperable porque est&aacute; situado, acotado a eso. Pero cuando eso desborda hacia otros lados a m&iacute; me parece que tiene el efecto no s&oacute;lo de lo inesperado sino de algo que a m&iacute; me deja un poco at&oacute;nita, &iquest;ac&aacute; tambi&eacute;n me van a decir c&oacute;mo tengo que hacer?, &iquest;ac&aacute; tambi&eacute;n me van a decir que no tengo que parar?, &iquest;mis amigas tambi&eacute;n me van a decir que no puedo no gozar?, &iquest;mis amigos tambi&eacute;n me van a decir que no puedo no haber visto tal pel&iacute;cula? R&aacute;pidamente si alguien pone &ldquo;hoy tuve insomnio&rdquo; en una red social, hay 20 respuestas que te dicen lo que ten&eacute;s que hacer para dejar de tenerlo. La l&iacute;nea psicoanal&iacute;tica es, en todo caso, pregunt&eacute;mosle algo al insomnio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estamos frente a un nuevo tipo de higienismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, un higienismo donde nada puede fallar. Cuando el inconsciente justamente, viene a mostrar que nuestras verdades se alojan en la falla, digamos, y que lo otro es una postura que pretende que no tenemos agujeros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="A partir de lecturas y de un sinfín de citas con voces ineludibles, Alexandra Kohan compuso un ensayo agudo."
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            <span class="title">
                A partir de lecturas y de un sinfín de citas con voces ineludibles, Alexandra Kohan compuso un ensayo agudo.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;UN LOQUITO&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Traigo algo de la coyuntura </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/peros-lengua_129_9291425.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>porque escribiste sobre el tema</strong></a><strong> y porque que tiene que ver las palabras que se usan. En las &uacute;ltimas horas se habl&oacute; del joven que atac&oacute; a la vicepresidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner y no faltaron quienes lo se&ntilde;alaron como &ldquo;un loquito suelto&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s que se utilizan estos t&eacute;rminos o se acude desde ciertos discursos a las patolog&iacute;as ante estos hechos tan conmocionantes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La primera cuesti&oacute;n que dir&iacute;a es que esa versi&oacute;n del loquito suelto surgi&oacute; primeramente de personas, por lo menos lo que alcanc&eacute; a leer yo, que pretend&iacute;an justamente deslindar responsabilidades y situar la cosa en una acci&oacute;n en la que nadie tiene que ver con nada. Esto ayuda a evitarse la pregunta de c&oacute;mo est&aacute; uno concernido en esto que pas&oacute;, porque estamos todos concernidos en la medida en que es un hecho pol&iacute;tico. <strong>Para m&iacute; no se trata de un hecho individual, es un hecho pol&iacute;tico y como hecho pol&iacute;tico nos afecta a todos independientemente de la ideolog&iacute;a que tengamos.</strong> Entonces, se instala la versi&oacute;n de que esto se da a partir de un loquito suelto para deslindar responsabilidades. Despu&eacute;s, hay una segunda cuesti&oacute;n: se&ntilde;alar a alguien como loco siempre es creerse que uno es normal. Eso es una reacci&oacute;n defensiva: el loco es el otro y yo soy normal. Una tercera cuesti&oacute;n, tal como se&ntilde;ala el polit&oacute;logo <strong>Nicol&aacute;s Freibrun</strong>: ese modo de verlo no explica nada pol&iacute;ticamente y lo que tenemos que tratar es de leer pol&iacute;ticamente, no de leer psicopatol&oacute;gicamente el asunto. Despu&eacute;s, si el detenido est&aacute; en condiciones de declarar o no, si tiene alg&uacute;n padecimiento, alguna enfermedad mental, no lo s&eacute;, eso es cuesti&oacute;n de los peritos. No somos peritos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y por qu&eacute; cre&eacute;s que se lanzan r&aacute;pidamente esos t&eacute;rminos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se lanza eso, y aunque pongamos que sea entre comillas &ldquo;un loquito&rdquo;, que no s&eacute; qu&eacute; quiere decir esa categor&iacute;a, aunque sea un loquito o lo que se dice un lobo suelto, eso no nos impide leer el hecho como hecho pol&iacute;tico, porque en el lobo suelto tambi&eacute;n est&aacute; ese efecto de una trama. En estas horas salieron una cantidad de psicoanalistas a intentar explicar cosas, no s&eacute;, a m&iacute; me pareci&oacute; que no es momento de no explicar nada, es un momento de absoluta zozobra y conmoci&oacute;n, como ocurri&oacute; con los primeros tiempos de la pandemia: son momentos que lo sacuden todo. <strong>Y yo no puedo pensar mucho todav&iacute;a, estoy absolutamente conmovida, afectada. Me parece que la gente sale a decir cosas porque es su modo de tranquilizarse, yo tambi&eacute;n lo puedo entender, ahora me parece que tenemos que ser responsables.</strong> Una cosa es lo que pensemos &iacute;ntimamente y otra cosa es la palabra p&uacute;blica. Esa distinci&oacute;n hay que mantenerla hoy m&aacute;s que nunca, siempre, pero hoy m&aacute;s que nunca. &Uacute;ltimamente veo que hay poca relaci&oacute;n con esa responsabilidad, as&iacute; que dir&iacute;a que no s&eacute;. S&iacute; s&eacute; que decirle loco al otro r&aacute;pidamente es una manera de preservarse uno y creerse del lado de la normalidad. Cuando con la pandemia se repet&iacute;a eso de &ldquo;la nueva normalidad&rdquo; creo que lo dije y vuelve ahora: hay que estar un poco loco para creerse normal.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Sep 2022 03:01:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alexandra Kohan: “Uno no podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces, recordarlo todo el tiempo podría ser agotador”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Psicoanálisis,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atención flotante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/atencion-flotante_129_9274448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91f457f5-af32-46e2-a706-5c8b5ce38d62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Atención flotante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La escucha de un analista no pretende retener en la memoria información, sino leer un texto que no está todavía escrito", sostiene la autora Alexandra Kohan. "No se debe olvidar que las más de las veces uno tiene que escuchar cosas cuyo significado sólo con posterioridad discernirá”, cita a Freud.</p></div><p class="article-text">
        En <em>Consejos al m&eacute;dico sobre el tratamiento psicoanal&iacute;tico</em>, la primera cuesti&oacute;n que Freud destaca es la dificultad con la que los analistas se encuentran en la tarea de &ldquo;guardar en la memoria los innumerables nombres, fechas, detalles del recuerdo, ocurrencias y producciones patol&oacute;gicas que se presentan durante la cura, y en no confundirlos con un material parecido oriundo de otros pacientes analizados antes o al mismo tiempo. Y si se est&aacute; obligado a analizar por d&iacute;a seis, ocho enfermos o aun m&aacute;s, la haza&ntilde;a mn&eacute;mica que lograrlo supone despertar&aacute; en los extra&ntilde;os incredulidad, asombro y hasta conmiseraci&oacute;n. En todo caso se tendr&aacute; curiosidad por conocer la t&eacute;cnica que permita dominar semejante pl&eacute;tora, y se esperar&aacute; que se sirva de unos particulares recursos auxiliares&rdquo;. Y entonces refiere que es una t&eacute;cnica muy simple. Que no har&aacute; falta un recurso auxiliar -desautoriza, por ejemplo, tomar apuntes-, sino que se va a tratar de &ldquo;no querer fijarse en nada en particular y en prestar a todo cuanto uno escucha la misma &laquo;atenci&oacute;n parejamente flotante&raquo;&rdquo;. Y destaca algo que resulta fundamental: se trata de evitar el peligro que conlleva fijarse en algo <em>deliberado</em>. Y ese peligro es el siguiente: &ldquo;Si en la selecci&oacute;n uno sigue sus expectativas, corre el riesgo de no hallar nunca m&aacute;s de lo que ya sabe; y si se entrega a sus inclinaciones, con toda seguridad falsear&aacute; la percepci&oacute;n posible. No se debe olvidar que las m&aacute;s de las veces uno tiene que escuchar cosas cuyo significado s&oacute;lo con posterioridad discernir&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque no se trata de saber anticipadamente qu&eacute; es importante y qu&eacute; no, de establecer jerarqu&iacute;as de lo que importa, sino de apostar a lo que se precipita siempre en otro tiempo. Pretender anticipar es anular esa temporalidad tan in&eacute;dita del an&aacute;lisis que consiste en un espacio que diluye la linealidad del tiempo. No anticiparse, no escuchar ya sabiendo. Freud es taxativo: la atenci&oacute;n flotante es un modo de resistirse a lo <em>propio</em>, a las propias expectativas; es un modo de que haya espacio para cuando llegue eso que no se sab&iacute;a, eso que no ratifica lo que pens&aacute;bamos, sino que produce sorpresa: un hallazgo -y de esa sorpresa tambi&eacute;n participa el analista-. <strong>No se puede escuchar nada sin esa disposici&oacute;n a no fijarse en nada en particular. No hay escucha posible si se est&aacute; anticipando un saber, un decir: si se est&aacute; escuchando desde una perspectiva en particular. </strong>Por su parte, Lacan lo dice as&iacute;: &ldquo;ponernos en ese estado p&uacute;dicamente llamado de atenci&oacute;n flotante, que hace que justamente cuando el part&iacute;cipe, el analizante, emite un pensamiento, podemos tener otro muy diferente. Es una feliz casualidad de la que brota un rel&aacute;mpago... y justamente de aqu&iacute; puede producirse la interpretaci&oacute;n. Es decir que a causa del hecho de que tenemos una atenci&oacute;n flotante, o&iacute;mos lo que el analizante ha dicho, a veces simplemente debido a una especie de equ&iacute;voco, es decir, de una equivalencia material&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la atenci&oacute;n flotante es, para m&iacute;, un modo de la lectura, un modo de lectura. El que se posibilita, el que hace lugar a lo otro de s&iacute; a partir de suspender lo que se sabe, sobre todo de lo que sabemos de nosotros mismos. <strong>Alberto Giordano</strong> lo dice as&iacute;: <strong>&ldquo;</strong>Y lo mejor ser&aacute; olvidarnos de lo que sabemos, olvidarnos de nosotros mismos. Porque quien sabe demasiado, quien est&aacute; demasiado cierto de lo que sabe, no lee&rdquo;. Giordano cita a Blanchot: &ldquo;leer, ver y o&iacute;r la obra de arte exige m&aacute;s ignorancia que saber, exige un saber que invite una inmensa ignorancia y un don que no est&aacute; dado por anticipado, que cada vez hay que recibir, adquirir, perder en el olvido de s&iacute; mismo&rdquo;. Porque se trata de interrogar un texto suspendiendo el saber sedimentado, pas&aacute;ndolo al olvido para poder desprenderse de un querer-asir y acceder sorpresivamente a una verdad como nueva; verdad que, como tal, terminar&aacute; escurri&eacute;ndose. No tentarse con descansar en el confort del sentido que adormece -que incluso inhibe- y que estabiliza religiosamente, sino despertar por la incomodidad, la desorientaci&oacute;n y la descolocaci&oacute;n que la lectura propicia. Habr&aacute; que desvelarse, que estar, como dice Derrida, en &ldquo;guerra contra s&iacute; mismo&rdquo;.&nbsp; A veces me encuentro pensando que un analista escucha de la misma manera en la que lee, de la misma manera en la que subraya un texto. No hay un solo modo de leer -y de eso tambi&eacute;n est&aacute; hecha una &eacute;poca-. Tampoco hay, entonces, lectura sin olvido de s&iacute;: &ldquo;Precisamente leo porque olvido&rdquo;, dice Barthes.
    </p><p class="article-text">
        Lo que un paciente dice no conforma datos, ni informaci&oacute;n. Es por eso mismo que podemos recordar un sue&ntilde;o que un paciente cont&oacute; hace a&ntilde;os o una palabra que pronunci&oacute; especialmente hace meses. Porque la escucha de un analista no pretende retener en la memoria informaci&oacute;n -cuesti&oacute;n que, por otra parte ser&iacute;a imposible-, sino leer un texto que no est&aacute; todav&iacute;a escrito.
    </p><p class="article-text">
        El olvido de s&iacute; que se pone en juego en la atenci&oacute;n flotante es una disposici&oacute;n del cuerpo a dejar <em>pasar</em>, a que <em>pase</em> un decir. Participar del espacio transferencial es tratar las palabras que ah&iacute; se dicen no como informaci&oacute;n, ni como datos, ni siquiera como signos; participar del espacio transferencial es devolverles a las palabras su potencia subversiva. Me gusta pensar la atenci&oacute;n flotante como algo parecido a lo que Barthes dice de su relaci&oacute;n con Jap&oacute;n: que el signo ah&iacute; nunca se naturaliza ni se racionaliza. En Jap&oacute;n, que para Barthes resulta un texto a ser le&iacute;do, &ldquo;el signo est&aacute; vac&iacute;o: su significado huye, no hay dios ni verdad, ni moral en el <em>fondo</em> en estos significantes que reinan sin co<em>ntrapartida</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n flotante es el nombre freudiano del acto de extirparles a las palabras sus sentidos adosados mec&aacute;nica y repetitivamente, esos sentidos que el c&oacute;digo estabiliza, normaliza, que aplana y aplasta, que estandariza y que reduce. No se trata del sinsentido sino, como dir&iacute;a Barthes, de hacerle trampas a la lengua.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n flotante es el nombre freudiano de un espacio que se abre a la ocurrencia; un espacio que alberga, sin defenderse, tambi&eacute;n al odio.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n flotante es el nombre freudiano para el lugar del analista, ese que no est&aacute; hecho de una vez y para siempre, ese que se hace -o no- en cada sesi&oacute;n y que nunca est&aacute; garantizado. La atenci&oacute;n flotante es el nombre freudiano de ese espacio que alberga la diferencia, la inquietud, la otredad; es el nombre freudiano de un olvido de s&iacute; en el lugar del analista. Olvido de s&iacute; que da lugar a otro. Olvido de s&iacute; para poder encontrar aquello que no se buscaba. Olvido de s&iacute; para que lo que el analizante diga no se choque con el muro imperturbable del narcisismo de la persona que lo escucha y que se cree ser o tener -ser un psicoanalista, tener un saber, por ejemplo-.
    </p><p class="article-text">
        En un an&aacute;lisis, desfamiliarizar y extra&ntilde;ar solo ser&aacute;n posibles si hay un espacio que albergue las palabras en su filo, ese que abre y que tambi&eacute;n corta la continuidad de un olvido imposible.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n flotante es el nombre freudiano de ese espacio en el que las palabras se escriben as&iacute; como dice Adelia Prado en su poema 
    </p><p class="article-text">
        <em>Antes del nombre</em> -poema al que llegu&eacute; gracias a Carmen G&uuml;iraldes-:
    </p><p class="article-text">
        No me importa la palabra, la palabra com&uacute;n
    </p><p class="article-text">
        lo que quiero es el espl&eacute;ndido caos de donde emerge la sintaxis
    </p><p class="article-text">
        los sitios oscuros donde nacen: de, sino,
    </p><p class="article-text">
        el, sin embargo, que, esta incomprensible
    </p><p class="article-text">
        muleta que me apoya.
    </p><p class="article-text">
        Quien entiende al lenguaje, entiende a Dios,
    </p><p class="article-text">
        cuyo Hijo es Verbo. Muere quien entiende.
    </p><p class="article-text">
        La palabra es disfraz de una cosa m&aacute;s grave, sorda-muda,
    </p><p class="article-text">
        fue inventada para ser callada.
    </p><p class="article-text">
        En momentos de gracia, infrecuent&iacute;simos,
    </p><p class="article-text">
        se le podr&aacute; atrapar: un pez vivo con la mano.
    </p><p class="article-text">
        Puro susto y terror.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/atencion-flotante_129_9274448.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Aug 2022 11:32:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan,Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas sobre la pretensión de ser]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-pretension_132_9236254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/215cbc89-24a6-41a8-8db8-97edfde20c2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas sobre la pretensión de ser"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llegó el newsletter mensual de Alexandra Kohan sobre lecturas posibles a partir de cosas, nimiedades que están dando vueltas en el aire y que en apariencia no tienen ninguna importancia.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ante el lenguaje cualquier sujeto es incierto
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Luis Gusmán</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>I.&nbsp;</strong>Quiz&aacute;s el t&iacute;tulo tendr&iacute;a que ser &ldquo;notas sobre la pretensi&oacute;n&rdquo;. Pero creo que pretender es siempre pretender&nbsp;<em>ser</em>. O en todo caso, no hay ser que no sea un poco pretencioso. Cada vez que apelamos al ser que creemos que somos, se puede advertir un desfasaje entre eso que decimos y eso que sentimos. Son pocas las veces en las que estamos a gusto con las definiciones acerca de lo que &ldquo;somos&rdquo;. Ese ser, al no tratarse de una esencia, al no estar dado, se hace. Y resulta una especie de conglomerado de im&aacute;genes con el que no siempre estamos c&oacute;modos, con el que casi siempre estamos inc&oacute;modos. El ser es un pastiche, un artificio, un peque&ntilde;o Frankenstein que lleva el nombre de su hacedor: un Otro que nos nombra y que nos pone a andar torpemente, con las suturas a la vista, aunque pretendamos disimularlas. Y es que la autoestima viene del Otro, de ese Otro que habr&aacute; que hacer caer alguna vez. Quiz&aacute;s de eso se trate pasar al otro lado del espejo, como Alicia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Notas sobre la pretensión de ser                            </span>
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        <strong>II.</strong>&nbsp;Me gusta cuando Freud llama al Yo el payaso del circo. Lacan, en cambio, lo llama la enfermedad mental del hombre, el s&iacute;ntoma por excelencia. En el Yo se juegan las pretensiones de ser. El Yo est&aacute; seguro de s&iacute; mismo siempre, incluso cuando se cree lo peor. La baja autoestima no existe. Siempre es alta. El problema es la autoestima, autoestimarse. Porque la autoestima est&aacute; en el reflejo del espejo. No importa lo que refleja. Si refleja una mierda, tambi&eacute;n es autoestima. El Yo se constituye, como dice Masotta,&nbsp;<em>aliment&aacute;ndose</em>&nbsp;de la imagen del otro para constituir la propia unidad. Y pienso que a veces, algunos, para sostenerse en un ser, pasan de la identificaci&oacute;n con ese otro, a deglutirlos, a tragarlos. Quiz&aacute;s haya una diferencia entre querer algo del otro y querer ser ese otro. La condici&oacute;n para eso es que ese otro no exista m&aacute;s: fantas&iacute;as de aniquilaci&oacute;n por doquier.
    </p><p class="article-text">
        <strong>III.&nbsp;</strong>El &ldquo;asuntito&rdquo; de la agresividad es igualmente ineluctable. La relaci&oacute;n con la propia imagen, que nunca es propia, y con esa imagen del otro que suponemos, conlleva siempre agresividad. El asunto es si estamos dispuestos a advertir -no siempre se puede- que esa agresividad est&aacute; desplegada a partir de suponerle un ser al otro, un ser que pondr&iacute;a en peligro el nuestro. Un ser que es el que a nosotros &ldquo;nos falta&rdquo;. El otro tiene lo que nos falta. Tiene, sobre todo, un ser. Y es que el ser, como dice Lacan, est&aacute; perdido en el basurero del otro. Hay demasiadas personas comiendo de esa basura.
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>IV.&nbsp;</strong>Nunca me dejo de sorprender por la cantidad de personas que quieren ser escritores. &iquest;Que quieren escribir?, &iquest;que escriben?, no: que quieren&nbsp;<em>ser escritores</em>. La fascinaci&oacute;n que hubo siempre -porque no es nueva, ahora se ve m&aacute;s por las redes sociales- con ese Ser escritor. Roland Barthes se ocup&oacute; de esa impostura en varios lugares. Primero en&nbsp;<em>Mitolog&iacute;as</em>, al hablar de &ldquo;El escritor en vacaciones''. M&aacute;s tarde en&nbsp;<em>Roland Barthes por Roland Barthes</em>, donde dice: &rdquo;sin duda no queda ya un solo adolescente que tenga esta fantas&iacute;a: &iexcl;ser escritor! &iquest;De qu&eacute; contempor&aacute;neo querer copiar no la obra sino las pr&aacute;cticas, las posturas, esa manera de pasearse por el mundo con una libreta en el bolsillo y una frase en la cabeza (...). Pues lo que la fantas&iacute;a impone es el escritor tal como se lo puede ver en su diario &iacute;ntimo, es&nbsp;<em>el escritor menos su obra</em>: forma suprema de lo sagrado: la marca y el vac&iacute;o&ldquo;. Por su parte, Juan Jos&eacute; Saer dice: &rdquo;Cuando se cree ser alguien, algo, se corre el riesgo, luchando por acomodar lo indistinto del propio ser a una abstracci&oacute;n, de transformarse en un arquetipo, en caricatura (...). Si denominamos a alguien ir&oacute;nicamente por medio de un estereotipo - el Escritor, el Editor, la Belleza Local-, ya estamos dando a entender que su titular, a causa de un comportamiento demasiado definido, es v&iacute;ctima de cierta ilusi&oacute;n sobre s&iacute; mismo. De tanto ser esencias -Don Giovanni, Fausto, Trist&aacute;n e Isolda- los personajes de &oacute;pera terminan por naufragar en la opereta-&ldquo;. Y luego dice: &rdquo;En cierto sentido, toda veleidad de identidad personal es una tentativa de hacerse pasar por conde&ldquo;. Hay personas que escriben, hay personas que quieren ser escritores. Es la diferencia que estableci&oacute; Hebe Uhart cuando dijo &rdquo;no hay escritor. Hay personas que escriben&ldquo; y que Liliana Villanueva eligi&oacute; de ep&iacute;grafe para comenzar el libro&nbsp;<em>Las clases de Hebe Uhart</em>. En esa misma primera clase, Uhart dice: &rdquo;Es mejor que el que escribe no se sienta escritor (...). Inflar el rol del escritor conspira contra el producto porque la vanidad aparta al que escribe de la atenci&oacute;n necesaria para seguir a su personaje o situaci&oacute;n. Weil dice: &lsquo;el virtuosismo en todo arte consiste en la capacidad de salirse de s&iacute; mismo&rsquo; (...). No se nace escritor, se nace beb&eacute;&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>V.&nbsp;</strong>Pasa lo mismo con el ejercicio del psicoan&aacute;lisis: si la vanidad no se suspende, si no se suspende el&nbsp;<em>ser psicoanalista</em>, se corre el riesgo de no seguir el texto del analizante. Quiz&aacute;s pasa lo mismo por las mismas razones, porque no se puede ser psicoanalista. Jean Allouch lo dice as&iacute;: &ldquo;Pensado como un acto, el an&aacute;lisis excluye que alguien pueda nunca declarar: &laquo;Yo soy psicoanalista&raquo;, ya que no se lo es por fuera del acto, mientras que en el acto, Lacan lo se&ntilde;al&oacute;, &laquo;el sujeto no est&aacute; all&iacute;&raquo;&rdquo;. Psicoan&aacute;lisis y literatura: entre todas las zonas en com&uacute;n posibles, la que m&aacute;s me gusta es que ninguna de esas dos pr&aacute;cticas resultan de identidades, son un ejercicio que nunca est&aacute; garantizado por el ser, que nunca est&aacute; garantizado. S&iacute;, debe pasar en much&iacute;simas disciplinas, pero hablo de estas dos porque son las que m&aacute;s cerca tengo, las que creo conocer un poco. Y porque son pr&aacute;cticas, escribir, analizar, que no est&aacute;n respaldadas por ninguna instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VI.&nbsp;</strong>En la Facultad de Psicolog&iacute;a hay muchos psicoanalistas y pocos trabajadores. Porque los psicoanalistas no se auto perciben trabajadores. Practican una y otra vez su&nbsp;<em>ser psicoanalista</em>. Y entonces algunos titulares de c&aacute;tedra abusan de su poder -al que hacen pasar por transferencia- dirimiendo qui&eacute;nes pueden o no acceder a un puesto de trabajo, seg&uacute;n supervisen, se analicen o estudien con ellos. Hay mucha infatuaci&oacute;n en los psicoanalistas que se creen psicoanalistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VII.&nbsp;</strong>Me gustan mucho las ficciones que ironizan acerca de la pretensi&oacute;n de ser escritor. Hay much&iacute;simas. Ahora pienso en algunas novelas de Juan Jos&eacute; Becerra:&nbsp;<em>Felicidades</em>,&nbsp;<em>La interpretaci&oacute;n de un libro</em>. Ahora cito&nbsp;<em>El artista m&aacute;s grande del mundo</em>: &ldquo;Tengo la esperanza de que la escritura literaria morir&aacute; pronto. Estamos en las v&iacute;speras de su exterminio, un momento en el que cualquiera &laquo;escribe&raquo; un libro (...). Cada habitante de la Tierra escribir&aacute; su libro, si es que ya no lo escribi&oacute;, y la escritura, que exig&iacute;a alg&uacute;n tipo de talento aunque m&aacute;s no fuese el de la voluntad o la paciencia, no conservar&aacute; ninguno y, por fin, desaparecer&aacute;&rdquo;. Acerca de la pretensi&oacute;n se ser psicoanalista recomiendo una novela a la que vuelvo seguido, esa parodia corrosiva, esa caricatura perfecta, que de tan veros&iacute;mil produce un poco de angustia:&nbsp;<em>La escuela neo lacaniana de Buenos Aires</em>, de Ricardo Strafacce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>VIII.&nbsp;</strong>De estos mismos asuntos se ocup&oacute; Mart&iacute;n Kohan en su novela&nbsp;<em>Cuentas pendientes</em>. Y tambi&eacute;n en &ldquo;Fotos de escritor: la verdad de la pose&rdquo;. Y tambi&eacute;n, y sobre todo, en la&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=bceb346a43&amp;e=37d0daae1a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inauguraci&oacute;n</a>&nbsp;del FILBA en 2015. El d&iacute;a que conoc&iacute; a Mart&iacute;n Kohan, en unas jornadas a las que lo invit&eacute; en la Facultad de Psicolog&iacute;a, le pregunt&eacute; c&oacute;mo quer&iacute;a que lo presentara. No quiso que dijera &ldquo;escritor&rdquo; y prefiri&oacute; &ldquo;cr&iacute;tico literario, docente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IX.&nbsp;</strong>El lastre de la imagen de s&iacute;. Me gusta c&oacute;mo lo dice Guy Le Gaufey: &ldquo;La imagen de s&iacute;: &iexcl;qu&eacute; deliciosa esclavitud, qu&eacute; preocupante felicidad y, sobre todo, qu&eacute; carga! Pero tambi&eacute;n &iexcl;qu&eacute; angustia si imaginamos s&oacute;lo por un instante que puede dejarnos! Le declaramos la m&aacute;s intestina de las guerras, amorosamente reafirmada a partir de cualquier tregua duradera&rdquo;. La imagen: esa servidumbre &iquest;voluntaria? Lacan dice: &ldquo;s&oacute;lo el psicoan&aacute;lisis reconoce ese nudo de servidumbre imaginaria que el amor debe siempre volver a deshacer o cortar de tajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>X.&nbsp;</strong>Un fragmento del poema Tomboy, de Claudia Masin:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo pueden entonces</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>andar tan c&oacute;modos y felices en un cuerpo, c&oacute;mo hacen</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>para tener la certeza, la seguridad de que son eso: esa sangre,</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>esos &oacute;rganos, ese sexo, esa especie? &iquest;Nunca quisiste</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>ser un lagarto prendido cada d&iacute;a del calor del sol</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>hasta quemarse el cuero, un hombre viejo, una enredadera</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>apret&aacute;ndose contra el tronco de un &aacute;rbol para tener de d&oacute;nde</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>sostenerse, un chico corriendo hasta que el coraz&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>se le sale del pecho de pura energ&iacute;a brutal,</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>de puro deseo? Nos esforzamos tanto</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>por ser aquello a lo que nos parecemos. &iquest;Nunca</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>se te ocurri&oacute; c&oacute;mo ser&iacute;a si en lugar de manos tuvieras garras</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>o ra&iacute;ces o aletas, c&oacute;mo ser&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>si la &uacute;nica manera de vivir fuera en silencio o aullando</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>de placer o de dolor o de miedo, si no hubiera palabras</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>y el alma de cada cosa viva se midiera</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>por la intensidad de la que es capaz una vez</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>que queda suelta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-pretension_132_9236254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Aug 2022 10:49:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre la pretensión de ser]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan,Luis Gusmán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La prescripción de la madurez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/prescripcion-madurez_129_9160953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08f4294e-afc3-475e-9de6-f002d791faa0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La prescripción de la madurez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Uno de los modos en los que estamos atravesados por el paradigma nefasto de la normalidad es aspirar a la madurez y a la adultez: a que sean, per se, una virtud, escribe Alexandra Kohan en esta columna.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco, en una fiesta, alguien dijo de una persona que se hab&iacute;a ido para ver un partido de f&uacute;tbol: &ldquo;qu&eacute; infantil, d&iacute;ganle que madure&rdquo;. Primero sent&iacute; pena por ese hombre que se vio conminado a expresarse as&iacute;, asumi&eacute;ndose mejor por elegir esta fiesta en la que est&aacute;bamos, y no la fiesta que para el otro significa el f&uacute;tbol (me acord&eacute; de que <a href="https://filba.org.ar/archivo/las-fiestas-y-yo_130" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mart&iacute;n Kohan</a> dijo alguna vez que las fiestas burguesas lo aburren y, en cambio, &ldquo;las fiestas populares me gustan mucho m&aacute;s. Conozco bien las que suscita el f&uacute;tbol, esas me encantan. Me encantan sus zafarranchos, su lubricidad, su barullo, su mucho cuerpo, su mucho grito; me encantan su soltura, su estridencia, su carnaval, y ese fondo poderoso de resistencia pol&iacute;tica que esgrimen de hecho los que en general la pasan mal, cuando se deciden a pasarla bien. Ese gesto, ese desaf&iacute;o, me entusiasma, me conmueve, y me impulsa a disfrutar estas fiestas, a bailar y cantar hasta tarde&rdquo;). Primero, entonces, sent&iacute; pena por esa clase de gente habitada por pasiones tristes, esa que no soporta la diferencia y se obliga a pronunciarse sin advertir nada de lo que est&aacute; diciendo. Y un poco despu&eacute;s me qued&eacute; pensando, no ya en la forma de su expresi&oacute;n -la de rechazar al otro-, sino en el contenido mismo de su expresi&oacute;n: &ldquo;lo infantil&rdquo; concebido peyorativamente, la ilusi&oacute;n de que existir&iacute;a la madurez y adem&aacute;s que esa madurez vendr&iacute;a asociada a estar en una fiesta como esa en la que &eacute;l estaba. Y entonces pienso que uno de los modos en los que estamos atravesados por el paradigma nefasto de la normalidad es aspirar a la madurez y a la adultez: a que existan y a que sean, <em>per se</em>, una virtud. El ideal de madurez, la aspiraci&oacute;n a &ldquo;ser adultos&rdquo; se corresponde, sin dudas, con la pretensi&oacute;n de normalidad, acaso el gesto m&aacute;s estridente del disciplinamiento del que somos objetos, incluso o sobre todo, cuando nos auto percibimos abiertos a la diversidad. Las formas habituales en las que se rechaza lo que se designa como &ldquo;inmadurez&rdquo; y las formas habituales en las que se esperan y se prescriben madurez y adultez -definidas previamente seg&uacute;n la ocasi&oacute;n- no son sino modos de rechazar la infancia y el juego, para consolidarnos en una solemnidad y en una rigidez cada vez m&aacute;s notables.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pienso que uno de los modos en los que estamos atravesados por el paradigma nefasto de la normalidad es aspirar a la madurez y a la adultez: a que sean, per se, una virtud. El ideal de madurez se corresponde, sin dudas, con la pretensión de normalidad, </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la serie de textos que conforman <a href="http://www.polvo.com.ar/tag/jose-luis-juresa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La infancia que insiste</a>, <strong>Jos&eacute; Luis Juresa </strong>dice de la infancia que se trata de &ldquo;eso que resulta inatrapable, eso que se escapa habiendo pasado por nuestro cuerpo, como un fantasma, eso que nos mantiene en vilo y nos excita y nos proyecta por el simple deseo de volver a vivir su presencia (...). Eso que nos mantiene en la idea de algo por venir creyendo que estuvo en alg&uacute;n momento de nuestro pasado (...) la manera de nombrar una relaci&oacute;n &uacute;nica e irrepetible, que se tiene cuando se es ni&ntilde;o, con lo indescriptible, con lo inmanejable, con lo que nos causa y nos hace humanos, m&aacute;s ac&aacute; y antes de toda racionalidad (...). Disciplinar la irracionalidad es exactamente lo que se hace con la infancia, a trav&eacute;s de las etapas de la educaci&oacute;n pedag&oacute;gica&rdquo;. Y agrega que no est&aacute; planteando que la educaci&oacute;n sea nociva en s&iacute; misma, pero s&iacute; que &ldquo;trata de alinear a todo el mundo en las exigencias del sistema de producci&oacute;n y consumo&rdquo;. No se trata s&oacute;lo de la educaci&oacute;n formal, sino de los constantes discursos que pedagogizan y que pretenden asir lo inatrapable, aplastar el deseo, controlar las pasiones.
    </p><p class="article-text">
        Cuando<strong> Jacques Lacan</strong> se ocup&oacute; de discutir vehementemente con cierto psicoan&aacute;lisis de su &eacute;poca, lo hizo especialmente denunciando, entre otras cosas, que ese psicoan&aacute;lisis pretend&iacute;a producir sujetos adaptados a la realidad del modelo productivista que predominaba en Norteam&eacute;rica. Hoy en d&iacute;a esa ideolog&iacute;a subsiste en algunas posiciones que prescriben madurez y adultez en los tratamientos que conducen. Como dice Jorge Jinkis, &ldquo;algunos c&iacute;rculos anal&iacute;ticos que saben flotar se encuentran con una pr&aacute;ctica cuyo objetivo es lo que la psicolog&iacute;a tradicional llama la transformaci&oacute;n autopl&aacute;stica. El campo de disputa es la adaptaci&oacute;n social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La normalizaci&oacute;n, ejercida muchas veces por las mismas voces que la denuncian, pretende que ser adultos, que ser maduros, son signos de salud y de bienestar. La infancia y lo infantil -aunque no sean estrictamente lo mismo- son sistem&aacute;ticamente se&ntilde;alados como aquello que debe ser censurado, aplacado, domesticado. A veces los padres tambi&eacute;n les piden a los ni&ntilde;os que se comporten &ldquo;como adultos&rdquo;. Otras, los conciben como tales y los exponen en las redes sociales haciendo &ldquo;cosas de adultos&rdquo;. O les arrasan un poco las infancias al exponerlos constantemente como objetos de sus miradas, para lucirse ellos como padres -&ldquo;miren el hijo (falo) que tengo&rdquo;-.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Lacan se dedica a leer <em>El chiste y su relaci&oacute;n con lo inconsciente</em>, de Freud, subraya especialmente que la fuente de placer que procura el chiste -y la risa concomitante- se halla en relaci&oacute;n con un per&iacute;odo l&uacute;dico de la actividad infantil que incluye la actividad verbal, el &ldquo;jugueteo con las palabras&rdquo; -por eso el ni&ntilde;o, dice Agamben, &ldquo;nunca est&aacute; tan contento como cuando inventa una lengua secreta&rdquo;-. Lacan subraya entonces: fuente de placer y v&iacute;as por las que el placer <em>pasa</em>, esas &ldquo;v&iacute;as antiguas&rdquo; que han sido taponadas por &ldquo;el control del pensamiento del sujeto en su progreso hacia el estado adulto&rdquo;. El &ldquo;estado adulto&rdquo; se sostiene a condici&oacute;n de obturar el placer, de obturar esa v&iacute;as infantiles por las que pasaba, de obturar el juego y de obturar cierto grado de libertad. El juego, la risa: ese <em>bypass</em> de las arterias del placer taponadas por las exigencias del &ldquo;mundo adulto&rdquo; cuando no de la voz del supery&oacute; que nos obliga a &ldquo;ser adultos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Agamben hace un elogio de la profanaci&oacute;n y ubica el juego como una de las maneras de profanar lo sagrado. Y dice contundente: &ldquo;el juego como &oacute;rgano de la profanaci&oacute;n est&aacute; en decadencia en todas partes (...). Restituir el juego a su vocaci&oacute;n puramente profana es una tarea pol&iacute;tica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y pienso entonces en esta &eacute;poca en la que la solemnidad, la seriedad y la constante pedagogizaci&oacute;n nos empujan y nos obligan a hacer siempre &ldquo;lo que corresponde&rdquo;, a comportarnos siempre &ldquo;como se espera&rdquo;, a vigilar constantemente qu&eacute; decimos y c&oacute;mo, a estipular anticipadamente de qu&eacute; podemos o no podemos re&iacute;rnos, a tomar posici&oacute;n y reaccionar ante los hechos de la realidad cotidiana, a adaptarnos una y otra vez a las &ldquo;formas convenientes&rdquo;. Y pienso en el agobio que eso implica, al asedio que nos imponemos cuando nos decimos que debemos &ldquo;ser adultos&rdquo;, que debemos &ldquo;ser maduros''. Y pienso en<strong> Roland Barthes</strong>, que dice que la clasificaci&oacute;n de las edades &rdquo;es uno de los condicionamientos, por no decir una de las represiones, de toda sociedad&ldquo;, que decir que hay distorsi&oacute;n entre la edad cronol&oacute;gica y la edad mental no es sino la &rdquo;ideolog&iacute;a triunfante del n&uacute;mero como norma&ldquo;. Y me gusta much&iacute;simo cuando dice que &rdquo;s&oacute;lo el psicoan&aacute;lisis carece de discurso sobre las edades&ldquo;, aunque habr&iacute;a que decir que no todo el psicoan&aacute;lisis, porque los hay muchos y muy distintos. Para Barthes, los discursos acerca de la madurez, la adultez y las edades son normalizadores. Son, en definitiva, doxas, esas que censuran y vigilan. Y, como tales, cifran ideolog&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Freud subray&oacute; la relaci&oacute;n entre el juego perdido y la literatura cuando dijo: &ldquo;todo ni&ntilde;o que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio o, mejor dicho, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada (...). Lo opuesto al juego no es la seriedad, sino&hellip; la realidad efectiva&rdquo;. El juego acaso sea entonces ese modo de lidiar con el mundo, incluso el mundo familiar, el mundo de esos &ldquo;adultos&rdquo;, el mundo adulto. Ese otro mundo, el de los adultos, que muchas veces se nos viene encima y resulta aplastante, agobiante, asfixiante. Incluso cuando ya no somos ni&ntilde;os. No hablo de jugar a algo, sino de habilitar un juego, de habilitar el ponernos en juego, hablo de entrar en el juego. Entrar en el juego del encuentro con otro s&oacute;lo es posible si no se rechaza la infancia -la propia, la del otro-. Por eso Julia Kristeva habla del &ldquo;cuidado de lo infantil del otro&rdquo; y por eso Phillippe Sollers dice que uno s&oacute;lo podr&iacute;a amarse &ldquo;si se reconoce como ni&ntilde;o a trav&eacute;s y para el otro&rdquo;; y tambi&eacute;n dice que &ldquo;dos personas que se enamoran son dos infancias que se entienden&rdquo;. Kristeva agrega: &ldquo;mi compromiso con el psicoan&aacute;lisis s&oacute;lo puede entenderse como una prolongaci&oacute;n de esta evidencia infantil que tuvimos la suerte de recrear (en el amor)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Georges Perec </strong>se&ntilde;ala el lazo entre infancia y literatura, de esta manera:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que hay una cosa que define bastante bien la vida en primer lugar y despu&eacute;s la infancia y la escritura: es un ni&ntilde;o que juega al escondite. No se sabe muy bien qu&eacute; nos apetece m&aacute;s, si que nos encuentren o no; si nos encuentran se acab&oacute; el juego, pero si no nos encuentran a&uacute;n hay menos juego. Si uno se esconde tan bien que no lo vuelven a encontrar se muere de miedo, por eso cuando uno juega al escondite se las apa&ntilde;a siempre para que lo encuentren. Si no hubiera cosas escondidas no buscar&iacute;amos leer. El hecho mismo de leer es ir a buscar en un libro algo que no sabemos o que creemos no saber. Y eso hace que continuemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/prescripcion-madurez_129_9160953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Jul 2022 10:42:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La prescripción de la madurez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Adultez,Jacques Lacan,Georges Perec]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué pasó el 6 de mayo en Argentina y en el mundo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/paso-6-mayo-argentina-mundo_1_8971861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ac20400-d214-40dd-b3fb-cc7fd37f8018_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué pasó el 6 de mayo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el nacimiento de uno de los intelectuales más importantes del siglo XX, hasta el final de una serie norteamericana que fue vista por ,más de 50 millones. ¿Qué ocurrió un día como hoy?</p></div><p class="article-text">
        <strong>1856</strong> &ndash; Nace Sigmund Freud: En la ciudad de Pribor (Moravia, Chequia) el m&eacute;dico neur&oacute;logo checo Sigmund Freud, padre del psicoan&aacute;lisis y uno de los intelectuales m&aacute;s importantes del siglo XX. Sus aportes en la psicolog&iacute;a, el pensamiento y la cultura enriquecieron a la sociedad occidental contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1859 </strong>&ndash; Nace Luis Mar&iacute;a Drago: En Buenos Aires el abogado y pol&iacute;tico Luis Mar&iacute;a Drago, destacado por su labor como criminalista al impulsar la creaci&oacute;n de la Sociedad Antropol&oacute;gica Jur&iacute;dica. Como canciller dict&oacute; la Doctrina Drago (1902) que establece que ning&uacute;n estado extranjero puede usar la fuerza contra una naci&oacute;n americana para cobrarle una deuda financiera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1890</strong> - El sacerdote Jorge Mar&iacute;a Salvaire comienza la construcci&oacute;n de la Bas&iacute;lica de Nuestra Se&ntilde;ora de Luj&aacute;n en la ciudad bonaerense hom&oacute;nima. Las obras estuvieron a cargo del arquitecto franc&eacute;s Uld&eacute;ric Courtois. La bas&iacute;lica de la patrona de la Argentina fue inaugurada y bendecida en 1910.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1915 </strong>&ndash; Nace Orson Wells: En la ciudad de Kenosha (Wisconsin, EEUU) el actor, guionista, locutor de radio y cineasta Orson Welles, considerado uno de los artistas m&aacute;s vers&aacute;tiles del siglo xx en el campo del teatro, la radio y el cine. Gan&oacute; fama por su labor en la obra radiof&oacute;nica &ldquo;La guerra de los mundos&rdquo; y el filme &ldquo;Ciudadano Kane&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1945</strong> &ndash; Nace Bob Seguer: En la ciudad de Lincoln Park (Michigan, EEUU) el cantante, compositor y guitarrista estadounidense Bob Seger, considerado un referente del rock que retrata la vida de los trabajadores norteamericanos. Vendi&oacute; m&aacute;s de 75 millones de discos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1985</strong> - Se estrena en Buenos Aires la pel&iacute;cula &ldquo;Esperando la Carroza&rdquo;, uno de los cl&aacute;sicos del cine argentino de humor costumbrista, dirigida por Alejandro Doria y protagonizada por Antonio Gasalla, China Zorrilla, Luis Brandoni y Betiana Blum. De tono sat&iacute;rico, el filme fue adaptado en Brasil, Espa&ntilde;a y Portugal.
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        <strong>1994</strong> -Se inaugura el Eurot&uacute;nel, que una a Francia con el Reino Unido a trav&eacute;s del Canal de la Mancha. Tiene una longitud de 50,5 kil&oacute;metros, 39 en trayecto submarino a una profundidad de 40 metros. Permite el tr&aacute;nsito de personas y mercader&iacute;as entre la ciudad francesa de Calais y la brit&aacute;nica de Folkestone.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2004</strong> - Al cabo de diez temporadas, se emite en Estados Unidos el &uacute;ltimo episodio de la serie televisiva Friends, una de las m&aacute;s celebradas del g&eacute;nero de comedia de situaci&oacute;n. La serie concluy&oacute; con &ldquo;El &uacute;ltimo&rdquo;, cap&iacute;tulo doble que fue visto por m&aacute;s de 50 millones de espectadores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2005 </strong>- La banda de rock Audioslave se convierte en la primera de Estados Unidos en ofrecer un recital en Cuba. Unos 70.000 espectadores asistieron a su concierto gratuito en La Habana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2015</strong> - Se multiplican en las redes sociales los memes con fotos del defensor del Bayern Munich alem&aacute;n J&eacute;rome Boateng cuando cae de espaldas en un fallido intento por evitar que Lionel Messi anote el segundo gol del Barcelona espa&ntilde;ol, que gan&oacute; 3-0 en semifinales de la Liga de Campeones de Europa. Con Boateng en el piso, &ldquo;La pulga&rdquo; marc&oacute; el gol al &ldquo;pinchar&rdquo; la pelota por encima del arquero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2021</strong> - A los 95 a&ntilde;os de edad muere en Buenos Aires la locutora, cantante y actriz Nelly Prince (Nelly Isabel Couto), una de las grandes artistas de la escena nacional. Actu&oacute; en 15 pel&iacute;culas y es recordada por su personaje de &ldquo;Payaso Rabanito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2021</strong> - A la edad de 86 a&ntilde;os muere en Buenos Aires el exfutbolista y exentrenador Carlos Timoteo Griguol, uno de los directores t&eacute;cnicos m&aacute;s respetados del f&uacute;tbol argentino, que le puso el apodo de &ldquo;El maestro&rdquo; por su dedicaci&oacute;n en la formaci&oacute;n de jugadores y equipos. Fue campe&oacute;n con Rosario Central (1973) y con FerroCarril Oeste (1982 y 1984), entre otros logros.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>2022 </strong>- Se celebra el D&iacute;a Internacional Sin Dietas para reivindicar la aceptaci&oacute;n del cuerpo humano en su diversidad de formas. Tambi&eacute;n para alertar sobre los reg&iacute;menes diet&eacute;ticos exagerados que ponen en riesgo la salud y para prevenir la anorexia y otros des&oacute;rdenes alimentarios.
    </p><p class="article-text">
        LG con informaci&oacute;n de T&eacute;lam.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/paso-6-mayo-argentina-mundo_1_8971861.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 May 2022 12:37:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué pasó el 6 de mayo en Argentina y en el mundo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Efemérides,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No me vas a gustar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-vas-gustar_129_8947506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3de5d666-ec9b-49e4-8448-08473ebe2b1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No me vas a gustar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escuchamos cada vez más a personas desencantadas que eliminan las aplicaciones de cita y después las vuelven a descargar. Al principio se creía que sus ventajas serían ahorrar un paso en la búsqueda de una pareja: ya nos gustaba. Pero, ¿por qué puede fallar?</p></div><p class="article-text">
        En cierta ocasi&oacute;n alguien dec&iacute;a que una de las ventajas de las aplicaciones de citas es que nos ahorran un paso: cuando acordamos para vernos con alguien, ya sabemos que &ndash;de alguna forma&ndash; nos gustamos; si no fuese as&iacute;, no habr&iacute;amos comenzado a chatear ni acordado un encuentro.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este paso &ldquo;ganado&rdquo; puede representar un gran problema; mejor dicho, lo que nos ahorra puede tener un costo y es el de un prejuicio: &iquest;por qu&eacute; suponemos que el deseo se relaciona con lo que nos gusta? A veces ocurre lo contrario. En efecto, cuando aparecieron las aplicaciones de citas varios art&iacute;culos anticipaban que vendr&iacute;a una ola de promiscuidad y sexo desenfrenado. De un tiempo a esta parte, escuchamos a m&aacute;s personas desencantadas que eliminan la aplicaci&oacute;n, la vuelven a descargar&hellip; hasta que se fastidian y la vuelven eliminar. Luego la vuelven a descargar. Y as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No ocurre a veces que el deseo se reconoce por su resistencia? A veces, por ejemplo, digo que no quiero algo; pero puede ser que en este caso mi forma de quererlo sea a trav&eacute;s de la negaci&oacute;n, que lo quiera no queri&eacute;ndolo &ndash;algo muy distinto a sin quererlo&ndash; o como dec&iacute;a el entra&ntilde;able personaje de Roberto G&oacute;mez Bola&ntilde;o: &ldquo;Sin querer queriendo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La misma idea se puede aplicar al gusto. Es cierto, yo quisiera desear lo que me gusta, pero si mi deseo se organizara de una forma tan lineal no podr&iacute;a explicar por qu&eacute; deseo cosas que, en un primer momento, no me gustaban (un ejemplo simple: el primer vaso de vino que tom&eacute; en mi vida me result&oacute; asqueroso) de la misma manera que cosas que me gustan me resultan cansadoras y/o aburridas con apenas un poco de tiempo o con su repetici&oacute;n m&aacute;s o menos cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a la <strong>aplicaci&oacute;n de citas</strong>. Lo que me evita, no es una ventaja; sino que puede ser lo que principalmente ahuyente mi capacidad de desear. Pienso que para ciertas personas un encuentro puede estar devaluado de antemano si ya saben que le gustan al otro. Tambi&eacute;n es posible que haya quienes necesiten buscar defectos para compensar la exposici&oacute;n a que la aplicaci&oacute;n los someti&oacute; cuando tuvieron que declarar su gusto.
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        En &uacute;ltima instancia, creo que podemos estar de acuerdo en que la seducci&oacute;n perdi&oacute; su car&aacute;cter impl&iacute;cito y en que, desde que nos gustamos, tenemos mayores dificultades para que el deseo sea una orientaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ahora quisiera recordar lo m&aacute;s simple del descubrimiento de Freud: que la fuente de la vida sexual es un dis-gusto, que no hay modo arm&oacute;nico de llegar a una satisfacci&oacute;n y que todo lo displacentero se puede convertir en fuente de placer. Ah&iacute; donde hay un displacer que se abraza placenteramente, se trata de una satisfacci&oacute;n sexual. Por ejemplo, a ning&uacute;n fumador le gust&oacute; el primer cigarrillo que pit&oacute; y por eso es tan dif&iacute;cil dejar esos h&aacute;bitos: no porque sean costumbres, sino porque son satisfacciones, pero no de cualquier tipo, sino sexuales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo ocurre con las personas, que pueden ser fuente de displacer como cualquier sustancia t&oacute;xica. Por eso no me parece inadecuado hablar de <strong>personas t&oacute;xicas</strong> o<strong> v&iacute;nculos adictivos</strong>; ese es el descubrimiento de Freud, no es algo nuevo, pero habr&iacute;a que agregar que es una satisfacci&oacute;n sexual lo que nos une en esos casos y que no por pensar y repetir &ldquo;no me conviene&rdquo; va a poder cambiar. El displacer es la fuente del erotismo. Si alguien deja de comer carne por un a&ntilde;o y vuelve a hacerlo, sentir&aacute; asco. Pero es que justamente fue el asco lo que gener&oacute; el placer de comer un animal muerto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es el descubrimiento de Freud: no hay un deseo que se satisfizo traum&aacute;ticamente (esto diferencia al psicoan&aacute;lisis del <em>new age</em> actual de las vibraciones y lo que cada uno atrae), sino que el trauma fue la causa del deseo (y esto acerca m&aacute;s el psicoan&aacute;lisis a la &uacute;ltima novela de Mariana Enr&iacute;quez). Y es tan insoportable que el trauma y el displacer sean la causa del deseo y el placer, que es preciso inventar ficciones para velar ese origen oscuro del deseo: la versi&oacute;n de un Otro malo que traum&oacute; (histeria: es la sociedad, es la cultura, &iexcl;hay que deconstruirla!, etc.), la culpa en uno por haber hecho algo que podr&iacute;a no haber sido (obsesi&oacute;n: tengo que ponerme la pilas y elegir mejor la pr&oacute;xima), pero si somos freudianos, la pregunta es otra: &iquest;por qu&eacute; sufrimos por deseo?
    </p><p class="article-text">
        Voy a exponer esta misma idea desde otro punto de vista: para Freud la ra&iacute;z del erotismo es un deseo oscuro, incestuoso, ed&iacute;pico, que se excita agresivamente, que no busca un complemento sino la muerte. Mientras que para la filosof&iacute;a la causa del deseo fue la belleza, el descubrimiento freudiano es anti-filos&oacute;fico: la causa autoer&oacute;tica del deseo es lo que produce rechazo, a veces espanto y odio. Todav&iacute;a es inasimilable este descubrimiento y las teor&iacute;as psicoanal&iacute;ticas son a veces un modo de reprimirlo. A veces se cree que se puede superar a Freud, pero s&oacute;lo se lo puede reprimir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Anoche me acordaba de un amigo que me contaba c&oacute;mo despu&eacute;s de hacer el amor con una mujer, en cierta ocasi&oacute;n, se le vino a la cabeza una frase de una canci&oacute;n (en este contexto no importa cu&aacute;l) con una fuerza casi alucinatoria, al punto de que se asust&oacute; un poco y tuvo que levantarse de la cama. &iquest;Qu&eacute; nombraba esa frase sino el modo en que, despu&eacute;s de la peque&ntilde;a muerte, de la destituci&oacute;n subjetiva que implica el orgasmo, la pulsi&oacute;n volvi&oacute; a demostrar su car&aacute;cter parcial con la forma agresiva de un objeto-voz?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa voz que, hasta hace un momento, hab&iacute;a estado incluida en una escena amorosa (de susurros y gemidos), se sali&oacute; de cuadro y retorn&oacute; con la furia de esas palabras que, si bien no lo injuriaron, s&iacute; le recorrieron la espalda con un dolor helado. Ese modo en que la parcialidad se reinstala incluso en el punto culminante del sexo, en el m&aacute;ximo abandono de uno mismo, es el descubrimiento de Freud; por eso siempre es importante prestar atenci&oacute;n a qu&eacute; se hace despu&eacute;s de ese acto: est&aacute;n los que fuman, los que corren a la heladera, quienes estiran la mano, pero no para abrazar sino para agarrar el control de la tele, los que se duermen como beb&eacute;s reci&eacute;n alimentados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese objeto que ya no est&aacute; en el cuerpo del otro, como si se lo arrancara, cobra el valor de una mutilaci&oacute;n. En el erotismo se hiere el cuerpo extra&ntilde;o para encontrar lo m&aacute;s &iacute;ntimo. Podemos teorizar mil cosas en psicoan&aacute;lisis, pero este <em>factum</em> desborda cualquier concepto.
    </p><p class="article-text">
        Regresemos al gusto y las aplicaciones de citas. Pensaba en este &uacute;ltimo tiempo que, si para algunas personas su uso se volvi&oacute; decepcionante, quiz&aacute; pueda deberse a que la chance de una escena propiamente er&oacute;tica podr&iacute;a quedar cancelada porque su condici&oacute;n est&aacute; demasiado prendada de un placer que no admite matiz, que no juega con la resistencia, que se conforma con el miedo al abandono y la resignaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me resulta interesante escuchar en estos d&iacute;as a personas que se conocieron a trav&eacute;s de estas aplicaciones, pero que de alguna forma entendieron que tienen que romper con su l&oacute;gica y que es preciso encontrarles otro uso; que su promesa de encuentro er&oacute;tico tiende a diferirse y naufragar, que el placer no es la v&iacute;a que lleva al deseo, sino aquello que nos incomoda, nos molesta sin saber muy bien por qu&eacute; o directamente, en un primer momento, no nos gusta. El desaf&iacute;o est&aacute; en confiar en algo m&aacute;s que el yo para decidir y tener una experiencia que, si es er&oacute;tica, va a conmover cualquier tranquilidad. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-vas-gustar_129_8947506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2022 10:44:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No me vas a gustar]]></media:title>
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