Entrevista

Martín Kohan y un adiós al teléfono: “La tendencia tecnológica actual es a que nada nos ocurra de repente o sin riesgo”

Martín Kohan acaba de lanzar su libro "¿Hola? Un réquiem para el teléfono"

Para algunos se parece a una pieza de museo. Para otros, se aproxima a una época: a ciertas esperas, a ciertas ansiedades, a ciertos vínculos, a cierta fascinación. El teléfono de línea todavía existe aunque se use cada vez menos y, al mismo tiempo, pareciera recordarnos que está por irse en cualquier momento. Una permanencia cada vez más muda que todavía reposa en el living, en el escritorio, en el lugar de trabajo, en el rincón de un bar. Una insistencia que se desvanece. En ese péndulo entre lo que persiste y las escenas que se van disolviendo por el desuso indaga el escritor argentino Martín Kohan en su libro ¿Hola? Un réquiem para el teléfono (Ediciones Godot, 2022). 

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Presentada en 87 fragmentos, la publicación cruza lecturas agudas y novedosas del autor –en especial de la obra de Walter Benjamin, pero también de textos de Jorge Luis Borges, Manuel Puig, Silvina Bullrich, Dorothy Parker y Sergio Bizzio, entre muchos otros–, con situaciones telefónicas rescatadas en películas, en la televisión (de las bromas de Tangalanga a los insultos que recibía el conductor Miguel Ángel de Renzis), en canciones (de Raffaella Carrà a Chayanne y Charly García) y en la literatura. Una forma lúcida de recuperar conversaciones, sin nostalgia, sin duelo. Un movimiento que se dispara desde un ¿hola?, desde la pregunta. Un réquiem en curso, una despedida en la que la palabra todavía circula con toda su potencia: mientras alguien llame, algo seguirá resonando en el oído, a uno y a otro lado de la línea.

¿Cómo despedir, entonces, a un objeto que todavía existe aunque de forma fantasmagórica? Kohan asegura que fue justamente por esa condición espectral y “lejos de un gesto de nostalgia absoluta” que encaró este réquiem. Así lo cuenta durante su visita a la redacción de elDiarioAR: “No fue exactamente el gesto de añorar lo que se perdió, sino de despedirse de lo que se está perdiendo. Esa gradación, esa modulación fue tomada, como tantas cosas en el libro y tantas cosas fuera del libro, de algunas consideraciones muy propias de la escritura de (Walter) Benjamin”.

El teléfono de línea, entonces, se plantea para el escritor en ese entre: “En algunos textos Benjamin se refiere a lo que está ‘en trance de desaparecer’, ‘en crisis’ o ‘disolviéndose’ o ‘perdiéndose’. No repara en lo perdido sino en lo que está perdiéndose: esa forma de la despedida y esa modulación de un tipo de melancolía que no es tan drástica. Es sobre algo cuyas huellas todavía podemos ver, cuyas marcas todavía podemos tener incorporadas y, al mismo tiempo, son prácticas y formas que se están yendo de nosotros”. 

De Borges a Chayanne

Una de las características del libro de Kohan es que selecciona materiales de análisis muy heterogéneos. Hay, entre escenas televisivas del programa de Susana Giménez o de Tato Bores, fragmentos dedicados a Emma Sunz, de Borges. Un cuento ahora leído en clave telefónica.

Emma Zunz es el cuento de Borges que seguramente más veces leí. Probablemente el que más me gusta y el que trato de incluir en cualquier curso que dé. Empezando a pensar el libro dije ‘claro, en Emma Zunz el héroe del desenlace es el teléfono’. El teléfono decide el desenlace, hacia dónde va a parar la peripecia. Una de las características que tiene ese cuento es que Emma Zunz hace un plan, el plan en parte funciona y en parte se desvía. Y una parte del desvío tiene que ver con la función que cumple el teléfono”, señala.

Sobre cómo fue tramando textos tan diversos, agrega: “Fue tratar de detectar cuándo el teléfono cumplía una función determinada o de qué manera la aparición del teléfono en una canción, en un videoclip, en una película, en la literatura o en la cultura de masas revelaba algo sobre las características del teléfono y de eso que se pierde que me permitía pensarlo desde ahí. Ahí apareció enseguida, y me entusiasmó muchísimo, esta habilitación a trabajar con semejante diversidad de materiales porque una semana estaba con Emma Zunz y a la siguiente con Tangalanga”.

Además de escenas o conversaciones telefónicas, el libro también repara en los equívocos, en eso que puede abrirse cuando alguien toma un aparato telefónico y marca un número sin saber qué se puede encontrar del otro lado. Está el teléfono y está también el teléfono descompuesto. 

“La idea de Paul Virilio es buenísima: cuando se inventa el tren se inventa el descarrilamiento. Hay una serie de experiencias o contingencias propias del teléfono que se extinguieron. El llamado equivocado hoy es raro porque es más raro discar incluso porque está todo programado. También aparece una nueva accidentalidad: como en un videoclip de Chayanne, hay un imaginario con el celular, si alguien no atiende pensamos ‘¿le pasó algo?’ Antes, si alguien no atendía era que no estaba en la casa”, describe el autor. 

Con el desuso de las líneas fijas de teléfono se perdieron también otras prácticas sociales, como el uso de las guías telefónicas (“yo buscaba a los jugadores de Boca en la guía”, confiesa Kohan, que gran parte de su infancia no tuvo teléfono hogareño) mientras que también se dejaron de lado de manera casi definitiva los teléfonos públicos y los locutorios.

Llamar para no hablar

En ¿Hola? Un réquiem para el teléfono donde se analizan los cambios y algunas “pérdidas graduales” en la comunicación que trajo la proliferación del uso de los celulares, definidos en el texto como “verdugos” de los teléfonos de línea. “No deja de llamar la atención que a esto que llevamos todo el tiempo encima y que usamos como grabadora, como reloj, como computadora, como linterna, como máquina de fotos, como máquina filmadora, hasta como telégrafo le sigamos llamando teléfono”, apunta el escritor. 

Una de las diferencias más notables, para Kohan, es un tipo de comunicación a través de los celulares que apela más al silencio que a la palabra de los demás: “En el WhatsApp vos le hablás a otro que no está ahí, no está conectado en ese momento. Hay una diferencia entre hablarle a otro y hablar con otro. De hecho, a veces me pregunto si el modo vertiginosamente rápido en que se impuso WhatsApp como modalidad no tiene que ver con una época que prefiere que el otro esté callado”.

El teléfono fijo, en cambio, promueve o promovía un diálogo “con otro que estaba y al mismo tiempo no estaba”, un tipo muy puntual de conversación: “Había algo que existía en la modalidad de la escritura, con las cartas, el epistolario: si el otro no está o está lejos, le escribís. Pero si está ahí, le hablás, porque la oralidad hacía a la presencia, la oralidad hacía a la inmediatez, la oralidad hacía al cuerpo a cuerpo. Esa disyuntiva el teléfono la transforma. Porque mantiene la comunicación con el que no está ahí. Mantiene la premisa o la condición de la distancia con aquel con el que te estás comunicando, pero lo combina con una forma de la cercanía y con una forma de la presencia relativa: el otro sigue estando lejos y en cierto modo está también cerca porque la voz está cerca y está más cerca incluso que en presencia”.

Me pregunto si el modo en que se impuso WhatsApp no tiene que ver con una época que prefiere que el otro esté callado

“El teléfono mantiene las premisas y las características de la voz, incluso más de cerca, y las combina con la ausencia del cuerpo y con la lejanía. Conversar en esas condiciones era distinto a todo lo que había existido y a todo lo que existió después, incluso aquello eventualmente más sofisticado. Esa posibilidad de combinar cercanía y lejanía, presencia y ausencia, daba o da un tipo de confianza, una atmósfera, cierta modulación distinta de la intimidad. Porque hablabas con una persona pero a solas. Cada uno estaba a solas y estabas con el otro en la conexión telefónica”, agrega. 

Una de las caracterizaciones que hace Kohan en su texto tiene que ver con el teléfono como un objeto que, a diferencia de las líneas individuales de celular, “se instala en las casas burguesas”: “De pronto algo del afuera podía sonar adentro y aparecer adentro. Por necesidad eso altera la distribución y el imaginario de espacios y de experiencias”. A la vez, cuando sonaba una línea fija hogareña, se desconocía quién era el destinatario del llamado“.

“Cuando las tecnologías habilitan también la posibilidad de saber quién te está llamando hay un elemento de sorpresa que en principio desaparece. La tendencia tecnológica actual es a que nada nos ocurra de repente, que nada ocurra sin preaviso, sin riesgo o sin sorpresa. Lo cual también es un dato de este languidecimiento del lugar social del teléfono porque en la vida todos hemos tenido sorpresas ingratas que habríamos preferido no tener. Pero en principio también tenemos sorpresas muy felices que disfrutamos por su carácter de sorpresa. Entonces aparece un estado de prevención, de anticipación, de alerta generalizado donde todo parece haberse llenado de prescripciones, de instructivos, de protocolos para que nunca pase nada que no sepamos de antemano que va a pasar. Esto no me parece una buena señal como signo de los tiempos y las transformaciones del teléfono tienen que ver también con eso”, concluye.

La conversación completa con Martín Kohan en la redacción de elDiarioAR se puede ver por aquí.

AL

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