Sobre este blog

Un trabajo extraordinario: historias e ideas sobre maternidad y paternidad en Argentina es una exploración de lo que nos une y de lo que nos separa a los padres y madres que hoy, en un territorio tan vasto y desigual como el nuestro, contribuimos a la tarea titánica de criar a una persona. Un mapa de temas y problemas, un retrato de un estado de situación, un testimonio de las muchas formas en las que las personas atraviesan y se organizan para atender al desarrollo humano de los niños y las niñas.

Invitamos a los lectores y las lectoras a suscribirse a este newsletter y sumarse a esta exploración de los dilemas, las alegrías y las dificultades que convergen en el trabajo extraordinario que supone cuidar y criar hoy en Argentina.

Por Natalí Schejtman

Colectivero, papá y dos veces viudo: “Desde el hospital, mi esposa me enseñó a usar el lavarropas”

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Por Natalí Schejtman

Hay una anécdota que a mi papá le gusta mucho contar, o mejor, que yo cuente. Yo ya tenía veintipico de años, trabajaba y vivía sola, y me había ido de viaje a Bolivia con una amiga por un mes. Nos habían recomendado que visitáramos Coroico, un valle de vegetación exuberante y temperaturas amables cerca de la fría La Paz, que provee a la capital de frutas y verduras. Había un problema: el camino que llegaba a Coroico se conocía popularmente como “La ruta de la muerte”, el rumor entre los argentinos que habían ido era que se caía un micro por semana por un camino de cornisa estrechísimo y a mi me daba mucho miedo ese viaje. Decidí entonces llamar a mi padre por teléfono antes de salir, ya con los pasajes, probablemente buscando su visto bueno o malo. Cuando le expliqué dónde estaba por ir me largué a llorar, diciéndole que el viaje era extremadamente peligroso, que se caía un micro por semana y todo el resto de las cosas. Mi papá me preguntó si mi amiga Mariana tenía tanto miedo como yo. Le dije que no. Entonces me dijo que si ella no tenía miedo y quería ir, yo tenía que ir también.

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Historias e ideas sobre maternidad y paternidad en Argentina, por Natali Schejtman.

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Mi papá no sabía qué era Coroico, pero quiso darme seguridad y que no me pierda algo por temor. Supongo que cuando tenés hijos grandes, la crianza se reduce a calibrar el exacto miedo que les transmitís a ellos sobre las cosas. Y en este caso le salió bien porque mi minibus llegó a destino y la pasamos muy bien ahí. (Aunque más tarde supo que, en efecto, era una ruta mundialmente conocida por su peligro y confesó que de haberlo sabido no me habría alentado a ir).