Sobre este blog

Intentará ser un correo al que los suscriptores le den Play. Una vez cada dos semanas llegará a la bandeja de entrada algo que a Julieta Roffo, su autora, le entró por un oído y, en vez de salirle por el otro, le salió por un texto. Habrá música pero también habrá ruidos, canciones y sonidos de los que sabemos todos y, ojalá, de los que sorprendan a los lectores. A lo mejor resulta bien.

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Pequeñas delicias de la vida comunal

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Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar la pista de batería de Gimme shelter. Te quiero mucho, Charlie Watts.

El llamador de ángeles hecho con cañas de bambú y muy probablemente comprado en el Mercado de Frutos. Esa colisión de maderitas que los primeros diez segundos es amena y después parece que vino a sarparle el silencio a la madrugada. El sacudón metálico de cuando el viento le apunta a las persianas que traen los edificios que tienen laundry y también tienen paredes finitas. Las patitas del cachorro que adoptaron los vecinos de arriba yendo de la cama al living. Primero los frenos y después las puertas neumáticas del 107, el 140 y el 71.

La señora que les dice “hola, chicas” todas las mañanas a las plantas que cuida en su balcón. El coro de tenders metálicos desplegándose cuando sale el sol después de varios días de lluvia o humedad. El derrumbe estrepitoso de baldes, bicicletas y changuitos de hacer las compras que traen las tormentas cada vez más tropicales. La tos que vaticina una radiografía jodida del vecino que sale una vez por hora a fumarse un puchito. El chispero de su encendedor justo después del escupitajo que baja nueve pisos en caída libre.