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Intentará ser un correo al que los suscriptores le den Play. Una vez cada dos semanas llegará a la bandeja de entrada algo que a Julieta Roffo, su autora, le entró por un oído y, en vez de salirle por el otro, le salió por un texto. Habrá música pero también habrá ruidos, canciones y sonidos de los que sabemos todos y, ojalá, de los que sorprendan a los lectores. A lo mejor resulta bien.

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Los gritos que torcieron la historia

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Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar Pictures of you, de The Cure, que tiene una de las introducciones más lindas del mundo.

Llevo diez días escuchando gritos. Empezó hace dos fines de semana. Yo estaba en el sillón de mi casa y Phoebe, Ross, Chandler, Monica, Rachel y Joey estaban sentados alrededor de una mesa, con un par de hojas impresas cada uno, reproduciendo los mismos diálogos que habían tenido unos veinte años antes, en la época que esperábamos los martes a la tarde para ver cómo avanzaba la trama de Friends.

Advertencia: este párrafo spoilea, pero la serie terminó hace 17 años así que es un spoileo indefenso (?) Resulta que en medio de toda esa conversación sonriente y previamente acordada y de esa producción opulenta -todo el show business al asador-, un dato me heló la sangre: el romance entre Monica y Chandler era una joda y quedó. Esa escena en Londres en la que Ross entra excitado a la habitación de su amigo a gritar que en un rato se casa y en la que Monica sale desnuda de debajo de las sábanas era el primero de algunos partidos amistosos y no mucho más.