Sobre este blog

Una liana es una cuerda repentina que aparece ante nuestros ojos en medio de la adversidad y que, como Tarzán entre los árboles, agarramos para movernos de un lugar a otro, para sortear obstáculos, para sentir la seguridad de algo firme que raspa las manos y a la vez sirve de apoyo. En este espacio mi intención es rescatar algunas lianas del universo cultural y del mundo del entretenimiento –dos avenidas anchísimas–, algunas cosas para aferrarnos fuerte en medio de nuestras selvas personales.

Que florezcan, entonces, mil.

Autora: Agustina Larrea

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Un fantasma entre cuadernos, réquiem para Ricardo Fort

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Una liana es una cuerda repentina que aparece ante nuestros ojos en medio de la adversidad y que, como Tarzán entre los árboles, agarramos para movernos de un lugar a otro, para sortear obstáculos, para sentir la seguridad de algo firme que raspa las manos y a la vez sirve de apoyo. En este espacio mi intención es rescatar algunas lianas del universo cultural y del mundo del entretenimiento –dos avenidas anchísimas–, algunas cosas para aferrarnos fuerte en medio de nuestras selvas personales.

Que florezcan, entonces, mil.

Autora: Agustina Larrea

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Quiero entrar en tus cosas/revisar/abrir cada cuaderno/y dejarlo en su lugar. (Quiero estar entre tus cosas, Daniel Melero).

Uno. Me sorprendió justo, en ese momento en que el olor de la tarde se siente un poco más burocrático que de costumbre. Un peso leve, pero que se hace notar entre la coreografía de comer, (intentar) dormir, trabajar, comer, (intentar) dormir, y así. Todo el día en ese loop. De pronto, mientras miraba la serie que cuenta la vida de Ricardo Fort para una nota que tenía que escribir (abajo les cuento más, si se quedan), me sacudió un sonido. Venía de ver varias escenas de autos, de viajes, de un tipo de lujo un poco atrofiado en la pantalla, hasta que aparece uno de los hijos de Fort. Una intimidad posible, en medio de tantas multitudes, de tanto ruido y tanta exhibición: revisando perchas con ropa de su padre muerto, el chico encuentra su saco de piel blanco y emblemático. Entonces suena Quiero estar entre tus cosas, de Daniel Melero y todo ese mundo estruendoso se tiñe de una emoción inusual. (Parece que apenas un ratito después, en varios lugares de Buenos Aires se pudo ver un arcoíris doble; desde donde estaba me lo perdí, pero para ese entonces ya había tenido mi cuota de sorpresa de la jornada).