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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cuchá Cuchá]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/cucha-cucha/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Cuchá Cuchá]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[The last dance]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/the-last-dance_132_8978654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5e117ea-98df-4573-b0f8-d5f06b15b46b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="The last dance"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2017, Pedro Mairal publicó un libro que se llama Maniobras de evasión. No lo leí pero el nombre, que me parece buenísimo desde que lo escuché por primera vez, se me volvió a venir a la cabeza por estos días en los que pensaba en este envío del Cuchá Cuchá.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Voy a romper una regla. No calcul&eacute; cu&aacute;nto tiempo te va a llevar leer este correo pero se escucha con&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=8a7e31ab26&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Sirius</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, de The Alan Parsons Project, la banda sonora de la serie&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>The Last Dance</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>. De bailar por &uacute;ltima vez se trata esto.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        No, no es que hayas amanecido con disforia de calendario. Hoy efectivamente es lunes, no mi&eacute;rcoles, que es el d&iacute;a establecido para la llegada quincenal de este newsletter. Cuando estudi&eacute; periodismo, hace quince a&ntilde;os y algunas convergencias digitales, la noticia iba indefectiblemente en el primer p&aacute;rrafo. Ahora te hacen esperar al quinto para hacerte saber que no tienen el dato que te prometieron en el t&iacute;tulo. A Google, hasta que cambie las reglas con las que gobierna, le gusta eso. A m&iacute;, por tradicional y por ansiosa, no tanto. Antes de que termine el primer p&aacute;rrafo te cuento la noticia: este es el &uacute;ltimo env&iacute;o del&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>. Es por un cambio laboral que me tiene contenta y nerviosa. Gana contenta.
    </p><p class="article-text">
        Decir adi&oacute;s ac&aacute;, por m&aacute;s que Cerati haya dicho que es crecer, es tan dif&iacute;cil que lo dej&eacute; como &uacute;ltima tarea de las que cierran este ciclo. Como se deja para el final el bocado de la milanesa que se supone m&aacute;s delicioso y como se deja para el final lo que sabemos que va a costarnos m&aacute;s porque ah&iacute; est&aacute; puesto el coraz&oacute;n. &iquest;Viste cuando te desped&iacute;s de gente a la que quer&eacute;s mucho y dej&aacute;s el abrazo que te va a quebrar para el final? Bueno, as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Una madrugada de noviembre de 2020 me despert&eacute; agitada y transpirada. Llor&eacute; y no volv&iacute; a dormirme. Me hab&iacute;a so&ntilde;ado en un recorrido por salas de terapia intensiva. En el sue&ntilde;o, caminaba entre camillas de gente intubada, en coma, acostada del derecho y del rev&eacute;s. Gente que se estaba salvando o se estaba muriendo, todav&iacute;a no se sab&iacute;a. Antes de salir de cada una de las salas, un enfermero o un m&eacute;dico me daba una lista con los nombres de las mujeres y los varones que se les hab&iacute;an muerto ah&iacute; en los &uacute;ltimos meses. La &uacute;nica vez que alguien me hablaba en ese sue&ntilde;o era al final de cada sala recorrida. Un m&eacute;dico o un enfermero me entregaba el papel y me dec&iacute;a, siempre, esto: &ldquo;Contalos&rdquo;. La sesi&oacute;n de terapia que sigui&oacute; al sue&ntilde;o la empec&eacute; as&iacute;: &ldquo;Hace ocho meses que cuento muertos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estaba enojada y angustiada. &ldquo;No soy m&eacute;dica, no soy enfermera, nadie que quiero se muri&oacute; de esta mierda. Ya s&eacute; todo eso. Pero todos los d&iacute;as cuento muertos y dice mi psiquis que no es gratis&rdquo;, dije en terapia, y fue una de todas las veces que habl&eacute; ah&iacute; de la carga mental y emocional de trabajar de contar la pandemia. De escribir las notas que despu&eacute;s se convierten en informes radiales o televisivos -as&iacute; funciona la cadena alimentaria del periodismo- que mis amigos y amigas no periodistas evitaban porque hubo un momento en el que la restricci&oacute;n de la informaci&oacute;n, incluso la negaci&oacute;n, fue parte del botiqu&iacute;n de primeros auxilios.
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>&nbsp;fue mi maniobra de evasi&oacute;n. No lo supe ni cuando lo propuse para integrar el equipo -equipazo- de newsletters que ofrece&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;ni apenas empec&eacute; a hacerlo, pero lo fui sabiendo con el correr de las semanas y de los env&iacute;os. Lo supe cada vez que blind&eacute; un martes por quincena para dedicarlo a un texto que quedara a mil pueblos de los muertos que contaba y que so&ntilde;aba, como si 3.000 &oacute; 5.000 &oacute; 10.000 caracteres fueran los ladrillos que construyen una guarida. Un texto que me acolchonara el oficio y, porque es dif&iacute;cil de separar, tambi&eacute;n la existencia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Con el correr de los env&iacute;os, ese salvavida que me tiraba a m&iacute; misma se me fue volviendo cada vez m&aacute;s visible. Empec&eacute; a prestarle mucha atenci&oacute;n a cuidar la guarida. Le invent&eacute; una pol&iacute;tica de admisi&oacute;n que no escrib&iacute; en ning&uacute;n lado pero que fue cada vez m&aacute;s clara. Ac&aacute;, en los martes de blindaje que preparan los mi&eacute;rcoles de encuentro con vos, que ahora mismo me est&aacute;s leyendo, no entraron ni la pandemia, ni las violaciones grupales, ni la pobreza que condena a uno de cada dos nenes y nenas de los que nacen en este pa&iacute;s, ni los malabares que hay que hacer para ser inquilino y salir vivo de esa experiencia, ni Putin, ni Zelenski, ni que San Lorenzo est&aacute; en la lona.
    </p><p class="article-text">
        No la escrib&iacute; en ning&uacute;n lado, pero la l&iacute;nea editorial de este newsletter se construy&oacute; a puro ego&iacute;smo: &ldquo;Julieta, inventate una balsa&rdquo;. Pas&oacute; algo hermoso: el&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>&nbsp;fue, seg&uacute;n me contaron algunos de ustedes que se tomaron el trabajo de escribirme un correo o mandarme un mensaje por Twitter o Instagram, tambi&eacute;n un lugar acolchonado y c&aacute;lido para algunos de sus lectores y lectoras. Que eso haya pasado es una alegr&iacute;a enorme y novedosa. Cuando escrib&iacute;s una nota y alguien se toma el trabajo de responderte ten&eacute;s entre el 90% y el 98% de probabilidades de que sea para putearte. A vos y a tu vieja, de paso. Cuando hac&eacute;s un newsletter, la calidez que siempre vuelve engrosa los ladrillos de la guarida.
    </p><p class="article-text">
        Este fue el primer -y &uacute;nico- newsletter que hice. Fue m&aacute;s dif&iacute;cil de lo que pensaba y creo que es porque con el correr de las semanas ten&eacute;s cada vez m&aacute;s ganas de cuidarlo, de que crezca fuerte y lindo. Como si fuera la planta m&aacute;s linda de tu balc&oacute;n, de la que esper&aacute;s hacer hijitos para que cada uno de tus amigos tenga un pedacito de algo que vos hiciste en su casa.
    </p><p class="article-text">
        Cuando escrib&iacute;s de-lo-que-se-te-ocurre y no de-lo-que-est&aacute;-pasando las reuniones para decidir sobre qu&eacute; ser&aacute; la pr&oacute;xima entrega son un mon&oacute;logo interior en el que te pon&eacute;s cada vez m&aacute;s exigente. Quer&eacute;s que no se parezca a los &uacute;ltimos env&iacute;os, quer&eacute;s que sorprenda, quer&eacute;s que no tenga nada que ver con lo que hayas le&iacute;do &uacute;ltimamente. Quer&eacute;s que sea sobre el tema que m&aacute;s te importa en el mundo, aunque sea por un ratito, porque de los temas que m&aacute;s te importan en el mundo salen los textos de los que te segu&iacute;s acordando muchos a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Con los textos tambi&eacute;n te pon&eacute;s cada vez m&aacute;s exigente. Ninguna otra cosa me hizo borrar tantos p&aacute;rrafos como el&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>. P&aacute;rrafos buen&iacute;simos, te juro, pero que se iban por las ramas o que eran para demasiados pocos. Nunca estuve tan pendiente de inventar y sostener un tono, de que me reconocieras por escrito. La ventaja de escribir notas de 3.000 &oacute; 5.000 caracteres que sirven primero para contar algo y despu&eacute;s para envolver huevos o para que no se acumule jugo de basura en el fondo del tacho es que el narrador empieza y termina ah&iacute;, en ese ratito. Ac&aacute; hay ponerse a teclear y que salga la voz que a vos te hace decir, si las cosas van bien, &ldquo;tu newsletter me suena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hacer todo eso, que espero que te haya gustado, fue exigente y espectacular. Sobre todo espectacular. No s&eacute; cu&aacute;les son tus planes para el futuro, pero te recomiendo tener un newsletter. Quererlo y cuidarlo y odiarlo pero sabiendo que se te va a pasar porque lo quer&eacute;s un mont&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mi primo, que es una de mis personas de cabecera y tambi&eacute;n es dise&ntilde;ador de imagen y sonido, me dijo hace muchos a&ntilde;os, cuando iba a la facultad, que le gustaba mucho lo que estudiaba pero que le hab&iacute;a arruinado la inocencia con la que miraba una pel&iacute;cula. Que miraba d&oacute;nde estaban puestas las luces, la continuidad de las escenas, los planos que eleg&iacute;a el director. Que ya no pod&iacute;a hacer de cuenta que no sab&iacute;a todo lo que sab&iacute;a sobre luces, planos y continuidad y que eso le pon&iacute;a los ojos t&eacute;cnicos. Y que todo eso era una cagada.
    </p><p class="article-text">
        Invent&eacute; este refugio para hablar de m&uacute;sica, sonidos y ruidos advertida por eso que me dijo mi primo hace muchos a&ntilde;os porque no me lo olvid&eacute; nunca. No s&eacute; todo lo que hay que saber -no s&eacute; casi nada de lo que hay que saber- para escribir la cr&iacute;tica de un disco. Trabaj&eacute; en la misma redacci&oacute;n que Federico Monjeau y que Pablo Schanton as&iacute; que s&eacute; cu&aacute;nto hay que saber para hacer la cr&iacute;tica de un disco: una barbaridad.
    </p><p class="article-text">
        Escribir sobre m&uacute;sica sin tener nada t&eacute;cnico para decir fue la primera decisi&oacute;n de la l&iacute;nea editorial que le invent&eacute; al&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>. No tener nada EN SERIO para decir fue la maniobra de evasi&oacute;n fundante, aunque me tomara este texto como un trabajo muy importante cada vez.
    </p><p class="article-text">
        Quise escribirte una carta quincenal sobre esto y no sobre cualquier otra cosa porque cuando no s&eacute; qu&eacute; hacer para tranquilizarme pongo m&uacute;sica. Me parece que, ahora que miro para atr&aacute;s y reviso todo, este newsletter se trat&oacute; de eso m&aacute;s que de ninguna otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Hay un verso de&nbsp;<em>La noche eterna</em>, una canci&oacute;n hermosa de &Eacute;l mat&oacute;, que dice &ldquo;voy a derrumbar mi casa y empezar de nuevo&rdquo;. Creo profundamente en ese verso cada vez que lo escucho. Lo creo con el cuerpo y creo tambi&eacute;n que si no me lo dijeran cantando no me quedar&iacute;a tan a mano la certeza de que es posible resetearse cada vez que haga falta. Todas las veces que lo escucho y que me conmueve la posibilidad de inventarse la propia existencia pienso que lo que me hace la m&uacute;sica no me lo hace ninguna otra cosa. Escribir(te) sobre eso me hizo mucho mejor de lo que pod&iacute;a prever. Aunque confiara de antemano en que iba a estar bien.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Quiero darte las gracias. Gracias por leer el&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>&nbsp;y por seguirlo en cada entrega. Gracias si lo compartiste, si volviste al texto algunas semanas despu&eacute;s, si me escribiste un correo, si lo disfrutaste en silencio o se lo le&iacute;ste a alguien en voz alta. Gracias por recomendarlo, por disfrutarlo y por, a pesar de los env&iacute;os que te hayan gustado menos, darme revancha. Fue un honor y una alegr&iacute;a enorme. Y para siempre.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/the-last-dance_132_8978654.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 May 2022 16:57:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo lo que hay detrás de una platea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/hay-detras-platea_132_8975206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6e1fec7-2847-4250-a8ea-09f8e0cbf27f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todo lo que hay detrás de una platea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vamos a lo nuestro: vi a La Renga y pensé cosas. Gracias, como siempre, por el tiempo que estás por dedicarle a este newsletter.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar la versi&oacute;n de&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=9a0b55ad4e&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>El rito de los corazones sangrando</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;que La Renga toc&oacute; en 2004, la noche que lleg&oacute; a River.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Lo que sigue es una cita textual:
    </p><p class="article-text">
        <em>Necrofilia, no soy de carne y hueso</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Un gato muerto muerto en la taza del caf&eacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Promotora sexual de la timba</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Un ciego vende la estampita de Gardel</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y la demencia que desata la tormenta&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Entre org&iacute;as de contaminaci&oacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No quiero ser uno m&aacute;s del circo romano</em>
    </p><p class="article-text">
        De las treinta canciones que La Renga toc&oacute; el s&aacute;bado en el Estadio &Uacute;nico de La Plata conozco veinte. Hace tres discos de estudio que dej&eacute; de prestarle atenci&oacute;n a La Renga. El &uacute;ltimo disco que compr&eacute;, Truenotierra, es de 2006. Fui a buscarlo m&aacute;s por inercia y hasta por sentido del deber que por ganas, como si ya supiera que estaba separ&aacute;ndome pero no supiera c&oacute;mo encarnarlo. Lo escuch&eacute; poco, sin m&eacute;todo y desapasionadamente. El corte de difusi&oacute;n de ese disco, que se llama&nbsp;<em>Oscuro diamante</em>&nbsp;y que es buen&iacute;simo, me entr&oacute; m&aacute;s en la memoria por haberse repetido en la radio que por haberlo buscado en mi compactera primero y en mi MP3 despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado&nbsp;<em>Oscuro diamante</em>&nbsp;fue la &uacute;nica canci&oacute;n de Truenotierra que la banda meti&oacute; en la lista. Como hace diecis&eacute;is a&ntilde;os -casi la mitad de la vida- la escuch&eacute; mucho en la radio y un poco m&aacute;s por mandato, se ve que la aprend&iacute; para siempre, as&iacute; que la cant&eacute;. El disco me sirvi&oacute; para transicionar entre portadora permanente de mochilas de la banda de Mataderos que el Locuras de Once vend&iacute;a a 17 pesos a ex usuaria recurrente encari&ntilde;ada para siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algo me pas&oacute; en el cuerpo cuando empez&oacute;&nbsp;<em>Circo Romano</em>, cuya primera estrofa es la cita textual que abre este episodio del&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>. Algo del orden de la sorpresa, porque yo s&eacute; que s&eacute; qu&eacute; dicen&nbsp;<em>La nave del olvido, El juicio del ganso, El viento que todo empuja y Me hice canci&oacute;n</em>. Pero era incapaz de recordar que recordaba, sin repetir y sin soplar, la letra &iacute;ntegra de&nbsp;<em>Circo romano</em>, una canci&oacute;n que nunca se revel&oacute; ni siquiera cerca del c&iacute;rculo rojo que se nos arma en el coraz&oacute;n y en el cerebro con las canciones favoritas de nuestros artistas favoritos. Y sin embargo, empez&oacute; y la dije toda, incluso hasta la salt&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Supe perfectamente cu&aacute;les eran los versos en los que agitar los brazos y tararee el riff de bajo, porque de este pa&iacute;s me amargan muchas cosas pero que tarareemos los riffs instrumentales de a miles de personas juntas me parece digno de ser declarado patrimonio intangible de la Humanidad y que la Unesco nos d&eacute; una medallita a cada corista.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde est&aacute; todo esto guardado? Esto que no me sirve para nada, que nunca lleg&oacute; a conmoverme, que jam&aacute;s traje a colaci&oacute;n en un asado con amigos, en una merienda con amigas, en una sesi&oacute;n de terapia en las que cito m&aacute;s a Fito P&aacute;ez que a cualquier otro letrista vivo o muerto. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; viva, adentro m&iacute;o, la letra de&nbsp;<em>Circo Romano</em>? &iquest;Para qu&eacute;?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El s&aacute;bado vi a La Renga desde la platea del estadio. Fue un acierto. Lo s&eacute; yo, lo saben los amigos con los que fui, lo sabe -y lo agradece- mi cintura. Fue una manera -esto lo s&eacute; ahora, no lo supe ni cuando sacamos la entrada ni durante el show- de transicionar. El meollo de un show de rock nacional es el pogo, al medio y adelante. Cerca de que te caiga alguna p&uacute;a que el guitarrista revolee al final, cerqu&iacute;sima de la transpiraci&oacute;n de un desconocido. La platea es como hacerle zoom-para-atr&aacute;s al v&iacute;nculo que te une con eso que est&aacute;s mirando. Est&aacute;s para pasar un rato ah&iacute;, no est&aacute;s para dejarlo todo. Volver a casa ser&aacute; m&aacute;s c&oacute;modo que cuando perd&iacute;as una zapatilla, no habr&aacute; moretones. La salida te queda m&aacute;s cerca. La posibilidad de no volver nunca m&aacute;s, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estuvo buen&iacute;simo&rdquo;, dijo uno de los amigos con los que hicimos el Buenos Aires - La Plata - Buenos Aires del s&aacute;bado, y le puso un asterisco imbatible: &ldquo;Pero desde la nostalgia&rdquo;. Todav&iacute;a se puede ir a ver a La Renga y volver con la voz cascada. Todav&iacute;a es conmovedor saber qu&eacute; canci&oacute;n viene por adivinar un primer acorde. Todav&iacute;a me acuerdo el riff de arm&oacute;nica de<em>&nbsp;Bien alto,</em>&nbsp;que se acordaba y core&oacute; el estadio entero. Un riff de arm&oacute;nica: Argentina te amo. Todav&iacute;a me pregunto si no me vendr&iacute;a mejor usar la memoria que atesora la letra de<em>&nbsp;Circo romano&nbsp;</em>para alg&uacute;n fin un poco m&aacute;s productivo, y me respondo que s&iacute;, pero que no hace falta tanto utilitarismo y esa sensaci&oacute;n de sorpresa cuando termin&eacute; de cantarla tambi&eacute;n vale la pena. Todav&iacute;a agradezco algunos c&oacute;digos que las bandas mantienen intactos desde hace d&eacute;cadas. La Renga termina todos sus recitales cantando&nbsp;<em>Hablando de la libertad</em>, y entonces vos sab&eacute;s que ya no hace falta administrar la energ&iacute;a que te quede porque ese es el final y para qu&eacute; quedarte con un vuelto. Eso sigue igual y es hermoso que un gui&ntilde;o dure m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. Pero lo de la nostalgia es irrebatible.
    </p><p class="article-text">
        Disfrutar de algo porque toca una fibra feliz del pasado es hermoso, uno de mis deportes ocasionales favoritos. Pero esas panzadas de recuerdos no alcanzan para renovar los votos. Divididos lo dice mejor que nadie, as&iacute;: &ldquo;<em>Que ayer no es hoy, que hoy es hoy, y que no soy actor de lo que fui</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/hay-detras-platea_132_8975206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 May 2022 12:09:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todo lo que hay detrás de una platea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio del cover]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/elogio-cover_132_8888520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/810ccaf3-d821-4cd5-9435-028db3c259ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio del cover"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La culpa de todo esto que sigue la tiene Miley Cyrus: fue la punta del ovillo.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=f034ebcdb3&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Like a rolling stone</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, versi&oacute;n Rolling Stones. El emperador de los covers.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Es 20 de abril de 1992 y es Wembley. George Michael tiene puesta una argolla dorada en la oreja izquierda y un blazer que alcanza para justificar que el color coral est&eacute; inventado. Tiene, en la solapa del lado de la argolla y del coraz&oacute;n, un cresp&oacute;n rojo. El estadio est&aacute; lleno para homenajear a Freddie Mercury y, seg&uacute;n la convocatoria oficial, para concientizar sobre lo imprescindible de cuidarse ante la epidemia de Sida.
    </p><p class="article-text">
        Roger Taylor, el baterista de Queen, le dibuja los cimientos a&nbsp;<em>Somebody to love</em>&nbsp;y George Michael escala toda esa estructura para pedirle a Dios que le encuentre alguien a quien amar. Tiene a un coro g&oacute;spel, a toda la cancha y a unos 500 millones de personas que miran por tele o escuchan por radio sigui&eacute;ndole la cadena de oraci&oacute;n. Guapo, juega el juego en el que se luc&iacute;a Mercury: deja un &ldquo;<em>looo-ooo-ooo-ooo-ve</em>&rdquo; para que la monada suba y baje por la escala de notas como si todos fueran buenos cantantes.
    </p><p class="article-text">
        George Michael, que se muri&oacute; veinticuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de ese abril, dijo que esa hab&iacute;a sido su mejor interpretaci&oacute;n en vivo. A veces veo en YouTube toda la canci&oacute;n s&oacute;lo para mirar el giro sobre s&iacute; mismo que pega Michael justo despu&eacute;s de ese ida y vuelta con un Wembley que se le arrodill&oacute; entero. En ese gesto entran la adrenalina que dan las cosas que se salieron de los bordes previstos y la absoluta convicci&oacute;n de que acab&aacute;s de romperla.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hizo George Michael en su mejor interpretaci&oacute;n? Un&nbsp;<em>cover</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Es el viernes 18 de marzo de 2022. Es el escenario Samsung del Lollapalooza en San Isidro y, gracias al canal 606 de Flow, es el escenario Samsung tambi&eacute;n en el living de mi casa. Escribo para el diario del s&aacute;bado una nota sobre c&oacute;mo el Estado argentino no garantiza que los estudiantes tengan contacto efectivo con la escuela pero el baterista, el guitarrista y el bajista de Miley Cyrus avisan que viene&nbsp;<em>Heart of glass</em>, la canci&oacute;n que Blondie lanz&oacute; en 1979 y que Miley viene haciendo girar desde septiembre de 2020.
    </p><p class="article-text">
        Que esperen un ratito los estudiantes y el Estado argentino. Que salga del medio la mesa ratona y que los vecinos se aguanten la escalada del volumen del escenario Samsung de Villa Urquiza. Los de abajo, que se aguanten estos pasos que me voy a tirar, si total el subid&oacute;n dura dos minutos y medio, tres como mucho. En este instante soy uno de esos cuadritos motivacionales que se venden en los bazares que dicen: &ldquo;La vida es ahora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; poco de Miley. Nunca escuch&eacute; entero un disco suyo. Nunca vi un cap&iacute;tulo entero de Hannah Montana ni un show completo subido a YouTube. S&eacute;, s&iacute;, que con ese&nbsp;<em>catsuit</em>, esos anteojos espejados que combinan perfectos con sus fotos con las fuerzas de seguridad y, sobre todo, esa garganta, est&aacute; para pelearle -y ganarle c&oacute;moda- a cualquiera que ande diciendo que el rock ha muerto. Sabr&eacute;, cuando su presentaci&oacute;n en el Lollapalooza haya terminado, que la rompi&oacute; toda.
    </p><p class="article-text">
        Debajo del escenario, en los autos que escuchan el festival por radio y en las casas que miran el festival por tele, vamos todos juntos a ocupar el espacio que Miley nos cede porque Debbie Harry se lo prest&oacute; antes a ella. &ldquo;<em>Naran&aacute;, nara-nara-naaara, nara-naran&aacute;</em>&rdquo; primero, y &ldquo;<em>uh uh uhhh, oh ooohhh</em>&rdquo; despu&eacute;s. Miley tiene un truco: el &uacute;ltimo &ldquo;<em>uh uh uhhh, oh ooohhh</em>&rdquo; es todo suyo. Como si dijera &ldquo;todo muy rico, les sali&oacute; b&aacute;rbaro, pero miren de lo que soy capaz&rdquo; y sacara de la garganta un arma de seducci&oacute;n masiva.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hace Miley Cyrus para poner al p&uacute;blico argentino -en el Hip&oacute;dromo y en nuestros livings- en estado de gracia? Un&nbsp;<em>cover</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sum&oacute; otros:&nbsp;<em>Bang Bang (My baby shot me down)</em>, que Cher lanz&oacute; en 1966 y que se nos volvi&oacute; a venir a la cabeza cuando vimos Kill Bill, y&nbsp;<em>Jolene</em>, de Dolly Parton. Como lo ante&uacute;ltimo que hice antes de dormir fue corear mentalmente la de Dolly, lo &uacute;ltimo que hice esa noche fue decidir que el&nbsp;<em>cover</em>&nbsp;merec&iacute;a un episodio en el&nbsp;<strong>Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;</strong>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Es 1952. El Chicago Tribune acu&ntilde;a (qu&eacute; palabra espectacular) un nuevo t&eacute;rmino. Por primera vez llama &ldquo;<em>cover</em>&rdquo; a una estrategia que las discogr&aacute;ficas empezaban a implementar por meros motivos comerciales. Cuando a una canci&oacute;n que alg&uacute;n artista hab&iacute;a grabado en determinada discogr&aacute;fica le estaba yendo muy bien, ven&iacute;a otra discogr&aacute;fica y le propon&iacute;a a otro artista que grabara su versi&oacute;n para ese sello para subirse a la oleada del hit. El sello editaba un single -espero que no haya menores en la sala, pero por las dudas: en el antiguo siglo XX se publicaban discos cortitos, con dos o hasta un solo tema- con esa canci&oacute;n como mascar&oacute;n de proa y anunciaba en la portada (&ldquo;<em>cover</em>&rdquo; en ingl&eacute;s) que ah&iacute; pod&iacute;a encontrarse un nuevo viejo &eacute;xito. A ese centro que los sellos discogr&aacute;ficos les tiraban a los potenciales escuchas para que compraran una nueva versi&oacute;n de un producto ya probado el diario de Chicago lo denomin&oacute; &ldquo;<em>cover</em>&rdquo;. Setenta a&ntilde;os despu&eacute;s no se nos ocurri&oacute; una idea mejor.
    </p><p class="article-text">
        En su arranque, el&nbsp;<em>cover</em>&nbsp;fue un mecanismo para intentar vender discos. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, all&aacute; por los sesenta, el&nbsp;<em>cover</em>&nbsp;fue un mecanismo para intentar vender bandas. Un anzuelito que serv&iacute;a para que los artistas desconocidos tocaran una fibra afectiva ya inventada y entraran por ah&iacute;, y a la vez, se mostraran capaces de interpretar distintos g&eacute;neros musicales, como esas pruebas de talento en la tele en la que ten&eacute;s un minuto para intentar que el mundo te ame para siempre. Les va un ejemplito:&nbsp;<em>Please Please Me</em>, el primer disco de The Beatles, tiene catorce canciones. Seis son&nbsp;<em>covers</em>.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de los a&ntilde;os, el&nbsp;<em>cover</em>&nbsp;se volvi&oacute; una forma de vida para algunos, una v&iacute;a para el homenaje para otros, y un botoncito para seguir insistiendo con fibras afectivas ya inventadas para todos. Ni Los Danger Four ni The Fab Four ni todos los seres humanos que viven de engolar la voz y armarse un jopo para parecerse todo lo que sea posible a Elvis tendr&iacute;an la vida que tienen si los&nbsp;<em>covers</em>&nbsp;no estuvieran inventados y, sobre todo, legitimados como una forma de estar cerca de una obra musical que, en su forma original, no es posible ir a ver a ning&uacute;n teatro. Esos son los que dedican su vida al oficio de versionar.
    </p><p class="article-text">
        Los del homenaje son los que se suben al escenario con su propio repertorio pero abren el archivo de la m&uacute;sica popular y toman prestadas una o dos joyitas para lucirlas y lucirse y tambi&eacute;n dar cuenta de que nadie nace de un repollo. Ni biol&oacute;gica ni art&iacute;sticamente.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; va George Michael dando sus mejores cinco minutos en vivo con la canci&oacute;n de otros, ah&iacute; va Miley Cyrus sacando a pasear una canci&oacute;n que va a cumplir 45 a&ntilde;os, ah&iacute; van los Rolling Stones llen&aacute;ndose la boca de Bob Dylan y Charly Garc&iacute;a traduciendo al castellano rioplatense una letra de Lennon. Los Paralamas cantan a Fito P&aacute;ez, Fito P&aacute;ez y Spinetta homenajean a Mariano Mores y Jos&eacute; Mar&iacute;a Contursi, y Aretha Franklin deletrea &ldquo;R-E-S-P-E-C-T&rdquo; en la versi&oacute;n que se nos va a clavar en el coraz&oacute;n, aunque la original sea de Otis Redding.
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltima reflexi&oacute;n para que, si llegaste hasta ac&aacute;, te quedes pensando un ratito m&aacute;s en por qu&eacute; amar los&nbsp;<em>covers</em>: &iquest;qu&eacute; habr&iacute;a sido de&nbsp;<em>I will always love you</em>, tambi&eacute;n de Dolly Parton, si Whitney Houston no la hubiera hecho tener un orgasmo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/elogio-cover_132_8888520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Apr 2022 17:37:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elogio del cover]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ojos, boquitas y mentones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/ojos-boquitas-mentones_132_8849845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9651e9d0-e01a-4320-87ab-acd713efe264_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ojos, boquitas y mentones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de tomarse vacaciones, el Cuchá Cuchá está de vuelta. Viene cargado de ruta porque, excepto la ducha, no hay mejor lugar para los pensamientos aleatorios que, milagrosamente, llevan a algún lado. Gracias siempre por tu lectura y por el tiempo que le dedicás al newsletter, y que sea un buen reencuentro.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar la versi&oacute;n de&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=a026672377&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>El viento que todo empuja</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;que La Renga grab&oacute; en Hurac&aacute;n en 2004, un disco&nbsp;que repele cualquier cabezazo por sue&ntilde;o en la ruta.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Todas las veces que salgo a la ruta pienso lo mismo: que hay que darle un Nobel de la Paz -o inventar el Nobel de la Humanidad y entregarlo por &uacute;nica vez- a quien haya tenido la idea de que cuando un auto empieza a frenar se le prendan luces rojas en su parte de atr&aacute;s para que el humano que le sigue sobre el asfalto se entere inmediatamente.
    </p><p class="article-text">
        Una googleada r&aacute;pida me dice que<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=c390f87449&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;la actriz canadiense Florence Lawrence</a>, que triunf&oacute; en el Hollywood de principios del siglo XX pero se fundi&oacute; porque le hizo construir una tumba car&iacute;sima a la madre y porque la agarr&oacute; la Gran Depresi&oacute;n de 1929, fue la primera en tener la idea. Hizo instalar en su auto un sistema el&eacute;ctrico que lograba que se desplegara una banderita con la leyenda &ldquo;STOP&rdquo; sobre su paragolpe trasero cada vez que apretaba el freno. Parece que Florence no patent&oacute; la idea y se perdi&oacute; muchos d&oacute;lares, pero no la menci&oacute;n en el<strong>&nbsp;Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que me acuerdo de agradecer en silencio la invenci&oacute;n de las luces de freno pienso enseguida en mi lista mental de inventos que mejoran nuestras vidas. Los bolsillos, las mochilas y las capuchas nos hacen vivir mejor. Enseguida vuelvo a las luces de freno y a la diferencia con esos otros inventos. Las luces de freno no nos hacen vivir mejor sino que, por evitarnos la muerte, nos hacen vivir. Si mejor o peor ya corre por cuenta de cada uno, y la verdad es que eso va y viene porque hacemos lo que podemos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&eacute; convenci&oacute;n hermosa&rdquo;, dice el Pepe Grillo que vive dentro de m&iacute; apenas salgo a la ruta y brillan unas luces de freno cerca de mi auto. Peino un poquito mi pedal, porque a cien o ciento veinte kil&oacute;metros por hora mejor actuar m&aacute;s o menos parecido, como si el de adelante y yo fu&eacute;ramos un equipo improvisado de nado sincronizado, sin demasiado margen para equivocar fiero la maniobra y con la esperanza de que el auto de atr&aacute;s refrende nuestras decisiones con su pie derecho.
    </p><p class="article-text">
        Pepe Grillo vuelve con la misma frase, &ldquo;qu&eacute; convenci&oacute;n hermosa&rdquo;, cuando me cruzo con el primer camionero de la ruta dispuesto a que sus luces me hagan de faro. Es un sistema simpl&iacute;simo y es, tambi&eacute;n, la fase superior del entendimiento humano rutero. Si el camionero te pone el gui&ntilde;o a la izquierda quiere decir que lo pod&eacute;s pasar, que hay espacio y sobre todo tiempo. Si te pone el gui&ntilde;o a la derecha, te guard&aacute;s atr&aacute;s del camionero hasta que te indique lo contrario. Si no te pone ninguna luz, te las arregl&aacute;s con tu vista, tu intuici&oacute;n, tu c&aacute;lculo mental y tu suerte. Agradec&eacute;s cada vez que el camionero avisa, sobre todo esos camiones de tranco largo, que duran como las piernas de Dolores Barreiro. Esos son los m&aacute;s dif&iacute;ciles de pasar: se tarda m&aacute;s y, porque ocupan m&aacute;s lugar, te pueden sacudir m&aacute;s el coche justo a la salida de la maniobra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de ponerme contenta porque est&aacute;n inventadas las luces de freno y porque est&aacute; inventado ese C&oacute;digo Morse que combina solidaridad con pericia, uso el viaje para ver c&oacute;mo la pampa se pone verde, para insultar a los que salen a la ruta sin luces y para dedicarles improperios a&uacute;n m&aacute;s feroces a los que creen que circular por la banquina es una buena idea. Para decirle &ldquo;qu&eacute; bonito&rdquo; a Luci cada vez que sacar&iacute;a una foto de lo que veo pero no puedo porque tengo las manos ocupadas, para consumir harinas y cafe&iacute;na, para escuchar discos en vivo que se puedan cantar y para sentir que me vendr&iacute;a bien una vejiga de m&aacute;s metros cuadrados. Y para pensar boludeces porque de eso se trata combinar kil&oacute;metros con neurosis.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La &uacute;ltima manejada larga fue hace un par de semanas nom&aacute;s y creo que la cosa empez&oacute; porque me agarr&eacute; mucho de la palabra &ldquo;convenci&oacute;n&rdquo;, como si adem&aacute;s de las luces de freno y las se&ntilde;as de los camioneros quisiera pensar en otras, no s&oacute;lo ruteras sino de cualquier otro universo. Como si estuviera respondiendo a la consigna de un programa de radio y tuviera 30 segundos para enumerar ejemplos de convenciones, sin repetir y sin soplar. Se escuchaba esa preciosura que es el enganche de&nbsp;<em>N&uacute;mero dos en tu lista / Contrabando de amor</em>&nbsp;que Los Cadillacs grabaron en su disco en vivo &ldquo;Chau&rdquo; y pens&eacute; en que, para que algo as&iacute; salga tan hermoso y no un desastre, se tienen que poner todos de acuerdo en cu&aacute;ndo empieza y cu&aacute;ndo termina el puente instrumental que lleva de una canci&oacute;n a la otra. Es cierto que hablamos de una banda profesional, exitosa, talentosa, y que para llegar a ese acuerdo, a ese Tratado de Tordesillas que dibuja la frontera entre los dos temas, habr&aacute;n pasado ensayos, pruebas y conversaciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese acuerdo me sirvi&oacute; de excusa y pens&eacute; en otras convenciones m&aacute;s artesanales, mucho menos profesionales y m&aacute;s cercanas. Convenciones espont&aacute;neas y s&uacute;per efectivas que surgen, por definici&oacute;n, entre dos o m&aacute;s personas y, en general, cuando esas personas est&aacute;n en situaci&oacute;n de portaci&oacute;n de instrumento. Sobre todo cuando est&aacute;n en situaci&oacute;n de guitarreo nivel fog&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Escuchando a Vicentico, Rotman y el Sr. Flavio me acord&eacute; de Agustina, B&aacute;rbara y Ceci, tres mujeres con las que, por separado, toqu&eacute; la guitarra un mill&oacute;n de minutos o dos en esas guitarreadas que empiezan a los 14 a&ntilde;os y terminan a las diez de la ma&ntilde;ana. Pens&eacute; en sus mentones, sus bocas, sus cejas y sus ojos, que es lo que le mir&aacute;s a la persona que est&aacute; tocando la guitarra con vos cuando no est&aacute;s mirando la tablatura de acordes que ten&eacute;s que seguir.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;<em>Many years from now</em>, la biograf&iacute;a autorizada de Paul McCartney que escribi&oacute; el ingl&eacute;s Barry Miles, Paul cuenta que &eacute;l y John tuvieron una ventaja en los comienzos: como Lennon era diestro y &eacute;l es zurdo, tocaban la guitarra &ldquo;en espejo&rdquo; y eso les facilitaba aprender acordes que el otro hab&iacute;a &ldquo;sacado&rdquo;. Despu&eacute;s, con los acordes aprendidos, las manos de tu&nbsp;<em>parteneire</em>&nbsp;ya no te dicen nada que no sepas.
    </p><p class="article-text">
        Hay una especie de estado de gracia que ocurre cuando dos personas se-entienden-tocando-la-guitarra. Es como cuando una pareja de truco o de metegol se sabe aceitada o cuando dos compa&ntilde;eros de alguna divisi&oacute;n inferior juegan un partido treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de haberse separado y cada uno sabe d&oacute;nde est&aacute; parado el otro absolutamente todo el tiempo. Se siente f&aacute;cil y hermoso.
    </p><p class="article-text">
        Con la guitarra en la mano, esa convenci&oacute;n maravillosa se sirve de mentones que van para adelante y se levantan un segundo, casi siempre a la par de las cejas, para decir &ldquo;una ronda m&aacute;s de esto que estamos tocando&rdquo;. Suponete: otro &ldquo;<em>ohhh, oh oh oh, tan sooolo</em>&rdquo; porque hay manija en el ambiente. Esa misma convenci&oacute;n hace que uno de los guitarreros se aspire un poco los labios y el otro entienda inmediatamente que se viene una especie de solo del que est&aacute; inspirado: es momento de acompa&ntilde;ar desde el fondo para que el compa&ntilde;ero se luzca porque le agarr&oacute; un flash y bajar es lo peor. Otro codiguito m&aacute;s: si alguien cierra los ojos con fuerza y acompa&ntilde;a ese gesto con un peque&ntilde;o cabezazo de arriba para abajo es momento de preparar el&nbsp;<em>chan-ch&aacute;n</em>&nbsp;del gran final y pasar a la pr&oacute;xima.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Nada de esto se avisa de antemano. No es como ese d&iacute;a que alguien te dice que morderte los labios es que ten&eacute;s un tres y tirar un besito es que ten&eacute;s un dos, y vos te lo anot&aacute;s en un papel o en la memoria. Esto es m&aacute;s a la que te criaste y parecido a un flechazo: toc&aacute;s unos&nbsp;<em>temaikenes</em>&nbsp;con una flamante compa&ntilde;era del call center en el que trabaj&aacute;s, con una amiga del secundario o de la familia, y pasa o no pasa. Le mir&aacute;s la pera, le mir&aacute;s los ojos, le tir&aacute;s tus se&ntilde;as -que no son premeditadas sino pura inspiraci&oacute;n- y si hay&nbsp;<em>match</em>, buen&iacute;simo, y si no hay&nbsp;<em>match</em>, ser&aacute; una guitarreada cumplidora pero sin demasiada emoci&oacute;n y, sobre todo, sin grandes posibilidades de repetirse.
    </p><p class="article-text">
        Ahhh, pero cuando hay<em>&nbsp;match</em>, qu&eacute; fiesta. Qu&eacute; ganas de hacer que la noche dure, qu&eacute; poco importan los que no son parte de ese hilo rojo que acaba de armarse en un quincho o en una plaza, qu&eacute; espectacular cuando la otra persona saca de la galera una canci&oacute;n que no escuch&aacute;s hace uno o dos a&ntilde;os pero que integra la banda sonora de tu vida, qu&eacute; ganas de volverse a juntar la tarde siguiente aunque a esta juntada le queden tres o cuatro horas, qu&eacute; impulso de ponerle nombre a ese d&uacute;o que acaba de cuajar a punto caramelo, qu&eacute; desperdicio las horas de la vida que no se van en este v&iacute;nculo m&uacute;sico-afectivo que va de Caf&eacute; Tacvba a Cambalache, pasando por la&nbsp;<em>Historia del taxi</em>&nbsp;de Arjona y&nbsp;<em>Virgen de Ri&ntilde;a</em>, de los Kuryaki.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo pasa, los v&iacute;nculos cambian, la vida asalariada les resta tiempo a las guitarreadas y el pluriempleo les resta un poco m&aacute;s. La gente se muda, se pelea o conoce otra gente que le interesa m&aacute;s. Pero quince o veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de algunas noches buen&iacute;simas, vas por la ruta -de asfalto o de la vida- y te aparece en la memoria, perfecta, indeleble, la forma de un ment&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/ojos-boquitas-mentones_132_8849845.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Mar 2022 18:34:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ojos, boquitas y mentones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contacto estrecho de contacto estrecho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/contacto-estrecho-contacto-estrecho_132_8725454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85cefc65-c0c2-406c-90df-60cc3cafd0c3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contacto estrecho de contacto estrecho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me pasó lo que me pasa muchas veces: el Cuchá Cuchá iba a tratarse de otra cosa pero en el medio se me apareció otra cosa. Esta vez, porque volví a las cuadras por las que fui y vine a la escuela primaria. Y me acordé: de una cara, de una sensación en el cuerpo y de la mejor forma del contagio. Ahí vamos.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=43d07543c7&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Entero o a pedazos</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, una versi&oacute;n hermosa y sinf&oacute;nica grabada en Obras. Si pod&eacute;s, prestale atenci&oacute;n a Gaby, que parece el hombre m&aacute;s feliz del mundo.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Se llamaba Javier y ten&iacute;a tres a&ntilde;os m&aacute;s que yo. Con ese arranque podr&iacute;a estar a punto de meterme en una historia de amor pero estoy a punto de meterme en la historia de un contagio.
    </p><p class="article-text">
        Javier era uno de los hermanos mayores de Esteban, un compa&ntilde;ero con el que compart&iacute; desde salita de cuatro -salita amarilla- hasta s&eacute;ptimo grado, y el primer ser humano al que recuerdo haber visitado en un hospital. Cuando est&aacute;bamos en cuarto grado, un auto atropell&oacute; a Esteban en una de las tres esquinas que cruz&aacute;bamos todos los d&iacute;as para ir y venir de la escuela. Lo internaron en el Hospital Naval, le desinflamaron los hematomas cerebrales, le dieron no s&eacute; cu&aacute;ntos puntos -pero muchos- en la cabeza, acompa&ntilde;aron la soldadura de sus costillas, contuvieron a su madre, una mujer cuya delgadez y rulos morochos recuerdo a la perfecci&oacute;n pero su nombre no. &iquest;Alicia?
    </p><p class="article-text">
        Esteban ten&iacute;a tres hermanos y una hermana, todos mayores que &eacute;l, todos bastante parecidos: cejas anchas, ojos marr&oacute;n claro, velocidad turbo al hablar. Javier era el que le quedaba m&aacute;s pegadito y fue tambi&eacute;n el que m&aacute;s lo acompa&ntilde;&oacute; en los casi cuatro meses que pas&oacute; en el hospital. Eran los noventas, mediados de los noventas, as&iacute; que Javier llevaba un solo objeto a la habitaci&oacute;n en la que acompa&ntilde;aba a su hermano: un walkman. Un auricular para &eacute;l, otro para Esteban, alg&uacute;n casette que hubiera comprado, grabado o intercambiado en un recreo. Y nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Traje algo nuevo&rdquo;, dijo Esteban una ma&ntilde;ana de sexto grado. Me acuerdo de que era sexto grado porque todas las horas que pas&oacute; dibujando monos con una Bic azul el aula estuvo a cargo de Clara, una chaque&ntilde;a sesentona&nbsp;<em>old school</em>&nbsp;que ense&ntilde;aba matem&aacute;tica pero sobre todo ense&ntilde;aba &eacute;tica, aunque no lo anduviera anunciando en ninguna car&aacute;tula. Y el recuerdo de las maestras viene agarradito del recuerdo del grado y del aula en el que las tuviste.
    </p><p class="article-text">
        Esteban se hab&iacute;a ganado la confianza de varios de nosotros. Primero, porque sab&iacute;amos que su proveedor oficial era Javier y cualquier cosa que viniera de alguien un par de a&ntilde;os m&aacute;s grande nos situaba un poco m&aacute;s cerca de esa cosa que mir&aacute;bamos con la &ntilde;ata contra el vidrio: la adolescencia. Segundo, porque ya hab&iacute;a tenido un par de casos de &eacute;xito. Nos hab&iacute;a ense&ntilde;ado a rapear la letra entera de&nbsp;<em>Samantha</em>, de Machito Ponce. Nos hab&iacute;a puesto en fila para que pas&aacute;ramos por su walkman a escuchar&nbsp;<em>Santeria</em>, de Sublime. Hab&iacute;a llevado a los bailes a los que las chicas llev&aacute;bamos comida y los chicos, bebida, una copia de &ldquo;&iquest;D&oacute;nde jugar&aacute;n las ni&ntilde;as?&rdquo;, el disco con el que Molotov se meti&oacute; en la m&uacute;sica latinoamericana peg&aacute;ndole un patad&oacute;n a la puerta de entrada. Subido a la silla del living de turno, Esteban mov&iacute;a los brazos para organizar las hormonas de mis compa&ntilde;eritos en los coros de&nbsp;<em>Puto</em>,&nbsp;<em>Chinga tu madre</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Gimme the power</em>. Nosotras nos organiz&aacute;bamos para jugar al sem&aacute;foro o a la botellita.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana de ese &ldquo;traje algo nuevo&rdquo; del que no me olvido Esteban nos dijo que los que quisi&eacute;ramos escuchar un pedacito de canci&oacute;n nueva, nos anot&aacute;ramos en una hoja. Que en el recreo nos mostraba, y que si no alcanzaban los quince minutos del primero, bueno, usar&iacute;amos un pedazo del segundo y listo. Para montar esa especie de muestra gratis, Esteban depend&iacute;a de su walkman, del casette que su hermano le hab&iacute;a prestado o grabado, y de Guille, otro compa&ntilde;ero nuestro, que siempre llenaba los &aacute;lbumes de figuritas y que siempre ten&iacute;a el reloj m&aacute;s moderno del aula.
    </p><p class="article-text">
        Por ser part&iacute;cipe necesario del operativo, Guille era siempre el primero en escuchar el pedacito de canci&oacute;n que Esteban quisiera mostrar. Esa ma&ntilde;ana le tocaba cronometrar un minuto y cinco segundos per c&aacute;pita. Cuando el tiempo se cumpl&iacute;a, Guille levantaba la mano, Esteban paraba la cinta, rebobinaba hasta exactamente el lugar en el que quisiera volver a mostrar eso que hab&iacute;a tra&iacute;do, y que pasara el siguiente. As&iacute; hasta que sonara el timbre o hasta que Clara dijera que basta de charlar y a sentarse. Guille no se mov&iacute;a de su lado, con la vista clavada en su cron&oacute;metro y la mente clavada en ese pedacito nuevo de m&uacute;sica que acababa de escuchar. Por alta demanda y porque mi apellido empieza con una letra que anda por la segunda mitad del abecedario, mi turno lleg&oacute; en el segundo recreo.
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo de una guitarra que se parece a lo que hace Mollo cuando zapa en un recital y alguien le tira una zapatilla para que improvise, una guitarra tocada con el pedal de la distorsi&oacute;n muy a mano y los dedos estirando las cuerdas hasta que la nota zigzaguee pero no se mueva, que se doble pero que no se rompa. Un arpegio crudo y ruidoso y parecido a ninguna cosa que conociera. Me acuerdo de una l&iacute;nea de bajo detr&aacute;s de la guitarra, como si le alumbrara el camino que tiene que recorrer la canci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De escuchar una voz y pensar que as&iacute; sonaba una garganta prodigiosa en el instante previo a explotar. Dec&iacute;a:<em>&nbsp;&ldquo;Y vi lo quieto que estaba quieto, tocando el arpa hoy, despertate, no est&aacute;s muerto, no esperes, no&rdquo;</em>. Otra voz aparec&iacute;a cada tanto para ponerles acento -y armon&iacute;a- a algunas de las palabras. Un chiflido de los que sirven para llamar a un perro o para pedir una pelota que se fue larga en una plaza, y justo despu&eacute;s, el hombre de la garganta ajustad&iacute;sima y a punto de reventar grita: &ldquo;<em>&iexcl;Dale!&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Guille levanta la mano, Esteban le da al bot&oacute;n de<em>&nbsp;stop</em>, me corta las piernas. Ahora, atravesada por la manija, entiendo por qu&eacute; la mitad de los compa&ntilde;eritos que hab&iacute;an escuchado su primera estrofa en el recreo anterior le hab&iacute;an pedido escuchar un cachito m&aacute;s. &ldquo;Si quieren se los grabo&rdquo;, ofrece, con el mercado prendido fuego. Y desliza: &ldquo;Me lo pas&oacute; Javi&rdquo;, como si nos refregara por la cara las normas ISO de lo que hab&iacute;a que conocer justo en ese momento y ni un mes despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En la carpeta en la que no tiene anotadas ninguna de las ecuaciones que Clara escribi&oacute; en el pizarr&oacute;n, Esteban lleva dibujados unos cinco o seis monos que gritan. Encima de cada mono dice &ldquo;Catupecu Machu&rdquo;, dos palabras que ninguno de los habitantes de sexto B, excepto Esteban, conoc&iacute;an hasta que &eacute;l las dejara desparramadas por ah&iacute;. En esa misma carpeta, esa misma ma&ntilde;ana, se lleva anotados los nombres de varios de nosotros, dir&iacute;a que diez o doce. En los dos d&iacute;as siguientes, por estricto orden alfab&eacute;tico, nos entrega un TDK de 90 minutos con el primer disco de Catupecu Machu grabado en el minicomponente con doble casettera de Javier.
    </p><p class="article-text">
        Quisiera acordarme de cu&aacute;nto nos cobraba por la copia, pero no me acuerdo. S&iacute; de esto: en alg&uacute;n momento, Esteban aceptaba quince sobres del &aacute;lbum de figuritas que estuvi&eacute;ramos juntando a cambio del casette grabado, con tapa ilustrada y todo. Quisiera decirle a Esteban, que muy probablemente no lea esto, que el domingo pasado camin&eacute; por Migueletes y Gorostiaga y no pude identificar el edificio en el que viv&iacute;a pero s&iacute; estuve segura de que era en esa cuadra. Que pienso en &eacute;l y en su hermano Javi cada vez que escucho la voz de Fernando Ruiz D&iacute;az o el bajo de su hermano Gabriel, en los primeros discos de la banda. Y que tambi&eacute;n pienso en ellos dos cada vez que no encuentro mejor cosa que la m&uacute;sica para acompa&ntilde;ar o cuidar a alguien que quiero mucho.
    </p><p class="article-text">
        Que Javier fue el mejor contacto estrecho de contacto estrecho que me pod&iacute;a tocar, y que a Esteban lo quiero para mi emprendimiento, cuando decida cu&aacute;l es.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como su autora intelectual y material, el&nbsp;</em><em><strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong></em><em>&nbsp;se toma unas semanas de vacaciones, as&iacute; que nos reencontramos a la vuelta. Seguro la ruta ser&aacute; inspiradora.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/contacto-estrecho-contacto-estrecho_132_8725454.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Feb 2022 17:33:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contacto estrecho de contacto estrecho]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El viaje a Portugal que cambió la música argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/viaje-portugal-cambio-musica-argentina_132_8699307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6250f15d-d34e-4479-b3f4-6611f2645e8c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viaje a Portugal que cambió la música argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En algún momento acá llevaba la cuenta de cuántos envíos llevaba el newsletter y perdí esa costumbre. Supongo que me relajé. Lo que no quiero dejar de repetir es las gracias que te doy por el tiempo que estás por dedicarle.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=b3f71451ca&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Gloria</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, el hit de la Misa Criolla, en la versi&oacute;n que grabaron Mercedes Sosa y Jaime Torres. La rompe toda.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Elizabeth y Regina Br&uuml;ckner eran hermanas. Porque compart&iacute;an apellido y, sobre todo, crianza, pero tambi&eacute;n porque eran monjas en un convento de W&uuml;rzburg, en Alemania, y as&iacute; las llamaban a ellas y a sus compa&ntilde;eras. Antes de servir en W&uuml;rzburg, las chicas Br&uuml;ckner hab&iacute;an pasado algunos a&ntilde;os como monjas en Portugal y eso las convirti&oacute; en portadoras de un saber exclusivo una vez que se instalaron en el convento alem&aacute;n: m&aacute;s o menos, sin grandes brillos, casi pichuleando, entend&iacute;an espa&ntilde;ol y pod&iacute;an hacerse entender en espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Ariel Ram&iacute;rez, compositor, pianista y uno de los m&uacute;sicos m&aacute;s enormes de los sonidos tradicionales argentinos, andaba por Europa a principios de la d&eacute;cada de los cincuenta del siglo pasado, que es el siglo en el que nos criamos aunque leerlo as&iacute; tan de repente nos haga salir un par de canas m&aacute;s. El santafesino us&oacute; Roma de base de operaciones en esos cuatro a&ntilde;os de gira, pero anduvo movedizo entre distintos pa&iacute;ses y, muchas veces, se aloj&oacute; en conventos. Un poco porque era m&aacute;s barato y otro poco porque era m&aacute;s tranquilo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; a Wurzburg, despu&eacute;s de muchos meses de arreglarse bastante bien hablando italiano, no entend&iacute;a nada y no lograba hacerse entender con los curas que viv&iacute;an all&iacute;. Pero en la cocina del convento encontr&oacute; a Elizabeth y Regina, que preparaban la comida para todos y que pod&iacute;an, m&aacute;s o menos, conversar con &eacute;l. La cocina se convirti&oacute; en casi el &uacute;nico lugar al que Ram&iacute;rez iba cuando no estaba en su habitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por la ventana de la cocina se ve&iacute;an dos cosas: un pedazo de bosque que en invierno se cubr&iacute;a de nieve y una casona enorme que a Ram&iacute;rez le parec&iacute;a tan hermosa que, dijo alguna vez, le daba la sensaci&oacute;n de &ldquo;estar un paso m&aacute;s arriba de la tierra&rdquo;. La casona era parte de la edificaci&oacute;n del cementerio jud&iacute;o de Wurzburg y se hab&iacute;a usado, diez a&ntilde;os antes de la estad&iacute;a de Ram&iacute;rez en el convento, como campo de concentraci&oacute;n de las familias jud&iacute;as de ese rinc&oacute;n alem&aacute;n durante el nazismo. Era el paso previo a que, en trenes o en las largu&iacute;simas marchas de la muerte, unos 2.500 jud&iacute;os de Wurzburg fueran enviados a campos de exterminio.
    </p><p class="article-text">
        En pleno Holocausto, prestar cualquier tipo de ayuda a los jud&iacute;os se castigaba habitualmente con la horca. Y sin embargo, Elizabeht y Regina usaban la cocina de su convento todas las noches para preparar m&aacute;s comida que la que requer&iacute;an sus compa&ntilde;eras y los seminaristas, y la acercaban a uno de los alambrados del cementerio devenido en campo de concentraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ellas mismas le contaron sobre esas noches a Ram&iacute;rez: fueron ocho meses de empaquetar comida hasta que, cuando ya nadie levant&oacute; el paquete que dejaban en el alambrado, entendieron que el nazismo hab&iacute;a decidido trasladar a sus prisioneros directamente hacia la muerte.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hago contando todo esto ac&aacute;? Casi 3.000 caracteres y ni un acorde.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Al finalizar el relato de mis queridas protectoras, sent&iacute; que ten&iacute;a que escribir una obra, algo profundo, religioso, que honrara la vida, que involucrara a las personas m&aacute;s all&aacute; de sus creencias, de su raza, de su color u origen. Que se refiriera al hombre, a su dignidad, al valor, a la libertad, al respeto del hombre relacionado a Dios, como su Creador&rdquo;, cont&oacute; Ram&iacute;rez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con toda esa inspiraci&oacute;n, ese &iacute;mpetu, Ram&iacute;rez se mand&oacute; la Misa Criolla, una obra que dura m&aacute;s o menos quince minutos y que lleva durando 57 a&ntilde;os, desde su lanzamiento en 1965 hasta que te lleg&oacute; este mail. Para ver qu&eacute; hacer con esas dos musas de espa&ntilde;ol acotado y creencias profundas, a Ram&iacute;rez se le ocurri&oacute; conversar con un cura, Antonio Osvaldo Catena, amigo suyo desde la juventud y, al momento de poner en marcha la composici&oacute;n, presidente de la Comisi&oacute;n Episcopal para Sudam&eacute;rica. Catena fue quien le sugiri&oacute; a Ram&iacute;rez que compusiera una misa que se sostuviera en g&eacute;neros musicales de distintas regiones argentinas. En ese momento, que las misas todav&iacute;a eran generalmente dadas en lat&iacute;n, mezclar una vidala, una baguala o una chacarera con la Biblia y la liturgia parec&iacute;a bastante novedoso. Incluso lo suficientemente innovador como para que Atahualpa Yupanqui decidiera ser el socio inversor en la gira que Ram&iacute;rez hizo por el noroeste para conocer en profundidad sus m&uacute;sicas e inspirarse.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;La discogr&aacute;fica meti&oacute; la cola? Por supuesto que s&iacute;. No le pod&iacute;a falta ese condimento que siempre le suma &eacute;pica a alguna banda o a alg&uacute;n disco. Phillips, que a mediados de los sesenta publicaba la obra del santafesino, lo llam&oacute; para proponerle la reedici&oacute;n de su d&uacute;o con Jaime Torres, de piano y charango, que hab&iacute;a sido un &eacute;xito. Ram&iacute;rez, que ten&iacute;a la Misa Criolla casi terminada y a Los Fronterizos y la cantor&iacute;a de una bas&iacute;lica listos para poner sus voces, cant&oacute; retruco y propuso su nuevo proyecto. &ldquo;Si me garantiz&aacute;s que vend&eacute;s m&aacute;s de 2.500 discos, lo hacemos&rdquo;, le dijo el presidente de la discogr&aacute;fica. La Misa Criolla, que sali&oacute; a la venta pocos d&iacute;as antes de la Navidad de 1965, vendi&oacute; esas 2.500 copias en su primer d&iacute;a en la calle. Ahora, que pasaron casi sesenta a&ntilde;os, ya supera las diez millones de copias. As&iacute; que el esp&iacute;ritu del presidente de Phillips debe andar contento.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de Los Fronterizos y los coros, Ram&iacute;rez puso a Jaime Torres a tocar el charango, al Chango Far&iacute;as G&oacute;mez a ocuparse de la percusi&oacute;n, a Ra&uacute;l Barboza a tocar el acorde&oacute;n y a Luis Amaya en la guitarra. Yo entiendo pr&aacute;cticamente nada de folklore pero te juro que estos eran un Dream Team. Despu&eacute;s de Los Fronterizos, cuando la Misa Criolla ya hab&iacute;a sacudido al mundo porque nunca se hab&iacute;a hecho algo as&iacute; -ni en castellano ni en ning&uacute;n otro idioma-, la cant&oacute; Mercedes Sosa, Jos&eacute; Carreras, Patricia Sosa y, hace muy poquito, Abel Pintos en el Teatro Col&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De lo de Abel Pintos me enter&eacute; hace pocos d&iacute;as. Hac&iacute;a zapping y en TN encontr&eacute; un pedacito de la presentaci&oacute;n de Pintos, justo a la altura de&nbsp;<em>Gloria</em>, que es el hit de la creaci&oacute;n de Ram&iacute;rez. La que dice, apoyada en un charango, en una centena de voces y en la historia de Occidente, &ldquo;Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No pude seguir cambiando de canal. Me puse a investigar, aprend&iacute; qui&eacute;nes eran Elizabeth y Regina y agradec&iacute; el viaje a Portugal en el que aprendieron un poquito de espa&ntilde;ol, y te mand&eacute; este mail.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/viaje-portugal-cambio-musica-argentina_132_8699307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jan 2022 21:23:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El viaje a Portugal que cambió la música argentina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andarás bien]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/andaras_132_8644158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4190117a-4c83-4dc3-875f-0e9d964056cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Andarás bien"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es verano y este newsletter lo sabe. Ojalá hayas empezado muy bien el año, y ojalá lo que venga sea todavía mejor. Si dudás sobre qué deseos pedir, te dejo una ayuda: este año hay Mundial, viene bien cualquier plegaria por Argentina (y Messi) campeón.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Ac&aacute; siempre te cuento en una canci&oacute;n cu&aacute;nto dura el texto que est&aacute;s a punto de leer, pero hoy cambian las reglas. Marid&aacute; este env&iacute;o con&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=a716a98675&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Desfachatados</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, de Babas&oacute;nicos, una de las mejores canciones para el instante en que el auto se sube a la ruta.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        De mi pap&aacute; aprend&iacute; muchas cosas pero para la ruta, estas: las zapatillas m&aacute;s c&oacute;modas que tengas, los dos juegos de llaves del auto encima. De Patricia Kolesnicov, que es la &uacute;nica periodista a la que le digo &ldquo;feliz d&iacute;a&rdquo; el 7 de junio y tambi&eacute;n el D&iacute;a del Maestro, aprend&iacute; muchas cosas pero para la ruta, esta: &ldquo;Para pasar los camiones rebaj&aacute;s a cuarta y cuando casi lo pasaste pon&eacute;s quinta y el auto hace ahhh, como si patinara sobre hielo&rdquo;. De Guido Carelli, que es el periodista que me llev&oacute; a mi primera cerveza con periodistas y el que me ense&ntilde;&oacute; qu&eacute; notas se firman y cu&aacute;les no, aprend&iacute; muchas cosas. Para la ruta ninguna, pero para cuando lleg&aacute;s a destino, a estacionar. Su m&eacute;todo entra en un dibujito y dura para toda la vida.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        En 2005 Madonna edit&oacute; su d&eacute;cimo disco, Confessions on a Dance Floor.&nbsp;<em>I love New York</em>&nbsp;es una de sus canciones y podr&iacute;a ser una columna del New York Times o del suplemento Viajes de cualquier diario de cualquier pa&iacute;s, o un ejemplo de lo que las profesoras de Lengua de segundo a&ntilde;o ense&ntilde;an como &ldquo;texto argumentativo&rdquo;. Los motivos para amar Nueva York, canta Madonna, no son ni geogr&aacute;ficos ni hist&oacute;ricos ni paisaj&iacute;sticos, sino emocionales: las sensaciones que le despierta la Gran Manzana no se las produce ning&uacute;n otro rinc&oacute;n del mundo, y con eso le alcanza para escribirle un temazo.
    </p><p class="article-text">
        La noche que grab&oacute; el DVD -oh, esa antig&uuml;edad que alguna vez nos pareci&oacute; tan novedosa- en vivo de esa gira, en Londres, Madonna cant&oacute;&nbsp;<em>I love New York&nbsp;</em>y le dijo a su p&uacute;blico ingl&eacute;s: &ldquo;No se lo tomen personal, Nueva York es un estado de &aacute;nimo, puede estar en cualquier lado&rdquo;. Mi teor&iacute;a es que Nueva York s&oacute;lo puede estar en Nueva York y ese es su mejor truco, pero Madonna tiene m&aacute;s millas que yo.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        La idea de que un lugar puede ser un estado de &aacute;nimo me qued&oacute; grabada y la &uacute;ltima vez que me acord&eacute; de Madonna diciendo esa verdad fue este lunes, que manej&eacute; desde Villa Urquiza hasta la arena del estacionamiento de una playa del sur marplatense. La ruta, sobre todo ahora mismo que es verano, es un estado de &aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Debe ser la promesa de un futuro inmediato deseado. Una playita, un arroyito, una sierrita, una visita guiada por una bodeguita. Las patitas en el pasto o en la arena o en el agua. Un plato de rabas que se asoma, un fueguito encendido en la parrilla de un camping municipal, una cerveza artesanal helada y consumida exactamente al lado de otra cervecer&iacute;a artesanal. Una ola perfectamente barrenada, aunque haya que rescatar la malla ca&iacute;da en cumplimiento del deber.
    </p><p class="article-text">
        Debe ser la convicci&oacute;n de que entra en pausa el pasado tambi&eacute;n m&aacute;s inmediato. Los &uacute;ltimos d&iacute;as previos a agarrar la ruta son agotadores. Se parecen a las &uacute;ltimas dos personas que hay que ver entrar al ba&ntilde;o de un bar o de un boliche antes de que toque el alivio propio: inaguantable. Las &uacute;ltimas 48 horas antes de agarrar la ruta incluyen dejar hecha la mayor cantidad de trabajo que sea posible, resolver de dos a cinco imprevistos, decidir si arriesgarse a que las plantas se mueran de calor o si mejor pasar a dejarle la llave a alguien que las riegue, armar la valija, chequear el pron&oacute;stico en el lugar de destino, consumir todo lo que vaya a pudrirse si queda en la heladera demasiados d&iacute;as, elegir los libros para llevar de viaje y evitar -con mayor o menor &eacute;xito- ser contacto estrecho.
    </p><p class="article-text">
        Entre el chapuz&oacute;n y los preparativos, la ruta. Y, claro, el cap&iacute;tulo musical de andar en la ruta, porque si no, a esta altura, &iquest;qu&eacute; hago escribiendo de todo esto en este newsletter? Escuchar m&uacute;sica en la ruta es una oportunidad para, por lo menos, tres cosas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La primera: en tiempos de estar suscriptos a no s&eacute; cu&aacute;ntas plataformas, donde nuestro pulgar ejerce el voto pero el algoritmo ejerce EL PODER REAL y nos lleva para donde le parece, la ruta es perfecta para evitar el salpic&oacute;n y escuchar un disco de p&eacute; a p&aacute;, como lo pensaron los m&uacute;sicos que lo crearon y como est&aacute;bamos acostumbrados en la &eacute;poca de ir a Musimundo, arrancar el celof&aacute;n, y seguir el orden de las canciones con el librito en la mano. No es que todo tiempo pasado sea mejor -aunque a esta altura habr&aacute;n notado que a veces el<strong>&nbsp;Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;&nbsp;</strong>puede ser un poco nost&aacute;lgico- pero a veces ir en ese orden y no a los saltos se parece a desacelerar un poco, y para acelerar est&aacute;n los que andan pasando autos por la banquina. Mientras tanto, vos te reencontr&aacute;s con una canci&oacute;n que no fue corte de difusi&oacute;n ni hit, que no escuch&aacute;s hace diez a&ntilde;os, y que te emociona m&aacute;s de lo que imaginabas. De Circo Beat,&nbsp;<em>Dejarlas partir</em>, de The Joshua Tree,&nbsp;<em>Red Hill Mining Town</em>, del vivo de Los Abuelos en el &Oacute;pera, el instante milagroso en el que Costumbres argentinas se engancha con&nbsp;<em>Himno de mi coraz&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        La segunda: la ruta es espectacular para descubrir cosas de las canciones que siempre estuvieron ah&iacute; pero que nunca hab&iacute;as escuchado, o que te hab&iacute;as olvidado. Coros que arman una melod&iacute;a hermosa y que en el ruido cotidiano quedaban escondidos, un solito de guitarra, un rulo de bater&iacute;a. No s&eacute; si son las ventanillas cerradas, que a&iacute;slan de cualquier ruido molesto, o que la atenci&oacute;n est&aacute; puesta en manejar, una actividad en la que hay que concentrarse pero que no requiere pensar. lo m&aacute;s parecido a meditar que logr&eacute; en 36 a&ntilde;os. La cosa es que se escucha distinto -y mejor- a cuando escuch&aacute;s en la vida cotidiana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tercera: casi en ning&uacute;n lado -la ducha pica en punta, alg&uacute;n d&iacute;a habr&aacute; que hablar del ba&ntilde;o y la m&uacute;sica en este espacio- se canta como en un auto que circula por la ruta. Thelma y Louise no est&aacute;n en un embotellamiento y eso es porque el director sabe que ning&uacute;n alarido se parece al que se pega a 120 kil&oacute;metros por hora. Cuanto m&aacute;s te sab&eacute;s la canci&oacute;n, mejor la grit&aacute;s en la ruta. Sirve para &ldquo;m&aacute;s, me das cada d&iacute;a m&aacute;s, aleluya por el modo que tienes de amar&rdquo; y tambi&eacute;n para &ldquo;no hay merienda si no hay capit&aacute;nnn&rdquo;. Lo &uacute;nico importante es que sea una que llev&aacute;s en el coraz&oacute;n. Si s&iacute;, vas a sentir que el motivo principal para seguir manteniendo un auto son esos gritos pelados que combinan tan bien con el sol, con los girasoles, con los carteles de una marca de galletitas que ni idea pero que se fabrican en Miramar, con el parasol metalizado del auto que acaba de pasarte y con la sonrisa de la nena que te salud&oacute;. Vas a sentir que ojal&aacute; alguien te estuviera filmando.
    </p><p class="article-text">
        Y encima, cuando te quieras dar cuenta, vas a estar m&aacute;s cerca de la orilla.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/andaras_132_8644158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jan 2022 12:20:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Andarás bien]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Este diciembre final]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/diciembre-final_132_8614460.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae85a2fe-a4f6-486e-ba34-3911c2c74308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Este diciembre final"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Consideré hablar de "All I want for Christmas is you", de Mariah Carey, y de cómo una canción puede ser número uno recién a veinticinco años de su edición. Pero cambié de planes. Gracias, como siempre, por el tiempo que estás a punto de dedicarle a este envío.</p><p class="subtitle">Orden y progreso</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=07d759316c&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>"La noche eterna"</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, una canci&oacute;n que dice esta hermosura: "Voy a derrumbar mi casa y empezar de nuevo". Adecuado para encarar el cambio de a&ntilde;o.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Le escapo al turr&oacute;n, procuro que lo que me toque llevar a la mesa navide&ntilde;a no tenga que ser demasiado elaborado, evito las alcaparras pero si el vitel ton&eacute; tiene, se las saco y lo como igual. Hago lo que haya que hacer para no estar a cargo del regalo de un adolescente porque son los m&aacute;s dif&iacute;ciles y no me ocupo de descorchar ni sidra ni champagne porque no me da la fuerza ni la paciencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; hago es un balance m&aacute;s bien silencioso y que tiene como Lado B una especie de mapa de prop&oacute;sitos para el a&ntilde;o siguiente. Ejemplos reales de lo que espero para mi 2022: &ldquo;m&aacute;s actividad f&iacute;sica&rdquo;, &ldquo;ver Los Soprano&rdquo;, &ldquo;mejorar el compost&rdquo;, &ldquo;un cl&aacute;sico del cine por mes&rdquo;, &ldquo;aprender mec&aacute;nica b&aacute;sica porque despu&eacute;s de ver c&oacute;mo se le incendi&oacute; el auto a una chica en Juan B. Justo y Corrientes ya nada fue lo mismo&rdquo;. Preguntas reales de las que me hago para armar el balance: &ldquo;&iquest;a qu&eacute; le dediqu&eacute; tiempo este a&ntilde;o?&rdquo;, &ldquo;&iquest;qu&eacute; hice distinto a como lo hac&iacute;a siempre?&rdquo;, &ldquo;&iquest;qu&eacute; v&iacute;nculos cuid&eacute; y cu&aacute;les no tanto?&rdquo;. Y tambi&eacute;n: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; escribo un newsletter sobre m&uacute;sica y no sobre cualquier otra cosa?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Llevo casi cien horas pensando en esta estrofa: &ldquo;Me arden las manos / Me arden las manos / Meee-arrr-den las manosss / Meee-arrr-den las manosss&rdquo;. La cant&oacute; el s&aacute;bado Santiago Motorizado en GEBA: fue el primer show de &Eacute;l Mat&oacute; con p&uacute;blico en los 659 d&iacute;as que lleva esta pandemia inaguantable en suelo argentino.
    </p><p class="article-text">
        La cantaron tambi&eacute;n unos cu&aacute;ntos miles de personas. No s&eacute; cu&aacute;ntos miles porque se me rompi&oacute; el cosito de calcular multitudes, un defecto que casi cualquier redactor confes&oacute; al volver de cubrir una manifestaci&oacute;n y escuchar al editor decir: &ldquo;Est&aacute;n haciendo la tapa, &iquest;cu&aacute;nta gente hab&iacute;a?&rdquo;. Respuestas gen&eacute;ricas: &ldquo;Avenida de Mayo llena, de 9 de Julio hasta el Congreso&rdquo;, &ldquo;explotada Diagonal Norte, desde el Obelisco hasta la Plaza&rdquo;, &ldquo;no s&eacute;, pero los organizadores dicen 100.000 y la Polic&iacute;a dice 20.000&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pienso incansablemente en la estrofa porque si cierro los ojos vuelvo a ver al Chango alargar el cuello como si en ese gesto alargara tambi&eacute;n las vocales del final de&nbsp;<em>D&iacute;a de los muertos.</em>&nbsp;Pero sobre todo vuelvo a ver miles de manos -no s&eacute; cu&aacute;ntos miles-, abiertas y levantadas, estiradas como las vocales de la letra, en un gesto que le quedar&iacute;a bien a la iglesia evang&eacute;lica de Corrientes y Medrano, a un domingo a la ma&ntilde;ana en un coro g&oacute;spel del Harlem neoyorquino, o a lo que me pasaba cuando mis t&iacute;os me llevaban a misa para que mis pap&aacute;s tuvieran tiempo de buscarnos un departamento m&aacute;s grande: todo lo que ocurr&iacute;a ah&iacute; me era ajeno salvo algunos estribillos que se me met&iacute;an en alg&uacute;n lado entre la cabeza y el coraz&oacute;n. Casi siempre el que dice &ldquo;pon tus manos en las manos del Se&ntilde;or de Galilea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tiene dos acordes&nbsp;<em>D&iacute;a de los muertos</em>, re y la. Las canciones austeras que son buenas, son buen&iacute;simas. Como casi todo lo austero. A Marlon Brando le alcanz&oacute; una bajadita de ojos y mirar para un costado para sepamos que le parec&iacute;a que Michael era el mejor padrino posible pero que &eacute;l quer&iacute;a otro destino para ese hijo. A Luca Prodan le alcanzaron dos acordes, mi y la, para montar encima de eso&nbsp;<em>Ma&ntilde;ana en el Abasto</em>&nbsp;que si me apur&aacute;s es su mejor canci&oacute;n. A U2 le alcanz&oacute; con dos caracteres para inventarse uno de los mejores nombres de banda de la historia del rock.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        A &Eacute;l Mat&oacute; le alcanza con re y la para meterte en el trance. Empieza en GEBA cuando levant&aacute;s las manos porque alrededor tuyo todos levantan las manos mientras gritan &ldquo;mir&aacute; tu pueblo, Se&ntilde;or, y env&iacute;a la salvaci&oacute;n&rdquo;, y una guitarra distorsionada se apila con el bajo, y el Chango se pone en puntitas de pie como si pudiera sacar la voz desde los metatarsos, y c&oacute;mo no te va a pasar algo con todo eso alrededor tuyo.
    </p><p class="article-text">
        La canci&oacute;n termina, el recital tambi&eacute;n, pero el trance sigue. Cant&aacute;s que te arden las manos mientras camin&aacute;s hasta que aparezca un taxi para meterte en la cama r&aacute;pido porque tres horas de pie ya no son gratis, cant&aacute;s que te arden las manos a la ma&ntilde;ana siguiente, mientras prepar&aacute;s el desayuno, y surfe&aacute;s versiones en vivo de&nbsp;<em>D&iacute;a de los muertos&nbsp;</em>en YouTube mientras pase&aacute;s al perro por la vereda de la sombra.
    </p><p class="article-text">
        Te arden las manos con la cabeza semi metida en el freezer mientras decid&iacute;s si milanesa de carne o de pollo, y cort&aacute;s el p&aacute;rrafo que est&aacute;s escribiendo porque ninguna otra cosa es tan importante como gritar que te arden las manos. Teee-arrr-den las manosss. Cant&aacute;s apenas cort&aacute;s un llamado telef&oacute;nico en el que no pensaste ni una vez en la canci&oacute;n y no entend&eacute;s en qu&eacute; parte del disco r&iacute;gido est&aacute; almacenada, tan disimulada hasta estallar, tan actualizando en segundo plano.
    </p><p class="article-text">
        Le improvis&aacute;s una pausa al&nbsp;<em>home office</em> para hacer dos pasaditas cortitas con la guitarra. Total es re f&aacute;cil: re y la. Tres horas despu&eacute;s le improvis&aacute;s otra pausa al <em>home office</em>: re y la. Hasta se te ocurri&oacute; una moner&iacute;a, uno de esos arreglitos nivel fog&oacute;n, el First Certificate de saber tocar una criolla. Pon&eacute;s el disco entero para cocinar pero cuando termina&nbsp;<em>D&iacute;a de los muertos</em>&nbsp;la repet&iacute;s y despu&eacute;s la volv&eacute;s a repetir.
    </p><p class="article-text">
        Te despert&aacute;s, como tres d&iacute;as o cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de GEBA, y arranca de nuevo, sin saber cu&aacute;ndo va a parar y con la convicci&oacute;n de que los pr&oacute;ximos quince o veinte segundos ser&aacute;n hermosos: &ldquo;Me arden las manos / Me arden las manos / Meee-arrr-den las manosss / Meee-arrr-den las manosss&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Hago un newsletter de m&uacute;sica porque es el &uacute;nico pensamiento obsesivo que me hace feliz.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/diciembre-final_132_8614460.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Dec 2021 10:46:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Este diciembre final]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Orden y progreso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/orden-progreso_132_8579381.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cad2ca41-4390-4acf-89f2-68756faf364a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orden y progreso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A veces me pone un poco nerviosa este párrafo porque no sé bien qué decir sin ser repetitiva o protocolar. Esta vez no porque vengo con un datito, un apéndice del envío en el que les hablé de la música que pone Silvia, mi kinesióloga: esta semana puso "La marsellesa". Al principio el desconcierto fue total, pero al final dos señoras dijeron "Viva La France". Silvia lo había hecho de nuevo</p><p class="subtitle">Confort y música para esperar</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar el final volc&aacute;nico de "Dark side of the moon".&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=4fd3537499&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Dos canciones, una sola hermosura</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;<strong>&Aacute;lbum Blanco</strong>&nbsp;es un avi&oacute;n. Apenas empieza y antes que a ninguna otra cosa, el disco de The Beatles hace ruido a turbinas y alcanzan esos primeros segundos para abrocharse el cintur&oacute;n y subirse al viaje.&nbsp;<em>Back in the USSR</em>, la primera canci&oacute;n del disco doble, termina con el ruido de las ruedas de la nave avanzando por la pista, la m&aacute;quina reci&eacute;n apoyada contra la tierra, la potencia que necesita metros y metros y m&aacute;s metros para que las pulsaciones recuperen su ritmo crucero. La fuerza de ese carreteo va a parar toda a los dedos de John Lennon, que arpegia ese pasillito dulce por el que se entra a&nbsp;<em>Dear Prudence</em>. Ni la primera canci&oacute;n del&nbsp;<strong>&Aacute;lbum Blanco</strong>, ni la segunda, ni nosotros ser&iacute;amos los mismos si las dos pistas estuvieran separadas por otra.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Celeste Carballo gimotea / bebotea en los primeros segundos de&nbsp;<em>Dos d&iacute;as en la vida,</em>&nbsp;el Fito P&aacute;ez que acaba de abrirnos una iglesia g&oacute;spel en la cabeza sigue ah&iacute;. No porque ya est&eacute; por cantarnos su parte de esa aventura de chicas en peligro. Est&aacute; ah&iacute; porque acaba de cantarnos&nbsp;<em>El amor despu&eacute;s del amor&nbsp;</em>y todav&iacute;a no se fue a ning&uacute;n lado. Como si su voz y los &uacute;ltimos acordes de la canci&oacute;n que abren el disco, en&nbsp;<em>fade out</em>, fueran un gerundio: &ldquo;Me estoy yendo&rdquo;. En vivo, Fito toc&oacute; las canciones por separado un mill&oacute;n (?) de veces. Pero todas las veces que hizo alg&uacute;n show para celebrar un aniversario de su obra cumbre, las puso juntas.
    </p><p class="article-text">
        Las dos &uacute;ltimas canciones de&nbsp;<strong>Dark side of the moon</strong>,&nbsp;<em>Brain damage&nbsp;</em>y&nbsp;<em>Eclipse</em>, se envasaron por separado. Y sin embargo, las dos canciones son tan contacto estrecho una de la otra que la risa de Roger Waters que se empieza a escuchar al final de la primera, termina cuando empieza la segunda.&nbsp;<em>Eclipse</em>&nbsp;es el primer fuego artificial de A&ntilde;o Nuevo,&nbsp;<em>Brain damage</em>&nbsp;es la cuenta regresiva con las copas levantadas y Cr&oacute;nica puesto en alg&uacute;n televisor.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Hace dos semanas Adele public&oacute;&nbsp;<strong>30</strong>, su primer disco de estudio en seis a&ntilde;os. No lo escuch&eacute; para escribir este env&iacute;o del newsletter, pero s&eacute; que habla de su divorcio y de su maternidad. De Adele s&eacute; casi nada, lo que podr&iacute;a intercambiarse en el tiempo que dura hacer la fila del banco o subir hasta un piso 14 &oacute; 15 en ascensor. S&iacute; s&eacute;, porque me lo contaron los medios de comunicaci&oacute;n y las redes sociales, que inst&oacute; a Spotify a que desactivara la opci&oacute;n por default de reproducci&oacute;n aleatoria en su nuevo disco.
    </p><p class="article-text">
        Si navegan un rato, van a leer muchos titulares que dicen que Adele oblig&oacute; a la plataforma a que sacara el bot&oacute;n de reproducci&oacute;n aleatoria. Si abren Spotify y buscan su disco, ver&aacute;n que el bot&oacute;n est&aacute; disponible. Si encuentran, despu&eacute;s de un rato un poco m&aacute;s largo, alguna nota m&aacute;s o menos seria, aparecer&aacute; la informaci&oacute;n correcta. El pedido fue que Spotify, en el caso de&nbsp;<strong>30</strong>&nbsp;y al contrario de su costumbre, pusiera a disposici&oacute;n la escucha de las 12 canciones del disco en el orden en el que fueron editadas. Spotify lo hizo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No creamos &aacute;lbumes con tanto cuidado y pensamos en nuestra lista de canciones sin ninguna raz&oacute;n.&nbsp;Nuestro arte cuenta una historia y nuestras historias deben ser escuchadas como fueron pensadas&rdquo;, escribi&oacute; la artista en sus redes sociales.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        V&iacute;ctimas de decenas de t&iacute;tulos forzados, con Luci -que es mi compa&ntilde;era y mi amor- usamos todo un viaje en auto para no ponernos de acuerdo sobre eso que nos dec&iacute;an que Adele y Spotify hab&iacute;an hecho: anular el bot&oacute;n de reproducci&oacute;n aleatoria. Ella dec&iacute;a que c&oacute;mo alguien m&aacute;s iba a decidir en qu&eacute; orden te gusta disfrutar de algo, que eso es parte de la experiencia de consumir alguna cosa. S&eacute; que ese argumento es v&aacute;lido porque si alguien intentara decirme en qu&eacute; orden comer los gustos del helado yo desatar&iacute;a la Tercera Guerra Mundial.&nbsp;Pero tambi&eacute;n s&eacute; que el orden de las canciones de un disco es parte de la obra. Ese ensamble es en s&iacute; mismo una creaci&oacute;n, una intenci&oacute;n de autor.
    </p><p class="article-text">
        <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>&nbsp;es un tr&iacute;ptico que va desde el para&iacute;so hasta el infierno, y estoy segura de que si ma&ntilde;ana al director del Museo del Prado se le ocurriera colgarlo en otro orden -me sale escribir &ldquo;en desorden&rdquo;- para ver qu&eacute; pasa, el resultado podr&iacute;a ser maravilloso o mal&iacute;simo, pero no ser&iacute;a&nbsp;<em>El jard&iacute;n de las delicias</em>. Estoy segura tambi&eacute;n de esto: si El Bosco hubiera sido un pintor &aacute;rabe en vez de flamenco, el pa&ntilde;o de la izquierda ser&iacute;a el del infierno y el de la derecha, el del para&iacute;so. &iquest;Por qu&eacute;? Porque quienes leen en &aacute;rabe mueven la vista de derecha a izquierda, y&nbsp;<em>El jard&iacute;n de las delicias</em>&nbsp;cuenta una historia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;M&aacute;s vale que el corte de difusi&oacute;n sea la primera canci&oacute;n del disco. Coherencia, Adele, te pido co-he-ren-cia&rdquo;, dijo Luci arriba del auto, con uno de todos los tonos que usa para hacerme re&iacute;r. El primer corte de difusi&oacute;n de&nbsp;<strong>30</strong>&nbsp;es&nbsp;<em>Easy on me</em>, la segunda canci&oacute;n del disco. &ldquo;Quiere decir que entonces lo que dice antes, en la primera canci&oacute;n, no importa para contar la historia&rdquo;, me respondi&oacute; cuando Google nos resolvi&oacute; la duda. Le anot&eacute; un porotito en silencio, pero tambi&eacute;n dije, convencida: &ldquo;Es que se sigue tratando de que la artista presenta su obra como quiere que se conozca. &iquest;Por qu&eacute; no?&rdquo;. Ninguna de las dos convenci&oacute; a la otra.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; -aunque no dije- esto: &ldquo;&iquest;Y si Picasso tuviera que recortar un pedacito de&nbsp;<em>Guernica</em>, tipo adelanto de difusi&oacute;n? &iquest;Estar&iacute;a mal que su &lsquo;single&rsquo; fuera la cabeza del caballo, que no es por donde la pintura &lsquo;empieza&rsquo; pero que es un emblema de la obra en la que cont&oacute; de qu&eacute; se tratan el dolor, el caos y la masacre en menos de ocho metros?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero sobre todo pens&eacute; en que c&oacute;mo voy a apretar un bot&oacute;n que separe Brain damage de Eclipse. Con lo indestructibles que son as&iacute;, pegaditas.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/orden-progreso_132_8579381.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Dec 2021 19:07:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Orden y progreso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Confort y música para esperar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/confort-musica-esperar_132_8503420.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b23cb9de-648b-4bb2-b962-af5a29e2571d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Confort y música para esperar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quince entregas lleva ya este newsletter sonoro. Llevo tiempo sin hacer algo sobre ruido. Anoté algunas ideas de ese estilo en el fichero de Trello que intenta ordenar este proyecto, pero no verán la luz en este envío. Es que la música se me impone. Vamos.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar a Martha Argerich interpretando a Chopin en 1966. Es el&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=f60e629d48&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Scherzo N&deg; 2</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;y para este env&iacute;o aprend&iacute; que "scherzo" es "broma" en italiano y que as&iacute; se nombra a la parte "juguetona" de una obra musical.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Silvia tiene 68 a&ntilde;os, los ojos delineados de azul, un mill&oacute;n de caballos de fuerza, y un consultorio que parece una romer&iacute;a. La sala de espera es la performance de su CV. Los dos diplomas m&aacute;s grandes se los dio la UBA. El de 1977 la unge kinesi&oacute;loga, el de 1991, licenciada en Kinesiolog&iacute;a y Fisiatr&iacute;a. Los dem&aacute;s cuadritos de la habitaci&oacute;n son como ramales que se le abren a ese recorrido acad&eacute;mico troncal: congresos sobre hombro y codo o sobre c&oacute;mo mover una camilla sin lesionarse, jornadas profesionales enteramente dedicadas al f&eacute;mur.
    </p><p class="article-text">
        En la sala de espera de Silvia hay dos sillones de dos cuerpos para, claro, esperar. Tambi&eacute;n hay una bicicleta fija, dos macetas con flores de pl&aacute;stico, una barra como las que hay en los salones de aprender ballet pero que ac&aacute; sirve para estirar las lumbares, una l&aacute;mina que dice c&oacute;mo se llaman todos los m&uacute;sculos del cuerpo humano, la silla en la que Silvia te sienta para -ac&aacute; se dice as&iacute;- movilizarte, y el ganchito del que cuelgan las llaves del consultorio: los pacientes que esperan se ocupan de abrirles la puerta a los que reci&eacute;n llegan o a los que ya se van.
    </p><p class="article-text">
        Silvia, dos millones de caballos de fuerza, va y viene entre camillas de magnetoterapia, camas de Pilates, el microondas en el que calienta la almohadilla de semillas, y el&nbsp;<em>posnet</em>&nbsp;por el que pasa las credenciales de prepagas y obras sociales. &ldquo;Roffo, enseguida te toca&rdquo;, miente Silvia. A m&iacute; y a todos los apellidos all&iacute; presentes. La estad&iacute;a en su consultorio nunca dura menos de dos horas y nunca ocurre sin que te r&iacute;as de una a diez veces: todas son culpa de la licenciada, especialista en huesos, m&uacute;sculos, articulaciones y climas amenos.
    </p><p class="article-text">
        Al lado del escritorito en el que hay que firmar que accediste a tu sesi&oacute;n, Silvia tiene un microcomponente Sony con entrada USB. En una latita plateada, dos<em>&nbsp;pen-drives</em>, esos objetos que a esta altura de la nube digital no necesit&aacute;s nunca hasta que los necesit&aacute;s y no ten&eacute;s idea de d&oacute;nde qued&oacute; el &uacute;ltimo que usaste.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo un poco de todo porque si no me aburro yo y se aburren ustedes. Ac&aacute; hay que estar alegres porque para tristes ya est&aacute;n los dolores que los traen a mi consultorio, la factura de la prepaga, la pandemia, los precios. Todo&rdquo;, editorializa Silvia cuando le pregunto c&oacute;mo elige lo que escuchamos. Desde el microcomponente, mientras un aparato me hace vibrar la cadera, escucho el Silvia-Mix.&nbsp;<em>Baby, can I hold you</em>, de Tracy Chapman, la voz de Sin&eacute;ad O&rsquo;Connor que dice &ldquo;<em>nothing compares to you</em>&rdquo;, Carly Simon canta&nbsp;<em>Let the river run</em>, Frank y Nancy Sinatra apilan las voces para&nbsp;<em>Something stupid</em>&nbsp;y Dolores O&rsquo;Riordan, la cantante maravillosa y muerta de The Cranberries, susurra&nbsp;<em>Ode to my family</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Casi todas las se&ntilde;oras de la sala de espera de Silvia usan mocasines, una mezcla de elegancia y comodidad a la que supongo que voy a aspirar cuando haya superado los sesenta, como casi todas las se&ntilde;oras de la sala de espera de Silvia. Mueven la patita -y los mocasines- cuando el&nbsp;<em>pen-drive</em>&nbsp;est&aacute; en acci&oacute;n. Hacen los ejercicios al ritmo de la voz de turno, alguna +80 y siempre perfumada le dice a la due&ntilde;a de todo este circo que qu&eacute; lindo que nos pon&eacute;s m&uacute;sica, Silvia, qu&eacute; bien nos hace.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pongo de todo pero lo que mejor funciona es la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Esa le entra a todos. A absolutamente todos. Te das cuenta cuando empiezan a mover la cabeza o a hacer los ejercicios como con m&aacute;s fuerza&rdquo;. Silvia baja la voz s&oacute;lo para dos cosas: para hablar de pol&iacute;tica, creo que porque intenta decirle a cada paciente lo que supone que quiere escuchar, y para contarme su secreto de musicalizaci&oacute;n. &ldquo;En un&nbsp;<em>pen-drive</em>, de todo, en el otro, s&oacute;lo cl&aacute;sico. Ese lo pongo un rato una vez por hora, despu&eacute;s sigue el otro, y as&iacute; los voy mechando. Beethoven no falla, nena&rdquo;, secretea, casi y&eacute;ndose por el pasillo, casi pronunciando el apellido al que le est&aacute; por prometer pronta atenci&oacute;n con la voz sonriente.
    </p><p class="article-text">
        Me da bastante ternura que Silvia baje la voz para decirme una obviedad. Desde esta camilla en la que curo mis lumbares escuch&eacute; hace menos de cinco minutos a no s&eacute; qu&eacute; orquesta del mundo interpretar esa parte de la&nbsp;<em>Novena Sinfon&iacute;a</em>&nbsp;que la Humanidad se puso de acuerdo en llamar<em>&nbsp;Himno a la Alegr&iacute;a</em>, y como todas las veces, pens&eacute; en que tiene una escala tan planetaria que ser&iacute;a una de las dos o tres canciones que le mostrar&iacute;a a un extraterrestre para contarle de qu&eacute; nos tratamos los terr&iacute;colas. Tambi&eacute;n pens&eacute;, pero esto ya cuando me imaginaba este p&aacute;rrafo, en que no s&eacute; con qu&eacute; cualquier otra cosa cl&aacute;sica podr&iacute;a comparar esa composici&oacute;n. Con ning&uacute;n p&aacute;rrafo de la literatura universal, con ninguna pintura, con ninguna foto, con ninguna otra melod&iacute;a. De verdad: &iquest;qu&eacute; cosa se parece a la&nbsp;<em>Novena Sinfon&iacute;a</em>&nbsp;de Beethoven?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Entonces me parece que Silvia me dijo una obviedad pero que su obviedad no pierde un gramo de potencia. Es m&aacute;s, me pongo a leer para este&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>&nbsp;que quiero escribir sobre lo que nos hace la m&uacute;sica en este consultorio en el que me meto dos veces por semana, y resulta que la licenciada est&aacute; res-pal-da-da. Tiene aval. No s&oacute;lo el inconsciente colectivo (el occidental, al menos) le da la raz&oacute;n: la ciencia tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una investigaci&oacute;n sobre m&uacute;sica en salas de espera publicada por el British Journal of General Practice (siempre dudo sobre si corresponde traducir o no estos nombres) descubri&oacute; que el 74% de los pacientes prefieren que haya m&uacute;sica y no silencio en el lugar en el que los toca tener paciencia antes de recibir atenci&oacute;n m&eacute;dica. El 56% de los encuestados respondieron que la mejor opci&oacute;n para esa espera es la m&uacute;sica cl&aacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo estudio explica por qu&eacute; preferimos que haya m&uacute;sica mientras esperamos. En un contexto en el que podr&iacute;amos dedicar casi exclusivamente nuestros pensamientos a c&oacute;mo nos va a ir en el encuentro m&eacute;dico que estamos por tener y a todo lo que tenemos que hacer una vez que esa espera termine&nbsp;-pensamientos que, a medida que la espera se alarga, pueden volverse m&aacute;s ansiosos-, la m&uacute;sica nos entretiene, corre un poco el foco de esa lista de pendientes y, por lo tanto, nos desestresa. Entre los motivos m&aacute;s citados por las personas que respondieron sobre qu&eacute; les hac&iacute;a sentir la m&uacute;sica en una sala de espera, el que gan&oacute; fue &ldquo;me hace sentir acompa&ntilde;ado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ventaj&oacute;n cient&iacute;fico de la m&uacute;sica, dicen los del British Journal: si se la pone al volumen adecuado (medianito, tibi&oacute;n, tirando a de fondo), puede entretenernos, desestresarnos y, si no queremos concentrarnos en eso que suena, no nos interfiere con lo que decidamos hacer. Otro puntito inteligente de la m&uacute;sica: en comparaci&oacute;n con llegar a una sala de espera y que haya un televisor, los encuestados dijeron que la m&uacute;sica les da la sensaci&oacute;n de que esa espera ser&aacute; razonable, mientras que la tele les hace sentir que habr&aacute; que sentarse demasiado rato en la silla que haya quedado a mano.
    </p><p class="article-text">
        Un bonus-track cient&iacute;fico: llega Harvard al<strong>&nbsp;Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>&nbsp;con un dato sobre la m&uacute;sica que deja la sala de espera atr&aacute;s pero que igual me parece hermoso. La Escuela de Medicina de esa universidad determin&oacute; que al reproducir m&uacute;sica durante cirug&iacute;as que requieren anestesia administrada directamente en la columna vertebral la dosis de sedantes que deben aplicarse al paciente se reducen hasta el 40%.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo es Barrio Norte, el consultorio de planta baja en el que te puede tocar estirarte sobre una pelota de las de Pilates o atender el tel&eacute;fono y avisarle a un desconocido que para turnos por favor despu&eacute;s de las 15. Del microcomponente sale la voz de un Elton John de hace medio siglo que canta&nbsp;<em>Your song</em>, y los Bee Gees preguntando cu&aacute;n profundo es tu amor, y Extreme, con su hitazo&nbsp;<em>More than words</em>.
    </p><p class="article-text">
        Mientras me explica qu&eacute; ejercicio hacer para fortalecer mi cintura escapular y les promete que ya falta poquito a dos se&ntilde;oras y le hace un chiste al se&ntilde;or al que est&aacute; a punto de medirle la oxigenaci&oacute;n para saber c&oacute;mo va su recuperaci&oacute;n post-CoVid, Silvia mira la hora e interrumpe todo lo que estaba haciendo para cambiar de&nbsp;<em>pen-drive</em>. Del microcomponente sale la&nbsp;<em>Serenata N&deg; 13</em>&nbsp;de cuerdas de Mozart. Los mocasines de las se&ntilde;oras bailotean. El se&ntilde;or le entrega el dedo al satur&oacute;metro con serenidad.
    </p><p class="article-text">
        Y no importa que no sepas cu&aacute;l es la&nbsp;<em>Serenata N&deg; 13</em>&nbsp;de cuerdas de Mozart. Yo tampoco me acordaba el nombre cuando sal&iacute; de lo de Silvia. Pero mand&eacute; un audio tarare&aacute;ndola al c&iacute;rculo rojo que cre&iacute; apropiado para resolver la duda y enseguida hubo soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mir&aacute;, te la dejo ac&aacute; nom&aacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &iquest;Viste? Mozart no falla.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/confort-musica-esperar_132_8503420.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Nov 2021 21:39:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Confort y música para esperar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La más maravillosa música]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/maravillosa-musica_132_8450181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91dc6676-3a5a-426b-a6f6-7f176739e5a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La más maravillosa música"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Episodio catorce y una pregunta: ¿iba a quedarse el Cuchá Cuchá sin hablar de los 70 años de Charly García? Por supuesto que no, mirá si me iba a bajar de toda esa alegría, esa emoción y esa nostalgia colectiva.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=2afbbcf1d5&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Fax U</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, una hermosura de&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>La hija de la l&aacute;grima</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>. Tal vez te quede corta, as&iacute; que metele&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=ac5593dc50&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Chipi Chipi</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>, bomb&oacute;n.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Charles Darwin se muri&oacute; en 1882 pero si se hubiera muerto en 1980 habr&iacute;a tenido material para por lo menos un cap&iacute;tulo m&aacute;s de su teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n. Si hubiera visto -escuchado, mejor, &iquest;o no estamos hablando de m&uacute;sica en este&nbsp;<em>newsletter</em>?- lo que hizo Charly Garc&iacute;a&nbsp;para transformar &ldquo;Nena&rdquo;, modelo 1975, en &ldquo;Eiti Leda&rdquo;, de 1978, habr&iacute;a tomado nota en su libretita de naturalista c&eacute;lebre o habr&iacute;a hablado de esa metamorfosis en seminarios de todo el mundo. Habr&iacute;a dicho: &ldquo;A esta canci&oacute;n le creci&oacute; algo. No s&eacute; si alas o branquias o una banda de rock sublime alrededor, pero evolucion&oacute;&rdquo;*.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>*(De hacer el&nbsp;Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;&nbsp;me gusta que puedo cambiarle la fecha de muerte a Darwin, inventarle seminarios y un textual).</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Charly Garc&iacute;a, el se&ntilde;or cuyas canciones se escuchaban por las ventanillas de los autos y de los negocios este s&aacute;bado y este domingo y los d&iacute;as que siguieron porque la manija es as&iacute;, escribi&oacute; &ldquo;Nena&rdquo; cuando ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. Repito: cuando ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. El dato ser&iacute;a imposible de entender si no se tratara de un hombre que dio su primer concierto de piano unos d&iacute;as antes de cumplir los 5 y que a los 12 ya ten&iacute;a t&iacute;tulo habilitante (?) para ense&ntilde;ar a tocar ese instrumento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nena&rdquo; entr&oacute; a la discograf&iacute;a de Sui Generis por la ventana. En 1996, despu&eacute;s de que las grabaciones originales estuvieran perdidas, se edit&oacute; el tercer volumen de&nbsp;<em>Adi&oacute;s Sui Generis</em>, parte del registro de la despedida en vivo de la banda, en septiembre de 1975 en el Luna Park. &ldquo;Nena&rdquo; era una de las sobras (sobras, s&iacute;) que hab&iacute;a quedado afuera de los dos discos ya editados. Otras sobras: &ldquo;Cuando ya me empiece a quedar solo&rdquo;, &ldquo;Fabricante de mentiras&rdquo; y &ldquo;El fantasma de Canterville&rdquo;. Era, adem&aacute;s, una de las canciones que Charly ten&iacute;a pensado incluir en&nbsp;<em>Ha sido</em>, el disco que Sui Generis iba a grabar pero al final no porque se separaron. Alguien en YouTube compil&oacute; todas las canciones que, presuntamente, iban a ser parte de&nbsp;<em>Ha Sido</em>&nbsp;y la descripci&oacute;n del video es hermosa: &ldquo;Hipot&eacute;tico &aacute;lbum p&oacute;stumo del d&uacute;o seminal del rock argentino&rdquo;.&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=80426228be&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ac&aacute; te lo dejo</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nena&rdquo; era, cuando era &ldquo;Nena&rdquo;, la voz aflautada de Nito Mestre en rol protag&oacute;nico y la de Garc&iacute;a haciendo coros detr&aacute;s. Las voces de Rinaldo Rafanelli y Juan Rodr&iacute;guez, el bajista y el baterista que sesionaban con Sui Generis, rodeando a la de Nito como si &ldquo;Nena&rdquo; fuera una canci&oacute;n de Almendra. Como si fuera la versi&oacute;n de &ldquo;Muchacha&rdquo; que&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=b88a2d477c&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spinetta grab&oacute; con Molinari, Del Guercio y Garc&iacute;a la noche de sus bandas eternas</a>.
    </p><p class="article-text">
        Era una canci&oacute;n con una introducci&oacute;n que Charly extirp&oacute; para la &ldquo;Eiti Leda&rdquo; versi&oacute;n Seru Giran y que volvi&oacute; a resucitar para&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=78e9327396&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ese &ldquo;compactito&rdquo; que grab&oacute; en su&nbsp;</a><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=78e9327396&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>MTV Unplugged</em></a>. Ese que apila &ldquo;Eiti Leda&rdquo; y &ldquo;Viernes 3 am&rdquo; justo despu&eacute;s de que &eacute;l diga &ldquo;por favor, lloren&hellip; ja&rdquo;. Una canci&oacute;n parte de una &oacute;pera rock -esas ideas monumentales que se les ocurr&iacute;an a algunos m&uacute;sicos de la era en la que los discos se escuchaban enteros y en orden- que se llama&nbsp;<em>Theo</em>&nbsp;y que Charly nunca edit&oacute;. &ldquo;Nena&rdquo; era una canci&oacute;n hecha de dos canciones, la que termina diciendo &ldquo;o me mates este mediod&iacute;a, nena&rdquo; y la que empieza justo despu&eacute;s, con un teclado suave, y dice &ldquo;entrando al cuarto, volando bajo, la alondra ya est&aacute; cerca de tu caaama, ne-naaa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nena&rdquo;, un poco m&aacute;s suave, un poco m&aacute;s amable, hasta un poco m&aacute;s pasada por agua que su sucesora, dice &ldquo;que tenga infinitos carteles que nos den las gracias&rdquo;. Como un borrador o un ensayo a cielo abierto de &ldquo;Eiti Leda&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Tres a&ntilde;os despu&eacute;s de que Sui Generis dijera adi&oacute;s, Seru Giran edita su primer disco. La primera canci&oacute;n de ese primer disco es &ldquo;Eiti Leda&rdquo;, un gesto que para m&iacute; se parece a que la primera canci&oacute;n de la discograf&iacute;a de Oasis sea &ldquo;Rock&rsquo;n&rsquo;roll star&rdquo;, como una patada en la puerta de la historia de la m&uacute;sica detr&aacute;s de la que viene un tipo y dice &ldquo;hola, s&iacute;, soy una estrella de rock&rdquo;. Despu&eacute;s hay que estar a la altura de que esa patada, ese&nbsp;<em>cross</em>&nbsp;a la mand&iacute;bula, sea tu carta de presentaci&oacute;n. Oasis estuvo a la altura. Seru Giran, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eiti Leda&rdquo; pega la patada y dice &ldquo;hola, s&iacute;, somos esta banda prodigio, algunos van a decir que la banda m&aacute;s prodigio que haya pisado este pa&iacute;s, escuchen&rdquo;. Y entonces &ldquo;Eiti Leda&rdquo; apila ya no dos, sino tres canciones. La que empieza con lo de &ldquo;quiero verte la cara&rdquo; y termina en la posible muerte al mediod&iacute;a, la que empieza enseguidita y termina en la ciudad meada de risa, y lo que viene despu&eacute;s, eso que en el mundo de la m&uacute;sica se llama &ldquo;coda&rdquo; pero que en tus parlantes o en tus auriculares suena como un rascacielos que crece subido al sintetizador de Charly, que se parece a un cohete echando fuego en Cabo Ca&ntilde;averal, o a lo que sent&iacute;s en la panza cuando el avi&oacute;n ya est&aacute; todo en el aire y, como no entend&eacute;s de aviones, no sab&eacute;s si fue magia o un milagro, pero qu&eacute; hermoso.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eiti Leda&rdquo; es la suma -o la multiplicaci&oacute;n, o la potencia, seguro que la potencia- de distintas piezas musicales. Una familia ensamblada de las que, con lo dif&iacute;cil que es, efectivamente funciona. Charly Garc&iacute;a hizo lo mismo que Freddie Mercury en &ldquo;Bohemian Rhapsody&rdquo;, lo mismo que Thom Yorke en &ldquo;Paranoid Android&rdquo; y lo mismo que John Lennon y Paul McCartney en &ldquo;A day in the life&rdquo;, la canci&oacute;n que m&aacute;s juntos compusieron y para la que ninguno de los dos, por separado, habr&iacute;a alcanzado. De ese club es socio Charly.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eiti Leda&rdquo; se sostiene en ese sintetizador -un Minimoog de esos chiquitos, tan lindos- y tambi&eacute;n en un piano de cola, y en otro sintetizador que emula un ensamble de cuerdas, y en una guitarra ac&uacute;stica, y en la voz de Charly, que decide que esta vez &eacute;l va a protagonizar su obra maestra. Era la &eacute;poca en la que, en el estudio pero tambi&eacute;n en vivo, pod&iacute;as ver a Charly tocando tres o cuatro instrumentos en una misma canci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se sostiene, tambi&eacute;n, en el virtuosismo de David Leb&oacute;n, que antes de irse a Buzios con Charly a inventar Seru Giran ya ten&iacute;a lo de haber tocado con Pappo y con Spinetta para poner en el CV. El &ldquo;Ruso&rdquo; es un copiloto ideal, de los que saben mirar el mapa y cebar mate, cuando rasguea. Y es un piloto tricampe&oacute;n de F&oacute;rmula 1 cuando se para en el medio del escenario -y de la canci&oacute;n- y hace un solo con los dedos en modo Iron Maiden. Es, adem&aacute;s, la voz que le hace armon&iacute;a a la de Charly, como si fueran posibles los Lennon / McCartney del culo del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Se sostiene en c&oacute;mo toca el bajo Pedro Aznar, ese hombre que creci&oacute; con cara de bolet&iacute;n sobresaliente. Si &ldquo;Eiti Leda&rdquo; es un rascacielos, la forma en la que Aznar toca el bajo son sus paredes de 30, una estructura s&oacute;lida, sin fisuras, que aguanta cualquier cosa que quieran construirle alrededor. Se sostiene, claro, en los brazos de Oscar Moro. Un poco jazzeros apenas entra a la canci&oacute;n, un poco como si integrara una orquesta sinf&oacute;nica despu&eacute;s, otro poco con la adrenalina de que cuando termine va a revolear los palillos porque acaba de romperla. Un hombre a la altura de las circunstancias extraordinarias que lo rodeaban, y que por eso estuvo tambi&eacute;n a la altura del baterista con el que lo comparaban: Ringo Starr.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Eiti Leda&rdquo; versi&oacute;n Seru Giran es imperfectible. Nadie, ni siquiera Charly con las sucesivas bandas que lo acompa&ntilde;aron durante sus a&ntilde;os solistas, pudo volver a interpretarla como lo hizo con Leb&oacute;n, Aznar y Moro entre 1978 y 1982. Este s&aacute;bado, en los homenajes, Fito -que ten&iacute;a a una orquesta sinf&oacute;nica del Teatro Col&oacute;n, toda su carisma y toda su t&eacute;cnica sobre el escenario- la dej&oacute; afuera de la lista. En el CCK s&oacute;lo se escuch&oacute; la primera estrofa de la canci&oacute;n.&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=cae5e0bacf&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La cant&oacute; Rosario Ortega como parte del &ldquo;compactito&rdquo;, que despu&eacute;s sigui&oacute; en la voz de Juan Ingaramo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera Seru pudo volver a ejecutarla como en los a&ntilde;os dorados. Cuando se reunieron en River, en 1992,&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=10f09e3104&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la dejaron para los encendedores -antes prend&iacute;amos encendedores, no celulares- y para los fuegos artificiales del final</a>. Charly hizo mal todo lo que pod&iacute;a hacer mal. Aznar, siempre prolijo, siempre preciso, seriote, fue la ca&ntilde;er&iacute;a que hizo que el agua llegara. Leb&oacute;n mantuvo la calma de los buenos copilotos y la sonrisa de los grandes campeones. Moro, obvio, estuvo a la altura de las circunstancias. Charly pifi&oacute; las notas, la letra, los tiempos. Al final -yo estaba ah&iacute;, anoto esa noche en la lista de cosas que mis padres hicieron muy muy bien- supimos dos cosas para siempre: que &ldquo;Eiti Leda&rdquo; nunca iba a sonar en vivo como entre 1978 y 1982 y que de tan buena result&oacute; antis&iacute;smica. Irrompible. Que cada vez que vayamos al disco de 1978 habr&aacute; ah&iacute;, peg&aacute;ndonos una pi&ntilde;a, una obra maestra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas que m&aacute;s me gusta de &ldquo;Eiti Leda&rdquo; es que tiene un nombre hecho de palabras inventadas, en un idioma inventado. Charly le cont&oacute; a Sergio Marchi -y Marchi lo cont&oacute; en su libro No digas nada, una vida de Charly Garc&iacute;a- que &ldquo;Eiti Leda&rdquo; quiere decir &ldquo;Coca-Cola&rdquo;, uno de sus requerimientos estables para cualquier camar&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una teor&iacute;a: esto de pasarnos varias horas del s&aacute;bado y de los d&iacute;as que siguieron en estado de gracia s&oacute;lo por escuchar canciones todas hechas por la misma cabeza y el mismo coraz&oacute;n debe tener que ver con que Charly Garc&iacute;a habla de las mismas cosas que hablamos todos -la Coca-Cola, por ejemplo- pero las dice de una forma que nadie las hab&iacute;a dicho antes. Tal vez ese sea su truco. Ese y saber c&oacute;mo se hace la magia o el milagro que pone a la gente a volar.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/maravillosa-musica_132_8450181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Nov 2021 17:42:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La más maravillosa música]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Fantasma de la C]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/fantasma-c_132_8408802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/afeb80e9-2eb3-43d6-8981-ed590f9d897b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Fantasma de la C"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vamos con el episodio trece de este newsletter, basado esta vez en cositas que anduvieron pasando en los últimos días.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar la versi&oacute;n de&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=49945c18b6&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Brown Sugar</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;que los Stones tocaron en River en 2006.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        El mundo est&aacute; lleno de l&iacute;neas editoriales. Lo que public&aacute;s en tus redes sociales es tu l&iacute;nea editorial. Los tres datitos que prioriz&aacute;s cuando ten&eacute;s que presentarte en el Zoom del curso al que te anotaste, tambi&eacute;n. El orden en el que una helader&iacute;a ubica sus gustos en la cartelera, el camino que toman en un restor&aacute;n cuando eligen si membrillo o batata con el queso, las fotos que decid&iacute;as sacar cuando ten&iacute;as 12, 24 &oacute; 36 placas y no 64 gigabytes de memoria: l&iacute;nea editorial. La m&uacute;sica que un pa&iacute;s pasa en sus aeropuertos m&aacute;s transitados por turistas: l&iacute;nea editorial. El tono en el que le habl&aacute;s a un mozo: l&iacute;nea editorial.
    </p><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana estaba en la ducha, que es mi lugar favorito del mundo para pensar, y escuch&eacute;&nbsp;<em>Brown Sugar</em>&nbsp;en la radio: primero pens&eacute; &ldquo;qu&eacute; temazo&rdquo; y despu&eacute;s pens&eacute; &ldquo;qu&eacute; l&iacute;nea editorial&rdquo;. Y me puse a hacer la lista mental de l&iacute;neas editoriales cotidianas que us&eacute; para el p&aacute;rrafo anterior, que nos parecen actitos desconectados pero que todos sumados resultan en nuestra manera de andar por el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Hablo de&nbsp;<em>Brown Sugar</em>&nbsp;porque en las &uacute;ltimas horas (le da vuelo dram&aacute;tico escribir &ldquo;en las &uacute;ltimas horas&rdquo;) se globaliz&oacute; la noticia de que&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=3d892e88f6&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los Rolling Stones la sacaron de la lista de canciones que interpretan en vivo</a>. Estaba ah&iacute; desde un show californiano de 1969 y, derecho viejo, los a&ntilde;os y probablemente ese agite de guitarra que se te pega a la primera escuchada, la convirtieron en cl&aacute;sico.&nbsp;<em>Brown Sugar</em>, que habla de tr&aacute;fico de esclavas y de blancos haciendo gritar de dolor a esas esclavas (africanas, algodoneras) a medianoche, son&oacute; para abrir recitales y tambi&eacute;n para cerrarlos. Son&oacute; para que el p&uacute;blico quedara enloquecido, punto caramelo, y rogara por un par de bises m&aacute;s con el coraz&oacute;n puesto en modo ergometr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y un d&iacute;a, m&aacute;s de medio siglo despu&eacute;s y sin silbar ni siquiera bajito, dej&oacute; de sonar. A&nbsp;<em>Brown Sugar</em>, que es la segunda canci&oacute;n m&aacute;s interpretada en vivo por la banda y que abri&oacute; el disco&nbsp;<em>Sticky Fingers</em>&nbsp;en 1971, le hicieron ese gestito de &ldquo;ven&iacute;, ven&iacute;, acercate al banco de suplentes, vas a salir un rato, and&aacute; a sentarte y mir&aacute; el partido desde ah&iacute;&rdquo;. Y la sacaron nom&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&iquest;Te est&aacute;s preguntando cu&aacute;l es la primera canci&oacute;n entre las m&aacute;s interpretadas en vivo por los Stones? Te doy una pista: JJJ. Y un link:&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=4fc38fcfdd&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>est&aacute; ac&aacute;</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Empezamos a saber por qu&eacute; este fin de semana, cuando&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=0bf7faece6&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los &Aacute;ngeles Times public&oacute; una entrevista a Jagger y Richards</a>&nbsp;(una cosa muy linda de hacer un newsletter y no una nota es que en una nota yo escribir&iacute;a &ldquo;Mick Jagger y Keith Richards&rdquo; pero ac&aacute; escribo s&oacute;lo los apellidos y no sufro). Les preguntaron por qu&eacute;&nbsp;<em>Brown Sugar&nbsp;</em>ya no entraba en las listas. &ldquo;&iquest;No se dieron cuenta de que esa canci&oacute;n habla de los horrores de la esclavitud? Est&aacute;n tratando de enterrarla. Por ahora no quiero meterme en l&iacute;os con toda esa mierda, pero espero que podamos resucitar a esa belleza en toda su gloria en esta gira&rdquo;, dijo Richards. Habl&oacute; de esclavitud, de que quieren (no sabemos qui&eacute;nes, meti&oacute; sujeto t&aacute;cito) enterrar la canci&oacute;n, y de que no quiere que haya quilombo. Puso sobre la mesa el Fantasma de la C. C de Cancelaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Jagger fue m&aacute;s sutil, m&aacute;s correcto y, digamos todo, m&aacute;s mentiroso. &ldquo;Hemos tocado&nbsp;<em>Brown Sugar&nbsp;</em>en todos nuestros conciertos desde 1970, y a veces decimos: &lsquo;Vamos a sacar esta canci&oacute;n y ver qu&eacute; pasa. La lista de temas para una gira en estadios es complicada&rdquo;. Yo nunca hice una lista de temas para una gira en estadios pero Jagger lleva seis d&eacute;cadas arriba de un escenario y por complicado que sea, hasta ahora hab&iacute;a se las hab&iacute;a arreglado para meter&nbsp;<em>Brown Sugar&nbsp;</em>todas las veces.
    </p><p class="article-text">
        Hablo de l&iacute;nea editorial porque la de los Rolling Stones -no la de una banda que reci&eacute;n empieza, LA DE LOS ROLLING STONES- parece haber entrado un poco en crisis. &iquest;Por qu&eacute;? Por las dudas. Porque la cancelaci&oacute;n es un monstruo grande y pisa fuerte.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Te dejo este videazo que recorre el v&iacute;nculo entre &ldquo;Gimme Shelter&rdquo; y las pel&iacute;culas de Scorsese. Una hermosura y una de mis obsesiones m&aacute;s in&uacute;tiles.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Un repaso por el archivo de&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=6eee14bd15&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiarioAR</a>. En marzo de este a&ntilde;o,&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=be4649b18c&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Victoria De Masi</a>&nbsp;entrevist&oacute; a la escritora Ariana Harwicz, cuya &uacute;ltima novela es Degenerado, la historia de un ped&oacute;filo. En esa entrevista, la autora habl&oacute; del rechazo de las editoriales de pa&iacute;ses que ya la hab&iacute;an traducido ante ese nuevo libro. &ldquo;Todo el mundo est&aacute; con p&aacute;nico. Es como un campo minado: cualquiera puede ser cancelado&rdquo;, es el t&iacute;tulo de<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=0eb9412ba8&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;la nota que pueden leer ac&aacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        Un tiempito antes de que Okupas volviera y en forma de streaming, Santiago Motorizado, que se ocup&oacute; de musicalizar el relanzamiento de la serie, dijo&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=eab4f15c1a&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en esta entrevista</a>: &ldquo;Que el arte tenga que tener una especie de pared donde estar haciendo equilibrio es una l&aacute;stima enorme. Las canciones, las pel&iacute;culas, los dibujos pueden hablar de cualquier cosa. De cosas atroces, oscuras. El arte est&aacute; para eso, para abrir ese canal que no tiene nada que ver con decir qu&eacute; hay que hacer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Juliana Gattas, co-fundadora de Miranda! y cantante,&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=8bde1ca4f0&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n habl&oacute; del Fantasma de la C</a>. Dijo: &ldquo;Es muy dif&iacute;cil ser un artista nuevo en la era de la cancelaci&oacute;n. Pod&eacute;s hacer casi s&oacute;lo una cosa: la correcta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>&nbsp;va construyendo su l&iacute;nea editorial en cada episodio. Y hoy mete un cover de Babas&oacute;nicos, y te dice: &ldquo;La m&uacute;sica no tiene moral. La m&uacute;sica no tiene mensaje para dar. Y sin embargo te lo dan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/fantasma-c_132_8408802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Oct 2021 01:09:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Fantasma de la C]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cabeza (y corazón) de radio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/cabeza-corazon-radio_132_8366905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27a7af14-9701-42aa-ae6a-a402f6398834_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cabeza (y corazón) de radio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Hola! Episodio número doce. En el envío anterior habilitamos el género “listas” y en este estrenamos otro, viejo conocido pero nuevito por acá: la entrevista. Ustedes dirán qué les pareció, ya saben que toda devolución es bienvenida.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar la versi&oacute;n hist&oacute;rica de&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=e151f86cba&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Bad</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;de U2 en el Live Aid de 1985. &Uacute;senla de cortina de fondo para leer pero despu&eacute;s miren el video, es imperdible todo lo que pasa.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        John Lennon y Paul McCartney ten&iacute;an una regla: para que una melod&iacute;a o una estrofa ascendieran al estatus de proyecto de canci&oacute;n deb&iacute;an recordarla de memoria y sin mucho esfuerzo al d&iacute;a siguiente de inventarla. El m&eacute;todo se les ocurri&oacute; en alguno de los micros que los llevaron de ciudad a ciudad en las primeras giras, cuando todav&iacute;a no les daba el cuero para ir y venir en avi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Paul lo cont&oacute; varias veces, la &uacute;ltima en el documental&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=83974e0e50&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">McCartney 3 2 1</a>, de este a&ntilde;o: &ldquo;No era ni f&aacute;cil ni barato grabar lo primero que se nos ocurr&iacute;a mientras est&aacute;bamos de gira. As&iacute; que creamos un m&eacute;todo: si al d&iacute;a siguiente no record&aacute;bamos nada, era porque no serv&iacute;a. Algo ten&iacute;a que quedarte grabado en la memoria para que fuera una buena canci&oacute;n&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Nile Rodgers, co-creador y guitarrista de Chic y productor de -atenci&oacute;n a la lista- David Bowie, Madonna, Mick Jagger, Debbie Harry y Daft Punk, entre otros, ten&iacute;a un m&eacute;todo similar. Alguna vez cont&oacute; que, en los sesenta, ni la tecnolog&iacute;a ni la plata daban para demasiadas horas de estudio de grabaci&oacute;n, as&iacute; que hab&iacute;a que prestar atenci&oacute;n a las melod&iacute;as improvisadas en los ensayos. Si quedaban en la memoria, hab&iacute;a que seguir trabaj&aacute;ndolas. Pero si no dejaban huella, bueno, eso tambi&eacute;n quer&iacute;a decir algo.
    </p><p class="article-text">
        Majo Echeverr&iacute;a es la musicalizadora de&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=4ec7c86730&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Urbana Play</a>&nbsp;desde que la radio debut&oacute; en el &eacute;ter, en febrero de este a&ntilde;o, y conf&iacute;a en esa misma regla. &ldquo;Escucho m&uacute;sica nueva todos los d&iacute;as. Los viernes esa rutina es m&aacute;s fuerte porque es el d&iacute;a de lanzamientos nacionales e internacionales. Escucho cada canci&oacute;n una vez y paro. Y trato de recordarla. Si no te llev&aacute;s un tarareo, un gritito, un falsete, no es un hit. Cuando es un &eacute;xito funciona enseguida. Te qued&aacute;s cantando una partecita, aunque no entiendas nada de lo que dice&rdquo;, me explica.
    </p><p class="article-text">
        Majo, que es uruguaya -hincha de Nacional- y tiene 34 a&ntilde;os, es la persona con la que m&aacute;s temprano me vinculo. Adem&aacute;s de musicalizadora de la radio, es coordinadora de aire de&nbsp;<em>De ac&aacute; en m&aacute;s</em>, el programa de Urbana en el que trabajo y por el que dos veces por semana le mando un emoji de mujer con la mano levantada para saludarla a las 6 de la ma&ntilde;ana en punto. Es tambi&eacute;n la persona que m&aacute;s disciplin&oacute; mi v&iacute;nculo con una buena hidrataci&oacute;n: en los 10.800 segundos de programa que Majo administra milim&eacute;tricamente todos los d&iacute;as entran sus observaciones sobre que la garganta est&aacute; un poco seca, que tom&aacute; un poco m&aacute;s de agua. Y te saca buena. O al menos, con la piel mucho mejor que antes de conocerla.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Esto -lo personal- se los cuento porque a esta altura del&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;&nbsp;</strong>espero que ya estemos en confianza. Pero Majo, que antes hab&iacute;a musicalizado Blue, est&aacute; ac&aacute; porque, a trav&eacute;s de la m&uacute;sica, es parte fundamental de la construcci&oacute;n de la identidad de una radio y me pareci&oacute; buena idea saber c&oacute;mo funcionan la cabeza y el coraz&oacute;n de alguien que trabaja de eso. As&iacute; que vamos a lo nuestro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se entrena el o&iacute;do de una musicalizadora para detectar cu&aacute;les son las canciones que pueden ir al aire?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una gran diferencia entre una buena canci&oacute;n, aunque sea un temazo, y una canci&oacute;n que suena en la radio. Eso es lo m&aacute;s dif&iacute;cil de afinar. Una canci&oacute;n te puede gustar mucho, trasladarte a un viaje, a un paisaje, a una sensaci&oacute;n, pero no ser para nada radiable. Lo primero que hay que pensar es que no est&aacute;s haciendo una radio para vos, sino algo que sea comprendido por otros. Para eso, algo en la musicalidad tiene que sonar bien, no tener climas muy distintos, no ser una canci&oacute;n abrupta. Voy a usar una palabra vieja, pero conviene que no sea una canci&oacute;n tan &ldquo;bochinchera&rdquo;, quilombera, cambiante. Hay que entrenar el o&iacute;do para que detecte todo eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es tu rutina como musicalizadora y cu&aacute;les son tus fuentes de m&uacute;sica nueva?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una rutina no del todo agradable para los que nos gusta la m&uacute;sica. Yo escucho mucha m&uacute;sica que no me gusta, no me interesa. Es parte de musicalizar una radio tan variada y ecl&eacute;ctica. Implica escuchar muchos g&eacute;neros. Escucho todos los d&iacute;as, sobre todo m&uacute;sica nueva. Tambi&eacute;n paso por las redes sociales, cada vez miro m&aacute;s las canciones que van generando&nbsp;<em>challenges</em>, y escucho la m&uacute;sica de fondo si estoy viendo un partido de f&uacute;tbol, una pel&iacute;cula, una serie. Si me llama la atenci&oacute;n y no lo conozco busco enseguida qu&eacute; es. No tengo ning&uacute;n problema en poner pausa a lo que est&eacute; mirando y agarrarme la cabeza porque no estoy segura de si suena Otis Redding o Marvin Gaye.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute;n las discogr&aacute;ficas, que est&aacute;n enloquecidas porque escuches al &ldquo;artista del momento&rdquo;. Pero llegan tarde. Cuando avisan sobre algo nuevo vos ya llegaste por otro lado, ya es un hit de alguna manera. Hoy las fuentes son las redes sociales. Miro mucho los charts de YouTube y Spotify.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qu&eacute; le prest&aacute;s atenci&oacute;n para que la m&uacute;sica de un programa y de un d&iacute;a est&eacute; &ldquo;equilibrada&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que cada musicalizador tiene su propia manera de lograr el equilibrio. Yo trato de que la radio suene para todos los p&uacute;blicos, ni muy ochentosa, ni muy noventosa ni muy actual. Que no suene mucha cosa vieja pegada, que no suene en la misma hora, incluso que esas canciones tengan al menos cuatro horas de diferencia. Trato de que el equilibrio est&eacute; en lo generacional para que enganche a todos los p&uacute;blicos. Que se banque un rato de autopista en la que quiz&aacute;s hay una familia de distintas edades y se vayan copando de a uno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo es momento de que una canci&oacute;n deje de sonar al aire?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay mucha teor&iacute;a sobre la curva del hit, pero para m&iacute; es m&aacute;s subjetivo, una sensaci&oacute;n. Yo en una &eacute;poca ten&iacute;a el ritmo de que si sonaba en Tinelli o hac&iacute;an una coreograf&iacute;a, ya sacaba esa canci&oacute;n del aire. Si hab&iacute;a llegado a ese momento de popularidad es porque ya hab&iacute;a bajado la curva de explosi&oacute;n en la radio y hab&iacute;a que empezar a bajar la rotaci&oacute;n. Otra pista: cuando ya no lo escuch&aacute;s con gusto, cuando ya no quer&eacute;s subir el volumen y cantarlo, es momento de empezar a dejarlo ir.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Esta no es la mejor versi&oacute;n de&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Take on me</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;para pasar en la radio, pero dale play igual, te juro que vale la pena.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La m&uacute;sica impacta mucho en la identidad de una radio y vos est&aacute;s participando de esa construcci&oacute;n en una radio nueva: &iquest;c&oacute;mo se piensa una l&iacute;nea musical desde cero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La identidad musical de una radio no es s&oacute;lo decisi&oacute;n de la musicalizadora. En mi caso est&aacute; hablado con la direcci&oacute;n art&iacute;stica y con los conductores, para que est&eacute;n en l&iacute;nea con las canciones que pasamos y sea algo que vaya con ellos generacionalmente. Es una forma de que presenten los temas con ganas. Dir&iacute;a que la l&iacute;nea editorial de la m&uacute;sica en Urbana Play es que conozcas las canciones, que las puedas cantar. Y que si es algo nuevo, sea muy muy bueno, algo que la est&eacute; rompiendo. Un pibito nuevo que est&eacute; haciendo algo buen&iacute;simo o un productor que est&eacute; laburando muy bien, algo que te haga sentir que ya conoc&eacute;s el tema, que no te es lejano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Muchas veces los cr&iacute;ticos de cine, de series o de libros &ldquo;padecen&rdquo; ya no poder leer o mirar una pel&iacute;cula sin estar atentos a lo que deber&iacute;an observar para hacer su trabajo, &iquest;te pasa cuando escuch&aacute;s m&uacute;sica? &iquest;Perdiste algo de ese disfrute &ldquo;distra&iacute;do&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin duda es otra escucha porque est&aacute;s prestando atenci&oacute;n de una manera m&aacute;s conciente. A m&iacute; no me molesta que me pase eso. Pero es verdad que estoy atenta a la canci&oacute;n que pone un club para que el equipo entre a la cancha, a las que suenan en las publicidades que son plagios para no pagar derechos, a lo que se escucha de fondo en las redes sociales o en la escena de una serie. Sigo disfrutando, pero es medio autom&aacute;tico que se active la cabeza para pensar qui&eacute;n es el artista o cu&aacute;l es la canci&oacute;n o para qu&eacute; puede usarse. Supongo que les pasa en distintas escenas de la vida cotidiana a todas las profesiones que tienen que ver con alg&uacute;n consumo cultural.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Bueno, usemos esto para darle un servicio a quienes se suscribieron al&nbsp;</strong><em><strong>Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;</strong></em><strong>&nbsp;y todav&iacute;a conf&iacute;an en &eacute;l. &iquest;Qu&eacute; tres radios del mundo recomend&aacute;s por su m&uacute;sica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Escucho mucho la&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=9ca98186dc&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">BBC 6</a>, me encanta, es el indie ingl&eacute;s. Me encanta tambi&eacute;n&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=41b521e36a&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Radio Caroline</a>, que transmite desde un barquito cerca de Londres. Es alucinante c&oacute;mo hablan de cl&aacute;sicos, encuentran m&uacute;sica del a&ntilde;o del pedo que no encontr&aacute;s en ning&uacute;n lado, y cuentan la historia de la canci&oacute;n cortita y espectacular. Cada vez que la pongo me llevo un artista nuevo y digo &ldquo;&iquest;c&oacute;mo no conoc&iacute;a esto? &iquest;c&oacute;mo nadie me habl&oacute; de este tipo?&rdquo;. Eso me pasa siempre. Y una tercera opci&oacute;n:&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=5c83980c2e&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Radio X</a>, tambi&eacute;n inglesa. Tiene una m&uacute;sica incre&iacute;ble y tiene los mejores mano a mano con artistas grossos. Los Gallagher, Chris Martin, van y cuentan sus novedades ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ok, vamos con una de esas preguntas tipo &ldquo;si est&aacute;s en una isla desierta&hellip;&rdquo; en las que hay que someterse a un recorte completamente inveros&iacute;mil y a veces sale un jugo rico. &iquest;Cu&aacute;les son los tres cl&aacute;sicos en castellano y en ingl&eacute;s m&aacute;s radiables DE LA HISTORIA?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta pregunta es imposible, Julieta&nbsp;<em>(N. de la R.: cuando Majo me dice mi nombre completo es como cuando Do&ntilde;a Florinda le dice &ldquo;Federico&rdquo; a Quico)</em>. Pero intentemos. Nunca hice una radio enteramente en castellano as&iacute; que voy a ir con canciones en ingl&eacute;s, que obviamente hay muchas. Voy a ser muy obvia y elegir tres canciones s&uacute;per cl&aacute;sicas pero de distintas eras.
    </p><p class="article-text">
        <em>Take on me</em>, de A-ha, es un temazo apto para todas las edades. Ese criterio de todas las edades tambi&eacute;n aplica a&nbsp;<em>Satisfaction</em>: no hay manera de que la escuches y te moleste, no importa cu&aacute;ntos a&ntilde;os tengas. Al que le gustan mucho los Stones posiblemente ya lo tenga re podrido, pero a m&iacute; que me gustan parcialmente mucho y prefiero los temas menos conocidos y los lado B,&nbsp;<em>Satisfaction</em>&nbsp;me pone de buen humor siempre. Tiene la f&oacute;rmula del &eacute;xito. Y algo m&aacute;s noventoso que puede entrar en esa lista es&nbsp;<em>Live forever</em>. Tiene la nostalgia de nuestra generaci&oacute;n. Si vas manejando por Panamericana o por Acceso Oeste y empieza&nbsp;<em>Live forever</em>&nbsp;te da un golpe al coraz&oacute;n y la cant&aacute;s de punta a punta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La &uacute;ltima: si estuvieras obligada a pasar un solo artista para musicalizar una radio, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Absolutamente imposible, Julieta. Pero ser&iacute;a Radiohead. Es una banda ecl&eacute;ctica, &iacute;ntima, siempre absolutamente siempre moderna. Tiene climas, arreglos espectaculares, sus discos suenan muy bien, sus shows en vivo suenan muy bien. Conmueve. Es una banda perfecta.
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        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Como si no hubiera aprendido nada, este&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;&nbsp;</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>se va con una canci&oacute;n abrupta, que apila distintos climas en un ratito y que, adem&aacute;s, dura demasiados minutos para sonar en la radio. &iquest;Por qu&eacute;? Porque es perfecta.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#f1f1f1;"><em>JR</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/cabeza-corazon-radio_132_8366905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Oct 2021 19:36:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cabeza (y corazón) de radio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los rolling stones se mueren. Los Rolling Stones, no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/rolling-stones-mueren-rolling-stones-no_1_8320362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/839b4839-bb81-4bf3-becb-7415ca952ba7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los rolling stones se mueren. Los Rolling Stones, no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya van once episodios de este newsletter y se sigue sumando gente al baile: gracias a los que recomiendan, comparten y leen. Algunos días, cuando este samba que es la Argentina se agita a máxima velocidad, ocuparse del Cuchá Cuchá parece viejo o lento. Pero como sobre todo parece saludable, bueno, aquí vamos.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=93f22f0a6d&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>El viento que todo empuja</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;en vivo en Hurac&aacute;n 2004. Esto es pura l&iacute;nea editorial: aguante La Renga.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        El mediod&iacute;a que se muri&oacute; Charlie Watts los noticieros alternaban dos videographs: &ldquo;Muri&oacute; Charlie Watts&rdquo; y &ldquo;Muri&oacute; un rolling stone&rdquo;. Los primeros tres o cinco segundos la segunda oraci&oacute;n resultaba rara, como un gen&eacute;rico al que le faltaban detalles. Pero despu&eacute;s, apenas despu&eacute;s, era verdad. Las dos cosas eran verdad: se hab&iacute;a muerto Charlie Watts y se hab&iacute;a muerto un rolling stone, y las dos cosas eran una noticia de impacto.
    </p><p class="article-text">
        Era la segunda vez que se mor&iacute;a un rolling stone, aunque la primera en la que el muerto estaba en ejercicio: el anterior hab&iacute;a sido Brian Jones, en julio de 1969, un tiempo despu&eacute;s de que Jagger y Richards le dieran el olivo a cambio de 100.000 libras esterlinas taca taca a modo de indemnizaci&oacute;n y otras 20.000 anuales durante todo el tiempo que durase la banda. Jones no s&oacute;lo que no dur&oacute; para cobrar por los m&aacute;s de 50 a&ntilde;os de carrera de la banda: ni siquiera lleg&oacute; a cobrar las 100.000 iniciales.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que en el medio de tanta muerte, de tanto fin del siglo XX todo junto delante nuestro, decid&iacute; que, sobre Charlie y Brian, hay diez datitos que me gustar&iacute;a que no te pierdas. El&nbsp;<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;&nbsp;</strong>inaugura as&iacute; (?) el espacio de las listas, esos inventos insuperables que sirven para ir al supermercado, para cumplir tareas, para enterarse de cositas como si te las fueran sirviendo de a poquito y cada una en envoltorio individual, y para saber qui&eacute;n puso plata y qui&eacute;n todav&iacute;a no en los regalos de los grupos grandes de amigas. Ac&aacute; van, espero que te gusten, que te sirvan para tirarlos en una reuni&oacute;n venidera, y que el g&eacute;nero-lista te parezca adecuado para, cada tanto, asomarse por ac&aacute;.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Brian Jones ten&iacute;a una hermana, Pamela. Cuando &eacute;l ten&iacute;a 2 y ella 4, la nena muri&oacute; y enseguida sus padres buscaron un embarazo: naci&oacute; una nueva hermana a la que Louisa, la madre, le puso toda su atenci&oacute;n. Cada vez que Brian volv&iacute;a del colegio con alg&uacute;n llamado de atenci&oacute;n la f&oacute;rmula para retarlo era: &ldquo;Mir&aacute; que vos tambi&eacute;n te pod&eacute;s morir, eh&rdquo;. Parece que ah&iacute; se forj&oacute; su p&aacute;nico a ser reemplazado, algo que impactar&iacute;a en la disputa por el liderazgo de la banda entre &eacute;l, Jagger y Richards.</li>
                                    <li>En 1984, en una gira por Amsterdam, Jagger volvi&oacute; al hotel muy borracho y llam&oacute; a la habitaci&oacute;n de Watts, que estaba durmiendo. Le dijo: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi baterista?&rdquo;. La historia es conocida. Charlie fue hasta la habitaci&oacute;n de Jagger, le zamp&oacute; un derechazo en la jeta, y le dijo: &ldquo;&iexcl;No me vuelvas a decir que soy tu baterista, vos sos mi cantante!&rdquo;. Lo que no es tan conocido es que desde que Jagger llam&oacute; hasta que Watts le toc&oacute; la puerta pasaron veinte minutos: en ese tiempo se puso un traje y se afeit&oacute;.</li>
                                    <li>Jones tuvo seis hijos con seis mujeres distintas y no se hizo cargo de ninguno. Pero insisti&oacute; para que todos los varones se llamaran Julian, un homenaje a Julian &ldquo;Cannonball&rdquo; Adderley, el saxofonista de jazz que hizo que el gusto musical de Brian no se ci&ntilde;era a las piezas cl&aacute;sicas que su pap&aacute; tocaba en el piano familiar. Lo logr&oacute; en dos casos.</li>
                                    <li>Watts estaba durmiendo cuando Jagger lo despert&oacute;. Pero antes de eso hizo lo mismo que hac&iacute;a todas las noches que la banda pasaba en hoteles por estar de gira: dibuj&oacute; su habitaci&oacute;n. Empez&oacute; a hacerlo en 1964 y no par&oacute;. Era una forma de entretenerse hasta que le llegara el sue&ntilde;o, mientras sus compa&ntilde;eros encarnaban bastante m&aacute;s que &eacute;l el perfil de un&nbsp;<em>rockstar</em>.</li>
                            </ul>
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                    alt="Watts murió hace casi un mes, a los 80 años."
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                Watts murió hace casi un mes, a los 80 años.                            </span>
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                    <ul>
                                    <li>La crisis entre Jones por un lado y Jagger y Richards por el otro lleg&oacute; a su punto c&uacute;lmine cuando los consumos de sustancias de parte de Brian hicieron que fuera imposible contar con &eacute;l para una sesi&oacute;n de grabaci&oacute;n, una gira o un show. Pero empez&oacute; mucho antes, cuando Mick y Keith supieron que Jones se las hab&iacute;a arreglado para cobrar 5 libras semanales m&aacute;s que ellos por las presentaciones de la banda en los primeros a&ntilde;os: crey&oacute; que pod&iacute;a hacerlo porque, al fin y al cabo, hab&iacute;a sido &eacute;l el que hab&iacute;a puesto un aviso clasificado buscando artistas para una banda de&nbsp;<em>rhythm and blues</em>&nbsp;y el que les hab&iacute;a inventado un nombre cuando hubo que escribir algo para promocionar su primer show en el Marquee. &ldquo;The Rolling Stones&rdquo;, pens&oacute;. Y anduvo.</li>
                                    <li>A mediados de los ochenta Watts empez&oacute; a tener problemas con su consumo de alcohol y de hero&iacute;na, algo que hizo p&uacute;blico cuando ya se hab&iacute;a recuperado. Hubo tres obsesiones en las que se concentr&oacute; durante su rehabilitaci&oacute;n: su colecci&oacute;n de vajilla de plata, su colecci&oacute;n de caballos &aacute;rabes -lleg&oacute; a tener m&aacute;s de 200- y su colecci&oacute;n de autos antiguos y deportivos. Compr&oacute; varios pero nunca manej&oacute; ninguno: no ten&iacute;a registro.</li>
                                    <li>Unos meses despu&eacute;s de que Jones apareciera muerto en el fondo de la pileta de su casa, Jagger retom&oacute; una canci&oacute;n que hab&iacute;an empezado a componer varios a&ntilde;os antes y le cambi&oacute; el sentido. Decidi&oacute; que ser&iacute;a para su ex compa&ntilde;ero de ruta y le puso&nbsp;<em>Shine a light</em>. Los Stones pasaron varias d&eacute;cadas toc&aacute;ndola muy poco en vivo, y en alg&uacute;n momento la hicieron m&aacute;s frecuente en su lista. Fue el nombre que eligi&oacute; Martin Scorsese para el documental sobre la banda que estren&oacute; en 2008. &iquest;Le escribir&aacute;n una canci&oacute;n a Charlie? Si s&iacute;, te prometo que te lo cuento por ac&aacute;.</li>
                                    <li>Cuando los padres de Watts se dieron cuenta de que pasaba demasiadas horas escuchando m&uacute;sica creyeron que era buena idea comprarle alg&uacute;n instrumento y fueron por un banjo. Charlie intent&oacute;, intent&oacute;, pero le pareci&oacute; que acomodar los dedos para formar alg&uacute;n acorde era demasiado dif&iacute;cil, as&iacute; que le sac&oacute; las cuerdas y se sirvi&oacute; de la caja de ese instrumento de cuerdas para convertirlo en un tambor: de ah&iacute; en m&aacute;s, la percusi&oacute;n fue su pasi&oacute;n y su trabajo.</li>
                                    <li>Si le&eacute;s algunas notas o mir&aacute;s un par de documentales (en Amazon est&aacute;&nbsp;<em>Brian Jones: Vida y muerte</em>) sobre el socio fundador de los Stones aprend&eacute;s de memoria el apellido Thorogood. As&iacute; se llamaba el alba&ntilde;il que encabezaba la cuadrilla que trabajaba -y viv&iacute;a y com&iacute;a- en la casa del m&uacute;sico. Jones, harto de que los arreglos pedidos no se hicieran o se hicieran mal, lo ech&oacute; el 2 de julio de 1969, algunas horas antes de que lo encontraran muerto en el fondo de la pileta. Thorogood fue se&ntilde;alado por muchos en el entorno de Jones como la persona con la que el m&uacute;sico hab&iacute;a peleado duramente: esa pelea habr&iacute;a desencadenado su muerte. La Polic&iacute;a brit&aacute;nica cerr&oacute; la investigaci&oacute;n r&aacute;pidamente y se neg&oacute; a reabrirla cuando algunos hijos y algunos bi&oacute;grafos de Jones lo pidieron. La autopsia dec&iacute;a que se hab&iacute;a ahogado y que, por el consumo de alcohol y drogas, su h&iacute;gado y su coraz&oacute;n no estaban en buenas condiciones, aunque tambi&eacute;n se&ntilde;al&oacute; que esa noche el volumen de alcohol que consumido no era especialmente alto.</li>
                                    <li>Cuando Brian muri&oacute;, Watts fue a su funeral. Jagger y Richards, no. M&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s, ante la muerte de su baterista, Jagger y Richards hicieron lo mismo: faltaron a la despedida.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/rolling-stones-mueren-rolling-stones-no_1_8320362.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Sep 2021 16:52:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pequeñas delicias de la vida comunal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/pequenas-delicias-vida-comunal_132_8278044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0fe5102-0d99-4bb1-9667-94bfa8c0da38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pequeñas delicias de la vida comunal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Hola! ¿Cómo estás? Episodio número diez de este envío quincenal con aspiraciones de, ojalá, volverse una rutinita amable. Como a esta altura tal vez hayas notado, me gustan los inventarios, así que paré la oreja y me puse a hacer uno.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar la pista de bater&iacute;a de&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=87e2056cd3&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Gimme shelter</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>. Te quiero mucho, Charlie Watts.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        El llamador de &aacute;ngeles hecho con ca&ntilde;as de bamb&uacute; y muy probablemente comprado en el Mercado de Frutos. Esa colisi&oacute;n de maderitas que los primeros diez segundos es amena y despu&eacute;s parece que vino a sarparle el silencio a la madrugada. El sacud&oacute;n met&aacute;lico de cuando el viento le apunta a las persianas que traen los edificios que tienen<em>&nbsp;laundry</em>&nbsp;y tambi&eacute;n tienen paredes finitas. Las patitas del cachorro que adoptaron los vecinos de arriba yendo de la cama al living. Primero los frenos y despu&eacute;s las puertas neum&aacute;ticas del 107, el 140 y el 71.
    </p><p class="article-text">
        La se&ntilde;ora que les dice &ldquo;hola, chicas&rdquo; todas las ma&ntilde;anas a las plantas que cuida en su balc&oacute;n. El coro de tenders met&aacute;licos despleg&aacute;ndose cuando sale el sol despu&eacute;s de varios d&iacute;as de lluvia o humedad. El derrumbe estrepitoso de baldes, bicicletas y changuitos de hacer las compras que traen las tormentas cada vez m&aacute;s tropicales. La tos que vaticina una radiograf&iacute;a jodida del vecino que sale una vez por hora a fumarse un puchito. El chispero de su encendedor justo despu&eacute;s del escupitajo que baja nueve pisos en ca&iacute;da libre.
    </p><p class="article-text">
        El pedregullo frot&aacute;ndose contra las gomas de los autos que entran y salen de las cocheras. La nena que sale al balc&oacute;n una vez por ma&ntilde;ana y dos veces por tarde a cantar&nbsp;<em>Libre soy</em>. El silencio que le devuelve el padre cada vez que ella lo llama para que salga a mirar alguna cosa en alg&uacute;n patio vecino. La melod&iacute;a paleta-mesa-paleta-mesa de la pelota de ping pong sobre la tabla de madera que los del jard&iacute;n m&aacute;s grande de la manzana montan sobre dos caballetes los d&iacute;as de sol y aburrimiento. El&nbsp;<em>Requiem</em>&nbsp;de Mozart, la banda sonora con la que una vecina +70 se ocupa de sus bons&aacute;i.
    </p><p class="article-text">
        El aleteo de una bandada que, seg&uacute;n la estaci&oacute;n, pasa en alg&uacute;n momento entre las cinco y las siete de la tarde. La guitarra criolla del vecino que una vez por quincena junta a sus amigos en la terraza de su PH y que, toque lo que toque, siempre incluye&nbsp;<em>Veneno</em>, de La Renga,&nbsp;<em>Amor clasificado</em>, de Rodrigo, y&nbsp;<em>Redemption song</em>, de Bob Marley. La voz de la nena que todav&iacute;a no logr&oacute; que su perro aprenda a sentarse y que insiste cada vez que se acuerda: &ldquo;Sit, Chinito, sit&rdquo;. El maullido de un anaranjado propietario de una mecedora de mimbre.
    </p><p class="article-text">
        El reporte sobre c&oacute;mo va el compost que un novio le grita desde el balc&oacute;n a su novia todos los s&aacute;bados, cada vez que se ocupa de mezclar h&uacute;medos con secos y de averiguar c&oacute;mo andan las lombrices. Ese quiebre sonoro de cintura de las s&aacute;banas, las toallas y los manteles cuando alguien los sacude para que las migas o los pelos caigan al vac&iacute;o. La cumbia santafesina que escuchan en la casa de empanadas mientras est&aacute; cerrada y pican morr&oacute;n y cebolla. Las canciones de Herm&eacute;tica y Almafuerte que ponen los de la parrilla antes de que lleguen los primeros clientes.
    </p><p class="article-text">
        La musiquita navide&ntilde;a que largan las luces que un vecino se obstina en mantener encendidas todo el a&ntilde;o, todos los a&ntilde;os. La parla de dos o tres cotorritas cuando, de vez en cuando, andan de visita por el &aacute;rbol alt&iacute;simo que le hace de Meridiano de Greenwich a esta manzanita porte&ntilde;a. Los chapuzones de pelopincho que empiezan en octubre y duran hasta marzo. Las apiladas bruscas de cajones de cerveza cada vez que llega el proveedor al supermercado de la vuelta. Los martillazos de la vecina que saca muebles a la terraza para restaurarlos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Ropa cara,</em>&nbsp;el hit de Camilo, que al menos una vez al mes unas cinco o diez adolescentes cantan en modo karaoke en un horario no apto para los que ya hab&iacute;amos visto Okupas en su primera emisi&oacute;n. El conflicto bilateral interminable entre un beagle y un fox terrier, que se resetea cada vez que alguno empieza a ladrarle al otro. Las carcajadas de una cuarentona que sale media hora por tarde al balc&oacute;n con tablet y auriculares como si se exiliara de sus convivientes. Cierta cercan&iacute;a al Estadio Monumental, que estalla vez que River hace un gol. La vecindad con Saavedra, que sali&oacute; del cl&oacute;set la noche que Platense volvi&oacute; a Primera y hubo alg&uacute;n grito de de &ldquo;dale Marr&oacute;n&rdquo; y aplausos casi un&aacute;nimes.
    </p><p class="article-text">
        Los tres perros que custodian la casa con &aacute;rbol, pelopincho y mesa de ping-pong. Sus ladridos desenfrenados, que empiezan y terminan todos a la vez, se meten en todos los Zooms de la manzana y hacen que todas las tardes el mismo hombre grite: &ldquo;Te voy a matar a los perros, hijo de puta&rdquo;. La mujer que suplica: &ldquo;Tengo un beb&eacute;, por favor, silencio&rdquo;. La se&ntilde;ora que ahora les dice &ldquo;hasta ma&ntilde;ana&rdquo; a sus plantas justo despu&eacute;s de regarlas y sacarles las hojitas secas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y tu ventana? &iquest;Qu&eacute; cuenta?
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/pequenas-delicias-vida-comunal_132_8278044.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Sep 2021 22:04:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta de amor a Ivan Vaughan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/carta-amor-ivan-vaughan_132_8241037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49888ffc-a7a4-48bf-b153-db21639eacd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta de amor a Ivan Vaughan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Hola! Acá yo de nuevo, por novena vez, ahora mismo preguntándome cuánto se puede querer a un desconocido que, además, cuando lo empezaste a querer ya estaba muerto. No como se quiere a las bisabuelas que le inventaron un sabor a la familia. No, esto es distinto, un amor enorme y rapidísimo porque enseguida ese desconocido desaparece de la escena pero acaba de empujar la primera piecita de un dominó infinito.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Leer este texto lleva lo mismo que escuchar el t&aacute;ndem&nbsp;</strong><a href="https://youtu.be/GK7qzLzlnUE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>H&eacute;roes an&oacute;nimos / Eso espero</strong></em></a><strong>&nbsp;de Catupecu en vivo. De cu&aacute;ndo &iacute;bamos a Obras a transpirar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hola, Ivan, no nos conocimos y ya no nos vamos a conocer: una neumon&iacute;a te mat&oacute; en 1993, cuando ten&iacute;as 51 a&ntilde;os y el Mal de Parkinson que te hab&iacute;an diagnosticado casi dos d&eacute;cadas antes muy avanzado. No nos conocimos pero te quiero, aunque piense poco o casi nada en vos. Aunque m&aacute;s de una vez tenga que googlear tu apellido para confirmar que lo estoy escribiendo bien.
    </p><p class="article-text">
        Pienso mucho en esto, Ivan: &iquest;y si te hubiera parecido que hac&iacute;a demasiado calor? Digo: 6 de julio de 1957, verano de tu lado del mundo, m&aacute;s de 30 grados a la sombra, una humedad de esas que hermanan en la puteada a todos los seres humanos del mundo que alguna vez se curaron mal un esguince, &iquest;qu&eacute; habr&iacute;a pasado si todo ese calor te hubiera parecido un exceso? Se lo pregunto al Ivan de ese s&aacute;bado, que ten&iacute;a 15 a&ntilde;os: &iquest;y si te daba paja?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a pasado si la rubia esa que te gustaba bastante ten&iacute;a otros planes? &iquest;Si hab&iacute;a que ir a mirarla de cerca y a, eventualmente, sacarla a bailar a cualquier otro lado y no a ese festival de verano que organizaba la iglesia St. Peter&rsquo;s Church del barrio de Woolton, al sur de tu ciudad? Ese que inclu&iacute;a el puesto en el que los&nbsp;<em>boy scouts&nbsp;</em>vend&iacute;an jugo exprimido y galletitas caseras, una reina de la temporada ungida por el aplaus&oacute;metro, un desfile de perros de la Polic&iacute;a y una banda de chicos que tocaban&nbsp;<em>skiffle</em>, un g&eacute;nero hecho de folk, country, rock, banjos y tablas de lavar de madera y metal.
    </p><p class="article-text">
        Cuando me acuerdo de que decidiste encarar en bicicleta pienso en esto, Ivan: &iquest;y si pinchabas? Te cuento algo que aprend&iacute;. Los economistas dedicados al c&aacute;lculo de riesgo llaman &ldquo;estresar el escenario&rdquo; a imaginar variables contraf&aacute;cticas m&aacute;s o menos probables que pueden complicar las cosas. Me lo ense&ntilde;&oacute; una abogada una vez que estres&eacute; mucho el escenario y no me olvid&eacute; nunca m&aacute;s de la expresi&oacute;n porque es buen&iacute;sima y porque estreso el escenario bastante seguido. Como ac&aacute;, ahora, en esta carta: &iquest;y si se te sal&iacute;a la cadena, Ivan?
    </p><p class="article-text">
        Mir&aacute; si porque hac&iacute;a calor, o porque la rubia que te gustaba le dedicaba ese s&aacute;bado a otro lugar y no a la iglesia a la que ahora cuesta casi 60 d&oacute;lares entrar, o porque pinchabas una rueda ni vos ni tu amigo del Liverpool Institute High School for Boys llegaban a ver a The Quarrymen, la banda del vecino que ten&iacute;a el fondo de su jard&iacute;n pegado al fondo de tu jard&iacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Una de The Quarrymen: ninguno sabía afinar una guitarra, ni siquiera el de camisa a cuadros. Ya sé, su cara te suena."
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            <span class="title">
                Una de The Quarrymen: ninguno sabía afinar una guitarra, ni siquiera el de camisa a cuadros. Ya sé, su cara te suena.                            </span>
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        Ivan, los libros dicen que adem&aacute;s de ir detr&aacute;s de la rubia vos elegiste ese s&aacute;bado porque supiste esperar el momento en el que tu vecino estuviera lo suficientemente seguro de &eacute;l mismo como para poder bancarse a tu compa&ntilde;ero de escuela, un a&ntilde;o y medio menor que &eacute;l pero con un talento indisimulable.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que estuviste dispuesto a perder a la rubia de vista para ir con tu amigo de la escuela hasta el hall en el que la banda descansaba entre presentaci&oacute;n y presentaci&oacute;n, y agarraste y le dijiste a tu vecino de medianera: &ldquo;John, this is Paul&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo dijo John cuando le preguntaron algunos a&ntilde;os despu&eacute;s por ese encuentro del que fuiste autor material e intelectual, mir&aacute;: &ldquo;Comprend&iacute;, en parte para mis adentros, que era tan bueno como yo. Yo era el rey hasta ese momento. Y ahora, pens&eacute;, &iquest;qu&eacute; pasar&aacute; si lo acepto? Era una decisi&oacute;n entre seguir siendo yo el m&aacute;s fuerte o hacer m&aacute;s fuerte al grupo. Se me pas&oacute; por la cabeza que si lo dejaba sumarse a nosotros tendr&iacute;a que mantenerlo a raya. Pero era muy bueno, as&iacute; que val&iacute;a la pena que estuviese&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si estuvieras vivo, Ivan, si estuvieras vivo y suscripto al&nbsp;<strong>Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;</strong>, o sea, si pudieras responder este correo, te preguntar&iacute;a no lo de la rueda pinchada o lo de la rubia, porque eso, por suerte para no s&eacute; cu&aacute;ntos millones de personas, no pas&oacute;, pero s&iacute; esto: &iquest;se le not&oacute; algo de todo eso a John? Esa mezcla de admiraci&oacute;n instant&aacute;nea, conveniencia y rendici&oacute;n, &iquest;se le ve&iacute;a en el cuerpo? Alguna cara habr&aacute; puesto John cuando Paul le pidi&oacute; prestada la guitarra, la not&oacute; desafinada y la puso a tono para tocar primero&nbsp;<em>Twenty flight rock</em>, de Eddie Cochran, y despu&eacute;s&nbsp;<em>Be-Bop-A-Lula</em>, de Gene Vincent. Y un popurr&iacute; de Little Richard de bonus-track. Algo habr&aacute; pensado cuando supo que ese chico sab&iacute;a DE VERDAD c&oacute;mo afinar una guitarra, y no como el vecino que se las preparaba a &eacute;l: s&oacute;lo sab&iacute;a afinar banjos, as&iacute; que lo hac&iacute;a como con ese instrumento y dejaba dos de las seis cuerdas completamente inutilizables.
    </p><p class="article-text">
        John depend&iacute;a de ese vecino casi afinador pero lleg&aacute;s vos, Ivan, dec&iacute;s &ldquo;this is Paul&rdquo; y a la guitarra le crecen las dos cuerdas que le faltaban, y a John le crece un zurdo que sabe m&aacute;s acordes que &eacute;l. Todav&iacute;a ni vos, ni John, ni Paul -ni el mundo- lo saben, pero vengo del futuro y eso de que uno fuera zurdo y el otro diestro les permiti&oacute; mirarse como en espejo cuando estaban aprendiendo a hacer canciones de las que cambian el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Esto tambi&eacute;n quiero saber, Ivan: &iquest;Paul quiso ir enseguida al pub al que lo invitaste despu&eacute;s del festival en la iglesia? Porque a Barry Miles, su bi&oacute;grafo, le dijo que el olor a cerveza que le hab&iacute;a sentido a John apenas los presentaste no hab&iacute;a llegado a asustarlo pero s&iacute; a recordarle que ese era el chico de mirada agresiva que se hab&iacute;a cruzado varias veces en el colectivo y hab&iacute;a preferido bajar la vista. Y que cuando escuch&oacute;, ya en el pub y habiendo mentido sobre su edad para que le vendieran cerveza, que todos los Quarrymen estaban organiz&aacute;ndose para agarrarse a trompadas con otra banda se pregunt&oacute; d&oacute;nde lo hab&iacute;as metido.
    </p><p class="article-text">
        Te hab&iacute;as convertido en Cupido, en el Cupido m&aacute;s importante del siglo XX, y lo hab&iacute;as metido para siempre en la historia de la m&uacute;sica popular.
    </p><p class="article-text">
        Ivan, te escrib&iacute; esta carta para decirte que te quiero mucho. Todos somos h&eacute;roes an&oacute;nimos, pero vos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/carta-amor-ivan-vaughan_132_8241037.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Aug 2021 18:57:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta de amor a Ivan Vaughan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá,Los Beatles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Koto, yo te conozco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/koto-conozco_132_8207398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3928537d-8077-4519-993d-016c094c2e62_16-9-discover-aspect-ratio_default_1026162.jpg" width="1772" height="997" alt="Koto, yo te conozco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Hola de nuevo! Gracias, como todas las veces, por el tiempo que estás a punto de dedicarle a este texto. Confieso que tuve que ir al archivo a chequear si este newsletter va por su séptima u octava entrega, como cuando estás de vacaciones y tenés que mirar qué día es porque ni idea: lo tomaré como una buena señal. Vamos por el octavo episodio, que acá mismo empieza.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar dos veces&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=9ab9906766&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Del&eacute;ctrico</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>. De manija nom&aacute;s, en unos p&aacute;rrafos entender&aacute;s.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; a cu&aacute;ntos kil&oacute;metros de Lugano est&aacute;s leyendo este&nbsp;<strong>Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;</strong>&nbsp;pero le apuesto en d&oacute;lares a Google Maps que yo te consigo la manera m&aacute;s r&aacute;pida de llegar, mir&aacute;: un golpe seco de tambor, cinco, seis, en realidad siete repiqueteos que hacen un sonido met&aacute;lico, parecidos a unos flechazos de los que te vas a acordar para siempre, y ya vas entrando al barrio. Ahora unos sintetizadores, un rasguido de guitarra cada tanto y, como si te envolviera, un coro que repite &ldquo;ahh, ahhh, ahhhh, ahhhhh&rdquo; cada vez m&aacute;s subido de tono. Hasta que se calla de repente porque s&oacute;lo importa la voz que dice: &ldquo;<em>Ella va a salir esta noche dejando atr&aacute;s su vanidad, quiere gustar y ser gustada, sentirse deseada, bailar y bailar</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; a cuantos kil&oacute;metros de Lugano te encuentra este p&aacute;rrafo pero tardaste 57 segundos en llegar a la cima de la Torre Espacial del Parque de la Ciudad y, esto es lo m&aacute;s importante del viaje, te llev&oacute; menos de un minuto meterte en&nbsp;<em>Jessico</em>, ese disco al que D&aacute;rgelos le puso nombre trans once a&ntilde;os antes de que se aprobara la ley de identidad de g&eacute;nero. &iquest;Ya meneaste la cadera? &iquest;Ya pensaste que, bailes como bailes, el&nbsp;<em>frontman&nbsp;</em>de Babas&oacute;nicos es mucho mejor que vos? &iquest;Ya confirmaste que a nadie le queda tan bien emplumarse?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hago ac&aacute; habl&aacute;ndote de&nbsp;<em>Jessico</em>? En principio, cumplo con una de las costumbres que el periodismo arrastra casi como esas cajas que, a&uacute;n sin abrir, sobreviven a todas las mudanzas: recordar los aniversarios redondos.&nbsp;<em>Jessico&nbsp;</em>cumpli&oacute; veinte a&ntilde;os y, s&oacute;lo por eso y nada menos que por eso, la banda y PopArt, la discogr&aacute;fica que los edita justamente desde ese lanzamiento, publicaron&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=7aab4ffd2b&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tan freak y tan popular</em></a>, un podcast de nombre perfecto en el reconstruyen la publicaci&oacute;n del disco, un quiebre total en su destino.
    </p><p class="article-text">
        Una vez alguien me dijo que&nbsp;<em>Revolver</em>, de The Beatles, es el disco que equivale al momento exacto en el que pinch&aacute;s la yema de un huevo frito y empieza a chorrear: todo eso que estaba contenido y que, adem&aacute;s, es lo m&aacute;s rico, finalmente aparece, se derrama, se vuelve incontenible. Bueno, para m&iacute; que<em>&nbsp;Jessico</em>&nbsp;es cuando Babas&oacute;nicos pinch&oacute; su propia yema.
    </p><p class="article-text">
        Pero sobre todo hablo de<em>&nbsp;Jessico</em>&nbsp;porque en las &uacute;ltimas semanas hice lo que, estoy segura, tambi&eacute;n hicieron varias y varios de ustedes en sus casas: vi&nbsp;<em>Okupas</em>, esa cr&oacute;nica del derrumbe anunciado que nos agarr&oacute; demasiado j&oacute;venes como para ser quienes pelearan los ahorros en el banco o la olla en la calle, y que ahora nos agarra tutores y encargados de nosotros mismos, con todas las posibles crisis -las sociales, las econ&oacute;micas, las personales- asomando la cabecita sin que intermedie ning&uacute;n escudo humano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La banda fue tapa del suplemento No en diciembre de 2001: nadie sonrió para la foto."
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            <span class="title">
                La banda fue tapa del suplemento No en diciembre de 2001: nadie sonrió para la foto.                            </span>
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        De los datos que escuch&eacute; y le&iacute; sobre&nbsp;<em>Jessico&nbsp;</em>para esto que ahora (te) escribo, agarro tres para meter un poquito de contexto. La semana que el disco sali&oacute; a la calle, a fines de julio de 2001, Tower Records se fue de la Argentina. En el transcurso de ese mes, Musimundo cerr&oacute; dos semanas todas sus sucursales para intentar poner sus cuentas en orden. El 20 de diciembre de ese a&ntilde;o Fernando De la R&uacute;a se fue de la Presidencia de la Naci&oacute;n en helic&oacute;ptero y Nora Lezano les sac&oacute; a los Babas&oacute;nicos la foto de tapa del suplemento<em>&nbsp;No</em>&nbsp;de P&aacute;gina/12 porque&nbsp;<em>Jessico&nbsp;</em>hab&iacute;a sido votado Disco del A&ntilde;o. Diego &ldquo;Uma&rdquo; Rodr&iacute;guez no sali&oacute; en la foto porque se hab&iacute;a quedado custodiando la casa-estudio-de-grabaci&oacute;n que la banda ten&iacute;a en Tortuguitas para que no la saquearan. Los que s&iacute; salieron en la foto decidieron no sonre&iacute;r: hab&iacute;a muertos en la calle.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, efem&eacute;ride mediante, hablo de&nbsp;<em>Jessico</em>&nbsp;sobre todo porque un disco que en el medio de todo eso que cuentan esos tres datitos arranca y sacude un hedonismo del tama&ntilde;o de &ldquo;c&oacute;manse a besos esta noche, total nadie lo va a notar&rdquo; me parece un poco el cafecito que se toma el perro del meme en el que todo se incendia y hay que aferrarse a alguna cosa para poder decir &ldquo;<em>this is fine</em>&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Un disco que, veinte años después, se parece a un meme."
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            <span class="title">
                Un disco que, veinte años después, se parece a un meme.                            </span>
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        &ldquo;Fue una &eacute;poca muy oscura, un contexto en el que nadie apostaba por la diversi&oacute;n, y nosotros respondimos con mucha alegr&iacute;a.<em>&nbsp;Jessico</em>&nbsp;es un disco que te protege del afuera, de la realidad&rdquo;. Diego Tu&ntilde;&oacute;n, el tecladista de Babas&oacute;nicos, dice algo de eso en el podcast y otro poco en el documental<em>&nbsp;Una historia de rock en tiempos convulsos</em>, que&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=f534cda0b5&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se ve enterito en YouTube</a>.
    </p><p class="article-text">
        Tu&ntilde;&oacute;n es el responsable de que &ldquo;Los calientes&rdquo; no haya sido la balada lenta que D&aacute;rgelos hab&iacute;a imaginado: busc&oacute; sampleos hasta el cansancio en Napster -levant&aacute; las sotitas que se te cayeron, dale- y, cuando encontr&oacute; los que le gustaban, los acomod&oacute; para que la balada se convirtiera en una de bailar (y bailar).
    </p><p class="article-text">
        De lo que Tu&ntilde;&oacute;n no fue responsable -tampoco el resto de los integrantes de la banda- fue del corte con el que PopArt sali&oacute; a promocionar&nbsp;<em>Jessico</em>. &ldquo;Para nosotros era &lsquo;Los calientes&rsquo;, sin ninguna duda, pero por primera vez no nos metimos con esa decisi&oacute;n&rdquo;, dice D&aacute;rgelos en el documental. La cosa es que los directivos de la discogr&aacute;fica escucharon el rasgueo oriental con el que empieza &ldquo;El loco&rdquo;, ese que parece que se mete en un templo asi&aacute;tico pero resulta que va y se mete en el Top 3 de todas las radios argentinas durante un semestre, y dijeron: &ldquo;Es por ac&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El rasgueo tiene un histori&oacute;n detr&aacute;s. Resulta que cuando Menem era presidente, el Estado de Jap&oacute;n le regala un koto, que es el instrumento nacional de ese pa&iacute;s y que es de la familia de las c&iacute;taras. Menem, sin saber mucho que hacer con &eacute;l (?), le regala el koto a Charly Garc&iacute;a y Charly lo deja tirado en un dep&oacute;sito de Circo Beat, el estudio al que Babas&oacute;nicos fue a mezclar&nbsp;<em>Jessico</em>. Fito, el due&ntilde;o del circo, les dice que revuelvan el dep&oacute;sito y usen lo que quieran de ah&iacute;. Gabo Manelli, el primer bajista de Babas&oacute;nicos, encuentra el koto y se obsesiona con inventarle un rasguido a la melod&iacute;a que &ldquo;Uma&rdquo; se hab&iacute;a despertado cantando un tiempo atr&aacute;s y en la que D&aacute;rgelos apil&oacute; palabras como &ldquo;lupanar&rdquo;, &ldquo;volutas&rdquo; y &ldquo;d&iacute;scolo&rdquo; en un par de minutos. Gabo insiste, insiste, insiste, y lo saca, y lo graba y pone un koto a sonar en Rock &amp; Pop. Y vos, que tal vez te est&aacute;s enterando ahora de c&oacute;mo se llama la m&aacute;quina de hacer ese ruidito que te sab&eacute;s de memoria, le acab&aacute;s de entender el nombre a este&nbsp;<strong>Cuch&aacute;&nbsp;Cuch&aacute;</strong>. Ojal&aacute; est&eacute;s sonriendo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Apunt&eacute; m&aacute;s sobre&nbsp;<em>Jessico</em>. Que la canci&oacute;n que estuvo m&aacute;s cerca de quedarse afuera del disco fue &ldquo;Fizz&rdquo;, porque la votaci&oacute;n en la que todos los integrantes decid&iacute;an si s&iacute; o no fue demasiado peleada. Que hubo alfajores para sobornar a favor del s&iacute; y que Manelli, s&oacute;lo porque le costaba el riff de bajo, la prefer&iacute;a afuera, eventualmente en los lados B. &ldquo;Hubo corrupci&oacute;n&rdquo;, admite D&aacute;rgelos, impulsor del voto positivo, en el documental. Se col&oacute; la canci&oacute;n que habla de colarse en una fiesta: maravilloso.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n aprend&iacute; que la que iba de caj&oacute;n al disco era &ldquo;Del&eacute;ctrico&rdquo;, una mezcla entre chiste interno y an&eacute;cdota ajena. Gabo hab&iacute;a sido el de mejor desempe&ntilde;o de todos los que hab&iacute;an estudiado en la escuela industrial. Mientras el baterista, Diego &ldquo;Panza&rdquo; Castellano, se ocupaba de acustizar el estudio que construyeron en Tortuguitas, Manelli -que morir&iacute;a siete a&ntilde;os despu&eacute;s- estaba a cargo de las instalaciones el&eacute;ctricas. Por sus habilidades lo apodaron &ldquo;Del&eacute;ctrico&rdquo; y lo de &ldquo;&iquest;va a venir? &iquest;no va a venir?&rdquo; fue un coro que improvisaron entre &ldquo;Uma&rdquo;, &ldquo;Panza&rdquo; y D&aacute;rgelos una tarde de impaciencia ante la impuntualidad de Gabo.
    </p><p class="article-text">
        La otra parte es culpa (?) de un patovica de Attaque 77: resulta que Ciro Pertusi le cont&oacute; a la voz de Babas&oacute;nicos sobre la vez en la que el custodio se impacient&oacute; con un fan insistidor que quer&iacute;a fotos con la banda sin esperar a que terminaran de comer. &ldquo;Le dijo &lsquo;flaco, &iquest;qu&eacute; parte de no no entend&eacute;s?&rsquo;&rdquo;, se acuerda Pertusi en el documental, y dice: &ldquo;Y bueno, Adri&aacute;n, que hace una letra con cualquier cosa, agarr&oacute; y escribi&oacute; &lsquo;Del&eacute;ctrico&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De Del&eacute;ctrico s&eacute; esto: que cuando se pueda hacer una fiesta con todos nuestros amigos, sin ning&uacute;n barbijo y ninguna distancia social, la pondr&iacute;a primera, antes que ninguna otra. Que esas cuerdas tipo&nbsp;<em>western</em>&nbsp;de Mariano Roger alcanzar&iacute;an para levantar a todos los sentados, para dejar r&aacute;pido el vaso en la mesa o levantarlo bien alto, para decir &ldquo;boludo, escuch&aacute; este temazo&rdquo; y para que la fiesta se d&eacute; por realmente empezada. Que si la pusiera de nuevo al final de la noche, con el sol anaranjando encima nuestro y el incendio pand&eacute;mico apaciguado alrededor, la bailar&iacute;amos hasta el &uacute;ltimo ruidito. Hasta que la voz distorsionada de Roberto Gal&aacute;n nos dijera &ldquo;es usted el que debe dominar al disco&rdquo; aunque eso fuera mentira, porque a esa altura&nbsp;<em>Jessico</em>&nbsp;ya tiene las llaves de tu casa guardaditas en el bolsillo. Que mirar&iacute;a alrededor y pensar&iacute;a &ldquo;this is fine&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hablo de&nbsp;<em>Jessico</em>&nbsp;para que tengamos a mano esas ganas de seguir bailando a pesar de cualquier derrumbe que Babas&oacute;nicos envas&oacute; en doce canciones. Todas no perecederas.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/koto-conozco_132_8207398.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Aug 2021 16:21:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Koto, yo te conozco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hay recuerdos que vas a tararear]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/hay-recuerdos-vas-tararear_132_8128413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da8fec18-5e32-4d6f-b1ed-df00892e8d98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hay recuerdos que vas a tararear"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Hola! Lo que sigue es el sexto episodio del Cuchá Cuchá, y no pude evitar pensar que este newsletter ya lleva la misma cantidad de emisiones que Star Wars antes de que empezaran a abrirle sucursales por todos lados. Como siempre, te doy las gracias por el tiempo que estás a punto de dedicarle. Vamos a lo nuestro.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto lleva lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://youtu.be/VOTx--byFRo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>Eso que llevas ah&iacute;</strong></em></span></a><a href="https://youtu.be/VOTx--byFRo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>en la versi&oacute;n de&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>&ldquo;No s&eacute; si es Baires o Madrid&rdquo;</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>. Para la pr&oacute;xima saco a Fito de ac&aacute;: promesa.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Puse balizas y fren&eacute; en doble fila. Era una avenida y era el carril de la izquierda: sonaron tres bocinas y una puteada. Pero yo necesitaba tiempo. En condiciones normales no me habr&iacute;a importado que pasara lo que pasa tantas veces: algo del puente m&aacute;gico que el Bluetooth tiende entre el auto y el tel&eacute;fono falla, y hay que hacer lo que la radio diga. Aspen -<strong>Cuch&aacute; Cuch&aacute;</strong>&nbsp;ya le rindi&oacute; pleites&iacute;a a Aspen&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/tengas-dia-osvaldo_132_7935874.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ac&aacute;</a>&nbsp;y volver&iacute;a a hacerlo- pasaba&nbsp;<em>Don&rsquo;t look back in anger</em>&nbsp;y, siguiera como siguiera esa lista de reproducci&oacute;n, iba a ser efectiva. Como si una hora de cl&aacute;sicos fuera una serie de penales que se patean todos fuerte al medio*.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>* Una teor&iacute;a incomprobable: si le&eacute;s este newsletter algunas horas despu&eacute;s de gritar las tres atajadas del Dibu Mart&iacute;nez cualquier referencia a penales te hace feliz de nuevo. Promoci&oacute;n v&aacute;lida hasta que este pa&iacute;s te haga sentir muy intensamente alguna otra cosa.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Fren&eacute; porque hab&iacute;a decidido que era una de esas ocasiones en las que mejor premeditar la m&uacute;sica. Mejor desactivar y volver a activar el Bluetooth hasta que el auto hiciera ese ruidito de &ldquo;ahora s&iacute;&rdquo; y me dejara mandar desde el tel&eacute;fono el disco que hab&iacute;a elegido,&nbsp;<em>No s&eacute; si es Baires o Madrid</em>, de Fito P&aacute;ez. Sin motivo evidente pero sin ninguna duda, con ese tipo de convicci&oacute;n veloz pero sobre todo firme con la que se decide qu&eacute; doce facturas combinar en una bandeja. Ten&iacute;a que manejar 11 kil&oacute;metros, me hab&iacute;a puesto mi remera roja de la suerte y el &uacute;nico perfume caro que hay en mi casa. Iba, por fin, camino a la vacuna y me pareci&oacute; que era una de esas escenas que no admit&iacute;an tercerizar la musicalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a no s&eacute; bien por qu&eacute; me import&oacute; tanto decidirle la m&uacute;sica a ese rato pero desde el s&aacute;bado hasta ahora le doy vueltas a esa pregunta. Se me hace parecido a cuando eleg&iacute;a el color del papel ara&ntilde;a para que mi mam&aacute; forrara los cuadernos de la primaria: esa decisi&oacute;n los hac&iacute;a m&aacute;s lindos y m&aacute;s m&iacute;os que cuando la tapa estaba desnuda. Tambi&eacute;n pens&eacute; que a veces elegirles banda sonora a algunos momentos es un poco como pasarles resaltador, algo que signifique &ldquo;che disfrutalo porque mir&aacute; que esto que est&aacute;s viviendo te importa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa que pens&eacute; es que la canci&oacute;n te sirve de miguita de pan que dej&aacute;s tirada ah&iacute;, como una marca en el camino. Oliver Sacks, el neur&oacute;logo y escritor estadounidense al que se le ocurri&oacute; algo hermoso como que un libro pod&iacute;a llamarse&nbsp;<em>El hombre que confundi&oacute; a su mujer con un sombrero</em>, explic&oacute; que la m&uacute;sica activa m&aacute;s regiones cerebrales que el lenguaje y que, por las zonas del cerebro que activa, tiene, junto con los olores, una gran capacidad para hacernos recordar. Incluso es un veh&iacute;culo para que personas con Alzheimer, que tienen la memoria especialmente afectada, puedan evocar algunos momentos a trav&eacute;s de recuerdos sonoros.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Para picotear: una conferencia de Sacks en Columbia. Sobre m&uacute;sica, claro.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        De repente mir&aacute;s d&oacute;nde quedaron algunas de las miguitas y se arma el mapa: &ldquo;Este estribillo sobre hacer pip&iacute;, de cuando miraba Flavia Palmiero; esta frase incomprensible sobre las bicis y los barcos, un recordatorio sobre nuestro paso generacional por Costa Esperanza; el hit que Aerosmith le compuso a una pel&iacute;cula sobre la aventura espacial, una marca indeleble de todas las fiestas de 15 modelo 2000 / 2001; la guitarra de Angus Young apenas empieza&nbsp;<em>Shoot to thrill</em>, la sensaci&oacute;n de que es martes a la noche; los primeros tres golpes de bater&iacute;a de&nbsp;<em>Live is life&nbsp;</em>de Opus, las m&aacute;s lindas piernas que vimos; la palabra &lsquo;caballa&rsquo;, jam&aacute;s anotada en la lista del supermercado de nadie pero metida en un&nbsp;<a href="https://youtu.be/roiWnL_fQQY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">jingle publicitario que se cant&oacute; a capella en el Luna Park</a>, un recordatorio de que este puede ser un pa&iacute;s muy hermoso&rdquo;. Canciones como pistas, pero no &ldquo;pistas&rdquo; como andan diciendo los DJs y los softwares: huellas de qui&eacute;n sos y c&oacute;mo llegaste hasta ac&aacute; envasadas en paquetitos de tres, cuatro minutos. Recuerdos que vas a tararear.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/hay-recuerdos-vas-tararear_132_8128413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jul 2021 16:43:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hay recuerdos que vas a tararear]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá,Newsletter]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ritmo de la vida me parece mal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/ritmo-vida-parece-mal_132_8083362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33aadf6a-188b-47e1-9b4d-64386782f3c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022758.jpg" width="564" height="317" alt="El ritmo de la vida me parece mal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Hola! Qué bueno que seguís ahí, o que acabás de llegar, y que vas a dedicarle un ratito al quinto episodio del Cuchá Cuchá: gracias por eso. Usé de título ese cachito de canción de Marco Antonio Solís porque me parece que dijo en una línea insuperable lo que sentimos de una a cien veces por semana. Y porque era perfecto para el envío de hoy, claro. Vamos que venimos.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=3931f46e77&amp;e=5b3f83cc4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><em><strong>El tiempo es veloz</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#75d2d5;"><strong>&nbsp;en la versi&oacute;n en la que Fito acompa&ntilde;&oacute; a David Leb&oacute;n. Me puse tem&aacute;tica, s&iacute;.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi cerebro se est&aacute; acostumbrando a los audios al doble de velocidad y creo que ya no aguanto una conversaci&oacute;n normal&rdquo;. El mensaje lleg&oacute; a uno de los grupos de WhatsApp que concentra a las amigas nivel n&uacute;cleo duro y, aunque enseguida sent&iacute; que pod&iacute;a responder con el emoji de la chica que levanta la mano como diciendo &ldquo;mir&aacute; que ac&aacute; tambi&eacute;n eh&rdquo;, lo que me preocup&oacute; especialmente fue que la que lo mand&oacute; fue mi amiga especializada en neurobiolog&iacute;a. Quiero decir: de toda la gente que conozco que puede decir &ldquo;mi cerebro se est&aacute; acostumbrando a&rdquo; ella es la &uacute;nica que podr&iacute;a cranear el experimento que lo demuestre y hasta ganar&iacute;a la beca para hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        A esta altura, con el &uacute;ltimo chiche de WhatsApp disponible desde hace varias semanas, toca asumir una verdad impostergable: todos somos el 2x de alguien. Todos fuimos esa especie de ardillita sin matices que habla a la velocidad a la que nos ense&ntilde;aron a imaginarnos un dibujito animado, un piripip&iacute; saliendo del altavoz de alguien que preferimos pensar a un par de anillos afectivos de distancia porque no es lo mismo que te acelere una compa&ntilde;era de trabajo, un cliente o la maestra de los pibes que la pareja, la familia o los amigos. A todos nos qued&oacute; demasiado lejos ese verso presuntamente infantil -pero sobre el que yo construir&iacute;a una iglesia- que dice: &ldquo;<em>Quiero tiempo pero tiempo no apurado / Tiempo de jugar, que es el mejor / Por favor, me lo da suelto y no enajulado / Adentro de un despertador</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para defender esta micro-militancia a favor del 1x, me invent&eacute; una teor&iacute;a que creo que aplica especialmente a quienes usamos mucho el WhatsApp para trabajar: si nos incomoda, por demasiado invasivo, cuando alguien sin presentarse agarra y nos zampa un audio, &iquest;c&oacute;mo vamos a llevarnos puesta toda la intimidad que hay en las palabras, los silencios y los tonos envasados en la voz de alguien que s&iacute; conocemos en nombre de meterle pata? &iquest;C&oacute;mo vas a darle&nbsp;<em>fast forward&nbsp;</em>al silencio que necesita una amiga antes de ponerse a llorar o a tu pareja cont&aacute;ndote c&oacute;mo anduvo el d&iacute;a o a un amigo que no puede hacerse entender porque se tent&oacute; y ahora el audio se trata solamente de escuchar su escalinata de carcajadas? &iquest;C&oacute;mo no vamos a tener tiempo para eso?
    </p><p class="article-text">
        Va otro argumento 1x&nbsp;<em>friendly</em>&nbsp;y probablemente m&aacute;s&nbsp;Cuch&aacute;-Cuchero que el anterior: &iquest;c&oacute;mo vamos a renunciar a la posibilidad de escuchar con claridad un pedacito de canci&oacute;n en el fondo de un audio y contagiarnos y pasarnos las siguientes dos horas haciendo marat&oacute;n de ese artista?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div style="max-width:854px"><div style="position:relative;height:0;padding-bottom:56.25%"><iframe src="https://embed.ted.com/talks/kathryn_bouskill_the_unforeseen_consequences_of_a_fast_paced_world" width="854" height="480" style="position:absolute;left:0;top:0;width:100%;height:100%" frameborder="0" scrolling="no" allowfullscreen></iframe></div></div>
    </figure><p class="article-text">
        Mientras le&iacute;a para preparar este quinto env&iacute;o del newsletter google&eacute; &ldquo;c&oacute;mo impacta acelerar audios de WhatsApp en el cerebro&rdquo;. Culpo a mi amiga especialista en cerebros y a mi v&iacute;nculo estrecho con googlear posibles consecuencias para la salud ante cualquier tipo de evento. No encontr&eacute; nada que se refiriera a eso espec&iacute;ficamente y sospecho que es porque se trata de algo demasiado novedoso, pero s&iacute; encontr&eacute; el tutorial de CNN en Espa&ntilde;ol sobre c&oacute;mo activar el 1.5x y el 2x. Se llama &ldquo;<em>Para ansiosos: WhatsApp ya te deja acelerar los audios</em>&rdquo;. Atenci&oacute;n que lo que parece un t&iacute;tulo simp&aacute;tico puede ser un spoilercito cient&iacute;fico, me la juego.
    </p><p class="article-text">
        Encontr&eacute; tambi&eacute;n&nbsp;<em>&ldquo;Las consecuencias imprevistas de un mundo acelerado&rdquo;</em>, una charla TED que dio en 2018 Kathryn Bouskill, una antrop&oacute;loga estadounidense especializada en el cruce entre cultura y tecnolog&iacute;a. Dijo, entre otras cosas, esto: &ldquo;Amamos la velocidad, y nos emociona su intensidad. Pero nuestro cerebro prehist&oacute;rico no est&aacute; preparado ni construido para ella (...) Actualmente hay una brecha entre nuestra biolog&iacute;a y nuestro estilo de vida: una incongruencia entre lo que nuestro organismo puede tolerar y lo que le hacemos tolerar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yo s&eacute;: si te criaste rebobinando un casete con la Bic para ahorrar pilas, manipular el tiempo con un toquecito de pantalla se siente f&aacute;cil y se siente PODEROSO.Y es una rayita con aspecto de inocente en el lomo del tigre ese que venimos alimentando a fuerza de opciones como&nbsp;<em>Skip intro</em>&nbsp;o -esto ya es correr por izquierda al carril de la izquierda- las que permiten reproducir cap&iacute;tulos de Netflix o videos de YouTube a 1.5x: con di&aacute;logos protagonizados por un coro de vocecitas que hablan a la velocidad a la que combin&aacute;bamos el subte debajo del Obelisco en hora pico. Rapidito, como queriendo pasar a lo siguiente.
    </p><p class="article-text">
        No vaya a ser que vivir m&aacute;s o menos normalmente, a 1x, nos haga perder tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/ritmo-vida-parece-mal_132_8083362.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jun 2021 16:11:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El ritmo de la vida me parece mal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuchá Cuchá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una crónica de alto vuelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/cronica-alto-vuelo_132_7973706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e83e455-3552-4a13-bfde-6da689f87c5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una crónica de alto vuelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Hola! Está a punto de empezar el tercer envío de Cuchá Cuchá, que esta vez viene con más ruido y menos música. Si estás acá desde Cemento, gracias por el ratito que le hacés al newsletter. Y si recién te sumás, espero que te guste y, como diría Shakira, que vuelvas. Ahí vamos.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>Leer este texto te va a llevar lo mismo que escuchar&nbsp;</strong></span><a href="https://www.youtube.com/watch?v=D0W1v0kOELA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><em><strong>Free Bird</strong></em></span></a><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>, la canci&oacute;n de Lynyrd Skynyrd que suena en&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><em><strong>Forrest Gump</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>&nbsp;</strong></span><a href="https://youtu.be/pTSiQCYQuvA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>cuando Jenny piensa en matarse</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        El chap&oacute;n del auto contra el bad&eacute;n que te saca de la ruta para empezar a meterte en el estacionamiento. El en&eacute;simo sacud&oacute;n que les das a las llaves hundidas en un bolsillo de la mochila para escucharlas y confirmar que van a estar esper&aacute;ndote cuando las necesites. Los mocos que absorben los que te despiden y tus mocos. El crujido del paquete de carilinas que sac&aacute;s de la campera. El viento, que arrasa y que choca con las manos y las congela. El (sobre)peso de las valijas impactando contra el suelo, las ruedas del portamaletas girando sobre el asfalto, la promesa de abrigo del otro lado del sonido neum&aacute;tico de las puertas autom&aacute;ticas. El viento, que silba y sigue arrasando.
    </p><p class="article-text">
        El chillido del freno a contrapedal del portamaletas delante del mostrador, la voz de la mujer que pide documento, y la valija arriba de la cinta, y por favor ver la hora a la que se emiti&oacute; el certificado nacional de circulaci&oacute;n. El&nbsp;<em>clic</em>&nbsp;del candado que cierra los cierres y la vibraci&oacute;n ininterrumpida de la cinta transportadora que hace desaparecer el equipaje. El tono preocupado del chico que pregunta si hay dos pasajes para volar dentro de un rato y cu&aacute;nto salen y a qu&eacute; hora aterriza el vuelo.
    </p><p class="article-text">
        El zumbido de otra puerta autom&aacute;tica: la que abre la cafeter&iacute;a. Las dos tazas que el mozo desliza en la mesa y que sirven para esperar. La voz del que enumera por televisi&oacute;n c&oacute;mo formar&aacute;n esta noche los equipos argentinos que jueguen la Libertadores. El ruidito que los de Mercado Pago le pusieron al momento en el que pag&aacute;s los caf&eacute;s. El reggaet&oacute;n que escuchan tres chicos sentados contra una pared, cerca de un enchufe.
    </p><p class="article-text">
        La voz que escupen los altoparlantes, que sale como si la estuvieran cocinando en aceite hirviendo y que parece decir que lleg&oacute; la hora. Las caras de los que no est&aacute;n seguros de si les toca o no. Los pasos apurados hasta alguna pantalla que diga la verdad en forma de n&uacute;mero de puerta de embarque. Ese ruido colectivo bastante argentino que ocurre cuando mucha gente a la vez levanta bolsos y bolsas del piso y de los asientos para apurarse a hacer una fila que jugar&aacute; al juego de la estatua un rato largo.
    </p><p class="article-text">
        Las manos que revuelven bolsillos hasta que encuentran DNI y tarjeta de embarque, las respiraciones aliviadas de los que se hab&iacute;an puesto nerviosos. La voz del oficial de la Polic&iacute;a de Seguridad Aeroportuaria que pregunta apellido y n&uacute;mero de documento, el peso de celulares, abrigos, cinturones y billeteras cayendo contra las bandejas pl&aacute;sticas de radiografiar pertenencias personales. Los rodillos deslizando las bandejas por delante de la mirada inquisidora de una m&aacute;quina y un ser humano. El sonido largo y agudito si la luz del detector de metales da verde. El corto y grave cuando es rojo. La voz de otra oficial que indica &ldquo;retroceda y pase de nuevo, a ver&rdquo;. El silencio como fondo de cocci&oacute;n de la tarde: nadie le eligi&oacute; m&uacute;sica funcional a este d&iacute;a en este aeropuerto.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>En 1978 Brian Eno edit&oacute;&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><em><strong>Ambient 1: Music for Airports</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>. Sobre el disco, dijo:&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><em><strong>&ldquo;La m&uacute;sica ambient tiene que ser capaz de ajustarse a varios niveles de atenci&oacute;n auditiva sin imponerse en ninguna: ha de poder ser ignorada como interesante&rdquo;</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>. Lo escuch&aacute;s completo&nbsp;</strong></span><a href="https://youtu.be/vNwYtllyt3Q" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>ac&aacute;</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>&nbsp;y es recontra&nbsp;</strong></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><em><strong>home office friendly</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        Las bolsas de pl&aacute;stico apoy&aacute;ndose contra el asiento de por medio que hay que dejar libre en tiempos pand&eacute;micos en esta zona de embarque. El crujido de las bolsitas de alfajores que no van a llegar enteras a destino. La voz del empleado que avisa que hay que esperar a que alguien salga para poder entrar al ba&ntilde;o: m&aacute;ximo dos personas. El golpazo contra el piso que suena cuando a un chico se le cae su ejemplar de&nbsp;<em>La monta&ntilde;a m&aacute;gica</em>&nbsp;de las manos. El ruido mental que provoca verlo tirado ah&iacute; y recordar las deudas personales con eso que llamamos grandes cl&aacute;sicos de la literatura universal.
    </p><p class="article-text">
        Otra vez una voz, esta vez m&aacute;s aceitada que aceitosa: primero embarcan los de zona uno. El&nbsp;<em>piiip</em>&nbsp;largo que viene cuando el c&oacute;digo de barra de la tarjeta de embarque ti&ntilde;e de verde la pantalla y el traqueteo de los&nbsp;<em>carry ons</em>&nbsp;sobre el piso de goma. Una hermana que le pregunta a la otra &ldquo;&iquest;sos boluda?&rdquo; cuando frena demasiado de repente, demasiado cerca, casi haci&eacute;ndola caer. La sensaci&oacute;n de que entre veinte y cincuenta dentistas prendieron el torno al mismo tiempo: as&iacute; suena acercarse a un avi&oacute;n que prepara sus motores para volar.
    </p><p class="article-text">
        La voz de una primera azafata que dice &ldquo;buenas tardes, bienvenidos&rdquo;, los pasos propios y ajenos por el pasillo alfombrado del avi&oacute;n, los gru&ntilde;idos de los que levantan las valijas de mano m&aacute;s pesadas, las puertas de los portaequipajes que se van llenando cerr&aacute;ndose con fuerza.&nbsp;El susurro de un hombre que reza mientras el avi&oacute;n se acomoda en la pista, los gritos de un nene que est&aacute; enojado porque se hizo de noche y no se ve nada por la ventanilla, el ruido de las patadas que le pega a la butaca de adelante. La voz de la azafata que habla al micr&oacute;fono para decir -en castellano y en un ingl&eacute;s de cabotaje- que las salidas de emergencia est&aacute;n aqu&iacute;, all&aacute; y all&iacute; delante, que prohibido sacarse el tapabocas y que los celulares en modo avi&oacute;n, por favor.
    </p><p class="article-text">
        El ruido que har&iacute;an todos los odont&oacute;logos del pa&iacute;s -y tal vez de la regi&oacute;n- si prendieran todos los tornos juntos: esta m&aacute;quina ya tiene todos sus motores prendidos y est&aacute; lista para ponerse a volar. El sonidito de alarma amigable que suena justo cuando se encienden las luces de ponerse el cintur&oacute;n de seguridad. La sensaci&oacute;n de que los dentistas se mudaron con el torno a un barrio un poco m&aacute;s lejano: los o&iacute;dos tapados por el despegue. El crujido de los dedos contra los paquetes de chicles o pastillas para aliviar el s&iacute;ntoma que s&oacute;lo dejar&aacute; de joder cuando volemos a altura crucero.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        <span class="highlight" style="--color:#adddff;"><strong>Ac&aacute; hay SIETE horas de sonido ambiente de un aeropuerto. Se supone que es relajante. Cuch&aacute; Cuch&aacute; vota por Brian Eno.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        La tos con catarro de una mujer que va a durar todo el viaje y que inquietar&aacute; especialmente a uno de sus vecinos estrechos. El&nbsp;<em>clic</em>&nbsp;de los auriculares conect&aacute;ndose a las fichas de las pantallas individuales. El &ldquo;uhhh&rdquo; que se le escapa a un hombre que sintoniz&oacute; el documental sobre Maradona que hizo Asif Kapadia y que ve el momento en el que Andoni Goikoetxea le rompe el tobillo de una patada. El recuerdo de la voz de Maradona.
    </p><p class="article-text">
        El ruido de los portaequipajes que abren y cierran r&aacute;pido los que estaban demasiado desabrigados, y el de los respaldos reclin&aacute;ndose. Los ronquidos i<em>n crescendo</em>&nbsp;y la charla de dos amigas que usan el viaje para ponerse al d&iacute;a. Un pap&aacute; que orienta una partida de casita robada y una mujer que le insiste al marido para que se ponga bien el barbijo. El ruido invisible de las cervicales de una chica que se despert&oacute; despu&eacute;s de cabecear demasiado fuerte contra la nada.
    </p><p class="article-text">
        Otra vez, el sonidito amigable de ponerse el cintur&oacute;n y el no tan amigable que hacen los aviones cuando se sacuden un poco, como si la panza pasara por lomos de burro hechos de aire en vez de cemento. El sonido constante, enorme, de los motores. Como una condena perpetua a que el subte te pase cerca, o como si a pocos metros de nuestras orejas cayera una cataratita. El ruido de los ventiladores, que nos prometieron que cambian el aire del avi&oacute;n tres veces por minuto y que son los teloneros de la banda principal: los motores.
    </p><p class="article-text">
        Los resoplidos fastidiados de la mujer que no puede hacer funcionar la pantalla t&aacute;ctil de su butaca para ver un cap&iacute;tulo cualquiera de&nbsp;<em>Friends</em>, la voz vehemente de la azafata que advierte al hombre que insiste en usar mal el barbijo, el crujido de los dedos de la mano de una se&ntilde;ora que los hace sonar cada vez que los siente agarrotados, los pasos de ida y vuelta por el pasillo que lleva al ba&ntilde;o, la puerta trab&aacute;ndose desde adentro, la cadena que se lleva todo.
    </p><p class="article-text">
        Los bostezos de los que se despertaron, los ronquidos de los que todav&iacute;a no, y la voz del capit&aacute;n que avisa que empieza el aterrizaje. Los&nbsp;<em>clics</em>&nbsp;de los cinturones que se hab&iacute;an desabrochado, los motores acelerados, el impacto de las ruedas contra el suelo, el carreteo a la velocidad de una inercia feroz, el tutut&uacute;nnn que hace el avi&oacute;n hasta quedar parejito en la pista. La azafata que dice &ldquo;bienvenidos a Buenos Aires&rdquo;, como si cruzar la General Paz desde el aire no hubiera sido suficiente aviso. Lo de &ldquo;gracias por volar con nosotros&rdquo; y al final, uno de los ruidos colectivos m&aacute;s argentinos de todos: un aplauso para el aviador.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/cucha-cucha-el-newsletter-de-musica-sonido-y-ruido/cronica-alto-vuelo_132_7973706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 May 2021 11:17:17 +0000]]></pubDate>
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