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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Anfibia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/anfibia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Anfibia]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Testosterona y una función a beneficio de la revista Anfibia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/testosterona-funcion-beneficio-revista-anfibia_1_10990355.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/048686a8-de34-431d-81cf-a536dac9efc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Testosterona y una función a beneficio de la revista Anfibia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es la obra protagonizada por Cristian Alarcón, director también de la revista que el martes sufrió un grave incendio que destruyó su redacción. Por eso, lanzaron la campaña "Dame el fuego de tu amor" para recaudaro fondos para la reconstrucción de las instalaciones.</p><p class="subtitle">Se incendió la redacción de la revista Anfibia: “La destrucción es total”</p></div><p class="article-text">
        Testosterona, la obra perform&aacute;tica protagonizada por el periodista y escritor <strong>Cristian Alarc&oacute;n</strong> y dirigida por la actriz y directora <strong>Lorena Vega</strong>,&nbsp;se sumar&aacute; junto con el Teatro Astros a la campa&ntilde;a de recaudaci&oacute;n de fondos para  la revista Anfibia, luego del incendio que este martes sufri&oacute; su redacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La funci&oacute;n ser&aacute; este lunes 11 de marzo a las 18:30, en el Teatro Astros (Corrientes 746). Todo lo recaudado ser&aacute; para la campa&ntilde;a &ldquo;Dame el fuego de tu amor&rdquo;, que la revista lanz&oacute; tras el incendio que arras&oacute; con las instalaciones de su redacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El martes, en su cuenta personal de X&nbsp;<strong>Cristian Alarc&oacute;n</strong>, director period&iacute;stico de la revista, cont&oacute; que el fuego &ldquo;se inici&oacute; por un cortocircuito en el techo&rdquo;. Aunque los bomberos lograron  contener el fuego y evitar que se propagara a otras &aacute;reas del edificio, las instalaciones de Anfibia quedaron reducidas a escombros y cenizas.
    </p><p class="article-text">
        Por esa raz&oacute;n, la revista lanz&oacute; la campa&ntilde;a &ldquo;Dame el fuego de tu amor&rdquo; donde reciben donaciones v&iacute;a transferencia bancaria, a lo que se suma lo recaudado por la funci&oacute;n del lunes de Testosterona.
    </p><p class="article-text">
        La obra est&aacute; protagonizada por el propio Alarc&oacute;n, y se trata de una performance armada alrededor de una experiencia autobiogr&aacute;fica:&nbsp;<strong>cuando ten&iacute;a seis a&ntilde;os,&nbsp;fue sometido a una supuesta &ldquo;terapia de reconversi&oacute;n&rdquo; que implic&oacute; la aplicaci&oacute;n de inyecciones de testosterona durante meses</strong>. Ocurri&oacute; cuando sus padres empezaron a ver en &eacute;l lo que pensaron que eran rasgos femeninos y lo obligaron a seguir el tratamiento con el fin de &ldquo;curar&rdquo; su homosexualidad.
    </p><p class="article-text">
        Con direcci&oacute;n de la actriz y dramaturga&nbsp;<strong>Lorena Vega</strong>&nbsp;y acompa&ntilde;ado en escena por&nbsp;<strong>Tom&aacute;s de Jes&uacute;s</strong>, el autor de&nbsp;<em>El tercer para&iacute;so</em>,&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/escritor-periodista-cristian-alarcon-gano-premio-alfaguara-novela-2022_1_8673614.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la novela que gan&oacute; en 2022 el premio Alfaguara</a>, propone un dispositivo esc&eacute;nico donde se cruzan el biodrama, los experimentos nazis, las inc&oacute;gnitas del cuerpo, la danza, el deseo, la m&uacute;sica, el arte visual y el periodismo.
    </p><p class="article-text">
        La revista Anfibia naci&oacute; en 2012 en el programa Lectura Mundi de la&nbsp;UNSAM, con el apoyo de la&nbsp;Fundaci&oacute;n Gabo. La publicaci&oacute;n virtual dialoga con la agenda local e internacional de pol&iacute;tica y econom&iacute;a, culturas, ambiente, amor y sexo, educaci&oacute;n, pol&iacute;ticas de g&eacute;neros, tecnolog&iacute;as y salud.
    </p><p class="article-text">
        Las entradas para la funci&oacute;n del lunes se puede adquiriren teatro-astros.com o en la boleter&iacute;a del teatro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/testosterona-funcion-beneficio-revista-anfibia_1_10990355.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Mar 2024 18:50:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Testosterona y una función a beneficio de la revista Anfibia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi madre es otra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/madre_1_10453643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3cef30cd-56ce-4305-b34c-6a420d051734_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi madre es otra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando Amanda Marton tenía cuatro años, su madre se fue de la casa. El diagnóstico fue una bomba en medio de una familia feliz: esquizofrenia. La revinculación, lo no dicho, la sospecha y, unos años después, la suma de todos los miedos: ¿y si es hereditaria? “Quiero hacer y decir todo lo necesario antes de los 30. Por si acaso”, escribe la autora.</p></div><p class="article-text">
        La observo c&oacute;mo se enjabona. C&oacute;mo sus manos pasan la esponja por su vientre, por sus piernas. Est&aacute; m&aacute;s flaca. Mucho m&aacute;s flaca. Algunos m&eacute;dicos dir&iacute;an que anor&eacute;xica, incluso. Por entonces yo no conoc&iacute;a esa palabra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sigo mirando. Nuestros ojos se encuentran y la veo esbozar una sonrisa. Veo su pelo negro y la suciedad que sale de su cuerpo mientras se ducha. Nunca hab&iacute;a visto su cuerpo desnudo. Nunca hab&iacute;a mirado tan detalladamente a mi madre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de las personas me dicen que me parezco m&aacute;s a mi padre. Ojos y pelo casta&ntilde;os, piel tostada, cachetona, dientes chicos. La analizo. Pelo negro, piel blanca, rostro ovalado, dientes prominentes, como los de mi abuela. Me pregunto si hay algo de mi mam&aacute; en m&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se sigue duchando. La ducha m&aacute;s larga que alguien se hab&iacute;a dado, hasta entonces, en nuestra casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy pienso que aquel 31 de julio de 2001 ella no s&oacute;lo intentaba quitarse de encima la suciedad sino tambi&eacute;n el d&iacute;a que hab&iacute;a tenido y aquellos &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os lejos de casa. Se restregaba con furia. Quiz&aacute;s pensando qu&eacute; vendr&iacute;a ahora. &iquest;La normalidad? &iquest;C&oacute;mo volver a conectar con su hija de ocho a&ntilde;os? &iquest;C&oacute;mo explicarme todo lo que pas&oacute;? Quiz&aacute;s simplemente &ldquo;hace tiempo no me depilo las piernas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos los d&iacute;as me pregunto cu&aacute;n parecida soy a mi madre. La duda ya no radica en la apariencia, sino en lo que est&aacute; adentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mainha, perd&oacute;name, pero no quiero parecerme a ti.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Desde ni&ntilde;a s&eacute; que mi mam&aacute; no es cualquier mam&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Cecilia se fue de la casa cuando yo ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os. Por preocupaci&oacute;n, por orgullo tambi&eacute;n, mi pap&aacute; encendi&oacute; las alarmas: cambi&oacute; las llaves del departamento y avis&oacute; a todas las autoridades de mi colegio que &eacute;l y solo &eacute;l pod&iacute;a ir a buscarme.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1997 y 2001 yo pr&aacute;cticamente no vi a mi madre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces algo golpeaba la ventana de mi pieza. Cuando la abr&iacute;a, me encontraba con una lata vac&iacute;a con una peque&ntilde;a carta. Mi tesoro y nuestro secreto porque yo ya hab&iacute;a aprendido a leer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La carta ten&iacute;a como destinatario a: Amanda, Amandinha, Rouxinol (ruise&ntilde;or), Beija-Flor (picaflor) y Narizinho (nariz chica). El remitente, mi mam&aacute;, preguntaba a esas cinco ni&ntilde;as c&oacute;mo estaban, c&oacute;mo les iba en el colegio, si se cuidaban entre hermanas. Dec&iacute;a que las extra&ntilde;aba mucho y que se estaba esforzando para volver a encontrarlas en breve.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a un problema: yo no ten&iacute;a &mdash;y no tengo&mdash; hermanas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="80 millones de personas (1% de la población mundial) tiene esquizofrenia. No depende de condiciones económicas, sociales o culturales. No hay un factor exclusivo que explique su origen, ni un estándar exacto de los síntomas de quienes la padecen."
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            <span class="title">
                80 millones de personas (1% de la población mundial) tiene esquizofrenia. No depende de condiciones económicas, sociales o culturales. No hay un factor exclusivo que explique su origen, ni un estándar exacto de los síntomas de quienes la padecen.                            </span>
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        80 millones de personas (1% de la poblaci&oacute;n mundial) tiene esquizofrenia. No depende de condiciones econ&oacute;micas, sociales o culturales. No hay un factor exclusivo que explique su origen, ni un est&aacute;ndar exacto de los s&iacute;ntomas de quienes la padecen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La palabra naci&oacute; reci&eacute;n a principios de 1900, con la investigaci&oacute;n <em>Dementia precox oder Gruppe der Schizophrenien</em>.<em> </em>Hasta entonces, a las personas que experimentaban alucinaciones o delirios se les dec&iacute;a &ldquo;dementes precoz&rdquo; o -la m&aacute;s t&iacute;pica- &ldquo;loco&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Schizophrenien, </em>del griego skizhein (rajar, separar) y phren (entra&ntilde;as, alma, mente). Rajar y separar entra&ntilde;as, alma, mente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De ni&ntilde;a la palabra me disgust&oacute;. Demasiado parecida a <em>esquisito</em>, raro en portugu&eacute;s, mi lengua materna. Y mi madre, aunque pensara que ten&iacute;a cinco hijas, no era <em>esquisita</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, esquizofrenia es una palabra ideal para revelar qu&eacute; le pasa a una persona tras recibir ese diagn&oacute;stico. Su mente act&uacute;a por cuenta propia, y socialmente deja de ser vista solo como una persona. Pasa a ser una persona con esquizofrenia. Un paciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En mi casa, eso pas&oacute; con Cecilia. Desde que la diagnosticaron en 1993 -a&ntilde;o en que nac&iacute;-, preguntas simples como &ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute; Cecilia?&rdquo;, empezaron a venir acompa&ntilde;adas de un tono condescendiente. De la mano con adjetivos como &ldquo;pobrecita&rdquo; o afirmaciones como &ldquo;que se cuide&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Repaso los acontecimientos del a&ntilde;o 2001. Atentado a las Torres Gemelas. Inicio de la guerra contra Afganist&aacute;n. Victoria de Berlusconi en Italia. Prisi&oacute;n domiciliaria para Augusto Pinochet en Chile. La primera pel&iacute;cula del Se&ntilde;or de los Anillos. El mitin m&aacute;s grande de la organizaci&oacute;n criminal PCC (Primer Comando de la Capital). El fallecimiento del escritor Jorge Amado. La inesperada muerte de C&aacute;ssia Eller, gran exponente de la M&uacute;sica Popular Brasile&ntilde;a y una de las cantantes m&aacute;s queridas en mi familia. El secuestro de Silvio Santos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El acuerdo más importante que hicimos con mi padre: nunca preguntarle a mi mamá qué había sido de su vida aquellos cuatro años en los que no estuvo con nosotros. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Muchos de esos temas los vi en el colegio. Los estudi&eacute; m&aacute;s tarde: para la prueba de aptitud universitaria, en Periodismo y luego en Ciencia Pol&iacute;tica. Los convers&eacute; con amigos. Muchos de ellos cambiaron el mundo, Brasil, o al menos la esfera cultural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para la eterna ni&ntilde;a dentro de m&iacute;, lo &uacute;nico realmente importante del 2001 es que mi mam&aacute; volvi&oacute; a la casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Encuentro mis diarios de ni&ntilde;a:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>31 de julio de 2001</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Querido diario,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hoy fue un d&iacute;a raro, pero ya es el m&aacute;s feliz de mi vida. Vi a mi abuelita S&ocirc;nia y &iexcl;MI MAM&Aacute; VOLVI&Oacute; A CASA! </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me da igual volver al colegio hoy. Mi mam&aacute; est&aacute; en casa. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Besos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Amanda.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;&mdash;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>1 de agosto de 2001 </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Querido diario,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hoy le cont&eacute; a la Thatha que mi mam&aacute; volvi&oacute; a casa. Ya no tenemos que pensar en planes para que mi pap&aacute; encuentre a una mujer. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Besos</em>,
    </p><p class="article-text">
        <em>Amanda.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;
    </p><p class="article-text">
        <em>31 de agosto de 2001</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Querido diario, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No he escrito desde hace tiempo, lo siento. Pruebas, ballet, cambios en la casa por mi mam&aacute;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero lo m&aacute;s importante: &iexcl;Hace un mes que ella est&aacute; ac&aacute;! </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Disculpa si no te cuento m&aacute;s. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Besos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Amanda&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Cuando ten&iacute;a 20 a&ntilde;os los 30 se convirtieron en una meta. Alcanzar algo que no sab&iacute;a si ser&iacute;a posible o no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace 10 a&ntilde;os supe que, por ser hija de una mujer diagnosticada con esquizofrenia, podr&iacute;a llegar a tener la misma enfermedad. La preocupaci&oacute;n vino de la mano con una peque&ntilde;a esperanza: si hasta los 30 no ten&iacute;a un brote psic&oacute;tico, la probabilidad de tener lo mismo que mam&aacute; bajaba a los mismos niveles que el resto de la poblaci&oacute;n.&nbsp;
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            <span class="title">
                Si hasta los 30 no tenía un brote psicótico, la probabilidad de tener lo mismo que mamá bajaba a los mismos niveles que el resto de la población.                            </span>
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        Mi madre me ha ense&ntilde;ado que el amor siempre sobrevive. Esa es la mayor y la m&aacute;s linda de las locuras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica que, si posible, quiero mantener por siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Desde que mi <em>mainha</em> volvi&oacute;, pap&aacute; orden&oacute; una serie de acuerdos que rigen nuestras vidas hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        Nunca vimos, en su presencia, pel&iacute;culas como &ldquo;Alguien vol&oacute; sobre el nido del cuco&rdquo;, que le brind&oacute; a Jack Nicholson el Oscar de mejor actor en 1975; &ldquo;12 Monos&rdquo;, cuando Bruce Willis interpreta a un hombre que viene del futuro y lo internan en un hospital psiqui&aacute;trico junto a Brad Pitt; o &ldquo;La isla siniestra&rdquo;, en la que Leonardo Di Caprio es un agente federal que busca a una paciente psic&oacute;tica que ha desaparecido misteriosamente de su pieza. Por eso, cuando &iacute;bamos a videoclubs y los empleados preguntaban qu&eacute; tipo de cine nos gustaba o cu&aacute;les eran nuestros actores favoritos y mi mam&aacute; contestaba &ldquo;de suspenso, drama y mis predilectos son Nicholson, Pitt y Di Caprio&rdquo;, nuestra misi&oacute;n con mi pap&aacute; era desviar su atenci&oacute;n de esos t&iacute;tulos y decirle que eran &ldquo;muy pesados, mejor veamos una comedia o un romance&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los amigos de mi pap&aacute;, casi todos artistas y arquitectos, fueron advertidos que en nuestro hogar estaba estrictamente prohibido el uso de drogas. El psiquiatra de ella hab&iacute;a advertido que su consumo podr&iacute;a vincularse a manifestaciones de su enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;loca&rdquo; estaba prohibida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, quiz&aacute;s, el acuerdo m&aacute;s importante: nunca preguntarle a mi mam&aacute; qu&eacute; hab&iacute;a sido de su vida aquellos cuatro a&ntilde;os en los que no estuvo con nosotros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Se dice que la esquizofrenia puede ser desencadenada por un entorno familiar abusivo y violento. Se dice que el uso abusivo de drogas &mdash;desde la marihuana hasta la anfetamina&mdash; puede gatillar la enfermedad. Se dice que la esquizofrenia tiene una predisposici&oacute;n gen&eacute;tica, que puede o no ser hereditaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casi no hay consensos en cuanto a su origen. Tampoco en cuanto a los primeros casos. Hip&oacute;crates ya hablaba de locos en la Grecia Antigua. &iquest;Habr&aacute;n padecido de lo mismo que Cecilia?&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces, cuando recuerdo el pasado, pienso que fui una niña cruel</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s uno de los casos m&aacute;s bien documentados asociados a la esquizofrenia sea el del rey sueco Christian VII, quien sufr&iacute;a delirios, alucinaciones y comportamiento err&aacute;tico y paranoico. O James Tilly Matthews, un brit&aacute;nico internado a fines de 1700 en un hospital psiqui&aacute;trico y cuyos registros muestran que se imaginaba una m&aacute;quina a&eacute;rea controlada por un grupo llamado &ldquo;Los Desvelados&rdquo; y que ten&iacute;a la capacidad de manipular su mente y afectar su comportamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Hace algunos d&iacute;as tuve una discusi&oacute;n con mi pareja. Estaba cocinando y me distraje tanto que puse el hervidor el&eacute;ctrico en la cocina a gas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Pero amor, qu&eacute; est&aacute;s haciendo! -lo o&iacute; gritar.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me asust&eacute;. Mis manos temblaron y el olor a quemado me catapult&oacute; al pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tiene que haber sido alg&uacute;n d&iacute;a del a&ntilde;o 2000.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por un acuerdo hecho en tribunales, cada cierto tiempo mi padre me ten&iacute;a que llevar donde mis abuelos para ver a mi mam&aacute;. En determinado momento del encuentro -siempre muy desafortunado-, ella se fue a duchar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poco tiempo despu&eacute;s, un olor a quemado impregn&oacute; la casa. Mi abuelo y mi pap&aacute; golpearon la puerta del ba&ntilde;o repetidas veces, mientras mi abuela trataba de retenerme en la cocina dici&eacute;ndome que todo estaba bien, que me hab&iacute;a preparado un queque de chocolate.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Logr&eacute; desprenderme de sus brazos justo cuando ellos lograron abrir la puerta y todos vimos: una panty negra, la misma que mi mam&aacute; estaba usando bajo su falda minutos antes, quemada, envolviendo la ampolleta del techo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; les pasa? Solo estaba tapando la c&aacute;mara porque no quer&iacute;a que me miraran mientras me duchaba&rdquo;, nos dijo Cecilia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        A veces, cuando recuerdo el pasado, pienso que fui una ni&ntilde;a cruel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una imagen recurrente. Yo, estirada en la cama de una plaza, ocupando todo el espacio posible. Estoy consciente de que mi dulce madre no puede acurrucarse conmigo ah&iacute;. Y eso es lo que busco. Quiero tenerla, en ese momento, lejos de m&iacute;. Siento en ella el olor a enfermedad, esa que escuch&eacute; en la boca de mi padre y abuelos, esa cuyo nombre casi no logro pronunciar: <a href="https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/schizophrenia/symptoms-causes/syc-20354443" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esquizofrenia</a>.
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a, en ese entonces, cuatro a&ntilde;os. &iquest;C&oacute;mo pude hacer eso?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dar&iacute;a todo por volver a ese momento. Mam&aacute;a, acurr&uacute;cate conmigo. Mainha, ven aqu&iacute;, abr&aacute;zame. M&aacute;, tengo miedo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Estoy en estado de alerta constante.
    </p><p class="article-text">
        Mi cabeza no para. Tengo cinco trabajos en simult&aacute;neo. Mientras hago algo estoy pensando en otras diez cosas. Me cuesta relajarme. A menudo me pillo pregunt&aacute;ndome si algo que estoy diciendo o pensando es desquiciado. Me obsesiono con los temas. Puedo leer m&aacute;s de 80 libros en un a&ntilde;o. Me cuestiono si alguna vez ya fui t&oacute;xica. Me cuesta dejar ir. Cosas, personas, situaciones. Me enorgullece mi memoria. Me apasiona mi profesi&oacute;n. Me gusta entender el pasado. Quiero hacer y decir todo lo necesario antes de los 30.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por si acaso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por si mi mente falla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por si pasa algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces nuestros cuerpos son nuestros &uacute;nicos enemigos. Son una verdadera mierda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay una diferencia estructural o anat&oacute;mica en el cerebro de esas 80 millones de personas que viven con esquizofrenia y quienes no. Lo que s&iacute; existe es una distinci&oacute;n en la actividad cerebral y la conectividad neuronal de quienes tienen la enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algunas investigaciones m&aacute;s recientes proponen que la esquizofrenia incluso puede nacer como consecuencia de un exceso de actividad en la sinapsis dopamin&eacute;rgica. Una hiperactividad de los receptores de dopamina. La misma dopamina que nos genera placer al comer algo delicioso. O hacer el amor, besar, ser reconocidos, recibir un piropo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        La enfermedad de Cecilia jam&aacute;s le impidi&oacute; educarme. Con ella aprend&iacute; a no juzgar a las personas, a leer compulsivamente, a enamorarme del Periodismo y de la Historia, a sensibilizarme frente a una injusticia, a escuchar, a intentar ser menos peleadora, a agradecer a todos por todo. Mi madre fue quien me ense&ntilde;&oacute; la importancia de reconocer los errores. A perdonar. A no ser tan orgullosa. A c&oacute;mo cuidar los c&oacute;licos menstruales. Ella estuvo a mi lado en mis muchas ca&iacute;das y las veces que me levant&eacute;. Ella me advirti&oacute; cuando no le gustaba el comportamiento de alg&uacute;n amigo. Ella me abraz&oacute; tras una decepci&oacute;n amorosa. Ella celebr&oacute; mis logros.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quiero hacer y decir todo lo necesario antes de los 30. Por si acaso. Por si mi mente falla.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El D&iacute;a de la Madre pasado, a diferencia de otros, no pens&eacute; en los d&iacute;as en que mi mam&aacute; no estuvo presente -f&iacute;sica o emocionalmente-. Pens&eacute; y sent&iacute; que ella s&iacute; estuvo y est&aacute; aqu&iacute;, con su exquisita manera de ser.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, lo siento, mainha: si tengo tu enfermedad, aborto. No quiero que mis hijos pasen por lo mismo que pas&eacute; yo. Esa es una causal suficiente para m&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando le plante&eacute; la posibilidad de que yo tuviera esquizofrenia a mi pap&aacute;, &eacute;l fue incapaz de decirme nada. Solo golpe&oacute; la madera tres veces y cambi&oacute; de tema. Con mi mam&aacute; no lo hemos hablado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a ser m&aacute;s como ella. M&aacute;s sencilla, menos peleadora, m&aacute;s reservada, menos trabaj&oacute;lica. M&aacute;s dulce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no su enfermedad. No, no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me vuelvo a obsesionar. &iquest;Tendr&eacute; que tomar haloperidol y/o clonazepan? &iquest;Tendr&eacute; que pasar por sesiones de estimulaci&oacute;n cerebral profunda -m&aacute;s conocida como electroshock-? &iquest;Tendr&eacute; tics nerviosos? &iquest;Cu&aacute;les ser&aacute;n mis delirios? &iquest;Requerir&eacute; contenci&oacute;n mec&aacute;nica? &iquest;Me pasar&eacute; los d&iacute;as creyendo que me est&aacute;n mirando? &iquest;Generar&eacute; da&ntilde;os a las personas a mi alrededor?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca supe bien qu&eacute; hab&iacute;a sido de mi madre durante aquellos a&ntilde;os en los que no vivi&oacute; con nosotros. Solo supe que, a su retorno, todos los meses ten&iacute;amos que acompa&ntilde;arla a la oficina de Jo&atilde;o Paulo Lian Branco Martins -o, como se le conoce en mi familia, el Doutor (doctor) Jo&atilde;o-&nbsp; y relatarle a aqu&eacute;l hombre c&oacute;mo ella estaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; puede informar a un psiquiatra una ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os? Pues que est&aacute; contenta con la llegada de su madre. Que no ha sido f&aacute;cil el proceso de adaptaci&oacute;n de Andr&eacute;s, mi padre &mdash;quien, en ese entonces, no dejaba siquiera que mi mainha me cocinara un queque&mdash;. Que todas los d&iacute;as le da el remedio de la ma&ntilde;ana y de la noche, y le pide que levante, baje y ponga la lengua para fuera para asegurarse que se lo ha tragado, tal como le ha ense&ntilde;ado el pap&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo me desagrad&oacute; el Dr. Jo&atilde;o. Su forma de dirigirle la palabra a mi mam&aacute;. De hacerla bajar la cabeza. C&oacute;mo usaba palabras complicadas para explicar cosas simples y su incapacidad de demostrar sentimientos. Tambi&eacute;n me molestaba en exceso la manera en que apoyaba a mi padre en todo lo que &eacute;l le dec&iacute;a. Una suerte de compa&ntilde;erismo y reciprocidad masculina que yo ve&iacute;a injusta, puesto que se enfrentaban a una menor de edad y a una paciente.
    </p><p class="article-text">
        Sin ganas de contradecir a mi padre en el consultorio, a la salida yo tomaba el rol de reprocharle por su consciente omisi&oacute;n de los hechos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pap&aacute;, &iquest;por qu&eacute; cuando el doctor ret&oacute; a la mam&aacute; por no salir m&aacute;s del departamento t&uacute; no le dijiste que t&uacute; se lo pediste? Pap&aacute;, el doctor se enoj&oacute; porque mi mam&aacute; est&aacute; fumando mucho, pero t&uacute; tambi&eacute;n lo haces&hellip; &iquest;Por qu&eacute; no le dijiste que los dos est&aacute;n fumando demasiado? Pap&aacute;, &iquest;por qu&eacute;..?&rdquo;. El camino de m&aacute;s de 20 minutos de taxi se transformaba en alguna nueva discusi&oacute;n y yo culpaba al Dr. Jo&atilde;o de todo aquello.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte todo pasa y la distancia temporal nos permite analizar con mayor imparcialidad los hechos. A mis ojos, Jo&atilde;o pas&oacute; de ser mi enemigo a ser mi aliado en esta constante batalla contra la esquizofrenia de mi mam&aacute;. Es a trav&eacute;s de &eacute;l que, hasta hoy, me entero de detalles sobre c&oacute;mo est&aacute; mi madre. Y de c&oacute;mo &eacute;l cree que estoy yo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces pienso que ni yo ni mi padre existimos plenamente entre 1997 y 2001. Cualquiera que se dedique a ver los &aacute;lbumes de fotos que tenemos pensar&iacute;a lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Hay que aclarar algo: antes de su primer brote, Cecilia ejerc&iacute;a como historiadora y fot&oacute;grafa. Este &uacute;ltimo era su trabajo principal. Estar detr&aacute;s de los lentes era su gran pasi&oacute;n. Sus fotograf&iacute;as llenaban las reuniones de amigos de alegr&iacute;a, siempre quer&iacute;an ver su registro, que tambi&eacute;n tomaba las p&aacute;ginas principales del diario <em>O S&atilde;o Paulo</em>, donde trabajaba.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La enfermedad de Cecilia jamás le impidió educarme. Con ella aprendí a no juzgar, a leer compulsivamente, a intentar ser menos peleadora, a agradecer a todos por todo.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el departamento donde nac&iacute; ten&iacute;amos una sala de revelado de fotos y mi mam&aacute; muchas veces se dedicaba a registrar mi crecimiento al lado de mi padre. Ella rara vez sal&iacute;a en las im&aacute;genes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tenemos &aacute;lbumes llenos de registros de cuando nac&iacute;. De cuando ten&iacute;a 1, 2, 3 y 4 a&ntilde;os. Salvo las fotos oficiales del colegio, no tengo nada de cuando ten&iacute;a 5, 6, 7 u 8 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa ausencia es como el vac&iacute;o de ella en la casa. Un salto temporal sin sentido. Sin luz. Sin ella. Sin nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Cada cierto tiempo googleo la palabra esquizofrenia.
    </p><p class="article-text">
        Resultados m&aacute;s recientes disponibles: &ldquo;trastorno mental grave&hellip;&rdquo;. &ldquo;Trastorno psiqui&aacute;trico cr&oacute;nico caracterizado por pensamientos distorsionados, alucinaciones, y/o delirios&hellip;&rdquo;. &ldquo;La complejidad de una enfermedad desoladora&rdquo;. &ldquo;Caracterizada por pensamientos distorsionados&rdquo;. &ldquo;Asunto de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n&rdquo;.&nbsp; &ldquo;&iquest;Es una enfermedad resultado de una posesi&oacute;n demon&iacute;aca?&rdquo;. &ldquo;Esquizofrenia aplicada a los asesinos en serie&rdquo;. &ldquo;El borde de la realidad y la consciencia&rdquo;. &ldquo;Violencia y esquizofrenia: un an&aacute;lisis cl&iacute;nico&rdquo;. &ldquo;Aumento de esquizofrenia vinculado al consumo de marihuana y otras drogas&rdquo;. &ldquo;Drogas para lidiar con la esquizofrenia&rdquo;. &ldquo;Esquizofrenia y su estigma social&rdquo;. &ldquo;Las voces y el laberinto, 5 historias de la esquizofrenia&rdquo;. &ldquo;Esquizofrenia pol&iacute;tica&rdquo;. &ldquo;La esquizofrenia no se puede curar&rdquo;. &ldquo;La esquizofrenia es la enfermedad mental m&aacute;s temida&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cierro el computador. Y en la noche, como nunca, rezo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me siento una esp&iacute;a. Cuando hablamos, registro en mi mente si lo que ha dicho es coherente, si hay una conexi&oacute;n clara entre una idea y otra o no. Alguna vez su psiquiatra me dijo que mi mam&aacute; es muy h&aacute;bil en tener un discurso memorizado, para driblar, como la mejor de las futbolistas, cualquier adversario que pudiese identificar la falta de nexo en lo que dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese gui&oacute;n, seg&uacute;n el doctor, consist&iacute;a en: &ldquo;Estoy bien, en la medida de lo posible. Estoy haciendo mis cositas, saliendo a tomar un cafecito, a pagar las cuentas. Estoy limpiando la casa, publicando mi trabajo en Facebook&hellip; &iquest;Te he contado de qu&eacute; se trata el libro que estoy leyendo?&rdquo;. Una persona que no la conoce dir&iacute;a que est&aacute; todo bien. Pero hay que ir m&aacute;s all&aacute;. Por eso, la esp&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Verifico sus redes sociales diariamente y veo sobre qu&eacute; escribe. En qu&eacute; tono. A qu&eacute; horas. Si es agresiva o amorosa. Si tiene sentido o no lo que est&aacute; planteando. Si en las fotos que sube est&aacute; con la misma ropa de ayer o no. Su postura. Su mirada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos por tel&eacute;fono, busco salir del gui&oacute;n. Le comento espec&iacute;ficamente sobre alguna noticia de actualidad o una pel&iacute;cula que ambas hayamos visto, y la invito a comentar sobre ella. Si se acerca una fecha importante, le pregunto en qu&eacute; d&iacute;a estamos y si recuerda qu&eacute; aniversario o cumplea&ntilde;os est&aacute; por venir. Si es fin de semana, la duda es si va a salir a pasear o no, y por qu&eacute; s&iacute; o por qu&eacute; no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es ah&iacute;, en los detalles, donde percibo c&oacute;mo est&aacute; mi mainha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Mensaje publicado por mam&aacute;. Fecha: 17 de junio de 2019. &ldquo;No es porque en el otro EXTREMO O AQU&Iacute; del planeta alguien se tir&oacute; un pedo que no podemos pedir, sugerir, actuar: VIDA. Me disculpo, y con frecuencia, incluso, tambi&eacute;n, por los errores cometidos en mi contra&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mensaje publicado por mam&aacute;. Fecha: 25 de julio de 2019. &ldquo;Un lindo y llorado libro que le&iacute;, llamado &lsquo;El p&aacute;jaro raro&rsquo;, de Jostein Gaarder, de Cia das Letras, cuenta muchas historias sobre lo que nos gusta y no nos gusta contar&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi madre me ha enseñado que el amor siempre sobrevive. Esa es la mayor y la más linda de las locuras.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mensaje publicado por mam&aacute;. Fecha: 30 de agosto de 2019. &ldquo;Levantando los adelgazados, enfurecidos, ofendidos, explotados, agredidos, oscurecidos, hinchados, expoliados: VIDA&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nervios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llanto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Meses sin mensajes publicados. Y finalmente, en mi cumplea&ntilde;os de 2020, en plena pandemia: &ldquo;Feliz cumplea&ntilde;os&hellip; Feliz cumplea&ntilde;os&hellip; Feliz cumplea&ntilde;os&hellip; Para felices cumplea&ntilde;os, en continuidades, de lo que entiendes por vida, sobre mi amor&hellip; Amandinha&hellip; Amandinha&hellip; Amandinha&hellip; Hoy es d&iacute;a 8 de mayo, en el que cumples 27 a&ntilde;os de edad. Voy a contar, entonces, la historia del papel higi&eacute;nico. El papel higi&eacute;nico no puede faltar en la casa, pero, saben, la servilleta, el pa&ntilde;uelo, la toalla nova y hasta el diario, limpiecitos, y claro, funcionan&hellip; Con todo eso, la buena educaci&oacute;n aprendida, no puede faltar, para mejorar. Limpiar, separadito, los cuerpecitos, en la frente y en la espalda, desde ni&ntilde;as... El papel higi&eacute;nico, como el nombre dice, ayuda mucho, mucho, en los cuidados para la salud, y as&iacute;, todo va a mejorar. Secando las l&aacute;grimas, con el papel higi&eacute;nico, no se olviden que a nuestro Dios no le gustan las provocaciones, para quienes nos desconsideran, por lo que somos&hellip; Con las necesidades debidamente atendidas, ruego a Dios por ustedes y para que el mundo sea m&aacute;s humano, mucho menos injusto y mucho m&aacute;s fraterno.. La mam&aacute;, Cecilia&hellip;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Risas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llanto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pap&aacute;: &ldquo;T&uacute; nunca conociste a la mujer con quien me cas&eacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, sin m&aacute;s. Sin cuidados. Con frustraci&oacute;n. Con furia en una tierra donde no hay culpables tangibles. Solo una enfermedad incomprensible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Sabes lo que es casarte con la mujer de tus sue&ntilde;os, enamorarte, ir a vivir juntos, y que de repente todo cambie? Me cas&eacute; tan enamorado. El amor es para pocos, hija. El amor es para pocos. Pero paciencia&hellip;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pregunt&eacute; &ldquo;por qu&eacute;&rdquo;. Escuch&eacute; la descripci&oacute;n de una completa desconocida. Una Cec&iacute;lia soltera, extremadamente risue&ntilde;a &mdash;aunque t&iacute;mida&mdash;, que fue muy polola antes de conocer a Andr&eacute;s. Una Cec&iacute;lia que lleg&oacute; a tener como pareja a un hombre 15 a&ntilde;os mayor que ella, que qued&oacute; embarazada y, conociendo a sus padres-cat&oacute;licos-conservadores, opt&oacute; por abortar. Una Cec&iacute;lia que dec&iacute;a garabatos, que era buena para las fiestas, a quien le gustaba ir de viaje, que fue a vivir con unas colegas de trabajo y que no pens&oacute; dos veces antes de invitar a mi pap&aacute; a compartir su pieza con ella. Una Cec&iacute;lia cuyos c&iacute;rculos de amistad eran diversos en todos los sentidos de la palabra. Una Cec&iacute;lia que es mi mam&aacute; y que es opuesta a mi mam&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi madre es otra. Y mi madre ha sido muchas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este texto se trabaj&oacute; en el Laboratorio de No Ficci&oacute;n Creativa llevado adelante por Revista Anfibia, el Doctorado de Escritura en Espa&ntilde;ol de la Universidad de Houston y la Maestr&iacute;a en Periodismo Narrativo de Unsam entre septiembre de 2022 y mayo de 2023.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amanda Marton Ramaciotti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/madre_1_10453643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Aug 2023 09:06:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi madre es otra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Anfibia,Esquizofrenia,enfermedad mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aprendiendo a decirte hijo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/aprendiendo-decirte-hijo_1_10453610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/129df25d-2d88-4777-b675-39fdf0652ef1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aprendiendo a decirte hijo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras la generación Z lleva incorporado que biología e identidad de género van por sendas separadas, sus familias tienen un largo camino para aprender -o desaprender- un nuevo lenguaje con el cual vincularse. La periodista Daniela Pastrana nos invita a la intimidad de su casa, viaja hasta las raíces ancestrales de México y dialoga con expertos en busca de respuestas no binarias para seguir siendo madre.</p></div><p class="article-text">
        Rebano las cebollas en gajos muy peque&ntilde;os y trato de concentrarme en los ingredientes. &Uacute;ltimamente se me olvidan las cosas m&aacute;s simples y me distraigo con facilidad. Pienso en el Alzheimer. En mi propio cerebro cansado. Me da miedo.
    </p><p class="article-text">
        En la cocina, Andi lava los trastes al ritmo de Britney. Recuerdo lo que hace d&iacute;as quiero preguntarle.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Hija, &iquest;cu&aacute;l es el pronombre que usas?
    </p><p class="article-text">
        Andi detiene la friega del sart&eacute;n. Me mira como tratando de valorar mi tono. Yo, con el cuchillo de la cebolla en la mano, me pregunto si necesito or&eacute;gano o albahaca.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute; lo preguntas?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque veo que tus amigas te hablan en masculino. Pero en casa no has dicho nada, entonces, no s&eacute; si quieres tener una doble opci&oacute;n y ser chica en la familia y chico entre tus amigues.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No s&eacute;, en realidad. Pero el pronombre que m&aacute;s me molesta es la.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mmm&hellip; eso me genera un gran problema.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque eres lo menos masculino que hay en esta familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Menos <em>ojete</em>, quieres decir.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, eso. Eres lo menos hombre que conozco.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues s&iacute;&hellip; es m&aacute;s f&aacute;cil sentirlo que explicarlo. Solo s&eacute; que si hubiera sabido antes muchas de las cosas que s&eacute; ahora, me habr&iacute;a ahorrado muchos malos momentos. Por eso quiero la terapia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Bueno, ya vamos a ver eso. Mientras, voy a intentar la e, porque no s&eacute; c&oacute;mo llamarte hijo.
    </p><p class="article-text">
        Regreso a mis cebollas. Me concentro en hacer cortes muy finos. Andi pasa junto a m&iacute;, me abraza de lado, como acostumbra hacer desde que es m&aacute;s alta que yo. Me besa en la frente. Huye a su rec&aacute;mara.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qu&eacute; me sorprendo? Hace a&ntilde;os que convivo con adolescentes que transicionan y en todos los foros p&uacute;blicos me la paso discutiendo con feministas transf&oacute;bicas. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, siento esta extra&ntilde;eza?
    </p><p class="article-text">
        Intento recordar las conversaciones recientes que he tenido sobre el tema. Me dijeron que ya hay una asociaci&oacute;n de familias de personas trans y que en la pandemia hubo una &ldquo;salida del closet masiva&rdquo;, como si de pronto se hubieran dado cuenta de que la vida hay que vivirla.
    </p><p class="article-text">
        Dejo las cebollas y hurgo la historia que muestran los retratos de la pared. Veo a Andi con su cabello largo hasta la cintura, que luego se rap&oacute;. La miro antes, en sus clases de ballet. Y de beb&eacute;, vestida de hada.
    </p><p class="article-text">
        Una amiga que empez&oacute; la pandemia con dos hijas que transicionaron me dijo que tuvo que hacer luto. Sus hijas ya no existen. &iquest;Tendr&eacute; yo que hacer luto? &iquest;En qu&eacute; cambia la persona que he conocido estos 18 a&ntilde;os y que hace 8 meses, cuando le cay&oacute; el &aacute;rbol en la cabeza, estuvo a punto de quedar parapl&eacute;jica? &iquest;Ser&aacute; menos emp&aacute;tica? &iquest;En qu&eacute; cambia si es ella o elle o ello o ellu?
    </p><p class="article-text">
        Miro su foto sonri&eacute;ndome, con esa sonrisa que amo, y vuelvo a mis cebollas, que ya no soportan m&aacute;s cortes. No me preocupa ning&uacute;n luto. Lo que me aterra es que le lastimen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso en la joven que sacaron del movimiento feminista de la facultad de Filosof&iacute;a de la UNAM por declararse no binarie. De filosof&iacute;a, carajo. En la Universidad Nacional. No quiero que le da&ntilde;en. Pero, &iquest;c&oacute;mo evitarlo, en este mundo de mierda, donde cualquiera se cree con derecho a meterse en tu cuerpo y en tu alcoba?
    </p><p class="article-text">
        Pongo el aceite en el sart&eacute;n. Las cebollas est&aacute;n hechas jugo y he olvidado para qu&eacute; las quer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;xico es como una cebolla. Cuando la partes, vas desgranando capas de violencias. Una sobre otra. Es el pa&iacute;s de la dictadura perfecta, controlado m&aacute;s de ocho d&eacute;cadas por un partido pol&iacute;tico omnipresente. El pa&iacute;s que se invent&oacute; una <em>guerra contra el narco</em> y puso de jefe de la polic&iacute;a al jefe del narco. El pa&iacute;s de las 2 mil fosas y de las 120 mil personas desaparecidas en pleno siglo 21. El pa&iacute;s que cada d&iacute;a mata a 11 de sus mujeres, y sus cuerpos lastimados se exponen en las v&iacute;as p&uacute;blicas, como trofeos de guerra. El pa&iacute;s que mont&oacute; su nombre sobre el exterminio f&iacute;sico de un pueblo -Mexica-, y que borr&oacute; la lengua y neg&oacute; la existencia de otros cien que sobrevivieron a la Colonia. El pa&iacute;s de los periodistas asesinados. El de las masacres de migrantes. El de la violencia vicaria. El de cientos de adolescentes atrapadas en redes de trata.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ahora que todos los mitos fundacionales se desmoronan, ¿qué hacemos quienes nacimos mestizos, capitalistas, heteronormados, y que, en resumen, no tenemos un ombligo enterrado en una casa a la cual regresar?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tanto miedo se ha cultivado en la gente, para que agreda a una persona por su apariencia? &iquest;C&oacute;mo puede ser que sean mujeres, v&iacute;ctimas de incontables violencias, las que encabezan la lucha sin tregua contra las personas trans? &iquest;Qui&eacute;n alimenta ese odio?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Andi&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Madre&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Estaba recordando cuando fuimos a Baja California a ver las pinturas rupestres y te enfrascaste todo el camino de la sierra con el enfermero franc&eacute;s en una discusi&oacute;n por el lenguaje incluyente. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te acuerdas?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ay, s&iacute;, &iexcl;ese tipo!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;He estado tratando de recordar esa discusi&oacute;n. S&eacute; que el pronombre es muy importante para ti y que yo tengo que hacer el esfuerzo de acostumbrarme a no decirte <em>hija</em>, pero no entiendo por qu&eacute; es tan importante y quiero entender&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Andi hace a un lado la computadora. El tema le interesa m&aacute;s que la rese&ntilde;a de cine que escribe.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es como si tuvieras un nombre que no te gusta y la gente insiste en llamarte por ese nombre.
    </p><p class="article-text">
        Envidio su simpleza para des-pro-ble-ma-ti-zar los problemas. En venganza, aprovecho el inter&eacute;s que consegu&iacute; para mostrarle el texto de las cebollas que he escrito en el taller de escritura creativa. Andi lo lee en silencio y lo primero que me dice es que recuerda la escena en otro lugar: en su cuarto. Qu&eacute; estr&eacute;s con la memoria. Luego murmura que est&aacute; muy lindo y dos l&aacute;grimas rebeldes se le escurren en el rostro.
    </p><p class="article-text">
        Le abrazo.
    </p><p class="article-text">
        El pronombre importa.
    </p><p class="article-text">
        No hay m&aacute;s que decir.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;xico ha sido inventado tres veces. La primera vez lo hizo <em>Tlakaellel</em>, un tlatoani mexica que vivi&oacute; hace unos 600 a&ntilde;os y, ante la triste historia de su pueblo, rechazado por todos los pueblos que viv&iacute;an alrededor del lago de Texcoco, imagin&oacute; y reescribi&oacute; una historia m&aacute;s &eacute;pica: la del gran &eacute;xodo de Aztl&aacute;n, que jam&aacute;s ocurri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Luego fue el invento de los invasores de Castilla. Ellos pusieron sus iglesias sobre las pir&aacute;mides y escribieron la historia de un pueblo que encontr&oacute; en un valle una serpiente (que es el dios de los mexicas) devorada por un &aacute;guila imperial. Esa historia que no aparece en ning&uacute;n lado antes de los c&oacute;dices del siglo XV, es la que simboliza nuestro <em>escudo nacional.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        En los recorridos nocturnos del Museo Nacional de Antropolog&iacute;a, Mario Rodr&iacute;guez de la Vega nos cuenta m&aacute;s: &ldquo;Esa historia castellana borr&oacute; a las mujeres que ten&iacute;an una activa vida pol&iacute;tica en los pueblos prehisp&aacute;nicos. Los &uacute;ltimos 200 a&ntilde;os nos han contado s&oacute;lo la mitad de la historia&rdquo;. La narrativa pedag&oacute;gica sobre el gran pueblo guerrero habla de diosas, sobre todo de la fertilidad. Nadie menciona a las gobernantas y guerreras que est&aacute;n talladas en las piedras que se guardan en el museo y que, ya mir&aacute;ndoles bien, exhiben sus pechos en las batallas. Y por supuesto, ning&uacute;n misionero cont&oacute;, tampoco, las relaciones no binarias que exist&iacute;an. En una conversaci&oacute;n sobre el <em>feminismo blanco</em>, con motivo del 8 de marzo, la ling&uuml;ista ayuuk Y&aacute;snaya Gil me explica que la mayor&iacute;a de los pueblos habla de personas, sin pronombres. El binarismo est&aacute; en las traducciones.
    </p><p class="article-text">
        La tercera invenci&oacute;n fue la que hicieron los forjadores de la <em>naci&oacute;n independiente</em>, cuando buena parte de los pobladores de lo que llamaron M&eacute;xico no hablaba castellano y no era mexica. La nueva &eacute;lite mestiza us&oacute; el nombre de un pueblo que se hab&iacute;a dispersado, impuso una sola lengua y con la categor&iacute;a gen&eacute;rica de <em>ind&iacute;genas</em> borr&oacute; de nuestra gesta hist&oacute;rica a los pueblos sobrevivientes de la Colonia. Hoy quedan 62 de esos pueblos y casi ninguna persona en la Ciudad de M&eacute;xico puede decir cu&aacute;les son y d&oacute;nde habitan. Los tenemos en libros y museos. Muertos y en el pasado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nada de lo que hemos hecho ha sido suficiente&rdquo;, me dijo una vez el poeta n&aacute;huatl Mardonio Carballo, en una larga conversaci&oacute;n sobre los or&iacute;genes de la violencia descarnada y tan sin sentido que habitamos en M&eacute;xico desde que existe el pa&iacute;s. &ldquo;Hemos hecho todo para que nos acepten: aprendimos su idioma, sus costumbres, sus formas. Pero nada ha sido suficiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Andi estudia lengua de se&ntilde;as. Comenz&oacute; a hacerlo en la pandemia y ha seguido tomando cursos en l&iacute;nea. Ahora est&aacute; aprendiendo a traducir <em>Sin Miedo</em>, la canci&oacute;n de Vivir Quintana que es un &iacute;cono de su generaci&oacute;n contra la violencia machista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En M&eacute;xico hay 2.3 millones de personas sordas. Entre 300 y 500 mil usan lengua de se&ntilde;as para comunicarse. Y s&oacute;lo hay 80 int&eacute;rpretes certificados.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n borra a qui&eacute;n? Me pregunto en la v&iacute;spera del 8M, cuando grupos de feministas transexcluyentes anuncian que har&aacute;n una marcha contra el <em>borrado de mujeres.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        En <em>La invenci&oacute;n de los sexos</em> Lu Ciccia desmitifica las diferencias biol&oacute;gicas atribuidas a los cerebros de hombres y mujeres. Pocas lecturas me han provocado tantas conversaciones imaginarias con quien escribe (recientemente, <em>Una ballena es un pa&iacute;s</em>, con Isabel Zapata<em> </em>y <em>Fruto</em> con Daniela Rea). Esta, adem&aacute;s, me desarma. En cada p&aacute;gina va creciendo mi sorpresa frente al enga&ntilde;o de una ciencia blanca, colonial y androc&eacute;ntrica.
    </p><p class="article-text">
        Ciccia recorre la historia de la ciencia moderna y del feminismo para explicar c&oacute;mo se desarrollaron lecturas jer&aacute;rquicas de los cuerpos sobre la idea del dimorfismo sexual. Dicho de otro modo, c&oacute;mo la ciencia entreg&oacute; a los cerebros de los hombres la potestad de la raz&oacute;n y la inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s escandaloso es que el enga&ntilde;o est&aacute; a la vista de todos: en los laboratorios de la neurociencia, donde los estudiosos del cerebro humano usan ratones machos y aislan a las hembras &ldquo;para eliminar el <em>sesgo hormonal&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;la idea de dimorfismo sexual (o neo dimorfismo) sobre la que se fundan las lecturas jer&aacute;rquicas de los cuerpos fue construida y refinada por el discurso cient&iacute;fico como forma de justificar y sostener la estructura social, econ&oacute;mica e ideol&oacute;gica que la modernidad requer&iacute;a (&hellip;) Para volver posible otras lecturas es necesario mirarnos y mirar los cuerpos de otres: amigues, familia, en la calle, en el colectivo. Mirarnos hasta lograr dejar de reducir la diversidad y multidimensionalidad que se nos presenta a una genitalidad&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        El libro cuestiona la causalidad entre biolog&iacute;a y comportamiento. Entre cerebro y mente. Desmonta la idea de que nuestro destino est&aacute; escrito en la biolog&iacute;a. Tambi&eacute;n invita a habilitar nuestras incertidumbres.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;&iquest;Existe un sexo objetivo, neutral, universal sobre el que se fundan los g&eacute;neros, tal como hoy sostiene el discurso cient&iacute;fico y muchos feminismos? &iquest;O acaso son los g&eacute;neros los que est&aacute;n antes, en el discurso y dan sentido a la idea del sexo, como propusieron en los a&ntilde;os noventa las teor&iacute;as cr&iacute;ticas. &iquest;Y si no se trata de ninguna de las dos cosas? &iquest;Qu&eacute; es la biolog&iacute;a? &iquest;Es determinante o para nada relevante? &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n existe entre la biolog&iacute;a y nuestra identidad de g&eacute;nero, nuestra sexualidad, nuestros intereses y deseos? Para una lectura revolucionaria de los cuerpos es fundamental humanizar la ciencia, reconocer sus sesgos y darnos lugar para reflexionar sobre todos estos cuestionamientos&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Intento imaginar la cara de Andi con barba. No me gusta. Tampoco me gustan el aro que tiene en la nariz ni la perforaci&oacute;n entre los ojos. Son prejuicios, supongo. Me gusta su cara. Su nariz peque&ntilde;a. Sus ojos achinados. No quisiera que cambie mucho ese rostro amado. Pero es su cuerpo. Yo bastante tengo con el m&iacute;o, mis cicatrices, y la gordofobia que le rodea.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hablamos largo del tema. Les cuento que muchas feministas transexcluyentes de la Ciudad de México, que se asumen de izquierda, están convencidas de que la ideología de género es una doctrina neoliberal que viene de Estados Unidos.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Qu&eacute; dif&iacute;cil es reconciliarnos con nuestro cuerpo. Perdonarlo. Aceptar que no es todo lo que queremos. Que quiz&aacute; no somos tan fuertes para pararnos de manos. Que no tenemos ritmo para bailar. Que tenemos pies de <em>Hobbit</em> o voz de <em>Chilindrina</em>. Que no somos tan inteligentes. Que somos introvertidos. Que tenemos la nariz ancha, los ojos ca&iacute;dos, la papada grande.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para las mujeres es peor. El cuerpo es el primer territorio en disputa, ah&iacute; donde hemos tenido que ganar el derecho a tatuarnos, a pincharnos, a gestionar nuestra reproducci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Miro los cuerpos con sus formas diversas en la playa. Les invento una historia. Me asombra la cantidad de mujeres que tienen tatuajes. Hace no m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, los tatuajes eran reservados para los hombres. Ahora, las mujeres de todas las edades y grupos sociales est&aacute;n tatuadas o perforadas. Me gusta la idea del cuerpo como una ofrenda a la libertad.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hacemos los <em>sin historia</em>? Es decir, ahora que todos los mitos fundacionales se desmoronan, &iquest;qu&eacute; hacemos quienes nacimos mestizos, capitalistas, heteronormados, y que, en resumen, no tenemos un ombligo enterrado en una casa a la cual regresar?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Todos tenemos una historia&mdash; me dijo Y&aacute;snaya, compasiva.
    </p><p class="article-text">
        En <em>&iquest;Qu&eacute; mundo es este?, </em>la fil&oacute;sofa estadunidense Judith Butler habla de las reconfiguraciones postpand&eacute;micas que estamos viviendo y asegura que la &uacute;nica posibilidad que tenemos de una vida que merezca pasa por entrelazarnos &eacute;tica y pol&iacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Quiz&aacute; no nos gusten o no disfrutemos las conexiones con las que hemos nacido. Muy pocos entre nosotros elegimos realmente a nuestras familias, por ejemplo. Pero las obligaciones de cohabitaci&oacute;n no siempre nacen del amor o de la elecci&oacute;n, las relaciones entre nosotros van m&aacute;s all&aacute; de la familia, la comunidad, la naci&oacute;n y el territorio. Esta sociabilidad m&aacute;s bien nos lleva en la direcci&oacute;n del mundo&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Todos tenemos una historia y una identidad. &iquest;D&oacute;nde carajos empezamos a buscarlas?
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Andi y yo llegamos a Juchit&aacute;n, invitados por la familia Cha&rsquo;ca&rsquo; a la fiesta del pueblo de Cheguigo. O <em>Detr&aacute;s del r&iacute;o</em> en lengua diidxaz&aacute;, una variante del zapoteco que se habla en esta regi&oacute;n. Su fiesta de mayo, dedicada a San Vicente Ferrer <em>Guie&rsquo; Cheguiigu</em><em><strong>,</strong></em><strong> </strong>es la &uacute;nica vela que no se hace de noche.
    </p><p class="article-text">
        Juchit&aacute;n es famoso por su comercio y por sus fiestas. En esta zona del pa&iacute;s, mayo es una parranda completa. Cada a&ntilde;o, desde hace m&aacute;s de un siglo, se realizan fiestas nocturnas, llamadas velas, que originalmente eran rituales y adoraciones a los elementos de la naturaleza, pero se fueron modificando con las liturgias criollas.
    </p><p class="article-text">
        Las velas fueron suspendidas dos a&ntilde;os por la pandemia, as&iacute; que este 2023 se esperan con especial ansiedad. En la semana mayor de las velas, los juchitecos gastan 12 millones de pesos y consumen unos 35 mil cartones de cerveza. Nadie sabe cu&aacute;ntos litros de mezcal. Los mayordomos y capitanes tiran la casa por la ventana. Y los invitados no pueden hacer quedar mal a la familia, as&iacute; que nadie escatima en la producci&oacute;n: huipiles bordados, enaguas con ol&aacute;n, guayaberas blancas y pantalones oscuros, peinado tradicional, con list&oacute;n y flores, maquillaje, llamativos collares y aretes de oro. Nada es demasiado cuando se trata de lucir el linaje zapoteco.
    </p><p class="article-text">
        A Andi le hacen un peinado que recuerda a Frida Kahlo. A mi me ponen una trenza postiza y el list&oacute;n por abajo, el peinado de las mujeres antiguas. Las pesta&ntilde;as postizas me har&aacute;n parpadear toda la noche.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la v&iacute;spera fue <em>la regada</em>. El mayordomo y sus capitanes recorrieron las calles del pueblo en caravana, a caballo o en carros aleg&oacute;ricos. Repartieron regalos y un brebaje de mezcal con jugos de frutas para el calor. La fiesta sigui&oacute; con un torito y nadie sabe dar raz&oacute;n de c&oacute;mo termin&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Oaxaca es el estado con mayor diversidad &eacute;tnica y ling&uuml;&iacute;stica de M&eacute;xico. El pueblo binniz&aacute; (zapoteco) es el m&aacute;s numeroso de los 18 que lo habitan. Es conocido tambi&eacute;n porque desde la &eacute;poca precolombina tiene naturalizado el <em>tercer sexo</em>: los muxes.
    </p><p class="article-text">
        Los binniz&aacute; llaman <em>muxe gunaa</em> a la persona que fue registrada como hombre pero se identifica como mujer y asume roles femeninos en la comunidad (como el bordado y el comercio). Y <em>muxe nguiu</em> a la que fue registrada como mujer, pero adopta roles masculinos.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo pasado, los muxes llegaron a ser m&aacute;s de seis por ciento de la poblaci&oacute;n zapoteca. Ahora son menos del uno por ciento. Se dedican, sobre todo a las artes y oficios, aunque tambi&eacute;n hay algunos profesores y pol&iacute;ticos, nos dice Diana Manzo, una de las mejores periodistas de la regi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ella nos presenta a Pilar de Bel&eacute;n, bordadora de Santa Rosa de Lima, quien nos cuenta que su madre le ense&ntilde;&oacute; a bordar y que desde ni&ntilde;a supo que era muxe. Diana tambi&eacute;n nos explica que, contrario a lo que se piensa sobre la aceptaci&oacute;n social de los muxes, en Juchit&aacute;n hay grupos que los rechazan. Incluso, la Vela mayor no acepta la entrada de muxes. Por eso, ellos han hecho su propia fiesta: La Vela de las Intr&eacute;pidas Aut&eacute;nticas Buscadoras de Peligro.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos largo del tema. Les cuento que muchas feministas transexcluyentes de la Ciudad de M&eacute;xico, que se asumen de izquierda, est&aacute;n convencidas de que la ideolog&iacute;a de g&eacute;nero es una doctrina neoliberal que viene de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Qu&eacute; tonter&iacute;a! &iexcl;S&iacute; los muxes existen desde antes de que existiera Estados Unidos! &mdash;replica Diana, con su l&oacute;gica implacable y una enorme sonrisa.
    </p><p class="article-text">
        Debo cerrar el texto para Anfibia y ando de muy mal humor. En los meses de trabajo en este texto he ido entendiendo que estoy m&aacute;s cerca de Carolina San&iacute;n que de Rita Indiana. No en la ideolog&iacute;a, sino en el modelo de mujer: la que resuelve, provee, enfrenta y siempre se levanta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me revienta pensarlo. &iquest;Por qu&eacute; no puedo trasgredirme, fugarme con un amor, jotear, ser una villana, o la tonta buena a la que que todos quieren proteger? &iquest;Por qu&eacute; soy tan Malena?
    </p><p class="article-text">
        Del tema de este trabajo hay cosas que quisiera investigar m&aacute;s. Una es m&aacute;s bien una hip&oacute;tesis y ni siquiera se si la ciencia ya se lo ha preguntado: &iquest;Es viable pensar en alg&uacute;n cambio cromosom&aacute;tico en el ADN humano? Es decir, as&iacute; como hemos perdido cabello por usar ropa, &iquest;ser&aacute; posible los controles natales y la baja demogr&aacute;fica est&eacute;n modificando el espectro reproductivo?
    </p><p class="article-text">
        Otra tiene que ver con las construcciones sociales. Es algo que tengo en la cabeza desde que conoc&iacute; a Lola Deyav&uacute; y nos cont&oacute; su historia. Lola es intersex y, cuando naci&oacute;, un m&eacute;dico decidi&oacute; que ser&iacute;a hombre. &iquest;Ser&aacute; que siempre ha habido m&aacute;s personas no binarias de las que creemos, pero estaban invisibilizadas, ocultas en las categor&iacute;as de <em>marimacha</em> o <em>amanerado</em>?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un tercer tema que me interesa investigar es la industria de la transici&oacute;n. Porque hay una industria, que viene acompa&ntilde;ada de hormonas y psic&oacute;logos, operaciones. Y hay quienes ganan con eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero cada vez estoy m&aacute;s convencida de que en la definici&oacute;n de Andi hay algo m&aacute;s que la gen&eacute;tica y la biolog&iacute;a. Algo que es pol&iacute;tico. Que parte de una generaci&oacute;n que busca afanosamente la forma de salir de este corset asfixiante de la vida <em>cis</em>. Porque es un binarismo extra&ntilde;o este que tenemos. Un binarismo que de un lado queda bic&eacute;falo. No es un mundo construido para un hombre y una mujer, sino para un hombre y dos mujeres: la santa, que es madre, esposa e hija, y la puta, que es la amiga, la amante y la cortesana.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la definición de Andi hay algo más que la genética y la biología. Algo que es político. Que parte de una generación que busca afanosamente la forma de salir de este corset asfixiante de la vida cis.
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Nosotras peleamos contra <em>las santas</em>. Salimos a trabajar, luchamos por gobernamos. Nos batimos en duelo, como Catalina Sforza, y Manuelita S&aacute;enz. &iquest;Y qu&eacute; ganamos? Jornadas dobles, triples. Nos quedamos con los cuidados, y ahora, adem&aacute;s, tenemos que salir a conseguir la comida y a ser jefas de manada. Ganamos el trabajo; perdimos el hogar.
    </p><p class="article-text">
        Andi y sus amigas no quieren eso. No quieren ser un &uacute;tero convertido en una m&aacute;quina de reproducci&oacute;n de fuerza de trabajo para el capital. Tampoco quieren ser las mujeres perfectas, las <em>guerreras </em>que todo lo pueden y que, al final de cuentas, dejan en el camino su cuerpo maltrecho.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Andi&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Madre&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Te acuerdas que me dijiste que si hubieras sabido cosas que ahora sabes no la habr&iacute;as pasado mal?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ma, ya hablamos de eso&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es que no quiero equivocarme con esta historia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es tu historia, m&aacute;. No la m&iacute;a&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; frustrante puede ser a veces el trabajo de mam&aacute;. Una de las madres de personas trans que que entrevist&eacute; para este texto me dijo que han sido a&ntilde;os dif&iacute;ciles, en los que a veces se desespera, pero ha entendido que &ldquo;solo desde el amor y la ternura&rdquo; puede lidiar con su hijo. Otra me cont&oacute; lo dif&iacute;cil que hab&iacute;a sido asimilar la 
    </p><p class="article-text">
        p&eacute;rdida de sus hijas. &ldquo;No vimos venir (la transici&oacute;n). Pens&aacute;bamos que &eacute;ramos progresistas, pero esto ha sido dif&iacute;cil. Creo que mi mam&aacute; lo tom&oacute; mejor que yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por esos d&iacute;as vi con Andi, <em>Everything everywhere all at once</em> (<em>Todo, en todas partes al mismo tiempo</em>), la pel&iacute;cula que arras&oacute; en los premios &Oacute;scar y que usa de pretexto los multiversos para contar la relaci&oacute;n entre una madre que vive para trabajar y su hije adolescente, sobreexpuesta a mensajes externos de un mundo que le es muy hostil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la escena del multiverso en el que son piedras, cuando la madre intenta disculparse y recibe por respuesta un &ldquo;<em>solo s&eacute; una roca&rdquo;, </em>Andi me dio la mano. No nos soltamos, aunque a veces es dif&iacute;cil este trabajo de ser madre.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Al volver de Oaxaca recibimos una de las peores noticias de mucho tiempo. Una muerte sorpresiva, cruel, dolorosa, que nos llena de rabia.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es tu historia, má. No la mía</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Son d&iacute;as de duelo. Dice Judith Butler que ser merecedor de duelo es una condici&oacute;n necesaria para la igualdad. Tiene que ver con que tu vida cuente, con ser un cuerpo que importa.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Uno podr&iacute;a esperar que la consideraci&oacute;n de ser merecedor de duelo pertenezca solo a aquellos que han fallecido, sin embargo, creo que ser merecedor de duelo opera ya en vida, como una caracter&iacute;stica atribuida a criaturas vivas, aquellas que van por ah&iacute; sabiendo que sus vidas, o las vidas de sus seres queridos, puedan desvanecerse en cualquier momento y sin dejar huella&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Andi prepara sus ex&aacute;menes para la universidad. Yo empiezo a tomar clases de salsa y me ocupo en la cocina de las cebollas, papas, y jitomates. Mi memoria no mejora, pero al menos ya no me angustia.
    </p><p class="article-text">
        He descubierto, tambi&eacute;n, que decirle hijo no es tan dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este texto se trabaj&oacute; en el Laboratorio de No Ficci&oacute;n Creativa llevado adelante por Revista Anfibia, el Doctorado de Escritura en Espa&ntilde;ol de la Universidad de Houston y la Maestr&iacute;a en Periodismo Narrativo de Unsam entre septiembre de 2022 y mayo de 2023.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniela Pastrana]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/aprendiendo-decirte-hijo_1_10453610.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Aug 2023 03:02:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aprendiendo a decirte hijo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Anfibia,Transgénero,Transfobia,México]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No agradeceré que no me mates]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/no-agradecere-no-mates_1_10411196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2028d090-8c8c-4c46-b8d5-bbb0ff847556_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No agradeceré que no me mates"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando creía que todas las discriminaciones que podían tocarle ya las conocía, Abraham Jiménez Enoa se exilió de Cuba a Europa y tuvo un reset. Allá le hicieron notar que su color de piel no vale lo mismo: se lo marcaron en los cafés, cuando camina por la calle o juega al fútbol. La pulsión vital del autor lo llevó a comenzar una “lista negra” y un diario de “notas racistas”, donde la escritura emerge como estrategia de supervivencia</p></div><p class="article-text">
        Llegu&eacute; muy tarde a tener conciencia del pa&iacute;s racista en el que viv&iacute;a. Lo cual es el primer fundamento para entender porque el racismo sigue instaurado no solo en Cuba, sino en todo el mundo. Que una persona negra, que pertenece a una familia de negros, en un pa&iacute;s donde lo que prevalece es la mezcla de las razas, viva hasta bien entrada su juventud sin esa claridad, solo puede suceder porque la sociedad est&aacute; dise&ntilde;ada de una manera en que el racismo impone su supremac&iacute;a desde la sombra de un escondite. A eso le llaman racismo estructural. Miro hacia atr&aacute;s y me parece inadmisible no haberme percatado de todas las l&oacute;gicas, de todas las din&aacute;micas, de la vida en general, atravesada por ello.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo demor&eacute; en darme cuenta de que en la televisi&oacute;n de mi pa&iacute;s no sal&iacute;an negros cuando en las calles, en los &oacute;mnibus, en las filas, en las bodegas, estaban repletas de gente de mi color de piel? &iquest;C&oacute;mo dur&eacute; en percatarme que en el gobierno de mi pa&iacute;s, cuyo coraz&oacute;n es la familia Castro Ruz, los negros brillaban por su ausencia? &iquest;C&oacute;mo dur&eacute; en percatarme que menos del diez por ciento de los alumnos que llegan a matricularse en las universidades de Cuba son negros?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que encontrar certezas, cada pregunta abri&oacute; otras preguntas:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo asum&iacute;a como una normalidad que mi familia negra siempre estuviera pendiente de mi imagen, que tuviera los tenis limpios, la ropa planchada, que estuviese bien perfumado, para que no a&ntilde;adirle un detrimento m&aacute;s a mi condici&oacute;n de persona negra? &iquest;C&oacute;mo me parec&iacute;a normal que, no solo por las presiones familiares y sociales, sino que yo mismo sent&iacute;a que ten&iacute;a que estudiar el doble que los dem&aacute;s, que ten&iacute;a que demostrar una capacidad por encima de la media para que me tuvieran en cuenta, en la escuela, en el trabajo, en la vida? &iquest;C&oacute;mo no me di cuenta que en esos lugares que llaman barrios marginales solo viven, en su mayor&iacute;a, negros?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Cómo demoré en darme cuenta de que en la televisión de mi país no salían negros cuando en las calles, en los ómnibus, en las filas, en las bodegas, estaban repletas de gente de mi color de piel?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando llegu&eacute; a ese grado de conciencia sobre el racismo en Cuba, quise hacer un repaso a mi memoria hist&oacute;rica y escrib&iacute; unas notas que dej&eacute; inconclusas y que llam&eacute; &ldquo;Lista negra&rdquo;, para revindicar el color negro y, de paso, resignificar &ldquo;lo negro&rdquo;, que es una categor&iacute;a que define socialmente lo castigado, lo mal hecho, lo realizado fuera de la legalidad. Por eso, penosamente, al mercado informal le llaman mercado negro, al pago ilegal, pago en negro, a lo que est&aacute; por venir que no pinta bien, &ldquo;el futuro pinta negro&rdquo;, a los escritores fantasmas, un negro, y as&iacute; hasta la infinidad.
    </p><h3 class="article-text">Lista negra</h3><h4 class="article-text">1. Negro jinetero</h4><p class="article-text">
        Su rostro era el rostro de la locura. Los p&oacute;mulos se le ensancharon hasta m&aacute;s no poder. Los ojos le flameaban, eran fuego puro. Daba golpes con el pu&ntilde;o cerrado encima de la mesa. Camin&oacute; hacia la cocina y algo son&oacute;, alg&uacute;n objeto vol&oacute; y se incrust&oacute; contra el piso, contra la pared. Regres&oacute; a gritos. Intent&oacute; herirme con frases descompuestas. Yo permanec&iacute; inmune desparramado en el sof&aacute;. Hasta que me lanz&oacute; un golpe que esquiv&eacute;, hasta que me dijo: &ldquo;al final eres un negro, un jinetero -gigol&oacute;-, como todos los cubanos&rdquo;. Me levant&eacute;. Me fui.
    </p><h4 class="article-text">2. Se busca negro</h4><p class="article-text">
        Segundo a&ntilde;o de la carrera de periodismo, a&ntilde;o 2008. La facultad organiza una visita al Instituto Cubano de Radio y Televisi&oacute;n. Nos muestran las redacciones, los sets, nos presentan periodistas que salen a diario en la tele. Los directivos nos hablan del funcionamiento del sitio, nos dicen que tenemos las puertas abiertas, nosotros los estudiantes de periodismo, para cuando queramos colaborar. En aquel entonces a&uacute;n quer&iacute;a ser comentarista deportivo, estaba emocionado de estar all&iacute;. Pas&eacute; al set donde se graba el noticiero deportivo, me sent&eacute; en una de las dos sillas y le ped&iacute; a alg&uacute;n compa&ntilde;ero de aula que me hiciera una foto. Una de las mujeres que guiaba la visita me vio. &ldquo;&iquest;Te gusta el deporte?&rdquo;, me pregunt&oacute;. Afirm&eacute; con la cabeza sin hablar. &ldquo;Pues que bien, porque estamos buscando negros. No tenemos negros en las secciones de deporte y baj&oacute; esa indicaci&oacute;n del Partido -el &uacute;nico, el Comunista-, ahora hay que preocuparse hasta por eso aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una calle de La Habana                            </span>
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                </figure><h4 class="article-text">3. No tan negro</h4><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;El de la foto de Instagram es familia tuya?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es el hijo de mi hermana, mi sobrinito.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;No! &iquest;El pap&aacute; es clarito, no? Porque sali&oacute; s&uacute;per adelantado.
    </p><h4 class="article-text">4. Negro acompa&ntilde;ante de turistas</h4><p class="article-text">
        No aguantaba m&aacute;s. Iba a explotar. Las ganas de orinar eran insoportables. Hab&iacute;a tomado varias cervezas. Est&aacute;bamos caminando a&uacute;n. Quedaban unas cuadras para llegar a O&acute;Reilly 304, un restaurante de moda en la Habana Vieja. Le dije: avanza y te alcanzo, estoy casi doblado. Divis&eacute; un poste el&eacute;ctrico que estaba justo al lado de unos latones de basura. Me cercior&eacute; de que no hubiera alguien cerca, que ning&uacute;n polic&iacute;a anduviera merodeando, me camufl&eacute; como pude y orin&eacute;. Luego sal&iacute; corriendo, me sent&iacute;a liviano. Me llevaba dos cuadras de ventaja. Cuando la alcanc&eacute;, ya estaba entrando al restaurante. El hombre de la puerta me escane&oacute; con la vista, de arriba abajo. Yo jadeaba por la carrera, mi rostro tendr&iacute;a algunas gotas de sudor. &ldquo;&iquest;A d&oacute;nde vas?&rdquo;, me dijo. Adentro, vengo con ella, respond&iacute;. &ldquo;Brother, aqu&iacute; no queremos show, no pagamos comisiones -a gente que se dedica a llevar a extranjeros a consumir-, esto es un lugar tranquilo, p&oacute;rtate bien&rdquo;, dijo antes de dejarme pasar.
    </p><h4 class="article-text">5. Periodista, pero negro</h4><p class="article-text">
        Un amigo nos puso en contacto. La periodista francesa quer&iacute;a venir a La Habana a escribir sobre la nueva Cuba, la Cuba despu&eacute;s de Fidel Castro. El reportaje saldr&iacute;a en la revista Paris Match. Yo fungir&iacute;a como su fixer durante un par de semanas. El primer d&iacute;a pactamos no trabajar, decidimos conocernos, tomarnos algo en la noche y hablar un poco de la isla, era su primera vez. La recog&iacute; en una avenida c&eacute;ntrica del barrio del Vedado y caminamos hasta un caf&eacute;. Mojito pidi&oacute; ella, cerveza Bucanero yo. Despu&eacute;s de la segunda ronda, &ldquo;caminemos otro rato&rdquo;, le suger&iacute;. Calle L arriba, doblamos por la avenida 23. Este es el coraz&oacute;n de la ciudad, le coment&eacute;. Unos metros adelante vi dos polic&iacute;as que nos miraban y hablaban entre ellos. Supe al instante que nos detendr&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Buenas noches, me permite su identificaci&oacute;n, por favor -dijo uno de los polic&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Aqu&iacute; tiene.
    </p><p class="article-text">
        El que me habl&oacute;, le entreg&oacute; mi carnet al otro y este comenz&oacute; a comunicarse con el puesto de mando.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Cómo duré en percatarme que menos del diez por ciento de los alumnos que llegan a matricularse en las universidades de Cuba son negros?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Ustedes de d&oacute;nde se conocen?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Somos amigos, ella est&aacute; de visita en Cuba.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Pero amigos de d&oacute;nde?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Los dos somos periodistas y estamos trabajando juntos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Periodista de d&oacute;nde?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;De una revista.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; revista?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Una que usted no conoce.
    </p><p class="article-text">
        Me dicen del puesto de mando que Abraham Jim&eacute;nez Enoa tiene varias multas, que tiene antecedentes, dijo el otro polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No tengo antecedentes, es que he tenido dos accidentes de tr&aacute;nsito -correg&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bueno, eso es lo que nos dicen.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bueno, yo s&oacute;lo le aclaro.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mira, se ve que t&uacute; no andas en nada, pero ella es extranjera y t&uacute; eres negro, as&iacute; que mejor que no cojas por las avenidas para que no te vuelvan a parar.
    </p><h4 class="article-text">6. Ustedes los negros la tienen f&aacute;cil</h4><p class="article-text">
        Tiempo sin vernos. Cada uno andaba en lo suyo, en sus cosas. Tenemos que actualizarnos hermano, me dijo un amigo en la esquina de la casa. Varios meses hab&iacute;an pasado desde la &uacute;ltima vez que convers&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por qu&eacute; no vamos hoy a F&aacute;brica de Arte? Dale, emb&uacute;llate, que ah&iacute; ustedes los negros la tienen f&aacute;cil, eso est&aacute; lleno de blanquitas europeas.
    </p><h4 class="article-text">7. Novio negro abstenerse</h4><p class="article-text">
        Solo nos ve&iacute;amos de noche, &eacute;ramos dos animales nocturnos. No me percat&eacute; hasta que, sin avisar, toc&oacute; la puerta aquella tarde. No entr&oacute; a la casa y con frialdad dijo que la disculpara por aparecerse de pronto, pero ten&iacute;a que decirme algo. Nos hab&iacute;amos conocido un mes atr&aacute;s en un tren que viajaba de La Habana a Santiago de Cuba y en el que estuvimos diecis&eacute;is horas. Salimos, empezamos a frecuentarnos, lo normal al principio de una relaci&oacute;n. Luego todo fue m&aacute;s abrupto, m&aacute;s tosco. Hasta que aquel d&iacute;a lo entend&iacute; todo. Entend&iacute; por qu&eacute; no sal&iacute;amos a lugares p&uacute;blicos y siempre hab&iacute;a una evasiva bien pensada. Entend&iacute; por qu&eacute; no pod&iacute;a llamar a su casa, por qu&eacute; no hab&iacute;a d&iacute;as y solo noches. Aquella tarde me dijo: &ldquo;Abraham, no puedo seguir contigo porque mi familia se enter&oacute; que estamos saliendo, un primo m&iacute;o nos vio en la calle, y a mi familia no le gusta la gente de color&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alumnas y alumnos de escuela primaria de La Habana                            </span>
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                </figure><h4 class="article-text">8. El &uacute;nico negro</h4><p class="article-text">
        &ndash;Te vi en la foto con el presidente de Espa&ntilde;a, no te puedes quejar, eras el &uacute;nico negro.
    </p><h4 class="article-text">9. Perdonar al negro</h4><p class="article-text">
        Un Ford de 1954 se desliza por la calle L&iacute;nea. Es un taxi. Carga seis personas a bordo: el chofer y dos m&aacute;s delante, tres van detr&aacute;s. La reproductora escupe la prosa de Bad Bunny. Una se&ntilde;ora, que va a mi costado en la parte trasera, ha llegado a su destino y le indica al conductor donde debe frenar. El auto se detiene, pero la mujer no sabe c&oacute;mo abrir la puerta. El chofer, molesto, la corrige, pero todo sigue igual. Me brindo y le doy una mano, logro que la puerta se abra. &ldquo;Se&ntilde;ora, vamos a ver si nos espabilamos&rdquo;, le dice el conductor a la mujer. La mujer se venga con un portazo furioso que hace temblar al Ford. El chofer acelera con violencia. Sujetando el tim&oacute;n refunfu&ntilde;a para s&iacute;: &ldquo;m&iacute;rale el color y perd&oacute;nala&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Es insoportable sentir que el color de tu piel marca el d&iacute;a a d&iacute;a. Que te defina. Esa sensaci&oacute;n que experimenta el cuerpo, cuando un otro lo escanea, pas&oacute; a ser m&aacute;s cotidiana desde que llegu&eacute; a Europa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toda esta mierda es tan frecuente que, el &uacute;nico escudo que tengo y he encontrado, es aprovechar la discriminaci&oacute;n para volcarla sobre mi propio trabajo. Cada vez que me sucede una escena de discriminaci&oacute;n, la anoto. En Cuba y en Europa hay dos escenarios distintos. En Cuba el racismo es m&aacute;s sist&eacute;mico, m&aacute;s estructural. Aqu&iacute;, en Europa, es m&aacute;s expl&iacute;cito, m&aacute;s elocuente, m&aacute;s doloroso. Quiero imbricar esos dos polos, que al final son el mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo no me di cuenta que en esos lugares que llaman barrios marginales solo viven, en su mayor&iacute;a, negros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as habl&eacute; con una amiga porque ley&oacute; una denuncia m&iacute;a en redes sociales. Hab&iacute;a escrito: &ldquo;Mi experiencia en Europa cada vez se vuelve m&aacute;s negra. Negra por mi color de piel, no en el sentido despectivo y racista con que suele usarse el t&eacute;rmino. No pasa un d&iacute;a en que no me sienta mal por la conducta de alguien, un d&iacute;a que no me &rdquo;traten&ldquo; como un ser inferior. Y a veces me siento as&iacute;, lo logran. Pero, cuando me siento as&iacute;, como hoy, me recuerdo que nadie me va a hacer bajar la cabeza. Ni en Europa, ni en La Habana, ni en New York, ni en Burundi. V&oacute;mito este p&aacute;rrafo como autoterapia, como un grito de rabia. No me va a quedar de otra que ponerme a escribir este negro d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute; ese p&aacute;rrafo uno de esos d&iacute;as en los que no tuve la suficiente fuerza para encarar la cotidianidad y me quebr&eacute;. Mi amiga me dice que ser&iacute;a bueno que escriba algo inmediato sobre el tema, que es importante y para que me lo saque de adentro. Yo me lo pienso. Porque ahora mismo no s&eacute; si puedo escribir sobre esta experiencia que me irrita tanto. Cuando escribo, lo intento hacer desde un lugar de mesura, aunque lo que escriba vaya a buscar la yugular de alguien o algo. Creo que la rabieta en la escritura es v&aacute;lida, pero yo no la puedo practicar porque pierdo el norte y termino por enroscarme en m&iacute; mismo y de ah&iacute; nunca sale nada interesante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o de mi amiga, finalmente, me anima. Me hace buscar en mi laptop el documento donde he ido anotando las escenas de discriminaci&oacute;n. Quiero ver que sensaci&oacute;n tengo al releerlas ahora, sumergirme en &eacute;l. Siempre que a&ntilde;ado una nota a ese documento, que a fin de cuentas es una herida m&aacute;s, un golpe m&aacute;s, abro y cierro el documento sin pesta&ntilde;ear, sin leer lo anterior y sin leer m&aacute;s de una vez lo que acabo de a&ntilde;adir. Siento que estoy abriendo una caja de pandora. Verme ah&iacute;, en esas notas, agredido, discriminado, amenazado, me produce espasmo. El documento se llama &ldquo;Notas racistas&rdquo;. Le doy doble clic y leo:
    </p><h3 class="article-text">Notas racistas</h3><h4 class="article-text">Peligro negro</h4><p class="article-text">
        Voy caminando por la calle Arag&oacute; en direcci&oacute;n a Paseo de Gracia. Voy a tomar el metro para ir a jugar f&uacute;tbol. Es esa hora del d&iacute;a que la tarde se mezcla con la noche y que el cielo no es ni una cosa ni la otra. Avanzo por el costado de un parque de ni&ntilde;os, de varias terrazas donde la gente conversa mientras bebe birras, hasta que llega un trozo de acera por donde solo caminan una pareja de j&oacute;venes. Voy unos diez pasos por detr&aacute;s de ellos. De repente los chicos se detienen de manera abrupta como si alguien les hubiera dado esa orden. Se detienen y se apartan para abrirme paso. Voy por delante de ellos, bien cerca, como si yo fuera un rey y ellos me hicieran la corte. Pero en ese momento justo en el que estamos bien cerca, el chico le pone sus manos en el pecho a la chica para evitar que siga avanzando. Escucho en mi o&iacute;do derecho, casi como si el chico se me hubiese acercado para susurrarme un secreto que m&aacute;s nadie puede o&iacute;r, la frase &ldquo;mejor d&eacute;jalo que avance que no se sabe cu&aacute;les son peligrosos&rdquo;.
    </p><h4 class="article-text">La cuchilla que llevan los negros</h4><p class="article-text">
        Estamos en el entretiempo de un partido de f&uacute;tbol. Un par de jugadas disputadas ha provocado que jugadores del equipo contrario y el m&iacute;o se encaren, se ofendan, se puteen. El partido se detiene. Tengo sed, pero no suelo llevar agua a los partidos. Por lo que le pido un sorbo a uno de mis compa&ntilde;eros. Me acerco a &eacute;l y con amabilidad me lo brinda. &ldquo;Si se meten contigo puedes sacarte sin problemas el rabo o la cuchilla esa que llevan ustedes en las bandas, eres cubano&rdquo;, me dice entre risas.
    </p><h4 class="article-text">Multa solo al negro</h4><p class="article-text">
        Voy en las escaleras mec&aacute;nicas que llevan del and&eacute;n del metro al vest&iacute;bulo. Llego al vest&iacute;bulo y veo a unos se&ntilde;ores uniformados con las siglas de la empresa del metro velando a quienes subimos. La gente les pasa por el costado. A m&iacute; solo me detienen. Me piden que les ense&ntilde;e mi documento de identificaci&oacute;n para cruzar los datos con mi billete de transporte. Me ponen una multa de 50 euros porque los datos no coinciden.
    </p><h4 class="article-text">Lee ah&iacute;, negro</h4><p class="article-text">
        Voy a las oficinas de la empresa del metro donde se paga la multa. No hay nadie afuera. A trav&eacute;s de unos cristales veo dos mostradores de atenci&oacute;n al cliente con sus respectivos funcionarios sin clientes. Abro la puerta y paso. Un hombre me detiene con sus manos en mi pecho y me pregunta si s&eacute; leer. Luego me se&ntilde;ala un cartel en una pared que dice &ldquo;espere ser atendido&rdquo;.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;Me permites el peri&oacute;dico, negro?</h4><p class="article-text">
        Un cortado con leche de avena para llevar, por favor. Le digo a un dependiente de un caf&eacute;. En lo que el hombre prepara mi pedido, descubro que est&aacute;n sobre la barra, donde estoy y donde tengo los brazos apoyados, los peri&oacute;dicos del d&iacute;a. <em>La Vanguardia, El Peri&oacute;dico, Marca, Sport, El Mundo Deportivo, El Pa&iacute;s</em>. No he visto nunca <em>La Vanguardia</em> impreso. Lo tomo en mis manos y me sorprende la cantidad de p&aacute;ginas, no lo imaginaba tan grueso. Comienzo a hojearlo. Un se&ntilde;or de unos sesenta a&ntilde;os entra al caf&eacute; y saluda al dependiente. Lo mismo de siempre, le dice. El se&ntilde;or se queda parado en la barra junto a m&iacute;. De repente veo los dedos de una de sus manos acercarse al peri&oacute;dico, se detienen antes de llegar al papel y escucho la frase &ldquo;me permites&rdquo;. Levanto la vista, lo miro, le pregunto si el peri&oacute;dico es suyo, pero el se&ntilde;or no responde. Como no responde, supongo que el peri&oacute;dico s&iacute; que es suyo. Quito mis manos del peri&oacute;dico y el hombre lo retira con las suyas y se va a una mesa. En ese instante, el dependiente me entrega mi cortado. Pago y me marcho. En el camino intento repasar lo que acaba de ocurrir, pero no encuentro claridad en la escena. A la media cuadra decido regresar al caf&eacute; para preguntarle al se&ntilde;or si realmente el peri&oacute;dico era suyo. Pero el hombre no est&aacute;. Le pregunto al dependiente si los peri&oacute;dicos que est&aacute;n en la barra son propiedad del bar para que los clientes lean la prensa. Me responde que, en efecto, s&iacute;, que es para todos los clientes.
    </p><h4 class="article-text">De color y todos iguales</h4><p class="article-text">
        Estoy en un bar de copas con unos amigos. Estamos sentados en la barra bebiendo unas cervezas y comiendo unas tapas. El bar est&aacute; repleto, acabo de ir al ba&ntilde;o y casi no se puede caminar. De pronto, una se&ntilde;ora pasa por mi lado y me dice &ldquo;vamos afuera a fumar, no nos vamos, a&uacute;n debemos la cuenta&rdquo;. No entiendo porque me dice eso esta se&ntilde;ora, me digo. A los minutos, cuando regresa, ella y sus amigas, la miro de frente, me mira y dice &ldquo;perd&oacute;n, te confund&iacute; con el de la barra, ustedes son los &uacute;nicos de color&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fin de las notas.
    </p><p class="article-text">
        Leer las notas me introduce en el cuerpo la incomodidad el&eacute;ctrica de la rabia. Aunque, contrario a lo que imaginaba, los apuntes me sugieren que s&iacute; debo escribir algo ahora. Algo que vomite, que me saque del cuerpo, porque no es sano convivir con este malestar por dentro.
    </p><h4 class="article-text">Me siento a escribir y me sale esto que se llama &ldquo;Persona de color&rdquo;</h4><p class="article-text">
        Entro a una panader&iacute;a y una se&ntilde;ora con amabilidad me pregunta: &ldquo;&iquest;Est&aacute;s en casa de Andrea, donde viven las personas de color del edificio de enfrente?&rdquo;. Voy a comprar una batidora en una tienda y uno de los dos dependientes me dice que el billete, que a&uacute;n estoy sacando de mi billetera y que a&uacute;n sostengo en mi mano y que &eacute;l a&uacute;n no ha comprobado, &ldquo;es falso&rdquo;. Salgo del metro y me subo a las escaleras mec&aacute;nicas que llevan a la calle y el hombre que va en el escal&oacute;n por delante del m&iacute;o, se voltea, me mira y bruscamente quita la mochila que lleva en su espalda y la abraza en su pecho. Entro a un mercado y escucho a mi espalda: s&iacute;guelo que va con una bolsa. En el espacio para ni&ntilde;os de una biblioteca, donde hay una decena de padres con sus hijos que gritan y juegan, una trabajadora del lugar llega y va directamente a donde estoy sentado leyendo en silencio con mi hijo para decirme: &ldquo;No s&eacute; si sabes que en las bibliotecas no se chilla ni se corre&rdquo;. Un periodista que me entrevista, me dice &ldquo;ya estamos as&iacute;&rdquo; y agrega que antes de llegar a nuestra cita, acaba de pasar por una escuela y vio que &ldquo;en el patio la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os eran de colores y los menos eran de raza pura&rdquo;. Un grupo de conocidos vamos a jugar f&uacute;tbol en una cancha y en el momento de pagar el alquiler del espacio, el organizador va a donde estoy y me dice: falta uno por dar el dinero a&uacute;n. Voy a abordar un tren y, de toda la enorme fila, es a m&iacute; al &uacute;nico a quien le piden, adem&aacute;s del billete electr&oacute;nico, la identificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las ocho escenas racistas anteriores las he vivido en Barcelona, a donde he llegado de manera intempestiva despu&eacute;s de tener que salir de Cuba forzosamente tras vivir a&ntilde;os de acoso y persecuci&oacute;n por parte del r&eacute;gimen cubano por contar la realidad del pa&iacute;s. Los pasajes los he ido anotando y estas ocho escenas son solo una muestra de las setenta y ocho que he padecido &mdash;y que he anotado&mdash; desde que llegu&eacute; a Europa.
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            <span class="title">
                En España, el 81.8% de personas discriminadas no denuncian agresiones raciales, según un estudio de 2021 del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica (CEDRE).                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Por cuanto lugar he pasado durante los &uacute;ltimos siete meses &mdash;&Aacute;msterdam, Copenhague, Granada, San Sebasti&aacute;n, Madrid, M&eacute;rida&mdash; ha salido a relucir mi color de piel. Ser, como me dicen aqu&iacute;, una &ldquo;persona de color&rdquo;, no es un mero reconocimiento de exotismo &mdash;el cual ya de por s&iacute; viene con sus problem&aacute;ticas&mdash;. Es una forma de aviso, de entendimiento de que, a pesar de que sea negro, me van a hacer el favor de tratarme &ldquo;como persona&rdquo;, o, tal vez m&aacute;s inadvertidamente ante sus ojos, trat&aacute;ndome como una persona de color merece ser tratada.
    </p><p class="article-text">
        La presencia del racismo estructural probablemente se pueda ver en todo pa&iacute;s que no ha tomado medidas para contrarrestarlo. Lo entend&iacute; en mi natal Cuba. Sin embargo, y tal vez por el hecho de nunca haber salido de mi pa&iacute;s hasta enero de 2022, no estaba preparado para c&oacute;mo mi color de piel marcar&iacute;a tan minuciosamente el curso de mi d&iacute;a a d&iacute;a fuera de la isla.
    </p><p class="article-text">
        Esa insoportable cotidianidad me hizo buscar las leyes de Espa&ntilde;a y descubr&iacute; que la Constituci&oacute;n deja claro en su art&iacute;culo 14 que todas las personas son iguales ante la ley sin que prevalezca la discriminaci&oacute;n por &ldquo;sexo, raza, religi&oacute;n, opini&oacute;n o cualquier otra condici&oacute;n o circunstancia personal o social&rdquo;. A pesar de ello, es innegable, por mi experiencia, que en la sociedad espa&ntilde;ola perviven aires racistas muy elocuentes.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor del asunto no es que haya racismo en Espa&ntilde;a &mdash;porque lamentablemente existe en toda Europa y en todo el mundo&mdash;, sino que 81.8% de personas discriminadas no denuncian tales agresiones, seg&uacute;n un estudio de 2021 del Consejo para la Eliminaci&oacute;n de la Discriminaci&oacute;n Racial o &Eacute;tnica (CEDRE). &iquest;Y por qu&eacute; las v&iacute;ctimas no denuncian? Mi corta experiencia viviendo ac&aacute;, investigando el tema, habl&aacute;ndolo con especialistas, debati&eacute;ndolo en diferentes ambientes, me ha llevado a entender que la gente no denuncia por miedo, porque se siente minor&iacute;a, porque ser minor&iacute;a implica la mayor&iacute;a de las veces que no te escuchen, porque hay una deslegitimaci&oacute;n social sobre esas denuncias, por temor a escuchar la palabra &ldquo;revictimizarse&rdquo; que utilizan quienes banalizan el fen&oacute;meno. Pero, sobre todas las cosas, porque quienes tienen el poder para legitimar verdaderamente esta lucha, para hacer ruido y denunciar, en definitiva quienes hacen y dictan las leyes, no son quienes las padecen.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es insoportable sentir que el color de tu piel marca el curso de tú día a día. Que te defina. Esa sensación que experimenta el cuerpo, cuando un otro lo escanea, pasó a ser más cotidiana desde que llegué a Europa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Durante mi tiempo en este continente las respuestas a estas situaciones de racismo han sido relativamente uniformes. El m&aacute;s com&uacute;n es el silencio, mir&aacute;ndome con cara de &ldquo;uy, no s&eacute; muy bien de lo que hablas&rdquo;, o la minimizaci&oacute;n de estos pasajes, aludiendo que el racismo &ldquo;verdadero&rdquo; es el de Estados Unidos, donde s&iacute; matan a los negros. Como si yo debiera agradecerles por no matarme.
    </p><p class="article-text">
        El de ac&aacute; no le hace da&ntilde;o a nadie, por lo que me dicen. No es un problema contempor&aacute;neo, sino solo un producto de generaciones mayores que no saben c&oacute;mo comportarse en la actualidad. Una actitud cl&aacute;sica: el enjuiciado &mdash;los racistas, en este caso&mdash; negar&aacute; siempre hasta la saciedad lo que se le acusa. Una defensa que identific&oacute; el Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas (CIS) al preguntar a los espa&ntilde;oles si se declaraban racistas en un rango del 1 al 10, y obteniendo el resultado de 2.2 como media nacional.
    </p><p class="article-text">
        En Barcelona, el racismo es la primera causa de discriminaci&oacute;n, seg&uacute;n informaci&oacute;n del Ayuntamiento. Un estudio destap&oacute; que el sesenta y dos por ciento de los agentes inmobiliarios desarrollan pr&aacute;cticas racistas y ponen trabas en el alquiler de pisos a los inmigrantes. Como consecuencia de ese fen&oacute;meno, despu&eacute;s de mudarme de piso recientemente recib&iacute; el siguiente mensaje de mi antiguo casero: &ldquo;En contra de todo pron&oacute;stico decid&iacute; apostar por vosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me ha pasado no ha sucedido, como me lo quieren hacer creer, por cuestiones que desaparecer&aacute;n una vez se vayan las generaciones m&aacute;s viejas. Es algo que est&aacute; tan compenetrado con la cotidianidad que nadie parece entenderlo como algo que merece una soluci&oacute;n. Y no es algo que solo vivimos unos pocos. Josep Borrell, alto representante de la Uni&oacute;n Europea para los Asuntos Exteriores, es capaz de aseverar que &ldquo;Europa es un jard&iacute;n y la mayor parte del resto del mundo es una jungla, y la jungla podr&iacute;a invadir el jard&iacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando escucho el descriptor &ldquo;persona de color&rdquo; entiendo que mi color de piel me ha hecho un &ldquo;otro&rdquo; de facto. Las personas de color somos diferentes a las de &ldquo;raza pura&rdquo; y, por lo tanto, deber&iacute;amos agradecer que nos traten como personas. Pero mientras siga teniendo que explicar y justificar mi existencia en este lado del mundo, seguir&eacute; repitiendo lo mismo: el racismo no solo se reduce a los extremistas.
    </p><p class="article-text">
        <em>AJE/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este texto se trabaj&oacute; en el Laboratorio de No Ficci&oacute;n Creativa llevado adelante por Revista Anfibia, el Doctorado de Escritura en Espa&ntilde;ol de la Universidad de Houston y la Maestr&iacute;a en Periodismo Narrativo de Unsam; entre septiembre de 2022 y mayo de 2023.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abraham Jiménez Enoa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/no-agradecere-no-mates_1_10411196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Aug 2023 03:16:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No agradeceré que no me mates]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Europa,Cuba,Anfibia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El río de mi memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/rio-memoria_1_10408114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69c116c8-89a2-4437-8324-b3be35089932_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El río de mi memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué nos puede decir un río de la historia del capitalismo, las violencias y la lucha de las especies por sobrevivir a la extinción? A través de los relatos de su abuelo, los recuerdos personales, los saberes científicos e indígenas y una travesía por su cauce, Ginna Morelo construye un relato coral sobre el río Sinú, en Colombia, uno de los más importantes de América Latina.</p></div><h3 class="article-text">Parte 1</h3><p class="article-text">
        La canoa se acerc&oacute; lenta hasta el bordillo de cemento. Apenas si remov&iacute;a las aguas color caf&eacute; con leche.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No le tengas miedo al r&iacute;o, sus aguas son mansas &mdash;me dijo Esteban, el abuelo liberal que me ense&ntilde;&oacute; a querer el Sin&uacute; antes de que empezaran a matarlo. Yo ten&iacute;a 12. Me apoy&eacute; en su brazo para salir de la embarcaci&oacute;n que &eacute;l hab&iacute;a construido. A tres pasos se abr&iacute;a en dos la puerta de madera de la gran casa paterna. Ol&iacute;a a pescado en viuda y a tierra mojada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando ya casi olvidaba ese recuerdo, so&ntilde;&eacute; con la promesa que le hice a Esteban.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Voy a escuchar al r&iacute;o y a escribir su historia, abuelo &mdash;le dije al cuerpo acomodado en un ata&uacute;d.
    </p><p class="article-text">
        Cuando cumpl&iacute; 21 volv&iacute; al r&iacute;o Sin&uacute; en Monter&iacute;a. Con ojos de incomodidad mir&eacute; sus aguas cansadas y a los planchoneros esquivando las riberas llenas de basura. Buscaban un lugar limpio para atracar sus barcazas de madera con techos de zinc. Buscaban un lugar que no fuera la cloaca de los humanos sin casa.
    </p><p class="article-text">
        Trat&eacute; de recordar las lecturas sobre los barcos de vapor que trajeron a mi pueblo telas, caf&eacute;, loza china y otras mercanc&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como periodista acab&eacute; cubriendo el desplazamiento forzado de comunidades y el conflicto por la construcci&oacute;n de una hidroel&eacute;ctrica en pleno coraz&oacute;n del r&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bajando desde el Alto Sin&uacute; hasta Monter&iacute;a me cuentan que oyeron las voces de unos ind&iacute;genas que solo hab&iacute;a visto en fotograf&iacute;as y que dejaron salir un lamento en contra del desarrollismo: <em>Do Wabura</em>, despedida al r&iacute;o, dec&iacute;an. Era noviembre de 1994.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;Voy a escuchar al río y a escribir su historia, abuelo&quot;, le dije al cuerpo acomodado en un ataúd</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El adi&oacute;s baj&oacute; en balsas de madera con ni&ntilde;os y mujeres semidesnudas cocinando en fogones de le&ntilde;a. Los hombres de cabellos lisos recortados en forma de totuma vest&iacute;an una tristeza que hac&iacute;a escurrir las l&iacute;neas pintadas en sus caras con ra&iacute;z de genipa, tinta vegetal con la que los embera kat&iacute;os se hacen en el cuerpo dibujos ancestrales.
    </p><p class="article-text">
        No escuchamos, sin embargo, el lamento que naveg&oacute; desde Tierralta hasta Santa Bernardo del Viento, donde desemboca el r&iacute;o. No, no lo escuchamos.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s, en 2008, fui a recorrer el Sin&uacute; con un bi&oacute;logo. Me empecinaba en buscar la ra&iacute;z de sus males. Hab&iacute;a madera desperdigada en las orillas. En lo alto de las lomas el verde desaparec&iacute;a y la corriente de otro r&iacute;o, el Manso, le tributaba al Sin&uacute; qu&iacute;micos usados por los carteles del narco para procesar la pasta de coca.
    </p><p class="article-text">
        En el puerto de Crucito nos recibi&oacute; una leyenda de letras negras sobre una pared de bahareque: AGC [Autodefensas Gaitanistas de C&oacute;rdoba], los paramilitares, los ej&eacute;rcitos de derecha.
    </p><p class="article-text">
        Se me hicieron menos posibles las historias memoriosas del abuelo, quien me cont&oacute; que en el Alto Sin&uacute; los &aacute;rboles de las orillas tocaban las nubes y en verano los bocachicos saltaban a las manos de los pescadores sin necesidad de atarrayas. En el recuerdo, su relato se fue diluyendo r&aacute;pido, como la p&aacute;lida neblina que cubre en la madrugada al valle del Sin&uacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Soy agua sinuosa sobre la que se ha escrito la belleza y el horror. Hilo parduzco que sin tregua serpentea 415 kil&oacute;metros de territorio caribe. En la cumbre de un mundo de ponchos el p&aacute;ramo derrama transparencia. Mis riberas se visten de helechos gigantescos verde selva, de cedros paridos de flores caoba, de cauchos sabaneros con frutos rojizos y bongas con ra&iacute;ces milenarias que sirven de recibidor en las casas ind&iacute;genas de patas largas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los motores que se abren paso entre mis aguas llegan cansados al nacimiento. Los ind&iacute;genas, investigadores y cient&iacute;ficos que pisaron mis orillas se sintieron due&ntilde;os de la historia, la tradujeron en diarios que escondieron en ba&uacute;les cubiertos de polvo.
    </p><p class="article-text">
        El embera &ldquo;Punta de lanza&rdquo; Kimy Pern&iacute;a escribi&oacute; sobre la defensa de mi riqueza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Soy agua sinuosa sobre la que se ha escrito la belleza y el horror. Hilo parduzco que sin tregua serpentea 415 kilómetros de territorio caribe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Kimy Pern&iacute;a me llamaba Kerad&oacute;, padre del agua. En lengua embera cont&oacute; las historias de los primeros pobladores que llegaron hasta mis orillas: Marcidiano Chamic&iacute;, Mecho Chamic&iacute;, Manuel&oacute;n Domic&oacute; Chavarr&iacute; y su mujer Mar&iacute;a Pern&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando Kapuni&aacute;, el hombre blanco, le ense&ntilde;&oacute; nuevas letras que se ordenan de formas distintas, Kimy parti&oacute; de su hogar, Beguid&oacute;, donde el &aacute;guila harp&iacute;a lo cuidaba. Baj&oacute; a Tierralta a comprar los cuadernos en los que consign&oacute; en espa&ntilde;ol los pensamientos furiosos contra quienes quer&iacute;an devorar mi caudal y territorio, que es el hogar de su familia.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Compa&ntilde;ero ind&iacute;gena Nose teme por que bas a perder la tierra. alcontrario donde viven es de usted. Nadies puede quitar las tierras&hellip; Viva la paz, viva la comunidad ind&iacute;gena &mdash;</em>escribi&oacute; Kimy en un diario in&eacute;dito que guard&oacute; su pariente Jacinto Domic&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;der embera fue desaparecido el 2 de junio de 2001. La etnia no entiende lo que sucedi&oacute;. En lengua embera el vocablo &ldquo;desaparici&oacute;n&rdquo; no existe.
    </p><p class="article-text">
        Luis Carlos Raciny, profesor expedicionario que en lancha y a lomo de mula se atrevi&oacute; a buscarme junto con otros tres investigadores durante veinticinco d&iacute;as, en 1993, subi&oacute; hasta mi nacimiento a tres mil metros sobre el nivel del mar para constatar el estrecho valle y lecho rocoso de donde fluyen mis aguas que van a dar al mar Caribe.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Comenz&oacute; el recorrido por lo que fue una colonia penal, Antad&oacute;, fundada en 1922. En ese lugar el viento azota la monta&ntilde;a y sus bramidos son el recuerdo de los trabajos forzados a que fueron obligados los hombres rompiendo monte, abriendo trochas.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El líder embera fue desaparecido el 2 de junio de 2001. La etnia no entiende lo que sucedió. En lengua embera el vocablo “desaparición” no existe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El profesor camin&oacute; entre bosques de niebla y quebradas de aguas cristalinas. Quiso subir por el tramo R&iacute;o Leones - La Danta - La Gloria, pero la lluvia desapareci&oacute; los caminos. Describi&oacute; los contrastes de la vida y la muerte que me recorren, al toparse con los vestigios de las investigaciones geol&oacute;gicas de la hidroel&eacute;ctrica Urr&aacute; II, por ahora suspendidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Raciny le dedic&oacute; el libro <em>Estudio expedicionario de reconocimiento por el r&iacute;o Sin&uacute;</em> al campesino de los Llanos del Tigre, Adolfo Serna Usta, quien desapareci&oacute; despu&eacute;s de guiar la expedici&oacute;n.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Parte 2</h3><p class="article-text">
        &mdash;Cu&aacute;l es la fruta de aqu&iacute; de la finca que m&aacute;s te gusta, Ginna &mdash;me pregunt&oacute; el abuelo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;N&iacute;spero &mdash;le dije.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Marr&oacute;n por fuera, pulposa y beige por dentro, es una fruta llena de semillas negras alargadas y olor dulz&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ser&aacute; el olor del Sin&uacute; que guardar&aacute;s en tu memoria &mdash;me respondi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tres veces al a&ntilde;o el olor del Sin&uacute; viajaba desde el puerto del corregimiento Mateo G&oacute;mez, en el Sin&uacute; Medio, a mi casa en Monter&iacute;a en la mochila de tela del abuelo. A su figura alta, detenida en la puerta de entrada, vestida de pantal&oacute;n caqui, camisa blanca de manga larga y sombrero <em>vueltiao</em>, la preced&iacute;a el olor penetrante y dulz&oacute;n del r&iacute;o que desde entonces recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Los regalos del abuelo, frutos, lo sembraron sus manos de campesino; las mecedoras mariapalito las elaboraron sus manos de ebanista. La carpinter&iacute;a la aprendi&oacute; de Leonidas, hermano de su padre biol&oacute;gico. Fue lo &uacute;nico que hered&oacute; de la oligarca familia Padr&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia es triste. Aurora Morelo, Lola, era una mulata espigada, de cabello crespo, labios carnosos y ojos aceituna, que trabajaba como servidumbre en la casa de F&eacute;lix Padr&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El amor clandestino creci&oacute; como enredadera de tallos largos y hojas acorazadas y pari&oacute; flores campanudas, moradas. Cuando el patr&oacute;n de la casa supo que estaba embarazada la ech&oacute; y le neg&oacute; el apellido al ni&ntilde;o. Lola bautiz&oacute; a Esteban con el suyo, no mir&oacute; hacia atr&aacute;s y se qued&oacute; a vivir en una casa humilde en Mateo G&oacute;mez. Nunca se asumi&oacute; v&iacute;ctima. La bisabuela Lola no pensaba en t&eacute;rminos de patriarcado y pobreza.
    </p><p class="article-text">
        Tiempo despu&eacute;s arrib&oacute; en una embarcaci&oacute;n por el ca&ntilde;o Bugre, afluente del r&iacute;o Sin&uacute;, un hombre rubio y blanco, un &ldquo;mono colorao&rdquo;, como lo llamaron en el puerto. El hombre, de apellido Triana, enamor&oacute; a Lola. Tuvieron tres hijos varones: Ram&oacute;n, Crist&oacute;bal y C&eacute;sar, y dos mujeres, Arg&eacute;nida y Manuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los hermanos menores de Esteban siguieron los pasos del navegante y se fueron a vivir r&iacute;o arriba, al municipio de Tierralta. Recorrieron el cerro Murrucuc&uacute; y los cauces de los r&iacute;os Manso, Tigre, Esmeralda y Verde, para talar madera que bajaban en forma de barcazas por el Sin&uacute; hasta Monter&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El abuelo Esteban, como pod&iacute;a, les compraba los troncos enormes de cedro, roble, caoba y, el que m&aacute;s le gustaba, abarco amarillo, con los que constru&iacute;a las carrocer&iacute;as de los buses de colores que recorr&iacute;an los caminos de C&oacute;rdoba, canoas y maripalitos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los viajes de ida y vuelta de los Triana dibujaron en la memoria de Esteban las riquezas del Paramillo, donde nace el r&iacute;o Sin&uacute;, el hogar de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Tapirus_terrestris" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">danta</a>, el mayor mam&iacute;fero terrestre de Sudam&eacute;rica que puede medir hasta 2,5 metros de largo y pesar trescientos kilogramos.
    </p><p class="article-text">
        El abuelo me cont&oacute; historias sobre el &ldquo;burro del agua&rdquo;, como llamaban a la danta de piel gris&aacute;cea y orejas pardas con puntas blancas; y sobre otros animales como el puma, babillas y caimanes, que poco a poco fueron desapareciendo por la caza indiscriminada y la irrupci&oacute;n violenta de las guerrillas liberales, el Ej&eacute;rcito y los paramilitares.
    </p><p class="article-text">
        Las huellas de la violencia borraban la sonrisa de Esteban. El contador de historias del r&iacute;o tambi&eacute;n la hab&iacute;a sufrido cuando se hizo inspector del pueblo donde creci&oacute; y a donde tambi&eacute;n lleg&oacute; la derecha conservadora a perseguir a los liberales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Cuando tengas edad te contar&eacute; esa historia &mdash;sol&iacute;a decirme en los viajes por canoa para atravesar de la margen derecha del ca&ntilde;o Bugre, hasta donde llegaba la motocicleta Yamaha de mi padre, a la izquierda, donde estaba la peque&ntilde;a finca.
    </p><p class="article-text">
        Se anim&oacute; a desenredar un poco esa madeja cuando cumpl&iacute; 16 y fui a despedirme para emprender mis estudios de periodismo en Barranquilla, pero el tiempo no fue suficiente. La pr&oacute;xima vez que lo vi estaba muerto.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Soy r&iacute;otorio [territorio] en disputa. Algunos de los primeros hombres que llegaron en la segunda mitad del siglo XIX a la parte alta de mi cuenca fueron Pedro Hern&aacute;ndez, Jorge Isaac, Rosal&iacute;a L&oacute;pez y otro expedicionario de quien se desconoce su nombre. Me navegaron desde la bah&iacute;a de Cispat&aacute;, en el mar Caribe, en una canoa de madera, desafiando la corriente hasta llegar a las planicies del Manso. Se dedicaron a la recolecci&oacute;n de frutos. Con el paso de los a&ntilde;os fueron llegando otros colonos que se asentaron en mi selva misteriosa, en el Paramillo, cuya descripci&oacute;n detallada no figura en los libros escolares de geograf&iacute;a. Es probablemente una de las &aacute;reas menos conocidas de Colombia, una de las menos estudiadas y con conflictos prolongados por a&ntilde;os, al decir de los cient&iacute;ficos. [Biodiversidad asociada a los sectores Manso y Tigre del Parque Nacional Natural Paramillo (2016).
    </p><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de los sesenta algunos colonos cazaron jaguares, tigrillos, nutrias, guachos, caimanes y otras especies que vendieron en el mercado. Descubrieron la planta ipecacuana y comercializaron su ra&iacute;z. Lo mismo hicieron con el aceite de canime [antiinflamatorio y antibacteriano] y el l&aacute;tex de los &aacute;rboles de caucho [con el que se hacen curitas y guantes] y el del n&iacute;spero [que se us&oacute; para las gomas de mascar].&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No tardar&iacute;an en llegar los violentos, que sembraron coca en mis riberas y monta&ntilde;as y rompieron selva h&uacute;meda y p&aacute;ramo hasta establecer las rutas de comercializaci&oacute;n de la droga. Y la ingenier&iacute;a sueca tra&iacute;da por el gobierno colombiano cambi&oacute; el curso de mis aguas para construir una represa, Urr&aacute; I. Para ello violentaron bosques de treinta metros de altura que juntan una variedad de &aacute;rboles con nombres sonoros y bonitos: aj&iacute;, caimo, cag&uuml;i, canime, bolao, chingal&eacute;, chit&uacute;, dormil&oacute;n, ceboll&oacute;n amarillo, espermo, granadillo, guaimaro, guarumo, nazareno y camaj&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los bosques que sobreviven todav&iacute;a anidan p&aacute;jaros coloridos como el mart&iacute;n pescador, que cuando se reproduce hace una llamada aguda y chirriante. La guacharaca, que anuncia la lluvia. Por las tardes se escucha el uit-uit del pico curvo cavando la tierra y revolviendo las hojas ca&iacute;das. En lo alto de mi nacimiento el &aacute;guila harp&iacute;a gime. Su canto es dolor por lo que me han hecho.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La ingeniería sueca cambió el curso de mis aguas para construir una represa. Violentaron bosques que juntan árboles con nombres sonoros y bonitos: ají, caimo, cagüi, canime, bolao, chingalé, chitú, dormilón, guarumo, nazareno, camajón</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El profesor de la Universidad de Cordoba, <a href="https://entreriosmuseo.co/sala-de-la-palabra/el-profesor" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alberto Alzate Pati&ntilde;o</a> me recorri&oacute; y escribi&oacute; lo que suceder&iacute;a si se constru&iacute;a la hidroel&eacute;ctrica. En 286 p&aacute;ginas describi&oacute; con t&eacute;cnica y maestr&iacute;a lo que yo represento para esta tierra y lo que estaba en juego con mi represamiento. Se refiri&oacute; a la desecaci&oacute;n de las ci&eacute;nagas, a la disminuci&oacute;n del pez bocachico en perjuicio de los pescadores y a la descomposici&oacute;n cultural de los ind&iacute;genas. El 11 de julio de 1996 el profesor fue asesinado en su casa. Veintisiete a&ntilde;os despu&eacute;s el paramilitar Salvatore Mancuso, preso en una c&aacute;rcel en Georgia, Estados Unidos, confes&oacute; en audiencia p&uacute;blica ante la Jurisdicci&oacute;n Especial para la Paz (JEP) la responsabilidad en el crimen. El da&ntilde;o a mi cuenca avanza sin control.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Captura de pantalla 2023 07 25 a la(s) 19.31.06                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Parte 3</h3><p class="article-text">
        Abuelo, he andado el r&iacute;o Sin&uacute;, sus planicies, bosques y valle habitado por los embera kat&iacute;os confinados en seis resguardos y por las familias campesinas desperdigadas en diferentes puntos de la reserva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me encontr&eacute; con los cocaleros y raspachines comprando gasolina en el puerto de Frasquillo, donde embarqu&eacute; una canoa como las que t&uacute; hac&iacute;as en Mateo G&oacute;mez. Viaj&eacute; con <a href="https://entreriosmuseo.co/sala-audiovisual/viaje-al-silencio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Martha Domic&oacute;</a>, la hija de Kimy, una embera chiquitita, melanc&oacute;lica como yo, hasta el resguardo de Beguid&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el rancho de Jacinto Domic&oacute; y Lucianita, en lo alto de una bonga, los familiares de Martha me ofrecieron caf&eacute; colao y me ense&ntilde;aron el diario de Kimy. Me insistieron en que buscara por cielo y tierra a un profesor de apellido Ballesteros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Martha me cont&oacute; que por fin puede llevar flores al sitio donde los paramilitares mataron y arrojaron a su padre &ldquo;Punta de lanza&rdquo;. Mancuso le confes&oacute; a ella que el l&iacute;der de su pueblo fue arrojado al r&iacute;o Sin&uacute;, en Callejas, Tierralta y que fue un crimen de Estado. &iquest;Cu&aacute;l Estado?, me pregunto todo el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s bello que sea el territorio que custodian los embera kat&iacute;os, por m&aacute;s defensa del &aacute;rbol Jenen&eacute;, &ldquo;la guerra la ganaron quienes impusieron el miedo&rdquo;, me dijo Martha con la mirada fija en el raudal del Sin&uacute; que forma remolinos que combinan con el ulular de un viento furioso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Encontr&eacute; al profesor Gustavo Ballesteros muy lejos del Sin&uacute;, en Altamirano, estado de Guerrero, M&eacute;xico. Un par de conversaciones telef&oacute;nicas me ayudaron a confirmar que era un amante de las plantas y de la naturaleza que recorri&oacute; varias veces el r&iacute;o e hizo suya la causa embera y tambi&eacute;n la zen&uacute;, las dos etnias de C&oacute;rdoba, la tierra donde nacimos todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V&iacute;a celular me detall&oacute; la historia por la que no viv&iacute;a en la regi&oacute;n que lo pari&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, al despertar a las 4:50 de la madrugada con el sonido continuado y melodioso de los p&aacute;jaros cucaracheros, se puso en pie, le quit&oacute; la tranca a la ventana del peque&ntilde;o cuarto y asom&oacute; la cabeza mientras desentumec&iacute;a el cuerpo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &mdash;Comencemos el d&iacute;a con un caf&eacute; dulce &mdash;cuenta que le dijo a la mujer que le daba posada a &eacute;l y a otros profesores de la Universidad de C&oacute;rdoba. Estaban haciendo trabajo comunitario con los ind&iacute;genas zen&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Camin&oacute; sin prisa hacia el rancho de palma donde comenzar&iacute;a la reuni&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Buenos d&iacute;as, compa&ntilde;eros. C&oacute;mo me alegra que comencemos temprano. As&iacute; nos va a rendir el d&iacute;a &mdash;les dijo Ballesteros a todos mientras repart&iacute;a las fotocopias con las explicaciones t&eacute;cnicas de la siembra de la ca&ntilde;a flecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El profesor se hab&iacute;a propuesto mejorar la productividad de las plantaciones de donde se extrae la fibra con la que se fabrica el sombrero vueltiao, artesan&iacute;a s&iacute;mbolo nacional de Colombia, que le da de comer a miles familias zen&uacute;es de la regi&oacute;n conocida como Sin&uacute; Medio.
    </p><p class="article-text">
        Entre la enramada y el pasto, Ballesteros escuch&oacute; pisadas de pelot&oacute;n. Se levant&oacute; del taburete de cuero y sali&oacute; al encuentro de los hombres que portaban uniformes militares desgastados y usaban botas de caucho. Le entregaron un papel que dec&iacute;a:&nbsp; <em>&ldquo;Son declarados objetivos militares los profesores comunistas de la Universidad de C&oacute;rdoba si siguen aleccionando a las comunidades&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me llev&eacute; las manos a la cabeza mientras miraba a mis compa&ntilde;eros, a los ind&iacute;genas, a la mujer que nos atend&iacute;a y que se qued&oacute; inm&oacute;vil ante la escena, con el azafate sobre sus manos lleno de caf&eacute;s servidos en vasos desechables.
    </p><p class="article-text">
        El profesor investigaba desde la etnobot&aacute;nica la relaci&oacute;n que existe entre las plantas y los seres humanos. Hurg&oacute; desde la filogeograf&iacute;a sobre los &aacute;rboles end&eacute;micos y so&ntilde;&oacute; con construir un jard&iacute;n bot&aacute;nico, el primero de la regi&oacute;n del Sin&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Su pasi&oacute;n arrastr&oacute; a estudiantes de ingenier&iacute;a agron&oacute;mica y a docentes de su universidad para ense&ntilde;arles a ind&iacute;genas y colonos la importancia de la conservaci&oacute;n, por eso lo respetaban en demas&iacute;a, me contaron varios de sus estudiantes de la Universidad de C&oacute;rdoba, hoy profesionales.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Te hablo, abuelo, a orillas del Sinú, donde siempre vivirá tu recuerdo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No se dobleg&oacute; ante los intereses de los pol&iacute;ticos de la &eacute;poca, pero s&iacute; lo hizo ante los miedos que le sembraron en el cuerpo los grupos de derecha. Antes de autoexiliarse en M&eacute;xico comenz&oacute; a poblar una parcela en el municipio de San Carlos con las plantas nativas del Sin&uacute;. En Guerrero s&iacute; pudo hacer un jard&iacute;n bot&aacute;nico. Ballesteros muri&oacute; en M&eacute;xico en marzo del 2021 y gran parte de sus cenizas reposan en su parcela de San Carlos y una peque&ntilde;a parte en el jard&iacute;n bot&aacute;nico de Altamirano. Encima de ellas sus colegas plantaron un &aacute;rbol frutal de la zona, que hace parte de las plantas que &eacute;l estudiaba.&nbsp; &ldquo;Mi padre era un hombre m&iacute;stico&rdquo;, me dijo amorosamente su hija Nayarit en Ciudad de M&eacute;xico, en marzo del 2023, hasta donde fui a conocerla.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En el af&aacute;n por saber m&aacute;s del r&iacute;o, abuelo, me fui a buscar al descendiente de los Hern&aacute;ndez, los primeros colonos que llegaron al Manso. Conoc&iacute; a Pedro Hern&aacute;ndez, t&eacute;cnico agroforestal que vive en Tierralta y quien me comparti&oacute; las memorias escritas sobre sus antepasados. Su brazo y pierna izquierda est&aacute;n inm&oacute;viles. Un accidente cerebrovascular del que se recupera lentamente lo condena por ahora a mirar el r&iacute;o a trav&eacute;s del computador, el r&iacute;o que fue su casa y tambi&eacute;n cementerio de algunos de sus familiares. En mayo de 2001, en diferentes masacres, doce parientes fueron asesinados por los frentes 18 y 53 de la guerrilla de las Farc y sus cuerpos arrojados al Sin&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        El silencio de Pedro sobre esos hechos es la marca que hered&oacute; de la tragedia. Para sanarse, en su momento, se dedic&oacute; a recorrer el r&iacute;o con ojos de esperanza, a escribir sobre sus especies de flora y fauna, a tocar puertas hasta que lo emplearon en Parques Naturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Te hablo, abuelo, a orillas del Sin&uacute;, donde siempre vivir&aacute; tu recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        <em>Me volv&iacute; expedicionario</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>por el r&iacute;o Sin&uacute; y su valle</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para observar en detalle&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el da&ntilde;o que se hace a diario.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>All&aacute; un canal solitario</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en ruina quieto y vac&iacute;o</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>lo que antes fuera el r&iacute;o</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>m&aacute;s rico y caudaloso</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>hoy es un largo pozo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>contaminado y sin br&iacute;o.</em>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Cual serpiente por su porte</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>arisco, fuerte y cerrero</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sol&iacute;a tomar el sendero&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de sur con destino al norte.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Brioso cual un resorte&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>saltaba de Paramillo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para ofrecerle su brillo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a todo lo que encontraba</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y as&iacute; cansado llegaba</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>al golfo de Morrosquillo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Desde el siglo XVII</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>empez&oacute; el hombre blanco</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a subir por su barranco</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a puya y a canalete.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Trajo el hacha y el machete</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la escopeta y la candela</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>al fundar su ciudadela&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>empez&oacute; con tanta audacia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a sembrar esta desgracia&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que produjo la secuela.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mientras todo se consum&iacute;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en este valle pujante</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>fue llegando el comerciante&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>necesitando energ&iacute;a.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Entonces se le abri&oacute; v&iacute;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a una gran maquinaria</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la empresa m&aacute;s millonaria</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>se traslad&oacute; a la angostura</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>donde empez&oacute; la amargura</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que no fren&oacute; mi plegaria.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Soy el r&iacute;o Sin&uacute; que inspir&oacute; al poeta de Callejas, Pedro Nel Rodr&iacute;guez, a cantarle a mis aguas. Compuso la d&eacute;cima: cada estrofa tiene diez versos octos&iacute;labos en los que resumi&oacute; la belleza y el horror.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando canta, su voz escapa como torrente, me describe como corriente imparable que con el tiempo se ha ido convirtiendo en un viejo canal.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, en lo alto me resisto. All&aacute; donde hago parte de una estrella hidrogr&aacute;fica nace mi hermano el r&iacute;o San Jorge. Entre mis otros hermanos, los r&iacute;os Manso y Tigre, palpitan 250 especies diferentes de plantas, siete de ellas en riesgo de desaparecer, 45 especies de peces y por lo menos 230 de aves, escriben los cient&iacute;ficos en el libro <em>Biodiversidad asociada a los sectores Manso y Tigre del Parque Nacional Natural Paramillo (2016). </em>Somos un gran reservorio de Colombia en el Parque Natural Paramillo, declarado as&iacute; hace 46 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        De Puerto Platanito, en Monter&iacute;a, aguas abajo, buscando hacer memoria para entrar con mi corriente por el ca&ntilde;o Bugre y llegar hasta la peque&ntilde;a parcela que era de Esteban Morelo, no pude. Me lo impide una barrera de arena y piedras. En muchos puntos en mis riberas se exhiben enormes escolleras de rocas y gaviones empotrados con los que se intenta frenar la erosi&oacute;n. Mi caudal, antes de Urr&aacute;, flu&iacute;a fuerte y sin ley.
    </p><p class="article-text">
        Del ca&ntilde;o Bugre ya no queda casi nada. Una corriente d&eacute;bil de agua descompuesta se escurre entre yerbas y basuras estancadas. Ya no huelo a n&iacute;spero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los pobladores de mis riberas que antes fueron campesinos y, mucho antes, pescadores, ahora extraen arena y piedra china de mi lecho, para proveer a las empresas de construcci&oacute;n. Ya no subo de nivel en lo bajo de mi cauce para alimentar lo necesario la tierra ni regar las flores del <em>Jenen&eacute;</em> que <em>Karagab&iacute;</em> convirti&oacute; en ci&eacute;nagas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Soy agua sinuosa que recorre tu nieta, Esteban. Ella me regala una &uacute;ltima mirada, hecha de memoria y ra&iacute;ces, de camino al cementerio de Mateo G&oacute;mez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>GM/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        Este texto se trabaj&oacute; en el <a href="https://www.revistaanfibia.com/especial/no-ficcion-creativa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laboratorio de No Ficci&oacute;n Creativa</a> llevado adelante por Revista Anfibia, el Doctorado de Escritura en Espa&ntilde;ol de la Universidad de Houston y la Maestr&iacute;a en Periodismo Narrativo de Unsam entre septiembre de 2022 y mayo de 2023.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ginna Morelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/rio-memoria_1_10408114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jul 2023 03:21:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El río de mi memoria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Anfibia,Colombia,Desplazados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El suicidio se detiene en comunidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/suicidio-detiene-comunidad_1_10399114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/797f8444-f0fa-4a18-af81-aa30c843486c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077791.jpg" width="2831" height="1593" alt="El suicidio se detiene en comunidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Según el índice que mide la felicidad, Uruguay es el país más feliz de América del Sur y está en el puesto 28 a nivel mundial. Es, también, el país con menos pobreza de América Latina. Hay otra estadística de la que se habla menos: es el país de la región con la tasa más alta de suicidios, duplicando el promedio mundial.</p></div><p class="article-text">
        Uruguay es verde y bajo, tranquilo. No tiembla ni se desborda ni se quiebra. Tiene murgas y carnavales, brillos. Tiene costas y aguas y cielos azules. Grita los goles con la boca abierta. Uruguay es campe&oacute;n. Uruguay festeja, baila, canta. Uruguay con ramblas y con montes y con r&iacute;os. Uruguay c&aacute;lido, manso, quieto. Uruguay diverso, ondulado, folkl&oacute;rico.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Uruguay viven tres millones y medio de personas. El territorio se recorre en l&iacute;nea recta en ocho horas, no hay ruido ni sobresaltos ni estridencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Uruguay todo, casi siempre, vive en una calma cr&oacute;nica, asintom&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Uruguay la gente se mata m&aacute;s que en ninguna otra parte de este continente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y nadie sabe bien por qu&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Amiga, no te hac&eacute;s una idea lo dif&iacute;cil que ha sido mantenerme viva en el &uacute;ltimo mes. A veces parece que lo digo con iron&iacute;a, cuando pregunt&aacute;s c&oacute;mo estoy y yo respondo &ldquo;viva&rdquo;, pero cada tanto tengo que decirlo en voz alta casi como un recordatorio, un reconocimiento. Estoy viva. Como. Me ba&ntilde;o. Salgo de la cama. Intento hacer algunas cosas. Intento. Intento. Intento. No es f&aacute;cil. Pero intento.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Fragmento de un mail que me envi&oacute; una amiga el 28 de febrero de 2023.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Cada tanto, los gatos pasan por delante de la c&aacute;mara, se atraviesan en la pantalla, se acercan a la taza de caf&eacute;. Ella los agarra, los acaricia, les habla. Son dos, la de siempre y uno nuevo, amarillo, chiquito. Ese, el amarillo, se queda sobre ella. No se ve, por el cuadrado del Zoom, nada m&aacute;s que eso: una pared blanca, los gatos, la piel blanca y gruesa, el pelo por los hombros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&mdash;La vez anterior, en 2020 creo que fue, yo tom&eacute; una medicaci&oacute;n que tomada en mucha cantidad te puede generar un problema en el coraz&oacute;n. Me llevaron a la emergencia y me dejaron esperando en la sala de espera a que se me pasara un poco el efecto. Despu&eacute;s de que se me pas&oacute;, me llevaron con un par de psiquiatras que me preguntaron si me arrepent&iacute;a de lo que hab&iacute;a hecho. Yo me sent&iacute; como en la iglesia. Adem&aacute;s, cuando vos te empastill&aacute;s de esa manera, demor&aacute;s un mont&oacute;n de d&iacute;as en estar bien de vuelta, en ser consciente de nuevo. Me preguntaron eso y yo pensaba: si les digo que no, que es la verdad porque no me arrepiento de haberme querido matar, esto no va a ser bueno, no s&eacute;, es muy raro que me preguntaran eso, entonces les dije que s&iacute;, que me arrepent&iacute;a. Y ellos me responden &ldquo;ah qu&eacute; bueno, porque si me dec&iacute;as que no, te tendr&iacute;amos que internar&rdquo;. Y yo por dentro pens&eacute; &ldquo;capaz que tendr&iacute;a que estar internada&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uruguay es el pa&iacute;s de la regi&oacute;n con la tasa m&aacute;s alta de suicidios. Viven tres millones y medio de personas, y solo 2022 se mataron 818.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Jos&eacute; tiene 31 a&ntilde;os y varios intentos de suicidio. El primero fue a los 27 y ocurri&oacute; despu&eacute;s de que empez&oacute; un tratamiento psiqui&aacute;trico. Todos fueron iguales: sac&oacute; todas las pastillas que ten&iacute;a que tomar en el mes y las tom&oacute; juntas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vez anterior, dice, porque despu&eacute;s hubo otra. Fue unos d&iacute;as antes del cumplea&ntilde;os de su sobrino. Hizo lo que ya hab&iacute;a intentado: tom&oacute; todas las pastillas que encontr&oacute;. Fue a la emergencia, la vio un m&eacute;dico y la mandaron de vuelta para su casa. Al otro d&iacute;a de intentar matarse, Mar&iacute;a Jos&eacute; tuvo que ir a trabajar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Le mando un mensaje a una amiga m&eacute;dica que trabaja en la puerta de emergencia de un hospital. Le pregunto qu&eacute; hacen si llega alguien que intent&oacute; matarse o que tiene pensamientos suicidas. <em>&ldquo;Negri es algo re importante lo que me pregunt&aacute;s. Lamentablemente no hay ning&uacute;n protocolo de actuaci&oacute;n, hacemos lo que nos parezca, no nos educan para saber qu&eacute; tenemos que hacer. Es un tema re complejo, justo lo hablaba con la psic&oacute;loga ayer, en general te agarra re saturada y nosotros no estamos preparados para eso&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>***</em>
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 3 de la ley 18.097 que declara al 17 de julio como el D&iacute;a Nacional de la Prevenci&oacute;n del Suicidio dice: &ldquo;Ser&aacute; obligatoria la capacitaci&oacute;n del personal de la salud p&uacute;blica y privada, bomberos y funcionarios policiales en la atenci&oacute;n de personas con se&ntilde;ales de comportamientos suicida, as&iacute; como en el abordaje del rescate&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poco tiempo despu&eacute;s, mientras volv&iacute;a en un taxi luego de festejar los dos a&ntilde;os de su sobrino, Mar&iacute;a Jos&eacute; tuvo la sensaci&oacute;n de que si regresaba a su casa pod&iacute;a volver a hacerlo. Entonces insisti&oacute;: fue a otra emergencia, dijo que hab&iacute;a tenido intentos de suicidio y que no se sent&iacute;a bien. Habl&oacute; con una psiquiatra y despu&eacute;s con otra y le plantearon la posibilidad de internarse en una cl&iacute;nica. Ella dijo que s&iacute;, que quiz&aacute;s era lo que necesitaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Montevideo. 11 de noviembre. 2022.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La primera vez que escuch&eacute; sobre un suicidio ten&iacute;a 13 a&ntilde;os. Yo viv&iacute;a en una ciudad de poco m&aacute;s de 10 mil habitantes en el departamento de Colonia, al suroeste de Uruguay. Volv&iacute;a del liceo un mediod&iacute;a y, cuando llegu&eacute; a mi casa, el barrio ten&iacute;a un movimiento distinto, estaba conmocionado: mi vecino de al lado, simp&aacute;tico, tranquilo, contento, hab&iacute;a ido al parque y se hab&iacute;a pegado un tiro en la cabeza. De ese d&iacute;a todav&iacute;a recuerdo algunas cosas: el sol, los ladridos de mi perro, el llanto desgarrado de mi vecina, la imagen que ven&iacute;a a mi cabeza del hombre que hac&iacute;a segundos se hab&iacute;a suicidado paseando a mis hermanos m&aacute;s chicos en su moto &mdash; una nave negra y enorme que hac&iacute;a un rugido feroz&mdash; y la confusi&oacute;n; sobre todo, la confusi&oacute;n.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Hay un &iacute;ndice que mide la felicidad de los pa&iacute;ses del mundo y dice que, en 2023, Uruguay es el pa&iacute;s m&aacute;s feliz de Am&eacute;rica del Sur, el segundo m&aacute;s feliz despu&eacute;s de Costa Rica en Am&eacute;rica Latina, y est&aacute; en el puesto n&uacute;mero 28 de felicidad a nivel mundial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se llama &Iacute;ndice de Felicidad Bruta y toma determinados marcadores de calidad de vida: poder adquisitivo, seguridad, acceso a la salud, acceso a la educaci&oacute;n, democracia. Todos los a&ntilde;os los medios uruguayos hacen la misma nota: &iquest;cu&aacute;l es el pa&iacute;s m&aacute;s feliz del mundo y qu&eacute; puesto ocupa Uruguay?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;En el hospital no hay ning&uacute;n protocolo de actuaci&oacute;n, hacemos lo que nos parezca, no nos educan para saber c&oacute;mo actuar.&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo a un informe del Banco Mundial, en 2021 Uruguay era el pa&iacute;s con menos pobreza de Am&eacute;rica Latina (solo 3,2 por ciento de su poblaci&oacute;n percibe menos de 5,5 d&oacute;lares diarios, mientras que en Argentina, por ejemplo, el porcentaje es de 14,4). Adem&aacute;s, seg&uacute;n el &Iacute;ndice Global de Paz, es uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s seguros de la regi&oacute;n, solo despu&eacute;s de Chile, tiene una econom&iacute;a estable y ha apostado, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, a una agenda enfocada en los derechos humanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay otros datos: en 2022 se mataron 818 personas en Uruguay, y, entre noviembre y en enero de este a&ntilde;o, hubo m&aacute;s de 1.000 intentos de suicidio, la tasa de suicidio se mantiene desde hace unos a&ntilde;os por encima de 20 muertes cada 100.000 habitantes (el promedio mundial es de 10,5), siendo el suicidio la principal causa de muerte violenta, superando a los homicidios y a los accidentes de tr&aacute;nsito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Montevideo. 8 de enero de 2023.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Me gusta Montevideo en enero. La ciudad queda vac&iacute;a, se enlentece, los &oacute;mnibus andan m&aacute;s r&aacute;pido, los autos no tocan bocina. Me gusta salir de trabajar en el diario y cambiar el rumbo y en vez de caminar hacia mi casa ir hacia el otro lado, bajar por Zelmar Michelini hasta llegar a la rambla, caminar hacia el Parque Rod&oacute; y seguir un poco m&aacute;s, dejar el sol a mis espaldas y despu&eacute;s, en el momento justo en el que empieza a bajar, como a las ocho de la noche, dar vuelta, mirarlo de frente como si estuvi&eacute;semos cerca, ver c&oacute;mo los edificios cambian de color, c&oacute;mo la ciudad se vuelve anaranjada. Yo crec&iacute; en un lugar sin agua. Desde que vivo en Montevideo vengo poco, menos de lo que me gustar&iacute;a. Casi siempre, en la tardecita, la rambla est&aacute; repleta de personas que toman mate o corren o caminan o juegan al f&uacute;tbol o entrenan y a m&iacute; casi siempre, en la tardecita, me gusta estar sola. Pero hoy es enero y parece que todos est&aacute;n de vacaciones y la rambla es un buen lugar para la soledad. El r&iacute;o est&aacute; tranquilo, el agua choca contra las rocas con un poco de vagancia, el cielo es azul, claro. Es extra&ntilde;o el color de este r&iacute;o. Al sol parece uno, a la sombra, otro. Es dif&iacute;cil decir de qu&eacute; color es el R&iacute;o de la Plata en la costa de Montevideo. Podr&iacute;a ser verde y marr&oacute;n pero no es ni verde ni marr&oacute;n. Si tuviera que decir de qu&eacute; color es el agua, hoy, ahora, dir&iacute;a que tiene el color de los domingos a las cinco de la tarde. Hace una semana, en este mismo r&iacute;o, apareci&oacute; el cuerpo de un hombre de 25 a&ntilde;os. Est&aacute;n averiguando si se ahog&oacute; o se mat&oacute;. No es el primero ni el &uacute;ltimo que se ahoga o se mata en este r&iacute;o.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>***</em>
    </p><p class="article-text">
        Pablo Hein es soci&oacute;logo, integrante del Grupo para la Comprensi&oacute;n y Prevenci&oacute;n de la Conducta Suicida de la Universidad de la Rep&uacute;blica. Dice que el suicidio es un problema serio en Uruguay al menos desde finales de los &lsquo;90 o comienzos de los 2000.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;A partir del a&ntilde;o 2000 hay una l&oacute;gica de la felicidad, una f&oacute;rmula que dice que la felicidad depende de cada uno. Eso se engarza con la l&oacute;gica del individualismo que hay en la sociedad a partir de los &lsquo;70 y &lsquo;80 y, a su vez, con la p&eacute;rdida de centralidad de ciertas instituciones que nos daban cohesi&oacute;n social, como el Estado, la iglesia, los sindicatos, los partidos pol&iacute;ticos, los clubes deportivos. Todo eso nos daba pertenencia, unidad. Hoy en d&iacute;a vivimos en el tiempo de arreglatel&aacute; vos como puedas. Vivimos en un individualismo en el que vos te constru&iacute;s tu propio bienestar. Y en el que tus &eacute;xitos son solo tuyos y tus fracasos tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tus &eacute;xitos son solo tuyos y tus fracasos tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;</em>El problema ac&aacute; es la sociedad que construimos, la que estamos construyendo y la que vamos a construir. Tenemos una gran incapacidad para vernos en temas que nos involucran a todos. Y ni siquiera hablo de buscar una soluci&oacute;n, hablo de poder mirarnos. Siempre buscamos un por qu&eacute;. Y el &uacute;nico por qu&eacute; que encontramos es individual: se suicid&oacute;, yo no tuve nada que ver, yo estoy lejos de eso. Lo negamos, lo ocultamos. En general miramos para otro lado. Y el otro problema que hay es que ac&aacute; patologizamos todo: perd&eacute;s un novio y te mandan a terapia y te empastillan. Y est&aacute; bien, es algo doloroso, pero es parte de la vida, nosotros patologizamos cosas que son de la vida normal de cualquier persona. Hay que empezar a entender que la vida no es solo felicidad, tambi&eacute;n es infelicidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay un &iacute;ndice que mide la felicidad de los pa&iacute;ses del mundo y dice que, en 2023, Uruguay es el pa&iacute;s m&aacute;s feliz de Am&eacute;rica del Sur despu&eacute;s de Costa Rica en Am&eacute;rica Latina. Est&aacute; en el puesto n&uacute;mero 28 a nivel mundial.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Cabo Polonio. En Uruguay todo, casi siempre, vive en una calma crónica, asintomática. En Uruguay la gente se mata más que en ninguna otra parte de este continente. Y nadie sabe bien por qué."
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            <span class="title">
                Cabo Polonio. En Uruguay todo, casi siempre, vive en una calma crónica, asintomática. En Uruguay la gente se mata más que en ninguna otra parte de este continente. Y nadie sabe bien por qué.                            </span>
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        En 2019 en Uruguay los psiquiatras entregaron 2.643.760 recetas de medicamentos; en 2020 fueron 2.697. 751 y en 2021 fueron 2.852.786. Los datos salen de la columna <em>Naci&oacute;n Diazepam </em>publicada en el semanario <em>B&uacute;squeda</em> por el periodista Gabriel Pereyra. All&iacute; tambi&eacute;n dice esto: despu&eacute;s del consumo de alcohol y de tabaco, las benzodiacepinas &mdash;f&aacute;rmacos con efecto ansiol&iacute;tico, hipn&oacute;tico, relajante muscular y antiepil&eacute;ptico&mdash; son las sustancias m&aacute;s consumidas por los uruguayos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Suponiendo que en Uruguay viven 3.426.000 personas &mdash; el &uacute;ltimo censo es de 2011&mdash; y que cada receta fue entregada a una persona diferente, el 85 por ciento de la poblaci&oacute;n toma psicof&aacute;rmacos
    </p><p class="article-text">
        James Davis es un psicoterapeuta ingl&eacute;s, profesor de sociolog&iacute;a y psicoterapia en la Universidad de Roehampton, Reino Unido. Ha estudiado, a lo largo de los a&ntilde;os, el sistema de salud mental de su pa&iacute;s. En una entrevista con <em>eldiario.es</em> de Espa&ntilde;a, dijo: &ldquo;Drogamos a la gente en lugar de ofrecerles terapia psicol&oacute;gica porque (...) se ve el dolor como una disfuncionalidad que debe ser corregida y la soluci&oacute;n m&aacute;s r&aacute;pida que se ha encontrado es la medicaci&oacute;n. Pero con ella no arreglamos nada, porque se trata de qu&iacute;micos que sedan un sentimiento que act&uacute;a como faro: el dolor ilumina lo que est&aacute; mal, algo a lo que debemos prestar atenci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Montevideo. 27 de abril. 2023
    </p><p class="article-text">
        <em>Son cerca de la una de la madrugada. Escribo sentada en la cama, una bolsa de agua caliente en las rodillas. Es oto&ntilde;o, pero hace fr&iacute;o. En la mesa de luz tengo un plato con los restos de una sopa instant&aacute;nea, una botella de agua de un litro por la mitad, un libro de Nona Fern&aacute;ndez, un llavero con la cara de Lali, dos piedras que me traje del cumplea&ntilde;os de mi prima y que supuestamente me dan energ&iacute;a, me protegen de alguna cosa, la mitad de un alfajor con mucho dulce de leche que no pude terminar. Arriba de la cama, conmigo, tengo dos libros: </em>Enigmas y estigmas del suicidio en el Uruguay<em>, y la poes&iacute;a completa de Alejandra Pizarnik. Hace unos meses que les digo a mis amigas &ldquo;estoy trabajando en el suicidio&rdquo; o &ldquo;me voy a meter en el suicidio&rdquo; o &ldquo;estoy con el suicidio&rdquo;. Ojal&aacute; pudiera pensar solo en esto, pero me cuesta concentrarme, pensar en una sola cosa. Ahora estoy dispersa. Miro Instagram cada cinco minutos y Whatsapp cada tres. Tengo 29 a&ntilde;os y vivo en una especie de hast&iacute;o, como si nada de lo que soy, nada de lo que tengo, nada de lo hago, fuese suficiente. Algunas veces ese hast&iacute;o se me mete en el cuerpo y siento, ah&iacute;, entre las costillas pero un poco m&aacute;s arriba, como si el coraz&oacute;n fuese un globo al que no le cabe m&aacute;s aire.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        En la cl&iacute;nica todo era blanco. Las cortinas blancas, las paredes blancas, las s&aacute;banas blancas. Mar&iacute;a Jos&eacute; lleg&oacute; de noche. Le sacaron el celular, la cartera, todo lo que llevaba con ella. Se acost&oacute; a dormir. Al otro d&iacute;a empez&oacute; a entender c&oacute;mo funcionaba, c&oacute;mo era la din&aacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El desayuno todos los d&iacute;as a las ocho y el almuerzo todos los d&iacute;as a las doce y la merienda todos los d&iacute;as a las cinco y la cena todos los d&iacute;as a las ocho. A las diez hab&iacute;a que estar en el cuarto y se pod&iacute;a salir al otro d&iacute;a, a partir de las siete. Hab&iacute;a enfermeros y guardias de seguridad. Hac&iacute;an talleres. Pod&iacute;a pintar o escuchar m&uacute;sica con auriculares inal&aacute;mbricos. Pod&iacute;a charlar con los dem&aacute;s. Hab&iacute;a un horario de visita y su novio iba a verla todos los d&iacute;as. La ten&iacute;a que mirar desde lejos, a trav&eacute;s de una puerta y a trav&eacute;s de una reja. Le permit&iacute;an una llamada. Hab&iacute;a una televisi&oacute;n y esa era la &uacute;nica conexi&oacute;n con lo que pasaba afuera. Hab&iacute;a en la cl&iacute;nica una ni&ntilde;a de 12 a&ntilde;os. Como era tan chica ten&iacute;a que estar con un acompa&ntilde;ante y ella estaba con una abuela. Mar&iacute;a Jos&eacute; y la ni&ntilde;a se hicieron amigas. Algunas veces pensaba: &iquest;qu&eacute; te hicieron para que est&eacute;s ac&aacute;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si te tengo que decir qui&eacute;n soy, no s&eacute;, soy Mar&iacute;a Jos&eacute;, tengo 31 a&ntilde;os, soy del interior, me vine a Montevideo a trabajar y a estudiar, aunque eso no fue f&aacute;cil, estudi&eacute; profesorado en Colonia y viv&iacute; un tiempo all&aacute;, ahora trabajo como <em>taster</em> en una empresa de tecnolog&iacute;a. Vivo con mi novio y nuestros gatos y no s&eacute; qu&eacute; m&aacute;s decirte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s dir&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando ten&iacute;a seis o siete a&ntilde;os fue abusada sexualmente. Poco despu&eacute;s, a los 12 o 13, un d&iacute;a estaba cocinando y pens&oacute;, por primera vez, en que se quer&iacute;a morir. Desde ese d&iacute;a ha tenido ideaci&oacute;n suicida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>(Ideaci&oacute;n suicida: se define como la &laquo;presencia de deseos de muerte y de pensamientos persistentes de querer matarse&raquo; y representa la primera fase de lo que se conoce como conducta suicida).&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s empez&oacute; el psic&oacute;logo y entendi&oacute; que no se trataba solo de ese hecho puntual, sino de muchas otras cosas que hab&iacute;an ido pasando a lo largo de su vida. Primero se lastim&oacute;, se cort&oacute; con la hoja de una m&aacute;quina de afeitar. Despu&eacute;s vinieron las pastillas. Una de todas esas veces no quer&iacute;a morir. Quer&iacute;a meterse esa mezcla de drogas al cuerpo para perder la consciencia. Las otras veces s&iacute;. Las pastillas eran una certeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema, dice Pablo Hein, no son los j&oacute;venes que se quieren suicidar: el problema son los adultos que no les dan una segunda oportunidad de repensarse en el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Si pod&eacute;s, agreg&aacute; esto en lo que escribas, me pide Pablo Hein: &ldquo;Nadie se mata solo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>***</em>
    </p><p class="article-text">
        Cuando Sof&iacute;a era ni&ntilde;a encontr&oacute; un ping&uuml;ino. Fue en las playas de Piri&aacute;polis, la ciudad donde viv&iacute;a. Lo levant&oacute; y lo llev&oacute; a la casa de su abuela, Yarav&iacute;. Ella lo cur&oacute; y, unos d&iacute;as despu&eacute;s, la convenci&oacute; de llevarlo al refugio de animales marinos que funciona en una ciudad cercana, tambi&eacute;n de la costa. Durante mucho tiempo, Sof&iacute;a fue a visitar al ping&uuml;ino todos los d&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Levantaba de la calle a todos los animales que encontraba y a todos los llevaba a lo de Yarav&iacute;. Ella siempre hac&iacute;a lo mismo: los curaba, dejaba que Sof&iacute;a los cuidara. Era su &uacute;nica nieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue el s&aacute;bado 12 de marzo de 2016.&nbsp; Hac&iacute;a una semana que Sof&iacute;a viajaba a Montevideo para estudiar en la Facultad de Veterinaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que se escuch&oacute; del otro lado del tel&eacute;fono fue un mensaje autom&aacute;tico: &ldquo;Buenos d&iacute;as. Si es una emergencia llam&aacute; al 0800 0667. Sino, esper&aacute; a que pueda contestarte&rdquo;. Despu&eacute;s, un ruido como a papeles arrug&aacute;ndose.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        0800 0667 es el n&uacute;mero de la l&iacute;nea de prevenci&oacute;n del suicidio de ASSE (Administraci&oacute;n de Servicios de Salud del Estado). Funciona como tal desde 2018 y brinda atenci&oacute;n primaria a quienes tengan ideas suicidas. En 2021 recibieron m&aacute;s de 7.000 llamadas. Es decir que, por d&iacute;a, m&aacute;s o menos 20 personas en Uruguay pensaron en matarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay una f&oacute;rmula de la felicidad que dice que depende de cada uno. Eso se engarza con la l&oacute;gica del individualismo: arreglatel&aacute; vos como puedas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El mensaje suena desde el celular personal de Yarav&iacute; Rois, que es, tambi&eacute;n, el n&uacute;mero de Resistir&eacute;, la ONG que cre&oacute; el 28 de agosto de 2016, seis meses despu&eacute;s del 12 de marzo, el d&iacute;a que Sof&iacute;a, su &uacute;nica nieta se suicid&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es como un tsunami. Como un terremoto. Como algo que, de un momento a otro, arrasa con todo. No deja nada. Ni siquiera posibilidades. Fue as&iacute;, entre escombros, que Yarav&iacute; pens&oacute; que, con lo poco que le hab&iacute;a quedado, ten&iacute;a que reconstruirse: agarrarse de algo y empezar a subir. Volver a la superficie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Resistir&eacute;</em> es una organizaci&oacute;n sin fines de lucro para trabajar en la prevenci&oacute;n del suicidio, sobre todo, en adolescentes. Es, tambi&eacute;n, el hueco que encontr&oacute; para respirar.
    </p><p class="article-text">
        Empez&oacute; a estudiar el tema, a formarse, ley&oacute;, fue a talleres y a charlas, viaj&oacute; para escuchar conferencias, pregunt&oacute;, investig&oacute;. Hoy <em>Resistir&eacute;</em> ofrece talleres y charlas y es una de las dos organizaciones uruguayas que da apoyo a familiares de suicidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tendr&iacute;amos que hacer m&aacute;s, mucho m&aacute;s; con lo que hacemos, evidentemente no alcanza. El a&ntilde;o pasado hicimos un trabajo muy grande en el departamento de Maldonado, y sin embargo fue el que tuvo m&aacute;s suicidios en todo el pa&iacute;s. El suicidio se detiene en comunidad y en el territorio: cuando una persona llega a la puerta de emergencia ya es tarde, hay que hacer algo antes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;En qu&eacute; falla el Uruguay a nivel social para que, a pesar de que haya una ley de prevenci&oacute;n y una ley de salud mental, planes nacionales y estrategias, tanta gente se siga matando?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ah, querida, es una pregunta que nos hacemos todos los d&iacute;as. Esta sociedad est&aacute; fallando en todo. Somos ego&iacute;stas, nos falta empat&iacute;a. Los grupos donde se re&uacute;nen las personas no est&aacute;n funcionando, el Estado no tiene pol&iacute;ticas activas. Hay que mirar m&aacute;s para los costados, hay que mirar si el otro est&aacute; pasando mal y no dejarlo pasar, buscar ayuda, todos somos capaces de captar alguna se&ntilde;al. Si alguien dice que est&aacute; mal, no hay que subestimarlo, hay que prestarle atenci&oacute;n, el suicidio es un problema que le puede pasar a cualquier persona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Buenos Aires. Abril de 2019.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Tengo 27 a&ntilde;os. Vine con dos amigas a pasar el fin de semana a Buenos Aires. Es domingo. Amanece. Caminamos por la calle despu&eacute;s de haber bailado toda la noche. Tomamos birra, fernet, champagne con energizante, eso toman los argentinos. Estamos euf&oacute;ricas. Vivas de una manera muy simple, real. Me descalzo porque el cierre de una de las botas me molesta. Caminar descalza por Buenos Aires es una experiencia reveladora. Una de mis amigas, S, pega saltitos un poco m&aacute;s adelante. La otra, P, canta unos versos de Wos. Paramos un quiosco. Compramos papas fritas, coca cola. Avanzamos un poco m&aacute;s. Cantamos Bandana. Yo intento rapear. P me graba con el celular. S se adelanta unos pasos, se sienta en la vereda. El sol apenas se asoma, pero nosotras todav&iacute;a estamos borrachas y todo, en Buenos Aires, nos parece bonito. Entonces S dice, de la nada, que quiere contarnos algo. Dobla las rodillas, habla. Que todos los d&iacute;as de su vida, dice, ha pensado en matarse. Que es una sensaci&oacute;n que no puede explicar, dice, pero que la siente en el cuerpo, en la cabeza, en el pecho. P la agarra de la mano. Yo miro hacia abajo. Dejo que el silencio haga lo suyo. Despu&eacute;s les cuento de unos errores que encontr&eacute; en el primer libro que publiqu&eacute;. Ellas no dicen nada. Entonces P, sentada con las piernas extendidas, dice: &ldquo;Yo no me mato por mis perras&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Se han dicho muchas cosas: que los uruguayos son nost&aacute;lgicos y tranquilos y que eso &mdash; la nostalgia, la tranquilidad cr&oacute;nica&mdash; han fraguado una especie de personalidad colectiva que roza la grisura; que los uruguayos se matan en invierno y si es domingo mejor; que hay un pueblo en Rocha, Castillos, donde la gente se suicida m&aacute;s que en ning&uacute;n otro lugar; que hay una piedra magn&eacute;tica que irradia mala energ&iacute;a; que el mayor problema del suicidio en Uruguay son los adolescentes; que los viejos se matan porque est&aacute;n solos.&nbsp;
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                    alt="Rocha. En 2021 en Uruguay los psiquiatras entregaron 2.852.786 recetas de psicofármacos. Suponiendo que en Uruguay viven 3.426.000 personas — el último censo es de 2011— y que cada receta fue entregada a una persona diferente, el 85 por ciento de la población los toma."
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                Rocha. En 2021 en Uruguay los psiquiatras entregaron 2.852.786 recetas de psicofármacos. Suponiendo que en Uruguay viven 3.426.000 personas — el último censo es de 2011— y que cada receta fue entregada a una persona diferente, el 85 por ciento de la población los toma.                            </span>
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        Los datos oficiales, sin embargo, dicen otra cosa: que la mayor parte de los suicidios en Uruguay suceden en diciembre, es decir, en verano, y que, si se puede encontrar un patr&oacute;n, el d&iacute;a que m&aacute;s se matan son los martes. Castillos no tiene ninguna particularidad m&aacute;s que la de estar en el Este del pa&iacute;s que es, junto a Montevideo, la zona con la tasa de suicidios m&aacute;s alta del Uruguay. Los adolescentes se matan tanto como las personas entre 25 y 29 a&ntilde;os y los viejos se matan, s&iacute;, pero por distintos motivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay, en Uruguay, una &uacute;nica raz&oacute;n que sostenga los n&uacute;meros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa? No s&eacute; qu&eacute; pasa. El primer plan de salud mental es de 1986, postdictadura. Somos conscientes de que hay un problema, pero es como si fu&eacute;semos a la misma vez negadores de ese problema. Claro que hay una falta de respuesta pol&iacute;tica. Todos los 17 de julio en el d&iacute;a de la prevenci&oacute;n se hacen acciones que despu&eacute;s no se sostienen, son intentos espasm&oacute;dicos. Hay un plan de salud mental y una ley de salud mental, que evidentemente no son suficientes y que, adem&aacute;s, hay que ver qu&eacute; tanto se aplican. Pero como sociedad hay algo que no se termina de modificar. Hay una invisibilidad muy grande de la afectaci&oacute;n ps&iacute;quica, el dolor no se manifiesta. De por s&iacute; los uruguayos somos una sociedad muy pudorosa, muy cerrada, no nos sale colectivizar lo que sentimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gabriela Novoa es psic&oacute;loga cl&iacute;nica. Empez&oacute; a trabajar en el problema del suicidio en los a&ntilde;os noventa. Fue parte de la direcci&oacute;n de salud mental, particip&oacute; de la creaci&oacute;n del plan nacional de prevenci&oacute;n del suicidio. Hoy est&aacute; jubilada. Siente un poco de verg&uuml;enza por no haber podido hacer m&aacute;s en sus a&ntilde;os de trabajo. Tambi&eacute;n un poco de rabia: cada vez que alguien se suicida en Uruguay, dice, se est&aacute; matando una persona de su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Montevideo. 25 de noviembre de 2022.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Leo:</em>
    </p><p class="article-text">
        Quiero morir. No quiero o&iacute;r ya m&aacute;s campanas.
    </p><p class="article-text">
        La noche se deshace, el silencio se agrieta.
    </p><p class="article-text">
        Si ahora un coro sombr&iacute;o en un bajo imposible,
    </p><p class="article-text">
        si un &oacute;rgano imposible descendiera hasta donde.
    </p><p class="article-text">
        Quiero morir, y entonces me grita est&aacute;s muriendo,
    </p><p class="article-text">
        quiero cerrar los ojos porque estoy tan cansada.
    </p><p class="article-text">
        Si no hay una mirada ni un don que me sostengan,
    </p><p class="article-text">
        si se vuelven, si toman, qu&eacute; espero de la noche.
    </p><p class="article-text">
        Quiero morir ahora que se hielan las flores,
    </p><p class="article-text">
        que en vano se fatigan las calladas estrellas,
    </p><p class="article-text">
        que el reloj detenido no atormenta el silencio.
    </p><p class="article-text">
        Quiero morir. No muero.
    </p><p class="article-text">
        No me muero. Tal vez
    </p><p class="article-text">
        tantos, tantos derrumbes, tantas muertes, tal vez,
    </p><p class="article-text">
        tanto olvido, rechazos,
    </p><p class="article-text">
        tantos dioses que huyeron con palabras queridas
    </p><p class="article-text">
        no me dejan morir definitivamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>Idea Vilari&ntilde;o, poeta, uruguaya.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>***</em>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Durante mucho tiempo tuve la sensaci&oacute;n de que las cosas malas me pasaban solo a m&iacute;. De que las desgracias eran solo m&iacute;as. Y cuando estuve internada me di cuenta de que hab&iacute;a gente que pasaba por cosas parecidas, o incluso peores. Obvio que no es algo que yo pensara a nivel racional, ser&iacute;a idiota si pensara que solo a m&iacute; me pasan cosas malas. Era una cuesti&oacute;n emocional. Yo no lograba, nunca, asimilar que hab&iacute;a otras personas a las que tambi&eacute;n les hab&iacute;a pasado lo mismo que a m&iacute;. Yo sal&iacute; contenta. Pero contenta porque me siento mejor. Y la &uacute;ltima vez que me hab&iacute;a sentido as&iacute; ten&iacute;a 19 a&ntilde;os. Ah&iacute; se muri&oacute; mi abuela y yo me termin&eacute; de desarmar. Ahora tengo 31.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El problema no son los j&oacute;venes que se quieren suicidar: son los adultos que no les dan una segunda oportunidad de repensarse en el mundo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es 25 de abril de 2023. Son las seis y media de la tarde. Cada tanto, los gatos pasan por delante de la c&aacute;mara, se atraviesan en la pantalla, se acercan a la taza de caf&eacute;. Ella los agarra, los acaricia, les habla. Son dos, la de siempre y uno nuevo, amarillo, chiquito. Ese, el amarillo, el chiquito, se queda sobre ella. No se ve, por el cuadrado del Zoom, nada m&aacute;s que eso: una pared blanca, los gatos, la piel blanca y gruesa, el pelo por los hombros: Mar&iacute;a Jos&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>***</em>
    </p><p class="article-text">
        Montevideo. 19 mayo de 2023.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Hace d&iacute;as que no llueve. Los r&iacute;os est&aacute;n secos. El agua de la canilla, en Montevideo, sale con gusto a sal. Hace muchos d&iacute;as que en Uruguay solo se habla de eso: nunca nos falt&oacute; nada y ahora nos falta el agua. Es de madrugada. Afuera suena una alarma. Desde mi ventana se ven algunas luces del edificio de enfrente. En una de ellas, un hombre se asoma. Es un hombre que ya he visto antes. Mi cuarto da directo a su casa. Solo lo veo cuando saca el torso hacia afuera y tranca su cadera en la baranda. No s&eacute; si &eacute;l tambi&eacute;n me ver&aacute;, pero yo me quedo mir&aacute;ndolo por un rato. No distingo su cara con claridad, pero veo c&oacute;mo, cada tanto, acerca la mano derecha a los labios, sostiene un cigarro o un porro o algo parecido. No lo conozco, no s&eacute; qui&eacute;n es ni c&oacute;mo suena su voz, ni si huele a perfume o a marihuana, ni si vive solo o si trabaja, si tiene un perro, si los gatos le dan alergia. Pero ahora, que alguien apag&oacute; la alarma y el silencio cubre todo lo que hay entre su ventana y la m&iacute;a, pienso en algunas cosas, imagino otras. Es 19 de mayo de 2023. Seg&uacute;n la estad&iacute;stica, dos uruguayos se van a matar.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>SG/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este texto se trabaj&oacute; en el </em><a href="https://www.revistaanfibia.com/especial/no-ficcion-creativa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Laboratorio de No Ficci&oacute;n Creativa </em></a><em>llevado adelante por Revista Anfibia, el Doctorado de Escritura en Espa&ntilde;ol de la Universidad de Houston y la Maestr&iacute;a en Periodismo Narrativo de Unsam entre septiembre de 2022 y mayo de 2023.&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Soledad Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/suicidio-detiene-comunidad_1_10399114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Jul 2023 03:28:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El suicidio se detiene en comunidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Uruguay,Depresión,Suicidio,Anfibia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atentado a Cristina: hipótesis cruzadas en la Justicia y conexiones políticas y económicas que no terminan de desentrañarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/atentado-cristina-hipotesis-justicia-conexiones-politicas-economicas_1_9647119.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a5bca31-f82a-47e7-853c-0728ef74311e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Atentado a Cristina: hipótesis cruzadas en la Justicia y conexiones políticas y económicas que no terminan de desentrañarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras el kirchnerismo investiga y sostiene las presuntas terminales políticas de los acusados de intentar matar a la vicepresidenta, en la causa judicial los investigadores sostienen que hasta el momento no hay ninguna prueba de que dirigentes de la oposición tengan vínculos con Sabag Montiel y Uliarte. La causa iniciada por la AFI habla, en cambio, de un presunto caldo de cultivo gestado por los libertarios que desembocó en el intento de magnicidio. La pista de la compra de muebles de Caputo Hermanos SA sobre la que aún faltan explicaciones.</p></div><p class="article-text">
        La causa por el intento de homicidio a la vicepresidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner contin&uacute;a acumulando testigos y medidas que de acuerdo con los investigadores consultados por <strong>elDiarioAR</strong> se estanca en la <strong>teor&iacute;a de un reducido grupo de acusados sin aparentes terminales con la pol&iacute;tica ni la recepci&oacute;n de fondos para su financiamiento.</strong> Sin embargo, el kirchnerismo tiene su propia investigaci&oacute;n, que incluye aportes de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y que implica u<strong>n mapa de v&iacute;nculos que conectan con referentes de la derecha y los libertarios e indirectamente con dirigentes de la oposici&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los expedientes en torno del caso son dos: el primero es el que tiene a su cargo la jueza Mar&iacute;a Eugenia Capuchetti y el fiscal Carlos R&iacute;volo sobre el hecho material del atentado y en el que est&aacute;n procesados Fernando Sabag Montiel -el hombre que apunt&oacute; y gatill&oacute; a cent&iacute;metros de la cara de CFK-, Brenda Uliarte -supuesta instigadora- y otros dos allegados a la pareja; el segundo naci&oacute; por una denuncia de la AFI contra miembros de Revoluci&oacute;n Federal, un grupo de libertarios antikirchneristas y radicalizados, y qued&oacute; a cargo del juez Marcelo Mart&iacute;nez De Giorgi.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima causa se origin&oacute; dos semanas despu&eacute;s del intento de homicidio y apunta a<strong> supuestos responsables de generar el caldo de cultivo para el atentado. </strong>El viernes, el magistrado indag&oacute; a cuatro detenidos de este grupo, acusados de amenazas, entre ellos, Jonathan Morel, uno de los principales referentes de estos grupos gestados<strong> en otro caldo de cultivo:</strong> la pandemia, la crisis econ&oacute;mica y las redes sociales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Morel, Basile, Sosa y Guerra, los cuatro miembros de Revolución Federal detenidos el jueves.                            </span>
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        La denuncia de la AFI incluy&oacute; audios intercambiados durante una transmisi&oacute;n en vivo realizada el 26 de agosto de 2022 en la red social Twitter por el grupo Revoluci&oacute;n Federal que incluyen la menci&oacute;n a la posibilidad de que alguien se infiltre entre los simpatizantes de Fern&aacute;ndez de Kirchner que se congregaron durante varias jornadas en las inmediaciones de su domicilio para hacerla &ldquo;pasar a la historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.telam.com.ar/notas/202209/604906-afi-juzgado-audiosinfiltrarse-cfk.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En otro de los audios, Morel dialoga con un soldado voluntario del Ej&eacute;rcio, Franco Ezequiel Castelli, con domiclio en Santa Cruz, public&oacute; la agencia oficial T&eacute;lam:</a>
    </p><p class="article-text">
        Morel: &iquest;Pas&aacute;s todos los d&iacute;as por la casa de M&aacute;ximo?
    </p><p class="article-text">
        Castelli: S&iacute;, soy de Santa Cruz, de ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Morel: Uhh, &iquest;c&oacute;mo no lo mataste, boludo?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Sabag Montiel y Uliarte, principales detenidos por el atentado a Fernández de Kirchner.                            </span>
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        Morel y los otros tres detenidos est&aacute;n imputados por el fiscal Gerardo Pollicita por delitos con penas de hasta ocho a&ntilde;os de prisi&oacute;n, como incitaci&oacute;n p&uacute;blica a la violencia colectiva contra grupos de personas o instituciones; organizar o tomar parte en agrupaciones permanentes o transitorias que tuvieren por objeto principal o accesorios imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor;  alentar o incitar a la persecuci&oacute;n o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religi&oacute;n, nacionalidad o ideas pol&iacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        En el kirchnerismo aseguran que la participaci&oacute;n de la AFI -que tiene vedado por la ley realizar tareas de inteligencia interna-<strong> fue promovida por el ministro de Interior, </strong>Eduardo &ldquo;Wado&rdquo; De Pedro, luego de que la pericia del tel&eacute;fono celular de Sabag Montiel&nbsp; a encomendada a la Polic&iacute;a Federal -bajo la conducci&oacute;n del ministro de Seguridad, An&iacute;bal Fern&aacute;ndez- terminara con el contenido del dispositivo borrado<strong> y la desconfianza creciente de De Pedro,</strong> de extrema confianza de la vicepresidenta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el ri&ntilde;&oacute;n del kirchnerismo sostienen que el mapa de relaciones entre Revoluci&oacute;n Federal incluye a Brenda Uliarte -asisti&oacute; a una marcha de la organizaci&oacute;n en la que se arrojaron antorchas encendidas a la Casa Rosada previo al atentado- y a un dirigente de Nueva Centro Derecha, Hern&aacute;n Carrol, que particip&oacute; del espacio de Jos&eacute; Luis Espert, coquete&oacute; con Javier Milei y tiene fotos con Patricia Bullrich,<strong> la principal apuntada por el sector fiel a Fern&aacute;ndez de Kirchner </strong>como principal apoyatura pol&iacute;tica de estos grupos sospechados.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los dirigentes del kirchnerismo que sostiene esos v&iacute;nculos es e<a href="https://youtu.be/LpGnUrDNOnY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">l diputado Rodolfo Tailhade (Frente de Todos), quien este viernes dedic&oacute; una emisi&oacute;n de su canal de Youtube a mostrar esas relaciones e infiri&oacute; la conexi&oacute;n de los grupos radicalizados y Carrol con Bullrich</a>. Sin embargo, la dirigente de Juntos por el Cambio dijo a <strong>elDiarioAR</strong>: &ldquo;No los conozco -a los detenidos por el expediente contra Revoluci&oacute;n Federal- y no tienen ninguna relaci&oacute;n con nuestra campa&ntilde;a&rdquo;.
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                La marcha de las antorchas organizada por Revolución Federal.                            </span>
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        Carrol es la &uacute;ltima incorporaci&oacute;n al mapa de relaciones que estudia el kirchnerismo: hace cuatro semanas, Sabag Montiel present&oacute; un escrito ante la jueza Capuchetti sosteniendo que quer&iacute;a ser su propio abogado, lo cual fue rechazado por la magistrada. Luego, el hombre que apunt&oacute; y gatill&oacute; a la vicepresidenta sostuvo ante el juzgado que pon&iacute;a a Carrol a cargo de elegirle un nuevo abogado. Sin embargo, la defensa de Sabag Montiel sigue a cargo del defensor oficial Juan Mart&iacute;n Hermida. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces, Carrol cop&oacute; la escena. Fue invitado al programa de Pablo Duggan en C5N el 19 de octubre y sostuvo &ldquo;no voy a mover un dedo por Uliarte y Sabag Montiel&rdquo;. &ldquo;Yo no los conozco&rdquo;, &ldquo;los conoc&iacute; por la pantalla de Cr&oacute;nica&rdquo;, &ldquo;la llam&eacute; a Brenda Uliarte y le ped&iacute; una entrevista por Instagram Live, despu&eacute;s se sum&oacute; el novio&rdquo;, la convocatoria que los reun&iacute;a era &ldquo;no planes, trabajar&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Carrol durante la entrevista en C5N, el 19 de octubre, en la que minimizó su vínculo con Uliarte y Sabag Montiel."
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            <span class="title">
                Carrol durante la entrevista en C5N, el 19 de octubre, en la que minimizó su vínculo con Uliarte y Sabag Montiel.                            </span>
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        &ldquo;Despu&eacute;s de la entrevista, con ella intercambi&eacute; mensajes. La invitamos a un cumplea&ntilde;os de Almeida -otro integrante del espacio de Carrol- que era abierto&rdquo;, dijo. &ldquo;Vinieron, eran dos personas raras, no hablaron de pol&iacute;tica en ning&uacute;n momento, sino de incidencias personales de ellos&rdquo;. El encuentro fue unos diez d&iacute;as antes del atentado, agreg&oacute; el dirigente de Nuevo Centro Derecha.
    </p><p class="article-text">
        Carrol afirm&oacute; que al d&iacute;a siguiente del atentado, &ldquo;abogados que, calculo que hab&iacute;an visto el IG live, me llamaron para pedirme el n&uacute;mero de ella. Me comuniqu&eacute; con ella para decirle que hab&iacute;a abogados que estaban ofreciendo defenderlo a cambio de fama&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo se entera de ese ofrecimiento Sabag Montiel si estaba incomunicado?- le pregunt&oacute; el conductor.
    </p><p class="article-text">
        -Yo tampoco lo entiendo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Morel, en una de las fotos aportada por el abogado de Caputo Hermanos SA, mientras embala parte de los muebles que le compró la empresa constructora por $6,5 millones.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Financiamiento o contrataci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Los empresarios Flavio y Hugo Caputo, hermanos mayores del exministro de Finanzas de Mauricio Macri, Luis Caputo, y primos del empresario Nicol&aacute;s &ldquo;Nicky&rdquo; Caputo -mejor amigo del expresidente- a&uacute;n no explicaron <strong>c&oacute;mo llegaron a contratar al grupo libertario de Jonathan Morel</strong>, detenido en otro expediente vinculado, para la fabricaci&oacute;n de muebles por unos $6,5 millones que ni siquiera fabric&oacute; la supuesta carpinter&iacute;a de Revoluci&oacute;n Federal, ya que el trabajo fue tercerizado, como inform&oacute; el propio l&iacute;der del grupo pol&iacute;tico -o antipol&iacute;tico-, detenido desde el jueves por orden del juez Mart&iacute;nez De Giorgi, quien tambi&eacute;n orden&oacute; allanamientos en la empresa de los Caputo.
    </p><p class="article-text">
        Mat&iacute;as C&uacute;neo Libarona, abogado de ambos desarrolladores inmobiliarios -quien tambi&eacute;n represent&oacute; a Luis Caputo en la causa por ocultar que fue due&ntilde;o de una offshore en Islas Caim&aacute;n- asegur&oacute; a este medio que los empresarios admiten la contrataci&oacute;n de la carpinter&iacute;a de Morel pero niegan terminantemente tener relaci&oacute;n con el atentado a Fern&aacute;ndez de Kirchner. Tambi&eacute;n negaron que el exfuncionario de Macri y el mejor amigo del exmandatario tengan relaci&oacute;n con la empresa Caputo Hermanos SA que contrat&oacute; a Morel. &ldquo;Con Nicol&aacute;s ni siquiera tienen relaci&oacute;n y Luis o Tot&oacute; nunca tuvo v&iacute;nculo con la empresa de sus hermanos mayores&rdquo;, asegur&oacute; un allegado a los empresarios.
    </p><p class="article-text">
        Los accionistas de Caputo Hermanos SA presentaron de manera espont&aacute;nea un escrito ante la Justicia a trav&eacute;s de su abogado horas antes de que se ordenaran los allanamientos y detenciones del caso, el jueves &uacute;ltimo. A trav&eacute;s del penalista, la desarrolladora inmobiliaria aport&oacute; documentaci&oacute;n, facturas comerciales y fotograf&iacute;as que acreditan la compra, existencia y entrega de los muebles adquiridos a Morel.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Otro de los muebles encargados por Caputo Hermanos SA a la carpintería de Revolución Federal para el SUM de un barrio privado.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Flavio y Hugo Caputo afirmaron al juzgado que la hip&oacute;tesis que &ldquo;fomentaron&rdquo; P&aacute;gina/12 y C5N de que Caputo Hermanos SA financi&oacute; a Revoluci&oacute;n Federal a trav&eacute;s de la compra de muebles ser&iacute;a &ldquo;err&oacute;nea, tergiversada y maliciosa&rdquo;, seg&uacute;n el escrito al que accedi&oacute; este medio.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n de los Caputo excluy&oacute; un dato central: c&oacute;mo llegaron a contratar a la supuesta carpinter&iacute;a de Morel, si fue por recomendaci&oacute;n (y de qui&eacute;n) o por otra v&iacute;a (y cu&aacute;l). Ante la consulta de <strong>elDiarioAR</strong>, su abogado respondi&oacute; que esa informaci&oacute;n<strong> ser&aacute; aportada por la empresa este lunes ante el juzgado de Mart&iacute;nez de Giorgi.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nicol&aacute;s Caputo, primo de los empresarios que quedaron involucrados en el caso, tambi&eacute;n niega cualquier vinculaci&oacute;n con sus primos y la compa&ntilde;&iacute;a, seg&uacute;n asegur&oacute; un allegado al mejor amigo de Macri.
    </p><p class="article-text">
        La contrataci&oacute;n sali&oacute; a la luz primero en los medios de comunicaci&oacute;n y luego la Unidad de Informaci&oacute;n Financiera (UIF) present&oacute; al juez Mart&iacute;nez De Giorgi &ldquo;transferencias realizadas por los fideicomisos Espacio A&ntilde;elo y Santa Clara del Sur &ndash;ambos administrados en calidad de fiduciario por Caputo Hermanos- principalmente entre enero y agosto del corriente a&ntilde;o 2022, por montos de dinero elevados &mdash;en total aproximadamente m&aacute;s de $6,5 millones&mdash;, que tuvieron por destino cuentas de titularidad de Jonathan Morel&rdquo; y dos mujeres que ser&iacute;an una empleada de la carpinter&iacute;a y su expareja.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La guillotina elaborada por la carpintería de Revolución Federal.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">PYME</h3><p class="article-text">
        La carpinter&iacute;a de Revoluci&oacute;n Federal est&aacute; ubicada en la localidad de Boulogne y es donde Morel dijo que fabricaron la guillotina y antorchas que llevaron a Plaza de Mayo para una protesta contra el kirchnerismo con la leyenda &ldquo;todxs presos, muertos o exiliados&rdquo;. Morel neg&oacute; durante la indagatoria del viernes haber participado en el atentado a Fern&aacute;ndez de Kirchner. Tras el hecho, adem&aacute;s, hab&iacute;a dicho en una entrevista con <strong>elDiarioAR</strong> que los audios entregados a la Justicia por la AFI &ldquo;est&aacute;n fuera de contexto&rdquo;. &ldquo;Una cosa es tirar un comentario, un pensamiento, y otra estar de acuerdo con la violencia, avalarla y promoverla&rdquo;, se&ntilde;al&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Leonardo Sosa es otro de los fundadores de Revoluci&oacute;n Federal y tambi&eacute;n fue detenido el jueves por orden de Mart&iacute;nez De Giorgi. Ambos militaron en 2015 para la campa&ntilde;a de Macri. <a href="https://www.revistaanfibia.com/revolucion-federal-que-tengan-miedo-de-ser-kirchneristas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;A nosotros los funcionarios nos cagaron la vida con los impuestos y los queremos presos o exiliados&rdquo;, dijo Sosa a Revista Anfibia previo al atentado del 1&deg; de septiembre</a>.
    </p><p class="article-text">
        En el dictamen en el que el fiscal Pollicita solicit&oacute; las detenciones e indagatorias de Morel, Sosa y otros dos integrantes del grupo, Gast&oacute;n Guerra y Sabrina Basile, el magistrado sostuvo que los primeros dos acusados en el expediente iniciado por la AFI organizaron Revoluci&oacute;n Federal con el objetivo de llevar a cabo &ldquo;un esquema delictivo que dise&ntilde;aron para imponer sus ideas y combatir las ajenas por la fuerza y el temor&rdquo; e incitaron &ldquo;a la persecuci&oacute;n y al odio contra determinadas personas a causa de sus ideas pol&iacute;ticas, principalmente funcionarios p&uacute;blicos de la actual gesti&oacute;n del Poder Ejecutivo &mdash;Alberto Fern&aacute;ndez, Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, Sergio Massa, Silvina Batakis, Victoria Donda, entre otros&mdash;, y en ese contexto atentaron entonces contra el orden p&uacute;blico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sosa y Morel decidieron organizar la agrupaci&oacute;n con el objetivo prioritario aunque no &uacute;nico de que los kirchneristas tengan miedo de ser kirchneristas, combatiendo las ideas pol&iacute;ticas de determinados dirigentes, principalmente de la coalici&oacute;n pol&iacute;tica Frente De Todos, mediante protestas autoconvocadas, reuniones en vivo mediante la funcionalidad Spaces de Twitter, distribuci&oacute;n de folleter&iacute;a f&iacute;sica y digital, y la utilizaci&oacute;n de determinadas frases insignia o lemas tales como 'van a correr', 'todos presos, muertos o exiliados', 'no vamos a cantar el himno. Vamos a exigir renuncias', 'al kirchnerismo c&aacute;rcel o bala', 'no se quieren ir? Los vamos a sacar', 'que se vayan todos', entre otras, replicadas en distintos medios y redes sociales&rdquo;. &ldquo;Los vamos a perseguir, van a tener miedo de salir a la calle. El robo y la corrupci&oacute;n en Argentina va a dejar de ser gratis, por las buenas o por las malas (&hellip;) TOD&#9728;S van a sufrir las consecuencias de sus actos&rdquo;, fue otra de las consignas citadas por Pollicita.
    </p><p class="article-text">
        <em>ED</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emilia Delfino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/atentado-cristina-hipotesis-justicia-conexiones-politicas-economicas_1_9647119.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Oct 2022 04:02:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Atentado a Cristina: hipótesis cruzadas en la Justicia y conexiones políticas y económicas que no terminan de desentrañarse]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revolución Federal,Jonathan Ezequiel Morel,Atentado contra CFK,Atentado a CFK,AFI,C5N,Página 12,Revista Anfibia,Anfibia,Agustín Rossi,"Wado" de Pedro,Aníbal Fernández,Alberto Fernández,Policía Federal,Fernando André Sabag Montiel,Brenda Uliarte,Banda de los copitos,Marcelo Martínez de Giorgi,Gerardo Pollicita,Carlos Rívolo,jueza federal María Eugenia Capuchetti]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuándo se jodió Internet?, ocho ideas para repensar el futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jodio-internet-ocho-ideas-repensar-futuro_1_7950626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1d9bc5d-db1c-4ba2-99ba-8f42bf46a59a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuándo se jodió Internet?, ocho ideas para repensar el futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La promesa de que todos y todas podrían unirse al ágora global en igualdad no fue tal. Anfibia, Cronos y UNSAM lanzan "Futuros Aumentados", un programa de formación que actualizará los principales debates que  plantea la inteligencia artificial.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo se jodi&oacute; la internet? La<a href="https://www.informacion.es/opinion/2017/05/27/momento-jodio-peru-5931000.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> pregunta</a> de Mario Vargas Llosa sobre el Per&uacute; (&uacute;til para tantas cosas que parec&iacute;an que s&iacute; pero finalmente no) aplica perfectamente a la red de redes y su sue&ntilde;o democratizador. La promesa de que todos y todas podr&iacute;an unirse al &aacute;gora global en igualdad de condiciones gracias a una estructura indefectiblemente horizontal que nos har&iacute;a mejores como sociedad, en alg&uacute;n momento tom&oacute; el rumbo de<a href="https://www.imdb.com/title/tt2085059/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Black Mirror</a>. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?
    </p><p class="article-text">
        Ocho referentxs globales plantear&aacute;n dudas y reflexiones sobre nuestros v&iacute;nculos con la tecnolog&iacute;a en <a href="http://cronoslab.org/futuros-aumentados/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Futuros Aumentados</a>, un programa de formaci&oacute;n que actualizar&aacute; los principales debates sociales, culturales, pol&iacute;ticos y filos&oacute;ficos que nos plantea la inteligencia artificial.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su libro &ldquo;<a href="https://cajanegraeditora.com.ar/libros/capitalismo-de-plataformas-nick-srnicek/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Capitalismo de plataformas</a>&rdquo;, el economista Nick Srnicek desentra&ntilde;a el misterio buceando en el motor econ&oacute;mico que desvi&oacute; el barco hacia un rumbo dist&oacute;pico. Resumidamente, su planteo es que en los a&ntilde;os noventa el capitalismo sufr&iacute;a una de sus c&iacute;clicas crisis de sobreacumulaci&oacute;n y se encontraba en busca de nuevos espacios de reproducci&oacute;n. En esa misma d&eacute;cada las telecomunicaciones y, sobre todo, internet, viv&iacute;an una etapa de desarrollo hacia territorios inexplorados que no se produc&iacute;an desde la llegada de Crist&oacute;bal Col&oacute;n a Am&eacute;rica. Pero esta vez la decisi&oacute;n de invertir en ese nuevo continente no dependi&oacute; de los anillos de la reina Isabel sino de miles de iniciativas privadas, muchas de ellas con recursos financieros enormes y deseosas de encontrar el Dorado virtual.
    </p><p class="article-text">
        Al principio no estaba muy claro qu&eacute; modelo de negocios servir&iacute;a para colmar las expectativas de los inversores, pero tras escuchar a los emprendedores que les promet&iacute;an ganancias enormes, se dispusieron a abrir la billetera. As&iacute; se infl&oacute; una enorme burbuja de proyectos de todo tipo, algunos delirantes, otros m&aacute;s sensatos. Cu&aacute;ndo la tentaci&oacute;n es grande, se asumen m&aacute;s riesgos. Los nuevos proyectos generaron una demanda en transferencia de datos, hardware y software que se tradujo en m&aacute;s inversi&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Renata Avila es abogada y activista por los derechos digitales.                            </span>
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        Las <em>startups</em> poco a poco comenzaron a mostrar serios problemas para generar ganancias en esa red donde todo parec&iacute;a gratis y accesible; finalmente la desconfianza pinch&oacute; la burbuja y se produjo una estampida: entre marzo de 2000 y octubre de 2002 el &iacute;ndice NASDAQ perdi&oacute; el 78% de su valor. Si bien, como explica Srnicek, la mayor&iacute;a de los proyectos desapareci&oacute; junto con el capital invertido &ldquo;...el boom tecno de los 90&rsquo; fue una burbuja que dispuso el terreno para la econom&iacute;a digital por venir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a este proceso econ&oacute;mico darwinista se produjo una extinci&oacute;n masiva acelerada por el dinero y la tecnolog&iacute;a. Los pocos sobrevivientes encontraron que la vida era posible en un ecosistema que permitir&iacute;a sobrevivir a base de datos e inteligencia artificial. El caso m&aacute;s evidente fue el de Google, formada en 1998, que <strong>comprendi&oacute; (no sin dificultades) c&oacute;mo monetizar la ingente cantidad de datos que acumulaba sobre las b&uacute;squedas gracias a un algoritmo de inteligencia artificial.</strong> El proceso pod&iacute;a escalar solo y generar un efecto de red en el que cada nueva b&uacute;squeda permitir&iacute;a acumular m&aacute;s inteligencia colectiva y comprender mejor qu&eacute; busca cada persona para dar respuestas m&aacute;s precisas en un proceso sin fin. As&iacute; Google se alej&oacute; de sus competidores que ya nunca podr&iacute;an alcanzarlo: en 2021 realiza el 92% de las b&uacute;squeda que se hacen en todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        El hallazgo de <strong>Google</strong> fue aprovechar esa radiograf&iacute;a sobre los intereses de cada persona para segmentar las publicidades a nivel individual. Donde los diarios mostraban lo mismo a cada lector, ellos pod&iacute;an publicitar solo lo que podr&iacute;a interesarles. As&iacute; ofrecieron tercerizar la publicidad de otros sitios con empresas como AdWords y AdSense que permit&iacute;an mejorar la performance publicitaria en cualquier sitio que los contratara. Las grandes corporaciones encontraron una enorme fuente de poder que pod&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; del rentable negocio publicitario. Como explica<a href="https://elpais.com/elpais/2019/05/03/ideas/1556900343_961366.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Evgeny Morozov</a>, &ldquo;La utop&iacute;a escond&iacute;a negocio y vigilancia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses del tercer mundo se enfrentaron a la disyuntiva de sumarse desde un lugar de usuarios pasivos o quedarse afuera de la revoluci&oacute;n digital. Como explica<a href="https://www.youtube.com/watch?v=QgqHiT-ydUU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Renata Avila</a>, la conectividad que se ofrece &ldquo;al tercer mundo es pobre o va m&aacute;s en la forma de controles y cadenas&rdquo;. En una mundo de creciente concentraci&oacute;n, donde las principales corporaciones parecen en condiciones de desafiar incluso a los controles del Estado, los pa&iacute;ses del tercer mundo ven c&oacute;mo la fibra &oacute;ptica reproduce lo que en otros momentos hac&iacute;an los<a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-277136-2015-07-15.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> trenes</a>: llevarse recursos para devolver productos terminados. Antes se llevaban cuero para vendernos zapatos; hoy se llevan datos para vendernos servicios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El escritor Jorge Carrión será parte del debate virtual sobre Futuros Aumentados                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En el coraz&oacute;n de este modelo est&aacute; la inteligencia artificial, una herramienta tecnol&oacute;gica con un enorme impacto en la sociedad. Comprender su funcionamiento es imprescindible para reconstruir las bases sobre las que se asienta el sistema. Es sabido, la tecnolog&iacute;a no es ni buena ni mala, pero tampoco es neutral. Su matem&aacute;tica, lejos de ser producto de una abstracci&oacute;n as&eacute;ptica, est&aacute; cargada de sesgos, tal como explica<a href="https://duckduckgo.com/?q=sof%C3%ADa+trejo+inteligencia+artificial+unam&amp;t=canonical&amp;iax=videos&amp;ia=videos&amp;iai=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DYDZGphDXISM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Sof&iacute;a Trejo</a>, y refleja en buena medida los prejuicios de los programadores y de los datos con los que se le &ldquo;ense&ntilde;a&rdquo;. De alguna manera la inteligencia artificial es esencialmente conservadora porque reproduce lo que ve como si esto fuera la verdad revelada: lo que m&aacute;s se repite es lo normal y por lo tanto debe seguir ocurriendo. Y eso incluye al racismo, el sexismo, los prejuicios contra lo distintas y numerosas formas de segregaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este modelo de negocios arrollador por su &eacute;xito, con m&aacute;rgenes de ganancias enormes y que se reinvierten permanentemente para encontrar nuevas formas de generar&nbsp; ganancias, tiene una serie de efectos colaterales que lo afectan todo. Como explica<a href="https://www.youtube.com/watch?v=LSJfjzE0mns" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Mercedes Bunz</a>, los algoritmos &ldquo;cambian a la sociedad&rdquo; de una manera sutil, individualizada, que es dif&iacute;cil de analizar porque se da en el uno a uno entre la pantalla y un sujeto constantemente estimulado, interrumpido, manipulado de peque&ntilde;as formas que van impactando hasta en c&oacute;mo construyen la propia subjetividad. Lo que los medios masivos hac&iacute;an a manotazos, las corporaciones tecnol&oacute;gicas lo realizan de manera individualizada, quir&uacute;rgica, con la ganancia como objetivo, aunque sigan usando muchas veces una ch&aacute;chara democratizadora.
    </p><p class="article-text">
        Para Carlos Scolari, uno de los efectos colaterales de esta nueva forma de circulaci&oacute;n de los contenidos es la &ldquo;<a href="https://lamarcaeditora.com/catalogo/ensayo-185/cultura-snack-1120" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cultura snack</a>&rdquo; que compite constantemente por nuestra atenci&oacute;n recurriendo a mensajes cada vez m&aacute;s simples e irresistibles: clips, tuits, memes, trailers, webisodios, teasers, sneakpeaks, tiktok... Cada vez m&aacute;s cortos, cada vez m&aacute;s irresistibles y cada vez m&aacute;s superficiales. Llevar el celular en el bolsillo es como andar todo el d&iacute;a con una bolsa de papas fritas abierta; irresistible tomar otra aunque sepamos que engorda, tapa las arterias y afecta la presi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Algo que parecen haber comprendido muy bien los algoritmos es que hay cierto est&iacute;mulos que nos interpelan en la parte m&aacute;s irracional de nuestra subjetividad y que no podemos controlar. Las noticias que confirman nuestros sesgos, que apuntan a nuestra indignaci&oacute;n, a las emociones m&aacute;s b&aacute;sicas, nos resultan irresistibles. Las discusi&oacute;n pol&iacute;tica, otro campo afectado por el poder de la inteligencia artificial, se enferm&oacute; de manipulaci&oacute;n gracias al barro de la posverdad. Como se pregunta Jorge Carri&oacute;n &iquest;<a href="https://cerosetenta.uniandes.edu.co/periodismo-en-la-posverdad-entrevista-a-jorge-carrion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">qu&eacute; le queda hacer al periodismo en este nuevo contexto</a>? La autoridad de los comunicadores, ya cuestionada hace a&ntilde;os, es asediada ahora por todos los rincones con campa&ntilde;as delirantes que van empujando a los ciudadanos hasta los bordes de s&iacute; mismos, hacia las expresiones m&aacute;s radicalizadas que permite su subjetividad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hacemos para entender estos fen&oacute;menos econ&oacute;micos, sociales, tecnol&oacute;gicos, pol&iacute;ticos, art&iacute;sticos y hasta subjetivos? &iquest;Qui&eacute;n toma nuestras decisiones? &iquest;Qu&eacute; humanidades estamos construyendo? &iquest;Hacia d&oacute;nde nos lleva la inteligencia artificial?
    </p><p class="article-text">
        El autor ser&aacute; coordinador de Futuros Aumentados, el programa que -durante los 3 meses- reunir&aacute; a ochos pensadores. M&aacute;s informaci&oacute;n e inscripci&oacute;n<a href="http://cronoslab.org/futuros-aumentados/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">: http://cronoslab.org/futuros-aumentados/</a> 
    </p><p class="article-text">
        El cierre de inscripci&oacute;n es el 26 de mayo de 2021. 
    </p><p class="article-text">
        Contacto:<strong> </strong><a href="mailto:infoperiodismofuturo@gmail.com" target="_blank" class="link"><strong>INFOPERIODISMOFUTURO@GMAIL.COM</strong></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esteban Magnani]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jodio-internet-ocho-ideas-repensar-futuro_1_7950626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 May 2021 15:54:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuándo se jodió Internet?, ocho ideas para repensar el futuro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Google,Inteligencia Artificial,Anfibia]]></media:keywords>
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