<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Deseo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/deseo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Deseo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1034047/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El sacrificio neurótico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sacrificio-neurotico_129_11429106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/feb47c46-2dc9-4b0f-a211-5c12b0058e1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sacrificio neurótico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El obsesivo vive aquejado por síntomas completamente asimilados y justificados hasta que experimenta un tropiezo contundente que lo lleva a entregarse, por fin, de verdad a la vida.</p></div><p class="article-text">
        Hay una situaci&oacute;n que podr&iacute;a resumirse en estos t&eacute;rminos: durante un tiempo, alguien se sacrifica o hace un esfuerzo en pos de un objetivo que representa un beneficio o una ganancia. Llegado cierto punto, se cansa y abandona: ya no tendr&aacute; el beneficio o ganancia, que habr&aacute; perdido, pero tambi&eacute;n perdi&oacute; el tiempo, el dinero, lo que sea con que se esforz&oacute; durante ese tiempo, en funci&oacute;n de su sacrificio.
    </p><p class="article-text">
        Desde cierto punto de vista, esto es un fracaso. As&iacute; hay quienes hablan de quedarse sin el pan y sin la torta. Esta es la l&oacute;gica utilitaria de nuestras sociedades, en la que no existe el gasto in&uacute;til o, mejor dicho, solo existe como derroche. Esto ya lo estudi&oacute; <strong>George Bataille</strong> (desde su art&iacute;culo &ldquo;La noci&oacute;n de gasto&rdquo; hasta el ensayo <em>El erotismo</em>), es tema conocido. La cuesti&oacute;n es que, desde otro punto de vista, el sacrificio est&aacute; perfectamente consumado; es decir, la purificaci&oacute;n fue lograda.
    </p><p class="article-text">
        En el sacrificio no se trata de darle algo a un Dios a cambio de un bien. El sacrificio, a trav&eacute;s de la ofrenda, esconde que el verdadero chivo expiatorio es quien lo realiza. Y, adem&aacute;s, el destinatario del sacrificio debe faltar a la retribuci&oacute;n; por eso Jes&uacute;s en la cruz le pregunta a su padre por qu&eacute; lo abandon&oacute;. Dios le deber&iacute;a haber respondido: &ldquo;Para que vos seas Cristo&rdquo;. Y quiz&aacute;s Dios lo hizo y por eso las &uacute;ltimas palabras del hijo fueron: &ldquo;Ya todo est&aacute; cumplido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto tampoco es nuevo. Es un resumen b&aacute;sico de los libros de <strong>Ren&eacute; Girard</strong> (<em>La violencia y lo sagrado</em>, <em>El chivo expiatorio</em>, <em>Veo a Sat&aacute;n caer como el rel&aacute;mpago</em>). Lo que s&iacute; me resulta interesante es c&oacute;mo estas ideas se articulan con la cl&iacute;nica de la neurosis obsesiva. En cierta medida, el obsesivo es inanalizable hasta que no hace una experiencia de fracaso que se le revele como un pleno sacrificio. Antes de eso, vive en su l&oacute;gica miserable de acomodar cositas y reducir p&eacute;rdidas y tratar de hacer que el v&iacute;nculo sea de intercambio y la cuenta de m&aacute;s o menos cero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sigmund Freud</strong> dec&iacute;a que la neurosis obsesiva impon&iacute;a una religi&oacute;n personal; es todo lo contrario: el obsesivo es un p&eacute;simo religioso, porque desconoce el valor del sacrificio y, por lo tanto, de lo sagrado. El obsesivo vive aquejado por sus s&iacute;ntomas, tal vez durante a&ntilde;os, estos completamente asimilados a su personalidad y justificados, hasta que un d&iacute;a vive una tragedia (mejor digamos, un tropiezo contundente) y ah&iacute; s&iacute;, en el mejor de los mundos, se entrega de verdad a la vida. Mientras es un muerto feliz.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo a una amiga que durante cierto tiempo especul&oacute; con la idea de tener un segundo hijo. El primero lo tuvo en la serie de su planificaci&oacute;n de una vida ordenada. Todo siempre se le dio en los tiempos en que ten&iacute;a que ocurrir. Una vida tranquila, solo que algo asfixiante y llena de miedos. Ni un peque&ntilde;o tumor logr&oacute; despertarla en su momento. S&iacute; la idea de tener otro hijo, una idea que solo t&iacute;midamente pudo expresarse como deseo. 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ella no ten&iacute;a una vida en la que ese deseo entrara. Las personas no tienen deseos. Nadie desea. El deseo se desea a s&iacute; mismo y busca una vida en la que implantarse (no por nada el deseo de hijo es el modelo del deseo), las personas sufren por eso. Mi amiga busc&oacute; por todos los medios hacerle un lugar en su vida a ese deseo y, cuando por fin logr&oacute; acomodar todo en su trabajo para tener ese hijo, pas&oacute; que perdi&oacute; inter&eacute;s en ese trabajo y lo dej&oacute;. Hubo un tiempo en el que tuvo que vivir con el reproche retrospectivo de por qu&eacute; no lo hizo antes.
    </p><p class="article-text">
        En un mismo momento, se dio cuenta de que ya no ten&iacute;a trabajo y tampoco la edad para tener ese hijo. Solo as&iacute; tuvo el deseo, cuando fue capaz de darse al sacrificio, como cada vez que alguien dice: &ldquo;Jes&uacute;s en vos conf&iacute;o&rdquo;. As&iacute; fue que al tiempo adopt&oacute; a un ni&ntilde;o que hoy es un hijo precioso. Cuando no tuvo nada, lo tuvo todo &ndash;como dice el mensaje evang&eacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sacrificio-neurotico_129_11429106.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jun 2024 09:18:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/feb47c46-2dc9-4b0f-a211-5c12b0058e1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="75973" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/feb47c46-2dc9-4b0f-a211-5c12b0058e1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="75973" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El sacrificio neurótico]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/feb47c46-2dc9-4b0f-a211-5c12b0058e1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sacrificio,Neurosis,Fracaso,Deseo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Qué difícil es separarse!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-separarse_129_11215330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/940d03df-8c54-4f58-acbc-8e8d657fb218_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Qué difícil es separarse!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El psicoanálisis ya no interroga lo oscuro de todo vínculo, su implicación o complicidad sufriente. En sintonía con otras orientaciones psicoterapéuticas prefiere enfocarse en cómo “cortar” lazos con aquello que “nos hace mal”.</p></div><p class="article-text">
        En otras ocasiones ya escrib&iacute;, con una perspectiva cr&iacute;tica, sobre la idea de relaciones t&oacute;xicas, co-dependientes, etc&eacute;tera, para analizar su estatuto. Lo que me importa destacar hoy es que exponen una realidad: la dificultad para separarse. 
    </p><p class="article-text">
        La psicoterapia actual se dedica mucho m&aacute;s a los problemas de la separaci&oacute;n que a aquello que el psicoan&aacute;lisis ten&iacute;a en su n&uacute;cleo: el duelo. &iquest;Significa esto que hay que ir m&aacute;s all&aacute; del psicoan&aacute;lisis? No lo creo, pero s&iacute; que es preciso pensar diferentes cuestiones. 
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, la psicoterapia reciente est&aacute; llena de consejos del estilo &ldquo;Ah&iacute; s&iacute;, ah&iacute; no&rdquo;. Hace ya un tiempo, diferentes orientaciones terap&eacute;uticas se basan en &ldquo;cortar&rdquo; lazos con aquello que &ldquo;nos hace mal&rdquo; &ndash;claramente puesto afuera. 
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis no escapa a esta tendencia. Tambi&eacute;n prolifera en textos de colegas que ya no dedican su pr&aacute;ctica a analizar una implicaci&oacute;n o complicidad sufriente, como a justificar el dolor. Por otro lado, dentro y fuera del psicoan&aacute;lisis, hay algo que ya no se interroga: lo oscuro de todo v&iacute;nculo, la ra&iacute;z de lo que une cuando no se trata del amor sino del espanto. 
    </p><p class="article-text">
        Alguien dice que no puede separarse. Dice que es porque ama. Es mentira. El amor no une, es lo que m&aacute;s separa y quiz&aacute; si hoy cuesta tanto separarse es porque se ama muy poco, cada vez menos. 
    </p><p class="article-text">
        Ya no se ama, s&iacute; hay hambre vincular &ndash;v&iacute;nculos de devoraci&oacute;n, en los que se muerde y no se puede soltar (&ldquo;soltar&rdquo;, otra palabra de esta &eacute;poca), pero el amor es otra cosa. 
    </p><p class="article-text">
        La cl&iacute;nica del duelo es la cl&iacute;nica de haber amado, que es equivalente a haber perdido, mientras que la cl&iacute;nica de la separaci&oacute;n es la de los v&iacute;nculos sin amor, de desamor, por eso es tan dif&iacute;cil aceptar su conclusi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El amor separa. &iquest;Por qu&eacute;? Porque quien ama, si ama, sabe que no puede hacer nada para ser amado y lejos de vivir esta impotencia como una indignidad, decide amar igual, a pura p&eacute;rdida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En su célebre artículo sobre psicología del amor, Freud plantea el caso del varón que ama a una mujer, pero desea a otra. Su explicación es clara: dado que el amor lleva la huella de la relación con la madre, el deseo se fuga hacia un objeto no incestuoso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En continuidad con esto &uacute;ltimo, una idea freudiana en la que estuve reflexionando en estos d&iacute;as es la de que solo metaf&oacute;ricamente puede decirse que la pulsi&oacute;n &ldquo;ama&rdquo; a su objeto. La libido no ama &ndash;dice Freud. M&aacute;s bien si hubiera una imagen para ilustrar el modo en que se dirige al objeto es con el modelo del hambre. La pulsi&oacute;n devora, mientras que quien ama es el Yo. Por lo tanto, la integraci&oacute;n yoica es una condici&oacute;n muy importante en la evaluaci&oacute;n cl&iacute;nica para hacer distinciones precisas. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, en su c&eacute;lebre art&iacute;culo sobre psicolog&iacute;a del amor, Freud plantea el caso del var&oacute;n que ama a una mujer, pero desea a otra. La explicaci&oacute;n de Freud es clara: dado que el amor lleva la huella de la relaci&oacute;n con la madre, el deseo se fuga hacia un objeto no incestuoso. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, una cosa es el deseo en fuga &ndash;propio del var&oacute;n neur&oacute;tico&ndash; y otra el deseo disociado de quien no pudo integrar la excitaci&oacute;n en un objeto total. Este &uacute;ltimo caso se presenta en casos actuales de varones que suelen ser diagnosticados de obsesivos cuando, en verdad, se trata de perversos: son varones que, por un lado aman y, por otro desean. 
    </p><p class="article-text">
        Esta divisi&oacute;n no es la misma de quien ama donde no desea y desea donde no ama. Puede parecer semejante &ndash;como todo puede parecerse a todo&ndash;, pero es radicalmente distinta. En este tipo de casos de perversi&oacute;n masculina, el deseo sexual es una corriente ps&iacute;quica aislada del Yo: circunscribe su objeto, pero sin proyecci&oacute;n amorosa. 
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo que se escucha en casos de varones que tienen un v&iacute;nculo con algunas mujeres a las regularmente vuelven, pero sin que nada los interpele (de ah&iacute; que neur&oacute;ticamente se les atribuya &ldquo;temor al compromiso&rdquo;) ni se les plantee una pregunta por un acto que simbolice el v&iacute;nculo. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista de la autoayuda o psicolog&iacute;a de divulgaci&oacute;n se los llama actualmente &ldquo;psic&oacute;patas&rdquo; o &ldquo;narcisistas&rdquo; o &ldquo;psic&oacute;pata-narcisistas&rdquo;, quiz&aacute; con el problema de que se haga una lectura intencional (es malo y lo que quiere es vampirizarte), pero m&aacute;s espec&iacute;ficamente tal vez convenga retomar la noci&oacute;n psicoanal&iacute;tica de perversi&oacute;n y pensar mejor los procesos defensivos de la escisi&oacute;n del Yo y los clivajes del Objeto.
    </p><p class="article-text">
        Volver&eacute; sobre este tema en una pr&oacute;xima columna.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-separarse_129_11215330.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Mar 2024 09:25:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/940d03df-8c54-4f58-acbc-8e8d657fb218_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="18057" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/940d03df-8c54-4f58-acbc-8e8d657fb218_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="18057" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¡Qué difícil es separarse!]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/940d03df-8c54-4f58-acbc-8e8d657fb218_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Amor,Deseo,separación,duelo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/como-mantener-deseo-pareja-relacion-larga_1_10480862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El que ama desde el eros, entendido eros como deseo erótico, busca en el afuera lo que no tiene. Elige con la mirada aquello que representa un mundo con el que quisiera fusionarse, pero que aún se muestra a la distancia justa. El deseo erótico sería entonces la tensión que produce la diferencia entre los seres, una diferencia que se percibe como irreductible cuando, gracias a la perspectiva, admiramos las cualidades de otra con la que ansiamos fusionarnos. </p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hace seis años que salgo con la misma persona, muchas veces entramos en modo fusión, acabamos siendo como hermanas. ¿Cómo mantener la distancia/separación necesaria para mantener el eros vivo, cuando da tanto placer la fusión?
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Chatin Legrande</span>
                                        <span>—</span> lectora de elDiario.es
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay muchas formas de nombrar, pensar y vivir el deseo. Uno de los caminos que ha tomado la tradici&oacute;n occidental invoca a Eros como portador de una experiencia ambigua, que tanto ofrece momentos de plenitud y goce como revela la necesidad, la inseguridad y la angustia. No hay posibilidad de eros sin contacto o conciencia de la vulnerabilidad y la falta. Anne Carson, en su ensayo <em>Eros dulce y amargo</em>, lo define con seguridad:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quiz&aacute; haya muchas maneras de responder a esto. Una se ve con m&aacute;s claridad en griego: la palabra griega eros denota &laquo;necesidad&raquo;, 'carencia', 'deseo por lo que falta'. El que ama desea lo que no tiene&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El que ama desde el eros, entendido eros como deseo er&oacute;tico, busca en el afuera lo que no tiene. Elige con la mirada aquello que representa un mundo con el que quisiera fusionarse, pero que a&uacute;n se muestra a la distancia justa. El deseo er&oacute;tico ser&iacute;a entonces la tensi&oacute;n que produce la diferencia entre los seres, una diferencia que se percibe como irreductible cuando, gracias a la perspectiva, admiramos las cualidades de otra con la que ansiamos fusionarnos. Para seguir desarrollando esta l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n, Carson se apoya en un texto de Emily Dickinson, bajo el t&iacute;tulo <em>Tuve hambre.</em>
    </p><p class="article-text">
        Durante tantos a&ntilde;os tuve hambre&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Hasta que lleg&oacute; mi mediod&iacute;a &ndash;mi hora de comer&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Temblando me acerqu&eacute; a la mesa&ndash;
    </p><p class="article-text">
        y prob&eacute; el vino extra&ntilde;o&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Era lo que hab&iacute;a visto sobre otras mesas&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Cuando volv&iacute;a, hambrienta, a casa
    </p><p class="article-text">
        y ve&iacute;a por las ventanas la opulencia
    </p><p class="article-text">
        que no pod&iacute;a pretender para m&iacute;&ndash;
    </p><p class="article-text">
        No reconoc&iacute; la abundancia del pan&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Tan diferente de las migajas
    </p><p class="article-text">
        que los p&aacute;jaros y yo compart&iacute;amos
    </p><p class="article-text">
        en el comedor de la naturaleza&ndash;
    </p><p class="article-text">
        La plenitud me lastim&oacute; &ndash;era algo tan nuevo&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Que me sent&iacute; enferma &ndash;y rara&ndash;
    </p><p class="article-text">
        como un fruto del &aacute;rbol monta&ntilde;&eacute;s&ndash;
    </p><p class="article-text">
        trasplantado al camino.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco estaba hambrienta ya &ndash;descubr&iacute;
    </p><p class="article-text">
        Que el hambre &ndash;es algo que sienten
    </p><p class="article-text">
        aquellos que miran por las ventanas desde afuera&ndash;
    </p><p class="article-text">
        y que, entrando, lo pierden.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el uso que le da Carson, en el poema de Dickinson es el hambre, la falta, la condici&oacute;n del deseo. Lo ansiado se desea si se contempla situ&aacute;ndonos a una justa lejan&iacute;a y con cierta percepci&oacute;n de un obst&aacute;culo. La imagen de la ventana representa el obst&aacute;culo, una mediaci&oacute;n que nos permite ver a trav&eacute;s, enfocar nuestra atenci&oacute;n, pero no llegar a ocupar el lugar de fusi&oacute;n completa. Tambi&eacute;n en el texto queda reflejada una divergencia entre la relaci&oacute;n del hambre con la migaja y del hambre con la abundancia. La migaja sustenta, al mismo tiempo, la supervivencia y el ansia de la poeta &ndash;comparable a la de los p&aacute;jaros que incansables picotean&ndash; actuando de est&iacute;mulo que sostiene el ritmo de la b&uacute;squeda. Mientras, la plenitud y la abundancia generan un aletargamiento, una sensaci&oacute;n de rareza y de enfermedad (&iquest;tal vez enfermedad del deseo?).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La tensión, el exceso de energía que el eros produce en nuestros cuerpos suele despertar la atención, los sentidos y hasta la memoria</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n, el exceso de energ&iacute;a que el eros produce en nuestros cuerpos suele despertar los sentidos y hasta la memoria. Con todas las sensibilidades desplegadas y preparadas para captar infinitos matices, cuando no hay frustraci&oacute;n las deseantes nos sentimos en una especie de versi&oacute;n excelente de la vida (me imagino que esto no me pasa s&oacute;lo a m&iacute; jaja). Nuestras capacidades se multiplican y activan, en un baile de seducci&oacute;n que busca caminos para resolver la distancia hasta llegar a la otra. Nuestros los colores y las plumas, nuestro tambi&eacute;n el canto: una proyecci&oacute;n del deseo que toma la justa mesura de la distancia que buscamos atravesar para llegar junto aquella a quien ansiamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No todo es gloria en el &ldquo;Eros dulceamargo&rdquo; que cantaba Safo, maestra en las artes del amor. Pensarlo <em>dulceamargo</em> implica reconocer que la b&uacute;squeda tambi&eacute;n puede angustiarse, truncarse. Que la vulnerabilidad de la apertura radical a la otra tiene consecuencias y que estas no han de ser necesariamente felices. Si el deseo precisa la aceptaci&oacute;n de la diferencia entre yo y la otra, de su libertad y libre albedr&iacute;o al margen de nuestra voluntad, entregarnos al eros comporta un riesgo, el del contacto frontal con el v&eacute;rtigo de la posibilidad de abandono y rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Duffourmantelle describe la posibilidad del abandono como un miedo que, activo o latente, constituye una parte fundamental de nosotrxs &ldquo;ese miedo agazapado en el fondo de nosotros, que nos acecha sin nunca soltar prenda&rdquo;. Quiz&aacute;s la fusi&oacute;n, el hermanamiento con la pareja es tan placentero porque por un tiempo suspende la percepci&oacute;n de que el abandono es posible. Incluso puede llevarnos a un lugar de satisfacci&oacute;n de las necesidades que se parece a la relajaci&oacute;n infantil de sentir que hay otra vida que se hace cargo de la nuestra. Ese placer no ha de subestimarse, es una fuerza brutal que motiva a elegir un camino u otro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizás la fusión, el hermanamiento con la pareja es tan placentero porque por un tiempo suspende la percepción de que el abandono es posible</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El placer de la fusi&oacute;n tambi&eacute;n es er&oacute;tico, pero eventualmente puede adormecer el ciclo del deseo, el ciclo del hambre y de la b&uacute;squeda. Parece la mala broma de alg&uacute;n demonio burl&oacute;n: &iquest;Por qu&eacute; algo que temporalmente nos proporciona tranquilidad y satisfacci&oacute;n termina por adormecer lo que inicialmente nos ha reunido? Tal vez porque se fragua en el escurridizo principio de que dos pueden ser uno, y de que siendo uno es posible seguir deseando dentro de esa unidad creada. El placer de la fusi&oacute;n promete por un tiempo la satisfacci&oacute;n completa de todos nuestros anhelos al ofrecer una intimidad colmada con la otra. Cuando se da una ruptura despu&eacute;s de haber vivido un proceso de fusi&oacute;n los duelos nos sorprenden por su tremenda dureza.
    </p><p class="article-text">
        Celebramos el subid&oacute;n del deseo, pero la exposici&oacute;n al ciclo del hambre, al ciclo del deseo, tambi&eacute;n es agotadora. En contextos donde falta una bella &eacute;tica de las amantes, nos desgasta la superficialidad de la b&uacute;squeda, la exposici&oacute;n al rechazo, la incomprensi&oacute;n. El sufrimiento er&oacute;tico ocurre hoy en un tiempo donde los ciclos del deseo se fuerzan hasta ser cada vez m&aacute;s cortos, para favorecer as&iacute; la velocidad del consumo. Extenuadas por la velocidad del deseo obligatorio, a veces buscamos la suspensi&oacute;n total de esa b&uacute;squeda, &ldquo;nos retiramos&rdquo;, retiramos la atenci&oacute;n, para tambi&eacute;n retirarnos del &ldquo;mercado&rdquo; y sus violencias.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El sufrimiento erótico ocurre hoy en un tiempo donde los ciclos del deseo se fuerzan hasta ser cada vez más cortos, para favorecer así la velocidad del consumo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como bichitos deseantes, creo que no hay soluci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del entendimiento de las distintas etapas que atravesamos en la vida, y las necesidades muchas veces misteriosas que nos mueven. &iquest;C&oacute;mo no tener miedo a la distancia con la otra, si la ruptura de la fusi&oacute;n evidencia la posibilidad natural de la p&eacute;rdida? Y, por otro lado, &iquest;c&oacute;mo no echar de menos el estado del cuerpo deseante? Cuando la memoria de los momentos en los que la realidad no parec&iacute;a plana, sino que se curvaba y ofrec&iacute;a su &eacute;xtasis, pertenecen al periodo donde eros animaba nuestra vitalidad&hellip; Por presencia, o por apreciaci&oacute;n de su ausencia, el deseo siempre acompa&ntilde;ar&aacute; a los cuerpos que lo hemos conocido. Es una suerte de intensidad con la que tal vez lleguemos a aprender a convivir.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras amamos, &iquest;c&oacute;mo mantener la distancia? Yo dir&iacute;a que la distancia est&aacute; siempre entre nosotras, s&oacute;lo que a veces la promesa del amor incondicional y las pr&aacute;cticas amorosas de la rutina mon&oacute;gama nos hacen olvidar que no es posible sostener en el tiempo una fusi&oacute;n total con la otra. Que cualquier d&iacute;a la otra puede girar su rostro y su deseo hacia una direcci&oacute;n donde no nos encontramos. Del reconocimiento de esta realidad, puede resurgir, tal vez, la perspectiva que anime a un Eros adormecido en una rutina de abundancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El texto es parte de &ldquo;Est&aacute; bien sentir&rdquo;, un espacio de conversaci&oacute;n con la poeta y escritora </em><a href="https://www.eldiario.es/autores/sara-torres/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sara Torres</em></a><em> ('Lo que hay', Reservoir Books) en </em><a href="https://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiario.es</em></a><em> donde recibe reflexiones y preguntas de los lectores, &ldquo;sus deseos de indagar sobre una realidad, un v&iacute;nculo, un placer o un duelo&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Torres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/como-mantener-deseo-pareja-relacion-larga_1_10480862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Sep 2023 11:46:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87277" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87277" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Erotismo,Deseo,deseo sexual]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fracaso narcisista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fracaso-narcisista_129_9876254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9edc3023-0ca4-4bd8-8edf-e4b02f110688_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fracaso narcisista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre el narcisismo, el deseo y el miedo al rechazo.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es el deseo? Todo lo que pone en cuesti&oacute;n el narcisismo. Por ejemplo, alguien puede no querer llamar a otra persona, porque siente que eso le da verg&uuml;enza o ser&iacute;a humillante, pero finalmente no puede evitar el impulso y llama. Ese impulso, entonces, es un modo del deseo. Hay distintos modos del deseo, es cierto, pero lo importante es que narcisismo y deseo se oponen y, por lo general, el deseo es m&aacute;s fuerte.
    </p><p class="article-text">
        O al menos as&iacute; era hasta hace un tiempo. En estos d&iacute;as pienso sobre algo que creo que es una diferencia generacional y, si bien trato de ser comprensivo, lo veo como un tipo de malestar que se vincula con el narcisismo y requiere alg&uacute;n tratamiento, aunque a veces no se reconozca como un sufrimiento muy expl&iacute;cito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a algo que parece m&aacute;s una inhibici&oacute;n generalizada o una especie de miedo, a quedar determinados en una posici&oacute;n, un temor al &ldquo;no retorno&rdquo;, que puede expresarse en la pregunta &ldquo;&iquest;y si me arrepiento?&rdquo; o en el rechazo de toda fijaci&oacute;n, pero m&aacute;s por precauci&oacute;n que por experiencia en curso, sin verdadera pasi&oacute;n por lo indefinido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;que nada me determine&rdquo;, o siquiera condicione, digo que es un malestar, porque se asocia a un paroxismo vital que se traduce en querer saber qu&eacute; va a pasar antes de que pase; no es la b&uacute;squeda de una garant&iacute;a, o el beneficio de la ambig&uuml;edad, sino una incapacidad para actuar porque en cada acto se juega el ser en su totalidad &ndash;esto es lo que ocurre con el deseo, cuando nos transforma, mientras que el narcisismo funciona como una instancia de detenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si no es importante insistir en que este sufrimiento narcisista sea reconocido; aunque tengan todos los argumentos para justificarse (porque el rechazo del inconsciente produce conciencias brillantes y exacerbadas), de verdad me pregunto si no estoy juzgando un modo distinto de vida o realmente se trata de un quiebre subjetivo (por la poca resistencia al conflicto con el deseo).
    </p><p class="article-text">
        Me cuesta no recurrir a la nostalgia de mi infancia, cuando nos ca&iacute;amos y nos llen&aacute;bamos de moretones y cicatrices. Tengo algunas que todav&iacute;a duran. Si el cuerpo es el modelo del Yo, &iquest;qu&eacute; le pasa a este Yo de la nueva generaci&oacute;n, sin marcas ni heridas narcisistas (aunque se la pasen diciendo que est&aacute;n rotos, da&ntilde;ados, lastimados)?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me parece elocuente que Freud haya pensado el narcisismo desde la &ldquo;herida&rdquo;, como condici&oacute;n para que advenga otra cosa, una pregunta, esa incomodidad que puede ser el primer &iacute;ndice de un deseo. No me gusta la nostalgia, pero &iquest;tan seguros estamos de que el deseo est&aacute; asegurado?
    </p><p class="article-text">
        Hace poco alguien se enoj&oacute; conmigo porque dije que mi generaci&oacute;n hab&iacute;a fracasado pol&iacute;tica y amorosamente. Con la cr&iacute;tica del matrimonio, perdimos tambi&eacute;n la pareja. No estoy seguro de que la nueva generaci&oacute;n pueda vivir una experiencia de fracaso y no porque lo hayan superado, pero esto es algo sobre lo que habr&aacute; que reflexionar despu&eacute;s de un tiempo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, por otro lado, el narcisismo no necesariamente se opone al deseo, sino que tambi&eacute;n se intrinca con &eacute;l en ciertas conductas de la vida cotidiana. Se me ocurren dos ejemplos, a partir de una diferencia de caracteres: as&iacute; como hay personas que se autocastigan para poder hacer luego ciertas cosas, como si pagaran anticipadamente el precio de una satisfacci&oacute;n &ndash;si no es que se sacrifican despu&eacute;s&ndash;, tambi&eacute;n hay quienes tienen que cometer alg&uacute;n peque&ntilde;o crimen antes de actuar, como una forma de poner a prueba su fantas&iacute;a, para demostrarse que el mundo permanece a pesar de sus actos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso tambi&eacute;n se trata de una relaci&oacute;n con la fantas&iacute;a, aunque no tanto de una prueba, sino de una comprobaci&oacute;n, eso es lo que produce horror, verificar que el mundo cede, se ajusta, que el deseo se entromete en la realidad. En el segundo caso, se busca corroborar que esta intromisi&oacute;n del deseo no destruir&iacute;a el mundo, que puede soportar. En ambos casos, se trata de actitudes omnipotentes: la culpa del primer caso es porque se cree que el deseo cre&oacute; la realidad; en el segundo caso, la transgresi&oacute;n es para perder la omnipotencia, es una concesi&oacute;n a la realidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ejemplo trivial del primer caso: quienes no pueden terminar una tarea sin un mal presentimiento o si encuentran un dinero en la calle lo malgastan o pierden. Ejemplo trivial del segundo: quienes son personas desafiantes en ciertos lugares, pero en otro son d&oacute;ciles y afectuosas. Ambos casos est&aacute;n, m&aacute;s o menos, en todas las personas. Esta es una estructura elemental del narcisismo, basada en la incompatibilidad entre deseo y realidad. Lo m&aacute;s interesante es esta diferencia: quienes son culposos, se castigan por lo que no hicieron; y quienes son criminales lo son para sentirse menos culpables. Esta diferencia y estos dos tipos cl&iacute;nicos son los que explora Woody Allen en su pel&iacute;cula <em>Cr&iacute;menes y pecados</em>, una de mis preferidas.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fracaso-narcisista_129_9876254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Jan 2023 10:08:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9edc3023-0ca4-4bd8-8edf-e4b02f110688_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="303190" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9edc3023-0ca4-4bd8-8edf-e4b02f110688_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="303190" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El fracaso narcisista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9edc3023-0ca4-4bd8-8edf-e4b02f110688_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Deseo,Narcisismo,Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sufrió por su peso hasta que creó un alterego, "una Coca Sarli 2.0", y la actúa en Amazon: “el problema de trabajar para el disfrute ajeno no es solo de los cuerpos fuera de la norma es también del patriarcado”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sufrio-peso-creo-alterego-coca-sarli-2-0-actua-amazon-problema-trabajar-disfrute-no-cuerpos-fuera-norma-patriarcado_129_9399580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0b39633-41fd-4846-bb9c-1161b2625b78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sufrió por su peso hasta que creó un alterego, &quot;una Coca Sarli 2.0&quot;, y la actúa en Amazon: “el problema de trabajar para el disfrute ajeno no es solo de los cuerpos fuera de la norma es también del patriarcado”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nació en Flores y ahora protagoniza la serie dirigida por Ana Katz. Habla del deseo, del placer y de cómo se tapan los cuerpos no hegemónicos y hasta se oculta el gustar de ellos</p></div><p class="article-text">
        En mi infancia y adolescencia mi cuerpo y yo tuvimos una relaci&oacute;n hostil. Lejos de estar feliz por mi agilidad y gracia, cuando hac&iacute;a pat&iacute;n art&iacute;stico estaba obsesionada con bajar de peso, me cuenta Johanna Chiefo, la actriz de la serie Supernova, dirigida por Ana Katz, que se puede ver por Amazon Prime Video. La suya, una chica del barrio de Flores que arranc&oacute; en el mundo laboral repartiendo volantes, es una biograf&iacute;a singular que incluye las emociones de un patito feo que deviene cisne. Transformaci&oacute;n pura y dura como consecuencia de una labor amorosa y flexible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A Johanna le hab&iacute;an regalado una agenda de Mafalda y, todas las semanas anotaba: tengo que empezar la dieta. A los once a&ntilde;os, se agenci&oacute; un cuadernito&nbsp;donde escrib&iacute;a&nbsp;poemas y donde abri&oacute; una secci&oacute;n a la que llam&oacute; Secretos para dejar de ser un elefante. Ah&iacute; pegaba recortes de las revistas Luna y Chicas, con dietas de todo tipo. &ldquo;Si iba a la pileta o a la playa con&nbsp;amigues, me la pasaba tapada con la toalla o con un remer&oacute;n. No recuerdo haber pasado un solo verano en paz, revolc&aacute;ndome en la arena o tomando sol sin preocuparme por la mirada de les otres&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/369a4a11-c85c-4a28-a3dc-921e91200c97_16-9-aspect-ratio_50p_1056443.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/369a4a11-c85c-4a28-a3dc-921e91200c97_16-9-aspect-ratio_50p_1056443.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/369a4a11-c85c-4a28-a3dc-921e91200c97_16-9-aspect-ratio_75p_1056443.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/369a4a11-c85c-4a28-a3dc-921e91200c97_16-9-aspect-ratio_75p_1056443.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/369a4a11-c85c-4a28-a3dc-921e91200c97_16-9-aspect-ratio_default_1056443.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/369a4a11-c85c-4a28-a3dc-921e91200c97_16-9-aspect-ratio_default_1056443.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/369a4a11-c85c-4a28-a3dc-921e91200c97_16-9-aspect-ratio_default_1056443.jpg"
                    alt="Supernova"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Supernova                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las ganas de trabajar como actriz tienen larga data, pero los castings con resultados frustrantes, los estallidos de l&aacute;grimas y un deseo inquebrantable por interpretar personajes en escenas de ficci&oacute;n se amalgamaron de tal modo que el insulto por gorda, de la madre de una pareja, la fortaleci&oacute; y convirti&oacute; el maltrato en el disparador de un gui&oacute;n, germen de la comedia dram&aacute;tica por cap&iacute;tulos que est&aacute; en las pantallas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue un proceso. &ldquo;Creo que algo empez&oacute; a cambiar a los veintis. No puedo identificar un momento preciso, fue una suma de factores&rdquo;. Una amiga actriz le dijo &ldquo;&iquest;Te vas a hacer un book intentando parecerte a tal, tal y tal? &iexcl;No! Agarr&aacute; eso que sos y llevalo a su m&aacute;xima potencia. Jugalo a fondo, sos una bomba&rdquo;. Tambi&eacute;n hubo un chico con el que sali&oacute; durante un tiempo, &ldquo;que me dec&iacute;a Coca y se volv&iacute;a loco con eso; otra amiga me hizo un book de fotos inspirada en ese universo er&oacute;tico...luego vino el proyecto de la serie y, a medida que iba creando ese personaje, me transformaba a m&iacute; misma. Me dispuse a jugar, a gozarme; fue algo que tuve que aprender...no me vino dado. Me masturb&eacute; por primera vez a los 24 a&ntilde;os. Un d&iacute;a entend&iacute; por qu&eacute; tard&eacute; tanto: antes no me gustaba, ahora s&iacute;...y trabajo mucho para sostener eso y para evangelizar amigas en el camino&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-5geYCI0Qc2I-6175', 'youtube', '5geYCI0Qc2I', document.getElementById('yt-5geYCI0Qc2I-6175'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-5geYCI0Qc2I-6175 src="https://www.youtube.com/embed/5geYCI0Qc2I?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Para lo que fue el origen de la serie en streaming, cre&oacute; una especie de &aacute;lter ego: una superhero&iacute;na &ldquo;que pod&iacute;a llevar adelante todo lo que yo con mis incomodidades y mis inseguridades no pod&iacute;a. Un personaje que era una especie de Coca Sarli 2.0 que se pon&iacute;a la ropa que quer&iacute;a, que se com&iacute;a al mundo. Viv&iacute;a con el hedonismo que en mi vida cotidiana no ten&iacute;a. Despu&eacute;s quise hacer unos&nbsp;<em>sketches</em>&nbsp;y me puse a escribir, pero los&nbsp;<em>sketches</em>&nbsp;me quedaban chicos, as&iacute; que me puse a escribir el guion de una serie.&nbsp;Averigu&eacute; c&oacute;mo se hac&iacute;a para escribir un guion&nbsp;en Google, busqu&eacute; consejos, le&iacute; libros y, en paralelo con ese proceso de escritura, trabaj&eacute; con una ilustradora con quien arm&aacute;bamos piezas de humor gr&aacute;fico para&nbsp;<em>Facebook</em>. Todos esos dibujitos me ayudaron a construir el personaje de Nicolasa, que termin&oacute; siendo la protagonista de&nbsp;<em>Supernova</em>.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, Chiefo interpretar&aacute; a la oficial Acu&ntilde;a en&nbsp;Medusa, serie policial dirigida por Jazm&iacute;n Stuart, pr&oacute;xima a estrenarse en Paramount +, trabaj&oacute; en teatro independiente desde los 11 a&ntilde;os y se form&oacute; en el Centro Cultural Adan Buenos Ayres, luego con Ra&uacute;l Serrano, Ricardo Bartis y Nora Moseinco, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Especie de Carmen Miranda de estas pampas, Johanna me remite a la imagen de la actriz y cantante lusitana-brasile&ntilde;a. Su sensualidad es magn&eacute;tica. &ldquo;No tengo idea qu&eacute; les pasa a los dem&aacute;s conmigo. Todo lo que pueda suponer no ser&aacute; otra cosa que neurosis, jajaja. Y, &iquest;sab&eacute;s qu&eacute;? Creo que esa neurosis la tiene todo el mundo.&nbsp;La atracci&oacute;n es algo inexplicable y puede ser de lo m&aacute;s diversa. El tema es que, detr&aacute;s de ella, hay mucho que tiene que ver con lo heredado, o sea, con c&oacute;mo nuestros gustos fueron moldeados a lo largo de la historia. Eso provoca una desarticulaci&oacute;n entre lo que se siente, lo que se admite alguien a s&iacute; misme, lo que comunica a les dem&aacute;s y lo que efectivamente hace. En otras palabras, tenemos varios filtros para asumir realmente qu&eacute; nos atrae de otre. Cuando empec&eacute; con el proyecto de mi serie, que originalmente se llamaba Gorda Puta, me lleg&oacute; a Facebook el mensaje de un chico con tinte confesional. Dec&iacute;a: &lsquo;siempre me gustaron las gordas, pero bueno, es algo que hago en la intimidad, a escondidas de mis amigos&rsquo;. &iquest;En qu&eacute; lugar deja eso al pibe, que esconde sus deseos y, peor a&uacute;n, a la piba en cuesti&oacute;n, que es ocultada como un factor de verg&uuml;enza? Todav&iacute;a hay mucho que trabajar para desarmar la mierda que nos metieron en la cabeza&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su relaci&oacute;n con el placer la construye eligiendo lo que sea, lo improductivo, gastando el tiempo con amigas en paseos interminables mientras flotamos en charlas existenciales que derivan en cualquier cosa. Tambi&eacute;n goza &ldquo;con el ruido del mar, con la comida casera -por supuesto-, con tentarse de la risa, con bailar, con cantar desafinadamente, con aprender algo nuevo, con llorar con congoja, con oler algo rico, con el sexo sentido, con ser espont&aacute;nea y que te salga bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dice que a veces se identifica con la imagen en las que aparece producida para una foto o una escena filmada, y otras veces &ldquo;me pregunto qui&eacute;n es esa persona. Me divierte un poco, es parte del juego actoral. Al margen de las fotos, en mi vida cotidiana paso de ponerme una remera plateada y unas medias de red, a ir al supermercado con pantuflas y laga&ntilde;as.&nbsp;Ambas versiones me representan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y remata: &ldquo;el problema de trabajar para el disfrute ajeno no es solo de los cuerpos fuera de la norma; m&aacute;s en general, es algo del patriarcado. Las mujeres pasamos siglos trabajando para el goce del otro. Se acab&oacute;. Y, cuanto m&aacute;s laburamos para nosotras, m&aacute;s incomodamos. Deseo profundamente que podamos desprendernos de todo eso y gozar de lo lindo. Y eso, siempre, es un trabajo colectivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sufrio-peso-creo-alterego-coca-sarli-2-0-actua-amazon-problema-trabajar-disfrute-no-cuerpos-fuera-norma-patriarcado_129_9399580.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Sep 2022 04:19:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f0b39633-41fd-4846-bb9c-1161b2625b78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="76784" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f0b39633-41fd-4846-bb9c-1161b2625b78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="76784" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Sufrió por su peso hasta que creó un alterego, "una Coca Sarli 2.0", y la actúa en Amazon: “el problema de trabajar para el disfrute ajeno no es solo de los cuerpos fuera de la norma es también del patriarcado”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f0b39633-41fd-4846-bb9c-1161b2625b78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Corporalidades,Deseo,Series,Streaming,Amazon Prime]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maquillarme, mirar y que me miren]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/maquillarme-mirar-miren_129_9305607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maquillarme, mirar y que me miren"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de una una visita a la dermatologa y la lectura de 'Maquillada: ensayo sobre el mundo y sus sombras', de Daphne B, Tamara Tenenbaum escribe sobre la piel, el maquillaje, la obsesión por la belleza y el deseo fascinante de ser vista.</p></div><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os fui a una dermat&oacute;loga de esas que adem&aacute;s de salud hacen &ldquo;est&eacute;tica&rdquo; con la esperanza de que me arreglara la ros&aacute;cea y me recomendara alg&uacute;n tratamiento para las ojeras, alguna cosa de las que se estaban empezando a hacer chicas que yo conoc&iacute;a y que yo tambi&eacute;n hab&iacute;a empezado a probar, algo con agujas finitas, un l&aacute;ser, esos procedimientos que en alg&uacute;n momento de la historia reciente decidimos llamar <em>no invasivos</em>. Me dijo que yo no ten&iacute;a rosacea, a pesar de lo que hubiera le&iacute;do en internet, solo una piel sensible para la que pod&iacute;a recomendarme algunas cosas, y que para las ojeras gen&eacute;ticas que yo llevaba desde chiquita me aconsejaba &ldquo;un buen corrector&rdquo;. Me fui a casa pensando que esa mujer deb&iacute;a pensar que yo era una rid&iacute;cula, y con raz&oacute;n, buscando que me inyectaran alguna sustancia extra&ntilde;a sin haber siquiera intentado con el truco m&aacute;s viejo de la femineidad. <strong>Una obsesionada con la belleza que no se maquilla: eso era yo. </strong>La fijaci&oacute;n se mantiene, pero ahora s&iacute; me maquillo.
    </p><p class="article-text">
        Record&eacute; ese d&iacute;a leyendo <em><strong>Maquillada: ensayo sobre el mundo</strong></em><strong> y sus sombras, de Daphne B</strong>., una escritora canadiense que tiene casi mi edad y cuyo nombre jam&aacute;s hab&iacute;a o&iacute;do mencionar hasta que a la editorial Blatt y R&iacute;os se le ocurri&oacute; publicarla en traducci&oacute;n de Cecilia Pav&oacute;n. La tapa es atractiva: lleva una foto de su autora, una chica preciosa con el pelo rosa y el m&aacute;s prolijo delineado <em>kitten eye </em>que yo haya visto. Daphne B. es poeta, y eso se nota: sus ensayos, en los que el maquillaje ocupa un lugar privilegiado como tema y sobre todo como lenguaje y territorio, tienen la inteligencia de quien puede pensar m&aacute;s all&aacute; de la moralizaci&oacute;n de la vida pero sin ingenuidad. <strong>El talento de quien sabe escribir sin pedir disculpas: ese es el talento de las poetas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Leyendo a Daphne B. entiendo que fui a la dermat&oacute;loga a buscar una soluci&oacute;n que no fuera maquillaje porque ten&iacute;a una visi&oacute;n moralizada sobre el maquillaje: el maquillaje como mentira, la mentira como algo esencialmente malo. El maquillaje como un lo atamos con alambre, una soluci&oacute;n impermanente: la impermanencia como algo esencialmente malo. El maquillaje como el atajo que toman las personas sin compromiso, el maquillaje como el camino barato, una senda pecaminosa para una millennial responsable. Digo millennial porque s&eacute; que es algo generacional: hoy queda feo &ldquo;pintarse como una puerta&rdquo;, pero esa misma gente que no se pintar&iacute;a como una puerta lleva b&oacute;tox o rellenos de hialur&oacute;nico. Las divas de hoy se enorgullecen de no usar base, como si fuera m&aacute;s &ldquo;natural&rdquo;; supongo que lo ser&iacute;a, si tener una piel &ldquo;perfecta&rdquo; fuera algo que se pudiera conseguir sin todo el tiempo y el dinero que en efecto necesitamos para conseguirla. No estoy en contra de ninguna de las dos v&iacute;as: hoy hago las dos, maquillarme y hacerme tratamientos, en la medida de lo deseable, lo posible y lo pagable. Pero me divierte que la conversaci&oacute;n sobre el maquillaje sea una geograf&iacute;a tan representativa de la &eacute;tica de un momento, del modo en que se nos ense&ntilde;a que lo m&aacute;s <em>saludable</em> y <em>responsable</em> y <em>encomiable</em> es <em>invertir a futuro</em>, en tratamientos que duren, antes que en meras pinturitas. Es una soluci&oacute;n de clase, tambi&eacute;n, por supuesto: las pinturitas son m&aacute;s baratas, y cu&aacute;nto m&aacute;s baratas, m&aacute;s artificiales se ven. Es bastante contracultural en un sentido, entonces, el enamoramiento de Daphne B. por las sombritas de colores; lo digo avergonzada, como una persona que tiene tres paletas todas iguales, de tonos tierra y rosaditos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Daphne B. recorre el mundo del consumo con la conciencia de todo lo que ese mundo financia y produce (destrucci&oacute;n ambiental, trabajos de explotaci&oacute;n, trastornos de ansiedad) pero tratando de pensar tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de eso, en la dimensi&oacute;n del placer, de ese placer irreivindicable de armar carritos en internet, de abrir un l&aacute;piz labial nuevo que acaba de llegar a tu casa, de aprender ese delineado tan preciso que ella sabe hacer y yo no. Daphne B. sabe, aunque no necesariamente lo explicita como yo, que la moral del consumo contempor&aacute;nea est&aacute; llena de agujeros: que adem&aacute;s de que nuestro concepto de belleza natural cuesta millones de artificios, todas esas chicas que te sugieren comprar &ldquo;poco pero bueno&rdquo; tienen mucha m&aacute;s ropa que vos. Est&aacute; bueno que no lo explicite como yo: su juego no es ese, su juego es jugar, navegar esas verdades como quien las ve y la deja pasar para que la diversi&oacute;n no se acabe. Me gusta tambi&eacute;n que no entra en la pregunta esa de idiota de pintarse &ldquo;para otros&rdquo; o pintarme &ldquo;para m&iacute;&rdquo;, como si una realmente supiera diferenciar entre lo que es para los dem&aacute;s y lo que es para una: como si fuera tan malo, realmente, hacer cosas para que te vean.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un &uacute;ltimo recuerdo que me trajo Daphne B.: una frase de una amiga de una amiga, &ldquo;mirar y que me miren&rdquo;, que adopt&eacute; de manera irrevocable. En sus textos que son sobre todo, sobre internet, sobre sexo, sobre Elon Musk y Grimes, sobre su abuelo muerto en una mina y sobre cogerse soci&oacute;logos que usan ret&oacute;ricas marxistas pero no preservativos, el maquillaje funciona como una forma de explorar eso: ese deseo fascinante de ser vista, de mirarse al espejo y delinear una boca que rompa todos los corazones, ese deseo que Daphne B. se niega &mdash;que me niego con ella&mdash; a pensar como una patolog&iacute;a o un pecado, como un problema que algo o alguien deber&iacute;a venir a resolver. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/maquillarme-mirar-miren_129_9305607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Sep 2022 03:01:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="586649" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="586649" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Maquillarme, mirar y que me miren]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[belleza,Deseo,Tamara Tenenbaum]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No sé si quiero ser mamá"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/un-trabajo-extraordinario-historias-e-ideas-sobre-maternidad-y-paternidad-en-argentina/no-si-quiero-mama_132_9227461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6700fc5c-0ac1-4127-b641-9acaaf03e162_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No sé si quiero ser mamá&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pareciera que las mujeres a cierta edad no pueden ser indiferentes a la maternidad y tienen que contestar la pregunta: "¿Vas a tener hijos o no?". Pero frente al consignismo reinante, hay muchas que posan la duda y la pregunta, aunque sientan dentro suyo una presión por "decidirse". De eso, y de los primeros meses la maternidad, trata el documental Años cortos, días eternos, de Silvina Estévez.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#43fdff;">Esta es la quinta entrega del newsletter&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:#43fdff;"><em><strong>Un Trabajo Extraordinario</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#43fdff;">, en el que Natal&iacute; Schejtman recorre historias, datos e ideas sobre maternidades y paternidades. Si quer&eacute;s que te llegue un env&iacute;o&nbsp;cada quince d&iacute;as, suscribite ac&aacute;.</span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div id="form1" class="bulletin-subscription">
<div id="msg1">
  <h4>Recibí nuestro newsletter <em>Un trabajo extraordinario</em><small><br />
Historias e ideas sobre maternidad y paternidad en Argentina, por Natali Schejtman.</small></h4>
</div>
<form method="post" name="myForm" autocomplete="off">
<INPUT class="formVal" TYPE="hidden" name="list_id" VALUE="74523e5e53">
<INPUT class="formVal" TYPE="hidden" name="segment" VALUE="174c2683a8">
<div class="mc-field-group">
<input class="formVal mail-input" id="email" type="email" value="" name="email" placeholder="Escribí tu correo">
</div>
<button type="button" class="button send-btn" onclick="validar();">Suscribite</button>
</form>
<div id="msg2">
<small>Es gratuito y podés darte de baja en cualquier momento.</small>
</div>
</div class="bulletin-subscription">
<div id="error1" style="display: none;">
Ha ocurrido un problema, por favor reintente más tarde.
</div>
<div id="error2"  class="bulletin-subscription" style="display: none;">
Debes ingresar tu dirección email.
</div>
<div id="success1"  class="bulletin-subscription"style="display: none;">
¡Listo! Ya estás anotado. En breve comenzarás a recibir periodismo de autor en tu correo.
</div>

<script language="javascript">
function isEmpty(value){return/^\s*$/.test(value);}
function isEmail(value){return/^[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*@[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*\.[a-z]{1,15}$/i.test(value);}
function validar() {
  el5 = document.getElementById('email');
  var isOk = true;
  if (isEmpty(el5.value)){
    isOk = false;
  }
  if (isOk){
    var elements = document.getElementsByClassName("formVal");
    var formData = new FormData();
    for(var i=0; i<elements.length; i++) {
      formData.append(elements[i].name, elements[i].value);
    }
    console.log(formData);
    var xmlHttp = new XMLHttpRequest();
    var url = 'https://eldiarioar.ar/mchimp';
    xmlHttp.open('POST', url, true);
    // xmlHttp.setRequestHeader('Content-type', 'application/x-www-form-urlencoded');
    xmlHttp.onreadystatechange = function() {
      if(xmlHttp.readyState == 4 && xmlHttp.status == 200) {
        var r = JSON.parse(xmlHttp.responseText);
        if ('result' in r) {
          console.log(r.result);
          el1 = document.getElementById('form1');
          el2 = document.getElementById('success1');
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el1.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el2.style.display = 'block';
        } else {
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'block';
        }
      }
    }
    xmlHttp.send(formData);
	} else {
    el4 = document.getElementById('error2');
    el4.style.display = 'block';
	}
}
</script>
    </figure><p class="article-text">
        As&iacute; en Instagram como en la vida: desde que soy madre, las redes quieren venderme ropita de emprendedores y muebles Montessori y todo el mundo me habla de cosas de maternidad. No hay que tener inteligencia artificial, con la natural alcanza: el tema est&aacute; en una temporada alta. No solamente se editan continuamente novelas y ensayos de autoras j&oacute;venes que lo encaran desde los costados m&aacute;s diversos sino que se reeditan libros y autoras que fueron incunables por d&eacute;cadas y generan ventas y conversaci&oacute;n: Tillie Olsen, Jane Lazarre, Adrianne Rich y la lista sigue. Pero el tema est&aacute; de moda en mi vida tambi&eacute;n. Y tampoco hace falta ser muy inteligente para proponer una hip&oacute;tesis: este a&ntilde;o cumplo 40 a&ntilde;os y la aplastante mayor&iacute;a de mujeres a mi alrededor est&aacute;n atravesando alguna situaci&oacute;n en torno a la maternidad. O tienen hijos &ndash;en general chicos&ndash;, o est&aacute;n embarazadas, o le est&aacute;n poniendo el cuerpo y la mente a tratamientos de fertilidad o eligen&nbsp;no ser madres o est&aacute;n pensando qu&eacute; hacer con eso.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada vino una amiga a mi casa. Apoyadas contra la mesada de la cocina, mientras la reuni&oacute;n se desinflaba, me dijo que estaba pensando si quer&iacute;a ser madre. No tiene pareja, pas&oacute; los 40 hace unos a&ntilde;os y se alegra genuinamente cuando alguna cuenta que espera su primer, segundo o incluso tercer hijo. Pero tambi&eacute;n siente que tiene que&nbsp;<em>hacer algo</em>&nbsp;al respecto.&nbsp;<em>Decidir</em>.&nbsp;<strong>Sabe que la maternidad biol&oacute;gica &ndash;esa que puede complicarse para las mujeres mientras&nbsp;pasan los a&ntilde;os&ndash; es solo una opci&oacute;n entre otras. Que hay muy variadas formas de maternar. Pero aun as&iacute;, hay algo de la edad que la est&aacute; haciendo pensar el tema en su conjunto.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Agradezco no haber tenido que pensar en esos t&eacute;rminos. No anhelaba imperiosamente ser madre, tampoco pensaba en no serlo; mi maternidad estuvo motivada por unas ganas t&iacute;midas que todav&iacute;a hoy me cuesta poner en palabras. Y no lo pens&eacute; demasiado, para qu&eacute; mentir.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay maternidad sin ambivalencia. Y mi amiga cree que tiene que decidir por s&iacute; o por no en algo que, m&aacute;s all&aacute; de los hashtags&nbsp;&ndash;incluyendo el m&aacute;s reciente de &ldquo;madres arrepentidas&rdquo;&ndash;, es bastante un enigma, un desaf&iacute;o, una pregunta abierta con la que una convive. Est&aacute; un poco amargada, un poco desconcertada: es como si tuviera que dar &ndash;y darse&ndash; una respuesta: &ldquo;&iquest;Vas a tener hijos?&rdquo;, les preguntan a las mujeres, y se pregunta a s&iacute; misma, como si fuera un paso frente al que nos es imposible ser indiferente.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escrib&iacute;a esto le&iacute; la &uacute;ltima&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=bbfa3137bc&amp;e=9eceffb6ee" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">columna</a>&nbsp;de Alexandra Kohan sobre la asertividad y el supuesto saber que circula por las redes sociales respecto de temas sobre los que dif&iacute;cilmente haya una&nbsp;<em>expertise</em>, como la crianza, el amor o la maternidad. Cito a Alexandra:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Jacques Derrida dice: &lsquo;Si s&eacute; lo que hay que decidir, no decido. &shy;Entre el saber y la decisi&oacute;n se requiere un salto, aunque sea necesario saber lo m&aacute;s y lo mejor posible antes de decidir&rsquo;. Ese salto, ese peque&ntilde;o riesgo, es el que se intenta evitar constantemente&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ese tirapostismo tambi&eacute;n se filtra en las mujeres que se sienten amenazadas por ese &ldquo;reloj biol&oacute;gico&rdquo; y un gigantesco &ldquo;no s&eacute;&rdquo;, tan fuera de &eacute;poca, que se les empieza a tornar inadmisible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En eso estaba cuando me cruc&eacute; con el documental&nbsp;<em>A&ntilde;os cortos, d&iacute;as eternos</em>, que se estren&oacute; a mitad de julio en el Centro Cultural San Mart&iacute;n y que, debido al &eacute;xito de espectadoras (arriesgo que son casi siempre mujeres), agreg&oacute; funciones para el s&aacute;bado 6 y el s&aacute;bado 13 de agosto a las 21.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-H27bdM3SeRw-3426', 'youtube', 'H27bdM3SeRw', document.getElementById('yt-H27bdM3SeRw-3426'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-H27bdM3SeRw-3426 src="https://www.youtube.com/embed/H27bdM3SeRw?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Entiendo perfectamente el por qu&eacute; del furor. Se para en ese momento llamado puerperio que es como el vac&iacute;o legal de la maternidad: ya no se ocupa de vos el obstetra que sigui&oacute; tu embarazo ni el pediatra que mira a tu beb&eacute;; la demanda f&iacute;sica es posiblemente in&eacute;dita en tu vida si es tu primer hijo, entre los dolores del parto, los entuertos del &uacute;tero o los puntos de la ces&aacute;rea, la dif&iacute;cil prendida del beb&eacute; a la teta que irrita en todos los sentidos posibles y ocupa pr&aacute;cticamente todas las horas del d&iacute;a y de la noche, y la falta de sue&ntilde;o. El primer puerperio es, en palabras de Daniel Stern,&nbsp;<em>el nacimiento de una madre</em>: un tembladeral f&iacute;sico y mental, un reseteo del sistema operativo.
    </p><p class="article-text">
        Pero a la vez, es algo bastante habitual:&nbsp;<strong>el 70% de las mujeres argentinas mayores de 14 a&ntilde;os es madre. La maternidad es todo lo contrario a algo excepcional a nivel colectivo y es completamente excepcional a nivel individual.</strong>&nbsp;El puerperio tambi&eacute;n. Y&nbsp;<em>A&ntilde;os cortos, d&iacute;as eternos</em>&nbsp;empieza en ese lugar reconocible para toda madre: los primeros meses de Brenda y su hija Lila. Retrata el cansancio, la soledad &ndash;incluso habiendo un padre presente&ndash; y la sensaci&oacute;n de que esta nueva vida, aunque la haya decidido, es un baj&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero su directora, productora y co-guionista, Silvina Est&eacute;vez, no es mam&aacute; y no sabe si quiere serlo. Y ese es, tambi&eacute;n, el tema de la pel&iacute;cula y uno de sus aspectos m&aacute;s interesantes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Silvina estudi&oacute; sociolog&iacute;a y cine y cuando no llegaba a los 30, en 2016, quiso hacer esta pel&iacute;cula. Se apasion&oacute; por los puerperios ajenos cuando vio que su amiga Brenda hab&iacute;a tenido una hija y estaba muy sola: a dos d&iacute;as de la ces&aacute;rea su pareja hab&iacute;a vuelto a trabajar 8 horas por d&iacute;a y Brenda pasaba el d&iacute;a entre las curaciones de los puntos, la teta a demanda, el tender de ropa, el llanto de la beba, la coreo de la esterilizaci&oacute;n de las mamaderas, el sue&ntilde;o interrumpido y otros agotadores etc&eacute;teras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nadie le hab&iacute;a contado c&oacute;mo era&rdquo;, me dice Silvina, que empez&oacute; a ir a su casa para ayudarla en lo b&aacute;sico, como agarrarle a la beba para que se pudiera ba&ntilde;ar. Ninguna de las dos sab&iacute;a lo que significaba la palabra puerperio. &ldquo;Descubrimos la palabra puerperio y empezamos a investigar, tiramos de un peque&ntilde;o hilo y se manifest&oacute; frente a nosotras un conflicto muy fuerte&rdquo;. Brenda (Howlin) se convirti&oacute; en co-guionista de un proyecto que dur&oacute; seis a&ntilde;os, de los cuales cuatro fueron de rodaje. En el medio, adem&aacute;s, hicieron juntas una ficci&oacute;n sobre maternidad y puerperio que se llama&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=b3a60476b4&amp;e=9eceffb6ee" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">No s&eacute; c&oacute;mo volver</a>&nbsp;que potenci&oacute; la indagaci&oacute;n en el tema.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de0a3b14-9d63-44b9-8e63-49b6298c1e50_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de0a3b14-9d63-44b9-8e63-49b6298c1e50_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de0a3b14-9d63-44b9-8e63-49b6298c1e50_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de0a3b14-9d63-44b9-8e63-49b6298c1e50_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de0a3b14-9d63-44b9-8e63-49b6298c1e50_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de0a3b14-9d63-44b9-8e63-49b6298c1e50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/de0a3b14-9d63-44b9-8e63-49b6298c1e50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="En Años cortos, días eternos, ganadora del Festival Internacional de Nuevo Cine de La Habana, Silvina Estévez explora maternidades ajenas y se pregunta si quiere ser mamá. En esta foto, la directora es una nena que alza a su hermana menor."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                En Años cortos, días eternos, ganadora del Festival Internacional de Nuevo Cine de La Habana, Silvina Estévez explora maternidades ajenas y se pregunta si quiere ser mamá. En esta foto, la directora es una nena que alza a su hermana menor.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>&ndash;&iexcl;Pero film&aacute;s los peores momentos! Todo bien con que vengas a mi casa, eso no me molesta. Pero siempre me agarr&aacute;s en momentos que no est&aacute;n buenos</em>&ndash; le dice Brenda a Silvina, que est&aacute; detr&aacute;s de c&aacute;mara, en&nbsp;<em>A&ntilde;os cortos, d&iacute;as eternos.</em>
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula empieza con intenciones manifiestas de retratar el puerperio casi a un nivel sociol&oacute;gico; posa la c&aacute;mara, adem&aacute;s de en la vida dom&eacute;stica de Brenda, en un grupo de crianza &ndash;o &ldquo;tribu&rdquo;&ndash; y capta una mir&iacute;ada de llantos femeninos: culpa, cansancio, emoci&oacute;n, abrumaci&oacute;n. Pero avanzado el documental hay un giro en la directora:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; quer&eacute;s hacer un documental sobre maternidad si vos no sos mam&aacute;?&ndash; le pregunta Brenda, fastidiosa, mientras lidia con su hija en brazos que ya tiene m&aacute;s de un a&ntilde;o.</em>
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, la pel&iacute;cula se convierte en una exploraci&oacute;n personal de la directora acerca de su familia y sus propias dudas sobre si quiere o no esta vida para ella:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Al principio, cuando me preguntaban por qu&eacute; hac&iacute;a esto sin ser madre, me enojaba. Me parec&iacute;a un sesgo de g&eacute;nero:&nbsp;<strong>a un chab&oacute;n no le pregunt&aacute;s por qu&eacute; hac&eacute;s una pel&iacute;cula de guerra si no fuiste a la guerra.</strong>&nbsp;Pero despu&eacute;s me la empec&eacute; a hacer de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Hacerse esa pregunta implic&oacute; entrevistar a su mam&aacute;, a sus abuelas y a sus hermanas, pero tambi&eacute;n a la familia de su novio de ese momento, un relato coral femenino que es un contrapunto generacional gracioso y muy filoso en donde danzan los mandatos &ndash;de antes y de ahora&ndash;, los deseos, la importancia de la disciplina, los logros individuales y las preguntas inc&oacute;modas. Todo eso mientras pasa el tiempo, como en una pel&iacute;cula de Linklater, y los personajes crecen.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En el momento padec&iacute; un mont&oacute;n haber hecho una pel&iacute;cula que me llevara tanto tiempo, pero despu&eacute;s me di cuenta de que todo ese tiempo fue necesario, las capas del discurso fueron necesarias, los procesos creativos cuando son profundos logran su cometido que fue transformarme a m&iacute;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Silvina habla con su mam&aacute;, que tuvo cuatro hijos y siempre se ocup&oacute; de la casa y trabaj&oacute; a full. Habla con la mam&aacute; de su mam&aacute;, que se&ntilde;ala que su hija decidi&oacute; vivir lejos de la familia, que podr&iacute;a haberla ayudado m&aacute;s, pero ella se aisl&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa abuela despliega unas frases muy punzantes &ndash;especialmente pintorescas tambi&eacute;n gracias a su acento italiano&ndash; a lo largo del documental:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Y... las mujeres que no tienen hijos, por ah&iacute; est&aacute;n tranquilas ahora, pero llega un tiempo en el que necesitan un familiar m&aacute;s &iacute;ntimo &ndash; le dice, por ejemplo, cuando quiere defender solapadamente y sin demasiada pasi&oacute;n la idea de tener un bisnieto.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Silvina se da cuenta de que su inter&eacute;s por la maternidad puede tener alg&uacute;n antecedente. Cuando naci&oacute; su hermana, me cuenta, ella ten&iacute;a 9 a&ntilde;os. Su pap&aacute; la llev&oacute; a la cl&iacute;nica a conocerla y a visitar a su mam&aacute; y se fue a trabajar en ese mismo momento.&nbsp;<strong>Silvina se qued&oacute; con su mam&aacute; en la habitaci&oacute;n, le fue a comprar toallitas a la farmacia para atajar el sangrado post parto y agarr&oacute; a su hermana reci&eacute;n nacida para que su mam&aacute; se ba&ntilde;ara. Cuando naci&oacute; la hermana menor, ya ten&iacute;a 13. La mam&aacute; sal&iacute;a a trabajar y ella se quedaba al cuidado de sus hermanas y de su hermano, que con solo dos a&ntilde;os menos que ella no recib&iacute;a ese tipo de responsabilidades.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le cuenta esto a la mam&aacute; en la pel&iacute;cula mientras le muestra una foto de ella de nena medio tristona con su hermana beb&eacute; a upa. La mam&aacute; se sorprende y lagrimea: nunca hab&iacute;a pensado hasta qu&eacute; punto su hija mayor la acompa&ntilde;&oacute; en la tarea de maternar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que mi mam&aacute; la tuvo muy dif&iacute;cil. Yo empatic&eacute; mucho con ella en el documental. Ten&iacute;a el mandato de ser buena madre, cumplir con las exigencias est&eacute;ticas, las tareas de cuidado, de trabajo. Creo que no la pas&oacute; bien. Parec&iacute;a una mina empoderada por salir a laburar con cuatro hijos, pero yo creo hubiera querido tener m&aacute;s tiempo en su casa y no estar tanto bajo el imperativo de rendir.
    </p><p class="article-text">
        Hacia el final de la pel&iacute;cula, Lila ya es una nenita divertid&iacute;sima y Brenda es otra. El torbellino en un momento pasa, se vuelve a dormir de corrido, a trabajar, a vestirse sin miedo a ponerse una remera que tenga v&oacute;mito en el hombro, aunque el fondito de cansancio quede ah&iacute; para siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y en 2022, Silvina tiene 35 a&ntilde;os. Pasaron seis a&ntilde;os desde que empez&oacute; a filmar la pel&iacute;cula y tres desde que la termin&oacute;. Entre ese momento y ahora, se separ&oacute; dos veces &ndash;la pel&iacute;cula retrat&oacute; a la familia de su novio de entonces y las ganas que ten&iacute;an de que ellos tuvieran un beb&eacute;&ndash;. Est&aacute; soltera y no es madre, pero todas las preguntas que se hizo con la pel&iacute;cula siguen flotando en su cabeza, ahora con otra ansiedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tengo como muy analizado todo esto, me hice much&iacute;simas preguntas. S&eacute; que tiene un costo elegir ser madre y tiene un costo elegir no serlo. Yo veo que tengo ciertas libertades que mis amigas madres no tienen. Accedemos a determinados laburos, o de pronto me compr&eacute; un auto, mis amigas madres est&aacute;n m&aacute;s atadas. Pero a medida que pasa el tiempo me empieza a pesar. Y si bien lo tengo re analizado, me pesa, as&iacute; que me entrego un poco al destino. No es que porque me hice un par de preguntas estoy exenta del mandato. Ahora no estoy en pareja. No estoy segura de que no quiero ser madre.&nbsp;<strong>Tambi&eacute;n creo que se puede ejercer la maternidad de otras maneras: yo materno proyectos, amigas, pero no dejo de preguntarme estas cosas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de mandatos combinados y contrapuestos. Por ejemplo, la maternidad y el &eacute;xito profesional. Silvina me dice que a nuestra generaci&oacute;n tambi&eacute;n le pesa mucho la idea de postergarse en funci&oacute;n de un otro (&ldquo;estamos muy acostumbradas a ponernos en primer plano&rdquo;) y que visto as&iacute; la maternidad puede sacarte de &ldquo;la alienaci&oacute;n del yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me gusta la idea del paso del tiempo que tambi&eacute;n es protagonista de la pel&iacute;cula, la herencia entre las generaciones de mujeres de algunas ideas que van mutando. Esa conversaci&oacute;n eterna de y sobre madres e hijas, improductiva, sobre el futuro, sobre el pasado. Lejos de cualquier reloj.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>A&ntilde;os cortos, d&iacute;as eternos tiene dos nuevas funciones en el Centro Cultural San Mart&iacute;n (Paran&aacute; y Sarmiento) los s&aacute;bados 6 y 13 de agosto, a las 21.&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>NS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Schejtman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/un-trabajo-extraordinario-historias-e-ideas-sobre-maternidad-y-paternidad-en-argentina/no-si-quiero-mama_132_9227461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Aug 2022 03:42:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6700fc5c-0ac1-4127-b641-9acaaf03e162_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="222044" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6700fc5c-0ac1-4127-b641-9acaaf03e162_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="222044" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["No sé si quiero ser mamá"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6700fc5c-0ac1-4127-b641-9acaaf03e162_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Newsletter,Maternidad,Deseo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hambre emocional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hambre-emocional_129_9116788.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f603653f-4dba-483e-8d87-31ca3d902cab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1960y1737.jpg" width="1200" height="675" alt="Hambre emocional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La delgadez aspiracional como meta se basa en el deseo excluyente de la flacura como única posibilidad para ser feliz y en generar el sentimiento de culpa al instar a la restricción de cierta comida. ¿Qué pasaría si nos amigamos con la idea de comer?</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Sab&iacute;as que la cultura gordof&oacute;bica que enzalza la flacura como la &uacute;nica posibilidad de ser feliz promueve una ilusi&oacute;n falsa ya que la dicha, el estar bien con uno mismo y con los dem&aacute;s, depende de m&uacute;ltiples factores, no del cuerpo que se tiene? Somos mucho m&aacute;s que un cuerpo y, como dir&iacute;a el fil&oacute;sofo Spinoza nunca se sabe lo que puede un cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        La delgadez aspiracional de estos tiempos funcionar&iacute;a m&aacute;s como la zanahoria que hay que alcanzar&hellip; para que la industria de la dieta se siga fortaleciendo con la venta de medicamentos y tratamientos de belleza. Incluso, el deseo excluyente de flacura estar&iacute;a desplazando la indagaci&oacute;n sobre otros objetivos personales y colectivos que pueden colaborar para un mayor bienestar individual y social general.
    </p><p class="article-text">
        Esta cultura en cierto modo bidimensional es la misma cultura que genera el sentimiento de culpa al instar a la restricci&oacute;n de ciertas comidas por &ldquo;engordantes&rdquo;. Y si pudi&eacute;ramos tomar, aceptar, amigarnos con la idea de que el comer, una de nuestras m&aacute;s primitivas relaciones con el mundo, es entre otras cosas una necesidad emocional, &ldquo;una herramienta para lidiar mejor con nuestros sentimientos&rdquo;, &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a pasar? Tal vez ser&iacute;amos mejores, m&aacute;s plenos con nosotros mismos, m&aacute;s solidarios y emp&aacute;ticos. Es cierto que todas las personas a veces comemos para sentir y a veces para no sentir, para dejar de sentir dolor, para desplazarlo, por miedo al vac&iacute;o. Te recomiendo que, para sentirte acompa&ntilde;adx, escuches los podcast de Ana Arizmendi, gratis en Spotify, Apple Podcast, Youtube o <a href="https://www.dequetienehambretuvida.com/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">dequetienehambretuvida.com</a>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, m&aacute;s all&aacute; de la necesidad, por qu&eacute; no sentir emociones con los alimentos y el entorno del acto de comer. Como dice en su Instagram<a href="https://www.instagram.com/desaprendiendo_con_chary/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> desaprendiendo_con_ chary</a>, &ldquo;no nos dijeron que siempre hay emociones cuando se tata de comer: el pan calentito, el compartir, cuando entr&aacute;s por primera vez a un restaurante y descubres su decoraci&oacute;n y su olor, hay recuerdos en colores y sabores, hay comida que se siente como un abrazo y otra que reconforta, hay emoci&oacute;n cuando llega el plato que pediste por primera vez y compartes una charla con gente que quieres, hay comida que te transporta a otro lado del mundo con un solo ingrediente. La comida es m&aacute;s que s&oacute;lo gasolina y nutrientes para tu cuerpo. Nos han hecho creer que est&aacute; mal el comer emocional. Sentir placer por comer est&aacute; bien y que nadie te haga creer lo contrario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las estad&iacute;sticas indican que a m&aacute;s del 90 por ciento de las mujeres no les gusta su cuerpo y que un 97 por ciento ha odiado su figura en alg&uacute;n momento de su vida. Como dice en su Instagram <a href="https://www.instagram.com/nutri.paurejon/?hl=es" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">nutri.paurejon</a>, la nutricionista inclusiva, que trabaja con una alimentaci&oacute;n flexible, Pau Rej&oacute;n: &ldquo;Ni odio ni adoraci&oacute;n t&oacute;xica, neutralidad, un lugar de descanso de la constante lucha ca&oacute;tica y de la cr&iacute;tica, un espacio de un poco de paz sin presi&oacute;n para ayudar a bajar el estr&eacute;s. Requiere, claro, un cambio de perspectiva para la reconciliaci&oacute;n corporal, que partiendo del odio, el asco, la aversi&oacute;n nos permita arribar a la apreciaci&oacute;n y el respeto por nuestra vida&rdquo;.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/CfMcdArL6wl/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Tenemos dificultades para estar y transitar por el espacio p&uacute;blico porque la sociedad no ha pensado en nuestros cuerpos. Se adora la delgadez como un sistema de pensamiento que equipara salud, virtud y felicidad. Se promueve la p&eacute;rdida de peso haci&eacute;ndonos gastar tiempo y dinero tratando de alcanzar un imposible. Se demoniza y averg&uuml;enza a los cuerpos distintos de la norma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se adora la delgadez como un sistema de pensamiento que equipara salud, virtud y felicidad. Se promueve la pérdida de peso haciéndonos gastar tiempo y dinero tratando de alcanzar un imposible. Se demoniza y avergüenza a los cuerpos distintos de la norma.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En ese transcurrir, hay ficciones con las que no s&oacute;lo podemos entretenernos, sentir placer, divertirnos y emocionarnos sino sentir proximidad afectiva con sus personajes, identificarnos, incorporarlos a nuestro peque&ntilde;o universo. Leo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me gustan los seres que se arrastran por sus pasiones. No hagas dieta. Tu cuerpo es un parque de diversiones&rdquo;, le dice Emilio a Mar&iacute;a Bernab&eacute;, la protagonista de la novela &ldquo;Muerta de hambre&rdquo;, de Fernanda Garc&iacute;a Lao.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de &ldquo;una historia desaforada que refleja algo de la nuestra&rdquo;, se&ntilde;ala la narradora<strong> Esther Cross</strong>. &ldquo;Re&iacute;mos y la risa se transforma en algo m&aacute;s&rdquo;. El relato tambi&eacute;n pone en escena la brutal tragedia en que esta sociedad convierte a la carne humana, sobre todo la de las mujeres (aunque no s&oacute;lo), tan cosificada y expuesta a las miradas y opiniones de quienes gozan hablando de los dem&aacute;s con absoluta impunidad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rara, como encendida, Garc&iacute;a Lao encuentra en el terreno gastron&oacute;mico &ldquo;un s&iacute;mbolo f&eacute;rtil de temas tan heterog&eacute;neos como las luchas sociales, el erotismo, la locura y la muerte. Su personaje principal es una adolescente tard&iacute;a a quien la vida hizo dura o, m&aacute;s precisamente, gruesa&hellip;Vive para comer, come para escribir y escribe para vivir&rdquo;, escribe el cr&iacute;tico Juan Pablo Bertazza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me gustaba su autodeterminaci&oacute;n y original sentido de la justicia. Adem&aacute;s, descubrir esa maldad en &eacute;l, acallaba las denuncias de alguna parte de mi cerebro. Aquella que me enviaba mensajes poniendo en tela de juicio mis sentimientos. Hay gente que se anima a exteriorizar lo que le pasa. Debemos imitarlos&rdquo;, dice Mar&iacute;a Bernab&eacute; sobre Emilio, uno de los personajes a quienes ama con intensidad. Y ella, personaje principal que busca un regalo y baila para su padre el d&iacute;a en que su progenitor cumple a&ntilde;os, se sorprende. Al d&iacute;a siguiente, cuando se despierta a las siete de la ma&ntilde;ana en su habitaci&oacute;n, un hombre la mira y se presenta: &ldquo;Soy el nutricionista&rdquo; El especialista en salud quiere empezar r&aacute;pido un tratamiento que Bernab&eacute; no ha pedido ni elegido hacer. Entran a su cuarto dos operarios con un gran espejo para que no deje de mirarse, &ldquo;hasta en sue&ntilde;os&rdquo;. Ella no quiere hacerlo, no es ese su deseo, pero el m&eacute;dico se impone. Adem&aacute;s, el hombre determina que las virtudes que moderan el apetito son la pureza, el pudor, la sobriedad. Virtudes, tambi&eacute;n, como la abstinencia, la virginidad, la cortes&iacute;a, la moderaci&oacute;n. Y se&ntilde;al&aacute;ndole el espejo el especialista en salud y enfermedad remata: vemos a una obesa, mientras le quita con violencia la s&aacute;bana con la que Bernab&eacute; se tapa. A partir de hoy vamos a desayunar, almorzar y cenar juntos. Ser&eacute; su sombra&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La chica del libro desenmascara los enigm&aacute;ticos mecanismos de esa m&aacute;quina siniestra que puede ser la familia, como representaci&oacute;n nuclear de una sociedad nada amable y tremendamente controladora. Bernab&eacute; despliega una energ&iacute;a inconmensurable para soportar su entorno hostil sin someterse a la mudez, en un tiempo donde los cuerpos ind&oacute;ciles conviven con la hipocres&iacute;a de ciertas relaciones parentales que pretenden imponer un poder absoluto mediante los artificios de un lenguaje agresivo erigido como verdad. Una primera persona ficcional que se confiesa frente al lector en un mundo donde el ideal es el cuerpo fam&eacute;lico con todos los sacrificios que conlleva y ante la amenaza permanente del disciplinamiento y el encierro en una instituci&oacute;n m&eacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;Muerta de hambre&rdquo;, que anhela comerse la vida con su abanico de sensaciones y la maravilla de sus posibles peripecias, no logra su cometido porque nadie logra, a fin de cuentas, contener su hambre y el exceso, mientras disputa un lugar donde su singularidad reciba el reconocimiento a su existencia, tal y como es, sin pretensi&oacute;n de cambiarla.
    </p><p class="article-text">
        No tiene descanso, est&aacute; cercada por una confrontaci&oacute;n ca&oacute;tica y cr&iacute;tica contra su persona. Rodeada de contrincantes, a&uacute;n en su propio hogar. Es &ldquo;la que hace esfuerzos para ser normal y nunca lo consigue&rdquo;. Habr&aacute; que ir al libro de Garc&iacute;a Lao para deleitarse con su escritura bella y conocer el discurrir de su narrativa y el desenlace.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, esta cultura se reproduce casi sin discusi&oacute;n lo que considera un problema: la existencia gorda. Se glorifica la delgadez y se denigra su contrario, se promete alcanzar un estatus m&aacute;s alto perdiendo peso. Son ideales alejados de la posibilidad real de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Se aplaude el saltearse comidas, el ayuno, no escuchar al propio cuerpo, desterrar ciertos alimentos sabrosos. Se asocia el bienestar con un n&uacute;mero en la balanza. Resistir a una necesidad tan vital como comer convierte al cuerpo en un enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Pero est&aacute;n las afinidades afectivas, los activismos de las corporalidades diferentes que abrazan y tienen mucho para decir y transformar. Tambi&eacute;n est&aacute;n los libros que ofrecen lecturas gozosas y amigables. Como escribe la autora de &ldquo;Muerta de hambre&rdquo;: &ldquo;Mi cuerpo trascender&aacute; la carne, mutando en papel impreso&rdquo;. Bienvenidas las narrativas, otra manera de abrazar lo gordo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hambre-emocional_129_9116788.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jun 2022 04:51:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f603653f-4dba-483e-8d87-31ca3d902cab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1960y1737.jpg" length="4203835" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f603653f-4dba-483e-8d87-31ca3d902cab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1960y1737.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4203835" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hambre emocional]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f603653f-4dba-483e-8d87-31ca3d902cab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1960y1737.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[gordofobia,Deseo,Felicidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que ella quiere]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quiere_129_8988646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef5062b6-c094-4c3a-8e79-a5417bdf22bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que ella quiere"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de la pregunta que aparece cada tanto sobre qué es lo que quiere una mujer, Luciano Luterau escribe sobre el deseo, la intimidad de una pareja y plantea el debate sobre la importancia de que un hijo no sea todo para un padre o una madre.</p></div><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os hab&iacute;a una pel&iacute;cula que se llamaba <em>Lo que ellas quieren</em>. No me acuerdo de qu&eacute; trata. S&iacute; del t&iacute;tulo, porque me impact&oacute;. Me hizo pensar en si exist&iacute;a algo tan general como para que lo quisieran todas las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os despu&eacute;s recuerdo que se lanz&oacute; la canci&oacute;n de<strong> Babas&oacute;nicos</strong> que dice: &ldquo;Cambio todo por el don que hace a las mujeres re&iacute;r&rdquo;. Ahora pienso que se trata de la misma fantas&iacute;a, la de que habr&iacute;a un objeto que le hace cosquillas a todas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-FD-D-v_EZUU-7325', 'youtube', 'FD-D-v_EZUU', document.getElementById('yt-FD-D-v_EZUU-7325'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-FD-D-v_EZUU-7325 src="https://www.youtube.com/embed/FD-D-v_EZUU?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n podr&iacute;a mencionar esa otra fantas&iacute;a que se expres&oacute; en el verso &ldquo;Tengo todo lo quieren las guachas&rdquo;, de esa canci&oacute;n que no s&eacute; de qui&eacute;n es, pero que me produce ternura: as&iacute; pasamos de saber (lo que ellas quieren), a pensar en adquirirlo (un don) y la creencia de que se lo tiene. Es la declinaci&oacute;n infantil de una actitud t&iacute;picamente masculina.
    </p><p class="article-text">
        En el psicoan&aacute;lisis de<strong> Freud </strong>ese objeto tiene un nombre. Muchos dir&aacute;n &ldquo;falo&rdquo; (o alguno de sus sustitutos: dinero, poder, etc.), pero quiz&aacute; m&aacute;s bien se trata de un hijo &ndash;al menos seg&uacute;n la ecuaci&oacute;n freudiana falo = hijo. Pero esta vez no quiero discutir con nadie, entonces no voy a hablar de teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica. Quisiera partir de una an&eacute;cdota.
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo era ni&ntilde;o, una de las primeras intuiciones que tuve de la diferencia entre los sexos fue a partir de un acto de mi padre. Cuando &iacute;bamos al supermercado, &eacute;l compraba un postre espec&iacute;fico para mi madre. Quiero decir que, adem&aacute;s de los productos de consumo para los hijos y la familia en su conjunto, hab&iacute;a uno que estaba separado del resto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que cuando lleg&aacute;bamos a casa &ndash;como era el mayor, me tocaba acompa&ntilde;ar&ndash; &eacute;l le dec&iacute;a a mi madre: &ldquo;Fijate lo que te compr&eacute;&rdquo; y no es que ella no supiese de qu&eacute; se trataba, sino que, aun sabi&eacute;ndolo, la escena funcionaba como un artificio que inclu&iacute;a una sorpresa y un beso c&oacute;mplice que se daban frente a nosotros, los ni&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una escena semejante es la que descubr&iacute; luego en la casa de uno de mis t&iacute;os, cuando el hermano de mi padre agasajaba a la familia con un asado, pero separ&oacute; un pedazo de carne para mi t&iacute;a y le hizo un chiste que no llegu&eacute; a escuchar, aunque not&eacute; que ten&iacute;a un sentido muy preciado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; quieren las mujeres? No lo s&eacute;.</strong> Yo solo vi algunas veces a unos pocos hombres que jugaban a saber qu&eacute; quiere una mujer. Una muy espec&iacute;fica. Mi madre. Mi t&iacute;a. Y cuando lo hac&iacute;an, ellas se re&iacute;an y yo cre&iacute;a entender algo de lo que pasaba ah&iacute;. Era ni&ntilde;o todav&iacute;a, pero igual pensaba que alguna vez me gustar&iacute;a jugar ese juego.
    </p><p class="article-text">
        En el final de la pel&iacute;cula <em>Alta fidelidad</em>, el protagonista &ndash;un fan&aacute;tico de la m&uacute;sica&ndash; dice que va a grabar a un compilado de canciones para su novia, a la que ahora reconoce como una mujer en particular, la que quiere, despu&eacute;s de desprenderse de la posici&oacute;n de seductor empedernido. &iquest;No es el seductor ese ni&ntilde;o que cree que existe algo que vale para todas? El hijo de la ecuaci&oacute;n freudiana no es el que una mujer esperar&iacute;a, sino aquel con que un hombre se identifica cuando cree que son todas iguales y quieren lo mismo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-OA9gPtWDiww-1897', 'youtube', 'OA9gPtWDiww', document.getElementById('yt-OA9gPtWDiww-1897'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-OA9gPtWDiww-1897 src="https://www.youtube.com/embed/OA9gPtWDiww?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Por primera vez s&eacute; c&oacute;mo hacerla feliz&rdquo;, concluye el protagonista de la pel&iacute;cula. Es dif&iacute;cil creer que un casete pueda hacer feliz a alguien, pero &iquest;qui&eacute;n sabe? Tambi&eacute;n es cierto que cualquier objeto puede representar la felicidad con la condici&oacute;n de que se lo reconozca como singular, como dirigido para uno y solo para nosotros. Yo recuerdo que guard&eacute; una servilleta porque solamente me la regal&oacute; una persona.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es de esto que quiero hablar. Vuelvo a mi idea de origen, que es muy poco original. Pienso que a m&iacute; me daba mucha alegr&iacute;a ver c&oacute;mo mi padre ten&iacute;a ese gesto con mi madre. Por supuesto que se trataba de algo que ella podr&iacute;a haber comprado por s&iacute; misma, porque soy hijo de una mujer que trabaj&oacute; toda su vida y siempre tuvo su propio dinero, pero no es de una variable socioecon&oacute;mica que hablo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a una complicidad en el modo en que mi padre regalaba ese objeto a mi madre, que me hace pensar que si yo me sent&iacute;a excluido de algo no era tanto del objeto en s&iacute; sino de su relaci&oacute;n. Los ve&iacute;a bromear entre ellos e incluso hab&iacute;a cierta interpretaci&oacute;n de &aacute;nimo voraz en la atribuci&oacute;n de mi padre hacia mi madre. Eran un marido y una esposa. Mi padre jugaba con el rol de hombre sometido a la voluntad del objeto de deseo de esa mujer.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Había una complicidad en el modo en que mi padre regalaba ese objeto a mi madre, que me hace pensar que si yo me sentía excluido de algo no era tanto del objeto en sí sino de su relación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A m&iacute; me madre le gustaban las aceitunas. Ese era su postre favorito. Pod&iacute;a comer un frasco entero, directamente del frasco. Durante muchos a&ntilde;os yo dije que no me gustaban las aceitunas y, la verdad, es que no las hab&iacute;a probado &ndash;a diferencia del queso Roquefort que pod&iacute;a comer en grandes pedazos que me daba mi abuelo paterno. Reci&eacute;n com&iacute; una aceituna por primera vez a los quince a&ntilde;os, en una pizza en la casa de un amigo. Y me gust&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Un tercer objeto en mi vida sentimental lo representan los caramelos de menta, que eran los que mi abuela separaba del paquete de surtidos, primero para mi abuelo, pero luego para m&iacute;. &iquest;Fue porque que a m&iacute; me gustaban o me gustaron porque mi abuela los separaba para mi abuelo y as&iacute; lo privaba de la preferencia de mi abuela?
    </p><p class="article-text">
        Igual la de mis abuelos es otra historia. Volvamos a lo que me interesa plantear en esta ocasi&oacute;n. Lo propongo con una pregunta: &iquest;hasta qu&eacute; punto podemos prescindir de una pareja conyugal en la crianza de un ni&ntilde;o? Mejor dicho, &iquest;hasta qu&eacute; punto no es el deseo de la pareja conyugal la que hace de un ni&ntilde;o un hijo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ahora viene la parte de las aclaraciones</strong>, siempre tan importantes hoy para que nadie se ofenda. No digo que una pareja matrimonial asegura la presencia de ese deseo. A veces pasa todo lo contrario. Muchos padres que siguen juntos &ldquo;por el bien de los chicos&rdquo; (o &ldquo;hasta que sean m&aacute;s grandes&rdquo;) no hacen m&aacute;s que privarlos de la incidencia de un deseo entre sus padres. Por otro lado, cuando digo conyugal no me refiero a padres casados, convivientes ni a parejas heterosexuales. Me refiero m&aacute;s bien a esa dimensi&oacute;n de los padres que no se conforma con la <strong>parentalidad.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tampoco estoy diciendo que mis padres sean un ejemplo de nada. El fastidio obsesivo con que mi padre se lamentaba ir&oacute;nicamente de los gustos de mi madre, est&aacute; lejos de ser una matriz de la que hoy se pueda disfrutar. Hoy somos m&aacute;s libres, quiz&aacute; por eso ya no tenemos sentido del humor.
    </p><p class="article-text">
        Voy a explicar lo mismo, pero desde otro punto de vista. Por lo general, las personas separadas que conozco, con hijos peque&ntilde;os, suelen contar que los d&iacute;as que duermen los ni&ntilde;os en casa, cuando estos se levantan, comienza el d&iacute;a para todos. Esto me parece terrible, no me imagino nada m&aacute;s agotador para un ni&ntilde;o que tener que ser el sol de un hogar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si en la habitaci&oacute;n de al lado hay una pareja durmiendo, el ni&ntilde;o toma otra actitud. Sabe que ah&iacute; transcurre una escena que interrumpe. Si no lo sabe, es porque ah&iacute; no hay una pareja, sino tan solo dos personas durmiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, pienso en que durante mucho tiempo en estos a&ntilde;os reflexionamos sobre las condiciones para una &oacute;ptima parentalidad, en busca de modelos ideales de paternidad y maternidad, pero descuidamos el aporte que la conyugalidad presta a la crianza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante mucho tiempo en estos años reflexionamos sobre las condiciones para una óptima parentalidad, en busca de modelos ideales de paternidad y maternidad, pero descuidamos el aporte que la conyugalidad presta a la crianza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No digo que para criar haya que estar en pareja, no. Hablo de <strong>la importancia de que un hijo no sea todo para un padre o una madre, que su demanda no sea la &uacute;nica que importe y organice una cotidianidad. </strong>Puede ser que alguien me diga que ese rol no tiene que ocuparlo una pareja, que puede tenerlo &ndash;por ejemplo&ndash; un trabajo. Y ac&aacute; yo no estoy tan seguro.
    </p><p class="article-text">
        Un trabajo permite alejarse regularmente de un hijo, tomar distancia, para luego volver y que quiz&aacute; el v&iacute;nculo siga siendo tan dual como antes. La distancia que importa no es la del alejamiento, sino la que se practica en presencia, la de ser tres incluso cuando somos dos: uno, otro y la distancia.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La distancia que importa no es la del alejamiento, sino la que se practica en presencia, la de ser tres incluso cuando somos dos: uno, otro y la distancia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No obstante, dec&iacute;a que no estoy seguro de que un empleo pueda mediatizar mejor que un deseo la relaci&oacute;n con un hijo. El deseo es la mediaci&oacute;n por excelencia. Este es un tema sobre el que espero reflexionar mejor, porque quiz&aacute; mis opiniones se basan en que soy m&aacute;s o menos hombre y, adem&aacute;s, tengo una visi&oacute;n conservadora &ndash;lo reconozco; pero no lo soy a tal punto en que considere que mi visi&oacute;n es la &uacute;nica ni tiene que serlo.
    </p><p class="article-text">
        Con esto s&iacute; concluyo, entonces: considero que ser&iacute;a interesante repensar las funciones parentales por el fundamento que encuentran en un deseo sexual cuyo objeto no es el hijo, porque &ndash;como tal&ndash; el deseo de hijo no existe. La expresi&oacute;n &ldquo;deseo de hijo&rdquo; es parad&oacute;jica, porque para que haya deseo por un hijo, la ra&iacute;z de ese deseo no puede ser el ni&ntilde;o. Cuando alguien quiere demasiado un hijo &ndash;sea desde la expectativa o la dificultad para separarse&ndash; en realidad reprime la causa personal y poco apol&iacute;nea de su inter&eacute;s. Los hijos suelen padecer ese reparo narcisista que deben ocupar para (la estabilidad o el erotismo de) sus padres, pero este ya es otro tema &ndash;para otra ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quiere_129_8988646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2022 10:46:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ef5062b6-c094-4c3a-8e79-a5417bdf22bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="89363" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ef5062b6-c094-4c3a-8e79-a5417bdf22bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="89363" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que ella quiere]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ef5062b6-c094-4c3a-8e79-a5417bdf22bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vínculos,Familia,Deseo,Parentalidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Super hambre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/super-hambre_129_8754894.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64d086bb-2422-4830-a434-1b3eaa9fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Super hambre"></p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a un periodista cuya hija adolescente estuvo casi un a&ntilde;o internada en una cl&iacute;nica porque padec&iacute;a des&oacute;rdenes alimentarios. Ella com&iacute;a de noche y a escondidas. Su padre le pagaba con billetes desde peque&ntilde;a si ella era capaz de aguantar saltearse el almuerzo o la cena. Esa abstenci&oacute;n ten&iacute;a premio contante y sonante. La madre de la joven hab&iacute;a sido modelo de pasarelas y tapa de revistas. La adolescente aprendi&oacute; desde peque&ntilde;a a mentir. Iba en busca de comida sinti&eacute;ndose una ladrona, sobre todo le apetec&iacute;a robar (as&iacute; lo sent&iacute;a) lo dulce. Pero en alguna parte suya actuaba contra su padre, como quien persigue el vellocino de oro, el santo grial o el unicornio azul, en una cruzada angustiante, esforzada y silenciosa por desprenderse del mandato.
    </p><p class="article-text">
        Hay mesas en las que adultos exponen p&uacute;blicamente la virtual glotoner&iacute;a de alg&uacute;n ni&ntilde;e y no le dejan repetir porciones sabrosas, mientras los grandes se despachan sin l&iacute;mite con las cantidades. &ldquo;Quiero m&aacute;s&rdquo;, ruegan los peque&ntilde;os, mientras ven como los mayores se llevan todo a la boca. &ldquo;Vas a terminar como la t&iacute;a obesa&rdquo;, los acallan y humillan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Abrir la heladera y encontrar un bife magro, algo de lechuga, tres zanahorias, una caja con media docena de huevos, no m&aacute;s. Las delicias, toda la sabrosura, est&aacute;n escondidas en un armario, bajo siete llaves. Sucede en una casa de clase media urbana donde viven tres ni&ntilde;es que se devoran la vida de tantas ganas que tienen de explorar, jugar, crear y divertirse. Pero les chiques se empiezan a llenar de rabia ante el temor de sus padres que, por un miedo obsesivo a que engorden, han convertido la cocina en un lugar excluyente y los alimentos coloridos, deleitables, espl&eacute;ndidos, en algo prohibido. Esos progenitores han creado un sistema de vigilancia, impulsados por una cultura que hace apolog&iacute;a de la delgadez, desconoce que en la diversidad est&aacute; el gusto y que la salud total tiene m&uacute;ltiples condiciones. Esos grandes a veces amenazan, su propio temor se convierte en castigo contra la infancia. Cuando hay transgresi&oacute;n, la sanci&oacute;n est&aacute; a la orden del d&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esos grandes a veces amenazan, su propio temor se convierte en castigo contra la infancia. Cuando hay transgresión, la sanción está a la orden del día.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El hambre es deseo, es un deseo m&aacute;s amplio que el deseo. No es voluntad, es debilidad, ya que el hambre es activo, no conoce la pasividad. &ldquo;El hambriento es un ser que busca&rdquo;, escribe Am&eacute;lie Nothomb, oriunda de Kobe, Jap&oacute;n, de familia belga, en su libro &ldquo;Biograf&iacute;a del hambre&rdquo;, donde cuenta sus peripecias de ni&ntilde;a con la comida, como hija, e involuntaria migrante, de un embajador en tierras distintas y distantes, que la llevaron a habitar la isla nipona, China y Nueva York. Y lo hace con iron&iacute;a, hiperb&oacute;lica, despiadada y con una originalidad en el ejercicio de la escritura que, seg&uacute;n asegura, la salv&oacute; de la anorexia.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9fa8685d-5f8e-4caa-ba99-032708756bc6_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9fa8685d-5f8e-4caa-ba99-032708756bc6_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9fa8685d-5f8e-4caa-ba99-032708756bc6_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9fa8685d-5f8e-4caa-ba99-032708756bc6_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9fa8685d-5f8e-4caa-ba99-032708756bc6_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9fa8685d-5f8e-4caa-ba99-032708756bc6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9fa8685d-5f8e-4caa-ba99-032708756bc6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&quot;Biografia del hambre&quot;, Amélie Nothomb"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &quot;Biografia del hambre&quot;, Amélie Nothomb                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Hambre de lenguas, de libros, de alcohol, de chocolate, ansia de belleza y de descubrimientos&rdquo; dominan la vida de Nothomb, due&ntilde;a de un &ldquo;apetito absoluto&rdquo;, que jam&aacute;s se colma y es contrario al vano exhorto del poeta veron&eacute;s C&aacute;tulo cuando dice: &ldquo;Deja de desear&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La prohibici&oacute;n de comer, esa represi&oacute;n, tiene como contracara la obsesi&oacute;n, aquella a la que te someten cuando te ajustan a una dieta, la esclavitud alimentaria.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como Am&eacute;lie, algunas personas poseemos una competencia extraordinaria. Si Nietzche se refer&iacute;a al superhombre, se puede hablar tambi&eacute;n de super hambre. Nunca estamos satisfechos. Pero esa hambre, que algunos m&eacute;dicos intentan diferenciar de apetito porque el primero supuestamente satisface la necesidad biol&oacute;gica mientras el apetito ser&iacute;a un capricho emocional, puede traer frustraci&oacute;n, indignaci&oacute;n, verg&uuml;enza. &iquest;Por qu&eacute; los dem&aacute;s se conforman y yo no? &iquest;Por qu&eacute; no entro en el molde? &iquest;Por qu&eacute; soy diferente?
    </p><p class="article-text">
        En vez de sentir orgullo por el deseo, la singularidad nos culpabiliza. Debemos parecernos a les otres, no ser distintes. Porque, adem&aacute;s, la similitud nos hace m&aacute;s econ&oacute;micos. Se gasta menos tela para la confecci&oacute;n de ropa, se usa menos espacio para viajar en los medios de transporte, se pretenden humanes m&aacute;s parecides entre s&iacute; para que no pongan en cuesti&oacute;n los modelos tranquilizadores de c&oacute;mo se debe ser y parecer.
    </p><p class="article-text">
        Claro que esta intenci&oacute;n est&aacute; llena de contradicciones. La industria alimenticia y la farmac&eacute;utica est&aacute;n all&iacute; para meterte y sacarte enloquecidamente de la embriaguez. Vas al s&uacute;per y los envases de alimentos son un estallido para los sentidos, como si te hubieras topado con la casita de la bruja y fueras Hansel o Gretel para despu&eacute;s convertirte en el guiso que llena el plato caliente de tu enemiga o como si hubieras mordido la manzana m&aacute;s roja y luego te transformaras en la princesa condenada al sue&ntilde;o (casi) eterno. Descubriste el territorio del placer, pero esa geograf&iacute;a es demasiado. Querer demasiado, desear demasiado, anhelar mucho, poquito, nada. &iquest;cu&aacute;l es la medida? &iquest;qui&eacute;n la impone?&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Querer demasiado, desear demasiado, anhelar mucho, poquito, nada. ¿cuál es la medida? ¿quién la impone?  </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tengo hambre, dec&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        -Est&aacute;s enferma, te contestan. Y te llenan de tratamientos y medicamentos m&aacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        Desde la exuberancia de las Venus renacentistas de Tiziano a las modelos puro hueso de este siglo, desde la exaltaci&oacute;n de la carne hasta la reivindicaci&oacute;n de la flacura, hay una historia din&aacute;mica, nada fija, acerca de las formas del cuerpo. La obstinaci&oacute;n actual por ser delgado no sucedi&oacute; siempre, como tampoco carecer de grasa significa necesariamente estar sano. Hubo desde gordos majestuosos hasta glotones despreciados en Occidente. En los or&iacute;genes, estar entrado en carnes era signo de opulencia, poder y prestigio, luego se asoci&oacute; al relajamiento f&iacute;sico y moral. Hoy la sociedad condena lo que se presenta como un fracaso de la voluntad. Formas y pesos se revelan como referencias de la civilizaci&oacute;n y sus tensiones. El imperio de la apariencia llega de la mano de la autopsia de los cuerpos adiposos, de la aparici&oacute;n incesante de t&eacute;cnicas para bajar de peso, de la aparici&oacute;n progresiva de reg&iacute;menes, balanzas y otras formas de medida. Pero la conjunci&oacute;n de rabia y deseo de la adolescente internada o de les ni&ntilde;es humillades tiene la potencia de multiplicarse en conciencia colectiva y transformarse en derecho a la dignidad. Los asuntos humanos no permanecen igual. Los gordes tampoco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/super-hambre_129_8754894.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Feb 2022 03:03:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/64d086bb-2422-4830-a434-1b3eaa9fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="49294" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/64d086bb-2422-4830-a434-1b3eaa9fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="49294" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Super hambre]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/64d086bb-2422-4830-a434-1b3eaa9fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Corporalidades,Obesidad,Deseo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El artificio de lo natural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/artificio-natural_129_8643402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El artificio de lo natural"></p><p class="article-text">
        En <em>Mitolog&iacute;as</em>, uno de los textos paradigm&aacute;ticos e iniciales de su labor contra la <em>doxa</em>, Roland Barthes refiere: &ldquo;el punto de partida de esa reflexi&oacute;n era, con frecuencia, un sentimiento de impaciencia ante &laquo;lo natural&raquo; con que la prensa, el arte, el sentido com&uacute;n, encubren permanentemente una realidad que no por ser la que vivimos deja de ser hist&oacute;rica&rdquo;. No hay nada natural en las cosas. Enunciados como &ldquo;las cosas como son&rdquo; configuran una <em>doxa</em> que vela por la naturalidad del ser y de lo dado, una <em>doxa</em> que supone que hay una realidad pre discursiva, una <em>doxa</em> que cree que el ser es independiente y aut&oacute;nomo del decir, y as&iacute; vamos de esencialismos en esencialismos. Y si a esta frase hecha se le adosa esta otra, que va en la misma direcci&oacute;n, &ldquo;las cosas por su nombre&rdquo;, advertimos que los mecanismos y los modos de la naturalizaci&oacute;n se extienden, a&uacute;n, a la relaci&oacute;n de las cosas con las palabras, es decir, tambi&eacute;n se expanden a lo discursivo. En suma: una <em>doxa </em>que pretende que lo singular, dependiente de condiciones hist&oacute;ricas, sociales, subjetivas y pol&iacute;ticas, se muestre, v&iacute;a el sentido com&uacute;n, como una naturaleza universal, eterna y apol&iacute;tica, configurando lo que Barthes llama &ldquo;abuso ideol&oacute;gico&rdquo;. Lo dice as&iacute;: &ldquo;Lo natural es la coartada con que se adorna una mayor&iacute;a social: lo natural es una legalidad (...) y, seg&uacute;n la f&oacute;rmula de Brecht, &laquo;detr&aacute;s de la regla, el abuso&raquo;&rdquo;. Es que s&iacute;, como dec&iacute;a el bi&oacute;logo Mat&iacute;as Pandolfi, el paradigma de &ldquo;lo natural&rdquo; se desvanece apenas nos acercamos a la naturaleza. Efectivamente, ah&iacute; tampoco las cosas son dadas y eternas sino que responden a ciertas condiciones. Al mismo tiempo, se desprende algo no poco parad&oacute;jico: el propio paradigma de &ldquo;lo natural&rdquo; no tiene nada de natural, de eterno, de ahist&oacute;rico ni de apol&iacute;tico, sino que, por el contrario, cifra una ideolog&iacute;a. Por eso Jacques Derrida dec&iacute;a &ldquo;no hay ninguna naturaleza, s&oacute;lo existen los efectos de la naturaleza: la desnaturalizaci&oacute;n o la naturalizaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div id="form1" class="bulletin-subscription">
<div id="msg1">
  <h4>Recibí nuestro newsletter <em>Atención flotante</em><small><br />
Algunas preguntas donde sólo había respuestas, por Alexandra Kohan.</small></h4>
</div>
<form method="post" name="myForm" autocomplete="off">
<INPUT class="formVal" TYPE="hidden" name="list_id" VALUE="74523e5e53">
<INPUT class="formVal" TYPE="hidden" name="segment" VALUE="b2bfac14bd">
<div class="mc-field-group">
<input class="formVal mail-input" id="email" type="email" value="" name="email" placeholder="Escribí tu correo">
</div>
<button type="button" class="button send-btn" onclick="validar();">Suscribite</button>
</form>
<div id="msg2">
<small>Es gratuito y podés darte de baja en cualquier momento.</small>
</div>
</div class="bulletin-subscription">
<div id="error1" style="display: none;">
Ha ocurrido un problema, por favor reintente más tarde.
</div>
<div id="error2"  class="bulletin-subscription" style="display: none;">
Debes ingresar tu dirección email.
</div>
<div id="success1"  class="bulletin-subscription"style="display: none;">
¡Listo! Ya estás anotado. En breve comenzarás a recibir periodismo de autor en tu correo.
</div>

<script language="javascript">
function isEmpty(value){return/^\s*$/.test(value);}
function isEmail(value){return/^[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*@[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*\.[a-z]{1,15}$/i.test(value);}
function validar() {
  el5 = document.getElementById('email');
  var isOk = true;
  if (isEmpty(el5.value)){
    isOk = false;
  }
  if (isOk){
    var elements = document.getElementsByClassName("formVal");
    var formData = new FormData();
    for(var i=0; i<elements.length; i++) {
      formData.append(elements[i].name, elements[i].value);
    }
    console.log(formData);
    var xmlHttp = new XMLHttpRequest();
    var url = 'https://eldiarioar.ar/mchimp';
    xmlHttp.open('POST', url, true);
    // xmlHttp.setRequestHeader('Content-type', 'application/x-www-form-urlencoded');
    xmlHttp.onreadystatechange = function() {
      if(xmlHttp.readyState == 4 && xmlHttp.status == 200) {
        var r = JSON.parse(xmlHttp.responseText);
        if ('result' in r) {
          console.log(r.result);
          el1 = document.getElementById('form1');
          el2 = document.getElementById('success1');
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el1.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el2.style.display = 'block';
        } else {
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'block';
        }
      }
    }
    xmlHttp.send(formData);
	} else {
    el4 = document.getElementById('error2');
    el4.style.display = 'block';
	}
}
</script>
    </figure><p class="article-text">
        Me causa gracia el modo en que est&aacute; instalado que lo natural es sin&oacute;nimo autom&aacute;tico de virtud. Por eso proliferan los sitios de venta de &ldquo;productos naturales&rdquo;, como si eso garantizara el bienestar. Por otra parte, luego de la aplicaci&oacute;n de botox, de &aacute;cido hialur&oacute;nico, de tintura para el pelo y otros tratamientos para evitar el venirse abajo del cuerpo, los profesionales de la naturalidad on demand dicen: &ldquo;te qued&oacute; muy natural&rdquo;, es decir: no se nota. &iquest;No se nota? Y es ah&iacute; donde pienso que<strong> lo no natural del cuerpo retorna en la pretendida naturalidad de los artificios, se hace mucho m&aacute;s evidente</strong>. Margarita Mart&iacute;nez dice en <a href="https://www.almagrorevista.com.ar/margarita-martinez-la-tecnica-entro-en-el-corazon-de-lo-viviente" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta entrevista</a> que &ldquo;lo artificial y lo humano se relacionan permanentemente porque tal divisi&oacute;n no existe: lo humano crea todo el tiempo el artificio y vive en &eacute;l: &eacute;l mismo es artificio y recreaci&oacute;n. Lo que nos sigue impresionando es el aspecto artificial (asociado a la industria, a los materiales sint&eacute;ticos); si lo artificial parece natural, no lo rechazamos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
Me causa gracia el modo en que está instalado que lo natural es sinónimo automático de virtud. Por eso proliferan los sitios de venta de “productos naturales”, como si eso garantizara el bienestar.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El descubrimiento freudiano tira por la borda la noci&oacute;n de armon&iacute;a preestablecida en la relaci&oacute;n entre los sexos, no s&oacute;lo entre un hombre y una mujer sino entre un sujeto y cualquier <em>partenaire</em>. No hay naturalidad ni complementariedad -&ldquo;el problema es creer que existe el hilo y existe la aguja&rdquo;, dice Lacan-. La complementariedad tampoco se da, por ejemplo, en la relaci&oacute;n entre el s&aacute;dico y el masoquista. Suponer que uno est&aacute; hecho para el otro es seguir insistiendo en una presunta complementariedad entre dos posiciones. Ya Lacan se hab&iacute;a referido a esa historia chistosa que mostraba el absurdo de la complementaci&oacute;n entre el s&aacute;dico y el masoquista: &ldquo;Hazme da&ntilde;o&rdquo;, le pide el masoquista al s&aacute;dico; &ldquo;No&rdquo;, responde el s&aacute;dico. El psicoan&aacute;lisis viene a echar por tierra la idea de que existir&iacute;a un objeto arm&oacute;nico que por <em>naturaleza</em> consuma la relaci&oacute;n sujeto-objeto; que habr&iacute;a una armon&iacute;a preestablecida y que si no la hay se deber&aacute; corregir el error para encontrarla. En la naturaleza, en cambio, no existe el equ&iacute;voco. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El psicoanálisis viene a echar por tierra la idea de que existiría un objeto armónico que por naturaleza consuma la relación sujeto-objeto; que habría una armonía preestablecida y que si no la hay se deberá corregir el error para encontrarla</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El instinto sabe qu&eacute; objeto le corresponde. La naturaleza es sabia y el instinto nunca llevar&iacute;a a un elefante a un bazar ni a balancearse en una tela de ara&ntilde;a. Al instinto natural, entonces, se opone, no la raz&oacute;n &ndash;que desde Freud ha sido corrida hacia el inconsciente&ndash; sino la pulsi&oacute;n. La pulsi&oacute;n no es sino el instinto alterado, subvertido, interceptado por el lenguaje. Es la que nos lleva a comer como animales y que eso sea una met&aacute;fora. La pulsi&oacute;n se satisface lo queramos o no y, en esa satisfacci&oacute;n, produce un hiato entre el hambre y las ganas de comer: se come de m&aacute;s o de menos, nunca lo justo y <em>necesario</em>. La pulsi&oacute;n es eso que agujerea el cuerpo y que no nos deja hacer lo que queremos con &eacute;l. La pulsi&oacute;n no atiende sino a su propia voluntad. Por eso la voluntad yoica queda estocada. Y, siendo un poco hiperb&oacute;lica, dir&iacute;a que la &uacute;nica voluntad es la de la pulsi&oacute;n. Bastar&iacute;a con atender a c&oacute;mo no hacemos lo que queremos en cuanto a comer, beber, dormir, cojer, para advertir que lo que nos gobierna es la voluntad pulsional. El cuerpo: esa guerra de pulsiones; el cuerpo: la continuaci&oacute;n de la guerra por otros medios.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> La pulsión es eso que agujerea el cuerpo y que no nos deja hacer lo que queremos con él. La pulsión no atiende sino a su propia voluntad. Por eso la voluntad yoica queda estocada. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis posibilita precisar las coordenadas de <em>ese</em> cuerpo, posibilita interrogar las condiciones singulares en que cada uno se topa con la pulsi&oacute;n, lo que la pulsi&oacute;n hace con y de nosotros, y lo que nosotros hacemos con eso, y lo que hacemos con eso nunca lo hacemos voluntariamente.<strong> En la naturaleza no hay distinci&oacute;n entre hambre y ganas de comer, ni tampoco entre el deseo y el amor.</strong> Me gusta leer esos art&iacute;culos que dictan &ldquo;Consejos para mantener una pareja (estable, feliz, madura, etc.)&rdquo; o &ldquo;Consejos para mantener el deseo en la pareja&rdquo;. Es imposible no leer en esos art&iacute;culos lo siguiente: &ldquo;Consejos para mantener la pareja cuando el amor y el deseo ya no est&aacute;n&rdquo;. El ideal de una pareja estable en el tiempo a cualquier precio sigue funcionando a&uacute;n hoy. Por eso se habla de &ldquo;fracaso&rdquo; cuando alguien se separa, pero no se piensa en fracaso cuando se mantienen parejas agobiadas, cuyos miembros ya no se soportan. La estabilidad como ideal, como virtud <em>per se</em>, funciona todav&iacute;a hoy como mandato social. Decirle &ldquo;inestable&rdquo; a alguien nunca no es peyorativo o tender a pensar que alguien est&aacute; solo porque es insoportable, sobre todo si es mujer, es muy habitual. Para m&iacute; el &ldquo;amor libre&rdquo; -valga el ox&iacute;moron- es, justamente, ese que no est&aacute; atado a los mandatos de estabilidad, porque separarse sigue siendo, hoy en d&iacute;a, mal visto. Estar solos sigue siendo, hoy en d&iacute;a, mal visto. El paradigma de <em>lo natural </em>les viene bien a aquellos que no quieren enterarse de lo que <em>no anda</em>, es un modo de no enterarse del <em>pathos </em>del amor; un modo de no querer saber nada del deseo como infierno.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El paradigma de lo natural les viene bien a aquellos que no quieren enterarse de lo que no anda, es un modo de no enterarse del pathos del amor; un modo de no querer saber nada del deseo como infierno.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
         <a href="https://puntodefugarevista.com/mas-aca-del-bien-y-del-mal/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&Aacute;gueda Pereyra</a> lo dice as&iacute;: &ldquo;Lacan retomar&aacute; el lazo fundamental que une, en la experiencia del ser hablante, al sexo con la muerte; al tiempo que nos recuerda que el deseo no es &laquo;pura y simple emanaci&oacute;n vital&raquo;: el deseo se aleja cada vez m&aacute;s de lo que ser&iacute;a una relaci&oacute;n arm&oacute;nica, present&aacute;ndose en la experiencia &laquo;como un elemento problem&aacute;tico, disperso, polimorfo, contradictorio, y, en &uacute;ltima instancia, muy alejado de toda coaptaci&oacute;n orientada&raquo;. El deseo puede incluso presentarse en su cara m&aacute;s mort&iacute;fera, la experiencia cl&iacute;nica lo demuestra&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="@elchara"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                @elchara                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>El paradigma de lo natural acaso sea una de las formas de la represi&oacute;n.</strong> Decir que algo no es natural es no querer saber el modo en que la sexualidad es perversa y polimorfa -eso no significa que todos seamos perversos-. Como dice Juan Ritvo: &ldquo;El amor se quisiera ascensional, como el Eros plat&oacute;nico, pero encuentra su oblicua realizaci&oacute;n en la ca&iacute;da en lo sucio, pecaminoso, o para decirlo en nuestra jerga, en la perversi&oacute;n polimorfa&rdquo;. No hay nada natural en la sexualidad y cuando Freud lo dijo fue un esc&aacute;ndalo. Quiz&aacute;s siga si&eacute;ndolo hoy, pero ese esc&aacute;ndalo a veces se disfraza de &ldquo;tolerancia a la diversidad&rdquo;. Hoy hay todo un cat&aacute;logo de lo que se debe &ldquo;tolerar&rdquo;, pero esa diversidad no escapa a las taxonom&iacute;as y aquello que se salga de ese cat&aacute;logo tender&aacute; a ser subrayado como no natural o como anormal. La rareza tambi&eacute;n es estigma y el raro siempre es el otro. Por eso me sigue conmoviendo el psicoan&aacute;lisis: porque pone a jugar una desestabilizaci&oacute;n que muestra el modo en que la moral sexual de cada &eacute;poca aliena a los sujetos. Incluso, o sobre todo, cuando esa moral es la de la supuesta diversidad, la tolerancia y la libertad.
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis resiste a la <em>doxa</em>, incluida la <em>doxa</em> psicoanal&iacute;tica, y transforma, cada vez, eso pretendida e ilusoriamente <em>dado</em> y natural de &ldquo;las cosas como son&rdquo; en una torsi&oacute;n interrogativa: &ldquo;las cosas, &iquest;c&oacute;mo son?&rdquo;, entendiendo que la respuesta s&oacute;lo va a arrojar una discordancia, un hiato, una escisi&oacute;n entre el ser y el saber y que ah&iacute;, en esa hendidura, vamos a hallar al sujeto del que ocuparnos. El ejercicio del psicoan&aacute;lisis acaso sea una resistencia, peque&ntilde;a, sin estridencias ni &eacute;pica, a esos moralismos disfrazados de &eacute;tica y cuidado por el otro.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/artificio-natural_129_8643402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jan 2022 10:43:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3909868" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3909868" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El artificio de lo natural]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/047e5507-24e2-4861-9387-85ac2d30fb86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Deseo,Amor,Naturaleza,Psicoanálisis,Jacques Lacan,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El deseo y el poder en la pareja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-pareja_129_8144603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/948d6a2c-aef1-47d3-9f9d-ca3dd8cffde4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El deseo y el poder en la pareja"></p><p class="article-text">
        De un tiempo a esta parte es com&uacute;n plantear la diferencia entre aquello que, en una pareja, se relaciona con el deseo y lo que se relaciona con el poder.
    </p><p class="article-text">
        Esta distinci&oacute;n b&aacute;sica se expresa, por ejemplo, en situaciones en que junto a los factores er&oacute;ticos se encuentran tambi&eacute;n aspectos de una dependencia de otro tenor. Podr&iacute;a ser el caso de una pareja en la que uno tiene mayores ingresos y hace valer este motivo como causa de que sus decisiones sean m&aacute;s importantes.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda hay parejas que se fundan directamente en el poder, pero tambi&eacute;n algunas que refuerzan este polo por efecto de conflictos con el deseo. El desplazamiento del deseo al poder, cuando aquel se volvi&oacute; sintom&aacute;tico, es un modo de defensa habitual en la vida de pareja.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; quiere decir que el deseo se haya vuelto sintom&aacute;tico? En principio, el deseo es un tipo de conflicto por s&iacute; mismo. Ya lo escrib&iacute; otras veces: <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-hagamos-trio_129_7956196.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el deseo es un tercero en la pareja</a>, porque incluso cuando dos personas puedan desearse rec&iacute;procamente, no desean de la misma manera. De este modo es que los celos pueden ser un conflicto espont&aacute;neo en una relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este conflicto podr&iacute;a sintomatizarse si, por ejemplo, con el tiempo estos celos se convierten en el &uacute;nico motivo de atracci&oacute;n en la pareja. Dicho de otra manera,<strong> una pareja sintom&aacute;tica es aquella que &ndash;para continuar con el ejemplo&ndash; solo se erotiza a partir de escenas celot&iacute;picas. Que la uni&oacute;n con alguien solo se base en la intenci&oacute;n de que no est&eacute; con otro, puede ser una condici&oacute;n bastante restrictiva y empobrecedora, que lleve a frustraciones y resignaciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que una condici&oacute;n sintom&aacute;tica puede ser m&aacute;s eficaz para unir a dos personas que el deseo. Las parejas-s&iacute;ntoma son de muy dif&iacute;cil disoluci&oacute;n, en la medida en que junto a la infelicidad se desarrolla toda una serie de beneficios secundarios m&aacute;s o menos narcisistas que se vuelven satisfacciones independientes. Por ejemplo, puede ser que las escenas de celos lleven a discusiones al cabo de las cuales uno reproche al otro ser la causa de arruinarle la vida, o bien fantasee con venganzas que puede realizar en el futuro pr&oacute;ximo.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una hermosa idea de Sigmund Freud: hay matrimonios que no se separan porque todav&iacute;a hay uno que no termin&oacute; de vengarse lo suficiente del otro. Es cierto que &ndash;como dice el refr&aacute;n&ndash; siempre hay un roto para un descosido; entonces, puede ser que alguien exp&iacute;e diversas culpas a partir de una pareja infeliz. En fin, <strong>todav&iacute;a es uno de los descubrimientos m&aacute;s complejos del psicoan&aacute;lisis el que demuestra que lo que une a una persona con otra es una fantas&iacute;a, encima inconsciente</strong> y que todo lo que esa persona piensa &ndash;que le gusta por esto o esto otro, desde su cuerpo a sus ideas, lo que comparten, los proyectos que podr&iacute;an realizar y seguramente queden m&aacute;s o menos truncos, etc.&ndash; tiene una eficacia vincular menor y a veces se trata de apenas justificaciones o motivos inventados, ficciones que le llegan al tal&oacute;n a una fantas&iacute;a inconsciente.
    </p><p class="article-text">
        Lo inasimilable del descubrimiento psicoanal&iacute;tico es que las fantas&iacute;as suelen ser un poco horrorosas; nadie se las que quiere enterar: por ejemplo, que a su pareja lo une un deseo de sacarle cosas; o que la une un deseo de castigo; o que lo une el desprecio que le permite sentirse desafiado a mostrar su autosuficiencia como signo de una libertad rid&iacute;cula; el deseo de esconderse de la mirada p&uacute;blica o de disfrazarse en un rol marital o parental; entre otros, estos son algunos deseos b&aacute;sicos. Siempre deseos de ser o tener.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las parejas-síntoma son de muy difícil disolución, en la medida en que junto a la infelicidad se desarrolla toda una serie de beneficios secundarios más o menos narcisistas que se vuelven satisfacciones independientes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Resumo lo que dije hasta aqu&iacute;:<strong> cuando el deseo no puede sostenerse de manera m&aacute;s o menos espont&aacute;nea, se sintomatiza</strong>. La pareja unida sintom&aacute;ticamente es la que se une a partir de alguna fantas&iacute;a inconsciente. Es cierto que estas fantas&iacute;as, que antes nombr&eacute; como &ldquo;horrorosas&rdquo;, pueden tener elaboraciones sublimatorias. Por ejemplo, el deseo de sacarle algo a alguien (deseo oral) puede ser el origen del deseo de un hijo que asegure el v&iacute;nculo de manera armoniosa durante muchos a&ntilde;os. El deseo de hijo tambi&eacute;n puede darse por otras v&iacute;as; esto demuestra c&oacute;mo bajo un mismo deseo puede haber diferentes causas inconscientes.
    </p><p class="article-text">
        En cierta medida, todas las parejas consolidadas tienen su soporte sintom&aacute;tico. Esto puede ser algo dif&iacute;cil de aceptar, pero esta dificultad se basa en que todav&iacute;a tenemos una idea ingenua de la pareja, demasiado rom&aacute;ntica sino higi&eacute;nica (y motivacional, reflejada en esas frases de &ldquo;quererse y hacerse bien&rdquo;). Asimismo, cuando lo que une no es una fantas&iacute;a, une el duelo. Esto s&iacute; es traum&aacute;tico, porque el duelo no separa, como si lo hace un s&iacute;ntoma en cierto momento, sino que une m&aacute;s fuerte a&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando me refiero a que lo que une puede ser el duelo, me refiero a que es un tipo de lazo cada vez m&aacute;s frecuente en nuestra &eacute;poca. Me refiero a que <strong>este siglo quiz&aacute; ya no sea el de los amores vividos, sino el de las parejas que no fueron, las parejas que buscan reparar a otras parejas previas, las parejas que quedaron a medias y ya no se basan en el deseo y sus variantes, sino en una compensaci&oacute;n</strong>. Por esta v&iacute;a, m&aacute;s que parejas-s&iacute;ntoma, se trata de parejas-fusi&oacute;n. Algunas variantes de las llamadas hoy &ldquo;parejas-t&oacute;xicas&rdquo; est&aacute;n dadas a partir de esta condici&oacute;n. No voy a desarrollar in extenso esta cuesti&oacute;n, <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/salir-relacion-toxica_129_7362011.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya que lo hice en un art&iacute;culo previo</a> y quiero regresar a la cuesti&oacute;n del poder.
    </p><p class="article-text">
        Si retomo la secuencia de mi argumento, podr&iacute;a plantearse esta serie articulada de conceptos: pareja&ndash;deseo&ndash;s&iacute;ntoma&ndash;fantas&iacute;a&ndash;duelo; para introducir el poder, el punto es qu&eacute; ocurre cuando el conflicto del deseo se vuelve a su vez conflictivo. Porque si un conflicto se puede sintomatizar, tambi&eacute;n se lo puede rechazar, destituir, hacer a un lado y producir otro tipo de v&iacute;nculo (que ya no ser&iacute;a de deseo).
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que podemos hacer un juego de palabras y decir que hay tanto un deseo de poder como una potencia del deseo, pero para las consideraciones que realizo aqu&iacute; creo que conviene mantener la distinci&oacute;n entre los t&eacute;rminos. El poder en una pareja comienza cuando se produjo una ruptura en el lazo inconsciente.
    </p><p class="article-text">
        Por eso pienso que la distinci&oacute;n entre deseo y poder puede ser trivial si no se la complementa con el trabajo que puede pasar de lo consciente en un v&iacute;nculo hacia su ra&iacute;z inconsciente, porque de otra forma el an&aacute;lisis del poder corre el riesgo de volver banal y atribuir falsas segundas intenciones (como una segunda conciencia detr&aacute;s de la conciencia, con frases del estilo: &ldquo;Lo que X en verdad quiere&hellip;&rdquo;) que funcionan de manera culpabilizante. Dicho de otra manera, cuando no se hace un rodeo que tome la v&iacute;a del inconsciente, el an&aacute;lisis del poder suele caer en la matriz imaginaria v&iacute;ctima-victimario, persona buena versus persona mala, sin mayores complejidades.
    </p><p class="article-text">
        Los an&aacute;lisis del poder que no logran profundidad terminan desdoblando la escena de pareja con una fantas&iacute;a vincular, que ponen en el lugar de la fantas&iacute;a inconsciente que puede fundar un v&iacute;nculo, quiz&aacute; porque todav&iacute;a resulta insoportable pensar que aquello que une a dos personas est&aacute; m&aacute;s cerca de esa forma del amor que es el espanto y no de lo que hoy se llama &ldquo;v&iacute;nculo sano&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando no se hace un rodeo que tome la vía del inconsciente, el análisis del poder suele caer en la matriz imaginaria víctima-victimario, persona buena versus persona mala, sin mayores complejidades.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis del poder, articulado al del deseo, cuando no se conforma con una novela b&aacute;sica de santos y villanos, tiene su origen en situar c&oacute;mo el lazo inconsciente, cuando a veces tambalea, encuentra un cortocircuito que ya no es el del s&iacute;ntoma (que, en &uacute;ltima instancia, es una v&iacute;a indirecta para el erotismo) sino otro tipo de acto; ejemplo t&iacute;pico, en cierto momento, alguien decide guardar un dinero sin que su pareja lo sepa, cuyo monto en la econom&iacute;a de la relaci&oacute;n no importa si es muy significativo o no, pero s&iacute; funciona como reaseguro ante la presencia del otro.<strong> El an&aacute;lisis del poder, a veces se realiza mejor en los movimientos m&aacute;s &iacute;ntimos y silenciosos antes que lo efusivo de una pelea.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>El poder a veces se reconoce mejor en lo que se calla que en lo que se grita a cuatro vientos.</strong> &iquest;Cu&aacute;ntas personas conocemos que despu&eacute;s de una discusi&oacute;n salen a hablar mal de sus parejas por todos lados y, luego, cuando se arreglan padecen la verg&uuml;enza de que esos otros las miren con cierto aire de reproche? El erotismo de una pareja es algo que solo se comprende dentro de una pareja.
    </p><p class="article-text">
        Distinto es el caso de una pareja basada en que uno de los dos deposite en el otro su angustia, como forma de sentirse aut&oacute;nomo y, cada vez que el primero quiere encontrar su propia voz, lo desconoce para preservarse. Menciono funcionamientos t&iacute;picos, que al igual que los s&iacute;ntomas, tambi&eacute;n pueden encontrarse en much&iacute;simas parejas. Tambi&eacute;n se trata de pactos que tienen una ra&iacute;z inconsciente, aunque esta vez no er&oacute;tica. <strong>Por eso creo que los an&aacute;lisis de din&aacute;micas de parejas que no incluyan la hip&oacute;tesis del inconsciente se quedan en una distinci&oacute;n superficial del deseo y el poder.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, entonces, quisiera decir que seguramente de la lectura de este art&iacute;culo se desprendan m&aacute;s preguntas que respuestas; me parecen preferibles, incluso a riesgo de que mi presentaci&oacute;n haya sido demasiado esquem&aacute;tica e incompleta. Sin embargo, elijo este principio, como manera de abrir un debate p&uacute;blico, porque la moral vincular que hoy se instal&oacute; en los medios de difusi&oacute;n y divulgaci&oacute;n tiene consecuencias que creo que son m&aacute;s perjudiciales.
    </p><p class="article-text">
        Pienso que esto se debe no solo a la creciente inmadurez de varias personas, que suelen optar por ideales (que oprimen en nombre la libertad) o slogans de autoayuda, antes que reconocer los conflictos que el deseo nos impone. En este sentido, todav&iacute;a no cambiamos mucho desde cuando Freud dijo que nos gusta pensarnos como &aacute;ngeles para esconder nuestros aspectos demon&iacute;acos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-pareja_129_8144603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Aug 2021 10:16:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/948d6a2c-aef1-47d3-9f9d-ca3dd8cffde4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="90221" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/948d6a2c-aef1-47d3-9f9d-ca3dd8cffde4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="90221" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El deseo y el poder en la pareja]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/948d6a2c-aef1-47d3-9f9d-ca3dd8cffde4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Deseo,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se recomienda coger con amigos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recomienda-coger-amigos_129_8147847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f759028-aa6f-44dc-bcbf-35e020fda4f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Se recomienda coger con amigos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La amistad aún tiene un perímetro definido en esta época “parejo-centrista”, pero Luciano Lutereau sostiene en esta columna que existe un dimensión erótica que es preciso rescatar más allá de la práctica sexual.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s me dijo que jam&aacute;s me volver&iacute;a a ver, porque le daba un &lsquo;no s&eacute; qu&eacute;&rsquo; mezclar sexo y amistad&rdquo;, dice una canci&oacute;n de Roberto Jacoby (principal letrista de Virus). &iquest;Cu&aacute;l es la raz&oacute;n de ese &ldquo;no s&eacute; qu&eacute;&rdquo; que plantea una frontera para la amistad?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo cierto es que hubo un tiempo en que la amistad ten&iacute;a un per&iacute;metro definido</strong>. Ten&iacute;a que ser pensada como un v&iacute;nculo deserotizado, de segundo orden respecto del que verdaderamente importaba: el de pareja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestra &eacute;poca es a&uacute;n &ldquo;parejo-centrista&rdquo;, es decir, ubica la relaci&oacute;n amorosa estable y con compromiso emocional (m&aacute;s o menos excluyente) en la serie terminal de los v&iacute;nculos. La amistad, en este contexto, es un momento de pasaje &ndash;como en la adolescencia cuando se la considera en t&eacute;rminos de &ldquo;grupo de pares&rdquo;&ndash; o una zona liberada para ciertos momentos estipulados dentro del contrato afectivo: alguien puede irse de vacaciones con sus amigas o amigos siempre que &ndash;si est&aacute; en pareja&ndash; se haya pautado la habilitaci&oacute;n correspondiente. De otro modo, podr&iacute;a pensarse que la relaci&oacute;n atraviesa una crisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque nadie (al menos que yo conozca) le pide permiso a sus amigos para irse unos d&iacute;as de viaje con su pareja. Puede ser que aquellos lo burlen, como ocurre de manera tan frecuente entre varones, pero es dif&iacute;cil creer que se lo impidan. En la d&eacute;cada del &rsquo;90 hubo una exitosa canci&oacute;n que habl&oacute; de esta situaci&oacute;n, de la banda 2 Minutos y que dec&iacute;a: &ldquo;Carlos se vendi&oacute; al barrio de Lan&uacute;s, el barrio que lo vio crecer. Ya no vino nunca m&aacute;s por el bar de Fabi&aacute;n y se olvid&oacute; de pelearse los domingos en la cancha&rdquo;. A primera vista, la letra es sobre un amigo que se integr&oacute; a una fuerza de seguridad, de la que parad&oacute;jicamente habr&iacute;a quedado preso (t&iacute;pico caso de lo que Freud llamar&iacute;a figuraci&oacute;n por lo contrario), pero el reproche amoroso con que se titula, &ldquo;Ya no sos igual&rdquo;, habla de un amigo que dio el paso de &ldquo;crecer&rdquo; y entablar una pareja, por eso luego se lo describe as&iacute;: &ldquo;Carlos se dej&oacute; crecer el bigote y tiene una 9&rdquo;, es decir, una pistola que ahora usa en una relaci&oacute;n estable.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea de diferenciar entre amor y amistad, est&aacute; la cl&aacute;sica distinci&oacute;n que hiciera <strong>Jorge Luis Borges</strong>: &ldquo;La amistad no necesita frecuencia, el amor s&iacute;; la amistad puede prescindir de frecuencia, el amor, en cambio, est&aacute; lleno de ansiedades, de dudas, donde la falta de frecuencia puede ser terrible. Yo tengo amigos &iacute;ntimos a los que veo tres o cuatro veces al a&ntilde;o. Y a otros no los veo porque se han muerto. [...] La amistad puede prescindir de las confidencias. El amor no. Si en el amor no hay una confidencia, ya se lo vive como una traici&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dos conclusiones pueden extraerse de esta cita. Por un lado, Borges ve&iacute;a a sus amigos aunque fuese ciego; por otro lado, el amor le resultaba muy doloroso. <strong>Su testimonio vale como otro ejemplo de que, al menos desde cierto punto de vista, amor y amistad van por carriles diversos. </strong>No por nada algunas relaciones amorosas conclu&iacute;an &ndash;o no se llegaban a iniciar&ndash; con esa expresi&oacute;n que fue el t&iacute;tulo de una novela de Dani Umpi: &ldquo;Solo te quiero como amigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, &iquest;es preciso vivir la amistad como ese v&iacute;nculo de potencia disminuida? De un tiempo a esta parte, me sorprende la cantidad de art&iacute;culos que promueven el sexo entre amigos. La mayor&iacute;a est&aacute; destinado a heterosexuales &ndash;tal vez porque hace tiempo la homosexualidad hizo de la amistad una bandera fuerte contra el parejo-centrismo&ndash;, pero no solo pensando entre varones y mujeres. Por ejemplo, se recomienda el &ldquo;Bud sex&rdquo; o &ldquo;sexo entre colegas&rdquo; que es entre varones heterosexuales, pero que no se piensan como homosexuales. Aunque quiz&aacute; este ejemplo no valga del todo, porque en algunos art&iacute;culos dicen que este tipo de pr&aacute;ctica no implica componentes afectivos (no hay besos ni caricias y, eventualmente, incluso transcurre en el anonimato).
    </p><p class="article-text">
        En los otros art&iacute;culos que leo hace unos a&ntilde;os, se recomienda coger con amigos porque ser&iacute;a &ldquo;bueno&rdquo; por diferentes motivos. Hago un resumen: 1. Fortalecer&iacute;a la autoestima; 2. Servir&iacute;a como preparaci&oacute;n t&eacute;cnica en la que no se ponen en juego las inhibiciones y/o ansiedades del deseo con un desconocido; 3. Consolida la amistad (aunque aqu&iacute; no resulta claro si una amistad consolidada no es condici&oacute;n para el sexo); 4. Gran motivo: es mucho m&aacute;s econ&oacute;mico; 5. Dado que se trata de un v&iacute;nculo de confianza, no habr&iacute;a reproches ni malentendidos (ning&uacute;n art&iacute;culo explica por qu&eacute;); 6. Para quienes no est&aacute;n en una relaci&oacute;n estable, el sexo eventual con un amigo es recomendable porque mantiene activo el cuerpo y, por lo tanto, contribuye a su salud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque usted, lector, no lo crea, todas estas estupideces las dicen art&iacute;culos que dicen basarse en estudios cient&iacute;ficos y en investigaciones de universidades (por supuesto, todas norteamericanas). Yo, que tambi&eacute;n pienso y digo estupideces, cuando leo estos art&iacute;culos no puede dejar de imaginar a un becario medio f&oacute;bico en Minnesota que hace tiempo tiene ganas de acostarse con una compa&ntilde;era de laboratorio y no tiene m&aacute;s recurso que el de inventar un <em>paper</em> para invitarla a desayunar y debatir ideas sobre el tema.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, fuera del chiste tonto, me pregunto: <strong>&iquest;por qu&eacute; erotizar la amistad supone este tipo de motivos que est&aacute;n m&aacute;s cerca de un pensamiento higienista, basado en miedo al compromiso y al conflicto, sino en un ejercicio narcisista? </strong>En particular, el motivo de que ser&iacute;a &ldquo;m&aacute;s econ&oacute;mico&rdquo; es simp&aacute;tico, porque demuestra el cansancio de la cita y de ciertos estereotipos de agasajo, pero que la cr&iacute;tica se justifique en t&eacute;rminos de &ldquo;ahorro&rdquo; parece m&aacute;s un gesto de mezquindad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Desde mi punto de vista, el erotismo de la amistad es una relación con la palabra</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;En serio no le vamos a reconocer ninguna potencia a la amistad? Por ejemplo, en mi pr&aacute;ctica como terapeuta es cada vez m&aacute;s frecuente escuchar a j&oacute;venes cuyo inicio en la sexualidad ya no es en el marco de un &ldquo;debut&rdquo; (con una prostituta, llevados por alg&uacute;n padre, t&iacute;o o entre amigos), sino en condiciones m&aacute;s l&uacute;dicas. Lo mismo adolescentes que encuentran sus primeros besos y caricias en amistades que no tienen por qu&eacute; luego ser olvidadas como si hubiera ocurrido alguna transgresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no quisiera limitar mi comentario a la juventud; adem&aacute;s quisiera recuperar la dimensi&oacute;n er&oacute;tica de la amistad m&aacute;s all&aacute; de una pr&aacute;ctica sexual. De regreso a Borges, yo me reconozco en ese v&iacute;nculo ocasional, que hace que vea a algunos amigos una que otra vez, quiz&aacute; no m&aacute;s de dos o tres en un a&ntilde;o. Sin embargo, nunca dejo de hablar con ellos. Incluso cuando no est&aacute;n, les hablo y, eventualmente, ellos me hacen saber que est&aacute;n del otro lado. Nunca cre&iacute; en las amistades basadas en la permanencia, me resultan una suerte de conformismo, pero eso seguramente tenga que ver con que soy var&oacute;n y los varones, por lo general, o hasta hace un tiempo, ten&iacute;amos a &ldquo;los pibes&rdquo; como centro de nuestra vida. Los presupuestos de complicidad &ndash;verdadero lado B de la traici&oacute;n de que habla Borges, porque esa traici&oacute;n es posible sobre un fondo de incondicionalidad&ndash; ya se investigaron bastante en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desde mi punto de vista, el erotismo de la amistad es una relaci&oacute;n con la palabra</strong>. En principio, un amigo es &ndash;como ya dije&ndash; alguien con quien hablar; es decir, un amigo es un interlocutor y esto no quiere decir que sea alguien que nos escucha de manera complaciente. Nunca se puede escuchar de manera complaciente; si es escucha, implica una devoluci&oacute;n, que vuelva algo de lo impensado en lo que dijimos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de esto &uacute;ltimo, me importa subrayar que la amistad implica conflicto. Con los amigos nos peleamos; cierto que sobre un fondo de comprensi&oacute;n, pero si los amigos no nos interpelan, no nos sacan de nosotros mismos. Este es el rasgo que m&aacute;s quisiera destacar:<strong> antes que uno doble de uno, un &ldquo;otro yo&rdquo;, el amigo es alguien que nos ofrece la chance de ser diferentes de lo que somos.</strong> &iquest;Qu&eacute; otra cosa caracteriza al erotismo sino esa transformaci&oacute;n?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Antes que uno doble de uno, un “otro yo”, el amigo es alguien que nos ofrece la chance de ser diferentes de lo que somos. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por esto es que la amistad es tan importante, en la medida en que necesita de lo desconocido, de lo extra&ntilde;o, de lo que no refuerza el narcisismo y, por lo tanto, es Eros. Hay quienes nombran su &ldquo;c&iacute;rculo de amistades&rdquo; a partir de una idea com&uacute;n, de pensar lo mismo, de estar en la misma onda; este tipo de v&iacute;nculos suelen ser limitantes, con la primera diferencia es que aparecen los miedos: al abandono, a ser juzgado, a perder una identidad. Este tipo de amistades son meramente agrupamientos, sociedades, consuelos para solitarios; porque <strong>la amistad siempre tiene algo solitario, porque es pasi&oacute;n por lo diferente.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En este siglo de pensamiento masificado, en el que la masa a veces se expresa como falsa solidaridad y otras se confunde con trabajar gratis de troll; en el que los lazos se consolidan a partir de una identificaci&oacute;n que no tiene nada que ver con la empat&iacute;a, ya que la empat&iacute;a no deja de poner al otro como otro, es fundamental recuperar la funci&oacute;n de la amistad. Ser amigos no es ser pares, no significa pensar lo mismo, no significa ser condescendiente, sino ir contra el hacer &ldquo;causa com&uacute;n&rdquo; que lleva a que una el espanto antes que el amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguna vez Michel Foucault dijo que aquello que verdaderamente podr&iacute;a subvertir a nuestras sociedades no es el deseo, sino la amistad. Quiz&aacute; tengamos que volver a pensar este v&iacute;nculo impropio respecto de la pareja, salvo para nombrar el modo en que &eacute;sta es capaz de renunciar a su &ldquo;centrismo&rdquo; para ser un v&iacute;nculo que conserve la extra&ntilde;eza y una apertura que no se reduce al ox&iacute;moron que llamamos &ldquo;relaci&oacute;n abierta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, una pregunta: &iquest;es el psicoanalista un amigo? Hay quienes dicen que no; yo creo que si conversar con un amigo es meramente un acto cat&aacute;rtico, claramente un analista no es un amigo. Tampoco es un otro complaciente. Sin embargo, si el amigo es un interlocutor, alguien que nos interpela y, eventualmente, quien nos permite ser diferentes a nosotros, el analista puede ser nombrado como amigo sin mayores reparos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recomienda-coger-amigos_129_8147847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jul 2021 10:38:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5f759028-aa6f-44dc-bcbf-35e020fda4f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="29325" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5f759028-aa6f-44dc-bcbf-35e020fda4f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="29325" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Se recomienda coger con amigos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5f759028-aa6f-44dc-bcbf-35e020fda4f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Deseo,Día del amigo,Jorge Luis Borges]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Volver con un ex o perder un deseo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/volver-ex-perder-deseo_129_8100902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c443c4c6-ff9b-4a07-8904-bab127fa8ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Volver con un ex o perder un deseo?"></p><p class="article-text">
        Es posible decidir el fin de una pareja, pero no de un deseo. Hay parejas que llegan a su conclusi&oacute;n porque el deseo se perdi&oacute; en el camino. Sin embargo, hay otras a las que les toca hacer un duelo complejo: ya no el duelo por la relaci&oacute;n que termin&oacute;, el v&iacute;nculo que daba ciertas seguridades o, al menos, una identidad y un aire de vida cotidiana; me referir&eacute; aqu&iacute; m&aacute;s bien a la pregunta por c&oacute;mo se hace el duelo por un deseo que une con otra persona cuando ya no vamos a continuar juntos.
    </p><p class="article-text">
        Para explicar mejor de qu&eacute; hablo, voy a contar un ejemplo bastante t&iacute;pico. Lo har&eacute; a partir de situaciones que son corrientes en los relatos de experiencias de an&aacute;lisis, la de nadie en particular, sino la de muchas y distintas personas que comparten un modo m&aacute;s o menos habitual de sentir. No se trata en estas l&iacute;neas de una consideraci&oacute;n universal, s&iacute; de algo que viven varias personas que conoc&iacute; y conozco, no s&eacute; si hay mejor motivo para hablar de estas cuestiones.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de varios meses de peleas irreconciliables, dos personas deciden ponerle un punto final a su relaci&oacute;n. Durante un primer tiempo ambos est&aacute;n aliviados, pero de repente empiezan a preguntarse por qu&eacute; el otro no llama, piensan en escribirse, quiz&aacute; lo vienen haciendo, pero ahora se preguntan en qu&eacute; andar&aacute; el otro, &iquest;se estar&aacute; viendo con alguien? No digo que se haya acostado con otra persona, esto es imprevisible, m&aacute;s bien la pregunta es si est&aacute; &ldquo;conociendo&rdquo; a alguien. &iquest;Volver&aacute; a enamorarse?
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es muy posible que el otro vuelva a enamorarse, &iquest;se lo podemos prohibir? En este punto, adem&aacute;s, hay que ser coherente: en la despedida dijimos &ldquo;Te deseo lo mejor&rdquo; y seguramente eso incluye que el otro pueda &ldquo;rehacer&rdquo; su vida, si es que una vida puede rehacerse. Por cierto, &iquest;quisi&eacute;ramos volver con el otro? Esto es claro, nuestra decisi&oacute;n es indeclinable. No &eacute;ramos felices y, seamos honestos, nosotros estamos en pleno inicio de una relaci&oacute;n que nos tiene entusiasmados. No es este un caso de esos que los art&iacute;culos proponen cuando plantean la pregunta: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo regresar con tu ex?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima expresi&oacute;n es curiosa: &iquest;es realmente posible volver con un ex? La idea misma de &ldquo;ex&rdquo; es extra&ntilde;a, porque supone un v&iacute;nculo en presente, pero con alguien del pasado. <strong>Un &ldquo;ex&rdquo; es el presente que nos une con el pasado, o la continuidad del pasado en el presente, como no resuelto; quiz&aacute; por eso quienes &ldquo;regresan con sus ex&rdquo; terminan reeditando la relaci&oacute;n que tienen, o bien lo hacen para confirmar que quer&iacute;an separarse.</strong> Una pareja necesita a veces m&uacute;ltiples retornos antes de poder despedirse. Sin embargo, no es de esto que hablo en esta ocasi&oacute;n. Incluso pienso que hay quienes pueden estar de nuevo con alguien con quien tuvieron algo en otro momento, pero este reencuentro no es &ldquo;volver con un ex&rdquo;, sino empezar nuevamente (es decir, de manera novedosa) con esa persona a la que alguna vez creyeron que conoc&iacute;an. En este punto, es saludable que las relaciones a veces concluyan con dos personas dici&eacute;ndose: &ldquo;Te desconozco, no s&eacute; qui&eacute;n sos&rdquo;. Si realmente supi&eacute;ramos qui&eacute;n es el otro, o si nos crey&eacute;semos la ficci&oacute;n de que sabemos qui&eacute;n es el otro, lo cierto es que esto se parece m&aacute;s a la necesidad de justificar alg&uacute;n tipo de irresoluci&oacute;n personal, puede ser justamente el modo de tratar un deseo que a&uacute;n permanece: necesito decir(me) que el otro es as&iacute; o as&aacute;&hellip; para reprimir el deseo que me une con &eacute;l o ella.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es que regresamos a nuestro tema. &iquest;En qu&eacute; andar&aacute; el otro? Entonces, puede ser que asuma dos actitudes: quiz&aacute; cada tanto le mande un mensaje, o le haga llegar alguna noticia m&iacute;a, para &ldquo;tantear&rdquo; si a&uacute;n me responde, si est&aacute; disponible, si se acuerda de algo que yo no puedo olvidar (un d&iacute;a en que fuimos felices), etc. En definitiva, por esta v&iacute;a lo que hago es tantear si a&uacute;n soy el objeto de su deseo. La otra actitud consiste en sufrir si veo una foto suya, si nos cruzamos por la calle y lo (o la) veo de un modo conmovedor, seguramente con un atractivo mayor al que ten&iacute;a cuando est&aacute;bamos juntos. Si sufro, es porque deseo. Hay personas que, por ejemplo, nunca pierden el deseo de acostarse con un ex, a pesar de que no quieran retomar la relaci&oacute;n. Hay ex que se acuestan y, luego, se arrepienten, o buscan la manera de irse lo m&aacute;s r&aacute;pido de la escena, tanto como est&aacute;n los que no pueden dejar de hacer alguna menci&oacute;n que demuestre que &ldquo;conocen&rdquo; al otro, tal vez como una manera de esperar un reconocimiento por haber sido objeto de ese deseo alguna vez.
    </p><p class="article-text">
        Freud dec&iacute;a que el deseo es indestructible. Esto no quiere decir que no haya deseos que se pierdan. A veces el fin de una relaci&oacute;n se debe a que despu&eacute;s de haber realizado los deseos que nos un&iacute;an con otro, ya no queda mucho m&aacute;s que hacer. El problema son los deseos no realizados. O esos que quedan &ldquo;pendientes&rdquo; cuando dos personas deciden que ya no quieren estar juntos. Tambi&eacute;n hay parejas que solo estuvieron unidas por un par de deseos y quiz&aacute; por eso nunca se pusieron de acuerdo. El deseo produce un lazo, pero no siempre es de uni&oacute;n irrestricta. El deseo, como muchas veces escrib&iacute;, tambi&eacute;n separa, porque en el deseo no hay simetr&iacute;a: ojal&aacute; una relaci&oacute;n humana se pudiera reducir al simple &ldquo;Yo te deseo&rdquo;, &ldquo;Vos me dese&aacute;s&rdquo;, &ldquo;Nos deseamos&rdquo; y listo. No le voy a pedir al lector que lea a Hegel o a Lacan, para tener una visi&oacute;n m&aacute;s compleja del deseo, pero me alcanza con decir que en el deseo no hay &ldquo;compa&ntilde;erismo&rdquo;, porque en el deseo siempre quiero del otro algo que no puede darme sin dejar de ser quien es; con el deseo siempre se trata de cambiar al otro, de una manera en que si incluso cambiara, no quisi&eacute;ramos.<strong> El deseo es lo que ocurre entre pedirle al otro que cambie (de un modo que no quiere) y un cambio que, si realizase, no querr&iacute;amos. </strong>No hay que leer a Hegel o a Lacan, alcanza con leer las pintadas en las paredes o los pasacalles del estilo &ldquo;Gordi, volv&eacute; conmigo, ahora me ba&ntilde;o&rdquo;. Cuando leemos un anuncio semejante nos re&iacute;mos, porque creemos que el destinatario nunca estar&aacute; de acuerdo, pero nuestra risa reprime aquello que menos nos gustar&iacute;a escuchar: que quien se ofrece de ese modo, lo &uacute;ltimo que quiere es volver.
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, pienso que durante mucho tiempo pensamos la pareja desde el punto de vista del deseo. Sin duda es un factor important&iacute;simo, pero tambi&eacute;n puede ser el que menos hable de la pareja que dos personas conformaron. Incluso puede haber un deseo que una a dos personas, pero no es f&aacute;cilmente integrable a su condici&oacute;n de pareja. Por otro lado, tambi&eacute;n hay parejas que al principio no encuentran un deseo, pero despu&eacute;s de un tiempo se descubren vivi&eacute;ndolo. Estas son las parejas m&aacute;s interesantes, porque no se basan en la inmediatez pasional, sino porque descubren una pasi&oacute;n como resultado del encuentro: la de estar juntos. No es lo mismo decir &ldquo;Sos el objeto de mi pasi&oacute;n&rdquo; que descubrir que &ldquo;Mi pasi&oacute;n es estar con vos&rdquo;. Estas parejas, m&aacute;s interesantes, suelen ser tambi&eacute;n m&aacute;s fr&aacute;giles, atadas a lo transitoriedad, no porque duren menos (a veces se prolongan durante muchos a&ntilde;os), sino porque no basan la pareja m&aacute;s que en lo que hacen como pareja.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/volver-ex-perder-deseo_129_8100902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jul 2021 10:05:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c443c4c6-ff9b-4a07-8904-bab127fa8ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="177318" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c443c4c6-ff9b-4a07-8904-bab127fa8ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="177318" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Volver con un ex o perder un deseo?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c443c4c6-ff9b-4a07-8904-bab127fa8ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Deseo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
