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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Simone de Beauvoir]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/simone-de-beauvoir/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Simone de Beauvoir]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Aprender a repetirse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/aprender-repetirse_129_10025786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08b51d1d-3314-450d-94c0-c32e52842f29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tamara"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al reflexionar sobre los modos de cocinar y de amar, la autora reivindica la satisfacción que dan los rituales y las tradiciones, que "viene de la libertad que da liberarse de la obligación de ser novedad en un mundo donde lo nuevo parece ser lo único que importa". </p></div><p class="article-text">
        Recordaba que la pel&iacute;cula <em>Julie and Julia</em> (<strong>Nora Ephron</strong>, 2009) me hab&iacute;a gustado mucho, pero no recordaba tanto por qu&eacute;, o quiz&aacute;s cuando la vi por primera vez me entusiasm&oacute; por razones distintas que las que se me ocurrieron la semana pasada cuando volv&iacute; a verla en un avi&oacute;n. Lo que m&aacute;s presente ten&iacute;a en la memoria era el modo en que est&aacute; filmada la comida, contada por una persona que la disfruta, que la retrata como solo se puede retratar lo que se ama. Pero quiz&aacute;s porque cuando la vi en el cine ten&iacute;a otra edad es que no registr&eacute; algunas de las cuestiones que esta vez me llamaron m&aacute;s la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Julie and Julia </em>cuenta dos historias en un montaje paralelo: la de <strong>Julia Child</strong> (<strong>Meryl Streep</strong>), una suerte de Do&ntilde;a Petrona gringa que llev&oacute; la gastronom&iacute;a francesa a las cocinas de las amas de casa &ldquo;sin tiempo y sin sirvientes&rdquo;, y la de <strong>Julie Powell</strong> (<strong>Amy Adams</strong>), una chica que pas&oacute; de promesa literaria de su universidad a treinta&ntilde;era frustrada en un trabajo burocr&aacute;tico. En un intento por salir de la meseta emocional, Julie decide empezar un blog con una premisa muy concreta: cocinar todas las recetas del libro m&aacute;s famoso de Julia Child en el lapso de un a&ntilde;o y no morir en el intento. Mientras la pel&iacute;cula nos muestra c&oacute;mo fue que Julia Child se meti&oacute; en los hogares de los estadounidenses, vemos a Julie entrar en una especie de obsesi&oacute;n. Tiene que hacer todas las recetas, incluyendo las langostas que van vivas a la olla, el pato que se compra entero y se corta en casa y una secci&oacute;n de &aacute;spics que ninguna persona deber&iacute;a haber vuelto a tocar despu&eacute;s de 1970. Tiene que hacerlas, adem&aacute;s, tal cual como Julia las hac&iacute;a: los mismos caldos, las mismas salsas untuosas, las mismas cantidades de manteca. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora que soy grande y que yo tambi&eacute;n quiero dedicarme a escribir (me dedico, te&oacute;ricamente, pero es una de esas profesiones en las que no se abandona nunca la sensaci&oacute;n de ser aspirante, o a m&iacute; no me ha tocado todav&iacute;a) vi en la pel&iacute;cula un tema que antes no hab&iacute;a le&iacute;do. Julie insiste en la disciplina, insiste en la copia exacta: insiste, textualmente, en que lo m&aacute;s importante que Julia le ense&ntilde;&oacute; fue a cocinar. No a inventar recetas: a cocinar, a hacer lo que otro ya prob&oacute; y sabe que funciona. A diferencia de lo que se supone que es el punto de escribir, cocinar no se trata de hacer cosas nuevas todas las veces: muchas veces se trata de hacer exactamente lo mismo. Que la receta salga igual a como le sali&oacute; a su autor, que salga igual a la foto del libro, que salga igual todas las veces que el restaurante la sirve; llegar todas las veces al cierre, me dice una amiga cocinera, a la misma hora y con las mismas tareas terminadas. Julie estaba en un momento en el que no pod&iacute;a escribir nada: no hab&iacute;a nada que ella pudiera crear, ninguna cosa a la que pudiera dar nacimiento desde cero. Lo que la sac&oacute; de ese estado en un sentido fue probar con algo distinto: seguir reglas, una rutina, una inmersi&oacute;n en la mismidad y en el abandono total y absoluto de la pretensi&oacute;n de originalidad. Pienso que la satisfacci&oacute;n que dan los rituales y las tradiciones viene de la libertad que da liberarse de la obligaci&oacute;n de ser novedad en un mundo donde lo nuevo parece ser lo &uacute;nico que importa, borrar la propia subjetividad en una &eacute;poca en la que lo &uacute;nico valioso es lo que se puede firmar. 
    </p><p class="article-text">
        Es gracioso: para <strong>Simone de Beauvoir</strong>, parte de lo opresivo de las tareas del hogar &mdash;aunque rescata que la cocina puede tener un componente creativo&mdash; es el hecho de que no dejan una obra permanente, que todos los d&iacute;as hay que hacerlas todas de vuelta. Entiendo a lo que va y tiene toda la raz&oacute;n, pero lo que a m&iacute; &mdash;y supongo que a Nora Ephron tambi&eacute;n&mdash; me resulta liberador de cocinar no es la parte creativa: es juntamente que se trata de otra cosa, de hacerse parte de una tradici&oacute;n y de algo que se ha hecho pero que tiene valor igual, que no deriva su importancia &uacute;nicamente de su inexistencia previa. Por supuesto que los grandes cocineros pueden crear recetas emblem&aacute;ticas, pero ni cocinar en casa ni cocinar profesionalmente consiste s&oacute;lo en la invenci&oacute;n: la manteca no necesita ser algo distinto de lo que es, es absolutamente perfecta como es. La cebolla hay que aprender a picarla de la manera que ya tenemos, la manera que te ense&ntilde;an en las escuelas de cocina: la humanidad ya lleg&oacute; a la c&uacute;spide en lo que respecta a picar cebolla, no hay nada que inventar y cualquier cosa que se te ocurra seguramente ser&aacute; peor, as&iacute; que lo mejor que se puede hacer es dejar de intentar distinguirse, aprender, sumarse a una cadena an&oacute;nima e infinita de personas que hacen lo mismo, de la misma forma, una y otra vez. Eso que para Simone de Beauvoir era la condena de S&iacute;sifo en el siglo XXI puede ser el nirvana, e incluso la subversi&oacute;n, la forma de salirse del imperativo individualista y abrirse a lo colectivo, a aquello de lo que no puedo vanagloriarme yo sola.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n, la primera vez que vi la pel&iacute;cula, al hecho de que tanto Julie como Julia tienen unos maridos espectaculares: tipos amorosos, dulces y divertidos que las apoyan en todo. Pienso que aprender a cocinar y aprender a vivir con alguien se parecen en esto: pasados los enamoramientos no se trata, yo creo, como dicen algunos gur&uacute;s del amor, de &ldquo;mantener la llama&rdquo; a trav&eacute;s de falsas novedades, disfraces de conejita y escapadas a la playa. Lo que hay que aprender a valorar, lo dif&iacute;cil, lo contracultural, es la repetici&oacute;n, como un actor de teatro que goza de decir el mismo texto todas las semanas con las mismas inflexiones, parando en las mismas marcas, llegando a los mismos lugares. A m&iacute;, personalmente, siempre me cost&oacute; todo esto: seguir recetas al pie de la letra, hacer los ejercicios de guitarra, sostener una pareja. Pero por eso mismo los intentos de hacerlo, los m&iacute;os y los de otras personas, me resultan tan conmovedores: la voluntad genuina de hacer las cosas bien sin inventar nada, tener que hacerlas una y otra vez porque no se acumulan, sino que se comen, se acaban. Es por eso que me repugna y me deserotiza el lenguaje de los proyectos para hablar de los amores. Lo interesante de la experiencia de querer a alguien, pienso yo, es que no es un proyecto, que no va a convertirse en algo distinto de lo que es, que hay que hacerlo de nuevo, igual, todos los d&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/aprender-repetirse_129_10025786.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Mar 2023 03:07:54 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las manos sucias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manos-sucias_129_9303970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d383daed-bb34-4c2a-980e-b4a38d10f165_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x439y203.jpg" width="1200" height="675" alt="Las manos sucias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre la obra de Sartre en el San Martín, el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner y sobre la mirada escribe Romina Paula.</p><p class="subtitle">Por Moira Soto - Total vigencia y fuerte atractivo de una obra de Sartre que se presenta en el Teatro San Martín</p></div><h3 class="article-text">Una visi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Ayer cruzaba la ciudad en bicicleta, r&aacute;pido para lo r&aacute;pido que mi peque&ntilde;o rodado me permite desplazarme y una imagen me acometi&oacute;. Veo a una chica sentada en los escalones de la escalera de un edificio. Es decir, no la veo con mis ojos desde la bicicleta, la veo dentro de mi cabeza, como si la recordara, o la imaginara. Esa chica parece dormida a primera vista. Est&aacute; sentada, un poco vencida hacia adentro, son sus hombros los que se vencen, su cabeza se apoya contra la pared o acaso est&eacute; m&aacute;s vencida a&uacute;n y su barbilla haga contacto con su pecho, de tan vencida que est&aacute;. En un primer instante podr&iacute;a pensarse que duerme, que se durmi&oacute;. Pero cuando se eval&uacute;a bien, se comprueba que esa chica est&aacute; vac&iacute;a por dentro. Literalmente, no como modo de decir. Esa chica es la c&aacute;scara; es solo su ropa, su cabello y su piel lo que estamos viendo: por dentro ya no tiene ni &oacute;rganos ni nada, y si la toc&aacute;ramos con un dedo esa figura se doblar&iacute;a como un bolso vac&iacute;o.
    </p><h3 class="article-text">Una obra</h3><p class="article-text">
        El fin de semana fui a ver <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/total-vigencia-fuerte-atractivo-obra-sartre-presenta-teatro-san-martin_1_9227422.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las manos sucias, una versi&oacute;n de la obra de Sartre dirigida por Eva Halac en el San Mart&iacute;n</a>. Acompa&ntilde;o a una amiga que quiere ir a ver a un compa&ntilde;ero de trabajo pensando, en principio, qu&eacute; raro Sartre hoy y tambi&eacute;n, qu&eacute; ser&aacute; hacer y ver/ o&iacute;r a Sartre hoy. Le&iacute; bastante de Sartre en mi a&ntilde;o del Cbc, suena pretencioso, lo era, ten&iacute;a un novio que era muy lector de &eacute;l, por alguna raz&oacute;n ten&iacute;a entre mis manos un ejemplar de la conferencia <em>El existencialismo es un humanismo</em>, intentaba leerlo en mis recreos en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de la secundaria, no entend&iacute;a todo pero cada tanto alguna llam&eacute;mosle verdad que probablemente fuera lucidez me golpeaba y con eso ya era suficiente. Entonces cuando conoc&iacute; a Lucas en el Cbc todo se aline&oacute; y le&iacute;amos a Sartre y Cort&aacute;zar y tambi&eacute;n a Simone y fantase&aacute;bamos con la vida de ellxs todos y a ese caldo humanista le sumaba yo tambi&eacute;n alguna l&iacute;nea del Goethe, algo de Nietzsche, Dostoievsky, Hesse, Kafka: mis primeros a&ntilde;os universitarios, primeros y los &uacute;nicos que tuve, te&ntilde;idos por esta tradici&oacute;n. No tanto por entenderla pero bastante s&iacute; por percibirla o sentir eco o resonancia o <em>sentido</em>, que probablemente busc&aacute;ramos, y que esas lecturas ten&iacute;an. En esa &eacute;poca fuimos a ver una puesta de <em>A puerta cerrada</em> en alg&uacute;n teatro sobre Paseo Col&oacute;n, todo de esa &eacute;poca es l&uacute;gubre y vital al mismo tiempo, algo busc&aacute;bamos, algo quer&iacute;amos entender, quer&iacute;amos sentir, pens&aacute;bamos que estudiar, formarnos, ser universitarios, pensar, cuestionar, ser&iacute;a nuestra herramienta para poder actuar, ser en el mundo, intervenir y modificar lo que nos parec&iacute;a que no. Tanto no nos hemos alejado de la senda. Entonces, ir a ver un Sartre, tambi&eacute;n, mueve y remueve cosas. &iquest;Qu&eacute; nos dir&aacute; Sartre ahora, hoy?
    </p><p class="article-text">
        La sala Casacuberta es semicircular, creo que es mi sala favorita del San Mart&iacute;n. En todas la madera prevalece pero en esta, algo de su tama&ntilde;o intermedio, su calidad de nave, en la que se ve bien desde todos lados y se est&aacute; cerca y lejos al mismo tiempo, es una sala en la que siempre me gusta estar. Esta vez, para su puesta, Halac aprovecha la propuesta modernista de Mario Roberto &Aacute;lvarez, el arquitecto que dise&ntilde;&oacute; el San Mart&iacute;n y reproduce el decorado del palier dentro de la sala: su mural, sus muebles, su paleta. De hecho, la construcci&oacute;n del edificio del San Mart&iacute;n es de apenas unos a&ntilde;os antes que la escritura de la obra de Sartre, que bien podr&iacute;a haberse paseado por esa est&eacute;tica modernista pues. Adem&aacute;s, la obra reflexiona/ se pregunta acerca de la representaci&oacute;n, en este caso al hacer pol&iacute;tica, qu&eacute; roles se interpretan, cu&aacute;nto hay de enga&ntilde;o, y por cu&aacute;nto tiempo se puede sostener un papel, o cu&aacute;nta fe es necesaria para ello. En la obra, un miembro burgu&eacute;s de un partido de resistencia comunista asume la tarea de ir a asesinar a un alto mando de su mismo partido, porque otra fracci&oacute;n del partido no est&aacute; de acuerdo con una negociaci&oacute;n que ese alto mando est&aacute; a punto de emprender. Para eso lo mandan a convivir con su objetivo y en el transcurso de los d&iacute;as y las escenas se va encari&ntilde;ando con ese jefe, lo respeta y hasta le gana cari&ntilde;o, y eso hace que vaya aplazando su misi&oacute;n y se vaya convirtiendo en ese personaje que vino a interpretar: el del secretario de Hoederer. Sobre el &uacute;ltimo tramo de la obra aparece una l&iacute;nea rom&aacute;ntica un poco forzada para mi gusto que tuerce el curso de los acontecimientos y Hugo el burgu&eacute;s acaba asesinando a Hoederer de un disparo pero solo por celos, por la trama pasional. Sobre el final de la obra, que sucede en dos tiempos, se vuelve al presente de la acci&oacute;n y Hugo, reci&eacute;n liberado de la c&aacute;rcel, descubre que Hoederer se ha convertido en algo as&iacute; como un h&eacute;roe p&oacute;stumo de la organizaci&oacute;n y que sus ideas, las que &eacute;l deb&iacute;a silenciar con esa arma, prevalecieron, lo que lo deja doblemente humillado y en error. Hugo corre hacia sus verdugos y se hace acribillar, para silenciar todo de una vez.
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                &quot;Las manos sucias&quot; en el Teatro San Martín                            </span>
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        Pasaron apenas un par d&iacute;as del ataque a Cristina. Ac&aacute; tambi&eacute;n hay un arma, ac&aacute; tambi&eacute;n hay una trama, ac&aacute; el arma dispara y alguien muere pero no de verdad. Hendler como Hoederer se arroja al piso despu&eacute;s del estallido en los parlantes, y hay un apag&oacute;n con cambio temporal. La imagen hoy impacta m&aacute;s que nunca. Imagino que Hendler muere distinto hoy que hace dos d&iacute;as, que su ca&iacute;da no reverbera igual. Y esta vez, como casi siempre, las circunstancias de la as&iacute; llamada realidad superan en magia a la de la ficci&oacute;n: un arma, un brazo, que se acercan demasiado; un arma cargada que no dispara ni aunque la gatillen, una muerte horrenda que no sucede, una muerte horrenda que constru&iacute;a un relato insoportable, el de callar, el de hacer callar, el de mandar a callar, con (la)/ en nombre de la violencia.
    </p><p class="article-text">
        El domingo leo<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/cristina-fernandez-hannah-arendt-politica-violencia_129_9287477.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una columna muy l&uacute;cida de Tamara Tenenbaum en este mismo diario.</a>
    </p><p class="article-text">
        Cito su p&aacute;rrafo final:&nbsp; &ldquo;<em>Se habla a veces de que estamos saturados de pol&iacute;tica; Arendt analiza, en la parte m&aacute;s l&uacute;cida de Sobre la violencia, la cuesti&oacute;n de si la pol&iacute;tica es &mdash;como sosten&iacute;an muchos te&oacute;ricos con los que ella conversaba&mdash; id&eacute;ntica a la violencia. Es l&oacute;gico que piense esto, dice Arendt, quien cree que el Estado no es m&aacute;s que un instrumento de la clase dominante. Pero para una tradici&oacute;n igualmente importante, los que pensamos que el Estado es algo m&aacute;s (algo mejor) que eso, la pol&iacute;tica no es s&oacute;lo algo distinto de la violencia: es su contrario. En la frase m&aacute;s hermosa del texto, Arendt afirma que </em><em><strong>la violencia puede destruir al poder; es incapaz de crearlo.</strong></em><em> La subrayo todos los a&ntilde;os, como un acto de psicomagia, esperando que siga teniendo raz&oacute;n.&rdquo;</em>
    </p><h3 class="article-text">Un avistaje</h3><p class="article-text">
        A un par de cuadras de mi casa, en una esquina soleada, a plena tarde, veo a un hombre tir&aacute;ndole migas a un grupo de palomas. Lo &uacute;nico un poco extra&ntilde;o o corrido de la escena es la esquina que elige para hacerlo, y que lleve una caja de cart&oacute;n en la mano. Por algo me detengo, algo de la escena lo convierte en una escena a mirar. Las palomas se re&uacute;nen para picotear el pan, el hombre arroja la caja sobre ellas, encierra algunas, mete la mano por la parte superior de la caja que tiene una peque&ntilde;a abertura, manipula con pericia y en cuesti&oacute;n de segundos hace algo con esa mano que no llego a ver, alza la caja y se aleja caminando. Por debajo del cart&oacute;n asoman las patas inertes de por lo menos dos palomas. Camina hacia una bicicleta a un par de metros, abre la puertecilla de una caja que lleva atada atr&aacute;s, mete el bot&iacute;n que nunca llego a ver del todo con la misma precisi&oacute;n y celeridad con la que hizo todo lo dem&aacute;s. Es algo que hace con frecuencia, es algo que sabe hacer, y lo hace muy bien. Acabo de asistir, con velos, al crimen de dos palomas: est&aacute;n vivas picoteando pan, cae una caja, les quiebran el cuello, no viven m&aacute;s. La aut&eacute;ntica y verdader&iacute;sima caja del gato de Schr&ouml;dinger, &iquest;o ser&iacute;a esta su opuesto, vivas primero, muertas despu&eacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, en la escalera, en el teatro, en la calle, bajo la caja: las cosas son y no son al mismo tiempo, est&aacute;n suspendidas en su posibilidad, opuesta, hasta que se definen en una direcci&oacute;n. Y si lo que determina esa definici&oacute;n es la mirada, &iquest;es la mirada tambi&eacute;n la que mata, o deja vivir?
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manos-sucias_129_9303970.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Sep 2022 04:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las manos sucias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Simone de Beauvoir,Jean Paul Sartre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fuego de la libertad: El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/fuego-libertad-refugio-filosofia-tiempos-sombrios-1933-1943_1_8355687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d04ea164-4946-4b80-9ec7-226d06906e8c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fuego de la libertad: El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El decenio de 1933 a 1943 marcó el capítulo más triste de la Europa moderna. En medio del horror, Simone de Beauvoir, Simone Weil, Ayn Rand y Hannah Arendt, cuatro de las figuras más influyentes del siglo XX, mostraron lo que significa llevar una vida verdaderamente emancipada y, al mismo tiempo, desarrollaron sus ideas visionarias sobre la relación entre el individuo y la sociedad, el hombre y la mujer, el sexo y el género, la libertad y el totalitarismo, Dios y la humanidad.
Con gran habilidad narrativa y un equilibrio entre el relato biográfico y el análisis de las ideas, en "El fuego de la libertad" (Taurus, 2021) Eilenberger ofrece la historia de cuatro vidas legendarias.</p></div><h3 class="article-text">El proyecto</h3><p class="article-text">
        &laquo;&iquest;Para qu&eacute; empezar si hay que detenerse?&raquo; No est&aacute; mal para un comienzo. El ensayo va a tratar precisamente de la tensi&oacute;n entre la finitud de la propia existencia y la infinitud manifiesta de este mundo. Al fin y al cabo, tras una breve reflexi&oacute;n, este abismo amenaza con reducir al absurdo cada plan, cada proyecto, cada meta propuesta. Y da lo mismo que consista en conquistar la Tierra entera o solo en cuidar del propio jard&iacute;n. Todo acaba en lo mismo. Si no lo hacen otros, ser&aacute; el tiempo el que un d&iacute;a se encargue de destruir la obra creada y relegarla para siempre al olvido. Como si nunca hubiera existido. Un destino tan seguro como la propia muerte.
    </p><p class="article-text">
        Entonces &iquest;por qu&eacute; hacer algo en lugar de no hacer nada? O, para decirlo en forma de una cl&aacute;sica tr&iacute;ada de preguntas: &laquo;&iquest;Cu&aacute;l es entonces la medida del hombre? &iquest;Qu&eacute; fines puede proponerse? Y &iquest;qu&eacute; esperanzas puede abrigar?&raquo;. S&iacute;, eso era. Eso era ella, &iexcl;la estructura buscada! 
    </p><p class="article-text">
        Desde su mesa en una esquina del segundo piso del Caf&eacute; de Flore, Simone de Beauvoir ve&iacute;a pasar a los transe&uacute;ntes. Se apresuraban. Eran los otros. Todos y cada uno ten&iacute;an una conciencia propia. Caminaban acompa&ntilde;ados de sus temores y preocupaciones, sus planes y esperanzas. Como ella misma. Una entre miles de millones. Cada vez que lo pensaba, un escalofr&iacute;o le recorr&iacute;a la espalda.
    </p><p class="article-text">
        A Beauvoir le hab&iacute;a resultado dif&iacute;cil cumplir lo convenido. No coincid&iacute;a del todo con la tem&aacute;tica deseada por el editor Jean Grenier. &Eacute;l quer&iacute;a que escribiera un texto sobre &laquo;el existencialismo para una antolog&iacute;a de determinadas corrientes de pensamiento actuales&raquo;. Por aquel entonces, ni Sartre ni Beauvoir hab&iacute;an reclamado para s&iacute; este t&eacute;rmino. Era una invenci&oacute;n reciente de los suplementos de prensa, nada m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a del tema que le hab&iacute;a propuesto no pod&iacute;a ser mayor. Porque si hab&iacute;a un <em>leitmotiv</em> que hab&iacute;a marcado su camino y el de Sartre durante los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, era la rotunda negativa a aceptar las etiquetas que otros hubieran rebuscado para ellos. Exactamente ese tipo de rebeld&iacute;a hab&iacute;a sido el n&uacute;cleo del proyecto de Simone... o lo fue hasta entonces.
    </p><h3 class="article-text">Los mejores a&ntilde;os </h3><p class="article-text">
        Ya podr&iacute;an otros llamarlo tranquilamente &laquo;existencialismo&raquo;. Ella evitar&iacute;a de forma deliberada ese t&eacute;rmino. Har&iacute;a, como autora, solo lo que m&aacute;s resueltamente se propuso hacer desde las primeras anotaciones en sus diarios de juventud, esto es, concentrarse todo lo que pudiera en las preguntas que atormentaban su existencia (y cuyas respuestas a&uacute;n no conoc&iacute;a). Curiosamente, segu&iacute;an siendo las mismas. Por encima de todas, la pregunta por el posible sentido de su propia existencia, as&iacute; como la pregunta por la importancia de otras personas en su vida. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, Beauvoir nunca hab&iacute;a sentido tanta seguridad y libertad con estas reflexiones como en la primavera de 1943. En el apogeo de otra guerra mundial. En medio de su ciudad ocupada. A pesar de las cartillas de racionamiento y de los problemas de suministro, a pesar de la continua abstinencia de caf&eacute; y tabaco (Sartre estaba tan desesperado que todas las ma&ntilde;anas gateaba por el suelo del Caf&eacute; de Flore para recoger las colillas de la noche anterior), a pesar de los controles diarios y de los toques de queda, a pesar de la omnipresente censura y de los soldados alemanes que pululaban cada vez con mayor insolencia por los caf&eacute;s de Montparnasse... Mientras encontrara tiempo y sosiego suficientes para escribir, podr&iacute;a soportar todo lo dem&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Gallimard publicar&iacute;a en oto&ntilde;o su primera novela. Ten&iacute;a una segunda terminada en el caj&oacute;n. Tambi&eacute;n llevaba muy adelantada una obra teatral. Era la hora de escribir su primer ensayo filos&oacute;fico. La obra de mil p&aacute;ginas de Sartre <em>El ser y la nada</em> estaba en la imprenta. Y en un mes se estrenar&iacute;a su obra teatral <em>Las moscas</em> en el Th&eacute;&acirc;tre de la Cit&eacute;. Su &uacute;nica obra pol&iacute;tica hasta el momento. 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello era la cosecha intelectual de una d&eacute;cada, en el curso de la cual ella y Sartre hab&iacute;an creado juntos un estilo de filosofar totalmente nuevo. Adem&aacute;s de &mdash;siendo ambos inseparables&mdash; nuevas formas de vivir su vida: privada, profesional, literaria, er&oacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando Beauvoir todav&iacute;a estudiaba filosof&iacute;a en la &Eacute;cole Normale Sup&eacute;rieure &mdash;Sartre la invit&oacute; a su casa para explicarle el pensamiento de Leibniz&mdash;, los dos sellaron un pacto de amor muy particular: se prometieron uno al otro fidelidad y sinceridad intelectual sin dejar de estar abiertos a otras atracciones. Ser&iacute;an absolutamente necesarios el uno para el otro, y contingentes para los dem&aacute;s. Una estrecha y din&aacute;mica pareja en la que el resto del mundo podr&iacute;a reflejarse seg&uacute;n su voluntad. Este proyecto los llevar&iacute;a desde entonces a nuevos comienzos y aventuras: de Par&iacute;s a Berl&iacute;n y a Atenas; de Husserl a Hegel, pasando por Heidegger; de tratados a novelas y a obras dram&aacute;ticas. De la nicotina a la mescalina y a la anfetamina. De la &laquo;peque&ntilde;a rusa&raquo; al &laquo;peque&ntilde;o Bost&raquo; y a la &laquo;rusa m&aacute;s peque&ntilde;a&raquo;. De Nizan a Merleau-Ponty y a Camus. &Eacute;l seguir&iacute;a con ella, y m&aacute;s decidida y firmemente que nunca (&laquo;Vivir un amor significa proyectarse a trav&eacute;s de &eacute;l hacia nuevas metas&raquo;).
    </p><p class="article-text">
        Sus horas lectivas semanales (un m&aacute;ximo de diecis&eacute;is) como profesores de filosof&iacute;a les permit&iacute;an cumplir con su trabajo sin mayores compromisos. En lugar de ce&ntilde;irse al plan de estudios, dejaban que sus alumnos discutieran libremente entre ellos despu&eacute;s de unas breves exposiciones introductorias (siempre fue un acierto). Pagaban las facturas. Al menos parte de ellas. No solo ten&iacute;an que costear su propio sustento, sino tambi&eacute;n el de gran parte de su &laquo;familia&raquo;. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en Par&iacute;s, Olga todav&iacute;a segu&iacute;a con su carrera de actriz en la casilla de salida. El peque&ntilde;o Bost apenas consegu&iacute;a, como periodista independiente, llegar a fin de mes, y la hermana menor de Olga, Wanda, todav&iacute;a andaba buscando desesperada algo que se ajustara completamente a ella. Solo Natalie Sorokin, la incorporaci&oacute;n m&aacute;s joven, era del todo independiente; nada m&aacute;s comenzar la guerra se hab&iacute;a especializado en la sustracci&oacute;n de bicicletas, y desde entonces hab&iacute;a dirigido un bien organizado &mdash;y al parecer tolerado por los nazis&mdash; mercado negro cada vez mejor surtido.
    </p><h3 class="article-text">La situaci&oacute;n </h3><p class="article-text">
        Una vez m&aacute;s, Beauvoir hab&iacute;a dejado cicatrizar las experiencias de la guerra y de la ocupaci&oacute;n. Justo durante los meses anteriores, su convivencia le hab&iacute;a permitido &mdash;eso le parec&iacute;a como la verdadera cabeza de familia que era&mdash; encontrarse realmente a s&iacute; misma. Cada cual disfrutaba de su papel sin verse reducido a &eacute;l. Todos conoc&iacute;an sus deberes y derechos sin ser demasiado r&iacute;gidos con ellos. Cada uno se sent&iacute;a satisfecho consigo mismo, pero juntos no se aburr&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, el inminente anuncio de la sentencia no preocupaba a Beauvoir solo por ella. Desde hac&iacute;a m&aacute;s de un a&ntilde;o, los detectives de las autoridades de Vichy estaban ocupados investig&aacute;ndola. De forma casual, la madre de Sorokin hab&iacute;a encontrado en un caj&oacute;n una correspondencia &iacute;ntima entre su hija y la profesora de filosof&iacute;a que entonces ten&iacute;a. Una vez hecho el descubrimiento, llev&oacute; a cabo sus propias pesquisas y finalmente present&oacute; el material a las autoridades. El procedimiento, dec&iacute;a en su denuncia, era siempre el mismo: primero, Beauvoir hac&iacute;a en privado amistad con las alumnas y exalumnas que la admiraban, luego las seduc&iacute;a sexualmente y, tiempo despu&eacute;s, se las transfer&iacute;a al compa&ntilde;ero de su vida, el profesor de filosof&iacute;a y literato Jean Paul Sartre. El foco de las pesquisas se desplazaba as&iacute; hacia unos&nbsp;hechos constitutivos de &laquo;inducci&oacute;n al comportamiento disoluto&raquo; que amenazaban a Beauvoir con las consecuencias de una eventual declaraci&oacute;n de culpabilidad; la retirada permanente de la docencia ser&iacute;a la m&aacute;s leve.
    </p><p class="article-text">
        Hasta entonces solo se sab&iacute;a que Sorokin, Bost y Sartre hab&iacute;an decidido no declarar en sus citaciones. Fuera de las referidas cartas a Sorokin, que no incriminaban a Beauvoir de una manera concluyente, no hab&iacute;a una prueba clara. En cambio, la cantidad de indicios que los detectives del r&eacute;gimen de P&eacute;tain hab&iacute;an recabado daban una idea bastante exacta de la posici&oacute;n docente de Beauvoir en el espectro pol&iacute;tico, y que casaba con su particular existencia.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de residir en apartamentos, desde hac&iacute;a a&ntilde;os viv&iacute;an juntos en hoteles de Montparnasse. All&iacute; bailaban y re&iacute;an, cocinaban y beb&iacute;an, discut&iacute;an y dorm&iacute;an unos con otros. Sin presiones externas. No hab&iacute;a reglas fijas. Y, sobre todo &mdash;en la medida de lo posible&mdash;, no hab&iacute;a falsas promesas ni renuncias. &iquest;No pod&iacute;a ser una simple mirada, un roce ocasional, una noche en blanco colectiva, la posible chispa que encendiese el fuego de una vida renovada? Ellos quer&iacute;an creerlo. S&iacute;, al menos para Beauvoir y Sartre, el ser humano solo era &eacute;l mismo como principiante.
    </p><p class="article-text">
        <em>No se llega a ninguna parte. Solo hay puntos de partida, comienzos. Con cada ser humano, la humanidad empieza de nuevo. Y de ah&iacute; que el joven que busca su lugar en el mundo no lo halle al principio y se sienta perdido.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta era tambi&eacute;n una forma de explicar por qu&eacute; Beauvoir tom&oacute; a Olga, a Wanda, al peque&ntilde;o Bost y a Sorokin, una vez llegados a Par&iacute;s desde la provincia, bajo su protecci&oacute;n y los acogi&oacute;, los ampar&oacute; y los mantuvo. Era para sacar a aquellos j&oacute;venes de su evidente estado de abandono y ofrecerles la libertad. Para animarlos a hacerse su propio lugar en el mundo, en vez de quedarse en el que ten&iacute;an asignado. Esto pasaba por ser un acto de amor, no de sumisi&oacute;n, del eros vivo, no del ciego desenfreno. Un acto en el que se preservaba la humanidad. Porque &laquo;el hombre&nbsp;solo es &eacute;l mismo cuando se elige a s&iacute; mismo; si reh&uacute;sa elegirse, se destruye&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Wolfram Eilenberger]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/fuego-libertad-refugio-filosofia-tiempos-sombrios-1933-1943_1_8355687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Oct 2021 03:18:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fuego de la libertad: El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Simone de Beauvoir,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El segundo sexo en el Río de la Plata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/segundo-sexo-rio-plata_1_8271963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13c5350d-b51a-4b59-9d37-614c74ff92bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El segundo sexo en el Río de la Plata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El segundo sexo en el Río de la Plata" (Marea Editorial, 2021), compilado por Mabel Bellucci y Mariana Smaldone, recupera el poder de Simone de Beauvoir, una autora que con su obra tuvo una profunda influencia en el auge de los feminismos en todo el mundo y fue el faro de varias generaciones de activistas feministas, periodistas, escritoras e intelectuales en el Río de la Plata. Aquí, un fragmento de uno de los artículos, escrito por Bellucci.</p></div><h3 class="article-text">El segundo sexo. El libro que siempre tiene nuevas generaciones de lectoras y lectores</h3><p class="article-text">
        Este trabajo pretende dar una visi&oacute;n aproximada sobre las primeras lecturas de <em>El segundo sexo</em>&nbsp;llevadas a cabo por mujeres y varones en Buenos Aires. Para ello, se efectuaron dieciocho entrevistas a nombres destacados del mundo de la cultura, de la progres&iacute;a intelectual y pol&iacute;tica, de las izquierdas, de las minor&iacute;as sexuales y del feminismo hist&oacute;rico compuesto por liberales, cat&oacute;licas, progresistas y de izquierda. Tambi&eacute;n una recuperaci&oacute;n de los testimonios de protagonistas de las minor&iacute;as sexuales: el Frente de Liberaci&oacute;n Homosexual (FLH) y el Grupo Pol&iacute;tica Sexual (GPS), durante la d&eacute;cada de los setenta. 
    </p><p class="article-text">
        Todos estos relatos abrieron interrogantes en torno a c&oacute;mo estxs pionerxs descubrieron al libro, el a&ntilde;o en que fue le&iacute;do. Adem&aacute;s, de sus efectos posteriores en el pasaje de lectoras individuales a sujetos colectivos, en momentos de conformaci&oacute;n del feminismo local a partir de los ochenta en adelante. Nuestrxs entrevistadxs se conectaron con este libro simplemente por curiosidad personal, por asesoramiento de un librero, por consejo de una amiga, por el embeleso a la dupla Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre o por la admiraci&oacute;n a la pluma de Simone. En l&iacute;neas generales, la conoc&iacute;an por su trayectoria m&aacute;s convencional, omitiendo las m&uacute;ltiples facetas de nuestra autora. Ante todo, era m&aacute;s por su literatura y sus singulares relaciones amorosas que por su obra consagrada. En menor medida, la vinculaban con el existencialismo franc&eacute;s y muy pocas con las corrientes marxistas. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a las integrantes avezadas del feminismo local, la mayor&iacute;a tomaron contacto con el libro en los inicios de los sesenta, mientras que una minor&iacute;a lo ley&oacute; apenas sali&oacute; publicado en Francia. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Atisbos de una lucha </em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en aquel Buenos Aires a horas del derrocamiento del segundo gobierno peronista, en 1955, el contenido revulsivo de <em>El segundo sexo </em>flot&oacute; en el vac&iacute;o. Hubo que disponer de paciencia. Iniciados los setenta, emergieron dos peque&ntilde;os colectivos que centraron su accionar en la reflexi&oacute;n grupal: la Uni&oacute;n Feminista Argentina (UFA, 1970-1976) y el Movimiento de Liberaci&oacute;n Femenina (MLF, 1972-1976). Fue en ese entorno hist&oacute;rico que este texto can&oacute;nico comenz&oacute; su ruta. En nuestros lares, el mecenazgo de Simone y, en especial, la significativa relevancia de <em>El segundo sexo</em>&nbsp;no difiere al compararlo con lo que suced&iacute;a en el resto del continente o en Espa&ntilde;a. Asimismo, en nuestro pa&iacute;s el movimiento feminista estaba despuntando, aunque carec&iacute;a de una fuerza cuantitativa que impulsara su visibilidad y, por cierto, era contemplado con algo de extra&ntilde;eza. Si bien en estas tierras fue endeble en cuanto a sus formas organizativas y al m&iacute;nimo impacto social provocado, no por ello, se deber&iacute;a descartar su legado intelectual, que recoger&aacute; sus frutos a futuro. Mientras tanto, en este contexto arremeti&oacute; con una pujanza arrolladora en las monumentales urbes del Norte el Movimiento de Liberaci&oacute;n de la Mujer (Women&rsquo;s Liberation Movement). No obstante, la cercan&iacute;a de nuestros feminismos con el MLM fue fluctuante. En tanto aquel se referenciaba con una contrahegemon&iacute;a cultural, una heterodoxia pol&iacute;tica y una lucha anticapitalista y colonial, en Argentina no fue as&iacute;. En nuestra regi&oacute;n prim&oacute; la insurrecci&oacute;n de las organizaciones pol&iacute;tico-armadas con el fin principal de la toma del poder, con un protagonismo significativo de mujeres que engrosaron las filas de los partidos pol&iacute;ticos revolucionarios. Tambi&eacute;n hubo una extendida tradici&oacute;n de participaci&oacute;n femenina en las famosas insurrecciones obreras y estudiantiles. 
    </p><p class="article-text">
        En un gran n&uacute;mero de militantes primaba un discurso en pie de igualdad con los varones, es decir, que en ese presente no se sent&iacute;an discriminadas por ser mujeres, aunque la misma pr&aacute;ctica y la cotidianidad se lo mostraran. No visualizaban que sus propios grupos de procedencia reproduc&iacute;an parcial o totalmente las concepciones tradicionales hegem&oacute;nicas de una sociedad a la que se dispon&iacute;an a derrumbar junto a sus compa&ntilde;eros. En paralelo, irrump&iacute;an las corrientes feministas involucradas tambi&eacute;n en &ldquo;una revoluci&oacute;n&rdquo;, pero de otra estirpe, tan dis&iacute;miles entre unas y otras que por ello ambas no tuvieron intenciones de aproximaci&oacute;n para entender los objetivos de largo alcance que encerraban sus proyectos. El feminismo local intent&oacute; tambi&eacute;n correr la cabeza desde el hueco oscuro de los anales y mirar otras contingencias, pero lo hizo con grandes vicisitudes. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a nuestras lectoras de <em>El segundo sexo</em>, todas dispon&iacute;an de un perfil cl&aacute;sico de &eacute;poca: cobraban importancia las universitarias, las profesionales destacadas, las personalidades de la cultura y el arte y algunas tambi&eacute;n eran autodidactas. Varias representaban voces referenciales del feminismo hist&oacute;rico y muchas se sintieron interpeladas por ese texto inaugural, pero de manera personal. A&uacute;n no estaban dadas las condiciones pol&iacute;ticas para una lectura comunitaria y colectiva de esa narrativa emancipatoria. Este es un dato fundamental para entender porque El segundo sexo no tuvo auge en nuestro pa&iacute;s a principios de los setenta. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, tanto mujeres como varones llegaron a Simone por caminos diferentes, engarz&aacute;ndose de acuerdo a la multiplicidad fac&eacute;tica de la escritora. B&aacute;sicamente, la conocieron a trav&eacute;s de su producci&oacute;n literaria pero tambi&eacute;n por su relaci&oacute;n amorosa tan singular con Jean-Paul Sartre. En menor medida, por ser una figura central del existencialismo franc&eacute;s, en tanto, pocxs fueron lxs que se&ntilde;alaron su compromiso con el pensamiento marxista. Es decir, que a nuestra autora se la vincul&oacute; m&aacute;s con el mundo literario. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Lecturas y lectorxs</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Empezaremos con el testimonio del gran editor y librero Gregorio Schvartz que fue quien se empecin&oacute; en publicar los dos tomos del famoso libro. Su traductor al castellano fue el destacado escritor, dramaturgo, guionista y estudiante de abogac&iacute;a Pablo Tischkovsky Blant, m&aacute;s conocido como Pablo Palant. En esos momentos, Buenos Aires era el centro difusor por excelencia de toda novedad cultural, que aseguraba su propagaci&oacute;n por todo el mercado iberoamericano. Tanto es as&iacute; que, durante la sangrienta dictadura de Francisco Franco, miles de espa&ntilde;olas se iniciaron clandestinamente en su lectura a trav&eacute;s de esta edici&oacute;n argentina. 
    </p><p class="article-text">
        Las declaraciones de Schvartz nos permitieron entender las causas que lo llevaron a publicar, en momentos previos a la ca&iacute;da del peronismo, un libro de dos tomos, escrito por una mujer que, a su vez, analizaba la condici&oacute;n de sus cong&eacute;neres: &ldquo;En esa etapa, empec&eacute; a editar ensayos sociales y filos&oacute;ficos b&aacute;sicamente. Si bien no era muy importante nuestra editorial, me sorprendi&oacute; que me aceptaran para publicarlo. Lo m&iacute;o fue una quijotada, una corazonada, aunque Simone ya era una figura de estatura y yo intu&iacute;a la importancia fundacional del libro. El verdadero impacto de venta lo tuvo a partir de los sesenta y fue cabecera en muchos pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a, Colombia, Venezuela y M&eacute;xico. Sucede que antiguamente no exist&iacute;a la cr&iacute;tica literaria como un g&eacute;nero tan desarrollado como es en la actualidad. Antes la propaganda se hac&iacute;a verbalmente. Ahora existen revistas y suplementos especializados para los lectores&rdquo;. Si bien la resonancia era tal cual como lo planteaba Schvartz, lo mismo, hubo intentos de publicidad. Por ejemplo, M&oacute;nica Tarducci se&ntilde;ala que &ldquo;el 19 de diciembre de 1954 aparece en el diario <em>La Prensa</em>&nbsp;el aviso publicitario del <em>segundo sexo</em>&nbsp;de Simone de Beauvoir&rdquo;. En un recuadro destacado, la editorial Siglo Veinte anuncian la &ldquo;La obra capital de Simone de Beauvoir y uno de los libros capitales de nuestro tiempo, dos tomos, 1000 p&aacute;ginas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo a las opiniones del historiador socialista y periodista Emilio Corbi&egrave;re &ldquo;el eje vertebrador de los debates p&uacute;blicos de ese entonces se centraba en la antinomia peronismo-antiperonismo, en la crisis de la Iglesia. Tambi&eacute;n se discut&iacute;a sobre las secuelas pol&iacute;ticas y culturales del fascismo, el Holocausto y el comienzo de la descolonizaci&oacute;n. De all&iacute;, que Simone era un tanto desconocida en esos ambientes, pero tambi&eacute;n lo era en los medios acad&eacute;micos durante esos a&ntilde;os y en los posteriores&rdquo;. Corbi&egrave;re descubri&oacute;<em>&nbsp;El segundo sexo</em>&nbsp;ya por los a&ntilde;os sesenta, no as&iacute; a Simone: &ldquo;Yo la conoc&iacute; por su campa&ntilde;a a favor de la revolucionaria argelina Djamila Boupacha, prisionera y torturada por la barbarie militar francesa. Simone la defendi&oacute; como Emilio Zola lo hizo con Alfred Dreyfus. Cuando lo le&iacute; no repar&eacute; especialmente en la pol&eacute;mica incluida entre el machista Alejandro Dumas y una feminista, llamada Mar&iacute;a Deraismes. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, supe que esta vigorosa feminista pertenec&iacute;a a la masoner&iacute;a y fue la creadora a fines del siglo xix de la Logia Mixta El Derecho Humano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Safina Newbery, antrop&oacute;loga, feminista e integrante de la UFA, fue la que hizo hincapi&eacute; en el desinter&eacute;s universitario por abordar la obra de Simone. Al respecto, ella contaba: &ldquo;En 1960 entr&oacute; a la facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de Buenos Aires para estudiar Antropolog&iacute;a. De El segundo sexo no se hablaba en sociolog&iacute;a o filosof&iacute;a. No s&eacute; si en la carrera de Letras era distinto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quien tambi&eacute;n se ocup&oacute; de ella fue la especialista en historia de mujeres, Lily Sosa de Newton: &ldquo;Leo el libro en 1965. En mi caso trabajaba sola, como una francotiradora y no pertenec&iacute;a a grupos que se interesasen por el tema. El segundo sexo era centro de inter&eacute;s en c&iacute;rculos universitarios. Las asociaciones femeninas se ocupaban preferentemente de literatura, educaci&oacute;n, historia. Incluso, supongo que no conoc&iacute;an la obra&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entretanto, Mirta Henault, obrera metal&uacute;rgica y textil, delegada sindical de cu&ntilde;o trotskista, colaboradora del peri&oacute;dico Palabra Obrera y tiempo despu&eacute;s integrante de las filas de la UFA, tuvo cosas que decir. En 1972, en su ensayo &ldquo;La mujer y los cambios sociales: la mujer como productora de la historia&rdquo; publicado en el libro Las mujeres dicen basta, inici&oacute; el texto con planteos elogiosos a El segundo sexo, pero tambi&eacute;n con una cr&iacute;tica puntual en torno a la noci&oacute;n de otredad: &ldquo;Seg&uacute;n Simone Beauvoir, la situaci&oacute;n de las mujeres se presenta como algo dado por la naturaleza y no como un producto hist&oacute;rico. Sin embargo, nosotras pensamos que, si las mujeres se plantean como &lsquo;lo otro&rsquo; en relaci&oacute;n al var&oacute;n es porque ellas mismas han sido condicionadas por exigencias sociales, que determinaron sus caracter&iacute;sticas singulares, que son el reflejo de su ubicaci&oacute;n en la base econ&oacute;mica sobre la cual se sustentan esas relaciones sociales. Por otra parte, si la mujer es &lsquo;lo otro&rsquo; en relaci&oacute;n al var&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; lo otro se considera inferior?&rdquo;. Henault con un br&iacute;o intelectual procur&oacute; articular las inscripciones te&oacute;ricas feministas con el campo del marxismo con el prop&oacute;sito de producir su ensayo propio, siendo este uno de los primeros escritos cr&iacute;tico que circul&oacute; anticipadamente dentro de la militancia feminista en el R&iacute;o de la Plata y, tal vez, en Am&eacute;rica del Sur. En palabras de Eva Rodr&iacute;guez Ag&uuml;ero y alejandra ciriza: &ldquo;Henault forma parte de una trama geneal&oacute;gica compleja que articula izquierda y feminismo. Los nombres de Kollontai y Engels, de Lenin y las referencias a las revoluciones cubana y china constitu&iacute;an su mundo de experiencias y lecturas. Sus lazos con el trotskismo, puestos en cuesti&oacute;n por su experiencia y sus lecturas, se conservan tensados en la traducci&oacute;n del art&iacute;culo de Peggy Morton, que ella realiza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Henault <em>El segundo sexo</em>&nbsp;no la hab&iacute;a conmovido como al resto de sus pares. Pese a ello, lo difundi&oacute; entre algunas camaradas trotskistas. Fue el caso de Ladis Alaniz, quien se&ntilde;al&oacute;: &ldquo;Lo leo, en 1968, influenciada por Mirta y no tuvo gran significado. Los grupos de izquierda eran solitarios, peque&ntilde;os y no ten&iacute;an contacto, a diferencia de las liberales, con escritores europeos. En su momento, las lectoras de Simone no la tom&aacute;bamos como referencia. Nosotras habl&aacute;bamos sobre la opresi&oacute;n de la mujer, pero no con la magnitud que le daba el feminismo; hubo que esperar unos a&ntilde;os para hablar claramente sobre la opresi&oacute;n. A partir de 1970, nos empezamos a juntar para leer literatura norteamericana, italiana y francesa. Yo ingres&eacute; en la UFA apenas se funda y fue toda una revelaci&oacute;n ya que las militantes de izquierda cre&iacute;amos que nos &iacute;bamos a liberar con la revoluci&oacute;n&rdquo;. Por &uacute;ltimo, Sara Torres, tambi&eacute;n militante hist&oacute;rica de la UFA, amiga inseparable del poeta y militante homosexual, N&eacute;stor Perlongher, revel&oacute; haber le&iacute;do <em>El segundo sexo</em>&nbsp;siendo una adolescente: &ldquo;Azarosamente lleg&oacute; a mis manos cuando una compa&ntilde;era de la secundaria me lo pas&oacute; como un paquete que se quiso sacar de encima. O a lo mejor, me lo sugiri&oacute; un compa&ntilde;ero de trabajo que no ten&iacute;a nada que ver conmigo. Lo le&iacute; en 1959. A Simone de Beauvoir la conoc&iacute;a por ser una figura clave de aquella corriente filos&oacute;fica europea y tambi&eacute;n por ser la mujer de Jean-Paul Sartre. Volver a leer <em>El segundo sexo</em>&nbsp;era parte de mi ritual feminista, al menos por la cantidad de veces que lo le&iacute;. Lo habr&eacute; hecho cinco o seis veces m&aacute;s. Nunca lo compart&iacute; en grupo de mujeres, no exist&iacute;an las otras, aunque empec&eacute; a reflexionar con algunas compa&ntilde;eras en la terapia grupal y, a la vez, lo compart&iacute; con mis compa&ntilde;eros en el Grupo Pol&iacute;tica Sexual. Algunos de ellos lo hicieron circular entre los integrantes del Frente de Liberaci&oacute;n Homosexual&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mabel Bellucci y Mariana Smaldone]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/segundo-sexo-rio-plata_1_8271963.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Sep 2021 11:27:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El segundo sexo en el Río de la Plata]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismos,Simone de Beauvoir]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Querida Simone]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/querida-simone_129_8118280.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5965dd4f-3905-4a6f-84fb-1d43ca55904e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Querida Simone"></p><p class="article-text">
        Incluso le&iacute;do hoy, a m&aacute;s de setenta a&ntilde;os de su publicaci&oacute;n original, <em><strong>El segundo sexo </strong></em><strong>(1949) de Simone de Beauvoir </strong>&ndash;reeditado en trade y bolsillo por Lumen en 2018&ndash; es, sigue siendo, una fiesta. Opera magna y a la vez foto de un estado del mundo en el que las mujeres comenzaban, t&iacute;midamente, a tener &ldquo;opciones&rdquo;, es decir: a disponer de la &ldquo;libertad&rdquo; de hacerse explotar como trabajadoras para escapar de la esclavitud embrutecedora del &ldquo;amor&rdquo;, entendido como v&iacute;nculo obligatorio con un hombre libre, trascendente, que se volv&iacute;a as&iacute; raz&oacute;n y sustento de la existencia parasitaria del &ldquo;ama&rdquo; de casa. (Ten&iacute;a raz&oacute;n Gerda Lerner al hablar en <em>La creaci&oacute;n del patriarcado</em>, 1985, de &ldquo;la necesidad de redefinir y la inadecuaci&oacute;n de los t&eacute;rminos que describen las experiencias femeninas&rdquo; porque &ldquo;la manera en que est&aacute; configurado el pensamiento abstracto y el lenguaje a trav&eacute;s del cual se expresa sirve para perpetuar la marginaci&oacute;n de las mujeres&rdquo;.) Par&aacute;sito no porque no trabajara en el hogar para &ldquo;su&rdquo; hombre, sus hijos, la familia, sino porque su existencia, infinitamente expoliada, es pura inmanencia, precisa adosarse a un vector orientado hacia el futuro, trascendente, para existir.
    </p><p class="article-text">
        Simone rastrea la diferencia entre hombres y mujeres hasta el plano biol&oacute;gico: el cuerpo de la mujer est&aacute; sometido a la tiran&iacute;a de la especie (menstruaciones, capacidad de gestar, de crear nueva vida ex nulla); el del hombre no. Sobre esta diferencia, la cultura patriarcal construy&oacute; un &uacute;nico sujeto (masculino) dotado de existencia aut&oacute;noma, rodeado de <em>lo otro</em>, lo diferente, inasimilable: sus objetos de deseo. El reparto es injusto y la mujer cae del lado de lo inesencial. Todos sus dramas derivar&aacute;n de esta primera negativa a la igualdad en la diferencia, piedra inaugural de un camino pavimentado de coacci&oacute;n y despotenciamiento que culminar&aacute; en sociedades que durante milenios se perdieron de experimentar la potencia realizada de las mujeres que las integraron.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin posibilidad de estudiar, excomulgada del escenario laboral formal (reconocido socialmente), obligada a deslomarse en &ldquo;tareas&rdquo; de cuidado y reproducci&oacute;n de la vida, la &uacute;nica v&iacute;a posible de supervivencia para la mujer fue durante muchos siglos el matrimonio, es decir: la validaci&oacute;n por interp&oacute;sita persona</strong>. La aceptaci&oacute;n voluntaria de su secundaridad, de su inesencialidad: detr&aacute;s de un hombre. El patriarcado se revela as&iacute; una factor&iacute;a de esclavas voluntarias: hordas de mujeres que aceptan someterse al camino del &ldquo;amor&rdquo;, que a cambio de convertirlas en objetos (de deseo) les garantiza respetabilidad y aceptaci&oacute;n social. Se les impide cultivarse, aspirar a lo universal, nadie espera nada de ellas, y luego se las apostrofa y descalifica porque sus temas son &ldquo;femeninos&rdquo;, su capacidad para la ciencia, la t&eacute;cnica, el pensamiento abstracto, insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        La adolescencia marca la primera gran escisi&oacute;n de caminos. A los hombres se les ense&ntilde;a a avanzar sobre el mundo, enfrentarlo, conquistarlo. Proyectarse hacia el futuro con objetivos propios, asumiendo la responsabilidad del error o el fracaso, en tanto sujetos activos. A las mujeres, en cambio, se les destina la espera. Su &ldquo;carrera&rdquo; pasa por la belleza f&iacute;sica, por encantar, fascinar, en una palabra: por lo que un sujeto activo piense o espere de ellas. Devienen as&iacute; objetos, mercanc&iacute;a, valor de cambio (que adem&aacute;s tiene un alto valor de uso). No se les impide tener alguna capacidad, alguna inteligencia: adornos. Lo importante sigue siendo que dediquen su existencia a enamorar, seducir, enganchar a un sujeto trascendente para anexarse a &eacute;l y participar del brillo fulgurante que deja su paso por esta Tierra.
    </p><p class="article-text">
        La realidad retratada por Simone en este libro enorme, fundamental, es en gran parte nuestro pasado. <strong>Hoy en d&iacute;a, las mujeres de todas las clases sociales pertenecen al mundo del trabajo, emancipaci&oacute;n que abri&oacute; nuevas perspectivas y senderos posibles, pero tambi&eacute;n nuevas problem&aacute;ticas.</strong> Sumaron a la jornada laboral las tareas de cuidado y reproducci&oacute;n en un loop de trabajo que no concluye jam&aacute;s; sus sueldos y condiciones de trabajo suelen ser peores que las de sus colegas varones; viven presionadas por el mandato de la felicidad (formar pareja, armar una familia), del &eacute;xito profesional (ganar mucha plata, alcanzar un puesto alto dentro de la jerarqu&iacute;a de alguna empresa), de la juventud y la belleza. Casi descuartizadas en el potro de este tormento, las exploraciones del mundo que podemos hacer en tanto sujetas no logran a&uacute;n salir del &aacute;rea de influencia que tiene el canto de sirena de nuestro antiguo destino de alteridad objetual y sufrimos por no poder ser todo al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Pausanias, la pronaos del templo de Apolo en Delfos invitaba a les visitantes: &ldquo;Temet nosce&rdquo;, conocete a vos misme.<strong> Con paciencia e inteligencia, gracia y audacia, Simone de Beauvoir, la divina Simone, se ha tomado el trabajo por todes nosotres</strong>. Basta subirse a su sidecar y sumarse al viaje como copilote y llorar y re&iacute;r por todo lo que hemos logrado y sufrido juntes, hombres y mujeres, en esta traves&iacute;a hacia la creaci&oacute;n de un mundo poblado por sujetes diverses e iguales, equivalentes, en el que el amor sea el encuentro de mundos distantes, la afectaci&oacute;n libre y amorosa de corrientes alternas y no una reproducci&oacute;n enmascarada del juego del amo y la esclava.
    </p><p class="article-text">
        <em>AO</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Ojeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/querida-simone_129_8118280.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jul 2021 03:02:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Querida Simone]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Simone de Beauvoir,Feminismos]]></media:keywords>
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