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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Poesía]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/poesia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Poesía]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Alicia Genovese: “La poesía es un enorme aparato sensible que puede percibir un espíritu de época”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alicia-genovese-poesia-enorme-aparato-sensible-percibir-espiritu-epoca_1_13028003.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b58c91e8-f2e8-4d54-ab3d-20b4c898d5fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alicia Genovese: “La poesía es un enorme aparato sensible que puede percibir un espíritu de época”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escritora, docente y ensayista, es una referente insoslayable de la poesía argentina. Sus inicios, la literatura "a los tropezones" y la errancia como motor para su tarea.</p><p class="subtitle">Entrevista - Patricio Rago: “La literatura y el juego son formas de enfrentarse al individualismo horrible que propone el neoliberalismo”</p></div><p class="article-text">
        De la mirada puesta en lo movedizo de la poes&iacute;a, a la pausa que implica para cualquier escritor llevar apuntes en un diario. De los vaivenes que ofrece la errancia (algo, en sus palabras, &ldquo;inherente a la tarea de escribir, un viaje sin rumbo fijo guiado por el impulso, el deseo de la palabra y la capacidad de b&uacute;squeda&rdquo;) a la quietud del registro. <strong>En </strong><em><strong>Poes&iacute;a y errancia</strong></em><strong> (Entrop&iacute;a, 2025) su &uacute;ltimo libro, Alicia Genovese propone un di&aacute;logo luminoso que se mueve entre el ensayo sobre la poes&iacute;a y el diario de escritura.</strong> Una conversaci&oacute;n que, como describe la escritora <strong>Gloria Peirano</strong> en la contratapa de la publicaci&oacute;n, ubica a los dos terrenos &ldquo;en tanto espejos de un mismo tr&aacute;nsito: la confianza en el desplazamiento y en el abandono de lo desconocido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escritora, docente, ensayista, referente insoslayable de la poes&iacute;a argentina, Genovese ofrece una vez m&aacute;s ideas deslumbrantes alrededor del poema y su construcci&oacute;n. Y lo hace a partir de sus lecturas <strong>(en las p&aacute;ginas de </strong><em><strong>Poes&iacute;a y errancia</strong></em><strong> se cruzan Ricardo Zelaray&aacute;n, Olga Orozco, Clarice Lispector, Fernando Pessoa o H&eacute;ctor Viel Temperley)</strong> y tambi&eacute;n de su propia deriva, cuando escribi&oacute; libros de poemas como <em>La contingencia</em> y <em>La invenci&oacute;n del equilibrio</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lejos del desenfreno o del v&eacute;rtigo desbocado, la escritora prefiere detenerse en las piedras en el camino, en el musgo, en el hallazgo inesperado que alimenta a la poes&iacute;a. <strong>Un tipo de exploraci&oacute;n que solamente puede conjugarse en infinitivo, a partir de acciones vitales como &ldquo;errar&rdquo;, &ldquo;habitar&rdquo;, &ldquo;improvisar&rdquo;, &ldquo;ejercitar&rdquo;, &ldquo;respirar&rdquo;</strong>, que le dan nombre a los cap&iacute;tulos del texto y que lo enhebran. 
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                Poesía y errancia, de Alicia Genovese.                            </span>
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        <strong>&ndash; &iquest;De qu&eacute; manera lleg&aacute;s a la literatura? &iquest;Fue un hallazgo, alguna lectura que te moviliz&oacute;, algo que se te impuso?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Es un camino muy raro porque yo vengo de una casa muy humilde donde no hab&iacute;a libros. Entonces, mi primer contacto con la literatura fue reci&eacute;n en la escuela secundaria. Fui a una buena escuela normal de la zona sur, en Banfield. Viv&iacute;a en Llavallol, as&iacute; que ten&iacute;a que viajar much&iacute;simo. Y fue ah&iacute;, en el colegio, con los profesores, que de alguna manera me enganch&eacute; primero con la lectura. Los estudiantes no eran muy apegados a la literatura, tampoco mis amigas. <strong>Pero con los profesores enseguida establec&iacute; algo as&iacute; como un di&aacute;logo. Tambi&eacute;n iba mucho a la biblioteca de la escuela. En esa &eacute;poca nos compr&aacute;bamos unas antolog&iacute;as con textos que eran espectaculares.</strong> Como yo ten&iacute;a ese viaje enorme de mi casa al colegio las llevaba conmigo todos los d&iacute;as. Y ah&iacute; le&iacute;a poes&iacute;a, sobre todo los cl&aacute;sicos. Eso me cambi&oacute; la vida. As&iacute; que mi entrada a la literatura es eso. Despu&eacute;s, claro, me puse a escribir, De alguna manera empec&eacute; como a parafrasear, a ensayar garabatos, sin tener nada. O con la nada misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Hasta que llega el momento en que decid&iacute;s ir a la universidad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, ah&iacute; dije en casa que iba a seguir Letras, ante lo cual mis padres me preguntaron qu&eacute; era eso. Lo m&iacute;o fue siempre a los tropezones. De hecho incorporarme a la universidad para m&iacute; fue como un shock, me result&oacute; muy dif&iacute;cil: me cost&oacute; mucho entender ese clima, ese ambiente. <strong>Estudiaba mucho, sab&iacute;a un mont&oacute;n e iba a dar el examen final y me sacaba 6. Eso, para m&iacute;, que estaba acostumbrada al cuadro de honor en la secundaria, era como una deshonra.</strong> Despu&eacute;s hay otro momento de ingreso m&iacute;o, si quer&eacute;s m&aacute;s en serio, a la literatura, se da cuando ya estando en la carrera entro a un taller donde conozco a <strong>Irene Gruss</strong>, <strong>(Jorge) Aulicino</strong>, <strong>Marcelo Cohen</strong>. Hab&iacute;a muchas personas m&aacute;s, claro, eran todos muy j&oacute;venes y sab&iacute;an m&aacute;s que yo. Alguno incluso ya ten&iacute;a alg&uacute;n libro publicado. Ah&iacute; fue el momento en el que empec&eacute; a escribir cosas y recib&iacute;a unas devoluciones un poco crueles (risas). En esa &eacute;poca la correcci&oacute;n no exist&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Qu&eacute; a&ntilde;o era?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Eso ser&iacute;a en el 73, 74, 75. Si yo me tengo que mirar ahora en ese espejo dir&iacute;a que me veo como una especie de provinciana de la escritura. Pero esas devoluciones fueron muy buenas y sobre todo, esos intercambios me trajeron tambi&eacute;n una apertura a lecturas a las que de otro modo nunca hubiera llegado. <strong>En el taller ellos hablaban de (Cesare) Pavese, yo nunca lo hab&iacute;a escuchado. Aparecen, as&iacute;, cosas que terminaron siendo fundamentales</strong>.&nbsp;
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            <span class="title">
                Alicia Genovese es escritora, docente y ensayista.                            </span>
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        <strong>&ndash; Para citar el t&iacute;tulo de tu &uacute;ltimo libro: </strong><em><strong>Poes&iacute;a y errancia</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, tal cual. <strong>Creo que ese libro, de hecho, resume un poco mi predisposici&oacute;n personal</strong>. Una&nbsp;predisposici&oacute;n a irse de la casa, a decirle a los padres &ldquo;esto no es lo que vos ten&eacute;s preparado para m&iacute;&rdquo;. Mis padres hab&iacute;an llegado a discutir si ten&iacute;a sentido que yo siguiera la secundaria o no, porque implicaba toda una movida econ&oacute;mica para ellos. As&iacute; que todo lo que vino despu&eacute;s tuvo algo de aventura, algo de &eacute;pica. Uno de los primeros libros que escrib&iacute;, que es como una prosa un poco autobiogr&aacute;fica, empieza con la palabra &ldquo;irme&rdquo;. Y yo quer&iacute;a irme. No es que estaba mal, pero de chica present&iacute;a que hab&iacute;a otras cosas que eran mejores para m&iacute;. <strong>Yo coleccionaba historietas, revistas mexicanas, cualquier cosa. &iexcl;Yo le&iacute;a hasta la gu&iacute;a de tel&eacute;fono! </strong>Y en ese tipo de lecturas escuchaba que hab&iacute;a un mundo que era para m&iacute;, pero que para eso ten&iacute;a que irme de ah&iacute;, un poco por lo menos. La errancia de alguna manera sigui&oacute;. Tampoco es que soy una aventurera alocada, pero s&iacute; con las cosas en las que creo, las que me gustan, las que necesito. Bueno, as&iacute; funciona un poco el deseo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Ya desde los comienzos transitaste por la poes&iacute;a y la academia. &iquest;C&oacute;mo se daba en vos esa convivencia entre estos dos mundos que parecer&iacute;an ser muy distintos</strong>?
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Creo que de entrada fue una convivencia muy conflictiva. Yo ten&iacute;a en claro que quer&iacute;a escribir ya cuando estaba en la facultad, no es que me interesara estrictamente hacer una carrera acad&eacute;mica. Lo que pasa es que en la facultad ten&iacute;a acceso a una informaci&oacute;n a la que no pod&iacute;a acceder de otra manera. Entonces eso me fascinaba. Yo ten&iacute;a compa&ntilde;eras de la facultad que por ah&iacute; conoc&iacute;an autores o lecturas porque iban a la casa o hablaban con Fulanito. Una red de accesos, de contactos muy distinta. <strong>Yo no circulaba de esa manera, mi formaci&oacute;n siempre estuvo en la educaci&oacute;n p&uacute;blica</strong>. Por momentos iba y ven&iacute;a de la facultad, porque ten&iacute;a que trabajar. Primero haciendo un trabajo administrativo, despu&eacute;s en periodismo. En ese momento estaba en una agencia relacionada con la militancia pol&iacute;tica de izquierda que yo ten&iacute;a por entonces y dej&eacute; la facultad. Segu&iacute;a en la errancia (risas), por &eacute;pocas volv&iacute;a a cursar. Finalmente conoc&iacute; al que fue despu&eacute;s mi marido y &eacute;l obtuvo una beca para ir a Estados Unidos. &Eacute;l ah&iacute; me dijo que me esperaba un a&ntilde;o, que terminara la carrera as&iacute; en Estados Unidos pod&iacute;a hacer algo y no morirme de angustia. Entonces logr&eacute; el t&iacute;tulo y nos fuimos. All&aacute; tuve mucha suerte, primero en Boston y despu&eacute;s en Florida, donde hab&iacute;a un centro de estudios y un muy buen departamento de espa&ntilde;ol en la universidad. Y me fue bien.<strong> Pero siempre tuve en claro que lo m&iacute;o era escribir, no era el mundo de la academia. En todo caso la universidad era siempre un complemento, una manera de tener alg&uacute;n trabajo digno.</strong> O algo para responder cuando te preguntan qu&eacute; hac&eacute;s. Dec&iacute;s &ldquo;soy profesora&rdquo; y de alguna manera se aquietan las aguas. Si dec&iacute;s &ldquo;soy escritora&rdquo; o &ldquo;soy poeta&rdquo; en alg&uacute;n momento eso parec&iacute;a un descr&eacute;dito incre&iacute;ble.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mis padres habían llegado a discutir si tenía sentido que yo siguiera la secundaria o no, porque implicaba toda una movida económica para ellos. Así que todo lo que vino después tuvo algo de aventura, algo de épica</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s que en algunos espacios se ve&iacute;a o tal vez se sigue viendo a la poes&iacute;a como una etapa en la vida, como algo que se hace en la juventud para despu&eacute;s pasar a otra cosa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; De jard&iacute;n de infantes dir&iacute;a yo, ni siquiera de la juventud (risas). Por un lado me parece que ah&iacute; hay algo muy argentino. Por eso a m&iacute; me sirvi&oacute; mucho la experiencia de Estados Unidos para ver que hab&iacute;a otra cosa. Despu&eacute;s tambi&eacute;n me vino bien haber viajado a dar clases a otros pa&iacute;ses. Viaj&eacute; bastante a Chile para dar clases sobre poes&iacute;a. Y tambi&eacute;n vi ah&iacute; que all&aacute; hab&iacute;a otra cosa en este sentido. <strong>Yo pertenezco a una generaci&oacute;n que viene de la Universidad de Buenos Aires y m&aacute;s espec&iacute;ficamente de la carrera de Letras donde muchos narradores que salieron de all&iacute; dec&iacute;an que nunca hab&iacute;an le&iacute;do poes&iacute;a. O que no les interesaba en absoluto. Estaba flotando eso, como una expresi&oacute;n de una subvaloraci&oacute;n incre&iacute;ble</strong>. Eso existe o exist&iacute;a. Pero lo que me parece m&aacute;s importante ahora es lo que viene pasando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Por un lado porque hay nuevas generaciones de narradores que s&iacute; est&aacute;n interesados en la poes&iacute;a poes&iacute;a. Me ha pasado de estar leyendo a <strong>Federico Falco</strong> y ver que citaba un poema m&iacute;o. <strong>O saber del inter&eacute;s que tienen en la poes&iacute;a autoras y autores como Gloria Peirano o Sebasti&aacute;n Mart&iacute;nez Daniell.</strong> As&iacute; que lo que m&aacute;s me gusta de este momento es todo lo que est&aacute; cambiando. Yo doy clases en la Universidad Nacional de las Artes, en la carrera de Artes de la escritura. Esa carrera, ya desde el principio, comenz&oacute; con un programa en el que la poes&iacute;a ten&iacute;a un lugar important&iacute;simo. As&iacute; que ya hay circulando cada vez m&aacute;s gente egresada que vivi&oacute; todos esos a&ntilde;os con la poes&iacute;a y que carece de prejuicios. Creo que ese movimiento tambi&eacute;n ha hecho algo hacia afuera que tiene que ver con horadar el prejuicio, cosa que me encanta. Me encanta ser parte de eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Voy a citar el t&iacute;tulo de uno de tus libros recientes, que es </strong><em><strong>Abrir el mundo desde el ojo del poema</strong></em><strong>.</strong><em><strong> </strong></em><strong>Si ten&eacute;s que decir hacia d&oacute;nde apunta ese ojo, &iquest;qu&eacute; es lo que dir&iacute;as?</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&nbsp;Mir&aacute;, la poes&iacute;a para m&iacute; es como un <em>sensorium</em>. De alg&uacute;n modo es un enorme aparato sensible que puede percibir un esp&iacute;ritu de &eacute;poca. Por eso a veces dicen eso de que la poes&iacute;a &ldquo;sab&iacute;a desde antes&rdquo; tal o cual acontecimiento. Creo que es eso: una captaci&oacute;n sensible de la poes&iacute;a que puede m&aacute;s que cualquier tem&aacute;tica que se imponga, ya sea pol&iacute;tica, social, econ&oacute;mica, personal. Por otro lado, tambi&eacute;n pienso que la poes&iacute;a es un discurso. Es un discurso y como tal es muy importante en este momento en el que estamos carentes de un discurso que nos contenga. <strong>El discurso que est&aacute; circulando es un discurso horrible, ni hablar del discurso oficial. El discurso oficial de hoy es un discurso que distorsiona el lenguaje, que distorsiona la idea misma de discurso, que est&aacute; hecho de falsedades. Sin ir m&aacute;s lejos, el discurso de nuestro presidente es el discurso de la hip&eacute;rbole. </strong>Y sabemos que no hay discursividad posible en la constante hip&eacute;rbole. No se puede. La hip&eacute;rbole no puede ser constante porque enseguida toca l&iacute;mites. Y, en este caso, el l&iacute;mite es la injuria, es la puteada, el descr&eacute;dito a trav&eacute;s de palabras e im&aacute;genes horrorosas. Es un bochorno todo lo que dice. Y el discurso de la poes&iacute;a es todo lo contrario, es un discurso que puede contener. Eso no quiere decir que la poes&iacute;a pretenda un tono edulcorado, para nada. <strong>La poes&iacute;a envuelve siempre una emoci&oacute;n perturbadora que tiene que ver con el da&ntilde;o, con la herida, con el deseo, con lo prohibido, con lo negado. </strong>Con lo afectivo en el sentido de <em>afectus. </em>Y eso creo que en este momento es impresionantemente necesario.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Genovese es autora de más de quince libros de poemas y de numerosos ensayos dedicados a la lectura de poesía.                            </span>
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        <strong>&ndash; &iquest;Hay un lugar posible para el discurso de la poes&iacute;a en este mundo actual de las pantallas, del v&eacute;rtigo, de los tiempos acelerados?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, yo creo que s&iacute; porque hay un momento en que las pantallas se silencian. Ah&iacute; empieza todo. Es verdad que todos estamos pendientes del tel&eacute;fono, de las pantallas. No podemos decir &ldquo;no, yo no&rdquo;. Yo tambi&eacute;n estoy conectada. Pero cada tanto busco alg&uacute;n paisaje. Me pasa en el Delta, que es donde de alguna manera aparece el paisaje del silencio. <strong>A m&iacute; me parece que tambi&eacute;n hay un aprendizaje en la poes&iacute;a en este sentido: la poes&iacute;a un poco impulsa que hagamos un silencio</strong>.<strong> Y que notemos que no pasa nada, que apenas es un silencio. </strong>Para que nos pase lo m&aacute;s genuino necesitamos esos huecos. Por eso no es que reniegue de las posibilidades tecnol&oacute;gicas, pero creo que la poes&iacute;a tiene que conectar con otra cosa, con un v&iacute;nculo, con el cuerpo. Estamos en una &eacute;poca que va a contrapelo de eso, lamentablemente, pero me parece que la poes&iacute;a puede contribuir a establecer un v&iacute;nculo m&aacute;s cercano con el afuera. Y cuando digo afuera, no creo que eso deba ser &uacute;nicamente el medio natural. Cuando viv&iacute;a en Llavallol y me mud&eacute; al centro, a m&iacute; la ciudad me impact&oacute;. La ciudad te da un mont&oacute;n de est&iacute;mulos tambi&eacute;n. As&iacute; que el afuera es esa cosa enorme y cada cual se disuelve en ella. Creo que en este momento m&aacute;s que las pantallas, el gran peligro es toda la informaci&oacute;n basura que circula, todo el ruido. La infoesfera de la que habla <strong>Byung-Chul Han</strong>. Bueno, me parece que si la poes&iacute;a es un discurso muy importante en este momento es porque no puede moverla m&aacute;s que una voluntad de verdad. <strong>Entonces la poes&iacute;a aparece realmente cuando vos te conect&aacute;s con algo tuyo que no pudiste obviar. Si ten&eacute;s voluntad de entrar ah&iacute;, ten&eacute;s una voluntad de verdad</strong>.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El discurso oficial de hoy es un discurso que distorsiona el lenguaje, que distorsiona la idea misma de discurso, que está hecho de falsedades. Sin ir más lejos, el discurso de nuestro presidente es el discurso de la hipérbole. Y sabemos que no hay discursividad posible en la constante hipérbole. No se puede. La hipérbole no puede ser constante porque enseguida toca límites</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;C&oacute;mo fue que empezaste a pensar en la idea de &ldquo;errancia&rdquo;, que es central en tu &uacute;ltimo libro, para pensar en la poes&iacute;a y en lo que vos escrib&iacute;s en particular?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Mir&aacute;, <em>Poes&iacute;a y errancia</em> es un ensayo que empez&oacute; por algunas ideas que me aparecieron en una entrevista p&uacute;blica, una especie de clase magistral, que hicimos hace un tiempo en el CCK en Poes&iacute;a ya, un ciclo muy hermoso. Yo sent&iacute; que ten&iacute;a que preparar algunas cosas para decir porque iba a haber mucho p&uacute;blico y me daba miedo que me agarrara el vac&iacute;o y no tuviera de d&oacute;nde agarrarme. Y no s&eacute; bien c&oacute;mo empez&oacute; pero en el di&aacute;logo aparecieron dos ideas important&iacute;simas. Ivana Romero ah&iacute; me pregunt&oacute; qu&eacute; es necesario para escribir poes&iacute;a y yo dije <strong>&ldquo;para escribir poes&iacute;a hay que tener una capacidad enorme de errancia&rdquo;</strong> (risas). Esa fue mi respuesta. Y despu&eacute;s vino la pregunta que siempre te hacen: qu&eacute; es poes&iacute;a. En ese momento yo lo que dije es que la poes&iacute;a es respirar con el lenguaje hasta encontrar un h&aacute;bitat. Esa misma definici&oacute;n es la que hoy est&aacute; casi al final del ensayo. Cuando me fui de ah&iacute;, anot&eacute; esas ideas. <strong>Poco despu&eacute;s, mirando Instagram, descubr&iacute; que hab&iacute;a mucha gente joven que hab&iacute;a estado en la charla y citaba eso. Con fotos, con todas las pavadas de Instagram</strong> (risas). Entonces pens&eacute; &ldquo;c&oacute;mo pegaron estas ideas&rdquo;. Y dije &ldquo;errancia, qu&eacute; hermosa palabra&rdquo;. As&iacute; arranqu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Lejos del lugar com&uacute;n de la contemplaci&oacute;n o de la quietud, ubic&aacute;s a la poes&iacute;a en el movimiento.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, no s&eacute; si tengo muy claro eso. Me parece que la b&uacute;squeda es un poco independiente del movimiento.<strong> La caminata claro que me resulta particularmente reveladora. O el agua. Quiero decir: meterme al agua y nadar un rato. Pero tambi&eacute;n hacer la plancha. O la ducha. O las plantas.</strong> Hay espacios que una necesita para bajar un cambio y ah&iacute; aparecen las mejores ideas. As&iacute; que me parece que la errancia tiene que ver con el movimiento, pero no con el traqueteo. <strong>El traqueteo a veces es nocivo porque pas&aacute;s de una cosa a otra sin poder detenerte en nada.</strong> Y la poes&iacute;a, si hay algo que necesita, justamente, es detenerse. As&iacute; que pienso en la errancia m&aacute;s que nada como una forma de la deriva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alicia-genovese-poesia-enorme-aparato-sensible-percibir-espiritu-epoca_1_13028003.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Mar 2026 03:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alicia Genovese: “La poesía es un enorme aparato sensible que puede percibir un espíritu de época”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Literatura argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alguien viaja furiosamente hacia vos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alguien-viaja-furiosamente-vos_129_12377169.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8c30e4d-3bc4-417f-b612-c095d4b4e035_16-9-discover-aspect-ratio_default_1032924.jpg" width="5369" height="3020" alt="Alguien viaja furiosamente hacia vos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sistema virtual está atado con alambres virtuales y se viene el gran apagón y vamos a tener que convivir de nuevo con gente real. Hay que aprender en los colegios a escalar terrazas, a plantar fruta y verduras, hay que enseñar a vivir el apocalipsis. Mirar el cielo para guiarse: volver a descubrir la noche.   


</p></div><p class="article-text">
        Pensar un arquitecto inteligente detr&aacute;s de la creaci&oacute;n del universo siempre es una posibilidad. Pero hay otras. Por ejemplo, en los sistemas din&aacute;micos y complejos de la f&iacute;sica est&aacute; la teor&iacute;a de los atractores. Que le ponen nombre al hecho de que quiz&aacute; podamos imaginar una serie de organismos complejos que se repelen y atraen colisionando de manera casual hasta lograr, mediante infinitas combinaciones de prueba y error, cosas tan incre&iacute;bles como el ojo humano. El concepto de atractor tambi&eacute;n se usa en las ciencias sociales y, por ejemplo, se le da el nombre de atractor negativo a alguien que atrae gente para utilizarla por pura negatividad. Ejemplo com&uacute;n: Hitler. A muchas personas les gusta pensar que est&aacute;n predestinados para hacer ciertas cosas o establecer determinados v&iacute;nculos. Otras se sienten mejor nadando en el caos, incluso con la posibilidad de desaparecer en &eacute;l. En el principio fue el caos &ndash;podr&iacute;an decir&ndash; y tal vez siga si&eacute;ndolo bajo las apariencias tranquilizadoras de los sistemas sociales.  
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a unos amigos que hac&iacute;an un programa en la Rock &amp; Pop hace muchos a&ntilde;os. Iba los s&aacute;bados por la noche, en vivo, casi cay&eacute;ndose de la programaci&oacute;n de la radio. Lo hac&iacute;an dos conductores y un movilero. El programa se llamaba Mal elemento porque pasaba una m&uacute;sica que no era muy usual en esa estaci&oacute;n radial. Eran la oveja negra musical de esa emisora. Sol&iacute;an pasar post punk, punk, krautrock y cualquier tipo de m&uacute;sica que escucharan cinco personas muy informadas. Tambi&eacute;n mucho indie, tanto nacional como internacional. Recuerdo una emisora de Iowa City que escuchaba mientras viv&iacute;a all&aacute; que pasaba la m&uacute;sica de las bandas universitarias o de garage. &ldquo;Esto es Iowa city rapids&rdquo;, dec&iacute;a una voz genial, aguardentosa, en el cuarto a oscuras de la residencia de la beca. Es incre&iacute;ble c&oacute;mo una voz en la radio puede consolarte en la oscuridad del &eacute;ter. Qu&eacute; bueno era no ver a qui&eacute;n emit&iacute;a esa voz, poder imaginar todo.  
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Estos amigos de Mal elemento a veces me invitaban para que pasara por la radio a buscarlos y despu&eacute;s sali&eacute;ramos a tomar algo &ndash;el s&aacute;bado puede ser la noche m&aacute;s triste de la ciudad si no est&aacute;s preparado&ndash; y a veces, cuando llegaba temprano, me dejaban quedarme con ellos haciendo el programa, opinando y entrevistando a los m&uacute;sicos que invitaban como si yo fuera uno m&aacute;s del equipo. Tambi&eacute;n ven&iacute;an bandas a tocar en vivo. Para eso armaban en el estudio de al lado un set.  
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hice ese s&aacute;bado cuando me levant&eacute;? Ni idea. Lo tengo completamente borrado. Me imagino que alguno de los conductores me debe haber llamado por mi tel&eacute;fono de l&iacute;nea &ndash;yo no us&eacute; celular hasta los cuarenta y cinco a&ntilde;os&ndash; y me debe haber invitado al programa. Lo que recuerdo es que estoy hablando con el encargado de seguridad &ndash;los s&aacute;bados a la noche la radio no ten&iacute;a movimiento y ese hombre era casi un sereno&ndash; quien despu&eacute;s de preguntarme el nombre y hablar con alguien por fono me dej&oacute; pasar. Esa noche &ndash;me enter&eacute; ah&iacute;&ndash; iba a tocar en vivo una banda nueva que ten&iacute;a un nombre muy curioso: El mat&oacute; a un polic&iacute;a motorizado. Cuando me dijeron el nombre record&eacute; que hab&iacute;a visto una rese&ntilde;a muy breve pero elogiosa en una revista musical. El nombre de la banda me parec&iacute;a extra&ntilde;o, pero no me escandalizaba &ndash;no tengo familiares en la Fuerza&ndash; y por otra parte hab&iacute;a crecido escuchando nombres como: Massacre Palestina, Cad&aacute;veres de ni&ntilde;os o V&iacute;ctimas de c&aacute;ncer terminal. Frente a esos nombres la remera de Johnny Rotten diciendo &ldquo;Odio a Pink Floyd&rdquo; era una estupidez. En la rese&ntilde;a de la que hablo tambi&eacute;n hab&iacute;a una foto. Eran unos ni&ntilde;os. Y lo que resaltaba su juventud (me acuerdo que pens&eacute; que como eran de La Plata pod&iacute;an vivir en la Ciudad de los Ni&ntilde;os) era que en la foto uno de ellos cuatro estaba subido a caballito de otro.  
    </p><p class="article-text">
        Creo que primero estuve un rato en el estudio con mis amigos mientras la banda preparaba su set al lado. Creo que los fui a escuchar cuando empezaron a tocar y, como estaba yo solo vi&eacute;ndolos, me sent&iacute; inc&oacute;modo y volv&iacute; al estudio donde mis amigos charlaban mientras escuch&aacute;bamos un tema que se llamaba Chica rutera. Era un set corto el que se usaba y despu&eacute;s de eso los integrantes de la banda vinieron al estudio para que los entrevist&aacute;ramos. A m&iacute; no se me ocurri&oacute; nada para preguntarles. Pero uno de los integrantes, el que cantaba y tocaba el bajo, que con el pelo cortado a lo Guillermo Tell ten&iacute;a algo medieval en su aspecto (podr&iacute;a haber andado por el bosque platense tirando flechas), se acerc&oacute; &ndash;y la verdad que no s&eacute; por qu&eacute;&ndash; me regal&oacute; un CD que se llamaba Un mill&oacute;n de euros. Despu&eacute;s en casa, cuando me puse a observarlo y a escucharlo, vi que estaba ilustrado por &eacute;l. Era un EP de siete canciones. Y en la tapa se ve&iacute;an sobre un fondo verde, camiones blancos inmensos como el que hab&iacute;a usado una vez Maradona para llegar a la pr&aacute;ctica de Boca.  
    </p><p class="article-text">
        El sonido de la grabaci&oacute;n del CD era irregular. Todas las letras juntas del disco pod&iacute;an entrar en el hor&oacute;scopo del chicle Bazooka. Eso me llam&oacute; la atenci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;an hecho s&oacute;lo temas instrumentales? Era una escasez de l&iacute;rica llamativa y repetitiva. Ten&iacute;an algo de los graffitis urbanos y de los haikus japoneses. Por ejemplo: Chica rutera. Dec&iacute;a la letra: &ldquo;Espero que vuelvas, chica rutera&rdquo;. Amigo Piedra era un poco m&aacute;s larga: &ldquo;Sos mucho mejor que los dem&aacute;s. Todo el d&iacute;a pensando, pensando, vos so&ntilde;&aacute;s con un mundo mejor y te quedaste mirando la nada. Amigo piedra necesito que, me ayudes con mi auto otra vez, para viajar a ese lugar nuevo&rdquo;. En la primera canci&oacute;n se esperaba a alguien, en la otra se le ped&iacute;a a alguien ayuda. En el tema Provicia de Buenos Aires, ya no hab&iacute;a letra. Pero creo que el surco con el que me agarr&eacute; de una grieta de la monta&ntilde;a para no caerme del disco, como cuando se escala sin arneses ni ganchos, fue Vienen bajando. Era tambi&eacute;n breve, pero ten&iacute;a algo de pura imagen como el poema de Ezra Pound &ldquo;A la salida del subte&rdquo;. Pound dec&iacute;a que la imagen es para el poeta como el pigmento para los pintores. Yo no sab&iacute;a en ese entonces que Santiago Motorizado &ndash;el compositor&ndash; hab&iacute;a estudiado Bellas Artes y pintaba y dibujaba. Esta es la letra: &ldquo;Vienen bajando las multitudes inquietas. Con su espalda rota en los festejos de primavera&rdquo;. Cada uno de los que leyera esa letra o la escuchara, pod&iacute;a imaginarse su propia multitud quebrada: yo pensaba en la de mi primo Carlos desconcentrando la plaza despu&eacute;s de haber sido echado por Per&oacute;n en un d&iacute;a soleado.  
    </p><p class="article-text">
        En el disco hab&iacute;a una peque&ntilde;a advertencia, en letra chica &ndash;como la de los contratos&ndash; estaba la canci&oacute;n El rey de la TV italiana: &ldquo;Guiando mi propio poder, duplicando mi propio poder&rdquo;. Parec&iacute;a algo que ellos se dec&iacute;an a s&iacute; mismos para sostenerse en las aguas turbulentas de lo emergente.  
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa m&aacute;s: en la repetici&oacute;n de las estrofas hab&iacute;a algo de p&eacute;rdida de sentido. Los ni&ntilde;os suelen hacerlo cuando exploran el lenguaje como exploran sus excrementos. Muchas veces inventamos palabras porque no podemos pronunciar exactamente las que sirven o tienen utilidad y es genial cuando otra persona encuentra en esa palabra inventada una conexi&oacute;n, es como si de golpe form&aacute;ramos parte de una comunidad con gente que usa el lenguaje fuera de su mera raz&oacute;n utilitaria: yo creo que eso es la poes&iacute;a. Tambi&eacute;n sabemos que la repetici&oacute;n es parad&oacute;jica, vuelve el verano, pero ya no es el verano que nos marc&oacute;.   
    </p><p class="article-text">
        Claro que a una banda que escuchaste en CD despu&eacute;s, si te interes&oacute; un poco, quer&eacute;s conocerla. Y eso se hace vi&eacute;ndola en vivo, si es que pod&eacute;s, si la banda vive cerca de donde vos est&aacute;s, si las entradas son accesibles. Por ejemplo, Sumo siempre me pareci&oacute; muy buena en sus discos, pero en vivo era algo intransferible. No se pod&iacute;a enviar por CBU a Sumo. Era una banda aur&aacute;tica. Fui a ver El mat&oacute; una noche en un teatro de San Telmo. No recuerdo si tocaron otras bandas, pero ellos hicieron un set corto y hab&iacute;a algo de p&uacute;blico, es decir que se pod&iacute;a caminar por el lugar, ir al ba&ntilde;o, decidir ponerte cerca o lejos. Un grupo de chicos que estaba cerca del escenario parec&iacute;a conocer todas las canciones y hac&iacute;an pogo, como suele pasar en los casamientos en el momento en que alzan al novio y lo tiran por los aires. Qu&eacute; momento. Una vez estuve en un casamiento en el que el novio no ten&iacute;a amigos y pasaban por la mesas pidiendo por favor que fu&eacute;ramos a alzarlo y arrojarlo por los aires para que se pudiera ir tranquilo de su boda.  
    </p><p class="article-text">
        El show fue desprolijo. El cantante, Santiago, parec&iacute;a tener super terror a la exposici&oacute;n p&uacute;blica. Hablaba poco y cuando hablaba dec&iacute;a: Hola hola hola. Bueno bueno bueno, &iquest;est&aacute;n bien? Como si probara el micr&oacute;fono. Estaba claro que el escenario era un lugar hostil que iba a tener que conquistar. Ricardo Zelaray&aacute;n dec&iacute;a que a los escritores no hab&iacute;a que conocerlos, hab&iacute;a que leerlos. Detr&aacute;s de un genio de la prosa puede estar un imb&eacute;cil profundo. Pero si yo no hubiera visto en vivo a El mat&oacute; no s&eacute; si los hubiera propuesto para una nota larga en una revista en la que escrib&iacute;a de vez en cuando. Me acuerdo que en ese momento el jefe de redacci&oacute;n me pregunt&oacute; si daba para una nota larga. Y yo le dije que s&iacute;, aunque no estaba seguro. Pens&eacute; por un momento: me hablar&aacute;n en la nota o ser&aacute;n como en el escenario. Las letras eran parcas, pero yo sent&iacute;a que conectaban con algo. No ve&iacute;a detr&aacute;s de ellos la influencia del rock nacional: nada de Spinetta, ni Nebbia, ni Manal, ni Charly. Salvo en San Antonio de Areco donde la tradici&oacute;n parece heredarse y son todos gauchos en formol, uno sabe que a la tradici&oacute;n hay que ir a buscarla y que puede estar compuesta con muchas influencias, de cualquier estilo y de cualquier pa&iacute;s. La tradici&oacute;n es metaestable. La tradici&oacute;n es traici&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        Ayer escuchaba un cover de Jesus Mary Chain tocado por Pixies. El mat&oacute; ten&iacute;a algo de los Strokes, de Jesus Mary Chain, y tambi&eacute;n del subid&oacute;n adrenal&iacute;nico de las canciones de Frank Black antes de que Nirvana las lograra meter en la g&oacute;ndola del mercado. Lo que no sab&iacute;a o no se vislumbraba en ese momento es que al compositor principal &ndash;Santiago&ndash; le gustaba el folklore, por influencia de su padre, tambi&eacute;n m&uacute;sico vocacional, el tango y cierta zona de la m&uacute;sica mel&oacute;dica. Pero para que eso hiciera eclosi&oacute;n todav&iacute;a faltaba mucho. Y sobre todo le gustaban las pel&iacute;culas de acci&oacute;n, las de ciencia ficci&oacute;n, las comedias, las de serie b de Corman y, por encima de todo, como si fuera la biblia de la televisi&oacute;n: Lost. Lo cual no es casual porque Lost es la historia de un grupo de personas que se salvan de un accidente a&eacute;reo pero caen en una isla misteriosa. Algo similar les pasa a los chicos del accidente a&eacute;reo de la novela de William Golding, El se&ntilde;or de las moscas, que inspira en parte a Lost. Lo curioso en Lost y en la novela de Golding es la repetici&oacute;n: frente a la posibilidad de organizar un nuevo sistema, siempre volvemos al mismo de opresi&oacute;n y salvajismo, aunque ligeramente cosmetizado, que es la civilizaci&oacute;n. Los ni&ntilde;os de Golding est&aacute;n solos, sin adultos, pero terminan matando a uno de ellos para justificar sus acciones. Una vez Santiago me cont&oacute; que cuando trabajaba en una escuela como profesor de pintura, le pas&oacute; que hab&iacute;a un grandote de otro curso que entraba al aula para pegarle siempre al mismo gordito. Una vez el gordito se defendi&oacute; y le peg&oacute; al grandote y le rompi&oacute; la cara. Santiago los reprendi&oacute; a los dos, pero &iacute;ntimamente estaba contento de que el gordito hubiera cortado con el bullying. Pero dur&oacute; poco: envalentonado con su nuevo superpoder, ahora el gordito le pegaba a los de su clase. La multiplicaci&oacute;n es esclavo por esclavo.   
    </p><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en los que siento que estamos en una &eacute;poca banal: la m&uacute;sica que escucho por todos lados parece cantada por el mismo cantante portorrique&ntilde;o. Hay d&iacute;as en los que siento que vivo en una &eacute;poca inspirada: una persona puede ser una mujer a la ma&ntilde;ana, un hombre a la tarde y a la noche un perro. Tambi&eacute;n siento que se viene un colapso inminente dentro de pocas generaciones. Los colegios deber&iacute;an ense&ntilde;ar, como quer&iacute;a Gilbert Simondon, c&oacute;mo funciona el motor de un auto. Los hijos de nuestros hijos van a tener que saber c&oacute;mo extraer agua de una piedra, c&oacute;mo hacer funcionar de nuevo una m&aacute;quina como hacen esos personajes extraordinarios del cuento de Fogwill &ldquo;Camino, campo, lo que sucede, gente&rdquo;. El sistema virtual est&aacute; atado con alambres virtuales y se viene el gran apag&oacute;n y vamos a tener que convivir de nuevo con gente real. Hay que aprender en los colegios a escalar terrazas, a plantar fruta y verduras, hay que ense&ntilde;ar a vivir el apocalipsis. Mirar el cielo para guiarse: volver a descubrir la noche.   
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; la pandemia tuve que cuidar a mi padre que se mor&iacute;a &ndash;lo alimentaba, lo ba&ntilde;aba, lo cambiaba&ndash; era agotador. Record&eacute; que hab&iacute;a un m&eacute;todo para aprender ingl&eacute;s que consist&iacute;a en estudiarlo con un grabador al lado encendido con las lecciones mientras uno dorm&iacute;a. Yo me acercaba a mi padre cuando se dorm&iacute;a y le dec&iacute;a: Dale, ya est&aacute;, pone el punto final. Una de esas noches en que volv&iacute;a a casa recorriendo la ciudad vac&iacute;a por el toque de queda sanitario, llegu&eacute; agotado y decid&iacute; rendirme, pero no s&oacute;lo de manera simb&oacute;lica, sino de manera pr&aacute;ctica: hice con una escoba y una toalla blanca una bandera de rendici&oacute;n y la plant&eacute; en el balc&oacute;n de casa bajo una llovizna tenue. Como me hab&iacute;a rendido, dorm&iacute; pl&aacute;cidamente y al otro d&iacute;a volv&iacute; con renovadas fuerzas a ocuparme de mi viejo.  
    </p><p class="article-text">
        Le cont&eacute; esto al Chango &ndash;el cantante de El mat&oacute;&ndash; y al poco tiempo escuch&eacute; una canci&oacute;n que sac&oacute; en su primer disco solista que hablaba de esta experiencia. La canci&oacute;n empieza as&iacute;: &ldquo;Hoy colgu&eacute; en el balc&oacute;n mi bandera blanca&rdquo;. Pero r&aacute;pidamente pasa a otro registro que no tiene nada que ver con lo que le hab&iacute;a contado: &ldquo;Esa ni&ntilde;a bonita que todo lo atrapa/ Voy a rendirme no quiero volver a intentar&rdquo;. Siempre me interes&oacute; esa capacidad que tienen ciertos letristas para hacer funcionar la realidad a su favor y no quedar prisioneros de la an&eacute;cdota que los inspir&oacute;. Federico Moura tambi&eacute;n lo hizo. Recordando una tarde en su casa de City Bell con toda su familia, a&ntilde;or&oacute; el rostro de su hermano mayor posteriormente desaparecido por la dictadura militar y escribi&oacute; la canci&oacute;n Pronta entrega: &ldquo;Recordando tu expresi&oacute;n/ vuelvo a desear/ esas noches de calor/llenas de ansiedad&rdquo;. Pero el tema sale del registro personal, vivencial, y pasa a otra dimensi&oacute;n: &ldquo;Sofocado por el sue&ntilde;o y la pasi&oacute;n/ busco un cuerpo para amar/ la distancia va perdiendo su espesor/ pronta entrega por favor&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que hace que alguien que era un completo extra&ntilde;o se convierta en tu amigo o amiga y por lo mismo en algo esencial de tu vida? &iquest;C&oacute;mo funcion&oacute; el atractor para que esto suceda? Un amiga o amigo es un bien en s&iacute; mismo, nunca lo vas a poder reificar, quer&eacute;s estar con ella o con &eacute;l porque s&iacute;, porque hace mejor tu d&iacute;a. Porque lo potencia. Ahora estoy yendo en un auto hacia Tolosa, el remisero absoluto que me lleva me pregunta si voy por trabajo. Le digo que no, que un amigo m&uacute;sico est&aacute; haciendo un video y me pidi&oacute; que participara. El remisero me pregunta si hago m&uacute;sica. Le digo que no, que no s&eacute; tocar ning&uacute;n instrumento y que no puedo tararear ninguna canci&oacute;n. Me mira por el espejo. Tal vez est&eacute; pensando qu&eacute; mierda voy a hacer en el video. Pienso en el poema de John Ashbery que tanto me gusta: Alguien viaja furiosamente hacia vos/ a una velocidad incre&iacute;ble/viaja d&iacute;a y noche/a trav&eacute;s de la nieve y el calor del desierto/a trav&eacute;s de torrents/ a trav&eacute;s de gargantas/ Aunque &iquest;podr&aacute; encontrarte, reconocerte cuando te vea,/ Darte lo que tiene para vos?&ldquo;.  
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alguien-viaja-furiosamente-vos_129_12377169.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Jun 2025 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alguien viaja furiosamente hacia vos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El mató a un policía motorizado,Cine,Cultura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay heroísmo sin traición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-hay-heroismo-traicion_129_12322924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b874848-cb75-45ca-b881-1c2e66794ce0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No hay heroísmo sin traición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A cincuenta años del asesinato del poeta salvadoreño Roque Dalton a manos de sus propios compañeros de guerrilla, se reaviva una de las paradojas de la historia centroamericana: el idealismo revolucionario enfrentado a la traición interna. </p></div><p class="article-text">
        No hay hero&iacute;smo sin traici&oacute;n. Y a veces esos sustantivos coinciden en un mismo nombre, sea por calumnia, por error propio o ajeno, por desliz u omisi&oacute;n. El asesinato del poeta salvadore&ntilde;o Roque Dalton hace cincuenta a&ntilde;os, en mayo de 1975, a manos de sus propios compa&ntilde;eros, es una de esas paradojas tr&aacute;gicas. En <em>Roque Dalton: correspondencia clandestina y otros ensayos</em>, el escritor Horacio Castellanos Moya revis&oacute; las cartas que el c&eacute;lebre poeta enviara a su esposa y las respuestas de ella antes de que &eacute;l cayera bajo la doble e inveros&iacute;mil acusaci&oacute;n de ser tanto un agente de la CIA como un &ldquo;payaso&rdquo; infiltrado en la guerrilla salvadore&ntilde;a por los servicios de inteligencia cubanos. En realidad, fue v&iacute;ctima de una conspiraci&oacute;n en los comienzos de la guerra civil que asol&oacute; a El Salvador por m&aacute;s de una d&eacute;cada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa lectura me record&oacute; a otras v&iacute;ctimas de aquella guerra cruenta y absurda. A fines de los 70 conoc&iacute; a dos j&oacute;venes enemigos que se hab&iacute;an vuelto amigos en su huida del combate, uno como desertor del ej&eacute;rcito salvadore&ntilde;o y el otro como desertor del Frente Farabundo Mart&iacute;. El desertor del ej&eacute;rcito hab&iacute;a entrado como voluntario y lleg&oacute; a servir como cabo; el otro no dio detalles de lo que hizo en la guerrilla. Cada uno por su lado, cruzaron sin conocerse las fronteras de Centro Am&eacute;rica y M&eacute;xico hasta entrar ilegalmente a Estados Unidos. Uno vade&oacute; el R&iacute;o Bravo escondido debajo de un puente y el otro cruz&oacute; oculto en el ba&uacute;l del auto de un &ldquo;coyote&rdquo; hacia Texas. All&iacute; fueron interceptados por la polic&iacute;a de Migraciones y encerrados en un campo de detenci&oacute;n. Pero poco antes de ser deportados, una comisi&oacute;n de cu&aacute;queros y otros pacifistas de Canad&aacute; los eligi&oacute; al azar entre una multitud de detenidos y fueron a parar a la comunidad rural en la que yo viv&iacute;a. La deserci&oacute;n, la c&aacute;rcel y el exilio los hab&iacute;an hermanado. Tuvieron que adaptarse a un pa&iacute;s en el que ver&iacute;an por primera vez, asombrados, la nieve y el granizo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ambos, el exsoldado y el exguerrillero tal vez habr&aacute;n querido ser h&eacute;roes y terminaron como traidores para sus respectivas fuerzas; ambos se arriesgaron a ser atrapados en medio de su fuga y de sufrir las consecuencias. Uno desert&oacute; porque, dec&iacute;a, se horroriz&oacute; ante las pr&aacute;cticas de los militares que pod&iacute;an llegar a dejar los cad&aacute;veres de los torturados en plena calle con los p&aacute;rpados cosidos con alambres para que sirvieran de escarmiento. El otro no llev&oacute; al exilio relatos tan escabrosos pero la guerrilla tambi&eacute;n cometi&oacute; cr&iacute;menes insensatos. Como el asesinato de Dalton.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; este march&oacute; encandilado por sus ideas e ilusiones, como las de tantos otros fascinados por el mito del &ldquo;guerrillero heroico&rdquo;, al encuentro con su sino. Dalton hab&iacute;a ganado el premio de poes&iacute;a Casa de las Am&eacute;ricas en 1969 y fue en Cuba donde tom&oacute; la opci&oacute;n de unirse a la lucha armada y donde recibi&oacute; entrenamiento militar para luego ingresar clandestinamente a su pa&iacute;s. All&iacute; le escribir&iacute;a cartas a su esposa A&iacute;da Ca&ntilde;as, con mensajes cifrados y nombres falsos. Se supon&iacute;a que estaba en M&eacute;xico, en Vietnam o en cualquier otro lugar menos oculto en El Salvador. Y fue justo en esos a&ntilde;os cuando se cocin&oacute; la conspiraci&oacute;n interna que llevar&iacute;a a su muerte en manos de sus camaradas de armas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El poeta salvadoreño Roque Dalton.                            </span>
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        En las cartas a su esposa se despliega la historia de enredos de las mujeres de dos de los jefes del grupo que lo conden&oacute;, unas &ldquo;guerrilleras veintea&ntilde;eras con veleidades de primeras damas&rdquo;, seg&uacute;n dice Castellanos Moya, que con sus rivalidades, envidias y rumores instigaron a que esos jefes detuvieran a Dalton, lo enjuiciaran en forma sumaria y lo sentenciaran a muerte. Quien dirigi&oacute; la ejecuci&oacute;n fue Alejandro Rivas Mira, un guerrillero doce a&ntilde;os menor que Dalton que hab&iacute;a sido amigo &iacute;ntimo de este y de su esposa cuando viv&iacute;an en Cuba, y a quien estos le hab&iacute;an dado todo su apoyo para que se instalara en La Habana. A Dalton lo mataron en una casa clandestina y su cad&aacute;ver nunca fue hallado: fue uno de los tantos (m&aacute;s de 75.000) muertos que caus&oacute; esa guerra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El propio Castellanos Moya, exiliado en M&eacute;xico durante diez a&ntilde;os, tambi&eacute;n hab&iacute;a sido acusado de ser agente de la CIA por haberse ido del pa&iacute;s en aquellos a&ntilde;os. Eran tiempos de acusaciones mutuas y expulsiones r&aacute;pidas, de leyendas heroicas y dogmas indiscutibles. A&ntilde;os del &ldquo;compromiso&rdquo;, el mandato de que el escritor deb&iacute;a convertirse en un &ldquo;hombre de acci&oacute;n&rdquo; capaz de jugarse y ocupar su sitio como combatiente en las primeras trincheras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando me han preguntado por qu&eacute; mi generaci&oacute;n se fue a la guerra&rdquo;, escribe Castellanos Moya, &ldquo;la tentaci&oacute;n ha sido siempre recurrir a los argumentos pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos: la represi&oacute;n, la exclusi&oacute;n, la explotaci&oacute;n. S&iacute;, pero todas esas palabras agudas no alcanzan a explicar ese entusiasmo por la acci&oacute;n, esa disposici&oacute;n para morir y matar que de pronto prende en un individuo hasta entonces ajeno a la pol&iacute;tica, esa pasi&oacute;n por entregar la vida a una causa revolucionaria que de s&uacute;bito posee a un joven poeta cuya sola ambici&oacute;n ha sido la literatura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, a principios de los 90 el conflicto termin&oacute;, por mediaci&oacute;n de la ONU el gobierno y la guerrilla negociaron y firmaron un acuerdo de paz, luego llegaron los a&ntilde;os en que proliferaron el narcotr&aacute;fico y las pandillas, la concentraci&oacute;n de la riqueza y el aumento de la pobreza, nuevas formas de violencia y autoritarismo hasta desembocar en El Salvador actual. &iquest;De qu&eacute; habr&aacute; servido aquel derramamiento de sangre? &iquest;Fue la ingenuidad, el dogmatismo, la ceguera que suelen dar las certezas lo que hizo que Dalton avanzara hacia la muerte en manos de sus propios compa&ntilde;eros tan desprevenido como Julio C&eacute;sar cuando se dirigi&oacute; al lugar donde lo esperaban los pu&ntilde;ales de sus amigos? O tal vez fue esa &ldquo;forma secreta del tiempo, un dibujo de l&iacute;neas que se repiten&rdquo; como observ&oacute; Borges en su &ldquo;Tema del traidor y del h&eacute;roe&rdquo;, ese cuento sobre la ejecuci&oacute;n de un h&eacute;roe de la independencia irlandesa que tambi&eacute;n supo ser un traidor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo quedan preguntas. Esas que son suprimidas por las fr&aacute;giles pero implacables certezas de toda guerra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OB/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Osvaldo Baigorria]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-hay-heroismo-traicion_129_12322924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 May 2025 09:58:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No hay heroísmo sin traición]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,El Salvador]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desenredando el paraíso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desenredando-paraiso_129_11974148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/952fadfa-3e8c-49fa-a576-6dec19d7740a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desenredando el paraíso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin manual de instrucciones, el teatro y la poesía le hacen un tajo a la realidad para dibujar novedosos itinerarios. La transparencia y la complejidad del querer en “Enamorarse es hablar corto y enredado”, una obra escrita y dirigida por Leandro Airaldo, y en “El paraíso”, el nuevo libro de Anahí Mallol.</p></div><p class="article-text">
        En tiempos en que el afecto se enmascara detr&aacute;s de las redes virtuales, la b&uacute;squeda del amor -energ&iacute;a b&aacute;sica de la vida, como la materialidad del alimento- aparece como una dificultad, en tanto abrirse francamente a un otro presupone una tarea y un enredo. Pero tambi&eacute;n como una b&uacute;squeda posible de satisfacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Enamorarse es hablar corto y enredado </em>es una obra sobre el encuentro amoroso, esa relaci&oacute;n estrecha que carece de manual de instrucciones, a la que se ingresa sin pedir permiso y m&aacute;s all&aacute; de la voluntad. Dos que descubren a un otro, se descubren a s&iacute; mismos y construyen un tesoro com&uacute;n e inesperado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Una mujer de la ciudad y un hombre de la llanura se encuentran por primera vez en el banco de una plaza. No les hace falta otra cosa que el deseo, las ganas. El mate que &eacute;l ceba es una excusa para el di&aacute;logo tierno y sensible. Sus nombres son Ana y Pedro y una mariposa vuela a su alrededor, finita como un papel, acaso presagiando la variedad de colores que tomar&aacute; el encuentro. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l la nombra et&eacute;rea, impalpable. Habla de la mariposa y tambi&eacute;n de ella, Ana, que al comienzo duda entre quedarse e irse, para luego permanecer junto al desconocido que le va revelando entre amargo y amargo los detalles de su vida dom&eacute;stica. El cruce entonces se hace c&iacute;rculo y se produce el encantamiento. La charla va en un <em>in crescendo</em> matizando el realismo esc&eacute;nico con una po&eacute;tica de lo cotidiano. La conversaci&oacute;n sincera va ganando din&aacute;mica en contraste con la quietud de los cuerpos anclados en el banco de la plaza. El p&uacute;blico se convierte en testigo de ese amor naciente, se r&iacute;e, aprueba y aplaude.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta es simple y expl&iacute;cita: con el recurso del piso giratorio, la pareja le da vueltas f&iacute;sica y discursivamente a los lugares comunes del amor y a la demolici&oacute;n colosal de esos mismos lugares comunes, con sutileza y humor.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, salen a la luz expresiones nimias, insignificantes, que van acompa&ntilde;ando el movimiento de aproximaci&oacute;n y distancia de los cuerpos y el ritmo de las vicisitudes subjetivas escondidas bajo la timidez de un cortejo apenas insinuado.
    </p><p class="article-text">
        La trivialidad y la radicalidad, la transparencia y la complejidad del querer se presentan en esta puesta exquisita que acaba de desembarcar en el teatro Metropolitan, es decir en la avenida Corrientes, con texto y direcci&oacute;n de <strong>Leandro Airaldo</strong> e interpretada con precisi&oacute;n por <strong>Sol Rodr&iacute;guez Seoane</strong> y <strong>Emiliano D&iacute;az</strong>, luego de estar durante casi una d&eacute;cada en salas alternativas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El rapto amoroso (puro momento hipn&oacute;tico) se produce antes del discurso y tras el proscenio de la conciencia: el &lsquo;acontecimiento&rsquo; amoroso es de orden hier&aacute;tico: es mi propia leyenda local, mi peque&ntilde;a historia sagrada lo que yo me declamo a m&iacute; mismo&rdquo;, escribe <strong>Roland Barthes</strong> en su <em>Fragmentos de un discurso amoroso</em>. &ldquo;Y esta declamaci&oacute;n de un hecho consumado (coagulado, embalsamado, retirado del hacer pleno) es el discurso amoroso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El amor quiere pregonarse, enunciarse, exclamarse por todas partes. A quien se ama y al mundo. Enamorarse es hablar corto y enredado ha sido distinguida con los Premios Teatro del Mundo, Trinidad Guevara, Argentores, del Espectador (Escuela de espectadores de Mar del Plata), Premio en dramaturgia en el Festival Temporada Alta. Ha participado en FIBA 2020, Fiesta de Teatro CABA 2018, V Festival Nov&iacute;sima Dramaturgia Argentina del Centro Cultural de la Cooperaci&oacute;n, FITU (Ciudad de M&eacute;xico), Festival Mar del Sud en Escena, Vicente L&oacute;pez en Escena Festival de Teatro en Espacios Inesperados, II Festival de Teatro Larroque, Festival Temporada Alta Teatro Timbre 4.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la edad de oro m&iacute;tica que anhelamos, la que habitamos o de la que hemos sido expulsados, escribe <strong>Anah&iacute; Mallol</strong> (nacida en La Plata en 1968) en su reciente libro, <em>El para&iacute;so</em> (ediciones Caleta Olivia), convirtiendo ese espacio/tiempo idealizado en el n&uacute;cleo de sus significaciones. No se trata del ed&eacute;n inmaterial y et&eacute;reo donde residen los &aacute;ngeles y las almas, sino de un yo l&iacute;rico carnal que ilumina la particular verdad de sus relaciones m&aacute;s cercanas. 
    </p><p class="article-text">
        Anota Mallol: <em>Me gustar&iacute;a decirte/ en esta tarde en que estamos juntos/ tan juntos que es lo m&aacute;s juntos que se puede estar/ esto es as&iacute; esto es lo que hay y va a ser/ as&iacute; siempre/ me gustar&iacute;a seguir en este abrazo toda la tarde.</em>
    </p><p class="article-text">
        Compone como respira, sin pausa, como la lectora que la constituye y construye poes&iacute;a con su percepci&oacute;n minuciosa del mundo interno, la voz propia, los silencios, y con los sentidos puestos en el exterior, los encuentros y desencuentros. <em>El para&iacute;so</em> es un cuerpo textual de un centenar de poemas delicados y dedicados, de verso libre con unidad formal y tem&aacute;tica, arrojados al infinito. <em>Hubo tiempos en que la vida era recostarse en el pasto/ regar las lavandas por la tarde/ celebrar el color el olor del limonero/ opulento y fragante azahar o fruto/ el mar sobre las piernas escama a escama/ los brazos tendidos como alas/ y la transmigraci&oacute;n de la emoci&oacute;n sin palabras</em> 
    </p><p class="article-text">
        Mallol convierte en im&aacute;genes poderosas la contingencia, el encuentro, el devenir y la afectividad, expresiones de un quantum de potencia y belleza. Combinaci&oacute;n precisa/ estos juegos de atracciones y repulsas/ como imanes u &oacute;rbitas lunares/ como objetos o animales contenidos en el &aacute;mbar de los sue&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Poeta, traductora y docente, la autora de <em>El para&iacute;so</em> combina lo sagrado y lo profano al pararse en el templo de la vida, contemplar su experiencia como mujer y madre, y ofrendarle al lector un flujo de sensaciones que lo apartan del estado habitual de las cosas. Retiene el instante y lo transforma en arte. Como dice <strong>Marina Mariasch</strong>: &ldquo;La poes&iacute;a reside en estados de suspensi&oacute;n, de incertidumbre. Pero algo tiene por seguro: habla desde el para&iacute;so. Un para&iacute;so que ahora es ed&eacute;n, ahora es un jard&iacute;n cualquiera, o el living de la vida misma. Es el lugar del amor, esa felicidad que se guarda &lsquo;en el bolsillo secreto del coraz&oacute;n&rsquo;. Un lugar que no puede ser mejor, pero del que podemos ser expulsados al primer mordisco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hab&iacute;a un para&iacute;so y ah&iacute; est&aacute;bamos/ en la fidelidad al milagro/ de querer y saberse querido y aventurar un para siempre/ en medio de los cambios.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desenredando-paraiso_129_11974148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jan 2025 03:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desenredando el paraíso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Poesía,Leandro Airaldo,Anahí Mallol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poesía por narradores: charla en la Biblioteca Nacional con Luciano Lamberti, María Rosa Lojo y Jorge Consiglio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/poesia-narradores-charla-biblioteca-nacional-luciano-lamberti-maria-rosa-lojo-jorge-consiglio_1_11833702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64dbc2d2-06fe-4921-9108-7db66f0f8488_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poesía por narradores: charla en la Biblioteca Nacional con Luciano Lamberti, María Rosa Lojo y Jorge Consiglio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el marco de un ciclo que organiza la institución, los participantes, que son narradores y también poetas, conversarán sobre sus lecturas, su formación y su modo de abordar cada género. Los detalles.</p></div><p class="article-text">
        Como parte de un ciclo que se propone como <strong>&ldquo;un foro de sensibilidad para un tiempo en el que es preciso recuperar el valor de la palabra&rdquo;</strong>, este mi&eacute;rcoles 20 de noviembre desde las 18.30 y con entrada libre y gratuita, <strong>Luciano Lamberti, Mar&iacute;a Rosa Lojo y Jorge Consiglio se presentar&aacute;n en la Biblioteca Nacional </strong>(Las Heras 2555, CABA) para participar de la charla &ldquo;Poes&iacute;a por Narradores&rdquo; en el marco de las actividades del Coliseo de Poes&iacute;a que lleva adelante la instituci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los tres invitados para esta mesa son narradores y tambi&eacute;n poetas. Pero se los suele conocer m&aacute;s por su obra narrativa que por sus versos. &iquest;Qu&eacute; lleg&oacute; primero? &iquest;El poema? &iquest;El cuento? &iquest;C&oacute;mo se configuran sus mapas de lecturas? &iquest;Qu&eacute; autores han sido, son, pilares en sus procesos de formaci&oacute;n? <strong>&iquest;Son distintos los caminos que conducen a uno u otro g&eacute;nero? &iquest;En qu&eacute; sentido?</strong> &iquest;Qu&eacute; se pone en juego en cada caso a la hora de la composici&oacute;n? &iquest;Hay literatura fuera de la poes&iacute;a? &iquest;Hay revelaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo piensan el lenguaje narradores y poetas?&rdquo;, detallaron sobre los temas que se abordar&aacute;n en el encuentro, en un comunicado de la Biblioteca Nacional.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DCZwMehoOGu/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        La charla de los tres escritores, que ser&aacute; coordinada por <strong>Roxana Artal</strong>, forma parte del ciclo Coliseo de Poes&iacute;a, una actividad que nace &ldquo;con el objetivo de <strong>generar un espacio que aborde los grandes temas del quehacer po&eacute;tico</strong> y se propone como un foro de sensibilidad para un tiempo en el que es preciso recuperar el valor de la palabra&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creemos que es indispensable <strong>propiciar un encuentro para el pensamiento cr&iacute;tico, la lectura y difusi&oacute;n de las po&eacute;ticas locales e internacionales</strong> en el que participen distintos referentes del g&eacute;nero y puedan confluir las diversas familias de la poes&iacute;a nacional&rdquo;, se&ntilde;alaron desde la Biblioteca.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La charla &ldquo;Poes&iacute;a por narradores&rdquo; tendr&aacute; lugar el mi&eacute;rcoles 20 de noviembre en la Biblioteca Nacional (Las Heras 2555, CABA), con entrada libre y gratuita.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/poesia-narradores-charla-biblioteca-nacional-luciano-lamberti-maria-rosa-lojo-jorge-consiglio_1_11833702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Nov 2024 17:22:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Poesía por narradores: charla en la Biblioteca Nacional con Luciano Lamberti, María Rosa Lojo y Jorge Consiglio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viajemos hacia lo que no tiene sentido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viajemos-no-sentido_129_11724414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1385fa7-0b6d-47a1-9a4c-0b9aff942f3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viajemos hacia lo que no tiene sentido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo mejor de estos festivales es que no se sabe bien quién es poeta y quién no, cualquiera puede serlo. 
</p></div><p class="article-text">
        Estoy presenciando una vez m&aacute;s el eterno retorno del fascismo, pero esta vez viene sin mi juventud. Encima, como escribi&oacute; alguna vez Apollinaire en su poema Zona, estoy cansado de este mundo nuevo. No me gusta el mundo virtual. Todo el mundo busca consejos para vivir muchos a&ntilde;os pero no se sabe bien para qu&eacute;. Cada vez siento de manera m&aacute;s precisa que las cosas que me impactan son las que no tienen ning&uacute;n sentido para el hipercapital. Ah&iacute; donde no hay sentido, hay vida. No soporto el culto a la celebridad, el abandono de la vida privada, que las personas ya no quieran tener experiencia. A Jimmy Hendrix ya hoy no le responde nadie.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vengo de pasar unos d&iacute;as en el Festival de Poes&iacute;a de Bah&iacute;a Blanca. Y estoy en &eacute;xtasis, como escribe Viel Temperley en su hermoso poema Crawl. En principio porque es un festival casero, hecho a mano, sin celebridades. Recuerdo un festival donde participaba John Coetzee y que a los que nos hab&iacute;an invitado a una cena con &eacute;l nos hab&iacute;an mandado una serie de reglas de tr&aacute;nsito: no lo mires a los ojos directo, no le preguntes cosas, etc. &iquest;Qu&eacute; es toda esa mierda?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bah&iacute;a Blanca es una ciudad portuaria que no tiene contacto con el mar. O el mar se ha vuelto un proceso anti rom&aacute;ntico, industrial. Donde en los a&ntilde;os sesenta hab&iacute;a playas y cantinas y lupanares, ahora hay un polo petroqu&iacute;mico, una inmensa planta de fertilizante. Lo curioso es que cuando vamos en auto visitando esos lugares parece una zona abandonada de todo vestigio humano. No hay gente que se mueva por estos complejos que arrojan humo y fuego por sus chimeneas. Es el escenario ideal para filmar otra de Mad Max. Me imagino un recital de poes&iacute;a nocturno frente a una de estas petroqu&iacute;micas, como si fuera la tapa de un disco de Pink Floyd.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo mejor de estos festivales hechos a escala humana es que pod&eacute;s conocer a personas muy diferentes y tambi&eacute;n diferentes modos de percibir y escribir poes&iacute;a. Voy a todos los recitales y me fascinan cada uno de los poemas que se leen. No porque me gusten, hago una suspensi&oacute;n del gusto, trato de llevarme algo de cada uno de los que leen. Y el gusto propio es una sombra que se interpone en lo que intentamos conocer. Lo mejor de estos festivales es que no se sabe bien qui&eacute;n es poeta y qui&eacute;n no, cualquiera puede serlo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Museo del Puerto de Ingeniero White hay una comida con recital de poes&iacute;a inclu&iacute;do. Pero antes visitamos una usina el&eacute;ctrica que est&aacute; en desuso y que parece el set de filmaci&oacute;n de Stalker, de Tarkovski. Bah&iacute;a Blanca en primavera tiene una gran amplitud t&eacute;rmica, el clima es como el de una mujer que entr&oacute; en la menopausia: de golpe hace calor, de golpe fr&iacute;o, de nuevo calor y sobre todo viento, un viento que si es del norte trae aguas vivas a las playas de Monte Hermoso y cierta sensaci&oacute;n de querer matar a todo el mundo en la ciudad. Pero si la veleta negra gira enloquecida nos vamos al viento sur y hace fr&iacute;o.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La gente del museo de White, los amigos del museo, los que cuidan el lugar y organizan talleres de poes&iacute;a y hacen tortas y que pasaron sus vidas y las de sus padres en esta zona castigada de Bah&iacute;a Blanca, practican la resiliencia a full y el amor propio con una notable potencia. Tener amor propio es tener amor por tu destino. No ser un llor&oacute;n. No ser una v&iacute;ctima. Y cuando hablan de White dicen Guai, destruyendo el ingl&eacute;s. Hay una comida donde tanto los invitados al festival como los y las integrantes del museo nos recitan sus poemas y nos cantan canciones. Adolescentes que versionan poemas de William Carlos Williams y tambi&eacute;n poetas de m&aacute;s de setenta a&ntilde;os que leen poemas sobre objetos que est&aacute;n en desuso &ndash;una mujer lee sobre un descorchador de vino que ya nadie usa&ndash; y produce una profunda emoci&oacute;n. Pienso mientras los escucho que tendr&iacute;an que tener un desfibrilador a mano en este evento porque las oleadas de emoci&oacute;n son muy potentes. Una mujer de unos setenta a&ntilde;os o m&aacute;s &ndash;qui&eacute;n sabe&ndash; toma el micr&oacute;fono y canta canciones c&eacute;lebres con una voz espectacular.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a anterior hab&iacute;amos caminado por el arroyo Napost&aacute;. Ese d&iacute;a costaba avanzar por el viento intenso. Parte de la ciudad a&uacute;n se est&aacute; recuperando del temporal que hizo volar &aacute;rboles y casas hace poco, y que trajo al presidente Javier Milei vestido como un <em>seals </em>a pesar de que ese d&iacute;a hac&iacute;a un calor infernal. Me cuenta un lugare&ntilde;o que en el Napost&aacute; hay un monstruo que sale a veces de noche disfrazado de marinero y que es muy carism&aacute;tico y suele ir a los bares a emborrachar v&iacute;ctimas que despu&eacute;s se lleva al arroyo. Le digo que es una versi&oacute;n sincr&eacute;tica de ciertos relatos antiguos, como el del delf&iacute;n rosa que sale del Amazonas para enamorar gente y llev&aacute;rselo al fondo del r&iacute;o. Se r&iacute;e &ndash;es un hombre con una gorra visera, cincuent&oacute;n, morocho&ndash;&nbsp; y me dice: Pero esto es verdad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado a la noche, Milton L&oacute;pez organiza una gala po&eacute;tica que va al tunt&uacute;n total. Para m&iacute; es el punctum del festival, nadie sabe bien que va a pasar, hay una inminencia de desastre &ndash;de que no haya gui&oacute;n&ndash; y eso libera totalmente a la gente. Si bien hay poetas que recitan poes&iacute;a y Milton los presenta de manera graciosa y l&iacute;rica, no hay un centro en la reuni&oacute;n, todo es importante, lo que se habla en los pasillos, la gente que indaga en la librer&iacute;a, los que fuman en la calle helada, los que vienen porque fueron invitados por invitados, los que pasaban y vieron gente y se sumaron: no hay nadie que no sea indispensable. Esta es la deconstrucci&oacute;n derridiana: hacer ver los engranajes maqu&iacute;nicos del capital, para resistirlos erosion&aacute;ndolos desde la periferia, sin ninguna necesidad de ocupar el centro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; deber&iacute;a ser la vida si uno pudiera vivir en poes&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viajemos-no-sentido_129_11724414.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Oct 2024 03:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viajemos hacia lo que no tiene sentido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bahía Blanca,Poesía,Poesía argentina,Ingeniero White]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Los pesos van a faltar": el “poema económico” que publicó Luis Caputo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/luis-caputo-escribio-poema-economico_1_11629917.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96ee7c25-e579-4634-8e99-08c374eb6514_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Los pesos van a faltar&quot;: el “poema económico” que publicó Luis Caputo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ministro de Economía posteó en Twitter (ahora, X) un listado de versos sobre “cosas que ya están pasando y se van a exponenciar en los próximos meses”, según dijo, y citó a su colega de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que en el pasado tambén escribió poesía.</p></div><p class="article-text">
        En un curioso posteo en Twitter, el ministro de Econom&iacute;a, Luis Caputo, esboz&oacute; un panorama optimista para la econom&iacute;a argentina, asegurando que &ldquo;la inflaci&oacute;n va a bajar&rdquo; y que la &ldquo;econom&iacute;a va a recuperar&rdquo; (sic) en los pr&oacute;ximos meses. <strong>En su mensaje, que tiene forma de poema</strong>, el funcionario enumer&oacute; una serie de cambios que, seg&uacute;n &eacute;l, ya est&aacute;n en marcha y se intensificar&aacute;n en el corto plazo. Destac&oacute; que &ldquo;los impuestos van a bajar&rdquo;, &ldquo;las regulaciones van a colapsar&rdquo; y &ldquo;el cr&eacute;dito privado va a explotar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Todo rima en el poema econ&oacute;mico de Caputo</strong>, quien tambi&eacute;n vaticin&oacute; que &ldquo;el d&oacute;lar financiero va a converger al d&oacute;lar oficial&rdquo;, lo que en este caso ser&iacute;a una rima asonante, porque coinciden solo las vocales con la oraci&oacute;n anterior, que es &ldquo;los d&oacute;lares van a sobrar&rdquo;. El resto de las rimas son consonantes.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, entre los versos de Caputo tambi&eacute;n se menciona que &ldquo;los pesos van a faltar&rdquo;, lo que sugiere una apreciaci&oacute;n de la moneda nacional y una estabilizaci&oacute;n del tipo de cambio. El ministro a&ntilde;adi&oacute; que &ldquo;los salarios van a recuperar&rdquo; (sic) y que &ldquo;la pobreza va a bajar&rdquo;, confiando en que la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y las reformas estructurales promovidas por el gobierno lograr&aacute;n una mejora en los ingresos reales y una reducci&oacute;n de los niveles de pobreza, algo que por el momento, sin embargo, no se est&aacute; comprobando.
    </p><p class="article-text">
        Caputo termina su tuit arrobando a su colega Federico Sturzenegger, ministro de Desregulaci&oacute;n y Transformaci&oacute;n del Estado, quien en el pasado tambi&eacute;n escribi&oacute; poes&iacute;a. Algunos de sus poemas m&aacute;s conocidos son &ldquo;Hay que ser valiente para amar&rdquo; y &ldquo;Tiempo&rdquo;. En ellos, Sturzenegger explora temas como el amor, el tiempo y la existencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que ser valiente para amar, despojado y desnudo te ofrendo mi tesoro abierto de brazos y me arrodillo como ante un pelot&oacute;n de fusilamiento&rdquo;, escribi&oacute; el ministro desregulador, a quien el presidente Javier Milei llama p&uacute;blicamente &ldquo;El Coloso&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1831423786610258101?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <em>JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/luis-caputo-escribio-poema-economico_1_11629917.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Sep 2024 20:34:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Los pesos van a faltar": el “poema económico” que publicó Luis Caputo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luis Caputo,Federico Sturzenegger,Poesía,Economía,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el Día del Lector, "volarán" poemas en las esquinas porteñas para celebrar a Borges y a la literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/dia-lector-volaran-poemas-esquinas-portenas-celebrar-borges-literatura_1_11607218.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/894e7a0f-cf22-48bd-9a29-ceb20470f01c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el Día del Lector, &quot;volarán&quot; poemas en las esquinas porteñas para celebrar a Borges y a la literatura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La poesía tomará las calles y plazas de Buenos Aires, así como diversas localidades del país. Conocé esta curiosa acción para homenajear a uno de los escritores más influyentes del siglo XX.</p></div><p class="article-text">
        Este <strong>s&aacute;bado 24 de agosto de 2024</strong>, la Argentina se vestir&aacute; de poes&iacute;a y literatura en honor a <strong>Jorge Luis Borges</strong>. Esta fecha, conocida como el<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-lector-celebra-24-agosto_1_11606376.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> D&iacute;a del Lector</a>, celebra no solo el legado del gran escritor argentino, sino tambi&eacute;n la rica tradici&oacute;n literaria del pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        En esta instancia, la <strong>Fundaci&oacute;n El Libro</strong> y la <strong>Sociedad Argentina de Escritores (SADE)</strong>, con el respaldo de <strong>Celulosa Argentina</strong>, han organizado una acci&oacute;n especial que promete unir a lectores y escritores de todo el pa&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text">Un homenaje a Jorge Luis Borges</h2><p class="article-text">
        El <strong>D&iacute;a del Lector</strong> fue establecido en 2012 en homenaje al nacimiento de <strong>Jorge Luis Borges</strong>, uno de los escritores m&aacute;s influyentes del siglo XX. Este a&ntilde;o, en conmemoraci&oacute;n del <strong>125&ordm; aniversario del natalicio de Borges</strong>, se llevar&aacute; a cabo una iniciativa especial: la distribuci&oacute;n de <strong>300.000 postales</strong> con poemas de m&aacute;s de 250 escritores argentinos, tanto consagrados como contempor&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        Desde las <strong>10:00 hasta las 18:00 horas</strong> del s&aacute;bado 24 de agosto, la poes&iacute;a tomar&aacute; las calles y plazas de Buenos Aires, as&iacute; como diversas localidades del pa&iacute;s. En <strong>cinco ic&oacute;nicas esquinas porte&ntilde;as</strong> se repartir&aacute;n postales con versos de autores argentinos. Los puntos de encuentro en Buenos Aires son:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Santa Fe y Callao</strong></li>
                                    <li><strong>Corrientes y Florida</strong></li>
                                    <li><strong>Cabildo y Juramento</strong></li>
                                    <li><strong>San Juan y Boedo</strong></li>
                                    <li><strong>Plaza Flores</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En estos lugares, los lectores podr&aacute;n recibir gratuitamente postales con poemas de figuras literarias como <strong>Jorge Luis Borges</strong>, <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong>, <strong>Alfonsina Storni</strong>, <strong>Leopoldo Lugones</strong>, y <strong>Silvina Ocampo</strong>.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/C-_BDHfve_w/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><h2 class="article-text">La celebraci&oacute;n se extiende por toda la Argentina</h2><p class="article-text">
        La celebraci&oacute;n no se limitar&aacute; a Buenos Aires. En casi <strong>60 sedes de la SADE</strong> distribuidas por todo el pa&iacute;s, tambi&eacute;n se repartir&aacute;n las postales po&eacute;ticas. Desde la <strong>provincia de Buenos Aires</strong> hasta <strong>Jujuy</strong> y <strong>Mendoza</strong>, pasando por <strong>C&oacute;rdoba</strong> y <strong>Santa Fe</strong>, los argentinos tendr&aacute;n la oportunidad de conectarse con la literatura nacional de una manera especial.
    </p><p class="article-text">
        El <strong>D&iacute;a del Lector 2024</strong> es una invitaci&oacute;n a redescubrir la obra de <strong>Jorge Luis Borges</strong> y a reflexionar sobre el impacto de la literatura en nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        <em>AB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/dia-lector-volaran-poemas-esquinas-portenas-celebrar-borges-literatura_1_11607218.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Aug 2024 15:48:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el Día del Lector, "volarán" poemas en las esquinas porteñas para celebrar a Borges y a la literatura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Luis Borges,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Separaciones, ausencias y exilios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/separaciones-ausencias-exilios_1_11593674.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7a5cb60-947a-441c-9d64-82d7b5c1556f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Separaciones, ausencias y exilios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con nostalgia o irritación, entre alegrías y tristezas, boleros, memorias poemas, narraciones, ensayos y cartas reconstruyen el desorden del mundo.

</p></div><p class="article-text">
        Tres mujeres que alguna vez se separaron se reencuentran para darle tiempo y espacio a un proyecto com&uacute;n que consiste en cantar boleros, en el club del pueblo bonaerense del que son oriundas. Tienen 60 a&ntilde;os, experiencias de vida muy diferentes y un afecto com&uacute;n, que las convoca. Hay heridas abiertas entre ellas, pero no est&aacute;n rotas, algo de lo com&uacute;n se ha deshilvanado, aunque no est&aacute;n descosidas.
    </p><p class="article-text">
        Ese rescate de antiguos deseos llega en el momento del retiro de las mujeres del sistema productivo, junto con o luego del duelo por el nido vac&iacute;o, o cuando le dec&iacute;s no va m&aacute;s a una pareja con la que fueron m&aacute;s los momentos de sufrir que los de gozar. Es una nueva ventana que se abre y aparecen cosas inesperadas. Pod&eacute;s abrazar un sue&ntilde;o que qued&oacute; pendiente o uno reci&eacute;n descubierto, las ganas crecen, te llen&aacute;s de vitalidad y el disfrute se abre como un abanico policrom&aacute;tico y con bordados y puntillas.
    </p><p class="article-text">
        Son los temas en los que te deja pensando <em>Ni rotas, ni descosidas</em>, la obra que dirige <strong>Gaby Goldberg</strong> en el Teatro Mosc&uacute; y en la que comparten escenario mi querida <strong>Mariana Smibiansky</strong>, como Mara, <strong>Dana Basso</strong>, autora adem&aacute;s, como Dalila, y <strong>Cecile Caillon</strong>, en el papel de Ro. Mujeres de armas tomar, con la energ&iacute;a y los temores que presupone exhibirse en p&uacute;blico, reformulan el repertorio del juvenil <em>Tr&iacute;o D&acute;Amor</em>, de sus veintitantos a&ntilde;os y se lanzan a una experiencia vertiginosa con sus carteras llenas de cosm&eacute;ticos, dolores, alegr&iacute;as y experiencias.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un drama c&oacute;mico musical que surgi&oacute; en un taller de dramaturgia que Basso hizo con <strong>Javier Daulte</strong>, y cuenta la juntada de estas mujeres para salvar la radio de su pueblo natal y para desplegar entre pares su noci&oacute;n de autonom&iacute;a y libertad. En un momento en que la generaci&oacute;n plateada est&aacute; cambiando para emerger socialmente, rompen falsos l&iacute;mites, tomando conciencia de las posibilidades. La obra, de una sonoridad exquisita, es un homenaje a la amistad y a la tribu femenina. &ldquo;...desde el sue&ntilde;o exhalo el silencio/ hace cosquillas la lengua anticip&aacute;ndose al sabor/ y ella porta un manjar para el esp&iacute;ritu/ un tercer aliento/ los pies como golpes de suerte desgranando el apetito&rdquo;, escribe la poeta y psicoanalista <strong>Karina Lerman</strong>. En conversaci&oacute;n con ella, su colega, <strong>Lala Atschuler</strong>, reflexiona sobre <em>Perlas</em>, el poemario al que pertenece el fragmento. Se&ntilde;ala que al ponerse en marcha ese tramo de tejido febril &ldquo;sacude lo anestesiado&rdquo;, pone al receptor en estado de alerta. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Perlas</em>, escrito mientras la tinta se deshac&iacute;a en el confinamiento por la pandemia, es un oratorio, una plegaria prolongada, de una respiraci&oacute;n por momentos entrecortada, que sostiene cierto vaiv&eacute;n desde la lengua: una intimidad, ciertos silencios o pausas que entrelazan un adentro y un afuera entre los cuerpos. &ldquo;Entre la voz y el silencio hay un affaire con la lengua ancestral, el idish, que se fue construyendo en m&iacute; desde un placer arriesgado; que la lengua aparezca, se expanda y tenga presencia pese a la violencia alrededor de ella, las metamorfosis, los desplazamientos forzados que se vitalizan en una especie de er&oacute;tica de la dispersi&oacute;n y del cuerpo&rdquo;, que apuesta su fe en el lazo social que es el acto de la lectura, m&aacute;s all&aacute; de todo l&iacute;mite. 
    </p><p class="article-text">
        El teatro y la poes&iacute;a como ofrendas de alteridad del otro, donde el &ldquo;somos desiertos, pero desiertos poblados de tribus&rdquo;, de <strong>Gilles Deleuze</strong>, cobra pleno sentido. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eduardo, un poeta de Avellaneda, quiere recordar a Elvira, su amiga bibliotecaria a la que vio por &uacute;ltima vez en el verano de 1978. En su memoria habitan seres que ya no est&aacute;n, pero son presencias porque a&uacute;n duele su forzada ausencia. Para ponerla en palabras, el bardo del conurbano necesita tomar la biblioteca popular de su barrio. All&iacute; dir&aacute; y escribir&aacute; el nombre de esa mujer que fue secuestrada y permanece desaparecida para reponer de alg&uacute;n modo lo que le falta a la tribu. Para salir de la soledad del desierto. En ese dolor que lo ahoga, cuenta con la compa&ntilde;&iacute;a de dos personas m&aacute;s j&oacute;venes, Rita y Tito, que lo ayudan a traer a Elvira al presente. Eso cuenta la obra <em>Memoria de un poeta</em>, que dirige <strong>Paula Marr&oacute;n</strong> y estren&oacute; en el Teatro del Pueblo hace un par de semanas. Como ocurre con los familiares que seguir&aacute;n buscando a sus beb&eacute;s cautivos durante la dictadura, pese a que Milei y el resto del gobierno protege a los diputados que visitaron a los genocidas en la c&aacute;rcel y dispuso el vaciamiento de la Comisi&oacute;n Nacional por el Derecho a la Identidad, el organismo que se encarga de localizar a esos ni&ntilde;os robados durante el terrorismo de Estado. 
    </p><p class="article-text">
        La evocaci&oacute;n del territorio de origen, el elogio de la lengua materna, el sue&ntilde;o y la frustraci&oacute;n de encontrar una tierra prometida o un para&iacute;so en la tierra. De eso tratan los textos heter&oacute;clitos que el escritor entrerriano, radicado en Jerusal&eacute;n, <strong>Leo Senkman</strong>, present&oacute; d&iacute;as atr&aacute;s. Se trata de la compilaci&oacute;n <em>Ires y venires</em>, donde <strong>Luisa Futoransky</strong>, <strong>Angelina Mu&ntilde;iz-Huberman</strong>, <strong>Nora Strejilevich</strong>, <strong>Alicia Dujovne Ortiz</strong>, <strong>Juan Gelman</strong>, <strong>David </strong>e <strong>Ismael Vi&ntilde;as</strong> y <strong>Alberto Szpunberg</strong>, entre otros escritores, cuentan sus experiencias diasp&oacute;ricas, de migritud, el sentirse fuera de lugar con marcas indelebles de dislocaci&oacute;n, al haber tenido que moverse de sus lugares de origen. 
    </p><p class="article-text">
        Son textos -poemas, narraciones, ensayos, cartas- publicados en la revista Noaj entre 1987 y 2011, escritos desde el exilio forzoso o elegido, entre dos mundos, de gente que se fue para no volver y otros que s&iacute; decidieron y concretaron el regreso. 
    </p><p class="article-text">
        Estamos, como dice el escritor y psicoanalista <strong>Arnoldo Liberman</strong>, en la era de las migraciones y de la vulnerabilidad f&iacute;sica y ps&iacute;quica. Ser jud&iacute;o es ser en el exilio, hab&iacute;a dicho el fil&oacute;sofo alem&aacute;n <strong>Franz Rosenzweig</strong>, siempre arrancados del propio mundo y depositados en otro.
    </p><p class="article-text">
        Jud&iacute;os, exiliados de los siglos de la Historia con may&uacute;sculas, sin atadura, con lo que eso conlleva de dolor y libertad, periodistas, narradores y poetas que andan con la memoria de la falta, aunque no se sepa exactamente qu&eacute; es esa falta. En procura de rellenar agujeros, leer el libro que no se tiene, descargar la irritaci&oacute;n y la tristeza por el desorden del mundo, o por miedo a quedar solos con la melancol&iacute;a, pese a los esfuerzos denodados que hace el mercado de la nostalgia por intentar compensar los vac&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/separaciones-ausencias-exilios_1_11593674.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Aug 2024 03:04:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Separaciones, ausencias y exilios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Poesía,Memoria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Derecho a réplica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/derecho-replica_129_11591621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c24f298-76d8-40b2-bcc7-a40ac66748c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Derecho a réplica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Uno con ostentación de rostro y ademán provocador, la otra con un susurro que incita a que la palabra poética irrumpa contra el ruido de la producción masiva, Pedro Lemebel y Elvira Henández muestran en sendos libros su intento de despegarse “del pantano atmosférico en el que hemos caído”.</p></div><p class="article-text">
        En la Feria de Editores de este a&ntilde;o compr&eacute; dos libros de la editorial chilena Alquimia, uno con extractos de entrevistas a <strong>Pedro Lemebel</strong> y otro con fragmentos de entrevistas a <strong>Elvira Hern&aacute;ndez.</strong> Ambos t&iacute;tulos empiezan con la palabra &ldquo;No&rdquo;: el de Lemebel, <em>No tengo amigos, tengo amores</em>; y el de Hern&aacute;ndez, <em>No soy tan moderna</em>. El procedimiento de componer textos solo en base a respuestas y sin incluir las preguntas es conocido en medios period&iacute;sticos, pero hay que saber armar con eso un libro y que funcione. En estos casos, las ediciones son impecables en su coherencia y dise&ntilde;o: el libro del cronista y performer Pedro Lemebel est&aacute; ordenado como una autobiograf&iacute;a involuntaria que va del nacimiento hasta la muerte, y el de la poeta y ensayista Elvira Hern&aacute;ndez como una serie de reflexiones sobre temas diversos, desde el oficio de escribir hasta la importancia pol&iacute;tica del poema, el feminismo y los efectos de las tecnolog&iacute;as en el lenguaje, entre otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que, como figuras de autor/a, Lemebel y Hern&aacute;ndez est&aacute;n en las ant&iacute;podas, uno por la puesta en escena de cuerpo entero al escrutinio p&uacute;blico y la otra por su sustracci&oacute;n a la mirada. Mientras el rostro de uno se ha difundido incontables veces con maquillaje, pa&ntilde;uelos de colores y hasta pintado con hoz y martillo, al de Hern&aacute;ndez se lo encuentra serio, recatado, incluso ausente. En la portada de su libro ella posa de espaldas a la c&aacute;mara, dejando ver s&oacute;lo ese pelo lacio y oscuro cubriendo la nuca. Consistente con esa actitud, afirma: &ldquo;Siempre he pensado que el poeta debe ser un ser invisible&rdquo;. Y tambi&eacute;n: &ldquo;Lo importante no es que el escritor sea visto, sino lo que ha podido ver. Por eso la poes&iacute;a no es medi&aacute;tica. Se mueve desde rincones insignificantes que son observatorios de primera magnitud de la vida&rdquo;.&nbsp;
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                Pedro Lemebel y Elvira Hernández, artistas chilenos.                            </span>
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        Por el contrario, Lemebel hizo de la extrema visibilidad una operaci&oacute;n pol&iacute;tica y literaria: &ldquo;Mi forma de vestir tiene que ver con la libertad&rdquo;. Con iron&iacute;a, proclama: &ldquo;Yo no hice nada por hacerme visible, siempre fui evidente desde un sat&eacute;lite. Me dej&eacute; llevar por cierta porf&iacute;a que experimentamos los ni&ntilde;os raros frente al adiestramiento agresivo de la formaci&oacute;n masculina, y escog&iacute; la posibilidad de una identidad siempre cambiante. En la magia tornasol me alej&eacute; del formato hombre para siempre, sin vuelta&rdquo;. De all&iacute; que &ldquo;en el &aacute;lbum macho, familiar y tradicional del canon literario chileno, quiz&aacute;s soy la t&iacute;a solterona cronista&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Hern&aacute;ndez susurra: &ldquo;El poeta pasa a ocupar un lugar marginal. M&aacute;s que hacerse notar, es alguien que tiene que notar lo que est&aacute; ocurriendo, no al rev&eacute;s. Observar, pero no ser observado&rdquo;. La marginalidad es un tema que atraviesa ambas experiencias: &ldquo;Cuando te imputan lo marginal, es una forma de anularte&rdquo;, declara Lemebel. &ldquo;Yo prefiero intentar otras estrategias, otro cruce de fronteras, moverse en los bordes. Lo que yo hago es un gesto al interior de la literatura, de lo r&iacute;gido y patriarcal que son los g&eacute;neros literarios&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Hern&aacute;ndez, &ldquo;el desaf&iacute;o es poder desautomatizar el lenguaje. Que es algo que de tanto usarlo va perdiendo su efectividad... Uno va reteniendo la palabra, solt&aacute;ndola de a poco. Y eso demora&rdquo;. De all&iacute; el rechazo de la poeta a la &ldquo;velocidad endemoniada&rdquo; de estos tiempos, al tr&aacute;fico de informaci&oacute;n que es tan dif&iacute;cil de asimilar, a la p&eacute;rdida de la memoria actual y la entrega de los recuerdos m&aacute;s vivos e &iacute;ntimos a m&aacute;quinas que lo fotograf&iacute;an y lo registran todo: &ldquo;Me siento adversaria de las m&aacute;quinas en la medida en que estas se han convertido en un modelo para el ser humano. Nos hacen rendir como m&aacute;quinas porque la m&aacute;quina no se cansa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las r&eacute;plicas est&aacute;n anotadas con referencias a las fuentes al final de ambos libros. Claro que en toda entrevista se despliega el poder del interrogatorio, como lo estudi&oacute; Barthes: la respuesta es una parte del discurso constre&ntilde;ida por la forma &ldquo;pregunta&rdquo;. Habr&iacute;a un &ldquo;terrorismo de la pregunta&rdquo;, dado que esta niega el derecho a no saber, o el derecho al saber incierto. Por eso &ldquo;detesto la obviedad de la entrevista&rdquo;, se queja Lemebel, &ldquo;hay algo de superioridad en quien pregunta, el periodista juez, el periodista inquisidor&rdquo;. De esa trampa sali&oacute; siempre gracias a su velocidad de reflejos. Cuando le preguntan si no se cansa de tener que ser siempre un personaje, responder&aacute;: &ldquo;No, porque tengo varios. Cada d&iacute;a me levanto con uno diferente&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;&iquest;por qu&eacute; debo quedarme en la marginalidad y pudrirme ah&iacute;?&rdquo;. De todos modos, &ldquo;a la poes&iacute;a le tengo un gran respeto, sin que yo sea un sujeto que respete muchas cosas. Y los poetas son buenos para la droga, para el trago, para los placeres. Si se descuidan uno les puede correr mano&rdquo;.
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                Elvira Hernández                            </span>
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        Para Hern&aacute;ndez, &ldquo;no se puede estar cerca del poder sin contaminarse. Tengo muy claro que el poeta no puede ser parte del sistema&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;es el tiempo de la mujer para hacer un viraje social&rdquo;. En una de las pocas ocasiones en las que el libro incluye una pregunta, esta es sobre si el no tener hijos fue una definici&oacute;n. Ella responde: &ldquo;S&iacute;. Hay algunas mujeres que no est&aacute;n vinculadas a la maternidad&rdquo;. Lemebel coincidir&iacute;a: &ldquo;Los discursos emancipatorios tienen que ver con mis alianzas y con mis interlocutores que en su mayor&iacute;a son mujeres&rdquo;. Despu&eacute;s de todo, &ldquo;cada uno hace lo que quiere y con quien quiere y por d&oacute;nde quiere. &iquest;No es esa la huevadita de la democracia y la libertad?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno con ostentaci&oacute;n de rostro, maquillaje, performance y adem&aacute;n provocador para hablar por su diferencia, y la otra con un susurro que incita a que la palabra po&eacute;tica irrumpa contra el ruido de la producci&oacute;n masiva, las dos intentar&aacute;n despegarse &ldquo;del pantano atmosf&eacute;rico en el que hemos ca&iacute;do&rdquo;. Ah&iacute; est&aacute; la magia de estas r&eacute;plicas que fueron transcriptas de decenas de entrevistas: las frases sueltas se cruzan y se contagian y se abren a una multiplicidad enemiga del sentido &uacute;nico. En un libro dice Hern&aacute;ndez: &ldquo;La poes&iacute;a busca que uno se haga todas las preguntas que puede hacerse sobre las palabras&rdquo;. Y en otro a&ntilde;ade Lemebel: &ldquo;Escribir es una pregunta que no est&aacute; contestada&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OB/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Osvaldo Baigorria]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/derecho-replica_129_11591621.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Aug 2024 09:54:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Derecho a réplica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Yo, libertario,Chile,Poesía,Pedro Lemebel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con hambre de vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hambre-vivir_129_11450975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4efbec0d-833a-41c0-949b-2cfd7811d73f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Con hambre de vivir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La comedia y el drama de la existencia pueden transcurrir de una manera gris, sin que se desplieguen los sentidos, casi sin apetito. O con la pasión honda que convierte la vida en un milagro. </p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una vez por semana, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Milagros Almeida</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> baila, brilla, rie, llora y escribe como si fuera </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Katherine Mansfield</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Entre cuadros, marcos y mu&ntilde;ecos diminutos, la actriz atraviesa el drama y la comedia de una vida, en el Espacio Callej&oacute;n. Transita el exilio, el dolor, la alegr&iacute;a y la sexualidad con poes&iacute;a, temblor y pasi&oacute;n. Aunque pareciera estar sola, su arte va de la mano del director </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Miguel Wahren</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, cocreador de la dramaturgia, autor de la puesta en escena, adem&aacute;s de sost&eacute;n de un gran equipo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Estamos ante una mujer con hambre de Eros y literatura, una escritora que construye una obra mientras se va desgarrando. El humor y las ganas la iluminan, aunque cada d&iacute;a la enfermedad le marca un l&iacute;mite preciso, infranqueable.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mansfield naci&oacute; en Nueva Zelanda en 1888 y emigr&oacute; muy pronto a Londres, donde busc&oacute; forjarse un destino y combatir la tuberculosis que se la termin&oacute; llevando a los 34 a&ntilde;os, en 1933. Escribi&oacute; varios libros, entre ellos </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Preludio</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El viaje</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La fiesta en el jard&iacute;n</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El canto del cisne</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, adem&aacute;s de su </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Diario</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y sus </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Cartas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El amor prohibido con la escritora </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ida Baker</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la tierra y sus maravillas, las p&eacute;rdidas, la soledad y la lucha incesante por alcanzar una vida plena est&aacute;n plasmados en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Fragmentos Mansfield</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>,</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> el unipersonal que nos sumerge en la vida de quien fuera contempor&aacute;nea de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Virginia Woolf</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con quien mantuvo una amistad no siempre gozosa. </span>
    </p><p class="article-text">
        Almeida transmite esa voracidad vital del personaje, con un cuerpo disponible para encarnar la ficci&oacute;n y activar los sentidos de los espectadores. Su interpretaci&oacute;n, alumbrada por efectos sutiles de luz, produce distintas atm&oacute;sferas an&iacute;micas y nos lleva a experimentar los estados variados de esa criatura. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Al final de la funci&oacute;n, Wahren -tambi&eacute;n m&eacute;dico pediatra y repostero- nos revela que a la actriz la conoci&oacute; en el estudio de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Helena Tritek</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. &ldquo;Apenas la vi me di cuenta de que el papel era para ella&rdquo;, dice mientras convida un exquisito pastel de manzana que ha llevado para compartir con el p&uacute;blico. &ldquo;Quer&iacute;a que la po&eacute;tica de Mansfield, su ternura y su dolor, encontraran intensidad en la escena&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aunque se trata de otro tipo de relaci&oacute;n con el alimento y con el cuerpo, la del rapero espa&ntilde;ol </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Toni Mej&iacute;as</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> encuentra sus palabras en el libro autobiogr&aacute;fico </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Hambre</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Se trata de la biograf&iacute;a de la lucha contra la anorexia del integrante de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Los Chikos del Ma&iacute;z</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Uno de los s&iacute;ntomas m&aacute;s evidentes de la anorexia es el fr&iacute;o que, como un abrazo de hielo, te atrapa y no te suelta&rdquo;, dijo en una entrevista de la revista CTXT el autor de <em>Hambre</em>. &ldquo;Es mi historia frente al espejo, una historia escrita desde la derrota, pero llena de peque&ntilde;as victorias. Una historia escrita desde la depresi&oacute;n, pero que defiende la alegr&iacute;a como un derecho innegociable. Es mi testimonio acerca de un tema tab&uacute;, m&aacute;s a&uacute;n en el caso de los hombres, y nace con la intenci&oacute;n de buscar salidas conjuntas donde otros solo ofrecen muros y derrotas individuales.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El libro da cuenta de un padecimiento, de un aprendizaje y de una sociedad que vive pendiente de la imagen, cuando podr&iacute;a poner su foco en otros temas m&aacute;s trascendentes&ldquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        Mej&iacute;as destaca el da&ntilde;o que le produjeron comentarios como: &ldquo;Qu&eacute; bien est&aacute;s&rdquo;, &ldquo;se te ve genial&rdquo; o &ldquo;est&aacute;s mejor que nunca&rdquo;, que asociaban la baja de peso con su salud. Fueron el origen de una obsesi&oacute;n por el control de sus ingestas y la p&eacute;rdida de peso. La ira comenz&oacute; a dominar sus emociones y adelgazar se convirti&oacute; en su &uacute;nico prop&oacute;sito. &ldquo;Acab&eacute; d&aacute;ndome cuenta&nbsp;porque no era capaz ni de subir unas escaleras sin ahogarme. Se me marcaban los huesos. No estaba bien con mi pareja ni con nadie. Yo estaba en la mierda&rdquo;.&nbsp;Hoy, luego de un click y de recibir ayuda, el rapero est&aacute; consciente de que toc&oacute; fondo y espera que alguna vez pueda dejar de pensar todo el tiempo en lo que come. 
    </p><p class="article-text">
        El dramaturgo cordob&eacute;s <strong>Fernando Zabala</strong> asoci&oacute; la lectura del libro <em>Fragmento de un discurso amoroso,</em> donde <strong>Roland Barthes</strong> se refiere al amor embalsamado, con una noticia que ley&oacute; acerca del velatorio de un boxeador al que embalsamaron cuando muri&oacute;, en Puerto Rico, y vistieron con bata, shorts y guantes para su exhibici&oacute;n. Con esa informaci&oacute;n inspiradora, Zabala escribi&oacute; <em>Se despide el campe&oacute;n,</em> otro unipersonal que vi en ltaca Complejo Teatral, con la direcci&oacute;n del prestigioso <strong>Mariano Dossena</strong> y protagonizada con encendida pasi&oacute;n por <strong>Christian Thorsen</strong>, quien confiesa a lo largo de una hora la tragedia en la que est&aacute; envuelto, sus causas y efectos. Thorsen es el sparring del deportista y ha sido su amante. Han compartido amistad, entrenamientos, vivienda, pesca, amor, celos, tab&uacute;es. La propuesta esc&eacute;nica nos habla del hambre de cari&ntilde;o y reconocimiento del protagonista, un hombre que crey&oacute; encontrar un sentido a su vida en el v&iacute;nculo con el campe&oacute;n, pero cuya vida se le esfuma cuando descubre que el sentimiento de su pareja no es rec&iacute;proco.
    </p><p class="article-text">
        Quien tiene apetito de m&aacute;s y mejor que una vida chata en un pueblo del que casi todos han huido es Celeste, uno de los personajes de<em> La pilarcita</em>, la obra de <strong>Mar&iacute;a Marull</strong>, que viene celebrando diez a&ntilde;os y que el martes 2 de julio estar&aacute; en el Astros.
    </p><p class="article-text">
        Esta celebrada pieza sobre un milagro que se construye de manera casi artesanal cuenta la historia de la desesperada y su enigm&aacute;tica pareja, Horacio, quienes llegan desde la gran ciudad a un lejano pueblo de Corrientes en busca de algo que lo salve a &eacute;l de un doloroso padecimiento.
    </p><p class="article-text">
        La obra se viene dando en el Camar&iacute;n de las Musas con la maravillosa interprete que estren&oacute; la obra, <strong>Luc&iacute;a Maciel</strong>. Act&uacute;an adem&aacute;s <strong>Agustina Cabo</strong> como Celina, <strong>Julia Catala</strong> es Selva y <strong>Juli&aacute;n Rodr&iacute;guez Rona</strong> es Hern&aacute;n. <strong>Mercedes Moltedo</strong> ser&aacute; Celeste en el tradicional teatro de la avenida Corrientes. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pareja se hospeda en una sencilla pensi&oacute;n comandada por Celina, la hija de los due&ntilde;os. La vecina Celeste, su amiga adolescente, borda en el patio para terminar su traje de comparsera. Celina estudia para ingresar a la facultad e irse del pueblo, mientras Hern&aacute;n, su hermano, regresa para participar del concurso de Compuesto Correntino en la fiesta de La Pilarcita.</span>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La Pilarcita fue una nena que viajaba en carreta con su familia para ac&aacute;, a Concepci&oacute;n del Yaguaret&eacute; Cor&aacute;; en el camino se le cay&oacute; su mu&ntilde;equita y por querer salvarla se cay&oacute; ella tambi&eacute;n, pobrecita&rdquo;, le cuenta Celeste a Selva, abriendo as&iacute; el camino para lograr un milagro.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Selva se entera de que hay que ofrendar una mu&ntilde;eca creada para la ocasi&oacute;n y le pide a la laboriosa y curiosa Celeste que la ayude a confeccionarla para ofrend&aacute;rsela a la santa popular. Ambas se hacen amigas y su relaci&oacute;n les cambiar&aacute; el destino. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>LH/MF</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hambre-vivir_129_11450975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jun 2024 03:02:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Con hambre de vivir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Poesía,Roland Barthes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria del dolor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/memoria-dolor_129_11413648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97042154-6228-4bf9-a554-c902503d738c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La memoria del dolor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La poesía de Edgar Alan Poe vive en la interpretación que Ariel Aguirre realiza en la capilla del Cementerio Británico, mientras Judy Garland revive en el cuerpo de la actriz Marina Munilla, en la sala No avestruz. El sufrimiento por la pérdida del ser amado y las heridas que padecen las infancias. </p></div><p class="article-text">
        Es probable que hayas escuchado hablar del director de cine  <strong>Vincent Minelli</strong> o que hayas visto bailar y actuar a <strong>Liza Minelli</strong>, en <em>Cabaret</em><strong>.</strong> El primero fue marido de <strong>Judy Garland </strong>y Liza, la hija de la actriz de <em>El mago de Oz</em><strong> </strong>(1939). De Judy, en realidad de <em>Proyecto Garland</em>, vamos a ocuparnos hoy ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        A la obra<strong> </strong><em>Proyecto Garland</em> la vi el domingo pasado, a las 20, en el espacio No avestruz, de Palermo. Teatro en cooperativa, como la mayor parte de los espect&aacute;culos que veo.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a asistido m&aacute;s temprano a una adaptaci&oacute;n esc&eacute;nica inquietante del poema <em>El cuervo</em>, en el cementerio Brit&aacute;nico, una experiencia imperdible, gratuita y con visita guiada por el predio.
    </p><p class="article-text">
        Rengl&oacute;n aparte: el unipersonal basado en los m&aacute;s famosos versos de <strong>Edgar Alan Poe</strong> est&aacute; dirigido por <strong>Iv&aacute;n Moschner </strong>y lo intepreta con gran compromiso<strong> Ariel Aguirre</strong>, en su versi&oacute;n original en ingl&eacute;s y en nuestro idioma, con traducci&oacute;n de <strong>Ingrid Pelicori</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        <em>El cuervo </em>(1845) es la declaraci&oacute;n de dolor de un hombre que ha perdido para siempre a Leonor, su amada, y una noche espectral recibe la visita del ave rapaz. La funci&oacute;n tiene lugar en la capilla, un lugar sagrado como el cementerio, donde reinan la paz y el silencio.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Diablo alado, no hables m&aacute;s!, dije, dando un paso atr&aacute;s; &iexcl;Que la tromba te devuelva a la negrura abisal! &iexcl;Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje quiero en mi portal! &iexcl;Deja en paz mi soledad! &iexcl;Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal! Dijo el cuervo: &ldquo;Nunca m&aacute;s&rdquo;, </em>escribi&oacute; el tambi&eacute;n autor de<em> El escarabajo de oro</em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No es casual la elecci&oacute;n del lugar. El poema de Poe refiere al misterio de ese destino inexorable de los seres vivos: la muerte. con una vida dura, su matrimonio fue una experiencia amarga ya que perdi&oacute; a su esposa luego de una larga enfermedad. Beb&iacute;a alcohol y consum&iacute;a drogas y la opacidad de su cotidiano, la negrura de sus d&iacute;as, est&aacute; presente en sus textos.
    </p><p class="article-text">
        Unos cien a&ntilde;os despu&eacute;s, en el mismo pa&iacute;s, Judy Garland tambi&eacute;n intentaba escapar de lo sombr&iacute;o ingiriendo sustancias.
    </p><p class="article-text">
        <em>Proyecto Garland </em>fue escrita por la dramaturga y actriz <strong>Marina Munilla</strong> y por el director del montaje teatral <strong>Gerardo Grillea</strong>. Es una pieza conmovedora, con una interpretaci&oacute;n fuera de serie de Munilla, que narra la vida tormentosa de Judy como un modo de indagar en la violencia de g&eacute;nero, problema antiqu&iacute;simo que no se acaba, al contrario: crece y afecta con furia aniquiladora a las ni&ntilde;as y a las j&oacute;venes, aunque tambi&eacute;n a las adultas y a las m&aacute;s mayores.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Ten&eacute;s que estar esplendida, Judy, no gordita&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ten&eacute;s que hacer un nuevo tratamiento&hellip; Judy, querida, no te toman en las audiciones porque est&aacute;s gordita&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;, Judy, est&aacute;s gordita, pod&eacute;s caer en coma en cualquier momento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Son algunos de los mensajes gordof&oacute;ficos que la madre de Judy le deja a su hija en el contestador telef&oacute;nico. Una pesadilla a la que Judy responde: &ldquo;No estoy gorda. Estoy hinchada. Mi cuerpo est&aacute; envenenado con fluidos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Judy es una nena a la que la mam&aacute; le exige hacerse trenzas perfectas, pero nunca la peina. Judy corre a&nbsp;audicionar para las pel&iacute;culas y la mam&aacute; le dice que no la eligen por el tama&ntilde;o de su cuerpo. Su progenitora la presiona, cuenta los veintid&oacute;s pliegues del vestido que lleva puesto y chequea que el esmalte de las u&ntilde;as de la hija est&eacute; impecable.
    </p><p class="article-text">
        Ya un poco m&aacute;s grande, la actriz se enamora de <strong>Mickey Rooney</strong>, compa&ntilde;ero de pel&iacute;culas en la Metro-Goldwyn-Mayer. Para Rooney &nbsp;&ldquo;existen todas las dem&aacute;s antes que yo. Adem&aacute;s, yo estoy gordita. &Eacute;l no me lo dice, pero me mira de reojo y seguro piensa: S&iacute; Judy, est&aacute;s gordita&rdquo;, supone la actriz
    </p><p class="article-text">
        <strong>Louis Mayer</strong>, el hombre m&aacute;s poderoso de Hollywood de entonces, dictamin&oacute; que Judy deb&iacute;a reprimir su apetito con sopa, lechuga y 80 cigarrillos por d&iacute;a. Adem&aacute;s, la obligaba a consumir anfetaminas para energizarla en las filmaciones y somn&iacute;feros para&nbsp;dormir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando sos una ni&ntilde;a y manten&eacute;s a tu familia, algo no est&aacute; bien&rdquo;, dice Munilla, ganadora del Premio Ace Revelaci&oacute;n Femenina y nominada como mejor actriz de Teatro Alternativo para el mismo galard&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con humor y gran entrega, la int&eacute;rprete sondea en los confines del&nbsp;amor, el deseo y la fama. Su cuerpo herido registra los efectos de los traumas infantiles y Grillea cautiva al p&uacute;blico al presentar un mundo sombr&iacute;o, atravesado por los recuerdos de su criatura en el set de <em>El mago de Oz</em>. Judy est&aacute; en una ba&ntilde;adera que ocupa el centro de la escena: a veces flota y otras se hunde.
    </p><p class="article-text">
        Como sucede en la vida, la memoria estalla y surgen fragmentos del pasado de la mano de las canciones. Detr&aacute;s de una bella voz est&aacute; Judy, quien, como otras ni&ntilde;as y otros ni&ntilde;os, pide a gritos ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Judy estuvo varias veces internada en psiqui&aacute;tricos, quiso suicidarse y muri&oacute; por una sobredosis.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los polic&iacute;as entraron al pub Stonewall Inn, en Greenwich Village, para reprimir, los clientes del bar s&oacute;lo quer&iacute;an escuchar su voz en paz. Ella hab&iacute;a sido una referente para la comunidad LGBT+ que se rebel&oacute; ese d&iacute;a. Judy se hab&iacute;a muerto unas jornadas antes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Proyecto Garland</em>&nbsp;es un zig zag por los caminos de una vida&nbsp;llena de lastimaduras y cicatrices. La ni&ntilde;ez le ha sido arrebatada a Judy y sus vivencias determinan destinos dolorosos. Ha sido una ni&ntilde;a c&eacute;lebre y vulnerada. Gan&oacute; el Oscar como Dorothy y, siendo una adulta, el sexo, las pastillas y el alcohol fueron sus recursos para escapar de una vida de pesadilla. La m&uacute;sica y el humor fueron atajos previos al naufragio. Muri&oacute; a los 47 a&ntilde;os, en 1969, v&iacute;ctima de <strong>una&nbsp;sobredosis de medicamentos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Munilla ya hab&iacute;a mostrado su genio actoral en la obra <em>Golda Meir, cuesti&oacute;n de Estado</em>, en torno a la lideresa israel&iacute;. Sumergirse en lo profundo del personaje para que emerjan las convulsiones de la existencia parece ser el constante desaf&iacute;o<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un amor que no ama, un m&eacute;dico que no sana, un tel&eacute;fono que no comunica son algunas claves tem&aacute;ticas en el desarrollo dram&aacute;tico.<strong> </strong>Las relaciones han sido complejas para Judy y en <em>Proyecto Garland </em>se visualizan a trav&eacute;s del v&iacute;nculo con el tercer marido, el empresario <strong>Sid Luft</strong>, y&nbsp;con el&nbsp;doctor Kupper, animados por <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Diego L&oacute;pez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Leonardo Mur&uacute;a</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Ambos simbolizan</span> la ilusi&oacute;n de cuidado, pero tambi&eacute;n el abuso de la estrella durante su ocaso.
    </p><p class="article-text">
        Ser espectadores no es una actividad pasiva. Ac&aacute;, implica animarse a un viaje sensible, intenso y disfrutable. Actuaci&oacute;n, danza y canciones afectan nuestros cuerpos. La emoci&oacute;n nos torsiona y nos transforma. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/memoria-dolor_129_11413648.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jun 2024 03:01:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La memoria del dolor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Edgar Alan Poe,Judy Garland,Poesía,Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cicatrices, el resto es memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatrices-resto-memoria_129_11376354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ba40086-7e35-4690-b566-39783d1bfe9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cicatrices, el resto es memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un encuentro esporádico reune los martes por la noche en una esquina frente al cementario de Chacarita a cientos de personas se reúnen para “sentir poesía”. </p></div><p class="article-text">
        Me cri&eacute; escuchando una alteraci&oacute;n en el uso corriente de la palabra <em>sentir</em>. Cada vez que mi abuelo se refiere a la escucha, habla del sentir. Un estruendo callejero sube hasta su departamento en el microcentro porte&ntilde;o y &eacute;l pregunta <em>&iquest;Han sentido? </em>La radio informa un accidente y &eacute;l afirma: <em>he sentido que no hay heridos. </em>Despu&eacute;s de un supercl&aacute;sico siempre pregunta si sentimos los testimonios de los jugadores. A los pol&iacute;ticos los siente en el televisor como siente la decena de alarmas que le indican cu&aacute;ndo tomar los medicamentos. Hace poco le pusieron un nuevo aud&iacute;fono y ahora siente todo mucho mejor. 
    </p><p class="article-text">
        Para el o&iacute;do desacostumbrado a su glosa, mi abuelo es un rom&aacute;ntico desmedido. Un protagonista melodram&aacute;tico capaz de conmoverse con todo lo que ingrese en sus o&iacute;dos. Un sensible serial que transforma todo ruido, reverberaci&oacute;n, rumor o palabra en una emoci&oacute;n de impacto inmediato. En su lengua, todo lo que suena es una sinfon&iacute;a de la afecci&oacute;n. La escucha, un acto de las pasiones. Mi abuelo tambi&eacute;n podr&iacute;a ser confundido con un m&uacute;sico capaz de escuchar el sentimiento de cada melod&iacute;a. Mi abuelo, el alter ego de un Beethoven que progresivamente deja de o&iacute;r, pero nunca de sentir los sonidos. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras escribo estas palabras, mi hermana, a mi lado, est&aacute; dando una clase sobre el tiempo en la poes&iacute;a. Muevo los dedos sobre la computadora, pero dejo de escribir para escuchar a mi hermana docente, siento sus palabras. Retoma un texto de Derrida y plantea la dicotom&iacute;a entre <em>recordar</em> y <em>hacer memoria</em>. Explica a sus alumnes que en la primera acepci&oacute;n aparece la idea de <em>re/cordare</em>: volver a pasar por el coraz&oacute;n. Julieta se&ntilde;ala adem&aacute;s que la expresi&oacute;n en franc&eacute;s para decir &ldquo;hacer memoria&rdquo; es &ldquo;apprendre par coeur&rdquo; es decir &ldquo;aprender de coraz&oacute;n&rdquo;. La docente habla del tiempo del poema, explica que se inscribe dentro de una temporalidad sentimental, que no se rige por el tiempo cronometrado del reloj sino por el tiempo abierto del coraz&oacute;n,&nbsp;&ldquo;en el tiempo del coraz&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n el ritmo del latido&rdquo; dice Julieta y hace una pausa como si ofreciera a su audiencia un silencio para escuchar ese tiempo. El latido se revela entonces como un sonido, una m&uacute;sica del cuerpo que, como bien expresa el ingl&eacute;s para referirse a la m&uacute;sica que se toca de memoria &ldquo;to play by heart&rdquo;, toca o juega de coraz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras hago memoria para encontrar las expresiones de mi abuelo (<em>sent&iacute; el timbre, &iquest;han sentido al avi&oacute;n?, &iexcl;sent&iacute;, sent&iacute; esta canci&oacute;n!</em>),&nbsp;escucho las palabras de la docente y las preguntas de sus alumnes. As&iacute;, en la superposici&oacute;n sonora y evocativa, aprendo de mi abuelo que escuchar es un sentimiento y de mi hermana que la memoria se hace con el coraz&oacute;n. Como si al maridaje de este legado familiar le faltara amalgama, un verso del poema &ldquo;Nosotros&rdquo; de <strong>Louise Gl&uuml;ck</strong>, aparece como ep&iacute;grafe del libro que estoy releyendo,&nbsp;<em>Parte de la felicidad, </em>donde <strong>Dolores Gil </strong>escribe con memoria incendiaria un testimonio personal. El poema dice: <em>Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria. </em>Ah&iacute; est&aacute;, la memoria, ese todo entre nosotros que se hace con el coraz&oacute;n y deja cicatriz. Miramos, escuchamos el mundo, lo sentimos en la infancia y lo aprendemos por coraz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de dos a&ntilde;os naci&oacute; <em>Cicatrices</em>, un ciclo de poes&iacute;a organizado por la dramaturga y poeta santafesina <strong>Consuelo Iturraspe</strong>. Los martes, por las noches,&nbsp;cientos de personas se re&uacute;nen para &ldquo;sentir poes&iacute;a&rdquo; en una esquina frente al cementerio. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Existe en alg&uacute;n lugar de la noche porte&ntilde;a, frente al cementerio de la Chacarita, un casi centenario bar tanguero, un volc&aacute;nico interior &aacute;mbar naranja y lila fluo que se parece a estar adentro de una pintura de Van Gogh. Se llama Rodney bar, Bar Rodney o El bar de Rodney. All&iacute;, filigranas musicales metaleras labran y ahondan el tiempo alrededor de medianoche. All&iacute;, adem&aacute;s, algunos martes, lxs poetas susurran al micr&oacute;fono secretos de sus (m&uacute;ltiples) vidas encriptados en el poema y encantan a las almas. Y &rdquo;siempre, siempre, siempre se llena&ldquo;, </em>dice <strong>Beatriz Vignoli</strong> en el pr&oacute;logo del libro que recoge los poemas de les autores que pasaron por el ciclo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El encuentro poético arma una memoria que nos permite sentir las palabras para volver a pasar por el corazón</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Un ciclo, que como su t&iacute;tulo anticipa, aparece en medio de un tejido social que se desgarra, pero no se corta. Las cicatrices, en la voz de les poetas, dejan una marca sobre el asfalto, una estela en la noche, un trazo que dibuja la forma de una memoria incapaz de borrarse. En la esquina del cementerio, los poemas circulan en voz alta, de memoria, de lectura, de coraz&oacute;n, pasan las palabras capaces de despertar a quienes duermen del otro lado del pared&oacute;n, a quienes escuchan con las manos calent&aacute;ndose en los bolsillos, a quienes sienten con una cerveza fr&iacute;a recorriendo la garganta. 
    </p><p class="article-text">
        Les rapsodas contempor&aacute;nes, recitan, hacen memoria y junto a les oyentes, se entregan a la tarea de volver a pasar por el coraz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El ciclo hiere de belleza. Mientras afuera,&nbsp;algunos poderosos buscan agrandar los cementerios poniendo en cuesti&oacute;n los acuerdos de la memoria, aqu&iacute;, las cicatrices cantan, hablan, leen y se vuelven cada vez m&aacute;s visibles. La noche se abre y vuelve a explicar todo de nuevo. Un <em>pliegue de hermosura en el interior de lo real, </em>dice Vignioli. Un pasaje oral, un boca en boca, una memoria, muchas memorias, a veces confusas, olvidadizas, repetitivas, humanas,&nbsp;la memoria humana que vuelve en la forma de la reuni&oacute;n po&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Cicatrices</em> las voces y las escuchas se siguen, unas a las otras, como una manada de animales que pisan las huellas sobre la tierra. El encuentro po&eacute;tico arma una memoria que nos permite sentir las palabras para volver a pasar por el coraz&oacute;n. En este ritual, los o&iacute;dos se acostumbran a la glosa de mi abuelo que se vuelve universal, las cicatrices transforman la escucha en un sentimiento colectivo. 
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cicatrices&rdquo; se realiza espor&aacute;dicos martes en el Rodney Bar. Para conocer las pr&oacute;ximas lecturas consultar @cicatricesciclo </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hasta el momento participaron del ciclo les poetas: Diana Bellessi, Laura Wittner, Elena Ann&iacute;bali, Alejandro Crotto, Paula Jim&eacute;nez Espa&ntilde;a, Clara Muschietti, Osvaldo Bossi, Mariano Blatt, Marie Gouiric, Robin Myers, Susana Villalba, Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara, Mario Montalbetti, Sonia Scarabelli, Silvina Giaganti, Julieta Sbdar, Catalina Reggiani, Javier Rold&aacute;n, Virna Scolari, Andi Nachon, Milagros P&eacute;rez Morales, Juan Fernando Garc&iacute;a, Daniel Lipara, Ver&oacute;nica Yattah, Francisco Bitar, Maite Esquerr&eacute;, Nahuel Lardies, Pilar Otero, Gerardo Jorge, Flavia Calise, Panchita Casas, Pamela Terlizzi Prina, Fernanda P&eacute;rez Bodria, Melina Varnavoglou, Juan Laxagueborde, Mar&iacute;a Florencia Rua, Natalia Romero, Patricia Gonz&aacute;lez L&oacute;pez, Walter Lezcano, Francisco Garamona y Juli&aacute;n L&oacute;pez. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Sbdar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatrices-resto-memoria_129_11376354.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 May 2024 15:06:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cicatrices, el resto es memoria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Literatura argentina,Consuelo Iturraspe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin pereza no hay poetas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pereza-no-hay-poetas_129_11301849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fbaeaee-4c8c-47bb-b991-12b11359afdd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin pereza no hay poetas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿No hay un afuera del capitalismo? ¿Algo que prefigure la posibilidad de una vida post trabajo y sin acumulación de capital? ¿Hay un tiempo distinto al de la productividad y el consumo? 
</p></div><p class="article-text">
        La lectura de <em>El alma de las colinas</em>, primera novela de <strong>Derian Passaglia</strong>, me reactiv&oacute; el deseo de volver a leer a <strong>Juan L. Ortiz</strong>, conocido por su apodo <strong>Juanele</strong>. Dos muchachos y una chica se lanzan a la b&uacute;squeda del viejo sabio retirado en el paisaje de montes acu&aacute;ticos del Paran&aacute;. La visita m&iacute;tica de poetas principiantes al maestro se convierte en un viaje de aventuras cuando descubren que una alianza de norteamericanos y franceses conspira para robar el talento de Ortiz y provocarle una rara enfermedad, utilizando a su supuesto amigo Juanjo (Juan Jos&eacute; Saer), un robot programado para hablar y escribir en forma autom&aacute;tica en largas frases interrumpidas por muchas comas y muchos verbos para hacer durar la atenci&oacute;n y as&iacute; distraer a los lectores de modo que estos no se den cuenta de que su literatura se perfecciona cada vez m&aacute;s a costa de la poes&iacute;a de Juanele. Llevan a este en viaje en bote hacia el conf&iacute;n de las islas, en busca del jacarand&aacute; eterno que podr&iacute;a curarlo y salvarlo. Los movilizan las palabras del poeta que cantaba:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Deja las letras y deja la ciudad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Vamos a buscar, amigo, a la virgen del aire&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Yo s&eacute; que nos espera tras de aquellas colinas&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Juan Laurentino Ortiz fue un caso at&iacute;pico en la literatura argentina, un poeta que prefiri&oacute; el retiro en sus paisajes de provincia antes que la vida mundana de los escritores que publican todo el tiempo, como si hubiese elegido una vida tao&iacute;sta en su inmersi&oacute;n y fusi&oacute;n contemplativa en la naturaleza. Nacido en 1896 en un peque&ntilde;o pueblo de Entre R&iacute;os, parece haber sentido siempre una necesidad de regreso a entornos que le recordaran su infancia. Luego de terminar el secundario se traslad&oacute; a Buenos Aires para cursar la carrera de filosof&iacute;a, pero no dur&oacute; m&aacute;s que dos o tres a&ntilde;os en esta ciudad, y volvi&oacute; a su provincia, casi sin salir al exterior. Un &uacute;nico viaje a China en los a&ntilde;os 50 le reafirm&oacute; su compromiso con los pueblos primitivos anteriores a la divisi&oacute;n del trabajo que habr&iacute;an vivido en estado de comuni&oacute;n con la naturaleza, y su fascinaci&oacute;n con una &eacute;tica de &ldquo;inactividad activa&rdquo; frente a las demandas productivistas de la cultura occidental. La mayor parte de su obra la public&oacute; cuando ya estaba jubilado de su empleo en el Registro Civil de Paran&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Su consecuencia con esa forma de vida casi lo lleva a no publicar&rdquo;, le observa <strong>Juana Bignozzi </strong>en una entrevista y Juanele responde que si no hubiese sido por su amigo<strong> Carlos Mastronardi </strong>que sac&oacute; copias de unos poemas y los llev&oacute; a Buenos Aires quiz&aacute; no habr&iacute;a sentido la &ldquo;necesidad exterior de publicar&rdquo;. En otra entrevista con <strong>Ricardo Zelarray&aacute;n</strong> habla de su pasi&oacute;n por las &ldquo;culturas de la intemperie&rdquo;, tanto orientales como indoamericanas en las que, al vivir en contacto con la naturaleza, uno &ldquo;no est&aacute; frente a las cosas sino en la intimidad de las cosas&rdquo;. Y en otra, de <strong>Orlando Barone</strong>, critica a la civilizaci&oacute;n occidental que rechaza tanto el ocio contemplativo como el tiempo po&eacute;tico, ese tiempo tan distinto al de la productividad y el consumo. &ldquo;Sin ocio no hay poes&iacute;a&rdquo; le dice al periodista. &ldquo;Sin pereza no hay poetas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tiempo de ese paisaje en el que se sumergi&oacute; y al que le cant&oacute; Juanele es el tiempo de las estaciones, un tiempo que &ldquo;danza o arde serenamente&rdquo; y en el que la luz no es el opuesto de la oscuridad, ni el silencio de la noche lo opuesto a la fatiga del d&iacute;a. En ese paisaje imagin&oacute; que era posible recobrar la armon&iacute;a perdida:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para que los hombres no tengan verg&uuml;enza de la belleza de las flores,
    </p><p class="article-text">
        para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles o profundas
    </p><p class="article-text">
        de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
    </p><p class="article-text">
        por penetrar el mundo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        para que las cosas no sean mercanc&iacute;as
    </p><p class="article-text">
        y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
    </p><p class="article-text">
        iremos todos hasta nuestro extremo l&iacute;mite,
    </p><p class="article-text">
        nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
    </p><p class="article-text">
        an&oacute;nima y segura de una simiente en la noche de la tierra&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; la novela de Passaglia y luego rele&iacute; la poes&iacute;a de Juanele y casi al mismo tiempo empec&eacute; a leer un libro muy diferente<em>: </em><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-postcapitalista_129_10912777.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Deseo postcapitalista</em></a><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-postcapitalista_129_10912777.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de </a><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-postcapitalista_129_10912777.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Mark Fisher</strong></a>, transcripci&oacute;n del curso que el cr&iacute;tico brit&aacute;nico dio hace unos a&ntilde;os y que interrumpi&oacute; tr&aacute;gicamente con su suicidio pocas semanas despu&eacute;s de su clase n&uacute;mero cinco, de un total de quince clases programadas. Mi curiosidad me llev&oacute; a leer primero de qu&eacute; trataba esa &uacute;ltima clase. En ella se estudi&oacute; un texto de <strong>Jean-Francois Lyotard </strong>que cuestiona la idea de que pueda existir algo fuera del capitalismo y de la econom&iacute;a de equivalencias de la mercanc&iacute;a. Seg&uacute;n Lyotard, no existe ninguna regi&oacute;n no contaminada por el capitalismo y por lo tanto ning&uacute;n espacio puro desde el cual se podr&iacute;a subvertir a este sistema. Si nada queda afuera, se clausura toda posibilidad de salida y se renuncia a la fantas&iacute;a de un mundo no alienado, no contaminado por el capital. Es m&aacute;s: Lyotard sugiere es que hay un deseo de capitalismo, y un goce del sufrimiento que el capitalismo provoca, como ocurre con el masoquismo social: &ldquo;Los desocupados no se han hecho obreros para sobrevivir, han gozado el agotamiento hist&eacute;rico, masoquista, de aguantar en el infierno, han gozado en y de la destrucci&oacute;n de su cuerpo org&aacute;nico que les fue impuesta, han gozado de que se les impusiera, han gozado de la descomposici&oacute;n de su identidad personal&rdquo;. Estas palabras, que podr&iacute;an ser un ep&iacute;grafe para el curso de Fisher, como este mismo admit&iacute;a, pueden ser profundamente perturbadoras y deprimentes.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; sin embargo en aquellas cosas m&iacute;nimas y tambi&eacute;n inmensas &ndash;casi lugares comunes&ndash; que parecen escapar a la mercanc&iacute;a, desde el amor que se puede sentir por un humano o un animal o una planta o un r&iacute;o, hasta el don de una sonrisa sin c&aacute;lculo, y pens&eacute; por supuesto en la pereza y en la poes&iacute;a de Juanele. &iquest;No hay por ah&iacute; un afuera del capitalismo? &iquest;Algo que prefigure la posibilidad de una vida post trabajo y sin acumulaci&oacute;n de capital? Juanele la formul&oacute; mejor:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;No es acaso la poes&iacute;a visi&oacute;n en que esta fiebre de formas que es la vida
    </p><p class="article-text">
        Ilumina de pronto las todav&iacute;a tr&eacute;mulas y tiernas figuras por nacer?&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Es solo una pregunta. Pero qu&eacute; pregunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OB/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Osvaldo Baigorria]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pereza-no-hay-poetas_129_11301849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Apr 2024 08:58:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sin pereza no hay poetas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,capitalismo,Productividad,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los libros de febrero: de lo nuevo de Beatriz Sarlo a los poemas de Adrián Dárgelos y una novela monumental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-febrero-nuevo-beatriz-sarlo-poemas-adrian-dargelos-novela-monumental_1_10903954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76982070-db09-4553-b691-070a2f6fe8d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los libros de febrero: de lo nuevo de Beatriz Sarlo a los poemas de Adrián Dárgelos y una novela monumental"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un repaso por los lanzamientos editoriales más destacados del mes. De qué se tratan y qué sellos los publicaron.</p><p class="subtitle">Entrevista - Camila Fabbri: “La sororidad entre mujeres puede llegar a incluir a veces un costado salvaje”</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de unas semanas que al comienzo de cada a&ntilde;o suelen poner a la industria editorial en pausa, <strong>lleg&oacute; febrero con numerosas novedades en el universo de los libros</strong>, pese a la inquietud generalizada del sector por la crisis econ&oacute;mica y <a href="https://www.eldiarioar.com/economia/ventas-comercios-minoristas-cayeron-28-5-interanual-enero-came_1_10894219.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la ca&iacute;da de las ventas en general en los comercios minoristas</a>.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, un repaso por algunos de los t&iacute;tulos m&aacute;s destacados que llegan a las librer&iacute;as por estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Las dos torres</strong></em><strong>, de Beatriz Sarlo.</strong> La bajada en forma de pregunta de este libro de la ensayista argentina <strong>Beatriz Sarlo</strong> ofrece una puerta: <strong>&iquest;Puede la cultura contempor&aacute;nea pensar algo nuevo?.</strong> &ldquo;<em>Si los siglos XIX y XX estuvieron marcados por feroces pol&eacute;micas culturales en las que lo nuevo se abr&iacute;a camino librando una batalla contra lo establecido, hoy vivimos en un clima est&eacute;tico de pluralismo y coexistencia pac&iacute;fica. Ya no hay un canon que emane de una fuente autorizada. Ya nadie discute c&oacute;mo debe ser la novela ni hay disputas encarnizadas sobre tendencias art&iacute;sticas&rdquo;</em>, adelantan los editores de <em>Las dos torres</em> en un comunicado. El libro est&aacute; dividido en tres partes: <em>&ldquo;El tigre en llamas&rdquo;, o la relaci&oacute;n con la literatura y el arte como la experiencia de no entender</em>; <em>Est&eacute;ticas del siglo XXI: &iquest;en qu&eacute; se convierte el arte cuando imperan las buenas causas?</em> y <em>&iquest;D&oacute;nde quedaron los debates y las discusiones del siglo XX al XXI?</em>.
    </p><p class="article-text">
        En estos ensayos, seg&uacute;n se&ntilde;alan desde la editorial, <em>&ldquo;Beatriz Sarlo recorre los diferentes campos de la cultura contempor&aacute;nea &ndash;del cine y la m&uacute;sica de vanguardia al teatro alternativo, de las artes visuales y el marketing tur&iacute;stico de los museos a la literatura&ndash; </em><em><strong>para preguntarse d&oacute;nde residen hoy las posibilidades de sorprender, de escandalizar, de pensar algo nuevo&rdquo;</strong></em>.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del libro de Sarlo, este mes Siglo XXI anunci&oacute; tambi&eacute;n un lanzamiento muy especial: s<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/laura-leibiker-editora-hay-volverles-explicar-chicos-son-riesgos-no-vivir-democracia_1_10897550.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">u propio sello con libros para el p&uacute;blico infantil y juvenil</a> que comienza con dos t&iacute;tulos: <em>&iquest;Qu&eacute; es esto de la democracia?</em>, un libro de <strong>Graciela Montes</strong> que explica cuestiones ligadas a este sistema pol&iacute;tico y su devenir a lo largo de la historia argentina; y <em>El chiste de leer</em>, un texto l&uacute;dico de <strong>Luis Pescetti</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Las dos torres&quot;, el flamante ensayo donde Beatriz Sarlo propone una pregunta inquietante: ¿puede la cultura contemporánea pensar algo nuevo?"
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                &quot;Las dos torres&quot;, el flamante ensayo donde Beatriz Sarlo propone una pregunta inquietante: ¿puede la cultura contemporánea pensar algo nuevo?                            </span>
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        <em><strong>Las dos torres</strong></em><strong>, de Beatriz Sarlo, sali&oacute; por Siglo XXI Editores. M&aacute;s informaci&oacute;n sobre los lanzamientos de libros para el p&uacute;blico infantil y juvenil, </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/laura-leibiker-editora-hay-volverles-explicar-chicos-son-riesgos-no-vivir-democracia_1_10897550.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>en este enlace</strong></a><strong>.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>El estilo de los elementos</strong></em><strong>, de Rodrigo Fres&aacute;n.</strong> <em>&ldquo;Un fantasma viral recorre el mundo y lo contagia con el olvido a la vez que lo inmuniza contra toda creencia en el ayer. Un simple estornudo puede ser el primer s&iacute;ntoma del Nome llamando a las puertas de una memoria que comienza a desdibujarse de adelante hacia atr&aacute;s y llenarse de lagunas por las que se escapan nombres, direcciones, cuestiones importantes o cosas, sencillamente, dignas de olvidar. En medio de la desmemoria colectiva y progresiva, el muy paciente Land, haciendo y deshaciendo memoria, se mueve a lo largo y ancho de su propia historia y de la de aquellos que forman parte de ella. Una novela monumental sobre la infancia, la vocaci&oacute;n literaria, los padres, hijos que se salvan leyendo y escritores fantasmas que reescriben el pasado para no dejar de recordar&rdquo;</em>, se&ntilde;ala la sinopsis oficial de este esperado nuevo libro del escritor argentino <strong>Rodrigo Fres&aacute;n</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la publicaci&oacute;n, la escritora y periodista argentina <strong>Leila Guerriero</strong> se&ntilde;al&oacute;: &ldquo;Novela de &eacute;poca, novela de amor, novela de iniciaci&oacute;n, novela psicoanal&iacute;tica, novela pol&iacute;tica, novela sobre hijos y sobre padres, novela acerca de c&oacute;mo se construye un lector y no se construye un escritor, <strong>novela trist&iacute;sima que da felicidad</strong>, novela feliz que da tristeza. Dir&iacute;a gracias, pero es una palabra chica. Igual la digo: gracias por haberla escrito. La voy a llevar en el cuerpo mucho tiempo&rdquo;.
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                &quot;El estilo de los elementos&quot;, lo nuevo de Rodrigo Fresán.                            </span>
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        <em><strong>El estilo de los elementos</strong></em><strong>, de Rodrigo Fres&aacute;n, sali&oacute; por Random House.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. </strong><em><strong>El mundo deslumbrante</strong></em><strong>, de Siri Hustvedt.</strong> <em>&ldquo;Harta de que su trabajo sea ignorado por el hecho de ser mujer, Harriet Burden &mdash;artista, mecenas y esposa&nbsp; de un poderoso marchante&mdash; persuade a tres hombres&nbsp; para que firmen sus obras. Pero en este particular juego&nbsp; hay demasiados factores que escapan a su control y la&nbsp; situaci&oacute;n desembocar&aacute; tanto en un perturbador desenlace&nbsp; como en un esc&aacute;ndalo may&uacute;sculo en el mundo del arte&nbsp; neoyorquino de los a&ntilde;os ochenta (...) En El mundo deslumbrante conviven la intriga detectivesca en torno&nbsp; a la figura de una hero&iacute;na provocadora y una poderosa reflexi&oacute;n acerca de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, el silenciamiento&nbsp; de las mujeres en los distintos campos intelectuales y el modo fat&iacute;dico en que nos moldean los prejuicios, el&nbsp; dinero, la fama o el deseo&rdquo;</em>, informa la sinopsis oficial de <em>El mundo deslumbrante</em>, de la escritora estadounidense <strong>Siri Hustvedt</strong>. Se trata de un libro publicado en 2014, que fue elogiado en su momento por la cr&iacute;tica y que ahora llega traducido al espa&ntilde;ol a trav&eacute;s del sello Seix Barral.&nbsp;
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                &quot;El mundo deslumbrante&quot;, de Siri Hustvedt, salió en español por Seix Barral.                            </span>
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        <strong>La novela </strong><em><strong>El mundo deslumbrante</strong></em><strong>, de Siri Hustvedt, fue publicado en espa&ntilde;ol por Seix Barral.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. </strong><em><strong>La voz de nadie</strong></em><strong>, de Adri&aacute;n D&aacute;rgelos.</strong> El cantante, compositor y <em>frontman</em> de la banda argentina Babas&oacute;nicos <strong>Adri&aacute;n D&aacute;rgelos volvi&oacute; a la poes&iacute;a</strong>. Y lo hizo con un peque&ntilde;o libro llamado <em>La voz de nadie</em> que acaba de lanzar el sello argentino Sigilo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La publicaci&oacute;n ofrece 25 poemas que llegan cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de su debut literario</strong>, el poemario <em>Oferta de sombras</em>, publicado por la misma editorial en 2019.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Acaba de salir &quot;La voz de nadie&quot;, un nuevo poemario de Adrián Dárgelos, líder de Babasónicos."
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            <span class="title">
                Acaba de salir &quot;La voz de nadie&quot;, un nuevo poemario de Adrián Dárgelos, líder de Babasónicos.                            </span>
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        <em><strong>La voz de nadie</strong></em><strong>, de Adri&aacute;n D&aacute;rgelos, sali&oacute; por Sigilo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. </strong><em><strong>In&eacute;ditos</strong></em><strong>, de &Eacute;douard Lev&eacute;.</strong> Este mes llega a trav&eacute;s de Eterna Cadencia Editora <strong>un nuevo libro del pintor, fot&oacute;grafo y escritor franc&eacute;s &Eacute;douard Lev&eacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;&Eacute;douard Lev&eacute; escrib&iacute;a m&aacute;s de lo que publicaba, realizaba todo tipo de experimentos. Era, como afirma Thomas Clerc en el pr&oacute;logo de In&eacute;ditos, </em><em><strong>&lsquo;una f&aacute;brica de ideas, una especie de m&aacute;quina de producci&oacute;n permanente&rsquo;</strong></em><em>. Este libro ofrece una selecci&oacute;n de esos textos in&eacute;ditos &ndash;un cap&iacute;tulo de una novela inconclusa, un proyecto de diccionario, cr&oacute;nicas de paseos por Par&iacute;s, pasajes autobiogr&aacute;ficos, poemas, canciones&ndash; donde puede apreciarse su inventiva incomparable, esa gracia y claridad raras, ese sello propio&rdquo;</em>, adelant&oacute; el sello en un comunicado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una serie de textos in&eacute;ditos del autor, publicados por primera vez en castellano y traducidos por <strong>Mat&iacute;as Battist&oacute;n</strong>. La publicaci&oacute;n contiene siete secciones: <em>Am&eacute;rica, epopeya popular</em>, <em>Diccionario</em>, <em>Par&iacute;s</em>, <em>Prosas diversas</em>, <em>Canciones y poemas</em>, <em>Piezas y performances</em> e <em>Intervenciones</em>.
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                Inéditos, de Édouard Levé, salió por Eterna Cadencia Editora.                            </span>
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        <em><strong>In&eacute;ditos</strong></em><strong>, de &Eacute;douard Lev&eacute;, sali&oacute; por Eterna Cadencia Editora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. </strong><em><strong>Cuentos completos</strong></em><strong>, de Alberto Laiseca.</strong> Considerado por muchos como una suerte de padre del &ldquo;realismo delirante&rdquo;, el argentino Alberto Laiseca fue un autor singular. Penguin Random House lanz&oacute; este mes una nueva edici&oacute;n de los cuentos completos del escritor <strong>con pr&oacute;logo de Leo Oyola y el cuidado de Sebasti&aacute;n Pandolfelli</strong>, uno de los disc&iacute;pulos dilectos del autor de <em>Los sorias</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva publicaci&oacute;n, seg&uacute;n adelant&oacute; la editorial, &ldquo;incluye <strong>material in&eacute;dito</strong> y ofrece al mismo tiempo el acceso privilegiado a una obra ineludible y un retrato &iacute;ntimo del escritor detr&aacute;s del autor&rdquo;.
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                    alt="Acaba de salir una edición actualizada y revisada de los cuentos completos de Alberto Laiseca."
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                Acaba de salir una edición actualizada y revisada de los cuentos completos de Alberto Laiseca.                            </span>
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        <em><strong>Cuentos completos</strong></em><strong>, de Alberto Laiseca, sali&oacute; por Random House.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. </strong><em><strong>Un d&iacute;a</strong></em><strong>, de Gustavo Cabez&oacute;n.</strong> Parip&eacute; Books es un efervescente sello editorial con base en Madrid y Buenos Aires dedicado a la literatura contempor&aacute;nea, distribuido en Argentina por Big Sur. Entre sus novedades de febrero anunci&oacute; el lanzamiento de la novela <em>Un d&iacute;a</em>, del argentino <strong>Gustavo Cabez&oacute;n</strong>. En la contratapa de la publicaci&oacute;n, la escritora <strong>Margarita Garc&iacute;a Robayo</strong> da algunas pistas sobre la novela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>En </em>Un d&iacute;a<em> coexisten la velocidad de las acciones inevitables y la contemplaci&oacute;n melanc&oacute;lica. El narrador entiende que ya no tiene sentido apurarse, que la vida transcurre m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l, que el control es una ilusi&oacute;n. Esta es una novela sobre el tiempo, o sea, sobre la muerte. Para entender ese extra&ntilde;o fen&oacute;meno, el narrador ralentiza su observaci&oacute;n y espera que el presente le revele algo, alivie su incertidumbre, le permita alg&uacute;n tipo de revancha. Con una l&iacute;nea argumental simple </em><em><strong>&ndash;&iquest;un hombre que va a morir?&ndash;</strong></em><em>, Gustavo Cabez&oacute;n escribi&oacute; una novela cargada de tensi&oacute;n narrativa y emociones perdurables</em>&rdquo;, afirma la escritora. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gustavo Cabez&oacute;n (Buenos Aires, Argentina) es creativo publicitario, escritor y guionista.</strong> Fue ganador del premio Magia Literaria de Novela infantil 2017, y del XXIV Premio Rafael Castell 2022. Adem&aacute;s de cuentos y novelas, ha escrito guiones de cine y obras de teatro.
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                    alt="La novela &quot;Un día&quot;, de Gustavo Cabezón, salió por Paripé Books."
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                La novela &quot;Un día&quot;, de Gustavo Cabezón, salió por Paripé Books.                            </span>
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        <em><strong>Un d&iacute;a</strong></em><strong>, de Gustavo Cabez&oacute;n, sali&oacute; por</strong> <strong>Parip&eacute; Books.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. </strong><em><strong>Mi marido</strong></em><strong>, de Rumena Bu&#382;arovska.</strong> El sello espa&ntilde;ol Impedimenta anunci&oacute; que comienza el a&ntilde;o con la impresi&oacute;n local de un libro de relatos de la autora macedonia <strong>Rumena Bu&#382;arovska</strong> que lleva como t&iacute;tulo<em> Mi marido</em>. La editorial adelant&oacute; que <strong>se trata de un volumen breve, de once relatos que componen un afilado an&aacute;lisis de la vida conyugal moderna</strong>, y que es &ldquo;todo un &eacute;xito de ventas en Espa&ntilde;a y en Europa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Un poeta sin talento, un ginec&oacute;logo con aires de artista, un padre opresivo, una pareja impotente, un muerto&hellip; Y sus mujeres. Once narradoras que se convierten en la c&aacute;mara oculta de sus matrimonios, que reflexionan con despiadada iron&iacute;a sobre sus maridos, sobre s&iacute; mismas y sobre esa debatible decisi&oacute;n que han tomado de esperar a que la muerte los separe. </em><em><strong>Con una precisi&oacute;n psicol&oacute;gica devastadora, la autora desentierra lo grotesco de lo cotidiano y arroja su luz estrobosc&oacute;pica sobre los misterios de la vida en pareja. </strong></em><em>Autoenga&ntilde;o, vanidad, hipocres&iacute;a, sue&ntilde;os y esperanzas, desganas y derrotas forman y deforman complejas relaciones en las que se muestra la cara m&aacute;s hilarante y terrible de los roles de g&eacute;nero y su impacto social. Bu&#382;arovska desgrana qui&eacute;nes somos y qui&eacute;nes queremos ser en un an&aacute;lisis en primera persona de la vida conyugal que se aventura por los l&iacute;mites entre la parodia y la tragedia&rdquo;</em>, adelanta la sinopsis oficial del libro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Mi marido, de Rumena Bužarovska, salió por Impedimenta.                            </span>
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        <em><strong>Mi marido</strong></em><strong>, de Rumena Bu&#382;arovska, sali&oacute; por Impedimenta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-febrero-nuevo-beatriz-sarlo-poemas-adrian-dargelos-novela-monumental_1_10903954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Feb 2024 03:01:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los libros de febrero: de lo nuevo de Beatriz Sarlo a los poemas de Adrián Dárgelos y una novela monumental]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Beatriz Sarlo,Adrián Dárgelos,Ensayo,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Recitales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recitales_129_10871522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1985f03b-0e3b-4e62-87c9-115981d73bd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1088728.jpg" width="1600" height="900" alt="Recitales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De poetas que leen sus textos en público, ovaciones descomunales a sala llena y publicos abrumados por la inflación de estrofas.</p></div><p class="article-text">
        Cuando uno no sabe qu&eacute; hacer, hace un documental. Eso lo s&eacute;. &iquest;Pero qu&eacute; tienen en la cabeza los que organizan recitales de poes&iacute;a? Es un misterio insondable. Estando en Iowa fui a un recital de poes&iacute;a que daba <strong>Robert Pinsky</strong>, un poeta que, dec&iacute;an, era de los preferidos por <strong>Bill Clinton</strong> &ndash;en Estados Unidos los presidentes eligen un poeta que los representa&ndash; as&iacute; como en el Reino Unido hay poetas laureados de la Corona. Bueno, el recital era en un teatro muy grande, lo cual ya me impresion&oacute; porque yo no sab&iacute;a qui&eacute;n era Pinsky y porque estaba acostumbrado a recitales de poes&iacute;a en lugares muy chicos. &iquest;C&oacute;mo iba a hacer este poeta para llenar el teatro? La cosa es que lo llen&oacute;. Pinsky era un hombre de unos cincuenta a&ntilde;os, rubio, muy carism&aacute;tico. Cada cosa que dec&iacute;a, cada movimiento que hac&iacute;a, el teatro se ven&iacute;a abajo de ovaciones. Pilgrin recit&oacute; un poema sencillo. Se llamaba <em>ABC</em>. Dec&iacute;a as&iacute;: Any Body Can Die. Otra vez una ovaci&oacute;n descomunal. Pinsky hizo un gesto que no me puedo olvidar. Regode&aacute;ndose en su &eacute;xito, se acercaba al borde del escenario y se abrazaba a s&iacute; mismo, como si abrazara con ese gesto a la multitud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro noche, como parte del programa de becados de Iowa, tuve que recitar mis poemas en ingl&eacute;s. Si uno no sabe hablar ingl&eacute;s o vikingo o guaran&iacute;, lo que tiene que hacer es hablar en su idioma natal de manera muy lenta, lent&iacute;sima. De esa manera se crea un Esperanto universal y todos entienden. Estaba muy nervioso. Mis poemas hablaban de lo horrible que es la vida, de mi padre deprimido en una cama por no soportar trabajos alienantes, de la muerte de mi madre, muy joven. El p&uacute;blico &ndash;era un teatro pero m&aacute;s chico, en Portland&ndash; se mataba de risa, como si estuviera haciendo algun especie de stand up. Cuando baj&eacute; de la tarima y me sent&eacute; entre mis compa&ntilde;eros de beca (una alemana, un vietnamita, un chileno y un africano) estos me levantaban el pulgar de su mano y me dec&iacute;an &iexcl;very funny, very funny!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra noche estoy en la libreria Ghandi que no existe m&aacute;s, quedaba sobre la calle Rodr&iacute;guez Pe&ntilde;a. Est&aacute; por leer <strong>Francisco Madariaga</strong>. El lugar es un s&oacute;tano y est&aacute; repleto. Madariaga se parece a San Mart&iacute;n. Se sienta y uno piensa que va a escuchar un recital pero lo que hace es un ejercicio extraordianrio de respiraci&oacute;n. Recita sus versos como grit&aacute;ndolos, pero tambi&eacute;n llev&aacute;ndolos hasta el m&iacute;nimo de audici&oacute;n. Parecen una canci&oacute;n de Nirvana gauchesca. Madariaga recita <em>Criollo del universo</em>, un poema que le dedica a su padre. Cuando termina, todos estamos llorando. Nunca pens&eacute; que un recital de poes&iacute;a pod&iacute;a producir algo as&iacute;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estuve en muchos recitales de poes&iacute;a cuando era joven (joven y poes&iacute;a son ant&oacute;nimos a pesar de Rimbaud) y me sorprend&iacute;a que cuando el poeta o la poeta en cuesti&oacute;n sub&iacute;an a leer (tambi&eacute;n pod&iacute;an estar sentados frente a una mesa) ejercitaban una incontenencia agresiva: le&iacute;an miles de poemas como si tuvieran una &uacute;nica oportunidad de recitar sus versos y no les importara que la gente que los escuchaba estuviera abrumada por la inflaci&oacute;n de estrofas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si vas a leer poemas hoy, trat&aacute; de que sean pocos. Si ten&eacute;s poemas largos, le&eacute; dos&nbsp; o tres. Es mejor que las personas tengan la posibilidad de captar tus poemas y no sufrir tu incontinencia verbal.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro consejo es que si organiz&aacute;s un recital de poes&iacute;a pongas un cartel: se proh&iacute;be la entrada de los ni&ntilde;os/ni&ntilde;as. Miles de veces he sufrido como espectador a nenitos y nenitas llorando o gritando mientras un poeta trata de leer sus versos en una voz muy baja. De hecho, a veces, los que llevan a sus hijos a los recitales despu&eacute;s tambi&eacute;n leen. Si no pod&eacute;s dejar a tus hijos con alguien no vayas a un recital de poes&iacute;a. Esto creo que ya lo cont&eacute; pero es un hit que me parece genial con respecto a esta costumbre de llevar ni&ntilde;os a recitales. Unos padres estaban con su hijo e iba a empezar un recital organizado en una pieza de una galer&iacute;a. El nenito era lo que se denomina &ldquo;ni&ntilde;o trofeo&rdquo;, es decir que los padres lo muestran como si fuera un logro deportivo. Estos pap&aacute;s le insist&iacute;an al nenito para que, antes de que empiece el recital, gritara: &iexcl;Viva la poes&iacute;a! Asi mostraban que ya estaban criando un hijo progre. El nenito se adelant&oacute; y se equivoc&oacute; por los nervios,&nbsp; grit&oacute;: &iexcl;Viva la polic&iacute;a!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estoy en un recital en San Telmo, son los a&ntilde;os noventa. El lugar es un antro parecido a la cueva del doctor Frankenstein, un colectivo po&eacute;tico copa el escenario y un joven melenudo se para frente al micr&oacute;fono y en vez de recitar poemas empieza a producir sonidos guturales &ndash;creo que influenciado por el Artaud post electroshock&ndash;. A mi lado est&aacute; <strong>Pablo Chac&oacute;n</strong>, un gran amigo que ahora perdi&oacute; la forma humana y est&aacute; de gira por la galaxia. Pablo me dice al o&iacute;do: &ldquo;Este pibe quiere coger&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recitales_129_10871522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jan 2024 03:01:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recitales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Robert Pinsky,Francisco Madariaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una voz contra la agonía de la luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-agonia-luz_1_10634084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c69d0fd5-efb5-4607-b70b-64f8bb0be9c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una voz contra la agonía de la luz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tiempos de crisis e incertidumbre cada cual tendrá que conseguir su remedio para atravesar la noche. El autor vuelve al poeta Dylan Thomas y a los versos que le dan cobijo.</p></div><p class="article-text">
        En tiempos de crisis e incertidumbre cada cual tendr&aacute; que conseguir su remedio para atravesar la noche. A m&iacute; cada tanto me basta con tomar refugio en un poema, que es como decir en el canto, la plegaria, el mantra, la oraci&oacute;n. Y Dylan Thomas (ese poeta de Gales cuyo nombre de pila inmortaliz&oacute; Robert Zimmerman) cre&oacute; versos que son como bunkers fabricados con palabras. Naci&oacute; un d&iacute;a como hoy, 27 de octubre, de 1914 y muri&oacute; en Nueva York poco despu&eacute;s de cumplir treinta y nueve a&ntilde;os, un 7 de noviembre de 1953. &iquest;Qu&eacute; es la muerte de un poeta? Nada. Son las fuerzas que motivaron sus palabras lo que permanecen, en una lengua u otra. Para el mito, qued&oacute; aquella legendaria frase que pronunci&oacute; una madrugada, cuando se levant&oacute; de la cama de su habitaci&oacute;n de hotel con la excusa de que necesitaba aire fresco y se dirigi&oacute; a una taberna cercana, de la que volvi&oacute; un rato m&aacute;s tarde para decirle a su joven asistente Liz Reitell, quien tambi&eacute;n se hab&iacute;a convertido en su amante: &ldquo;me tom&eacute; 18 whiskies; creo que es todo un r&eacute;cord&rdquo;. Y se fue a dormir o, mejor dicho, se derrumb&oacute; en su cama. Literalmente, dijo &ldquo;18 <em>straight</em> whiskies&rdquo;, lo que significa que entraron puros al buche, sin hielo ni gaseosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero en este d&iacute;a quisiera recordarlo con aquellos versos que me dan el mayor cobijo. Est&aacute; el c&eacute;lebre &ldquo;No entres d&oacute;cilmente en esa noche quieta&rdquo;, que invoca a rebelarse ante la fatalidad: &ldquo;que al fin de la jornada la vejez deber&iacute;a/delirar y arder con rabia contra la agon&iacute;a de la luz&rdquo;.&nbsp; Tambi&eacute;n el m&aacute;s pol&iacute;tico &ldquo;La mano que firm&oacute; el papel&rdquo;, que alude a la mano de un d&eacute;spota que con su sola firma puede destruir una ciudad y duplicar el n&uacute;mero de muertos:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;La mano que firm&oacute; el tratado engendr&oacute; fiebre&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        y creci&oacute; el hambre y vino la langosta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Grande es la mano que domina al hombre&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        tan solo por haber garabateado un nombre&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        An&aacute;rquico en su vida personal y prof&eacute;tico en sus visiones, Dylan le cantaba como un predicador pante&iacute;sta a la unidad de todos los seres vivos y a la correspondencia entre las fuerzas creativas y destructivas del universo. Apostaba siempre por la lectura en voz alta, jugando con aliteraciones, asonancias, rimas internas y finales para construir una poes&iacute;a por momentos oscura y sin embargo tan popular que contaba con audiencias de centenares y alguna vez miles de fans que iban a verlo a sus recitales en Gran Breta&ntilde;a y Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre octubre y noviembre de 1953, hace justo setenta a&ntilde;os, se aprestaba a dar un nuevo tour de lecturas en Chicago y Nueva York. En esta ciudad se hospedaba en el Chelsea, el famoso &ldquo;hotel de los artistas&rdquo; del Greenwich Village. Pero hubo un pico de contaminaci&oacute;n del aire en esos d&iacute;as; Dylan sufr&iacute;a de los bronquios, ten&iacute;a que usar un inhalador para respirar y se quejaba de asfixia y dolores en el pecho. Incluso tuvo que retirarse temprano de su fiesta de cumplea&ntilde;os y colaps&oacute; varias veces entre ensayos. Igual cumpli&oacute; con sus compromisos. Ley&oacute; su obra <em>Bajo el bosque l&aacute;cteo</em> al p&uacute;blico en Cambridge, la grab&oacute; en Manhattan y se prepar&oacute; para presentarla en el prestigioso Poetry Center de Nueva York, cuyo director, John Brinnin, que tambi&eacute;n era su agente literario, cobrar&iacute;a un veinticinco por ciento de las ganancias del poeta (s&iacute;, alguien pod&iacute;a hacer dinero con un poeta en ese tiempo y lugar).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al mediod&iacute;a del 4 de noviembre, Dylan despert&oacute; quej&aacute;ndose de que no pod&iacute;a respirar. Su asistente llam&oacute; a un m&eacute;dico que ya lo hab&iacute;a atendido, un doctor Feltenstein que, tras revisarlo, lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que ten&iacute;a delirium tremens debido a la ingesta de alcohol de aquella madrugada. Sin embargo, como mostraron los bi&oacute;grafos David Thomas y Simon Barton despu&eacute;s de entrevistar a quienes lo conocieron y a m&eacute;dicos residentes del hospital Saint Vincent, la causa de su muerte no habr&iacute;a sido el whisky sino el diagn&oacute;stico equivocado de alguien que bien podr&iacute;a merecer el ep&iacute;teto de &ldquo;matasano&rdquo;, seg&uacute;n mi <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/impacientes-versus-matasanos_129_10553374.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">columna anterior en este diario</a>, si no fuera porque el estado de salud del poeta estaba bastante deteriorado. Lo cierto es que en vez de internarlo de inmediato en un hospital donde pod&iacute;a haberse descubierto que hab&iacute;a una infecci&oacute;n en los bronquios, el m&eacute;dico procedi&oacute; a darle inyecciones de morfina. Cada ampolla conten&iacute;a una dosis de diez miligramos. Como las dos primeras parecieron no tener suficiente efecto, le dio una tercera inyecci&oacute;n. Y esta habr&iacute;a sido fatal. Ya con treinta miligramos de morfina en el cuerpo, Dylan Thomas entr&oacute; en coma esa misma noche. Termin&oacute; internado en el Saint Vincent, donde falleci&oacute; pocos d&iacute;as despu&eacute;s. All&iacute; luego se confirm&oacute; que no hab&iacute;a muerto por un coma et&iacute;lico sino por una inflamaci&oacute;n y da&ntilde;o cerebral causados por una bronconeumon&iacute;a que le hab&iacute;a reducido el suministro de ox&iacute;geno, m&aacute;s los efectos de esa morfina que puede suprimir &aacute;reas del cerebro que controlan funciones como la respiraci&oacute;n. Entretanto, aquellos 18 whiskies con los que hab&iacute;a alardeado ante su chica calzaron como anillo al dedo para la prensa de la &eacute;poca y para la posteridad del mito bohemio del poeta bebedor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso hoy, m&aacute;s que al mito, quisiera evocar al ser humano que sigue vivo dentro de ese poema incorregiblemente optimista que enfrenta al futuro con la voz en alto, titulado &ldquo;Y la muerte no tendr&aacute; se&ntilde;or&iacute;o&rdquo;. Esta l&iacute;nea es de la traducci&oacute;n de Esteban Pujals en Espa&ntilde;a, pero tambi&eacute;n podr&iacute;a traducirse como &ldquo;Y la muerte no ser&aacute; soberana&rdquo;, para sostener una relaci&oacute;n actualizada y m&aacute;s directa con el original <em>And death shall have no dominion. </em>Hay en Youtube una grabaci&oacute;n del autor declamando este poema como si cantase. All&iacute; se pueden apreciar la musicalidad, el ritmo, los acentos y las alturas de su voz. En versi&oacute;n local, su estrofa inicial dir&aacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y la muerte no ser&aacute; soberana.
    </p><p class="article-text">
        Desnudos los muertos se habr&aacute;n vuelto uno
    </p><p class="article-text">
        con el hombre del viento y la luna poniente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando sus huesos est&eacute;n ro&iacute;dos y se hayan hecho polvo,
    </p><p class="article-text">
        tendr&aacute;n estrellas a sus codos y a sus pies.
    </p><p class="article-text">
        Aunque se vuelvan locos ser&aacute;n cuerdos,
    </p><p class="article-text">
        aunque se hundan en el mar emerger&aacute;n de nuevo,
    </p><p class="article-text">
        aunque los amantes se pierdan quedar&aacute; el amor,
    </p><p class="article-text">
        y la muerte no ser&aacute; soberana&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Osvaldo Baigorria]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-agonia-luz_1_10634084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2023 09:35:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una voz contra la agonía de la luz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Yo, libertario,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuadros de una exposición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuadros-exposicion_129_10442487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d901bc52-c267-47d4-8846-fac40db7b1f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuadros de una exposición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Puede ser un paseo rápido (dicen que cada escucha en las plataformas dura menos de medio minuto). O puede ser una exploración profunda por aquello que los algoritmos no atinan a predecir. En todo caso, esta es una pequeña guía de turismo: dónde detenerse en la (inmensa, inabarcable) galería de las ediciones recientes. Y, en el final, un homenaje. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Roxana Amed, Frank Carlberg y el universo Pizarnik</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Roxana Amed</strong> es una cantante de jazz original, dos categor&iacute;as que no suelen ir juntas, y siempre busc&oacute; miradas nuevas sobre lo viejo y, sobre todo, territorios inexplorados. Junto con el pianista <strong>Fran Carlberg</strong> ya hab&iacute;an rondado el mundo de la poeta <strong>Alejandra Pizarnik</strong> en <em>La sombra de su sombra</em>, de 2012. Ahora, en <em>Los trabajos y las noches</em>, junto con <strong>Adam Kolker</strong> en clarinete, clarinete bajo, y saxo, <strong>Sim&oacute;n Willson</strong> en contrabajo y <strong>Michael Sarin</strong> en bater&iacute;a, abordan 11 piezas del pianista que, m&aacute;s que canciones, son verdaderas inmersiones en el ritmo y las visiones de Pizarnik, como si esos poemas muchas veces desolados crearan su propia m&uacute;sica.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>P. J. Harvey y las relecturas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Su primer disco, en 1992, se llam&oacute; <em>Dry</em> (seca) y los labios h&uacute;medos de la tapa contrastaban con la imposibilidad de humedecerse de la que hablaba en algunas de esas canciones que rele&iacute;an toda la tradici&oacute;n reciente del pop &ndash;neo folk, punk, el fantasma del rhythm &amp; blues y las sombras de la antigua balada inglesa&ndash;. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s y a siete de distancia de su producci&oacute;n anterior, el magn&iacute;fico <em>The Hope Six Demolition Project</em>, <strong>P. J. Harvey</strong> se relee ahora a s&iacute; misma y sus mitolog&iacute;as &ndash;y a un libro de poemas, <em>Orlam</em>, escrito por ella en el dialecto de Dorset, en el sur de Inglaterra&ndash;. En <em>I Inside the Old Year Dying</em> recorre, en sus propias palabras, &ldquo;un espacio liminal, entre la vida y la muerte, entre el sue&ntilde;o y la vigilia&rdquo;. Esa &ldquo;liminalidad&rdquo; &ndash;la palabra viene del lat&iacute;n &ldquo;limes&rdquo;, de donde proviene el castellano &ldquo;l&iacute;mite&rdquo;&ndash; marca tambi&eacute;n el espacio de la m&uacute;sica, situada en el punto exacto que no pertenece a ning&uacute;n paisaje y permite poseerlos a todos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Zoe Rahman y el nuevo jazz brit&aacute;nico</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hija de padre bengal&iacute; y madre inglesa, es decir una londinense t&iacute;pica, <strong>Zoe Rahman</strong> es una figura ejemplar en la escena del muevo jazz de esa ciudad, tal vez el m&aacute;s expl&iacute;citamente multi cultural del momento. Pianista excelente &ndash;que no oculta las huellas de <strong>McCoy Tyner</strong> y <strong>Abdullah Ibrahim</strong> (aquel que antes se llam&oacute; Dollar Brand) y compositora capaz de desmentir por s&iacute; sola eso de que el jazz se ha muerto, en <em>Colour of Sound</em>, junto con su hermano Idris en saxo y clarinete, <strong>Rowland Sutherland</strong> en flauta, <strong>Byron Wallen</strong> y <strong>Alex Ridout</strong> en trompetas, <strong>Rosie Turton</strong> en tromb&oacute;n, <strong>Alex Damkworth</strong> en contrabajo y <strong>Gene Calderazzo</strong> en bater&iacute;a encuentra el centro virtuoso en que la composici&oacute;n y la improvisaci&oacute;n se integran con fluidez y, sobre todo, esa cuota de imprevisibilidad sin la cual el jazz no existe. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Blur y m&aacute;s de lo mismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo es perfecto. Y perfectamente previsible. M&aacute;s all&aacute; de matices, se trata ni m&aacute;s ni menos que de un nuevo &aacute;lbum de Blur. Es m&aacute;s, de un disco que bien podr&iacute;a ser considerado el mejor de Blur, en tanto condensa con exactitud a los anteriores. Arreglos elegantes, ejecuciones precisas, canciones tolerablemente depresivas &ndash;podr&iacute;a pensarse en la versi&oacute;n ligera de Radiohead&ndash; y aqu&iacute;, all&aacute; y en todas partes la sombra de la sombra de los Beatles. Nada que no pudiera anticiparse. Y, tambi&eacute;n, hay que decirlo, algo de lo mejor del mejor pop del momento. &nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Rachmaninov y la oscuridad</strong>
    </p><p class="article-text">
        Famoso &ndash;es decir todo lo famoso que puede ser en la actualidad un compositor de la tradici&oacute;n acad&eacute;mica europea&ndash; por sus conciertos para piano, esa exacta combinaci&oacute;n entre show, lirismo y melancol&iacute;a, y visto por la <em>inteligentsia</em> simplemente como un anacr&oacute;nico que compon&iacute;a m&uacute;sica rom&aacute;ntica en pleno siglo XX, <strong>Sergei Rachmaninov</strong> es un autor mucho m&aacute;s complejo &ndash;e interesante&ndash;. La <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 2</em>, de 1907, con uno de los movimientos lentos m&aacute;s bellos de la historia, y la <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 3</em>, escrita en 1936, rondan, en ambos casos, una estructura circular, donde los mismos temas reaparecen de movimiento en movimiento. La Orquesta de Philadelphia, estren&oacute; varias de las &uacute;ltimas composiciones de Rachmaninov, entre ellas esta tercera sinfon&iacute;a, y realiz&oacute; las primeras grabaciones de otras, como la oscur&iacute;sima y maravillosa <em>La isla de los muertos</em>,<em> </em>que el autor escribi&oacute; en 1908 a partir de la impresi&oacute;n que le caus&oacute; la reproducci&oacute;n de un cuadro de <strong>Arnold B&ouml;cklin</strong> que admiraron, entre otros, Freud, Lenin y Hitler. La misma orquesta, ahora con el gran director <strong>Yannick N&eacute;zet-Seguin</strong> al frente, dedica su &uacute;ltimo disco a estas tres obras. Dif&iacute;cilmente pueda encontrarse interpretaci&oacute;n m&aacute;s fiel, conmovedora, espectacular (en los momentos necesarios) y, de paso, mejor grabada que esta
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Sammy Figueroa y la luz</strong>
    </p><p class="article-text">
        El percusionista <strong>Sammy Figueroa</strong> ha tocado con <strong>David Bowie</strong>, <strong>Eumir Deodato</strong>, <strong>George Benson</strong> y The Brecker Brothers entre muchos otros. Fund&oacute; y dirige la Latin Jazz Explosion pero en su reciente <em>Searching for a Memory</em> circula por un mundo mucho m&aacute;s secreto, y a la vez luminoso, rodeado por estrellas como el pianista <strong>Gonzalo Rubalcaba</strong>, el saxofonista <strong>Miguel Zen&oacute;n</strong> y la cantante <strong>Aim&eacute;e Niviola</strong>. &ldquo;Busco tu recuerdo&rdquo; es, adem&aacute;s, el t&iacute;tulo de un tema que cant&oacute; su padre &ndash;y del que se incluye un fragmento&ndash;. Todo el disco es, en rigor, un homenaje a ese recuerdo y el agregado de un peque&ntilde;o grupo (trompeta, flauta, contrabajo) no altera el clima de intimidad esencial.        
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Y tres cuadros de una exposici&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Modest Mussorgsky</strong> compuso su serie de piezas para piano inspiradas por las pinturas de su amigo <strong>Victor Hartmann</strong> en 1874. La crudeza de las transiciones entre los acordes &ndash;que m&aacute;s adelante ser&iacute;a central para autores como <strong>Claude Debussy</strong> o <strong>Manuel de Falla</strong>&ndash; hizo que muchos consideraran la obra plagada de errores y, desde ya, se sintieran tentados de corregirlos. De ah&iacute; la cantidad de arreglos y orquestaciones que se realizaron de ella. La realizada por Maurice Ravel hace poco m&aacute;s de cien a&ntilde;os, en 1922, no es la m&aacute;s fiel pero s&iacute; la m&aacute;s bella. Y fue la base de la que el tr&iacute;o Emerson, Lake &amp; Palmer estren&oacute; en el Festival de la Isla de Wight en octubre de 1970 y toc&oacute; en vivo durante todo el a&ntilde;o siguiente. Uno de esos recitales, el de marzo en el Newcastle City Hall, fue registrado y editado en disco en noviembre de 1971, con una nueva galer&iacute;a de pinturas en su interior, esta vez del dise&ntilde;ador de la portada, <strong>William Neal</strong>. Otras grabaciones, como la de la Isla de Wight, fueron publicadas m&aacute;s adelante y la edici&oacute;n Deluxe del disco original incluye tambi&eacute;n el registro completo de la actuaci&oacute;n en el Teatro Lyceum de Londres el 9 de diciembre de 1970. Aqu&iacute; pueden escucharse ese disco de Emerson, Lake &amp; Palmer que lleg&oacute; a estar entre los &aacute;lbumes m&aacute;s vendidos en Gran Breta&ntilde;a, la versi&oacute;n original para piano en una versi&oacute;n magistral de <strong>Mikhail Pletnev</strong> y la orquestaci&oacute;n de Ravel en una fastuosa interpretaci&oacute;n de la Orquesta Mariinsky dirigida por <strong>Valery Gergiev</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>DF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuadros-exposicion_129_10442487.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Aug 2023 13:47:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuadros de una exposición]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Arte,Poesía,Alejandra Pizarnik,Blur]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Come from away, Frank Lloyd Wright, Un verdor terrible y Cecilia Pavón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/come-from-away-frank-lloyd-wright-verdor-terrible-cecilia-pavon_129_10362111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Come from away, Frank Lloyd Wright, Un verdor terrible y Cecilia Pavón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara Tenenbaum y Gino Cingolani conversan sobre la historia que inspiró el musical Come from Away, la obra del arquitecto Frank Lloyd Wright, el libro Un verdor terrible y la poesía reunida de Cecilia Pavón.</p><p class="subtitle">Episodio anterior - Submarinos, Hernán Díaz, Oaxaca y Einstein on the Beach</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://open.spotify.com/show/6j1i7RoKVpVfR5NnEo8bsm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Algo Prestado</strong></a> es un podcast de <strong>elDiarioAR</strong> realizado por <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Tamara Tenenbaum</strong></a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/episode/5h8EylXKHGWTzNqmcz6VUp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/come-from-away-frank-lloyd-wright-verdor-terrible-cecilia-pavon_129_10362111.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jul 2023 13:22:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Come from away, Frank Lloyd Wright, Un verdor terrible y Cecilia Pavón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tamara Tenenbaum,Música,Arquitectura,Libros,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ruge en el bosque, Delfos, algunos podcasts y Raymond Queneau]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/ruge-bosque-delfos-podcasts-raymond-queneau_129_10304219.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ruge en el bosque, Delfos, algunos podcasts y Raymond Queneau"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio, Tamara Tenenbaum y Male Rey conversan sobre proyecto poético Ruge el bosque, la novela Delfos de Clare Pollard, algunos podcasts en español y una rareza de Raymond Queneau.</p><p class="subtitle">Episodio anterior - Murakami, Misántropo, los Blabla y Una habitación propia
</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://open.spotify.com/show/6j1i7RoKVpVfR5NnEo8bsm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Algo Prestado</strong></a> es un podcast de <strong>elDiarioAR</strong> realizado por <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Tamara Tenenbaum</strong></a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/episode/5h8EylXKHGWTzNqmcz6VUp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/ruge-bosque-delfos-podcasts-raymond-queneau_129_10304219.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jun 2023 14:05:54 +0000]]></pubDate>
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