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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Duelos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/duelos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Duelos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El reto de pasar la primera Navidad sin alguien querido: “Llorar o estar callado no arruina la celebración”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/reto-pasar-primera-navidad-alguien-querido-llorar-callado-no-arruina-celebracion_1_12868076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89c41583-d053-4e1d-99e5-0f699c2d2214_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El reto de pasar la primera Navidad sin alguien querido: “Llorar o estar callado no arruina la celebración”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La omnipresencia de los símbolos navideños, las cenas y comidas obligadas o las campañas publicitarias sensiblonas repetidas en bucle se sienten como sal en la herida; un recordatorio de que ese familiar o ese amigo ya no volverá a sentarse a la mesa.</p></div><p class="article-text">
        En el transcurso de un a&ntilde;o hay tiempo para que sucedan muchas cosas, entre ellas, la muerte de una persona. Un momento traum&aacute;tico para sus seres queridos que tendr&aacute;n que enfrentarse a la complicaci&oacute;n emocional extra de la primera Navidad sin su presencia. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque sean unas festividades a las que personalmente no se les d&eacute; demasiada importancia, la omnipresencia de sus s&iacute;mbolos, las cenas y comidas obligadas o las campa&ntilde;as publicitarias sensiblonas repetidas en bucle se sienten como sal en la herida. Son un recordatorio de que ese familiar o ese amigo ya no volver&aacute; a sentarse a la mesa nunca m&aacute;s. <strong>Y enfrentarse por primera vez a esa realidad, que algunos profesionales de la psicolog&iacute;a llaman &lsquo;s&iacute;ndrome de la silla vac&iacute;a&rsquo;, no suele ser f&aacute;cil.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de un mes, el suegro de Lidia enferm&oacute; sin posibilidad de curaci&oacute;n. Los m&eacute;dicos les dijeron que no tardar&iacute;a demasiado en fallecer, aunque ten&iacute;an la esperanza de poder pasar la &uacute;ltima Navidad junto a &eacute;l. Sin embargo, su estado de salud empeor&oacute; muy r&aacute;pido y finalmente no pudo ser. As&iacute; que este a&ntilde;o el plan principal de la familia es arropar a la viuda &ldquo;que es la que m&aacute;s va a notar la ausencia&rdquo;, explica Lidia, &ldquo;y tambi&eacute;n celebrar de alguna manera, ya que hay un ni&ntilde;o en la familia, que necesita seguir creyendo un poco en la magia&rdquo;. As&iacute;, los adultos rehicieron planes, cancelaron viajes o fiestas &ldquo;para priorizar estar juntos, ya que pensamos que nos ayudar&aacute; a sobrellevar la p&eacute;rdida tan reciente&rdquo;, sostiene.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bel&eacute;n Jim&eacute;nez, doctora en psicolog&iacute;a, docente e investigadora en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), comenta que en la primera Navidad es normal que aparezcan emociones como &ldquo;tristeza, cansancio emocional, enojo o ganas de que todo pase r&aacute;pido&rdquo; y ofrece una serie de consejos generales que pueden ser &uacute;tiles. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos es &ldquo;bajar el list&oacute;n&rdquo; de las expectativas porque seguramente esta no va a ser la mejor Navidad de la vida, as&iacute; que con que &ldquo;se puedan atravesar&rdquo; ya valdr&iacute;a. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n recomienda &ldquo;anticipar los momentos m&aacute;s delicados y pensar qu&eacute; puede ayudarte&rdquo; con peque&ntilde;as estrategias como decidir al lado de qui&eacute;n sentarse en la cena, retirarse de la celebraci&oacute;n un poco antes de lo habitual o encontrar un espacio al que salir a respirar. Tambi&eacute;n aboga por no intentar reprimir la emoci&oacute;n: &ldquo;Llorar o estar callado no estropea la celebraci&oacute;n; lo que suele generar m&aacute;s tensi&oacute;n es intentar contenerlo todo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Llorar o estar callado no estropea la celebración; lo que suele generar más tensión es intentar contenerlo todo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Belén Jiménez</span>
                                        <span>—</span> doctora en psicología (UOC)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El padre de Ver&oacute;nica muri&oacute; un 4 de diciembre despu&eacute;s de dos a&ntilde;os enfermo de c&aacute;ncer de pulm&oacute;n y la familia celebr&oacute; esa primera Navidad como hab&iacute;an hecho todas las anteriores. Su hija Violeta ten&iacute;a un a&ntilde;o por aquel entonces y hab&iacute;a m&aacute;s ni&ntilde;os, as&iacute; que se les hizo m&aacute;s f&aacute;cil experimentar &ldquo;la magia de la Navidad&rdquo;, expresa. Con su silla vac&iacute;a en la mesa y una foto suya en la chimenea, brindaron por &eacute;l &ldquo;y por todo lo bueno vivido juntos&rdquo;, rememora y a&ntilde;ade que rescataron &ldquo;an&eacute;cdotas entre l&aacute;grimas de tristeza, repletas de amor y alguna que otra risa furtiva sobre sus comidas favoritas, sus man&iacute;as o lo cabez&oacute;n que era a veces&rdquo;. Ahora, diez a&ntilde;os despu&eacute;s, en cada reuni&oacute;n familiar chocan sus copas por &eacute;l: &ldquo;No hay un d&iacute;a que no lo extra&ntilde;emos&rdquo;, garantiza.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de la persona ausente y reconocer de manera expl&iacute;cita su ausencia &ldquo;reduce la tensi&oacute;n emocional y evita que el dolor se viva en silencio&rdquo;, declara <a href="https://www.cristinaberenguer.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cristina Berenguer</a>, psic&oacute;loga experta en duelo. Este mismo a&ntilde;o public&oacute; junto a Alba Pay&agrave;s, el libro <em>Una Doble Tarea</em> (Paid&oacute;s), que incluye un cap&iacute;tulo <em>Afrontar celebraciones: consejos para familias en duelo</em>. 
    </p><p class="article-text">
        La experta se&ntilde;ala que actos como el de brindar por la persona que no est&aacute;, como hizo Ver&oacute;nica con sus allegados, son una buena manera de sobrellevar la celebraci&oacute;n, como tambi&eacute;n puede serlo encender una vela en su honor o dedicarle un momento en la reuni&oacute;n. &ldquo;Estos gestos permiten honrar el v&iacute;nculo, dar un lugar a la ausencia y facilitar que el resto del encuentro pueda vivirse con mayor calma&rdquo;, apunta, &ldquo;hablar y recordar no significa forzar el dolor, sino integrar la p&eacute;rdida de una manera humana y compartida&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Cambiar tradiciones?</h2><p class="article-text">
        Como cada familia (o grupo de amigos, que en ellos tambi&eacute;n duelen las ausencias) vive los embates de la vida a su manera, hay quienes optan por cancelar la Navidad. Candela cuenta que cuando falleci&oacute; su madre, su abuela paterna se llev&oacute; tal disgusto que dej&oacute; de celebrar la Navidad para siempre. Ella, sin embargo, opt&oacute; por lo contrario porque considera que tienen &ldquo;momentos mucho m&aacute;s importantes donde extra&ntilde;ar a mi madre que la propia Navidad&rdquo;. Una de las fechas que m&aacute;s festejan es el d&iacute;a de Reyes, as&iacute; traslad&oacute; la ceremonia a casa de su padre y desde entonces hace &ldquo;exactamente la misma Navidad que habr&iacute;a hecho mi madre, que es acordarnos con todo el cari&ntilde;o de las personas que faltan y tirar para adelante&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hablar de la persona ausente y reconocer de manera explícita su ausencia reduce la tensión emocional y evita que el dolor se viva en silencio</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cristina Berenguer</span>
                                        <span>—</span> psicóloga experta en duelo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Precisamente, en la familia de Diana borraron ese d&iacute;a del calendario de festejos. Su padre muri&oacute; el 5 de enero del a&ntilde;o 2022 y ahora se dan los regalos por Pap&aacute; No&eacute;l y ninguno por Reyes. Recuerda que, pese a la tristeza, la primera Navidad sin &eacute;l fue &ldquo;bonita porque nos volvimos a juntar con primos o t&iacute;as despu&eacute;s de dos a&ntilde;os, primero por la pandemia y despu&eacute;s la que &eacute;l pas&oacute; enfermo&rdquo;. Afrontaron las fechas con calma, pero su hermana y ella estaban preocupadas por su madre aunque &ldquo;fue una campeona&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Berenguer y Pay&agrave; recomiendan la posibilidad de &ldquo;construir&rdquo; una nueva Navidad: &ldquo;Nunca nada volver&aacute; a ser como antes, pero vos y tu familia pueden empezar a afrontar las fiestas de una manera distinta&rdquo;. Por su parte, <a href="https://noemivillafrancapsicologia.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Noem&iacute; Villafranca</a>, psic&oacute;loga especialista en procesos de duelo, afirma que lo mejor es hablar abiertamente del tema y decidir qu&eacute; tradiciones o costumbres de esas fechas se quieren mantener. &ldquo;Si mi madre era la que cocinaba para toda la familia, quiero asumir yo ahora ese rol&rdquo; o &ldquo;me gusta ver la casa decorada, pero no tengo fuerza ni ilusi&oacute;n ahora mismo para hacerlo yo, prefiero que lo hagan mis hijas&rdquo; son dos ejemplos de planteamientos que propone.
    </p><h2 class="article-text">No intente hacerlo en casa</h2><p class="article-text">
        Cada cual se enfrenta a los malos momentos como puede &ndash;el bruxismo cotiza al alza en estas fechas de brindis y turrones&ndash;, pero las expertas tienen algunos consejos &uacute;tiles sobre lo que no se deber&iacute;a hacer. Bel&eacute;n Jim&eacute;nez desarrolla que: &ldquo;Cada duelo es distinto. Influyen el tipo de v&iacute;nculo, la historia personal, el momento vital, la red de apoyo y la forma aprendida de expresar emociones&rdquo;. Y remarca que algunas personas exteriorizan m&aacute;s sus emociones, mientras que otras se las guardan, por lo que parecen m&aacute;s fuertes aunque a veces solo se trata de &ldquo;una contenci&oacute;n prolongada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jim&eacute;nez considera que &ldquo;no hay que minimizar ni corregir la emoci&oacute;n; es necesario evitar frases hechas o comparaciones; hay que ofrecer presencia y escucha, m&aacute;s que soluciones y validar [los sentimientos del otro]: &lsquo;Tiene sentido que hoy te duela m&aacute;s&rdquo;. &ldquo;Acompa&ntilde;ar el duelo es estar sin apuro, sin juicio y sin intentar tapar el dolor, confiando en que compartirlo lo hace m&aacute;s llevadero&rdquo;, confirma. Asimismo, recuerda que en muchas comunidades, existen grupos de duelo y en estas fechas es habitual &ldquo;que se organicen charlas y espacios de encuentro, como <em>Es Navidad&hellip; y en casa hay una silla vac&iacute;a</em>, que ofrecen un marco compartido para poner palabras al dolor y no atravesarlo en soledad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Noem&iacute; Villafranca desaconseja el silencio alrededor de la ausencia, hacer como que no pas&oacute; nada, forzar la ilusi&oacute;n y la alegr&iacute;a, esforzarse en estar bien para no preocupar a los dem&aacute;s o para que ellos no est&eacute;n mal. Tambi&eacute;n expone que no es bueno aislarse por completo para &lsquo;no molestar&rsquo;, que no es lo mismo que aislarse por necesitar estar en soledad y lejos del ambiente festivo. Ella aclara que &ldquo;en estas situaciones solemos pensar: &lsquo;No voy a ir a la cena porque voy a arruinar el ambiente&rsquo;. Desaconsejo tomar&nbsp;decisiones basadas en lo que cre&eacute;s que los dem&aacute;s sentir&aacute;n&rdquo;, manifiesta, &ldquo;las personas que te quieren prefieren estar con vos, aunque est&eacute;s triste, que saber que est&aacute;s sola y sufriendo por no estorbar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Berenguer coincide en los mismos aspectos que sus compa&ntilde;eras de profesi&oacute;n, pero tambi&eacute;n dirige el foco a los ni&ntilde;os y adolescentes del grupo: &ldquo;Es importante crear recuerdos significativos, en los que nuestra mente pueda sustentarse en momentos de dificultad&rdquo; y, para ella, la Navidad es un buen momento para hacerlo. &ldquo;Si algo puede ense&ntilde;arnos la p&eacute;rdida es la importancia de nuestras relaciones significativas y el valor del tiempo de dedicaci&oacute;n y amor a los que nos quedan&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/reto-pasar-primera-navidad-alguien-querido-llorar-callado-no-arruina-celebracion_1_12868076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Dec 2025 15:31:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Psicología,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una vida distinta, sin los padres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-distinta-padres_129_12053038.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08733dab-085f-4b24-b9e3-c85df601da94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una vida distinta, sin los padres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El duelo de los padres no ocurre solo al final de sus vidas, sino que comienza mucho antes, cuando sus hijos inician su camino hacia la salida del ámbito familiar. </p></div><p class="article-text">
        El duelo de los padres no es algo que se d&eacute; en el final de sus vidas, sino que comienza mucho antes. Un primer duelo de los padres se da en la juventud, en la medida en que empezamos a realizar elecciones exog&aacute;micas. Dicho de otra forma, un joven que empieza a transitar el camino hacia la exogamia, o sea, que sale del &aacute;mbito familiar, comienza a vivir en un mundo en el que los padres ya no son el horizonte ni el referente &uacute;ltimo de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        La influencia del modo de vida familiar en uno, su car&aacute;cter prescriptivo, es mucho m&aacute;s profundo de lo que nos imaginamos. Es decir, el adolescente puede rebelarse, pelearse con los pap&aacute;s, pero todo eso es espuma, es la superficie del v&iacute;nculo. En su dimensi&oacute;n m&aacute;s profunda, cualquier hijo adopt&oacute; un modo de vida propio de una estructura familiar. Y esa estructura familiar determina, marca, separa, deslinda lo posible de lo imposible. En este punto, como mencionaba, el adolescente empieza a ver. M&aacute;s que ver, porque los ni&ntilde;os ya ven. De hecho, los ni&ntilde;os peque&ntilde;os muchas veces lo dicen: &ldquo;En la casa de mi amigo se come as&iacute;&rdquo;, por ejemplo. Incluso, hacen reclamos: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; a mi amigo lo dejan hacer esto y vos a m&iacute; no? &iquest;Por qu&eacute; en su casa despu&eacute;s de comer van a la pileta y vos nos dec&iacute;s que nosotros no podemos, que tenemos que esperar a hacer la digesti&oacute;n?&rdquo;. Siempre se trata de cuestiones sin demasiada importancia, pero el papel prescriptivo de esas cuestiones es enorme.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Entonces, los ni&ntilde;os lo ven, pero no les toca vivir algo diferente. Creo que, justamente, la adolescencia es el momento en el que, en primer lugar, a alguien le toca duelar el modo de vida que recibi&oacute; de su familia. No obstante, muchas veces no lo es. En efecto, yo puedo pensar, por ejemplo, en algo que corrobor&eacute; a lo largo del tiempo: en muchas personas con una gran dificultad para establecer pareja, esa dificultad no tiene que ver con la superficie ps&iacute;quica de una circunstancia determinada, como que no le gusta nadie, que los varones se borran, que las mujeres son as&iacute; o as&aacute;; tiene que ver con algo relacionado con el duelo del modo de vida juvenil, o sea, con poder plegarse a otro modo de vida. 
    </p><p class="article-text">
        En este punto me gusta una frase que planteaban los fil&oacute;sofos <strong>Gilles Deleuze</strong> y <strong>F&eacute;lix Guattari</strong>, cuando ellos afirmaban que conocer a alguien es conocer un mundo. Nadie conoce a nadie si no est&aacute; dispuesto a vivir en un mundo distinto. Con esta idea, ellos rompen con el prejuicio de creer que conocer a alguien es saber c&oacute;mo es el otro. Pero, en realidad, al conocerlo lo &uacute;nico que puedo saber es lo que uno proyecta en el otro, uno se conoce m&aacute;s a s&iacute; mismo. Conocer a alguien, dicen ellos, es habitar el mundo del otro. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, para cualquiera, que hasta su juventud organiz&oacute; su vida en funci&oacute;n de cierto modo de vida familiar adquirido, empezar a vivir con alguien es sumamente dif&iacute;cil. Y no me refiero a convivir en una pareja, sino a simplemente irse de vacaciones o pasar un fin de semana juntos. Repito, en muchos casos de personas con dificultades para establecer pareja estable y para poder consolidar un v&iacute;nculo, yo me encontraba con que les era muy complicado vivir con otro. Ten&iacute;an m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, tal vez empezaban a verse con alguien, y no toleraban la convivencia m&aacute;s de tres d&iacute;as. Sent&iacute;an que el otro lo desordenaba, ten&iacute;an una dificultad muy grande para compartir el mundo extra&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        El apego irrestricto a un modo de vivir, por lo general, tiene que ver con el que uno recibi&oacute; de su familia de origen. Uno no es m&aacute;s maduro cuanto m&aacute;s sabe lo que quiere; sino en funci&oacute;n de una mayor disponibilidad para habitar mundos posibles, mundos de otros, mundos extra&ntilde;os. Y un apego demasiado irrestricto al modo de vida personal, lejos de ser un acto de determinaci&oacute;n, es una forma defensiva y una conservaci&oacute;n del modo de vida que uno recibi&oacute;. Tengo un amigo que acaba de hacer una operaci&oacute;n inmobiliaria y tiene que escriturar una propiedad. Se le plantea el problema con el escribano de la familia, porque &eacute;l preferir&iacute;a otro, pero todos trabajan con &eacute;l, y tambi&eacute;n es la garant&iacute;a de que va a salir todo bien, esa referencia familiar se juega ps&iacute;quicamente al nivel de la fidelidad. 
    </p><p class="article-text">
        Esta fidelidad familiar puede tener que ver con otras cuestiones, como el barrio donde vivir: para algunas personas, es un movimiento ps&iacute;quico importante el vivir en un barrio distinto a aquel en el que se criaron o lejos de &eacute;l. O el tipo de colegio, tambi&eacute;n. La rebeld&iacute;a puede ser que alguien decida no mandar a sus hijos a colegios cat&oacute;licos, como sus padres hicieron con &eacute;l; en este sentido, se rebela contra un ideal. Pero toda esa rebeld&iacute;a es de espuma, porque alguien puede conservar una absoluta fidelidad en relaci&oacute;n, por ejemplo, con el jab&oacute;n de lavar la ropa, puede elegir la misma marca que eleg&iacute;a la mam&aacute;. Lo que quiero ubicar es que, en la adolescencia, la rebeld&iacute;a es la punta de un iceberg, que muestra que es simplemente el modo de tapar una fidelidad extrema, que solo se pone a prueba no rebel&aacute;ndose contra los padres. Se pone a prueba viviendo con otros, y con la posibilidad de hacerle lugar al otro en la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Esta es la primera instancia del duelo, en la que ya no es que veo que hay un mundo distinto, que hay familias que hacen cosas de otra manera, sino que estoy dispuesto a vivir una vida diferente. Por eso es tan importante la juventud. Es parad&oacute;jico, porque uno duela a los padres cuanto m&aacute;s los lleva adentro. La muerte de los padres no es el sacrificio de estos, que no existan m&aacute;s, sino no depender de su existencia real. Pienso, por ejemplo, en aquellas personas que, a pesar de los a&ntilde;os, necesitan hablar con los pap&aacute;s todos los d&iacute;as, personas que ya son independientes, que tienen sus propios ingresos. No se trata de la dependencia econ&oacute;mica, porque alguien puede necesitar el dinero de los padres y, sin embargo, que eso no vaya de la mano con la dependencia de la existencia real. Incluso, puede ser que esa dependencia se juegue o se d&eacute; en alguien que no habla jam&aacute;s con los padres. De lo que se trata es de si alguien est&aacute; preparado para vivir en un mundo en el que estos no est&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Yo puedo vivir en un mundo en el que no est&eacute;n esas prescripciones? &iquest;Puedo vivir en un mundo que no se contin&uacute;e a trav&eacute;s de m&iacute;? En realidad, esa es la soluci&oacute;n: menos dependo realmente de ellos cuanto m&aacute;s su mundo &ndash;no ellos&ndash; contin&uacute;a a trav&eacute;s de m&iacute;. Por eso, en &uacute;ltima instancia, puedo aceptar la muerte real de mis padres. Cuando esta llega, en cierta medida, lo esperable es que alguien simb&oacute;licamente haya podido aceptarlo. Y relaciono esto con algunas situaciones bastante comunes en la actualidad. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy la medicina tiene la capacidad de hacer que la vida se estire y, muchas veces, llegado el momento en que un padre o una madre est&aacute;n internados y est&aacute;n mal, para algunas personas es muy dif&iacute;cil tomar la decisi&oacute;n de dejarlos ir. Si el m&eacute;dico es profesional y piensa en t&eacute;rminos estrictamente de su disciplina, va a proponer recursos para estirar la vida. Y uno se puede preguntar: &iquest;con qu&eacute; sentido hacerlo, si la condici&oacute;n es estar enchufado? Pero a veces este deseo de prolongar la vida de los padres de esta manera habla m&aacute;s de lo no elaborado.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo el caso de una mujer cuya madre estaba internada. Su situaci&oacute;n era grave, y el m&eacute;dico les pregunt&oacute; a ella y a sus hermanos qu&eacute; deseaban hacer. Ella hab&iacute;a decidido dejarla ir, pero uno de los hermanos se neg&oacute;, dec&iacute;a: &ldquo;Yo no puedo tomar esa decisi&oacute;n&rdquo;. Y el m&eacute;dico le estir&oacute; la vida a la madre, incluso quiz&aacute;s hasta con sufrimiento para esa mujer. Pero es que uno puede tomar la decisi&oacute;n de que un padre muera, pero solo si no siente que lo est&aacute; matando. En esos casos, es com&uacute;n que nos sintamos mal de desear que se mueran. Por ejemplo, mi mam&aacute; est&aacute; internada hace tres meses y yo me encuentro pensando: &ldquo;Ojal&aacute; llamen de la cl&iacute;nica para decirme que ya est&aacute;&rdquo; y, al mismo tiempo, siento una culpa tremenda. Por supuesto que es muy distinto desear que alguien muera como forma de finalizar el sufrimiento que el acto agresivo de representar la muerte de alguien como si fuera una especie de venganza o acto hostil. 
    </p><p class="article-text">
        Y aceptar la muerte de los padres va a depender de que yo haya elaborado a lo largo de mi vida mis impulsos ed&iacute;picos tempranos, que yo no siga siendo un ni&ntilde;o que est&aacute; fantaseando la muerte de los padres como frustradores o privadores. En la pr&oacute;xima columna plantear&eacute; la misma cuesti&oacute;n, pero desde el punto de vista de los padres &ndash;cuando les toca dejar ir a los hijos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-distinta-padres_129_12053038.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2025 09:53:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una vida distinta, sin los padres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Familias,Padres,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escrituras de duelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escrituras-duelo_129_11887670.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ecadc317-be80-4a4a-b2ae-8fa720beb959_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escrituras de duelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vuelvo a la idea de Lacan de que la literatura es la acomodación de restos. ­Los restos que hay que acomodar, pero también el resto de la vida; y también lo que se resta de una vida.</p></div><p class="article-text">
        Hace varios a&ntilde;os escrib&iacute;, en este mismo espacio, dos textos sobre el duelo: <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/subrayados_129_8241247.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Subrayados</a> y <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/duelos_129_7938047.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Duelos</a>. Desde entonces, las lecturas continuaron. Entonces me encuentro con las ganas de volver sobre el asunto. Y ahora pienso que, quiz&aacute;s, el duelo tambi&eacute;n sea eso: una lectura que no termina, un texto que se sigue escribiendo.
    </p><p class="article-text">
        Si bien el duelo es &iacute;ntimo, singular y hasta por muchos momentos requiere de la soledad, no hay duelo que no tenga efectos en la comunidad. El duelo, como casi todo lo que constituye el mundo del ser humano, no es algo natural y tambi&eacute;n est&aacute; atravesado por vicisitudes hist&oacute;ricas y culturales. La relaci&oacute;n que tenemos con la muerte se transforma, no s&oacute;lo a lo largo de los a&ntilde;os, sino a trav&eacute;s de las distintas concepciones culturales. Por eso resulta tan interesante el trabajo que hace el historiador Philippe Ari&egrave;s en <em>Morir en occidente</em> y en <em>El hombre ante a la muerte</em>. No hemos muerto siempre de la misma manera, no hemos duelado siempre igual. Ari&egrave;s indaga la p&eacute;rdida de la familiaridad con la muerte que se fue produciendo hasta tal punto de que huir de la muerte es, para Occidente, una tentaci&oacute;n. Las consecuencias que recaen sobre el dolor, la pena, el duelo son, sobre todo a partir del Siglo XX, notables: ocultarlos, no hacer ver que se experimenta la pena. El dolor se va replegando a la esfera privada. El autor habla de c&oacute;mo la sociedad moderna ha privado al hombre de su muerte y, al mismo tiempo, ha prohibido a los vivos demostrar su dolor. De lo p&uacute;blico a lo privado, casi a lo clandestino. Y de lo com&uacute;n a lo individual. El muerto en el placard, la pena en el <em>closet</em>.
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                </figure><p class="article-text">
        Nicol&aacute;s Baintrub escribi&oacute; sobre la tanatopraxia en <a href="https://www.revistaanfibia.com/tanatopraxia-un-cuerpo-dormido-no-es-un-cuerpo-muerto/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este</a> texto impresionante. Ah&iacute;, luego de seguir la pista de Ari&egrave;s, dice: &ldquo;Pero en la actualidad ocultar la muerte no significa necesariamente ocultar los cad&aacute;veres. Es posible, en todo caso, ocultar la muerte <em>de</em> los cad&aacute;veres. A la vista de todos. La tanatopraxia se ocupa de borrar de los cuerpos todos los signos de la muerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otra cuesti&oacute;n fundamental que se&ntilde;ala el historiador franc&eacute;s es que en la vida moderna &ldquo;la prohibici&oacute;n del duelo empuja al sobreviviente a aturdirse de trabajo o, por el contrario, en el l&iacute;mite del desatino, a hacer como que se vive en compa&ntilde;&iacute;a del difunto (...). Uno llega entonces a preguntarse (...) si una gran parte de la patolog&iacute;a de hoy no tiene su origen en la evacuaci&oacute;n de la muerte fuera de la vida cotidiana, en la prohibici&oacute;n del duelo y del derecho de llorar a los muertos&rdquo;. Prohibir el duelo, aturdirse, no llorar en p&uacute;blico, llevarse toda la pena al &aacute;mbito privado. Seguir como si nada, seguir, seguir, seguir, seguir corriendo en la l&iacute;nea de montaje. Llevarse puesto el dolor. Arrojarlo por la ventana, sofocarlo, soterrarlo, enterrarlo junto con el muerto. Ac&aacute; no pas&oacute; nada. Muerte seca. Adi&oacute;s ritos. Por supuesto que esta gestualidad negadora no recae solamente sobre el dolor a partir de la muerte, sino que, hoy en d&iacute;a, cualquier atisbo de dolor es tratado de esa misma miserable forma: no ha lugar, no hay tiempo que perder (de hecho, esa estupidez de &ldquo;una lloradita y a seguir&rdquo; lo demuestra muy bien). <em>No hay tiempo que perder</em>, qu&eacute; idea f&uacute;til, necia, boba. El tiempo solo puede perderse, pero adem&aacute;s, ahora que se perdi&oacute; a alguien o algo, ahora que se perdi&oacute; un &ldquo;trozo de s&iacute;&rdquo;, el tiempo se descuajeringa, se desfasa, se desgarra. El tiempo no pasa. Vir Cano en <em>Dar el duelo</em> (Galerna) lo dice as&iacute;: &ldquo;Los duelos desgarran todos nuestros tiempos. Quiz&aacute;s por eso a veces nos resultan tan insoportables. No hay calendario, ni cuenta, ni numeraci&oacute;n que pueda conjurar el efecto desquiciante que inoculan nuestros muertos en los tiempos de sobre/vida, y tampoco es posible detener todo eso que vive en y con nuestros muertos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Time is out of joint</em>.
    </p><p class="article-text">
        Es por eso que la escritura de los libros sobre el duelo son un b&aacute;lsamo. Leerlos implica la posibilidad de vivir el dolor en paz. Sin aprietes ni empujones; sin prescripciones ni patologizaciones; sin la necedad de la negaci&oacute;n, ni la perversi&oacute;n de la desmentida sostenida, sobre todo por los que est&aacute;n alrededor.
    </p><p class="article-text">
        No perturbar el duelo, dice Freud. Y es que no hay nada que hacer, no hay que seguir instrucciones, ni manuales. No hay etapas, ni tiempos cronol&oacute;gicos. No se trata de trabajar para el olvido, ni para que el dolor pase m&aacute;s r&aacute;pido. Creo que en el duelo hay que confiar, <em>eso</em> se hace sin que lo sepamos, sin que lo empujemos, sin que lo agobiamos, sin que nos atosiguemos. Y no se hace nunca de una vez y para siempre. Guy Le Gaufey habla de los peque&ntilde;os reajustes que el duelo produce sin que lo sepamos.
    </p><p class="article-text">
        Las escrituras sobre el duelo suspenden tambi&eacute;n la linealidad del tiempo e introducen, como el duelo mismo, un destiempo singular. Son escrituras que no s&oacute;lo dicen, sino que hacen. Y eso que hacen es ir variando apocada y sutilmente tambi&eacute;n nuestros duelos, los de los lectores. Mi amiga Carina me regala en enero, para mi cumplea&ntilde;os, <em>El velo negro</em>, de Anny Duperey. Originalmente fue publicado en Francia en 1991. En Argentina fue publicado en 2021 por la magn&iacute;fica editorial cordobesa <a href="https://cieloinvertido.empretienda.com.ar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cielo invertido</a> -nombre, adem&aacute;s, bellamente spinetteano-. Es un libro que suelo tener cerca, de esos que uno abre solamente en determinados momentos. No lo le&iacute; entero de una vez, sino de manera discontinua y fragmentaria. Del mismo modo como est&aacute; escrito: ensayos, entradas, fragmentos. Jean Allouch ya lo hab&iacute;a mencionado en su libro fundamental sobre el duelo: <em>Er&oacute;tica del duelo en tiempos de la muerte seca</em> (Cuenco del Plata). Sin embargo, las veces que le&iacute; el libro de Allouch no fui en busca del de Duperey. Porque, ahora quiz&aacute;s lo entiendo, este tipo de libros no son una &ldquo;referencia obligada&rdquo;, sino un lugar al que uno llega a trav&eacute;s del don de otro.
    </p><p class="article-text">
        Duperey ten&iacute;a 8 a&ntilde;os cuando perdi&oacute; a sus padres en un accidente dom&eacute;stico -ambos se asfixian por una p&eacute;rdida de di&oacute;xido de carbono-. Su hermanita ten&iacute;a pocos meses (ambas adem&aacute;s fueron separadas luego de la tragedia, un nuevo desgarro). Era un domingo por la ma&ntilde;ana. Ella se salv&oacute; porque desobedeci&oacute; la orden de ir a ba&ntilde;arse. Escribe el libro m&aacute;s de 30 a&ntilde;os despu&eacute;s, a partir de la decisi&oacute;n de revelar unos negativos de su padre fot&oacute;grafo que tambi&eacute;n son parte de la publicaci&oacute;n. La autora no hab&iacute;a podido revelar esas fotos antes. Fueron a&ntilde;os de vueltas alrededor de esos negativos. &ldquo;Estas fotos son para m&iacute; (...) lugar de la memoria. No tengo ning&uacute;n recuerdo de mi padre ni de mi madre. El impacto de su desaparici&oacute;n arroj&oacute; sobre los a&ntilde;os anteriores a su muerte un velo opaco, como si ellos no hubieran existido jam&aacute;s&rdquo;. Contrariamente a lo que suele decirse de las penas, que hay que olvidarlas, un duelo tambi&eacute;n es la posibilidad de recordar. El texto de la autora y las im&aacute;genes de su padre, Lucien Legras, son de una belleza sobrecogedora. Quisiera detenerme, ahora, en lo siguiente: Duperrey advierte de los peligros de la muerte seca: la sequedad de ahogar las penas, de cercenarlas, de pretender ahorr&aacute;rselas. Y entonces titula uno de sus textos <em>Hagan llorar a los ni&ntilde;os. </em>Ah&iacute; dice: &ldquo;Si ven frente a ustedes a un ni&ntilde;o golpeado por un duelo encerrarse violentamente sobre s&iacute; mismo, rechazar la muerte, negar su pesar, h&aacute;ganlo llorar. Habl&aacute;ndole, mostr&aacute;ndole lo que ha perdido, incluso si parece cruel, incluso si &eacute;l se defiende tan brutalmente como yo lo hice, incluso si &eacute;l los va a detestar luego por eso (...) atraviesen su resistencia, vac&iacute;en de su pesar para que no se forme en el fondo de &eacute;l un absceso de dolor que le subir&aacute; a la garganta m&aacute;s tarde. Ese pesar encerrado no drena solo. Crece, se emponzo&ntilde;a, se nutre de silencio, en silencio envenena sin que se lo sepa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hagan llorar a los ni&ntilde;os que quieren ignorar que sufren, es el servicio m&aacute;s piadoso que pueden prestarles&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El velo negro</em> es un libro sobre el duelo, es decir, un libro sobre el encuentro, sobre el tiempo, sobre la exhumaci&oacute;n de im&aacute;genes, sobre el olvido y el recuerdo, sobre la supervivencia, sobre lo imposible, sobre lo imposible, sobre lo imposible.
    </p><p class="article-text">
        Cielo invertido acaba de reeditarlo, ya que su primera edici&oacute;n se agot&oacute;. Ahora con un pr&oacute;logo de Natalia Fortuny que dice &ldquo;aqu&iacute;, en estas im&aacute;genes, hay un secreto por descubrir. Algo que quiz&aacute;s pueda ser re-velado en estas p&aacute;ginas, en donde el trabajo de la mirada y el trabajo del duelo se unen para buscar all&iacute; donde no hay m&aacute;s que una promesa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nunca hab&iacute;a escrito poes&iacute;a cuando so&ntilde;&eacute;, a partir de la muerte de alguien, que escrib&iacute;a estos versos:
    </p><p class="article-text">
        El duelo es
    </p><p class="article-text">
        soportar vivir as&iacute;
    </p><p class="article-text">
        el resto de la vida
    </p><p class="article-text">
        Y entonces vuelvo a la idea de Lacan de que la literatura es la acomodaci&oacute;n de restos. &shy;Los restos que hay que acomodar, pero tambi&eacute;n el resto de la vida; y tambi&eacute;n lo que se resta de una vida. &shy;Y es por eso que, en alg&uacute;n sentido, un duelo tambi&eacute;n es un hallazgo,&ldquo;el hallazgo de la p&eacute;rdida&rdquo;, como dice Patricia &shy;Fochi en su libro <em>Duelo. La infici&oacute;n del mundo</em> (Editorial Otro cauce). Porque la p&eacute;rdida, dice Juan Ritvo, no es un dato, hay que construirla. Y es que, sigue Fochi, &ldquo;la p&eacute;rdida es dif&iacute;cil de circunscribir. &iquest;Qu&eacute; es exactamente lo que se pierde?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que fue, lo que nunca ser&aacute;, pero tambi&eacute;n lo que no fue; lo que ya no somos para el otro, y tambi&eacute;n lo que fuimos para &eacute;l. El duelo es oscilante, fragmentario, discontinuo. Nunca es progresivo ni orientado a la superaci&oacute;n. El duelo tiene algo de irresoluble y eso de ning&uacute;n modo lo hace patol&oacute;gico. El duelo tiene algo de imposible, porque despu&eacute;s de una p&eacute;rdida, el cuerpo no vuelve a acomodarse ya del mismo modo, y el mundo tampoco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escrituras-duelo_129_11887670.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Dec 2024 09:30:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escrituras de duelo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Duelos,Escritura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Queremos tanto a Zambra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/queremos-zambra_129_11840930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59c7b72e-1b27-46f0-b0fc-9930cb0c33bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Queremos tanto a Zambra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El chiste, al situar un mecanismo, puede funcionar como interpretación. A propósito de una crónica sobre "weones" y "gorreados" del escritor chileno Alejandro Zambra.</p></div><p class="article-text">
        En la compilaci&oacute;n de cr&oacute;nicas con el t&iacute;tulo<em> Tema libre</em>, de <strong>Alejandro Zambra</strong>, hay una que es hermosa y comienza con la an&eacute;cdota de la primera vez que, en su juventud, una mujer le puso los cuernos. Encima con un argentino.
    </p><p class="article-text">
        En ese punto, recuerda un chiste: un tipo camina por la calle y le empiezan a pegar, porque lo creen argentino. Entonces otro le pregunta por qu&eacute; no les dijo que era chileno. &ldquo;Con lo que me gusta que le peguen a esos weones&rdquo;, responde el primero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Es un chiste fabuloso, que funciona como una interpretaci&oacute;n. Sit&uacute;a un mecanismo: alguien puede tolerar un sufrimiento si puede identificarse con quien lo agrede.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo es m&aacute;s com&uacute;n de lo que nos imaginamos y explica, por ejemplo, el modo en que personas votan contra sus intereses de clase, pero tambi&eacute;n por qu&eacute; otras permanecen en ciertas relaciones de pareja. Pero volvamos a la cr&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Luego Zambra narra el romance con una joven de Argentina, con la que se escrib&iacute;a cartas. Esto se lo cuenta, en unas vacaciones, a un amigo de los padres, tambi&eacute;n trasandino y que se llama Luciano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se lo cuenta, Luciano entiende que Zambra le hablaba de la hija y, entonces, le dice que &eacute;l &ndash;Luciano, aunque enti&eacute;ndase tambi&eacute;n el desliz ed&iacute;pico&ndash; siempre se quiso acostar con su madre. Zambra se lo dice a su padre. Fin de las vacaciones.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como hijos, todas nuestras identificaciones son masoquistas, pero solo somos hombres si podemos asumir ese masoquismo como parte de la virilidad, con una identificación que nos excluya
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es bell&iacute;simo c&oacute;mo Zambra relata la separaci&oacute;n de sus padres. Sabe que no fue por lo que &eacute;l dijo (Zambra no es neur&oacute;tico), sino que los padres se unieron porque es lo que tocaba en cierto momento. Al poco tiempo la madre empieza a salir con Luciano y se va a vivir a Argentina.
    </p><p class="article-text">
        Zambra comienza a escribirse cartas con su madre. Entiende algo que antes no: ya no es el &ldquo;gorreado&rdquo;, aunque su madre lo haya dejado por un argentino. Lo dice as&iacute;: &ldquo;Es dif&iacute;cil ver a tu madre a los besos con un hombre que no es tu padre (ni vos)&rdquo;. Ese par&eacute;ntesis indica el trabajo de la represi&oacute;n y tambi&eacute;n el del duelo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es que vuelve a la escena en que se escribe con la argentina y descubre por qu&eacute; una canci&oacute;n que a ella le encanta y a &eacute;l le parece muy mala, sin embargo, encubre una verdad: el amor no nace del amor, sino de una p&eacute;rdida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de perder el lugar de hijo, para no sentirse dejado y, adem&aacute;s, si uno va a ser hombre, m&aacute;s que identificarse con el padre, tiene que hacerlo con el que se acuesta con la madre. No hay otro parricidio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso el chiste que cuenta al principio es tan efectivo. Como hijos, todas nuestras identificaciones son masoquistas, pero solo somos hombres si podemos asumir ese masoquismo como parte de la virilidad, con una identificaci&oacute;n que nos excluya.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo de la cr&oacute;nica es el de la canci&oacute;n: &ldquo;El amor despu&eacute;s del amor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/queremos-zambra_129_11840930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Nov 2024 09:43:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Queremos tanto a Zambra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alejandro Zambra,Infidelidad,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así afronté con mi hija la muerte de mi padre, su abuelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/afronte-hija-muerte-padre-abuelo_129_11548010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/84087c89-eede-4e88-b2f7-4b23d62625dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así afronté con mi hija la muerte de mi padre, su abuelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay nada peor que ocultar o tergiversar información a los menores. Mi hija vivió el proceso con nosotros, era la primera vez que se enfrentaba a una experiencia así. Ahora recuerda a su abuelo, habla todos los días de él desde la calma y el amor, y no se quedó con ninguna espina. Juntos cerramos un capítulo, duro, pero unidos</p></div><p class="article-text">
        Ver c&oacute;mo se va para siempre un padre o una madre es de los momentos m&aacute;s duros en la vida de una persona, aunque supongo que el modo en el que se hagan y sucedan las cosas determina mucho c&oacute;mo uno se quede y c&oacute;mo se desarrolla el duelo. Lamentablemente, acabo de pasar por eso hace muy poco y, pese a que soy muy protectora de mi intimidad, tambi&eacute;n soy de la opini&oacute;n de que compartir es ayudar y esta, una historia triste y bonita a la vez, merece ser contada como homenaje a mi pap&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Mi padre estaba enfermo de c&aacute;ncer y, pese a que inicialmente el tratamiento funcionaba, un d&iacute;a dej&oacute; de ser as&iacute; y tuvimos que enfrentarnos a lo que nunca hubi&eacute;semos querido. Saber que tu padre tiene una enfermedad terminal te sume en un entramado de emociones que llegan a desbordarte. Me cost&oacute; mucho estar centrada y rendir en mis quehaceres diarios adecuadamente. La incertidumbre diaria me min&oacute;: me pod&iacute;a la rabia, el miedo, la pena y no pod&iacute;a ser yo porque mi vida se desmoronaba por momentos.
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo yo perd&iacute; a un padre, mi madre perdi&oacute; a un marido y mi hija a un abuelo. Despu&eacute;s de continuos ingresos hospitalarios, una profesional que no era la m&eacute;dica de mi padre le dijo a mi madre, de golpe y porrazo y con frialdad, que estas ser&iacute;an sus &uacute;ltimas navidades. Mi madre y yo acompa&ntilde;amos a mi padre hasta que un d&iacute;a nos preguntaron si quer&iacute;amos solicitar la hospitalizaci&oacute;n domiciliaria. No nos lo pensamos. Sab&iacute;amos que donde m&aacute;s a gusto estar&iacute;a &eacute;l ser&iacute;a en su casa, rodeado de los suyos, sobre todo, de su nieta, que lo adora.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre tuvo que aprender de la noche a la ma&ntilde;ana c&oacute;mo atender a mi padre en su casa y lo que supon&iacute;a ser una enfermera a tiempo completo y, sin duda, lo super&oacute; con &eacute;xito. No obstante, creo que los cuidadores necesitan m&aacute;s ayuda de otros profesionales, pero ese es otro tema. Para ella fue muy duro tener que lidiar con el deterioro f&iacute;sico de mi padre, adem&aacute;s de darse cuenta de aquello que lo atormentaba: su miedo terrible a lo que pudiese pasar, a tener que irse sin desearlo para nada. Pese a todo, mi padre nos lo hizo f&aacute;cil: jam&aacute;s tuvo una mala cara o una mala contestaci&oacute;n, todo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte, le di arropo, compa&ntilde;&iacute;a, le visitaba sola, con mi hija o con mi marido siempre que pod&iacute;a porque sab&iacute;a que eso le hac&iacute;a olvidar la enfermedad por unos instantes. Tambi&eacute;n dediqu&eacute; tiempo a hacerme cargo de papeleos y asuntos m&eacute;dicos varios. Aunque me invad&iacute;a la culpa cuando no estaba con &eacute;l y me iba al parque o a tomarme un caf&eacute;, necesitaba tiempo para no estar y no ver, para no sufrir tanto. 
    </p><p class="article-text">
        Es raro que de la noche a la ma&ntilde;ana tengas que atender a tu padre como una persona totalmente indefensa, que tengas que darle la mano o que te pida que no te vayas de su lado porque tiene miedo, que le des de comer, de tomar, que lo ayudes a ir al ba&ntilde;o o a ducharse, afeitarlo cuando toda su vida lo hizo solo. Siempre sal&iacute;a temprano a tomar su caf&eacute;, daba sus paseo, trabajaba en el campo cuando estaba en el pueblo o se hac&iacute;a su comida porque le gustaba comer pronto pero, desde que llegaron los ingresos, se neg&oacute; a salir de casa.
    </p><p class="article-text">
        En todo ese tiempo pens&aacute;s mucho, te consum&iacute;s pensando en el pasado, en tus vivencias bonitas, en cuando me ense&ntilde;&oacute; a nadar, a andar en bicicleta, en los juegos que me hac&iacute;a. Lo hablaba con &eacute;l, aunque la medicaci&oacute;n hac&iacute;a que tuviera p&eacute;rdidas de memoria, ve&iacute;amos fotos y habl&aacute;bamos y nos re&iacute;amos. Tambi&eacute;n viene a la mente lo malo, las cosas que se pod&iacute;an haber hecho y no se hicieron, pero, al final, prevalece lo bueno, especialmente cuando no est&aacute;s para perder el tiempo y es mejor crear momentos que alimenten el alma.
    </p><h2 class="article-text">Ser honestos con los menores</h2><p class="article-text">
        Creo firmemente que no hay nada peor que ocultar o tergiversar informaci&oacute;n a los menores. Hay que conocer la madurez y el desarrollo emocional de tu hijo y elaborar el modo de proceder. Los ni&ntilde;os son capaces de comprender si se les explica adecuadamente la situaci&oacute;n. Con mi hija de siete a&ntilde;os siempre habl&eacute; de todo, tambi&eacute;n de la muerte, del dolor, del miedo...
    </p><p class="article-text">
        Mi hija vivi&oacute; el proceso con nosotros. Era la primera vez que se enfrentaba a una experiencia as&iacute;. Siempre le hab&iacute;amos explicado lo que pasaba, aunque durante las fechas navide&ntilde;as no le advert&iacute; de la gravedad de la enfermedad por miedo a que no las disfrutase igual. Finalmente, no tuve otro remedio que contarle todo cuando al poco tiempo mi padre nos dio el primer gran susto. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no me dijiste nada antes, mam&aacute;?&rdquo;, me pregunt&oacute;. &ldquo;No te lo dije porque quer&iacute;a que estuvieses feliz y sin pensar en eso en Navidad&rdquo;, le contest&eacute;. &ldquo;Ya lo sab&iacute;a&rdquo;, replic&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi hija fue mi gu&iacute;a durante este tiempo. Ella sab&iacute;a que el abuelo se iba a morir, pero dentro de eso, el golpe de realidad lleg&oacute; cuando, tras unos d&iacute;as muy apagado, una tarde lo vimos muy d&eacute;bil y decidimos llamar a la ambulancia. Esa tarde mi hija no quiso separarse de su lado, se sent&oacute; en la butaca de mi padre mientras coloreaba y le miraba vigilante de vez en cuando mientras &eacute;l reposaba en su cama.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; la m&eacute;dica, mi hija segu&iacute;a con su cuadernillo de dibujos, pero con la escucha puesta en lo que dec&iacute;a la profesional y el susto lleg&oacute; cuando decidieron llev&aacute;rselo al hospital. &ldquo;&iquest;Se lo van a llevar?&rdquo;, dijo con cara de agobio. Fue ah&iacute; cuando mi ni&ntilde;a entendi&oacute; que probablemente el abuelo no volver&iacute;a, lo bes&oacute;, lloramos y as&iacute; fue. No volvi&oacute; a verlo con vida. Despu&eacute;s, todo sucedi&oacute; muy r&aacute;pido. Mi madre y yo tuvimos tiempo de decirle lo que quer&iacute;amos y por mi parte le di permiso para &ldquo;volar&rdquo; cuando quisiese.
    </p><p class="article-text">
        Tras su fallecimiento, un d&iacute;a soleado y precioso despu&eacute;s de mucha lluvia, mi peque&ntilde;a, tras consultarle, tambi&eacute;n quiso despedirse de &eacute;l, y la acompa&ntilde;amos en ese momento, mientras mi padre yac&iacute;a en la cama del hospital. Tras recular un par de veces, entr&oacute; a la habitaci&oacute;n un tanto asustada porque no sab&iacute;a cu&aacute;l ser&iacute;a el escenario al que se enfrentar&iacute;a, pero convencida. Seguimos juntos como familia, en el tanatorio y en el funeral. Le hab&iacute;amos explicado que esos momentos merec&iacute;an respeto y silencio, y el abuelo, una buena despedida. Mi padre se llev&oacute; con &eacute;l un escrito m&iacute;o, un dibujo de su nieta y cuatro rosas blancas de las cuatro personas de la casa. Mi hija supo estar, acompa&ntilde;ar y respetar nuestro dolor; ella se sumi&oacute; en &eacute;l tambi&eacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ella recuerda a su abuelo, habla todos los d&iacute;as de &eacute;l desde la calma, desde el amor que siente por &eacute;l y no se qued&oacute; con ninguna espina. Juntos hemos cerrado un cap&iacute;tulo, duro, pero unidos. Ahora la ni&ntilde;a entiende todav&iacute;a mejor que hay enfermedades devastadoras, que la muerte puede llegar en cualquier momento, pero que hay muchos modos de afrontar eso y de encarar la vida. Seguiremos sintiendo al ser amado de otro modo, quedar&aacute;n los buenos momentos en la memoria por siempre, las frases, las caricias, el &ldquo;pap&aacute;&rdquo;, me gusta repetirlo constantemente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/afronte-hija-muerte-padre-abuelo_129_11548010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jul 2024 09:34:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así afronté con mi hija la muerte de mi padre, su abuelo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,En Primera Persona,Duelos,duelo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Duelos frustrados: qué tiempos nos deja la sociedad de la hiperproducción para superar la muerte de alguien querido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-tiempo-superar-muerte-ser-querido_1_10698465.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad3aba69-9267-4346-869c-499612e30cdb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Duelos frustrados: qué tiempos nos deja la sociedad de la hiperproducción para superar la muerte de alguien querido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El duelo por fallecimiento de un ser querido es un proceso complejo y lento en el que muchas veces quien lo atraviesa debe remar contra los ritmos y exigencias que condicionan nuestro día a día</p><p class="subtitle">¿Por qué nos cuesta tanto normalizar el duelo por una amistad rota?</p></div><p class="article-text">
        Es una idea extendida la de asociar el duelo, de manera inherente, a necesidades de tiempo. Tras el fallecimiento de un ser querido, se despliega un abanico indeterminado de d&iacute;as, meses o a&ntilde;os, de un proceso cuya duraci&oacute;n est&aacute; sujeta a factores tan diversos que hacen imposible establecer plazos comunes a todas las personas que lo atraviesan. Cada duelo es distinto porque cada persona que lo vive y cada p&eacute;rdida tambi&eacute;n lo son. Pero tiempo, precisamente tiempo, aunque sea para sanar y aceptar una ausencia que infligi&oacute; un da&ntilde;o profundo, es siempre lo que parece estar fuera de alcance.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<a href="https://twitter.com/successionreact/status/1653105564363137024" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iquest;Est&aacute;s planificando tu duelo?</a>&rdquo;, le pregunta Tom Wambsgans a Shiv Roy en una de las escenas de la &uacute;ltima temporada de&nbsp;<em>Succession</em>. Sirva la histri&oacute;nica y privilegiada narrativa de la ficci&oacute;n de los Roy para ejemplificar, en una imagen que queda como hip&eacute;rbole (la de buscar huecos en la agenda para llorar al padre muerto), la manera en la que el d&iacute;a a d&iacute;a bajo el sistema arrolla las necesidades de espacio y tiempo en procesos tan complejos y delicados a nivel ps&iacute;quico como es un duelo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero qu&eacute; es, realmente, un duelo, cuando se trata de un proceso tan variable de una persona a otra, diferente tambi&eacute;n en funci&oacute;n de la p&eacute;rdida? <strong>Aurora G&oacute;mez Delgado</strong>, psic&oacute;loga sanitaria en&nbsp;<a href="http://www.corio.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Corio Psicolog&iacute;a</a>, no puede disolver el significado del duelo de sus ra&iacute;ces manchegas y de la noci&oacute;n de cuidados que siente que define el t&eacute;rmino en La Mancha. &ldquo;El duelo es un momento en el que poder manifestar que necesitas apoyo por parte de la comunidad, y la comunidad tiene maneras de entender cu&aacute;ndo te tiene que ofrecer ese apoyo. Es como una especie de tejido de cuidados&rdquo;, explica, haciendo &eacute;nfasis en el proceso de acompa&ntilde;amiento a la persona doliente y en una solidaridad especial que asocia con la cultura de su territorio. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que va a pasar es que cuando llegues a tu casa no vas a tener que limpiar, cocinar ni cuidar de tus hijos ni de tus mascotas durante los tres o cuatro primeros d&iacute;as, porque siempre aparecer&aacute; alguien para hacerlo&rdquo;. Un compromiso de ayuda en forma de cuidados, a menudo invisibles, que se extiende a lo largo de muchas generaciones, y que G&oacute;mez echa de menos en su experiencia en la ciudad de Madrid.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El día a día bajo el sistema arrolla las necesidades de espacio y tiempo en procesos tan complejos y delicados a nivel psíquico como es un duelo</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">El duelo y el modelo de familia tradicional</h3><p class="article-text">
        Pero, como profesional sanitaria, una de las preocupaciones de Aurora G&oacute;mez respecto a los pacientes que atraviesan un duelo por fallecimiento de un ser querido tiene que ver con la escala de grados de consanguinidad y afinidad, que es lo que dicta, desde el punto de vista legal, el derecho de una persona doliente a tomar unos d&iacute;as de permiso en el trabajo. &ldquo;Aqu&iacute; entramos de lleno en el tema de las estructuras familiares&rdquo;, explica. &ldquo;A lo mejor tienes t&iacute;as que te han cuidado como si fueran madres o vecinas por las que no tienes permiso, gente a la que est&aacute;s unida aunque no sea a trav&eacute;s de un v&iacute;nculo legal. Me preocupan esas estructuras de familia que no son adecuadas para poder hacer duelo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        G&oacute;mez piensa en el ejemplo de los compa&ntilde;eros de departamento, una figura que recientemente vio reconocido en Espa&ntilde;a su derecho a cuidados&nbsp;con el permiso por cuidado de conviviente en caso de accidente o enfermedad, y que para muchas personas es un elemento central en el tejido de relaciones interpersonales. &ldquo;Hablamos de relaciones que, en el contexto actual, pueden ser tan estrechas como las de pareja, y de una duraci&oacute;n de diez a&ntilde;os o m&aacute;s&rdquo;, reflexiona la psic&oacute;loga sanitaria. &ldquo;Dentro del capitalismo, no se puede elegir el duelo, ni c&oacute;mo se manifiesta&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A lo mejor tienes tías que te han cuidado como si fueran madres o vecinas por las que no tienes permiso, gente a la que estás unida aunque no sea a través de un vínculo legal. Esas estructuras de familia que no son adecuadas para poder hacer duelo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Aurora Gómez Delgado</span>
                                        <span>—</span> psicóloga sanitaria
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Incluso dentro de las estructuras familiares reconocidas por la ley, existen dolorosos vac&iacute;os y duelos cuyo reconocimiento social y apoyo legal se quedan cortos respecto a la experiencia que suponen para quienes los atraviesan. Es el caso del duelo perinatal, el que tiene lugar cuando un beb&eacute; muere durante la gestaci&oacute;n o al poco tiempo de nacer. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pilar G&oacute;mez-Ulla</strong> es psic&oacute;loga y terapeuta familiar en <a href="https://www.familiae.es/pilar-gomez-ulla/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Familiae</a>, adem&aacute;s de fundadora de&nbsp;<a href="https://www.redelhuecodemivientre.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El hueco de mi vientre</a>, una red de solidaridad para familias en duelo perinatal. Ella califica esta experiencia como muy intensa para la madre, la pareja y la familia, y se&ntilde;ala que a pesar de ello se puede considerar un duelo desautorizado. &ldquo;Esto significa que socialmente parece no haber autorizaci&oacute;n para estar en duelo, para expresarlo, y se espera que, tras la muerte del beb&eacute;, la madre y por supuesto el padre, y la familia retomen de inmediato su&nbsp;<em>vida normal&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta desautorizaci&oacute;n es uno de los factores que entorpecen el duelo&rdquo;, explica la psic&oacute;loga y terapeuta, que identifica en el &aacute;mbito sanitario el entorno en el que se dan algunas de estas expresiones de silenciamiento &ldquo;desatendiendo el dolor ps&iacute;quico o minimizando la experiencia, o bien medicalizando y tratando de apresurar el proceso de parto, dificultando digerir adecuadamente lo que ocurre&rdquo;. Tambi&eacute;n pueden negar o minimizar el dolor tanto el entorno cercano como desde la parte legal. &ldquo;Las instituciones y leyes entorpecen el duelo si al padre se le niega el permiso por paternidad y ha de incorporarse al trabajo inmediatamente, o si a la madre le ocurre lo mismo cuando el beb&eacute; muere antes de los 180 d&iacute;as de gestaci&oacute;n, si no pueden inscribir a su hijo en el registro sino que se clasifica como 'feto de Mar&iacute;a'... Todo esto constituye un potente mensaje negador de la experiencia&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Dentro de las estructuras familiares reconocidas por la ley, existen dolorosos vacíos y duelos cuyo reconocimiento social y apoyo legal se quedan cortos respecto a la experiencia que suponen para quienes los atraviesan. Es el caso del duelo perinatal</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">El duelo, los tr&aacute;mites y los tiempos que lo atraviesan</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Si quien muere es una persona muy cercana, un familiar de primer grado, conlleva una cantidad de tr&aacute;mites jur&iacute;dicos muy r&aacute;pidos que no hay posibilidad de evitar&rdquo;, explica Aurora G&oacute;mez Delgado, para quien la informaci&oacute;n alrededor de la muerte y sus procesos, tambi&eacute;n administrativos, adquiere una importancia central en la dificultad de superar un duelo. A esto se le a&ntilde;ade la presi&oacute;n que puede recibir la persona doliente para reanudar su actividad laboral con la intensidad anterior a haber sufrido su p&eacute;rdida, algo que puede redundar en un factor de hostilidad a&ntilde;adido que complique el proceso de duelo. &ldquo;Cuando esto ocurre, rompe el contrato emocional del trabajador con la empresa, porque este piensa en c&oacute;mo estaba trabajando y c&oacute;mo, cuando lo ha necesitado, la empresa, en vez de ayudarle, le ha puesto trabas&rdquo;, expone la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sobre la presi&oacute;n [que siente una persona cuando atraviesa un duelo], una cr&iacute;tica sobre la que llamamos mucho la atenci&oacute;n los psic&oacute;logos es contra que se marque cu&aacute;nto tiempo debe durar el duelo patol&oacute;gico. No todos los duelos son iguales. No se trata de decir si son cuatro o seis meses, hay una parte de complejidad humana que debemos atender para no categorizar tan r&aacute;pido. Se legisla bajo ideas muy generales, pero luego hay casos particulares que deben recibir un poco m&aacute;s de atenci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para <strong>Marta Carmona</strong>, psiquiatra, coautora del ensayo&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/marta-carmona-psiquiatra-ansiedad-alarma-depredador-ahora-llegar-mes_128_9591952.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Malestamos&nbsp;</em></a>&nbsp;(Capit&aacute;n Swing, 2022), diputada en la Asamblea de Madrid y portavoz de Sanidad del grupo M&aacute;s Madrid, quien hasta tomar posesi&oacute;n de su acta de diputada ejerc&iacute;a como psiquiatra en la sanidad p&uacute;blica madrile&ntilde;a, el contexto social actual nos impide estar en control de los tiempos. &ldquo;En el d&iacute;a a d&iacute;a es muy dif&iacute;cil encontrar tanto espacio mental como f&iacute;sico para elaborar cualquier tipo de fen&oacute;meno complejo, y en particular un duelo&rdquo;, reflexiona Carmona. &ldquo;Ocurre en general con cualquier cosa que requiera tiempo y ritmo propio. Pero adem&aacute;s estamos bombardeados por much&iacute;simos discursos prescriptivos en lo social sobre qui&eacute;nes somos y c&oacute;mo debemos querer, comportarnos y cu&aacute;les deben ser nuestros anhelos y deseos. Hay una dificultad para encontrar el espacio, en lo cuantitativo y lo cualitativo, porque es muy dif&iacute;cil organizar narrativas que no est&eacute;n atravesadas de l&oacute;gicas consumistas y por prescripciones continuas de c&oacute;mo deber&iacute;amos llevar las cosas.&rdquo;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estamos bombardeados por muchísimos discursos prescriptivos en lo social sobre quiénes somos y cómo debemos querer, comportarnos y cuáles deben ser nuestros anhelos y deseos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Carmona</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y coautora del ensayo &#039;Malestamos&#039; (Capitán Swing, 2022)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La psiquiatra explica que el duelo encierra en realidad todo un proceso simb&oacute;lico en el que ser capaces de articular una despedida. &ldquo;Asumir las tareas del duelo, la aceptaci&oacute;n, salir de la negaci&oacute;n del fen&oacute;meno, luego poder superar el enfado y recolocar esa rabia que se genera en la fase siguiente, para poder conectar con la p&eacute;rdida en s&iacute;, con el propio vac&iacute;o, una vez se ha aceptado y se ha conectado con esa parte destructiva y de enfado que emerge en todo duelo&rdquo;, sintetiza la psiquiatra y diputada. &ldquo;Abrazar esa tristeza, esa falta y ese vac&iacute;o, para luego pasar a la tarea final de aceptaci&oacute;n y poder no reemplazar, porque esto es una lectura perversa, pero s&iacute; construir la vida sin aquel a quien has perdido&rdquo;. Algo que reconoce que puede complicarse en funci&oacute;n de la p&eacute;rdida que constituya el centro del proceso del duelo.
    </p><h3 class="article-text">Buscar ayuda: recursos y reivindicaciones alrededor del proceso de duelo</h3><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga sanitaria Aurora G&oacute;mez Delgado, los recursos informativos p&uacute;blicos a disposici&oacute;n de la ciudadan&iacute;a son clave en la preparaci&oacute;n para afrontar un duelo, especialmente en aquellos casos en los que la muerte del ser querido se puede predecir. Ella pone el ejemplo de la&nbsp;<a href="https://derechoamorir.org/quienes-somos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asociaci&oacute;n Federal Derecho A Morir Dignamente</a>, que organiza talleres y charlas sobre cuidados paliativos que, en opini&oacute;n de la psic&oacute;loga, deber&iacute;an impartirse en centros y bibliotecas p&uacute;blicas y ser accesibles a todo el mundo. &ldquo;A menudo la gente no entiende bien el proceso, la legislaci&oacute;n, las &uacute;ltimas voluntades. Como psic&oacute;loga, les recomiendo que vayan a la asociaci&oacute;n a obtener esta informaci&oacute;n. Cuando la gente comprende todo lo que rodea la muerte es algo que les relaja un poco&rdquo;, esgrime. Asimismo, recuerda la figura p&uacute;blica del notario como una persona que puede atender e informar de manera gratuita y accesible.
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo aquello que se puede mejorar, G&oacute;mez Delgado referencia, por un lado, la importancia de tener a disposici&oacute;n de la ciudadan&iacute;a una psic&oacute;loga experta en duelo en los centros culturales y de convivencia, una figura que existe en otros pa&iacute;ses como Estados Unidos. Por otro lado, explicita la necesidad de dejar de vivir de espaldas a la muerte para contribuir a no dificultar en exceso los procesos de duelo: &ldquo;Vivimos en una sociedad en la que no se habla de la muerte&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un duelo importante implica reescribir por completo todo el código de cómo entendemos la realidad. Es un proceso complejo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Carmona</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y coautora del ensayo &#039;Malestamos&#039; (Capitán Swing, 2022)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para Pilar G&oacute;mez-Ulla, en los casos en los que se atraviesa un duelo perinatal, ayuda lo que denomina escucha respetuosa: &ldquo;Poder compartir y hablar de la experiencia de maternidad y paternidad, del amor y el dolor por la muerte del hijo, a veces en grupos de apoyo, recordarle por su nombre, hacerle presente en la vida de la familia, incluyendo a hermanos nacidos antes o despu&eacute;s del beb&eacute; fallecido, reconocer socialmente este amor y este duelo&rdquo;. Pero no olvida tampoco la importancia de facilitar los permisos laborales necesarios para reorganizar la vida &ldquo;afectiva, familiar y social&rdquo;, as&iacute; como lo urgente de actualizar protocolos de atenci&oacute;n sanitaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un duelo importante implica reescribir por completo todo el c&oacute;digo de c&oacute;mo entendemos la realidad. Es un proceso complejo&rdquo;, reflexiona la psiquiatra y diputada de Asamblea de Madrid Marta Carmona. &ldquo;Me parece que la falta de tiempo es una caracter&iacute;stica fundamental de nuestra &eacute;poca, tenemos poco espacio mental para reescribir c&oacute;digos, porque todo viene ya ultracodificado. Hay mucho ruido. No es solo una cuesti&oacute;n del ritmo del d&iacute;a a d&iacute;a, que tambi&eacute;n, y no le quiero quitar importancia a eso, pero hay una una parte en el bombardeo continuo que nos dice qu&eacute; significado tiene cada cosa que nos rodea, que dificulta la tarea de recodificar estos s&iacute;mbolos ligados a nuestras personas fallecidas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Correa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-tiempo-superar-muerte-ser-querido_1_10698465.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Nov 2023 09:16:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Duelos frustrados: qué tiempos nos deja la sociedad de la hiperproducción para superar la muerte de alguien querido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué nos cuesta tanto normalizar el duelo por una amistad rota?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-ruptura-amistad_1_10658911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f2657af2-74ef-456b-9fb6-f2aead42d9db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué nos cuesta tanto normalizar el duelo por una amistad rota?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La amistad, quizás convertida en cliché, se desdibuja como un remanso de paz en el que encontrar comprensión eternamente, esa esperanza vital que aportan las relaciones duraderas, pero ¿es siempre así?</p></div><p class="article-text">
        A veces, la amistad termina conform&aacute;ndose con un cariz tan necesario que se convierte en esencial para la vida misma. De esas relaciones parten la salud mental y f&iacute;sica, el poder construir nuestro camino con recuerdos y momentos confortables a los que volver como si se trataran de un hogar, o en los que residir como presente acogedor. 
    </p><p class="article-text">
        Incluso, a veces, la amistad posee una dimensi&oacute;n arrolladora emocionalmente que pudiera ser comparada con una relaci&oacute;n rom&aacute;ntica. No es de extra&ntilde;ar que la palabra 'amiga' venga del verbo latino <em>amare</em>, por lo que comparte origen con la palabra 'amor'.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, para generaciones precedentes, la amistad era algo que se daba por hecho, y que siempre estaba ah&iacute;. Pero, como una relaci&oacute;n humana m&aacute;s, puede constar de un inicio y un final, que tarde o temprano asuela como cualquier otro tipo de ruptura. En la actualidad, las diversas precariedades que invaden cada resquicio de nuestra realidad nos hacen necesitar cada vez m&aacute;s de redes de apoyo. Estas nos sujetan a veces, pero las cuerdas no siempre se mantienen tensas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Romper con una amistad duele como cualquier p&eacute;rdida. Es por eso que construir un espacio para el duelo es crucial</strong> debido a lo esencial que se convierte para superarla, y aceptar que est&aacute; bien cuando los momentos que compartimos pertenecen a personas que ya no est&aacute;n. A veces, los momentos son simplemente eso, y no se dilatan en el tiempo, pero la clave reside en saber que se trata de un proceso que es normal que ocurra.
    </p><p class="article-text">
        El duelo relacionado con la amistad carece de nombre y, como bien es sabido, aquello que no lo posee parece no existir, pero nada m&aacute;s alejado de la realidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces, la amistad posee una dimensión arrolladora emocionalmente que pudiera ser comparada con una relación romántica. No es de extrañar que la palabra amiga venga del verbo latino &#039;amare&#039;, por lo que comparte origen con la palabra amor</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Diferentes tipos de amistad</h3><p class="article-text">
        La amistad es un contexto esencial, pero sobre el que parece haber poco tipo de reflexi&oacute;n o an&aacute;lisis. &iquest;Qu&eacute; tipos de amistad se merecen un duelo? Es ah&iacute; en donde el proceso se encrudece, cuando la indeterminaci&oacute;n de una relaci&oacute;n convierte el dolor por su p&eacute;rdida en un paria que no merece atenci&oacute;n. Seg&uacute;n la psic&oacute;loga <strong>Mar&iacute;a Aguilera</strong>, especializada en trastornos ansiosos, &ldquo;la amistad se puede dar de diversa forma&rdquo;. &ldquo;Se puede decir que s&iacute;, que hay varios tipos de relaci&oacute;n de amistad, y cada una puede tener diferentes caracter&iacute;sticas, seg&uacute;n las personas que formen esa relaci&oacute;n y sus circunstancias&rdquo;, explica. Algunos tipos de amistad son: amistad de infancia, &iacute;ntima, de compa&ntilde;erismo (generado por intereses y actividades comunes), de apoyo u ocasionales. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que tener en cuenta que cada amistad es &uacute;nica, independientemente del tipo que sea. Tener amistades y sentir que perteneces a un grupo, aunque sea de dos, es una de las necesidades b&aacute;sicas del ser humano&rdquo;, dice la psic&oacute;loga. Si bien no todos los tipos de amistad precisan un duelo, una parte de nosotros se congela en cada una de las personas con las que nos relacionamos, ya que con cada quien hay facetas de nuestra individualidad que pueden ser fomentadas u ocultadas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Teresa Avenda&ntilde;o</strong>, que se dedica a la comunicaci&oacute;n de moda y tiene una presencia muy activa en redes, comparti&oacute; en ellas su duelo amistoso y comenta a este medio: &ldquo;Para m&iacute; la amistad es crear una familia fuera del n&uacute;cleo familiar convencional. Crear lazos con personas que de alguna manera eliges, pero siento que existen diferentes tipos de amistad: los amigos del trabajo o de la infancia y adolescencia, por ejemplo. Creo que es importante tener tipos de amistades, pero tambi&eacute;n es primordial saber diferenciar qu&eacute; amigos son m&aacute;s importantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El momento m&aacute;s ensordecedor llega cuando una de las amistades que percibimos como infalible en nuestra vida termina su ciclo</strong>. Es ah&iacute; en donde el duelo se hace necesario.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/CkilksFjnyJ/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/CkilksFjnyJ/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/CkilksFjnyJ/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de teresa avendaño🌻 (@fanfanfatal)</a></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><h3 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; hacer cuando lo damos todo por perdido con una amistad?</h3><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la fase del duelo m&aacute;s complicada se da con el inicio del mismo, en el que parece que la br&uacute;jula que nos orienta dej&oacute; de funcionar. Es en ese momento en el que la realidad aturrulla con la incertidumbre que provee. &ldquo;Evidentemente, el fin de una relaci&oacute;n de amistad puede ser un proceso doloroso, ya que las amistades a menudo implican v&iacute;nculos profundos y conexiones emocionales muy importantes&rdquo;, a&ntilde;ade la psic&oacute;loga Mar&iacute;a Aguilera. <strong>Su efecto puede ser comparado con cualquier otra ruptura sentimental</strong>. Aguilera a&ntilde;ade que &ldquo;si est&aacute;s en ese proceso, que puede ser comparable con una ruptura de pareja, te permitas sentir. Sentir tristeza, enojo, confusi&oacute;n es lo m&aacute;s natural. No tengas prisa en hacer que desaparezcan; perm&iacute;tete procesarlas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recomienda adem&aacute;s reflexionar sobre la amistad tom&aacute;ndose un tiempo para indagar en la raz&oacute;n de la ruptura: &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; exactamente? &iquest;Qu&eacute; se aprendi&oacute; de la experiencia? Hablar con alguien de confianza, apunta, es tambi&eacute;n reconfortante: &ldquo;Nos hace sentir que importamos y nos apoyan emocionalmente. Esto puede hacer que avancemos hacia la mejor&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;ltima recomendaci&oacute;n, com&uacute;n a los procesos de crisis o malestar emocional, pasa por cuidarse: &ldquo;Haciendo ejercicio, comiendo de manera saludable, durmiendo lo suficiente y participando en actividades que te gusten. Que haya habido una ruptura no significa que debas apartarte de todos los dem&aacute;s. En la medida que sientas que vas estando mejor, con&eacute;ctate con nuevas personas. El proceso de recuperaci&oacute;n ser&aacute; diferente para cada uno&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El fin de una relación de amistad puede ser un proceso doloroso, ya que las amistades a menudo implican vínculos profundos y conexiones emocionales muy importantes</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Aguilera</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">El duelo</h3><p class="article-text">
        Es una creencia extendida la de que el duelo forma parte de la p&eacute;rdida corp&oacute;rea. El duelo visto como una fase de la p&eacute;rdida de lo tangible, pero tambi&eacute;n forma parte esencial de la p&eacute;rdida et&eacute;rea de la amistad. Cuando est&aacute; &ldquo;relacionado con la p&eacute;rdida de una amistad puede tener similitudes con otros tipos de duelos. Existen algunas fases comunes de duelo que a menudo se experimentan en diversas situaciones de p&eacute;rdida&rdquo;, dice la psic&oacute;loga. Estas fases pueden incluir negaci&oacute;n, ira, negociaci&oacute;n, tristeza o aceptaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el duelo por una amistad es posible que haya una sensación de traición o confusión adicional, ya que las expectativas en una amistad pueden ser diferentes de las de una relación amorosa o una pérdida de un ser querido</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Aguilera</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Es importante se&ntilde;alar que no todas las personas experimentan estas fases de duelo en el mismo orden ni de la misma manera. Adem&aacute;s, el duelo por una amistad puede tener sus propias caracter&iacute;sticas distintivas debido a la naturaleza de la relaci&oacute;n. Por ejemplo, en el duelo por una amistad es posible que haya una sensaci&oacute;n de traici&oacute;n o confusi&oacute;n adicional, ya que las expectativas en una amistad pueden ser diferentes de las de una relaci&oacute;n amorosa o una p&eacute;rdida de un ser querido. Cada experiencia de duelo es &uacute;nica, y las fases de duelo pueden variar en intensidad y duraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo gestionar la p&eacute;rdida de una amistad?</h3><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de una amistad es uno de esos momentos vitales rodeados de silencio y que conocemos solo cuando suceden, por lo que su procesamiento se convierte en algo a&uacute;n m&aacute;s complicado. Esto se debe a la privaci&oacute;n de herramientas de gesti&oacute;n en torno a lo desconocido, y que hace que de forma individual nos enfrentemos a ello. Aunque dispongamos de una red de apoyo, el dolor es algo que se siente en un solo cuerpo, y el desconocimiento de su existencia influye.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Fotograma de la serie &#039;Girls&#039; (HBO)."
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            <span class="title">
                Fotograma de la serie &#039;Girls&#039; (HBO).                            </span>
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        &ldquo;Siento que la p&eacute;rdida de una amistad es como perder una extensi&oacute;n de nuestro cuerpo. Como si de repente faltara una parte de ti que cre&iacute;as imprescindible y con la que te resultaba imposible imaginarte la vida. Cuando pierdes a una amiga, tienes que levantarte un d&iacute;a cualquiera y vivir con una ausencia dif&iacute;cil de gestionar. Cada vez tengo m&aacute;s claro que no nos educan para este tipo de situaciones&rdquo;, dice a elDiario.es Teresa Avenda&ntilde;o.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/Cy06E9Ptz91/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/reel/Cy06E9Ptz91/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/reel/Cy06E9Ptz91/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Rama (@ramalauw)</a></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, hay un factor clave en la p&eacute;rdida y es la administraci&oacute;n de los recuerdos que genera dicha persona en nuestro presente. Dichos recuerdos pueden convertirse en pensamientos intrusivos generadores de una rumia lacerante, con la que convivir puede ser muy desagradable. La clave est&aacute; en administrar emocionalmente toda esa amalgama que se nos viene y, sobre todo, en dejar pasar el tiempo, para hacer de dichos recuerdos lo que son: momentos felices o desagradables sin m&aacute;s, sobre los que adquirir una percepci&oacute;n adecuada.
    </p><p class="article-text">
        Teresa Avenda&ntilde;o a&ntilde;ade: &ldquo;Creo que al principio te pasas los d&iacute;as con una tristeza que ocupa todos los espacios de tu vida: vas al trabajo y cualquier nimiedad te recuerda a tu amiga, desde el caf&eacute; que te preparas hasta una persona que ves en el metro. Es un poco dram&aacute;tico, pero realmente me result&oacute; muy complicado desprenderme de su fantasma. De hecho, estoy convencida de que no se pasa nunca. En mi caso han pasado bastantes a&ntilde;os desde que viv&iacute; algo as&iacute; y me sigo acordando de ella una vez al d&iacute;a. Al final te acostumbras a la nueva situaci&oacute;n y te das cuenta de que ya no pasa nada, las cosas tienen que seguir. Con el tiempo te convences de que tu vida es mejor as&iacute;&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pérdida de una amistad es uno de esos momentos vitales rodeados de silencio y que conocemos solo cuando suceden, por lo que su gestión se convierte en algo aún más complicado</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">&iquest;Por qu&eacute; asumimos la ruptura rom&aacute;ntica pero nos creemos inmortales en la amistad?</h3><p class="article-text">
        Es curioso c&oacute;mo se nos viene dada una pretensi&oacute;n de la amistad, un espacio en el que a veces lo rom&aacute;ntico se entremezcla con aspiraciones propias del yo y de la vida que deseamos tener. En ocasiones, los ego&iacute;smos convierten a la amistad m&aacute;s profunda en una proyecci&oacute;n de gustos, ideas y aspiraciones que acaban por someterla a imposiciones propias de los encorsetamientos dados en la pareja rom&aacute;ntica tradicional y, quiz&aacute;s por ello, se somete tambi&eacute;n a un duelo parecido.
    </p><p class="article-text">
        Siendo as&iacute;, &iquest;las amistades rotas necesitan el mismo proceso de duelo que las rupturas rom&aacute;nticas? Teresa Avenda&ntilde;o, seg&uacute;n su experiencia, cree que s&iacute;: &ldquo;Ahora estamos m&aacute;s educadas porque hay m&aacute;s movimientos que defienden esta teor&iacute;a en las redes sociales. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=4vPF7Q3YT50" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Veo a chicas hablar sobre esto</a> con normalidad y muy regularmente, como si de repente nos di&eacute;ramos cuenta de que es un problema que nos pasa a todas. Gracias a eso acabamos teniendo m&aacute;s herramientas para superar nuestro duelo, como con las relaciones rom&aacute;nticas. Aun as&iacute;, queda mucho por hablar y mucho por hacer&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A mí todavía me da vergüenza admitir que he ido a terapia varios años por romper con una amiga o que he estado años pasándolo mal con este tema. Al final, me ha dolido más la ausencia de mi amiga que la de muchas relaciones románticas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Teresa Avedaño</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De hecho, <strong>puede ser tan dif&iacute;cil y compleja una ruptura con una amistad que nuestro mundo se tambalee y necesitemos de una ayuda externa ante la incapacidad de enfrentarnos a una situaci&oacute;n desconocida</strong>. &ldquo;A m&iacute; todav&iacute;a me da verg&uuml;enza admitir que he ido a terapia varios a&ntilde;os por romper con una amiga o que he estado a&ntilde;os pas&aacute;ndolo mal con este tema. Al final, me ha dolido m&aacute;s la ausencia de mi amiga que la de muchas relaciones rom&aacute;nticas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Fotograma de &#039;Almas en pena de Inisherin&#039; (2022).                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Ninguna ruptura tiene un por qu&eacute; definido</h3><p class="article-text">
        A pesar de la ruptura, el apego se convierte en un im&aacute;n que ejerce su fuerza hacia la persona que ya no est&aacute;. Es en ese momento en el que las dudas sobre por qu&eacute; ocurri&oacute; invaden nuestra mente, escrutando una resoluci&oacute;n para desplegar las alas de ese magnetismo. Es en esa b&uacute;squeda donde quiz&aacute;s el dolor punce con m&aacute;s fuerza pero, sin embargo, hay que saber que quiz&aacute;s hay una polifon&iacute;a de respuestas o ninguna concreta. No dolernos m&aacute;s por la multitud o ausencia de las mismas puede ser el primer paso en el camino que debemos de proseguir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es un poco dif&iacute;cil definir algunos motivos porque creo que las relaciones son tan complejas que los problemas se van gestando desde el inicio&rdquo;, comenta Teresa Avenda&ntilde;o. Desde verdadera rencillas o amistades que se van deteriorando y rompiendo poco a poco, sin la necesidad de que haya un evento definido o una pelea que marque el final.
    </p><p class="article-text">
        El duelo y la amistad se interconectan en alg&uacute;n momento de nuestras vidas y normalizar la existencia del primero es tan necesario como la amistad misma. Nuestra existencia est&aacute; repleta de procesos que nos atraviesan y con ellos crecemos, es en saber aceptarlos donde reside nuestra resiliencia y capacidad de habitar momentos que vendr&aacute;n, sabiendo que soltar aquello que nunca volver&aacute; es el primer paso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina Benítez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-ruptura-amistad_1_10658911.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Nov 2023 09:12:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué nos cuesta tanto normalizar el duelo por una amistad rota?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amistad,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Duelo por nuestra mascota: por qué es importante visibilizarlo y cómo pasarlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-mascota-importante-visibilizarlo-pasarlo_1_10473389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2887ceac-9857-44f5-a7c6-14a110453b2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Duelo por nuestra mascota: por qué es importante visibilizarlo y cómo pasarlo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los animales son parte de nuestra vida y, cuando fallecen, enfrentarnos a su pérdida es un proceso doloroso que suele generar incomprensión y muchas veces no sabemos afrontar</p></div><p class="article-text">
        Muchas personas sienten un intenso v&iacute;nculo con sus mascotas. No se trata solo de un perro o de un gato, sino que se consideran como un miembro m&aacute;s de la familia que nos brinda compa&ntilde;&iacute;a, diversi&oacute;n y alegr&iacute;a, nos ayuda a superar contratiempos y nos aporta felicidad. Son nuestros compa&ntilde;eros incondicionales, en las buenas y en las malas, siempre a nuestro lado. Ni juzgan ni critican.
    </p><p class="article-text">
        Por eso perder una mascota duele. Incluso, para algunas personas esta p&eacute;rdida puede llegar a ser traum&aacute;tica. De hecho, algunas <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0162309599800014" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaciones</a> demostraron que perder una mascota puede llegar a ser tan dif&iacute;cil como perder a un miembro de la familia, como lo demuestra tambi&eacute;n una <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33881389/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revisi&oacute;n sistem&aacute;tica</a> de 17 estudios seg&uacute;n la cual los sentimientos que tenemos despu&eacute;s de perder a una mascota son casi los mismos que cuando perdemos a un ser querido.
    </p><h2 class="article-text">Visibilizar el duelo para manejar mejor el dolor&nbsp;</h2><p class="article-text">
        En muchos casos, nuestro entorno no suele reconocer la p&eacute;rdida de un animal de compa&ntilde;&iacute;a como algo importante. &ldquo;Era solo un perro&rdquo;, escuchamos muchas veces cuando hablamos de eso con alguien. Si bien es cierto, eso no hace que la p&eacute;rdida sea menos v&aacute;lida. &ldquo;Aunque hay una mayor comprensi&oacute;n y aceptaci&oacute;n de la p&eacute;rdida de una mascota, todav&iacute;a existe un estigma social que minimiza la importancia del duelo por una mascota&rdquo;, admite la psic&oacute;loga <strong>Blanca Fern&aacute;ndez Tobar</strong>, directora de <a href="https://psynthesispsicologia.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Psynthesis Psicolog&iacute;a</a>.
    </p><p class="article-text">
        Es fundamental poder estar triste y manifestarlo a la familia y los amigos de confianza: es normal sentir dolor y llorar por alguien que nos acompa&ntilde;&oacute; tanto tiempo y que consideramos como nuestro mejor amigo durante muchos a&ntilde;os. Son reacciones muy naturales a la p&eacute;rdida y no son nada de lo que tengamos que avergonzarnos. &ldquo;Tenemos que comprender, y aceptar que para muchas personas su mascota es un ser querido, es familia, por lo que el duelo suele ser igual de significativo&rdquo;, matiza Fern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        Esta incomprensi&oacute;n muchas veces nos lleva a callar nuestras emociones porque sabemos que no nos entender&aacute;n y es cuando pasamos por un duelo silencioso en el que no contamos con ning&uacute;n tipo de respaldo. Pero, debido a que los procesos de duelo son complejos, el apoyo social juega un papel determinante. De ah&iacute; que, como admite Fern&aacute;ndez, &ldquo;hablar sea una parte fundamental del proceso de duelo, ayuda a aceptar la situaci&oacute;n y a comenzar el proceso de adaptaci&oacute;n a la nueva realidad sin la mascota que perdimos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Fases del duelo, de la negaci&oacute;n a la aceptaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de una mascota puede ir acompa&ntilde;ada de varias reacciones, al igual que cuando muere una persona. En ambos casos, y seg&uacute;n la experiencia de Fern&aacute;ndez, hay similitudes en cuanto a que pueden aparecer emociones intensas como tristeza, angustia y soledad, que pueden llevar a un profundo sentido de p&eacute;rdida. De acuerdo con Fern&aacute;ndez, &ldquo;ambos tipos de p&eacute;rdida pueden involucrar un proceso de duelo similar que pueden incluir varias etapas&rdquo;. El tiempo que pasa entre cada una de ellas puede variar de una persona a otra. Saber qu&eacute; podemos esperar puede ayudarnos a sobrellevarlo.
    </p><p class="article-text">
        La primera fase suele ser la de negaci&oacute;n<strong>,</strong> un mecanismo de defensa por el cual nuestro cerebro nos dice que la p&eacute;rdida no est&aacute; ocurriendo. Nuestras antiguas rutinas se pararon de golpe y tenemos que volver a aprender sin nuestro compa&ntilde;ero. Tenemos muchas cosas que gestionar, por lo que nuestra mente intenta volver a como est&aacute;bamos antes. Pero negar la evidencia dificultar&aacute; que podamos superar el dolor a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        La siguiente fase es la de enojo, de ira, que no tiene porqu&eacute; proceder de ning&uacute;n recuerdo o hecho concreto. Es posible que tengamos algunos remordimientos y nos aferremos a los recuerdos. La ira es una salida a nuestras emociones, un modo de protegernos porque nos enfrentamos a la verdad.&nbsp;
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                Perder una mascota duele, incluso para algunas personas esta pérdida puede llegar a ser traumática                            </span>
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        Si no podemos dejar de llorar, es muy probable que nos encontremos en la fase de la depresi&oacute;n, que es cuando los sentimientos de tristeza se agudizan y cada peque&ntilde;a cosa nos recuerda a la mascota perdida. En este caso, es muy importante acudir a un profesional para que nos d&eacute; herramientas para controlar nuestros sentimientos.
    </p><p class="article-text">
        Bien gestionada, esta fase dar&aacute; paso a la siguiente, la de negociaci&oacute;n, en la que podemos llegar a fantasear con la idea de recuperar a la mascota o nos culpabilizaremos por lo que se pod&iacute;a haber hecho para impedir la muerte del animal. Esta etapa puede retrasar la recuperaci&oacute;n en lugar de avanzar a la etapa final, la de aceptaci&oacute;n, que nada tiene que ver con la felicidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llegar a aceptar la muerte significa que estamos listos para seguir adelante con nuestra vida, que no podemos hacer nada y que aceptamos que se fueron y debemos seguir adelante sin ellos. Todav&iacute;a hay pena, pero se trata de sentimientos de dolor eventuales que se terminar&aacute;n convirtiendo en aprecio y recuerdos positivos.
    </p><p class="article-text">
        Un <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/B9780128129623000150" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">peque&ntilde;o estudio de 2019</a> encontr&oacute; que la duraci&oacute;n del duelo que experimentan los due&ntilde;os de mascotas var&iacute;a: el 25% tarda entre tres meses y un a&ntilde;o; el 50%, entre un a&ntilde;o y 19 meses; y el 25%, entre dos y seis a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo superar la p&eacute;rdida de nuestra mascota</h2><p class="article-text">
        Ante la p&eacute;rdida de una mascota, no hay forma de borrar el dolor, pero podemos seguir una serie de pasos para atravesar este proceso de duelo mientras dura y no culparnos por sentir lo que sentimos. Aunque no &ldquo;hay una forma correcta de sobrellevar el duelo, lo importante es encontrar estrategias que mejor nos funcionen&rdquo;, matiza Fern&aacute;ndez, que propone estrategias como:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Hablar sobre nuestra p&eacute;rdida</strong>: esto incluye compartir nuestros sentimientos con las personas que comprendan la importancia que ten&iacute;a nuestra mascota para nosotros.</li>
                                    <li><strong>Expresar nuestras emociones</strong>: si hablar no es suficiente, podemos buscar otras formas complementarias de expresarnos como escribir un diario, dibujar o crear un &aacute;lbum de recuerdos.</li>
                                    <li><strong>Crear un espacio de despedida</strong>: cuando estemos preparados, podemos organizar una peque&ntilde;a ceremonia de despedida. Tambi&eacute;n podemos escribir una carta de despedida expresando todo lo que sentimos y todo lo que le agradecemos.</li>
                                    <li><strong>Cuidar de nosotros</strong>: es importante que descansemos los suficiente, comer bien y realizar actividades que nos aporten bienestar.</li>
                                    <li><strong>Buscar distracciones</strong>: si la tristeza nos abruma, es aconsejable buscar actividades que puedan distraernos y que nos gusten.&nbsp;</li>
                                    <li><strong>Darnos tiempo</strong>: no todo el mundo pasa el mismo proceso de duelo y cada persona necesita su tiempo; permitirnos tomarnos el que necesitamos es clave.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Si, pese a todas estas herramientas, vemos que el duelo nos afecta de forma significativa en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, &ldquo;es importante buscar ayuda profesional que nos ayude a elaborar nuestra p&eacute;rdida&rdquo;, advierte Fern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        <em>MCH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-mascota-importante-visibilizarlo-pasarlo_1_10473389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Aug 2023 09:19:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Duelo por nuestra mascota: por qué es importante visibilizarlo y cómo pasarlo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Animales,Mascotas,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Angeles en el mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-mar_129_9127084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf66fba4-f29b-45cb-bc8c-a83b6f3f09a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Angeles en el mar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y filósofo Miguel Wiñazki despide a la escritora Ángeles Salvador, su pareja, quien murió a los 50 años.</p><p class="subtitle">Así escribía Angeles Salvador - El VIP de El Cielo</p><p class="subtitle">Angeles Salvador murió a los 50 años - Un repaso por su carrera y sus libros</p></div><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me divert&iacute;a de &Aacute;ngeles era su manifiesta ineptitud para todos los deportes. &ldquo;Odio el voley&rdquo;, me dec&iacute;a. &ldquo;Odio el hockey&rdquo;... y todo as&iacute;. Sin embargo, era una certera de Racing, y yo de Independiente, pero no hab&iacute;a querellas por eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y lo que m&aacute;s me gustaba, adem&aacute;s de su belleza irrefutable, era ese sarcasmo desfachatado para escribir como una posesa, piezas siempre, pero siempre, tan melanc&oacute;licas como alegres, tan oscuras como luminosas, tan dram&aacute;ticas como absurdas, tan luctuosas como vitales&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando la llev&eacute; por &uacute;ltima vez en auto a la Favaloro respiraba como amordazada. Pens&eacute; que se mor&iacute;a ahogada en el auto. &Iacute;bamos a una velocidad inconcebible, el ox&iacute;geno se le iba, justo a ella, la autora de <em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Uno nota el papel preponderante del ox&iacute;geno cuando nada o cuando se le est&aacute; por terminar el tanque, o cuando le tapan la cara con una almohada. O cuando hace una tintura de cabello&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En la novela hay buzos bajo el agua, tanques de ox&iacute;geno y una peluquera, un perro ag&oacute;nico que se llama &Uacute;ltimo y una tragedia rid&iacute;cula y no, pero eso, menos penosa.
    </p><p class="article-text">
        Y hay mucho amor y desamor tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y el ox&iacute;geno exhibe su papel preponderante, pero a ella se le fue el ox&iacute;geno del alma, y del cuerpo, al fin y al cabo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ella me le&iacute;a en voz alta a sus preferidos, Jonathan Lethem, John Cheever, Lorrie Moore, Philiph Roth tambi&eacute;n, Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara, Tamara Tenembaum y Agustina Bazterrica.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Era una ceremonia sacra. Enfocaba sus ojos sin anteojos y se tomaba en serio, muy en serio, el talento de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y yo la o&iacute;a, sintonizando, tratando de sintonizar con sus afinidades y su amor por las palabras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le hab&iacute;a pasado el manuscrito de un libro m&iacute;o para que lo editara. Su talento editorial era inversamente proporcional a sus refutaciones deportivas. Y all&iacute; entre sus cosas qued&oacute; el manuscrito. Un d&iacute;a, paso en auto por un bar, y desde mi auto, la veo a &Aacute;ngeles, sola en el bar, tarde, de noche, leyendo ese manuscrito con una atenci&oacute;n absoluta, con una entrega al texto, que, siento seguro, el texto no merec&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo le pasaba a ella cada columna que escrib&iacute;a y ella hac&iacute;a lo mismo con las suyas, las que escrib&iacute;a para elDiarioAr.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; s&iacute; discut&iacute;amos. En realidad, yo a ella casi no la correg&iacute;a, ella a m&iacute; s&iacute;. Y con raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n escuch&aacute;bamos m&uacute;sica en mi auto. Bueno, cuando logr&aacute;bamos conectar el Bluetooth, que era casi nunca&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica la hartaba: &ldquo;Le digo bueno, vamos a mi cuarto que me cambio el vestido, pero no digas nada de la mierda pol&iacute;tica&rdquo;, escribi&oacute; en La &uacute;ltima fiesta, en uno de los tantos di&aacute;logos de sus libros y relatos, en los que el vestuario cambia, pero la tensi&oacute;n, o la lujuria, o la muerte aguardando en cualquier parte, no cambian nunca. Todo est&aacute; siempre en cada p&aacute;gina,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La &uacute;ltima fiesta</em> es una fiesta frente al mar en Punta del Este. Todo termina mal, pero literariamente todo concluye con maestr&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente al mar, &Aacute;ngeles y yo hace poco. La &uacute;ltima vez, en La Caleta, vimos un partido de tres horas frente al mar. En un equipo jugaban Messi y Mbapp&eacute;. En realidad, jugaban un chico con la camiseta de Messi y otro con la de Mbapp&eacute;. Para nosotros eran ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, desde luego eran Messi y Mbapp&eacute;, sin dudas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero en el otro equipo jugaba Neymar y ganaron los otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s del partido ella compr&oacute; churros, y yo nad&eacute; mucho, y fuimos felices.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute;a un libro en una tarde, y hasta tres en un d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me empez&oacute; a hablar de <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pez Banana</a>, pero no era de <em>Un d&iacute;a perfecto para el pez banana</em>, de lo que tambi&eacute;n me hablaba, sino de un experimento de luz y de propagaci&oacute;n de libros. Y eso era esencial para ella. Recibir libros y leer y leer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quer&iacute;a escribir m&aacute;s, mucho m&aacute;s, siempre escribir.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y quer&iacute;a todo para sus hijos, y de verdad, no quer&iacute;a nada para ella, como si su misi&oacute;n fuera solamente la de dar, porque as&iacute; era Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Proven&iacute;a de una genealog&iacute;a entreverada en la que hubo un m&uacute;sico paraguayo entre los ancestros, que parti&oacute; raudo tras dejar a su abuela encinta de su madre.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a efectivamente algo guaran&iacute; en su esp&iacute;ritu, hispano, it&aacute;lico, argento y racinguista.
    </p><p class="article-text">
        Yo le dec&iacute;a Roa Bastos; Augusta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Prefer&iacute;a no aparecer en ning&uacute;n lado. Si le hac&iacute;an una nota no la le&iacute;a. Ni siquiera comentaba que hab&iacute;a salido un art&iacute;culo sobre su obra en tal o cual lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final estaba sin estar, en coma, d&iacute;as y eternidades. Pero estaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque &Aacute;ngeles no se va jam&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero igual nos quedamos solos.
    </p><p class="article-text">
        <em>MW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Wiñazki]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-mar_129_9127084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jun 2022 20:06:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Angeles en el mar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Angeles Salvador,Duelos,Libros,Miguel Wiñazki]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los barbijos se dejan, los duelos no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mascarillas-terminan-duelos-no_129_8934587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e97bf60f-342f-46d9-97bf-5fab8df99dda_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La plaza Moyua de Bilbao este miércoles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos despedimos de la mascarilla, el símbolo tangible de la pandemia, pero eso no significa que todo lo demás no siga aquí. Las muertes, el miedo, la incertidumbre, el estrés, la ansiedad... dejan un reguero de cicatrices que atender. ¿Lo estamos haciendo?</p><p class="subtitle">Por Alexandra Kohan - Duelos</p></div><p class="article-text">
        El primer d&iacute;a sin mascarillas en interiores en Espa&ntilde;a llevo a mi hijo al cole. De camino le anuncio que desde ahora ya va a poder estar en clase sin <strong>barbijo</strong>. Lo hago con prudencia porque tengo miedo de que, una vez en la puerta, asistamos al siguiente requiebro que haga que ni&ntilde;as y ni&ntilde;os tengan esperar -otra vez- un poquito m&aacute;s. Pero no, no hay trucos ni trampas. Est&aacute; contento y le veo entrar y subir corriendo las escaleras. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l casi no recuerda cu&aacute;ndo fue el &uacute;ltimo d&iacute;a que acudi&oacute; a clase sin tapabocas, yo s&iacute;. La vida era distinta. Por eso, mientras le veo subir corriendo a clase, siento una especie de emoci&oacute;n contradictoria. Porque terminan las mascarillas y mi hijo ya podr&aacute; aprender ingl&eacute;s mirando una boca y ver&aacute; las caras de sus compa&ntilde;eros y jugar&aacute; al <em>pillao</em> en el patio sin ahogarse. Pero es imposible hacer como si nada. De las mascarillas podemos despedirnos hoy, de todos los duelos, cambios y golpes que hemos vivido en los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, no.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Salud mental es tener una buena planta de especialistas en psicología y psiquiatría en la sanidad pública, pero también es tener tiempo y espacio, ser escuchadas, no vivir bajo la eterna presión de ser funcional y ultra productivo todo el rato</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El barbijo es ese s&iacute;mbolo f&iacute;sico, tangible, de una pandemia que vino a ponerlo todo patas arriba, a sacarnos las costuras y a hacernos sufrir. Ahora se va -casi del todo- pero que no exista no significa que todo lo dem&aacute;s no siga aqu&iacute; de alguna forma. Las muertes, el miedo, la incertidumbre, el estr&eacute;s, la soledad, la ansiedad, las p&eacute;rdidas... todo eso deja un rastro, un reguero de heridas y cicatrices a las que atender.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Lo estamos haciendo?, &iquest;hemos tenido realmente tiempo, medios y cuidados para transitar los duelos y los cambios que cada cual haya vivido? <strong>Salud mental</strong> es tener una buena planta de especialistas en psicolog&iacute;a y psiquiatr&iacute;a en la sanidad p&uacute;blica, pero tambi&eacute;n es tener tiempo y espacio, ser escuchadas, no vivir bajo la eterna presi&oacute;n de ser funcional y ultra productivo todo el rato, respetar los silencios y el tiempo de cada duelo, saber que al otro lado habr&aacute; atenci&oacute;n y empat&iacute;a, darnos como sociedad la oportunidad de entender y asimilar lo que hemos vivido. 
    </p><p class="article-text">
        A veces siento que todo empuja a seguir hacia adelante casi como si nada hubiera pasado. Eso me enoja. Solo espero que despedirnos de los barbijos no sirva para echar a&uacute;n m&aacute;s tierra sobre lo vivido, a meternos prisa para que enterremos nuestras p&eacute;rdidas y nuestras propias despedidas sin darnos ni el tiempo ni las herramientas para hacerlo en condiciones. Porque habr&aacute; un d&iacute;a en que queramos subir corriendo las escaleras, pero quiz&aacute; ese d&iacute;a todav&iacute;a no es hoy, o no para todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>ARA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Requena Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mascarillas-terminan-duelos-no_129_8934587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Apr 2022 04:28:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los barbijos se dejan, los duelos no]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Duelos,barbijo,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alicia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/alicia_129_8919570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b34d01e-ea58-4976-ac50-044a3365f66b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alicia"></p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando se descubri&oacute; el hierro, los &aacute;rboles temblaron&rdquo;. Con esta oraci&oacute;n Erri de Luca empieza su &ldquo;Indagaci&oacute;n sobre un carpintero&rdquo;, el segundo cap&iacute;tulo de sus &ldquo;Pen&uacute;ltimas noticias acerca de Jes&uacute;s&rdquo;. El asunto es primario: la madera. Lo dice as&iacute;: &ldquo;Para comprender a los carpinteros hay que ir a los bosques. Quien se ha adentrado en una asamblea de &aacute;rboles, ha disfrutado de su sombra y se ha tumbado sobre sus ra&iacute;ces ha podido escuchar su c&aacute;ntico coral&rdquo;. El segundo asunto de esta indagaci&oacute;n es la figura de&nbsp;<em>Yosef</em>&nbsp;(Jos&eacute;). Jes&uacute;s crece en el taller de ese artesano, el primer padre adoptivo, un desobediente de la ley que eligi&oacute; creer (a Mar&iacute;a) y se trag&oacute; el orgullo. El carpintero ama la madera. Y antes de cortarla, como en ese haiku que citaba Octavio Paz, antes de cortar el brote de la naturaleza, el hacha vacila un instante. Leemos traducido por Paz que &ldquo;ante los crisantemos blancos las tijeras vacilan un instante&rdquo;. Esa vacilaci&oacute;n, ese sudor, esa madera que tambi&eacute;n chiva y el hacha que vacila y la educaci&oacute;n entre generaciones como una savia lenta bajo el implacable sol. &ldquo;Los &aacute;rboles no pueden huir cuando llegan los le&ntilde;adores, se quedan para acogerlos y dejarse abatir. Como ellos, tampoco &eacute;l huy&oacute;&rdquo;, completa Erri. Los evangelios est&aacute;n llenos de sol y agua, tan llenos que Jes&uacute;s termin&oacute; pis&aacute;ndola. Pero en el hilo coral de Erri, esa asamblea o bosque, nos aviene sobre un le&ntilde;ador humilde que trabaja la madera, madera que tambi&eacute;n servir&aacute; para el uso de las cruces romanas. Madera en el destino de Jes&uacute;s: &ldquo;Cuando tuvo en su carne los clavos, cuando los sinti&oacute; entrar, se encontr&oacute; por primera vez en el lugar de la madera&rdquo;. Los elementos primarios. Ese silencio que se estira dos mil a&ntilde;os. &ldquo;&iquest;Y d&oacute;nde vemos las cruces hoy?&rdquo;, pregunta en un emotivo podcast el pastor luterano Iv&aacute;n Vivas. Se formula como una pregunta sencilla que se atraganta al decirla. &ldquo;&iquest;Viste crucificados hoy?&rdquo;, podr&iacute;a seguir preguntando, y como en aquella &ldquo;primera cruz&rdquo;, que era tan com&uacute;n, porque las cruces eran el paisaje natural de un espect&aacute;culo com&uacute;n de dolor, una fiesta de dolor, esa pregunta hoy es una pregunta de hierro. Porque lo que es seguro: las cruces las hacemos. Alguien corta madera, pisa la asamblea del bosque. Los &aacute;rboles siguen sin huir. &iquest;D&oacute;nde vemos las cruces hoy?
    </p><p class="article-text">
        La puerta se cierra y te olvid&aacute;s la llave adentro. Qued&aacute;s solo en el pasillo: en la casa no hay nadie. El tel&eacute;fono tambi&eacute;n qued&oacute; adentro. Ese segundo de oscuridad. Toc&aacute;s el timbre de una vecina. La vecina es mayor. Los timbres de noche suenan siniestros. As&iacute; es un poco la muerte de alguien amado. Quedar afuera de algo tan tuyo. Perder la llave. La muerte se sobrelleva con un deseo: &iexcl;que toda la tierra quede en oscuridad! No s&oacute;lo esperamos el p&eacute;same, anhelamos tambi&eacute;n un efecto sobrenatural: <strong>el lunes muri&oacute; mi madre y llov&iacute;a</strong>. Hab&iacute;a rel&aacute;mpagos en el cielo. El clima acompa&ntilde;&oacute; entonces. Mir&aacute;s el cuerpo que empieza a estar fr&iacute;o como un texto definitivo, cerrado. Nosotros, los neur&oacute;ticos, los que autoeditamos, dejamos cosas sin decir para pulirlas despu&eacute;s, emails eternos en borradores, lo que sea, de golpe, ante la muerte <strong>vemos el libro que se cerr&oacute; con todo lo que hab&iacute;a adentro y que dej&oacute; afuera todo lo que hab&iacute;a afuera. </strong>La econom&iacute;a de fondo del duelo es tuya: lo que amarreteaste, las palabras que no estuviste dispuesto a poner en sus o&iacute;dos. La muerte en el tr&aacute;nsito de una enfermedad, en ese pr&oacute;logo, nos da una oportunidad simple: no ahorrar. Porque en cambio existen otras muertes, las de la maceta que cae sobre un distra&iacute;do, las de la bala perdida, el ACV misterioso, el del delivery al que el bondi no tuvo piedad (ni freno), y baja el tel&oacute;n, truculento, y te vas a llorar a casa sin repechaje. Morir es una ciencia maldita. Es el debate de la ejecuci&oacute;n del presupuesto. Morir nos iguala. Miguel &Aacute;ngel Broda se puede pasar la vida pidiendo el gran ajuste fiscal pero para &eacute;l tambi&eacute;n habr&aacute; ese segundo de horror y s&uacute;bita paz, de r&eacute;quiem porque morir es una grandeza, y una cuenta que no es la cuenta de la gran econom&iacute;a pero que es una cuenta y es una econom&iacute;a. Somos fr&aacute;giles. A Hitler y Stalin les cambiaron los pa&ntilde;ales, les cerraron los ojos. Estos a&ntilde;os casi nadie sali&oacute; ileso. Y me gusta recordar esa coreograf&iacute;a breve de sacarse el sombrero frente al difunto. A veces pienso que ese gesto era el objeto final por el que exist&iacute;an los sombreros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alicia                            </span>
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        El &ldquo;derecho&rdquo; a una sepultura implica mover la palanca de muchas obligaciones en las que los seres queridos acompa&ntilde;an el cuerpo, los trabajadores municipales cavan la fosa y hacen la mec&aacute;nica del dolor. Son trabajadores que llegan a las 5 de la ma&ntilde;ana desde el culo del mundo, pero te conquistan la mirada, expertos en solemnidad, y la casa de sepelios trae el caj&oacute;n en un auto negro de esos autos negros que cuando vemos pasar es como si vi&eacute;ramos pasar a todas las madres de los difuntos de la tierra, y el cura dice sus palabras y se hace lo que no se puede mentir: llorar. <strong>Tuve una madre que dio de comer. A m&iacute; y a otros. Que hizo la guerra y la perdi&oacute;, que pari&oacute;, adopt&oacute;, aup&oacute;, y quiso, con mi viejo, la igualdad en su reino del&nbsp;</strong><em><strong>aqu&iacute; y ahora</strong></em><strong>. Que dio pelea. </strong>Fue un cuerpo poderoso. Todas las guerras se libraron en ella. Todas las bellezas y las fuerzas tambi&eacute;n. Tuvo un cuchillo entre los dientes. &ldquo;De hierro, no de oro, fue la aurora. / La forjaron un puerto y un desierto, / unos cuantos se&ntilde;ores y el abierto / &aacute;mbito elemental de ayer y ahora&rdquo;, escribi&oacute; Borges. Una madre que es una guerra, una aurora, un hierro, la fundici&oacute;n de todas las cosas. <strong>Cuando mi mam&aacute; muri&oacute; sent&iacute; como si se hubiera apagado el sistema solar.</strong> Como dice Ernesto Cardenal, &ldquo;todo el cosmos est&aacute; hecho de nuestra propia carne&rdquo;. Y entonces&hellip; qued&eacute; abrazado a una piedra fr&iacute;a. Una pascua de hierro para una Alicia en el pa&iacute;s de las Alicias. Hija de una enfermera y de un trabajador municipal. <strong>Conozco ese cuerpo que ahora est&aacute; bajo tierra, lo conozco por dentro: yo tambi&eacute;n vine del misterio hasta ella y su muerte me pertenece porque ahora ella se fue al misterio.</strong> Cadena de leche blanca y leche negra. En el fondo, en el fondo, estamos hechos de ese solo sabor.
    </p><p class="article-text">
        <em>MR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/alicia_129_8919570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Apr 2022 03:04:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,Muertes,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Balanceos de fin de año]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/balanceos-ano_129_8613934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c86ca8fc-c1d2-4297-8c93-086b5e69e279_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Balanceos de fin de año"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Opinión - Duelos</p></div><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Dos a&ntilde;os que hoy se nos hacen empastados, apelmazados, ensimismados, enchastrados, plom&iacute;feros, cansados, aplastados.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Dos a&ntilde;os de pandemia que es&nbsp; la misma y que nunca es igual a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles.<strong> Dos a&ntilde;os de pandemia, esa que reforz&oacute; los hierros de la monta&ntilde;a rusa que suele ser una vida.</strong> Esos hierros de la monta&ntilde;a rusa se sintieron m&aacute;s, los hierros de la monta&ntilde;a rusa se fueron despintando, ajando, cachando; los hierros de la monta&ntilde;a rusa se fueron pronunciando y esos mecanismos que estaban destinados a que el carrito se deslizara, vertiginosa pero d&oacute;cilmente, para que el v&eacute;rtigo tuviera por fin un punto de llegada y de culminaci&oacute;n, se atascaron, se atascan, se demoraron, se demoran. Y entonces quedamos un poco suspendidos y el v&eacute;rtigo se estira, no termina. O estamos en la subida de la monta&ntilde;a rusa, a sabiendas que la bajada es inminente, pero la bajada nunca llega y entonces somos un poco &ldquo;v&iacute;ctimas de la espera&rdquo;. Esos hierros de la monta&ntilde;a rusa empezaron a sentirse un poco en la espalda, otro poco en la nuca y bastante en el alma, esa que tambi&eacute;n es parte del cuerpo, y nuestros cuerpos se afectaron y no durmieron y dolieron y se entumecieron y se fastidiaron y se desencajaron y se alteraron y se hicieron m&aacute;s extra&ntilde;os que nunca, se extra&ntilde;aron hasta el paroxismo, se nos hizo extra&ntilde;a la vida, el mundo, el cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Y en este poema de Clara Muschietti est&aacute; todo eso:
    </p><p class="article-text">
        <em>Ah, es que perd&iacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ese velo con el que ves</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el mundo en una versi&oacute;n admisible.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ah, es que es imposible asimilar</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tantos datos sobre la realidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ah, me pesa el cuerpo porque no puedo terminar de creer en lo invisible.</em>
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Dos a&ntilde;os que cambiaron el mundo y que cambiaron nuestro mundo. Y pienso en los que se murieron antes de este nuevo mundo y no quiero que no est&eacute;n ac&aacute;, hoy. Y pienso en los que se murieron en este mundo nuevo. <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/duelos_129_7938047.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Y son muchos y los duelos </a>tambi&eacute;n se atascan, aprietan. <strong>Un mundo nuevo: acaso eso es lo que uno hace cada vez que se muere alguien que queremos. Hacemos un mundo nuevo en el que alguien nos falta, un mundo nuevo en el que le hacemos lugar a la falta, </strong>en el que hacemos encajar esa falta, ese mundo agujereado ahora es nuestro mundo nuevo. Pero el trabajo es inmenso y la inmensidad es inabarcable. Porque hay que hacer ese mundo en un mundo que tampoco est&aacute; m&aacute;s. Una especie de mamushka de duelos. Y estamos cansados, muy cansados. Y estamos un poco, mucho, un poco, bastante, mucho, poco, rotos. Vir/ginia Cano dice, hablando del duelo, &ldquo;tengo el cuerpo estallado porque no hay cuerpo vivo que no est&eacute; un poco muerto, que no se haya roto y deshecho mil veces, como todos sus muertxs, como todxs sus vivxs; porque estar vivo se parece bastante a estar un poco muerto, porque lxs muertxs insisten en jam&aacute;s morirse del todo (...)&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Dos años que fueron uno y que fueron miles. Dos años que cambiaron el mundo y que cambiaron nuestro mundo. Y pienso en los que se murieron antes de este nuevo mundo y no quiero que no estén acá, hoy. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Dos a&ntilde;os en los que nos agarra miedo pero tambi&eacute;n nos sorprende la felicidad, esa que cre&iacute;amos que nos estaba vedada. Las muertes se acumulan pero tambi&eacute;n se dispersan, porque sin esa peque&ntilde;a dispersi&oacute;n no ser&iacute;a posible la vida. Y cuando lloramos ya no sabemos por qu&eacute; lloramos, pero tambi&eacute;n nos damos cuenta de que tampoco antes importaba por qu&eacute; llor&aacute;bamos. &iquest;Qu&eacute; importa el por qu&eacute;?, tampoco importa el despu&eacute;s (&ldquo;Despu&eacute;s, qu&eacute; importa del despu&eacute;s/Toda mi vida es el ayer/ que me detiene en el pasado&rdquo;). Frente a la tosquedad de la muerte, nos sostenemos de la sutileza de algunos gestos.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Como las <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/agustina-larrea/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mil lianas </a>que nos tira generosamente Agustina Larrea cada viernes, esas mil lianas son, como dice ella: &ldquo;un mont&oacute;n de cosas de las que aferrarse en medio del desconcierto&rdquo;, justamente. Tambi&eacute;n son un refugio. Los refugios en estos a&ntilde;os son peque&ntilde;os y parecen apocados frente a la estridencia de la muerte. Pero entonces tambi&eacute;n son refugios que nos cobijan m&aacute;s, aunque espor&aacute;dicos, ef&iacute;meros, movedizos, ah&iacute; est&aacute;n, funcionan. La intensidad de cada peque&ntilde;o espacio, de cada peque&ntilde;o momento en que nos sentimos un poco m&aacute;s a salvo se hace tambi&eacute;n m&aacute;s profunda, oscura y pr&iacute;stina a la vez, dulce-amarga, como el <em>Eros</em> de Carson, <em>bittersweet</em>, esa palabra que no existe en castellano pero que describe este tiempo. Porque la alternancia entre momentos amargos y dulces se desdibuja, y entonces estamos alegres y tristes, s&oacute;rdidos y triviales, felices e infelices, contentos y deprimidos, insomnes y adormecidos, tranquilos e inquietos; lloramos y re&iacute;mos, todo al mismo tiempo, desprolijo tambi&eacute;n. Todo al mismo tiempo. &iquest;Acaso hay que elegir? &iquest;Acaso no hay lugar para todo junto? Un d&iacute;a dije que estaba feliz y triste al mismo tiempo y mi amiga Florencia Angilletta dibuj&oacute; una imagen perfecta: el helado de dos gustos, como esos de Mc Donald&rsquo;s, distribuidos en cantidades iguales en el mismo contenedor en el que no se tocan.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Como las miles de veces en las que dejamos de hacernos los distra&iacute;dos y pudimos volver sobre las&nbsp; escenas que nos da&ntilde;aron e irnos, por fin, de ah&iacute;. Y entonces casi todo se puso en cuesti&oacute;n, casi todo se tension&oacute; un poco. Casi nada qued&oacute; intocado: la amistad, el amor, la familia, el trabajo, el cuerpo, el sue&ntilde;o, el analista. Todo eso fue atravesado por la zozobra. Y la pandemia viene siendo una especie de tamiz que se sacude. Y en cada movimiento queda lo que de verdad nos importa, y se cuela aquello que no importaba tanto como cre&iacute;amos. Y lloramos de nuevo, pero tambi&eacute;n re&iacute;mos, una vez m&aacute;s, otra vez.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Como las miles de veces que amamos, cojemos, escribimos, nos emborrachamos, leemos, bailamos, re&iacute;mos, dormimos, nos angustiamos, nos enamoramos, tenemos hijos, nos casamos, nos divorciamos, nos mudamos, apostamos, arriesgamos, jugamos, disfrutamos. Porque tambi&eacute;n disfrutamos. Y porque los momentos agradables quedaron impregnados del perfume de lo amable. Lo amable y lo horrible. Lo bello y lo triste. As&iacute;, todo el tiempo. &iquest;Qu&eacute; tiempo? <em>The time is out of joint. O cursed spite, That ever I was born to set it right!</em>, dice Hamlet. Pero no, no nos esforcemos por acomodarlo. El tiempo, o bien se empasta, se estira, se repite a s&iacute; mismo o bien se precipita, se acelera y todo se juega en un instante.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y fueron miles. Como las miles de veces en las que creemos que nada volver&aacute; a ser como antes. Y como las miles de veces en las que creemos que todo volver&aacute; a ser como siempre.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Como las miles de veces que lloramos pero tambi&eacute;n como las miles de carcajadas que acontecieron.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. La pandemia no es una guerra y en general no me gusta el optimismo -eso no quiere decir que me guste el pesimismo-. Pero a&uacute;n as&iacute; no puedo evitar transcribir el final de <em>La transitoriedad,</em> un texto de Freud al que volv&iacute; apenas comenz&oacute; la pandemia:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sabemos que el duelo, por doloroso que pueda ser, expira de manera espont&aacute;nea. Cuando acaba de renunciar a todo lo perdido, se ha devorado tambi&eacute;n a s&iacute; mismo, y entonces nuestra libido queda de nuevo libre para, si todav&iacute;a somos j&oacute;venes y capaces de vida, sustituirnos los objetos perdidos por otros nuevos que sean, en lo posible, tanto o m&aacute;s apreciables. Cabe esperar que con las p&eacute;rdidas de esta guerra no suceda de otro modo. Con s&oacute;lo que se supere el duelo, se probar&aacute; que nuestro alto aprecio por los bienes de la cultura no ha sufrido menoscabo por la experiencia de su fragilidad. Lo construiremos todo de nuevo, todo lo que la guerra ha destruido, y quiz&aacute; sobre un fundamento m&aacute;s s&oacute;lido y m&aacute;s duraderamente que antes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que fueron uno y que fueron miles. Como las miles de palabras que le&iacute;mos y que escribimos. Vuelvo sobre algunos subrayados de los que me acuerdo. Empec&eacute; este a&ntilde;o leyendo <em>Los Llanos</em>, de Federico Falco, y leo una pregunta que insiste: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo escribir una historia entre los escombros de una historia?&rdquo;. Hacia el final de 2021 leo <em>Se vive y se traduce</em>, de Laura Wittner, y subrayo: &ldquo;se puede seguir traduciendo mientras se llora&rdquo;. Tambi&eacute;n leo <em>Oslo</em>, de Mart&iacute;n Caama&ntilde;o: &ldquo;Pero esta noche Manuela no tiene presagios. Milton tampoco. Los dos unidos por un &uacute;nico e implacable zumbido. La m&uacute;sica del v&eacute;rtigo. Los or&aacute;culos borroneados por la prepotencia de la velocidad, que es tambi&eacute;n la fuerza del futuro. Ellos viven el futuro. No necesitan desentra&ntilde;arlo, lo miran de frente. Y, debido a su fugacidad, como es propio de su generaci&oacute;n, ni&nbsp; siquiera se hacen cargo de lo que ven. Solo siguen adelante&rdquo;. Y tambi&eacute;n leo &ldquo;Saltando en la cama el&aacute;stica&rdquo;, un poema de Fabi&aacute;n Casas, que en un momento dice: &ldquo;Pero la ecuaci&oacute;n es sencilla: deber&iacute;amos saber/ que nuestros actos son in&uacute;tiles/ y despu&eacute;s ejecutarlos como si tuvieran sentido&rdquo;. Y m&aacute;s tarde: &ldquo;Lloviznaba y la noche parec&iacute;a una bolsa de pl&aacute;stico transparente a la que alguien llenaba con su aliento. Fue hermoso: todos deber&iacute;an rendirse alguna vez&rdquo;. Y tambi&eacute;n leo a Louise Gl&uuml;ck y subrayo una porci&oacute;n de &ldquo;El pasado&rdquo;<em>: </em>&ldquo;Las cuerdas ceden. La hamaca/ se balancea en el viento, atada/ firmemente entre dos pinos./ <em>Huele el aire. Es el olor del pino blanco.</em>/ Es la voz de mi madre lo que escuchas/ o se tr<em>ata </em>tan solo del ruido de los &aacute;rboles/ cuando los roza el aire/ porque &iquest;qu&eacute; sonido har&iacute;a si rozara la nada?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        2020 y 2021. Dos a&ntilde;os que son uno y que son miles, miles de a&ntilde;os en los que nos balanceamos, como el elefante en la tela de ara&ntilde;a. Anoche, por primera vez en toda mi vida, me fui a dormir aunque hab&iacute;a una ara&ntilde;a en la habitaci&oacute;n. <em>Algo </em>se apacigua. Un rato.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me gustaron m&aacute;s las hamacas que las monta&ntilde;as rusas.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/balanceos-ano_129_8613934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Dec 2021 10:49:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Balanceos de fin de año]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Duelos,Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre el duelo, las mariposas, un pueblo y un médico que cuenta sobre el triste momento de decir “lo siento”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-mariposas-pueblo-medico-cuenta-triste-momento-decir-siento_1_8485543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ac409dd-cf7f-4017-af2b-1de2f22dfe69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre el duelo, las mariposas, un pueblo y un médico que cuenta sobre el triste momento de decir “lo siento”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El acompañamiento en los momentos finales, la relación con los familiares de los muertos, el cambio que significó el Covid-19 y cómo se recuerda a un padre muerto en la historia de la hija que armó un museo en Liebig, Entre Ríos.</p><p class="subtitle">Si te gusta seguir leyendo. - Este texto es parte del segundo número de la revista impresa que le llega gratis a las socias y socios de elDiarioAR. Si querés recibirla vos también, junto a la primera edición, podés aprovechar la promoción vigente hasta mañana. Si pagas la asociación anual, recibís los dos ejemplares y, además, apoyas este proyecto periodístico.</p></div><p class="article-text">
        El duelo alguna vez fue histri&oacute;nico, excesivo, multitudinario. A la casa del moribundo concurr&iacute;an los curiosos. Los deudos no estaban solos, a los extra&ntilde;os se les permit&iacute;a el derecho de llorar en sociedad por lo inevitable. El muerto era un pa&iacute;s, un contorno evocable, cada vez m&aacute;s grande y privativo: rodeaba y asfixiaba, se convert&iacute;a en un todo. El pasado no se olvidaba, se lloraba. El pasado era el pa&iacute;s con una &uacute;nica frontera: de un lado estaban los muertos, del otro, los vivos.
    </p><p class="article-text">
        El psiquiatra Michel Hanus en <em>La pathologie du deuil</em> dice que &ldquo;El duelo es a la vez el estado en que nos pone la p&eacute;rdida de un ser querido (estar de duelo), las costumbres que acompa&ntilde;an ese acontecimiento (llevar el luto) y el trabajo psicol&oacute;gico que tal situaci&oacute;n implica (hacer su duelo).&rdquo;&nbsp; Esta explicaci&oacute;n se asemeja a las tres fases que los m&eacute;dicos estudiamos en la universidad: La fase de impacto (seg&uacute;n Silverman) o impasibilidad (Parkes y Clayton) donde se incluye la negaci&oacute;n, el rechazo, la incapacidad de comprender lo sucedido y el automatismo: los ritos se cumplen sin que se sepa d&oacute;nde, c&oacute;mo, por qu&eacute;. La segunda fase, de depresi&oacute;n (Clayton) o repliegue (Silverman), donde los ritos terminaron y la exigencia de volver a la normalidad (trabajo, familiar, pasiones) es cada vez m&aacute;s poderosa. Y la fase final, o de recuperaci&oacute;n, en las que todas las gu&iacute;as coinciden.
    </p><p class="article-text">
        En 2019 Sonia Zelich reabri&oacute; el Museo de las Mariposas en el n&uacute;mero 149 de la calle Evans de Pueblo Liebig. Su padre, Mateo Zelich, hab&iacute;a fallecido un a&ntilde;o antes tras dedicar buena parte de su vida a aquel lugar. Encontr&eacute; la casa por casualidad: recuerdo las habitaciones fr&iacute;as aunque luminosas y los pisos de baldosas viejas que se hund&iacute;an en las esquinas. Recuerdo, tambi&eacute;n, que las paredes ten&iacute;an ese color que cambia con los a&ntilde;os, donde la pintura no se descascara pero envejece. Sonia habl&oacute; de inmediato de su padre. Era m&eacute;dico, dijo con orgullo. Antes de preguntarle cu&aacute;l hab&iacute;a sido su especialidad le dije que yo tambi&eacute;n era m&eacute;dico, aunque sin tanto de qu&eacute; enorgullecerme. Compartir profesi&oacute;n a veces nos iguala, aunque otras nos distancia de manera inevitable: &iquest;qu&eacute; puede saber un m&eacute;dico de ciudad de la pr&aacute;ctica diaria de un m&eacute;dico rural?&iquest;Qu&eacute; puede saber un coleccionista de historias de alguien que colecciona insectos? Quiz&aacute;s compartimos la misma pasi&oacute;n: la fragilidad de aquello que vemos: pacientes, mariposas. Recuerdo c&oacute;mo cambi&oacute; el tono de voz al describir la colecci&oacute;n. Ante las vitrinas, ella repet&iacute;a lo que dec&iacute;a su padre y transmit&iacute;a un saber que no era solo conocimiento, era tristeza, melancol&iacute;a. Recuerdo que algo en su voz me dec&iacute;a que su duelo no hab&iacute;a terminado. Quiz&aacute;s sea as&iacute;: nuestros duelos no terminan. Nunca. El duelo de ninguno de nosotros. A&uacute;n hoy cuando leo lo que escrib&iacute; sobre mi padre muerto no puedo dejar de llorar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El escritor ingl&eacute;s John Berger dibuja lirios en <em>Bento&rsquo;s Sketchbook </em>y dice que la flor es originaria de Babilonia. &Iacute;ntimo, aclara que debe terminar pronto ese dibujo para una mujer que muri&oacute; hace dos d&iacute;as: colocar&aacute;n la imagen en alg&uacute;n lugar de la iglesia, cerca del ata&uacute;d. &ldquo;Ma&ntilde;ana es el funeral &ndash;escribe Berger&ndash;.&nbsp; Entonces, el dibujo, enrollado y atado con una cinta, ir&aacute;, junto con las flores de verdad, sobre el ata&uacute;d, y ser&aacute; sepultado con ella. Quienes dibujamos no solo dibujamos a fin de hacer algo visible para los dem&aacute;s, sino tambi&eacute;n para acompa&ntilde;ar a algo invisible hacia su destino insondable&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los familiares atesoran las fotos y dibujos de sus muertos; nosotros olvidamos su historia clínica, borramos las imágenes mentales que tomamos durante su convalecencia. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los m&eacute;dicos debemos acompa&ntilde;ar a los pacientes hacia ese destino insondable que es la muerte, pero tambi&eacute;n debemos acompa&ntilde;ar a los que quedan. A ellos les damos consuelo, un abrazo, unas frases que por repetidas no son inadecuadas. Contenemos a la familia en el inicio de esa primera etapa de la negaci&oacute;n del duelo, pero &iquest;cu&aacute;ntas veces asistimos a un funeral? &iquest;Cu&aacute;ntas veces volvimos del cementerio con ellos? &iquest;Cu&aacute;ntas veces nos lavamos las manos para borrar el tacto del ata&uacute;d? &iquest;Cu&aacute;ntas veces nos cortamos las u&ntilde;as al ras y cambiamos de peinado? Los familiares atesoran las fotos y dibujos de sus muertos; nosotros olvidamos su historia cl&iacute;nica, borramos las im&aacute;genes mentales que tomamos durante su convalecencia. Un m&eacute;dico residente me dijo que la primera vez que vio a los deudos al salir de la habitaci&oacute;n de una mujer que acababa de morir dese&oacute; nunca m&aacute;s pasar por esa situaci&oacute;n. Otro residente me confes&oacute; que &eacute;l reza una peque&ntilde;a oraci&oacute;n despu&eacute;s de constatar el &oacute;bito. En sus voces, mi eco. En el eco, mis viejos miedos.
    </p><p class="article-text">
        John Berger en <em>A fortunate man</em> registra la vida de un m&eacute;dico rural. &ldquo;Permitimos que el m&eacute;dico acceda a nuestro cuerpo, algo que solo concedemos voluntariamente a nuestros amantes, y no sin cierto temor. Sin embargo el m&eacute;dico es un desconocido&rdquo;. &iquest;Y por qu&eacute; los pacientes nos otorgan ese privilegio? El propio Berger m&aacute;s adelante contesta la pregunta: &ldquo;Si el m&eacute;dico no nos puede curar, tambi&eacute;n le pedimos que sea testigo de nuestra muerte. Su valor como testigo radica en que ha visto morir a otros&rdquo; Ese valor tambi&eacute;n sirve para los deudos, son tantas las muertes que vimos que ellos conf&iacute;an en que sabremos c&oacute;mo actuar all&iacute; donde nadie sabe.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los pueblos, como las personas, como los rituales, tambi&eacute;n mueren. Y Liebig, el pueblo de Mateo y Sonia Zelich, en la mitad de la provincia de Entre R&iacute;os, coquetea con la muerte. La ruta de acceso al pueblo est&aacute; asfaltada, la cinta es lisa, suave, prolija, pero ah&iacute; termina el milagro de la vida: el asfalto es lo &uacute;nico que parece nuevo. Al entrar hay un club de f&uacute;tbol, un monumento que es una lata de Corned Beef, los restos de una f&aacute;brica que aliment&oacute; a todo un continente durante la Segunda Guerra Mundial y un viejo ayuntamiento. En el ayuntamiento funciona una especie de feria con entrada gratuita. En la puerta hay tarros de morrones en vinagre, paquetes de yerba y t&eacute;, botellas de aceite y otras cosas que se ofrecen a la venta. La feria es una habitaci&oacute;n colmada y es tambi&eacute;n un rejunte de nostalgias, de trastos: de olvidos. Las cosas, amontonadas, tienen carteles en letra manuscrita que anuncia qu&eacute; son. Hay un proyector del Cine Club Liebig que funcion&oacute; de 1920 a 1974 donde aparecen dos nombres: se&ntilde;ores Andr&eacute;s y Alberto Nonini. Hay m&aacute;quinas de coser. Un carro-cuna con beb&eacute; de pl&aacute;stico, tan antiguo como el cochecito, que tiene puesto un gorro rojo y unos zapatos que hacen pensar en el microrelato ap&oacute;crifo de Hemingway: <em>Vendo zapatos de bebe sin uso</em>. Hay una central telef&oacute;nica, radios, un confesionario, un farol y una mujer vieja que recuerda el esplendor de Liebig: el primer lugar de la provincia donde hubo cloacas y agua corriente. La mujer se&ntilde;ala una mesa y pregunta si ya visit&eacute; el Museo de las mariposas. Primero veo la mesa: hay fotos que hablan de la prosperidad y del carb&oacute;n que en un principio se tra&iacute;a de Europa en los mismos barcos que retiraban los productos de manufacturaci&oacute;n. &iquest;Y las mariposas? &iquest;D&oacute;nde quedan?, pregunto porque salir de la feria es escapar de la melancol&iacute;a: escapar del duelo quiz&aacute;s sea abandonar Liebig.
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                El monumento al corned beef en Liebig, Entre Ríos                            </span>
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        Hac&iacute;a unos minutos hab&iacute;a estado en su habitaci&oacute;n. Cama 122. La mujer ten&iacute;a un c&aacute;ncer de mama en un estadio terminal. Estaba l&uacute;cida, tranquila. Si bien la voz era d&eacute;bil pod&iacute;a hablar con claridad. Despu&eacute;s de contestar las preguntas m&eacute;dicas de rutina -No, no ten&iacute;a dolor. S&iacute;, intentar&iacute;a comer algo esa noche- la mujer pidi&oacute; un vaso de agua y el m&eacute;dico residente que alguna vez fui se lo dio. El residente sali&oacute;, habl&oacute; con los familiares, respondi&oacute; las preguntas habituales: No, no pod&iacute;a decir cu&aacute;ndo. S&iacute;, lo importante era evitar que sufriera. A los pocos minutos la enfermera le pidi&oacute; que regresara a la habitaci&oacute;n 122. La mujer hab&iacute;a muerto. Una de las cosas que le pareci&oacute; extra&ntilde;a al entrar fue el cambio: c&oacute;mo lo que hab&iacute;a estado vivo, hablando, hac&iacute;a pocos minutos ya no estaba. C&oacute;mo se produc&iacute;a esa ausencia. A d&oacute;nde iba esa luz detr&aacute;s del cuerpo, esa energ&iacute;a vital concentrada en la circulaci&oacute;n, en la sangre. Lo segundo que sinti&oacute; fue que no quer&iacute;a enfrentar la angustia que lo esperaba afuera. Escuchaba el murmullo y la ansiedad de la familia que hab&iacute;a viajado desde el exterior para despedirse: escuchaba un llanto, un rezo. Estir&oacute; la mano, baj&oacute; el picaporte. El m&eacute;dico residente sali&oacute; al pasillo. Trat&oacute; de disimular la incomodidad, el impacto del sufrimiento ajeno, la tristeza que en cada palabra se hac&iacute;a propia. Por eso habl&oacute; y habl&oacute;. No recordaba nada de lo que hab&iacute;a estudiado en la Universidad ni las recomendaciones de sus residentes superiores, pero hablaba. Fren&eacute;tico. Casi sin respirar. Miraba los ojos de los familiares, miraba el n&uacute;mero 122 en la puerta. Y hablaba. Con los a&ntilde;os aprender&iacute;a que a veces ni siquiera se necesitan oraciones complejas. A veces alcanza una mirada, un abrazo, dos palabras, un simple &ldquo;Lo siento&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En 2019 Sonia Zelich reabrió el Museo de las Mariposas en el número 149 de la calle Evans de Pueblo Liebig. Su padre, Mateo Zelich, había fallecido un año antes tras dedicar buena parte de su vida a aquel lugar."
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                En 2019 Sonia Zelich reabrió el Museo de las Mariposas en el número 149 de la calle Evans de Pueblo Liebig. Su padre, Mateo Zelich, había fallecido un año antes tras dedicar buena parte de su vida a aquel lugar.                            </span>
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        Al salir del ayuntamiento de Liebig bajo hasta el r&iacute;o por una calle lateral donde un hombre, descalzo en pleno invierno, hace un pozo al costado de la calle, casi en la cuneta. Vendo eucaliptos al mismo precio que sale comprar un kilo de pan, me ofrece. Me se&ntilde;ala un muelle, dice que sirvi&oacute; en su &eacute;poca para bajar los botes pero que ya no se puede caminar sobre las tablas ni los tirantes que llegan hasta el r&iacute;o. A un costado se&ntilde;ala las ramas de un &aacute;rbol que la &uacute;ltima crecida arranc&oacute; de ra&iacute;z. Si se da ma&ntilde;a, baje por ah&iacute;, me sugiere. Le agradezco, pero no. Le pregunto c&oacute;mo llegar al museo de las mariposas: al volver, hay una calle larga: ah&iacute; est&aacute; la casa del viejo Zelich.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mateo Zelich fue un m&eacute;dico rural que ejerci&oacute; en Pronunciamiento, seg&uacute;n cuenta su hija Sonia, y que sufri&oacute; una dolencia demasiado larga que ella no especifica, y una muerte demorada, aunque digna. Desde sus 3 a&ntilde;os coleccion&oacute; mariposas y caracoles de todo el mundo. El m&eacute;todo: intercambio por correo. No tra&iacute;a ejemplares de viajes, todo lo hac&iacute;a por correspondencia. Sonia recuerda c&oacute;mo criaban mariposas para intercambiarlas por ejemplares de otras partes del continente y de Asia, de donde proven&iacute;an en su mayor&iacute;a. Mateo Zelich tambi&eacute;n acumul&oacute; f&oacute;siles, escarabajos, mantis, fragmentos de papiros egipcios, huevos de dinosaurios y hasta una roca lunar; y tambi&eacute;n le quitaba la ponzo&ntilde;a a las yarar&aacute;s y la enviaba para al Instituto Malbr&aacute;n para que hicieran el suero antiof&iacute;dico. Mateo escribi&oacute; durante a&ntilde;os una columna en el diario El observador, Bicher&iacute;o, donde relataba sus vivencias: una vuelta se le complic&oacute; para extraer el veneno de una de las v&iacute;boras &ndash;la desarticulaci&oacute;n propia de las mand&iacute;bulas de la yarar&aacute; le da la posibilidad de rozar la piel del captor hasta el &uacute;ltimo instante&ndash; y su esposa le dio un ultim&aacute;tum: el veneno o la familia. Desde entonces al Malbr&aacute;n llegaron las serpientes vivas. Zelich ya no les sac&oacute; el veneno.
    </p><p class="article-text">
        En el duelo est&aacute; el recuerdo. Las mariposas son la metamorfosis: as&iacute; como se pasa de larva a oruga, as&iacute; se sale del duelo. Con los a&ntilde;os se anularon ciertos ritos &ndash;la ropa no es negra, el luto es breve&ndash;, y con la pandemia lleg&oacute; una imposibilidad f&iacute;sica para las familias: no ver al moribundo, no acompa&ntilde;arlo. Hace poco fue noticia en una reserva al norte de Bogot&aacute;, Colombia: familiares de muertos por Covid-19 recibieron las cenizas y decidieron plantar &aacute;rboles, quieren crear un peque&ntilde;o bosque y recuperar el contacto f&iacute;sico de los que perdieron. Antes, cuando era residente, sufr&iacute;a al salir al pasillo y decirle a la familia que el paciente muri&oacute;. Ahora los residentes salen de las habitaciones y no hay nadie. Descartan la ropa que los separa del virus, se lavan las manos y llaman a los familiares por tel&eacute;fono. Dan buenas noticias, en el mejor de los casos. Y otras veces, un p&eacute;same, quiz&aacute; torpe, quiz&aacute; el mejor que se pueda en esos momentos como antes, pero lejos, a&uacute;n m&aacute;s lejos, a trav&eacute;s de una llamada encendida sobre una pantalla negra.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Chilano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/duelo-mariposas-pueblo-medico-cuenta-triste-momento-decir-siento_1_8485543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Nov 2021 03:22:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre el duelo, las mariposas, un pueblo y un médico que cuenta sobre el triste momento de decir “lo siento”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Duelos,Covid-19,Medicina,Entre Ríos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las voces y el duelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voces-duelo_129_8441017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2403ce99-61a4-4f89-baf3-8882791fdf68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las voces y el duelo"></p><p class="article-text">
        En el poema III de <em>Trilce</em>, el que m&aacute;s me gusta de Vallejo y el que de manera c&iacute;clica olvido y vuelvo a recordar, la voz de un ni&ntilde;o-adulto invoca a sus hermanos en un tiempo de infancia que se mezcla con el presente. El desamparo es total:
    </p><p class="article-text">
        Las personas mayores
    </p><p class="article-text">
        &iquest;a qu&eacute; hora volver&aacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Da las seis el ciego Santiago,
    </p><p class="article-text">
        y ya est&aacute; muy oscuro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Madre dijo que no demorar&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aguedita, Nativa, Miguel,
    </p><p class="article-text">
        cuidado con ir por ah&iacute;, por donde
    </p><p class="article-text">
        acaban de pasar gangueando sus memorias
    </p><p class="article-text">
        dobladoras penas,
    </p><p class="article-text">
        hacia el silencioso corral, y por donde
    </p><p class="article-text">
        las gallinas que se est&aacute;n acostando todav&iacute;a,
    </p><p class="article-text">
        se han espantado tanto.
    </p><p class="article-text">
        Mejor estemos aqu&iacute; no m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Madre dijo que no demorar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Los muertos, seg&uacute;n la fil&oacute;sofa belga Vinciane Despret, son m&aacute;quinas de generar relatos. Poemas, pel&iacute;culas, novelas, memorias. Los muertos piden, reclaman; a veces, incluso, aparecen. Hay gente que los ve. Se expresan tambi&eacute;n en sue&ntilde;os e irrumpen en el cuerpo de maneras impensadas. Est&aacute;n en los peque&ntilde;os rituales cotidianos o permanecen enmudecidos, por obra de la pena inmensa de quienes quedamos ac&aacute;. &iquest;Qu&eacute; hacemos nosotros, los que sobrevivimos, con los muertos? Es una gran pregunta para todos los que perdimos a alguien.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La respuesta m&aacute;s obvia, desde el siglo XIX hasta ac&aacute;, es que debemos hacer el <em>trabajo del duelo</em>. Es casi una prescripci&oacute;n, escribe Despret en <em>A la salud de los muertos </em>(Editorial Cactus, 2021). En la cultura moderna, los muertos parecen existir solo para ser olvidados. Los vivos tenemos que deslindarnos de ellos y seguir con lo nuestro; olvidarlos un poco, despegarnos de ese objeto y su oscuridad y encontrar razones nuevas para vivir. Pero tambi&eacute;n puede suceder que estos muertos, desprovistos de cualquier cuidado, se desvanezcan en la nada y por fin mueran completamente, porque se les ha negado existencia. Una existencia, claro est&aacute;, que no tiene nada que ver con el hecho de que ya no caminen junto a nosotros en la Tierra.&nbsp;	
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me despert&eacute; y me di cuenta de que ya no recordaba la voz de mi hermana Manuela, que muri&oacute; en un accidente dom&eacute;stico cuando ten&iacute;a seis a&ntilde;os. Podr&iacute;a haber recurrido a alg&uacute;n documento para recuperarla: seguramente hay videotapes de cumplea&ntilde;os infantiles adonde ir a consolarme. <strong>Su voz desapareci&oacute;, y el proceso de desintegraci&oacute;n fue tan paulatino que no pude hacer nada para detenerlo. Una muerta se me hab&iacute;a escurrido entre las manos</strong>. Se hab&iacute;a borrado del lenguaje familiar tambi&eacute;n, y su memoria estaba en peligro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi hermana fue siempre la cicatriz que horad&oacute; mi vida. Su figura estaba bastante desdibujada en mi cabeza: esa herida en m&iacute; era su &uacute;nica forma de existencia. Pero hac&iacute;a tiempo que mi muerta me reclamaba algo m&aacute;s &mdash;un acto&mdash;, cosa que reci&eacute;n entend&iacute; cuando termin&eacute; de escribir <em>Parte de la felicidad</em>. Mi hermana me pidi&oacute; que la alojara, que le diera lugar y palabra, que reanudara nuestra conversaci&oacute;n, que qued&oacute; trunca el 20 de septiembre de 1992. Escrib&iacute; este libro en una especie de trance, dialogando con ella y llorando por cada letra que tipeaba en mi computadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de todo, somos los deudos los que ayudamos a nuestros muertos a convertirse en lo que son. Dice Despret: &ldquo;Si no los cuidamos, los muertos mueren totalmente. (&hellip;) La tarea de ofrecerles un &laquo;plus&raquo; de existencia nos corresponde. Este &laquo;plus&raquo; se entiende, ciertamente, en el sentido de un suplemento biogr&aacute;fico, de una prolongaci&oacute;n de presencia, pero sobre todo en el sentido de otra existencia. (&hellip;) Los muertos piden que los ayudemos a acompa&ntilde;arnos; hay actos que realizar, respuestas que dar a ese pedido. Responder no solo consuma la existencia del muerto, sino que lo autoriza a modificar la vida de quienes responden&rdquo;. <strong>La escritura de </strong><em><strong>Parte de la felicidad</strong></em><strong> fue un acto para mi hermana, un acto que yo entiendo como curaci&oacute;n,</strong> pero en el sentido etimol&oacute;gico de la palabra <em>cura</em>: cuidado, preocupaci&oacute;n amorosa, af&aacute;n, obra, trabajo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La escritura de &quot;Parte de la felicidad&quot; fue un acto para mi hermana, un acto que yo entiendo como curación, pero en el sentido etimológico de la palabra cura: cuidado, preocupación amorosa, afán, obra, trabajo.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con este cuidado recuperamos su existencia. Los muertos existen como existen los &aacute;rboles, las ciudades y el amor, aunque ya no est&eacute;n ac&aacute;. Existen porque les hacemos lugar, les preguntamos qu&eacute; necesitan, los reclamamos para nosotros.<strong> </strong>Podemos hablar con ellos. Empiezan a tener efecto en nuestra vida.
    </p><p class="article-text">
        	Ya no tengamos pena. Vamos viendo
    </p><p class="article-text">
        los barcos &iexcl;el m&iacute;o es m&aacute;s bonito de todos!
    </p><p class="article-text">
        con los cuales jugamos todo el santo d&iacute;a,
    </p><p class="article-text">
        sin pelearnos, como debe de ser:
    </p><p class="article-text">
        han quedado en el pozo de agua, listos,
    </p><p class="article-text">
        fletados de dulces para ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        	Aguardemos as&iacute;, obedientes y sin m&aacute;s
    </p><p class="article-text">
        remedio, la vuelta, el desagravio
    </p><p class="article-text">
        de los mayores siempre delanteros
    </p><p class="article-text">
        dej&aacute;ndonos en casa a los peque&ntilde;os,
    </p><p class="article-text">
        como si tambi&eacute;n nosotros
    </p><p class="article-text">
        	no pudi&eacute;semos partir. &nbsp; &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Aguedita, Nativa, Miguel?
    </p><p class="article-text">
        Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        No me vayan a haber dejado solo,
    </p><p class="article-text">
        y el &uacute;nico recluso sea yo.
    </p><p class="article-text">
        Pienso que tal vez en el poema de Vallejo siempre estuvo la clave, aunque yo reci&eacute;n me di cuenta de esto treinta a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Hacia el final, la invocaci&oacute;n infantil se convierte de manera sutil en un llamado hu&eacute;rfano desde la adultez, en un cierre de cuentas que recupera a sus hermanos para s&iacute;, les da existencia. Nada de esto es sin angustia: somos los &uacute;ltimos reclusos, los que no pudimos &mdash;o no quisimos&mdash; partir.
    </p><p class="article-text">
        <em>DG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voces-duelo_129_8441017.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Oct 2021 04:21:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las voces y el duelo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Duelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Subrayados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/subrayados_129_8241247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a393b9b-9598-49fe-b895-f3ee72eab2e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Subrayados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué hace que un texto constituya una lengua viva?, se pregunta Alexandra Kohan. Que se lo pueda seguir leyendo, que se lo pueda seguir subrayando, empieza a responder y así habla de Hamlet, de los duelos, del deseo, de Lacan, de las lecturas y recuerda a su profesor, Osvaldo Umérez.</p><p class="subtitle">Por Alexandra Kohan. - Duelos.</p></div><p class="article-text">
        <em>                                                                                                                                                                            Para Osvaldo Um&eacute;rez, in memoriam</em>
    </p><p class="article-text">
        Una obra lo es tambi&eacute;n por los subrayados. Los de otros y tambi&eacute;n los propios y tambi&eacute;n lo que subrayamos en lo que otros subrayaron. Una especie de Mamushka de resaltados, un palimpsesto que no cesa. El texto se hace en y con los subrayados; en definitiva, como dice <strong>Juan Ritvo</strong>, &ldquo;un texto por venir es el &uacute;nico texto de que disponemos&rdquo;. No hablo s&oacute;lo del g&eacute;nero &ldquo;comentario&rdquo; o de los an&aacute;lisis, hablo de subrayados. Los lugares en los que alguien se detiene por <em>algo</em>: una palabra, una idea, una resonancia; esa porci&oacute;n que se decide anotar, escribir al margen, sacar del total del texto o, en rigor, para hacer del texto algo que se resista a la totalidad. Ah&iacute; leer implica un gesto que produce, como se&ntilde;ala Ritvo, un &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de la totalidad, es la singularidad que se impone m&aacute;s all&aacute; de la totalidad. [...] Supone un objeto que se ha excluido de la totalidad, pero a la vez queda excluido de la totalidad el que lee&rdquo;. Ni interpretar ni analizar, leer. Y en esa lectura se produce un efecto: el lector. Ni el texto ni el lector pueden ser dados, siempre son un efecto de la lectura, de esos subrayados. Detenerse en esos subrayados permite que un texto no se cierre sobre s&iacute; mismo, que no rechace nuevas lecturas. Acaso ah&iacute; radique la diferencia entre los distintos modos de leer. &iquest;Qu&eacute; hace que un texto constituya una lengua viva? Que se lo pueda seguir leyendo, que se lo pueda seguir subrayando. Que no se coagule en un dogma. Sobre todo cuando se trata de textos tan le&iacute;dos, comentados y analizados como Haml<em>et,</em> de William Shakespeare.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Las lecturas hacen de un texto algo vivo en la medida en que no pretendan ser una hermeneusis. Nicol&aacute;s Rosa dice que para enfrentar esas lecturas hermen&eacute;uticas, &ldquo;podemos postular una lectura de las ruinas textuales operando sobre la desaparici&oacute;n, fragmentaci&oacute;n y parcelamiento para luego intentar reconstruirlos, lo que Freud llamaba construcci&oacute;n- reconstrucci&oacute;n dando pie para una nueva lectura arqueol&oacute;gica donde el Sujeto- lector contribu&iacute;a a la reconstrucci&oacute;n de los restos&rdquo;. No se trata del sentido &uacute;ltimo del texto. Quiz&aacute;s la pregunta no sea, como sugiere Jacques Lacan, &iquest;qu&eacute; quiere decir eso?, sino &iquest;qu&eacute; es lo que al decir, es<em>o </em>quiere?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        R<em>uinas textuales, restos.</em> El subrayado es m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Alguna vez Lacan defini&oacute; la literatura como la acomodaci&oacute;n de restos.</strong> Y entonces pienso en <em>Hamlet</em>, no s&oacute;lo en el texto mismo, en su literatura, sino en aquello de lo que se trata a la vez que aquello que trata, <em>eso</em> que queda tratado en la obra. El tratamiento de la cosa. Quiz&aacute;s tambi&eacute;n se trate de eso: de c&oacute;mo se acomodan los restos, como en un duelo. Esos restos que insisten, que vuelven intocados, que se repiten y se precipitan ineluctables. Esos restos que no descansan. Es que s&iacute;, &ldquo;los restos&rdquo;, dice Eduardo Rinesi, &ldquo;con todos los valores que contiene esa palabra, son un tema fundamental en <em>Hamlet</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando leemos <em>Hamlet</em>, asistimos a una coreograf&iacute;a de la imposibilidad en lo que a los duelos se refiere, los restos se resisten a ser acomodados. Ya en el comienzo leemos a Claudio decir que el recuerdo de su hermano est&aacute; todav&iacute;a fresco -&iexcl;como el cad&aacute;ver!- pero que aunque haya que mantener el luto en el coraz&oacute;n y en el reino, tambi&eacute;n hay que seguir ocup&aacute;ndose de s&iacute; mismos. Que se puede seguir con &ldquo;un ojo esperanzado y el otro sin consuelo/con alegr&iacute;a en el funeral y lamentos en la boda&rdquo; (las citas corresponden a la traducci&oacute;n de Eduardo Rinesi). Claudio y Gertrudis est&aacute;n juntos, se van a casar, Hamlet no disimula su desagrado ante la rapidez de ese casamiento y esa rapidez, ese pasar de uno a otro, va a quedar plasmada as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        Econom&iacute;a, Horacio, econom&iacute;a. Los manjares cocidos&nbsp;
    </p><p class="article-text">
                                                       	[para el funeral&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sirvieron como fiambres en las mesas de la boda.
    </p><p class="article-text">
        (La palabra <em>fiambre</em> en esa traducci&oacute;n lo hace todav&iacute;a m&aacute;s impresionante).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa coreograf&iacute;a de duelos imposibilitados pasa entonces por varios lados a lo largo de la obra: el Rey asesinado que vuelve como espectro y que no logra descansar en paz, Gertrudis que pasa de un marido al otro sin temor y sin temblor, Polonio y su &ldquo;furtivo funeral&rdquo;, como dice Laertes, Ofelia enterrada casi sin ceremonia. Los ritos, dice Lacan, han sido abreviados y clandestinos. Esas muertes, esos duelos impedidos, terminan por desacompasar, descuajeringar, desencajarlo todo. <em>Time is out of joint </em>es tambi&eacute;n la cifra de esa especie de zafarrancho. Un zafarrancho que desorienta a varios, pero sobre todo a Hamlet. Hamlet no encuentra las coordenadas para orientarse en lo que al deseo se refiere. No hay agujero en donde refugiarse porque todos se desviven por taparlos. &#8203;Esas muertes no logran agujerear el macizo estado de cosas, pretendidamente impenetrable, en el que todos saben demasiado y en el que nadie est&aacute; dispuesto a perder nada. Y entonces Hamlet ensaya hasta la desesperaci&oacute;n alg&uacute;n movimiento que pueda al menos rasgar alguna tela.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entr&eacute; a la c&aacute;tedra de Osvaldo Um&eacute;rez en 1998, <em>Hamlet </em>formaba parte del programa de la materia. <strong>Formarse en psicoan&aacute;lisis nunca es sin las marcas subjetivas de aquel que nos ense&ntilde;a, sobre todo cuando el que nos ense&ntilde;a no est&aacute; en el lugar del pedagogo, ni del que sabe. </strong>Osvaldo Um&eacute;rez era un apasionado del psicoan&aacute;lisis y tanto <em>Hamlet</em>, como la lectura que Lacan hace de la tragedia, le encantaban. Fue as&iacute; que yo tambi&eacute;n aprend&iacute; a deleitarme con el texto de Shakespeare. <em>Hamlet </em>es la tragedia del deseo, no un tratado filos&oacute;fico, y as&iacute; aprendimos a leerla con &eacute;l. Y mientras daba clase sobre <em>Hamlet,</em> Um&eacute;rez tambi&eacute;n hac&iacute;a menci&oacute;n a las relaciones amorosas, al lugar que la mujer ocupa para un hombre, a c&oacute;mo se anudan y se desanudan los <em>partenaires</em>, al deseo y sus rodeos. Sus clases eran de antolog&iacute;a. Desbordaban de estudiantes sentados en el piso escuch&aacute;ndolo. Muchos ya hab&iacute;an cursado la materia, pero volv&iacute;an como oyentes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hamlet es la tragedia del deseo, no un tratado filosófico, y así aprendimos a leerla con él.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El 20 de julio de 2008 Osvaldo Um&eacute;rez muere en un accidente de auto. Muchos de mis compa&ntilde;eros y yo seguimos en la c&aacute;tedra. Me gusta contarles a los estudiantes, en cada cuatrimestre que empieza, que entr&eacute; a esa c&aacute;tedra cuando Osvaldo Um&eacute;rez era su titular. <strong>Quiz&aacute;s sea una excusa para seguir pronunciando en voz alta su nombre.</strong> Siempre nos quedar&aacute; <em>Hamlet</em>, pensaba. Pero este a&ntilde;o un nuevo adjunto se hizo cargo de la c&aacute;tedra y sac&oacute; <em>Hamlet</em> del programa. Me entristec&iacute; mucho. Para m&iacute;, <em>Hamlet</em> era lo que a&uacute;n persist&iacute;a de Um&eacute;rez en la transmisi&oacute;n del psicoan&aacute;lisis en esa c&aacute;tedra, era su perfume, ese que nos dejaba impregnado cuando nos saludaba. <em><strong>Hamlet </strong></em><strong>no est&aacute; m&aacute;s en el programa y entonces volv&iacute; a experimentar la p&eacute;rdida. </strong>Una vez m&aacute;s, otra vez. O quiz&aacute;s todav&iacute;a la est&eacute; construyendo, como dice Ritvo: &ldquo;la p&eacute;rdida no es un dato, porque hay que construirla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>The time is out of joint.</em> Me gusta mucho esa frase. Es una de mis preferidas de todo <em>Hamlet.</em> Y por eso me gusta mucho lo que hace Eduardo Rinesi en <em>Actores y soldados. Cinco ensayos hamletianos</em> (UGNS), un trabajo minucioso, sutil en el que la va destejiendo, va desmenuzando la frase. Lo que Rinesi subraya, entre otras cosas, es que <em>The time is out of joint, </em>de Hamlet, es el <em>Something is rotten in the state of Denmark</em>, de Marcelo. &ldquo;Lo que est&aacute; podrido en Dinamarca es el lenguaje. Las palabras y los eslabonamientos de palabras que conforman los discursos que propone el poder pol&iacute;tico estatal para explicar lo que ha pasado, las razones de la muerte del antiguo rey y de la legitimidad del que sigui&oacute;, y que nadie, como descubrimos a poco de andar, cree demasiado que digamos&rdquo;. Se dice cualquier cosa, nadie se entiende, no hay un relato que logre acallar el cuchicheo del populacho. Subrayo lo siguiente: &ldquo;los juegos de palabras, los dobles sentidos, las ambivalencias y las polivalencias, las palabras que se dicen con un significado y que son entendidas (...) con otro, no son una demostraci&oacute;n m&aacute;s o menos pintoresca del genio literario de Shakespeare, no son un decorado de la acci&oacute;n que se desarrolla a lo largo de la pieza, sino que son, en realidad el verdadero tema de la pieza. <em>Hamlet</em> es una pieza sobre el lenguaje y sobre su desquicio&rdquo;. Los cuerpos y el lenguaje desquiciados. Un an&aacute;lisis tambi&eacute;n hace con <em>eso</em>.
    </p><p class="article-text">
        Una vez en una conversaci&oacute;n como cualquier otra, Osvaldo Um&eacute;rez desliz&oacute;, sin estridencias, que el deseo de mi pap&aacute; -que era casi un ingeniero en sonido y fabricaba equipos de audio- ten&iacute;a mucho que ver con mi elecci&oacute;n por la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis. Qued&eacute; at&oacute;nita. Nunca lo hab&iacute;a pensado antes. Fue muy lindo saber, a partir de ese momento, gracias a &eacute;l, que llevo la marca de ese deseo en lo que hago. Fue un hallazgo. Cuando le&iacute; en Jean Allouch que la transmisi&oacute;n se produce por fuera de lo familiar pens&eacute; en eso, en esos padres que hacen que algo de su deseo <em>pase</em> en la medida en que no est&aacute;n aleccionando en el lugar de Padres, esos que creen que saben lo que es bueno para sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando era adolescente escuchaba un grupo de m&uacute;sica que se llamaba <em>This Mortal Coil</em>. Me gustaba much&iacute;simo ese grupo. Nunca me pregunt&eacute; qu&eacute; quer&iacute;a decir ese nombre, tampoco busqu&eacute; nunca su significado. Me bastaba experimentar lo que me produc&iacute;an esa m&uacute;sica, esas letras y esas voces: una tristeza amable, una alegr&iacute;a moderada, una peque&ntilde;a sensaci&oacute;n en el pecho, una especie de nostalgia agazapada, una melancol&iacute;a en estado de inminencia. Cuando llegu&eacute; a la lectura que hace Lacan de <em>Hamlet</em> -por primera vez en la c&aacute;tedra-, me encontr&eacute; con que es una expresi&oacute;n de Hamlet<em> </em>y que, adem&aacute;s, Lacan se detiene en ella: <em>This mortal coil</em>. Me acuerdo de la sorpresa, la emoci&oacute;n, la conmoci&oacute;n de leer en el texto esas tres palabras que para m&iacute; significaban tanto: <em>this mortal coil. </em>Me pas&oacute; algo que puede que sea exagerado, esa clase de exageraci&oacute;n de la que habla Alan Pauls, &ldquo;un trance de lectura sublime&rdquo;. Y es que fue un instante en el que todos los fragmentos de un mundo se acomodaron, fue un instante en el que toda la dispersi&oacute;n que implica vivir se reuni&oacute; en un solo sintagma, fue un instante que hizo que el deseo quedara situado. Quiz&aacute;s sea ef&iacute;mero, s&iacute;. Pero eso <em>pas&oacute;</em> y sigue pasando.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Y es que fue un instante en el que todos los fragmentos de un mundo se acomodaron, fue un instante en el que toda la dispersión que implica vivir se reunió en un solo sintagma, fue un instante que hizo que el deseo quedara situado. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La literatura acomoda los restos desquiciados de una vida, esos &ldquo;restos de mundos que se han ido sucediendo y que no por ser incompatibles dejan de hacer buenas migas, demasiado, en el interior de cada uno de nosotros&rdquo;, como dice Lacan. &ldquo;Partir de los restos desperdigados. Producir lo existente como resto&rdquo;, subrayo apenas empieza <em>Quipu</em>, de Mar&iacute;a P&iacute;a L&oacute;pez. Un poco m&aacute;s adelante subrayo: &ldquo;Vivir: romperse. &iquest;Qu&eacute; vida no est&aacute; rota? Aprender a re&iacute;r mientras se rompe (...) Vivir es romperse. En el amor, en el deseo, en el esfuerzo, en el lloro, en la envidia, en los celos, en la p&eacute;rdida y en la victoria&rdquo;. Se trata otra vez, una vez m&aacute;s, de hacer con esos restos, con esos trozos de vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es a partir de Hamlet que Lacan precisa que, para que alguien nos haga falta, antes tuvimos que haber sido para ese alguien la causa de su deseo. No hay deseo sin duelo, no hay deseo sin agujero</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es a partir de <em>Hamlet</em> que Lacan precisa que, para que alguien nos haga falta, antes tuvimos que haber sido para ese alguien la causa de su deseo. No hay deseo sin duelo, no hay deseo sin agujero. Allouch lo dice as&iacute;: &ldquo;el duelo no es solamente perder a alguien (...), es perder a alguien perdiendo un trozo de s&iacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n con ese trozo de s&iacute; que se pierde, que agujerea, se escribe un texto hecho de subrayados, de restos, de trazos en los rodeos de un mapa del deseo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/subrayados_129_8241247.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Aug 2021 10:12:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Subrayados]]></media:title>
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