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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Undine]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/undine/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Undine]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una chica con onda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-onda_129_8358906.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2fcd703f-1d1c-4a41-8f9c-833f9ec831ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una chica con onda"></p><p class="article-text">
        En algunos momentos de desintegraci&oacute;n de la cultura popular, tenemos que recurrir al mito para ordenar el mundo. Christian Petzold es un director que forma parte de la nueva escuela de cine alem&aacute;n. Su pa&iacute;s la rompi&oacute; en una de las &uacute;ltimas grandes tragedias de nuestra civilizaci&oacute;n. Bastar&iacute;a imaginarse qu&eacute; hubiera escrito Hitler de haber tenido Twitter. Esa grietas que dej&oacute; la guerra -la culpa, el desarraigo, los fantasmas, la delaci&oacute;n y el coraje- atraviesan buena parte de sus pel&iacute;culas. Si el cine norteamericano -a grandes rasgos- se caracteriza por vindicar los cabezas de termos al estilo Forrest Gump y el franc&eacute;s a sofisticar&nbsp;ciertas historias hasta que parezcan <em>cool</em>, el alem&aacute;n -como su pa&iacute;s- parece&nbsp; estar en una constante restructuraci&oacute;n, es un cine que por debajo de su frialdad y melancol&iacute;a, sigue teniendo inyectada la potencia del romanticismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fin de semana pasado fui a ver <em>Undine</em>, de Petzold, en el cine Lorca. Para m&iacute; fue todo un acontecimiento. A mi lado, butacas libres por el Covid, y nadie comiendo y tomando gaseosas mientras se proyectaba el film. En la sala &eacute;ramos s&oacute;lo tres personas: como estaba sentado justo donde nac&iacute;a la escalera, pude ver a mis contempor&aacute;neos cuando entraban. Una ex hippie&nbsp;de mas de sesenta, con una bolsa en la mano y, al rato, un chico joven, en bermudas negras, que parec&iacute;a m&aacute;s vestido para ver un recital de ACDC que la peli en cuesti&oacute;n. Despu&eacute;s se apagaron las luces y el milagro se produjo de nuevo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        En la mitolog&iacute;a griega la ondina es una ninfa acu&aacute;tica condenada a amar a un hombre. Pero si &eacute;ste las hace salir del agua para despu&eacute;s enga&ntilde;arlas o abandonarlas, ellas tienen la obligaci&oacute;n de matarlo. Como siempre, el mito tiene algunas variaciones seg&uacute;n la singularidad de los pa&iacute;ses que lo adopten. En una de las versiones, la ondina condena al hombre que la dej&oacute; a que cada vez que se duerma tenga momentos de asfixia, la culpa como apnea. Parad&oacute;jicamente, <strong>la pel&iacute;cula de Petzold es de esas que respiran</strong>. Uno se puede quedar en los planos, habitarlos. <strong>No es un coloc&oacute;n de coca&iacute;na como las de Tarantino, que nos deja esa sensaci&oacute;n de ser geniales y emotivos, pero en realidad estamos m&aacute;s duros que la panza de las modelos de lencer&iacute;a</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte Petzold no es un obsesivo del mito y puede cambiarlo a su antojo. &ldquo;Nunca investigo mucho -dijo hace poco en una entrevista-. Le&iacute; el mito de ondina cuando ten&iacute;a 22 a&ntilde;os. Y lo sab&iacute;a err&oacute;neamente en ese entonces. Pero cuando empec&eacute; a escribir el gui&oacute;n, no lo volv&iacute; a leer. S&oacute;lo quer&iacute;a escribir un gui&oacute;n con las cosas que recordaba. Es un poco como las canciones que has escuchado, pero no puedes recordar todas las letras, as&iacute; que cambias un poco por las tuyas. No est&aacute; mal crear tu propio recuerdo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando empieza Undine, hay un hombre y una mujer -plano y contraplano- callados, sentados en la vereda de un caf&eacute;. No van a hablar mucho. Vamos a tener que entender lo que pasa con los restos del lenguaje. El hombre recibe un llamado a su celular y la mujer le pregunta si lo llama &ldquo;ella&rdquo;. Suponemos que &ldquo;ella&rdquo; es su rival. El hombre le dice que se tiene que ir. La mujer -que se llama Undine Wibeau- le dice que no la abandone, que no la deje. Y que si lo hace ella va a tener que matarlo. Undine es una chica que sabe meter presi&oacute;n. Le explica que tiene que irse al museo donde trabaja como gu&iacute;a -queda al lado del bar- y que en media hora va a estar de vuelta, y que si no est&aacute; ah&iacute; esper&aacute;ndola va a suceder lo peor.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        En las pocas cuadras que iban desde la avenida Independencia hasta la avenida San Juan, cuando &eacute;ramos chicos, ten&iacute;amos cuatro cines: el Los Andes, el Cuyo, el Moderno y el Nilo. Incluso la gente que trabajaba en el cine era parte de nuestra vida. El acomodador del Cuyo, si nosotros sub&iacute;amos las latas de las pel&iacute;culas por unas escaleras empinadas hasta la sala de proyecci&oacute;n, nos dejaba ver las de James Bond gratis. De esta manera vi con mis amigos <em>La esp&iacute;a que me am&oacute;</em>. Recuerdo la primera escena del film por la euforia que me produjo. Bond y Mand&iacute;bulas, su archienemigo, peleaban en un avi&oacute;n y ambos ca&iacute;an al vac&iacute;o. Pero Mand&iacute;bulas con paraca&iacute;das y Bond sin nada. &ldquo;&iexcl;&iquest;Qu&eacute; va a hacer?!&rdquo;, gritamos todos. Y lo que hizo Roger Moore fue genial. Puso su cuerpo como si fuera Superman y empez&oacute; a volar en direcci&oacute;n a su enemigo que ten&iacute;a el paraca&iacute;das, para sac&aacute;rselo. Ahora pienso que tal vez no era Mand&iacute;bulas, sino otro enemigo, pero como Petzold, no me importa inventarme la letra de la canci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La hija del boletero del cine Los Andes era una mujer polic&iacute;a. El tipo viv&iacute;a en nuestra cuadra con ella. Se dec&iacute;a que en un enfrentamiento con la guerrilla, ella qued&oacute; trastornada. Una ma&ntilde;ana apareci&oacute; por los techos de mi casa familiar diciendo que la persegu&iacute;an para matarla. Se tir&oacute; al patio y mi mam&aacute; y mi t&iacute;a la escondieron en la cocina. Al rato vieron aparecer a los tipos que la buscaban, tambi&eacute;n por los techos. Del miedo que ten&iacute;an, mi mam&aacute; y mi t&iacute;a no se dieron cuenta de que uno de los dos hombres era el padre, el boletero del cine. El hombre hac&iacute;a se&ntilde;as de que a la pobre chica le faltaba un tornillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vida es como una pel&iacute;cula mala, dijo alguna vez Jean Luc Godard. Y yo recuerdo que cuando sal&iacute;a de ver tres pel&iacute;culas seguidas en algunos de los cines del barrio, la vida exterior me parec&iacute;a chirle, gris, sin sentido. <strong>Me imagino que los cuatro cines de barrio que ten&iacute;amos drenaban alg&uacute;n tipo de metaf&iacute;sica en la comunidad. &iquest;A d&oacute;nde habr&aacute; ido a parar todo ese combustible?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Undine vuelve, despu&eacute;s de dar una charla sobre la gentrificaci&oacute;n de Berl&iacute;n -mostrando maquetas del Berl&iacute;n oriental, del occidental y de futuras construcciones que se proyectan- y el hombre que la abandon&oacute; se ha ido. Ella no lo puede creer. Lo busca hasta en el ba&ntilde;o del caf&eacute;. Cuando sale del retrete, se encuentra con otro hombre que le dice que la estaba buscando porque le encant&oacute; su charla. Undine -que est&aacute; atravesada por la p&eacute;rdida- no lo registra. El hombre le pide disculpas por molestarla y cuando se va retirando golpea con las espalda una pecera inmensa y se produce un peque&ntilde;o tsunami que los arrastra por el piso moj&aacute;ndolos. Ambos quedan empapados, uno al lado del otro, y el hombre le saca a Undine pedazos de vidrios que tiene incrustados en la blusa. As&iacute; nace la historia de amor que Petzold va a empezar a contarnos utilizando a la simpat&iacute;a de la magia como motor narrativo. No es mala idea ver esta pel&iacute;cula y leer <em>El arte narrativo y la magia</em>, un ensayo extra&ntilde;o que escribi&oacute; Borges cuando perdi&oacute; su voz po&eacute;tica despu&eacute;s de que lo dej&oacute; Nora Lange.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para algunas personas el amor es un chicle que pierde su sabor de tanto masticarlo, pero que cuesta escupir.</strong> &iquest;Nunca les pas&oacute;? El chicle sin sabor se vuelve m&aacute;s adictivo que cuando lo ten&iacute;a.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para algunas personas el amor es un chicle que pierde su sabor de tanto masticarlo, pero que cuesta escupir. ¿Nunca les pasó? El chicle sin sabor se vuelve más adictivo que cuando lo tenía. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando uno ve pel&iacute;culas americanas, las escenas suelen estar muy cortadas. Se privilegia la acci&oacute;n. Da la impresi&oacute;n de que la gente no tiene tiempo para escuchar largos di&aacute;logos o&nbsp;soportar escenas que no formen parte del arco narrativo. Las pel&iacute;culas de Tarantino tienen di&aacute;logos largos e ingeniosos, pero son del tipo que solemos tener cuando tenemos un subid&oacute;n y que al otro d&iacute;a recordamos con dolor de cabeza. El stand up tambi&eacute;n banaliz&oacute; la posibilidad de hablar. Y mucho menos para que los personajes se desarrollen con una compleja inestabilidad. El plop, el punto de giro, todas esas garchas sobre c&oacute;mo escribir un gui&oacute;n han convertido a las pel&iacute;culas en elementos estereotipados como los cumplea&ntilde;os infantiles con pi&ntilde;atas (una forma de iniciar a los ni&ntilde;os en el capitalismo salvaje). O los casamientos donde los novios nos muestran las fotos de su vida antes de ellos juntos (una foto de ex novios podr&iacute;a ayudar un poco con el tedio).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando Undine, que es historiadora, le habla a los visitantes acerca de un palacio que fue construido en el siglo XXI pero que es una r&eacute;plica exacta de uno del siglo XVIII, saca la siguiente conclusi&oacute;n, que es un poco la po&eacute;tica del film: &ldquo;La parte enga&ntilde;osa de esto, es que al no haber diferencias reales, parece indicar que todo progreso es imposible&rdquo;. Pens&eacute; en ciertas cadenas de pizzer&iacute;as que impostan su edad, que son construidas de un d&iacute;a para otro pero que se muestran -desde su arquitectura y su slogan- como antiguas, como si hubieran estado desde siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde ya que en el cine<em> fast food</em> las escenas de Undine hablando sobre las maquetas y la historia de Berl&iacute;n hubieran estado elididas. La primera vez que vi una pel&iacute;cula de Petzold no sab&iacute;a que era de &eacute;l. Y me impact&oacute; mucho. Se llama <em>B&aacute;rbara </em>y la daban en <em>Isat</em>. La segunda vez fue porque le&iacute; en este diario<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/ave-fenix_129_8144449.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una columna muy buena de Romina Paula</a> sobre Phoenix y despu&eacute;s vi el film.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo plano de <em>Undine </em>es una subjetiva a ras del agua. Desde ah&iacute; nos mira ella para que nos portemos bien. Te entend&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me fui del cine tarareando &ldquo;Una chica llamada Johnny&rdquo;, una canci&oacute;n hermosa de los Waterboys: &ldquo;Y la casa que una chica llamada Johnny construy&oacute;/es ahora s&oacute;lo cenizas y arena&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-onda_129_8358906.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Oct 2021 03:04:07 +0000]]></pubDate>
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