<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Odesa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/odesa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Odesa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1038631/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Ucrania denunció un ataque ruso en el puerto de Odesa tras la firma del acuerdo para la exportación de grano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/ucrania-denuncio-ataque-ruso-puerto-odesa-firma-acuerdo-exportacion-grano_1_9195725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/833d87a6-51d5-42eb-b41f-e568f7edcf45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ucrania denunció un ataque ruso en el puerto de Odesa tras la firma del acuerdo para la exportación de grano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El puerto de Odesa es punto clave para exportar cereales por el Mar Negro</p><p class="subtitle">Rusia y Ucrania firmaron un crucial acuerdo para reanudar las exportaciones de granos</p></div><p class="article-text">
        Las autoridades ucranianas informaron este s&aacute;bado de un ataque ruso sobre el <a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/estacion-odesa-puerta-salida-huir-sur-ocupado-ucrania_1_8912339.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">puerto comercial de Odesa</a>, punto clave para la exportaci&oacute;n de grano por el Mar Negro, solo un d&iacute;a despu&eacute;s de la firma de un acuerdo para reanudar las exportaciones de cereal. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El enemigo atac&oacute; el puerto comercial mar&iacute;timo con misiles de crucero clase Kalibr. Dos misiles fueron derribados por las defensas ucranianas, mientras que dos golpearon la infraestructura del puerto&rdquo;, indicaron fuentes ucranianas desde Odesa, seg&uacute;n recoge el portal Ukrinform. Ese medio recuerda, a continuaci&oacute;n, <strong>el papel clave de ese puerto para la exportaci&oacute;n de cereales</strong>, as&iacute; como el acuerdo alcanzado este viernes en Estambul con Rusia en este &aacute;mbito.
    </p><p class="article-text">
        Ese acuerdo, auspiciado por Turqu&iacute;a y Naciones Unidas, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/rusia-ucrania-firman-acuerdo-desbloquear-exportacion-cereales_1_9193269.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">contempla un corredor mar&iacute;timo para aliviar la crisis alimentaria</a> provocada por el bloqueo ruso a los puertos ucranianos del Mar Negro.
    </p><p class="article-text">
        Permitir&aacute; en concreto que buques de carga puedan exportar desde tres puertos ucranianos -el de Odesa, junto a los de Pivdennyi y Chornomorsk- alrededor de 22 millones de toneladas de trigo, ma&iacute;z y otros cereales almacenados de silos. 
    </p><p class="article-text">
        El acuerdo fue suscrito este viernes en Turqu&iacute;a por el ministro de Defensa de Rusia, Serguei Shoigu, y el ministro de Infraestructuras de Ucrania, Oleksandr Kubrakov, en presencia del secretario general de la ONU, Ant&oacute;nio Guterres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/ucrania-denuncio-ataque-ruso-puerto-odesa-firma-acuerdo-exportacion-grano_1_9195725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Jul 2022 17:51:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/833d87a6-51d5-42eb-b41f-e568f7edcf45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="6061140" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/833d87a6-51d5-42eb-b41f-e568f7edcf45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6061140" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ucrania denunció un ataque ruso en el puerto de Odesa tras la firma del acuerdo para la exportación de grano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/833d87a6-51d5-42eb-b41f-e568f7edcf45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Guerra en Ucrania,Bombardeo,Odesa,Granos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La estación de Odesa, la puerta de salida para huir del sur ocupado de Ucrania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/estacion-odesa-puerta-salida-huir-sur-ocupado-ucrania_1_8912339.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74f53df1-947d-4dac-8b0f-1cdbcc16ac20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La estación de Odesa, la puerta de salida para huir del sur ocupado de Ucrania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Odesa es el lugar adonde llegan muchos de los ucranianos evacuados de algunas de las localidades del sur del país que han sufrido más ataques de las tropas rusas</p></div><p class="article-text">
        Cae la noche y parece hora punta en la estaci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/odesa-confina-24-horas-amenaza-ataque-aniversario-liberacion-ocupacion-nazi_1_8905035.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Odesa</a>. En una gran sala de la segunda planta del antiguo edificio, decenas de desplazados esperan, sentados en sillas blancas de pl&aacute;stico, la confirmaci&oacute;n de la salida de su tren. Es el lugar donde llegan muchos de los ucranianos evacuados de algunas de las localidades del sur del pa&iacute;s m&aacute;s atacadas por las tropas rusas, un punto de paso a&uacute;n seguro para quienes quieren continuar su camino hacia la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Una abuela que se despide de su nieto, que pasar&aacute; una temporada en Austria apoyado por los compa&ntilde;eros de un equipo de f&uacute;tbol. Un militar agarrado de la mano de su ni&ntilde;a, a la que hace caranto&ntilde;as, minutos antes de decirle adi&oacute;s. Una mujer en silla de ruedas, ayudada por el resto de su familia. La m&uacute;sica suena a trav&eacute;s de los altavoces de los andenes cuando se acerca la salida de uno de sus trenes.
    </p><p class="article-text">
        Desde el inicio de la invasi&oacute;n rusa, <a href="https://data2.unhcr.org/en/situations/ukraine" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">m&aacute;s de 4,6 millones de refugiados</a> han abandonado Ucrania, pero antes de cruzar la frontera y llegar a su lugar de acogida, muchos atraviesan su pa&iacute;s con el miedo de que algo pueda ocurrir en el trayecto. Sentirse arropados por los miles de voluntarios ucranianos, movilizados en ciudades m&aacute;s seguras como Odesa o <a href="https://www.eldiario.es/internacional/leopolis-capital-cultural-retaguardia-pais-guerra_1_8817867.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Le&oacute;polis</a>, calma la incertidumbre de un viaje decidido a menudo de un d&iacute;a para otro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde7c4a6-ac1f-4c3c-a025-ef0258fec7ae_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde7c4a6-ac1f-4c3c-a025-ef0258fec7ae_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde7c4a6-ac1f-4c3c-a025-ef0258fec7ae_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde7c4a6-ac1f-4c3c-a025-ef0258fec7ae_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde7c4a6-ac1f-4c3c-a025-ef0258fec7ae_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fde7c4a6-ac1f-4c3c-a025-ef0258fec7ae_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fde7c4a6-ac1f-4c3c-a025-ef0258fec7ae_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un andén en la estación de Odesa lleno de pasajeros a punto de subir al tren."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un andén en la estación de Odesa lleno de pasajeros a punto de subir al tren.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Solo buscamos estar seguros&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Faina y Sasha han pasado siete horas en la estaci&oacute;n de la ciudad portuaria, despu&eacute;s de haber abandonado su hogar de madrugada en uno de los autobuses facilitados por las autoridades locales para la evacuaci&oacute;n de poblaci&oacute;n civil desde Mykolaiv, en cuyos alrededores a&uacute;n se encuentra uno de los frentes de la invasi&oacute;n rusa. La pareja de ancianos, de 71 y 75 a&ntilde;os, acaban de escuchar que han cancelado su tren, est&aacute;n agotados y ahora tendr&aacute;n que dar un rodeo mayor hasta llegar a su destino final, Hungr&iacute;a. Pero no se quejan, solo tienen palabras de agradecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Agradecen estar seguros, despu&eacute;s de vivir con el miedo en el cuerpo durante las &uacute;ltimas semanas. Agradecen no haber tenido que abrir la bolsa con comida que prepararon el d&iacute;a anterior a su huida, porque los voluntarios de la estaci&oacute;n de Odesa les han recibido con comida caliente. Acaban de abandonar el hogar en el que han resistido hasta ahora, seg&uacute;n cuenta Faina, a pesar de la insistencia de su hija, residente en Hungr&iacute;a, el cuarto pa&iacute;s por el que m&aacute;s refugiados de Ucrania han pasado desde el inicio de la guerra. &ldquo;Nos dec&iacute;a: ven, ven, ven. Nosotros nos neg&aacute;bamos, pero ya era demasiado&rdquo;, dicen resignados a punto de tomar un tren que les trasladar&aacute; a Le&oacute;polis, para cruzar la frontera a pie y, de ah&iacute;, viajar hasta la localidad donde reside parte de su familia.
    </p><p class="article-text">
        Ya en la estaci&oacute;n y rodeados de maletas, sin saber a&uacute;n del todo bien c&oacute;mo llegar&aacute;n a su destino, la pareja asume la decisi&oacute;n de marcharse: &ldquo;Ahora no nos importa tener una casa, no nos importa tener nuestras cosas con nosotros, solo buscamos estar seguros&rdquo;, dice Sasha con un gorro de lana sobre la cabeza y la mirada desencajada. No conocen bien cu&aacute;l ser&aacute; su recorrido, pero estar tan acompa&ntilde;ados por voluntarios en cada uno de los puntos de su trayecto les da seguridad.
    </p><p class="article-text">
        La noche de este domingo, Faina estaba cocinando cuando vio en la televisi&oacute;n que hab&iacute;a una alerta de bombardeo. No lleg&oacute; a escuchar las sirenas, pero s&iacute; el estruendo causado por el impacto de un misil en un lugar indefinido de Mykolaiv. Fue su &uacute;ltimo susto, pero la decisi&oacute;n de dejar <a href="https://www.eldiario.es/temas/ucrania/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Ucrania</a> ya la hab&iacute;a tomado d&iacute;as antes junto a su marido. Estaba en la cama, dormida, cuando el rugido de un proyectil la despert&oacute; como nunca antes lo hab&iacute;a hecho.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue como si la cama volase. Todo temblaba. Parec&iacute;a un terremoto. Cay&oacute; muy cerca de casa, al lado de un hospital&rdquo;, dice la se&ntilde;ora. &ldquo;Ah&iacute; tomamos la decisi&oacute;n. Ya no pod&iacute;amos esperar&rdquo;. Viajan con una peque&ntilde;a maleta militar y un par de bolsas de pl&aacute;stico. &ldquo;Llevamos algunas mudas de invierno y de primavera para cada uno. No traemos apenas ropa de verano. Para entonces esperamos estar de vuelta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sasha muestra una caja de pl&aacute;stico transparente que decidi&oacute; traerse consigo. Lleva decenas de papeles para liar cigarrillos. En una caja met&aacute;lica, el tabaco, que abre para ense&ntilde;ar el olor de su interior. Tambi&eacute;n muestra con cuidado la peque&ntilde;a m&aacute;quina con la que los prepara: &ldquo;As&iacute; sale m&aacute;s barato&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e969b6bd-0f48-42e9-a9e2-37b62267dea8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e969b6bd-0f48-42e9-a9e2-37b62267dea8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e969b6bd-0f48-42e9-a9e2-37b62267dea8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e969b6bd-0f48-42e9-a9e2-37b62267dea8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e969b6bd-0f48-42e9-a9e2-37b62267dea8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e969b6bd-0f48-42e9-a9e2-37b62267dea8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e969b6bd-0f48-42e9-a9e2-37b62267dea8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Faina y Sasha, en la estación de Odesa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Faina y Sasha, en la estación de Odesa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">Evacuados de Jers&oacute;n</h3><p class="article-text">
        A su lado, Valentina posa sobre sus piernas al protagonista de la sala de desplazados de la estaci&oacute;n de Odesa. Un peque&ntilde;o gato anaranjado, de tan solo dos meses y pelo suave. Viaja con su hija, de 15 a&ntilde;os, que posa su cabeza sobre el hombro de su madre. Vienen de Jers&oacute;n, una de las ciudades del sureste de Ucrania ocupadas por las fuerzas rusas. &ldquo;Hasta esta semana no hab&iacute;a opci&oacute;n de salir de all&iacute;, era muy peligroso&rdquo;, cuenta la mujer mientras acaricia a su mascota.
    </p><p class="article-text">
        Lograron escapar a trav&eacute;s de una caravana de evacuaci&oacute;n preparada por una organizaci&oacute;n religiosa, explica. &ldquo;Supimos que hab&iacute;a esta posibilidad hace una semana y decidimos unirnos. Nos daba miedo, pero ha sido tranquilo&rdquo;, cuenta la mujer, que no ha tenido otro remedio que convivir con las tropas rusas que ocupan su ciudad. &ldquo;A veces te encuentras con ellas, pero intentaba ser discreta y no molestar para que no pasase nada. A algunas personas les han quitado los tel&eacute;fonos o los coches&hellip;&rdquo;, relata. Llevaban semanas con dificultades para comprar comida y medicamentos.
    </p><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n se interrumpe con los gritos de un voluntario de la estaci&oacute;n. &ldquo;&iexcl;Quienes vayan en el tren de evacuaci&oacute;n que se coloquen a la derecha!&rdquo;, dice en ucraniano, para tratar de organizar a los reci&eacute;n llegados a Odesa y explicar el cambio de planes tras la modificaci&oacute;n del destino del convoy, que ahora se dirigir&aacute; a Le&oacute;polis.
    </p><p class="article-text">
        Ella no se unir&aacute; a ese tren. Espera otro ferrocarril con destino a Alemania, pero la pareja de ancianos se levantan apurados y empiezan a preparar sus cosas para trasladarse al lugar indicado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7211947-7688-4494-96c0-0fec3597b67c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7211947-7688-4494-96c0-0fec3597b67c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7211947-7688-4494-96c0-0fec3597b67c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7211947-7688-4494-96c0-0fec3597b67c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7211947-7688-4494-96c0-0fec3597b67c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7211947-7688-4494-96c0-0fec3597b67c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a7211947-7688-4494-96c0-0fec3597b67c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Valentina con su gato en la estación de Odesa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Valentina con su gato en la estación de Odesa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Al otro lado del espacio di&aacute;fano, varios miembros de una familia se apoyan sobre una peque&ntilde;a mesa de pl&aacute;stico. Tambi&eacute;n de Mikolaiv. No pensaban salir de su ciudad, pero lo hicieron por su abuela. La se&ntilde;ora, de 72 a&ntilde;os, intenta escuchar a su hija mientras ella baja el volumen de su voz para que no llegue a o&iacute;rla. &ldquo;Es diab&eacute;tica y su medicaci&oacute;n cada vez era m&aacute;s dif&iacute;cil de encontrar. Por eso nos vamos. Quedarnos podr&iacute;a ser peligroso para ella&rdquo;, dice su hija y la madre del resto de la familia, Ana. La falta de acceso a medicamentos les asustaba m&aacute;s que el sonido de las bombas a las que, seg&uacute;n su hijo de 15 a&ntilde;os, ya llegaban a habituarse.
    </p><p class="article-text">
        Charlan con calma hasta que casi todas las personas que les rodean se levantan con premura. Salen disparadas hacia las escaleras de la estaci&oacute;n. El hijo confirma que ya ha llegado el momento de partir. Su destino final es Polonia, el pa&iacute;s europeo por el que m&aacute;s refugiados ucranianos han pasado y donde ser&aacute;n acogidos por unos parientes. Pero todav&iacute;a les faltan varios tramos del viaje.
    </p><p class="article-text">
        El grupo de desplazados camina hacia el and&eacute;n. Apenas hay luces para vislumbrar el n&uacute;mero del vag&oacute;n correspondiente. En una de las pocas farolas, suena m&uacute;sica a trav&eacute;s de uno de los altavoces poco antes de la hora de salida. La gente se arremolina alrededor de la puerta del tren. Todos ir&aacute;n en el mismo vag&oacute;n, pero la entrada es tranquila. Faltan unos minutos para la salida del convoy con destino Le&oacute;polis, la regi&oacute;n que mayor cantidad de desplazados internos alberga.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea771b82-fecf-4403-81f0-e5493bfe2042_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea771b82-fecf-4403-81f0-e5493bfe2042_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea771b82-fecf-4403-81f0-e5493bfe2042_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea771b82-fecf-4403-81f0-e5493bfe2042_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea771b82-fecf-4403-81f0-e5493bfe2042_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea771b82-fecf-4403-81f0-e5493bfe2042_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea771b82-fecf-4403-81f0-e5493bfe2042_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ana y su familia, a punto de subir al tren con destino Leópolis"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ana y su familia, a punto de subir al tren con destino Leópolis                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">Desplazados que se quedan en Ucrania</h3><p class="article-text">
        La poblaci&oacute;n de las zonas m&aacute;s seguras del pa&iacute;s se ha volcado para atender a los desplazados, a sus vecinos empujados por los ataques m&aacute;s duros del conflicto. Unos se van, pero otros se quedan. ACNUR estima que alrededor de 10 millones de personas han abandonado sus hogares pero han permanecido dentro de Ucrania. 
    </p><p class="article-text">
        En la simb&oacute;lica ciudad de Odesa, Irina tej&iacute;a este lunes unas redes militares para apoyar al ej&eacute;rcito ucraniano. Ella sali&oacute; de su hogar durante las primeras semanas de guerra para acompa&ntilde;ar a sus nietos hasta la frontera con Ruman&iacute;a, pero su intenci&oacute;n siempre fue volver a su ciudad, Jers&oacute;n. Nunca pudo.
    </p><p class="article-text">
        La ocupaci&oacute;n rusa imposibilitaba su regreso. Ahora busca ayudar para evitar pensar demasiado en la seguridad de su hijo, su madre y su suegra. Todos se han quedado atrapados en la ciudad o alrededores. Teme dar muchos detalles para proteger a su familia. No quiere irse del pa&iacute;s. Cuenta que ella nunca quiso marcharse. Irina esperar&aacute; en Odesa para estar preparada para volver.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d311bb26-b01d-446a-b88f-641e3247a077_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d311bb26-b01d-446a-b88f-641e3247a077_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d311bb26-b01d-446a-b88f-641e3247a077_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d311bb26-b01d-446a-b88f-641e3247a077_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d311bb26-b01d-446a-b88f-641e3247a077_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d311bb26-b01d-446a-b88f-641e3247a077_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d311bb26-b01d-446a-b88f-641e3247a077_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un tren a punto de salir de Odesa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un tren a punto de salir de Odesa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez / Olmo Calvo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/estacion-odesa-puerta-salida-huir-sur-ocupado-ucrania_1_8912339.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Apr 2022 12:01:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/74f53df1-947d-4dac-8b0f-1cdbcc16ac20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3520050" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/74f53df1-947d-4dac-8b0f-1cdbcc16ac20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3520050" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La estación de Odesa, la puerta de salida para huir del sur ocupado de Ucrania]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/74f53df1-947d-4dac-8b0f-1cdbcc16ac20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Guerra en Ucrania,Odesa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Svetlana Antipova, histórica primera bailarina de Odesa: “Cuando escucho un misil, temo por el teatro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/svetlana-antipova-historica-primera-bailarina-odesa-escucho-misil-temo-teatro_1_8909072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f67877a4-6068-4379-a7c5-c241bd7bb171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Svetlana Antipova, histórica primera bailarina de Odesa: “Cuando escucho un misil, temo por el teatro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seguimos la historia de una bailarina infantil ucraniana refugiada en Moldavia desde el otro lado de la frontera. En Odesa, su abuela y profesora de ballet cuenta cómo le ha afectado la guerra y la separación de sus nietos</p></div><p class="article-text">
        Hace una semana escuch&oacute; el estruendo provocado por un misil de crucero lanzado por Rusia contra una refiner&iacute;a de Odesa pero, cuando se le pregunta si tiene miedo, la hist&oacute;rica bailarina ucraniana Svetlana Antipova no piensa en ella misma, sino en el lugar que ha construido su historia: &ldquo;Temo por el Teatro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sus manos sostienen una carpeta verde repleta de fotos y recortes de peri&oacute;dico. En una gran sala vac&iacute;a de su estudio de danza, cubierta de espejos y barras de ballet, Antipova, de 76 a&ntilde;os y quien fue hace d&eacute;cadas la primera bailarina del Ballet de Odesa, muestra con mayor pasi&oacute;n las im&aacute;genes de sus alumnas que las suyas propias. Se detiene en una de ellas con pena: &ldquo;Ahora se ha tenido que ir a Alemania. Era muy profesional, quiz&aacute; he perdido a mi estrella&hellip;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La bailarina ucraniana, una referencia de la danza en Odesa, cuenta el destino de muchas de sus alumnas y a&uacute;n hace c&aacute;balas sobre c&oacute;mo volver&iacute;a a reorganizar los espect&aacute;culos pendientes, en los que tanto hab&iacute;an trabajado sus disc&iacute;pulas y que est&aacute;n paralizados por la guerra. Ahora, las bailarinas de su escuela, cuyo repertorio forma parte de la programaci&oacute;n del simb&oacute;lico teatro de la ciudad, est&aacute;n desperdigadas por distintos puntos de Europa.
    </p><p class="article-text">
        Pelo rojo y ropa colorida, Antipova tiene un car&aacute;cter &ldquo;especial&rdquo;, seg&uacute;n su hijo. Entre las fotos que muestra, no incluye la de su nieta Margarita, de nueve a&ntilde;os, que desde Moldavia sigue las clases en l&iacute;nea de ballet impartidas por su abuela, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/separadas-guerra-unidas-danza-bailarinas-odesa-resisten_1_8874858.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">como public&oacute; elDiario.es</a>. &ldquo;Tiene muy buenas condiciones y muy buena memoria, pero a&uacute;n tiene que estirar un poco m&aacute;s sus pies&rdquo;, detalla la bailarina. Desde Costiesi, un pueblo pr&oacute;ximo a la capital moldava a donde huy&oacute; con su madre y su hermano, la peque&ntilde;a describ&iacute;a a Svetlana como dos personas en una: la abuela y la profesora.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6193eb8-fe75-459a-8e9a-836a9086f4d2_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6193eb8-fe75-459a-8e9a-836a9086f4d2_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6193eb8-fe75-459a-8e9a-836a9086f4d2_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6193eb8-fe75-459a-8e9a-836a9086f4d2_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6193eb8-fe75-459a-8e9a-836a9086f4d2_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6193eb8-fe75-459a-8e9a-836a9086f4d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e6193eb8-fe75-459a-8e9a-836a9086f4d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Svetlana Antipova muestra la imagen de una de sus alumnas a distancia."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Svetlana Antipova muestra la imagen de una de sus alumnas a distancia.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y ahora habla la profesora, no la abuela. Porque cuando empieza a hablar la abuela, se rompe la distancia transmitida en los an&aacute;lisis de los movimientos de Margarita, esa que le impide introducir una foto de su nieta en su carpeta verde. Cuando habla la abuela, su mirada chisporrotea, Antipova sonr&iacute;e, y se abraza a s&iacute; misma. &ldquo;Echo mucho de menos a mis nietos. El otro d&iacute;a Margot estaba mala, y yo les dec&iacute;a: traedlos aqu&iacute; conmigo&rdquo;, dice la artista, que se niega a marcharse de Odesa. No por ahora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Podr&iacute;a ir a much&iacute;simos pa&iacute;ses, tengo amigos bailarines en todas partes, pero no me quiero ir&rdquo;, dice. Sus hijos e hija insist&iacute;an en que lo hiciese, pero ya se han rendido. Antipova quiere estar cerca de ellos. Uno de ellos forma parte de la Guardia de Defensa Territorial y teme que algo ocurra, pero tambi&eacute;n se queda por ella misma. Prefiere permanecer en su casa, en Odesa, con sus gatos y sus perros, y no muy lejos del Teatro. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo miedo de que algo puede pasar con el teatro. Es tan hermoso que si algo pasa con &eacute;l... Tengo miedo. Cuando suena ese sonido desde el cielo, pienso en el teatro&rdquo;, repite la bailarina. El hist&oacute;rico edificio, la &Oacute;pera de Odesa, lleva m&aacute;s de un mes fortificado con barricadas formadas por sacos de arena, p&uacute;as y erizos para evitar un posible ataque terrestre de las tropas rusas. &ldquo;Verlo as&iacute; es muy doloroso para todos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Suelta una carcajada cuando se percata de que habla m&aacute;s sobre su temor por la destrucci&oacute;n del simb&oacute;lico edificio que de su propia seguridad. Antimova sube los hombros y asiente, mientras su hijo sonr&iacute;e de medio lado. La conoce: &ldquo;Yo viv&iacute;a en ese teatro&hellip; Dejaba a mis hijos &lsquo;abandonados&rsquo; por el teatro&rdquo;, dice. Vuelven a re&iacute;rse.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/87ebd549-2285-45e6-92f6-f59df365b60e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/87ebd549-2285-45e6-92f6-f59df365b60e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/87ebd549-2285-45e6-92f6-f59df365b60e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/87ebd549-2285-45e6-92f6-f59df365b60e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/87ebd549-2285-45e6-92f6-f59df365b60e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/87ebd549-2285-45e6-92f6-f59df365b60e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/87ebd549-2285-45e6-92f6-f59df365b60e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El Teatro de Ópera y Ballet Odesa, protegido por barricadas."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El Teatro de Ópera y Ballet Odesa, protegido por barricadas.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es la directora del Estudio de Danza Svetlana Antipova, cuyas obras son representadas en el Teatro de Odesa, en un espect&aacute;culo infantil profesional del que habla orgullosa. La guerra lo ha cambiado todo. &ldquo;La mayor&iacute;a de mis alumnas y alumnos se han ido a diferentes pa&iacute;ses, algunas ya est&aacute;n bailando all&iacute;. S&eacute; de algunas que ya en empezado a trabajar fuera y me pregunto si van a volver aqu&iacute;&hellip; Aqu&iacute; tenemos espect&aacute;culos incre&iacute;bles, pero un equipo es un equipo junto. Si todas se van y no vuelven, es dif&iacute;cil arreglar todo y organizar todo&rdquo;, dice preocupada. &ldquo;Espero que pase pronto todo, pero no sabemos qu&eacute; hay en la cabeza de una persona &ndash;dice en referencia a Putin&ndash;. Incluso si acaba, no s&eacute; qu&eacute; voy a hacer despu&eacute;s&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mujer recuerda su &uacute;ltima clase de ballet presencial. El 23 de febrero. Entonces ya se hablaba de la posibilidad de la guerra, pero ella no lo cre&iacute;a. &ldquo;Est&aacute;bamos aqu&iacute;&rdquo;, dice se&ntilde;alando la sala de espejos vac&iacute;a. &ldquo;Prepar&aacute;bamos el Cascanueces. Solo recuerdo que fue normal. No pens&aacute;bamos en la guerra, solo en bailar&rdquo;. Ahora, el conflicto lo ha atravesado todo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7f75ad7-3767-428b-93ce-adda18335c81_16-9-aspect-ratio_50p_1045408.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7f75ad7-3767-428b-93ce-adda18335c81_16-9-aspect-ratio_50p_1045408.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7f75ad7-3767-428b-93ce-adda18335c81_16-9-aspect-ratio_75p_1045408.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7f75ad7-3767-428b-93ce-adda18335c81_16-9-aspect-ratio_75p_1045408.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7f75ad7-3767-428b-93ce-adda18335c81_16-9-aspect-ratio_default_1045408.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7f75ad7-3767-428b-93ce-adda18335c81_16-9-aspect-ratio_default_1045408.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b7f75ad7-3767-428b-93ce-adda18335c81_16-9-aspect-ratio_default_1045408.jpg"
                    alt="Svetlana Antipova sujeta la información de un periódico sobre su carrera: &quot;30 años de carrera&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Svetlana Antipova sujeta la información de un periódico sobre su carrera: &quot;30 años de carrera&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Aunque intenta dar varias clases en l&iacute;nea a sus alumnas, sobre todo las m&aacute;s peque&ntilde;as para evitar su desconexi&oacute;n con la danza, cuenta enfadada las grandes diferencias que existen con las clases presenciales, pues las bailarinas mayores no tienen espacio suficiente y la c&aacute;mara en ocasiones le impide corregir todos los errores, aunque ella se esfuerza por detectarlos.&nbsp;Son las mismas clases que sigue su nieta Margot desde <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/resort-lago-sobrevivio-covid-convirtio-refugio-ucranianos_1_8880237.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un resort convertido en centro de acogida de refugiados en un pueblo de Moldavia</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a reanudar las lecciones con aquellas alumnas que siguen en Odesa, pero prefiere evitarlo de momento por la seguridad de sus alumnos: &ldquo;&iquest;Y si pasa algo? &iquest;si hay sirena o bombardeo, qu&eacute; hay que hacer? Vamos a esperar un poquito&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay un miedo que s&iacute; le afecta. El miedo a parar. C&oacute;mo le puede afectar parar de trabajar a su edad de forma repentina. &ldquo;Trabajaba hasta la noche, todos los d&iacute;as. Estoy acostumbrada a trabajar cada d&iacute;a, pero hoy no puedo hacer nada. Eso es muy malo para m&iacute; y no s&eacute; c&oacute;mo voy a seguir, porque no soy una persona joven que pueda adaptarse&hellip; Entender que no estoy trabajando, sin saber lo que puede durar, est&aacute; siendo muy dif&iacute;cil&rdquo;. La guerra le ha robado m&aacute;s de un mes del trabajo que le apasiona.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e38747f9-7ab3-4abf-ad8b-4f6b04d4886c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e38747f9-7ab3-4abf-ad8b-4f6b04d4886c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e38747f9-7ab3-4abf-ad8b-4f6b04d4886c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e38747f9-7ab3-4abf-ad8b-4f6b04d4886c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e38747f9-7ab3-4abf-ad8b-4f6b04d4886c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e38747f9-7ab3-4abf-ad8b-4f6b04d4886c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e38747f9-7ab3-4abf-ad8b-4f6b04d4886c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La bailarina con su perro en su escuela de danza en Odesa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La bailarina con su perro en su escuela de danza en Odesa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        M&aacute;s que nunca, estas semanas le gusta agarrarse a sus recuerdos. Las clases impartidas a sus alumnas, pero tambi&eacute;n sus a&ntilde;os de aprendizaje. Antiova evidencia su nostalgia de las clases de ballet de anta&ntilde;o, la disciplina que ella intenta imponer en sus clases. Esos a&ntilde;os en los que bail&oacute; en los mejores teatros del mundo. &ldquo;Ten&iacute;a una vida muy interesante&rdquo;, a&ntilde;ade la bailarina, mientras muestra un recorte de peri&oacute;dico del a&ntilde;o en que dej&oacute; los escenarios para pasar a la ense&ntilde;anza. 
    </p><p class="article-text">
        Antiova se mueve con agilidad, a pesar de la lesi&oacute;n que tiene en una de sus rodillas desde hace dos a&ntilde;os. Se&ntilde;ala las instalaciones que alquila para sus clases de danza como si estuvi&eacute;semos en su casa. El recepcionista trabaja un par de d&iacute;as a la semana desde el inicio de la guerra. &ldquo;Mucho trabajo&rdquo;, ironiza. Ella se r&iacute;e y mira con nostalgia las instalaciones vac&iacute;as que hace solo un mes y medio llenaban de vida sus alumnas y la m&uacute;sica de un piano que no ha vuelto a sonar desde el 24 de febrero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez / Olmo Calvo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/svetlana-antipova-historica-primera-bailarina-odesa-escucho-misil-temo-teatro_1_8909072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Apr 2022 05:00:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f67877a4-6068-4379-a7c5-c241bd7bb171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2135896" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f67877a4-6068-4379-a7c5-c241bd7bb171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2135896" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Svetlana Antipova, histórica primera bailarina de Odesa: “Cuando escucho un misil, temo por el teatro”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f67877a4-6068-4379-a7c5-c241bd7bb171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Guerra en Ucrania,Odesa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Odesa se confina 24 horas por la “amenaza de ataque” en el aniversario de su liberación de la ocupación nazi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/odesa-confina-24-horas-amenaza-ataque-aniversario-liberacion-ocupacion-nazi_1_8905687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49eeb2d3-204f-413d-8ee0-d44dddce906b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Odesa se confina 24 horas por la “amenaza de ataque” en el aniversario de su liberación de la ocupación nazi"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 10 de abril, Día de la Liberación de Odesa, las autoridades de la región decretaron un estricto toque de queda durante 24 horas, para evitar las celebraciones ligadas a la festividad ante el riesgo de ataque ruso</p></div><p class="article-text">
        Caminaban despacio con una o varias flores en sus manos. Frenaban su trayecto por unos segundos y, en silencio, posaban el ramo sobre el monumento que conmemora el aniversario de la liberaci&oacute;n de la ciudad de Odesa de la ocupaci&oacute;n nazi. Ocurri&oacute; un 10 de abril de 1944, pero decenas de habitantes de la regi&oacute;n ucraniana, que llevan m&aacute;s de un mes fortificados ante una posible intensificaci&oacute;n de los ataques rusos en la zona, lo homenajearon un d&iacute;a antes. No pueden hacerlo este domingo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El 10 de abril, D&iacute;a de la Liberaci&oacute;n de Odesa, los habitantes de la regi&oacute;n tienen prohibido salir de casa.</strong> Durante la noche de este s&aacute;bado, la alarma antia&eacute;rea, que a menudo resuena por la ciudad y a la que pocos hacen ya apenas caso, parec&iacute;a marcar el inicio del toque de queda decretado desde las 21:00 horas del s&aacute;bado hasta las 6:00 horas del pr&oacute;ximo lunes. Algo m&aacute;s de 24 horas de confinamiento con el objetivo de proteger a la poblaci&oacute;n de &ldquo;la amenaza de un ataque con misiles&rdquo; durante la destacada fecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ante los hechos ocurridos en Kramatorsk, regi&oacute;n de Donetsk, donde el ataque con cohetes a la estaci&oacute;n mat&oacute; a 50 personas y 98 resultaron heridas, en Odesa, el 10 de abril de 2022, existe la amenaza de un ataque con misiles&rdquo;, inform&oacute; este viernes un comunicado del gobernador de la regi&oacute;n. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/03265e38-27af-41e5-98cb-999583dd9af1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/03265e38-27af-41e5-98cb-999583dd9af1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/03265e38-27af-41e5-98cb-999583dd9af1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/03265e38-27af-41e5-98cb-999583dd9af1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/03265e38-27af-41e5-98cb-999583dd9af1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/03265e38-27af-41e5-98cb-999583dd9af1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/03265e38-27af-41e5-98cb-999583dd9af1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Plaza del 10 de abril en la víspera de la celebración de la liberación de Odesa de la ocupación nazi"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plaza del 10 de abril en la víspera de la celebración de la liberación de Odesa de la ocupación nazi                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">M&aacute;s miedo</h3><p class="article-text">
        El anuncio lleg&oacute; despu&eacute;s de una semana complicada para la ciudad sure&ntilde;a de Ucrania, estrat&eacute;gica para el Kremlin por su localizaci&oacute;n junto al Mar Negro, su historia y sus fuertes conexiones culturales con Rusia. Si el pasado domingo un ataque contra una refiner&iacute;a de la regi&oacute;n puso en alerta a la poblaci&oacute;n, que observ&oacute; varias columnas de humo visibles en distintos puntos de&nbsp; la ciudad, <strong>distintos vecinos odesanos vieron a media tarde del viernes un misil volar sobre sus cabezas en l&iacute;nea recta, seg&uacute;n el testimonio de varios ciudadanos recogidos por elDiario.es</strong>. Segundos despu&eacute;s, escucharon la detonaci&oacute;n a una mayor distancia, en una localizaci&oacute;n determinada que las autoridades ucranianas a&uacute;n no confirman.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los constantes<em> check-points</em>, las barricadas formadas por sacos de arena y los erizos y p&uacute;as anti-tanques recuerdan que estamos en un pa&iacute;s en guerra. La poblaci&oacute;n contin&uacute;a su vida con cierta normalidad y, aunque muchos comercios contin&uacute;an cerrados, muchos restaurantes y cafeter&iacute;as permanecen abiertas en un horario restringido. 
    </p><p class="article-text">
        Pero <strong>la advertencia de un posible ataque el 10 de abril aument&oacute; la tensi&oacute;n entre una poblaci&oacute;n que empiezan a agotarse de vivir &ldquo;al d&iacute;a&rdquo;</strong>. &ldquo;Ahora parece todo calmado, pero qui&eacute;n sabe qu&eacute; pasar&aacute; ma&ntilde;ana&rdquo;, dice una se&ntilde;ora septuagenaria mientras mira hacia el cielo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7c397a60-a414-4d6a-9cce-5386efb4e234_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7c397a60-a414-4d6a-9cce-5386efb4e234_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7c397a60-a414-4d6a-9cce-5386efb4e234_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7c397a60-a414-4d6a-9cce-5386efb4e234_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7c397a60-a414-4d6a-9cce-5386efb4e234_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7c397a60-a414-4d6a-9cce-5386efb4e234_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7c397a60-a414-4d6a-9cce-5386efb4e234_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una señora camina junto a las barricadas que protegen el casco histórico de Odesa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una señora camina junto a las barricadas que protegen el casco histórico de Odesa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Vitali, ataviado con una camiseta de &ldquo;Odesa&rdquo;, se acerca agarrado de sus padres a la plataforma que eleva el monumento en memoria del d&iacute;a en que el Ej&eacute;rcito Rojo expuls&oacute; a los nazis tras una operaci&oacute;n de varios meses. La base del obelisco ya est&aacute; repleta de flores, la mayor&iacute;a adornadas con un lazo amarillo y azul.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos agradecidos a los liberadores de nuestra ciudad. Amamos a nuestra ciudad y, gracias a ellos, los nazis se fueron&hellip; pero celebramos este d&iacute;a muy preocupados, porque tememos que puede haber un bombardeo en Odesa una vez m&aacute;s&rdquo;, dice el hombre, de 44 a&ntilde;os. &ldquo;Esta semana hemos sentido y visto los misiles. Estamos preocupados por nosotros, pero tambi&eacute;n por nuestra ciudad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su madre, Lidia, se emocion&oacute; frente al monumento. Este 10 de abril, tambi&eacute;n es su cumplea&ntilde;os. &ldquo;Ma&ntilde;ana cumplo 75 a&ntilde;os, nac&iacute; despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n, pero este d&iacute;a es muy especial para m&iacute;. Siempre venimos juntos. Nos dicen que la situaci&oacute;n en Odesa no es muy segura. Mi miedo, siempre, es el cielo&rdquo;, dijo este s&aacute;bado. 
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, una mujer miembro de la Guardia de Defensa Territorial interrumpe la charla para alertar a la familia de que llevan m&aacute;s tiempo de la cuenta parada en un mismo punto. &ldquo;En un espacio tan abierto como este, puede ser peligroso&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8ba0006d-451c-4d21-903d-c7288f95b886_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8ba0006d-451c-4d21-903d-c7288f95b886_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8ba0006d-451c-4d21-903d-c7288f95b886_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8ba0006d-451c-4d21-903d-c7288f95b886_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8ba0006d-451c-4d21-903d-c7288f95b886_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8ba0006d-451c-4d21-903d-c7288f95b886_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8ba0006d-451c-4d21-903d-c7288f95b886_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Vitali y su familia."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Vitali y su familia.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;&iquest;Yo soy nazi?&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Svitlana Holopoba cubre su cabeza con un sombrero t&iacute;pico sovi&eacute;tico, con la hoz y el martillo en su parte frontal, y viste una americana repleta de condecoraciones. Tiene 84 a&ntilde;os y es una de las v&iacute;ctimas de aquellos meses de ocupaci&oacute;n nazi.&nbsp;El 10 de abril de 1944 ten&iacute;a solo siete a&ntilde;os. Recuerda que llov&iacute;a mucho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes pas&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o con sus padres en una celda en el corredor de la muerte. Se toca el cuello y la cabeza para describir las torturas recibidas por sus padres, observadas cuando era una ni&ntilde;a. Holopoba pas&oacute; a ser reh&eacute;n del ej&eacute;rcito rumano en un orfanato de Belyaevka, donde hay una estaci&oacute;n de bombeo de agua. Un soldado sovi&eacute;tico la encontr&oacute;, seg&uacute;n su testimonio. Le dio un sombrero, cont&oacute; en otras ocasiones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c005e1d-02bf-4b5c-ba66-e2e9f1f335fb_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c005e1d-02bf-4b5c-ba66-e2e9f1f335fb_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c005e1d-02bf-4b5c-ba66-e2e9f1f335fb_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c005e1d-02bf-4b5c-ba66-e2e9f1f335fb_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c005e1d-02bf-4b5c-ba66-e2e9f1f335fb_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c005e1d-02bf-4b5c-ba66-e2e9f1f335fb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4c005e1d-02bf-4b5c-ba66-e2e9f1f335fb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Víctima de la ocupación nazi de Odesa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Víctima de la ocupación nazi de Odesa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El 24 de febrero estaba en su casa cuando se enter&oacute; del inicio de la guerra. &ldquo;De repente, me vinieron todos los recuerdos de cuando era una ni&ntilde;a. Me duele como si fuese entonces. Pero tambi&eacute;n me alegro de estar todos juntos, como amigos, defendiendo Odesa. Me siento orgullosa de mi ciudad&rdquo;. Holopoba es una habitual en cada celebraci&oacute;n antifascista, pero este a&ntilde;o es especial y quiz&aacute; a&uacute;n m&aacute;s doloroso. 
    </p><p class="article-text">
        Sufre por los ni&ntilde;os que, como ella, ahora tienen que vivir de nuevo la brutalidad de un conflicto. Tambi&eacute;n se indigna cuando escucha una de las justificaciones de Rusia para defender la invasi&oacute;n de Ucrania. La supuesta &ldquo;desnacificaci&oacute;n&rdquo; del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La anciana eleva el tono de su voz: &ldquo;&iquest;Acaso soy yo una nazi? &iquest;me ves pinta de nazi?&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Preocupaciones cada minuto&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Viene solo, intenta ser discreto, pero varios vecinos le paran para saludarse. Es Oleksandr Ivanitsky, miembro del Ayuntamiento de la regi&oacute;n de Odesa. Se acerca al monumento con un ramo de claveles rojos. &ldquo;Tenemos preocupaciones cada minuto, cada d&iacute;a, cada hora, de que algo puede pasar. Tambi&eacute;n sabemos que tenemos que caminar mirando para delante, pero tambi&eacute;n hacia arriba. Porque desde arriba nos puede caer un misil&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3764d98b-da91-4c86-b179-35859e61bd47_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3764d98b-da91-4c86-b179-35859e61bd47_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3764d98b-da91-4c86-b179-35859e61bd47_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3764d98b-da91-4c86-b179-35859e61bd47_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3764d98b-da91-4c86-b179-35859e61bd47_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3764d98b-da91-4c86-b179-35859e61bd47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3764d98b-da91-4c86-b179-35859e61bd47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Oleksandr Ivanitsky, miembro del ayuntamiento de Odesa deja un ramo de claveles rojos en la plaza del 10 de abril."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Oleksandr Ivanitsky, miembro del ayuntamiento de Odesa deja un ramo de claveles rojos en la plaza del 10 de abril.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Los habituales conciertos organizados en la plaza del 10 de abril ser&aacute;n sustituidos por el silencio y la vigilancia de las tropas ucranianas y la Guardia de Defensa Territorial</strong>. &ldquo;Vivimos cada d&iacute;a en funci&oacute;n de la situaci&oacute;n&rdquo;, dice la autoridad, &ldquo;pero tenemos que hacer todo lo posible para asegurar la protecci&oacute;n de nuestra poblaci&oacute;n en Odesa. Pensamos que quedarnos en casa es lo mejor para nuestra seguridad: porque no podemos descubrir los planes del agresor, del enemigo. Nadie creer&iacute;a que alguien pudiese bombardear una estaci&oacute;n de tren. No puedo entender qu&eacute; hacen. Normalmente, en esta plaza o en otros puntos de la ciudad, se re&uacute;ne mucha gente para celebrar la liberaci&oacute;n y queremos evitar que algo pudiese ocurrir&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un barrio localizado a unos 20 minutos en coche del centro de Odesa, Dasha se lamenta por el empeoramiento de la situaci&oacute;n de la ciudad. &ldquo;Ahora todo es aterrador&rdquo;, dice la joven a trav&eacute;s de Whatsapp. Este domingo iba a celebrar el cumplea&ntilde;os de su abuela, un d&iacute;a antes de su ingreso en el hospital. &ldquo;Ahora ya nos tenemos que quedar en casa y no sabemos cu&aacute;ndo podr&aacute; salir del hospital... Es muy triste&rdquo;, dice la joven, que pas&oacute; las &uacute;ltimas semanas en Chisin&aacute;u apoyando a refugiados ucranianos llegados a la capital moldava. Llevaba d&iacute;as ilusionada por volver a casa, pero el d&iacute;a siguiente de su llegada se despert&oacute; con la noticia del impacto de un misil ruso en la refiner&iacute;a de la regi&oacute;n. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5cf04971-e9c8-4a2b-8022-8c1ee4d0982a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5cf04971-e9c8-4a2b-8022-8c1ee4d0982a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5cf04971-e9c8-4a2b-8022-8c1ee4d0982a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5cf04971-e9c8-4a2b-8022-8c1ee4d0982a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5cf04971-e9c8-4a2b-8022-8c1ee4d0982a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5cf04971-e9c8-4a2b-8022-8c1ee4d0982a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5cf04971-e9c8-4a2b-8022-8c1ee4d0982a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un hombre compra tabaco junto a las barricadas que protegen el centro de Odesa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un hombre compra tabaco junto a las barricadas que protegen el centro de Odesa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Junto a un supermercado, ubicado junto a la catedral de Odessa, decenas de habitantes ultimaban las compras antes del d&iacute;a de confinamiento obligatorio. Con una bolsa en sus manos, Irina y Alisa paseaban a los perro un par de horas antes del inicio del toque de queda. &ldquo;Estamos preocupadas. Al ser el d&iacute;a de la liberaci&oacute;n de nuestra ciudad, hay peligro y posibilidad de bombardeo con misiles&rdquo;, cuentan las mujeres, que han decidido permanecer en su ciudad. Solo se marchar&iacute;an del pa&iacute;s, dicen, en caso de asedio ruso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El toque de queda impuesto por las autoridades ucranianas impide tambi&eacute;n salir a comprar alimentos. &ldquo;Hemos comprado algo de comida. Ma&ntilde;ana solo nos queda esperar a algo. No s&eacute; a qu&eacute;...&rdquo;, dice Alisa. Se dedica a la hosteler&iacute;a, pero desde el inicio de la guerra apenas ha podido trabajar. Se han acostumbrado a este mes y medio de calma tensa en Odesa, donde su poblaci&oacute;n se prepara desde el principio del conflicto para un ataque ruso por tierra, mar y aire que no ha llegado a producirse, con el frente terrestre a&uacute;n estancado en los alrededores de la regi&oacute;n de la ciudad sure&ntilde;a de Mikolaiv. &ldquo;Tenemos miedo. Vivimos al d&iacute;a, pero estamos cansadas de vivir al d&iacute;a. No podemos planear nada. No podemos pensar en el futuro. Nada. Solo despertarse, ver que todo est&aacute; bien en ese momento, y seguir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>GS/OC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez / Olmo Calvo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/odesa-confina-24-horas-amenaza-ataque-aniversario-liberacion-ocupacion-nazi_1_8905687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Apr 2022 13:25:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/49eeb2d3-204f-413d-8ee0-d44dddce906b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1507254" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/49eeb2d3-204f-413d-8ee0-d44dddce906b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1507254" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Odesa se confina 24 horas por la “amenaza de ataque” en el aniversario de su liberación de la ocupación nazi]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/49eeb2d3-204f-413d-8ee0-d44dddce906b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Guerra en Ucrania,Odesa,Rusia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vlad, de brillar como tenor en la ópera, a voluntario en Odesa: "Nunca nos arrodillaremos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/vlad-brillar-tenor-opera-voluntario-odesa-arrodillaremos_1_8872145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c0f6d1e-db9f-4bea-acab-721ecb2ad325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vlad, de brillar como tenor en la ópera, a voluntario en Odesa: &quot;Nunca nos arrodillaremos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tenor ucraniano Vladislav Goray pasó de cantar en Teatro de la Ópera y Ballet de su ciudad a colaborar con otros voluntarios en la defensa de Ucrania. Ahora se dedica a transportar cajas con redes de camuflaje.</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de sortear un control de erizos checos, Vlad fija los ojos en el edificio de Odesa que le oy&oacute; cantar por primera vez. Este tenor colg&oacute; su esmoquin y se dedica ahora a transportar cajas con redes de camuflaje. Tras la guerra, dice, su pa&iacute;s y Rusia ser&aacute;n &ldquo;enemigos durante a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un d&iacute;a soleado en esta ciudad del sur de Ucrania amenazada por las tropas rusas. Vladislav Goray contempla uno de sus principales emblemas, la &Oacute;pera, que conoce como la palma de su mano porque ah&iacute; debut&oacute; en 1993 con &ldquo;El barbero de Sevilla&rdquo; y protagoniz&oacute; incontables estrenos.
    </p><p class="article-text">
        Las puertas barrocas del edificio redondo se ven ahora cubiertas por sacos blancos amontonados y nadie puede acceder a sus aleda&ntilde;os. El silencio es total, solo roto por el maullido de una gata que se acerca pidiendo cari&ntilde;o. Vlad, de voz suave, mira su fachada principal, respira y entorna los ojos con la pregunta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- &iquest;Qu&eacute; piensa al verla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Pienso que esta gran belleza fue creada por arquitectos con mucho talento y en cualquier momento, de repente, puede ser destruida.
    </p><p class="article-text">
        Recorri&oacute; 37 pa&iacute;ses con su voz y cantado en el Royal Albert Hall de Londres, pero se queda con su &Oacute;pera. &ldquo;No es porque trabaje aqu&iacute;, sino porque es Patrimonio de la Humanidad, pertenece a todo el mundo. Me dan ganas de llorar&rdquo;, dice imaginando lo peor para un edificio que resisti&oacute; indemne el asedio nazi de 73 d&iacute;as a la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que Vlad haya acabado en Odesa. Ciudad monumental, es adem&aacute;s un referente cultural en Ucrania. En sus calles encontramos una treintena de museos, as&iacute; como cuatro academias y escuelas de m&uacute;sica. Un dicho local lo resume: &ldquo;Si ves caminar a un ni&ntilde;o en Odesa sin un estuche de viol&iacute;n, simplemente quiere decir que toca el piano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero con la guerra, Vlad ya no va a la &Oacute;pera. Aunque sigue desempolvando el traje en alg&uacute;n concierto en la televisi&oacute;n ucraniana, cada ma&ntilde;ana se enfunda ropa c&oacute;moda para acudir a un centro donde decenas de mujeres tejen redes de camuflaje.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; en la planta baja de un t&iacute;pico edificio odesita estilo cl&aacute;sico del siglo XIX, de gruesas paredes, grandes ventanas y un amplio patio interior. All&iacute;, el silencio de la plaza de la &Oacute;pera lo sustituyen conversaciones, risas y cuchicheos de mujeres afanadas en atar tiras de telas verde oliva, negras y marrones.
    </p><p class="article-text">
        En una de las habitaciones, codo con codo con sus compa&ntilde;eras de voluntariado, est&aacute; la madre de Vlad, natural, como &eacute;l, de Malin, un pueblo al oeste de Kiev que ha sufrido bombardeos rusos en cuatro ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay nada militar all&iacute;&rdquo;, apunta Vlad. Pero las tropas rusas destruyeron la escuela de m&uacute;sica donde &eacute;l empez&oacute; a estudiar y su madre trabaj&oacute; cincuenta a&ntilde;os como directora de coro. En Malin sigue su hermano, alistado en las defensas territoriales, unas unidades que, lamenta el tenor, no tienen ni chalecos antibalas.
    </p><p class="article-text">
        El improvisado taller lo ocupan las voluntarias de una asociaci&oacute;n que lleva desde la guerra del Donbas de 2014 fabricando material para el Ej&eacute;rcito, financiado de sus propios bolsillos.
    </p><p class="article-text">
        Svitlana, una de sus fundadoras, profesora de idiomas jubilada, explica que trabajan de ocho de la ma&ntilde;ana a ocho de la tarde, momento en que regresan a casa para cumplir con el toque de queda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dicen que esperamos la paz, pero no es cierto, lo que esperamos es la victoria&rdquo;, explica Svitlana, porque la paz, aclara, &ldquo;puede ser diferente&rdquo; y perfilar una Ucrania distinta, pero la victoria no. &ldquo;Lo que hacen en Ucrania no se puede describir con palabras, tenemos mucho dolor en nuestros corazones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Vlad, se trata de luchar por un &ldquo;estilo de vida&rdquo;. &ldquo;Por eso resistimos con tanta fuerza. No queremos vivir como en Rusia. Es una lucha de dos mentalidades diferentes. Nunca nos arrodillaremos ante los rusos, queremos ser libres. Y no son solo palabras, es un sentido de la existencia muy serio. No queremos ser una Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Porque esta invasi&oacute;n, a&ntilde;ade, marca un antes y un despu&eacute;s en su relaci&oacute;n con Rusia. Ahora Vlad ve la guerra del Donbas de 2014 como un primer aviso. Svitlana vio venir lo que ahora ocurre, destaca, pero no &eacute;l ni muchos ucranianos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pens&aacute;bamos que no iba a volver a pasar y vivimos nuestras vidas. Para nosotros la guerra empez&oacute; muy de repente: nos fuimos a dormir y por la ma&ntilde;ana nos levantamos con las explosiones&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00705c98-62ee-4432-9912-aecb04b09b1a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00705c98-62ee-4432-9912-aecb04b09b1a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00705c98-62ee-4432-9912-aecb04b09b1a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00705c98-62ee-4432-9912-aecb04b09b1a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00705c98-62ee-4432-9912-aecb04b09b1a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00705c98-62ee-4432-9912-aecb04b09b1a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/00705c98-62ee-4432-9912-aecb04b09b1a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El tenor ucraniano Vladislav Goray posa ante el Teatro de la Ópera y Ballet de Odesa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El tenor ucraniano Vladislav Goray posa ante el Teatro de la Ópera y Ballet de Odesa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &Eacute;l, recuerda, estuvo en Rusia en 2012 cantando &ldquo;Rigoletto&rdquo;. &ldquo;Desde fuera son gente normal, igual la propaganda los cambi&oacute;&rdquo;, dice para vaticinar que ambos pa&iacute;ses ser&aacute;n &ldquo;enemigos por a&ntilde;os&rdquo;. &ldquo;Han matado a mucha de nuestra gente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante una nueva pregunta, Vlad tarda dos segundos en responder y clava los ojos, esta vez en su interlocutora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- &iquest;Te ves cantando en Rusia dentro de 20 a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - No.
    </p><p class="article-text">
        Por Mar&iacute;a Traspaderne, para la agencia EFE.
    </p><p class="article-text">
        <em>IG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/vlad-brillar-tenor-opera-voluntario-odesa-arrodillaremos_1_8872145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Mar 2022 15:39:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0c0f6d1e-db9f-4bea-acab-721ecb2ad325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="219764" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0c0f6d1e-db9f-4bea-acab-721ecb2ad325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="219764" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Vlad, de brillar como tenor en la ópera, a voluntario en Odesa: "Nunca nos arrodillaremos"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0c0f6d1e-db9f-4bea-acab-721ecb2ad325_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Guerra en Ucrania,Odesa,Rusia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rusia continúa los bombardeos sobre Járkov y regiones de Sumy y Odesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/rusia-continua-bombardeos-jarkov-regiones-sumy-odesa_1_8809065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4fad1cc6-db8d-4cfa-a206-73c0f1ce0aeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rusia continúa los bombardeos sobre Járkov y regiones de Sumy y Odesa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Desde el comienzo del día 12 de la invasión rusa, el enemigo continuó realizando ataques con cohetes-bomba y artillería contra los asentamientos de Ucrania", señaló el Mando General de las Fuerzas Armadas en su último parte. Los rusos continúan utilizando la red de aeródromos de Bielorrusia para realizar ataques aéreos en Ucrania.</p></div><p class="article-text">
        Las fuerzas rusas continuaron su asedio con misiles y artiller&iacute;a contra varias ciudades y regiones de Ucrania, especialmente en J&aacute;rkov (este), la segunda mayor ciudad, y las regiones de Sumy (noreste) y Odesa (sur), informaron este lunes las autoridades ucranianas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde el comienzo del d&iacute;a 12 (de la invasi&oacute;n rusa), el enemigo continu&oacute; realizando ataques con cohetes-bomba y artiller&iacute;a contra los asentamientos de Ucrania&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; el Mando General de las Fuerzas Armadas en su &uacute;ltimo parte.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n dijo, los rusos contin&uacute;an utilizando la red de aer&oacute;dromos de Bielorrusia para realizar ataques a&eacute;reos en Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con el Servicio Estatal de Emergencias, en J&aacute;rkov, donde las tropas rusas entraron hace ocho d&iacute;as, hubo ataques a&eacute;reos contra edificios residenciales cerca del Servicio de Aplicaci&oacute;n de la Ley Militar de las Fuerzas Armadas de Ucrania y sus alrededores, contra un policl&iacute;nico del Ministerio del Interior y la torre de televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Debido a las bombas, incendios a gran escala envolvieron 21 edificios en la parte central de la ciudad: 11 edificios fueron destruidos total o parcialmente.
    </p><p class="article-text">
        El fuego tambi&eacute;n afect&oacute; a una escuela de m&uacute;sica, edificios residenciales, dormitorios de estudiantes y un centro m&eacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Al menos ocho personas fallecieron en los bombardeos y unas 200 personas fueron rescatadas, seg&uacute;n inform&oacute; en su cuenta oficial de Facebook el Mando General de las Fuerzas Armadas.
    </p><p class="article-text">
        En Ojtirka, regi&oacute;n de Sumy, la comunidad de la ciudad &ldquo;se ha convertido en reh&eacute;n de la agresi&oacute;n rusa&rdquo; con v&iacute;ctimas mortales en los ataques rusos y est&aacute; &ldquo;completamente sin calefacci&oacute;n y electricidad.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con las autoridades, una central termoel&eacute;ctrica qued&oacute; destruida y aviones rusos tambi&eacute;n bombardearon almacenes con alimentos, materiales de construcci&oacute;n y estacionamientos para camiones de combustible.
    </p><p class="article-text">
        Este domingo por la noche fue adem&aacute;s atacada desde el mar la regi&oacute;n de Odesa, a orillas del mar Negro.
    </p><p class="article-text">
        Los misiles cayeron cerca de Tusla y da&ntilde;aron infraestructuras esenciales, seg&uacute;n el portavoz del centro operativo de la Administraci&oacute;n Militar Regional de Odesa, Serhiy Bratchuk.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, hubo bombardeos rusos en barrios residenciales y suburbios de Mykolaiv (sur) que provocaron incendios.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, en la regi&oacute;n de Kiev (norte), en Irpin, donde ayer fallecieron ocho personas por ataques rusos en medio de una evacuaci&oacute;n, seg&uacute;n el alcalde, Oleksandr Markushyn, los ciudadanos permanecen sin luz, agua y calefacci&oacute;n desde hace m&aacute;s de tres d&iacute;as y no hay suministro de alimentos ni agua. 
    </p><p class="article-text">
        Con informaci&oacute;n de EFE.
    </p><p class="article-text">
        <em>IG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/rusia-continua-bombardeos-jarkov-regiones-sumy-odesa_1_8809065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Mar 2022 13:22:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4fad1cc6-db8d-4cfa-a206-73c0f1ce0aeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="152066" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4fad1cc6-db8d-4cfa-a206-73c0f1ce0aeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="152066" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Rusia continúa los bombardeos sobre Járkov y regiones de Sumy y Odesa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4fad1cc6-db8d-4cfa-a206-73c0f1ce0aeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Guerra en Ucrania,Rusia,Odesa]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
