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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Angeles Salvador]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/angeles-salvador/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Angeles Salvador]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[In articulo mortis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/in-articulo-mortis_129_9585933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee13f756-2a6e-4c9d-a1f3-badf378bb80d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="In articulo mortis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2021 desde Vinilo Editora pensaron en publicar El libro de las diatribas, una compilación de distintas autoras y autores. Una de las convocadas fue Angeles Salvador. El tema que eligió fue contra la muerte, un texto que finalizó dos semanas antes de entrar en terapia intensiva. Angeles murió el 28 de junio de 2022. Publicamos este último ensayo como adelanto del libro que acaba de llegar a las librerías. Lo acompaña una introducción de Joanna D´Alessio y Mauro Libertella, sus editores.</p><p class="subtitle">Archivo. - Las columnas de Angeles Salvador en elDiarioAR</p><p class="subtitle">Archivo. - Murió la escritora argentina Ángeles Salvador</p></div><p class="article-text">
        <em>A mediados del 2021 empezamos a pensar la idea de un libro que fuera un compendio de diatribas, textos escritos en contra de algo. La diatriba, la cr&iacute;tica despiadada y el ajuste de cuentas tienen una larga tradici&oacute;n en la literatura, e imaginamos entonces un libro que se entroncara en esa tradici&oacute;n y, a su modo, con temas contempor&aacute;neos, actualizara el debate. Convocamos a once autores de diversos or&iacute;genes est&eacute;ticos &ndash;narradores, dramaturgos, poetas&ndash; entre los que estaba Angeles Salvador, a la que ven&iacute;amos leyendo con mucho inter&eacute;s. &ldquo;Me va a encantar, ya te digo que s&iacute;. Tengo que pensar sobre qu&eacute; quiero estar en contra&rdquo;, contest&oacute;.&nbsp;El 7 de marzo de 2022 retomamos la conversaci&oacute;n y Angeles nos dijo que estaba con mucha tos, lo que le imped&iacute;a pensar limpiamente, pero que se le hab&iacute;a ocurrido ya el asunto contra el que quer&iacute;a escribir: la muerte. Se puso a escribir mientras &ndash;nos contaba por mail&ndash; visitaba m&eacute;dicos y se hac&iacute;a estudios. As&iacute;, en esa carrera contra algo que a&uacute;n no sab&iacute;a lo que era, escribi&oacute; esta diatriba. Llegamos a tener dos o tres intercambios ya con el texto escrito y entregado (sugerencias, retoques, detalles) y luego de la &uacute;ltima versi&oacute;n Angeles ya dej&oacute; de escribir (en el sentido profundo de la palabra). El 16 de mayo nos dijo: &ldquo;Estoy este a&ntilde;o con varios temas de salud, re podrida, la verdad&rdquo;. Tres d&iacute;as despu&eacute;s la internaron.&nbsp;Este es el texto que escribi&oacute;, quiz&aacute;s su &uacute;ltimo texto original, sin dudas su primer p&oacute;stumo. Es el ensayo que cierra El libro de las diatribas, que se publica apenas unos meses luego de su muerte. El libro est&aacute; dedicado a ella.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>                                                                                                                                                           </strong></em><em>   Joanna D&acute;Alessio y Mauro Libertella</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El libro de las diatribas donde se publica el texto de Angeles Salvador                            </span>
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      <p class="quote-text">In articulo mortis</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Por Angeles Salvador</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estar&iacute;a bien resucitar: que cuando me muera, a la semana, se descubra un m&eacute;todo para reactivar el proceso homeost&aacute;tico de mis c&eacute;lulas y que cicatricen y rejuvenezcan con diecinueve o veintid&oacute;s a&ntilde;os. Que me exhumen y la ciencia me d&eacute; el soplo vital. Que me tengan en un hospital hidratada con un suero. Que me miren asombrados. Y me digan que fui seleccionada entre un grupo selecto de muertos recientes para beneficiarse con los primeros ensayos de resucitaci&oacute;n celular en occisos humanos y que conmigo han logrado el resultado esperado. Que muchas gracias por regresar a donde no me llamaron. Otra vez. Que evaluaron, por motivos que saltan a la vista y que yo s&eacute; mejor que nadie, que era muy necesario que volviera a vivir para retomar mis asuntos &mdash;&iquest;qu&eacute; asuntos?&mdash;. Que antes del alta, fil&oacute;sofos y f&iacute;sicos me quieran escuchar. Que uno de esos fil&oacute;sofos me invite a comer fuera del hospital y escriba, gracias a m&iacute;, que volv&iacute; con la mejor de las empirias, el tratado de filosof&iacute;a jam&aacute;s escrito: &ldquo;<em>In articulo mortis</em>&rdquo;. Y me haga el amor &mdash;porque es necr&oacute;filo pero no lo sabe&mdash; y yo responda y goce como ninguna mujer viva lo hab&iacute;a hecho jam&aacute;s porque tendr&eacute; melancol&iacute;a de mi carne y porque mis enzimas, articulaciones, texturas y sinapsis estar&aacute;n renacidas, como lustradas. Y que la marca de energizante Red Bull, el patrocinador de la proeza cient&iacute;fica, me premie con millones de d&oacute;lares y compren mi l&aacute;zaro silencio.
    </p><p class="article-text">
        Pero no, no va a pasar porque la muerte es ortiba. Le dicen la Ortiba. Y el apodo es poco para calificar a este fen&oacute;meno determinante, finiquitador, aguafiestas y sobre todo tan arbitrario como limpio. Un fen&oacute;meno lleno de errores absurdos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para que tengamos en claro de qu&eacute; hablo, de qui&eacute;n hablo, hay que empezar por definir a su antagonista: la vida, perdedora al fin, pero desafiante mientras cree que gana. Hay, y perd&oacute;n por lo remanido, un origen intr&iacute;nseco de la muerte en la condici&oacute;n vital. &iquest;O es al rev&eacute;s? La cin&eacute;tica es una pista de vida. Si algo se mueve, un mil&iacute;metro apenas, est&aacute; vivo. A veces dudamos ante una ameba o un bicho canasta ensimismado o un cocodrilo durmiente o un alga f&eacute;tida o un helecho en una sala de espera que bien puede ser artificial o un embri&oacute;n. Yo, por ejemplo, dudo cuando leo en las revistas sobre personas que quedan en coma durante largas temporadas, o sobre personas solo torsos sin brazos ni piernas o, por qu&eacute; no, los contorsionistas del circo que parecen mu&ntilde;ecos de pl&aacute;stico. Sin embargo, est&aacute;n vivos. La muerte siempre es f&iacute;sica. La aparici&oacute;n repentina de la nada es un indicio de vida. Nacemos y por consiguiente nos vamos a morir, &iexcl;debemos morir! y vamos a morir una sola vez. Esto &uacute;ltimo queda claro porque nadie resucit&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no se sabe cu&aacute;ndo llegar&aacute; el d&iacute;a. Es una campanada que hace sonar la Ortiba, de pronto. Ella no pasa la fecha. Por defecto, creemos que ser&aacute; en la vejez, es lo esperable, es el plazo del plan de vida. Pero no es lo mismo &mdash;para nada lo es&mdash; morir joven que morir viejo. Si tuvi&eacute;ramos escrita la fecha organizar&iacute;amos la vida de manera m&aacute;s rendidora. Le pondr&iacute;amos fin a las bicicletas de las ilusiones y de las venganzas en las que solemos pedalear. Unos a&ntilde;os antes &mdash;o quiz&aacute;s unos d&iacute;as&mdash; uno se pondr&iacute;a m&aacute;s serio, ordenar&iacute;a las carpetas, escribir&iacute;a algunas cartas, gastar&iacute;a parte de los ahorros, filmar&iacute;a un video en el que aparenta haber sido muy feliz, pedir&iacute;a perd&oacute;n. Todo eso antes de ser viejo. Viejo en el sentido de pr&oacute;ximo a morir. Ampliar&iacute;amos las caracter&iacute;sticas de vejez, tal vez. Ya no ser&iacute;a la decrepitud, sino ser viejo en su propia vida porque ya se termina y lo sabe y lo saben los dem&aacute;s. Nacer con la fecha de muerte adosada o tatuada cambiar&iacute;a todo. No hablo de desahucio. El desahucio es el fin de la esperanza a seguir viviendo, un tel&oacute;n cerrando en las narices, el anuncio del terror. Hablo de duraci&oacute;n y caducidad.
    </p><p class="article-text">
        Una de las jugarretas enloquecedoras de la muerte es el factor sorpresa. Una cuenta regresiva mental, al ritmo de los cumplea&ntilde;os de las decenas, se ve interrumpida por la estad&iacute;stica de mortalidad y arruina los planes de revancha o de realizaci&oacute;n de alg&uacute;n tipo. Esta parte es dur&iacute;simamente universal. A medida que crec&eacute;s te dicen que vas a morir de viejo. Esa falsa esperanza enquista la tragedia, &iquest;por qu&eacute; no dicen la verdad? Que se mueren nonatos y las madres los paren muertos, que se mueren beb&eacute;s ahogados en el v&oacute;mito, que se mueren todos en cualquier momento: los que pueden pagar un pasaje del Concorde, los que se les abomb&oacute; el vientre porque los padres no pudieron darles comida, los que viven en las cadenas monta&ntilde;osas por el alud, los que vacacionan en la playa por la ola gigante, los t&iacute;sicos, los que no encontraron agua en el desierto, la jinete que se cay&oacute; del caballo en un salto negado, el espectador cordob&eacute;s de TC2000 atropellado a toda velocidad por un auto loco, el presidente parado en el descapotable, la modelo sobremedicada de diur&eacute;ticos, el huelguista convencido, la esposa contestadora, la que viaja sola, el diab&eacute;tico sin insulina, la princesa en una curva de Montecarlo, el joven riojano piloteando un helic&oacute;ptero, el dealer que se la tom&oacute; y no pag&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las grandes fallas que presenta la Ortiba es que, la mayor&iacute;a de las veces, para poder morirnos tiene que doler much&iacute;simo, tant&iacute;simo al punto extremo de morir. Este tema me resulta central. &iquest;Por qu&eacute;? La muerte, al ser una experiencia de sufrimiento, deja a la luz propiedades desagradables del cuerpo vivo: destructibilidad, enfermabilidad, envejecimiento; la fragilidad, en s&iacute;ntesis. &iquest;Hay algo m&aacute;s atroz que las mutilaciones, la agon&iacute;a terminal, un coraz&oacute;n aplastado por el peso simb&oacute;lico de la pata de un elefante en pleno infarto o que ser chupado por un remolino hacia el fondo de un lago? Y as&iacute; nos la pasamos la mayor parte de nuestras vidas atentos a la amenaza de materiales a altas temperaturas, proyectiles, agua en la nariz, vigas o &aacute;rboles sueltos, trenes sin frenos, virus y bacterias, objetos punzantes, cat&aacute;strofes clim&aacute;ticas, vinos adulterados, tarascones o trompadas en el maxilar. La inventiva para causar muerte casi siempre tiene que ver con la experiencia tortuosa del dolor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de las plantas es muy dif&iacute;cil observar el momento exacto de la muerte. En cambio, en los animales y los humanos el cuerpo deja de respirar; el aire no pasa y se queda quieto, quieto, duro, as&iacute; como estaba cuando hizo la &uacute;ltima respiraci&oacute;n, y no escucha, no contesta, le das una cachetada y no le duele. Lo pod&eacute;s rematar con otro balazo, y nada. Est&aacute; muerto. Y a partir de ese momento, otro de los absurdos de la Ortiba: los incordios del cad&aacute;ver. En primer lugar, porque el muerto no solo no colabora sino que de inmediato empieza a pudrirse y genera una necesidad de ocultamiento. Necesidad de morgues judiciales. Altos costos de los sepelios. Disyuntivas como: &iquest;velorio s&iacute; o velorio no?, &iquest;a tierra o cremaci&oacute;n? Buscar descuentos para jubilados, que los ofrecen como una soluci&oacute;n a la demanda disfrazada de bonhom&iacute;a. Despu&eacute;s, la entrop&iacute;a generar&aacute; la exhumaci&oacute;n de restos &oacute;seos para recuperar espacio planetario. Y en el plano psicol&oacute;gico, comienzan las reminiscencias del ser vivo que portaba el cad&aacute;ver: las pesadillas nocturnas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es un buen gesto poner un portarretrato. Lo veo bien. Una foto del muerto. Cuando estaba vivo, por supuesto. Seguro que sonr&iacute;e porque alguien, el fot&oacute;grafo amateur, le ordena &ldquo;dec&iacute; whisky&rdquo; o cualquier palabra, la idea es alargar la &uacute;ltima vocal, dejar la boca semiabierta hasta que salta el flash o el ruido del obturador, eso genera el efecto de una sonrisa y uno, en las fotos, si sale riendo se deja ver en la m&aacute;xima expresi&oacute;n del ser: la dicha alcanzable, la alegr&iacute;a voluptuosa, la conformidad pagada de s&iacute; misma. No tenemos fotos del muerto cuando llor&oacute;. Entonces miramos la foto m&aacute;s linda que qued&oacute;, para sopesar cu&aacute;nto se recuerda, para ver si se mueve la foto, si podemos moverla, en realidad, con el amor o el miedo o la intriga que le tuvimos al muerto, o la miramos para contarnos nuestra propia vida. Miramos la foto del muerto para refrescar la memoria porque un poco nos olvidamos de los detalles y del conjunto de la cara del muerto (&iexcl;s&iacute;, sobre todo la cara!) de tanto no verlos, y pensamos: &ldquo;No lo puedo creer. No est&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s entramos en el terreno conjetural que forj&oacute; la mism&iacute;sima historia de la humanidad: tanto sufrimiento en la Tierra, tanta desigualdad, tanta vida, no puede ser para nada, algo tiene que haber despu&eacute;s, no puede ser que uno se muera, quede todo en negro, y chau. La muerte es un v&eacute;rtice, un punto de inflexi&oacute;n, un pasaje, pero hacia qu&eacute;, &iquest;hacia una vida espejada, hacia una vida perfeccionada, hacia una conciencia luminosa de nimbo panc&oacute;smico, hacia una fusi&oacute;n espiritual con muertos anteriores y un ser superior que los cobija? &iquest;Hacia d&oacute;nde, hacia d&oacute;nde? &iquest;El m&aacute;s all&aacute; es continuar hacia el infinito?&iquest;Para qu&eacute; quiero ser inmortal si no tengo cuerpo? Al ser f&iacute;sicos, podemos accionar los pasos indicados para provocar la muerte. Por ejemplo, si una mujer est&aacute; junto a su amado adentro del auto en un barranco mirando la puesta del sol y por querer besarle el miembro se agacha y se apoya en el freno de mano de tal manera que lo desactiva y el auto que no estaba en cambio, que estaba en &ldquo;punto muerto&rdquo;, empieza a deslizarse y cae al vac&iacute;o desde el barranco, ah&iacute; la mujer provoc&oacute; la muerte de los dos. Fue un accidente. La cuesti&oacute;n del suicidio o el homicidio es casi lo mismo, pero se le agrega la intencionalidad previa (o no, &iquest;qui&eacute;n no jug&oacute; a la ruleta rusa aun sin saberlo?) y el conocimiento de m&eacute;todos para cada opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si un hombre mata a otro se lo busca, se lo encuentra, se lo atrapa y se lo encierra en edificios como jaulas, para castigarlo, para no tener que volver a perseguirlo, para ocultarlo y para que la familia del muerto vaya a visitarlo para ech&aacute;rselo en cara o para escupirlo, pero eso nunca pasa. Por eso es que el asesino en la c&aacute;rcel se cree un muerto. Lo de la luz de sol es lo de menos. Hay otras formas de muerte: la muerte de un hijo, la vejez, encontrar a una pareja sexual querida in fraganti con otra pareja sexual. Ser encontrado por una pareja sexual que nos quiere in fraganti con otra pareja sexual. Ser encontrado in fraganti por la pareja sexual que quiere a la pareja sexual de la ocasi&oacute;n. Ser pobre aunque digan lo contrario. Aunque digan: de qu&eacute; te sirven las riquezas si al caj&oacute;n te vas con lo puesto.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay maneras metaf&oacute;ricas de la muerte: morir de amor, morir de sue&ntilde;o, morir de aburrimiento, morir de bronca, morir de tristeza o tener un muerto en el placard. Morir de risa: sent&iacute;s las sienes hinchadas, los orificios nasales expandidos y la boca se abre sola, el diafragma sube y baja cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, el aire no sabe si bajar o si subir, la sangre se amontona en la cara y los cachetes se enrojecen como la frente. Se te salen los dientes de entre los labios, que est&aacute;n tan abiertos y estirados, y unos gritos como ladridos te nacen desde el vientre. El abdomen se contrae y te produce dolor intenso, ah&iacute; es cuando te tir&aacute;s doblado al piso y le ped&iacute;s por favor que pare de hacerte re&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        La humanidad le hizo la contra a la Ortiba con grandes inventos como la medicina y la farmac&eacute;utica, la fluoxetina, la asistencia telef&oacute;nica al suicida, los sem&aacute;foros, los detectores de metales en aeropuertos, Bono, Sting y Le&oacute;n Gieco, el 911, el f&oacute;rceps, el desarme nuclear, las religiones como soporte de la vida, el psicoan&aacute;lisis como soporte de la vida, el conductismo como soporte de vida, la ley de divorcio vincular, John Lennon y sus intenciones (la viva historia de una paradoja, pero ese es otro asunto), el dinero, el gimnasio. El juego de la copa. Los geri&aacute;tricos como retardadores. Los geri&aacute;tricos no tienen que tener olor a perfume o desodorante de ambientes porque eso quiere decir que no limpian bien. Los geri&aacute;tricos tienen que tener olor a limpio, a hospital, a lavandina. De todas formas el olor a orina subyace siempre, es un dejo que remite a lo peor. Los geri&aacute;tricos no son clubes de jubilados, ah&iacute; nadie juega a las cartas, ni teje ni nada. Lo que menos les importa es el concubino que les toc&oacute; en desgracia que est&aacute; tan deshecho como uno, tan harto, tan rendido. &iquest;Qu&eacute; se van a decir? &iquest;C&oacute;mo se van a desmentir semejante final? &iquest;Con qu&eacute; fuerza? Pero eso s&iacute;, les dan la medicaci&oacute;n y la misa una vez por semana y los acuestan y los levantan y les dan el brazo. La comida est&aacute; cortada y sin sal y el men&uacute; lo hace una nutricionista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una apreciaci&oacute;n personal. Mi proyecto de ley. Mi rezo. Mi deseo es la revocaci&oacute;n del car&aacute;cter definitivo de la Ortiba, la instauraci&oacute;n de un tope m&iacute;nimo de edad para democratizar en serio el capital vital, la eliminaci&oacute;n de matices asociados al sufrimiento f&iacute;sico para morir en paz que traer&iacute;a como consecuencia aparejada una econom&iacute;a en el macromiedo, mayor libertad y un gran ahorro para los Estados mundiales. Una muerte advertida y en despedida, como de desenchufar, sin trauma ni paliativos, indolora, ser&iacute;a tanto menos existencial, tanto m&aacute;s suicida, tanto m&aacute;s econ&oacute;mica. Ya no hace falta disimular que vamos a morir o, mejor dicho, presumir que no vamos a morir. Un tr&aacute;mite, unas cuantas disposiciones por tomar, un festejo, los honores &mdash;o no&mdash; que merecemos y de los que nos enteramos en vida. Lamentar la vida vivida o la vida perdida, depende de cada quien. Ser nuestros propios art&iacute;fices funerarios. Un poco de fanfarroner&iacute;a, otro poco de solemnidad, unos besos, unas l&aacute;grimas y entregar el alma como quien la entrega al Diablo. Ah&iacute;, s&iacute;, sin terror, decidirse a galopar con ella. Sin agon&iacute;a ni trauma. Y que si alguien quiere morir solo bailando en la terraza mirando la perspectiva de las calles de su barrio por &uacute;ltima vez, tambi&eacute;n pueda apagarse as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/in-articulo-mortis_129_9585933.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Oct 2022 03:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[In articulo mortis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Angeles Salvador]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángeles, escritora actriz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-escritora-actriz_129_9139584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ensayo general por Tamara Tenenbaum"></p><p class="article-text">
        Hace unos meses fui a un festival de literatura en Mar del Plata en el que hab&iacute;a una mesa dedicada al tema de &ldquo;la literatura de los m&aacute;rgenes&rdquo;. En los d&iacute;as anteriores a esa charla, todos los que and&aacute;bamos por ah&iacute; &ndash;los escritores que hab&iacute;an sido convocados a esa mesa, pero todos los dem&aacute;s tambi&eacute;n&ndash; nos dedicamos a tratar de entender qu&eacute; pod&iacute;a ser, en la Argentina del 2022, en el pa&iacute;s de los psicoanalistas y las editoriales independientes, una literatura marginal. No se trataba solamente de la cuesti&oacute;n institucional, de d&oacute;nde publicar y d&oacute;nde circular, sino quiz&aacute;s sobre todo de pensar en una literatura que pudiera quedar afuera de las conversaciones, que no participara de ninguna manera de las conversaciones hegem&oacute;nicas o contrahegem&oacute;nicas de &eacute;poca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, con l<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/murio-escritora-argentina-angeles-salvador_1_9093659.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a muerte de &Aacute;ngeles Salvador</a>, pens&eacute; que su nombre pod&iacute;a ser una respuesta rara pero precisa para esa pregunta que hab&iacute;a olvidado. Rara porque &Aacute;ngeles publicaba en Penguin Random House, y es un poco extra&ntilde;o decir que una persona que publica en una multinacional hace literatura de los m&aacute;rgenes, pero precisa, s&iacute;, porque no solo nadie estaba haciendo lo que ella hac&iacute;a: nadie quer&iacute;a, tampoco, hacer lo que ella hac&iacute;a. El proyecto de &Aacute;ngeles, porque sus dos novelas publicadas llegan a conformar eso, una literatura y un proyecto, era profundamente original y a la vez antievang&eacute;lico: <strong>nada en </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/autores/angeles-salvador/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>la literatura de &Aacute;ngeles </strong></a><strong>da a entender que la autora piense que esa literatura es la literatura que hay que hacer.</strong> Muchas literaturas contempor&aacute;neas que me interesan son lo contrario, pienso en Phillip Roth, pienso en Carrere, pienso en Miranda July, pienso en Rachel Cusk, pienso en Mar&iacute;a Gainza y siento que son escrituras que encierran tambi&eacute;n tesis, argumentos y luchas por una manera de entender lo literario. Pero la literatura de &Aacute;ngeles no hac&iacute;a eso. Quiz&aacute;s eso era lo que m&aacute;s ten&iacute;a de marginal, una cualidad heredada de una autora que nunca quiso ser parte de nada ni conocida por nadie. Una literatura del automargen en un momento en el que eso en s&iacute; mismo, decidir no discutir, ya es una contracultura.
    </p><p class="article-text">
        Aprovech&eacute; la muerte de &Aacute;ngeles para leer su &uacute;ltima novela, <em>La &uacute;ltima fiesta</em>. A medida que me fui adentrando en el texto record&eacute; mi experiencia con su otro libro, <em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em>. En ambos casos me pas&oacute; algo parecido: la sensaci&oacute;n de una poes&iacute;a callejera que en un principio te sumerge en algo que parece un hiperrealismo pero que despu&eacute;s se vuelve demasiado espectacular para ser un realismo de nada. La voz de la peluquera que narraba <em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em> y la de la cocinera cheta que protagoniza <em>La &uacute;ltima fiesta</em> me hicieron la misma pregunta: &iquest;qu&eacute; pasar&iacute;a si la realidad fuera como es, exactamente como es, igual de sucia y diversa y desafortunada e impredecible, pero con los colores mucho m&aacute;s brillantes, la mirada constante, la palabra precisa y la sonrisa perfecta? Ese era el realismo de &Aacute;ngeles: <strong>un realismo de quien ama el mundo, ama la Argentina, y las pinta con el amor y el odio de qui&eacute;n ama, el amor, el odio y el miedo, la bronca y el desamparo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;ngeles y yo nos conoc&iacute;amos poco pero cada vez que habl&aacute;bamos un poco habl&aacute;bamos mucho, porque compart&iacute;amos mucho. Intereses, sobre todo: hablamos alguna vez de escrituras ambiciosas, como lo era sobre todo la de ella, algo que yo he querido copiarle, la ambici&oacute;n en las texturas, sobre todo, pero creo que el inter&eacute;s que m&aacute;s compartimos fue el de cierto tipo de subjetividades. Gente que naci&oacute; en un barrio pero no est&aacute; orgullosa de &eacute;l, gente que quiere ser rica, que est&aacute; insatisfecha, que no mira con desd&eacute;n a las cosas buenas del mundo, que de verdad las quiere, que de verdad piensa que eso puede hacerte feliz, pero a la que las cosas le terminan saliendo mal, y te dan pena, porque no es que se tratara de una mina tan buena, el personaje digo, pero deseaba con tanto ah&iacute;nco que le fuera bien que es una pena enorme que no le vaya bien. Algo de todo esto es profundamente argentino. Eso tambi&eacute;n compart&iacute;amos, sin decirlo demasiado, sin hacer necesariamente de eso una bandera nacionalista, las ganas de escribir cosas que no pudieran pasar en ninguna otra parte del mundo ni de la sociedad que la parte en la que pasaban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso que el cuerpo lo enrarece todo, y en la literatura de &Aacute;ngeles eso aparec&iacute;a todo el tiempo. Chicos ciegos, mujeres que no pueden tener hijos. El cuerpo lo enrarece todo y &Aacute;ngeles estaba enferma pero adem&aacute;s de estar enferma &Aacute;ngeles era actriz. No lo supe porque ella me lo haya contado, lo supe porque Rafael Spregelburd escribi&oacute; sobre eso en una columna que ahora no puedo encontrar, sobre el trabajo de &Aacute;ngeles en su obra <em>Raspando la cruz</em>. Los escritores que hacen algo con el cuerpo (actuar, enfermarse) son un poco como los poetas que hacen prosa y que hacen la mejor prosa: gente que hace algo en contra de lo que hace, y que por eso es genial. Creo que hab&iacute;a algo en su realismo que se trataba de eso, algo de lo que quise decir arriba, porque eso que hac&iacute;a &Aacute;ngeles, de pintar una realidad que parece m&aacute;s verdadera que la realidad, es lo que hacen las grandes actrices como Spregelburd dice que era ella, hablar m&aacute;s veros&iacute;mil de lo que la gente habla en la vida real, llorar y querer y gritar con m&aacute;s verdad que la gente que est&aacute; llorando de verdad, viviendo supuestamente de verdad. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-escritora-actriz_129_9139584.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Jul 2022 03:02:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ángeles, escritora actriz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Angeles Salvador,Literatura,Literatura argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Angeles en el mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-mar_129_9127084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf66fba4-f29b-45cb-bc8c-a83b6f3f09a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Angeles en el mar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y filósofo Miguel Wiñazki despide a la escritora Ángeles Salvador, su pareja, quien murió a los 50 años.</p><p class="subtitle">Así escribía Angeles Salvador - El VIP de El Cielo</p><p class="subtitle">Angeles Salvador murió a los 50 años - Un repaso por su carrera y sus libros</p></div><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me divert&iacute;a de &Aacute;ngeles era su manifiesta ineptitud para todos los deportes. &ldquo;Odio el voley&rdquo;, me dec&iacute;a. &ldquo;Odio el hockey&rdquo;... y todo as&iacute;. Sin embargo, era una certera de Racing, y yo de Independiente, pero no hab&iacute;a querellas por eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y lo que m&aacute;s me gustaba, adem&aacute;s de su belleza irrefutable, era ese sarcasmo desfachatado para escribir como una posesa, piezas siempre, pero siempre, tan melanc&oacute;licas como alegres, tan oscuras como luminosas, tan dram&aacute;ticas como absurdas, tan luctuosas como vitales&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando la llev&eacute; por &uacute;ltima vez en auto a la Favaloro respiraba como amordazada. Pens&eacute; que se mor&iacute;a ahogada en el auto. &Iacute;bamos a una velocidad inconcebible, el ox&iacute;geno se le iba, justo a ella, la autora de <em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Uno nota el papel preponderante del ox&iacute;geno cuando nada o cuando se le est&aacute; por terminar el tanque, o cuando le tapan la cara con una almohada. O cuando hace una tintura de cabello&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En la novela hay buzos bajo el agua, tanques de ox&iacute;geno y una peluquera, un perro ag&oacute;nico que se llama &Uacute;ltimo y una tragedia rid&iacute;cula y no, pero eso, menos penosa.
    </p><p class="article-text">
        Y hay mucho amor y desamor tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y el ox&iacute;geno exhibe su papel preponderante, pero a ella se le fue el ox&iacute;geno del alma, y del cuerpo, al fin y al cabo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ella me le&iacute;a en voz alta a sus preferidos, Jonathan Lethem, John Cheever, Lorrie Moore, Philiph Roth tambi&eacute;n, Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara, Tamara Tenembaum y Agustina Bazterrica.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Era una ceremonia sacra. Enfocaba sus ojos sin anteojos y se tomaba en serio, muy en serio, el talento de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y yo la o&iacute;a, sintonizando, tratando de sintonizar con sus afinidades y su amor por las palabras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le hab&iacute;a pasado el manuscrito de un libro m&iacute;o para que lo editara. Su talento editorial era inversamente proporcional a sus refutaciones deportivas. Y all&iacute; entre sus cosas qued&oacute; el manuscrito. Un d&iacute;a, paso en auto por un bar, y desde mi auto, la veo a &Aacute;ngeles, sola en el bar, tarde, de noche, leyendo ese manuscrito con una atenci&oacute;n absoluta, con una entrega al texto, que, siento seguro, el texto no merec&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo le pasaba a ella cada columna que escrib&iacute;a y ella hac&iacute;a lo mismo con las suyas, las que escrib&iacute;a para elDiarioAr.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; s&iacute; discut&iacute;amos. En realidad, yo a ella casi no la correg&iacute;a, ella a m&iacute; s&iacute;. Y con raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n escuch&aacute;bamos m&uacute;sica en mi auto. Bueno, cuando logr&aacute;bamos conectar el Bluetooth, que era casi nunca&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica la hartaba: &ldquo;Le digo bueno, vamos a mi cuarto que me cambio el vestido, pero no digas nada de la mierda pol&iacute;tica&rdquo;, escribi&oacute; en La &uacute;ltima fiesta, en uno de los tantos di&aacute;logos de sus libros y relatos, en los que el vestuario cambia, pero la tensi&oacute;n, o la lujuria, o la muerte aguardando en cualquier parte, no cambian nunca. Todo est&aacute; siempre en cada p&aacute;gina,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La &uacute;ltima fiesta</em> es una fiesta frente al mar en Punta del Este. Todo termina mal, pero literariamente todo concluye con maestr&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente al mar, &Aacute;ngeles y yo hace poco. La &uacute;ltima vez, en La Caleta, vimos un partido de tres horas frente al mar. En un equipo jugaban Messi y Mbapp&eacute;. En realidad, jugaban un chico con la camiseta de Messi y otro con la de Mbapp&eacute;. Para nosotros eran ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, desde luego eran Messi y Mbapp&eacute;, sin dudas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero en el otro equipo jugaba Neymar y ganaron los otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s del partido ella compr&oacute; churros, y yo nad&eacute; mucho, y fuimos felices.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute;a un libro en una tarde, y hasta tres en un d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me empez&oacute; a hablar de <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pez Banana</a>, pero no era de <em>Un d&iacute;a perfecto para el pez banana</em>, de lo que tambi&eacute;n me hablaba, sino de un experimento de luz y de propagaci&oacute;n de libros. Y eso era esencial para ella. Recibir libros y leer y leer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quer&iacute;a escribir m&aacute;s, mucho m&aacute;s, siempre escribir.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y quer&iacute;a todo para sus hijos, y de verdad, no quer&iacute;a nada para ella, como si su misi&oacute;n fuera solamente la de dar, porque as&iacute; era Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Proven&iacute;a de una genealog&iacute;a entreverada en la que hubo un m&uacute;sico paraguayo entre los ancestros, que parti&oacute; raudo tras dejar a su abuela encinta de su madre.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a efectivamente algo guaran&iacute; en su esp&iacute;ritu, hispano, it&aacute;lico, argento y racinguista.
    </p><p class="article-text">
        Yo le dec&iacute;a Roa Bastos; Augusta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Prefer&iacute;a no aparecer en ning&uacute;n lado. Si le hac&iacute;an una nota no la le&iacute;a. Ni siquiera comentaba que hab&iacute;a salido un art&iacute;culo sobre su obra en tal o cual lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final estaba sin estar, en coma, d&iacute;as y eternidades. Pero estaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque &Aacute;ngeles no se va jam&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero igual nos quedamos solos.
    </p><p class="article-text">
        <em>MW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Wiñazki]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/angeles-mar_129_9127084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jun 2022 20:06:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Angeles en el mar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Angeles Salvador,Duelos,Libros,Miguel Wiñazki]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El VIP del Cielo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vip-cielo_1_9126372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b202869-effe-4a58-94cc-1e6a1ffb2d3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1740y2493.jpg" width="1200" height="675" alt="El VIP del Cielo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora argentina Angeles Salvador murió hoy a los 50 años. Desde elDiarioAR elegimos recordarla compartiendo este cuento inédito que escribió para la revista que enviamos gratis a las y los socios que nos apoyan mes a mes.</p><p class="subtitle">Una columna de Angeles Salvador - El dinero, la herencia y la familia</p><p class="subtitle">Angeles Salvador - Un repaso por su carrera y sus libros</p></div><p class="article-text">
        Esa ma&ntilde;ana del 31 de diciembre Melina fue a trabajar en taxi al centro, a la oficina de Levi&rsquo;s, la empresa de jeans que se hab&iacute;a instalado en el pa&iacute;s gracias a la apertura -as&iacute; se dec&iacute;a- a la globalizaci&oacute;n que propon&iacute;a el gobierno, directamente desde El Cielo, la discoteca de moda que quedaba en la costa del R&iacute;o de la Plata, a metros del aeropuerto local en el norte de Buenos Aires. Hab&iacute;a tomado gintonics y todav&iacute;a le quedaba medio papel para aguantar en el trabajo y tres m&aacute;s para vender. Se los hab&iacute;a regalado un dealer al que le dec&iacute;an One. Melina cre&iacute;a que era gay aunque lo hab&iacute;a visto besando a una actriz de una novela del canal 13. Es que tambi&eacute;n lo hab&iacute;a visto discutir y llorar en el estacionamiento con un chico, mientras Melina se estaba yendo con un tipo con moto a un lugar que despu&eacute;s no podr&iacute;a recordar excepto por el dolor de un cachetazo cuando volv&iacute;a en el 106 a su casa en Floresta con flashes de algo indecible. En la disco Melina no contaba que trabajaba de recepcionista sentada ocho horas en una banqueta giratoria detr&aacute;s del mostrador de un piso treinta de una torre de Leandro N. Alem, frente a la puerta de vidrio que daba al palier con ascensores impredecibles como telones de un teatro agujereado y sin suerte, a cargo de un conmutador marr&oacute;n con setenta y cuatro internos que se sab&iacute;a de memoria, y cinco l&iacute;neas rotativas. Miles de llamadas cada d&iacute;a: aguarde en l&iacute;nea, por favor y la m&uacute;sica de espera, de parte de la esposa y la m&uacute;sica de espera, no me lo pases y la m&uacute;sica de espera. Ten&iacute;a talento para poder sostener tantas charlas, silencios y castigos con musiquitas irritantes en su mente y en el tiempo real. Prefer&iacute;a decir que estudiaba Marketing en la UADE.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n ten&iacute;a suerte: se la hab&iacute;a deseado el gerente de recursos humanos el d&iacute;a que le dijo que empezaba el lunes. Melina le crey&oacute; porque era supersticiosa y la suerte la acompa&ntilde;&oacute; hasta esa ma&ntilde;ana de fin de a&ntilde;o en la que lleg&oacute; totalmente despierta a la oficina, con sus papeles en el corpi&ntilde;o, la promesa de que saldr&iacute;an al mediod&iacute;a luego de un brindis con los gerentes y su displicencia, las secretarias y su poder remanido y el resto de los empleados, desde los de dise&ntilde;o hasta los de publicidad, las de limpieza, el viejo del carro del kiosco que le fiaba un cart&oacute;n de Camel por semana y el cadete, la &uacute;nica persona a la que le prestaba el tel&eacute;fono para hacer llamados personales porque le correteaba algunos gramos a otros cadetes del centro y eso le serv&iacute;a para que One la dejara entrar a bailar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del brindis sortear&iacute;an cincuenta vouchers por un Levi&rsquo;s 501 que pod&iacute;an retirar del local del Patio Bullrich esa misma tarde. Si ganaba, Melina pensaba estrenarlo combinado con una remera blanca de manga americana que se hab&iacute;a comprado en Munro en la gran noche de A&ntilde;o Nuevo que organizaba El Cielo y que promet&iacute;a espejos ciegos y buena suerte para 1992. En la oficina picaban papel en la trituradora para tirar por las ventanas como la tradici&oacute;n de la city porte&ntilde;a obligaba. Melina vio bajar al cadete del ascensor haciendo unos pasitos de rollinga, dichoso y transpirado. Ven&iacute;a de repartir las &uacute;ltimas postales con buenos deseos corporativos dispuesto a terminar el d&iacute;a, el a&ntilde;o, saludar, comer y llevarse &eacute;l tambi&eacute;n un 501.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Japi niu ier, beb&eacute; -le dijo- haceme el &uacute;ltimo llamadito del a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Melina le dijo que se apurara porque ya ten&iacute;a que llamar al resto para que pasasen a la sala de directorio. El cadete se hizo el que llamaba a una novia. &ldquo;Mu&ntilde;eca, a las 12 y 5 estoy en tu casa&rdquo; dijo, y cort&oacute;. Melina llam&oacute; a los setenta y cuatro internos. Es como si tuviera setenta y cuatro jefes, dec&iacute;a siempre. Casi nadie atendi&oacute;. Le dijo al cadete que la esperara y fue al ba&ntilde;o de discapacitados a tomar un poco m&aacute;s para no aparecer doblada en el brindis. Estaba despierta desde hac&iacute;a m&aacute;s de veinticuatro horas y justo iba a ver a Germ&aacute;n Neuman, un relaciones p&uacute;blicas, a quien sol&iacute;a ver en El Cielo apretando con alguna modelo de agencia, las que desfilaban los Levi&rsquo;s. &Eacute;l a veces la saludaba de lejos. Perfecto, cruelmente lindo, m&aacute;s que ning&uacute;n hombre que ella hubiera conocido antes. Ese invierno, una tarde en la que esperaba el ascensor &eacute;l le hab&iacute;a preguntado c&oacute;mo hac&iacute;a para entrar a El Cielo. Y Melina le hab&iacute;a dicho que por One y Germ&aacute;n se hab&iacute;a re&iacute;do. En el ba&ntilde;o pens&oacute; en Germ&aacute;n en la reuni&oacute;n, de la manera que lo hac&iacute;a siempre en el ba&ntilde;o, y despu&eacute;s se tom&oacute; el resto de su papel. Cuando volvi&oacute; el cadete la mir&oacute; y ella le dijo:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; te pasa, boludo? Vamos as&iacute; com&eacute;s un poco que est&aacute;s cagado de hambre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mir&aacute; que le promet&iacute; al cadete de Arauca.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Dejame disfrutar que se termina este a&ntilde;o de mierda.
    </p><p class="article-text">
        Alguien se hab&iacute;a ocupado de que la m&uacute;sica ambiental de la sala fuera de G&eacute;nesis. Hab&iacute;a unas cien personas, las chicas de limpieza se resguardaban en las de administraci&oacute;n, unas madres aburridas, que bandejeaban canap&eacute;s con kanikama y salsa golf y s&aacute;ndwiches de miga. Los gerentes entraron y les dieron un beso a cada uno, pero luego se agruparon junto al gran ventanal desde donde se ve&iacute;a apenas el r&iacute;o a tomar champagne y a hablar de los asuntos pendientes de siempre. Melina, para bajar la merca, tambi&eacute;n trag&oacute; cuatro copas de champagne. Vio que el de recursos humanos ten&iacute;a un sobre pl&aacute;stico en la mano con lo que parec&iacute;an ser los vouchers. Despu&eacute;s, el director de Levi&acute;s Argentina, un estadounidense, hizo un balance anual y prefij&oacute; metas para el 92. Sumaron sus palabras el gerente general y Germ&aacute;n Neuman que cit&oacute; a Osho para impactar con una interioridad vuelta jactancia. El de recursos humanos pas&oacute; al sorteo y entonces Germ&aacute;n sugiri&oacute; que la recepcionista sacara los papelitos. Hab&iacute;a s&oacute;lo treinta. Sab&iacute;a que este a&ntilde;o no habr&iacute;a 501 para todos pero no se imagin&oacute; que fueran tan pocos. Invitaron a Melina a pararse en una silla frente al ventanal que daba al cielo para lucir sus piernas y su minifalda tubo mientras el gerente bat&iacute;a una bolsa con los nombres de todos los que estaban ah&iacute;. Empez&oacute; la loter&iacute;a. El primer Levi&rsquo;s fue para Marta, la contadora, el segundo para el viejo del carro del kiosco y as&iacute; siguieron hasta los veintinueve vouchers, sin suerte para ella ni para el cadete. Y ah&iacute; Melina sac&oacute; el &uacute;ltimo nombre: Germ&aacute;n Neuman. Germ&aacute;n salt&oacute; de alegr&iacute;a y la alz&oacute; a Melina de las piernas, la abraz&oacute; fuerte por debajo de las nalgas, como a un talism&aacute;n venerable y todos aplaudieron y el hecho de que Germ&aacute;n estuviera tan feliz por tener un Levi&acute;s m&aacute;s hizo que Melina amara la empresa y mucho m&aacute;s su puesto en la empresa. Al bajarla, Germ&aacute;n pas&oacute; su nariz por el pubis de Melina y ella sinti&oacute; que estaba en el centro de una pista o en el mejor telo de la ciudad o en el a&ntilde;o 2000. Los de administraci&oacute;n hab&iacute;an abierto el ventanal y tiraban papelitos. Sonaba Invisible touch de G&eacute;nesis. Quedaron bailando enfrentados. Melina sac&oacute; un sobre metalizado del corpi&ntilde;o, se lo meti&oacute; en el bolsillo del saco a Germ&aacute;n y mir&oacute; por la ventana. Llov&iacute;an planillas rotas desde el cielo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vip-cielo_1_9126372.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jun 2022 16:19:06 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murió la escritora argentina Ángeles Salvador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/murio-escritora-argentina-angeles-salvador_1_9093659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b8a12fc2-05c0-4f8f-8684-3df6639a9782_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murió la escritora argentina Ángeles Salvador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Autora de dos novelas notables y de numerosos cuentos, relatos cortos y columnas, falleció en Buenos Aires a los 50 años. Un repaso por su carrera, sus libros y sus palabras siempre lúcidas.</p><p class="subtitle">Lee un cuento inédito de Angeles Salvador - El VIP de El Cielo</p><p class="subtitle">Las columnas de Ángeles Salvador en elDiarioAR</p><p class="subtitle">Pez Banana - “La última fiesta”, de Ángeles Salvador, la última autora tardía de la Argentina</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si los escritores construimos personajes &ndash;dijo alguna vez&ndash;, yo soy la escritora tard&iacute;a&rdquo;. La escritora &Aacute;ngeles Salvador, que impact&oacute; a lectores y a la cr&iacute;tica con su debut literario, <em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em>, en 2017 y luego volvi&oacute; a hacerlo en 2021 con su segunda novela, <em>La &uacute;ltima fiesta</em>, <strong>muri&oacute; en Buenos Aires v&iacute;ctima de una complicaci&oacute;n en su salud a partir de un cuadro de Covid-19. Ten&iacute;a 50 a&ntilde;os</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Con un estilo filoso, directo, corrosivo y por momentos muy agudo, <strong>los relatos de Salvador, que se form&oacute; como actriz hasta que pasados sus cuarenta a&ntilde;os se volc&oacute; a la ficci&oacute;n literaria, se destacan por su lucidez y su extraordinario sentido del humor</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de sus dos novelas notables, Salvador es autora de relatos breves que formaron parte de antolog&iacute;as. Hasta mayo de este a&ntilde;o, <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/angeles-salvador/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la autora tambi&eacute;n publicaba una columna quincenal en </a><a href="https://www.eldiarioar.com/autores/angeles-salvador/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiarioAR</em></a> <strong>sobre uno de los temas que la obsesionaban: el dinero</strong>. Adem&aacute;s en diciembre hab&iacute;a publicado<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/vip-cielo_1_9126372.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> un cuento in&eacute;dito en la revista impresa</a> que elDiarioAR le env&iacute;a a sus socias y socios. 
    </p><p class="article-text">
        Tal como cont&oacute; en varias entrevistas, antes de ser escritora &ndash;antes, incluso, de siquiera saber que le interesaba escribir&ndash; <strong>&Aacute;ngeles Salvador se form&oacute; con el director teatral y destacado maestro de actores Ricardo Bart&iacute;s</strong>. Eran los a&ntilde;os noventa, una d&eacute;cada que reconstruy&oacute; con gran maestr&iacute;a en sus dos libros, que salieron por los sellos Reservoir Books y Lumen respectivamente. <strong>Entre otros, por aquellos d&iacute;as comparti&oacute; ensayos y escenas con destacados actores y actrices como Rafael Spregelburd, Mar&iacute;a Onetto, Soledad Villamil y Luis Mach&iacute;n</strong>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La última fiesta, la novela de Angeles Salvador                            </span>
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        <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/ultima-fiesta-angeles-salvador-ultima-autora-tardia-argentina_132_8320873.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tal como apunta esta nota que sali&oacute; en Pez Banana a prop&oacute;sito de la publicaci&oacute;n de La &uacute;ltima fiesta</a>, de Bart&iacute;s, cont&oacute; Salvador alguna vez, aprendi&oacute; un recurso elemental que despu&eacute;s estructur&oacute; su literatura: <strong>para convencer no es necesario apelar a una memoria, lo importante es la mentira, le ense&ntilde;aron</strong>. &ldquo;El cuerpo del actor mintiendo convincentemente en un pacto con el p&uacute;blico: hacerte creer durante una hora algo para provocar cierta emoci&oacute;n&rdquo;, record&oacute; la escritora.
    </p><p class="article-text">
        Cerca de sus 40 a&ntilde;os, Salvador recibi&oacute; una noticia muy dura: su salud se debilitaba y deb&iacute;a hacerse estudios que le confirmaron un cuadro alarmante. &ldquo;Ten&eacute;s una insuficiencia renal grave, te dan alt&iacute;simas la urea y la creatinina. Busc&aacute; ya un nefr&oacute;logo y empez&aacute; a ver qu&eacute; hac&eacute;s&rdquo;, <a href="https://www.infobae.com/sociedad/2021/11/23/se-separo-quedo-en-la-quiebra-supero-un-trasplante-y-publico-su-primera-novela-a-los-45-anos-entrevista-a-angeles-salvador/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">record&oacute; en una entrevista con el sitio Infobae</a> y agreg&oacute;: <strong>&ldquo;Hasta que me dicen: &lsquo;Lamentablemente ten&eacute;s el 14% de la funci&oacute;n renal, hay que empezar di&aacute;lisis ya, y la salida que ten&eacute;s es un trasplante&rdquo;</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces comenz&oacute; un camino duro, hasta que en 2016, por la donaci&oacute;n de un ri&ntilde;&oacute;n que le hizo su padre &ndash;a quien le dedic&oacute; su primer libro&ndash; logr&oacute; hacerse el trasplante.
    </p><p class="article-text">
        Sobre sus comienzos en la escritura, Salvador record&oacute; en esa misma nota, con la periodista <strong>Mercedes Funes</strong>, que ocurri&oacute; en un momento muy particular de su vida: &ldquo;Fue despu&eacute;s de que me separ&eacute;. Ten&iacute;a 38 a&ntilde;os y tres hijos chiquitos y muy seguidos, porque dos son mellizos, y la m&aacute;s grande reci&eacute;n hab&iacute;a cumplido dos. <strong>Yo no ten&iacute;a mucho sost&eacute;n de cuidado, nadie que me ayudara. </strong>Eran tantos, que si no ten&eacute;s una madre o una suegra que se metan con vos en tu casa &ndash;y eso no hab&iacute;a&ndash;, qued&aacute;s como tomada por esa situaci&oacute;n: la separaci&oacute;n, las mudanzas, y salir adelante de vuelta. Yo hab&iacute;a quedado afectada en lo econ&oacute;mico y tambi&eacute;n ten&iacute;a esa necesidad de cuando empez&aacute;s a estar un poquito mejor, de decir: &lsquo;Algo quiero hacer yo tambi&eacute;n, yo existo&rsquo;. Quer&iacute;a retomar mi inter&eacute;s art&iacute;stico, lo expresivo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si los escritores construimos personajes, yo soy la escritora tardía</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ángeles Salvador</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 2017 lleg&oacute; su primera novela, <em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em>, y con ella la confirmaci&oacute;n &ndash;por parte de los lectores y tambi&eacute;n de la cr&iacute;tica: el libro agot&oacute; sus primeras tiradas&ndash; de que se trataba de una autora notable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>El papel preponderante del ox&iacute;geno</em>, la &oacute;pera prima de &Aacute;ngeles Salvador, aborda el universo vertiginoso de una joven que, al perder a sus padres, es criada por sus t&iacute;os, de quienes <strong>buscar&aacute; alejarse apenas traspase la adolescencia para iniciar una vida marcada por la soledad, en la que, muy a su pesar, acumular&aacute; experiencias de fracaso</strong>, donde lo absurdo parece envolverlo todo&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; entonces la agencia <em>T&eacute;lam.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;El papel preponderante del oxígeno&quot;, la novela debut de Ángeles Salvador"
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                &quot;El papel preponderante del oxígeno&quot;, la novela debut de Ángeles Salvador                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;El relato en primera persona, dominado por la voz de Rose, est&aacute; marcado por una asepsia emocional que contrasta con los hechos narrados, que por momentos parecen cruzar el l&iacute;mite de lo real, lo que le permite a la autora tomar distancia y <strong>construir un subtexto connotado de sordidez y desesperanza</strong>. En el libro, Rose ha quedado hu&eacute;rfana al morir sus padres en un naufragio en el Tigre y es adoptada por sus t&iacute;os, dos personas que poco se interesan por ella, y de quienes buscar&aacute; separarse lo antes posible e irse de Vicente L&oacute;pez a la Ciudad de Buenos Aires. En la Capital encontrar&aacute; sustento trabajando en una peluquer&iacute;a de Barrio Norte, s&iacute;mbolo de la superficialidad y las apariencias, donde cambiar&aacute; su nombre de Rosa a Rose, y aprender&aacute; el arte del peinado y c&oacute;mo embellecer pieles y u&ntilde;as de personas, muchas veces, en decadencia&rdquo;, agreg&oacute; la agencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Salvador logra en esta novela atrapante anclada en los a&ntilde;os 90 una atm&oacute;sfera asfixiante, por momentos morigerada por el humor, donde la protagonista s&oacute;lo parece encontrar remanso en el medio l&iacute;quido en el que desaparecieron sus padres&rdquo;</strong>, se&ntilde;al&oacute; tambi&eacute;n <em>T&eacute;lam</em>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;Salvador logra en esta novela atrapante anclada en los años 90 una atmósfera asfixiante, por momentos morigerada por el humor&quot;, destacó la crítica sobre su primer libro.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Llegados los d&iacute;as de la pandemia y del aislamiento preventivo y obligatorio, Salvador, que por haber sido trasplantada debi&oacute; seguir los cuidados a rajatabla, continu&oacute; escribiendo. Entre otras cosas, colabor&oacute; con una serie de textos llamados <em>Lista de exceptuados</em> que <a href="http://www.cceba.org.ar/letras/la-lista-de-exceptuados-2" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">fueron publicados en la web del Centro de la Cooperaci&oacute;n Espa&ntilde;ola</a> de Buenos Aires. <strong>Fueron ocho relatos centrados en aquellas personas que tuvieron permiso para circular durante la los d&iacute;as m&aacute;s duros de las restricciones sanitarias</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Por aquellos d&iacute;as, a la vez, la autora termin&oacute; su novela <em>La &uacute;ltima fiesta</em>, que finalmente sali&oacute; publicada por Lumen en 2021. El libro cuenta la historia de Stella Blanco, una mujer de 50 a&ntilde;os que narra desde una c&aacute;rcel uruguaya <strong>&ldquo;el derrotero de su vida y de su &uacute;ltima gran fiesta en Punta del Este&rdquo;</strong>, seg&uacute;n cont&oacute; Salvador.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1525483340094119939?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando me preparaba para los mejores d&iacute;as de mi vida vinieron los peores. Me llamo Stella Maris Blanco y cada ma&ntilde;ana, cuando me despierto en esta celda que hice pintar de amarillo, <strong>me arrepiento de haber organizado la fiesta de mis cincuenta a&ntilde;os</strong> porque por esa fiesta ya no veo el mar&rdquo;, se presenta la narradora en el libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A comienzos de 2022, &Aacute;ngeles Salvador debut&oacute; en elDiarioAR</strong><em><strong> </strong></em><strong>como columnista</strong>. <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/angeles-salvador/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cada quince d&iacute;as, lectores y lectoras de este medio pudieron disfrutar de sus columnas dedicadas al dinero</a>.
    </p><p class="article-text">
        Madre de tres hijos &ndash;Francisca, Catalina y Federico&ndash; la escritora naci&oacute; en 1972 en Buenos Aires, donde muri&oacute; v&iacute;ctima de una complicaci&oacute;n en su salud a partir de un cuadro severo de Covid-19.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/murio-escritora-argentina-angeles-salvador_1_9093659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jun 2022 14:19:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Murió la escritora argentina Ángeles Salvador]]></media:title>
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