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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Jean Paul Sartre]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Jean Paul Sartre]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las manos sucias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manos-sucias_129_9303970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d383daed-bb34-4c2a-980e-b4a38d10f165_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x439y203.jpg" width="1200" height="675" alt="Las manos sucias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre la obra de Sartre en el San Martín, el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner y sobre la mirada escribe Romina Paula.</p><p class="subtitle">Por Moira Soto - Total vigencia y fuerte atractivo de una obra de Sartre que se presenta en el Teatro San Martín</p></div><h3 class="article-text">Una visi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Ayer cruzaba la ciudad en bicicleta, r&aacute;pido para lo r&aacute;pido que mi peque&ntilde;o rodado me permite desplazarme y una imagen me acometi&oacute;. Veo a una chica sentada en los escalones de la escalera de un edificio. Es decir, no la veo con mis ojos desde la bicicleta, la veo dentro de mi cabeza, como si la recordara, o la imaginara. Esa chica parece dormida a primera vista. Est&aacute; sentada, un poco vencida hacia adentro, son sus hombros los que se vencen, su cabeza se apoya contra la pared o acaso est&eacute; m&aacute;s vencida a&uacute;n y su barbilla haga contacto con su pecho, de tan vencida que est&aacute;. En un primer instante podr&iacute;a pensarse que duerme, que se durmi&oacute;. Pero cuando se eval&uacute;a bien, se comprueba que esa chica est&aacute; vac&iacute;a por dentro. Literalmente, no como modo de decir. Esa chica es la c&aacute;scara; es solo su ropa, su cabello y su piel lo que estamos viendo: por dentro ya no tiene ni &oacute;rganos ni nada, y si la toc&aacute;ramos con un dedo esa figura se doblar&iacute;a como un bolso vac&iacute;o.
    </p><h3 class="article-text">Una obra</h3><p class="article-text">
        El fin de semana fui a ver <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/total-vigencia-fuerte-atractivo-obra-sartre-presenta-teatro-san-martin_1_9227422.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las manos sucias, una versi&oacute;n de la obra de Sartre dirigida por Eva Halac en el San Mart&iacute;n</a>. Acompa&ntilde;o a una amiga que quiere ir a ver a un compa&ntilde;ero de trabajo pensando, en principio, qu&eacute; raro Sartre hoy y tambi&eacute;n, qu&eacute; ser&aacute; hacer y ver/ o&iacute;r a Sartre hoy. Le&iacute; bastante de Sartre en mi a&ntilde;o del Cbc, suena pretencioso, lo era, ten&iacute;a un novio que era muy lector de &eacute;l, por alguna raz&oacute;n ten&iacute;a entre mis manos un ejemplar de la conferencia <em>El existencialismo es un humanismo</em>, intentaba leerlo en mis recreos en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de la secundaria, no entend&iacute;a todo pero cada tanto alguna llam&eacute;mosle verdad que probablemente fuera lucidez me golpeaba y con eso ya era suficiente. Entonces cuando conoc&iacute; a Lucas en el Cbc todo se aline&oacute; y le&iacute;amos a Sartre y Cort&aacute;zar y tambi&eacute;n a Simone y fantase&aacute;bamos con la vida de ellxs todos y a ese caldo humanista le sumaba yo tambi&eacute;n alguna l&iacute;nea del Goethe, algo de Nietzsche, Dostoievsky, Hesse, Kafka: mis primeros a&ntilde;os universitarios, primeros y los &uacute;nicos que tuve, te&ntilde;idos por esta tradici&oacute;n. No tanto por entenderla pero bastante s&iacute; por percibirla o sentir eco o resonancia o <em>sentido</em>, que probablemente busc&aacute;ramos, y que esas lecturas ten&iacute;an. En esa &eacute;poca fuimos a ver una puesta de <em>A puerta cerrada</em> en alg&uacute;n teatro sobre Paseo Col&oacute;n, todo de esa &eacute;poca es l&uacute;gubre y vital al mismo tiempo, algo busc&aacute;bamos, algo quer&iacute;amos entender, quer&iacute;amos sentir, pens&aacute;bamos que estudiar, formarnos, ser universitarios, pensar, cuestionar, ser&iacute;a nuestra herramienta para poder actuar, ser en el mundo, intervenir y modificar lo que nos parec&iacute;a que no. Tanto no nos hemos alejado de la senda. Entonces, ir a ver un Sartre, tambi&eacute;n, mueve y remueve cosas. &iquest;Qu&eacute; nos dir&aacute; Sartre ahora, hoy?
    </p><p class="article-text">
        La sala Casacuberta es semicircular, creo que es mi sala favorita del San Mart&iacute;n. En todas la madera prevalece pero en esta, algo de su tama&ntilde;o intermedio, su calidad de nave, en la que se ve bien desde todos lados y se est&aacute; cerca y lejos al mismo tiempo, es una sala en la que siempre me gusta estar. Esta vez, para su puesta, Halac aprovecha la propuesta modernista de Mario Roberto &Aacute;lvarez, el arquitecto que dise&ntilde;&oacute; el San Mart&iacute;n y reproduce el decorado del palier dentro de la sala: su mural, sus muebles, su paleta. De hecho, la construcci&oacute;n del edificio del San Mart&iacute;n es de apenas unos a&ntilde;os antes que la escritura de la obra de Sartre, que bien podr&iacute;a haberse paseado por esa est&eacute;tica modernista pues. Adem&aacute;s, la obra reflexiona/ se pregunta acerca de la representaci&oacute;n, en este caso al hacer pol&iacute;tica, qu&eacute; roles se interpretan, cu&aacute;nto hay de enga&ntilde;o, y por cu&aacute;nto tiempo se puede sostener un papel, o cu&aacute;nta fe es necesaria para ello. En la obra, un miembro burgu&eacute;s de un partido de resistencia comunista asume la tarea de ir a asesinar a un alto mando de su mismo partido, porque otra fracci&oacute;n del partido no est&aacute; de acuerdo con una negociaci&oacute;n que ese alto mando est&aacute; a punto de emprender. Para eso lo mandan a convivir con su objetivo y en el transcurso de los d&iacute;as y las escenas se va encari&ntilde;ando con ese jefe, lo respeta y hasta le gana cari&ntilde;o, y eso hace que vaya aplazando su misi&oacute;n y se vaya convirtiendo en ese personaje que vino a interpretar: el del secretario de Hoederer. Sobre el &uacute;ltimo tramo de la obra aparece una l&iacute;nea rom&aacute;ntica un poco forzada para mi gusto que tuerce el curso de los acontecimientos y Hugo el burgu&eacute;s acaba asesinando a Hoederer de un disparo pero solo por celos, por la trama pasional. Sobre el final de la obra, que sucede en dos tiempos, se vuelve al presente de la acci&oacute;n y Hugo, reci&eacute;n liberado de la c&aacute;rcel, descubre que Hoederer se ha convertido en algo as&iacute; como un h&eacute;roe p&oacute;stumo de la organizaci&oacute;n y que sus ideas, las que &eacute;l deb&iacute;a silenciar con esa arma, prevalecieron, lo que lo deja doblemente humillado y en error. Hugo corre hacia sus verdugos y se hace acribillar, para silenciar todo de una vez.
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            <span class="title">
                &quot;Las manos sucias&quot; en el Teatro San Martín                            </span>
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        Pasaron apenas un par d&iacute;as del ataque a Cristina. Ac&aacute; tambi&eacute;n hay un arma, ac&aacute; tambi&eacute;n hay una trama, ac&aacute; el arma dispara y alguien muere pero no de verdad. Hendler como Hoederer se arroja al piso despu&eacute;s del estallido en los parlantes, y hay un apag&oacute;n con cambio temporal. La imagen hoy impacta m&aacute;s que nunca. Imagino que Hendler muere distinto hoy que hace dos d&iacute;as, que su ca&iacute;da no reverbera igual. Y esta vez, como casi siempre, las circunstancias de la as&iacute; llamada realidad superan en magia a la de la ficci&oacute;n: un arma, un brazo, que se acercan demasiado; un arma cargada que no dispara ni aunque la gatillen, una muerte horrenda que no sucede, una muerte horrenda que constru&iacute;a un relato insoportable, el de callar, el de hacer callar, el de mandar a callar, con (la)/ en nombre de la violencia.
    </p><p class="article-text">
        El domingo leo<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/cristina-fernandez-hannah-arendt-politica-violencia_129_9287477.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una columna muy l&uacute;cida de Tamara Tenenbaum en este mismo diario.</a>
    </p><p class="article-text">
        Cito su p&aacute;rrafo final:&nbsp; &ldquo;<em>Se habla a veces de que estamos saturados de pol&iacute;tica; Arendt analiza, en la parte m&aacute;s l&uacute;cida de Sobre la violencia, la cuesti&oacute;n de si la pol&iacute;tica es &mdash;como sosten&iacute;an muchos te&oacute;ricos con los que ella conversaba&mdash; id&eacute;ntica a la violencia. Es l&oacute;gico que piense esto, dice Arendt, quien cree que el Estado no es m&aacute;s que un instrumento de la clase dominante. Pero para una tradici&oacute;n igualmente importante, los que pensamos que el Estado es algo m&aacute;s (algo mejor) que eso, la pol&iacute;tica no es s&oacute;lo algo distinto de la violencia: es su contrario. En la frase m&aacute;s hermosa del texto, Arendt afirma que </em><em><strong>la violencia puede destruir al poder; es incapaz de crearlo.</strong></em><em> La subrayo todos los a&ntilde;os, como un acto de psicomagia, esperando que siga teniendo raz&oacute;n.&rdquo;</em>
    </p><h3 class="article-text">Un avistaje</h3><p class="article-text">
        A un par de cuadras de mi casa, en una esquina soleada, a plena tarde, veo a un hombre tir&aacute;ndole migas a un grupo de palomas. Lo &uacute;nico un poco extra&ntilde;o o corrido de la escena es la esquina que elige para hacerlo, y que lleve una caja de cart&oacute;n en la mano. Por algo me detengo, algo de la escena lo convierte en una escena a mirar. Las palomas se re&uacute;nen para picotear el pan, el hombre arroja la caja sobre ellas, encierra algunas, mete la mano por la parte superior de la caja que tiene una peque&ntilde;a abertura, manipula con pericia y en cuesti&oacute;n de segundos hace algo con esa mano que no llego a ver, alza la caja y se aleja caminando. Por debajo del cart&oacute;n asoman las patas inertes de por lo menos dos palomas. Camina hacia una bicicleta a un par de metros, abre la puertecilla de una caja que lleva atada atr&aacute;s, mete el bot&iacute;n que nunca llego a ver del todo con la misma precisi&oacute;n y celeridad con la que hizo todo lo dem&aacute;s. Es algo que hace con frecuencia, es algo que sabe hacer, y lo hace muy bien. Acabo de asistir, con velos, al crimen de dos palomas: est&aacute;n vivas picoteando pan, cae una caja, les quiebran el cuello, no viven m&aacute;s. La aut&eacute;ntica y verdader&iacute;sima caja del gato de Schr&ouml;dinger, &iquest;o ser&iacute;a esta su opuesto, vivas primero, muertas despu&eacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, en la escalera, en el teatro, en la calle, bajo la caja: las cosas son y no son al mismo tiempo, est&aacute;n suspendidas en su posibilidad, opuesta, hasta que se definen en una direcci&oacute;n. Y si lo que determina esa definici&oacute;n es la mirada, &iquest;es la mirada tambi&eacute;n la que mata, o deja vivir?
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manos-sucias_129_9303970.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Sep 2022 04:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Simone de Beauvoir,Jean Paul Sartre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Total vigencia y fuerte atractivo de una obra de Sartre que se presenta en el Teatro San Martín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/total-vigencia-fuerte-atractivo-obra-sartre-presenta-teatro-san-martin_1_9227422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9839f66f-06a1-4b98-b08b-5b09a0380c63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x855y457.jpg" width="1200" height="675" alt="Total vigencia y fuerte atractivo de una obra de Sartre que se presenta en el Teatro San Martín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estrenada en 1948, “Las manos sucias” es una perfecta maquinaria teatral que resiste algunos cortes y cambios de una adaptación que preserva el debate político, la amenidad y el creciente suspenso del original.</p></div><p class="article-text">
        Tener las manos sucias, tener las manos limpias: una a&ntilde;eja met&aacute;fora para decir que alguien es culpable o inocente. En cambio, lavarse las manos para salirse de un brete, para sacarse de encima una responsabilidad, como hizo realmente Poncio Pilatos -tan citado desde que lo dej&oacute; anotado el evangelista Mateo hace casi 2 milenios- es una suciedad que no se puede limpiar ni con agua bendita&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Las manos de Hoereder, unos de los dos protagonistas masculinos de <strong>Las manos sucias</strong>, obra de Jean-Paul Sartre estrenada hace poco en el San Mart&iacute;n, se han manchado de mierda y de sangre (en sentido no tan figurado), seg&uacute;n &eacute;l mismo lo proclama desde su lugar de dirigente pol&iacute;tico curtido en mil batallas, realista sin ambages. Se lo estampa a Hugo, joven -de poco m&aacute;s de 20 en el texto original- proveniente de la alta burgues&iacute;a, avergonzado de su clase, de su pasado de ni&ntilde;o bien consentido que querr&iacute;a lavar, borrar. Se afili&oacute; hace un a&ntilde;o al Partido Proletario, escribe en una revista de la casa, pero no le basta: quiere pasar a la acci&oacute;n propiamente dicha, ponerse en riesgo.
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                &quot;Las manos sucias&quot; en el Teatro San Martín                            </span>
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        Con esa meta, Hugo llega con su bonita esposa igualmente burguesa a Iliria, donde se encuentra con la horma de su zapato: Hoereder, un exmilitante que ya hizo ese camino, crey&oacute; en los ideales revolucionarios, se manch&oacute; bien manchado y ahora es un pragm&aacute;tico un toque esc&eacute;ptico que apuesta a la realpolitik, capaz de negociar sus principios a buena distancia de todo purismo. Nada se sabr&aacute; en el desarrollo de la pieza de los or&iacute;genes de Hoereder (<em>nom de</em> <em>guerre</em>); solo de la breve vida anterior de Hugo, hijo de un pr&oacute;spero empresario, estudiante universitario afecto a la poes&iacute;a, intelectual de coraz&oacute;n sangrante decidido a mimetizarse con el proletariado hambriento de pan y quiz&aacute;s de algunos lujos: el perfil de los dos custodios que reconocen y envidian la calidad de la ropa de Hugo y se&ntilde;ora es de una agudeza no exenta de causticidad, que la directora Eva Halac acent&uacute;a, lleva al paso de comedia.
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                &quot;Las manos sucias&quot; en el Teatro San Martín                            </span>
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        Hugo llega pues a Iliria, pa&iacute;s relativamente ficticio ya que con este nombre existi&oacute; en Europa Central un territorio habitado por diversas tribus, con una larga historia de invasiones y ocupaciones desde la Guerra del Peloponeso, siempre bajo distintos dominios. Illyrie en franc&eacute;s, Illyria en ingl&eacute;s: siglos antes de que Sartre escribiera en 1948 <strong>Las manos sucias</strong>, fue elegido por Shakespeare como escenario de la deliciosa comedia de enredos amorosos titulada en espa&ntilde;ol <strong>Noche de reyes</strong>. En cuanto a la Iliria de Sartre, ha sido le&iacute;da como una referencia a Hungr&iacute;a o Rumania, teniendo en cuenta la situaci&oacute;n de estos pa&iacute;ses todav&iacute;a en plena Segunda Guerra. Porque los 5 cuadros centrales de esta obra de 7 cuadros -de 2 al 5, durante un minucioso flashback que hace Hugo en 1945- transcurren en 1943. En la adaptaci&oacute;n de Halac, los hechos suceden en una fecha imprecisa, m&aacute;s cercana en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Una fracci&oacute;n del Partido, encabezada por Luis y Olga, le asigna al ansioso Hugo la misi&oacute;n de matar a Hoereder, el hombre que est&aacute; en tren de traicionar sus principios al transar con el enemigo. Con dos enemigos, para m&aacute;s datos: el Partido Liberal capitalista y el pr&iacute;ncipe de Iliria, siempre listo para negociar por conveniencia. Hugo, impaciente por darle un sentido a su vida jug&aacute;ndose por sus ideales, se ha ofrecido a liquidar a Hoereder. As&iacute;, el burguesito so&ntilde;ador se arrima al l&iacute;der carism&aacute;tico para ser su secretario, cuando los alemanes ya han invadido Iliria y se supone que las tropas sovi&eacute;ticas est&aacute;n al llegar. Hugo arriba con su mujer Jessica, un personaje que fluctuar&aacute; en H &amp; H, revel&aacute;ndose cada vez m&aacute;s complejo y ambiguo de lo que parec&iacute;a en primera instancia. Intuitiva, perspicaz, la chica tiene calado a su marido en su fragilidad, su indecisi&oacute;n. Asimismo, haciendo la falsa ingenua, coquetea con los custodios, le va tomando el tiempo a Hoereder, detr&aacute;s de cuya dureza sarc&aacute;stica se adivina un <em>homme &agrave;</em> <em>femmes</em>. Un viejo seductor que reconoce prontamente <em>l&rsquo;oddore di femina</em>, y prefiere guardar distancia.&nbsp;
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        Pero Jessica tiene otros planes. Entonces se va armando un curioso, virtual tri&aacute;ngulo, al borde del cuadrado porque por ah&iacute; ronda Olga, mujer de armas llevar y apuntar, modelo masculino tradicional guerrero en su reciedumbre impostada, m&aacute;s encari&ntilde;ada con Hugo de lo que podr&iacute;a reconocer. Mientras que Jessica, siempre impecablemente elegante, de tacones y falda, sofisticada y ronroneante parecer&iacute;a encarnar la m&aacute;s rancia femineidad, si no fuera por su humor ir&oacute;nico de <em>femme fatale</em> del cine negro, por las sagaces observaciones que va desgranando al pasar. Ella, que no es tenida en cuenta salvo como objeto de deseo, va descubriendo el otro lado de los personajes, los meandros de la pol&iacute;tica, de ese ejercicio del poder donde las manos se ensucian de una u otra forma. Por acci&oacute;n, por omisi&oacute;n, por traici&oacute;n, por falsificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En tanto que Hoereder y Hugo son antagonistas, las dos caras de una moneda que se atraen y se rechazan, y Olga adopta ciegamente la obediencia a la l&iacute;nea que baja el Partido, Jessica es la persona m&aacute;s libre y atrevida, juega con el rev&oacute;lver, se r&iacute;e de las &ldquo;charlas de hombres&rdquo;, va en busca de la realizaci&oacute;n de su deseo. Quiz&aacute;s se le ha prestado poca atenci&oacute;n a este personaje de <strong>Las manos sucias</strong>, que Sartre da a conocer mientras Simone de Beauvoir est&aacute; terminando de escribir su monumental <strong>El segundo sexo</strong>, que publicar&aacute; en 1949. Parece probable que la ensayista y escritora haya aprobado el papel de Jessica, una mujer muy joven que, como puede, est&aacute; rompiendo el molde con que fue educada.
    </p><p class="article-text">
        Claro que las discusiones entre Hoereder y Hugo (<em>nom de guerre</em>, Raskonikoff, nada menos, el estudiante empobrecido de <strong>Crimen y castigo</strong> de Dostisvesky que asesina a una usurera y a&nbsp; su hermana, y carga con el peso de la culpa, con sus manos sucias a lo largo de la famosa novela) son el plato fuerte de esta obra que, sin el menor didactismo, pone sobre el escenario los temas caros a Sartre: la idea de la libertad inherente a la condici&oacute;n humana; las personas determinando su esencia mediante su accionar, incluso por encima de la religi&oacute;n o la pol&iacute;tica; la puesta en cuesti&oacute;n de la noci&oacute;n de violencia pol&iacute;tica. Finalmente, aunque su accionar no resulta en cumplimiento de la misi&oacute;n asignada, Hugo demuestra que &ldquo;un hombre siempre puede hacer algo de lo que se ha hecho de &eacute;l&rdquo;. Ha salvado su dignidad al precio m&aacute;s alto.
    </p><p class="article-text">
        La potencia, el inter&eacute;s constante, la claridad del texto acaso no requer&iacute;an una banda sonora en primer plano, algo grandilocuente en los primeros tramos; explicativa, redundante sobre el desenlace doblemente fatal cuyo suspenso no decae un segundo. Pero vale reconocer que, a su modo, conjuga con la desbordante escenograf&iacute;a que no ahorra proyecciones, alusiones al hall de la sala Casacuberta del San Mart&iacute;n con su mural de Seoane (es cierto que el teatro dentro del teatro es citado m&aacute;s de una vez en el curso del texto original), sus sillones, los ascensores, las escaleras. Pero la verdad es que la pieza tiene un car&aacute;cter intimista, a puertas cerradas, sus espacios acotados en el texto (la sala de mobiliario barato de Olga; el ambiente que se le da a Hugo para vivir cerca de su jefe Hoereder, cuyo despacho es descrito como &ldquo;austero&rdquo; en las didascalias). Empero, hay que reconocer que la directora no se achica ante la amplitud del espacio esc&eacute;nico y marca eficazmente los desplazamientos de los int&eacute;rpretes, logrando que parezca veros&iacute;mil que los personajes surjan por la izquierda o por la derecha, desde una escalera o saliendo de los ascensores. Es acertado el dise&ntilde;o del vestuario, particularmente refinado y superchic el de J&eacute;ssica, de perfecta realizaci&oacute;n que combina con el audaz corte de pelo que se dir&iacute;a que solo Florencia Torrente puede lucir con propiedad y belleza (como lo hac&iacute;a, con variaciones en el peinado, Jean Seberg en plena Nouvelle Vague). Por otra parte, es francamente notable el desempe&ntilde;o de esta actriz, la forma en que comprendi&oacute; a su personaje, en que pronuncia los sobreentendidos, la seguridad con que se camina el escenario. Es cierto que haber trabajado como modelo le aporta parte de su dominio corporal, pero hay algo m&aacute;s profundo que trasciende la elegancia exterior y es la riqueza interior que va desplegando de su Jessica.
    </p><p class="article-text">
        Ficha t&eacute;cnica: 
    </p><p class="article-text">
        Elenco: Daniel Hendler, Guido Botto Fiora, Florencia Torrente, Mar&iacute;a Zubiri, Ariel P&eacute;rez de Mar&iacute;a, Guillermo Aragon&eacute;s, Nelson Rueda, Juan Pablo Galimberti, Ramiro Delgado. 
    </p><p class="article-text">
        Realizaci&oacute;n audiovisual Juan Pablo Galimberti
    </p><p class="article-text">
        M&uacute;sica original y puesta de sonido Gustavo Garc&iacute;a Mendy
    </p><p class="article-text">
        Dise&ntilde;o de iluminaci&oacute;n Miguel Solowej
    </p><p class="article-text">
        Dise&ntilde;o de escenograf&iacute;a y vestuario Micaela Sleigh
    </p><p class="article-text">
        Funciones: Mi&eacute;rcoles a domingos, 20 horas
    </p><p class="article-text">
        Duraci&oacute;n: 110 minutos
    </p><p class="article-text">
        Valor de las localidades: Platea $ 1.250 - Mi&eacute;rcoles $ 650
    </p><p class="article-text">
        D&oacute;nde: <a href="https://ctba.tuentrada.com/selection/event/date?productId=10228554995740" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Teatro San Mart&iacute;n, Sala Casacuberta</a>
    </p><p class="article-text">
        Direcci&oacute;n: Av. Corrientes 1530
    </p><p class="article-text">
        <em>MS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Moira Soto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/total-vigencia-fuerte-atractivo-obra-sartre-presenta-teatro-san-martin_1_9227422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Aug 2022 03:45:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Total vigencia y fuerte atractivo de una obra de Sartre que se presenta en el Teatro San Martín]]></media:title>
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