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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Eduardo Halfon]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/eduardo-halfon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Eduardo Halfon]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Striptease a escondidas, thriller de hospital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/striptease-escondidas-thriller-hospital_129_9658609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/047d6a1f-835c-4439-888b-f420fdfe3045_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Striptease a escondidas, thriller de hospital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros, series, películas y un montón de cosas de las que aferrarse en medio del desconcierto.</p><p class="subtitle">Superhéroes bajo la lupa, la guía más completa del Mundial</p></div><p class="article-text">
        <em>Si lo que te gusta es gritar/desenchufa el cable del parlante.&nbsp;</em><em><strong>Raros peinados nuevos</strong></em><strong>, Charly Garc&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Para dejar de tocar haciendo fuerza, lo mejor es improvisar, me dec&iacute;a Anita Labaronie. Durante un largo tiempo confund&iacute; el sentido de la palabra improvisar. Pensaba que improvisar era algo menor y algo, adem&aacute;s, cercano a mentir. Improvisar es, a veces, el mejor camino para decir lo genuino. Por eso mismo no tiene nada que ver con la mentira, dec&iacute;a Anita Labaronie. Mentir es enga&ntilde;ar. Yo, en cambio, Cuesta, improviso un destino; es decir, intento hacer lo mismo que vos hac&eacute;s ahora; vos respir&aacute;s sin darte cuenta de que respir&aacute;s. De eso se trata, le digo, de aproximarse a esa sencillez&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        El que habla es Juan Sebasti&aacute;n Lebont&eacute;, narrador y protagonista de la novela <em>Una m&uacute;sica</em>, de <strong>Hern&aacute;n Ronsino</strong> (abajo les cuento m&aacute;s de este libro que me tuvo cautivada unos d&iacute;as como esos perfumes inolvidables y discretos, de lo mejor que le&iacute; entre las novedades editoriales de este a&ntilde;o). <strong>Se trata de un m&uacute;sico que aprieta los dientes, un pianista, un tipo que acaba de fugarse y evoca las palabras de aquella mujer &ndash;una especie de refugio, puede percibirlo ahora&ndash; mientras intenta armar algo nuevo en un escondite. </strong>Se oculta, se hace llamar de otra manera, pega un volantazo, se rodea de gente muy distinta de la que sol&iacute;a frecuentar. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo no va a ser sencillo aislarse completamente de su pasado y todo el tiempo recuerda las pistas que le regalaba la profesora, como las miguitas en Hansel y Gretel: una v&iacute;a de escape y tambi&eacute;n una forma de volver. <strong>Porque lejos de improvisaciones, la vida de este hombre es una sucesi&oacute;n de escenas armadas, preestablecidas, dise&ntilde;adas por un padre tremendo que le impuso un destino</strong>: la carrera musical, con su ritmo, con sus exigencias, con sus rituales que no lo terminan de abandonar. Un ruido, un estruendo, una m&uacute;sica que lo invade, aunque Lebont&eacute; quiera apagarlo todo, bajarle la intensidad a distancia, creer que el sosiego total es posible (<em>si lo que te gusta es gritar/desenchufa el cable del parlante</em>, nos ense&ntilde;&oacute; Charly Garc&iacute;a en sus <em>Raros peinados nuevos</em>, y remat&oacute; infalible: <em>el silencio tiene acci&oacute;n</em>).
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Improviso un comienzo con esto. Pero, como a Lebont&eacute;, cada vez que escribo haciendo fuerza, las cosas no salen, se traban, se tensan, hasta anularme y anularse. No me sale mucho, entonces me escondo yo tambi&eacute;n. O me quedo en lo que trae el gesto de jugar a las escondidas.
    </p><p class="article-text">
        La imagen que viene es la de uno de los primeros juegos y favoritos de los beb&eacute;s: <em>&iquest;d&oacute;nde est&aacute;? &iexcl;ac&aacute; est&aacute;!</em> Alguien le tapa la cara (con un trapo, con lo que se tenga a mano), <strong>alguien pregunta d&oacute;nde est&aacute; el beb&eacute; y alguien de inmediato lo destapa y todo es risa y reencuentro despu&eacute;s de esa interrupci&oacute;n</strong>, de ese v&eacute;rtigo ef&iacute;mero de no estar, de un escondite que dura segundos. Las cosas no cambian mucho con el tiempo. O, en todo caso, se radicalizan un poco: el <em>&iquest;d&oacute;nde est&aacute;? &iexcl;ac&aacute; est&aacute;!</em> se sofistica, aparecen m&aacute;s personas involucradas, el juego de las escondidas se convierte en algo m&aacute;s oficial. Aparecen los n&uacute;meros, aparece alguien que cuenta, aparecen varias opciones de lugares para esconderse. Aparece, tambi&eacute;n, la improvisaci&oacute;n: lo que hasta hace poco era un rinc&oacute;n, la parte baja de un mueble, la rama de un &aacute;rbol o una pared, ahora puede servir para ocultarse, para participar de un juego.
    </p><p class="article-text">
        Antonio, mi sobrino de 4 a&ntilde;os, es fan&aacute;tico de las escondidas. Pero de una versi&oacute;n particular: a &eacute;l le gusta m&aacute;s esconderse que contar, y de hecho muchas veces le pide al contador asignado que lo ayude a ocultarse. <em>&iquest;Me ayud&aacute;s a esconderme y despu&eacute;s cont&aacute;s?</em>, suele rogarnos a los grandulones que jugamos con &eacute;l. Una vez escondido, a veces tapado con una manta, pide que d&eacute; inicio al juego y ah&iacute; s&iacute; le baja el volumen al mundo que lo rodea. <strong>M&aacute;s que las reglas o una din&aacute;mica convencional, Antonio pareciera estar m&aacute;s interesado por la fascinaci&oacute;n de saberse buscado y al mismo tiempo oculto, aunque con un poco de trampa</strong>. Entonces obliga al encargado de contar, que sabe perfectamente d&oacute;nde se escondi&oacute;, a plegarse a su simulacro. La escena se repite muchas veces (si hay algo en la infancia que estalla, que alucina, m&aacute;s que las posibilidades del juego o de una supuesta inocencia es la certeza que viene de la repetici&oacute;n, el colch&oacute;n mullido una y mil veces: ser ni&ntilde;o es jugar, pero mucho m&aacute;s repetir).
    </p><p class="article-text">
        Entonces ya no importan los roles, importa el v&eacute;rtigo: <strong>alguien cuenta con los ojos tapados, alguien va a hacer que busca hasta que encuentra, alguien sale del silencio porque grita y desenchufa el cable del parlante, alguien va a aparecer hasta que todos los jugadores van a abandonar sus escondites en alg&uacute;n momento para salir corriendo a pura risa</strong>. No hay ganadores, ni perdedores, entonces. Tampoco &ndash;y ah&iacute; quiz&aacute; radique la elegancia de este juego, un tipo de nobleza&ndash; hay buenos o malos jugadores en la escondida: esconderse &ldquo;bien&rdquo; implicar&iacute;a no ser atrapado nunca, romper el hechizo, mostrar el truco del mago. Jugar &ldquo;bien&rdquo; o jugar &ldquo;mal&rdquo; entonces es simplemente jugar, prestarse a una ilusi&oacute;n. Porque jugar a la escondida es aceptarse rotos, incompletos, inexactos, torpes, fr&aacute;giles. <strong>Y volver, como Antonio, como Lebont&eacute;, como todos, a intentarlo. </strong>A buscar ese lugar donde te ven y no te ven (una carta robada en plan l&uacute;dico, el striptease m&aacute;s &ntilde;o&ntilde;o), una improvisaci&oacute;n, un regreso. Correr y re&iacute;r hasta descoserse. Al infinito.
    </p><p class="article-text">
        Va <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una nueva edici&oacute;n de </a><a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mil lianas</em></a>. Llena de escondidos y escondites para improvisar por un rato.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Una m&uacute;sica</strong></em><strong>, de Hern&aacute;n Ronsino. </strong>Como dec&iacute;amos arriba, <em>Una m&uacute;sica</em> (Eterna Cadencia, 2022) es una novela notable con un protagonista que es m&uacute;sico profesional, pero no por voluntad sino por una suerte de imposici&oacute;n paterna. Es, a partir justamente de la muerte de su padre, que Juan Sebasti&aacute;n Lebont&eacute; &ndash;un nombre ampuloso que a medida que avanza la historia se ir&aacute; borrando&ndash; comienza una serie de fugas. <strong>La primera: cuando parte sin aviso de la ciudad europea en la que estaba de gira y deja colgado al p&uacute;blico y a su representante que lo esperaban para un show</strong>. Pero el escape contin&uacute;a: de regreso a la Argentina, el pianista, que se entera de que el &uacute;nico legado que le dej&oacute; su padre es un supuesto campo (el &ldquo;campito&rdquo;, lo llaman) en el Gran Buenos Aires, huye de su familia y de sus amigos para internarse, justamente, en ese terreno extra&ntilde;o. Ya no es la Pampa en may&uacute;scula, sino un espacio que se cae del mapa. Un lugar que, a medida que se va desintegrando, regurgita y saca a flote muchos secretos, adem&aacute;s de una serie de personajes que, como el protagonista, eligieron vivir en alg&uacute;n tipo de margen.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Una m&uacute;sica</em> est&aacute; la m&uacute;sica y est&aacute;, tambi&eacute;n el ruido de una f&aacute;brica, el rumor del tr&aacute;nsito de los trenes, el zumbido de las motos del Conurbano, el sonido de los p&aacute;jaros y de una naturaleza agobiada. <strong>Hay dobles, tambi&eacute;n, personas y escenas que se multiplican o se reversionan</strong>.
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                &quot;Una música&quot;, la nueva novela del escritor argentino Hernán Ronsino.                            </span>
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        Con una prosa que centellea entre la descripci&oacute;n perceptiva y una sintaxis sobria, ah&iacute; donde parece que hay algo a un costado, se abre un universo plagado, como dice el propio protagonista de <em>Una m&uacute;sica</em>, de &ldquo;tramas menores&rdquo;. Pero es justamente en eso que rodea, en eso que se asoma como puro borde, donde aparece con toda su potencia una literatura encantadora.
    </p><p class="article-text">
        Algo incre&iacute;ble, para un texto tan redondito en el que hasta el &uacute;ltimo detalle parece cuajar hacia el final, incluso en sus duplicaciones o justamente por ellas, es que <strong>el autor tuvo una versi&oacute;n casi lista de la novela que transcurr&iacute;a en un barrio porte&ntilde;o y no en el Conurbano</strong>. Pero en un momento sinti&oacute; que algo no le cerraba y decidi&oacute; reescribirla entera otra vez, para situarla en un territorio que le quedaba mejor a la historia. De esto me enter&eacute; cuando escuch&eacute; una entrevista con el escritor en el programa <em>Vidas prestadas</em> (<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/vuelta-petiso-orejudo-caldo-juanse_129_7951601.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablamos de &eacute;l por ac&aacute;</a> y celebramos que se pueda <a href="https://open.spotify.com/show/7lLR4B6ebiYQhEpivYo0Yq?si=484995929cc249c0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escuchar como podcast por ac&aacute;</a>, adem&aacute;s de ser transmitido semanalmente por Radio Nacional), que conduce la admirada <strong>Hinde Pomeraniec</strong>, amiga de esta casa.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Hern&aacute;n Ronsino</strong> naci&oacute; en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, en 1975. Public&oacute; las novelas <em>La descomposici&oacute;n</em> (2007), <em>Glaxo</em> (2009), <em>Lumbre</em> (2013) y <em>Cameron</em> (2018) y el ensayo <em>Notas de campo</em> (2017). En 2020 recibi&oacute; el Premio Anna Seghers que se entrega cada a&ntilde;o en Berl&iacute;n a un autor latinoamericano. En 2021 le otorgaron el Premio Municipal de Literatura de la ciudad de Buenos Aires. Sus libros fueron traducidos a ocho idiomas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La novela</strong><em><strong> Una m&uacute;sica</strong></em><strong>, de Hern&aacute;n Ronsino, sali&oacute; por Eterna Cadencia Editora. </strong><a href="https://open.spotify.com/episode/32LRFFQYWFNpvu9FFcIPSZ?si=2d73ac9bc5564fb4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por aqu&iacute;, una entrevista con el autor realizada por Hinde Pomeraniec</strong></a><strong> en su programa </strong><em><strong>Vidas prestadas</strong></em><strong>, por Radio Nacional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>El &aacute;ngel de la muerte</strong></em><strong>. </strong>Una placa al comienzo lo anuncia: basada en hechos reales. <strong>Sin embargo, tal vez sea preferible no googlear demasiado y disponerse ante un thriller sobrio, con grandes actuaciones y un trasfondo cada vez m&aacute;s ruidoso</strong>: la desigualdad del sistema de salud y la precariedad de varios empleos en los Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Amy Loughren (<strong>Jessica Chastain</strong>) es una enfermera amable, cercana a sus pacientes, dulce en sus modos. <strong>Vive sola con sus dos hijas, trabaja de noche en la unidad de terapia intensiva y sobrevive con lo justo</strong>, cuando se entera de que padece una patolog&iacute;a card&iacute;aca. 
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            </figure><p class="article-text">
        En el hospital no cuenta esto, que la afecta cada d&iacute;a m&aacute;s: tiene que esperar que pase un tiempo para que le den el seguro m&eacute;dico y no tiene el dinero suficiente para hacer un tratamiento ni someterse a un trasplante. <strong>Vive d&iacute;as de angustia y se mueve con sigilo hasta que se incorpora al sanatorio Charles Cullen (Eddie Redmayne),</strong> <strong>un enfermero misterioso que pronto se convertir&aacute; en su compinche</strong>: comparten charlas y comidas en las largas horas de guardia; &eacute;l la asiste cuando su salud flaquea, la ayuda con el cuidado de las hijas, la acompa&ntilde;a en esos d&iacute;as por momentos desoladores. Todo empezar&aacute; a cambiar cuando Amy se entere de la muerte repentina de una de sus pacientes y una investigaci&oacute;n policial se dedique a desentra&ntilde;ar algunos secretos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Una escena del largometraje &quot;El ángel de la muerte&quot;."
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            <span class="title">
                Una escena del largometraje &quot;El ángel de la muerte&quot;.                            </span>
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        Con moderaci&oacute;n y austeridad, <em>El &aacute;ngel de la muerte</em> (que en el original es <em>The Good Nurse</em>)<strong> se despliega a lo largo de dos horas a partir de cierta tensi&oacute;n, como buena historia con condimentos detectivescos, pero tambi&eacute;n con una mirada sobre el comportamiento humano</strong>. Para quienes, al terminar de ver la pel&iacute;cula, se queden con ganas de m&aacute;s, Netflix anunci&oacute; que a partir del 11 de noviembre estar&aacute; disponible en su plataforma un documental sobre el caso que inspir&oacute; este largometraje.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La pel&iacute;cula </strong><em><strong>El &aacute;ngel de la muerte</strong></em><strong> (</strong><em><strong>The Good Nurse</strong></em><strong>) est&aacute; disponible en Netflix.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Eduardo Halfon por dos.</strong> <em>&ldquo;Siempre, sin falta, hallaba un papel doblado en tres. Un solo papel con el membrete de su empresa. Mal doblado, por prisa, supongo. Buscando sus palabras, padre, necesit&aacute;ndolas, lo desdoblaba con ansia. Y como una hoja seca hamaque&aacute;ndose en la brisa, lento, el cheque ca&iacute;a hacia el suelo. Yo lo dejaba all&iacute;, casi olvidado a la par de mis pies, pues lo que realmente me interesaba no era su dinero, padre, sino sus palabras&rdquo;</em>, apunta el narrador de <em>Saturno</em>, el primer libro del escritor <strong>Eduardo Halfon</strong>, que sali&oacute; en 2003 y ahora tiene por primera vez una edici&oacute;n argentina a trav&eacute;s del sello Gog y Magog. Coincide esta salida con el nuevo trabajo del autor, que se llama <em>Un hijo cualquiera</em> (Libros del Asteroide) y contiene varios relatos breves que rodean la cuesti&oacute;n de la paternidad. <strong>Pero, en este caso, la propia: un ni&ntilde;o llega a la vida de un escritor y la trastoca. Dos gestaciones, entonces: la del hijo y la del escritor que se va formando en el camino de la palabra, lejos de aquel silencio paterno que lo atormentaba</strong> y de cualquier mandato. Entonces, con eso que tiene a mano, intenta construir un mundo de peque&ntilde;as historias propias, de relatos breves y cautivantes, de lecturas compartidas con y para la nueva persona que vio nacer.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Saturno&quot;, primer libro de Eduardo Halfon, salió en 2003 y ahora tiene su edición en la Argentina."
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            <span class="title">
                &quot;Saturno&quot;, primer libro de Eduardo Halfon, salió en 2003 y ahora tiene su edición en la Argentina.                            </span>
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        La publicaci&oacute;n en simult&aacute;neo en la Argentina de estos dos libros &ndash;el primero y el m&aacute;s reciente&ndash; <strong>puede pensarse como una coincidencia, entonces, o mejor, como un espejo</strong>. Son muchos los que aseguran que la frondosa obra del autor guatemalteco podr&iacute;a leerse como un gran y &uacute;nico libro, del que van apareciendo fragmentos a&ntilde;o tras a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as habl&eacute; con Halfon por videollamada (siempre n&oacute;mada, vivi&oacute; en muchos lugares y ahora reside&nbsp; en Berl&iacute;n) sobre esto y tambi&eacute;n sobre algunos de los asuntos que rodean a estas dos publicaciones, como los padres, los hijos, la muerte, los disfraces. <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/eduardo-halfon-autoficcion-parece-nefasto_1_9629983.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ac&aacute; les dejo la nota que sali&oacute; en elDiarioAR</a>.
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                    alt="&quot;Escribí estas historias durante los últimos cinco años, es decir, durante los primeros cinco años de la vida de mi hijo&quot;, dice Halfon sobre &quot;Un hijo cualquiera&quot;."
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                &quot;Escribí estas historias durante los últimos cinco años, es decir, durante los primeros cinco años de la vida de mi hijo&quot;, dice Halfon sobre &quot;Un hijo cualquiera&quot;.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Eduardo Halfon acaba de publicar </strong><em><strong>Un hijo cualquiera</strong></em><strong>, por Libros del Asteroide. En Argentina, </strong><a href="https://gogymagog.com/producto/saturno-l-eduardo-halfon/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>acaba de salir la edici&oacute;n local de Saturno, primer libro del autor</strong></a><strong>, por la editorial Gog y Magog. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/eduardo-halfon-autoficcion-parece-nefasto_1_9629983.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por ac&aacute;, una entrevista con el escritor</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Banda sonora.</strong> <a href="https://twitter.com/okeycomputer/status/1584676865134178305?s=46&amp;t=nkwfdkSS0V253eEX2BePsg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por este hilo que public&oacute; el periodista </a><a href="https://twitter.com/okeycomputer/status/1584676865134178305?s=46&amp;t=nkwfdkSS0V253eEX2BePsg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Jos&eacute; Heinz</strong></a><a href="https://twitter.com/okeycomputer/status/1584676865134178305?s=46&amp;t=nkwfdkSS0V253eEX2BePsg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> en su cuenta de Twitter</a> me enter&eacute; de que en un mes se estrena un documental sobre la escena musical de la ciudad de Nueva York durante los comienzos de los 2000. Se llama <em>Meet me in the Bathroom</em> (abajo les dejo el tr&aacute;iler) y est&aacute; basado en el libro hom&oacute;nimo de <strong>Lizzy Goodman</strong>, quien, como cuenta Jos&eacute; all&iacute;, entrevist&oacute; a una gran cantidad de m&uacute;sicos. As&iacute; que esta semana se suman algunos representantes de ese tiempo a <a href="https://open.spotify.com/playlist/1wyu8dagjKTjVnIMd1ezsV?si=2bb4b86b75c84736" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestra banda sonora</a>: LCD Soundsystem, Interpol, Yeah Yeah Yeahs, The Moldy Peaches (insertemos corazones por ac&aacute;) y los Strokes, que ya estaban pero vuelven con m&aacute;s.
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        Tambi&eacute;n <a href="https://pitchfork.com/features/article/the-anti-woodstock-99-an-oral-history-of-the-tibetan-freedom-concert/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">me enganch&eacute; leyendo este art&iacute;culo que sali&oacute; en </a><a href="https://pitchfork.com/features/article/the-anti-woodstock-99-an-oral-history-of-the-tibetan-freedom-concert/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pitchfork</em></a><em> </em>y ofrece una historia oral sobre un festival solidario m&iacute;tico que tuvo lugar en la ciudad de San Francisco, en los Estados Unidos, <strong>al que dieron en llamar &ldquo;el anti Woodstock &lsquo;99&rdquo;</strong>. Algunas de las bandas y solistas que participaron del mega concierto (su nombre real fue el Tibetan Freedom Concert y reuni&oacute; a un grupo enorme de artistas ante una multitud), tambi&eacute;n se colaron en <a href="https://open.spotify.com/playlist/1wyu8dagjKTjVnIMd1ezsV?si=2bb4b86b75c84736" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestra lista compartida</a>.
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        <strong>Posdata. </strong>&ldquo;<em>Flopa Lestani (adem&aacute;s de ser parte de uno de los discos m&aacute;s lindos de nuestra generaci&oacute;n) hizo una r&eacute;plica en escala 1:50 de la fachada de Cemento que te teletransporta emocionalmente al pasado&rdquo;</em>, <a href="https://twitter.com/tweet/status/1584983773560856578" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escribi&oacute; Francisco Gonz&aacute;lez Taboas</a> (@franalverja en Twitter, o el hombre que m&aacute;s sabe de p&aacute;jaros en esa red). Y comparti&oacute; esa belleza que hizo Flopa. Les dejo la imagen ac&aacute; para que viajen con ella un rato.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1584983773560856578?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima!
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Mil lianas</strong></em><strong>&nbsp;tambi&eacute;n se puede leer como newsletter. Para recibirlo por correo electr&oacute;nico cada viernes&nbsp;</strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/subscribe?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=74523e5e53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden suscribirse por ac&aacute;.</a>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2022 10:39:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Striptease a escondidas, thriller de hospital]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Eduardo Halfon: "El término autoficción me molesta, me parece nefasto"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/eduardo-halfon-autoficcion-parece-nefasto_1_9629983.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92bc6f3c-2cd3-4d13-9a9e-8dc008080ded_16-9-discover-aspect-ratio_default_1058587.jpg" width="3920" height="2205" alt="Eduardo Halfon: &quot;El término autoficción me molesta, me parece nefasto&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El prolífico escritor acaba de publicar “Un hijo cualquiera”, un compilado de textos sobre la paternidad, la identidad y su propio renacimiento como escritor, en coincidencia con la edición argentina de “Saturno”, su primer libro. La insistencia de la muerte en su obra y por qué un autor necesita de disfraces para sobrevivir.</p><p class="subtitle">Entrevista - Ana María Shua: “No, no hay ningún mensaje optimista, simple, progre, en la buena literatura”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Siempre, sin falta, hallaba un papel doblado en tres. Un solo papel con el membrete de su empresa. Mal doblado, por prisa, supongo. Buscando sus palabras, padre, necesit&aacute;ndolas, lo desdoblaba con ansia. Y como una hoja seca hamaque&aacute;ndose en la brisa, lento, el cheque ca&iacute;a hacia el suelo. Yo lo dejaba all&iacute;, casi olvidado a la par de mis pies, pues lo que realmente me interesaba no era su dinero, padre, sino sus palabras&rdquo;</em>, apunta el narrador de <em>Saturno</em>, el primer libro del escritor <strong>Eduardo Halfon</strong>, que sali&oacute; en 2003 y ahora tiene por primera vez una edici&oacute;n argentina a trav&eacute;s del sello Gog y Magog. Coincide esta salida con el nuevo trabajo del autor, que se llama <em>Un hijo cualquiera</em> (Libros del Asteroide) y contiene varios relatos breves que rodean la cuesti&oacute;n de la paternidad. <strong>Pero, en este caso, la propia: un ni&ntilde;o llega a la vida de un escritor y la trastoca. Dos gestaciones, entonces: la del hijo y la del escritor que se va formando en el camino de la palabra, lejos del silencio paterno que lo atormentaba y de cualquier mandato</strong>. Entonces, con eso que tiene a mano, intenta construir un mundo de peque&ntilde;as historias propias, de relatos breves y cautivantes, de lecturas compartidas con y para la nueva persona que vio nacer.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue una casualidad muy hermosa que en Argentina los dos libros salgan juntos ahora &iquest;no? <strong>Porque es una vuelta al origen de alguna manera. </strong><em><strong>Saturno</strong></em><strong> es mi primer libro y tiene casi 20 a&ntilde;os. Fue un primer grito m&aacute;s que un primer libro.</strong> Fue un berrinche terrible de un hijo obligado, de un hijo maltratado, de un hijo que le reclama a un padre su ausencia. Y ahora vuelvo a eso mismo, pero desde otro punto de vista o con otra mirada&rdquo;, comenta. La deriva de este autor, que comenz&oacute; en su Guatemala natal, lo llev&oacute; a estudiar Ingenier&iacute;a y a instalarse un tiempo en los Estados Unidos, para luego publicar numerosos libros y circular por diferentes pa&iacute;ses, lo llev&oacute; ahora &ndash;y por un tiempo, en &eacute;l todo es de alg&uacute;n modo una di&aacute;spora constante&ndash; a Berl&iacute;n, desde donde habla por videollamada con <em>elDiarioAR</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Llevo cinco a&ntilde;os caminando y escribiendo mientras sostengo en mi mano la mano de un hijo que entra y sale de esas historias, y que corre a esconderse en algunas de ellas, y que a veces hasta me susurra las suyas. Un hijo que, de pronto, me oblig&oacute; a escribir como padre&rdquo;, dec&iacute;s en la contratapa del libro. &iquest;En qu&eacute; sent&iacute;s que cambi&oacute; tu escritura a partir de la experiencia de la paternidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sabes, yo no siento que haya cambiado mi escritura en s&iacute;, pero he cambiado yo. Yo siento que en m&iacute; hubo un cambio. Un cambio dram&aacute;tico. Yo no quer&iacute;a tener hijos. De hecho hay un texto en <em>Biblioteca bizarra</em> (N. de la R: un libro que sali&oacute; en la Argentina por Ediciones Godot) que se llama <em>Halfon boy</em>, que es una carta a mi hijo durante el embarazo. All&iacute; empiezo diciendo &ldquo;yo no quer&iacute;a ser tu padre&rdquo;. Yo ya ten&iacute;a 45 a&ntilde;os, una rutina muy asentada y una vida laboral muy inestable, como es la de todos nosotros que estamos en esta locura de la escritura. <strong>Entonces no, no era una decisi&oacute;n sensata el tener un hijo. Y sab&iacute;a el cambio que eso iba a representar, un cambio a todo nivel. Tambi&eacute;n en mi vida cotidiana. &ldquo;Ya no voy a dormir bien&rdquo;, pensaba, o &ldquo;ahora los fines de semana ser&eacute; padre, ya no escritor, porque ya no se puede escribir los fines de semana ni en vacaciones&rdquo;.</strong> Sab&iacute;a que iba a ser un cambio dram&aacute;tico y a la vez no podr&iacute;a haber anticipado el cambio que se iba a gestar adentro m&iacute;o. Especialmente la mirada sobre c&oacute;mo veo a otros padres, a mi propio padre, a mis abuelos como padres. Por falta de una mejor palabra, con la llegada de un hijo aparece una empat&iacute;a, una nueva manera de pensar. Una comprensi&oacute;n externa hacia los hombres que han sido padres en tu vida. <strong>Entonces, incluso aunque escriba de lo mismo que antes, del desarraigo, de la identidad o del juda&iacute;smo, la escritura ya no puede ser la misma</strong>. Mi tono no puede ser el mismo. Mi paciencia. Mi comprensi&oacute;n. Todo tiene un cambio con la paternidad.&nbsp;
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                &quot;Escribí estas historias durante los últimos cinco años, es decir, durante los primeros cinco años de la vida de mi hijo&quot;, dice Halfon sobre &quot;Un hijo cualquiera&quot;.                            </span>
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        <strong>Por aqu&iacute; hace poco fue el D&iacute;a de la Madre y fue notable ver la cantidad de libros que hablan de la maternidad o la rodean de alguna manera. De paternidad, en cambio, no pareciera haber tantos. Al menos no en este tono.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, para empezar todos los d&iacute;as son el D&iacute;a de la madre o deber&iacute;an serlo (risas). <strong>Yo he visto de cerca a mi pareja ser madre, y a mi hermana, a amigas, y todos los d&iacute;as tendr&iacute;amos que celebrar la maternidad</strong>. La paternidad, en cambio, creo que no es tan necesaria &iquest;no? Durante esos primeros meses, esos primeros a&ntilde;os de la vida de un ni&ntilde;o siempre es la mam&aacute; la que est&aacute; ah&iacute;. Bueno, desde mucho antes, desde el embarazo. Yo no me hab&iacute;a percatado hasta que en entrevistas me empezaron a se&ntilde;alar que hab&iacute;a un vac&iacute;o, digamos, en la literatura de la paternidad. No tanto la paternidad autoritaria, o la del padre como es el que aparece en <em>Saturno</em>, ese padre del Viejo Testamento, el padre que rega&ntilde;a, que grita, que castiga. Quiz&aacute;s hac&iacute;a falta ahora el otro padre, el padre del Nuevo Testamento, el padre que tiene m&aacute;s paciencia, el padre que acaricia, el padre que perdona. El padre que acompa&ntilde;a, tambi&eacute;n. Ahora han aparecido algunos libros, uno de tu compatriota <strong>Andr&eacute;s Neuman</strong> (N. de la R: se refiere a<em> Umbilical</em>, que sali&oacute; a comienzos de 2022). Pero entiendo que hay un vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s que ocurre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que seguimos metidos en una cultura hispana y latinoamericana que es exageradamente machista. Entonces no es bien visto, casi no es permitido, mostrar afecto hacia tu hijo. Cuando mi hijo ten&iacute;a pocos meses fuimos de visita a Guatemala y yo lo ten&iacute;a sentado en mis piernas y le estaba acariciando el brazo. Entonces vino un t&iacute;o de mi hijo, un se&ntilde;or al que quiero much&iacute;simo, y me dijo medio en broma &ldquo;si sigues acarici&aacute;ndolo no lo vas a sacar ni&ntilde;o&rdquo;. Como si se dijera que esto demostrar afecto en p&uacute;blico no es aceptado. Y a m&iacute; me sorprendi&oacute; y a la vez no me sorprendi&oacute; porque estamos en esa cultura. Estamos en ese medio donde est&aacute; mal visto mostrar vulnerabilidad, mostrar cari&ntilde;o. Mucho menos de un padre hacia un hijo var&oacute;n. Porque creo que si hubiese sido mi hija tal vez no hubiera recibido ese comentario. Entonces, adentro de ese mundo, es perfectamente entendible c&oacute;mo hay una carencia de literatura sobre esta paternidad vulnerable. O sobre la paternidad emocional, que viene a ser el caso de <em>Un hijo cualquiera</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De todos los padres posibles, el de este libro es un padre que escribe. El ep&iacute;grafe del libro es una cita de </strong><em><strong>Zama</strong></em><strong>, de Antonio Di Benedetto, que dice &ldquo;Haz hijos, Manuel; no libros&rdquo;. &iquest;Existe esta dualidad? &iquest;De verdad hay que elegir entre una cosa o la otra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; si hay que elegir, pero digamos que mi vida hasta hace seis a&ntilde;os, hasta el nacimiento de mi hijo, hab&iacute;a sido una vida de hacer libros. <strong>Soy un escritor de relato corto, de novela corta, publiqu&eacute; mucho y mi prioridad era esa. Hasta que un hijo, de pronto, puso eso en contexto. Lleg&oacute; mi hijo y de pronto yo hac&iacute;a libros, pero entend&iacute;a pod&iacute;a haber hecho pantalones o gafas. </strong>O sea, mi oficio era hacer libros. Hacer un hijo, y no me refiero al acto sexual o a lo biol&oacute;gico, sino a formarlo o educarlo, puso en contexto mi oficio. Me revel&oacute; de alg&uacute;n modo que esto no es nada m&aacute;s que un oficio, no es nada m&aacute;s que un trabajo. Lo otro es importante. <strong>Ese otro trabajo que ahora me toca hacer y que es formar a un ser humano</strong>. Con todo el miedo que ese trabajo conlleva, con toda la inseguridad, con esa incertidumbre. Pero eso es lo que realmente vale. Los libros son los libros y seguir&aacute;n siendo nada m&aacute;s ni nada menos que libros. Lo otro, en cambio, es fundamental.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que seguimos metidos en una cultura hispana y latinoamericana que es exageradamente machista. Entonces no es bien visto, casi no es permitido, mostrar afecto hacia tu hijo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En este sentido hay textos breves dedicados a ver qu&eacute; se le deja como legado a un hijo, algo que siempre viene rondando lo que escrib&iacute;s y que tiene que ver con la identidad. Uno, por ejemplo, con el juda&iacute;smo y la circuncisi&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; esto a la hora no solo de criar a un hijo sino de escribirlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Hay una serie de textos breves en el libro y los fui escribiendo a lo largo de sus primeros seis a&ntilde;os. Son textos como vi&ntilde;etas o snapchats (risas). Son postales, para usar una palabra m&aacute;s nuestra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>M&aacute;s del siglo XX.</strong>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s del siglo XX, s&iacute;. Bueno, claro, s&iacute;, un poco anacr&oacute;nica la postal. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;an ahora? Ser&iacute;an TikToks (risas). En definitiva, aunque no estoy ah&iacute; y no entiendo muy bien, se trata de una serie de relatos breves donde uso a mi hijo casi como punto de partida, como pretexto, para ensayar sobre algo m&aacute;s. <strong>El primero, el del nacimiento de un hijo var&oacute;n cuyo padre es jud&iacute;o, evidentemente tuvo que ver con esa primera gran decisi&oacute;n que hay que tomar: &iquest;lo circuncidamos o no? </strong>Obviamente un padre jud&iacute;o normal no se plantea eso, pero para un padre jud&iacute;o anormal, como yo, era una decisi&oacute;n muy grande. Y lo era para m&iacute;, para su mam&aacute;, que no es jud&iacute;a, no ten&iacute;a ese peso. Si se le circuncidaba le estaba entonces heredando mi religi&oacute;n, pens&eacute;. Perd&oacute;n, m&aacute;s que eso, yo se la estaba imponiendo. <strong>Le estaba imponiendo una decisi&oacute;n m&iacute;a, una cosmovisi&oacute;n m&iacute;a, una manera de ver el mundo m&iacute;a. Eso represent&oacute; mucho desasosiego</strong>. Finalmente me fui suavizando porque su madre me hac&iacute;a ver que para ella no era una decisi&oacute;n religiosa, era una decisi&oacute;n de higiene o qu&eacute; s&eacute; yo, algo pensado en t&eacute;rminos m&eacute;dicos. Ese fue el primer momento donde sent&iacute; el peso de ser padre. Un peso que no hab&iacute;a sentido durante todo el embarazo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Eduardo Halfon nació en Guatemala, en 1971."
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                Eduardo Halfon nació en Guatemala, en 1971.                            </span>
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        <strong>Se trata de algo muy corporal porque, como se&ntilde;ales en tu texto, se meten en el cuerpo del hijo de esta manera.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro. Y es una decisi&oacute;n definitiva. Es su pene y al mismo tiempo deja de serlo en ese acto. Ya el prepucio no se recupera, esa decisi&oacute;n es irreversible. Entonces el peso lo sent&iacute; ah&iacute;, ese peso de ser padre. Pero, de nuevo, estas postales las fui viendo poco a poco a lo largo de estos a&ntilde;os como fotograf&iacute;as, como im&aacute;genes que yo quer&iacute;a dejar plasmadas. <strong>Me di cuenta hace poco de que yo le tomo muy pocas fotos a mi hijo. En cambio su madre le toma much&iacute;simas. Se me ocurre, quiz&aacute;s un poco literariamente, que estas vi&ntilde;etas son una especie de fotograf&iacute;a</strong>. Le estoy dejando un &aacute;lbum a mi manera. Y mi manera de hacer ese &aacute;lbum es escribi&eacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estas postales salieron en alg&uacute;n orden determinado? &iquest;Los fuiste ordenando con el tiempo?</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No, las fui escribiendo poco a poco sin saber que eran parte de un libro. Casi todas han sido publicadas en revistas. Yo no ten&iacute;a ning&uacute;n proyecto en mente, simplemente fueron surgiendo mientras tambi&eacute;n iba escribiendo otros relatos que tienen m&aacute;s la forma de un cuento. <strong>De hecho pensaba que eran dos proyectos, las vi&ntilde;etas de un hijo creciendo, porque va creciendo, y estos otros relatos m&aacute;s tradicionales. </strong>Hasta que me di cuenta de que era un solo libro. Que los relatos pod&iacute;an combinarse porque trataban los mismos temas. Era un beb&eacute; convirti&eacute;ndose en ni&ntilde;o y un padre convirti&eacute;ndose en escritor. El proceso de combinarlas ya es a posteriori, cuando tengo todos estos textos sobre la mesa. Es un trabajo de ingenier&iacute;a: ver c&oacute;mo los ordeno, c&oacute;mo los presento, qu&eacute; hace falta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Al final la ingenier&iacute;a ten&iacute;a alg&uacute;n sentido!</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, digo lo del ingeniero en por lo menos dos sentidos. Uno, mientras escribo, porque siempre hay una destilaci&oacute;n. Hay una llegada a la esencia del relato, una frase, el hecho de quitar y podar lo m&aacute;s posible para no incomodar al lector. No quiero darle m&aacute;s de la cuenta. Hay una ingenier&iacute;a ah&iacute;. <strong>Pero tambi&eacute;n, al final del proceso de escritura, me pongo a ordenar los diferentes textos</strong>. Ah&iacute; el movimiento es casi de construcci&oacute;n, de ingenier&iacute;a civil, de ver c&oacute;mo armo este edificio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Leyendo </strong><em><strong>Saturno</strong></em><strong> ahora, casi en paralelo a tu &uacute;ltimo libro, se produce un efecto de espejo: </strong><em><strong>Saturno</strong></em><strong> es la carta al padre, la nueva novela es una carta al hijo. Pero incluso aunque pasaron muchos a&ntilde;os entre las dos publicaciones, adem&aacute;s de la cuesti&oacute;n de la paternidad y las palabras que faltan o que es necesario decir, hay otros asuntos que vuelven. Uno muy marcado es el de la muerte: en el primero hay much&iacute;simos casos, sobre todo de suicidios de escritores, en el otro el padre acompa&ntilde;a al ni&ntilde;o al funeral de su abuelo, tambi&eacute;n aparece el suicidio de un amigo del narrador. &iquest;Pensaste en estas insistencias? &iquest;Qu&eacute; ves vos ah&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, lo de <em>Saturno</em> es una carta a un padre muerto. Entonces son palabras a un destinatario que ya no est&aacute;. Las palabras que nunca dijo el padre quedaron en el vac&iacute;o y estas palabras que grita el narrador tambi&eacute;n van a quedar en una especie de agujero. En <em>Un hijo cualquiera</em> aparecen estas postales que son palabras para mi hijo. <strong>Para un escritor no hay mayor regalo a un hijo que historias, que literatura, que relatos.</strong> Entonces aparece la importancia de las palabras en ambos casos aunque en espejo, &iquest;no? Porque donde en un lado al inicio de mi carrera literaria hab&iacute;a una carencia de lenguaje, una carencia de palabras, ahora hay una valorizaci&oacute;n de ellas. Y, s&iacute;, est&aacute; la muerte. Empec&eacute; tratando el tema de la muerte de una manera directa en el caso del suicidio, en Saturno, pero tambi&eacute;n metaf&oacute;rica porque era mi propio suicidio el que me interesaba. O sea, mi muerte como ingeniero, como hijo primog&eacute;nito, como hijo obediente. Todo eso que yo hab&iacute;a sido durante 30 a&ntilde;os sab&iacute;a que ten&iacute;a que morir. <strong>Ese Eduardo Halfon ten&iacute;a que morir para que el Eduardo Halfon escritor naciera</strong>. Esa era mi atracci&oacute;n hacia el suicidio, pero un suicidio metaf&oacute;rico, no literal. Aunque se le&iacute;a como literal.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para un escritor no hay mayor regalo a un hijo que historias, que literatura, que relatos.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Dec&iacute;s que se asust&oacute; mucha gente cuando publicaste </strong><em><strong>Saturno</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Much&iacute;sima, s&iacute;. La primera rese&ntilde;a se titul&oacute;: &ldquo;Tenemos que salvar a Halfon&rdquo; (risas). Y eso me encant&oacute;, &iexcl;me encant&oacute; que los enga&ntilde;&eacute;! Creyeron en este truco. En Un hijo cualquiera la muerte est&aacute; muy presente. Pero es como un fantasma que va a entrar y a salir del libro sin hab&eacute;rmelo propuesto. No fue sino hasta mucho despu&eacute;s que yo me di cuenta de que a lo largo de estos a&ntilde;os de paternidad el tema de la mortalidad me atra&iacute;a constantemente. Hay varias muertes en este libro: de mi mejor amigo, del abuelo de mi hijo, entre otras. Ahora me hace sentido. Me hace sentido porque desde que &eacute;l naci&oacute; tengo m&aacute;s presente el tema de mi propia mortalidad. &Eacute;l sabe que tiene un pap&aacute; de 51 a&ntilde;os y no le gusta pensarlo, no le gusta que se lo digan. Su pap&aacute; es m&aacute;s viejo que todos los pap&aacute;s de sus amigos. <strong>El cuerpo de su pap&aacute; se est&aacute; descomponiendo m&aacute;s r&aacute;pido. A la vez veo m&aacute;s el paso del tiempo acelerado.</strong> Es como si estuviera viviendo con un reloj de arena en &eacute;l como nunca antes hab&iacute;a visto: el paso del tiempo no es m&aacute;s que nuestra propia mortalidad. Esa muerte que nos espera a todos. Entonces no me parece casual que el tema de la muerte me haya atra&iacute;do en estos &uacute;ltimos seis a&ntilde;os. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Con más de 15 libros publicados y numerosos premios, Halfon es uno de los autores en lengua española más destacados."
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            <span class="title">
                Con más de 15 libros publicados y numerosos premios, Halfon es uno de los autores en lengua española más destacados.                            </span>
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        <strong>Una de las zonas que siempre vuelve en tus relatos es la de la identidad referida al lugar donde vivimos, nacemos y circulamos. &iquest;Qu&eacute; pensaste sobre esto en el terreno de la paternidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo una conversaci&oacute;n que tuvimos con mi pareja durante el embarazo. Est&aacute;bamos caminando y yo saqu&eacute; el tema de d&oacute;nde &iacute;bamos a criar a nuestro hijo. Porque, una vez m&aacute;s, est&aacute;bamos ah&iacute; de paso. Yo sab&iacute;a que no hab&iacute;a una ciudad en el mundo donde yo pudiera vivir mucho tiempo y era algo que ya me preocupaba desde antes de que mi hijo naciera. Ahora me preocupa a&uacute;n m&aacute;s. Que yo haya vivido toda mi vida en una especie de di&aacute;spora o de nomadismo me ten&iacute;a sin cuidado. Pero ahora ya estoy hered&aacute;ndole a &eacute;l este estilo de vida, lo estoy educando a &eacute;l como un n&oacute;mada. <strong>Mi hijo ha vivido, en estos seis a&ntilde;os, en cinco pa&iacute;ses. Tiene tres pasaportes, habla cuatro idiomas. </strong>Cada a&ntilde;o de su vida ha cambiado de pa&iacute;s. Sin que &eacute;l lo pida le estoy heredando mi nomadismo y eso ya me pesa.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una de tus grandes cuestiones es Guatemala. &iquest;Qu&eacute; le dec&iacute;s a &eacute;l o qu&eacute; le cont&aacute;s sobre el pa&iacute;s en el que naciste? &iquest;&Eacute;l hace preguntas sobre esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No pregunta mucho aunque una relaci&oacute;n muy buena con Guatemala porque est&aacute;n sus abuelos y vamos una vez al a&ntilde;o. Adem&aacute;s tenemos una casa all&aacute; a la que vamos todos los veranos. Y es muy curioso pero &eacute;l la ve como su casa. Hace un a&ntilde;o, de hecho, me pregunt&oacute; si esa era de verdad su casa, porque &eacute;l est&aacute; acostumbrado a que siempre alquilamos o una beca nos da un piso por un tiempo. <strong>En cambio en Guatemala el percibe algo como suyo. Ese es su cuarto. Esa es su cama, sus juguetes. </strong>Aunque la usemos poco y aunque vayamos poco noto que le da cierta seguridad saber que en alguna parte del mundo una casa que es suya, que no es prestada ni alquilada. Entonces &eacute;l lleva esa relaci&oacute;n mucho mejor, con m&aacute;s ligereza que yo. Mi relaci&oacute;n con Guatemala es complicada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En </strong><em><strong>Canci&oacute;n</strong></em><strong>, tu libro anterior, el abuelo del protagonista dice que Guatemala es un pa&iacute;s surrealista.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Y tiene raz&oacute;n. Es dif&iacute;cil entender la realidad de Guatemala o verla como realidad. Se siente por momentos muy surreal. Es un pa&iacute;s fracasado, con toda su infraestructura fracasada: la educaci&oacute;n, la salud, las carreteras. Adem&aacute;s, con un gobierno muy corrupto, un pa&iacute;s muy pobre, sin una esperanza: no logras ver que haya una luz en alg&uacute;n lado entre tanta oscuridad. Un pa&iacute;s adem&aacute;s muy violento. Todos estos factores hacen que la gente se comporte de una forma muy surreal. Porque para poder llevar o conllevar este caos, para poder vivir en este caos tienes que adoptar una mentalidad casi psic&oacute;tica para soportarlo. Hay una realidad casi de pesadilla, de un peligro que acecha todo el tiempo.
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                &quot;Saturno&quot;, primer libro de Eduardo Halfon, salió en 2003 y ahora tiene su edición en la Argentina.                            </span>
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        <strong>Antes hablabas de una especie de muerte de Eduardo Halfon para que naciera Eduardo Halfon. Una vez que este Halfon se larga a escribir adopta un registro que combina biograf&iacute;a, ficci&oacute;n, novela familiar, historias que ocurrieron, digamos, en la vida real. Se habla muchas veces de la llamada autoficci&oacute;n, pero pareciera que vos nunca tuviste un conflicto con eso.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bueno, de hecho cuando publiqu&eacute; <em>Saturno</em> yo creo que no exist&iacute;a el t&eacute;rmino todav&iacute;a. Es m&aacute;s, no s&eacute; qui&eacute;n fue el primero o cu&aacute;ndo empez&oacute; a surgir el t&eacute;rmino autoficci&oacute;n. Cuando yo publiqu&eacute; en 2003 por primera vez, lo recuerdo, a m&iacute; me tildaban de &ldquo;meta literario&rdquo;. Eso era lo que estaba de moda decir entonces, que era literatura sobre la literatura. Luego empiezo a escuchar esto de la autoficci&oacute;n ya mucho despu&eacute;s. Pero no es un tema que yo me plante&eacute; cuando empec&eacute; a escribir. No es una cosa que yo sab&iacute;a que exist&iacute;a o no exist&iacute;a.<strong> Ahora, despu&eacute;s de tantos libros y tantos a&ntilde;os trabajando en esa l&iacute;nea, sigo sin cuidado. No me interesa en lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Es m&aacute;s, el t&eacute;rmino autoficci&oacute;n me molesta, me parece nefasto. O, como m&iacute;nimo, redundante. Toda literatura es autobiogr&aacute;fica. Toda. Emilio Renzi de Ricardo Piglia lo es de alguna manera. Y toda escritura es ficci&oacute;n.</strong> Toda. La no-ficci&oacute;n es ficci&oacute;n tambi&eacute;n. Porque siempre hay un elemento de ficci&oacute;n en la supuesta no-ficci&oacute;n. Entonces toda literatura es autoficci&oacute;n o toda literatura tiene ambos elementos. En mi caso, mi &uacute;nico truco realmente es darle mi nombre a mi narrador, prestarle el nombre y quitar ese velo, ese &uacute;ltimo velo, si se quiere, entre personaje y autor. Pero es un truco. No es m&aacute;s que un truco para continuar con el enga&ntilde;o de la ficci&oacute;n. Yo empec&eacute; a escribir de esta manera con <em>Saturno</em> sin saber por qu&eacute;. Cuando vi la reacci&oacute;n de la gente con ese libro, vi que se lo tragaron entero, que reaccionaron con las v&iacute;sceras. Que no era ni siquiera una reacci&oacute;n emocional, era visceral, y me gust&oacute;. Entonces decid&iacute; seguir y sub&iacute; el volumen. En los siguientes ya les di mi nombre.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es difícil entender la realidad de Guatemala o verla como realidad. Se siente por momentos muy surreal. Es un país fracasado, con toda su infraestructura fracasada: la educación, la salud, las carreteras.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es un juego lo de poner tu nombre propio en los relatos entonces?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que hay un contrato que firmamos lector y autor, &iquest;no? En el momento en que un lector comprende esto:&nbsp; &ldquo;yo prometo escribir ficci&oacute;n y t&uacute; prometes comprar ficci&oacute;n&rdquo;. Pero mis lectores y lectoras entienden en el momento que empiezan a leer hasta que se lo olvidan en la p&aacute;gina 5, no s&eacute; por qu&eacute;. Porque yo vivo diciendo mi truco y c&oacute;mo funciona mi truco hasta que la reacci&oacute;n de los lectores y las lectoras hacia mis cuentos e historias es mucho m&aacute;s emocional. La mayor&iacute;a lee como si fueran absolutamente reales y no lo son.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De hecho una de las im&aacute;genes que us&aacute;s en tus relatos tiene que ver con el disfraz.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, es que el disfraz es un tema que hasta llevo a la broma como en el inicio de <em>Canci&oacute;n</em> con mi disfraz de escritor liban&eacute;s, por ejemplo. Est&aacute; siempre el disfraz de escritor, que no deja de ser un disfraz, porque no deja de ser una pose esto. Este que te est&aacute; contestando ahora es un yo disfrazado de escritor. <strong>Algo que no tiene nada que ver con escribir, escribir es otra cosa. Escribir es lo hice hoy a la ma&ntilde;ana y a veces va bien, y a veces no va tan bien, pero uno sigue adelante. </strong>Luego, cuando te lanzas al mundo, te conviertes en escritor y entonces ya te pones la bata de seda, sacas la pipa y te transformas. Pero todos no son m&aacute;s que disfraces. Lo que ahora me interesa es pensar si de tanto usar un disfraz no te conviertes tambi&eacute;n en parte en ese disfraz. Si yo me sigo disfrazando de escritor liban&eacute;s, &iquest;poco a poco no me estoy tambi&eacute;n convirtiendo en eso? Lo que Chaplin dec&iacute;a que le suced&iacute;a cuando se disfrazaba de su personaje, esto de que conforme se iba desvistiendo, se iba convirtiendo en el personaje. Es una relaci&oacute;n que se ve muy clara en el teatro donde el actor encarna poco a poco al personaje que interpreta. Yo creo que lo mismo nos sucede a nosotros.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En tu caso, con esta di&aacute;spora medio permanente que viv&iacute;s, &iquest;te vas cambiando muchas veces de disfraz?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. De alguna manera me pongo el que me pida la situaci&oacute;n. El que sea necesario. Es como <em>Zelig</em> de <strong>Woody Allen</strong>: vestirte como lo que pida la circunstancia para pasar desapercibido y sobrevivir. Es algo muy jud&iacute;o, adem&aacute;s, y por eso Woody Allen hace esa broma maravillosa de este asunto.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Oct 2022 03:02:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo Halfon: "El término autoficción me molesta, me parece nefasto"]]></media:title>
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