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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - exilio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/exilio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - exilio]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La cicatriz del exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatriz-exilio_129_12459724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c22b3065-4715-4bcd-b25e-da6a0a0fd33e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cicatriz del exilio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mariana Dufour recuperó en Europa las palabras ausentes de los argentinos forzados a irse del país en los ’70. Hay voces del presente que dan cuenta de la íntima relación entre un plan económico de hambre y el desmantelamiento de los sitios de memoria. </p></div><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a <strong>Mariana Dufour</strong> hace ya varios a&ntilde;os en una reuni&oacute;n de amigos, en el barrio de Floresta, entre vinos, empanadas y el sonar de una guitarra. Alta, rubia, de una belleza singular, esta comunicadora, gestora y educadora intercultural es descendiente de suizos y gallegos y tiene una sensibilidad infrecuente. Naci&oacute; en 1967, tiene tres hijos, vive en Valeria del Mar y es la periodista que investig&oacute; y public&oacute; la documentaci&oacute;n por la que fue destituido de su cargo quien fuera intendente de Pinamar, <strong>Blas Altieri</strong>. El exfuncionario era amigo del empresario <strong>Alfredo Yabr&aacute;n</strong>, responsable de la muerte del reportero gr&aacute;fico <strong>Jos&eacute; Luis Cabezas</strong> y tuvo varias gestiones plagadas de irregularidades y negociados. Mariana desnud&oacute; al poder local. 
    </p><p class="article-text">
        Desde que Dufour public&oacute; aquellas notas no pudo volver a trabajar ni en Valeria ni en ninguna otra localidad del municipio m&aacute;s <em>fashionista</em> de la costa argentina. Por pudor, por humildad, ella no anda por la vida mostrando sus galones. Por ejemplo, durante diez a&ntilde;os implement&oacute; en las escuelas p&uacute;blicas el Programa Pedag&oacute;gico Comunitario Intercultural Ara&iacute; Ruguay/Rabo de Nube, que ella misma cre&oacute;, para devolverles valor y dignidad a los estudiantes provenientes de pueblos originarios. Fue a partir de descubrir el disco <em>Taki Ongoy</em>, (<strong>V&iacute;ctor Heredia</strong>) que evoca el movimiento ind&iacute;gena de rechazo a la conquista europea y la expansi&oacute;n del cristianismo en el siglo XVI. Habr&aacute; en sus ojos tal regocijo/ tanta felicidad/ que en nuestras almas/ de las estrellas/ al mundo bajar&aacute;n/ y en Machu Pichu, ciudad sagrada,/ se corporizar&aacute;n:/ aztecas, mayas, incas, chim&uacute;es,/ convocar&aacute;n al sol. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ese programa logr&oacute; que cientos de chicos de tez color tierra sentados atr&aacute;s en las aulas, se irguieran y enorgullecieran mientras escuchaban las historias y la lengua de sus ancestros. Y que sus compa&ntilde;eros de piel rosada dejaran de mirarlos desde una posici&oacute;n de superioridad. 
    </p><p class="article-text">
        El jard&iacute;n de la casa de Mariana est&aacute; repleto de flores, a&uacute;n en invierno. Esa residencia fue construida con fratacho y pala, ladrillos y cemento por sus manos y las del padre de sus hijos. Es su lugar en el mundo, aunque en verano tiene que emprender cierto nomadismo para que ingresen los pesos, que le permitan vivir durante el resto del a&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        El jueves present&oacute; su libro, <em>El exilio no olvida. Una intensa historia de amor</em> (Gogol Ediciones) en la casa de las Madres de Plaza de Mayo, como parte de la programaci&oacute;n de actividades de la (intervenida por el gobierno) Universidad de las Madres. El libro re&uacute;ne testimonios de compatriotas argentinas y argentinos que no pudieron regresar del exilio despu&eacute;s de la &uacute;ltima dictadura, y que, desde lejos, siguen militando la Patria como si siguieran habit&aacute;ndola. Por esas derivas inesperadas de las relaciones afectivas, esa noche me toc&oacute; ser la vendedora de los ejemplares. Llegamos con las cajas llenas, nos fuimos con las cajas vac&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a, reci&eacute;n mudada, sal&iacute; a caminar por el barrio y me top&eacute; con El Olimpo, uno de los sitios de memoria que las autoridades actuales est&aacute;n desmantelando, y que funciona a media m&aacute;quina. Las intervenciones, el abandono, el desarmado de los espacios en los que estuvieron detenidos y torturados miles de argentinos, con sus ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y beb&eacute;s (algunos de ellos testimonian en el libro de Mariana), dan cuenta de que se requiere de un gobierno delincuente que siembre la maldad, la ignorancia y el olvido, para poder aplicar un plan econ&oacute;mico como el actual. 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario comprender que esta etapa del pa&iacute;s es una nueva encarnaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de opresi&oacute;n contra las mayor&iacute;as, aunque a&uacute;n buena parte de ellas no hayan tomado conciencia de que vot&oacute; en contra de s&iacute; misma.     
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Traje conmigo un solo miedo: el del encuentro con ese pedazo de m&iacute; que se qued&oacute; en un pa&iacute;s que ya no existe. Paso junto a las casas donde vivieron seres entra&ntilde;ables que la dictadura asesin&oacute;. Paso sin transici&oacute;n de la alegr&iacute;a profunda a la tristeza profunda. Veo llagas de pobreza, que no hab&iacute;a antes aqu&iacute;&rdquo;, cita Dufour a <strong>Juan Gelman</strong> sobre la partida forzada de tantos argentinos en tiempos de la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar y su eventual regreso. Gelman vivi&oacute; en el exilio entre 1975 y 1988.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El exilio es uno de los cap&iacute;tulos de la historia argentina menos pensado por la sociedad; menos asumido como constitutivo de su identidad&rdquo;, se&ntilde;ala la escritora. &ldquo;S&iacute;, es cierto que en mi exilio ya no ten&iacute;a miedo, pero la angustia me hac&iacute;a dormir con la luz prendida&rdquo; (<strong>Mercedes Sosa</strong>).
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo ser&iacute;a hoy la cotidianeidad del pa&iacute;s si esa parte de la generaci&oacute;n que tuvo que irse en los 70, la misma de los 30 mil desaparecidos, hubiera vivido en una democracia no formal, con tres poderes independientes y sin un Plan C&oacute;ndor que arras&oacute; a toda Am&eacute;rica Latina y fue &ldquo;una verdadera internacional del horror para el secuestro e intercambio de prisioneros pol&iacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los violentados al destierro conforman un agujero negro para muchos coterr&aacute;neos que ignoran la historia contempor&aacute;nea. Hombres, mujeres y sus familias que militaron por una vida con salud, educaci&oacute;n, alimento y cultura para todas y todos. Esos exiliados que viven en el afuera del pa&iacute;s son quienes ayudaron a rescatar la vida de los de adentro. &ldquo;Es necesario hacer memoria para que ella nos ilumine el presente y no permita que el olvido se nos pegue en la piel&rdquo;, dice el Premio Nobel de la Paz, <strong>Adolfo P&eacute;rez Esquivel</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sab&iacute;a que Mariana escribi&oacute;, junto a <strong>Javier Corcuera</strong>, <em>Revoluci&oacute;n es la palabra</em>, un volumen que recoge los testimonios de las visitas que recibi&oacute; el historiador y escritor <strong>Osvaldo Bayer</strong> durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, organizadas por la propia Dufour. Desfilaron por aquel hogar, llamado amorosamente El Tugurio, los m&uacute;sicos <strong>Miguel &Aacute;ngel Estrella</strong>, <strong>Jaime Torres</strong>, el <strong>Negro Fontova</strong> y una cantidad enorme de gente de la cultura que hablaba de los textos de <strong>Rodolfo Walsh</strong>, <strong>Haroldo Conti</strong> y <strong>Paco Urondo</strong>, amigos del autor de <em>Los vengadores de la Patagonia tr&aacute;gica</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Revoluci&oacute;n es la palabra, s&iacute;, y Libertarios,/ Significantes caros a los pueblos del mundo/ Apropiados por otros de odiointencionados/ Que despojan de vida nuestro suelo fecundo./ Y ac&aacute; est&aacute;s vos Osvaldo, con tu mirada clara/ Y la enorme presencia de tu eterna nobleza/ Abrazando las voces por vos iluminadas/ Tray&eacute;ndonos las huellas de elevadas proezas./ Cu&aacute;ntas estatuas quedan de bronce y sangre sucias/ Engalanando solo la avidez del dinero/ Ofendiendo la historia con &eacute;picas espurias/ Y silenciando honores de gloriosos guerreros</em>, dicen los versos de un extenso poema de Ana Mar&iacute;a Careaga, psicoanalista, docente universitaria, sobreviviente del centro clandestino de detenci&oacute;n &ldquo;Club Atl&eacute;tico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escribimos sobre seres virtuosos o siniestros que est&aacute;n entre nosotros&rdquo;, dice el querido colega <strong>Ricardo Ragendorfer</strong>, flamante ganador de un Mart&iacute;n Fierro. Por eso, Mariana Dufour escribe en sus libros sobre algunos de nuestros contempor&aacute;neos. Por eso yo lo hago sobre ella. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatriz-exilio_129_12459724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Jul 2025 13:41:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cicatriz del exilio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mariana Dufour,Osvaldo Bayer,exilio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Insilio, o la urgencia de una palabra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insilio-urgencia-palabra_129_10061212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ae831fb-7e93-41ce-8205-6c9dc17e758d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Insilio, o la urgencia de una palabra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por oposición a exilio, dice la autora, "insilio" se piensa en relación a las personas que tuvieron que trasladarse dentro del país durante la dictadura militar. Una definición posible: "Aquel estar sin ser dentro de la propia patria de uno que a uno se le presenta enajenada".</p></div><p class="article-text">
        Hace una semana muri&oacute; mi primo <strong>Osvaldo Said&oacute;n</strong> (&eacute;l usaba la tilde en la &oacute;, yo oscilo), un psicoanalista deleuziano muy reconocido, con una trayectoria importante en la lucha por la (y ahora viene la palabra dif&iacute;cil) &ldquo;desmanicomializaci&oacute;n&rdquo;. Pero hoy no voy a hablar de Osvaldo, necesito un tiempo m&aacute;s de duelo para escribir sobre &eacute;l. Asumo esa deuda. Lo traigo aqu&iacute;, hoy, a cuarenta y siete a&ntilde;os del &uacute;ltimo golpe militar en la Argentina, no solo por su militancia sino porque en una &uacute;ltima charla por zoom con colegas que repasaban su trayectoria pronunci&oacute; la palabra m&aacute;gica: <em>insilio</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Osvado y su familia hab&iacute;an sufrido el exilio, y en esa charla habl&oacute; de los que hab&iacute;an quedado en el <em>insilio</em>. Lo dijo al pasar, pero me llam&oacute; la atenci&oacute;n la coincidencia porque mi plan para esta columna, hoy, era justamente ese: traer ese t&eacute;rmino que no figura en ning&uacute;n diccionario (el corrector de Google, de hecho, me sugiere que lo cambie por &ldquo;insulto&rdquo; o por &ldquo;exilio&rdquo;), pero est&aacute; instalado, sobre todo en el campo de la historiograf&iacute;a y en el de los Derechos Humanos, por el uso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al no haber una definici&oacute;n &ldquo;oficial&rdquo; ni consensuada, dispara en muchas direcciones. Yo, por ejemplo, lo us&eacute; en mi &uacute;ltima novela, <strong>Cartas quemadas</strong>, para hablar de un tiempo de encierro de la protagonista en pleno siglo XXI. Una colega, la escritora y docente de Gram&aacute;tica, <strong>Gloria Peirano</strong>, escribi&oacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/deseo-escritura-aproximacion-cartas-quemadas-gabriela-saidon_1_9746148.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>una rese&ntilde;a</strong></a> de ese libro en este diario donde dice: &ldquo;Se inventa un diccionario de neologismos: el gran hallazgo <em>psic&oacute;loga de l&aacute;grima</em>, (no de caf&eacute;, no de bar), el hermoso sustantivo <em>insilio</em>, que habr&iacute;a que incorporar al l&eacute;xico de forma urgente. Y que se define as&iacute;: <em>Estuve diez a&ntilde;os encerrada en la torre. Cuarto propio, cocina propia, ba&ntilde;o propio, terraza propia.&rdquo;</em> (De hecho, en los 70, cuidar &ldquo;el propio jard&iacute;n&rdquo; era algo hippie y estaba mal visto por las militancias de izquierda).
    </p><p class="article-text">
        S&eacute;, sin embargo, que <em>insilio </em>es otra cosa. Que se define en oposici&oacute;n a <em>exilio</em> y que se piensa en relaci&oacute;n a las personas que tuvieron que trasladarse dentro del pa&iacute;s durante la dictadura: migraciones forzadas, exilios internos. Habla de escondites, de militancias truncas o en espera, de miedos, de persecuciones. &iquest;Fueron<em> insiliadas </em>las personas que se quedaron en sus casas, calladas, susurrando sus ideas? &iquest;Fuimos <em>insiliades</em> quienes no militamos ni nos expusimos pol&iacute;ticamente pero la polic&iacute;a pod&iacute;a interrogarnos por la calle o llevarnos por cualquier motivo? &iquest;Las familias que protegimos parientes en peligro? &iquest;Alguien no estaba en peligro entre 1976 y 1983? &iquest;Y antes? &iquest;Y despu&eacute;s? &iquest;El <em>insilio</em> se absorbe, se incorpora, genera encierros posteriores?
    </p><p class="article-text">
        En 2020, entrevist&eacute; a Miriam Lewin con motivo de la reedici&oacute;n de su libro <strong>Putas y guerrilleras </strong>(Planeta), en coautor&iacute;a con <strong>Olga Wornat</strong>, y le pregunt&eacute; qu&eacute; le generaba a ella ese nuevo aislamiento obligatorio a ella, que hab&iacute;a sufrido el &ldquo;verdadero&rdquo; encierro, el m&aacute;s duro, el del campo de concentraci&oacute;n, la tortura, la violaci&oacute;n. Me dijo: &ldquo;Me est&aacute; pasando mucho &uacute;ltimamente, estoy haciendo otra cosa y me invaden los olores, las sensaciones, la angustia. Supongo que en estos d&iacute;as me va a pasar m&aacute;s, esto de estar tan solas, tan con uno mismo, por esto de estar tan aislados y encerrados.&rdquo; Y me habl&oacute; de algo que retornaba: el miedo a la muerte.
    </p><p class="article-text">
        No figura en ning&uacute;n diccionario pero en 2006, el escritor y acad&eacute;mico sanjuanino <strong>Chango Ill&aacute;&ntilde;ez</strong> defini&oacute; y acu&ntilde;&oacute; el concepto en <a href="http://www.revista.unsj.edu.ar/numero19/exilio.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este art&iacute;culo</a>, que ley&oacute; en una intervenci&oacute;n en ocasi&oacute;n de cumplirse los veinte a&ntilde;os del golpe. Ill&aacute;&ntilde;ez comienza hablando del exilio y lo diferencia de la inmigraci&oacute;n: &ldquo;El exilio es una posibilidad de la pol&iacute;tica&rdquo;, dice. &ldquo;No vuelve del mismo modo el exiliado que el inmigrado&rdquo;. Y caracteriza al<em> insilio</em> como:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Aquel estar sin ser dentro de la propia patria de uno que a uno se le presenta enajenada, pero no enajenada exclusivamente en lo socioecon&oacute;mico sino en el sentido, en lo destinal, en el adonde va todo. Una identidad vulnerada porque es una memoria reprimida. El insiliado est&aacute; en su propia tierra en calidad de desterrado.</li>
                                    <li>Una cultura, es decir, abarca el campo de lo expresivo, y es fuente de conductas pol&iacute;ticas, sociales, etc. La superaci&oacute;n del insilio es la explicitaci&oacute;n p&uacute;blica de la memoria, no s&oacute;lo individual sino colectiva, muchas veces de modo est&eacute;tico, no siempre de manera pol&iacute;tica.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En 2022 un grupo de sobrevivientes cordobesas encar&oacute; <a href="https://www.pagina12.com.ar/497350-el-insilio-la-nueva-voz-que-emerge-entre-las-y-los-sobrevivi" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este proyecto</a> con ese nombre, que apunta, tambi&eacute;n, a la construcci&oacute;n de Memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tardaron en reconocerse los exilios en las memorias&rdquo;, me comenta <strong>Cristian Rama</strong>, doctor en Historia (UBA), especializado en represi&oacute;n, Memoria y Derechos Humanos. Dice: &ldquo;Sobre <em>insilios</em>/exilios internos no hay una categor&iacute;a oficializada ni consensuada, a diferencia de otras con las que se analiza la represi&oacute;n: desaparici&oacute;n forzada, apropiaci&oacute;n de beb&eacute;s, exilios, aunque sea una situaci&oacute;n que sufrieron miles de personas. Y, si bien lo que hacemos es compartimentar esas trayectorias en tanto desaparecidos, exiliados, exiliados internos, cesanteados (una gama muy amplia del terrorismo de estado y de la represi&oacute;n), propongo pensar a las v&iacute;ctimas en su integralidad. Un sobreviviente pudo ser un exiliado, un preso pol&iacute;tico, cesanteado, pudo continuar siendo vigilado para hacer controles tanto desde los aparatos clandestinizados como legalizados&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El historiador ajusta la definici&oacute;n. Su tesis doctoral estuvo dedicada a los sobrevivientes de la represi&oacute;n clandestina en la Subzona 5.1 (Bah&iacute;a Blanca, Sur bonaerense y provincia de R&iacute;o Negro). &ldquo;<em>Insilios</em> o exilios internos comprende a las migraciones forzadas dentro del territorio. El ciclo de migraciones forzadas lo sit&uacute;o en la persecuci&oacute;n del 74/75, donde se van reagrupando las militancias en distintos territorios, mucha gente de Bah&iacute;a Blanca o Viedma se ubica en Mar del Plata, La Plata y Buenos Aires, y viceversa. Con el golpe se nota mucho eso. La gente que estuvo en centros de detenci&oacute;n clandestina es aprehendida y cuando salen, la mayor&iacute;a de los exilios internos o<em> insilios </em>tienen que ver con personas que decidieron quedarse porque no tuvieron forma de exiliarse o ten&iacute;an alg&uacute;n v&iacute;nculo en el territorio. Esa sensaci&oacute;n de continuar bajo amenaza es la que hace que salgan. Hablamos de personas que vivieron la tortura, que sufrieron en el cuerpo el dolor con las secuelas, migran a otros territorios para mantener un perfil bajo, de anonimato. Eso hace que tengan que romper lazos, dejar de militar por un tiempo y sobrevivir como se puede, porque parte del problema de migrar a lugares donde tienen que empezar de cero es la falta de red.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Rama trae un caso, el de Patricia, sobreviviente de La Escuelita de Bah&iacute;a Blanca, que se mud&oacute; a La Plata con su pareja despu&eacute;s de pasar por ese centro clandestino. &ldquo;Les allanaron la casa aduciendo que estaban refugiando a chilenos, decidieron ir a Trelew y continuaron siendo vigilados. En las poblaciones con poca cantidad de habitantes son reconocidos los que vienen de afuera. Fueron a interrogatorios en la sede del Ej&eacute;rcito, ella en situaci&oacute;n de embarazo, vivi&oacute; con mucha paranoia pensando que le iban a sacar el beb&eacute;, y estuvieron con ese miedo aun en el retorno de la democracia porque ten&iacute;an desconfianza del consolidado en la transici&oacute;n por el poder que ellos entend&iacute;an que ten&iacute;an los militares&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;A las personas que estuvieron en el exilio les cost&oacute; tambi&eacute;n ser reconocidas como v&iacute;ctimas porque siempre hubo algo de culpa y condena social hacia &ldquo;los que se hab&iacute;an ido&rdquo;, como si hubiese sido un lujo o una posibilidad para unos pocos. Hay, de todos modos, una importante producci&oacute;n acad&eacute;mica: autoras como <strong>Elizabeth Jelin</strong>, <strong>Marina Franco</strong> o <strong>Silvina Jensen</strong> estudiaron el tema y escribieron libros. Hay palabras para el exilio. Ill&aacute;&ntilde;ez dice, en cambio, que el<em> insilio </em>se caracteriza por el silencio: &ldquo;A veces ese silencio es casi total. A veces es un discurso traducido, malversado, revisado al extremo para que no revele huellas de la impronta original y su fundamento. A veces ese silencio es alterado por una cierta expresi&oacute;n que se extiende de un modo sutil y corre siempre el riesgo de ser descubierta&rdquo;. Dice, adem&aacute;s, que no se reduce a la dictadura, tambi&eacute;n habla de <em>insiliados</em> en democracia neoliberal privatizadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 24 de marzo, es una buena fecha para problematizar el concepto. Empecemos por hablar de nuestros <em>insilios</em>. 
    </p><p class="article-text">
        <em>GS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Saidon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insilio-urgencia-palabra_129_10061212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Mar 2023 04:32:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Insilio, o la urgencia de una palabra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura militar argentina (1976-1983),exilio,insilio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida cotidiana del exilio en fotos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/vida-cotidiana-exilio-fotos_1_9673807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b54bb7a-ca3b-47b7-9f01-cea138d18719_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida cotidiana del exilio en fotos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fotógrafo Dani Yako presenta su libro “exilio 1976-1983”, donde retrata la vida en Madrid junto a sus amigos y amigas exiliadas durante la última dictadura militar en Argentina.</p><p class="subtitle">La casa de los libros perdidos, la tragedia de una familia en la última dictadura</p></div><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes del exilio. Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, el fot&oacute;grafo argentino <strong>Dani Yako</strong> public&oacute; un libro con las im&aacute;genes de su vida y la de sus amigos y amigas en Madrid, durante la &uacute;ltima dictadura militar. &ldquo;<strong>Este es solo un exilio con min&uacute;scula</strong>. Se supone que el otro, con may&uacute;scula debe tener su &eacute;pica, su m&iacute;stica, su militancia y su dolor. Entonces este conjunto de im&aacute;genes tomadas entre 1976 y 1983 sin ning&uacute;n esp&iacute;ritu documental adquieren, m&aacute;s de 40 a&ntilde;os despu&eacute;s, un significado que a&uacute;n no logro dilucidar&rdquo;, escribi&oacute; el fot&oacute;grafo en &ldquo;exilio 1976-1983&rdquo;, el libro editado por &eacute;l mismo que se presenta esta semana.
    </p><p class="article-text">
        Con fotos en blanco y negro, el autor<strong> retrata la vida cotidiana de un grupo de j&oacute;venes, que rondan los 20 a&ntilde;os, en Espa&ntilde;a despu&eacute;s se salir de Argentina</strong>, algunos despu&eacute;s de estar detenidos, desaparecidos y torturados. &Eacute;l mismo junto a su novia de ese momento, Graciela Fainstein, hab&iacute;an sido secuestrados en noviembre de 1976 por un grupo de tareas del Ej&eacute;rcito y trasladados a una dependencia policial en la calle Azopardo durante tres d&iacute;as. Fueron golpeados y padecieron un simulacro de fusilamiento. Yako cont&oacute; que fueron liberados por la intervenci&oacute;n de Horacio Tato, director de Noticias Argentinas, la agencia para la que trabajaba. Cuando llegaron a Europa la joven estaba embarazada, pero decidieron abortar porque no sab&iacute;an si era producto de una violaci&oacute;n.&nbsp;
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            <span class="title">
                Autorretrato de Dani Yako                            </span>
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        Despu&eacute;s del horror, la vida en peque&ntilde;os departamentos de la capital espa&ntilde;ola. En las fotos est&aacute;n sus amigos del Nacional Buenos Aires, entre ellos <strong>Mart&iacute;n Caparr&oacute;s</strong>, en situaciones dom&eacute;sticas, jugando con sus hijos o festejando un cumplea&ntilde;os. Adem&aacute;s de las im&aacute;genes, hay textos de esos protagonistas, que d&eacute;cadas despu&eacute;s, repensaron ese momento para este libro.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo describe Caparr&oacute;s: &ldquo;&iquest;Exilios? Yo me negaba a llamarme exiliado: no era un nombre que sintiera propio. <strong>A mis 18 hab&iacute;a tenido que dejar la Argentina en plena represi&oacute;n y no sab&iacute;a cu&aacute;ndo podr&iacute;a volver</strong>, pero siempre me dio pudor, verg&uuml;enza considerarme eso. Un exiliado era, para m&iacute;, Sarmiento en Chile, Len&iacute;n en Z&uuml;rich, mi abuelo Antonio en Argentina: gente que extra&ntilde;aba sus pa&iacute;ses, que a&ntilde;oraba el regreso, que nunca habr&iacute;a elegido dejarlos si hubiera podido. Yo no pod&iacute;a volver pero tampoco, creo, lo habr&iacute;a elegido entonces. Y, sobre todo: yo no era un exiliado porque la estaba pasando pasablemente bien. Y el exilio, sabemos, es para sufrir&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Martín Caparrós durante una internación en Madrid                            </span>
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        En las fotos se ve a un ni&ntilde;a rubia, se trata de Vera Lennie. Naci&oacute; en la ESMA durante el secuestro de su mam&aacute; <strong>Silvia Labayru,</strong> que estuvo 18 meses en el lugar. En el libro hay textos de ambas. Labayru habla de varios exilios, uno de ellos en el que naci&oacute; su hija.&nbsp; &ldquo;Luego fue el exilio de la ESMA, el campo de exterminio donde estuve secuestrada 18 meses, donde naci&oacute; mi hija Vera y de donde logr&eacute; &ndash;logramos, porque su existencia fue providencial&ndash; salir con vida a los 21 a&ntilde;os. Ese fue el exilio de la muerte, el exilio &rdquo;del no-ser&ldquo;. &Eacute;ramos muertos vivientes, n&uacute;meros, seres que un d&iacute;a est&aacute;bamos y al siguiente pod&iacute;amos ser arrojados vivos al mar. Finalmente, tal vez porque la tercera es la vencida (en este caso la vencedora), lleg&oacute; el exilio que cuentan tan bien estas fotos. Era la libertad&rdquo;, escribi&oacute; en el libro.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas historias reflejadas a trav&eacute;s de im&aacute;genes y palabras est&aacute;n en &ldquo;exilio 1976-1983&rdquo; que se presentar&aacute; el 3 de noviembre a las 19 en Libros del Pasaje (Thames 1762, CABA). Dani Yako conversar&aacute; con Graciela Fainstein, Mart&iacute;n Caparr&oacute;s, Silvia Labayru, Alba Corral y Silvia Luz Fern&aacute;ndez. Moderar&aacute; Leila Guerriero.
    </p><p class="article-text">
        <em>CDB/MG</em>
    </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Nov 2022 20:57:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Dani Yako,exilio,Fotografías,Memoria,Dictadura militar argentina (1976-1983),Martín Caparrós]]></media:keywords>
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