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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - exilio]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - exilio]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El difícil retorno de los exiliados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/dificil-retorno-exiliados_1_13152834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31c022c8-d4ca-4eac-a90c-a7b77deaa472_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1666y448.jpg" width="1200" height="675" alt="El difícil retorno de los exiliados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de las imágenes simbólicas protagonizadas por Rafael Alberti o Tarradellas, el regreso de miles de exiliados antifranquistas estuvo marcado por el desencanto, la soledad y el desarraigo al encontrarse con una España más volcada en olvidar que en reconocer su compromiso democrático.</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Es que no se puede decir que estoy feliz?&rdquo;, respondi&oacute; la fil&oacute;sofa Mar&iacute;a Zambrano a los periodistas despu&eacute;s de pisar suelo espa&ntilde;ol, tras m&aacute;s de 45 a&ntilde;os de exilio. Aterriz&oacute; en 1984 procedente de Ginebra (Suiza). La malague&ntilde;a volvi&oacute; a su pa&iacute;s con 80 a&ntilde;os y f&iacute;sicamente muy debilitada. Las cr&oacute;nicas de la &eacute;poca la describen p&aacute;lida y cansada. Acababa de someterse a dos operaciones de cataratas. Tras haber vivido en Cuba, M&eacute;xico, Puerto Rico, Estados Unidos, Francia e Italia, con ese viaje pon&iacute;a fin a un largo exilio, al que le hab&iacute;a costado mucho renunciar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al llegar, busc&oacute; un instante de soledad a pie de pista, tal y como cont&oacute; en sus relatos. Con dificultades para andar, se mantuvo sin apoyos y mir&oacute; a su alrededor, tratando de recuperar una imagen que le conectara con la &uacute;ltima escena que vivi&oacute; en Espa&ntilde;a: un cordero colgado en la espalda de un hombre que esperaba delante de ella en la frontera con Francia. Era 1939. Los dos estaban haciendo cola para que les revisaran la documentaci&oacute;n antes de abandonar su pa&iacute;s, mientras el bando sublevado avanzaba en los &uacute;ltimos meses de la Guerra Civil.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos miramos el cordero y yo&rdquo;, escribi&oacute; m&aacute;s tarde en <em>El saber de la experiencia</em>. &ldquo;Y el hombre sigui&oacute;, y se perdi&oacute; por aquella muchedumbre, por aquella inmensidad que nos esperaba del lado de la libertad&rdquo;. El aliento y la mirada del animal quedaron grabados durante d&eacute;cadas en su memoria. &ldquo;Y yo me dec&iacute;a y hasta creo que llegu&eacute; a dec&iacute;rselo a media voz a alg&uacute;n amigo o a alg&uacute;n enemigo, o a nadie, o al Se&ntilde;or, o a los olivos, que yo no volver&iacute;a a Espa&ntilde;a sino detr&aacute;s de aquel cordero&rdquo;, relat&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El cordero sigui&oacute; presente en su vuelta. Para Zambrano, aquella figura se convirti&oacute; en un s&iacute;mbolo de la Espa&ntilde;a &ldquo;inocente&rdquo; que &ldquo;estaba siendo sacrificada&rdquo;. As&iacute; lo interpreta Elena Trapanese, profesora de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, que destaca el peso simb&oacute;lico y literario de esa escena, aunque matiza que se desconoce hasta qu&eacute; punto el episodio fue real.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La escritora quiso evitar que su regreso &ldquo;se instrumentalizase&rdquo;, insiste Trapanese. Fue una de las &uacute;ltimas exiliadas en volver, lo hizo nueve a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del dictador Francisco Franco. De hecho, el peri&oacute;dico El Pa&iacute;s lleg&oacute; a afirmar que con su retorno finalizaba el exilio espa&ntilde;ol de 1939. Zambrano afront&oacute; esta situaci&oacute;n con &ldquo;una actitud bastante cr&iacute;tica hacia los primeros a&ntilde;os de la Transici&oacute;n&rdquo;, a&ntilde;ade la profesora universitaria.
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                El expresidente de la Generalitat Josep Tarradellas, en una fotografía de archivo. EFE                            </span>
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        La fil&oacute;sofa regres&oacute; a Espa&ntilde;a con poca salud y cuando el proceso democr&aacute;tico ya estaba en marcha. Otros exiliados volvieron con la esperanza de contribuir activamente a la reconstrucci&oacute;n del pa&iacute;s que hab&iacute;an dejado atr&aacute;s. Despu&eacute;s de d&eacute;cadas defendiendo los valores republicanos desde el extranjero, acumulando experiencia pol&iacute;tica y profesional en sus pa&iacute;ses de acogida, muchos se sintieron totalmente ignorados por los partidos que pilotaban la Transici&oacute;n. Con la excepci&oacute;n de figuras como Rafael Alberti; Dolores Ib&aacute;rruri, la Pasionaria; o Josep Tarradellas, la mayor&iacute;a qued&oacute; al margen de las decisiones clave. Su regreso fue celebrado, pero m&aacute;s como un gesto simb&oacute;lico que como una verdadera reincorporaci&oacute;n. As&iacute; que acabaron convertidos en nombres de calles, placas conmemorativas o bustos institucionales. &ldquo;Los exiliados estuvieron condenados a ser en el mejor de los casos piezas de museos&rdquo;, resume el catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola en la Universidad de Barcelona, Jordi Gracia, en su libro <em>A la intemperie</em>, donde analiza la experiencia del retorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A partir de algunos de los testimonios que dejaron por escrito los exiliados, del relato de sus familiares, del recuerdo de los activistas que acudieron a recibirles y del trabajo de los acad&eacute;micos que hoy contin&uacute;an investigando, elDiario.es recoge en este reportaje el desencanto y el desarraigo que sintieron muchas de aquellas v&iacute;ctimas del franquismo al reencontrarse con una Espa&ntilde;a distinta, m&aacute;s interesada en pasar p&aacute;gina que en reconocer y valorar el compromiso de quienes defendieron los valores democr&aacute;ticos y republicanos desde fuera.
    </p><h2 class="article-text">Un pa&iacute;s ajeno</h2><p class="article-text">
        Sergi P&agrave;mies aterriz&oacute; en Espa&ntilde;a por primera vez en 1971. Ten&iacute;a 11 a&ntilde;os y hasta entonces hab&iacute;a vivido en Par&iacute;s. Para &eacute;l, como para muchos hijos del exilio, Espa&ntilde;a era un pa&iacute;s ajeno, desconocido, que deb&iacute;a convertir en propio. Sus padres, Teresa P&agrave;mies y Gregorio L&oacute;pez Raimundo (responsable del PSUC en la clandestinidad) regresaron despu&eacute;s de 32 a&ntilde;os y se encontraron con &ldquo;una Espa&ntilde;a tardofranquista&rdquo;, como recuerda el escritor. &ldquo;Con muchos s&iacute;ntomas de dictadura pero, hasta que muri&oacute; Franco, con una tremenda actividad cultural y progresista que probablemente empuj&oacute; e influy&oacute; en que las cosas cambiaran&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Integrarse en su nueva vida no fue f&aacute;cil, pero sab&iacute;a que &ldquo;no hab&iacute;a vuelta atr&aacute;s&rdquo;, as&iacute; que se adapt&oacute; &ldquo;r&aacute;pidamente a las circunstancias&rdquo;. Su llegada a Barcelona supuso un primer contacto con la memoria del pasado de sus padres, con aquellos lugares y an&eacute;cdotas que le hab&iacute;an relatado durante a&ntilde;os. Tambi&eacute;n fue el reencuentro de su familia con compa&ntilde;eros de militancia, que se quedaron en Espa&ntilde;a y con los que se reencontraron tras d&eacute;cadas sin verse.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La capacidad de adaptaci&oacute;n es una de las m&aacute;s necesarias para los exiliados cuando se marchan y tambi&eacute;n para sus hijos cuando, finalmente, llegamos a un pa&iacute;s que no es el nuestro pero debemos convertir en propio&rdquo;, explica Sergi P&agrave;mies, que recuerda que los hijos del exilio vivieron &ldquo;adoctrinados por el recuerdo permanente&rdquo; de sus familias.
    </p><p class="article-text">
        El caso de P&agrave;mies ilustra c&oacute;mo algunos exiliados lograron mantener viva su actividad literaria fuera de Espa&ntilde;a y c&oacute;mo parte de esa producci&oacute;n art&iacute;stica comenz&oacute; a circular en el pa&iacute;s incluso antes de la muerte del dictador. En 1971, Teresa P&agrave;mies volvi&oacute; a Catalunya gracias al dinero que obtuvo por ganar el Premio Josep Pla por el libro <em>Testamento en Praga</em>, que escribi&oacute; junto a su padre, Tom&agrave;s P&agrave;mies. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la dictadura, esta militante antifranquista comunista, fue homenajeada con uno de los galardones m&aacute;s importantes de la literatura catalana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como explica Jordi Gracia, no hubo que esperar al tardofranquismo para que los espa&ntilde;oles pudiesen leer a sus exiliados: ya en los a&ntilde;os 50 se publicaban libros de autores como Jorge Guill&eacute;n o Luis Cernuda, siempre que fueran textos &ldquo;neutros&rdquo; y sin &ldquo;agresividad pol&iacute;tica&rdquo;. Sin embargo, la censura segu&iacute;a excluyendo a figuras como Rafael Alberti, cuya militancia comunista lo convert&iacute;a en un autor vetado sin margen para excepciones.
    </p><p class="article-text">
        Victoria Kent, la primera espa&ntilde;ola que obtuvo el t&iacute;tulo de doctora en Derecho y una de las tres mujeres con esca&ntilde;o en el Congreso de los Diputados durante la Segunda Rep&uacute;blica, no solo esper&oacute; al fin de la dictadura para volver a visitar Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n a la celebraci&oacute;n de las elecciones del 15 de junio de 1977. Su decisi&oacute;n se debi&oacute; al descontento que le provoc&oacute; la negativa del Gobierno de Su&aacute;rez a legalizar en esos comicios la participaci&oacute;n de su partido, Acci&oacute;n Republicana Democr&aacute;tica Espa&ntilde;ola (ARDE). Seg&uacute;n escribe el periodista Miguel &Aacute;ngel Villena en su biograf&iacute;a sobre Kent, ARDE representaba la &ldquo;&uacute;nica opci&oacute;n netamente republicana&rdquo;. En algunos sectores, esta formaci&oacute;n se consideraba m&aacute;s &ldquo;peligrosa que la mism&iacute;sima legalizaci&oacute;n del PCE&rdquo; por su marcado car&aacute;cter antimon&aacute;rquico.
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                </figure><p class="article-text">
        <em><strong>&iexcl;Viva el periodismo pol&iacute;tico!</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nacida en 1971, Cambio16 revolucion&oacute; el concepto de revista pol&iacute;tica en la Espa&ntilde;a de la dictadura. Entre multas y secuestros, fue fundamental para abrir los caminos de la Transici&oacute;n y lograr el objetivo de la democracia. Esta portada de marzo de 1976 saluda el regreso de los exiliados. Hoy sigue adelante en versi&oacute;n digital: www.cambio16.com.</em>
    </p><h2 class="article-text">Senador en Cortes o al calabozo de Sol</h2><p class="article-text">
        El republicanismo de ARDE se convirti&oacute; en el &ldquo;principal elemento a obstaculizar por parte de aquellos que dise&ntilde;aron la operaci&oacute;n de tr&aacute;nsito de la dictadura a la monarqu&iacute;a&rdquo;, explica Jorge de Hoyos, profesor del Departamento de Historia Contempor&aacute;nea de la UNED. Este docente universitario explica la disparidad entre el protagonismo que se dio a los comunistas en la reconstrucci&oacute;n de la democracia y el que se dio a los militantes republicanos exiliados y cita como ejemplos a Wenceslao Roces, dirigente hist&oacute;rico del PCE, y a Francisco Giral, &ldquo;un liberal reformista que proven&iacute;a de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza&rdquo;, militante de ARDE y ministro en el &uacute;ltimo Gobierno de la Rep&uacute;blica en el exilio. Ambos eran profesores de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico y, de hecho, coincidieron en el vuelo de vuelta a Espa&ntilde;a, en 1977, pero sus destinos fueron diferentes. Roces entr&oacute; con &ldquo;todas las facilidades&rdquo; y fue senador en las Cortes Constituyentes. Giral fue detenido tras pisar suelo espa&ntilde;ol y retenido en los calabozos de la Puerta del Sol.
    </p><p class="article-text">
        Kent mostr&oacute; su rechazo al veto a ARDE nada m&aacute;s aterrizar. &ldquo;Yo no vine a votar porque no pod&iacute;a hacerlo, ya que no estaba legalizada mi opci&oacute;n&rdquo;, explic&oacute; a los periodistas en el aeropuerto. Tras 38 a&ntilde;os de exilio, pis&oacute; de nuevo suelo espa&ntilde;ol con 85. &ldquo;Fuimos a recibirla con los brazos abiertos&rdquo;, recuerda la abogada laboralista Francisca Sauquillo, que form&oacute; parte de la reducida representaci&oacute;n pol&iacute;tica que acudi&oacute; al aeropuerto, en contraste con el inter&eacute;s medi&aacute;tico que suscit&oacute; la primera visita de Victoria Kent a Espa&ntilde;a desde Nueva York, tras la muerte del dictador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El caso de Kent fue emotivo porque lleg&oacute; el mismo a&ntilde;o en que se produjo la matanza de los abogados de Atocha, en enero de 1977&rdquo;, explica la letrada, que perdi&oacute; en ese asesinato a su hermano Javier. Ante la presi&oacute;n de los grupos de extrema derecha durante aquellos meses, el Gobierno de Su&aacute;rez rode&oacute; de polic&iacute;a el aeropuerto con el fin de que &ldquo;no pasase nada&rdquo;. Para Sauquillo, que ten&iacute;a 34 a&ntilde;os, la figura de esta exiliada era la de una &ldquo;mujer abogada, que hab&iacute;a sido directora general de prisiones y que hab&iacute;a introducido un cierto humanismo en las c&aacute;rceles&rdquo;, algo que considera que, en aquel momento, &ldquo;era muy dif&iacute;cil&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Meses antes, Kent ya hab&iacute;a avisado de que no regresar&iacute;a a Espa&ntilde;a hasta que no existiese &ldquo;una aut&eacute;ntica libertad de opini&oacute;n y de asociaci&oacute;n&rdquo;. Desde su apartamento en la Quinta Avenida de Manhattan, donde compart&iacute;a edificio con Jacqueline Kennedy, reconoc&iacute;a que, a su edad, no le quedaba &ldquo;otra pasi&oacute;n&rdquo; m&aacute;s que Espa&ntilde;a, pero no iba a otorgarles a los partidos que promovieron la Transici&oacute;n esa imagen a cualquier precio. &ldquo;No puedo volver y que me suceda como a Salvador de Madariaga o como al pobre de [Claudio] S&aacute;nchez Albornoz, a quienes les hacen un buen recibimiento y luego les proh&iacute;ben las conferencias y homenajes&rdquo;, avis&oacute;. Y no lo hizo, la directora general de Prisiones y diputada en Cortes durante la II Rep&uacute;blica muri&oacute; en Nueva York a los 95 a&ntilde;os, tras haber vuelto solo una segunda vez a su pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su exilio acomodado, la abogada malague&ntilde;a mantuvo una militancia activa contra el franquismo. En Nueva York fund&oacute; y edit&oacute; la revista <em>Ib&eacute;rica</em>, con colaboradores como Enrique Tierno Galv&aacute;n y Ram&oacute;n J. Sender. Su objetivo era influir en la opini&oacute;n p&uacute;blica estadounidense, especialmente entre pol&iacute;ticos, periodistas y acad&eacute;micos. Con una tirada que, seg&uacute;n explica Villena, lleg&oacute; a distribuir 20.000 ejemplares, a trav&eacute;s de esta publicaci&oacute;n quiso dar a conocer la falta de derechos y libertades, as&iacute; como la represi&oacute;n que se viv&iacute;a en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que muchos exiliados, Kent apenas reconoc&iacute;a su pa&iacute;s cuando fue a visitarlo. Ya no conservaba v&iacute;nculos personales y, en gran medida, Espa&ntilde;a tampoco la recordaba a ella. Aunque fue una mujer pionera durante la Rep&uacute;blica, d&eacute;cadas de franquismo y su exilio en Am&eacute;rica la hab&iacute;an convertido en una &ldquo;anciana desconocida para todos aquellos que hab&iacute;an nacido despu&eacute;s de la Guerra Civil&rdquo;, recuerda el autor de su biograf&iacute;a, Miguel &Aacute;ngel Villena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Madrid que vio y por el que pase&oacute; aquellos d&iacute;as del oto&ntilde;o de 1977 no ten&iacute;a nada que ver con el que ella hab&iacute;a a&ntilde;orado durante tanto tiempo&rdquo;, cont&oacute; Jos&eacute; Mar&iacute;a Calvi&ntilde;o al periodista. En aquel momento, Calvi&ntilde;o era secretario general de ARDE y fue quien acompa&ntilde;&oacute; a la abogada y a su pareja, la fil&aacute;ntropa Louise Crane, en ese primer recorrido por un pa&iacute;s que estaba recuperando la democracia. Aquel reencuentro, como el de otros exiliados, &ldquo;fue un shock&rdquo;, seg&uacute;n detall&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s el dirigente del partido republicano.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n lo fue para Francisco Ayala, que describi&oacute; la Espa&ntilde;a que se encontr&oacute; a su regreso como &ldquo;un pa&iacute;s completamente desconocido&rdquo;. El impacto abarcaba desde lo m&aacute;s superficial, como el asombro del escritor ante la estatura y el aspecto f&iacute;sico de los espa&ntilde;oles &ndash;seg&uacute;n mencion&oacute; en una entrevista en TVE&ndash; hasta en lo m&aacute;s profundo: la desconexi&oacute;n emocional con una sociedad que quer&iacute;a pasar p&aacute;gina. Una Espa&ntilde;a que apostaba por dejar atr&aacute;s lo sucedido en el franquismo, la Guerra Civil y la II Rep&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre los retornados se acentu&oacute; un sentimiento de desencanto porque sent&iacute;an que la Espa&ntilde;a de los ochenta, marcada por la Transici&oacute;n, la Movida e, incluso, el destape, se alejaba del pa&iacute;s que hab&iacute;an intentado construir en los a&ntilde;os treinta, indica De Hoyos. &ldquo;La configuraci&oacute;n de la democracia fue por otros derroteros que no ten&iacute;a mucho que ver precisamente con aquella construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s justa y m&aacute;s igualitaria, que de alguna manera estaba en el horizonte de muchos de aquellos exiliados y tambi&eacute;n, c&oacute;mo no, de la Segunda Rep&uacute;blica&rdquo;, rese&ntilde;a el historiador.
    </p><p class="article-text">
        Sergi P&agrave;mies vivi&oacute; ese choque en su casa. Tras una militancia de d&eacute;cadas en el antifranquismo comunista, sus padres no pudieron prever c&oacute;mo se acabar&iacute;a produciendo la Transici&oacute;n. &ldquo;De alg&uacute;n modo, tras muchas d&eacute;cadas descubrieron que la Espa&ntilde;a que hab&iacute;an imaginado durante el exilio y la clandestinidad solo se parec&iacute;a, en parte, a la Espa&ntilde;a real&rdquo;, resume el escritor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La falta de reconocimiento al compromiso pol&iacute;tico de los retornados intensific&oacute; su sentimiento de desarraigo. Para el historiador, y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Sanz, se encontraron con una Espa&ntilde;a &ldquo;bastante indiferente hacia su historia, donde no hab&iacute;a una memoria del 36&rdquo;. En ese momento, el pa&iacute;s, el Gobierno y la sociedad estaban volcados en &ldquo;la modernizaci&oacute;n&rdquo; y el &ldquo;olvido&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Indiferencia hacia su compromiso pol&iacute;tico</h2><p class="article-text">
        El exilio se abord&oacute; sin una pol&iacute;tica de reconocimiento, de una &ldquo;forma bastante superficial&rdquo;. Fue tratado como un s&iacute;mbolo de reconciliaci&oacute;n nacional, pero en muchos casos se le arrebat&oacute; su esencia ideol&oacute;gica. De esta forma, como a&ntilde;ade De Hoyos, se vaciaron &ldquo;de contenido todos aquellos aspectos que hab&iacute;an representado los elementos esenciales de la propia identidad de esos exiliados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante la falta de reconocimiento y la indiferencia hacia su compromiso pol&iacute;tico, muchos retornados &ldquo;se sintieron extranjeros en su propio pa&iacute;s&rdquo;, apunta Sanz. Tras d&eacute;cadas de exilio, se dieron cuentan de &ldquo;que, en sentido estricto, no pod&iacute;an volver a Espa&ntilde;a; o la Espa&ntilde;a que ellos esperaban encontrar ya no exist&iacute;a&rdquo;. En sus propios barrios, al volver, hab&iacute;an adquirido una identidad nueva para sus vecinos, que les apodaban como &lsquo;el franc&eacute;s&rsquo;, &lsquo;el alem&aacute;n&rsquo; o &lsquo;el holand&eacute;s&rsquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, muchos emprendieron ese retorno para formar parte de &ldquo;un proceso que nadie sab&iacute;a c&oacute;mo iba a terminar&rdquo;, recuerda Gracia. Aunque se sintieran extra&ntilde;os en su propio pa&iacute;s, reconoc&iacute;an en aquella sociedad una &ldquo;vitalidad&rdquo; que empujaba hacia el cambio democr&aacute;tico. De repente, de cara a las primeras elecciones tras la dictadura, los partidos pol&iacute;ticos comenzaron a tener en cuenta las reivindicaciones de los emigrados y de los retornados. En 1976, el voto exterior se estim&oacute; en m&aacute;s de dos millones de personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s pol&iacute;tico por este colectivo qued&oacute; patente en la Constituci&oacute;n, que recoge expresamente que el &ldquo;Estado velar&aacute; especialmente por la salvaguardia de los derechos econ&oacute;micos y sociales de los trabajadores espa&ntilde;oles en el extranjero y orientar&aacute; su pol&iacute;tica hacia su retorno&rdquo;. Seg&uacute;n los c&aacute;lculos del Instituto Espa&ntilde;ol de la Emigraci&oacute;n, &ldquo;en la etapa 1960-1973 se estima en 900.000 los retornos oficialmente constatados&rdquo;, a &ldquo;los que hay que sumar otra cifra similar o ligeramente superior de los no registrados como emigrantes retornados&rdquo;, explicaba Juan B. Vilar, catedr&aacute;tico de Historia Contempor&aacute;nea en un art&iacute;culo acad&eacute;mico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde los primeros gobiernos de la democracia se facilit&oacute; el retorno, como marcaba la Carta Magna, pero &ldquo;no hubo una pol&iacute;tica de reparaci&oacute;n integral a los exiliados&rdquo;, insiste Sanz, que a&ntilde;ade que tras el regreso &ldquo;hubo alg&uacute;n gesto simb&oacute;lico institucional&rdquo;, pero la mayor parte se encontraron &ldquo;m&aacute;s bien silencio, incomodidad, incluso a veces la sensaci&oacute;n de que no eran bien recibidos despu&eacute;s de tanto tiempo&rdquo;. Tras a&ntilde;os esperando el reencuentro con su pa&iacute;s, se dieron cuenta de que, &ldquo;en muchos casos&rdquo;, la &ldquo;sociedad espa&ntilde;ola no los estaba esperando con los brazos abiertos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la gesti&oacute;n emocional, los retornados tuvieron que hacer frente a diferentes problemas. Por un lado, asumir que volv&iacute;an a un pa&iacute;s donde la Transici&oacute;n se estaba impulsando con elementos de continuidad, legitimando la presencia de figuras del franquismo en la futura vida democr&aacute;tica y, con un sector de la sociedad que segu&iacute;a viendo a aquellos que huyeron de la dictadura como los &ldquo;vencidos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay ejemplos de exiliados que consiguieron tener un papel protagonista en la Transici&oacute;n y en la reconstrucci&oacute;n democr&aacute;tica de Espa&ntilde;a. Ah&iacute; est&aacute;n los casos de los comunistas Alberti, la Pasionaria o Rojas que consiguieron un esca&ntilde;o en las Cortes. Tambi&eacute;n est&aacute; el ejemplo de Josep Tarradellas, que volvi&oacute; a Barcelona despu&eacute;s de 38 a&ntilde;os de exilio, y que pon&iacute;a fin al franquismo en Catalunya con aquella frase que pas&oacute; de inmediato a la historia: &ldquo;Ciutadans de Catalunya, ja s&oacute;c aqu&iacute;!&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a la mayor parte de ellos les esperaba el olvido. Se convirtieron en s&iacute;mbolos, fueron homenajeados, pero todo su bagaje internacional y pol&iacute;tico no se tuvo en cuenta. La Transici&oacute;n fue pilotada por la &ldquo;oposici&oacute;n democr&aacute;tica del interior&rdquo; &ndash;como recuerda Sanz&ndash;, j&oacute;venes pol&iacute;ticos, en muchos casos, que fueron los que ocuparon los cargos institucionales. Todos aquellos que hab&iacute;an sufrido la represi&oacute;n del franquismo desde la Guerra Civil y difundieron en sus pa&iacute;ses de acogida los valores republicanos se convirtieron, tal y como explica Jordi Gracia en su libro, en lo que son hoy: r&oacute;tulos de plazas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Galaup]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/dificil-retorno-exiliados_1_13152834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 03:02:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El difícil retorno de los exiliados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Franco,exilio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las nietas argentinas detrás de la primera querella en España por exilio forzado en el franquismo: “Es una obligación moral”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/nietas-argentinas-detras-primera-querella-espana-exilio-forzado-franquismo-obligacion-moral_1_13149693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8f6131e2-51f1-4d6a-9840-c1f415d66d2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140997.jpg" width="6000" height="3375" alt="Las nietas argentinas detrás de la primera querella en España por exilio forzado en el franquismo: “Es una obligación moral”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sonia y Silvia Garófalo Robles viajaron esta semana desde Argentina para interponer la denuncia, en la que señalan a responsables ya fallecidos pero con la que buscan visibilizar y "obligar a investigar" la "expusión" de su país que vivió su abuelo al huir a Francia en 1939 por ser republicano.</p><p class="subtitle">Las nietas argentinas de un republicano presentan la primera querella en España por exilio forzado en el franquismo
</p></div><p class="article-text">
        La orden era esperar a que a un hombre se le cayera un peri&oacute;dico al suelo. Dentro estaban los pasaportes que alguien hab&iacute;a preparado para Enriqueta Mill&aacute;n y sus dos hijos, de 9 y 13 a&ntilde;os. Unos d&iacute;as despu&eacute;s, coincidiendo con el Corpus Christi de 1946 &ndash;el 20 de junio&ndash;, tomaron el tren desde Barcelona, donde viv&iacute;an, hasta Puigcerd&aacute;. All&iacute; un enlace les esperaba para ayudarlos a cruzar el kil&oacute;metro y medio que les separaba de la localidad de Bourg-Madame. Hab&iacute;an atravesado la frontera y estaban en Francia, donde se reunir&iacute;an con Luis Robles Francisco, su marido y padre, al que llevaban siete a&ntilde;os sin ver. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi madre, que era una ni&ntilde;a, dej&oacute; escrito con todo lujo de detalles c&oacute;mo fue. En su carta cuenta, por ejemplo, que si sus corazones se hubieran escuchado cuando subieron al tren, les habr&iacute;an delatado ante la Guardia Civil de lo fuerte que lat&iacute;an. Tambi&eacute;n habla de su padre, un hombre de rasgos 'duros' que era para ella pr&aacute;cticamente un desconocido por todo el tiempo que hab&iacute;a estado sin &eacute;l&rdquo;, explica Sonia Isabel Gar&oacute;falo Robles, la nieta de Luis, que falleci&oacute; en abril de 1984.
    </p><p class="article-text">
        Es una de las dos hermanas argentinas que <a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/nietas-argentinas-republicano-presentan-primera-querella-espana-exilio-forzado-franquismo_1_13149483.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acaban de interponer una querella</a> por el caso de su abuelo, que en febrero de 1939 huy&oacute; a Francia para escapar de la represi&oacute;n franquista. <strong>Se trata de la primera acci&oacute;n judicial por exilio forzado iniciada en Espa&ntilde;a, un fen&oacute;meno al que fueron empujadas miles de personas durante la Guerra Civil y la dictadura.</strong> Las nietas de Luis viajaron desde Argentina, donde viven y a donde se traslad&oacute; la familia desde Francia, para ello. <a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/querella-argentina-investiga-crimenes-franquismo-10-000-kilometros-15-anos-despues-viva_1_12296856.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Si decenas de espa&ntilde;oles acudieron a la Justicia argentina para intentar que se juzguen los cr&iacute;menes del franquismo</a>, ellas decidieron hacer el camino de vuelta.
    </p><p class="article-text">
        Luis fue una de las miles de personas que salieron de Barcelona tras la toma de Catalunya por los sublevados, una de las mayores oleadas de exiliados que se registraron. De profesi&oacute;n yesero y natural de Berga (Barcelona), ya antes de la guerra era activo pol&iacute;ticamente y en 1923 se afili&oacute; a la CNT-FAI. Con el golpe de Estado franquista y el estallido del conflicto, ingres&oacute; en el ej&eacute;rcito republicano, donde lleg&oacute; ser comisario y a combatir en Arag&oacute;n y Mallorca. Con 36 a&ntilde;os, huy&oacute; del pa&iacute;s. &ldquo;Lo hizo para conservar su vida, pero tambi&eacute;n sus ideas y seguir con su actividad antifascista&rdquo;, remarca Sonia, que lleva dos d&eacute;cadas recopilando informaci&oacute;n sobre su historia familiar hasta construir un peque&ntilde;o archivo personal en el que casi cada paso dado por su abuelo est&aacute; escrito.
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                    alt="Luis Robles Francisco, exiliado en febrero de 1939 a Francia y después a Argentina, en la foto que conservan sus nietas."
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                Luis Robles Francisco, exiliado en febrero de 1939 a Francia y después a Argentina, en la foto que conservan sus nietas.                            </span>
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        Entre los documentos que conserva est&aacute; la correspondencia que mantuvo como enlace pol&iacute;tico entre Francia y Espa&ntilde;a, cartas, fotograf&iacute;as y la documentaci&oacute;n relativa a su militancia y su exilio. Como muchos otros espa&ntilde;oles, ya en territorio franc&eacute;s fue encerrado en los campos de Argel&egrave;s-sur-Mer, Saint Cyprien y Le Vernet, donde sufri&oacute; duras condiciones de vida. Durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado por la Organizaci&oacute;n Todt, creada por la Alemania nazi para usar mano de obra forzada en diferentes construcciones. Luis fue obligado a trabajar para erigir caminos en la Francia ocupada, pero seg&uacute;n cuentan sus nietas logr&oacute; escapar y pas&oacute; a integrar el llamado &ldquo;Batall&oacute;n del R&iacute;o&rdquo;, una unidad de la guerrilla formada por libertarios espa&ntilde;oles que se sumaron a la Resistencia Francesa contra los nazis. 
    </p><p class="article-text">
        El periplo que atraves&oacute; Luis llev&oacute; a las hermanas a viajar desde Buenos Aires esta semana para interponer la querella. &ldquo;Sentimos que es una obligaci&oacute;n moral, por nuestro abuelo y nuestra madre, por toda la familia. Ella fue una testigo viviente de todo lo que ocurri&oacute;, de todas las aberraciones que tuvieron que vivir. Pero tambi&eacute;n es una cuesti&oacute;n de justicia con el pueblo espa&ntilde;ol que sufri&oacute; unos cr&iacute;menes que a&uacute;n no se han juzgado. <strong>En Argentina pudimos sentar a los responsables de la dictadura en el banquillo, pero Espa&ntilde;a tiene una deuda muy grande con su sociedad que a&uacute;n no ha saldado</strong>&rdquo;, explica Silvia.
    </p><p class="article-text">
        El exilio de su abuelo rompi&oacute; a la familia durante siete a&ntilde;os y la marc&oacute; para siempre, apuntan ambas. La pareja ten&iacute;a tres hijos, su madre, su t&iacute;o Luis y una tercera hermana que falleci&oacute; con 16 a&ntilde;os por una brucelosis &ldquo;no atendida&rdquo;. La represi&oacute;n franquista se dirigi&oacute; tambi&eacute;n contra ellas, quienes se quedaron en Barcelona: cuenta Sonia que su abuela Enriqueta y su madre ten&iacute;an una tapicer&iacute;a en el centro de la ciudad de la que los golpistas les &ldquo;despojaron&rdquo; y que hoy es un bar &ldquo;enorme y precioso&rdquo;. Tambi&eacute;n recuerda c&oacute;mo les contaban los &ldquo;allanamientos&rdquo; que sufr&iacute;an en casa y de madrugada por miembros de Falange. &ldquo;Daban la vuelta a la vivienda y abusaban de ellas. Como no pod&iacute;an encontrar a mi abuelo, lo pagaron con las mujeres&rdquo;.
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                    alt="Certificado de nacionalidad española de Luis expedido por el Consulado de España en Perpiñán en octubre de 1941."
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                Certificado de nacionalidad española de Luis expedido por el Consulado de España en Perpiñán en octubre de 1941.                            </span>
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        A Luis lo buscaron las autoridades franquistas durante varios a&ntilde;os. De hecho, abrieron contra &eacute;l un proceso sumar&iacute;simo en el que le acusaban del delito de &ldquo;auxilio a la rebeli&oacute;n&rdquo; por militar en la CNT, portar armas en los primeros d&iacute;as del &ldquo;Movimiento Nacional&rdquo; y combatir en el frente. Fue declarado en rebeld&iacute;a al encontrarse en Francia, pero entre los documentos que guardan sus nietas se ve c&oacute;mo su mujer Enriqueta fue interrogada en el proceso. La mujer declar&oacute; que le vio por &uacute;ltima vez el 23 de enero de 1939 y que, al cabo de un mes y medio, recibi&oacute; una carta suya en la que afirmaba que &ldquo;no sintieran pena por &eacute;l porque estaba en Francia trabajando&rdquo;, seg&uacute;n consta en la declaraci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Consecuencias que se heredan</h2><p class="article-text">
        La querella presentada de forma telem&aacute;tica por las hermanas en Barcelona, que ha contado con el apoyo jur&iacute;dico de CEAQUA, se dirige contra la totalidad de miembros del Ej&eacute;rcito que el 18 de julio de 1936 se sublevaron contra la Rep&uacute;blica, contra todos los hombres que formaron parte de los sucesivos gobiernos de la dictadura y contra los cuatro jueces instructores del Juzgado Militar que proces&oacute; a Luis en 1940, todos ellos fallecidos. <strong>Jacinto Laura, abogado de CEAQUA, explica que los hechos se califican como cr&iacute;menes de lesa humanidad, como es la deportaci&oacute;n o traslado forzoso de personas mediante &ldquo;actos de coacci&oacute;n&rdquo;, como reconoce el art&iacute;culo 607 bis del C&oacute;digo Penal.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo ello formando parte de un &ldquo;ataque generalizado y sistem&aacute;tico contra amplios sectores de la poblaci&oacute;n del Estado espa&ntilde;ol&rdquo;, a&ntilde;ade el letrado, que sostiene que aunque la responsabilidad criminal de los se&ntilde;alados en la querella &ldquo;est&eacute; extinta&rdquo; porque han muerto, la Justicia &ldquo;tiene la obligaci&oacute;n de investigar y, en su caso, establecer una verdad judicial&rdquo;. E<strong>so es lo que buscan Sonia y Silvia, que han renunciado a reclamar alg&uacute;n tipo de medida o compensaci&oacute;n econ&oacute;mica:</strong> &ldquo;Queremos forzar al Estado espa&ntilde;ol a que investigue, a que se ponga sobre la mesa y se visibilice&rdquo;, apunta Sonia.
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                    alt="Sonia y Silvia en el archivo de la Fundación Anselmo Lorenzo, en Madrid."
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            <span class="title">
                Sonia y Silvia en el archivo de la Fundación Anselmo Lorenzo, en Madrid.                            </span>
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        Los efectos del exilio no solo impactaron en quienes lo vivieron. Ambas hermanas hablan de consecuencias &ldquo;heredadas&rdquo; que han visto y experimentado en la familia desde que nacieron en Avellaneda, a donde sus abuelos y su madre se trasladaron desde Francia. Silvia recuerda &ldquo;un mont&oacute;n de situaciones personales&rdquo; que vincula al &ldquo;da&ntilde;o emocional y f&iacute;sico&rdquo; que padecieron, sobre todo su madre y su abuela, v&iacute;ctimas de agresiones sexuales por parte de las milicias que entraban en su casa. &ldquo;Cada una lo sobrellev&oacute; como pudo, pero a nosotras tambi&eacute;n se nos transmitieron algunas fobias y estados de alerta que hemos trabajado&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        La familia decidi&oacute; salir hacia Argentina en 1952, despu&eacute;s de que Luis intentara sin &eacute;xito lograr la nacionalidad francesa y despu&eacute;s de que la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial no supusiera, como &eacute;l y muchos otros pensaban, la liberaci&oacute;n de la Espa&ntilde;a fascista. Ya nunca abandonaron Argentina, donde vivieron varios a&ntilde;os despu&eacute;s la dictadura militar en la que un t&iacute;o de Silvia y Sonia fue asesinado y desaparecido. Recuerda una de ellas que su abuelo &ldquo;mantuvo un silencio&rdquo; durante aquellos a&ntilde;os, al igual que su abuela: &ldquo;Dec&iacute;an 'pasamos dos guerras, sufrimos, perdimos hijos, lo perdimos todo... No vamos a seguir perdiendo'&rdquo;, parafrasean.
    </p><p class="article-text">
        Pero las nietas siguieron con la militancia pol&iacute;tica y a&uacute;n hoy defienden con determinaci&oacute;n sus ideas, heredadas en casa, frente a un contexto global &ldquo;marcado por la vuelta del fascismo&rdquo;, diagnostica Silvia. Su forma de pensar es, dicen, lo m&aacute;s valioso que les transmitieron sus padres y sus abuelos. Su madre muri&oacute; en 2021. &ldquo;Estar&iacute;an orgullosos de nosotras. Dir&iacute;an 'tan mal no lo hemos hecho'&rdquo;, dicen sobre qu&eacute; pensar&iacute;an ellos sobre su viaje de m&aacute;s de 10.000 kil&oacute;metros para buscar justicia. &ldquo;Nuestro abuelo dec&iacute;a mucho que no olvid&aacute;ramos que somos espa&ntilde;oles, que no vinimos a Argentina porque quisimos o lo decidimos. Fue una expulsi&oacute;n. Es algo que mantuvo vivo hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a de su vida y nosotras lo tomamos y seguimos adelante&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Borraz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/nietas-argentinas-detras-primera-querella-espana-exilio-forzado-franquismo-obligacion-moral_1_13149693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 08:08:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las nietas argentinas detrás de la primera querella en España por exilio forzado en el franquismo: “Es una obligación moral”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,exilio,Franquismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cicatriz del exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatriz-exilio_129_12459724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c22b3065-4715-4bcd-b25e-da6a0a0fd33e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cicatriz del exilio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mariana Dufour recuperó en Europa las palabras ausentes de los argentinos forzados a irse del país en los ’70. Hay voces del presente que dan cuenta de la íntima relación entre un plan económico de hambre y el desmantelamiento de los sitios de memoria. </p></div><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a <strong>Mariana Dufour</strong> hace ya varios a&ntilde;os en una reuni&oacute;n de amigos, en el barrio de Floresta, entre vinos, empanadas y el sonar de una guitarra. Alta, rubia, de una belleza singular, esta comunicadora, gestora y educadora intercultural es descendiente de suizos y gallegos y tiene una sensibilidad infrecuente. Naci&oacute; en 1967, tiene tres hijos, vive en Valeria del Mar y es la periodista que investig&oacute; y public&oacute; la documentaci&oacute;n por la que fue destituido de su cargo quien fuera intendente de Pinamar, <strong>Blas Altieri</strong>. El exfuncionario era amigo del empresario <strong>Alfredo Yabr&aacute;n</strong>, responsable de la muerte del reportero gr&aacute;fico <strong>Jos&eacute; Luis Cabezas</strong> y tuvo varias gestiones plagadas de irregularidades y negociados. Mariana desnud&oacute; al poder local. 
    </p><p class="article-text">
        Desde que Dufour public&oacute; aquellas notas no pudo volver a trabajar ni en Valeria ni en ninguna otra localidad del municipio m&aacute;s <em>fashionista</em> de la costa argentina. Por pudor, por humildad, ella no anda por la vida mostrando sus galones. Por ejemplo, durante diez a&ntilde;os implement&oacute; en las escuelas p&uacute;blicas el Programa Pedag&oacute;gico Comunitario Intercultural Ara&iacute; Ruguay/Rabo de Nube, que ella misma cre&oacute;, para devolverles valor y dignidad a los estudiantes provenientes de pueblos originarios. Fue a partir de descubrir el disco <em>Taki Ongoy</em>, (<strong>V&iacute;ctor Heredia</strong>) que evoca el movimiento ind&iacute;gena de rechazo a la conquista europea y la expansi&oacute;n del cristianismo en el siglo XVI. Habr&aacute; en sus ojos tal regocijo/ tanta felicidad/ que en nuestras almas/ de las estrellas/ al mundo bajar&aacute;n/ y en Machu Pichu, ciudad sagrada,/ se corporizar&aacute;n:/ aztecas, mayas, incas, chim&uacute;es,/ convocar&aacute;n al sol. 
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        Ese programa logr&oacute; que cientos de chicos de tez color tierra sentados atr&aacute;s en las aulas, se irguieran y enorgullecieran mientras escuchaban las historias y la lengua de sus ancestros. Y que sus compa&ntilde;eros de piel rosada dejaran de mirarlos desde una posici&oacute;n de superioridad. 
    </p><p class="article-text">
        El jard&iacute;n de la casa de Mariana est&aacute; repleto de flores, a&uacute;n en invierno. Esa residencia fue construida con fratacho y pala, ladrillos y cemento por sus manos y las del padre de sus hijos. Es su lugar en el mundo, aunque en verano tiene que emprender cierto nomadismo para que ingresen los pesos, que le permitan vivir durante el resto del a&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        El jueves present&oacute; su libro, <em>El exilio no olvida. Una intensa historia de amor</em> (Gogol Ediciones) en la casa de las Madres de Plaza de Mayo, como parte de la programaci&oacute;n de actividades de la (intervenida por el gobierno) Universidad de las Madres. El libro re&uacute;ne testimonios de compatriotas argentinas y argentinos que no pudieron regresar del exilio despu&eacute;s de la &uacute;ltima dictadura, y que, desde lejos, siguen militando la Patria como si siguieran habit&aacute;ndola. Por esas derivas inesperadas de las relaciones afectivas, esa noche me toc&oacute; ser la vendedora de los ejemplares. Llegamos con las cajas llenas, nos fuimos con las cajas vac&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a, reci&eacute;n mudada, sal&iacute; a caminar por el barrio y me top&eacute; con El Olimpo, uno de los sitios de memoria que las autoridades actuales est&aacute;n desmantelando, y que funciona a media m&aacute;quina. Las intervenciones, el abandono, el desarmado de los espacios en los que estuvieron detenidos y torturados miles de argentinos, con sus ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y beb&eacute;s (algunos de ellos testimonian en el libro de Mariana), dan cuenta de que se requiere de un gobierno delincuente que siembre la maldad, la ignorancia y el olvido, para poder aplicar un plan econ&oacute;mico como el actual. 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario comprender que esta etapa del pa&iacute;s es una nueva encarnaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de opresi&oacute;n contra las mayor&iacute;as, aunque a&uacute;n buena parte de ellas no hayan tomado conciencia de que vot&oacute; en contra de s&iacute; misma.     
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Traje conmigo un solo miedo: el del encuentro con ese pedazo de m&iacute; que se qued&oacute; en un pa&iacute;s que ya no existe. Paso junto a las casas donde vivieron seres entra&ntilde;ables que la dictadura asesin&oacute;. Paso sin transici&oacute;n de la alegr&iacute;a profunda a la tristeza profunda. Veo llagas de pobreza, que no hab&iacute;a antes aqu&iacute;&rdquo;, cita Dufour a <strong>Juan Gelman</strong> sobre la partida forzada de tantos argentinos en tiempos de la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar y su eventual regreso. Gelman vivi&oacute; en el exilio entre 1975 y 1988.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El exilio es uno de los cap&iacute;tulos de la historia argentina menos pensado por la sociedad; menos asumido como constitutivo de su identidad&rdquo;, se&ntilde;ala la escritora. &ldquo;S&iacute;, es cierto que en mi exilio ya no ten&iacute;a miedo, pero la angustia me hac&iacute;a dormir con la luz prendida&rdquo; (<strong>Mercedes Sosa</strong>).
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo ser&iacute;a hoy la cotidianeidad del pa&iacute;s si esa parte de la generaci&oacute;n que tuvo que irse en los 70, la misma de los 30 mil desaparecidos, hubiera vivido en una democracia no formal, con tres poderes independientes y sin un Plan C&oacute;ndor que arras&oacute; a toda Am&eacute;rica Latina y fue &ldquo;una verdadera internacional del horror para el secuestro e intercambio de prisioneros pol&iacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los violentados al destierro conforman un agujero negro para muchos coterr&aacute;neos que ignoran la historia contempor&aacute;nea. Hombres, mujeres y sus familias que militaron por una vida con salud, educaci&oacute;n, alimento y cultura para todas y todos. Esos exiliados que viven en el afuera del pa&iacute;s son quienes ayudaron a rescatar la vida de los de adentro. &ldquo;Es necesario hacer memoria para que ella nos ilumine el presente y no permita que el olvido se nos pegue en la piel&rdquo;, dice el Premio Nobel de la Paz, <strong>Adolfo P&eacute;rez Esquivel</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sab&iacute;a que Mariana escribi&oacute;, junto a <strong>Javier Corcuera</strong>, <em>Revoluci&oacute;n es la palabra</em>, un volumen que recoge los testimonios de las visitas que recibi&oacute; el historiador y escritor <strong>Osvaldo Bayer</strong> durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, organizadas por la propia Dufour. Desfilaron por aquel hogar, llamado amorosamente El Tugurio, los m&uacute;sicos <strong>Miguel &Aacute;ngel Estrella</strong>, <strong>Jaime Torres</strong>, el <strong>Negro Fontova</strong> y una cantidad enorme de gente de la cultura que hablaba de los textos de <strong>Rodolfo Walsh</strong>, <strong>Haroldo Conti</strong> y <strong>Paco Urondo</strong>, amigos del autor de <em>Los vengadores de la Patagonia tr&aacute;gica</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Revoluci&oacute;n es la palabra, s&iacute;, y Libertarios,/ Significantes caros a los pueblos del mundo/ Apropiados por otros de odiointencionados/ Que despojan de vida nuestro suelo fecundo./ Y ac&aacute; est&aacute;s vos Osvaldo, con tu mirada clara/ Y la enorme presencia de tu eterna nobleza/ Abrazando las voces por vos iluminadas/ Tray&eacute;ndonos las huellas de elevadas proezas./ Cu&aacute;ntas estatuas quedan de bronce y sangre sucias/ Engalanando solo la avidez del dinero/ Ofendiendo la historia con &eacute;picas espurias/ Y silenciando honores de gloriosos guerreros</em>, dicen los versos de un extenso poema de Ana Mar&iacute;a Careaga, psicoanalista, docente universitaria, sobreviviente del centro clandestino de detenci&oacute;n &ldquo;Club Atl&eacute;tico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escribimos sobre seres virtuosos o siniestros que est&aacute;n entre nosotros&rdquo;, dice el querido colega <strong>Ricardo Ragendorfer</strong>, flamante ganador de un Mart&iacute;n Fierro. Por eso, Mariana Dufour escribe en sus libros sobre algunos de nuestros contempor&aacute;neos. Por eso yo lo hago sobre ella. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatriz-exilio_129_12459724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Jul 2025 13:41:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cicatriz del exilio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mariana Dufour,Osvaldo Bayer,exilio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Insilio, o la urgencia de una palabra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insilio-urgencia-palabra_129_10061212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ae831fb-7e93-41ce-8205-6c9dc17e758d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Insilio, o la urgencia de una palabra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por oposición a exilio, dice la autora, "insilio" se piensa en relación a las personas que tuvieron que trasladarse dentro del país durante la dictadura militar. Una definición posible: "Aquel estar sin ser dentro de la propia patria de uno que a uno se le presenta enajenada".</p></div><p class="article-text">
        Hace una semana muri&oacute; mi primo <strong>Osvaldo Said&oacute;n</strong> (&eacute;l usaba la tilde en la &oacute;, yo oscilo), un psicoanalista deleuziano muy reconocido, con una trayectoria importante en la lucha por la (y ahora viene la palabra dif&iacute;cil) &ldquo;desmanicomializaci&oacute;n&rdquo;. Pero hoy no voy a hablar de Osvaldo, necesito un tiempo m&aacute;s de duelo para escribir sobre &eacute;l. Asumo esa deuda. Lo traigo aqu&iacute;, hoy, a cuarenta y siete a&ntilde;os del &uacute;ltimo golpe militar en la Argentina, no solo por su militancia sino porque en una &uacute;ltima charla por zoom con colegas que repasaban su trayectoria pronunci&oacute; la palabra m&aacute;gica: <em>insilio</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Osvado y su familia hab&iacute;an sufrido el exilio, y en esa charla habl&oacute; de los que hab&iacute;an quedado en el <em>insilio</em>. Lo dijo al pasar, pero me llam&oacute; la atenci&oacute;n la coincidencia porque mi plan para esta columna, hoy, era justamente ese: traer ese t&eacute;rmino que no figura en ning&uacute;n diccionario (el corrector de Google, de hecho, me sugiere que lo cambie por &ldquo;insulto&rdquo; o por &ldquo;exilio&rdquo;), pero est&aacute; instalado, sobre todo en el campo de la historiograf&iacute;a y en el de los Derechos Humanos, por el uso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al no haber una definici&oacute;n &ldquo;oficial&rdquo; ni consensuada, dispara en muchas direcciones. Yo, por ejemplo, lo us&eacute; en mi &uacute;ltima novela, <strong>Cartas quemadas</strong>, para hablar de un tiempo de encierro de la protagonista en pleno siglo XXI. Una colega, la escritora y docente de Gram&aacute;tica, <strong>Gloria Peirano</strong>, escribi&oacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/deseo-escritura-aproximacion-cartas-quemadas-gabriela-saidon_1_9746148.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>una rese&ntilde;a</strong></a> de ese libro en este diario donde dice: &ldquo;Se inventa un diccionario de neologismos: el gran hallazgo <em>psic&oacute;loga de l&aacute;grima</em>, (no de caf&eacute;, no de bar), el hermoso sustantivo <em>insilio</em>, que habr&iacute;a que incorporar al l&eacute;xico de forma urgente. Y que se define as&iacute;: <em>Estuve diez a&ntilde;os encerrada en la torre. Cuarto propio, cocina propia, ba&ntilde;o propio, terraza propia.&rdquo;</em> (De hecho, en los 70, cuidar &ldquo;el propio jard&iacute;n&rdquo; era algo hippie y estaba mal visto por las militancias de izquierda).
    </p><p class="article-text">
        S&eacute;, sin embargo, que <em>insilio </em>es otra cosa. Que se define en oposici&oacute;n a <em>exilio</em> y que se piensa en relaci&oacute;n a las personas que tuvieron que trasladarse dentro del pa&iacute;s durante la dictadura: migraciones forzadas, exilios internos. Habla de escondites, de militancias truncas o en espera, de miedos, de persecuciones. &iquest;Fueron<em> insiliadas </em>las personas que se quedaron en sus casas, calladas, susurrando sus ideas? &iquest;Fuimos <em>insiliades</em> quienes no militamos ni nos expusimos pol&iacute;ticamente pero la polic&iacute;a pod&iacute;a interrogarnos por la calle o llevarnos por cualquier motivo? &iquest;Las familias que protegimos parientes en peligro? &iquest;Alguien no estaba en peligro entre 1976 y 1983? &iquest;Y antes? &iquest;Y despu&eacute;s? &iquest;El <em>insilio</em> se absorbe, se incorpora, genera encierros posteriores?
    </p><p class="article-text">
        En 2020, entrevist&eacute; a Miriam Lewin con motivo de la reedici&oacute;n de su libro <strong>Putas y guerrilleras </strong>(Planeta), en coautor&iacute;a con <strong>Olga Wornat</strong>, y le pregunt&eacute; qu&eacute; le generaba a ella ese nuevo aislamiento obligatorio a ella, que hab&iacute;a sufrido el &ldquo;verdadero&rdquo; encierro, el m&aacute;s duro, el del campo de concentraci&oacute;n, la tortura, la violaci&oacute;n. Me dijo: &ldquo;Me est&aacute; pasando mucho &uacute;ltimamente, estoy haciendo otra cosa y me invaden los olores, las sensaciones, la angustia. Supongo que en estos d&iacute;as me va a pasar m&aacute;s, esto de estar tan solas, tan con uno mismo, por esto de estar tan aislados y encerrados.&rdquo; Y me habl&oacute; de algo que retornaba: el miedo a la muerte.
    </p><p class="article-text">
        No figura en ning&uacute;n diccionario pero en 2006, el escritor y acad&eacute;mico sanjuanino <strong>Chango Ill&aacute;&ntilde;ez</strong> defini&oacute; y acu&ntilde;&oacute; el concepto en <a href="http://www.revista.unsj.edu.ar/numero19/exilio.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este art&iacute;culo</a>, que ley&oacute; en una intervenci&oacute;n en ocasi&oacute;n de cumplirse los veinte a&ntilde;os del golpe. Ill&aacute;&ntilde;ez comienza hablando del exilio y lo diferencia de la inmigraci&oacute;n: &ldquo;El exilio es una posibilidad de la pol&iacute;tica&rdquo;, dice. &ldquo;No vuelve del mismo modo el exiliado que el inmigrado&rdquo;. Y caracteriza al<em> insilio</em> como:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Aquel estar sin ser dentro de la propia patria de uno que a uno se le presenta enajenada, pero no enajenada exclusivamente en lo socioecon&oacute;mico sino en el sentido, en lo destinal, en el adonde va todo. Una identidad vulnerada porque es una memoria reprimida. El insiliado est&aacute; en su propia tierra en calidad de desterrado.</li>
                                    <li>Una cultura, es decir, abarca el campo de lo expresivo, y es fuente de conductas pol&iacute;ticas, sociales, etc. La superaci&oacute;n del insilio es la explicitaci&oacute;n p&uacute;blica de la memoria, no s&oacute;lo individual sino colectiva, muchas veces de modo est&eacute;tico, no siempre de manera pol&iacute;tica.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En 2022 un grupo de sobrevivientes cordobesas encar&oacute; <a href="https://www.pagina12.com.ar/497350-el-insilio-la-nueva-voz-que-emerge-entre-las-y-los-sobrevivi" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este proyecto</a> con ese nombre, que apunta, tambi&eacute;n, a la construcci&oacute;n de Memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tardaron en reconocerse los exilios en las memorias&rdquo;, me comenta <strong>Cristian Rama</strong>, doctor en Historia (UBA), especializado en represi&oacute;n, Memoria y Derechos Humanos. Dice: &ldquo;Sobre <em>insilios</em>/exilios internos no hay una categor&iacute;a oficializada ni consensuada, a diferencia de otras con las que se analiza la represi&oacute;n: desaparici&oacute;n forzada, apropiaci&oacute;n de beb&eacute;s, exilios, aunque sea una situaci&oacute;n que sufrieron miles de personas. Y, si bien lo que hacemos es compartimentar esas trayectorias en tanto desaparecidos, exiliados, exiliados internos, cesanteados (una gama muy amplia del terrorismo de estado y de la represi&oacute;n), propongo pensar a las v&iacute;ctimas en su integralidad. Un sobreviviente pudo ser un exiliado, un preso pol&iacute;tico, cesanteado, pudo continuar siendo vigilado para hacer controles tanto desde los aparatos clandestinizados como legalizados&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El historiador ajusta la definici&oacute;n. Su tesis doctoral estuvo dedicada a los sobrevivientes de la represi&oacute;n clandestina en la Subzona 5.1 (Bah&iacute;a Blanca, Sur bonaerense y provincia de R&iacute;o Negro). &ldquo;<em>Insilios</em> o exilios internos comprende a las migraciones forzadas dentro del territorio. El ciclo de migraciones forzadas lo sit&uacute;o en la persecuci&oacute;n del 74/75, donde se van reagrupando las militancias en distintos territorios, mucha gente de Bah&iacute;a Blanca o Viedma se ubica en Mar del Plata, La Plata y Buenos Aires, y viceversa. Con el golpe se nota mucho eso. La gente que estuvo en centros de detenci&oacute;n clandestina es aprehendida y cuando salen, la mayor&iacute;a de los exilios internos o<em> insilios </em>tienen que ver con personas que decidieron quedarse porque no tuvieron forma de exiliarse o ten&iacute;an alg&uacute;n v&iacute;nculo en el territorio. Esa sensaci&oacute;n de continuar bajo amenaza es la que hace que salgan. Hablamos de personas que vivieron la tortura, que sufrieron en el cuerpo el dolor con las secuelas, migran a otros territorios para mantener un perfil bajo, de anonimato. Eso hace que tengan que romper lazos, dejar de militar por un tiempo y sobrevivir como se puede, porque parte del problema de migrar a lugares donde tienen que empezar de cero es la falta de red.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Rama trae un caso, el de Patricia, sobreviviente de La Escuelita de Bah&iacute;a Blanca, que se mud&oacute; a La Plata con su pareja despu&eacute;s de pasar por ese centro clandestino. &ldquo;Les allanaron la casa aduciendo que estaban refugiando a chilenos, decidieron ir a Trelew y continuaron siendo vigilados. En las poblaciones con poca cantidad de habitantes son reconocidos los que vienen de afuera. Fueron a interrogatorios en la sede del Ej&eacute;rcito, ella en situaci&oacute;n de embarazo, vivi&oacute; con mucha paranoia pensando que le iban a sacar el beb&eacute;, y estuvieron con ese miedo aun en el retorno de la democracia porque ten&iacute;an desconfianza del consolidado en la transici&oacute;n por el poder que ellos entend&iacute;an que ten&iacute;an los militares&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;A las personas que estuvieron en el exilio les cost&oacute; tambi&eacute;n ser reconocidas como v&iacute;ctimas porque siempre hubo algo de culpa y condena social hacia &ldquo;los que se hab&iacute;an ido&rdquo;, como si hubiese sido un lujo o una posibilidad para unos pocos. Hay, de todos modos, una importante producci&oacute;n acad&eacute;mica: autoras como <strong>Elizabeth Jelin</strong>, <strong>Marina Franco</strong> o <strong>Silvina Jensen</strong> estudiaron el tema y escribieron libros. Hay palabras para el exilio. Ill&aacute;&ntilde;ez dice, en cambio, que el<em> insilio </em>se caracteriza por el silencio: &ldquo;A veces ese silencio es casi total. A veces es un discurso traducido, malversado, revisado al extremo para que no revele huellas de la impronta original y su fundamento. A veces ese silencio es alterado por una cierta expresi&oacute;n que se extiende de un modo sutil y corre siempre el riesgo de ser descubierta&rdquo;. Dice, adem&aacute;s, que no se reduce a la dictadura, tambi&eacute;n habla de <em>insiliados</em> en democracia neoliberal privatizadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 24 de marzo, es una buena fecha para problematizar el concepto. Empecemos por hablar de nuestros <em>insilios</em>. 
    </p><p class="article-text">
        <em>GS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Saidon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insilio-urgencia-palabra_129_10061212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Mar 2023 04:32:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Insilio, o la urgencia de una palabra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura militar argentina (1976-1983),exilio,insilio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida cotidiana del exilio en fotos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/vida-cotidiana-exilio-fotos_1_9673807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b54bb7a-ca3b-47b7-9f01-cea138d18719_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida cotidiana del exilio en fotos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fotógrafo Dani Yako presenta su libro “exilio 1976-1983”, donde retrata la vida en Madrid junto a sus amigos y amigas exiliadas durante la última dictadura militar en Argentina.</p><p class="subtitle">La casa de los libros perdidos, la tragedia de una familia en la última dictadura</p></div><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes del exilio. Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, el fot&oacute;grafo argentino <strong>Dani Yako</strong> public&oacute; un libro con las im&aacute;genes de su vida y la de sus amigos y amigas en Madrid, durante la &uacute;ltima dictadura militar. &ldquo;<strong>Este es solo un exilio con min&uacute;scula</strong>. Se supone que el otro, con may&uacute;scula debe tener su &eacute;pica, su m&iacute;stica, su militancia y su dolor. Entonces este conjunto de im&aacute;genes tomadas entre 1976 y 1983 sin ning&uacute;n esp&iacute;ritu documental adquieren, m&aacute;s de 40 a&ntilde;os despu&eacute;s, un significado que a&uacute;n no logro dilucidar&rdquo;, escribi&oacute; el fot&oacute;grafo en &ldquo;exilio 1976-1983&rdquo;, el libro editado por &eacute;l mismo que se presenta esta semana.
    </p><p class="article-text">
        Con fotos en blanco y negro, el autor<strong> retrata la vida cotidiana de un grupo de j&oacute;venes, que rondan los 20 a&ntilde;os, en Espa&ntilde;a despu&eacute;s se salir de Argentina</strong>, algunos despu&eacute;s de estar detenidos, desaparecidos y torturados. &Eacute;l mismo junto a su novia de ese momento, Graciela Fainstein, hab&iacute;an sido secuestrados en noviembre de 1976 por un grupo de tareas del Ej&eacute;rcito y trasladados a una dependencia policial en la calle Azopardo durante tres d&iacute;as. Fueron golpeados y padecieron un simulacro de fusilamiento. Yako cont&oacute; que fueron liberados por la intervenci&oacute;n de Horacio Tato, director de Noticias Argentinas, la agencia para la que trabajaba. Cuando llegaron a Europa la joven estaba embarazada, pero decidieron abortar porque no sab&iacute;an si era producto de una violaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Autorretrato de Dani Yako                            </span>
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        Despu&eacute;s del horror, la vida en peque&ntilde;os departamentos de la capital espa&ntilde;ola. En las fotos est&aacute;n sus amigos del Nacional Buenos Aires, entre ellos <strong>Mart&iacute;n Caparr&oacute;s</strong>, en situaciones dom&eacute;sticas, jugando con sus hijos o festejando un cumplea&ntilde;os. Adem&aacute;s de las im&aacute;genes, hay textos de esos protagonistas, que d&eacute;cadas despu&eacute;s, repensaron ese momento para este libro.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo describe Caparr&oacute;s: &ldquo;&iquest;Exilios? Yo me negaba a llamarme exiliado: no era un nombre que sintiera propio. <strong>A mis 18 hab&iacute;a tenido que dejar la Argentina en plena represi&oacute;n y no sab&iacute;a cu&aacute;ndo podr&iacute;a volver</strong>, pero siempre me dio pudor, verg&uuml;enza considerarme eso. Un exiliado era, para m&iacute;, Sarmiento en Chile, Len&iacute;n en Z&uuml;rich, mi abuelo Antonio en Argentina: gente que extra&ntilde;aba sus pa&iacute;ses, que a&ntilde;oraba el regreso, que nunca habr&iacute;a elegido dejarlos si hubiera podido. Yo no pod&iacute;a volver pero tampoco, creo, lo habr&iacute;a elegido entonces. Y, sobre todo: yo no era un exiliado porque la estaba pasando pasablemente bien. Y el exilio, sabemos, es para sufrir&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Martín Caparrós durante una internación en Madrid                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En las fotos se ve a un ni&ntilde;a rubia, se trata de Vera Lennie. Naci&oacute; en la ESMA durante el secuestro de su mam&aacute; <strong>Silvia Labayru,</strong> que estuvo 18 meses en el lugar. En el libro hay textos de ambas. Labayru habla de varios exilios, uno de ellos en el que naci&oacute; su hija.&nbsp; &ldquo;Luego fue el exilio de la ESMA, el campo de exterminio donde estuve secuestrada 18 meses, donde naci&oacute; mi hija Vera y de donde logr&eacute; &ndash;logramos, porque su existencia fue providencial&ndash; salir con vida a los 21 a&ntilde;os. Ese fue el exilio de la muerte, el exilio &rdquo;del no-ser&ldquo;. &Eacute;ramos muertos vivientes, n&uacute;meros, seres que un d&iacute;a est&aacute;bamos y al siguiente pod&iacute;amos ser arrojados vivos al mar. Finalmente, tal vez porque la tercera es la vencida (en este caso la vencedora), lleg&oacute; el exilio que cuentan tan bien estas fotos. Era la libertad&rdquo;, escribi&oacute; en el libro.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas historias reflejadas a trav&eacute;s de im&aacute;genes y palabras est&aacute;n en &ldquo;exilio 1976-1983&rdquo; que se presentar&aacute; el 3 de noviembre a las 19 en Libros del Pasaje (Thames 1762, CABA). Dani Yako conversar&aacute; con Graciela Fainstein, Mart&iacute;n Caparr&oacute;s, Silvia Labayru, Alba Corral y Silvia Luz Fern&aacute;ndez. Moderar&aacute; Leila Guerriero.
    </p><p class="article-text">
        <em>CDB/MG</em>
    </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Nov 2022 20:57:57 +0000]]></pubDate>
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