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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Werner Herzog]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/werner-herzog/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Werner Herzog]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El mar de Herzog, Saer y Piglia reunidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/mar-herzog-saer-piglia-reunidos_129_12563559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75325d51-cbcc-4e75-926d-d52170e82982_16-9-discover-aspect-ratio_default_1124751.jpg" width="828" height="466" alt="El mar de Herzog, Saer y Piglia reunidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros, series, películas y un montón de cosas para aferrarse en medio del desconcierto.</p><p class="subtitle">Películas que envejecen, los días de Norma Plá</p></div><p class="article-text">
        <em>El llanto de las mujeres ces&oacute; hacia el mediod&iacute;a. Algunas hab&iacute;an estado gritando y tir&aacute;ndose del pelo. Cuando todas se hubieron ido, me dirig&iacute; hacia all&iacute;. Era un peque&ntilde;o edificio de piedra junto al cementerio, en el pueblo de Hora Sfakion, en la costa sur de Creta: un pu&ntilde;ado de casas dispersas sobre las escarpadas rocas. Yo ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os. El peque&ntilde;o velatorio carec&iacute;a de puerta. En la penumbra del interior vi dos cad&aacute;veres juntos, tan cerca que se tocaban. Eran dos hombres. M&aacute;s tarde supe que se hab&iacute;an matado el uno al otro por la noche. </em><em><strong>En aquella zona remota y arcaica a&uacute;n exist&iacute;an las venganzas de sangre. Solo recuerdo el rostro del muerto que yac&iacute;a a la derecha.</strong></em><em> Era azulado como el sa&uacute;co, con matices amarillentos. En las fosas nasales ten&iacute;a dos grandes pelotas de algod&oacute;n empapadas de sangre reseca. Hab&iacute;a recibido una perdigonada en el pecho.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al anochecer me hice a la mar. Trabajaba en un barco pesquero las noches m&aacute;s oscuras, justo antes o despu&eacute;s de la luna nueva. Un barco arrastraba seis barcazas, </em>lampades<em>, a mar abierto, cada una con un solo tripulante. All&iacute;, repartidos a lo largo de un kil&oacute;metro, nos desenganchaban y nos dejaban solos. El mar era liso como el cristal, sin olas; una balsa de aceite. Adem&aacute;s, hab&iacute;a un profundo silencio. Cada barcaza ten&iacute;a una gran l&aacute;mpara de carburo que iluminaba las profundidades. </em><em><strong>La luz atra&iacute;a a los peces, sobre todo a los calamares. Se pescaban con una t&eacute;cnica peculiar: en el extremo del sedal se ataba un pedacito de papel parafinado de la forma y el tama&ntilde;o de un cigarrillo. </strong></em><em>El brillo del papel atra&iacute;a a los calamares, que rodeaban a la supuesta presa con sus patas succionadoras. Para facilitarles el agarre, se fijaba un anillo de cerdas de alambre en el extremo del cebo. Hab&iacute;a que saber exactamente hasta qu&eacute; profundidad se hab&iacute;a hundido el cebo en el agua porque, en el momento en que los calamares emerg&iacute;an, lo soltaban enseguida y volv&iacute;an al mar. Por tanto, cuando el sedal estaba a un brazo de la barcaza, hab&iacute;a que dar un r&aacute;pido tir&oacute;n para que el calamar aterrizara en ella de un solo golpe. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Las primeras horas de la noche transcurrieron en inm&oacute;vil espera hasta que, en un momento dado, la luna artificial de la l&aacute;mpara empez&oacute; a hacer su efecto. Sobre m&iacute; estaba la c&uacute;pula del universo, las estrellas al alcance de la mano, todo me mec&iacute;a suavemente en la cuna del infinito. </em><em><strong>Debajo de m&iacute;, el mar profundo, brillantemente iluminado por la l&aacute;mpara de carburo, como si la c&uacute;pula del firmamento se uniera a ella para formar una esfera.</strong></em><em> En lugar de estrellas hab&iacute;a pececillos de plata centelleando por doquier. Inmerso en un universo sin par, por encima, por debajo, por todas partes, donde todos los sonidos me dejaban sin aliento, experiment&eacute; de pronto un asombro inexplicable. Estaba seguro de que lo sab&iacute;a todo aqu&iacute; y ahora. Se me hab&iacute;a revelado mi propio destino. Y tambi&eacute;n supe que, despu&eacute;s de una noche como esa, dif&iacute;cilmente me resultar&iacute;a posible envejecer. Estaba seguro de que no vivir&iacute;a hasta los dieciocho a&ntilde;os porque, iluminado por tanta gracia, el tiempo ordinario no volver&iacute;a a existir para m&iacute;.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El libro de memorias de Werner Herzog fue publicado en español por Blackie Books."
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                El libro de memorias de Werner Herzog fue publicado en español por Blackie Books.                            </span>
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        Ese fragmento que transcrib&iacute; forma parte del libro <em>Cada uno por su lado y Dios contra todos</em>, las maravillosas memorias de <strong>Werner Herzog</strong> publicadas en espa&ntilde;ol en 2024 por el sello Blackie Books. El cineasta, que por la genialidad de su obra siempre deber&iacute;a serlo, fue noticia por estas horas porque <a href="https://efe.com/cultura/2025-08-27/apertura-festival-venecia-coppola-herzog/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le dieron un premio a la trayectoria en el Festival de Venecia</a>. Lo recibi&oacute; de manos de otro grande: <strong>Francis Ford Coppola.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Herzog acaba de estrenar en ese mismo festival su nueva pel&iacute;cula, que lleva como t&iacute;tulo <em>Ghost Elephants</em> y fue filmada en Namibia. Aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para abrirse <a href="https://www.instagram.com/wernerherzogofficial/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una cuenta de Instagram</a>. En la primera publicaci&oacute;n de su perfil admite que, pese a no circular por el universo de las redes sociales, <strong>tuvo la sensaci&oacute;n de que deb&iacute;a compartir su trabajo y algunas cosas con el p&uacute;blico</strong>. Lo dice sonriente y de pie frente a un trozo de carne que se cuece sobre una parrilla.
    </p><p class="article-text">
        Empieza <em>Mil lianas</em>. <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute;</a>, como casi siempre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1.</strong><em><strong> Sala de m&aacute;quinas</strong></em><strong>, de Miguel Vitagliano.</strong> <em>&ldquo;</em><em><strong>Mark Twain</strong></em><em> fue el primer escritor que entreg&oacute; a sus editores un manuscrito mecanografiado; no resulta extra&ntilde;o considerando su pasi&oacute;n por la tecnolog&iacute;a y las invenciones (...). Tampoco sorprende que Nietzsche llegara a utilizar una m&aacute;quina de escribir o que </em><em><strong>Henry James</strong></em><em> tuviera una que reservaba para el uso de su mecan&oacute;grafa: uno buscaba grabar palabras en la piel del mundo, el otro, maestro del punto de vista, pretend&iacute;a retener el control de lo que pod&iacute;a tejerse a sus espaldas. Las relaciones con los instrumentos de escritura son ventr&iacute;locuos de la experiencia de los autores, casi tanto como los espacios donde trabajan&rdquo;</em>, apunta el escritor, cr&iacute;tico y docente argentino <strong>Miguel Vitagliano</strong> en su reciente libro de ensayos breves <em>Sala de m&aacute;quinas</em> (Tenemos las m&aacute;quinas, 2025). 
    </p><p class="article-text">
        Pensando al gesto de escribir a partir de la materialidad para llegar a reflexiones alrededor de la imaginaci&oacute;n, el lenguaje y sus infinitas posibilidades, <strong>el autor traza un recorrido exquisito por distintos dispositivos de escritores y escritoras de diferentes &eacute;pocas y procedencias</strong> en el que bucea por los espacios que eligieron para escribir (o los que las circunstancias por distintos motivos les ofrecieron), sus escritorios, sus m&aacute;quinas, sus cuadernos de notas. <strong>Se trenzan entonces lo maquinal del asunto &ndash;de qu&eacute; modo esos cuerpos que escriben se vincularon con sus dispositivos&ndash; con datos hist&oacute;ricos, obst&aacute;culos dom&eacute;sticos o pol&iacute;ticos que demoraron o potenciaron la escritura</strong> de cada uno de ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Del espacio m&iacute;nimo y hogare&ntilde;o de <strong>Sylvia Plath</strong> a la inclinaci&oacute;n viajera de <strong>Domingo Faustino Sarmiento</strong>; del encierro de <strong>Sor Juana</strong> a <strong>Ricardo Piglia</strong> y la redacci&oacute;n andante de un diario de Vanguardia Comunista que se camuflaba dentro de un cami&oacute;n de mudanzas en plena dictadura militar, <strong>Vitagliano hilvana con agudeza insistencias, objetos, &eacute;pocas</strong>. As&iacute; consigue reconstruir escenas que se convierten, a trav&eacute;s de su mirada l&uacute;cida, en un viaje fascinante por esa quimera que es siempre la escritura. 
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                Sala de máquinas, de Miguel Vitagliano, salió por el sello independiente Tenemos las máquinas.                            </span>
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        <strong>El libro </strong><em><strong>Sala de m&aacute;quinas</strong></em><strong>, de Miguel Vitagliano, fue publicado por la editorial Tenemos las m&aacute;quinas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>C&oacute;mo se puede querer tanto a alguien</strong></em><strong>, de Tali Goldman. </strong><em>&ldquo;Cuando leemos que hubo cien mil v&iacute;ctimas en un maremoto de Bangladesh, el dato nos asombra pero no nos conmueve. Si ley&eacute;ramos, en cambio, la tragedia de una mujer que ha quedado sola en el mundo despu&eacute;s del maremoto y sigui&eacute;ramos paso a paso la historia de sus p&eacute;rdidas, sabr&iacute;amos todo lo que hay que saber sobre ese maremoto y todo lo que hay que saber sobre el azar y sobre las desgracias involuntarias y repentinas. Hegel primero, y despu&eacute;s Borges, escribieron que la suerte de un hombre resume, en ciertos momentos esenciales, la suerte de todos los hombres&rdquo;.</em> Con esas palabras de <strong>Tom&aacute;s Eloy Mart&iacute;nez</strong> abre <em>C&oacute;mo se puede querer tanto a alguien</em> (Paisanita Editora, 2025), flamante libro de la periodista y escritora <strong>Tali Goldman</strong>. El ep&iacute;grafe ofrece una clave de lectura para los textos de una autora que se especializa en eso de ir detr&aacute;s de huellas, en ofrecer cr&oacute;nicas que nacen del movimiento, de la inquietud, de volver sobre las esquirlas de episodios supuestamente muy conocidos o narrados.
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                    alt="Tali Goldman es periodista y escritora. Acaba de publicar el libro de crónicas &quot;Cómo se puede querer tanto a alguien&quot;."
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            <span class="title">
                Tali Goldman es periodista y escritora. Acaba de publicar el libro de crónicas &quot;Cómo se puede querer tanto a alguien&quot;.                            </span>
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        Las tres cr&oacute;nicas que integran la publicaci&oacute;n tienen en su centro a tres personas que, por motivos bien diversos, sintetizan la suerte de varios en circunstancias dolorosas para la historia argentina reciente, como la dictadura militar o el atentado contra la AMIA. <strong>Contados con rigor, pero tambi&eacute;n con proximidad y una prosa di&aacute;fana, los textos singularizan, aproximan, le ponen voz a distintas heridas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entrevist&eacute; a <strong>Tali Goldman</strong> hace unos d&iacute;as para hablar sobre su libro. Pueden leer la nota <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/tali-goldman-cronica-volvio-lugar-resistencia-periodismo-pide-tiempo_1_12551339.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute;</a>.
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                &quot;Cómo se puede querer tanto a alguien&quot; salió por el sello independiente Paisanita Editora.                            </span>
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        <strong>El libro </strong><em><strong>C&oacute;mo se puede querer tanto a alguien</strong></em><strong>, de Tali Goldman, sali&oacute; por Paisanita Editora. M&aacute;s, </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/tali-goldman-cronica-volvio-lugar-resistencia-periodismo-pide-tiempo_1_12551339.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>en esta entrevista</strong></a><strong> con la autora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. </strong><em><strong>Una sombra voraz</strong></em><strong>, de Mariano Pensotti. </strong>Una historia de cruces, de duelos, de espejos, de aquello que se representa y eso que se parece a otra cosa con desparpajo, con voracidad. <em>Una sombra voraz</em> se llama la nueva obra teatral de <strong>Mariano Pensotti</strong>, un dramaturgo que se propone indagar, con humor y sutileza, en el modo en que se pueden contar los episodios memorables de una vida y tambi&eacute;n sus vaivenes. Los picos y los inevitables descensos.
    </p><p class="article-text">
        En escena aparecen dos hombres. <strong>Uno es Juli&aacute;n Vidal, un escalador que a punto de retirarse decide lanzarse a la aventura que no pudo completar su padre</strong>, un c&eacute;lebre alpinista que desapareci&oacute; intentando llegar a la cumbre de un monte del Himalaya, cuando Juli&aacute;n era muy peque&ntilde;o. El otro es Manuel Rojas, un actor que, amesetado en su trabajo, recibe una propuesta que podr&iacute;a cambiarle la vida: interpretar a Vidal en una pel&iacute;cula sobre aquella epopeya que decidi&oacute; encarar hacia el final de su carrera.
    </p><p class="article-text">
        Mediante un uso inteligent&iacute;simo del espacio y con grandes actuaciones &ndash;los actores se mueven en una cinta de correr, suben y bajan de una plataforma que simula una monta&ntilde;a&ndash;, por momentos vemos a los protagonistas en paralelo, por momentos en solitario, por momentos hablando entre s&iacute;. <strong>De esta manera, la vivencia de uno y la representaci&oacute;n del otro arman un relato gracioso y muy profundo</strong> donde empiezan a diluirse los l&iacute;mites entre esa convenci&oacute;n que llamamos realidad y la otra que nombramos como ficci&oacute;n. 
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                Diego Velazquez y Patricio Aramburu, los actores de &quot;Una sombra voraz&quot;, de Mariano Pensotti.                            </span>
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        <strong>La obra </strong><em><strong>Una sombra voraz</strong></em><strong>, de Mariano Pensotti con la actuaci&oacute;n de Diego Velazquez y Patricio Aramburu, se puede ver en el espacio Dumont 4040 (Santos Dumont 4040, CABA). M&aacute;s informaci&oacute;n sobre horarios y funciones, </strong><a href="https://www.alternativateatral.com/obra95974-una-sombra-voraz" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>por ac&aacute;</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Apostilla.</strong> Habl&aacute;bamos arriba de <strong>Werner Herzog</strong> y ahora vayamos a sus pel&iacute;culas. La disponibilidad de su obra en las plataformas &ndash;lamentablemente regida por una din&aacute;mica por lo general perjudicial para quienes vivimos en este lado del mundo&ndash; en este momento es escasa. Pero hay algunas a mano. Netflix, por ejemplo, tiene en su men&uacute; <em>Hacia el infierno</em>, un documental de 2016 en el que el cineasta y el vulcan&oacute;logo brit&aacute;nico <strong>Clive Oppenheimer</strong> exploran volcanes activos alrededor del mundo para indagar en su impacto en las culturas de aquellos que viven cerca de las erupciones.
    </p><p class="article-text">
        El universo volc&aacute;nico es retomado en el documental <em>Fuego interior: r&eacute;quiem para Katia y Maurice Krafft</em> de 2022. <strong>Los Krafft fueron un matrimonio de vulcan&oacute;logos que falleci&oacute; en plena actividad, en 1991, durante la erupci&oacute;n de un volc&aacute;n.</strong> Antes de ese final tr&aacute;gico, hab&iacute;an dejado <strong>unas 200 horas de grabaciones</strong> con tomas impactantes y tambi&eacute;n muy emotivas de su tarea que los llev&oacute; a recorrer el mundo. Herzog, que ya se hab&iacute;a basado en material de esta pareja para tramar <em>Hacia el infierno</em>, en <em>Fuego interior&hellip;</em> va m&aacute;s all&aacute; y arma toda la pel&iacute;cula con los registros realizados por los vulcan&oacute;logos. Est&aacute; disponible en Mubi, que tambi&eacute;n ofrece en su men&uacute; el largometraje <em>Family Romance, LLC</em>, de 2019. <strong>Rodada &iacute;ntegramente en Jap&oacute;n</strong>, la pel&iacute;cula propone un relato de ficci&oacute;n aunque basado en circunstancias, digamos, reales: una empresa dedicada al alquiler de personas que interpretan el rol de parientes, amigos o lo que sea que les pidan. 
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, en Apple TV+ est&aacute; disponible <em>Fireball, visitantes de mundos oscuros</em>. Co-dirigido entre Herzog y el vulcan&oacute;logo Oppenheimer, quien lo hab&iacute;a secundado en <em>Hacia el infierno</em>, este documental de 2020 <strong>explora el impacto cultural, espiritual y cient&iacute;fico de los meteoritos y las estrellas fugaces alrededor del planeta</strong>.
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        <strong>Banda sonora. </strong><em>&ldquo;Desde los primeros latidos de nuestro coraz&oacute;n, la m&uacute;sica nos atraviesa como una experiencia que no solo es una parte esencial de nuestra vida, sino que refleja, en muchos aspectos, c&oacute;mo funciona nuestra mente. Es definitiva, as&iacute; como una sinfon&iacute;a sigue ciertas reglas pero deja espacio para la interpretaci&oacute;n, nuestras ideas tambi&eacute;n se rigen por patrones a la vez que nos permiten la libertad de explorar lo inesperado&rdquo;</em>, dice el pianista y director de orquesta y de coros <strong>Sergio Feferovich</strong> en <em>La m&uacute;sica de las ideas</em> (Siglo XXI Editores, 2025). <strong>El libro me tiene atrapada aunque confieso que lo voy leyendo muy de a poco, subrayando, volviendo para atr&aacute;s.</strong> En cap&iacute;tulos breves, pensados tanto para quienes tienen alg&uacute;n tipo de conocimiento musical como para quienes, como yo, nos entregamos a la m&uacute;sica un poco desaforadamente <em>sin ton ni son</em>, el autor explica con ejemplos clar&iacute;simos conceptos como el ritmo, la armon&iacute;a, el contrapunto, la tonalidad o la ac&uacute;stica. <strong>Y lo hace para hacernos ver c&oacute;mo eso que escuchamos a diario se parece mucho a la manera en que pensamos, creamos o vivimos.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La música de las ideas, de Sergio Feferovich salió por Siglo XXI Editores.                            </span>
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        El libro viene acompa&ntilde;ado por una playlist divina que re&uacute;ne algunos de los ejemplos que Feferovich menciona en los cap&iacute;tulos<strong> (de Beethoven a Gershwin, de Ravel a los Beatles o la m&uacute;sica de </strong><em><strong>Rocky</strong></em><strong>: hay de todo)</strong>. La encuentran <a href="https://open.spotify.com/playlist/0ZANrdguPa4O3oplOtTLxu?si=df3f50e219a04d6b" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute;</a>. Yo aprovech&eacute; para traficar algo de ese material y lo dej&eacute; en nuestra banda sonora. S&iacute;, esa que se actualiza semana a semana y <a href="https://open.spotify.com/playlist/1wyu8dagjKTjVnIMd1ezsV?si=43085571e3be4194" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se escucha siempre por ac&aacute;</a>.
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Bonus track. </strong>Me enter&eacute; porque lo comparti&oacute; <strong>Malena Rey</strong> <a href="https://x.com/noeselcaso" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en sus redes</a> y enseguida me entusiasm&oacute;: <strong>esta semana subieron a YouTube el audio de una charla p&uacute;blica extraordinaria que tuvieron Juan Jos&eacute; Saer y Ricardo Piglia</strong> en 1994 en la librer&iacute;a Gandhi de Buenos Aires. Moderados por <strong>Ricardo Ibarluc&iacute;a</strong>, parten de <strong>Jorge Luis Borges</strong> y su c&eacute;lebre ensayo <em>El escritor argentino y la tradici&oacute;n</em> para llegar luego a hablar, entre much&iacute;simos otros asuntos, del v&iacute;nculo que cada uno de ellos tiene con el policial, de la novela como g&eacute;nero y de sus roles como docentes. Admito que hay que tener paciencia (y tal vez buenos auriculares): <strong>al principio, como suele pasar en este tipo de encuentros, hay una falla con el micr&oacute;fono que enturbia la grabaci&oacute;n, pero despu&eacute;s la cosa se acomoda</strong>. En <a href="https://youtu.be/G-2X4iJY_9g?si=GyoEuDgzz0DC90su" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este enlace</a> encuentran la primera parte. <a href="https://youtu.be/lC-IyD2FMR8?si=978Ooh_rXWHSONeE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Y, por ac&aacute;, la segunda</a>.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es" data-conversation="none" data-dnt="true"><a href="https://twitter.com/X/status/1960471878083998126?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <strong>Posdata.</strong> Gracias, otra vez, a quienes me escribieron en estos d&iacute;as. <strong>En especial a Malala, por un mensaje precioso, y a L. de La Plata</strong>. Por mail o <a href="https://www.instagram.com/aerotina/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en esta esquina</a> me encuentran siempre. Me despido con una invitaci&oacute;n, si tienen ganas de darse una vuelta: <strong>por estos d&iacute;as y hasta el domingo 31 de agosto tiene lugar San Mart&iacute;n Lee</strong>, la feria del libro de la localidad bonaerense de San Mart&iacute;n. Hay un mont&oacute;n de actividades gratuitas buen&iacute;simas (<a href="https://sanmartin.gob.ar/feria-del-libro" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden leer la programaci&oacute;n entera en este enlace</a>). Por mi parte, voy a estar por all&aacute; el s&aacute;bado para hacerle una entrevista p&uacute;blica al escritor <strong>Gustavo Ferreyra</strong>, del que <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/gustavo-ferreyra-vida-civilizada-sordida-forma-no-serlo_1_11882833.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya les habl&eacute; varias veces en este espacio</a> porque me encanta. Las coordenadas de la charla, que es gratuita y no requiere de inscripci&oacute;n previa, <a href="https://www.instagram.com/p/DN1Y-w8YiQl/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las encuentran por ac&aacute;</a>. &iexcl;Nos vemos!
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DN1Y-w8YiQl/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima!
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Mil lianas</strong></em><strong> es un newsletter que se env&iacute;a todos los viernes por correo electr&oacute;nico. Para recibirlo, </strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/subscribe?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=74523e5e53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden suscribirse por ac&aacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/mar-herzog-saer-piglia-reunidos_129_12563559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 09:46:20 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Modo catástrofe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/catastrofe_1_10733456.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3111432-699a-4057-a328-275b1a0fb4f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Modo catástrofe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Partir, abandonar la existencia reglada y cotidiana es un gesto tentador en todo momento. Pero hoy somos menos libres. Hoy la idea del viaje como gesto de libertad tropieza con todas las catástrofes que uno encuentra al desplazarse.</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>Andr&eacute; Breton</strong> que hay libros para llevar de viaje y otros que te hacen viajar. Y a veces coinciden. Como me pasaba con los libros de Kerouac en otros tiempos. Pero el mundo ha cambiado. Hace unas semanas llev&eacute;, en un viaje a Misiones, la primera novela de un director de cine admirable, <strong>Werner Herzog</strong>. La novela se titula <em>El crep&uacute;sculo del mundo</em> y est&aacute; inspirada en la historia de Hiroo Onoda, un soldado japon&eacute;s que se qued&oacute; oculto en la selva durante casi tres d&eacute;cadas, en defensa de una isla remota, sin darse por enterado de que Jap&oacute;n se hab&iacute;a rendido al final de la Segunda Guerra Mundial. No fue el &uacute;nico soldado que se neg&oacute; a aceptar la rendici&oacute;n, hubo otros fugitivos en la desbandada ocurrida tras las bombas nucleares y la ocupaci&oacute;n de EE.UU. Pero la singularidad de la experiencia de Onoda captur&oacute; la mirada del cineasta fascinado por historias de humanos salvajes como en <em>Grizzly Man</em> o en <em>Aguirre, la ira de Dios</em>.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; su novela en una caba&ntilde;a rodeada por la selva misionera, en una semana de intensas lluvias que desbordaron arroyos y cascadas, haciendo crecer al r&iacute;o Iguaz&uacute; m&aacute;s de quince veces su caudal promedio y provocando el cierre de casi todos los parques de la provincia, incluido el c&eacute;lebre de Cataratas. La lluvia y la imposibilidad de recorrer los parques me llev&oacute; a identificarme de alguna manera con aquel japon&eacute;s solitario perdido en una selva en la que, seg&uacute;n Herzog, la mayor&iacute;a de los meses llueve mucho y los dem&aacute;s meses, llueve menos. Tambi&eacute;n pens&eacute; en ese destino cuando dejaba de llover, por las noches, al escuchar junto a mi compa&ntilde;era el chirrido constante de las cigarras y otros bichos que suenan como si un tren hubiera activado los frenos de emergencia y se deslizara durante horas por las v&iacute;as sin detenerse, seg&uacute;n la v&iacute;vida imagen de Herzog. Por lo menos estaba bajo techo y acompa&ntilde;ado, no solo y a la intemperie como ese obstinado japon&eacute;s que continu&oacute; luchando su guerra de guerrillas personal contra un enemigo imaginario, como perfecto exponente de la terca consigna &ldquo;no se rindan&rdquo;. Sin juzgar, sin decir nunca &ldquo;estaba loco&rdquo;, Herzog describe la vida en la jungla de ese soldado cuya batalla no ten&iacute;a ning&uacute;n sentido para el mundo y que, sin embargo, se constitu&iacute;a como un acontecimiento grandioso, &eacute;pico, arrebatado a la eternidad. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Recibido en Japón con todos los honores tras su súbita reaparición en público, el excombatiente no podía sino decepcionarse ante el consumismo de la sociedad japonesa en la década del 70</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me preguntaba tambi&eacute;n qu&eacute; me llevaba hoy a continuar de viaje hacia zonas boscosas, selv&aacute;ticas o serran&iacute;as, despu&eacute;s de haberlo hecho varias veces a lo largo de mi vida, cuando parece que estamos viviendo -y viajando- en modo cat&aacute;strofe, expuestos a inundaciones, incendios y otras calamidades de esas que refutan a los negadores del cambio clim&aacute;tico y que en parte son causadas por esos mismos negadores, al menos por aquellos con poder de decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Granizo en Misiones y nieve en Bariloche en noviembre, vientos de 100 kil&oacute;metros por hora que destruyen puentes y sembrad&iacute;os, fuegos en C&oacute;rdoba y en el delta del Paran&aacute;, olas de calor y tormentas s&uacute;bitas, entre otros cataclismos que vuelven cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil planear un viaje cercano y esperar tener buen clima. Claro que me asalta la nostalgia. Qu&eacute; f&aacute;cil era viajar hace dos, tres o cuatro d&eacute;cadas, cuando no hac&iacute;a tanto calor ni fr&iacute;o a destiempo, ni tantos desbordes en tierras secas ni tanta sequ&iacute;a en humedales. 
    </p><p class="article-text">
        Con la lluvia golpeando sin misericordia las chapas del techo de la caba&ntilde;a, me sumerg&iacute; en el retrato que hace Herzog de los d&iacute;as del soldado Onoda en la selva de la isla de Lubang, donde qued&oacute; rezagado en 1944 cubriendo la retirada de las tropas japonesas con un pu&ntilde;ado de hombres a su cargo, pu&ntilde;ado que se fue reduciendo por deserciones, heridas y muertes en combates con soldados filipinos que los tomaban por delincuentes comunes, entre emboscadas e incursiones para conseguir ropa y alimentos, hasta que qued&oacute; a solas con sus gastados binoculares y su fusil. Todos los esfuerzos que hizo su familia y el gobierno japon&eacute;s por recuperarlo fueron frustrados por la desconfianza del combatiente imaginario, que pensaba que los volantes arrojados desde aviones y los mensajes que encontraba en la selva eran trampas para que se entregara al enemigo. S&oacute;lo se rindi&oacute; en 1974, cuando un joven explorador empe&ntilde;ado en encontrarlo consigui&oacute; establecer contacto con &eacute;l y accedi&oacute; a su demanda de que se presentara en persona su antiguo superior, un comandante retirado cercano a los 90, ante quien el renegado Onoda depuso sus armas. 
    </p><p class="article-text">
        Recibido en Jap&oacute;n con todos los honores tras su s&uacute;bita reaparici&oacute;n en p&uacute;blico, el excombatiente no pod&iacute;a sino decepcionarse ante el consumismo de la sociedad japonesa en la d&eacute;cada del 70. Se mostr&oacute; reacio a cobrar un salario de militar retirado por los a&ntilde;os que pas&oacute; en servicio y lo acept&oacute; solo para donarlo a un santuario donde se conservan los nombres de los dos millones y medio de personas que hab&iacute;an dado su vida por Jap&oacute;n desde el siglo XIX. Finalmente, emigr&oacute; a Brasil y pas&oacute; los a&ntilde;os de su vejez en otra selva, en el estado de Mato Grosso, talando &aacute;rboles y montando una granja hasta que le lleg&oacute; la hora final. Quiz&aacute; no pod&iacute;a vivir sin estar cerca de los cantos de las cigarras y los p&aacute;jaros, las picaduras de los bichos, la lluvia infinita de la floresta tropical. 
    </p><p class="article-text">
        Partir, abandonar la existencia reglada y cotidiana es un gesto tentador en todo momento y tambi&eacute;n fue consigna surrealista apuntada por Breton: &ldquo;Dejen lo seguro por lo inseguro, partan por los caminos&rdquo;. Pero hoy somos menos libres. Hoy la idea del viaje como gesto de libertad tropieza con todas las cat&aacute;strofes que uno encuentra al desplazarse, dejando de lado la cuesti&oacute;n no menor del costo de los pasajes y del combustible f&oacute;sil.&nbsp;Ya ni siquiera se puede planificar un breve viaje de ida y vuelta sin estar amenazado por desastres &ldquo;naturales&rdquo; o provocados por intervenci&oacute;n inhumana. Es como si el mundo entero hubiera entrado en un crep&uacute;sculo, pero uno insiste en viajar entre las sombras de ese mundo como un soldado japon&eacute;s que no enter&oacute; de que su pa&iacute;s perdi&oacute; la guerra. Debe haber algo de delirio y de hero&iacute;smo en esa insistencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Osvaldo Baigorria]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/catastrofe_1_10733456.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2023 09:11:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Modo catástrofe]]></media:title>
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