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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Santiago Loza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/santiago-loza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Santiago Loza]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Canciones de la amistad, las últimas mujeres del mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/canciones-amistad-ultimas-mujeres-mar_129_11762576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9dde44ef-9a8f-4036-bfb3-ca6b60b77989_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Canciones de la amistad, las últimas mujeres del mar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros, series, películas y un montón de cosas de las que aferrarse en medio del desconcierto.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Uno.</strong> Por azar, dos adolescentes de divisiones distintas quedan sentados uno al lado del otro en el micro que los lleva a una excursi&oacute;n escolar. <em>&ldquo;Esa ma&ntilde;ana, apenas me sent&eacute; a su lado, Fern&aacute;n me pregunt&oacute; sin levantar la vista, como si retom&aacute;ramos una conversaci&oacute;n a&ntilde;eja y no estuvi&eacute;ramos charlando &eacute;l y yo por primera vez, si me gustaban los Beatles y cu&aacute;l de los cuatro era mi favorito. </em><em><strong>Nunca supe responder a esta pregunta, tal vez porque se responde solamente con matices.</strong></em><em> &iquest;Mi favorito en los estudios de grabaci&oacute;n? M&aacute;s bien Paul. &iquest;Mi favorito como personaje mordaz y gracioso, como espl&eacute;ndido antih&eacute;roe? M&aacute;s bien Ringo. &iquest;Mi favorito en el centro del escenario, como vocero ideol&oacute;gico, como guardi&aacute;n del grito y del inconformismo? M&aacute;s bien John. Pero mi claro favorito como exbeatle porque tuvo a mi entender la mejor carrera solista, porque fue quien mejor creci&oacute; despu&eacute;s de la separaci&oacute;n (dado que el grupo, aventurero, le hab&iacute;a impedido crecer) siempre fue George: mi favorito como talento discreto y elegante, mi reverenciado </em>dark horse<em>&rdquo;</em>, se lee en el encantador libro <em>Faster</em>, de <strong>Eduardo Berti</strong> (lo acaba de reeditar el sello H&iacute;brida, abajo les cuento un poco m&aacute;s). La escena me atrapa porque busca capturar esa percepci&oacute;n inasible del comienzo de cualquier amistad: que en ese terreno tal vez no exista algo as&iacute; como un principio, que justamente ser amigos sea retomar en cada encuentro una charla remota, un reloj suspendido. Por supuesto que Fern&aacute;n, el flamante amigo del narrador de <em>Faster</em>, tambi&eacute;n tendr&aacute; como faro a <strong>George Harrison</strong> y esa figura pasar&aacute; a formar parte de la constelaci&oacute;n infinita de sincron&iacute;as y conversaciones que los mantienen unidos en el resto del libro y hasta hoy. <strong>Como la m&uacute;sica, la lectura y la escritura, muchas veces a cuatro manos: un tiempo fuera del tiempo.</strong>
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        <strong>Dos.</strong> <em>&ldquo;Mucho antes de que existiera este libro, coleccionamos de manera arbitraria &ndash;&iquest;qu&eacute; ser&iacute;a del pop sin una buena cuota de capricho?&ndash; fragmentos de canciones que por alg&uacute;n motivo nos encantaban, nos conmov&iacute;an o simplemente nos hac&iacute;an re&iacute;r (coincid&iacute;amos en muchas, </em><em><strong>&iquest;somos amigos porque nos gustan las mismas canciones o nos gustan las mismas canciones porque somos amigos?</strong></em><em>). Lo hicimos por a&ntilde;os intercambiando mensajes de texto hasta que fuimos sofisticando el m&eacute;todo&rdquo;</em>, anotamos en el pr&oacute;logo a la primera edici&oacute;n de <em>Qui&eacute;n es la chica</em>, un libro-cancionero que escribimos juntos hace una d&eacute;cada con mi amigo Tom&aacute;s. <strong>Ser amigos: escuchar &ndash;o hacer que se escuche, si tenemos el don musical&ndash; una misma banda sonora cada vez. </strong>Ser amigos: atravesar la vida como una lista de canciones inagotable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tres.</strong> En el libro de Berti, adem&aacute;s de hacer varios intentos por desentra&ntilde;ar la letra de la canci&oacute;n <em>Faster</em>, de George Harrison, el narrador y su amigo pasan sus d&iacute;as haciendo listas. <strong>De m&uacute;sicos que admiran, de bandas famosas que nacieron entre compa&ntilde;eros de colegio, de canciones traducidas al castellano con t&iacute;tulos c&oacute;micos, de hits conjeturales que los Beatles deber&iacute;an haber hecho como contraparte de los ya existentes</strong> (<em>Nothing</em> en respuesta a <em>Something</em>, o <em>She Hates You</em> como un reverso posible de <em>She Loves You</em>). Me acord&eacute; de lo que dice <strong>Ricardo Piglia</strong> sobre las listas en <em>Los a&ntilde;os felices</em>, el segundo tomo de <em>Los diarios de Emilio Renzi</em>: <em>&ldquo;Como antes con los cuentos y antes con los libros que hab&iacute;a le&iacute;do, y antes con los m&uacute;sicos de jazz, y antes con los jugadores de f&uacute;tbol y antes con las series de historietas, hago listas. Listas de compras, listas de cosas por hacer, listas de amigos a los que ver, listas de amigas a las que llamar, listas de ciudades que no conozco, listas de cap&iacute;tulos de la novela que voy a escribir. Las listas siempre me han tranquilizado, como si al anotarlas me olvidara del mundo y, en algunos casos, como si anotar fuera ya hacer lo que imagino o prometo, contento entonces, como si la novela cuyos cap&iacute;tulos he anotado ya estuviera escrita&rdquo;</em>. <strong>La amistad tambi&eacute;n supone ese olvido pasajero del mundo, una desaceleraci&oacute;n conversada, un v&eacute;rtigo mullido. </strong>Anoto algo que ahora me parece medio despatarrado, pero igual voy, como si estuviera charlando con un amigo: si en el amor rom&aacute;ntico la aguja del reloj est&aacute; siempre atravesada por el destiempo, en la amistad el <em>tic tac </em>es la sincron&iacute;a. <strong>Una complicidad que busca recuperar el sonido provisorio de la correspondencia</strong>.&nbsp;
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                &quot;Los diarios de Emilio Renzi&quot;, de Ricardo Piglia.                            </span>
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        <strong>Cuatro.</strong> <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/llama-no-mujeres-trabajo_129_11372684.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Extra&ntilde;o a Diego, quiz&aacute; el m&aacute;s ruidoso de mis amigos</a>. Extra&ntilde;o nuestras conversaciones que eran siempre deshilachadas y sonoras. Extra&ntilde;o esas tardes sin ton ni son, <strong>ese reloj de plastilina que, desde que &eacute;l muri&oacute;, se volvi&oacute; inexorablemente memoria</strong>. Entonces arranco una lista en la que anoto asuntos de estos d&iacute;as que pienso que le interesar&iacute;an o le causar&iacute;an gracia. <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/amor-platonico-trampa-helado-gustos_129_8249290.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como comentamos por ac&aacute; alguna vez</a>: me gusta que ese grado cero de la confidencia que se abre con nuestros amigos sea una especie de r&iacute;o desbocado donde por suerte no hay jerarqu&iacute;as, ni asuntos m&aacute;s importantes que otros. As&iacute; que en la lista que armo para Diego se superponen los t&iacute;tulos de unos libros que creo que le hubieran encantado, <strong>tres chismes que lo har&iacute;an re&iacute;r a carcajadas, la noticia infame de la privatizaci&oacute;n del Belgrano Cargas, una metida de pata</strong>, una pel&iacute;cula alucinante, un secreto que solamente le contar&iacute;a a &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco.</strong> Entre much&iacute;simos intercambios y confidencias que cruzamos a diario, con mi amiga Florencia coleccionamos im&aacute;genes o escenas del siglo XX que nos llaman la atenci&oacute;n y que nos vamos mandando por Whatsapp. <strong>Una lista inabarcable y destartalada que se est&aacute; convirtiendo, con el tiempo, tambi&eacute;n en un libro que intentamos escribir a cuatro manos.</strong> Hace unos d&iacute;as le mand&eacute; un fragmento de algo que acababa de subrayar en <em>Curso de literatura argentina. Universidad de Michigan, 1976</em>, de Jorge Luis Borges: <em>&ldquo;Si hay una pasi&oacute;n argentina, esa pasi&oacute;n es la amistad, y es necesario que Mart&iacute;n Fierro tuviera un compa&ntilde;ero. Hasta ahora ha sido un hombre solo, ya que nada sabemos de sus a&ntilde;os anteriores. Mart&iacute;n Fierro se hace amigo de Cruz, Cruz le da la mano de amigo y esa amistad tiene que ser verdadera, fatal, ya que Cruz se hab&iacute;a jugado la vida tambi&eacute;n&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seis.</strong> Leo hacia el final de <em>Faster</em>, de Berti: <em>&ldquo;</em>Faster<em> nos recuerda que el tiempo se desboca como un b&oacute;lido y que, por mucho que tratemos de frenarlo con el cuerpo, con las manos o con los pies, no, no hay palancas ni pedales, no hay nada que lo detenga, salvo quiz&aacute;s (exagero para darle algo de pese a esta tarea que cumplo para sentirme m&aacute;s vivo), salvo quiz&aacute;s el rito de la escritura. Ese rito de estar fuera y dentro del tiempo a la vez&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Empieza este rito m&oacute;dico y anacr&oacute;nico de cada viernes.</strong> Empieza <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una nueva edici&oacute;n de Mil Lianas</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Las &uacute;ltimas mujeres del mar. </strong></em>&nbsp;Una de ellas lo dice muy claro frente a c&aacute;mara: <em>&ldquo;Por el momento preferimos hacerlo a la antigua. Si trabaj&aacute;ramos con tanques de ox&iacute;geno durante horas, habr&iacute;a una sobreexplotaci&oacute;n&rdquo;</em>. Las <em>haenyeo</em> son buceadoras c&eacute;lebres en la isla de Jeju, Corea del Sur,  que bajan al fondo del oc&eacute;ano para ganarse la vida juntando mariscos tal como lo hac&iacute;an sus ancestras. <strong>En su mayor&iacute;a entre los 60 y los 80 a&ntilde;os, son mujeres que han pasado sus d&iacute;as tomando aire de un impulso y buceando hasta que sus pulmones se lo permiten.</strong> Una actividad en la que se combinan la tradici&oacute;n, las ganas de mantener cierta independencia, una &eacute;tica f&eacute;rrea de trabajo, el esfuerzo f&iacute;sico implacable, la amistad y una sabidur&iacute;a alegre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El conmovedor documental <em>Las &uacute;ltimas mujeres del mar</em>, que lleg&oacute; por estos d&iacute;as al men&uacute; de Apple TV+, muestra c&oacute;mo viven algunas <em>haenyeo </em>hist&oacute;ricas y otras m&aacute;s j&oacute;venes que todav&iacute;a trabajan e insisten con su tarea, mientras que la contaminaci&oacute;n y los cambios tecnol&oacute;gicos parecieran ponerlas en jaque. <strong>Con im&aacute;genes entra&ntilde;ables del d&iacute;a a d&iacute;a, del fondo del mar, de las reuniones entre ellas, de sus di&aacute;logos y de cierta intimidad, a lo largo de una hora y media exhibe una historia peque&ntilde;a y luminosa de uni&oacute;n, valent&iacute;a y tenacidad frente a cualquier amenaza</strong>. 
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        <strong>El documental </strong><em><strong>Las &uacute;ltimas mujeres del mar</strong></em><strong> se puede ver en Apple TV+.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>Faster</strong></em><strong>, de Eduardo Berti. </strong>Entre la cr&oacute;nica, una novela de <em>coming of age</em> y el ejercicio en plan <em>Me acuerdo</em>, de Georges Perec, este libro se mueve en el terreno difuso y magn&eacute;tico de la memoria. <strong>Es por eso que, al ritmo a veces vertiginoso y a veces aplacado de los chispazos de la evocaci&oacute;n, cuenta la historia en fragmentos de algunos episodios de la vida de su autor que insisten en ser recordados</strong> y, por lo tanto, narrados.&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DAmJdPsuCNd/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Como en todo relato potente, hay algunos hitos, algunas escenas inaugurales. En este caso, est&aacute;, como cont&aacute;bamos arriba, el encuentro de <strong>dos adolescentes a finales de los &lsquo;70 en la Argentina unidos por el amor a los Beatles, por algunas obsesiones lectoras y por cierta sensibilidad hacia la palabra escrita</strong>. A medida que el relato avanza, ir&aacute;n apareciendo m&aacute;s im&aacute;genes inici&aacute;ticas, m&aacute;s situaciones que se desplegar&aacute;n para agrandar el mito de esa amistad incandescente. Entre ellas, el encuentro de los protagonistas con el piloto <strong>Juan Manuel Fangio</strong>, a quien un d&iacute;a los dos j&oacute;venes, fundadores precoces de una revista deportiva casera, deciden ir a entrevistar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como el propio Fangio que cuando lo van a ver prefiere hablar de los inicios y no tanto de sus &eacute;pocas de gloria, <em><strong>Faster</strong></em><strong> decide posarse con sutileza en los comienzos, en lo embrionario, en la potencialidad de las pasiones, de la amistad, de eso que r&aacute;pidamente llamamos oficio o profesi&oacute;n. </strong>As&iacute;, a lo largo de sus p&aacute;ginas las carreras de F&oacute;rmula Uno, la m&uacute;sica, el periodismo, las velocidades, la literatura y las vidas se entrelazan en un relato extraordinario. Una serie de fragmentos que, gracias al trabajo de orfebrer&iacute;a narrativa de Berti, <strong>se vuelve anular, redondita, circular como un disco, como las ruedas de los autos, como las mejores canciones</strong>.
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                    alt="Eduardo Berti nació en Buenos Aires, en 1964. En la actualidad vive en Francia."
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                Eduardo Berti nació en Buenos Aires, en 1964. En la actualidad vive en Francia.                            </span>
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        <em><strong>Faster</strong></em><strong>, de Eduardo Berti, sali&oacute; por H&iacute;brida Editora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Santiago Loza por tres.</strong> <em>&ldquo;Hay gente que me se&ntilde;ala una supuesta h&iacute;per productividad, pero la verdad es que yo tengo procesos lentos. Tardo bastante en caer a las cosas y las cosas toman sus propios tiempos tambi&eacute;n</em>&rdquo;, dice el escritor, dramaturgo y cineasta&nbsp;<strong>Santiago Loza</strong>. Loza habla bajito, pausado, como si se ubicara en la vereda opuesta de algunos de los personajes que cre&oacute;, que siempre rodean el desenfreno y cierto desborde. Como Mario, interpretado encantadoramente por&nbsp;<strong>Mariano Saborido</strong>, el protagonista de la obra&nbsp;<em>Viento blanco</em>, uno de los grandes estrenos teatrales del a&ntilde;o. Como el narrador de&nbsp;<em>Peque&ntilde;a novela de Oriente</em>&nbsp;(Entrop&iacute;a, 2024), una voz construida para prestarse al desconcierto de unos viajes por Corea, Jap&oacute;n y China. O como el de&nbsp;<em>Diario inconsciente</em>&nbsp;(Bosque energ&eacute;tico, 2022), tambi&eacute;n pegado a Loza y a su experiencia, que recuerda una internaci&oacute;n psiqui&aacute;trica de su juventud (<em>&ldquo;cuando ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y me volv&iacute; loco, ten&iacute;a piedras en los bolsillos&rdquo;</em>, dir&aacute; en el libro y m&aacute;s adelante reforzar&aacute;:&nbsp;<em>&ldquo;Se vive y se narra. Se vive para contar, poner un orden a los acontecimientos. La crisis viene a desordenar o a decretar que no hay orden posible y todo intento es vano&rdquo;</em>).
    </p><p class="article-text">
        Autor de m&aacute;s de 20 obras teatrales, de varias novelas, de libros h&iacute;bridos donde se dedica a indagar en la escritura y director de una docena de pel&iacute;culas,&nbsp;<strong>Loza es uno de los artistas argentinos m&aacute;s prol&iacute;ficos y su obra una de las m&aacute;s radiantes de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas</strong>. Hace unos d&iacute;as tuve el enorme gusto de entrevistarlo para hablar sobre algunos de sus textos m&aacute;s recientes. Pueden leer la nota <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/santiago-loza-iglesia-refugio-sensibilidad-queer-tiempo-castiga_1_11746320.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace</a>.
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                Autor de más de 20 obras teatrales, de novelas, de libros híbridos y director de una docena de películas, Santiago Loza es uno de los artistas argentinos más destacados de las últimas décadas.                            </span>
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        <strong>Entre los libros m&aacute;s recientes de Santiago Loza se encuentran </strong><em><strong>Peque&ntilde;a novela de Oriente</strong></em><strong> (Entrop&iacute;a, 2024) y </strong><em><strong>Diario inconsciente</strong></em><strong> (Bosque energ&eacute;tico, 2022). La obra teatral </strong><em><strong>Viento blanco</strong></em><strong>, con texto de Loza y la actuaci&oacute;n de Mariano Saborido, sigue en cartel en Buenos Aires. M&aacute;s sobre todos ellos, </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/santiago-loza-iglesia-refugio-sensibilidad-queer-tiempo-castiga_1_11746320.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>en esta entrevista con el autor</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Banda sonora.</strong> A prop&oacute;sito de la reedici&oacute;n del libro de <strong>Eduardo Berti</strong>, mencionamos arriba <em>Faster</em>, de <strong>George Harrison</strong>. Me pareci&oacute; una excusa perfecta para sumar esa canci&oacute;n junto con otras que me gustan mucho de &eacute;l a nuestra lista de canciones compartidas. Se escucha, como siempre, <a href="https://open.spotify.com/playlist/1wyu8dagjKTjVnIMd1ezsV?si=777ace4f5d1d43bb" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute;</a>.
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    </figure><p class="article-text">
        Por su cumplea&ntilde;os 73, esta semana se multiplicaron los homenajes y las im&aacute;genes de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong> inundaron con todo su magnetismo las redes. Por estos d&iacute;as, tambi&eacute;n, en la siempre nutritiva revista<em> Otra Parte</em>, <strong>Pablo Schanton</strong> escribi&oacute; un texto notable sobre su obra, sobre el disco <em>La l&oacute;gica del escorpi&oacute;n</em> y sobre ese lugar pringoso y fascinante que llamamos rock argentino. <a href="https://www.revistaotraparte.com/musica/charly-garcia-y-el-elderly-pride-2024/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Se lee por ac&aacute;</a>.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DBeI2irxbgZ/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>Bonus track.</strong> Por falta de tiempo y de conocimiento espec&iacute;fico del rubro, no suelo leer novelas gr&aacute;ficas y realmente lo siento. Sin embargo, cada tanto hago el intento con algunas y termino siempre maravillada. <strong>Es el caso de </strong><em><strong>Matar al tirano</strong></em><strong>, del escritor Lautaro Ortiz y del dibujante Ignacio Minaverry, una historieta que </strong><a href="https://deuxstudio.com.ar/productos/matar-al-tirano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sali&oacute; hace poquito por la editorial Deux Books</a>, luego de que en 2015 la publicara por entregas la m&iacute;tica <em>Revista Fierro</em>. Se trata de la versi&oacute;n gr&aacute;fica de una historia real muy impactante contada en tiempos que se van superponiendo en el relato: Soghom&oacute;n Tehlirian, un joven que perdi&oacute; buena parte de su familia en manos de las autoridades turcas durante el Genocidio Armenio y debi&oacute; escapar de su tierra, se cruza en Berl&iacute;n con Talaat Pash&aacute;, uno de los ide&oacute;logos de aquellos cr&iacute;menes masivos que tuvieron lugar a comienzos del siglo pasado. <strong>Tal como escribi&oacute; Osvaldo Bayer, en un rapto el joven &ldquo;lleva a cabo la ley no escrita de &lsquo;matar al tirano&rsquo;&rdquo; y su vida cambia para siempre.</strong> Es que, a partir de ese encuentro, de ese arrebato y del hist&oacute;rico juicio al que fue sometido (y en el que fue absuelto), aquellas im&aacute;genes indelebles volver&aacute;n una y otra vez a su memoria. <strong>El dolor, las preguntas alrededor de la justicia y las heridas abiertas se cruzan a lo largo de estas p&aacute;ginas en una narraci&oacute;n impresionante</strong>. La publicaci&oacute;n incluye un texto de Bayer y un ep&iacute;logo escrito por <strong>Eduardo Kozanlian</strong>.
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                La novela gráfica &quot;Matar al tirano&quot; salió por Deux Books.                            </span>
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        <strong>Bonus track II.</strong> Esta semana se dio a conocer el listado con las cinco novelas finalistas del Premio Fundaci&oacute;n Medif&eacute; Filba, que busca distinguir a lo mejor de la literatura argentina y, seg&uacute;n sus organizadores, &ldquo;darle nueva visibilidad a libros que salieron un a&ntilde;o atr&aacute;s para volver a ponerlos en la discusi&oacute;n&rdquo;.<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/anuncian-lista-corta-finalistas-premio-fundacion-medife-filba-cinco-novelas-elegidas_1_11751074.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Pueden leer por ac&aacute; los t&iacute;tulos y algunos detalles sobre cada uno de ellos</a>. Dos recordatorios, por si se distrajeron y quieren saber m&aacute;s sobre algunos de los libros: comentamos algo sobre <em>El amor es un monstruo de Dios</em>, de <strong>Luciana De Luca</strong>, <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/amores-monstruos-puntos-duelo_129_10633061.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en esta edici&oacute;n de Mil Lianas de 2023</a>. Y, sobre <em>Las ni&ntilde;as del naranjel</em>, hablamos con <strong>Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara</strong> <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/gabriela-cabezon-camara-destruccion-latinoamerica-termino-siguen-arrasando-personas-territorios_1_10656288.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en esta entrevista</a>.
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                Fueron anunciadas las cinco novelas finalistas del Premio Fundación Medifé Filba 2024.                            </span>
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        &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima!
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Mil lianas</strong></em><strong>&nbsp;en un newsletter de&nbsp;</strong><em><strong>elDiarioAR</strong></em><strong>. Para recibirlo por correo electr&oacute;nico cada viernes&nbsp;</strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/subscribe?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=74523e5e53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden suscribirse por ac&aacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/canciones-amistad-ultimas-mujeres-mar_129_11762576.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Oct 2024 10:07:33 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santiago Loza: “La Iglesia es el refugio de cierta sensibilidad queer y al mismo tiempo la castiga”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/santiago-loza-iglesia-refugio-sensibilidad-queer-tiempo-castiga_1_11746320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ff6560b-cf30-409a-8ef5-20eed5593db5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1104229.jpg" width="3188" height="1793" alt="Santiago Loza: “La Iglesia es el refugio de cierta sensibilidad queer y al mismo tiempo la castiga”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, dramaturgo y cineasta es autor de la obra teatral “Viento blanco” y de los recientes libros “Diario inconsciente” y “Pequeña novela de Oriente”. La espera en la escritura, la religión como imaginario y por qué prefiere no dirigir teatro.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hay gente que me se&ntilde;ala una supuesta h&iacute;per productividad, pero la verdad es que yo tengo procesos lentos. Tardo bastante en caer a las cosas y las cosas toman sus propios tiempos tambi&eacute;n</em>&rdquo;, dice el escritor, dramaturgo y cineasta <strong>Santiago Loza</strong>. Loza habla bajito, pausado, como si se ubicara en la vereda opuesta de algunos de los personajes que cre&oacute;, que siempre rodean el desenfreno y cierto desborde. Como Mario, interpretado encantadoramente por <strong>Mariano Saborido</strong>, el protagonista de la obra <em>Viento blanco</em>, uno de los grandes estrenos teatrales del a&ntilde;o. Como el narrador de <em>Peque&ntilde;a novela de Oriente</em> (Entrop&iacute;a, 2024), una voz construida para prestarse al desconcierto de unos viajes por Corea, Jap&oacute;n y China. O como el de <em>Diario inconsciente</em> (Bosque energ&eacute;tico, 2022), tambi&eacute;n pegado a Loza y a su experiencia, que recuerda una internaci&oacute;n psiqui&aacute;trica de su juventud (<em>&ldquo;cuando ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y me volv&iacute; loco, ten&iacute;a piedras en los bolsillos&rdquo;</em>, dir&aacute; en el libro y m&aacute;s adelante reforzar&aacute;: <em>&ldquo;Se vive y se narra. Se vive para contar, poner un orden a los acontecimientos. La crisis viene a desordenar o a decretar que no hay orden posible y todo intento es vano&rdquo;</em>).
    </p><p class="article-text">
        Autor de m&aacute;s de 20 obras teatrales, de varias novelas, de libros h&iacute;bridos donde se dedica a indagar en la escritura y director de una docena de pel&iacute;culas, <strong>Loza es uno de los artistas argentinos m&aacute;s prol&iacute;ficos y su obra una de las m&aacute;s radiantes de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En tu obra pareciera haber siempre un tiempo suspendido, una demora para que los materiales afloren. </strong><em><strong>Diario inconsciente</strong></em><strong>, de hecho, no es un diario tradicional que va contando a medida que ocurrieron los hechos, sino que algo que es la reconstrucci&oacute;n de un episodio de juventud que viviste. &iquest;Necesit&aacute;s tomar cierta distancia para narrar algunas cosas?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<em>Diario inconsciente</em> se desprende de un libro anterior que era <em>Nadadores lentos</em>, un libro en el que de alguna manera pensaba en la escritura. En ese proceso me acompa&ntilde;&oacute; <strong>Andr&eacute;s Gallina</strong>, que despu&eacute;s con <strong>Eugenia P&eacute;rez Tomas </strong>armaron la editorial Bosque energ&eacute;tico que publica exclusivamente libros a partir de diarios. En un momento del proceso de <em>Nadadores</em> mencion&eacute; en alg&uacute;n fragmento la internaci&oacute;n que hab&iacute;a ocurrido en mi vida y &eacute;l me dijo &ldquo;mir&aacute;, esto es otro texto, es otra cosa&rdquo;. Entonces lo dej&eacute;, dir&iacute;a que lo esper&eacute;, que esper&eacute; su tiempo. <strong>En el fondo estaba la necesidad de que esa materia que tiene el </strong><em><strong>Diario inconsciente</strong></em><strong>, que iba ti&ntilde;endo siempre otras cosas, hiciera su propia escena</strong>. Despu&eacute;s, cuando escrib&iacute;a el libro, me surg&iacute;a la fantas&iacute;a de que, al poder reconstruirlo, de alguna manera iba a darle un cierre a eso. Lo cual es falso porque, a partir de que el libro sali&oacute;, inevitablemente volv&iacute; a hablar de la internaci&oacute;n y de aquel momento. Pero s&iacute; hay algo que cambia. Me parec&iacute;a que hab&iacute;a un gesto, no s&eacute;, de justicia de alguna manera al poder reparar en ese diario un relato que en aquel momento no hab&iacute;a forma de articular. Hab&iacute;an pasado 25 a&ntilde;os o m&aacute;s, entonces me pasaba que yo pod&iacute;a ver de otra manera a esa persona que atraves&oacute; esa situaci&oacute;n de los brotes, esa problem&aacute;tica de salud mental como se dice ahora. Lo pod&iacute;a ver como alguien que no era yo y, por el paso del tiempo, ya no estaba en las condiciones tan vulnerables que hab&iacute;a tenido antes. Eso me permit&iacute;a ciertas operaciones que tienen que ver con el lenguaje. En el fondo, la historia cl&iacute;nica no me interesa, en todo caso lo que me importa m&aacute;s all&aacute; del libro en s&iacute; es c&oacute;mo opera el lenguaje cuando el lenguaje se retira.
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                &quot;Diario inconsciente&quot;, de Santiago Loza, es el primer libro de la editorial argentina Bosque energético.                            </span>
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        <strong>&ndash;El libro coincide, de todas maneras, con la serie de otros textos en los que volv&eacute;s sobre la escritura, a partir de distintas experiencias biogr&aacute;ficas, si se quiere.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, me pasa que hay textos donde la aguja de la ficci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s cerca de lo que ser&iacute;a netamente ficci&oacute;n y est&aacute;n estos otros textos m&aacute;s h&iacute;bridos, que est&aacute;n ligados a lo biogr&aacute;fico o que trabajan zonas de lo que aconteci&oacute;. Fue muy liberador para m&iacute; empezar a escribir este tipo de textos. Pero, m&aacute;s all&aacute; de todo, me parece que hay que ver la manera de generar alg&uacute;n tipo de ilusi&oacute;n. <strong>Porque la escritura siempre genera la ilusi&oacute;n de que eso que se cuenta fue as&iacute;. A m&iacute; tambi&eacute;n me empieza a suceder con muchos de esos textos despu&eacute;s de haberlos escrito: empiezo a creer que eso que cuentan ocurri&oacute; as&iacute; y no s&eacute; si eso ocurri&oacute; as&iacute;.</strong> Empiezo a creer que la memoria es esa, aunque tambi&eacute;n s&eacute; que existe una distorsi&oacute;n. En todo caso, me interesa la escritura como posibilidad de distorsi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s que volv&eacute;s una y otra vez a pensar la escritura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Es como mi monotema la escritura! (risas). Ahora estoy en un per&iacute;odo donde me est&aacute; costando escribir y mi monotema es por qu&eacute; me est&aacute; costando escribir.<strong> La escritura es y sigue siendo muy nodal en mi construcci&oacute;n personal. No s&eacute; si llamarlo oficio porque yo no s&eacute; si tengo oficio. Soy muy desordenado. Pero el hecho de leer, de escribir, de habitar la escritura y de permitirme la escritura ha sido clave</strong>. Por eso siempre he tratado de que se vuelva algo cotidiano o lo m&aacute;s cotidiano posible. Con el tiempo, de alguna manera se ha vuelto mi trabajo. Me pas&oacute; tambi&eacute;n con la escritura de teatro, de pensar qu&eacute; valor ten&iacute;a en el circuito del teatro. Por eso los he vivido siempre como procesos de conquista. Y tambi&eacute;n como una necesidad de enunciaci&oacute;n: en la juventud yo era muy receloso y, aunque ten&iacute;a una vocaci&oacute;n muy temprana con la escritura, era muy temeroso y no me parec&iacute;a que esa escritura tuviese valor por s&iacute; misma. Entonces con los a&ntilde;os hice cine y despu&eacute;s teatro, pensando que esos espacios por ah&iacute; pod&iacute;an reparar una escritura que estaba medio cachada o que a m&iacute; me parec&iacute;a que no estaba del todo bien. Igual hasta hoy me sigue pasando algo as&iacute;. De hecho creo que quienes leen y me editan antes de publicar me corrigen bastante.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Pequeña novela de Oriente&quot; narra tres viajes del autor con un estilo muy particular."
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                &quot;Pequeña novela de Oriente&quot; narra tres viajes del autor con un estilo muy particular.                            </span>
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        <strong>&ndash;</strong><em><strong>Peque&ntilde;a novela de Oriente</strong></em><strong> es un libro donde se relatan tres viajes. Dos a Corea y Jap&oacute;n y uno fallido, a China. &iquest;Lo pensaste as&iacute; de entrada? &iquest;Sol&iacute;as leer libros de viajes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Algo leo, pero no soy un gran lector de libros de viaje, pero los voy leyendo y me gustan mucho. Cuando empec&eacute; a hacer esos viajes, sobre todo el viaje a Jap&oacute;n, ten&iacute;a la idea o el proyecto de escribir all&aacute;. Yo me hab&iacute;a propuesto escribir una p&aacute;gina por d&iacute;a. Pero una vez ah&iacute;, algo de la resoluci&oacute;n cotidiana del viaje hizo que se volviera imposible escribir. No hab&iacute;a forma porque estaba cansado o porque no llegaba.<strong> Pas&oacute; y no escrib&iacute; nada. De todas maneras ten&iacute;a siempre en mi cabeza el proyecto de que ese viaje y el de Corea se iban a completar conociendo China. Y, como con la pandemia no pude viajar a China, de todas maneras empec&eacute; a unirlos.</strong> En la escritura yo sent&iacute;a que toda esa experiencia contada de esa forma generaba un relato particular, un periplo en el que a ese personaje le acontec&iacute;an una serie de transformaciones que pertenecen tambi&eacute;n a la ficci&oacute;n. Algo se le fue armando a &eacute;l, entre ese deambular al principio m&aacute;s solitario y despu&eacute;s con todos los encuentros que va teniendo. A la vez, cuando escrib&iacute;a, ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de estar escribiendo algo que no quer&iacute;a olvidar. Pens&eacute;: &ldquo;Estoy escribiendo sobre lo inolvidable&rdquo;. Por m&aacute;s que sea banal. Cuando aparece la necesidad de contar es como si hubiera una parte de la memoria que empieza a reparar algo, a fijar algo as&iacute; no se pierde.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La escritura siempre genera la ilusión de que eso que se cuenta fue así. A mí también me empieza a suceder con muchos de esos textos después de haberlos escrito: empiezo a creer que eso que cuentan ocurrió así y no sé si eso ocurrió así. Empiezo a creer que la memoria es esa, aunque también sé que existe una distorsión. En todo caso, me interesa la escritura como posibilidad de distorsión.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Ten&iacute;as alg&uacute;n v&iacute;nculo previo con el universo oriental? &iquest;Te interesaba por algo en particular?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La verdad es que era del orden del clich&eacute;. Siempre fui una persona medio introvertida y tengo cierta timidez y por cierto cine que he visto o por cierta literatura que ha le&iacute;do, pod&iacute;a pensar en lo oriental como una aproximaci&oacute;n a los dem&aacute;s, a la otredad, muy delicada. Entonces aparec&iacute;a en m&iacute; la fantas&iacute;a de que en ese espacio algo m&iacute;o iba a estar c&oacute;modo. <strong>Ahora en parte me da un poco de risa. El otro d&iacute;a ve&iacute;a una serie que pasaba en Tokio y pensaba que los occidentales creemos que esos pa&iacute;ses son apenas como una especie de spa del mundo. Pero me parece que por lo menos algo de esa extra&ntilde;eza y de esa distancia me permit&iacute;a pensar en esos clich&eacute;s, atravesar esa fantas&iacute;a ut&oacute;pica de irse muy lejos. De ver qui&eacute;n es uno, qui&eacute;n es una ah&iacute;. C&oacute;mo uno deja de ser</strong>. Me interesaba ese gesto que es como un abandono, ese irse. Eso siempre me interesa porque hay una zona de la p&eacute;rdida: ese personaje empieza a perderse, a fundirse con ese paisaje. Supongo que es lo que me interesa siempre: ver c&oacute;mo es ese abandono del yo. Algo que tambi&eacute;n parece medio zen. Por eso es una escritura que podr&iacute;a llamarse &ldquo;una escritura del yo&rdquo;, pero que al mismo tiempo juega con el abandono de ese yo.&nbsp;
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                    alt="Loza nació en Córdoba, en 1971. Fue distinguido, entre otros, con el Premio Konex y con el Premio Nacional de Cultura 2021."
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                Loza nació en Córdoba, en 1971. Fue distinguido, entre otros, con el Premio Konex y con el Premio Nacional de Cultura 2021.                            </span>
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        <strong>&ndash;Aparece, tambi&eacute;n, otra de las cosas que insiste en tu trabajo, que es la memoria. En este caso y en </strong><em><strong>Diario inconsciente</strong></em><strong>, una memoria un poco rota.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, me interesa la memoria como algo medio roto y exagerado. Porque lo que nos queda, en realidad, son las esquirlas de la memoria. <strong>La memoria siempre moldea las impresiones que tenemos y a partir de eso trabajamos sobre esas heridas que nos han dejado, sobre esas marcas para</strong> <strong>una reconstrucci&oacute;n que siempre tiene algo exagerado.</strong> Algunos personajes que van apareciendo en <em>Peque&ntilde;a novela de Oriente </em>probablemente no son como las personas. Para escribir necesit&aacute;s muchas veces amplificar los rasgos, crear un personaje. En este libro hay cierto corrimiento, s&iacute;, cierta distorsi&oacute;n. Yo no s&eacute; si soy tan solitario o tan temeroso, por ejemplo, como se puede leer ah&iacute;. Algo de eso se arm&oacute; con ese personaje, me parece.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Pod&eacute;s escribir varios textos a la vez?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por lo general estoy trabajando con dos archivos. Porque se me acaba la nafta r&aacute;pidamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;La impresi&oacute;n es justamente la contraria, &iexcl;con todas las cosas que hac&eacute;s!</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, no, se me va acabando el combustible. Entonces, cuando algo no funciona, voy al otro archivo, lo trato de releer. En realidad son como carriles.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me interesa la memoria como algo medio roto y exagerado. Porque lo que nos queda, en realidad, son las esquirlas de la memoria. La memoria siempre moldea las impresiones que tenemos y a partir de eso trabajamos sobre esas heridas que nos han dejado, sobre esas marcas para una reconstrucción que siempre tiene algo exagerado.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; no dirig&iacute;s tus obras de teatro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Porque dirig&iacute; hace muchos a&ntilde;os y no soy bueno dirigiendo. No funcionaba. En el teatro tiene que ingresar otra dramaturgia desde la direcci&oacute;n y eso no me sale. Me parece que la gente que resuelve la escena, que potencia la escena, tiene algo de cierta paciencia que yo no tengo.<strong> El espacio esc&eacute;nico parece muy sencillo, pero es muy complejo pensarlo y que de eso salga algo atractivo. Puedo hacer una pel&iacute;cula y algo con la c&aacute;mara, porque ah&iacute; encuentro una posibilidad, un lenguaje que yo puedo imaginar.</strong> En los ensayos de teatro no, me cuesta mucho ser un buen observador de esos procesos. Me pierdo. Me aburro. Algo de la repetici&oacute;n me agota. Entonces de alguna manera a m&iacute; se me arm&oacute; esto que es escribir y que otras personas dirijan. Tuve la suerte de que esas personas que dirigen, sobre todo en las obras que son estrenos, le hayan revelado algo a la escritura que yo no hab&iacute;a visto. Los textos, por suerte, se han corregido a partir de la direcci&oacute;n. En algunos casos he trabajado a la par con ellos y, como no soy muy celoso de los textos, entiendo las modificaciones que se han hecho. As&iacute; que estoy ah&iacute;. No participo de los ensayos, pero estoy activo. Y me gusta, me sigue encantando el teatro. Me gusta como experiencia, me gusta todo el accidente de lo teatral, me interesa lo que hacen las actrices y los actores con el accidente: qu&eacute; ocurre cuando aparece lo imprevisto y c&oacute;mo se opera sobre eso. Y a m&iacute; me divierte ver qu&eacute; malabares hacen con el texto en ese momento. Porque ah&iacute; el texto claramente ratifica su condici&oacute;n de algo vivo, de materia m&oacute;vil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tu obra </strong><em><strong>Viento blanco</strong></em><strong> tiene puntos de contacto con los libros que mencionamos antes. En especial, esto de un personaje aislado, solitario, rodeado de sus fantasmas pero solo ah&iacute; en un paraje de la Patagonia. &iquest;Te interesaba volver a explorar la soledad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La soledad es algo que yo conozco. Que conozco y me inquieta. Me interesa desentra&ntilde;arla. De alguna manera me parece que todas las personas est&aacute;n solas y hay algo de estos personajes como el de Viento blanco que est&aacute;n extremados en su soledad. Al mismo tiempo, hay algo de esa soledad o ese margen que habitan que les permite ver algunas cosas que probablemente lo grupal no les permita.<strong> A veces habitar la periferia les permite alg&uacute;n tipo de&nbsp; lucidez. Creo que nos pasa a todos, no s&eacute;, cuando est&aacute;s en una fiesta y te pon&eacute;s a un costado un rato y empez&aacute;s a observar a los dem&aacute;s. Es a partir de un corrimiento que empez&aacute;s a percibir algunas cosas.</strong> En <em>Viento blanco</em> hay algo de ese paisaje que est&aacute; como abandonado a esa soledad. Como si esos personajes estuviesen en un lugar tan al sur que ya nada va a ocurrir o nadie va a vivir algo de eso. Tambi&eacute;n el personaje de <em>Viento blanco</em> tiene una relaci&oacute;n particular con su deseo a partir de esa circunstancia. Y aparece tambi&eacute;n el v&iacute;nculo con la madre. Eso es algo que para m&iacute;, y en general para las personas que pertenecemos a ciertas disidencias, siempre ha sido muy complejo.&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DA9Ls-4va9h/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Uno de los grandes asuntos de la obra tiene que ver con el imaginario cat&oacute;lico. &iquest;Tuviste una formaci&oacute;n religiosa de chico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, tuve una formaci&oacute;n s&uacute;per religiosa en la infancia, muy cat&oacute;lica. En ese tiempo cre&iacute;a, sobre todo fogoneado por familiares, que yo iba a ser sacerdote. Entonces yo ten&iacute;a una devoci&oacute;n plena. Lo que pasa es que eso entr&oacute; en crisis en la adolescencia y dej&eacute; de ser creyente. <strong>Pero algo de ese imaginario y de esa devoci&oacute;n siempre me atrajo, porque me lleva a reparar en d&oacute;nde uno pone toda esa fuerza m&iacute;stica, todo ese fuego, toda esa, s&iacute;, conmoci&oacute;n que tra&iacute;a la creencia. La escritura, creo, termin&oacute; absorbiendo en m&iacute; algo de toda ese energ&iacute;a.</strong> A la vez me sigue conmoviendo cuando alguien cree en algo, lo que sea que crea. No s&eacute;, hay gente que cree hasta en Messi, y me gusta escucharlos, escuchar por qu&eacute;. O cuando la gente tiene c&aacute;balas. Me conmueven los amparos que busca cualquier persona para sobrevivir. As&iacute; que siempre que puedo trato de estar atento a eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Y vos cre&eacute;s en Dios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No. Pero incluso yo digo que no ahora, dudando. Un d&iacute;a te digo que s&iacute;, otro d&iacute;a te digo que no. Me asombro que &uacute;ltimamente digo que no. Yo no soy creyente de Dios, pero yo creo en algunas cosas, como el arte. Suena un poco enorme, pero algo de lo art&iacute;stico se me ha vuelto como una religi&oacute;n. Y creo con todo lo complejo que es creer. Porque a veces tengo per&iacute;odos grises donde nada me enciende, momentos en los que me cuesta entusiasmarme con lo propio y con lo ajeno. <strong>Por estos d&iacute;as me est&aacute; costando concentrarme, estoy preocupado con todo lo que pasa en el pa&iacute;s y por momentos aterrado. Parte de mi actividad, que tiene que ver con el cine, est&aacute; totalmente puesta en jaque. </strong>Y hay mucha movilizaci&oacute;n y se est&aacute;n discutiendo cosas que no cre&iacute;amos que &iacute;bamos a tener que discutir o que parece surrealista que se est&eacute;n discutiendo. Pero, bueno, creo que claramente en alg&uacute;n momento yo eleg&iacute; el camino de lo art&iacute;stico. Parece medio grandilocuente, pero es as&iacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando escribía &quot;Pequeña novela de Oriente&quot; tenía la sensación de estar escribiendo algo que no quería olvidar. Pensé: “Estoy escribiendo sobre lo inolvidable”. Por más que sea banal. Cuando aparece la necesidad de contar es como si hubiera una parte de la memoria que empieza a reparar algo, a fijar algo así no se pierde. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;El imaginario cat&oacute;lico que mencionabas, en Viento blanco est&aacute; llevado a un extremo, con la ropa, las canciones, la extraordinaria actuaci&oacute;n de Mariano Saborido.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, en <em>Viento blanco</em> a m&iacute; me divierte la cosa religiosa se ve hasta en t&eacute;rminos de c&oacute;mo se visten los sacerdotes, de c&oacute;mo se muestran. <strong>Todo un mundo que tiene algo muy </strong><em><strong>queer</strong></em><strong>. &iexcl;Todos esos p&uacute;rpuras! En esta puesta est&aacute; Pablo Ram&iacute;rez haciendo el vestuario. </strong>Todo ese universo tiene algo muy marica. Lo hemos hablado mucho con Mariano: la Iglesia es el refugio de cierta sensibilidad queer y al mismo tiempo la castiga. Pero claramente la Iglesia lo tiene, entonces se arma un juego un poco perverso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tambi&eacute;n es un &aacute;mbito muy teatral, muy esc&eacute;nico, muy de lo perform&aacute;tico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por supuesto. Yo sigo pensando que mis primeras experiencias teatrales han sido las misas. Hay algo absolutamente teatral. Siempre hay una puesta cuando el cura con su homil&iacute;a est&aacute; haciendo su mon&oacute;logo.<strong> Yo he visto a grandes monologuistas en la Iglesia y a otros muy malos, tambi&eacute;n. Pero hay algo de esa observaci&oacute;n que a m&iacute; me ha servido para el teatro. </strong>No s&eacute;, a m&iacute; me interesa cuando veo a una pastora, a un pastor, a un cura, porque tambi&eacute;n hay algo del teatro ah&iacute; que tiene que ver con tratar de vendernos un buz&oacute;n. El teatro es tan precario que lo que est&aacute; tratando de hacer, con nada o muy pocos elementos, es venderte que vos creas esa realidad. Aunque no haya nada para creer. Como los actores, algo de eso lo hacen los pastores, las pastoras, los curas: lo intentan, a pura convicci&oacute;n, aunque vaya a saber uno en el fondo si la tienen. No importa si la ten&eacute;s, es lo que intent&aacute;s, es buscar alg&uacute;n tipo de conquista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Viento blanco</strong></em><strong>, protagonizada por Mariano Saborido, con direcci&oacute;n de Valeria Lois y Juanse Rausch, se puede ver en la sala Dumont4040 de la ciudad de Buenos Aires, los domingos a las 20.30 y los lunes a las 20. </strong><a href="https://www.instagram.com/p/DA9Ls-4va9h/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>M&aacute;s informaci&oacute;n, en este enlace</strong></a><strong>.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Oct 2024 03:07:55 +0000]]></pubDate>
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