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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Hugo Vezzetti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/hugo-vezzetti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Hugo Vezzetti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Discutir el número? Sobre la cifra de los treinta mil desaparecidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/discutir-numero-cifra-treinta-mil-desaparecidos_129_9033094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f6988c2-4f46-4047-b51d-60fd82a194b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Discutir el número? Sobre la cifra de los treinta mil desaparecidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La disputa sobre las cifras (seis millones de judíos o treinta mil desaparecidos) es mucho más que una discusión sobre hechos y datos y se convierte en un síntoma de lo que puede o no puede saberse, sostiene Hugo Vezetti en la segunda parte de una saga que comenzó con la discusión sobre la cifra de la Shoa.</p></div><p class="article-text">
        Me propongo volver sobre algunos problemas suscitados a partir del documental <em>The Round Number </em>(2021), una suerte de ensayo f&iacute;lmico sobre la cifra consagrada de <em>seis millones </em>de jud&iacute;os asesinados en la Sho&aacute;. <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/discutir-numero-shoa-seis-millones_129_8994101.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En lo que escrib&iacute; se planteba la relaci&oacute;n siempre problem&aacute;tica de la memoria (o la &ldquo;conciencia hist&oacute;rica&rdquo;, en el sentido m&aacute;s cl&aacute;sico) con las cifras y los s&iacute;mbolos de un pasado de cr&iacute;menes masivos.</a>
    </p><p class="article-text">
        En las conversaciones con el director, despu&eacute;s de las proyecciones en el Bafici, no dejaban de aparecer las comparaciones con otro &ldquo;n&uacute;mero redondo&rdquo; que nos incumbe, los <em>treinta mil desaparecidos</em>. David Fisher, prudentemente, se absten&iacute;a de opinar (al menos en la ocasi&oacute;n en que yo lo escuch&eacute;), pero esa asociaci&oacute;n no dejaba de repercutir en muchos de los espectadores.
    </p><p class="article-text">
        La asimilaci&oacute;n del terrorismo de Estado, de los asesinatos masivos y los campos, en la experiencia argentina, con los horrores de la &ldquo;Soluci&oacute;n final&rdquo; en Europa no es nueva. Surgi&oacute; desde el comienzo de un trabajo de memoria y comprensi&oacute;n, frente a la magnitud y las modalidades de un acontecimiento l&iacute;mite, una violencia desde el estado que era casi imposible de ser pensada a partir de la historia conocida. La figura global del &ldquo;genocidio&rdquo; facilitaba una comparaci&oacute;n entre el Holocausto y al terrorismo de Estado en la medida en que ofrec&iacute;a un primer significado, un s&iacute;mbolo si se quiere, que inscrib&iacute;a esa masacre en la estela de los grandes cr&iacute;menes del siglo XX. Pero tambi&eacute;n ha dificultado un trabajo de conocimiento capaz de aprehender y discutir las enormes diferencias en la historia, las modalidades y las consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; se trata de otra cosa. No de un acercamiento en el plano del acontecimiento, sino de sus sentidos. Y sobre todo del trabajo interminable de <em>elaboraci&oacute;n</em> (<em>Durcharbeiten</em>, en el vocabulario de Freud) que retorna sobre una experiencia que no termina de asimilarse, que no agota su fuerza y su capacidad de conmover cierto estado de la conciencia y las representaciones del pasado. <strong>En ese punto, la discusi&oacute;n sobre las cifras (seis millones de jud&iacute;os o treinta mil desaparecidos) es mucho m&aacute;s que una discusi&oacute;n sobre hechos y datos y se convierte en un s&iacute;ntoma de lo que puede o no puede saberse, de los l&iacute;mites de lo pensable de un pasado que sigue vivo en el presente</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me interes&oacute; destacar en el documental de David Fischer no es lo que agrega al conocimiento de la Sho&aacute; sino lo que habilita en el plano de las <em>preguntas </em>admisibles sobre un s&iacute;mbolo consagrado. Y lo importante no est&aacute; en las respuestas o los resultados de una indagaci&oacute;n, muy personal por otra parte, sino en <strong>lo que muestra sobre el estado de una comunidad de memoria particular (historiadores,&nbsp; intelectuales, pol&iacute;ticos, sobrevivientes..) capaz de asumir las preguntas que ponen en cuesti&oacute;n sus propias creencias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, no desconozco que <strong>en la experiencia argentina discutir el n&uacute;mero puede ser una manera de tomar partido, de ocupar una trinchera imaginaria que revive (o alucina) los combates de otros tiempos. </strong>En esa configuraci&oacute;n miliciana de la memoria, el n&uacute;mero (&ldquo;Son treinta mil&rdquo;/ &ldquo;No son treinta mil&rdquo;) no importa como dato o evidencia disponible para el mejor conocimiento del pasado. Y lo peor que puede pasar es que un pasado doloroso, cargado de vivencias, de luchas y desencuentros pero tambi&eacute;n de v&iacute;nculos de solidaridad, de proyectos y esperanzas, <strong>quede aplastado bajo el peso de las consignas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es claro que se pueden hacer muchas cosas con las cifras, dependiendo de lo que se busque. En principio, lo que me interesa abordar en el debate, o m&aacute;s bien en la ausencia y las dificultades de una discusi&oacute;n, concierne al estado de la conversaci&oacute;n&nbsp;p&uacute;blica sobre el pasado en sus proyecciones y retornos sobre las visiones del presente. En ese sentido, inevitablemente, <strong>la esfera tan mentada de la memoria p&uacute;blica no se separa de las producciones y las ficciones de la imaginacion pol&iacute;tica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo eso es bastante conocido: no se trata de corregir los s&iacute;mbolos y las creencias que sostienen identidades y filiaciones ideol&oacute;gicas; tampoco de erigir a alguna &eacute;lite esclarecida en los guardianes de la verdad hist&oacute;rica. La dimensi&oacute;n p&uacute;blica de la historia no existe sin el debate, que es algo bien distinto, opuesto en verdad, de una guerra de trincheras discursiva. Los s&iacute;mbolos y las creencias, por muy respetables que sean, no se sustraen a la pol&eacute;mica, m&aacute;xime cuando, como en el caso de los desaparecidos, conciernen muy directamente al conocimiento y la deliberaci&oacute;n sobre un pasado que interpela a toda la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, la primera condici&oacute;n es la m&aacute;s completa libertad de investigaci&oacute;n y de argumentaci&oacute;n. La segunda, es que no se admitan&nbsp; monopolios en la interpretaci&oacute;n de ese pasado: ni del estado (o del partido, en la tradici&oacute;n estalinista) ni de los especialistas y los historiadores, ni de los representantes las v&iacute;ctimas que tienen todo el derecho de organizarse, reclamar justicia y expresar su visi&oacute;n del pasado, pero no de imponerla a los dem&aacute;s. Una pol&eacute;mica abierta, concebida como una conversaci&oacute;n que nadie controla y no se sabe adonde puede&nbsp; llevar es una imagen ideal, exigente, ut&oacute;pica si se quiere, que va a contramano de un esp&iacute;ritu de &eacute;poca en el que dominan las certezas autom&aacute;ticas y las solidaridades de facci&oacute;n. Sin embargo, contra el conformismo f&aacute;cil, se erigen las responsabilidades de una posici&oacute;n intelectual (que tiene, por otra parte, una larga historia) que no renuncia a un criterio de verdad como cr&iacute;tica de lo dado, una pr&aacute;ctica del pensamiento aut&oacute;nomo que, idealmente al menos, no tiene patria ni partido.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera cuesti&oacute;n, <em>hist&oacute;rica</em>, concierne a las preguntas que suscita la cifra de treinta mil desaparecidos a la luz de las evidencias y los conocimientos sobre la violencia de los setenta y el terrorismo de estado. (Hay otra pregunta, pol&iacute;tica, que por ahora dejo de lado, &iquest;c&oacute;mo distinguir a los verdaderos negacionistas?)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para quien busca un conocimiento de ese pasado las cifras son una evidencia. Y una tarea b&aacute;sica de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica exige interpretarlas, cruzar esos n&uacute;meros con otras evidencias, compararlas, proponer inferencias. Por supuesto, el n&uacute;mero no es decisivo para un juicio global sobre el acontecimiento: no lo fue para la Sho&aacute; (alcanza con saber que fueron varios millones los jud&iacute;os asesinados) ni tampoco lo es para la condena del terrorismo de Estado y para la acci&oacute;n que desde la sociedad ha buscado recordar y honrar a las v&iacute;ctimas. Pero eso no lo convierte en insignificante para el conocimiento y la intelecci&oacute;n del acontecimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo sobre el documental de Fisher. Yehuda Bauer, un gran historiador de la Sho&aacute;, puede decir que el n&uacute;mero no es importante porque, finalmente, esa cifra es abstracta: suma asesinados en condiciones y realidades muy distintas, en Alemania, en Francia, en Polonia, etc. Pero, por ejemplo, ning&uacute;n historiador que se ocupe de los jud&iacute;os deportados bajo la ocupaci&oacute;n nazi en Francia podr&iacute;a decir, seriamente, que el n&uacute;mero no importa. Y en Francia, en la posguerra y por la accion conjunta del Estado y de los historiadores se investig&oacute; y se determin&oacute; una cifra que nadie discute. <strong>En la Argentina no ha habido, ni de parte del Estado ni de la comunidad de historiadores, ninguna investigaci&oacute;n sostenida en ese sentido. </strong><a href="https://www.perfil.com/noticias/elobservador/la-ignorancia-culpable-hacia-el-pasado-20160207-0064.phtml" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><strong>Me ocup&eacute; del tema hace varios a&ntilde;os</strong></a><strong>. </strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, en lo que concierne a los desaparecidos, a diferencia de las v&iacute;ctimas del Holocausto, hay un n&uacute;mero documentado que ha surgido de la denuncias realizadas a lo largo de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, primero ante la CIDH (1979), luego en la CONADEP y finalmente en las denuncias recogidas en el Archivo Nacional de la Memoria. Ha habido depuraciones y agregados pero el n&uacute;mero, alrededor de 8000, no ha variado. Mantener la cifra de treinta mil con la fuerza de un s&iacute;mbolo del <em>conjunto</em> de las v&iacute;ctimas (incluidos los detenidos ilegalmente que sobrevivieron), como propon&iacute;a Emilio Mignone, es algo muy distinto de sostener, como un dato hist&oacute;rico, que hay m&aacute;s de veinte mil detenidos-desaparecidos de los que no ha quedado ni un nombre.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras documentadas son una puerta de entrada para las preguntas y las conjeturas acerca de un n&uacute;mero total que siempre ser&aacute; aproximado. A&nbsp; partir del perfil de los casos conocidos, esas cifras deber&iacute;an cruzarse con lo que se sabe sobre las organizaciones que fueron el blanco mayor de la represi&oacute;n, las localidades donde los secuestros se produjeron, las modalidades, capacidad y tiempo de funcionamiento de los centros clandestinos, etc. &iquest;Qu&eacute; sabemos de las v&iacute;ctimas conocidas? Casi todos eran militantes pol&iacute;ticos o sociales insertados en su medio, mayormente urbanos; trabajaban o estudiaban, manten&iacute;a lazos sociales, familiares, de trabajo de amistad. Y su ausencia fue notada y denunciada; muchas veces por la acci&oacute;n conjunta de las familias y los compa&ntilde;eros de organizaciones pol&iacute;ticas, sindicales o estudiantiles, que tuvieron un rol activo en ese sentido, conjuntamente con los organismos que nacieron en la resistencia a la dictadura. Las preguntas siguen abiertas, pero es dif&iacute;cil admitir que haya otras v&iacute;ctimas, varios miles, que han pasado por ese tiempo de luchas y compromisos fuertes sin dejar rastros.
    </p><p class="article-text">
        Quiero ser claro: <strong>discutir el n&uacute;mero a partir de estas preguntas no tiene que ver con una b&uacute;squeda de exactitud ni mucho menos con la intenci&oacute;n de negar o reducir el crimen</strong>. Michelet dec&iacute;a que el historiador es el que toma a su cargo a los muertos. Mucho antes, Cicer&oacute;n, postulaba una responsabilidad m&aacute;s extendida: &ldquo;la vida de los muertos est&aacute; en la memoria de los vivos&rdquo;. <strong>En nombre de esos muertos, de los que tienen nombre y de los que en esa cifra habr&iacute;an quedado borrados de la historia y de la sociedad, reducidos a la insignificancia, cabe mantener abiertas las preguntas y el derecho a discutir el n&uacute;mero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>HV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/discutir-numero-cifra-treinta-mil-desaparecidos_129_9033094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 May 2022 03:03:05 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Discutir el número: la Shoá y los seis millones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/discutir-numero-shoa-seis-millones_129_8994101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41efa427-bccd-44e4-a9d0-ac760df8ed12_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Discutir el número: la Shoá y los seis millones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de The Round Number (2021), la película de David Fischer, Hugo Vezetti se pregunta si se puede interrogar sobre la cifra de los seis millones de judíos asesinados. No son problemas ajenos a la experiencia argentina, en la que también sigue abierta la discusión sobre el número de desaparecidos, sostiene Vezetti.</p></div><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Se puede interrogar un s&iacute;mbolo cargado de dolor, que arrastra el peso de un pasado denso, en el que se combinan la representaci&oacute;n del mal radical con la memoria y la reparaci&oacute;n moral de las v&iacute;ctimas? Es la pregunta que surge frente al documental <em>The Round Number </em>(2021), de David Fischer, proyectado recientemente en el Bafici. El t&iacute;tulo refiere a la cifra de <em>seis millones</em>, un &ldquo;n&uacute;mero sagrado&rdquo; que en general se prefiere mantener intocado y que Fisher, que se presenta como un &ldquo;hijo de la Sho&aacute;&rdquo;, se propone interrogar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        &nbsp;<strong>El s&iacute;mbolo cristaliza en la conciencia y la memoria una representaci&oacute;n tangible, f&aacute;cilmente disponible, de la magnitud de un crimen radical, que resiste la comparaci&oacute;n y la explicaci&oacute;n.</strong> Por eso se ha convertido en un territorio de disputas enconadas. Como es sabido, la discusi&oacute;n sobre el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas ha sido un episodio reiterado en la pelea de quienes niegan el acontecimiento o buscan reducir su importancia. <strong>No son problemas ajenos a la experiencia argentina, en la que tambi&eacute;n sigue abierta la discusi&oacute;n sobre el n&uacute;mero de desaparecidos.</strong> Por supuesto, se trata de situaciones muy distintas y no quiero abonar el camino de las analog&iacute;as f&aacute;ciles entre el Holocausto y el terrorismo de estado en la Argentina. En todo caso, lo dejar&eacute; para otra nota.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Sobre el &ldquo;negacionismo&rdquo; cabe una aclaraci&oacute;n: el negacionista no tiene preguntas, no se interesa en corregir las cifras ni quiere conocer mejor qu&eacute; pas&oacute;; no busca interrogar el origen del s&iacute;mbolo, sino s&oacute;lo justificar una creencia previa y respaldar a los perpetradores. Por supuesto, Fisher lo sabe muy bien y elige separarse de esa contienda. Se pregunta de d&oacute;nde sali&oacute; el n&uacute;mero y no pretende negarlo o achicarlo. Por el contrario, admite que puede ser mucho mayor si se incluye a los que murieron despu&eacute;s, los que se suicidaron, los asesinados por sus vecinos o los sobrevivientes que, como sus propios padres, vieron su vida aplastada por el peso de la cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Fisher pertenece a la segunda generaci&oacute;n de sobrevivientes, vive y trabaja en Israel. Nadie cuestiona su derecho a investigar, incluso a hacer preguntas inc&oacute;modas que erosionan un s&iacute;mbolo que se sostiene a la vez en la memoria de los sobrevivientes y es una de las bases identitarias del Estado de Israel. Y cabe agregar que la embajada de ese pa&iacute;s patrocin&oacute; su participaci&oacute;n en el Bafici.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Protagonista mayor del film, explora cu&aacute;ndo, c&oacute;mo y por qu&eacute; el n&uacute;mero qued&oacute; inscripto en los testimonios y en los documentos. Investiga en primera persona y hace preguntas, muchas: c&oacute;mo surgi&oacute;, c&oacute;mo pudo establecerse antes de cualquier investigaci&oacute;n; c&oacute;mo se contaron, qui&eacute;n fue el primero y qui&eacute;n el &uacute;ltimo de la lista, a qui&eacute;nes incluir.. Emprende un viaje que estimula diversas reacciones y obliga a volver sobre los sentidos del acontecimiento. En este ejercicio de memoria, ejemplar si se quiere, no se trata de corregir la cifra con datos precisos. Las preguntas valen por s&iacute; mismas, muestran la voluntad de no dar nada por sentado. No son las de un historiador sino las de alguien que vuelve sobre las incertidumbres de una experiencia que lo involucra profundamente. Es, qu&eacute; duda cabe, un ejercicio de memoria que acepta las dudas y se enfrenta a sus l&iacute;mites, incluso de lo que no se puede saber, de lo incomprensible y propone una conversaci&oacute;n interminable en la que no hay respuestas definitivas sino nuevas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El film ofrece un recorrido que re&uacute;ne memorias vividas (ante todo la suya y la de su familia), la opini&oacute;n de los historiadores, argumentos legales y algunos hechos que marcaron la fijaci&oacute;n del s&iacute;mbolo: los juicios de Nurenberg (1945) y el proceso a Eichmann (1961). Alejado de las constricciones de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica pero nada provocador, Fisher sit&uacute;a su intervenci&oacute;n en un espacio de intersecci&oacute;n entre el saber de los historiadores, siempre provisional y disputado, la raz&oacute;n pol&iacute;tica (de los aliados en 1945 y del Estado de Israel en 1961) y los testimonios. Pero no hay una voz destacada de los sobrevivientes. En todo caso, esa voz la encarna el propio Fisher, su hermano y su padre.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En s&iacute;ntesis, <strong>no es posible saber el n&uacute;mero exacto y al mismo tiempo no hay que dejar de preguntar ni ceder al poder de los s&iacute;mbolos. </strong>&nbsp;La pregunta por el origen tiene diversas respuestas. Yehuda Bauer, uno de los m&aacute;s reconocidos historiadores de la Sho&aacute;, expone una hip&oacute;tesis que otros rechazan: si ese n&uacute;mero ya circulaba entre los sobrevivientes en el final de la guerra s&oacute;lo pod&iacute;a provenir de los propios nazis que se vanagloriaban de &eacute;l. Una hip&oacute;tesis alternativa es que fue transmitido por los sovi&eacute;ticos a trav&eacute;s de Ilya Ehrenberg, corresponsal de guerra que lleg&oacute; a los campos con las tropas. En 1961, en el Juicio de Jerusalem, se dice que Eichmann lo transmiti&oacute; a Wilhem Hoettl en 1944; y siguen los evidencias y las hip&oacute;tesis..
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Fisher no elude una de las cuestiones m&aacute;s espinosas, que fue esgrimida muchas veces por los detractores del Holocausto: <strong>la cifra de seis millones estaba ya instalada </strong><em><strong>antes</strong></em><strong> de la Segunda Guerra Mundial y se refer&iacute;a a una estimaci&oacute;n de los jud&iacute;os perseguidos o amenazados en Europa.</strong> Chaim Weizmann, un l&iacute;der del movimiento sionista (que fue el primer presidente del Estado de Israel en 1948) lo dec&iacute;a en un discurso, en 1936. Hay evidencias de que el n&uacute;mero circulaba a&uacute;n antes, en los a&ntilde;os de la Primera Guerra Mundial, como un argumento del nacionalismo sionista, a favor de la necesidad de una patria jud&iacute;a. Habr&iacute;a nacido como un dato &ldquo;demogr&aacute;fico&rdquo;, a partir de la poblaci&oacute;n jud&iacute;a que viv&iacute;a en Europa y de cu&aacute;ntos de ellos pod&iacute;an ser v&iacute;ctimas potenciales de amenazas antisemitas. Es claro que no era un argumento infundado, dados los antecedentes en la historia europea moderna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En fin, que el s&iacute;mbolo haya nacido antes de la Sho&aacute;, asociado al sionismo, no alcanza para refutar que hubo un genocidio <strong>y que las v&iacute;ctimas fueron entre 5 y 5.5 millones seg&uacute;n las investigaciones confiables.</strong> La cuesti&oacute;n merece un tratamiento m&aacute;s extenso, pero lo importante, m&aacute;s all&aacute; de la precisi&oacute;n en los n&uacute;meros, concierne <strong>al valor &eacute;tico y pol&iacute;tico de la libertad de investigaci&oacute;n y de la deliberaci&oacute;n aut&oacute;noma de la sociedad sobre su historia. </strong>Si bien los historiadores interrogados admiten que no fueron seis millones, de all&iacute; se siguen respuestas muy distintas. Hay quienes rechazan el proyecto mismo o deciden mantener separado lo que conocen de la defensa p&uacute;blica del s&iacute;mbolo consagrado. Yehuda Bauer expresa un ideal que todos suscriben: &ldquo;Tenemos la obligaci&oacute;n de llegar lo m&aacute;s cerca posible de la verdad.&rdquo; Pero casi no se ocup&oacute; del tema en su extensa obra. Considera que el n&uacute;mero es err&oacute;neo y a la vez no cree que sea necesario discutirlo. Alcanza, dice, con saber que fueron millones. Para la historiadora Hanna Yablonka, por el contrario, el n&uacute;mero importa mucho y es crucial. Quiere saber cu&aacute;ntos fueron, todos y cada uno. &ldquo;Uno m&aacute;s hace una diferencia&rdquo;, dice. Ese conocimiento hist&oacute;rico no renuncia a conocer en particular, persigue y busca la verdad en cada caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Lo que se advierte en el contrapunto de argumentos es que tienen ideas distintas acerca de esa &ldquo;verdad&rdquo; que persiguen. Yablonka no s&oacute;lo se sostiene en un modelo del oficio que persigue un saber lo m&aacute;s exhaustivo posible de lo particular. Tambi&eacute;n expone una idea secularizada de la voluntad de conocimiento, heredera del iluminismo, que interroga lo dado y no admite axiomas o convenciones sustra&iacute;das del cuestionamiento racional. Para Yehuda Bauer, en cambio, el n&uacute;mero preciso es insignificante porque su mira se concentra en el acontecimiento global y parte de otras convicciones. Ante todo es un historiador jud&iacute;o y su objeto es la Sho&aacute; como tal, que no tiene precedentes. (Evita hablar de &ldquo;&uacute;nico&rdquo;, un t&eacute;rmino que tambi&eacute;n se aplic&oacute; al acontecimiento y que ha generado muchas pol&eacute;micas). No quiero poner palabras que no dice en el film, pero su prop&oacute;sito apunta, creo, a una historia atravesada por una intenci&oacute;n moral, de reparaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas que prevalece sobre un ideal de neutralidad en el trabajo sobre documentos y cifras.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Qui&eacute;n tiene raz&oacute;n? Alcanza con poner en evidencia que hay m&aacute;s de una manera de conjugar la b&uacute;squeda de la verdad. Y cada uno, coherente con esos principios, ha sido capaz de producir conocimiento y contribuir a que pueda ser pensado y discutido un acontecimiento que se sit&uacute;a en los l&iacute;mites de la raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;El final de tu pel&iacute;cula es el comienzo de una conversaci&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;, dice Hanna Yablonka, que es quien m&aacute;s cerca se muestra de los prop&oacute;sitos del director. En efecto, el propio recorrido del film, la trama de las distintas posiciones, la discusi&oacute;n de las evidencias y las conjeturas, constituyen un ejercicio virtuoso de una cultura de la conversaci&oacute;n, una puesta de la historia en la escena p&uacute;blica ciudadana que concierne a problemas y sentidos que cimentan una comundad pol&iacute;tica y moral. Y lo hace a contramano de este tiempo crispado por el encierro de facciones o las rutinas de la &ldquo;cancelaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>No hace falta decirlo, la sociedad argentina enfrenta su propio pasado de cr&iacute;menes y violencias que se traducen, entre otras cosas, en las dificultades para investigar y discutir los hechos y los n&uacute;meros. Hacer las preguntas que casi nadie hace es algo muy distinto a negar o rechazar los hechos. No se trata de borrar el s&iacute;mbolo sino de indagar en la relaci&oacute;n siempre compleja con el acontecimiento y con la experiencia.</strong> Puede ser dif&iacute;cil, pero no responde a una convicci&oacute;n previa, no busca reemplazar una fe por otra y no tiene nada que ver con la voluntad de imponer una verdad. En todo caso se trata de la voluntad de conocer y de pensar un pasado que no quede reducido a unas f&oacute;rmulas que clausuran la discusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>HV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/discutir-numero-shoa-seis-millones_129_8994101.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 May 2022 03:02:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Discutir el número: la Shoá y los seis millones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Holocausto,Shoa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La guerra en Europa: los derechos aplastados y las derivas imaginarias del “choque de civilizaciones"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/guerra-europa-derechos-aplastados-derivas-imaginarias-choque-civilizaciones_129_8884784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/493abc12-abcf-46c2-b11a-585105e6619f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra en Europa: los derechos aplastados y las derivas imaginarias del “choque de civilizaciones&quot;"></p><p class="article-text">
        Mucho se ha escrito y se seguir&aacute; escribiendo sobre la invasi&oacute;n militar y la cat&aacute;strofe humanitaria en Ucrania. En el mapa &ldquo;geopol&iacute;tico&rdquo; se proyectan diversas interpretaciones, se se&ntilde;alan causas y se imaginan desenlaces deseados o temidos. El escenario de la confrontaci&oacute;n realimenta un &aacute;nimo faccioso que impregna el esp&iacute;ritu p&uacute;blico, no s&oacute;lo en la Argentina.
    </p><p class="article-text">
        Sin dudas, el acontecimiento es el desemboque de un proceso complejo, hist&oacute;rico y pol&iacute;tico, la crisis de un ciclo que se remonta, por lo menos, a los a&ntilde;os del derrumbe de la URSS y al fracaso de Europa y del sistema internacional en establecer un orden de seguridad que dejara atr&aacute;s los alineamientos de la Guerra Fr&iacute;a. Pero lo que golpea en la escena presente son las formas terroristas de una violencia desmesurada que se descarga sobre la poblaci&oacute;n civil. <strong>Y la primera respuesta es (deber&iacute;a ser) moral y de justicia.</strong> No hay condiciones ni motivos que puedan borrar a las v&iacute;ctimas, a quienes sufren por el brutal cercenamiento de sus derechos y sus libertades, de su vida y su <em>seguridad</em>, un t&eacute;rmino que se repite y se presta a confusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;seguridad&rdquo; que impulsa a la guerra o, en el plano interno, a los servicios de inteligencia y los aparatos represivos sobre la sociedad (del tipo de la KGB o su sucesora la FSB), no tiene nada que ver y m&aacute;s bien se opone a la otra &ldquo;seguridad&rdquo;, la que descansa en las garant&iacute;as de la ley y el ejercicio de libertades fundamentales (menos tiene que que ver con la &ldquo;seguridad social&rdquo;, a cargo de eso que Bourdieu llamaba &ldquo;la mano izquierda del Estado&rdquo;, siempre insuficiente y relegada frente a la otra mano. Pero ese es otro tema). Frente a las evidencias de que la seguridad (o la &ldquo;raz&oacute;n&rdquo;) de Estado, y la l&oacute;gica de la guerra, aplasta la otra seguridad, la de los derechos y garant&iacute;as, cabe destacar <strong>el valor fundamental de la justicia, un cimiento civilizatorio edificado a lo largo de los siglos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La contienda se extiende a un clima de confrontaci&oacute;n que borra el paradigma de los derechos humanos, bastante ausente en el discurso intelectual sobre la guerra,<a href="https://www.lavoz.com.ar/mundo/rusia-los-usos-de-la-historia-y-la-cultura-de-los-derechos-humanos/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> tal como lo ha se&ntilde;alado C&eacute;sar Ctach.</a> Por supuesto, tambi&eacute;n corresponde aplicar las disposiciones del derecho internacional que juzga la responsabilidad de los estados. Aunque en ese terreno, como es sabido, suele operar la l&oacute;gica de los bloques y las hegemon&iacute;as, m&aacute;s que los principios de una justicia aut&oacute;noma respecto de las relaciones de poder.
    </p><p class="article-text">
        Me interesa detenerme en las representaciones del conflicto que involucran valores y visiones del mundo que no est&aacute;n tan alejados de los que intervienen (o deber&iacute;an) en nuestras discusiones sobre lo que significa una pol&iacute;tica y una cultura de la democracia. Las libertades cercenadas se extienden, m&aacute;s all&aacute; del pueblo ucraniano que sufre la brutal invasi&oacute;n, a <strong>otras v&iacute;ctimas </strong>que merecen apoyo y solidaridad; <strong>en especial a los rusos opositores, perseguidos y reprimidos por un r&eacute;gimen dispuesto a suprimir toda disidencia.</strong> La brutalidad de la violencia desatada en la acci&oacute;n externa ha tenido su correlato en la represi&oacute;n interna, en la instauraci&oacute;n de un orden represivo que ha buscado, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, aplastar la sociedad civil rusa y ha violado sistem&aacute;ticamente derechos y libertades. Por supuesto, los cr&iacute;menes de la guerra son incomparables por la magnitud de la destrucci&oacute;n, los miles de muertos, los deportados, los millones de desplazados. Pero las acciones contra el &ldquo;enemigo interno&rdquo;, menos visibles para la opini&oacute;n p&uacute;blica y menos denunciadas en su momento, constituyen condiciones previas, necesarias puede decirse, si no de la guerra misma, de las formas brutales que ha adoptado, contrarias a las normas b&aacute;sicas del derecho, aun en tiempos de guerra.
    </p><p class="article-text">
        Agrego un problema que sin duda merece un an&aacute;lisis m&aacute;s detenido: las visiones sobre Rusia y Europa. Hace poco, Etienne Balibar advert&iacute;a contra los riesgos de ver esta guerra como un enfrentamiento de Europa contra<a href="https://lamesa.com.ar/dossiers/la-guerra-contra-ucrania/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> Rusia concebida como un enemigo de Occidente.</a>  Algunos lo han simplificado con el t&eacute;rmino &ldquo;rusofobia&rdquo; y muestran el ejemplo del furor cancelatorio que se ha descargado sobre deportistas, artistas o escritores, como si se tratara de borrar la lengua, las tradiciones y la propia existencia de Rusia como entidad pol&iacute;tica y cultural. Otros, sobre todo en la simplificaci&oacute;n medi&aacute;tica, agregan el clich&eacute; del <em>choque de civilizaciones</em>, un estereotipo propio de las visiones beligerantes que trasladan la guerra al plano de las sociedades y la cultura. Edward Said, en 2001, en respuesta a las tesis de Huntington, lo traduc&iacute;a como &ldquo;choque de ignorancias&rdquo;. Pon&iacute;a el foco en la guerra contra el Islam, pero <strong>los rasgos mayores de esa construcci&oacute;n imaginaria se ponen en juego ahora respecto de una civilizaci&oacute;n, rusa, o eslava, que se considera compacta y sin conflictos. </strong>Para eso se reniega de la historia. Cualquiera que haya frecuentado, no digo los estudios eruditos sino el cine ruso, puede atestiguar que el propio significado de una cultura nacional ha sido objeto de extensos debates de interpretaci&oacute;n desde, por lo menos, el siglo XIX. Por otra parte, trat&aacute;ndose de Rusia, la idea de una Europa cerrada sobre s&iacute; misma como basti&oacute;n de Occidente se alimenta de un revival de la Guerra Fr&iacute;a. Y en los pa&iacute;ses del Este moviliza, casi forzosamente, las memorias de la dominaci&oacute;n sovi&eacute;tica, es decir,<strong> la experiencia del imperialismo &ldquo;real&rdquo; y vivido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo importante es advertir que la misma mitolog&iacute;a pol&iacute;tica de la identidad y la unidad del pueblo o de la civilizaci&oacute;n, que suprime los debates internos en la larga historia de las relaciones de Rusia con las tradiciones europeas,<strong> se advierte en la cosmovisi&oacute;n expresada por Putin y sus seguidores.</strong> La figura del&nbsp; &ldquo;choque de civilizaciones&rdquo; opera indistintamente para reforzar la representaci&oacute;n de una guerra total en favor de Occidente o la de una civilizaci&oacute;n &ldquo;euroasi&aacute;tica&rdquo; dirigida por Rusia y destinada a suprimir la hegemon&iacute;a del Occidente liberal y decadente. El mismo paradigma dado vuelta imagina que la Santa Rusia, <strong>la &ldquo;civilizaci&oacute;n de la tierra&rdquo; y de los valores tradicionales, reforzados por la religi&oacute;n ortodoxa, debe prevalecer contra la Europa moderna, laica, cuna del parlamentarismo y los derechos del hombre. </strong>Un gur&uacute; del nuevo evangelio es Aleksandr Dugin que aparece como el &ldquo;fil&oacute;sofo&rdquo; m&aacute;s destacado de la versi&oacute;n rusa del &ldquo;choque de civilizaciones&rdquo;. Dugin ha estado en la Argentina m&aacute;s de una vez y ha convencido a algunos de que el peronismo (la &ldquo;comunidad organizada&rdquo;, la &ldquo;tercera posici&oacute;n&rdquo;, la unidad latinoamericana, etc.) podr&iacute;a agregarse en esta visi&oacute;n prof&eacute;tica de una edad de oro<a href="https://www.infobae.com/cultura/2020/10/10/quien-es-y-como-piensa-aleksandr-dugin-el-filosofo-favorito-de-putin-seducido-por-el-peronismo/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> en la que la fuerza de la tierra (de la estepa y de la pampa) imponga una nueva hegemon&iacute;a global.</a>
    </p><p class="article-text">
        Es in&uacute;til ensayar un an&aacute;lisis ideol&oacute;gico de ese amasijo de t&oacute;picos y consignas. Dugin (que estuvo en los noventa entre los fundadores de un Partido Nacional Bolchevique) puede ser alternativamente presentado como un profeta del nuevo fascismo o como un agitador de las esperanzas del viejo antiimperialismo que sue&ntilde;a con ver a los EEUU derrotados, es decir, <strong>volver a los tiempos de la Guerra Fr&iacute;a y dar vuelta la historia.</strong> En verdad, esa condensaci&oacute;n de motivos de izquierda y derecha da cuenta de un fen&oacute;meno m&aacute;s amplio, propio de los nacionalismos agresivos que se han extendido en Am&eacute;rica Latina y que, sin mucho an&aacute;lisis, se consideran hoy como parte del paisaje de las izquierdas. Tampoco es nueva en la Argentina peronista, algo que Dugin parece haber advertido cuando busca apropiarse del legado de Per&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En fin, ingresar en esa esfera de las representaciones pol&iacute;ticas <strong>supone adentrarse en un registro de lo imaginario que, como el inconsciente freudiano, no conoce la contradicci&oacute;n. </strong>En este punto, las discusiones sobre la guerra en Ucrania, las justificaciones y los relatos que la acompa&ntilde;an, nos conciernen y se tocan con cuestiones, como el nacionalismo y el &ldquo;antiimperialismo&rdquo;, que requieren ser pensadas por encima de los alineamientos autom&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Balibar se levanta contra esas trincheras de la memoria, contaminadas por el peso de las guerras y las fracturas en la historia europea del siglo XX. Recupera la mejor tradici&oacute;n de la izquierda, el internacionalismo de la solidaridad, para sostener que no es una guerra contra un enemigo externo sino que se da &ldquo;dentro del conjunto hist&oacute;rico, cultural y pol&iacute;tico que llamamos Europa&rdquo;; que incluye a Rusia. M&aacute;s all&aacute; de la cat&aacute;strofe, de los enclaves mutuamente excluyentes, proyecta el horizonte de una Europa multicultural y aut&oacute;noma respecto de los bloques dominantes.
    </p><p class="article-text">
        La coyuntura se presenta como <strong>una prueba decisiva para la cultura de izquierda. </strong>Separa en forma tajante a quienes celebran la guerra de Putin (por ejemplo, el Partido Comunista Argentino, fiel a otra tradici&oacute;n, la del estalinismo) de quienes, fieles a la tradici&oacute;n de la solidaridad internacional con los oprimidos, se muestran dispuestos a expresar su adhesi&oacute;n y su apoyo a los disidentes rusos, los que resisten no s&oacute;lo la guerra sino el r&eacute;gimen corrupto y represivo de Vladimir Putin.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>HV/CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/guerra-europa-derechos-aplastados-derivas-imaginarias-choque-civilizaciones_129_8884784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Apr 2022 03:04:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La guerra en Europa: los derechos aplastados y las derivas imaginarias del “choque de civilizaciones"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra en Ucrania,Rusia,Ucrania,Vladimir Putin]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuba: el mito y los usos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuba-mito-usos_129_8548992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/355d2545-9e08-44ef-8fc8-dcf286feb549_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuba: el mito y los usos"></p><p class="article-text">
        Cuba vuelve a estar en la discusi&oacute;n p&uacute;blica a ra&iacute;z de la proyectada acci&oacute;n del 15 de noviembre. La &ldquo;Marcha C&iacute;vica por el Cambio&rdquo; buscaba retomar las hist&oacute;ricas manifestaciones&nbsp;<a href="https://www.vozdeamerica.com/a/america-latina_sos-cuba-cubanos-piden-corredor-humanitario-pandemia/6075142.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del 11 de julio</a>, que fueron las m&aacute;s importantes en d&eacute;cadas y mostraron un extendido &aacute;nimo opositor. Pero esta vez el aparato de seguridad estaba prevenido; <a href="https://www.eldiarioar.com/latinoamerica/gobierno-cubano-desactiva-marcha-15n-desplegar-gran-dispositivo-policial_1_8493285.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pudo desarticular la protesta </a>y evitar las im&aacute;genes de la represi&oacute;n en las calles, que se viralizaron por todo el mundo hace tres meses, y los arrestos que siguieron. La rebeli&oacute;n de julio despert&oacute; en la opini&oacute;n (m&aacute;s afuera que adentro de la isla) la idea de un final del r&eacute;gimen, una conjetura que desconoce las condiciones y dispositivos de un poder edificado desde hace muchos a&ntilde;os. Por otra parte, es dudoso que el cambio de r&eacute;gimen (o sea, la ca&iacute;da del socialismo a la cubana) sea el objetivo general de las protestas.
    </p><p class="article-text">
        Vale la pena, entonces, tratar de cernir algunos rasgos de la actual situaci&oacute;n. Y dada mi posici&oacute;n, separada del escenario interno de las crisis, lo que puedo aportar se focaliza en los efectos, las repercusiones que activan y movilizan representaciones de larga data sobre la revoluci&oacute;n, que han alimentado el imaginario pol&iacute;tico, no s&oacute;lo latinoamericano.
    </p><h3 class="article-text">Las libertades</h3><p class="article-text">
        En Cuba se sancion&oacute; una nueva Constituci&oacute;n hace dos a&ntilde;os. Es muy f&aacute;cil consultarla (v&eacute;ase, por ejemplo, <a href="http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20191016105022/Constitucion-Cuba-2019.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ac&aacute;</a>).&nbsp;Define al Estado cubano como un &ldquo;estado socialista de derecho&rdquo;. Y consagra una serie de libertades y derechos b&aacute;sicos: una rep&uacute;blica &ldquo;fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la &eacute;tica de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva&rdquo; (Art. 1). Establece que &ldquo;todas las personas tienen derecho a la vida, la integridad f&iacute;sica y moral, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz, la salud, la educaci&oacute;n, la cultura, la recreaci&oacute;n, el deporte y a su desarrollo integral&rdquo; (Art.46). Afirma que &ldquo;el Estado reconoce, respeta y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresi&oacute;n&rdquo; (Art.54). En el plano de la legalidad formal no habr&iacute;a justificativos para la represi&oacute;n de las protestas y las detenciones, que en principio violan las garant&iacute;as consagradas en la Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que <strong>en Cuba existe una legalidad disociada que da cuenta de una organizaci&oacute;n duplicada de los poderes</strong>. Para decirlo en el viejo vocabulario de Marx, la Constituci&oacute;n es s&oacute;lo la superestructura, separada de la base material, en este caso los dispositivos de dominaci&oacute;n social y pol&iacute;tica que fundan en otros principios y operan con otra l&oacute;gica. El aparato de seguridad no responde al &ldquo;Estado de derecho&rdquo;: fijado en el momento revolucionario sigue funcionando como un <em>estado de excepci&oacute;n</em>, lo que implica la efectiva supresi&oacute;n de esos derechos consagrados por la Constituci&oacute;n. O sea, la figura (o el fantasma) de la guerra civil revolucionaria se prolonga por m&aacute;s de 60 a&ntilde;os. Y esa superposici&oacute;n del pasado en la crisis presente, las escenas del pasado que oprimen el cerebro y la conciencia de los actores, se expande en las repercusiones fuera de la isla, que ven en las protestas el alzamiento contra una revoluci&oacute;n que en verdad ya no existe desde hace d&eacute;cadas. &iquest;C&oacute;mo abordar esa mixtura de espejismos y malentendidos?
    </p><h3 class="article-text">El bloqueo</h3><p class="article-text">
        Las sanciones contra Cuba por parte de EEUU se integran en el cuadro de ese pasado congelado. Bloqueo o embargo, m&aacute;s all&aacute; de las consecuencias en la econom&iacute;a y la vida cotidiana, aun admitiendo que su efectividad se ha reducido por la apertura con Europa y Am&eacute;rica Latina, lo cierto es que proporciona un argumento y una justificaci&oacute;n, pol&iacute;tica, ideol&oacute;gica y simb&oacute;lica, para mantener esa escena congelada. El mundo es otro, ya no hay una confrontaci&oacute;n global. <strong>Cuba no es un Estado revolucionario y mucho menos puede ser una amenaza para los EEUU, como en el tiempo de la crisis de los misiles.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuba pervive como el <em>Museo de la Guerra Fr&iacute;a</em>, un resto arcaico alimentado desde el r&eacute;gimen, pero tambi&eacute;n desde los EEUU, y no s&oacute;lo por la derecha republicana. M&aacute;s all&aacute; de las invocaciones a la causa de los derechos humanos (un t&oacute;pico que, en las declaraciones de los gobiernos, siempre se inclina a la duplicidad y que, por otra parte, no ha sido un factor determinante en la pol&iacute;tica exterior estadounidense ), el problema de Cuba se ha convertido en un problema de la pol&iacute;tica dom&eacute;stica de los EEUU que concierne a los votos del estado de Florida. Sin esa implantaci&oacute;n en las luchas pol&iacute;ticas internas seguramente el problema del bloqueo se hubiera resuelto hace mucho.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuba pervive como el Museo de la Guerra Fría, un resto arcaico alimentado desde el régimen, pero también desde los EEUU, y no sólo por la derecha republicana</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, es un factor que est&aacute; all&iacute; y no puede ser obviado. Es lo que advierten las nuevas organizaciones de la protesta y la disidencia que, por m&aacute;s que traten de eludirlo, se encuentran metidos en un escenario que los retrotrae a ese pasado que no pasa. Lo que es claro es que el modelo de r&eacute;gimen, el partido &uacute;nico (que hoy casi no existe, salvo Corea del Norte y China), el poder de la burocracia pol&iacute;tica y militar, los dispositivos de la regimentaci&oacute;n de la sociedad, no son una respuesta al bloqueo sino que reproducen una matriz que viene del modelo sovi&eacute;tico.
    </p><h3 class="article-text">El mito</h3><p class="article-text">
        Hay un mito Cuba. La escena congelada de la Revoluci&oacute;n, condensada en la figura del Che Guevara, se ha extendido globalmente y perdura en las representaciones que desmienten la evidencia de que Cuba hoy no tiene nada que ofrecer a ning&uacute;n programa de cambios profundos en la sociedad o la pol&iacute;tica. Las condiciones de la implantaci&oacute;n del mito, hace 60 a&ntilde;os, son conocidas. Es m&aacute;s que el guevarismo que se extendi&oacute; por Am&eacute;rica Latina en los 70. El mito se termin&oacute; de amasar en Europa e inclu&iacute;a varios componentes. Por un lado, la erosi&oacute;n del otro mito poderoso que asociaba la revoluci&oacute;n a la clase obrera. Despu&eacute;s de 1968 o de la luchas de Solidaridad en Polonia (una clase obrera m&aacute;s amiga del Papa que de las ense&ntilde;anzas de Lenin) era claro que el motor y los agentes de la revoluci&oacute;n estaban en otra parte, en las luchas del Tercer Mundo, los campesinos, los desheredados o los j&oacute;venes estudiantes.
    </p><p class="article-text">
        A lo que se agregaba el componente nacionalista: la escena poderosa del d&eacute;bil que se enfrentaba al fuerte, el David que se plantaba frente a Goliath, frente al imperialismo y la prepotencia norteamericana, con una larga historia en Am&eacute;rica Latina. Finalmente, y no menos importante, la estrella del castrismo global se montaba sobre el desprestigio del curso de la pol&iacute;tica en la URSS en la era Br&eacute;zhnev. Parte del mito resid&iacute;a en la idea de una <em>excepcionalidad</em> cubana respecto del modelo sovi&eacute;tico. Finalmente se mostr&oacute; que era una ilusi&oacute;n. <strong>Cuba no s&oacute;lo ha sido un sat&eacute;lite de la URSS en la pol&iacute;tica internacional (en el apoyo a la dictadura argentina en los foros internacionales, por ejemplo), sino que se ha mostrado como el Estado que mejor aprendi&oacute; y transmiti&oacute; los m&eacute;todos de la KGB.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Algunos, en la izquierda, como Cornelius Castoriadis, lo vieron hace mucho. En 1985 estuvo en Buenos Aires, en la Facultad de Psicolog&iacute;a, y le preguntaron por Cuba (yo estaba ah&iacute;). Respondi&oacute; brevemente que ya se hab&iacute;a ocupado del modelo sovi&eacute;tico y no ten&iacute;a nada que agregar. Se refer&iacute;a a los trabajos de <em>Socialisme ou barbarie</em>, que hab&iacute;a fundado con Claude Lefort en 1948 para&nbsp; denunciar las formas del poder burocr&aacute;tico y la dominaci&oacute;n totalitaria en la URSS. Las palmeras o el ritmo tropical no cambiaban el concepto de fondo sobre el tipo de r&eacute;gimen.
    </p><h3 class="article-text">La identidad y los usos</h3><p class="article-text">
        Los mitos perduran en las narrativas sobre Cuba, as&iacute; como perduran los dispositivos de seguridad y represi&oacute;n forjados en las d&eacute;cadas del totalitarismo en la URSS. Y alimentan una <em>identidad</em> de izquierda edificada en la nostalgia y el museo, m&aacute;s que en las ideas y los programas capaces de transformar la realidad. No se si la rebeld&iacute;a se volvi&oacute; de derecha, pero lo que parece m&aacute;s claro es que hoy, para muchos, la identidad de izquierda es la de una <em>tribu</em> m&aacute;s apegada a los emblemas y las leyendas que a los valores y las promesas. La fe de los creyentes y la pertenencia sin fisuras est&aacute;n en las bases de las guerras pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas que denuncian en el enemigo las mismas faltas, o cr&iacute;menes, que niegan o encubren en los miembros de la tribu.
    </p><p class="article-text">
        La propaganda del r&eacute;gimen se replica en los slogans, impenetrables a la discusi&oacute;n de las ideas y de las experiencias. O en el uso c&iacute;nico por parte de algunos l&iacute;deres latinoamericanos. Por ejemplo, Lula dijo, sin ponerse colorado, que Cuba sin el bloqueo ser&iacute;a como Holanda. &Eacute;l sabe que no es as&iacute;. Conoce la diferencia entre un r&eacute;gimen arcaico forjado seg&uacute;n el modelo bolchevique y una democracia moderna. &Eacute;l mismo es parte de una izquierda forjada en las luchas democr&aacute;ticas y sabe que no tiene nada que aprender de Cuba. Pero, <strong>como otros dirigentes de la izquierda latinoamericana, decide que una visita el Museo de la Revoluci&oacute;n le agrega alguna p&aacute;tina de legitimidad, como una marca de pertenencia a ese colectivo imaginario</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Parece que no es f&aacute;cil resistirse a esos gui&ntilde;os c&oacute;mplices que tienen una aceptaci&oacute;n asegurada en la comunidad de creyentes. Lula, otra vez, reca&iacute;a en el cinismo (ojal&aacute; sea un virus pasajero) cuando, hace poco se preguntaba: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; Angela Merkel puede estar 16 a&ntilde;os en el poder y Ortega no?&rdquo;. Ser&iacute;a perder el tiempo explicarle algo que ya sabe: que Merkel no encarcel&oacute; a ning&uacute;n opositor ni forz&oacute; las leyes o la Constituci&oacute;n. Si se trata de comparar a Daniel Ortega con otros que gobernaron por muchos a&ntilde;os, &iquest;por qu&eacute; no evocar a alguien m&aacute;s cercano, Stroessner, que se mantuvo por m&aacute;s de 30 a&ntilde;os?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizá, un rasgo de nuestro tiempo sea ese uso cínico de la revolución, en las declaraciones públicas de dirigentes o gobernantes que en verdad ya no creen en ella.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por supuesto, para quien conoce la historia de las izquierdas a lo largo del siglo XX, hay rasgos que se repiten: el esp&iacute;ritu faccioso, la religi&oacute;n pol&iacute;tica, la entronizaci&oacute;n del l&iacute;der, la voluntad totalitaria. Pero esas creencias, desde los 30 y los 40 , se te&ntilde;&iacute;an del esp&iacute;ritu de la tragedia; la guerra estaba ah&iacute; como un l&iacute;mite real y el compromiso revolucionario implicaba sacrificios y riesgos.<strong> Quiz&aacute;, un rasgo de nuestro tiempo sea ese uso c&iacute;nico de la revoluci&oacute;n,&nbsp;en las declaraciones p&uacute;blicas de dirigentes o gobernantes que en verdad ya no creen en ella.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, m&aacute;s all&aacute; del mito y los usos, se trata de recuperar, para la izquierda, una discusi&oacute;n sobre Cuba que sea la vez pol&iacute;tica y &eacute;tica. Hay una consigna que se repite en la izquierda, casi como un mantra que cubre todo: &ldquo;No hay que hacerle el juego a la derecha&rdquo;. Me gustar&iacute;a proponer otra: &ldquo;No hay que hacerle el juego a los despotismos&rdquo;, a las dictaduras, a los reg&iacute;menes que aplastan las libertades. Es un compromiso real con el ideal de la democracia, que recupera un valor fundamental de la izquierda, que es la defensa de las v&iacute;ctimas, de los oprimidos, de los que ven cancelados sus derechos y su dignidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>HV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuba-mito-usos_129_8548992.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Dec 2021 03:29:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuba: el mito y los usos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuba,Daniel Ortega,Angela Merkel,Luiz Inácio Lula da Silva]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Otra vez el Padre Mugica: un diálogo con una respuesta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vez-padre-mugica-dialogo-respuesta_129_7990038.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a46e618b-b994-430c-be4a-15e3665d61ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otra vez el Padre Mugica: un diálogo con una respuesta"></p><p class="article-text">
        Mi art&iacute;culo <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/asesinato-padre-mugica-certezas-dudas-errores-respuesta-hugo-vezzetti_129_7983107.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre el padre Mugica</a> ha merecido una respuesta cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Celebro la discusi&oacute;n que concierne, creo, a lo que ha sido llamado el &ldquo;uso p&uacute;blico&rdquo; de la historia, un &aacute;mbito de deliberaci&oacute;n que excede el campo de los historiadores. Por supuesto, en ese uso se ponen en cuesti&oacute;n las evidencias y las fuentes, los clis&eacute;s y las inferencias, las hip&oacute;tesis justificables y los alineamientos autom&aacute;ticos, que dibujan el mapa de cuestiones que pueden y deben ser discutidos. Veamos los temas planteados en la intervenci&oacute;n cr&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Primero</em>: <em>la autor&iacute;a</em>. Mi nota no trata s&oacute;lo sobre el asesinato ni se propone volver sobre qui&eacute;n lo mat&oacute;. No me propongo investigar el hecho en s&iacute; sino el modo c&oacute;mo retorna hacia el presente. Creo que el texto es bastante claro en ese sentido. <strong>Mis cr&iacute;ticos me hacen decir lo que no digo: que lo mat&oacute; Montoneros.</strong> Justamente trat&eacute; de salir de las acusaciones cruzadas para intervenir sobre <em>qu&eacute; se hizo y qu&eacute; se hace con esa muerte</em>. En verdad, al mencionar a Almir&oacute;n, el testimonio de Capelli y el de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Sampay" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Arturo Sampay</a>, que ve&iacute;a por detr&aacute;s la mano de Per&oacute;n, creo que mi nota da argumentos para la &ldquo;hip&oacute;tesis Triple A&rdquo;. Sobre todo, porque me detengo en lo que es una evidencia: Per&oacute;n <em>no asisti&oacute; al velatorio de Mugica ni conden&oacute; el asesinato</em>. Lo digo: &ldquo;no respondi&oacute; al asesinato de Mugica del modo en que lo hizo frente al de Rucci&rdquo; y lo tomo como una confirmaci&oacute;n de que se trataba de <em>fuego propio</em>, es decir, la Triple A. De modo que no s&oacute;lo no desmiento esa autor&iacute;a, sino que aporto un indicio a favor, que mis contradictores no toman en cuenta porque omiten mencionar a Per&oacute;n. Llama la atenci&oacute;n que en el profuso despliegue de evidencias y argumentos para confirmar la autor&iacute;a de la Triple A, no aparece el Jefe y Presidente, sino s&oacute;lo L&oacute;pez Rega. Quiz&aacute; les falta revisar alguna bibliograf&iacute;a sobre la Triple A. Les recomiendo el libro de Sergio Bufano y Lucrecia Teixid&oacute;. (<em>Per&oacute;n y la Triple A: las veinte advertencias a Montoneros</em>, Sudamericana, 2015.)
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;Segundo: el esclarecimiento</em>. <strong>En efecto, no tuve en cuenta la causa tramitada por el Juez Norberto Oyarbide desde 2006. Me hago cargo de esa omisi&oacute;n.</strong> Aun as&iacute;, el tr&aacute;mite judicial estuvo lejos de mostrar &ldquo;un esfuerzo decidido por esclarecer el asesinato de Mugica&rdquo; como se dice en la cr&iacute;tica. Es de dominio p&uacute;blico que la causa se origin&oacute; en un art&iacute;culo period&iacute;stico que daba cuenta de la presencia de Almir&oacute;n en Espa&ntilde;a. No surgi&oacute; de una decisi&oacute;n del Estado argentino. Su objeto era la Triple A, no el crimen de Mugica. En 2010, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, la C&aacute;mara Federal cuestion&oacute; la pasividad del juez, quien finalmente, en 2014 la cerr&oacute; y envi&oacute; a juicio a cinco detenidos. La misma fuente citada en el art&iacute;culo <a href="http://www.archivoinfojus.gob.ar/provinciales/mugica-un-crimen-impune-y-una-causa-judicial-en-via-muerta-1666.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dice que se trataba de una &ldquo;causa muerta&rdquo;</a>. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Puede haber otras evidencias en el expediente que no conozco. Lo cierto es que no se puede decir que &ldquo;no se hizo nada&rdquo; (admito la cr&iacute;tica), pero tampoco se puede decir que hubo desde el Estado, bajo el ciclo kirchnerista, una firme voluntad de investigar <em>ese</em> asesinato. Es claro que s&iacute; la hubo de investigar a la Triple A y de declarar sus delitos como de &ldquo;lesa humanidad&rdquo;. El problema, entiendo, es que no era un asesinato m&aacute;s, ya que exig&iacute;a investigar, por un lado, a Per&oacute;n y su c&iacute;rculo y, por otro, a Montoneros. No parece que el juez Oyarbide estuviera dispuesto a ir en esa direcci&oacute;n. <strong>Probablemente yo tengo una idea un poco m&aacute;s exigente del esclarecimiento y no me alcanza con la declaraci&oacute;n de la culpabilidad de Almir&oacute;n y, por extensi&oacute;n, de L&oacute;pez Rega con casi el &uacute;nico testimonio de Capelli, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s. &iquest;Hay que recordar lo que sabemos sobre las memorias retrospectivas? </strong>Es sabido que Oyarbide quizo indagar a Isabel Per&oacute;n y no pudo. &iquest;Quizo indagar al c&iacute;rculo de Per&oacute;n, dado que los cr&iacute;menes de la Triple A no comenzaron con Isabel? &iquest;A Bonasso o Antonio Cafiero, por ejemplo, a otros asistentes en la misa?&nbsp; No lo s&eacute;; y si alguno de los historiadores involucrados conoce el expediente me gustar&iacute;a saberlo. En todo caso, no me conformo con ese &ldquo;esclarecimiento&rdquo; judicial. Todo eso es debatible, pero para mi el tema no est&aacute; cerrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Tercero: las fuentes y las inferencias</em>. La declaraci&oacute;n de la justicia sobre la autor&iacute;a no cancela el problema que plantean los testimonios que, en principio, daban cuenta de que <em>Mugica cre&iacute;a que pod&iacute;a ser asesinado por Montoneros</em>. <strong>Situar el crimen y sus condiciones es un problema hist&oacute;rico, que no compete a los jueces.</strong> Y es lo que me interes&oacute; abordar. Si la organizaci&oacute;n liderada por Firmenich aparece asociada al crimen no es una ocurrencia o una adjudicaci&oacute;n a posteriori, sino que surge de las fuentes, ante todo del testimonio de Mugica recogido por Antonio Cafiero y Timerman. La menci&oacute;n de la condena en la &ldquo;c&aacute;rcel del pueblo&rdquo; en <em>Militancia</em>,&nbsp; daba cuenta de la profundidad del conflicto dentro del peronismo. Y no digo en ning&uacute;n lado que haya sido una &ldquo;sentencia de muerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Para mi prop&oacute;sito, que apunta a las representaciones m&aacute;s que al hecho, me alcanza con establecer que Mugica, que conoc&iacute;a muy bien a Montoneros, consideraba que <em>eran capaces de asesinarlo</em>. Lo mismo pensaban Timerman, Antonio Cafiero y otros. Mucho despu&eacute;s Juan Manuel Duarte, catequista en la Villa 1-11-14 <a href="https://www.infobae.com/2014/05/11/1563418-un-libro-reinstala-la-tesis-que-montoneros-asesino-mugica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reinstala el tema a partir de otros testimonios</a>: dice &ldquo;entregado&rdquo; y habla de &ldquo;colusi&oacute;n de intereses&rdquo; entre Montoneros y la Triple A. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El <em>problema hist&oacute;rico</em> de la asociaci&oacute;n de Montoneros con ese crimen no se resuelve en sede judicial y sigue abierto. De all&iacute; mis &ldquo;conjeturas&rdquo;, que no son &ldquo;contraf&aacute;cticas&rdquo; (porque no me refiero a hechos) ni enuncian &ldquo;verdades comprobadas&rdquo;. Digo: &ldquo;Es posible que en el instante &uacute;ltimo, cuando daba la vida por su causa, el Padre Mugica <em>no supiera de d&oacute;nde part&iacute;an las balas</em>.&rdquo; Me responden: &ldquo;es posible&rdquo;, tambi&eacute;n, que haya visto a Almir&oacute;n, en cuyo caso, en el final, supo quien disparaba. Hasta ahora se trata de conjeturas y no de hechos ni verdades: ninguna puede refutar a la otra. Lo que no cambia es que en el crimen mismo o en los proleg&oacute;menos, Mugica viv&iacute;a en la incertidumbre de no saber de d&oacute;nde pod&iacute;an provenir las balas. El &ldquo;n&uacute;cleo tr&aacute;gico&rdquo; que destaco es que en esa guerra (civil o no) entre peronistas Mugica no s&oacute;lo no ten&iacute;a un bando, sino que pod&iacute;a ser atacado desde las dos trincheras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La otra conjetura (<em>podr&iacute;a haber sido </em>Montoneros) obviamente no es un hecho pero tampoco una ocurrencia gratuita; y tambi&eacute;n surge de las fuentes. La guerra estaba declarada desde el asesinato de Rucci; poco despu&eacute;s, Per&oacute;n hablaba en la Plaza detr&aacute;s de un vidrio blindado por temor a un atentado. &iquest;Hay que recordar que el asesinato era el m&eacute;todo habitual de la guerrilla peronista?&nbsp; Todo eso lo sab&iacute;an y lo viv&iacute;an Mugica, Cafiero, Timerman y otros que acusaban a la Organizaci&oacute;n o pensaban que <em>pod&iacute;a haber sido</em>. No necesitaban los panfletos de <em>El Caudillo </em>para<em> </em>pensarlo. No veo c&oacute;mo se puede excluir esa experiencia de la violencia, las acciones y las responsabilidades si se busca un trabajo de comprensi&oacute;n y deliberaci&oacute;n p&uacute;blica sobre ese pasado.<em> </em>Una cosa es decir que no fueron los que apretaron el gatillo (nunca lo digo en mi texto), otra distinta es sacarlos de la escena. Ni Per&oacute;n ni Montoneros pueden ser borrados de esa historia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuarto: los sentidos y las apropiaciones</em>. Hay otras cuestiones que la intervenci&oacute;n cr&iacute;tica no considera y que est&aacute;n en el centro de lo que me interesa abrir a esta discusi&oacute;n sobre los usos de la historia. Como dije, m&aacute;s que el crimen me interesan las operaciones de sentido, las reescrituras y las deformaciones. Sobre todo las evocaciones o las construcciones que borran las aristas conflictivas o urticantes del pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Por un lado, est&aacute; la vieja cuesti&oacute;n de la &ldquo;identidad&rdquo; peronista, que surge cuando se evoca a Mugica como un &ldquo;peronista de ley&rdquo;. <strong>Me parece que all&iacute; se elude una cuesti&oacute;n espinosa: </strong><em><strong>quienes los mataron tambi&eacute;n eran peronistas</strong></em><strong>.</strong> M&aacute;s aun, el hecho de que Per&oacute;n no condenara el asesinato hace pensar que para el Padre del movimiento eran m&aacute;s &ldquo;de ley&rdquo; los peronistas que lo mataron o lo mandaron matar. Es un tema que forma parte del conocimiento hist&oacute;rico: <em>esa identidad estaba en disputa</em>, atravesada por la violencia y los cr&iacute;menes. Sigue hoy en disputa. Y francamente, creo que este intercambio es parte de ella.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La otra cuesti&oacute;n es m&aacute;s de fondo y concierne a otro cap&iacute;tulo de los usos de la figura de Mugica: el lugar de Montoneros en las memorias p&uacute;blicas de Mugica. Sobre eso me explay&eacute; un poco aunque exige una investigaci&oacute;n mayor, en la medida en que se integra a cierto retorno m&aacute;s reciente de una versi&oacute;n montonera, o neomontonera, en los &ldquo;relatos&rdquo; (como se usa decir) de la historia peronista. Durante veinte a&ntilde;os, por lo menos, m&aacute;s all&aacute; de la autor&iacute;a, la memoria p&uacute;blica de Mugica, de su vida y de su muerte, parec&iacute;a cancelar definitivamente su asociaci&oacute;n temprana con Montoneros. Ofrezco evidencias en mi nota, sobre todo el episodio en el que Marta Mugica, en 1995, echaba a Firmenich de una marcha en homenaje a su hermano; y nadie lo defend&iacute;a. Todo eso es muy conocido. Lo es menos, o ha quedado fuera de la discusi&oacute;n, la resignificaci&oacute;n que produjo el documental de Gabriel Mariotto y Gustavo Gordillo (1999), citado en mi nota, en el que ya no se trata de desmentir la autor&iacute;a de Montoneros sino de convertir a Firmenich en un disc&iacute;pulo del Padre Mugica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;C&oacute;mo y cu&aacute;ndo eso cambi&oacute;, de qu&eacute; modo esa nueva significaci&oacute;n&nbsp; interviene en los debates presentes, en la disciplina hist&oacute;rica tanto como en la pol&iacute;tica y la cultura, y en los usos que postulan un maridaje de pol&iacute;tica y catolicismo que llega al Vaticano? Son algunas de las preguntas hist&oacute;ricas que he intentado abrir. Dado que los autores de la cr&iacute;tica no dicen nada debo suponer que no les parece un tema que merezca ser discutido. O, m&aacute;s bien, que al silenciar el problema de las identidades y las filiaciones que problematizan las memorias del peronismo, lo que est&aacute; en juego ya no es s&oacute;lo una discusi&oacute;n de historiadores sino una intervenci&oacute;n sobre el presente que refuerza la operaci&oacute;n del documental de Mariotto y Gordillo. <strong>Hoy se puede celebrar a Mugica junto con el D&iacute;a del Montonero.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vez-padre-mugica-dialogo-respuesta_129_7990038.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Jun 2021 09:48:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Padre Mugica: el mito y la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-mugica-mito-historia_129_7955995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9215529a-69b8-44cc-b0b3-fe618c4af25e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Padre Mugica: el mito y la historia"></p><p class="article-text">
        La &ldquo;sombra&rdquo; de Carlos Mugica, como la de Facundo, retorna en el discurso p&uacute;blico. Cabe evocarla para interrogar tambi&eacute;n las convulsiones y los secretos que desgarran las memorias pol&iacute;ticas, ante todo del peronismo. <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/mugica-2021-cura-argentina-villera_129_7937967.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El mito de la &ldquo;Argentina villera&rdquo; o la estampa del m&aacute;rtir de los pobres </a>no sirve de mucho si se trata de <em>pensar</em> el asesinato como un acontecimiento cruel y a la vez revelador de su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, los mitos son necesarios, sost&eacute;n de una identidad y una pertenencia, pero sus funciones y sus usos deben entrar en el an&aacute;lisis pol&iacute;tico e hist&oacute;rico cuando pueden ser tanto evocados en Villa Lugano como oficiados, de un modo que alcanza la impostura, desde los sitiales del poder en Recoleta o Puerto Madero. <strong>En las memorias de Mugica, de su vida y de su muerte, se anudan muchas de las ambig&uuml;edades, los conflictos y las amnesias de la experiencia de esos a&ntilde;os. </strong>&iquest;Qu&eacute; hacer con ese conjunto revuelto de recuerdos y creencias, de odios y filiaciones?
    </p><p class="article-text">
        Ante todo, &iquest;qu&eacute; se puede conocer hoy, 47 a&ntilde;os despu&eacute;s, sobre esa muerte? Lo primero es advertir que<strong> si el asesinato no est&aacute; esclarecido es porque nunca se ha hecho nada, desde la justicia y el Estado, en los muchos a&ntilde;os de gobiernos peronistas, para esclarecerlo</strong>. Y es imposible volver sobre el hecho sin abordar los modos en que esa muerte ha sido evocada, interpretada, incluso manipulada.
    </p><p class="article-text">
        Sobran los testimonios y las intervenciones que adjudican el crimen a Montoneros o a la Triple A. &ldquo;Entre dos fuegos&rdquo;, es decir, entre las dos organizaciones, es la figura elegida por uno de sus bi&oacute;grafos, <a href="https://books.google.com.ar/books?id=pV5aAAAAMAAJ&amp;q=inauthor:%22Mart%C3%ADn+G.+de+Biase%22&amp;dq=inauthor:%22Mart%C3%ADn+G.+de+Biase%22&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;redir_esc=y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mart&iacute;n G. de Biase</a>, para situar el asesinato (<em>Entre dos fuegos. Vida y asesinato del padre Mugica</em>. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1998). En efecto, Mugica se hab&iacute;a enfrentado p&uacute;blicamente con L&oacute;pez Rega, despu&eacute;s de aceptar un cargo de asesor en el Ministerio de Bienestar Social. Pero tambi&eacute;n con Montoneros, a partir del asesinato de Rucci y de la guerra de la organizaci&oacute;n contra Per&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, si <a href="https://twitter.com/SantiCafiero/status/1392091722331656192?s=20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como afirma hoy Santiago Cafiero</a>, Mugica era un &ldquo;peronista de ley&rdquo;, lo cierto y lo tr&aacute;gico es que fue asesinado (o mandado asesinar) por otros peronistas que tambi&eacute;n se cre&iacute;an &ldquo;de ley&rdquo;. Todos coinciden en que Mugica tem&iacute;a por su vida: la muerte no lo tom&oacute; enteramente por sorpresa. Seg&uacute;n algunos allegados y compa&ntilde;eros de militancia pensaba que la amenaza proven&iacute;a de L&oacute;pez Rega. Pero hay otros testimonios, de Jacobo Timerman (que lo escribi&oacute; inmediatamente) y Antonio Cafiero (a posteriori) que dicen que, un par de d&iacute;as antes, pensaba que pod&iacute;a ser asesinado por Montoneros.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Es posible que en el instante &uacute;ltimo, cuando daba la vida por su causa, el Padre Mugica <em>no supiera de d&oacute;nde part&iacute;an las balas</em>. <strong>En esa incertidumbre se encierra el n&uacute;cleo m&aacute;s tr&aacute;gico de una guerra civil entre peronistas que arrasaba con el trabajo social o pol&iacute;tico que se desplegaba en los barrios y las villas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La hip&oacute;tesis que hace responsable a la Triple A parece fortalecida por el testimonio de Ricardo Capelli, que acompa&ntilde;aba a Mugica en el momento del atentado. Muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde declar&oacute; que hab&iacute;a reconocido a Rodolfo Almir&oacute;n, custodio de L&oacute;pez Rega, como el autor de los disparos. En esa direcci&oacute;n, Miguel Bonasso, en <em>El presidente que no fue. Los archivos ocultos del peronismo</em>, agreg&oacute; una hip&oacute;tesis m&aacute;s inquietante, a partir del testimonio ofrecido por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Sampay" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Arturo Sampay</a>, que conoc&iacute;a muy bien al General y su corte: &ldquo;El asesinato del padre Mugica es la respuesta de Per&oacute;n al retiro de ustedes en la Plaza. Es una operaci&oacute;n maquiav&eacute;lica, destinada a que los militantes de la Tendencia se maten entre s&iacute;. Demasiado inteligente para que se le haya ocurrido al animal de L&oacute;pez Rega&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No hay evidencias que sostengan la hip&oacute;tesis de que Per&oacute;n haya ordenado esa muerte. Lo que es cierto es que <em>no asisti&oacute; al velatorio de Mugica ni conden&oacute; ese asesinato</em>. Per&oacute;n no respondi&oacute; al asesinato de Mugica del modo en que lo hizo frente al de Rucci, lo que puede ser tomado como una confirmaci&oacute;n de que esta vez no hab&iacute;a sido Montoneros &iquest;Pod&iacute;a ignorarlo, cuando L&oacute;pez Rega era el devoto asistente que le alcanzaba las pantuflas todas las ma&ntilde;anas? Por otra parte, si hubiera cre&iacute;do que fue Montoneros seguramente hubiera aprovechado la ocasi&oacute;n para continuar su guerra, que no era s&oacute;lo verbal, contra los&nbsp;&ldquo;imberbes&rdquo; e &ldquo;infiltrados&rdquo; denunciados pocos d&iacute;as antes en la Plaza de Mayo. Ese d&iacute;a, el 1&ordm; de mayo de 1974, en la Plaza, Montoneros se retir&oacute; y Mugica se qued&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto, en verdad, hab&iacute;a empezado antes: en marzo, la revista <em>Militancia</em> <em>Peronista para la Liberaci&oacute;n</em>, que respond&iacute;a a la organizaci&oacute;n, incluy&oacute; a Mugica en su &ldquo;c&aacute;rcel del pueblo&rdquo;. Le marcaba sus contradicciones: &ldquo;conservador progresista&rdquo;, &ldquo;oligarca popular&rdquo;, &ldquo;revolucionario y defensor del Sistema&rdquo;. Lo llamaba &ldquo;cruzado del oportunismo&rdquo; y le reprochaba un supuesto acercamiento al lopezrreguismo. Mugica sab&iacute;a muy bien d&oacute;nde estaba parado cuando tem&iacute;a el ataque de la guerrilla peronista: <em>si no fue asesinado por Montoneros, probablemente ha sido porque la Triple A se&nbsp;adelant&oacute;</em>. Por supuesto,<strong> dado que la investigaci&oacute;n ha sido nula o deficiente, s&oacute;lo caben la conjeturas, que no es lo mismo que inventar un pasado que lo saca del barro, ensangrentado en este caso, de la pol&iacute;tica para elevarlo a los cielos de la santidad villera.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; el entonces acusado de oligarca y oportunista a ser celebrado por la misma facci&oacute;n peronista que no pierde oportunidad de ensalzar la gesta montonera? &iquest;C&oacute;mo se puede conmemorar al mismo tiempo la vida y la muerte de Mugica y la acci&oacute;n de aquellos que lo condenaron?<strong> Los enigmas de la memoria peronista (que tambi&eacute;n es la de todos porque, como dec&iacute;a el General, &ldquo;peronistas somos todos&rdquo;) se aclaran un poco en cuanto se busca investigar en la reescritura de esa historia que, como sab&iacute;a Freud, es la forma m&aacute;s lograda del olvido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay un primer tiempo en la relaci&oacute;n del Padre villero con Montoneros. En su camino de radicalizaci&oacute;n religiosa y pol&iacute;tica, Mugica coincidi&oacute; con Carlos Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, a los que conoci&oacute; en su trabajo en la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica del Colegio Nacional Buenos Aires. Particip&oacute; con ellos en una misi&oacute;n pastoral y de acci&oacute;n social en Tartagal. En contacto con la extrema pobreza y con la explotaci&oacute;n el grupo madur&oacute; su decisi&oacute;n de tomar las armas. Mugica alent&oacute; ese camino inicialmente pero luego desisti&oacute; de recorrerlo. Despu&eacute;s del asesinato de Aramburu, cuando Abal Medina y Ramos murieron en el enfrentamiento de William Morris, Mugica ofici&oacute; una misa y pidi&oacute; por ellos: &ldquo;que no hayan muerto en vano&rdquo;, dijo; y llam&oacute; a luchar por la justicia y la fraternidad. Estuvo detenido un tiempo por sus relaciones con el grupo, pero sigui&oacute; s&oacute;lo, acompa&ntilde;ado por los pobres de la villa a los que se dedic&oacute;. &ldquo;Estoy dispuesto a morir pero no a matar&rdquo;, es una cita de Mugica que ha sido repetida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las diferencias se convirtieron en fractura y enfrentamiento despu&eacute;s del retorno de Per&oacute;n y sobre todo con el asesinato de Jos&eacute; Rucci. En consecuencia, despu&eacute;s del asesinato, en la posdictadura y hasta avanzados los noventa era imposible reunir arm&oacute;nicamente la memoria de Mugica con la de Montoneros. Puede verse en la web un video de Marta Mugica, hermana de Carlos, en 1995, cuando echaba a Firmenich de una procesi&oacute;n que recordaba al cura villero. No lo acusaba del asesinato sino de la violencia, y le dec&iacute;a lo que el padre Mugica podr&iacute;a haber dicho de estar vivo: &ldquo;Usted hizo mucho da&ntilde;o al pa&iacute;s&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Firmenich se negaba a retirarse y se declaraba &ldquo;disc&iacute;pulo del Padre Mugica&rdquo;.
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            </figure><p class="article-text">
        Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1999, el relato p&uacute;blico empezaba a cambiar<a href="https://www.youtube.com/watch?v=BK8rjihJvMY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> con un documental de Gabriel Mariotto y Gustavo Gordillo </a>dedicado al Padre Mugica. El film re&uacute;ne testimonios y material de archivo. No s&oacute;lo borra todas las aristas conflictivas de su trayectoria dentro del peronismo, los enfrentamientos entre peronistas, a L&oacute;pez Rega y el desprecio final de Per&oacute;n; no s&oacute;lo elude cualquier pregunta acerca de qui&eacute;nes lo mataron, sino que consagra a Mario Firmenich como testigo estrella. Finalmente, el l&iacute;der montonero ve realizado su anhelo de ser presentado como un disc&iacute;pulo, un poco rebelde, del Padre Mugica. Era un tiempo anterior al ciclo kirchnerista; y por supuesto no exist&iacute;a La C&aacute;mpora. Pero la consagraci&oacute;n del olvido de las muertes <em>entre peronistas</em> ya estaba disponible para los usos posteriores de una memoria reconciliada que ha permitido celebrar con igual convicci&oacute;n a Mugica y a quienes &eacute;l cre&iacute;a que pod&iacute;an ser sus asesinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya en el largo ciclo kirchnerista, en 2012, el mismo Gabriel Mariotto, entonces vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, reedit&oacute; y prolog&oacute; una obra atribuida a Mugica, <em>Peronismo y cristianismo</em>, un libro que en verdad el sacerdote nunca escribi&oacute;. Se trata de una recopilaci&oacute;n muy descuidada de art&iacute;culos, disertaciones y entrevistas publicada en 1973 por una ignota editorial Merlin sin el consentimiento del autor. Era una obra sin <em>copyright</em>, con erratas y que carec&iacute;a de referencias elementales sobre el origen de los textos. Mart&iacute;n de Biase, su bi&oacute;grafo, cuenta que Mugica consider&oacute; iniciar acciones legales contra los editores. La nueva edici&oacute;n&nbsp; (Punto de Encuentro, 2012), se presentaba como la primera, ignoraba la anterior, carec&iacute;a de cualquier presentaci&oacute;n de los textos y de un m&iacute;nimo trabajo de edici&oacute;n y reproduc&iacute;a hasta las erratas de la original. La fijaci&oacute;n de una memoria oficial se reforzaba al a&ntilde;o siguiente: Mariotto visitaba al Papa Francisco para obsequiarle un ejemplar. El esp&iacute;ritu del Padre Mugica ya no s&oacute;lo habitaba en la Casa Rosada; para algunos, la sombra del&nbsp; cura villero y peronista tambi&eacute;n comenzaba a sobrevolar el trono de San Pedro.
    </p><p class="article-text">
        El destino tr&aacute;gico del Padre Mugica puede ofrecerse como un problema para una conciencia hist&oacute;rica que se plantee las preguntas acuciantes de una comunidad pol&iacute;tica, sobre el peronismo, la violencia, la militancia, los cruces impensados entre pol&iacute;tica y religi&oacute;n. O puede ser la materia con la que un aparato de propaganda descarga su poder material y simb&oacute;lico para sellar una identidad y una pertenencia sin fisuras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>HV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-mugica-mito-historia_129_7955995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 May 2021 04:15:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Padre Mugica: el mito y la historia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Peronismo,Padre Mugica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 24 de marzo: el pasado que no pasa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/24-marzo-pasado-no-pasa_129_7354940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e6255d2-35af-4677-b24c-b1fb39ea8139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 24 de marzo: el pasado que no pasa"></p><p class="article-text">
        Conmemoramos un nuevo aniversario de la fecha que ha quedado consagrada como &ldquo;d&iacute;a de la memoria, la verdad y la justicia&rdquo;. El 24 de marzo, ep&iacute;tome de la dictadura, evoca un acontecimiento l&iacute;mite que nos puso al borde del derrumbe como comunidad pol&iacute;tica y moral. Al mismo tiempo, evoca tambi&eacute;n, por reacci&oacute;n, una memoria de la democracia, de las acciones, de las responsabilidades y de los fracasos en la tarea colectiva de conjurar y reparar esa herida.
    </p><p class="article-text">
        El <em>&ldquo;</em>pasado que no pasa&rdquo; es una f&oacute;rmula acu&ntilde;ada por Henry Rousso para indagar el &ldquo;S&iacute;ndrome Vichy&rdquo;, abordado como una enfermedad de la memoria nacional francesa. No quiero abusar de las met&aacute;foras m&eacute;dicas, pero querr&iacute;a ensayar un camino an&aacute;logo, sin ninguna pretensi&oacute;n de proporcionar alguna clave mayor de lectura de los sentidos del acontecimiento <strong>&iquest;Qu&eacute; se nos puede revelar, hoy, en la celebraci&oacute;n del 24 de marzo tomado como s&iacute;ntoma, ya no de la evocaci&oacute;n del pasado, sino del reconocimiento de sus efectos y retornos en el presente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para los cl&aacute;sicos, la memoria inclu&iacute;a varios procesos en la formaci&oacute;n del recuerdo: fijaci&oacute;n, preservaci&oacute;n, evocaci&oacute;n, reconocimiento; y la psicopatolog&iacute;a distingu&iacute;a los distintos tipos de amnesias seg&uacute;n la funci&oacute;n afectada (cualquier entendido en la moderna psicolog&iacute;a cognitiva puede acusarme, con toda raz&oacute;n, de seguir apegado a esquemas del siglo XIX). No quiero abusar de las analog&iacute;as pero si se trata de trasladar, como un ejercicio de esclarecimiento, ese esquema a las modalidades del recuerdo del 24 de marzo <strong>dir&iacute;a que el problema se sit&uacute;a en el </strong><em><strong>reconocimiento</strong></em><strong>: lo evocado, el despotismo y la violencia estatal sin l&iacute;mites, retorna bajo f&oacute;rmulas que lo actualizan en el presente, al modo de un </strong><em><strong>d&eacute;j&agrave; vu</strong></em><strong> o de una alucinaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Veamos un par de ejemplos de los usos de ese pasado, en un estado de la deliberaci&oacute;n p&uacute;blica aplastado por las guerras verbales. Por un lado, Insfr&aacute;n y las formas del autoritarismo y la violencia institucional denunciadas en Formosa quedan alineadas para algunos con el r&eacute;gimen represivo de la dictadura. Por otro, con una argumentaci&oacute;n m&aacute;s elaborada y enunciada desde el poder, lo que se llama <em>lawfare</em> es la continuaci&oacute;n del &ldquo;Plan C&oacute;ndor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me detengo en esta &uacute;ltima tesis para tratar de pensar lo que permanece y lo que cambia en la historia, un viejo problema de la disciplina. Admitamos que <em>lawfare</em>, en un sentido lato, alude a que el poder pol&iacute;tico en la cima del Estado busca someter a la justicia, y que esto alcanz&oacute; una realizaci&oacute;n m&aacute;xima durante la dictadura. Parece obvio que esa pretensi&oacute;n ha permanecido en las nuevas condiciones. Las evidencias est&aacute;n a la vista: los &ldquo;jueces de la servilleta&rdquo; (Menem), Jaime Stiuso ungido como un operador en la justicia con capacidad para echar a un ministro (N&eacute;stor Kirchner), un vicepresidente en ejercicio fuerza la renuncia del Procurador (Cristina Fern&aacute;ndez), la &ldquo;mesa judicial&rdquo; (Macri).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; ver all&iacute; una mera continuidad y no las diferencias, las recurrencias si se quiere, de una relaci&oacute;n que necesariamente es&nbsp;conflictiva? </strong>Ante todo, la diferencia establecida por un sistema de decisiones y contrapesos que se despliegan como un conflicto interno a la pr&aacute;ctica de la divisi&oacute;n de poderes. Y que incluyen el sistema de partidos, el parlamento, la prensa y la acci&oacute;n de las organizaciones de la sociedad. <strong>Lo primero que salta a la vista en el &ldquo;relato&rdquo; de la continuidad de la dictadura por otros medios es justamente una visi&oacute;n cruda del poder que borra la pol&iacute;tica, las instituciones, las pr&aacute;cticas, las mediaciones y los agentes.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        No llama la atenci&oacute;n que la simplificaci&oacute;n de la historia, el esquematismo interpretativo y el alineamiento autom&aacute;tico abunden en el discurso p&uacute;blico de dirigentes pol&iacute;ticos que han reemplazado las ideas por el marketing, las consignas y las narrativas estereotipadas. De las c&uacute;pulas, ante todo en el Estado, a su difusi&oacute;n en el &ldquo;bajo clero&rdquo; y finalmente, en el nivel m&aacute;s bajo de la cadena, a las redes sociales, la degradaci&oacute;n del discurso p&uacute;blico ya no sorprende ni deja lugar a la esperanza. Distinto es el caso de los intelectuales convocados a escribir sobre el aniversario, de quienes cabr&iacute;a esperar una voluntad de investigaci&oacute;n y conocimiento, una inclinaci&oacute;n a un r&eacute;gimen de verdad justificable y transmisible en condiciones de ser discutida m&aacute;s all&aacute; de los alineamientos autom&aacute;ticos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, las evocaciones del 24 de marzo necesariamente se sit&uacute;an en un plano del encuentro, la interpenetraci&oacute;n, del pasado y el presente. Eso es, precisamente, la memoria como pr&aacute;ctica social.<strong> El problema no est&aacute; all&iacute;, sino en un r&eacute;gimen de la memoria en el que las incertidumbres, las preguntas sin respuesta, los duelos inconclusos, quedan aplastados por las convicciones f&eacute;rreas del mito o de la ideolog&iacute;a. En efecto, a diferencia de la historia, que admite las preguntas y se orienta al conocimiento de los rasgos diferenciales del pasado, el mito impone un saber y un orden que supone la repetici&oacute;n de lo mismo. En ese sentido, un estudio de las memorias del 24 de marzo deber&iacute;a prolongarse en una exploraci&oacute;n del imaginario pol&iacute;tico que all&iacute; se expresa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las memorias y los imaginarios sociales y pol&iacute;ticos forman parte de un r&eacute;gimen com&uacute;n de representaci&oacute;n del mundo. No digo nada nuevo. (Basta leer a Bronislaw&nbsp;Baczko o Raoul Girardet). Para una comunidad, o una facci&oacute;n, la funci&oacute;n social del mito es f&aacute;cil de entender: otorga una grilla explicativa que vuelve claro lo confuso y anticipa todas las respuestas. &ldquo;El destino vuelve a ser inteligible&rdquo;, dice Girardet. En un punto, opera como un mecanismo emparentado con el exorcismo. Y construye y solidifica la divisi&oacute;n de los amigos y los enemigos que alimentan las batallas pol&iacute;ticas. No hace falta leer a Carl Schmitt para ver esa maquinaria en acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un cierto r&eacute;gimen de memoria aparece, entonces, ajustado para un combate contra los enemigos de siempre. En verdad, el r&eacute;gimen no es nuevo en la serie de evocaciones p&uacute;blicas del 24 de marzo. Hace veinte a&ntilde;os escrib&iacute; sobre la conmemoraci&oacute;n de 2001, cuando se cumpl&iacute;an veinticinco a&ntilde;os del golpe. (H.Vezzetti, &ldquo;Lecciones de la memoria. A los 25 a&ntilde;os de la implantaci&oacute;n del terrorismo de estado, <a href="https://ahira.com.ar/ejemplares/70/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Punto de Vista</em></a><a href="https://ahira.com.ar/ejemplares/70/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, 70, agosto 2001</a>). 
    </p><p class="article-text">
        Destacaba entonces el car&aacute;cter crecientemente sectario de una movilizaci&oacute;n que hab&iacute;a comenzado por expulsar a las expresiones pol&iacute;ticas del radicalismo, la fuerza pol&iacute;tica que hizo posible el Juicio a las Juntas y el mandato del &ldquo;Nunca m&aacute;s&rdquo;. Pero no quiero detenerme en eso sino en otro aspecto, para tratar de cernir qu&eacute; es lo que se mantiene y qu&eacute; es lo que cambia. <a href="http://archivosenuso.org/viewer/1443" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La convocatoria se hizo entonces con la siguiente consigna</a>: <em>El poder econ&oacute;mico y los gobiernos de turno garantizan que el genocidio impune de ayer contin&uacute;e con el genocidio de hoy. Basta de hambre, entrega, desocupaci&oacute;n y represi&oacute;n. Basta de impunidad</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Gobernaba un radical, De la R&uacute;a, el ministro de Econom&iacute;a era Cavallo y la crisis asomaba en el horizonte. La tesis de un &ldquo;genocidio&rdquo; continuado hace emerger la figura del retorno&nbsp; de lo mismo sostenida en este caso por una visi&oacute;n izquierdista (&ldquo;infantil&rdquo; dec&iacute;a Lenin) que, al menos, hay que reconocerlo, mencionaba al hambre y la desocupaci&oacute;n, es decir, a los pobres, borrados en la evocaci&oacute;n actual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy el mito pol&iacute;tico de la Conspiraci&oacute;n tiene otros rostros pero sigue alimentando esa representaci&oacute;n fant&aacute;stica del pasado y el presente que reniega de las complejidades, de las diferencias y las fisuras y dibuja un escenario de combate en el que s&oacute;lo hay dos trincheras. </strong>Pero hay una notoria diferencia. En la visi&oacute;n de 2001, que se enunciaba en nombre de los pobres y los explotados, subyac&iacute;a otro mito poderoso, la Revoluci&oacute;n, un motivo que en la modernidad ha sido capaz de impulsar gestas emancipatorias que han cambiado el mundo en que vivimos; pero tambi&eacute;n, hay que decirlo, desde el poder, ha sostenido cr&iacute;menes y masacres espantosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El nuevo imaginario de la </strong><em><strong>lawfare</strong></em><strong> ya no habla de clases ni de pobres.</strong> Promueve la ficci&oacute;n de un complot judicial, que involucra a agentes dispersos pero orquestado, al modo de los Sabios de Sion. <strong>La acci&oacute;n por los derechos humanos que alguna vez, en las promesas inaugurales de la democracia, buscaba generalizarse e incluir un universo ampliado de las v&iacute;ctimas, hoy se concentran en la defensa de los encumbrados, dirigentes pol&iacute;ticos y empresarios que, en la Argentina al menos, han anudado, como nunca antes, una relaci&oacute;n estrecha de la pol&iacute;tica con los negocios.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil encontrar un s&iacute;ntoma m&aacute;s n&iacute;tido y desolador de la degradaci&oacute;n de una memoria p&uacute;blica, pol&iacute;tica y moral, que en el rechazo del 24 de marzo, en otro tiempo, proyectaba un futuro de realizaci&oacute;n de la igualdad y la justicia para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>HV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/24-marzo-pasado-no-pasa_129_7354940.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Mar 2021 02:59:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El 24 de marzo: el pasado que no pasa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura Cívico Militar,Derechos humanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Formosa, los derechos humanos y el periodismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/formosa-derechos-humanos-periodismo_129_7300504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a759261-8d29-482f-baad-50a619a3850b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Formosa, los derechos humanos y el periodismo"></p><p class="article-text">
        <strong>Me interesa situar el presente candente de Formosa en un tiempo m&aacute;s largo que concierne a los derechos humanos</strong>. Hay una historia, un poco sesgada (todas lo son, pero hay que poder pensar en qu&eacute; sentido) que se representa la cuesti&oacute;n de los derechos humanos en la Argentina desde el Estado y erige sus h&eacute;roes en consecuencia: Alfons&iacute;n en la Plaza de Mayo recibe el Informe de la Conadep, los jerarcas de la dictadura desfilan mansamente ante el Tribunal que los juzga, Kirchner hace descolgar el retrato de Videla. Las escenas son varias, hay para elegir; y por supuesto detr&aacute;s de la elecci&oacute;n hay opciones pol&iacute;ticas, afiliaciones e intentos de reescribir el pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Me interesa, como en otros temas, abordar el problema desde otro plano, lo que nace y se despliega en la sociedad.</strong> Hacia mediados de los 70, aproximadamente, nacieron organizaciones aut&oacute;nomas que defend&iacute;an los derechos de las v&iacute;ctimas, la APDH, luego el CELS. Esa acci&oacute;n, hay que recordarlo, se anticipaba a los pol&iacute;ticos en la resistencia a la dictadura,&nbsp; incluso enfrentaba la defecci&oacute;n de la pol&iacute;tica en los tiempos en que las dirigencias buscaban negociar una &ldquo;salida&rdquo; que no inclu&iacute;a el juzgamiento de los cr&iacute;menes. Alfons&iacute;n no estaba entre esos dirigentes, integraba la APDH y, como es sabido, elabor&oacute; su programa de justicia transicional mayormente por fuera de su partido. En todo caso, llevaba a la pol&iacute;tica y al Estado una experiencia nacida en la sociedad y en la solidaridad con las v&iacute;ctimas. Todo esto es historia conocida pero vale la pena repasar esos comienzos para abordar la escena de las protesta social, la represi&oacute;n estatal y la situaci&oacute;n de los derechos ciudadanos en Formosa. No es posible saber hoy c&oacute;mo va a terminar, pero en todo caso &iquest;qu&eacute; se puede decir a la luz de esa experiencia?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La violencia institucional es palpable, hasta el gobierno ha debido admitirlo &iquest;El problema es s&oacute;lo la polic&iacute;a &ldquo;brava&rdquo;? Si algo hemos aprendido es que en estos casos las instituciones juegan un papel m&aacute;s importante que los hombres.</strong> Un r&eacute;gimen que gobierna la provincia desde hace casi 40 a&ntilde;os (con un gobernador que lleva 25 en el cargo), que concentra los poderes, sin justicia ni, casi, prensa independiente, sin rotaci&oacute;n ni respeto de las minor&iacute;as, con escaso desarrollo de la sociedad civil &iquest;puede tener una polic&iacute;a formada y entrenada para dirimir los conflictos a partir del respeto de los derechos? Esa es la primera cuesti&oacute;n, para colocar el episodio en un marco de sentido que no quede limitado a un argumento, muy gastado en la Argentina, que admite los &ldquo;excesos&rdquo; (incluso est&aacute; dispuesto a sancionarlos), mientras pone todo su esfuerzo y su capacidad estatal en mantener las cosas como est&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un par de apuntes sobre el discurso, o la cultura, de los derechos humanos. Primero, hay agravios a los derechos que son incondicionales y cuya violaci&oacute;n no puede ser justificada. O sea, no se puede justificar la violencia de un r&eacute;gimen (y no hablo s&oacute;lo de la violencia policial, sino de la que afecta derechos pol&iacute;ticos, de asociaci&oacute;n, libertad de expresi&oacute;n, de minor&iacute;as sexuales o &eacute;tnicas..) con el argumento de que los que se oponen son peores.<a href="https://www.elcohetealaluna.com/desgaste-detras-de-las-balas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Es el argumento de Verbitsky que postula,</a> detr&aacute;s de las protestas, una compleja trama conspirativa que re&uacute;ne a contrabandistas de soja con Milei y Patricia Bullrich. 
    </p><p class="article-text">
        Al menos hay que reconocerle que en su defensa del orden en Formosa ya no pretende hablar en nombre de los derechos humanos sino como enunciador &ldquo;faro&rdquo; de un grupo pol&iacute;tico. Y no hay nada nuevo en el uso miliciano de los derechos y de la justicia. En la vieja URSS, al igual que en Cuba hoy, los fieles del r&eacute;gimen rechazaban cualquier denuncia porque pensaban que el retorno del capitalismo era peor. Seguramente no hay proporci&oacute;n en la gravedad de las denuncias, pero el razonamiento es el mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Segundo, lo que se pierde en esa reducci&oacute;n de los derechos a los combates de facci&oacute;n es la posici&oacute;n de las v&iacute;ctimas o de los ciudadanos de a pie. El objetivo del resguardo de los derechos fundamentales aspira a ampliar libertades y garant&iacute;as; y se sostiene en un impulso </strong><em><strong>reformista</strong></em><strong>.</strong> Por supuesto, el contenido de lo que debe ser cambiado, en orden a los derechos, ha dependido de condiciones hist&oacute;ricas, luchas previas, organizaciones y agentes. Pero ninguna acci&oacute;n en nombre de los derechos humanos puede apuntar simplemente a justificar lo existente, que es lo que sucede cuando el asunto se convierte en objeto de pr&aacute;cticas gubernamentales dictadas por las conveniencias del poder. Es lo que se advierte en los pronunciamientos de la Secretar&iacute;a o en las voces oficialistas que no muestran otro objetivo que el de preservar el <em>statu quo </em>en la provincia.
    </p><p class="article-text">
        Hay all&iacute; un problema que va al meollo de las pol&iacute;ticas en la materia. <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la autonom&iacute;a de una dependencia del Ejecutivo para investigar y eventualmente controlar a sus mandantes? Ni Espa&ntilde;a, ni Francia, ni Alemania (que yo sepa) tienen secretar&iacute;as o direcciones de &ldquo;Derechos Humanos&rdquo;.</strong> Les alcanza con una justicia independiente y dispositivos penales para atender la seguridad y los derechos de un modo que seguramente envidiar&iacute;an los ciudadanos de Formosa y de muchas provincias argentinas. Y por supuesto con el control ejercido por la acci&oacute;n independiente de una red de asociaciones y organismos no gubernamentales.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a las condiciones necesarias para una acci&oacute;n coherente y eficaz en las defensa de los derechos humanos desde la sociedad. <strong>En la Argentina, &ldquo;derechos humanos&rdquo; no es un enunciado abstracto, expone un programa encarnado en una experiencia hist&oacute;rica. Una acci&oacute;n inspirada en la vigencia de los derechos comienza por visibilizar a las v&iacute;ctimas, ponerlas en el espacio p&uacute;blico, darles voz, contribuir a su organizaci&oacute;n y sostener eficazmente sus demandas frente al Estado. </strong>En la dictadura y la posdictadura era m&aacute;s f&aacute;cil saber qui&eacute;nes eran las v&iacute;ctimas y qui&eacute;nes los victimarios. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; despu&eacute;s, cuando se trataba de enfrentar violencias ejercidas desde el Estado en un r&eacute;gimen democr&aacute;tico?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre eso habl&eacute; con Graciela Fern&aacute;ndez Meijide, que desgran&oacute; algunos recuerdos para m&iacute; a partir de su experiencia de m&aacute;s de 20 a&ntilde;os en el secretariado de la APDH. La primera condici&oacute;n, desde los or&iacute;genes, era mantener la autonom&iacute;a del organismo, no subordinado ni al Estado ni a un partido, pluralista en su composici&oacute;n (la APDH reun&iacute;a radicales, socialistas, peronistas, liberales.., sacerdotes, rabinos y pastores..). La segunda era la relaci&oacute;n con la prensa para que esa acci&oacute;n llegara a la sociedad. Por supuesto, sobre todo al comienzo, estaba la funci&oacute;n de los abogados del propio organismo para asesorar y eventualmente presentar las querellas ante el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Pero quiero detenerme en el papel del periodismo. Y prefiero decir &ldquo;periodismo&rdquo;, una profesi&oacute;n y una disciplina, una pr&aacute;ctica social de las ideas, y no &ldquo;medios&rdquo;. Es claro que existen los &ldquo;medios&rdquo;, los canales, la industria; la desinformaci&oacute;n, las operaciones y los negocios. Pero aun as&iacute;, en las peores circunstancias, no desaparece el periodismo, nacido junto con la formaci&oacute;n de la esfera p&uacute;blica moderna y asociado a las libertades que dieron nueva vida a la sociedad civil. No puedo extenderme. Pero cabe recordar esa distinci&oacute;n cuando se escuchan o se leen las diatribas y las groseras simplificaciones sobre el &ldquo;poder medi&aacute;tico&rdquo; que comienzan por borrar a los agentes de la informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el testimonio de Graciela, los periodistas estaban desde el comienzo, incluso cuando sab&iacute;an, bajo la dictadura, que no pod&iacute;an publicar la informaci&oacute;n que recib&iacute;an. Y estuvieron despu&eacute;s, habitualmente, en los casos resonantes que llegaron a la opini&oacute;n p&uacute;blica, como el asesinato del soldado Carrasco o de Mar&iacute;a Soledad Morales. Por supuesto, hab&iacute;a de todo, sensacionalismo y prensa amarilla junto con trabajo de an&aacute;lisis y opini&oacute;n. Pero lo mejor de ese periodismo hab&iacute;a recibido una ense&ntilde;anza que ven&iacute;a de la acci&oacute;n de organismos como la APDH y, lo supiera o no, contribu&iacute;a a reforzar un lazo social con las v&iacute;ctimas y a implantar una nueva cultura de los derechos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Formosa, provincia perif&eacute;rica, puede ser comparable a Catamarca: aunque las violencias no son equivalentes, los reg&iacute;menes son homologables. En uno y en otro caso, sin la prensa nacional las violencias hubieran quedado invisibilizadas para la opini&oacute;n p&uacute;blica y para los aparatos estatales, provincial o nacional, garantes del </strong><em><strong>statu quo</strong></em><strong>. </strong>Graciela viaj&oacute; y se qued&oacute; en Catamarca, respald&oacute; a la familia, a la Hermana Pelloni, a los organismos locales de defensa de los derechos. Lo recupero como un ejemplo virtuoso de convergencia de la acci&oacute;n humanista organizada, la sociedad civil y un periodismo dispuesto a informar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; queda de esa convergencia en Formosa? Ya no existen organismos de derechos humanos aut&oacute;nomos, al menos a nivel nacional, dispuestos a esa tarea. Algunas figuras pol&iacute;ticas locales han alcanzado repercusi&oacute;n y figuraci&oacute;n gracias al periodismo; pol&iacute;ticos nacionales han desembarcado y contribuyen a amplificar los conflictos. Las redes sociales se constituyen hoy en una plataforma de visibilizaci&oacute;n de las violencias estatales, de la disidencia y las resistencias, aunque tambi&eacute;n incorporan las tensiones exacerbadas de la lucha pol&iacute;tica, los clis&eacute;s ideol&oacute;gicos y los alineamientos autom&aacute;ticos. No puedo juzgar los efectos de todo eso, sobre todo en el nivel de organizaci&oacute;n de la sociedad civil frente al poder.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Queda la prensa realmente existente, local y nacional. Seguramente no es la mejor, pero menos mal que est&aacute; porque, como en el pasado, es la condici&oacute;n de una escena nacional en la que podamos decir, como comunidad pol&iacute;tica y moral, no s&oacute;lo que los formose&ntilde;os y las formose&ntilde;as &ldquo;importan&rdquo;, sino que lo que sucede en cada rinc&oacute;n del pa&iacute;s afecta los derechos y las libertades de todos.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/formosa-derechos-humanos-periodismo_129_7300504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Mar 2021 10:43:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Formosa, los derechos humanos y el periodismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Política y autonomía en una ética de los derechos humanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politica-autonomia-etica-derechos-humanos_129_7234265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ced67737-ad17-4540-8c6e-c5e5395fc6b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Política y autonomía en una ética de los derechos humanos"></p><p class="article-text">
        Vuelvo sobre la discusi&oacute;n abierta acerca del alcance de los derechos humanos por los art&iacute;culos de <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/recuperemos-derechos-humanos-son_129_7199525.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hern&aacute;n Charosky</a> y de <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/derechos-humanos-no-son-lamentablemente_129_7217617.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Paula Litvachky y Ximena Tordini.</a>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ante todo, que la vigencia de los derechos fundamentales no alcanza a todos es algo obvio. </strong>La cuesti&oacute;n es si el discurso, la cultura o el &ldquo;paradigma&rdquo;, de los derechos humanos se proyecta, como objetivo, a una dimensi&oacute;n que abarca a todos, sin distinciones. Creo que es el n&uacute;cleo sustantivo que puede fundar el proyecto de una acci&oacute;n por los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        Comienzo por algunas ideas b&aacute;sicas, dos sobre todo, que surgen de una experiencia plasmada en una historia, y en una configuraci&oacute;n de discursos y valores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Primero</em>, cualquiera sea su origen, las formas pr&aacute;cticas de la desigualdad, la discriminaci&oacute;n y las violencias que configuran violaciones de los derechos humanos comprometen, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, a <em>instituciones o agentes estatales</em>. <strong>Y el punto de vista de los derechos humanos se propone vigilar, controlar si se quiere, dispositivos estatales.</strong> No s&oacute;lo las fuerzas de seguridad, las burocracias pol&iacute;ticas, de la justicia, el espionaje, sino tambi&eacute;n las violaciones que se prolongan desde el aparato estatal hacia redes paraestatales que involucran a diversas dirigencia, empresarias o sindicales, por ejemplo. Todo esto es bien conocido en la experiencia argentina.
    </p><p class="article-text">
        Si se trata de intervenir sobre el Estado y su gesti&oacute;n, es claro que hay una relaci&oacute;n directa con la pol&iacute;tica, con los proyectos, pero tambi&eacute;n con el barro de las luchas pol&iacute;ticas. Es un tema&nbsp;mencionado en el art&iacute;culo de&nbsp;Litvachky y Tordini, quienes integran el CELS y por lo tanto, seguramente tienen experiencia en la materia. 
    </p><p class="article-text">
        Esa relaci&oacute;n, entre el programa de los derechos humanos y el campo pol&iacute;tico, ha sido central en los debates y en la historia, en la Argentina y en el mundo. En las organizaciones que me gusta tomar como ejemplo, quienes comparten el compromiso por los derechos humanos no renuncian a la pol&iacute;tica. En todo caso, se sostienen en un pacto b&aacute;sico acerca de los derechos, libertades o garant&iacute;as que deben ser respetados sin condiciones ni excepciones; fuera de eso, pueden disentir acerca de las causas &ldquo;estructurales&rdquo; de lo que denuncian. Pueden disentir acerca de si se trata de derrumbar al Estado o reforzarlo, de suprimir el capitalismo o hacerlo m&aacute;s humano, de terminar con el patriarcado o seguir las ense&ntilde;anzas de la Iglesia. O sea, para decirlo en t&eacute;rminos de filiaciones o tradiciones pol&iacute;ticas, pueden coincidir socialistas, comunistas, liberales, radicales, peronistas o cristianos, sin que nadie renuncie a su militancia o su ideolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Eso fue el <em>Nunca M&aacute;s</em>, si queremos hacer historia y plasmar en la experiencia argentina una forma pr&aacute;ctica de ese pacto.<strong> Y hoy se trata de discutir sobre la vigencia de ese contrato: &iquest;el compromiso de un &ldquo;nunca m&aacute;s&rdquo; a la prepotencia de la fuerza p&uacute;blica, la coartaci&oacute;n de libertades, la desigualdad en el acceso a la justicia..., debe estar vigente por igual en Formosa que en la ciudad de Buenos Aires? Ese es el punto.</strong> Y est&aacute; claro que no es as&iacute; para el Secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla. <a href="https://lamesa.com.ar/debates/que-podemos-aprender-del-caso-formosa-para-fortalecer-la-agenda-de-derechos-humanos/)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las razones las ha expuesto muy bien Roy Hora</a>: los controles sobre derechos y garant&iacute;as no pueden provenir de funcionarios designados por el Ejecutivo, invariablemente alineados con el gobierno del que dependen. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Secretar&iacute;a (y esto no empez&oacute; con este gobierno, sacando los delitos del pasado) funciona sobre todo como un organismo destinado a cuidar las espaldas del ejecutivo y sus aliados.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Osea, los derechos se miden seg&uacute;n la conveniencia del poder de turno. No hace falta decirlo, esa forma de la subordinaci&oacute;n de los derechos a la pol&iacute;tica es m&aacute;s vieja que Matusal&eacute;n. El problema es que justamente contra eso se ha desarrollado en el mundo un movimiento y organizaciones de defensa de los derechos humanos. <strong>Lo m&aacute;s preocupante es que las dirigentes del CELS parecen argumentar en el sentido opuesto a ese movimiento: el c&aacute;lculo o el objetivo pol&iacute;tico, que hoy no se separa de la alineaci&oacute;n con el oficialismo nacional, subordina la mirada sobre los derechos humanos.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        La segunda constataci&oacute;n deriva de la anterior. La cultura de los derechos humanos se ha edificado a partir de un principio de autonom&iacute;a respecto del poder, sea del Estado, sea de un partido o una facci&oacute;n. Tambi&eacute;n es un tema viejo para quienes tenemos alguna experiencia, o conocimiento, en la militancia de izquierda: el car&aacute;cter &ldquo;t&aacute;ctico&rdquo; de las luchas en el frente de los derechos y las garant&iacute;as. Eso empez&oacute; bastante antes de los a&ntilde;os setenta. En el tiempo de las luchas antifascistas el enemigo com&uacute;n favorec&iacute;a la coincidencia de comunistas, socialistas, liberales, independientes.. Nada m&aacute;s f&aacute;cil que denunciar a Mussolini o a Franco. El problema, es decir, el rostro crudo de la pol&iacute;tica, surg&iacute;a cuando se trataba de denunciar los cr&iacute;menes del estado sovi&eacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una las ense&ntilde;anzas, la m&aacute;s decisiva a mi entender, de las consecuencias del Holocausto y, m&aacute;s en general, de la denuncia de los genocidios del siglo XX, es la idea de que hay cr&iacute;menes contra la </strong><em><strong>humanidad</strong></em><strong>. No importa si se ejercen sobre comunistas, jud&iacute;os o cristianos, incluso si afectan a los que no piensan como uno o a los enemigos. </strong>Ese es la base fundamental de la exigencia de autonom&iacute;a para juzgar esas violaciones. El compromiso con una visi&oacute;n sustantiva de los derechos humanos se pone a prueba justamente cuando se enfrenta ya no con las violencias sufridas por el propio grupo (que son muy f&aacute;ciles de denunciar) sino con las producidas o toleradas por &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Esa ense&ntilde;anza funda un <em>principio de alteridad </em>como sustento de una &eacute;tica de los derechos en general y de los derechos humanos en particular. La prueba mayor en la defensa de los derechos concierne justamente a los derechos de los &ldquo;otros&rdquo;. Es el principio, por ejemplo, que sosten&iacute;a la acci&oacute;n de algunos comunistas, sobrevivientes de Buchenwald que, a partir de esa experiencia, se animaron a denunciar el Gulag sovi&eacute;tico. Y recibieron el desprecio y las infamias de sus camaradas. Es claro que no renunciaban a la lucha pol&iacute;tica, ni al comunismo, simplemente pensaban que denunciar los cr&iacute;menes del estalinismo formaba parte de su lucha por una sociedad m&aacute;s justa y con m&aacute;s libertades.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Veamos entonces, ya que el problema est&aacute; planteado, qu&eacute; entender por&nbsp;&ldquo;lucha pol&iacute;tica&rdquo; en una acci&oacute;n colectiva que busque defender y promover los derechos humanos. Una de las consecuencias m&aacute;s nefastas de la reducci&oacute;n de la pol&iacute;tica a un enfrentamiento de trincheras (eso que se llama la &ldquo;grieta&rdquo;) es que hay discusiones y disensos que quedan aplastadas detr&aacute;s de la pretensi&oacute;n de unanimidad. </strong>En efecto, si la lucha pol&iacute;tica es concebida seg&uacute;n el modelo de las trincheras, los que violan los derechos siempre son los &ldquo;otros&rdquo;, los enemigos, m&aacute;s peligrosos hoy, cuanto vivimos un tiempo electoral asimilado a una batalla decisiva. 
    </p><p class="article-text">
        Consiguientemente, una organizaci&oacute;n militante (en el &ldquo;frente&rdquo; de los derechos humanos o en cualquier otro) se concibe como una tropa siempre guiada por el objetivo de la victoria final. Todo esto ya lo sufrimos y cre&iacute;amos, &iexcl;ay!, que en la sociedad argentina, en sus dirigencias e intelectuales, en sus instituciones y, sobre todo en los organismos de derechos humanos, se hab&iacute;a construido cierta deliberaci&oacute;n y consenso para dejar atr&aacute;s las formas m&aacute;s r&uacute;sticas del izquierdismo combativo. <strong>Lo m&aacute;s novedoso en el art&iacute;culo de las dirigentes del CELS, le&iacute;do a la luz de la historia de los derechos humanos en la posdictadura, es el retorno de un viejo postulado: &ldquo;la pol&iacute;tica en el puesto de mando&rdquo;. Y la pol&iacute;tica, creo entender, es la que conviene t&aacute;cticamente a un momento de esa lucha que hoy enfrenta a un enemigo, la &ldquo;derecha&rdquo;, encarnado en quienes denuncian los abusos en Formosa, por ejemplo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero si se trata de la lucha pol&iacute;tica, &iquest;por qu&eacute; seguir hablando de derechos humanos? <a href="https://www.lanacion.com.ar/politica/bonafini-admitio-que-las-madres-son-ahora-una-organizacion-politica-nid1998316/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hebe de Bonafini, hay que recordarlo, ya lo hab&iacute;a dicho y fue mucho m&aacute;s clara</a>: &ldquo;Somos una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y nuestro partido es el kirchnerismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hablemos, entonces, de pol&iacute;tica. &iquest;Desde cu&aacute;ndo la acci&oacute;n pol&iacute;tica significa unanimismo y un acatamiento que suprime la cr&iacute;tica? Se puede entender en la burocracias, en los funcionarios y los enchufados en el poder. Pero la pol&iacute;tica tambi&eacute;n se despliega en la deliberaci&oacute;n y la discusi&oacute;n, incluso dentro del propio grupo. Esa relaci&oacute;n con las ideas, el conocimiento, la investigaci&oacute;n, tambi&eacute;n forma parte del legado de las izquierdas. (No s&oacute;lo el Gulag, el partido totalitario o el liderazgo autocr&aacute;tico forman parte de ese legado). Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la cuesti&oacute;n de los derechos humanos y el legado vigente del <em>Nunca m&aacute;s</em> habilitaban la discusi&oacute;n, aun entre quienes apoyaban el gobierno de Cristina Kirchner. Pas&oacute; con los efectos del caso Milani entre intelectuales y militantes peronistas. (Claudia Hilb lo investig&oacute; en <em>&iquest;Por qu&eacute; no pasan los 70?</em>, Buenos Aires, Siglo veintiuno editores, 2018.) No todos acataron, hubo distintas voces y algunos, como Horacio Gonz&aacute;lez, expusieron su disidencia. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, al parecer, en ese c&iacute;rculo, se ha estrechado el margen de lo que puede ser discutido. Vuelvo a la situaci&oacute;n en Formosa, que estuvo en el comienzo de este intercambio. El problema para m&iacute;, puede plantearse as&iacute;. <strong>&iquest;Hay peronistas, intelectuales o militantes, que apoyan a este gobierno, dispuestos a juzgar los derechos de los ciudadanos de Formosa, o de la comunidad quom en el Chaco, con una &oacute;ptica que privilegie los derechos m&aacute;s all&aacute; del c&aacute;lculo pol&iacute;tico, la conveniencia inmediata, o la pregunta mezquina acerca de qui&eacute;n resulta favorecido con las denuncias? </strong>No todo es lucha pol&iacute;tica, aunque una &eacute;tica de los derechos es pol&iacute;tica en el sentido m&aacute;s eminente.
    </p><p class="article-text">
        <em>HV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Vezzetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politica-autonomia-etica-derechos-humanos_129_7234265.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Feb 2021 11:04:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Política y autonomía en una ética de los derechos humanos]]></media:title>
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