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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Solana Camaño]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/solana-camano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Solana Camaño]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Tiroteo en San Cristóbal: la escuela no es un lugar para morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/tiroteo-san-cristobal-escuela-no-lugar-morir_129_13116131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45835c4a-7e1c-4c48-9eb7-49b7b2f88301_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiroteo en San Cristóbal: la escuela no es un lugar para morir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿En qué momento un pibe de tercer año decide transformar la escuela en un espacio en el que se puede matar y morir? ¿Qué pasa en una comunidad que no ve venir las señales? ¿Cómo sobrevive el resto del pueblo al día siguiente de enfrentarse a la fragilidad de sus vínculos y sus instituciones? Solana Camaño viajó a San Cristóbal para intentar encontrar sentido entre el pasmo el día después del asesinato de Ian Cabrera.</p><p class="subtitle">Advierten que el tiroteo en la escuela de Santa Fe se vincula con la flexibilización de armas: “No es un hecho aislado”
</p></div><p class="article-text">
        <em>Esta nota es una coproducci&oacute;n de </em><a href="https://www.revistaanfibia.com/la-escuela-no-es-un-lugar-para-morir/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Revista Anfibia</em></a><em> y elDiarioAR&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        El pueblo santafesino de San Crist&oacute;bal est&aacute; en el foco de los medios nacionales desde que G.,&nbsp;un adolescente de 15 a&ntilde;os, mat&oacute; a <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/alumno-armado-colegio-santa-fe-comenzo-disparar-mato-companero-e-hirio_1_13109174.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ian Cabrera, de 13, e hiri&oacute; a otros ocho con una escopeta.</a> &ldquo;Si el portero no se le tiraba encima cuando vio que recargaba el arma, esto era una masacre&rdquo;, asegura la t&iacute;a segunda de Ian.<strong> &iquest;C&oacute;mo es que un pibe de tercer a&ntilde;o decide transformar la escuela en un espacio en el que se puede matar y morir?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        San Cristobal parece haberse detenido. El intento de buscar respuestas, de asomar la cabeza al mundo de G., es como arrimarse a un abismo. Ayer, los compa&ntilde;eros de G. empezaron a revisar sus contenidos en las redes sociales y los comentarios que recib&iacute;a. En Instagram, solo hay un posteo de 2021 con una imagen del manga &ldquo;Aku no Hana&rdquo; (las flores del mal). El personaje grita, transpira y llora con el ce&ntilde;o fruncido mientras dice &ldquo;te amo&rdquo;. El lunes, un usuario coment&oacute;: &ldquo;no pudiste llegar a tu meta de 5 tremendo fracaso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la cuenta de TikTok que los amigos le atribuyen a G. aparecen los contenidos m&aacute;s alarmantes (ya sea publicados o compartidos): videos y fotos tributo a tiradores como Eric Harris, uno de los autores de la masacre de la escuela Columbine en 1999, en Estados Unidos. Hay decenas de comentarios en sus posteos. La mayor&iacute;a dicen &ldquo;h&eacute;roe&rdquo; a G.
    </p><p class="article-text">
        Los adolescentes se contactaron con algunos de estos usuarios &mdash;de otros pa&iacute;ses&mdash; que dicen haber conocido a G. a trav&eacute;s de Discord. Algunos, hasta ten&iacute;an fotos del joven frente al espejo. &ldquo;&Eacute;l mencion&oacute; que las chicas de su colegio lo molestaban por su f&iacute;sico, que estaba harto de sentirse inferior y que no se esforzar&iacute;a m&aacute;s por ser guapo o ser aceptado. Mandaba fotos con armas que mencion&oacute; que eran de su abuelo, en s&iacute; nunca notamos que fuera a hacer algo&rdquo;.
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                San Cristobal parece haberse detenido.                            </span>
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        Seg&uacute;n este usuario o usuaria, G. dec&iacute;a que la mayor parte del acoso ven&iacute;a de las &ldquo;foids&rdquo;, un t&eacute;rmino despectivo hacia las mujeres. <strong>Una de las fotos que recibi&oacute; del adolescente de San Crist&oacute;bal fue una donde se apuntaba con un arma a &eacute;l mismo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Otro joven de TikTok dijo que G. pertenec&iacute;a a la True Crime Community (TCC), un lugar donde se admira a todo tipo de asesinos en serie: &ldquo;&eacute;l, yo y unas amigas est&aacute;bamos en el mismo grupo, d&iacute;as antes como el 18 o 22 de marzo estaba activo y hablaba. Se lo notaba serio a la hora de escribir y, desde mi punto de vista, como todo chico que est&aacute; en esta comunidad, lo que quieren hacer siempre es cometer tiroteos, matar a cuantos puedan y despu&eacute;s acabar con su propia vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo comentario de G. que le llam&oacute; la atenci&oacute;n fue que su mam&aacute; no cre&iacute;a que &eacute;l pod&iacute;a matarse en su pieza con ese arma.
    </p><p class="article-text">
        <em>Revista Anfibia </em>y <em>elDiarioAR </em>consultaron hoy a Mariana Oro&ntilde;o, abogada defensora de G., sobre estas hip&oacute;tesis y la posible l&iacute;nea de investigaci&oacute;n: &ldquo;Por el momento no estamos hablando m&aacute;s con medios para proteger el transcurso normal de la causa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como a&uacute;n no entr&oacute; en vigencia el nuevo R&eacute;gimen Penal Juvenil aprobado por el Congreso, los hechos no ser&aacute;n juzgados penalmente.
    </p><h2 class="article-text">50 bicicletas</h2><p class="article-text">
        La Escuela N&ordm;40 Mariano Moreno tiene 1500 estudiantes en cuatro niveles educativos. Es una instituci&oacute;n con un gran patio al aire libre, verde y arbolado en el que <strong>dos d&iacute;as despu&eacute;s del tiroteo quedaron 50 bicicletas de todos tama&ntilde;os y colores. Los adolescentes tuvieron que dejarlas. Al escuchar el primer disparo, salieron corriendo y se refugiaron en la plaza San Mart&iacute;n, a unos 150 metros.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        A la ma&ntilde;ana siguiente, el establecimiento amaneci&oacute; bordeado por una cinta roja y blanca que se&ntilde;alaba &ldquo;PELIGRO&rdquo;. El aviso lleg&oacute; tarde. &iquest;Pero qui&eacute;n o qu&eacute; podr&iacute;a haber anticipado lo que pas&oacute;? Andres Gim&eacute;nez, presidente del Club Atl&eacute;tico Independiente San Crist&oacute;bal, donde entrenaba Ian, insiste en que hay que averiguar qu&eacute; le ocurri&oacute; a G. 24 horas antes. &iquest;Por qu&eacute; decidi&oacute; agarrar el arma &ldquo;de defensa&rdquo; de su abuelo?
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                Las 50 bicicletas quedaron en el patio del colegio. Al escuchar el primer disparo, todos salieron corriendo.                            </span>
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        El domingo, a las siete de la tarde, G. jugaba a un videojuego de f&uacute;tbol con un compa&ntilde;ero de curso a la distancia: Mat&iacute;as.* Se despidieron. Al otro d&iacute;a, Mat&iacute;as estaba en el patio interno de la escuela, frente al ba&ntilde;o, minutos antes de ir a izar la bandera. De golpe, escuch&oacute; un estruendo y pens&oacute; que era un &ldquo;rompeportones&rdquo;. Unos segundos despu&eacute;s se dio vuelta y lo vio a G. salir del ba&ntilde;o con la escopeta. Sali&oacute; corriendo, pero lleg&oacute; a ver a Ian desplomado en el piso.
    </p><p class="article-text">
        Sof&iacute;a, de cuarto a&ntilde;o, tambi&eacute;n esperaba sentada en el patio interno porque ten&iacute;a el pie fracturado. Sus seis amigas lograron salir de la escuela, y lo primero que hicieron, desde fuera, fue una videollamada grupal. Reci&eacute;n cuando atendi&oacute; Sof&iacute;a se tranquilizaron. &ldquo;No puede hablar con nadie todav&iacute;a. Est&aacute; muy shockeada. As&iacute; est&aacute;n los chicos que escucharon los tiros que podr&iacute;an haber sido para ellos, imaginate verlo todo&rdquo;, cuenta Mar&iacute;a Jos&eacute;, mam&aacute; de una compa&ntilde;era de Sof&iacute;a.
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                La despedida de Ian Cabrera                            </span>
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        Ella recibi&oacute; el llamado de su hija pidiendo que la fuera a buscar, cerca de las 7.20, y sali&oacute; eyectada. Son siete cuadras desde su casa hasta la escuela. Tres minutos en moto. &ldquo;Una duda sobre si dejarla ir a un boliche y el mayor riesgo de su vida lo termina corriendo en la escuela&rdquo;, dice Mar&iacute;a Jos&eacute;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una duda sobre si dejarla ir a un boliche y el mayor riesgo de su vida lo termina corriendo en la escuela</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María José</span>
                                        <span>—</span> Mamá de Sofía, alumna de 4º año
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mientras apretaba el acelerador, ve&iacute;a un mont&oacute;n de adolescentes corriendo sobre la avenida Hip&oacute;lito Irigoyen a contramano de ella. Buscaba y buscaba entre las j&oacute;venes de chomba blanca y cuello azul. Nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue su hija la que la vio. Y se abalanz&oacute; sobre ella.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Jos&eacute; no entiende. Nadie entiende. La tarde anterior, Mat&iacute;as no hab&iacute;a notado nada raro. Todo el pueblo repite, como si fuese un gui&oacute;n coordinado, que G. &ldquo;era un buen chico&rdquo;, ten&iacute;a notas altas, era deportista, hasta hab&iacute;a sido elegido mejor compa&ntilde;ero el a&ntilde;o pasado. &ldquo;Es mentira que sufr&iacute;a bullying&rdquo;, repiten madres, estudiantes y docentes. La Defensa tambi&eacute;n lo desminti&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Ningún pibe de 13 años está listo para enterrar a un amigo.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo empez&oacute;?</h2><p class="article-text">
        &ndash;Esto nos termin&oacute; de matar&ndash; lamenta en voz baja y tr&eacute;mula una trabajadora de unos 60 a&ntilde;os, rubia, pelo lacio y atado, del Club Independiente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Termin&oacute;? &iquest;Y c&oacute;mo empez&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La droga, hija. Se los lleva a todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La hip&oacute;tesis de que los padres de G. ten&iacute;an consumos problem&aacute;ticos circula con fuerza entre vecinos. El joven vive con su madre, maestra de nivel inicial que hab&iacute;a estado de licencia por motivos psiqui&aacute;tricos, mientras que su padre, transportista, se mud&oacute; hace unos a&ntilde;os a Entre R&iacute;os. Es una familia conocida: el abuelo materno de G. tiene una forrajer&iacute;a hist&oacute;rica en la ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el pueblo preocupa el crecimiento del consumo de drogas, y en particular, entre las adolescencias. &ldquo;Venimos pidiendo ayuda a la Provincia hace mucho. Cada vez se consume m&aacute;s joven, sustancias mucho m&aacute;s baratas y m&aacute;s basura, que te comen la cabeza r&aacute;pidamente&rdquo;, dijo a la prensa el intendente local, el peronista Marcelo Andreychuk, a partir del caso.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Identidad ferroviaria</h2><p class="article-text">
        La identidad de San Crist&oacute;bal &ndash;180 kil&oacute;metros de la capital santafesina, 15 mil habitantes&ndash; est&aacute; marcada por el desarrollo ferroviario, que abarc&oacute; desde principios del siglo XX hasta los noventa. Hoy, las v&iacute;as abandonadas, salvo por trenes de carga, dividen San Crist&oacute;bal en dos. &ldquo;Del otro lado del pueblo&rdquo; significa &ldquo;del otro lado de las v&iacute;as&rdquo;. Lejos. Aunque la distancia sea diez cuadras. De un lado, la Escuela Mariano Moreno, sobre la calle Bullo al 1400, a 100 metros del hospital local y cerca de la Ruta Provincial 2. El primer homenaje a Ian comenz&oacute; all&iacute; el lunes a la noche. Los estudiantes y sus familias se acercaron a prender velas en las escalinatas y en la vereda. &ldquo;Justicia por Ian&rdquo; se le&iacute;a en tiras de papel cortadas por estos adolescentes y atadas a las rejas de entrada. Tambi&eacute;n en un cartel A4, con marcador rojo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La bandera sin izar en la Escuela Mariano Moreno, sobre la calle Bullo al 1400. El comienzo de la tragedia."
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                La bandera sin izar en la Escuela Mariano Moreno, sobre la calle Bullo al 1400. El comienzo de la tragedia.                            </span>
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        &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a hacerle justicia a Ian?
    </p><p class="article-text">
        Lateral izquierdo, antes arquero, buen cabeceador en los c&oacute;rners a pesar de ser bajito, fan&aacute;tico de River. Entrenaba todos los d&iacute;as en el Club Independiente de San Crist&oacute;bal desde sus cinco a&ntilde;os. Su pap&aacute;, Hugo Leandro Cabrera, de 40, tiene tatuado el nombre de su hijo y la fecha de nacimiento en el brazo. Es empleado municipal. El lunes, mientras le disparaban a su hijo, estaba trabajando con licencias de conducir. El presidente del club dijo que se enter&oacute; de la muerte del ni&ntilde;o antes que Hugo.<strong> &ldquo;Cuando lo abrac&eacute;, no supe qu&eacute; decirle. Me qued&eacute; sin diccionario&rdquo;, narra.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La madre de Ian, Mirian Gabriela N&uacute;&ntilde;ez, de 44 a&ntilde;os, se enter&oacute; en medio del caos en la puerta de la escuela. Fue sin saber bien qu&eacute; hab&iacute;a pasado.
    </p><p class="article-text">
        Nadie manda a la escuela a su hijo pensando que ser&aacute; la &uacute;ltima vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ian era lo que se dice una persona querible: tranquilo y buen compa&ntilde;ero&rdquo;, relata Pablo, entrenador de arqueros de San Crist&oacute;bal. Sus pap&aacute;s lo acompa&ntilde;aban en todos los entrenamientos y partidos con el mate en la mano. Si jugaban de visitante, pod&iacute;an seguir al micro en auto hasta 100 kil&oacute;metros. Como el s&aacute;bado, el &uacute;ltimo enfrentamiento de la categor&iacute;a 2013 contra el Club Atl&eacute;tico Uni&oacute;n de Sunchales.
    </p><p class="article-text">
        Este iba a ser el primer a&ntilde;o del ni&ntilde;o en las inferiores despu&eacute;s de muchos en la escuelita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A partir del mi&eacute;rcoles volvemos a abrir las puertas del club y ya pedimos atenci&oacute;n de profesionales para trabajar con los pibes de la 2013. El a&ntilde;o pasado tuvimos un drama porque la mam&aacute; de uno de los chicos se suicid&oacute;. Necesitamos entrenar lo f&iacute;sico, pero tambi&eacute;n lo mental&rdquo;, afirm&oacute; Gim&eacute;nez.
    </p><h2 class="article-text">Ni una estrella ni una nube</h2><p class="article-text">
        El velatorio a caj&oacute;n abierto comenz&oacute; en Sepelios San Crist&oacute;bal durante la madrugada del martes. A las seis y media, todav&iacute;a era de noche. No hab&iacute;a ni una estrella ni una nube. En la entrada, de un lado de la vereda, sobre la calle Sarmiento, unas 15 personas se abrazaban en un profundo silencio. &ldquo;Una vida por delante&rdquo;, dijo un hombre y suspir&oacute;. Las mujeres, m&aacute;s j&oacute;venes, estaban en su mayor&iacute;a sentadas sobre dos bancos. Cada tanto miraban enfrente, se tapaban los labios con la mano y hablaban entre ellas en voz baja. En la otra vereda, se encontraban las c&aacute;maras de televisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cerca de las diez, bajo un sol tremendo y con 35 grados de calor, decenas de familias, estudiantes y docentes de distintas escuelas se acercaron a acompa&ntilde;ar a los Cabrera. Un grupo de maestras con guardapolvo de la Escuela N&deg; 408 &ldquo;Bernardino Rivadavia&rdquo; miraba desde lejos, en el cruce entre Alvear y Sarmiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ah&iacute; los ten&eacute;s a los responsables &ndash;dijo una docente mientras apuntaba con la cabeza hacia un grupo de autoridades municipales y provinciales&ndash;. Venimos diciendo que en el pueblo est&aacute; aumentando la violencia y no hacen nada. Basta de echarle la culpa a la escuela&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Media hora despu&eacute;s, inici&oacute; el cortejo f&uacute;nebre que lo trasladar&iacute;a al cementerio. La familia carg&oacute; el caj&oacute;n hacia un coche que ten&iacute;a pegado en la ventana una hoja&nbsp;con el nombre y apellido del ni&ntilde;o en letras may&uacute;sculas. &ldquo;Ese nombre s&oacute;lo deber&iacute;a estar en una lista de asistencia de la escuela o del club, no en un lugar as&iacute;&rdquo;, lament&oacute; una vecina de unos 50 a&ntilde;os.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Los compañeros de Ian Cabrera del Club Independiente los despiden cantando &quot;dale campeón&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un instante de derrumbe</h2><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo empieza una despedida? &iquest;Cuando uno se entera de la muerte? &iquest;Y cu&aacute;ndo termina? &iquest;Es posible decir &lsquo;ya est&aacute;, descans&aacute;&rsquo;? Para los padres de Ian, el momento en el que se cerr&oacute; la puerta del ba&uacute;l fue un instante de derrumbe. Para la t&iacute;a tambi&eacute;n, que no pod&iacute;a permanecer parada. Ya en el cementerio municipal, fue asistida por personal m&eacute;dico. Al igual que el abuelo paterno de Ian, que en medio de su tristeza se encargaba, tambi&eacute;n, de consolar a los suyos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la esquina de la Iglesia, donde se celebr&oacute; una breve misa en su memoria, un grupo de 20 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de primaria con guardapolvo blanco sal&iacute;a de la escuela y miraba en silencio la caravana de motos, autos, bicicletas y transe&uacute;ntes rumbo al cementerio. Todo el ritual de este pueblo que cruje, de estos vecinos que se preguntan c&oacute;mo se sigue despu&eacute;s de esto que les pas&oacute; a todos, fue en silencio. A excepci&oacute;n del momento en que pararon en la esquina del Club Independiente, en medio de banderas rojas y blancas. Gim&eacute;nez comenz&oacute; el canto y de a poco se fueron sumando los aplausos de los adolescentes para homenajearlo:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Dale campe&oacute;n, dale campe&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La caminata estaba llena de pibes y pibas de primer a&ntilde;o y de chicos con la camiseta que Ian am&oacute;. Cuando lleg&oacute; la hora de sepultarlo en el cementerio, muchos se llevaron las manos a la cara, se encogieron y buscaron los brazos de sus madres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ning&uacute;n pibe de 13 a&ntilde;os est&aacute; listo para enterrar a un amigo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nadie puede estarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *<em>Salvo el de Ian, el nombre de los adolescentes que figuran en este art&iacute;culo fue alterado para proteger sus identidades.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Solana Camaño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/tiroteo-san-cristobal-escuela-no-lugar-morir_129_13116131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 19:49:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tiroteo en San Cristóbal: la escuela no es un lugar para morir]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maternidad: esperar el deseo, convivir con la duda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/maternidad-esperar-deseo-convivir-duda_132_12703623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9ff7e39-84e6-4c44-a3c0-6333fbf0f358_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maternidad: esperar el deseo, convivir con la duda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Detrás de las alarmas por la caída en la tasa de natalidad hay un universo: por qué dudan y qué tienen en cuenta las personas que no se deciden a tener hijos, pero tampoco cierran la puerta. Economía y vínculos románticos, en crisis. 
</p></div><p class="article-text">
        Pilar entr&oacute; al consultorio y le entreg&oacute; los estudios a la ginec&oacute;loga. La m&eacute;dica comenz&oacute; a leer los papeles.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vos sab&eacute;s que a partir de ahora, si quedaras embarazada, tu embarazo se considerar&iacute;a geri&aacute;trico, &iquest;no? No s&eacute; si estar&aacute;s pensando en tener hijos&hellip; &ndash;dijo y empez&oacute; a enumerar una serie de opciones posibles con el mismo tono de quien repite una lista de supermercado&ndash;.<strong> Podr&iacute;as congelar &oacute;vulos.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pilar M&eacute;ndez &ndash;o &ldquo;Pichu&rdquo;, como le dicen&ndash; volvi&oacute; a su casa molesta y angustiada. Ten&iacute;a 33 y se hab&iacute;a divorciado del var&oacute;n con el que llevaba casada cinco a&ntilde;os. Ya no pensaba en la maternidad como cuando era m&aacute;s joven y respond&iacute;a con un s&iacute; rotundo. En aquel entonces, lo proyectaba hacia &ldquo;m&aacute;s adelante&rdquo;, pero el futuro ya hab&iacute;a llegado: una nueva pareja &ldquo;no heteronormada&rdquo;, otra separaci&oacute;n, un viraje laboral, la necesidad de previsi&oacute;n econ&oacute;mica. B&uacute;squedas, cambios. Y en el medio, el tiempo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En la última década, la tasa de natalidad en Argentina cayó un 43 por ciento. Las razones van desde la falta de recursos y redes de cuidado hasta la elección consciente de una vida sin hijos."
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            <span class="title">
                En la última década, la tasa de natalidad en Argentina cayó un 43 por ciento. Las razones van desde la falta de recursos y redes de cuidado hasta la elección consciente de una vida sin hijos.                            </span>
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        &ldquo;El desfase entre lo que me dijo la ginec&oacute;loga y lo que yo sent&iacute;a era grande. Fue muy violento. No me ve&iacute;a ni me veo geri&aacute;trica. Pero claro, pasaron los a&ntilde;os y estoy en ese momento en donde inevitablemente tengo que empezar a tomar decisiones, delinear qu&eacute; quiero hacer&rdquo;, cuenta a Punto de Encuentroa sus 36.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; quiero hacer?&rdquo; es la pregunta de muchas mujeres y disidencias en torno a si ser o no madres, presionadas por el tic tac del &ldquo;reloj biol&oacute;gico&rdquo; y los comentarios de m&eacute;dicos, familiares, parejas o amigos. La respuesta no siempre es clara. Entre quienes abrazan ese proyecto y quienes eligen una vida sin hijos, hay una amplia avenida del medio. &ldquo;Creo que quiero, pero lo har&iacute;a en pareja y no me dan las cuentas para conocer a alguien, enamorarme y tener una familia&rdquo;, &ldquo;Tengo con qui&eacute;n, pero <strong>hoy no quiero, temo no desearlo nunca</strong>&rdquo;, &ldquo;En principio no quiero, me gusta como estoy as&iacute;, aunque puede que me arrepienta&rdquo;. S&iacute;, pero. No, pero. Todas, dudas que se multiplican desde que se profundiz&oacute; el cuestionamiento colectivo a <strong>la maternidad como &uacute;nico destino posible.&nbsp;</strong>
    </p><h2 class="article-text">Menos hijos, menos madres</h2><p class="article-text">
        Argentina es el pa&iacute;s sudamericano con mayor reducci&oacute;n porcentual de nacimientos en la &uacute;ltima d&eacute;cada. <a href="https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2025/08/natalidad_y_educacion_en_argentina._perspectivas_a_futuro._-_2025.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Entre 2014 y 2023, la ca&iacute;da de la tasa de natalidad alcanz&oacute; el 43 por ciento, seg&uacute;n un informe de la Direcci&oacute;n Nacional de la Poblaci&oacute;n</a>, con mermas significativas en Tierra del Fuego, Jujuy, Santa Cruz, CABA, Buenos Aires y Chubut. En el otro extremo, se encuentran Misiones, Santiago del Estero, Corrientes y San Juan.
    </p><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno preocupa a gobernantes y escandaliza a las nuevas derechas, que lo relacionan con la legalizaci&oacute;n del aborto o <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/repudian-declaraciones-rector-uca-asegurar-mujeres-prefieren-trabajar-madres_1_12170749.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuestionan el crecimiento profesional de las mujeres y el aumento de la libertad en sus elecciones.</a> Sin embargo, la tendencia se empez&oacute; a gestar hace tiempo. Hoy, la tasa de fecundidad es de 1,4 hijos por mujer &ndash;<a href="https://www.un.org/es/global-issues/population" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por debajo del 2,3 a nivel mundial</a>&ndash; mientras que en 1980 era de 3,3.&nbsp;&nbsp;
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                    alt="A los 33, a Pilar Méndez una médica le advirtió que había llegado a la edad del “embarazo geriátrico”. A los 36, sigue pensando cómo conciliar sus deseos con el paso del tiempo y la inestabilidad económica."
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                A los 33, a Pilar Méndez una médica le advirtió que había llegado a la edad del “embarazo geriátrico”. A los 36, sigue pensando cómo conciliar sus deseos con el paso del tiempo y la inestabilidad económica.                            </span>
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        <strong>La mayor reducci&oacute;n se dio en las adolescentes. </strong>Entre 2010 y 2020, per&iacute;odo activo en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas como la Educaci&oacute;n Sexual Integral y el Plan Nacional de Prevenci&oacute;n del Embarazo no Intencional en la Adolescencia en Argentina (ENIA), la baja de nacimientos en la franja que va de los 15 a los 19 a&ntilde;os fue del 53,3 por ciento. La contracara de ese efecto buscado y deseable es el aumento de la edad promedio de las madres. Mientras que en 2001 el 32 por ciento de los nacimientos eran de mujeres de 30 a&ntilde;os o m&aacute;s, en 2016 esa proporci&oacute;n alcanz&oacute; al 38 por ciento de los natalicios, seg&uacute;n CIPPEC.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los factores que contemplan mujeres y disidencias &ndash;y tambi&eacute;n masculinidades&ndash; son variados: dificultades econ&oacute;micas; sobrecarga de trabajo; falta de pareja, red de contenci&oacute;n y tiempo; af&aacute;n de crecimiento profesional y de autonom&iacute;a, voluntad de construir o prolongar una vida sin hijos; diferencias entre las expectativas pasadas y el devenir de los acontecimientos y, en buena parte gracias a los feminismos, interrogaciones m&aacute;s profundas al mandato hist&oacute;rico de la maternidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo tengo una t&iacute;a que en la adolescencia me hablaba del aborto y dec&iacute;a &lsquo;si vos quer&eacute;s tener hijos, que sean los que puedas mantener sola. Porque despu&eacute;s el tipo se borra&rsquo;. Y me qued&oacute; grabado eso, la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica de la crianza, la necesidad de una estabilidad que no tengo&rdquo;, ejemplifica Pilar, comunic&oacute;loga de la UBA y ex asesora parlamentaria a quien hoy, como docente en el nivel superior, no le cierran los n&uacute;meros. El alquiler se lleva la mitad de su salario. Y el valor de la Canasta de Crianza en agosto abarc&oacute; entre 432.161 y 542.183 pesos, seg&uacute;n la edad del ni&ntilde;o o ni&ntilde;a.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Con qui&eacute;n?</h2><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; si voy a ser madre. <strong>No a cualquier costo</strong>&rdquo;, responde Luc&iacute;a Cama&ntilde;o, que tiene 31 a&ntilde;os y vive en Santos Lugares, partido de Tres de Febrero de la provincia de Buenos Aires. Como abogada en una empresa multinacional de consultor&iacute;a estrat&eacute;gica y servicios tecnol&oacute;gicos, sus dudas no son laborales ni econ&oacute;micas. Es propietaria gracias a la ayuda familiar, cobra un sueldo en sinton&iacute;a con el promedio nacional de los trabajadores del sector privado, hace <em>home office, </em>podr&iacute;a acceder a una licencia extendida o trabajar medio tiempo si quisiera. <strong>El asunto es que no se embarcar&iacute;a en ese proyecto sola.</strong> &ldquo;Si lo imagino, es con un compa&ntilde;ero con el que comparta valores, incluso si m&aacute;s tarde me separo. Por mi profesi&oacute;n vi muchos divorcios y cuando hay una guerra entre los padres el costo emocional para los chicos es terrible&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.cippec.org/textual/argentina-y-el-espejo-demografico/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os, los hogares unipersonales se duplicaron y hoy representan el 25 por ciento del total, de acuerdo con CIPPEC.</a> Pero esto no se da igual en todas las clases sociales. En las casas m&aacute;s pobres, suele haber m&aacute;s ni&ntilde;os, generalmente con mujeres a la cabeza que suelen trabajar en la econom&iacute;a informal, sin acceso a licencias. En los sectores m&aacute;s ricos, hay cinco veces m&aacute;s probabilidades de acceder a ni&ntilde;eras, jardines maternales y otros espacios de cuidado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Luc&iacute;a, lo central de un compa&ntilde;ero es la contenci&oacute;n emocional en la crianza, m&aacute;s all&aacute; del soporte econ&oacute;mico. <strong>Una corresponsabilidad. </strong>Ella est&aacute; soltera y tiene citas a trav&eacute;s de aplicaciones. No es la &uacute;nica: Argentina se encuentra entre los tres pa&iacute;ses latinoamericanos con m&aacute;s usuarios en esas plataformas. Luc&iacute;a considera que son una herramienta m&aacute;s, v&aacute;lida, para salir con gente. Pero encontrarse rom&aacute;nticamente cuesta cada vez m&aacute;s en tiempos digitales. &ldquo;Hay&nbsp;algo del primer encuentro que es distinto con las apps. Cuando te conoc&eacute;s con una persona de forma presencial pod&eacute;s tirar un chiste y ya tante&aacute;s el estilo del humor. Una tiende a pensar que lo digital es m&aacute;s inmediato, y para m&iacute; es al rev&eacute;s, lo m&aacute;s r&aacute;pido para intuir si alguien te gusta es cuando lo conociste en un &aacute;mbito cercano&rdquo;, matiza.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a prioriza conocer varones con quien tenga &ldquo;afinidad cultural&rdquo;. No le importa si la paternidad est&aacute; o no en sus horizontes cercanos o incluso si ya tienen hijos. En su tono, hay mucha tranquilidad. &ldquo;Ya de por s&iacute; es dif&iacute;cil congeniar con alguien en gustos, h&aacute;bitos, mirada sobre el mundo, para construir algo. Hay hombres que est&aacute;n muy evasivos, puede que les gustes y no saben c&oacute;mo acercarse, o si te ven muy independiente, abierta y transparente, se intimidan. Entonces, veo lejano formar una familia. No es imposible, pero es un paso m&aacute;s&rdquo;, comenta y aclara: &ldquo;De todos modos, s&eacute; que nunca va a existir un escenario ideal. <strong>Voy a ser madre si alg&uacute;n d&iacute;a me gana el deseo por sobre las excusas&rdquo;.</strong>
    </p><h2 class="article-text">El deseo y la realidad</h2><p class="article-text">
        Carolina Schneider tiene 39 a&ntilde;os, es prosecretaria en un colegio y profesora de Educaci&oacute;n F&iacute;sica en una escuelita de f&uacute;tbol por la tarde. Vive en un departamento propio en Estaci&oacute;n Buenos Aires, en el barrio porte&ntilde;o de Parque Patricios, gracias a la pol&iacute;tica crediticia Procrear. Desde chica, anhelaba formar una familia al estilo &ldquo;Susanita&rdquo;, pero los sue&ntilde;os no se pueden programar. Su &uacute;ltima separaci&oacute;n fue por diferencias en torno a ese prop&oacute;sito. Dice, con frustraci&oacute;n, que a medida que pasan los a&ntilde;os, relacionarse es m&aacute;s dif&iacute;cil: &ldquo;hay muchas posibilidades de que una persona de entre 36 y 40 y pico de a&ntilde;os ya haya tenido una pareja e hijos y que no est&eacute; pensando en eso para una nueva relaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
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                    alt="Carolina Schneider soñaba con una familia “al estilo Susanita”, pero la falta de tiempo, las separaciones y las dificultades económicas la llevaron a redefinir su deseo de maternar."
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                Carolina Schneider soñaba con una familia “al estilo Susanita”, pero la falta de tiempo, las separaciones y las dificultades económicas la llevaron a redefinir su deseo de maternar.                            </span>
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        Explor&oacute; las apps de citas, aunque no le encantan. &ldquo;Siempre las consider&eacute; un cat&aacute;logo por esto de ponerle un coraz&oacute;n a fotos de personas que no sab&eacute;s ni c&oacute;mo son, ni qu&eacute; piensan, nada. Me hace ruido elegir a partir de im&aacute;genes. Pero hoy es casi la &uacute;nica opci&oacute;n. La mayor parte del tiempo estoy trabajando &ndash;no me gusta la idea de relacionarme con gente del &aacute;mbito laboral&ndash; y en las salidas o bares cambi&oacute; mucho la onda, no est&aacute; de moda encarar&rdquo;, se&ntilde;ala a este medio.
    </p><p class="article-text">
        Carolina tampoco se concibe maternando sola. &ldquo;Hay d&iacute;as que arranco a laburar a las siete de la ma&ntilde;ana y termino a las ocho de la noche. <strong>No me entra en el calendario hacerme cargo de una personita ni alcanzar&iacute;a s&oacute;lo mi sueldo</strong>&rdquo;, lamenta. Con ayuda de su terapeuta, trata de encarrilar su deseo hacia otros lugares: crecimiento profesional y estudio. Aunque no sin dificultades ni penas: &ldquo;Me cuesta salir de lo que hab&iacute;a armado en mi cabeza, pero eso complica que vea otras cosas lindas de mi vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A futuro, si la situaci&oacute;n cambia, Carolina no descarta la adopci&oacute;n. Pilar, tampoco: &ldquo;Adoptar da miedo y genera un mont&oacute;n de prejuicios o interrogantes, como si una va a poder alojar ciertos traumas de origen o dar todo el amor que esa persona necesita. Igual, imagino m&aacute;s ese camino. Y una maternidad poliamorosa &ndash;dice entre risas&ndash;, en el sentido de que<strong> debe ser colectivizada, en red, que no recaiga solo en una.</strong> Aunque quiz&aacute;s no pase nunca y proyectar&eacute; cosas nuevas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su mente la idea resuena hace tiempo. &ldquo;Habl&eacute; sobre el tema en mis &uacute;ltimas dos relaciones. A mi ex esposo le pesaba la cuesti&oacute;n de la sangre. A mi &uacute;ltima pareja no le atra&iacute;a la idea de gestar. Y al conversar, empec&eacute; a pensar que capaz yo tampoco lo har&iacute;a. Creo que los v&iacute;nculos que se alejan de lo cisheteropatriarcal habilitan formas y charlas menos normadas, otras opciones&rdquo;, reflexiona.
    </p><h2 class="article-text">Que fluya</h2><p class="article-text">
        El deseo puede ser escurridizo. Entre esos vaivenes transcurrieron la vida y los v&iacute;nculos de Roc&iacute;o &Aacute;vila, ex trabajadora estatal y artista de 34 a&ntilde;os que naci&oacute; en Don Orione, barrio popular de Almirante Brown, conurbano sur. Hija menor de cinco hermanos, cuando era ni&ntilde;a, jugaba a ser madre y a elegir el nombre del beb&eacute;. Una vez adulta, la idea permaneci&oacute;, con menor peso, hasta casi evaporarse. Roc&iacute;o tem&iacute;a perder la libertad de la que se apropi&oacute; al mudarse sola a La Boca, CABA, a sus 22. Durante varios a&ntilde;os, en ninguno de sus v&iacute;nculos formales se hab&iacute;an generado las condiciones para planear tener hijos/as.
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                    alt="El descenso de los nacimientos adolescentes y el aumento de la edad promedio de las madres reflejan una transformación social impulsada por los feminismos y el acceso a derechos sexuales y reproductivos."
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                El descenso de los nacimientos adolescentes y el aumento de la edad promedio de las madres reflejan una transformación social impulsada por los feminismos y el acceso a derechos sexuales y reproductivos.                            </span>
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        A mediados de 2021 se mud&oacute; a Mar del Plata. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de la&nbsp;asunci&oacute;n de Milei renunci&oacute; a su trabajo territorial en el Ministerio de Desarrollo Social de la Naci&oacute;n para dedicarse a ser masajista y a &ldquo;terapias alternativas vinculadas al arte&rdquo;. All&iacute; descarg&oacute; Tinder en busca de v&iacute;nculos sexuales casuales. Gracias a esa app, y luego de distintas citas, el a&ntilde;o pasado conoci&oacute; a su pareja actual, un joven que hab&iacute;a visto en el gimnasio de su barrio, con quien comparte hogar desde hace dos meses. &ldquo;Con &eacute;l es otra cosa. Volv&iacute; a pensar en la opci&oacute;n de una familia <strong>porque hacemos un buen equipo.</strong> Pero queremos esperar para no saltear etapas&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo conviven los plazos de una pareja con la percepci&oacute;n del tiempo, de lo que puede un cuerpo? A Roc&iacute;o le genera temor gestar a su edad. &ldquo;Tengo un mont&oacute;n de dudas. La salud, por ejemplo, qu&eacute; le pasar&aacute; internamente a mis &oacute;rganos, c&oacute;mo va a cambiar mi cuerpo, pensar que alguien crecer&iacute;a dentro m&iacute;o. No s&eacute; si tengo la capacidad de hacerlo, me impresiona&rdquo;, confiesa. De todas maneras, dice que tiene esperanza en lo que ocurra: &ldquo;Que fluya. Si tengo que ser madre lo ser&eacute;, y si no tiene que venir un ser de m&iacute; a este mundo, est&aacute; bien. Tal vez despu&eacute;s me costar&iacute;a aceptarlo, pero bueno, no pienso congelar &oacute;vulos tampoco&rdquo;. Luc&iacute;a sostiene que tambi&eacute;n trabaja mucho su &ldquo;espiritualidad&rdquo; y que conf&iacute;a &ldquo;en la vida&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Tic tac ef&iacute;mero</h2><p class="article-text">
        Samantha Meul&eacute;n Rosales tiene 30, una pareja hace 8 a&ntilde;os, y ning&uacute;n apuro. Sabe que si alg&uacute;n d&iacute;a tiene un hijo o hija, ser&aacute; m&aacute;s cerca de los 40, como su madre. Le molesta cuando la critican por eso, con preguntas como &ldquo;&iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os vas a tener cuando tu pibe tenga 15?&rdquo;. Es azafata de Aerol&iacute;neas Argentinas y psic&oacute;loga. Entre vuelos, pacientes, cursos sobre su profesi&oacute;n, yoga y pilates, sumado a las pocas horas de sue&ntilde;o, no hay lugar para un ni&ntilde;o o ni&ntilde;a ni es su prioridad.
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                    alt="A los 30, Samantha Meulén Rosales no tiene apuro. Piensa en la maternidad como un proyecto posible solo si llega el deseo, no por miedo a “quedarse sin fichitas”."
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                A los 30, Samantha Meulén Rosales no tiene apuro. Piensa en la maternidad como un proyecto posible solo si llega el deseo, no por miedo a “quedarse sin fichitas”.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Si hoy quedara embarazada, creo que no lo tendr&iacute;a. </strong>Para m&iacute;, la maternidad nunca fue un deseo incondicional, tiene mucho m&aacute;s que ver con un encuadre previo. Una pareja, un trabajo estable, toda una estructura que tiene que estar para reci&eacute;n ah&iacute; empezar a hablar del tema&rdquo;, describe la psic&oacute;loga de Villa Urquiza, CABA. Cuando piensa en ese escenario hipot&eacute;tico, apuesta a una crianza cien por ciento compartida con su compa&ntilde;ero. Roc&iacute;o espera lo mismo: una distribuci&oacute;n de tareas equitativa. No es la realidad mayoritaria. E<a href="https://www.cippec.org/textual/dia-de-la-familia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">n los hogares con personas que demandan cuidados, las mujeres dedican el doble del tiempo que los varones a ese trabajo.</a> Samantha baraja invertir en la <strong>preservaci&oacute;n de &oacute;vulos para que no la corra el tiempo. </strong>Si un d&iacute;a decide ser madre, no quiere que sea porque sea apurada por el reloj biol&oacute;gico, lo que ella llama &ldquo;quedarse sin fichitas&rdquo;. Llegado el momento, podr&aacute; acceder a procedimientos de reproducci&oacute;n m&eacute;dicamente asistida amparados por la Ley 26.862. A diferencia de las generaciones pasadas, muchas mujeres se refugian en estas alternativas que provee la ciencia para transitar sus inquietudes con m&aacute;s calma y tomar decisiones acordes a sus condiciones de vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque Samantha revela su miedo: &ldquo;No me preocupa tanto que no pase, sino m&aacute;s bien el paso anterior, la posibilidad de no desearlo nunca. Que la maternidad se convierta en una habitaci&oacute;n oscura de mi casa a la que al final no entr&eacute;. Porque ahora te digo, &lsquo;m&aacute;s adelante, m&aacute;s adelante&rsquo;. Siempre despu&eacute;s, pero &iquest;qu&eacute; pasa si ese m&aacute;s adelante no existe? &iquest;Qui&eacute;n voy a ser si no soy madre?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cada una tiene su propia respuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SC / MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Solana Camaño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/maternidad-esperar-deseo-convivir-duda_132_12703623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Oct 2025 03:05:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Maternidad: esperar el deseo, convivir con la duda]]></media:title>
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