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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Fabián Casas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/fabian-casas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Fabián Casas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El deseo del otro, movimientos extraños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/deseo-movimientos-extranos_129_11821760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81bcb541-7aac-494e-aa48-69f886fc559b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1106025.jpg" width="3199" height="1799" alt="El deseo del otro, movimientos extraños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros, series, películas y un montón de cosas de las que aferrarse en medio del desconcierto.</p><p class="subtitle">Trampas dulces, los miedos de Martha Argerich</p></div><p class="article-text">
        <strong>Uno.</strong> <strong>Ana Mar&iacute;a Shua</strong> escribi&oacute; en <em>La Naci&oacute;n</em> una despedida hermosa &ndash;y arrasadora tambi&eacute;n: no hay belleza sin alg&uacute;n tipo de demolici&oacute;n&ndash; para <strong>In&eacute;s Fern&aacute;ndez Moreno</strong>, una escritora singular&iacute;sima y entra&ntilde;able que muri&oacute; en estos d&iacute;as (si no la leyeron y me preguntan, arrancar&iacute;a con los cuentos de <em>La vida en la cornisa</em>, como para ir entrando en un universo plagado de humor, de espanto y amparo al mismo tiempo). <strong>Subrayo un fragmento del texto de Shua en el que se refiere, justamente, a la obra de su amiga</strong>: <em>&ldquo;Entrar a un libro tuyo es toparse en primer lugar con tu prosa y eso es como entrar a un jard&iacute;n encantado. Vas tocando por aqu&iacute; y por all&aacute; la realidad con una especie de varita m&aacute;gica que la transforma. Y que al mismo tiempo nos permite volver a verla como si fuera la primera vez. Siempre te leo con admiraci&oacute;n y un poco de envidia. Es algo comparable a lo que pasa cuando se escucha a un gran cantante. </em><em><strong>Cualquiera canta en la ducha y se pone contenta cuando no desafina tanto y le acierta a las notas.</strong></em><em> Y de pronto escuch&aacute;s a un cantante de verdad y te das cuenta de que acertar con las notas no es nada, de que la m&uacute;sica es otra cosa, te das cuenta de que hay matices, florituras, intensidad, juegos, un gran cantante hace lo que se le da la gana con las notas&hellip; Como hac&eacute;s vos, In&eacute;s, con las palabras. Y no es una cuesti&oacute;n de sonidos sino de significados profundos. Es una prosa tan inteligente, tan sutil, tan reveladora que logra dar a las cosas m&aacute;s sencillas y cotidianas todo el temblor de lo inesperado&rdquo;</em>. El texto completo <a href="https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-temblor-de-lo-inesperado-ana-maria-shua-despide-a-ines-fernandez-moreno-nid10112024/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se lee por ac&aacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos.</strong> Pienso en esos temblores y en el jard&iacute;n encantado que conforman los textos de los otros. Pienso en la potencia radiante que pueden llegar a tener para quienes leemos e intentamos escribir. Pienso tambi&eacute;n, en algo que me dijo hace poquito <strong>Fabi&aacute;n Casas</strong> en una entrevista (<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/fabian-casas-taller-literario-pura-incertidumbre-pregunta-respuesta_1_11804288.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se puede leer por ac&aacute;</a>): <em>&ldquo;Para m&iacute; la literatura es colectiva y no es individual. Porque siempre trabaj&aacute;s con un mont&oacute;n de gente o le afan&aacute;s a un mont&oacute;n de gente o mucha gente te da un mont&oacute;n de cosas. No s&eacute;, no me imagino escribiendo solo (...). </em><em><strong>Yo siento que son muy colectivos la poes&iacute;a, algunas formas de habitar el mundo y los actos de emancipaci&oacute;n.</strong></em><em> &iexcl;Vos no te emancip&aacute;s solo, te emancip&aacute;s porque hay alguien que te emancipa!&rdquo;</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>Tres.</strong> Me lo dijo hace algunos a&ntilde;os, como les cont&eacute; por ac&aacute;, pero cada tanto, como me pasa hoy, vuelvo a esta imagen del maestro <strong>Mauricio Kartun</strong>: <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/surtidor-mauricio-kartun-heridas-guerra_129_10195948.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el surtidor ajeno</a>. <em>&ldquo;Es que todos somos resultado del deseo. Todos los seres humanos somos resultado del deseo del otro. El otro es el que de alguna manera establece una demanda. </em><em><strong>El otro, como interlocutor, es el que pide, el que demanda, el que crea una v&iacute;a para que hagas y tambi&eacute;n el que te propone una forma. Yo creo mucho en la energ&iacute;a de la interlocuci&oacute;n.</strong></em><em> &iquest;Para qui&eacute;n? &iquest;C&oacute;mo? &iquest;Cu&aacute;ndo? &iquest;D&oacute;nde? (...) Uno con el tiempo descubre que es una energ&iacute;a salvadora. Que cada vez que uno est&aacute; bajoneado, decepcionado, con poca energ&iacute;a para crear, el surtidor al que debe ir a cargar combustible es el deseo del otro. Nunca dentro de uno. Dentro de uno las cosas siempre est&aacute;n un poco mezcladas (...) Todas esas posibilidades del otro demandando son una generaci&oacute;n, en principio, de un canal de energ&iacute;a y despu&eacute;s tambi&eacute;n de una forma</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuatro.</strong> Fui hasta el cuaderno donde suelo transcribir citas y subrayados de textos que le&iacute;. Me doy cuenta de que uno de los &uacute;ltimos que anot&eacute; es, en realidad, un subrayado ajeno. En <em>Diario de una mudanza</em> (<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/ines-garland-novela-cuerpo-mandato-jaula-mujeres-varones_1_11643135.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablamos de ese libro con la autora por ac&aacute;</a>) <strong>In&eacute;s Garland</strong> subraya a <strong>John Berger</strong> en su libro de ensayos<em> Esa belleza</em>. Para referirse, justamente, al deseo, el autor habla de <em>&ldquo;un complot de dos personas que se hace frente al resto de los complots que hay en el mundo&rdquo;</em>.&nbsp;<em>&ldquo;Es una conspiraci&oacute;n de a dos (...). En todo deseo hay tanta compasi&oacute;n como apetito. Sea cual sea la proporci&oacute;n, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, vivir&iacute;a sin deseo (...). La conspiraci&oacute;n consiste en deslizarse al interior del otro, all&iacute; donde no se lo pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites&rdquo;</em>, dice Berger.
    </p><p class="article-text">
        Repleta de temblores inesperados, esta edici&oacute;n de Mil lianas <strong>se esconde en jardines y surtidores ajenos; en subrayados y palabras resplandecientes de otros</strong>. <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute;</a>, como todos los viernes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Un movimiento extra&ntilde;o</strong></em><strong>, de Francisco Lezama.</strong> Despu&eacute;s de ganar en el prestigioso Festival de Cine de Berl&iacute;n el premio mayor en la categor&iacute;a &ldquo;cortometraje&rdquo; y de su estreno en el auditorio del Malba, <strong>esta curiosa y sorprendente producci&oacute;n argentina que dura 23 minutos lleg&oacute; por estas horas a la plataforma Mubi</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Un movimiento extra&ntilde;o</em> sigue los pasos, o mejor, la mirada celeste y profunda de Lucrecia (<strong>Laila Maltz</strong>), una joven que trabaja como guardia de seguridad en un museo. Sus horas, un poco tediosas, son una sucesi&oacute;n de caminatas linterna en mano por los pasillos del lugar entre obras de arte, de charlas con una compa&ntilde;era con la que deciden &ldquo;leer&rdquo; el futuro usando como p&eacute;ndulo un saquito de t&eacute; y de conversaciones calientes a trav&eacute;s de un handy con un compa&ntilde;ero de trabajo. Una noche, por error, el intercambio de palabras queda registrado y las autoridades convocan a la joven para hacerle saber que tienen que sancionarla. <strong>Entre quedarse y huir con algo de dinero de indemnizaci&oacute;n, Lucrecia opta por lo segundo y empieza a deambular, entonces, por una ciudad como Buenos Aires que se mueve al ritmo fren&eacute;tico de la cotizaci&oacute;n del d&oacute;lar.</strong> As&iacute; conocer&aacute; a otro joven, que trabaja como &ldquo;arbolito&rdquo; en el centro porte&ntilde;o y as&iacute;, tambi&eacute;n, empezar&aacute; otra serie de intercambios. Precariedad (emocional, laboral: ese otro p&eacute;ndulo), d&oacute;lar y sexo ser&aacute;n las claves para una historia breve, armada a partir de di&aacute;logos que por momentos se asemejan al tono despojado del cineasta <strong>Mart&iacute;n Rejtman</strong>, con escenas c&oacute;micas y tambi&eacute;n filosas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        <em><strong>Un movimiento extra&ntilde;o</strong></em><strong>, de Francisco Lezama, est&aacute; disponible en Mubi.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Selecci&oacute;n de CineAR. </strong>Se aproxima en Argentina un fin de semana largo y tal vez m&aacute;s de uno tenga la oportunidad de descansar o, al menos, alg&uacute;n rato disponible para mirar pel&iacute;culas en formato hogare&ntilde;o de manera gratuita o por poqu&iacute;simo dinero. Si es as&iacute; (y sino, vale igual para otro momento), estuve dando vueltas por el men&uacute; de la plataforma gratuita CineAR Play y <strong>me encontr&eacute; con algunos materiales que les quer&iacute;a comentar</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, subieron hace poquito a la plataforma <a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/9517" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un cap&iacute;tulo extraordinario de Magazine For Fai</a>, con <strong>Mex Urtizberea </strong>al mando, un elenco de ni&ntilde;os incre&iacute;ble y la realizaci&oacute;n en manos de <strong>Lucrecia Martel.</strong> Tambi&eacute;n pude ver que hay algunos documentales que destacamos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Mil lianas cuando se estrenaron en salas: <a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/8049" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las cercanas</a>, de <strong>Mar&iacute;a &Aacute;lvarez</strong> (<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/padre-atroz-carnaval-invierno_129_8779738.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la comentamos ac&aacute;</a>); <a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/9597" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rancho</a>, de <strong>Pedro Speroni</strong> (<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/volcanes-ocultos-cocina-juego-gemelas_129_9618115.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s sobre la pel&iacute;cula, por ac&aacute;</a>) y <em>Mixtape La Pampa</em>, de <strong>Andr&eacute;s Di Tella</strong> (<a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/9413" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se alquila en la plataforma</a> por 400 pesos, <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/series-junio-giro-mosca_129_11428368.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute; la rese&ntilde;a</a>).
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte me anot&eacute; para ver dos pel&iacute;culas que en su momento me perd&iacute; en el cine: <em>La muerte no existe y el amor tampoco</em>, de <strong>Fernando Salem</strong>, basada en una novela de <strong>Romina Paula</strong>; y <em>Rojo</em>, de <strong>Benjam&iacute;n Naishtat</strong>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>3. La carta de Adriano. </strong>Habl&aacute;bamos arriba de lecturas y subrayados ajenos y fui a buscar de inmediato algo que coment&oacute; por estas horas el escritor <strong>Horacio Convertini </strong><a href="https://x.com/hconvertini/status/1856751818316898325" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en su cuenta de Twitter</a> con las siguientes palabras: <em>&ldquo;La carta de Adriano es pura literatura. Tendr&iacute;a que leerse en los talleres literarios&rdquo;</em> (ya que estamos: Convertini public&oacute; este a&ntilde;o la novela <em>La exactitud del dolor</em>, que es tremenda, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/horacio-convertini-anos-90-argentina-derrumbe-silencioso_1_11358496.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden leer un poco m&aacute;s sobre ese libro por ac&aacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo: Convertini se refiere a un texto del c&eacute;lebre futbolista brasile&ntilde;o Adriano Leite Ribeiro <strong>&ndash;conocido simplemente como Adriano y apodado, claro, Emperador&ndash;</strong> que apareci&oacute; esta semana en <em>The Players Tribune</em> (<a href="https://www.theplayerstribune.com/adriano-letter-to-my-favela-english" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se lee por ac&aacute; en ingl&eacute;s, acompa&ntilde;ado por fotos incre&iacute;bles</a>, y en <a href="https://www.infobae.com/deportes/2024/11/13/la-carta-completa-de-adriano-que-conmueve-al-mundo-del-futbol/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este enlace</a> est&aacute; la traducci&oacute;n completa al espa&ntilde;ol). <strong>Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Carta a mi favela&rdquo;, es un adelanto de su libro de memorias y es, a la vez, un relato impactante</strong> y, s&iacute;, literario, de un hombre que lleg&oacute; a la cima de su carrera y que, con el tiempo, se vio ante un abismo.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El mayor desperdicio del f&uacute;tbol: Yo. Me gusta esa palabra, desperdicio. No s&oacute;lo por c&oacute;mo suena, sino porque estoy obsesionado con desperdiciar mi vida. Estoy bien as&iacute;, en un fren&eacute;tico desperdicio. Disfruto con este estigma. No me drogo, como intentan demostrar. No estoy metido en el crimen, pero, por supuesto, podr&iacute;a haberlo estado. No me gustan las discotecas. </em><em><strong>Siempre voy al mismo sitio en mi barrio, el quiosco de Nan&aacute;. Si quieres conocerme, p&aacute;sate por all&iacute;. Bebo cada dos d&iacute;as, s&iacute;. (Y los dem&aacute;s d&iacute;as, tambi&eacute;n.).</strong></em><em> &iquest;C&oacute;mo llega una persona como yo al punto de beber casi todos los d&iacute;as? No me gusta dar explicaciones a los dem&aacute;s. Pero aqu&iacute; va una. Bebo porque no es f&aacute;cil ser una promesa que sigue en deuda. Y es a&uacute;n peor a mi edad&rdquo;</em>, se lee en un tramo de la carta.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1856751818316898325?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <strong>4. Apostilla.</strong> Un plan para quienes est&eacute;n en Buenos Aires y tengan inter&eacute;s por el dise&ntilde;o gr&aacute;fico, el cine y el teatro. Con entrada libre y gratuita, hasta el 15 de diciembre se puede visitar en la Casa del Bicentenario (Riobamba 985, CABA) la muestra <em>&iexcl;Hoy en cartelera! di&aacute;logos del cine y el teatro en 101 afiches</em>. Se trata de una exposici&oacute;n organizada por el Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA) pensada para rendirle homenaje <strong>&ldquo;al dise&ntilde;o gr&aacute;fico argentino y a la transformaci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n visual de nuestras artes esc&eacute;nicas y cinematogr&aacute;ficas, evocando momentos que se han vuelto emblem&aacute;ticos de nuestra cultura&rdquo;</strong>, informaron los organizadores en un comunicado. Ojo que, adem&aacute;s de los afiches expuestos, hay varias actividades con dise&ntilde;adores, artistas visuales y dibujantes entre otros. Pueden leer un poco m&aacute;s <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/inauguran-muestra-afiches-101-peliculas-obras-teatro-argentina-hechos-grandes-disenadores_1_11790780.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute;</a>.
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                La muestra  “¡Hoy en cartelera! diálogos del cine y el teatro en 101 afiches” se podrá ver hasta el 15 de diciembre.                            </span>
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        <strong>Banda sonora. </strong>Esta semana <a href="https://youtu.be/_TOsJ1o5h4Q?si=T1qEuDrR9GPZTNhe" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estuve como invitada en Cuino y sus amigos</a>, el programa de radio que conduce <strong>Cuino Scornik</strong>, un compositor admirable de buena parte de algunos himnos eternos del cancionero argentino&nbsp;&ndash;s&iacute;, esos que sabemos todos y otros que ni siquiera imaginamos pasaron por sus manos&ndash;. <strong>Por supuesto que estuvimos hablando de algunas de sus canciones y de otras del rock argentino</strong> que forman parte de <em>Qui&eacute;n es la chica</em>, un libro que escribimos con mi amigo <strong>Tom&aacute;s Balmaceda</strong> hace una d&eacute;cada y que sigue dando material para hablar. Algo de todo eso que conversamos, con mucha digresi&oacute;n en el medio, como corresponde, se meti&oacute; esta semana en esta banda sonora.
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    </figure><p class="article-text">
        De paso, para anotar: <strong>Cuino se presenta el pr&oacute;ximo 23 de noviembre con su banda en Rondeman Abasto</strong> (Lavalle 3177, CABA), a partir de las 21. Los tickets ya est&aacute;n a la venta <a href="https://www.tuentrada.com/eventos/detalle/CuinoYSusAmigos-Rondeman/160439173653" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace</a>.
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                    alt="Cuino Scornik se presenta con su banda el próximo 23 de noviembre."
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                Cuino Scornik se presenta con su banda el próximo 23 de noviembre.                            </span>
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        <strong>Bonus track.</strong> Algo para ir agendando: el s&aacute;bado 23 de noviembre m&aacute;s de 60 librer&iacute;as de todo el pa&iacute;s har&aacute;n actividades gratuitas <strong>para visibilizar la tarea de estos espacios y sus libreros como &ldquo;promotores de lecturas&rdquo;</strong>.&nbsp;&ldquo;Las librer&iacute;as de barrio ofrecer&aacute;n durante toda la jornada distintas propuestas a su comunidad lectora para poner de manifiesto el trabajo en la difusi&oacute;n de literatura. Recomendaciones de libros, autores y editoriales, un di&aacute;logo constante y continuo con los lectores que cobra vital importancia en tiempos de algoritmos&rdquo;, informaron los organizadores de la actividad, que tiene como lema <em>Un d&iacute;a con las librer&iacute;as independientes</em>.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n informaron, <strong>a lo largo de ese d&iacute;a habr&aacute; actividades en m&aacute;s de 60 librer&iacute;as </strong>de localidades como C&oacute;rdoba, R&iacute;o Negro, Tucum&aacute;n, Pehuaj&oacute;, Santa Fe, Bariloche, Trenque Lauquen, Villa Mercedes, Santa Rosa de Calamuchita, Mor&oacute;n, Santiago del Estero, Capilla del Monte y la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires, entre otras. Pueden leer un poco m&aacute;s sobre los organizadores y los participantes <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/dia-librerias-independientes-sera-jornada-reunira-libreros-lectores-pais_1_11817426.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace</a>.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DCNXcILuUai/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima!
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Mil lianas</strong></em><strong>&nbsp;en un newsletter de&nbsp;</strong><em><strong>elDiarioAR</strong></em><strong>. Para recibirlo por correo electr&oacute;nico cada viernes&nbsp;</strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/subscribe?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=74523e5e53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden suscribirse por ac&aacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/deseo-movimientos-extranos_129_11821760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Nov 2024 09:41:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El deseo del otro, movimientos extraños]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Series,Películas,Inés Garland,Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fabián Casas: “Un taller literario es pura incertidumbre y un estado de pregunta, nunca de respuesta”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/fabian-casas-taller-literario-pura-incertidumbre-pregunta-respuesta_1_11804288.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/51cac462-e9ed-49c3-b94e-440c1bb3cae3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fabián Casas: “Un taller literario es pura incertidumbre y un estado de pregunta, nunca de respuesta”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acaba de salir el libro 'Taller asintomático. 16 clases de Fabián Casas' que recupera una serie de encuentros virtuales del escritor con sus alumnos durante la pandemia. Su mirada sobre la escritura como un hecho colectivo, por qué piensa que rendirse “es buenísimo” y cómo fue que su vida lo llevó a ser “más un soldador que un soldado”.</p></div><p class="article-text">
        Una conversaci&oacute;n que puede comenzar con una escena de la pel&iacute;cula <em>Jumanji</em> y terminar con la lectura de un poema de <strong>Joaqu&iacute;n Giannuzzi</strong>. Un intercambio acalorado que arranca d&aacute;ndole vueltas a la serie <em>Cobra Kai</em>, de Netflix, y termina con el desmembramiento palabra por palabra de unas l&iacute;neas memorables de <strong>H&eacute;ctor Viel Temperley</strong>. En <em>Taller asintom&aacute;tico. 16 clases de Fabi&aacute;n Casas</em> (India Ediciones, 2024) lo que se destaca son los entramados, cierto desprejuicio y la uni&oacute;n de un grupo de personas que, durante la pandemia, debi&oacute; convertir el espacio que los reun&iacute;a semanalmente para leer, escribir y compartir una serie muy variada de textos en una suerte de fog&oacute;n virtual comandado por el escritor.
    </p><p class="article-text">
        Algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, y por iniciativa de los asistentes a aquel curso inusual y mediado por las pantallas, <strong>el grupo decidi&oacute; publicar las clases en formato de libro en un tomo con formato de cuaderno universitario en el que se alternan las palabras de Casas con breves textos de los alumnos</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Referente de la llamada &ldquo;generaci&oacute;n de los &lsquo;90&rdquo; en la poes&iacute;a argentina, autor, entre otros, de libros como <em>Los Lemmings</em> y <em>Ocio</em>, periodista y guionista,<strong> Casas tambi&eacute;n se dedica desde hace a&ntilde;os a dar clases en lo que &eacute;l llama su Taller N&oacute;made, que en la actualidad re&uacute;ne cada semana a un centenar de personas</strong>.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DCB9haORkAz/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;ndo y por qu&eacute; empezaste a dar talleres literarios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Durante mucho tiempo hice periodismo y termin&eacute; llegando a determinados puestos altos en los que me exigieron, por motivos distintos de recortes, que echara a personas. Me negu&eacute; un par de veces. <strong>Me pas&oacute; en dos momentos muy diferentes de mi vida, primero sin hijos y el segundo cuando ya ten&iacute;a dos hijos. Ah&iacute; me di cuenta de que ya no hab&iacute;a posibilidad para m&iacute; de quedarme en el periodismo porque me llevaba siempre a un lugar donde no quer&iacute;a estar.</strong> A su vez, yo no era un redactor estrella ni nada por el estilo, pero con el periodismo pod&iacute;a mantener a mis dos hijos y a la familia que ten&iacute;a en ese momento. Entonces ten&iacute;a que aceptar algunos escalafones y ascender hasta llegar a hacer cosas que a m&iacute; a priori no me interesaban para nada. No es que me interesara ser director, para nada, pero de esa manera pod&iacute;a generar m&aacute;s dinero. Porque el periodismo, como sabemos, no genera dinero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Nunca paga, como el crimen.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eso. El crimen no paga, el periodismo tampoco. Entonces, cuando esto de tener que echar a alguna gente me pas&oacute; por segunda vez, decid&iacute; que ya estaba. Ah&iacute; apareci&oacute; una cosa que hab&iacute;a estado siempre en germen que era la idea de armar talleres literarios. Empec&eacute; con algo muy chiquitito, con poca gente, en un lugar que se llamaba Enjambre. Ellos me lo hab&iacute;an propuesto antes y yo no hab&iacute;a aceptado porque no sab&iacute;a si iba a poder dar un taller y porque no hab&iacute;a dado nunca. <strong>Todo fue adquiriendo una forma medio extra&ntilde;a hasta hoy, que el taller debe tener unas 130 personas divididas en tres grupos. </strong>En todo este tiempo descubr&iacute; que el taller es como un g&eacute;nero en s&iacute; mismo. Es lo que m&aacute;s me gusta hacer. Me gusta mucho dar taller presencial. El del libro es una rareza porque vino la pandemia. Ah&iacute; mi hija Ana ten&iacute;a clases virtuales y yo la ayudaba con el Zoom de una manera elemental hasta que dije &ldquo;bueno, puedo hacer esto tambi&eacute;n con la gente del taller&rdquo;. Cost&oacute; pero lo hice, fueron 16 clases virtuales. A m&iacute; me agobiaba mucho no poder moverme. Yo doy clases caminando. Y es algo que me gusta much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Vos fuiste alguna vez a un taller como alumno?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No. nunca. Pero cuando ten&iacute;amos una revista que se llamaba <em>18 Whiskys</em> (N. de la R.: se trata de <strong>una m&iacute;tica revista de poes&iacute;a de comienzos de los a&ntilde;os &lsquo;90 que Casas integr&oacute; junto a&nbsp;Alejandro Ricagno, Andi Nach&oacute;n, Laura Wittner, Gerardo Foia, Teresa Arij&oacute;n</strong>, entre otros, <a href="https://ahira.com.ar/revistas/18-whiskys" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace se pueden leer algunos ejemplares</a>) creo que algo de lo que pasaba ah&iacute; fue como un taller. Porque ah&iacute; nos junt&aacute;bamos, nos le&iacute;amos los poemas, nos dec&iacute;amos lo que nos parec&iacute;a. Est&aacute;bamos todo el tiempo ley&eacute;ndonos, leyendo a otros autores, trayendo a otros autores. Hay algo de esa pr&aacute;ctica que yo aprend&iacute; con los chicos y las compa&ntilde;eras de <em>18 Whiskys</em> y que ahora un poco se replica en el taller. Porque hab&iacute;a una cosa muy inestable, de traer autores nuevos, de querer traducirlos. Quer&iacute;amos traer al castellano que habl&aacute;bamos nosotros a autores que nos parec&iacute;a que no estaban bien traducidos. De alguna manera quer&iacute;amos hacerlos habitar en el lenguaje que habl&aacute;bamos en ese momento en los &lsquo;90. Tambi&eacute;n apropiarnos de ellos, no solo para traducirlos y que otros los leyeran sino tambi&eacute;n para afanarlos, copiarlos. Esto mismo ahora lo hago con el taller. <strong>O sea, en el taller podemos hacer cualquier cosa. Hemos trabajado en traducciones, en poemas, en cuentos, en filosof&iacute;a, en econom&iacute;a.</strong> Si hay alguien que sabe matem&aacute;ticas, y en alg&uacute;n texto aparece algo de matem&aacute;ticas, le pido a esa persona que me ayude. Nos ayudamos entre todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Al recorrer el libro, en tus intervenciones y en las de los asistentes al taller se ve que pueden pasar de un poema a una pel&iacute;cula, del comentario de una serie a algo de m&uacute;sica. Los talleres, en general, est&aacute;n asociados a la idea de formaci&oacute;n. En este caso, la formaci&oacute;n de gente que tal vez quiere dedicarse a escribir. &iquest;C&oacute;mo deber&iacute;an formarse o c&oacute;mo pens&aacute;s de esto?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nosotros en nuestros talleres eliminamos la idea de que de ah&iacute; van a salir escritoras y escritores. Tenemos una disponibilidad para que pueda salir cualquier cosa. De hecho, vino mucha gente a hacer cualquier cosa. Mir&aacute;, por ejemplo toda la clase de hoy fue sobre la reificaci&oacute;n. <strong>Pensamos c&oacute;mo nosotros nos reificamos todo el tiempo, estamos con la idea de que podemos controlar c&oacute;mo vamos a ser percibidos y en eso gastamos un mont&oacute;n de tiempo aunque no podamos controlar eso. </strong>Y gastamos un mont&oacute;n de tiempo porque b&aacute;sicamente las que est&aacute;n trabajando sobre vos son las reglas hegem&oacute;nicas del capitalismo que te dicen que ten&eacute;s que ser de una manera. Entonces, como no encaj&aacute;s en ninguna de esas, salvo que seas <strong>Brad Pitt, </strong>y ni siquiera Brad Pitt encaja porque tiene sus problemas de alcohol y de todo, y <strong>Marilyn Monroe</strong> se suicid&oacute;. Digo, estamos hablando solamente de belleza pero puede ser de todo tipo: padec&eacute;s y te debilitas un mont&oacute;n y perd&eacute;s potencia en la reificaci&oacute;n. <strong>Porque lo que nos ense&ntilde;aron de chiquitos no es solamente a comer y a hablar, a tener formas en la mesa, lo que sea, sino que te ense&ntilde;an a reificarte y a ver a las dem&aacute;s personas como medios y no como fines en s&iacute; mismos.</strong> Cuando pasa esto empez&aacute;s a alinearte, de esto habla la Escuela de Frankfurt. Y lo que ve&iacute;amos en el taller es que eso pasa tambi&eacute;n en los poemas o en los textos que alguno puede llevar. Vos escrib&iacute;s un poema porque te interesa investigar el poema, el misterio del poema y el hecho que sea, o en todo caso lo que vos quieras que se llame un poema. Porque un poema puede ser que quieras cortar la calle y hacer una fiesta, no solamente escribir en verso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Un poema puede ser varias cosas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Un poema puede ser todo. El concepto de poema es re amplio. Hasta que vos lo cosific&aacute;s, entonces lo reific&aacute;s. &iquest;Por qu&eacute;? Porque quer&eacute;s que el poema no sea un fin en s&iacute; mismo. Ah&iacute; es cuando lo cosific&aacute;s, cuando lo hac&eacute;s para otra cosa. Entonces escrib&iacute;s poes&iacute;a para ser famoso, para ser el mejor poeta, para sorprender a la gente, para ir a la Feria de Frankfurt. Me parece mal&iacute;simo eso. Entonces a partir de que pensamos todo esto hoy por ejemplo en la clase empezamos a pensar c&oacute;mo es la ontog&eacute;nesis de un poema. Un poema, una novela, un cuento. Y a partir de eso empezamos a trabajar con filosof&iacute;as que han abordado estos temas, orientales y occidentales, y a su vez tambi&eacute;n con ideas que tengamos nosotros para trabajarlas despu&eacute;s con textos muy puntuales. Si trabaj&aacute;s con un poema, surge una pregunta muy r&aacute;pidamente: &iquest;el poema es sobre algo o es algo? Si es &ldquo;sobre&rdquo; algo, es probable que no te interese el poema si el tema del que trata no te interesaba. Por eso nosotros creemos que el poema es algo en s&iacute; mismo y que no importa sobre lo que sea. Es algo. Tiene una ontog&eacute;nesis propia. <strong>El poema es algo que vos ten&eacute;s que habitar con el misterio y que siempre est&aacute; en estado de pregunta. Bueno, todas esas cosas llegan a partir que hablamos todo esto. Eso puede ser un ejemplo de c&oacute;mo es una clase del taller. Para eso necesit&aacute;s que la gente venga en estado de disponibilidad. Porque si la gente viene para publicar y ser famosa, o lo que sea, no lo pod&eacute;s hacer.</strong> En mi caso, nunca estuve alineado con eso de ser c&eacute;lebre. Estuve alineado con otras cosas. Pero ya en <em>18 Whiskys</em> me daba cuenta de que mis amigos eran un fin en s&iacute; mismo, nunca fueron algo que yo utilizaba para hacer otra cosa. Y eso fue como un primer taller. Por eso hoy pienso que un taller literario es pura incertidumbre y un estado de pregunta, nunca de respuesta. Y tambi&eacute;n es ensayo. Cuando pienso un ensayo pienso, por ejemplo, en qu&eacute; se parecen Farmacity y Coldplay. Al principio no se parecen en nada Coldplay y Farmacity. Bueno, fijate, pens&aacute; un rato. Hasta que empez&aacute;s a encontrar un mont&oacute;n de cosas que se cruzan. Eso para m&iacute;, unir opuestos, supuestamente opuestos, aparentemente opuestos, es el arte de ensayar. Que tome la forma que tome. Y no precisamente para solucionar ni para resolver sino para instalar m&aacute;s y mejores preguntas. Es lo mismo que la poes&iacute;a.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un poema puede ser todo. El concepto de poema es re amplio. Hasta que vos lo cosificás, entonces lo reificás. ¿Por qué? Porque querés que el poema no sea un fin en sí mismo. Ahí es cuando lo cosificás, cuando lo hacés para otra cosa. Entonces escribís poesía para ser famoso, para ser el mejor poeta, para sorprender a la gente, para ir a la Feria de Frankfurt. Me parece malísimo eso.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En la contratapa del libro, que de por s&iacute; ya juega con la forma de uno de esos cuadernos universitarios y viene anillado, aparece una lista que podr&iacute;a pensarse como una especie de anti bibliograf&iacute;a. Hay autores cl&aacute;sicos, t&iacute;tulos de series, est&aacute;n Los Plateros y los Bee Gees. &iquest;Buscaron de alguna manera salirse de cierta solemnidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, fue s&uacute;per espont&aacute;neo. O sea, por supuesto que es algo que tengo siempre conmigo. Es que yo salgo de un matrimonio de clase media baja donde de alguna manera no hubo una especie de distinci&oacute;n entre la cultura alta y la cultura baja sino que siempre ten&iacute;amos todo cohesionado. En la casa de mi pap&aacute;, cuando &eacute;ramos chicos, vivi&oacute; Leonardo Favio. Mi pap&aacute;, que no era un intelectual y trabaj&oacute; como representante de Alberto Olmedo, tambi&eacute;n hac&iacute;a obras de (Jean Paul) Sartre. Entonces &iacute;bamos a ver a Olmedo y esas obras y todo eso me nutri&oacute;. <strong>Venir de ah&iacute; tambi&eacute;n me predispuso siempre a ser un soldador y no un soldado. Viste que los soldados toman una est&eacute;tica y pelean contra otra est&eacute;tica. En cambio yo, como un soldador,&nbsp; siempre me nutr&iacute; de lo que hac&iacute;an mis pap&aacute;s que era mezclar</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Un tipo de aleaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Claro. Por ejemplo, hab&iacute;a amigas de mi mam&aacute; que eran personas que no hab&iacute;an le&iacute;do nunca nada y, como mi mam&aacute;, no ten&iacute;an instrucci&oacute;n. Pero mi mam&aacute; era una persona tremendamente inteligente igual, porque la instrucci&oacute;n no te da inteligencia. Una de sus amigas era Elsa, una mujer que ven&iacute;a y fumaba mientras hablaba con mi mam&aacute;. Al rato sacaba de su cartera y me daba <em>Flores robadas en los jardines de Quilmes</em>, yo ten&iacute;a 10 a&ntilde;os. O <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em>, de Henry Miller. Yo no sab&iacute;a lo que me estaba dando porque si no le hubiese dicho que no. Me acuerdo que en esa &eacute;poca cuando mi primo, que viv&iacute;a en la pieza de adelante, me dio <em>El anticristo</em> se arm&oacute; un quilombo b&aacute;rbaro. Porque, aparte de eso, mi primo estaba en la guerrilla, estaba en la JP. As&iacute; que mi casa tambi&eacute;n fue atravesada por eso. Yo iba con &eacute;l a las marchas cuando ten&iacute;a 8, 9 a&ntilde;os. Tambi&eacute;n a las universidades tomadas. <strong>A m&iacute; me rompi&oacute; la cabeza todo eso. Y yo ahora veo que todo eso ten&iacute;a algo de literario. Salvo que alguien crea que lo literario solamente est&aacute; en una presentaci&oacute;n de libros.</strong> Y, no, pod&eacute;s estar en la presentaci&oacute;n de un libro y que no suceda nada po&eacute;tico. Y en una casa de alg&uacute;n barrio o en la parte de atr&aacute;s de una pizzer&iacute;a puede haber un mont&oacute;n de intercambios misteriosos y literarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Quer&iacute;a retomar algo que dec&iacute;s en la primera de las clases cuando hac&eacute;s una distinci&oacute;n entre rendirse y doblegarse a prop&oacute;sito de una experiencia personal tuya con tu padre en la pandemia cuando colgaste del balc&oacute;n la famosa bandera blanca de la que habl&aacute;s. &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Sab&eacute;s que hay una canci&oacute;n de mi amigo el <em>Chango</em> (N. de la R: se refiere al m&uacute;sico Santiago Motorizado y su canci&oacute;n <em>Bandera blanca</em>, del disco <em>Cuatro canciones sobre una casa, cuatro amigos y un perro</em>). Yo le cont&eacute; lo que hab&iacute;a pasado, que un d&iacute;a dije &ldquo;basta&rdquo; y colgu&eacute; una bandera blanca del balc&oacute;n y &eacute;l hizo una canci&oacute;n con eso. <strong>Porque creo que sobre todo en la pandemia estaba la sensaci&oacute;n de que no nos pod&iacute;amos rendir. Que ten&iacute;amos que estar como enteros. Despu&eacute;s me di cuenta que no, &iexcl;rendirse es buen&iacute;simo! Y rendirse no es lo mismo que doblegarse. A m&iacute; lo que me pas&oacute; en esos d&iacute;as era que yo no pod&iacute;a pensar en el virus en t&eacute;rminos de qu&eacute; me iba a pasar, porque ten&iacute;a que cuidar a mi pap&aacute; que estaba solo, porque la persona que lo cuidaba a partir de la pandemia no pudo ir m&aacute;s a su casa.</strong> La imagen era: mi pap&aacute; tiene 90 a&ntilde;os, no puede morirse solo. Entonces sal&iacute;a todos los d&iacute;as con el auto, andaba por la ciudad vac&iacute;a, y no ten&iacute;a nada de miedo. No pod&iacute;a tener miedo. O sea, el miedo me hubiese debilitado un mont&oacute;n. No soy millonario y no tengo una mansi&oacute;n. Viv&iacute;a en un departamento muy chiquito que ten&iacute;a una pileta arriba, nada m&aacute;s. Y un balc&oacute;n para rendirme, muy pocas cosas. Me acuerdo que en esos d&iacute;as era verano y yo quer&iacute;a tener un pantal&oacute;n blanco, ayudar a mi pap&aacute; para que ascendiera en cuerpo y alma al cielo, tener una casa m&aacute;s grande para estar con mis hijos y terminar una novela. Y de las cuatro cosas, lo primero que pude fue conseguir un pantal&oacute;n blanco.
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                El escritor junto a uno de sus grupos del taller que coordina.                            </span>
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        <strong>&ndash;Una ambici&oacute;n m&oacute;dica (risas).</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;(risas). S&iacute;. Con el tiempo ayud&eacute; a mi pap&aacute; hasta el final en la pandemia. Lo lav&eacute;, lo cambi&eacute;. Lo internamos y nos despedimos de &eacute;l hasta que falleci&oacute;. Y me mud&eacute; a esa casa m&aacute;s grande cruzando la avenida a pocas cuadras de la anterior, lo hicimos caminando con mis amigos porque hab&iacute;an prohibido las mudanzas. La verdad que lo mejor que tengo son los amigos. O sea, la gente quiere tener guita, pero la verdad es que ten&eacute;s que tener amigos. Vos que ten&eacute;s un culto de la amistad, &iquest;viste lo que es? Entonces yo arm&eacute; todas las cosas, ellos las cruzaron por la avenida conmigo. La novela la pude terminar un poco despu&eacute;s, es <em>El parche caliente</em>. En esos momentos el estado de &aacute;nimo de la gente del taller fue de empuje, fue como decir &ldquo;ya transitamos un mont&oacute;n de cosas antes, vamos a transitar esto para que sea menos doloroso&rdquo;. <strong>A una isla desierta no te llev&aacute;s un libro, porque un libro es para estar entre la gente. A una isla desierta te llev&aacute;s un rev&oacute;lver y te peg&aacute;s un tiro.</strong> Para nosotros era re potente el taller en ese sentido: sab&iacute;amos que si nos gustaban la literatura, los libros, las canciones era para estar entre la gente, no para quedarnos aislados. O sea, hab&iacute;a un virus peor que era el virus del capitalismo que es el que produjo, un poco entre comillas, la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En otra de las clases del libro te refer&iacute;s a la idea de &ldquo;optimismo cruel&rdquo; de Lauren Berlant. &iquest;Se necesita algo de eso  para escribir? Porque a veces puede llegar a ser doloroso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo lo traje ah&iacute; porque hab&iacute;a una cosa que ten&iacute;a que ver con ciertos objetos o situaciones a las que la gente se apega, esos objetos que te sirven para vivir en realidad te producen dolor. <strong>Berlant dice que esto lo vio Freud: la gente no hace un mont&oacute;n de cosas porque le producen placer y alegr&iacute;a sino que muchos de nosotros hacemos cosas que nos producen dolor y experimentamos un goce en ese dolor y en ese displacer, &iquest;no? </strong>Y es que muchas veces esas cosas que nos producen dolor y displacer est&aacute;n encarnadas en objetos o situaciones que preservamos porque de alguna manera nos representan una especie de, entre comillas, continuismo para avanzar en la vida. Pero en realidad todos ellos tienen una crueldad encima: inicialmente son objetos que producen dolor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;La escritura se vincula con esto de alguna manera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo que pasa es que yo no pienso que haya cosas universales que se necesiten para ponerse escribir. <strong>Pienso que hay tantas cosas que te pueden dar deseo de escribir como subjetividades existen en el mundo. O sea, a m&iacute; me puede haber llevado a escribir algo muy puntual o cosas que me pasaron, que decid&iacute; o mam&eacute;, no s&eacute;, y a vos sin dudas otras.</strong> Inclusive hay un mont&oacute;n de cosas que son misteriosas, que ni uno sabe, &iquest;viste? Que no te pod&eacute;s dar cuenta. S&iacute; creo que a veces aparece un estado de disponibilidad que tiene que ver con sentirse un poco extranjero. Muchas veces te debe pasar de decir &ldquo;&iquest;y ahora qu&eacute; escribo? &iquest;qu&eacute; hago? Y es porque lo que pas&oacute; ah&iacute;, para m&iacute;, es que dejaste de ser extranjera. Cuando vos te convert&iacute;s en extranjera, inclusive en los ritos cotidianos de tu vida, empez&aacute;s a ver los ritos bajo otros colores. Es como si te tomaras un &aacute;cido: se desglosa el mundo. Yo escucho mucho a la gente que est&aacute; al lado m&iacute;o que son geniales, las amigas, amigos, la gente en la calle, son geniales, te dicen cualquier cosa y son como aperturas para ponerte a escribir o a pensar o a terminar el d&iacute;a de otra manera. Tambi&eacute;n, por supuesto, encontr&aacute;s gente que son como dementores que trabajan, por desgracia para ellos, para quitarte potencia y alegr&iacute;a. A esa gente hay que tratar de obturarla, ayudarla o escapar de ella porque destruyen. O sea, los dementores te aniquilan y tienen el locutor de la contra. Aunque en realidad, desde que nac&eacute;s, hay una estructura que te habla y te quita alegr&iacute;a y poder para que no hagas nada. Desde que vos te levantas ten&eacute;s que escuchar a ese locutor que te dice &rdquo;no pod&eacute;s hacer esto&ldquo;, &rdquo;ten&eacute;s que tener la panza m&aacute;s firme&ldquo;, &rdquo;te convendr&iacute;a hablar diez idiomas&ldquo;. Mal&iacute;simo. Mal&iacute;simo. Y despu&eacute;s termin&aacute;s angustiado porque no te dan el Nobel. Es una garcha, &iquest;entend&eacute;s? &iexcl;Es mal&iacute;simo! Lo considero lo contrario de la poes&iacute;a a todo ese ruido.
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                    alt="Casas nació en el barrio porteño de Boedo, en 1965. Es escritor, poeta y durante varios años se dedicó al periodismo."
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                Casas nació en el barrio porteño de Boedo, en 1965. Es escritor, poeta y durante varios años se dedicó al periodismo.                            </span>
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        <strong>&ndash;En este caso, lejos del ruido del mundo exterior que tira un poco para abajo, sacaron un libro es un libro colectivo, porque adem&aacute;s de tus clases est&aacute;n los textos de algunos de los asistentes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, es que para m&iacute; la literatura es colectiva y no es individual. Porque siempre trabaj&aacute;s con un mont&oacute;n de gente o le afan&aacute;s a un mont&oacute;n de gente o mucha gente te da un mont&oacute;n de cosas. No s&eacute;, no me imagino escribiendo solo. Pod&eacute;s salir y entrar y salir, entrar y salir, pero siempre viv&iacute; la escritura como algo colectivo. Esa fue mi formaci&oacute;n. <strong>Yo siento que son muy colectivos la poes&iacute;a, algunas formas de habitar el mundo y los actos de emancipaci&oacute;n. &iexcl;Vos no te emancip&aacute;s solo, te emancip&aacute;s porque hay alguien que te emancipa! </strong>Al menos en mi forma de aprender las cosas, siempre hubo gente oscura y luminosa e inclusive en una misma persona estaban las dos cosas, que me fue emancipando. O me fue ayudando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;O te mudan cargando los muebles por la calle, como hicieron tus amigos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Claro! Y despu&eacute;s a m&iacute; me encanta ir y mudarle los muebles a otro. Ayudar. Ayudar a otros a que hagan otras cosas, estar disponible para las dem&aacute;s personas. <strong>O sea, aun con mis cadenas puestas puedo ayudar a otros y otras a liberarse. Esto lo podemos hacer todos.</strong> O sea, vos pod&eacute;s ser una esclava y padecer un mont&oacute;n de cosas y, sin embargo, me pod&eacute;s ayudar a m&iacute; a liberarme. De eso estoy seguro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando pienso un ensayo pienso, por ejemplo, en qué se parecen Farmacity y Coldplay. Al principio no se parecen en nada Coldplay y Farmacity. Bueno, fijate, pensá un rato. Hasta que empezás a encontrar un montón de cosas que se cruzan. Eso para mí, unir opuestos, supuestamente opuestos, aparentemente opuestos, es el arte de ensayar. Que tome la forma que tome. Y no precisamente para solucionar ni para resolver sino para instalar más y mejores preguntas. Es lo mismo que la poesía.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En este sentido, &iquest;c&oacute;mo ves este fen&oacute;meno actual que hace que existan tantos talleres de lectura y escritura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pienso que hay un mont&oacute;n de cosas, para empezar hay un deseo muy potente de dar pelea a la situaci&oacute;n en la que nosotros estamos.<strong> En los talleres las personas se encuentran con sus pares, entonces se convierten en lugares de v&iacute;nculo y de resistencia.</strong> Esa resistencia tambi&eacute;n yo la noto mucho en las ferias de literatura independiente. &iquest;Viste que hay una especie de florecimiento de las editoriales independientes?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;S&iacute;. Volvieron los &lsquo;90 (risas).</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro, como en los &lsquo;90. Por eso me molesta un poco cuando queda la impresi&oacute;n de que los &lsquo;90 fueron solamente los a&ntilde;os de Menem. <strong>&iexcl;No le regalemos a Menem los &lsquo;90! Los &lsquo;90 tambi&eacute;n fueron un momento de hedonismo para nosotros. </strong>Yo era una persona muy hed&oacute;nica en los &lsquo;90, pero tambi&eacute;n era resistente. Despu&eacute;s vino una desgracia que fue la farandulizaci&oacute;n del rock que termin&oacute; con Croma&ntilde;&oacute;n. Son esas cosas que pasan, tambi&eacute;n, y de las que hay que aprender para asimilar la distorsi&oacute;n y devolverla multiplicada, como dijo (Le&oacute;nidas) Lamborghini.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/fabian-casas-taller-literario-pura-incertidumbre-pregunta-respuesta_1_11804288.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Nov 2024 03:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fabián Casas: “Un taller literario es pura incertidumbre y un estado de pregunta, nunca de respuesta”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Libros,talleres literarios,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con discurso de Sylvia Iparraguirre y una programación diversa, llega la Feria del Libro de Santiago del Estero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/discurso-sylvia-iparraguirre-programacion-diversa-llega-feria-libro-santiago-estero_1_11755394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca168838-ed92-4426-909f-9063e573684a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Con discurso de Sylvia Iparraguirre y una programación diversa, llega la Feria del Libro de Santiago del Estero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El encuentro literario tendrá entrada libre y gratuita. Invitados y actividades destacadas.</p></div><p class="article-text">
        Bajo el lema<strong> &ldquo;Los libros crean futuro&rdquo;</strong> tendr&aacute; lugar desde el mi&eacute;rcoles 23 hasta el domingo 27 de octubre una nueva edici&oacute;n de la Feria del Libro de Santiago del Estero, en el Centro de Convenciones F&oacute;rum y en el Centro Cultural del Bicentenario de la capital provincial. <strong>Una vez m&aacute;s, el encuentro literario tendr&aacute; entrada libre y gratuita y una programaci&oacute;n diversa con numerosas actividades y escritores invitados</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que las puertas de las dos sedes de la feria abrir&aacute;n este mi&eacute;rcoles a las 9 para el p&uacute;blico general, la apertura oficial se realizar&aacute; a las 20.30 en el F&oacute;rum, con el discurso inaugural de la escritora <strong>Sylvia Iparraguirre</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La programaci&oacute;n incluye entrevistas, talleres y lecturas a cargo de escritores, investigadores y periodistas. Entre otros y otras, participar&aacute;n de esta edici&oacute;n de la Feria <strong>Fabi&aacute;n Casas, Betina Gonz&aacute;lez, Horacio Convertini, Jorge Bracamonte, los reconocidos humoristas gr&aacute;ficos Rep y Tute, Hinde Pomeraniec, Celeste Cid, Ingrid Beck, Alejandro Galliano y Alejandro Grimson</strong>. 
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DBZjxPbSVyx/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el sacerdote <strong>Jos&eacute; </strong><em><strong>Pepe</strong></em><strong> Di Paola </strong>presentar&aacute; un libro sobre ludopat&iacute;a en adolescentes. <strong>Para esta edici&oacute;n del evento, adem&aacute;s, est&aacute; previsto un encuentro de poetas del Norte Argentino</strong>, un espacio de c&oacute;mics, teatro para ni&ntilde;os y propuestas que vinculan la tecnolog&iacute;a con la educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este a&ntilde;o el evento organizado por el Gobierno de la provincia, a trav&eacute;s de la Jefatura de Gabinete, junto con el Ministerio de Educaci&oacute;n, la Subsecretar&iacute;a de Cultura y la Fundaci&oacute;n El Libro, se desarrollar&aacute; bajo el lema &lsquo;Los libros crean futuro&rsquo; y <strong>contar&aacute; con la participaci&oacute;n de la C&aacute;mara Argentina del Libro y la C&aacute;mara Argentina de Publicaciones; la Federaci&oacute;n de Bibliotecas Populares</strong>&rdquo;, inform&oacute; la Fundaci&oacute;n El Libro en un comunicado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Tambi&eacute;n grupos literarios, librer&iacute;as y entidades culturales de la provincia</strong> como la Biblioteca 9 de Julio, el Instituto Espacio de la Memoria, el Centro Cultural Ricardo Rojas, la Biblioteca Digital del Poder Judicial, entre otros. De igual manera tendr&aacute;n una activa participaci&oacute;n las universidades Nacional y Cat&oacute;lica de Santiago del Estero y la Universidad Nacional de Tucum&aacute;n&rdquo;, agreg&oacute; la entidad.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Con entrada libre y gratuita, la Feria del Libro de Santiago del Estero tendr&aacute; lugar del 23 al 27 de octubre en el Centro de Convenciones F&oacute;rum y en el Centro Cultural del Bicentenario de la capital provincial. </strong></em><a href="https://www.el-libro.org.ar/fundacion/feria-del-libro-de-santiago-del-estero/programacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>La programaci&oacute;n completa se puede encontrar en este enlace</strong></em></a><em><strong>.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/discurso-sylvia-iparraguirre-programacion-diversa-llega-feria-libro-santiago-estero_1_11755394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Oct 2024 09:36:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Feria del Libro de Santiago del Estero,Libros,Santiago del Estero,Literatura argentina,Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El viernes negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viernes-negro_129_10736402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42346dd4-887f-404f-95b0-f3374c91bc0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viernes negro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como cosificación del deseo, las mercancías en vez de satisfacer sueños, los producen: la gente cuando entra al shopping satisface deseos que no sabía que tenía.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; se llama Black Friday al d&iacute;a en que los usuarios pueden comprar con descuentos? &iquest;Es un d&iacute;a negro para los vendedores que tienen que rebajar sus mercanc&iacute;as? &iquest;O es un d&iacute;a negro para los usuarios que descubren que son una mercanc&iacute;a y que hay una descarga libidinal en el hecho de salir a comprar porque es m&aacute;s barato? &iquest;Es m&aacute;s barato? Una costumbre que viene del imperio, ya que en Estados Unidos se hace despu&eacute;s del d&iacute;a de Acci&oacute;n de gracias. Tambi&eacute;n se est&aacute; tratando de importar la Noche de Brujas. Pero en la Noche de Brujas participan los ni&ntilde;os, esos seres que pueden ser insufribles &ndash;el ni&ntilde;o trofeo (el que exhiben sus padres), el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a que s&oacute;lo habla con los padres y no te saluda, el ni&ntilde;o que hace la que se le canta y llora sin parar si no le das lo que quiere o la corriente del ni&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Me r&iacute;o pensando en lo que hubiera escrito Adorno sobre el Black Friday. Adorno era un aguafiestas letal. Bajo Adorno la vida se torna casi imposible. Cuando quer&eacute;s pasar tu valija por el esc&aacute;ner del aeropuerto adorniano, &eacute;l va a encontrar hasta el m&aacute;s min&uacute;sculo pelo de la mala conciencia burguesa. Benjamin es m&aacute;s amable, tiene en su escape m&iacute;stico algo liberador. Pienso en los escritos que les dedic&oacute; a los ni&ntilde;os. Para Benjamin los ni&ntilde;os, a trav&eacute;s de sus juguetes, se sienten atra&iacute;dos por objetos que no tienen valor ni prop&oacute;sitos evidentes. Y suelen jugar con ellos de manera antijer&aacute;quica, es decir, ellos le ponen las jerarqu&iacute;as que quieren. En los ni&ntilde;os encontraba Benjamin una potencia, un excedente revolucionario. Los ni&ntilde;os pueden jugar incluso a riesgo de morirse. El revolucionario tambi&eacute;n. La vida es puesta en juego siempre. Pienso en Nietzsche &ndash;otro adicto al fragmento como Benjamin&ndash; que dec&iacute;a que hab&iacute;a que vivir con la potencia con la que juegan los ni&ntilde;os, como si fuera en serio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Benjamin el juego de los ni&ntilde;os tiene mayor relaci&oacute;n con los textos sagrados que con el habla corriente de los adultos. Tanto para el revolucionario como para los ni&ntilde;os, no hay ruptura entre acci&oacute;n y percepci&oacute;n. Por eso pensaba que hab&iacute;a que rescatar la conciencia infantil que anida en nosotros, esa redenci&oacute;n es crucial. Cuando ordenamos el cuarto del ni&ntilde;o, cuando no lo dejamos que se aburra &ndash;ah&iacute; ordenamos su tiempo&ndash; lo que hacemos es prepararlo para el capitalismo salvaje. De hecho, la pi&ntilde;ata al final de los estereotipados cumplea&ntilde;os infantiles es un ejercicio anticipatorio de lo que va a ser la vida adulta: todos contra todos por un pu&ntilde;ado de caramelos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Si est&aacute;n sanos y se siente bien &ndash;escribe Walter Benjamin&ndash; todos los ni&ntilde;os son aut&eacute;nticos monstruos de creatividad, despedazando, rompiendo construyendo. Siempre haciendo algo! Podr&iacute;a decirse que s&oacute;lo son conscientes de todas las cosas que los rodean si pueden actuar sobre ellas. La acci&oacute;n, de hecho, lo es todo. En la escuela, estas aptitudes son barridas por la socializaci&oacute;n, hay que responder lo que se te explic&oacute;, mirar sin tocar. Por eso creo que los fumadores &ndash;que necesitan el placer t&aacute;ctil del paquete de cigarrillos&ndash; son ni&ntilde;os, inhalando y sacando humo, una forma de mostrar que existimos mientras pensamos: ah&iacute; hay humo, alguien est&aacute; vivo, algo pas&oacute;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Benjamin era indispensable organizar el pesimismo, para que &eacute;ste se volviera potencia. Le parec&iacute;a que estaba bien el sistema anal&iacute;tico de Kant, siempre y cuando incluyera tambi&eacute;n el estudio de la borra del caf&eacute;. Como cosificaci&oacute;n del deseo, las mercanc&iacute;as en vez de satisfacer sue&ntilde;os, los producen: la gente cuando entra al shopping satisface deseos que no sab&iacute;a que ten&iacute;a. Benjamin era un visitador de anticuarios. Le gustaban los objetos, ver qu&eacute; cosa del pasado o que estaba en desuso, se enhebraba en el presente. Guardaba en su casa juguetes, objetos. Como Jarvis Cocker, el frontman de Pulp, un compositor extraordinario que ten&iacute;a almacenado en un desv&aacute;n muchos objetos que fue acumulando en su vida: diarios, cuadernos, chicles vencidos, remeras, etc. Pop bueno, pop malo es un libro en que el Jarvis abre ese desv&aacute;n y se pone a hacer un inventario de las cosas que se acumularon . Me acuerdo del final de un poema de Borges que nos daban en la secundaria, el Borges para principiantes. Era sobre las cosas: &ldquo;Durar&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de nuestro olvido/ no sabr&aacute;n nunca que nos hemos ido&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay un libro de ficci&oacute;n que se llama Las cosas que llevaban, es de Tim O'Brien, y narra la guerra de Vietnam a trav&eacute;s de los objetos que los soldados llevaban mientras se met&iacute;an en la jungla, se drogaban o pisaban una mina escondida debajo de un pedazo de c&eacute;sped siniestro. El inventario de Jarvis es m&aacute;s amable. Me encanta sobre todo la parte en que cuenta c&oacute;mo consigui&oacute; su primera guitarra el&eacute;ctrica. Siendo chico junto a su hermana y su madre se fueron de vacaciones a Ibiza y ah&iacute; la madre conoci&oacute; a Horst, un alem&aacute;n que daba clases de buceo en el hotel donde paraban. A Jarvis el tipo le cay&oacute; mil puntos y le cont&oacute; su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica. Cuando termin&oacute; el verano, Horst le dijo que iba a ir a visitarlo a Sheffield y que le iba a llevar algo de regalo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ac&aacute;, en este Black Friday el verano empez&oacute;. Encuentro en unos cajones una servilleta dibujada por mi amigo Pablo Chac&oacute;n. Pablo vino de La Plata a trabajar y su padre lo mand&oacute; con un tipo que le iba a conseguir trabajo. El tipo se llamaba Verga. Pablo me cont&oacute; que le dijo: &ldquo;Si usted no me consigue trabajo, no me lo consigue nadie&rdquo;. Esta servilleta es del bar de una librer&iacute;a donde Juan Jos&eacute; Saer present&oacute; junto a Alberto D&iacute;az y Alan Pauls Lo imborrable, una novela que narra la depresi&oacute;n&nbsp; y posterior salida de ella de Tomatis. Ese d&iacute;a hac&iacute;a un calor infernal. Saer ten&iacute;a libros en la mano para firmar pero se le escapaban como jabones mojados por la transpiraci&oacute;n. Pero lo m&aacute;s incre&iacute;ble fue cuando Alan me lo present&oacute;. Vi que Saer ten&iacute;a la cara toda transpirada y que cada gota de sudor que la recorr&iacute;a tenia forma de comas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viernes-negro_129_10736402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Dec 2023 03:01:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El viernes negro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lanzan un novedoso concurso de cuentos con el foco puesto en "las nuevas narrativas sobre la ciudad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lanzan-novedoso-concurso-cuentos-foco-puesto-nuevas-narrativas-ciudad_1_10722634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e128f469-59ff-4914-b2b5-d4ee46f5febd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lanzan un novedoso concurso de cuentos con el foco puesto en &quot;las nuevas narrativas sobre la ciudad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con Mariana Enriquez, Fabián Casas y Lala Toutonian en el jurado, el galardón elegirá nueve relatos que serán publicados en un libro durante 2024. Los premios, los plazos y las bases para participar.</p><p class="subtitle">Entrevista - Claudia Piñeiro: “Hay nuevas generaciones a las que no les supimos transmitir lo que significa perder la democracia”</p></div><p class="article-text">
        Con un encuentro que tuvo lugar en el &uacute;ltimo piso de la imponente Torre Macro dise&ntilde;ada por el arquitecto argentino <strong>C&eacute;sar Pelli</strong>, se lanz&oacute; hoy oficialmente la primera edici&oacute;n del concurso literario Microcentro Cuenta Cuentos, <strong>un galard&oacute;n que busca poner en foco a las &ldquo;nuevas narrativas sobre la ciudad&rdquo; y premiar relatos breves in&eacute;ditos que ser&aacute;n publicados en un libro durante 2024</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para esta primera edici&oacute;n, el jurado estar&aacute; integrado <strong>por los escritores Mariana Enriquez y Fabi&aacute;n Casas</strong> y por la periodista <strong>Lala Toutonian</strong>. El cuento ganador<strong> se llevar&aacute; 800 mil pesos</strong> y ser&aacute; publicado junto con otros ocho relatos seleccionados como finalistas en un libro que ser&aacute; publicado durante 2024 por la editorial Emec&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo galard&oacute;n para cuentos in&eacute;ditos, que tiene como objetivo establecerse como uno de los referentes de un rubro por lo general olvidado en el calendario de los grandes premios literarios locales, <strong>est&aacute; organizado por la Fundaci&oacute;n Macro, por el editor Ignacio Iraola y por Microcentro Cuenta</strong>, la plataforma &ldquo;de generaci&oacute;n de contenidos art&iacute;sticos que busca integrar y promover al microcentro porte&ntilde;o como un faro de las distintas disciplinas art&iacute;sticas&rdquo; con apoyo del programa Mecenazgo que impulsa el Ministerio de Cultura porte&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una iniciativa <strong>&ldquo;para descubrir autores y reconocer, a trav&eacute;s de sus historias, las redes de sentido que constituyen la esencia de la vida urbana actual, haciendo foco en el microcentro&rdquo;</strong>, informaron en un comunicado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tem&aacute;tica de los cuentos que se postulen &ldquo;tiene que estar vinculada a la escena urbana, <strong>con foco en el microcentro</strong> de la Ciudad de Buenos Aires&rdquo;, agregaron.
    </p><p class="article-text">
        Durante el acto, distintos representantes de la organizaci&oacute;n tomaron la palabra para destacar la importancia del nuevo galard&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Los escritores Mariana Enriquez y Fabián Casas, con la periodista Lala Toutonian.                            </span>
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        <strong>Javier Grosman</strong>, director de Microcentro Cuenta, se&ntilde;al&oacute; que el concurso llega <strong>&ldquo;en momentos para estar todos juntos, para pensar nuevos horizontes, para pensar nuevas utop&iacute;as&rdquo;</strong>. Luego lleg&oacute; el turno de Iraola, quien dijo ante el p&uacute;blico que se trata de <strong>un &ldquo;premiazo&rdquo; con un jurado &ldquo;de excepci&oacute;n&rdquo;</strong> y con una dotaci&oacute;n importante, adem&aacute;s de la publicaci&oacute;n de las obras elegidas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un nuevo premio literario siempre es una gran noticia. <strong>M&aacute;s si ese premio tiene un jurado excepcional. </strong>Y m&aacute;s a&uacute;n si el detonante de ese concurso es una zona emblem&aacute;tica de Buenos Aires&rdquo;, agreg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hablaron los miembros del jurado durante el lanzamiento. <strong>Mariana Enriquez celebr&oacute; que el espacio elegido para los relatos que participen sea el urbano. </strong>&ldquo;Leo mucho campo &uacute;ltimamente&rdquo;, agreg&oacute;, al referirse a su tarea como jurado en otros concursos. Sobre el centro porte&ntilde;o, asegur&oacute; que est&aacute; teniendo <strong>&ldquo;un renacimiento extra&ntilde;o&rdquo; </strong>despu&eacute;s de la pandemia y que los cuentos finalistas ser&aacute;n &ldquo;le&iacute;dos con rigor y con afecto en lo posible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fabi&aacute;n Casas</strong>, por su parte, destac&oacute; la importancia de los concursos y se permiti&oacute; bromear sobre su rol: <strong>&ldquo;Me gusta m&aacute;s leer que escribir. Uno pasa de mandar a concursos a ser jurado y despu&eacute;s a morir: ese es el arco narrativo&rdquo;.</strong>
    </p><h3 class="article-text">Bases y condiciones</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n adelantaron desde la organizaci&oacute;n, Microcentro Cuenta Cuentos abrir&aacute; el plazo de recepci&oacute;n de cuentos el 27 de noviembre. <strong>Las personas interesadas podr&aacute;n enviar sus obras hasta el 28 de febrero de 2024. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Deber&aacute;n enviar un PDF con el texto al correo electr&oacute;nico&nbsp;cuentos.microcentrocuenta@gmail.com con el asunto&nbsp;&ldquo;Concurso Microcentro Cuenta Cuentos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El cuento deber&aacute; estar escrito en una hoja tama&ntilde;o A4, con fuente Times New Roman e interlineado doble en&nbsp;una extensi&oacute;n de 3.000 y 15.000 caracteres con espacios.
    </p><p class="article-text">
        El concurso est&aacute; dirigido a escritores y escritoras de cualquier nacionalidad residentes en la Argentina, siempre y cuando presenten los cuentos (hasta uno por participante) en idioma espa&ntilde;ol y sean mayores de 18 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Los resultados se conocer&aacute;n en marzo de 2024 a trav&eacute;s de las redes de Microcentro Cuenta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El premio mayor es de 800 mil pesos</strong>, mientras que las nueve obras elegidas por el jurado como finalistas formar&aacute;n parte de un libro que se publicar&aacute; en 2024.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/JJD</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>M&aacute;s informaci&oacute;n sobre Microcentro Cuenta Cuentos, </em><a href="https://linktr.ee/microcentrocuenta" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>en este enlace</em></a><em>. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lanzan-novedoso-concurso-cuentos-foco-puesto-nuevas-narrativas-ciudad_1_10722634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Nov 2023 19:05:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lanzan un novedoso concurso de cuentos con el foco puesto en "las nuevas narrativas sobre la ciudad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mariana Enriquez,Fabián Casas,Concursos Literarios,Literatura argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para saber cómo es la soledad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/soledad_129_10578387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4721ced4-2282-4fce-8e55-ded8622d7d64_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para saber cómo es la soledad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vida en sí no es ni buena ni mala, simplemente es. La vida social, en cambio, puede ser una fuente incesante de frustraciones. </p></div><p class="article-text">
        Siempre me impactaron las personas que saben c&oacute;mo estar solas. Hay algo en ese tipo de esp&iacute;ritu que me parece central para tener una buena vida. En ingl&eacute;s hay dos palabras para definir la soledad, una es <em>solitude</em>, que es la soledad deseada, y otra <em>loneliness</em>, que es la soledad que encierra, que no se desea y que aparta y a&iacute;sla.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para tener una soledad deseada, hay que llevarse bien con uno mismo, saber disfrutar incluso del aburrimiento, que puede ser un momento especial, como propon&iacute;a <strong>Mart&iacute;n Heidegger</strong>, en el que sentimos &ldquo;el peso del ser&rdquo;. Cuando era chico padec&iacute; muchos momentos de aburrimiento y s&eacute; que sal&iacute; de ellos potenciado: algo se me revelaba ah&iacute; que me daba cierta capacidad de frustraci&oacute;n para afrontar la vida. La vida en s&iacute; no es ni buena ni mala, simplemente es. La vida social, en cambio, puede ser una fuente incesante de frustraciones y cuanto m&aacute;s capacidad tengas de sobrellevarlas m&aacute;s feliz vas a ser.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pod&eacute;s alcanzar la iluminaci&oacute;n estando solo o estando entre la gente. Los libros siempre me parecieron instrumentos para estar entre la gente. Y los logros colectivos me parecen m&aacute;s potentes que los logros individuales. De mi recuerdo del f&uacute;tbol, una cosa que todav&iacute;a puedo valorar de esa pr&aacute;ctica -como hincha, espectador- es que el logro lo ten&iacute;an los otros -los jugadores- y la alegr&iacute;a la compart&iacute;a con la gente que estaba a mi lado.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Borges, ir&oacute;nicamente, le puso de t&iacute;tulo a un libro de ensayos, <em>Historia de la eternidad</em>, justo lo que no se puede historizar porque no termina nunca. Pero hay un libro que acaba de salir en castellano que se llama <em>Una historia de la soledad</em>, de <strong>David Vincent</strong>. La soledad es algo muy real. Y Vincent se encarga en este libro ameno y muy bien datado, de dar cuenta de su trayecto hist&oacute;rico, sobre todo en la cultura inglesa. &iquest;La soledad es una epidemia de nuestra &eacute;poca? &iexcl;Cu&aacute;ndo y de qu&eacute; manera comenz&oacute; el deseo de desconectarse del mundo? &iquest;Vivir en la era digital ampl&iacute;a nuestra sociabilidad o nos deja cada vez m&aacute;s solos? Son algunas de las preguntas que se hace el autor.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El miedo de vivir es un camino que conduce a la soledad no deseada. Yo encuentro algo de eso en la matriz del budismo, que es un sincretismo del hindu&iacute;smo, una religi&oacute;n m&aacute;s antigua. Identificar el placer con el dolor y tener que tom&aacute;rselas lejos de la gente para, bajo la sombra del &aacute;rbol Bodhi, hallar la iluminaci&oacute;n y no tener que volver jam&aacute;s a la tierra, puede ser una manera despiadada del terror.&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las personas que pueden estar a gusto solas, están capacitadas para estar bien con los demás. Y esa soledad sólo es potente si sirve para estar con la gente.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por un lado, seg&uacute;n mis investigaciones, nunca ninguna persona ha vuelto de la muerte. Es decir que, cuando morimos -otra de las cosas que pude comprobar y que tienen que aceptar los que no les gusta el spoiler-, se acaba todo. Por eso lo &uacute;nico que existe es el presente y hay que tratar de captarlo en un pu&ntilde;o con la potencia del haiku.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el libro de Vincent hay un largo cap&iacute;tulo sobre los poetas rom&aacute;nticos ingleses, que sal&iacute;an a perderse en la naturaleza para disfrutar cada momento en soledad, con sus propios pensamientos. <strong>William Wordsworth</strong> sol&iacute;a caminar por los lagos, porque cre&iacute;a que utilizaba los pies como lo hab&iacute;an hechos los cristianos y los fil&oacute;sofos antiguos. Caminar en soledad y pensar -algo que tambi&eacute;n hac&iacute;a Heidegger en la Selva negra- es uno de los placeres m&aacute;s extraordinarios que existen. M&aacute;s que el div&aacute;n, una pr&aacute;ctica potente para el psicoan&aacute;lisis deber&iacute;a ser ir caminando junto al paciente por un bosque. Recuerdo ahora largas caminatas por la ciudad junto a algunos amigos: eran momentos inolvidables, est&aacute;bamos juntos y, tambi&eacute;n, est&aacute;bamos solos, en un movimiento tan veloz como el de la luz de giro.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Rumble Fish</em>, la pel&iacute;cula de <strong>Francis Ford Coppola</strong>, Rusty James y su hermano, El Chico de la Moto, caminan un largo trecho hablando sobre&nbsp; su vida, cruzan un puente que los conduce a la ciudad y mientras caminan tratan de entenderse, de saber qui&eacute;nes son. Yo suelo desconfiar de cualquier pensamiento que no se me haya ocurrido caminando. No es necesario recorrer un bosque, basta con ir de la cama al living. Hay un dicho que me gusta mucho y que habla de la necesidad de caminar para traccionar la angustia &ldquo;el diablo nos quiere con los pies fr&iacute;os&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata de caminar por caminar. Hay toda una industria en torno de la infancia -de la infancia pudiente- que trata de que los chicos no se aburran nunca y los llenamos de cursos de todo. Tambi&eacute;n llevan mochilas inmensas al colegio: se trata de que no puedan moverse, cada nenita o nenito son su propio mito de S&iacute;sifo en el sistema educativo embrutecedor.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La gentrificaci&oacute;n produce nuevas formas de soledad. Eso lo vio bien <strong>David Simon</strong> en sus series <em>The Wire</em>, <em>The Deuce</em>, <em>Show me a hero</em>. Las personas que pueden estar a gusto solas, est&aacute;n capacitadas para estar bien con los dem&aacute;s. Y esa soledad s&oacute;lo es potente si sirve para estar con la gente. La idea de viajar o moverte -si vos no est&aacute;s bien en soledad- no tiene sentido, porque como dice Montaigne en su ensayo sobre la soledad, citando a Horacio, por m&aacute;s que te alejes con el caballo m&aacute;s veloz, &ldquo;la negra inquietud va sentada tras el jinete&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/soledad_129_10578387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Oct 2023 03:01:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Para saber cómo es la soledad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Francis Ford Coppola,Soledad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la cuatro por cuatro de Fruttero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuatro-cuatro-fruttero_129_10466749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02e9bc6f-34e7-4d90-98db-bfb530a313fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la cuatro por cuatro de Fruttero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es increíble la potencia que tiene la poesía para ayudarte a pasar la pena. La poesía es mi fe: y es lo único en lo que creo. Cada traducción trae desde otra lengua algo que explica nuestra época, nuestro sitio en el mundo, lo que llamamos duración.</p></div><p class="article-text">
        Miro a trav&eacute;s de la ventana del cuarto del hospital donde est&aacute; mi amigo Duncan. La avenida Juan B. Justo en invierno, la hora violeta en que la tarde se ocurece y los focos de los autos se encienden. Hay un mont&oacute;n de gente en la vereda yendo hacia alg&uacute;n lado. Es como si hubieran abierto los corrales y todos corrieran para llegar a su casa antes del bombardeo del noticiero. Duncan, que est&aacute; internado porque una bacteria le entr&oacute; a su cuerpo y est&aacute; tratando de colonizarlo, me dice, con el suero puesto: &ldquo;Ahora empieza la larga noche de las cuarenta horas&rdquo;. El habla de la noche en ese cuarto de hospital, de la duermevela del enfermo, de los ruidos en los pasillos y las voces de los enfermeros, tal vez alg&uacute;n llanto en alguna pieza remota, los pasos el&aacute;sticos de las crocs de los m&eacute;dicos, la radio del que cabecea en la guardia mientras mira de reojo el reloj que lo libere de ese martirio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero yo me acuerdo de una frase de T.S.Eliot que le&iacute; alguna vez entre sus ensayos, una frase que dec&iacute;a que hab&iacute;a que escribir de manera que uno pudiera decir: &ldquo;As&iacute; hablar&iacute;a yo si tuviera que hablar en verso&rdquo;. Porque mi amigo Duncan &ndash;probablemente la persona m&aacute;s inteligente que conozco- habla con esa potencia. Y mientras &eacute;l se duerme y yo lo cuido, prendo una peque&ntilde;a luz que hay en el cuarto y me pongo a leer los Cuatro cuartetos de T.S.Eliot que tengo en la mochila, editados por la Editorial de la Municipalidad de Rosario en una traducci&oacute;n audaz de Arturo Fruttero. Es incre&iacute;ble la potencia que tiene la poes&iacute;a para ayudarte a pasar la pena. La poes&iacute;a es mi fe: y es lo &uacute;nico en lo que creo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando Eliot escribe los Cuatro cuartetos, Inglaterra est&aacute; devastada por la guerra y los ataques a Londres son diarios: el bombardeo alem&aacute;n hace que todos vivan en presente. A veces suenan las sirenas y la gente corre a refugiarse en los s&oacute;tanos o lo vagones de subtes qued&aacute;n detenidos sin electricidad y la multitud amontonada se contempla como puede: &ldquo;El desierto est&aacute; apretujado en el vag&oacute;n del subte junto a vos, el desierto est&aacute; en el coraz&oacute;n de tu hermano&rdquo;, dice uno de los coros de The Rock, una obra de teatro con motivos religiosos que Eliot empez&oacute; a escribir antes de la guerra. Eliot fue siempre un yanqui extremadamente nervioso. Se vest&iacute;a exageradamente como un ingl&eacute;s, as&iacute; como Michael Jackson quer&iacute;a ser blanco. Eliot ten&iacute;a la cara demacrada y a veces se la empolvaba para parecer a &uacute;n m&aacute;s dram&aacute;tico: ten&iacute;a algo de actor en su forma de ser, como si nunca se supiera qui&eacute;n era en realidad. Su cerebro estaba poblado por muchos demonios y r&aacute;pidamente encontr&oacute; consuelo en la religi&oacute;n, y se fue a vivir un largo per&iacute;odo con los curas de de la iglesia anglicana. Viviendo como un capell&aacute;n, Eliot se confesaba y com&iacute;a la hostia con el cuerpo de Cristo como desayuno. Escribir obras de teatro por encargo de la Iglesia de Inglaterra, le dio a sus versos cierto tono declamatorio, cierta oralidad que est&aacute; presente en los Cuatro cuartetos, cuatro poemas titulados con nombres de lugares que el poeta visit&oacute; y que por motivos sentimentales le resonaban analg&eacute;sicos cuando las bombas incendiarias ca&iacute;an sobre Londres. Traduce Fruttero: &ldquo;El tiempo pasado y el tiempo futuro / permiten empero una peque&ntilde;a consciencia./ Ser consciente significa no estar en el tiempo/ m&aacute;s tan s&oacute;lo en el tiempo pueden el momento/ en el jard&iacute;n de las rosas, /el momento en el emparrado donde la lluvia golpea, /el momento en la iglesia colada de aire al caer del humo/ser recordados; implicados en el pasado y en el futuro./ S&oacute;lo a trav&eacute;s del tiempo, el tiempo es conquistado&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo incre&iacute;ble de la traducci&oacute;n de Fruttero es el poder emancipatorio que tiene. La hace en 1949, cuando los Cuatro cuartetos reci&eacute;n hab&iacute;an sido publicados en Londres. Como Salas Subirat con Ulises, Fruttero no tiene hermen&eacute;utica en torno a los Cuartetos, ni tiene versiones con qui&eacute;n cotejar sus traducciones, est&aacute; de alguna manera solo, con su potencia y su inteligencia, aprendiendo de s&iacute; mismo en el fragor de la traducci&oacute;n. Traducci&oacute;n que permaneci&oacute; in&eacute;dita hasta ahora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un hornero que hace su casa en un poste de luz es una traducci&oacute;n. Cada traducci&oacute;n trae desde otra lengua algo que explica nuestra &eacute;poca, nuestro sitio en el mundo, lo que llamamos duraci&oacute;n. En el hospital, al lado de mi amigo Duncan, leo lo que traduce Fruttero: &ldquo;Toda la tierra entera es el gran hospital/ dotado un d&iacute;a por un millonario arruinado,/ donde si nos va bien, no moriremos mal/ mediante su absoluto y paternal cuidado/ que, lejos de dejarnos/ chocar&aacute; en todo lado&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eliot, mientras trabajaba en los Cuartetos,&nbsp; se hab&iacute;a anotado una serie de rimas que pensaba utilizar. Fruttero tiene que lidiar con ellas en el castellano. Tambi&eacute;n tiene que transmitir para este lado la presi&oacute;n conceptual y el tono de canci&oacute;n dram&aacute;tica que tienen estos poemas: no importa tanto el sentido de lo que se dice, sino la m&uacute;sica que sostiene al poema. Porque T.S.Eliot empez&oacute; leyendo a los simbolistas y sus poemas fueron &ldquo;m&uacute;sica por encima de todo&rdquo;. Me gusta tanto la osad&iacute;a de Fruttero, que me puse a traducir un tramo de los Cuartetos que me encanta: &ldquo;Si vinieras por este camino/ tomando cualquier senda/ saliendo de donde sea/en cualquier tiempo y en cualquier estaci&oacute;n/ser&iacute;a siempre lo mismo: abandonar sentido y raz&oacute;n./ No est&aacute;s ac&aacute; para comprobar, aprender o satisfascer tu curiosidad, mucho menos recolectar noticias./ Est&aacute;s ac&aacute; par arrodillarte donde la oraci&oacute;n tiene valor./ Y es m&aacute;s que un ordenamiento de palabras, la consciente ocupaci&oacute;n del esp&iacute;ritu que reza, el sonido de la voz que reza.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Arturo Fruttero naci&oacute; en Santa Fe en 1909 y muri&oacute; en la misma provincia en 1963. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde muri&oacute; T.S.Eliot, en Londres. Fruttero escribi&oacute; poemas y ensayos y su obra completa que los incluye est&aacute; prologada y recopilada por Osvaldo Aguirre en la Editorial Municipal de Rosario. Se gan&oacute; la vida como farmac&eacute;utico.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuatro-cuatro-fruttero_129_10466749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Aug 2023 03:04:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En la cuatro por cuatro de Fruttero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunas tardes con Teresa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tardes-teresa_129_10416816.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c9b0b5f-125a-457a-b2f5-76e8b45638ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algunas tardes con Teresa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Recuerdos de la infancia y sus pequeñas aventuras cotidianas de la mano de una tía con un corazón inmenso.</p></div><p class="article-text">
        Mi t&iacute;a Teresa ten&iacute;a el pelo blanco y nariz aguile&ntilde;a. Un pelo abundante que se cortaba regularmente. Una vez, dicen, porque yo era muy chiquito, se lo ti&ntilde;&oacute; de azul para ir a un&nbsp;casamiento y fue una cat&aacute;strofe: esto sucedi&oacute; all&aacute; por los setenta, un poco antes del punk. Mi t&iacute;a Teresa era una persona muy divertida: siempre se estaba riendo. Ten&iacute;a frases que nos repet&iacute;a a nosotros, sus sobrinos, que eran geniales: &ldquo;Ustedes van al r&iacute;o y lo secan&rdquo;, &eacute;sta la usaba cuando perd&iacute;amos algo y ella lo encontraba enseguida. Tambi&eacute;n pod&iacute;a ser escatol&oacute;gica: &ldquo;C&oacute;mo se nota que tienen el culo lleno&rdquo;, si nos pon&iacute;a un plato de comida en la mesa y nosotros dec&iacute;amos que no nos gustaba. Cuando se re&iacute;a por alg&uacute;n chiste repet&iacute;a: &ldquo;Qu&eacute; plato&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi t&iacute;a Teresa era la hermana de mi pap&aacute;, pero de diferentes madres: mi t&iacute;a era blanca, de ojos celestes, mi pap&aacute; moreno, de ojos negros y penetrantes. Mi t&iacute;a le dec&iacute;a a mi pap&aacute; &ldquo;el negro o el negrito&rdquo;.&nbsp; Mi pap&aacute; le dec&iacute;a &ldquo;negra&rdquo; o Teresa. En una casa grande viv&iacute;amos todos juntos, mi mam&aacute;, mi pap&aacute;, mis hermanos, mi padrino Bruno y mi t&iacute;a Teresa con su hijo Carlos. Carlitos, &ldquo;primo Carlo&rdquo;, en la lengua infantil que practic&aacute;bamos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi primo Carlos es como mi hermano mayor, mi T&iacute;a Teresa fue como otra madre para m&iacute;. Ten&iacute;a una cualidad suprema: darle amor a los dem&aacute;s por sobre todas las cosas, incluso por encima de sus propios intereses. No puedo recordar ning&uacute;n gesto ego&iacute;sta de ella, ning&uacute;n tipo de conato de pelea, aunque era una persona de car&aacute;cter fuerte. Una vez le pregunt&eacute; cu&aacute;ndo iba a llegar el fin del mundo y ella me dijo: &ldquo;El fin del mundo llega cuando uno se muere&rdquo;. Esto, pienso ahora, estaba relacionado con una idea de que el mundo era eterno y nosotros s&oacute;lo paseamos un rato por ac&aacute;. Pensar que el mundo nunca se va a terminar era un idea muy propia de mi t&iacute;a Teresa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi t&iacute;a Teresa me llevaba al cine Los Andes, que estaba en la esquina de mi casa. Ah&iacute; ve&iacute;amos unas tres pel&iacute;culas en continuado, y sal&iacute;amos en estado de shock los domingos por la tarde. Recuerdo que la realidad me parec&iacute;a chirle, comparada con las pel&iacute;culas que acababa de ver. Tambi&eacute;n ten&iacute;amos un rito particular, nos gustaba viajar en subte, explorar las l&iacute;neas, ver los diferentes vagones que hab&iacute;an, sentarnos en el &uacute;ltimo vag&oacute;n para ver c&oacute;mo se inclinaba la densa oscuridad del t&uacute;nel a medida que avanz&aacute;bamos. En el cine no pag&aacute;bamos, ya que el boletero era un vecino que ten&iacute;a una hija que era polic&iacute;a. Me acuerdo perfecto de esa chica, alta hermosa, saliendo de la casa de mitad de cuadra vestida de uniforme azul. &ldquo;Estuvo en un enfrentamiento con la guerrilla y se volvi&oacute; loca, ahora dice que la persiguen&rdquo;, me cont&oacute; mi t&iacute;a muchos a&ntilde;os despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algo que no voy a olvidar nunca eran las manos de mi t&iacute;a. Eran nudosas, fuertes, cobijaban. Yo le daba mi mano cuando me llevaba al colegio, por las ma&ntilde;anas. Ser&aacute; por eso que ahora a m&iacute; me gusta agarrar la mano de las personas que amo. Mi t&iacute;a gustaba de las pastillas. Siempre ten&iacute;a DRF verdes guardadas en su ropero. Cuando sal&iacute;amos para nuestras incursiones, a comprar algo o a la plaza Mart&iacute;n Fierro &ndash;donde me llevaba hasta que se hac&iacute;a de noche y se encend&iacute;an los grillos- ella me convidaba esa peque&ntilde;a hostia de mentol. Caminar con mi t&iacute;a era una felicidad incre&iacute;ble.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ten&iacute;a raz&oacute;n, el mundo sigue pero la vida de uno se termina. Si bien durante mucho tiempo tuvo algunos achaques, ella era muy estoica y reacia a ver los m&eacute;dicos. Yo me ocupaba de llevarla a las consultas cuando, por ejemplo, a los ochenta a&ntilde;os tuvo una &uacute;lcera. Y se cur&oacute;. Lo curioso era que el m&eacute;dico de mi t&iacute;a estaba hecho pedazos, era viej&iacute;simo, pero implacable. Me acuerdo que una vez me mostr&oacute; una radiograf&iacute;a de Teresa y me dijo: &ldquo;Ves, ac&aacute; est&aacute; la fisura, tiene que ocuparse la especialidad&rdquo;. Esa frase me pareci&oacute; casi un verso de un poema. Traducida, quer&iacute;a decir que hab&iacute;a que internarla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n tuvo una arritmia y tuve que tramitar para ella un marcapasos. Fui a acompa&ntilde;arla el d&iacute;a que se lo pusieron. Era un aparato microsc&oacute;pico que daba peque&ntilde;as descargas y manten&iacute;a en l&iacute;nea al coraz&oacute;n. Cuando el coraz&oacute;n cabeceaba para dormirse, el peque&ntilde;o golpe el&eacute;ctrico del marcapasos lo despertaba. Otra de sus frases para esa &eacute;poca: &ldquo;Ya no me queda mucho hilo en el carretel&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando mi t&iacute;a muri&oacute; le sacaron el marcapasos y yo lo fui a retirar del hospital. Era un objeto &iacute;nfimo, parec&iacute;a de metal, estaba metido en una caja. Era un modelo alem&aacute;n, con especificaciones t&eacute;cnicas. Yo lo miraba en el colectivo donde estaba sentado. Ese peque&ntilde;o objeto sostuvo en vilo a un coraz&oacute;n inmenso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tardes-teresa_129_10416816.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jul 2023 03:21:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Algunas tardes con Teresa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez años para tu peluquero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/diez-anos-peluquero_129_10380481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c037597e-2083-4ccb-988c-74e8358399f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0." width="1200" height="675" alt="Diez años para tu peluquero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un cruce con Luca Prodan en el baño de un boliche, un elefante roto en la vereda, los amigos y los fantasmas en una vieja foto. </p></div><p class="article-text">
        Forma parte de mi peque&ntilde;o jard&iacute;n, que est&aacute; en el balc&oacute;n donde me siento a fumar y dibujar. Pero lo encontr&eacute; en la vereda de la avenida. Estaba parado al lado de un &aacute;rbol, al que le daba la espalda, miraba hacia la gente que caminaba, como pidiendo que le prestaran atenci&oacute;n. Es un elefante celeste, con una montura de m&uacute;ltiples colores. Ese tipo de elefante hind&uacute; que debe haber salido de un horno de cer&aacute;mica para recalar en un negocio de &iacute;conos religiosos budistas. Alguien lo compr&oacute; para s&iacute; mismo o lo regal&oacute;. Y a alguien se le cay&oacute; y le rompi&oacute; el extremo de la trompa. Un elefante sin trompa queda desamparado.&nbsp;Yo lo veo y me le acerco. Unos tipos me miran desde su mesa en la que est&aacute;n comiendo una parrillada. Es un bar rantifuso, aceitoso, popular, de los muchos que rodean la estaci&oacute;n de trenes que est&aacute; cerca de mi casa. Les pregunto si el elefante es de alguno de ellos. Pero como toda respuesta me miran y siguen masticando en silencio: tienen algo de esos cowboys que hostigan a los pueblos en el Lejano Oeste.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo alzo y me lo llevo. No le va a crecer la trompa, pero siento una hermandad con &eacute;l. As&iacute; que no me importa. En su imperfecci&oacute;n, es m&aacute;s hermoso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo pongo al lado de una de mis macetas preferidas. Es una maceta baja, cuadrada, de fondo gris cemento pero que en cada una de sus caras tiene unos dibujos geom&eacute;tricos, celestes, hermosos. La planta que tiene me es desconocida, pero muy resistente. Super&oacute; el verano infernal pasado. Es una planta fina, un yuyo. Un amigo de mi hermano Juan dice que las plantas son mejores que los humanos, que tienen sensores supersensibles. A esta planta y su maceta, me la regal&oacute; mi amigo Ulises. Yo estaba en su casa y le dije que era hermosa y &eacute;l &ndash;que siempre es muy generoso- me la di&oacute;. Me la llev&eacute; en un taxi. Recuerdo la alegr&iacute;a que me dio ese regalo. Mi amigo Ulises Conti es compositor y tiene ya muchos discos. Hay dos que escucho constantemente: 1234.8 &ndash;le digo el disco azul, porque es el color predominante de la tapa- y Los ef&iacute;meros &ndash;le digo el disco blanco porque es el color predominante de la tapa-. Escucho estos discos porque&nbsp;como los Sacred Hymns de Gurdjieff, me tranquilizan y me dan paz. Ahora mientras escribo los estoy escuchando de manera alternada, termina uno y pongo el otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me encuentro con mi hermano Juan en el bar de las chicas donde vamos a almorzar seguido. Le cuento que estoy leyendo, maravillado, Luces Calientes, el libro de Dami&aacute;n Damore que narra c&oacute;mo a los 17 a&ntilde;os sigui&oacute; a Sumo por todos los recitales que daban. Un d&iacute;a se encontr&oacute; con Luca Prodan, le digo a mi hermano, y Damore narra que se sinti&oacute; muy nervioso y que s&oacute;lo atin&oacute; a preguntarle: &ldquo;&iquest;Ya salen?&rdquo;. Y Luca le dijo: &ldquo;Estamos esperando que nos digan los due&ntilde;os cu&aacute;ndo tocamos&rdquo;. Esto pasa en el cap&iacute;tulo 12. Taiw&aacute;n Club. Cada cap&iacute;tulo est&aacute; titulado con el nombre del lugar donde Sumo toc&oacute; y &eacute;l lo fue a ver. Creo que el libro tiene afanada la operaci&oacute;n mental del libro de Nick Hornby, Fiebre en las gradas, que cuenta c&oacute;mo segu&iacute;a al Arsenal por todas las canchas. Mi hermano me dice que &eacute;l nunca vio a Sumo en vivo, pero que una vez estaba con el Monito, un amigo del barrio y que &eacute;ste se hab&iacute;a cortado el pelo &eacute;l mismo, muy mal: parec&iacute;a como si tuviera hongos en la cabeza. Y que fueron juntos a un bar a tomar algo y en un momento los dos fueron al ba&ntilde;o y se cruzaron a Luca y cuando el cantante de Sumo lo vio al Monito , le dijo: &ldquo;Diez a&ntilde;os para tu peluquero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Monito que muchos a&ntilde;os despu&eacute;s iba a andar con un Fiat azul &ndash;como mi maceta, como el disco de Ulises, como el fondo de la tapa de Luces Calientes de Damore- con un mont&oacute;n de armas en un ba&uacute;l. Y al que nuestro amigo Petete &ndash;que trabajaba en la morgue judicial- se lo iba a encontrar muerto de tres tiros sobre una camilla. Petete nos llam&oacute; por tel&eacute;fono y nos dijo: &ldquo;No busquen m&aacute;s, ac&aacute; est&aacute; el Monito&rdquo;. A Petete no le tiembla el pulso porque trabaja en la morgue. Y est&aacute; casi loco como todos nosotros porque creci&oacute; en un barrio mientras sus amigas y amigos eran borrados de la faz de la tierra por la dictadura militar, la guerra de Malvinas, la Guerra de las Galaxias y el Sida.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco fuimos a comer un asado a la casa de Petete &ndash;me dice Juan- y cuando le presento a un amigo que llev&eacute; invitado, mi amigo le dijo: &ldquo;Hola Petete&rdquo;. Y Petete le dijo: &ldquo;Yo me llamo Fernando&rdquo;. Lo cual produjo un efecto cortante. Mi amigo se sinti&oacute; inc&oacute;modo. Despu&eacute;s se relajaron y Petete le dijo: &ldquo;Soy la &uacute;nica persona en el mundo a la que le dicen Petete&rdquo;. Y explic&oacute; que en la primaria, como se mord&iacute;a la solapa del delantal, le dec&iacute;an primero Chupete y despu&eacute;s Petete porque apareci&oacute; el animalito mutante de Garcia Ferr&eacute;. &iquest;Pero por qu&eacute; piensa que es al &uacute;nico al que llaman Petete en el mundo? Le pregunto a Juan mat&aacute;ndome de risa. Qu&eacute; s&eacute; yo, me dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando salgo del bar donde estaba comiendo con mi hermano, mi amigo Duncan me escribe por wasap: &ldquo;Fue la Couch. Tristeza. Accidente de auto&rdquo;. No s&eacute; c&oacute;mo se llamaba, pero todos le dec&iacute;amos la Couch porque estudiaba coaching y te estaba coacheando todo el tiempo. Era una mujer alta, joven, intensa y muy buena persona. Hay que tener cuidado cuando sacamos una foto porque despu&eacute;s cuando la revelamos, puede aparecer alguien que no pensamos que estaba en foco. Pienso en esas personas que no son amigos ni amores ni familiares y que sin embargo ocuparon un tramo de nuestra vida porque ocasionalmente trabajaron o fueron amigos o parejas de amigos nuestros. Somos testigos fugaces de su existencia. Nosotros tambi&eacute;n estamos, fantasmales, en el fondo de las fotos de otros.
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/diez-anos-peluquero_129_10380481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jul 2023 03:37:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diez años para tu peluquero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una anécdota con Caaman]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anecdota-caaman_129_10351337.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/036c5295-b8cc-4337-b4c6-e443986e2d84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una anécdota con Caaman"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una caminata nocturna y el recuerdo de Charly García en tiempos de "Clics modernos", reivindicando la frescura del eterno principiante, "ése que tiene lugar en su mente y su corazón para aprender".</p></div><p class="article-text">
        A veces salimos de la casa de Santiago ya de noche. Por lo general, cuando nos juntamos para soportar entre amigos la tristeza del domingo ,Caaman y yo, nos vamos en bicicletas, o en mi auto. Y hablamos de miles de cosas. Pero mejor es caminando, cuadra a cuadra. Como ahora. Caaman se llama Mart&iacute;n Caama&ntilde;o, pero alguien, en alg&uacute;n momento, decidi&oacute; abreviarle el apellido y dijo: Caaman. Y a todos les pareci&oacute; bien y empezaron a repetir, cuando lo llamaban: Caaman, Caaman. El Hombre Caa. O lo que sea. Seguro que el nuevo nombre vino jugando al f&uacute;tbol, porque es en la cancha donde se pide la pelota y se abrevian los nombres para que todo suceda m&aacute;s r&aacute;pido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero los dos no s&oacute;lo salimos de la casa de Santiago, sino que salimos cada uno bajo el cono de su percepci&oacute;n exclusiva, de m&aacute;s lejos, cada uno con el librito del terror que nos ense&ntilde;aron a leer de chicos bajo el brazo y al que venimos releyendo, tratando de reescribirlo, de pasarle las p&aacute;ginas r&aacute;pido, de derrotarlo. Caaman est&aacute; vestido casi todo de negro, tiene el pelo corto y semigris y usa unos lentes que le dan un aire a Lennon cuando se cort&oacute; el pelo para filmar <em>C&oacute;mo gan&eacute; la guerra</em>. &ldquo;Anoche en la casa de Gaby y Valeria nos pusimos todos los que est&aacute;bamos a cantar y fue incre&iacute;ble. Medio como un fog&oacute;n&rdquo;, le digo a Caaman. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;nes estaban?&rdquo; me pregunta Caaman. Y yo le cuento. Pero sobre todo le paso una lista de las canciones que cantamos. Le digo que le traduje a Santiago &ldquo;Sue&ntilde;os de Peninha&rdquo;, que suele cantar Caetano. &ldquo;Esa letra es tremenda&rdquo;, me dice Caaman. En <em>Sue&ntilde;os</em>, un hombre acepta que su mujer -de la que est&aacute; enamorado- &ldquo;sienta una pasi&oacute;n inesperada por otra persona&rdquo;. Y no s&oacute;lo eso, sino que le dice que ojal&aacute; le vaya bien en su nuevo amor. Y que prefiere tener saudade en vez de caminar vac&iacute;o. &ldquo;Cantar en grupo es mejor que cantar en un grupo&rdquo;, le digo a Caaman. Y charlando sobre las canciones pasan las primeras siete cuadras. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Viste que le van a poner a una esquina de Nueva York el nombre de Charly Garc&iacute;a? Es la esquina d&oacute;nde Garc&iacute;a se sac&oacute; una foto que termin&oacute; siendo la tapa de su disco que iba a llamarse <em>Nuevos trapos</em> y vir&oacute; a <em>Clics modernos</em>. En la foto Charly est&aacute; sentado en el piso &ndash;como en <em>Vida</em>, pero esta vez sin Nito- y fuma un cigarrillo, en la pared graffiteada detr&aacute;s, en blanco y negro, se ve una figura oscura con un coraz&oacute;n blanco, la figura que es a escala humana, sonr&iacute;e. Hay un graffiti que dice Modern Clix que es un grupo new age de la ciudad y que termin&oacute; siendo el nombre del disco.
    </p><p class="article-text">
        Caaman sabe todo esto, por eso Victoria le dice &ldquo;el ni&ntilde;o que lo sabe todo&rdquo;. &ldquo;Siempre me fascin&oacute; esa foto que es la tapa de Clics Modernos&rdquo;, dice Caaman. Hablar de Charly lo excita, durante a&ntilde;os fue a un lugar donde a veces Charly iba, de acuerdo a c&oacute;mo se levantaba, a tocar de improviso, e incluso lleg&oacute; una vez a tocar con Caaman, hay una foto de eso: Charly tocando el teclado y Caaman, muy chico, de rodillas, en el escenario con el pelo largo como un guitar hero.
    </p><p class="article-text">
        En el 82, Charly saca <em>Yendo de la cama al living</em>. Ah&iacute; hay un tema -el que que le pone el nombre al disco- que anticipa lo que va a venir en el 83. Tambi&eacute;n &ldquo;Inconsciente colectivo&rdquo; es un preanuncio de &ldquo;Los dinosaurios&rdquo;. A veces sucede que en algunos discos hay un tema que est&aacute; en futuro, que parpadea como un holograma. Pienso en &ldquo;About a Boy&rdquo;<strong> </strong>de Nirvana o &ldquo;Things we said today&rdquo;, de los Beatles.&nbsp;Despu&eacute;s de Malvinas, despu&eacute;s de tener prohibido cantar ingl&eacute;s, Charly sigue la m&aacute;xima de James Joyce &ndash;silencio, destierro y astucia- y viaja a Nueva York a comprar instrumentos, pero termina buscando un lugar para grabar y no va con Mercado Pago, sino que golpea la puerta del lugar con una bolsa de guita en cash. &ldquo;Charly les mostraba la bolsa, porque no lo dejaban entrar y les dec&iacute;a: &rdquo;&iquest;Quieren guita?&ldquo;, dice Caaman. Al final -siempre seg&uacute;n Caaman- le abren la puerta y le alquilan Electric Lady -el estudio de Jimi Hendrix- y Charly va a conseguir experiencia. Le muestran un cat&aacute;logo de productores freelance que rondan el estudio, sigue&nbsp;Caaman. &rdquo;Y Charly elige a Joe Blayney, porque ve que produjo <em>Sandinista</em> de The Clash, Charly se dice que si pudo controlar a los Clash y producir tremendo disco, tambi&eacute;n va a poder con &eacute;l&ldquo;, dice Caaman.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo que confiar en mi amor/ tengo que confiar en mis sentimientos&rdquo;, canta Charly. Le digo que estas frases me recuerdan a la pel&iacute;cula de Cronenberg, <em>The Fly</em>, cuando el protagonista duda de la chica que ama, se mete molesto en la m&aacute;quina teletransportadora y con &eacute;l entra una mosca que no ve y se convierte en un hombre insecto. Despu&eacute;s le dice a la chica, ya transformado en un monstruo: &ldquo;Una vez fui un insecto que so&ntilde;&oacute; que era un hombre y le gust&oacute;, ahora el insecto ha despertado en m&iacute;. &iquest;Conoc&eacute;s la pol&iacute;tica de los insectos? No la tienen. Los insectos son implacables, no tienen moral. Si no te vas -le dice a la chica que ama- te voy a hacer algo malo&rdquo;. Caaman me dice que <em>The Fly</em> es una de las pel&iacute;culas preferidas de Charly. &iquest;C&oacute;mo sabe eso?, me pregunto. Y as&iacute; pasan las segundas siete cuadras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Clics modernos</em> es un disco que atrapa el zeitgeist de la &eacute;poca pero que no est&aacute; fechado, no envejeci&oacute; nada. El Rolland que usa Charly se sigue usando para el rap y el trap a&uacute;n hoy. La m&aacute;quina de sampler se expandi&oacute;: todo es una m&aacute;quina de sampler, incluso la personalidad de algunos humanos. <em>Clics modernos </em>es una obra maestra porque tiene tanto del control del genio, como del descontrol de la realidad. Charly le pide a Aznar que toque el bajo como en Ser&uacute; Gir&aacute;n y &eacute;ste se niega, le dice que Pastorius ya fue. &ldquo;&iquest;Te imagin&aacute;s <em>Clics modernos</em> con el bajo de Ser&uacute;?&rdquo;, me dice Caaman. Le digo que <em>Clics</em> tiene la frescura del eterno principiante, &eacute;se que tiene lugar en su mente y su coraz&oacute;n para aprender. Garc&iacute;a todav&iacute;a no va a seguir el camino del divismo, ah&iacute; canta: &ldquo;Pero a la vez quiero decirte que/ te encargues de tu vida porque yo/ no soy mejor que vos,/ vos no sos mejor que yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el tema &ldquo;Transas&rdquo; usa la tercera persona para delinear a alguien que &ldquo;Se vende a Fiorucci&rdquo; y que se pregunta por qu&eacute; sus hijos no lo llevan al bar. Es y no es Garc&iacute;a. Una cosa: &iquest;sigue existiendo Fiorucci? <em>Clics modernos</em> s&iacute;. Y despu&eacute;s utiliza una rima que es demasiado lejana: usa la palabra Fiorucci en la primera estrofa y reci&eacute;n sobre el final de la segunda dice: &ldquo;No se alquil&oacute; un guardespaldas negro/ no era Lennon ni Rucci&rdquo;. &ldquo;Unir a Lennon con Rucci m&aacute;s all&aacute; de la rima, es genial&rdquo;, dice Caaman, mientras caminamos las &uacute;ltimas siete cuadras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salir a buscar su tradici&oacute;n es lo que hizo Charly, no quedarse sentado a que se la otorgara un jurado vestido de gaucho. La tradici&oacute;n puede ser cualquier cosa, incluso algo que exista en Marte. En &ldquo;Bancate ese defecto&rdquo; le dice a una chica que &ldquo;Aunque te arregles las gomas nena seguir&aacute;s siendo rara&rdquo;. <em>Clics modernos</em> sigue siendo raro, a&uacute;n hoy, y creo que lo va a seguir siendo por todo el tiempo que nos toque vivir. &iquest;Para qu&eacute; m&aacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anecdota-caaman_129_10351337.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jul 2023 03:05:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Charly García,Clics modernos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de la dispersión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/diario-dispersion_129_10342455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3dc759e2-5399-4536-9f15-6edc7952fb57_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de la dispersión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor recuerda a Rosario Bléfari por sus dones para actuar, componer y escribir, pero -sobre todo- porque "poseía algo sustancial: un alma". </p></div><p class="article-text">
        La literatura es un terreno inestable. En todo caso, uno es esclavo de todo lo que sabe y maestro de lo que desconoce. En una clase de poes&iacute;a se le puede pedir a un alumno que tome el lugar de coordinador y que diga lo que piensa sobre lo que no sabe. Que explique en detalle y analice una pel&iacute;cula que nunca vio. O que recuerde una pel&iacute;cula que vi&oacute;, y qu&eacute; es lo que les qued&oacute; y por qu&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, en una&nbsp;clase, hablamos de <em>Melancol&iacute;a </em>de <em>Lars Von Trier.</em> La hab&iacute;an visto varios alumnos pero la recordaban en partes. La pel&iacute;cula est&aacute; dividida en dos secciones. La primera parte se llama Justine y la segunda se llama Claire. En Justine se muestra la boda de Justine en un castillo extraordinario. La novia est&aacute; deprimida y hace cualquier cosa mientras se celebra su boda. Esas bodas tan perfectas, millonarias, con todo un ritual teatral &ndash;plato fr&iacute;o, plato caliente, discursos, bailes- parecen hechas, como las Torres Gemelas, para ser derribadas, para destruirlas. Cuando esas bodas terminan en cat&aacute;strofes &ndash;separaci&oacute;n de los novios, peleas a pi&ntilde;as entre familiares, desmayos- uno siente una relajaci&oacute;n emocional. Es lo que ten&iacute;a que pasar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto las clases altas como la clase media han dejado de lado la posibilidad de la fiesta espont&aacute;nea. En realidad, la fiesta ya no est&aacute; en ning&uacute;n lado. Por eso yo recuerdo la &uacute;nica boda a la que fui y que todo era sencillo, dulce, y armonioso: la boda de mis amigos Pablo y Caro en una casa muy vieja que les hab&iacute;an prestado, con un jard&iacute;n agreste que no hab&iacute;a sido domesticado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Claire, la segunda parte de <em>Melancol&iacute;a</em>, dos mujeres &ndash;madre y t&iacute;a- se organizan junto a un ni&ntilde;o de unos seis a&ntilde;os &ndash;el hijo de Claire- para resistir el fin del mundo. Melancol&iacute;a, un planeta que se acerca a la tierra, va a colisionar y se los va a llevar puestos. Por supuesto, Justine, la novia deprimida de la primera parte de la pel&iacute;cula, es la &uacute;nica que est&aacute; a la altura de las circunstancias, piensa que la vida es una estupidez y que la raza humana merece la extinci&oacute;n, as&iacute; que no pierde la calma. Claire, en cambio, est&aacute; desesperada. Justine toma las riendas del asunto y le dice al ni&ntilde;o &ndash;que tiene miedo- que van a hacer un refugio con troncos de &aacute;rboles y que bajo ese refugio no les va a pasar nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hacer un refugio simb&oacute;lico, crear un m&eacute;todo para soportar el fin. Sobre el final de su vida, <strong>Rosario Bl&eacute;fari</strong> viaj&oacute; a Santa Rosa, La Pampa, donde viv&iacute;a su padre de ochenta y ocho a&ntilde;os, para alejarse un poco de la tensi&oacute;n de la ciudad y para desarrollar su m&eacute;todo de la dispersi&oacute;n. En vez del planeta Melancol&iacute;a, lo que choc&oacute; con el mundo cotidiano fue la pandemia y vino el aislamiento. Rosario se qued&oacute; con su padre en Santa Rosa, mientras que&nbsp;su pareja y su hija (Fabio y Nina) se quedaron en Buenos Aires. En el hermoso <em>Diario de la dispersi&oacute;n</em> -hay que leerlo muchas veces porque tiene capas de sentido que no se perciben de inmediato-, Rosario cuenta tambi&eacute;n que, cuando llega el fr&iacute;o, al igual que Justine, ella decide armar una carpa encima de su cama, un d&iacute;a fechado como lunes, escribe: &ldquo;Ac&aacute; tengo una carpa chica, de las medidas apropiadas para armar arriba de una cama de dos plazas. Me decid&iacute; y la arm&eacute;. La puse sobre el colch&oacute;n desnudo y toda la ropa de la cama la acomod&eacute; adentro. El &uacute;nico inconveniente es que no tengo luz para leer,&nbsp;pero si resulta todo bien esta noche, estoy calentita y c&oacute;moda, ver&eacute; de idear un sistema de iluminaci&oacute;n. La puerta de la carpa apunta al televisor, as&iacute; que si quiero puedo mirar algo acostada. Antes de dormir, ya que leer por ahora no, salvo que lo haga en el celular pero suele desvelarme&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras leemos el <em>Diario de la dispersi&oacute;n</em>, percibimos que Rosario no s&oacute;lo ten&iacute;a el don de actuar, componer canciones, escribir, sino que pose&iacute;a algo sustancial: un alma. Que el m&eacute;todo de la dispersi&oacute;n es fundamental, en vez del de la acumulaci&oacute;n o la concentraci&oacute;n. Lo que fue Rosario ahora est&aacute; disperso por el mundo y puede ser un colibr&iacute; que aletea en nuestro balc&oacute;n o unas gotas de lluvia en una tela de ara&ntilde;a. Entre los p&aacute;rrafos de escritura del diario, Bl&eacute;fari resalta algunas frases que se sostienen solitarias en la p&aacute;gina. Una de ellas dice: &ldquo;El entrenamiento da resultado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/diario-dispersion_129_10342455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jul 2023 03:23:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de la dispersión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Rosario Bléfari]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién le teme a John Wick?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/le-teme-john-wick_129_10315963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/365d6914-47d9-42ed-8505-13830a6a5fd6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0." width="1200" height="675" alt="¿Quién le teme a John Wick?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre las películas de John Wick, los madballs y una novela de Kurt Vonnegut. </p></div><p class="article-text">
        Mientras haya una clase baja, pertenecer&eacute; a ella. Mientras quede un alma en la c&aacute;rcel, yo no ser&eacute; libre. Mientras existan los madballs, yo ser&eacute; parte de ellos. &iquest;Qu&eacute; son los madballs? En principio son unas pelotas de pl&aacute;stico que se hicieron en Estados Unidos como juguetes para los ni&ntilde;os y que despu&eacute;s pasaron a protagonizar historietas. De alguna manera son la prehistoria de todos los juguetes de la era de la ansiedad que ahora piden los chicos para mover las manos o apretar superficies.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los madballs eran esferas peque&ntilde;as -del tama&ntilde;o de una pelota de tenis- que ten&iacute;an una cara dantesca dibujada en su superficie. Es m&aacute;s, la cara era la pelota. Y mi amigo Santiago tiene un grupo de amigos de la escuela que se hac&iacute;an llamar los amdballs, no porque fueran peligrosos, como <em>Los Warriors,</em> la genial pel&iacute;cula de Walter Hill, sino precisamente porque eran los disfuncionales, los que no serv&iacute;an, los que se autopercib&iacute;an del mont&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando conoc&eacute;s al grupo de amigos de tu novia o de tu novio, o al grupo de amigos de tus amigas o amigos, se pone dif&iacute;cil ver si pod&eacute;s encajar. Te someten a un escaneo -o te rostizan- y despu&eacute;s ven si te dan el carnet. Con los madballs fue amor a primera vista en la terraza de la casa de Santiago, en un asado. En la novela <em>Cuna de gato</em> de Kurt Vonnegut, la humanidad est&aacute; organizada en equipos, equipos que se encargan de llevar a cabo la voluntad de Dios sin llegar a descubrir nunca lo que est&aacute;n haciendo. Bokonon (un profeta de la novela) llama karass a cada uno de esos equipos. Si descubr&iacute;s que tu existencia se enreda con la de otra persona sin que existan motivos demasiados l&oacute;gicos para eso, dice Bokonon, esa persona podr&iacute;a ser miembro de tu karass. Los madballs sin duda forman parte de mi karass y en uno de esos asados que compartimos, ellos hablaban de la pel&iacute;cula <em>John Wick</em>, de Keanu Reeves. No me acuerdo si bien o mal. Yo no la hab&iacute;a visto. Pero mucho despu&eacute;s la vi por la tele. Me gust&oacute;. Era la primera de la saga. Ten&iacute;a arcos narrativos en los personajes, part&iacute;a de la idea de venganza tan adictiva en las pel&iacute;culas de Liam Neeson.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa primera entrega, Wick est&aacute; retirado y vive un luto por la muerte de su esposa, quien lo sac&oacute; del &ldquo;negocio&rdquo; que era ser sicario. Para Wick, el amor es m&aacute;s fuerte pero la mujer se muere de una enfermedad y &eacute;l no se pone un Tinder sino que pasa las noches solitario, viendo videos de su mujer caminando por la playa y habl&aacute;ndole a la c&aacute;mara que, suponemos, maneja John Wick. La mujer le dej&oacute; de regalo un perro, que es a la &uacute;nico ser que Wick adora. Bueno, unos tipos entran a la casa y le matan el perro. Mal hecho. Wick sale de la clandestinidad y hace un desastre hasta que logra vengarse de todo el mundo. <em>John Wick 2</em> es mala. <em>John Wick 3</em> es peor. <em>John Wick 4</em> es el sumun de la estupidez humana. A diferencia de <em>The last of Us</em>, que primero fue un video juego y despu&eacute;s se convirti&oacute; en una serie, <em>John Wick</em> empez&oacute; siendo una pel&iacute;cula de acci&oacute;n y termin&oacute; siendo un video juego. La pel&iacute;cula dura casi dos horas y media y hace poco le&iacute; que el director hab&iacute;a hecho un corte de casi cuatro horas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qu&eacute; trata <em>John Wick 4</em>? De nada, como <em>Seinfeld</em>.&nbsp; Un tipo -Wick- es perseguido por todo el mundo y &eacute;l logra que un amigo, Wiston (interpretado por el gran Ian Mc Shane, que tiene un papel genial en la extraordinaria <em>Sexi Beast</em>) logre llegar a un acuerdo con los que lo quieren matar de este tipo: si Wick los mata a todos, queda libre. Y puede volver a ver videos de su esposa y comprarse un perro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las pel&iacute;culas de John Wick -como algunas religiones que prometen el para&iacute;so, la reencarnaci&oacute;n, fiestas con mujeres despu&eacute;s de que te deton&aacute;s con una bomba encima, todo en el cielo- no se toman en serio a la muerte. Ac&aacute;, los enemigos de Wick mueren a granel como les pasa a los soldados blancos y sin rostro de <em>Star Wars</em> que caen como moscas y que parecen puestos ah&iacute; s&oacute;lo para mostrar las bondades del sable jedi. A los veinte minutos de pel&iacute;cula ya muri&oacute; casi todo el p&uacute;blico de seis conciertos de Coldplay completos. Y Wick no para. Entonces se produce el efecto que puede pasar cuando mir&aacute;s una pel&iacute;cula pornogr&aacute;fica y ya eyaculaste y todo se vuelve un plomo. O cuando -como dec&iacute;a Lacan- te desconect&aacute;s de la fantas&iacute;a que impulsaba el acto sexual que estabas teniendo y te das cuenta lo mec&aacute;nico y repetitivo que puede ser el coito. Creo que no va a haber <em>John Wick 5</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/le-teme-john-wick_129_10315963.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jun 2023 03:01:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién le teme a John Wick?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El corazón salvaje en el Valle de UCO]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corazon-salvaje-valle-uco_129_10302911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/84d2e440-a68d-4c11-9d7b-67d508427d5b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1075353.jpg" width="1681" height="946" alt="Luca Prodan."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Donde los ruidos de la Unidad Coronaria se juntan con Luca Prodan y la nostalgia de la adolescencia.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy inquieto. Sumo toca a diez cuadras de mi casa. El ticket del festival, en el que figuran adem&aacute;s de los nombres de otras bandas que comparten el escenario -Soda St&eacute;reo, Virus, Autob&uacute;s y La Torre-&nbsp;tiene un dibujo de estrellas que ilustra la reuni&oacute;n como especial. Al menos eso me parece a m&iacute;. Con una tipograf&iacute;a m&aacute;s chica, sobre un costado, dice Taller 4, el local donde se imprimi&oacute; y no un grupo telonero, como cre&iacute; al principio. Se trata de una fiesta de dos d&iacute;as, 10 horas de rock por jornada, es un acontecimiento musical para la Zona Sur del Gran Buenos Aires. Igual que La Falda o el Chateau Rock, referencias inevitables de nombres cortos y contundentes&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Este es el comienzo de <em>Luces calientes</em>, una novela hermosa que escribi&oacute; Dami&aacute;n Damore en diciembre del 2006 y que public&oacute; la editorial de la Fadu. Me gusta el comienzo: &ldquo;Estoy inquieto. Sumo toca a diez cuadras de mi casa&rdquo;. La estructura de la novela es sencilla, un grupo de amigos van a todos los recitales de su banda preferida: Sumo. Los siguen a d&oacute;nde sea: bares chicos, s&oacute;tanos, canchas, estadios, recitales compartidos con otras bandas. Lo importante es ver a Sumo, una banda que &ndash;a pesar de tener cuatro discos- es esencialmente aur&aacute;tica. Cada cap&iacute;tulo tiene la fecha y el lugar donde toca Sumo. Y mientras leemos lo que sucede en el recital, lo que les sucede a los chicos que siguen a Sumo, se nos va armando una &eacute;poca -mediados de los ochenta hasta la muerte de Luca- inolvidable, por lo tr&aacute;gica y por lo dionis&iacute;aca. La &eacute;poca inflamable del fin de Alfons&iacute;n y la convertibilidad de Carlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dami&aacute;n Damore, el Colo, se empez&oacute; a sentir mal hace varios d&iacute;as. &ldquo;Era como si un mono tit&iacute; se me hubiese subido por la espalda y me presionara hasta taparme la respiraci&oacute;n. Una mochila de melones&rdquo;, me dice en lo que &eacute;l denomina como el Valle de Uco -porque los enfermeros la llaman UCO a la unidad coronaria de un sanatorio de alta complejidad de Colegiales-. Estoy parado a los pies de su cama. El UCO a m&iacute; me parece m&aacute;s bien como los camarotes de un barco ballenero. Estamos en un subsuelo, con muchas camas enfrentadas, cada cama separada por un biombo y en las paredes todo un sistema el&eacute;ctrico que monitorea la presi&oacute;n sangu&iacute;nea, que puede drenar ox&iacute;geno: luces y perillas que se prenden y apagan. Hay un ruido en el Valle de Uco que no cesa nunca. Ac&aacute; no se mide la inflaci&oacute;n, se miden los latidos del coraz&oacute;n, el sube y baja de la respiraci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me dice el Colo que hoy se levant&oacute; sofocado por la calefacci&oacute;n y que pidi&oacute; poder caminar hasta una ventana para recuperarse. Es verdad, hace un calor de los mil demonios. El Colo se sent&iacute;a mal porque tiene tres arterias que van directo al coraz&oacute;n semitapadas y los m&eacute;dicos despu&eacute;s de evaluar la situaci&oacute;n , decidieron no hacerle stents sino un by pass la semana que viene. &ldquo;Me da un poco de miedo el by pass&rdquo;, me dice Dami&aacute;n. Al Colo lo quiere mucha gente y tuvo visitas casi todo el d&iacute;a, se hab&iacute;a armado una larga fila de amigas y amigos. Los enfermeros le dicen &ldquo;Coldplay&rdquo;, por la cantidad de gente que trae.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras me cuenta las peripecias que lo trajeron hasta ac&aacute;, a UCO, viene un enfermero que habla con cierto tono cubano y le pide el brazo para tomarle la presi&oacute;n. Tambi&eacute;n le inyectan cosas. &ldquo;Cuando estoy en casa me gusta estar en absoluto silencio&rdquo;, nos dice el enfermero. &ldquo;Porque ac&aacute; suena todo, las paredes hablan&rdquo;, nos dice. El Colo me cuenta que ayer vino un enfermero que lo ba&ntilde;&oacute; en la cama, sin tener que llevarlo al ba&ntilde;o . &ldquo;Pero qui&eacute;n era, Copperfield?&rdquo;, le digo. &ldquo;Si, es incre&iacute;ble, te agarra con toallas mojadas, te levanta, las pasa por debajo y la cama no se moja nunca, es un genio&rdquo;. Le cuento que Olmedo, un amigo de mi viejo, hac&iacute;a un truco muy dif&iacute;cil que era tirar del mantel de una mesa y que las cosas que estaban arriba del mantel no se cayeran. &ldquo;Como este enfermero&rdquo;, dice el Colo. En UCO uno escucha lo que sucede en las otras camas: est&aacute; el pap&aacute; de un futbolista que ahora es comentarista, tiene Alzheimer y lo tienen que atar para que no salga caminando a cualquier hora. En la cama de al lado de Dami&aacute;n hay un hombre al que la obra social le demora la entrega de stents -porque son caros- y el tipo no ve la hora de que lo operen y lo saquen de ah&iacute;. &ldquo;Es la obra anti social&rdquo;, le digo al Colo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Club Los Andes, Lomas de Zamora, 20 de diciembre de 1987. &ldquo;Imprevistamente hace fr&iacute;o en diciembre y&nbsp;y postergo el estreno de la vestimenta pensada para usar hoy: unos pantalones de bambula color verde agua y una remera azul de mangas cortas marca Thriller &ndash;como el &aacute;lbum de Michael Jackson- que me compr&oacute; mi mam&aacute; en Munro&rdquo;. <em>Luces calientes</em> logra transmitir a la perfecci&oacute;n los momentos previos de nerviosismo y libertad antes de salir para ver a tu banda favorita. Los rituales, la ansiedad por encontrar una entrada. Tambi&eacute;n es un canto a la zona sur, esa parte de la provincia de Buenos Aires con ramales de trenes, bares precarios, alcantarillas por donde, en las noches de fr&iacute;o, sale humo, un humo expresionista, como el que usa Francis Ford Coppola en <em>Rumble Fish</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le dejo unos libros al Colo para que lea en el valle de Uco: una biograf&iacute;a de Laiseca, libros de poemas. Le digo que como ahora somos vecinos -el sanatorio queda a tres cuadras de casa- lo voy a venir a visitar todos los d&iacute;as. Le recuerdo un verso de Sumo -inspirado por los biombos que separan las camas del barco ballenero-: &ldquo;Soy un biombo/ no miren detr&aacute;s&rdquo;. El Colo se r&iacute;e. Lo veo mejor. Le digo que ma&ntilde;ana le voy a traer una banana para el mono que se le trep&oacute; en la espalda&nbsp;y le caus&oacute; el dolor card&iacute;aco.&nbsp;Me lo agradece.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s en mi casa, me entrego al pensamiento m&aacute;gico: hago una promesa. Quiero que Dami&aacute;n se cure. Quiero ir a un recital con &eacute;l, a cualquier recital. Para eso, digo, me voy a levantar todos los d&iacute;as a las cinco de la ma&ntilde;ana -como si estuviera en un monasterio budista- y me voy a pegar una ducha de agua fr&iacute;a ahora que es pleno invierno. Necesitamos despertarnos, como te despierta la prosa de un poema genial. Volver a sentir esa emoci&oacute;n que sent&iacute; cuando escuch&eacute; en el F&eacute;nix de Flores a Luca cantar unos versos incre&iacute;bles: &ldquo;&iexcl;Basta! Me voy, rumbo a la puerta / Y despu&eacute;s a un boliche a la esquina / A tomar una ginebra con gente despierta / Esta s&iacute; que es Argentinaaaa&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corazon-salvaje-valle-uco_129_10302911.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jun 2023 03:01:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El corazón salvaje en el Valle de UCO]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Succession’, la caldera del Diablo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/succession-caldera-diablo_129_10282608.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/920e4c7a-8051-4c09-bb83-9c86838bd70c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Succession’, la caldera del Diablo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pocos días de su final, el autor analiza ‘Succession’, una de las series más populares y aplaudidas de los últimos años. </p></div><p class="article-text">
        Todas las familias infelices son infelices cada una a su manera, &iquest;no? Succession, la serie de HBO que acaba de terminar hace poco es una muestra m&aacute;s de esta sentencia que hizo c&eacute;lebre <strong>Lev Tolstoi </strong>en el comienzo de <em>Ana Karenina</em>, una obra maestra de la literatura universal. Los Roy -el padre devorador, sus hijos que nunca parecen dar la talla de lo que el padre necesita- nos mostraron otro juego de mesa en la gran pantalla interactiva: hay que jugar a ver qui&eacute;n es el que llega a ser coronado, qui&eacute;n es el &uacute;ltimo en abandonar, como Elvis, el edificio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien <em>Games of Thrones</em> se trataba de lo mismo pero en otro planeta o galaxia muy lejana, influenciada por la imaginer&iacute;a medieval, y rodeada de ciertos condimentos sobrenaturales (Dragones, un hombre que resucitaba, muertos vivos, un enano parecido a Batistuta), la serie inspirada en los textos de <strong>George Martin</strong> tiene un final menos salvaje que <em>Succession</em>. De hecho, el bastardo Jon Snow al final es un rey de manera sangu&iacute;nea y todos contentos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Succession</em>, el mensaje de fondo es devastador quiz&aacute; porque la serie est&aacute; inspirada en las tragedias -y no las comedias- de <strong>Shakespeare</strong>. <em>Succession</em> es Shakesperare filmado por Cassavetes. Y la geograf&iacute;a donde sucede es nuestro mundo real, el mundo del capitalismo salvaje, donde dos&nbsp;otres tipos -sean familiares o no- se dividen las riquezas mientras los dem&aacute;s comen los restos. El capitalismo es tan impune que puede mostrar y hacer una serie genial sobre esto y tener una audiencia extraordinaria pero, en vez de producir estupor, consigue que la gente salga a buscar la ropa que usa Kendall Roy.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rmino de guion creo que hay proezas narrativas en la serie. Los personajes nunca son estables, siempre tienen diferentes aristas. Nunca el punto de vista narrativo se queda en uno de ellos -aunque Kendall podr&iacute;a ser el personaje central- sino que como en las novelas de Flaubert, Tolstoi o Balzac- el narrador omnisciente va pintando un gran fresco de la clase social que quiere marcar en determinada &eacute;poca hist&oacute;rica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la temporada final no da para nada esa sensaci&oacute;n de que la serie est&aacute; cansada o apurada. Se toma su tiempo. <em>Succession</em> es un gran loop narrativo -siempre pasa los mismo desde el piloto, los hermanos quieren el trono del padre, les cuesta conseguirlo, se pelean entre ellos- . Lo &uacute;nico que cambia es que las tensiones que hasta ahora se daban en el plano de las discusiones -la familia Roy y amigos se insultan con un ingenio exasperante- ahora pasan a las manos. En el final de la votaci&oacute;n que va a mandar a Kendall y sus ambiciones al taller mec&aacute;nico &eacute;ste y Roman se agarran a golpes torpes en medio de una pecera desde donde el resto de los directivos los ven -se ve todo en succession, el capitalismo no necesita esconder nada- o, en otra escena memorable Tom y Greg, que son algo as&iacute; como <em>Tom y Jerry</em> o Lucky y Pozzo en <em>Esperando a Godot</em>, se agarran a trompadas en el peque&ntilde;o ba&ntilde;o de la casa de Logan, el patriarca muerto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuerden que <em>Succession</em> empieza con Logan meando la alfombra en medio de su casa, ni siquiera llega al ba&ntilde;o. Es un perro rabioso que marca territorio todo el tiempo. Ser inmensamente rico es un crimen de lesa humanidad. Y estos personajes son despreciables. Entonces &iquest;Porque nos emocionamos con sus desdichas? Tal vez porque tengas la plata que tengas, el abrigo que tengas, muchos nos quedamos mirando el mar como Kendall, con la mirada perdida, vac&iacute;os por fuera y por dentro. Rodeados por un guardaespaldas que ahora nos tiene que cuidar del enemigo que crece en el oto&ntilde;o de nuestro descontento. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada cap&iacute;tulo final de las temporadas de <em>Succession</em> est&aacute;n titulados con versos de un poema largo, c&eacute;lebre y casi intraducible al espa&ntilde;ol del poeta <strong>John Berryman</strong>. El poema se llama &ldquo;77 cantos del sue&ntilde;o&rdquo; y Berryman lo empez&oacute; a escribir cuando su vida era un desastre por el alcoholismo y cierta bipolaridad que lo hostigaba. Como muchos poetas de su generaci&oacute;n -<strong>Robert Lowell</strong>, <strong>Delmore Schwartz</strong>, <strong>Silvia Plath</strong>- termin&oacute; mal. Lowell pas&oacute; una temporada recibiendo electroshocks y muri&oacute; en un taxi. Plath meti&oacute; la cabeza en el horno, Schwarts se desmoron&oacute; con el alcoholismo y Berryman se tir&oacute; de un puente &ndash;algo que Kendall parece estar pensando en la escena final- despu&eacute;s de comprender, como dice un verso de &ldquo;Dream song&rdquo;, &ldquo;la epistemolog&iacute;a de la p&eacute;rdida&rdquo;. &ldquo;La vida, amigo -dice Berryman en otro tramo de su largo poema-, es aburrida&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/succession-caldera-diablo_129_10282608.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jun 2023 03:03:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Succession’, la caldera del Diablo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Succession]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Relatos de ciencia micción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relatos-ciencia-miccion_129_10241816.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e612be7f-a817-456a-9517-617b3dd739bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Relatos de ciencia micción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los animales mean para marcar territorio. Pocas veces la gente mea en los poemas". Memorias personales que se mezclan con homenajes, citas y versos.</p></div><p class="article-text">
        Hay una historia que siempre se cont&oacute; en mi familia. En esa historia, yo soy muy chico y estoy jugando cerca de mi padre que lee -mi padre siempre estaba leyendo algo, sobre todo historietas, revistas- y a m&iacute; se me cae el casco de pl&aacute;stico y le pido a &eacute;l que me lo ponga en la cabeza de nuevo. Siempre siguiendo el tono de voz con el que mi mam&aacute; contaba esta an&eacute;cdota, mi pap&aacute; agarra la pelela -porque lo hace mec&aacute;nicamente, ya que no deja ni por un segundo de leer las revistas- y me la pone en la cabeza en lugar del casco. &iquest;Con pis o sin pis? Eso va a ir variando a lo largo de los a&ntilde;os cada vez que se cuente esto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi pap&aacute; era un me&oacute;n. Un tipo territorial. Mi mam&aacute; contaba tambi&eacute;n que, una noche, lleg&oacute; medio borracho de una salida nocturna y, en vez de ir al ba&ntilde;o a mear -que estaba al lado del dormitorio de mis viejos- se par&oacute; y empez&oacute; a orinar sobre el ropero. Hasta sus &uacute;ltimo d&iacute;as lo acompa&ntilde;aba una pelela que usaba para no tener que ir al ba&ntilde;o. No s&eacute; si mi viejo sufr&iacute;a de algo que yo padezco, que es lo que los m&eacute;dicos me dijeron, despu&eacute;s de hacerme un estudio largo y molesto (tomar agua, llevar un diario de la cantidad que tomaba, anotarlo, medir la cantidad de orina, tacto prost&aacute;tico, etc&eacute;tera) que se llama vejiga emotiva, es decir que si estoy bajo alg&uacute;n tipo de estr&eacute;s puedo empezar a orinar mucho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que cierta melancol&iacute;a o tristeza afecten a la vejiga -el nombre cient&iacute;fico de la vejiga emotiva o sentimental es vejiga neurog&eacute;nica- es particular. Los animales mean para marcar territorio. Pocas veces la gente mea en los poemas. Philip Larkin, un poeta ingl&eacute;s mis&aacute;ntropo, solter&oacute;n y de opiniones contundentes, escribi&oacute; al menos dos en los que los personajes que caminan por el poema hacen pis. En uno llamado &ldquo;Pasos tristes&rdquo;, dice: &ldquo;Vuelvo a la cama, a tientas, despu&eacute;s de mear,/ abro gruesas cortinas y me asustan/ las nubes r&aacute;pidas, la limpieza de la luna&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El reloj de la vejiga marca el final del sue&ntilde;o y uno camina por la casa a oscuras hacia el ba&ntilde;o. La noche de Larkin es metaf&iacute;sica y en la luz lunar, en el cielo l&iacute;mpido, &eacute;l ve una fuerza que asocia&nbsp;con la juventud perdida, &ldquo;el recordatorio del dolor y la fuerza/ de ser joven que no puede volver/aunque siga intacto para otros en alg&uacute;n lugar&rdquo;. En otro poema, &ldquo;Los jugadores de cartas&rdquo;, describe una vi&ntilde;eta de unos amigos que juegan a los naipes en medio de una furiosa noche de tormenta y uno de ellos, Jan van Hogsper , &ldquo;se tambalea hasta la puerta y mea en la tiniebla&rdquo;. En este poema, el acto de mear es de libertad, de disfrute, casi dionis&iacute;aco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Roberta Inannamico tambi&eacute;n hace pis en un poema largo, &ldquo;Dantesco&rdquo;, donde la protagonista se despide de su amiga Patricia y tiene que caminar un largo trecho hasta llegar hasta su casa, mientras cruza el bosque, observa el ruido de los p&aacute;jaros y de los &aacute;rboles y en un momento solitario, en una plataforma de piedras &ldquo;mi imagin&eacute; un lugar/ para oficiar ceremonias/ ah&iacute; hice pis/di media vuelta y pas&eacute; otro alambrado/el sol justo se pon&iacute;a/y yo entraba en mi aldea&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vinciane Despret en su libro <em>&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;an los animales si les hici&eacute;ramos las preguntas correctas?</em>&nbsp;tiene un cap&iacute;tulo titulado&nbsp;&ldquo;&iquest;Es de buenos modales orinar frente a los animales?&rdquo; Despret narra c&oacute;mo ciertos investigadores que estudiaban a los babuinos buscaban la manera de volverse invisibles para poder captarlos en su singularidad. As&iacute; se da el caso de Shirley Strum, quien -en su libro <em>Casi humanos</em>- cuenta que uno de los problemas con los que se enfrent&oacute;, durante los inicios de su trabajo de campo con los babuinos, fue lo que pod&iacute;a o no hacer con su cuerpo en presencia de los animales. El problema se daba -escribe Despret- cuando se trataba de una necesidad imperiosa de orinar. La investigadora se pod&iacute;a ausentar para orinar detr&aacute;s de su camioneta, que estaba estacionada muy lejos, pero siempre con el temor de que justo en ese momento en que se alejaba podr&iacute;a suceder algo interesante y muy raro entre los animales y ella no pudiera captarlo, justamente, por estar haciendo pis. As&iacute; que la investigadora decidi&oacute; hacerlo en presencia de ellos, desnud&aacute;ndose cuidadosamente. Los babuinos quedaron at&oacute;nitos. &ldquo;De hecho nunca la hab&iacute;an visto comer ni beber, ni dormir&rdquo;. Despret dice que el &eacute;xito que tuvo Strum en su estudio fue porque los babuinos descubrieron que ella ten&iacute;a un cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces, cuando estudio un poema, me hago la misma pregunta que se hacen los investigadores que analizan las costumbres de los animales. &iquest;C&oacute;mo me vuelvo invisible para que el poema se muestre en toda su potencia y singularidad? &iquest;C&oacute;mo hago para no aplicarle la sombra que le imprimimos a todo lo que intentamos conocer? Creo que es una empresa en la que vamos a ser derrotados, pero lo m&aacute;s cerca que podemos estar de ese lugar neutral es la suspensi&oacute;n del gusto: trabajar un poema sin dejarse condicionar porque el tema del poema nos parezca convincente y coincida con nuestra manera de ver el mundo. Buscar la operaci&oacute;n mental del poeta y no tanto el contenido ni la ideolog&iacute;a del poema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, Luis Ch&aacute;vez, un amigo y poeta que vive en Costa Rica, escribi&oacute; en un grupo de wasap que tenemos preguntando si record&aacute;bamos un poema de Jorge Aulicino del que &eacute;l no ten&iacute;a el t&iacute;tulo ni sab&iacute;a en qu&eacute; libro estaba. S&oacute;lo, dec&iacute;a, que era sobre unos motociclistas y que, en el final del poema, alguien dec&iacute;a esta frase: &ldquo;De lo que no podemos hablar, no hablamos&rdquo;. &ldquo;&iquest;Existe este poema?&rdquo;, preguntaba Ch&aacute;ves. &ldquo;O los so&ntilde;&eacute; , lo invent&eacute;&rdquo;. Cuando uno lee o escucha un poema, despu&eacute;s ese poema se bambolea en nuestra mente como un equipaje en un micro, y lo modificamos de acuerdo a nuestra subjetividad, lo hacemos propio. &iquest;Por qu&eacute; estar&iacute;a Ch&aacute;ves pensando en ese poema? &iquest;Qu&eacute; cosa de su vida cotidiana le hizo recordar a esos motociclistas? Pedro Mairal dio con el poema y lo subi&oacute; al wasap. 
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; regalo hermoso en medio de una noche de luna c&aacute;lida, poder leer un poema de Jorge Aulicino. El poema est&aacute; en un libro que se llama <em>La l&iacute;nea del Coyote</em>. Y tratando de volverme invisible, es un poema donde un narrador ve en una pareja de motociclistas que paran en un recreo &ndash;o un camping- todo lo que ellos &ndash;conjetura el observador del poema- no vieron. Puede ser un poema sobre la juventud perdida, el deseo dionis&iacute;aco de viajar, puede ser un poema sobre el mal. Como es un gran poema, soporta m&uacute;ltiples lecturas. Ah&iacute; va: &ldquo;Aquellos que se acariciaban bruscamente/ sobre la mesa del recreo junto al r&iacute;o./ Hab&iacute;an llegado en un una vieja moto, era f&aacute;cil confundirlos con el mal./ Pero no eran el mal por lo que aparentaban/ con las camperas ra&iacute;das y el amor a la nafta/ en combusti&oacute;n y a los ruidos profundos de la m&aacute;quina./ Si atravesaron la provincia en moto, cualquiera hubiese apostado/ que no se hab&iacute;an extasiado/ni intentado hacerlo con el vuelo de las garzas/ a las orillas de la ruta,/ni con la vida del pantano,/ ni con el movimiento del pasto bajo el viento./ Del mismo modo, tampoco los arroyos qu&iacute;micos/ los inquietaron o modificaron,/ ni la basura en el bosque, ni los neum&aacute;ticos junto a los arroyos./ Esos &aacute;ngeles insensibles partieron la naturaleza/ por el asfalto. Fueron perfectamente equilibrados/ sustent&aacute;ndose en su propia velocidad/ y en la vida de sus cuerpos. /Y con lo que no habla no hablaron&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relatos-ciencia-miccion_129_10241816.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 May 2023 03:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Relatos de ciencia micción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Etología de la paternidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/etologia-paternidad_129_10200596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dacf0ccd-eb22-495c-9fbe-033d934809fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Etología de la paternidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada padre es una manera de ser. Un padre es un instrumento para conocer el mundo. No sabemos nada de nuestros padres, de cómo funcionan. Ningún padre sabe de todo lo que es capaz, lo va aprendiendo a medida que prueba. Lecturas y escrituras en torno a la paternidad.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando pap&aacute; me regal&oacute; el reloj del abuelo, me dijo, Quentin, te lo doy no para que recuerdes el tiempo, sino para que puedas olvidarlo de cuando en cuando por un momento y no malgastes&nbsp;todos tus esfuerzos&nbsp;tratando de conquistarlo. Porque ninguna batalla se gana, dijo. Ni siquiera son libradas. El campo de batalla s&oacute;lo revela al hombre su propia locura y desesperaci&oacute;n . Y la victoria es una ilusi&oacute;n de los fil&oacute;sofos y tontos&rdquo;, este recuerdo es del dos de junio de 1910. Lo anota el joven Quentin Compson en el cap&iacute;tulo segundo de <em>El sonido y la furia </em>donde &eacute;l va a suicidarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es lo mismo una columna en un diario de papel que en un diario digital, est&aacute; construida de otro material. Una columna en una casa a veces sirve para que alguien se apoye a fumar un cigarrillo y una columna que marcha&nbsp;en la guerra puede ser un lugar lleno de desesperaci&oacute;n o entusiasmo. Una columna puede ser una madre o un padre. Cuando la columna cede, porque tarde o temprano todo cede, el poeta <strong>Dylan Thomas</strong> le escribe a su padre este poema: &ldquo;No entres d&oacute;cilmente en esa noche quieta./ La vejez deber&iacute;a delirar y arder cuando se cierra el d&iacute;a./ Rabia, rabia contra la agon&iacute;a de la luz&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevo en auto a mi amigo Caaman y cuando pasamos por una plaza, &eacute;l me dice que recuerda que en ese lugar su padre lo llevaba a jugar. Cuando le pregunto cu&aacute;ndo fue, me dice que no sabe. Me doy cuenta que el tiempo es una f&aacute;bula que nos contamos los humanos, que el espacio es lo que existe de verdad. Sab&eacute;s d&oacute;nde sucedi&oacute; algo, pero no cu&aacute;ndo. En esa plaza est&aacute; materializado el recuerdo del padre jugando con el hijo, el tiempo no importa. El correlato objetivo no se posa en el tiempo, se posa en las cosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fabio me dice que sac&oacute; entradas para ver un recital con Nina, su hija, y que ahora las entradas son electr&oacute;nicas, ya no se pueden tocar, pero igual se pueden perder si el celular no anda o la aplicaci&oacute;n falla. Y que casi se pierden el recital si no fuera que Nina consigui&oacute; hacer una triangulaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que permiti&oacute; que recuperaran las entradas y padre e hija disfrutaran del concierto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Querido pap&aacute;, so&ntilde;&eacute; con vos despu&eacute;s de mucho tiempo. Yo me despertaba en un lugar parecido a un resort, en una playa, y preguntaba por vos y todos me se&ntilde;alaban el lugar donde estabas, en una especie de casa de madera -como la de Tarz&aacute;n en la jungla- y yo caminaba hacia ah&iacute;. Estaba amaneciendo y el clima era estupendo. Me costaba caminar porque estaba descalzo y pisaba arena, pero arena&nbsp;de verdad, como la que pisan los obreros de la obra, hasta que llegaba al lugar donde vos estabas sentado leyendo una revista &ndash;siempre te gusto m&aacute;s leer revistas que libros- y me dec&iacute;as: &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s querido? No recuerdo qu&eacute; hablamos. Pero era una conversaci&oacute;n genial, satisfactoria. Me sent&iacute;a muy feliz de volver a verte. Y entonces yo te ped&iacute;a la revista. Te dec&iacute;a que era de una colecci&oacute;n que ten&iacute;a. Y vos me dec&iacute;as: Ya s&eacute;, ya s&eacute; querido. &iexcl;Si yo te las compro! Y entonces te pon&iacute;as la revista debajo de las nalgas -entre tu culo y la silla- para jugar a que no me la ibas a devolver.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Leo en la revista Almagro, una traducci&oacute;n de un reportaje a <strong>Vinciane Despret</strong>. Ella dice: &ldquo;Un animal es una manera de conocer el mundo. La frase de <strong>Mark Bekoff</strong> es crucial porque redirecciona y experimenta la idea apasionante que propuso Deleuze de que cada animal es una manera de ser. En su curso sobre Spinoza Deleuze dec&iacute;a que, lejos de buscar&nbsp;esencias, los et&oacute;logos van a investigar en los animales sus maneras de ser, y m&aacute;s precisamente lo que pueden, aquello de lo que son capaces. Por lo tanto la etolog&iacute;a es, seg&uacute;n Deleuze, la ciencia pr&aacute;ctica de las potencias. Bekoff dice, entonces: cada ser es una manera de conocer&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada padre es una manera de ser. Tanto para el hijo o la hija -Nina tratando de conseguir su entrada digital que el padre anal&oacute;gico no puede- como para el hombre que un d&iacute;a, se convierte en padre. Un padre es un instrumento para conocer el mundo. Usamos nuestros celulares para grabar, filmar, pero no sabemos c&oacute;mo lo hace el aparato, es un misterio salvo que nos especialicemos en la t&eacute;cnica. No sabemos nada de nuestros padres, de c&oacute;mo funcionan. Ning&uacute;n padre sabe de todo lo que es capaz, lo va aprendiendo a medida que prueba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su &uacute;ltimo libro,<em> Lupa de la inmersi&oacute;n</em> (Editorial Caleta Olivia), <strong>Daniel Durand</strong> investiga en c&oacute;mo ser padre, en qu&eacute; consiste esa pr&aacute;ctica ancestral. Lo hace a trav&eacute;s de esa lupa que es un poema. Poemas cortos. En uno, construye el objeto con lo que va observar. &ldquo;Debe tener mi edad, unos 50./ Est&aacute; sentado en la vereda, rompe/cuidadosamente un frasco de vidrio/con una piedra, hasta que le queda/ sobre el redondel de la base./Toca con las yemas los bordes filosos/ lo mira y lo acerca despacio/a su cara. Veo como su ojo desmedido/ intenta leer un diario&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este poema que acabo de transcribir se llama &ldquo;Lectura: &iquest;c&oacute;mo se lee a un padre?&rdquo;.&nbsp;Hace poco Daniel me cont&oacute; que volvi&oacute; de un pa&iacute;s muy lejano donde viv&iacute;a porque quer&iacute;a estar con su padre, que ya est&aacute; grande. Cuando se fue, era s&oacute;lo hijo, ahora que volvi&oacute; es padre. Conozco al padre de Daniel, as&iacute; que me lo puedo imaginar en este otro poema en que aparece: &ldquo;Miro las hojas verdes pastel del sauce/no hay tanta angustia en las ramas/que bajan hasta el suelo, hojas viejas/ de mayo que pronto, har&aacute;n su &uacute;ltimo/n&uacute;mero de color. (&hellip;)Primero titilar&aacute;n/hacia los amarillos, ver&eacute; despu&eacute;s/ a mi padre barrerlas todas las tardes/ acompa&ntilde;ando su trabajo con protestas&rdquo;. Pero Alon, el hijo del poeta, fulgura tambi&eacute;n en los poemas, como en &ldquo;Ni&ntilde;o con banana&rdquo;: &ldquo;La banana que pide que le pelen/ debe ser perfecta, verse/ blanca y en el punto justo/ entre lo duro y lo blandengue/ no tener machucones oscuros/ ni cordones colgantes de fibra,/entonces s&iacute;,/ la empu&ntilde;a y la va comiendo despacio/mientras deambula por la casa/ iluminando las habitaciones/ con su antorcha vegetal&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Querido pap&aacute; -le escribe Julian Sorel en los escritos hallados p&oacute;stumos de Stendhal y que no fueron publicados, versiones que podr&iacute;a haber tenido la novela, caminos que no sigui&oacute;- no sab&eacute;s la alegr&iacute;a que me da cuando salgo del Liceo y te veo esper&aacute;ndome en la puerta, veo tu cara entre la de los otros padres y es diferente para m&iacute;, porque es la cara de mi padre, que est&aacute; feliz, que viene a buscarme. Esa felicidad que siento en mi cara mientras te busco y ans&iacute;o que me abraces es la misma felicidad que crece en tu cara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/etologia-paternidad_129_10200596.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 May 2023 02:35:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Etología de la paternidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Paternidad,Padres,Hijos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cómo conseguí determinados libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/consegui-determinados-libros_129_10140356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13aabdd7-3b31-4a9b-9313-16d8a1cc7acc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De cómo conseguí determinados libros"></p><p class="article-text">
        A veces todos los esfuerzos que pueda hacer&nbsp;una editorial para promocionar un libro no son suficientes. De hecho, los libros que m&aacute;s recuerdo son los que llegaron a m&iacute; de manera providencial. Por ejemplo, una noche voy a ver una pel&iacute;cula con un amigo. La pel&iacute;cula era <em>Despu&eacute;s de hora</em><strong> </strong>-un film bastante at&iacute;pico dentro de la filmograf&iacute;a de <strong>Martin Scorsese</strong>- y en ella hay una escena donde una chica est&aacute; sentada en un bar y est&aacute; leyendo T<em>r&oacute;pico de C&aacute;ncer,</em> de <strong>Henry Miller</strong>. En otra mesa est&aacute; un hombre. El tipo para tratar de ligar con la chica le recita el comienzo del libro: &ldquo;No tengo dinero ni recursos ni esperanzas, soy el hombre m&aacute;s feliz del mundo. Hace un a&ntilde;o, hace seis meses, pensaba que era un artista, ya no lo pienso, lo soy, todo lo que era literatura se ha desprendido de m&iacute;, ya no hay m&aacute;s libros que escribir, gracias a Dios&rdquo;. La chica qued&oacute; impactada, yo tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi mam&aacute; ten&iacute;a una amiga que se llamaba Elsa. Usaba poleras amarillas y fumaba sin parar. Eran buenas amigas a pesar de que a mi mam&aacute; la literatura le parec&iacute;a una p&eacute;rdida de tiempo y la filosof&iacute;a una manera de calentarse la cabeza con estupideces. Elsa, en cambio, adem&aacute;s de fumar, le&iacute;a mucho. Les cont&eacute; a las dos la escena de la pel&iacute;cula de Scorsese. Elsa sac&oacute; de su cartera <em>Tr&oacute;pico de c&aacute;ncer </em>y me lo regal&oacute;. Sub&iacute; a mi pieza y no par&eacute; hasta terminarlo. Era un libro vital, era como tomar whisky. Cuando pas&oacute; el tiempo y mi mam&aacute; se enferm&oacute; y estuvo varios d&iacute;as en coma, yo me la pasaba por los pasillos del hospital esperando las noticias de los m&eacute;dicos y sacaba del bolsillo de mi sobretodo el ejemplar de Miller y tomaba un trago. Era como tener una petaca para soportar el dolor. De esta manera consegu&iacute; <em>Tr&oacute;pico de c&aacute;ncer</em>.
    </p><p class="article-text">
        Una noche volv&iacute;a tarde a mi casa en el subte de la l&iacute;nea E. Entr&eacute; a un vag&oacute;n vac&iacute;o y en uno de los asientos alguien se hab&iacute;a olvidado un libro boca abajo. Me acerqu&eacute; y lo di vuelta -como cuando alguien da vueltas un naipe para ver de qu&eacute; se trata el destino- el libro era <em>La Campana de Cristal</em>, de <strong>Sylvia Plath</strong>. Le&iacute;: &ldquo;Era un verano extra&ntilde;o y sofocante, el verano en que electrocutaron a los Rosemberg, y yo no sab&iacute;a que estaba haciendo en Nueva York. Le tengo man&iacute;a&nbsp;a las ejecuciones. La idea de ser ejecutada me enferma y eso era lo &uacute;nico de que hablaban todos los peri&oacute;dicos -titulares que, como ojos saltones me miraban fijamente&nbsp;en cada entrada mohosa y oliente a man&iacute; del subterr&aacute;neo-. No ten&iacute;a nada que ver conmigo, pero no pod&iacute;a evitar preguntarme qu&eacute; se siente al ser quemada viva de la cabeza a los pies&rdquo;. El libro era de la editorial Tiempo Nuevo, estaba usado y subrayado por alguien. Lo encontr&eacute; de esta manera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me gustaba caminar por la ciudad saltando entre librer&iacute;as de usados. En una de la Avenida de Mayo, encontr&eacute; una mesa de saldo muy grande. Me puse a escarbar. Saqu&eacute; un libro de poes&iacute;a. Parec&iacute;a una edici&oacute;n de autor o una edici&oacute;n de esas impresiones fantasmas, esas editoriales que nacen para sacar uno o dos libros y nada m&aacute;s. Abr&iacute;, le&iacute; uno de los poemas porque me atrajo el t&iacute;tulo &ldquo;Basuras al amanecer&rdquo;, supongo porque hasta ese momento asociaba a la poes&iacute;a con los poemas de amor, los cantos a la naturaleza del romanticismo, pero no con los residuos de nuestra cultura. Le&iacute;: &ldquo;Esta madrugada/ en la calle/ dominado por una especie/ de curiosidad sociol&oacute;gica/ hurgu&eacute; con un palo en el mundo surrealista/ de algunos tachos de basura./ Comprob&eacute; que las cosas no mueren sino que son asesinadas./Vi ultrajados papeles, c&aacute;scaras de fruta, vidrios/de color in&eacute;dito, extra&ntilde;os y atormentados metales,/ trapos, huesos, polvo, sustancias inexplicables/ que rechaz&oacute; la vida. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n/ el torso de una mu&ntilde;eca con una mancha oscura,/ una especie de muerte en un campo rosado./ Parece que la cultura consiste/ en martirizar a fondo el material y empujarlo/ a lo largo de un intestino implacable./ Hasta consuela pensar que ni el mismo excremento/ puede ser obligado a abandonar el planeta&rdquo;. Me qued&eacute; tieso. La forma extra&ntilde;a de adjetivar, los versos que pod&iacute;an ser muy cortos o largos, prosaicos, una m&uacute;sica rara que gestaba el poema me conmovi&oacute;. Hab&iacute;a algo ah&iacute;, un logaritmo nuevo que yo no entend&iacute;a del todo. Y si bien el poema afirmaba algo en su eficacia conclusiva, todo estaba puesto en estado de pregunta. El poeta se llamaba <strong>Joaqu&iacute;n Giannuzzi</strong>, compr&eacute; el libro por unos pocos pesos&nbsp;y decid&iacute; copiarlo palmo a palmo en los poemas que yo quer&iacute;a escribir alg&uacute;n d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora estoy en Salta, hace varios meses que estoy viajando. Fue un viaje largo de dos a&ntilde;os a lo largo de buena parte de Am&eacute;rica, tengo 21 a&ntilde;os. Entro en una librer&iacute;a y me encuentro una edici&oacute;n de la obra completa de <strong>Juan</strong> <strong>Gelman</strong> editada por Corregidor. La trato de robar porque no ten&iacute;a un peso, pero el librero era como esos marcadores centrales italianos que no te dan respiro. As&iacute; que vuelvo al camping donde estaba parando con mis compa&ntilde;eros de filosof&iacute;a y busco entre mis cosas. Me acuerdo que el sereno del camping me hab&iacute;a elogiado mis botas na&uacute;ticas que estaban debajo del alero de la carpa. Se las vendo. Voy y compro el libro. A los dos d&iacute;as me entero que al sereno lo echaron por robar de las carpas. &iquest;Por qu&eacute; me pag&oacute; por mis botas si me las podr&iacute;a haber robado? De esta manera consegu&iacute; el libro de Gelman que ahora, con el paso del tiempo, se ha ido desgajando. Cuando muchos a&ntilde;os despu&eacute;s conoc&iacute; a Gelman, le mostr&eacute; el libro y &eacute;l me dijo que estaba lleno de erratas. Pero yo no me di cuenta de eso, para m&iacute; las erratas eran genialidades de Gelman.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; al pa&iacute;s. Pas&oacute; el tiempo. Estoy en otro camping. En Miramar. Mi amigo Fafa est&aacute; en la carpa de al lado. Una noche me dice que ya no puede pagar m&aacute;s el camping y que como est&aacute; debiendo plata, se va a ir sin pagar, me pide que le desarme la carpa durante la noche y que la esconda en la m&iacute;a. As&iacute; que Fafa se las toma y yo voy con una linterna y le desarmo la carpa. De golpe algo se cae al pasto. Lo alumbro con la linterna y veo que es un libro. En la contratapa, bajo la luz de mi linterna y el cuidado de una luna inmensa, observo por primera vez la cara extraordinaria de <strong>Samuel Beckett</strong>. Me pareci&oacute; que esa cara no pod&iacute;a escribir mal. El libro se llamaba <em>Molloy</em> y era su primera novela escrita en franc&eacute;s. Este libro no ten&iacute;a una trama convencional, parec&iacute;a escrito por un enfermo mental. Me hizo revisar todo lo que pensaba hasta ese momento sobre escribir novelas.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en los a&ntilde;os noventa. Voy a una de esas fiestas improvisadas en las casas de amigos, esas en las que &eacute;ramos mortales porque no hab&iacute;a nadie dici&eacute;ndote por el celular que hab&iacute;a otra fiesta mejor en otro lado. Cuando entr&aacute;bamos a esas casas, hab&iacute;a una cama o un sill&oacute;n, donde dej&aacute;bamos los abrigos. Yo usaba un sobretodo negro, de bolsillos largos. En alg&uacute;n momento abandono la fiesta y salgo a caminar. Noto que en mi bolsillo hay algo que pesa un poco. Es un libro, <em>Cicatrices</em> de <strong>Juan Jos&eacute; Saer.</strong> &iquest;Qui&eacute;n se equivoc&oacute; y lo puso ah&iacute;? Conoc&iacute;a a Saer de nombre pero nunca lo hab&iacute;a le&iacute;do. Me fui al Astral, un bar de la calle Corrientes que estaba abierto toda la noche. Empec&eacute; a leer <em>Cicatrices</em> y no lo pod&iacute;a creer. Era casi contempor&aacute;neo de <em>Rayuela</em>, pero hab&iacute;a esquivado todos los recursos promocionales, no pertenec&iacute;a a ning&uacute;n boom, no parec&iacute;a venir de ning&uacute;n lado.
    </p><p class="article-text">
        FC
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/consegui-determinados-libros_129_10140356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Apr 2023 03:42:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De cómo conseguí determinados libros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Henry Miller,Sylvia Plath,Joaquín Giannuzzi,Juan Gelman,Samuel Beckett]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cerca nadie es normal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cerca-nadie-normal_129_10102367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe61bced-6a59-404e-b0b2-d08b68b63bef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De cerca nadie es normal"></p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a ser un slogan del gobierno de Larreta: <em>Fervor de Buenos Aires</em>. Pero es el t&iacute;tulo del primer libro publicado por <strong>Jorge Luis Borges</strong>. Se public&oacute; en 1923 y este mes se cumplen 100 a&ntilde;os esa aparici&oacute;n. Un libro cuya primera edici&oacute;n tard&oacute; much&iacute;simo en agotarse -o en cansarse, podr&iacute;a adjetivar el joven Borges que lo escribi&oacute;- y que Borges dice que tuvo que poner de sorpresa en los bolsillos de los abrigos de los redactores de una revista literaria para que se lo llevaran de prepo y lo leyeran. Si Borges hubiese escrito s&oacute;lo este libro -o es m&aacute;s, s&iacute; s&oacute;lo hubiese escrito &eacute;ste m&aacute;s <em>Luna de enfrente</em> y <em>Cuaderno San Mart&iacute;n</em>, su primera trilog&iacute;a po&eacute;tica- no hubiera pasado de ser un buen poeta menor. Lo curioso es que -como el mismo Borges dice,&nbsp;ya que posee una autoconciencia literaria feroz, como el insomnio de Funes- en <em>Fervor de Buenos Aires</em> est&aacute; en germen el &ldquo;logaritmo Borges&rdquo; todo lo que despu&eacute;s va a desarrollar&nbsp;a lo largo de una obra descomunal en ensayos y relatos. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Fervor de Buenos Aires</em> es un libro que paga el padre de Borges. Est&aacute; bueno tener en cuenta esto, porque mucha gente supone que para convertirse en un verdadero escritor o escritora tiene que se fichado por una editorial grande o peque&ntilde;a. Muchos a&uacute;n hoy ven el hecho de pagarse su primer libro como una ignominia. Una estupidez que habr&iacute;a que dejar de lado r&aacute;pidamente. La mam&aacute; de <strong>Arthur Rimbaud</strong> pag&oacute; <em>Una temporada en el infierno</em> de su v&aacute;stago y que &eacute;ste dej&oacute; en parte olvidada en la imprenta. <strong>Juan Luis Mart&iacute;nez</strong>, el poeta chileno que post<strong> Nicanor Parra</strong> produjo un cambio radical en la poes&iacute;a chilena, se autoedit&oacute; <em>La Nueva Novela</em>. Y <strong>Juan L. Ortiz</strong> hizo lo mismo para &ldquo;poder controlar la extensi&oacute;n de sus versos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa para tener en cuenta es que la primera edici&oacute;n de <em>Fervor de Buenos Aires</em> fue de 300 ejemplares. Hoy , por lo general, un libro indie de poes&iacute;a tiene la misma cantidad de ejemplares. Es decir que la edici&oacute;n independiente de poes&iacute;a no ha fluctuado &ndash;en cuanto a sus ejemplares editados- en nada, a diferencia del d&oacute;lar que sigue siendo un dolor de cabeza para nuestros pol&iacute;ticos que aspiran a la reelecci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Borges que escribe <em>Fervor de Buenos Aires</em> es alguien que vuelve a su ciudad en plena juventud y se siente extranjero en ella. Hay algo ah&iacute; para tener en cuenta: ser extranjero es algo que puede potenciar nuestra vida. Hacer el esfuerzo de volverse extranjero en nuestro d&iacute;a cotidiano, en nuestras costumbres repetitivas, ponerle aventura o diferentes ojos a lo que hacemos todos los d&iacute;as es una forma de darle potencia a nuestros sentidos, escribamos o no. El joven Borges se maravilla con la ciudad que redescubre y no logra hacerla encajar con la que hab&iacute;a dejado quince a&ntilde;os antes. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque viene de formar parte del grupo ultra&iacute;sta, con todas esas prescripciones casi m&eacute;dicas que suelen tener los manifiestos de los movimientos literarios: no hagas estos, no hagas lo otro, hace esto, como si leyeras el prospecto de un antibi&oacute;tico, Borges, como todo escritor creativo, apenas empieza a escribir abandona el ultra&iacute;smo porque lo siente estrecho, de la misma manera que <strong>Antonin Artaud </strong>es expulsado de surrealismo por no ser &ldquo;lo suficientemente ortodoxo&rdquo;. Incre&iacute;ble. Los grandes escritores escapan a los manifiestos que escriben. 
    </p><p class="article-text">
        El Borges de <em>Fervor</em> describe al Buenos Aires orillero. Otra cosa importante: este Borges sale a caminar, como un flaneur, algo muy productivo para escribir es salir a caminar, sobre todo si uno se siente trabado con lo que est&aacute; escribiendo. Borges camina por la orillas, elige esa parte en que la ciudad se cruza con el campo. Y ese es el lugar que va a elegir despu&eacute;s para ensayar como es escribir en Argentina, un lugar que queda en el culo del mundo. Borges escribe desde las orillas y es desde ah&iacute; donde puede erosionar el centro, como lo hace <strong>Jacques Derrida</strong> en la deconstrucci&oacute;n (la teor&iacute;a de la deconstrucci&oacute;n parece una ficci&oacute;n borgeana). De esa manera, escribir en un pa&iacute;s sin tradici&oacute;n literaria , sin ser central, convierte nuestra supuesta debilidad en potencia: le podemos robar a todo y todo es nuestra tradici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Fervor de Buenos Aires</em> fue un libro que Borges corrigi&oacute;&nbsp;a los largos de los a&ntilde;os cada vez que lo reedit&oacute;. Cambi&oacute; versos, aliger&oacute; sentimientos, elimin&oacute; poemas y agreg&oacute; otros. Es decir que, a&nbsp;diferencia de su personaje Pierre Menard, Borges no par&oacute; de modificar el texto de acuerdo a la &eacute;poca en la que sal&iacute;a reimpreso el libro, no permiti&oacute; que la &eacute;poca incidiera sobre los textos inmodificados, como conjetura Pierre Menard. No tengo noticias de que haya modificado un relato o un ensayo cuando los reeditaba. La correcci&oacute;n es una forma de no perdonar.
    </p><p class="article-text">
        Y siempre es mejor perdonar que ser perdonado. En <em>Normal People</em>, una serie de la BBC que arras&oacute; en pandemia cuando se estren&oacute; (los personajes se besan, se tocan y hasta hacen Skype sin saber que era premonitorio todo) Connel -encarnado por <strong>Paul Mescal</strong> y una cadenita que lleva en el cuello- le pide disculpas a Marianne -<strong>Daisy Edgar Jones</strong>- porque le rompi&oacute; el coraz&oacute;n cuando no la invit&oacute; al baile de la escuela. Ella le dice, recostada, tomando un caf&eacute;: te perdono.
    </p><p class="article-text">
        La serie est&aacute; compuesta por doce cap&iacute;tulos muy breves, de unos 25 0 30 minutos cada uno, pero tiene la condici&oacute;n fenomenol&oacute;gica de darle m&aacute;s entidad ontol&oacute;gica al tiempo de la escenas, son cinco minutos, a veces, pero parecen una eternidad, como cuando est&aacute;s enamorado o est&aacute;s al borde de pegarte un corchazo. 
    </p><p class="article-text">
        Connel es el chico lindo y la estrella del equipo de f&uacute;tbol de la escuela. Su madre trabaja limpiando la casa de Marianne, quien vive en una mansi&oacute;n. Esta diferencia social, que podr&iacute;a ser el arco narrativo de toda una serie de <strong>Adri&aacute;n Suar</strong>, incide poco en la historia. En realidad, la serie tiene un languidez tal que por momentos parece una pel&iacute;cula rom&aacute;ntica que ha sido partida en episodios. Los cap&iacute;tulos terminan sin el golpe de efecto que esperamos, no hay eficacia conclusiva para que sigas el otro cap&iacute;tulo que viene. La ves porque <em>Normal People</em> te hace recordar, si ya sos madurito, todas las vidas que tuviste en una sola, en esa &eacute;poca que va de la adolescencia a la juventud. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora que se ha metido al amor en las diet&eacute;ticas, es bueno ver que el amor es todo lo contrario -como dec&iacute;a Lacan- al mar planchado. El amor es peligroso, t&oacute;xico, pharmacon, y puede estar construido con la presi&oacute;n de un dolor de cabeza. En la serie, Marianne y Connel pasan por m&uacute;ltiples experiencias, se aman, se dejan de ver por estupideces, y se reencuentran porque parece que es su destino: amarse. Viven diferentes relaciones y a diferencia de las mujeres que les eligen a los pr&iacute;ncipes de Windsor, Marianne es una chica que se emancipa a trav&eacute;s del sexo y es con esta experiencia con la que Connel va a tener que lidiar ya que despu&eacute;s de que ella le cuenta que est&aacute; practicando el sado masoquismo con un novio ocasional, Connel camina desesperado porque , como dice un personaje de <strong>L&eacute;os Carax</strong>, &ldquo;lo han condenado a las im&aacute;genes&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico personaje flojo es el del hermano de Marianne, parece puesto ah&iacute; s&oacute;lo para incordiarla, no es un personaje, es una funci&oacute;n. Ojal&aacute; el actor que lo interpreta, tenga otra oportunidad en otra serie. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Normal People</em> es del g&eacute;nero rom&aacute;ntica, es <em>Cuando Sally conoci&oacute; a Harry</em> pero de manera lac&oacute;nica. Creo que la directora de <em>Aftersun</em><strong> </strong>sac&oacute; varias escenas de esta serie cuando tambi&eacute;n se llev&oacute; a Paul Mescal. Los actores -la pareja central- son notables, tienen una capacidad qu&iacute;mica de transmitir lo que sienten sus personajes, eso que las personas llaman &ldquo;tener piel con alguien&rdquo;, sabiendo que la piel es lo m&aacute;s interior que tenemos.
    </p><p class="article-text">
        Marianne es la chica rica y solitaria, misteriosa, que puede soportar el bulliying que le hacen en la casa y en el colegio. Connel es el chico hermoso de la manada. Pero &eacute;l percibe algo que no todos ven: que nadie puede saber c&oacute;mo va a ser percibido. Y que si pod&eacute;s controlar tu imagen y lograr que la gente te perciba exactamente como quer&eacute;s, es m&aacute;s probable que seas una publicidad que un ser humano. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cerca-nadie-normal_129_10102367.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2023 03:02:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De cerca nadie es normal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fabián Casas,Jorge Luis Borges,Normal People]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nadadores lentos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nadadores-lentos_129_10023218.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92905bde-6a90-46d0-bcce-08810d9e1c8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nadadores lentos"></p><p class="article-text">
        &ldquo;Y va a seguir diez d&iacute;as m&aacute;s&rdquo;, escucho que le dice un se&ntilde;or en short, pero con medias, a otro que est&aacute; sentado en un caf&eacute; en la calle. El que est&aacute; sentado parece un visitador m&eacute;dico. Tiene un portafolios en el piso. Lo imagino repleto de tranquilizantes. Me acuerdo &ndash;mientras los dejo atr&aacute;s y me dispongo a cruzar la calle- que Leonard Cohen se meti&oacute; en un monasterio zen porque estaba desesperado (no se entra al zen porque est&aacute;s iluminado) y mientras iba en su auto hac&oacute;a el monasterio donde lo esperaba Roji, su maestro, decidi&oacute; parar en medio del camino y tirar la bolsa que ten&iacute;a con ansiol&iacute;ticos y antidepresivos. Se sinti&oacute; liberado. Pero a los kil&oacute;metros de andar, se dio cuenta que hab&iacute;a hecho una estupidez y dio marcha atr&aacute;s con el auto y volvi&oacute; a buscar a sus amigos sint&eacute;ticos. Pero no estaban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces hay que dar marcha atr&aacute;s. Mad Max cuatro, la pel&iacute;cula, habla de eso. Hay que hacer <em>scratching</em>. No siempre es hacia adelante. El ni&ntilde;o de la m&aacute;scara negra que marcaba a Messi &ndash;y que Messi eludi&oacute; varias veces en una incansable repetici&oacute;n, como si hiciera un micro relato con el gol de Diego a los ingleses- ya sabe que a veces hay que ir para atr&aacute;s. Hay que ir en la direcci&oacute;n opuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cruzo la calle y entro en el natatorio. No me cambio porque estoy en malla y s&oacute;lo me tengo que sacar la remera y ponerme las antiparras y los tapones en los o&iacute;dos. Hace un calor de los mil demonios. Es como si alguien hubiera dicho dracarys y estuvi&eacute;ramos bajo fuego enemigo. Me acuerdo de un chiste que le cuento a los hijos de mi novia: &ldquo;Pap&aacute;, pap&aacute;, &iquest;la estufa tiene anteojos? No. Entonces se est&aacute; quemando el abuelo&rdquo;. Me meto en la pileta y empiezo a nadar. Paro un rato cruzando los brazos sobre el borde del natatorio, con el cuerpo sumergido y la cabeza afuera. Hay un joven que sale de la pileta con un traje de neoprene. Es uno de los guardianes de la bah&iacute;a. Sigo produciendo chistes malos: es Juan Alberto Bahia. Carlos Bairo, un compa&ntilde;ero fot&oacute;grafo muy divertido, cuando yo me vest&iacute;a muy abrigado y todav&iacute;a no hac&iacute;a mucho fr&iacute;o, me dec&iacute;a: &ldquo;&iquest;Y en invierno que te pones?&rdquo;. Trabaj&aacute;bamos juntos en la Estrella de la Muerte. Yo a veces iba a pedirle una foto y le dec&iacute;a &ldquo;Bairo..&rdquo; y &eacute;l me correg&iacute;a: &ldquo;Lord Bairo!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El joven de neoprene se saca el traje y empieza a hacer abdominales y estirar despu&eacute;s los brazos con una soga que ata a una columna. Entonces detr&aacute;s de &eacute;l cruza un hombre en malla, de unos sesenta a&ntilde;os, caminando con un bast&oacute;n de ciego. Acaba de salir del vestuario y viene hacia la pileta. Nico, el ba&ntilde;ero, se acerca&nbsp;y lo acompa&ntilde;a para que baje por la escalerilla para que pueda entrar en la piscina. Vuelvo a nadar, voy y vengo diez veces. Cuando paro en uno de los extremos, donde hago pie, escucho que en el andarivel de al lado, alguien dice: &ldquo;&iquest;Tengo gente nadando en este andarivel?&rdquo;. Le digo que s&iacute;, que tiene a dos y le propongo que pase a mi andarivel donde estoy yo solo. &ldquo;Gracias&rdquo;, me dice. Extiende el brazo, se lo agarro, levanto el andarivel para que pase. &ldquo;Pod&eacute;s ir y venir en l&iacute;nea recta, as&iacute; est&aacute;s tranquilo&rdquo;. &ldquo;No puedo mantener la linea recta, me voy de lado&rdquo;, dice. &ldquo;No te preocupes, yo te esquivo&rdquo;, le digo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a nadar. Un par de veces. Cuando paro veo que est&aacute; en el medio del andarivel y que tiene un problema con las antiparras. Se le sali&oacute; la soga que las ata. Me acerco y le digo que se las arreglo. Me las da. Las arreglo y se las paso. &ldquo;Es porque me arden los ojos&rdquo;, me dice. Y agrega: &ldquo;Gracias por tu comprensi&oacute;n&rdquo;. Yo le digo: &ldquo;Gracias a vos por tu potencia, s&oacute;lo siento admiraci&oacute;n&rdquo;. Creo que esta bueno eliminar el pudor y decirle a la gente lo que te produce. El extiende su brazo y me toca el hombro con asombrosa precisi&oacute;n. Mientras vuelvo a nadar pienso: ah&iacute; est&aacute; alguien en traje de neoprene que s&oacute;lo quiere ser observado, ac&aacute; est&aacute; alguien que no puede ver. De alguna manera, ninguno de los dos ven, pero s&oacute;lo uno de ellos es un esclavo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la noche releo &ldquo;Nadadores lentos&rdquo;, un libro hermoso de Santiago Loza. Me gusta la prosa clonazep&aacute;nica de Loza, la forma en que va desgranando el d&iacute;a vivido, las ideas que surgen de la impericia de vivir: &ldquo; Cuando la escritura pierde su necesidad de seducci&oacute;n est&aacute; liberada y puede ser. No querer agradar es un alivio. Entonces sucede una especie de consumaci&oacute;n. No se puede especular. Nadie nos est&aacute; esperando del otro lado. Lo que podamos escribir no es fundamental. No habr&aacute; revelaciones ni atisbos de originalidad (ese fraude al que llaman originalidad). S&oacute;lo queda ser en la misma escritura&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cierro el libro. Me miro en el espejo largo del cuarto. Si desenterraran al cad&aacute;ver de David Bowie, seguramente a&uacute;n hoy estar&iacute;a mejor conservado que yo. Pero mi mente se mueve como una mosca de largas zancas sobre un r&iacute;o.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nadadores-lentos_129_10023218.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Mar 2023 04:39:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nadadores lentos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Whiplash", La Tortura Ninja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/whiplash-tortura-ninja_129_10002718.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7785fa8a-44a9-4df7-a69c-1624054f762e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Whiplash&quot;, La Tortura Ninja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Nemo me dice que pase a buscar por su casa el libro de Kevin Lynch, <em>La imagen de la ciudad</em>. Entonces me entero de que volvi&oacute; del Per&uacute;, adonde viaj&oacute; con su padre. Estuvo planificando el viaje un tiempo largo y mientras &iacute;bamos a jugar al f&uacute;tbol me contaba la ruta que iba a tomar y los miedos que le causaba la posibilidad de que su padre -que est&aacute; medio averiado- sufriera por el apunamiento. Era una road movie padre e hijo y me maravillaba su proyecto. Nemo se parece a Neymar, y Neymar se parece a Nemo, depende c&oacute;mo uno los mire. 
    </p><p class="article-text">
        Nemo me cuenta que mientras viaj&oacute; por el Per&uacute; profundo durmi&oacute; bajo las estrellas del desierto o, si llov&iacute;a, adentro del auto, que par&oacute; en hoteles peque&ntilde;os y que su padre respondi&oacute; perfecto. Me dice tambi&eacute;n que muchos pueblos de Per&uacute; estaban en asamblea permanente y que, en algunos, no pudieron entrar o tuvieron que negociar con los pobladores la manera de entrar. Le digo que en Per&uacute; est&aacute; pasando desde hace a&ntilde;os una tragedia y que el mundo deber&iacute;a parar de hablar sobre la extraordinaria calidad de la comida peruana y empezar&nbsp;a pensar que, salvo una &eacute;lite, hay much&iacute;sima gente que no tiene nada para comer en Per&uacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Hace calor, calor, calor. Voy al hospital a hacerme una topograf&iacute;a ocular porque tengo astigmatismo alto. Le cuento a mi oftalm&oacute;logo que a los diez a&ntilde;os yo quer&iacute;a tener lentes porque me parec&iacute;a genial. As&iacute; que mi mam&aacute; me compr&oacute; unos lentes sin aumento para ser una cara con lentes. Hoy me sacar&iacute;a todos los lentes que uso. Pas&oacute; algo raro, por la edad, la miop&iacute;a corrigi&oacute; la presbicia: puedo leer sin lentes de cerca hasta los folletos de los medicamentos, estos textos peque&ntilde;os en papel casi transparente donde nos dicen, los laboratorios, las contraindicaciones del paracetamol. El paracetamol, dicen, te puede aniquilar. Si fuera un Gran Artista Conceptual, har&iacute;a una muestra donde enmarcar&iacute;a los textos de los sobrecitos de az&uacute;car y los textos de los medicamentos. 
    </p><p class="article-text">
        Del hospital me voy al dojo. Sabiendo que por el calor intenso, es posible que muera ah&iacute;. Esta Charly San, un compa&ntilde;ero hist&oacute;rico -se llama Carlos Madariaga- que hace que mis clases sean geniales porque le pone garra al kumite. Empezamos la clase y mi Sensei me dice despu&eacute;s de un rato largo: Muy bien Fabi&aacute;n, hoy consigui&oacute; un poco de kim&eacute;. No se sabe que es el kim&eacute;. Pero es algo muy dif&iacute;cil de conseguir. S&eacute; que si lo consegu&iacute; fue porque Charly San est&aacute; haciendo la clase conmigo, me est&aacute; exigiendo. Quince a&ntilde;os de karate y un segundo de kim&eacute;. &iquest;Para qu&eacute; m&aacute;s?, me dice otro compa&ntilde;ero. En el vestuario les cuento lo que me pas&oacute; la semana pasada. Mi novia me dijo que quer&iacute;a venir con su hijo a buscarme al dojo para despu&eacute;s ir a cenar. Quer&iacute;a que el hijo, que es muy chico, viera una clase de karate. Ese d&iacute;a el Sensei par&oacute; la clase y nos hizo hacer un kata que yo nunca hab&iacute;a practicado y me com&iacute; un pesto b&aacute;rbaro. Todos los dem&aacute;s compa&ntilde;eros parec&iacute;an saber a la perfecci&oacute;n esa mierda imposible. Era un kata largo con saltos y vueltas en el aire. Como el Sensei vio que yo rebotaba por todos lados, me dijo que me sentara al costado y viera c&oacute;mo lo hac&iacute;an los dem&aacute;s. En el chat de karate (donde estoy porque me entero si hay luz o no en el dojo, si hay clases) les digo que el Sensei invent&oacute; un kata nuevo, que yo busqu&eacute; el nombre en Google&nbsp;a la noche y que aparec&iacute;a: Not found. Que invent&oacute; ese kata para destruirme. Que mi novia me dej&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Jajajaja. Ahora el que se r&iacute;e es mi amigo el Chango porque le estoy contado todo esto. Estamos en la terraza de su casa con otros amigos comiendo un asado. Me dice que lo que me pas&oacute; se parece al final de una pel&iacute;cula que lo fascina: <em>Whiplash</em>. Me cuenta el final. Nuestro amigo Caaman, que est&aacute; escuchando, dice que <em>Whiplash </em>en una garcha, que el pibe y el director de orquesta que lo hostiga para sacarle lo mejor, son dos imb&eacute;ciles. Yo le digo que esos son los personajes de la pel&iacute;cula, pero que tal vez la pel&iacute;cula sea buena y los personajes sean malos o te caigan mal. Caaman, que es un renacentista (es m&uacute;sico, escritor de novelas, modelo, guionista) dice: No s&eacute;, no me la cre&iacute;, la sangre en las manos mientras toca la bater&iacute;a es demasiado. Gaby otro amigo piensa igual que Caaman, dice que profesor y alumno son dos imb&eacute;ciles que deber&iacute;an ir a tomar algo y dejarse de joder. Vicho, otro amigo, me dice que le pel&iacute;cula le encanta pero que siempre que la ve lo pone nervioso. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Whiplash</em> me suena a una marca de Shampoo. Pero es el nombre de una canci&oacute;n y de la pel&iacute;cula que veo a la tarde del otro d&iacute;a y despu&eacute;s de nuevo a la noche. Es un film corto. Terence Fletcher es un director de orquesta que tiene el m&eacute;todo de Steve Jobs para conseguir que alguno de sus alumnos sea el nuevo Charlie Parker: humillarlos, hacerlos sufrir. Andrew es un alumno que quiere ser un baterista famoso. Su madre lo abandon&oacute; cuando era chico y tiene a un padre bueno que lo ayuda econ&oacute;micamente y lo acompa&ntilde;a al cine. Hay una escena en que Andrew le dice al padre -mientras est&aacute;n sentados en el cine- que Fletcher lo prob&oacute; en la bater&iacute;a y que no fue ni fu ni fa, que no rindi&oacute;. El padre le dice al hijo que no se preocupe, que as&iacute; es la vida y que &eacute;l con la edad ve todo desde otra perspectiva. Justo cuando est&aacute; diciendo eso pasa por atr&aacute;s un tipo con un balde inmenso de pochoclos y le pega al padre sin querer. Padre e hijo se dan vueltas y el tipo pide disculpas. El chico le dice despu&eacute;s al padre: &ldquo;Yo no quiero perspectivas, quiero ser el mejor&rdquo;. Lo mismo le va a decir despu&eacute;s a la novia: &ldquo;Quiero ser el mejor baterista y vos en el futuro te vas a oponer a eso, asi que mejor cortemos ya&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Porqu&eacute; le pegan al padre con el balde de pochoclos? &iquest;Por lo que dice? &iquest;Es una escena menor y no da para analizarla tanto?
    </p><p class="article-text">
        Steve Jobs torturaba a sus empleados para sacarle &ldquo;lo mejor&rdquo;. Muchos se quemaban como se queman las moscas en el tubo fluorescente de la carnicer&iacute;a. Jobs quer&iacute;a que sus computadoras fueran un sistema cerrado, Steve Wozniak, su socio creativo y verdadero programador, quer&iacute;a un sistema abierto para que cualquiera pudiera enchufar una Mac a otros aparatos, otros sistemas, convertirlo en objetos abiertos. La paradoja es que Jobs enferm&oacute; y necesit&oacute; un trasplante de &oacute;rganos y no lo consigui&oacute; a tiempo. En Estados Unidos el capitalismo puso velas sobre un cuadro con la cara de Jobs cuando muri&oacute; porque hab&iacute;a muerto uno de sus &nbsp;hijos predilectos, ese que siempre dice: Alg&uacute;n culo va a sangrar y no va a ser el m&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Whiplash</em> parece de golpe una pel&iacute;cula de Wody Allen, hay jazz de fondo, se muestran las calles de Nueva York, pero tiene un solo chiste. En un momento Fletcher rega&ntilde;a al baterista titular &ndash;el suplente es Andrew- porque perdi&oacute; la carpeta de partituras y tienen que ensayar. Tanner, el titular le dice a Fletcher (Fletcher est&aacute; recaliente y es un hijo de&nbsp;puta que infunde un temor reverencial en sus alumnos) que la carpeta la perdi&oacute; Andrew. Y Fletcher le dice: &ldquo;La carpeta es tu responsabilidad. Si le das a un tarado una radio &eacute;ste la puede usar de control remoto&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Vean la escena de la carpeta. Andrew la apoya en una silla y alguien se la roba. &iquest;Pero qui&eacute;n? 
    </p><p class="article-text">
        <em>Whiplash</em> cuenta pocas cosas. Inicia escenas sin explicar todo (como la cena familiar con &iquest;supuestos ? primos de Andrew. Esta escena est&aacute; puesta para que notemos que Andrew es un imb&eacute;cil que se cree superior a los dem&aacute;s. En realidad Fletcher &ndash;un personaje que siempre est&aacute; afuera, nunca sabemos c&oacute;mo vive, si tiene o no alguna pareja, si le pone comida al gato o se ducha con agua fr&iacute;a- es un esclavo porque constantemente est&aacute; actuando para los alumnos, se ve necesitado de representar un poder. Y Andrew es otro esclavo porque quiere ser el rey de la bater&iacute;a y querer reinar siempre remite a que otras personas sean s&uacute;bditos (de ah&iacute; la insufrible estupidez de Charly Garc&iacute;a en algunos casos). Escribe Gilbert Simondon en <em>El modo de existencia de los objetos t&eacute;cnicos</em>: &ldquo;Es dif&iacute;cil liberarse transfiriendo la esclavitud a otros seres, sean hombres, animales o m&aacute;quinas, reinar sobre un pueblo de m&aacute;quinas que convierte en ciervo al mundo entero sigue siendo reinar, y todo reino supone la aceptaci&oacute;n de esquemas de servidumbre&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Whiplash</em> es una pel&iacute;cula adictiva, tiene algo de esas propagandas que pasaban publicidad subliminal y fueron prohibidas. La coda final es una obra maestra del montajista que ensambla la conclusi&oacute;n de la f&aacute;bula (al final Andrew s&oacute;lo quiere satisfacer a Fletcher el padre malo, no le interesa la vida comun que le propone su padre bueno) a golpes de bater&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, el director, Damien Chazelle, no juzga a sus personajes ni hace pedagog&iacute;a del oprimido para que haya una &uacute;nica lectura. Deja abierto al espectador qu&eacute; tipo de imb&eacute;cil prefiere ser. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula tambi&eacute;n puede ser vista c&oacute;mo un estudio sobre los m&eacute;todos de tortura de los Estadounidenses despu&eacute;s del 11 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        <em>FC&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Mar 2023 03:36:26 +0000]]></pubDate>
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