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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Björk]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/bjoerk/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Björk]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La voz a ti debida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-debida_129_12861259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58fb9a14-a1db-4ea7-a8e4-502468d5d1bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La voz a ti debida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lux", el último disco de Rosalía, figura en todas las listas de “mejores discos” de 2025 publicadas al momento. Las más de 42 millones de escuchas en Spotify en un solo día, hablan de una homogeneidad que, sin embargo, no es tal. El mundo del pop menciona el riesgo y el experimentalismo. Y, desde afuera, otros se indignan ante lo que juzgan como el alborozo de ignorantes ante la nueva invención de la rueda. Aquí, algunas de las razones por las que el cuarto álbum de esta artista salida del flamenco, es, en efecto, una obra maestra. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A la noche se empiezan a encender las preguntas. Las hay distantes, quietas, inmensas, como astros: preguntan desde all&iacute; siempre lo mismo: c&oacute;mo eres&rdquo;. As&iacute; comienza el espa&ntilde;ol <strong>Pedro Salinas</strong> uno de los &uacute;ltimos poemas del libro <em>La voz a ti debida</em>, publicado en 1933. Su t&iacute;tulo remite a un verso de <strong>Garcilaso de la Vega</strong>, citado a su vez en el <em>Quijote</em> de <strong>Cervantes</strong>. Salinas, traductor de <strong>Marcel Proust</strong> y uno de las grandes poetas de la <em>Generaci&oacute;n del 27</em> (<strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, <strong>Miguel Hern&aacute;ndez</strong> y <strong>Rafael Alberti</strong>, entre ellos) ancla su visi&oacute;n de lo moderno en el clasicismo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rosal&iacute;a</strong>, otra voz po&eacute;tica de Espa&ntilde;a, funda su cuarto &aacute;lbum &ndash;un disco con voces, algunas expl&iacute;citas y muchas otras subterr&aacute;neas&ndash; en el mismo principio. Tanto los elogios recibidos por <em>Lux</em> como las diatribas &ndash;mucho m&aacute;s secretas si se piensa en la unanimidad de la cr&iacute;tica del pop al respecto o en los m&aacute;s de 42 millones de escuchas que acumul&oacute; en el d&iacute;a de su lanzamiento&ndash; se refieren a lo mismo: la utilizaci&oacute;n de una orquesta y la referencia a la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Ni unos ni las otras reparan en que all&iacute; lo m&aacute;s importante es, precisamente, el uso, y no sus materiales. Hay all&iacute;, en todo caso, una respuesta &ndash;contradictoria, como todas las respuestas verdaderas&ndash; a la pregunta que Salinas podr&iacute;a fromularle: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo eres?&rdquo;
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    </figure><p class="article-text">
        <em>The New Yorker</em>, <em>Pitchfork</em> y <em>Rolling Stone</em>, entre muchas otras publicaciones de todo el mundo, han coincidido en considerar a <em>Lux</em> entre lo mejor del a&ntilde;o que termina. Abundan all&iacute; las menciones a la expansi&oacute;n del mundo del pop, a la inclusi&oacute;n de una orquesta sinf&oacute;nica &ndash;como si eso garantizara el refinamiento y la calidad&ndash;, y al riesgo y el experimentalismo &ndash;que los arriesgados y experimentales de otros g&eacute;neros, como la m&uacute;sica de tradici&oacute;n acad&eacute;mica o el jazz, naturalmente m&aacute;s arriesgados y experimentales que el pop, se apresuran a desestimar&ndash;. En los mundos casi secretos que, como la peque&ntilde;a aldea gala de Asterix intentan resistir el avance del imperio &ndash;en este caso de la homogeneidad de la prensa &ldquo;especializada&rdquo; y de las redes virtuales&ndash; , las cr&iacute;ticas m&aacute;s frecuentadas aseguran que Rosal&iacute;a no expande el pop sino que contrae las m&uacute;ltiples referencias que forman parte de <em>Lux</em>, achat&aacute;ndolas y haci&eacute;ndolas grammyficables, y que el alborozo a su alrededor no es otro que el de ignorantes festejando la (nueva) invenci&oacute;n de la rueda. El reparo podr&aacute; ser cierto en relaci&oacute;n con el periodismo del pop que, en efecto, en su gran mayor&iacute;a desconoce cualquier cosa que no sea el pop y suele deslumbrarse ante &ldquo;novedades&rdquo; como un acorde aumentado, unas cuerdas <em>&agrave; la</em> Vivaldi o la terminaci&oacute;n de una cadencia en modo menor con un acorde mayor, que cuentan con varios siglos de existencia. Pero de ninguna manera alcanzan a un disco brillante (y s&iacute;, se trata de un disco, ya se ver&aacute; por qu&eacute;) en el que si algo no sucede es la utilizaci&oacute;n de materiales hist&oacute;ricos como gui&ntilde;o o mera marca de prestigio. 
    </p><p class="article-text">
        No se trata del manejo ingenuo de procedimientos acad&eacute;micos sino de una gram&aacute;tica externa &ndash;la del pop pero llevada a un l&iacute;mite imaginativo inusual&ndash; para la que lo acad&eacute;mico funciona como una masilla maleable. En <em>Lux</em> las pocas citas textuales &ndash;la orquesta cl&aacute;sica entre ellas&ndash; son reutilizadas, transformadas y llevadas a un territorio en que resultan novedosas. Es cierto que una orquesta que remite inevitablemente a Vivaldi no es revolucionaria, ni riesgosa ni experimental en s&iacute;. Pero &ldquo;Berghain&rdquo;, en cambio, s&iacute; es algo nuevo. La orquesta vivaldiana no es la raz&oacute;n de su valor; el secreto es aquello en que esa orquesta, a pesar de su apariencia, no es vivaldiana en absoluto. Y, sobre todo, la manera en que ese vivaldismo, lejos de ser una totalidad, se convierte en pieza de un rompecabezas exquisito. El otro reparo que merece ser descartado de plano es el del achatamiento. <em>Lux</em> no es un disco plano. No incurre en el famoso <em>sonido de pizzer&iacute;a</em>, sin sobresaltos, donde todo transcurre en una franja muy estrecha de intensidades, sin nada inaudible ni nada que ensordezca. Aqu&iacute; hay fortes &ndash;y hasta fortissimos&ndash; y pianos y pianissimos &ndash;algunos, admirables, de la voz de Rosal&iacute;a sola, o casi sola, en sobreagudos&ndash;.&nbsp;
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        Si bien lo moral no tendr&iacute;a por qu&eacute; entrar en un juicio est&eacute;tico, se trata, adem&aacute;s, de un disco honesto. Y no porque las preocupaciones m&iacute;sticas, su uso de varias &ndash;muchas&ndash; lenguas y la apelaci&oacute;n a mujeres de la iglesia &ndash;err&oacute;neamente la cr&iacute;tica habla de santas y la abadesa <strong>Hildegard de Bingen</strong>, una de las primeras compositoras de las que se tiene conocimiento, no lo es&ndash; sean leg&iacute;timas en s&iacute; sino porque las legitima la m&uacute;sica &ndash;y las letras, desde ya&ndash;.
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    </figure><p class="article-text">
        Todo suena natural, sin impostaci&oacute;n. El magma unificador es el flamenco, que aparece aqu&iacute; y all&aacute; no como cita ni como reclamo de autenticidad sino, sencillamente, como gesto inevitable. Los timbales de la orquesta no aparecen, tampoco, como gesto ampuloso o sobreactuado &ndash;al fin y al cabo la historia de estos instrumentos en el pop empieza con &ldquo;Every Little Thing&rdquo; de <strong>The Beatles</strong>&ndash;. Y la voz del grupo de Liverpool &ndash;y sobre todo de su quinto elemento, <strong>George Martin</strong>&ndash; es estructural. La escritura de las cuerdas, asimil&aacute;ndolas al estilo de las canciones, sirviendo de puntuaci&oacute;n, o de subrayado, y sin imponer su peso &ndash;o su clasicismo&ndash; es, sin duda, deudora de Martin.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las voces ocultas &ndash;y fundamentales&ndash; en <em>Lux </em>es la de la compositora y cantante estadounidense <strong>Caroline Shaw</strong>, alguien que transita con fluidez entre el campo de las tradiciones acad&eacute;micas y del pop y, s&iacute;, de la experimentaci&oacute;n y de lo&nbsp;que los auto percibidos como (&uacute;nicos) m&uacute;sicos contempor&aacute;neos consideran <em>m&uacute;sica contempor&aacute;nea</em>. Ganadora de un premio Pulitzer por su <em>Partita para 8 voces</em> &ndash;que se utiliz&oacute; en parte para musicalizar la serie <em>Dark</em>&ndash; e integrante del grupo vocal <strong>Roomful of Teeth</strong>, Shaw tambi&eacute;n compone y canta canciones y es una de las compositoras &ndash;y orquestadoras&ndash; de este disco. 
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    </figure><p class="article-text">
        Y, como se dijo antes, se trata efectivamente de un disco. La gr&aacute;fica de la edici&oacute;n f&iacute;sica no existe en su versi&oacute;n digital pero, adem&aacute;s, una y otra no contienen exactamente la misma m&uacute;sica. El CD real contiene secciones y pasajes que en su encarnaci&oacute;n virtual est&aacute;n ausentes. Por otra parte hay otras grandes voces presentes, las de los ni&ntilde;os de la Escolania de Montserrat y el Coro de C&aacute;mara del Palacio de la M&uacute;sica Catalana, la de <strong>Bj&ouml;rk </strong>y la de <strong>Carminho</strong>, una de las figuras m&aacute;s destacadas de la canci&oacute;n portuguesa actual, que interpreta junto con Rosal&iacute;a la bell&iacute;sima &ldquo;Memoria&rdquo;. 
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    </figure><p class="article-text">
        No se trata, en todo caso, de que <em>Lux</em> tenga una orquesta &ndash;<strong>Ray Conniff</strong> y <strong>Caravelli </strong>tambi&eacute;n la ten&iacute;an&ndash; ni de que se acerque al mundo cl&aacute;sico &ndash;<strong>Waldo de los R&iacute;os</strong> lo hizo antes, y fue espantoso&ndash;. Tampoco de que este disco vaya a cumplir una improbable funci&oacute;n redentora y logre que el p&uacute;blico del pop acabe rindi&eacute;ndose a los pies del arte sutil y evanescente de Hildegard de Bingen o de los coros de iglesia. <em>Lux</em> es, apenas, un disco de poderosa originalidad, plural y complejo en el mejor sentido, que utiliza intensivamente recursos del pop &ndash;reverbs, procesos electr&oacute;nicos, distorsiones, enmascaramiento de timbres&ndash; para lograr lo que toda obra maestra: que los materiales, independientemente de su procedencia, se transformen y organicen en un todo capaz de contar algo tan incrustado en la historia &ndash;como la poes&iacute;a de la <em>Generaci&oacute;n del 27</em>&ndash; como definitivamente nuevo.
    </p><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-debida_129_12861259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 13:14:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La voz a ti debida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rosalía,Björk,Carminho]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni pobre ni casta ni obediente, Rosalía se quita el hábito del mainstream en ‘Lux’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/pobre-casta-obediente-rosalia-quita-habito-mainstream-lux_129_12747938.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd9927cc-5896-41c0-b64c-b5717ec1a918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x568y319.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni pobre ni casta ni obediente, Rosalía se quita el hábito del mainstream en ‘Lux’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El nuevo álbum de la artista rompe moldes convertido en un ejercicio de reflexión, de pena, de celebración, de euforia y profunda tristeza; cargado de espiritualidad, piano, violines y lirismo.</p><p class="subtitle">Rosalía da pistas sobre ‘Lux’: 13 idiomas, “completamente distinto” e inspirado en mujeres santas</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Pero mi coraz&oacute;n nunca ha sido m&iacute;o, yo siempre lo doy&rdquo;, canta <strong>Rosal&iacute;a</strong> en &ldquo;Reliquia&rdquo;, uno de los temas que componen <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/pistas-lux-rosalia-deja-berghain-artista-apuesta-ahora-sonido_129_12723121.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lux</em></a>, su nuevo disco, que saldr&aacute; oficialmente a la luz este viernes. No miente la cantante, ya que en este &aacute;lbum, m&aacute;s que nunca, ofrece incondicionalmente una parte de ella misma. De su coraz&oacute;n, de su talento, de su alma, de su voz, de su pena, de su 'mala hostia', de su pudor. Rosal&iacute;a se entreg&oacute; en un &aacute;lbum que, pese a incorporar hasta trece lenguas en sus letras, pasa por encima del idioma del mainstream. 
    </p><p class="article-text">
        Ninguna canci&oacute;n encajar&iacute;a en la f&oacute;rmula comercial. El disco funciona como una &oacute;pera que frena, que no invita a llevarla de fondo en los auriculares mientras camin&aacute;s a trabajar o lav&aacute;s los platos. Tampoco a bailarla en las discotecas. Invita a que te sientes a escucharlo, a interiorizarlo, a sentirlo. Con sus violines, con sus historias, sus vientos, sus percusiones, su imponente piano, su lirismo. Claro que Rosal&iacute;a no est&aacute; inventando la m&uacute;sica, ni le hace falta ni era su objetivo; pero s&iacute; que despleg&oacute; recursos, lenguas, notas y una sensibilidad de las que marcan antes y despu&eacute;s.<em> </em><em><strong>Lux</strong></em><strong> es una banda sonora, &uacute;nica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La llegada del disco fue accidentada. Se filtr&oacute; por completo a dos d&iacute;as de su publicaci&oacute;n. Los medios espa&ntilde;oles lo escucharon el lunes y ten&iacute;an prohibido hablar sobre &eacute;l hasta el momento de su lanzamiento. Pero la discogr&aacute;fica, Sony, decidi&oacute; levantar el embargo antes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Lux</em> llega acompa&ntilde;ado de otro dilema, o contradicci&oacute;n. El disco est&aacute; empapado de espiritualidad, de principio a fin. Hay continuas referencias a la religi&oacute;n, al cristianismo, a diversas santas, y la propia portada hace referencia a &eacute;l. Rosal&iacute;a posa vestida de monja, lleva el h&aacute;bito sobre su cabeza, ladeada. Seguramente ser&iacute;a raro que apareciera con un hiyab o que apelara a otras religiones del mundo, porque no son la suya &ndash;y no ser&iacute;a la primera vez que se la acusa por apropiaci&oacute;n cultural&ndash;, pero lo cierto es que, inevitablemente, la mayor artista espa&ntilde;ola actual, y una de las m&aacute;s importantes a nivel internacional, est&aacute; perpetuando la imaginer&iacute;a cristiana en su nuevo trabajo discogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        La catalana se enmarca dentro de una corriente reciente, visible en otras figuras como Silo&eacute;, Rigoberta Bandini e &Iacute;&ntilde;igo Quintero, que reivindicaron la religi&oacute;n cat&oacute;lica en sus composiciones, perpetuando que la semi&oacute;tica cristiana prolifere en la m&uacute;sica pop actual. En <em>Lux </em>est&aacute;n presentes s&iacute;mbolos como la cruz o las reliquias, sin que Rosal&iacute;a termine de dejar claro si quer&iacute;a subvertir nada como hicieron Madonna o Lady Gaga, abriendo inevitablemente una puerta al debate en torno a un protagonismo evidente.
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        Las canciones buscan trascender igualmente, ya que la escucha funciona como asistir a la misa de quiz&aacute;s incluso 'otra' religi&oacute;n en la que Rosal&iacute;a se viste de monja, pero no reparte el cuerpo y la sangre de Cristo. No adoctrina, comparte. Lidera lo que transmite a trav&eacute;s de sus cuerdas vocales, pero en <em>Lux</em> consigue que la conexi&oacute;n con sus melod&iacute;as y letras sea profundamente &iacute;ntima. 
    </p><p class="article-text">
        El grupo de periodistas que pudieron escuchar el disco el lunes lo hizo sentado en una sala, cuaderno en mano, tomando notas y gestionando c&oacute;mo dejarse &ndash;o no&ndash; llevar por la nueva propuesta de la cantante. La escucha compartida fue en cierto modo un regalo, pero tambi&eacute;n gener&oacute; pudor, porque <em>Lux</em> cala en cada poro, contagia, llena, asusta tambi&eacute;n, y sobre todo llega de frente, como si te mirara fijamente a los ojos sin dejarte pesta&ntilde;ear. Es imposible que nada se remueva al escucharlo, porque <em>Lux </em>se escucha, pero sobre todo se siente.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No soy una santa, pero estoy <em>blessed</em>&rdquo;</h2><p class="article-text">
        En <em>Lux </em>hay mucha m&uacute;sica cl&aacute;sica, mucha orquesta, que la verdad ojal&aacute; presentara en una gira por Iglesias para aprovechar la maravillosa ac&uacute;stica de estos templos. El disco arranca con la mel&oacute;dica &ldquo;Sexo, violencia y llantas&rdquo;, en la que se sustenta todo lo que se ir&aacute; desarrollando despu&eacute;s, Rosal&iacute;a desplegando su virtuosismo vocal m&aacute;s que nunca, los violines, los tintes de electr&oacute;nica, y los coros que terminan de inundarlo todo de &eacute;pica. Le sigue<em> &ldquo;</em>Reliquia&rdquo;, en la que la cantante habla de todo lo que perdi&oacute; en ciudades repartidas por el mundo; &ldquo;tiempo en LA&rdquo;, &ldquo;los <em>heels </em>(tacones) en Mil&aacute;n&rdquo;, &ldquo;la sonrisa en UK&rdquo;, hasta culminar con un: &ldquo;No soy una santa, pero estoy <em>blessed</em> (bendecida)&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Durante las 18 canciones que componen <em>Lux</em>, Rosal&iacute;a parece relatar su propio viaje, su vida, con sentimientos a flor de piel, que recogen etapas, amores, desamores, encuentros y desencuentros, empezando por ella misma. Es un ejercicio de reflexi&oacute;n, de pena, de celebraci&oacute;n, de euforia y profunda tristeza; que puede que por ello emane tanta espiritualidad, s&iacute;, pero sobre todo humanidad. 
    </p><p class="article-text">
        La humanidad de quien se reconoce vulnerable, hace lo posible por recomponerse, por transitar su vulnerabilidad, por reconocerse en tantos estados de &aacute;nimo, en tantas caras, l&aacute;grimas, sonrisas y reflexiones, m&aacute;s o menos intrusivas, invasivas, puras, sinceras y tambi&eacute;n bonitas. Puede que la bandera de la ilusi&oacute;n y del dejarse sentir no sea la que portemos cada d&iacute;a cuando salimos de casa, y que quiz&aacute;s la asociemos a jornadas soleadas o la ausencia de problemas &ndash;si es que esta existe&ndash;, pero lo cierto es que cuando la dejamos florecer, todo, irremediablemente, mejora. Porque es de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Rosal&iacute;a se dej&oacute; doler y recuperar, y por eso <em>Lux</em> es generoso, porque invita a acompa&ntilde;arla a eso en su escucha. Y sin perder la mala baba e iron&iacute;a que ya hab&iacute;a presentado en &aacute;lbumes anteriores, y que encuentran en &ldquo;Novia Robot&rdquo; su cl&iacute;max. Tema que, junto a &ldquo;Jeanne y Focu 'ranni&rdquo;, por el momento solo podr&aacute;n escucharse en la versi&oacute;n en f&iacute;sico del &aacute;lbum.
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                Rosalía, en la portada de su nuevo álbum &#039;Lux&#039;                            </span>
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        &ldquo;Bienvenidas a rob&oacute;tikas con 'K'. Un mundo de fantas&iacute;a rob&oacute;tica femenina hecha para placer del sexo opuesto. Un aut&eacute;ntico robo de identidad, libertad y poder a mano armada donde todas somos invitadas. Y quien dice invitadas, dice obligadas, forzadas, rehenes, prisioneras. Con cualquiera de tus compras tienes una garant&iacute;a porque nuestra p&oacute;liza siempre es para quedar bien, y hacerte feliz tenga el coste que tenga&rdquo;, canta &ndash;reza&ndash; Rosal&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text">'La perla', el dardo hecho canci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Shakira consigui&oacute; que su autobiogr&aacute;fica sesi&oacute;n con Bizarrap, en la que lanz&oacute; dardos a su exmarido, el exfutbolista Gerard Piqu&eacute;, fuera una de las canciones que m&aacute;s dio que hablar en 2023. Ella no fue la primera en cantar al despecho, pero a la engrosada lista suma ahora Rosal&iacute;a &ldquo;La perla&rdquo; (en referencia a su expareja el tambi&eacute;n cantante Raw Alejandro), vertiendo en una mezcla entre vals y ranchera comentarios como &ldquo;medalla ol&iacute;mpica de oro al m&aacute;s cabr&oacute;n&rdquo;, &ldquo;<em>red flag</em> andante&rdquo; y &ldquo;bala perdida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El primer lanzamiento del disco, &ldquo;Berghain&rdquo;, puso sobre la mesa que <em>Lux</em> no iba a dejar indiferente, y que tampoco ser&iacute;a una excepci&oacute;n dentro del concepto del &aacute;lbum. La fuerza de sus violines, el canto l&iacute;rico de Rosal&iacute;a, cierta melancol&iacute;a y hasta la incorporaci&oacute;n de voces como en este caso Bj&ouml;rk (a la que se unen otras como Estrella Morente, Silvia P&eacute;rez Cruz y Yahritza Y Su Esencia) forman parte del ADN de cada tema. Ya sean la visceral &ldquo;Yugular&rdquo; o la precios&iacute;sima &ldquo;Sauvignon blanc&rdquo;, un canto a la reconciliaci&oacute;n con una misma: &ldquo;Ya no tengo miedo al pasado, est&aacute; en el fondo de mi copa de sauvignon blanc&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La cuasi epifan&iacute;a de <em>Lux</em> culmina con<em> &ldquo;</em>Magnolias&rdquo;, en la que Rosal&iacute;a se despide como si estuviera asistiendo a su propio entierro o funeral, con ella desde el ata&uacute;d, pidiendo que le tiren las magnolias que le dan t&iacute;tulo. Una canci&oacute;n grandilocuente, con poso, peso y desaz&oacute;n. Es el adi&oacute;s del &aacute;lbum que, al terminar, invita a quedarse un rato con los ojos cerrados, dejando el coraz&oacute;n latir al ritmo que se vea capaz, removido y sereno a la vez, euf&oacute;rico y hasta cansado, en paz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/pobre-casta-obediente-rosalia-quita-habito-mainstream-lux_129_12747938.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Nov 2025 17:34:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ni pobre ni casta ni obediente, Rosalía se quita el hábito del mainstream en ‘Lux’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rosalía,Björk,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosalía publicó ‘Berghain’, adelanto de su próximo disco, que rinde homenaje al Vaticano de la música electrónica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/rosalia-publica-berghain-adelanto-proximo-disco-rinde-homenaje-vaticano-musica-electronica_1_12718913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90889982-341c-4a28-bd25-b0695e0d96f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosalía publicó ‘Berghain’, adelanto de su próximo disco, que rinde homenaje al Vaticano de la música electrónica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista lanzó la carta de presentación de ‘Lux’, un tema en el que también participan la cantante islandesa Björk y el productor estadounidense Yves Tumor.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Rosal&iacute;a</strong> sorprendi&oacute; este lunes con el lanzamiento de <em>Berghain</em>, el primer adelanto del que ser&aacute; su cuarto &aacute;lbum de estudio, <em>Lux</em>. Una semana exacta despu&eacute;s de haber anunciado el t&iacute;tulo, la portada y la lista de canciones de su nuevo proyecto, que se publicar&aacute; el pr&oacute;ximo 7 de noviembre, la artista lanz&oacute; el tema que sirve como carta de presentaci&oacute;n, una oda a la &ldquo;intervenci&oacute;n divina&rdquo; como &uacute;nica &ldquo;manera de salvarnos&rdquo; en la que tambi&eacute;n participan la cantante islandesa Bj&ouml;rk y el productor estadounidense Yves Tumor.
    </p><p class="article-text">
        Con fragmentos en espa&ntilde;ol, ingl&eacute;s y alem&aacute;n, la autora de <em>Motomami </em>(2022) inici&oacute; su nueva era cantando l&iacute;rico a un amor que va m&aacute;s all&aacute; de lo humano. Lo hizo jugando con Berghain como escenario, un club berlin&eacute;s de m&uacute;sica electr&oacute;nica que para muchos es considerado el mayor templo de tecno del mundo. Los porteros de esta discoteca son impredecibles y se los conoce por tener una de las pol&iacute;ticas de puertas m&aacute;s duras de Berl&iacute;n, por lo que Rosal&iacute;a convierte esa din&aacute;mica en una met&aacute;fora de la duda sobre qui&eacute;n es digno de ir al cielo tras la muerte.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Su miedo es mi miedo, su rabia es mi rabia, su amor es mi amor, su sangre es mi sangre&rdquo;, dice la artista en el estribillo de la canci&oacute;n, interpretado &iacute;ntegramente en alem&aacute;n. El tema, muy orquestal, est&aacute; constantemente arropado por violines. &ldquo;Yo s&eacute; muy bien lo que soy, ternura pa&rsquo;l caf&eacute;, solo soy un terr&oacute;n de az&uacute;car. S&eacute; que me funde el calor, s&eacute; desaparecer, cuando t&uacute; vienes es cuando me voy&rdquo;, declara la artista catalana en una de las estrofas cantadas a espa&ntilde;ol.
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            </figure><p class="article-text">
        La melod&iacute;a de <em>Berghain </em>lleva tiempo sonando en redes sociales gracias a la campa&ntilde;a de promoci&oacute;n de la cantante, que hace unas semanas comparti&oacute; a trav&eacute;s de Instagram una partitura con el t&iacute;tulo de este tema. Los pentagramas llegaron hasta a la Gran V&iacute;a de Madrid, por lo que los m&aacute;s curiosos no tardaron en tomar sus instrumentos para comprobar a qu&eacute; sonaba el pr&oacute;ximo proyecto de Rosal&iacute;a, comenzando a dar vida a la nueva m&uacute;sica de la artista.
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;lbum ya est&aacute; disponible para comprar en preventa desde su&nbsp;<a href="https://www.rosalia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">p&aacute;gina web</a>. Los temas que lo componen se titulan&nbsp;<em>Sexo, Violencia y Llantas</em>,&nbsp;<em>Reliquia</em>,&nbsp;<em>Divinize</em>,&nbsp;<em>Porcelana</em>,&nbsp;<em>Mio Cristo</em>,&nbsp;<em>Berghain</em>,&nbsp;<em>La Perla</em>,&nbsp;<em>Mundo Nuevo</em>,&nbsp;<em>De Madrug&aacute;</em>,&nbsp;<em>Dios Es Un Stalker</em>,&nbsp;<em>La Yugular</em>,&nbsp;<em>Focu &lsquo;ranni</em>,&nbsp;<em>Sauvignon Blanc</em>,&nbsp;<em>Jeanne</em>,&nbsp;<em>Novia Robot</em>,&nbsp;<em>La Rumba Del Perd&oacute;n</em>,&nbsp;<em>Mem&oacute;ria</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Magnolias</em>. Fue grabado con la Orquesta Sinf&oacute;nica de Londres, dirigida por Dan&iacute;el Bjarnason, y, adem&aacute;s de Bj&ouml;rk e Yves Tumor, cuenta con voces femeninas como Carminho, Estrella Morente, Silvia P&eacute;rez Cruz, la Escolania de Montserrat, el Cor de Cambra del Palau de la M&uacute;sica Catalana y Yahritza.
    </p><p class="article-text">
        En la car&aacute;tula del CD, la artista cita &ldquo;Ninguna mujer pretendi&oacute; nunca ser Dios&rdquo; de la santa musulmana y m&iacute;stica Rabia al Adawiyya y &ldquo;El amor no es consuelo, es luz&rdquo; de la fil&oacute;sofa y pol&iacute;tica activista francesa Simone Weil. De esta forma, Rosal&iacute;a, que tambi&eacute;n es la productora ejecutiva de&nbsp;<em>Lux</em>, pretende trazar un &ldquo;amplio arco emocional de m&iacute;stica femenina, transformaci&oacute;n y trascendencia, movi&eacute;ndose entre la intimidad y la escala oper&iacute;stica para crear un mundo radiante en el que el sonido, el lenguaje y la cultura se fusionan en uno&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/rosalia-publica-berghain-adelanto-proximo-disco-rinde-homenaje-vaticano-musica-electronica_1_12718913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Oct 2025 16:24:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rosalía publicó ‘Berghain’, adelanto de su próximo disco, que rinde homenaje al Vaticano de la música electrónica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rosalía,Björk,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para saber cómo es la soledad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/soledad_129_10975489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a1214421-a100-4981-be7d-dd12eb0bde67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para saber cómo es la soledad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Philip Glass a solas, a los 86 años. Björk y su voz multiplicada al infinito. Las piezas líricas de Edvard Grieg. Madhuvanti Pal y la enigmática rudra veena. Lucio Demare y un piano. Dino Saluzzi, un bandoneón y el fantasma de un tambor ritual mapuche. Seckou Keita y las 22 cuerdas de la kora. O la intimidad. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Alguien que &ldquo;hace el amor con su gin y su t&oacute;nica&rdquo;, un novelista que &ldquo;nunca tiene tiempo para una mujer&rdquo;, el manager del bar que sonr&iacute;e porque se junt&oacute; bastante gente, ese s&aacute;bado a la noche. Un hombre solo, que canta y toca el piano. El &ldquo;piano man&rdquo;, Y las personas solitarias a quienes les canta y sobre las que va cantando. Una &ldquo;short story&rdquo;. Un peque&ntilde;o cuento perfecto, tan norteamericano y tan exacto como el momento en que la pel&iacute;cula <em>Tibur&oacute;n</em> detiene la acci&oacute;n para que el veterano cuente su peque&ntilde;o cuento norteamericano, tal vez el n&uacute;cleo del film &ndash;de un film de acci&oacute;n y aventuras&ndash;. No sucede nada por fuera de ese hombre que cuenta y otros que lo escuchan.
    </p><p class="article-text">
        El arte juega con ese duelo, con esa tensi&oacute;n, desde siempre. Es p&uacute;blico y es privado. Est&aacute; hecho para otros, la prueba de su &eacute;xito &ndash;y muchas veces de su valor&ndash; ser&aacute; la cantidad de libros o de discos vendidos &ndash;o los clicks en las plataformas&ndash;, las salas teatrales al tope de sus capacidades y, si se trata de cuadros, la capacidad para convertirse en cubiertas de latas de dulce de batata, tapas de &aacute;lbumes pop, posters para habitaciones infantiles o adolescentes o posavasos e imanes vendidos en las tiendas de los museos. Y muestra, de muy diversas maneras, las infinitas caras de la soledad.
    </p><p class="article-text">
        Hay, por supuesto, artes festivas, rituales, colectivas. Artes en que la figura solitaria de quien crea est&aacute; ausente. Artes que surgen y crecen en el di&aacute;logo y necesitan de la pluralidad de voces. Pero esta vez no se hablar&aacute; de ellas. O, tal vez, s&iacute;. Porque a veces quienes crean en grupo, o cantan sus canciones en el centro de gigantescas liturgias corales, se encierran en su habitaci&oacute;n &ndash;o en un estudio&ndash; con un piano. O graban su voz y la multiplican, como quien se mira en un espejo con otro espejo a sus espaldas y se ve una y otra vez hasta el infinito. O escriben peque&ntilde;as canciones sin palabras, piezas a las que llaman &ldquo;l&iacute;ricas&rdquo;, donde no hay nada que no sea reflexi&oacute;n, en su sentido m&aacute;s estricto. Y hay, por supuesto, canciones de soledad. O para la soledad. Reflejo del artista a solas. 
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    </figure><p class="article-text">
        Hace un tiempo hab&iacute;a escrito en esta secci&oacute;n <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/canciones-palabras_129_10872543.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acerca de las &ldquo;canciones sin palabras&rdquo;</a>, esa invenci&oacute;n de <strong>Fanny Mendelssohn </strong>que su hermano <strong>Felix</strong> hizo propia. Mucha de la m&uacute;sica del siglo XIX, un siglo atravesado por la idea literaria del romanticismo, se trata de eso, de canciones &ndash;la r&iacute;tmica, el esp&iacute;ritu de la poes&iacute;a cantada&ndash; en versi&oacute;n instrumental.<strong> Philip Glass</strong>, alguien que afirma que si algo perdurar&aacute; de &eacute;l ser&aacute;n sus piezas para piano &ldquo;porque la gente las puede tocar&rdquo;, consigui&oacute; su propia versi&oacute;n de ese g&eacute;nero: melod&iacute;as declaradamente simples &ndash;<em>short stories</em>, al fin y al cabo&ndash; con un acompa&ntilde;amiento repetitivo habitualmente arpegiado en que destacan las peque&ntilde;as variaciones &ndash;de ah&iacute; la caracterizaci&oacute;n del estilo como minimalista&ndash; y la inquietud es una sombra, algo que sobrevuela sin acabar de manifestarse. Precisas canciones sin palabras. Y public&oacute;, en 2016, <em>Words without Music: A Memoir</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Palabras sin m&uacute;sica, esta vez, para contar su vida musical, desde su infancia en Baltimore y su temprana admisi&oacute;n en la Universidad de Chicago, a los 15 a&ntilde;os, hasta una clase de fama &ndash;y de prestigio en los medios culturales estadounidenses no espec&iacute;ficamente musicales&ndash; al que ning&uacute;n otro compositor actual ligado a la tradici&oacute;n acad&eacute;mica se ha acercado. &ldquo;Nadie puede decir qui&eacute;nes te estar&aacute;n escuchando dentro de treinta a&ntilde;os&rdquo;, confiaba en una entrevista publicada ese mismo a&ntilde;o por la revista <em>Time</em>.&nbsp;&ldquo;Muchos quiz&aacute; no sean lo suficientemente viejos como para acordarse pero yo puedo recordarme a m&iacute; mismo pensando, cuando era muy joven, que compositores como Sch&ouml;nberg ser&iacute;an eternos. Y ahora nadie los escucha.&rdquo; El autor contempor&aacute;neo m&aacute;s despreciado por el mundo de ese subg&eacute;nero de la tradici&oacute;n acad&eacute;mica identificado como &ldquo;m&uacute;sica contempor&aacute;nea&rdquo; y, con certeza, el que m&aacute;s le gusta a quienes no gustan de ella, revela, en todo caso, su parad&oacute;jico vanguardismo. Es el &uacute;nico que molesta &ndash;esa vieja cualidad de las vanguardias&ndash; a los vanguardistas.
    </p><p class="article-text">
        M&uacute;sico de cine y de teatro, copart&iacute;cipe de aquellos documentales ecologistas producidos por <strong>Francis Ford Coppola</strong> y <strong>Steven Soderbergh</strong>, <em>Koyaaninqatsi</em>, <em>Powaqqatsi</em> y <em>Naqoyqatsi</em>, compositor de la banda sonora de la pel&iacute;cula <em>Mishima</em>, de <strong>Paul Schrader</strong>, arreglador de <strong>Paul Simon</strong>, autor, junto con &eacute;l, <strong>Laurie Anderson</strong>, <strong>David Byrne</strong> y <em>Suzanne Vega</em>, de <em>Songs for Liquid Days</em>, y responsable, junto con <strong>Robert Wilson</strong>, de <em>Einstein on the Beach</em> (una &oacute;pera sin personajes y sin argumento lineal), Glass ha entrado en el mundo <em>cl&aacute;sico</em> sobre todo por esas piezas para piano &ldquo;que la gente puede tocar&rdquo; pero que han merecido versiones de algunos grandes pianistas de la actualidad, entre ellos<strong> V&iacute;kingur &Oacute;lafsson</strong> y las hermanas <strong>Katia</strong> y <strong>Marielle Lab&egrave;que</strong>, que acaban de dedicar su &uacute;ltimo &aacute;lbum a transcrpociones para d&uacute;o de pianos de la trilog&iacute;a de <strong>Jean Cocteu</strong> &ndash;las m&uacute;sicas que Glass compuso para las obras teatrales <em>Orph&eacute;e</em>, <em>Los ni&ntilde;os terribles</em> y <em>La bella y la bestia</em>. 
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    </figure><p class="article-text">
        La grabaci&oacute;n inaugural de &ldquo;Opening&rdquo;, la primera de las <em>Glassworks</em>, fue realizada en 1982 por&nbsp;el <strong>Philip Glass Ensemble</strong>, con direcci&oacute;n de <strong>Michael Riesman</strong>. Posiblemente se trate de la m&aacute;s famosa de sus piezas cortas &ndash;tan parecida, por momentos, a &ldquo;Yo vengo a ofrecer mi coraz&oacute;n&rdquo;&ndash; y ha sido transcripta para piano y para arpa. &Oacute;lafsson la registr&oacute; en 2017. Y ahora Glass, en un disco llamado cristalinamente <em>Solo</em>, abre un disco registrado el a&ntilde;o pasado, cuando ten&iacute;a 86 a&ntilde;os.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        La versi&oacute;n del propio Glass es m&aacute;s veloz, es m&aacute;s pulsada, es m&aacute;s sucia &ndash;carece del refinad&iacute;simo pianismo de &Oacute;lafsson&ndash;, hasta hay pifies. No es la mejor, desde un punto de vista t&eacute;cnico. Y, no obstante, tiene un &ldquo;resto del texto&rdquo;, un aura que le confiere el hecho &ndash;inocultable para cualquiera que no est&eacute; realizando una escucha a ciegas&ndash; de que es el autor quien la toca. Y de que ese autor, que sin duda ha escuchado todas las otras interpretaciones, se sienta a solas en el estudio de su casa y la toca, a los 86 a&ntilde;os. Es decir, comenta, en la intimidad &ndash;una intimidad que se nos permite espiar&ndash; no solo la pieza sino su historia &ndash;la de la pieza y la de su autor&ndash;. El disco se completa con &ldquo;Truman Sleeps&rdquo; &ndash;extraida de la m&uacute;sica para la pel&iacute;cula <em>The Truman Show</em>&ndash; y con obras&nbsp;que ya hab&iacute;a registrado en el &aacute;lbum <em>Solo Piano</em>, de 1989: &ldquo;Mad Rush&rdquo; &ndash;compuesta para la visita del <strong>Dalai Lama</strong> a los Estados Unidos en 1979&ndash; y cuatro de sus <em>Metamorphosis</em>. El piano funciona, eventualmente, como un espejo &ndash;un vidrio&ndash; donde es posible ver el presente y el pasado a la vez. Y Glass se mira en &eacute;l.
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    </figure><p class="article-text">
        El brillante <em>Med&uacute;lla</em>, publicado por<strong> Bj&ouml;rk </strong>en 2004, es un disco hecho de reflejos &ndash;y de reflexi&oacute;n acerca del sonido como materia&ndash;. No hay otro elemento all&iacute; que la voz humana, procesada, maleada, subvertida. Voces proyectadas en voces, enmascaradas en mayor o menor medida.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Lucio Demare </strong>tocando sus tangos &ndash;aunque no solamente, aunque as&iacute; se llame el disco&ndash; en 1957, <strong>Dino Saluzzi</strong>, por primera vez a solas en un estudio, cumpliendo un sue&ntilde;o de <strong>Manfred Eicher</strong>, el due&ntilde;o del sello ECM, en 1983, y remiti&eacute;ndose al tambor ritual mapuche, el kultrum, para encontrar(se en) una visceralidad in&eacute;dita, la india <strong>Madhuvanti Pal </strong>y su relaci&oacute;n simbi&oacute;tica con la rudra veena (la vina, o sitar, de Shiva), un sitar sumamente largo y con la posibilidad de tocar sonidos muy graves, <strong>Seckou Keita</strong> y su di&aacute;logo (&iquest;mon&oacute;logo?) con la kora, son algunos de los que, solos con sus instrumentos, rumian sus propias historias y sus sue&ntilde;os. El pianista<strong> Daniel Gortierencuentra</strong>, por su parte, halla el tono justo &ndash;la expresividad nunca ausente, jam&aacute;s expansiva&ndash; para escribir una autobiograf&iacute;a ajena, la que anida en las <em>Piezas l&iacute;ricas</em> creadas por el noruego <strong>Edyard Grieg</strong> entre 1867 y 1901.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/soledad_129_10975489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Mar 2024 16:29:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Philip Glass,Björk,Lucio Demare,Dino Saluzzi,Madhuvanti Pal,Seckou Keita,Daniel Gortierencuentra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo mejor de 2022, de Björk a Rosalía, del Negro Aguirre a Joshua Redman y de Ravel a Beyoncé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mejor-2022-bjoerk-rosalia-negro-aguirre-joshua-redman-ravel-beyonce_129_9801962.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a92bfc1a-0711-487e-b66a-3d545d7f0694_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo mejor de 2022, de Björk a Rosalía, del Negro Aguirre a Joshua Redman y de Ravel a Beyoncé"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que escrib&iacute; para un diario, <strong>Tom&aacute;s Eloy Mart&iacute;nez</strong>, entonces editor del suplemento <em>Primer Plano</em> de <em>P&aacute;gina/12</em>, me dijo: &ldquo;No usamos la primera persona del plural. Todo en impersonal y, si hay algo realmente personal para decir, la primera del singular&rdquo;. Uso, entonces, esa temida, imp&uacute;dica primera voz, para decir que esta lista de los mejores discos publicados en 2022 es m&iacute;a y no lo es. Se corresponde con mis escuchas pero no necesariamente con mi gusto. 
    </p><p class="article-text">
        Explico: por m&aacute;s abierto que uno sea &ndash;o intente ser&ndash;, en la soledad &ndash;o en la compa&ntilde;&iacute;a de los pocos con quienes se comparte la vida&ndash; uno escucha siempre m&aacute;s o menos lo mismo. &nbsp;En mi caso m&uacute;sica cl&aacute;sica (o m&uacute;sica de tradici&oacute;n europea y acad&eacute;mica, si se quiere ser m&aacute;s preciso), jazz, tangos (y no Tango; hay algunos que me gustan mucho y otros que no me gustan nada), m&uacute;sicas tradicionales de diversas partes del mundo y nuevas creaciones que dialogan con ellas, y lo que ahora tiende a llamarse rock cl&aacute;sico y sus eventuales derivaciones actuales. 
    </p><p class="article-text">
        Eso no me impide entender el valor, y la excepcionalidad, y la creatividad de las publicaciones de <em>Renaissance</em> de <strong>Beyonc&eacute;</strong>, <em>Un verano sin ti</em> de <strong>Bad Bunny</strong>, <em>Motomani</em> de <strong>Rosal&iacute;a</strong> o <em>Mr. Morale &amp; The Big Steppers</em> de <strong>Kendrick Lamar</strong>. Tal vez no vuelva a escucharlos en mi vida (cosa que s&iacute; har&eacute; con <em>New Standards Vol 1</em> de <strong>Terry Lyne Carrington</strong>, con el <em>Concierto en Bordeaux</em> de <strong>Keith Jarrett</strong>, con los conciertos para viol&iacute;n de <strong>Ludwig van Beethoven</strong>, <strong>Alban Berg</strong> y <strong>B&eacute;la Bart&oacute;k</strong> por <strong>Franz Peter Zimmermann</strong> con la Filarm&oacute;nica de Berl&iacute;n, con el encuentro del <strong>Negro Aguirre</strong> y <strong>Juan Quintero</strong> o con <em>Fossora</em> de <strong>Bj&ouml;rk</strong>). Pero ser&iacute;a injusto empezar a hablar de lo relevante del a&ntilde;o sin referirme a ellos y a un impensado aire de familia (un sonido de &eacute;poca, podr&iacute;a decir) que, de manera impensada, comparten con <em>&iexcl;Ay!</em>, de la artista sonora <strong>Lucrecia Dalt </strong>(nacida en Colombia y radicada en Alemania), <em>The Blue Hour</em>, una obra colaborativa entre varias compositoras, entre ellas <strong>Shara Nova</strong> y la notable <strong>Caroline Shaw</strong> (cuya <em>Partita a 8 voces</em> fue parte de la sugerente m&uacute;sica de la serie <em>Dark</em>) y la <em>Drone Mass</em> de <strong>J&oacute;hann J&oacute;hannsson </strong>&ndash;un compositor island&eacute;s de m&uacute;sica para cine, teatro y danza, fallecido hace cuatro a&ntilde;os por una sobredosis de coca&iacute;na&ndash; que edit&oacute; este a&ntilde;o la otrora conservadora Deutsche Grammophon. 
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, esos elementos en com&uacute;n entre est&eacute;ticas sumamente diferentes entre s&iacute; no podr&iacute;an ser m&aacute;s sincr&oacute;nicos con su &eacute;poca y con la idea de lo transgen&eacute;rico. Una suerte de pos-posmodernismo donde el hip hop, las m&uacute;sicas tradicionales, el barroco <em>&agrave; la</em> Vivaldi, los paisajes sonoros o la pulsaci&oacute;n electr&oacute;nica, el trap, el reggaet&oacute;n, lo experimental o el ambient no son m&aacute;s (ni menos) que enciclopedias que ya nadie &ndash;o casi nadie&ndash; toma literalmente. Una gigantesca mesa poblada de platos en la que cada uno elige &ndash;en distintas proporciones&ndash; cu&aacute;nto y de cu&aacute;l se sirve. Finalmente, en los trabajos de Rosal&iacute;a, Beyonc&eacute; y Bad Bunny hay originalidad y miradas creativas sobre sus respectivos g&eacute;neros. Y esa suerte de zapping (algo empieza por un lado, sigue por otro y nunca se sabe exactamente c&oacute;mo terminar&aacute;) que atraviesa mucho de lo hecho &uacute;ltimamente alrededor del pop. 
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    </figure><p class="article-text">
        Varios discos, por su parte, se acercan a tradiciones latinoamericanas de la canci&oacute;n y lo hacen con resultados sumamente interesantes. La mencionada Lucrecia Dalt en <em>&iexcl;Ay!</em>, <strong>Natalia Lafourcade</strong> en <em>De todas las flores</em>, <strong>Silvana Estrada</strong> en <em>Marchita</em> y <strong>Roxana Amed</strong> en <em>Un&aacute;nime</em> encuentran caminos diferentes pero unidos en el cultivo de la expresividad lacerante, y de la pasi&oacute;n (incluyendo su desborde) como una de las bellas artes.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Abrazo</em>, de Carlos &ldquo;El Negro&rdquo; Aguirre y Juan Quintero, rescata una actuaci&oacute;n conjunta de hace doce a&ntilde;os, en el Teatro Independencia de Mendoza. Podr&iacute;a hablarse de la importancia de ambos artistas en el plano de la m&uacute;sica argentina de tradici&oacute;n popular. De sus trayectorias. De discos como <em>Rojo</em>, <em>Caminos</em> o <em>La m&uacute;sica del agua</em>, de Aguirre, o del gran tr&iacute;o <strong>Aca Seca</strong>, del que Quintero fue pieza esencial. Pero no alcanzar&iacute;a para nombrar &shy;&shy;&ndash;o para describir&ndash; esa virtuosa e improbable combinaci&oacute;n &ndash;que comparten&ndash; entre la modernidad de sus miradas, el conocimiento profundo de las tradiciones, el registro en tiempo real de las vibraciones de su &eacute;poca y un swing de naturalidad apabullante. Y, en este caso en particular, una milagrosa confluencia que hace que el total sea a&uacute;n m&aacute;s que la suma de las partes.
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    </figure><p class="article-text">
        En el caso de <em>Fossora</em>, el nuevo disco de Bj&ouml;rk, me remito al <a href="https://www.revistaotraparte.com/musica/fossora/?utm_source=rss&amp;utm_medium=rss&amp;utm_campaign=fossora" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">extraordinario an&aacute;lisis de Abel Gilbert publicado en </a><a href="https://www.revistaotraparte.com/musica/fossora/?utm_source=rss&amp;utm_medium=rss&amp;utm_campaign=fossora" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Otra Parte</em></a>. Apenas agrego mi propia fascinaci&oacute;n por esta artista de 56 a&ntilde;os y con treinta de carrera que se mantiene fiel a algunas de las premisas que &ndash;en este caso s&iacute;&ndash; articulan mi sistema de valores est&eacute;ticos y mi gusto: la idea de que la complejidad del arte nos ayuda a ser m&aacute;s complejos y de que esa complejidad nos hace mejores.
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        Todav&iacute;a por el lado del pop, el neo folk y el rock, dos o tres sorpresas (agradables): la voz y las canciones del artista queer <strong>S. G. Goodman</strong> en <em>Teeth Marks</em>, la relectura del bolero en <em>Nacarile</em> de <strong>iLe</strong>, la melancol&iacute;a en <em>Big Time</em>, de <strong>Angel Olsen</strong>, la luminosa oscuridad de <strong>The Smile</strong> &ndash;la reencarnaci&oacute;n de <strong>Radiohead</strong>&ndash; en <em>A Light for Attracting Attention </em>y los inteligent&iacute;simos (nuevamente) cruces entre g&eacute;neros en <em>The Car</em> de <strong>The Arctic Monkeys</strong>.
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        La m&uacute;sica contempor&aacute;nea ya no es lo que era, podr&aacute; decir alg&uacute;n recoleto vanguardista prendado de ese pasado que se imaginaba futuro inmutable. Eventualmente, en las fronteras de la <em>modernidad tolerable para las masas</em> (algo as&iacute; como las empanadas picantes sin demasiado picante o el locro vegano) resaltan tres ediciones: las ya nombradas <em>Drone Mass</em> de J&oacute;hannsson y <em>The Blue Hour</em>, un ciclo de canciones creado por las compositoras <strong>Rachel Grimes</strong>, <strong>Ang&eacute;lica Negr&oacute;n</strong>, <strong>Shara Nova</strong>, <strong>Caroline Shaw</strong> y <strong>Sarah Kirkland Snider</strong> y comisionado e interpretado por <strong>A Far Cry,</strong> una orquesta de c&aacute;mara de Boston, y el notable homenaje a <strong>Nina Simone</strong> (y a la negritud y a la militancia) de la cantante <strong>Julia Bullock</strong> en <em>Walking in the Dark</em>, donde conviven los spirituals, <strong>John Adams</strong>, <strong>Samuel Barber</strong> y <strong>Connie Converse</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        En su <em>Concierto de Bordeaux</em>, parte de la &uacute;ltima gira, en 2016, m&aacute;s que de la cama al living Keith Jarret va, como en sus fundantes presentaciones en Bremen y Lausanne, del atonalismo al rhythm &amp; blues y lo hace en su nivel m&aacute;s alto (lo que significa muy pero muy alto); la baterista <strong>Terry Lyne Carrington</strong>, en <em>New Standards Vol 1</em>, comienza a trazar un nuevo canon, a partir de la obra de autoras como <strong>Alice Coltrane</strong>, <strong>Mary Lou Williams</strong>, <strong>Maria Schneider</strong>, <strong>Cecile McLorin Salvant</strong>, <strong>Geri Allen</strong>, <strong>Eliane Elias</strong>, <strong>Brandee Young</strong>, <strong>Abbey Lincoln</strong> y <strong>Esperanza Spalding</strong> con un grupo en el que brilla una base de instrumentistas extraordinarias &ndash;la propia Carrington, la pianista <strong>Kris Davis</strong> y la contrabajista <strong>Linda May Han Oh</strong>&ndash; junto con el trompetista <strong>Nicholas Payton</strong> y el guitarrista <strong>Matthew Stevens</strong>; el saxofonista <strong>Immanuel Wilkins</strong>, en <em>The 7th Hand</em>, ofrece un disco fant&aacute;stico, original y lleno de fuerza y sutileza a la vez, con participaciones excelentes del grupo de percusi&oacute;n <strong>Farafina Kan</strong>, del contrabajista <strong>Daryl Johns</strong> y de la flautista <strong>Elena Pinderhughes</strong>, y dos grandes nombres del saxo tenor, <strong>Joe Lovano</strong> y <strong>Joshua Redman</strong>, confirman su estatura, el primero en d&uacute;o con el guitarrista <strong>Jakob Bro</strong> en <em>Once Around The Room</em> y el segundo con un cuarteto de luminarias en estado de gracia (&eacute;l, <strong>Brad Mehldau</strong>, <strong>Christian McBride</strong> y <strong>Brian Blade</strong>) en <em>Long Gone</em>. <strong>John Scofield</strong> a solas (en un disco con su nombre como t&iacute;tulo), un d&uacute;o de inquietante poes&iacute;a con el ya legendario trompetista <strong>Enrico Rava</strong> y el pianista <strong>Fred Hersch</strong> (<em>Retrato em branco e preto</em>) y el exquisito <em>Amaryllis </em>de la guitarrista <strong>Mary Halvorson</strong> (que forma parte de un d&iacute;ptico con <em>Belladona</em>), con <strong>Adam O`Farrill </strong>en trompeta y <strong>Patricia Brennan</strong> en vibr&aacute;fono encabezando un grupo perfecto, muestran un escenario extremadamente rico en el mundo del jazz. 
    </p><p class="article-text">
        Un libro excelente, el que el investigador Sergio Pujol dedic&oacute; al Gato Barbieri (<em>Gato Barbieri. Un sonido para el Tercer Mundo</em>, Planeta) da el pretexto, por su parte, para acercarse a los revolucionarios primeros discos del rosarino que marcaron no solo una revoluci&oacute;n en el g&eacute;nero sino un camino de lo latino mucho m&aacute;s cercano a la guturalidad de las vidaleras que al Caribe.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        En el campo de la m&uacute;sica de tradici&oacute;n acad&eacute;mica, unos cuantos &aacute;lbumes resaltan por la calidad de sus interpretaciones. El violinista <strong>Franz Peter Zimmermann</strong>, uno de los grandes solistas del momento, logra versiones de referencia de los conciertos de Beethoven, Bart&oacute;k y, en particular, del inmensamente expresivo <em>Concierto a la memoria de un &aacute;ngel</em> de Alban Berg. Los registros son en vivo, junto con la Filarm&oacute;nica de Berl&iacute;n y con tres directores diferentes, <strong>Daniel Harding</strong>, <strong>Alan Gilbert</strong> y <strong>Kirill Petrenko</strong>. El <strong>Ensemble S&eacute;same</strong> registra una fant&aacute;stica integral de la m&uacute;sica de c&aacute;mara de <strong>Maurice Ravel</strong>. <strong>Fran&ccedil;ois-Xavier Roth</strong>, al frente de su orquesta <strong>Les Siecles</strong> (con instrumentos de &eacute;poca y cuerdas de tripa) y junto con la soprano <strong>Sabine Devieilhe</strong> interpreta una <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 4</em> de <strong>Gustav Mahler</strong> de singular transparencia. El pianista <strong>Krystian Zimerman</strong> encuentra la voz interna del polaco <strong>Karol Szymanowski</strong> &ndash;contempor&aacute;neo exacto de Ravel&ndash; en un conjunto de notables piezas casi olvidadas. El gran clavecinista <strong>Francesco Corti </strong>revive (en sentido literal) las <em>8 Grandes Suites</em> de <strong>Georg Friedrich H&auml;ndel</strong>. Y la <strong>Orquesta de Filadelfia</strong>, con la c&oacute;mplice direcci&oacute;n de <strong>Yannick N&eacute;zet-S&eacute;guin</strong> graba por primera vez las seductoras <em>Sinfon&iacute;as Nos. 1</em> y <em>3</em> de la compositora afronorteamericana <strong>Florence Price</strong>, nacida en 1887 y precursora de Gershwin &ndash;aunque Gershwin no lo supiera&ndash; en m&aacute;s de un aspecto. 
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    </figure><p class="article-text">
        <em>DF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mejor-2022-bjoerk-rosalia-negro-aguirre-joshua-redman-ravel-beyonce_129_9801962.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Dec 2022 03:03:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo mejor de 2022, de Björk a Rosalía, del Negro Aguirre a Joshua Redman y de Ravel a Beyoncé]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La belleza más absoluta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/belleza-absoluta_129_9706521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La belleza más absoluta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El péndulo que va de la inspiración a la prepotencia del trabajo y de los tributos a las canciones de otros a las canciones que hacen llorar por su belleza. Tamara Tenenbaum vio a Björk y lo cuenta acá.</p></div><p class="article-text">
        Pienso muy seguido en de d&oacute;nde vienen las ideas; en realidad, para ser m&aacute;s precisa, <em>siento</em> muy seguido esa pregunta. Me hace ruido en la panza y en el pecho y en los peores d&iacute;as en la garganta. Me pasa todos los s&aacute;bados, cuando me pongo a ver qu&eacute; de todas las cosas que fui anotando a lo largo de la semana puede convertirse en una columna y siento que ninguna. Me pasa cuando me acerco al final de un trabajo, una obra de teatro o un libro o un guion o lo que sea, y empiezo a sentir el mordisqueo en los talones, la pregunta de qu&eacute; voy a hacer despu&eacute;s, de si tengo efectivamente algo para hacer despu&eacute;s. Me pasa cuando alguien me pregunta qu&eacute; estoy haciendo, qu&eacute; estoy escribiendo, en qu&eacute; estoy trabajando. Casi siempre tengo algo para decir, pero a&uacute;n as&iacute;, la sensaci&oacute;n es que se trata de algo provisorio: que ese estado de gracia que es la creatividad no puede durar para siempre, o al menos, puede no durar para siempre. Que si un d&iacute;a se me acaba voy a tener que buscarme otra cosa que hacer o dedicarme a buscar novelas para adaptar, a &ldquo;comprar IPs&rdquo;, como dicen los corporativos. No creo en eso del 90 por ciento de transpiraci&oacute;n y 10 por ciento de inspiraci&oacute;n; entiendo el punto, estoy de acuerdo con la reivindicaci&oacute;n del trabajo duro, pero sencillamente no me parece cierto. Se puede dedicarle much&iacute;simo trabajo a una obra de mierda, y eso ser&aacute; moralmente meritorio para algunos, pero no har&aacute; que la obra sea ni un &aacute;pice mejor de lo que es. <strong>En el mundo del arte, la rosca cultural&nbsp; y las credenciales se puede triunfar sin gracia ni ideas a base de un combo de estrategias y prepotencia de trabajo</strong>; nada de eso va a convertirte, creo, en un gran artista. La frase de la inspiraci&oacute;n y la transpiraci&oacute;n supone, tambi&eacute;n, que tener ideas es f&aacute;cil, que todos las tenemos; lo dif&iacute;cil ser&iacute;a concretarlas, juntar la voluntad para sentarse a trabajar. No lo veo as&iacute;, para nada: siento que parece una reivindicaci&oacute;n del <em>escritor profesional</em> (tiemblo de solo escribirlo) que se sienta a escribir ocho horas todos los d&iacute;as para demostrar que lo que hace es serio, como si el &uacute;nico est&aacute;ndar de seriedad posible al que el arte pudiera aspirar es el de semejar un trabajo de oficina. Yo no me siento a escribir todos los d&iacute;as; hay semanas enteras en que no escribo nada, meses en los que no tengo de qu&eacute; escribir, y me angustio, pero no s&eacute; qu&eacute; hacer, m&aacute;s que sentir ese vac&iacute;o en el cuerpo con toda la intensidad de un abandono, de un amante en el que una sabe que no se puede confiar pero que as&iacute; y todo es el &uacute;nico que te gusta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La madriguera de internet que recorr&iacute; esta semana fue el sitio <a href="https://www.whosampled.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">whosampled.com</a>. Llegu&eacute; all&iacute; buscando una musiquita que sonaba en <strong>&ldquo;The Glorious Land&rdquo; de PJ Harvey</strong> y me sonaba de varias pel&iacute;culas, y result&oacute; ser una melod&iacute;a que usan los militares para reunir a las tropas. La p&aacute;gina registra todas las veces que una canci&oacute;n aparece en otra canci&oacute;n dividiendo esas apariciones en dos grandes grupos, covers y samples. El concepto de cover es relativamente sencillo; el de sample, en cambio, parece abarcar muchos tipos de alusiones distintas. En algunos casos se trata de pedazos de m&uacute;sica que aparecen en otras canciones, como la musiquita militar en PJ Harvey; ese podr&iacute;a ser el caso paradigm&aacute;tico, un sample de otra melod&iacute;a deliberadamente &ldquo;pegada&rdquo; en una canci&oacute;n. Hay otros ejemplo de referencias claras, trocitos de m&uacute;sica que reenv&iacute;an a quien la oye a un recuerdo, quiz&aacute;s a un recuerdo emotivo: pienso en &ldquo;Chinese Cafe/Unchained Melody&rdquo;, canci&oacute;n en la que <strong>Joni Mitchell</strong> parece usar frases del cl&aacute;sico &ldquo;Unchained Melody&rdquo; para resolver problemas de una forma inesperada.&nbsp; Otros casos son m&aacute;s confusos, como el de &ldquo;Creep&rdquo; de Radiohead y &ldquo;The Air that I Breathe&rdquo; de Albert Hammond, que es pr&aacute;cticamente un robo que la propia banda tuvo que admitir en una corte. Hammond acept&oacute; una porci&oacute;n peque&ntilde;a de las regal&iacute;as porque Radiohead reconoci&oacute; la inspiraci&oacute;n de la canci&oacute;n; <strong>el que roba con amor tiene cien a&ntilde;os de perd&oacute;n.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El muchacho que me pas&oacute; este sitio me coment&oacute; que a &eacute;l le daba una suerte de tristeza, alguna decepci&oacute;n min&uacute;scula, descubrir que el origen de una canci&oacute;n que le gustaba o lo hab&iacute;a conmovido no era el que hab&iacute;a cre&iacute;do en un principio. Uno se siente un poco enga&ntilde;ado, como enterarse de que la carta de amor que te mandaron se escribi&oacute; con la ayuda de un amigo. Pienso dos cosas sobre esto. La primera: <strong>nos importa el origen de la belleza, como nos importa el origen de la bondad.</strong> No s&eacute; por qu&eacute;, pero es as&iacute;. Nos importan los autores; ser&aacute; que somos modernos, pero el hecho es que no logramos soltarlos. La segunda: nos importa que las cosas sean bellas y que sean nuevas, pero quiz&aacute;s hay una tensi&oacute;n entre esas dos importancias. Pienso en los chicos chiquitos y la repetici&oacute;n, escuchar el mismo cuento todas las noches y enojarte cuando te lo cuentan distinto: se habla de que los algoritmos que trabajan con nuestras preferencias hacen que terminemos eligiendo aquello que ya nos gustaba, pero aunque eso sea cierto creo que es darle demasiado cr&eacute;dito a las plataformas. La relaci&oacute;n entre la belleza y lo conocido es anterior. Cuando escuch&aacute;s una canci&oacute;n (o la invent&aacute;s) y sent&iacute;s que es preciosa muchas veces tambi&eacute;n sent&iacute;s que ya la conoc&eacute;s, como si esa melod&iacute;a ya hubiera estado en alg&uacute;n lugar de tu cuerpo y solamente te la estuvieran recordando. Y las cosas aut&eacute;nticamente nuevas, por el contrario, a veces nos producen un rechazo instintivo. <strong>Tamara Kamenszain sol&iacute;a decir que ella no iba a buscar belleza a la poes&iacute;a contempor&aacute;nea; si quiero leer algo bello, dec&iacute;a, me pongo a leer a Viel Temperley, que es bell&iacute;simo, y ya s&eacute; que es bell&iacute;simo.</strong> A la contemporaneidad voy a buscar otra cosa. Pens&eacute; en ella, y en todo esto, el jueves que vi a <strong>Bj&ouml;rk</strong> en el Primavera Sound. Cuando son&oacute; <strong>&ldquo;Hyperballad&rdquo;</strong> llor&eacute; de belleza, pero entiendo que ella hace a&ntilde;os est&aacute; buscando otra cosa, esa otra cosa de la que hablaba Tamara. Extra&ntilde;o sus canciones, pero lo puedo entender, y hasta apreciar, aunque reconozco que las partes que m&aacute;s aprecio son, justamente, las que reconozco, aquellas en las que encuentro el principio o la posibilidad de la belleza m&aacute;s all&aacute; de la novedad.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a los samples y las citas, los gui&ntilde;os y las referencias. Siento que lo que me gusta de ellos es que existen en otra temporalidad, en una que no va siempre hacia adelante, siempre hacia lo nuevo, sino en una especie de Olimpo de la m&uacute;sica o de la literatura o de cualquier arte en el que las cosas duran mucho m&aacute;s de lo que parecen. No digo nada nuevo, pero siento que cada tanto hay que repetirlo: el arte no es noticia. Puede envejecer, pero no como los diarios ni como las frutas, ni siquiera como la ropa vintage que siempre nos recuerda a una &eacute;poca distinta (otra vez: el negocio de la nostalgia, o el <em>business </em>de la nostalgia, para usar una palabra que es en ingl&eacute;s pero que uso no por eso sino porque es un poco m&aacute;s amplia, porque un <em>business</em> es un negocio pero tambi&eacute;n es un asunto). El sample puede recordarnos a algo que no es una &eacute;poca pero que tampoco tiene el olor del presente; algo que tiene otra espesura, como un bosque o una selva densa de la cual la gracia no es lograr salir.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/belleza-absoluta_129_9706521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Nov 2022 03:01:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La belleza más absoluta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Björk,Tamara Tenenbaum,Tamara Kamenszain]]></media:keywords>
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