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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Zendaya]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Zendaya]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Euphoria' se desdibuja en su temporada 3 como nueva víctima del retroceso ideológico (y cultural) de nuestro tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/euphoria-temporada-3-hbo-max-nueva-victima-retroceso-ideologico-cultural-tiempo-zendaya-jacob-elordi-sydney-sweeney_1_13143388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a69fe9d8-7e30-4656-90ac-83e16edfb100_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Euphoria&#039; se desdibuja en su temporada 3 como nueva víctima del retroceso ideológico (y cultural) de nuestro tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Euphoria' estrenó una tercera y probable temporada final en HBO Max que hace aguas por la regresión estética y argumental que traen consigo sus nuevas tramas. La ficción no hace justicia a sus estrellas, con unos consagrados Zendaya, Jacob Elordi o Sydney Sweeney, y se aleja del sello Gen Z que la encumbró para entregarse a una mirada profundamente masculina y conservadora</p></div><p class="article-text">
        Cuando en junio de 2019 <em><strong>Euphoria </strong></em>irrumpi&oacute; en nuestras pantallas, lo hizo como una producci&oacute;n est&eacute;ticamente rompedora que tra&iacute;a a la televisi&oacute;n un relato audiovisual, en fondo y forma, altamente representativo de la<strong> generaci&oacute;n Z</strong>. Con <strong>Zendaya </strong>al frente de un desconocido reparto de noveles actores a los que catapult&oacute; al estrellato, la serie de <strong>HBO Max</strong> &ndash;basada en la hom&oacute;nima israel&iacute; de la plataforma HOT&ndash; caus&oacute; un gran impacto entre el p&uacute;blico por el planteamiento de <strong>un descarnado universo</strong> en el que se lograron plasmar &ndash;tal vez con exceso de revoluciones&ndash; algunas de las inquietudes m&aacute;s caracter&iacute;sticas de la poblaci&oacute;n centennial. En su <strong>tercera temporada</strong>, que la plataforma estren&oacute; este pasado domingo, <em>Euphoria</em> rompe ahora con su pasado y deja atr&aacute;s casi todo lo que un d&iacute;a la hizo grande y extraordinaria.  
    </p><p class="article-text">
        Lejos de presentarse como una serie juvenil al uso m&aacute;s, tirando de conflictos adolescentes ya explotados en otros t&iacute;tulos, <em>Euphoria </em>lleg&oacute; a nuestras vidas en el &uacute;ltimo verano prepand&eacute;mico con todo el peso puesto sobre unos protagonistas que <strong>sublimaban el nuevo signo de los tiempos entre los j&oacute;venes:</strong> sus personajes usaban un lenguaje hiperreferencial y <strong>autoconsciente</strong>; mostraban una mayor sensibilidad sobre la <strong>salud mental</strong> y una apertura de criterio desprejuiciada, diversa y fluida en torno a la <strong>identidad sexual</strong>; y manifestaban una gran voluntad por la <strong>creatividad y la autoexpresi&oacute;n</strong>, evidente desde su propio maquillaje y vestuario, lo que caus&oacute; un gran impacto cultural en las corrientes de moda del planeta en aquella &eacute;poca.
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                Ejemplo de la fotografía y primerísimo primer plano de &#039;Euphoria&#039;                            </span>
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        Todo este c&oacute;ctel fue reflejado ante las c&aacute;maras por su creador Sam Levinson &ndash;durante sus dos primeras temporadas y los dos cap&iacute;tulos especiales que HBO Max ofreci&oacute; entre ellas&ndash; a trav&eacute;s de <strong>un look cinematogr&aacute;fico</strong> hiperestilizado, con aire indie y ciertamente experimental, que pon&iacute;a la realizaci&oacute;n &ndash;con abundancia de primeros y primer&iacute;simos primeros planos&ndash; y la fotograf&iacute;a &ndash;y su gama de colores saturados&ndash; <strong>al servicio de las emociones de sus protagonistas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n lo hac&iacute;a con su <strong>narrativa</strong>, que planteaba f&oacute;rmulas innovadoras que atrapaban al espectador, jugando con diferentes l&iacute;neas temporales y con secuencias que oscilaban con facilidad entre lo realista y lo on&iacute;rico. Y con su <strong>excelsa banda sonora</strong> firmada por <strong>Labrinth</strong>, que serv&iacute;a como un potent&iacute;simo amplificador sensorial de toda la historia y una de las se&ntilde;as de identidad m&aacute;s s&oacute;lidas de la ficci&oacute;n. Todo ello ten&iacute;a, como dec&iacute;amos, un claro objetivo: no ya explicar las emociones de sus personajes, sino <strong>hac&eacute;rnoslas sentir</strong> en nuestra misma piel.
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                Jules y Rue, en el capítulo 2 de la temporada 3 de &#039;Euphoria&#039;                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>'Euphoria', otra v&iacute;ctima del retroceso cultural de nuestro tiempo</strong></h2><p class="article-text">
        El contexto en el que <em>Euphoria</em> logra al fin estrenar su tercera temporada en HBO Max, que recordaremos al final de este art&iacute;culo, se hace fundamental para entender las posibles consecuencias que este crispado ambiente ha tenido en su resultado. Pero no es el &uacute;nico, ya que la ficci&oacute;n parece ser el &uacute;ltimo producto que<strong> sufre los efectos del gran retroceso ideol&oacute;gico</strong> que se ha desatado en el mundo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y que, sin duda, ha permeado con fuerza en una industria cultural que plantea <strong>dudas sobre cu&aacute;nto tiene de reflejo y cu&aacute;nto de instrumento perpetuador</strong> de los valores conservadores que imperan en la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, la pandemia del coronavirus se posiciona como<strong> un punto de inflexi&oacute;n clave </strong>en nuestra historia reciente, con la emergencia o repunte de figuras de poder que se aprovecharon de un escenario de<strong> incertidumbre y miedo global</strong> para mover a su antojo el tablero pol&iacute;tico y social en todo el planeta. Y en esa nueva partida, estos agentes retr&oacute;grados entendieron que la llamada -por ellos-<strong> 'batalla cultural contra lo woke'</strong> jugaba un papel clave para poner freno a todos aquellos principios progresistas, de conciencia social, de igualdad, de inclusi&oacute;n o de diversidad que se impon&iacute;an entonces en el discurso social dominante.
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                Afiche promocional de la temporada 3 de &#039;Euphoria&#039; HBO Max                            </span>
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        Esta regresi&oacute;n, que se viene palpando en los &uacute;ltimos tiempos en t&iacute;tulos de nueva creaci&oacute;n, cobra &ndash;voluntaria o involuntariamente&ndash; una mayor tangibilidad en <em>Euphoria</em>, a la que la perspectiva del tiempo y su desarrollo a caballo entre los a&ntilde;os pre y postpand&eacute;micos deja en profunda evidencia. Al menos eso es lo que siente uno cuando se planta a ver <strong>los tres primeros cap&iacute;tulos</strong> de esta tercera temporada.
    </p><p class="article-text">
        En ellos, los personajes retoman las tramas <strong>cinco a&ntilde;os despu&eacute;s</strong> de los hechos ocurridos en el final de la segunda tanda, con unas vidas (l&oacute;gicamente alejadas &ndash;quiz&aacute; demasiado&ndash; de las que ten&iacute;an en el instituto) en las que, tras perderse a s&iacute; mismos en los dramas de la juventud, cada uno emprende su respectiva traves&iacute;a por el desierto. <strong>Una deriva en la que parece descarrilarse la propia serie</strong>, que se entrega &ndash;ahora tambi&eacute;n en fondo y forma, como aventuraba su tr&aacute;iler y su cartel promocional&ndash; a un <strong>conservadurismo y falta de creatividad</strong> con el que deja atr&aacute;s todo lo que un d&iacute;a fue.
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>'Euphoria' se desdibuja en su temporada 3 en HBO Max</strong></h2><p class="article-text">
        Por un lado, como dec&iacute;amos, hay un giro formal y est&eacute;tico. Y es que <em>Euphoria</em> se convierte en su tercera temporada en <strong>una suerte de neo-western de mirada masculina </strong>que la acerca a referentes m&aacute;s pr&oacute;ximos a<em> </em><em><strong>Breaking Bad</strong></em> o <em><strong>Los Soprano</strong></em> que a t&iacute;tulos autorales como <em>Girls </em>o <em>Fleabag</em>. Es decir, m&aacute;s al<strong> thriller criminal y la comedia negra</strong> y menos al drama y al realismo generacional que marcaba sus primeras temporadas. Para ello, Levinson presenta ahora a <strong>Rue </strong>como una traficante de armas y de drogas que tiene que sortear <strong>humor&iacute;sticas peripecias</strong> vinculadas a la delincuencia &ndash;como la delirante con la que arranca el primer cap&iacute;tulo&ndash; y lidiar con los <strong>tejemanejes de dos capos de la droga</strong> en sus insistentes intentos por huir de los errores de su pasado. 
    </p><p class="article-text">
        En esa nueva vida, en el marco de un conflictivo club de striptease, es donde el personaje de Zendaya se topa con los de la cantante <strong>Rosal&iacute;a </strong>y la actriz hispano-puertorrique&ntilde;a <strong>Priscilla Delgado (</strong>la ni&ntilde;a de Los Protegidos<strong>)</strong>, fichajes de la temporada &ndash;junto a una en principio testimonial <strong>Sharon Stone&ndash;</strong> y que no dejaran indiferente a nadie con sus pertinentes trabajos interpretativos. Especialmente el de la segunda, que despunta por sorpresa con un personaje m&aacute;s protag&oacute;nico del que nadie imaginaba y que aspira a ser clave en el segundo tramo de la temporada. 
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                Rue (Zendaya), en la temporada 3 de &#039;Euphoria&#039;                            </span>
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        Para lograr esa est&eacute;tica, Levinson y su director de fotograf&iacute;a (<strong>Marcell R&eacute;v</strong>) apostaron por rodar en <strong>pel&iacute;cula de 65mm de Kodak</strong>, buscando proporcionar una imagen extendida en pantalla que reflejase mejor el nuevo mundo amplio y salvaje en el que se mueven los personajes. Como consecuencia, se pone ahora m&aacute;s el foco en lo que ocurre alrededor de los protagonistas y <strong>menos en la profundidad de las consecuencias emocionales </strong>que desencadena en ellos lo que les pasa. Los creadores tambi&eacute;n abandonan la oscuridad y el juego de luces y colores de sus comienzos &ndash;aunque en la segunda tanda ya vivi&oacute; una notable evoluci&oacute;n fotogr&aacute;fica&ndash; para <strong>decantarse ahora por los tonos c&aacute;lidos</strong> &ndash;dorados, amarillos, anaranjados&ndash; m&aacute;s cl&aacute;sicos de cine del Oeste. 
    </p><p class="article-text">
        Todo esto, sumado a la p&eacute;rdida de <strong>Labrinth </strong>en la banda sonora &ndash;que prescinde ahora tambi&eacute;n de esa canciones comerciales que anclaban la serie a nuestro tiempo&ndash; y a un encargo a prestigioso <strong>Hans Zimmer</strong> que se hace insuficiente por la despersonalizaci&oacute;n que se produce en las m&uacute;sicas de la producci&oacute;n, propicia que parezca que nos encontramos desde el principio &ndash;y de un simple vistazo&ndash; ante una <em>Euphoria </em>radicalmente diferente a la que hace no tantos a&ntilde;os nos conquist&oacute;. 
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        Pero <em>Euphoria </em>tambi&eacute;n se desdibuja en sus tramas, con<strong> un guion que se desinfla</strong> desde el planteamiento de la temporada y que no hace justicia a las estrellas actorales de su reparto, siempre con una soberbia Zendaya que est&aacute; por encima de su texto. Durante los dos primeros cap&iacute;tulos, la serie se esfuerza &ndash;haciendo uso de demasiado metraje&ndash; en contarnos lo distanciada que vive ahora aquella pandilla de amigos y en el tercero encuentra en la boda de Cassey y Nate <strong>una excusa f&aacute;cil, forzada y poco consistente</strong> sobre el papel para reunirlos. Era obvio que los personajes no iban a seguir escolarizados con sus actores acerc&aacute;ndose a la treintena, pero en estos nuevos episodios se nos presentan con <strong>desarrollos vitales superficiales, poco interesantes e incoherentes</strong>, especialmente el de <strong>Jacob Elordi</strong>, con un Nate 'beatificado' que pierde por completo los tormentos, la ira y la oscuridad que siempre lo caracterizaba.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que tienen los protagonistas de <em>Euphoria </em>en com&uacute;n es llevar unas vidas vinculadas a la criminalidad, ya sea por narcotr&aacute;fico, prevaricaci&oacute;n urban&iacute;stica o explotaci&oacute;n sexual. Y es en este &uacute;ltimo punto donde la serie toca hueso por la <strong>mirada cosificadora y sexualizada</strong> que Levinson &ndash;que ya fue criticado por lo mismo en The Idol&ndash; parece poner sobre <strong>los personajes femeninos</strong>, al menos en los tres cap&iacute;tulos que HBO Max ha avanzado a la prensa. Ah&iacute; la peor parada es <strong>una Sydney Sweeney objetivada y erotizada hasta el extremo</strong>, una actriz que ha sido v&iacute;ctima de esto mismo por la proyecci&oacute;n que han hecho de ella la industria y los medios a ra&iacute;z de su &eacute;xito en la serie.
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                Sydney Sweeney, en una escena de la temporada 3 de &#039;Euphoria&#039;                            </span>
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        Sin querer precipitarnos, ni cometer el error de juzgar la parte por el todo, habr&aacute; que ver el resto de entregas para confirmar si la representaci&oacute;n que se hace de las mujeres -que llevan todo el peso de las tramas- termina llevando impl&iacute;cita <strong>una cr&iacute;tica o reflexi&oacute;n moral </strong>(como se dejaba entrever mejor en las primeras temporadas) o, al vaciarse de mensaje y basarse en el artificio, acaba <strong>reforzando los estereotipos y comportamientos mis&oacute;ginos</strong> que quiz&aacute; pretend&iacute;a se&ntilde;alar. Habr&aacute; que esperar para ver si Levinson y Sweeney han ideado una estrategia para expresarse contra el odio a trav&eacute;s de sus tramas en los nuevos cap&iacute;tulos de la ficci&oacute;n o todo queda en una trivial huida hacia adelante.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, toca aguardar unas semanas para ver si <em>Euphoria </em>logra reconducir una temporada -ojal&aacute; final- a la que, de momento, sostiene su <strong>espectacular reparto</strong>, el r&eacute;dito del inter&eacute;s por la evoluci&oacute;n de <strong>unos personajes otrora bien escritos y desarrollados</strong>, y su <strong>adictivo potencial entretenedor</strong>, aunque a veces abuse de buscar disrupci&oacute;n y forzoso impacto a trav&eacute;s de im&aacute;genes inc&oacute;modas y desagradables. Tambi&eacute;n la cr&iacute;tica que planea de fondo sobre un sistema capitalista que se tambalea y que desmonta, con alusiones y alegor&iacute;as a la Fiebre del Oro de California &ndash;espacio en el que se desarrolla la acci&oacute;n&ndash;, <strong>aquella vulgar quimera del sue&ntilde;o americano</strong>.<strong> </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Priscilla Delgado y Zendaya, en la temporada 3 de &#039;Euphoria&#039;                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>La larga y convulsa espera para lo nuevo de 'Euphoria'</strong></h2><p class="article-text">
        <em>Euphoria </em>rompe con todo ello en su tercera temporada &ndash;y &uacute;ltima, tal y como han apuntado en recientes entrevistas sus <a href="https://variety.com/2026/tv/columns/euphoria-sam-levinson-angus-cloud-eric-dane-season-4-1236710947/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">responsables </a>y <a href="https://variety.com/2026/tv/news/zendaya-euphoria-ending-after-season-3-1236709488/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estrellas</a>&ndash;, que se estrena siete a&ntilde;os despu&eacute;s del lanzamiento de su primera tanda en HBO Max, y tras una larga y convulsa espera de cuatro a&ntilde;os desde la segunda que parecen haber hecho mella en su resultado. Un retraso marcado primero por la <strong>huelga de guionistas de Hollywood</strong> y, despu&eacute;s, por las dificultades para <strong>compaginar las agendas</strong> de sus ya cotizados actores, especialmente las de unos consagrados<strong> Zendaya, Sydney Sweeney</strong> y <strong>Jacob Elordi</strong>, nominado este a&ntilde;o al &Oacute;scar al Mejor Actor por su trabajo en <em>Frankenstein</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os a la par condicionados por algunas pol&eacute;micas internas en la serie que han hecho aflorar desavenencias entre algunos actores y Sam Levinson, con el sonado abandono de <strong>Barbie Ferreira</strong>, unido a los de otros int&eacute;rpretes principales como <strong>Storm Reid, Austin Abrams</strong> o<strong> Dominic Fike</strong>; rumores de enfrentamiento &ndash;con las miradas en Zendaya y <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/jeans-donas-genes-publicidades-tintes-racistas-muestran-estrategias-vender-trump_1_12509768.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sweeney por sus conocidas diferencias ideol&oacute;gicas</a>&ndash; entre algunos miembros del elenco principal, que curiosamente<strong> evit&oacute; un posado grupal</strong> en la reciente premiere de la temporada; e incluso<strong> la abrupta salida de Labrinth</strong>, que a &uacute;ltima hora <strong>dej&oacute; el proyecto y retir&oacute; su m&uacute;sica</strong> del mismo entre cr&iacute;ticas a la industria y un supuesto conflicto con la serie que tambi&eacute;n parec&iacute;a se&ntilde;alar a Levinson.
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                Eric Dane, en una escena póstuma de la temporada 3 de &#039;Euphoria&#039;                            </span>
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        Por otro lado, la producci&oacute;n se vio afectada por la muerte de uno de sus responsables principales, el productor Kevin Turen, y la de dos de sus actores protagonistas: en agosto de 2023, la de <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/murio-25-anos-angus-cloud-estrella-serie-euphoria_1_10422997.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Angus Cloud -el joven Fezco en la ficci&oacute;n</a>, una de las piezas claves de su segunda temporada-; y el pasado mes de febrero, la de<a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/murio-eric-dane-estrella-series-grey-s-anatomy-euphoria_1_13008506.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong> Eric Dane, que interpretaba al despreciable Cal Jacobs</strong></a><strong> &ndash;</strong>el padre de Nate (Jacob Elordi)&ndash; y que deja en esta tercera tanda un &uacute;ltimo (e impactante) trabajo a t&iacute;tulo p&oacute;stumo tras fallecer a causa de <strong>esclerosis lateral amiotr&oacute;fica (ELA)</strong>. A trav&eacute;s de sus cr&eacute;ditos, <em>Euphoria </em>le dedica a los tres sus nuevos cap&iacute;tulos y, en una carta enviada por Sam Levinson a la cr&iacute;tica &ndash;a la que ha podido tener acceso verTele&ndash;, el creador hace especial hincapi&eacute; en c&oacute;mo la muerte por sobredosis de Angus Cloud le &ldquo;afect&oacute; profundamente de forma inesperada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Con la adicci&oacute;n, se supone que uno debe estar preparado para la p&eacute;rdida de alguien que est&aacute; luchando, pero<strong> su muerte despert&oacute; en m&iacute; una rabia, no solo por &eacute;l</strong>, sino por las muchas vidas j&oacute;venes en Estados Unidos truncadas por el fentanilo. El a&ntilde;o en que muri&oacute;, m&aacute;s de 70.000 estadounidenses fallecieron por esta causa, siendo la principal causa de muerte entre los menores de 45 a&ntilde;os. Esta temporada se convirti&oacute; en mi forma de<strong> honrar a Angus y a todos los j&oacute;venes que no tuvieron una segunda oportunidad</strong>. Quer&iacute;a contar una historia en la que la esperanza y la luz a&uacute;n pudieran sentirse en la oscuridad&rdquo;, explica en el texto el cinesta, quien ya reconoci&oacute; que sus problemas con las drogas en el pasado le hab&iacute;an inspirado a la hora de poner en pie <em>Euphoria.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adrián Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/euphoria-temporada-3-hbo-max-nueva-victima-retroceso-ideologico-cultural-tiempo-zendaya-jacob-elordi-sydney-sweeney_1_13143388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 09:25:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Euphoria' se desdibuja en su temporada 3 como nueva víctima del retroceso ideológico (y cultural) de nuestro tiempo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Euphoria,HBO Max,Zendaya,Sydney Sweeney]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ambición desbocada de Denis Villeneuve convierte 'Dune: parte dos' en un espectáculo agotador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/ambicion-desbocada-denis-villeneuve-convierte-dune-parte-espectaculo-agotador_129_10963870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/751798a0-78cb-4691-b838-2bb26f5ae415_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ambición desbocada de Denis Villeneuve convierte &#039;Dune: parte dos&#039; en un espectáculo agotador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta entrega la segunda parte de su adaptación de la novela de Frank Herbert; una película excesivamente larga y con una autoconsciencia que ahoga sus propias imágenes</p><p class="subtitle">El carisma de Timothée Chalamet hace olvidar a Johnny Depp como Willy Wonka para reventar la taquilla esta Navidad</p></div><p class="article-text">
        Hay que estar muy seguro de uno mismo para comenzar una pel&iacute;cula con una voz en <em>off </em>antes incluso del logotipo de la productora. Seguro de uno mismo y seguro de la frase en s&iacute;, que quedar&aacute; como anticipo de lo que est&aacute; por venir.<a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/denis-villeneuve-maldicion-dune_1_8305390.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> A Denis Villeneuve le sobra seguridad</a>. Se la gan&oacute;. Lleva d&eacute;cadas en esa l&iacute;nea en la que lo autoral y lo comercial se unen. <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/christopher-nolan-doce-anos-creia-ibamos-morir-holocausto-nuclear_1_10397578.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juega en la liga de Christopher Nolan</a>, la de los <em>blockbusters </em>inteligentes. Lo que pasa es que esa l&iacute;nea es m&aacute;s fina de lo que parece, y caerse de ella es f&aacute;cil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/dune-manual-concienciacion-ecologica-e-inspira-innovaciones-frente-cambio-climatico_1_8427241.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Dune: parte dos </em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/dune-manual-concienciacion-ecologica-e-inspira-innovaciones-frente-cambio-climatico_1_8427241.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">comience</a> &ndash;se estrena este jueves&ndash; con una voz en <em>off </em>antes del logo de Warner es una declaraci&oacute;n de intenciones. Lo que dicen esas intenciones es que estamos ante una pel&iacute;cula importante y que es (demasiado) consciente de esa importancia. La voz anuncia la sentencia m&aacute;s evidente del universo <em>Dune:</em> &ldquo;Aquel que domina la especia, domina el mundo&rdquo;. Una frase que funciona como presagio de lo que est&aacute; por venir: <em><strong>Dune: parte dos</strong></em><strong> es una pel&iacute;cula que se sabe buena, y que se cree que es m&aacute;s importante de lo que realmente es.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay en esta secuela mucha voz engolada, mucha autoconsciencia, demasiada ambici&oacute;n desbocada y mucha filosof&iacute;a del tres al cuarto. Hay tanta que la duraci&oacute;n de la pel&iacute;cula se alarga hasta las casi tres horas cuando realmente la trama en s&iacute; podr&iacute;a haberse reducido a una hora. Villeneuve retoma la historia donde dej&oacute; la primera parte, y cuenta en esta segunda parte el ascenso de Paul Atreides como el elegido y el dilema entre sus sentimientos hacia Chani y sus deberes como l&iacute;der, pero realmente la &lsquo;chicha&rsquo; ocurre entre medias de much&iacute;simas escenas pretendidamente espectaculares donde uno ve el estilo visual del filme, el gran derroche de producci&oacute;n y lo bueno que es Villeneuve.
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        <strong>Entre tanta pretensi&oacute;n de deslumbrar uno se cansa, y llega agotado al supuesto cl&iacute;max final.</strong> La sensaci&oacute;n es que todo se pod&iacute;a haber contado m&aacute;s r&aacute;pido y mejor. La pel&iacute;cula sufre de constantes elipsis forzadas que uno no sabe si est&aacute;n buscadas para aparentar cierta complejidad narrativa o simplemente est&aacute; mal contado. El problema es que los personajes saltan de un lugar a otro y pasan de actuar de una forma a la contraria. Eso s&iacute;, con mucha explosi&oacute;n, mucho desierto, mucho Hans Zimmer, mucho Timoth&eacute;e Chalamet con cara de mustio y mucha Zendaya con cara de enfadada.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Dune: parte dos</em> todo aparenta ser profundo, pero para demostrarlo se tiene que enunciar. Se dice en alto. Hay un momento en el que Paul Atreides mira al anillo que le dej&oacute; su padre. Un gesto suficiente para que entendamos lo que piensa en ese momento, pero Villeneuve, al guion junto a Jon Spaihts, cree que es mejor que el personaje lo diga, porque todo el mundo sabe que cuando uno est&aacute; solo en un desierto perdido en los confines del universo le da por hablar en alto con el fantasma de su padre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay una escena en la que queda en evidencia esa autoconsciencia de la pel&iacute;cula y es en la presentaci&oacute;n del personaje de Austin Butler, que recurre a un blanco y negro justificado de forma torticera, porque el blanco y negro es m&aacute;s autoral que los ocres del desierto. Butler, por cierto, es el que mejor parado sale del reparto principal junto a Rebecca Ferguson y un Javier Bardem que es el &uacute;nico que parece divertirse de todo el reparto.<strong> A</strong><em><strong> Dune </strong></em><strong>le falta humor, le falta ligereza.</strong> Precisamente lo que aporta Bardem.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Austin Butler, el mejor fichaje de la segunda parte de &#039;Dune&#039;                            </span>
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        Los cacareados fichajes, menos el de Butler, se quedan en casi cameos, incluido el de una Florence Pugh a la que se usa para colar una voz en off que aparece y desaparece seg&uacute;n el antojo de los guionistas, y el de Lea Seydoux, reducido a una escena a pesar de tener tres horas de metraje para darle algo m&aacute;s de desarrollo. Tambi&eacute;n est&aacute; la aparici&oacute;n sorpresa (ya no tanto porque se desvel&oacute; en la primera alfombra roja y se ha contado en todos los medios) de Anya Taylor-Joy en un personaje que aqu&iacute; aparece como otra voz en off, en esta ocasi&oacute;n la de un feto (s&iacute;, un feto que el espectador ve y que habla como si fuera una <em>influencer </em>de Instagram haciendo de poeta) y en persona un <em>flash forward </em>que anuncia una inminente tercera parte.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a injusto decir que <em>Dune: parte dos </em>es un descalabro. Ya quisieran para s&iacute; la mayor&iacute;a de <em>blockbusters</em> la mitad de ideas que propone Villeneuve (aunque no todas le salgan), e incluso hay dram&aacute;ticamente una propuesta interesante, la de la creaci&oacute;n del l&iacute;der y el uso de la fe y los fundamentalismos para convencer a la masa. El problema es que todo ello queda embarrado en una narraci&oacute;n deslavazada que acaba haci&eacute;ndose bola al espectador. Muchas veces lo profundo se confunde con lo oscuro y dram&aacute;tico, y no tiene que ver. La ligereza a veces ayuda, y aqu&iacute; nadie parece saberlo.
    </p><p class="article-text">
        Para terminar habr&iacute;a que recurrir, de nuevo, a C&eacute;line Sciamma. Hace unos meses la directora reflexionaba sobre la duraci&oacute;n de las pel&iacute;culas y aseguraba que aquellos que hacen pel&iacute;culas de tres horas est&aacute;n haciendo activismo para si mismos, &ldquo;no para el cine&rdquo;. Solo un dato, la pel&iacute;cula de Villenueve dura 166 minutos. La reciente ganadora del Oso de Oro, la brillante <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/importancia-retos-descolonizacion-museos-leccion-magistral-mati-diop_1_10935197.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Dahomey,</em></a> 67 minutos. Hay m&aacute;s intenci&oacute;n en la escasa hora del filme de Mati Diop que en este mamotreto espectacular pero sobredimensionado y agotador.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Feb 2024 11:29:54 +0000]]></pubDate>
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