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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Florencia Angilletta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/florencia-angilletta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Florencia Angilletta]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Elijo creer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/mundial-qatar-2022/elijo-creer_129_9803705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9a80d4a-a3df-4da2-82cd-12f46feb6ed7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elijo creer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mundial, como la muerte, saca lo más primario de las personas, escribe Florencia Angiletta en una columna sobre los vivos, los muertos y los milagros cotidianos que produjo Qatar 2022 en la Argentina.  </p></div><p class="article-text">
        I. Todo empieza en un corte. El tiempo, m&aacute;s. El tiempo solo existe cuando lo cortamos. D&iacute;as, meses, a&ntilde;os. Diciembre es el corte de cortes &ndash;me encanta esa frase genial de Alexandra Kohan &ldquo;termina el a&ntilde;o, no tu neurosis&rdquo;&ndash;. Pero a esas formas m&aacute;s o menos convenidas de cortes se suman otras. La vida tambi&eacute;n la anotamos en <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/darwin-348_129_9798958.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuentas de mundiales</a>. <em>&iquest;Cu&aacute;ntos mundiales llevan? &iquest;En qu&eacute; departamento se vio el de 2010? </em>Despu&eacute;s, est&aacute;n las excepciones, los subrayados, el que queda m&aacute;s adherido al coraz&oacute;n. Mientras se estaba jugando el mundial, cumpl&iacute; un sue&ntilde;o (o un corte: nunca m&aacute;s me voy a olvidar de este mundial). Pero eso no importa nada. O s&iacute;, importa porque esa asociaci&oacute;n temporal &ldquo;mundial 2022&rdquo; no me pasa a m&iacute;, o me pasa <em>solo porque les pasa tambi&eacute;n a los dem&aacute;s. </em>En diciembre, cuando las cruces pesan m&aacute;s, vivimos algunas horas en estado de gracia.<strong> Hasta en la fila del </strong><em><strong>D&iacute;a</strong></em><strong> puede flotar una electricidad simp&aacute;tica. Somos capaces de esperar con la mand&iacute;bula m&aacute;s suelta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        II. Nac&iacute; en el 86, poquito despu&eacute;s de que salgamos campeones. Los beb&eacute;s que ahora est&aacute;n reci&eacute;n salidos del horno. Mundialistas. Palpit&eacute; esa alegr&iacute;a en la panza. A mi mam&aacute; le dieron el t&iacute;tulo en la facultad mientras &iacute;bamos avanzando en ese mes glorioso. L&iacute;quido amni&oacute;tico perfumado por la escolarizaci&oacute;n y por los goles.
    </p><p class="article-text">
        III. El mundial, como la muerte, saca lo m&aacute;s primario de las personas. Activ&oacute; grupos de guasap, encendi&oacute; conversaciones laborales, reprogram&oacute; agendas, movi&oacute; monta&ntilde;as, estrech&oacute; v&iacute;nculos &ndash;dos personas se besaron en un sem&aacute;foro apenas se cruzaron en el festejo&ndash;. En el mundial de 2014 le&iacute; de un se&ntilde;or que, cuando Argentina pas&oacute; a la final, hab&iacute;a vuelto a hablar con su padre despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os. Todos jugamos un poco en el mundial a la par&aacute;bola del hijo pr&oacute;digo: las figuritas, las camisetas, los gritos. Todos volvemos a ser un poco aquellos chicos y chicas que se ilusionaron o sufrieron por primera vez. En esos minutos card&iacute;acos finales contra Holanda volv&iacute; a verme chiquita y triste por mi viejo en el 98 (pero hice un conjuro, lo explico al final).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        IV. Este a&ntilde;o se cuenta tambi&eacute;n en tres v&eacute;rtices: los recitales por el aniversario de <em>El amor despu&eacute;s del amor</em>, la pel&iacute;cula <em>1985</em>, el mundial. Los consensos. Pero escribo esto y un poco ya se desgata el f&oacute;sforo que quiere encender. &ldquo;Consensos&rdquo;. Lo digo de otra forma: maneras de agachar la cabeza ante algo m&aacute;s grande.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V. Cuando Messi gambetea ese tercer gol contra Croacia &eacute;sa es su vuelta al origen. Crear lo que no estaba hecho. Hacer con lo que hicieron de vos. Abrir espacio. Pasito a pasito. Dar aire. Sortear las marcas, esquivar, esperar. Y sorprender. Aunque la pelota venga mordida, encontrar la forma de pegarle igual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        VI. Tras el triunfo de la Copa Am&eacute;rica, en plena pandemia, Messi llam&oacute; desde la cancha a Antonela Roccuzzo. Ese reconocimiento, epid&eacute;rmico &ndash;gutural&ndash;, que tambi&eacute;n vimos en el primer recital de Fito P&aacute;ez cuando le cant&oacute; &ldquo;Un vestido y un amor&rdquo; a Cecilia Roth. (M&uacute;sica: la voz de Juanse diciendo &ldquo;quisiera que Dieguito juegue para siempre&rdquo; estirando la &ldquo;iii&rdquo;. Esa ternura pegada al o&iacute;do.) Este mundial es definitivamente de Roccuzzo, de su inteligencia, su br&iacute;o, su aguante. Fito algo le deber&iacute;a cantar. Ella y Messi ya son de esas parejas que un pa&iacute;s entero quiere que no se separen. Elijo creer.
    </p><p class="article-text">
        VII. Qu&eacute; palabra hermosa &ldquo;muchachos&rdquo;. Porque no se cuenta de a uno. La muchachada, la barra, el grupo, es eso: cuando somos mucho m&aacute;s que dos. Las abuelas, el analista del Dibu, Pablo Aimar, los Lioneles, Juli&aacute;n &Aacute;lvarez. Titulares y suplentes. El equipo completo: cuando busca, presiona para adelante, ejecuta pero tambi&eacute;n hace arte, se sobrepone de los golpes, se declara amor, mantiene los c&oacute;digos, el estilo, la &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        VIII. El mundial es don. Alegrarse con la alegr&iacute;a del otro. El mundial me alegra por el colectivero que se baj&oacute; a festejar, por mi viejo, por las personas que quiero mucho, por las vecinas con las que alentamos balc&oacute;n a balc&oacute;n, por quienes agitan en Bangladesh, en N&aacute;poles, arriba de un auto con la radio si se corta la luz. Y por &Aacute;ngela Lerena, sobr&iacute;sima, furiosamente capaz y magn&eacute;tica, primera mujer que en la Argentina va a comentar el domingo una final del mundo en la que...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        IX. Quiero lo que queremos todos. Pero esa confianza invocada por Leo desde el primer d&iacute;a, eso no se rompe m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        X. No me bajo de los deseos profundos. Le he consagrado a las promesas tinta y vida. En el final del &uacute;ltimo libro que escrib&iacute; hay un gui&ntilde;o a la muy querida Coca Sarli. Mientras jug&aacute;bamos el partido con M&eacute;xico, cuando estaba terminando de escribir contra reloj otro texto decisivo para m&iacute;, me di cuenta de que la Sarli tambi&eacute;n estaba en una nota al pie y me alivi&eacute;. (Oficio, exuberancia, <em>trueno entre las hojas</em>, arrojo, vivir en su ley.) Desde ese partido, me volv&iacute; devota de una imagen de ella enfundada en la bandera argentina, y la compart&iacute; cada vez que ganamos. Los penales de cuartos, por los nervios, no los vi. Durante esos minutos hice una cosa que no puedo contar y &eacute;sta que s&iacute;: adem&aacute;s de a Diego, al que se lo pide un pa&iacute;s, se lo ped&iacute;. Mucho. Y averig&uuml;&eacute; d&oacute;nde descansa. Hay tantas cosas imposibles, pero este domingo temprano vamos a ir con mi viejo a hacer una posible: a llevarle flores. <strong>La gratitud est&aacute; primero.</strong> La palabra, tambi&eacute;n. Nada m&aacute;s argentino que volverse a ilusionar. Este mes, m&aacute;s que nunca, elijo creer. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/mundial-qatar-2022/elijo-creer_129_9803705.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Dec 2022 01:07:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elijo creer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Qatar 2022]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muñeca brava]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/muneca-brava_129_9728603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/001c4049-8b88-4844-84ca-31f085795b46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&quot;Me gustan las fotos primeras, casi en batón, con los tacones bajos –esos que delatan pies probablemente hinchados–.&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El arrebato de quien dejó la pava en el fuego y salió a la calle. Salió a buscar a sus hijos desaparecidos, pero en el camino se transformó en otra mujer. Y esta transformación no sólo la parió a ella: parió una relación de las mujeres con la política", escribe la autora en su sentida semblanza de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo.</p></div><p class="article-text">
        I. En este domingo pesado, que no termina de llover, un aviso en el celular me recuerda que es el D&iacute;a de la Soberan&iacute;a Nacional, la conmemoraci&oacute;n de la Vuelta de Obligado. Me gusta este feriado &ndash;que homenajea la figura fundamental de Rosas, pero tambi&eacute;n la de San Mart&iacute;n, para resistir la amenaza anglo-francesa&ndash;. Me gusta este feriado, pero me lo hab&iacute;a olvidado porque tengo una entrega de trabajo muy importante encima.
    </p><p class="article-text">
        II. Y por el Mundial, por supuesto. El viernes terminaron las clases de este cuatrimestre y cuando nos desped&iacute;amos sent&iacute; esa expectativa, ese <em>no s&eacute; qu&eacute;</em> que te toma el cuerpo &ndash;cuando est&aacute;s con otros&ndash; y que es m&aacute;s fuerte que cu&aacute;nto se sepa el fixture, el nombre de todos los jugadores o el cuestionamiento de ad&oacute;nde tenga lugar. Compartir una emoci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        III. Porque no importa con qui&eacute;n se vea los partidos: el Mundial nunca sucede a solas. El Mundial pasa en algo que es m&aacute;s que la suma de las partes (quienes les gusta, quienes no y quienes &ndash;como dijo una estudiante&ndash; quieren que los dem&aacute;s est&eacute;n al tanto de que no les importa). El Mundial nos recuerda un origen: en el principio, fuimos un parto. Y nacimos ac&aacute; &ndash;haya sido literalmente el d&iacute;a de nuestro nacimiento o haya sido, tiempo despu&eacute;s, por adopci&oacute;n&ndash;. Nacimos argentinas y argentinos. 
    </p><p class="article-text">
        IV. Nos despertamos esta ma&ntilde;ana con la noticia de la muerte de <strong>Hebe de Bonafini</strong>, a sus 93 a&ntilde;os. La muerte es tambi&eacute;n, sobre todo, esa vuelta al origen. &iquest;C&oacute;mo habr&aacute;s venido al mundo? <em>&iquest;De qu&eacute; planeta viniste? </em>&iquest;C&oacute;mo habr&aacute;n sido las cocinas de tu infancia en Ensenada, en la provincia de Buenos Aires? &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a la espalda de tu madre o la de tus abuelas o de la de alguna amiga? &iquest;D&oacute;nde mamaste eso que le dio a tu voz un nervio que calienta la sangre cuando volvemos a escucharte en los videos que circulan en estas horas? 
    </p><p class="article-text">
        V. <strong>Mar&iacute;a P&iacute;a L&oacute;pez</strong> lo dijo de esta manera: &ldquo;Hebe, ese tajo en la historia. La valent&iacute;a m&aacute;s osada, el caminar sobre un hilo que tiembla sobre el abismo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        VI. No hay Vuelta de Obligado sin 25 de Mayo, no hay resistencia sin tambi&eacute;n poder. <strong>Agustina Larrea</strong> me escribi&oacute;: <em>Nuestra &uacute;ltima punk</em>. 
    </p><p class="article-text">
        VII. Hacer lo que no estaba hecho, lo que no ten&iacute;a nombre ni forma hasta que se hiciese. Cocorita, inclasificable. Estuvo hasta en Cutral Co, en las primeras puebladas en los noventa. L reprimieron en una marcha contra la ley de educaci&oacute;n superior, estuvo en la Plaza en diciembre de 2001 cuando les tiraron los caballos encima &ndash;y ese mismo 2001, antes, hab&iacute;an atacado a su hija <strong>Mar&iacute;a Alejandra Bonafini</strong>&ndash;. Qu&eacute; ovarios. Su nombre p&uacute;blico estaba hecho del apellido del marido &ndash;fallecido en 1982&ndash; y de sus pasos fuera de serie. Tan sin moldes, tan sin borde. Me gustan las fotos primeras, casi en bat&oacute;n, con los tacones bajos &ndash;esos que delatan pies probablemente hinchados&ndash;. El arrebato de quien dej&oacute; la pava en el fuego y sali&oacute; a la calle. Sali&oacute; a buscar a sus hijos desaparecidos, pero en el camino se transform&oacute; en otra mujer. Y esta transformaci&oacute;n no s&oacute;lo la pari&oacute; a ella: pari&oacute; una relaci&oacute;n de las mujeres con la pol&iacute;tica. En el origen&hellip; estaba de Bonafini.
    </p><p class="article-text">
        VIII. <strong>Mar&iacute;a Moreno</strong>, <strong>Nora Dom&iacute;nguez </strong>y <strong>Matilde S&aacute;nchez</strong> &ndash;tres escritoras decisivas, junto a Mar&iacute;a P&iacute;a L&oacute;pez&ndash; han escrito sobre Hebe de Bonafini o sobre las Madres de Plaza de Mayo. Nora Dom&iacute;nguez ha dicho: &ldquo;Como una respuesta casi inmediata a las desapariciones y muertes de familiares, la emergencia de grupos autogestionados de mujeres como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo promovi&oacute; nuevas formas de hacer pol&iacute;tica cuyo soporte estaba dado por la puesta en escena de una representaci&oacute;n social de base materna e in&eacute;dita hasta ese momento. Entre unas (hijas desaparecidas con maternidades truncas) y otras (madres y abuelas en pie de lucha) se tendieron lazos generacionales que, signados por la violencia, la interrupci&oacute;n y la destrucci&oacute;n estatales pero tambi&eacute;n por la demanda de justicia, el reconocimiento de la filiaci&oacute;n y la identidad, dieron lugar a la reformulaci&oacute;n de los imaginarios maternos. Este acontecimiento tiene como efecto la politizaci&oacute;n de la funci&oacute;n materna. El imaginario social de la maternidad se altera por &eacute;stas y otras intervenciones y de aqu&iacute; en m&aacute;s es imposible sustraerse a sus efectos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        IX. Las Madres de Plaza de Mayo tambi&eacute;n se cuentan de a una, con sus diferencias de clase, de origen, de estatus, de filiaci&oacute;n partidaria, de decisiones. Ella, <strong>una mu&ntilde;eca brava</strong>.
    </p><p class="article-text">
        X. Nos duele la panza pensando en las piernas de Messi, en si esta vez&hellip; En el despelote no encuentro la bandera pero ahora estoy m&aacute;s decidida a buscarla y a ponerla en el balc&oacute;n. Ah&iacute; tambi&eacute;n flamea una Argentina sin la cual este pa&iacute;s no ser&iacute;a en el que nacimos. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias, nena. 
    </p><p class="article-text">
        Como me dijo una persona extraordinaria que la conoci&oacute; mucho apenas lo supimos: <em>Por fin est&aacute; con sus hijos</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/muneca-brava_129_9728603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Nov 2022 18:47:50 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez máximas sobre Leonardo Favio a diez años de su muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/diez-maximas-leonardo-favio-diez-anos-muerte_129_9684674.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cacc4955-7e95-4ace-96f1-c2f52cad3eae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez máximas sobre Leonardo Favio a diez años de su muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"De Favio se puede decir: combina lo culto y lo popular. Y es una buena hipótesis. Pero es eso, una hipótesis letrada, modernista, que deja afuera lo más importante: la sangre que le corre es mestiza", escribe Florencia Angilletta en este repaso sobre el artista.</p></div><p class="article-text">
        I. En 1973 Osvaldo Lamborghini public&oacute; <em>El ni&ntilde;o proletario</em>. &ldquo;Estropeado&rdquo;, ese chico roto, es la continuaci&oacute;n literaria (es decir, hiperb&oacute;lica) de Pol&iacute;n, el alma de <em>Cr&oacute;nica de un ni&ntilde;o solo</em>, la primera pel&iacute;cula de Leonardo Favio en 1965. Gabriela Nouzeilles &ndash;en el exquisito libro <em>Pol&iacute;ticas del sentimiento</em>&ndash; sugiere este hilo blanco. La rep&uacute;blica de los ni&ntilde;os por primera vez en las ficciones. La canci&oacute;n de cuna vanguardista de los chicos solos. (<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/cigarrillo-dejo_129_8658033.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Esto ya lo he dicho</a>, cuando Pol&iacute;n se prendi&oacute; un pucho a m&iacute; se me encendi&oacute; un mundo).&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Leonardo Favio                            </span>
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        II. <em>Cr&oacute;nica de un ni&ntilde;o solo</em>, este comienzo, es su &ldquo;ficci&oacute;n de origen&rdquo; &ndash;como C&aacute;ndido L&oacute;pez, Eva Per&oacute;n, Diego Maradona: la primera escritura es la vida&ndash;; literalmente, Fuad Jorge Jury cre&oacute; a Leonardo Favio. Su Luj&aacute;n de Cuyo natal, la orfandad, el sol paralizante y hermoso de Mendoza &ndash;esa tierra de grandeza&ndash;, el mundo colado para agarrar la m&aacute;s humana de las pasiones: la soledad. Pero la tentaci&oacute;n de leer <em>Cr&oacute;nica de un ni&ntilde;o solo</em> como <em>solo </em>una ficci&oacute;n de origen lleva al callej&oacute;n de unir (o separar, que es m&aacute;s o menos lo mismo) <em>la obra del artista</em>. Cuando en Favio se trata de separar a <em>la obra de la obra</em>. Leonardo Favio, varias obras a la vez: el cineasta sofisticado (&ldquo;Dar&iacute;a diez a&ntilde;os de vida por filmar un plano como los de Leonardo Favio&rdquo;, dicen que dijo Pier Paolo Pasolini luego de ver una de sus pel&iacute;culas en el Festival de Mar del Plata, que en la edici&oacute;n de este a&ntilde;o homenajea el aniversario), el cantor popular, el hombre p&uacute;blico peronista, el gal&aacute;n, el portador de los ic&oacute;nicos pa&ntilde;uelos en la cabeza (Favio parece salido de las pel&iacute;culas de Favio). &iquest;Qui&eacute;n soy? Una, dos, tres&hellip; mil obras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        III. Arcaico e innovador, provinciano sin &ldquo;aduana&rdquo; en la ciudad, los sesenta est&aacute;n en los films <em>El romance del Aniceto y la Francisca</em> y <em>El dependiente</em>. Con el retorno al poder del peronismo, Favio dirigi&oacute; sus pel&iacute;culas definitivas. En plena primavera camporista, estren&oacute;<em> Juan Moreira </em>a la que siguieron <em>Nazareno Cruz y el lobo</em> y la filmaci&oacute;n de <em>So&ntilde;ar, so&ntilde;ar</em> (que se estren&oacute; ya en dictadura). Esta serie contrasta con el cine pol&iacute;tico de esos setenta &ndash;<em>Quebracho, La Patagonia rebelde</em>&ndash;. Alejarse de la realidad para meterse en lo real. Favio fund&oacute; su parque de diversiones. &iquest;Pol&iacute;tica? Metaf&iacute;sica nacional hecha con la profundidad y la mugre del que se anima a meter la mano en una alcantarilla y sacar una bola de pelos para encontrar un anillo de oro ca&iacute;do.&nbsp;
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                Leonardo Favio                            </span>
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        IV. Favio es sadomasoquista. No es demag&oacute;gico &ndash;sus historias no son de redenci&oacute;n&ndash;, no es &ldquo;contracultural&rdquo; &ndash;no funda inversiones que sostengan aquello que se pretende &ldquo;resistir&rdquo;&ndash;. Simplemente es capaz de mostrar la belleza en el dolor. &iquest;Te duele? Pero te gusta. Y as&iacute;. Arlt le escribi&oacute; al resentimiento; Favio no: le escribi&oacute; a la devoci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V. En &ldquo;Cada piba que pase&rdquo;, publicada en Billboard, el escritor Mart&iacute;n Graziano organiza al Favio cantor (que es el Favio sub-pensado). All&iacute; Graziano recompone c&oacute;mo aprendi&oacute; guitarra, cant&oacute; en asados y salt&oacute; a las bateas en un segundo intento hasta conquistar, sobre todo, el lado oscuro del coraz&oacute;n de una generaci&oacute;n. Explica Graziano: &ldquo;En el invierno de 1969, mientras Sandro surfeaba la ola de &lsquo;Rosa, rosa&rsquo; y Favio copaba las tapas de las revistas del coraz&oacute;n, conformaron el ying y el yang del &iacute;dolo nacional y popular. Ambos constru&iacute;an una suerte de personaje, pero los resultados de sus artificios eran diferentes. Sandro ven&iacute;a del rock &amp; roll y, aunque su apuesta estaba m&aacute;s apoyada en el cuerpo, resultaba m&aacute;s distante. Si bien subyac&iacute;a de modo imperceptible en el candor de sus baladas, Favio estaba atravesado por el ethos pol&iacute;tico de la &eacute;poca. Claro que no era Serrat ni quer&iacute;a serlo: sus canciones no ten&iacute;an contrase&ntilde;a sino que estaban perladas por un anhelo total&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        VI. <em>Sin Dios todo es una mierda</em>. Favio lo dijo.
    </p><p class="article-text">
        VII. Los bosques de Ezeiza en el timbre de su voz. No hab&iacute;a lugar para Favio en los ochenta (no lo hab&iacute;a para mucho de esa Argentina popular que &eacute;l encarnaba). Su retorno a la pantalla fue con <em>Gatica, el mono</em>. Reci&eacute;n ah&iacute; encar&oacute; <em>de frente </em>al peronismo. Tarde. Despu&eacute;s, exactamente en 1999, cuando Menem termin&oacute; su presidencia culmin&oacute; esa obra monumental que es <em>Per&oacute;n. Sinfon&iacute;a del sentimiento</em>. La pel&iacute;cula se realiz&oacute; por iniciativa de Duhalde (as&iacute; lo expresa su final) e iba a ser material para la campa&ntilde;a (la de 1995), pero nada de eso sucedi&oacute;. Favio es peronista pero su obra se &ldquo;salva&rdquo; &ndash;incluso de lo que se quiere hacer con lo que ella hace del peronismo&ndash; porque en ese p&eacute;ndulo infinito de si la Argentina es m&aacute;s grande que el peronismo o el peronismo es m&aacute;s grande que la Argentina&hellip; Favio es argentino hasta <em>las pelotas</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        VIII. La mejor pel&iacute;cula de Favio es <em>Gatica, el mono</em>. Por las gallinas en ese plano secuencia inicial del descenso de un tren &ndash;venimos de los barcos, venimos de los trenes de las migraciones internas&ndash; y por las gallinas cuando el boxeador filosofa sobre los huevos. La pel&iacute;cula es eso: gallinas, huevos, pelotas. Y la ternura ante dos muertes: la del perro familiar y la de Eva Per&oacute;n, cuando explota en llanto. <em>Gatica, el mono</em> est&aacute; construida sobre una superposici&oacute;n &ndash;el arco del gran boxeador, el arco del peronismo&ndash; pero leer <em>solo</em> eso es dejar afuera estos temblores que vuelven la pel&iacute;cula indigerible y, sobre todo, punzante. El cl&iacute;max.
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                Gatica, el mono de Leonardo Favio                            </span>
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        IX. Su mejor disco es el rojo <em>Favio 73</em> pero mi canci&oacute;n preferida est&aacute; en otro &aacute;lbum, del a&ntilde;o siguiente, &ldquo;Acordate de olvidarme&rdquo;. Le canta al amor y dice &ldquo;una bala me espera en cualquier sitio&rdquo;. Si <em>Los setenta de la gente com&uacute;n </em>de Carassai fueran una playlist empezar&iacute;an con esta canci&oacute;n. Si Sergio Denis &ndash;que tambi&eacute;n le cant&oacute; a la violencia&ndash; es lo que escuchaban quienes no militaban (el prejuicio &ldquo;mersa&rdquo; ante los nuevaoleros para el chico rubio del Gran Buenos Aires, mientras Palito Ortega representaba <em>el </em>chico del interior), Favio es el baladista que nos puede a todas, a todos. &iquest;Qui&eacute;n se puede enamorar sin pasar por &eacute;l?
    </p><p class="article-text">
        X. Un pie en &ldquo;P&aacute;gina 12&rdquo; y un pie en &ldquo;Cr&oacute;nica&rdquo;, ideolog&iacute;a y crimen. Favio fue cantor pero tuvo o&iacute;do absoluto. De Favio se puede decir: combina lo culto y lo popular. Y es una buena hip&oacute;tesis. Pero es eso, una hip&oacute;tesis letrada, modernista, que deja afuera lo m&aacute;s importante: la sangre que le corre es mestiza y esa divisi&oacute;n de lo que queda en un lado y en el otro es una operaci&oacute;n de disecci&oacute;n que no le hace total justicia. Sus ficciones &ndash;y &eacute;l es su propia ficci&oacute;n, borgeano, un &ldquo;artista&rdquo;&ndash; es inescindible. Favio va, como poqu&iacute;simos, a la misa de los m&eacute;diums: si te lo pon&eacute;s a explicar (a desmigajar) lo romp&eacute;s. <em>&ldquo;Yo nunca me met&iacute; en la modernidad, siempre fui vanguardista&rdquo;. </em>Diez a&ntilde;os sin sus pases de magia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/diez-maximas-leonardo-favio-diez-anos-muerte_129_9684674.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Nov 2022 03:20:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diez máximas sobre Leonardo Favio a diez años de su muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Leonardo Favio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La familia, esa canción animal en el día de la madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/familia-cancion-animal-dia-madre_129_9627108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/caccf327-9964-43ae-b7e5-8c9218420041_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La familia, esa canción animal en el día de la madre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la foto de la celebración del día de la madre no entran las niñeras, las amantes, las maestras, las abuelas, otras mujeres, otros amores. El nervio de una familia es la madre, pero ¿qué es una familia?, se pregunta Florencia Angiletta y responde: el lugar donde se abre la heladera sin preguntar antes.</p></div><p class="article-text">
        Este domingo, d&iacute;a de la madre, veremos muchas fotos, muchas postales, las de madres con sus ni&ntilde;os en polaroids a&ntilde;ejadas, algunas hasta en blanco y negro, las de familiones rodeados de ravioles o asados, las de parejas con sus peque&ntilde;os. &Eacute;sa es una verdad. Las de la maternidad: su decisi&oacute;n, su arrojo, su esfuerzo &ndash;ni hablar la sostenida durante la pandemia, mujeres haciendo malabares en departamentos de dos ambientes&ndash;. Pero esa verdad no es &uacute;nica. Muchas veces esas fotos no muestran cu&aacute;nto sostiene a la familia &ndash;no siempre, desde luego&ndash;: <strong>las ni&ntilde;eras, las amantes, las maestras, las abuelas, otras mujeres, otros amores.</strong> Ninguna crianza entra en una foto. Es m&aacute;s bien una pel&iacute;cula, una trama, donde el recorte de lo familiar &ndash;el chin chin, la celebraci&oacute;n, la sonrisa para la ocasi&oacute;n&ndash; tambi&eacute;n se hace de pasado, de futuro, de oscilaciones, de dudas, de otras familias. &ldquo;Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera&rdquo;, escribi&oacute; Tolstoi al comienzo <em>de Ana Karenina</em>. Pero no escribo sobre esa sentencia. Escribo para todo lo que en ese d&iacute;a no entra en la foto. <strong>Todas las familias se fundan sobre un agujero negro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Violeta Gorodischer explora la &ldquo;decisi&oacute;n de maternar hoy&rdquo; y despliega distintos interrogantes en el reci&eacute;n publicado <em>Desmadres</em>: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; hoy la lactancia se impone en la construcci&oacute;n de la buena madre, continuando la l&iacute;nea ideol&oacute;gica que impuso el aparato estatal a principios del siglo XX? &iquest;El llamado &rdquo;parto respetado&ldquo; es un esnobismo o un real ejercicio de autonom&iacute;a? &iquest;Cu&aacute;l es la verdadera pugna de poderes que deber&iacute;amos estar mirando? &iquest;Qu&eacute; hace que el duelo gestacional sea tan silenciado por el sistema m&eacute;dico y aun por el entono m&aacute;s cercano?&rdquo; Y contin&uacute;an las preguntas: &ldquo;&iquest;A qu&eacute; nos enfrenta la imposibilidad de gestar un hijo y que dilemas &eacute;ticos plantea el avance de la ciencia? &iquest;En qu&eacute; momento los cuidados se transformaron en un asunto de agenda p&uacute;blica? &iquest;Cu&aacute;n libre es la decisi&oacute;n de no maternar?&rdquo;.<em> Desmadres</em> incluye un &uacute;ltimo cap&iacute;tulo en torno al porqu&eacute; no y despliega las sutilezas que cuajan &ndash;desarticulan, complejizan&ndash; la polarizaci&oacute;n maternidad deseada y no deseada. &ldquo;La maternidad ser&aacute; deseada o no ser&aacute;&rdquo;: &iquest;c&oacute;mo se llaman quienes no pueden &ndash;o no pueden a&uacute;n&ndash; cumplir con su deseo?
    </p><p class="article-text">
        Un poema de Sharon Olds, &ldquo;Meeting a Stranger&rdquo;, dice: &ldquo;Cuando te conozco no somos solo dos personas que se conocen / Tu madre est&aacute; aqu&iacute; y tu padre est&aacute; aqu&iacute; / y mi padre y mi madre&rdquo;. La traducci&oacute;n es caprichosa y deliberada. Subrayo en el poema &ldquo;culpa&rdquo;, &ldquo;verg&uuml;enza&rdquo;, &ldquo;aliento&rdquo;, &ldquo;compromiso&rdquo;, &ldquo;riesgo&rdquo;. Los nudos familiares, los nudos maternos. Muchas veces &ndash;y quiz&aacute; no falten notas este d&iacute;a que lo enfaticen&ndash; a las familias se las pretende conocerlas. Como si las familias tambi&eacute;n pudieran venir con etiquetado frontal: &ldquo;ensambladas&rdquo;, &ldquo;alternativas&rdquo;, &ldquo;modernas&rdquo;. Recuerdo que en ocasi&oacute;n de la sanci&oacute;n de la ley de matrimonio igualitario una de las discusiones era por el uso o no de &ldquo;matrimonio&rdquo;. Adjetivar las familias &ndash;m&aacute;s all&aacute; de la mostraci&oacute;n de los distintos &oacute;rdenes familiares y de sus transformaciones en el tiempo, como estudia entre otras Isabella Cosse&ndash; mantiene la restricci&oacute;n de la expectativa de lo familiar. Del n&uacute;cleo duro de la familia. &iquest;Qu&eacute; es una familia? &iquest;D&oacute;nde empieza, d&oacute;nde termina? No entra en ninguna foto, no entra en ning&uacute;n adjetivo. <em>Todas las familias que se conocen se parecen unas a otras, pero cada familia que se desconoce lo hace a su manera.</em>
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-familia_132_9189940.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Notas sobre la familia</em></a>, Alexandra Kohan escribi&oacute;: &ldquo;Separarse de la familia &ndash;que no es pelearse, ni no hablarse m&aacute;s&ndash; no es nada sencillo. Muchas veces s&oacute;lo se puede hacer de un solo lado, es decir: forzando esa separaci&oacute;n aunque del otro lado vengan los reclamos. Entiendo que a muchos les es m&aacute;s sencillo hacerlo alej&aacute;ndose geogr&aacute;ficamente, porque hay casos en los que la cercan&iacute;a impide demasiado. Pero quiz&aacute;s sea de este otro modo: la familia nunca habilita esa separaci&oacute;n, es m&aacute;s bien la separaci&oacute;n la que habilita que a uno la familia ya no le pese, ya no lo agobie. No es que cesen los reclamos, sino que uno deja de escucharlos; uno deja de constituirse en ese mismo lugar de siempre, uno empieza a ser otro. Y, a su vez, deja de convocar a la familia en el mismo lugar de siempre&rdquo;. Y luego: &ldquo;Porque si de algo estoy segura, es de que fue el an&aacute;lisis el que me posibilit&oacute; hacer una vida m&aacute;s all&aacute; del destino familiar. Fue el an&aacute;lisis el que me hizo desviarme del lugar familiar en el que se me esperaba. En un an&aacute;lisis acaso se trate de desfamiliarizar, no de no tener familia. Se trata de que el ejercicio anal&iacute;tico disipe un poco el cielo feroz, sombr&iacute;o y opaco de las tormentas familiares&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El nervio de una casa es la cocina. El nervio de una familia es la madre.</strong> &iquest;Qu&eacute; es una familia? Este a&ntilde;o me mostr&oacute; una respuesta m&aacute;s: el lugar donde se abre la heladera sin preguntar antes. No me refiero a la intrepidez &ndash;o hasta la desubicaci&oacute;n&ndash;. Me refiero a las condiciones de posibilidad de abrir esas puertas blancas sin anuncio. Las cocinas de las casas tienen muchas sucursales. Y cambian. Para m&iacute; la heladera de mi casa tambi&eacute;n est&aacute; en Pu&aacute;n 480. La familia es un g&eacute;nero, leerla solo como policial es leer nada m&aacute;s que las huellas del &ldquo;fracaso&rdquo; o del &ldquo;&eacute;xito&rdquo;, o como si fuera una &ldquo;sortija&rdquo; que &ldquo;toca&rdquo;. Prefiero quedarme con las canciones, con la familia como la m&aacute;s animal de las canciones. Est&aacute;n quienes dan portazos, est&aacute;n quienes se quedan a cualquier costo, pero si hay un solo adjetivo que elegir&iacute;a para lo familiar es &ldquo;mestizo&rdquo;. Romper desde adentro. Bancarse la pelusa &ndash;y c&oacute;mo va cambiando la pelusa&ndash;. Lo m&aacute;s animal es ser mestizo. All&iacute; quiz&aacute; haya un riesgo: ni irse ni quedarse, y hacer algo con eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nac&iacute; el 20 de diciembre del a&ntilde;o 2001 a las 19:52. Mi partida de nacimiento indica que soy argentina, pero lo cierto, lo exacto, es que nac&iacute; en territorio ucraniano. La diferencia horaria entre Argentina y Ucrania es de +6 horas y la distancia entre Buenos Aires y Kiev es, seg&uacute;n Google, de 12.816 kil&oacute;metros. Con esto quiero decir que no nac&iacute; en el momento preciso en el que el Sikorsky S76B de fabricaci&oacute;n estadounidense y 3,5 toneladas de peso hac&iacute;a equilibrio a cent&iacute;metros del techo del viejo edificio rosado con el objetivo de no da&ntilde;ar su estructura. Lo que quiero decir es que respir&eacute; por primera vez el aire de este mundo cuando el mayor Claudio Zanlongo y el vicecomodoro Juan Carlos Zarza recibieron el llamado del jefe de operaciones de helic&oacute;pteros. [&hellip;] Entonces nac&iacute; a las 13:52 hora argentina, seis horas antes de que Fernando de la R&uacute;a se subiera a ese vientre de metal para surcar el aire de la naci&oacute;n hacia algo m&aacute;s que la deshonra. Pes&eacute; 2,900 kilos. Se hubieran necesitado m&aacute;s de doce mil beb&eacute;s como yo para alcanzar el peso de aquel Sikorsky. En esto no hay diferencias con Ucrania ni con ning&uacute;n otro pa&iacute;s: un kilo de beb&eacute; es un kilo de helic&oacute;ptero. Los n&uacute;meros no mienten. Las palabras, s&iacute;&rdquo;. As&iacute; comienza <em>El cuerpo es quien recuerda</em>, de Paula Puebla, novela que a trav&eacute;s de las voces de Nadija, Rita y Victoria productiviza uno de los desaf&iacute;os de la &eacute;poca: c&oacute;mo venimos al mundo. Puebla &ndash;el mismo a&ntilde;o de la guerra en Ucrania, de las notas sobre estos beb&eacute;s por nacer&ndash; pone el ojo cl&iacute;nico y agudo en una ficci&oacute;n que explora otra parte de la canci&oacute;n que a veces nos cuesta mirar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El poeta Francisco Madariaga escribi&oacute; &ldquo;ese tambor de sangre es tu pa&iacute;s&rdquo;. Familias argentinas y tambores de sangre. Leer la imbricaci&oacute;n entre lo familiar y lo pol&iacute;tico &ndash;como en el extraordinario <em>Familias p&oacute;stumas</em>, de Marcos Zangrandi&ndash; es tambi&eacute;n parte de aquello que llamamos &ldquo;familiar&rdquo;. Feliz d&iacute;a a todas las madres, a todas las que maternan, a todas las que buscan, a todas las que lidian con las mil formas del deseo y, sobre todo, feliz d&iacute;a a lo que hacemos con lo que las puertas de esas heladeras hicieron de nosotros. La familia da trabajo, y da capital. Estas palabras no son una diatriba contra el estatus de las fotos del d&iacute;a de la madre. Son, apenas, poner otro foco: el que muestra, quiz&aacute;, la luz blanquecina cuando se abre la heladera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/familia-cancion-animal-dia-madre_129_9627108.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Oct 2022 03:02:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,Maternidad,Familia,Día de la Madre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los poemas de una abuela ucraniana y peronista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/poemas-abuela-ucraniana-peronista_129_8824197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8fb056c4-2449-4d4d-ad75-5159a1cfcc20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los poemas de una abuela ucraniana y peronista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 8 de marzo se cumplieron 20 años de la muerte de la escritora Julia Prilutzky Farny. Una historia que cruza la guerra en Ucrania, el Día Internacional de la Mujer, la pregunta por la unión del peronismo, el aniversario de la telenovela más exitosa: “Rolando Rivas, taxista”.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Toda la vida dentro de la piel [&hellip;] / &Eacute;sta es la vida, la maravillosa / rodeada de muertes [&hellip;] / en la madera con olor a duendes / del arc&oacute;n familiar, y en el derrumbe / que se adivina bajo la creciente.&rdquo; Estos versos de <strong>Julia Prilutzky Farny</strong> van al hueso de las cosas: qu&eacute; es una vida. Y, justamente, contar su vida es abrir esta pregunta. Como si se tratara de una l&iacute;nea o una escuadra por la que pasan varias diagonales. Como si agarrar la historia de Prilutzky Farny fuera tomar una mol&eacute;cula en la que se cruzan la guerra en Ucrania, el D&iacute;a Internacional de la Mujer, la pregunta por la uni&oacute;n del peronismo, el aniversario de la telenovela m&aacute;s exitosa <strong>&ldquo;Rolando Rivas, taxista</strong>&rdquo;. <em>Una vida es una vida es una vida. </em>(Como a su modo enuncia el precioso texto del fil&oacute;sofo franc&eacute;s Gilles Deleuze, &ldquo;La inmanencia: una vida&rdquo;, compilado por Gabriel Giorgi y Ferm&iacute;n Rodr&iacute;guez en <em>Excesos de vida.</em>)&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La telenovela &quot;Rolando Rivas, taxista&quot;                            </span>
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        &iquest;C&oacute;mo se narra una vida? Este 8 de marzo, <strong>D&iacute;a Internacional de la Mujer,</strong> se cumplen veinte a&ntilde;os de la muerte de Julia Prilutzky Farny. Ella nace en Kiev, Ucrania, en 1912. Su lengua est&aacute; hecha de los retazos del ruso, del juda&iacute;smo que le inculcan sus padres, de los varios idiomas que aprende despu&eacute;s. Su infancia transcurre en Espa&ntilde;a y luego la familia llega a la Argentina. Padre ingeniero, madre m&eacute;dica (y fundadora del Centro socialista femenino en Buenos Aires); es ahijada del referente socialista<strong> Alfredo Palacios</strong> y frecuentada por<strong> Miguel de Unamuno</strong>. En los a&ntilde;os treinta &ndash;cuando la Argentina est&aacute; tan atravesada por la difusi&oacute;n de ideas anarquistas y socialistas, como por el giro conservador del fraude&ndash; Prilutzky Farny da sus primeros pasos como poeta. Antes tiene una importante formaci&oacute;n tocando el piano y cursa materias de Derecho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que publica es una serie de notas para el diario <em>La Naci&oacute;n</em> sobre &ldquo;lo&rdquo; ruso; y as&iacute; tambi&eacute;n arranca su poes&iacute;a, en 1936, con la publicaci&oacute;n de <em>T&iacute;teres imperiales</em>. Colabora en <em>El Hogar</em>, <em>El Mundo</em>, <em>Para Ti</em>. Llega a entrevistar a Roosevelt y al papa Paulo VI, es fundadora del grupo Veinte Poemas J&oacute;venes y escribe la obra de teatro <em>La leyenda de Pierrot</em>. En 1937 funda y dirige <em>V&eacute;rtice</em>, a la que nombra como &ldquo;la primera revista literaria argentina con forma de libro&rdquo;. Es, a su modo, una intensa gestora cultural: dos a&ntilde;os despu&eacute;s, a partir de las publicaciones en <em>V&eacute;rtice</em>, compila la <em>Antolog&iacute;a de cuentistas rioplatenses</em>. En 1941 recibe el Premio Municipal de Poes&iacute;a por <em>Intervalo</em>. Se casa con Antonio Zinny y tienen dos hijas. Ante el ascenso del GOU, durante parte de los a&ntilde;os cuarenta vive y trabaja como periodista en Per&uacute;. En 1948 regresa a la Argentina (como muchos y muchas de los adherentes intelectuales al peronismo sobre los que escribe Ferm&iacute;n Ch&aacute;vez) y trabaja como asesora literaria en la Direcci&oacute;n de Cultura Sanitaria del Ministerio de Salud y da clases en la Escuela Normal de Quilmes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1949, apenas a&ntilde;os despu&eacute;s de la sanci&oacute;n del voto femenino y de que Borges publica el cuento &ldquo;Emma Zunz&rdquo; sobre la vida de una trabajadora, Prilutzky Farny escribe <em>La patria</em>. Habla de la &ldquo;tierra sagrada&rdquo; y escribe: &ldquo;Se nace en cualquier parte. Es el misterio, / &ndash;es el primer misterio inapelable&ndash; / pero se ama una tierra como propia / y se quiere volver a sus entra&ntilde;as. / [&hellip;] Donde se quiere arar. Y dar un hijo. / Y se quiere morir, est&aacute; la patria&rdquo;. Prilutzky Farny es una mujer de caf&eacute; y parte clave de la Pe&ntilde;a del Tortoni (el caf&eacute; m&aacute;s antiguo de Buenos Aires), despu&eacute;s de &ldquo;La orden del tornillo&rdquo; (&ldquo;lo que le falta a quien, a pesar de haber llegado al arte, la pol&iacute;tica o las letras es capaz de seguir so&ntilde;ando&rdquo; &ndash;como dice, mon&iacute;sima y magn&eacute;tica, en el <a href="https://www.archivorta.com.ar/asset/decadas-capitulo-1940-la-vida-continua-tercera-parte-20-03-1986/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">minuto 43</a> de este archivo). Y comenzados los cincuenta es de las mujeres &ndash;junto a la hist&oacute;rica Mar&iacute;a Granata&ndash; que participa de la pe&ntilde;a &ldquo;Eva Per&oacute;n&rdquo; que se realiza los viernes por la noche en El hogar de la empleada, en Avenida de Mayo, cuando peronismo y bonhom&iacute;a se sientan uno al lado del otro animados por el cafet&iacute;n y las copas, y entre los que circulan Jos&eacute; Mar&iacute;a Casti&ntilde;eira de Dios, Ferm&iacute;n Ch&aacute;vez, Claudio Martinez Paiva. (Los<em> Poemas de la Pe&ntilde;a de Eva Per&oacute;n </em>han sido editados por Cristina &Aacute;lvarez Rodr&iacute;guez y publicados por el Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas Eva Per&oacute;n). 
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            </figure><p class="article-text">
        El famoso poema de Prilutzky Farny &ldquo;Canci&oacute;n para las madres de mi tierra&rdquo; (&ldquo;del ardiente ta&ntilde;ir que no abandona, / del rescoldo escondido en la ceniza, / del acento que marca y que perdona: / voz que m&aacute;s hiere mientras cicatriza&rdquo;) es publicado en el aniversario del fallecimiento de<strong> Eva Per&oacute;n</strong> en el diario <em>La prensa</em> y el poema &ldquo;Oraci&oacute;n&rdquo; es le&iacute;do en un acto multitudinario en 1954. A Prilutzky Farny tras el golpe la sacan de juego, incluso por su activa militancia en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), y llega a recibir versos sat&iacute;ricos (&ldquo;Hubo una vez una do&ntilde;a / con may&uacute;scula y con ro&ntilde;a: / hac&iacute;a versos y panfletos / al gobierno peronista&rdquo;). En la mayor&iacute;a de las recopilaciones de las d&eacute;cadas posteriores no aparece mencionada.
    </p><p class="article-text">
        Julia Prilutzky Farny tiene el siglo XX en la piel. Es amiga de Alfonsina Storni, de Eva Per&oacute;n, de Benito Quinquela Martin (de quien escribe una biograf&iacute;a: <em>Quinquela Mart&iacute;n, el hombre que invent&oacute; un puerto</em>). Como si entre los tres se trazara un mapa de la ni&ntilde;ez, el arrojo y la aventura. La de ella que cruza el Atl&aacute;ntico, la de Storni que cruza la ciudad, la de Per&oacute;n que cruza la pol&iacute;tica cuando ninguna primera dama lo hab&iacute;a hecho as&iacute;, la de Quinquela Martin que pinta un puerto cuando se estaba volviendo un mundo. Entre los libros de Prilutzky Farny se encuentran <em>Viaje sin partida</em> (1939), <em>Intervalo</em> (1940), <em>No es el amor</em> (1967), <em>Hombre oscuro</em> (1968), <em>Como decir de pronto</em> (1997). Pero su libro m&aacute;s conocido es <em>Antolog&iacute;a del amor</em> (1972), que recopila sus poemarios entre 1939 y 1967. Ah&iacute;, en ese umbral entre una &eacute;poca de tradici&oacute;n y modernidad (al fundir entre canciones y balas las cosas), Prilutzky Farny se vuelve un <em>best-seller</em> cuando sus versos aparecen en la boca de Pablo, uno de los protagonistas de la exitosa novela de Alberto Migr&eacute; &ldquo;Pablo en nuestra piel&rdquo; (hace pocos d&iacute;as se cumpli&oacute; un aniversario de su novela m&aacute;s famosa, &ldquo;Rolando Rivas&rdquo;). Llega a vender casi 200 mil ejemplares, cifra que la acerca al <em>Mart&iacute;n Fierro</em>. Varios de los poemas son hechos canciones como <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ORxVJAzONCk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Un d&iacute;a te querr&eacute;&rdquo;</a>, zamba musicalizada por C&eacute;sar Isella.
    </p><p class="article-text">
        Prilutzky Farny, con todas las efem&eacute;rides encima, fallece el D&iacute;a Internacional de la Mujer. Alguna vez dijo Lenin que el pasado no deja de cambiar. Digamos: no porque el pasado sea &ldquo;relativo&rdquo; o porque siempre est&eacute; &ldquo;cerrado&rdquo; sino, m&aacute;s bien, porque cada vez que se funda una conversaci&oacute;n, que se marca la cancha de los t&eacute;rminos de una conversaci&oacute;n, el pasado cambia. (Como, con cada historia de amor, qui&eacute;n es tu madre y tu padre son distintos). Quiz&aacute;s el siglo XX sea el &uacute;ltimo momento de fundar una conversaci&oacute;n, porque sea la &uacute;ltima vez que esa conversaci&oacute;n se haga sin subt&iacute;tulos. Aunque toda generaci&oacute;n se levanta y piensa &ldquo;ya pas&oacute;&rdquo;, &ldquo;me la perd&iacute;&rdquo;, Julia Prilutzky Farny es una mujer fuera de serie, una &eacute;poca y un espacio, trabajadora, quien toma la palabra p&uacute;blica y se la da a los peri&oacute;dicos, a la poes&iacute;a, al peronismo, a una novela de Migr&eacute;, al amor. Es tambi&eacute;n una abuela ucraniana. Muere veinte a&ntilde;os antes de que esa tierra en la que naci&oacute;, y a la que le escribi&oacute; en esa ausencia, retorne como un fantasma de una Europa que ella trajo en sangre y que ahora es eso espeso que vemos cuando decimos: guerra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/poemas-abuela-ucraniana-peronista_129_8824197.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Mar 2022 04:42:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los poemas de una abuela ucraniana y peronista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Julia Prilutzky Farny,Eva Perón,Rolando Rivas, taxista,Poesía,Guerra en Ucrania]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las señoritas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/senoritas_129_8784561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3624d953-e651-4d3f-9771-2a789e80c0d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las señoritas"></p><p class="article-text">
        En <em>La m&aacute;quina cultural</em>, Beatriz Sarlo describe mediante una escena de escuela la trayectoria de Rosa del R&iacute;o, a comienzos del siglo XX: cose en la familia, toma el tranv&iacute;a, estudia para maestra becada, llega a directora de escuela. El texto dice &ndash;trae&ndash; su voz, su tono, en palabras hermosas como &ldquo;salvajes&rdquo;, &ldquo;parrandas&rdquo;, &ldquo;copetudas&rdquo;. Es la historia de una <em>oveja blanca</em>. Eso es el magisterio en la Argentina: la posibilidad de integraci&oacute;n, de ascenso, una zona de promesas. Un d&iacute;a ten&eacute;s una prima copetuda que te mira por encima del hombro, un d&iacute;a sos directora de escuela y te pag&aacute;s el viaje a Europa. La Argentina igualitaria de las cosas. La Argentina igualitaria cuando se puede tocar. Del R&iacute;o es la madre de la propia Sarlo. &ldquo;Yo siempre fui una maestra muy moderna&rdquo;; &ldquo;los libros de la escuela eran lo &uacute;nico que me sacaba del barrio y me hac&iacute;a pensar que hab&iacute;a otro mundo&rdquo;; &ldquo;a m&iacute;, por supuesto, ni se me pasaba por la cabeza morirme tuberculosa&rdquo;. Sarlo lee cierta lecci&oacute;n de anatom&iacute;a estatal (escolar) a partir de dos ideas fuerza que hilan la audacia (y el autoritarismo) de Del R&iacute;o, enhebradas en los cuerpos mismos de los/as estudiantes: las &ldquo;cabezas rapadas&rdquo; (para evitar la propagaci&oacute;n de piojos) y las cintas azules y blancas (para celebrar fecha patria). As&iacute;, Sarlo se desliza entre la cr&iacute;tica literaria y la cr&iacute;tica cultural: lee una escena &ndash;llam&eacute;mosla etnogr&aacute;fica&ndash; con los modos de leer de la literatura. Con el inicio de clases en CABA y en Mendoza, y la proximidad del comienzo en el resto del pa&iacute;s, las redes sociales se vienen llenando de fotos de escuelas: chicos y chicas en guardapolvo, o en uniformes privados, que lucen &uacute;tiles y mochilas, en patios coloniales o bajo modestos tinglados. All&iacute;, entre esas im&aacute;genes, muchas veces casi de refil&oacute;n en una historia de Instagram, puede v&eacute;rselas a ellas, a las se&ntilde;oritas.&nbsp;
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                Beatriz Sarlo                            </span>
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        &ldquo;Se&ntilde;oritas&rdquo; es deliberado. La feminizaci&oacute;n de este trabajo (al que se suman cada vez m&aacute;s varones, aunque todav&iacute;a en proporcionalidad escasa) se vincula con la &ldquo;maternalizaci&oacute;n&rdquo; que estudia Marcela Nari para las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. Es decir, los modos en que los primeros trabajos de las mujeres son pensados como &ldquo;extensi&oacute;n del rol maternal&rdquo;, en tanto las imaginaciones p&uacute;blicas disponibles para dar forma a las mujeres que trabajan fuera de sus casas han sido, sobre todo, las de las maestras, las de las enfermeras y las del trabajo dom&eacute;stico (aunque las mujeres ocupen, desde luego, tambi&eacute;n tareas en f&aacute;bricas, oficinas, comercios). Esta imaginaci&oacute;n &ldquo;normalista&rdquo; es la letra de <em>La maestra normal</em> de Manuel G&aacute;lvez, en 1914. La publicaci&oacute;n de <em>Las se&ntilde;oritas</em>, de Laura Ramos, agarra esa br&uacute;jula hacia atr&aacute;s, hacia la experiencia sarmientina en el siglo XIX, e investiga el grupo de maestras que, a instancias de Sarmiento, viajan desde Estados Unidos a la Argentina. Escribe Ramos: &ldquo;Entre 1869 y 1898 el gobierno argentino contrat&oacute; a sesenta y una maestras estadounidenses &ndash;probablemente viajaron nueve m&aacute;s que no est&aacute;n registradas de modo formal&ndash; para trabajar en escuelas normales del interior del pa&iacute;s, en muchos casos para fundarlas y, en ocasiones, para ayudar a construirlas. O para defenderlas, cuando se convirtieron en fortines sitiados durante las luchas sangrientas que agitaban la regi&oacute;n&rdquo;. <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/sueno-colonizador-sarmiento-historia-maestras-importo-estados-unidos-tragedias-amores-batalla-pedagogica_1_8077157.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Entre esa madeja de historias</a>, Ramos explora &ldquo;el nexo entre la abuela inglesa de Borges y las maestras de Paran&aacute;&rdquo;, el ocultamiento de la muerte por s&iacute;filis de una de ellas y un amor fuera de serie en nuestra pampa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pensar las maestras es pensar los proyectos de naci&oacute;n, como estudian, entre otras, Graciela Morgade y Flavia Fiorucci. Desde sus instancias m&aacute;s homogeneizantes (<em>la letra con sangre entra</em>) hasta los sue&ntilde;os de la revoluci&oacute;n (muchas desaparecidas de los setenta son &iexcl;maestras!), las se&ntilde;oritas est&aacute;n en el umbral. All&iacute; donde m&aacute;s parecen disponibles para encarnar una pose conservadora (como el estereotipo de Gasalla <a href="https://www.youtube.com/watch?v=MQ4_Qia44m4&amp;ab_channel=PepeHurricane" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en Noelia</a> con el pizarr&oacute;n, la tiza, los labios muy rojos, el peinado a ruleros, la voz nasal, el gritito), pueden torcerlo para producir desv&iacute;os inesperados. Juana Manso, Sara Eccleston, Rosario Vera Pe&ntilde;aloza y las hermanas Olga y Leticia Cossettini son algunos nombres propios de estas pioneras. Despu&eacute;s, las escritoras Alfonsina Storni y Salvadora Medina Onrubia son dos maestras normales que parten de sus pueblos a Buenos Aires, a escribir otra historia (las dos son, adem&aacute;s, madres solteras). Rosa del R&iacute;o pide a su padre que quiere estudiar y tuerce su destino de costurera: &eacute;sa es la triqui&ntilde;uela de muchas, formas en que se trafican las relaciones de mujeres con los libros: la escuela. &iquest;Qu&eacute; puede pasar si las mujeres leen libros? &iexcl;Qu&eacute; puede pasar si las mujeres leen libros! (Ese cruce entre Italias, mujeres y palabras es la imaginaci&oacute;n que tambi&eacute;n rodea la narrativa de Graciela Batticuore.)
    </p><p class="article-text">
        En la escuela se aprende qu&eacute; es una clase, la pertenencia, la diferencia, las astillas y los placeres de la vida en com&uacute;n. &ldquo;Rosa del R&iacute;o es portadora de la ideolog&iacute;a escolar en todos sus matices y contradicciones&rdquo;. La escuela otorga a esas maestras dinero, lecturas, cine, amigas, confiter&iacute;as, sindicalizaci&oacute;n, pol&iacute;tica. En los sue&ntilde;os de independencia se amasa eso: jugar a <em>Juliana maestra</em>, en las variantes de ni&ntilde;era, catequista, madre, o hasta escritora. <em>Ven&iacute; que yo te ense&ntilde;o, ven&iacute; que yo te cuento</em>. &ldquo;Se&ntilde;oritas&rdquo; puede ser el nombre de una forma de ejercicio de voces propias, voces que articulan cierta relaci&oacute;n con la cultura, de la que no siempre quedan &ldquo;registros&rdquo; (a veces s&iacute;, como en la obra de Herminia Brumana).&nbsp;
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                Clase de educación física en una escuela argentina de principios del siglo XX                            </span>
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        Las maestras y su articulaci&oacute;n como trabajadoras acontece en un arco que va desde la hist&oacute;rica huelga docente en Mendoza, en 1919, hasta la conformaci&oacute;n de CTERA en 1973, donde la misma denominaci&oacute;n &ldquo;trabajadores de la educaci&oacute;n&rdquo; busca deslindar los sentidos de amor y cuidado, con los que hist&oacute;ricamente se piensa al magisterio, de su condici&oacute;n sindical vinculada a derechos laborales. Siempre en el ojo de la tormenta, con la carpa blanca en los noventa y hasta el rito fundante del kirchnerismo cuando, a pocos d&iacute;as de asumir, N&eacute;stor Kirchner viaja en persona a Entre R&iacute;os para resolver el conflicto docente. Los derechos humanos y la ESI vienen siendo dos de las luchas que atraviesan qu&eacute; es dar una clase hoy.
    </p><p class="article-text">
        La literatura argentina est&aacute; llena de maestras. <em>Juvenilia</em>, de Miguel Can&eacute;, &ldquo;La se&ntilde;orita Cora&rdquo;, de Julio Cort&aacute;zar; las institutrices en los textos de Silvina y Victoria Ocampo, las maestras en la narrativa de Manuel Puig, &ldquo;La se&ntilde;orita Estrella&rdquo;, de Juan Jos&eacute; Hern&aacute;ndez, Hebe Uhart o Mart&iacute;n Kohan. La tensi&oacute;n entre la maestra como &ldquo;reproductora&rdquo; de la cohesi&oacute;n nacional o como quien puede producir un desv&iacute;o &ldquo;de izquierda&rdquo; aparece tempranamente en 1942, en la pel&iacute;cula <em>La maestrita de los obreros</em>, dirigida por Alberto De Zaval&iacute;a, en la que se muestra la relaci&oacute;n de la docente con sus estudiantes en una escuela nocturna<em>. Jacinta Pichimahuida </em>en los sesenta inmortaliza el otro <em>dictum </em>de la maestra argentina. Esta saga tiene su contrapunto en las pel&iacute;culas protagonizadas por Luis Sandrini; por ejemplo, <em>El profesor hippie</em>, que dramatiza ese contraste de la &ldquo;joven y vieja guardia&rdquo;. En una constelaci&oacute;n no exclusivamente argentina, son muchas las ficciones que trabajan con la par&aacute;bola de la transformaci&oacute;n personal a partir de una experiencia de aprendizaje (el ejemplo t&iacute;pico es <em>La sociedad de los poetas muertos</em>, de Peter Weir). Educando al soberano. Hacer carne la experiencia de Paulo Freire. Esta fricci&oacute;n entre cultura letrada e iletrada, alfabetizaci&oacute;n y cultura popular lleva el cuerpo de la maestra al extremo en <em>La patota</em> de Daniel Tinayre, en 1960, y la <em>remake</em> hom&oacute;nima de Santiago Mitre, en 2015.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Cabezas rapadas y cintas argentinas</strong></h3><p class="article-text">
        Frente al ocaso o la fragilidad de otras instituciones (el barrio, el caf&eacute;, el mismo diario), quiz&aacute; el mayor resto del siglo XX sea la escuela. Si no sab&eacute;s de qu&eacute; se trata la Argentina, vas a un acto de un colegio y te enter&aacute;s. Las escol&aacute;sticas de las escuelas guardan los secretos del pa&iacute;s. Dentro de cien a&ntilde;os veremos un zoom de primer grado y diremos estos son los subt&iacute;tulos negros de la pandemia. Las maestras nos ense&ntilde;an las guerras, tambi&eacute;n. Cuando a un amigo le coment&eacute; que estaba por escribir esta columna, me dijo: &ldquo;La escuela es m&aacute;s organizadora de la familia que la propia familia&rdquo;. Casi que vamos a la escuela para fundar una familia, para tener horarios o rutinas. La sensaci&oacute;n de que empieza el a&ntilde;o atada al comienzo escolar. La pandemia enred&oacute; esta posibilidad y abri&oacute; desaf&iacute;os in&eacute;ditos con la virtualidad. Alfabetizar por computadora, dar clase con los hijos al lado. Quiz&aacute; uno de los espacios m&aacute;s resentidos, tras estos dos a&ntilde;os, sea el de la educaci&oacute;n inicial y primaria. Porque la escuela es esa fantas&iacute;a de que dos chicos o chicas &ndash;el hijo del portero y la hija del m&eacute;dico&ndash; se sienten uno al lado del otro. El guardapolvo blanco simboliza esa fantas&iacute;a de igualdad. Y la maestra siempre est&aacute; ah&iacute;, para darle resguardo a que alguien pueda tomar la leche con unas galletitas que en su casa no compran. Las se&ntilde;oritas son ese umbral entre sociedad y Estado, entre norma y desv&iacute;o, entre pasado y futuro, entre tradici&oacute;n y novedad, entre la casa y la plaza. Son m&eacute;diums. Todos fuimos a la escuela. Todos recordamos el nombre de alguna maestra. Una se&ntilde;orita que nos mir&oacute;, nos cambi&oacute; la mirada, nos abri&oacute; un mundo, nos dijo algo sobre nuestra familia que nos llam&oacute; la atenci&oacute;n, nos vio llorar, nos dio un beso, nos hizo. Pueden haber pasado d&eacute;cadas pero podemos recordar un olor, una prenda de ropa, un prendedor, una forma de escribir la cursiva, un sue&ntilde;o, un rencor. Llevamos encima la memoria de esas maestras. El a&ntilde;o empieza cuando las se&ntilde;oritas llegan a la escuela. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/senoritas_129_8784561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Feb 2022 04:40:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las señoritas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maestras,Clases,Vuelta a clases,Beatriz Sarlo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Almodóvar, la ley del deseo y el día del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/almodovar-ley-deseo-dia-amor_129_8740776.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b24e8b92-364f-45ab-a520-e7aa44deee7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Almodóvar, la ley del deseo y el día del amor"></p><p class="article-text">
        Almod&oacute;var ha creado un <em>estilo</em>. Estilo es que, con tan s&oacute;lo ver un living, un fotograma, la gr&aacute;fica de una pel&iacute;cula, la tipograf&iacute;a de los t&iacute;tulos o escuchar una canci&oacute;n pueda decirse al instante: &ldquo;esto es Almod&oacute;var&rdquo;. <strong>Cre&oacute; un mundo y ahora el mundo se puso almodovariano. </strong>Quiz&aacute;s por eso Netflix, la plataforma &iacute;cono del <em>streaming</em>, haya adquirido los derechos de su &uacute;ltima pel&iacute;cula, <em>Madres paralelas</em>, que podr&aacute; verse desde el 18 de febrero y, para calentar la espera, ha subido once de sus pel&iacute;culas. Estamos en las puertas de su a&ntilde;o. <strong>Eso habla de este director pero de algo m&aacute;s: hoy mucho se juega en si te queda a tono o no la sensibilidad de un tiempo.</strong> De &eacute;l podr&iacute;amos decir r&aacute;pidamente que s&iacute;, que con comodidad. Pero en ese estar al borde de convertirse en el museo de s&iacute; mismo aparecen torsiones, desv&iacute;os, matices. Una <em>ley del deseo</em> adentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Nace en 1949 en Calzada de Calatrava y de adolescente llega a Madrid, donde trabaja en una empresa de telefon&iacute;a por una d&eacute;cada. Escribe, est&aacute; vinculado al teatro, a la m&uacute;sica y a la pl&aacute;stica. Pero sobre todo est&aacute; enchufado a las venas subterr&aacute;neas de esa Espa&ntilde;a que, tras la dictadura de Franco (1936-1975), asiste a lo que ha sido nombrado como &ldquo;el destape&rdquo;. Aunque &ldquo;destape&rdquo; sea un modo de circunscribir y controlar un fen&oacute;meno de desborde, de fiesta, de drogas, de noches, de estridencias. Un juego: elegir cualquier pel&iacute;cula de Almod&oacute;var de los ochenta, al azar, y calcular cu&aacute;nto tiempo demora en verse un culo desnudo. Probablemente no sean m&aacute;s de cinco minutos. Eso que muchas veces se demora o se especula (sobre todo los primeros planos de varones, y no de mujeres), en sus pel&iacute;culas son el lugar desde donde partir. En su destape los tipos tambi&eacute;n est&aacute;n en pelotas. Y no faltan travestis, transexuales, historias de transici&oacute;n entre sexos. Desde Carmen Maura en <em>La ley del deseo</em> &ndash;como la hermana del protagonista que ha cambiado su sexo&ndash;, pasando por el personaje de Miguel Bos&eacute; en <em>Tacones lejanos</em> &ndash;que interpreta a un juez que por las noches se convierte en <em>drag-queen</em>&ndash; hasta <em>Todo sobre mi madre</em> &ndash;en la que Lola cambia su sexo tras haber sido padre&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Almod&oacute;var lo hizo todo antes de que estuviera de moda y ahora est&aacute; de moda Almod&oacute;var. </strong>Pero a un clic est&aacute;n esas pel&iacute;culas lis&eacute;rgicas, como <em>&iquest;Qu&eacute; he hecho yo para merecer esto?</em>, en la que Carmen Maura interpreta a una ama de casa que vive entre la frustraci&oacute;n de su marido taxista, dos hijos ligados a la droga y una suegra que detr&aacute;s de unos anteojos de marcos grand&iacute;simos vive comiendo magdalenas. No hay decorado elegante ni vestuario <em>vintage</em>. Es una Espa&ntilde;a rasante atravesada por la <em>mishiadura </em>econ&oacute;mica. El personaje de Carmen Maura busca plata en la billetera de su marido y, cuando no la encuentra, toma m&aacute;s trabajo como empleada dom&eacute;stica. Mientras, la vecina (una deliciosa Ver&oacute;nica Forqu&eacute;) se gana la vida como prostituta. Esta acidez casi al borde de la cirrosis, con planos oscuros, con ese humor atragantado ante familias rotas por la falta de guita, es tambi&eacute;n la Espa&ntilde;a que queda cuando tiene que arregl&aacute;rselas con la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La ley del deseo</em> primero, y <em>Tacones lejanos</em> despu&eacute;s, dinamizan ese Almod&oacute;var de los noventa, consagrado por los festivales europeos y por Hollywood. Esa reescritura del melodrama pasado por el embudo del final del siglo XX, con el <em>kitsch </em>y el <em>camp</em>. Esas historias adictivas que se mantienen sobre un n&uacute;cleo que sigue siendo indigerible: el deseo (que de hecho es el nombre de su productora). <strong>Sus pel&iacute;culas son literatura del deseo. Jam&aacute;s como elecci&oacute;n, goce o narcisismo, sino como algo resbaladizo, juguet&oacute;n.</strong> En el libro <em>Conversaciones</em>, Almod&oacute;var dice: &ldquo;Mi objetivo no es transgredir, pues la transgresi&oacute;n implica un respeto y una consideraci&oacute;n hacia la ley que yo no tengo. Por eso mis pel&iacute;culas nunca han sido antifranquistas, porque no reconozco en ellas la existencia de Franco. La transgresi&oacute;n es un t&eacute;rmino moral: ahora bien, mi intenci&oacute;n no es infringir una norma cualquiera, sino solamente conseguir que se impongan mis personajes y su comportamiento. Es uno de los poderes y tambi&eacute;n uno de los derechos del cineasta&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pocos d&iacute;as de la celebraci&oacute;n del d&iacute;a de las y los enamorados (un asterisco: en ese enojo c&iacute;nico de quienes rechazan el festejo por cursi o comercial cruje no poder sacarse de encima la fecha; la &uacute;nica verdad es la indiferencia) Almod&oacute;var vuelve sobre el amor, porque no hay amor que no sea cursi. O al rev&eacute;s: <strong>para que haya amor, se salta al vac&iacute;o de la cursiler&iacute;a.</strong> Almod&oacute;var no es Woody Allen: vive en el ocaso del narrador canchero. Y hace, de ese despojo, una gram&aacute;tica. Alexandra Kohan en<em> Y sin embargo, el amor </em>propone el amor <em>ph&aacute;rmakon</em>, veneno y remedio al mismo tiempo, y cita esa poes&iacute;a de Heine: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es el amor? Una&nbsp;estrella ca&iacute;da en la mierda&rdquo;. Almod&oacute;var hace pel&iacute;culas de este amor <em>ph&aacute;rmakon</em>, por momentos intragables (mentir por amor, odiar por amor, estafar por amor, raptar por amor, matar por &iquest;amor?). Historias al borde: <em>&Aacute;tame</em>, donde el personaje de Antonio Banderas secuestra a una famosa actriz; <em>Hable con ella</em>, donde el enfermero viola a la protagonista mientras est&aacute; en coma. Volver a ver sus pel&iacute;culas es <em>el amor despu&eacute;s del amor</em> por Almod&oacute;var; por ese fil&oacute;n radioactivo, inclasificable, perturbador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres en Almod&oacute;var son &ldquo;las&rdquo; chicas: Carmen Maura, Ver&oacute;nica Forqu&eacute;, Rossy de Palma, Victoria Abril, Pen&eacute;lope Cruz, Cecilia Roth. A&uacute;n en ese sistema profundamente espa&ntilde;ol, madrile&ntilde;o, que exuda jam&oacute;n crudo, ca&ntilde;as y catolicismo, Almod&oacute;var tiene una filial del coraz&oacute;n argentino. En varias de sus pel&iacute;culas aparece Argentina. A trav&eacute;s del personaje protag&oacute;nico de Cecilia Roth en <em>Todo sobre mi madre</em>, del escultor Dar&iacute;o Grandinetti en <em>Julieta</em>, del argentino interpretado por Leonardo Sbaraglia en <em>Dolor y gloria</em>. <strong>Argentina va y viene en las pel&iacute;culas de Almod&oacute;var, como un destino del que muchos personajes parten, pero en particular como una pieza de esa sensibilidad almodovariana, agarrada entre la nostalgia, el sexo, la ciudad, la guita.</strong> Uno de esos puentes es la bell&iacute;sima versi&oacute;n de Estrella Morente del tango<em> Volver</em> en aquella pel&iacute;cula protagonizada Pen&eacute;lope Cruz, o el homenaje que le dedic&oacute; Lucrecia Martel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De d&oacute;nde vienen los hijos en Almod&oacute;var? A veces de la basura de la historia, de los hijos de la vida, de las cuentas podridas. En 1999, cuando reinaba <em>Blockbuster</em>, alquil&eacute; <em>Todo sobre mi madre</em> y la vi junto a mi mam&aacute; sentadas en el sill&oacute;n, mientras la &eacute;poca estaba por hacernos mierda. Me fascina la escena del living en el que est&aacute;n sentadas Cecilia Roth, Pen&eacute;lope Cruz, Marisa Paredes y Antonia San Juan, con el empapelado de c&iacute;rculos amarronados, los sillones de flores, los muebles de madera y esa gama que va a quedar siempre asociada a la colorigraf&iacute;a almodovariana del rojo. Mi fascinaci&oacute;n por ese living es mi fascinaci&oacute;n por el lugar en el que vi la pel&iacute;cula (de mi familia). Siempre me qued&eacute; buscando volver a ese sill&oacute;n. He pedido partes de regalo. Mi madre y yo hicimos silencio, lo compartimos, tras ver esa historia. Una historia de la sangre. El final del film es una representaci&oacute;n de la escena de <em>Yerma</em>, de Garc&iacute;a Lorca, con el personaje de Huma que recita en un ensayo un fragmento de esa obra (&ldquo;Hay quienes piensan que los hijos son cosa de un d&iacute;a. / Pero se tarda mucho, mucho, por eso es tan terrible ver la sangre de un hijo derramada por el suelo. / [&hellip;] Me moj&eacute; las manos de sangre y me las lam&iacute; con la lengua, / porque era m&iacute;a. / [&hellip;] En una custodia de cristal y topacio / tendr&iacute;a yo la tierra empapada por su sangre.&rdquo;) Que el amor tambi&eacute;n est&aacute; hecho de sangre es el hilo rojo de todo Almod&oacute;var. En especial, entre <em>Todo sobre mi madre </em>(el HIV, la madre de crianza por fuera de la familia biol&oacute;gica, la enfermedad que puede no ser hereditaria), y la &uacute;ltima y con dos nominaciones al Oscar, <em>Madres paralelas</em> (la pregunta por la filiaci&oacute;n a trav&eacute;s del ADN). En el afiche de esta pel&iacute;cula un pez&oacute;n recorre el mundo. Almod&oacute;var vuelve sobre esa imagen: a todos alguien alguna vez nos amamant&oacute;. Una vuelta al origen. Seguir volviendo. A alg&uacute;n sill&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/almodovar-ley-deseo-dia-amor_129_8740776.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Feb 2022 03:03:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Almodóvar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra los hijos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/hijos_129_8699546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b39c8f3-5e46-40dc-8761-1228839d450d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1039644.jpg" width="777" height="437" alt="Contra los hijos"></p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Ese tambor de sangre es tu pa&iacute;s&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Francisco Madariaga</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta semana tambi&eacute;n tuvo una historia chiquita: la de una mujer de 50 a&ntilde;os quien, tras fallecer sus padres, increp&oacute; a su t&iacute;a y le pregunt&oacute; si era hija biol&oacute;gica de la familia. La t&iacute;a le confirm&oacute; lo que ya present&iacute;a: que no. La historia sali&oacute; en los diarios, en la televisi&oacute;n, en la radio. El motor: la b&uacute;squeda de su madre biol&oacute;gica. &ldquo;Quiero darle un abrazo&rdquo;. Las redes sociales cambiaron la vida, lo sabemos. <strong>Y se han transformado tambi&eacute;n en un &ldquo;Gente que busca gente&rdquo; </strong><em><strong>sui generis</strong></em><strong>. </strong>P&aacute;ginas de Facebook, mensajes en Instagram, grupos en Whatsapp que conectan historias distintas pero parecidas: la de quien de alg&uacute;n modo descubre que es adoptado y busca (una madre, un padre, un hermano/a). Menos pero tambi&eacute;n hay historias de quienes parieron y buscan a ese hijo o hija. Las redes apuestan a lo mismo que apostaba Franco Bagnato en su hist&oacute;rico ciclo: a la bola de nieve. A hacer conocido el rostro, al efecto del boca a boca, aunque no se sepa ni d&oacute;nde ni c&oacute;mo alguna punta pueda unir esos ovillos. A veces los ecosistemas se cruzan. <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/familia-rios-encontro-hija-apropiada-1978-buenos-aires-madres-no-vivos_1_8508411.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La confianza en que se viralice y viaje ese mensaje en la botella hasta la orilla de quien: tic, tac. Abrete, s&eacute;samo.&nbsp;</a>
    </p><p class="article-text">
        Los grupos en Facebook son varios. Uno de los que tiene m&aacute;s participantes es &ldquo;Estoy busc&aacute;ndote&rdquo;. Abrir esos grupos es como meter la mano en el barro de los jardines de una casa que se visita solo en verano. Los relatos y las fotos de quienes escriben se superponen con los consejos, las advertencias, los compartidos, la buena leche de quien dice &ldquo;ojal&aacute;, ojal&aacute;&rdquo;. Buscar a una persona en un pa&iacute;s es una aguja en un pajar, la chance de uno en un mill&oacute;n, y quienes se arriesgan ponen todo: los detalles, los nombres, el DNI, el rumor a voces. En las b&uacute;squedas se superponen las desapariciones en democracia &ndash;tema de Ximena Tordini en <em>Desaparecidos y desaparecidas en la Argentina contempor&aacute;nea</em>&ndash;, los cr&iacute;menes de apropiaci&oacute;n de identidad durante la dictadura &ndash;a los que casi los veteranos del grupo les dicen &ldquo;ac&aacute; no&rdquo;, correte que vos ten&eacute;s ayuda del Estado para encarar la b&uacute;squeda&ndash; y las historias uno a uno de esa Argentina profunda. Los grupos reproducen entonces ese empaste: las historias de apropiaci&oacute;n y las de la gente de a pie. <strong>Las b&uacute;squedas de la sociedad y las b&uacute;squedas del Estado.</strong> O incluso esa curita que los setenta tambi&eacute;n tienen: &iexcl;pod&eacute;s ser adoptado y no ser hijo de desaparecidos! Historias del 76 al costado del camino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo y de los organismos de Derechos Humanos orden&oacute; en democracia el derecho a la identidad. El pa&iacute;s ha sido pionero en la creaci&oacute;n del Banco Nacional de Datos Gen&eacute;ticos. Si dud&aacute;s de tu identidad (y naciste en dictadura) pod&eacute;s cotejar tu ADN con el de los grupos familiares de desaparecidos guardados all&iacute;. Muchos en &ldquo;Estoy busc&aacute;ndote&rdquo; piden que esa informaci&oacute;n gen&eacute;tica tambi&eacute;n se democratice. La historia de la mujer de esta semana es exacta: apenas unos a&ntilde;os antes de la dictadura. Entonces todav&iacute;a las adopciones no estaban narradas con los nudos de legalidad, legitimidad, verdad que nos organizan hoy. Muchas veces ocurr&iacute;an por &ldquo;guarda directa&rdquo; y eran un secreto. No son cosas para digerir ligeras: la antrop&oacute;loga M&oacute;nica Tarducci ha analizado en &ldquo;La adopci&oacute;n: Una aproximaci&oacute;n desde la Antropolog&iacute;a del Parentesco&rdquo; este dilema. Es un dilema, tambi&eacute;n, de clase. Mauro Cabral hace mover los cimientos cuando escribe y de alg&uacute;n modo se pregunta: &iquest;de d&oacute;nde vienen los beb&eacute;s (en adopci&oacute;n)?
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                La futura ministra de Defensa de Chile, Maya Fernández Allende, junto a su abuelo, Salvador Allende                            </span>
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        Cuando se conoci&oacute;, hace unos d&iacute;as, el gabinete del flamante presidente chileno Boric circul&oacute; much&iacute;simo otra foto: la de la ministra de Defensa en brazos de su abuelo. Se trata de Maya Fern&aacute;ndez, nieta del presidente &ndash;entre 1970 y 1973&ndash; Salvador Allende. Aupar <em>real</em>. Esto pas&oacute; no mucho despu&eacute;s de que los celulares explotaran de memes contra el Papa a ra&iacute;z de sus dichos sobre las mascotas, los hijos y las familias. (Un asterisco: hace tiempo venimos trabajando con el soci&oacute;logo Joaqu&iacute;n Linne sobre las <em>pet families</em>, la proliferaci&oacute;n de familias mascotas unidas a la arquitectura del monoambiente y la priorizaci&oacute;n de la amistad como estado vincular). Pero el punto es que no se trata de defender una posici&oacute;n ni atacar otra sino de la inquietud de c&oacute;mo en apariencia dos escenas tan distantes entre s&iacute; (&iquest;la sangre dice todo de vos o la sangre puede no decir todo de vos?) est&aacute;n unidas por la misma pulsi&oacute;n natalista. Tampoco se trata de que <em>la sangre no tire</em> (del deseo, de la culpa, del compromiso), a m&iacute; me tira, pero s&iacute; mostrar c&oacute;mo ante aquello que parec&iacute;a objeto de burla &ndash;mascota o muerte&ndash; volvimos a embobarnos con el natalismo. <strong>El linaje se nos hizo agua en la boca.</strong> Una vez una amiga de la infancia, de familia del PC de toda la vida, con carteles en su cuarto de &ldquo;abolici&oacute;n de la propiedad privada&rdquo;, me dijo que, cuando tuvo un hijo, le pidi&oacute; al marido antes de que se lo llevaran reci&eacute;n nacido a vacunar que le hiciera una marca en el pie: &ldquo;Quiero al m&iacute;o de vuelta&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, antes de la Pandemia, en las marchas del 24 de marzo se vienen superponiendo la presencia de la Asociaci&oacute;n de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) con una bandera en la que se lee &ldquo;Las putas no parimos genocidas&rdquo;, con la de Historias Desobedientes, un colectivo que re&uacute;ne a hijas, hijos y familiares de genocidas que repudian el accionar de sus progenitores en la dictadura y quieren testimoniar contra sus padres en los juicios. &ldquo;Hija de puta&rdquo;, &ldquo;hijo de yuta&rdquo;: hay en la injuria una dimensi&oacute;n &ndash;quiz&aacute;&ndash; menos hablada: la persistencia de estos imaginarios de la filiaci&oacute;n. Se cambia &ldquo;yuta&rdquo; por &ldquo;puta&rdquo;, pero se mantiene el &ldquo;hija o hijo de&rdquo;. &ldquo;Hija o hijo de&rdquo;, entonces, como una injuria que reedita la violencia inaugural de Am&eacute;rica Latina y esos marcadores raciales arrastrados por lo bastardo. Raza es leer de qui&eacute;n sos hijo. Desde el &ldquo;hijo de la chingada&rdquo; hasta la &ldquo;hija del portero&rdquo;. <strong>Con el calor estamos m&aacute;s tiempo descalzos y nos miramos nuestras marcas en los pies.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/hijos_129_8699546.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jan 2022 05:01:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra los hijos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa Francisco,Salvador Allende,Gabriel Boric]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cigarrillo me dejó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cigarrillo-dejo_129_8658033.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ff7bcba-1997-4369-af5a-3a798f9a3e18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cigarrillo me dejó"></p><p class="article-text">
        Yo no dej&eacute; al cigarrillo: el cigarrillo me dej&oacute;. En general, largar el pucho est&aacute; asociado a listar sus males: problemas de salud, costo, perjuicio sobre los dem&aacute;s, mejor&iacute;a del estado f&iacute;sico. Las obviedades siguen. Todo el discurso de dejar de fumar es, entonces y simplificando, molesto: quienes lo ejercen se vuelven inevitablemente talibanes &ndash;todos lo hemos sido o lo vamos a ser&ndash;. (Y cada discurso sobre &ldquo;dejar de fumar&rdquo; es un discurso sobre el cuerpo.) Pero si las despedidas pueden ser esos <em>dolores dulces </em>&ndash;inevitable tambi&eacute;n esta referencia obvia y certera&ndash;, la despedida a la vida fumando se parece a un elogio, no a un reclamo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Una amiga me dijo: vamos a un mundo donde comer carne y fumar ser&aacute; un tab&uacute;.</strong> Llam&eacute;moslo una educaci&oacute;n sentimental desfasada. Fumar, incluso, puede ya quedar ordinario, fuera de modales y, sobre todo, arrastra algo de clase. Las pertenencias. Una vez Mauro Libertella escribi&oacute; que somos la &uacute;ltima generaci&oacute;n anal&oacute;gica, la de quienes, en el borde, a&uacute;n vivimos una adolescencia con cassettes. Cassettes y puchos. La analog&iacute;a &uacute;ltima la encarna el cigarrillo, ese palito del siglo XX entre los labios. En mayo de 1968 fumar era un gesto de rebeld&iacute;a, de irreverencia, de independencia, ahora he preguntado en clase y casi ninguno de las y los estudiantes fuma. Me cuestion&eacute; si pod&iacute;a fumar por Teams. Creo que alguna vez, nerviosa, lo hice. Con culpa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; seamos, adem&aacute;s, la &uacute;ltima generaci&oacute;n que supo fumar. Desde luego que este verano seguro habr&aacute; chicos y chicas prendi&eacute;ndose su cigarro por primera vez. Tal como me se&ntilde;al&oacute; Agustina Larrea hasta hay cierto <a href="https://www.nytimes.com/2022/01/12/style/smoking-cigarettes-comeback.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;comeback&rdquo;</a> de &ldquo;los locos a&ntilde;os veinte&rdquo; &iquest;pos? pand&eacute;micos, y la pandemia trajo &ndash;en su contradicci&oacute;n&ndash; m&aacute;s consumo de alcohol y tabaco (2020 fue la primera vez en dos d&eacute;cadas que las ventas de cigarrillos subieron), y tambi&eacute;n m&aacute;s consultas para dejar de fumar. A&uacute;n as&iacute;, el estado de la imaginaci&oacute;n p&uacute;blica es el de una vida preferiblemente sin cigarrillos encima. <em>Tobacco free</em>.
    </p><p class="article-text">
        Fumar es abrir una compuerta. Algo del remolino de otro tiempo. Fumar es sucio: los bolsillos, las carteras, las mochilas llenas de las part&iacute;culas de basura marr&oacute;n. Fumar ocupa espacio: el traslado de cigarrillos, encendedores, f&oacute;sforos (b&aacute;rtulos adicionales para quienes arman o fuman a vapor). Fumar cuesta plata: la b&uacute;squeda constante del kiosco y la guita que se gasta. Fumar afecta a los dem&aacute;s: el olor, la toxicidad, la enfermedad. Despedirse con un elogio no es una romantizaci&oacute;n del cigarrillo (romantizar es tan burdo como atacar, un oponente que se sostiene en su contrario) ni tampoco se trata de hacer un culto del contrera, pero, ay, el placer de entrar a un departamento por primera vez, o estar en un cumplea&ntilde;os, o en una comida y deslizar esa frase tan barroca &ldquo;&iquest;puedo fumar?&rdquo;. Las y los fumadores vamos siendo cada vez menos, escuadrones de la &uacute;ltima, amuchados en rincones, expulsados en balcones, ventanas, veredas. Zombies agridulces con olor.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las y los fumadores vamos siendo cada vez menos, escuadrones de la última, amuchados en rincones, expulsados en balcones, ventanas, veredas. Zombies agridulces con olor.

</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El cigarrillo es mestizo, &iacute;cono de la modernidad y de la guerra, oriundo de Am&eacute;rica y masificado en Europa. &ldquo;Nicotina&rdquo; es un homenaje a Jean Nicot, el embajador franc&eacute;s en Portugal que en el siglo XVI lo introdujo en la corte francesa. Cerr&aacute;s los ojos y ves la URSS, cerr&aacute;s los ojos y ves el capitalismo. &iquest;Qu&eacute; ves? Alguien con un pucho. Me obsesionan las fotos de personas fumando, o que tienen algo dentro de la boca &ndash;un chupet&iacute;n, una birome, lo que sea que traten como un cigarrillo&ndash;. La revoluci&oacute;n sexual de los sesenta est&aacute; perfumada por Virginia Slims, y antes deslumbran las fotos de Eva Per&oacute;n o Victoria Ocampo &ndash;la primera fumadora argentina en p&uacute;blico&ndash;. 
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                Eva Perón posando con un cigarrillo                            </span>
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        Para las mujeres y las disidencias sexuales la emancipaci&oacute;n se hace con pitadas, pero a esa serie se le superponen esas historias de fumadores de 13 o 14 a&ntilde;os, de varones que se curtieron entre esos bastiones. En la mejor pel&iacute;cula del cine argentino &ndash;<em>Cr&oacute;nica de un ni&ntilde;o solo</em>, de Leonardo Favio&ndash; el primer di&aacute;logo arranca con un &ldquo;&iquest;ten&eacute;s un pucho?&rdquo;, despu&eacute;s de la requisada en una c&aacute;rcel de menores. &Eacute;se es el diamante a pulir: el cigarrillo es de los rotos. Dos nenes en camiseta blanca compartiendo un cigarro prendido a f&oacute;sforo en el fondo de una noche. El cigarrillo hace visible un esfuerzo. Exterioriza el agujero. El plus. El dolor, los nervios, la cruz, el placer.
    </p><p class="article-text">
        Una de las personas m&aacute;s sagaces que conozco me hizo llegar un texto sobre los vicios del siglo XX, que es tambi&eacute;n otra forma de su amor. Luis Bu&ntilde;uel en &ldquo;Los placeres de aqu&iacute; abajo&rdquo; traza esa arquitectura entre el bar (distinto del caf&eacute;), desliza que &ldquo;un buen dry-martini debe parecerse a la concepci&oacute;n de la Virgen&rdquo; y sobre el cigarrillo arriesga: &ldquo;El tabaco es un placer de todos los sentidos: de la vista (es bonito ver bajo el papel de plata los cigarrillos blancos, alineados como para la revista), del olfato, del tacto... Si me vendaran los ojos y me pusieran entre los labios un cigarrillo encendido, me negar&iacute;a a fumar. Me gusta sentir el paquete en el bolsillo, abrirlo, palpar la consistencia del cigarrillo, notar el roce del papel en los labios, gustar el sabor del tabaco en la lengua, ver brotar la llama, arrimarla, llenarme de calor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esas historias familiares de la t&iacute;a con la jabonera afuera de la cortina del ba&ntilde;o, para apoyar el pucho mientras se duchaba. El mito de que Sandro no se ba&ntilde;aba porque quer&iacute;a fumar. Quienes se pon&iacute;an el despertador para fumar a la noche. La serie <em>Mad Men</em> atravesada por la cuenta de publicidad sobre los cigarrillos, cuando en los cincuenta/sesenta las investigaciones medicas advierten de su efecto en el c&aacute;ncer de pulm&oacute;n. La hist&oacute;rica foto de Menem, sacada por V&iacute;ctor Bugge, el d&iacute;a que se conocieron los indultos: <a href="https://sigloxxieditores.com.ar/libro/que-hacemos-con-menem/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un presidente que se dej&oacute; ver fumando</a>. Las y los fumadores imponen ansiedad, pudor, respeto, asco. Emociones a las que no se les puede dar la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Los 43/70 de mi abuelo, los Marlboro de mi madre. <em>Vivir solo cuesta vida</em>. Cada fumador arma su reglamento, juega su juego. Esos movimientos casi m&aacute;gicos que hacen las manos para sacar los admin&iacute;culos, encenderlos, la estela en el aire. La fascinaci&oacute;n por c&oacute;mo lo hacen mis amigas. &iquest;Fumo? Nunca supe responder ni cu&aacute;ntos ni c&oacute;mo, siempre me pareci&oacute; que era algo que estaba de salida. Una relaci&oacute;n desprolija, incuantificable. Fumador, ex fumador, no fumador: no s&eacute; si es la forma de nombrar. Hay personas a las que el cigarrillo les organiza la vida y otras a las que no. Con cada pareja importante, dej&eacute; de fumar. Pero esta vez no dej&eacute; de fumar ni creo en los voluntarismos que arrasan las diferencias. S&oacute;lo me pas&oacute; que ca&iacute; en un hechizo (desde que tuve Covid y no pude respirar) en el que vivo en un mundo sin cigarrillos. Quiz&aacute; un d&iacute;a el hechizo se termine. Mientras tanto, le escribo al objeto que m&aacute;s me vol&oacute; la cabeza. Y a los inicios.
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cigarrillo-dejo_129_8658033.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jan 2022 03:06:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cigarrillo me dejó]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Cigarrillos,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando desperté, el Covid estaba allí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/desperte-covid_129_8625818.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e3b03e2-a1da-4468-9173-24467d8709e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando desperté, el Covid estaba allí"></p><p class="article-text">
        Las Fiestas nos ponen ponen conservadores. El <em>loop </em>de las fotos en el arbolito. La imagen de la familia que festej&oacute; Nochebuena en una estaci&oacute;n de servicio. El mandato, la pacater&iacute;a, la doble vara, el deseo. Nadie se puede sacar de encima en las fiestas &ndash;en especial este fin de semana&ndash; alguna idea de familia, para decir que s&iacute;, para decir que no, para lidiar con su ausencia, para saludar por tel&eacute;fono, para no ser contacto estrecho.  Cuando este mes muri&oacute; Joan Didion, pod&iacute;an superponerse las fotos de las mesas navide&ntilde;as con esa estela de sus libros, de esos detalles, las velas alrededor de la pileta, el su&eacute;ter de cashmere, esos modales de la clase. Alguien haciendo las compras. Alguien doblando una servilleta. Alguien diciendo por favor y gracias en un restaurante. Ah&iacute; est&aacute; todo. &iquest;Qu&eacute; es una familia en las fiestas? <strong>Una relaci&oacute;n con esos detalles.</strong>
    </p><p class="article-text">
        A tres cuadras del lugar en el que viv&iacute;a hace veinte a&ntilde;os pas&eacute; este mes. Le ten&iacute;a miedo a esa coincidencia y fue un im&aacute;n torcido. <strong>Lo pas&eacute; con un Covid arrasador que dur&oacute; un mes.</strong> Miraba por la ventana y parec&iacute;a el paisaje de otro diciembre de mierda. Se me mezclaban las pesadillas, el museo de orfandades y victimizaciones, los muertos. Juego de la oca, la enfermedad tiene sus pasos, como los de Alcoh&oacute;licos An&oacute;nimos: listar y aceptar, por sobre todo. Lo primero: llega el positivo al celular. Tragar la pelusa y avisar a los contactos estrechos. Escuchar aunque sea una vez &iquest;c&oacute;mo te contagiaste? (Ahora quiz&aacute; sea <em>&iquest;c&oacute;mo no te contagiaste?</em>). Todo se parece a trabajar, y tener Covid est&aacute; hecho de trabajos: lidiar con los avisos, contactar alg&uacute;n servicio de salud que haga el seguimiento, cumplir las indicaciones, entrar en una relaci&oacute;n te amo, te odio, dame m&aacute;s con el m&eacute;dico a cargo. Y responder mensajes de whatsapp: en un momento<strong> me volv&iacute; una m&aacute;quina de avisar que estaba viva.</strong> Quer&iacute;a agradecer, pero tambi&eacute;n quer&iacute;a detallar. Nadie te ve ni ves a nadie: el Covid est&aacute; hecho de palabras, de relatar, sopesar, decidir. M&aacute;s tuve cuerpo y m&aacute;s estuvo herido de lenguaje. Medirse la fiebre, hacerse las nebulizaciones, tomar agua. Y contarlo. As&iacute;, contra las cuerdas, delante de la colecci&oacute;n completa de Foucault, explic&aacute;ndole a agentes estatales, afectos, la t&iacute;a de pindonga &ldquo;que lo tuvo igual que vos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y ponerse un satur&oacute;metro &ndash;que mi viejo compr&oacute; en Mercado Libre&ndash; en el dedo: el momento clave de esperar que el bendito n&uacute;mero de bien, ah&iacute; se juega pasarla en tu casa o en la internaci&oacute;n. Para los que entramos en este lado del espejo se trata de convivir con algo que tambi&eacute;n puede ser muy dif&iacute;cil: estar al l&iacute;mite, pero confiar en que no te vas a morir. Me preguntaron qu&eacute; fue lo que m&aacute;s extra&ntilde;&eacute; y respond&iacute; una frase picante pero era mentira, <strong>lo que m&aacute;s extra&ntilde;&eacute; fue poder no dar explicaciones.</strong> Con el Covid nunca sal&iacute; de mi casa pero fue cuando m&aacute;s tuve que abrir la puerta. 
    </p><p class="article-text">
        Al salir del aislamiento vi a mis amigas sacar una fila de bolsas de basura, meter la ropa interior en el lavarropas o limpiar la mugre. Ahora tengo en la cocina los trofeos de esa batalla, tuppers y tuppers donde viajaban los pedazos de alimento. Quiz&aacute; fue un regalo ante mi mayor rotura: no s&eacute; pelar ni cortar. <strong>Un mes viv&iacute; comiendo as&iacute;, en ese reinado, la comida no s&oacute;lo cocinada sino fraccionada por los dem&aacute;s. Est&aacute;s a merced de un bicho que te saca fuera de pista, te enoja porque nadie puede venir a hacerte ni un t&eacute;, te angustia no generar guita, te toca seguidilla de chequeos y consultas m&eacute;dicas, te pone de a ratos en una pel&iacute;cula de terror y otros en una edulcorada donde nada m&aacute;s ves gratitud. Lo descarnado del amor, lo que se guarda, tambi&eacute;n es parte. Descubr&iacute; en ese quilombo que los que la pasaron se vuelven camaradas de guerra: rezo por ellos cada noche y s&oacute;lo por eso escrib&iacute; esto.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Me dicen que un d&iacute;a te despertar&aacute;s y habr&aacute;s vuelto. Fue un a&ntilde;o roto, o mejor: un <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/amor-platonico-trampa-helado-gustos_129_8249290.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">helado</a> de <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/balanceos-ano_129_8613934.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dos gustos</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Buen d&iacute;a, 2022. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/desperte-covid_129_8625818.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jan 2022 03:01:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando desperté, el Covid estaba allí]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Subí al taxi, nena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/subi-taxi-nena_129_8530505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ec6956c-d7fc-4ebb-855b-d195dc655dbf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Subí al taxi, nena"></p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; maravillosamente atorranta es por la noche la calle Corrientes!&rdquo;. As&iacute; escrib&iacute;a Roberto Arlt en sus <em>Aguafuertes porte&ntilde;as</em>. Lo que nunca hubiera imaginado Arlt es ver en alguna esquina de la avenida a chicos y chicas con el cogote mirando para abajo una pantalla luminosa que les avisa cu&aacute;ndo un coche los pasa a buscar. Salir del m&eacute;dico, del caf&eacute;, del teatro, de la cita, del apuro. Una calle como Corrientes, un sem&aacute;foro cualquiera, la mano levantada en busca del &ldquo;libre&rdquo;&hellip; y nada. <em>Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;.</em> Pero los taxis no. Quiz&aacute; esa sea la imagen de la memoria futura de estos meses, del empaste en la &iquest;salida? de la Pandemia &ndash;el &ldquo;todo cambia&rdquo; que no nombramos&ndash;. Volvimos a la ciudad, volvieron las actividades en colegios, f&aacute;bricas, bancos, boliches, oficinas, negocios y hasta legaron las cenas de fin de a&ntilde;o.<strong> No sab&iacute;amos que nos hab&iacute;amos quedado sin taxis.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Habl&aacute;s con taxistas y hay coincidencia en la situaci&oacute;n (&ldquo;hay m&aacute;s trabajo porque es la misma actividad de antes pero con menos autos&rdquo;).  Las explicaciones del &ldquo;faltan taxis&rdquo; se superponen. Con la pandemia muchos taxistas &ndash;sobre todo, los m&aacute;s grandes&ndash; se jubilaron, se quedaron en la casa y no salieron m&aacute;s &ndash;aunque las licencias, que eran un resguardo de salida, se pulverizaron&ndash;. Las restricciones afectaron la rentabilidad. Hoy quienes manejan son en su mayor&iacute;a due&ntilde;os. <strong>Ser pe&oacute;n ya no es negocio.</strong> &ldquo;El alquiler de un auto est&aacute; alrededor de 3.500 pesos por d&iacute;a, m&aacute;s llenarle el tanque, m&aacute;s morfi, as&iacute; que para estar en cero son much&iacute;simas horas de laburo y la diferencia que queda para el que conduce es muy poca&rdquo;, explican. &ldquo;Con esa cuenta conviene pagar la cuota de un auto usado y bajar la aplicaci&oacute;n&rdquo;. El horario nocturno, hist&oacute;ricamente, era el m&aacute;s cubierto por peones: por eso, en parte, todav&iacute;a es m&aacute;s dif&iacute;cil que de d&iacute;a conseguir un taxi. Los precios del alquiler tampoco pueden bajar tanto m&aacute;s porque con la inflaci&oacute;n el mantenimiento tiene costos altos. &ldquo;Lo que desaparecen entonces son las mandatarias: tienen cad&aacute;veres del a&ntilde;o pasado en los que no se sube nadie&rdquo;. Pero el gran v&eacute;rtice del problema son las aplicaciones. Un conductor lo redondea as&iacute;: &ldquo;La modernidad ech&oacute; a los taxistas&rdquo;. Cuando las aplicaciones llegaron a partir de 2016 al pa&iacute;s, la gente que sigui&oacute; tomando exclusivamente taxi fue gente grande, o fiel al taxi de toda la vida. &ldquo;Primero las aplicaciones destruyeron al taxi y ahora, como funcionan por oferta y demanda, un viaje corto de noche puede costar el triple&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia del transporte es la historia de las ciudades. <strong>El capitalismo viaja en taxi.</strong> El origen se remota al siglo XIX, con la primera ley de patentes para los carruajes de alquiler, despu&eacute;s recordados como &ldquo;mateos&rdquo; por la popularidad de la obra de Disc&eacute;polo. Leandro N. Alem, el padre del radicalismo, se suicid&oacute; arriba de un carruaje camino al Club del Progreso. La llegada del tranv&iacute;a primero y del colectivo despu&eacute;s transformaron la circulaci&oacute;n. En las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, el &ldquo;yiro&rdquo; nace como la forma de nombrar las cl&aacute;sicas vueltas para levantar pasajeros. Eva Per&oacute;n fund&oacute; el Sindicato de Taxistas Argentinos en 1950. El perfume urbano se transpira en el taxi: Nueva York tiene los suyos, Londres, M&eacute;xico, y as&iacute;. En 1966 una ordenanza instaur&oacute; el cl&aacute;sico negro y amarillo que distingue desde entonces la carrocer&iacute;a porte&ntilde;a. Esos colores viajan en las fotos &ldquo;tur&iacute;sticas&rdquo;. Los a&ntilde;os setenta son tambi&eacute;n los a&ntilde;os del taxi com&uacute;n. El modelo Siam Di Tella o el Ford Falcon. La &eacute;poca de la cl&aacute;sica telenovela <em>Rolando Rivas, taxista</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre el costo del transporte p&uacute;blico y el del taxi es tan alta que algo del sentarse en un carruaje un poco persisti&oacute; cuando alguien se echa en el asiento del fondo &ndash;justificado por la lluvia, la hora, alguna vez en la vida la &ldquo;fiaca&rdquo; arltiana&ndash;. Para quien maneja ten&iacute;a su cosa de rey &ndash;aunque en las &eacute;pocas de crisis fuera de bastos&ndash;, se bajaba a comer, era servido, su cafecito, el precio diferencial para lavar el auto; esas atenciones. La ciudad que conoc&iacute;amos era la de los porteros y de los taxistas. Sus amos negros. Guardaban sus secretos. Ejerc&iacute;an esas relaciones de poder. Un conductor dice &ldquo;manejo un taxi pero no soy taxista&rdquo;. Una ancha avenida del medio: <strong>quienes ganan un ingreso como trabajadores independientes, quienes con las crisis colgaron el t&iacute;tulo para salir a laburar.</strong> Argentina ten&iacute;a ese margen: <em>te echan, agarr&aacute;s el taxi</em>. Ese resorte o ese reinado. Quiz&aacute; por eso la pol&iacute;tica tiene su filial en el taxi, en esa labia. Cada auto es un Ministerio de Econom&iacute;a. Un chofer explica: &ldquo;Reconoc&iacute; todas las etapas del kirchnerismo por la cantidad de cajas de aires acondicionados que ve&iacute;a en la calle al lado de la basura, as&iacute; sab&eacute;s cu&aacute;ndo hay plata y cu&aacute;ndo no&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Los que manejan se junan entre s&iacute;: los m&aacute;s familieros que no se quieren meter en ninguna, los que no usan GPS &ndash;el gran cambio ante el viejo reclamo &ldquo;me est&aacute;s paseando&rdquo;&ndash;. Todav&iacute;a circulan taxistas m&iacute;ticos que escarb&aacute;s un cachito y son conocidos por sus historias. Las diferencias del d&iacute;a &ndash;el tr&aacute;fico, las encerradas, los bocinazos&ndash; con las de la noche &ndash;m&aacute;s inseguridad&ndash;. &ldquo;Se subi&oacute; una pareja con un beb&eacute; en un hospital y al final me desvalijaron, no tuve ni para el peaje de la vuelta&rdquo;. &ldquo;La inseguridad en el taxi es brava. La &uacute;ltima vez que me robaron, hace veinte d&iacute;as, no s&eacute; ni c&oacute;mo llegu&eacute; a casa, moqueando, no ve&iacute;a y golpeaba con los pu&ntilde;os al volante&rdquo;. &ldquo;Cuando te pasa, al otro d&iacute;a no sab&eacute;s a qui&eacute;n levantar&rdquo;. El taxi activa ese lodo: el relojeo, el c&aacute;lculo. Tambi&eacute;n de quienes paran. <em>Avisame cuando llegues</em>. Los episodios de violencia tienen una dimensi&oacute;n espec&iacute;fica: la violencia de g&eacute;nero. Despu&eacute;s, la pregunta: &iquest;hay mujeres taxistas? Que las hay, las hay. Como Mercedes Mor&aacute;n, en <em>Gasoleros</em>. Las mujeres al volante son la otra realeza. &ldquo;Cuando ven que soy mina, me indican el camino como si no conociera la ciudad&rdquo;. &ldquo;Varias veces se desubicaron o la pas&eacute; mal y me hice la que me llamaba a mi marido por tel&eacute;fono&rdquo;. &ldquo;Salgo de noche, nadie me jode en mi casa, ac&aacute; puedo poner la m&uacute;sica que quiero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s charletas, m&aacute;s a rega&ntilde;adientes &ndash;con el pudor de &ldquo;lo que pasa en el taxi, queda en el taxi&rdquo;&ndash; pero las an&eacute;cdotas se apilan. &ldquo;Tengo bizarras, risue&ntilde;as, jodidas, todas&rdquo;, dicen. &ldquo;Me contrata un extranjero, voy al mec&aacute;nico de la mandataria para quedarme tranquilo y cuando estamos paseando en Luj&aacute;n se corta el embriague, era el&eacute;ctrico mariposa, no ten&iacute;a reacci&oacute;n. Decido no cobrarle, perder todo el d&iacute;a, y le llamo un rem&iacute;s. Cuando se est&aacute; por ir, me quiere pagar, no se lo acepto, me lo da igual, y cuando me fijo era el doble. As&iacute; que le dej&eacute; un champ&aacute;n en el hotel&rdquo;. &ldquo;Llev&eacute; sin cobrarle a una mujer con su beb&eacute; enfermo y al otro d&iacute;a de casualidad la vi de vuelta con el beb&eacute; recuperado&rdquo;. Borracheras que terminan con v&oacute;mito en el vidrio, el cuento del t&iacute;o del que fue a buscar la plata y no volvi&oacute;, participar de cortejos f&uacute;nebres de prepo, no saber que se estaba llevando a comprar a un &ldquo;circuito&rdquo;. Alguien arriesga que el tiempo de los celulares viene con menos an&eacute;cdotas, menos misterio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque las d&eacute;cadas de cub&iacute;culo de desconocidos pesan. La fugacidad, el azar, el encuentro, la adrenalina. La sexualidad se sub&iacute;a encima. Escenas de un matrimonio: <em>dime c&oacute;mo te llevas arriba de un taxi y te dir&eacute; c&oacute;mo est&aacute;n</em>. &ldquo;Una vez levant&eacute; una pareja y vi que ella atr&aacute;s le empez&oacute; a hacer sexo oral furiosamente. Desconcertad&iacute;simo, segu&iacute; manejando. Con disimulo, se quiso agarrar del asiento de adelante mientras segu&iacute;a y ah&iacute; me toc&oacute; el hombro, me empieza a acariciar y cuando llegamos me dice &lsquo;&iquest;no quer&eacute;s participar?&rsquo;&rdquo;. &ldquo;Un se&ntilde;or me ofreci&oacute; pagarme para que me baje y me pasee desnudo por su casa&rdquo;. &ldquo;Indirectas de varones, miles&rdquo;. &ldquo;Una se&ntilde;ora mayor me pregunt&oacute; qu&eacute; es el amor, y me qued&eacute; hablando cuarenta minutos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre el final de la conversaci&oacute;n, un chofer dice: &ldquo;Hoy en d&iacute;a, con una vuelta a la actividad casi normal en todos los rubros, la gente se pregunta por qu&eacute; no hay taxis mientras yo me pregunto, entre la abrumadora mayor&iacute;a de personas que me desean un buen d&iacute;a mezcladas con algunos amigos de lo ajeno, c&oacute;mo es que sigo manejando un taxi&rdquo;. Otro taxista remata: &ldquo;Pasan cosas lindas arriba del coche todav&iacute;a&rdquo;. Todos tenemos una historia arriba del taxi. A veces, una historia m&iacute;nima. Pero cuando hay dos personas arriba de un auto&hellip; se enciende un mundo. As&iacute; tambi&eacute;n se encend&iacute;a una ciudad que, un poquito, se nos est&aacute; escurriendo entre las manos.
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/subi-taxi-nena_129_8530505.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Nov 2021 04:11:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Subí al taxi, nena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[taxis,Buenos Aires]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Che piba, vení votá]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/che-piba-veni-vota_129_8482384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd74f2fe-e42e-48bf-9e6a-66aefe2634c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Che piba, vení votá"></p><p class="article-text">
        <strong>El 11 de noviembre de 1951 las argentinas no volvieron a lavar los platos como antes</strong>. &ldquo;And&aacute; a lavar los platos&rdquo;, ese insulto que va a eclipsar el final del siglo XX y muestra esa pregunta &ndash;&iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las mujeres?&ndash;, tiene un hilo que lo conecta con la noche de ese domingo. Y ese hilo tambi&eacute;n camina hacia atr&aacute;s. La relaci&oacute;n con la pol&iacute;tica es una relaci&oacute;n con los espacios. <strong>Esa </strong><em><strong>larga marcha </strong></em><strong>de las cocinas a las calles est&aacute; amasada por la primera vez que las mujeres pudieron votar.</strong> Delantales y urnas: domesticidad cada vez m&aacute;s tecnificada y modos de desplazamiento por el &aacute;mbito p&uacute;blico. Porque ni la modernizaci&oacute;n no fue parte del peronismo ni las multitudes empezaron con &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las primeras d&eacute;cadas del siglo XX estuvieron atravesadas por luchas sufragistas, feministas y sociales; a veces superpuestas, a veces m&aacute;s distanciadas, mediante anarquistas &ndash;Salvadora Medina Onrubia lleg&oacute; incluso a estar en la c&aacute;rcel&ndash;, socialistas &ndash;la labor de Alicia Moreau de Justo&ndash;, radicales &ndash;como Elvira Rawson o Clotilde Sabbatini&ndash;, liberales &ndash;Victoria Ocampo&ndash;. A estos nombres propios se le superponen la lucha de Julieta Lanteri, de Carolina Muzzilli, y hasta una mujer ya hab&iacute;a estado en el aire &ndash;Carla Lorenzini, primera aviadora civil&ndash;. Las el&eacute;ctricas transformaciones con las que hab&iacute;a nacido el siglo XX &ldquo;corto&rdquo; &ndash;en Argentina, a partir de la sanci&oacute;n de la Ley S&aacute;enz Pe&ntilde;a en 1912 que garantizaba el voto secreto, universal y obligatorio para los varones&ndash; tuvo sus sacudones con estas mujeres que lo estaban haciendo: el Congreso femenino de 1910, la huelga de las maestras en Mendoza en 1919, la reforma del C&oacute;digo civil y &ndash;a&uacute;n en el contexto conservador de los a&ntilde;os treinta&ndash;podr&iacute;amos seguir.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Muchas ven&iacute;an luchando por los derechos civiles &ndash;a disponer de sus dineros y bienes, a trabajar, a estudiar, a ejercer la responsabilidad de sus v&iacute;nculos familiares&ndash;; y luego, por los derechos pol&iacute;ticos &ndash;a votar y ser votadas&ndash;. Hubo varias presentaciones de proyectos de ley &ndash;la que m&aacute;s lejos lleg&oacute;, la de 1932, y en dos provincias ya se hab&iacute;a votado antes: San Juan y Santa Fe&ndash;. Pero en el contexto de la &ldquo;revoluci&oacute;n de 1943&rdquo; sucedi&oacute; algo inesperado: de modo sorpresivo, desde la Secretar&iacute;a de Trabajo y Previsi&oacute;n, a cargo del general Per&oacute;n, se plante&oacute; que el voto para la mujer fuera sancionado por decreto. Las feministas hist&oacute;ricas se ubicaron entre las detractoras del &ldquo;sufragio desde arriba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras la elecci&oacute;n presidencial y el regreso de la gira europea, se present&oacute; un proyecto de ley para el sufragio femenino, primero aprobado por Diputados y luego por el Senado. Era la primera vez que la presentaci&oacute;n tuvo el impulso del ejecutivo. Estela dos Santos, en <em>Las mujeres peronistas</em>, destaca que en los mensajes radiales de Eva Per&oacute;n se le hablaba pol&iacute;ticamente a las mujeres y se las nombraba por sus trabajos &ndash;ama de casa, docente, empleada, obrera, chacarera&ndash;. Mundo del trabajo en escuelas, f&aacute;bricas, comercios, oficinas del que cada vez eran m&aacute;s parte. El peronismo se pod&iacute;a tocar.
    </p><p class="article-text">
        La ley 13.010 estableci&oacute; en su art&iacute;culo primero que &ldquo;Las mujeres argentinas tendr&aacute;n los mismos derechos pol&iacute;ticos y estar&aacute;n sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos&rdquo;. En una <a href="https://www.youtube.com/watch?v=UfvPGiyHmvI&amp;ab_channel=ArchivoGeneraldelaNaci%C3%B3nArgentina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pieza audiovisual</a> realizada por Moglia, que es parte del Archivo General de la Naci&oacute;n, dramatiza en el living de la casa la argumentaci&oacute;n a favor y en contra. Cinco personas. La mayor, jefa de familia, arranca con &ldquo;eso no es para m&iacute;&rdquo;. La joven de la casa la increpa con &ldquo;es la ley y hay que cumplirla&rdquo;, ante lo que un joven acota &ldquo;por los derechos c&iacute;vicos de la mujer se ha luchado a&ntilde;os y a&ntilde;os en todo el mundo, esto es una conquista&rdquo;. El var&oacute;n m&aacute;s grande, con sorna, y gesticulando, se burla: &ldquo;la imagino pensando en candidatos y votando&rdquo;. Una jovencita dice &ldquo;esas son cosas de hombres&rdquo;, y la otra joven vuelve a increpar &ldquo;esas son cosas de nosotras tambi&eacute;n&rdquo;, frente el insistente &ldquo;&iquest;quiere decir que ahora nosotras tambi&eacute;n decidiremos?&rdquo; de la mayor. La voz de la muchacha cierra con &ldquo;la mujer puede y debe votar&rdquo;. <strong>Las juventudes y los livings argentinos estaban siendo transformados para siempre. Del trabajo a casa, pero con la lengua caliente.</strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n pol&iacute;tica de las mujeres en el peronismo fue parte tanto de la Fundaci&oacute;n Eva Per&oacute;n &ndash;el paso de la caridad y &ldquo;las damas de beneficencia&rdquo; a la organizaci&oacute;n estatal de la justicia social&ndash; como de los centros c&iacute;vicos femeninos que despu&eacute;s integraron el Partido Peronista Femenino, a partir de un grupo de delegadas censistas que recorri&oacute; todo el pa&iacute;s. En <em>Evita capitana</em>, Carolina Barry analiza esta din&aacute;mica. &iquest;Cu&aacute;ntas mujeres eran? &iquest;Qu&eacute; iban a votar? &iquest;C&oacute;mo afectar&iacute;an los resultados y la composici&oacute;n de las c&aacute;maras? Despu&eacute;s de la sanci&oacute;n ocurren tres procesos simult&aacute;neos: la reforma constitucional en 1949, la tarea de empadronamiento y el renunciamiento de Evita a la candidatura a la vicepresidencia. Hasta entonces, no hab&iacute;a lo que hoy podr&iacute;a ser el DNI: la &uacute;nica documentaci&oacute;n para las mujeres era la partida de nacimiento. Carteles con frases como &ldquo;&iquest;tiene usted su libreta c&iacute;vica?&rdquo; y &ldquo;la ley que le otorga el derecho de votar la obliga a empadronarse&rdquo; alentaban el tr&aacute;mite a la par que cada registro civil exped&iacute;a copias y copias. Un Estado que tuvo que hacer millones de libretas de golpe.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, en esa elecci&oacute;n el 48,9% del padr&oacute;n fueron mujeres. En el padr&oacute;n femenino no figuraba el a&ntilde;o de nacimiento. Vot&oacute; el 90,3% de las inscriptas. Para la conformaci&oacute;n de las listas del Partido Peronista, Evita ocup&oacute; un lugar clave: eligi&oacute; a las candidatas, luch&oacute; por su representaci&oacute;n y por posiciones en las que entrasen. La mujeres obtuvieron 23 bancas de diputadas (&Aacute;lvarez, Casasuccio, Prac&aacute;nico, Rodr&iacute;guez, Flores, Salaber, Degliuomini de Parodi, Espejo de Ramos, Gaeta de Iturbe, Macri, Acu&ntilde;a, Dacunda, Bioni, Brigada de G&oacute;mez, Torterola de Roselli, Ort&iacute;z de Sosa Vivas, Piovano, Aguilar de Medina, Rodr&iacute;guez de Copa, Argumedo de Pedroza, Caviglia de Boeykens, Tejeda, Villamaciel), seis de senadoras (Pineda de Molins, Calvi&ntilde;o de G&oacute;mez, De Girolamo, Casta&ntilde;eira de Baccaro, Larrauri, Rodr&iacute;guez Leonardi) y 97 m&aacute;s en las legislaturas provinciales. Ninguna mujer result&oacute; electa por otro partido. En 1953, Delia Degliuomini de Parodi fue nombrada vicepresidenta primera de la C&aacute;mara de Diputados, una de las primeras mujeres en el mundo en ocupar un cargo de ese poder.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Boleta de 1951 encabezada por mujeres                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Eva Per&oacute;n vot&oacute; por &uacute;nica vez desde el Policl&iacute;nico Presidente Per&oacute;n, hospital que hab&iacute;a sido construido por la Fundaci&oacute;n, pocos d&iacute;as despu&eacute;s de haber sido operada. La hist&oacute;rica foto de la urna la sostiene una mujer. En ella, en su peinado de mi&eacute;rcoles &ndash;los d&iacute;as m&aacute;s baratos en el que las trabajadoras iban a la peluquer&iacute;a&ndash;, en la ropa &ndash;se&ntilde;ala Natalia Milanesio que la venta de indumentaria en Buenos Aires se cuadriplic&oacute; entre 1946 y 1952&ndash;, en la pulsera de oro que podr&iacute;a tener en la mano, en los transportes que tom&oacute;, en lo que habl&oacute; con el padre o el marido o las amigas, en las cortinas <em>&ndash;&iexcl;nena, las cortinas!&ndash;</em>que podr&iacute;a tener en la casa, en no bajar la vista. Ah&iacute; est&aacute; una &eacute;poca. David Vi&ntilde;as ley&oacute; que Eva Duarte hab&iacute;a nacido en las manos de una comadrona mapuche: &eacute;se era el nacimiento no de una mujer, de una generaci&oacute;n. Esas hijas &ldquo;bastardas&rdquo; eran todas las &ldquo;descentradas&rdquo;, los cambios del orden familiar, las que como &ldquo;Emma Zunz&rdquo; &ndash;el cuento de Borges que las honra publicado en <em>Sur</em>&ndash; son las que van &ldquo;a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta&rdquo;, o &ldquo;al cinemat&oacute;grafo&rdquo;, a la confiter&iacute;a, al centro, a los bailes. As&iacute; estaban las &ldquo;mu&ntilde;ecas bravas&rdquo; &ndash;un tango de 1928 de Enrique Cad&iacute;camo&ndash; vestidas de domingo, con zapatos, mujeres que casi dejaron el bat&oacute;n, la m&aacute;quina Singer y el agua hirviendo en el fuego y salieron a votar, o mujeres que ya ven&iacute;an metiendo las otras patas en la fuente, como las largu&iacute;simas piernas de Tita Merello enfundadas en medias de red. Las chicas hicieron de la ciudad un zagu&aacute;n. Fueron fiscales, pegaron carteles, llevaron el punteo. La democracia primera fue la del prejuicio: que las actrices eras prostitutas, que las telefonistas eran prostitutas, que las enfermeras eran prostitutas, que las que se pintaban las u&ntilde;as de los pies eran prostitutas. Pero <strong>esa mezcla entre cultura del consumo, cultura del trabajo y cultura pol&iacute;tica lo estaba dando vuelta todo. El peronismo fue, tambi&eacute;n, una m&aacute;quina de hacerlas escribir.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para las mujeres de esas d&eacute;cadas, &ldquo;la&rdquo; dictadura fue la del 55, la que las llev&oacute; a la c&aacute;rcel, a la censura y a la que enfrentaron como parte clave de la resistencia &ndash;Mar&iacute;a Granata o Alicia Eguren, entre muchas&ndash;. Y las hijas de esas mujeres son las que despu&eacute;s van a emprender otro viaje: llegaron a la universidad, llegaron a la guerrilla, llegaron a Ezeiza. Nora Dom&iacute;nguez en <em>El rev&eacute;s del rostro </em>se&ntilde;ala: &ldquo;La irrupci&oacute;n publica de la figura de la militante montonera, de la &uacute;nica mujer que participa del secuestro de Pedro Aramburu en mayo de 1969, Norma Arrostito, se produce a trav&eacute;s de la divulgaci&oacute;n de su rostro&rdquo;. Norma Arrostito y Norma Kennedy: las dos normas de los setenta. Casi durmiendo como flores negras y blancas en la tumba de Evita. No casualmente este a&ntilde;o, l<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/isabel-peron-vuelve_129_7325462.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a pel&iacute;cula de Juli&aacute;n Troksberg </a>mete la mano en el basurero de la historia y saca ese diamante podrido: Isabel, la primera mujer que lleg&oacute; a la presidencia. Despu&eacute;s vendr&aacute; el golpe, el retorno, la democracia, la elecci&oacute;n y reelecci&oacute;n de CFK. Votar cambi&oacute; la vida. La vida ven&iacute;a cambi&aacute;ndose de antes y cambi&oacute; despu&eacute;s. Pero esa noche, &iexcl;esa noche! c&oacute;mo se habr&aacute;n lavado esos platos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/che-piba-veni-vota_129_8482384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Nov 2021 03:23:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Che piba, vení votá]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Voto femenino,Eva Perón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuánto valen mil pesos?: ilusiones y desilusiones democráticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/mil-millones_129_8447073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c631fb5c-b914-4169-a7a3-d88949ffdcaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuánto valen mil pesos?: ilusiones y desilusiones democráticas"></p><p class="article-text">
        	&iquest;Hasta qu&eacute; a&ntilde;o circularon los <em>tickets canasta</em>? Esos papelitos rosados por los que las empresas no pagaban impuestos. Eso que pasa de mano en mano. Para producir, para consumir, para vivir. Al final del d&iacute;a cada qui&eacute;n pone sobre la almohada lo que le permite su billetera. <strong>No hay tiempo hist&oacute;rico sin dinero que lo organice.</strong> Un pa&iacute;s son sus relojes y sus monedas. Con el alza del d&oacute;lar, esta semana algunos hicieron esta cuenta: el billete de 1000 pesos son 5 d&oacute;lares. As&iacute;, ser&iacute;a uno de los que menos vale en d&oacute;lares entre los de mayor denominaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina. El hornero, uno de los animales aut&oacute;ctonos de la Argentina. &iquest;Cu&aacute;nto aguanta? El billete circula desde 2017. En &eacute;l se tramita la doble cola de la econom&iacute;a argentina: inflaci&oacute;n y d&oacute;lar. 
    </p><p class="article-text">
        	El kirchnerismo no <em>empez&oacute;</em> en 2003. Ese a&ntilde;o las y los trabajadores todav&iacute;a cobraban y usaban <em>tickets canasta</em>. Hab&iacute;a pasado la crisis, hab&iacute;a pasado la devaluaci&oacute;n, hab&iacute;an vuelto las urnas. Pero una mujer abr&iacute;a la billetera en un supermercado chino y ah&iacute; estaba: &iexcl;el papelito rosa! Los billetes y las cosas. Si un ciclo econ&oacute;mico son sus billetes, es una paradoja &ndash;sobre todo para el pueblo macrista que lo vot&oacute;&ndash; que el billete de m&aacute;s alta denominaci&oacute;n de la historia reciente de la moneda &ndash;el peso argentino&ndash; haya estado a cargo de un gobierno que naci&oacute; con la ilusi&oacute;n de que se pod&iacute;a ejecutar un programa econ&oacute;mico que estimulara el crecimiento y redujera la inflaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        	El hornero &ndash;que ni siquiera tiene el &ldquo;peso&rdquo; de una imagen a la que amar o putear&ndash; pone junto aquello que no est&aacute; separado <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/muerte-ojos-dias-carne-viva_129_8440365.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en estas semanas que vivimos en carne viva:</a> la inflaci&oacute;n, el control de precios, la suba del d&oacute;lar y la necesidad del acuerdo con el FMI. &iquest;Cu&aacute;l es la piedra de toque de los problemas econ&oacute;micos? Cuatro puntas de una misma estrella. La inflaci&oacute;n aumenta la cantidad de billetes que se requieren intercambiar para obtener un mismo producto: es una relaci&oacute;n, tambi&eacute;n, entre dinero y tiempo. Pero la inflaci&oacute;n se vuelve (m&aacute;s) problem&aacute;tica cuando la capacidad de crecimiento se estanca y los salarios no superan a la inflaci&oacute;n &ndash;lo que s&iacute; pasaba a&uacute;n en 2011&ndash;. El control de precios no acompa&ntilde;a siempre la pol&iacute;tica inflacionaria. Surge como intervenci&oacute;n cuando se descompasa esa relaci&oacute;n entre salarios e inflaci&oacute;n: Precios cuidados, por ejemplo, comienza a finales de 2013. Y la necesidad de un acuerdo con el Fondo &ndash;no cualquier acuerdo, pero un acuerdo&ndash; se vincula con la otra variable superpuesta a la inflaci&oacute;n que es la de la estabilidad del d&oacute;lar. <strong>&iquest;Qu&eacute; es lo que necesitamos del d&oacute;lar? Que no sea tema.</strong> Que alguien &ndash;que ni siquiera puede comprar&ndash; no est&eacute; tan pendiente de cu&aacute;nto sube. 
    </p><p class="article-text">
        	Las cuatro puntas de esta estrella no son un manual de econom&iacute;a <em>catch all </em>entre ortodoxos y heterodoxos, en el medio tienen lo de siempre: la pol&iacute;tica. Nuestro ojo estr&aacute;bico. Toda econom&iacute;a es al mismo tiempo nacional e internacional. Tiene un o&iacute;do en la Tarjeta Alimentar y otro en la conversaci&oacute;n bilateral: una econom&iacute;a nacional es lo que hace con lo que las condiciones internacionales hacen de ella. Toda econom&iacute;a es al mismo tiempo macro y micro. Tiene un o&iacute;do en la caja del supermercado chino de la esquina y otro en las reservas del Banco Central: una econom&iacute;a nacional es lo que hace en la micro con lo que la macro hace de ella. 
    </p><h3 class="article-text"><strong> Ilusiones y desilusiones democr&aacute;ticas</strong></h3><p class="article-text">
        	La lectura de las urnas como &ldquo;falt&oacute; plata en los bolsillos&rdquo; lleva la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica al m&iacute;nimo. Retrocedamos. A dos meses de los veinte a&ntilde;os de la crisis de 2001, la antesala de ese aniversario est&aacute; cosida en una contradicci&oacute;n. Por un lado, un mandato decembrista cumplido. <strong>Argentina nunca m&aacute;s volvi&oacute; a estallar: transita sus crisis en dosis homeop&aacute;ticas.</strong> &Eacute;sa es la herencia que la pol&iacute;tica escuch&oacute; de la sociedad. Con la que se fund&oacute; una &eacute;poca. Durante los dos primeros a&ntilde;os de Macri, &ldquo;gradualismo&rdquo; fue el nombre de tramitar el kirchnerismo que, incluso un gobierno opuesto, ten&iacute;a que tener adentro para poder ser gobierno. El &ldquo;no nos dejaron gobernar&rdquo; de Juntos por el Cambio no s&oacute;lo est&aacute; lanzado al peronismo. Est&aacute; lanzado a esa sociedad argentina post 2001 que tiene los derechos pegados encima.
    </p><p class="article-text">
        	Pero la otra herencia de 2001 es la parte de la pol&iacute;tica que no escucha a la sociedad: la pol&iacute;tica que &ldquo;tramita&rdquo; con m&aacute;s pol&iacute;tica. Esa conflictividad que ya no es social como exceso de conflictividad pol&iacute;tica. <strong>El ciclo organizado por la grieta, primero, y por el reparto entre moderados y extremos, despu&eacute;s, est&aacute; agotado.</strong> Eso que aprendi&oacute; a reciclar sus fuerzas de la fuente de un conflicto. Porque la sociedad est&aacute; diciendo que s&oacute;lo con la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica de no estallar ya no alcanza. 
    </p><p class="article-text">
        	&iquest;Cu&aacute;les fueron las ilusiones democr&aacute;ticas desde 1983? La primera fue la de la democracia misma. Incluso que esa primera victoria no haya sido peronista ten&iacute;a por delante la ilusi&oacute;n de un orden que pudiera ser m&aacute;s grande que la tensi&oacute;n hist&oacute;rica entre peronistas y antiperonistas que hab&iacute;a marcado la segunda mitad del siglo XX. Y que hab&iacute;a marcado al peronismo mismo. Como si a todas las Ezeizas se les superpusiera una Viedma, un nuevo lugar, un &ldquo;hacia el Sur hay un lugar&rdquo;, una casa con diez pinos, donde edificar la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica del &ldquo;se come, se cura, se educa&rdquo;. La democracia surge como una ilusi&oacute;n en s&iacute; misma, como si a la mesa de Mirtha Legrand o a la cama con Moria pudieran ir todos. Los civiles, los militares, los trotskistas, los peronistas, los radicales. <strong>El orden de la democracia es una casa de los esp&iacute;ritus donde todos tenemos una habitaci&oacute;n.</strong> La modificaci&oacute;n del ingreso a la UBA con la fundaci&oacute;n del CBC es la imagen de esa democracia: las puertas abiertas de una universidad a la que entrar&iacute;an todos. Pero a esta ilusi&oacute;n se la lleva puesta justamente la econom&iacute;a. &Eacute;sa es la marca de origen desde el 83. Ninguna ilusi&oacute;n democr&aacute;tica se sostiene sin billetes, sin negociar con las condiciones internacionales, sin la confianza en una moneda. 
    </p><p class="article-text">
        	La casa de los esp&iacute;ritus no es el dibujo de la casa de los sue&ntilde;os. <em>La ilusi&oacute;n no es un sue&ntilde;o eterno</em>. Menem es el nombre de la habitaci&oacute;n de la casa con la que Alfons&iacute;n no pudo lidiar: el mercado. La doble herencia democr&aacute;tica est&aacute; hecha de ese orden mixto. La sociedad pol&iacute;tica que va a las marchas de la memoria y la sociedad de consumo que va al supermercado est&aacute; grabada en la misma roca. Una persona puede tener en el auto un sticker de las Malvinas o de la bandera pero si junta 5000 pesos los ahorra en d&oacute;lares. Sociedad pol&iacute;tica y sociedad de consumo. 
    </p><p class="article-text">
        	Hasta 2001, las ilusiones democr&aacute;ticas conten&iacute;an la gobernabilidad: ten&iacute;an m&aacute;s cerca la dictadura, todav&iacute;a pesaban los levantamientos militares y en 2001 el &ldquo;que se vayan todos&rdquo;. Como si hasta 2001 la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica contuviera la pregunta <em>&iquest;qui&eacute;n manda? </em>El propio ciclo post 2001 organiz&oacute; desde la pol&iacute;tica esta herencia social. El Centro Cultural de la Memoria en la ex ESMA, el Ministerio de Desarrollo Social a cargo de los movimientos sociales y el Ministerio de las Mujeres, G&eacute;neros y Diversidad son las tres formas de nombrar la institucionalizaci&oacute;n de lo instituyente.
    </p><p class="article-text">
        	Las ilusiones democr&aacute;ticas post 2001 tambi&eacute;n tuvieron productividad social. Parte de la sociedad proces&oacute; las transformaciones econ&oacute;micas, sus precarizaciones y la crisis del trabajo como v&iacute;a de integraci&oacute;n social: invent&oacute; trabajo, invent&oacute; econom&iacute;a. Ac&aacute; el billete se resemantiza: no s&oacute;lo de arriba hacia abajo &ndash;el Estado que imprime&ndash; sino de abajo hacia arriba &ndash;la sociedad como la nueva f&aacute;brica&ndash;. El billete no solo se da, se crea.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El reloj</strong></h3><p class="article-text">
        	Una persona que iba a comprar a un supermercado chino el 26 de mayo del 2003 con<em> tickets canasta</em> no sab&iacute;a que ya estaba dentro del kirchnerismo. (El final de los<em> tickets canasta </em>en 2007 fue parte de la iniciativa legislativa de H&eacute;ctor Recalde). Los protagonistas de un tiempo hist&oacute;rico nunca lo saben. La &eacute;pica nunca es en tiempo presente. Cuando es en tiempo presente, no es &eacute;pica. La salida de la pandemia &ndash;esta semana se anunci&oacute; que desde el 16 de noviembre, en los eventos masivos se habilitar&aacute; el 100 por ciento de la capacidad de aforo&ndash; trae la pregunta sobre qu&eacute; tiempo vivimos. Estamos hechos de ilusiones y desilusiones democr&aacute;ticas. Nuestra econom&iacute;a pol&iacute;tica con los relojes encendidos <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/saludo-biden-bendicion-papa_1_8446384.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el G20</a>; con el mayor resguardo peronista del Papa que es nunca hacer la foto con los dedos en V.
    </p><p class="article-text">
        	Escribi&oacute; Idea Vilari&ntilde;o en <em>El reloj</em>: &ldquo; Nada dice el viol&iacute;n / nada la flauta / nada las lanzaderas / rumorosas del agua / ni el mar sonando entero / ni el viento ni las ramas. / Tampoco esas porfiadas / patitas sin sosiego / que hace tanto / hace tanto / pisotean el tiempo&rdquo;. Si est&aacute; desacoplado el tiempo de la sociedad y el de la pol&iacute;tica, si vamos a tener otros &ldquo;locos a&ntilde;os veinte&rdquo; despu&eacute;s del aislamiento social, si puede haber en Argentina una <em>Belle &Eacute;poque</em> sin plata, &iquest;qu&eacute; hacer? Un ciclo pol&iacute;tico que nos resulta, al menos, extra&ntilde;o. Un<em> &iquest;qu&eacute; es esto? </em>para la generaci&oacute;n que tiene a sus padres en 1983 y a s&iacute; misma en el 2001. Esas filiaciones que nacen de sus dos primaveras. El pa&iacute;s para el Estado y el pa&iacute;s para el mercado. &iquest;Y ahora? Una primavera de flores negras que alumbra algo que a veces no se entiende ad&oacute;nde giran las cuerdas del reloj, ante ese desacople entre sociedad y pol&iacute;tica. Fundar un pueblo era fundar la cuadr&iacute;cula de la plaza, la escuela y el reloj. Nada se funda sin esa cabecera del tic-tac. Una pol&iacute;tica para el tiempo que no sea solo estirarlo, domar el d&iacute;a el d&iacute;a. Los relojes aprietan. No es cuesti&oacute;n de tiempo ni de poes&iacute;a: faltan soluciones, pol&iacute;ticas y billetes.
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/mil-millones_129_8447073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Oct 2021 03:02:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Inflación,Dinero,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El día de las que no fueron madres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dia-no-madres_129_8401704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5d10eec-75ab-4178-b190-20952c1efb1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El día de las que no fueron madres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por Natalí Schejtman - Mujeres afuera del mercado laboral y niños desatendidos: el impacto de la pandemia en la brecha de género y la crisis del cuidado</p><p class="subtitle">Por Gabriela Wiener - La madre de las pandemias, ser madre en tiempos de Covid</p><p class="subtitle">Por Eugenia Zicavo - Maternidad, la última resistencia del para siempre</p></div><p class="article-text">
        Como un iceberg o un cubito de hielo, como algo que se derrite, con lo que queda cuando todo se deshace, con eso que queda debajo, as&iacute; est&aacute;n hechas las memorias. <em>Una madre es un piano triste</em>, de Mar&iacute;a Malusardi, editado por <a href="http://lasfurias.com.ar/una-madre-es-un-piano-triste-de-maria-malusardi/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las Furias,</a> est&aacute; hecho de ese agua derretida. Las pianistas son un im&aacute;n: <em>La pianista</em>, esa pel&iacute;cula volc&aacute;nica de Michael Haneke a partir del libro de Elfriede Jelinek; el documental de Martha Argerich sobre su vida y el v&iacute;nculo con su hija, art&iacute;fice de esa pel&iacute;cula. Sobre esta constelaci&oacute;n el libro construye a esa pianista, de la que todo el tiempo se quiere saber m&aacute;s. Hay algo adictivo en esa pregunta: &iquest;qui&eacute;n es esta mujer? &iquest;qui&eacute;n es esta madre? Como si la escritura estuviera montada sobre un misterio. Leer y preguntarse: &iquest;por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute;? Retumba el eco de esa interrogaci&oacute;n. La ca&iacute;da en picada que produce la lectura. No hay respuestas ni por qu&eacute;. Hay lenguaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos. La pianista, esa mujer, esa madre, ese personaje descripto como &ldquo;una fiera&rdquo; es capaz de coquetear con el salto por una ventana; est&aacute; cansada, se lo menciona muchas veces, y se dice de ella: &ldquo;mi madre al volante es perfecta&rdquo;. La madre es el paisaje de la infancia: su belleza, su tristeza. <strong>Una madre es una m&uacute;sica. Algunos dispositivos organizan al personaje: la m&aacute;quina de coser Singer, el piano. Esa escena casi cinematogr&aacute;fica en la que la madre toca una pieza por tel&eacute;fono. Todo pasa por las manos. La costura, la partitura, la gestaci&oacute;n, la p&eacute;rdida. Las manos son el centro de operaciones. En el principio fue una madre y una palabra. El origen del mundo, de todos los mundos. La composici&oacute;n: escribir es un ajuste de cuentas familiar.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todos somos hijos&rdquo;, se lee. Pero algunos/as son adultos/as sin hijos/as. &iquest;Qu&eacute; hacer para habitar una pregunta imposible? La hija no reivindica, transita. Una constelaci&oacute;n de literatura sobre la decisi&oacute;n y el deseo de ser madres, otra sobre la decisi&oacute;n y el deseo de no serlo. Este libro desliza que no todo es deseo ni todo es decisi&oacute;n. Malusardi se inscribe en esa serie incierta &ndash;como <em>No tengo tiempo</em>, de Mar&iacute;a P&iacute;a L&oacute;pez&ndash;, la de quien agarra esa papa caliente y la convierte en un hurac&aacute;n, un filo, una l&aacute;grima negra, un &ldquo;ara&ntilde;azo&rdquo; en la espalda, pero sobre todo en un conflicto. Despu&eacute;s de poner en jaque el imperativo de maternidad, despu&eacute;s de que Elisabeth Badinter, entre otras, advierte que ser mujer no es sin&oacute;nimo de ser madre, despu&eacute;s de la sanci&oacute;n de la Ley de interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo, la pregunta que no se puede sacar de encima es: &iquest;qu&eacute; hacer con ese deseo de maternidad?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Una madre es un piano triste</em> m&aacute;s que un libro de misterio es un policial fallido. Porque no se devela nada, s&oacute;lo se hace preguntas: a la infancia, al cuerpo, a la poes&iacute;a, a las preguntas de otros libros en su curadur&iacute;a de citas. En una &eacute;poca tan asertiva, toma el enorme desaf&iacute;o de permanecer en estado de pregunta, pero eso no implica liviandad; es atreverse a afrontar la incertidumbre. <em>Una madre es un piano triste</em> agarra ese manojo, casi ese tab&uacute;, sobre cuando hubo deseo de maternidad y no pas&oacute;, o cuando ni siquiera se sabe si hubo. Y en especial, cu&aacute;ndo empieza y termina el deseo de maternidad: &iquest;se impone, escasea, brilla, ata, enloquece, conmueve, condiciona? Adentro de cada una de estas preguntas hay miles de historias, miles de cuerpos, miles de condiciones. Para las otras, aquellas que son hijas sin haberse convertido en madres, Malusardi hace del paso por el yo algo que vale la pena hacer con el yo: asumir alg&uacute;n riesgo. Hacia el final, Malusardi toma la par&aacute;bola universal de las ovejas. Su arrojo es pensar m&aacute;s all&aacute; de las ovejas blancas y negras. <em>Una madre es un piano triste</em> es sobre una hija y una madre. No todas son esa hija ni esa madre. Aunque desde relatos inciertos como &eacute;ste podemos seguir pregunt&aacute;ndonos qui&eacute;nes somos y qu&eacute; hacemos con lo que nuestro deseo nos hace. Es una escritura para ese campo minado.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El origen del mundo</strong></h3><p class="article-text">
        	<em>Una madre es un piano triste</em> es un libro para el d&iacute;a de las que no fueron madres. El d&iacute;a de las que no fueron madres (a&uacute;n). Durante los a&ntilde;os de debates y luchas para lograr la sanci&oacute;n de la Ley de la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo circul&oacute; la frase &ndash;vuelta a ver este fin de semana&ndash;: &ldquo;la maternidad ser&aacute; deseada o no ser&aacute;&rdquo;. La intervenci&oacute;n fue eficaz porque recuperaba la maternidad desde los feminismos &ndash;quiz&aacute;s uno de los lugares m&aacute;s complejos para los feminismos sea el de pensar a las madres&ndash; y porque inclu&iacute;a el deseo. Esa frase buscaba deslindar la maternidad vinculada a la imposici&oacute;n, al mandato, al &ldquo;instinto&rdquo; y mostrar que no todo destino es maternidad. Aunque la maternidad siga teniendo algo de destino. Porque en esa frase queda chueco lo incontrolable. No hay Estado que pueda garantizar ese deseo. La frase arroja ese l&iacute;mite irreductible, tan fuera de c&aacute;lculo. Las circunstancias de la vida, las posibilidades, las historias, los cuerpos. El &ldquo;no&rdquo; existe. Qui&eacute;nes desean la maternidad, pero no la conquistan. O no la conquistan a&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una vez una mujer borracha me dijo que de noche tajeaba rellenos de almohadones. Panzas de plumas. No hay conversaci&oacute;n m&aacute;s salvaje que sobre la maternidad. Un lugar de ojos blancos, de palabras rar&iacute;simas, de suspensi&oacute;n. Lo que se es capaz de hacer por ese sue&ntilde;o. Hay un momento de la vida que se vive con el reloj hacia atr&aacute;s de una bomba. Desactivar esa bomba tiene mil caminos. Pero que la palabra &ldquo;deseo&rdquo; no tape el bosque.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay conversación más salvaje que sobre la maternidad. lo que se es capaz de hacer por ese sueño. Hay un momento de la vida que se vive con el reloj hacia atrás de una bomba. Desactivar esa bomba tiene mil caminos. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/mujeres-afuera-mercado-laboral-ninos-desatendidos-impacto-pandemia-brecha-genero-crisis-cuidado_1_7068767.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La pandemia llev&oacute; la maternidad al extremo</a>. Ojal&aacute; este fin de semana se reconozcan esas historias, esas fortalezas, maternar en dos ambientes alquilados, muchas veces solas, oficiar de maestras, enfermeras, m&eacute;dicas, polic&iacute;as, cocineras. Pero estas l&iacute;neas son para quienes este domingo quieren tajear almohadones: porque no pas&oacute;, porque no saben si va a pasar, quienes sufren porque sus nenes les dijeron &ldquo;mam&aacute;&rdquo; primero a la ni&ntilde;era, las ni&ntilde;eras que extra&ntilde;an este domingo a los beb&eacute;s que a&uacute;pan en la semana, las madrastras de ni&ntilde;os/as que no vieron m&aacute;s, quienes congelan &oacute;vulos, quienes est&aacute;n en lista de espera para adoptar, quienes ya no tienen chances biol&oacute;gicas, quienes alquilan sus vientres, quienes ofician de madres de sus madres y les cambian los pa&ntilde;ales pillados XL, enamoradas que cuidan entre sue&ntilde;os a ni&ntilde;os/as que ni conocen, quienes tuvieron guardas y no pudieron, quienes apadrinan ni&ntilde;os/as en provincias, quienes cargan con secretos familiares sobre aborto o filiaci&oacute;n, quienes enterraron a sus hijos/as. Detr&aacute;s de cada persona que este d&iacute;a no tiene el festejo de la foto hay un imperio, un exilio, una pregunta; a veces un deseo, a veces una decisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dia-no-madres_129_8401704.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Oct 2021 04:36:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guita en el bolsillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/guita-bolsillo_129_8360328.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fee9926f-ea5d-4cae-9255-630702920895_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guita en el bolsillo"></p><p class="article-text">
        &ldquo;Que lo que se compra con tarjeta no se paga&rdquo;. &Eacute;ste es el t&iacute;tulo de una de las creencias de la infancia que se pone encima la humorista gr&aacute;fica Maitena, subidas a su cuenta de Instagram. All&iacute; en una vi&ntilde;eta aparece este di&aacute;logo punzante entre una hija que reclama &ldquo;&iquest;Y entonces si no ten&eacute;s plata para que ten&eacute;s una tarjeta?&rdquo; y una madre que responde &ldquo;es una muy buena pregunta&rdquo; . La infancia es un tiempo de fascinaci&oacute;n con el dinero, ese papel adulto, &ldquo;sucio&rdquo;, que se puede juntar en moneditas, el del vuelto de los primeros mandados, la curiosidad de qu&eacute; se cambia cuando se cambia un billete. La infancia es ese mapa de cu&aacute;nto pueden comprar tus padres o madres y cu&aacute;nto los padres o madres de los dem&aacute;s. Cuando ese mapa est&aacute; armado del todo quiz&aacute; la infancia se termina. Pero antes es el desfasaje entre trabajo, dinero y capacidad de compra. Un negocio, un banco, un supermercado. Una l&iacute;nea de montaje entre valor de uso y valor de cambio. El 30 de septiembre se cumpli&oacute; un a&ntilde;o de la muerte de Quino. Quiz&aacute; entre otras cosas Mafalda sea eso: la primera nena que hablaba de guita.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>La historia del billete argentino es la historia del Estado argentino: arranca con el PESO Moneda Nacional (desde 1881), el PESO Ley (desde 1970); el PESO Argentino (desde 1983); el AUSTRAL (desde 1985) y en 1992 la ley de convertibilidad (un peso un d&oacute;lar). A trav&eacute;s de Roberto Arlt, Ricardo Piglia dec&iacute;a &ldquo;el dinero es ficci&oacute;n&rdquo;.</strong> En sus palabras: &ldquo;El dinero &ndash;podr&iacute;a decir Arlt&ndash; es el mejor novelista del mundo: legisla una econom&iacute;a de las pasiones y organiza &ndash;en el misterio de su origen&ndash; el inter&eacute;s de una historia donde la arbitrariedad de los canjes, las deudas, las transferencias es el &uacute;nico enigma a descifrar. En este sentido para Arlt es el dinero es una m&aacute;quina de producir ficciones, o mejor, es la ficci&oacute;n misma porque siempre desrealiza el mundo: primero porque para poder tenerlo hay que inventar, falsificar, estafar, &rdquo;hacer ficci&oacute;n&ldquo; y a la vez porque enriquecerse es siempre la ilusi&oacute;n (basta pensar en los sue&ntilde;os de Erdosain, en las b&uacute;squedas de Astier) que se construye a partir de todo lo que se podr&aacute; tener&nbsp;<em>en</em>&nbsp;el dinero&rdquo;. Falsificaciones, estafas, dar el batacazo, esos modos de hacer &ndash;y de leer&ndash; que despu&eacute;s Alejandra Laera pondr&aacute; en otras series en su extraordinario libro <em>Ficciones del dinero 1890-2001</em>. Pero volvamos: Ricardo Piglia public&oacute; este art&iacute;culo en 1974, en 1975 viene el Rodrigazo, esos a&ntilde;os del empaste que le siguen la inflaci&oacute;n se acelera. 1983, la democracia, ese n&uacute;mero de n&uacute;meros est&aacute; tan cargado que del 76-82 se dice poco que tambi&eacute;n fueron a&ntilde;os de gobierno. Los otros a&ntilde;os setenta de la gente com&uacute;n.<strong> Un ministro de econom&iacute;a al que putear. Eso es la econom&iacute;a tambi&eacute;n: el permitido.</strong> Ese aprendizaje de mesa &ldquo;no hablar de pol&iacute;tica ni de religi&oacute;n&rdquo; tiene su afloje con esas m&aacute;ximas tiradas al aire porque &iquest;qui&eacute;n puede cuestionar al que dice &ldquo;qu&eacute; dif&iacute;cil est&aacute; todo&rdquo; o &ldquo;no alcanza&rdquo; o &ldquo;lo pago el mes que viene&rdquo;? Todos somos ministros de econom&iacute;a de nuestra billetera personal. El permitido en el taxi, en el ascensor, en la fila; un &ldquo;qu&eacute; quilombo&rdquo;: la guita en la boca de todos. Las penas en los bolsillos son de nosotros. No por igual, pero la gran mayor&iacute;a no la tiene regalada. En esos cuidados m&aacute;ximos &ndash;de qu&eacute; hablar, con qui&eacute;n&ndash; el comentario econ&oacute;mico estaba permitido. Es m&aacute;s: la dictadura &ndash;que tambi&eacute;n tuvo su destape, su veta cabaretera&ndash; abri&oacute; esa caja de pandora: no poder parar de hablar de guita.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los resultados de las PASO volvieron sobre la plata. Faltó “dinero en los bolsillos” por momentos parece que alguien guarda y no comparte cuando el mandato desde Alfonsín es que el otro desorden de la casa pueda ser la impresora.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los resultados de las PASO volvieron sobre la plata. Falt&oacute; &ldquo;dinero en los bolsillos&rdquo; por momentos parece que alguien guarda y no comparte cuando el mandato desde Alfons&iacute;n es que el otro desorden de la casa pueda ser la impresora. En 1983,&nbsp;&Aacute;lvaro Alsogaray&nbsp;dec&iacute;a: &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; rompernos la cabeza con estudiar econom&iacute;a?&nbsp;Pongamos una buena maquinita de fabricar billetes en el Banco Central y hag&aacute;mosla trabajar horas extras. Una m&aacute;quina fabricando billetes y entreg&aacute;ndolos a la tesorer&iacute;a para que haga casas y aumente los salarios, &iquest;que problema econ&oacute;mico habr&iacute;a en el mundo?&rdquo;. Despu&eacute;s vino Menem, la Alianza &ndash;que hizo de la divisi&oacute;n entre econom&iacute;a y pol&iacute;tica su escuela: se pod&iacute;a combatir la corrupci&oacute;n, pero no la convertibilidad&ndash;. La convertibilidad dur&oacute; 11 a&ntilde;os: desde 1991 hasta 2002 cuando fue derogada por el ex presidente Eduardo Duhalde.&nbsp;2001 fue el fin de la gran ficci&oacute;n argentina: el inconsciente de la clase media estructurado en d&oacute;lares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El respaldo de los billetes. Desde 1973 la crisis del petr&oacute;leo es una crisis financiera que rompe los proyectos de integraci&oacute;n a trav&eacute;s del trabajo. Los billetes empiezan a ser un negocio en s&iacute; mismos y aquella modalidad perif&eacute;rica de la econ&oacute;mica &ndash;crediticia, financiera&ndash;empieza a ser central. La maquina de vapor se pone tecnol&oacute;gica.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La crisis caus&oacute; una nueva bancarizaci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        En Argentina en 1986 <a href="https://www.youtube.com/watch?v=JbZEw59xLk0&amp;ab_channel=Retro80-Argentina%21" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la publicidad Carta Franca</a> pon&iacute;a en cada vez m&aacute;s manos ese mantra del pl&aacute;stico que &ldquo;regala flores, concreta un viaje, carga nafta para el coche y cuando termina el d&iacute;a compra un libro para la noche&rdquo;. Comprar ahora, pagar despu&eacute;s<strong>. </strong>Usar como una suerte de cr&eacute;dito excepcional es diferente del canal de endeudamiento <a href="https://www.eldiarioar.com/economia/70-hogares-tomaron-deuda-pandemia-hicieron-comprar-alimentos-medicamentos_1_8343742.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para sustentar el household</a>. &ldquo;Tarjetear&rdquo; como forma de vida. Cada crisis deja una transformaci&oacute;n bancaria: la masividad de la tarjeta de d&eacute;bito es hija del corralito. La pandemia deja el boom del mercado pago y la mayor financiarizaci&oacute;n. El trabajo se desmaterializa, los billetes (ahora con animales encima) se desmaterializan. <em>Todos los billetes se desvanecen en el aire.</em> Inflaci&oacute;n se queda corta: es la relaci&oacute;n entre precios y salarios y es la pandemia con todas las dificultades para poner esa fuerza a ganar plata. Por momentos, parece que todo es deuda o que todo se parece a trabajar. El dinero en los bolsillos &ndash;de cuando se compraban casas y se jugaba a la quiniela a que se pueda colgar un t&iacute;tulo de posgrado en un departamento alquilado y probar suerte con las criptomonedas), el dinero del Estado (peso, ticket canasta, patacones, billetes de mil pesos que ya no se sabe qu&eacute; capacidad de compra tienen). La pregunta que no nos podemos sacar de encima: el &ldquo;con qu&eacute; se hace&rdquo; de una macro econom&iacute;a con Estado presente.
    </p><p class="article-text">
        <em>FA/SH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/guita-bolsillo_129_8360328.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Oct 2021 10:35:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Guita en el bolsillo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Inflación,PASO 2021,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La caja negra de las elecciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/caja-negra-elecciones_129_8314099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75d1055b-f1d7-4cbd-a6be-8a761622b514_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La caja negra de las elecciones"></p><p class="article-text">
        Cuando Macri dijo &ldquo;no me dejaron gobernar&rdquo; eso tambi&eacute;n estaba lanzado&hellip; a la sociedad. La <em>ingobernabilidad</em> de la sociedad argentina. Lo que pas&oacute; el domingo en las urnas no es que la sociedad &ldquo;se derechiz&oacute;&rdquo;. Anotemos tres motivos. Primero, la lectura que s&oacute;lo ancla en el crecimiento de Milei &ndash;un crecimiento, por empezar, personalista; pr&aacute;cticamente ni quien lo vot&oacute; recuerda el nombre del partido&ndash; borronea la colocaci&oacute;n del Frente de Izquierda como tercera fuerza electoral y, sobre todo, que de los pocos lugares que se ganaron en la Provincia de Buenos Aires &ndash;a&uacute;n por menos puntos&ndash; uno es en Moreno, con Noelia Saavedra, del movimiento Evita, como candidata a concejala. Segundo, dos de las mejores iniciativas de este gobierno fueron leyes de la sociedad: la demanda por la ley de alquileres &ndash;con la iniciativa de Inquilinos Agrupados, a&uacute;n con lo que falta ante el encarecimiento y el pedido de derogamiento de Vidal&ndash; y la demanda por la ley de la Interrupci&oacute;n Voluntaria del Embarazo &ndash;con la iniciativa de la Campa&ntilde;a por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito&ndash;. Dos multitudes post 2001: inquilinos y feministas. Fueron leyes tan de la sociedad, tan de la &eacute;poca que las produjo, que resultaron <em>incontables</em>: &iquest;qui&eacute;n las record&oacute; cuando fue a votar? (Como la pol&iacute;tica sanitaria que qued&oacute; &ndash;en especial en PBA&ndash; corrida de la cuenta electoral; qued&oacute; tan pegada al Estado esa primera gesti&oacute;n de la pandemia que en marzo de 2020 incluso fue posible que, por primera vez, los diarios salieran con la misma tapa). Tercero y fundamental, por la responsabilidad del gobierno cuando no mira <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/pina-frente-frente_129_8296256.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la frente a esa sociedad rota</a>. El domingo pasado las urnas abrieron la caja negra de la sociedad y de la pol&iacute;tica. Las cajas negras almacenan datos que, el d&iacute;a despu&eacute;s, permiten analizar qu&eacute; pas&oacute; y establecer causas. Las elecciones fueron meter la mano, como en los registros de vuelos de los aviones, en el casette crudo de esta &eacute;poca.&nbsp;
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                &quot;Chelita&quot; viajó desde Ezeiza para votar temprano en Capital                            </span>
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        <strong>Cada colegio es un cacho de pa&iacute;s.</strong> Todos somos un colegio, fuimos a alguno, llevaremos a nuestros hijos o familiares a otro. El s&aacute;bado anterior a la elecci&oacute;n fue el d&iacute;a de maestros y maestras. Parec&iacute;a impensable y al final&hellip; un d&iacute;a hubo de nuevo un partido de f&uacute;tbol con p&uacute;blico, un recital y tambi&eacute;n comicios. Nos acordaremos de esta vez con los barbijos encima. <strong>Estaban las ventanas tan abiertas que por momentos se volaban las boletas.</strong> La fila era una suerte de <em>elige tu propia pandemia</em>: quien segu&iacute;a vestido de astronauta, quien trajo birome, alcohol en gel y boligoma, con la preocupaci&oacute;n de pegar bien el sobre. El abuelo en camisa reci&eacute;n planchada. Una se&ntilde;ora con reposera por si la fila tardaba mucho. Alguien con la caja de entrega de Rappi. Otro gritaba &ldquo;ventajeros, chorros&rdquo;. Algunos recordaban cuando fueron presidentes de mesa o el aula en la que hicieron la primaria. Los aplausos de la primera vez. Y enojos. Muchos. Por momentos la fila parec&iacute;a una <em>pax </em>armada, en tensi&oacute;n. <strong>En el aire las ganas de putear por cualquier cosa. Un se&ntilde;or arengaba &ldquo;que vuelva el servicio militar obligatorio&rdquo; y otro lo secundaba.</strong> Eso es la democracia argentina: la fila que lleva a las urnas. Una persona, un voto. Un cuerpo, una vacuna. Las urnas tienen algo &aacute;urico. Est&aacute;n ah&iacute;. Acarrean. Son ba&uacute;les. Y el domingo pasado cargaban un mensaje espeso. En la terraza soleada y c&iacute;vica que es cada domingo de elecciones hab&iacute;a varios gatos negros.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada colegio es un cacho de país. Todos somos un colegio, fuimos a alguno, llevaremos a nuestros hijos o familiares a otro. El sábado anterior a la elección fue el día de maestros y maestras. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Fue a votar una sociedad rota.</strong> Un abuelo pregunt&oacute; &ldquo;&iquest;vino a votar la otra?&rdquo; &ndash;y me se&ntilde;al&oacute; el apellido&ndash;. Y agreg&oacute;: &ldquo;Es mi hermana pero no hablamos hace a&ntilde;os y no s&eacute; si muri&oacute; por Covid&rdquo;. &ldquo;No, no vino&rdquo;, respond&iacute;. En un sobre estaba escrito &ldquo;no pude acompa&ntilde;ar a mi hijo cuando muri&oacute;&rdquo;. Las cartas de la sociedad no tienen remitente. Las elecciones siempre son una carta al gobierno oficialista: voto de confianza o voto castigo. Cada elecci&oacute;n es un plebiscito. Llamar &ldquo;derecha&rdquo; al modo en que se transforma ese dolor popular, ese enojo, esa falta de respuesta, <a href="https://radiocut.fm/audiocut/mayra-arenas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iquest;a qui&eacute;n le habla?</a>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La due&ntilde;a de un negocio, el que trabaja en un restaurante, la empleada de la multinacional. <em>Vivir afuera</em> (del Estado). <strong>La pandemia acrecent&oacute; esa diferencia: aunque los sueldos estatales sean relativamente magros hoy son los que m&aacute;s contienen, los que m&aacute;s se parecen a la vieja aristocracia obrera.</strong> &iquest;Cu&aacute;l es el mejor laburo que pod&eacute;s tener en este pa&iacute;s? &iquest;Un negocio? &iquest;Una pyme? &iquest;Una planta permanente en el poder judicial? La pandemia le subi&oacute; el volumen a la &eacute;poca. La discusi&oacute;n no es s&oacute;lo la de la guita sino la de cada una de las dificultades que se incrementaron para poner a disposici&oacute;n esa fuerza de trabajo. Dos ejemplos claves fueron los transportes y las escuelas. La problem&aacute;tica econ&oacute;mica subray&oacute; la necesidad mundial del cuidado: cada casa se convirti&oacute; en una f&aacute;brica de vida y mostr&oacute; que la una no existe sin la otra: &iquest;c&oacute;mo se produce la fuerza de trabajo y la riqueza? <em>Household </em>es lo que cuesta mantener el hogar con todo lo que tiene encima. Las clases medias se precarizaron no s&oacute;lo por la relaci&oacute;n entre la inflaci&oacute;n y el salario sino porque cada vez cuesta m&aacute;s (tiempo y recursos) ser de clase media. Dos, tres&hellip; muchas clases medias.
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                Algunas escuelas organizaron las filas con sillas                            </span>
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        Una elecci&oacute;n es una obsesi&oacute;n por el centro. <strong>Jaboco Timerman</strong> dec&iacute;a: &ldquo;un diario culturalmente de izquierda, pol&iacute;ticamente de centro, econ&oacute;micamente de derecha&rdquo;. Pol&iacute;tica editorial y mandato electoral. &iquest;Qu&eacute; se disputa al disputar el &ldquo;centro&rdquo;? &iquest;Por qu&eacute; todos se lo disputan? <em>El tercio de los sue&ntilde;os. </em>El reverso del centro tambi&eacute;n es la crisis moderada, homeop&aacute;tica, con la que se convive. Estallidos que no estallan. Adentro de las urnas viaj&oacute; un &ldquo;no&rdquo; al rumbo de la gesti&oacute;n. La volatilidad de los votos de ese tercio habla m&aacute;s de la sociedad que de la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El d&iacute;a 101</strong>
    </p><p class="article-text">
        	En 1958 se cre&oacute; el Ministerio de Econom&iacute;a y la carrera de Econom&iacute;a en la UBA. <strong>Pero lo que hoy se nombra como &ldquo;econom&iacute;a&rdquo; en ese entonces era&nbsp;&ldquo;econom&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo;.</strong>&nbsp;En 2019, durante el debate electoral, Alberto Fern&aacute;ndez se&ntilde;al&oacute;: &ldquo;Algunos funcionan sobre dogmas, tienen como soluciones predise&ntilde;adas. No creo que la econom&iacute;a se resuelva de ese modo. Ante cada problema tenemos muchas alternativas para resolverlo. No soy un dogm&aacute;tico. Van a ver en m&iacute; decisiones tal vez ortodoxas y otras heterodoxas. Lo que nunca van a ver es que hago algo en contra de los que producen y de los que trabajan&rdquo;. No hay econom&iacute;a inyectada en los bolsillos sin macroeconom&iacute;a.&nbsp;Ambas se necesitan. Una &ldquo;mirada estr&aacute;bica&rdquo; para las soluciones de los problemas argentinos<strong>. </strong>Mart&iacute;n Guzm&aacute;n es el nombre de esa apuesta &ndash;la renegociaci&oacute;n (con el FMI, con los bonistas, con los acreedores) pero sin descuidar tierra, techo y trabajo&ndash;. El punto entonces es <em>para qu&eacute;</em>. El d&iacute;a 101 es m&aacute;s program&aacute;tico que personalista.<strong> Volver es volver a discutir pol&iacute;tica econ&oacute;mica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las urnas abrieron la caja negra del Frente de Todos. Naci&oacute; en las urnas y son las elecciones las que est&aacute;n detr&aacute;s de este momento de crisis. <strong>Pero de la crisis pol&iacute;tica se sale con m&aacute;s sociedad</strong>: &eacute;se es el mandato de la democracia, tatuado en la materia del CBC &ldquo;Sociedad y Estado&rdquo;. Las urnas abrieron esa doble caja negra: la de la econom&iacute;a y la del liderazgo. Si acaso el peronismo tiene una naturaleza, &eacute;sa es la de cambiar. La pregunta m&aacute;s que por los nombres propios es c&oacute;mo dar una respuesta contundente a la econom&iacute;a post 2008: el crecimiento de la pobreza estructural. Hasta ahora, los cambios muestran un gabinete &ldquo;renovado&rdquo; por viejos hombres de Estado. No son todos lo mismo pero todos deber&iacute;an trabajar por lo mismo: dar una respuesta a la crisis. Entre los cambios destaca el del ministro de Educaci&oacute;n <strong>Jaime &ldquo;Jimmy&rdquo; Perczyk</strong>, candidato al cargo en 2019. Estuvo detr&aacute;s de pol&iacute;ticas educativas como el Conectar Igualdad y fue rector de la Universidad de Hurlingham (UnaHur). La unidad como raz&oacute;n de &eacute;poca; la unidad como m&aacute;s que la suma de sus partes. Fiscalic&eacute; al lado de una chica de 19 a&ntilde;os, de Villa Soldati, que estudia trabajo social y vot&oacute; a Juntos por el Cambio. Qu&eacute; precisa la sociedad de Alberto: lo que ya ni espera. Hace dos a&ntilde;os un tercio de la sociedad vot&oacute; una boleta y ahora vot&oacute; otra. Los motivos de este margen son pol&iacute;ticos y no s&oacute;lo sociales. <strong>Decir que la sociedad se derechiz&oacute; es no preguntarse qu&eacute; hizo el peronismo, o m&aacute;s a&uacute;n: qu&eacute; puede hacer.</strong> Ma&ntilde;ana es el d&iacute;a 101.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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        <em>FA</em>
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      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Sep 2021 03:04:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La caja negra de las elecciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alberto Fernández,Cristina Fernández de Kirchner,Elecciones 2021,PASO 2021,Frente de Todos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A la cama con la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cama-politica_129_8272078.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42cf9a4b-b56d-4499-a24c-ff985127bf2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A la cama con la política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del escándalo sexual de Rodríguez Saá de los 90 a esta escena a la actual, en la cual la precandidata Victoria Tolosa Paz hizo las declaraciones que hizo sobre el garche, hay un arco. Un arco torcido. Que no se trata –o no se agota– sólo en la política sino en los cruces entre la política, el sexo y la sociedad.</p><p class="subtitle">Análisis - Etimología política del "garche peronista", según Tolosa Paz</p></div><p class="article-text">
        A comienzos de los a&ntilde;os noventa, Adolfo Rodr&iacute;guez Sa&aacute; protagoniz&oacute; lo que, r&aacute;pidamente, podemos nombrar como esc&aacute;ndalo sexual. Y en ese momento la encarnaci&oacute;n de su defensa apelaba a algo que se volvi&oacute; s&iacute;ntoma de &eacute;poca, incluso para escenas que vinieron bastante despu&eacute;s: &ldquo;esto es mi vida privada&rdquo;. Como si hubiera una zona de la cual no hay por qu&eacute; dar cuenta en lo p&uacute;blico. El otro Muro de Berl&iacute;n. Esta apelaci&oacute;n hac&iacute;a serie con lo que era el fantasma de &eacute;poca: la c&aacute;mara oculta. Un dispositivo que se pod&iacute;a infiltrar en aquello donde se prefer&iacute;a no ser vistos ni vistas. De esta escena a la actual, en la cual la precandidata Victoria Tolosa Paz hizo las declaraciones que hizo sobre el garche, <strong>hay un arco. Un arco torcido. Que no se trata &ndash;o no se agota&ndash; s&oacute;lo en la pol&iacute;tica sino en los cruces entre la pol&iacute;tica, el sexo y la sociedad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        De una &eacute;poca cuyo fantasma es la c&aacute;mara oculta a una &eacute;poca que tiene que ponerse aplicaciones para controlar el uso desaforado de Instagram: una red social inventada, aspiracionalmente, para mostrar fotos de todo lo que se hace. Como si hubiera una suerte de ideal de transparencia, <em>ac&aacute; estoy, esto soy yo</em>, como si no hubiera nada que no pudiera ser visto. Un arco torcido entre el imperio de Instagram y el de la c&aacute;mara oculta. <strong>Reg&iacute;menes &oacute;pticos</strong>. En ninguna otra &eacute;poca hubiera estado tan disponible sacar una foto &iexcl;cuando te dan una vacuna! Dig&aacute;moslo al rev&eacute;s: alg&uacute;n riesgo queda a&uacute;n en <em>aquello</em> a lo que todav&iacute;a no le sacar&iacute;amos una foto y la subir&iacute;amos a Instagram. Por poco.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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        Pero esta es una idea un poco rota, dec&iacute;amos, porque si desmigajamos est&aacute; por un lado por qu&eacute; en un pa&iacute;s con cuarenta por ciento de pobres parte de la campa&ntilde;a est&aacute; pensando sobre el goce (una campa&ntilde;a son muchas campa&ntilde;as: Heller y Tetaz discutieron la otra noche sobre los modelos econ&oacute;micos, con los temas sobre la mesa, con la pregunta encima de la precarizaci&oacute;n de la clase media con que lo que se necesita para ser de clase media); por otro, est&aacute; qu&eacute; pasa cuando se dicen cosas como las que se dijeron. Lo que se activa en relaci&oacute;n a por qu&eacute; la pol&iacute;tica agarra la palabra &ldquo;garche&rdquo; en una suerte de pacater&iacute;a <em>on demand</em>, que muestra agujeros frente a una &eacute;poca que, inevitablemente, est&aacute; reconfigurando las relaciones entre el sexo y la pol&iacute;tica, la pol&iacute;tica y el sexo. La sexualidad se expande pero cuesta a&uacute;n que entre a las aulas (a algunas sobre todo) y a los palacios, los miles.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La tapa del diario Clarín de cuando Rodríguez Saa denunció que había sido secuestrado                            </span>
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        No hay un espacio de la vida social que est&eacute; m&aacute;s lleno de la sexualidad que la pol&iacute;tica. La vida sexual de los presidentes y presidentas: el tan sobrio como con fama de &ldquo;picaflor&rdquo; Alfons&iacute;n, Menem con las odaliscas, el &ldquo;aburrido&rdquo; De la R&uacute;a, los Kirchner, la tapa de &ldquo;Noticias&rdquo; sobre CFK... No es lo mismo, no es igual, desde ya. A la par, los modos en que las leyes sexuales impactan en el conjunto de la poblaci&oacute;n: de la ley de Divorcio al Matrimonio igualitario, de la Educaci&oacute;n Sexual Integral (ESI) a la Interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo (IVE).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y esa historia astillada entre unos y otros. Puentes en el aire. Dos escenas latinoamericanas. Una pel&iacute;cula extraordinaria &ldquo;Historias que nuestro cine (no) contaba&rdquo;, de Fernanda Pessoa, que lee la dictadura en Brasil a partir de lo que se llama <em>pornochanchada </em>y lo que tiene la pel&iacute;cula es justamente, como pas&oacute; en Argentina con el <em>sexexplotation, </em>los momentos m&aacute;s salvajes cuando a veces aquello que creemos junto est&aacute; separado y a veces eso que est&aacute; separado est&aacute; m&aacute;s junto de lo que nos animamos a pensar. La dictadura tuvo su veta cabaretera; la militancia tuvo la mon&aacute;stica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la lengua. Lamborghini. &ldquo;La narraci&oacute;n de la historia&rdquo;, de Correas. La revista &ldquo;Sur&rdquo; o &ldquo;Contorno&rdquo;. Salvadora Medina Onrubia. Victoria Ocampo, seg&uacute;n propone Laura Arn&eacute;s, una intelectualidad montada en las sexualidades disidentes, la otra cara de la modernidad vinculada con los cuerpos y los modos de pensar las sexualidades. Todo el tiempo la literatura argentina desde sus inicios est&aacute; poniendo los cuerpos, la agresi&oacute;n y por supuesto el sexo. No hay literatura argentina sin qui&eacute;nes garchan entre qui&eacute;nes y ese qui&eacute;nes es una pregunta por la clase (del otro).&nbsp;
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                A la cama con Moria, el programa de tevé de los 90.                            </span>
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        Del pol&iacute;tico &ldquo;&eacute;sta es mi vida privada&rdquo; a &ldquo;en el peronismo siempre se garch&oacute;&rdquo;. La sexualidad siempre es un borde: entre la difamaci&oacute;n, entre la violencia, entre el pudor, nunca estamos a salvo cuando metemos al sexo en el medio.&nbsp; Ante qu&eacute; agachar la cabeza. Un salto. Pier Paolo Pasolini. Cuando la sociedad de masas se encuentra con el sexo, Pasolini dice &ldquo;hasta ac&aacute;&rdquo;. En <a href="https://www.youtube.com/watch?v=L6foBjG-vXM&amp;ab_channel=NYCBLOCKS" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Comizi d&rsquo;amore</em></a>, en 1963, el film empieza con PPP acerc&aacute;ndose a un grupo de chicos y les pregunta: &ldquo;&iquest;d&iacute;ganme c&oacute;mo nace un beb&eacute;?&rdquo;. La distancia entre la sexualidad &ldquo;procreativa&rdquo; y &ldquo;recreativa&rdquo;, esa gran revoluci&oacute;n de los sesenta, dada vuelta media. Un sexo despedazado. PPP en sus palabras: &ldquo;La lucha por la liberaci&oacute;n sexual ha sido brutalmente superada y desvirtuada por la decisi&oacute;n del poder consumista de conceder una tan amplia como falsa tolerancia. La realidad de los cuerpos &lsquo;inocentes&rsquo; ha sido violada, manipulada, ofendida y puesta al servicio del poder consumista. Las vidas sexuales privadas han sufrido el trauma tanto de la tolerancia como de la degradaci&oacute;n corporal, y lo que en las fantas&iacute;as sexuales era dolor y alegr&iacute;a se ha convertido en suicida desilusi&oacute;n, en informe desidia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os noventa completan el destape porque al destape llegan los pol&iacute;ticos, los &uacute;ltimos.<em> </em>Guinzburg le preguntaba al aire a Erman Gonz&aacute;lez c&oacute;mo hab&iacute;a sido su primera vez. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=r9PpCu-QxEY&amp;ab_channel=ArchivoRaulGalaMoriaCasanVintage" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En &ldquo;A la cama con Moria</a>&rdquo; los pol&iacute;ticos iban &ldquo;desnudos&rdquo; por primera vez. Todos. Corta la bocha. 1991. La democracia es eso: cuando esa izquierda &ldquo;dura&rdquo; conoci&oacute; el sexo, el cuerpo. Moria Cas&aacute;n escotad&iacute;sima, una cama en un estudio de televisi&oacute;n, recibe al dirigente del Partido Obrero, Jorge Altamira. Es un minuto y en ese minuto est&aacute; todo. Los votos, el consumo, el destape, la reconversi&oacute;n, la clandestinidad. &Eacute;l sac&aacute;ndose la campera, ella que dice &ldquo;la campera de Ubaldini&rdquo;, las risas. Ella lo increpa &ldquo;Jorge Altamira, &iquest;es tu seud&oacute;nimo o es tu nombre real?&rdquo;, mientras insiste, &ldquo;ponete c&oacute;modo&rdquo;. &Eacute;l le cuenta que, como mucha gente que ha luchado contra dictaduras, empez&oacute; con su nombre pol&iacute;tico. Y sigue mientras acomoda el almohad&oacute;n: &ldquo;Cuando comenzamos la lucha electoral, en lugar de ocultarlo lo reivindiqu&eacute;. El nombre con el que todos me conoc&iacute;an&rdquo;. Camisol&iacute;n y nombre de guerra. &Eacute;l le termina diciendo: &ldquo;Per&oacute;n usaba seud&oacute;nimo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cama-politica_129_8272078.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Sep 2021 04:33:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Moria Casan,Victoria Tolosa Paz,Adolfo Rodríguez Saa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Extraña dama]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/extrana-dama_129_8236710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/caeac3b9-57be-4475-a53d-4c8eca6c7eed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Extraña dama"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Evita inauguró la genealogía de primeras damas convertidas en personas públicas. Florencia Angilletta respasa la historia de la figura de "consorte" en la historia y en la democracia moderna. El rol de María Lorenza Barreneche, Zulema Yoma, Inés Pertiné, Chiche Duhalde, Cristina Fernández de Kirchner, Juliana Awada y Fabiola Yánez, que no entra en el molde del post peronismo 2001.</p></div><p class="article-text">
        Un Estado son capas de Estado: instituciones, s&iacute;mbolos, actos, fotos, &iacute;conos, escenas, leyes, alianzas, traiciones, rostros. Algunas de estas fuerzas de Estado empiezan a hacer contacto con las mujeres mediante las figuras de las primeras damas. &iquest;Cu&aacute;ndo la primera dama se convierte en una persona p&uacute;blica? Hasta Eva Per&oacute;n no podemos retener el nombre de ninguna esposa de un presidente. Ni siquiera la de Yrigoyen, cuando el radicalismo ampl&iacute;a la participaci&oacute;n de las multitudes en el Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque en esta genealog&iacute;a puede hacerse una distinci&oacute;n: entre los efectos de esta estela p&uacute;blica &ndash;cuando las mujeres comienzan a estar en la foto&ndash; y la matriz &iacute;ntima de los v&iacute;nculos &ndash;la &oacute;rbita de las mujeres en el poder &ndash;. Incluso los v&iacute;nculos comunitarios m&aacute;s all&aacute; de las directrices de Estado. El libro <em>Secretos de alcobas presidenciales: de Delfina Mitre a Cristina Kirchner</em>, escrito por Cynthia Ottaviano, focaliza aqu&iacute;: la alcoba como el lugar donde se cuecen las habas. Quiz&aacute;s el v&iacute;nculo m&aacute;s fuerte que pari&oacute; Am&eacute;rica Latina sea el de Manuela S&aacute;enz y Sim&oacute;n Bol&iacute;var. En escenas, tiempos y contextos muy distintos la imagen de la alcoba vuelve sobre estas inc&oacute;gnitas: &iquest;a qu&eacute; mujer le env&iacute;a el presidente un WhatsApp consult&aacute;ndole cosas? &iquest;Qui&eacute;n lo anima detr&aacute;s de un discurso? &iquest;Qui&eacute;n le susurra &ldquo;mira esto&rdquo; o le se&ntilde;ala errores? &iquest;A qui&eacute;n le canta canciones un presidente? El combustible est&aacute; en la alcoba.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        La expresi&oacute;n, incluso ling&uuml;&iacute;stica, &ldquo;primera dama&rdquo; remite al consorte, a hacer part&iacute;cipe, y arrastra, <strong>en la vida democr&aacute;tica, la noci&oacute;n nobiliaria de que una persona en el poder es una sangre en el poder; es decir, una familia.</strong> Nadie gobierna solo. Al poder del Estado moderno se llega de a dos, a veces tambi&eacute;n en familia, a veces en clan. Pensar como caduca o antigua a la figura de la primera dama &ndash;Juliana Awada, la esposa de Macri, sol&iacute;a ser calificada de &ldquo;florero&rdquo;&ndash; opaca que mediante estos modos ceremoniales y protocolares muchas mujeres en el siglo XX han podido dar grandes pasos, traficar, negociar y tensionar la cultura pol&iacute;tica, que sol&iacute;a estar centrada en los varones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin primera dama no habr&iacute;a Eva Per&oacute;n.</strong> Aunque adem&aacute;s de ella, de su nombre, es una plataforma de toda una generaci&oacute;n de primeras peronistas, como ha estudiado Carolina Barry. Por ejemplo, en el caso de Elena Caporale de Mercante, mujer del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Domingo Mercante. Muchachas de antes que superpusieron la &ldquo;dama&rdquo; con la &ldquo;trabajadora&rdquo; y dieron vuelta el dicho popular &ndash;&ldquo;una dama en la calle, una se&ntilde;ora en la casa y&hellip;&rdquo;&ndash;. Mar&iacute;a Georgina Cecilia Acevedo P&eacute;rez, la esposa de C&aacute;mpora, apodada &ldquo;Nen&eacute;&rdquo;, hija de una familia de cierta fortuna, contrasta con las tres esposas de Per&oacute;n:<strong> </strong>Aurelia&nbsp;Gabriela&nbsp;Tiz&oacute;n &ldquo;Potota&rdquo;, Eva Duarte e Isabel Mart&iacute;nez, la primera presidenta de quien tanto cuesta hablar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Eva Perón construyó su figura política y liderazgo histórico desde la figura de la primera dama.                            </span>
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        Macri y Awada se conocieron en un gimnasio; N&eacute;stor y Cristina en la universidad. Alfons&iacute;n conoci&oacute; a su esposa en un carnaval en Chascom&uacute;s. Y encontr&oacute; a una compa&ntilde;era hist&oacute;rica en Margarita Ronco, su secretaria, quien decidi&oacute; en la historia nombrarse as&iacute;, en ese cariz p&uacute;blico, el del trabajo, desde que lo conoci&oacute; hasta que camin&oacute; an&oacute;nima en su despedida. Los secretos de la primavera democr&aacute;tica, los secretos de la democracia argentina duermen en la almohada de Margarita.&nbsp;
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                María Lorenza Barreneche en la asunción de su marido, Raúl Alfonsín, una de las pocas apariciones públicas.                            </span>
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        Aunque este desplazamiento hace s&iacute;ntoma con la estela del radicalismo, un partido sin rostros can&oacute;nicos de mujeres. &iquest;Qui&eacute;n se acuerda, por ejemplo, de Silvia Martorell, la &ldquo;Chunga&rdquo;, pintora y esposa de Illia? La historia de las mujeres sin rostro del radicalismo, en la literalidad, hasta en el &aacute;cido que Bar&oacute;n Biza le arroj&oacute; a Clotilde Sabattini, como advierte Nora Dom&iacute;nguez. A su modo, <em>El desierto y su semilla</em> es la historia de esta familia radical, de esta violencia. Los rostros que faltan son tambi&eacute;n palabras sobre las muchas mujeres radicales que se metieron sus pueblos al hombro, participaron en cooperadoras, asambleas, comedores, fueron victimas de la dictadura y muchachas de la democracia.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                María Lorenza Barreneche, Zulema Yoma, Inés Pertiné, Chiche Duhalde, Cristina Fernández de Kirchner, Juliana Awada, las primeras damas desde el regreso a la democracia y anteriores a Yánez                            </span>
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        Mar&iacute;a Lorenza Barreneche, Zulema Yoma, In&eacute;s Pertin&eacute;, Chiche Duhalde, Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, Juliana Awada, Fabiola Y&aacute;&ntilde;ez. Se escribe algo entre esos nombres. Las primeras damas de la Argentina democr&aacute;tica. Algunas pusieron la casa por sobre el Estado. A otras el Estado les tom&oacute; la casa. <em>Casa tomada</em>. Mar&iacute;a Lorenza, a la que llamaban &ldquo;la pueblerina&rdquo;, la de m&aacute;s bajo perfil, custodia de su familia. Zulema Yoma, echada de Olivos por decreto, buscadora de justicia por la muerte de Carlitos <em>Junior</em>. In&eacute;s Pertin&eacute;, que tuvo su propio 2001 cuando, como analiza Soledad Vallejos en <em>Olivos</em>, mientras el pa&iacute;s estallaba organizaba una mudanza fantasmal, de raje. Tuvimos cinco presidentes en una semana y tambi&eacute;n cinco primeras damas. Juliana Awada<em> influencer</em> para una patria so&ntilde;ada <em>for export</em>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Juliana Awada fue una primera dama muchas veces comparada con la figura de florero o influencer &quot;for export&quot;"
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                Juliana Awada fue una primera dama muchas veces comparada con la figura de florero o influencer &quot;for export&quot;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Desde su propio origen, las presidencias peronistas est&aacute;n montadas, m&aacute;s que en la alcoba, en el v&iacute;nculo del <em>partnership</em>. Sociedades intelectuales que permiten, torciendo la &ldquo;rosca&rdquo;, proyectar carreras pol&iacute;ticas para las mujeres. Hasta ahora las mujeres que m&aacute;s han escalado en cargos jer&aacute;rquicos en el peronismo han sido &ldquo;esposas de&rdquo; (Eva Per&oacute;n, Chiche Duhalde, Cristina Kirchner), &ldquo;hijas de&rdquo; (Malena Galmarini) o &ldquo;hermanas de&rdquo; (Mar&iacute;a Eugenia Bielsa). Pero menos importa esto &ndash;los nombres propios, las condiciones de una cultura pol&iacute;tica, subrayar los linajes o los modos de enunciaci&oacute;n codificados sobre ellas&ndash; que lo que han hecho con esa palanca, o ese destino. No romper el sistema, torcerlo desde adentro.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que importa es que han hecho estas mujeres con esa palanca, o ese destino. No romper el sistema, torcerlo desde adentro. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero Fabiola Y&aacute;&ntilde;ez no entra en la serie de primeras damas peronistas post 2001. No participa de los armados pol&iacute;ticos ni proyecta una carrera pol&iacute;tica propia. Es una mujer civil. Imaginamos una mesa de luz sin los consumos que codifican esa cultura (pa&ntilde;uelo verde, foto con una madre de Plaza de Mayo, cancionero de los setenta). Es una chica que puede votar al kirchnerismo m&aacute;s que coagular su cultura simb&oacute;lica. Es m&aacute;s objeto de su representaci&oacute;n que sujeto de su identidad. Forma parte de las ampliaciones hist&oacute;ricas del peronismo &ndash;&ldquo;venir del Interior a la Capital a estudiar&rdquo;&ndash; m&aacute;s que de la exhibici&oacute;n de ciertas bibliotecas de clase. Cuando la l&oacute;gica del Estado se pone nobiliaria, tambi&eacute;n puede ocurrir lo com&uacute;n. Es m&aacute;s una princesa plebeya que una defensora de las princesas plebeyas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alfons&iacute;n fue el padre de la ley de divorcio y Menem el primer presidente en ejercicio en divorciarse. Kirchner fue el &ldquo;primer ciudadano&rdquo;, el primer var&oacute;n en acompa&ntilde;ar a una mujer en la presidencia. Macri, el primero en llegar separado y con una familia ensamblada. Alberto, el primer soltero que ejerce la presidencia no estando casado. El amor l&iacute;quido lleg&oacute; a Balcarce 50. Las familias en el poder no reflejan la sociedad pero funcionan como br&uacute;jula rota.
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                Cristina Fernández fue primera dama pero con un rol de la sociedad política. Cuando asumió como presidenta, Néstor Kirchner decía que era &quot;primer ciudadano&quot;                            </span>
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        <strong>El Estado se hace con algo, con la alcoba o con el </strong><em><strong>partnership</strong></em><strong>.</strong> O con las dos. No se trata s&oacute;lo de que el rol de primera dama permita hist&oacute;ricamente &ndash;aunque no obligue&ndash; el acceso de las mujeres a la &ldquo;rosca&rdquo; (todas las que fueron presidentas antes fueron primeras damas), sino que no existe Estado sin simbolog&iacute;a estatal. La acusaci&oacute;n de banalidad o superficialidad oblitera una serie de pr&aacute;cticas minoritarias donde tambi&eacute;n se juega lo com&uacute;n. &iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s con lo que el rol te hace? Pero Fabiola corre el mismo riesgo que Alberto en sus descuidos: reproducir una versi&oacute;n del poder que es vacua, que dice, en esa parte, el poder no est&aacute; ah&iacute;. Cuando act&uacute;a como novia adentro de Olivos no es una <em>outsider</em>: es una <em>insider </em>de los privilegios de las capas del Estado, cuando compartir la cama se vuelve elite.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/extrana-dama_129_8236710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Aug 2021 11:39:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Extraña dama]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Primera dama,Eva Perón,Cristina Fernández de Kirchner,Juliana Awada,Chiche Duhalde,Inés Pertiné,María Lorenza Barreneche,Zulema Yoma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La otra: una chica en corpiño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-corpino_129_8200042.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae498477-11af-40fa-8f32-0c548055dbb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La otra: una chica en corpiño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La difusión de la lista de visitas en la Quinta de Olivos durante el confinamiento más estricto de la pandemia en Argentina desató la máquina de hacer grietas. "Del conjunto de lo discutible sobre los encuentros presidenciales se produjo un recorte sobre las mujeres en la traducción de “escándalos sexuales”, como si lo único que ciertas mujeres pudieran ir a hacer con un presidente fuera sexo oral", escribe Florencia Angilletta y analiza el discurso en torno a Florencia Peña y Sofía Pacchi.</p></div><p class="article-text">
        <em>Sus ropas visten lo irreal &hellip; / te desvisten</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mar&iacute;a Gabriela Epumer</em>
    </p><p class="article-text">
        Casi como una historia b&iacute;blica, todo lo que est&aacute; pasando estos d&iacute;as en torno a la difusi&oacute;n del control de visitas a la Residencia de Olivos ocurre con alguien borrada en la foto. Borrada en el relato, en la defensa, diluida detr&aacute;s de la generalizaci&oacute;n, aunque las redes sociales, los medios, los memes s&iacute; la se&ntilde;alaron con nombre y apellido. La escritora <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/paula-puebla/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Paula Puebla </a>lo sintetiz&oacute; en un tuit: &ldquo;Del enorme apoyo a <strong>Flor Pe&ntilde;a </strong>lo que queda es el grand&iacute;simo silencio por <strong>Sof&iacute;a Pacchi</strong>&rdquo;. Sof&iacute;a Pacchi es la otra, quien es menos referida y no aparece en los apoyos, defensas, comunicados. Esa distinci&oacute;n en las coberturas medi&aacute;ticas para las v&iacute;ctimas de femicidios entre &ldquo;buenas&rdquo; y &ldquo;malas&rdquo; v&iacute;ctimas &ndash;entre la &ldquo;abanderada angelical&rdquo; y la &ldquo;fan&aacute;tica de los boliches&rdquo;, entre &Aacute;ngeles Rawson y Melina Romero&ndash; vuelve a producir una gram&aacute;tica diferencial: entre quien puede ser defendida &ndash;incluso desde el Estado mismo&ndash; y quien ni siquiera puede ser nombrada. Nos olvidamos de <em>la otra</em>. De la que qued&oacute; acordonada en el &ldquo;gato&rdquo;. No tuvo palabra, no fue entrevistada en ning&uacute;n lado, no tiene <em>followers</em>: no la conoc&iacute;amos antes de la difusi&oacute;n de los registros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Olivos: casa y trabajo. Aquello que tienen en com&uacute;n las dictaduras y las democracias, de CKF a Macri: que todos durmieron bajo el mismo techo, usaron el mismo ba&ntilde;o, tomaron agua de la misma canilla. <a href="https://www.penguinlibros.com/ar/biografias/162597-olivos-9789877351637" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En su extraordinaria investigaci&oacute;n</a>, Soledad Vallejos analiza la Residencia como &ldquo;la intimidad de una presidencia requiere de mucha gente&rdquo;. Un cap&iacute;tulo destinado a &ldquo;entradas y salidas&rdquo; se&ntilde;ala que, a diferencia de Casa de gobierno, &ldquo;el espacio de la Residencia permite otro control: qui&eacute;n entra, qui&eacute;n sale, a d&oacute;nde va, a qui&eacute;n puede ver&rdquo; y &ldquo;la &uacute;nica excepci&oacute;n son las visitas reservadas, casi secretas, que llegan por el t&uacute;nel que cruza por debajo de las v&iacute;as y une el parque de la Residencia con la Avenida del Libertador&rdquo;. Mientras el pa&iacute;s estallaba, una mudadora fue a Olivos a desarmar las pertenencias de la familia De la R&uacute;a (In&eacute;s Pertin&eacute; tuvo su propio 2001); otro presidente, Menem, hab&iacute;a expulsado a su esposa del lugar por decreto. &iquest;Y Per&oacute;n? Per&oacute;n ten&iacute;a &iexcl;un tigre!
    </p><p class="article-text">
        <strong>Olivos, mil Olivos</strong>. Las visitas. A partir del conocimiento de las del juez Borinsky a Olivos, de sus encuentros de paddle cuando Macri era presidente (y se hab&iacute;a negado a difundir estos mismos registros), la ONG &ldquo;Poder Ciudadano&rdquo; dio a conocer las listas de ingresos y egresos, que inclu&iacute;an los de la presidencia de Alberto. En plena pandemia y con la circulaci&oacute;n restringida por las medidas del ASPO, los nombres mostraron la heterodoxia misma de la Argentina, desde <strong>Eduardo Van der Kooy</strong> a <strong>Ricardo Forster</strong>. La pandemia reg&iacute;a con demasiada igualdad ante una sociedad enormemente segmentada. A la aspiraci&oacute;n de que el presidente sea &ldquo;uno m&aacute;s&rdquo;, con la frente al sol, se le superpon&iacute;a la &ldquo;ventaja&rdquo;, el &ldquo;vip&rdquo;, que resuena desde una parte de la vacunaci&oacute;n, y un mantra desde entonces: que <em>la clase pol&iacute;tica haga la fila</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre esta torsi&oacute;n, la difusi&oacute;n de los registros entr&oacute; en la m&aacute;quina de hacer grietas. Aunque del conjunto de lo discutible sobre los encuentros presidenciales se produjo un recorte sobre las mujeres en la traducci&oacute;n de &ldquo;esc&aacute;ndalos sexuales&rdquo;, como si lo &uacute;nico que <em>ciertas </em>mujeres pudieran ir a hacer con un presidente fuera sexo oral. Lo que pas&oacute; despu&eacute;s no tendr&iacute;a por qu&eacute; leerse como una exigencia m&aacute;s a la demanda del repudio sino como la mostraci&oacute;n de los l&iacute;mites sexuales de nuestra &eacute;poca. Tan fuerte son&oacute; la &ldquo;condena&rdquo; como la &ldquo;defensa&rdquo; de Florencia Pe&ntilde;a mientras un silencio atronador cay&oacute; sobre otras, sobre Sof&iacute;a Pacchi &ndash;casi como el silencio ante Milagros Maylin&ndash;. Qu&eacute; es lo m&aacute;s indefendible e inmostrable, a&uacute;n en 2021. Una chica, un corpi&ntilde;o.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Gatillar la diferencia</strong></h3><p class="article-text">
        Tan contra el vidrio queda expuesta la diferencia entre mujeres y varones &ndash;nada m&aacute;s &ldquo;democr&aacute;tico&rdquo; que la acusaci&oacute;n de &ldquo;puta&rdquo;, las &ldquo;sospechas&rdquo; sobre el <em>algo habr&aacute;n hecho</em>&ndash; como las mil diferencias que hay entre las mujeres. &ldquo;Interseccionalidad&rdquo;, nombrar el cruce del g&eacute;nero con la sociedad, implica las activaciones de los capitales disponibles, hasta el capital del archivo fotogr&aacute;fico: quien tiene fotos vestida de colegiala, en la cama, la chica de la revista &ldquo;Hombre&rdquo; y quien tiene otras fotos en el archivo, con los hijos, con el pa&ntilde;uelo verde, con una casa preciosa. Cuando las mujeres tocan lo p&uacute;blico se activan discursos morales del sexo &ndash;apenas las multitudes llegaron al poder con la Ley S&aacute;enz Pe&ntilde;a, Carriego eterniz&oacute; ese pasaje &ldquo;la costurerita que dio aquel mal paso&rdquo;, una imagen-fuerza que atraves&oacute; el siglo XX&ndash; a la vez que en el deseo, en la narrativa, siempre <em>hay otra</em>. De la diferencia a las diferencias. (Esa pel&iacute;cula de Woody Allen <em>Another woman</em>: llevamos encima las vidas que no vivimos.) Las mujeres son las otras son las otras son las otras, como en un juego de <em>mamushkas</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante la l&oacute;gica de que una mujer en una audiencia es una petera, con audacia Florencia Pe&ntilde;a replic&oacute;: &ldquo;Yo soy petera y no creo que ning&uacute;n hombre de los que me ataca no quiera que le hagan un pete&rdquo;. De la moral no se sale con m&aacute;s moral. No se trata, entonces, de discutir que pas&oacute; o no en cada visita sino qu&eacute; se activa en esas acusaciones y en esas ret&oacute;ricas. Cu&aacute;les son los matices y las condiciones de enunciaci&oacute;n. Por qu&eacute; es m&aacute;s f&aacute;cil, m&aacute;s disponible, m&aacute;s en la boca de tantos y tantas la defensa de una famosa que la de una desconocida. <em>Todas son putas pero unas son m&aacute;s putas que otras</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qui&eacute;nes pueden subir fotos en pose frente al espejo, mostrando la rutina de sentadillas, o bebotear cuando reciben la vacuna. Incluso en versiones m&aacute;s &ldquo;recatadas&rdquo; persisten formas del uso del cuerpo. Una foto en redes que cosecha likes o comentarios como &ldquo;hermosa&rdquo;, &ldquo;divina&rdquo;, &ldquo;bomba&rdquo;. Las mujeres de clase (media) vamos de paseo al capital er&oacute;tico. Aquello que parece m&aacute;s &ldquo;blando&rdquo; en la sexualidad (&iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a cuestionar un cargo en una universidad, en el Estado, o en el Conicet por subir fotos en malla mientras se lee un libro?) s&oacute;lo exhibe la diferenciaci&oacute;n del capital er&oacute;tico entre tener ese capital entre otros capitales (la difusi&oacute;n de estos registros y el cierre de listas, por ejemplo, organizan esta tensi&oacute;n) y s&oacute;lo tener &ndash;o tener en forma mayoritaria&ndash; el capital er&oacute;tico, sumado a la ejecuci&oacute;n esf&eacute;rica del sexo (actrices porno para los s&aacute;bados a las diez de la noche). Y la clase como viaje al interior de la clase (son dis&iacute;miles los capitales de mujeres casadas, solteras, divorciadas, madres, no madres). El &ldquo;empoderamiento sexual&rdquo; (&ldquo;me visto como quiero&rdquo;, &ldquo;no uso corpi&ntilde;o&rdquo;, &ldquo;me autopercibo puta&rdquo; &ndash;o &ldquo;putita&rdquo; como inmortaliz&oacute; Babas&oacute;nicos&ndash;) choca con esa posibilidad dentro de una circulaci&oacute;n de clase y el &eacute;nfasis en &ldquo;clase&rdquo; no es nada m&aacute;s la plata en la billetera &ndash;donde empieza la clase&ndash; sino el conjunto de pr&aacute;cticas y modos de subjetivaci&oacute;n que la abrochan. Las educativas (Pacchi &ldquo;s&oacute;lo termin&oacute; el secundario&rdquo;), las institucionales (&iquest;qu&eacute; sellos tiene detr&aacute;s?), las amistades (&iquest;qu&eacute; otros circuitos de nombres se activan para bancarla?).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Yo tengo que salir a aclarar que no soy el gato del Presidente?&rdquo; Florencia Pe&ntilde;a tiene una irreverencia que descoloca, a las vez que sus capitales traccionan apoyos que no son equivalentes a los de Pacchi. Una doble vara adentro de otra doble vara. Discutir la libertad sexual es discutir todo lo que hay tener para tener libertad sexual. Desarmar la operaci&oacute;n moral de la lectura del cuerpo o de la ropa (que usar animal print no te convierte en puta) tanto como la necesidad de la demarcaci&oacute;n <em>(el gato no soy yo), </em>cuyo subt&iacute;tulo es<em> el gato es la otra. </em>La distancia entre el &ldquo;empoderamiento sexual&rdquo; y <em>el gato</em>. Que a las mujeres nos pregunten con qui&eacute;n nos acostamos para acceder a tal o cual escena no tiene por qu&eacute; ser s&oacute;lo respondido con una pretendida asepsia del sexo, donde en el sexo s&oacute;lo hay sexo y nada m&aacute;s. Al prejuicio de que se llega por sexo &iquest;por qu&eacute; responder con el prejuicio de sacar el sexo de la discusi&oacute;n? (Sus&uacute; Pecoraro en <em>Tacos altos</em> y Sus&uacute; Pecoraro en <em>Camila.</em>) Porque una cosa es el sexo violento y apasionado adentro del paquete de la pareja, por &ldquo;decisi&oacute;n&rdquo; y por placer, por gusto, y otra cosa es el deseo sexual a secas, ese animal corret&oacute;n, esa conversaci&oacute;n salvaje. Una cosa es una mujer que se acuesta por amor y otra cosa es una mujer que se acuesta por un cargo, por un empujoncito, por sobrevivencia, por ambici&oacute;n, por refugio, por estatus, por poder. Porque s&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carolina Spataro y Carolina Justo von Lurzer han propuesto con sagacidad las ret&oacute;ricas que interpelan a las mujeres en los medios como &ldquo;tontas o v&iacute;ctimas&rdquo;. Sof&iacute;a Pacchi no cuadra dentro de esos modos: no hay exhibici&oacute;n de biblioteca, ni historia de vida, ni redenci&oacute;n personal, algo. S&oacute;lo le cabe la racializaci&oacute;n en los modos de mirar. El t&iacute;tulo del excelente libro de Marisa Tarantino se&ntilde;ala: <em>Ni v&iacute;ctimas ni criminales: trabajadoras sexuales</em>. Pero incluso en la fascinaci&oacute;n con la que las mujeres nos venimos acercando al mundo de las &ldquo;putas&rdquo;, a la sexualizaci&oacute;n, por momentos encubre los accesos de clase de la &ldquo;putez&rdquo;. No todas las putas son nuestro objeto de estudio. La putez del llano, de lo com&uacute;n. &iquest;Bancamos a las putas s&oacute;lo cuando se nos parecen, cuando hablan nuestros c&oacute;digos, cuando son putas y feministas? Est&aacute; la sexualizaci&oacute;n habilitada hasta por Instagram, donde nos podemos sacar fotos mostrando las gambas, y est&aacute;n &ldquo;los gatos&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hacemos con las &ldquo;malas v&iacute;ctimas&rdquo; que no tienen los pasaportes de clase (media)? Es&nbsp;una chica en corpi&ntilde;o. Una paria. A Sof&iacute;a Pacchi la seguimos buscando en Internet y la palabra que hay para rodearla es &eacute;sta: &ldquo;gato&rdquo;. Nada m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-corpino_129_8200042.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Aug 2021 11:29:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La otra: una chica en corpiño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Quinta de Olivos,Florencia Peña,Alberto Fernández,Sofía Pacchi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lección animal: ¿el fin de la clase media?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/leccion-animal-clase-media_129_8165777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/769aa8cd-46ae-4007-983e-644e19632f70_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lección animal: ¿el fin de la clase media?"></p><p class="article-text">
        <strong>El perro del hortelano. </strong>Netflix se est&aacute; convirtiendo en Volver. En nuestro Volver. En nuestra memoria reciente. Ya se pod&iacute;a ver <em>Los simuladores </em>(2002-2004), de Dami&aacute;n Szifron, y desde esta semana <em>Okupas </em>(2000), de Bruno Stagnaro. En el medio, menos de culto, otra pel&iacute;cula subida a Netflix, de 2004 y que tiene esos a&ntilde;os encima: <em>No sos vos, soy yo</em>. La pel&iacute;cula es de Juan Taratuto y est&aacute; protagonizada por Diego Peretti, Soledad Villamil y Cecilia Dopazo &ndash;quien tambi&eacute;n es guionista&ndash;. La pel&iacute;cula es el impacto de una separaci&oacute;n, cu&aacute;n insoportables y entra&ntilde;ables nos pone el desamor, con escenas disparatadas como las de &eacute;l bronceado, en su intento por conquistar a una ex del secundario, o cuando engancha a sus amigos por comer o salir y cuenta (una y otra vez, como se cuenta toda p&eacute;rdida amorosa, con ese remate universal: &ldquo;&iquest;vos qu&eacute; pens&aacute;s&rdquo;?) y brilla Mariana Briski en su cara de culo mientras se fuma un pucho. Al final, quien lo hab&iacute;a dejado hace de &ldquo;perro del hortelano&rdquo; &ndash;esa par&aacute;bola que ya descubri&oacute; Lope de Vega en 1613: <em>el que no come ni deja comer</em>&ndash;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Mientras, lo que est&aacute; ah&iacute;, es la larga noche donde nadie cerr&oacute; los ojos ni afloj&oacute; la espada de esos primeros dos mil. A&ntilde;os des&eacute;rticos. Pesad&iacute;simos. Pasad&iacute;simos. La pel&iacute;cula es un derrumbe (inmobiliario &ndash;del departamento alquilado a la casa de los padres&ndash;, laboral &ndash;de la cardiolog&iacute;a a la cirug&iacute;a est&eacute;tica&ndash;, sentimental &ndash;la esposa le corta una semana despu&eacute;s de casarse&ndash;). Una Buenos Aires estallada y busca. Tiene la verdad como toda verdad: en los detalles. En el &ldquo;vivir bien&rdquo; al que apela la protagonista para ir a probar suerte a Estados Unidos (2001, la patada al est&oacute;mago de las aspiraciones m&oacute;viles antes de la <em>patria consumidora</em>, matarse laburando para tener la soga al cuello), la fila en la embajada (pagar para que la hagan por vos), cuando Peretti le toca el timbre a la psicoanalista de la ex y responden &ldquo;la se&ntilde;ora est&aacute; en el country&rdquo;, el tufillo de &ldquo;no dar el ticket&rdquo; en la veterinaria, la charla sobre trabajar en un &ldquo;tiempo compartido&rdquo; o como &ldquo;secretaria de una empresa que fundi&oacute;&rdquo;. Volvamos a los perros: Peretti compra uno porque cree que lo puede ayudar al &ldquo;levante&rdquo;, pero le metieron el perro y es una perra, que creci&oacute; mucho m&aacute;s, y quiere devolverla, pero se arrepiente cuando advierte el negocio de esperar a que tenga cachorritos. 2004: esperando en el cuartito de la casa de los padres que nazcan unos perritos mientras se vuelve a enamorar. Por un mango y por amor se hace de todo. La clase media siempre est&aacute; empezando. Podr&iacute;an estar esperando para votar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un puma en la punta del hielo</strong>. Sobre un t&eacute;mpano, en el Parque Nacional Los Glaciares, en El Calafate, un puma. Son buenos nadadores pero hay que subirse a la punta de un pedazo de hielo helado. Un animal corret&oacute;n y el misterio de c&oacute;mo diantres lleg&oacute; hasta ah&iacute;. &iquest;C&oacute;mo llegamos y c&oacute;mo salimos de &eacute;sta? La foto de la semana. Estamos llenos de met&aacute;foras animales, de canci&oacute;n animal, pero no al modo de una lectura referencial, as&iacute; lo explica <a href="https://www.eternacadencia.com.ar/la-editorial/catalogo/ensayo/formas-comunes-animalidad,-cultura,-biopol%C3%ADtica-detail.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el extraordinario libro de Gabriel Giorgi</a>, sino m&aacute;s al modo de &ldquo;artefacto cultural&rdquo;, que &ldquo;deja de ser la instancia de una &lsquo;figura&rsquo; disponible ret&oacute;ricamente&rdquo; y &ldquo;un borde que nunca termina de formarse: el animal remite menos a una forma, a un cuerpo formado, que a una interrogaci&oacute;n insistente sobre la forma como tal, la figurabilidad de los cuerpos&rdquo;. La clase media es ese puma: sobre todo, la parte de esa clase &ndash;ese 17 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires que se redujo durante los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os&ndash; que dej&oacute; de serlo.&nbsp;Quienes lo son, lo son cada vez m&aacute;s fr&aacute;gilmente. Agarrados como el puma de carambana al hielo. Estos datos oficiales que &ldquo;fueron tapa&rdquo; muestran en el corte temporal de la &ldquo;d&eacute;cada&rdquo;,&nbsp; algo de ese meter en el paquete de los a&ntilde;os a la oposici&oacute;n, como si al macrismo no lo hubieran dejado hacer lo que hab&iacute;a que hacer, esa lectura, la del macrismo posible, quedar&iacute;a englutida dentro del &ldquo;largo ciclo kirchnerista&rdquo;. Mientras, lo que no estalla, lo que estalla por debajo &ndash;la relaci&oacute;n entre lo social y lo civil&ndash;. Los agujeros de esa transformaci&oacute;n de dinero en una calidad de vida. &iquest;Cu&aacute;ndo empieza una &eacute;poca?
    </p><p class="article-text">
        El kirchnerismo no empez&oacute; en 2003. A&ntilde;o 2005, las elecciones legislativas. Las primeras con el sello &ldquo;Frente para la Victoria&rdquo;, la campa&ntilde;a de la &ldquo;transversalidad&rdquo;. CFK encabezaba la boleta en la provincia de Buenos Aires. Le sac&oacute; 26 puntos a Chiche Duhalde, la otra cabeza de lista. No solo compet&iacute;an por una banca en el Senado: disputaban el liderazgo del partido &ndash;la provincia es uno de los distritos electorales m&aacute;s importantes&ndash; y si el duhaldismo pod&iacute;a perder en el lugar que le era<em> emblem&aacute;tico</em> desde los noventa. Ante un 2003 en que Kirchner asumi&oacute; con un 22 por ciento porque Menem se hab&iacute;a bajado de la segunda vuelta, quiz&aacute; el contorno empiece ac&aacute;, despu&eacute;s de Croma&ntilde;&oacute;n (2003), con Duhalde corrido de la escena pol&iacute;tica y con boletas que muestran figuras opositoras hasta hoy: encabezaban Macri, Carri&oacute;, Bullrich (en Ciudad de Buenos Aires). Deshielos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sue&ntilde;o con serpientes.</strong> En 1975 sali&oacute; <em>D&iacute;as y flores</em>, de Silvio Rodr&iacute;guez. Entre piezas como &ldquo;Playa Gir&oacute;n&rdquo; y &ldquo;Peque&ntilde;a serenata diurna&rdquo; hay una canci&oacute;n extra&ntilde;&iacute;sima, imantada, que es &ldquo;Sue&ntilde;o con serpientes&rdquo;. Ser tragado por una serpiente, matarla, que aparezca una mayor. Al probar una b&uacute;squeda r&aacute;pida por Google los resultados sobre la &ldquo;interpretaci&oacute;n&rdquo; son extremos: hay teor&iacute;as sobre un altercado con las autoridades de Puerto Rico cuando Silvio est&aacute; camino a un festival, unas sobre la metaforizaci&oacute;n del capitalismo, otras sobre una noche de comilona y de indigesti&oacute;n (masticar, atorar, es&oacute;fago&hellip;), las on&iacute;ricas (&ldquo;sue&ntilde;o, sue&ntilde;o&rdquo;), las pol&iacute;ticas (aceitadas por la frase de Bertolt Brecht que la encabeza: &ldquo;Hay hombres que luchan un d&iacute;a y son buenos. Hay otros que luchan un a&ntilde;o y son mejores. Hay quienes luchan muchos a&ntilde;os y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida &eacute;sos son los imprescindibles&rdquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta canci&oacute;n ins&oacute;lita fue la elegida del repertorio de Rodr&iacute;guez por Palo Pandolfo en ese &aacute;lbum babeliano y antropof&aacute;gico que es <em>Antojos</em>, de 2004, un disco de &ldquo;interpretaciones&rdquo;. En ese disco de decisiones (&iquest;cu&aacute;l es tu canci&oacute;n de Silvio, de Charly, de Bob Marley, de Radiohead? &iexcl;De Quilapay&uacute;n!) es, a su forma, un <em>ars po&eacute;tica</em>, aguij&oacute;n de Pandolfo en la m&uacute;sica rioplatense: un poco inc&oacute;modo, un poco perif&eacute;rico, una patria escapada de los labios, un cuadrado de pasto en el medio del asfalto (cenizas y diamantes), <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/palo-leyenda-contaba-presente_129_8162521.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un t&uacute;nel entre &eacute;pocas que despide en presente Pablo Plotkin</a>. &ldquo;Hipercandombe&rdquo;, ese minutero sublime de &ldquo;La M&aacute;quina de hacer p&aacute;jaros&rdquo; (permitamos el subrayado: un hijo de un laburante de f&aacute;brica escuchando &ldquo;Color Humano&rdquo;), Spinetta sin subt&iacute;tulos, la versi&oacute;n tiene algunas licencias m&iacute;nimas en la letra y cuando las vocales se deslizan en &ldquo;un pa&iacute;s hipernatural&rdquo; el mestizaje se electrifica en el aire. La m&iacute;tica &ldquo;Ella vendr&aacute;&rdquo;, cantada junto a Adri&aacute;n D&aacute;rgelos, que talla algo de la promesa (de &ldquo;Luna de miel en la mano&rdquo;, de la masturbaci&oacute;n que abr&iacute;a la democracia, a &eacute;sta, sombr&iacute;a, pero no por eso menos dulce). &ldquo;Karma Police&rdquo; en castellano. Y esas versiones de sus propias versiones &ldquo;Tazas de t&eacute; chino&rdquo;, de Don Cornelio y la zona (Una vitrola a gog&oacute; / tocando y tocando / pozo guerrillero irascible / bombardeando bombardeando) o &ldquo;Playas oscuras&rdquo;, de Los visitantes. Palo Pandolfo sali&oacute; de adentro de sus canciones. <a href="https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/6-733-2003-05-11.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Una canci&oacute;n para 2004</a>: &ldquo;Sue&ntilde;o con serpientes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Angilletta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/leccion-animal-clase-media_129_8165777.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jul 2021 03:01:04 +0000]]></pubDate>
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