Mujeres afuera del mercado laboral y niños desatendidos: el impacto de la pandemia en la brecha de género y la crisis del cuidado

Una mujer trabaja en un taller familiar rodeada de sus hijos ya que no van a la escuela por la suspensión de clases por la emergencia de la Covid-19.

En el mes de diciembre, en Estados Unidos se perdió una cantidad neta de 140.000 puestos de trabajo. Todos puestos de mujeres, especialmente negras y latinas. Estos números se suman a otros igual de nítidos. Según un estudio realizado en 28 países europeos por la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres vieron sus salarios recortados por reducción de horas de trabajo en un promedio de 6,9%, mientras que los varones en un 4,7% en los primeros dos trimestres del 2020. En muchos países, esto es visto como un retroceso después de décadas de un progresivo aumento del ingreso de la mujer al mercado laboral. Los números rojos de la brecha de género acentuada por la pandemia no terminan ahí: según las proyecciones de Naciones Unidas, las mujeres van a ser desproporcionadamente afectadas por el aumento de la pobreza y para el 2021 se espera que por cada 100 varones entre 25 y 34 años viviendo en la pobreza extrema, haya 118 mujeres.

En Argentina, mientras que los problemas de desigualdad entre mujeres y varones son preexistentes y multinivel, hay distintos indicadores económicos para observar cómo esto se profundizó durante el primer año de la pandemia. La Dirección Nacional de Economía y Género -creada por la gestión de Alberto Fernández-, a cargo de Mercedes D´Alessandro, sigue de cerca la tasa de la actividad económica para entender cómo el aislamiento, la crisis económica y escuelas y otros establecimientos cerrados impactaron en las desigualdades de género. Contamos con algunos números de la Encuesta Permanente de Hogares de 2020 que son elocuentes. Por ejemplo: si en el primer trimestre de 2020, antes de que la pandemia llegara al país y con ella las medidas de aislamiento, un 49,5% de mujeres y un 68,7% de varones estaban económicamente activos, en el segundo trimestre -cuando más impactaron las medidas de aislamiento- ambos se desplomaron: las mujeres económicamente activas pasaron a ser el 41,2%; los varones, el 58%. O sea, que los varones cayeron más que las mujeres en términos porcentuales.

Pero D´Alessandro señala lo que sucedió en el tercer trimestre, cuando varias actividades económicas volvieron a estar permitidas: los varones recuperaron la actividad -aunque no a los niveles prepandemia- más rápido que las mujeres: “Entendemos que lo que pasó ahí es que en abril y mayo, la gente se quedó más en su casa por las medidas de aislamiento. Eso hizo que caiga la población económicamente activa. En el tercer trimestre que estuvo más abierto el mercado laboral, los varones pudieron reinsertarse más que las mujeres. Esa gran caída de la población activa se dio en Brasil, en México, en Chile. Nuestra hipótesis es que la diferencia entre mujeres y varones en la recuperación de la actividad en el tercer trimestre atiende a la distribución de los cuidados: las escuelas y jardines estuvieron cerrados, así como también clubes y espacios de socialización de niños, niñas y adolescentes. En general, quienes se quedan en los hogares cuidando son las mujeres. Eso impacta en que no vuelvan al trabajo o a la búsqueda activa de empleo”. 

La diferencia entre mujeres y varones en la recuperación de la actividad en el tercer trimestre atiende a la distribución de los cuidados: las escuelas y jardines estuvieron cerrados, así como también clubes y espacios de socialización de adolescentes

Mercedes D'Alesandro — Directora Nacional de Economía y Género

La mujer de vuelta al hogar

Hay sobrada evidencia de hasta qué punto las tareas de cuidado recaen más en las mujeres que en los varones y cómo eso se acentuó notoriamente durante la pandemia, entre el teletrabajo y el cierre de escuelas y otros establecimientos donde acuden niños y niñas. Así lo muestran una serie de investigaciones publicadas por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad junto con la CEPAL y el PNUD. Según el primer informe del INDEC de impacto del Covid 19 en los hogares durante la pandemia, el 64,1% de los hogares con más de un miembro que incrementaron el tiempo dedicado a las tareas domésticas declararon que esas tareas eran realizadas solo por mujeres o con mayor dedicación de mujeres. En tanto, los hogares donde esas tareas las realizan solo los varones, o con mayor dedicación los varones, representaron un 20,1%. Solamente en un 15,1% de los hogares se declaró que hubo una distribución equitativa de las tareas entre mujeres y varones. 

No es nuevo ni exclusivamente argentino el hecho de que las tareas de cuidado recaen acentuadamente en las mujeres: en 2018, 606 millones de mujeres en edad activa se consideraban no disponibles para la búsqueda laboral por realizar tareas de cuidado, comparado con 41 millones de varones. Pero el cierre de escuelas, guarderías y otros espacios donde las mujeres y las familias tercerizan tareas de cuidado durante el 2020, representó un experimento prácticamente inédito: “el año pasado, con la pandemia y se suspendieron las clases presenciales y todas las actividades que liberan tiempo de la familia y especialmente las mujeres. Eso implicó que creciera una tendencia que en Argentina ya es muy marcada, que es la familiarización del cuidado, que recae sobre todo en las mujeres”, explica Gala Díaz Langou, directora de Protección Social de Cippec. 

En nuestro país, además de las transferencias monetarias como la IFE o la AUH, hubo otras regulaciones que contemplaban situaciones organizativas alrededor del cuidado de niños frente a la suspensión de clases, como la justificación de la inasistencia para progenitores o adultos a cargo de niños, presente en la Resolución 207/2020, pero que definía de manera difusa aspectos relevantes al respecto. También, el uso de licencias para trabajadores de la administración pública con estas mismas responsabilidades. A la vez, desde un principio, quedó exceptuada del ASPO la actividad de cuidado de personas.

Buena parte del planeta tuvo que pensar una respuesta crítica al cierre de las clases presenciales, y esto varió, desde la apertura de centros de cuidado de niños para los hijos de los trabajadores esenciales hasta, por ejemplo en el caso de Australia, la subvención del cuidado afuera del hogar para las familias por tres meses. 

A fin de junio, una resolución anunciada en algunos medios establecía una licencia con goce de sueldo para progenitores o adultos responsables de niños menores de 6 años, pero nunca vio la luz en el Boletín Oficial.

A fin de junio, una resolución anunciada en algunos medios establecía una licencia con goce de sueldo para progenitores o adultos responsables de niños menores de 6 años, pero nunca vio la luz en el Boletín Oficial. Finalmente, esta semana, se reglamentó parcialmente la ley de Teletrabajo que incluye un artículo dedicado a las personas que realizan tareas de cuidado en donde se establece que la persona que ejerza el derecho a interrumpir la tarea por razones de cuidado “deberá comunicar el momento en que comienza la inactividad y cuando esta finaliza”. A la vez, en los casos en que esas tareas “no permitan cumplir con la jornada legal o convencional vigente se podrá acordar su reducción de acuerdo a las condiciones que se establezcan en la convención colectiva”.

Pero además, se incluyen dos aspectos significativos vinculados a los trabajadores que desarrollan tareas de cuidado, cuya puesta en marcha y cumplimiento se verá en los próximos meses: por un lado, la reglamentación sostiene que no se podrán establecer incentivos condicionados al no ejercicio de este derecho; por otro, se indica que los actores involucrados deberán velar por un uso equitativo en términos de género de estas medidas, promoviendo que los varones asuman también las tareas de cuidado.

Lucía Cirmi Obón, Directora Nacional de Políticas de Cuidados, que participó del debate legislativo por esta Ley, señala que la corresponsabilidad y romper con la feminización de las tareas de cuidado es clave, así como el hecho de que no haya incentivos -como ascensos- a quienes no hagan uso de este derecho: “Desde la Dirección, hemos escuchado a muchas empresarias contar experiencias muy buenas de políticas de recursos humanos con sus trabajadores y trabajadoras que cumplen tareas de cuidado. Ahora hay que transformar los beneficios en derechos y es importante entender la dimensión estratégica de las tareas de cuidado: se trabaja mejor, se gana en productividad”.

Desde el flamante Ministerio y esta Dirección se creó una Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado, que articula acciones entre 14 organismos del Poder Ejecutivo. Además, se está avanzando en un anteproyecto para crear un sistema integral de cuidados. 

La discusión se da en paralelo en distintas partes del mundo y está cruzada por coyunturas muy disímiles. Mónica Rubio, Asesora Regional de Políticas Sociales para América Latina y Caribe de Unicef, señala que en la región “las principales políticas han sido, y deben continuar siendo, políticas de teletrabajo o trabajo flexible, licencias maternales y parentales, y mantenimiento del empleo; así como las de subsidios familiares necesarios para mantener ingresos del hogar”, aunque señala asuntos pendientes, entre ellos reconocer que estas son políticas esenciales y que suelen beneficiar solo a una minoría de trabajadores y dejar por fuera a, por ejemplo, el sector informal.

El tema fue ganando espacio en la agenda. De hecho, el flamante presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lo incluyó como una de sus primeras medidas y busca establecer licencias pagas para personas que tengan a su cargo niños en edad escolar si la escuela o guardería está cerrada por la pandemia.

Escuela y calidad del cuidado

Acaso por la polarización que envuelve la vuelta de clases presenciales -especialmente entendida como diferencias en el gobierno nacional, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la posición de los principales gremios docentes respecto de la vuelta a clases-, la conversación pública viene postergando un abordaje más profundo de la cuestión de las clases presenciales y su vinculación con la brecha de género y la crisis del cuidado. Mientras sube el volumen respecto de la posible vuelta a clases, es común escuchar distinciones entre “escuelas” y “guarderías”, como si en un caso estuvieran atentos a una función educativa y en otro a un rol en la productividad económica de los adultos. 

Díaz Langou, de Cippec, observa que suele verse esa dicotomía entre la consideración de la escuela como un lugar de cuidado o como un lugar pedagógico: “La escuela termina cumpliendo una doble función. Desde el ámbito docente a veces se percibe que las tareas vinculadas al cuidado pueden ser de menor valor que las tareas pedagógicas, y eso lo venimos viendo. En parte está asociado al valor que socialmente le damos al cuidado, que es percibido como inferior al valor pedagógico, y eso es algo que está atravesando toda esta discusión”, comenta la especialista. 

La escuela termina cumpliendo una doble función. Desde el ámbito docente a veces se percibe que las tareas del cuidado pueden ser de menor valor que las pedagógicas. En parte está asociado al valor social menor que damos al cuidado

Gala Díaz Langou — Directora de Protección Social de Cippec.

“El eje de cuidado es uno de los que permite dar cuenta de la enorme complejidad de la continuidad pedagógica, que no es solo las acciones de miles de docentes que redoblaron esfuerzos para en poco tiempo trasladar las propuestas de enseñanza a otros formatos, otros canales, otras formas”, señala Laura Sirotzky, Subsecretaria de Educación Social y Cultural del Ministerio de Educación de la Nación.

La escuela ocupa el rol central en la distribución de las responsabilidades y garantías de la tarea de cuidado. Eso es claro, e incluso excede la dimensión del tiempo, es decir, las horas que garantiza de cuidado. La escuela asume una tarea de cuidado, de enseñar contenido, pero también acompañar otras situaciones, ser lugar de juego, socialización, a veces incluso de garantizar alimento. Es por eso que el 2021 la presencialidad tiene que volver a ser la organizadora de las propuestas de enseñanza y también de las trayectorias formativas de niños, niñas y adolescentes”. 

Pero así como los datos sobre la feminización de las tareas de cuidado son abrumadores, un tema aparte es la calidad del cuidado familiarizado que recibieron los niños y las niñas durante el año que pasó. Un reciente informe de UNICEF que analiza las políticas de cuidado de los distintos países durante el primer año de la pandemia, aclara que ya antes de la pandemia 35 millones de niños y niñas de menos de 5 años eran en ocasiones dejados sin supervisión adulta debido a presiones económicas de los padres

El desacople entre actividades laborales que se fueron permitiendo y la postergación de la apertura de establecimientos que cumplan un rol en la organización social del cuidado generó situaciones que todavía son materia de investigación. El tema tiene muy diversas aristas. “Pasar de un espacio de cuidado institucional a uno familiar no es, per se, peor calidad. Lo es cuando en las familias no hay condiciones plenas para ese cuidado: ambientes seguros, ingresos suficientes, padres preparados y con la disposición plena de cuidar”.

En ese sentido, señala el comunicado de UNICEF que llama a una vuelta a clases en condiciones de seguridad tomaba en cuenta dos realidades: “Primero, la de las niñas y niños que tienen derecho a recibir cuidado de calidad, y a quienes el cierre de centros de desarrollo infantil o escuelas, donde recibían parte de este cuidado, les afecta de más de una manera. Segundo, desde el lado de los cuidadores y cuidadoras, existe el riesgo de que, en un extremo, hayan tenido que abandonar el mercado de trabajo para poder dedicarse a la tarea de cuidado familiar o precarizar su empleo. Lo que esto puede implicar es un retroceso en la agenda de género, y con este retroceso, economías menos productivas y de menor crecimiento, que es el obvio resultado cuando no se promueve la participación laboral femenina en los países”. 

Las distintas especialistas coinciden en que las cuarentenas mostraron de un modo radical la importancia y la demanda que implican las tareas de cuidado en varios sentidos: “Hoy eso está en la mesa de debate en el gabinete económico- señala D´Alessandro-. No es un tema simple, alrededor del mundo estamos viendo que no hay una solución, pero es un tema grave. La crisis del cuidado era previa a la pandemia pero ahora mucha gente tomó conciencia de lo que son y representan las tareas de cuidado y que es una cuestión importante a resolver”.

NS

Etiquetas