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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Dinero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/dinero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Dinero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hablar de plata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_13135770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a925767-b909-4f96-b1cb-8473ad64023c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar de plata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir del premio a Samanta Schweblin, una mirada filosa y personal sobre el dinero, los discursos que lo rodean y las tensiones que despierta en la vida cotidiana.</p></div><p class="article-text">
        Supongo que si una estuviera en el business de los clics lo l&oacute;gico ser&iacute;a escribir, esta semana, alguna reflexi&oacute;n (idealmente &ldquo;en contra&rdquo;; lo saben todos los noticieros, ser opositor siempre es m&aacute;s f&aacute;cil que ser oficialista) sobre <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/samanta-schweblin-gano-espana-nuevo-premio-aena-narrativa-dotado-millon-euros_1_13128613.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el premio Aena que acaba de ganarse Samanta Schweblin</a>: orgullo nacional, la mejor cuentista de nuestra &eacute;poca, la heredera absoluta del fant&aacute;stico rioplatense. Lo que yo tengo para decir sobre ella es eso: leyendo <em>P&aacute;jaros en la boca</em> hace unos quince a&ntilde;os entend&iacute; lo que era la t&eacute;cnica, el significado de una frase como <em>el oficio</em> del cuentista. Sobre el premio, qu&eacute; hay para decir: todos nos merecemos todo y nadie se merece nada. Todos nos merecemos un mill&oacute;n de d&oacute;lares, y nadie se lo merece. Que se lo den a una escritora que trabaja tanto y tan bien y que, encima, es argentina, no puede parecerme otra cosa que una buena noticia. Samanta, adem&aacute;s, us&oacute; su plataforma para hablar lindo y claro. Me gust&oacute; que recordara el desfinanciamiento de la Universidad de Buenos Aires, quiz&aacute;s porque s&eacute;, de leerlo en alg&uacute;n lado, que ella estudi&oacute; Dise&ntilde;o de Imagen y Sonido, y representa una de esas trayectorias no lineales que hay que defender cada vez que hablan de la gente que se cambia de carrera tres veces como si fueran ellos los culpables de alguna tragedia educativa.
    </p><p class="article-text">
        Pero si algo me interes&oacute; de todo el revuelo fue, bueno, justamente, el revuelo. Me divierte que haya gente que piense que es <em>obsceno</em> recibir tanto dinero, que use esa palabra; gente de buen pasar, gente a la que le va bien, gente que podr&iacute;a pensar tambi&eacute;n que es obsceno ser propietario de un departamento de 100 o 150 mil d&oacute;lares mientras otros viven en la calle. Me divirti&oacute;, tambi&eacute;n, en el contexto de la otra discusi&oacute;n tuitera de las &uacute;ltimas semanas, la de la importancia de &ldquo;hablar de plata&rdquo; entre mujeres y ahorrar e invertir en lugar de gastar en tonter&iacute;as. M&aacute;s all&aacute; del sesgo de g&eacute;nero (que dudo que se verifique en datos: al menos en principio una puede suponer que los videojuegos o las plataformas de contenido er&oacute;tico mueven tanto la econom&iacute;a como los zapatos y las pulseras), es notable que el lenguaje del dinero siga tan atado al medioevo: lo obsceno, lo sucio, lo ominoso. Lo interesante es que el polo opuesto (el de obtener placer en hablar de dinero, que en el siglo XXI es hablar de &ldquo;inversiones&rdquo;) en el fondo participa de la misma moral: de hecho, me recuerdan a la acusaci&oacute;n de Foucault contra los hippies y las feministas en el primer tomo de la <em>Historia de la sexualidad</em>. Foucault dice all&iacute; que los cultores de la liberaci&oacute;n sexual que se autofelicitan por &ldquo;romper tab&uacute;es&rdquo; se enga&ntilde;an. Hablamos de sexo todo el tiempo, y en mil registros: la pregunta, en cualquier caso, es c&oacute;mo lo hacemos, qu&eacute; mundos inventan o subrayan nuestros discursos. Con el dinero pasa exactamente lo mismo: no solo es falso que hoy no hablamos de dinero, es falso cien veces, y m&aacute;s en la Argentina. Nos la pasamos hablando de plata. Es agotador todo el tiempo y la energ&iacute;a que le dedicamos los ricos, los pobres y los de mitad de tabla a hablar de plata. Pr&eacute;stamos de Mercado Pago, plata en negro y plata en blanco, deudas de tarjetas, fondos comunes de inversi&oacute;n, cu&aacute;nto pag&aacute;s de expensas, de alquiler o de prepaga. Que me lo merezco, que guardar para la urgencia, que si dej&aacute;s la plata quieta desaparece, que si no diversific&aacute;s tu inversi&oacute;n est&aacute;s expuesto. En todo caso, la pregunta es c&oacute;mo deber&iacute;amos hablar de estas cosas; qu&eacute; influencia tiene sobre el mundo si hablamos de una manera o de otra, si tiene alguna, o si en el fondo son todos espejitos de colores para jugar a qu&eacute; podemos tocar estructuras intocables. Como siempre, la responsabilidad individual es un terreno pantanoso. No es cierto que no exista; todos conocemos gente que gana lo mismo que uno y se maneja mejor o peor, lo que sea que eso signifique. Gente que gasta m&aacute;s porque ahorra menos, y entonces parece estar disfrutando m&aacute;s; gente que ahorra m&aacute;s y gasta menos y un d&iacute;a cambia el auto cuando vos todav&iacute;a no juntaste para cambiar el calef&oacute;n. Dicho eso, casi nadie se hace rico o pobre por manejarse bien o mal, de nuevo, lo que sea que eso signifique para cada cual.
    </p><p class="article-text">
        Lo que es yo, a m&iacute; me encanta hablar de plata porque me encantan los chismes. Esa pregunta que hizo viral Oriana Junco, <a href="https://youtu.be/HJL8gI59c1k?si=Rp4DqFmnl8HbtkHL" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de qu&eacute; viven</a>, es una ventana a los secretos m&aacute;s oscuros y pat&eacute;ticos de las personas; ya lo dec&iacute;a Disc&eacute;polo tambi&eacute;n, en <em>Cambalache</em>, cuando hac&iacute;a referencia a &ldquo;el que vive de las minas&rdquo; como arquetipo humano. Es gracioso, me doy cuenta, cuando se trata de gente de una escala social parecida a la de uno: el que tiene un laburo que oculta en la empresa del hermano mientras pone en la vidriera de las redes sus kioscos m&aacute;s glamorosos, la que alquila una cochera de los padres, el que no recibe nada en la mano pero tiene una extensi&oacute;n de la tarjeta que nadie le controla, la que lleva un par de a&ntilde;os invirtiendo una indemnizaci&oacute;n. Siento que se pone menos divertido cuando las diferencias se vuelven demasiado grandes; es profundamente inc&oacute;modo hablar de que te aumentaron la prepaga con gente que jam&aacute;s tuvo una. Tambi&eacute;n es inc&oacute;modo estar del otro lado; se siente una verg&uuml;enza extra&ntilde;a cuando alguien mucho m&aacute;s rico que vos te cuenta, por caso, sus historias con el manejo de un campo heredado; una no sabe si hacer como que entiende o dejar en claro que ni idea, pero de todos la sensaci&oacute;n es rara, como un pudor que no se sabe de d&oacute;nde viene. Supongo que eso es porque el verdadero tab&uacute; es el de la desigualdad, no el del dinero. El dinero es simp&aacute;tico si estamos todos en la misma, pero cuando nos confronta con diferencias injustas la incomodidad es &uacute;nica e inconfundible, como siempre que un chusmer&iacute;o divertido desemboca en una historia violenta.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_13135770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2026 03:01:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Samanta Schweblin,Dinero,Tamara Tenenbaum]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor y dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad51203e-a6df-43fe-be39-dc84a148aa72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140485.jpg" width="523" height="294" alt="Amor y dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El amor puede ser una forma de interrogar al Otro y de cernir la posición que uno ocupa en el vínculo, poniendo en cuestión si la relación se reduce a un intercambio o si hay algo más, irreductible, en juego.</p></div><p class="article-text">
        Hay dos variables que, para <strong>Sigmund Freud</strong>, constituyen el n&uacute;cleo de la transferencia: tiempo y dinero.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, era inevitable que Freud se encontrase con el amor de transferencia en una &eacute;poca en que hab&iacute;a tiempo para el amor. En este punto, es importante tener en claro que el amor de transferencia no es enamorarse del analista.
    </p><p class="article-text">
        El amor de transferencia es algo mucho m&aacute;s complejo que una pasi&oacute;n. Es un tipo de formaci&oacute;n que, en el centro del an&aacute;lisis, viene a plantear una pregunta; mejor dicho, el amor de transferencia es usar el amor para hacerle una pregunta a la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Expliquemos mejor este aspecto. El amor de transferencia es solidario de la posici&oacute;n hist&eacute;rica y su modo de interrogar al Otro. Es una manera de cernir la posici&oacute;n (de objeto) que se tiene ante ese Otro: yo pago y pago, pero este v&iacute;nculo nuestro &iquest;es solo un servicio reducible a un contrato profesional?
    </p><p class="article-text">
        Sin histeria no hay amor de transferencia; es decir, el sujeto hist&eacute;rico recurre al amor como aquello que pone en jaque el intercambio y plantea que hay algo m&aacute;s, irreductible, en la relaci&oacute;n entre analista y paciente.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo de otro modo, con una reformulaci&oacute;n de la pregunta hist&eacute;rica: &iquest;c&oacute;mo que soy un paciente entre otros? Recordamos el caso de un amigo y colega que, en cierta ocasi&oacute;n, dec&iacute;a, &ldquo;Yo no podr&iacute;a analizarme si no sintiera que soy especial para mi analista, si no creyera que de alg&uacute;n modo me quiere; es m&aacute;s, &iexcl;tengo la certeza de que me quiere!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, lo propio de la histeria (como modelo de la neurosis y como requisito para el an&aacute;lisis) es llegar al Otro por la v&iacute;a del amor. De ah&iacute; que el hist&eacute;rico tienda a presentar su sufrimiento en t&eacute;rminos amorosos e incluso haga de su desdicha amorosa una manera de demandar amor al analista.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir que el sujeto hist&eacute;rico usa el idioma del amor para comunicarse con el analista y, en el v&iacute;nculo con el analista, espera que el amor sea la manera de realizar un m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta posici&oacute;n no es la m&aacute;s frecuente actualmente. Hay enamoramientos de analistas, pasiones salvajes, pero nada de eso es el amor de transferencia. Son m&aacute;s bien rupturas o enloquecimientos de la transferencia, erotoman&iacute;as que solo precisan tiempo antes de volverse delirios persecutorios.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es este el contrapunto que nos interesa. A partir de lo que venimos conversando en un grupo de supervisi&oacute;n, aislamos el siguiente hecho: cada vez son m&aacute;s colegas los que cuentan que deben reclamar el pago de las sesiones a los pacientes, ya que estos demoran mucho en hacerlo si no es que, directamente, lo &ldquo;olvidan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No tendr&iacute;a sentido hablar en este punto de una falta de respeto, de que no se cuida el espacio, del no registro del otro, etc. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero son sociol&oacute;gicos. A nosotros nos interesa pensar desde la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de dinero, hablamos de transferencia. Lo que pensamos, entonces, es que esa dificultad para el pago tiene dos caras: por un lado, puede significar un modo de quedar en deuda, aunque se trate de una deuda que no se reconozca. Hace poco una modelo famosa dec&iacute;a que le molestaba tener que pagarle a su analista, como si el pago invalidara lo profundo de lo hablado.
    </p><p class="article-text">
        Propongamos una hip&oacute;tesis: si tengo que pagarle, es porque no me quiere en serio. Ya no se trata del &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; del pago de la histeria, sino de un &ldquo;m&aacute;s ac&aacute;&rdquo;. Esta posici&oacute;n se parece m&aacute;s bien a la del sujeto melanc&oacute;lico que no se siente amado. En estos casos, el amor es una deuda impagable.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tenemos a quienes se hacen demandar el pago, o bien dan por sentado que el analista puede esperar, punto en el que este queda en un lugar de Otro primario, sin necesidades, de pura gratificaci&oacute;n. Ya no estamos en el nivel de la transferencia (paterna) de la histeria, sino en la transferencia (materna) del narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto hist&eacute;rico paga por su deuda, incluso paga de m&aacute;s, cuando &ndash;por ejemplo&ndash; es capaz de agregar un &ldquo;regalito&rdquo; para el analista, ese&nbsp;<em>plus</em>&nbsp;cuyo valor no se mide con el dinero. He aqu&iacute; el amor de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el sujeto actual, narcisista y melanc&oacute;lico, vive en funci&oacute;n de una deuda que le hace pagar a otro, equivalente a la falta de amor con se mira a s&iacute; mismo. De este modo, la transferencia pasa de la estructura amorosa tradicional a una nueva formaci&oacute;n que podr&iacute;amos llamar: la deuda de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una cuesti&oacute;n sobre la que seguiremos pensando; porque, como dijimos al comienzo, tiempo y dinero son variables de la transferencia y esto es lo fundamental que se piensa en un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 09:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Dinero,Histeria,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dinero es una mierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-mierda_129_12323114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d4f2214-c873-453c-a3f9-d2758598a9a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dinero es una mierda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lógica del deseo se expresa tanto en quienes se desentienden del dinero como en quienes lo veneran: “Si quien se desinteresa del dinero suele llamar la atención, ocurre lo mismo con quien se interesa demasiado”. Antes que un objeto, el dinero es una creencia.</p></div><p class="article-text">
        El dinero no vale nada. Por fuera del rol simb&oacute;lico que ocupa entre nosotros, <strong>un billete no es m&aacute;s que un pedazo de papel</strong>. Cada tanto ocurre que, en alguna casa, aparece una moneda fuera de circulaci&oacute;n y se la guarda in&uacute;tilmente, menos porque se la piense usar en una transacci&oacute;n que por un motivo meramente nost&aacute;lgico. 
    </p><p class="article-text">
        El dinero sin valor nos recuerda otros tiempos, a veces hasta tiene el olor a viejo de lo que proviene de la infancia, como las p&aacute;ginas amarillas de un libro. As&iacute; el objeto en que se encarna el dinero adquiere el estatus de la reliquia, pero ya no es dinero. Este no tiene carne, es flujo et&eacute;reo, equivalencias suprasensibles; <strong>la del dinero es una teolog&iacute;a</strong>. No por nada en el billete de un d&oacute;lar est&aacute; el ojo de Dios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En el dinero es preciso creer. Siempre es extra&ntilde;a la gente que logra desentenderse de esta creencia. <strong>Las religiones tienen muchos ateos, pero el dinero muy pocos</strong>. El &uacute;nico que yo conozco es <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>. Recuerdo una vez en que sali&oacute; de su casa en Coronel D&iacute;az, par&oacute; un taxi y dijo: &ldquo;<strong>Soy yo, &iquest;me llev&aacute;s?</strong>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de Charly, creo que las dem&aacute;s personas que conozco que no creen en el dinero tienen alg&uacute;n tipo de enfermedad mental severa. Es que <strong>el dinero es un recurso muy &uacute;til para el desplazamiento de conflictos internos</strong>. La capacidad de tener s&iacute;ntomas con el dinero, es una soluci&oacute;n para el &ldquo;dep&oacute;sito&rdquo; de la energ&iacute;a ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        Una distinci&oacute;n t&iacute;pica de la cl&iacute;nica de las neurosis lo ilustra: el obsesivo tiene la chance de desplazar al ahorro su goce retentivo (anal), as&iacute; como el hist&eacute;rico encuentra en el gasto sin prurito un s&iacute;mbolo de amor propio (&ldquo;lo valgo&rdquo;, &ldquo;me lo merezco&rdquo;). <strong>Las tarjetas de cr&eacute;dito son muy h&aacute;biles para explotar los s&iacute;ntomas de los neur&oacute;ticos</strong>: comprar algo en cuotas, como si en la prolongaci&oacute;n serial estas dejasen de existir es un buen equivalente del olvido que promete la represi&oacute;n ps&iacute;quica. 
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, al igual que con la represi&oacute;n, las tarjetas tambi&eacute;n tienen su retorno en res&uacute;menes que apuran pagos de intereses que, como los reto&ntilde;os de lo reprimido, empujan a <strong>una lucha secundaria que siempre se aplaza y genera deuda y m&aacute;s deuda</strong>. Si la del dinero es una teolog&iacute;a, la del s&iacute;ntoma es una verdadera econom&iacute;a (de goce). 
    </p><p class="article-text">
        El dinero es una mierda. El dinero est&aacute; hecho de un material desechable que bien puede adquirir las m&aacute;s variadas significaciones ps&iacute;quicas. Para <strong>Sigmund Freud</strong>, dinero = falo = heces = hijo = regalo. Si quien se desinteresa del dinero suele llamar la atenci&oacute;n, ocurre lo mismo con quien se interesa demasiado. Al igual que con la fe, cabe preguntarse: <strong>&iquest;en qu&eacute; cree quien tanto cree en el dinero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El dinero puede representar felicidad, seguridad, poder, etc. Decir que el dinero es m&aacute;s bien un medio es tan ingenuo como decir que la tecnolog&iacute;a no es buena ni mala y depende de c&oacute;mo se la use. <strong>El dinero es un fin, es el fin de los fines</strong>; es una parte exterior del psiquismo humano. Dime c&oacute;mo tratas al dinero y te dir&eacute; qui&eacute;n eres.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no quiero dedicar esta columna a hablar solamente del dinero en s&iacute;, sino de algo que mencion&eacute; antes cuando me refer&iacute; al neur&oacute;tico obsesivo. Este se caracteriza tanto por su goce ahorrativo, como por una generosidad impostada. En este caso, el obsesivo da, s&iacute;, pero no suelta.
    </p><p class="article-text">
        Si pudiera ilustrar con una imagen la oblatividad obsesiva, dir&iacute;a que es la de quien da un objeto, pero no puede dej&aacute;rselo del todo al otro: &ldquo;Viste qu&eacute; buen sweater que te regal&eacute;&rdquo;, &ldquo;&iquest;Le&iacute;ste el libro que te di? &iquest;Me lo prest&aacute;s?&rdquo; o, en casos m&aacute;s extremos, como el que ocurre en las separaciones, &ldquo;No te olvides que todo lo que ten&eacute;s lo ten&eacute;s porque te lo di yo&rdquo;. Seguro el lector puede pensar sus propios ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        En la psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana, a m&iacute; divierte el caso del var&oacute;n obsesivo que, si adem&aacute;s es marido, se convierte en un regulador del goce familiar. A todo responde que no y que es muy caro. <strong>Un marido, en su funci&oacute;n cl&aacute;sica, es quien responde con austeridad a la administraci&oacute;n que delega en la esposa</strong>. Un marido dispendioso &ndash;como el que llega a la casa con flores&ndash; suele ser sospechado de encubrir alguna culpa.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esto ya no sea as&iacute;, los roles sociales cambiaron mucho y ya no es frecuente que haya varones que creen que algo les corresponde porque pagan (&ldquo;&iquest;Acaso mi dinero no vale?&rdquo;). <strong>En esta &eacute;poca en que los maridos comienzan a pasar de moda, el retaceo obsesivo se disfraza de igualdad y pide el pago conjunto de una cuenta</strong>, con el argumento de que la invitaci&oacute;n es una estructura r&iacute;gida del amor rom&aacute;ntico que es preciso vencer.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a m&iacute; me interesa circunscribir una situaci&oacute;n menos divertida, aunque no ajena a la comedia de los sexos; una que no se refleja a trav&eacute;s de objetos materiales, sino a trav&eacute;s de ese otro objeto inmaterial que es la palabra. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las formas del goce retentivo del obsesivo es apropiarse de la palabra, de modo m&aacute;s o menos tir&aacute;nico. Pienso que de experiencias de este tenor es que <strong>Rebecca Solnit</strong> debe haber tomado la matriz para introducir el t&eacute;rmino &ldquo;<strong>mansplaining</strong>&rdquo; &ndash;en su libro <em>Los hombres me explican cosas</em>, en el que explica c&oacute;mo los hombres le explican.
    </p><p class="article-text">
        La ra&iacute;z de esta actitud seguramente sea la fuerza posesiva de lo viril. <strong>El var&oacute;n hace sentir su afirmaci&oacute;n a trav&eacute;s de posarse sobre su objeto y manipularlo</strong>. No por nada Freud se refiri&oacute; en este punto a un &ldquo;ejercicio de la musculaci&oacute;n&rdquo;. Los varones agarran y cuando resulta que son obsesivos, no sueltan.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en el caso de un conocido profesor que, en las reuniones, suele desarrollar lenta y parsimoniosamente sus ideas, sin importarle si otros lo escuchan; aunque s&iacute;, le importa que lo escuchen, porque lo que no le importa es aburrirlos. La contracara de la retenci&oacute;n neur&oacute;tica es el sadismo, que en la obsesi&oacute;n se expresa en la sentencia &ldquo;Vos me vas a escuchar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los obsesivos son personas que hablan todo el tiempo y, as&iacute; y todo, sufren de que no se los deje hablar</strong>. De regreso al comienzo, este es un tema econ&oacute;mico tambi&eacute;n, porque pone de manifiesto esa instancia en la que no pagan por sus palabras. <strong>El obsesivo habla como si fuera gratis</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito, para concluir, recuerdo la an&eacute;cdota de un colega que me cont&oacute; que hace unas d&eacute;cadas tuvo su primera sesi&oacute;n de an&aacute;lisis. Despu&eacute;s de hablar sin parar durante una hora y media, el analista le propuso concluir. Inquieto, dado que se trataba de un analista c&eacute;lebre, mi amigo le pregunt&oacute; cu&aacute;nto eran los honorarios. El analista le respondi&oacute;: &ldquo;Dos mangos&rdquo;. Sorprendido, mi amigo le pregunt&oacute; c&oacute;mo pod&iacute;a cobrarle tan poco. El analista respondi&oacute;: &ldquo;Es lo que hoy valen sus palabras; espero que con el tiempo tengan otro costo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-mierda_129_12323114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 May 2025 22:37:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dinero es una mierda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Charly García,Sigmund Freud,Rebecca Solnit,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Manifestando abundancia”: por qué los nuevos gurús financieros establecen una relación religiosa con el dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/manifestando-abundancia-nuevos-gurus-financieros-establecen-relacion-religiosa-dinero_1_12177370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75c29cd3-558c-40b7-92b1-101664363b35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Manifestando abundancia”: por qué los nuevos gurús financieros establecen una relación religiosa con el dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siempre ha existido el pensamiento mágico y ahora se nutre de creencias 'new age'. Pero, ¿qué tiene que ver con los coches de lujo? ¿Cuándo se mezcló la espiritualidad más o menos extravagante con la codicia y el exhibicionismo más descarados? </p></div><p class="article-text">
        Aunque parecen pertenecer a universos distintos, los comerciantes y navegantes de sociedades ind&iacute;genas como las que Bronis&#322;aw Malinowski, uno de los padres de la etnograf&iacute;a, describi&oacute; en sus trabajos, tienen algunas cosas en com&uacute;n con <a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los </a><a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>coaches</em></a> o mentores financieros que triunfan desde hace algunos a&ntilde;os en redes como Instagram y TikTok. Aquel antrop&oacute;logo estudi&oacute; unas organizaciones en las que los procesos productivos y la magia estaban sorprendentemente unidos. Para los ind&iacute;genas, el recitado de palabras m&aacute;gicas era indispensable antes de trabajos como la preparaci&oacute;n de sus canoas o el cultivo de sus huertos. &ldquo;La creencia en la magia &mdash;escribi&oacute; el antrop&oacute;logo en 1922&mdash; es una de las grandes fuerzas psicol&oacute;gicas que cooperan en la organizaci&oacute;n y sistematizaci&oacute;n del esfuerzo econ&oacute;mico en las islas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De modo similar, la creencia en la<em> Ley de la atracci&oacute;n</em> (o en que los pensamientos e invocaciones influyen en la realidad) es la base de muchos de los consejos que con menor &ndash;&ldquo;si quieres, puedes&rdquo;&ndash; o mayor &ndash;&ldquo;rep&iacute;tete a ti mismo que eres un Lamborghini&rdquo;&ndash; intensidad difunden los nuevos gur&uacute;s de las finanzas personales.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Amadeo Llados, un <a href="https://www.eldiario.es/era/amadeo-llados-jovenes-que-dejan-su-negocio_1_11413188.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">supuesto gur&uacute; del &eacute;xito personal</a>, habla de &ldquo;mentalidad de abundancia&rdquo;, TikTok se llena de <a href="https://www.eldiario.es/era/politica-del-malestar-alicia-valdes_1_11962026.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">personas &ldquo;manifestando&rdquo;</a>, es decir, atrayendo mediante conjuros o mantras las riquezas que anhelan; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Zwk33d92yks" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Christian Brasser insiste</a> en que &ldquo;escribir tus objetivos ayuda a vibrar a la frecuencia de aquello que deseamos&rdquo; y varias celebridades brit&aacute;nicas como Dua Lipa contribuyeron a que <em>manifest</em> fuera declarada como palabra del a&ntilde;o 2024 por los editores del Cambridge Dictionary. Siempre ha existido el pensamiento m&aacute;gico y ahora se nutre de creencias <em>new age</em>. Pero, &iquest;qu&eacute; tiene que ver con los coches de lujo? &iquest;Cu&aacute;ndo se mezcl&oacute; la espiritualidad m&aacute;s o menos extravagante con la codicia y el exhibicionismo m&aacute;s descarados? &iquest;No era el capitalismo un sistema econ&oacute;mico implacable, pero, al menos, m&aacute;s racional o menos arbitrario que otros reg&iacute;menes?
    </p><p class="article-text">
        Aunque, a principios del siglo XX, autores como Freud (que habla de ello en <em>T&oacute;tem y tab&uacute;)</em> estaban convencidos de que todas las sociedades atraviesan un proceso evolutivo con tres etapas bien diferenciadas: animismo y magia, pensamiento religioso y concepci&oacute;n cient&iacute;fica del mundo; hace d&eacute;cadas que las ciencias sociales cuestionan esta noci&oacute;n lineal de progreso. Y no es necesario acudir a ejemplos lejanos: en la actualidad ya conviven la Inteligencia Artificial (algoritmos que convierten el deseo en c&aacute;lculos matem&aacute;ticos), los criterios de optimizaci&oacute;n empresarial m&aacute;s minuciosos y la creencia en el poder de &ldquo;manifestar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>best-seller</em> <em>El Secreto</em>, publicado por la australiana Rhonda Bhyrne en 2006 solo aviv&oacute; una hoguera cuya llama hab&iacute;a prendido mucho antes, con publicaciones como <em>Las 7 leyes espirituales del &eacute;xito</em>, del gur&uacute; Deepak Chopra (1994). En su libro, que aborda creencias hind&uacute;es como el <em>karma</em>, Chopra escribe cosas como: &ldquo;Cuando das las gracias como si ya hubieras recibido lo que quieres, est&aacute;s emitiendo una poderosa se&ntilde;al al Universo&rdquo;. En 2025 y despu&eacute;s de la crisis de 2008, de la que un par de generaciones nunca han podido recuperarse, lo que le piden al &ldquo;Universo&rdquo; los j&oacute;venes que llegan a ese tipo de textos es dinero.
    </p><h2 class="article-text">El dinero como religi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Una superstici&oacute;n que afecta por igual a gente con creencias <em>libertarias</em> y a gente con creencias de izquierdas es que el emprendimiento es el camino f&aacute;cil al dinero. Una sociedad en la cual el ascensor social est&aacute; averiado necesita creer en cosas&rdquo;, explica Antonio J. Rodr&iacute;guez, escritor y autor de <em>El dios celoso</em>, un ensayo que relaciona las categor&iacute;as de monopolio econ&oacute;mico, monogamia relacional y monote&iacute;smo religioso. &ldquo;Hoy nos hemos cre&iacute;do la ficci&oacute;n del emprendedor, que est&aacute; en todas partes: virales de TikTok, podcasts populares&hellip; pero tambi&eacute;n artistas o creadores de contenido, que no dejan de ser empresarios de s&iacute; mismos&rdquo;, contin&uacute;a el autor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos hist&oacute;ricos, la aparici&oacute;n del genio emprendedor que acumula riqueza (y la transformaci&oacute;n de esta figura en modelo &eacute;tico) es muy reciente. En 1748, el fundador de Estados Unidos de origen puritano Benjamin Franklin escribi&oacute; unos <a href="https://vidateoretica.wordpress.com/2014/03/10/carta-a-un-joven-comerciante/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consejos para un joven comerciante</a> basados en la contenci&oacute;n y, tambi&eacute;n, en levantarse a trabajar a las cinco de la madrugada para satisfacer a los acreedores. Es alrededor de esas fechas cuando, en comunidades protestantes o calvinistas, el enriquecimiento personal se convirti&oacute; en &ldquo;una profesi&oacute;n y un fin obligatorio para el hombre&rdquo;, en palabras del soci&oacute;logo Max Weber. Este giro ins&oacute;lito &ldquo;contradec&iacute;a el sentimiento &eacute;tico de &eacute;pocas enteras de la historia&rdquo; durante las que la ganancia &ldquo;fue solo un medio para la satisfacci&oacute;n de necesidades materiales&rdquo; y no una obligaci&oacute;n o &ldquo;modo de conducir la vida&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ya no se trata de decir que, si te esfuerzas mucho, te irá bien; sino que, si te esfuerzas mucho, podrás comprar un boleto de lotería: puede que te toque, pero lo normal es que pierdas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Medina-Vicent</span>
                                        <span>—</span> Profesora en el Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume I
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hoy la situaci&oacute;n es todav&iacute;a m&aacute;s confusa porque los valores que, en conjunto, formaban la idea del m&eacute;rito, como la austeridad o el sacrificio, se est&aacute;n revelando in&uacute;tiles, pero el mandato sobre la acumulaci&oacute;n y el beneficio se renueva y adopta nuevas formas para cada generaci&oacute;n. &ldquo;A estas alturas del juego creo que ha quedado demostrado que el m&eacute;rito por s&iacute; mismo no es la garant&iacute;a del &eacute;xito social y econ&oacute;mico. Al tiempo que el talento, si no se encuentra en el contexto adecuado, en el que se pueda invertir en &eacute;l, no garantiza tampoco nada&rdquo;, expone Marta Medina-Vicent, profesora en el Departamento de Filosof&iacute;a y Sociolog&iacute;a de la Universitat Jaume I y especialista en <em>management </em>y g&eacute;nero. &ldquo;Ya no se trata de decir que, si te esfuerzas mucho, te ir&aacute; bien; sino que, si te esfuerzas mucho, podr&aacute;s comprar un boleto de loter&iacute;a: puede que te toque, pero lo normal es que pierdas. Se trata de una circunstancia que psicol&oacute;gicamente empuja a las personas al l&iacute;mite&rdquo;, a&ntilde;ade Rodr&iacute;guez.
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n del pensamiento m&aacute;gico o de la superstici&oacute;n en nuestras sociedades tecnificadas suele atribuirse a la exposici&oacute;n a circunstancias y procesos que escapan al control o a la comprensi&oacute;n del supersticioso. Cuando ese pensamiento m&aacute;gico se sofistica y se mezcla con creencias asentadas, da lugar a planteamientos religiosos sincr&eacute;ticos. &ldquo;La imposibilidad o dificultad de llegar a saber c&oacute;mo funciona realmente el sistema econ&oacute;mico nos puede dar la sensaci&oacute;n de que se trata de algo incontrolable y que, por tanto, estamos sujetos a un destino sobre el que poco podemos hacer&rdquo;, dice Medina-Vicent.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto se parece mucho a la concepci&oacute;n religiosa sobre el mundo, donde es finalmente Dios quien decide qu&eacute; vida vamos a tener. Sin embargo, s&iacute; que tenemos la posibilidad de hacernos agradables a Dios para que nos brinde grandezas y bienestar. Por esta raz&oacute;n, quiz&aacute;s emergen estos discursos del deseo para conseguir &eacute;xito social y econ&oacute;mico, una l&oacute;gica que ser&iacute;a similar a la de rezar para hacernos agradables a la mirada de Dios&rdquo;, a&ntilde;ade la profesora.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Dicho y hecho: manifestar o los conjuros para atraer la fortuna</h2><p class="article-text">
        Los antrop&oacute;logos suelen ser muy cautos a la hora de hablar de constantes en su disciplina, de esos posibles patrones que, reproducidos por grupos humanos de cualquier &eacute;poca y territorio constituir&iacute;an algo as&iacute; como los &ldquo;ingredientes&rdquo; de la naturaleza humana. Si se les tira de la lengua, hablar&aacute;n de la m&uacute;sica, de la decoraci&oacute;n de los hogares&hellip; y tanto de la creencia en instancias invisibles o esp&iacute;ritus (animismo) como de la capacidad para transmitir informaci&oacute;n mediante s&iacute;mbolos (lenguaje). As&iacute; que la combinaci&oacute;n de estos elementos (fuerzas sobrenaturales y palabras) aparece en casi todos los sistemas sociales conocidos. Por ejemplo, el Evangelio de Juan comienza con el sugerente y conocido vers&iacute;culo: &ldquo;En el principio exist&iacute;a el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DHoWg63Bf-c/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Manifestar es un uso m&aacute;gico del lenguaje con mucho en com&uacute;n con otros conjuros e invocaciones que tambi&eacute;n ponen a instancias sobrenaturales a trabajar para nosotros. Pero, ahora que tantos <em>youtubers</em> hablan de estos temas con un crucifijo al cuello, &iquest;tiene todo esto algo que ver con la religi&oacute;n m&aacute;s ortodoxa? &ldquo;Siempre ha habido falsos profetas y siempre los habr&aacute;. A m&iacute; no se me ocurrir&iacute;a tergiversar las palabras de Dios, aunque es muy com&uacute;n apoyar lo que uno quiere con los libros sagrados, y no es &uacute;nica y exclusivamente una cuesti&oacute;n cristiana. Creo que usar a Dios para beneficio personal y proclamarte nuevo evangelista de las finanzas reescribiendo algunas ense&ntilde;anzas, tiene m&aacute;s de secta que de religioso&rdquo;, responde Javier S&aacute;nchez, te&oacute;logo cat&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Las afirmaciones positivas son las frases concretas mediante las que se <em>manifiesta</em>. Un par de ejemplos, <a href="https://www.gaia.com/es/article/afirmaciones-positivas-para-atraer-dinero" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">extra&iacute;dos de una web cualquiera</a> que invita a &ldquo;practicarlas y observar c&oacute;mo tu relaci&oacute;n con el dinero se transforma positivamente&rdquo;: &ldquo;el dinero es bueno, lo amo y me ama&rdquo; o &ldquo;en mi realidad reina la abundancia&rdquo;. En este caso, las explicaciones de la web tienen que ver con interpretaciones esot&eacute;ricas de los principios de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, pero en el espacio entre la autoayuda, la psicolog&iacute;a, la econom&iacute;a y la magia, casi todo vale. Eso s&iacute;: donde hay palabras y peticiones, cabe recordar la cl&aacute;sica oraci&oacute;n cristiana, o esas ofrendas tan populares a santos y v&iacute;rgenes que, seg&uacute;n quienes se ponen en sus manos, son capaces de interceder por nosotros en situaciones de necesidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, &iquest;estamos ante la actualizaci&oacute;n de lo que hac&iacute;an nuestras abuelas cuando pon&iacute;an una vela y rezaban a San Pancracio? &iquest;Por qu&eacute; iba a estar &ldquo;lo de ah&iacute; arriba&rdquo; &mdash;el Dios cristiano, el Karma o el Universo&mdash; preocupado por atender las peticiones m&aacute;s ego&iacute;stas?&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Creo que usar a Dios para beneficio personal y proclamarte nuevo evangelista de las finanzas reescribiendo algunas enseñanzas, tiene más de secta que de religioso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Javier Sánchez</span>
                                        <span>—</span> teólogo católico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;En cuanto a pedir, est&aacute; claro que Jes&uacute;s critica la opulencia y la codicia, pero invita en varios pasajes a pedir siempre e insistir&rdquo;, sigue S&aacute;nchez. &ldquo;La oraci&oacute;n no es m&aacute;s que poner de manifiesto lo que necesitamos y deseamos para otros. Cuando yo paso malos momentos, los convierto en oraci&oacute;n: grito de desesperaci&oacute;n o de angustia, acudo a Dios para buscar: lo primero, consuelo a mi dolor y lo segundo, benevolencia en lo que pido&rdquo;, contin&uacute;a el te&oacute;logo. En cuanto al ego&iacute;smo, S&aacute;nchez, siempre desde el punto de vista cat&oacute;lico, concluye: &ldquo;Ah&iacute; es donde veo uno de los problemas de las tendencias <em>new age</em> tan en boga: te convierten en tu propio Dios, que no es m&aacute;s que volver al pecado original&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su discurso y de la simbolog&iacute;a que portan, tanto para ateos como para creyentes es complicado ver a los nuevos gur&uacute;s de las finanzas como l&iacute;deres espirituales. Pero, &iquest;qui&eacute;n puede creer que son expertos en econom&iacute;a?
    </p><h2 class="article-text">En busca del p&uacute;blico m&aacute;s joven y vulnerable</h2><p class="article-text">
        La cuenta de Instagram <a href="https://www.instagram.com/humi_llados_oficial/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@humi_llados_oficial</a> recoge algunos de los peores momentos del mentor y sus seguidores. Hay de todo: desde discursos particularmente exc&eacute;ntricos hasta casos de &ldquo;alumnos&rdquo; que han terminado arruinados despu&eacute;s de aplicar las ense&ntilde;anzas del catal&aacute;n residente en Miami. Los comentarios bajo v&iacute;deos de afirmaciones tampoco dejan dudas: quienes recurren a ellos est&aacute;n desesperados. &ldquo;El recurso a este tipo de l&oacute;gicas por parte de los grupos m&aacute;s vulnerables procede de su propia precariedad&rdquo;, confirma Medina-Vicent.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El recurso a este tipo de lógicas por parte de los grupos más vulnerables procede de su propia precariedad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Medina-Vicent</span>
                                        <span>—</span> Profesora en el Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume I
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Hace no muchos a&ntilde;os se pusieron de moda aquellos <a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>artistas del ligue</em></a><em> (pick-up artist)</em>. Todo este mundo de <em>coaches </em>de la venta es la continuaci&oacute;n l&oacute;gica de aquello: ambos se alimentan de un miedo at&aacute;vico (quedarse solo o morir en la indigencia) y lo sobrecalientan con un relato de masculinidad neandertal, con perd&oacute;n a los neandertales&rdquo;, apunta Rodr&iacute;guez, refiri&eacute;ndose a algunos mentores que recomiendan llamar con entusiasmo a cualquiera (desde particulares hasta directivos de empresas) para vender cualquier producto sin guardar m&iacute;nimamente las formas. &ldquo;Hab&iacute;a un v&iacute;deo que invitaba a entrar en la disco saludando a todo el mundo para aparentar <em>aura.</em> Pues ponerse a llamar a lo loco para vender es la misma chorrada. Desear vender y desear reciprocidad amorosa es comprensible, humano y saludable, pero del miedo a su ausencia surgen todos estos monstruos de Internet&rdquo;, se&ntilde;ala el escritor.
    </p><p class="article-text">
        Estos comportamientos impulsivos contrastan con la imagen severa y seria que tradicionalmente ha proyectado el mundo de los negocios. &iquest;Actitudes as&iacute; realmente ayudan a hacer contactos entre las &eacute;lites? &ldquo;Creo que las viejas &eacute;lites empresariales no precisan de estos discursos para mantenerse o continuar con sus negocios. De hecho, dir&iacute;a que todas estas im&aacute;genes del emprendedor exitoso, del esfuerzo, el sacrifico, etc. conviven con los m&aacute;s m&iacute;sticos centrados en el deseo. Las viejas &eacute;lites pueden mantenerse sin comprar estos &uacute;ltimos discursos, ya que disponen de la seguridad y el control necesarios para que su posici&oacute;n no se vea en riesgo&rdquo;, contesta Medina-Vicent.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;solo alguien que no conozca c&oacute;mo funciona realmente el sistema podr&iacute;a creer que <em>manifestar</em> o el entusiasmo desbocado son los caminos hacia el &eacute;xito empresarial? &ldquo;Alguien que no haya sufrido la precariedad actual no compra los discursos del <em>coaching</em>, ya que no los necesita para sobrevivir. En parte se trata de una cuesti&oacute;n generacional, y tambi&eacute;n de jerarqu&iacute;a de conocimientos. En las Escuelas de Negocios se siguen ense&ntilde;ando las l&oacute;gicas y los comportamientos econ&oacute;micos m&aacute;s racionales, mientras que en las redes sociales proliferan discursos irracionales. Pero es que se trata de espacios completamente diferentes, dirigidos a p&uacute;blicos completamente diferentes&rdquo;, contin&uacute;a la profesora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el siglo XVII, el fil&oacute;sofo Spinoza escribi&oacute; en su <em>Tratado Teol&oacute;gico-Pol&iacute;tico</em> que los hombres, debido a &ldquo;la urgencia de las circunstancias&rdquo; y &ldquo;a su ansia desmedida de los bienes inciertos de la fortuna&rdquo; fluct&uacute;an &ldquo;de forma lamentable&rdquo; entre la esperanza y el miedo y &ldquo;se muestran sumamente propensos a creer cualquier cosa&rdquo;. Hoy lo fundamental no son las creencias o quienes las difunden, sino las circunstancias urgentes que hay detr&aacute;s. O, tal y como concluye Medina-Vicent, discursos tan estrafalarios esconden crisis cada vez m&aacute;s profundas: &ldquo;Esta elasticidad en la emergencia de nuevos discursos neoliberales es una muestra de c&oacute;mo el sistema va cambiando, a la vez que demuestra que las crisis son cada vez m&aacute;s recurrentes y las soluciones a esas crisis adoptan cada vez formas m&aacute;s estramb&oacute;ticas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/manifestando-abundancia-nuevos-gurus-financieros-establecen-relacion-religiosa-dinero_1_12177370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Apr 2025 03:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Manifestando abundancia”: por qué los nuevos gurús financieros establecen una relación religiosa con el dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Redes sociales,inversiones,Coaching ontológico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Riqueza e hipocresía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/riqueza-e-hipocresia_129_11806635.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bafdfa9f-bbaf-4ac7-8327-91ff3431ae1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Riqueza e hipocresía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué nos seduce del dinero y qué nos expulsa? ¿Por qué nos gustaría ser y tener, pero también nos repugna ese mismo deseo? Sobre esas ambivalencias construye su atractivo “Fortuna”, la celebradísima novela de Hernán Díaz. </p></div><p class="article-text">
        Hace poco, finalmente, le&iacute; <em>Fortuna</em>, la celebrad&iacute;sima novela del argentino <strong>Hern&aacute;n D&iacute;az</strong>. No la evit&eacute; hasta ahora por ninguna raz&oacute;n en particular; sencillamente paso menos tiempo leyendo novedades del que probablemente deber&iacute;a por el trabajo que hago, pero es que si de verdad leyera cada semana lo que hay que leer esa semana no tendr&iacute;a tiempo jam&aacute;s de siquiera conocer los siglos de literatura que llegaron al mundo antes que yo. Pienso esto en relaci&oacute;n con todo (la m&uacute;sica, el cine, el arte visual; todo menos el teatro, porque no puedo ver otro que el que est&aacute; hoy en cartelera): el sesgo hacia lo actual es uno de los sesgos anti diversidad m&aacute;s tremendos de la cultura hoy. Curioso, en una &eacute;poca tan profundamente nost&aacute;lgica como lo habitamos: todos quieren vivir en los a&ntilde;os cincuenta, pero nadie se est&aacute; abalanzando sobre los libros de <strong>Norah Lange</strong> o las pel&iacute;culas de <strong>Akira Kurosawa</strong>. Interesa m&aacute;s comprar versiones pastiche de diversas ideas inventadas del pasado que preguntarse qu&eacute; tienen para mostrarnos sobre el mundo las obras producidas en otros momentos. Pero bueno: cuesti&oacute;n que s&iacute;, trato igual de leer por a&ntilde;o unas cuantas obras que hayan sonado &uacute;ltimamente, y en estos d&iacute;as le toc&oacute; el turno a<em> Fortuna</em>.
    </p><p class="article-text">
        Me pareci&oacute; una novela excelente, y entiendo por qu&eacute; gust&oacute; tanto en todo el mundo. Me hizo pensar en muchas cosas, pero quiz&aacute;s sobre todo en las relaciones complej&iacute;simas que hoy establecemos entre el linaje y la construcci&oacute;n de la subjetividad. El tema m&aacute;s analizado en el nivel expl&iacute;cito del libro es, claramente, el dinero. En distintas versiones narradas por personajes diversos, la historia que se cuenta es la de un millonario de los a&ntilde;os 20 que hereda una fortuna hecha en la industria y la multiplica en el naciente mercado financiero. Me gusta mucho el modo en que narra las transiciones y los vaivenes entre estilos de ricos: se habla a menudo de la diferencia entre <em>old money</em> y nuevos ricos en t&eacute;rminos bastante vetustos y poco sutiles: nadie que haya frecuentado herederos puede afirmar hoy que los viejos ricos son mucho m&aacute;s cultos o menos ostentosos que los nuevos. Y, sin embargo, pocas veces he le&iacute;do o escuchado reflexiones m&aacute;s precisas sobre el tema que las que hace Hern&aacute;n D&iacute;az en <em>Fortuna</em> sobre la relaci&oacute;n que tiene con el dinero una clase muy espec&iacute;fica de gente, cierta clase de hombres (casi siempre son hombres) que parece haber aceptado las tesis marxistas sobre la fetichizaci&oacute;n de la mercanc&iacute;a pero que las entiende m&aacute;s como una celebraci&oacute;n que como una cr&iacute;tica. 
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        La clase de gente que se maravilla con la capacidad del dinero de multiplicarse a s&iacute; mismo mucho m&aacute;s que con las cosas que el dinero puede comprar. A Andrew Bevel, el financiero que se ubica en el centro de<em> Fortuna</em>, el estilo de vida lujoso y divertido que llevaban sus padres gracias al dinero que hac&iacute;an con plantaciones de tabaco le parec&iacute;a una banalidad idiota: &eacute;l no quiere el dinero para pasarla bien. Quiere el dinero para hacer m&aacute;s dinero. No existe en su cabeza ning&uacute;n c&aacute;lculo del tipo &ldquo;para qu&eacute; quiero vivir 24 horas al d&iacute;a enchufado a la bolsa si ya tengo m&aacute;s plata de la que jam&aacute;s podr&iacute;a gastar&rdquo;; es gente que se ha despojado aut&eacute;nticamente de toda conexi&oacute;n con la vida para alcanzar una suerte extra&ntilde;a de ascetismo entregado a la abstracci&oacute;n del dinero. No ser&iacute;a grave, como estilo de vida, si no fuera porque esos son los que hoy gobiernan el mundo, tipos cuya relaci&oacute;n ya ni siquiera con la necesidad, sino incluso con el placer, est&aacute; profundamente trastornada.
    </p><p class="article-text">
        Pero ya lo empec&eacute; a decir; lo m&aacute;s genial de la novela est&aacute;, para m&iacute;, en la relaci&oacute;n de su estructura con sus temas, y espec&iacute;ficamente con la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo los poderosos se narran a s&iacute; mismos hoy, y el modo en que las personas comunes nos vinculamos con esas narraciones. Voy a intentar spoilear lo menos que pueda, pero en <em>Fortuna</em> esta historia de Andrew Bevel es contada por distintos narradores y en distintas texturas. Podemos leer, entonces, una versi&oacute;n ficcionalizada, elegante pero no particularmente halag&uuml;e&ntilde;a, de esa historia. Podemos leer, tambi&eacute;n, c&oacute;mo lo vieron distintas personas cercanas a &eacute;l. Podemos leer, adem&aacute;s, c&oacute;mo quiso contarse a s&iacute; mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Como sucede con todos los buenos escritores, lo m&aacute;s importante del trabajo de D&iacute;az se juega en el tono, esa especie de bioma textual indefinible que un autor te hace habitar por el rato que dura el libro; la virtud del tono de <em>Fortuna</em> es que es fr&iacute;o sin ser as&eacute;ptico, vagamente cr&iacute;tico sin ser denuncialista. La novela sabe que Andrew Bevel no se hizo a s&iacute; mismo: a pesar de que &eacute;l lo crea, o haga todo lo posible para creerlo. Bevel es, a todas luces, un <em>nepo baby</em>: un tipo que pudo tomar unos riesgos enormes en la bolsa porque en el fondo no estaba tomando ning&uacute;n riesgo, porque quien se recuesta sobre una fortuna familiar jam&aacute;s conoce la sensaci&oacute;n de subirse a un trapecio sin red; tiene, justamente, el coraje &iacute;ntimo y at&aacute;vico de saber que lo atajar&aacute;n. El mundo de las fortunas incalculables se va pareciendo cada vez m&aacute;s a un mundo mon&aacute;rquico: la gente que nace rica morir&aacute; rica, y la que nace pobre morir&aacute; pobre. 
    </p><p class="article-text">
        El sue&ntilde;o del ascenso social fue una excepci&oacute;n hist&oacute;rica brev&iacute;sima, y nada indica que vaya a repetirse pronto. Lo que eso produce es un juego de resentimientos cruzados que la derecha, sobre todo, ha logrado ordenar simb&oacute;licamente muy bien: es de resentido, siquiera, usar la palabra <em>nepobaby</em>, pero es perfectamente razonable resentir a los migrantes por venir a &ldquo;robar trabajo&rdquo;. Es l&oacute;gico que el juego funcione: capitalizar el resentimiento desde la izquierda, en el mundo de hoy, es pedirle a la gente que odie a quienes admira, no a quienes desprecia. Es odiar a los bellos, los exitosos, los afortunados: no imposible, por supuesto, pero mucho m&aacute;s parecido a la envidia (sentimiento tradicionalmente indigno) que a ese odio m&aacute;s horizontal que se alienta contra el que gana lo mismo que vos, pero &ldquo;por malas razones&rdquo;, o &ldquo;menos que vos&rdquo;, porque se lo merece.
    </p><p class="article-text">
        Todo indica que hay que salir de las pol&iacute;ticas del resentimiento por otro lado, m&aacute;s que intentar torcerlas: pero es dif&iacute;cil pensar cu&aacute;les son las emociones que deber&iacute;amos albergar ante la hipocres&iacute;a de los Andrew Bevel vendi&eacute;ndonos un sue&ntilde;o del que no podemos ser parte. <em>Fortuna</em> es excelente, sobre todo, porque capta todas esas ambivalencias que nos produce la riqueza y la hipocres&iacute;a en torno de ella. En lugar de intentar tomar una posici&oacute;n clara nos sit&uacute;a en el centro de la contradicci&oacute;n sobre lo que nos seduce del dinero y lo que nos expulsa, sobre lo que nos gustar&iacute;a ser y tener y lo que nos repugna de ese mismo deseo. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/riqueza-e-hipocresia_129_11806635.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Nov 2024 03:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Riqueza e hipocresía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hernán Díaz,Dinero,Riqueza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Habitar los bordes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/habitar-bordes_129_11636358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22586e08-3b7a-4764-af16-a8fbd509795c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Habitar los bordes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Es dinero lo que necesitamos para seguir soñando? ¿Se ha perdido ese mundo donde la vida al margen era posible?</p></div><p class="article-text">
        Ya he dicho alguna vez (mil veces: escribir una columna es ante todo resignarse a repetirse) que viajar nunca fue lo m&iacute;o, algo en lo que nunca gastar&iacute;a mucha plata a prop&oacute;sito. He dicho tambi&eacute;n que viajo mucho por trabajo y que eso, sea porque no tengo que tomar la decisi&oacute;n de gastar plata o porque me da una sensaci&oacute;n de raz&oacute;n de estar en un lugar u otro, me ha reconciliado bastante con el asunto. Lo parad&oacute;jico es que, sobre todo cuando la estoy pasando bien, me acuerdo qu&eacute; es lo que m&aacute;s me inquieta de viajar: no es solo que no estoy en mi casa o que no estoy entre mis cosas, que trabajo menos o que me pierdo de planes con mis amigos. Lo que m&aacute;s nerviosa me pone es la sensaci&oacute;n de la imposibilidad de conocer un lugar, la dificultad de encontrar un registro para escribir sobre ciudades de las que s&eacute; que no s&eacute; nada. Me da pudor decir algo sobre ciudades en las que no he ido al colegio, ni al centro en hora pico, ni a hacer una cola en un banco; y a la vez no puedo evitar intentar aprender algo sobre la vida de las distintas organizaciones de las cosas que una se cruza alrededor del mundo. La soluci&oacute;n es claramente t&eacute;cnica: hay que encontrar ese registro, hacerse cargo de que la literatura se hace siempre sobre la ignorancia y es tarea de quien escribe darle a ese no saber un marco u otro, sea el de la ficci&oacute;n, el de la humildad o el de la inocencia, o el de la autoconciencia de habitar los bordes de todo eso.
    </p><p class="article-text">
        Hace un par de semanas estuve en Colombia, y ahora estoy en Europa. Todo esto en un momento en que no entiendo del todo d&oacute;nde est&aacute; parada la Argentina. En Madrid y en Londres tuve la misma sensaci&oacute;n que tengo casi siempre que vengo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: la relaci&oacute;n que tienen con el futuro est&aacute; firmemente apoyada en una confianza en el pasado. El peso de estar en el pa&iacute;s de Cervantes o de Shakespeare, en lugares donde se hace literatura con may&uacute;sculas desde hace siglos (lugares que inventaron el concepto de las cosas con may&uacute;sculas y que todav&iacute;a deciden lo que queda fuera y dentro de esa frontera), cae sobre la juventud y la novedad, pero al mismo tiempo provee la conciencia de una tradici&oacute;n. La seguridad de un privilegio, supongo, pero no solo eso. O quiz&aacute;s s&iacute;, pero: ese privilegio incluye un lenguaje com&uacute;n, una serie de supuestos comunes, que incluso en sociedades que (y esto lo comparten con la sociedad argentina) sienten que su punto cumbre qued&oacute; en el pasado provee una suerte de insumo para el futuro.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tanto la literatura como el teatro argentino, mundos que más o menos conozco, se beneficiaron mucho de la tradición argentina de hacer cosas sin plata, por el costado de la plata</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Colombia, en cambio, la sensaci&oacute;n es muy distinta. Estuve en Bogot&aacute; y en Medell&iacute;n y hablando con chicos y chicas que muchas veces eran la primera generaci&oacute;n de profesionales de su familia me encontr&eacute; con algo que no me hac&iacute;a acordar a la Argentina en nada; una sociedad que viene de un pasado dur&iacute;simo que no romantiza en nada en una econom&iacute;a que crece, y entonces no vive con esa sensaci&oacute;n de que todo avanza inexorablemente en una direcci&oacute;n peor. Me causaba cierta gracia notar que esa diferencia de trayectoria se ve&iacute;a en nuestras opiniones no solo sobre nuestros propios pa&iacute;ses sino sobre cualquier otro pa&iacute;s del mundo, el estado de la juventud, la cultura o la democracia liberal: yo, que vengo de un pa&iacute;s en crisis, pienso que todo est&aacute; en crisis, como esa gente que se separa y empieza a imaginar que todo el mundo est&aacute; por separarse. Los colombianos que conoc&iacute; no eran optimistas ciegos ni ingenuos: m&aacute;s bien quiz&aacute;s ve&iacute;an la realidad con m&aacute;s claridad que yo, sin esa sombra encima que siento que &uacute;ltimamente los argentinos le ponemos a todo. 
    </p><p class="article-text">
        Digo los argentinos, pero quiz&aacute;s me equivoco. Ya lo he dicho, no tengo la sensaci&oacute;n de entender d&oacute;nde est&aacute; parada la Argentina ahora. Siento que s&eacute; poco sobre la mitad de la Argentina que tiene esperanza. Ni siquiera s&eacute; si tienen esperanza en realidad o si, igual que solemos hacer todos, simplemente votaron lo que les pareci&oacute; menos peor y ven en el pa&iacute;s m&aacute;s o menos lo mismo que veo yo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Supongo que pienso en todo esto porque vengo buscando para conversar en Argentina eso que siento que en los europeos y los colombianos consiguieron en caminos distintos, un insumo para el futuro. No me gusta la frase, parece de powerpoint de ONG, pero no se me ocurre una mucho m&aacute;s precisa para esto que tengo en mente, en parte porque lo que tengo en mente no es muy preciso. Hace a&ntilde;os que estoy cada vez m&aacute;s materialista en el sentido marxista m&aacute;s estricto y termo, ese que dice que la materialidad determina la conciencia. Tanto la literatura como el teatro argentino, mundos que m&aacute;s o menos conozco, se beneficiaron mucho de la tradici&oacute;n argentina de hacer cosas sin plata, por el costado de la plata. Uno ve cosas b&aacute;rbaras y desear&iacute;a que hubiera dinero para financiarlas, sabiendo a la vez que en Argentina se producen cosas que solo pueden producirse justamente porque la gente se junta a ensayar sin dinero, se sienta a escribir sin un adelanto. Ese vivir al costado del capitalismo produce obras incre&iacute;bles y vidas dificil&iacute;simas. Pero &uacute;ltimamente siento que nos estamos quedando sin siquiera esa narrativa, y que esa narrativa era uno de nuestros materiales de esperanza m&aacute;s importantes. Me pregunto, otra vez materialista y termo, si lo &uacute;nico que necesitamos para so&ntilde;ar es plata. Ser&iacute;a rom&aacute;ntico decir que no, que necesitamos algo a&uacute;n m&aacute;s escaso que ya no sabr&iacute;amos d&oacute;nde ni c&oacute;mo conseguir. Creo que efectivamente es as&iacute;, pero justamente porque lo que se perdi&oacute; es un mundo donde esa vida al costado del capitalismo era posible, y la recuperaci&oacute;n de ese mundo es a&uacute;n m&aacute;s inimaginable que la utop&iacute;a de una Argentina pr&oacute;spera.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/habitar-bordes_129_11636358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Sep 2024 03:01:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Habitar los bordes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los fundamentos sobre materias primas, ideas para el trading de divisas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/tecnologia/fundamentos-materias-primas-ideas-trading-divisas_1_11448153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8f08c580-6b40-4432-bdd1-ee3bdd41d585_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los fundamentos sobre materias primas, ideas para el trading de divisas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En qué consiste este tipo de activo, qué tipos existen y los motivos que pueden influir en su precio.</p></div><p class="article-text">
        Cuando se va a operar en los mercados financieros, resulta de vital importancia comprender los distintos activos con los que uno puede trabajar. Por lo general, es habitual o&iacute;r hablar del <em>trading</em> de acciones, y este suele ser el aspecto que acude a la mente de cualquier ne&oacute;fito. No obstante, otro activo muy relevante son las <a href="https://www.exness.com/es/commodities" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">materias primas</a>, motivo por el cual la mayor&iacute;a de <em>traders</em> las tienen en cuenta. En realidad, <strong>el </strong><em><strong>trading</strong></em><strong> de materias primas</strong> es interesante por diversos motivos, aunque suele destacar el hecho de que estas no se ven tan afectadas por la inflaci&oacute;n. As&iacute;, a continuaci&oacute;n, vamos a ver en qu&eacute; consiste este tipo de activo, qu&eacute; tipos existen y los motivos que pueden influir en su precio.
    </p><h2 class="article-text">Materias primas: qu&eacute; son exactamente</h2><p class="article-text">
        Cuando hablamos de materias primas, estamos haciendo referencia a un tipo de bien que constituye, en gran medida, la base de la econom&iacute;a mundial. Se trata de <strong>un activo que podemos encontrar de forma natural</strong> y que se emplea como insumo para producir bienes o servicios de diferente &iacute;ndole. Adem&aacute;s, las materias primas se caracterizan por el hecho de que, independientemente del proveedor que las ofrezca, no existir&aacute; una diferencia notable en el resultado. Eso s&iacute;, hay que tomar en cuenta el <em>basis grade</em>, que ser&aacute; el est&aacute;ndar de calidad que hay que cumplir.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; tipos de materias primas existen</h2><p class="article-text">
        En realidad, podemos dividir este tipo de productos b&aacute;sicos en <strong>cuatro categor&iacute;as</strong> distintas. Se trata de:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Metales:</strong> Esta categor&iacute;a incluye metales b&aacute;sicos como el cobre, ya que siempre tiene mucha demanda por su uso en electricidad o en fontaner&iacute;a. No obstante, el m&aacute;s popular de todos es el oro, un activo seguro cuyo valor no se desploma nunca. Por supuesto, tambi&eacute;n se suele operar con plata, un activo menos seguro que el oro, pero que ofrece interesantes oportunidades y sirve para posiciones de corto y medio plazo. El platino, el n&iacute;quel, el acero, el aluminio o el paladio son otros ejemplos de este tipo de bienes.</li>
                                    <li><strong>Productos energ&eacute;ticos:</strong> Otras materias primas muy comercializadas son los recursos energ&eacute;ticos, una categor&iacute;a que incluye elementos como el gas natural, el carb&oacute;n, el petr&oacute;leo crudo y derivados, como el gas&oacute;leo o la gasolina. Asimismo, hay que tener en cuenta al uranio y al etanol.</li>
                                    <li><strong>Productos agr&iacute;colas:</strong> Aunque son menos operados, los productos agr&iacute;colas tambi&eacute;n pueden resultar muy interesantes. Aqu&iacute;, como es l&oacute;gico, se van a incluir elementos como el trigo o el arroz, pero tambi&eacute;n el caf&eacute;, el cacao, el az&uacute;car, el ma&iacute;z, la soja y, por supuesto, el algod&oacute;n. El ganado, tanto vacuno como porcino, tambi&eacute;n entra dentro de esta categor&iacute;a, y lo mismo ocurre con la madera. Hay que tener en cuenta, eso s&iacute;, que el precio de los productos agr&iacute;colas puede variar seg&uacute;n los factores meteorol&oacute;gicos.</li>
                                    <li><strong>Materias primas ambientales:</strong> Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha incluido esta categor&iacute;a, en la que se engloban elementos como los certificados de energ&iacute;as renovables o los certificados blancos.</li>
                            </ul>
            </div><h2 class="article-text">Qu&eacute; va a influir en los precios de las materias primas</h2><p class="article-text">
        Cuando uno se dispone a adentrarse en el sector del <em>trading</em>, antes debe familiarizarse con las materias primas, con <strong>todo aquello que afecta a su valor</strong> y con otros aspectos relacionados. Por supuesto, la ley de la oferta y la demanda ser&aacute; la que dicte, al final, el sentido de los precios. De este modo, si la oferta de un activo determinado baja, su precio crecer&aacute;. No obstante, hay otros factores que deberemos considerar. Veamos los m&aacute;s importantes.
    </p><h3 class="article-text">Afectaciones en la producci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del consumo, <strong>la producci&oacute;n juega un papel fundamental en el precio del producto final</strong> y, por eso mismo, las fluctuaciones en este aspecto suelen impactar de forma notable en los mercados. Las malas cosechas, por ejemplo, har&aacute;n que los precios de un producto agr&iacute;cola se disparen. Y lo mismo ocurrir&aacute; si las minas reducen su producci&oacute;n o hay una menor producci&oacute;n de crudo. Por el contrario, la aparici&oacute;n de nuevas plantaciones o de minas m&aacute;s productivas producir&aacute;n una ca&iacute;da en los precios.
    </p><h3 class="article-text">Movimientos en los valores de las divisas</h3><p class="article-text">
        Como son muchos los mercados que acostumbran a operar con la moneda estadounidense, el valor del d&oacute;lar suele tener una repercusi&oacute;n directa en los precios. As&iacute;, los inversores avispados deber&iacute;an prestar atenci&oacute;n al estado del mercado de <a href="https://www.exness.com/es/forex/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">divisas</a>, especialmente a todo lo referente al d&oacute;lar. Cuando esta divisa baja frente a otras monedas, el descenso del precio<strong> hace que la demanda aumente entre los compradores extranjeros</strong>. Por el contrario, cuando el d&oacute;lar est&aacute; m&aacute;s alto, la demanda se reducir&aacute;.
    </p><h3 class="article-text">Actividad econ&oacute;mica</h3><p class="article-text">
        El crecimiento de las econom&iacute;as de los diferentes pa&iacute;ses puede tener cierto peso en el valor de los activos. Despu&eacute;s de todo, dicho desarrollo puede conllevar un mayor poder adquisitivo, un crecimiento de la poblaci&oacute;n y, derivado de todo esto, <strong>un aumento en la demanda</strong> de productos y servicios.
    </p><p class="article-text">
        Que un pa&iacute;s entre en recesi&oacute;n, por otro lado, <strong>tendr&aacute; el efecto contrario</strong>, y cuanto mayor sea su peso en la econom&iacute;a global, m&aacute;s se notar&aacute; el efecto en los precios de las materias primas.
    </p><h3 class="article-text">Estacionalidad</h3><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, otro punto a tener en cuenta es el hecho de que, en ocasiones, la demanda de una materia prima determinada puede ser estacional debido a diferentes razones. Por ejemplo, la demanda de energ&iacute;a <strong>es diferente en verano o durante los meses m&aacute;s fr&iacute;os del a&ntilde;o</strong>, algo que afectar&aacute; a las materias primas relacionadas con la producci&oacute;n de electricidad o que se emplean para la calefacci&oacute;n. Los productos agr&iacute;colas, por su parte, suelen depender de &eacute;pocas concretas para su plantaci&oacute;n y su cosecha, de modo que eso puede determinar el precio en cada momento del a&ntilde;o. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/tecnologia/fundamentos-materias-primas-ideas-trading-divisas_1_11448153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Jun 2024 15:20:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los fundamentos sobre materias primas, ideas para el trading de divisas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Finanzas,Materias primas,Economía,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar de plata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_11219682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0ddd8b8-a808-47e0-9330-cc266898b745_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar de plata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No importa cómo, no importa con quién: ninguna conversación en la Argentina de hoy está completa sin la sección sobre lo caro que está todo.</p><p class="subtitle">Entrevista  - Tamara Tenenbaum: “No pensé que mi novela terminaría siendo una reivindicación a la academia”</p></div><p class="article-text">
        He escrito muchas columnas sobre hablar de plata. A favor de hacerlo, sobre todo. Nac&iacute; en una familia de clase media sin lujos, en un barrio de comerciantes y en una comunidad jud&iacute;a. Me cri&oacute; mi madre sola y llegu&eacute; a un mundo (el de la cultura) en el que muchos de mis compa&ntilde;eros de universidad enmascaraban con sus privilegios de nacimiento lo dif&iacute;cil que era abrirse camino sin dinero de sobra y sin familias bien contactadas. Por eso me gusta hablar de plata, sobre todo con gente que vive de lo mismo que yo o gente un poco m&aacute;s joven que lo est&aacute; intentando: es poco sano para el ambiente en el que trabajamos no hablar de cu&aacute;nto cuestan las cosas y, sobre todo, va en detrimento de mejorar el acceso a ciertos bienes y ciertos espacios. Yo fui esa chica de veinte a&ntilde;os que no entend&iacute;a c&oacute;mo sus amigos de veintipico pagaban vidas glamorosas con tres laburitos del mundo del arte, si yo ten&iacute;a cinco y segu&iacute;a teniendo que vivir con mi mam&aacute;, y prefiero que ninguna chica de veinte a&ntilde;os tenga que volver a preguntarse <em>de qu&eacute; viven todas</em>. Y as&iacute; y todo, estoy para hacer un voto y no hablar de plata nunca m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Siento que hace meses que nadie habla de otra cosa, de mil maneras distintas y en contextos diversos. Mis amigas que tienen negocios hablan de cambiar proveedores y, si llegaron a hacer algo de ingreso o apenas a pagarse un minisueldo, mis amigas freelancers hablan de la necesidad de encontrar un trabajo m&aacute;s solo para no caerse de la vida que llevan, mis amigas que tienen sueldos hablan de c&oacute;mo inventarse un laburo para sumar a otro que te&oacute;ricamente es <em>full time</em>. Una chica, en el ascensor, me pregunta si alquilo, porque hay unas expensas m&aacute;s caras para arreglar no s&eacute; qu&eacute; cosa que podr&iacute;an ser extraordinarias, pero se pasaron como ordinarias y, entonces, el propietario se las est&aacute; haciendo pagar. Una conocida m&eacute;dica no entiende si tiene sentido seguir atendiendo en el consultorio porque con la miseria que le pagan las prepagas apenas llega a cubrir el alquiler y el sueldo de la secretaria. No importa c&oacute;mo, no importa con qui&eacute;n: ninguna conversaci&oacute;n en la Argentina de hoy est&aacute; completa sin la secci&oacute;n sobre lo caro que est&aacute; todo, la comparativa de precios de prepaga, cuotas de colegio o aumento de alquileres. 
    </p><p class="article-text">
        Noto, adem&aacute;s, que ya casi nadie habla de trabajo. Cada vez circula m&aacute;s la versi&oacute;n de que la vocaci&oacute;n es una mentira, un invento que le arruin&oacute; la vida a demasiada gente que pens&oacute; que la vida profesional se trataba de alcanzar alguna suerte de realizaci&oacute;n y no de (por supuesto) ganar plata. Es l&oacute;gico: ni los profesionales a los que les va relativamente bien en sus respectivas ocupaciones tienen un peso. El que no tiene una red (una familia relativamente afluente que le haya regalado un departamento o, en su defecto, pueda prestarle mil d&oacute;lares ante alguna eventualidad), incluso si hoy se arregla, vive con miedo. La certidumbre de tener trabajo ya no es la certidumbre de poder pagar la vida.&nbsp;Y, entonces, es l&oacute;gico que d&eacute; un poco igual de qu&eacute; trabaja uno, si la sensaci&oacute;n es que vivimos en una especie de aristocracia de estamentos fijos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recordar todas las cosas importantes que hacemos parar sostener nuestras vidas y las ajenas aunque nadie nos las esté reconociendo en dinero, y justamente por eso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En alguna &eacute;poca se dec&iacute;a (nunca supe si era efectivamente cierto) que en 2001 y los a&ntilde;os posteriores hab&iacute;an crecido las matr&iacute;culas de las carreras human&iacute;sticas, porque en un mundo y un pa&iacute;s que no ofrec&iacute;a ninguna garant&iacute;a daba lo mismo estudiar cualquier cosa y mejor estudiar algo que a uno le guste, entonces. Quiz&aacute;s fue as&iacute; esa vez, pero yo no veo nada parecido a eso hoy. Intuyo que se explica por un cambio cultural (y social) que excede a la Argentina, pero, sea por la raz&oacute;n que sea, la sensaci&oacute;n es que esta crisis no nos est&aacute; conduciendo a pensar que hay que valorar otras cosas porque la plata va y viene. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, pienso varias cosas en relaci&oacute;n con la reivindicaci&oacute;n materialista de hablar de dinero, reivindicaci&oacute;n que tomo de lugares tan dis&iacute;miles como mi crianza en el Once, la tradici&oacute;n marxista y la tradici&oacute;n feminista: por un lado, que as&iacute; como es importante hablar de que todo sale plata, de que para casi todo hace falta plata y de que no todos los problemas se solucionan con plata pero la mayor&iacute;a s&iacute;, es igualmente vital recordar todo lo que pasa por fuera de esa esfera: las comunidades que se organizan con dos mangos para pintar una escuela o hacer una obra de teatro, el amor con el que se ejercen profesiones tan mal pagas como los trabajos de cuidado, la pasi&oacute;n que exigen tantos trabajos, incluso la responsabilidad que exigen aquellos trabajos en los que quiz&aacute;s hablar de pasi&oacute;n es dif&iacute;cil, el esfuerzo que hace la gente por cumplir a pesar de todo. No se trata de conformarse, de dejar de pedir financiaci&oacute;n, dir&iacute;a que se trata casi de lo contrario: de recordar todas las cosas importantes que hacemos para sostener nuestras vidas y las ajenas aunque nadie nos las est&eacute; reconociendo en dinero, y justamente por eso. 
    </p><p class="article-text">
        Sigo con mis obsesiones de siempre y las miro a todas a trav&eacute;s de este cambio de opini&oacute;n (puede parecer que le doy demasiada importancia, pero una no cambia de opini&oacute;n tantas veces en la vida) sobre el h&aacute;bito de hablar de plata. De pronto siento que <em>Un cuarto propio</em>, ese ensayo que releo todo el tiempo y en el que <strong>Virginia Woolf </strong>dice que una mujer solo necesita un cuarto propio y un ingreso fijo para escribir ficci&oacute;n, es un ensayo que habla de plata pero sobre todo habla de trabajo, del derecho de las mujeres de vivir de algo que las haga sentir no artistas, necesariamente, pero sobre todo &uacute;tiles. No habla de que tu marido te mantenga para escribir, habla de vivir de escribir, y no solo por la independencia que eso te da, sino tambi&eacute;n por lo contrario, por la red de interdependencias sociales en las que te inserta trabajar. 
    </p><p class="article-text">
        En Instagram me cruzo a Caro Pard&iacute;aco, esa rubia tarada espectacular que hace a&ntilde;os representa el actor y cantante <strong>Juli&aacute;n Kart&uacute;n</strong>: &ldquo;Comer es de pobre&rdquo;, dice Caro, explicando algo que todos pensamos cuando lidiamos con chicas ricas de 40 kilos, y me hace pensar en una frase que suena igual de absurda pero que me resuena cada vez m&aacute;s: hablar de trabajo es de rico, poder hablar de lo que uno hace y no solamente de la plata que entra y la que sale es, cada vez m&aacute;s, un lujo absoluto. En Twitter, leo, la gente se pregunta d&oacute;nde est&aacute; la pol&iacute;tica estudiantil, qu&eacute; pas&oacute; con esas juventudes movilizadas de las tomas universitarias de los 90 y los 2000. 
    </p><p class="article-text">
        Yo soy joven, en alg&uacute;n sentido, pero en otro ya no tanto, y no puedo evitar preguntarme c&oacute;mo ser&aacute; ingresar a la adultez en este mundo en el que toda la gente parece decepcionada y descre&iacute;da del trabajo, en el que nadie te dir&iacute;a que esperaras nada de ah&iacute;. Pienso en el <em>boom </em>de las apuestas online del que me hablan mis amigos profesores que trabajan con adolescentes, en el modo en que quiz&aacute;s los chicos leen las apuestas como una extensi&oacute;n natural del <em>boom </em>micro de las inversiones, del que participo, por supuesto, en un pa&iacute;s en el que dejar la plata quieta es literalmente perderla, no perder la chance de hacer m&aacute;s sino perderla en serio.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en c&oacute;mo ser&aacute; hacerse adulto pensando en que no hay manera de hacer plata trabajando y que lo &uacute;nico que importa de cualquier actividad econ&oacute;mica es eso, hacer plata, y no me sorprende tanto la apat&iacute;a o el cinismo que yo tambi&eacute;n a veces les veo, siendo que ya ser un adulto medianamente experimentado en este momento del mundo a m&iacute; me resulta bastante dif&iacute;cil. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_11219682.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Mar 2024 03:03:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hablar de plata]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,marxismo,apuestas online]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas sobre el dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-dinero_132_10393994.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b5015de-6069-4f44-8cf5-f164c0069759_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077654.jpg" width="2544" height="1431" alt="Notas sobre el dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora, Alexandra Kohan, habla, analiza y piensa del dinero en este envío. "El dinero es muchas cosas, pero nunca es un asunto fresco o aireado. No es fácil salir airoso cuando hay que hablar de dinero", dice. </p></div><p class="article-text">
                                                                                                                                                                           <em> No hay manera de nombrar el dinero sin equivocarse.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>                                                                                                                                                                                                                                             Alan Pauls</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>I.&nbsp;</strong>A veces me pregunto qu&eacute; es lo que me lleva a escribir estos textos acerca de asuntos tan enormes, tan inasibles, tan imposibles de acotar. Y a pesar de que no tengo una respuesta definitiva y &uacute;ltima, pienso que lo que me lleva ah&iacute; es el intento de enterarme de lo que pienso.
    </p><p class="article-text">
        Porque la mayor parte de las veces uno cree que sabe lo que piensa, lo cree hasta que se pone a hablar o a escribir. El an&aacute;lisis es un lugar en el que uno se entera de lo que piensa; la escritura, para m&iacute;, es otro. Tengo la ilusi&oacute;n de que agarro estas piedras muy calientes y escribo para no quemarme, para apaciguar el ardor, la molestia de lo que quema. Vaya si el dinero es un asunto que quema. &ldquo;Un quemo&rdquo; se dec&iacute;a hace mucho, para decir que algo era embarazoso. Hablar de dinero suele ser un quemo, s&iacute;. El dinero es muchas cosas, pero nunca es un asunto fresco o aireado. No es f&aacute;cil salir airoso cuando hay que hablar de dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>II.&nbsp;</strong>&ldquo;Gran invento de Freud: el que habla, paga&rdquo;, dice Ricardo Piglia y me acuerdo de lo que dijo Juan Jos&eacute; Becerra en un homenaje a Germ&aacute;n Garc&iacute;a: &ldquo;Germ&aacute;n era alguien que hac&iacute;a que hablar al pedo tuviera un costo&rdquo;. Pago, costo y dinero no son lo mismo. Por eso a veces se empastan las cosas y se solidifican estereotipos y doxas, sobre todo cuando nos ponemos a pensar la dificultad que implica el dinero en una relaci&oacute;n anal&iacute;tica. Hay muchos lugares comunes en referencia al pago del an&aacute;lisis. Y considero que esos lugares comunes funcionan coaccionando la disposici&oacute;n de un analista a inventar. Porque el an&aacute;lisis es un ejercicio en el que se inventan respuestas cada vez, respuestas que no se saben de antes. Cuanto m&aacute;s reglas hay, menos margen de invenci&oacute;n. Las reglas son un corset que no permiten moverse y lo cierto es que si aplastamos el espacio anal&iacute;tico con reglas, se convierte en otra cosa. La &uacute;nica regla es la regla fundamental: asociaci&oacute;n libre y su contraparte, atenci&oacute;n flotante. Si hay algo de libertad en el ejercicio anal&iacute;tico, ella est&aacute; en el hecho de no reglar lo que ah&iacute; sucede. Se escucha much&iacute;simo, y est&aacute; casi &ldquo;establecido&rdquo; como una regla, que si el paciente falta, debe pagar la sesi&oacute;n igual. Si eso se constituye como regla, estamos en problemas. Nada puede establecerse en un &ldquo;siempre&rdquo; porque tambi&eacute;n hay modos distintos de faltar, no s&oacute;lo motivos, sino maneras distintas de no acudir a la cita. Habr&aacute; que ver en cada caso. Es un problema en tanto se convierte en una rutina, en un ritual -ya bastante con la rutina del d&iacute;a y la hora-. Si algo caracteriza el an&aacute;lisis, es estar dispuestos a la sorpresa, al hallazgo, a la contingencia. No es que tengamos que prepararnos para eso, porque es imposible, pero si ahogamos la cosa con normas y reglas, no va a haber espacio para ello. Una regla hace de la cosa algo invariable, fijo y regulado, algo anticipable y calculable. Y si algo tiene la transferencia, es que resulta incalculable. Las cuestiones del dinero, del costo y del pago entran en el campo transferencial. Lo sabemos por Freud: &ldquo;el hombre de cultura trata los asuntos de dinero de id&eacute;ntica manera que las cosas sexuales, con igual duplicidad, mojigater&iacute;a e hipocres&iacute;a&rdquo;. Cuando Freud lo dice, lo hace para se&ntilde;alar que los analistas tendr&iacute;an que &ldquo;tratar las relaciones monetarias ante el paciente con la misma natural sinceridad&rdquo; con la que tratan los asuntos sexuales; que se trata de que el analista deponga la &ldquo;falsa verg&uuml;enza&rdquo;. Por eso habr&aacute; que v&eacute;rselas, cada vez, con eso. Habr&aacute; que saber hacer. Y saber hacer, como dice Juan Ritvo, es saber inventar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>III.&nbsp;</strong>Se puso de moda la culpa de clase en el &aacute;mbito p&uacute;blico. Seg&uacute;n parece, quien tiene privilegios debe explicitarlos y disculparse, y despu&eacute;s puede seguir consumiendo como si nada. Me parece un gesto contrario a lo que se pretende. Tener conciencia de clase es, justamente, no pretender tranquilizarse con las disculpas. Si uno no reconoce sus propias condiciones de enunciaci&oacute;n, termina por desconocer sus privilegios. Declamar no es practicar la conciencia de clase; sentirse culpable, menos que menos. La culpa es, en rigor, una disculpa, una manera de no reconocer el lugar de enunciaci&oacute;n. Reconozco que la escisi&oacute;n entre la declamaci&oacute;n y las pr&aacute;cticas me exaspera. Porque no son contradicciones, sino hipocres&iacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>IV. </strong>&iquest;Qu&eacute; funci&oacute;n cumplen los honorarios en el psicoan&aacute;lisis? Lo cierto es que se trata de una relaci&oacute;n in&eacute;dita. No es un servicio, no es una mercanc&iacute;a, no es s&oacute;lo un trabajo o, en rigor, parafraseando a Lacan: el psicoan&aacute;lisis es un trabajo, pero no como los dem&aacute;s. Tampoco es una transacci&oacute;n comercial. No es dinero a cambio de algo. Si as&iacute; fuera, no habr&iacute;a tanta gestualidad alrededor del pago -econom&iacute;a de goce, econom&iacute;a libidinal-. M&aacute;s all&aacute; de las respuestas que cada quien intente, alguna vez lo pens&eacute; de la siguiente manera: lo que paga un paciente no es el equivalente a lo que cobra un analista. No hay transacci&oacute;n posible. En esa diferencia, en ese hiato, se abre todo el espacio en el que no queda otra cosa que la transferencia como invenci&oacute;n, no queda otra cosa que la invenci&oacute;n transferencial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>V.</strong>&nbsp;El analista, record&eacute;moslo con Lacan, tambi&eacute;n debe pagar: &ldquo;con palabras sin duda, si la transmutaci&oacute;n que sufren por la operaci&oacute;n anal&iacute;tica las eleva a su efecto de interpretaci&oacute;n; -pero tambi&eacute;n pagar con su persona, en cuanto que, diga lo que diga, la presta como soporte a los fen&oacute;menos singulares que el an&aacute;lisis ha descubierto en la transferencia; -&iquest;olvidaremos que tiene que pagar con lo que hay de esencial en su juicio m&aacute;s &iacute;ntimo, para mezclarse en una acci&oacute;n que va al coraz&oacute;n del ser&rdquo;. El psicoan&aacute;lisis no es gratuito tampoco para el analista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VI.</strong>&nbsp;No hay forma de cobrar -y esto excede la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica- si uno no est&aacute; dispuesto a pagar. Quiero decir que para &ldquo;autorizarse&rdquo; a cobrar por lo que se hace, antes, seg&uacute;n creo, se tiene que estar dispuestos a perder algo, a ceder algo. El an&aacute;lisis es un lugar en el que se &ldquo;aprende&rdquo; -no me gusta mucho el t&eacute;rmino- a perder; en el que se experimenta la verdadera desalienaci&oacute;n que implica estar dispuestos a perder. Algo as&iacute; como un juego en el que se gana perdiendo. Como si dij&eacute;ramos que, antes que arriesgarse a perder, se trata de arriesgarse a ganar. Estar dispuestos a perder, arriesgarse a ganar. &iquest;Lo inverso? Lo inverso ser&iacute;a &ldquo;la soluci&oacute;n l&oacute;gica adoptada por algunos que, a fin de no morir, eligen no vivir, no hacer su agujero&rdquo;, como dice Allouch. Y en ese caso, no poder parar de perder, no poder parar de asumir costos alt&iacute;simos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VII.</strong>&nbsp;2023. Hace poco una persona joven me dijo &ldquo;mis amigos y yo hablamos mucho de dinero porque nos est&aacute; siendo muy dif&iacute;cil la situaci&oacute;n econ&oacute;mica. El dinero est&aacute; presente como tema todo el tiempo&rdquo;. La inflaci&oacute;n carcome no s&oacute;lo los bolsillos, sino, sobre todo, el &aacute;nimo y las ganas de mirar el horizonte; carcome la posibilidad de fantasear y de imaginar. Florencia Angilletta no escatima en lucidez cuando se trata de leer la situaci&oacute;n econ&oacute;mica del pa&iacute;s. Lo hace habitualmente. En&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=638486829e&amp;e=3d23593773" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este</a>&nbsp;texto encara m&aacute;s precisamente el asunto: la guita. Dice: &ldquo;La infancia es ese mapa de cu&aacute;nto pueden comprar tus padres o madres y cu&aacute;nto los padres o madres de los dem&aacute;s. Cuando ese mapa est&aacute; armado del todo quiz&aacute; la infancia se termina. Pero antes es el desfasaje entre trabajo, dinero y capacidad de compra&rdquo;. Y en su Newsletter&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=a125e385b7&amp;e=3d23593773" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cartas en el asunto</a>, que escribe en Panam&aacute; Revista, no soslaya la cosa: Patrimonio, Ansiedad, Independencia -sus recientes tres entregas-: ninguno puede pensarse por fuera del dinero en su materialidad m&aacute;s absoluta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VIII.</strong>&nbsp;&ldquo;El problema que lo form&oacute; fue sin duda el dinero, no el sexo&rdquo;, dice Barthes de s&iacute; mismo. El dinero: un problema. La relaci&oacute;n con el dinero nunca es limpia, ni directa. Est&aacute; contaminada de neurosis. Miserable o generoso, agarrado o desprendido, despilfarrador o retentivo, impedido o arriesgado: las formas de dar y de tener se comportan de manera similar, se trate de dinero, de afecto, de amor, de odio. Hay una transmisi&oacute;n familiar de esas formas. Y muchas cosas amontonadas en los modos de circulaci&oacute;n del don en una familia. El dinero, cuando se tiene, nunca es solo dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IX</strong>. La gestualidad alrededor del dinero. Los modos en los que se guarda, la manera en la que se dispone, c&oacute;mo se ordena, d&oacute;nde se esconde, c&oacute;mo se saca del bolsillo, en qu&eacute; y c&oacute;mo se gasta. C&oacute;mo se cuenta, c&oacute;mo se declara. En&nbsp;<em>Historia del dinero</em>&nbsp;-Anagrama-, de Alan Pauls, hay un ni&ntilde;o que mira impactado los modos en los que el padre saca el fajo de dinero del bolsillo, &ldquo;lo impresiona&rdquo; ese fajo as&iacute;, desnudo. Tambi&eacute;n se detiene en lo siguiente: el padre cuenta el dinero de manera tal que no le ensucia los dedos, &ldquo;es como si el dinero no dejara en &eacute;l huella alguna&rdquo;. Mientras tanto, la historia personal se mezcla con la historia de un pa&iacute;s. El dinero: una cifra de la oscuridad, pero tambi&eacute;n de la obscenidad. Dinero expl&iacute;cito y p&eacute;rdida alrededor de los cuales se escribe una historia.&nbsp;La historia familiar de cada quien es tambi&eacute;n una historia del dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>X.</strong>&nbsp;Ahora pienso lo siguiente: la percepci&oacute;n del tiempo y del dinero acaso sea una de las cosas que m&aacute;s cambian a lo largo de una vida. Lo pens&eacute; a partir de este p&aacute;rrafo de Pauls, que es sobre el tiempo pero bien podr&iacute;a ser sobre el dinero:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;se le ocurre pensar que quiz&aacute;s el tiempo no sea en absoluto universal sino el colmo de lo espec&iacute;fico, una suerte de bien end&eacute;mico que cada familia y cada casa y hasta cada persona producen a su manera, con m&eacute;todos, criterio, instrumentos propios, y producen en el sentido m&aacute;s literal de la palabra, invirtiendo fuerza f&iacute;sica, trabajo, materias primas, todo lo que la consistencia evanescente del tiempo parecer&iacute;a m&aacute;s bien volver innecesario, como si fuera m&aacute;s una artesan&iacute;a dom&eacute;stica que ese transcurrir esquivo que todos repiten que es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-dinero_132_10393994.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jul 2023 11:02:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9b5015de-6069-4f44-8cf5-f164c0069759_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077654.jpg" length="496428" type="image/jpeg"/>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre el dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paro bancario: cómo y dónde retirar efectivo rápido, gratis y sin límites]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/paro-bancario-retirar-efectivo-rapido-gratis-limites_1_9962922.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7df4a101-e3a0-4989-8c5c-c7ac1575fe8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paro bancario: cómo y dónde retirar efectivo rápido, gratis y sin límites"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El jueves 23 de febrero habrá paro en todos los bancos. Por este motivo las personas que necesiten retirar dinero en efectivo podrán hacerlo en algunos comercios como Coto, YPF y Farmacity, ya que permiten comprar con tarjeta de débito y extraer cash sin costo extra para el usuario. Todo lo que hay que saber. </p></div><p class="article-text">
        El secretario general de la Asociaci&oacute;n Bancaria (AB),&nbsp;Sergio Palazzo, confirm&oacute; que antes de fin de mes habr&aacute; un&nbsp;paro bancario&nbsp;de 24 horas, en reclamo al&nbsp;fracaso en las negociaciones paritarias 2023.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se llevar&aacute; a cabo el&nbsp;jueves 23 de febrero e impactar&aacute; tanto en entidades p&uacute;blicas como privadas. Adem&aacute;s, modificar&aacute; el d&iacute;a de cobro de algunos&nbsp;planes sociales, jubilaciones y pensiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; del paro de bancos hay ciertos m&eacute;todos a los que pueden recurrir las personas para&nbsp;retirar efectivo sin pasar por el banco,&nbsp;sin hacer fila y sin pagar un costo extra. 
    </p><p class="article-text">
        En l&iacute;nea con el aumento de los&nbsp;pagos digitales, se expande la red de comercios que permiten ir a&nbsp;comprar, pagar con tarjeta de d&eacute;bito y llevarse efectivo. Supermercados, estaciones de servicio y farmacias son algunos de los tantos&nbsp;establecimientos que permiten realizar esta operaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La ventaja de estos &ldquo;puntos de extracci&oacute;n extrabancaria&rdquo; es que, mientras que los&nbsp;cajeros autom&aacute;ticos&nbsp;incluyen gastos adicionales de construcci&oacute;n y seguridad, el retiro de efectivo en comercios&nbsp;funciona sin costos para el usuario.
    </p><h3 class="article-text">En qu&eacute; comercios puede retirarse efectivo</h3><p class="article-text">
        La extracci&oacute;n de efectivo en los comercios es un proceso r&aacute;pido, c&oacute;modo y se concreta en simples pasos:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Buscar el local que tenga habilitado la opci&oacute;n &ldquo;Retiro en efectivo&rdquo;.</li>
                                    <li>Al momento de pagar, decirle al cajero que necesit&aacute;s retirar dinero en efectivo y especificar el monto que quer&eacute;s extraer. Se puede retirar hasta $ 15.000.</li>
                                    <li>El cajero entregar&aacute; el dinero solicitado y un ticket para ver reflejadas las dos operaciones: el detalle de la compra y el comprobante de la extracci&oacute;n.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>Entre los comercios que prestan el servicio de extracci&oacute;n de efectivo&nbsp;se destacan supermercados como&nbsp;Coto, Cenco, La An&oacute;nima, Libertad y Walmart.&nbsp;Tambi&eacute;n se suman las firmas de&nbsp;Garbarino,&nbsp;YPF o Farmacity.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno Nacional permite consultar qu&eacute; establecimientos est&aacute;n habilitados para entregar efectivo sin ir al banco, seg&uacute;n la tarjeta de d&eacute;bito. <a href="https://www.argentina.gob.ar/economia/medidas-economicas-COVID19/retirarefectivo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Se puede consultar ac&aacute;</a>. 
    </p><h3 class="article-text">Los beneficios de retirar efectivo en entidades no bancarias </h3><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><strong>Comodidad. </strong>Compr&aacute;s y retiras efectivo en un mismo lugar.</li>
                                    <li><strong>Seguridad</strong>&nbsp;para vos y para los dem&aacute;s, ya que evit&aacute;s exponerte a largas filas en cajeros autom&aacute;ticos y reduc&iacute;s la circulaci&oacute;n.</li>
                                    <li>Es&nbsp;Gratis. No ten&eacute;s que pagar ning&uacute;n costo adicional por usar este servicio.</li>
                                    <li><strong>Solidaridad.</strong> Si ten&eacute;s otra opci&oacute;n, no vayas al cajero. As&iacute; reduc&iacute;s la congesti&oacute;n en la puerta de los bancos y cuid&aacute;s al que no tiene otra posibilidad para hacer transacciones.</li>
                            </ol>
            </div><h3 class="article-text">Paro bancario: qu&eacute; pasa con los pagos de jubilaciones, AUH y otros beneficios de ANSES</h3><p class="article-text">
        La medida afectar&aacute; la atenci&oacute;n presencial en las sucursales de las entidades financieras y, de esa manera, alterar&aacute; el pago en persona de&nbsp;jubilaciones,&nbsp;pensiones,&nbsp;Asignaci&oacute;n Universal por Hijo&nbsp;y otros beneficios que abona la Administraci&oacute;n Nacional de la Seguridad Social (Anses).
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, la Anses aclar&oacute; que m&aacute;s all&aacute; de la medida de fuerza continuar&aacute; con su&nbsp;cronograma&nbsp;habitual de pago en forma electr&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        De esta manera, todas las personas que cobran alguna de las prestaciones de la Seguridad Social tendr&aacute;n&nbsp;acreditado&nbsp;el dinero en su cuenta bancaria ese mismo jueves.
    </p><p class="article-text">
        En caso de requerir efectivo, podr&aacute;n hacer extracciones en cajeros autom&aacute;ticos, utilizando el servicio de Extra Cash en todas las instituciones adheridas y en Rapipago, Pluspagos, Pago F&aacute;cil, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qui&eacute;nes cobran el jueves 23</strong>
    </p><p class="article-text">
        &#9642;&#65039; Jubilados y pensionados que cobren m&aacute;s de un haber m&iacute;nimo: DNI terminados en&nbsp;2&nbsp;y&nbsp;3
    </p><p class="article-text">
        &#9642;&#65039; Titulares de la Asignaci&oacute;n Universal por Hijo y Asignaci&oacute;n Familiar por Hijo: DNI terminados en&nbsp;9
    </p><p class="article-text">
        &#9642;&#65039; Titulares de la Asignaci&oacute;n por Embarazo: DNI terminados en&nbsp;7
    </p><p class="article-text">
        &#9642;&#65039; Titulares de la Prestaci&oacute;n por Desempleo: DNI terminados en&nbsp;0&nbsp;y&nbsp;1
    </p><p class="article-text">
        <em>NB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/paro-bancario-retirar-efectivo-rapido-gratis-limites_1_9962922.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2023 15:44:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paro bancario: cómo y dónde retirar efectivo rápido, gratis y sin límites]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[paro bancario,Bancos,Dinero,Efectivo,Cajeros automáticos,Comercios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Proyecto de vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/proyecto-vida_129_9705930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/198a69ab-e49e-421a-b060-3ce6673c0ae4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Proyecto de vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La acumulación de dinero, el emprendeurismo, el éxito fácil y estridente aparecen como opciones de vida que Ezequiel Adamovsky se propone discutir. </p></div><p class="article-text">
        Hay un pasaje muy lindo de <a href="https://twitter.com/javisanchezglez/status/1572655736114520067?s=46&amp;t=N2jNoU5LRT2WPhXPRjKJSw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una entrevista que un canal de TV le hizo a Ricardo Dar&iacute;n</a>. El conductor no puede creer que el actor hubiese rechazado un papel en una superproducci&oacute;n de Hollywood. Con toda naturalidad, Dar&iacute;n le explica que no le gustaba el personaje que le ofrec&iacute;an y que no ten&iacute;a ganas de estar mucho tiempo alejado de su familia. El conductor lo mira desorbitado. &iquest;Rechazar toda esa fama y, sobre todo, esa enormidad de dinero? &iquest;&iexcl;Por qu&eacute;!? Dar&iacute;n insiste, con paciencia. Le explica que con el dinero que tiene ya vive bien, que no necesita m&aacute;s, que la fama internacional no le interesa tanto. Y que lo que disfruta es hacer bien su trabajo y el afecto que recibe de la gente en la calle. Todo perfectamente razonable. Salvo que el conductor segu&iacute;a at&oacute;nito.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las m&uacute;ltiples calamidades que trajo la era del neoliberalismo fue esa pr&eacute;dica cultural agobiante por la que tener dinero se fue situando como el &uacute;nico proyecto de vida que parece respetable. Hubo tiempos en los que se intentaba impulsar a los ni&ntilde;os a hallar aquello que les apasionaba y que pod&iacute;an hacer bien, a encontrar su vocaci&oacute;n, cualquiera que fuese. Por supuesto, hab&iacute;a que poder mantenerse con la actividad elegida. Pero la elecci&oacute;n pasaba fundamentalmente por la actividad. En alg&uacute;n momento los t&eacute;rminos de la ecuaci&oacute;n se invirtieron. La actividad dej&oacute; de ser lo importante: <strong>importaba su resultado contable. </strong>Pod&eacute;s dedicarte a lo que quieras, siempre y cuando se traduzca en dinero. Cuanto m&aacute;s, mejor. Frente a ese imperativo, cualquier otro proyecto de vida aparece devaluado. &iquest;M&uacute;sico, astr&oacute;nomo, docente? <em>Loser</em>, salvo que billetera demuestre lo contrario. &iquest;Empresario, financista, celebrity, desarrollador de cosas? <em>Winner</em>. La presi&oacute;n del mercado sobre los proyectos de vida se hizo sentir ya no s&oacute;lo como lo hab&iacute;a hecho siempre &ndash;asignando m&aacute;s o menos poder de compra a cada tipo de actividad&ndash; sino con una poco sutil presi&oacute;n moral. Sos <em>winner</em> o sos <em>loser</em>. Eleg&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esa presi&oacute;n se est&aacute; agudizando cada vez m&aacute;s. <strong>Uno de los indicios m&aacute;s elocuentes es la veloz trayectoria del t&eacute;rmino &ldquo;emprendedor&rdquo;. </strong>En Argentina era todav&iacute;a infrecuente en el vocabulario de la gente com&uacute;n hace apenas diez a&ntilde;os. Hoy no hay pelagato que no se autodenomine as&iacute;, incluso en los sitios de citas. No interesa a qu&eacute; se dedique ni cu&aacute;nto capital posea. La palabra no da indicios: puede ser un fan&aacute;tico de las criptomonedas, un verdulero, una vendedora de copitos de az&uacute;car o el due&ntilde;o de Mercado Libre. <strong>Ser &ldquo;emprendedor&rdquo; indica una actitud proactiva hacia la actividad econ&oacute;mica y la presunci&oacute;n de que uno ha tenido ya alg&uacute;n &eacute;xito en ese camino. </strong>La Real Academia Espa&ntilde;ola todav&iacute;a no registra la palabra como sustantivo y reci&eacute;n en 2010 incluy&oacute; en la definici&oacute;n del adjetivo (que por supuesto es muy antiguo) la connotaci&oacute;n empresarial que hoy tiene. Tan nueva es. Hoy hay que ser un &ldquo;emprendedor&rdquo;, bajo apercibimiento de ser tenido como alguien sin iniciativa, un vago, un par&aacute;sito social, un simple laburante, un <em>loser</em>.
    </p><p class="article-text">
        En otra de mis <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/ideologia-emprendedurismo-adoctrinamiento_129_8292610.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">columnas para </a><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/ideologia-emprendedurismo-adoctrinamiento_129_8292610.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiarioAR</em></a> expliqu&eacute; c&oacute;mo se introdujo el t&eacute;rmino en nuestro vocabulario, de la mano de la derecha pro-empresarial. Tambi&eacute;n describ&iacute; all&iacute; la manera en la que los l&iacute;deres del PRO (pero no solo ellos) vienen utilizando las escuelas p&uacute;blicas para difundir la ideolog&iacute;a del emprendedurismo. Y el efecto nocivo que tiene en los estudiantes, al inducirlos a pensar que &uacute;nicamente &ldquo;emprender&rdquo; es un proyecto de vida v&aacute;lido y que todo lo dem&aacute;s no lo es o lo es menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, la presi&oacute;n para orientarnos a todos a un &uacute;nico proyecto de vida asumi&oacute; un tono agresivo que antes no ten&iacute;a. Al menos no de manera tan expl&iacute;cita. Porque ahora no es solo la condena moral a quien no es &ldquo;emprendedor&rdquo;: a ella se suman ataques cada vez m&aacute;s directos a quienes aspiran a hacer algo o simplemente a abrir la boca sin tener los supuestos pergaminos que el t&iacute;tulo conlleva. En los debates pol&iacute;ticos y en las redes aparece en la demanda de que alguien haya tenido experiencia &ldquo;en el sector privado&rdquo;, que haya &ldquo;pagado alguna vez una quincena&rdquo;, para asumir responsabilidades del tipo que sea. Como si ser empleador o haber ganado dinero diera alguna clase de clarividencia que los dem&aacute;s no tendr&iacute;an. Como si haberse abierto camino en la jungla competitiva que ser&iacute;a el mercado fuera &iacute;ndice no solo de aptitud, sino incluso de talento o, m&aacute;s a&uacute;n, de heroicidad. Y como si ese supuesto talento, adem&aacute;s, fuese de aplicabilidad universal, necesario y suficiente para actuar en todos los campos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya no es solo la confianza noventista en que el hombre de empresa sabr&aacute; administrar mejor lo que sea. La curiosa creencia se torn&oacute; ahora en la exigencia de adquirir esas supuestas credenciales o quitarse de en medio. Se not&oacute; durante la breve designaci&oacute;n de Silvina Batakis al frente del Ministerio de Econom&iacute;a. Al un&iacute;sono, <a href="https://www.lanacion.com.ar/lnmas/javier-milei-cuestiono-a-silvina-batakis-por-no-haber-trabajado-en-el-sector-privado-tiene-el-cuil-nid06072022/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">referentes del liberalismo autoritario</a> y <a href="https://twitter.com/jonatanviale/status/1543762639951650819" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">periodistas</a> salieron a desacreditarla porque hab&iacute;a hecho su carrera enteramente en el sector p&uacute;blico, lo que implicar&iacute;a una imperdonable falta de preparaci&oacute;n. Orient&oacute; su proyecto de vida a la administraci&oacute;n p&uacute;blica, hizo toda una experiencia all&iacute;, pero curiosamente eso no la hac&iacute;a particularmente apta para ocuparse de la gesti&oacute;n del Estado. Como si su curriculum de treinta a&ntilde;os cayera derrotado ante cualquiera que viniera con la experiencia de haber manejado un parripollo o haber sido gerente de recursos humanos en una empresa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La agresividad con la que se exige que toda actividad sea validada por un ingreso monetario suculento y que nuestros proyectos de vida se orienten a ello se traduce por todas partes en ataques a lo que son sus contrafiguras. Que no es solamente el pobre, el que no tiene dinero (acusado de no tenerlo por sus falencias personales), sino tambi&eacute;n el que posee alg&uacute;n cargo estatal y toma decisiones o el que maneja alg&uacute;n saber especializado que no apunta a valorizar capital. Pol&iacute;ticos, funcionarios, representantes sindicales, pero tambi&eacute;n acad&eacute;micos, docentes, artistas, estudiantes: que se callen todos si no demostraron que saben triunfar en esa supuesta proeza que es ganar plata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es importante que no dejemos que esas visiones nos acorralen. La vulgata liberal dice que nos beneficia a todos, pero es muy dudoso que dedicarse a amasar dinero traiga beneficios a alguien m&aacute;s que a quien lo amasa. M&aacute;s a&uacute;n, <strong>la gente que orienta su vida a hacer plata para s&iacute; suele tener conductas antisociales </strong><a href="https://www.wired.com/story/why-are-rich-people-so-mean/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>bien documentadas</strong></a><strong> </strong>&iquest;Por qu&eacute; tal orientaci&oacute;n m&aacute;s bien ego&iacute;sta, adem&aacute;s, preparar&iacute;a bien a las personas para ocuparse de la cosa p&uacute;blica? Como dice el dicho, ser&iacute;a como poner al zorro a cuidar el gallinero. Por lo dem&aacute;s, es necesario explicar que, con mucha frecuencia, ganar dinero no requiere demasiado talento ni implica haber hecho m&eacute;ritos, ni haber superado pruebas dif&iacute;ciles, ni nada por el estilo: muchas veces alcanza con haber heredado, haber accedido a informaci&oacute;n privilegiada, tener contactos o simplemente pocos escr&uacute;pulos. La peor de las universidades es un &aacute;mbito m&aacute;s meritocr&aacute;tico que el mercado: una carrera cient&iacute;fica, art&iacute;stica o incluso pol&iacute;tica implica mayores desaf&iacute;os, ex&aacute;menes, evaluaciones y riesgos que lo que lleva en promedio dedicarse a hacer dinero. Que adem&aacute;s es un objetivo m&aacute;s trivial que verdaderamente ambicioso.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en cualquier caso, sea como sea, incluso si me equivoco en esto &uacute;ltimo, de lo que no caben dudas es que nuestra sociedad necesita una pluralidad de proyectos de vida que sean viables y valorados. Los ni&ntilde;os necesitan gente que disfrute siendo maestra jardinera. Los enfermos necesitan enfermeros. Los que padecen hambre, ese batall&oacute;n de mujeres que todos los d&iacute;as entrega su tiempo de manera altruista en miles de comedores populares. El desarrollo cient&iacute;fico depende de esa gente para la que no hay nada mejor que pasarse horas en un microscopio, analizando bases de datos o trajinando bibliotecas. La vida civilizada demanda todas esas artistas que crean m&uacute;sica, poes&iacute;a, novelas, danza. Y s&iacute;: las m&uacute;ltiples opresiones e injusticias que nos rodean tambi&eacute;n piden a gritos que haya proyectos de vida que se orienten al activismo y la pol&iacute;tica. Toda esa gente con proyectos de vida no mercantiles merece desarrollar su trabajo con dignidad y sin que le cuenten las costillas para ver cu&aacute;nto dinero embolsaron o cu&aacute;nta es su actitud &ldquo;emprendedora&rdquo;. Sus experiencias y saberes son tanto o m&aacute;s provechosos a la hora de administrar la cosa p&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y merecemos tambi&eacute;n gobernantes que no crean, como la ministra de educaci&oacute;n porte&ntilde;a, que &ldquo;el principal objetivo de la educaci&oacute;n <a href="https://twitter.com/soledad_acunia/status/1579949315287814144?s=46&amp;t=wS4WFhogpPnZ0ELeGXGzRQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es preparar a los ni&ntilde;os para las nuevas demandas del mercado laboral</a>&rdquo;. Somos mucho m&aacute;s y otra cosa que m&aacute;quinas para producir mercanc&iacute;a. Sepan los y las adolescentes que hoy piensan qu&eacute; hacer de su vida, bombardeados por los mensajes agobiantes y totalitarios del capital, que son libres de elegir y que hay cosas mucho m&aacute;s importantes, necesarias, enriquecedoras, desafiantes y ambiciosas que mirar c&oacute;mo se suman d&iacute;gitos en una cuenta bancaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>EA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ezequiel Adamovsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/proyecto-vida_129_9705930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Nov 2022 03:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Proyecto de vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Emprendedurismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pudor insoportable de hablar de plata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/pudor-insoportable-hablar-plata_129_8992945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c761747-cce5-4666-8928-811d3fb5a8c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pudor insoportable de hablar de plata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una vida familiar con dos temas innombrables -los asuntos fisiológicos y el dinero- y un pecado capital: la envidia. Y una vida de escritora en la que ese tema innombrable, el dinero, vuelve. "A veces, quienes escribimos, lamentamos la precariedad en la que estamos sumidos, pero al mismo tiempo queremos afirmarnos en ella como si fuera una declaración de principios", cuenta Angeles Salvador.</p></div><p class="article-text">
        En mi familia estaba mal visto hablar de plata. No hab&iacute;a que preguntar cu&aacute;nto hab&iacute;a costado un regalo, cu&aacute;nto hab&iacute;a costado la cuenta del restaurante, no hab&iacute;a que mirar los precios al elegir el men&uacute; - para pedir lo m&aacute;s caro ni lo m&aacute;s barato -. No hab&iacute;a que preguntar cu&aacute;nto ganaba pap&aacute;, cu&aacute;nto ganaba mam&aacute;, cu&aacute;nto sal&iacute;a la cuota del club. Menos cu&aacute;nto ten&iacute;amos y cu&aacute;nto costaba lo que pose&iacute;amos, aunque no tuvi&eacute;ramos tanto para inventariar. Era una regla de buenos modales, una etiqueta a seguir. <strong>Nos ense&ntilde;aron a ocultarlo con el mismo pudor que se manejan los asuntos fisiol&oacute;gicos.</strong> Eran asuntos que hacen al funcionamiento de las cosas, al tablero de control de la subsistencia de una familia que no le incumb&iacute;an a unas ni&ntilde;as y, mucho menos, al resto de la gente. No ten&iacute;amos que saber, nosotras, las hijas, las cifras exactas y tampoco se deb&iacute;an comentar con los dem&aacute;s. No era algo que se dijera abiertamente, se viv&iacute;a as&iacute; y una aprend&iacute;a. El dinero familiar era, entonces y all&aacute;, indescifrable, anum&eacute;rico, nebuloso por una cuesti&oacute;n de buen gusto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estaba impl&iacute;cita en esa costumbre ampliar el rango de un estatus social, para arriba o para abajo -vale aclarar que &eacute;ramos clase media media media media de toda mitad y todo centro, si quieren, media bien- que es el recurso acomodaticio que se necesita para moverse en unos par&aacute;metros de ascenso social siempre buscados:<strong> </strong>el sue&ntilde;o de llenarse de guita alg&uacute;n d&iacute;a y no escatimar m&aacute;s. Era m&aacute;s f&aacute;cil mimetizarse para moverse en los dos mundos. Y realmente sucedi&oacute;, eso de moverse entre clases sociales, en mi caso, como pez en el agua y como pez en el aire tambi&eacute;n. &ldquo;El arte del disimulo&rdquo; -es un subrayado personal de un cuento de Carver que cito cuando puedo- podr&iacute;a ser el t&iacute;tulo de mi autobiograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La estrategia de ocultar el patrimonio, los ingresos, los costos y los gastos pasada como etiqueta protocolaria part&iacute;a, claro est&aacute;, de un estado de alarma hacia un pecado capital: la envidia.</strong> No hay que decir lo que se tiene o lo que se paga o lo que se estuvo dispuesto a pagar porque pueden envidiarnos, pueden criticarnos y, bien extendida la costumbre, como un comportamiento higi&eacute;nico social, sirve tambi&eacute;n para salvarnos de nuestra propia envidia: si las dem&aacute;s familias de bien hacen lo mismo que la nuestra nos ahorrar&aacute;n la psic&oacute;tica y concupiscente sensaci&oacute;n de celar y, en una de esas, querer actuar en consecuencia: desde secuestrar y pedir rescate -no nos daba el pin&eacute;- hasta ojear -no nos daba la fe-. Por eso nos ense&ntilde;aron a no preguntar. <strong>As&iacute; que el dinero no exist&iacute;a hasta que exist&iacute;a.</strong> &iquest;Cu&aacute;ndo? Cuando no hab&iacute;a m&aacute;s. De pronto, no hab&iacute;a y entonces irrump&iacute;a la palabra. Un chancho de cer&aacute;mica roto, unos bolsillos dados vuelta, una cuenta sin fondos eran la representaci&oacute;n posible y rudimentaria para personas como nosotras que nunca hab&iacute;an visto plata. (Mentira: me daban plata cada ma&ntilde;ana para los recreos, baj&aacute;bamos al s&oacute;tano de mi colegio de monjas, fam&eacute;licas las chicas, a las 10.20 de la ma&ntilde;ana, derrapando escaleras de m&aacute;rmol como skaters con las polleras escocesas infladas para comprar un s&aacute;ndwich de pan franc&eacute;s con salame y queso y papas fritas de paquete para hacerle <em>crunchy</em> a la mordida. Y una coca. Volv&iacute;a trepando escalones de a dos con mis piernas largas y la energ&iacute;a l&iacute;pida y s&oacute;dica del refrigerio, con el vuelto hecho un bollo y lo apoyaba en el pupitre. Y mis compa&ntilde;eras me aconsejaban que guarde la plata, que la iba a perder). Lo dec&iacute;an con todas las palabras y sorprendidos porque no supi&eacute;ramos: &ldquo;No alcanza la plata&rdquo;, &ldquo;no tenemos m&aacute;s plata&rdquo; y entonces la disciplina corr&iacute;a por nuestra cuenta. Por supuesto, se sobreentend&iacute;a, no era algo para contar, pero llegado el caso, como el mecanismo que habilita una convocatoria de acreedores, era hasta una buena pose una bancarrota temporal. Esas cosas &iacute;bamos aprendiendo a callar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a el reproche? Todav&iacute;a no lo tengo claro. Perder destreza y habilidad para el manejo monetario, puede ser uno. Abrir la boca para negociar un sueldo, un contrato, una regal&iacute;a, una tarifa me es dif&iacute;cil. Ni hablar si, aparte, una se dedica a trabajos relacionados con el arte. Piglia dec&iacute;a que las condiciones de producci&oacute;n definen los registros de la literatura a lo largo de la historia. En sus diarios, escribi&oacute; mucho sobre esta relaci&oacute;n. <strong>A veces, quienes escribimos, lamentamos la precariedad en la que estamos sumidos, pero al mismo tiempo queremos afirmarnos en ella como si fuera una declaraci&oacute;n de principios.</strong> La profesionalizaci&oacute;n, la circulaci&oacute;n de las obras, la relaci&oacute;n entre &eacute;xito y calidad literaria, la cotizaci&oacute;n del trabajo intelectual, &iquest;el precio del talento?, la conversi&oacute;n del objeto art&iacute;stico en mercanc&iacute;a son temas con los que <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/guillermo-saccomanno-incomodo-discurso-inaugural-no-les-gustar_1_8953307.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">incomod&oacute; el escritor Guillermo Sacomanno en el discurso inaugural de la Feria del Libro</a> hace unos d&iacute;as y de los que es dif&iacute;cil hablar por la tradici&oacute;n de considerar la autonom&iacute;a del arte como un ideal de pureza en s&iacute; mismo. <strong>Si uno no aprendi&oacute; el movimiento de las cosas despu&eacute;s no sabe moverlas y con eso no s&oacute;lo hablo del plano especulativo y eficiente del dinero si no del manejo simb&oacute;lico y de poder que despliega. </strong>La abuela te paga las clases de teatro. La abuela paga a la empleada, el cu&ntilde;ado le debe a la cu&ntilde;ada, mam&aacute; puso la mitad del departamento, mam&aacute; no trabaja todo el d&iacute;a para llegar a buscarlos por la escuela, la facultad privada ya no es opci&oacute;n, pap&aacute; guarda la plata en el estante de arriba del placard dentro de la lata hecha lapicero del D&iacute;a del Padre que le regalaste en preescolar, pap&aacute; estuvo hurgando el placard. Son indicios que se leen ya de adulto, cuando se sale a lidiar con la aventura personal de llevarse algo a la boca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>As&iacute; aprendimos a no hablar de dinero por pudor.</strong> Pero no importa, la gente sabe hacer cuentas y en dobladillo te cuenta los piojos. Me encanta la expresi&oacute;n de los piojos. La escala milim&eacute;trica y copiosa de una pediculosis da la idea de la voluntad extrema de saber de d&oacute;nde saca la guita el otro, de qu&eacute; vive, c&oacute;mo vive y c&oacute;mo gasta. Nos incomoda sentirnos menos, nos incomoda contar cu&aacute;l es nuestro precio, o que se note, o cu&aacute;l es el precio que nos ponen los dem&aacute;s. Nos da culpa el &eacute;xito y verg&uuml;enza el fracaso. Las cifras no dichas por uno son calculadas por los otros. Por eso, por contrapartida a la prohibici&oacute;n nace el chisme. Y el chisme sobre dinero es uno de los m&aacute;s jugosos. Del que todos somos blanco en mayor o menor medida, a veces no hay un bicho para contar, ya sea por prolijidad y estabilidad. Pero quienes nos hemos portado mal con la plata aprendimos a disimular, a esconder, a estar siempre pidiendo disculpas, a parecer neutros econ&oacute;micamente. En nuestro pa&iacute;s, el contexto de crisis c&iacute;clica y eterna permite establecer la charlita de la queja como para evadir el asunto. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; caro est&aacute; todo&rdquo;, &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo aumentan los precios, qu&eacute; barbaridad!&rdquo;. Cualquiera se puede quejar de que no tiene plata, hasta los ricos. A nadie nunca le va bien, porque se vive hablando del dinero propio como pidiendo perd&oacute;n. Como si exponer la necesidad econ&oacute;mica y la ambici&oacute;n econ&oacute;mica fuera cosa de pobres, de huelguistas, o cosa de avaros y materialistas. Y se habla del dinero ajeno como sospecha. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo hace para viajar tanto?&rdquo;, &ldquo;&iexcl;No tiene para alquilar y se vive comprando libros!&rdquo; &ldquo;&iquest;A estos qui&eacute;nes los bancan?&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia debi&oacute; haber sido inversa. <strong>Deber&iacute;amos haber sabido hablar del dinero.</strong> Nos hubiera permitido evitar muchos malos entendidos y acunar una prosperidad m&aacute;s lineal si hubi&eacute;ramos aprendido a tener las cuentas claras. Desde un punto de vista c&oacute;smico incluso. Debe y haber. Debe haber -tendemos a ello pero no- un cosmos equilibrado, espero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/pudor-insoportable-hablar-plata_129_8992945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 May 2022 04:49:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pudor insoportable de hablar de plata]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elon Musk y la escasez mundial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/elon-musk-escasez-mundial_129_8956291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67bec7e4-4264-4a4c-ac5b-e4598a53d80b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elon Musk y la escasez mundial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la semana en la que Musk anunció la compra de Twitter en 44 mil millones de dólares, Angeles Salvador continúa su saga sobre el Dinero. "Elon Musk sería, para sus adeptos, el millonario que mejor describe el sueño ordinario - ya no el americano- y la frustración de los ciudadanos occidentales que viven en una sociedad que perdió su cometido de compartir".</p></div><p class="article-text">
        <strong>Elon Musk</strong> (86.7 M seguidores en Twitter) se me representa como el extraordinario hombre que compraba. Un hombre que va, pregunta &ldquo;&iquest;a cu&aacute;nto est&aacute;?&rdquo; y compra. <strong>Recuerda que hab&iacute;a algo malo en esto del consumo, pero no recuerda qu&eacute; y compra.</strong> Antes que nada pide que se hagan un logotipo, gorros y remeras por las dudas. Y as&iacute;, un solo hombre es el due&ntilde;o del mundo, su misi&oacute;n y su discurso. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El prop&oacute;sito de un terr&iacute;cola vencedor, el pasado 25 de abril, comprar la red social de lo que est&aacute; pasando para redirigir su discurso, se hizo realidad. <strong>En un mundo en donde el dinero es sagrado y sus anacoretas todav&iacute;a idolatrados, la compraventa de la TIC m&aacute;s sexy y el recurso a formas del marketing dignos de una caricatura de ciencia ficci&oacute;n rompi&oacute; los esquemas. </strong>Todos hablan de la noticia mundial: que el tentacular empresario, el hombre m&aacute;s rico del planeta, compr&oacute; Twitter por 44 billones de d&oacute;lares. Twitter: su contenido, su est&eacute;tica, su apuesta formal, su escritura, sus usuarios, sus hashtags, su run run interminable a fuerza de retuits -y no tanto- escalado y bab&eacute;lico. La transacci&oacute;n aliment&oacute; una catarata de opiniones. 
    </p><p class="article-text">
        Los pro y los anti afilan sus u&ntilde;as. Los primeros arguyen que con su &uacute;ltimo proyecto Musk se muestra superior a todos los millonarios norteamericanos. &iexcl;Qu&eacute; lindo halago! Elon goza de una tribu -una generaci&oacute;n de compradores- que asocia la libertad-valor del ser humano a su persona, la figura de un hombre que est&aacute;, en este instante exacto, parado en la cima del poder econ&oacute;mico de los tiempos de mayor riqueza de la historia universal. <strong>Elon Musk ser&iacute;a, para sus adeptos, el millonario que mejor describe el sue&ntilde;o ordinario - ya no el americano- y la frustraci&oacute;n de los ciudadanos occidentales que viven en una sociedad que perdi&oacute; su cometido de compartir.</strong> Si la mitad de los mortales caeremos por el borde de la olla donde se cuece el m&eacute;rito, como Ad&aacute;n y Eva expulsados del Para&iacute;so, que al menos uno (o diez) hagan su pasant&iacute;a en la Tierra a todo trapo. Las megametas de Musk propenden al bien com&uacute;n, como s&oacute;lo un ser superior -que lo debe ser, no lo niego- podr&iacute;a desearlo y planearlo a un plazo infinito. Tal es la estela de su yo. Es un gran bolsonero de trabajo, dicen los que lo defienden. A eso se le sol&iacute;a llamar rey, se le sol&iacute;a llamar se&ntilde;or feudal, se le sol&iacute;a llamar amo responden quienes tuvieron que bajar al s&oacute;tano alguna vez. 
    </p><p class="article-text">
        Para sus cr&iacute;ticos, en cambio, el hedonismo y la violencia interior son el clima de la modernidad. Y la solidaridad, a trav&eacute;s de la compra de corporaciones estrat&eacute;gicas que mueven el mundo, es en realidad una broma de Elon. Para los detractores el problema es matem&aacute;tico. La proporcionalidad no les cierra. Miles y miles de formas de ilustrarlo: su fortuna es el PBI de tal pa&iacute;s tercermundista, la deuda externa de tal otro. Infograf&iacute;as de cu&aacute;nta agua potable, cu&aacute;ntas gasas, cu&aacute;ntos dent&iacute;fricos, cu&aacute;ntos preservativos, cu&aacute;ntos colchones podr&iacute;a comprar Elon Musk por el precio de Twitter. Videos con mapas interactivos e iconitos de d&oacute;lares que ejemplifican la asimetr&iacute;a entre la poblaci&oacute;n mundial seg&uacute;n el dinero que acopia. Son diez contra el resto. Somos el resto contra esos diez. As&iacute; hasta perder la cuenta de la injusticia. <strong>Una injusticia de la que no hay remedio porque, como se sabe, el dinero s&oacute;lo busca una cosa: reproducirse.</strong> Con tanta mala suerte para la distributiva idea de la felicidad mundial que, como los par&aacute;sitos, el dinero prefiere a un solo hospedador, un solo ser vivo que es imprescindible para el par&aacute;sito que desarrollar&aacute; su fase adulta en el anfitri&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un megamillonario es una persona sin escasez. Nada le es escaso.</strong> Esa es la diferencia con el resto de la humanidad que vive eligiendo qu&eacute; no elegir, qu&eacute; no comer, qu&eacute; no vestir, qu&eacute; no beber. El balance &eacute;tico, dilem&aacute;tico entonces, se dirimir&aacute; en el fuero interno del <em>mega million</em> haciendo el bien a imagen y semejanza de s&iacute; mismo. Por supuesto que la ciencia lo lograr&aacute; todo. Mucho m&aacute;s que el arte. No nos queda otra salida. Para los due&ntilde;os de fortunas descomunales la benefactor&iacute;a como lavapi&eacute;s, pero no cualquiera. Tiene que ser creativa, con pufs, vistas vidriadas, snacks saludables, teclados ergon&oacute;micos y &aacute;reas de descanso comunes. Alguien tiene que dirigirla, pueden decir. Alguien tiene que dar la cara. &iexcl;Alguien tiene que innovar! 
    </p><p class="article-text">
        Si yo fuera megamillonaria, repartir&iacute;a lo que me sobra. El precio de una noche de un hotel dos estrellas por indigente hasta que todos nos quedemos sin nada. &ldquo;Es imposible de hacer acto tan buenas intenciones, se&ntilde;ora&rdquo;, me dir&aacute;n mis nietzscheanos asesores en finanzas, mis pragm&aacute;ticos asesores en log&iacute;stica. &ldquo;Porque le estar&iacute;a cediendo el dinero al enemigo, se&ntilde;ora&rdquo;. El enemigo siempre es la contrapartida del acopio. La amenaza externa es y ser&aacute; el movimiento de las cosas humanas. &ldquo;Porque va a planchar el rulo, se&ntilde;ora, Nuestro rulo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras -no podemos olvidar-, estamos en el Apocalipsis que nos toc&oacute;: COVID y la guerra de Putin. Como en una novela dist&oacute;pica con computadoras, robotizaci&oacute;n, pantallas, autos el&eacute;ctricos y una vida apacible en alg&uacute;n exoplaneta para nuestros ni&ntilde;os, no pod&iacute;a faltar un magnate de la tecnolog&iacute;a, como un chico m&aacute;s, que despu&eacute;s de comprar Twiiter hizo otro chiste: dijo que va a comprar la Coca Cola para volver a ponerle su dosis m&iacute;nima, pero no por eso menos perniciosa simb&oacute;licamente, de coca&iacute;na. Como si nos hiciera falta m&aacute;s coca&iacute;na. Es como cuando el hijo de Ricardo Fort, nuestro exponente vern&aacute;culo de ricach&oacute;n notable, anunci&oacute; que planea agrandar el tama&ntilde;o del delicioso bomb&oacute;n c&uacute;bico Marroc. Esta gente no tiene escasez de proyectos ni de caprichos ni de buen&iacute;simas intenciones. El pulpo Elon tiene entonces, bajo sus numerosas axilas, el problema de llevarnos a Marte, el problema de su propia muerte si es que quiere ver su haza&ntilde;a, el problema de cambiarlo todo r&aacute;pido: su hijo lleva por nombre un nombre impronunciable, es decir, sagrado. El problema de poder comprar lo que se le antoje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/elon-musk-escasez-mundial_129_8956291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Apr 2022 03:47:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Elon Musk,Dinero,Multimillonarios,Twitter]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dinero, la familia y la herencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/dinero-familia-herencia_129_8916855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cc272e4-0437-4145-8667-1164cb9a4c1c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Hay personas que pasan toda la vida esperando una herencia palpable. Un campo, por ejemplo. Nacen sabiendo que van a heredar un campo. <strong>Son ricos de nacimiento.</strong> No es necesariamente una cuna de oro, alcanza con haber sido parido en un casco venido abajo cimentado en la tierra inherentemente fijada a la riqueza nacional y productiva. S&oacute;lo hay que saber esperar. Primero a que mueran los abuelos, luego la madre, el padre o ambos para finalmente gozar de esas fortunas amasadas. Son ricos de forma nominal, tienen un campo en el horizonte, y el horizonte en el campo, claro est&aacute;, hermosos amaneceres y atardeceres contemplados mientras se suspira por heredar arriba de un potrillo que corcovea al sol. Pero pasaron los a&ntilde;os, avanzaron la ciencia y la tecnolog&iacute;a, se recorrieron miles de kil&oacute;metros de ruta, se divisaron miles de lotes de sembrad&iacute;os arriba de un tractor verde o en fotos viejas nom&aacute;s, y nadie se muere. Al heredero se le pas&oacute; la vida postergando el presupuesto de m&aacute;xima y no fue rico, no tuvo disponible el negocio, ni la llave de la tranquera ni la posibilidad de quemar un par de hect&aacute;reas para darse un gusto, un buen gusto. Vivi&oacute; en base a una promesa, ni siquiera despilfarrando a cuenta, porque lo &uacute;nico que hab&iacute;a para heredar era el campo. Llegado el momento de tomar posesi&oacute;n de la herencia, el campo, se le hace imposible vender porque el mandato del linaje es dejarlo en perpetuidad. Es bastante ecol&oacute;gico, salvo para el resto de las familias que no tienen qu&eacute; testamentar. Pero qui&eacute;n le quita al heredero su estatus de heredero que le ha brindado identidad y falseado una certidumbre a lo largo de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        La familia tiene ductos econ&oacute;micos te&ntilde;idos de pasi&oacute;n, dependencias, obligaciones y culpa. <strong>La familia se arma como un proyecto de sost&eacute;n econ&oacute;mico y de perpetuaci&oacute;n del patrimonio.</strong> Tomando como referencia la familia tradicional y burguesa se sabe, lo hemos visto hasta el hartazgo, c&oacute;mo es el ciclo. Unos padres entregan al mundo unos hijos crecidos que tienen, por un lado, que sostener lo logrado, lo invertido en ellos que, si bien ha sido una obligaci&oacute;n de los progenitores: la obligaci&oacute;n por ley de la manutenci&oacute;n de los hijos menores de edad la vida -y los padres- se encarga de contrabandear la culpa en cada sacrificio realizado, ya sea por cumplirles los caprichos, como una forma de extensi&oacute;n de un capricho personal o una revancha lejana, ya sea por procurarles la educaci&oacute;n, esa manera de hacer girar la rueda de las oportunidades o ya sea por no haberles podido dar mucho y entonces la culpa aparece en la descendencia por haber odiado su pobreza o por haber conmiserado a esos padres que no pudieron, no tuvieron, que no les alcanz&oacute;. Por otro lado, los hijos crecidos deben independizarse y aportar, ellos mismos, a la econom&iacute;a del clan. Con la independencia econ&oacute;mica de los hijos se considera multiplicado el ingreso y descomprimida la carga. Se espera que la hija o el hijo emulen la forma de vida que se les ha brindado o, ni hablar, que levanten de clase a toda la familia con la conquista de un &eacute;xito impensado. Un verdadero resultado. Un hijo campe&oacute;n, una hija bien casada, o al rev&eacute;s el d&iacute;a que cambie la brecha. 
    </p><p class="article-text">
        El ciclo sigue as&iacute;: esos hijos crecidos intentar&aacute;n formar una familia con quien reproducir la especie, el dinero, achicar el problema ocupacional al compartir un lindo departamento -para empezar- y gastar e invertir en esos hijos que se sue&ntilde;an y que se tendr&aacute;n. Una vez nacidos los hijos se pagan todos sus gastos: comida, ropa, juguetes, l&aacute;pices y cuadernos, calzado, salud, muebles, dispositivos electr&oacute;nicos, cursos y talleres, salidas, vacaciones, fiestas de cumplea&ntilde;os. Para dar el primer empuj&oacute;n al mundo, los padres en ciernes suegros desprender&aacute;n su &uacute;ltima gran inversi&oacute;n: un regalo de despedida, una especie de indemnizaci&oacute;n, una manera de encaminar al hijo adulto, puede ser la fiesta de bodas o un departamento o bien un electrodom&eacute;stico importante, pongamos la heladera, para que el chico adulto pueda tomar bebidas heladas como en casa, tener cubitos de hielo y que no se le corte la crema.&nbsp;Luego, si todo sigue como esper&aacute;bamos, el ciclo concluir&aacute; -el principio del fin m&aacute;s bien porque esto tambi&eacute;n puede durar- cuando los hijos crecidisimos deban hacerse cargo del geri&aacute;trico de los padres ancianos, cuando digo geri&aacute;trico digo tambi&eacute;n lo que antecede: el taxi al m&eacute;dico, el salario de una cuidadora, ir a cobrarle la jubilaci&oacute;n. Con el mutis mortis de los padres ancianos sucede el reembolso final, la trascendencia sucesoria, el patrimonio neto por excelencia: la herencia. O el rojo: la deuda, el embargo, el no tener en d&oacute;nde dejar yacer muertos a los padres. Las cosas vuelven a su lugar. El plan acumulatorio rindi&oacute; sus frutos, la descendencia a salvo, el amor super&oacute; a la muerte. La familia econ&oacute;mica sigue viva.
    </p><p class="article-text">
        Los desperfectos, las fallas, los saltos y las burbujas del ciclo econ&oacute;mico de las familias son ni m&aacute;s ni menos que los hechos que describen buena parte de la novela familiar y sus arquetipos: el ni&ntilde;o malcriado, el treinta&ntilde;ero mantenido, la madre que se quita el pan de la boca, la empresa familiar, el padre amarrete, la madre y la caja chica, el hijo ladr&oacute;n, el t&iacute;o prestamista, el primo deudor, la cu&ntilde;ada vividora, los primog&eacute;nitos predilectos, los yernos chupamedias, el hermano garante, la abuela y los sobrecitos con plata a escondidas, la hermana exitosa, la madre compradora compulsiva, el padre acumulador. Dir&iacute;amos que casi pueden ser personalidades del amor familiar, recuerdos constitutivos de una infancia, de una foto, de una pena personal.
    </p><p class="article-text">
        El comportamiento con el dinero dentro de una familia suele ser ejemplar, en el sentido estricto de dar ejemplo. Somos una familia ahorrativa, gastadora, millonaria, austera, deudora, en bancarrota, propietaria o corrupta. El dinero tiene entre tantos poderes el de unir a la familia. Poder pagar una fiesta, una pileta en el jard&iacute;n, unas vacaciones, la prepaga o el inicio de un cr&eacute;dito hipotecario hace que los nietos vayan a almorzar los domingos. Hay hermanos que no se hablan por disparidad de solvencia. El veredicto de la rivalidad infantil tiene lugar cuando ya adultos se miden en cuentas bancarias. Un veredicto t&aacute;cito que mortifica y se desmiente por igual.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El comportamiento con el dinero dentro de una familia suele ser ejemplar, en el sentido estricto de dar ejemplo. Somos una familia ahorrativa, gastadora, millonaria, austera, deudora, en bancarrota, propietaria o corrupta</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La abuela y la madre de una amiga m&iacute;a, modista y cantante de tangos la una y la otra, sol&iacute;an relatar con jactancia tanto de linaje como de derrota la historia de su herencia yacente. Hab&iacute;an recibido el llamado m&aacute;s fantaseado: se les comunicaba desde larga distancia que a partir de la muerte de un noble franc&eacute;s sin hijos ni hermanos ni viudo ni asociaci&oacute;n de filantrop&iacute;a favorita eran herederas de un castillo al sur de Francia. En Privas, en la regi&oacute;n de Auvernia-R&oacute;dano-Alpes. La genealog&iacute;a volv&iacute;a un porvenir posible, impensado pero merecido -eso tienen las herencias y la sangre, la inmanencia del derecho-, hacia ellas. Hacerse del castillo les result&oacute; imposible. Hac&iacute;a falta pagar los pasajes y una serie de tr&aacute;mites de gestor&iacute;a jur&iacute;dica que nunca consiguieron. Recuerdo escuchar la historia y alegrarme y lamentarme por igual. &iexcl;Cu&aacute;nta buena y mala suerte! Despu&eacute;s me daba lo mismo el cuento, incluso alguna vez dud&eacute; del circuito hereditario. S&oacute;lo el apellido hac&iacute;a veros&iacute;mil la an&eacute;cdota. &iquest;Qu&eacute; iban a hacer una costurera y una milonguera en un castillo europeo de un antepasado desconocido? &iquest;A qui&eacute;nes le coser&iacute;an los vestidos, a qui&eacute;nes le cantar&iacute;an tangos y milongas?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/dinero-familia-herencia_129_8916855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Apr 2022 03:04:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dinero, la familia y la herencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Familia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los topos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/topos_129_8882817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cc9340c-e3e9-4a57-8f54-409e6d4d479c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los topos"></p><p class="article-text">
        Cuando era adolescente pasaba las vacaciones de invierno en la casa de General Alvear de mi amiga Bruna en el interior de la provincia de Buenos Aires. Yo era y ser&eacute; siempre una chica de departamento y esos viajes intervinieron mi experiencia hacia un tipo de calle distinta de la que vendr&iacute;a despu&eacute;s, en la juventud, en una Buenos Aires acelerada y libre. Tener pueblo es, a veces, mucho m&aacute;s que tener calle. <strong>Es entrenar en el ejercicio infernal de contar siempre sobre un centenar de vidas, sobre un pu&ntilde;ado de biograf&iacute;as y a manejar la circulaci&oacute;n del chisme</strong> -que tambi&eacute;n era cotizable seg&uacute;n el grado de tab&uacute;es, pecados y rid&iacute;culos que estaban en juego- y tener paciencia, porque cada cosa, en un pueblo y en la vida, tiene su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Era un acontecimiento que nos tocara alguno de los desfiles tradicionales del pueblo, principalmente el orgullo en esas ocasiones era la producci&oacute;n agr&iacute;cola ganadera de los campos. Las personas m&aacute;s que nada: patrones, empleados y peones arriba de los sulkys y los caballos, si ten&iacute;an suerte alguna reina de belleza de una ciudad vecina. Era un furor y el centro del pueblo se llenaba con sus habitantes y algunos visitantes, como yo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las semanas previas a esas fiestas llegaban viajantes de comercio de distintos puntos del pa&iacute;s, hombres vestidos casi en serie que se los distingu&iacute;a siempre entrando y saliendo del hotel -el &uacute;nico hotel- con sus camisa cuadrill&eacute;, sus pantalones de traje marrones, los mocasines viejos y unos lentes de aviador truchos. Ese invierno, esas vacaciones, ese D&iacute;a de Algo en el pueblo, est&aacute;bamos tomando unas cocas con tostados en el Club Social frente a la plaza y vimos estacionar en la vereda un Peugeot 504 celeste atiborrado de mu&ntilde;ecos de pl&aacute;stico del Topo Gigio. Cientos de topos Gigio en el asiento trasero y en el del acompa&ntilde;ante. Tambi&eacute;n los vimos dentro del ba&uacute;l, cuando el hombre que lo manejaba, de unos cuarenta a&ntilde;os, lo abri&oacute; para sacar un portafolios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son los viajantes&rdquo;, me dijo Bruna. El tipo tir&oacute; el cigarrillo que ten&iacute;a en la mano y entr&oacute; al Club Social. Se sent&oacute; a tres mesas nuestras. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s, Osvaldo?&rdquo;, le pregunt&oacute; al mozo y Osvaldo pidi&oacute; un bife de costilla con un tomate partido al medio y una Quilmes de litro. Mientras esperaba, se baj&oacute; la panera. Comi&oacute;. Dijo que no al postre y pidi&oacute; un caf&eacute; y la cuenta. Desde la mesa le pregunt&oacute; a Bruna qu&eacute; d&iacute;a era. Bruna, simp&aacute;tica y dada, dijo la verdad: &ldquo;S&aacute;bado. Hoy hay desfile&rdquo;. Ella estaba m&aacute;s entusiasmada que yo. Y el viajante le pregunt&oacute; si hab&iacute;a alguna helader&iacute;a abierta. Se meti&oacute; el mozo y dijo que no, que en invierno no, pero ah&iacute; ten&iacute;an. Necesito helados envueltos, muchos, dijo el viajante. Tenemos cuatro cajas de bombones helados y dos de cassatas empaquetadas, acot&oacute; desde la caja el encargado. Entonces vimos al viajante desplegar su estrategia: le pidi&oacute; un precio por mayor. El mozo dijo que iban a hacer si ven&iacute;a el gordo Rocatti y pedir cassata, el viajante le dijo que le ofrezca el flan o mande a comprar unas latas de duraznos. Luego pactaron un precio. &ldquo;Ya se los pongo en una bolsa&rdquo;. Entonces el viajante dijo que no, que los reservara ah&iacute; en la heladera y que si ven&iacute;a alg&uacute;n chico a pedir, de parte de Osvaldo, se los diera gratis. &ldquo;&iexcl;Ah!, y dele dos heladitos a las chicas&rdquo;, dijo refiri&eacute;ndose a nosotras. Bruna y yo nos re&iacute;mos y vimos a Osvaldo salir por la puerta vidriada y cruzar a la plaza. Era una tarde fr&iacute;a y l&iacute;mpida con un sol lejano. A la plaza hab&iacute;an llegado el fot&oacute;grafo retratista con el pony ciego de crines largas y sucias, el globero con los conejos globo a punto de reventar y el garrapi&ntilde;ero que estaba cociendo el caramelo en la olla de cobre sobre el calentador a garrafa. Osvaldo pas&oacute; entre la gente que ya estaba preparada para que empezara el desfile en unas horas y se puso a fumar sentado a las patas del caballo de San Mart&iacute;n, con el mism&iacute;simo San Mart&iacute;n montado, en la base escalonada, orientando su cuerpo a la luz solar para revivir despu&eacute;s de tantas horas encerrado en el auto con los topos metidos a presi&oacute;n. Se qued&oacute; dormido unos minutos bajo sus lentes de aviador. Se notaba por la respiraci&oacute;n. Despu&eacute;s dio una vuelta por la plaza y fren&oacute; en donde unos chicos estaban arreglando una bicicleta en la esquina. Se puso a hablarles y vimos c&oacute;mo los chicos dejaban la bicicleta tirada, se iban corriendo al kiosco de Mary y volv&iacute;an corriendo tambi&eacute;n al Club Social a pedir un helado en la caja de parte de Osvaldo. Luego entraron tres nenas, luego dos m&aacute;s, despu&eacute;s un grupo de ocho chicos transpirados con la pelota en la mano. El mozo los ret&oacute; por entrar con la pelota y les dijo que le iba a contar a Osvaldo y uno de los chicos sali&oacute; corriendo y pate&oacute; la pelota desde la vereda al medio de la plaza y le grit&oacute; al del pony que le cay&oacute; cerca que se le cuidara.
    </p><p class="article-text">
        Para ese entonces, y sin perder de vista a Osvaldo, ya hab&iacute;amos pagado y hab&iacute;amos cruzado a la plaza con nuestros bombones helados. Est&aacute;bamos sentadas en un banco. Y escuchamos c&oacute;mo Osvaldo negociaba con dos hermanitos. &ldquo;Son los de Ochoa&rdquo;, me dijo Bruna. Osvaldo les hac&iacute;a este entre: 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;</span>Ey, pibe, vengan. &iquest;Quieren ganarse un helado?&ldquo; 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;</span>&iexcl;S&iacute;!<span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;</span> dijeron los dos nenes. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;</span>Tienen que hacer un trabajo para eso. Vayan por los kioscos y pregunten si tienen el mu&ntilde;eco del Topo Gigio. Dense una vueltita. Yo los voy a seguir. Una vez hecho el trabajo vayan al Club Social y pidan un helado de parte de Osvaldo. &iquest;C&oacute;mo tienen que preguntar?
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;&iquest;Tiene un helado de parte de Osvaldo?&mdash; dijo el m&aacute;s chiquito.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;&iexcl;No, idiota! </span>&iquest;Tiene el mu&ntilde;eco del Topo Gigio?<span class="highlight" style="--color:white;">&mdash; </span>respondi&oacute; el mayor de los Ochoa.
    </p><p class="article-text">
        A las dos horas Osvaldo se subi&oacute; al 504 y se fue de la plaza. El desfile casi fue un &eacute;xito pero una tormenta fuera de toda previsibilidad oblig&oacute; a suspender la celebraci&oacute;n. El pony se fue trotando a lo lejos mientras el fot&oacute;grafo trataba de cubrir la c&aacute;mara. Nosotras nos subimos al auto de Bruna -manejaba desde los doce a&ntilde;os en Alvear- y fuimos a su casa a mirar el fuego de la chimenea y a comentar con la familia c&oacute;mo hab&iacute;a empezado la tormenta y c&oacute;mo se hab&iacute;a descongestionado el centro y que qu&eacute; mala suerte ten&iacute;a Alvear. Despu&eacute;s cenamos, nos ba&ntilde;amos y nos cambiamos para ir al boliche. Nos dejaban ir siempre al boliche.
    </p><p class="article-text">
        A Osvaldo lo vimos esa noche con dos mujeres del pueblo bailando y tomando whisky en la barra. Nosotras fuimos a comprar unos tragos en la barra y nos acodamos al lado del tr&iacute;o improvisado. Nos daba gracia lo borracho que estaba. Le preguntamos por los topitos. Y dijo, triunfador, que los hab&iacute;a vendido a todos. Que hab&iacute;a guardado un par en el ba&uacute;l para nosotras, que si &iacute;bamos al auto nos los regalaba. Que se iba ma&ntilde;ana al mediod&iacute;a para Buenos Aires a comprar m&aacute;s al mayorista de Once y si quer&iacute;amos ir con &eacute;l nos pagaba la pensi&oacute;n. Le dijimos que no, tentadas de la risa por el tup&eacute;, y nos fuimos a bailar al medio de la pista. O tal vez se lo hab&iacute;a dicho a las otras dos mujeres m&aacute;s grandes. Despu&eacute;s no lo vimos m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;cadas m&aacute;s tarde a Alvear lleg&oacute; la c&aacute;rcel de m&aacute;xima seguridad -la de la gran fuga de los hermanos Lanatta y de Schilacci, los asesinos condenados del triple crimen mafioso por el tr&aacute;fico ilegal de efedrina- y el pueblo se configur&oacute; de otra manera. <strong>Los viajantes son ahora las visitas de los presos y ya casi nadie para en el Club Social.</strong> En algunos kioscos que perduran todav&iacute;a se ve colgado un viejo Topo Gigio descolorido y sucio que nunca nadie compr&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>AS</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/topos_129_8882817.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Apr 2022 04:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los topos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Topo Gigio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El que te desviste te viste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/desviste-viste_129_8844259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3c78848a-878f-4e92-b76b-27cc9b670084_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El que te desviste te viste"></p><p class="article-text">
        Ese fin de mes, cuando abri&oacute; el sobre con el resumen de la tarjeta, el escritor sinti&oacute; c&oacute;mo se le arrebataban las mejillas al ver la cifra excedida de su media anual. Concili&oacute; uno por uno los consumos y marc&oacute; con el l&aacute;piz de grafito que usaba para subrayar lo que estaba estudiando esa ma&ntilde;ana -algo franc&eacute;s seguramente- tres gastos car&iacute;simos: ropa de<strong> Leticia Carosella</strong> y <strong>Jorge Ib&aacute;&ntilde;ez</strong> y zapatos de <strong>Maggio y Rossetto</strong>. El escritor, deductivo (era en realidad una luminaria de las letras y se ve que para los n&uacute;meros y las acusaciones tambi&eacute;n), llam&oacute; a la oficina de su novia, al directo. Atendi&oacute; ella. El escritor indag&oacute; qui&eacute;nes eran la tal Leticia, el tal Jorge y el d&uacute;o italiano de zapateros y ella, apenas contrariada pero sobrepuesta con orgullo para dar explicaciones, le dijo que s&iacute;, que eran ropa y zapatos que se hab&iacute;a comprado. Esa noche se vieron en el departamento y bastante tarde -el escritor estaba distante por la cantidad de plata que hab&iacute;a despilfarrado su novia- hicieron el amor. A la ma&ntilde;ana siguiente, cuando el escritor se despert&oacute;, su novia no estaba y le hab&iacute;a dejado una nota en la mesa del comedor: <strong>&ldquo;El que me desviste me viste&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El dinero, probablemente, se haya inventado para pagar por sexo m&aacute;s que para pagar por sal. Es una hip&oacute;tesis. El lugar com&uacute;n que indica que la prostituci&oacute;n es la profesi&oacute;n m&aacute;s antigua del mundo da cuenta de esta idea. Dos imposibilidades saltaron a la luz la primera vez que se pag&oacute; por sexo: la de conseguir partenaire sexual instant&aacute;neamente cuando el deseo corroe la paz de no sentirlo, por un lado, y la imposibilidad de que la negativa sea escuchada que significaba que el s&iacute; era transable. <strong>El sexo se transform&oacute; en mercanc&iacute;a por su caracter intercambiable.</strong> La pernada, el burdel, la calle, los cafishos y las madamas, los saunas, los privados, los books, el turismo sexual, los taxiboys, las escorts hasta el only fans son parte de la historia de la actividad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El dinero, probablemente, se haya inventado para pagar por sexo más que para pagar por sal. Es una hipótesis.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El cortejo es una de las formas en las que el dinero mediatiza la relaci&oacute;n sexual hasta el d&iacute;a de hoy. Regalos, flores y comidas que cuanto m&aacute;s costosos, y por ende m&aacute;s performativos, se traducen como vivencias m&aacute;s rom&aacute;nticas o aventureras. As&iacute; es como la galanter&iacute;a, el decorado y la importancia que se le pretende adjudicar a la persona cortejada representan un aval a la hora de sentarse a convencerla de ir a la cama, pronto o despu&eacute;s, pero ir alguna vez. Incluso el cortejo persiste en la franca relaci&oacute;n prostibularia cuando algo parecido a la sobreactuaci&oacute;n del romance o del estado lujurioso es el preludio del intercambio comercial. &Uacute;ltimamente se habla mucho de qu&eacute; cosas son o no aceptables en una primera cita: qui&eacute;n debe pagar y cu&aacute;l es el m&iacute;nimo. Una de las coartadas masculinas a la hora de aceptar los postulados de igualdad e independencia econ&oacute;mica del feminismo suele ser -con sorna- que si va a ser as&iacute; tenemos su okey porque les gustar&iacute;a ser invitados en un cien por ciento en los gastos de las citas de flirteo. Que ah&iacute; s&iacute; les gusta el feminismo. Se ve que han pagado mucho. Las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, o no tanto, aceptan, en cambio, y bajo las premisas de igualdad (que se rozan con las necesidades solidarias de compartir la cuenta sea con quien sea porque vivimos en un pa&iacute;s caro) ir a medias. Un vino, dos aguas, una entrada, dos principales y un postre compartido para chupar la misma cuchara a medias y empezar a lograr la consumaci&oacute;n. Se le dice al mozo: &iquest;Me pod&eacute;s cobrar por separado? Y cada uno pela su medio de pago. Sin embargo, a&uacute;n compartiendo la cuenta, siempre se quiere una demostraci&oacute;n de solvencia econ&oacute;mica. No por nada las mujeres solemos decir que un defecto imperdonable en un hombre es que sea amarrete. <strong>Porque el falo es el dinero.</strong> Es un condicionante que circula y hace su trabajo de alerta entre pares, su trabajo reproductor de categor&iacute;as de g&eacute;nero. &iexcl;Ay, es un caballero!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las primeras citas m&aacute;s fallidas son aquellas en las que la desilusi&oacute;n es total por tres tipos de situaciones: el aspecto o algunas de las suced&aacute;neas del aspecto que s&oacute;lo se manifiestan en el contacto personal: que la voz, el olor, la gestualidad no sean satisfactorias para la expectativa; un papel&oacute;n desagradable como vomitar encima del otro por una borrachera a mal traer y, por &uacute;ltimo, mostrar la hilacha de la avaricia: no pedir nada para comer, pedir lo m&aacute;s barato del men&uacute; o hacer movimientos pat&eacute;ticos con las propinas o directamente no pagar nada. Fracaso total. El castigo ser&aacute; el rechazo inmediato con la excusa menos disimulada. A las mujeres ser invitadas nos gusta y nos sale gratis. Pero cu&aacute;nto. Una vez que el hombre pag&oacute;, &iquest;nos sentimos m&aacute;s obligadas a besar en el coche o en el umbral? Un beso por una cena afuera. &iquest;Qu&eacute; tanto hambre vamos a tener? Una noche de sexo por ir al cine y a comer afuera y que te busquen y te traigan en auto o te paguen el taxi. &iquest;Qu&eacute; tan c&oacute;modas vamos a ser? Las mujeres -aducimos a la hora de hacer el balance de gastos por g&eacute;nero- tambi&eacute;n gastamos para acudir a las citas porque no se puede salir sin ser -o parecer- la bella del cortejo: hay presupuestos para todas, pero la ropa, el maquillaje, la carterita, los zapatos y el pelo cuestan plata o lo que podr&iacute;amos llamar un esfuerzo de producci&oacute;n. <strong>As&iacute;, el viejo y jam&aacute;s olvidado ritual de apareamiento se torn&oacute; tambi&eacute;n un costo.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero, a veces, aquello que te excita sexualmente es el dinero. Unos fajos de d&oacute;lares -o pesos argentinos, por qu&eacute; no- metidos entre las s&aacute;banas como estimulantes del goce. El placer de pagar y el placer de cobrar, el placer de corromperse por el dinero o de ver a alguien corromperse por el dinero. Pagar para ver, para ver cobrar. Cobrar para ver, para ver c&oacute;mo son capaces de pagar por el cuerpo o las destrezas del sexo que uno posee. Y excitarse por eso. El fetichismo del dinero, que suele ser en abstracto, se convierte as&iacute; en un fetiche sexual. Un ida y vuelta del concreto al abstracto de dos materialidades totalmente simb&oacute;licas e intercambiables. Dice el rapero boricua Ozuna en su hit: &ldquo;Mi libertad no la quiero.Tampoco la vida e' soltero.Yo lo que quiero es que quieras lo mismo que todos queremos: tener una cuenta de banco con d&iacute;gitos y muchos ceros, hacer el amor a diario y, de paso, gastar el dinero. Ey, beb&eacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana de la verdad, la novia del escritor redact&oacute; esa nota con un doble filo de disculpa: el ocurrente juego de palabras para conmover en su terreno al estafado, y la puesta en evidencia de que el sexo con ella ten&iacute;a un precio. As&iacute;, el escritor se enteraba de que hab&iacute;a estado acumulando deudas cada vez que su novia, como dice Arlt, &ldquo;dejaba estar su movediza mano entre sus ropas&rdquo;. La novia, al ver que no hac&iacute;a falta o ya no pod&iacute;a afrontar su propia escena de dignidad en la cual devuelve el valor de su guardarropa nuevo a su querido y, -tomo prestada su alusi&oacute;n- al quedarse desnuda en su proceder, se puso del lado en el que el viejo oficio le puede caber, tambi&eacute;n, a las mejores parejas.
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/desviste-viste_129_8844259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Mar 2022 03:33:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El que te desviste te viste]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Sexo,Prostitución]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dinero en la infancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-infancia_129_8761622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4441da18-69de-4259-a068-f98faa4610df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dinero en la infancia"></p><p class="article-text">
        El dinero se aprende. Y casi no te lo ense&ntilde;a nadie. Como un <strong>tab&uacute;. </strong>En la infancia vivimos en un mundo repleto de transacciones y condicionantes invisibles del dinero. Los adultos nos llevan de paseo y compran, pagan, en la caja del supermercado, tan vistosa y autom&aacute;tica, una se&ntilde;orita revisa uno por uno eso que vamos a llevar: ese brebaje color celeste por el que pugnamos y que seguimos con ojos ansiosos en la pista del mostrador lateral de la caja, el shamp&uacute;, la lechuga y un paquete de fideos para comer esta noche. Y en cada pase de estado: desde el chango hasta la retaguardia de la cajera, algo sucede que habilita, que acepta. La cajera dice una cifra en voz alta, la persona adulta con autoridad de compra -ella y s&oacute;lo ella dice qu&eacute; se puede llevar y qu&eacute; no-, saca la billetera de la cartera o de la mochila, y despliega una tarjeta colorida -no hay billetes- o varias con las que la cajera resuelve un impedimento que hab&iacute;a hasta ahora -no sabemos que el impedimento es no haber pagado- y a cambio le dan una tira de papel muy larga o lo suficiente para querer mirarla o tocarla. Y ya nos vamos con las bolsas y ahora nuestra pugna es por tomar ya -ya, ya- el brebaje celeste y no reci&eacute;n cuando lleguemos a casa, como dice mam&aacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Julieta De Marziani                            </span>
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        Mis hijos adolescentes cuentan que cre&iacute;an que la tarjeta de cr&eacute;dito era algo que todos ten&iacute;an para poder llevarse cosas. Un derecho -por qu&eacute; no- a tener las cosas que queremos y necesitamos. Tard&eacute; mucho tiempo en explicarles el concepto de cr&eacute;dito y que lo materializaran en una tarjeta. A veces quer&iacute;an algo, algo de esas cosas que quieren los chicos: una play, por ejemplo. Y yo les respond&iacute;a tir&aacute;ndoles sin m&aacute;s que ten&iacute;amos que esperar que cierre la tarjeta, o una oferta con cuotas. Y no entend&iacute;an por qu&eacute; ni cu&aacute;ndo iba a comprar y, mucho menos mi negativa. Lo primero que aprendemos del dinero en la infancia, es que es lindo y hace magia: los billetes de juguete y las monedas de chocolate son un tesoro, y lo segundo que el dinero es parte de una estructura de demora que muchas veces, seg&uacute;n el poder adquisitivo, nos aburre, nos decepciona y nos desespera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi t&iacute;a cuenta que cuando yo era peque&ntilde;a le mostr&eacute; en calidad de secreto inquebrantable el escondite de mis ahorros: &iexcl;Ven&iacute; t&iacute;a, no se lo cuentes a nadie! y la llev&eacute; a mi habitaci&oacute;n y descubr&iacute; la cortina de voile blanca que llegaba hasta al piso y ah&iacute;, bajo ese manto de seguridad, en el parquet, permanec&iacute;a apoyada una billetera de pl&aacute;stico lila con algunos billetes que me habr&iacute;an regalado. Claro, el escondite no era para nada oculto y bastante perezoso. Pero supongo que para m&iacute; estar&iacute;a bien. Abajo de la tela, lo aprendemos de beb&eacute;s al taparnos con una s&aacute;bana, todo desaparece, nada se ve. Lo tercero que aprendemos del dinero es que te lo pueden robar. Y lo cuarto es que lo tenemos que guardar para algo m&aacute;s grande. Lo quinto que aprendemos, pienso ahora, es que todos, hasta un ni&ntilde;o, puede tener su propio dinero: es la idea de propiedad privada, de autosustento, de paciencia que te quieren inculcar con cada billete que deja el odontol&oacute;gico Rat&oacute;n Perez o regalan los parientes en la primera comuni&oacute;n. Recibir a Cristo en nuestro cuerpo por primera vez para comprarse una caja de l&aacute;pices largu&iacute;sima. Tal puede ser el precio de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando era chica iba a la escuela en subte. De pronto, hubo un auge de ni&ntilde;os pidiendo plata en los coches del subte. Aparec&iacute;an en el vag&oacute;n con un pil&oacute;n de tarjetitas en las manos. Un fangote de limosna por conseguir. Con las manos sucias de varios d&iacute;as apoyaban en la falda de los pasajeros una estampita de San Cayetano, con su trigal, un baby santo en su regazo envuelto en una mantita color obispo y el aura dibujada en la cabeza de ambos como una pecera o el casco de un astronauta. Casi siempre ten&iacute;a un papel con el contexto para el pedido: &ldquo;Somos cuatro hermanitos y mi pap&aacute; no tiene trabajo. Nos ayuda con lo que pueda. Que Dios lo bendiga&rdquo;: una fotocopia de un manuscrito con caligraf&iacute;a rudimentaria. Los chicos y las chicas hac&iacute;an ese reparto a toda velocidad sin reparar en nada, movi&eacute;ndose entre los pasajeros que los doblaban en altura y las miradas de todos los que iban sentados. Porque siempre eran un espect&aacute;culo. Una vez que terminaban de dejar cada estampita en las piernas de cada pasajero (despu&eacute;s se hab&iacute;a puesto de moda que el pasajero se anticipe al gesto y con una mano en alto o la cabeza negando rechazara que le apoyaran algo. Algunos hasta lo hac&iacute;an revelando claramente el fastidio), volv&iacute;a a retirarlas y a ver si alguien le trocaba la estampita de la suerte y el trabajo por unas monedas. La secuencia era imposible de ignorar. Al menos para m&iacute;. La verdad es que les daban poco. Les ense&ntilde;&eacute; a mis hijos a dar siempre. A dar a los que piden. No para cambiar el mundo, m&aacute;s bien para mejorarles el d&iacute;a. Para que le salgan las cosas. Ayudar a volverse antes a casa, a lubricarles el status quo con eficiencia. Porque si encima de tener que pedir no te dan, no se puede nada. Otro aprendizaje: los chicos son buenos para pedir limosna. Otro m&aacute;s: la gente es r&aacute;pida para fastidiarse con un chico que pide. Hace poco mi hija estaba leyendo en un bar y un chico le pidi&oacute; una moneda. Como no ten&iacute;a cambio, y le pesaba mi mandato: &ldquo;Par&aacute; que le tenemos que dar algo&rdquo;, hizo con much&iacute;simo pudor otro truco que yo les ense&ntilde;&eacute; para las propinas: si no ten&eacute;s cambio, ped&iacute; cambio al mozo. Y le pidi&oacute; al mozo cambio y le dio algo al chico, y se qued&oacute; ella, como yo, creyendo que todos &iacute;bamos a tener un d&iacute;a mejor.
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-infancia_129_8761622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Feb 2022 03:01:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dinero en la infancia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deuda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deuda_129_8711480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a777459-40ff-4fa1-89be-8e4f94202d61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Deuda"></p><p class="article-text">
        La primera vez que escuch&eacute; sobre el FMI fue en 1984, yo era una ni&ntilde;a de s&eacute;ptimo grado y en todos lados sonaba &ldquo;Estoy tocando fondo&rdquo;, un hit de moda del grupo de revival pop Viuda e hijas de Roque Enroll. El tema ten&iacute;a un estribillo pegadizo que cantaba &ldquo;Fondo. Monetario. Internaciona-al, Fondo. Monetario. Internaciona-al &rdquo;. En un rapto asociativo, Mavi D&iacute;az y compa&ntilde;&iacute;a (entre ellas la legendaria Mar&iacute;a Gabriela Epumer) inclu&iacute;an al ente financiero por el simple juego de palabras entre la doble acepci&oacute;n de &ldquo;fondo&rdquo; como parte interior m&aacute;s baja o como organizaci&oacute;n que re&uacute;ne caudales para ayudar. M&aacute;s que nada, la canci&oacute;n hablaba de una joven rockabilly que hab&iacute;a ca&iacute;do en un pozo de penurias porque no la llamaban los amigos, el despertador y el tocadiscos no le funcionaban, se le aflojaba el peinado con spray y, para colmo, estaba enamorada de un cantante que se cre&iacute;a muy vivo. Su &uacute;nico consuelo era el twist.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
         El efecto de la canci&oacute;n era jocoso, absurdo. &iquest;Por qu&eacute; uno bailar&iacute;a el twist al ritmo del FMI? Sin embargo, all&aacute; est&aacute;bamos, muchas chicas argentinas bailando con una rebeld&iacute;a inocent&iacute;sima, por el simple hecho de trastocar en sentido banal algo tan del mundo de los economistas, de las noticias sofisticadas, importantes, definitorias, imposibles casi. La &uacute;ltima vez que escuch&eacute; sobre el FMI fue hace una semana: un nuevo anuncio nacional acerca de que hab&iacute;amos pactado un acuerdo para financiar el d&eacute;ficit. Con el FMI. Yo tambi&eacute;n. Como argentina que soy tambi&eacute;n entr&eacute; en el baile y pas&eacute; de mi estatus existencial de deudora vital, ll&aacute;mese culpa, al estatus ciudadano de codeudora, ll&aacute;mese infelicidad externa. Entre la primera vez, cuando Las viudas corearon &ldquo;estoy tocando fondo&rdquo;, y la semana pasada, hab&iacute;a visto varias veces abrirse la mano dadivosa del FMI en nuestro territorio, el alivio ocasional, las protestas y advertencias sobre el costo real, el calendario de pagos, la cesaci&oacute;n de pagos, los ejemplos nominales: &iquest;cu&aacute;nto debe un reci&eacute;n nacido apenas asoma la cabeza en la Argentina?, &iquest;qu&eacute; generaci&oacute;n de nuestra descendencia podr&aacute; imprimir el libre deuda absoluto con el Fondo? Todo un folclore que nos harta material, simb&oacute;lica e identitariamente. Pero esta vez lo tom&eacute; bien. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a yo hacer?
    </p><p class="article-text">
        Somos siempre deudores con el otro: le debemos la vida a nuestros padres, a nuestros m&eacute;dicos, a nuestros amores, a nuestros empleadores y empleados, a nuestros profesores, gur&uacute;es y mecenas, a nuestras amistades, a nuestros apiadadores y tambi&eacute;n a nuestros verdugos, a nuestros terapeutas, donantes y a nuestras cuidadoras y editoras (todos las tenemos). Son acreedores &iacute;ntimos.Tambi&eacute;n somos deudores en lo cotidiano de plata, de cosas.
    </p><p class="article-text">
        Debemos la energ&iacute;a el&eacute;ctrica, el agua y el gas que usamos, debemos el trabajo por trabajar (es decir el del pr&oacute;ximo sueldo o la pr&oacute;xima factura o la pr&oacute;xima venta), debemos la plata que pedimos prestada. Hubo una &eacute;poca en la que supe sacar cr&eacute;ditos bancarios para solventar la refinanciaci&oacute;n de la deuda contra&iacute;da por pago m&iacute;nimo con las tarjetas de cr&eacute;dito. Ya se sabe: un dejarse llevar, un pedaleo contrarreloj, una soluci&oacute;n &iexcl;qu&eacute; gran soluci&oacute;n! cuando hay que comprar lo que hay que tener ahora y ya: los v&iacute;veres, un lavarropas nuevo, los art&iacute;culos de librer&iacute;a para empezar la escuela, un par de zapatos brillosos para ir a una entrevista laboral y ser reclutado. Un indicador de pobreza cruel -cu&aacute;ndo no en esta variable- es no tener acceso al cr&eacute;dito, nadie que te preste unos mangos, nadie que te crea pagador. Cuanto m&aacute;s confiable como pagador uno se muestra m&aacute;s tarjetas de colores exclusivos puede conseguir. Y en ingl&eacute;s. Una black, una gold, una platinum. Despu&eacute;s, cuando me llegaba el resumen y era m&aacute;s de lo que yo dispon&iacute;a, pagaba el monto m&iacute;nimo: esa trampa mortal de la cual advierten los asesores en finanzas personales en cada nota clickbait para hacer un uso ahorrativo de la tarjeta (Les ahorro el click: el secreto seg&uacute;n ellos: no usarla). La bola de nieve, en la parte media del recorrido en pendiente y aceler&aacute;ndose, como las leyes de la F&iacute;sica bien lo explican, estaba lanzada. Cuando el nuevo resumen con los &uacute;ltimos consumos sumado al saldo pendiente m&aacute;s los intereses desment&iacute;an la fantas&iacute;a del ciclo anterior, la de tener un ingreso extra, un trabajo nuevo, un aumento, un premio, una herencia que no estaba en los planes, y la plata alcanzaba a&uacute;n menos, hab&iacute;a que buscar plata m&aacute;s grande. Hurgaba desesperada en el homebanking en la pesta&ntilde;a de simulaci&oacute;n de cuota de un cr&eacute;dito personal alguna posibilidad realista y aceptaba t&eacute;rminos y condiciones y confirmaba y respiraba al ver los n&uacute;meros cambiar en la pantalla. Trasvasaba dudando el dinero de cuenta a cuenta y esperaba a que el porvenir provea no s&oacute;lo aventuras: dinero contante y sonante para pagar. La pandemia me ayud&oacute; a saldar esas cuentas. Medio a&ntilde;o de no aportar un peso a la industria del esparcimiento y a la prestigiosa instituci&oacute;n del taxi result&oacute; compensatoria en mi caso. Muy notable.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esa trampa mortal de la cual advierten los asesores en finanzas personales en cada nota clickbait para hacer un uso ahorrativo de la tarjeta (Les ahorro el click: el secreto según ellos: no usarla).</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero conozco gente que realmente necesita vivir rodando dentro de esa bola de nieve que atrapa m&aacute;s materia y se acelera y se agranda. Una persona que siempre debi&oacute; todo: las expensas, la hipoteca para saldar las expensas, la cuota del colegio, la cuota de la universidad, plata a todos los amigos y a cada pariente de origen y pol&iacute;tico, la prepaga, el alquiler cuando ya estaba ejecutada la hipoteca, el tel&eacute;fono y el cable. La estructura de demora est&aacute; puesta en jugar con el segundo vencimiento y m&aacute;s all&aacute;. Esperar el aviso de corte, lidiar con los llamados, pedir prestado y prometer plazos, vender alg&uacute;n cuadro, alguna joya, pedir prestado y prometer un r&eacute;gimen incumplible de ajuste personal, lidiar con los sms de aviso de deuda, con el gerente de sucursal y con el general, con el gas cortado, con la baja de plan, con la no rematriculaci&oacute;n de los ni&ntilde;os en el colegio y pedir prestado, librar un cheque, mil cheques, aparecer en el informe Veraz, buscar prestamistas en la web, no atender el tel&eacute;fono a nadie, pensar en tomarse La Cacciola para cruzar al Uruguay, incluso deber la cuota de mantenimiento del cementerio privado donde sus ancestros descansan en relativa paz porque no saben que se debe el cuidado de su morada. O s&iacute;. Hay grupos de deudores an&oacute;nimos que revelan un sentir com&uacute;n en la maniobra de autojustificaci&oacute;n de la toma de deuda constante: se suelen sentir superiores al resto y esperan que llegue su oportunidad para salir por arriba, con un fangote de guita para tapar agujeros y bocas que reclaman y maldicen. Se sienten superiores y creen que el mundo les debe a ellos.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay grupos de deudores anónimos que revelan un sentir común en la maniobra de autojustificación de la toma de deuda constante: se suelen sentir superiores al resto y esperan que llegue su oportunidad para salir por arriba</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; la personalidad del pagador compulsivo. El que no puede deber nada, para no alterar el orden c&oacute;smico. No deja deuda sin saldar. Para todo no solo porque tiene que hacerlo, sobre todo porque no soporta sentirse en deuda. Deber es como morir, morir de culpa, de paranoia, lo perseguir&aacute;n los acreedores, el Estado, la AFIP, la polic&iacute;a. Naufraga en el imaginario de diluirse en el saldo negativo, en la factura sin resolver, en la cuota sin abonar a tiempo o antes de tiempo. Pero es un s&iacute;ndrome infrecuente. Somos m&aacute;s los deudores. Deber es vivir.
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deuda_129_8711480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Feb 2022 03:43:46 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más tarjeta de débito y menos cash, cambios en una economía en la que aún reina el efectivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/tarjeta-debito-cash-cambios-economia-reina-efectivo_1_8705406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39b8222f-b86f-4002-842e-d62424774d98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más tarjeta de débito y menos cash, cambios en una economía en la que aún reina el efectivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La digitalización derivada de la pandemia contribuyó a una mayor utilización de plásticos y a una menor extracción de dinero en los cajeros, pero la alta informalidad dificulta el avance de la tendencia.</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os se dijo hasta el cansancio: la pandemia de coronavirus y la digitalizaci&oacute;n de la vida que trajo aparejada aceleraron cambios hasta entonces incipientes. En lo que respecta a los h&aacute;bitos de consumo, hay al menos un dato que puede graficarlo. De acuerdo con la procesadora de pagos Prisma, en 2021<strong> el uso de las tarjetas de d&eacute;bito medido por cantidad de transacciones creci&oacute; respecto del mismo per&iacute;odo de 2020 y cay&oacute; levemente la extracci&oacute;n de efectivo en cajeros autom&aacute;ticos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con el &Iacute;ndice Prisma Medios de Pago &ndash;que utiliza informaci&oacute;n de billeteras virtuales, PagoMisCuentas, red Banelco, Todo Pago, LaPos y Decidir&ndash; del total de operaciones concretadas con tarjetas &ndash;d&eacute;bito, cr&eacute;dito o prepaga&ndash; <strong>las de d&eacute;bito aumentaron su incidencia en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. </strong>En el cuarto trimestre de 2021 representaron el 45,98% del total de transacciones, mientras que en el mismo trimestre de 2020 esa proporci&oacute;n hab&iacute;a sido del 42,70%. 
    </p><p class="article-text">
        Del resto de las transacciones, el 52,47% fueron realizadas con tarjetas de cr&eacute;dito (que a diferencia de las de d&eacute;bito ofrecen la posibilidad de financiar los pagos en cuotas), lo que muestra que baj&oacute; respecto del 54,48% del &uacute;ltimo trimestre de 2020. El informe indica que la incidencia de los <a href="https://www.eldiarioar.com/economia/renuevan-ahora-12-junio-opcion-pago-30-cuotas_1_8703631.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">planes Ahora 12</a> se mantuvo &ldquo;estable&rdquo;. Las tarjetas prepagas representaron el 1,55% de las operaciones, tambi&eacute;n menos que un a&ntilde;o atr&aacute;s (2,81%).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explic&oacute; Juli&aacute;n Ballarino, gerente de Relaciones Institucionales de Prisma Medios de Pago, si se mira en detalle c&oacute;mo utilizan los argentinos y argentinas sus tarjetas de d&eacute;bito se advierte que m&aacute;s de la mitad de de las veces (50,82%) &ndash;un hito que alcanz&oacute; en esta &uacute;ltima medici&oacute;n trimestral&ndash; se utiliza para pagar compras, mientras que el resto de las veces se utiliza para extraer dinero en efectivo: el 45,84% mediante cajeros y el 3,34% en las cajas de supermercados, farmacias y otros comercios. <strong>Un a&ntilde;o atr&aacute;s, la ecuaci&oacute;n era inversa: en m&aacute;s del 56% de los casos la tarjeta se utilizaba para sacar efectivo.</strong>&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En la Argentina hay condiciones que sostienen el protagonismo del efectivo "
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            <span class="title">
                En la Argentina hay condiciones que sostienen el protagonismo del efectivo                             </span>
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        Si bien se advierte una tendencia al mayor uso de pl&aacute;sticos, fen&oacute;meno que va en l&iacute;nea con lo que ocurre en los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, <strong>en la Argentina hay condiciones que sostienen el protagonismo del efectivo a la hora de adquirir bienes y servicios.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El inconveniente es el costo impositivo que implica una operaci&oacute;n con tarjeta. Sobre una compra el comercio paga IVA, Ingresos Brutos, la comisi&oacute;n de la plataforma de pago, su proporci&oacute;n de impuesto a las ganancias y se le diluye el margen de ganancia que tiene, por lo que es un desincentivo total formalizar la econom&iacute;a&rdquo;, apunta Dami&aacute;n Di Pace, director de Focus Market. Para el especialista, <strong>al comerciante le conviene que le paguen en efectivo y hacer descuentos sobre el precio. Por otro lado, al consumidor que tiene cierto margen de liquidez le conviene pagar en efectivo ese precio rebajado</strong>. &ldquo;En este marco, desarraigar ese h&aacute;bito por parte del consumidor y el comercio es muy dif&iacute;cil&rdquo;, sintetiza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la luz del contexto macroecon&oacute;mico, en el que el ministro Mart&iacute;n Guzm&aacute;n sit&uacute;a al crecimiento de la econom&iacute;a como la condici&oacute;n de posibilidad para recaudar m&aacute;s y cumplir con la promesa de reducir el d&eacute;ficit fiscal &ldquo;sin ajuste&rdquo;, esto aparece como un punto clave. &ldquo;Con esta presi&oacute;n tributaria se desalienta la formalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a tanto en el sector de producci&oacute;n como de comercio, con lo cual esta din&aacute;mica fracasa&rdquo;, apunta Di Pace.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para la economista Ana Laura Jaruf m&aacute;s all&aacute; de las particularidades del pa&iacute;s <strong>la pandemia s&iacute; dejar&aacute; un piso m&aacute;s bajo de utilizaci&oacute;n de efectivo, aun cuando se reduzca el pico en el comercio electr&oacute;nico que se experiment&oacute; en el momento de mayor cierre de la econom&iacute;a.</strong> Como uno de los factores, cita el mayor uso de las billeteras virtuales e incluso el resguardo sanitario que constituye evitar el contacto con billetes o cajeros autom&aacute;ticos. &ldquo;Conozco personas que no van a sacar plata en ning&uacute;n momento del mes y manejan todo de manera digital. De todos modos, es cierto que hay una segmentaci&oacute;n&rdquo;, matiza. &ldquo;<strong>Esa digitalizaci&oacute;n es m&aacute;s caracter&iacute;stica del segmento medio-alto, </strong>que hace un mayor uso de los servicios financieros. Hay un grupo de la sociedad que a&uacute;n estando bancarizado, mantiene la costumbre de retirar el dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>DT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delfina Torres Cabreros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/tarjeta-debito-cash-cambios-economia-reina-efectivo_1_8705406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Feb 2022 13:08:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más tarjeta de débito y menos cash, cambios en una economía en la que aún reina el efectivo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tarjetas de crédito,Consumo,Actividad económica,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dinero y el azar: chau, Susana, chau, Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-azar-chau-susana-chau-milei_129_8674350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f84ed4a-74aa-46cd-b016-08a9021ac6a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ilustración: Julieta de Marziani"></p><p class="article-text">
        Me voy a anotar en el sorteo del sueldo del diputado Milei. Un loto de estos tiempos, cargado de simbolismos de campa&ntilde;a y gestos a contramano que no le importan a nadie. Estoy muy entusiasmada. Pens&eacute;, en una primera instancia, vivir la experiencia en silencio para alimentar con contenidos suculentos esta columna monetaria. Ganar - siempre existe la posibilidad si estamos en ella- y hacer una cr&oacute;nica viral, noticiosa en s&iacute; misma. Tener, s&oacute;lo por estar en la web de un diario, esa suerte de cronista (me gusta pensar que los periodistas tienen el don de la fortuna: se les abren puertas traseras, les atienden llamados en n&uacute;meros selectos, seducen enfermeras que cuidan celebridades agonizantes) y gozar del sueldo de Milei. Un suceso. El sueldo de un diputado tirado a la suerte a trav&eacute;s de un sistema inform&aacute;tico para que sea ganado por un ciudadano, figurando un blanqueo de oportunidades, un lavado de culpas pol&iacute;ticas, una confesi&oacute;n de solvencia por los opuestos en juego: el diputado que le sobra plata versus los ciudadanos que no llegan a fin de mes en un contexto de inflaci&oacute;n empinada. Una forma caprichosa de distribuci&oacute;n que ejerce el representante con sus representados mediada por la mano del azar. Ni la mano de la pol&iacute;tica ni la mano del mercado. Un sorteo demag&oacute;gico con un premio de doble vara porque es mucho para ser un sueldo y es poco para un premio con chances multitudinarias. Y podr&iacute;a parecer poco para que te cambie la vida -aunque ese indicador no exista por indescifrable- en t&eacute;rminos macro. Pero ya sabemos todo lo que calma el dinero. De todos modos, me interesa. Fantase&eacute; -es la contraparte obligatoria de toda apuesta- qu&eacute; har&iacute;a con la plata si yo ganara y se hiciera p&uacute;blico. Donarla para redistribuir seg&uacute;n mis gustos y moral o, mejor, quedarmela, comprar d&oacute;lares, mandar una sesuda columna ambigua y disculpame por mi forma tan grosera de sentarme sobre el dinero del erario p&uacute;blico. Un rulo, le dicen ahora. Un rulo significa, ni m&aacute;s ni menos, encontrarle la ventaja a una operaci&oacute;n para que, rotada sobre s&iacute; misma, vuelva al punto donde se incrementa. Ac&aacute; la operaci&oacute;n ser&iacute;a m&aacute;s bien emp&iacute;rico literaria -y online-.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El azar ligado al dinero es distinto al azar suelto, ese que tiene que ver, por ejemplo, con la fatalidad: ir caminando por la playa y que caiga un helic&oacute;ptero y la h&eacute;lice suelta te parta al medio o con la buena suerte: ir caminando por la playa y que te descubra un manager de modelos y te contrate para tener una carrera ascendente en el mercado de la moda. En primer lugar, porque el dinero siempre es una medida. Entonces el resultado del azar es mensurable: acertar un n&uacute;mero a la cabeza no es lo mismo que habernos conocido en un pasillo, por las consecuencias, claro, por poder contarlo. En segundo lugar, es diferente porque para conseguir ese tipo de dinero colocado en la esperanza se debe azuzar al azar, no como el azar fortuito al que se lo deja ser y se lo llama destino.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El azar ligado al dinero es distinto al azar suelto, ese que tiene que ver, por ejemplo, con la fatalidad: ir caminando por la playa y que caiga un helicóptero y la hélice suelta te parta al medio o con la buena suerte</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Redefino qu&eacute; es azar: se sabe que no existe, que es nada m&aacute;s y nada menos que se te asigne tu parte probable dentro de la historia del tiempo. Eso es suerte, me dir&aacute;n. Pero es probable, les responder&eacute; &iquest;Cu&aacute;nto? Depende. Supongamos que poco. Bueno, es muy poco probable que te suceda. Pero puedo ir por esa suerte de que me toque a m&iacute;. Esa certeza loca es la que suena al o&iacute;do cuando el dinero es puesto a flotar en la m&aacute;quina del azar. Una forma distributiva con representaciones enredadas que mediatizan la repartija para pocos, la oportunidad latente, para no hacernos cargo (sortear es lo opuesto a repartir). El mercado, que es vivo -c&oacute;mo no serlo con ese nombre: mercado-, se organiza entonces distribuyendo, por la oferta y la demanda -en esto incluyo al trabajo, al sost&eacute;n social y a la estafa- o rifando -en esto incluyo a la herencia, a encontrar plata por la calle que se le pierde a otros y a los c&aacute;nones de la loter&iacute;a nacional-. Se sabe, desde que la sociedad es tal, que siempre hay un p&uacute;blico, llam&eacute;mosle supersticioso y desesperado, que busca la forma de conseguir el dinero apostando a que le toque en determinado momento su probabilidad. Es. por lo general, un grupo de gente casi m&iacute;stica, dir&iacute;a yo, con una pereza venenosa, pero no tanto como para no tener una fe ciega en s&iacute; mismo y su racha, con un deseo revolucionario: hacer saltar la banca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para que el azar nos mire y nos acompa&ntilde;e en la b&uacute;squeda de dinero hay que actuar. Hay que hacer con disciplina, poner el cuerpo, como dicen los que se victimizan, ir hasta la casa de quiniela y jugarle al n&uacute;mero asignado a alg&uacute;n sue&ntilde;o -una veta popular del onirismo- si es que fue so&ntilde;ado, entrar al bingo y soportar por horas las v&eacute;rtebras vencidas y la vista excitada frente a las slot machines, alguna tranquila que no agreda tanto para pasarse un buen rato contemplando las vaivenes de la racha, un buen rato ganando y perdiendo, mientras se trata de controlar al azar (el mismo que regir&aacute; nuestra propia forma de muerte), llamar al 0800 o mandar el cup&oacute;n con los datos al programa de Susana Gim&eacute;nez. Mi abuela Irene durante d&eacute;cadas esper&oacute; noches y noches salir sorteada en &ldquo;Hola Susana'', que Susana la llamara, jugar a lo que ella le propusiera y ganar un auto o el mill&oacute;n. Pero el tel&eacute;fono nunca son&oacute;. No era tan remoto.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para que el azar nos mire y nos acompañe en la búsqueda de dinero hay que actuar. Hay que hacer con disciplina, poner el cuerpo, como dicen los que se victimizan, ir hasta la casa de quiniela y jugarle al número asignado a algún sueño </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las representaciones del azar en los juegos del azar tienen algo circense: dados numerados en un contraste crom&aacute;tico revoleados en el aire, naipes iconizados en rojo y negro, tr&eacute;boles, picas, corazones y diamantes: un cuatriverso excitante, jotas, qus y kas en otro nivel, la bola rodando en la ruleta, la de Dostoieski, una verdadera rueda de la fortuna en miniatura, y caballos bufosos con jockeys diminutos disfrazados de comodines levitando sobre sus lomos. Fui algunas noches al casino cuando era una adolescente. El padre de una amiga, due&ntilde;o de cines pornogr&aacute;ficos, jugaba junto a su esposa todo el verano. Era una meta anual. La pareja ten&iacute;a un departamento muy bien puesto justo enfrente del casino de Mar del Plata que recuerdo que ten&iacute;a la particularidad de tener todos los picaportes a la altura de las rodillas de un adulto, la hip&oacute;tesis era que se lo habr&iacute;an comprado a un enano. Todas las noches cruzaban y jugaban al punto y banca, &eacute;l, y a la ruleta, ella. La jactancia de su hija era que un verano, su padre y su madrastra, hab&iacute;an perdido el auto, un Volvo, y tuvieron que volver en la clase super pullman del marplatense. Acompa&ntilde;&eacute; algunas noches a mi amiga a visitar al padre al casino, el lugar en el que lo encontraba despierto, para poder verlo y pedirle plata para la pizza, los calzones y las coronas en nuestro departamento alquilado junto a otras chicas en un t&iacute;pico veraneo juvenil inici&aacute;tico. D&aacute;bamos vueltas por las mesas, en un silencio atento, mir&aacute;bamos el arte quirom&aacute;ntico de los croupiers, las fichas de colores nacarados que hacen las veces del dinero para mantener decoro, para reducir volumen, claro est&aacute;, pero sobre todo para que los jugadores no se distraigan con los billetes, su perdici&oacute;n, y se concentren en el puto juego. Aspir&aacute;bamos la bruma lud&oacute;pata del tabaco y &eacute;ramos ignoradas -no como en la playa- por esas personas abismadas en su c&aacute;lculos, en sus tiros, absorbidas sus vidas por las vueltas del azar. Despu&eacute;s, el padre de mi amiga nos llevaba al bar del casino, un gran espacio dorado, atl&aacute;ntico, atendido por mozos de blazer blanco a tomar cocas y comer tostados mixtos. El padre cambiaba algunas fichas en la caja enrejada en bronce y nosotras volv&iacute;amos a nuestra timba de playa vespertina y boliche matutino a seguir gastando nuestro cre&iacute;do derecho a las ganancias ocasionales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el libro El poder del juego de Federico Poore y Ram&oacute;n Indart hay datos lamentables sobre la explotaci&oacute;n de la ludopat&iacute;a humana para el negocio de la pol&iacute;tica argentina. Datos de c&aacute;nones millonarios que se supone retornan como obras de bien para la ciudadan&iacute;a, una vez descontados los premios, pero no siempre sucede. Los resultados a la vista y en el circuito, todas las suspicacias imaginables. El pa&iacute;s est&aacute; lleno de tragamonedas, que dejaron demod&eacute; a los juegos de pa&ntilde;o o a los cartones de los bingos, por la captaci&oacute;n solitaria que hacen de los jugadores las maquinitas. La trampa est&aacute; en que no se sienta una mirada reprobatoria cuando llega la voz diab&oacute;lica de la tentaci&oacute;n: &ldquo;Un tirito m&aacute;s&rdquo;. Pero alguien programa el azar en esas m&aacute;quinas. En alg&uacute;n momento del ciclo tiene que dar un premio. Nadie sabe cu&aacute;ndo ser&aacute;. Solo los empresarios del juego que miden la rentabilidad en metros cuadrados de m&aacute;quinas instaladas, como las hect&aacute;reas de un sembrad&iacute;o. No hay que tener destreza alguna, como por ejemplo en el Candy Crush que, dicho sea de paso, acaba de ser comprado por Microsoft en sesenta mil millones de d&oacute;lares; solo hay que bajar la palanca hasta encontrar ese momento y pagar por cada gesto. Los sectores bajos son los que m&aacute;s juegan: tienen todo por tener, todo por perder, todo por so&ntilde;ar, todo por desesperar. Hay ciudades provinciales en las que solo tienen el casino como lugar de esparcimiento, no hay ni un cine ni un teatro. La cuarentena, para colmo, impuls&oacute; con voracidad adictiva y gracias al encierro todo tipo de apuestas online: <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/controversia-juegos-on-line-pandemia-aumento-oferta-habilitaron-pais_1_8658106.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde carreras de criptomonedas hasta prodes de muertes de famosos longevos</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mis barajas hoy: doscientos cinco mil pesos para llevar a mis tres hijos a un recital grande, de un artista o banda internacional y todos los gastos accesorios de esa noche, como a los que fui con el uno a uno, &iquest;por qu&eacute; no?, o guardar la compostura ciudadana, la &eacute;tica del artista, el perfil bajo, la resignaci&oacute;n y no hacerle el juego a nadie. Chau, Susana. Chau, Milei.
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Angeles Salvador]]></dc:creator>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Juegos de azar on line,Ludopatía]]></media:keywords>
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