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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sandro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sandro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sandro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sandro, de todas y de cada una]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/sandro_129_12546428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a58ee2a5-d2c3-43ee-aa1f-a1404a8fe2ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sandro, de todas y de cada una"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este martes Sandro hubiera cumplido 80 años. Momento más que propicio para recuperar fragmentos de dos columnas –que escribí 2001 y 2004– que corresponden, respectivamente, a las últimas series de recitales que dio Roberto Sánchez en el Gran Rex con un éxito arrasador, escritas luego de asistir a ambos espectáculos.
</p></div><h2 class="article-text"><strong>Archicofrad&iacute;a (2001)</strong></h2><p class="article-text">
        Imposible no conmoverse, no sentirse del lado de estas mujeres que han salvaguardado una suerte de inocencia que les permite esa entrega sin restricciones, que las predispone a dos horas de pura, indecible felicidad. Representantes de una clase media empobrecida, ellas vinieron con sus mejores pilchas, muchas despu&eacute;s de ardua doble jornada en la casa y en el trabajo remunerado, despu&eacute;s de -probablemente- dejar todo listo para que maridos y otros integrantes de la familia no protestaran.
    </p><p class="article-text">
         Porque, harto sabido, estas actuaciones de Sandro son, b&aacute;sicamente, una fiesta de mujeres (&ldquo;mis mujeres&rdquo;, las llama &Eacute;l) en la que se cuelan apenas algunos contados hombres, aves extra&ntilde;as en el seno &ndash;dicho sea con triple intenci&oacute;n- de esta archicofrad&iacute;a femenina en la que participan hijas, madres y sobre todo abuelas nada sofisticadas, portadoras de canas sin te&ntilde;ir unas cuantas. Es que al rev&eacute;s de lo que sucede con las fans &ndash;en general, m&aacute;s que con los fans- de iconos del canto y la m&uacute;sica, habitualmente j&oacute;venes dispuestas al peregrinaje y la larga espera, Sandro convoca a un amplio abanico de mujeres de muy distintas edades que marchar&aacute;n obstinadas y jubilosas a comprar la entrada, a tomarse trenes, subtes y colectivos, a congregarse en la puerta del teatro para verlo, escucharlo, dialogar colectivamente, amorosamente con &eacute;l, jugar su juego, siempre entre el &eacute;xtasis y la risa.
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         Si la belleza existe en la mente de quien la contempla, Sandro es el m&aacute;s bello a pesar de los signos evidentes de la edad (y el cigarrillo) en el rostro y en el cuerpo. A su p&uacute;blico no le importa tener que bancarse con sol&iacute;cita disposici&oacute;n los sketches de Camero y Santoiani, si sirven para darle un respiro al &iacute;dolo antes o despu&eacute;s de que suelte su voz milagrosamente preservada, que adem&aacute;s del repertorio previsible ofrecer&aacute; dos descacharrantes versiones de <em>Honrar la vida</em> y <em>El d&iacute;a que me quieras</em>. Y hay que ver la delicadeza de  trovador cort&eacute;s con que trata a la chica de Merlo que se gan&oacute; &ndash;en nombre de todas- la ventura de estar con &eacute;l sobre la escena y dar unos pasos de baile.
    </p><p class="article-text">
        Parece mezquino detenerse en el presunto &ldquo;mal gusto&rdquo; de algunos detalles del vestuario o de la escenograf&iacute;a (nada m&aacute;s ortodoxamente kitsch que la reproducci&oacute;n del cuadro del caf&eacute; de Arl&egrave;s, de Van Gogh, que se sale del marco, pero ese concepto no roza ni de lejos las intenciones del cantante) porque el fen&oacute;meno de este artista pasa por otro lado. M&aacute;s vale tomarlo o dejarlo: las chicas de toda edad que agotaron las entradas disponibles hasta el momento &ndash;y tantas otras que no pudieron juntar la plata para comprarlas- lo toman as&iacute;, incondicionalmente, con &aacute;nimo de amarlo para siempre.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un dios sin ateas (2004)</strong></h2><p class="article-text">
         Dios desde hace cuarenta a&ntilde;os de una religi&oacute;n de mujeres, de generaciones de mujeres que practican el culto en privado oyendo sus temas, coleccionando notas period&iacute;sticas, viendo sus pel&iacute;culas hasta que &ndash;cuando por fin se anuncian las presentaciones- llega la ansiada hora del rapto, del &eacute;xtasis. Y entonces ellas, sus almas y sus corazones vueltos hacia su deidad, se despojan de toda individualidad para fundirse enteramente con &Eacute;l. Porque, obvio es decirlo, las fans no se lo disputan a Sandro entre ellas porque saben que es de todas. Y es esta comunidad de sentimientos, este v&iacute;nculo de unidad que se produce en el templo &ndash;el Gran Rex, en la ocasi&oacute;n- lo que permite que todas las fieles de esta religi&oacute;n acepten de buen grado que una de ellas &ndash;la favorecida por el azar- suba al escenario y las represente, embebida de emoci&oacute;n al ser abrazada por su divinidad.
    </p><p class="article-text">
         Pero Sandro es un dios chacot&oacute;n, seductor, que se toma el pelo, que se reconoce mortal (&ldquo;Me fui, pero ya volv&iacute;/ la muerte no me oli&oacute;,/ por al lecho me sigui&oacute;&hellip;&rdquo;, entona al comenzar el espect&aacute;culo, aludiendo a la gravedad de la neumon&iacute;a que lo atac&oacute; a fines de 2002). Sandro se puede permitir convocar a la imponente Rita Cortese para que haga una gitana de ley, a un coro llamado Butterfly de mu&ntilde;equitas japonesas de kimono y rodete para que entonen <em>B&eacute;same mucho</em> en japon&eacute;s, y asimismo pedirle a la orquesta que interprete el inicio de <em>As&iacute; hablaba Zaratustra</em>&hellip; Gustos que se da el astro, que tienen su sello genuino y forman parte de la liturgia que lo suele acompa&ntilde;ar. A ninguna de las integrante de su grey se le ocurrir&iacute;a cuestionar alg&uacute;n detalle de su show. La m&iacute;stica es as&iacute;, entregada y confiada, absoluta, al margen de todo proceso intelectivo.
    </p><p class="article-text">
        (<em>Con mucho orgullo y alardeando un poquito, no puedo dejar de contar que, despu&eacute;s de este &uacute;ltimo comentario, Sandro -a quien no conoc&iacute;a personalmente- me mand&oacute; a mi casa un ramo enorme de rosas rojas, con una tarjeta en la que dec&iacute;a: &ldquo;Para la vergonzosa, del desvergonzado. Gracias&rdquo;. Refiri&eacute;ndose con este gui&ntilde;o a que, cuando desde el escenario nombr&oacute; a periodistas presentes -para que el p&uacute;blico del Gran Rex los aplaudiera- que se pon&iacute;an de pie, yo me achiqu&eacute; en mi butaca, paralizada entre la timidez y la idea de que no me merec&iacute;a ni remotamente ese aplauso. Pero guardo celosamente el espectro de una de las rosas y la encantadora tarjeta firmada</em>)
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota publicada en la revista </em><a href="https://www.damiselasenapuros.com.ar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Damiselas en apuros</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Moira Soto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/sandro_129_12546428.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Aug 2025 14:05:17 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa, Rosa tan maravillosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rosa-rosa-maravillosa_129_12231266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00beedb3-6a99-4aa1-9e2d-8893021dd3b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosa, Rosa tan maravillosa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rituales de pasaje, como separarse y mudarse. La evocación del levantamiento del Gueto de Varsovia, del ídolo y del padre. Luchar, cantar, dar de comer: gestos esenciales.</p></div><p class="article-text">
        Dicen que el divorcio y la mudanza son de los rituales de pasaje m&aacute;s intensos y estresantes. Como para algunos viajar en avi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Por lo visto, antes de despegar reducen el nivel de ox&iacute;geno en la cabina para adormecer a la gente -me explic&oacute;-. As&iacute; que no deber&iacute;an quejarse cuando da resultado. Tengo un amigo que pilota estas m&aacute;quinas. Fue &eacute;l quien me lo cont&oacute;.
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        El que habla es el vecino de asiento de Faye, una escritora que viaja a Europa para promocionar el libro que acaba de publicar. Es apenas un fragmento de la novela <em>Prestigio</em>, de la canadiense&nbsp;<strong>Rachel Cusk</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Faye conversa con el hombre con el que viaja, un desconocido, quien le cuenta sobre la noche espantosa que acaba de atravesar enterrando al perro de la familia. La muerte de un ser querido, la mascota lo es, es otra de las causas de intensidad y estr&eacute;s, como las separaciones y cualquier tipo de cambio radical.
    </p><p class="article-text">
        Leo los ep&iacute;grafes que eligi&oacute; nuestra <strong>In&eacute;s Garland</strong> para la breve y hermosa nouvelle <em>Una vida m&aacute;s verdadera, </em>que devor&eacute; y luego degust&eacute; hace unos a&ntilde;os.<em> Lo que es poderoso es el destello de una vida m&aacute;s verdadera </em>(<strong>James Salter</strong>). <em>Quiz&aacute;s s&oacute;lo la ruina podr&iacute;a dar/ la medida exacta, as&iacute; como la muerte est&aacute;/ en la balanza con el nacimiento,/ y la ignorancia con el amor. (</em><em><strong>Sharon Olds</strong></em><em>) </em>
    </p><p class="article-text">
        Nunca son arbitrarias las elecciones. Ni al escribir, ni al decidir separarse. Tampoco las mudanzas, aunque en todos estos actos haya peque&ntilde;os impulsos previos que ayudan a reconfigurar las obras. Porque narrar, poetizar, distanciarse de alguien o cambiar de vivienda son formas de obrar, de construir algo nuevo a partir de experiencias anteriores.
    </p><p class="article-text">
        <em>Extra&ntilde;o mucho a la que fui con vos./ No me la encontr&eacute; nunca m&aacute;s./ Y al que eras vos conmigo/tampoco me lo encontr&eacute; nunca m&aacute;s.</em>
    </p><p class="article-text">
        La narradora de Garland<em> </em>va en busca de una verdad que pulsa por aparecer en el futuro y aunque en parte se ancla en el pasado con un otro, abre todas las preguntas que un presente novedoso ofrece en los t&eacute;rminos del amor, de la existencia compartida.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n no ha sufrido como consecuencia de un v&iacute;nculo amoroso?
    </p><p class="article-text">
        Y ese dolor, &iquest;es s&oacute;lo causado por dificultades personales? &iquest;Es culpa del otro? O, mejor, &iquest;no es, adem&aacute;s de las responsabilidades que nos caben, efecto de las fuerzas que emanan de la naturaleza de lo social y las instituciones propias de este tiempo? La explicaci&oacute;n sociol&oacute;gica la investiga la marroqu&iacute; <strong>Eva Illouz</strong> en un volumen de 364 p&aacute;ginas que Capital Intelectual y Katz publicaron en 2012, <em>Por qu&eacute; duele el amor</em>. Un libro que va a la matriz cultural que constituye el n&uacute;cleo de la modernidad y contabiliza sus enormes dificultades, en el plano del deseo y del amor.
    </p><p class="article-text">
        El 19 de abril de 1943, Mordejai Anilevich, un muchacho nacido en Varsovia, est&aacute; en estado de alerta.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a vuelto a su ciudad en 1940 con su novia&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mira_Fuchrer" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mira Fuchrer</a>, donde organiz&oacute; grupos guerrilleros en el Gueto. Tambi&eacute;n elabor&oacute; publicaciones clandestinas, arm&oacute; reuniones y seminarios con sus compa&ntilde;eros, y viaj&oacute; a otras ciudades para establecer contacto con distintos grupos insurgentes.
    </p><p class="article-text">
        En el verano de 1942, Mordejai estaba en el suroeste de Polonia - entonces anexado a Alemania, como&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Silesia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Provincia de Alta Silesia</a>-, intentando darles forma a las fuerzas defensivas jud&iacute;as. Cuando regres&oacute; a Varsovia, descubri&oacute; que hab&iacute;a ocurrido una deportaci&oacute;n masiva de jud&iacute;os al&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Campo_de_exterminio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">campo de exterminio</a>&nbsp;de&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Treblinka" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Treblinka</a>, y solo 60 mil personas de las 350.000 originales permanec&iacute;an en el Gueto. Se uni&oacute; a la &#379;OB, y en noviembre fue elegido comandante en jefe. A inicios de 1943, estableci&oacute; comunicaci&oacute;n con el&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Armia_Krajowa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Armia Krajowa</a>, el Ej&eacute;rcito Territorial Polaco, y recibi&oacute; armamentos de este grupo polaco exiliado.
    </p><p class="article-text">
        Los alemanes lanzaron su contraataque contra el gueto, logrando reducir a la resistencia jud&iacute;a. Sin embargo, los defensores de ese territorio cercado siguieron escondi&eacute;ndose en los desag&uuml;es y los s&oacute;tanos, aunque ya sin una resistencia organizada.
    </p><p class="article-text">
        El 18 de enero de 1943, los nazis intentaron concretar el segundo env&iacute;o deportando a los jud&iacute;os restantes a los campos de concentraci&oacute;n, pero la&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%C5%BBOB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&#379;OB</a>&nbsp;y la&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%C5%BBZW" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&#379;ZW</a> los&nbsp;expulsaron. Ac&aacute;, Anielewicz jug&oacute; un papel fundamental dando inicio al&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Levantamiento_del_Gueto_de_Varsovia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">levantamiento del Gueto de Varsovia</a>.
    </p><p class="article-text">
        El 19 de abril los alemanes lanzaron su contraataque, logrando reducir a la resistencia jud&iacute;a. Pero los defensores del gueto siguieron escondi&eacute;ndose en los desag&uuml;es y los s&oacute;tanos del mismo, aunque ya sin presentar una resistencia organizada.
    </p><p class="article-text">
        El 8 de mayo, Mordejai,&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mira_Fuchrer" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mira</a>&nbsp;y otros l&iacute;deres de la resistencia se suicidaron en su b&uacute;nker del Gueto.
    </p><p class="article-text">
        Aprendo con la docente, poeta, fot&oacute;grafa y guionista Andi Nachon el sentido de una constelaci&oacute;n l&eacute;xica en un poema. Se trata de que cada &nbsp;palabra sea el centro de un conjunto de vocablos con la potencia de asociar im&aacute;genes, sonidos e ideas.
    </p><p class="article-text">
        Escribo combate -&nbsp;poder - lo peque&ntilde;o - dolor - alegr&iacute;a - splash. Anteceden a las separaciones y adem&aacute;s las atraviesan. Intento: <em>Y un d&iacute;a descubr&iacute; que la escritura es poder/ Poder poderoso/ No el que corrompe ni el que mata/ No el absoluto/ Poder splash/ El del jud&iacute;o errante./ El expulsado Baruch/ Escribe en la escritura descansa del combate/ se consuela y sosiega mientras intenta algo que lo sustraiga de la desdicha/ aunque a veces/ una peque&ntilde;a idea se agiganta y devora todo./ La alegr&iacute;a y el dolor en su movimiento acompasado/ crean el misterio de lo bello.</em>
    </p><p class="article-text">
        Releo y observo que al texto le falta un anclaje territorial. Hannah y Marror, como Baruch y Samid, son forzadas a exiliarse de su lugar. Empiezan a vagar en busca de un espacio propio. Van con sus familias, luego solas. Las han separado. De su presente, de su origen, de su modo de producci&oacute;n, circulaci&oacute;n y consumo. Pero llevan sus m&uacute;sicas medio orientales, se mecen en ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Anoche fui a ver y a escuchar <em>Sandro, el gran show</em>, invitaci&oacute;n del amigo y sonidista <strong>Toni Rodr&iacute;guez</strong>. Un show magistral que trae la magia de El Gitano, aquel de Am&eacute;rica debati&eacute;ndose entre Roberto y su nombre en el arte. Lo dirige <strong>Ana Sanz</strong> y le agradezco al amor de adolescencia de Irene ese par de ubicaciones privilegiadas en la platea del teatro Coliseo.
    </p><p class="article-text">
        Me cuenta algo que nunca supe o no recordaba. &ldquo;Tu padre sab&iacute;a que yo pasaba hambre y me dio de comer. &Eacute;l entendi&oacute; todo&rdquo;. Evocamos juntos a Isaac, haciendo teatro en el Margarita Xirgu de San Telmo. Lo traemos a otra sala, en la que ahora escucho claras y distintas las voces de <strong>Alan Madanes</strong>, <strong>Nacho P&eacute;rez Cort&eacute;s</strong>, <strong>Sof&iacute;a Val</strong> y <strong>Malena Rossi</strong>, quienes danzan junto a un cuerpo de bailarines y un conjunto de m&uacute;sicos en vivo. El elenco tiene incontables cambios de vestuario (los dise&ntilde;os pop son espectaculares) y la iluminaci&oacute;n es h&iacute;per creativa. El espect&aacute;culo, codirigido por <strong>Julio Panno</strong>, cuenta la historia de un muchacho que se enfrenta al desaf&iacute;o de interpretar los temas del &iacute;dolo de B&aacute;nfield, aquel so&ntilde;ado por &ldquo;las nenas&rdquo;, destinatario de miles de bombachas por su estilo tan sensual y propio.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, vuelvo a mirar en el celular los avisos de las inmobiliarias. Busco un pehache para abrir la puerta de entrada a una nueva etapa. <em>Si algo ha de morir... S&iacute;, algo ha de morir.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rosa-rosa-maravillosa_129_12231266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Apr 2025 03:03:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rosa, Rosa tan maravillosa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sandro,Rachel Cusk,Eva Illouz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro comienzos (y el principio de un final)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuatro-comienzos-principio-final_129_10954502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/872497ab-7042-494c-923c-2347e43b5008_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro comienzos (y el principio de un final)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Manal y una bomba, La Barra de chocolate de Pajarito Zaguri y los 30 minutos de vida de Moris. Las voces alzadas de tres ex integrantes de un grupo llamado Los Beatniks. Y el presente de Vox Dei. Entre 1969 y 1970 el Beat dejó de llamarse como se llamaba, hubo tres festivales y una revista que fue la primera en hablar de “rock nacional”. Y también, una nota en la revista Primera Plana que decretaba el final.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Es una bomba&rdquo;, se dec&iacute;a de ellas. No se trataba de mujeres apenas bellas. M&aacute;s bien despampanantes. Explosivas. Y esas bombas usaban bikini, una peque&ntilde;a prenda cuyo nombre hab&iacute;a ca&iacute;do desde un atol&oacute;n en el Pac&iacute;fico, junto con la bomba nuclear arrojada all&iacute;, en Bikini, con la que el gobierno estadounidense comenz&oacute;, en 1946, la carrera armamentista que sirvi&oacute; de tel&oacute;n a la Guerra Fr&iacute;a. El creador de esa indumentaria de dos piezas hab&iacute;a sido un ingeniero automovil&iacute;stico, <strong>Louis R&eacute;ard</strong>. Y la striper <strong>Michelini Bernardini</strong> la bautiz&oacute; sin querer cuando le dijo, antes de la presentaci&oacute;n en p&uacute;blico: &ldquo;El desfile va a ser una bomba m&aacute;s fuerte que la de Bikini&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1967, el a&ntilde;o del Sargento Pepper, una modelo argentina sal&iacute;a por primera vez en la tapa de una revista de inter&eacute;s general editada por una empresa familiar ligada a los sectores m&aacute;s conservadores de la iglesia cat&oacute;lica. La publicaci&oacute;n apelaba en su nombre a aquellos que all&iacute; aparec&iacute;an como personajes y, claro, a sus consumidores: <em>Gente</em>.&nbsp;Y el t&iacute;tulo de aquella tapa rezaba: &ldquo;Susana Gim&eacute;nez mat&oacute; en Mau-Mau&rdquo;. Bombas que mataban.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en un lugar llamado Tres Cascadas, situado en un paraje de Ascochinga, en C&oacute;rdoba, la bomba filmaba el anuncio comercial de un jab&oacute;n de tocador, lo m&aacute;s cercano al erotismo expl&iacute;cito que la dictadura eclesi&aacute;stico-militar de ese momento pod&iacute;a permitir. Mientras, en la caoital de esa misma provincia y en las ciudades de Corrientes, Rosario (Santa Fe) y Cipoletti (R&iacute;o Negro), otras explosiones resquebrajaban el poder del Tte Gral <strong>Juan Carlos Ongan&iacute;a</strong>, presidente de facto&nbsp;desde el golpe de Estado del 28 de junio de 1966. Un jab&oacute;n y unas pompas (&iquest;bombas?) que explotaban haciendo &ldquo;shock&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Una bomba, en la Argentina, ten&iacute;a otras resonancias. El 26 de junio de 1910, durante una funci&oacute;n de la &oacute;pera <em>Manon</em>, de <strong>Jules Massenet</strong>, un artefacto explosivo colocado aparentemente por anarquistas &ndash;acusaron a <strong>Iv&aacute;n</strong> o <strong>Juan Romanoff</strong>, un inmigrante ruso, aunque nunca hubo pruebas de su participaci&oacute;n&ndash; hab&iacute;a detonado bajo los asientos 422 y 424, en la fila 14 de la platea del Teatro Col&oacute;n de Buenos Aires.<strong> Dolores Urquiza</strong>, hija del general entrerriano que en 1852 hab&iacute;a derrocado a <strong>Juan Manuel de Rosas</strong>, su antiguo aliado, y que m&aacute;s tarde fue degollado por sicarios en su palacio provincial&ndash;, exclamaba con voz sonora, entre el humo y las corridas del p&uacute;blico, &ldquo;coraje, compatriotas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro 26 de junio, en 1955, un escuadr&oacute;n de la aviaci&oacute;n naval argentina hab&iacute;a matado 308&nbsp;personas y herido a otras 800 al bombardear la Plaza de Mayo de la ciudad capital. 
    </p><p class="article-text">
        En 1969, <strong>Susana Gim&eacute;nez</strong> hac&iacute;a shock en blanco y negro en los televisores argentinos, y un grupo musical participaba de un film semi experimental &ndash;donde Gim&eacute;nez aparec&iacute;a brevemente, bailando&ndash; dirigido por <strong>Ricardo Beche</strong>r y titulado <em>Tiro de gracia</em>. El tr&iacute;o se llamaba <strong>Manal</strong> y ese a&ntilde;o actuaba en el primer festival m&aacute;s o menos masivo destinado a la m&uacute;sica juvenil en la Argentina y empezaba a grabar su primer disco de larga duraci&oacute;n. El &aacute;lbum se edit&oacute; a comienzos del a&ntilde;o siguiente, en febrero de 1970 y en su tapa, contra un fondo amarillo, una bomba en blanco y negro conten&iacute;a las caras de sus integrantes, el guitarrista <strong>Claudio Gabis</strong>, el bajista <strong>Alejandro Medina</strong> y su baterista y cantante, <strong>Javier Mart&iacute;nez</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La idea de la bomba &ndash;eran los a&ntilde;os del boom latinoamericano en el campo literario, del boom del folklore en el consumo masivo de la Argentina y hab&iacute;a una generaci&oacute;n conocida como <em>Baby Boom</em>&ndash; no era ajena, en todo caso, a lo que all&iacute; suced&iacute;a musicalmente. Y a los explosivos efectos de un grupo cuyas fuentes poco ten&iacute;an que ver con la prosapia de un g&eacute;nero que a&uacute;n se llamaba beat y que en muy poco tiempo empezar&iacute;a a ser nombrado como &ldquo;m&uacute;sica progresiva&rdquo;. Las historias posteriores lo consideraron fundante de esa entelequia bautizada &ldquo;rock nacional&rdquo;. Los integrantes del tr&iacute;o, esa &ldquo;buena mano&rdquo; &ndash;variaci&oacute;n personal sobre la jerga juvenil del momento y sobre la obligada pregunta &ldquo;c&oacute;mo viene la mano&rdquo;&ndash;, ese grupo de &ldquo;m&uacute;sica negra&rdquo;, cercano al jazz, al mundo de los happenings, al cine moderno del Grupo de los cinco y al universo que circulaba por el Bar Moderno, fueron los primeros en sorprenderse. Manal se codeaba con los dise&ntilde;adores&nbsp;gr&aacute;ficos de moda, con los poetas malditos de la escena porte&ntilde;a y con una cierta adaptaci&oacute;n marginal &ndash;y marginada&ndash; del universo beatnik. Ese grupo que convert&iacute;a la improvisaci&oacute;n &ndash;y el virtuosismo instrumental&ndash; en credo y que cantaba en castellano manifiestos anti burgueses, retratos de la angustia existencial y poderosas acuarelas de una ciudad atravesada por el blues y las amenazas nocturnas, no hac&iacute;a rock. No todav&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Eladia</h3><p class="article-text">
        En 1958, <strong>Eladia Bl&aacute;zquez</strong>, la autora de tangos m&aacute;s importante de las d&eacute;cadas del 60 y del 70, hab&iacute;a grabado por primera vez una canci&oacute;n propia. &ldquo;Un cigarrillo y un poco de alcohol/ y en mi ventana muri&eacute;ndose el sol&rdquo;, cantaba la autora, con dicci&oacute;n centroamericana para la &ldquo;ll&rdquo;, a la manera de los boleros. La acompa&ntilde;aba el grupo <strong>Los cuatro del Sur</strong>, encabezado por el contrabajista de jazz <strong>Jorge L&oacute;pez Ruiz</strong>. El tema no era un tango sino un blues. Y, si se escucha la versi&oacute;n de Bl&aacute;zquez de su famoso &ndash;y bello&ndash; &ldquo;Sue&ntilde;o de barrilete&rdquo;, incluido en su primer disco de larga duraci&oacute;n, editado, igual que el primero de Manal, en 1970, el gesto del blues &ndash;el fraseo, la respiraci&oacute;n, el desplazamiento r&iacute;tmico de la voz&ndash; es inocultable. En ese sabor a blues no es un dato menor, por otra parte, el piano de <strong>Osvaldo Berlingieri</strong>, un m&uacute;sico que, tanto en sus tr&iacute;os y cuartetos, con <strong>Leopoldo Federico</strong> o <strong>Ernesto Baffa </strong>en bandone&oacute;n, como en sus grabaciones con <strong>Roberto Goyeneche</strong>,&nbsp;frecuentemente coqueteaba con <em>blue notes</em> y elementos mel&oacute;dicos y r&iacute;tmicos del jazz. Blues en Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        La voz de Mart&iacute;nez, que hab&iacute;a integrado el grupo <strong>Los Beatniks </strong>junto con <strong>Moris Biravent </strong>y <strong>Pajarito Zaguri</strong>, no pod&iacute;a pasar desapercibida. Contrariaba, por lo pronto, la tendencia a las voces declaradamente juveniles &ndash;y agudas&ndash; dominante en el pop. Era &ndash;o trataba de ser&ndash; una voz adulta: era grave, ten&iacute;a una ronquera que s&oacute;lo pod&iacute;a deberse a la experiencia &ndash;el humo y el alcohol a los que hab&iacute;a cantado Eladia Bl&aacute;zquez, con voz, ella tambi&eacute;n, grave y con ronquera&ndash; y que adem&aacute;s remit&iacute;a, sin lugar a dudas, al universo del Rhythm &amp; Blues negro. Si el modelo instrumental de Manal se ubicaba cerca de <strong>Cream</strong>, el tr&iacute;o de <strong>Eric Clapton</strong>, <strong>Jack Bruce</strong> y <strong>Ginger Baker</strong> &ndash;los amigos hab&iacute;an bautizado al grupo Ricota, en referencia a la crema de aquel tr&iacute;o&ndash; la voz ten&iacute;a como fuente m&aacute;s evidente a <strong>Ray Charles</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, Mart&iacute;nez era baterista. No hab&iacute;a muchos que tocaran ese instrumento y cantaran a la vez y &eacute;l, por otra parte, nada ten&iacute;a que ver, en su manera de tocar, con el pop de entonces. La bater&iacute;a dialogaba con la voz, la bordeaba, la ornamentaba, y establec&iacute;a un rico contrapunto con los dem&aacute;s instrumentos. Mart&iacute;nez no cantaba desde el lugar de la bater&iacute;a, al fondo del escenario, sino que, al contrario, colocaba a ese instrumento en el centro y al frente. En el lugar de la voz. Hab&iacute;a una identificaci&oacute;n simbi&oacute;tica entre el grupo y ese cantante que transgred&iacute;a en casi todo el modelo de &iacute;dolo pop &ndash;empezando, posiblemente, por sus anteojos, un elemento totalmente ausente de la iconograf&iacute;a del g&eacute;nero hasta las lentes redondas que Lennon estren&oacute; sobre el final de la historia Beatle&ndash;.
    </p><h3 class="article-text">Javier</h3><p class="article-text">
        Javier Mart&iacute;nez, en una fiesta de cumplea&ntilde;os, compon&iacute;a junto con Claudio Gabis &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;. El lugar era el departamento de <strong>Pir&iacute; Lugones</strong>, en el Hogar Obrero, un fruto del cooperativismo con la forma de un edificio monumental de 22 pisos, en Caballito. Lugones, nieta del poeta e hija del inventor de la picana el&eacute;ctrica, pareja del escritor <strong>Rodolfo Walsh</strong> y fact&oacute;tum de la Editorial Jorge &Aacute;lvarez y de su extensi&oacute;n musical, el &nbsp;sello Mandioca (&ldquo;la madre de los chicos&rdquo;) ser&iacute;a, en 1976, una de las v&iacute;ctimas de la nueva dictadura militar. Secuestrada y desaparecida.
    </p><p class="article-text">
        La revista <em>Pelo</em> comenz&oacute; a publicarse en febrero de 1970, al mismo tiempo que se editaba el primer disco de larga duraci&oacute;n de Manal. Un disco llamado, como ellos, Manal pero al que todos llamaron &ldquo;La Bomba&rdquo;. La tapa de ese N&uacute;mero 1 anunciaba dos art&iacute;culos de fondo: &ldquo;EXCLUSIVO: Los dos McCartney&rdquo;, &ldquo;EXTRA: Los 30 mejores conjuntos del mundo&rdquo;.&nbsp;Debajo de ese anuncio, con la misma tipograf&iacute;a pero con may&uacute;sculas solo en el comienzo de cada palabra: &ldquo;Gran Poster: John y Yoko&rdquo;, En el z&oacute;calo de la tapa se agrupaban varios t&iacute;tulos m&aacute;s, separados entre s&iacute; por unos peque&ntilde;os c&iacute;rculos y con tipograf&iacute;a m&aacute;s peque&ntilde;a: &ldquo;Los millones de los Beatles&rdquo;, &ldquo;El cansancio de Los Gatos&rdquo;., &ldquo;El &uacute;ltimo d&iacute;a de Brian Jones&rdquo;, &ldquo;Manal, Almendra y la sexy Fedra&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cinco p&aacute;ginas de publicidad y noticias breves, en la p&aacute;gina 6 comenzaba una entrevista a <strong>Almendra</strong>, titulada &ldquo;La &oacute;pera de la magia&rdquo;, en la que el grupo hablaba precisamente de su &oacute;pera &ndash;que jam&aacute;s lleg&oacute; a ser completada pero cuya Obertura fue incluida en el segundo disco de larga duraci&oacute;n del grupo&ndash; y de posibles giras &ndash;o emigraciones&ndash; al exterior. <strong>Paul McCartney</strong> y su hermano <strong>Mike</strong> (integrante del grupo <strong>Scaffold</strong>), cuya foto ilustraba tambi&eacute;n la tapa de la revista, un reportaje a <strong>Fedra</strong> (parte de un d&uacute;o con alguien llamado <strong>Maximilano</strong>), un art&iacute;culo sobre el grupo <strong>Piel Tierna</strong> (gestores de un m&oacute;dico hit con la canci&oacute;n &ldquo;El Loco Luis&rdquo;), un supuesto reportaje a <strong>Janis Joplin</strong>, una rese&ntilde;a sobre un grupo de dise&ntilde;adores de prendas&nbsp;unisex en Londres, la anunciada entrevista acerca del cansancio de <strong>Los Gatos</strong> &ndash;recientemente reconvertidos en grupo de rock, con <strong>Pappo</strong> en la guitarra&ndash;, notas sobre <strong>John </strong>y Yoko y sobre los <strong>Rolling Stones</strong> y su &uacute;ltimo disco, <em>Let it Bleed </em>y el &ldquo;informe especial&rdquo; acerca de &ldquo;Los 30 grupos de la revoluci&oacute;n pop&rdquo;, preced&iacute;an una foto conjunta &ndash;una especie de mini poster&ndash; de Almendra y Manal. En esa p&aacute;gina 35 de la revista no hab&iacute;a ning&uacute;n t&iacute;tulo ni ep&iacute;grafe. Tan solo la imagen que, es obvio, deb&iacute;a bastar para los lectores.
    </p><p class="article-text">
        Cinco p&aacute;ginas m&aacute;s adelante comenzaba la entrevista con Manal. Una entrevista agresiva, sin firma aunque realizada por el propio director de la revista, <strong>Daniel Ripoll</strong>, centrada en un recital donde el grupo hab&iacute;a rondado, para disgusto del entrevistador, la improvisaci&oacute;n libre. Algo que ya se hab&iacute;a escuchado &ndash;o que algunos pocos hab&iacute;an escuchado&ndash; en las participaciones de Manal en la pel&iacute;cula de Becher. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros hicimos nuestra m&uacute;sica de siempre. Simplemente se meti&oacute; la nariz en cosas donde nunca antes lo hab&iacute;amos hecho&rdquo;, dec&iacute;a Mart&iacute;nez. Y ante la pregunta de <em>Pelo</em> (&ldquo;&iquest;En qu&eacute; cosas se metieron?&rdquo;) respond&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Ahhhhhhhh! &iexcl;No! De eso se tiene que haber dado cuenta el p&uacute;blico. O vos mismo. Si no, &iquest;a qu&eacute; fuiste?&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        En su segundo n&uacute;mero, Pelo publicaba la cr&iacute;tica del LP.&nbsp;&ldquo;&iquest;Y Qu&eacute; se puede decir de Manal? &iquest;Qu&eacute; son buenos? Eso ya lo sabe demasiada gente&rdquo;, comenzaba. &ldquo;La m&uacute;sica es de calidad, quiz&aacute; algo tradicional &ndash;no para la Argentina&ndash; pero excelentemente pensada&rdquo;, defin&iacute;a. Y en su descripci&oacute;n rubricaba: &ldquo;Las letras no tienen poes&iacute;a. Nada. Pero conmueven porque son duras. Y eso, a veces, hace falta&rdquo;. Por un lado estaba la evidente ceguera de quien no reconoc&iacute;a la posible poes&iacute;a de la dureza: el desgarro de frases como &ldquo;Hoy adivino qu&eacute; me pasa, por qu&eacute; mi nombre no soy yo, por qu&eacute; no tengo una casa, por qu&eacute; estoy solo y no soy&rdquo; o la contundencia expresiva de las oraciones secas y perfectas de &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;. Por otro, es necesario reparar en el hecho de que esa publicaci&oacute;n, que fue inmensamente influyente en la configuraci&oacute;n del canon de lo que poco despu&eacute;s llam&oacute; &ldquo;rock nacional&rdquo;, tuvo siempre un&nbsp;tono reglamentador. 
    </p><p class="article-text">
        Un objetivo que se plasm&oacute; en la formulaci&oacute;n del eje &ldquo;progresivo/ complaciente&rdquo; como organizador de la escucha juvenil argentina y que frecuentemente polemiz&oacute; con los propios m&uacute;sicos, juzg&aacute;ndolos moralmente cuando se desviaban de su verdadera misi&oacute;n progresiva &ndash;es decir art&iacute;stica y trascendente&ndash; hacia el temible submundo del entretenimiento puro.&nbsp;Y queda clara su incomodidad con Manal. No pod&iacute;an negar lo bien que tocaban pero su matriz reguladora chocaba contra ese joven blanco de voz negra y adulta, contra esas letras sin &ldquo;nada de poes&iacute;a&rdquo; pero, sobre todo, contra esa falta de certezas, contra personajes que, lejos de pregonar &ldquo;la revoluci&oacute;n del pop&rdquo; se preguntaban acerca de qui&eacute;nes eran, de por qu&eacute; hac&iacute;an lo que hac&iacute;an y estaban donde estaban y que aseguraban despertar reci&eacute;n en un mundo de rutinas, falsos valores y personas convertidas en aut&oacute;matas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si ves que se escapa la vida de tus manos/ si est&aacute;s arrepentido de haber jugado mal/ escribe alg&uacute;n poema, c&aacute;ntale a un amigo/ p&iacute;dele a este mundo que deje de jurar./ .../ Alza la voz que te van a escuchar/ aunque no escuchen, &aacute;lzala igual/ porque t&uacute; quieres vivir, porque no quieres morir..., cantaba Pajarito Zaguri en 1969. Fue el a&ntilde;o de Woodstock. Y tambi&eacute;n el a&ntilde;o transcurrido entre <em>S&oacute;lo seremos amigos</em>, el &uacute;ltimo disco beat de Los Gatos, y <em>Beat N&ordm; 1</em> donde el grupo se hab&iacute;a reconvertido al naciente rock y que, a pesar de su nombre, ya ten&iacute;a poco que ver con ese g&eacute;nero juvenil surgido del Merseybeat de Liverpool. 
    </p><h3 class="article-text">Pajarito</h3><p class="article-text">
        Entre ese a&ntilde;o y el siguiente, hubo, en Buenos Aires, tres festivales que, por primera vez, juntaron a esa discreta fauna que sol&iacute;a rondar lo que las revistas de la &eacute;poca llamaban &ldquo;la manzana loca&rdquo;. Zaguri, con su grupo <strong>La Barra de Chocolate</strong>, hab&iacute;a sido la estrella indiscutida del primero de esos festivales, donde tambi&eacute;n hab&iacute;an estado Almendra y Manal, adem&aacute;s de la <strong>Nueva Conexi&oacute;n No. 5</strong>, <strong>Trocha Angosta</strong> y otros grupos ya olvidados con cierta justicia. Lo hab&iacute;an presentado como Festival <em>Pinap</em> de la M&uacute;sica Beat y hab&iacute;a sido patrocinado por la revista de ese nombre, la primera que, sin demasiado rigor en cuanto a la homogeneidad est&eacute;tica de lo que presentaba y obedeciendo m&aacute;s bien a los designios de las compa&ntilde;&iacute;as de discos, se hab&iacute;a dirigido expl&iacute;citamente a un p&uacute;blico juvenil y tomando a la m&uacute;sica pop como su centro. 
    </p><p class="article-text">
        Se llev&oacute; a cabo en un anfiteatro que estaba entre la Facultad de Derecho y el desaparecido Italpark. Y hab&iacute;a planteado una suerte de concurso. La canci&oacute;n ganadora fue &ldquo;Alza la voz&rdquo;, de La Barra de Chocolate. El single vendi&oacute; 40.000 unidades en tres meses. En septiembre de 1970 lleg&oacute; el festival Rexina de la Primavera, en plena obra de la continuaci&oacute;n de la 9 de Julio, entre los escombros que ocupaban la esquina de la futura avenida con Santa Fe &ndash;all&iacute; Manal toc&oacute; &ldquo;Elena&rdquo;&ndash;, y en noviembre el primer BaRock, en el Vel&oacute;dromo, donde Manal y Almendra ya estaban al borde de sus respectivas disoluciones.
    </p><p class="article-text">
        Pajarito Zaguri se llamaba <strong>Alberto Ram&oacute;n Garc&iacute;a </strong>y compart&iacute;a su nombre art&iacute;stico con Pajarito G&oacute;mez, el &iacute;dolo pop de la pel&iacute;cula que <strong>Rodolfo Kuhn</strong> hab&iacute;a estrenado en 1965, y el apellido falso con el de <strong>Bob Zaguri</strong>, un novio brasile&ntilde;o con el que <strong>Brigitte Bardot</strong> hab&iacute;a andado por Buzios en 1964. Dec&iacute;a que el Zaguri se lo hab&iacute;a puesto Kuhn y es posible que el Pajarito tambi&eacute;n. &ldquo;Rebelde me llama la gente,/ rebelde es mi coraz&oacute;n./ Soy libre y quieren hacerme/ esclavo de una tradici&oacute;n...&rdquo;, hab&iacute;a cantado con Los Beatniks en 1966. El tema se llamaba, claro, &ldquo;Rebelde&rdquo; y en el otro lado del single estaba &ldquo;No finjas m&aacute;s&rdquo;. Pero hubo una tercera canci&oacute;n, que no lleg&oacute; a publicarse por miedo a la censura: &ldquo;Soldado&rdquo;. All&iacute;, la voz de Zaguri demandaba: &ldquo;Soldado, ya regresa, ven y no luches m&aacute;s&rdquo;. Vietnam quedaba lejos pero de las guerras m&aacute;s cercanas no se hablaba. Al fin y al cabo, el a&ntilde;o anterior <strong>Sandro</strong> hab&iacute;a incluido en su disco <em>El sorprendente mundo de Sandro</em> un tema cuya autor&iacute;a compart&iacute;a con <strong>F&eacute;lix Villa</strong> (en realidad <strong>F&eacute;lix Lipesker</strong>) y cuyo t&iacute;tulo era &ldquo;Johnny&rdquo;. La historia era la misma que la de la novela <em>Johnny fue a la guerra</em>, de <strong>Dalton Trumbo</strong>, que aqu&iacute; tradujo Rodolfo Walsh y m&aacute;s adelante cantar&iacute;a <strong>Metallica</strong> en &ldquo;One&rdquo;. Ese texto era de 1939 y, su personaje, una v&iacute;ctima de la Guerra del &rsquo;14. Pero cuando Sandro cantaba &ldquo;Johnny por la causa fue a luchar, por un falso ideal de libertad, dejando sus tierras y su hogar, fue con ansias locas de matar, (donde estar&aacute;) derramando sangre fraternal...&rdquo;, tambi&eacute;n sonaba Vietnam. 
    </p><p class="article-text">
        El primer (y &uacute;nico) LP de La Barra de Chocolate sali&oacute; con pocos meses de diferencia con los de Manal y Almendra. Zaguri contaba que Los Beatniks hab&iacute;an copiando un poco a los Beatles &ldquo;pero con sandalias en vez de botitas&rdquo;. Hab&iacute;a en los temas del grupo, como en los de Moris (otro de los integrantes de los Beatniks) una apuesta a la que el futuro rock argentino no siempre honr&oacute;: dar cuenta de la ciudad. En uno de los temas, llamado expl&iacute;citamente &ldquo;Buenos Aires Beat&rdquo;, describ&iacute;a: &ldquo;Buenos Aires se adormece/ Corrientes es un billar/ Los bares as&iacute; desnudos/ Duermen su soledad... &rdquo;. Y, en &ldquo;Si supiera esta ni&ntilde;a&rdquo;: &ldquo;En la fiesta de ayer/ yo conoc&iacute;/ a una mujer/ que no hizo m&aacute;s que hablar/ de la ropa que hay que usar,/ de la forma de bailar./ Me pregunt&oacute;/ de d&oacute;nde soy/ y si pap&aacute;/ tiene casa en Pinamar,/ si tiene mucho que ver,/ si es doctor o militar./ Si supiera esta ni&ntilde;a/ cu&aacute;ntas veces me escond&iacute;/ con mi amigo Tango en la plaza/ por no tener d&oacute;nde dormir... &rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mandioca, la extra&ntilde;a aventura de <strong>Jorge &Aacute;lvarez </strong>en el mundo de la cultura juvenil, editaba al tercer hombre de Los Beatniks, Moris. Un simple con &ldquo;El oso&rdquo; &ndash;lejos a&uacute;n de su destino de guitarreadas e himno de los jardines de infantes&ndash; y &ldquo;Ayer nom&aacute;s&rdquo;, una canci&oacute;n que Los Gatos hab&iacute;an grabado con otra letra, y luego un disco de larga duraci&oacute;n llamado <em>Treinta minutos de vida</em> que lleva ya m&aacute;s de medio siglo latiendo y que, en muchos aspectos, abri&oacute; un camino que no fue continuado por nadie. &ldquo;El oso&rdquo;, por supuesto. Pero, sobre todo, el retrato extraordinario de &ldquo;Pato trabaja en una carnicer&iacute;a&rdquo;: &ldquo;Todo empez&oacute; con el chiste que dec&iacute;a/ lo tuyo es m&iacute;o y lo m&iacute;o es m&iacute;o./ No comprend&iacute;amos que eso ser&iacute;a, lo que alg&uacute;n d&iacute;a nos herir&iacute;a./ Eran los d&iacute;as, los d&iacute;as de oro/ y el sol miraba sin preguntar. / Despu&eacute;s crecimos y nos fuimos del barrio,/ Pato trabaja en una carnicer&iacute;a. /Tiempos aquellos de los rosedales/ novias de flores, primeros cigarrillos&hellip;Hemos crecido y visto el mundo en los diarios/ el comunismo result&oacute; complicado&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El solo de guitarra de &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;, el bajo alucinado de &ldquo;Informe de un d&iacute;a&rdquo;, la pintura urbana pero, tambi&eacute;n, el desgarro existencial en Manal; las aguafuertes porte&ntilde;as de Zaguri; el relato trovadoresco de Moris. Tambi&eacute;n, esa continuaci&oacute;n suburbana de Manal encarnada por <strong>Vox Dei</strong>, con la crudeza &ndash;y la fuerza&ndash; de &ldquo;Cuero&rdquo; o &ldquo;Compulsi&oacute;n&rdquo; pero tambi&eacute;n con &ldquo;Presente&rdquo; una canci&oacute;n extraordinaria (que habr&iacute;a que leer a la luz de la influencia de la versi&oacute;n de Sandro de &ldquo;La casa del sol naciente&rdquo;) a la que el mal cine devalu&oacute;.
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        Como en &ldquo;Presente&rdquo;, todo comenzaba y todo conclu&iacute;a al fin. Almendra y Manal se separaban. Vox Dei cambiaba el cuero por la Biblia. Moris no volver&iacute;a a esos treinta minutos de iluminaci&oacute;n. Zaguri, de la acuarela bohemia, se quedaba con la bohemia y abandonaba la acuarela. Y la revista <em>Primera Plana</em>, con la firma de una de sus redactoras, <strong>Rosario A&ntilde;a&ntilde;os</strong>, dec&iacute;a, en octubre de 1970: &ldquo;Jimi Hendrix mor&iacute;a en Londres. La publicaci&oacute;n de los c&iacute;tricos graffiti de Yoko Ono con la innecesaria y formal introducci&oacute;n de John Lennon, la suspensi&oacute;n del Festival de Lobos. Y para colmo, la separaci&oacute;n de Almendra y las desventuras de Manal. Sobre llovido, mojado. Nunca tanta orfandad para la m&uacute;sica pop nacional. &hellip; Los organizadores del Festival sab&iacute;an del impacto de la noticia. Tambi&eacute;n quiso usarla el Club Hurac&aacute;n en el baile del &uacute;ltimo 29 de agosto. Pero los protagonistas faltaron al divorcio (p&uacute;blico). &rdquo;
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuatro-comienzos-principio-final_129_10954502.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Feb 2024 12:16:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuatro comienzos (y el principio de un final)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Manal,Los Gatos,Almendra,Pajarito Zaguri,Eladia Blázquez,Sandro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El plan oculto de las Nenas de Sandro, una película íntima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/plan-oculto-nenas-sandro-pelicula-intima_129_8653326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a58ee2a5-d2c3-43ee-aa1f-a1404a8fe2ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El plan oculto de las Nenas de Sandro, una película íntima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros, series, películas y un montón de cosas de las que aferrarse en medio del desconcierto.</p><p class="subtitle">Días de estrechos, la muerte de Dios en Rosario</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La bola de luces mancha el living de rojo y despu&eacute;s de azul y verde. Y siguen los flashes, los que interrumpen el movimiento y le parece, a Rosita, mientras baila, que se mueve en c&aacute;mara lenta. O como en una pel&iacute;cula muda, de esas antiguas, donde los fotogramas se suceden sin continuidad. El brazo arriba y todo negro, de pronto abajo, negro, y otra vez arriba, quedan huecos por todos lados. Y eso es igual, igualito, porque aunque sabe c&oacute;mo lleg&oacute; hasta ah&iacute;, a esa casa, a esa habitaci&oacute;n, no le entra en la cabeza y tiene im&aacute;genes sueltas, como flashes, como los de las luces y solo sonr&iacute;e&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; comienza la novela <em>Fren&eacute;ticas</em>, de <strong>Magdalena Girardi </strong>(abajo les cuento m&aacute;s, &iexcl;qu&eacute;dense!): Rosita, una de las protagonistas del libro, escucha <em>Trigal</em>, de <strong>Sandro</strong> y se puede ver a s&iacute; misma adentro de una pel&iacute;cula.&nbsp;<strong>Una escena que implica un movimiento doble: al mismo tiempo, ella es directora y estrella de ese relato temporal en el que una c&aacute;mara registra sus movimientos y el frenes&iacute; que le provoca un &iacute;dolo que es tambi&eacute;n una bomba at&oacute;mica.</strong> 
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        Rosita elige qu&eacute; mirar y qu&eacute; mostrar: ese destello &ntilde;o&ntilde;o, musical, &iacute;ntimo detonado por una canci&oacute;n o un recuerdo que tironea alguna soga privada. Ojos que miran para adentro, <em>ojos de videotape</em>. Suene <strong>Sandro</strong> o suene <strong>Charly Garc&iacute;a, </strong><em><strong>aguante la ficci&oacute;n</strong></em><strong>.</strong> (<strong>Sergio Denis</strong>, otro pr&iacute;ncipe de la m&uacute;sica popular argentina, lo inyect&oacute; en nuestra educaci&oacute;n sentimental como una s&uacute;plica: <em>tratemos de vivir con fantas&iacute;a</em>). <strong>La ilusi&oacute;n como impulso vital: Rosita somos todos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta semana vi la pel&iacute;cula <em>The Tender Bar</em> (otra vez: abajo les cuento m&aacute;s). En medio de una historia con altibajos narrativos, este momento: un adolescente t&iacute;mido de Long Island &ndash;a su modo, una periferia&ndash; <strong>se enamora de una chica un poco m&aacute;s experimentada y van a pasar juntos la Navidad con los padres de ella</strong>. &Eacute;l, que lleg&oacute; en tren con un bolsito medio r&uacute;stico, la mira embelesado mientras ella maneja hacia la casa. Ella se sorprende con ese entusiasmo; en su visi&oacute;n, no est&aacute; haciendo nada m&aacute;s que lo habitual: vivir su vida. &Eacute;l, por el contrario, siente que est&aacute; metido en una especie de sue&ntilde;o, una irrealidad cinematogr&aacute;fica, una secuencia <em>larger than life</em>, el cine mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Ella: &iquest;Qu&eacute;?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&Eacute;l: Es Navidad, estoy en Connecticut, en un Volvo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&Eacute;lla: &iquest;Nunca podr&eacute; sac&aacute;rtelo de la cabeza, no?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&Eacute;l: &iquest;Sacarme qu&eacute;?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ella: La idea de que las cosas son m&aacute;s grandes de lo que son.</em>
    </p><p class="article-text">
        Algunas escenas m&aacute;s tarde el chico va a terminar con el coraz&oacute;n roto. Pero en ese instante &eacute;l, enamorado y en pleno deslumbramiento, no tiene c&oacute;mo saberlo. <strong>Entonces sonr&iacute;e</strong>.
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                Una escena de la película &quot;The Tender Bar&quot;, dirigida por George Clooney                            </span>
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        <em>Hacerse la pel&iacute;cula</em>, <em>hacerse los rulos</em>, dos giros en espa&ntilde;ol que me fascinan. <strong>El encantamiento de ese modo reflexivo cuando se impone para una acci&oacute;n que suelen llevar adelante otros: una victoria verbal.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por lo general <strong>esas expresiones vienen acompa&ntilde;adas de un </strong><em><strong>no</strong></em><strong>, de una prescripci&oacute;n en negativo, de un </strong><em><strong>no te hagas</strong></em><strong>, de una orden</strong>. De eso se r&iacute;e en una ilustraci&oacute;n que les dejo por ac&aacute; un artista visual que conoc&iacute; hace poco en Instagram y que me cautiv&oacute;. Se llama <strong>Dami&aacute;n Lluvero</strong> y lo encuentran en redes como <em>@pint0rcito</em>.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/CVyjxLZPTWu/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        En el cierre de<em> La &uacute;nica historia</em>, una novela demoledora de <strong>Julian Barnes</strong> (<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/cancion-amor-jeff-bezos-cuatro-paredes_129_8002387.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es un favorito de esta casa virtual, lo mencionamos por ac&aacute; y volvemos a &eacute;l siempre que podemos</a>), <strong>el protagonista va a ver por &uacute;ltima vez a una mujer a la que am&oacute; profundamente.</strong> Ella est&aacute; inconsciente, agoniza en la cama de un hospital. Vuelvo a la imagen porque es hermosa y porque, <strong>como todo discurso amoroso, est&aacute; lleno de contradicciones, de fugas, de paradojas</strong>. En su mon&oacute;logo interior, Paul, que quiere convencerse y mostrarse impermeable, dice que lo atragantan <em>&ldquo;las palabras reconfortantes como redenci&oacute;n y conclusi&oacute;n&rdquo;.</em><strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La muerte es la conclusi&oacute;n en la que creo; y la herida seguir&aacute; estando abierta hasta el definitivo cierre de las puertas. </em><em><strong>En cuanto a la redenci&oacute;n, es demasiado limpia, t&oacute;pico de pel&iacute;cula</strong></em><em>; y, aparte de eso, suena a algo demasiado grandioso para que lo merezca la imperfecci&oacute;n humana (...)&rdquo;</em>, sigue.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La única historia, de Julian Barnes                            </span>
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        Y, una vez m&aacute;s, intenta denostar con torpeza la fantas&iacute;a cinematogr&aacute;fica, <strong>hasta que se choca con sus propias palabras</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Dud&eacute; si darle un beso de despedida. Otro t&oacute;pico peliculero. Y, sin duda, en esa pel&iacute;cula ella responder&iacute;a removi&eacute;ndose un poco, se le alisar&iacute;an las arrugas de la frente y relajar&iacute;a la mand&iacute;bula. Y entonces, en efecto, yo le retirar&iacute;a hacia atr&aacute;s el pelo y susurrar&iacute;a en la delicada h&eacute;lice de su oreja un &uacute;ltimo &lsquo;adi&oacute;s, Susan&rsquo;. Ante lo cual ella se remover&iacute;a ligeramente y esbozar&iacute;a un asomo de sonrisa. Luego, sin enjugarme las l&aacute;grimas de las mejillas, me levantar&iacute;a lentamente y la dejar&iacute;a.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No sucedi&oacute; nada de eso. Mir&eacute; su perfil y volv&iacute; a recrear momentos de mi propio cine &iacute;ntimo. Susan con su vestido de tenis ribeteado de verde, guardando la raqueta; Susan sonriendo en una playa desierta, Susan ri&eacute;ndose mientras fuerza los cambios del Austin. Pero unos minutos despu&eacute;s empec&eacute; a divagar. No pod&iacute;a concentrarme en el amor y la p&eacute;rdida, en la alegr&iacute;a y en la pena. Me puse a pensar en cu&aacute;nta gasolina me quedaba en el coche y en que pronto tendr&iacute;a que cargar m&aacute;s: despu&eacute;s, que estaban bajando las ventas del queso envuelto en ceniza; y despu&eacute;s en los programas de televisi&oacute;n de aquella noche&ldquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En ese final, y m&aacute;s all&aacute; de cualquier resistencia, gana la pel&iacute;cula interior <strong>&ndash;&iquest;qu&eacute; otra cosa es la memoria?&ndash;</strong> que se convierte para Paul en ese centelleo donde lo cotidiano y lo on&iacute;rico se funden. <strong>Un montaje indisoluble, la </strong><em><strong>&uacute;nica historia</strong></em><strong> del t&iacute;tulo, el amor, la propia ficci&oacute;n, un </strong><em><strong>hacerse</strong></em><strong>: Paul tambi&eacute;n somos todos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los dejo <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con una nueva edici&oacute;n de </a><a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mil lianas</em></a> que intenta filtrarse, como una magia modesta, en medio del hueco de todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Fren&eacute;ticas</strong></em><strong>, de Magdalena Girardi. </strong>El punto de partida de <em>Fren&eacute;ticas </em>parece simple: un grupo de <em>fans</em> de Sandro, esas mujeres denominadas &ndash;popular y curiosamente&ndash; como <em>Las Nenas</em>, se entera de que la c&eacute;lebre mansi&oacute;n del cantante ubicada en la localidad de Banfield est&aacute; a la venta.
    </p><p class="article-text">
        A partir de entonces, <strong>se desata un vendaval que va a sacudir a las protagonistas y las va a llevar a tramar un plan secreto para mantener a salvo el legado del gran &iacute;dolo popular</strong>.
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                &quot;Frenéticas&quot; es la primera novela de la escritora argentina Magdalena Girardi                            </span>
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        Con un tono que oscila entre la ternura, el humor y la epifan&iacute;a, <strong>la primera novela de Magdalena Girardi ofrece un relato en el que cada personaje &ndash;en su mayor&iacute;a mujeres de la tercera edad&ndash; despliega una profundidad contada a partir de peque&ntilde;as escenas, objetos, disputas.</strong> Algo que me pareci&oacute; destacable: la narraci&oacute;n evita el lugar com&uacute;n y no cae nunca en el grotesco. Por el contrario, se aferra a palabras elegidas a partir de lo que parece ser una escucha muy aguda por parte de la autora.
    </p><p class="article-text">
        <em>Fren&eacute;ticas</em> es la primera novela de Magdalena Girardi, quien adem&aacute;s de narradora es psicoanalista. Naci&oacute; en la ciudad de Campana, provincia de Buenos Aires, en 1988.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Fren&eacute;ticas</strong></em><strong>, de la escritora argentina Magdalena Girardi, acaba de salir </strong><a href="https://www.instagram.com/editorialconejos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>por la editorial independiente Conejos</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>The Tender Bar. </strong></em><a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/apologia-dispersion-pajaro-emmanuel_129_8526682.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute; hablamos de las llamadas pel&iacute;culas de coming of age</a>. El largometraje <em>The Tender Bar</em> (traducido ins&oacute;litamente como <em>El bar de las grandes esperanzas</em>) entra en esa categor&iacute;a. Con direcci&oacute;n de George Clooney &ndash;que ya se hab&iacute;a puesto al frente de otros largometrajes y que, en mi visi&oacute;n, lleg&oacute; a su pico con la excelente <em>Buenas noches y buena suerte</em>&ndash;, cuenta la historia de un chico lleno de ilusiones, que crece al lado de una madre que proyecta sobre &eacute;l un gran futuro. Al mismo tiempo, est&aacute; la figura de un padre ausente <strong>(o mejor, que brilla por su ausencia: el protagonista no deja nunca de pensar o de intentar acercarse a &eacute;l pese a que se trata de un tipo violento y desalmado) </strong>y un futuro posible: ir a una universidad prestigiosa y convertirse en escritor.&nbsp;
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            </figure><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula propia de la que habl&aacute;bamos antes est&aacute; atada, en este caso, al sue&ntilde;o americano y a una idea bastante inocente y vinculada con esa burbuja llamada meritocracia. <strong>Pero incluso as&iacute;, el largometraje tiene momentos en los que la ternura gana, sobre todo cuando aparece el personaje que encarna Ben Affleck</strong>, t&iacute;o del protagonista y una suerte de cable a tierra. Un hombre que le presta libros y comparte consejos desde el Dickens, un bar que regentea rodeado de un grupo de habitu&eacute;s adorables.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>The Tender Bar</strong></em><strong>, dirigida por George Clooney y con una gran actuaci&oacute;n de Ben Affleck, est&aacute; disponible en la plataforma Amazon Prime Video.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. </strong><em><strong>Un muchacho como aquel</strong></em><strong>.</strong> Arrancamos esta entrega hablando sobre un &iacute;dolo popular, cerramos con otro. &ldquo;Creo que hay algo sumamente atrapante en los objetos inc&oacute;modos, en trabajar con esos objetos opacos, contradictorios, de muchos pliegues. <strong>Esos que, cuando cre&eacute;s que lleg&aacute;s a una conclusi&oacute;n, se te corren como la l&iacute;nea del horizonte</strong>&rdquo;, dice <strong>Abel Gilbert</strong>. Se refiere a <strong>Palito Ortega</strong> y al reciente libro que public&oacute; junto a <strong>Pablo Alabarces</strong>, <em>Un muchacho como aquel. Una historia pol&iacute;tica cantada por el rey</em> (Gourmet Musical, 2021), en el que justamente los investigadores <strong>se meten en los terrenos grises de un personaje fascinante</strong>. Y lo hacen, por suerte, sin prejuicios, intentando reponer universos perdidos, revisando la obra musical y cinematogr&aacute;fica de uno de los artistas m&aacute;s populares de la Argentina. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Abel Gilbert y Pablo Alabarces son los autores de &quot;Un muchacho como aquel. Una historia política cantada por el rey&quot;."
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            <span class="title">
                Abel Gilbert y Pablo Alabarces son los autores de &quot;Un muchacho como aquel. Una historia política cantada por el rey&quot;.                            </span>
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        <strong>Gilbert y Alabarces se ponen el traje de buzos y nadan entre las paradojas de su objeto de estudio y del pa&iacute;s donde brill&oacute;</strong>, mientras ofrecen, adem&aacute;s, un mapa de lecturas que va desde lo meramente musical <strong>(&iquest;c&oacute;mo nace un hit? &iquest;por qu&eacute; escuchamos lo que escuchamos?)</strong> hasta la historia y la literatura argentinas (de <strong>Roberto Arlt</strong> a <em>El silenciero</em>, de <strong>Antonio Di Benedetto</strong>, por citar apenas un par).
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as entrevist&eacute; a los autores y <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/politica-historia-contradicciones-libro-rey-musica-popular-palito-ortega-irritante-elite-cultural-argentina_1_8638544.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden encontrar la nota por ac&aacute;</a>. Adem&aacute;s, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/siete-escenas-vida-palito-ortega-tv-fe-aleman-boda-paralizo-pais-acto-dictadura_1_8638163.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute; repas&eacute; algunas escenas de la vida de Palito Ortega que fueron transmitidas por televisi&oacute;n</a> <strong>(s&iacute;, van a poder escuchar </strong><em><strong>Yo tengo fe</strong></em><strong> cantada en alem&aacute;n o verlo en un escenario de Mar del Plata a mediados de los '70)</strong>. Por &uacute;ltimo, si se quedaron con ganas de chusmear un poco el libro antes de ir a buscarlo, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/muchacho-historia-politica-cantada-rey_1_8503985.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden leer este adelanto que publicamos en </a><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/muchacho-historia-politica-cantada-rey_1_8503985.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiarioAR</em></a>.
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            </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Un muchacho como aquel. Una historia cantada por el rey</strong></em><strong>, de Pablo Alabarces y Abel Gilbert, sali&oacute; por la editorial Gourmet Musical. Tambi&eacute;n </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/autores/abel-gilbert/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>pueden leer las columnas musicales de Abel Gilbert por ac&aacute;</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima!
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Mil lianas</strong></em><strong>&nbsp;tambi&eacute;n se puede leer como newsletter. Para recibirlo por correo electr&oacute;nico cada viernes&nbsp;</strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/subscribe?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=74523e5e53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden suscribirse por ac&aacute;.</a>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Jan 2022 10:36:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El plan oculto de las Nenas de Sandro, una película íntima]]></media:title>
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