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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alexandra Kohan]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/alexandra-kohan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alexandra Kohan]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El sentido del humor, los libros de mayo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/sentido-humor-libros-mayo_129_12283501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a88752dd-02d3-4b10-ac9b-a969a594c3b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sentido del humor, los libros de mayo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros, series, películas y un montón de cosas para aferrarse en medio del desconcierto.</p><p class="subtitle">El Eternauta como faro, las series del mes</p></div><p class="article-text">
        <strong>Uno.</strong> Hay una suerte de lugar com&uacute;n que dice que los libros son como refugios, que tanto para quienes los leen como para quienes los escriben, los libros est&aacute;n ah&iacute; como una especie de halo protector, de barricada, de barrera que nos resguarda del mundo. <strong>Eso pasa con los lugares comunes: hay algo que suena potente en ellos, que nos agarra por un buen rato y nos deleita, que aparenta mullido o familiar y nos adormece.</strong> Confieso que nunca me gust&oacute; mucho la palabra <em>refugio</em> y en el caso del libro <em>El sentido del humor</em>, de <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/alexandra-kohan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Alexandra Kohan</strong></a>, la imagen se me presenta todav&iacute;a m&aacute;s extra&ntilde;a. Un ensayo anterior de la misma autora, <em>Y sin embargo el amor</em>, llevaba como subt&iacute;tulo <em>Elogio de lo incierto </em>y visto ahora parece una pista. Es que <em>El sentido del humor</em> Alexandra Kohan vuelve a agarrar una linterna, y, metida como una exploradora en el refugio de los lugares comunes, prefiere enfocar en lo patinoso (de hecho el texto recupera un tropez&oacute;n que tuvo la autora); <strong>en lo que irrumpe, en lo que desborda, en lo que nos hace tambalear</strong>. Estuvieron el amor y el cuerpo. Esta vez, le toc&oacute; al humor y sus crujidos. &ldquo;Se trata de extra&ntilde;ar las palabras, de extirparles su uso com&uacute;n&rdquo;, dir&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos.</strong> M&aacute;s que refugios, me gusta pensar, entonces, en los libros como grandes excusas, en todo caso como subterfugios, como dispositivos para contrabandear &ldquo;asuntos&rdquo; &ndash;para usar un t&eacute;rmino que es muy propio del universo de Alexandra Kohan&ndash; o insistencias. Kohan lee y lee y lo hace sin ning&uacute;n tipo de solemnidad. Y esta vez fue al humor. En <em>El sentido del humor</em> se cruzan el psicoan&aacute;lisis, sus observaciones alrededor de <em>El chiste y su relaci&oacute;n con el inconsciente</em>, de <strong>Sigmund Freud</strong>; la mirada de <strong>Jacques Lacan</strong> sobre aquel texto que el autor consider&oacute; una <em>digresi&oacute;n</em> en el conjunto de su obra; escenas de su propia vida escuchando los casetes de Tangalanga con su padre, la noci&oacute;n de <em>Witz</em> (&ldquo;esa palabra que es un poco como una valija&rdquo;, anotar&aacute;); <strong>reflexiones de comediantes o humoristas como Alejandro Dolina, Ricky Gervais o Diego Capusotto; fragmentos desopilantes de </strong><em><strong>La causa justa</strong></em><strong>, de Osvaldo Lamborghini; subrayados de palabras de Virginia Woolf, Juan Bautista Ritvo, Roland Barthes, Anne Dufourmantelle o Diego Maradona</strong>; chistes familiares que oy&oacute; en su infancia y siguen resonando.
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                &quot;El sentido del humor&quot;, el libro de Alexandra Kohan.                            </span>
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        <strong>Tres.</strong> M&aacute;s que un refugio solemne o r&iacute;gido, un libro es su forma. <em>El sentido del humor</em> &ndash;como el humor, como eso incierto que se inventa cada vez que alguien dice algo y otro se r&iacute;e&ndash; es pl&aacute;stico, por momentos sus fragmentos se asemejan a vi&ntilde;etas. Al mismo tiempo, ese corpus de lecturas fragmentario se puede transitar de manera aut&oacute;noma: <em>El sentido del humor</em> es tambi&eacute;n un dispositivo l&uacute;dico. <strong>Entonces el humor estalla en varios sentidos, entonces la lectura no es una &uacute;nica cosa. La lectura tambi&eacute;n puede convertirse, por la linterna de Alexandra Kohan y su insistente foco, en una vuelta a la infancia</strong>, en juego, en un tironeo sobre eso que la autora llama <em>el moralismo de ser adultos responsables</em>. La infancia, subraya Alexandra Kohan, m&aacute;s que una etapa a dejar atr&aacute;s, se revela una vez m&aacute;s como una gran usina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuatro.</strong> M&aacute;s que un refugio, m&aacute;s que espacios familiares, los libros como <em>El sentido del humor </em>resplandecen porque abren la puerta, porque proponen un riesgo sin pompas. M&aacute;s que protegerse a ella misma, o refugiarnos &ndash;&iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a arrogarse esa potestad? &iquest;qui&eacute;n cuida a qui&eacute;n?&ndash;, <em><strong>El sentido del humor</strong></em><strong> recupera hallazgos que su autora entrega con generosidad y, otra vez, con una genuina disposici&oacute;n lectora</strong>. Hallazgos que provienen, muchas veces, de su propia infancia. Anoto uno, que lejos de un refugio, se parece a una fractura expuesta, a un crujido: en el fragmento del libro que lleva como t&iacute;tulo <em>Objet Trouv&eacute;</em>, Kohan cuenta que mientras estaba escribiendo <em>El sentido del humor</em>, un d&iacute;a se dispuso a hacer una suerte de orden general en su casa al estilo de Marie Kondo. De repente apareci&oacute; una nota olvidada que le hab&iacute;a escrito una maestra de ingl&eacute;s en la que subrayaba que la propia Alexandra, a los 10 a&ntilde;os, era la que siempre estaba haciendo chistes entre sus compa&ntilde;eros. <em>Chistes, dice, jokes</em>, leemos en el libro y resbalamos con su autora y su sorpresa. <strong>Quedamos, lectores y lectoras, volviendo a esas rarezas que titilan como lo m&aacute;s inesperado y, tambi&eacute;n, a nuestras propias insistencias</strong>.
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        <strong>Cinco.</strong> Un libro no es un refugio, pero eso tampoco quiere decir que un libro sea pura intemperie. Es cierto que <em>El sentido del humor</em> nos ofrece una puerta hacia un terreno incierto. Pero tambi&eacute;n &ndash;y all&iacute; reside uno de sus mayores hallazgos&ndash; viene con un croquis para recorrer ese afuera en un paseo de a muchos (no hay risa sin complicidad, subraya la autora en sus p&aacute;ginas). Una excursi&oacute;n por esos lugares donde algo por suerte se fuga, un desv&iacute;o sin valor utilitario,<strong> una parroquia c&oacute;mplice que viene a enga&ntilde;ar, al menos por un rato, a cualquier pretensi&oacute;n del ser</strong>. Y es en ese movimiento resbaladizo, que nos trae, una vez m&aacute;s linterna en mano, a una Alexandra Kohan luminosa, lectora, en pleno estado de gracia.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; hace unos d&iacute;as una versi&oacute;n de este texto en la presentaci&oacute;n del libro <em>El sentido del humor </em>(Paid&oacute;s, 2024), de <strong>Alexandra Kohan</strong>, organizada por la editorial Planeta en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        Ahora s&iacute;, dejo la puerta abierta para <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una nueva edici&oacute;n de Mil lianas</a>. Esta parroquia cada vez m&aacute;s destartalada de los viernes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Los libros de mayo.</strong> Con la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires como uno de los hitos m&aacute;s importantes del a&ntilde;o, las editoriales locales y tambi&eacute;n los sellos internacionales que publican sus textos en el pa&iacute;s <strong>planean lanzar una gran variedad de publicaciones a lo largo de mayo</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede resultar un poco abrumadora la cantidad de libros que salen cada mes y la sensaci&oacute;n de <em>no llego, no llego, no llego</em> suele inquietar. Por mi parte, aunque siempre con esa mochila de lo que falta cargando sobre mi espalda, <strong>arranqu&eacute; por dos que me encantaron</strong>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La vida, la novela y el amor, lo nuevo de Federico Jeanmaire.                            </span>
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        Uno es el bell&iacute;simo ensayo <em>La vida, la novela y el amor</em>, que escribi&oacute; <strong>Federico Jeanmaire</strong> y public&oacute; La Cruj&iacute;a. En fragmentos breves y con una cadencia en la escritura que tiene el tono radiante de las epifan&iacute;as, Jeanmaire logra desarmar y al mismo tiempo anudar algo bien dif&iacute;cil: la materia escurridiza que trama lo &iacute;ntimo, lo amoroso, lo que se lee, lo que se escribe.
    </p><p class="article-text">
        El segundo es <em>El libro de los sesgos</em>, de <strong>Ricardo Romero</strong>, publicado por Ediciones Godot. Adem&aacute;s de una escritura di&aacute;fana para un asunto por momentos complejo &ndash;o, confieso: que al menos a m&iacute; me resulta &aacute;rido&ndash; <strong>Romero propone ejemplos que dan pruebas de los sesgos con escenas de pel&iacute;culas, de series y hasta de c&oacute;mics que resultan muy ilustrativas</strong>. Punto a favor, adem&aacute;s, al dise&ntilde;o de la publicaci&oacute;n, que es hermoso.
    </p><p class="article-text">
        Pero, por supuesto, hay mucho m&aacute;s. <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-mayo-claudia-pineiro-ricardo-romero-mauricio-kartun-clasico-peronismo_1_12272911.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute; arm&eacute; una gu&iacute;a</a> con esos y otros lanzamientos editoriales de este mes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Claudia Piñeiro, Mauricio Kartun, Romina Paula, Aurora Venturini, Alejandro Bercovich y Juan Sasturain son autores de algunos de los libros que se lanzan en mayo."
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            <span class="title">
                Claudia Piñeiro, Mauricio Kartun, Romina Paula, Aurora Venturini, Alejandro Bercovich y Juan Sasturain son autores de algunos de los libros que se lanzan en mayo.                            </span>
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        <strong>La gu&iacute;a con los libros destacados de mayo </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-mayo-claudia-pineiro-ricardo-romero-mauricio-kartun-clasico-peronismo_1_12272911.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>se puede leer en este enlace</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>Un hombre diferente</strong></em><strong>. </strong>La plataforma Mubi propone este mes un ciclo que lleva como t&iacute;tulo &ldquo;A&uacute;n soy yo: Metamorfosis en pantalla&rdquo; y, seg&uacute;n informaron en un comunicado, &ldquo;explora la fragmentaci&oacute;n del yo contempor&aacute;neo en pel&iacute;culas donde los protagonistas transitan transformaciones profundas, impulsadas por deseo, inseguridad o presi&oacute;n social&rdquo;. Una de ellas es <em>Un hombre diferente</em>, escrita y dirigida por<strong> Aaron Schimberg</strong>, que se anima a meterse en los cambios f&iacute;sicos de su protagonista de un modo original y por momentos saludablemente desconcertante.
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        <strong>Sebastian Stan</strong> interpreta en el largometraje a Edward, un hombre que padece neurofibromatosis, una condici&oacute;n gen&eacute;tica que le genera tumores benignos en la piel y le deforma la cara. <strong>Aspirante a actor, Edward vive y se mueve en una Nueva York en la que a veces es mirado por los dem&aacute;s como una suerte de freak y a veces ignorado ol&iacute;mpicamente en medio de la multitud.</strong> &Eacute;l, sin embargo, no percibe esa oscilaci&oacute;n y circula con la incomodidad a cuestas. Lo hace mientras busca trabajo, mientras se relaciona con sus vecinos y tambi&eacute;n cuando se engancha con una chica muy atractiva que se muda al lado de su departamento.<strong> Hasta que un d&iacute;a decide someterse a un tratamiento experimental que lo har&aacute; cambiar de piel y lucir como la mayor&iacute;a.</strong> Asumir&aacute; entonces, con una cara nueva y supuestamente atractiva, la identidad y la vida de Guy, un agente inmobiliario canchero y con &eacute;xito en su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; a partir de ese tironeo entre lo viejo y lo nuevo, entre lo diferente y lo com&uacute;n, que el director plantear&aacute; una historia peque&ntilde;a, contada con sarcasmo y llevada hacia el final por el lado del absurdo, alrededor de lo sinuoso de la identidad y tambi&eacute;n de la autopercepci&oacute;n. <strong>Por su notable trabajo Stan fue galardonado en el Festival de Berl&iacute;n con el Oso de Plata a Mejor Actor.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Un hombre diferente&quot; llegó en mayo a la plataforma Mubi."
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            <span class="title">
                &quot;Un hombre diferente&quot; llegó en mayo a la plataforma Mubi.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Un hombre diferente</strong></em><strong> est&aacute; disponible en Mubi. M&aacute;s lanzamientos de series y pel&iacute;culas para ver por streaming, </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/series-peliculas-llegan-streaming-mayo-vida-kun-aguero-sarah-jessica-parker-estreno-argentino_1_12253717.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>en este enlace</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Feria del Libro. </strong>Por estas horas atravesamos el tramo final de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2025. Una feria con ventas desparejas, algunas presentaciones colmadas de p&uacute;blico y furor por <em>El Eternauta </em>(<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/feria-libro-2025-ventas-desparejas-presentaciones-colmadas-furor-eternauta_1_12280160.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute; pueden leer un panorama que arm&eacute;</a> con testimonios de algunos expositores y los libros m&aacute;s vendidos hasta ahora).
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a quedan algunas mesas y visitas internacionales programadas para los &uacute;ltimos d&iacute;as. Entre otras actividades, el domingo 11, a partir de las 17, tendr&aacute; lugar el debate de cierre, <strong>con la participaci&oacute;n de Tom&aacute;s Abraham, Marcelo Birmajer, Claudia Pi&ntilde;eiro y Dolores Reyes y la conducci&oacute;n de Hinde Pomeraniec</strong>. Este a&ntilde;o lleva como t&iacute;tulo <em>La cultura en el pa&iacute;s de la libertad</em>. Quienes est&eacute;n interesados pero no puedan acercarse hasta la sala Victoria Ocampo en la Rural, tendr&aacute;n la opci&oacute;n de verlo en vivo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=WeLE1CnEOgA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace del canal de YouTube de la Feria</a>.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/feria-del-libro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute;</a>, adem&aacute;s, podr&aacute;n encontrar las coberturas de varias actividades hechas por algunos colegas de <em>elDiarioAR</em> y yo misma a lo largo de estos d&iacute;as.
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                    alt="Hasta el 12 de mayo continúa la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en el predio de La Rural."
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                Hasta el 12 de mayo continúa la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en el predio de La Rural.                            </span>
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        <strong>La Feria del Libro de Buenos Aires tendr&aacute; lugar hasta el 12 de mayo en el predio de La Rural de Palermo. M&aacute;s informaci&oacute;n </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/feria-libro-2025-ventas-desparejas-presentaciones-colmadas-furor-eternauta_1_12280160.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>por ac&aacute;</strong></a><strong> y </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/temas/feria-del-libro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>por ac&aacute;</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Apostilla. </strong>Se cumplen 40 a&ntilde;os del estreno de <em>Esperando la carroza</em> y, como una especie de homenaje a ese largometraje argentino que despierta pasiones y desenfreno, <strong>la plataforma Max decidi&oacute; subir a su men&uacute; la pel&iacute;cula de Alejandro Doria y tambi&eacute;n el documental </strong><em><strong>Carroceros</strong></em><strong>, de Denise Urfeig y Mariano Frigerio lanzado en 2021</strong>. A modo de recordatorio, por si se les pas&oacute;: cuando se estren&oacute;, habl&eacute; con los realizadores sobre este trabajo entra&ntilde;able y delicado alrededor de una obra que vive en la memoria del p&uacute;blico. Pueden leer la nota <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/ravioles-hungaras-tres-empanadas-esperando-carroza-fascina-generaciones-argentinos_1_6771358.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace</a>. De paso: <a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/9676" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en CineAR Play est&aacute; disponible para alquilar &ndash;por menos de lo que sale el boleto m&iacute;nimo de un colectivo porte&ntilde;o&ndash; el documental Leyenda feroz</a>, de la misma dupla de directores, que cuenta la historia de otra recordada pel&iacute;cula argentina como <em>Tango feroz</em>. Hablamos de esa producci&oacute;n <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/documental-cuenta-secretos-tango-feroz-pelicula-record-90-marco-generacion_1_11286546.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute;</a>.
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        <strong>Banda sonora.</strong> Hace un tiempo les habl&eacute; en este mismo espacio de <strong>Pablo Osan</strong> (el archivo no me deja mentir, <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/poemas-insomnio-libros-rosario-blefari_129_10015769.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fue por ac&aacute;</a>), amigo y vecino de esta casa virtual. <strong>Habl&aacute;bamos arriba de parroquias, o mejor, de lo parroquial de algunos lugares de encuentro, y pens&eacute; en los bares que Pablo suele armar, con todos los detalles y tambi&eacute;n con su m&uacute;sica</strong>. Esta semana <a href="https://www.instagram.com/p/DJWpX53xMOo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comparti&oacute; en sus redes</a> una lista de canciones preciosa que me viene acompa&ntilde;ando (<a href="https://open.spotify.com/playlist/3YWOglQJF1HKZwAduybmOM?si=bd71438a5e034c7a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la encuentran ac&aacute;</a>) y llevando por un par de horas a una parroquia luminosa. Se llama <em>lofi</em> y re&uacute;ne a artistas y bandas de un barrio sonoro que me encanta. <strong>Hay de todo: de Tom Petty a John Coltrane, de Yo la Tengo a Lou Reed, de Pavement a Teenage Fanclub.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Trafiqu&eacute; algunas de esas canciones para nuestra banda sonora compartida. Se escucha, como todos los viernes, <a href="https://open.spotify.com/playlist/1wyu8dagjKTjVnIMd1ezsV?si=fa9ce8f5c414418c" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute;</a>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/1wyu8dagjKTjVnIMd1ezsV?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Bonus track.</strong> El Fondo Nacional de las Artes anunci&oacute; el lanzamiento de la edici&oacute;n 2025 de su tradicional Concurso de Letras <strong>con premios de hasta 1 mill&oacute;n de pesos para textos in&eacute;ditos de distintos g&eacute;neros</strong>. Seg&uacute;n informaron, est&aacute; &ldquo;destinado a escritores argentinos y extranjeros que residan legalmente en el pa&iacute;s y deseen participar con una obra in&eacute;dita en alguna de las cuatro categor&iacute;as: Novela, Poes&iacute;a, Cuento y Ensayo/No Ficci&oacute;n&rdquo;. Las postulaciones se recibir&aacute;n online <strong>hasta el 10 de junio</strong>. Las bases completas y m&aacute;s detalles, <a href="https://www.argentina.gob.ar/noticias/abre-la-convocatoria-al-concurso-de-letras-2025" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace</a>.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DJUPHZbgEdZ/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima!
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Mil lianas</strong></em><strong>&nbsp;es un newsletter que se env&iacute;a todos los viernes por correo electr&oacute;nico. Para recibirlo,&nbsp;</strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/subscribe?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=74523e5e53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden suscribirse por ac&aacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/sentido-humor-libros-mayo_129_12283501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 May 2025 09:42:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El sentido del humor, los libros de mayo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Series,Películas,Feria del Libro,Alexandra Kohan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zona de chispazos, el don del humor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/zona-chispazos-don-humor_129_11742071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99fe3a4f-06d1-4126-94b9-4130a2d05510_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Zona de chispazos, el don del humor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros, series, películas y un montón de cosas de las que aferrarse en medio del desconcierto.</p><p class="subtitle">Libros de octubre, algunas pistas de baile</p></div><p class="article-text">
        A veces se impone el sigilo, algo as&iacute; como un <em>no </em>bajito. <strong>Una versi&oacute;n del silencio que no quiere decir nada o s&iacute;: que no siempre hay que decir.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Corto y al pie: esta edici&oacute;n de <em>Mil lianas</em> est&aacute; dedicada a distintas formas de la chispa. <strong>La de la memoria, en un libro breve y luminoso alrededor de varios asuntos que insisten en su autora</strong>; la del humor, en otro libro centelleante; la del Magiclick y el talento de quienes se dedican a pensar objetos cotidianos con creatividad, en un video podcast sobre dise&ntilde;o industrial argentino. Y m&aacute;s, algunas cosas m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quede hecha la invitaci&oacute;n a esta zona incierta</strong>, pero con la promesa tenue de alguna luz. Algo en el fondo titila, como cada viernes, <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ac&aacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1.</strong><em><strong> Las orillas del mar Dulce</strong></em><strong>, de Laura Alcoba. </strong>&ldquo;<em>Yo querr&iacute;a saber qu&eacute; sinti&oacute; en aquel instante de v&eacute;rtigo en que el pasado y el presente se confundieron&rdquo;</em>. Esa cita de <em>El cautivo</em>, de <strong>Jorge Luis Borges</strong>, es el ep&iacute;grafe de este nuevo libro de la escritora <strong>Laura Alcoba</strong> y podr&iacute;a pensarse como una suerte de faro para esta publicaci&oacute;n fragmentaria y sensible.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las orillas del mar Dulce, de Laura Alcoba, salió por Edhasa.                            </span>
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        Es que todos <strong>los textos que componen </strong><em><strong>Las orillas del mar Dulce</strong></em><strong> se apoyan en los cruces, en las fusiones, en los m&aacute;rgenes de algunos r&iacute;os que marcaron la vida de la narradora</strong> y, sobre todo, en ese momento fulgurante que habilita siempre la memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        H&iacute;brido y con algunas escenas que se aproximan al universo de la trilog&iacute;a de <em>La casa de los conejos</em> (<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/laura-alcoba-materia-libros-autobiografica-objetivo-no_1_8530670.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablamos de ese libro compilatorio por ac&aacute;</a>), <strong>la escritora vuelve a explorar o, mejor, para usar un t&eacute;rmino recurrente en el libro, a </strong><em><strong>orillar </strong></em><strong>en sus recuerdos partiendo de distintos r&iacute;os que la constituyen</strong>. Pensar en <em>lo que el r&iacute;o hace </em>(de ella, de los suyos, del tiempo), la lleva entonces a recuperar im&aacute;genes muy potentes de escritura y de lectura con <strong>Juan Jos&eacute; Saer</strong> a la cabeza; de la mitolog&iacute;a familiar que esconde varios secretos, de su infancia en la clandestinidad, de la experiencia de habitar una lengua extranjera a partir del exilio, de su presente como alguien que puede cruzar de un tiempo a otro para permitirse narrar con una prosa radiante.
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                Laura Alcoba vivió hasta los diez años en la Argentina antes de radicarse en París                            </span>
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        <em><strong>Las orillas del mar Dulce</strong></em><strong>, de Laura Alcoba, sali&oacute; por Edhasa. En 2023 gan&oacute; en Francia el Premio Roger Caillois.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>El sentido del humor</strong></em><strong>, de Alexandra Kohan. </strong>En el flamante ensayo <em>El sentido del humor</em> (Paid&oacute;s, 2024), de la psicoanalista <strong>Alexandra Kohan</strong>, se suceden innumerables y bien diversas lecturas alrededor del chiste, de la risa, de lo c&oacute;mico. <strong>Sin solemnidad, tramado a partir de una genuina disposici&oacute;n lectora, los fragmentos que conforman el libro pinchan o sacuden, como una buena broma, para ir de a poco meti&eacute;ndose en un terreno tan resbaladizo como encantador</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Como si se tratara de una seguidilla de vi&ntilde;etas, Kohan logra cruzar de manera deslumbrante sus observaciones alrededor de <em>El chiste y su relaci&oacute;n con el inconsciente</em>, de <strong>Sigmund Freud</strong>; la mirada de <strong>Jacques Lacan</strong> sobre aquel texto que el autor consider&oacute; una &ldquo;digresi&oacute;n&rdquo; en el conjunto de su obra; escenas de su propia vida escuchando los casetes de Tangalanga con su padre, la noci&oacute;n de Witz (&ldquo;<em>esa palabra que es un poco como una valija&rdquo;</em>, dir&aacute;); reflexiones de comediantes o humoristas como Alejandro Dolina, Ricky Gervais o Diego Capusotto; fragmentos desopilantes de <em>La causa justa</em>, de <strong>Osvaldo Lamborghini</strong>; subrayados de palabras de <strong>Virginia Woolf</strong>, <strong>Juan Bautista Ritvo</strong> o <strong>Diego Maradona</strong>; chistes familiares que oy&oacute; en su infancia y siguen resonando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La psicoanalista Alexandra Kohan acaba de publicar el libro &quot;El sentido del humor&quot;."
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            <span class="title">
                La psicoanalista Alexandra Kohan acaba de publicar el libro &quot;El sentido del humor&quot;.                            </span>
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        A partir de una aut&eacute;ntica actitud humor&iacute;stica (ese don <em>&ldquo;precioso y raro&rdquo;</em>, seg&uacute;n el propio Freud; esa chispa, esa hemorragia del sentido), <strong>Kohan compone un universo de desv&iacute;os para descomponer algunos lugares comunes sobre eso que deber&iacute;an ser lo que produce risa, el amor, la vida adulta o el mism&iacute;simo psicoan&aacute;lisis</strong>. Y tambi&eacute;n, como en sus libros anteriores, para intentar sostenerse lejos de las rigideces o los dogmas, para apostar por un balanceo: <strong>el vaiv&eacute;n entre eso que hace el humor de nosotros y eso que hacemos nosotros del humor</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as entrevist&eacute; a <strong>Alexandra Kohan</strong> para hablar de este libro, que es <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-octubre-mujeres-maitena-borges-estados-unidos-hebe-uhart-humor-alexandra-kohan_1_11695210.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de las novedades editoriales m&aacute;s destacadas</a> de octubre. Pueden leer la nota <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-indignacion-deja-fijado-cosa-confortable-humor-despierta-cuerpo_1_11724514.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace</a>.
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                &quot;El sentido del humor&quot;, el nuevo libro de Alexandra Kohan.                            </span>
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        <em><strong>El sentido del humor</strong></em><strong>, de Alexandra Kohan, sali&oacute; por Paid&oacute;s. M&aacute;s sobre el libro, en </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-indignacion-deja-fijado-cosa-confortable-humor-despierta-cuerpo_1_11724514.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>esta entrevista con la autora</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. En Europa no se consigue. </strong>&ldquo;El ser humano empieza a construir civilizaci&oacute;n con el lenguaje y con el encendido del fuego&rdquo;, se oye (y se ve, claro) en el primer cap&iacute;tulo de<em> En Europa no se consigue</em>, un flamante video podcast dedicado a la historia del dise&ntilde;o industrial argentino. Centrado en el Magiclick, ese objeto extraordinario en un ecosistema de inventos extraordinarios que fueron los a&ntilde;os &lsquo;60, la primera entrega de esta producci&oacute;n cuenta la historia de la creaci&oacute;n de una especie de pr&oacute;cer del dise&ntilde;o local, <strong>Hugo Kogan</strong>, a partir de la conversaci&oacute;n que tienen el dise&ntilde;ador <strong>Franco Chimento</strong> y la conductora del ciclo, <strong>Maia Lutteral</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Encargado del &aacute;rea de dise&ntilde;o de Electrodom&eacute;sticos Aurora, K<strong>ogan fue quien motoriz&oacute; distintas versiones de ese encendedor m&aacute;gico y s&uacute;per popular que con el correr de los a&ntilde;os se convirti&oacute; en un imprescindible de los hogares argentinos</strong>. Simple, duradero, &ldquo;sin pilas, sin cables, sin piedra&rdquo;, como rezaban las publicidades de la &eacute;poca, el Magiclick daba la impresi&oacute;n de contenerlo todo. &ldquo;La idea de generar una chispa como de la nada ten&iacute;a una connotaci&oacute;n medio m&aacute;gica&rdquo;, dice Chimento durante la charla.
    </p><p class="article-text">
        Este episodio de <em>En Europa no se consigue</em> fue grabado en Fundaci&oacute;n IDA (Investigaci&oacute;n en Dise&ntilde;o Argentino), una entidad sin fines de lucro dedicada &ldquo;a la investigaci&oacute;n, la recuperaci&oacute;n, la conservaci&oacute;n, la difusi&oacute;n y la puesta en valor del dise&ntilde;o nacional&rdquo; por lo que, adem&aacute;s de recorrer la historia del Magiclick, tambi&eacute;n <strong>se pueden ir apreciando distintas versiones de ese objeto que se conservan en ese lugar</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>En Europa no se consigue</strong></em><strong>, producido por Mantel, se puede ver y escuchar </strong><a href="https://open.spotify.com/show/2yYked1J1jyOE9qp0L5X68?si=de4b1036225848d6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>en Spotify</strong></a><strong> y </strong><a href="https://youtu.be/HkS-dj-yxos?si=JDb1-MekhWLlGYdd" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>YouTube</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Apostilla.</strong> La semana pasada <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/libros-octubre-pistas-baile_129_11723110.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dediqu&eacute; algunas palabras al baile y m&aacute;s espec&iacute;ficamente al que abre la pel&iacute;cula El jockey, de </a><a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/libros-octubre-pistas-baile_129_11723110.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Luis Ortega</strong></a>. El impacto que me produjo esa pel&iacute;cula alucinante sigue y se ve que tambi&eacute;n provoc&oacute; un chispazo entre varios lectores y lectoras de <em>Mil lianas</em>, que me escribieron con fervor y tambi&eacute;n con una inquietud generalizada: <strong>qu&eacute; despelote esas im&aacute;genes, qu&eacute; ganas de volver a verla, qu&eacute; abrumadora es la belleza</strong>. (Gracias a todo el mundo, claro, por sus mensajes y por esa chispa &iacute;ntima de la correspondencia, en cualquiera de sus formas).
    </p><p class="article-text">
        Diego, un lector muy atento, me record&oacute; otra escena de baile y de cortejo espectacular, en una de las mejores pel&iacute;culas argentinas de este siglo: <em>Los paranoicos</em>, de <strong>Gabriel Medina</strong>. A diferencia de <em>El jockey</em>, <strong>la danza deforme de los protagonistas, interpretados por Daniel Hendler y Jazm&iacute;n Stuart, sucede al final</strong>. Si se les pas&oacute; en su momento o quieren volver a verla, un recordatorio: <em>Los paranoicos</em> <a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/5169" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute; disponible de manera gratuita en CineAR.Play</a>. Tiene, adem&aacute;s, una de mis frases favoritas del cine nacional en boca de Hendler, <strong>en medio de un episodio c&oacute;mico y tambi&eacute;n rom&aacute;ntico</strong>: <em>&ldquo;Lo que pasa es que la electricidad no es algo que yo maneje bien&rdquo;</em>.
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>La pel&iacute;cula </strong><em><strong>Los paranoicos</strong></em><strong> </strong><a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/5169" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>est&aacute; disponible gratis en CineAR Play</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Banda sonora. </strong>Ya que mencionamos <em>Los paranoicos</em>, sum&eacute; varias de las canciones que integran su banda sonora a este espacio musical que crece semana a semana y se puede escuchar por ac&aacute;. <strong>Entran Hamacas al R&iacute;o, &Eacute;l Mat&oacute; a un Polic&iacute;a Motorizado, Todos tus Muertos y m&aacute;s</strong>.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as &aacute;ridos, el cine argentino sigue exhibiendo su vigor y el enorm&iacute;simo talento de quienes est&aacute;n detr&aacute;s de cada historia que llega a las pantallas. Entre otros grandes estrenos de este a&ntilde;o, se puede ver en algunos cines el excelente documental <em>Atahualpa Yupanqui, un trashumante</em>, dirigido por<strong> Federico Randazzo Abad</strong>. Delicada, discreta, <strong>atenta a las palabras, los sonidos y los silencios de Yupanqui, la pel&iacute;cula recorre su vida con archivos incre&iacute;bles y tambi&eacute;n con testimonios de quienes lo conocieron o se dedicaron a estudiar su obra</strong>. Un viaje po&eacute;tico que va tras los pasos de una figura esencial de la m&uacute;sica popular del mundo, alguien que dice una y otra vez que el hombre es &ldquo;tierra que anda&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>Bonus track.</strong> Algo para anotar si andan por Buenos Aires este domingo. De 14 a 19, con entrada libre y gratuita, va a tener lugar una nueva edici&oacute;n de Fiebre del Libro, la feria de editoriales independientes organizada por la Biblioteca Nacional (Ag&uuml;ero 2502, CABA). Seg&uacute;n anunciaron los organizadores, durante la jornada habr&aacute; lecturas, actividades alrededor de la historieta y el humor gr&aacute;fico y stands con venta de libros. <strong>A las 17, en la Plaza del Lector leer&aacute;n algunos textos Alicia Genovese y Mariano Quir&oacute;s</strong>.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es" data-conversation="none" data-dnt="true"><a href="https://twitter.com/X/status/1845902617764913600?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <strong>Bonus track II.</strong> Hasta el 22 de octubre y <strong>con una selecci&oacute;n de pel&iacute;culas s&uacute;per interesante</strong> se lleva adelante en distintas sedes porte&ntilde;as el Festival Internacional de Cine de la Universidad de Buenos Aires. Adem&aacute;s de las distintas competencias, la programaci&oacute;n incluye homenajes, cl&aacute;sicos del cine argentino y un panorama bien diverso de la producci&oacute;n audiovisual m&aacute;s o menos reciente. <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/llega-festival-internacional-cine-uba-homenajes-sedes-programacion-destacada_1_11732842.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pueden leer un poco m&aacute;s en este enlace</a>. Todas las funciones son gratuitas y las entradas se retiran desde media hora antes del inicio de cada funci&oacute;n en las boleter&iacute;as de las sedes.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima!
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Mil lianas</strong></em><strong>&nbsp;en un newsletter de&nbsp;</strong><em><strong>elDiarioAR</strong></em><strong>. Para recibirlo por correo electr&oacute;nico cada viernes&nbsp;</strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/subscribe?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=74523e5e53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden suscribirse por ac&aacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/zona-chispazos-don-humor_129_11742071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Oct 2024 09:42:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Zona de chispazos, el don del humor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Películas,Alexandra Kohan,Laura Alcoba]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alexandra Kohan: “La indignación te deja fijado a una cosa confortable mientras que el humor te despierta el cuerpo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-indignacion-deja-fijado-cosa-confortable-humor-despierta-cuerpo_1_11724514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9aef729-44a5-4b89-b646-cf63508e4b47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alexandra Kohan: “La indignación te deja fijado a una cosa confortable mientras que el humor te despierta el cuerpo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acaba de publicar "El sentido del humor", un ensayo deslumbrante en el que rescata la dimensión emancipatoria y vital del chiste. De Freud al stand-up, de las lecturas de Lacan a la mirada de numerosos comediantes, la psicoanalista piensa en desvíos, en tropiezos y en la risa como la gran hemorragia del sentido.</p></div><p class="article-text">
        En el flamante ensayo <em>El sentido del humor</em> (Paid&oacute;s, 2024), de la psicoanalista <strong>Alexandra Kohan</strong>, se suceden innumerables y bien diversas lecturas alrededor del chiste, de la risa, de lo c&oacute;mico. <strong>Sin solemnidad, tramado a partir de una genuina disposici&oacute;n lectora, los fragmentos que conforman el libro pinchan o sacuden, como una buena broma, para ir de a poco meti&eacute;ndose en un terreno tan resbaladizo como encantador</strong>. Como si se tratara de una seguidilla de vi&ntilde;etas, Kohan logra cruzar de manera deslumbrante sus observaciones alrededor de <em>El chiste y su relaci&oacute;n con el inconsciente</em>, de <strong>Sigmund Freud</strong>; la mirada de <strong>Jacques Lacan</strong> sobre aquel texto que el autor consider&oacute; una &ldquo;digresi&oacute;n&rdquo; en el conjunto de su obra; escenas de su propia vida escuchando los casetes de Tangalanga con su padre, la noci&oacute;n de <em>Witz</em> (&ldquo;esa palabra que es un poco como una valija&rdquo;, dir&aacute;); reflexiones de comediantes o humoristas <strong>como Alejandro Dolina, Ricky Gervais o Diego Capusotto</strong>; fragmentos desopilantes de <em>La causa justa</em>, de <strong>Osvaldo Lamborghini</strong>; subrayados de <strong>palabras de Virginia Woolf, Juan Bautista Ritvo o Diego Maradona</strong>; chistes familiares que oy&oacute; en su infancia y siguen resonando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A partir de una aut&eacute;ntica actitud humor&iacute;stica (ese don &ldquo;precioso y raro&rdquo;, seg&uacute;n el propio Freud; esa chispa, esa hemorragia del sentido), Kohan compone un universo de desv&iacute;os para descomponer algunos lugares comunes sobre eso que deber&iacute;an ser lo que produce risa, el amor, la vida adulta o el mism&iacute;simo psicoan&aacute;lisis. Y tambi&eacute;n, como en sus libros anteriores, para intentar sostenerse lejos de las rigideces o los dogmas, para apostar por un balanceo: <strong>el vaiv&eacute;n entre eso que hace el humor de nosotros y eso que hacemos nosotros del humor</strong>.
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                    alt="La autora presentará &quot;El sentido del humor&quot; el 1 de noviembre en la librería Eterna Cadencia del barrio porteño de Palermo."
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                La autora presentará &quot;El sentido del humor&quot; el 1 de noviembre en la librería Eterna Cadencia del barrio porteño de Palermo.                            </span>
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        <strong>&ndash; La primera pregunta es un poco elemental. &iquest;Por qu&eacute; ahora el humor, Alexandra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La cosa surgi&oacute; con un asunto que se me ocurri&oacute; escribiendo el libro anterior, el del cuerpo. De alguna manera sent&iacute;a que no aguantaba m&aacute;s la solemnidad de ciertos &aacute;mbitos y en parte de la &eacute;poca. <strong>Me pas&oacute; que notaba mucha solemnidad y notaba los efectos devastadores de la solemnidad. Un tipo de tedio que produce la solemnidad.</strong> Me pasa bastante con los libros que se me ocurre escribir sobre algo a partir de otra cosa que estoy escribiendo o que le&iacute; y entonces dije <em>&ldquo;voy a escribir sobre el humor&rdquo;</em>. No un libro primero, porque primero siempre pienso una nota o en algo m&aacute;s corto hasta que me empiezo a entusiasmar. Y empec&eacute;. Un poco despu&eacute;s, hablando con una amiga que tengo hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os cuando le dije que estaba escribiendo un libro sobre el humor me dijo &ldquo;ah, tu tema&rdquo;. Y ah&iacute; vi que evidentemente vengo con esto hace mucho tiempo. En paralelo, en el psicoan&aacute;lisis me interesan mucho y desde hace mucho tiempo el libro de (Sigmund) Freud y el seminario de (Jacques) Lacan donde se ocupan de estos asuntos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Es curioso porque en tu libro vos le das cierta vuelta a la idea del humor, como una especie de desv&iacute;o. Y, al mismo tiempo, propon&eacute;s lecturas y cit&aacute;s autores que desde el propio psicoan&aacute;lisis muestran que se trata de un asunto bastante central. &iquest;C&oacute;mo pensaste </strong><em><strong>ese estar al costado</strong></em><strong> que vos rescat&aacute;s desde el humor y el psicoan&aacute;lisis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Freud dice que su libro sobre el humor, <em>El chiste y su relaci&oacute;n con el inconsciente</em>, fue como un desv&iacute;o, una digresi&oacute;n en su obra. Pero lo cierto es que ese libro junto con <em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em> y <em>Psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana</em> son tres obras que Lacan subraya como las obras can&oacute;nicas sobre el inconsciente. Es un libro que no s&eacute; cu&aacute;nto se lee, pero est&aacute; bastante menos transitado, tal vez. O hay mucho m&aacute;s sobre <em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em>, sobre la tragedia. Sin embargo es una cosa fundamental y muy singular porque lo escribi&oacute; como un libro, no es un art&iacute;culo. <strong>En la Argentina, sobre todo en esta ciudad, parece que todos sabemos de psicoan&aacute;lisis, incluso a veces se piensa que el chiste es decir cualquier cosa y de inmediato agregar &ldquo;</strong><em><strong>&iexcl;esto es un chiste!&rdquo;</strong></em><strong> para que el otro le diga </strong><em><strong>&ldquo;ah, pero viste lo que dice Freud del chiste&rdquo;</strong></em><strong> </strong>(risas). El sentido com&uacute;n cree que la verdad del chiste est&aacute; en lo que se dice. En esto de <em>&ldquo;te estoy diciendo tal cosa en chiste&rdquo;</em>. Y no es eso, el procedimiento es mucho m&aacute;s complejo y mucho m&aacute;s interesante. Pensar que uno puede decir cualquier cosa y despu&eacute;s agregarle la cl&aacute;usula <em>&ldquo;esto es un chiste&rdquo;</em> es un poco bobo. Eso no es un chiste. La relaci&oacute;n entre el chiste y el inconsciente que Freud establece es mucho m&aacute;s compleja, pero b&aacute;sicamente dir&iacute;a que la cosa est&aacute; en el c&oacute;mo del chiste. Algo que, por otra parte, no es solo el chiste, es tambi&eacute;n la iron&iacute;a, la ocurrencia, el hallazgo, lo inesperado, la sorpresa. Todo eso que es parecido al inconsciente o es casi igual al procedimiento del inconsciente. Por otro lado, est&aacute; el trabajo con el lenguaje. Lacan leyendo esos textos advierte que Freud subraya el trabajo del inconsciente y el lenguaje, c&oacute;mo el inconsciente <em>hace</em> con el lenguaje y <em>se hace</em> con el lenguaje. <strong>Por supuesto que sobre el chiste se escribi&oacute; mucho antes de Freud. Pero hay algo que &eacute;l agrega Freud y que&nbsp; para m&iacute; es radicalmente diferente a todo lo que se dijo antes y despu&eacute;s, y es que el chiste solo es chiste si el otro se r&iacute;e. </strong>Si el otro no se r&iacute;e no es un chiste. Eso divide y despeja las cosas much&iacute;simo. Porque incluso en la actualidad se usa decirle al otro cualquier cosa, ser agresivo con el otro y si el otro se pone mal decirle <em>&ldquo;ay, qu&eacute; poco sentido del humor que ten&eacute;s&rdquo; o &ldquo;ay, era un chiste, no te ofendas&rdquo;</em>. Hay mucha gente violenta que trafica su violencia diciendo <em>&ldquo;&iexcl;es un chiste!&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Al mismo tiempo, en </strong><em><strong>El sentido del humor</strong></em><strong> apunt&aacute;s que no hay humor sin filo, que el humor no es trivial o necesariamente liviano. Incluso para hablar de lo que se suele se&ntilde;alar como humor negro. Dec&iacute;s de alguna manera que el humor siempre es negro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, quise llevar las cosas a ese paroxismo, el humor siempre es negro. <strong>El humor siempre produce un corte, tiene un filo. Y eso pasa con todas las formas del humor, con el sarcasmo o la iron&iacute;a, que es recontra filosa.</strong> Por eso para m&iacute; el humor es una gran herramienta para lidiar con una cantidad de cosas que se nos vienen encima. Por eso necesita tener su costado filoso, un poco denso a veces y oscuro. Pero, a la vez, eso es lo que posibilita algo luminoso despu&eacute;s, el estallido de la risa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El sentido común cree que la verdad del chiste está en lo que se dice. En esto de “te estoy diciendo tal cosa en chiste”. Y no es eso, el procedimiento es mucho más complejo y mucho más interesante. Pensar que uno puede decir cualquier cosa y después agregarle la cláusula “esto es un chiste” es un poco bobo. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En alguno de los fragmentos del libro te met&eacute;s con la proximidad que existe entre el humor y la poes&iacute;a, algo que para muchos podr&iacute;an ser dos universos aislados o enfrentados. Y lo hac&eacute;s a partir de una pregunta que alguna vez te hizo Diego Rojas sobre si siempre hab&iacute;as le&iacute;do poes&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; te interesaba al pensar ese v&iacute;nculo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La poes&iacute;a est&aacute; cerca siempre del humor en el sentido del trabajo que se hace con el lenguaje y la concepci&oacute;n del lenguaje. No solo el uso, sino la concepci&oacute;n que la poes&iacute;a tiene del lenguaje, que es similar a la que propone Freud alrededor del chiste. Es la concepci&oacute;n de que el lenguaje no es para expresar ni es un instrumento de comunicaci&oacute;n, sino un productor de sentidos nuevos permanentemente que juega con una cantidad de ambig&uuml;edades. Por eso, tanto en la poes&iacute;a como en el humor, los sentidos pueden deslizarse, pueden corromperse el sentido com&uacute;n o el sentido de los diccionarios. Todo eso hace que el chiste y la poes&iacute;a est&eacute;n muy cerca. <strong>Recuper&eacute; esa pregunta que me hizo Diego Rojas aquella vez porque me conmovi&oacute; mucho y me qued&eacute; pensando varios d&iacute;as. Despu&eacute;s, claro, me di cuenta de que la poes&iacute;a es tambi&eacute;n una manera de juego, de alivio del sentido permanente. </strong>Porque uno est&aacute; asediado por el sentido com&uacute;n todos los d&iacute;as, por la comunicaci&oacute;n. Uno tiene que estar comunic&aacute;ndose todo el tiempo con las personas con las que se rodea. Salvo en el consultorio. Con los pacientes no se trata de comunicaci&oacute;n y eso, por suerte, alivia much&iacute;simo. Me parece que la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis hace del lenguaje algo muy distinto de la comunicaci&oacute;n.&nbsp;
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                    alt="Alexandra Kohan nació en Mar del Plata, en 1971. Es psicoanalista y magister en Estudios Literarios por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires."
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                Alexandra Kohan nació en Mar del Plata, en 1971. Es psicoanalista y magister en Estudios Literarios por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.                            </span>
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        <strong>&ndash;&nbsp;En el libro das cuenta de esta especie de malentendido alrededor de la infancia, que est&aacute; muy vinculada con el humor. Dec&iacute;s por ah&iacute; que a veces desde algunos lugares se la piensa como una etapa que hay que superar. Mencion&aacute;s, de hecho, una especie de &ldquo;moralismo de ser adultos&rdquo;, como una imposici&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo pensaste este asunto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La vida nos insta a ser adultos responsables, a superar la infancia como si la infancia fuera una etapa solamente y no una usina productora de una cantidad de cosas inmensa. De entusiasmos, de deseos, &iexcl;ah&iacute; est&aacute; todo! Creo que eso corre paralelo a la civilizaci&oacute;n, esto que nos insta a adaptarnos. <strong>La adaptaci&oacute;n es una de las peores cosas en las que nos tenemos que meter. Por supuesto que hay grados y grados de adaptaci&oacute;n. Uno m&aacute;s o menos puede ser un adaptado, trabajar, estudiar, hacer sus cosas, y no rechazar la infancia. </strong>Porque tambi&eacute;n hay formas y formas de hacer las cosas de, entre comillas, adultos. Me gusta que la noci&oacute;n de adultez no es una noci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis. Porque el psicoan&aacute;lisis no considera que el ser humano progrese hacia la madurez. En esta l&iacute;nea, el humor es un modo de recuperar esa infancia perdida o es un modo de recuperar la risa perdida. Esa risa que Freud dice que es una risa que qued&oacute; absolutamente obturada por la educaci&oacute;n, por la civilizaci&oacute;n y el camino hacia el estado adulto. Lamentablemente hay muchos discursos muy peyorativos con la infancia en general. Incluso hoy en d&iacute;a se les pide a los ni&ntilde;os que se comporten como adultos a veces.&nbsp;Hay unas exigencias hacia los ni&ntilde;os que llaman mucho la atenci&oacute;n porque se confunde la inteligencia de los ni&ntilde;os con otra cosa. Los ni&ntilde;os siempre fueron muy inteligentes, justamente, porque no est&aacute;n asediados por una cantidad de represiones que van a ocurrir progresivamente. Son mucho m&aacute;s libres. Juegan con el lenguaje de una manera totalmente despojada. Pero hoy en d&iacute;a tienen tanta informaci&oacute;n y parece que son peque&ntilde;os adultos que muchos adultos olvidan que esas son infancias. Para m&iacute; es recontra problem&aacute;tico eso. Por eso me parece que el humor viene a recuperar un poco la infancia ah&iacute; donde a veces se pierde. Quiz&aacute;s tambi&eacute;n es porque hay una confusi&oacute;n: se confunde la infancia con la ni&ntilde;ez. Eso lo distingue muy bien (Jos&eacute; Luis) Juresa: la ni&ntilde;ez es una etapa. De tal a tal se es ni&ntilde;o, despu&eacute;s se es preadolescente, adolescente, joven y as&iacute;. Todas las categor&iacute;as en las que se secciona una vida. Pero esas no son categor&iacute;as del psicoan&aacute;lisis. Entonces, una cosa es la ni&ntilde;ez, que se puede fechar, y otra cosa es la infancia que no tiene tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Hablabas antes de estos discursos que esconden cierta violencia con la excusa de &ldquo;esto es un chiste&rdquo;, y al mismo tiempo, trabaj&aacute;s en el libro este ruido de &eacute;poca que tiene que ver con la ofensa o con eso de sentirnos todo el tiempo ofendidos. &iquest;C&oacute;mo le&eacute;s esto? &iquest;Estamos m&aacute;s predispuestos a la ofensa que al humor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Antes de escribir este libro, ven&iacute;a escribiendo en elDiario.Ar algunas columnas sobre el humor y tambi&eacute;n sobre la ofensa. Fue hace un tiempo, creo que fueron momentos de much&iacute;sima ofensa, pero sobre todo de mucha visibilizaci&oacute;n de las ofensas, &iquest;no? Creo que en esto tienen mucho que ver las redes sociales: no s&eacute; si la gente se ofende m&aacute;s hoy que antes, pero tal vez s&iacute; se siente m&aacute;s habilitada a ofenderse y est&aacute; m&aacute;s legitimada la ofensa hoy en d&iacute;a. <strong>Me parece que habr&iacute;a que separar un poco las cosas. No es que la gente no se pueda ofender, porque todos nos ofendemos en alg&uacute;n momento, sino que la ofensa se empez&oacute; a usar como un arma de verdad</strong>: si yo me ofendo quiere decir que lo que vos dijiste est&aacute; mal de por s&iacute; y yo me corro de la escena. Cuando en realidad, cuando uno se ofende deber&iacute;a revisar qu&eacute; de uno qued&oacute; tocado en eso que el otro dijo, m&aacute;s all&aacute; de que el otro puede ser una persona hostil o agresiva. Por eso a m&iacute; me gusta separar las cosas. Cuando uno se ofende, bueno, uno est&aacute; implicado. Eso no quiere decir que el otro no tenga sus cosas tambi&eacute;n. En todo caso, son las dos cosas a la vez. Lo que yo ven&iacute;a viendo es que la gente se ofend&iacute;a y con esa ofensa pretend&iacute;a cosas. Pretend&iacute;a que el otro deje de hablar, silenciar al otro, censurar al otro. Que me lo saquen, que me lo corran, que no exista m&aacute;s. Eso es lo que a m&iacute; me incomodaba: el uso que se hace de la ofensa. No me incomoda que la gente se ofenda, la gente se ofende, yo tambi&eacute;n me puedo ofender. Porque, adem&aacute;s, la ofensa no depende necesariamente del contenido, sino del momento en el que uno est&aacute;. Tal vez m&aacute;s sensible o menos sensible, ni idea. El problema en aquel entonces no era que la gente se ofendiera sino que usara esa ofensa como arma para designar cierta censura. Ricky Gervais que dijo algo as&iacute; como que ten&eacute;s derecho a ofenderte, lo que no pod&eacute;s hacer es apagar su show. Pod&eacute;s no mirar el show, lo que no pod&eacute;s es pretender que el show no exista.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">La vida nos insta a ser adultos responsables, a superar la infancia como si la infancia fuera una etapa solamente y no una usina productora de una cantidad de cosas inmensa. De entusiasmos, de deseos, ¡ahí está todo!</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; S&iacute;, aparece esa cita de Gervais en </strong><em><strong>El sentido del humor</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Al mismo tiempo, creo que si te hago una humorada y vos te ofend&eacute;s, tengo que ser capaz de atajar los efectos que produzco en el otro. Pero eso lo pienso m&aacute;s en el plano personal. Me parece que en el plano p&uacute;blico la ofensa es un baj&oacute;n. Es curioso porque hay ofendidos de derecha y ofendidos de izquierda. En los &uacute;ltimos tiempos salieron dos libros como <em>Generaci&oacute;n ofendida</em>, de <strong>Caroline Fourest</strong>, que es el registro de los ofendidos de los progres de izquierda, &ndash;entre los que me incluyo, no uso peyorativamente estos t&eacute;rminos&ndash;, y <em>Ofendiditos</em>, de <strong>Luc&iacute;a Lijtmaer</strong>, que denuncia la ofensa de la derecha. Entonces hay ofendidos de derecha, ofendidos de izquierda. Porque efectivamente, me parece a m&iacute;, el problema no es si sos de derecha o si sos de izquierda sino el uso que se hace p&uacute;blicamente de la ofensa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En el libro es muy interesante esto que se&ntilde;al&aacute;s como de dos escenas en la ofensa: los ofendidos que se ofenden en representaci&oacute;n de otros y los ofendidos que se paran desde un lugar impoluto, de la posici&oacute;n de ser &uacute;nicamente ofendidos.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Es que la ofensa fue a parar al lugar de los que levantan el dedo en esta &eacute;poca que son much&iacute;simas personas. Entonces quedan supuestamente salvados porque el dedo siempre se&ntilde;ala para otro lado. Bueno, qu&eacute; s&eacute; yo, la sombra de ese dedo tambi&eacute;n recae sobre vos. Me parece que son posiciones muy de esta &eacute;poca. Antes, no s&eacute;, la gente escrib&iacute;a una carta de lectores a <em>La Naci&oacute;n</em>, se tomaba el trabajo, escrib&iacute;a, mandaba. Ahora, est&aacute;n Twitter o Instagram y listo. Entonces, <strong>las redes sociales vehiculizan y hasta creo que son productoras de ofensas, no solo por lo que circula ah&iacute; si no porque hay mucha gente que se siente obligada a pronunciarse</strong>. Ofenderse, como dec&iacute;s, por las v&iacute;ctimas e incluso a veces hablar en nombre de las v&iacute;ctimas. Eso me parece un gesto de soberbia total, un gesto de superioridad moral total.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Me parece que habría que separar un poco las cosas. No es que la gente no se pueda ofender, porque todos nos ofendemos en algún momento, sino que la ofensa se empezó a usar como un arma de verdad: si yo me ofendo quiere decir que lo que vos dijiste está mal de por sí y yo me corro de la escena.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Dedic&aacute;s algunos cap&iacute;tulos a otros asuntos que insisten en vos, como la lectura y la ficci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; te parece importante leer al humor como ficci&oacute;n en esta &eacute;poca justamente tan ruidosa?</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Dir&iacute;a tambi&eacute;n tan literal y realista. Porque para m&iacute; el humor es una ficci&oacute;n en todas sus formas: la comedia, el stand up, el chiste. Yo pienso la ficci&oacute;n como productora de verdad. En ese sentido, la ficci&oacute;n no es mentira. Para m&iacute; la ficci&oacute;n produce una relaci&oacute;n con la verdad diferente de esa verdad realista y literal que se pretende permanentemente. Me parece importante la ficci&oacute;n porque da cuenta de c&oacute;mo leemos. Creo que la crisis de la ficci&oacute;n de hoy en d&iacute;a tiene que ver con la crisis de la lectura: se lee todo como si fuera un reflejo de la realidad sin mediaci&oacute;n. Yo no tengo TikTok pero entiendo que en TikTok aparecen muchas cosas: desde una receta de un bud&iacute;n hasta, no s&eacute;, alguien famoso o la importancia de tomar una determinada vitamina. <strong>Vengo pensando que de alguna manera se </strong><em><strong>tiktokiz&oacute;</strong></em><strong> la vida cotidiana porque ya ni siquiera hay una pregunta de si eso que se ve ah&iacute; es verdad o no o de qu&eacute; manera est&aacute; hecho eso sino que, por el solo hecho de que pas&oacute; en TikTok, se lo da por cierto.</strong>&nbsp;Sin hacernos preguntas. Creo que se salte&oacute; la pregunta esa de c&oacute;mo leemos una escena, de qui&eacute;n lo est&aacute; diciendo, c&oacute;mo lo est&aacute; diciendo, qu&eacute; elementos hay en una escena para leer. Me parece que esto tiene que ver con una crisis de lectura que hace que todo se lea igual. Bueno, en ese sentido no hay lectura. Y, para m&iacute;, la potencia del humor tiene que ver con eso, con que habilita una lectura y una relaci&oacute;n con lo que est&aacute;s viendo que te pone en una disposici&oacute;n de lectura. El humor necesita del pacto con el otro. Vos no te sent&aacute;s a mirar un show de <strong>Ricky Gervais</strong> de la misma manera en que miras a (Luis) Majul. O s&iacute;, Majul por ah&iacute; te causa m&aacute;s gracia (risas)
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Sobre todo si sos </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/autores/juan-jose-becerra/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Juan Jos&eacute; Becerra</strong></a><strong> (risas).</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Bueno, es que las notas de Becerra son notas sobre la realidad pero, por la clave de humor que tienen, resultan mucho m&aacute;s potentes que una cr&oacute;nica de un periodista indignado con el gobierno de (Javier) Milei. Porque el humor es trabajo con el lenguaje y tambi&eacute;n implica un pacto con el lector o espectador. Entonces me parece que la sola indignaci&oacute;n no produce cosas interesantes y el humor s&iacute;. <strong>Cuando digo cosas interesantes quiero decir que te qued&aacute;s pensando, que eso te produce emancipaci&oacute;n, y no la identificaci&oacute;n del &ldquo;ay, qu&eacute; horror, qu&eacute; horror&rdquo;.</strong> No digo que a veces no haya que practicar la indignaci&oacute;n tambi&eacute;n. Pero si solo hay indignaci&oacute;n, no hay posibilidad de nada para m&iacute;. La indignaci&oacute;n te deja fijado a una cosa confortable, a una forma de la inhibici&oacute;n. Y yo creo que el humor no es inhibici&oacute;n, el humor te despierta porque la risa te despierta. Te despierta el cuerpo.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Creo que la crisis de la ficción de hoy en día tiene que ver con la crisis de la lectura: se lee todo como si fuera un reflejo de la realidad sin mediación.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; crees que insisten esos discursos que intentan hablar de los l&iacute;mites en el humor?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Me parece que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hubo algunas ilusiones que cayeron. Hubo mucho &iacute;mpetu correctivo en estos a&ntilde;os alrededor de c&oacute;mo hablamos, de qu&eacute; decimos, de qu&eacute; nos re&iacute;mos, como si eso fuera a tener unas consecuencias en lo real de los cuerpos. Cuando, en realidad, no necesariamente existe eso. Creo que censurar el humor es una de las cosas m&aacute;s necias que existen. Primero, porque para m&iacute; justamente el l&iacute;mite <em>es</em> el humor. Despu&eacute;s del humor viene el insulto, viene la guerra, viene la pi&ntilde;a. El humor es un l&iacute;mite. Viene la pi&ntilde;a. Definir de qu&eacute; nos podemos re&iacute;r y de qu&eacute; no, cuando la risa es absolutamente involuntaria, me parece una necedad enorme. Esa pretensi&oacute;n de establecer un <em>hasta ac&aacute;</em>, de esto s&iacute; nos podemos re&iacute;r, de esto no. <strong>Adem&aacute;s hay una confusi&oacute;n ah&iacute;, que es suponer que porque uno se r&iacute;e de algo quiere decir que uno acuerda con ese algo. &iexcl;Cuando uno se r&iacute;e no sabe por qu&eacute; se r&iacute;e! Si yo te cuento un chiste y vos te re&iacute;s, tampoco sabemos de qu&eacute; te est&aacute;s riendo. Porque es insondable qu&eacute; es lo que hace estallar la risa. </strong>Diferente es que a vos no te guste cierto humor. Perfecto. No te gusta el humor de <em>Rompeportones</em> porque te parece chabacano, perfecto, no te re&iacute;s. Vos me pod&eacute;s decir que ese humor atrasa, y yo ah&iacute; te preguntar&iacute;a si atrasa respecto de qu&eacute;, atrasa respecto de qu&eacute; adelante. Porque tambi&eacute;n est&aacute; esa pretensi&oacute;n de que la sociedad est&aacute; adelantada. &iexcl;Cuando la sociedad va y viene todo el tiempo! Uno no puede definir ese atr&aacute;s y ese adelante. Al menos yo tiendo a ser un poquito m&aacute;s liberal, liberal de izquierda, si eso existe (risas). Entonces, que exista <em>Rompeportones</em> y que tambi&eacute;n exista Les Luthiers. De hecho exist&iacute;an al mismo tiempo. Cuando yo era chica exist&iacute;a <em>La peluquer&iacute;a de Don Mateo</em> al mismo tiempo que los uruguayos que hac&iacute;an <em>H&iacute;perhumor</em>. Y Les Luthiers en el teatro y Hugo Moser en la tele. O sea, estaba todo al mismo tiempo. La idea de que vos tendr&iacute;as que disciplinar a la gente y decirle de esto s&iacute; te pod&eacute;s re&iacute;r, de esto no, me parece muy autoritaria. <strong>Me gusta lo que dice (Alejandro) Dolina y cito en el libro: uno se puede re&iacute;r de todo, no hay temas sagrados, en la medida que uno mantenga para s&iacute; un punto de sacralidad.</strong> Porque si no te convert&iacute;s en un canalla o en un c&iacute;nico. Despu&eacute;s, por supuesto que importa la enunciaci&oacute;n que es qui&eacute;n se r&iacute;e de qu&eacute;, en qu&eacute; momento, cu&aacute;ndo, de qu&eacute; forma.
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                Kohan es autora de los libros &quot;Psicoanálisis: por una erótica contra natura&quot;, &quot;Y sin embago, el amor&quot; y &quot;Un cuerpo al fin&quot;.                            </span>
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        <strong>&ndash; Vos trabaj&aacute;s esta idea social del humor, este concepto de &ldquo;Parroquia&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Eso Freud lo lee en un cl&aacute;sico que es (Henri) Bergson, que&nbsp; escribi&oacute; el ensayo de la risa. <strong>Ah&iacute; &eacute;l acu&ntilde;a esta idea de que para que haya humor tiene que haber parroquia. Es decir, tiene que haber un c&oacute;digo compartido. Sin c&oacute;digo compartido lo que hay es desubicaci&oacute;n, es cualquier otra cosa que no es humor.</strong> Eso se ve claramente con los inmigrantes viviendo en pa&iacute;ses donde les cuesta leer el humor porque cada cultura tiene su tradici&oacute;n humor&iacute;stica. Aparece una complicidad distinta tambi&eacute;n. Sin esa comunidad, esa complicidad, no hay humor posible. No hay chiste. No hay ocurrencia. No hay nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Por qu&eacute; crees que se arma una idea medio dicot&oacute;mica que busca separar mucho al humor de la tragedia? En el libro intent&aacute;s mostrar que no hay tanta distancia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; En Grecia los escritores de tragedia no pod&iacute;an escribir comedia. Claramente son dos g&eacute;neros diferentes (risas). Ahora, en la vida de los que no somos comediantes ni escritores de tragedias, tragedia y comedia est&aacute;n muy cerca. Se suele decir que la comedia es tragedia m&aacute;s tiempo. A m&iacute; me interesa mucho esa formulaci&oacute;n porque ese tiempo que se necesita para hacer de una tragedia una comedia no es un tiempo cronol&oacute;gico. No pod&eacute;s decir <em>&ldquo;a ver, tienen que pasar dos meses, seis a&ntilde;os o una generaci&oacute;n entera para poder re&iacute;rnos de ciertas tragedias de este pa&iacute;s&rdquo;</em>. Despu&eacute;s est&aacute;n las preguntas sobre qui&eacute;n se puede re&iacute;r o qui&eacute;n puede hacer un chiste. Como con el humor jud&iacute;o &iquest;no? A m&iacute; me encanta hacer chistes sobre jud&iacute;os pero bueno, &iexcl;soy jud&iacute;a! Claramente no es lo mismo que si lo hace alguien no solo que no es jud&iacute;o sino que a m&iacute; me quedan dudas de su relaci&oacute;n con el juda&iacute;smo. <strong>Lo que un an&aacute;lisis muestra es que comedia y tragedia est&aacute;n muy cerca, o mejor dicho, est&aacute;n todo el tiempo al mismo tiempo. </strong>Lacan dice que la vida no es tr&aacute;gica, que es c&oacute;mica. S&iacute;, uno puede leer esa comedia en alg&uacute;n momento. Claro que en el momento de la tragedia no est&aacute;s pudiendo hacer nada con eso. Pero digamos que, con el tiempo, un an&aacute;lisis tambi&eacute;n es hacer de la tragedia de nuestras vidas, cualquiera sea esa tragedia, un poco una comedia. Hacer de nosotros un h&eacute;roe c&oacute;mico y no el h&eacute;roe tr&aacute;gico que se encamina hacia su destino ineluctable. El an&aacute;lisis justamente provoca un desv&iacute;o que nos hace trastabillar.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se suele decir que la comedia es tragedia más tiempo. A mí me interesa mucho esa formulación porque ese tiempo que se necesita para hacer de una tragedia una comedia no es un tiempo cronológico. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En este sentido, y para volver a un asunto de otro de tus libros, tambi&eacute;n persiste la idea del amor como una pasi&oacute;n un poco tr&aacute;gica, cuando hay muchas escenas c&oacute;micas en el amor.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, no s&eacute; bien por qu&eacute; persiste eso. Porque, al mismo tiempo, cuando vos les pregunt&aacute;s a las parejas que pareciera que m&aacute;s se gustan, mucha gente te dice &ldquo;me r&iacute;o mucho con esta persona&rdquo;. Es impresionante. No s&eacute;, &iquest;vos conoc&eacute;s gente que diga &ldquo;con esta persona no me r&iacute;o pero igual me encanta&rdquo; o &ldquo;esta persona me parece un plomo pero la quiero?&rdquo;. Yo no conozco a nadie al que no le guste re&iacute;rse. Despu&eacute;s hay grados. Hay gente que no para de re&iacute;rse, que es un poco man&iacute;aca. Bueno, no importa. <strong>La risa es absolutamente liberadora y placentera como ninguna otra cosa. Es el modo tambi&eacute;n de que caiga un poco el cuerpo, tambi&eacute;n</strong>. No estar manteniendo un cuerpo erguido, correcto y adulto todo el tiempo. La risa te desarma la imagen, cuando uno se r&iacute;e, sobre todo a carcajadas, el cuerpo tiene una especie de espasmo muy desordenado. La risa intercepta eso: el control que uno pretende tener sobre s&iacute; mismo, sobre su cuerpo. Y es totalmente involuntaria. Como casi todo. <strong>Pero uno no quiere enterarse que todo lo que hacemos es involuntario, &iquest;viste? </strong>(risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En el libro citas varias de las entrevistas que hace Adri&aacute;n Lakerman en su podcast Comedia. &Eacute;l suele cerrar esas conversaciones con humoristas preguntando para qu&eacute; sirve el humor. Quer&iacute;a trasladarte a vos ese interrogante.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Cada vez que escuchaba los episodios de Lakerman, me volv&iacute;a a hacer a m&iacute; misma esa pregunta, que es hermosa. Yo creo que sirve para vivir y no morir en el intento. <strong>Para estar un poco despiertos. O para no adormecernos tanto. No concibo nada de todo lo que hago en mi vida cotidiana sin humor.</strong> Ahora, es el humor, insisto, no decir &ldquo;voy a hacerme la graciosa&rdquo; sino estar disponibles para la ocurrencia. Puede pasar dando clases, en el consultorio como analista o como paciente. En todo lo que hago, en alg&uacute;n momento, aparece el delirio, estalla la risa. Pero no buscada. Es un hallazgo, si lo busc&aacute;s no se encuentra. Porque tambi&eacute;n es imposible de controlar, es una disponibilidad del cuerpo que no es voluntaria. Y hay que estar disponibles para tropezar un poco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Alexandra Kohan presentar&aacute; El sentido del humor el 1 de noviembre a partir de las 18 en la librer&iacute;a Eterna Cadencia (Honduras 5582, CABA). La acompa&ntilde;ar&aacute;n Alicia Majul y Juan Jos&eacute; Becerra.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-indignacion-deja-fijado-cosa-confortable-humor-despierta-cuerpo_1_11724514.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Oct 2024 03:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alexandra Kohan: “La indignación te deja fijado a una cosa confortable mientras que el humor te despierta el cuerpo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Psicoanálisis,Humor,Comedia,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los libros de octubre: las mujeres de Maitena, Borges en Estados Unidos, Hebe Uhart y el humor según Alexandra Kohan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-octubre-mujeres-maitena-borges-estados-unidos-hebe-uhart-humor-alexandra-kohan_1_11695210.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/722234ee-8586-4057-830a-d3eb52e18b0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los libros de octubre: las mujeres de Maitena, Borges en Estados Unidos, Hebe Uhart y el humor según Alexandra Kohan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las editoriales renuevan sus catálogos este mes con novedades muy diversas. De qué se tratan y qué sellos las publicaron.</p></div><p class="article-text">
        Octubre llega con novedades editoriales bien variadas. Entre novelas, cuentos, ensayo, nuevas ediciones de cl&aacute;sicos y antolog&iacute;as, <strong>los sellos apuestan a nombres nuevos y tambi&eacute;n a los consagrados.</strong>
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, un repaso por los lanzamientos m&aacute;s destacados de este mes y las editoriales que los publicaron.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Clases de literatura argentina. Universidad de Michigan, 1976</strong></em><strong>, de Jorge Luis Borges.</strong>&nbsp;&ldquo;Siempre inspirado y provocador, <strong>Borges despliega en estas p&aacute;ginas su visi&oacute;n personal de la literatura argentina a trav&eacute;s de diez clases magistrales que dio en la Universidad de Michigan entre enero y marzo de 1976</strong>, y cuya existencia permaneci&oacute; ignorada hasta que el hallazgo de un conjunto de viejos casetes permiti&oacute; recuperarlas&rdquo;, adelant&oacute; Sudamericana sobre esta publicaci&oacute;n que llega a las librer&iacute;as este mes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mientras la vida en la Argentina se cargaba de oscuros presagios, <strong>Borges y Mar&iacute;a Kodama emprendieron el viaje a los Estados Unidos invitados por el profesor Donald Yates, uno de sus primeros traductores al ingl&eacute;s</strong>, quien registr&oacute;, con su peque&ntilde;o grabador port&aacute;til, el curso completo que Borges dio ante un reducido grupo de estudiantes de habla hispana. Gracias a un meticuloso trabajo de transcripci&oacute;n de esas grabaciones, este volumen recupera el tono espont&aacute;neo e intimista que tuvieron esos encuentros, donde reverbera la ir&oacute;nica y sinuosa voz de un Borges que en la d&eacute;cada de 1970 ya era una celebridad en el ambiente cultural y acad&eacute;mico estadounidense&rdquo;, se lee en la contratapa del libro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por sus p&aacute;ginas desfilan, siempre enmarcados en sus circunstancias hist&oacute;ricas, el <em>Facundo</em> y las batallas de Sarmiento, la figura del gaucho en Hilario Ascasubi, las fallidas lecturas del Mart&iacute;n Fierro y la renovaci&oacute;n que trajo el modernismo, entre m&uacute;ltiples temas y autores. Borges enriquece cada clase con los recuerdos de su abuela sobre la vida en la frontera en el siglo XIX, con las an&eacute;cdotas de su madre sobre Almafuerte, con narraciones m&iacute;ticas o&iacute;das en la estancia de <strong>Adolfo Bioy Casares</strong> o con evocaciones personales de Lugones o de Groussac, pero tambi&eacute;n con incursiones en la mitolog&iacute;a griega o escandinava, y con luminosas digresiones sobre Shakespeare, Whitman o la amistad, para &eacute;l una de las grandes pasiones argentinas&rdquo;, agregan los editores.
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            <span class="title">
                &quot;Clases de literatura argentina&quot;, de Jorge Luis Borges, salió por Sudamericana.                            </span>
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        <em><strong>Clases de literatura argentina. Universidad de Michigan, 1976</strong></em><strong>, de Jorge Luis Borges, sali&oacute; por Sudamericana.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>El sentido del humor</strong></em><strong>, de Alexandra Kohan. </strong>&ldquo;Vivimos &eacute;pocas de mucha solemnidad. Y, como dice Anne Dufourmantelle, el poder necesita de la&nbsp; solemnidad para ejercerse. <strong>El humor es un l&iacute;mite para la crueldad y suprimirlo, censurarlo, es dejar la crueldad a cielo abierto. </strong>Recuperar su dimensi&oacute;n subversiva, potente y emancipatoria resulta fundamental para hacer frente a los tiempos oscuros que se nos vienen, que ya se vinieron. Luego de abordar el amor y el cuerpo, Alexandra Kohan enfrenta en este libro el desaf&iacute;o de pensar acerca de lo que el humor hace de nosotros, en nosotros. No hay resistencia al poder sino en aquello que nos mueve a risa.&nbsp;<strong>Freud consider&oacute; su libro sobre el chiste un 'lugar aparte' respecto del resto de sus escritos.</strong> Dijo: 'me distrajo un poco de mi camino', 'fue una digresi&oacute;n'. <strong>Alexandra Kohan dir&aacute; que hace falta ese margen, ese desv&iacute;o, el del humor, para poder seguir en el camino. '</strong>La risa muestra que las cosas fueron hasta los bordes: se estira el el&aacute;stico y la risa lo afloja justo antes de que se rompa. La risa es pura exuberancia&nbsp; del cuerpo. La risa: lo imposible de domesticar, la evidencia de que ser humano es, antes que nada, no ser due&ntilde;os de nosotros mismos. Y pocas cosas m&aacute;s irrisorias que esa'&rdquo;, se lee en la contratapa de esta publicaci&oacute;n de <strong>Alexandra Kohan</strong>, que llega de la mano de Paid&oacute;s.&nbsp;
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                &quot;El sentido del humor&quot;, el nuevo libro de Alexandra Kohan.                            </span>
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        <em><strong>El sentido del humor</strong></em><strong>, de Alexandra Kohan, sali&oacute; por Paid&oacute;s. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/cebra-bazar_129_11678199.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>En este enlace, un cap&iacute;tulo del texto</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. </strong><em><strong>Las mujeres de mi vida</strong></em><strong>, de Maitena. &ldquo;</strong>En 2022 Maitena mont&oacute; una muestra, <em>Las mujeres de mi vida</em>, con un recorrido por sus grandes &eacute;xitos, <em>Mujeres Alteradas</em>, <em>Superadas</em> y <em>Curvas Peligrosas</em>, que incluy&oacute; material muy &iacute;ntimo: originales, bocetos, piezas in&eacute;ditas. Fue la celebraci&oacute;n de una trayectoria dedicada al humor, a la historieta y a las mujeres. <strong>Este libro concentra y expande ese evento y cuenta adem&aacute;s con textos cr&iacute;ticos que nos invitan a revisitar su obra repensando los temas que aborda desde siempre: la maternidad, el trabajo, la pareja, el cuerpo.</strong> Y deja claro que se trata de un cl&aacute;sico. Porque no s&oacute;lo nos permite descifrar una zona fundamental de la historia del feminismo cuando era una lucha de pocas, una palabra temida y negada: nos sigue haciendo re&iacute;r con una risa que ilumina aspectos de nuestras propias vidas hoy&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; Sudamericana sobre este libro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El humor de Maitena es a veces tierno, a veces transgresor, siempre inteligente y a la vez accesible para todo el mundo. <strong>Y logra lo que muy pocos: condensa en pocas vi&ntilde;etas, con claridad total, cuestiones que suelen necesitar de bibliotecas enteras para ser entendidas</strong>&rdquo;, agregaron.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Las mujeres de mi vida&quot;, lo nuevo de la humorista gráfica Maitena."
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            <span class="title">
                &quot;Las mujeres de mi vida&quot;, lo nuevo de la humorista gráfica Maitena.                            </span>
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        <em><strong>Las mujeres de mi vida</strong></em><strong>, de Maitena, sali&oacute; por Sudamericana.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>4 </strong><em><strong>Impresiones de una directora de escuela</strong></em><strong>, de Hebe Uhart. </strong>La escritora argentina Hebe Uhart (1936-2018) public&oacute; su primer libro en 1962, en una edici&oacute;n de autor:<em> Dios, San Pedro y las almas</em>. <strong>Se trataba de siete cuentos y cuatro microcuentos que mostraban la originalidad y valor de su escritura.</strong> <em>El bud&iacute;n esponjoso</em> (1977) representa ya una de las colecciones m&aacute;s logradas de la autora. <strong>Este volumen, que lleva como t&iacute;tulo </strong><em><strong>Impresiones de una directora de escuela</strong></em><strong>, re&uacute;ne los cuentos de esa primera etapa.</strong> Un momento en el que, seg&uacute;n sus editores, &ldquo;ya est&aacute; presente la exploraci&oacute;n a fondo de la propia historia, de la familia y los v&iacute;nculos m&aacute;s cercanos; la relaci&oacute;n con los objetos (la tela de un vestido, los atuendos en general) y las actividades (limpiar muebles, cocinar un bud&iacute;n, andar en bicicleta)&rdquo;. &ldquo;Una visi&oacute;n que no aspira a la totalidad, de descripciones breves y estilo conciso, conformada por personajes a los que conocemos de cuerpo entero sobre todo a trav&eacute;s de sus formas de hablar&rdquo;, agregan desde Adriana Hidalgo Editora.
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                Llega una nueva edición de los primeros cuentos de Hebe Uhart.                            </span>
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        <em><strong>Impresiones de una directora de escuela</strong></em><strong>, de Hebe Uhart, sali&oacute; por Adriana Hidalgo Editora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. </strong><em><strong>Por qu&eacute; cambi&eacute; de opini&oacute;n</strong></em><strong>, varios autores. </strong>&ldquo;Once escritoras y escritores escriben sobre alg&uacute;n momento particular en el que cambiaron de opini&oacute;n y explican por qu&eacute;&rdquo;, adelantan desde Ediciones Godot sobre esta publicaci&oacute;n. En estricto orden alfab&eacute;tico, participan de este libro con sus textos <strong>Nicol&aacute;s Artusi, Fernando Duclos, Diego Golombek, Liliana Heker, Federico Kukso, Margarita Mart&iacute;nez, Bard Borch MIchalsen, Agostina Mileo, Mar&iacute;a Moreno, Hinde Pomeraniec y Alejandro Tantanian</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Liliana Heker cuenta c&oacute;mo lleg&oacute; al feminismo despu&eacute;s de tener una larga trayectoria viviendo en un mundo de hombres; <strong>Mar&iacute;a Moreno habla sobre la restituci&oacute;n de los hijos y nietos desaparecidos a sus familias de origen y todo lo que ello implica, especialmente para esos hijos y esos nietos</strong>. Tantanian habla sobre c&oacute;mo expresa en su n&uacute;cleo familiar su homosexualidad en los ochenta. Artusi cuenta c&oacute;mo llega a afiliarse a un Partido de Izquierda por amor. En todos los casos, hay una tensi&oacute;n permanente entre las concepciones arraigadas y c&oacute;mo operaron en la historia personal para verse modificadas&rdquo;, apuntan los editores de esta novedad.
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                    alt="&quot;Por qué cambié de opinión&quot;, un libro que trae textos de once autores y autoras."
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            <span class="title">
                &quot;Por qué cambié de opinión&quot;, un libro que trae textos de once autores y autoras.                            </span>
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        <em><strong>Por qu&eacute; cambi&eacute; de opini&oacute;n </strong></em><strong>sali&oacute; por Ediciones Godot.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. </strong><em><strong>Museo del beso</strong></em><strong>, de Andr&eacute;s Gallina y Mat&iacute;as Moscardi. &ldquo;</strong>Un recorrido por besos ic&oacute;nicos en el arte, la historia, la literatura, el cine, la cultura popular. <strong>Con peque&ntilde;os ensayos, relatos y reflexiones, Andr&eacute;s Gallina y Mat&iacute;as Moscardi trazan un recorrido original que va de lo cl&aacute;sico a lo inesperado</strong>&rdquo;, adelantan los editores de esta publicaci&oacute;n que sali&oacute; por el sello Reservoir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los besos se practicaban en las primeras sociedades de la Mesopotamia, hacia el sur de Asia, 2500 a&ntilde;os a.C. De ah&iacute; proviene el primer registro arqueol&oacute;gico, grabado en una tabla de arcilla, en la que se ven dos personas trenzadas en un abrazo. E<strong>n julio de 2009, el Telescopio Espacial Hubble captur&oacute; una imagen de la llamada Nebulosa de la Mariposa, a 3800 a&ntilde;os luz de distancia, en la Constelaci&oacute;n de Escorpio</strong>: dos rostros de luz d&aacute;ndose un piquito c&oacute;smico. Es el primer beso hecho de polvo de estrellas&rdquo;, se&ntilde;ala la contratapa de este libro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El de Francesco Hayez es el beso m&aacute;s caliente del arte pict&oacute;rico; el de Gustav Klimt, el m&aacute;s reproducido. <strong>El beso m&aacute;s largo de la historia se lo dio una pareja tailandesa: dur&oacute; 58 horas, 35 minutos y 58 segundos.</strong> El del sovi&eacute;tico Leonid Brezhnev y el alem&aacute;n Erich Honecker posiblemente haya sido el m&aacute;s fr&iacute;o. El marinero y la enfermera bes&aacute;ndose en Times Square al final de la Segunda Guerra Mundial fueron sorprendidos por dos fot&oacute;grafos. Diego Maradona y Claudio Paul Caniggia inauguraron en un Boca-River la era de los piquitos en el f&uacute;tbol. Michael Corleone bes&oacute; a su hermano Fredo antes de matarlo. En el Kama Sutra hay una lista de veintid&oacute;s formas de besar. Besos famosos, hist&oacute;ricos, futuristas, oscuros, militantes, pintados, fotografiados, filmados, escritos, exhibidos y ocultos: las piezas m&aacute;s ic&oacute;nicas est&aacute;n en el Museo del Beso&rdquo;, agrega.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Museo del beso&quot;, un libro de Andrés Gallina y Matías Moscardi.                            </span>
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        <em><strong>Museo del beso</strong></em><strong>, de Andr&eacute;s Gallina y Mat&iacute;as Moscardi, sali&oacute; por Reservoir Books.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. </strong><em><strong>Un silencio lleno de murmullos</strong></em><strong>, de Gioconda Belli. &ldquo;</strong>Valeria hizo grandes sacrificios en su compromiso como protagonista activa de los cambios pol&iacute;ticos de su pa&iacute;s, Nicaragua. Tras su muerte en Madrid, en plena soledad, le corresponde a su hija Pen&eacute;lope viajar a Espa&ntilde;a y ocuparse de sus bienes materiales. <strong>Rodeada de las pertenencias de una madre que siempre sinti&oacute; ausente, Pen&eacute;lope resolver&aacute;&nbsp; inc&oacute;gnitas inesperadas y conocer&aacute; la apasionante vida de una mujer marcada por triunfos y derrotas, la clandestinidad y las vicisitudes del amor</strong>. En el silencio del hogar la voz de Valeria resurgir&aacute; como un murmullo que la acompa&ntilde;ar&aacute; para siempre. Con su reconocida maestr&iacute;a para profundizar en la psicolog&iacute;a de los personajes, Gioconda Belli se inspira en los grandes mitos cl&aacute;sicos para mostrar un conflicto generacional entre dos mujeres que reh&uacute;san la pasividad de los roles femeninos y deben hacer frente a la culpa y los prejuicios sociales. <em>Un silencio lleno de murmullos</em> es una emocionante novela sobre la zozobra de los secretos familiares y sobre los costos personales del compromiso pol&iacute;tico para una madre y su hija&rdquo;, adelantan desde Seix Barral sobre esta nueva publicaci&oacute;n de Belli.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Exiliada en Madrid desde 2022, <strong>Belli ha escrito esta novela desde su propia experiencia como madre y como militante que ha vivido el auge y la ca&iacute;da del sue&ntilde;o revolucionario</strong>&rdquo;, agregaron desde la editorial. &ldquo;Los hijos de quienes nos involucramos en la revoluci&oacute;n sufr&iacute;an una suerte de abandono. <strong>El de los padres se aceptaba.</strong> Otra cosa pasaba con las madres. Esa ausencia materna cargaba a ambas partes con un nivel de reproche y culpabilidad muy doloroso. He pensado en mis hijas escribiendo esta novela&rdquo;, dijo la autora.
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            <span class="title">
                &quot;Un silencio lleno de murmullos&quot;, la nueva novela de Gioconda Belli.                            </span>
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        <em><strong>Un silencio lleno de murmullos</strong></em><strong>, de Gioconda Belli, es una novedad de Seix Barral.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. </strong><em><strong>Mundo loco. Guerra, cine, sexo, de Slavoj Zizek</strong></em><strong>. </strong>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo describir el mundo en que vivimos? &#381;i&#382;ek lo resuelve con pragmatismo: habla de un mundo loco, en el que las ideolog&iacute;as perdieron relevancia. A partir de <strong>tres ejes fundamentales: guerra, cine y sexo</strong>, todos los textos de este libro se hilvanan para (intentar) explicar un mundo en crisis&rdquo;, se&ntilde;alan los editores de este libro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que vemos &uacute;ltimamente es algo que solo podemos llamar tecnopopulismo: un movimiento pol&iacute;tico con una clara apelaci&oacute;n populista (<strong>trabajar para el pueblo, para sus &lsquo;intereses reales&rsquo;, ni de izquierda ni de derecha)</strong> que promete ocuparse de todos mediante una pol&iacute;tica racional y de expertos; un enfoque pragm&aacute;tico que no moviliza pasiones bajas ni recurre a esl&oacute;ganes demag&oacute;gicos. La vergonzosa paradoja que nos vemos obligados a aceptar es que, desde un punto de vista moral, el modo m&aacute;s c&oacute;modo de mantener una posici&oacute;n de superioridad es vivir en un r&eacute;gimen moderadamente autoritario&rdquo;, agregan sobre la publicaci&oacute;n.
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                Mundo loco. Guerra, cine, sexo, de Slavoj Zizek, salió por Ediciones Godot.                            </span>
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        <em><strong>Mundo loco. Guerra, cine, sexo, de Slavoj Zizek</strong></em><strong>, sali&oacute; por Ediciones Godot.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. </strong><em><strong>Cuentos reunidos</strong></em><strong>, de Sylvia Iparraguirre.</strong> La editorial Alfaguara acaba de publicar todos los cuentos de la escritora argentina Sylvia Iparraguirre reunidos en un &uacute;nico volumen.<strong> Con pr&oacute;logo de Alejandra Kamiya</strong>, la publicaci&oacute;n comienza con los textos del libro En el invierno de las ciudades, de 1988 y tiene, entre otros, relatos de P<em>robables lluvias por la noche</em> (1993) y <em>El pa&iacute;s del viento</em> (2003).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trabajamos con el lenguaje; es una utop&iacute;a creer que ejercemos sobre &eacute;l alg&uacute;n dominio: <strong>las formas se convocan o se rechazan, las historias se resignifican y las contig&uuml;idades dan sorpresas</strong>, por lo que la correcci&oacute;n y el cambio de orden no dejan de ser siempre algo provisorio. Y seguramente superfluo, ya que el lector o la lectora, como sucede con los libros de cuentos, entrar&aacute;n a &eacute;l por donde la curiosidad o el instinto los gu&iacute;e. Y es lo que todo libro solicita: la libertad del lector&rdquo;, sostiene la autora en las notas preliminares de la publicaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alfaguara publica los &quot;Cuentos reunidos&quot; de Sylvia Iparraguirre.                            </span>
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        <em><strong>Cuentos reunidos</strong></em><strong>, de Sylvia Iparraguirre, sali&oacute; por Alfaguara.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. </strong><em><strong>C&oacute;mo pronunciar cuchillo</strong></em><strong>, de Souvankham Thammavongsa. </strong>Este mes Eterna Cadencia Editora lanza el primer libro de relatos de<strong> Souvankham Thammavongsa</strong>, una escritora nacida en un campo de refugiados laosianos en Tailandia y criada en Canad&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Traducido por <strong>Paula Galindez</strong>, retrata <strong>la experiencia de la inmigraci&oacute;n y sus derivas m&aacute;s crueles</strong>, aunque tambi&eacute;n por momentos luminosas. &iquest;C&oacute;mo habitar una tierra nueva y extra&ntilde;a? &iquest;C&oacute;mo hacer pie? &iquest;D&oacute;nde encontrar los puntos de apoyo, los resquicios para la alegr&iacute;a?&nbsp;<strong>Un boxeador fracasado termina esculpiendo u&ntilde;as en el negocio de su hermana</strong>; una ni&ntilde;a esconde las comunicaciones del colegio para no exponer que sus padres desconocen la cultura y el idioma del pa&iacute;s al que acaban de mudarse; dos peque&ntilde;os hermanos esperan con ansias que llegue esa &uacute;nica noche al a&ntilde;o en la que recorren el barrio disfrazados de fantasmas y, sin saber bien por qu&eacute;, reciben golosinas gratis; una mujer mantiene un amor&iacute;o con un hombre cuarenta a&ntilde;os menor&rdquo;, adelantan desde la editorial y agregan: &ldquo;En las catorce historias que componen <em>C&oacute;mo pronunciar cuchillo</em>, narradas con una prosa conmovedora y punzante, pero tambi&eacute;n con humor, <strong>se entrecruzan idiomas, usos y costumbres, paisajes y recuerdos para dar cuenta de los deseos, las aspiraciones y los dolores de personajes entra&ntilde;ables</strong> que, a pesar de las violencias, de los naufragios, se aferran con convicci&oacute;n a la vida&rdquo;.&nbsp;
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                    alt="&quot;Cómo pronunciar cuchillo&quot;, de Souvankham Thammavongsa, es la novedad de octubre de Eterna Cadencia Editora."
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                &quot;Cómo pronunciar cuchillo&quot;, de Souvankham Thammavongsa, es la novedad de octubre de Eterna Cadencia Editora.                            </span>
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        <em><strong>C&oacute;mo pronunciar cuchillo</strong></em><strong>, de Souvankham Thammavongsa, sali&oacute; por Eterna Cadencia Editora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>11.</strong> <em><strong>Las orillas del mar Dulce</strong></em><strong>, de Laura Alcoba. </strong>&ldquo;Laura Alcoba conoce desde ni&ntilde;a el poder de las palabras, aprendiendo en la clandestinidad durante la dictadura que ignorarlas puede costar la vida. En el exilio, se mueve entre su espa&ntilde;ol natal y el franc&eacute;s, dominando este &uacute;ltimo con sutileza. <em>La casa de los conejos</em> y sus otras obras reflejan una voz propia e inconfundible. <strong>En </strong><em><strong>Las orillas del mar Dulce</strong></em><strong>, Alcoba recorre su irrupci&oacute;n en el mundo literario y el destino del escritor argentino H&eacute;ctor Bianciotti, lo silenciado en su historia familiar, y la imagen cautivante y aterradora del r&iacute;o de Sol&iacute;s</strong>. Con maestr&iacute;a y sensibilidad, aborda la experiencia de ser prisionero de uno mismo, habitando una lengua ajena y un tiempo dislocado. Este texto formidable invita a dejarse llevar por las aguas de su escritura extraordinaria&rdquo;, se lee en la contratapa de esta nueva publicaci&oacute;n de la autora de las extraordinarias <em>La casa de los conejos</em>, <em>El azul de las abejas</em> y <em>La danza de la ara&ntilde;a</em>.
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                Las orillas del mar Dulce, de Laura Alcoba, salió por Edhasa.                            </span>
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        <em><strong>Las orillas del mar Dulce</strong></em><strong>, de Laura Alcoba, sali&oacute; por Edhasa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>12. Truman Capote reeditado. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/centenario-truman-capote-true-crime-actual-aprender-sangre-fria_1_11695166.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">A cien a&ntilde;os del nacimiento de Truman Capote</a>, autor ic&oacute;nico de la literatura estadounidense, c&eacute;lebre por obras como <em>Desayuno en Tiffany's</em> y <em>A sangre fr&iacute;a </em>que marcaron un hito en el siglo XX, la editorial Lumen lanz&oacute; este mes en el pa&iacute;s reediciones de gran parte de su obra. <strong>Adem&aacute;s de los dos mencionados, vuelven con dise&ntilde;o renovado, libros cl&aacute;sicos del escritor como </strong><em><strong>El arpa de hierba</strong></em><strong>, </strong><em><strong>Otras voces, otros &aacute;mbitos</strong></em><strong> o </strong><em><strong>M&uacute;sica para camaleones</strong></em>, entre otros, y tambi&eacute;n compilaciones de narrativa breve como un tomo con sus primeros cuentos y otra publicaci&oacute;n que re&uacute;ne una serie de notas period&iacute;sticas bajo el t&iacute;tulo de <em>Retratos</em>.
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                La editorial Lumen lanzó nuevas ediciones de los libros de Truman Capote, en coincidencia con el centenario de su nacimiento.                            </span>
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        Las reediciones de los libros de Truman Capote salieron por Lumen.
    </p><p class="article-text">
        <strong>13. </strong><em><strong>Cuaderno de ideas</strong></em><strong>, de H. P. Lovecraft. </strong>&ldquo;Este libro se compone de ideas, im&aacute;genes y citas anotadas a vuelapluma para su posible uso futuro en ficciones de misterio. <strong>Solamente unas pocas son, de hecho, tramas desarrolladas</strong>; la mayor parte consiste en meras sugerencias o en impresiones arbitrarias destinadas a mantener en activo la memoria o la imaginaci&oacute;n. Sus fuentes son diversas: sue&ntilde;os, lecturas, encuentros casuales, divagaciones, etc&eacute;tera&rdquo;, avisa Lovecraft al principio de esta singular publicaci&oacute;n. <strong>Con traducci&oacute;n de Juan Andr&eacute;s Garc&iacute;a Rom&aacute;n y Carmen Ib&aacute;&ntilde;ez Berganza</strong>, este libro es, seg&uacute;n apuntan sus editores, &ldquo;un viaje apasionante por un paisaje literario a&uacute;n por inventar&rdquo;.
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            <span class="title">
                &quot;Cuaderno de ideas&quot;, de H. P. Lovecraft, salió por Periférica.                            </span>
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        <em><strong>Cuaderno de ideas</strong></em><strong>, de H. P. Lovecraft, sali&oacute; por Perif&eacute;rica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>14. </strong><em><strong>&iexcl;Qui&eacute;n iba a decir!</strong></em><strong>, con ilustraciones de Mariana Ruiz Johnson y textos de Valeria Tentoni. </strong>Publicado por la editorial independiente cordobesa Portaculturas, este es <strong>&ldquo;un libro para volver al asombro, esa condici&oacute;n propia de la ni&ntilde;ez que est&aacute; mirando el mundo por primera vez&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; nos produce asombro? &iquest;La diversidad del mundo o su unidad; a veces oculta, otras, manifiesta? La sutileza del poema de <strong>Valeria Tentoni </strong>y la fuerza y alegr&iacute;a de las ilustraciones de <strong>Mariana Ruiz Johnson</strong> nos ayudan a intuir, jugando po&eacute;ticamente, el origen y unidad de nuestros peque&ntilde;os y m&uacute;ltiples universos. En una peque&ntilde;a piedra comenz&oacute; nuestro planeta, en un perro se esconde la semejanza con una nube, en una piedrita luce una estrella lejana.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo la l&iacute;nea conceptual de la colecci&oacute;n Periquito, <strong>las ilustraciones a dos tintas potencian el color y las formas en peque&ntilde;o formato</strong>. Colores que toman diferentes luces y tonos de acuerdo a cada uno de los tres tipos de papel que le dan cuerpo al libro y lo vuelven una experiencia de descubrimiento&ldquo;, apuntan los editores de esta publicaci&oacute;n peque&ntilde;a y magn&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada uno de los libros de nuestra colecci&oacute;n es una manera de concebir las diferentes formas de ser ni&ntilde;x, no importa la edad que se tenga&rdquo;, agregan.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="¡Quién iba a decir!, con ilustraciones de Mariana Ruiz Johnson y textos de Valeria Tentoni, salió por Portaculturas."
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            <span class="title">
                ¡Quién iba a decir!, con ilustraciones de Mariana Ruiz Johnson y textos de Valeria Tentoni, salió por Portaculturas.                            </span>
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        <em><strong>&iexcl;Qui&eacute;n iba a decir!</strong></em><strong>, con ilustraciones de Mariana Ruiz Johnson y textos de Valeria Tentoni, sali&oacute; por Portaculturas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>15</strong><em><strong>. Algunos pasos hacia una peque&ntilde;a teor&iacute;a de lo visible</strong></em><strong>, de John Berger. </strong>&ldquo;interZona lanza <em>Algunos pasos hacia una peque&ntilde;a teor&iacute;a de lo visible</em>, una obra esencial del c&eacute;lebre escritor y cr&iacute;tico de arte <strong>John Berger</strong>. Este libro, que forma parte de la colecci&oacute;n <em>Zona de Tesoros</em>, re&uacute;ne una serie de reflexiones profundas y po&eacute;ticas sobre la pintura, donde Berger explora su significado y relevancia en el mundo contempor&aacute;neo. <strong>A trav&eacute;s de sus ensayos y poemas, nos invita a reconsiderar nuestra relaci&oacute;n con lo que vemos y c&oacute;mo lo interpretamos.</strong> Berger, con su estilo &uacute;nico, combina rigor e intuici&oacute;n para abordar el arte de la pintura como una afirmaci&oacute;n de lo visible, ese mundo que siempre aparece y desaparece ante nuestros ojos. A trav&eacute;s de estas p&aacute;ginas, el autor nos invita a considerar que a&uacute;n tenemos tiempo para representar todo aquello que todav&iacute;a no ha desaparecido&rdquo;, inform&oacute; la editorial sobre este lanzamiento.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Con esta obra, John Berger reafirma su lugar como <strong>uno de los pensadores m&aacute;s influyentes del siglo XX en el &aacute;mbito del arte y la cr&iacute;tica cultural</strong>, ofreciendo una nueva perspectiva sobre la relaci&oacute;n entre el ser humano y lo visible.&nbsp;Esta edici&oacute;n cuenta con las traducciones de Pilar V&aacute;zquez y Nacho Fern&aacute;ndez Rocafort y es una invitaci&oacute;n a detenerse, observar y cuestionar el acto mismo de ver&rdquo;, agregan los editores.
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            <span class="title">
                Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible, de John Berger, salió por Interzona.                            </span>
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        <em><strong>Algunos pasos hacia una peque&ntilde;a teor&iacute;a de lo visible</strong></em><strong>, de John Berger, sali&oacute; por Interzona.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>16. </strong><em><strong>Intermezzo</strong></em><strong>, de Sally Rooney. </strong>&ldquo;Peter e Ivan Koubek no tienen nada en com&uacute;n, salvo el hecho de ser hermanos y estar atravesando el duelo por la muerte de su padre. <strong>Peter, a sus treinta y pocos a&ntilde;os, es un carism&aacute;tico y reputado abogado dublin&eacute;s de apariencia inquebrantable que se medica para poder dormir y manejar la relaci&oacute;n sentimental que mantiene con dos mujeres muy diferentes</strong>: su eterno primer amor, Sylvia, y Naomi, una estudiante universitaria que no se toma la vida muy en serio. Ivan, de veintid&oacute;s, es un ajedrecista profesional de car&aacute;cter inflexible y reservado, que se ve a s&iacute; mismo como la ant&iacute;tesis de su hermano, al que considera superficial y demasiado hablador. En un torneo de ajedrez que se celebra pocos d&iacute;as despu&eacute;s del funeral del padre, Ivan conoce a Margaret, una mujer divorciada catorce a&ntilde;os mayor que &eacute;l. En la intimidad de su soledad compartida surge una fuerte conexi&oacute;n, y sus vidas se entrelazar&aacute;n r&aacute;pida e intensamente. Para dos hermanos afligidos y las personas a las que aman, este es un nuevo interludio cargado de deseo y desesperaci&oacute;n, culpa y dolor, pero tambi&eacute;n lleno de posibilidades. Una oportunidad para descubrir cu&aacute;nto puede contener una vida sin romperse&rdquo;, se lee en la contratapa de la nueva novela de la autora de la c&eacute;lebre <em>Gente normal</em>.
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            <span class="title">
                &quot;Intermezzo&quot;, lo nuevo de Sally Rooney,                            </span>
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        <em><strong>Intermezzo</strong></em><strong>, de Sally Rooney, sali&oacute; por Random House.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>17. </strong><em><strong>El inter&eacute;s detr&aacute;s del desinter&eacute;s</strong></em><strong>, de Pierre Bourdieu. </strong>Esta nueva entrega de la Biblioteca Bourdieu que edita Siglo XXI lleva como subt&iacute;tulo <strong>&ldquo;El Estado moderno, las pujas de poder y la definici&oacute;n del bien com&uacute;n. Cursos en el Coll&egrave;ge de France 1987-1989&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una caracter&iacute;stica clave de quienes trabajan para el Estado y le dan forma es que afirman sacrificar sus intereses personales y ejercer su funci&oacute;n de modo desinteresado, por el bien com&uacute;n. <strong>Pero &iquest;es posible un comportamiento desinteresado, hacer algo a cambio de nada?</strong> &iquest;Habr&aacute; que tomar al pie de la letra los discursos altruistas de abnegaci&oacute;n y devoci&oacute;n? Poniendo en duda todos los supuestos y los moralismos de las almas bellas &ndash;que se resisten a escrutar las determinaciones materiales y simb&oacute;licas de sus pr&aacute;cticas&ndash;, y renovando las herramientas cr&iacute;ticas, Bourdieu arroja nueva luz sobre la formaci&oacute;n del Estado y del sistema jur&iacute;dico modernos&rdquo;, se lee en la contratapa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;El interés detrás del desinterés&quot;, de Pierre Bourdieu.                            </span>
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        <em><strong>El inter&eacute;s detr&aacute;s del desinter&eacute;s</strong></em><strong>, de Pierre Bourdieu, sali&oacute; por Siglo XXI Editores.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>18. Anagrama por dos. </strong>La editorial Anagrama anunci&oacute; la llegada este mes de dos libros de autores emblem&aacute;ticos de ese sello: <strong>Alessandro Baricco y Richard Ford</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de su &uacute;ltima novela, <strong>Alessandro Baricco regresa con un western excepcional y trascendente</strong>: <em>Abel</em>. El sheriff Abel Crow tiene 27 a&ntilde;os y ya es un personaje de leyenda. Sus dotes innatas como tirador &mdash;su disparo preferido es &lsquo;el M&iacute;stico&rsquo;, uno doble, cruzado y simult&aacute;neo, con ambas manos, sobre blancos distintos&mdash;, no podr&aacute;n evitar, sin embargo, que en un momento cr&iacute;tico se replantee el sentido de la existencia&rdquo;, adelantaron en un comunicado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En <em>S&eacute; m&iacute;a</em> regresa un viejo conocido, con aires de despedida definitiva: <strong>Frank Bascombe protagoniza su quinto libro de la mano de Richard Ford</strong>. Conocimos a Frank Bascombe en el ya lejano 1986 con <em>El periodista deportivo</em> y sus andanzas nos han ido mostrando las transformaciones de Estados Unidos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Reaparece ahora con 74 a&ntilde;os y arranca su relato con esta frase: &lsquo;&Uacute;ltimamente, me ha dado por pensar en la felicidad m&aacute;s que antes&rsquo;&rdquo;, anticipan desde el sello.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Dos grandes novedades de octubre que llegan a través de la editorial Anagrama."
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                Dos grandes novedades de octubre que llegan a través de la editorial Anagrama.                            </span>
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        <em><strong>Abel, </strong></em><strong>de Alessandro Baricco y</strong><em><strong> S&eacute; m&iacute;a</strong></em><strong>, de Richard Ford, salieron por Anagrama</strong><em><strong>.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>19.</strong><em><strong> Irene Gruss. El coraz&oacute;n del asunto</strong></em><strong>, de Daniela Pasik. </strong>&ldquo;Los casilleros donde suele ubicarse la obra de Irene Gruss, dice Pasik, son el de la iron&iacute;a y el de lo dom&eacute;stico. Y, sobre el sedimento de aquella lectura se&ntilde;ala: <strong>&lsquo;La poes&iacute;a es inquietud, esa es su g&eacute;nesis. Eso hace Irene en cada poema. Deja algo abierto, sin responder&rsquo;</strong>. Lo mismo hace Pasik en su texto: indaga, divierte, invita a pensar. Lejos de la solemnidad y la idealizaci&oacute;n, este libro desaf&iacute;a las convenciones anquilosadas del g&eacute;nero biogr&aacute;fico de un modo fresco, oscuro, luminoso, sin que esto sea contradictorio. Las visiones caleidosc&oacute;picas de los numerosos entrevistados configuran escenas vivas que regalan &eacute;pocas y climas culturales. Paul Ricoeur hablaba de la vida como relato y aqu&iacute; encontramos todos los condimentos de lo cotidiano y de lo est&eacute;tico: desde su relaci&oacute;n con el caf&eacute; y el cigarrillo hasta las grandes ideas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es <em>El coraz&oacute;n del asunto</em> una biograf&iacute;a? S&iacute;. Y no s&oacute;lo eso. Es una historia de vida en clave de comedia negra; de cinismo tierno, de sensibilidad sin cursiler&iacute;a que amalgama el retrato biogr&aacute;fico con la lectura cr&iacute;tica en una sinfon&iacute;a de filos de cuchillos que se rozan. En ese acto de contacto se genera la chispa &aacute;spera y amorosa que vuelve poderosos los pliegues de la literatura. Atrapa en su narrativa y no es necesario haber le&iacute;do a la biografiada. No s&oacute;lo porque a lo largo de la trama se cuelan sus poemas como intersticios que dialogan con sus temas y conflictos vitales. Hay una fuerza centr&iacute;fuga de energ&iacute;as de personajes que debaten y crean, de ideas en consonancia y otras que no. Al mismo tiempo, regala un ars po&eacute;tica rebelde, estricta y risue&ntilde;a. <strong>Este libro ense&ntilde;a maneras de leer, y de escribir, como una reversi&oacute;n contempor&aacute;nea de </strong><em><strong>Consejos para un joven poeta</strong></em><strong> de Rilke</strong> -con mirada de sucesos y movimientos literarios hist&oacute;ricos- donde el contexto mueve y enriquece la intriga&ldquo;, apunta la escritora Sonia Budassi en la contratapa de este libro que acaba de salir por el sello Gog&amp;Magog. Se trata de una publicaci&oacute;n escrita por la periodista Daniela Pasik sobre la vida y la poes&iacute;a de Irene Gruss, que es adem&aacute;s el segundo t&iacute;tulo de la colecci&oacute;n <em>Biograf&iacute;as</em> del sello.
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                    alt="&quot;Irene Gruss. El corazón del asunto&quot;, es una biografía de la poeta que escribió la periodista Daniela Pasik."
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                &quot;Irene Gruss. El corazón del asunto&quot;, es una biografía de la poeta que escribió la periodista Daniela Pasik.                            </span>
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        <em><strong>Irene Gruss. El coraz&oacute;n del asunto</strong></em><strong>, de Daniela Pasik, fue publicado por Gog &amp; Magog.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>20. </strong><em><strong>Gelatina libre</strong></em><strong>, de Marina Abiuso. &ldquo;</strong>Laura cumple con todos los &lsquo;deber ser&rsquo; que se esperan de una mujer joven de su &eacute;poca: es independiente, trabaja, estudia. Y hace dieta. <strong>Porque no se siente c&oacute;moda con su cuerpo, porque vive obsesionada con su tama&ntilde;o. Est&eacute; gorda o flaca</strong>. La vida entera pasa por ese severo escrutinio que se aplica a s&iacute; misma: sus logros profesionales, sus encuentros amorosos, sus v&iacute;nculos familiares, la amistad con otras mujeres. Laura quiere encajar. Y usar&aacute; todas sus capacidades para lograrlo, incluso si es ella misma la que debe quedar por el camino.&nbsp; Divertida y &aacute;gil, esta primera novela de Marina Abiuso es a la vez una cr&oacute;nica y una s&aacute;tira que invita a la reflexi&oacute;n sobre la fuerza de los mandatos. &lsquo;El peso es relativo. Esto es: en relaci&oacute;n con los otros. Si estoy flaca me miran m&aacute;s, me dicen m&aacute;s cosas por la calle. Odio que me digan cosas por la calle pero tambi&eacute;n me dicen cosas cuando estoy gorda.&nbsp; Gorda, me dicen. Y piropos m&aacute;s chanchos.&nbsp; Con las gordas se animan m&aacute;s y encima esperan que agradezcas&rsquo;&rdquo;, se lee en la contratapa de esta publicaci&oacute;n, que es la primera incursi&oacute;n en el universo de la ficci&oacute;n de la periodista <strong>Marina Abiuso</strong>.
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            <span class="title">
                &quot;Gelatina libre&quot;, una novela de Marina Abiuso.                            </span>
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        <em><strong>Gelatina libre</strong></em><strong>, de Marina Abiuso, sali&oacute; por Planeta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>21. </strong><em><strong>La ruta del esnife</strong></em><strong>, de Gustavo Caletti. </strong>&ldquo;Factotum ediciones anuncia el lanzamiento de La ruta del esnife, la nueva novela de Gustavo Caletti que promete sacudir el panorama literario con su estilo &uacute;nico y su mirada provocadora. A trav&eacute;s de una narrativa que mezcla el humor, la iron&iacute;a y la cr&iacute;tica social, Caletti nos lleva en un viaje a lo largo y ancho de un pa&iacute;s que se refleja en los rincones menos esperados: los ba&ntilde;os de las estaciones de servicio&rdquo;, adelant&oacute; en un comunicado la editorial.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La historia comienza con un encuentro inesperado en el ba&ntilde;o de un bar, donde Claudio, el protagonista, se ve envuelto en una situaci&oacute;n l&iacute;mite con Mika, una mujer enigm&aacute;tica que cambiar&aacute; el rumbo de su vida. <strong>Alejado de su vida acad&eacute;mica y sumido en un mundo de excesos, Claudio encuentra en Mika no solo una conexi&oacute;n inesperada, sino tambi&eacute;n una oportunidad laboral ins&oacute;lita</strong>: evaluar la situaci&oacute;n de las franquicias de una cadena de estaciones de servicio, centrando su atenci&oacute;n en el estado de los ba&ntilde;os. Lo que parece ser un trabajo banal se convierte en una excusa perfecta para que Claudio retome su faceta de investigador y se embarque en la creaci&oacute;n de una singular cartograf&iacute;a: la del esnife&rdquo;, agrega.
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                &quot;La ruta del esnife&quot;, de Gustavo Caletti, salió por Factotum.                            </span>
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        <em><strong>La ruta del esnife</strong></em><strong>, de Gustavo Caletti, sali&oacute; por Factotum.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>22. </strong><em><strong>Acequia</strong></em><strong>, de Amaury Colmenares. </strong>&ldquo;El 15 de junio de 2024, un jurado integrado por las editoriales Laguna Libros (Colombia), Pesopluma (Per&uacute;), Dum Dum (Bolivia), Las Afueras (Espa&ntilde;a), Severo Editorial (Ecuador), Chatos Inhumanos (Estados Unidos), Sigilo (Argentina), Hueders (Chile), Casa Editorial Hum (Uruguay) y Ediciones Ant&iacute;lope (M&eacute;xico) <strong>otorg&oacute; el I Premio Hispanoamericano de Narrativa Las Yubartas a </strong><em><strong>Acequia</strong></em><strong>, de Amaury Colmenares</strong>. Desafiante como un puzle y ligera como una sonrisa, Acequia sorprende y emociona con su humor inteligente y su exquisita invenci&oacute;n. <strong>Estos fueron los fundamentos de Sigilo para el dictamen que la consagr&oacute; de forma un&aacute;nime con este premio otorgado por diez editoriales independientes</strong>&rdquo;, inform&oacute; Sigilo en un comunicado sobre este flamante texto del escritor mexicano que llega por estos d&iacute;as a la librer&iacute;as locales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A trav&eacute;s de fragmentos h&aacute;bilmente entrelazados, movi&eacute;ndose entre lo individual y lo colectivo,<strong> Amaury Colmenares nos entrega una obra extravagante y erudita</strong>, una comedia hilarante, escrita con mordacidad y lirismo. Editoriales embusteras, comediantes retirados y ni&ntilde;os perdidos en el subsuelo convergen en esta portentosa novela, un caleidoscopio de personajes e hilos narrativos que van tejiendo la biograf&iacute;a de una ciudad, Cuernavaca, de su historia y de sus habitantes. Desafiante como un puzle y ligera como una sonrisa, esta novela&nbsp; le devuelve a la narrativa su potencia de juego e invenci&oacute;n&rdquo;, se lee en su contratapa.&nbsp;&nbsp;
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            <span class="title">
                Acequia, de Amaury Colmenares, salió por Sigilo.                            </span>
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        <em><strong>Acequia</strong></em><strong>, de Amaury Colmenares, sali&oacute; por Sigilo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>23. </strong><em><strong>Los a&ntilde;os frente al puente</strong></em><strong>, de Andr&eacute;s Barba. </strong>&ldquo;El puente Roque Gonz&aacute;lez comunica las ciudades de Posadas, en Argentina, y Encarnaci&oacute;n, en Paraguay. Forma parte del paisaje de quienes participaron en su construcci&oacute;n, de quienes lo contemplaron a ras de ciudad, y de quienes d&iacute;a a d&iacute;a -tiempo despu&eacute;s- cruzan el r&iacute;o Paran&aacute; o se asoman por primera vez a &eacute;l. Acaso <em>Los a&ntilde;os frente al puente</em>, de Andr&eacute;s Barba, sea entonces un libro de memoria: de la propia y de la ajena, de la que nos acompa&ntilde;a y de la que erige piedra a piedra, instante a instante, y tambi&eacute;n de la que se nos transmite en los recuerdos que escuchamos o en las historias que leemos&rdquo;, adelantan sobre este libro desde el sello La Bella Varsovia.
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            <span class="title">
                Los años frente al puente, lo nuevo de Andrés Barba                            </span>
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        <em><strong>Los a&ntilde;os frente al puente</strong></em><strong>, de Andr&eacute;s Barba, sali&oacute; por La Bella Varsovia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>24. </strong><em><strong>Nuestro plan de fiesta</strong></em><strong>, de Camila Fabbri y Jazmina Barrera. </strong>&ldquo;Durante varios meses, Jazmina Barrera y Camila Fabbri se mandan mails al modo de las cl&aacute;sicas correspondencias entre escritores. Lo hacen desde todos lados: el asiento apretado de un avi&oacute;n, una residencia de artistas, las calles de una ciudad de paso o desde sus casas. As&iacute;, mientras el tiempo pasa, lento e imperceptible, la conversaci&oacute;n se va metiendo por temas inesperados. &iquest;De qu&eacute; hablan dos amigas? &iquest;Qu&eacute; cuerda invisible anuda a dos escritoras que viven a miles de kil&oacute;metros una de la otra?&rdquo;, adelantan desde el sello Vinilo sobre esta novedad editorial de octubre.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Frente a un mundo cada vez m&aacute;s veloz, Camila Fabbri y Jazmina Barrera cultivan por unos meses el antiguo arte epistolar y crean, carta a carta, una temporalidad paralela. No es un gesto nost&aacute;lgico, sino una aventura gozosa, que atraviesa oc&eacute;anos a la vez que a&ntilde;ora la tierra firme; que sondea el significado de ser adultas y las particularidades de un oficio que respira en ellas; que examina los asombros y las broncas, las fobias y los peque&ntilde;os placeres; y que va urdiendo el gui&oacute;n de una pel&iacute;cula futura. Una pel&iacute;cula al modo de un cad&aacute;ver exquisito, en el que las amigas fusionan la imaginaci&oacute;n, se trenzan en la escritura colaborativa y dan cuerpo a una fiesta propia, alucinada, brillante, parecida a la felicidad&rdquo;, se&ntilde;ala en la contratapa del libro la escritora <strong>Alejandra Costamagna</strong>.
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                &quot;Nuestro plan de fiesta&quot;, de Camila Fabbri y Jazmina Barrera, salió por Vinilo.                            </span>
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        <em><strong>Nuestro plan de fiesta</strong></em><strong>, de Camila Fabbri y Jazmina Barrera, sali&oacute; por Vinilo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Oct 2024 09:44:14 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Notas sobre el dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-dinero_132_10393994.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b5015de-6069-4f44-8cf5-f164c0069759_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077654.jpg" width="2544" height="1431" alt="Notas sobre el dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora, Alexandra Kohan, habla, analiza y piensa del dinero en este envío. "El dinero es muchas cosas, pero nunca es un asunto fresco o aireado. No es fácil salir airoso cuando hay que hablar de dinero", dice. </p></div><p class="article-text">
                                                                                                                                                                           <em> No hay manera de nombrar el dinero sin equivocarse.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>                                                                                                                                                                                                                                             Alan Pauls</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>I.&nbsp;</strong>A veces me pregunto qu&eacute; es lo que me lleva a escribir estos textos acerca de asuntos tan enormes, tan inasibles, tan imposibles de acotar. Y a pesar de que no tengo una respuesta definitiva y &uacute;ltima, pienso que lo que me lleva ah&iacute; es el intento de enterarme de lo que pienso.
    </p><p class="article-text">
        Porque la mayor parte de las veces uno cree que sabe lo que piensa, lo cree hasta que se pone a hablar o a escribir. El an&aacute;lisis es un lugar en el que uno se entera de lo que piensa; la escritura, para m&iacute;, es otro. Tengo la ilusi&oacute;n de que agarro estas piedras muy calientes y escribo para no quemarme, para apaciguar el ardor, la molestia de lo que quema. Vaya si el dinero es un asunto que quema. &ldquo;Un quemo&rdquo; se dec&iacute;a hace mucho, para decir que algo era embarazoso. Hablar de dinero suele ser un quemo, s&iacute;. El dinero es muchas cosas, pero nunca es un asunto fresco o aireado. No es f&aacute;cil salir airoso cuando hay que hablar de dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>II.&nbsp;</strong>&ldquo;Gran invento de Freud: el que habla, paga&rdquo;, dice Ricardo Piglia y me acuerdo de lo que dijo Juan Jos&eacute; Becerra en un homenaje a Germ&aacute;n Garc&iacute;a: &ldquo;Germ&aacute;n era alguien que hac&iacute;a que hablar al pedo tuviera un costo&rdquo;. Pago, costo y dinero no son lo mismo. Por eso a veces se empastan las cosas y se solidifican estereotipos y doxas, sobre todo cuando nos ponemos a pensar la dificultad que implica el dinero en una relaci&oacute;n anal&iacute;tica. Hay muchos lugares comunes en referencia al pago del an&aacute;lisis. Y considero que esos lugares comunes funcionan coaccionando la disposici&oacute;n de un analista a inventar. Porque el an&aacute;lisis es un ejercicio en el que se inventan respuestas cada vez, respuestas que no se saben de antes. Cuanto m&aacute;s reglas hay, menos margen de invenci&oacute;n. Las reglas son un corset que no permiten moverse y lo cierto es que si aplastamos el espacio anal&iacute;tico con reglas, se convierte en otra cosa. La &uacute;nica regla es la regla fundamental: asociaci&oacute;n libre y su contraparte, atenci&oacute;n flotante. Si hay algo de libertad en el ejercicio anal&iacute;tico, ella est&aacute; en el hecho de no reglar lo que ah&iacute; sucede. Se escucha much&iacute;simo, y est&aacute; casi &ldquo;establecido&rdquo; como una regla, que si el paciente falta, debe pagar la sesi&oacute;n igual. Si eso se constituye como regla, estamos en problemas. Nada puede establecerse en un &ldquo;siempre&rdquo; porque tambi&eacute;n hay modos distintos de faltar, no s&oacute;lo motivos, sino maneras distintas de no acudir a la cita. Habr&aacute; que ver en cada caso. Es un problema en tanto se convierte en una rutina, en un ritual -ya bastante con la rutina del d&iacute;a y la hora-. Si algo caracteriza el an&aacute;lisis, es estar dispuestos a la sorpresa, al hallazgo, a la contingencia. No es que tengamos que prepararnos para eso, porque es imposible, pero si ahogamos la cosa con normas y reglas, no va a haber espacio para ello. Una regla hace de la cosa algo invariable, fijo y regulado, algo anticipable y calculable. Y si algo tiene la transferencia, es que resulta incalculable. Las cuestiones del dinero, del costo y del pago entran en el campo transferencial. Lo sabemos por Freud: &ldquo;el hombre de cultura trata los asuntos de dinero de id&eacute;ntica manera que las cosas sexuales, con igual duplicidad, mojigater&iacute;a e hipocres&iacute;a&rdquo;. Cuando Freud lo dice, lo hace para se&ntilde;alar que los analistas tendr&iacute;an que &ldquo;tratar las relaciones monetarias ante el paciente con la misma natural sinceridad&rdquo; con la que tratan los asuntos sexuales; que se trata de que el analista deponga la &ldquo;falsa verg&uuml;enza&rdquo;. Por eso habr&aacute; que v&eacute;rselas, cada vez, con eso. Habr&aacute; que saber hacer. Y saber hacer, como dice Juan Ritvo, es saber inventar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>III.&nbsp;</strong>Se puso de moda la culpa de clase en el &aacute;mbito p&uacute;blico. Seg&uacute;n parece, quien tiene privilegios debe explicitarlos y disculparse, y despu&eacute;s puede seguir consumiendo como si nada. Me parece un gesto contrario a lo que se pretende. Tener conciencia de clase es, justamente, no pretender tranquilizarse con las disculpas. Si uno no reconoce sus propias condiciones de enunciaci&oacute;n, termina por desconocer sus privilegios. Declamar no es practicar la conciencia de clase; sentirse culpable, menos que menos. La culpa es, en rigor, una disculpa, una manera de no reconocer el lugar de enunciaci&oacute;n. Reconozco que la escisi&oacute;n entre la declamaci&oacute;n y las pr&aacute;cticas me exaspera. Porque no son contradicciones, sino hipocres&iacute;a.
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>IV. </strong>&iquest;Qu&eacute; funci&oacute;n cumplen los honorarios en el psicoan&aacute;lisis? Lo cierto es que se trata de una relaci&oacute;n in&eacute;dita. No es un servicio, no es una mercanc&iacute;a, no es s&oacute;lo un trabajo o, en rigor, parafraseando a Lacan: el psicoan&aacute;lisis es un trabajo, pero no como los dem&aacute;s. Tampoco es una transacci&oacute;n comercial. No es dinero a cambio de algo. Si as&iacute; fuera, no habr&iacute;a tanta gestualidad alrededor del pago -econom&iacute;a de goce, econom&iacute;a libidinal-. M&aacute;s all&aacute; de las respuestas que cada quien intente, alguna vez lo pens&eacute; de la siguiente manera: lo que paga un paciente no es el equivalente a lo que cobra un analista. No hay transacci&oacute;n posible. En esa diferencia, en ese hiato, se abre todo el espacio en el que no queda otra cosa que la transferencia como invenci&oacute;n, no queda otra cosa que la invenci&oacute;n transferencial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>V.</strong>&nbsp;El analista, record&eacute;moslo con Lacan, tambi&eacute;n debe pagar: &ldquo;con palabras sin duda, si la transmutaci&oacute;n que sufren por la operaci&oacute;n anal&iacute;tica las eleva a su efecto de interpretaci&oacute;n; -pero tambi&eacute;n pagar con su persona, en cuanto que, diga lo que diga, la presta como soporte a los fen&oacute;menos singulares que el an&aacute;lisis ha descubierto en la transferencia; -&iquest;olvidaremos que tiene que pagar con lo que hay de esencial en su juicio m&aacute;s &iacute;ntimo, para mezclarse en una acci&oacute;n que va al coraz&oacute;n del ser&rdquo;. El psicoan&aacute;lisis no es gratuito tampoco para el analista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VI.</strong>&nbsp;No hay forma de cobrar -y esto excede la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica- si uno no est&aacute; dispuesto a pagar. Quiero decir que para &ldquo;autorizarse&rdquo; a cobrar por lo que se hace, antes, seg&uacute;n creo, se tiene que estar dispuestos a perder algo, a ceder algo. El an&aacute;lisis es un lugar en el que se &ldquo;aprende&rdquo; -no me gusta mucho el t&eacute;rmino- a perder; en el que se experimenta la verdadera desalienaci&oacute;n que implica estar dispuestos a perder. Algo as&iacute; como un juego en el que se gana perdiendo. Como si dij&eacute;ramos que, antes que arriesgarse a perder, se trata de arriesgarse a ganar. Estar dispuestos a perder, arriesgarse a ganar. &iquest;Lo inverso? Lo inverso ser&iacute;a &ldquo;la soluci&oacute;n l&oacute;gica adoptada por algunos que, a fin de no morir, eligen no vivir, no hacer su agujero&rdquo;, como dice Allouch. Y en ese caso, no poder parar de perder, no poder parar de asumir costos alt&iacute;simos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VII.</strong>&nbsp;2023. Hace poco una persona joven me dijo &ldquo;mis amigos y yo hablamos mucho de dinero porque nos est&aacute; siendo muy dif&iacute;cil la situaci&oacute;n econ&oacute;mica. El dinero est&aacute; presente como tema todo el tiempo&rdquo;. La inflaci&oacute;n carcome no s&oacute;lo los bolsillos, sino, sobre todo, el &aacute;nimo y las ganas de mirar el horizonte; carcome la posibilidad de fantasear y de imaginar. Florencia Angilletta no escatima en lucidez cuando se trata de leer la situaci&oacute;n econ&oacute;mica del pa&iacute;s. Lo hace habitualmente. En&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=638486829e&amp;e=3d23593773" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este</a>&nbsp;texto encara m&aacute;s precisamente el asunto: la guita. Dice: &ldquo;La infancia es ese mapa de cu&aacute;nto pueden comprar tus padres o madres y cu&aacute;nto los padres o madres de los dem&aacute;s. Cuando ese mapa est&aacute; armado del todo quiz&aacute; la infancia se termina. Pero antes es el desfasaje entre trabajo, dinero y capacidad de compra&rdquo;. Y en su Newsletter&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=a125e385b7&amp;e=3d23593773" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cartas en el asunto</a>, que escribe en Panam&aacute; Revista, no soslaya la cosa: Patrimonio, Ansiedad, Independencia -sus recientes tres entregas-: ninguno puede pensarse por fuera del dinero en su materialidad m&aacute;s absoluta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VIII.</strong>&nbsp;&ldquo;El problema que lo form&oacute; fue sin duda el dinero, no el sexo&rdquo;, dice Barthes de s&iacute; mismo. El dinero: un problema. La relaci&oacute;n con el dinero nunca es limpia, ni directa. Est&aacute; contaminada de neurosis. Miserable o generoso, agarrado o desprendido, despilfarrador o retentivo, impedido o arriesgado: las formas de dar y de tener se comportan de manera similar, se trate de dinero, de afecto, de amor, de odio. Hay una transmisi&oacute;n familiar de esas formas. Y muchas cosas amontonadas en los modos de circulaci&oacute;n del don en una familia. El dinero, cuando se tiene, nunca es solo dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IX</strong>. La gestualidad alrededor del dinero. Los modos en los que se guarda, la manera en la que se dispone, c&oacute;mo se ordena, d&oacute;nde se esconde, c&oacute;mo se saca del bolsillo, en qu&eacute; y c&oacute;mo se gasta. C&oacute;mo se cuenta, c&oacute;mo se declara. En&nbsp;<em>Historia del dinero</em>&nbsp;-Anagrama-, de Alan Pauls, hay un ni&ntilde;o que mira impactado los modos en los que el padre saca el fajo de dinero del bolsillo, &ldquo;lo impresiona&rdquo; ese fajo as&iacute;, desnudo. Tambi&eacute;n se detiene en lo siguiente: el padre cuenta el dinero de manera tal que no le ensucia los dedos, &ldquo;es como si el dinero no dejara en &eacute;l huella alguna&rdquo;. Mientras tanto, la historia personal se mezcla con la historia de un pa&iacute;s. El dinero: una cifra de la oscuridad, pero tambi&eacute;n de la obscenidad. Dinero expl&iacute;cito y p&eacute;rdida alrededor de los cuales se escribe una historia.&nbsp;La historia familiar de cada quien es tambi&eacute;n una historia del dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>X.</strong>&nbsp;Ahora pienso lo siguiente: la percepci&oacute;n del tiempo y del dinero acaso sea una de las cosas que m&aacute;s cambian a lo largo de una vida. Lo pens&eacute; a partir de este p&aacute;rrafo de Pauls, que es sobre el tiempo pero bien podr&iacute;a ser sobre el dinero:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;se le ocurre pensar que quiz&aacute;s el tiempo no sea en absoluto universal sino el colmo de lo espec&iacute;fico, una suerte de bien end&eacute;mico que cada familia y cada casa y hasta cada persona producen a su manera, con m&eacute;todos, criterio, instrumentos propios, y producen en el sentido m&aacute;s literal de la palabra, invirtiendo fuerza f&iacute;sica, trabajo, materias primas, todo lo que la consistencia evanescente del tiempo parecer&iacute;a m&aacute;s bien volver innecesario, como si fuera m&aacute;s una artesan&iacute;a dom&eacute;stica que ese transcurrir esquivo que todos repiten que es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-dinero_132_10393994.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jul 2023 11:02:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre el dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la mira]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mira_129_10366539.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d0d09b9-474e-4bbc-abe5-96609367e09a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077046.jpg" width="1600" height="900" alt="En la mira"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la envidia, pasión triste en palabras de la autora, el otro está en la mira de nuestras proyecciones o suposiciones. No estar advertidos de eso que le atribuimos puede alimentar pequeñas guerras cotidianas, hostilidades del día a día.</p></div><p class="article-text">
        Existe una pasi&oacute;n, triste por cierto, que atraviesa todas las relaciones: la envidia. Cuando digo que atraviesa, quiero decir que ninguna relaci&oacute;n est&aacute; a salvo de ella, en la medida en que la envidia irrumpe s&uacute;bita e involuntariamente. No tiene que ver con si se quiere o no se quiere al otro, ni con los &ldquo;valores&rdquo; que alguien tiene, ni con la moral. Porque justamente el otro envidiado no es el otro en s&iacute;, sino lo que se le supone. Nadie est&aacute; a salvo de ser embargado por la envidia, incluso alguien que se reconozca como no envidioso. Por eso pienso que no se trata tanto del <em>ser envidioso</em>, sino de c&oacute;mo la envidia puede irrumpir y sorprendernos. Por supuesto que hay grados y por supuesto que hay personas que hacen de la envidia un combustible de su modo de estar en el mundo. Y estoy al tanto de que existen personas que no se alegran bajo ning&uacute;n concepto cuando a los otros les va bien -incluso si a ellos mismos les va bien-. 
    </p><p class="article-text">
        Pero en todo caso, cuando la envidia irrumpe, no es algo voluntario ni es algo &ldquo;manejable&rdquo;. La envidia aparece ah&iacute; donde se le supone a alguien -que puede ser un hijo, una madre, un padre, un famoso, un amigo, una pareja, un colega, un par, un jefe, un empleado, un hermano, un X de las redes, etc.-, aunque sea un por un instante, un ser absoluto, un goce absoluto, un tener absoluto. La envidia se dirige menos a lo que alguien tiene, que a su supuesto modo de gozar de eso que tiene, se dirige al hecho de tener satisfacci&oacute;n. Y esa diferencia me parece crucial en la medida en que muchas veces se puede incluso tener lo mismo que el otro tiene y, a&uacute;n as&iacute;, experimentar envidia. El objeto de la envidia, entonces, no es la posesi&oacute;n de algo en particular, sino la suposici&oacute;n de un ser completo, sin fallas, consistente y gozoso: el otro tiene (y punto). <strong>Jos&eacute; Luis Juresa</strong> se&ntilde;ala que &ldquo;en una sociedad en donde la consistencia del ser suele representarse por la posesi&oacute;n, la acumulaci&oacute;n y el empoderamiento, la envidia es un sentimiento que puede aislarse con bastante frecuencia, en algunos casos de forma mucho m&aacute;s desenmascarada que otros. As&iacute;, las identificaciones, las representaciones del ser parecen ir desliz&aacute;ndose en un permanente lamento, no necesariamente expl&iacute;cito, sobre lo que falta, lo que no hay, lo que me ha tocado en suerte &ndash; siempre deficitario, siempre menos &ndash; lo que <em>no suma</em>, en definitiva, en una secuencia de situaciones que van desgranando una serie de identificaciones ligadas mucho m&aacute;s al <em>quiero</em>, que al deseo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquel que se consume en la envidia y es consumido por ella est&aacute; detenido en la fascinaci&oacute;n. Fascinado por eso que le supone al otro, queda entrampado en ese enga&ntilde;o y fijado en una imagen. Porque se trata de la l&oacute;gica del espejo: <em>el otro o yo</em>. Por eso <strong>Florencia Abadi</strong> -<em>El sacrificio de Narciso</em>, Hecho at&oacute;mico ediciones- sostiene que &ldquo;lo propio de la envidia es la impotencia para la acci&oacute;n, la impotencia para realizar su deseo (...). La envidia es la marca de la diferencia que hace creer que alguien tiene lo que otro no tiene. Esa diferencia le otorga al envidiado la posesi&oacute;n de lo absoluto. Se envidia para creer que existe ese absoluto, que el deseo puede satisfacerse plenamente. La envidia sostiene la ilusi&oacute;n, protege al deseo velando el car&aacute;cter constitutivo de su falta. (...). La envidia muestra el objeto de deseo al otro, pero para el envidioso s&oacute;lo queda el de destruir o robar aquello que si el otro tiene (y no se convencer&aacute; de otra cosa) est&aacute; ya perdido para &eacute;l&rdquo;. Impedido por las posesiones que le supone al otro, el sujeto de la envidia no logra habitar el deseo que tiene que ver con un objeto que es nada, &ldquo;deseo de nada nombrable&rdquo;, dir&aacute; Lacan -muchas veces puede suceder que un an&aacute;lisis suscite una especie de merma en el consumismo-. Por su parte, Lacan dijo: &ldquo;Todos saben que la envidia suele provocarla com&uacute;nmente la posesi&oacute;n de bienes que no tendr&iacute;an ninguna utilidad para quien los envidia, y cuya verdadera naturaleza ni siquiera sospecha. Esa es la verdadera envidia. Hace que el sujeto se ponga p&aacute;lido, &iquest;ante qu&eacute;? -ante la imagen de una completud que se cierra, y que se cierra porque el objeto <em>a</em> separado, al cual est&aacute; suspendido, puede ser para otro la posesi&oacute;n con la que se satisface&rdquo;. Suponerle al otro la satisfacci&oacute;n no hace sino hacernos mascullar odios, amasar resentimientos, tragarnos el propio veneno. El Otro sabe, el Otro tiene, El Otro goza: acaso tres ilusiones neur&oacute;ticas que amplifican y resaltan la amargura y la frustraci&oacute;n, el impedimento y el aplastamiento del deseo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La envidia es la marca de la diferencia que hace creer que alguien tiene lo que otro no tiene. Esa diferencia le otorga al envidiado la posesión de lo absoluto. Se envidia para creer que existe ese absoluto, que el deseo puede satisfacerse plenamente.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Nombrar la envidia como &ldquo;mal de ojo&rdquo; quiz&aacute;s sirva como clave para pensar que se trata de un <em>mal</em> no s&oacute;lo en el sentido de lo que hace mal, sino en el sentido de una focalizaci&oacute;n desenfocada, de un mal mirar, del enga&ntilde;o de la mirada. Abadi dice: &ldquo;el car&aacute;cter defectuoso de la visi&oacute;n envidiosa se constata en que idealiza (&rdquo;magnifica&ldquo;, dice Ovidio) y hasta delira, ya que supone en el otro un goce imaginado por ella, se crea a s&iacute; misma la fantas&iacute;a de que el otro ha encontrado su objeto adecuado&rdquo;. De la idealizaci&oacute;n a la envidia no hay m&aacute;s que un paso, un paso en falso.
    </p><p class="article-text">
        En la envidia, el otro est&aacute; en la mira de nuestras proyecciones o suposiciones. No estar advertidos de eso que le atribuimos al otro alimenta las peque&ntilde;as guerras cotidianas, las hostilidades del d&iacute;a a d&iacute;a. Las redes sociales, por ejemplo, son un generador constante de intercambios con personas que, la mayor&iacute;a de las veces, no sabemos qui&eacute;nes son: no conocemos su voz, sus tonos, sus gestos, etc. Entonces tenemos v&iacute;a libre para atribuirles todo lo que nuestra fantas&iacute;a pretenda. En ese punto, se va generando un tipo de violencia consistente en la atribuci&oacute;n. Cada uno &ldquo;decide&rdquo; sobre <em>el ser del otro</em> y proyecta en &eacute;l una especie de objeto ideal, que a veces se ama, otras tantas, se odia y muchas otras, se envidia.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n pienso en la expresi&oacute;n &ldquo;envidia sana&rdquo; y creo que esa adjetivaci&oacute;n pretende algo as&iacute; como mesurar la dosis de veneno que emerge para que no se convierta en chorro. Una envidia advertida como tal, confesable. Envidia por goteo, en peque&ntilde;as dosis, envidia al fin. Envidia sana es un ox&iacute;moron, no porque sea enferma, pero s&iacute; porque nos envenena.
    </p><p class="article-text">
        Si bien la envidia y el resentimiento no ser&iacute;an estrictamente lo mismo, comparten, seg&uacute;n creo, la exudaci&oacute;n de amargura, la masticaci&oacute;n de veneno, la rumiaci&oacute;n hecha hostilidad. En <em>Aqu&iacute; yace la amargura. C&oacute;mo curar el resentimiento que corroe nuestras vidas</em> -Siglo XXI editores-, la fil&oacute;sofa y psicoanalista <strong>Cynthia Fleury</strong> dice que &ldquo;la cristalizaci&oacute;n de la amargura desemboca en resentimiento&rdquo;. El resentimiento, en su din&aacute;mica de rumia, es &ldquo;algo que se masca una y otra vez, con la amargura caracter&iacute;stica del alimento fatigado por la masticaci&oacute;n (...). Se trata de revivir una re-acci&oacute;n emocional que inicialmente pod&iacute;a estar dirigida a alguien en particular pero con el andar del resentimiento, va creciendo la indeterminaci&oacute;n del destinatario&rdquo;. Tambi&eacute;n dice que &ldquo;el resentimiento nos conduce hacia este camino sin duda ilusorio, pero &aacute;spero, de la imposible reparaci&oacute;n y hasta de su rechazo. Es evidente que hay reparaciones imposibles y que obligan a la invenci&oacute;n, a la creaci&oacute;n, a la sublimaci&oacute;n&rdquo;. Invenci&oacute;n, creaci&oacute;n y sublimaci&oacute;n, de eso tambi&eacute;n se trata un an&aacute;lisis. Sobre todo de <em>eso</em>. Un an&aacute;lisis es una apuesta y, sigue Fleury, &ldquo;hay que ver despuntar el resentimiento en el horizonte para comprender la apuesta de una subjetivaci&oacute;n que se libra de eso. Creo que en la cura anal&iacute;tica, esa apuesta es la m&aacute;s sustancial de todas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Deponer la mirada fascinada, como quien depone las armas, sea acaso una pista para inventarse una vida en la que la suposici&oacute;n del ser del otro no est&eacute; puesta en la mira. Inventar un espacio que no est&aacute; hecho, hay que hacerlo. Agujerear el supuesto ser del otro y el concomitante ser - en - menos propio, hacer caer todas esas capas de suposiciones, de atribuciones. No es posible hacerlo del todo y para siempre, pero el an&aacute;lisis es un ejercicio y una experiencia para bajarle el tono a la estridencia de lo que suponemos consistente: pasar de la estridencia del tener, al susurro del lenguaje; del ruido del ser, al sonido de lo inaudito. Porque analizarse es encontrarse con que la existencia est&aacute; agujereada, es disolver espejismos, es enterarnos de que no hay deseo, sino en la medida en que haya agujeros por donde pasar a trav&eacute;s del espejo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mira_129_10366539.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jul 2023 08:37:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En la mira]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra el lawfare afectivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lawfare-afectivo_129_10327463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11c9a02a-112d-4c65-941c-17f882d324aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra el lawfare afectivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si bien la ola punitivista ha bajado su espuma, sostiene la autora, lo cierto es que aún queda un oleaje persistente en lo que a vigilar y castigar se refiere. La delgada línea entre el deseo y el acoso. </p></div><p class="article-text">
        En sinton&iacute;a con los aires del presente, la autora y activista Sarah Schulman public&oacute;, en 2017, <em>El conflicto no es abuso. Contra la sobredimensi&oacute;n del da&ntilde;o</em>. Lo comenz&oacute; a escribir en 2014. La editorial Paid&oacute;s lo public&oacute; recientemente en Argentina con traducci&oacute;n y pr&oacute;logo de Nicol&aacute;s Cuello y Diego del Valle R&iacute;os (Se puede leer un fragmento <a href="https://www.planetadelibros.com.ar/libro-el-conflicto-no-es-abuso/363387" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ac&aacute;</a>). Entre 2014 y hoy pasaron muchas cosas en relaci&oacute;n a la masificaci&oacute;n del feminismo como movimiento pol&iacute;tico. En 2018 la ola de escraches en colegios secundarios de nuestro pa&iacute;s lleg&oacute; a su pico llev&aacute;ndose puestas, muchas veces, las iniciaciones sexo afectivas de algunos j&oacute;venes -y tambi&eacute;n llev&aacute;ndose la vida de algunos otros-. Y el tr&aacute;nsito por ese momento, de por s&iacute; dificultoso, se vio crispado y asediado por discursos persecutorios, amenazantes y, en muchos casos, invalidantes. Arengadas muchas veces por discursos de empoderamiento, diversas personas se montaron en una ola de punitivismo cruel armando patrullas y una vigilancia permanente. La respuesta que dieron algunos frente a esa crueldad fue algo as&iacute; como &ldquo;son da&ntilde;os colaterales&rdquo;, &ldquo;que paguen justos por pecadores&rdquo;, &ldquo;toda revoluci&oacute;n tiene sus da&ntilde;os&rdquo;, &ldquo;ahora es as&iacute;, ya se va a acomodar&rdquo;. Pero no fueron s&oacute;lo los j&oacute;venes los que sufrieron y padecieron. Atentos a que el punitivismo no desplazara la lucha por la emancipaci&oacute;n, varias voces intervinieron en su momento y siguen interviniendo hoy. 
    </p><p class="article-text">
        Entre ellas, muchas recopilan Nicol&aacute;s Cuello y Lucas Morgan Disalvo en <em>Cr&iacute;ticas sexuales a la raz&oacute;n punitiva. Insumos para seguir imaginando una vida junt*s</em>, publicado en 2018 por Ediciones Precarias.<em> </em>Se trata de un libro fundamental que compila una buena cantidad de textos para pensar el antipunitivismo. En la introducci&oacute;n, los autores dicen: &ldquo;El punitivismo es, por lo tanto, una forma de imaginaci&oacute;n del mundo sin excesos que busca ser real a trav&eacute;s de la moderaci&oacute;n compulsiva, que tambi&eacute;n se expresa en nosotr*s bajo la forma, remota o renovada, de un apego sentimental por la lengua del castigo, el buchoneo, la persecuci&oacute;n, la censura, la intemperie, la disciplina y la humillaci&oacute;n. Reconocemos su presencia cuando internalizamos el lenguaje criminol&oacute;gico y psicopatol&oacute;gico para lidiar con el conflicto dentro de nuestras comunidades, en el recurso preventivo al identikit como medida de verdad, que posiciona la identidad como una variable que se exige y se desmiente compulsivamente, implicando, por un lado, la estigmatizaci&oacute;n de ciertas identidades como victimarias y, en su contracara, produciendo otras identidades como modelos ejemplares de v&iacute;ctima [&hellip;]. La portaci&oacute;n de cuerpo se convierte en un causal de sospecha y un principio de amenaza que es tramitado punitivamente por distintas formas de vigilancia corporal que existen dentro de nuestras comunidades&rdquo;. Se trata, agregan, de una &ldquo;moral preventiva&rdquo; que se basa &ldquo;en la estigmatizaci&oacute;n del conflicto y el riesgo, en la simplificaci&oacute;n de la violencia y el padecimiento como expresiones un&iacute;vocas incapaces de ser interpeladas o complejizadas&rdquo;. Y tambi&eacute;n: &ldquo;La punici&oacute;n y la represi&oacute;n se vuelven modos de subjetividad, cuando actuamos desde la necesidad de aplacar, anestesiar, apaciguar lo que produce temblor, cuando hacemos de las otras personas y de nosotr*s mism*s, una fuente de desconfianza que s&oacute;lo entiende el lenguaje de la soledad y el castigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como pensar tambi&eacute;n es separar, porque no todo es lo mismo, Marta Lamas sostuvo que si todo es acoso, nada lo es. Y entonces desmenuz&oacute; la figura del acoso para diferenciarla, para que no se banalice, en su libro <em>Acoso</em>, publicado tambi&eacute;n en 2018 por FCE. All&iacute; se ocup&oacute; tambi&eacute;n de mostrar c&oacute;mo, en estos a&ntilde;os, se ha diseminado el p&aacute;nico sexual proveniente del p&aacute;nico moral. Florencia Angilletta, por su parte, distingui&oacute; l&uacute;cidamente da&ntilde;o de delito -distinci&oacute;n trabajada en detalle en su libro <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/zona-promesas_1_7374320.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Zona de promesas</em></a>-. Aprend&iacute; much&iacute;simo en estos a&ntilde;os acerca del feminismo antipunitivista gracias a todos estos autores -y otros- y especialmente gracias a Vanesa V&aacute;zquez Laba y Mariana Palumbo (con quienes en publicamos el texto &ldquo;Por una emancipaci&oacute;n singular&rdquo; en el libro -de descarga gratuita- <a href="https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/188731" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Acciones y debates feministas en las universidades</em></a>). Creo que se trata, una y otra vez, de seguir pensando cr&iacute;ticamente la euforia punitivista &ndash;que excede al feminismo&ndash;. El debate sigue abierto. Guillermina Huarte suele ocuparse en sus <a href="https://enfantterrible.com.ar/author/guillerminahuarte/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">notas</a> de los modos en que cierto feminismo se ampara en la vigilancia o se vuelve punitivo y conservador; celebro su posici&oacute;n y considero que sus intervenciones mantienen vivo un debate necesario. Tambi&eacute;n se ha ocupado del asunto en una serie de entrevistas realizadas para pensar la relaci&oacute;n entre el punitivismo, las posiciones identitarias y el feminismo. Moira P&eacute;rez fue una de las <a href="https://enfantterrible.com.ar/transfeminismos/reflexiones-en-torno-a-la-razon-punitiva-ii/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevistadas</a> y sugiere que &ldquo;para el punitivismo progresista, la identidad del sujeto termina siendo un recurso epist&eacute;mico para identificar v&iacute;ctimas y perpetradores, o para ubicar a las personas dentro de este esquema que tambi&eacute;n es un binario. Y tambi&eacute;n sirve como criterio de credibilidad, porque el &lsquo;Hermana yo s&iacute; te creo&rsquo; propone dar vuelta la asimetr&iacute;a epist&eacute;mica: no creerles a las personas que hist&oacute;ricamente tuvieron exceso de credibilidad en funci&oacute;n de su g&eacute;nero y s&iacute; creerles a las que tuvieron d&eacute;ficit de credibilidad por el mismo motivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si bien la ola punitivista ha bajado su espuma, lo cierto es que a&uacute;n quedan resabios, restos y un oleaje persistente en lo que a vigilar y castigar se refiere. Ya est&aacute; instalada la vigilancia y el apego por la seguridad afectiva. Hay, lamentablemente, una manera de vincularse desde la sospecha y la denuncia a mano. Por supuesto que no me estoy refiriendo a delitos -para eso est&aacute; la justicia-. Me refiero a los conflictos. Una especie guerra judicial tambi&eacute;n en las relaciones. Es por eso que un libro como el de Schulman cobra especial inter&eacute;s hoy. Porque la cosa no termin&oacute;, porque sigue afectando y produciendo a&uacute;n m&aacute;s soledades, m&aacute;s individualismo. En ese libro, los prologuistas refieren que estamos atravesados por una &ldquo;profunda crisis afectiva&rdquo;: &ldquo;cada vez nos cuesta m&aacute;s vincularnos, se nos vuelve casi imposible entendernos (...). Percibimos el estallido ahogado de los lazos sociales en todas las esferas en las que participamos&rdquo;. Y tambi&eacute;n subrayan un &ldquo;estado generalizado de sospecha, crueldad y fragmentaci&oacute;n atomizante de los lazos sociales&rdquo;. Tambi&eacute;n hablan de &ldquo;ansiedad preventiva&rdquo; y del &ldquo;temor a lo otro como opuesto a la mismidad, la descartabilidad humana y la naturalizaci&oacute;n de la indolencia en tanto horizonte moral&rdquo;, Por supuesto que la cosa no s&oacute;lo no empieza con el feminismo, sino que lo excede hasta conformar un &ldquo;sistema cultural&rdquo;. Por eso llama tanto la atenci&oacute;n cuando ciertos sectores quedan atrapados por esta l&oacute;gica punitivista.
    </p><p class="article-text">
        Sarah Schulman escribe el libro desde una honestidad intelectual que no abunda. Dice: &ldquo;ser deseado no es lo mismo que ser acosado, por lo que no tenemos que castigar o rechazar a la persona que ve lo que es especial en nosotros. Que me desees no significa que tenga que hacerte da&ntilde;o (...). El deseo desigual no es un delito, no es grosero, no es una agresi&oacute;n ni motivo para rehuir o ser hiriente&rdquo;. No sobredimensionar el conflicto, incluso el da&ntilde;o no es relativizarlos, sino hacerles lugar, justamente. Hacerles lugar como conflicto, como da&ntilde;o. Si lo sobredimensionamos, tampoco hay conflicto, hay persecuci&oacute;n. A veces, el amor es la continuaci&oacute;n de la guerra por otros medios, s&iacute;. Pero la guerra judicial es otra cosa. Este tipo de penalizaci&oacute;n de las relaciones amorosas produce, muchas veces, una soledad no com&uacute;n; una soledad ag&oacute;nica y helada, un distanciamiento de los lazos, un c&oacute;modo ensimismamiento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El alma es pantanosa&rdquo; -dijo Juan Jos&eacute; Saer-. Y &ldquo;el deseo es el infierno&rdquo; -dijo Lacan-. La pregunta sigue siendo, entonces, &ldquo;&iquest;C&oacute;mo vivir juntos?&rdquo;. Lo com&uacute;n, esa tela fr&aacute;gil y suave como la seda, est&aacute; de por s&iacute; bastante rasgada. La guerra judicial contra los afectos y el deseo, la rasga cada d&iacute;a un poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lawfare-afectivo_129_10327463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jun 2023 08:52:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra el lawfare afectivo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Versiones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/versiones_129_10269271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/990c349b-393d-4eaf-9074-daec808fdb1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Versiones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Una versión, entonces, no es sino una lectura irrespetuosa, impertinente, incongruente, singular. No es sin juego, no es sin profanar eso que se pretendía sagrado: el original -si es que eso existe-", sostiene la autora. ¿Estaremos dispuestos a atajar la pequeña alegría de lo incierto?</p></div><p class="article-text">
        <strong>Creo que toda relectura es en s&iacute; misma una lectura in&eacute;dita.</strong> Nunca se lee dos veces lo mismo -a menos que uno se dedique a la lectura burocr&aacute;tica, tem&aacute;tica-; nunca es el mismo r&iacute;o, uno nunca es el mismo. Los subrayados son los lugares en los que alguien se detiene por <em>algo</em>: una palabra, una idea, una resonancia; esa porci&oacute;n que se decide anotar, escribir al margen, para hacer del texto algo que se resista a la totalidad. Ah&iacute; leer implica un gesto que produce, como se&ntilde;ala Juan Ritvo, un &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de la totalidad, es la singularidad que se impone m&aacute;s all&aacute; de la totalidad. [...] Supone un objeto que se ha excluido de la totalidad, pero a la vez queda excluido de la totalidad el que lee&rdquo;. Las conexiones entre esos subrayados van apareciendo al modo de la ocurrencia: sin saber antes c&oacute;mo, ni por qu&eacute; se subraya una cosa y no otra. Y as&iacute; van precipit&aacute;ndose nuevas l&iacute;neas de sentido. Sorpresiva, inesperada y contingentemente algo <em>pasa</em> y uno descubre eso que no sab&iacute;a que estaba buscando -la lectura como hallazgo-. Quiz&aacute;s porque no es uno el que lee, en el sentido del individuo, en el sentido de la intenci&oacute;n, sino que la lectura sucede m&aacute;s all&aacute; de nosotros mismos. Porque, como se&ntilde;ala George Steiner, leer &ldquo;significa arriesgarse a mucho. Es dejar vulnerable nuestra identidad, nuestra posesi&oacute;n de nosotros mismos&rdquo;. No hay entonces lectura sin olvido de uno mismo. Esos olvidos acaso sean el fundamento de las posibles lecturas. Porque hay olvido es que se puede empezar a leer.
    </p><p class="article-text">
        Fue as&iacute; que llegu&eacute; a la relaci&oacute;n que existe entre profanaci&oacute;n, juego y lectura. Y de ah&iacute; a lo que hay de ello en<em> </em>la noci&oacute;n de <em>versi&oacute;n</em>. Lo otro de eso, lo otro de la lectura entendida como profanaci&oacute;n, es la religiosidad, el dogma, lo imposible de leer, lo imposible de hacer deslizar en un juego: lo improfanable. Por eso Barthes dice: &ldquo;Una relectura salva al texto de su repetici&oacute;n (los que olvidan releer se obligan a leer en todas partes la misma historia)&rdquo;. Y lo dice en <em>S/Z</em>, texto en el que pone en juego su singular modo de leer. La lectura que pone a jugar es la que evidencia que la pluralidad de un texto est&aacute; cifrada en que no hay escritura antes de la lectura. Que el Yo no es un &ldquo;sujeto inocente anterior al texto&rdquo;, sino &ldquo;una pluralidad de otros textos, de c&oacute;digos infinitos, o m&aacute;s exactamente perdidos (cuyo origen se pierde)&rdquo;. Y, congruente con eso, que &ldquo;leer no es un gesto par&aacute;sito, complemento reactivo de una escritura que adornamos con todos los prestigios de la creaci&oacute;n y de la anterioridad&rdquo;, sino un &ldquo;trabajo de lenguaje&rdquo;. Para eso cobra especial importancia el olvido; porque se trata, no de una falta, sino de hacer caer aquellos sentidos solidificados, establecidos, puestos en el lugar de la autoridad. El olvido va en la direcci&oacute;n de &ldquo;afirmar la irresponsabilidad de un texto, el pluralismo de los sistemas: precisamente leo porque olvido&rdquo;. Efectivamente, se trata de ser irrespetuosos con los textos, de renunciar a una lectura &uacute;ltima, autorizada, moralmente establecida, ideol&oacute;gicamente confirmada. Se trata de resistirse a la estructuraci&oacute;n en demas&iacute;a, de &ldquo;renovar las entradas del texto&rdquo;, en definitiva, de &ldquo;esparcir el texto en lugar de recogerlo&rdquo;. Se hace necesario, entonces, &ldquo;librar al texto de su exterior y de su totalidad&rdquo;. Barthes escandir&aacute; el texto de Balzac -Sarrasine- en lexias, unidades de lectura. Es ah&iacute; que no podr&iacute;a nunca ser un procedimiento respetuoso. &ldquo;El texto-tutor ser&aacute; continuamente quebrado, interrumpido, sin ninguna consideraci&oacute;n por sus divisiones naturales (sint&aacute;cticas, ret&oacute;ricas, anecd&oacute;ticas)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una versi&oacute;n, entonces, no es sino una lectura irrespetuosa, impertinente, incongruente, singular. No es sin juego, no es sin profanar eso que se pretend&iacute;a sagrado: el original -si es que eso existe-. <strong>El juego, seg&uacute;n Agamben, es el &oacute;rgano de la profanaci&oacute;n y est&aacute; en decadencia en todas partes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n pens&eacute; en la relaci&oacute;n entre m&uacute;sica, lectura y juego a partir de lo que dice Barthes: el espacio que se abre con la lectura en el texto es &ldquo;en todo comparable a una partitura musical&rdquo;, gracias a la cual el texto comienza a hacerse escuchar. Barthes no vacila en hablar de compases, ondas sonoras, fugas, temas, divertimento, stretto y conclusi&oacute;n como de cadencia, armon&iacute;a y polifon&iacute;a. Efectivamente, la analog&iacute;a le sirve para dar cuenta de la tonalidad y de la lectura: &ldquo;se podr&iacute;a decir que hay un ojo legible como hay una oreja tonal, de forma que desaprender la legibilidad pertenece al mismo orden que desaprender la tonalidad&rdquo;. Barthes est&aacute; poniendo en acto las ense&ntilde;anzas acerca de lo que implica escuchar un texto, acerca de qu&eacute; tipo de oreja es la que est&aacute; en juego cuando se trata de escuchar/leer un texto. Lacan, insistiendo en su pregunta acerca de c&oacute;mo se deviene analista, preocupado una vez m&aacute;s por la formaci&oacute;n del analista, vuelve otra vez sobre lo que implica la atenci&oacute;n flotante (la contrapartida de la asociaci&oacute;n libre del analizante), para vociferar &ldquo;cu&iacute;dense de comprender&rdquo; -no ahorr&aacute;ndose decir que es una &ldquo;categor&iacute;a nauseabunda&rdquo;- y recordar que no se necesita una oreja de m&aacute;s sino, por el contrario, &ldquo;que una de las orejas se ensordezca, en la misma medida en que la otra debe ser aguda, y esa misma es la que se debe aguzar en la escucha, justamente, sonidos o fonemas, de las palabras, de las locuciones, de las sentencias, sin omitir en ellas las pausas, escansiones, cortes, per&iacute;odos y paralelismos, pues es all&iacute; donde se prepara la versi&oacute;n palabra por palabra, a falta de la cual la intuici&oacute;n anal&iacute;tica queda sin soporte y sin objeto&rdquo;. Ensordecer una de las orejas con las que se escucha el texto no es sino apagar &ldquo;los c&oacute;digos culturales&rdquo;, diluir las coagulaciones de sentido que reposan como f&oacute;siles en el c&oacute;digo, estar advertidos de que lo que la ideolog&iacute;a produce es la inversi&oacute;n de la cultura en naturaleza. Se trata de resistir insomnes ante el efecto narcotizante que produce el texto cl&aacute;sico ah&iacute; donde hace de la &ldquo;Vida&rdquo; una &ldquo;repugnante mezcolanza de opiniones corrientes, una asfixiante capa de prejuicios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces tambi&eacute;n pens&eacute; en la relaci&oacute;n entre versi&oacute;n, juego y m&uacute;sica a trav&eacute;s de las acepciones del verbo <em>play</em>: jugar, actuar, interpretar, tocar un instrumento. Y en <em>versi&oacute;n</em> est&aacute; incluido el juego de este modo: se trata de la acci&oacute;n y el efecto de voltear y de cada una de esas vueltas. Dar vueltas, darlo vuelta, encontrarle la vuelta. &ldquo;No se trata de reencontrar un sentido previo, un origen del mundo, de la vida de los hechos, anterior al sentido, sino m&aacute;s bien de imaginar un sentido posterior: hay que atravesar, como un largo camino de iniciaci&oacute;n, todo el sentido, para poder extenuarlo, eximirlo&rdquo;, sigue Barthes. Y entonces suena lo que pasa en un an&aacute;lisis. Donde nunca se trata de buscar el origen, sino de versionar un poco la cosa que insiste. Donde se trata de encontrarle otro tono, otra m&uacute;sica a eso que rechina. La pasi&oacute;n por el referente, la euforia por un original intocable, sagrado e improfanable, impide leer. Hace de la letra, letra muerta. En las ant&iacute;podas se encuentran la vitalidad del juego, la lectura como resistencia a la repetici&oacute;n, el olvido propiciando ese otro sonido, esa otra m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Por eso pienso que las versiones desacralizan e inauguran un espacio, un hiato por el cual puede pasar algo del v&eacute;rtigo de la libertad, un peque&ntilde;o paso hacia otra cosa, hacia la otra cosa como tal: el deseo.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente sali&oacute; <a href="https://open.spotify.com/album/4VdWh8m5cYm3XI6dhayGIg?si=kY3jb7ITQ7amvSIzsmsoTQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>EADDA9223</em></a>, de Fito P&aacute;ez. Hubo reacciones. No me refiero a lecturas, sino a reacciones. No me refiero a gustos, sino a reacciones. Quiz&aacute;s para algunos sea dif&iacute;cil entrar en el juego, deslizarse sin referencias, asomarse al abismo de lo que no se sabe, dejar caer la pretendida garant&iacute;a de un original. Quiz&aacute;s para algunos sea dif&iacute;cil salirse del espejo en donde siempre estamos seguros -incluso aunque el espejo refleje inseguridad-. Acaso versionar sea deshacer la obediencia y fundar un espacio en el que no haya un empuje a lo obligatorio: &ldquo;es s&oacute;lo un rato, no m&aacute;s&rdquo;. <strong>Quiz&aacute;s se trate de estar dispuestos a atajar la peque&ntilde;a alegr&iacute;a de lo incierto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/versiones_129_10269271.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jun 2023 08:54:33 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mostrador Psi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mostrador-psi_129_10227762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55e8e4fd-a5e9-408c-88b2-84401e6b1cd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mostrador Psi"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La forma en la que la vulneración de la intimidad sucede entre algunos “profesionales psi”, el centro de reflexión de la autora.</p></div><p class="article-text">
        Madres y padres contando intimidades de sus hijos, docentes contando intimidades de los estudiantes, m&eacute;dicos contando intimidades de los pacientes, amigos contando intimidades de los amigos, directores de tesis contando intimidades de los tesistas, ex parejas contando intimidades de sus ex, psic&oacute;logos y psicoanalistas contando intimidades de los pacientes. Lo que estas escenas de la vida cotidiana actual tienen en com&uacute;n es el ejercicio abusivo del poder, en pos del lucimiento personal. Lo que estas escenas de la vida cotidiana actual tienen en com&uacute;n es la puesta en acto del patetismo de la pretensi&oacute;n de tener, de la euforia de la mostraci&oacute;n de ser. Acaso sea un mal de &eacute;poca: aquello que se establece en un pacto impl&iacute;cito -o incluso expl&iacute;cito- de intimidad se rompe unilateralmente, exponiendo al otro sin su consentimiento. Se hace del otro un objeto expuesto -como quien dice una fractura expuesta- a la vil arena de lo p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        La primera columna que escrib&iacute; en este diario fue acerca de esto mismo, y luego escrib&iacute; varias m&aacute;s. Porque, como dijo <strong>Mart&iacute;n Kohan</strong> hace poco, &ldquo;las cosas no cambian cuando nos cansamos, cuando nos aburrimos, cuando cambiamos de tema; nos cansamos, nos aburrimos, cambiamos de tema, y las cosas siguen ah&iacute;, intactas, como si nada. La verdad nos fatiga a veces, pero no por eso deja de ser verdad&rdquo;. Me importa mucho seguir pensando, sobre todo, la forma en la que la vulneraci&oacute;n de la intimidad sucede entre algunos &ldquo;profesionales psi&rdquo;. Si bien las redes sociales han configurado un nuevo escenario para la mostraci&oacute;n, con reglas y din&aacute;mica propias y hasta una nueva subjetividad -recordemos la lectura pionera que hizo <strong>Paula Sibilia</strong> en 2008 en <em>La intimidad como espect&aacute;culo</em>, editado por FCE, y ese gran t&iacute;tulo del primer cap&iacute;tulo &ldquo;El show del yo&rdquo;-, lo cierto es que mostrarse obscenamente no es nuevo en lo que al &aacute;mbito <em>psi</em> se refiere.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta por c&oacute;mo empezar a atender pacientes cuando reci&eacute;n nos recibimos es un interrogante por el que hemos pasado todos. Pero una cosa es preguntarse por los inicios de la pr&aacute;ctica y otra, muy distinta, es creer que para que ello ocurra es preciso darse a ver. Hoy parece que hay que exhibirse en Instagram porque &ldquo;todo pasa por ah&iacute;&rdquo; -sin advertir que lo que uno hace ah&iacute; puede tener usos diferentes -no se trata de IG s&iacute; o IG no-. Sin advertir la diferencia entre mostrarse y publicar, por ejemplo, lo que uno hace-. Exhibirse a s&iacute; mismos: armar la vidriera cual si fu&eacute;ramos un objeto a consumir. Adornarse para llamar la atenci&oacute;n. Imposturas, infatuaciones, figuraci&oacute;n y exhibici&oacute;n; &ldquo;hay que saber venderse&rdquo;, hay que montar el mostrador para despachar la imagen de s&iacute; hecha mercanc&iacute;a: &iquest;qu&eacute; tendr&aacute; que ver eso con la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis? La pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis es todo, menos estar sujetos a una imagen. Es todo, menos algo sostenible por medio de una imagen. A m&aacute;s obediencia y servidumbre respecto de la imagen de s&iacute;, menos posibilidades de escuchar a otro, menos posibilidades de abrirse al mundo in&eacute;dito que se funda en un an&aacute;lisis. Se trata de pasar del alguien al algo, s&oacute;lo en ese peque&ntilde;o pasaje es posible inaugurar una intimidad in&eacute;dita, la del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Hace much&iacute;simos a&ntilde;os, cuando no exist&iacute;an las redes sociales, exist&iacute;an, sin embargo, otras formas de exhibici&oacute;n, del empuje a mostrarse. Imposturas hubo siempre. Y entonces, una frase que se repet&iacute;a sin cesar -capaz hoy se sigue pronunciando, pero por suerte no estoy rodeada de gente que piensa as&iacute;- era &ldquo;hay que circular&rdquo;. Circular por los congresos, entre las personas, mostrarse, empilcharse bien, ponerse encima la imagen de psicoanalista. Y as&iacute; era como se cre&iacute;a que se &ldquo;consegu&iacute;an pacientes&rdquo;. <em>C&oacute;mo conseguir chicas</em>, dir&iacute;a <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>, c&oacute;mo conseguir pacientes, dicen los desesperados por tener -porque no estoy hablando de la necesidad de trabajar-. Siempre me result&oacute; detestable esa manera. La idea de que la cosa pasaba por ah&iacute;. Por estar en los lugares y estar de determinada manera. Por dedicarse a cultivar el perfil alto, hacerse notar. Siempre me resultaron un poco aparatosas las personas que sobreact&uacute;an &ldquo;tener pacientes&rdquo;; siempre me result&oacute; graciosa esa expresi&oacute;n &ldquo;estoy entre paciente y paciente&rdquo; (como si toda la vida de un analista no ocurriera entre paciente y paciente). Me acuerdo que una vez, en mis inicios, fui a supervisar con una analista que me parec&iacute;a interesante en sus modos de leer. Atend&iacute;a en un piso segundo al que se acced&iacute;a por una escalera antigua: larga y pesada. Y al bajar hice un comentario muy de mi estilo fiaca para la actividad f&iacute;sica: &ldquo;uy, subir y bajar todo el d&iacute;a&rdquo;. Ella se puso seria y me contest&oacute; &ldquo;no hace falta que suba y que baje, el paciente que sale le entrega la llave al que llega&rdquo;. Me <em>mostr&oacute;</em> que &ldquo;ten&iacute;a&rdquo; muchos pacientes, uno detr&aacute;s del otro. Me acuerdo de que esa fue la &uacute;ltima vez que fui. Desde siempre me resultaron pat&eacute;ticas las imposturas. Tener pacientes, tenerlos, sostenerlos, agarrarse de ellos, del tener. A veces, cuando veo pasar a los exhibicionistas, creo que no se trata tanto de mostrar que &ldquo;tienen&rdquo; pacientes, sino que en esos casos es al rev&eacute;s: algo los tiene a ellos. Los tiene agarrados una imagen. El lastre de la imagen de s&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Me gusta c&oacute;mo lo dice <strong>Guy Le Gaufey</strong>: &ldquo;La imagen de s&iacute;: &iexcl;qu&eacute; deliciosa esclavitud, qu&eacute; preocupante felicidad y, sobre todo, qu&eacute; carga! Pero tambi&eacute;n &iexcl;qu&eacute; angustia si imaginamos s&oacute;lo por un instante que puede dejarnos! Le declaramos la m&aacute;s intestina de las guerras, amorosamente reafirmada a partir de cualquier tregua duradera&rdquo;. La imagen: esa servidumbre &iquest;voluntaria? Lacan dice: &ldquo;s&oacute;lo el psicoan&aacute;lisis reconoce ese nudo de servidumbre imaginaria que el amor debe siempre volver a deshacer o cortar de tajo&rdquo;. El mostrador representa a las personas que est&aacute;n mir&aacute;ndose al espejo todo el d&iacute;a, midiendo su imagen. El detalle lamentable es que esas posiciones no son inocuas, sobre todo para aquellos que les confiaron su intimidad. Muchas personas de las nuevas generaciones de psic&oacute;logos ya salen de la facultad con el chip del espect&aacute;culo de mostrar cuestiones &iacute;ntimas del consultorio en las redes. No es exclusivo de las nuevas generaciones. Solo que en ellas es autom&aacute;tico y bastante penoso. Como si ejercer y mostrar fueran un mismo gesto. Tratan como objeto a los dem&aacute;s, pero ellos mismos son tambi&eacute;n el objeto de esa mirada que tienen encima. Como dice Barthes: &ldquo;La &laquo;vida privada&raquo; no es m&aacute;s que esa zona del espacio, del tiempo, en la que no soy una imagen, un objeto. Es mi derecho pol&iacute;tico a ser un sujeto lo que he de defender&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gesti&oacute;n de s&iacute; como una marca&rdquo;, dice Paula Sibilia, y otra vez me pregunto qu&eacute; tendr&aacute; que ver eso con la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis. Y no porque pretenda que el psicoan&aacute;lisis est&aacute; fuera del mercado, sino porque pretendo que el discurso del psicoan&aacute;lisis produzca ciertos ant&iacute;dotos y resistencias a esa l&oacute;gica. Puede que haya quienes caigan en la trampa de lo que se muestra, de lo que se ofrece como mercanc&iacute;a, pero la trampa termina impidiendo el encuentro transferencial. Me gusta pensar que si las apariencias enga&ntilde;an, el primer enga&ntilde;ado es el que aparenta.
    </p><p class="article-text">
        La transferencia no tiene que ver con los modos en los que alguien se da a ver: al igual que en el amor, no somos deseables por lo que nosotros creemos. No se trata de mostrar, ni se trata de figurar, ni de circular. La fascinaci&oacute;n casi siempre es un impedimento. El texto de Sibilia est&aacute; vigente y el desaf&iacute;o est&aacute; vivo: &ldquo;Por eso, quiz&aacute; la verdadera megaloman&iacute;a y la mayor de las excentricidades contempor&aacute;neas deban encontrar su camino en esa resistencia aparentemente humilde a las tiran&iacute;as de la exposici&oacute;n que todo lo degluten para convertirlo en espect&aacute;culo. En una sigilosa b&uacute;squeda de la riqueza que puede haber en lo indecible y lo inmostrable, y quiz&aacute; tambi&eacute;n en otras formas de creaci&oacute;n que logran burlar los imperativos de lo exponible, comunicable y vendible (...). Generar cortocircuitos capaces de hacer estallar tanta modorra auto celebratoria para abrir el campo de lo pensable y de lo posible y para crear nuevas formas de ser y estar en el mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En lo que al ejercicio del psicoan&aacute;lisis se refiere, no se trata de vida privada solamente, sino de vida &iacute;ntima. La irrupci&oacute;n de la transferencia es, ella misma, la cifra del desquicio, de la descolocaci&oacute;n y de la sorpresa; de la desorientaci&oacute;n y de la dispersi&oacute;n; es esa flecha que agujerea la &ldquo;inefable y est&uacute;pida existencia&rdquo;, y que nos saca de la narcotizante mismidad. Y es ah&iacute; que creo que lo otro del narcisismo, de la infatuaci&oacute;n, puede pensarse a partir del don, de la transferencia; ese don de amor que ensaya otra respuesta: &ldquo;el dominio del no tener&rdquo;, dice Allouch. Quiz&aacute;s ese sea un nombre posible para el lugar del analista. La transferencia es la cifra del desarreglo de la imagen de s&iacute;. Creo que la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis s&oacute;lo ocurre en la medida en que se est&aacute; dispuesto a eso, a dejar caer esa imagen.
    </p><p class="article-text">
        Alguna vez Freud dijo que la actividad psicoanal&iacute;tica es dif&iacute;cil y exigente y que no admite ser manejada como &ldquo;las gafas que uno se pone para leer y se quita cuando va de paseo&rdquo;. Hay personas -que se autodenominan psicoanalistas- que van de paseo y olvidan los anteojos con los que se lee la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis; ah&iacute; van, de <em>acting</em> en <em>acting</em>. La pretensi&oacute;n de ser y de tener los obnubila de tal forma que pasan a transformar la vida &iacute;ntima en un set de televisi&oacute;n. Como en ese cap&iacute;tulo de <em>Seinfeld</em> -<a href="https://www.youtube.com/watch?v=pys47zaxZ90" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Merv Griffin show</a>- en el que Kramer arma uno en su casa (cap&iacute;tulo sugerido para esta columna por <strong>Juan di Loreto</strong>) con los restos encontrados -como el propio ser- en el basurero del Otro. Pero la utiler&iacute;a pasada de moda y olorienta, no les impide, sin embargo, posar, sobreactuar, copiar los gestos de los presentadores, hacer de la vida un show y preguntar, cada tanto &ldquo;&iquest;d&oacute;nde est&aacute;n la c&aacute;maras?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mostrador-psi_129_10227762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 May 2023 12:59:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mostrador Psi]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio de la timidez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-timidez_129_10029314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e354d8b-f551-487e-89ba-6176b29e357b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio de la timidez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
La autora reflexiona sobre los niños que comienzan por primera vez su escolarización y padecen el estigma de ser catalogados como "tímidos".</p></div><p class="article-text">
        En estas semanas de inicio de clases, leo y escucho los efectos inmediatos de la inserci&oacute;n de los ni&ntilde;os en la maquinaria institucional. Las familias -cualquiera sea su conformaci&oacute;n- tiemblan, zozobran ante el ingreso al mundo extrafamiliar (y el del mundo extrafamiliar a la din&aacute;mica de la familia). Pienso en los modos inevitables en los que choca la instituci&oacute;n familiar con la instituci&oacute;n escolar: los ni&ntilde;os que comienzan por primera vez su escolarizaci&oacute;n vienen de ser nombrados por sus familiares y van a encontrarse ahora con otros modos de ser nombrados: por maestros primero, por pares despu&eacute;s. Todo lo &ldquo;especial&rdquo; que un ni&ntilde;o es para los padres -y por especial no me refiero solamente a una caracter&iacute;stica positiva- empieza a ser un poco resquebrajado: como si el inicio de la escolarizaci&oacute;n se tratara de entregar ese ser especial e impoluto a los enchastres de las relaciones con otros, por fuera de lo familiar. La cosa se pone en cuesti&oacute;n. Aparecen las preguntas y la normalizaci&oacute;n: &ldquo;&iquest;es &rdquo;normal o no es normal?&ldquo;. Comparaciones con otros ni&ntilde;os, par&aacute;metros, medias, promedios, estad&iacute;sticas, etc. Adi&oacute;s ser especial, hola ser general.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Natal&iacute; Shejtman </strong>se ocup&oacute; de algunas de las vicisitudes de ese per&iacute;odo inicial en esta <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/un-trabajo-extraordinario-historias-e-ideas-sobre-maternidad-y-paternidad-en-argentina/quedarse-jornada-horarios-reducidos-inicio-jardin-infantes-tension-tiempo-ninos-adultos_132_10004491.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nota</a>. Parece que hoy ya no se llama &ldquo;adaptaci&oacute;n&rdquo; a ese per&iacute;odo, sino que, como se&ntilde;ala la autora, &ldquo;en los &uacute;ltimos a&ntilde;os fue renombrado como &laquo;per&iacute;odo de inicio&raquo;&rdquo;. De lo que no estoy tan segura es de que cambiar el nombre cambie las pr&aacute;cticas. M&aacute;s bien tiendo a creer que ese tipo de cosas funcionan al rev&eacute;s: se cambia el nombre para que no cambie nada m&aacute;s -rotular siempre es m&aacute;s sencillo que revisar pr&aacute;cticas-. Se trata, sin dudas, de una adaptaci&oacute;n a los modos institucionales. &iquest;Qui&eacute;n se adapta? El ni&ntilde;o, s&iacute;. Pero tambi&eacute;n, y sobre todo, los padres. Por eso Natal&iacute; Shejtman da su testimonio diciendo: &ldquo;Ahora me encuentro iniciando el mismo proceso progresivo en una nueva instituci&oacute;n con mi hijo menor. Y se repite, palabras m&aacute;s palabras menos, el di&aacute;logo de mis adaptaciones anteriores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Per&iacute;odo de inicio&rdquo; termina siendo entonces un eufemismo en la medida en que la funci&oacute;n de las <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/desadaptacion_129_9730754.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">instituciones</a> permanece. Pueden variar sus contenidos, pero su funci&oacute;n sigue siendo la de normalizar, disciplinar, domesticar, ense&ntilde;ar, educar, civilizar. Las escuelas pueden modernizarse en muchos aspectos, incluso pueden cambiar los nombres, pero el modo en que ejercen su poder es inevitable. Para eso est&aacute;n. Se trata de ese poder que, como dir&iacute;a Foucault, &ldquo;se ejerce sobre ni&ntilde;os, colegiales, sobre aquellos a quienes se sujeta a un aparato de producci&oacute;n y se controla a lo largo de toda su existencia&rdquo;. Luego tenemos toda la vida para aprender tambi&eacute;n c&oacute;mo resistir, c&oacute;mo sacarnos de encima esos lastres.
    </p><p class="article-text">
        No pasa mucho tiempo para que, desde la escuela, o desde los padres, surja la idea de que un ni&ntilde;o es t&iacute;mido y que ser t&iacute;mido es un problema. Es en ese contexto en el que pienso en la timidez y en c&oacute;mo sigue siendo, en muchos casos, un estigma. Basta googlear &ldquo;timidez&rdquo; para que las primeras y m&aacute;s abundantes entradas sean c&oacute;mo &ldquo;superarla&rdquo; o &ldquo;vencerla&rdquo;. En casi todos los casos, el sentido com&uacute;n la asocia a otro estigma, &ldquo;la inseguridad&rdquo; y, por supuesto, a la baja autoestima. Y pienso que la autoestima es siempre alta: ya sea que nos creamos geniales, ya sea que nos creamos unos idiotas. Y es que creerse <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-pretension_132_9236254.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>ser</em></a> siempre implica tener autoestima alta. El problema no est&aacute; en lo que refleja el espejo, sino en ser mirados constantemente, en no poder sacarnos el espejo de encima. La <em>personalidad</em> que creemos que tenemos, o la que nos atribuyen: una pata de elefante sobre nosotros, la hormiga. La personalidad: esa consistencia densa, pesada, agobiante, dif&iacute;cil de alivianar.
    </p><p class="article-text">
        La timidez, entonces, casi siempre resulta una caracter&iacute;stica destacable y destacada; casi siempre se subraya. Como si no se pudiera omitir. Una iron&iacute;a: el que se siente t&iacute;mido tiene encima las miradas de los que lo notan t&iacute;mido. Y es que muchas veces la timidez se forja a partir de la idea de que se tiene una mirada encima. Pero &iquest;qui&eacute;n no tiene una mirada m&aacute;s o menos encima? La timidez ha sido casi siempre catalogada dentro de los defectos, dentro de los d&eacute;ficits, dentro de los estigmas. Y en esta &eacute;poca exhibicionista, que todo lo da a ver, quiz&aacute;s lo sea a&uacute;n m&aacute;s. Si algo hace el tipo de psicoan&aacute;lisis que m&aacute;s me interesa, es intentar deshacerse de los cat&aacute;logos, las clasificaciones, las patologizaciones. En todo caso se tratar&aacute; de indagar el estatuto de un sufrimiento: &iquest;inhibici&oacute;n, s&iacute;ntoma o angustia? &iquest;De qu&eacute; sufre alguien? &iquest;Qu&eacute; de todo lo que dice lo hace sufrir? En un an&aacute;lisis se va a tratar, en todo caso, de deshacer ese c&uacute;mulo de etiquetas y clasificaciones y adjetivaciones de las que est&aacute; hecha una &ldquo;personalidad&rdquo;. Para el psicoan&aacute;lisis no existen problemas <em>a priori</em>. No se maneja como un manual de diagn&oacute;sticos, ni como un cat&aacute;logo de s&iacute;ndromes. La timidez, por ejemplo, no es un problema en s&iacute; mismo hasta que lo es para alguien en particular, hasta que la timidez est&eacute; haciendo sufrir. Muchas veces lo que hace sufrir no es tanto una vivencia, sino el modo en que una caracter&iacute;stica personal es se&ntilde;alada como estigma. Y es que la autoestima siempre viene del otro. O, como dice Lacan, &ldquo;el ser est&aacute; perdido en el basurero del Otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como si la timidez no fuera muchas veces algo que irrumpe sin que nos supi&eacute;ramos t&iacute;midos. Como si la timidez no fuera un modo en el que nos escuchamos decir que s&iacute;, o que no. Como si la timidez fuera necesariamente un modo del impedimento. No siempre. A veces s&oacute;lo es un s&iacute;ntoma, es decir: una soluci&oacute;n a un problema.
    </p><p class="article-text">
        Timidez se llama a veces a la discreci&oacute;n, a la mesura, al repliegue voluntario. Al gusto por la soledad, a la preferencia por el silencio. Timidez se le llama a veces a la zozobra y a la verg&uuml;enza. Como si fuera obligatorio ser desvergonzados. En el mundo actual del coaching y el management, de la expresi&oacute;n y la mostraci&oacute;n, el de la imposibilidad de callarse, el de la estridencia de las buenas causas, no hay lugar para la timidez porque la timidez es un signo -en la pat&eacute;tica naturalizaci&oacute;n- de lo que no va bien.
    </p><p class="article-text">
        Nick Cave recibi&oacute; por parte de dos fans -Daniel y Vera- dos preguntas -respectivamente-: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es la timidez?&rdquo; y &ldquo;&iquest;C&oacute;mo fue la primera cita con su mujer?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nick Cave -dejo el <a href="https://www.theredhandfiles.com/what-is-shyness/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">texto original</a>- contest&oacute; con un texto muy bello. Lo primero que dice es -la traducci&oacute;n es m&iacute;a, es torpe-:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La timidez es el sonido tentativo de la orquesta afinando antes de que comience la sinfon&iacute;a. Es una hermosa pieza musical fracturada en s&iacute; misma. Es la orquesta que intenta encontrar su intenci&oacute;n compartida y, si me preguntas, termina demasiado r&aacute;pido. En algunas circunstancias, la timidez nunca encuentra su acuerdo arm&oacute;nico y la situaci&oacute;n nunca estar&aacute; a tono. Sin embargo, la timidez es un regalo que tambi&eacute;n puede ser la intuici&oacute;n a veces paralizante, a menudo abrumadora, de que lo siguiente que presenta la vida es potencialmente trascendental, ya sea hermoso o devastador, donde un intercambio de palabras o un gesto es una puerta de entrada a un mundo nuevo y desconocido. A partir de estas insinuaciones de una claridad insoportable, podemos caer a trav&eacute;s de nuestra timidez en momentos de significado trascendental, y nuestras vidas pueden cambiar por completo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La timidez: esa tentativa.
    </p><p class="article-text">
        Dejo tambi&eacute;n la pieza que <strong>Nick Cave</strong> hizo con su texto:&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-timidez_129_10029314.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Mar 2023 09:04:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imbancables]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imbancables_129_9989394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45309529-e00b-4254-9ee0-0258189fcd56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Imbancables"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿De qué se trata un psicoanálisis? ¿Cuál es el lugar del analista? ¿Cuál es su función? La autora busca respuestas en estos tiempos en los que se banca o no se banca a alguien como sinónimo de acuerdo o desacuerdo, de apoyo o rechazo.</p></div><p class="article-text">
        Para Lacan la pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; es el psicoan&aacute;lisis?&rdquo; es una pregunta un poco ploma, pesada, una pregunta equivalente a cargar con un muerto, una especie de trabajo de esos que nadie quiere hacer. Por eso se da el lujo de contestar con la siguiente tautolog&iacute;a: &ldquo;es el tratamiento dispensado por un psicoanalista&rdquo;. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s dice: &ldquo;todo el mundo cree saber lo que es el psicoan&aacute;lisis, salvo los psicoanalistas, y eso es lo molesto. Ellos son los &uacute;nicos que no lo saben (...) si creyeran saberlo de inmediato, ser&iacute;a grave&rdquo;. &iquest;De qu&eacute; se trata un psicoan&aacute;lisis? &iquest;Cu&aacute;l es el lugar del analista? &iquest;Cu&aacute;l es su funci&oacute;n? &iquest;De qu&eacute; se tratan la neutralidad y la abstinencia? No me conforman las respuestas que ya sabemos y que hemos aprendido y repetido hasta el cansancio. No porque no sean precisas, sino porque no funcionan as&iacute; en la pr&aacute;ctica cotidiana del psicoan&aacute;lisis, porque no son respuestas aplicables, porque las cosas no son siempre iguales. Por eso me interesa sostener esas preguntas. Son las preguntas que me permiten, sobre todo en conversaci&oacute;n con otros, no adormecerme en lo ya-sabido.
    </p><p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis, de aqu&eacute;l que m&aacute;s me interesa, es una pr&aacute;ctica sin red, sin la red del saber previo, sin la red de la t&eacute;cnica. Si la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis es dif&iacute;cil -y lo es y mucho- es, entre otras cosas, porque no se trata de un saber aplicable. Porque si hay algo que viene a jaquear cualquier saber que se tenga sobre la pr&aacute;ctica, eso es la transferencia. La transferencia desbarata todo aquello que creemos que sabemos. Por eso el ejercicio de reflexionar acerca de lo que pasa en un an&aacute;lisis es siempre a posteriori. Dije &ldquo;red&rdquo; y pens&eacute; que, m&aacute;s que red, un analista es a veces un elefante balance&aacute;ndose en una tela de ara&ntilde;a. Pero quiz&aacute;s, para no llamar a otros elefantes, para no seguir sosteni&eacute;ndose en la telara&ntilde;a &ldquo;de casualidad&rdquo;, es que creo que hay ciertos saberes que se han extra&iacute;do del an&aacute;lisis por el que atraves&oacute; aquel que ahora se llama a s&iacute; mismo analista. Es un saber muy singular: un saber sobre el hecho de que no hay saber sobre la pr&aacute;ctica, de que no hay un Otro que nos pueda garantizar el ejercicio anal&iacute;tico. Lacan, insistiendo en su pregunta acerca de c&oacute;mo se deviene analista, preocupado una vez m&aacute;s por la formaci&oacute;n del analista, vuelve otra vez sobre lo que implica la atenci&oacute;n flotante, para vociferar &ldquo;&iexcl;cu&iacute;dense de comprender!&rdquo; -no ahorr&aacute;ndose decir que es una &ldquo;categor&iacute;a nauseabunda&rdquo;- y recordar que no se necesita una oreja de m&aacute;s sino, por el contrario, &ldquo;que una de las orejas se ensordezca, en la misma medida en que la otra debe ser aguda&rdquo;. Est&aacute; hablando del sentido, pero tambi&eacute;n se puede pensar en la dimensi&oacute;n comprensiva -en el &ldquo;te entiendo&rdquo;-. Quiz&aacute;s ah&iacute; haya una clave de lectura para pensar la famosa indicaci&oacute;n de no responder a la demanda -que es siempre demanda de amor, que es siempre demanda de incondicionalidad-.
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos se usa mucho el binomio bancar-no bancar a alguien o algo -desde un pol&iacute;tico hasta un jugador de f&uacute;tbol, desde el despecho de Shakira, pasando por el calor, hasta el fresco y batata: se banca o no se banca como sin&oacute;nimo de acuerdo o desacuerdo, apoyo o rechazo-. Antes tambi&eacute;n se usaba como aguantar o soportar a alguien -&ldquo;no me banco a X&rdquo;-; no aguantar que ese alguien haga algo -&ldquo;no me banco cuando X llega tarde&rdquo;-; esperar a alguien -&ldquo;bancame que ya llego&rdquo;-; acompa&ntilde;ar a alguien a hacer algo no muy deseable -&ldquo;&iquest;me banc&aacute;s en la cena familiar?&rdquo;-; etc. Se trata, en muchos casos, de soportar, con lo que de dimensi&oacute;n algo sacrificial tiene el asunto. Y entonces pens&eacute; en la transferencia y en el lugar del analista de esta forma: &iquest;Se trata de bancar al paciente, de bancarle todas, de bancarle todo? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a bancar a un paciente? Y pienso en la diferencia entre la psicoterapia, la psicolog&iacute;a y el psicoan&aacute;lisis y quiz&aacute;s tambi&eacute;n radique ah&iacute;: no se&nbsp;trata de bancar cualquier cosa, ni de cualquier manera, porque no se trata de ejercer el poder de ser un bancador, una banca, un banquito, un banquillo. 
    </p><p class="article-text">
        Un analista no es un Dios, ni un superh&eacute;roe -aunque algunos quieran ponerse en ese lugar, aunque muchos vendan esa imagen-. Una cosa es estar dispuestos a atajar los efectos de la transferencia -incluso la transferencia negativa- y otra muy distinta es tener que bancarlo todo. Pienso entonces en esos terapeutas (o en las personas en general) que se ubican como madres o cuidadores o tutores de los pacientes -y de los otros- siempre. Y pienso en que no hay mayor ejercicio de poder que el de mostrarse dispuestos a bancarlo todo, a ser una especie de front&oacute;n donde se pueden tirar todas las pelotas que se pretenda, a poder con todo. Un analista tambi&eacute;n participa de lo imposible, no puede todo, no tiene todo. No es que no quiere, es que no puede, es que no tiene. Si la neurosis insiste en sostener a un Otro que todo lo puede, que todo lo tiene -y que si no da es porque no quiere y no porque no tiene-, est&aacute; claro que si un analista todo lo puede y todo lo banca, estar&iacute;a neurotizando la transferencia a la vez que eterniz&aacute;ndola. En ese sentido, me gusta cuando Colette Soler habla de las &ldquo;tentaciones del psicoanalista&rdquo;, diciendo: &ldquo;el riesgo de ser seducidos por la transferencia: seducidos, m&aacute;s precisamente, por la demanda del neur&oacute;tico que se despliega en la transferencia (...) hace creer en la consistencia del Otro, y esa credulidad corre pareja con la idealizaci&oacute;n del partenaire&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Un analista no &ldquo;banca&rdquo; todo: tambi&eacute;n puede enojarse, tambi&eacute;n puede decir basta, tambi&eacute;n puede poner condiciones m&aacute;s expl&iacute;citamente. Y no se trata, en esos casos, de cuestiones personales, se trata de cuestiones transferenciales. Un analista no banca todo, no porque no deba, no porque no quiera, sino porque no puede. Tambi&eacute;n est&aacute; atravesado por la imposibilidad, tambi&eacute;n est&aacute; atravesado por los l&iacute;mites del cuerpo, del tiempo, del dinero. Si la demanda de alguien es ser bancado en todo, la respuesta de un analista, la de no bancar todo, no es aleccionadora, no se trata de eso. Se trata de poner en acto la imposibilidad, pero ni siquiera como estrategia. Se tratar&aacute;, en todo caso, de formular, en un an&aacute;lisis, la pregunta de por qu&eacute; alguien pide ser bancado. Lo otro de eso es creerse una excepci&oacute;n, es tentarse en el espejismo transferencial, es dejarse sugestionar por el poder que otorga la transferencia. Quiz&aacute;s en esas demandas se juegue la idea de que el analista est&aacute; para hacer el bien, para bancar, para ser un banco -tambi&eacute;n-. Como si los analistas fu&eacute;ramos seres sobrehumanos a los que nada nos perturba, nada nos importuna, nada nos afecta, como si no particip&aacute;ramos de lo mundano -por otro lado, la intenci&oacute;n del bien logra s&oacute;lo cortocircuitar un an&aacute;lisis-. 
    </p><p class="article-text">
        Un analista no es un ser incondicional. Porque no existen los seres incondicionales, solo la demanda construye y pide un otro incondicional. A veces creo que la demanda de ser bancado en todo implica una demanda de ser reconocido como un ser impedido. Alguna vez Lacan dijo: &ldquo;Proponer ayudar a las personas significa el &eacute;xito asegurado y la clientela detr&aacute;s de la puerta. El psicoan&aacute;lisis es otra cosa&rdquo;. Eso no significa que el psicoan&aacute;lisis no ayude, sino que no se ofrece como eso. Y en &eacute;pocas de influencers y tiktok<em>ers </em>que todo lo saben y todo lo ense&ntilde;an, que se aprovechan de la desesperaci&oacute;n de los que sufren ofreci&eacute;ndoles ayuda, el psicoan&aacute;lisis me sigue pareciendo especialmente honesto.
    </p><p class="article-text">
        Colette Soler dice que un analista &ldquo;es un objeto muy inquietante porque es un sujeto transformado en el sentido de cierta liberaci&oacute;n, &iquest;de qu&eacute;? No de trabas al goce, ni de castraci&oacute;n, ni tampoco de falta en ser. No est&aacute; liberado de todo eso (...). Pero s&iacute; est&aacute; liberado de las presiones del Otro, al menos en parte, alejado de esas presiones. Esto no lo resuelve todo, pero lo libera de identificaciones que lo gobernaban y desde las cuales se lo pod&iacute;a gobernar&rdquo;. No ser gobernado por el ideal de persona que ayuda y que las banca todas -o por cualquier ideal de analista-, es, sin dudas, mucho mejor para un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Pienso ahora en las personas -no hablo del an&aacute;lisis- que demandan ser bancadas en todo, de cualquier manera, poniendo sus dificultades siempre en primer t&eacute;rmino, casi como un modo de presentaci&oacute;n de s&iacute; mismas. Y pienso que eso no deja de ser un modo de manipulaci&oacute;n en el que se transfiere todo al otro. Un otro que, si no accede a bancarlo todo, es porque no est&aacute; a la altura de esas expectativas. Son las personas que suelen decir &ldquo;me desilusionaste&rdquo;. Son las personas que terminan siendo las m&aacute;s imbancables.
    </p><p class="article-text">
        &#65279;
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imbancables_129_9989394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Feb 2023 08:23:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imbancables]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Doce libros argentinos de no ficción destacados: de Walsh a Malvinas, del cuerpo a las memorias eclécticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-argentinos-no-ficcion-destacados-2022-rodolfo-walsh-malvinas-cuerpo-memorias-eclecticas_1_9824407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f8addfb-1786-4ac2-9289-e9a8b118d15c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1063303.jpg" width="4958" height="2789" alt="Doce libros argentinos de no ficción destacados: de Walsh a Malvinas, del cuerpo a las memorias eclécticas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre la política, la música, la reflexión sobre la escritura, la historia nacional y latinoamericana, el año que se va dejó publicaciones notables. Un repaso por algunas de las más interesantes.</p><p class="subtitle">El Eternauta, Bioy, Ephron, Woolf y otros grandes rescates literarios de 2022</p></div><p class="article-text">
        Hubo ensayos, memorias, investigaci&oacute;n, grandes personajes y aniversarios que volvieron a traer asuntos de los que parec&iacute;a que estaba todo escrito, como los 40 a&ntilde;os de la Guerra de Malvinas o los 45 de la desaparici&oacute;n y asesinato de Rodolfo Walsh. <strong>A lo largo de 2022, adem&aacute;s de libros de novelas, cuentos y poes&iacute;a, los editores locales apostaron por la no ficci&oacute;n en todas sus variantes</strong>. Un g&eacute;nero siempre en tensi&oacute;n &ndash;por suerte&ndash; y cada vez m&aacute;s difuso en su definici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En algunos casos, incluso, algunas de estas publicaciones se convirtieron en peque&ntilde;os sucesos. Ocurri&oacute;, por ejemplo, con <em>Diario de una temporada en el quinto piso</em>, del soci&oacute;logo argentino <strong>Juan Carlos Torre</strong>, que es un libro que Edhasa public&oacute; a finales de 2021, pero que se coment&oacute;, se debati&oacute; y <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/relacion-intimidad_129_8805949.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se elogi&oacute; bastante</a> durante 2022. Tanto reson&oacute; que, <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/cristina-conto-le-regalo-libro-presidente-cumpleanos-le-dedico-chicana-vocera-cerruti_1_8884908.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a partir de una intervenci&oacute;n p&uacute;blica de la vicepresidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner</a> en la que lo mencion&oacute;, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/efecto-cfk-libreros-triplicaron-pedido-libro-vicepresidenta-le-regalo-alberto-fernandez_1_8888319.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crecieron sus ventas y los editores lanzaron varias reediciones</a>.
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                    alt="Algunos libros de los más destacados de 2022."
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            <span class="title">
                Algunos libros de los más destacados de 2022.                            </span>
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        A continuaci&oacute;n, <strong>una selecci&oacute;n de libros de este rubro amplio publicados durante 2022</strong>, de autores y autoras argentinas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Desembarco en las Georgias</strong></em><strong>, de Felipe Celesia (Paid&oacute;s).</strong>&nbsp;&ldquo;La emoci&oacute;n de lo desconocido era apenas un complemento para la mayor&iacute;a de los hombres que aguardaban en el muelle aquel 11 de marzo de 1982.<strong>&nbsp;Estaban ah&iacute;, asumiendo el compromiso de permanecer cuatro meses en una isla que desconoc&iacute;an por completo</strong>, por la paga&rdquo;. La escena pertenece al libro&nbsp;<em>Desembarco en la Georgias</em>&nbsp;(Editorial Paid&oacute;s, 2022), del periodista y escritor&nbsp;<strong>Felipe Celesia</strong>&nbsp;donde se reconstruye un episodio desconocido, casi oculto, que tuvo lugar hace 40 a&ntilde;os, cuando un grupo de chatarreros y t&eacute;cnicos argentinos fue convocado por un comerciante para desguazar instalaciones balleneras abandonadas en una isla del Atl&aacute;ntico Sur.
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            </figure><p class="article-text">
        Se trataba de un negocio suculento ideado por un empresario que calculaba alzarse con unos 30 millones de d&oacute;lares despu&eacute;s de una aventura dif&iacute;cil, pero no imposible en plena dictadura militar.<strong>&nbsp;Los obreros viajaron hacia las Georgias a bordo del buque Bah&iacute;a Buen Suceso, perteneciente a la Armada argentina, y pronto zarp&oacute; otra embarcaci&oacute;n, que traslad&oacute; a los Alfa, un grupo de &eacute;lite comandado por el represor Alfredo Astiz</strong>, que ten&iacute;a la misi&oacute;n de custodiar a los trabajadores en aquel lugar inh&oacute;spito.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las autoridades brit&aacute;nicas detectaron esos movimientos,&nbsp;<strong>los chatarreros quedaron en medio del fuego cruzado entre dos estados</strong>. El conflicto b&eacute;lico en ciernes, a partir del proyecto de la Junta Militar argentina que pretend&iacute;a recuperar las Islas Malvinas ese a&ntilde;o, escal&oacute; y ya no hubo c&oacute;mo frenarlo.
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                Desembarco en las Georgias, de Felipe Celesia, uno de los libros de investigación destacados de 2022.                            </span>
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        Para quienes est&eacute;n buscando leer no ficci&oacute;n de excelencia &ndash;de esa plagada de datos, pero tambi&eacute;n con momentos de profundidad, de esa que no pone en primer plano las sensaciones de quien escribe sino la historia y sus protagonistas, de esa que no se autonarra sino que cuenta&ndash;,&nbsp;<strong>el tono de Felipe Celesia es ajustad&iacute;simo</strong>. El autor ya hab&iacute;a deslumbrado en sus libros anteriores (ocurri&oacute; con L<em>a muerte es el olvido</em>, su trabajo sobre la historia del Equipo Argentino de Antropolog&iacute;a Forense, y&nbsp;<em>La Tablada</em>) y&nbsp;<strong>ac&aacute; se las ingenia, una vez m&aacute;s, para combinar lo &iacute;ntimo (desde la comida hasta las canciones que cantaban los trabajadores) con lo cruento</strong>&nbsp;de algunos episodios 40 a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Desembarco en las Georgias. La verdad sobre el misterioso incidente que desat&oacute; la guerra</strong></em><strong>, de Felipe Celesia, fue editado por Paid&oacute;s.&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/desembarco-georgias-chatarreros-frio-bandera-flameando-insolito-negocio-precipito-guerra-malvinas_1_8804291.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute;</a><strong>, una entrevista con el autor.&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/desembarco-georgias-misterioso-incidente-desato-guerra_1_8805306.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Y aqu&iacute;, un cap&iacute;tulo del libro</a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.&nbsp;</strong><em><strong>Todo lo que crece</strong></em><strong>, de Clara Obligado (P&aacute;ginas de Espuma).&nbsp;</strong><em>&lsquo;Humor&rsquo;, &lsquo;humus&rsquo;, &lsquo;humildad&rsquo;, &lsquo;hombre&rsquo;. Palabras emparentadas. Un alfarero nos cre&oacute; con barro. Todo es regreso.&nbsp;</em>Eso apunta la escritora&nbsp;<strong>Clara Obligado</strong>&nbsp;en su libro&nbsp;<em>Todo lo que crece</em>&nbsp;(P&aacute;ginas de Espuma, 2022), un ensayo luminoso, vital y lleno de lecturas a su vez, en el que vuelve a pensar en la naturaleza y la escritura.
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                    alt="&quot;Todo lo que crece&quot;, de Clara Obligado, es un ensayo sobre la escritura y la naturaleza."
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                &quot;Todo lo que crece&quot;, de Clara Obligado, es un ensayo sobre la escritura y la naturaleza.                            </span>
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        Ya lo hab&iacute;a hecho,&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/mil-lianas/amor-distancia-cadaveres-jardin_129_8587277.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como apuntamos por ac&aacute;</a>, en su libro anterior y tambi&eacute;n pand&eacute;mico,&nbsp;<em>Una casa lejos de casa</em>&nbsp;(Eme Editorial, 2021), donde reflexionaba sobre el lenguaje desde esa&nbsp;<em>herida al aire libre</em>&nbsp;que es &ndash;para usar sus t&eacute;rminos&ndash; la experiencia del exilio. Ac&aacute;, una vez m&aacute;s,&nbsp;<strong>se superponen citas, referencias, b&uacute;squedas en diccionarios</strong>. Una vuelta a las ra&iacute;ces de las palabras y de la vida familiar con el campo de la pampa argentina y la infancia en primer plano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante una visita que la autora hizo a la Argentina, dialog&oacute; con elDiarioAR sobre Todo lo que crece en<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/clara-obligado-literatura-afianza-vision-vida-no-sirve-prefiero-provoca-ganas-quemarla_1_9414393.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> esta entrevista</a>. Tambi&eacute;n all&iacute; cont&oacute; de su v&iacute;nculo con Borges, lo que piensa sobre la trampa de las fronteras, los motivos por los que cr&iacute;a gusanos y por qu&eacute; no le desea a nadie que sea escritor.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Clara Obligado nació en Buenos Aires. Con la llegada de la dictadura militar, en 1976 debió exiliarse en España, donde vive desde entonces."
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                Clara Obligado nació en Buenos Aires. Con la llegada de la dictadura militar, en 1976 debió exiliarse en España, donde vive desde entonces.                            </span>
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        <em><strong>Todo lo que crece</strong></em><strong>, de Clara Obligado, sali&oacute; por la editorial P&aacute;ginas de Espuma.&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/clara-obligado-literatura-afianza-vision-vida-no-sirve-prefiero-provoca-ganas-quemarla_1_9414393.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute;, una entrevista con la autora</a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. </strong><em><strong>Emboscada. La historia oculta de la desaparici&oacute;n de Rodolfo Walsh y el misterio de sus cuentos in&eacute;ditos</strong></em><strong>, de Facundo Pastor (Aguilar).&nbsp;</strong>Un libro<strong>&nbsp;</strong>contado con un ritmo vertiginoso, casi adictivo, en cap&iacute;tulos breves. En&nbsp;<em>Emboscada</em>,&nbsp;<strong>Facundo Pastor sigue a una serie de personajes con los que Rodolfo Walsh se vincul&oacute; durante los &uacute;ltimos meses de su vida y al propio autor de&nbsp;</strong><em><strong>Operaci&oacute;n masacre</strong></em>. Ese mapa de contactos &ndash;varios de ellos personas con las que Walsh se ten&iacute;a citas en la clandestinidad&ndash;&nbsp;le sirve para reconstruir la emboscada que concluy&oacute; con su muerte y la desaparici&oacute;n de su cuerpo por parte de una patota de la ESMA.
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            <span class="title">
                &quot;Emboscada&quot;, de Facundo Pastor, propone una reconstrucción minuciosa de los últimos días de Rodolfo Walsh.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Con algunos cap&iacute;tulos dedicados a los militantes de Montoneros con los que el escritor estableci&oacute; una cercan&iacute;a y con episodios centrados exclusivamente en el operativo montado en la esquina de San Juan y Entre R&iacute;os, en el barrio porte&ntilde;o de San Crist&oacute;bal, que termin&oacute; con su vida,&nbsp;<strong>el libro contiene escenas impactantes</strong>&nbsp;de intimidad y tambi&eacute;n de Walsh en tanto figura p&uacute;blica. Para lograrlo, el autor se centra en testimonios y tambi&eacute;n en documentos de inteligencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la vez, se propone ir detr&aacute;s de una serie de escritos de Walsh &ndash;entre ellos, su &uacute;ltimo cuento&ndash; robados por miembros de las fuerzas armadas en un operativo en San Vicente, en la &uacute;ltima casa en la que vivi&oacute;, y que siguen sin aparecer.&nbsp;<strong>Mediante una b&uacute;squeda ardua, Pastor llega a revelaciones que ofrecen algunas pistas escalofriantes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Facundo Pastor es periodista y abogado. Con una extensa carrera en televisi&oacute;n y radio, en la actualidad integra&nbsp;<em>Equipo de Noticias</em>, por la pantalla del canal&nbsp;<em>A24</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Emboscada</strong></em><strong>, de Facundo Pastor, sali&oacute; por la editorial Aguilar. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/emboscada_1_8860003.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por aqu&iacute;, un fragmento de la publicaci&oacute;n</strong></a><strong>. Tambi&eacute;n se puede leer </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/nueve-libros-aproximarse-obra-figura-rodolfo-walsh_1_8843235.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>un repaso por nueve libros para aproximarse a la vida y a la obra de Rodolfo Walsh al cumplirse 45 a&ntilde;os de su secuestro y desaparici&oacute;n</strong></a><strong> en manos de una patota de la Escuela de Mec&aacute;nica de la Armada durante la dictadura.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. </strong><em><strong>Un cuerpo al fin</strong></em><strong>, de Alexandra Kohan (Paid&oacute;s). </strong>Un cat&aacute;logo de cuerpos: el que produce la histeria y descubre&nbsp;<strong>Sigmund Freud</strong>&nbsp;o, como lo llama la autora, &ldquo;esa piedra angular del psicoan&aacute;lisis&rdquo;. Ese que no es pura anatom&iacute;a, ese que no se deja reducir a la mirada m&eacute;dica; ese que para algunos es una m&aacute;quina, ese que por simplificaciones se reduce a la mera genitalidad; <strong>ese que es silencioso hasta que grita, ese que se olvida hasta que se encuentra con otros</strong>; ese que atraviesa duelos y duele, ese que desea. Y muchos otros que se despliegan, como suele hacer&nbsp;<strong>Alexandra Kohan</strong>&nbsp;en sus textos, a partir de la lectura l&uacute;cida.
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                Un cuerpo al fin, de Alexandra Kohan, es el segundo libro de ensayos que la psicoanalista publica en Paidós.                            </span>
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        En su libro&nbsp;<em>Un cuerpo al fin</em>&nbsp;(Paid&oacute;s, 2022), la psicoanalista &ndash;columnista de elDiarioAR&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con su siempre sorprendente newsletter Atenci&oacute;n Flotante</a>&nbsp;y a quien&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/alexandra-kohan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden leer con todas las semanas por ac&aacute;</a>&ndash;&nbsp;<strong>insiste en eso que insiste: las preguntas alrededor de una figura opaca y a la vez elocuente.</strong>&nbsp;El texto est&aacute; repleto de citas de voces que abordaron la cuesti&oacute;n &ndash;desde la literatura, desde las canciones, desde las ciencias sociales, desde el psicoan&aacute;lisis, desde la poes&iacute;a&ndash; y tambi&eacute;n de los balanceos de su autora, sus propios vaivenes (<em>&ldquo;fue un libro escrito con la muerte de mi mam&aacute; encima y no pude no pasar por ah&iacute;&rdquo;</em>,&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se&ntilde;al&oacute; a este medio</a>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>En este sentido, el libro ofrece un mapa doble y s&uacute;per atractivo:&nbsp;<strong>una cuerda de la que empezar a tirar para quienes no tenemos muchas lecturas encima alrededor del psicoan&aacute;lisis</strong>&nbsp;y, para quienes s&iacute; las tengan, un regreso jalonado a partir de miradas novedosas desde Freud y Charcot hasta las redes sociales, la literatura contempor&aacute;nea o los debates actuales m&aacute;s inquietantes.
    </p><p class="article-text">
        Tejido al calor de la pandemia, con una escritura por momentos po&eacute;tica y lejos de querer agotar el asunto,<em>&nbsp;</em><em><strong>Un cuerpo al fin</strong></em><strong>&nbsp;se propone desmigajarlo sabiendo que es movedizo y tambi&eacute;n fascinante en sus distintas variaciones</strong>.
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                    alt="&quot;¿Qué es un cuerpo? Familiar hasta que se vuelve extraño, conocido hasta que se desconoce, silencioso hasta que habla, cómodo hasta que incomoda&quot;, señala Alexandra Kohan en su nuevo trabajo."
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                &quot;¿Qué es un cuerpo? Familiar hasta que se vuelve extraño, conocido hasta que se desconoce, silencioso hasta que habla, cómodo hasta que incomoda&quot;, señala Alexandra Kohan en su nuevo trabajo.                            </span>
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        <em><strong>Un cuerpo al fin</strong></em><strong>, de Alexandra Kohan, acaba de salir por Paid&oacute;s.&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute;, una entrevista con la autora</a><strong>. Y,&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/anatomia_1_9287531.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este enlace</a><strong>, un cap&iacute;tulo del libro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. </strong><em><strong>El enigma del oficio. Memorias de un agente literario</strong></em><strong>, de Guillermo Schavelzon (Ampersand).&nbsp;</strong>Mezcla de foto de &eacute;poca &ndash;y una foto anal&oacute;gica, t&aacute;ctil, repleta de texturas&ndash;, con los recovecos que siempre tiene la memoria, el libro&nbsp;<em>El enigma del oficio. Memorias de un agente literario</em>&nbsp;(Ampersand, 2022), del argentino&nbsp;<strong>Guillermo&nbsp;</strong><em><strong>Willie</strong></em><strong>&nbsp;Schavelzon</strong>, ofrece varios viajes. Por empezar, uno en el tiempo. Porque su autor, un hombre que lleva m&aacute;s de medio siglo en el mundo del libro, recupera escenas, momentos y costumbres de un universo efervescente: desde sus comienzos en la editorial&nbsp;<strong>Jorge &Aacute;lvarez</strong>&nbsp;a mediados de la d&eacute;cada del &lsquo;60, donde trabaj&oacute; con la m&iacute;tica&nbsp;<strong>Pir&iacute; Lugones</strong>, estuvo cerca de los primeros manuscritos de&nbsp;<strong>Ricardo Piglia</strong>, y fue enviado a viajar por toda Am&eacute;rica Latina a la pesca de talentos entonces j&oacute;venes como&nbsp;<strong>Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Mario Vargas Llosa</strong>, hasta su presente como uno de los principales agentes literarios del mundo de las letras en idioma espa&ntilde;ol.
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                &quot;El enigma del oficio&quot;, de Guillermo Schavelzon, salió por el sello Ampersand                            </span>
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        Contado en cap&iacute;tulos breves y muy &aacute;giles, dedicados a autores y autoras con los que trabaj&oacute; o no lleg&oacute; a hacerlo por distintas circunstancias (su autor habla de &eacute;xitos y de algunos fracasos),<strong>&nbsp;la publicaci&oacute;n tambi&eacute;n ofrece un recorrido por varios puntos del planeta</strong>: cuando Schavelzon conoci&oacute; a Per&oacute;n en Puerta de Hierro, cuando visit&oacute; Cuba y vio a&nbsp;<strong>Fidel Castro</strong>&nbsp;dando un discurso eterno, cuando le pusieron una bomba en su librer&iacute;a porte&ntilde;a en la d&eacute;cada del &lsquo;70 y se tuvo que exiliar en M&eacute;xico, cuando recib&iacute;a cartas muy emotivas de&nbsp;<strong>Julio Cort&aacute;zar</strong>&nbsp;en sus &uacute;ltimos d&iacute;as de vida, cuando viaj&oacute; a T&aacute;nger para ver si pod&iacute;a reunirse con&nbsp;<strong>Paul Bowles</strong>, cuando estuvo en las ferias literarias m&aacute;s importantes, cuando recal&oacute;, finalmente, en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En el trayecto&nbsp;<strong>&ndash;seg&uacute;n el propio Schavelzon la bit&aacute;cora de un testigo, &ldquo;una cr&oacute;nica subjetiva y personal&rdquo;&ndash;</strong>&nbsp;no faltan los chismes, las an&eacute;cdotas agudas, la picard&iacute;a, la trastienda de un ambiente en el que se mezcla el inter&eacute;s literario con la fama, las sensibilidades, los egos y, por supuesto, el dinero.
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                    alt="El agente literario reunido en 1991 con Mario Benedetti y su esposa Luz, en Madrid."
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            <span class="title">
                El agente literario reunido en 1991 con Mario Benedetti y su esposa Luz, en Madrid.                            </span>
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        <em><strong>El enigma del oficio</strong></em><strong>, de Guillermo Schavelzon, sali&oacute; por Ampersand.&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/guillermo-schavelzon-premios-literarios-son-operaciones-marketing-efectivas_1_9241709.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por ac&aacute;, una entrevista con el autor</a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. </strong><em><strong>Nada ser&aacute; como antes. &iquest;Hacia d&oacute;nde va Chile?</strong></em><strong>, de Juan Elman (Ediciones FutuR&ouml;ck).</strong> Construida a trav&eacute;s de testimonios y experiencias, el periodista Juan Elman relata en este libro una cr&oacute;nica de los principales conflictos, preguntas y debates que atraviesan a Chile en la actualidad. Aunque sea temprano para conclusiones, algo es evidente: las cosas, tal como las plantea el autor, no volver&aacute;n a ser como antes.
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            <span class="title">
                Nada será como antes, el primer libro del periodista Juan Elman.                            </span>
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        Escrito luego de un recorrido en profundidad que hizo Elman por todo el territorio chileno,<strong> el libro ofrece testimonios y experiencias que reflejan los conflictos, las preguntas y los debates que atraviesan a la sociedad chilena</strong> luego de los tiempos de protestas masivas que pusieron en jaque al sistema pol&iacute;tico, que llevaron a un gobierno de izquierda al poder y que trazaron los primeros pasos &ndash;pese al rechazo posterior&ndash; para la redacci&oacute;n de una nueva Constituci&oacute;n nacional.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Juan Elman es una de las voces j&oacute;venes m&aacute;s interesantes en el an&aacute;lisis de cuestiones vinculadas con la pol&iacute;tica internacional</strong>. Naci&oacute; en Buenos Aires, en 1998. Escribe el newsletter Un mundo propio en Cenital y se desempe&ntilde;a como columnista en distintos medios.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Nada ser&aacute; como antes. &iquest;Hacia d&oacute;nde va Chile?</strong></em><strong>, de Juan Elman, sali&oacute; por Ediciones FutuR&ouml;ck. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/sera-chile_1_9697352.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por aqu&iacute;, un fragmento del libro.</strong></a>
    </p><p class="article-text">
        <strong>7.&nbsp;</strong><em><strong>&iquest;Hola? Un r&eacute;quiem para el tel&eacute;fono</strong></em><strong>, de Mart&iacute;n Kohan (Ediciones Godot).</strong>&nbsp;Un objeto que, para algunos, se parece a una pieza de museo. Para otros, no obstante, se aproxima a una &eacute;poca: a ciertas esperas, a ciertas ansiedades, a ciertos v&iacute;nculos, a cierta fascinaci&oacute;n.<strong>&nbsp;Porque el tel&eacute;fono de l&iacute;nea todav&iacute;a existe aunque se use cada vez menos y, al mismo tiempo, pareciera recordarnos que est&aacute; por irse en cualquier momento</strong>. Una permanencia cada vez m&aacute;s muda que todav&iacute;a reposa en el living, en el escritorio, en el lugar de trabajo, en el rinc&oacute;n de un bar. Una obstinaci&oacute;n que se desvanece. En ese p&eacute;ndulo entre lo que persiste y las escenas que se van disolviendo por el desuso indaga el autor en este ensayo l&uacute;cido tanto por sus reflexiones como por su forma.
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                    alt="&quot;¿Hola? Un réquiem para el teléfono&quot; es el nuevo libro de ensayos de Martín Kohan."
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                &quot;¿Hola? Un réquiem para el teléfono&quot; es el nuevo libro de ensayos de Martín Kohan.                            </span>
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        Presentada en 87 fragmentos, la publicaci&oacute;n cruza lecturas agudas del Kohan &ndash;en especial de la obra de Walter Benjamin, pero tambi&eacute;n de textos de&nbsp;<strong>Jorge Luis Borges</strong>,&nbsp;<strong>Manuel Puig</strong>,&nbsp;<strong>Silvina Bullrich</strong>,&nbsp;<strong>Dorothy Parker</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Sergio Bizzio</strong>, entre muchos otros&ndash;, con situaciones telef&oacute;nicas rescatadas en pel&iacute;culas, en la televisi&oacute;n (de las bromas de Tangalanga a los insultos que recib&iacute;a el conductor&nbsp;<strong>Miguel &Aacute;ngel de Renzis</strong>), en canciones (de&nbsp;<strong>Raffaella Carr&agrave;</strong>&nbsp;a&nbsp;<strong>Chayanne</strong>&nbsp;y<strong>&nbsp;Charly Garc&iacute;a</strong>) y en la literatura. Un modo s&uacute;per atractivo de recuperar conversaciones, sin nostalgia, sin duelo. Un movimiento que se dispara desde un &iquest;hola?, desde la pregunta. Un r&eacute;quiem en curso, una despedida en la que la palabra todav&iacute;a circula con toda su potencia: mientras alguien llame, algo seguir&aacute; resonando en el o&iacute;do, a uno y a otro lado de la l&iacute;nea.
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        <strong>El ensayo&nbsp;</strong><em><strong>&iquest;Hola? Un r&eacute;quiem para el tel&eacute;fono</strong></em><strong>, de Mart&iacute;n Kohan, sali&oacute; por Ediciones Godot.&nbsp;</strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/martin-kohan-adios-telefono-tendencia-tecnologica-actual-ocurra-repente-riesgo_1_9723829.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por aqu&iacute;</a><strong>, una entrevista con el autor.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. </strong><em><strong>Las mil vidas de Gabriela. Memorias de la pionera del rock argentino,</strong></em><strong> de Gabriela Parodi (Marea Editorial). </strong>Una historia o, mejor, una vida que hasta ahora no se hab&iacute;a contado de esta manera: la de Gabriela, la artista de culto, la primera, la mitol&oacute;gica, la mujer de la m&uacute;sica a la que todos conocen por su nombre de pila. <strong>Gabriela Parodi, la de los comienzos del rock argentino.</strong>
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                &quot;Las mil vidas de Gabriela&quot;, de la pionera del rock argentino, salió por Marea Editorial                            </span>
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        La publicaci&oacute;n, llena de viajes, de an&eacute;cdotas, de recovecos, refleja su t&iacute;tulo. Porque all&iacute; ella misma habla de una mujer y de sus mil vidas. Tal como se&ntilde;alan sus editores, <strong>&ldquo;aquella joven con su estilo hippie y a la vez &aacute;cido y furioso, que se hizo conocida por temas como </strong><em><strong>Campesina del sol</strong></em><strong> o</strong><em><strong> Voy a dejar esta casa, pap&aacute;</strong></em><strong>, parti&oacute; de la Argentina en 1974 hacia California en busca de nuevos horizontes&rdquo;</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En Estados Unidos y Europa tuvo una larga y prol&iacute;fica carrera que no muchos conocen<strong>. Hija de un diplom&aacute;tico, atraves&oacute; su infancia y adolescencia alternando entre el campo argentino y distintos pa&iacute;ses, absorbiendo influencias musicales variadas. </strong>Sus veinte a&ntilde;os la encontraron en Par&iacute;s durante el Mayo franc&eacute;s, donde conoci&oacute; a personajes como Julio Cort&aacute;zar, Copi y el padre Mugica. Fue azafata y actriz hasta que encontr&oacute; su vocaci&oacute;n en la m&uacute;sica y retorn&oacute; a Buenos Aires, justo cuando nac&iacute;a el rock en castellano&rdquo;, concluyen.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Las mil vidas de Gabriela</strong></em><strong>, de Gabriela Parodi sali&oacute; por Marea Editorial. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/madre-sal-mil-vidas-gabriela-pionera-rock-argentino_129_9305627.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por aqu&iacute;, Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez entrevist&oacute; a la autora.</strong></a>
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. </strong><em><strong>Chic. Memorias ecl&eacute;cticas</strong></em><strong>, de&nbsp;Felisa&nbsp;Pinto (Lumen).&nbsp;</strong>Fue influencer antes de que se inventara ese t&eacute;rmino. Fund&oacute; un mundo y su relato: la cr&oacute;nica period&iacute;stica sobre el cruce entre moda, dise&ntilde;o, feminismos, cultura, artes pl&aacute;sticas, vanguardias del siglo XX en la Argentina. Viaj&oacute;, escuch&oacute;, conquist&oacute;, entrevist&oacute;, inspir&oacute;, am&oacute;, vio. Y durante 2022, a los 91&nbsp;a&ntilde;os, decidi&oacute; escribirlo y publicarlo en un libro que se llama&nbsp;<em>Chic. Memorias ecl&eacute;cticas</em>&nbsp;(Lumen).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Felisa&nbsp;Pinto</strong>&nbsp;es un mito y tambi&eacute;n una de las pioneras en los medios argentinos.&nbsp;<strong>Pero eso no alcanza para resumir ni su carrera, ni una vida incansable y nutrida por personalidades de la m&uacute;sica, de las artes pl&aacute;sticas, de la fotograf&iacute;a, del dise&ntilde;o en todas sus versiones y, por supuesto, de la bohemia</strong>&nbsp;(la lista ser&iacute;a interminable, pero por citar apenas un pu&ntilde;ado de escenas arbitrarias: fue amiga &iacute;ntima de Manuel Puig, iba de vacaciones a un pueblo cordob&eacute;s donde se cruzaba con la familia de&nbsp;<strong>Ernesto&nbsp;</strong><em><strong>Che</strong></em><strong>&nbsp;Guevara</strong>&nbsp;o a&nbsp;<strong>Pablo Neruda</strong>, entrevist&oacute; a&nbsp;<strong>Pablo Picasso</strong>, trabaj&oacute; bajo las &oacute;rdenes de&nbsp;<strong>Jacobo Timerman</strong>, comparti&oacute; redacciones con&nbsp;<strong>Vicki Walsh</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Sara Gallardo</strong>; se cruz&oacute; con&nbsp;<strong>Federico Moura</strong>, de Virus, y hasta le dio letra para una de sus canciones m&aacute;s populares). A todos ellos y muchos m&aacute;s los conoci&oacute; porque fueron sus amigos, sus colegas, sus compa&ntilde;eros de la noche, su familia, sus amantes, sus entrevistados o sus vecinos.
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                    alt="La mítica Felisa Pinto, pionera de la crónica de moda y diseño en la Argentina, acaba de publicar &quot;Chic. Memorias eclécticas&quot;."
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                La mítica Felisa Pinto, pionera de la crónica de moda y diseño en la Argentina, acaba de publicar &quot;Chic. Memorias eclécticas&quot;.                            </span>
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        La publicaci&oacute;n est&aacute; separada en dos partes.&nbsp;<strong>En la primera, la autora arma un mapa por sus &ldquo;Vidas propias&rdquo; a lo largo de las d&eacute;cadas.</strong>&nbsp;En sus recuerdos &ndash;es notable la descripci&oacute;n minuciosa de texturas, de colecciones que vio en desfiles o de trajes que se cruz&oacute; en distintos lugares del mundo&ndash; recupera tambi&eacute;n un tipo de cr&oacute;nica, o mejor, un tipo de escritura, que es la escritura de las cosas. Una forma de reponer, tambi&eacute;n, distintas &eacute;pocas a trav&eacute;s de sus objetos. Al mismo tiempo, se trata de un tipo de cr&oacute;nica que no subestima: si alguien se refiere, como sucede con la propia autora, a una persona que lleva puesto un par de &ldquo;aros l&aacute;grima&rdquo; eso dispara en quienes leen una serie de im&aacute;genes que no necesitan nada m&aacute;s. <strong>Adem&aacute;s de nombres y todo tipo de an&eacute;cdotas, la prosa de&nbsp;Felisa&nbsp;Pinto&nbsp;expone de esa manera una elegancia sugerida, que recorre todo el libro</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Vidas ajenas&rdquo;, en la segunda parte el libro trae distintos perfiles de personajes (de&nbsp;<strong>Victoria</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Silvina Ocampo</strong>&nbsp;a&nbsp;<strong>Juan Gatti</strong>&nbsp;o&nbsp;<strong>Maril&uacute; Marini</strong>) que la autora public&oacute; a partir del a&ntilde;o 2002 en cat&aacute;logos de muestras, suplementos como&nbsp;<em>Radar</em>&nbsp;y Las 12, del diario&nbsp;<em>P&aacute;gina 12</em>, y revistas como&nbsp;<em>Barz&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        Felisa&nbsp;Pinto&nbsp;naci&oacute; en C&oacute;rdoba, Argentina, en 1931. En los &lsquo;60 y los &lsquo;70 escribi&oacute; en medios como Primera Plana, Atl&aacute;ntida,&nbsp;<em>Confirmado</em>&nbsp;y<em>&nbsp;La Opini&oacute;n</em>. M&aacute;s adelante, tambi&eacute;n colabor&oacute; en&nbsp;<em>La Naci&oacute;n</em>&nbsp;y<em>&nbsp;P&aacute;gina 12</em>, entre otros.&nbsp;<strong>Durante los a&ntilde;os del Instituto Di Tella cre&oacute;&nbsp;</strong><em><strong>Etc&eacute;tera</strong></em><strong>, una boutique de objetos pop dise&ntilde;ados por artistas, que ocup&oacute; uno de los locales de la c&eacute;lebre Galer&iacute;a del Este, en pleno centro porte&ntilde;o.</strong>&nbsp;Fue, adem&aacute;s, curadora de algunas muestras de dise&ntilde;o, coordinadora del primer equipo docente de la carrera de Dise&ntilde;o de Indumentaria de la Universidad de Buenos Aires y autora del libro&nbsp;<em>Moda para principiantes, vanguardias del siglo XX</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Chic. Memorias ecl&eacute;cticas</strong></em><strong>, de&nbsp;Felisa&nbsp;Pinto, sali&oacute; por la editorial Lumen.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. </strong><em><strong>Clases de literatura argentina</strong></em><strong>, de Beatriz Sarlo (Siglo XXI).</strong> La publicaci&oacute;n recupera las clases, para muchos legendarias, que la intelectual argentina brind&oacute; para la c&aacute;tedra Literatura Argentina II entre 1984 y 1988. <strong>Eran tiempos de ebullici&oacute;n</strong>: volv&iacute;a la democracia y, con ella, muchos estudiantes a las aulas, muchos debates, muchos intelectuales que hab&iacute;an permanecido en el exilio. 
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                La tapa de Clases de literatura argentina, de Beatriz Sarlo.                            </span>
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        &ldquo;Semana a semana, Beatriz Sarlo analizaba obras y propon&iacute;a pensar la literatura argentina a partir de hip&oacute;tesis que se convertir&iacute;an en lugares comunes de la cr&iacute;tica. As&iacute;, mientras en la televisi&oacute;n pod&iacute;an seguirse las audiencias del Juicio a las Juntas, ella se preguntaba por la vigencia de <em>Operaci&oacute;n Masacre</em> de <strong>Rodolfo Walsh</strong>, por sus testimonios, por la primac&iacute;a de ese autor-narrador justiciero y por la completa ausencia textual de <strong>Enriqueta Mu&ntilde;iz</strong>, quien fue fundamental en el proceso de investigaci&oacute;n. Le&iacute;a el <em>Evaristo Carriego</em> de Borges en clave de minuciosa ruptura con las tradiciones, como gran estrategia de comienzo, y <em>Respiraci&oacute;n artificial </em>de Piglia como un modo de pensar la verdad hist&oacute;rica, trazar un mapa literario y ubicarse en &eacute;l&rdquo;, apuntan los editores sobre la publicaci&oacute;n, que cuenta con la dedicada edici&oacute;n de <strong>Sylvia Saitta</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Clases de Literatura argentina</strong></em><strong>, de Beatriz Sarlo, sali&oacute; por Siglo XXI. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/beatriz-sarlo-vivian-gornick-relecturas-libros_132_8973536.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por aqu&iacute;, un comentario sobre el libro en el blog de Pez Banana</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>11. </strong><em><strong>El viento entre los pinos</strong></em><strong>, de&nbsp;Malena&nbsp;Higashi (Fiordo).&nbsp;</strong>&ldquo;Prepara un delicioso cuenco de t&eacute;, acomoda el carb&oacute;n de manera que caliente el agua; acomoda las flores como est&aacute;n en el campo; en verano sugiere frescura, en invierno calor; prepara todo con anticipaci&oacute;n; hay que estar siempre preparado para una lluvia; trata a aquellos con quienes est&eacute;s con consideraci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Durante semanas la escritora argentina&nbsp;Malena&nbsp;Higashi&nbsp;memoriz&oacute; y repiti&oacute; las Siete Reglas. Era su tercer viaje a Jap&oacute;n, la tierra de su familia</strong>. Ella, que naci&oacute; en Buenos Aires, creci&oacute; como una porte&ntilde;a m&aacute;s al igual que sus padres y en alg&uacute;n momento se sinti&oacute; lejos de las tradiciones ancestrales, decidi&oacute; encarar un viaje que le cambiar&iacute;a la vida. Un viaje que fue un primer paso. Una forma de entender el mundo llamada&nbsp;<em>chad&ocirc;</em>, el camino del t&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre ese momento, sobre otros viajes familiares a Jap&oacute;n, sobre lo que representa la ceremonia del t&eacute;, sobre el v&iacute;nculo con su abuela Emiko &ndash;la mujer que le transmiti&oacute; esta pr&aacute;ctica con entusiasmo y sin presiones&ndash;, y sobre todo lo que rodea a este rito tan particular de la cultura japonesa escribi&oacute; la autora en su reciente libro&nbsp;<em>El viento entre los pinos. Un ensayo acerca del camino del t&eacute;</em>&nbsp;(Fiordo, 2022).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;El viento entre los pinos&quot; es el primer libro de Malena Higashi                            </span>
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        La particularidad de este libro es que logra, con simpleza, combinar la memoria personal con una mirada sobre lo que implican los rituales en la actualidad.&nbsp;<strong>Lejos del v&eacute;rtigo, casi a contramano, la escritora ofrece un relato minucioso que invita a observar cada detalle por min&uacute;sculo que parezca</strong>&nbsp;(c&oacute;mo se disponen las flores que acompa&ntilde;an el rito, la purificaci&oacute;n de los elementos que se utilizan, la selecci&oacute;n de los kimonos, los cuencos y la caligraf&iacute;a de algunos objetos dispuestos en el lugar donde se celebra el encuentro, por citar algunos ejemplos). Y lo hace con un tono alejado de lo asertivo, sin intenciones de dar una lecci&oacute;n: en todo caso, lo logra a partir de hacerse ella misma algunas preguntas sobre la meditaci&oacute;n, la introspecci&oacute;n, la idea de compartir con otros y sobre todo la importancia de apreciar lo que nos rodea con todos los sentidos. Como una buena taza de t&eacute;, la escritora convierte as&iacute; su escritura en una especie de refugio, construido con palabras, con escenas de su propia vida familiar, con el costado m&aacute;s intangible de una herencia.
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                Malena Higashi difunde la cultura japonesa en su newsletter &quot;Un Japón propio&quot;.                            </span>
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        <strong>El ensayo </strong><em><strong>El viento entre los pinos</strong></em><strong>, de&nbsp;Malena&nbsp;Higashi, sali&oacute; por Fiordo Editorial. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/secretos-ceremonia-busqueda-raices-japon-escritora-contramano-vertigo_1_9744392.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por aqu&iacute;, una entrevista con la autora</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>12. </strong><em><strong>Imprenteros</strong></em><strong>, de Lorena Vega y Hermanos (Ediciones DocumentA/Esc&eacute;nicas). </strong>Una publicaci&oacute;n que se impon&iacute;a: <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/feria-editores-2022-seleccion-libros-buscar-novedades-ensayos-cuentos-novelas-perlitas_1_9226710.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">despu&eacute;s de un lanzamiento exclusivo que tuvo lugar durante la edici&oacute;n 2022 de la Feria de Editores (FED)</a>, el libro que retoma la obra teatral <em>Imprenteros</em>, de la actriz, dramaturga y directora teatral <strong>Lorena Vega</strong>, sali&oacute; publicado por la editorial DocumentA/Esc&eacute;nicas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Así es la tapa del libro &quot;Imprenteros&quot;, de Lorena Vega y hermanos.                            </span>
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        <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/imprenteros-obra-lorena-vega-exito-no-cesa-importantes-secuelas_1_9293487.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consultada por Moira Soto para esta nota sobre la publicaci&oacute;n</a>, <strong>Gabriela Halac</strong>, editora de ese sello independiente, se&ntilde;al&oacute;: &ldquo;El primer encuentro con Imprenteros ocurri&oacute; cuando Lorena y Sergio fueron a verme a la Feria de Editores en 2019; ella me acerc&oacute; su deseo de hacer un libro con su obra, y yo le cont&eacute; mi forma de trabajo. La propuesta reun&iacute;a todos los condimentos que me interesan: el teatro, el libro, la imprenta, la memoria, los v&iacute;nculos. El desaf&iacute;o era superinteresante y conocerlos a ellos empez&oacute; a construir un campo magn&eacute;tico y de entusiasmo muy particular. Hubo otro encuentro en una sala de ensayos en Palermo: <strong>all&iacute; se desplegaron las fotos en el suelo, empec&eacute; a conectar con el proyecto</strong>. Pero hab&iacute;a que imaginar algo que no fuera solo publicar la obra; el material ten&iacute;a mucha potencia y para explotarla hab&iacute;a que pensar en la propia narrativa del libro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; sucedi&oacute;, porque se trata de un libro que, con fotos, con texturas, con olor a tinta, <strong>de alguna manera desarma la experiencia teatral, la desintegra, la expande</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El montaje de Imprenteros, la obra de Lorena Vega.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Imprenteros</strong></em><strong>, de Lorena Vega y Hermanos, sali&oacute; por Ediciones DocumentA/Esc&eacute;nicas. </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/imprenteros-obra-lorena-vega-exito-no-cesa-importantes-secuelas_1_9293487.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Por aqu&iacute;, una nota de Moira Soto sobre la publicaci&oacute;n</strong></a><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-argentinos-no-ficcion-destacados-2022-rodolfo-walsh-malvinas-cuerpo-memorias-eclecticas_1_9824407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Dec 2022 08:27:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Doce libros argentinos de no ficción destacados: de Walsh a Malvinas, del cuerpo a las memorias eclécticas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Balance 2022,Libros,Rodolfo Walsh,Martín Kohan,Clara Obligado,Alexandra Kohan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio del malentendido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-malentendido_129_9772103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed39bed9-edd5-4ae2-8401-c6be37301494_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1303y633.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio del malentendido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Hablando se entiende la gente? La literatura y el psicoanálisis comparten una misma desconfianza en el diálogo, escribe Alexandra Kohan. </p></div><p class="article-text">
        Basta con ponerse a hablar con otro para advertir que la frase &ldquo;hablando la gente se entiende&rdquo; es una ilusi&oacute;n neur&oacute;tica. Si algo pasa en cuanto nos ponemos a hablar, es que nos desentendemos. No s&oacute;lo dejamos de entender al otro, sino que nos dejamos de entender a nosotros mismos. La literatura y el psicoan&aacute;lisis comparten una misma desconfianza en el di&aacute;logo (Ricardo Piglia lo se&ntilde;ala cuando dice: &ldquo;la literatura ayuda a desconfiar del di&aacute;logo, no es cierto que hablando se entiende la gente&rdquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que Freud vino a descubrir es que hay un hiato imposible de cerrar entre lo que queremos decir y lo que decimos. Y ese espacio no pasa s&oacute;lo por el hecho de que, por ejemplo, puede producirse alg&uacute;n lapsus, sino por el hecho de que lo que decimos s&oacute;lo puede saberse una vez que el otro nos escucha. No hay manera de que no haya malentendido en cuanto nos ponemos a hablar. Porque el lenguaje del que estamos hechos no es un c&oacute;digo fijo, estable, sino una zona de ambig&uuml;edades. Y por eso mismo es que el di&aacute;logo es imposible. Pero esa imposibilidad no es un impedimento, es lo contrario: es porque hay malentendido que nos echamos a hablar, y no a la inversa. El malentendido es lo que nos empuja a hablar, no a callar. En t&eacute;rminos de Jorge Jinkis: &ldquo;el malentendido no es detenci&oacute;n, es lo que nos permite proseguir&rdquo;. Detenci&oacute;n, impedimento, impotencia, en cambio, quiz&aacute;s est&eacute;n sostenidos, a veces, en la ilusi&oacute;n de que habr&iacute;a entendimiento pleno, de que habr&iacute;a transparencia, de que ser&iacute;a posible atravesar la opacidad del sujeto consigo mismo, la opacidad del lenguaje, la opacidad del sentido, la opacidad propia del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        La no correspondencia del sujeto consigo mismo, el desfasaje, la escisi&oacute;n entre lo que se quiere decir y lo que se dice, son acaso los fundamentos del descubrimiento freudiano. Sobre esos fundamentos recae la represi&oacute;n de los lenguajes instrumentales, burocr&aacute;ticos, profesionales y protocolares. Esos lenguajes pretenden que lo que dicen no admite interpretaciones, ni desencuentros, ni malentendidos. Son lenguajes que se pretenden claros, transparentes y directos. Son lenguajes objetivantes que repelen lo que del sujeto hay en el asunto. Son los lenguajes que alisan los pliegues de la lengua, que obturan los resquicios, que cierran los agujeros. Se trata de la instituci&oacute;n que no es sino la instituci&oacute;n del sentido, del imperio de la verdad, de la conquista de los saberes coagulados en una pol&iacute;tica que se pretende inocua e inocente. Es la instituci&oacute;n que sostiene, como dir&aacute; Judith Butler, una &ldquo;sem&aacute;ntica hegem&oacute;nica&rdquo;. Son los lenguajes institucionalizados que hacen de la sonoridad, la ambig&uuml;edad y la er&oacute;tica de la lengua un mero signo, una lengua muerta.
    </p><p class="article-text">
        No hay sentido pleno porque, como dice Lacan, las palabras son tenues para ser su sost&eacute;n. Creemos que sabemos lo que decimos, no queremos saber -en el sentido de la represi&oacute;n- que siempre decimos m&aacute;s y menos de lo que queremos decir. No queremos saber que nuestra palabra se funda en la interlocuci&oacute;n con otro. Pero cada tanto se producen los esc&aacute;ndalos de la enunciaci&oacute;n, las ocurrencias, la sorpresa y aparece un saber no sabido. Quedan conmovidas las identificaciones imaginarias, las relaciones que cada quien tiene con su cuerpo y con su imagen. Vacilan las significaciones establecidas y se abre un mundo: un mundo poco familiar, acaso un mundo de sensaciones in&eacute;ditas y extra&ntilde;as, descolocadas y desviadas de lo ya sabido. El inconsciente escribe una lengua extranjera, extra&ntilde;a -al Yo- alterando, subvirtiendo, interceptando la repetici&oacute;n de lo mismo. S&oacute;lo se trata de escuchar esa lengua, de soportar la extra&ntilde;eza, de no rechazar el equ&iacute;voco que insiste. Lo que se abre as&iacute; es el espacio de la equivocidad, de lo que se resiste a la s&iacute;ntesis del ser.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta cuando Lacan dice que el seminario que dicta, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, lo sostiene m&aacute;s a &eacute;l, que &eacute;l al seminario. Y dice que no lo sostiene por medio de la costumbre, sino mediante el malentendido. A casi treinta a&ntilde;os de dictar el seminario, no hay costumbre. No es la costumbre la que hace que siga, sino el hecho de no habituarse al malentendido: &ldquo;como no me habit&uacute;o a &eacute;l, me canso de disolverlo. Y en consecuencia lo alimento. Es lo que se llama el seminario perpetuo&rdquo;. Luego tambi&eacute;n dice que nacemos malentendidos, que no hay otro trauma que ese. Y que, por supuesto, es nuestro cuerpo el que aparece malentendido. Nos dice lo siguiente: &ldquo;su cuerpo es fruto de un linaje, y buena parte de las desgracias de ustedes se debe a que este linaje ya nadaba en el malentendido a m&aacute;s no poder (...). Esto es lo que se les transmiti&oacute; al &laquo;darles la vida&raquo;, como se dice. Es lo que ustedes heredan y lo que explica el malestar que sienten en la piel, cuando tal es el caso. El malentendido est&aacute; ya antes, en la medida en que, aun antes de este bonito legado, ustedes forman parte, o m&aacute;s bien son parte del parloteo de sus antepasados&rdquo;. Quiz&aacute;s se trate, en un an&aacute;lisis, de hacer con ese parloteo. Quiz&aacute;s se trate, como dir&iacute;a Deleuze, de atacar la lengua materna, de descomponerla, de hacer una nueva sintaxis.
    </p><p class="article-text">
        Sin malentendido no habr&iacute;a chiste, ni literatura, ni poes&iacute;a; tampoco habr&iacute;a psicoan&aacute;lisis. Nuestro mundo se cerrar&iacute;a sobre s&iacute; mismo en un circuito maquinal en el que el lenguaje ser&iacute;a puro instrumento.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sin malentendido no habría chiste, ni literatura, ni poesía; tampoco habría psicoanálisis. Nuestro mundo se cerraría sobre sí mismo en un circuito maquinal en el que el lenguaje sería puro instrumento.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Tel&eacute;fono descompuesto&rdquo; se dice cuando hay un mensaje que pasa de una persona a otra alterando, perdiendo su sentido inicial, original. Se alude as&iacute; a que hay algo roto, que hablar y desviar los sentidos implicar&iacute;a una falla. Una concepci&oacute;n del hombre como m&aacute;quina. En 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ho<em>la? </em><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/martin-kohan-adios-telefono-tendencia-tecnologica-actual-ocurra-repente-riesgo_1_9723829.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un r&eacute;quiem para el tel&eacute;fono -Ediciones Godot-, Mart&iacute;n Kohan </a>dice en la entrada llamada &ldquo;Tel&eacute;fono roto&rdquo;: &ldquo;Con cada nueva tecnolog&iacute;a que se inventa, se inventa tambi&eacute;n un nuevo tipo de error, un nuevo accidente, una nueva falla (...). Habr&iacute;a que decir entonces que, con la invenci&oacute;n del tel&eacute;fono, se invent&oacute; a su vez el llamado equivocado, la conversaci&oacute;n ligada y esa clase de malentendido que dio en llamarse tel&eacute;fono descompuesto&rdquo;. Y luego alude al juego infantil que se llama &ldquo;tel&eacute;fono roto&rdquo;, y dice: &ldquo;consiste en formar una ronda. alguien le dice al o&iacute;do una frase cualquiera a la persona que tiene a su derecha; y asi sucesivamente hasta comparar la frase con la que se empez&oacute; la rueda con la frase que lleg&oacute; al &uacute;ltimo participante&rdquo;. Y luego, en la entrada llamada &ldquo;Guerra Fr&iacute;a&rdquo; dice del tel&eacute;fono rojo: &ldquo;en verdad no era un tel&eacute;fono, sino un teletipo que mandaba mensajes de texto, menos permeables a confusiones y malentendidos que las transmisiones de la voz&rdquo;. El malentendido es lo que posibilita el juego; su evitaci&oacute;n, la guerra. Vivimos tiempos de lenguajes protocolares, pretensi&oacute;n de transparencia, etiquetados frontales y tel&eacute;fonos inteligentes que jam&aacute;s se equivocan. Cada vez hay menos juego y m&aacute;s guerra.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Roland Barthes viaj&oacute; a Jap&oacute;n dijo: &ldquo;la masa susurrante de una lengua desconocida constituye una protecci&oacute;n deliciosa, envuelve al extranjero (...) con una pel&iacute;cula sonora que detiene en sus o&iacute;dos todas las alienaciones de la lengua materna (...). Por esto, &iexcl;qu&eacute; descanso en el extranjero! All&iacute; estoy protegido contra la estupidez, la vulgaridad, la nacionalidad, la normalidad. La lengua desconocida, de la que no obstante aprendo la respiraci&oacute;n (...) me arrastra en su vac&iacute;o artificial, que s&oacute;lo se cumple para m&iacute;: me mantengo en el intersticio, desembarazado de todo sentido pleno&rdquo;. En <em>Animalia</em> -recientemente publicado por Eterna Cadencia- Sylvia Molloy recorre sus experiencias con los animales que la acompa&ntilde;aron. Dice: &ldquo;me llev&oacute; mucho tiempo, y el paso por dos pa&iacute;ses que no eran el m&iacute;o, darme cuenta que para ser uno mismo es siempre mejor estar con otro, sobre todo si el otro pertenece a una especie distinta, es decir, si es totalmente no uno&rdquo;. No hace falta viajar a Jap&oacute;n, ni radicarse en pa&iacute;ses ajenos para hacerle lugar al intersticio. Quiz&aacute;s s&oacute;lo se trate de estar dispuestos al malentendido, de estar dispuestos a vivir un poco fuera de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-malentendido_129_9772103.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Dec 2022 08:32:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Jacques Lacan,Ricardo Piglia,Martín Kohan,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alexandra Kohan presenta su libro "Un cuerpo al fin"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-presenta-libro-cuerpo_1_9617475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfcdeadc-4233-46a0-8b9d-ca3456d31f46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alexandra Kohan presenta su libro &quot;Un cuerpo al fin&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora estará acompañada por el psicoanalista José Luis Juresa y la escritora e investigadora Florencia Angilletta.</p><p class="subtitle">Lecturas - Adelanto de "Un cuerpo al fin": ¿Qué anatomía?</p><p class="subtitle">Entrevista - Alexandra Kohan: “Uno no podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces, recordarlo todo el tiempo podría ser agotador”</p><p class="subtitle">Las columnas de Alexandra Kohan en elDiarioAR.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Uno no podr&iacute;a vivir si no silenciara el cuerpo a veces. Porque recordarlo todo el tiempo podr&iacute;a ser agotador. Cada vez que uno recuerda que tiene un cuerpo lo recuerda por el dolor o por el s&iacute;ntoma y no deja de ser angustioso tener un cuerpo o ser un cuerpo&rdquo;, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">asegura la psicoanalista, docente y tambi&eacute;n columnista de elDiarioAR </a><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Alexandra Kohan</strong></a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su nuevo libro,<em> Un cuerpo al fin</em> (Paid&oacute;s, 2022), <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/anatomia_1_9287531.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la autora propone un cat&aacute;logo de cuerpos</a>: el que produce la histeria y descubre <strong>Sigmund Freud</strong>, como lo llama ella misma, &ldquo;esa piedra angular del psicoan&aacute;lisis&rdquo;; ese que no es pura anatom&iacute;a, ese que no se deja reducir a la mirada m&eacute;dica; <strong>ese que para algunos es una m&aacute;quina, ese que por simplificaciones se reduce a la mera genitalidad</strong>; ese que es silencioso hasta que grita, ese que se olvida hasta que se encuentra con otros; ese que atraviesa duelos y duele, ese que desea. Y muchos otros que se despliegan, como suele hacer Alexandra Kohan en sus textos, a partir de la lectura.
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                    alt="&quot;Un cuerpo al fin&quot; es el segundo libro de ensayos de la psicoanalista editado por Paidós."
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                &quot;Un cuerpo al fin&quot; es el segundo libro de ensayos de la psicoanalista editado por Paidós.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Con la presencia de la escritora e investigadora <strong>Florencia Angilletta</strong> y del psicoanalista <strong>Jos&eacute; Luis Juresa</strong>, la psicoanalista presentar&aacute; su nuevo libro este jueves 13 de octubre desde las 18.30.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El encuentro ser&aacute; en la librer&iacute;a porte&ntilde;a Eterna Cadencia (Honduras 5574, CABA) con entrada libre y gratuita hasta agotar la capacidad de la sala.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Un cuerpo al fin</em>, la autora insiste en eso que insiste: las preguntas alrededor de una figura opaca y a la vez elocuente como el cuerpo.<strong> El texto est&aacute; repleto de citas de voces que abordaron la cuesti&oacute;n &ndash;desde la literatura, desde las canciones, desde las ciencias sociales, desde el psicoan&aacute;lisis, desde la poes&iacute;a&ndash; y tambi&eacute;n de los balanceos de su autora</strong>, sus propios vaivenes (&ldquo;fue un libro escrito con la muerte de mi mam&aacute; encima y no pude no pasar por ah&iacute;&rdquo;, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apunt&oacute; por aqu&iacute;</a>).
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1579629761462403072?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <em><strong>Un cuerpo al fin, de Alexandra Kohan, ser&aacute; presentado este jueves 13 de octubre desde las 18.30 en la librer&iacute;a porte&ntilde;a Eterna Cadencia, Honduras 5574, CABA. Acompa&ntilde;ar&aacute;n a la autora Florencia Angilletta y Jos&eacute; Luis Juresa. Entrada libre y gratuita hasta agotar la capacidad de la sala.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-presenta-libro-cuerpo_1_9617475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Oct 2022 14:47:29 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas sobre la poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-poesia_132_9597634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/819b25a7-d637-44c6-83f1-cd157ca0da48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas sobre la poesía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de la pregunta sobre desde cuándo lee poesía, Alexandra Kohan escribe sobre lo que hace la poesía en ella.</p><p class="subtitle">No te pierdas las notas de Alexandra Kohan. - Atención flotante es el correo mensual de Alexandra Kohan que se propone formular preguntas donde solo había respuestas.
Para recibirlo de manera gratuita podés dejar tu correo en este link.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando digo poesía, me refiero a toda la buena literatura</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name"> Juan José Saer</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>I.</strong>&nbsp;Hace poco Diego Rojas me pregunt&oacute; si siempre hab&iacute;a le&iacute;do poes&iacute;a. Una pregunta en apariencia anodina me dej&oacute; algo perpleja, pensando; me dej&oacute; con el asunto dando vueltas, sin poder dejar de ocuparme de &eacute;l. Y no. No siempre le&iacute; poes&iacute;a. No s&eacute; si puedo decir cu&aacute;ndo empec&eacute;, pero s&eacute; que no es algo que haya estado en mi vida del mismo modo en que estuvieron los otros g&eacute;neros. Aunque la poes&iacute;a es otra cosa, no s&oacute;lo es un g&eacute;nero. No s&eacute; desde cu&aacute;ndo pero s&eacute; que ahora ya no puedo no leer poes&iacute;a. No hay un d&iacute;a entero que pase sin que eche mano a alg&uacute;n poema, un verso, algo. No hay manera de que la vida, ahora, transcurra sin ella. Entonces, a partir de la pregunta de Rojas, quise construir, no una respuesta temporal -desde cu&aacute;ndo leo poes&iacute;a-, sino una respuesta que me d&eacute; alguna pista de qu&eacute; hace la poes&iacute;a en m&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                @seelvana                            </span>
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        <strong>II.&nbsp;</strong>&ldquo;La poes&iacute;a, eso hace algo&rdquo;, escribe Lacan y hay que subrayar eso. No es la poes&iacute;a la que hace algo, sino que la poes&iacute;a es un modo en que eso hace. Un hacer efecto del decir. Tambi&eacute;n dice: &ldquo;el psicoan&aacute;lisis, eso hace algo&rdquo;. Y entonces me acord&eacute; de lo que Freud le escribe a Thomas Mann: &ldquo;las palabras del poeta son, en efecto, acciones&rdquo;. La palabra po&eacute;tica: esa palabra que hace algo: nos alivia de la pesadez de los signos. Me gusta c&oacute;mo lo dice&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=873c9f9350&amp;e=b0e87b68f4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fabi&aacute;n Casas</a>: &ldquo;Los buenos poemas est&aacute;n hechos de preguntas, aunque aparenten afirmar algo. De esa manera, los que leemos podemos meter nuestra propia experiencia. En un bloque s&oacute;lido, duro, uno no puede meter nada: eso es la publicidad&rdquo;. No hay poes&iacute;a sino en los agujeros.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>III.</strong>&nbsp;Dice Roland Barthes: &ldquo;nada en especial, dice el haiku, en conformidad con el esp&iacute;ritu del Zen: el acontecimiento no es nombrable de acuerdo a ninguna especie, se corta su especificidad; como un rizo gracioso, el haiku se enrolla sobre mismo, la estela del signo que parec&iacute;a haber sido trazada se borra: nada ha sido adquirido; la piedra de la palabra ha sido arrojada para nada: ni olas ni corrientes del sentido&rdquo;. &ldquo;La poes&iacute;a no sirve para nada&rdquo;, dice Mirta Rosemberg. &ldquo;El amor no sirve para nada&rdquo;, dice Lacan. El psicoan&aacute;lisis tampoco. Amor, psicoan&aacute;lisis, poes&iacute;a: hacer con las palabras para resistirse al imperio de lo &uacute;til; hacer con las palabras para agujerear el agobio del sentido que adormece. No para que haya sinsentido -que no es m&aacute;s que el colmo del sentido-, sino para que haya fuga posible. &ldquo;Las palabras adquieren un valor muy diferente del valor habitual; aunque sea un poema coloquial las palabras quieren decir otra cosa&rdquo;, dice Mirta Rosenberg. Y en ese desliz, en ese desplazamiento, se abre un mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IV.</strong>&nbsp;EL ARTE DE NARRAR, de Juan Jos&eacute; Saer:
    </p><p class="article-text">
        Ahora escucho una voz que no es m&aacute;s que recuerdo. En la&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;hoja
    </p><p class="article-text">
        blanca, el ojo roza la red negra que brilla, por momentos,
    </p><p class="article-text">
        como cabellos inm&oacute;viles contra la luz que resplandece,
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;tensa,
    </p><p class="article-text">
        al anochecer. Escucho el eco de una palabra que reson&oacute;
    </p><p class="article-text">
        antes que la palpitaci&oacute;n del o&iacute;do golpeara, y se estremece
    </p><p class="article-text">
        la caja roja del coraz&oacute;n simple como un cuchillo. &iquest;No hay
    </p><p class="article-text">
        otra cosa que d&iacute;as atravesados de violencia sutil, detenci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        abierta hacia momentos m&aacute;s blancos que el fuego? Est&aacute; el
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;rumor
    </p><p class="article-text">
        del recuerdo de todos que crece &mdash;el resonar de pasos
    </p><p class="article-text">
        sobre caminos duros como planetas que se entrecruzan en
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;regiones reales&mdash;
    </p><p class="article-text">
        con el mismo rumor inaudible de los cuerpos que se abren
    </p><p class="article-text">
        y de la lluvia verde que se abre imposible hacia un &aacute;rbol
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;glorioso. Nado
    </p><p class="article-text">
        en un r&iacute;o incierto que dicen que me lleva del recuerdo a la&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;voz.
    </p><p class="article-text">
        <strong>V.</strong>&nbsp;Hace poco, Juan B. Ritvo empez&oacute; a publicar poes&iacute;a. Andr&eacute;s Mainardi lo entrevist&oacute;. Ritvo dijo &ldquo;La poes&iacute;a es un corte, es una ocurrencia que se va desplegando. A veces uno no tiene ni la menor idea de ad&oacute;nde va&rdquo;. Quiz&aacute;s en ese mismo sentido es que Lacan dijo: &ldquo;con la ayuda de lo que se llama la escritura po&eacute;tica, ustedes pueden tener la dimensi&oacute;n de lo que podr&iacute;a ser la interpretaci&oacute;n anal&iacute;tica.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>VI.</strong>&nbsp;Freud escribi&oacute; los historiales cl&iacute;nicos como si fueran literatura. Y entonces se justific&oacute; diciendo que el cuerpo con el que se encontr&oacute; no pod&iacute;a ser dicho con el lenguaje burocr&aacute;tico de la ciencia. Necesitaba de la poes&iacute;a para dar cuenta de su hallazgo. Y dec&iacute;a poes&iacute;a, creo yo, como lo dice Saer en el ep&iacute;grafe. En una ocasi&oacute;n, Freud le menciona a Arnold Zweig en una carta que la libertad literaria se ve contrapuesta a la &ldquo;realidad hist&oacute;rica&rdquo;, la poes&iacute;a es &ldquo;la tierra de nadie&rdquo; donde puede ejercerse la libertad de la imaginaci&oacute;n sin miramientos por la realidad f&aacute;ctica ni por el rigor hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        VII.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Me gusta cuando Osvaldo Bossi dice que &ldquo;la poes&iacute;a es el terror de la lengua. Siempre, de alg&uacute;n modo, la est&aacute; poniendo en jaque o entredicho&rdquo;. Y entonces pienso en Barthes y sus escamoteos y sus trampas a la lengua. Porque no hay afuera de ella. La poes&iacute;a es el borde, no hay m&aacute;s all&aacute;. Es el borde y es el margen, es el margen subversivo de la lengua -vaya si lo sab&iacute;a Plat&oacute;n-. Por eso se emparenta tanto con la comedia, que tambi&eacute;n estaba en los bordes de la ciudad. El origen de la comedia proviene de komos, cifra de la errancia de los comediantes por haber sido &ldquo;expulsados, por deshonor, de la ciudad&rdquo; (Arist&oacute;teles), y la k&otilde;modia resulta ser el canto del k&otilde;mos, de los ciudadanos que bailaban y cantaban por las calles, embriagados, en las fiestas de Dionisio&ldquo;. El Witz -que es el chiste pero tambi&eacute;n el ingenio, el modo de hacer cosas con el filo de las palabras, como la poes&iacute;a-, que tambi&eacute;n se pone en juego en la comedia, muta el displacer en placer y &rdquo;figura una revuelta contra la autoridad, un liberarse de la presi&oacute;n que ella ejerce&ldquo;, dice Freud.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El libro Todavía hay fuga                            </span>
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        VII<strong>I.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito del bello libro de Lola Halfon, Todav&iacute;a hay fuga -Tanta ceniza editora-,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        L<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=66bdd34ef9&amp;e=b0e87b68f4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uis Gusm&aacute;n</a>&nbsp;escribi&oacute;: &ldquo;Como la lengua, la m&uacute;sica del agua es tambi&eacute;n impredecible: las olas a veces bailan enloquecidas como en el mar desquiciado y otras lentas como encantadas por una melod&iacute;a de paso. &laquo;De todas las aguas / prefiero el r&iacute;o / que va y va y va&raquo;, dice la poeta. Verlo irse tiene su encanto; es como ver correr el tiempo, la vida, la lengua. Quiz&aacute;s la poes&iacute;a sea eso: reconocerse uno mismo en esa fuga, como aquella voz que ocurre dentro de un idioma desconocido y se abre paso a trav&eacute;s de los d&iacute;as que simulan ser &laquo;tierra firme&raquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Irme de m&iacute;: no siempre pude. Quiz&aacute;s de eso se trate lo m&aacute;s lindo de la pr&aacute;ctica del&nbsp;psicoan&aacute;lisis y tambi&eacute;n de la lectura de poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-poesia_132_9597634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Oct 2022 10:46:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre la poesía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas sobre los viajes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-viajes_132_9316112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/759bbab7-8cd3-44e9-8a6d-32f14e0a8af9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas sobre los viajes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Yo viajo como leo", se escuchó decir Alexandra Kohan hace unos días. Después escribió esta columna sobre lecturas y viajes.</p><p class="subtitle">No te pierdas la próxima columna. - Atención flotante es el correo mensual de Alexandra Kohan que se propone formular preguntas donde solo había respuestas. Si te interesa recibirlo gratis en tu casilla de correo, te podés suscribir en este link.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada viaje, por sucinto que sea, es capaz de imponerse como un ensayo de emigración.



</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Martín Kohan</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>I.&nbsp;</strong>El otro d&iacute;a me escuch&eacute; diciendo &ldquo;yo viajo como leo&rdquo;. Lo dije a prop&oacute;sito de las distintas maneras de leer y de viajar, de cada uno y de cada &eacute;poca. Porque as&iacute; como cada &eacute;poca pone en juego distintas maneras de leer, tambi&eacute;n evidencia maneras distintas de viajar. &iquest;C&oacute;mo se lee hoy? &iquest;C&oacute;mo se viaja hoy? Entonces pens&eacute; en algunos viajes que hice recientemente, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y advert&iacute; la manera diferente en la que viaj&eacute; respecto de otras &eacute;pocas de mi vida. Y es que tambi&eacute;n mi manera de leer ha cambiado much&iacute;simo a lo largo de los a&ntilde;os. Viajo como leo: no pretendo saber demasiado antes del viaje, no pretendo conocer lo que&nbsp;<em>hay que</em>&nbsp;conocer, no hago recorridos definidos previamente, no preveo los lugares que voy a visitar. Me dispongo, ahora m&aacute;s que antes, a encontrar lo que no busco y a estar dispuesta a perderme, sobre todo, de lo que&nbsp;<em>hay que</em>&nbsp;hacer, de lo que&nbsp;<em>hay que</em>&nbsp;visitar. Como en la lectura, desecho la informaci&oacute;n disponible para abocarme al texto, ese del que se va a desprender un saber como efecto. Y un saber no se subsume en informaci&oacute;n. El saber excede las referencias y precipita hallazgos que no se pueden leer si las referencias pretenden agotarlo todo. Cuando leo, como cuando viajo, no quiero saber demasiado antes y no porque me gusten las aventuras -nada m&aacute;s alejado de lo que estoy pensando- sino porque no me gusta que ese saber anticipado me oriente, me gu&iacute;e, me determine. No es que quiera perderme en una ciudad que no conozco, es que quiero perderme de lo que ya-se-sabe. Ser&iacute;a, en rigor, perderse de lo familiar, de lo conocido, de lo que vuelve siempre al mismo lugar, ese lugar esperable y esperado, visitado y revisitado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Viajes/ Rathish Gandhi                            </span>
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        <strong>II.&nbsp;</strong>Mart&iacute;n Kohan dice en&nbsp;<em>Zona Urbana</em>&nbsp;que Walter Benjamin tuvo que aprender a perderse en Berl&iacute;n, la propia ciudad. Lo cita as&iacute;: &ldquo;no orientarse en una ciudad no significa mucho. Pero perderse en una ciudad como uno se pierde en un bosque requiere entrenamiento&rdquo;. Y, sigue Kohan, &ldquo;Benjamin no est&aacute; haciendo un elogio de la mera desorientaci&oacute;n. No habla de perderse, sino de aprender a perderse, de entrenarse para perderse (...). Lo que Benjamin propone no es una pr&aacute;ctica que consiste en perderse en las ciudades: lo que Benjamin propone es aprender a perderse en una ciudad&nbsp;en particular, que es la propia&rdquo;. Se trata, no de ense&ntilde;ar sobre Berl&iacute;n, sino, dice Kohan, de un modo de mirar y de leer. &ldquo;Los textos de Benjamin sobre Berl&iacute;n son, de alguna manera, esas gu&iacute;as de la desorientaci&oacute;n, y all&iacute; es posible aprender a perderse&rdquo;.&nbsp;Por eso este texto no se trata de un empuje a viajar, sino de muy otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>III.&nbsp;</strong>Cuando yo era chica mi mam&aacute; ten&iacute;a una agencia de viajes. La novela familiar cuenta que como a ella le gustaba tanto viajar decidi&oacute; trabajar de eso y de paso aprovechar los descuentos que les hac&iacute;an a los agentes de viaje. Pero lo cierto es que la realidad econ&oacute;mica de mis padres en esa &eacute;poca lo permit&iacute;a. A ella le encantaba viajar pero no hab&iacute;a un moralismo del viajar. No se hablaba de fuga, ni de experimentaci&oacute;n, ni de abrirse a lo nuevo, nada parecido a eso. Simplemente se viajaba. Viajamos much&iacute;simo, sobre todo en las vacaciones de invierno, casi siempre a los mismos lugares. Viaj&aacute;bamos mis tres hermanos y yo con mi mam&aacute; -mi pap&aacute; se quedaba trabajando o quiz&aacute;s aprovechando la soledad, no s&eacute;-. Ella dec&iacute;a &ldquo;la gallina con los pollitos&rdquo; -me acabo de acordar-. A medida que mis hermanos crec&iacute;an y empezaban sus compromisos con el colegio secundario o con la facultad, no pod&iacute;an venir tanto tiempo y entonces ya no todos viajaban. Y como soy la m&aacute;s chica, uno de los &uacute;ltimos viajes de esa saga lo hicimos s&oacute;lo ella y yo. Ahora pienso que a ella le gustaba eso: viajar con sus hijos. Siempre, siempre, alguno de nosotros iba con ella. La mejor versi&oacute;n de su maternidad fue la maternidad itinerante, en tr&aacute;nsito.
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    </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>IV.&nbsp;</strong>Me fastidian los moralismos. Y hay&nbsp;moralismos para todo. Sobre viajar se dice que sirve para experimentar, para abrir la cabeza y para no s&eacute; cu&aacute;ntas paparruchadas m&aacute;s. La experiencia no est&aacute; garantizada en los viajes. Se puede viajar y no experimentar nada y al rev&eacute;s: puede haber experiencia sin moverse del lugar geogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Parece que Immanuel Kant nunca en su vida sali&oacute; de de la ciudad de K&ouml;nigsberg.
    </p><p class="article-text">
        No a todos les pasa lo que a Pipo Pescador: que el viajar es un placer. Hay personas a las que no les gusta viajar. Y son se&ntilde;aladas como raras por aquellos a los que les incomoda demasiado la otredad, por aquellos que creen que su mundo es&nbsp;<em>el</em>&nbsp;mundo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>V.&nbsp;</strong>Cuando fui a Roma la primera vez -y &uacute;nica hasta ahora- ya hab&iacute;a le&iacute;do&nbsp;<em>El Mois&eacute;s de Miguel &Aacute;ngel</em>, de Freud. Sin embargo, no lo tuve presente al momento de visitar la ciudad. Un d&iacute;a, alguien nos llev&oacute; a recorrer la zona en la que se encuentra la Bas&iacute;lica de San Pietro in Vincoli, en donde se halla El Mois&eacute;s. Entramos y me lo encontr&eacute; de golpe, sin saberlo. Fue en ese instante en el que record&eacute; el texto freudiano y lo que a Freud le pas&oacute; con ese Mois&eacute;s. James Strachey dice: &ldquo;El inter&eacute;s de Freud por la estatua de Miguel Angel era de antigua data. Fue a verla el cuarto d&iacute;a de su primera visita a Roma, en setiembre de 1901, as&iacute; como en muchas oportunidades posteriores. Ya en 1912 proyectaba el presente trabajo, y el 25 de septiembre le confes&oacute; desde Roma a su esposa: &laquo;Visito todos los d&iacute;as al Mois&eacute;s de San Pietro in Vincoli, sobre el cual quiz&aacute;s escriba algunas palabras&raquo;. Pero no lo hizo hasta el oto&ntilde;o de 1913. Muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, refiri&eacute;ndose a este trabajo en una carta que envi&oacute; el 12 de abril de 1933 a Edoardo Weiss, le dec&iacute;a: &laquo;D&iacute;a tras d&iacute;a, durante tres solitarias semanas de setiembre de 1913 [un desliz por 1912], permanec&iacute; en la iglesia frente a la estatua, estudi&aacute;ndola, midi&eacute;ndola y dibuj&aacute;ndola, hasta que me alumbr&oacute; esa comprensi&oacute;n que expres&eacute; en mi ensayo, aunque s&oacute;lo os&eacute; hacerlo en forma an&oacute;nima. Pas&oacute; mucho tiempo antes de que legitimara a este hijo no anal&iacute;tico&raquo;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me acord&eacute; de que cuando salimos de la Bas&iacute;lica me tropec&eacute; en las escaleras y me ca&iacute;. Ahora creo que esa ca&iacute;da pudo haber sido efecto de estar reproch&aacute;ndome haberme olvidado de visitar El Mois&eacute;s. Algo as&iacute; como no haber sabido antes lo que ten&iacute;a que hacer. La ca&iacute;da es, por fin, la ca&iacute;da de un&nbsp;<em>deber ser</em>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>VI.&nbsp;</strong>Freud extrajo no pocas consecuencias de las experiencias que atraves&oacute; durante los viajes: se fue a formar a Par&iacute;s con Charcot y dej&oacute; para siempre la neuropatolog&iacute;a;&nbsp;<em>Signorelli</em>, el caso de su olvido con el que comienza&nbsp;<em>Psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana</em>, ocurri&oacute; en un tren; en la Acr&oacute;polis experimenta lo que da en llamar un trastorno en la memoria -que no es exactamente un olvido simple y puro-, Freud se angustia. En&nbsp;<em>Das Unheimliche</em>&nbsp;-recomiendo la edici&oacute;n de&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=569ffcd0c6&amp;e=37d0daae1a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lionel Klimkiewicz</a>, M&aacute;rmol izquierdo editores-, pone de ejemplo una experiencia de extra&ntilde;eza cuando en un tren ve a un viejo decr&eacute;pito y de golpe advierte que el &ldquo;intruso&rdquo; era &eacute;l mismo reflejado en un espejo. En el mismo texto pone otro ejemplo de extra&ntilde;eza -seg&uacute;n record&oacute; Mariela Parada-: Freud est&aacute; en una peque&ntilde;a ciudad italiana y quiere irse de una calle pero advierte que &ldquo;retorna otra vez&rdquo; involuntariamente, al mismo punto del que parti&oacute;, varias veces. Esa zona, agrega Juan Ritvo, de la que quiere huir pero no puede, es un barrio de prostitutas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando habla de la asociaci&oacute;n libre usa la met&aacute;fora siguiente: &ldquo;Comp&oacute;rtese como lo har&iacute;a, por ejemplo, un viajero sentado en el tren del lado de la ventanilla que describiera para su vecino del pasillo c&oacute;mo cambia el paisaje ante su vista&rdquo;. Y es que no caben dudas de que un an&aacute;lisis tambi&eacute;n es un viaje: desde un lugar, siempre el mismo,&nbsp;marcado en el cuerpo, hacia un destino incierto, un destino por escribirse.
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        <strong>VII.&nbsp;</strong>Juan Ritvo dijo que escribi&oacute; sobre Par&iacute;s antes de conocerla. Mart&iacute;n Kohan dice de la estadia de Benjam&iacute;n en Par&iacute;s:&nbsp;&ldquo;Benjamin &laquo;lee&raquo; Par&iacute;s fundamentalmente porque&nbsp;<em>lee</em>&nbsp;a Baudelaire. Si hay lectura, en sentido metaf&oacute;rico, de los espacios y los fen&oacute;menos urbanos, es porque hay una lectura, en sentido literal, de la literatura que ha captado y ha plasmado lo que la modernidad hizo de esos espacios y esos fen&oacute;menos (...). Es decir que Benjamin lee la ciudad&nbsp;<em>en</em>&nbsp;los textos literarios de Baudelaire, porque lee esos textos como si fueran una ciudad (...).&nbsp;Benjamin&nbsp;es aqu&iacute; un lector, y no un&nbsp;<em>fl&acirc;neur</em>: la lectura de&nbsp;<em>Nadja</em>&nbsp;de Andr&eacute; Breton y de&nbsp;<em>El paisano de Par&iacute;s</em>&nbsp;de Louis Aragon est&aacute; en la base del impulso para la&nbsp;<em>Obra de los pasajes</em>&nbsp;(...). La intensa agitaci&oacute;n f&iacute;sica que experimenta Benjamin, de acuerdo a lo que le escribe a Adorno en una carta, no se debe al traqueteo del tr&aacute;fico de la gran ciudad: se debe a la lectura de Aragon&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Osvaldo Um&eacute;rez me dijo alguna vez, hablando de la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis, que la experiencia est&aacute; en la lectura.
    </p><p class="article-text">
        Juan Ritvo dijo tambi&eacute;n que hoy en d&iacute;a el turismo anula la posibilidad de la extranjer&iacute;a y de la extra&ntilde;eza. Tambi&eacute;n escribi&oacute; un libro llamado&nbsp;<em>Venezia</em>, que es sobre Venecia y tambi&eacute;n sobre muchos otros asuntos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VIII.&nbsp;</strong>Charly Galicia record&oacute; un fragmento de la novela&nbsp;<em>Formas de volver a casa</em>, de Alejandro Zambra: &ldquo;Camin&eacute; anoche durante horas. Era como si quisiera perderme por alguna calle nueva. Perderme absoluta y alegremente. Pero hay momentos en que no podemos, no sabemos perdernos. Aunque tomemos siempre las direcciones equivocadas. Aunque perdamos todos los puntos de referencia. Aunque se haga tarde y sintamos el peso del amanecer mientras avanzamos. Hay temporadas en que por m&aacute;s que lo intentemos descubrimos que no sabemos, que no podemos perdernos. Y tal vez a&ntilde;oramos el tiempo en que pod&iacute;amos perdernos. El tiempo en que todas las calles eran nuevas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>IX.&nbsp;</strong>Convivo con quien alguna vez escribi&oacute;: &ldquo;Se parte con pena y se retorna con urgencia, siempre&rdquo;. A &eacute;l no le gusta viajar. Y entonces cuando viaja por trabajo -siempre viaja por trabajo- s&eacute; que su felicidad se precipita incontenible al regresar. Su felicidad, pero tambi&eacute;n la m&iacute;a. No s&oacute;lo porque vuelve, sino porque soy testigo de esa felicidad suya, la de volver a la ciudad, porque lo que le gusta no es volver al pa&iacute;s, sino a la ciudad, a la ciudad de Buenos Aires -a la que considera la m&aacute;s linda del mundo-. Dice: &ldquo;los viajes me ponen, no solamente m&aacute;s porte&ntilde;o, sino tambi&eacute;n,&nbsp;m&aacute;s jud&iacute;o&rdquo;. Y entonces, cuando puedo ir a buscarlo al aeropuerto, mi dicha es m&aacute;s grande. Y entonces voy escuchando&nbsp;<em>Baby&acute;s coming back to me</em>, de Jarvis Cocker. Ac&aacute; la dejo:<strong>&nbsp;</strong><a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=b96cc3da52&amp;e=37d0daae1a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>https://open.spotify.com/track/1Cf4dRR2VtxMiIdx7UfHqs?si=6769a89aa7b94e68</strong></a>
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-viajes_132_9316112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Sep 2022 10:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre los viajes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Alexandra Kohan]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Alexandra Kohan: “Uno no podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces, recordarlo todo el tiempo podría ser agotador”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c03368b5-7b6c-41be-9449-72cf0e8de95a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1055910.jpg" width="6848" height="3852" alt="Alexandra Kohan: “Uno no podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces, recordarlo todo el tiempo podría ser agotador”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La psicoanalista acaba de lanzar su libro "Un cuerpo al fin" en el que reflexiona sobre los aportes freudianos para pensar discusiones actuales sobre la sexualidad, las publicidades, las redes sociales. Los riesgos que implica "un nuevo biologisismo", qué pasa cuando la conversación pública restringe las voces pensando únicamente en la genitalidad y los avances de los discursos que apelan a un disciplinamiento.</p><p class="subtitle">Lecturas - Adelanto de "Un cuerpo al fin"</p><p class="subtitle">Las columnas de Alexandra Kohan en elDiarioAR</p></div><p class="article-text">
        Un cat&aacute;logo de cuerpos: el que produce la histeria y descubre Freud, como lo llama la autora, &ldquo;esa piedra angular del psicoan&aacute;lisis&rdquo;; e<strong>se que no es pura anatom&iacute;a, ese que no se deja reducir a la mirada m&eacute;dica; ese que para algunos es una m&aacute;quina, ese que por simplificaciones se reduce a la mera genitalidad; ese que es silencioso hasta que grita</strong>, ese que se olvida hasta que se encuentra con otros; ese que atraviesa duelos y duele, ese que desea. Y muchos otros que se despliegan, como suele hacer Alexandra Kohan en sus textos, a partir de la lectura.
    </p><p class="article-text">
        En su nuevo libro,<em> Un cuerpo al fin</em> (Paid&oacute;s, 2022), la psicoanalista insiste en eso que insiste: las preguntas alrededor de una figura opaca y a la vez elocuente. E<strong>l texto est&aacute; repleto de citas de voces que abordaron la cuesti&oacute;n &ndash;desde la literatura, desde las canciones, desde las ciencias sociales, desde el psicoan&aacute;lisis, desde la poes&iacute;a&ndash; y tambi&eacute;n de los balanceos de su autora</strong>, sus propios vaivenes (&ldquo;fue un libro escrito con la muerte de mi mam&aacute; encima y no pude no pasar por ah&iacute;&rdquo;, apunta). 
    </p><p class="article-text">
        Tejido al calor de la pandemia, con una escritura por momentos po&eacute;tica y lejos de querer agotar el asunto, el ensayo se propone desmigajarlo sabiendo que es movedizo y tambi&eacute;n fascinante en sus distintas variaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La bajada de </strong><em><strong>Y sin embargo el amor</strong></em><strong>, tu libro anterior, era &ldquo;elogio de lo incierto&rdquo;. En este nuevo libro, para hablar del cuerpo, tambi&eacute;n vas por arenas movedizas, porque el cuerpo, como dec&iacute;s en el texto, es lo que incomoda. &iquest;Por qu&eacute; esta vez el cuerpo y por qu&eacute; volviste a los terrenos inestables?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no es que haya vuelto sino que en realidad nunca me fui. Al mismo tiempo, me parece que esta es una zona en la que estoy permanentemente. <strong>Y no s&oacute;lo cuando estoy pensando algunas cosas que pienso, se me van y las vuelvo a pensar, sino porque es justamente por esa dimensi&oacute;n precaria, fugaz que uno va pensando.</strong> Y tambi&eacute;n por la pr&aacute;ctica, porque con la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis estoy permanentemente en esta zona, nunca me puedo ir. Entonces creo que eso va a parar m&aacute;s que al tema, yo dir&iacute;a, a la enunciaci&oacute;n y por eso vuelve, con la  propia enunciaci&oacute;n. Me parece que el cuerpo, como el amor antes, es otra vez un asunto&hellip; (interrumpe). Me gusta la palabra &ldquo;asunto&rdquo;, porque &ldquo;tema&rdquo; va a parar al la zona del problema, decir &ldquo;tengo un tema&rdquo; es decir &ldquo;tengo un problema&rdquo;. <strong>Me parece que s&iacute;, que el cuerpo otra vez, como el amor antes, nos lleva para la inestabilidad en el sentido de lo promisorio tambi&eacute;n, hacia cierto movimiento.</strong> En ese sentido, no es para nada un problema que la cosa sea inestable, me parece, al rev&eacute;s, es lo que nos permite pensar o movernos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro, sobre todo en la primera parte, se ocupa de diferenciar, de aclarar confusiones o mezclas entre t&eacute;rminos, por ejemplo, el cuerpo en el sentido de la anatom&iacute;a no es el cuerpo para el psicoan&aacute;lisis. Algo parecido sucede con el s&iacute;ntoma, al que le dedic&aacute;s mucho espacio y lecturas: el s&iacute;ntoma que vos tom&aacute;s no es el s&iacute;ntoma m&eacute;dico. &iquest;Por qu&eacute; volver a &eacute;l? &iquest;Por qu&eacute; a veces pareciera que el s&iacute;ntoma tiene una especie de mala prensa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me parece que la noci&oacute;n de s&iacute;ntoma que inventa, porque es una invenci&oacute;n, el psicoan&aacute;lisis es absolutamente potente, in&eacute;dita y me parece que hay que seguir d&aacute;ndole vueltas. <strong>Si yo pudiera decir qu&eacute; es lo m&aacute;s subversivo del psicoan&aacute;lisis, dir&iacute;a que es eso. </strong>Subversivo porque justamente viene a agarrar la cosa de otra manera, por algo que tiene consecuencias mucho m&aacute;s radicales en una vida. <strong>A diferencia del s&iacute;ntoma m&eacute;dico, el s&iacute;ntoma para el psicoan&aacute;lisis no es un problema, sino que es la soluci&oacute;n a un problema, y esa torsi&oacute;n ya es muy potente.</strong> Despu&eacute;s hay s&iacute;ntomas y s&iacute;ntomas, hay modos y modos de la presentaci&oacute;n de esos s&iacute;ntomas, no es que el psicoan&aacute;lisis te va a decir este s&iacute;ntoma no importa porque viene a funcionar para algo que no deja de cifrar un sufrimiento. <strong>Pero lo cierto es que si uno eliminara el s&iacute;ntoma o todos los s&iacute;ntomas no habr&iacute;a m&aacute;s sujeto.</strong> Porque el s&iacute;ntoma primeramente es la respuesta al malestar en la cultura, no hay forma de que eso no est&eacute; ah&iacute;. Me parece que ah&iacute; tambi&eacute;n est&aacute; fundado el descubrimiento freudiano que justamente se encuentra con un modo nuevo del s&iacute;ntoma, nuevo respecto de la medicina, uno que no respond&iacute;a a la anatom&iacute;a estrictamente. Eso Freud lo descubre, es realmente de una genialidad, y &eacute;l sab&iacute;a mucho de anatom&iacute;a: se da cuenta de que esos s&iacute;ntomas no respond&iacute;an a la anatom&iacute;a habitual, a la anatom&iacute;a del cuerpo. Me gusta c&oacute;mo dice Le Breton: &eacute;l habla de una anatom&iacute;a <em>fant&aacute;stica</em> y yo podr&iacute;a agregar anatom&iacute;a ficcional. <strong>Porque no es que es mentira, sino que justamente porque es algo que est&aacute; tramado y armado de otra cosa que no son las terminaciones nerviosas. Eso me parece de una potencia enorme: aparece un cuerpo nuevo que no estaba en ese momento, un cuerpo nuevo que sigue adem&aacute;s teniendo hoy la vigencia nueva con s&iacute;ntomas nuevos que tampoco responden a la anatom&iacute;a. </strong>Vos vas al m&eacute;dico, te hacen una cantidad de ex&aacute;menes y te dicen &ldquo;No ten&eacute;s nada&rdquo;. Pero resulta que el sufrimiento lo ten&eacute;s, el padecimiento en el cuerpo lo ten&eacute;s. Entonces me parece que efectivamente se abre toda una dimensi&oacute;n m&aacute;s interesante que es la de hacer hablar al s&iacute;ntoma y no que ese saber sobre el s&iacute;ntoma lo tenga el m&eacute;dico. Ese s&iacute;ntoma que descubre Freud hace que transfiera la palabra al que lo padece, y no s&oacute;lo a la persona que lo padece sino al s&iacute;ntoma mismo. Como si uno le preguntara al s&iacute;ntoma y no a la persona.<strong> Y el s&iacute;ntoma tiene una voz efectivamente, eso me parece impresionante.</strong>
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                    alt="&quot;Un cuerpo al fin&quot; es el segundo libro de ensayos de la psicoanalista editado por Paidós."
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                &quot;Un cuerpo al fin&quot; es el segundo libro de ensayos de la psicoanalista editado por Paidós.                            </span>
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        <strong>En el libro tra&eacute;s siempre la imagen de un cuerpo borrado, silenciado, hasta que algo nos lo recuerda o algo nos duele.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno no podr&iacute;a vivir si no silenciara el cuerpo a veces. Porque recordarlo todo el tiempo podr&iacute;a ser agotador. <strong>Cada vez que uno recuerda que tiene un cuerpo lo recuerda por el dolor o por el s&iacute;ntoma y no deja de ser angustioso tener un cuerpo o ser un cuerpo.</strong> Los protocolos de convivencia nos conducen justamente a moderarnos en las pasiones, adem&aacute;s: tenemos que estar silenciando el cuerpo permanentemente y cuando aparece el dolor o el amor, cuando aparecen esos acontecimientos en la vida que pueden ser traum&aacute;ticos, esos silencios se interrumpen. Estoy pensando en peque&ntilde;os episodios de la vida cotidiana que interrumpen la continuidad del silencio y el cuerpo, como el insomnio. <strong>Esos episodios interrumpen lo habitual que tambi&eacute;n es la habitualidad del cuerpo: uno cree que va con su cuerpo y hace lo que quiere, sube, baja, entra, sale, hasta que aparece algo que efectivamente nos recuerda que nuestro cuerpo no es nuestro.</strong> Ah&iacute; es donde yo hago el corte de este silenciamiento al que uno est&aacute; habituado, en el sentido de la moderaci&oacute;n de las pasiones para vivir con otros. Tambi&eacute;n est&aacute; el silenciamiento propio de cada uno respecto de los grados de la negaci&oacute;n a la que uno tiene que apelar para poder vivir y no estar todo el tiempo recordando que uno tiene un cuerpo, que ese cuerpo es finito, que ese cuerpo va hacia la decadencia. Hay una cantidad de modulaciones de lo que implica tener un cuerpo que a veces es mejor olvidarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otro de los cap&iacute;tulos ofrece una mirada que encontr&eacute; s&uacute;per interesante, a partir del cuerpo y las identidades. Se llama </strong><em><strong>El artificio de lo natural</strong></em><strong> y nos lleva un poco por eso que describ&iacute;s como una </strong><em><strong>genitalizaci&oacute;n</strong></em><strong> de algunos debates actuales. B&aacute;sicamente en algunos espacios de discusi&oacute;n se habilitan determinados espacios a quienes tienen determinados genitales y se dejan de lado otros. &iquest;Qu&eacute; pasa con esos discursos que resuenan tanto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me parece que lo que te contestar&iacute;an algunos defensores de este estado de cosas es que son momentos de extremos y que despu&eacute;s eso baja. Por un lado hubo todo un movimiento y existe desde hace a&ntilde;os, muchos a&ntilde;os, que est&aacute; pensando en relaci&oacute;n al g&eacute;nero y a c&oacute;mo se construye un g&eacute;nero. <strong>Justamente para distinguirse de ese paradigma tan reaccionario que es el paradigma de lo natural. Hay un retorno peligroso al </strong><em><strong>biologisismo</strong></em><strong> hasta el punto en el que se designa qui&eacute;n es mujer y qui&eacute;n es hombre desde afuera y por la apariencia de las personas</strong>, a veces no s&oacute;lo lo genital, sino la apariencia. Porque en estos discursos, adem&aacute;s, hay una constante atribuci&oacute;n de las posiciones por parte de otros: te dicen &ldquo;vos sos mujer&rdquo;, &ldquo;vos sos var&oacute;n&rdquo;, entonces te corresponde determinada posici&oacute;n<strong>. Y, no, lo que estamos intentando decir es: yo puedo tener un aspecto tal y autopercibirme de tal manera.</strong> Por eso hay un costado tan sutil y lleno de complejidades entre lo &iacute;ntimo, lo privado, lo personal y lo p&uacute;blico. A m&iacute; me interesa seguir pensando de qu&eacute; modo en lo p&uacute;blico se ponen a jugar estos nuevos modos de percibir el cuerpo. Lo tomo mucho de la idea de ver una foto en un medio y que enseguida se diga que hay m&aacute;s varones que mujeres, por ejemplo. Me pasa tambi&eacute;n muchas veces cuando leo textos: no le voy a ir a preguntar a cada autor c&oacute;mo se autopercibe. Porque a m&iacute; me interesan los textos, los discursos, y m&aacute;s en lo que me convoca en particular, que es la lectura y la escritura. Por supuesto que hay otros debates donde quiz&aacute; eso est&eacute; en el horizonte y eso importe, pero a m&iacute; me parece que hay cantidad de lugares donde eso no importa. <strong>Porque adem&aacute;s est&aacute; el riesgo de que todo esto conduzca a nuevos modos del deber ser, es decir, que una mujer tiene que estar vestida de esta manera o moverse de determinada forma.</strong> Por supuesto creo que hay un mont&oacute;n de fen&oacute;menos para seguir visibilizando y pensando, pero una cosa es eso y otra cosa es que, cuando alguien toma la palabra, ya se le atribuya un g&eacute;nero por los genitales y por la apariencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo cierto es que si uno eliminara el síntoma o todos los síntomas no habría más sujeto. Porque el síntoma primeramente es la respuesta al malestar en la cultura, no hay forma de que eso no esté ahí</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Desde esas posiciones se piensa en un cuerpo que se ve y no en el que puede leerse.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro. Por eso me llama la atenci&oacute;n que se determine qui&eacute;n puede hablar y qui&eacute;n no puede hablar. Ese tipo de cosas son las que discuto, porque me llama la atenci&oacute;n que en algunos &aacute;mbitos se determine qui&eacute;n puede hablar y qui&eacute;n no a partir de la portaci&oacute;n de determinados genitales, o de qu&eacute; modo est&aacute; autorizada esa palabra. <strong>As&iacute; la palabra pasa a tener valor seg&uacute;n qui&eacute;n la profiera, pero no desde la enunciaci&oacute;n. </strong>Y la enunciaci&oacute;n es otra cosa, &iexcl;como si una mujer no pudiera decir cualquier pavada o como si un var&oacute;n no pudiera pensar sobre determinados asuntos! <strong>A veces hay una distribuci&oacute;n de la palabra un poco tonta dir&iacute;a yo, un poco sosa. </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;¿Qué es un cuerpo? Familiar hasta que se vuelve extraño, conocido hasta que se desconoce, silencioso hasta que habla, cómodo hasta que incomoda&quot;, señala Alexandra Kohan en su nuevo trabajo."
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                &quot;¿Qué es un cuerpo? Familiar hasta que se vuelve extraño, conocido hasta que se desconoce, silencioso hasta que habla, cómodo hasta que incomoda&quot;, señala Alexandra Kohan en su nuevo trabajo.                            </span>
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        <strong>&iquest;Siempre se tiene que pensar en una cosa o en la otra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Claro! Cuando en realidad son cuestiones paralelas. <strong>No quiero que piensen con esto que estoy mandando a todo el mundo al analista y no al m&eacute;dico. No, el paradigma m&eacute;dico funciona muy bien, creo yo, y cuando me enfermo yo misma voy al m&eacute;dico y hago todo lo que me dice que tengo que hacer.</strong> Pero tratar la sexualidad &uacute;nicamente desde el paradigma m&eacute;dico me parece una cuesti&oacute;n que tenemos que ver. Porque adem&aacute;s esos discursos muchas veces est&aacute;n disfrazados de otra cosa. Muchas veces se presentan como algo salvador o novedoso, entonces todos tenemos que ir a gozar. Y algunas personas j&oacute;venes a partir de estos discursos la est&aacute;n pasando mal. La iniciaci&oacute;n sexual siempre es traum&aacute;tica. Traum&aacute;tica quiere decir que uno no sabe que eso tiene efectos y que habr&aacute; que atajarlos. Si encima acompa&ntilde;as esa incitaci&oacute;n desde estos discursos donde lo &uacute;nico es gozar, hay personas que la tienen dif&iacute;cil por momentos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro pens&aacute;s bastante alrededor de algunos discursos disciplinadores, sobre todo en las redes sociales y en la publicidad, que por un lado indican un mont&oacute;n de cosas por hacer para que el cuerpo no se detenga nunca y, por el otro, se postulan como emancipatorios. &iquest;Por qu&eacute; elegiste estas paradojas?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, porque estas posturas no son nuevas y a la vez van cobrando, seg&uacute;n la &eacute;poca, nuevas formas. Por ejemplo, de un tiempo a esta parte se puso de moda cierta fisiolog&iacute;a y el empuje a gozar, a partir de esa cosa que se repite de que las mujeres <em>tenemos derecho a gozar</em>. <strong>Entonces se pasa de eso a una cantidad de discursos que te llevan a la direcci&oacute;n de que si no goz&aacute;s sexualmente es porque no sab&eacute;s, o porque te pusiste en pareja con alguien que no sabe d&oacute;nde est&aacute; el cl&iacute;toris. De ah&iacute;, entonces, hay que ense&ntilde;arle al var&oacute;n a encontrar el cl&iacute;toris, todo con el tinte de las instrucciones de uso.</strong> Como si el goce sexual fuera una cosa efectivamente procurada de alguien hacia alguien y no algo absolutamente enigm&aacute;tico y opaco. A vos te pueden hacer todo lo que te gusta y no goz&aacute;s y, al rev&eacute;s, te pueden hacer algo que no te guste y gozar. Esa opacidad justamente es la que viene a mostrar <strong>el psicoan&aacute;lisis que es fundamentalmente la opacidad de la sexualidad. </strong>Uno no goza siempre de la misma manera y el encuentro con otro es totalmente nuevo cada vez, porque por m&aacute;s que uno conozca el cuerpo del otro y el otro conozca nuestro cuerpo, eso puede no funcionar porque depende de una cantidad de otras cosas. <strong>En esto aparecen discursos que son pedag&oacute;gicos que se&ntilde;alan que todo esto se resolver&iacute;a con educaci&oacute;n, que lo &uacute;nico que hace falta es que uno tenga informaci&oacute;n, un supuesto saber sobre el sexo. Estos discursos vienen desde lugares supuestamente legitimados como son las ciencias, porque estas personas se presentan como formadas cient&iacute;ficamente.</strong> Algunos no, pero otros son formados y nos dicen que saben y volvemos entonces al paradigma reaccionario m&eacute;dico, que es el paradigma que nos dice desde un saber exterior lo que hay que hacer con el cuerpo. Vos vas al nutricionista y te dice que ten&eacute;s que comer harina de almendras y no harina refinada o vas al sex&oacute;logo y te dice c&oacute;mo ten&eacute;s que hacer en la cama. Es el paradigma m&eacute;dico de nuevo, para m&iacute; no tiene nada de emancipador eso porque en ese paradigma todos los cuerpos son iguales, todos los problemas son iguales. En el psicoan&aacute;lisis no. Por m&aacute;s que la manifestaci&oacute;n sea la misma, para el psicoan&aacute;lisis no es el mismo problema. Si viene un paciente y me dice que tiene una disfunci&oacute;n sexual yo no le aplico una soluci&oacute;n del mismo modo que se la aplicar&iacute;a a otro paciente con el mismo planteo. Porque el s&iacute;ntoma no es el mismo para los dos pacientes por m&aacute;s que la manifestaci&oacute;n sea la misma, y eso a m&iacute; me parece fundamental del psicoan&aacute;lisis:<strong> aunque la manifestaci&oacute;n del s&iacute;ntoma sea la misma, la soluci&oacute;n no es la misma</strong>. En cambio para estos discursos todo es para todos igual. Y ojo, con esto no digo que cuando uno tiene una enfermedad org&aacute;nica no tiene que ir al m&eacute;dico ni que un c&aacute;ncer se cura con meditaci&oacute;n. Se trata con quimioterapia o lo que sea. Despu&eacute;s, si quer&eacute;s meditar, b&aacute;rbaro.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay un retorno peligroso al biologisismo hasta el punto en el que se designa quién es mujer y quién es hombre desde afuera y por la apariencia de las personas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En esa l&iacute;nea, vos cit&aacute;s en el libro la publicidad que ofrece alg&uacute;n tipo de analg&eacute;sico porque &ldquo;el dolor para, vos no&rdquo; y la asoci&aacute;s con el paradigma del capitalismo. &iquest;Qu&eacute; trampas ves en estos discursos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente estos discursos vienen a abonar a esa teor&iacute;a de que deber&iacute;amos ser como m&aacute;quinas y que adem&aacute;s somos m&aacute;quinas que no deber&iacute;amos parar ni fallar. Hay un momento en que uno est&aacute; entrampado en eso, yo tampoco estoy afuera de eso. Lo que me pasa a veces es que estoy un poco m&aacute;s atenta a pensar de qu&eacute; manera puedo relacionarme con el no trabajo, con la ociosidad. <strong>Porque incluso ahora los viajes, lo que vemos, lo que leemos, en todo hay una cantidad de cosas que se volvieron trabajo en el sentido de lo que hay que hacer.</strong> Pero es dif&iacute;cil que la gente no se sienta en falta en este sentido, porque incluso discursos que no son los de las publicidades funcionan como propagandas, en el sentido de la propagaci&oacute;n, de algo que est&aacute; por todos lados: c&oacute;mo hay que comer, c&oacute;mo moverse, qu&eacute; hacer. <strong>El imperativo me parece que es el problema, todo fue a parar al imperativo, todo fue a parar a lo que hay que hacer incluso en personas que creen que est&aacute;n afuera de eso.</strong> Me parece que la idea de la m&aacute;quina se refuerza en este momento con una m&aacute;quina imparable, por eso el rechazo del s&iacute;ntoma. Lo que siempre me llama la atenci&oacute;n es como eso desbord&oacute; hacia otros lados. Vos podes esperar que la propaganda est&eacute; aliada, por ejemplo, a las empresas, al discurso de la productividad para que la persona est&eacute; en su oficina trabajando siempre. Es esperable que un empresario quiera exprimirte, explotarte incluso y hacer que tu cuerpo funcione de cualquier manera comprando m&aacute;s analg&eacute;sicos y a su vez aumentando las ventas de los laboratorios. Eso es esperable porque est&aacute; situado, acotado a eso. Pero cuando eso desborda hacia otros lados a m&iacute; me parece que tiene el efecto no s&oacute;lo de lo inesperado sino de algo que a m&iacute; me deja un poco at&oacute;nita, &iquest;ac&aacute; tambi&eacute;n me van a decir c&oacute;mo tengo que hacer?, &iquest;ac&aacute; tambi&eacute;n me van a decir que no tengo que parar?, &iquest;mis amigas tambi&eacute;n me van a decir que no puedo no gozar?, &iquest;mis amigos tambi&eacute;n me van a decir que no puedo no haber visto tal pel&iacute;cula? R&aacute;pidamente si alguien pone &ldquo;hoy tuve insomnio&rdquo; en una red social, hay 20 respuestas que te dicen lo que ten&eacute;s que hacer para dejar de tenerlo. La l&iacute;nea psicoanal&iacute;tica es, en todo caso, pregunt&eacute;mosle algo al insomnio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estamos frente a un nuevo tipo de higienismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, un higienismo donde nada puede fallar. Cuando el inconsciente justamente, viene a mostrar que nuestras verdades se alojan en la falla, digamos, y que lo otro es una postura que pretende que no tenemos agujeros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="A partir de lecturas y de un sinfín de citas con voces ineludibles, Alexandra Kohan compuso un ensayo agudo."
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                A partir de lecturas y de un sinfín de citas con voces ineludibles, Alexandra Kohan compuso un ensayo agudo.                            </span>
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        <strong>&ldquo;UN LOQUITO&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Traigo algo de la coyuntura </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/peros-lengua_129_9291425.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>porque escribiste sobre el tema</strong></a><strong> y porque que tiene que ver las palabras que se usan. En las &uacute;ltimas horas se habl&oacute; del joven que atac&oacute; a la vicepresidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner y no faltaron quienes lo se&ntilde;alaron como &ldquo;un loquito suelto&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s que se utilizan estos t&eacute;rminos o se acude desde ciertos discursos a las patolog&iacute;as ante estos hechos tan conmocionantes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La primera cuesti&oacute;n que dir&iacute;a es que esa versi&oacute;n del loquito suelto surgi&oacute; primeramente de personas, por lo menos lo que alcanc&eacute; a leer yo, que pretend&iacute;an justamente deslindar responsabilidades y situar la cosa en una acci&oacute;n en la que nadie tiene que ver con nada. Esto ayuda a evitarse la pregunta de c&oacute;mo est&aacute; uno concernido en esto que pas&oacute;, porque estamos todos concernidos en la medida en que es un hecho pol&iacute;tico. <strong>Para m&iacute; no se trata de un hecho individual, es un hecho pol&iacute;tico y como hecho pol&iacute;tico nos afecta a todos independientemente de la ideolog&iacute;a que tengamos.</strong> Entonces, se instala la versi&oacute;n de que esto se da a partir de un loquito suelto para deslindar responsabilidades. Despu&eacute;s, hay una segunda cuesti&oacute;n: se&ntilde;alar a alguien como loco siempre es creerse que uno es normal. Eso es una reacci&oacute;n defensiva: el loco es el otro y yo soy normal. Una tercera cuesti&oacute;n, tal como se&ntilde;ala el polit&oacute;logo <strong>Nicol&aacute;s Freibrun</strong>: ese modo de verlo no explica nada pol&iacute;ticamente y lo que tenemos que tratar es de leer pol&iacute;ticamente, no de leer psicopatol&oacute;gicamente el asunto. Despu&eacute;s, si el detenido est&aacute; en condiciones de declarar o no, si tiene alg&uacute;n padecimiento, alguna enfermedad mental, no lo s&eacute;, eso es cuesti&oacute;n de los peritos. No somos peritos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y por qu&eacute; cre&eacute;s que se lanzan r&aacute;pidamente esos t&eacute;rminos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se lanza eso, y aunque pongamos que sea entre comillas &ldquo;un loquito&rdquo;, que no s&eacute; qu&eacute; quiere decir esa categor&iacute;a, aunque sea un loquito o lo que se dice un lobo suelto, eso no nos impide leer el hecho como hecho pol&iacute;tico, porque en el lobo suelto tambi&eacute;n est&aacute; ese efecto de una trama. En estas horas salieron una cantidad de psicoanalistas a intentar explicar cosas, no s&eacute;, a m&iacute; me pareci&oacute; que no es momento de no explicar nada, es un momento de absoluta zozobra y conmoci&oacute;n, como ocurri&oacute; con los primeros tiempos de la pandemia: son momentos que lo sacuden todo. <strong>Y yo no puedo pensar mucho todav&iacute;a, estoy absolutamente conmovida, afectada. Me parece que la gente sale a decir cosas porque es su modo de tranquilizarse, yo tambi&eacute;n lo puedo entender, ahora me parece que tenemos que ser responsables.</strong> Una cosa es lo que pensemos &iacute;ntimamente y otra cosa es la palabra p&uacute;blica. Esa distinci&oacute;n hay que mantenerla hoy m&aacute;s que nunca, siempre, pero hoy m&aacute;s que nunca. &Uacute;ltimamente veo que hay poca relaci&oacute;n con esa responsabilidad, as&iacute; que dir&iacute;a que no s&eacute;. S&iacute; s&eacute; que decirle loco al otro r&aacute;pidamente es una manera de preservarse uno y creerse del lado de la normalidad. Cuando con la pandemia se repet&iacute;a eso de &ldquo;la nueva normalidad&rdquo; creo que lo dije y vuelve ahora: hay que estar un poco loco para creerse normal.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alexandra-kohan-no-vivir-si-no-silenciara-cuerpo-veces-recordarlo-tiempo-agotador_1_9304050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Sep 2022 03:01:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alexandra Kohan: “Uno no podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces, recordarlo todo el tiempo podría ser agotador”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alexandra Kohan,Psicoanálisis,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué anatomía?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/anatomia_1_9287531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/051d44d0-a385-4b65-beae-38cba14c39ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué anatomía?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Un cuerpo se hace, no está hecho de una vez y para siempre. Un cuerpo acontece, aparece, se hace presente, no está dado. No está dado en nuestra cotidianeidad, pero tampoco está dado en su dimensión histórica. No nacemos con un cuerpo", escribe Alexandra Kohan en su nuevo libro "Un cuerpo al fin", editado por Paidós y del que anticipamos este texto.</p></div><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Como si no fuese del inconsciente de donde el cuerpo cobraba voz</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jacques Lacan</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Tengo Hiroshima en donde va el corazón</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Barfeye</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Y mi cuerpo es mi infancia, tal como la historia la hizo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Roland Barthes</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La anatomía no tiene nada de reductor, contrariamente a lo que pretenden los espiritualistas: es, por el contrario, la extrema precisión del alma</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name"> Jean-Luc Nancy</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La enfermedad se escribe primero en nuestros cuerpos, y, a veces, después, en cuadernos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Anne Boyer</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Fue mientras escuchaba a las hist&eacute;ricas que &eacute;l ley&oacute; que hab&iacute;a un inconsciente&rdquo;, dice Lacan de Freud. El descubrimiento freudiano, entonces, funda un cuerpo nuevo que no responde a la llamada &ldquo;anatom&iacute;a vulgar&rdquo;. Se trata, como sugiere David Le Breton, de una &ldquo;&lsquo;anatom&iacute;a fant&aacute;stica&rsquo;, invisible a la mirada&rdquo;. El cuerpo que el psicoan&aacute;lisis funda hace de la carne algo &ldquo;transparente a las representaciones del inconsciente. Las venas de Eros irrigan los &oacute;rganos o las funciones del organismo. A la representaci&oacute;n del cuerpo de la medicina, impersonal y fuera de tiempo, mecanicista, Freud le opone un enfoque biogr&aacute;fico, vivo y singular. Deja que hable &lsquo;el poema del cuerpo&rsquo; como dice Pierre F&eacute;dida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje muerde la carne, la marca; un cuerpo es aquello que est&aacute; marcado por el Otro, un cuerpo es efecto de una marca sin la cual s&oacute;lo ser&iacute;amos un cacho de carne, un puro organismo. Pero que el cuerpo, efecto de la lectura que el psicoan&aacute;lisis pone en juego, no responda a la anatom&iacute;a m&eacute;dica no significa que la anatom&iacute;a, es decir, lo real del cuerpo, no intervenga en el asunto. &iquest;De qu&eacute; modo est&aacute; <em>hecha</em> la anatom&iacute;a vulgar, la anatom&iacute;a fant&aacute;stica? &iquest;Qu&eacute; clase de fibras la atraviesan y la conforman? &iquest;Qu&eacute; cuerdas son las que vibran haciendo resonar &ldquo;notas ininterpretables, sonidos no sonoros, signos inscriptos por la pura belleza de la escritura&rdquo;?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La portada de &quot;Un cuerpo al fin&quot;, el nuevo libro de Alexandra Kohan y editado por Paidós"
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            <span class="title">
                La portada de &quot;Un cuerpo al fin&quot;, el nuevo libro de Alexandra Kohan y editado por Paidós                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Un cuerpo se hace, no est&aacute; hecho de una vez y para siempre. Un cuerpo acontece, aparece, se hace presente, no est&aacute; dado. No est&aacute; dado en nuestra cotidianeidad, pero tampoco est&aacute; dado en su dimensi&oacute;n hist&oacute;rica. No nacemos con un cuerpo, el cuerpo es efecto de cierto encuentro que se disipa, que se fuga, que tiende al olvido. Si, como se&ntilde;ala Pascal Quignard, &ldquo;llevamos en nosotros el desconcierto de haber sido concebidos&rdquo; y &ldquo;venimos de una escena en la que no est&aacute;bamos&rdquo;, un cuerpo tambi&eacute;n se hace con esa ajenidad de la que viene, sobre todo de esa ajenidad, de ese desconcierto.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta pensar que el cuerpo no s&oacute;lo, como dice Lacan, nace malentendido, sino que tambi&eacute;n irrumpe mal hecho. &ldquo;Lo que anda es el mundo, lo real es lo que no anda&rdquo;, dice Lacan, y entonces pienso que lo real del cuerpo aparece justamente cuando no anda, que lo real del cuerpo es la cifra de lo que no anda, como lo son el dolor y la angustia. Cuando el mundo marcha, &ldquo;gira en redondo&rdquo; &ndash;porque esa es su funci&oacute;n&ndash;, el cuerpo interrumpe esa marcha evidenciando su sesgo de resistencia a lo maquinal, a que el girar en redondo del mundo nos lleve puestos. Y es que, como se&ntilde;ala Michel Serres, &ldquo;s&oacute;lo nuestra carne divina nos distingue de las m&aacute;quinas; la inteligencia humana se distingue de lo artificial por el cuerpo, solamente por el cuerpo&rdquo;. Lacan ya lo hab&iacute;a dicho de esta manera en 1968: &ldquo;Es imposible que una m&aacute;quina sea cuerpo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, se trata de c&oacute;mo las palabras muerden, marcan, hacen y precipitan un cuerpo; no s&oacute;lo el modo en que el cuerpo est&aacute; tomado por las palabras sino el modo en que las palabras hacen cuerpo y, tambi&eacute;n, lo que las palabras le hacen al cuerpo. Al cuerpo de las representaciones, a los s&iacute;ntomas hechos de palabras que Freud descubre en su encuentro inicial con la histeria, se agrega, por as&iacute; decir, el cuerpo en su dimensi&oacute;n real. Es entonces que habla de &ldquo;solicitaci&oacute;n som&aacute;tica&rdquo;. Dice Freud: &ldquo;Hasta donde yo alcanzo a verlo, todo s&iacute;ntoma hist&eacute;rico requiere de la contribuci&oacute;n de las dos partes. No puede producirse sin cierta <em>solicitaci&oacute;n</em> {transacci&oacute;n} <em>som&aacute;tica </em>brindada por un proceso normal o patol&oacute;gico en el interior de un &oacute;rgano del cuerpo, o relativo a ese &oacute;rgano. Pero no se produce m&aacute;s que una sola vez &ndash;y est&aacute; en el car&aacute;cter del s&iacute;ntoma hist&eacute;rico la capacidad de repetirse&ndash; si no posee un significado {valor, intencionalidad} ps&iacute;quico, un <em>sentido</em>. El s&iacute;ntoma hist&eacute;rico no trae consigo este sentido, sino que le es prestado, es soldado con &eacute;l, por as&iacute; decir, y en cada caso puede ser diverso de acuerdo con la naturaleza de los pensamientos sofocados que pugnan por expresarse&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Así, se trata de cómo las palabras muerden, marcan, hacen y precipitan un cuerpo; no sólo el modo en que el cuerpo está tomado por las palabras sino el modo en que las palabras hacen cuerpo y, también, lo que las palabras le hacen al cuerpo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El s&iacute;ntoma solicita el cuerpo pero tambi&eacute;n es el cuerpo el que solicita, el que llama. Lo som&aacute;tico y el sentido: una soldadura que nunca es perfecta, que deja un hiato que muestra los hilos, las costuras de esa conjunci&oacute;n mal hecha y mal dicha. Me gusta mucho la expresi&oacute;n &ldquo;solicitaci&oacute;n som&aacute;tica&rdquo; m&aacute;s all&aacute; del uso o el desuso en la &ldquo;teor&iacute;a&rdquo;. Me gusta la idea de que es el cuerpo el que demanda, que son las partes del cuerpo las que est&aacute;n especialmente subrayadas. Y tambi&eacute;n, de esta forma: el cuerpo es solicitado a presentarse en el s&iacute;ntoma, que no es otra cosa que un &ldquo;acontecimiento del cuerpo&rdquo;. El s&iacute;ntoma, dice Lacan, escribe y metaforiza la carne, es &ldquo;s&iacute;mbolo escrito sobre la arena de la carne [&hellip;] pero es una palabra de ejercicio pleno, porque incluye el discurso del otro en el secreto de su cifra&rdquo;. Y en esa arena tambi&eacute;n se escribe un punto de satisfacci&oacute;n que se agarra como puede a esa insabilidad arenosa. El cuerpo, esa equivocidad pantanosa y arenosa. &ldquo;Jerogl&iacute;ficos de la histeria, blasones de la fobia, laberintos de la <em>Zwangsneurose</em>; encantos de la impotencia, enigmas de la inhibici&oacute;n, or&aacute;culos de la angustia; armas parlantes del car&aacute;cter, sellos del autocastigo, disfraces de la perversi&oacute;n; tales son los hermetismos que nuestra ex&eacute;gesis resuelve, los equ&iacute;vocos que nuestra invocaci&oacute;n disuelve, los artificios que nuestra dial&eacute;ctica absuelve, en una liberaci&oacute;n del sentido aprisionado que va desde la revelaci&oacute;n del palimpsesto hasta la palabra dada del misterio y el perd&oacute;n de la palabra.&rdquo;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El síntoma solicita el cuerpo pero también es el cuerpo el que solicita, el que llama. Lo somático y el sentido: una soldadura que nunca es perfecta, que deja un hiato que muestra los hilos, las costuras de esa conjunción mal hecha y mal dicha</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El cuerpo solicita a la vez que es solicitado: comienza a precisarse entonces la noci&oacute;n de pulsi&oacute;n, ese concepto que, como se&ntilde;ala Freud, es la frontera entre lo ps&iacute;quico y lo som&aacute;tico. La pulsi&oacute;n es eso que agujerea el cuerpo y que no nos deja hacer lo que queremos con &eacute;l. La pulsi&oacute;n no atiende sino a su propia voluntad, que a veces es voluntad de mal. Como se&ntilde;ala Christian Ferrer, &ldquo;los animales son expertos en huir del dolor y en buscar el placer, pero los seres humanos parecen animales paradojales, hacen exactamente lo contrario: huyen del placer y se meten de cabeza en contextos dolorosos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La satisfacci&oacute;n en el dolor, descubierta por Freud, muestra c&oacute;mo la voluntad yoica queda estocada &ndash;no tendemos a nuestro propio bien&ndash;. Y, siendo un poco hiperb&oacute;lica, dir&iacute;a que la &uacute;nica voluntad es la de la pulsi&oacute;n. Bastar&iacute;a con atender a c&oacute;mo no hacemos lo que queremos en cuanto a comer, beber, dormir, cojer para advertir que lo que nos gobierna es la voluntad pulsional. Entonces, no se trata de que no haya voluntad sino de advertir que esa voluntad no le ata&ntilde;e al Yo y que no deja de ser paradojal ah&iacute; donde no apunta al bien ni a la utilidad. Un an&aacute;lisis posibilita precisar esas coordenadas del cuerpo, posibilita interrogar las condiciones singulares en que cada uno se topa con la pulsi&oacute;n, lo que la pulsi&oacute;n hace con (y de) nosotros y lo que nosotros hacemos con<em> eso</em>, y lo que hacemos con <em>eso</em> nunca lo hacemos voluntariamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Qu&eacute; es la carne? Qu&eacute; es este Eso</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que recubre el hueso</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este embrollo liso y convulsivo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este desorden de placer y fricci&oacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este caos de dolor sobre lo pastoso.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La carne. No s&eacute; de este Eso.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Qu&eacute; es el hueso? Este vigor reluciente</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Deseoso de envoltura y tierra.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Lustroso rostro.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Huesos. Carne. Dos Esos sin nombre.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&nbsp;Hilda Hilst, &ldquo;VI&rdquo;, en Del deseo, C&oacute;rdoba, Postales Japonesas, 2020, p. 42.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Sucede que el cuerpo dibuja una cartograf&iacute;a que delimita zonas er&oacute;genas y bordes pasibles de alojar a Eros. Y es que &ldquo;la sexualidad de hombres y mujeres no se define por el g&eacute;nero, sino por un palimpsesto de relatos el&iacute;pticamente retra&iacute;dos sobre un hueco en expansi&oacute;n, en los cuales la dualidad nunca es binaria y a&uacute;n menos sintetizable&rdquo;. El cuerpo &ldquo;propone la desnaturalizaci&oacute;n de conceptos fijos como sexo, g&eacute;nero y deseo en tanto construcciones culturales de normas que violentan a aquellos cuerpo que no participan de las mismas. Entonces olvida el binarismo bobo de la sexuaci&oacute;n biol&oacute;gica y de la heteronormatividad hegem&oacute;nica y se asume deseante sin tapujos de moralidad represiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sucede que el cuerpo est&aacute; por venir, que resulta un destino incierto. El cuerpo: esa guerra de pulsiones, esa superficie donde se libran las batallas de las escrituras tr&aacute;gicas, pero tambi&eacute;n c&oacute;micas; el cuerpo: esa superficie donde se traman las historias sin sentido con las que se hace una vida. El cuerpo, &ldquo;una vez que est&aacute; ah&iacute;, si sigue siendo extranjero, y mientras siga si&eacute;ndolo, en lugar de simplemente &lsquo;naturalizarse&rsquo;, su llegada no cesa: &eacute;l sigue llegando y ella no deja de ser en alg&uacute;n aspecto una intrusi&oacute;n: es decir, carece de derecho y familiaridad, de acostumbramiento. En vez de ser una molestia, es una perturbaci&oacute;n en la intimidad&rdquo;, dice Jean-Luc Nancy. Y entonces pienso que en la cotidianeidad, en el pulso del d&iacute;a a d&iacute;a, el cuerpo funciona en la medida en que lo olvidamos, en la medida en que lo silenciamos &ndash;y muchas veces nos enteramos de que una parte existe s&oacute;lo cuando esa parte enferma o duele&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Le Breton sugiere que en el d&iacute;a a d&iacute;a el cuerpo se borra, se desvanece, se repliega y que &ldquo;la carne del ser-en-el-mundo del hombre est&aacute;, tambi&eacute;n, infinitamente ausente de su conciencia. El estado ideal lo alcanza en las sociedades occidentales en las que ocupa el lugar del silencio, de la discreci&oacute;n, del borramiento, incluso del escamoteo ritualizado&rdquo;. Ese escamoteo ritualizado acaso tenga que ver con los modos en que, para mantenerlo disciplinado, normalizado, sin demasiados ruidos ni manifestaciones, la civilizaci&oacute;n &ndash;en todas las &eacute;pocas&ndash; apacigua los cuerpos y los subsume en c&oacute;digos. La carne se familiariza y se disipa, se domestica y se tamiza, se higieniza y se educa de modo tal que sus pasiones no interrumpan la vida cotidiana, no intercepten el intercambio entre los sujetos ni el flujo del capital: &ldquo;La ciudadan&iacute;a no tolera las fulguraciones de la voluptuosidad porque se coaliga fatalmente con el principio de utilidad. La sexuaci&oacute;n se<em> derrama</em>, y la ciudadan&iacute;a no tolera lo que escapa de control&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es que, acaso, &ldquo;la suma de certidumbres acumuladas&rdquo; que constituye la realidad no quiera saber nada de los cuerpos en su dimensi&oacute;n deseante, en eso que sorprende, &ldquo;la peque&ntilde;a liberaci&oacute;n de angustia que se produce cada vez que de verdad se trata del deseo&rdquo;, como dice Lacan. El psicoan&aacute;lisis descubre que el deseo se diferencia de las necesidades y puede que en un an&aacute;lisis alguien se entere de que &ldquo;el deseo presenta en s&iacute; mismo un car&aacute;cter peligroso, de amenaza para el individuo, evidenciado por el car&aacute;cter claramente amenazante que comporta para el reba&ntilde;o&rdquo;. &ldquo;Hablamos del peligro de estar vivo&rdquo;, escribe Fito P&aacute;ez. No hay cuerpo del deseo sino al costado del camino. En ese sentido es que la frase de Freud, &ldquo;la anatom&iacute;a es el destino&rdquo;, trae el cuerpo en su dimensi&oacute;n real de nuevo al primer plano. Porque, como sugiere Lacan, &ldquo;el psicoan&aacute;lisis implica por supuesto lo real del cuerpo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es que, acaso, “la suma de certidumbres acumuladas” que constituye la realidad no quiera saber nada de los cuerpos en su dimensión deseante, en eso que sorprende</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me gusta volver sobre esa frase con sus distintas capas, en sus matices, con las lecturas que a su vez fue teniendo. Freud se refer&iacute;a a la anatom&iacute;a sexual. Y caus&oacute; esc&aacute;ndalo porque se lo ley&oacute; &ndash;y se lo lee&ndash; de una manera algo sesgada: el sexo biol&oacute;gico nos determina en la elecci&oacute;n sexual. Pero Freud no est&aacute; diciendo eso sino que, parafraseando a Napole&oacute;n, la anatom&iacute;a, as&iacute; como la geograf&iacute;a, no se puede eludir. Que sea destino no significa que sea determinante de la posici&oacute;n sexuada o que sea ineluctable; significa, como dice Juan Ritvo, &ldquo;que la diferencia sexual anat&oacute;mica es <em>ineludible</em>; a ella hay que responder, sea como sea. Hay que responder no a caracteres positivos y puntuales, sino a una <em>oposici&oacute;n diferencial entre los sexos</em>&rdquo;. Se trata de la diferencia y tambi&eacute;n se trata del corte. Fue en esa clave que Lacan ley&oacute; la frase de Freud: la anatom&iacute;a en el sentido de corte, el corte es el destino. Porque no hay cuerpo sin corte. El 15 de mayo de 1963, Lacan se ocupa de esta frase de Freud y dice que se convierte en verdadera si le damos al t&eacute;rmino &ldquo;anatom&iacute;a&rdquo; su sentido etimol&oacute;gico, es decir, la funci&oacute;n de corte: &ldquo;El destino, o sea la relaci&oacute;n del hombre con esa funci&oacute;n llamada deseo, s&oacute;lo se anima plenamente en la medida en que es concebible el despedazamiento del cuerpo propio, ese corte que es el lugar de los momentos electivos de su funcionamiento&rdquo;. Y es ah&iacute; que propone el neologismo <em>separtici&oacute;n</em> &ndash;que condensa &ldquo;separaci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;partici&oacute;n&rdquo;&ndash; sin la cual no hay deseo posible.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que vuelvo a leer la frase &ldquo;la anatom&iacute;a es el destino&rdquo;, me gusta detenerme tambi&eacute;n en la noci&oacute;n de destino. Y me gusta la forma en que Lacan se refiere a &eacute;l: &ldquo;Las casualidades nos empujan a diestra y siniestra, y con ellas construimos nuestro destino, porque somos nosotros quienes lo trenzamos como tal. Hacemos de ellas nuestro destino porque hablamos. Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, m&aacute;s espec&iacute;ficamente nuestra familia, que nos habla. Este <em>nos </em>debe entenderse como un complemento directo. Somos hablados y, debido a esto, hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado&rdquo;. En ese sentido, Anne Boyer escribe que &ldquo;cada persona, cada cuerpo es un historiador secreto trabajando en el mismo volumen: la piel como los anales de la sensaci&oacute;n, los genitales como los chistes que cuentan los bufones, los dientes como el auge y ca&iacute;da de lo que muerde&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La anatomía también es el destino, la anatomía es la trama que hacemos con eso que hicieron de nosotros, la anatomía es la trenza pero también es el rulo, la vuelta que damos alrededor de esas palabras y con esas palabras</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La anatom&iacute;a <em>tambi&eacute;n</em> es el destino, la anatom&iacute;a es la trama que hacemos con eso que hicieron de nosotros, la anatom&iacute;a es la trenza pero tambi&eacute;n es el rulo, la vuelta que damos alrededor de esas palabras y con esas palabras; la anatom&iacute;a es un destino singular que nunca est&aacute; del todo escrito. Y tambi&eacute;n me gusta cuando Lacan dice que el analizado viene a buscar al an&aacute;lisis ese algo que hay que encontrar, &ldquo;el tropo por excelencia, el tropo de los tropos, lo que llaman su destino&rdquo;. Y si bien el an&aacute;lisis no es la introducci&oacute;n del sujeto a su destino, el analista est&aacute;, dice Lacan, implicado de alguna forma en ese destino. Un destino que se encuentra, un destino que se va escribiendo, que se va leyendo en el rodeo de un an&aacute;lisis. Entonces, la anatom&iacute;a <em>tambi&eacute;n </em>es el destino, tambi&eacute;n entra en la historia: &ldquo;No hay teor&iacute;a, sino un relato de peque&ntilde;as cat&aacute;strofes jugadas dentro de los espacios interestelares de la carne&rdquo;, escribe Valerio Magrelli.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/anatomia_1_9287531.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Sep 2022 03:02:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué anatomía?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Alexandra Kohan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre las miserias del post matrimonio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/miserias-post-matrimonio_129_9285842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ef7c4a6-5f29-44b2-8fc3-23451dd0a070_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre las miserias del post matrimonio"></p><p class="article-text">
        Tengo una imagen que debe ser implantada, es una imagen muy antigua, pero estoy de la mano de mi madre atravesando una plaza y, a lo lejos, vemos una casa iluminada y rodeada de gente y mi madre me dice: Ah&iacute; est&aacute;n velando a Aramburu. Me acuerdo que esa fue la primera vez que tuve noticias de esa pr&aacute;ctica llamada secuestro. Tiempo despu&eacute;s, segu&iacute; por los diarios el secuestro de Aldo Moro y su posterior asesinato por la Brigadas Rojas de Renato Curcio. No se me borr&oacute; a&uacute;n de la cabeza&nbsp;la foto del cuerpo de Moro, con un balazo, fotografiado en la parte de atr&aacute;s de una camioneta. En ese momento pens&eacute; que secuestrar era una derrota moral para cualquier grupo revolucionario. De la misma manera que no se puede hacer una revoluci&oacute;n sin alegr&iacute;a. Cuando los grupos revolucionarios militarizan el &aacute;nimo, ya est&aacute;n derrotados. 
    </p><p class="article-text">
        En el secundario un compa&ntilde;ero secuestr&oacute; a una compa&ntilde;era. El caso dur&oacute; dos d&iacute;as y todos quedamos pasmados. Nuestra compa&ntilde;era -a la que llamar&eacute; Momi- era la hija de un industrial. Nuestro compa&ntilde;ero -al que llamar&eacute; el Negro P&eacute;rez- era un repetidor compulsivo. La polic&iacute;a vino al colegio y nos interrog&oacute; a todos los compa&ntilde;eros de Momi y, sobre todo, &ldquo;apretaron&rdquo; a Sebasti&aacute;n, su novio, principal sospechoso. A los dos d&iacute;as, la encontraron a Momi fumando porro con el Negro P&eacute;rez, su captor, en una quinta de su padre. Fue una variante barrial del s&iacute;ndrome de Estocolmo. 
    </p><p class="article-text">
        A fines de 1970, en Corea del Norte Kim Jong-il, quien durante la dictadura de su padre -Kim Il Sumg- era el titular de la propaganda estrat&eacute;gica del partido, ten&iacute;a un obsesi&oacute;n por el cine, que lo llev&oacute; a acumular la mayor cantidad, tal vez, de pel&iacute;culas de todos los tiempos. Trat&oacute; de que ir al cine en Corea del Norte fuera obligatorio, pero no lograba que las pel&iacute;culas que buscaban defender al r&eacute;gimen no fueran sopor&iacute;feras. As&iacute; que se le ocurri&oacute; un plan genial: secuestrar a Madame Choi -una estrella de cine de Corea del Sur- y a su ex marido Shin Sang-Ok quien era el director de cine m&aacute;s importante de Corea del Sur. Lo que lo volv&iacute;a loco a Kim Jong-IL era que el r&eacute;gimen de Se&uacute;l ten&iacute;a una floreciente producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica que aumentaba su prestigio. &iquest;Parece el argumento de una pel&iacute;cula de <em>Misi&oacute;n Imposible</em>, no? La cosa es que agentes secretos secuestraron a la actriz y al director y despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os de encierro lograron quebrarlos y ellos hicieron algunos films colaborando con el r&eacute;gimen del dictador cin&eacute;filo. De ah&iacute; sale <em>Pulgasari</em>, una pel&iacute;cula de monstruos que quiz&aacute; sea la que tuvo m&aacute;s repercusi&oacute;n debido a su calidad f&iacute;lmica. <em>Pulgasari </em>es una especie de remake de <em>Godzilla</em>, pero en este caso el monstruo ayuda a los campesinos a rebelarse. Gracias a la ayuda de un periodista japon&eacute;s la actriz y el director pudieron escapar del r&eacute;gimen de Corea del Norte y pedir asilo en la embajada de Estados Unidos. Despu&eacute;s volvieron a Se&uacute;l. Ahora est&aacute;n muertos. 
    </p><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os Robert Lowell cambi&oacute; el rumbo de la poes&iacute;a norteamericana, con su libro <em>Life Studies</em>, que produjo un shock en los lectores que lo amaron y lo odiaron en partes iguales. Para catalogar este libro, donde Lowell -experto en colapsos nerviosos e internaciones- escrib&iacute;a poemas en carne viva, la cr&iacute;tica hall&oacute; el nombre de &ldquo;Poes&iacute;a confesional&rdquo;. Es una l&iacute;nea po&eacute;tica que influenci&oacute; a Sylvia Plath y llega hasta nuestros d&iacute;as con Sharon Olds. Hay un poema en <em>Life Studies</em> que es magistral y que se titula &ldquo;Hablando sobre la miseria del matrimonio&rdquo;. Hoy uno podr&iacute;a escribir una versi&oacute;n m&aacute;s nueva de ese viejo poema y titularlo &ldquo;Hablando sobre la miseria del post matrimonio&rdquo;. Y una de esas miserias es la manera en que ciertas madres suelen secuestrar a los hijos a cambio de plata. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pensé durante mucho tiempo que lo que se iba a derrumbar era la civilización, pero el que se derrumbó fui yo. Fue la tarde en que no pude ver a mis hijos.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Alexandra Kohan en una nota brillante publicada en la revista Polvo y titulada <em>La Madre: el tab&uacute; de la feminidad</em>, da cuenta de este fen&oacute;meno: &ldquo;Que los ni&ntilde;os son rehenes de sus padres separados se ha repetido hasta el cansancio. Pero se elude, sin embargo, pronunciar la palabra secuestro. Apoyo la igualdad de g&eacute;nero en lo que a derechos y obligaciones se refiere. En ese sentido entiendo que la manutenci&oacute;n debe ser igual para ambos progenitores que ambos son importantes e indispensables en la crianza. Tambi&eacute;n entiendo que hay parejas que no necesitan recurrir a la Justicia para arreglar esos asuntos, que el acuerdo existe sin que medien cartas documentos y que, en ese sentido se preservan de la incidencia de terceros&nbsp;en las decisiones de crianza. Tambi&eacute;n s&eacute; que hay padres que no se responsabilizan y se ausentan y en esos casos la justicia ayuda. Ahora bien, quiero referirme al modo en que en algunos casos de padres presentes, se superponen los dos planos: dinero a cambio del hijo. Si hay dinero, el padre puede ver al hijo, si no lo hay, no. &iquest;No es acaso esa la formula del secuestro? &iquest;Dinero a cambio de liberar al reh&eacute;n? (&hellip;) Me pregunto por qu&eacute; no existe mas visibilidad todav&iacute;a sobre el modo&nbsp;en que se manipula y se cosifica a los ni&ntilde;os, me pregunto porque est&aacute; tan naturalizado que una madre es m&aacute;s imprescindible&nbsp;que un padre, me pregunto porque no repudiamos un poco m&aacute;s estridentemente esta forma del abuso infantil y me respondo, un poco conjeturalmente, que advertir la cosificaci&oacute;n de los hijos por parte de estas mujeres conducir&iacute;a a pensarlas en un lugar activo y violento, cuesti&oacute;n de la que, seg&uacute;n parece, nada queremos saber&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; durante mucho tiempo que lo que se iba a derrumbar era la civilizaci&oacute;n, pero el que se derrumb&oacute; fui yo. Fue la tarde en que no pude ver a mis hijos. La justicia y la burocracia suelen ser hermanas gemelas y, en los casos de familia, hay un consenso: el padre es el macho proveedor y la madre es cuidadora y protectora. El padre es alguien que viene de visita, como un visitador m&eacute;dico. A veces alguien te dice: cuando te liberes de los ni&ntilde;os nos vemos. Pero yo no me libero de los ni&ntilde;os, mis hijos me liberan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/miserias-post-matrimonio_129_9285842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Sep 2022 03:06:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre las miserias del post matrimonio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sylvia Plath,Matrimonio,Alexandra Kohan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas sobre la familia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-familia_132_9189940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd68cf6d-587e-409c-a2fe-64fa2e8cfaa1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas sobre la familia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Preguntas y reflexiones alrededor de los lazos familiares y sus lecturas. El newsletter del mes de julio de Alexandra Kohan.</p></div><p class="article-text">
        <em>                                                                                                                                                                                                                Para Catalina</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>I.&nbsp;</strong>Hace poco me escuch&eacute; diciendo que conviene que un analista haya hecho caer la instituci&oacute;n familiar. Estaba hablando de lo que Lacan dice de la posici&oacute;n del analista: que es comparable a la de Dupin, el detective de La carta robada, en la medida en que si halla la carta que la polic&iacute;a no encontraba, lo hace porque est&aacute; por fuera de la instituci&oacute;n policial. Y agregu&eacute; lo que de eso dice Ricardo Piglia: que el detective del policial -tanto Dupin, como Sherlock Holmes, como Marlowe, por mencionar s&oacute;lo algunos-, son detectives por fuera de la Instituci&oacute;n policial, pero adem&aacute;s, por fuera de cualquier instituci&oacute;n social, incluido el matrimonio; es su condici&oacute;n de outsiders la que justamente les posibilita interpretar los cr&iacute;menes leyendo pistas, huellas e indicios que han sido desestimados por la opini&oacute;n establecida, por la ideolog&iacute;a. &ldquo;El detective no puede incluirse en ninguna instituci&oacute;n social, ni siquiera en la m&aacute;s microsc&oacute;pica, en la c&eacute;lula b&aacute;sica de la familia, porque ah&iacute; donde quede incluido no podr&aacute; decir lo que tiene que decir, no podr&aacute; ver, no tendr&aacute; la distancia suficiente para percibir las tensiones sociales&rdquo;. En definitiva: la Instituci&oacute;n adormece a sus integrantes, quienes descansan confortados en el sentido com&uacute;n. Y no se trata de que un analista no tenga familia, o matrimonio. De lo que se trata es de que la instituci&oacute;n no se cuele en su funci&oacute;n, de que su lugar, ah&iacute; en el dispositivo anal&iacute;tico, no est&eacute; atravesada ni condicionada por ninguna instituci&oacute;n, incluida y sobre todo, la instituci&oacute;n psicoanal&iacute;tica -que es una gran familia, cuando no una famiglia-. Pero tambi&eacute;n creo que la relaci&oacute;n que la persona del analista tenga con la instituci&oacute;n -cualquiera de ellas, pero ahora hablo de la familiar- condiciona su lugar. Por eso creo que hay psicoanalistas y psicoan&aacute;lisis conservadores. Y para m&iacute; un an&aacute;lisis, si es conservador, no es un an&aacute;lisis. Y por conservador me refiero a guiar a los analizantes por el camino que ellos, los analistas, suponen el mejor. Un an&aacute;lisis es conservador, no s&oacute;lo cuando quiere mantener a la familia unida, por considerarlo un valor per se, sino cuando el analista quiere algo en particular, espera algo del analizante como si fuera, por ejemplo, un hijo, un padre, una hermana. Es decir, cuando se hace del ejercicio del an&aacute;lisis, un ejercicio de poder. Y que no espere nada en particular no es que se desentienda, no es que no quiera, sino todo lo contrario: habilita un espacio y deja lugar a lo que ah&iacute; pueda irrumpir como inesperado. En las familias, en cambio, no hay lugar para lo inesperado. Cada uno cumple con su funci&oacute;n esperable, siempre. Lo quiera o no lo quiera, siempre es puesto en el mismo lugar y siempre pone a los otros en el mismo lugar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>II.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se trata entonces, para el analista, de no sostener ning&uacute;n Ideal. Me gusta cuando Lacan dice que &ldquo;el psicoanalista considerado en conjunto&rdquo; (como una familia) &ldquo;los psicoanalistas cuando hay una multitud, una caterva, quieren que se sepa que est&aacute;n ah&iacute; por el bien de todos&rdquo;. Y tambi&eacute;n dice que &ldquo;est&aacute;n asimismo muy atentos a no tener esa debilidad de dirigirse demasiado r&aacute;pido al bien de la singularidad, al bien de ese con el que tratan, porque saben perfectamente que no es queriendo el bien de la gente como se lo alcanza, y que la mayor parte del tiempo es incluso al rev&eacute;s&rdquo;. El psicoan&aacute;lisis conservador con el que Lacan discute sostiene ideales. Ideales morales y castos. Ese psicoan&aacute;lisis tiene como ideal de la cura hacer fuerte al Yo. Y eso se consigue, dice Lacan, logrando &ldquo;buenos empleados&rdquo;, tanto del lado del analizante como del lado del analista. Hay analistas empleados de las instituciones psicoanal&iacute;ticas esparciendo la palabra del amo en los an&aacute;lisis. Hacen del&nbsp;psicoan&aacute;lisis, como dice Allouch, una pastoral.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>III.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Escribo este texto y advierto que<a href="https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-amistad_132_8259716.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> hace justo un a&ntilde;o escrib&iacute; el primer Newsletter</a>. Era sobre&nbsp;la amistad. Pero tiene muchas consideraciones sobre la familia, porque no me gustan las amistades que se parecen a una familia. Y ah&iacute; cuestionaba la instituci&oacute;n familiar pero, pienso ahora, tambi&eacute;n era un modo de cuestionar la amistad como instituci&oacute;n. No me gustan la institucionalizaci&oacute;n de las relaciones, la familiarizaci&oacute;n de los lazos, la burocratizaci&oacute;n de los v&iacute;nculos. Prefiero ensayar formas nuevas, insabidas, en las que haya espacio para las ganas y tambi&eacute;n para la falta de ganas. Que no se familiaricen las relaciones para que no haya reclamos familiares: esos que nos dejan siempre en el mismo lugar, en la misma escena familiarmente fantasm&aacute;tica, fantasm&aacute;ticamente familiar. Se dice de algunas amistades que son como una familia. Siempre me pregunto por qu&eacute; el modelo del amor en las amistades pretende replicar al de la familia. &iquest;C&oacute;mo es que la familia sigue siendo el modelo?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>IV.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Familia normal: ox&iacute;moron; familia disfuncional: redundancia. El problema de adjetivar a la familia. Quiz&aacute;s los adjetivos s&oacute;lo pretendan apaciguar un poco la ferocidad de la familia, quiz&aacute;s adjetivar a la familia s&oacute;lo sea poner a jugar un eufemismo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>V.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me gusta la literatura cuando no es ni conservadora ni condescendiente. Seda Metamorfa, la protagonista de la novela de <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/ana-ojeda/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Ojeda</a> (Muchas Nueces), trabaja cargando facturas en una empresa. Pero ese trabajo no se termina al salir de la oficina, sino que ocupa casi toda su vida. Porque Seda trabaja incansablemente para cargar con las facturas familiares que suelen pasarle. &ldquo;Acostumbrada desde &oacute;vulo fecundado a ganar puntos por obedecer&rdquo;, Seda pretende -y no abandona esa batalla perdida- que todo su cuerpo entre en la norma, que su pie calce en la horma de lo esperable. Seda se ve conminada a responder a lo que la familia, presidida por el pater familiae, pide, exige, obliga. Una contingencia va a poner a Seda en el camino de la metamorfosis, de la transformaci&oacute;n; en un instante Seda Metamorfa ya no va a estar m&aacute;s a disposici&oacute;n de los deseos y necesidades del colectivo familiar. La transformaci&oacute;n de Seda Metamorfa es, sin dudas, una transformaci&oacute;n del lenguaje, en el lenguaje. Ana Ojeda cuestiona, desde siempre, a trav&eacute;s de la literatura, la ideolog&iacute;a familiarista. En Seda Metamorfa la pandemia del covid reci&eacute;n empieza. No hay vacuna a&uacute;n. La cr&iacute;tica a la ideolog&iacute;a familiarista cobra distintas formas. Dice la narradora: &ldquo;la invitan con el primer mate para que se serene. Desensilla Blixa, se pregunta si deber&iacute;a continuar con el tapabocas puesto pero concluye que no pues parientas, con lo cual termina colg&aacute;ndolo del respaldo de la silla&rdquo;. Las personas se mueren porque, como son de la familia, no se cuidan entre ellas. En la novela el humor, como procedimiento cr&iacute;tico, nos hace descostillar de risa. En la realidad, la ideolog&iacute;a familiarista hizo estragos tambi&eacute;n en pandemia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>VI.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Separarse de la familia -que no es pelearse, ni no hablarse m&aacute;s- no es nada sencillo. Muchas veces s&oacute;lo se puede hacer de un solo lado, es decir: forzando esa separaci&oacute;n aunque del otro lado vengan los reclamos. Entiendo que a muchos les es m&aacute;s sencillo hacerlo alej&aacute;ndose geogr&aacute;ficamente, porque hay casos en los que la cercan&iacute;a impide demasiado. Pero quiz&aacute;s sea de este otro modo: la familia nunca habilita esa separaci&oacute;n, es m&aacute;s bien la separaci&oacute;n la que habilita que a uno la familia ya no le pese, ya no lo agobie. No es que cesen los reclamos, sino que uno deja de escucharlos; uno deja de constituirse en ese mismo lugar de siempre, uno empieza a ser otro. Y, a su vez, deja de convocar a la familia en el mismo lugar de siempre. Salir del cl&oacute;set acaso sea eso mismo. Se es otro fuera de la familia y ya no importa. No recuerdo cu&aacute;ndo me empez&oacute; a pasar. S&eacute; que fue hace much&iacute;simo. Quiz&aacute;s ese primer gesto de mis padres, el de ponerme en el lugar de la &ldquo;ni&ntilde;a problema&rdquo; y mandarme al analista, haya sido un gesto inaugural que habilit&oacute; la separaci&oacute;n. O quiz&aacute;s haber actuado de &ldquo;ni&ntilde;a problema&rdquo; me haya salvado; no se puede saber -a veces los ni&ntilde;os, o los adolescentes, hacen cosas para salirse del lugar aplastante en el que los pone la familia. Y a veces lo hacen con s&iacute;ntomas, con angustias, siendo &ldquo;ni&ntilde;os problemas&rdquo;-. Porque si de algo estoy segura, es de que fue el an&aacute;lisis el que me posibilit&oacute; hacer una vida m&aacute;s all&aacute; del destino familiar. Fue el an&aacute;lisis el que me hizo desviarme del lugar familiar en el que se me esperaba.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>VII.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando se habilitan conversaciones por fuera de la instituci&oacute;n familiar, incluso con los miembros de la familia, sucede lo inesperado, lo sorpresivo, lo que nunca hubiera podido pensarse de otro modo, lo que ya nunca podr&aacute; volver a pensarse como antes. Un flash que suscita una lectura con consecuencias, un hallazgo, un encuentro. As&iacute; fue la conversaci&oacute;n que mantuvimos con mi sobrina Catalina hace unos meses. Una pregunta circunstancial habilit&oacute; un espacio in&eacute;dito entre nosotras, por fuera de lo&nbsp;<em>mismodesiempre</em>. La pregunta fue m&aacute;s o menos as&iacute;: &iquest;puede un s&iacute;ntoma seguir reproduci&eacute;ndose a trav&eacute;s de la familia? &iquest;Puede algo no resuelto seguir perpetu&aacute;ndose en s&iacute;ntomas similares? Y entonces emprendimos, llenas de asombro y de risas y de sorpresa, la serie de s&iacute;ntomas similares de los distintos miembros de la familia -incluidas nosotras-. Una porci&oacute;n del cuerpo -la pulsi&oacute;n mordiendo la carne- tomada por lo familiar, se repite, de una u otra forma, a trav&eacute;s de casi todos nosotros. No s&eacute; qu&eacute; vamos a hacer con eso que descubrimos. Y ya no importa. Esa conversaci&oacute;n fue en s&iacute; misma una cu&ntilde;a en el macizo y pesado edificio de la instituci&oacute;n familiar. Ni ella ni yo fuimos, ah&iacute;, las mismas de siempre. Y eso ya tuvo efectos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>VIII.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si la instituci&oacute;n familiar no fuera tan pesada -aun en las distintas formas que fue cobrando-, si la ideolog&iacute;a familiarista no siguiera imperando -a&uacute;n hoy que todo tiende a ser cuestionado-, no habr&iacute;a tanta escritura a su alrededor. Artes visuales, literatura, ensayos y otras manifestaciones intentando, todav&iacute;a, agujerear esa roca viva.
    </p><p class="article-text">
        Fabi&aacute;n Casas escribi&oacute; el c&eacute;lebre verso:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n escribi&oacute; este poema:
    </p><p class="article-text">
        Aviso
    </p><p class="article-text">
        La familia es una patolog&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        que te acompa&ntilde;a toda la vida
    </p><p class="article-text">
        Pong&aacute;mosla en la heladera
    </p><p class="article-text">
        para que no se pudra.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y Rachel Cusk escribi&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Porque familia y tragedia son lo mismo en cierto modo&rdquo;. Y lo escribi&oacute; en Despojos, donde narra, tambi&eacute;n, su dificultad para hacer caer la ideolog&iacute;a familiarista.
    </p><p class="article-text">
        Y Juan Jos&eacute; Saer escribi&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esa apariencia de compa&ntilde;&iacute;a que es una familia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y Gustavo Ferreyra escribi&oacute; la novela La familia. 570 p&aacute;ginas de narraci&oacute;n pura y dura, de cr&iacute;tica despiadada -para la instituci&oacute;n familiar no hay otra-, de iron&iacute;a y de ensayo para derrumbar ese bodoque enorme que es la familia. Ah&iacute; dice, entre tantas otras cosas geniales, lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La animalidad de la vida humana tiene en la familia su representante m&aacute;s acabado. La familia es siempre una formidable atadura al pasado, a lo at&aacute;vico, a nuestros millones de a&ntilde;os simiescos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la novela,<a href="https://www.eternacadencia.com.ar/blog/item/proust-ferreyra-kafka.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> Mart&iacute;n Kohan&nbsp;escribi&oacute;:</a>&nbsp; &ldquo;Si la familia es, en efecto, tal como suele decirse, el n&uacute;cleo de la sociedad, lo es en Ferreyra (como lo es en Kafka) tan s&oacute;lo para evidenciar cu&aacute;nto hay en la sociedad de atroz y de inhumano, de siniestro y de pesadilla. No la pesadilla de la que no podemos despertar, como escribi&oacute; Joyce de la historia, sino la pesadilla de un despertar, la pesadilla de una madre que a mitad de la noche nos despierta, y nos despierta para darnos ese beso que en realidad ya no esper&aacute;bamos y que tampoco, por eso mismo, ya quer&iacute;amos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>IX</strong>.<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En un an&aacute;lisis acaso se trate de desfamiliarizar, no de no tener familia. Se trata de que el ejercicio anal&iacute;tico disipe un poco el cielo feroz, sombr&iacute;o y opaco de las tormentas familiares. El an&aacute;lisis no es el lugar exclusivo en el que eso puede pasar. Allouch cuenta varios ejemplos de lo que podr&iacute;a ser el hallazgo de esa otra cosa, de lo desfamiliar, de soportar la incomodidad de desear no curar, no aconsejar lo que se cree lo mejor para el otro. Son ejemplos conmovedores. Son intercambios entre hijos y padres pero por fuera de la familiaridad, de lo familiar, por fuera del Padre, del Hijo; por fuera del aleccionamiento y del ejercicio de un poder disfrazado de querer el bien del otro. S&oacute;lo basta con no sostener, ni sostenerse, en un ideal familiar; s&oacute;lo basta con faltar a la cita.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Jul 2022 13:14:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre la familia]]></media:title>
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