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Nada será como antes ¿Hacia dónde va Chile?

Nada será como antes

Juan Elman

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Para Vicente Bruna las cosas también pasaron demasiado rápido. Con veinticinco años ya está casado, tiene dos hijas y es el responsable de la juventud del Partido Republicano. Fue él quien le sugirió a José Antonio Kast que su partido debía tener una rama juvenil.

–Le di tres razones. La primera: necesitamos fuerza territorial y los jóvenes tienen más tiempo, cumplen mejor el rol que los adultos, no tienen limitaciones de trabajo. La segunda: necesitamos generar un recambio generacional en la derecha. Y la tercera: es una buena oportunidad para formarlos como personas. José Antonio me dijo al tiro, pero planteémosla en consejo general.

Es imposible que se olvide de ese día: la presentación coincidió con su casamiento por civil. 

–Desayunamos con mi familia, mi señora, la familia de ella, y dos horas después partí a Santiago a presentar el proyecto de la juventud. Luego de exponer, José Antonio dijo: perfecto, ¿alguien se opone? ¿No? Ya, sigamos. Así fue.

Era una tarde de campaña en el comando de José Antonio Kast, una enorme casa transformada en un cuartel de oficinas, ubicada en una zona residencial de Las Condes, a unas cuadras de dónde solían vivir Augusto Pinochet y Michelle Bachelet, entre otros personajes de la alta política del país. La fachada no dice mucho: anuncia un domicilio de una planta, aunque ancho, y tiene estacionada en la vereda a una camioneta de Carabineros. Faltaban unos días para la segunda vuelta. 

Había llegado apenas pasado el mediodía, por lo que no había mucha gente. Me encontré con un grupo de señoras bien arregladas que esperaban en la recepción, que le daban al lugar un aire más bien parecido a una fundación. Unos metros más adelante ya había rastros de la campaña. En el patio, media docena de jóvenes comentaban las noticias del día mientras almorzaban. En las paredes había una fila de carteles azules con el rostro de Kast y el lema de la campaña: atrévete. Cada póster tenía una proclama distinta, todas antecedidas por el atrévete:

-A cantar el himno con fuerza

-A defender la familia

-A terminar con el abuso

-A regionalizar Chile

-A terminar con el narcotráfico

De una de las oficinas con salida al patio emergió Vicente. Es un chico morrudo, de cabeza rapada y facciones gruesas, que vestía igual a los chicos del patio: camisa blanca dentro del pantalón y zapatos náuticos.

Nacido en Buin, una comuna rural ubicada a las afueras de Santiago, Bruna conoce a la familia Kast desde su infancia, cuando fue al colegio con uno de los nueve hijos del presidente del partido. Los Kast viven en Paine, una comuna cercana a la suya. La idea de sumarse al partido llegó, sin embargo, por otro amigo, un compañero de la Universidad de los Andes, en Santiago, que le comentó que Kast estaba armando un nuevo partido y necesitaba firmas. 

–Le pregunté cuáles eran los principios y me dijo: son los tuyos. Los leí y efectivamente eran los mismos.

Él militaba en una agrupación universitaria que se consideraba parte del gremialismo –el movimiento político fundado por Jaime Guzmán–, y tenía las mismas bases conservadoras que la nueva propuesta de Kast.

–Yo soy católico y me interesa mucho la fe. Antes que de derecha soy católico –me explicó Bruna–. En general es la derecha la que defiende más a la fe, a la libertad religiosa, los principios conservadores. Y el partido era fiel a esos principios, a diferencia de otros. Eso me llamó la atención. El líder era además José Antonio, un tipo que siempre ha sido derecho y ha dicho las cosas como son, sin cambiar su opinión en los temas trascendentales. 

Era principios de 2019. Kast llevaba más de dos años fuera de la UDI, el partido heredero del pinochetismo del cual se había alejado por motivos de «convicciones». En 2017 se había presentado como candidato a presidente por Acción Republicana y había obtenido casi el ocho por ciento de los votos, mayormente partidarios de la derecha dura y nostálgicos del pinochetismo. En las reuniones para constituir el Partido Republicano, Bruna recuerda a la mayoría de los asistentes como gente mayor, provenientes de la UDI y en menor medida de Renovación Nacional (RN), el otro gran partido de la derecha al que pertenece Sebastián Piñera. También había independientes.

–Inicialmente eran todos adultos, pero a las actividades empezaron a llegar muchos jóvenes. Después me puse a buscar en las redes de contacto que tenía el partido desde la época de Acción Republicana y efectivamente había muchos jóvenes en distintos puntos del país.

Bruna divide a esos jóvenes en tres grupos: los conservadores-religiosos, tanto católicos como evangélicos, que ya tenían alguna experiencia de militancia; los libertarios, por lo general más chicos y sin experiencia previa en algún partido político u organización religiosa; y los antisistema.

–Gallos que decían: oye, los políticos no han hecho nada, necesitamos a uno que diga las cosas como son. Ahí encontraron a José Antonio y dijeron: este es mi candidato.

Al principio, los jóvenes que participaban eran sobre todo de clases acomodadas, que llegaban por conocidos en colegios y universidades o por familia y cercanía geográfica. Pero con el tiempo comenzaron a llegar jóvenes de otros extractos sociales, sobre todo en los eventos lejos de la capital. Cuando le propuso a Kast hacerse cargo del área, sabía que era ahí donde tenía que apuntar, a través de una campaña activa en la calle.

–Siempre he dicho que la juventud del Partido Republicano va a existir mientras haga cosas. A mí no me sirve una juventud que se dedique a hacer asados, juntarse entre sí o solo leer y formarse. A mí me interesa una juventud en terreno, que recorra poblaciones y que conozca la realidad de Chile. Hay una crítica que se hace a los diputados que están ahora, y es que gobiernan Chile sin saber cómo es Chile. Y eso redunda en malos proyectos de ley. La mejor forma de aportar al futuro es llevando a esos jóvenes a donde más se necesitan. Que conozcan la pobreza, la gente que la está pasando mal. José Antonio tiene esto muy marcado. Él conoce Chile. Y por eso habla de la urgencia social y del Chile real. Así que eso es lo primero. Y la juventud en terreno además implicaba disputarle espacio a la izquierda, que se había tomado las calles.

En eso estaban cuando llegó el estallido. El evento descolocó hasta al propio Vicente, que se acercó a un par de manifestaciones en Buin para observar. Le parecieron «masivas y transversales».

–Yo creo que el diagnóstico que lleva al estallido es correcto. Había mucha injusticia en Chile. Muchas cosas tenían que cambiar: las pensiones, la salud. Es cierto que hay empresarios que se aprovechan. Pero lo que no comparto son las formas, la destrucción que hubo. Muchas de las personas que salieron más perjudicadas fueron las que peor la estaban pasando. Los que se quedaron sin Metro, sin supermercado y sin muchos servicios básicos. No fue algo espontáneo. Había fuerzas políticas, anarquistas, de izquierda radical, a las que efectivamente les interesaba que el país ardiera. Yo creo que al final se terminó degenerando todo. La gente salió a marchar por educación, salud y pensiones. Y todo se tradujo en una nueva Constitución, que no te soluciona ninguna de esas cosas. 

Kast no tuvo protagonismo durante esos meses, o no más allá del plano mediático, donde defendía a Carabineros y levantaba la tesis de los grupos organizados. Un par de veces amenazó con convocatorias a una contramarcha, pero luego las levantó: antes que peligrosas podían ser un fiasco por falta de interesados. También fue uno de los principales críticos del acuerdo por una nueva Constitución y se posicionó desde un primer momento como el rostro de la campaña por el Rechazo, que también fracasó: apenas rozó el veinte por ciento. Pero fue una medida estratégica desde el punto de vista político, porque se trataba de un piso superior a lo que había obtenido su candidatura en 2017 –más del doble– y lo posicionaba como el principal detractor de la Convención Constitucional, una apuesta que pagaría mejores dividendos en el futuro.

El estallido fue un desafío para la flamante juventud de Kast, me explicó Vicente, no solo por el cambio en el escenario político sino por el «clima cultural». Fue más bien la profundización de algunas tendencias que él, como alumno de la Universidad de Los Andes, una de las más elitistas del país, ya había visto en la universidad. Bruna se considera parte de una familia de clase media alta, pero de campo, menos adinerada que la de sus compañeros de curso. 

–A mí me chocó harto ese mundo, porque era muy distinto. Yo era un gallo campechano, saludaba a todo el mundo. A la Universidad iba mucha gente de élite, veías autos que en Buin no se ven. Los temas de conversación eran otros. Mucho carrete, mucho alcohol. Acá en Chile te preguntan siempre de qué colegio saliste. La conversación se basa en redes de contacto. Y yo no conocía a nadie. Ahí me terminé juntando con grupos de gente que estaba en la misma, de comunas vulnerables o gallos de campo, como yo.

No era lo único que le había llamado la atención. Si bien en Los Andes existe una militancia universitaria de derecha más abundante que en otros establecimientos como la Universidad de Chile o la Católica, el clima era más progresista al que estaba acostumbrado y muchos jóvenes, pertenecientes incluso a familias con una orientación de derecha, se identificaban ahora de izquierda.

–Había gente que te decía: me da vergüenza que mi papá sea empresario. Como si fuese algo malo. Estuviste en el mejor colegio de Chile, el más caro, en la universidad más cara, te pagan el auto, te pagan mesada, ¿y tenés la desfachatez de venir a decir que te da vergüenza que tu papá sea empresario? Ese quiebre se ve harto. Por ejemplo, si uno busca en Tik Tok la canción de José Antonio es notable. Aparecen videos de gente que está con su pañuelo LGBT, la bandera transexual, la bandera feminista, y la imagen dice: cuando quieres permiso para salir, pero tu papa vota a Kast, y toman el pañuelo y lo botan. En el fondo eso muestra perfectamente el quiebre. De los papás y abuelos que le ha tocado más difícil, que vivieron el gobierno militar en gran parte, pero sus hijos y nietos no. Vienen de mundos muy distintos. Ellos nacieron en democracia, con un país que crecía. No les ha tocado ver pobreza. Y ahí sale este idealismo de los jóvenes de Boric. Creo que Boric ha logrado acaparar a ese público que le interesa más el medioambiente, las disidencias sexuales, como se quiera decir. 

El partido, me dijo Bruna, debía dar esa disputa en la juventud. Y, para las elecciones, todo el comando de Kast había invertido mucho esfuerzo para llegar a los menores de veinticinco años en redes sociales, sobre todo en Tik Tok. Esta era la única en la que el candidato de ultraderecha le sacaba ventaja a sus competidores. Para el momento de la elección de primera vuelta, Kast superaba los doscientos mil seguidores en la red, diez veces más de lo que tenía Boric. En los vídeos, algunos de ellos virales, el candidato aparecía bailando o participando de alguna consigna popular de la red, mientras hablaba poco de sus propuestas, como colocar una zanja en la frontera norte o abolir el Ministerio de la Mujer. 

–El joven es revolucionario –dijo Bruna–, pero no necesariamente de izquierda. ¿Por qué se está viendo tanto apoyo a José Antonio ahora? Porque el joven en general es un inconformista nato. Alguien que no está conforme con nada, que busca más, que quiere cambios. Lo que mueve a esta generación de rebeldes de derecha no es tanto la injusticia en educación, salud o pensiones. Es que subió tanto la izquierda, sobre todo en las universidades, que logró dominar el discurso y la gente que no cree en esas ideas, o que tiene matices, se vio tan violentada que dijeron ya no más. Y ahora se rebelan contra el totalitarismo ideológico de la izquierda. 

Unos días después, sin embargo, se comprobó que en las elecciones no hubo «tanto apoyo» a Kast dentro de los jóvenes. Más bien al contrario. En la franja de los menores de treinta, Boric se impuso por un margen cercano al 70-30. Kast solo ganó en los mayores de setenta años. 

Pero el comando se preparaba para una disputa larga. En la segunda vuelta, Kast había obtenido casi la misma cantidad de votos que Piñera en su mejor elección, con el apoyo de toda la maquinaria de la centroderecha. Bruna me hizo entender que, pasara lo que pasara en las urnas, el partido aspiraba a liderar el bloque de derecha, y los jóvenes eran un gran activo.

–Tú ves a la juventud de RN o de la UDI y son gallos de treinta años. Mira las caras de aquí. Son chiquillos de dieciséis, diecisiete años –dijo, con una sonrisa en la cara.

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Título: Nada será como antes. ¿Hacia dónde va Chile?

Autor: Juan Elman

Páginas: 296

Ediciones Futurock

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