Ecuador define su lugar en la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China

El ex presidente Rafael Correa se había recostado en China por la crisis de deuda de 2009, su sucesor Lenín Moreno recurrió a EEUU para desvincularse del financiamiento chino

En la última semana de gobierno de Donald Trump, cuando la resaca del asalto al Capitolio apenas dejaba espacio para la ceremonia del traspaso presidencial, Ecuador y Estados Unidos anunciaron un acuerdo sin precedentes en la región. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (DFC, por sus siglas en inglés), se comprometió a desembolsar 3.500 millones de dólares a Ecuador para que este cancele una parte de su deuda con China. A cambio, el país latinoamericano debe excluir a Huawei y otras compañías chinas de la construcción de la red 5G y abrirse a la venta de activos estatales (petróleo e infraestructura energética, sobre todo) a empresas estadounidenses.

Adam Boehler, el director de la DFC, la herramienta creada en 2018 para financiar las aventuras de contención al gigante asiático en el exterior, rotuló al préstamo como un “modelo novedoso” para contrarrestar la presencia de China en América Latina. “La DFC se creó para que ningún país autoritario tuviera una influencia indebida sobre otro país y estamos abordando ese factor con este acuerdo", dijo Boehler al Financial Times.

Trump no era el único líder en retirada. El anuncio del acuerdo –que todavía no fue implementado– llegó también en el tramo final del gobierno de Lenín Moreno y a tres semanas de las elecciones presidenciales. “Es una medida agresiva, que tiene el objetivo de atarnos las manos cuando lleguemos al gobierno. No es una medida que debería tomar una administración saliente. Más que una falta de delicadeza, es una jugada sucia de último minuto”, dice a elDiarioAR Guillaume Long, excanciller durante el gobierno de Rafael Correa y uno de los nombres que suenan fuerte para volver ocupar el cargo en un eventual gobierno de Andrés Arauz.

Para la flamante administración Biden, que también planea hacer de la contención de China una prioridad de su política exterior, aunque con otros medios, el del domingo será el primer test electoral en América Latina en el que estará en juego la futura relación del gobierno con Estados Unidos y China. Durante el mandato de Moreno, Ecuador buscó alejarse de Pekín para volver a los brazos de Washington: firmó un acuerdo de libre comercio con el país norteamericano, expulsó a Julián Assange de su embajada en Reino Unido, habilitó al ejército estadounidense a utilizar el aeropuerto de las Islas Galápagos, apoyó desde un primer momento la candidatura del gringo Mauricio Claver-Carone al BID y acudió al FMI por un jugoso préstamo de 6.500 millones de dólares, una serie de movimientos que culminaron con el acuerdo para resolver la deuda con China a cambio de la adhesión a la iniciativa Red Limpia, que la excluye de las redes 5G.

Mientras una presidencia de Andrés Arauz, que ha criticado el viraje de la política exterior de Moreno, significaría un retorno a las buenas relaciones con Pekín (“Queremos tener buenas relaciones con las dos potencias. Nuestras relaciones con ambos países son igualmente importantes”, dice Long a elDiarioAR), una victoria de los otros dos candidatos –el banquero Guillermo Lasso y el indigenista Yaku Pérez– dejarían a Ecuador en una senda geopolítica similar a la que inició Moreno.

“Nuestro principal socio comercial son los Estados Unidos. Utilizamos la moneda de los Estados Unidos. Cada vez que un ecuatoriano quiere salir de viaje piensa en los Estados Unidos. Cada vez que un padre quiere mandar a estudiar a sus hijos al exterior piensa en Estados Unidos (…) Esa es la relación más importante, tomando además en consideración todo lo que ha hecho el gobierno norteamericano por el Ecuador en estos años”, afirmó Lasso en una entrevista en la que defendió el acuerdo con la DFC, aunque reconoció el peso económico de China y avisó que no buscará confrontarlo. El banquero, de corte conservador, es el favorito para ingresar en una segunda vuelta con Arauz.

Yaku Pérez, por otro lado, que en algunos campos, como medio ambiente, manifiesta posiciones más progresistas que Arauz, defiende el acuerdo comercial con Estados Unidos y critica a China por sus políticas en materia ambiental y de Derechos Humanos. Las encuestas sitúan al líder del partido indigenista Pachakutik fuera del balotaje pero con un apoyo superior al 10%, lo que lo convertiría en un actor relevante de cara a una eventual campaña por la segunda vuelta y en el próximo Congreso.

El origen de la deuda con China que el acuerdo firmado en enero propone aliviar cuenta una historia acerca de la presencia de ambas potencias en la región. Presionado por una crisis de deuda que irrumpió con fuerza en 2009, Correa se recostó en el financiamiento de Pekín para evitar acudir al Fondo Monetario Internacional y el mercado de deuda privada. Fue el inicio de un aceitado flujo de inversiones y préstamos que convirtieron a Ecuador en el tercer receptor de fondos chinos en la región y que explican parte de la bonanza económica que gozó Correa durante su gestión, según cuenta a elDiarioAR Florencia Rubiolo, directora del doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba. “Este caso es aplicable a la gran mayoría de países latinoamericanos”, dice Rubiolo, quien advierte que el financiamiento que ha recibido Ecuador por parte de Estados Unidos en los últimos años es mucho menor al que China tiene acumulado en el país, otra realidad extrapolable al resto de la región. 

Si Correa no quiso mirar al norte para resolver su crisis de deuda en 2009, Moreno buscó a Estados Unidos para aliviar la carga del préstamo chino. Pero, como bien señala Vijay Prashad, la idea de que Ecuador se encuentra en una “trampa de deuda” con Pekín es falsa: sólo el 10% de la deuda externa total corresponde a China, que durante la pandemia ofreció –y el gobierno ecuatoriano aceptó– demorar los vencimientos de pago. Para Ecuador, señala Prashad, el monto de deuda pendiente con el FMI es un problema mayor al que tiene con China, y las condiciones que suele imponer el organismo en materia de política económica agudizan el cuadro. La respuesta, entonces, no se encuentra en la macroeconomía.

Rubiolo está de acuerdo con la idea de que el frente occidental de la deuda ecuatoriana se proyecta como un problema más apremiante para el próximo gobierno, pero aclara que “los préstamos chinos tampoco son la panacea. Te cuestan, pero en otros términos. No te van a imponer reducción de gasto público, porque no les interesa, pero sí van a buscar prioridad para empresas chinas, por ejemplo”. Otras falencias de los acuerdos con China, según la académica, son la falta de transparencia en algunos casos, devenida del sistema burocrático chino y de la multiplicidad de actores que intervienen; la posibilidad de que las condiciones del acuerdo cambien repentinamente por la ambigüedad en la letra chica; y la primacía del interés nacional chino en las inversiones, que suelen priorizar necesidades del país –por ejemplo en materia energética– y que pueden generar dependencia a largo plazo.

En “La disputa por el poder global: China contra Estados Unidos en la crisis de la pandemia” (Capital Intelectual, 2020) Esteban Actis y Nicolás Creus señalan que América Latina se ha convertido en una geografía clave para la disputa entre Estados Unidos y China, sólo superada por la región del Indopacífico. Tanto la DFC, el ente que anunció el préstamo con Ecuador, como el programa América Crece, que busca impulsar proyectos de infraestructura regional por medio del sector privado, se convirtieron en herramientas para contrarrestar la presencia china en la región, una estrategia que terminó de sedimentarse con la llegada de Claver-Carone a la presidencia del BID. Y si bien aparecieron durante la última mitad del gobierno de Trump, existe un “consenso bipartidista sobre la necesidad de no perder terreno ante el financiamiento chino en la infraestructura regional”.

Consultado por elDiarioAR, Actis sostiene que herramientas como América Crece y la DFC van a seguir siendo utilizadas por la administración entrante, “pero me parece que Biden va a tener una lectura más sofisticada del poder y va a intentar jugar las cartas de otra manera, menos burda que como se mostró Estados Unidos con este préstamo”.

Desde Quito, Guillaume Long se muestra confiado en que iniciativas como estas no van a continuar. “Entendemos que fue una medida desesperada de dos gobiernos salientes, que no cuenta con el apoyo de la nueva administración. Ecuador no quiere estar atrapado en un conflicto geopolítico entre Estados Unidos y China”.

JE

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