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QUÉ ESCUCHAR

El garage norteamericano

Pat Metheny

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Si Pat Metheny sólo fuera el del solo en “My One and Only Love”, en el primer disco a su nombre de Michael Brecker, donde directamente inventa una nueva canción sobre otra, sería suficiente. Allí hacía lo único que era posible, después del volcánico preludio a solas del saxofonista. Algo que, por otra parte, sólo podría habérsele ocurrido a él y, desde ya, qué sólo él podría haber sido capaz de tocar.

Si se tratara únicamente del guitarrista que grabó “This is Not America” junto con David Bowie, de aquel para quien Steve Reich escribió Electric Conterpoint, del que colaboró con John Zorn en el volumen 20 de Book of Angels, con Ornette Coleman en Song X o con Milton Nascimento en “Vidro e corte”; si no hubiera otra cosa que sus dúos –con el contrabajista Charlie Haden, con el saxofonista Joshua Redman, en “Tears from Heaven”, con los guitarristas Jim Hall, Toninho Horta o John Scofield o con Tom Jobim, en vivo en el Carnegie Hall– o sus tríos, con Jaco Pastorius y Bob Moses, con Haden y Billy Higgins o con Dave Holland y Roy Haynes, o el grupo de Shadows and Light, de Joni Mitchell, o el cuarteto en el que tocó con Sonny Rollins, en Live Under the Sky ‘83, ya se trataría de uno de los músicos más importantes del último medio siglo.

Pero Metheny, que acaba de publicar Side Eye III+, un disco nuevo y magnífico, es quien naturalizó la más sorprendente de las imaginaciones melódicas en la improvisación, quien integró el rasguido del folk del medio oeste estadounidense al universo de la guitarra del jazz, el que inventó la música más difícil y compleja de hacer y más fácil de escuchar y, lejos del último lugar en importancia, el que amalgamó las músicas más populares con las estructuras más complejas y creó el sonido de un nuevo –e hipotético– garage musical norte americano.

Niño prodigio, formado sentimentalmente por The Beatles, Wes Montgomery y Miles Davis, becado por la revista DownBeat a los 15 años y maestro en la escuela Berklee de Boston antes de cumplir los 16, Metheny, ahora con 71 años y una de las carreras más extraordinarias e inabarcables que pueda imaginarse, grabó un disco en grupo. Y, como en el anterior –Side-Eye NYC (V1.IV)–, registrado en vivo en 2021,los músicos con los que toca son jovencísimos: el tecladista Chris Fishman –un heredero natural de Lyle Mays–, el notable bajista Daryl Johns, el baterista Joe Dyson y Luis Conte en percusión. Y algo fundamental lo une a aquel grupo que salió al ruedo con el austero nombre de Pat Metheny Quartet y revolucionó el mundo del jazz con su disco siguiente, American Garage, grabado en junio de 1979. Un álbum que alimentó las polémicas en la DownBeat durante varios meses –¿era demasiado comercial? ¿No se trataba de jazz? ¿Podía ser bueno si era (aparentemente) tan sencillo?–  y que, en todo caso, fundó una honorable dinastía a la que pertenecen Offramp, publicado en 1982, sus exitosísimos, Still Life Talking y Letter From Home, registrados en 1987 y 1989 respectivamente.

Más allá de las cualidades de los solistas, que son muchas, se trata de un grupo. El poderosos impulso de la sección rítmica, la interrelación entre el bajo, los teclados y la guitarra, la intrincada, y a la vez fluida, superposición de patrones rítmicos, los pasajes sin costuras entre la escritura y la improvisación y el ajuste portentoso lo ponen en escena.

El principio, con “In on It” funciona como una erupción. En “Don’t Look Down”, un valsecito a lo Bill Evans, se manifiesta el lirismo de Metheny en todo su esplendor y el tercer tema del disco, “Make a New World”, ya desde su título funciona como una metonimia no sólo del álbum sino de toda la trayectoria del guitarrista. Se trata, en todo caso, de un disco ejemplar de un músico que sorprendió en sus comienzos –el cuarteto con el pianista Paul Bley, Pastorius y Bruce Ditmas, grabado poco antes de cumplir 20 años, su extraordinario Bright Size Life, con Pastorius y Moses, sus participaciones en el grupo de Gary Burton– y sigue haciéndolo ahora, tan joven como siempre. El gran compositor italiano Luciano Berio había dicho de él, en los comienzos del siglo XXI, que era “el músico más importante del momento”. Y el momento continúa.

DF/MF

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