Otra vez algo huele mal en el Riachuelo: los ajustes en el área ambiental revierten 18 años de avances en la zona
Un grupo de chicos camina por la empinada rampa, aferrándose de las manos de sus madres para mantener el equilibrio, mientras dejan atrás el barrio de La Boca para adentrarse en la Isla Maciel. La rampa conduce a un pequeño muelle no lejos de la ribera elevada del Riachuelo que queda empequeñecida por los enormes puente y transbordador Nicolás Avellaneda a ambos lados. Los chicos y sus padres esperan una pequeña embarcación que rebotaba entre los muelles de ambos lados del río para cruzarlos. Al lado del muelle, una espuma blanca se mueve sobre las olas y, a unos metros, un cochecito abandonado flota junto a un pez muerto. El aire huele a industria y a vida marina.
En 2008 un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el fallo “Mendoza”, obligó a la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) ―que había sido creada a través de un decreto presidencial firmado por el ex presidente Néstor Kirchner en 2006― a realizar un programa con los objetivos de mejorar la calidad de vida de la población de la cuenca, recomponer el ambiente en todos sus componentes y prevenir daños. Y aunque la zona nunca dejó de ser la del “río contaminado”, las obras de saneamiento dieron como resultado la recuperación de su paisaje natural: peces, juncos, tortugas acuáticas y una gran variedad de aves.
Sin embargo, la llegada de Javier Milei al poder y su política negacionista del cambio climático y el cuidado del medio ambiente, comenzaron a revertir esos avances. “El nuevo gobierno abandonó desde un punto de vista anarcocapitalista, porque el Presidente en su momento dijo que no iba a controlar, dice que no hay problemas ambientales, no hay cambio climático, fue destartalando, desarmando el organismo, desfinanciándolo”, advierte Bruno Pedro de Alto, exdirector general ambiental de ACUMAR.. “Hoy evidentemente están apareciendo los indicadores de que el abandono no es gratuito, vuelven a converger los factores”.
A lo largo del borde del área metropolitana de Buenos Aires, la cuenca del río Matanza-Riachuelo ha sido durante mucho tiempo tanto un polo económico como una carga ambiental que convirtió al río en uno de los más contaminados de América Latina.
“Tuvo 200 años de castigo a la cuenca, porque ese lugar fue, y ahora no tanto, sigue siéndolo, es un núcleo económico productivo fundacional de la Argentina. Porque ahí nace la industria ganadera, nacen los frigoríficos, las curtiembres, donde se trabaja el cuero”, señala de Alto. “Todo eso rompió el equilibrio ambiental y el río terminó siendo una daga, una herida enorme ambiental que tuvo que ser tratada”.
Los esfuerzos para abordar ese legado comenzaron formalmente tras una decisión judicial histórica. Desde 2008, tra el fallo fallo “Mendoza”, la agencia creó un Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA), que, según el sitio web de ACUMAR, guía todo el trabajo del organismo. El fallo asignó la responsabilidad legal de la limpieza a múltiples niveles de gobierno.
“Este plan ha ido siendo llevado a cabo en forma muy paulatina”, dice Maria Laura Rey, arquitecta en forma independiente y exdirectora de Desarrollo Territorial en ACUMAR. “Cada nueva gestión introdujo cambios, introdujo reformas, introdujo huecos en la ejecución, y eso ha ido ralentizando la ejecución del plan. No obstante, se han logrado avances muy importantes en las construcciones de obra, en la relocalización de la población asentada a los márgenes del río”.
El problema de la cuenca abarca agua, tierra y aire, por lo que el plan es complejo y abarcativo. Rey señala que la contaminación del río proviene en gran medida de sedimentos debido a descargas cloacales, residuos industriales sin tratar, basurales a cielo abierto en distintos distritos e inundaciones.
“Vos tenés no sólo el factor del río, sino que tenés el factor también de los residuos urbanos sólidos, tenés el factor de los afluentes que tiran las empresas con contaminantes, tenés los factores de contaminación de aire por vía de automotor o por vía de empresas, digamos” comentó Antolin Magallanes, exvicepresidente ejecutivo de ACUMAR, “Es una serie de situaciones que se conjugan en un lugar”.
Y los contaminantes presentes no solo representan riesgos ambientales, sino también riesgos para las personas que viven cerca del agua.
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“No nos olvidemos que estas poblaciones que se asientan al margen de los ríos sufren frecuentemente, recurrentemente, inundaciones. Inundaciones que llevan toda su carga contaminante, tanto biológica como química”, describe Rey. “Las soluciones a estos problemas que ya datan de años anteriores, pero no de 10 años, de 15 años, datan de muchísimos más años, su solución es a largo plazo, por un lado, y realmente muy costosas, y falta decisión política de hacerlos”.
A pesar de estos desafíos a largo plazo, en los últimos años se lograron algunas mejoras medibles. En 2023, el Riachuelo fue reabierto al turismo después de que las tareas de limpieza lo volvieran lo suficientemente seguro como para navegar nuevamente.
“No había olor, no había basura, te podías salpicar el agua, bueno, mala suerte, pero no te morías por eso, porque fue demostrado que habían mejorado sustancialmente las condiciones ambientales, hablando de la desembocadura, que justamente es una desembocadura junto a todos los problemas de toda la cuenca, que tiene un largo de 64 kilómetros”, explicó de Alto.
Pero este progreso podría estar revirtiéndose, ya que comenzaron a circular nuevamente comentarios sobre malos olores provenientes del río, algo que de Alto y Magallanes confirman.
“La Boca es un lugar turístico muy importante. Todos los sectores políticos, comerciales, inmobiliarios, gastronómicos tenían mucho interés en que el río esté en buenas condiciones, porque le da un valor agregado a la actividad comercial de esa zona turística”, señala de Alto. “Ahora estas alertas que se están detectando son un problema serio, porque si se había logrado un punto, posiblemente se va a retroceder.”
Los observadores señalan que mantener esos logros ha resultado difícil. Como ACUMAR es gestionada por cada administración, los funcionarios dentro del organismo también cambian con cada gobierno, lo que hace que la continuidad de un proyecto tan grande como la recuperación del Riachuelo sea casi imposible de coordinar de manera efectiva.
“Desde la creación del organismo, se ha ido avanzando a pasos muy cortos, precisamente por la falta de continuidad administrativa. Se han hecho planes realmente muy interesantes, que fueron paralizados durante todo un periodo y vueltos a retomar al siguiente periodo”, explica Rey. “Esto significa un retraso terrible en la solución al problema, y por otro lado, significa una inversión de dinero mucho más grande de la que hubiera sido la continuidad de los planes”.
Magallanes agrega que la falta de antecedentes para un proyecto ambiental de gran escala y largo plazo como este también dificultó el proceso. Aun con estos obstáculos, de Alto asegura que se había llegado a un punto en el que el río ya no tenía olor a comienzos de la década de 2020. Peron en los últimos dos años, según de Alto, el progreso se detuvo.
Pero no toda la esperanza se ha perdido por parte de los expertos. Magallanes agrega que ha observado una especie de “reapropiación” del Riachuelo a medida que más personas lo integran en sus vidas tras los esfuerzos de limpieza.
“Yo lo que noto ahora, como estoy trabajando con eso pero ando mucho por la zona, veo que hay cosas que cambiaron mucho y veo que la gente también se apropió de muchos lugares que antes no se acercaba”, describe Magallanes. “Desde los chicos que van a jugar al fútbol, a la gente que va a correr a la mañana, a los clubes que están remando en el Riachuelo, a la gente que va a navegar, a la gente que ahora hace su casa con orientación al río porque le gusta ver el río desde la ventana”.
Dijo que esto le generaba orgullo por el trabajo que ya se hizo en ACUMAR. Además sostuvo que cree que todas las cuencas de la zona deberían contar con autoridades similares capaces de garantizar la protección ambiental, al mismo tiempo que promuevan un desarrollo que no ponga presión sobre el ambiente.
El marco actual de la política ambiental de Argentina bajo la presidencia de Javier Milei puso el énfasis en la desregulación y en la reducción del gasto público, incluyendo medidas que afectan la supervisión ambiental. Al inicio de su gestión, Milei emitió una serie de decretos ejecutivos destinados a achicar el rol del estado. Si bien estas políticas fueron presentadas por el gobierno como parte de un esfuerzo más amplio para reducir el déficit fiscal y simplificar la burocracia, organizaciones ambientalistas y exfuncionarios han expresado preocupación de que la reducción del financiamiento y de la supervisión pueda afectar la aplicación de las normas. La administración también ha puesto en duda públicamente el cambio climático, marcando un giro respecto de los enfoques de gobiernos anteriores.
“Desde que asumió el gobierno de Milei todo ha cambiado porque hay una bastante desprotección del lugar. O sea, al reducir el personal, la gente que cuidaba y que se hacía cargo de todo”, agrega Magallanes. “Si se descuida eso vuelve a ocurrir. O sea, que los avances logrados hay que sostenerlos”.
Rey expesa una idea similar, señalando que, para un futuro más productivo del Riachuelo, la estrategia de mitigación debe ser evaluada y sostenida en el tiempo. “En términos absolutamente políticos, el ambiente se cuida con políticas, no se cuida solo,” dice de Alto.
RG/MG
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