Miguel Rep: “Charly García tiene el don de alivianar las tragedias, es una antena para el dolor”
Tanto en la Tierra como en el cielo. En un diván frente a un psicoanalista, rodeado de globitos que replican sus líneas más célebres (“¿no ves que el mundo gira al revés?”, “lo que yo quise encontrar estaba atrás y no aquí”, “no tengo máscara, no tengo disfraz ni señales para guiarme”). En las tapas de los diarios. Al lado de músicos clásicos, de otros Carlos célebres. En el piso de un departamento de clase media, leyendo Hora Cero. Con pelo larguísimo. Con pelo cortísimo. Al teléfono con Maradona. En un abrazo indeleble con Mercedes Sosa. En Nueva York, inalcanzable. Demoliendo hoteles. Imaginario, inoxidable. En los discos, convertido en escorpión. Inmortal, en un vuelo infinito.
En las páginas de Charly absoluto (Sudamericana, 2026), el nuevo libro de Miguel Rep, la vida de Charly García se despliega con gracia, con trazos amables, con chispa, con mucho detalle. A partir de una investigación que implicó leer una gran cantidad de textos, ver muchísimas imágenes y repasar su discografía (es impactante el trabajo alrededor de las letras, pero también del arte de tapa de la obra de García), el humorista gráfico compone una biografía ilustrada deslumbrante de uno de los mayores artistas populares de la Argentina. Rep, que ya conoce el rubro porque hizo libros alrededor de enormes figuras como Diego Maradona, Eva Perón y Lionel Messi, ingresa ahora en el terreno artístico, una zona que le resulta próxima e ideal para la celebración que se propuso.
– ¿Por qué Charly esta vez? ¿Por qué Charly ahora?
– La verdad es que nunca pensé que iba a hacer un libro de Charly pero me cayó, de golpe el año pasado me cayó. Creo que el origen tiene que ver con que hace un tiempo hice unos programas de Mundo Rep en la TV Pública. El ciclo era temático y uno de los temas fue Charly. Entonces ahí invité a distintos músicos que tocaron con él, era un programa donde hablábamos y a la vez yo dibujaba, le dibujaba a la gente. Ahí hice varios charlies y se los regalaba a los invitados. De alguna manera ahí fue que me entró en la mano Charly, porque hasta entonces nunca me había entrado, era como que siempre lo dibujaba aislado. Pero una vez que me entró en la mano no pude parar. Como el Quijote, Charly te entra y no te abandona más. De todos los biografiados, digamos, que fueron Evita, Diego, Messi, creo que Charly es el que más fácil me ha salido. Por supuesto que tuve que estudiarlo más, sobre todo para los primeros planos, para ciertos gestos. También para ponerlo en movimiento en todo el libro. A un Charly dibujado hay que moverlo y que se crea que es Charly (risas). Es un trabajo muy plástico el que hay que hacer. Porque una cosa es el guión, estudiar toda su historia, puntear los temas y otra cosa es dibujarlo. Y que sea creíble en toda su metamorfosis.
– De alguna manera estudiaste la materia Charly…
– Sí, quise leer todo lo posible. Todas las biografías posibles. También mirar todo lo posible. Y, por supuesto, escuchar todo. Es como que tiene tres patas la cosa: la lírica, que todos reconocen y repiten. La música, que es por donde nos entra también, porque Charly García no solo es la palabra. Y, por sobre todas las cosas, su performance sobre todo en los medios. Él todo el tiempo hizo quilombo con humor. Con drama y humor. Él tiene el don de alivianar las tragedias, es una antena para el dolor y también para el humor. Incluso hoy él sigue saliendo con una sonrisa gentil. Cuando se ensamblaron en mí esas tres dimensiones pude hacer el libro.
– En la introducción de Charly absoluto, Rodrigo Fresán recuerda que en algún momento le dijiste que a vos Charly te entró por los ojos. ¿Cómo fue eso?
– Por un lado, a mí no me gustaba Sui Generis. No me interesó en su momento, no le di bola. Mucho después, un día vi una tapa de un disco de La máquina de hacer pájaros. Ellos ya se habían separado y me di cuenta de que ahí había un dibujo de un colega, que era Crist. Ahí me entró, me entró por los ojos. Dije “¡qué raro esto! ¿este no es el que hace música hippona y de fogón?”. De todas maneras eso no hizo que yo escuchara La máquina porque yo no era un chico de la música progresiva. No me entraba. También me salté la primera etapa de Serú Girán, el primer disco. Hasta que mi ojo percibe la tapa de La grasa de las capitales y su humor. A partir de ahí nunca más me abandonaron las ganas de escuchar a Charly, de ver qué hacía y empecé a reparar en sus letras. Por ejemplo, “Alicia en el país” es muy importante para mí. Cuando salió yo publicaba mi trabajo muy escalonadamente, no tenía un diario ni tenía una revista que me dijera “tenés una sección”. Entonces me acuerdo que dibujé toda Alicia en el país en cartones. Tenía 20 años y lo hice para mi novia de entonces que era Alicia, de alguna manera la dibujé a ella. Esos cartones nunca más aparecieron. No sé si se los llevó ella o qué. Pero yo recuerdo que los dibujé con mucho amor. Me detuve mucho en la letra y lo que me despertaba. Debían ser tres o cuatro cartones que nunca publiqué y perdí. Pero ahí ya estaba Charly. Yo no era un hombre de leer poesía y luego esa poesía me cautivó y después Serú Girán fue una música que escuché, la incorporé a mi playlist vital, digamos. Después lo seguí a él solista, sobre todo con Clics modernos, porque también entró por el ojo la tapa de ese disco.
– En el libro, de hecho, le hacés un homenaje enorme a todas las tapas de los discos, a todos los artistas que estuvieron detrás.
– Sí, todo, son 32 tapas. Porque creo que por mi tarea tengo algo para decir sobre las tapas. Me interesaron siempre, siempre quiero ver quién las hizo. Desde Los Beatles para acá. siempre me interesó desde los Beatles. Clics modernos es para mí una compañía buscada y no buscada, porque en esa época te entraba por la radio. Charly ahí empezó a adueñarse de la escena poco a poco. Con la música y también con sus reportajes, sus andanzas. Ya está eso, ahí terminó. Yo lo conocí mucho después, una vez que viajé con Fito (Páez) a Río y me invitó a viajar a Bogotá porque tocaba con Charly. Pasé una noche ahí con ellos dos y vi lo que era Charly, un Charly absolutamente ausente y presente en su performance. Un Charly más Say No More.
– Rescatás a María Elena Walsh como una figura muy importante para Charly. ¿Te interesaba pensarlo a él, más allá de su familia, con un árbol genealógico extendido a otras figuras de la literatura, de la música?
– Sí, totalmente. Pasa que, cuando pensás la formación de Charly en los años 50, 60, decís “claro, familia progre, clase media porteña”. Y enseguida decís “cómo no le va a caer la letra y la música de María Elena Walsh”. Y eso pasa, también lo hacía con Leda Valladares. Algo de eso tuvo que haber consumido. Y también, más en general, algo de las alegorías de las letras infanto juveniles de María Elena Walsh y cierta moral también. Porque por momentos es muy moral Charly. Creo que eso también lo incorporé porque los humoristas somos muy moralistas.
– ¿Sí? ¿En qué sentido?
– Sí, sí. Yo creo que es un defecto que tenemos los humoristas y a la vez una cosa que nos hace meternos en la sociedad también. La gente necesita de la indignación del humorista. Nosotros nos metemos en el humor por eso, porque no nos gusta el mundo. Es lo que pasó a Quino, por ejemplo. Qué sé yo, a mí no me gusta mucho este mundo, es un mundo de mierda. Entonces desde tu rol de humorista, de dibujante, lo criticás y en esa crítica hay mucha moral. Yo muchas veces digo que los humoristas en realidad somos humoralistas (risas). Y, si lo pensás, todo Sui Generis es muy moral. También parte de Serú es moral, porque juzga al depredador en la playa, a José Mercado. Son juicios o prejuicios de progre. Me parece que Charly recién empieza a liberarse con Say No More, cuando no juzga tanto. Pero creo que en sus discos solistas también hay resabio de esa moral. Y creo que eso viene del humorista que hay en Charly. Porque Charly es humorista. Es como (Jorge Luis) Borges, como Diego (Maradona). Trascienden a la sociedad porque tienen humor. Ellos tienen ese condimento que los humoristas gráficos tenemos todo el tiempo con nosotros. Lo que nosotros no tenemos es lo que ellos sí: el carisma, la forma de acaparar la escena, el don de escándalo. Es importante el tema del humor en Charly, reírse de sí mismo, reírse de los demás y de una manera muy curiosa porque en él es un humor que siempre sana, salva. No es un humor cruelísimo. Y, ahí, otra vez, aparece el vínculo con María Elena Walsh, que es una de las referencias para su factoría. Además, María Elena Walsh como mujer. Porque Charly también es muy femenino. No sé si feminista, pero siempre le ha dado mucho valor a la mujer, nunca la denostó, creo que no vas a encontrar una letra donde la denigre, como sí puede pasar con otros autores del rock. Él, además, se rodeó de mujeres creativas. Renata Schussheim, Hilda Lizarazu, Andy Cherniavsky, María Gabriela (Epumer), Nora Lezano y tantas otras.
– Otra dimensión muy interesante que abordás tiene que ver con fragmentos de canciones de Charly vinculadas con la religión, con Dios, con lo divino. ¿Cómo apareció eso?
– Mirá, investigando, leyendo, volviendo a escucharlo creo que está incorporado en él desde niño la cuestión del dolor. No solo por Julieta Sandoval, que era la profesora que le decía que para hacer música había que sufrir, la que ponía los ejemplos de los músicos clásicos. Él creo que lo instaló en sí y por eso también se volvió como una especie de radar del dolor en sus letras. Hay algo religoso metido en él. No sé si necesariamente habla mucho de religión, no sé si por superstición o por necesidad de rezo interno. Pero él es una especie de auto Cristo.
– Hasta físicamente hay algo ahí.
– Sí, totalmente. Lo que ha hecho con su cuerpo ¿no? Porque Charly no solo leyó la Ilíada, no solo leyó a Homero, él ha tenido muy presente la Biblia. O por lo menos lo que le llegaba familiarmente o en la escuela. Eso hace que después se convierta en una antena del dolor, como decíamos antes. Por eso es tan revolucionario en él, a partir de Clics modernos, que nos haga bailar. Antes de eso no hacía bailar tanto. Por ahí sí con algunos temas de Serú por supuesto, o “Hipercandombe”. Pero su voluntad de hacer bailar, aparece después, cuando él en algún momento pegó el viraje, se dio cuenta de que a partir del ‘82 necesitábamos otra cosa, necesitábamos la música de Virus, necesitábamos Los Twists. Y por eso les produce los discos. Esa noche que lo conocí con Fito percibí eso, que el tipo era un presente continuo, que su cuerpo no está pensando en el futuro ni está pensando en el pasado, es tum, tum. Todo el tiempo está funcionando y haciendo música y descartando música, y si puede hacer música debajo de la ducha lo hace. Todo el tiempo entregado a la música, no a otra cosa.
– Decías antes que los humoristas tienden a ponerse moralistas, pero en el caso de esta biografía no te pusiste a juzgar a Charly García a partir de sus episodios más controvertidos. ¿Pensaste el libro en el sentido de un homenaje?
– Quise celebrarlo más que cuestionarlo. Por eso no lo mezclé con Susana Giménez o con Carlos Saúl. No, no me parece. Sé que él estuvo en esas cosas y también que le sirvieron a ambas partes. Pero acá quise celebrar que él se haya abierto camino, que a su vez él nos haya abierto la cabeza a todos. A él se lo perdono, a él le perdono todo. Es un ser absolutamente luminoso y creo que la sociedad se está dando cuenta y sólo lo celebran. De un tiempo a esta parte lo celebran más y es una alegría que eso pase.
A mí no me gusta mucho este mundo, es un mundo de mierda. Entonces desde tu rol de humorista, de dibujante, lo criticás y en esa crítica hay mucha moral. Yo muchas veces digo que los humoristas en realidad somos 'humoralistas'.
– Una escena inevitable es la de Charly García tirándose desde las alturas a la pileta del hotel en Mendoza. ¿Cómo abordaste esa imagen? ¿Es difícil dibujarla?
– Es algo que tenía muchas ganas de hacer. Me gusta mucho estudiar ese cuerpo, me gusta mucho ese instante que podría haber salido mal y que salió bien. Me parece que es la imagen de la vida de Charly. Charly es el vuelo. El Ícaro al revés, ¿entendés? Esto de tirarse al agua también es como renacer, es como un parto al revés. Realmente es impresionante que haya sido filmada esa escena por una cuestión azarosa. Si no, nos la perdíamos. Porque él estaba en esa habitación podrido, sabiendo que no podía bajar porque había fans, o porque estaba la policía. Entonces el tipo empieza a tirar cosas por la ventana. Tira un par de cosas, después dos muñecos, y después, como experto clavadista que era, se tira él. ¿Cómo iba a pensar que hay una cámara ahí viéndolo? Él no dice “¡ah, mírenme!”. El tipo se tiró silenciosamente y justo había un camarógrafo mendocino. Creo que es un gesto hermoso y eterno. Y se volvió una imagen inolvidable como el alunizaje, como las Torres Gemelas. Yo creo que cuando Charly se vuelva universal, que es lo próximo que tenemos que procurar porque quiero que a Charly lo conozcan todo el mundo, esa imagen va a ser revelada en todas partes.
– Decías al principio que a vos y a varios dibujantes no les gusta el mundo en el que vivimos. Trabajaste y trabajás en medios de comunicación, donde de alguna manera te dedicás a contar al mundo, a dibujarlo. ¿Qué te lleva a seguir haciéndolo incluso en tiempos difíciles o muy oscuros?
– Por un lado, yo soy humanista. Luego soy un ser político. Absolutamente. Miro con mucha atención todo y me gusta hacerlo. Incluso en algún momento, si me separo un poquitito de la realidad, como cuando me pongo a hacer este libro, me llama (Martín) Caparrós y me dice que quiere hacer una columna en el diario El País y entonces me meto de nuevo en el quilombo de la cacocracia, es decir, el gobierno de los malos y veo cómo contarlo. Entonces ya está, me obligó Martín. Pero ahí hay un interés mío muy importante. Porque yo quiero saber quién es (Benjamin) Netanyahu, de dónde viene. O quién es (Nahib) Bukele, de dónde viene. Y todos estos cerdos que nos gobiernan. Por supuesto que día a día estoy informado y me angustia y me alegra cuando el enemigo sufre derrotas. No hay manera de aislarse, soy claramente un hombre del partido del reparto y no del ajuste. Así que ya el humanismo está implícito en mí por humorista, por haberme formado con eso. Después, claro, el periodismo ya está instalado también en mí porque me formé en redacciones. Primero en la editorial Record, después de alguna manera en la de Humor y todas sus revistas, en Página/12 y siguen las firmas. Me la pasé en redacciones, por lo menos de visita.
– Te queda lejos, entonces, esa idea del artista que se aísla completamente.
– Claro, porque, además, en lo que hacés desgranás una ideología, una manera de ver el mundo. Y hay gente que se siente afín, te acepta o te rechaza. Ahora estoy en ¡Fa! (N. de la R: se refiere al proyecto musical y de encuentros que encabeza Mex Urtizberea). ¡Fa! a mí me sirve para desprejuiciarme musicalmente. Incluso la gente que conozco en esos encuentros me sirve para desprejuiciarme. Creo que he vivido muy prejuicioso por un accidente del progresismo. Porque el progresismo es muy prejuicioso y eso ya estaba, por ejemplo, en Humor Registrado. Yo ahora leo Humor Registrado y digo “¡qué prejuicioso!”. Así que ahora intento cada vez más entender que el mundo es mucho más rico si uno, en vez de prejuicios, tiene un post juicio. Y el post juicio tiene que ser a partir de una pregunta simple ¿esto me afea la vida o me la embellece?“. Así que sí, estoy informado. Me interesa mucho lo que pasa. Y cada tanto me armo islas como este libro. Charly fue una isla porque lo necesitaba. Yo no soy un hombre feliz por naturaleza. O tiendo a ser más bien más dark. Pero entre el nacimiento de mi hija Albita y el libro Charly pude armar una celebración, iluminar más algo de por sí luminoso. Algo tan feliz como ellos.
AL
0