Lisandro Alonso, un documental futbolero y un corto: el cine argentino resiste en Cannes 2026
Hubo un tiempo (no hace tanto) que fue hermoso y en el que el cine argentino competía por la Palma de Oro del Festival de Cannes con películas de Lucrecia Martel, Damián Szifron o Pablo Trapero. La crisis de la producción audiovisual en nuestro país y quizá también los cambios en los criterios de selección del equipo liderado por Thierry Frémaux hicieron que los films nacionales llegaran en los últimos años en cuentagotas al principal festival del mundo.
Uno de los que “sobrevivió” a esta progresiva evaporación es Lisandro Alonso, quien este sábado 16 estrenó en la Quincena de Cineastas, la principal sección paralela, “La libertad doble”, una suerte de secuela de su ópera prima estrenada –también en Cannes– hace exactamente un cuarto de siglo. “La libertad” (2001) fue una película clave del denominado Nuevo Cine Argentino y esta continuación, que mantiene no solo al protagonista (el hachero Misael Saavedra) sino también los principales rasgos estéticos y formales del film original, sintoniza a la perfección con el estado de las cosas en el cine y en el país.
“No quiero sonar arrogante, pero mi idea fue, a partir del personaje de Misael, pensar qué le pasó a la gente de nuestro país en los últimos 25 años”, dijo Alonso en el Q&A posterior a la función de estreno en un teatro Croisette que tenía las entradas agotadas para sus dos únicas proyecciones. Y, aunque las películas del director de “Los muertos”, “Liverpool”, “Jauja” y “Eureka” no suelen tener tramas demasiado clásicas, hay una propuesta ficcional en “La libertad doble” que expone la crisis económica, social y sanitaria.
Tras 15 años de internación en un instituto neuropsiquiátrico de un pueblo del interior, Micaela (la actriz chilena Catalina Saavedra) es “externada” a la fuerza, ya que al no recibir las partidas de los subsidios, el centro de salud mental se ve obligado a cerrar sus puertas. Así, este hachero sin demasiada formación y que subsiste junto a su perro en un rancho muy precario, se ve forzado a hacerse cargo de sostener a una mujer que además debe tomar múltiples medicaciones y suele escaparse a cada rato.
Alonso sale más que airoso del desafío de volver al personaje –cercano a su familia– que retrató en 2001 y que de alguna manera lo consagró como cineasta a nivel internacional. Si ese regreso podía verse en principio como una movida oportunista, “La libertad doble” se sostiene en el respeto hacia Misael (quien estuvo presente en la proyección) y en la convicción con que defiende su propuesta minimalista, contemplativa y sensorial con imágenes rodadas siempre en 35mm. El fílmico, lo analógico, la vida rural sin Internet ni celulares, un cine lento (slow cinema), a contrapelo de los estímulos incesantes de estos tiempos del audiovisual algorítmico. Toda una postura y una definición de sus búsquedas e intenciones.
Fútbol y política
El único largometraje nacional que participa en la Sección Oficial de la 79ª edición de la principal muestra del mundo es “El Partido”, un documental que reconstruye el mítico encuentro entre Argentina e Inglaterra por los Cuartos de Final del Mundial de México 1986. Ocho días después de haber tenido su première mundial, se estrenará el próximo jueves 21 de mayo en los cines de nuestro país.
1765, 1966, 1982, 1986, 2026. La línea de tiempo en “El Partido” no es cronológica (irá pendulando, yendo y viniendo entre diferentes épocas), pero esos serían los hitos de un relato que, claro, tiene al enfrentamiento entre Argentina 2 vs. Inglaterra 1 del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca como eje principal y corazón emocional.
La película de Juan Cabral y Santiago Franco se remontará a cuando John Byron estableció el primer asentamiento y reclamó las islas (Falklands / Malvinas) para la Corona británica; reconstruirá el polémico partido en el Mundial de 1966 cuando Antonio Rattín fue expulsado en la derrota 0-1 frente a los ingleses en Wembley por los Cuartos de Final (ofuscado por el arbitraje, el capitán del seleccionado argentino apretó al irse con fuerza banderín de córner que tenía la bandera local); y se adentrará en el sentimiento nacionalista, el uso político de ambos bandos y la tragedia humanitaria de la guerra de 1982. Todos hechos que potenciaron la rivalidad y marcaron la gesta de México ‘86, aunque en el recorrido histórico también se remite a otros momentos menos conflictivos como la forma en que los trabajadores ingleses de los ferrocarriles inculcaron el fútbol en la Argentina o la llegada de Queen en 1981 para tocar en el estadio de Vélez con un tal Diego Maradona como anfitrión.
Y precisamente la figura de Maradona será la más recurrente en “El Partido”, ya que no solo fue el protagonista del gol más controvertido (el primero, con la mano) y del más hermoso (eludiendo a medio equipo inglés) de la historia de los Mundiales sino que además es objeto de admiración y diría que de adoración por parte de todos quienes intervienen en el documental.
Los directores aprovechan la expresividad, el carisma, la simpatía y la sensibilidad de los ocho entrevistados (Jorge Valdano, Gary Lineker, John Barnes, Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea, Oscar Ruggeri, Peter Shilton y Ricardo Giusti) para que sean ellos quienes de alguna manera vayan contando una historia que también los tuvo como protagonistas (hay algunos fragmentos en off que suenan demasiado leídos). El efecto de esta interacción se parece por momentos al que consiguió Lola Arias en Teatro de Guerra.
Hay anécdotas ya muy conocidas (como el affaire con la camiseta azul comprada y luego confeccionada a las apuradas), pero también momentos en que los ex jugadores realmente (se) emocionan. En ese sentido, la idea de filmarlos en blanco y negro y con proliferación de primeros planos resulta un acierto de la dupla de realizadores, que en otros pasajes apelan a una estética y una impronta excesivamente publicitaria.
Más allá de que algunos partidos menores del Mundial ‘86 se resuelven solo con fotos (se extrañan en esos casos las imágenes en video), el trabajo del equipo de archivo liderado por Andrés Levinson es realmente prodigioso, ya que apeló a decenas de colecciones públicas y privadas, institucionales e individuales, nacionales y extranjeras, para narrar los distintos episodios que el film retrata y revive. La selección de temas (hay cuatro de Queen pero también clásicos nacionales como Luna de miel en la mano, de Virus; Necesito tu amor, de Charly García; y Zona de Promesas, de Gustavo Cerati con Mercedes Sosa) también es muy acertada y funcional a las distintas zonas de la narración.
Han pasado 40 años de aquel partido (como curiosidad, la inminente inauguración del Mundial 2026 será también en el Azteca) y esta película de 91 minutos (lo mismo que duró el duelo con los ingleses) sigue generando todo tipo de emociones (es difícil no llorar en varios pasajes). En ese sentido, la presencia conjunta de los protagonistas no hace más que potenciarlas: aquel duelo lo tuvo todo, desde la máxima genialidad hasta la viveza (algo de magia para algunos y mucho de trampa para otros).
Lo cierto es que, si bien algunas heridas históricas aún no se han cerrado del todo a nivel social, estos ocho hombres hoy sexagenarios y canosos (por entonces eran atletas veinteañeros) generan con este reencuentro una camaradería, un respeto y una admiración recíproca digna de auténticos caballeros. En medio de tantas enemistades, de tanto odio acumulado, de tanta violencia exacerbada desde el poder, de tanta sangre inocente derramada, la película transmite una nobleza y una reivindicación de los aspectos más lúdicos (partido de metegol inclusive) que nos permite pensar que incluso con semejante nivel de grieta la reconciliación y la empatía siempre serán posibles.
Un corto extraordinario
“Para los contrincantes”, del argentino Federico Luis (director de “Simón de la montaña”) vuelve al corto y a la competencia de Cannes (en 2019 estrenó “La siesta”) con una desgarradora y notable historia de boxeo infantil rodada en México que disputará la Palma de Oro.
En un club del barrio de Tepitos, en Colonia Morelos, Ciudad de México, se organizan peleas de boxeo infantil. La cámara de Federico Luis y su habitual director de fotografía Marcos Hastrup (imagen granulada, formato 4:3) seguirá de cerca –incluso con numerosos primeros planos– a Damián López, un niño que es llevado por su padre y entrenador para protagonizar uno de los combates de la velada.
Las exigencias comienzan incluso mucho antes de subir al ring. El pesaje (con 43 kilos queda habilitado para pelear) es una de ellas. Luego, llegarán las indicaciones: la obvia es que mantenga la guardia alta, pero la más recurrente es que cierre la boca para evitar que le quiebren la mandíbula. Esa frase ya de por sí impacta, más aún en el terreno de los niños, pero está dicha con tanta naturalidad que uno entiende que no hay nada problemático para ese padre que lanza a su hijo al ring con la idea de ir formando a un gran campeón: “Te estás jugando la vida”, le dice como si nada.
La pelea está muy bien filmada, con un gran trabajo con el fuera de campo visual y sonoro, escatimando información (y golpes bajos cinematográficos), pero viendo de a ratos en la boca ensangrentada de Damián la crudeza y los rigores de los golpes del rival.
Para los contrincantes dice mucho con poco, no necesita de subrayados ni parrafadas, tampoco debe apelar a la denuncia indignada o políticamente correcta. Hay en cada uno de sus expresivos planos una sinceridad, una verdad que desgarran y conmueven.
Cuando el pequeño protagonista debe enfrentarse a los reproches, los cuestionamientos, pero también al consuelo, las palmadas en la espalda de los adultos, uno percibe en toda su dimensión esa mezcla de vergüenza, decepción, bronca y tristeza que se acumulan en su interior. Luego, en medio de una comuna de clase media-baja, llegará el tiempo de correr, de huir, de liberarse de los condicionamientos y mandatos que les resultan tan ajenos y perturbadores.
DB/MG
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