SOY GORDA (ESEGÉ)

El arte del encuentro

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El acontecimiento sucede en el espacio Peces, (Santa Elena 442, Barracas), desde el jueves hasta mañana. Se llama Presentarse: cuerpo, imagen y representación y es “una muestra de objetos donde se pone en relación obras, artistas, cuerpos, espacio y público. Es que más allá del formato tradicional, nos interesa generar situaciones de encuentro, de intercambio y de presencia, donde la exposición pueda transformarse y adquirir otros sentidos a medida que es habitada”, me explica la curadora Sonia González.

Se trata de poner el cuerpo, pero a no asustarse. “Cuando alguien decide estar ahí, aparece, se hace presente. Las producciones ponen en juego la construcción de la identidad, la representación, el deseo, la memoria, el personaje, la intimidad y las formas en que somos vistos y nos mostramos. ”No es sólo exhibir una obra, sino aparecer frente a otros y asumirlo. El arte es una manera de ensayar cómo es nuestra presencia“, continúa González.

En el compromiso corporal, emocional y espiritual que implica esa especie de religión, en el sentido de volver a ligar, “aparece la dimensión de la presencia física aunque también la de involucrarse”. El encuentro se despliega entre cuerpos; una dimensión afectiva, que implica disponibilidad hacia el otro; y también una dimensión sensible que no siempre podemos explicar racionalmente.

La idea es recuperar eso que aparece en la experiencia artística cuando dejamos de pensar en algo que se observa y empezamos a pensarla como algo que nos sucede. “Hay obras que trabajan sobre el cuerpo, otras sobre la memoria, la historia, el deseo, la identidad, la intimidad, la representación o el personaje. Lo erótico no funciona como un tema aislado, sino como una forma particularmente intensa de poner el cuerpo en relación con otro.

Algunas parten de imágenes históricas, otras de experiencias personales, otras de ficciones o de imaginarios colectivos. La muestra es una trama de relaciones que se modifica según el recorrido, el espacio y la presencia de quienes la habitan. “No buscábamos reunir artistas bajo una única categoría ni construir una muestra generacional. Hay trayectorias y lenguajes muy diferentes, y justamente ahí está el desafío: preguntarnos qué puede suceder cuando las obras se encuentran con el espacio y con los otros”.

En la Sala 1, Figura / personaje / memoria, aparecen distintas formas de construir y reconstruir imágenes de nosotros y de los otros, a través del trabajo de Marcos López, Julio Lavallén, Alejandra Fenochio, Daniel Santoro, Magdalena Jitrik y Lux Lindner, con trayectorias muy diferentes.

La Sala 2, Cuerpo / objeto / deseo / huella, tiene una presencia más física y material. Conviven Nicola Costantino, Santiago Erausquin, Lulú Jankilevich, Tomás Espina y Coco Bedoya, cuyas obras permiten establecer relaciones muy diversas, alrededor del cuerpo, el objeto, la intimidad, el deseo, la transformación y la representación no son relaciones obvias: por ejemplo, Nicola Costantino y Tomás Espina trabajan desde lenguajes diferentes, pero ambos ponen en tensión el cuerpo y su representación; y en diálogo con Coco Bedoya aparecen otras preguntas sobre la transformación, la imagen y aquello que queda como huella.

“No queremos cerrar una única interpretación, sino descubrir y que cada visitante pueda preguntarse qué sucede cuando una obra queda junto a otra, qué asociaciones aparecen y qué cambia en nuestra mirada cuando pasamos de una a la siguiente”.

A esa constelación se suma Martín Castillo Morales, que toma el baño como un cuarto de revelado, surgiendo y sugiriendo cuestiones como la exposición, el deseo, la intimidad, la mirada, el voyeurismo, el juego, la complicidad y la transgresión.

El propósito no es que la arquitectura de Peces sea un contenedor, sino que el régimen de la exposición se transforme a medida que el participante avanza en el recorrido.

Por eso Konzept, la mueblería vintage ubicada detrás de la galería, se incorpora como espacio asociado. Allí está la obra de Santiago Erausquin, y durante las activaciones el espacio adquiere otra intensidad, vinculándose con el carácter más corporal, nocturno y performático. Del mismo modo, la cocina, el bar, el patio y los espacios de circulación— se transforman durante las activaciones y dejan de funcionar únicamente como espacios expositivos.

“Se genera comunidad en Barracas, por la voluntad de vincular el arte con el territorio, como parte de un tejido cultural más amplio. La articulación con el barrio busca ampliar el encuentro”.

La selección de obras es una constelación con prácticas diferentes que, al encontrarse, pueden producir algo que quizás no estaba allí antes.

En este tiempo de mediaciones virtuales, la presencia adquiere mayor valor. “La pandemia aceleró procesos de digitalización que ya venían en marcha: el trabajo remoto, la educación híbrida, el comercio electrónico, los pagos virtuales y buena parte de la vida cultural pasaron de respuestas excepcionales a formar parte de nuestra cotidianeidad. La paradoja es que estamos hiperconectados y vivimos el aislamiento de estar frente a las pantallas”.

Por ejemplo, en El Pandenauta (2020), de Alejandra Fenochio, la pintura retrata al compañero de la artista, dentro de una camioneta, cubierto con barbijo, guantes y un elemento que le protege los ojos. No se cancela el encuentro: lo hace posible. “El arte tiene ahí una posibilidad muy potente: producir situaciones de presencia. No porque rechace las prácticas contemporáneas con las tecnologías, sino porque hay experiencias que suceden en el encuentro entre cuerpos, objetos, espacios y personas a escala: la proximidad, una voz, un sonido, el tiempo que permanecemos”.

La exposición no termina en las obras, la conversación también forma parte del acontecimiento, se expande la muestra. “Además, las obras no ilustran una idea previa, abren relaciones, tensiones y preguntas que pueden ir modificándose. Es un dispositivo abierto: lo que aparece forma parte de la vivencia. El espectador no es pasivo, sino un interlocutor que participa con sus asociaciones, su sensibilidad y su manera de establecer relaciones”.

Desde una disposición museográfica, hasta el baño, el bar, el patio y el espacio público, todos se convierten en lugares de encuentro, circulación y activación. La exposición se desborda.

En definitiva, Poéticas del Encuentro no propone solamente mirar, sino preguntarnos qué puede aparecer en la reunión y su juego.

LH/MF