QUÉ ESCUCHAR
Canciones y cuchillos
Hace casi medio siglo, Rubén Blades grabó una canción ejemplar. Hablaba de Pedro Navaja. Su nombre remitía al Mack The Knife de Louis Armstrong, traducción del Mackie Messer de Kurt Weill y Bertolt Brecht, y al suyo propio (“blades” significa cuchillos en inglés). Y el escritor Gabriel García Márquez, que había asegurado que Cien años de soledad era un largo vallenato, se animó a afirmar que hubiera cambiado gustoso su obra entera por esa pieza que en unos pocos minutos contaba una historia callejera de pasión y muerte.
El disco que contenía esa canción se llamó Siembra. Allí estaba la orquesta de Willie Colón y el arreglo, en el caso de “Pedro Navaja”, era del trompetista Luis “Perico” Ortiz. Se convirtió, con el tiempo, en el álbum de salsa más vendido de la historia y en marzo de este año fue reeditado en vinilo, con una remasterización prodigiosa, por Craft, un sello especializado en el rescate de obras maestras (entre ellas gran parte de las grabaciones de Miles Davis, John Coltrane y Art Pepper en los ’50). La descarnada narración de los últimos minutos de vida de aquel rufián de paso tumbao y diente de oro, de la prostituta que lo abandonó, del doble crimen y del borracho que se aleja con sus objetos de valor, volvió a sonar esta semana en Buenos Aires como parte de los bises que cerraron su actuación en el Movistar Arena. Una presentación rica en homenajes (a Charly García, a Willie Colón) y declaraciones (“Las Malvinas son Argentinas”, insertada en la canción “Patria”)
“Se vende un país portátil con su autoestima en el suelo, con un enorme complejo que lo hace anti nacional. Es un lugar sin memoria donde ya nada sorprende, vive el crimen indultado o un charlatán presidente”, cantó allí ese artista de 78 años que lleva el filo en su apellido. La canción, “País portátil” fue parte de Cantares del subdesarrollo, un disco de 2009 grabado en el garage de su casa en California y donde Blades tocaba casi todos los instrumentos –se agregaban apenas Walter Flores en flauta y percusión y Marc Quiñones, y Oscar y Rey Cruz en congas–. Y los diecisiete años transcurridos no han mellado su acero. Fue un son y es ahora pura salsa, de la mano de la notable orquesta de Roberto Delgado. Estrofas como “Oferta: un país portátil / domesticado en engaños. / Se garantiza por años / la ausencia de honestidad. / Se vende un país portátil / que castiga al que es honrado / y a un pueblo auto condenado/ por no aceptar la verdad” han adquirido, en cierto país del sur de América, una actualidad lacerante.
“País portátil” es, por otra parte, la canción que abre el álbum del mismo nombre, que este viernes 21 fue publicado en plataformas. En él, como en la actuación porteña, la orquesta de Delgado es tan protagonista como la voz y la expresividad de Blades, ambas intactas. Y esa canción, junto con “Segunda mitad del noveno” –que también había formado parte de Cantares…– es la única revisitada. Las otras seis piezas son estrenos. Brillan “En el gueto” (“…el amor que conoció se convirtió en cicatriz y aunque asimiló el dolor sigue viva la raíz…”), “Doña Chana” (si fuera posible, la orquesta suena allí aún mejor), el nuevo arreglo de “Segunda Parte del noveno” (territorio exclusivo de la percusión) y la final “Cualquier día de estos”. Resuena, sigue resonando, el país portátil. Y una frase: “no te compran si no te vendes”.
DF/MF