Panorama Político

La palabra de Milei inundada de heces, Cerimedo preso y una elite que banca fuerte

23 de agosto de 2026 01:19 h

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Un tono monocorde “promercado” prevaleció desde siempre en la cita anual del Council of the Americas (COA), aunque sin resignar del todo una pretensión de “pluralidad” de la que hacía gala en años kirchneristas Susan Segal, presidenta de la organización estadounidense creada hace más de seis décadas para fomentar el diálogo empresarial en América Latina.

Con el correr del gobierno mileísta, el rasgo plural se esfumó por completo. El jueves pasado, desfiló por el salón Versailles del Hotel Alvear un elenco de ministros, empresarios y gobernadores que celebraron “el rumbo”. ¿Matices? De escasos a nulos.

Antes del cierre a cargo de Javier Milei, las verbas más encendidas no fueron las de funcionarios de Casa Rosada, sino las del jefe de Gobierno de CABA, Jorge Macri, y el titular de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), Mario Grinman, cada año más poseído por un fervor oficialista. Segal tampoco se quedó atrás.

El Soez puso un broche final con un discurso fiel a su impronta, anegado por las palabras “mierda” y “sorete”. Milei hizo un despliegue de su inagotable odio y datos tergiversados o inventados, sin reproches de la concurrencia.

El Presidente se siente como en casa ante estos auditorios, aunque aplaudan sus groserías con un creciente desgano. Hace tres años, en su primera participación como orador en el CoA, las cosas fueron distintas: jugó claramente de visitante. El panelista de la tele acababa de ganar las primarias presidenciales y la elite que más factura en el país se acercó a conocerlo en persona.

El candidato de La Libertad Avanza no era el preferido de un círculo rojo que había optado en su inmensa mayoría por Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, los contrincantes de la primaria de Juntos por el Cambio. Las urnas descolocaron a la alianza conservadora y hubo que oír de primera mano al ultra que prometía prender fuego el Banco Central y dar vía libre al comercio de órganos. ¿A qué estaba dispuesto ese propalador de insultos que arremetía contra “la casta” y los “empresarios prebendarios”?

Aquel mediodía del jueves 23 de agosto de 2023 en que Milei se precipitó en el salón junto a su hermana Karina, Victoria Villarruel, el banquero Juan Nápoli y un puñado de allegados, su exempleador en Aeropuertos Argentina, Eduardo Eurnekián, actuó de anfitrión. Bettina Guardia de Bulgheroni, esposa de Alejandro, accionista y jefe de Pan American Energy, le reservó a Karina una silla a su lado. Nació una relación personal que se mantiene firme hasta hoy. José Luis Manzano, naturalmente próximo al peronismo, mostró algún gesto incómodo cuando el Milei de 2023 llamó “héroes” a los empresarios evasores. El copropietario de Edenor sabe de las consecuencias económicas y políticas del desfinanciamiento premeditado del Estado. Marcelo Figueiras (Laboratorios Richmond) y Mauricio Filiberti (Transclor, Edenor) fueron dos de los dueños que eligieron la discreción de las filas más retrasadas del salón, acaso por percibirse asociados al gobierno de Alberto y Cristina. No fue el caso de Claudio Cesario (Asociación de Bancos de la Argentina), Marcos Pereda (Sociedad Rural) y Eduardo Elsztain (IRSA), quien apenas Milei terminó su discurso inaugural, se puso en la fila para saludarlo.

Los accionistas o sus delegados volvieron a decir presente el jueves pasado. La distancia se había acortado hasta desaparecer, a golpe de facturación. Los ingresos de los que se dedican a gas, petróleo, electricidad, bancos y agro se multiplicaron, y sus impuestos bajaron. Consiguieron leyes soñadas, “que ni los militares se animaron a hacer” (Milei dixit), y apuestan todo a “no volver atrás”. Entre los ganadores del modelo, curiosamente se encuentran varios de quienes se mostraron distantes tres años atrás. Edenor, la firma de la que participan Manzano, Filiberti y Daniel Vila, acaba de adquirir Metrogas y va por más. Sus accionistas suman negocios en minería, petróleo y medios. La adhesión de Bettina Bulgheroni cobró vuelo e impulsó junto a Luis Majul la radio El Observador como caballito de batalla del mileísmo. De Techint, el grupo definido por el mandatario como “hijos de puta” que “tienen que quebrar”, acudieron ejecutivos del brazo ganador (gas y petróleo) y prefirieron un segundo plano los de ingeniería, siderurgia y obras de infraestructura, en plena crisis.

Por supuesto, ejecutivos de Marcos Galperín se apersonaron en el Alvear. Escucharon como música para sus oídos las explicaciones de Milei sobre los “zurdos que no se bañan” y los periodistas con deficiente coeficiente intelectual que difunden “idioteces” sobre el endeudamiento de las familias. “Nadie les puso una pistola en la cabeza” a deudores que se avivaron para hacerse de televisores antes del Mundial “y dejaron de pagar”, como el Presidente denunciaría un día después, en Rosario. En tándem, Galperín continuó difundiendo fake news en redes que desmintieran que los préstamos de Mercado Libre tienen un costo financiero de hasta 1.300%, y esparcir alabanzas racistas a la Sudáfrica del apartheid. Tal para cual.

Es tal el grado de endogamia entre los hombres de grandes negocios, que hasta Gustavo Weiss, de la Cámara de la Construcción, pide la continuidad “del modelo”. La actividad de su sector bajó 20% y 130.000 empleos en tres años.

No se asoman voces críticas a este tipo de encuentros. No hay empleados públicos, cuya destrucción salarial fue reivindicada por Milei como un objetivo de gobierno. Ese conjunto de indeseables incluye a docentes de las universidades públicas que forman a empleados de las empresas y a agrimensores y operarios estatales dedicados a trazar caminos, puertos e infraestructuras para “mejorar la competitividad”. Nadie alza esa voz. No hay lugar para “locas de los pañuelitos verdes” que expliquen que no existe tal “pasión por asesinar niños en el vientre de la madre” y que es un absurdo atribuir la baja natalidad a la interrupción legal del embarazo, ni mucho menos representantes políticos del mal absoluto, “el populismo”, esa pesadilla a desterrar.

Puertas afuera del salón Versailles y en reserva, surgen disonancias. Ser testigo de semejante violencia verbal abochorna a cualquiera. “Es un estilo que no comparto, pero expresa una convicción”. Hay quienes prefieren “mas institucionalidad, para que las reformas perduren”. El precio del dólar, la velocidad de la apertura comercial y “mayor sustentación política” son siempre temas a conversar, con mayor o menor franqueza. Los sueldos y las jubilaciones mínimas no paran de caer, crece la mortalidad infantil, las infraestructuras se desmoronan y provincias enteras se narran inviables. “Es duro, pero hay que hacerlo, peor es la inflación”. Preguntar cuánto influyó en el 211% de inflación de 2023 el hecho de que el futuro Presidente llamara a desprenderse de los pesos, “ese excremento” y la posterior maxidevaluación, despertaría miradas inquisidoras por sospecha de “kuka”. Es hora del sacrificio (del prójimo). Nadie esboza un matiz en voz alta, porque el riesgo de ser llamado “sorete” en cadena nacional y algún otro mecanismo más sofisticado son aleccionadores.

En simultáneo, cayó Fernando Cerimedo en Bolivia.

La cena en el Chateau

Todo apunta a que el “estratega digital”, convertido desde 2025 en monje negro del gobierno boliviano, intentó asesinar a su pareja.

Las usinas oficialistas describen ahora a Cerimedo como banal, charlatán y “ladri”. Extorsionador, inescrupuloso y traidor. Estafador, busca y gil. Probablemente le quepan todos esos piropos, pero ninguno desmiente su papel central en la trama del ascenso de Milei al gobierno y su fiel representación del ciclo ultraderechista. Son abundantes las pruebas de la vinculación de Cerimedo con la carrera política de Milei, con el sitio La Derecha Diario como trinchera. El Presidente se sabe atrapado en esas constancias. Mientras el mandatario hace difundir que la relación con su gurú estaba quebrada hace tiempo, da rienda suelta en redes sociales a la teoría de que la víctima, Nadia Beller, perpetró un autoatentado.

Las usinas oficialistas describen ahora a Cerimedo como banal, charlatán y ladri. Extorsionador, inescrupuloso y traidor. Estafador, busca y gil.

A Milei le ocurre con Cerimedo algo similar a lo que lo inmoviliza ante el presunto estafador de $LIBRA Mauricio Novelli, José Luis Espert, Diego Spagnuolo y Manuel Adorni. Desenfrenado para el agravio, se revela prudente al extremo a la hora de hablar de personajes que lo rodearon en lúgubres oficinas y veladas en Olivos a las que pocos tuvieron acceso. Esos personajes ejemplares exponen a los Milei ante el mundo como artífices de cuanto fraude esté a su alcance, pero los Hermanos quedan paralizados, como si temieran mover una palanca para despegarse y que estalle todo por el aire.

Cerimedo es socio en La Derecha Diario de Javier Negre. Este español sórdido, condenado en su país por difundir noticias falsas, en 2024 compró 50% de ese sitio, cuando se alejó Juan Pablo Carreira, director de Comunicación Digital de Casa Rosada y letrina en X a través de la cuenta Juan Doe.

Cerimedo y Negre aceleraron su expansión en América Latina con La Derecha Diario como vehículo de difamación y fake news para combatir al “comunismo”, pero también para resolver pujas internas de los anticomunistas más radicalizados. Así llegaron a ser contratados por gobiernos y opositores del continente y España, y a tener acceso privilegiado al club Trump. El rastro de Cerimedo se encuentra en los premios de cartón que organizaciones del inframundo trumpista entregaron a Milei en Miami, San Pablo y Madrid. ¿Parece demasiado? Una vez más, lo cutre y el poder real se dan la mano.

Negre hace alarde de su llegada a empresarios de primer orden que estaban en el Council of the Americas en el Alvear. Algunos de estos lo niegan o lo restringen a una relación meramente personal, no comercial.

El pasado ilumina el origen de las terminales políticas de Cerimedo en el ascenso de Milei.

A mediados de octubre de 2022, Brasil se encontraba en pleno proceso electoral, en medio de la primera vuelta y el ballottage que disputarían Lula da Silva y Jair Bolsonaro, mientras el gobierno de Alberto Fernández y Cristina transitaba su eterna crisis. Las derechas argentinas se aprestaban a organizar su oferta presidencial, con la posibilidad de aunar fuerzas para garantizar la victoria. Los duros del PRO apostaban a la reelección del militar golpista brasileño y se esperanzaban, para la arena local, con un acuerdo con Milei. El diputado-panelista era entonces un precandidato presidencial no oficializado y cabeza de un rejunte de ultras sin organicidad, por el que pocos apostaban a él como ganador, pero sí como socio.

Cerimedo, contratado por los Bolsonaro, puso su departamento en el edificio Chateau de Puerto Madero para una cumbre. Fue el 13 de octubre de 2022. A la cita acudieron Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del entonces presidente de Brasil, y Ramiro Marra, Nahuel Sotelo, Carolina Píparo y el tuitero Ezequiel Acuña (hoy titular de Nucleoeléctrica Argentina). Por el macrismo, la evangélica Dina Rezinovsky, el exdiputado neuquino Francisco Sánchez y el antiizquierda y antifeminista Joaquín de la Torre.

Todos mostraron admiración por Donald Trump y Bolsonaro. Con vista a la reserva ecológica y el Río de la Plata desde el oneroso departamente de Cerimedo, esperaron la llegada de Milei o Patricia Bullrich, que no se concretó. Otro comensal de la noche fue Miguel Ángel Pichetto, impulsor principal de lo que definía como la “derecha nacional”. Es el mismo peronista que hoy postula a Cristina a la Presidencia.

slacunza@eldiarioar.com

SL