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Raíces - Entrevista

Flamamé: “Representamos lo nuevo, pero también lo tradicional; es muy erótica nuestra música”

Milagros Caliva, Noelia Sinkunas, Belén López y Flor Bobadilla Oliva conforman Flamamé

Claudia Regina Martínez

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La vida las cruzó un poco por casualidad y el encuentro fue mágico. No planificaron armar un grupo, pero lo hicieron. Las cuatro son artistas reconocidas que integran un montón de otros proyectos (de hecho, en esta columna hemos entrevistado a tres de ellas). Se convirtieron en amigas al mismo tiempo que en compañeras. Y como resultado de ese flechazo nació un disco luminoso, inspirador, lleno de música que mama de la raíz chamamecera y se proyecta con elementos de todas las otras músicas de las que también se nutrieron: tango, jazz, música clásica, por nombrar algunas. Algún medio se refirió a ellas como “chamamé del siglo XXI” y es bastante acertada la definición.

Flamamé es un cuarteto integrado por Noelia Sinkunas en piano, Milagros Caliva en bandoneón, Belén López en contrabajo y Flor Bobadilla Oliva en voz. Todas, además, componen y arreglan, porque todo lo comparten y hacen juntas. La grupalidad es clave para estas cuatro mujeres.

elDiarioAR tuvo el privilegio de asistir a un ensayo y charlar relajadamente con ellas. Queda claro desde un principio que manejan una complicidad fuerte, que las risas acompañan cada tramo del camino que están recorriendo y que la música nace de ellas casi como una misión, sobre todo en estos tiempos oscuros que corren.

El grupo se gestó gracias a una invitación a un festival en Brasil. Allí tocaron las cuatro juntas por primera vez y percibieron que pasaba algo. “Se sintió como que éramos un grupo. Hubo una conexión y ahí dijimos: che, hay que hacer algo. Y ahí empezó Flamamé”, cuenta Noelia.

El nombre se les ocurrió jugando. “Para mí es chamamé flama. Yo diría que es flama porque nos prendíamos fuego tocando. Empezamos a tocar y era ¡ufff!”, agrega. “Siempre terminaba con un suspiro la canción. Esa era la sensación. Y estaba la impronta chamamecera muy presente, porque fue un poco lo que nos unió”, añade Flor.

“A mí me gusta porque el nombre es como una mezcla entre un grupo de trap y un grupo de chamamé. Flama es como algo re joven, de las nuevas generaciones”, agrega Belén.

El disco, que se llama igual que el grupo y que lanzaron en diciembre, contiene casi todas composiciones propias, salvo dos. Los arreglos fueron surgiendo en las juntadas. “Entre todas. Cada una proponía el tema, cantaba la canción y ya ahí veíamos: acá se me ocurre esto, acá lo otro. Y así entre todas lo fuimos armando”. Lo presentan este sábado a las 21:00 en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF).

-¿Cómo fue recibido el disco?

-Noelia: Lo que más me sorprendió es una nota que salió, que nos nombraba como “chamamé siglo 21”. Me encantó y me dejó un par de preguntas. Porque en el tango ya vengo escuchando “tango siglo 21” hace rato. Hace rato que ya estamos en el siglo 21, básicamente. Y en el chamamé no había escuchado nunca “chamamé siglo 21”. Entonces me preguntaba: ¿no llegó el siglo 21 al chamamé? ¿Qué pasa ahí? Y siento que algo de eso representamos nosotras, un poco de lo de hoy, de lo nuevo, y lo viejo también. Lo tradicional también lo tenemos.

-Milagros: En el chamamé, lamentablemente, Corrientes centraliza mucho la música y la termina condicionando en muchos aspectos, si bien ya todo el avance viene desde hace un par de décadas atrás, con (Raúl) Barboza, Rudi y Nini Flores, Teresa (Parodi). La otra vez me crucé con Teresa de casualidad y dijo esto de que Corrientes tiene como la costumbre siempre de atar, de atar a la música. Pero la música se va igual, no se queda. Y también está bueno que el chamamé no sea de Corrientes, porque no es de Corrientes. Es de toda la región. Y si bien Flor es misionera, las demás somos de acá de Buenos Aires y qué bueno que sea de acá también.

-Flor: Siento que en algún punto se ha institucionalizado, entonces siempre quedamos afuera los que pensamos o sentimos el chamamé desde otro río. Pero finalmente son músicas de puerto. Tanto el chamamé como el tango son músicas de puerto. Y tanto las músicas populares, como el jazz o cualquier otra música, son lugares de encuentro, de ritual. Entonces, más o menos institucionalizado, más o menos en el Colón o en la calle, es volver a la música del pueblo. Y siento que ahí está el hilado interesante de Flamamé, los ambientes de esas músicas, esas nostalgias o formas de sentir, son algo que suena a tradicional. Pero lo que viene a imponerse de otro modo es la palabra. Buscamos decir algunas cosas con lo que tenemos de herramientas, porque no somos poetas. Hay una poesía de Ramón (Ayala) que dice “si no eres poeta, ni guerrero, ni artista, piensa que eres una partícula de Dios”. Hay algo del gestar que es muy amoroso de Flamamé y que es muy de ese impulso primero. Entonces, hay un recorrido de canciones que están hurgando en los lugares de las cosas que queremos decir, que mucho tienen que ver con el amor o las formas de pensarnos, el amor propio, el amor para con un otre, el amor por la naturaleza. Hay silencios también, no está rellenado. No es ¡pam!, una piña contundente. Es muy erótica nuestra música.

-¿Qué les pasa cuando están tocando?

-Noelia: Alegría. Soltura. Es muy relajado. No cuesta nada. Es muy sencillo. Fluye. Es fácil. Sí, fácil.

-Flor: Eso es muy sorprendente. Es muy fácil. No importan un montón de otras cosas. Y se agradece muchísimo que existan lugares así. Por eso siento que tiene que ver con un ritual. Nosotras entramos y cada una viene con algo y estamos y nos vamos escuchando. Para mí es un placer tocar con semejantes artistas. Son muy zarpadas por sí mismas. Y a mí me resultaría muy fácil como cantante, por lo que se estila o se espera de una cantante, estar adelante y yo no estoy adelante. Estoy a la par y me siento a la par y siento que hay lugar para todas. Eso es espectacular y se genera con mujeres.

-Noelia: Yo creo que somos como Power Rangers: cada una tiene un poder (risas).

-Belén: Estamos todas muy abiertas a escucharnos y a ver qué tiene para proponer cada una. Y no solo desde lo musical, sino también de cómo está cada una. Entonces lo otro también sale igual, fluye. No es que hay una pretensión de ‘el arreglo es así o esto es asá’. No, se construye entre todas. Y entonces creo que todas tienen la posibilidad de relajarse y de proponer y de sentirse cómodas en ser, en tocar, en todo.

-Milagros: Tocamos sin la presión. Si nos equivocamos, está bien. No es que estamos pensando: 'uh, le pifiamos'. Le pifiamos todo el tiempo y también eso es parte de nuestra música. Es lindo eso.

-¿Cómo hacen para sostener este espacio cuando todas ustedes tienen además muchos otros proyectos?

-Milagros: Sin presión. Somos como una pareja libre.

-Flor: Abierta (risas).

-Milagros: Mientras haya ganas del encuentro, nos ponemos de acuerdo. El pero no existe. ¿Tocamos? Dale. Entonces empezamos a ponernos de acuerdo, pero eso es sencillo dentro de lo complicado.

-Belén: Eso creo que es clave. Todas tenemos el deseo de que esté. Entonces, si hay una mínima chance, aunque llegaste hoy a las 07:00 y te vas al otro día a las seis, puedo, porque todas queremos. Quizás en otros grupos decís: 'ay, no sé si puedo, no llego'.

-Flor: Es algo que nos da muchísimo. Y al ser algo que es tan fácil, hace que uno se tenga que replantear bastante otras cosas que no son tan fáciles.

-Noelia: Hay espacios donde se prioriza mucho la música en sí misma como una entidad sagrada sin pensar que esa cuestión sagrada la hacen personas humanas. Y si tenés un problema, no nos importa. Y ahí yo no estoy de acuerdo. Y noto mucho en algunos espacios que son así.

-Flor: Es institucionalizar la música. Pero es en el chamamé o la música clásica. Matarse porque suene tal o cual cosa.

-Noelia: El espacio que elegimos es más de darle bola al vínculo, a lo humano, para que la música suene mejor en función de eso. Cuando solamente priorizamos ese lugar y decimos que las cosas tienen que hacerse de una manera, siento que es un problema. La manera correcta no existe. La manera correcta es construida grupalmente. Y cada grupalidad tendrá su manera correcta de hacer las cosas. En eso siento que en cierto punto han ganado en algunos espacios los que creen que hacen el bien y hacen el mal. Y eso para mí es una gran lucha en el ámbito del arte: poner por arriba de todo en el lenguaje la forma de vincularnos para que el lenguaje sea un espacio de construcción. Y siento que ese es el lugar para mí correcto.

-¿Y están trabajando en cosas nuevas?

-Flor: Hay canciones nuevas, pero siento que tenemos que seguir tocando esta música. Nuestro grupo tiene un año.

-Belén: Yo ya estoy manija de que armemos otro disco, pero lo pienso y digo: no, pará, ni siquiera empezamos a tocar este.

-Milagros: Igual estaría bueno a fin de año grabar otro (risas)

-Noelia: Tenemos planes de ver dónde más tocar presentando el disco. Nos gustaría salir de la Capital.

-¿Cómo se llevan con este momento del país y todo lo que está pasando?

-Noelia: Tengo mucha angustia en general. Siento un cansancio y un agotamiento físico y mental que me pone triste y trato de contrarrestarlo.Siento que hay un montón para hacer para ver cómo contrarrestar eso. Siento cierta obligación de dar una batalla a través de las letras. No sé dónde escuché esto de que la cultura es como la guerra por las buenas y siento que sí, que es alta herramienta. Así que tengo como una llama ahí interior. Pero también estoy como que el cuerpo lo tengo medio raro.

-Flor: Y, sí, ahora que estamos agotadas, porque tenemos que generar para pagar el alquiler, para pagar cosas que empezaron a subir, gastos básicos y mínimos, no tenemos que aflojarle y tenemos que dar batalla. Con Flamamé hay algo ritual, algo espiritual. Más allá de las cosas que sucedan, hay un lugar de encuentro real para generar cosas nuevas. El agua entre despacito y te levanta el piso. Eso la gente que somos del Litoral lo sabemos. Entonces no siempre va a ser irrumpir. Hay que ir entrando de a poco y vamos a escribir canciones y vamos a compartir con las pibas y nos vamos a abrazar. Canciones que quizá no todos entiendan pero que igual conmueven porque nos conmueven a nosotras. Ese es nuestro trabajo como artistas:,conmovernos nosotras, que es lo primero que pasa en este grupo, para después conmover al resto. Siento que esa es nuestra única forma de lucha.

-Belén: También me pasa que me genera una sensación de: bueno, entonces hay que hacer, hay que estar ahí y decir y conmover, como dice Flor. Pero también últimamente vengo pensando mucho en la idea de esto que planteó Noe, de la gente que hace el mal creyendo que hace el bien. ¿Cómo hacer para generar ese puente con esa gente? ¿Cómo abrirles ese espacio en el corazón, cómo abrirles ese lugar donde puedan ver más allá de lo que ven?

-Milagros: Más allá de que es triste, este contexto también te obliga a tener que hacer todo el tiempo para poder sobrevivir. Entonces, si bien no sabemos de dónde sale esa fuerza, está. También sabemos que esto va a pasar y que todo esto sirve como inspiración, claramente, para seguir componiendo. Por ahí es una mirada muy bohemia. Pero también es importante poder no centrarse en el dolor y en la tristeza y decir: ¿qué puedo sacar de toda esta situación? Y creo que un poco nuestro objetivo es ese, dentro de lo que es nuestra posibilidad.

“Raíces” fue un programa radial dedicado a la música de raíz de Argentina y Latinoamérica que la periodista entrerriana Blanca Rébori condujo durante más de 30 años en diferentes emisoras. Titulamos esta columna con ese nombre en homenaje a su labor.

CRM

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