Argentina, 40 años de democracia

Humor político en las pantallas: de Tato Bores a un mundo de imitadores, monólogos y una fábrica de jingles pegadizos

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Con grandes cómicos dando discursos, con humoristas disfrazados, con periodistas haciendo parodias, con canciones pegadizas, con imitadores, con los propios protagonistas tomando la batuta: el humor político, a lo largo de las últimas cuatro décadas, tuvo su espacio en las pantallas y marcó muchas veces el pulso de la discusión sobre los grandes hitos sociales desde el regreso de la democracia.

En 1983, mientras empezaban a volver del exilio varios artistas, personalidades de la cultura e intelectuales que habían sido prohibidos durante la dictadura, uno de los grandes estrenos televisivos de ese año empieza a mostrar un perfil fresco, con alguna vinculación política y social. Se trata de Mesa de noticias, por ATC, un programa de humor ingenuo, con Juan Carlos Mesa y Gianni Lunadei como protagonistas salientes. El ciclo, lleno de gags, contaba la vida dentro de un noticiero de televisión y, con el correr de los programas, empezaron a aparecer personajes de la actualidad política y social como invitados, lo que lo llevó a convertirse en uno de los ciclos más recordados de la historia de la televisión local.

“La idea original era un noticiero con humor, para ir de lunes a viernes a las 20. El asunto es que competíamos con los noticieros de verdad y no teníamos rating. Al principio no le encontrábamos la vuelta. Era un híbrido y la gente no entendía de qué se trataba. Hasta que finalmente comprendimos que había que hacer al revés: una comedia con toques de actualidad”, contó el productor Gustavo Yankelevich en una entrevista de 2021 con el diario Clarín

En ese mismo año, tal como reconstruyeron Carlos Ulanovsky, Silvia Itkin y Pablo Sirvén en su libro Estamos en el aire –una publicación que con los años se volvió en una referencia ineludible sobre la historia de la televisión argentina– se registran “movimientos en el humor”.Raúl Portal se independiza de Semanario Insólito (ATC) y funda Misterioperiodismo (Canal 13). A Raúl Becerra se le ocurre algo para que el hueco de Portal en Semanario Insólito se note menos. ‘Mando a llamar –rememora Becerra en 1999– a un chico de la revista Salimos que nos había venido a hacer una nota, pero que no tenía ninguna experiencia. Usaba flequillo, tenía una nariz más bien grande y un estilo Jerry Lewis (...). Era Nicolás Repetto. Arranca a partir de enero con el torperiodista”, construye Estamos en el aire. Este programa sería el antecedente directo de otro hito humorístico y político de la década, La noticia rebelde, que se estrenó en 1986 con el propio Becerra junto a Carlos Abrevaya, Adolfo Castelo, Jorge Guinzburg y también Repetto. La comicidad, en este ciclo mítico, viene del lado de la forma descontracturada de contar las noticias y cierta irreverencia del plantel de conductores y humoristas que pasaban por el programa.

Para 1984 llega a la pantalla otro programa muy recordado, en este caso por las personificaciones de personajes que eran noticia: Las mil y una de Sapag, por Canal 9. Mario Sapag, un humorista con gran éxito entonces en el teatro, protagoniza un programa donde combina máscaras, imitaciones y sketches.

“Sus imitaciones son la sensación de la temporada: tan pronto es César Luis Menotti como Jorge Luis Borges (”El COMFER me lo prohibió –recuerda Sapag– porque decían que era un ataque al patrimonio cultural pero el propio Borges me defendió“)”, informan Ulanovsky, Itkin y Sirvén en su publicación. Pero sin dudas entre las imitaciones más recordadas están las que el humorista hizo del presidente argentino de entonces, Raúl Alfonsín, y de quien ocupaba el cargo de canciller, Dante Caputo.

Otros dos nombres centrales para el humor político en la televisión de la década de los ‘80 son Antonio Gasalla y Tato Bores. El primero, luego del éxito en el cine de Esperando la Carroza y de su paso por el café concert, llegó a la pantalla de ATC en 1988 con El mundo de Antonio Gasalla para refrescar el panorama con sketches acompañado por un elenco integrado, entre otros, por grandes comediantes como Norma Pons, Juan Acosta, Adriana Aizemberg, Daniel Aráoz, Verónica Llinás, Luis Mazzeo, Juana Molina, Mónica Scapparone y Atilio Veronelli. Aunque no ocurría de manera directa, en este ciclo la actualidad política y social se metían de manera oblicua.

En el caso de Tato Bores, que ya venía trabajando en televisión desde las décadas anteriores con grandes programas, también en 1988 su carrera toma un nuevo impulso cuando pasa a conducir el programa Tato Diet. En ese momento, además,  sus hijos Alejandro y Sebastián se hicieron cargo del diseño y la producción de los  programas, con muchas ideas consideradas innovadoras por los expertos. Con el tiempo, llegarían otros ciclos muy recordados, como Tato, la leyenda continúa, Tato de América, Good Show y La Argentina de Tato. Combinando sus míticos monólogos cargados de ironía, sus recordadas llamadas telefónicas con distintos dirigentes políticos y también sus entrevistas a personalidades con las que compartía un plato de pasta en cámara, todos los programas se transformaron en clásicos y también en referencias insoslayables de las conversaciones cotidianas de los televidentes y de las figuras políticas y del poder de turno.

Los ‘90 y un nuevo estilo

El final adelantado del gobierno de Alfonsín y la llegada a la presidencia de Carlos Menem traería otro tono a la televisión. Por empezar, porque al comienzo del mandato del riojano se efectivizaron las privatizaciones de señales de televisión como Canal 11 y Canal 13. Las programaciones, entonces, empezaron a distenderse, a querer sintonizar de a poco con cierto espíritu de época.

Como rescata Tomás Balmaceda en su libro Los ‘90, la década que amamos odiar, esta intención se ve a partir de 1990, en otro de los programas insignia del humor y la parodia de aquellos años: Peor es nada. “La picardía y desenfado menemista era el corazón de Peor es nada, la mirada ácida de Jorge Guinzburg que debuta en 1990 en Canal 13, primero con el uruguayo Leo Maslíah y luego con Horacio Fontova, con quien consigue consolidar una dupla perfecta a la hora de hacer reír tomando a la realidad como inspiración aunque con un trazo menos fino que el de Tato Bores”. Este programa, y los que tuvieron a Guinzburg a la cabeza en los años siguientes, contenían parodias sobre la figura del presidente, que el propio Menem supo capitalizar. De hecho, durante sus dos presidencias, asistió a numerosos programas de televisión humorísticos, en los que se rió junto a los conductores de la época. Lejos de sentirse intimidado, Menem supo utilizar a su favor sus apariciones, entre otras, en programas muy populares de la época, como Videomatch, de Marcelo Tinelli.

Hubo también varias críticas a su figura y a sus funcionarios y a distintos episodios que tuvieron lugar durante su presidencia, en segmentos como Los Raporteros en el propio programa de Tinelli, y también en programas como Enrique Pinti y los pingüinos. El capocómico, que llenaba teatros por todo el país con obras como Salsa criolla, llegó en 1992 a la pantalla de Canal 9 con su ciclo humorístico propio, donde no faltaban sus monólogos ácidos y sus referencias a la actualidad. Más adelante, también desde programas periodísticos como Caiga quien caiga y diferentes ciclos conducidos por Jorge Lanata, el humor y el sarcasmo se incorporarían de distintos modos para contar la actualidad.

Aunque hubo algunos antecedentes en otras décadas, los ‘90 también le abren la puerta al humor particular de los programas de archivo como Perdona nuestros pecados, con Raúl Portal; Las patas de la mentira, de Miguel Rodríguez Arias, y las distintas versiones de Televisión registrada, entre otros. Desde entonces, este estilo particular de edición de informes con humor e ironía se mantendrá hasta la actualidad.

Otro programa de esta época, donde se combinaba la parodia humorística con los  musicales protagonizados por muñecos, fue Kanal K, que se emitió entre 1990 y 1992. Entre otros sketches, el programa tenía uno protagonizado por las figuras de Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín, quienes debatían con ironía las noticias políticas del momento, y otro titulado Cavallobromas, en el que se parodiaba con un muñeco de ojos saltones al entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo.

Hacia finales de la década, con una televisión cada vez más diversificada y con las señales de cable con propuestas cada vez más atractivas para el público local, los programas estrictamente humorísticos empiezan a escasear, aunque algunos humoristas y cómicos participan como columnistas o tienen pequeñas intervenciones en ciclos de interés general. Sin ir más lejos, en la actualidad persiste la figura del imitador de políticos en algunos noticieros de canales de cable.

Marcelo Tinelli, sin embargo, sigue siendo el nombre destacado y su programa sigue siendo el favorito de las figuras políticas, quienes no temen en aparecer en sketches al lado de Diego Pérez, José María Listorti, Pachu Peña y Pablo Granados, entre muchos otros. Entre los hitos del programa, se encuentra también la aparición accidentada del entonces presidente, Fernando de la Rúa, cuando estuvo en el piso del programa para hablar con el conductor. Se había montado un operativo de seguridad muy importante, que se desmoronó apenas el mandatario estuvo al aire: un joven de la tribuna se le abalanzó para increparlo por la situación de los entonces presos condenados por el ataque al cuartel de La Tablada, que para ese momento llevaban más de 100 días de huelga de hambre.

Comenzado el nuevo milenio, Tinelli profundizaría el humor de imitaciones y parodias. Después del enorme éxito de las primeras temporadas del reality-show Gran Hermano, el conductor decidió lanzar desde su programa la parodia Gran Cuñado, con una selección de humoristas que imitaría a las figuras más destacadas de la política argentina. En 2001, el año del estallido social y económico, el humorista José Carlos Yayo Guridi encarnó a Carlos “Chacho” Álvarez mientras que Freddy Villarreal interpretaba al propio De la Rúa.

El segmento humorístico tuvo varias ediciones más hasta 2016, con imitaciones de figuras como Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Elisa Carrió, Patricia Bullrich y Mauricio Macri, entre otros.

La diversidad de plataformas y de modos de ver material audiovisual en la actualidad hacen que el humor en las pantallas se haya diversificado. Aunque ya no hay en los canales tradicionales programas estrictamente dedicados al humor político, las parodias, los sketches y las imitaciones siguen siendo una fuente inagotable de risa para los espectadores, que ahora buscan esos contenidos en YouTube o en Tik Tok.

Durante la última campaña presidencial, sorprendió al público un fenómeno particular vinculado con las redes y el humor político. Fue la llamada Fábrica de Jingles, del medio digital Gelatina. En el programa Tres estrellas, comandado por Pedro Rosemblat, Marcos Aramburu e Ivana Szerman, surgió el segmento con una premisa muy sencilla: reversionar canciones conocidas y muy pegadizas con letras vinculadas a la elección presidencial y los distintos candidatos. 

La popularidad de la sección fue tan grande, que los propios militantes empezaron a cantar las canciones surgidas en el programa y los partidos, en algunos casos, las tomaron como propias. De la pantalla del streaming, los creadores del segmento pasaron entonces a llevar los temas a distintos escenarios del país y a cerrar a todo vapor con un festival.

AL/MG