OPINIÓN
De la defensa a la transformación: el desafío productivo de Buenos Aires
La Provincia de Buenos Aires es la principal economía de Argentina: genera más de un tercio del producto nacional, concentra alrededor de la mitad de la industria argentina y explica más de un tercio de las exportaciones de bienes del país. Pero su verdadero activo no es solo el tamaño, sino también la diversidad productiva. Industria, agroindustria, energía, construcción, comercio, pesca, turismo y economía del conocimiento conviven en un mismo territorio, evidenciando el gran potencial de la Provincia.
Esta diversificación de actividades es la principal fortaleza bonaerense, pero también plantea un desafío: Buenos Aires no puede solo limitarse a defender las capacidades productivas que construyó durante el siglo XX bajo otro contexto nacional y otra etapa del capitalismo global. Tiene la obligación de transformarlas para competir en la economía del siglo XXI.
Historia de una industrialización no espontánea
La estructura productiva bonaerense fue construyéndose a lo largo del tiempo a través diferentes etapas. Primero, la provincia se integró al mundo durante el modelo agroexportador a partir de su producción agropecuaria, sus puertos, ferrocarriles y frigoríficos. Luego, con el giro hacia la sustitución de importaciones, se convirtió en el principal centro industrial del país.
Durante el siglo XX se desarrollaron grandes complejos productivos que todavía forman parte de sus capacidades estratégicas: la siderurgia de San Nicolás y Campana, la industria automotriz, la petroquímica de Bahía Blanca y Ensenada, la industria naval, el complejo nuclear de Zárate y una extensa red de pymes industriales.
Esa historia nos deja una enseñanza central para pensar lo que viene: los grandes saltos productivos de Buenos Aires nunca fueron espontáneos. Requirieron infraestructura, financiamiento, empresas, trabajadores calificados, ciencia y tecnología y una estrategia de desarrollo. El desafío actual es construir un nuevo proyecto provincial en base a las actividades que van a definir las próximas décadas, adaptándose a una realidad productiva internacional muy transformada, dinámica y desafiante.
Un presente de crisis
La estructura productiva bonaerense está particularmente expuesta al actual modelo económico nacional. La contracción del mercado interno, la apertura importadora, la caída de la inversión y las dificultades para competir afectan especialmente a la industria, el comercio y la construcción.
Desde noviembre de 2023, la Provincia perdió más de 85 mil puestos de trabajo registrados y cerraron más de 6.200 empresas. La industria manufacturera atravesó fuertes caídas en sectores como automotriz, caucho y plástico y papel y cartón, mientras que algunas actividades vinculadas a alimentos, energía y recursos naturales mostraron mayor resistencia.
El problema que atraviesa Buenos Aires no debe interpretarse como algo coyuntural: Si la economía se especializa cada vez más en actividades primarias y extractivas mientras pierde capacidades industriales y tecnológicas, el resultado será una estructura con menor generación de empleo formal, menor valor agregado y mayor dependencia externa.
Sin embargo, ante este panorama la respuesta productiva no puede ser volver al modelo industrial preexistente. La emergencia de China como gran plataforma manufacturera, la automatización, la inteligencia artificial, la transición energética y la reorganización de las cadenas globales de valor cambiaron las condiciones de competencia. No hay pasado a donde volver, sino que necesariamente hay un futuro alternativo a construir. Buenos Aires necesita una nueva política industrial, de desarrollo, mayor productividad y agregación de valor.
Una agenda productiva para Buenos Aires
El objetivo de un programa productivo bonaerense debe ser convertir a la Provincia en la principal plataforma industrial, tecnológica, energética y agroindustrial de América del Sur. Para eso proponemos concentrar la política productiva en ocho grandes apuestas:
1. Industrializar nuestros recursos naturales: El desafío no es elegir entre campo e industria, sino industrializar el campo. Transformar granos, carnes, pesca y recursos naturales en alimentos, bioproductos, insumos, maquinaria y bienes de mayor valor agregado. La Provincia debe producir más de aquello que hoy exporta como materia prima.
2. Energía e hidrocarburos: La expansión de Vaca Muerta y la transición energética abren una oportunidad histórica para Buenos Aires. Bahía Blanca, La Plata, Ensenada, Zárate, Campana y los principales corredores industriales y portuarios pueden convertirse en plataformas para la transformación de la energía en productos industriales. La apuesta debe incluir petroquímica, fertilizantes, proveedores de petróleo y gas, energías renovables, almacenamiento, hidrógeno y bienes de capital. No alcanza con exportar energía: hay que usar la energía para industrializar.
3. Una nueva industria automotriz: Buenos Aires concentra buena parte de la producción automotriz argentina y posee una extensa red de autopartistas. La electrificación y digitalización del transporte obligan a transformar esa capacidad. El objetivo debe ser avanzar hacia vehículos híbridos y eléctricos, electrónica, software, baterías, autopartes de mayor complejidad y nuevos sistemas de movilidad. La meta no es solamente producir más vehículos, sino producir más tecnología por vehículo.
4. Farmacéutica, biotecnología y salud: Buenos Aires posee universidades, centros de investigación, hospitales, empresas farmacéuticas y capacidades científicas únicas en el país. Hay que articularlas para desarrollar medicamentos, biosimilares, vacunas, diagnósticos, tecnologías médicas y biotecnología. La política sanitaria también puede ser una política industrial: producir localmente aquello que hoy requiere importar y desarrollar capacidades exportables.
5. Economía del conocimiento: La cuarta revolución industrial transforma todos los sectores productivos. Software, inteligencia artificial, automatización, robótica, biotecnología y ciencia de datos deben dejar de ser actividades aisladas y convertirse en herramientas para aumentar la productividad de toda la economía bonaerense. El desafío es conectar universidades, centros de investigación y empresas para transformar conocimiento en nuevas empresas, exportaciones y empleos de calidad.
6. Pesca, industria naval y economía del mar: Mar del Plata y el litoral bonaerense tienen condiciones para desarrollar una verdadera economía del mar. Pesca, industria naval, procesamiento de alimentos, logística, investigación oceanográfica y acuicultura deben pensarse como parte de una misma estrategia. La Provincia debe exportar más productos pesqueros elaborados y desarrollar localmente los barcos, servicios y tecnologías que necesita esa actividad.
7. Pymes y proveedores bonaerenses: Las grandes empresas son fundamentales para exportar, pero el desarrollo territorial depende de miles de pymes. La política productiva debe facilitar crédito de largo plazo, asistencia tecnológica, digitalización, certificaciones, desarrollo de proveedores y acceso a mercados. El objetivo es que las grandes inversiones tengan cada vez más proveedores locales y que las pymes puedan incorporarse a cadenas de valor.
8. Infraestructura para producir: Puertos, rutas, ferrocarriles, energía, conectividad, parques industriales y logística no son solamente obras públicas: son infraestructura productiva. La Provincia necesita una estrategia que reduzca costos logísticos, mejore la conectividad de los territorios productivos y articule el AMBA con el interior bonaerense.
Apostemos al futuro
Bajo el modelo nacional vigente y las aceleradas transformaciones productivas globales, la Provincia de Buenos Aires está obligada a repensarse y trazar un horizonte de largo plazo, que trascienda los ciclos electorales y logre proyectar un futuro productivo.
Buenos Aires tiene todo para consolidar una economía competitiva y diversificada: industria, agro, energía, ciencia, trabajadores calificados, empresas, universidades, puertos y un enorme mercado. Estas capacidades existentes deben ser la base para pensar una nueva etapa productiva para la Provincia, impulsada por un Estado que defina prioridades, construya infraestructura, facilite el financiamiento, promueva la ciencia y tecnología y coordine diversos actores productivos. La política de incentivos debe también ir acompañada de controles y exija resultados, asegurando que se genere más inversión, más empleo formal, más productividad, más exportaciones y más desarrollo de proveedores.
La Buenos Aires Productiva a construir no surgirá de una política defensiva y un regreso al modelo del siglo XX, sino como un proyecto ofensivo de desarrollo para el siglo XXI. El futuro llegó hace rato y será tiempo de subirse para la Provincia a partir de una dirigencia con conciencia de la época, de los desafíos que enfrenta y también de las enormes potencialidades que tiene para lograr el bienestar de todos los bonaerenses.
Los autores son miembros de Misión Productiva y Generación por el Desarrollo