El Congreso avanza con la moción de censura

El PRO le suelta la mano a Adorni y el peronismo junta los votos para echarlo en el Senado

Si tenemos 37 votos y voluntad política, el jueves el tipo se va”, promete, entusiasmado, un senador del peronismo antes de entrar a su despacho para empezar a porotear los votos para la moción de censura contra Manuel Adorni en la sesión del jueves. El jefe de Gabinete no tiene quién lo defienda en el Senado: el PRO, por orden de Mauricio Macri, decidió soltarle la mano, el radicalismo propone salidas elegantes y Patricia Bullrich no tiene interés en inmolarse por Adorni. El funcionario está solo. 

El mensaje de Bullrich fue el disparo de largada. Horas después de que la senadora libertaria saliera a calificar, el mismo día de su cumpleaños, que Adorni había incurrido en una “omisión ética” al no declarar más de 565 mil dólares cuando ingresó al Gobierno, el resto de las fichas fueron cayendo detrás de ella. El PRO salió a cuestionarlo con dureza –con tres comunicados distintos–, y le siguió la UCR. Los ex socios de Juntos por el Cambio, de a poco, empezaron a allanar el camino para el golpe final: acompañar la moción de censura que impulsa el peronismo.

El artículo 101 de la Constitución Nacional establece que el jefe de Gabinete puede ser removido por el Congreso. No por un juicio político, no por una decisión del presidente, sino por el voto de las dos cámaras. Ese mecanismo, incorporado en la reforma constitucional del 94’, se llama moción de censura. Consta de dos etapas: primero la interpelación, que tiene como objetivo que el jefe de Gabinete vaya a dar explicaciones al recinto, y luego la moción de censura, que es cuando se vota, por mayoría absoluta (la mitad más uno), la expulsión del funcionario

Nunca el Congreso expulsó a un jefe de Gabinete, pero Adorni podría ser el primero. El Gobierno advierte esta amenaza y es por eso que le indicó a Bullrich que, si ve que resulta imposible desactivar la avanzada opositora, apunte a postergar la sesión del jueves, en la que se iba a tratar la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Pero tiene un problema: la sesión ya fue convocada, el miércoles a las 18 hay una reunión de labor parlamentaria y el peronismo, si así lo quiere, puede forzar que haya una sesión al día siguiente, aún con la resistencia del oficialismo. Solo necesita tener 37 senadores presentes. 

El apoyo de Villarruel

El mayor problema del jefe de Gabinete es que no tiene aliados en el Senado. La presidenta de la Cámara alta, Victoria Villarruel, admite en público y privado que la defensa de Adorni es un “bochorno” y está dispuesta a avalar la embestida opositora si cuenta con la mayoría necesaria. El jefe del interbloque peronista, José Mayans, ya conversó con ella.

El apoyo de la vice es clave, porque el peronismo quiere avanzar con la moción de censura vía una resolución que no requiera ser dictaminada antes. Es una discusión técnica, pero fundamental: si Villarruel insiste en que tiene que haber un dictamen antes, como reclama Martín Menem en la Cámara de Diputados, la oposición necesitaría alcanzar los dos tercios del recinto para poder avanzar en la moción de censura. O convocar a un debate en comisión, en donde el peronismo es minoría, y conseguir antes un dictamen. 

En cambio, si logra avanzar con la mayoría absoluta de 37 senadores, el camino para la aprobación de la moción sería mucho más expeditivo. La resolución se somete a votación, se aprueba con la mayoría absoluta y se establece que, en 7 días, Adorni tiene que ir a dar explicaciones al Senado. Ese día, luego de la interpelación, los senadores pueden votar si lo echan o no. Si la oposición consigue 37 votos, el tema gira a la Cámara de Diputados, que ya convocó a una sesión para el 23 de junio.

Villarruel, desde que asumió como vice, se valió de su perfil institucional en el Senado para resistir a los embates de su propio Gobierno. Se preocupa por no incurrir en “ilegalidades” y trabaja para consolidar un perfil político diferenciado al de Milei, más amigo del institucionalismo y de la división de poderes. Como el PRO y ahora Bullrich, la vice aprovecha estos roces “republicanos” con el Gobierno para consolidarse de cara al 2027. Lo hizo cuando habilitó la sesión que volteó los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, y lo hizo cuando se reunió con Verónica Michelli, la candidata a jueza a quien Milei pidió correr por ser cuñada de Hugo Alconada Mon.

La oposición necesita, este jueves, que vuelva a hacer lo mismo. Y la vice está decidida, según quienes dialogaron con ella, a repetir la misma lógica: si hay mayoría, ella habilitará la sesión. 

Sin aliados

El gesto de Villarruel es un reflejo de la actitud del resto de los aliados del oficialismo. “Presidente: los que estamos apoyando al cambio queremos que usted defienda el cambio y no a Adorni”, advirtió el PRO, a través de un comunicado publicado en sus redes sociales, el viernes. Durante el fin de semana se fueron sumando otras voces, como la del diputado Fernando de Andreis, el ex secretario de la Presidencia de Macri, que advirtió que el PRO se estaba preparando para competir en 2027 y que la designación de Adorni como jefe de Gabinete había sido un “escándalo”

En el Senado, el jefe de bloque del PRO, Martín Goerling, analiza acompañar la moción de censura, así como también el jefe de bloque de la UCR, Eduardo “Peteco” Vischi. Entre los dos partidos, la oposición puede sumar unos 11 votos más. Si se le suman los 28 senadores que tiene el peronismo y al menos los 3 provinciales que ya advirtieron que Adorni tiene que dar un paso al costado –la salteña Flavia Royon, el correntino “Camau” Espínola y la cordobesa Alejandra Vigo–, la oposición cuenta a su favor con unos 42 votos para echar a Adorni. 

“Debería irse, le haría bien al país”, deslizan desde la bancada radical, en donde aún esperan, como en el PRO, que el Gobierno mueva primero y le pida la renuncia a Adorni. Milei, sin embargo, está decidido a mantenerlo en el cargo y, una vez más, jugará al juego de la gallina en el Congreso: forzará hasta último momento la situación, intentará negociar con los gobernadores y, cuando llegue el momento, festejará un triunfo o denunciará el golpismo del Congreso. No hay un término medio. 

Bullrich, por si acaso, está intentando conseguir más tiempo. La senadora no esconde su animadversión por Adorni –a quien desprecia desde que tuvo que hacer campaña con él en la Ciudad–, pero sabe que no puede enemistarse públicamente con los hermanos Milei si quiere un futuro político en 2027. “Ya va a venir a dar el informe de gestión el mes que viene”, intentó convencer a los senadores del peronismo, sin suerte. 

El miércoles, todos los jugadores se reunirán en el despacho de Villarruel para tomar una decisión. Estarán todos los jefes de bloque opositores y aliados, así como la vice y Bullrich: el futuro de Adorni se definirá en una sala en donde el jefe de Gabinete no tiene un solo amigo.

MCM/MG