Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Opinión

La mora de las familias sigue ahí, por más que la corran de los balances

La morosidad no descendió, como afirma el Gobierno

0

Esta semana el Gobierno salió a celebrar una supuesta buena noticia. El Banco Central informó que en junio la mora del crédito bancario al sector privado cedió una décima de punto y cortó así diecinueve meses de suba ininterrumpida. El Ministro de Economía fue todavía más entusiasta: después de reunirse con los bancos contó que le confirmaron que la mora “definitivamente, a partir de ahora frenó y va a tender a bajar”. El relato es atractivo, tocamos fondo y empezamos a salir.

El problema es que el número que se festeja no mide lo que se dice que mide.

Desde el Centro de Estudios de la Ciudad seguimos, mes a mes, cuántas personas están en situación de mora con los bancos: es decir, con al menos noventa días de atraso en el pago de sus deudas. La foto es contundente. En enero de 2025 era un millón de personas. En mayo de 2026 ya eran 2,4 millones, con un crecimiento promedio mensual del 5%. Recién en junio esa tendencia se cortó: hubo una caída del 2%, unas sesenta mil personas morosas menos.

¿Sesenta mil familias que se pusieron al día? Podría ser. Pero no.

Hay al menos tres maniobras contables que explican por qué la mora “baja” en los registros oficiales sin que baje en la vida real de las familias.

La primera es la venta de deuda al mercado secundario. En lo que va de 2026, los bancos vendieron más de 75.000 carteras de deudores morosos a fideicomisos y empresas de cobranza. Esas personas siguen debiendo y además son perseguidas por estudios jurídicos, pero dejan de computar en la tasa de mora que informa el Banco Central. El deudor no desaparece, solo cambió de acreedor.

La segunda y más importante es la reclasificación de deudores como “irrecuperables en partidas fuera de balance”. La normativa vigente obliga a los bancos a sacar de su activo a las deudas totalmente previsionadas (morosos incobrables), a partir del séptimo mes desde alcanzada esa situación. Es una regla prudencial que cuida los balances de los bancos, pero que también borra a esas personas de la estadística de mora. En junio había casi 800.000 personas en esta situación, lo que implica un crecimiento de 170.000 más respecto de mayo (un salto del 25% en un solo mes), equivalente a 650 mil millones de pesos adicionales (un aumento del 35% respecto del monto de mayo). Para dimensionarlo: en apenas treinta días, esta reclasificación movió más del doble de personas de las que los bancos vendieron al mercado secundario en los primeros seis meses del año. Ahí está, básicamente, el “freno” de la mora.

La tercera es la refinanciación. En los últimos tres meses, la cantidad de clientes refinanciados creció 15%. El ministro lo presentó como una buena noticia: tasas de entre 20% y 25% a tres años que, según los bancos, la mayoría ya está pagando. Puede ser virtuoso para el sistema financiero, pero refinanciar a esas tasas en el contexto actual de ingresos deprimidos, se parece más a patear el problema hacia adelante que a resolverlo.

Cuando uno vuelve a sumar lo que los balances esconden, el cuadro cambia. La tasa de mora “limpia” del sistema pasó de 11,05% en abril a 11,99% en junio: efectivamente, se amesetó. Pero la tasa que incorpora los “otros conceptos” y el mercado secundario trepó de 13,48% a 15,05% en el mismo período. La brecha entre ambas no dejó de ampliarse: de 2,44 a 3,06 puntos. Cuanto más se estabiliza el número que se muestra, más crece el que se esconde.

Adicionalmente, el propio Banco Central reconoció que la mejora de la tasa de mora de junio se explica sobre todo porque el crédito creció más rápido que la cartera irregular, no porque la cartera irregular haya caído. No es un detalle menor cuando lo que está en juego es si una política funciona o no. La tasa de mora se estabiliza al mismo tiempo que la cantidad de familias en situación irregular crece.

Frente a esto el Gobierno eligió enmarcar el sobreendeudamiento de las familias como una cuestión a dirimir entre partes privadas y descartó cualquier intervención. “No hay que confundir la empatía con las políticas públicas”, dijo el ministro. La frase es elocuente. Porque sacar a una persona endeudada del balance de un banco no la saca de la sociedad argentina. Sigue debiendo, sigue siendo hostigada por los estudios jurídicos y de cobranzas, pero ahora está fuera del perímetro que el Estado dice estar mirando.

Conviene recordar que el problema no empezó por mala suerte ni por la supuesta irresponsabilidad de las familias. Su combustible es el salto de tasas y el desajuste monetario que provocó el desarme de las LEFI (las Letras Fiscales de Liquidez, el instrumento con el que el Banco Central ordenaba la liquidez diaria de los bancos) a mediados del año pasado. De aquella decisión se cumple, justamente, un año. Desde entonces el país quedó sin una tasa de política monetaria de referencia y con un costo del dinero fijado por un mercado que reaccionó con subas bruscas y una volatilidad enorme. Esas tasas no se quedaron en las pantallas de la City, se trasladaron, cuota a cuota, a los resúmenes de tarjeta y a los créditos personales de millones de hogares. La mora de las familias es, en buena medida, la contracara de aquel experimento monetario.

La pregunta de fondo, entonces, no es si la mora bajó una décima en un mes. Es si las refinanciaciones son una salida genuina del sobreendeudamiento o apenas una postergación prolija del problema. Y, sobre todo, si vamos a seguir midiendo el éxito de una política financiera por la salud de los balances de los bancos en lugar de por la de las familias que los sostienen.

Desde el CEC construimos el Mapa de la Deuda (mapadeladeuda.ar) justamente para mostrar lo que las estadísticas oficiales tienden a esconder, que el endeudamiento es un problema nacional, que golpea más fuerte a los jóvenes y que se vuelve mucho más grave por fuera del sistema bancario tradicional. La deuda de las familias no se resuelve cambiándola de casillero contable, se resuelve con ingresos que alcancen y con créditos que no sean una trampa.

Etiquetas
stats