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Rumbo a 2027

Daniel Hadad dice que no será candidato, pero se mueve como si todavía no lo hubiera decidido

Daniel Hadad durante la presentación del documental El Libertador, en la Facultad de Derecho.

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Daniel Hadad lleva varias semanas enviando señales difíciles de conciliar. El domingo pasado, elDiarioAR contó que había regresado a Miami convencido de que no sería candidato en 2027. A algunos interlocutores les explicó que no pensaba abandonar Infobae, que consideraba incompatible conducir el medio con una carrera electoral y que no imaginaba una aventura presidencial sin partido ni estructura territorial. Pero frente a las cámaras la certeza se vuelve menos categórica. “No descarto ser candidato el año que viene”, dijo recientemente. Y ahora apareció otro dato: mientras transmitía en privado que no competiría, había contratado un equipo para medir el humor de los argentinos.

Hadad parece haberse instalado precisamente en ese margen. Sin presentarse como opositor a Javier Milei, prefiere hablar de un “camino del medio” frente a la polarización, una definición lo suficientemente amplia como para admitir casi cualquier interpretación. Podría tratarse simplemente de la cautela de un empresario periodístico al que empezaron a preguntarle si quiere ser Presidente. Pero sus propios movimientos mantienen abierta la incógnita.

Daniel Hadad en la presentación de su documental.

Uno de ellos fue revelado por el propio Infobae. Hadad contrató a un equipo que trabajó con el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani para realizar un estudio de opinión pública en Buenos Aires y otros grandes centros urbanos del país. Según explicó durante su última visita, no buscaba solamente medir intención de voto sino comprender “qué está pasando en la sociedad con respecto a la tristeza y la desesperanza”. “Yo siempre laburo con datos y números”, justificó, según escribió el colega Nacho Girón. La explicación resulta plausible para el dueño de uno de los principales medios del mundo hispanohablante. También se parece bastante a una investigación de mercado político.

La ambigüedad ya había aparecido durante la presentación del documental El Libertador en la Facultad de Derecho de la UBA. El pasado 13 de agosto, Hadad volvió a reunir en un mismo auditorio a figuras provenientes de distintos extremos del arco político, junto con empresarios y representantes del Poder Judicial. Él mismo le agregó, deliberadamente o no, una pincelada electoral. “Curiosamente, de los primeros cuatro presidentes, dos eran periodistas de profesión”, señaló en referencia a Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre. El auditorio respondió con risas.

De derecha a izquierda, Daniel Hadad, Viviana Zocco y Mauricio Macri, en la presentación del documental "El Libertador", en la Facultad de Derecho, el 13 de agosto de 2026.

Una escena parecida había ocurrido cuatro meses antes, cuando la Universidad Nacional de La Matanza le otorgó el título de Doctor Honoris Causa. También entonces convivieron bajo un mismo techo funcionarios del gobierno de Milei, dirigentes como Sergio Massa o Mauricio Macri, jueces federales, empresarios, periodistas y viejos operadores del poder. Incluso Antonio “Jaime” Stiuso, según distintas fuentes, se movió entre los invitados aunque no apareció en ninguna de las 142 fotografías que después publicó Infobae.

Dos actos de naturaleza muy distinta terminaron ofreciendo una postal parecida: Hadad en el centro y, alrededor suyo, personajes que difícilmente compartirían demasiadas otras reuniones, al menos no públicamente. La red de relaciones construida alrededor suyo durante décadas empezaba así a admitir otra interpretación: ¿qué ocurriría si alguna vez intentara convertir ese capital relacional en poder político?

Un hombre que habla con todos

La pregunta adquiere otra dimensión cuando se observa la amplitud de sus interlocutores. Hadad se reunió con Milei en la Quinta de Olivos, una muestra de su acceso directo al Presidente incluso en medio de las tensiones del Gobierno con el ecosistema mediático. Sus canales, sin embargo, exceden al oficialismo. Cerca suyo niegan de manera tajante que haya visitado recientemente a Cristina Fernández de Kirchner en San José 1111, como se aseguró en algunos medios, aunque distintas fuentes aseguran que ambos sí mantuvieron un encuentro en 2024, antes de la detención de la expresidenta.

En ese entramado aparece también Desiré Cano, una figura de confianza dentro de Infobae con una larga trayectoria vinculada al kirchnerismo. Expareja de Hernán Reibel, la mano derecha comunicacional de Cristina, y con pasado en La Cámpora, Cano también fue jefa de prensa del bloque del Frente para la Victoria y de la Cámara baja, pasó luego por el Grupo Indalo y, durante la gestión del Frente de Todos, por YPF. En octubre de 2025, Hadad la ubicó al frente de una nueva dirección de asuntos públicos dentro de la compañía. Su presencia no demuestra ningún canal entre ambos, pero tampoco resulta indiferente en una trama donde las relaciones suelen atravesar las fronteras políticas. “Daniel no se fija en la ideología de la gente con la que trabaja”, resume alguien que lo conoce de cerca.

Con pasado en La Cámpora, Desiré Cano está hoy al frente de una dirección encargada de los asuntos públicos de Infobae.

Esa transversalidad atraviesa prácticamente toda su biografía. También ayuda a entender su relación personal con Leonardo Scatturice, el empresario radicado durante largo tiempo en Miami que terminó convertido en una figura central del ecosistema de negocios crecido alrededor del gobierno libertario y, especialmente, de Santiago Caputo. El vínculo entre ambos tuvo incluso una dimensión patrimonial: en 2017, Scatturice le compró a Hadad un departamento en el exclusivo Continuum South Beach, en Miami Beach.

Más que cada uno de esos vínculos por separado, lo singular es la facilidad con la que Hadad consiguió preservarlos incluso cuando cambiaban los gobiernos y se modificaban las relaciones de fuerza. Su red nunca dependió enteramente de una administración ni de una familia política. Se fue construyendo por capas, incorporando interlocutores nuevos sin necesariamente desprenderse de los anteriores. Esa elasticidad, indispensable para alguien que hizo del acceso a la información una parte central de su negocio, explica también por qué su figura resulta difícil de ubicar dentro del mapa político convencional.

Leonardo Scatturice y Daniel Hadad.

La paradoja es que aquello que hoy podría volver atractiva una eventual candidatura constituye también uno de sus principales obstáculos. Hadad acumuló poder precisamente porque durante décadas pudo hablar con todos sin tener que pertenecer del todo a ninguno. Una aventura electoral lo obligaría a abandonar esa posición. Tal vez por eso medir, escuchar y dejar correr su nombre resulte, por ahora, bastante menos costoso que dar el paso siguiente.

Puede que finalmente no haya candidatura. Incluso es posible que hoy esté convencido de que no la habrá. Pero reducir todo a una fantasía construida por terceros tampoco alcanza para explicar sus movimientos. Hay algo de su propia trayectoria condensado en esa indefinición. Durante años fue la oveja negra que buscaba entrar en los salones del poder. Dos décadas después, esos mismos salones parecen reunirse alrededor suyo. La incógnita para 2027 ya no es solamente si Hadad quiere ser candidato, sino cuánto tiempo podrá seguir explorando esa posibilidad sin admitir del todo que la está explorando.

PL/MG

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